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La Sagrada Escritura: Un Análisis Teológico

Este documento presenta una introducción a la Sagrada Escritura desde una perspectiva católica. Explica que la Biblia está compuesta por el Antiguo y Nuevo Testamento, los cuales contienen la Palabra de Dios revelada a lo largo de la historia de salvación. Detalla los libros que componen cada testamento y cómo se estableció el canon bíblico. Además, resalta que la Biblia es inspirada por Dios y debe ser abordada como un libro siempre actual a pesar de su antigüedad.

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La Sagrada Escritura: Un Análisis Teológico

Este documento presenta una introducción a la Sagrada Escritura desde una perspectiva católica. Explica que la Biblia está compuesta por el Antiguo y Nuevo Testamento, los cuales contienen la Palabra de Dios revelada a lo largo de la historia de salvación. Detalla los libros que componen cada testamento y cómo se estableció el canon bíblico. Además, resalta que la Biblia es inspirada por Dios y debe ser abordada como un libro siempre actual a pesar de su antigüedad.

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA Introducción a la Teología

Apuntes de clase
Prof. P. Julián Ces

Unidad 5 – La Sagrada Escritura (continuación)

1. La Biblia
Cada país, cada época, cada lengua o cultura tiene sus propios best sellers. Algunos de ellos están más
allá de toda frontera y nuncan pasa de moda. Pero ninguno ha tenido un destino comparable al de la Biblia, ese
Libro al que Pablo VI llamó acertádamente “el best sellers permanente de la humanidad”, que ha sido traducido
a todas las lenguas, impreso en millones de ejemplares, difundido y leído en todos los países del mundo.
¿Qué es la Biblia? La biblia es el Libro que el Pueblo judío y la iglesia cristiana considera sagrado, porque
contiene el mensaje de Dios. La Biblia es la PALABRA DE DIOS. A través de ella, Dios habla a su Pueblo. Le
da a conocer cómo se manifiesta y actúa en el mundo, para hacer de la histoira de los hombres una “Historia de
salvación”. Le confía su designio misericordioso, un designio cumplido en dos tiempos. “Después de haber
hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas manera,
ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo” (Hebreos 1, 1-2).

