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RITO DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
INTRODUCCIÓN GENERAL
(PRAENOTANDA)
(Los números son del Ritual de Órdenes)
1. Por la Ordenación sagrada algunos fieles cristianos son instituidos en el nombre de Cristo
y reciben el don del Espíritu Santo para apacentar la Iglesia con la palabra y la Gracia de
Dios.
5. A los diáconos “se les imponen las manos para realizar un servicio y no para ejercer el
sacerdocio. Fortalecidos, en efecto, con la gracia del sacramento, en comunión con el Obispo
y sus presbíteros, están al servicio del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la
palabra y de la caridad”.
ESTRUCTURA DE LA CELEBRACIÓN
7. La imposición de las manos y la Plegaria de Ordenación son el elemento esencial de todas
las Ordenaciones, en la cual la oración de bendición e invocación determina el significado de
la imposición de las manos. En consecuencia, estos ritos, por ser el centro de la Ordenación,
deben ser inculcados por la catequesis y puestos de relieve a través de la celebración misma.
Mientras se imponen las manos, los fieles oran en silencio, pero participan en la Plegaria de
Ordenación escuchándola y, por la aclamación final, confirmándola y concluyéndola.
8. Capital importancia, dentro de la celebración de las Ordenes, tienen los retos preparatorios,
a saber, la presentación del elegido o la elección de los candidatos, la homilía, la promesa de
los elegidos, las letanías y, sobre todo, los distintos ritos explicativos de las diversas Órdenes,
que señalan las funciones, conferidas por la imposición de las manos y la invocación del
Espíritu Santo.
9. La Ordenación se ha de celebrar dentro de la Misa en la que los fieles, sobre todo el
domingo, participan activamente «junto a un único altar, donde preside el Obispo rodeado de
su presbiterio y ministros».
De este modo se unen al mismo tiempo la principal manifestación de la Iglesia y la
administración de las Órdenes sagradas junto con el Sacrificio eucarístico, fuente y cumbre
de toda la vida cristiana.
10. El íntimo nexo de la misma Ordenación con la Misa celebrada se manifiesta
oportunamente no sólo por la inserción del rito y por las fórmulas propias en la Plegaria
eucarística y en la bendición final, sino también, observando lo prescrito, por medio de las
lecturas que se pueden elegir y empleando la Misa ritual propia, según el Orden que se
confiere.
IMPORTANCIA DE LA ORDENACIÓN
173. Los diáconos se ordenan mediante la imposición de las manos heredada de los
Apóstoles, para desempeñar eficazmente su ministerio por la gracia sacramental. Por eso, ya
desde la primitiva época de los Apóstoles, la Iglesia católica ha tenido en gran honor el
sagrado Orden del diaconado.
174. Es oficio propio del diacono, según le fuere asignado por la autoridad competente,
administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al
Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leer la
Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de
los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y de la sepultura.
Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso
del bienaventurado Policarpo: “Compasivos, diligentes, actuando según la verdad del Señor,
que se hizo servidor de todos”.
175. Los que van a ser ordenados diáconos deben ser admitidos por el Obispo como
candidatos, exceptuando los que están adscritos por los votos a un instituto clerical.
176. Mediante la Ordenación de diacono se obtiene la incorporación al estado clerical y la
incardinación a una diócesis o prelatura personal.
177. Por la libre aceptación del celibato ante la Iglesia, los candidatos al diaconado se
consagran a Cristo de un modo nuevo. Están obligados a manifestarlo públicamente aun
aquellos que hayan emitido el voto de caridad perpetua en un instituto religioso.
178. En la celebración de las Ordenes se encomienda a los diáconos la función de la alabanza
divina en la que la Iglesia pide a Cristo, y por él al Padre, la salvación de todo el mundo; y
así han de celebrar la Liturgia de las Horas por todo el Pueblo de Dios, más aun, por todos
los hombres.
179. Es propio de todos los fieles de la diócesis acompañar con sus oraciones a los candidatos
al diaconado.
Como los diáconos “se ordenan al servicio del Obispo”, deben ser invitados a su Ordenación
los clérigos y otros fieles, de manera que asistan a la celebración en el mayor número posible.
Principalmente han de ser invitados todos los diáconos a la celebración de las Ordenes.
