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Encuentro de Feromonas: Legosi y Haru

Este documento narra una historia de ficción sobre Legosi, un lobo gris, que sigue el rastro de unas feromonas a fresas con crema hasta encontrar su origen en Haru, una coneja blanca que se encuentra en celo. Legosi pierde el control ante las feromonas de Haru y tienen relaciones sexuales. Al despertar, ambos se sienten culpables pero Haru tranquiliza a Legosi, diciéndole que está bien.

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Encuentro de Feromonas: Legosi y Haru

Este documento narra una historia de ficción sobre Legosi, un lobo gris, que sigue el rastro de unas feromonas a fresas con crema hasta encontrar su origen en Haru, una coneja blanca que se encuentra en celo. Legosi pierde el control ante las feromonas de Haru y tienen relaciones sexuales. Al despertar, ambos se sienten culpables pero Haru tranquiliza a Legosi, diciéndole que está bien.

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Feromonas

Capítulo Único

Advertencias: Contenido +18 que NO es apto para todo público.

Un fuerte y atrayente olor a fresas con crema llego a la nariz del lobo gris, olfateo
buscando la fuente del olor y, sin pensarlo realmente, se levantó de donde estába
sentado y comenzo a caminar siguiendo aquel dulce olor, pero...

— ¡Hey Legosi! ¿Qué pasa? — Interroga Jack, el labrador beta que conocía desde
la infancia. Parecía curioso por la reacción de su amigo puesto que él no olía nada
diferente en el ambiente.

— Ya vuelvo Jack, olí algo. — Da la respuesta de manera rápida y sin interés, su


mente enfocada en aquel olor tan particular que al parecer solo él huele.

Camino, intentando no correr, mientras su olfato lo guiaba hasta la fuente de tan


embriagante olor.

Termino subiendo las escaleras hasta el club de jardinería, al ser la hora del
receso todos los estudiantes y maestros de la escuela Cherryton se encontraban
en la cafetería o en zonas aledañas a esta... O en su defecto cerca del salón de su
siguiente clase.

Empujó con poca fuerza la puerta que con facilidad se abrió y dejo entrar al
carnívoro. Todo el lugar estaba plagado de feromonas que casi nublan los
sentidos del alfa, cerro con cuidado la puerta de metal y se aseguró de pasarle en
cerrojo.

No sabía con claridad lo que estaba haciendo, ni estaba seguro de lo que iba a
hacer, pero su parte racional, o eso quiere creer, le decía que no quería
interrupciones.

Era raro para el alfa sentirse tan atraído por aquellas feromonas, anteriormente
era él quien terminaba llevando a Tem a la enfermería cuando esté sufría sus
celos y en ningún momento se sintió atraído por aquel olor a miel.
Se acercó hacía la única puerta de madera que había en aquel lugar,
accidentalmente rompió la manija, pero pudo abrir la puerta.

No controlaba sus fuerzas pues aquel embriagante aroma de omega en celo hacia
que sus instintos más básicos se activarán, nuevamente era extraño pues nunca
antes había caído tan rendido por las feromonas.

La fuente del delicioso olor a fresas con crema era una pequeña conejita blanca
que únicamente portaba su camisa de la escuela mientras que con cuatro dedos
acariciaba su clítoris.

La escena que a sus ojos se desarrollaba causo que, finalmente, soltara una
cantidad enorme de feromona y que, desde lo más profundo de su garganta, un
gruñido emergiera.

Capto la atención de la conejita que dejo de jugar y lo llamó. — Alfa. —

Legosi conocía la identidad de aquella coneja, era a la que había intentado


devorar una noche en la que se había quedado en el patio vigilando por órdenes
de Luis.

Haru aún llevaba las vendas en el brazo donde sus garras perforaron la piel
inmaculada de aquella coneja.

Claro que se arrepintió y duda que Haru sepa que fue él quien hizo aquel intento
de homicidio. Pero volviendo al presente.

La coneja se restregaba en la pierna del alfa, obviamente se encontraba


totalmente abrumada por su celo y Legosi sabía que ella no era consciente de sus
acciones.

Pero con el pene duro y sintiendo sus boxers apretados, el lobo gris no lo pensó
dos veces antes de tomar a la coneja con una mano y recostarla en la cama
mientras que con la otra se desprendía de sus prendas inferiores.
Tanto los boxers como el pantalón del alfa quedaron con algunos desgarres por su
afán de desvestirse rápido.

Las feromonas de la coneja lo incitaban a hacer cosas que en situaciones


normales nunca haría.

Haru separo las piernas lo más que pudo, por suerte para ella el miembro del gran
lobo gris era más grueso que largó.

El lobo se introdujo en una rápida estocada dentro de la coneja. La barriga de


Haru se Hizo más alto, podía sentirse totalmente llena por culpa de aquel miembro
que no entro en su totalidad. El nudo quedaba afuera, era imposible que Legosi la
anudara.

El olor a Fresas era opacado por el fuerte y dominante olor a macacino que
desprende el lobo gris.

Curvando todo su cuerpo el lobo aprisiono su hocico con el de la coneja, todo era
lengua y el lugar se llenó de los sonidos húmedos que provocaban las embestidas
del de mayor estatura.

•~•~•~•

Haru se despierta desorientada, sintiéndose como un bollo relleno. Estando entre


unos brazos delgados y peludos.

Su espalda estaba apegada al pecho de lo que únicamente podría ser un


carnívoro. Se encontraba totalmente desnuda y el contrarió también pero no
recordaba nada más que haber entrado en celo e ir a encerrarse en aquel cuarto,
que reconoció casi al instante.

Legosi la abrazaba como si de un peluche se tratase, y eso reconfortaba a la


pequeña coneja blanca de algún modo.

Cerro los ojos dispuesta a descansar, pero a los pocos minutos siente unas
feromonas que la hacen abrir los ojos.
Legosi está despierto e inconscientemente desprende feromonas a causa del
miedo y la incertidumbre que experimenta al haber tenido sexo por primera vez en
su vida.

Sabe que Haru no estaba consiente así que por ende la culpabilidad lo embarga al
creer que la había profanado.

Antes de que siguiera con sus pensares, miedos y dudas la coneja se voltea
viéndolo a los ojos.

Haru está acostumbrada a pasar sus celos allí encerrada pues nunca nadie había
subido al club de jardinería. Parece ser que debido a lo lejos que se encontraba
aquel lugar de otros sitios de la escuela además de que sus feromonas no suelen
poseer un olor muy fuerte nunca corrió peligro por quedarse en aquel sitio.

Ahora un gran lobo gris olfateo sus feromonas pese a que nadie hasta ese
momento era capaz de hacerlo.

La pequeña coneja supo en aquel instante que eran destinados.

— No tienes por qué preocuparte, estoy bien Legosi — Le dijo para tratar de
tranquilizarlo.

— Eh... — El lobo no sabía que decir.

La coneja lo abrazo y le ordenó. — Sigamos durmiendo. —

El lobo acato la orden y trato de volver a dormir, envuelto en las dulces y


tranquilizadoras feromonas de la omega.

Fin.

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