“Porque nos cuidamos ayer, nos encontramos hoy… sigámonos cuidándonos”
LA EDAD MODERNA
UNA NUEVA FORMA DE PENSAR
En el siglo XV surgió un renovado interés por la cultura grecorromana en algunas ciudades italianas. Pensadores y artistas
buscaron en las obras clásicas la clave para comprender el mundo y al ser humano.
1. El humanismo
El término humanismo proviene de la voz humanitas, palabra latina que resumía todo lo que los hombres de esa época buscaban:
la “plenitud humana”, es decir, vivir intensamente la condición de hombre. Los humanistas se caracterizaron por lo siguiente:
Consideraron que el ser humano era el centro del universo, a diferencia de los pensadores medievales que
colocaban a Dios en ese lugar.
Aprendieron latín, griego y hebreo, y analizaron las obras de los autores clásicos, como Platón y Aristóteles. Por
otra parte, estudiaron la Biblia en sus lenguas originales.
Se enfrentaron a la enseñanza medieval, que se basaba en la memorización de compendios y resúmenes, y se
estimuló la crítica personal.
2. La imprenta, un invento clave
Las obras de los humanistas se difundieron rápidamente en Europa gracias a la difusión de la imprenta, un invento chino del
siglo X. En el siglo XV, el alemán Johannes Gutenberg fabricó la primera imprenta de tipos móviles, lo que incrementó la
producción de libros a bajos precios.
3. El Renacimiento
Fue un movimiento de renovación cultural que se inició en las ciudades del norte de Italia y se difundió al resto de Europa entre
los siglos XV y XVI. Este fue un periodo de recuperación tras el calamitoso siglo XIV, cuyos efectos, como la recesión
económica, el desorden político o las secuelas de la peste negra, aún perduraban.
Un factor fundamental para el surgimiento del Renacimiento fue el desarrollo del comercio, que produjo grandes beneficios
económicos y propició un intenso intercambio cultural y la difusión de conocimientos. Esta recuperación estuvo acompañada por
un redescubrimiento de la Antigüedad clásica, lo que se dio principalmente entre las clases acaudaladas, que constituían un
pequeño porcentaje de la población. Sin embargo, aunque los logros del Renacimiento pertenecían a una minoría elitista, tuvieron
impacto sobre toda la sociedad, especialmente en las ciudades, donde eran más visibles.
Características del Renacimiento
En el siglo XIV, el arte experimentó los primeros cambios, que se observaron en la mayor preocupación por captar aspectos de
la naturaleza. Así, la pintura italiana introdujo paisajes cotidianos para los observadores; además, los personajes aparecieron
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en posturas y grupos animados relacionados entre sí; de esta manera, la pintura adquirió naturalismo. También se notó un mayor
interés por la correcta representación del cuerpo humano, así como una fuerte tendencia al individualismo. Dos pintores
importantes de esta época fueron Duccio di Buoninsegna (1255-1319) y Giotto (1266-1337).
4. El Quattrocento (1400-1499)
Fue el periodo en el que se desarrolló un nuevo arte que recogía la herencia del pasado clásico. Fue en Florencia, núcleo del
humanismo, donde surgió gracias a la actividad de un numeroso grupo de artistas.
La arquitectura
La arquitectura del Renacimiento retomó las técnicas utilizadas por los artistas grecorromanos. Así, los arquitectos
renacentistas se preocuparon por dar proporciones armoniosas y simétricas a sus construcciones. Un destacado arquitecto
fue Filippo Brunelleschi (1377-1446), quien proyectó la cúpula de la catedral de Florencia, considerada la primera gran obra
arquitectónica renacentista Doc. 9.
La escultura
La escultura tuvo una fuerte tendencia realista. Seguía los modelos antiguos en cuanto a proporciones y el tratamiento que se
daba al desnudo para expresar solidez, volumen y movimiento. Los escultores más destacados de este periodo fueron Lorenzo
Ghiberti y Donatello.
La pintura
La pintura de esta época estuvo caracterizada por el uso de la perspectiva, la búsqueda de realismo y el movimiento de las
imágenes. Los pintores representaban temas religiosos y utilizaron alegorías provenientes del mundo grecorromano, en el
marco del pensamiento humanista. Entre los representantes más destacados de este periodo sobresalieron Masaccio,
Mantegna, Fra Angélico, Paolo Ucello y Piero della Francesca. Sin embargo, la figura más sobresaliente fue Sandro Botticelli.