180. El Obispo es el ministro de la sagrada Ordenación. Uno de los colaboradores del
Obispo, delegado para la formación de los candidatos, al celebrar la Ordenación pide en
nombre de la Iglesia la colación del Orden y responde a la pregunta sobre la dignidad de los
candidatos.
Los candidatos ayudan en la celebración de las Ordenes, revistiendo a los ordenados con las
vestiduras diaconales. Si no hay diáconos, otros ministros pueden realizar este cometido. Los
diáconos, o al menos alguno de ellos, saludan con el beso de paz a los hermanos recién
ordenados como señal de acogida en el diaconado.
LA CELEBRACIÓN
181. Conviene que la Iglesia local, a cuyo servicio se ordena cada uno de los diáconos, se
prepare a la celebración de las Ordenes. Los diáconos mismos deben prepararse con la
oración en retiro, practicando ejercicios espirituales al menos durante cinco días.
182. Téngase la celebración en la Iglesia catedral o en las iglesias de cuyas comunidades son
oriundos uno o más de los candidatos, o en otra iglesia de gran importancia. Si se van a
ordenar diaconados de alguna comunidad religiosa, puede hacerse la Ordenación en la iglesia
de la comunidad en la que va a ejercer su ministerio.
184. Celébrese la ordenación con la asistencia del mayor número posible de fieles en
domingo o día festivo, a no ser que razones pastorales aconsejen otro día. Pero se excluyen
el Triduo pascual, el Miércoles de Ceniza, toda la Semana Santa y la Conmemoración de
todos los fieles difuntos.
185. La Ordenación tiene lugar dentro de la Misa estacional, una vez terminada la liturgia de
la Palabra y antes de la liturgia eucarística. Puede emplearse la Misa ritual “En la colación
de las sagradas Ordenes” excepto en las Solemnidades, los Domingos de Adviento,
Cuaresma, Pascua, y los días de la octava de Pascua. En estos casos se dice la Misa del día
con sus lecturas.
Pero en otros días, si no se dice la Misa ritual, se puede tomar una de las lecturas de las que
se proponen en el Leccionario con este fin. La oración universal se omite, porque las letanías
ocupan su lugar.
186. Proclamado el Evangelio, la Iglesia local pide al Obispo que ordene a los candidatos. El
presbítero encargado cuando el Obispo le pregunta, ante el pueblo, le informa que no existen
dudas acerca de los candidatos. Los candidatos, en presencia del Obispo y de todos los fieles,
manifiestan la voluntad de cumplir su ministerio, según los deseos de Cristo y de la Iglesia
bajo la autoridad del Obispo. En las letanías todos imploran la gracia de Dios en favor de los
candidatos.
187. Por la imposición de las manos del Obispo y la Plegaria de Obispo, se confiere a los
candidatos el don del Espíritu para su función diaconal. Estas son las palabras que pertenecen
a la naturaleza del sacramento y que por lo tanto se exigen para la validez del acto: “Emitte
in eos, Domine, quaesumus, Spiritum Sanctum, quo in opus ministerio fideliter exsequendi
munere septiformis tuae gratiae roborentur.” (Envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo,
para que, fortalecidos con tu gracia de los siete dones, desempeñen con fidelidad el
ministerio.)
188. Inmediatamente después de la Plegaria de Ordenación se revisten los ordenados con la
estola diaconal y con dalmática para que se manifieste visiblemente el ministerio que desde
ahora van a ejercer en la liturgia.
Por la entrega del libro de los Evangelios se indica la función diaconal de proclamar el
Evangelio en las celebraciones litúrgicas y también de predicar la fe de la Iglesia de palabra
y de obra.
El Obispo con su beso de paz pone en cierto modo el sello a la acogida de los diáconos en su
ministerio: los diáconos saludan con el beso de paz a los ordenados para el común ministerio
de su Orden.
189. Los ordenados ejercen por primera vez su ministerio en la liturgia eucarística asistiendo
al Obispo, preparando el altar, distribuyendo la Comunión a los fieles y principalmente
sirviendo el cáliz y proclamando las moniciones.
LO QUE HAY QUE PREPARAR
190. Además de lo necesario para la celebración de la Misa estacional debe prepararse: a) El
libro de la Ordenación. b) estolas y dalmáticas para cada uno de los ordenados.
191. La Ordenación hágase normalmente junto a la cátedra; pero si fuera necesario para la
participación de los fieles, prepárese la sede para el Obispo delante del altar o en otro lugar
más oportuno. Las sedes para los ordenados deben prepararse de modo que los fieles puedan
ver bien la acción litúrgica.
