PALABRAS CLAVE (Voces): Definición de responsabilidad; Importancia de una
definición; Regulación novedosa; Análisis crítico; Ausencia de Norma; Efectos en la
regulación; Jurisprudencia.-
“CONCEPTO DE OBLIGACIÓN EN EL NUEVO CÓDIGO CIVIL Y
COMERCIAL DE LA NACIÓN”
Autor:
- Emiliano Carlos LAMANNA GUIÑAZÚ1
_____________________ _______________________
I.- Introducción; II.- Evolución histórica. III.- Etimología del sustantivo; IV.-
Concepción doctrinaria del sustantivo. IV.a.- Antes de la Reforma (1871-2015);
II.b.- Después de la Reforma (2015-…..); V.- Camino a la construcción de una
definición: Las reformas legislativas que no fueron; VI.- Definición del Artículo
724º del Código Civil y Comercial de la Nación; VII.- Cierre y conclusiones; VIII.-
Bibliografía consultada (por orden alfabético).
____________________ ________________________
“Las obligaciones obran en el Derecho, como las venas en
el cuerpo humano, ya que lo recorren y riegan para brindar
soluciones y bregar por la paz social”
Louis Josserand
I.- Introducción.-
Si bien el modelo que planteaba el Código Civil de Vélez y Acevedo2, era
común en su época, en la asignatura que amamos: “Obligaciones”, también nos hacía
elaborar alambicadas justificaciones en torno al porqué no contábamos con una
1
Abogado (UBA – 1994); Magister en Derecho de la Alta Tecnología (UCA – 2008); Doctor en Ciencias
Jurídicas (UCA – 2015); Profesor Adjunto en “Derecho de las Obligaciones” y “Derecho de Daños” en la
Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA); Profesor Adscrito en la Universidad Austral de
“Derecho de las Obligaciones” y “Derecho de Daños”; Profesor Adjunto en la Universidad del Museo
Social Argentino – UMSA, en “Derecho de las Obligaciones” y “Derecho de Daños”; Administrador de
Contenidos en el sitio web www.uba.edu.ar en la Cátedra del Doctor Aníbal PIAGGIO en la asignatura
“Derecho de las Obligaciones”.-
2
Convertido en Ley Nacional 2637.-
definición que sea orientadora para nuestros alumnos de grado, que miraban, entre
extrañados y perplejos, como una materia tan compleja como esta, como muchas de las
de su tiempo, debía desarrollarse en esta suerte anonimato conceptual, pues se trataba
de un poderoso escollo a vencer el 2do año universitario en Derecho.
Era así, el Artículo 495º del Código Civil de pluma velezana sostenía que las
obligaciones eran “de dar, de hacer, y de no hacer”. Y en la Nota el Codificador
sostenía –siguiendo a Texeira de Freitas-, lo siguiente: “nos abstenemos de definir,
porque como dice Freitas, las definiciones son impropias para un Código de Leyes”.
Según apreciamos, donde debía asentarse el concepto (el propio artículo) había
una descripción escueta, de los tres andariveles por donde debía transitar el sustantivo.
Obligaciones de entrega de cosas o reales (dar), obligaciones que imponen una
actividad al debitor (hacer), y las que implican un deber de abstención (no hacer). Nada
más que las formas, omitiendo el sustrato mismo del Instituto. Es decir, el “qué es”
suplantado por el “como se hace”. Pero aún frente a la estrictez que planteaba el Código
velezano, había un Artículo 496º, que aclaraba en parte la perplejidad de su predecesora,
al decir: “El derecho de exigir la cosa que es objeto de la obligación es un crédito y la
obligación de hacer o no hacer, o de dar una cosa, es una deuda”. Es decir, asignaba
coherentemente el rol del deudor y su deber, y el del acreedor y su derecho subjetivo.
Alguna doctrina italiana, comentando la inexistencia de una definición en el
Código Civil de su país (1942), señalaba que esta no era posible más allá de algunos
intentos concretos perpetrados por el Proyecto Ministerial de 1940 en su primera
redacción3 pues, en última instancia las definiciones deben ser precisadas por la
doctrina, no así por las normas pertenecientes a un Código de Leyes4
Pero como sostiene Alterini, aún manifestando lo sostenido -con el argumento
de autoridad-, por Javoleno en torno a lo peligroso que es definir en un Código de Leyes
(11 epist., en Digesto 50, 17. De Regulis juris), pues resultaría imposible que no sea
alterada en el futuro, ese pensamiento tuvo que ser abandonado por el Codificador, en
la medida que debió ingresar en territorios jurídicos que así lo exigían5
3
No así la segunda redacción del mismo proyecto ministerial que ya no la tenía.
4
“Muy acertadamente el Código actual como el derogado evita definir la obligación. Existió durante los
trabajos preparatorios, algún intento de seguir la orientación opuesta, de acuerdo con el ejemplo de algún
código extranjero (así, la primera redacción del proyecto ministerial de 1940 contenía, en su Art. 1º, la
siguiente definición: la obligación es un vínculo en virtud del cual el deudor está obligado frente al
acreedor a una prestación positiva o negativa). Pero tal intento fracasó, haciendo prevalecer la idea,
ciertamente más exacta, de evitar toda definición (así, la segunda redacción del proyecto ministerial de
1940 ya no contiene habiendo seguido el código esta orientación). La relación que acompaña el código (n.
557) explica la decisión tomada por los redactores, y pone de relieve acertadamente que si la ley hubiera
querido precisar el concepto de obligación, habría salido del campo normativo dentro del cual debe
mantenerse estrictamente. Y ciertamente aquí como en cualquier otro campo, toda definición legislativa
podría resultar peligrosa, si debiera dársele, lo que se duda con razón, valor de norma: a la par que sería
inútil si se le negara tal valor. Definir las instituciones jurídicas debe, por el contrario, considerarse
misión principal de la doctrina…” GIORGIANNI, Michele, “La Obligación (La parte general de las
obligaciones)”, Bosch Casa Editorial, Barcelona, España, pp. 21/2, año 1997.
5
Por ejemplo, en la parte correspondiente al derecho de los contratos y derechos reales, donde se vio
compelido a definir, pues no hubiera habido seguridad jurídica alguna en torno a la contratación sin
figuras jurídicas definidas, es decir, adecuadas a sus formas, y con efectos según sus formas. Mismo
temperamento con relación a los derechos reales.