2. El cánon
El término «Biblia» es una palabra griega que proviene de la palabra βιβλίον (biblion = libro) y a su
vez derivada de βίβλος (biblos = "rollo de papiro" donde se plasmaban los escritos en la antigüedad).
Conviene tener en cuenta este significado original, porque la Biblia, más que “un” libro, es una especie de
“biblioteca”, una colección de escritos.
La lista de los libros que la Iglesia Católica considera como inspirados por Dios comenzó a fijarse hacia
fines del siglo IV, pero fue en el Concilio de Trento (año 1545-63) cuando la Iglesia lo estableció definitivamente.
Nuestra Biblia católica está conformada por 47 libros del Antiguo Testamento (AT) -(o 49 si se cuentan de
forma separada el Capítulo 6 del Libro de Baruc, y los Capítulos 13 y 14 del Libro de Daniel)- y 27 del Nuevo
Testamento (NT), por tanto estamos ante una biblioteca de 74 libros redactados a lo largo de más de mil años y
reunidos después en un solo volumen. Pero sin embargo, no deja por eso de ser una sola obra, fruto de la
revelación de Dios.
Toda la Biblia es la historia de las Alianzas de Dios con los hombres. Para nuestros hermanos de Israel,
la Biblia se reduce a lo que llamamos el Antiguo Testamento. Para los cristianos, en cambio, la Sagrada Escritura
incluye también el Nuevo Testamento. Uno y otro se complementan. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo y
el Nuevo revela el sentido profundo del Antiguo. “La ley estaba grávida de Cristo”, decían los Padres de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II enseña que: “Dios, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso tan sabiamente las
cosas, que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque,
aunque Cristo estableció con su Sangre una Nueva Alianza, al ser asumidos íntegramente en el anuncio
evangélico, los libros del Antiguo Testamento adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo (Dei
Verbum 16).
Así nos encontramos frente a un Libro en “dos tiempos”, correspondientes a las dos grandes etapas
históricas de la Revelación de Dios. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, Dios mismo se “revela” -es decir,
“quita el velo” que nos imponía conocer su vida íntima- y nos llama a vivir en comunión con él. Siempre ha habido
hombres que trataron de encontrar una respuesta divina a los grandes interrogantes que brotan del corazón
humano. Este anhelo de una “revelación” trascendente es una constante en la historia religiosa de la humanidad.
Y no hay duda que siempre y en todas partes Dios hizo brillas algunos destellos de su luz, porque el Creador del
cielo y de la tierra “nunca dejó de dar testimonio de sí mismo” (Hechos de los Apóstoles 14,17) ante los hombres.
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Pero en la Biblia, él se revela de una manera nueva y definitiva, que supera, perfecciona y purifica cualquier otra
revelación. Ya no es el hombre el que va en busca de Dios, sino Dios el que sale al encuentro del hombre por
propia iniciativa. Este encuentro alcanza su plenitud en Jesucristo, centro y clave de toda la Biblia. En él se revela
“el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad” (Colosenses 1, 26) y por la fe en él “nos atrevemos a
acercarnos a Dios con toda confianza (Efesios 3, 12).
a) Antiguo Testamento (AT)
La Biblia Católica diverge de la de los protestantes por la inclusión de los llamados libros “deutero-
canónicos” del AT (libros que fueron incluidos en el canon posteriormente). Fueron escritos mayormente en
griego (con algunos libros con pasajes en areameo) y admitos en un segundo momento en el cánon (de allí su
nombre), pero iguamente inspirados. Ellos son: Tobías, Judit, 1º y 2º Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc
y partes de los libros de Daniel y Ester.
b) Nuevo Testamento (NT)
Respecto a los libros del NT, son aceptados en su totalidad por todas las igleisas cristianas históricas.
Haremos una breve recorrida teniendo en cuenta su fecha de redacción que difiere del orden como los
encontramos en la Biblia.
• Los primeros escritos del NT son las cartas paulinas, compuestas posiblemente entre los años 51
y 57. La exégesis moderna sostiene que sólo son obra del propio Apóstol las siguientes, en orden
cronológico: 1º y (tal vez) 2º a los Tesalonicenses; a los Filipenses; a Filemón; las 1º y 2º de
Corintios; a los Gálatas y a los Romanos. La autoría de la Carta a los Colocenses es aún discutida.
• El resto de las cartas son llamadas “deutero-paulinas”: la carta a los Efesios y las llamadas Cartas
Pastorales (1º y 2º a Timoteo y Tito). Empleando un recurso típico en la época, se recurrió a a la
autoridad de su bombre (pseudonimia) para profundizar sus enseñanzas. De todos modos, aún
sin ser auténticas de Pablo, son todas por igual admitidas en el canon de la Iglesia, y por lo tanto
consideradas inspiradas por Dios.
• Hacia el año 64 apareció el Evangelio de Marcos, luego hacia el 80 los Evangelios de Mateo y
Lucas (este último continúa su relato, a modo de un segundo tomo, en los Hechos de los
Apóstoles), y a fines del siglo I el de Juan.
• El NT se completa con escritos más recientes, ya iniciado el siglo II y dirigios a una Iglesia
crecientente organizada, llamada Cartas Católicas (las cartas de Santiago; las 1º y 2º de Pedro;
las 1º, 2º y 3º de Juan y la de Judas), la carta a los Hebreos y el Apocalipsis.
c) Otros escritos
En primer lugar hablaremos de los apócrifos. Se denomina así a los libros que fueron “puestos aparte”.
Son escritos judíos y cristianos que no fueron admitidos en el canon. Los apócrifos cristianos son en gernal obras
tardías (aparecieron a final del siglo II, pero en espeical en el siglo IV) que narran episodoios como el nacimiento
e infancia de Jesús o su Pasión, su descenso a los infiernos y Resurrección. Poseen una visión teológica muy
diversa de la de la Iglesia, frecuetemente con influencias dualistas (con excepciones, como el llamado
Protoevangelio de Santiago). Entre los evangelios apócrios más conocidos hallamos además los evangelios de
Felipe, Pilato, Pedro y Bartolomé, o los marcadamente gnósticos evangelio de Tomás y el Pistis Sophia.
También mencionamos algunos escritos de carácter ortodoxo conservados en algunas comunidades que,
si bien no son parte del Canon, son citados en la Tradición de los Padres de la Iglesia: El Pasto de Hermas o la
Espístola de Bernabé.
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3. Inspiración y verdad
La Biblia es fuente primordial de la Revelación divina: “es la palabra de Dios en cuanto escrita por
inspiración del Espíritu Santo” (Cf. DV 9). Así como hemos dicho que Dios se reveló en la historia de salvación
a través de gestos y palabras, éstas quedaron consignadas en la Sagrada Escritura, es decir, se pasa de una
tradición oral a la tradición escrita.