192. El Obispo y los presbíteros concelebrantes llevan las vestiduras sagradas que
respectivamente se exigen a cada uno para la celebración de la Misa. Los ordenado llevan
amito, alba y cíngulo. Las vestiduras han de ser de color de la Misa que se celebra o, si no,
de color blanco; también pueden emplearse otras vestiduras festivas o más nobles.
AVISOS POR PARTE DEL MONITOR
Se realizan en los momentos oportunos antes de la celebración.
Para tener una mejor participación en la celebración, les pedimos tener en
cuenta lo siguiente:
1 Acompañamos a nuestros hermanos en su Ordenación en este lugar, que
para todos ha de ser sagrado. Por tanto, les pedimos:
2 Participar activamente en la Eucaristía, respondiendo a las invocaciones,
cantando, etc., en un ambiente de oración. Por eso les pedimos no ingerir
alimentos ni bebidas dentro del lugar.
3 En algunos lugares de la casa hay contenedores de basura. Mantengamos
limpio este recinto.
4 El servicio de sanitarios está ubicado en _____.
5 Si alguna persona requiere de auxilio médico, se cuenta con el servicio
de enfermería en la entrada principal del aula.
6 Contamos también con el servicio de estacionamiento, ubicado en las
canchas de futbol
7 En los corredores se encuentran algunos sacerdotes confesando.
8 Los familiares de los que se van ordenar, favor de portar su boleto para
tomar su lugar.
9 Para tomar fotografías o video grabación, solamente podrán pasar al
presbiterio las personas autorizadas.
10 A todas las personas que traigan teléfono celular les pedimos por favor
apagarlos.
11 Les pedimos que no tomen fotografías desde su lugar para no obstruir la
visibilidad del resto de la asamblea, así como no pararse en las sillas para
evitar cualquier distracción y accidente.
COSAS NECESARIAS PARA LA CELEBRACIÓN
Habrán de prever lo necesario para la celebración los sacristanes, que tendrán que seguir las
indicaciones que del maestro de ceremonias.
Considerando el número de ordenados, concelebrantes, obispos. Así también la cantidad de
fieles, la distribución del lugar y el clima.
Para el lugar de la celebración:
1 Sede para el Obispo y dos sillas para los Diáconos familiares.
2 Velas para el altar.
3 Mantel para el altar.
4 Leccionario en el ambón.
5 Alfombra en el lugar de la postración.
6 Una mesa para la consagración de hostias, con su respectivo mantel.
En la Credencia dentro de la capilla central:
1 Misal Romano.
2 Ritual de Órdenes o Pontifical.
3 Cálices: el central, dos para los concelebrantes y 9para la comunión bajo las dos
especies.
4 Corporales y purificadores.
5 Platillos para la distribución de la comunión con su respectivo purificador.
6 Hostias suficientes para la comunión.
7 Patena y Hostia grande para la Consagración.
8 Vino suficiente.
9 Vinajera con agua suficiente la purificación.
10 Cruz alta.
11 Ciriales.
12 Incensario con brazas o carbones, o pastillas suficientes.
13 Naveta con incienso suficiente.
14 Estolas y Dalmáticas para los ordenandos.
15 Dos ordinarios para los concelebrantes.
16 Evangeliario.
17 Folder para el P. Rector.
18 Tarjetas para el Sr. Obispo con los nombres de los ordenandos.
En la capilla central en el altar y en el sagrario:
1 En el altar un corporal grande y un recipiente para el Píxide.
2 En el sagrario la llave para hacer la reserva.
3 Vinajera grande con agua para hacer la purificación.
4 Cuatro purificadores.
En un lugar cercano al secretarium:
1 Ornamentos para el Sr. Obispo: casulla, estola, solideo, mitra y báculo.
2 Ornamentos para los concelebrantes principales: P. Rector y Vicario General.
3 Ornamentos para los concelebrantes formadores.
4 Estolas para los padres invitados.
5 Paños de hombros para los familiares del Señor Obispo (2)
6 Un vaso con agua en un plato chico para ofrecerle al Sr. Obispo al terminar la Homilía
y un purificador.
RITO DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
Ritos iniciales y liturgia de la Palabra.