5. El Cinquecento (1500-1599)
A lo largo del siglo XV, el espíritu renacentista se extendió por toda Italia, donde las influencias locales crearon escuelas
regionales que se desarrollaron plenamente a partir del siglo XVI o Cinquecento.
A comienzos del siglo XVI, el arte del Renacimiento alcanzó su máxima expresión. El foco de la actividad artística se centró
en Roma, donde los papas se convirtieron en mecenas y auspiciaron la reconstrucción de la ciudad y de la nueva basílica de
San Pedro. Para ello, convocaron a diferentes artistas.
Las obras de restauración y de embellecimiento de la antigua ciudad se realizaron bajo el mecenazgo de los papas Julio II y
León X. Los trabajos fueron iniciados por Bramante, quien concibió a Roma como una síntesis de la Antigüedad clásica y del
cristianismo. Tras su muerte, otros arquitectos continuaron con esa labor; entre ellos, Rafael y Miguel Ángel.
Rafael Sanzio
La obra de Sanzio, también llamado el Divino, es considerada la expresión suprema del arte renacentista. Se caracteriza por
la armonía de su composición, el manejo de los espacios, el dominio de la luz y la fina reproducción psicológica de sus personajes.
Rafael recibió las influencias del Perugino, de Leonardo y de Miguel Ángel para formar su propio estilo. Su obra más grandiosa
se produjo en Roma, donde recibió el encargo de decorar diversas estancias del palacio vaticano.
En la estancia de la Signatura (el Vaticano), dejó bellas alegorías, como El Parnaso (la poesía), La escuela de Atenas (la filosofía),
La disputa del Santísimo Sacramento (la teología) y Justiniano y Gregorio IX (el derecho). Sus obras La transfiguración y La
Virgen del pez son también notables.
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Miguel Ángel Buonarroti
Genio de la arquitectura, la escultura y la pintura. Desde muy joven trabajó para los
Médicis, en Florencia. Luego se trasladó a Roma, donde estuvo bajo la protección de varios
papas. Miguel Ángel realizó impresionantes esculturas: el David, el Moisés y la Piedad. Su
obra pictórica cumbre la realizó en la bóveda de la Capilla Sixtina del Vaticano.
Es notable, asimismo, su gran trabajo arquitectónico en la construcción de la basílica de
San Pedro, la mayor obra arquitectónica del Renacimiento.
Fue Donato Bramante quien en 1506 terminó su célebre proyecto para la remodelación de
la basílica de San Pedro en el Vaticano. Sin embargo, luego de su muerte, en 1514, solo se
habían construido los pilares centrales y los arcos que debían soportar la cúpula. En 1534,
Miguel Ángel reanudó los trabajos y modificó la cúpula para hacerla más alta y esbelta.
La iglesia recién fue consagrada en 1626. Sus obras escultóricas destacan por su fuerza,
dramatismo y monumentalidad. En pintura, sus personajes sobresalen por su volumen, naturalismo anatómico y movimiento.
Leonardo da Vinci
Está considerado por la historiografía como uno de los grandes genios de
la humanidad. Su actividad creativa e intelectual fue tan amplia que
abarcó campos muy distintos, como la pintura, la matemática, la biología,
la escultura, la ingeniería, la aeronáutica, la música, etc.
Para Leonardo, la pintura es una actividad intelectual destinada a
reproducir la realidad, y es misión del artista plasmarla fielmente por
medio del estudio del ser humano y de la naturaleza que lo rodea.
El estudio de la naturaleza lo llevó a investigar sobre la luz, una de sus
grandes preocupaciones. En este sentido, empleó la técnica del sfumato,
basada en la difuminación de las formas y de los colores para envolver todo como en una neblina; de esta manera, daba a sus
cuadros una sensación aterciopelada que funde figura y ambiente. Como resultado, las luces y las sombras se distribuyen
magistralmente.
Leonardo analiza la figura humana y la representa en innumerables escorzos, demostrando su capacidad para el dibujo. Gracias
a sus estudios de la anatomía consigue plasmar con asombrosa naturalidad el movimiento en todas sus figuras. Entre sus obras
más destacables, se deben mencionar La Virgen de las rocas, la Gioconda Doc. 10, La Última Cena, La Virgen, el Niño Jesús y
Santa Ana y La dama del armiño.
6. El Renacimiento fuera de Italia
El Renacimiento se extendió desde Italia hacia otras zonas de Europa, sobre todo en el siglo XVI. Alemania, Flandes, Francia
y España se incorporaron a este proceso y le añadieron elementos, desarrollando así estilos artísticos propios.