II.- Evolución Histórica.-
Las grandes líneas históricas en torno al sustantivo, pueden delimitarse de la
siguiente manera:
El Derecho romano ha sido una fuente de creación que sin duda alguna
condicionó, en mayor o menor medida, la producción del conocimiento jurídico en la
historia. Sin embargo, no es la única. La caída del Imperio Romano y el desarrollo del
Derecho canónico han contribuido en gran medida a incorporar matices en su
normativa, aportando los primeros rasgos moralistas que más tarde, serían incorporados
por el Derecho común6.
En la simiente del Derecho se podía distinguir dos claros elementos directrices:
un deber y una deuda (ambas dirigidos al debitor) que debía diseñar las estrategias
conductuales necesarias para no verse implicado en situaciones dolorosas y
complicadas: por otra parte, la coacción (“obligatio”) que transformaba al acreedor y la
persecución de su cobro, en algo más que un simple crédito7.
López Mesa, relanza la importancia de la definición yendo a sus fuentes, al
mencionar la importancia de esta en las Institutas de Justiniano, la que decía: “La
obligación es un vínculo jurídico que nos constriñe a pagar algo a otro, según el
derecho civil”8 Reafirmada y sostenida por el antiguo derecho francés (Pothier y
Demogue), e inspiradora del Art. 1101º del Código Napoleón9
En rigor, el concepto abstracto de obligación –tal y como lo conocemos en la
actualidad-, es moderno. Nacido del racionalismo jurídico del SXIX, producto del
pensamiento del antiguo derecho francés: Domat, Pothier. Muy por el contrario, los
juristas romanos no se caracterizaban por ser racionalistas sino realistas. Y se trata de
una diferencia esencial. Muy bien señalada por Savigny citado por Levaggi.10
En Roma, la obligación se ubicaba entre las cosas (res) y específicamente de las
cosas clasificadas como incorporales o iura; frente a los bienes corporales (dinero,
esclavos, cosechas) se hallaban aquellos sin sustancia corporal y de carácter transitorio
como las obligaciones. La realidad es que, en Roma, los elementos componentes de la
6
Vale como ejemplo central de nuestra afirmación las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, por constituir
una fuente de trascendental importancia que excede el propio Reino de Castilla, proyectándose en
diferentes formas y con diferente impacto en el resto de los reinos españoles, y posteriormente, a sus
colonias de ultramar, donde ubicamos a nuestro embrionario Virreinato del Río de la Plata, como
antecedente de nuestro civil moderno.
7
LARROUMET, Cristian, “Teoría General del Contrato”, Vol. 1, editorial Temis, Bogotá, Colombia, pp.
17, año 1999.
8
LÓPEZ MESA, Marcelo, “Derecho de las Obligaciones” (Análisis exegético del Nuevo Código Civil y
Comercial, Tomo I, editorial IBdF, pp. 37, año 2015.
9
POTHIER, Robert, “Tratado de las Obligaciones”, editorial Heliasta, Nº 1; y DEMOGUE, René,
“Tratado de las Obligaciones – Parte General”, Vol. 1, pp. 3.
10
“Consiste en la dominación de una persona extraña; no sin embargo de un modo completo (pues tendría
por resultado la absorción de la personalidad misma), sino sobre actos aislados que deben considerarse
como restricciones a su libertad y un sometimiento a nuestra voluntad”. Levaggi, Abelardo. “Historia del
Derecho de las Obligaciones. Contratos y Cosas”. Editorial Perrot, Buenos Aires, pp. 19, año 1971.
obligatio se encontraban disociados, pues la obligatio era anterior al debitum (por el
origen precedente de las obligaciones en el derecho penal)11
La composición privada entre la víctima y el ofensor abrió paso a una grata y
bienvenida plasmación de las diferencias negociadas, atemperando de tal manera la
rigidez que se planteaba frente al incumplimiento, ajustándose una indemnización12.
Generándose modificaciones significativas en la relación jurídica, como ser las surgidas
de las Institutas de Justiniano (3. 13, pr), y todo ese derecho nuevo y evolucionado de
las posteriores constituciones imperiales, plasmando una definición que se expresó de la
siguiente manera: “La obligación es un vínculo jurídico, de acuerdo con nuestro
derecho civil, que nos constriñe a pagar alguna cosa”. Que en su lengua original se
leída y estudiaba de tal forma hasta no hace mucho tiempo en las aulas universitarias
argentinas, e inolvidable por donde se la mire: “Obligatio est iuris vinculum, quo
necesítate adstringimur alicujus solvendae rei, secundum nostrae civitatis jura”. La que
se complementaba con “…el texto de Paulo que recogió el Digesto (44, 7, 13, pr): La
esencia de la obligación consiste no en que haga nuestra una cosa corpórea o una
servidumbre, sino en que constriña a otros a darnos, hacernos o prestarnos alguna
cosa (Obligantionum substantia non in neo consistit, ut aliquod corpus nostrum aut
servitutem nostram faciat, sed ut alium nobis abstringat ad dandum aliquid, vel
faciendum, vel praestandum”13 Estas que parecen ser sólo definiciones, plantearon un
cambio o viraje de tinte fuertemente axiológico.14 Apreciando, nada menos, que un
criterio de la ejecución singular de los bienes por la colectiva, imperante hasta ese
momento15
Por lo dicho, la “obligatio” y el “debitun” fueron perdieron la rigidez, y vemos
que en la República, no se ejerce la “obligatio” sobre la persona sino sobre los bienes
del deudor. Lo que significó un rasgo de Humanidad en el derecho de su tiempo, por lo
pronto, porque la prestación a cumplir por el deudor, quedaba librada a su entera
preocupación y actividad (que en estos tiempos llamaríamos “buena fe”)16 Lo que
puede señalarse como una etapa de progreso jurídico del ingreso de la moral a la teoría
general de las obligaciones17
11
En efecto, la víctima de un delito se apoderaba del ofensor y hacía con su persona lo que quería
(ejecución). Se trataba, en definitiva, del viejo procedimiento de la justicia privada.
12
En el Derecho romano, la forma ordinaria de crear una obligatio entre ambos sujetos (deudor y
acreedor) era la stipulatio. La misma consistía en una pregunta solemne efectuada por el estipulante a otra
persona, que respondía congruentemente y quedaba obligada por su promesa. El estipulante se
transformaba en acreedor y el promitente se constituía en deudor. De la estipulación nacía una acción de
derecho estricto.
