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Los-milagros-de-Jesus-Para-niños para Reforzar

El documento resume 8 milagros realizados por Jesús: 1) La conversión de agua en vino en las bodas de Caná, 2) La pesca milagrosa donde Jesús hace que los discípulos atrapen una gran cantidad de peces, 3) La multiplicación de los panes y los peces para alimentar a una multitud, 4) La curación de un leproso, 5) La curación de un paralítico, 6) La curación de dos ciegos en Jericó, 7) La curación de un sordomudo, 8) La curación de un endemoni

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El documento resume 8 milagros realizados por Jesús: 1) La conversión de agua en vino en las bodas de Caná, 2) La pesca milagrosa donde Jesús hace que los discípulos atrapen una gran cantidad de peces, 3) La multiplicación de los panes y los peces para alimentar a una multitud, 4) La curación de un leproso, 5) La curación de un paralítico, 6) La curación de dos ciegos en Jericó, 7) La curación de un sordomudo, 8) La curación de un endemoni

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1 Las bodas de Caná (Jn 2, 1-11)

LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
1 Las bodas de Caná (Jn 2, 1-11)
LOS A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la
madre de Jesú s estaba allí. Jesú s y sus discípulos estaban
MILAGROS también invitados a la boda.

DE Faltó el vino, y la madre de Jesú s le dice: “No tienen vino”. Jesú s

JESÚS le dice: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha


llegado mi hora”. Su madre dice a los sirvientes: “Haced lo que
é l os diga”. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las
purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesú s
le dice: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice: “Sacad ahora y llevadlo al mayordomo”. Ellos
se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino
sin saber de dó nde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían
sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dijo: “Todo el
mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya está n bebidos,
el peor; tú , en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora “.

Este fue el primero de los signos que Jesú s realizó en Caná de


Galilea; así, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en é l.
2 Primera pesca milagrosa (Lc 5,1-11)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
2 Primera pesca milagrosa (Lc 5,1-11)
LOS U na vez que la gente se agolpaba en torno a é l para oír la
palabra de Dios, estando é l de pie junto al lago de Genesaret,
MILAGROS vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían
desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las
DE barcas, que era la de Simó n, le pidió que la apartara un poco de
JESÚS tierra. Desde la barca, sentado, enseñ aba a la gente. Cuando acabó
de hablar, dijo a Simó n: “Rema mar adentro, y echad vuestras
redes para la pesca”. Respondió Simó n y dijo: “Maestro, hemos
estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero,
por tu palabra, echaré las redes”. Y, puestos a la obra, hicieron
una redada tan grande de peces que las redes comenzaban
a reventarse. Entonces hicieron señ as a los compañ eros, que
estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano.
Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi
se hundían. Al ver esto, Simó n Pedro se echó a los pies de Jesú s
diciendo: “Señ or, apá rtate de mí, que soy un hombre pecador”. Y
es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban
con é l, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les
pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañ eros
de Simó n. Y Jesú s dijo a Simó n: “No temas; desde ahora será s
pescador de hombres”. Entonces sacaron las barcas a tierra y,
dejá ndolo todo, lo siguieron.
3 Primera Multiplicación de panes (Mt 14, 13-22)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
3 Primera Multiplicación de panes (Mt 14, 13-22)
LOS A l enterarse Jesú s se marchó de allí en barca, a solas, a un
lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por
MILAGROS tierra
desde los poblados. Al desembarcar vio Jesú s una multitud, se
DE compadeció de ellos y curó a los enfermos. Como se hizo tarde,
JESÚS se acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado
y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las
aldeas y se compren comida”. Jesú s les replicó : “No hace falta
que vayan, dadles vosotros de comer”. Ellos le replicaron:”Si
aquí no tenemos má s que cinco panes y dos peces”. Les dijo:
“Traé dmelos”. Mandó a la gente que se recostara en la hierba
y tomando los cinco panes y los dos peces alzando la mirada
al cielo, pronunció la bendició n, partió los panes y se los dio a
los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron
todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niñ os.
Enseguida Jesú s apremió a sus discípulos a que subieran a la
barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras é l despedía a
la gente.
4 Curación de un leproso (Mc 1, 40-45)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
4 Curación de un leproso (Mc 1, 40-45)
LOS S e le acerca un leproso, suplicá ndole de rodillas: “Si quieres,
puedes limpiarme”. Compadecido, extendió la mano y
MILAGROS lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó
inmediatamente y quedó limpio. É l lo despidió , encargá ndole
DE severamente: “No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve
JESÚS a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificació n lo que
mandó Moisé s”. Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien
alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesú s ya no podía entrar
abiertamente en ningú n pueblo; se quedaba fuera, en lugares
solitarios; y aun así acudían a é l de todas partes.
5 Curación de un paralítico (Mc 2, 1-12)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
5 Curación de un paralítico (Mc 2, 1-12)
LOS C uando a los pocos días volvió Jesú s a Cafarnaú n, se supo que
estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la
MILAGROS puerta. Y les proponía la palabra. Y vinieron trayéndole un
paralítico
DE llevado entre cuatro y, como no podían presentá rselo por el gentío,
JESÚS levantaron la techumbre encima de donde é l estaba, abrieron un
boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo
Jesú s la fe que tenían, le dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son
perdonados”. Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban
para sus adentros: “¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quié n
puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?”. Jesú s se dio cuenta
enseguida de lo que pensaban y les dijo: “¿Por qué pensá is eso?
¿Qué es má s fá cil: decir al paralítico ‘tus pecados te son perdonados’
o decir ‘levá ntate, coge la camilla y echa a andar’? Pues, para que
comprendá is que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra
para perdonar pecados- dice al paralítico- : ‘Te digo: levá ntate, coge
tu camilla y vete a tu casa’”. Se levantó , cogió inmediatamente la
camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron ató nitos y daban
gloria a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto una cosa igual”.
6 Los dos ciegos de Jericó (Mt 20, 29-34)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
6 Los dos ciegos de Jericó (Mt 20, 29-34)
LOS Y al salir de Jericó le siguió una gran muchedumbre. Dos
ciegos que estaban sentados al borde del camino oyeron
MILAGROS que Jesú s pasaba y se pusieron a gritar: “¡Ten compasió n de
nosotros, Señ or, Hijo de David!”. La muchedumbre los
DE increpó para que se callaran, pero ellos gritaban má s fuerte:
JESÚS “¡Ten compasió n de nosotros, Señ or, Hijo de David!”.
Entonces Jesú s se detuvo, los llamó y les dijo: “¿Qué queré is
que os haga?”. Le respondieron: “Señ or, que se abran
nuestros ojos”. Compadecido, Jesú s les tocó los ojos, y al
punto recobraron la vista y lo siguieron.
7 Curación de un sordomudo (Mc 7, 31-37)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
7 Curación de un sordomudo (Mc 7, 31-37)
LOS D ejando Jesú s el territorio de Tiro, pasó por Sidó n, camino
del mar de Galilea, atravesando la Decá polis. Y le
MILAGROS presentaron un sordo, que, ademá s, apenas podía hablar; y
le piden que le imponga la mano. É l, apartá ndolo de la gente,
DE a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó
JESÚS la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es,
“á brete”). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la
traba de la lengua y hablaba correctamente.