Estando todo dispuesto, se inicia la procesión por la iglesia hacia el altar según el
modo acostumbrado. Los ordenandos preceden al diácono portador de los Evangelios que ha
de utilizarse en la Misa y en la ordenación. Siguen los demás diáconos, si los hay, los
presbíteros concelebrantes y, finalmente, el Obispo, con sus diáconos asistentes ligeramente
detrás de él.
Llegados al altar, y hecha la debida reverencia, se dirigen todos a su respectivo lugar. El
Obispo deja la mitra y el báculo e inciensa el altar, el Crucifijo y la imagen del patrono
principal. Luego pasa a su Sede.
Mientras tanto, se entona la antífona de entrada con su salmo, u otro canto apropiado.
Bendición de quienes serán ordenados por parte de sus papás
La bendición por parte de los padres de familia a quienes serán ordenados diáconos, no forma
parte del rito de ordenación. Sin embargo, si el ordinario del lugar o la autoridad competente
lo consideran prudente por algún bien pastoral, puede realizarse. De lo contrario se omite
este gesto y la misa inicia como de costumbre.
Monición: En estos momentos, los papás de cada uno de los ordenandos, les
darán la bendición como signo del bien que desean para ellos y de la entrega
que hacen a Dios de estos hijos suyos.
Saludo y monición.
Monición Inicial: “El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad”. Y así
decimos todos juntos, este día, por recibir el gran regalo de nuevos diáconos
para nuestra Iglesia Diocesana.
Los ritos iniciales (considerando el Kyrie y Gloria) y la liturgia de la Palabra se realizan del
modo acostumbrado, hasta el Evangelio inclusive.
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ORACIÓN COLECTA (Para la ordenación de diáconos)
D ios nuestro, que enseñaste a los ministros de tu Iglesia a no buscar que
alguien los sirva, sino a servir a todos, concede a estos hijos tuyos que has
elegido hoy para el ministerio del diaconado ser infatigables en el don de sí
mismos, constantes en la oración, y alegres y bondadosos en el ejercicio de su
ministerio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Después de la lectura del Evangelio, el diacono deposita nuevamente y con toda reverencia
el libro de los Evangelios sobre el altar, donde permanece hasta el momento de entregarlo a
los ordenados.
Liturgia de la ordenación
Comienza después la Ordenación de los diáconos.
El Obispo se acerca, si es necesario, a la sede preparada para la Ordenación, y se hace la
presentación de los candidatos.
Monición: Ahora iniciamos el rito de ordenación diaconal, constituido por los
siguientes momentos: presentación de los ordenandos, homilía, promesa de los
elegidos y examen, letanía de los santos, imposición de manos y la plegaria de
ordenación, revestimiento de la estola y la dalmática, entrega de los Evangelios
y el abrazo de paz por parte del Obispo.
Elección de los candidatos.
Los ordenandos son llamados por el diácono, de la forma siguiente:
Acérquese los que van a ser ordenados diáconos: (N.).
E inmediatamente los nombra individualmente; cada uno de los llamados dice:
Presente.
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Y se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia. Luego, permaneciendo de pie ante el
Obispo, El Padre Rector dice:
Reverendísimo Padre, la Santa Madre Iglesia pide que ordenes diáconos a estos
hermanos nuestros.
El Obispo pregunta:
¿Sabes si son dignos?
Y él responde:
Según el parecer de quienes los presentan, después de consultar al pueblo
cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos.
El Obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos
hermanos nuestros para el Orden de los Diáconos.
Todos dicen:
Te damos gracias, Señor.
Homilía.
En seguida, estando todos sentados, el Obispo (con mitra y báculo) hace la homilía, en la
que, partiendo del texto de las lecturas proclamadas en la liturgia de la Palabra, instruye al
pueblo y a los elegidos sobre el ministerio de los diáconos, teniendo en cuenta la condición
de los ordenados, según se trate de elegidos casados y no casados, o de elegidos no casados
solamente, o solamente de elegidos casados. Pero puede hablar de tal ministerio con éstas o
parecidas palabras: (Ritual de Ordenes p.165ss)
Promesa de los elegidos
Monición: El interrogatorio y las promesas de los ordenandos significan la
participación privilegiada y específica en la misión de Cristo y de la Iglesia por
la fuerza del Espíritu Santo.