13
ALTERINI, Atilio Aníbal, AMEAL, Oscar, LÓPEZ CABANA, Roberto, “Derecho de Obligaciones
Civiles y Comerciales” (cuarta edición actualizada), editorial Abeledo Perrot, Buenos Aires, pp. 14, año
2008.
14
En las Institutas de Justiniano, (compiladora de la “Res Cottidiane” de Gayo), y también en las
Institutas de Florentino, Ulpiano y Marciano.
15
BERDAGUER, Jaime, “Fundamentos de Derecho Civil”, Montevideo, Uruguay, pp. 186 y sgtes. 1994.
16
Pensemos que hay un trasiego importante en estos tiempos, ya que no podemos hablar de poco tiempo
pues es el Derecho de Gentes primero, posteriormente el derecho pretoriano, y finalmente el derecho
civil, el que se va a ocupar de proteger al deudor (sujeto ocupado de cumplir el deber jurídico a su cargo).
17
Los hermanos Mazeaud lo llaman la “evolución del derecho de las obligaciones”, al decir que: “…La
moral ha penetrado profundamente en el derecho de las obligaciones. Ya en Roma, la filosofía griega
estableció evidente influencia. . En la Edad Media, los canonistas debieron acentuar el aspecto moral del
derecho de las obligaciones, y sus ideas fueron seguidas por DOMAT y los juristas laicos. Luego de la
redacción del Código Civil, la jurisprudencia no ha cejado en su misión moralizadora, ampliando las
nociones de enriquecimiento sin causa, de dolo, de lesión, de responsabilidad civil…”. MAZEAUD,
Ahora bien, ciertamente no deberíamos confundir el funcionamiento del
derecho obligacional, con los mecanismos necesarios y ajenos a nuestro estudio, como
ser las formas en las que se puede desarrollar un eficaz sistema donde las relaciones
obligacionales puedan cumplirse útilmente. No por nada, los Mazeaud aclaran –con
criterio compartible-, que una cosa es la evolución del derecho de las obligaciones18, y
otra el de la técnica del derecho de las obligaciones19
Fruto de esta evolución, fue la generada por la España de la Baja Edad Media,
donde se aplicaba el Ius Commune o Derecho romano-canónico es su más rica
expresión20. Un derecho de “juristas” que comentaban el derecho, y no que lo
legislaban21. Y ciertamente, no deberíamos omitir la extraordinaria influencia de la
Partida Quinta de Alfonso X, el Sabio, en el desarrollo de nuestra materia.
III.- Etimología del sustantivo
En términos literales, obligatio viene de la palabra ligo que equivale a ato y ob,
esto es, alrededor del cuerpo. Lo que impone decir que se trata de una relación entre dos
sujetos, uno llamado acreedor o sujeto activo que tiene para sí un crédito y, al mismo
tiempo, un poder de compeler del primero al segundo. Por el otro lado, tenemos al
deudor o sujeto pasivo, que tiene para sí una deuda, y en su mérito un vínculo físico
referente a una cosa (res)22. Se trata, sin dudas, de una concepción corporal romana del
sustantivo, y que tuvo su continuidad bien entrado el Siglo XIX23
León, Henri y Jean, “. “Lecciones de Derecho Civil – Parte Segunda – Volumen I: Obligaciones: El
Contrato. La promesa Unilateral”. Ediciones Jurídicas Europa-América (EJEA), Buenos Aires, pp. 31/2,
Año 1960.
18
Que no sería otro que el análisis de la posición del debitor y el creditor en el escenario de la obligación,
que incluye la incidencia de los factores sociales, políticos y económicos, que obligan u obligarán la
plasmación de cambios que, en principio, se consideran indubitables. Ibid, pp. 43/45.
19
Aquí estamos hablando de la formación de la obligación; el contrato y la transmisión de derechos
reales; la transmisión de las obligaciones. Ibid., pp. 45/7.
20
Jurídicamente la Ciudad se asentó sobre la base del privilegio y los reinos se organizaron como
unidades políticas básicas, en el cual se yuxtaponían el vínculo de naturaleza con el reino, al vínculo
señorial. Sus antecedentes más recientes eran la creación del Sacro Imperio Romano Germánico (con la
coronación de Carlomagno por el Papa León III) y el descubrimiento del Digesto en tres partes (Digestum
vetus; Digestum novum; Digestum infortiatum).
21
El criterio de los juristas se centró en la máxima aplicación del Derecho común y en contrapartida, la
mínima aplicación del Derecho propio haciendo que la mayoría de los reinos europeos se incorporaran al
sistema del Derecho común. El método que usaban en su tiempo para resolver los casos que se
presentaban era el siguiente: se trataba de comparar el Derecho propio con el común, si no encontraban la
solución en aquél, aplicaban directamente el común. Aún encontrando la solución en su derecho
efectuaban un examen de coherencia respecto al común y si existía la pretendida coherencia aplicaban el
propio en virtud de la legitimidad que el común le prestaba y si no era coherente interpretaban
restrictivamente.
22
Como bien lo expresa D´ors, al decir: “Evidentemente, obligare y obligatio derivan de la idea de “atar”
(ligare). En sentido jurídico, aparece primeramente referido este término al acto de sujetar una cosa en
garantía; así, por primera vez, en Plauto, Truc. 214: nam fundi et aedis obligatae sunt ob amoris
praedium (en relación con la fiducia), y desde el s. I A.C referido al debitum personal convencional, pero
se extiende pronto a la obligación de pagar una deuda a causa de un delito. Dado el origen tardía de la
adopción técnica, y dado que obligari se dice antes de la sujeción de las cosas dadas en garantía que de
las personas de los deudores, quizás sea ocioso relacionar este término con el vínculo que podía surgir del
desconocido y dudoso negocio del nexum, desaparecido en la época clásica, cuando se establece el uso de
“Obligar” es un verbo infinito proviene del latín “obligare” cuya significación
apunta a acepciones que no son otra cosa que los efectos que el sustantivo jurídico
ofrece, por ejemplo, “Compeler, ligar a hacer o cumplir una cosa”; también podría ser,
el “comprometerse a cumplir una cosa”. En cualquier caso, hay una distinción
trascendente entre ambos significados: el “compeler” depende del sujeto activo de la
obligatio (acreedor), en tanto que el “comprometerse”, transita por un deber volitivo
(libremente aceptado) del sujeto pasivo (deudor)
Aún con estas ideas, pareciera imponerse la idea de sometimiento (Lopez Mesa
– Wierzba), al decir esta última que: “…entre las variadas expresiones de la Real
Academia Española asigna al término (22º edición), aparecen la imposición o
exigencia moral que debe regir la voluntad libre” y la “carga…inherente(s) al estado,
a la dignidad o a la condición de una persona”.24
El estudio etimológico de la obligación, pareciera que se encuentra en período de
experimentación, pues se impone la implementación de un matiz diferente al recio con
el que nació el Instituto. La cuestión pasa por determinar cuál de los elementos
integrativos de la figura obrará de “árbitro” frente a tales cambios. Si, efectivamente
estamos frente a un derecho que contempla los derechos del deudor y el acreedor. Que
analiza las razones del incumplimiento, estaremos frente a la posibilidad cierta de
atemperar el impacto creditorio del Art. 724º. Sin dejar de observar, la necesidad de
proteger el crédito del acreedor. Claramente, si este es nuestro cometido, no es posible
guiarnos por su sustancia etimológica solamente. Pues no ayuda.