4. Abordaje de la Biblia
La sola mención de la Biblia suele evocar la idea de algo muy antiguo, de cosa de otra época. Y este es
el peligro más grande: leerla como un libro del pasado. En ese caso, como mucho sería un libro interesante e
instructio, pero no pasaría de allí. La Biblia es mucho más que eso. Es un libro siempre actual, como la Palabra
que contiene. En la Biblia Dios sigue hablando a los hombres de “hoy” y “aquí”.
Indudablemnte las Biblia -sobre todo el Antiguo Testamento- no es un Libro fácil. Es necesario que nos
“iniciemos” en su lectura, que aprendamos a leerla, ubicándonos en el “mundo” de la Biblia, tan diferente y
distante en muchos aspectos del nuestro. Como es necesario que uno esté iniciado en la música, en la
matemática o en los deportes para que pueda entender la actuación de un pianista o la demostración de un
teorema o el desarrollo de un partido. Por lo pronto, debemos saber que en la Biblia hay diferentes estilos y
géneros literarios y por lo tanto, no todo hay que leerlo de la misma manera.
Para poder adentrarnos en el “mundo” de la Biblia, una herramienta importante es leer las introducciones
a cada libro que se encuentran al comienzo de cada uno de ellos.
a) Géneros
La Biblia se puede considerar como libro religioso, pero también se puede considerar como mera obra
literaria; pero también es necesario considerar que dentro de la literatura hay multitud de «géneros literarios»...
Es como cuando vamos al cine y nos preguntan por el tipo de película que hemos visto: de guerra, de misterio,
de terror, etc. (¿quién se imagina estar viendo una película de terror y que alguien pregunte cuándo demonios
se van a besar el chico y la chica?).
Los estudiosos de la literatura analizan los escritos y les ponen un nombre (novela, poesía, fábula,
epopeya, saga, etc.) Nosotros tenemos que trasladar estos géneros a la literatura bíblica para descubrir el “para
qué” del autor al escribir el texto.
No se trata sólo de descubrir la idea o el mensaje que se quiso trasmitir., sino para qué quiso trasmitirlo
(consolar, estimular un cambio de vida, motivar a la oración, etc.) En definitiva, hay que descubrir qué efecto
quiso logar el autor, que objetivo tenía cuando transmitía ese mensaje.
Veamos un ejemplo. Quizá la idea principal, el mensaje centra, sea éste: “Dios es todopoderoso” pero de
acuerdo a qué genero literario corresponda la pieza literal el sentido cambia profundamente.
La Palabra de Dios no quiere simplemente trasmitir la doctrina de que Dios es todopoderoso, porque Dios
no se revela sólo para instruir nuestra mente. Detengámonos entonces a ver cómo en cada uno de los géneros
literarios, esta idea se modifica por el objetivo del autor que escribió el texto:
• En un género sapiencial invita a contemplar a ese Dios, a admirarnos por su potencia que se
despliega en el universo, etc.
• En una exhortación moral busca que descubramos que, con el poder de Dios, podemos llegar a
cumplir su voluntad y cambiar de vida.
• En un texto apocalíptico busca que los perseguidos no bajen los brazos, y confíen en Él, qué,
finalmente, triunfará contra las fuerzas del mal.
• En un salmo de adoración, invita a unirse en oración para adorarlo.
• En un cántico de acción de gracias invita a reconocer que todo lo uqe tenemos viene del poder
creador del Señor.
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• En una oración de súplica invita a pedir a pedir con confianza creyendo que él realmente tiene
poder para cambiar las cosas.

