Gabriel García de Oro
Ilustrado por Purificación Hernández
365
Gabriel García de Oro
Ilustrado por Purificación Hernández
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ÍNDICE
ÍNDICE…………………………………………………………………………………………3
El tesoro de la isla…………………………………………………………………………….6
El truco del conejo en la chistera…………………………………………………………7
La carrera más lenta de todos los tiempos…………………………………………….7
El secreto de la guinda del pastel………………………………………………………..8
El verso del río y el mar……………………………………………………………………..8
La magia del rey Baltasar…………………………………………………………………..9
El pequeño ratón y……………………………………………………………………………10
ENERO……………………………………………………………………………………………11
Una discusión delante del espejo…………………………………………………………11
ENERO……………………………………………………………………………………………12
¡Cuidado con sacarle demasiada punta al lápiz!...........................................12
El pozo tiene un deseo……………………………………………………………………….13
¡Cuento a cuento vamos a dar la vuelta al año!...........................................................14
ENERO
ENERO
1
El tesoro de la isla
Para el capitán Barbarrota el año había empezado genial.
Aquel 1 de enero había encontrado el mapa de isla Tesoro y no
dudó en zarpar con su tripulación, entre la que iba yo como
grumete.
¡La isla! Sin duda, el lugar más precioso que habíamos vis-
to jamás.
—Hay muchas cruces en el mapa —gritó Barbarrota—. Si
queremos ser ricos tenemos que cavar.
Lo hicimos hasta que la isla se llenó de agujeros. Ni rastro
del tesoro. Barbacalva, la pirata más valiente de todos noso-
tros empezó a reír y dijo:
—No hay ningún tesoro en isla Tesoro. ¡La isla es el tesoro!
No hay una riqueza mayor que la arena blanca, las palmeras
con sus cocos dulces, las montañas verdes, el agua cristalina...
Barbacalva tenía razón. ¡La isla era un tesoro mucho más
rico que el oro! Tapamos los agujeros y disfrutamos de las ver-
daderas riquezas de la isla.
16
ENERO
2
El truco del conejo
en la chistera
¡Tachán! El mago tira de las orejas del conejito blan-
co, lo saca de la chistera y el público aplaude. Es un
gran truco. ¡Bravo! Pero una vez, un conejito se cansó
de que lo agarrasen de las orejas, de vivir dentro de un
sombrero, de que todos los aplausos fueran solo para
el mago. De todo. Así que decidió aprender magia. Y
en cada espectáculo, desde dentro de la chistera, em-
pezó a fijarse. A aprender. A tomar notas. A ensayar.
Un día, cuando estuvo listo, el mago tiró de sus orejas
y lo sacó de la chistera, pero el conejo, con un gran
truco, hizo desaparecer al mago. ¡Tachán!
3
La carrera más lenta
de todos los tiempos
La tortuga y el caracol hicieron una carrera para saber quién
era el más lento de todos. Quien ganara, es decir, quien per-
diera, sería el ganador o el perdedor. No sé, es un lío, ¿no?
El caso es que la carrera tardó mucho, muchísimo en empe-
zar porque el caracol y la tortuga tardaron mucho, muchísi-
mo en llegar a la línea de salida. Cuando lo hicieron, todo
estaba preparado... y listo... ¡Ya! ¿Sabes? Los dos son tan
lentos que aún no han acabado la carrera. O sea que tendre-
mos que esperar a saber quién es el animal más lento de
todos.
17
ENERO
4
El secreto de la
guinda del pastel
Había una vez un pastelero en Ningunaparte que se enfadó mu-
cho porque estaba harto de que todos discutieran por la guinda de
sus pasteles. ¡La guinda! ¿Qué pasaba? ¿A la gente solo le gustaba
la guinda? ¿Y sus pasteles?