IV.- Concepción doctrinaria del sustantivo.-
La ausencia legislativa de una norma demarcatoria del sustantivo, fue la nota
común en numerosas legislaciones europeas y americanas de tradición continental
europea. Lo que realzó la importancia de la doctrina, supliendo dicha ausencia con
destreza.
En la Argentina, claramente podemos dividir esas opiniones doctrinarias, bajo la
justificación de esa ausencia (antes de la Reforma, en el período 1871-2015), y la que se
abre con la sanción de la nueva codificación civil y comercial unificada donde sí
contamos con una definición (2015- ). Veamos principalmente ese primero de los
tramos legislativos iniciales.
II.a.- Antes de la Reforma 1871-2015
obligari como término técnico”. D´ors, Derecho Privado Romano, EUNSA, Ediciones de la Universidad
de Navarra (España), pp. 401/2. Año 1991.
23
Por ejemplo, en las Instituciones de la prisión por deudas, e incluso en la privación de sepultura al
deudor muerto en la Edad Media.
24
WIERZBA, Sandra, “Manual de Obligaciones Civiles y Comerciales”, editorial Abeledo Perrot,
Buenos Aires, pp. 2, año 2015.
Más allá de las situaciones expuestas, queda claro que el no contar con una
definición no se trató de un problema tan complejo (salvo en sus primeros tiempos),
pues la ausencia legislativa, la doctrina la supo manejar muy bien desde los tratadistas
tradicionales, hasta autores de menor rango pero con las mejor de las intenciones
definiendo al sustantivo. Tengamos también presente que el estudio del Instituto era
toda una novedad en las primeras épocas de su sanción, pues la enseñanza del derecho
se ceñía en el abordaje exegético de la norma, con el concomitante y delgado aporte
doctrinario complementario (que pudo haber aportado cierta complejidad). Veamos, por
ejemplo, algunas de ellas.
Messineo, veía a la obligación como una relación entre dos sujetos, en virtud del
cual uno de ellos queda obligado (deudor), o sometido a un deber, o comprometido
frente a otro (acreedor) a cumplir una prestación, desarrollando una actividad
determinada (comportamiento) de carácter patrimonial, dotando al acreedor de una
pretensión a la prestación25
Von Thur, expresaba que la obligación como una relación jurídica26 entre dos o
más personas, por medio del cual una de ellas (el deudor) tiene el deber de entregar a la
otra (el acreedor), una prestación. Pero también claramente señala, que puede tratarse de
varias deudas y créditos entre una y otra. O entre unos y otros, lo que asume la
presencia de más de un debitor y más de un creditor.27
Diez Picazo-Gullón veían en la obligación una situación bipolar conformada por
la posición que asume el debitor en la relación jurídica, y otra plasmada por el creditor
(derecho subjetivo). Con la facultad este último, de exigir el cumplimiento de lo debido
e investido de proceder contra los bienes del deudor si fuere necesario. Pues a este
último sólo le cabe soportar las consecuencias de sus actos28
El maestro Llambías, entendía por obligación a la relación jurídica en virtud de
la cual alguien llamado deudor tiene el deber de satisfacer una prestación a favor de otro
sujeto al que llamaremos acreedor29.
Alterini, Ameal y López Cabana, ponderaban la definición de Llambías,
aplicando el mismo matiz bipolar o del vínculo jurídico complejo30 en lo que atañe a su
25
MESSINEO, Francesco, “Manual de Derecho Civil y Comercial”, ediciones jurídicas Europa-América,
Buenos Aires, pp. 3 y 4, año 1979.
26
Es el núcleo de la relación jurídica. Se trata de un concepto clásico de la obligación en un sentido
amplio. De manera que la idea de atadura, ligamen, vínculo, nexo o relación se encuentra históricamente
conectada al concepto de obligación, y más específicamente orientada hacia las medidas coactivas a
adoptarse en caso de incumplimiento. Y si nos atenemos a los antecedentes romanos vimos que el deudor
estaba encadenado (“ligatus”) corporalmente al acreedor y a su entera disposición. De tal manera, que el
vínculo corporal (apremio físico) era un componente mismo del concepto de obligación, y parte
integrante de sus elementos integrativos, formando una unión poderosa (y confundida, por cierto) entre el
elemento sujeto y objeto.
27
VON THUR, A., “Tratado de las Obligaciones”, (Tomo I). Primera Edición. Editorial Reus, Madrid,
pp. 1 y 3, año 1934.
28
DIEZ PICAZO, Luis, GULLON, Antonio, “Instituciones de Derecho Civil”. Tecnos, Madrid, pp. 469,
año 1995.
29
LLAMBÍAS, Jorge Joaquín, “Tratado de Derecho Civil – Obligaciones” (Tomo I), Lexis Nexis,
Abeledo Perrot, Buenos Aires, pp. 9/10, año 1998.
30
Que no es otro que la referencia germana del Schuld (Deuda/Debito) y el Haftung
(Crédito/Responsabilidad). En el tramo del schuld se concentra el deber jurídico del deudor. Su plan
naturaleza jurídica. Y bien sabemos que hablar de su naturaleza jurídica es hacer
referencia a la concepción misma del Instituto31 que comienza de la misma nominación.
