PENSAR Y ACTUAR EN GRANDE: MARIO HERNÁNDEZ
Mario Hernández nació en Capitanejo, Santander, en 1941. A los diez años murió su padre, dejando a su familia en
muy malas condiciones económicas. Y por culpa de la violencia se tuvieron que ir a vivir a Bogotá. Desde muy niño, le
gustaba comprar, fabricar y vender cosas.
Durante buena parte de su vida tuvo toda clase de oficios (tal como ser vendedor de maletín por muchos pueblos de
Colombia) y negocios (por ejemplo un café concierto y una boutique). Hasta que a mediados de los setenta nace su
empresa, que originalmente se llamó Marroquinera, al comprarle el negocio a un señor que fabricaba chaquetas de
cuero a quien le había prestado un dinero.
Hoy en día esa empresa, que lleva su nombre, tiene una fábrica en Bogotá (con 240 operarias), 16 locales en el país, 9
en Venezuela, 4 en México y una en Estados Unidos. Su marca goza de amplio prestigio nacional e internacional (40
por ciento de sus ventas son en el exterior).
Don Mario en la tercera versión de nuestro foro LECCIONES EMPRESARIALES el espacio mensual en el que nuestro
diario entrevista a destacados empresarios colombianos ante un numeroso público (suscriptores de PORTAFOLIO que
se inscriben al foro sin costo alguno). Estas son las ideas de Hernández que más nos llamaron la atención:
Para tener éxito en el mundo de los negocios la clave es tomar riesgos. Hay que investigar, hay que estudiar, hay que
pensar, pero hay que tomar decisiones oportunamente. Un buen empresario tiene que 'maletear' siempre, es decir,
estar en contacto permanente con sus clientes, con el mercado, con lo que hace la competencia, visitando las ferias
relacionadas con su actividad. Cuando se monta una empresa no hay que pensar en hacer plata en el corto plazo, hay
que concentrar toda la energía y todos los recursos en desarrollar la idea. La plata llegará más tarde como
consecuencia de hacer bien las cosas. Se predica con el ejemplo no con palabras ni buenas intenciones.
El motor de un empresario es tener muchas ganas de hacer cosas bien hechas. Hay oportunidades por doquier. Son
como las hojas que ve uno en los árboles de los bosques, están por todas partes. Lo importante es no tenerles miedo y
ser creativo a la hora de aprovecharlas. No hay que quejarse de lo que hacen o no hacen los demás; uno tiene que
concentrarse en ejecutar lo que está bajo su control. Es conveniente enseñarle a la familia -esposa e hijos- a trabajar
para que no dependan de uno, por si de pronto uno llegase a faltar.
Hay que ayudarle a la gente, en el momento menos pensado le regresan a uno el favor. El factor crucial para poder
triunfar en los negocios es tener un producto diferenciado. Un producto se diferencia en muchas facetas: su diseño,
su marca, la mano de obra de sus empleados, su visión de la moda y la calidad de sus materiales. A los proveedores
hay que pagarles bien sus insumos, de esa manera uno garantiza tener las materias primas de la mayor calidad -
condición necesaria para conquistar el mercado. En la vida profesional y personal hay que tener siempre una actitud
positiva frente al aprendizaje, hay que cultivar una mente abierta.
Aconsejo a los empresarios que están iniciando su negocio pensar en grande, pero empezar pequeños y poco a poco ir
aprendiendo y ajustando lo necesario. Les recomiendo en especial estudiar a la competencia (sobre todo sus precios y
estrategias comerciales). Además sugiero que le presten mucha atención a la cadena de distribución de sus productos,
porque en muchos casos es un cuello de botella serio.
Yo no me distraigo pensando en la tasa de cambio, porque eso no lo puedo dominar. Me concentro en hacer lo mejor
posible todo lo que sí puedo manejar. Hay que pensar en grande y a largo plazo.
Uno de los defectos que tenemos los colombianos es que nos conformamos con proyectos poco ambiciosos y andamos
demasiado obsesionados con el corto plazo. La plata que uno haga hay que invertirla en el negocio, no en lujos
personales.