É l les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto má s se lo


mandaba, con má s insistencia lo proclamaban ellos. Y en el
colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a
los sordos y hablar a los mudos”.
8 El endemoniado de Gerasa (Mc 5, 1-20)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
8 El endemoniado de Gerasa (Mc 5, 1-20)
LOS llegaron a la otra orilla del mar, a la regió n de aquella comarca. Había cerca una gran piara de

MILAGROS Y de los gerasenos. Apenas desembarcó , le


salió al
cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le
rogaron: “Envíanos a los cerdos para que entremos en

DE encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído


de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros;
ellos”. É l se lo permitió . Los espíritus inmundos
salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la
JESÚS ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces piara,
lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero é l rompía unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se
las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza ahogó en el mar. Los porquerizos huyeron y dieron la
para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a
sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con ver lo qué había pasado. Se acercaron a Jesú s y vieron
piedras. Viendo de lejos a Jesú s, echó a correr, se postró al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se
ante é l y gritó con voz potente: marchase de su comarca. Mientras se embarcaba, el
que había estado poseído por el demonio le pidió que le
“¿Qué tienes que ver conmigo, Jesú s, Hijo de Dios permitiese estar con é l. Pero no se lo permitió , sino que
altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes”. le dijo: “Vete a casa con los tuyos y anú nciales lo que
Porque Jesú s le estaba diciendo: “Espíritu inmundo, el Señ or ha hecho contigo y que ha tenido misericordia
sal de este hombre”. Y le preguntó : “¿Có mo te de ti”. El hombre se marchó y empezó a proclamar por
llamas?”. É l respondió : “Me llamo Legió n, porque la Decá polis lo que Jesú s había hecho con é l.; todos se
somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no los admiraban.
expulsara
9 La hija de Jairo (Mc 5, 21-24.35-43)

LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
9 La hija de Jairo (Mc 5, 21-24.35-43)
LOS J esú s atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le
reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al
MILAGROS mar. Se
acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y , al verlo,
DE se echó a sus pies, rogá ndole con insistencia: “ Mi niñ a está en
JESÚS las ú ltimas; en impó n las manos sobre ella, para que se cure y
viva”. Se fue con é l y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

…..