Pizarro y Vallespinos, señalaban que la obligación es aquélla relación jurídica en
virtud de la cual el acreedor tiene un derecho subjetivo a exigir del deudor una
determinada prestación, de carácter patrimonial valorable, que se orienta a satisfacer un
interés lícito, y frente el incumplimiento, a obtener forzadamente la satisfacción de
dicho interés, sea lo debido o su sucedáneo32 Con características que se desprenden de
la misma, muy atendibles 33
Wierzba comenta una descripción más completa y precisa del concepto por parte
de Valet de Goytisolo quien sostuvo que la obligación derivada de cualquiera de sus
fuentes, es una verdadera entidad abstracta, reveladora de un vínculo inmaterial que
encadena a dos sujetos bien determinados en una interrelación correlativa de “poder y
deber”34
Guffanti, con criterio compartible, pondera aquéllas definiciones que destacan el
deber jurídico del deudor, pues incluyen a las obligaciones naturales, con fuerte
ascendencia estas últimas en el Derecho Natural y en la noción de equidad35
Se tratan, en definitiva, de opiniones casi equivalentes36 donde priman la
bilateralidad (mínima), la noción de deber de conducta (deudor) y el derecho subjetivo
que inviste (al acreedor). Con los diferentes matices que presentan la interpretación que
se haga de la relación jurídica37 entablada por ambos; y el cúmulo de acciones –
prestacional. La puesta en marcha de una entrega, una actividad (o una abstención) siempre congruente a
la obligación asumida. Su fracaso, haría conocer el segundo tramo: el Haftung, donde se concentran los
poderes del creditor otorgados por el ordenamiento jurídico. Que se activan frente al fracaso del primero.
Es la llamada Teoría Bipolar o del Vínculo Jurídico Complejo.
31
La naturaleza jurídica es un paso difícil de dar, muchas veces disgusta, porque vuelve tediosa la
investigación de que se trate. Lo que queda ampliamente justificado si entendemos que el concepto de
naturaleza jurídica evoca la noción filosófica de causa, como decía Santo Tomás, que es la esencia en
cuanto a principio de operación.
32
PIZARRO, Ramón Daniel y VALLESPINOS, Carlos Gustavo, “Instituciones de Derecho Privado –
Obligaciones” – Vol. 1 – Concepto de Obligación. Elementos. Clasificaciones, Hammurabi – José Luis
Depalma editor, pp. 51, año 1999.
33
Las características que se desprenden de esta definición serían: “a) Trasunta adecuadamente los dos
aspectos de la relación jurídica obligacional, el crédito como derecho subjetivo y la deuda como deber
jurídico, armónica e integralmente considerados… b) Evidencia cuáles son los elementos esenciales o
estructurales internos de la obligación (sujetos, vínculo y objeto) –que sumados a la causa- elemento
esencial, pero externo, da plenitud al fenómeno que nos ocupa….c) Remarca la verdadera estructura
institucional de la obligación, en la que armónicamente aparecen el débito y la responsabilidad como
tramos de una misma relación obligatoria…”. Ibid
34
WIERZBA, Sandra, ob cit. pp. 3.
35
GUFFANTI, Daniel Bautista, “Obligaciones. Sobre los derechos y deberes de acreedores y deudres”
(Tomo I). Editorial EL DERECHO, Buenos Aires, pp. 85, junio 2016.
36
BUERES, Alberto J. (Director) – HIGTHON, Elena I. (Coordinación), “Código Civil y Normas
Complementarias – Análisis doctrinario y Jurisprudencial. Artículos 495/723. Parte General,
Obligaciones”. Editorial Hammurabi, José Luis Depalma editor, Buenos Aires, pp. 3, Nº 6, año 2001.
37
La relación jurídica, como tal, es fuertemente defendida por Llambías, pues no basta con decir que se
trata de una “situación jurídica” (Demogue, Lafaille, Galli) pues esta última no capta el dinamismo propio
de la obligación. La obligación no es un simple “estar” cristalizado. Sin vida. La relación jurídica es el
“ser”. Es movimiento. La mecánica continua de la acción y la reacción, propia de toda dinámica negocial
sometida a los parámetros del mercado, y sujeta a sus condicionamientos. Parámetros y
condicionamientos bajo los cuales una de las partes (deudor) se encuentra bajo la sujeción de la otra
(acrredor), como tan elocuentemente defendió el maestro Jorge Llambías. Y esto, más allá de lo
dispersas o no- con las que se protege al crédito (dependiendo esto último de cada
ordenamiento jurídico). Adherimos, en todo caso, que las definiciones propuestas “por
una extensísima nómina de autores apuntan a circunstancias que, por lo general, son
de detalle38
II.b.- Después de la Reforma 2015
La Reforma reciente de nuestro Código Civil y Comercial de 2015, no nos
habilita un grado de profundidad suficiente como para absorber, en toda su dinámica, la
mirada sobre la materia. Si se advierten cambios, pero todavía no podemos avizorar la
magnitud de los mismos.
Por lo pronto, aseverar lo contrario sería no entender el valor que, en sí mismo,
le hemos dado al concepto de obligación. Hoy como concepto jurídico y no doctrinario
como era antes. De todas maneras, partiendo de lo grueso que significa el concepto del
sustantivo “obligación” ya adelantaremos criterio cuando lo comentemos al Art. 724º
(ver Infra VI) sobre la importancia de contar con un punto de vista claro sobre la
problemática. Y ese punto de vista arranca con una definición clara. De todas maneras
podemos situarnos en ese momento de 2015 cuando se sancionó el texto legal y
preguntarnos…. ¿Cómo estábamos parados antes?. ¿Cómo situábamos al acreedor y la
protección de su crédito?. ¿Cómo encontrábamos guarecido al deudor?. ¿Lo
dejábamos librado –muy a su pesar-, a los vaivenes de una economía en retroceso?.
Son preguntas que nos hacemos, pero que no vamos a contestar por exceder el núcleo
del presente trabajo, no obstante lo dejamos planteadas a modo de reflexión.
Nos parece adecuado señalar una cuestión que puede delimitar los campos de
uno y otro de los sujetos a través de un tópico esencial y una emanación de esta: la
buena fe y una de sus emanaciones características: los deberes de conducta.