De repente tuvo una idea que pondría fin, por fin, a las discu-
siones por las guindas de los pasteles. Una idea que... Bueno, la
explico. La idea era hacer un pastel de guindas de pastel. Solo
guindas y un pequeño trocito de pastel arriba. De esta manera,
habría guindas para todos y todos felices. Dulcemente felices. El
pastelero de Ningunaparte se equivocaba. La gente apenas probó
su pastel.
¡Qué disgusto! No entendía nada. Por suerte, se le acercó uno
de los invitados y le explicó:
—Amigo pastelero, lo que nos gusta de las guindas es que haya
solo una. Una, nada más. Ese es el secreto de las guindas de los
pasteles.
5
El verso del río
y el mar
Cuando por fin el río encuentra al mar, los dos se
ponen tan contentos.
—Eres tan dulce —dice el mar mirando el
cau- dal del río.
El río, riendo, responde:
—Y tú, mar, eres tan salado...
ENERO
6
La magia del rey Baltasar
Melchor, Gaspar y Baltasar. El rey blanco, el rubio y el negro.
Pero no siempre fue así. Hace mucho tiempo, Baltasar iba el
primero de la fila y ¡era total! Bailaba, cantaba, daba voltere-
tas, sacaba caramelos de la corona, bajaba de la carroza y se
ponía a chocar las manos con la gente. Ese era el problema,
que era tan total que cuando acababa de pasar Baltasar, a la
gente ya no le importaban las carrozas de Melchor y Gaspar.
Incluso, muchos, no se acordaban ni de sus nombres. Así que
un día Melchor y Gaspar quisieron abandonar el grupo de los
Reyes Magos. Baltasar dijo que haría lo que ellos le pidieran.
Cualquier cosa, pero que no lo dejaran solo.
—¿Cualquier cosa? —A Melchor y a Gaspar se les
iluminó la cara con una sonrisa un poco maliciosa.
—Vale. Nos quedamos. Pero irás el último. ¿Sí? A partir de
ahora seremos Melchor, Gaspar y tú el último.
—Vale, perfecto.
—Una cosa más —dijo Melchor—. Serás el encargado de
llevar carbón a los niños y niñas que se porten mal. Así seguro
que ya no serás el favorito de nadie.
—Vale, carbón.
Así fue como Baltasar siempre va el último y trae
carbón, pero aún así sigue siendo el rey mago favorito de la
mayoría de los niños y niñas. ¿O no?
19
7
El pequeño ratón y
el murciélago (¿o al revés?)
Empezó a llover y el ratón se metió en una cueva donde había un
murciélago colgado de la pared que lo saludó:
—Hola pequeño ratón, ¿qué haces boca abajo?
—No estoy boca abajo. Tú estás colgado del techo —protestó
el pequeño ratón.
—¡Qué va! Tú estás colgado del suelo.
Siguieron un buen rato hasta que... ¡PUM! Un trueno se coló
dentro de la cueva y los dos dieron un salto tan fuerte que el ratón
acabó colgado del techo y el murciélago terminó con los pies en el
suelo.
—¡Vaya! —dijo el murciélago—, tenías razón. Era yo el que
estaba al revés, colgado del techo.
—No, ¡qué va! Era yo, ahora lo veo claro.
—No, tú tenías razón.
Tú. Que tú. Que no, que tú. Que yo no que tú… Aún hoy nadie
sabe quién tenía razón y quién dejó de tenerla. ¿O era al revés?
20
ENERO
8
El pescador egoísta
Había una vez un pescador tan avaricioso que siempre se quejaba de que
su red tenía demasiados agujeros y que perdía muchos peces. Los otros
pescadores le decían que no era así, que los agujeros eran necesarios para
pescar. Él decía que no y decidió hacer una red sin agujeros.
Salió a pescar. Lanzó su nueva red y enseguida se llenó de peces.
Grandes, pequeños y medianos. Peces, peces y peces que habían caído en
aquella red sin agujeros. Pero la red pesaba tanto, que cuando la subió a
bordo rompió la barca, todos los peces se escaparon y él tuvo que volver
nadando hasta la playa.