Flandes
Flandes es, en la actualidad, el territorio ocupado por Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. Hacia el siglo XV era una región
urbanizada y desarrollada social y económicamente. Sus ciudades (Amberes, Brujas, Gante, Bruselas, Ámsterdam, Delft,
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Haarlem y Leiden) fueron la cuna del comercio de arte. La escuela flamenca de pintura se inició con los hermanos Van Eyck,
quienes rompieron con la tradición medieval. En el siglo XV, se introdujo la pintura al óleo, de tendencia naturalista, y se
cultivaron el paisaje y el retrato, con una clara preocupación por los detalles.
En el siglo XVI, la influencia italiana marcó a muchos artistas; sin embargo, el Bosco y Brueghel el Viejo se mantuvieron fieles
a la tradición flamenca. El primero cultivó la pintura burlesca y moralista –muestra de ello es su magistral obra El jardín de las
delicias–, y el segundo expresó la vida de los campesinos y representó temas apocalípticos, como en su obra El triunfo de la
muerte.
Alemania
Durante el siglo XV, la influencia flamenca en Alemania tuvo mucha fuerza. Sin embargo, en el siglo XVI, el desarrollo de la
reforma protestante hizo que las manifestaciones artísticas de Alemania se distanciaran poco a poco de la tradición de
Flandes. Esto permitió la llegada de la influencia italiana al país germano.
El arte renacentista alemán se caracterizó por su marcado dramatismo y religiosidad Doc. 11, elementos que contrastaban
con la búsqueda del equilibrio y la referencia a alegorías clásicas propias del Renacimiento en Italia. No obstante, los artistas
alemanes tomaron de los maestros renacentistas italianos el gusto por el naturalismo, el uso de la perspectiva y el tratamiento
realista de los espacios.
Un factor que también compartió el Renacimiento alemán con el italiano fue la existencia de mecenas que protegieron y
apoyaron a esta nueva generación de artistas. Así, la familia imperial de los Habsburgo y la importante dinastía empresarial de
los Fugger figuran como los principales financistas de los artistas de la época.
La gran figura del Renacimiento alemán fue Alberto Durero (1471-1528), que introdujo el
estilo renacentista en Alemania tras sus viajes a Italia. Durero fue un excelente dibujante,
grabador y retratista. Estuvo interesado por las proporciones del cuerpo humano, y fue un
gran estudioso de la perspectiva y de las técnicas de la pintura y el grabado. Entre sus obras
destacan Adán y Eva y Adoración de los Magos por su gran fuerza expresiva.
Otros representantes del Renacimiento alemán fueron Mathias Grünewald, Lucas Cranach y
Hans Holbein el Joven.
España
A partir del siglo XVI, la influencia renacentista se hizo notar en todas las ramas del arte en España. La arquitectura
renacentista española desarrolló estilos propios. El más importante fue el llamado herreriano, caracterizado por su austeridad
y gran solemnidad, hacia el último tercio del siglo XVI. Su mejor ejemplo es el monasterio de San Lorenzo de El Escorial,
uno de los monumentos más importantes de su tiempo, ideado por Juan de Herrera. Otros edificios siguieron el estilo
plateresco, en el que conviven las formas hispanomusulmanas con las nuevas maneras renacentistas italianas, caracterizado
por su decoración abundante y delicada. La fachada de la Universidad de Salamanca es su mejor ejemplo.
La escultura recibió la influencia del Renacimiento italiano, pero los escultores buscaron la plasmación de intensos sentimientos
religiosos más que la belleza ideal. Destacaron Alonso de Berruguete, Juan de Juni, Felipe Vigarni y Damián Forment.
La pintura renacentista en España se caracterizó, al igual que la escultura, por la profusión de temas religiosos. La temática
mitológica quedó relegada tan solo a círculos nobiliarios y a colecciones reales, y fue realizada en su mayor parte por artistas
italianos.
Uno de sus más importantes representantes fue el Greco, seudónimo con el que se conocía a Doménikos Theotokópoulos
(1541-1614), quien realizó obras religiosas y retratos con un estilo lleno de dramatismo y movimiento. El Greco centró su
atención en los rostros y se caracterizó sobre todo por el uso del color y las figuras alargadas. Dentro de su amplia obra
destacan El expolio (sacristía de la catedral de Toledo), El entierro del conde de Orgaz (parroquia de Santo Tomé de Toledo)
y el retrato El caballero de la mano en el pecho.
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