Enseña Borda, la importancia de la Buena Fe en los contratos, a la que añade su
tradicional doble caracterización conceptual, que tiene la importancia de servir a la
interpretación del actuar de los contratantes en el mismo: la Buena Fe Creencia y a la
Buena Fe Lealtad. La primera, como un estado de ánimo que confía en la apariencia de
un título39 Y la segunda, que se caracteriza en el actuar con probidad o sea, como lo
haría una persona honorable y correcta obrando con cuidado y previsión4041 .
desarrollado en notas anteriores de este mismo trabajo, se podía articular a través de una norma precisa
como la del Artículo 3º del viejo Código Civil velezano, el cual decía: “A partir de su entrada en vigencia,
las leyes se aplicarán aún a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas existentes. No
tienen efecto retroactivo, sean o no de orden público, salvo disposición en contrario. La retroactividad
establecida por la Ley en ningún caso podrá afectar derechos amparados por garantías constitucionales. A
los contratos en curso de ejecución no son aplicables las nuevas leyes supletorias”.
38
ALTERINI, Atilio, AMEAL, Oscar y LÓPEZ CABANA, Roberto, “Derecho de Obligaciones Civiles y
Comerciales”, Cuarta edición actualizada. Abeledo Perrot, Buenos Aires, pp. 16, año 2008.
39
BORDA, Guillermo, en “Manual de Contratos”, “…. en un estado de ánimo que confía en la
apariencia de un título. Así, por ejemplo, se reputa obligatorio para el mandante, el contrato que su
mandatario ha celebrado con un tercero después de la cesación de su mandato, cuando el tercero ignoraba
la cesación. Este ha contratado de buena fe, creyéndose que el mandato subsistía. Basta con esta buena fe,
creyendo que el mandato subsistía, para que el contrato tenga validez” editorial Perrot, Buenos Aires, pp.
115, año 1991.
40
“….Esta buena fe obliga a ser claro en las ofertas y tratativas contractuales, de modo de no inducir en
error a la otra parte; a interpretar el contrato honorablemente; a abstenerse de todo acto que dificulte el
La Buena Fe configura, entonces, un estándar de conducta que obliga por igual a
las partes, no permitiendo un desvío mínimo de conducta pues desestabiliza este
delicado Instituto.42 Otros entienden que la Buena Fe descansa en una centralidad
compleja, pues su importancia abarca, no solo el negocio propiamente dicho, sino sus
interpretaciones43
Y es la fuerza jurígena de la buena fe la que proyecta deberes conductuales
propios de un contrato, a los que sólo mencionaremos ya que no forman parte del tema
del presente trabajo de investigación, y que serían los más importantes en este punto, lo
deberes de colaboración, y de información
V.- Camino a la construcción de una definición: Las reformas legislativas
que no fueron
Desde el Código de Vélez para acá, todas las reformas legislativas instaron un
cambio de pensamiento: había que definir al sustantivo. Y en esa dirección marcharon.
Veamos:
En el Proyecto del Poder Ejecutivo de la Nación 1993, se plasma la idea de
definir a las obligaciones, y así la vemos en el primer párrafo del Artículo 714, que dice:
“Se denomina obligación al vínculo en virtud del cual una persona debe a otra una
prestación que constituye su objeto, trátese de dar, hacer o no hacer”
cumplimiento de la otra parte o que implique terminar intempestivamente las relaciones contractuales; a
no reclama el cumplimiento de la otra parte si previamente no se han cumplido u ofrecido cumplir las
propias obligaciones (este es el fundamento de la exceptio non adimpleti contractus)” Ibid., pp. 115/6.-
42
CENTANARO, Esteban, “Manual de Contratos”, “…este estandar no debe demandarse únicamente a
una parte sino que, para aplicarlo tal y como exige el ordenamiento jurídico, debe ser exigido a ambas
partes del contrato. La garantía de justicia del contrato permanecerá en tanto y en cuanto se
comprueben el equilibrio como la debida diligencia en el obrar, que es la exigencia impuesta por la ley a
los contratantes para que pueda decirse que han cumplido con la conducta debida, que es, en suma, lo
que implica actuar de buena fe en materia de contratos” editorial Thomsom Reuters La Ley, Buenos
Aires, año 2015, pp. 189.
43
“Podemos decir ciertamente que la “buena fe” a la cual aludimos ilumina toda la vida del contrato,
desde la creación de los deberes a cargo de los contratantes, antes del nacimiento del mismo contrato, el
momento de la formación o en la que se plasma el consentimiento donde se manifestará los deberes
específicos de claridad, coherencia, congruencia, el tiempo de su cumplimiento, donde también deberá
prestarse colaboración y aún con posterioridad, donde deberá, por ejemplo, guardar reserva de aquello
que le hubiera confiado en virtud de la relación negocial. Es cierto que la “buena fe” es asimismo una
pauta para la interpretación del contrato, ya que es ella la que ordena las conductas más probas, leales,
dignas y descarta todo procedimiento contrario (suele hablarse aquí de “buena fe objetiva”) y es la que
manda a ajustarse a la apariencia de lo que el otro contratante puede entender o creer para no defraudar la
confianza suscitada (es la “buena fe” objetiva). Va a tener importancia en lo que algunos denominan área
“postcontractual” o sea, con posterioridad al cumplimiento de las obligaciones principales, la “buena fe”
servirá como pauta de interpretación en lo referido a las denominadas obligaciones accesorias que
subsisten por estar virtualmente comprendidas en ese contrato”. GARRIDO CORDOBERA, Lidia,
“Incidencias del Código Civil y Comercial – Contratos Parte General”, editorial Hammurabi, Buenos
Aires, pp. 163/4, año 2015..
El Proyecto del Poder Ejecutivo de 1998, por su parte, propone la norma del
concepto en el Artículo 671º, donde expresaba que: “Se denomina obligación a la
relación jurídica en virtud de la cual una persona tiene el deber de cumplir una
prestación a favor de otra. La prestación puede ser de dar, hacer o no hacer”.
Trigo Represas y Compagnucci de Caso expresan que ambas definiciones “..se
centraban principalmente en el debitum a cargo de la persona del deudor de tener que
cumplir una prestación a favor de otra: el acreedor”, dando en apoyo de tal postura un
Fallo de la Cámara Nacional en lo Civil44
Más allá de lo calificado de estas expresiones doctrinarias, queda claro desde su
propia lectura, casi como un símbolo de cierto rasgo exegético, la necesidad de
mencionar los tres andariveles donde puede transitar la obligación: dar, hacer y no
hacer. En los términos imperativos que lo hacía el 495 vigente en esos momentos,
cuando la norma del actual régimen no lo hace como veremos en el punto subsiguiente.