Como vemos, se trata del mismo mensaje, Dios es todopoderoso, pero toma distintas formas de acuerdo
con el efecto que el autor quería producir en los lectores. Veamos ahora algunos ejemplos de los géneros
literarios más importantes:
• Saga, es decir, aquéllos relatos que nos narran las peripecias de una familia (fuera de la Biblia
hay relatos de este tipo en Escandinavia, que precisamente sirvieron como modelos de estudio
para las sasgas bíblicas). Las podemos encontrar en los ciclos patriarcales, es decir, en aquéllos
relatos donde se nos narran las aventuras y el desarrollo de la familia de Abrahám, Isaac o Jacob.
• Etiología (ver Gn 28,11-22). Por etiología se entiende aquel relato que pretende dar razón del
origen de un nombre, una costumbre, etc. Cuando el médico pregunta por la etiología de la fiebre,
por lo que está preguntando es por el origen o la causa de esa fiebre. En la Biblia nos encontramos
con relatos de este tipo que pretenden ofrecer el origen de una cosa. En el texto de Gn 28, por
ejemplo, se pretende poner en claro el origen del nombre del santuario que había en Betel; en el
v. 17 cuando Jacob despierta del sueño afirma: «Qué terrible es este lugar: es nada menos que
la Casa de Dios y la puerta del cielo». Pues bien, en hebreo «Casa de Dios, se dice Bet-El, o sea,
Betel.
• Poesías: Numerosos escritos proféticos y sapienciales tienen forma poética. En la Biblia existe el
género literario poético, cuyo exponente principal es esa colección de 150 poesías que llamamos
Salterio, o sea, los Salmos. También podemos encontrar poesías sueltas en otros libros de la
Biblia: 1 Sam 2,1-10, que es el canto de Ana, la madre de Samuel, donde posteriormente se
inspirará el Magníficat de Lc 1,46-55 (comparar los dos textos).
• Himnos: los podríamos definir como cantos que celebran la gloria de Dios. Suelen tener una
estructura común que consiste en la exhortación al comienzo para alabar a Dios, los motivos para
la alabanza y una nueva exhortación final a la alabanza. Sería interesante leer Ex 15,1-18, donde
está el himno o canto de Moisés por el paso del Mar Rojo a la salida de Egipto. El lugar propio del
himno es la liturgia, es decir, se trata de piezas que tienen su origen y su lugar propio en el culto.
• Aparecen las colecciones de leyes al estilo del Decálogo (diez mandamientos), o sea «diez
palabras». Esto es ejemplo de un género literario que aún no hemos visto: «la ley». Se trata de
esas normas que ordenan nuestra vida. Nosotros, modernamente, estamos acostumbrados a
toparnos con la ley o las leyes en libros separados, que tratan exclusivamente de ello. Si tomamos
la Constitución Española o el Código de Derecho Civil, allí no vamos a encontrar leyendas,
historias de familia, refanes, y menos aún poesías; allí encontrarmos solamente leyes. En la Biblia
no es así, no hay libros dedicados a las leyes y otros a otros géneros (tenemos que afirmar que
es común una mezcla de géneros), aunque haya algunos libros que mayoritariamente sean leyes
como, por ejemplo, el Levítico. Esto es así porque, dado que la Biblia es un cuerpo de literatura,
que ha tenido ese proceso tan largo y probablemente complicado de composición, no podemos
pensar que los géneros los vamos a tener todos a la vista y completamente deslindados unos de
otros, sino que nos los vamos a encontrar mezclados
• Apocaliptica: literatura que surge de una situación de opresión y persecución. En realidad se
llega a solapar con la profecía, pero no pueden equipararse. Este género se caracteriza por sus
"revelaciones", sobre todo acerca del porvenir, y en él abundan las visiones simbólicas, las
alegorías enigmáticas, las imágenes sorprendentes y las especulaciones numéricas. Es de
destacar su fabulosa puesta en escena (hay que imaginar los «bichos» que aparecen en el libro
de Daniel, capítulo 7). Su aparición se explica por las duras condiciones de vida del Judaísmo
tardío, que despertaron un gran anhelo de tiempos mejores y de liberación nacional. El prototipo
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de este género literario en el Antiguo Testamento es el libro de Daniel, así como en el Nuevo
Testamento lo es el célebre Apocalipsis.
• Cartas. Gran género literario que tiene más importancia en el NT (casi la mitad de él son cartas).
En el AT hay algunas cartas insertas en los libros historiográficos o proféticos (ver 2 Sam 11,14-
15; 1 Re 21,8-10; Jr 29). En este género cabe distinguir entre lo que es una carta (misiva privada,
familiar) y una epístola (un tratado de teología en forma de carta y dirigido fundamentalmente a
una comunidad).
• Profecía: Nos basta ahora saber que es uno de los géneros literarios más característicos de la