Después de la homilía, solamente los elegidos se levantan y se ponen de pie ante el Obispo
(Con Mitra y Báculo), quien los interroga con estas palabras:
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Queridos hijos: Antes de entrar en el Orden de los diáconos deben manifestar
ante el pueblo su voluntad de recibir este ministerio.
¿Quieren consagrarse al servicio de la Iglesia por la imposición de mis manos
y la guía del Espíritu Santo?
Los elegidos responden:
Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren desempeñar, con humildad y amor, el ministerio de diáconos como
colaboradores del Orden sacerdotal y en bien del pueblo cristiano?
Los elegidos responden:
Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren vivir el misterio de la fe con alma limpia, como dice el Apóstol, y
proclamar esta fe de palabra y obra, según el Evangelio y la tradición de la
Iglesia?
Los elegidos responden:
Sí, quiero.
El Obispo:
Ustedes los que están dispuestos a vivir el celibato: ¿Quieren ante Dios y ante
la Iglesia, como signo de su consagración a Cristo, observar durante toda la vida
el celibato por causa del Reino de los cielos y para servicio de Dios y de los
hombres?
Los elegidos responden:
Sí, quiero.
El Obispo:
(Y todos ustedes) ¿Quieren conservar y acrecentar el espíritu de oración, tal
como corresponde a su género de vida, y fieles a este espíritu, celebrar la
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Liturgia de las Horas, según su condición, junto con el pueblo de Dios y en
beneficio suyo y de todo el mundo?
Los elegidos responden:
Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren imitar siempre en su vida el ejemplo de Cristo, cuyo cuerpo y Sangre
servirán con sus propias manos?
Los elegidos responden:
Sí, quiero, con la gracia de Dios.
Juramento de fidelidad
Monición: Fortalecidos con la gracia sacramental y sabiendo su misión de
servir al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia y de la caridad, los
elegidos para el Orden de los Diáconos, pondrán sus manos entre las manos del
Obispo como signo de disponibilidad y obediencia.
Enseguida, los elegidos se acercan al Obispo (deja el báculo) y, de rodillas ante él, ponen sus
manos juntas entre las manos del Obispo.
El Obispo pregunta al elegido, diciendo, si es su Ordinario:
¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?
El elegido responde:
Sí, prometo.
Pero si el Obispo no es su Ordinario, dice:
¿Prometes obediencia y respeto a tu Obispo?
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El elegido responde:
Sí, prometo.
El Obispo concluye diciendo:
Que Dios mismo lleve a término esta obra buena que en ti ha comenzado.
Oración litánica
Monición: El Pueblo de Dios está compuesto también de aquellos miembros
que gozan ya de la presencia del Señor y de los que aún tienen algo qué
purificar. Nos dirigimos ahora a la Iglesia triunfante para pedir que lleve a Dios
nuestras oraciones por estos elegidos que serán ordenados. Nos ponemos de pie.
Luego todos se levantan, el Obispo (sin mitra), de pie con las manos juntas y de cara al
pueblo, hace la invitación:
O remos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame
bondadosamente la gracia de su bendición sobre estos siervos suyos que
ha llamado al Orden de los diáconos.
Entonces los elegidos se postran en tierra y se cantan las Letanías, todos responden. En los
domingos y durante el Tiempo Pascual, se hace estando todos de pie, y en los demás días, de
rodillas, en cuyo caso el diácono indica a todos ponerse de rodillas:
Nos ponemos de rodillas.
E, inmediatamente, el Obispo se arrodilla ante su Sede o bien si no puede hacerlo se mantiene
en una posición reverente, también los demás se arrodillan y se cantan las letanías; todos
responden.
Coro Pueblo
Señor, ten piedad Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad Señor, ten piedad
Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros.
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San Miguel, Ruega por nosotros.
Santos ángeles de Dios, Ruega por nosotros.
San Juan Bautista, Ruega por nosotros.
San José, Ruega por nosotros.
Santos Pedro y Pablo, Ruega por nosotros.
San Andrés, Ruega por nosotros.
San Juan, Ruega por nosotros.
Santa María Magdalena, Ruega por nosotros.
San Esteban, Ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía, Ruega por nosotros.
San Lorenzo, Ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felícitas, Ruega por nosotros.
Santa Inés, Ruega por nosotros.
San Gregorio, Ruega por nosotros.
San Agustín, Ruega por nosotros.
San Atanasio, Ruega por nosotros.