VI.- Definición del Artículo 724º del Código Civil y Comercial
La Reforma reciente de 2015 producida por la Ley 26.994, propuso un concepto
legislativo con una fuerte mirada creditoria, es decir considerando fuertemente los
derechos del acreedor, y que dice: “La obligación es una relación jurídica en virtud de
la cual el acreedor tiene el derecho a exigir del deudor una prestación destinada a
satisfacer un interés lícito y, ante el incumplimiento, a obtener forzadamente la
satisfacción de dicho interés”45
Una observación personal de la nueva normativa civil y comercial nos suscita
pensar que la misma es desafortunada. En principio, porque parte de un ideario que no
debe nunca partir el legislador: el incumplimiento. Si bien, desde el comienzo, se
plasma un escenario correcto, al decir que se trata de una “relación jurídica” (en los
mismos términos que el “viejo” Art. 3º de Vélez), comienza a caer cuando sostiene que
“…el acreedor tiene derecho a exigir…”. No, el acreedor tendrá derecho a exigir en la
medida que el deudor no cumpla. Recién ahí se activa la espoleta que acciona la
explosión de consecuencias. No antes. Pero como el legislador adopta la creencia de una
protección del crédito completa y asegurada, no puede evitar pensarlo y plasmarlo en la
letra del Art. 724º CCyCN imaginando el contexto del incumplimiento. Partiendo de un
pesimismo conceptual que asusta.
44
Fallo: CNCiv, sala E, 10/10/1960, LA LEY, 101-663. En ALTERINI, Jorge Horacio (Director),
TRIGO REPRESAS, Félix y COMPAGNUCCI DE CASO, Rubén (Directores de Tomo), “Código Civil
y Comercial – Tratado Exegético” (Tomo IV), Editorial La Ley (Thomson Reuters), pp. 4, año 2015.-
45
La nota positiva del nuevo artículo es que se quebró el impedimento de no definir el sustantivo. Lo que
no es un tema menor. Para Jorge ALTERINI, se trata de una definición acertada porque “…comprende a
los elementos que señalara nuestra doctrina como integrativos del concepto de obligación: 1) “relación
jurídica” o vínculo jurídico que une al deudor con el acreedor; 2) los sujetos ligados por dicho vínculo: el
deudor, la persona que debe a otra una “prestación”, y el acreedor, quien tiene derecho al pago; y 3) la
“prestación”, que es lo que el deudor debe cumplir o pagarle al acreedor y que constituye el objeto de la
obligación, según lo establece el subsiguiente Art. 725º del Código Civil y Comercial”. Ibid.
Esta crítica se agudiza y se asienta aún más, cuando vemos que la noción de
Buena Fe adoptada por la Reforma y elevada al rango de principio general (Art. 9º)46, o
bien reiterado como valor en la propia relación jurídica obligacional (Art. 729º)47, en el
territorio de los contratos (Art. 961º)48, o con la consumada y creativa presencia en la
prevención del daño (Art. 1710º)49. Por lo que sorprende el anonimato del deudor, y lo
que es aún peor, la ausencia de exigencias hacia el acreedor50. Como si su rol en la
obligación se limitara únicamente a su satisfacción51. Lo cual es la reafirmación de un
derecho viejo y no representado por el actual Código Civil y Comercial.
Bueres, le otorga significación sólo al espacio normativo que habla de
“….satisfacer un interés lícito, ello en sintonía con los requisitos que debe contener la
prestación estipulados en el artículo siguiente”52 Esta noción de interés lícito, adquiere
categoría propia en la medida que, como elemento de la obligación (objeto), “pues es lo
46
“Artículo 9º - Buena Fe: Los derechos deben ser ejercido de buena fe”. Jorge ALTERINI, luego de
desandar la consignas opositoras entre sí, de si tratamos con un principio general o una cláusula general,
optando por la primera, señala: “Su encuadre como principio general supone que su influencia se proyecta
a todas las relaciones jurídicas del derecho privado: no resulta necesaria la existencia de la norma
particular que encuadre un determinado supuesto de hecho en la buena fe, pues ello ya está contemplado
en el principio que contempla el artículo”. ALTERINI, Jorge Horacio (Director), TOBÍAS, José (Director
de Tomo), “Código Civil y Comercial – Tratado Exegético” (Tomo I), Editorial La Ley (Thomson
Reuters), pp. 57, año 2015.
47
“Artículo 729º - Buena Fe: Deudor y acreedor deben obrar con cuidado, previsión y según las
exigencias de la buena fe”. En su comentario al presente Jorge ALTERINI, ha expresado que: “El
principio de buena fe, de neta procedencia canónica, resulta fundamental en materia obligacional y sobre
todo en las de fuente contractual; puesto que rige en todo el curso de la vida de la obligación y, más aún,
en el momento en que la misma produce sus efectos…”. En ALTERINI, Jorge Horacio (Director),
TRIGO REPRESAS, Félix y COMPAGNUCCI DE CASO, Rubén (Directores de Tomo), “Código Civil
y Comercial – Tratado Exegético” ob cit. pp. 49.
48
“Artículo 961º - Buena Fe: Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe.
Obligan no sólo a lo que está formalmente, sino a todas las consecuencias que puedan considerarse
comprendidos en ellos, con los alcances en que razonablemente se habría obligado un contratante
cuidadoso y previsor”. A juicio del Dr Jorge e Ignacio ALTERINI, estaríamos frente a una extensión de la
fuerza vinculante del contrato a las consecuencias que puedan considerarse comprendidas en él.
ALTERINI, Jorge Horacio (Director), LEIVA FERNANDEZ, Luis (Director de Tomo), “Código Civil y
Comercial – Tratado Exegético” (Tomo V), Editorial La Ley (Thomson Reuters), pp. 52, año 2015.
49
“Artículo 1710º - Prevención del Daño: Toda persona tiene el deber, en cuanto de ella dependa: a)
evitar causar un daño no justificado; b) adoptar, de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas
razonables para evitar que se produzca un daño, o disminuir su magnitud; si tales medidas evitan o
disminuyen la magnitud de un daño del cual un tercero sería responsable, tiene derecho a que éste le
reembolse el valor de los gastos en que incurrió, conforme a las reglas del enriquecimiento sin causa; c)
no agravar el daño, si ya se produjo”. El cual establece un deber general de prevenir un daño no
justificado (Arts. 1717º y 1718º), sino también su continuación y agravamiento. Todo ello fundado en un
deber general de no dañar (alterum non laedere) y de la buena fe (art. 9). Para Fernando Ubiría, se trata de
una norma que pregona un deber de actuación cuando la abstención puede configurar un “abuso del
derecho de no actuar”. UBIRIA, Fernando, “Derecho de Daños en el Código Civil y Comercial de la
Nación”, editorial Abeledo Perrot, Buenos Aires, pp. 54, año 2015.