—¡Achús! —el pescador estornudó.
—¡Eh, listillo! —le dijeron los otros pescadores—, parece que lo úni-
co que has pescado es un gran resfriado.
9
Una discusión
delante del espejo
Un niño está llorando delante del espejo.
—¿Qué te pasa? —le pregunta su madre.
—Que el espejo me ha hecho burla y
pedorre- tas con la boca. Y me ha puesto caras
feas. Y me ha sacado la lengua. Y...
El niño no puede seguir porque el espejo,
adelantándose por una vez en su vida, dice:
—¡Eh! No protestes ni me acuses que has
empezado tú.
21
ENERO
10
El patito guapo
Érase una vez, en un estanque en mitad del bosque, un patito tan guapo que
le llamaron el patito guapo y todos querían estar con él y ser su amigo.
—Ay, patito guapo, no te lo creas demasiado o tendrás problemas —le
decía su mamá pato, preocupada.
Tenía motivos. El patito guapo creció oyendo que era tan guapo que se
lo creyó y se convirtió en un pato muy presumido. Mira si era presumido
que cuando tuvo que aprender a pescar le costó mucho porque veía primero
su cara reflejada en el agua y pensaba «Ay, qué guapo soy» y se le escapaba
la pesca. Una y otra vez intentaba pescar y...
—Ay, qué guapo soy.
Se el escapaba la pesca.
Cuentan en el estanque que al patito guapo se le escaparon muchos pe-
ces hasta que entendió que ser tan guapo no le iba a dar de comer.
11
¡Cuidado con sacarle
demasiada punta al lápiz!
«Cri-cric. Cra-crac. Cri-cra-crac». Más «cri-cric». Más «cra-crac».
Esto que oyes es una niña afilando un lápiz con un sacapuntas. Cuan-
do ya lo tiene más afilado que un cuchillo coge el papel para empezar
a hacer su dibujo, pero no puede. ¡El papel se mueve!
—¿Qué pasa? —pregunta la niña sin esperar respuesta porque
aún piensa que solo las personas pueden hablar.
—¿Cómo que qué pasa? —contesta el papel poniéndose de pie—.
¿Has visto esa punta? ¡Eso me va a doler mucho! ¡Haz el favor de qui-
tarle punta a eso o aquí no vas a dibujar!
22
ENERO
12
El pozo tiene un deseo
Érase una vez una niña que tiró una moneda al pozo de los de-
seos y...
—¡Ay!
La niña gritó porque la moneda salió disparada desde den-
tro del pozo y le dio en la cabeza. ¡Qué daño! ¿Había lanzado
mal? Lo intentó de nuevo.
—¡Ay!
Enfadada tiró la moneda al pozo y...
—¡Ay! Solo quiero pedir un deseo. Por eso tiro una moneda.
—¡Y yo! —contestó el pozo con una voz profunda que salía
de las propias entrañas de la tierra.
—¿Tú?
—Sí, yo también te tiro una moneda para pedirte un deseo.
¿Sabes cuál? Que dejes de ensuciarme el agua con esa moneda.
¿Crees que se va a cumplirá?
La niña, en ese momento, se dio cuenta de que, en el fondo,
el pozo tenía razón y dejó de tirarle monedas. A cambio, el pozo
hizo que el deseo de la niña también se cumpliera.
23
¡Cuento a cuento vamos a dar la vuelta al año!
365 cuentos donde
se esconden flores que aprenden a volar,
pescadores egoístas, lobas feroces
y castillos patas arriba.
En ellos visitarás un extraño lugar
llamado Ningunaparte,
reirás con las pillerías del pollo Pillo
y conocerás el mal humor
del genio Malgenio...
Bienvenidos a un año lleno de fantasía,
imaginación y cuentos donde, sí,
cada día cuenta. Y cuento a cuento daremos
la vuelta a todo un año entero.
ISBN 978-84-698-4823-4
1541185
9 788469 848234
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