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la


sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar
má s al maestro?”. Jesú s alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al
jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe”. No permitió
que lo acompañ ara nadie, má s que Pedro, Santiago y Juan, el
hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y
encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a
gritos y despué s de entrar les dijo: “¿Qué estré pito y qué lloros
son estos? La niñ a no está muerta; está dormida”. Se reían de
él. Pero é l los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la
niñ a y sus acompañ antes, entró donde estaba la niñ a, la cogió
de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: “Contigo hablo,
niñ a, levá ntate”). La niñ a se levantó inmediatamente y echó a
andar; tenía doce añ os. Y quedaron fuera de sí llenos de
estupor. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que
dieran de comer a la niñ a.
10 Resurrección de Lázaro (Jn 11, 1-44)
LOS
MILAGROS
DE
JESÚS
10 Resurrección de Lázaro (Jn 11, 1-44)
LOS
hermano
H abía caído enfermo un cierto Lá zaro, de Betania, la aldea de María y
de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señ or con perfume
MILAGROS y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lá zaro.
Las hermanas le mandaron recado a Jesú s diciendo: “Señ or, al que tú
DE amas está enfermo”. Jesú s, al oírlo, dijo: “Esta enfermedad no es para la
muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios
JESÚS sea glorificado por ella”. Jesú s amaba a Marta, a su hermana y a Lá zaro.
Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde
estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: “Vamos otra vez a Judea”. Los
discípulos le replicaron: “Maestro, hace poco intentaban apedrearte los
judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?”. Jesú s contestó : “¿No tiene el día 12
horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
pero si camina de noche, tropieza porque la luz no está en é l”.
Dicho esto, añ adió : “Lá zaro, nuestro amigo, está dormido: voy
a despertarlo”.
Entonces le dijeron sus discípulos. “Señ or, si duerme, se salvará ”. Jesú s
se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueñ o
natural.
Entonces Jesú s les replicó claramente: “Lá zaro ha muerto, y me alegro
por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creá is. Y ahora
vamos
a é l”. Entonces Tomá s, apodado el Mellizo, dijo a los demá s discípulos:
“Vamos tambié n nosotros y muramos con é l”. Cuando Jesú s llegó , Lá zaro
llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalé n: unos
quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para
darles el pé same por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesú s, salió a su encuentro,
mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesú s: “Señ or, si
hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aú n ahora sé
que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá ”. Jesú s le dijo: “Tu
resucitará ”. Marta respondió : su espíritu, se estremeció y preguntó : “¿Dó nde lo habé is
“Sé que resucitará en la enterrado?”. Le contestaron: “Señ or, ven a verlo”.
resurrecció n en el ú ltimo día”. Jesú s se echó a llorar. Los judíos comentaban: “¡Có mo lo
Jesú s le dijo: “Yo soy la quería!”. Pero algunos dijeron: “Y uno que le ha abierto los
resurrecció n y la vida: el que ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este
cree en mí, aunque haya muriera?”. Jesú s, conmovido de nuevo en su interior, llegó
muerto, vivirá ; y el que está a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo
vivo cree en mí, no morirá para Jesú s: “Quitad la losa”. Marta, la hermana del muerto, le
siempre. ¿Crees esto?”. Ella le dijo: “Señ or, ya huele mal porque lleva cuatro días”. Jesú s
contestó : “Sí, Señ or: yo creo que le replicó : “¿No te he dicho que si crees verá s la gloria de
tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, Dios?”.
el que tenía que venir al
mundo”. Entonces quitaron la losa. Jesú s, levantando los ojos a lo
alto, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado;
Y dicho esto, fue a llamar a su yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente
hermana María, dicié ndole en que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Y
voz baja: “El Maestro está ahí dicho esto, gritó con voz potente: “Lá zaro, sal afuera”. El
y te llama”. Apenas lo oyó , se muerto salió , los pies y las manos atadas con vendas, y la
levantó y salió adonde estaba cara envuelta en un sudario. Jesú s les dijo: “Desatadlo y
é l: porque Jesú s no había dejadlo andar”
entrado todavía en la aldea,
sino que estaba aú n donde
Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban con
ella en casa consolá ndola, al
ver que María se levantaba y
salía deprisa, la siguieron,
pensando que iba al sepulcro
a llorar allí. Cuando llegó
María adonde estaba Jesú s, al
verlo se echó a sus pies
dicié ndole: “Señ or, si hubieras
estado aquí no habría muerto
mi hermano”. Jesú s, vié ndola
llorar a ella y viendo llorar a
los judíos que la
acompañ aban, se conmovió en

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