Leccionario
Leccionario
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LECCIONARIO
DEL RITUAL DEL ORDENES Y ADMISIÓN A LAS ORDENES
SAGRADAS
Voy a darles una parte de tu espíritu para que compartan contigo toda la
carga del pueblo.
n aquellos días, Moisés le dijo al Señor: “¿Por qué tengo que cargar con
E todo este pueblo? ¿Acaso yo lo he concebido o lo he dado a luz, para que
me digas: ‘Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la creatura, ¿y
llévalo a la tierra que yo juré darles a sus padres’? Yo solo no puedo cargar con
todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a tratar así, mejor
quítame la vida y no tendré que pasar tantas penas .
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Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Reúne setenta ancianos que te conste que
son sabios y prudentes y maestros del pueblo; condúcelos a la puerta de la tienda
de la reunión, y deténlos ahí contigo: yo voy a bajar y a hablarte, y tomaré una
parte de tu espíritu para entregárselo a ellos, a fin de que compartan contigo
toda la carga del pueblo y no tengas que llevarla tú solo”.
Fue, pues, Moisés, y comunicó al pueblo las palabras del Señor, y congregó a
setenta ancianos de Israel, y los colocó cerca de la tienda de la reunión.
Entonces el Señor bajó en la nube y le habló a Moisés: tomó del espíritu que
había en Moisés y se lo entregó a los setenta ancianos. Y cuando el espíritu se
posó sobre ellos, se pusieron a profetizar.
Palabra de Dios.
n aquellos días, Moisés le dijo al pueblo de Israel: “Les había dicho ya que
E yo solo no me basto para atenderlos a todos ustedes, porque el Señor, su
Dios, los ha multiplicado y hoy ustedes son tan numerosos como las estrellas
del cielo. Que el Señor, Dios de sus padres, los haga crecer mil veces más y los
bendiga, como les ha prometido.
¿Pero cómo voy a soportar yo solo la carga de ustedes y a resolver sus asuntos
y discusiones? Elijan de cada tribu algunos hombres sabios, prudentes y
experimentados, y yo los nombraré jefes de ustedes.
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(Para la admisión de candidatos)
E l año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy
alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines
junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:
“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos; su gloria llena toda la
tierra”.
Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que
había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca,
diciéndome:
Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré?
¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.
Palabra de Dios.
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(Para los Obispos y los presbíteros)
El Señor me dijo: “No digas que eres un muchacho, pues irás a donde yo te
envíe y dirás lo que yo te mande. No tengas miedo, porque yo estoy contigo
para protegerte”, lo dice el Señor.
El Señor extendió entonces su brazo, con su mano me tocó la boca y me dijo:
“Desde hoy pongo mis palabras en tu boca”.
Palabra de Dios.
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(Para la admisión de candidatos)
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LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
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(Para los diáconos)
Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No
es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a
administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena
reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos
este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.
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de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para
adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías.
Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: “Acércate y camina junto a ese carro”.
Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó:
“¿Entiendes lo que estás leyendo?” Él le contestó: “¿Cómo voy a entenderlo, si
nadie me lo explica?” Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a
la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no
abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada
de la tierra?
El etíope le preguntó a Felipe: “Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta,
de sí mismo o de otro?” Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje,
le anunció el Evangelio de Jesús. Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde
había agua y dijo el etíope: Aquí hay agua; Hay alguna dificultad para que me
bautices. Felipe le contestó- “Ninguna, si crees de todo corazón”. Respondió el
etíope: “Creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Mandó parar el carro, bajaron los
dos al agua y Felipe lo bautizó.
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya
no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto, a Felipe, se
encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a
su paso, hasta que llegó a Cesárea.
Palabra de Dios.
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n aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido
E en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo
predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de
Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por
el diablo, porque Dios estaba con él.
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Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron
colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a
todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había
escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó
de entre los muertos.
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido
juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos
creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.
Palabra de Dios.
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les dijo: “Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó
pastores el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la
sangre de su Hijo.
Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para
que todos los consagrados a Dios crezcan en el espíritu”. Dicho esto, se arrodilló
para orar con todos ellos.
Palabra de Dios.
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H ermanos: Nuestro cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros y cada uno
de ellos tiene una función diferente. Pues en la misma forma, todos
nosotros, aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos
y cada uno somos miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones
diferentes, según la gracia concedida a cada uno. El que tenga el don de profecía
que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio, que se dedique
a servir; el que enseña, que se consagre a enseñar; y el que exhorta, que se
entregue a exhortar. El que da, hágalo con sencillez; el que preside, presida con
solicitud; el que atiende a los necesitados, hágalo con
alegría.