50
Porque la protección privada del crédito no debe ser una tarea exclusiva del Estado de Derecho al
legislar sobre estas situaciones.
51
Pensemos que en la fuerza jurígena de la Buena Fe, verdadera matriz jurídica, de la que pueden surgir
los llamados “deberes conductuales” como el de colaboración. Quizás oculto en los tiempos antiguos, en
donde la prestación era un esfuerzo privado, concreto y determinado del deudor. Hoy, la actual
concepción del contrato, ha abandonado esos estándares de conducta rígidos que no le hacen mas que mal
a un mercado que exige un cambio de mirada.
52
BUERES, Alberto J., “Código Civil y Comercial de la Nación” – Analizado, Comparado y
Concordado, Tomo 1 (Arts. 1 – 1429). Editorial Hammurabi, Buenos Aires, pp. 466, año 2014.-
que constituye la prestación que representa contenido de la obligación”53 y conforme
al art. 279º se diferencia y destaca por fuera del objeto del acto jurídico.
Jorge Alterini, según hemos visto, traza una mirada positiva sobre la norma pero
advierte un problema o fisura –que hemos advertido un poco todos-, se trasunta en la
desconexión (entiéndase prudente y paulatina eliminación) con el Instituto de las
obligaciones naturales, que parecieran “…ahora confinadas como “deberes morales”,
toda vez que en ellas no existe sujeción del deudor al acreedor…”54 El sustrato
obligacional cobra relevancia con la imposibilidad de repetir el pago espontáneo de la
deuda moral.55
Misma crítica elabora Sandra Wierzba, al decir que al poner de resalto al vínculo
jurídico como elemento de la obligación, cercena la exigibilidad, -y con ello, su sentido
jurídico-, a las obligaciones naturales56
Otro dato no menor, como crítica a la definición planteada al Art. 724º, surge de
la propia actividad del creditor. Insistimos en algo: el acreedor tiene deberes
conductuales en la percepción de su crédito que son omitidos por la Reforma, en tanto
la misma Reforma los confirma en las relaciones jurídicas (contractuales)57, fruto esta
última, de una prolífica y coherente doctrina58
VII.- Cierre y conclusiones.
Acorde lo tratado en el presente trabajo, y en consideración de las diversas
posturas vertidas, que con sus matices han demostrado cabalmente porque los hemos
considerado para volcarlos en esta presentación, diremos:
- El derecho de las obligaciones en nuestro país, en cuanto a su concepto, fue
cincelado por una doctrina atenta a cubrir la ausencia de una definición
normativa (tal como acontecía con el Art. 495º del Código Civil velezano).
- Dicha ausencia configuraba una situación más bien extendida en el derecho
continental europeo que tampoco definía el instituto.
- El marco evolutivo de la figura arranca en Roma, donde es posible distinguir
binariamente la situación: el primero, del esplendor del creditor, quien poseía
poderes tan espectaculares como confusos pues al ser el sujeto
comprometido la “garantía” donde descansaba el deber jurídico a cumplir,
se confundía frecuentemente con el objeto de la obligación. El segundo,
donde la composición voluntaria hace desaparecer la referida yuxtaposición,
y al lograr autonomía conceptual el sujeto y el objeto, nace la indemnización.
- No es posible analizar etimológicamente el sustantivo sin incurrir, como un
efecto resultante de dicho análisis, en una nueva conceptualización de la
53
Ibid.
54
En ALTERINI, Jorge Horacio (Director), TRIGO REPRESAS, Félix y COMPAGNUCCI DE CASO,
Rubén (Directores de Tomo), “Código Civil y Comercial….”. Ibid.-
55
Ibid pp. 5.-
otrora recia relación entre el creditor y el debitor. Ligar, atar, no pueden
asomar como fértiles semillas en la búsqueda de una relación que contemple
todos los pormenores de los sujetos actuantes. Incluso de los obligados.
- La concepción doctrinaria del sustantivo, para nosotros, nace con Vélez en
1871 y una doctrina reactiva y creativa en la plasmación conceptual de la
figura, y sus elementos. Hasta alcanzar el año 2015, donde los cambios
interpretativos, no del todo apreciables todavía, se pueden empezar a
distinguir pues su punto de partida es otro. Contamos con una definición.
Hay previsibilidad.
- Numerosas reformas legislativas plasmaron la tendencia (jurídica) de
modificar la orfandad de concepto en torno al sustantivo obligación, como
cabalmente lo hemos demostrado.
- En torno a la definición del Art. 724º del CCyCN se puede decir que plasma
una definición de otra época. Con un fuerte acento a favor del crédito. Pero
lo que resulta inaceptable, es que parta de la idea de un incumplimiento. Es
decir, arranca presumiendo que la obligación no se cumplió. Y describiendo
las herramientas para compeler el cumplimiento. Quizás la mejor opción
sería describir esta situación en un artículo subsiguiente. Sobre todo
pensando en la buena fe que es requerida para la propia actuación.
VIII.- Bibliografía consultada (por orden alfabético).
La misma se compone de los siguientes autores:
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Obligaciones Civiles y Comerciales”, Cuarta edición actualizada. Abeledo Perrot,
Buenos Aires, año 2008.
ALTERINI, Jorge Horacio (Director), TRIGO REPRESAS, Félix y COMPAGNUCCI
DE CASO, Rubén (Directores de Tomo), “Código Civil y Comercial – Tratado
Exegético” (Tomo IV), Editorial La Ley (Thomson Reuters), año 2015.-
- ALTERINI, Jorge Horacio (Director), TOBÍAS, José (Director de Tomo),
“Código Civil y Comercial – Tratado Exegético” (Tomo I), Editorial La Ley
(Thomson Reuters), año 2015.
- ALTERINI, Jorge Horacio (Director), LEIVA FERNANDEZ, Luis (Director
de Tomo), “Código Civil y Comercial – Tratado Exegético” (Tomo V), Editorial
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- BUERES, Alberto J., “Código Civil y Comercial de la Nación” – Analizado,
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