TA.2. Las migraciones exteriores en España a partir de la crisis de 2008.
En España, los movimientos de población en el espacio, es decir, las migraciones interiores y
exteriores han sido un hecho decisivo que ha condicionado las características actuales de la
población.
A finales del siglo XX e inicios del XXI, España pasó de ser un país generador de emigración a
convertirse en receptor de flujo migratorio. Esto se debió a factores como la mejora del nivel de
vida, la necesidad de mano de obra o la cercanía geográfica al continente africano. Como
resultado incrementa la natalidad y el PIB; sin embargo, también dio lugar a actitudes xenófobas
o racistas.
A raíz de la crisis de 2008 se produce un importante cambio de tendencia. La situación
económica obligó a extranjeros y españoles a buscarse su futuro en otros países, pues muchos
residentes vieron frustradas en España sus expectativas vitales y laborales. Ya en 2009 se
empezó a notar los primeros efectos de la crisis: paro desbocado, desplome del sector de la
construcción y final del crédito fácil. El paro afectó primordialmente a los extranjeros residentes
en España, por lo que se produjo una salida masiva de ellos.
A partir de 2011 la crisis se agrava y, con unas tasas de paro del 22,8%, son también muchos los
nativos que se ven empujados a emigrar. Las 27.000 salidas al extranjero de españoles que se
producen en el primer trimestre de 2012 duplican a las del mismo periodo del año anterior. De
este modo, la cifra de residentes españoles en el extranjero ha alcanzado los niveles más
elevados de la historia, aunque según el INE, los datos oficiales no reflejan los movimientos de
salida en su magnitud real, debido a que los españoles tienen pocos incentivos para darse de
baja en el Padrón en España o darse de alta en el Consulado del país de destino.
No obstante, el empeoramiento de las condiciones de vida entre los inmigrantes resulta más
severo que entre autóctonos, pues solo una pequeña parte de ellos había cotizado a la Seguridad
Social el tiempo suficiente como para tener derecho a cobrar el subsidio de desempleo y pocos
inmigrantes cuentan en España con una red familiar con ingresos suficientes para poder
ofrecerles apoyo. Ello explica que alrededor del 80% de las personas que inmigran en los años
duros de la crisis hayan nacido en países extranjeros.
En relación con el lugar de destino, mientras que gran parte de los extranjeros que habían
conseguido la nacionalidad española optaron por regresar a su país de origen,
fundamentalmente algún país americano, los nacidos en España prefirieron emigrar a la Unión
Europa, siendo Francia, Alemania y Reino Unido los países preferidos.
Con respecto al nivel de formación, no hay cifras fiables. Sin embargo, se conoce que el nivel de
formación de los protagonistas de esta nueva oleada emigratoria es mayor que en los
desplazamientos tradicionales. La emigración española reciente está compuesta en buena
medida por población cualificada, sobre todo de universitarios. Ello ha supuesto una “fuga de
cerebros” para el país.
Los profesionales españoles más demandados internacionalmente son los de las áreas de
sanidad, arquitectura e ingeniería. Es por ello, que los perfiles científicos e investigadores
continúan con su éxodo profesional, yendo esta corriente en aumento.
Entre las principales necesidades no satisfechas encontramos: la necesidad de un puesto de
trabajo, un mayor salario o las expectativas del desarrollo de una carrera profesional estable,
además de un mayor reconocimiento social o mayores oportunidades de formación, en el caso
de los científicos e investigadores. Como consecuencia, la población detiene su crecimiento y
decrece, a causa de los efectos de la crisis económica sobre la natalidad y sobre la inmigración
extranjera. También, el país se descapitaliza de profesionales en áreas claves de la economía.
No obstante, se reduce la demanda de empleo y del pago de prestaciones.
Los peores años de la crisis se caracterizan por fuertes saldos migratorios negativos (-251.531
en 2013), pero una vez superados estos la tendencia se invierte y en 2017 llegaron a España
164.604 más personas de las que se fueron. Junto a los españoles que retornan volvieron
también algunos de los extranjeros nacionalizados en la oleada inmigratoria anterior.
Para finalizar, es preciso señalar que la última modificación significativa del balance migratorio
español tiene lugar en 2020 como resultado de la pandemia COVID-19. Los datos de ese año
advierten de una importante caída en los desplazamientos de población, que se traduce en un
saldo migratorio que se reduce prácticamente a la mitad (413.210 personas en 2019, 230.026
en 2020).
Referencias complementarias:
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]