Biblia. En él se recoge gran parte de los oráculos proclamados por los profetas de viva voz. Los
profetas que conocemos y a los que se les atribuyen sus libros (Isaías, Jeremías, Ámós...) no
escribieron casi nada. Esa es una labor de sus discípulos.
• Parábolas: Son historias creadas con el sólo fin de dar una enseñanza. En ellas no hay hechos
reales, porque son producto de una elaboración que hace un maestro para poder dar una
enseñanza de modo didáctico. Esto era necesario sobre todo para los judíos, porque ellos no
estaban muy acostumbrados a las doctrinas filoósficas o a razonamientos especulativos -como
los griegos-, y estaban acostumbrados a transmitir enseñanzas a través de símbolos y relatos.
Por eso los maestros judíos creaban narraciones didácticas. Ejemplo de esto son las conocidas
parábolas de Jesús (sembrador, el grano de mostaza, la levadura, etc.). En el AT tenemos el
ejemplo de Jonás. En esta parábola se nos cuenta que se lo tragó una ballena, y la intención fue
sensibilizar a los judios, para que descubrieran que Dios amana a todos los seres humanos,
también a los paganos.
• Es posible que, por todo lo que llevamos dicho, alguien pueda preguntarse si en la Biblia hay «algo
de historia» en el sentido que entendemos todos: como narración que nos cuenta los hechos tal
como sucedieron. Dicho de otra forma, si hay algo que no sea «inventado», porque ciertamente,
gran parte de los géneros literarios que hemos comentado poco tienen que ver con la historia. No
hay por qué preocuparse. En la Biblia también tenemos reflejados datos históricos; es decir, se
nos transmiten una serie de datos que pueden ser encontrados según los métodos de la
historiografía moderna. Para esto pueden ser muy útiles una serie de ciencias auxiliares como la
arqueología, la paleografía, la numismática, etc. Algunos ejemplos: En 2 Re 18,13ss podemos
leer: «El año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asirio, atacó todas las plazas
fuertes de Judá́ y las conquistó. Entonces Ezequías mandó a Laquis este mensaje para el rey de
Asiria...». Según este texto, en el año 701 (catorce del reinado de Ezequías) Senaquerib ataca las
principales ciudades de Judá, entre ellas Laquis, y la conquista. Pues bien, la arqueología ha
encontrado señales de destrucción en los estratos del terreno que corresponden a esa época.
Además, en el palacio real de Nínive, residencia de Senaquerib, se encontraron una serie de
murales grabados en piedra con escenas de esa batalla. Por lo tanto, podemos concluir que la
Biblia ciertamente nos transmite un acontecimiento que ocurrió así en la historia.

5. ¿Cómo buscar un pasaje Bíblico?


Para saber cómo buscar y encontrar un pasaje bíblico puede mirar este video:
https://www.youtube.com/watch?v=5tKzvzcN_a0

Para concluir, no se trata de leer la Biblia para ver “qué dice”. A veces, esa curiosidad puede ser un punto
de partida. Pero no hay que quedarse ahí. Es necesario leerla para alimentar la fe, afirmar la esperanza y
acrecentar el amor.


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6. Textos de la Dei Verbum como marco de referencia del Magisterio


11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron
por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos
los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la
redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios,
de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu
Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad
que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es
divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el
hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17).
12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el
intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que
pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto
que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético,
poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó
expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según
los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar
en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de
narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo
de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar
el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de
toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber
de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura,
para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la
interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el
ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina, Concilio Vaticano II.

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