San Basilio, Ruega por nosotros.
San Martín, Ruega por nosotros.
San Benito Ruega por nosotros.
Santos Francisco y Domingo, Ruega por nosotros.
San Francisco Javier, Ruega por nosotros.
San Juan María Vianney, Ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena, Ruega por nosotros.
Santa Teresa de Ávila, Ruega por nosotros.
Todos los santos y santas de Dios. Rogad por nosotros.
Muéstrate propicio Líbranos, Señor.
De todo mal, Líbranos, Señor.
De todo pecado, Líbranos, Señor.
De la muerte eterna, Líbranos, Señor.
Por tu encarnación, Líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección, Líbranos, Señor.
Por la efusión del Espíritu Santo, Líbranos, Señor.
Nosotros que somos pecadores Te rogamos, óyenos.
Para que gobiernes y conserves a tu
santa Iglesia, Te rogamos, óyenos.
Para que asistas al Papa y a todos los
miembros del clero en tu servicio santo, Te rogamos, óyenos.
Para que concedas paz y concordia a
todos los pueblos de la tierra, Te rogamos, óyenos.
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Para que nos fortalezcas y asistas en tu Te rogamos, óyenos.
servicio santo, Te rogamos, óyenos.
Para que bendigas a estos elegidos,
Para que bendigas y santifiques a estos Te rogamos, óyenos.
elegidos,
Para que bendigas, santifiques y Te rogamos, óyenos.
consagres a estos elegidos Te rogamos, óyenos.
Jesús, Hijo de Dios vivo, Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos Cristo, escúchanos
Cristo, escúchanos.
Concluido el canto de las letanías, el Obispo, de pie y con las manos extendidas, dice:
S eñor, Dios, escucha nuestras súplicas y confirma con tu gracia este
ministerio que realizamos: santifica con tu bendición a estos siervos tuyos
que juzgamos aptos para el servicio de los santos misterios. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Todos:
Amén.
El diácono, si el caso lo requiere, dice:
Nos ponemos de pie.
Y todos se levantan.
Imposición de las manos y Plegaria de Ordenación
Monición: Ahora llega el momento principal del rito de ordenación diaconal;
la imposición de las manos, pidiendo al Espíritu Santo que los consagre como
diáconos de la Iglesia de Dios.
Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al Obispo, que está de pie delante de la Sede y
con mitra, y se arrodilla ante él.
El Obispo le impone en silencio las manos sobre la cabeza.
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Estando todos los elegidos arrodillados ante el Obispo, éste, sin mitra y con las manos
extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:
A sístenos, Dios todopoderoso,
de quien procede toda gracia,
que estableces los ministerios
regulando sus órdenes;
inmutable en ti mismo, todo lo renuevas;
por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro
-palabra, sabiduría y fuerza tuya-,
con providencia eterna todo lo proyectas
y concedes en cada momento cuanto conviene.
A tu Iglesia, cuerpo de Cristo,
enriquecida con dones celestes variados,
articulada con miembros distintos
y unificada en admirable estructura
por la acción del Espíritu Santo,
la haces crecer y dilatarse
como templo nuevo y grandioso.
Como un día elegiste a los levitas
para servir en el primitivo tabernáculo,
así ahora has establecido tres órdenes de ministros
encargados de tu servicio.
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Así también, en los comienzos de la Iglesia,
los Apóstoles de tu Hijo,
movidos por el Espíritu Santo,
eligieron, como auxiliares suyos en el
ministerio cotidiano,
a siete varones acreditados ante el pueblo,
a quienes, orando e imponiéndoles las manos,
les confiaron el cuidado de los pobres,
a fin de poder ellos entregarse con mayor empeño
a la oración y a la predicación de la palabra.
Te suplicamos, Señor, que atiendas propicio
a estos tus siervos,
a quienes consagramos humildemente
para el orden del diaconado
y el servicio de tu altar.
ENVÍA SOBRE ELLOS, SEÑOR, EL ESPÍRITU SANTO,
PARA QUE, FORTALECIDOS
CON TU GRACIA DE LOS SIETE DONES,
DESEMPEÑEN CON FIDELIDAD EL MINISTERIO.
Que resplandezca en ellos
un estilo de vida evangélica, un amor sincero,
solicitud por pobres y enfermos,
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una autoridad discreta,
una pureza sin tacha
y una observancia de sus obligaciones espirituales.
