Desde la tierra de Asia, 65 dejando el sacro Tmolo,
corro en pos de Baco, dulce esfuerzo, fatiga
placentera, lanzando el báquico evohé.
¿Quién en la calle? ¿Quién en la calle? ¿Quién en palacio?
70 ¡Que salga fuera todo el mundo y
santifique su boca reverente! Porque los himnos de
ritual de siempre cantaré a Dioniso.
¡Venid bacantes, venid bacantes, vosotras que a
Bromio, niño dios, hijo de dios, 85 a Dioniso, traéis
en procesión desde los montes de Frigia a las
espaciosas calles de la Hélade, al Bramador!
¡Vestida con la moteada piel de corzo, cíñete con las
tiras trenzadas de lana de blanco vellón! ¡Consagra
la vara de tu tirso cargado de furor! Pronto la
comarca entera danzará, 115 cuando Bromio
conduzca sus cortejos al monte, al monte, donde
aguarda el femenino tropel, lejos de telares y ruecas,
aguijoneado por Dioniso.
135 ¡Qué gozo en las montañas, cuando en medio
del cortejo lanzado a la carrera se arroja al suelo,
con su sacro hábito de piel de corzo, buscando la
sangre del cabrito inmolado, delicia de la carne
cruda, 140 mientras va impetuoso por montes frigios,
lidios!¡He aquí a nuestro jefe Bromio, evohé!
¡Brota del suelo leche, brota vino, brota néctar de
abejas! ¡Hay un vaho como de incienso de Siria!
¡Venid bacantes! ¡Venid bacantes! Con la
Suntuosidad del Tmolo de áureas corrientes 155
cantad a Dioniso, al son de los panderos de sordo
retumbo, festejando con gritos de ¡evohé! al dios del
evohé, entre los gritos y aclamaciones frigias, 160 al
tiempo que la sagrada flauta de loto melodiosa
modula sus sagradas tonadas, 165 en
acompañamiento para las que acuden al monte, al
monte. Alborozada entonces, como la potranca junto a
su madre en el prado, avanza su pierna de raudo paso
en brincos la bacante.
370 ¡Veneración, soberana divinidad!
¡Veneración, que sobre la tierra bates tu ala de oro!
Él, que se ocupa de esto: de guiar a su cortejo en las
danzas, 380 de reír al son de la flauta, y de aquietar
las penas, en cuanto aparece el fruto brillante del
racimo en el banquete de los dioses, y cuando en los
festejos de los hombres coronados de yedra 385 la
vasija de vino despliega sobre ellos el sueño.
¡Llévame allí, Bromio, Bromio, báquico guía, dios del
evohé! Allí están las Gracias, allí está el Deseo, 415 y
allí es justo que las bacantes celebren sus fiestas
rituales.
Ocultan de mil formas los dioses el paso lento del
tiempo, mientras dan caza al impío. Jamás, 890 pues,
se ha de inventar y practicar nada por encima de las
leyes tradicionales.
¡Acudid, rápidas perras de la Rabia, acudid al
monte, donde tienen su cortejo las hijas de Cadmo!
¡Aguijoneadlas 980 contra el que reviste un hábito de
mujer, contra el rabioso espía de las ménades!
985 «¿Quién es espía de las montaraces Cadmeas? Al
monte, al monte, ha venido, ha venido ¡Oh bacantes!
¿Quién le ha dado a luz? ¡Porque no ha nacido de
sangre 990 de mujeres, sino de alguna leona o del
linaje de las Gorgonas de Libia!»
¡Venga la justicia manifiesta, venga armada de
espada: 995 para matar de un tajo en la garganta, al
sin dios, sin ley, sin justicia, al descendiente de
Equión, nacido de la tierra!
Dancemos en honor de Baco, alcemos
nuestro grito por la desdicha de Penteo, 1155 el
descendiente del dragón, que tomó el vestido de mujer
y la férula de un hermoso tirso, como garantía de
Hades. ¡Y un toro fue su introductor a la desgracia!
¡Bacantes Cadmeas habéis ejecutado un
brillante himno de victoria para vuestro lamento, para
vuestros llantos!
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