Comprar de contado las materias primas garantiza que a uno le vendan el mejor material. Y ésta es una buena
estrategia porque para vender bien hay que comprar bien. Se logra que los empleados se pongan la camiseta de la
empresa haciéndolos sentir importantes y dándoles con sinceridad un trato igualitario. Los trabajadores colombianos
son maravillosos; son bellas personas, colaboradores, honestos, leales. Y además son inteligentes, aprenden rápido y
hacen las cosas con mucho esmero si uno los trata bien.
Capacitar a los empleados es una tarea prioritaria. En nuestro caso tardamos hasta cinco años preparando a nuestras
operarias (240) en la planta de Bogotá, para hacer productos muy sofisticados. De mi experiencia he aprendido dos
lecciones valiosas: hay que ser modesto siempre, no dejar que se suban los humos a la cabeza; y que los fracasos no son
pérdidas sino inversiones en aprendizaje. Cuando selecciono a la gente que va a trabajar directamente conmigo busco
personas que se 'unten', que se 'arremanguen', que tengan la versatilidad de hacer todo tipo de oficios con tal de sacar
adelante los planes; 'gente echada pa'delante'.
En las empresas familiares es absolutamente indispensable separar los asuntos de trabajo de los asuntos personales.
Nunca se deben hacer favores con la chequera de la empresa. Si se quiere hacerlos, debe usarse la chequera personal.
La curiosidad es la mejor fuente de oportunidad de negocios. Si uno escucha y mira con atención, hay negocios en
todos los sectores económicos y en todas las regiones del país. Mis hijos tienen una gran formación académica del
más alto nivel teórico, en cambio yo no fui a la universidad. Intercambiamos ideas que ellos aportan con las
experiencias que yo he tenido, de lo cual salen las mejores decisiones. El secreto radica en mezclar bien la teoría con la
práctica. Para innovar no hay que planear tanto. Se debe ensayar, experimentar y hacer a tiempo los correctivos del
caso.
Mi prioridad en la empresa es la gente y los productos. A eso es a lo que más tiempo le dedico. Lo ideal es invertir el
dinero en negocios que uno pueda atender directa y personalmente. Pero también es cierto que hay que diversificar
riesgos y hacer inversiones en actividades distintas a las del foco de uno, pero sin olvidar jamás que la prioridad debe
ser el negocio principal que uno ha desarrollado.
Para tener tranquilidad es necesario alcanzar una seguridad financiera mínima para uno y su familia. Con eso estoy
garantizando que me puedo arriesgar con mayor confianza. Los colombianos no podemos pedirle al gobierno de
turno que nos solucione todo. Cada uno de nosotros puede y debe aportarle al país y a su ciudad. Todos tenemos que
decir las cosas que sentimos y que pensamos con transparencia y con espíritu constructivo. Esto aplica a la sociedad, a
las empresas, y a las familias. Hay que superar el defecto de echarles la culpa a los demás por nuestros males, y más
bien focalizarnos en hacer mejor lo que está en nuestras manos.
Un buen líder inspira a sus seguidores, pero también les respira en la nuca para asegurar que estén haciendo bien lo
que les corresponde. No hay que ver a los competidores como enemigos porque lo cierto es que le ayudan a uno a
mejorar. Pienso que no hay un modelo gerencial único que sea el ideal; es más, no conozco los modelos académicos
porque creo que lo más importante es tener permanentemente abierta la puerta a todas las posibilidades. Un buen
gerente tiene que lograr que el futuro de la empresa no dependa de él. La gestión más eficaz es la que se basa en el
sentido común, porque a la hora de la verdad todo es sentido común.
Para poder competir exitosamente hay que buscar nichos de mercado, no tratar de enfrentar a rivales -que tienen
costos más bajos- en los mercados masivos. La mejor publicidad de un producto, la más eficaz, es el 'voz a voz' de los
clientes satisfechos. Colombia al igual que muchos otros países de Europa y de Asia, tiene que desarrollar sus
regiones, no debe concentrar su economía en Bogotá y otras pocas ciudades grandes. En últimas, lo que cuenta, lo
que hace la diferencia, es la consagración al trabajo, la perseverancia en convertir los sueños en realidad.