Que tus mandamientos, Señor,
se vean reflejados en sus costumbres,
y que el ejemplo de su vida
suscite la imitación del pueblo santo;
que, manifestado el testimonio de su
buena conciencia,
perseveren firmes y constantes con Cristo,
de forma que, imitando en la tierra a tu Hijo,
que no vino a ser servido sino a servir,
merezcan reinar con él en el cielo.
Por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
Todos:
Amén.
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Revestimiento de estola y dalmática
Monición: (Sentados) Ahora los nuevos diáconos son revestidos con la estola
cruzada y la dalmática. La estola como distintivo propio de los ministros, que
resalta la función que realiza.
Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. Los
ordenados se levantan, y unos diáconos u otros ministros ponen a cada uno la estola al estilo
diaconal y le visten la dalmática.
Mientras tanto, puede cantarse la antífona (como lo propone el ritual de las ordenes), u otro
canto apropiado de idénticas características que concuerden con la antífona.
Entrega del libro de los evangelios
Monición: Con la entrega del libro de los Evangelios se indica la función del
diácono del proclamar el Evangelio y de predicar la Palabra en las celebraciones
litúrgicas.
Los ordenados, ya con sus vestiduras diaconales, se acercan al Obispo y, uno por uno, se van
arrodillando ante él. El Obispo entrega a cada uno el libro de los Evangelios, diciendo:
R ecibe el Evangelio de Cristo,
del cual has sido constituido mensajero;
esmérate en creer lo que lees, enseñar los que crees y vivir lo que enseñas.
Signo de paz
Monición: Por medio del saludo de paz, el Obispo pone el sello de la recepción
de los nuevos diáconos en su ministerio de servicio y cooperadores suyos.
Finalmente, el Obispo da a los ordenados el abrazo de paz diciendo:
La paz sea contigo.
Los ordenados responden:
Y con tu espíritu.
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Lo mismo hacen todos o al menos algunos de los diáconos presentes.
Mientras tanto, puede cantarse la antífona (como lo propone el ritual de las ordenes), u otro
canto apropiado de idénticas características que concuerde con la antífona.
Prosigue la Misa como de costumbre. Si lo indican las rubricas, se dice el Símbolo de la fe.
Se omite la oración universal.
Liturgia eucarística
En la Plegaria eucarística se hace mención de los diáconos recién ordenados, según la formula
correspondiente del Misal Romano (MR p. 1024ss)
Monición para la comunión: Les pedimos a todos no moverse de sus lugares,
los nuevos diáconos pasarán a distribuir la comunión a sus familiares y algunos
sacerdotes irán hacia el resto de la asamblea.
Los papás y familiares de los ordenados pueden comulgar bajo ambas especies.
Algunos de los diáconos recién ordenados ayudan al Obispo en la distribución de la
Comunión de los fieles, sobre todo como ministros del cáliz.
Concluida la distribución de la Comunión, puede cantarse un cantico de acción de gracias.
Después del canto se dice la oración después de la comunión.
Rito conclusión
En este momento, si se considera oportuno, el P. Rector u otro formador idóneo puede dirigir
algunas palabras de agradecimiento.
Así también pueden darse algún otro aviso breve o indicación práctica.
En vez de la bendición acostumbrada, puede darse la siguiente. El diacono puede hacer la
invitación:
Inclínense para recibir la bendición
Y, enseguida, el Obispo con las manos extendidas sobre los ordenados y el pueblo, pronuncia
la bendición:
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Que Dios, que los ha llamado al servicio de los hombres en su Iglesia, les
conceda un gran celo apostólico hacia todos, especialmente hacia los pobres y
afligidos.
Todos:
Amén.
Que él, que les ha confiado la misión de predicar el Evangelio y de servir al
altar y a los hombres, los haga en el mundo ardientes testigos suyos y ministros
de la caridad.
Todos:
Amén.
Que él, que los hizo dispensadores de sus sacramentos, les conceda ser
imitadores de su Hijo Jesucristo, para ser en el mundo ministros de la unidad y
de la paz.
Todos:
Amén.
Y que a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios todopoderoso,
Padre , Hijo y Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Despedida por el diácono.
La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
Todos:
Demos gracias a Dios.
Después de la bendición y habiendo el diácono despedido al pueblo, se vuelve
procesionalmente a la sacristía, según el modo acostumbrada.
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