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La Batalla Espiritual en Apocalipsis 12

El documento resume el capítulo 12 de Apocalipsis, describiendo la batalla entre Miguel y el dragón en el cielo y la posterior persecución de Satanás contra la Iglesia a través del poder papal durante 1260 años, hasta 1798. Explica que actualmente la guerra de Satanás se centra en el remanente fiel que guarda los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesús.

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La Batalla Espiritual en Apocalipsis 12

El documento resume el capítulo 12 de Apocalipsis, describiendo la batalla entre Miguel y el dragón en el cielo y la posterior persecución de Satanás contra la Iglesia a través del poder papal durante 1260 años, hasta 1798. Explica que actualmente la guerra de Satanás se centra en el remanente fiel que guarda los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesús.

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Lección 1 para el 1 de abril de 2023

“Entonces el
dragón se airó
contra la mujer,
y fue a
combatir al
resto de sus
hijos, los que
guardan los
mandamientos
de Dios y tienen
el testimonio
de Jesús”
(Apocalipsis 12:17)
Pablo nos advirtió que “nuestra lucha no es contra seres
humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra
potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra
fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales”
(Efesios 6:12 NVI).
Apocalipsis 12 nos muestra quiénes son estos poderes que
luchan con nosotros, cómo surgió este conflicto y, lo mejor de
todo, el resultado de la guerra: Jesús gana, Satanás pierde.
A través de símbolos, Apocalipsis 12:7-8 nos muestra un
conflicto real que ocurrió en el cielo: una batalla entre dos
personas (simbolizadas como “Miguel” y “el dragón”) y sus
respectivos partidarios (sus ángeles). Miguel gana y el dragón
es expulsado del cielo.
¿Cómo surgió esta guerra? Lucifer, usando la
libertad de elección con la que el Dios de
amor le había creado, decidió tomar por la
fuerza el dominio del Universo (Is. 14:12-14).

En este conflicto no hubo ángeles neutrales: o apoyaban a Miguel o al


dragón. Al extenderse el conflicto a nuestro mundo, las posibilidades
son las mismas: O estoy con Miguel o contra Él (Lc. 11:23).
Para comprender la batalla decisiva del conflicto cósmico, debemos
interpretar primero los símbolos usados para describir a los distintos
personajes involucrados.
El dragón La mujer El hijo varón

Satanás (Ap. 12:9), La Iglesia de Dios, tanto Jesucristo, perseguido desde su


apoyado por ⅓ de los en el Antiguo infancia (Mt. 2:13), arrebatado al
ángeles (v. 4) Testamento como en el cielo (Mr. 16:19), y el que recibe
Nuevo la autoridad sobre todas las
(Ez. 16:46; 2Co. 11:2) naciones (Ap. 2:26-27; 19:15)
Desde que Jesús se encarnó, Satanás procuró impedir
que cumpliera su misión (Heb. 4:15).
Pero colgado de una cruz, en aparente derrota, Jesús
venció (Col. 2:15).
Después de que Jesús ganó la batalla decisiva, se le
negó a Satanás el acceso al cielo –que, hasta
entonces, le estaba permitido (Job 1:6)– y fue
arrojado definitivamente a la tierra (Ap. 12:9).
En la victoria de Jesús, nosotros somos también
vencedores (Ro. 8:37). Al aceptar a Jesús, nuestros
pecados son perdonados y Satanás –“el acusador”
(Ap. 12:10)– ya no puede acusarnos de nada.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del
Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y
menospreciaron sus vidas hasta la muerte”
(Apocalipsis 12:11)

Como vimos, Jesús es el Vencedor, y nosotros


vencemos también “por medio de la sangre” de Jesús.
Ahora bien, aunque ha vencido, el triunfo final de
Jesús es todavía futuro (1Co. 15:22-26). ¿Significa esto
que nosotros aún no somos vencedores?
Aunque el triunfo final es postergado, nuestra victoria
no. Cuando aceptamos por fe lo que Cristo hizo por
nosotros, nuestra deuda se cancela, y somos
perfectos ante los ojos de Dios (Col. 1:14, 22).
¡Somos vencedores! Y al que venza, Dios le dará…
todas las cosas (Ap. 21:7).
“Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió
a la mujer que había dado a luz al hijo varón” (Apocalipsis 12:13)
¿Durante cuánto tiempo persiguió Satanás a la Iglesia (Ap. 12:6, 14)?
Periodos proféticos

42 meses 1.260 días Tiempo, tiempos y ½ tiempo

Ap. 11:2 Ap. 13:5 Ap. 11:3 Ap. 12:6 Dn. 7:25 Ap. 12:14
La ciudad
Autoridad Los dos Mujer en el Autoridad Mujer en el
santa
de la bestia testigos desierto de la bestia desierto
hollada

42 meses = 1.260 días = Tiempo, tiempos y ½ tiempo. Todos los


periodos de persecución mencionados en Daniel y Apocalipsis
coinciden, aunque sean designados de distinta forma.
“Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió
a la mujer que había dado a luz al hijo varón” (Apocalipsis 12:13)

Al analizar la historia a la luz de los periodos Se elimina el

Hasta 1798
El general

Desde 538
proféticos (1 día = 1 año [Nm. 14:34; Ez. 4:6]), último pueblo Berthier, por
podemos establecer con exactitud el ostrogodo y el orden de
comienzo y el final de los 1.260 años de Papa obtiene el Napoleón, toma
persecución a los que Satanás sometió a la poder político prisionero al
Iglesia de Cristo, usando para ello un poder de la ciudad de Papa
religioso corrompido y autoritario: el Papado. Roma

Durante ese periodo, los fieles fueron sustentados


por Dios en el desierto [lugares poco poblados]
(Ap. 12:6, 14).
Podemos estar seguros de que, como Dios proveyó
para su Iglesia en esos momentos, Él hará lo mismo
por el remante fiel del tiempo del fin.
“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra
el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y
tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17)
A partir de 1798, el ataque de Satanás no se centra
en todos los “hijos” (iglesias) que surgen de la
Iglesia perseguida, sino en “el resto”, el remanente.
Éste es un pequeño grupo con dos características
principales:
Guarda los mandamientos de Dios.
Restaura la validez de la olvidada ley de
Dios.
En Jesús, por Jesús, mediante
Jesús y debido a Jesús el
Tienen el testimonio de Jesucristo. Son
remanente (tú incluido), tiene
fieles a su Salvador.
la victoria asegurada.
“Dios nos ayudará en el tiempo de necesidad,
pero no nos obligará a amarlo y obedecerlo.
Debemos darle nuestro amor indiviso. Quiere
que confiemos en él y que hagamos de él nuestro
confidente. Entiende nuestras necesidades y
tiene amplios recursos para ayudarnos en todo
tiempo de angustia. No somos abandonados
para que libremos nuestras propias batallas, sino
que tenemos la ayuda de Cristo, y en su nombre
podemos salir victoriosos”
E. G. W. (Manuscritos inéditos, tomo 3, pg. 97)

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