Palabra de Dios.
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En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Uno recibe el don de
la sabiduría; otro, el don de la ciencia. A uno se le concede el don de la fe; a
otro, la gracia de hacer curaciones, y a otro más, poderes milagrosos. Uno recibe
el don de profecía, y otro, el de discernir los espíritus. A uno se le concede el
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don de lenguas, y a otro, el de interpretarlas. Pero es uno solo y el mismo
Espíritu el que hace todo eso, distribuyendo a cada uno sus dones, según su
voluntad.
Palabra de Dios.
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H ermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por
todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya
no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
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Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez
hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive
según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es
nuevo.
Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y
que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en
Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los
pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como
si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se
dejen reconciliar con Dios.
Palabra de Dios.
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H ermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que
lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre
humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor;
esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.
Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo
una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos,
actúa a través de todos y vive en todos.
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conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que
alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Palabra de Dios.
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Que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia
casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran
autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
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Querido hermano: Procura ser un modelo para los fieles en tu modo de hablar
y en tu conducta, en el amor, en la fe y en la castidad. Mientras llego,
preocúpate de leer públicamente la palabra de Dios, de exhortar a los hermanos
y de enseñarlos.
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Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios,
como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la
dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo,
yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasa je de la Escritura: Tú eres
sacerdote eterno, como Melquisedec.
Precisamente por eso, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con
fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de a muerte, y fue escuchado
por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y
llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos
los que lo obedecen y fue proclamado por Dios sumo sacerdote, como
Melquisedec.
Palabra de Dios.
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Sean buenos administradores de la gracia multiforme de Dios.
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Que cada uno, como buen administrador de la gracia multiforme de Dios,
emplee para servir a los demás, los dones recibidos. Quien habla, sea mensajero
de las palabras de Dios; quien se dedica a servir a los demás, que los sirva con
la fuerza que Dios le comunica. De modo que Dios sea glorificado en todo, por
medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder, por los siglos de
los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
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SALMOS RESPONSORIALES
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Del Salmo 15
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Del Salmo 22
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Del Salmo 23
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pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos. R.
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Del Salmo 83
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Del Salmo 88
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Del Salmo 95
R. Vayan por todo el mundo y enseñen a todas las naciones. (T.P. Aleluya.)
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Del Salmo 97
21
el poder de su diestra y de su brazo
le han dado la victoria. R.
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Del Salmo 109
O bien:
Es tuyo el señorío;
el día en que naciste,
en su monte santo
te consagró el Señor antes del alba. R.
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Del Salmo 115
R. El cáliz con el que damos gracias nos une a Cristo por medio de su sangre.
(T.P. Aleluya.)
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ante todos los hombres. R.
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Del Salmo 116
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ACLAMACIONES ANTES DEL EVANGELIO
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Mt 28, 19. 20
R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días
hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.
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Mc 1, 17
R. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor,
y haré de ustedes pescadores de hombres.
R. Aleluya.
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Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y anunciar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.
40
Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor;
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.
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Jn 12, 26
R. Aleluya, aleluya.
El que quiera servirme, que me siga,
para que donde yo esté,
también esté mi servidor.
R. Aleluya.
42
Jn 15, 15
R. Aleluya, aleluya.
A ustedes los llamo amigos, dice el Señor,
porque les he dado a conocer
todo lo que le he oído a mi Padre.
R. Aleluya.
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EVANGELIOS
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Ustedes son la luz del mundo,
n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra.
E Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve
para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo
alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una
olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la
casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para
que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre,
que está en los cielos”.
Palabra del Señor.
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E n aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando
en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda
enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque
estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a
sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por
lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.
Palabra del Señor.
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Jesús elige a sus doce apóstoles y los envía.
E n aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para
expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y
dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos,
Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos
de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo
de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A
estos doce los envió Jesús.
Palabra del Señor.
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n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ya saben que los jefes de los
E pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el
que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo
del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la
redención de todos”.
Palabra del Señor.
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dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban
en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a
su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.
Palabra del Señor.
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Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus
redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y
no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo
hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces
hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran
a ayudarlos.
Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto,
Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: ¡Apártate de mí, Señor,
¡porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos
de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a
Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de
hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
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La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos.
E n aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba
ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo
tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero ni
morral ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando
entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente
amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá.
Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan porque el trabajador
tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde
entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y
díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’”.
Palabra del Señor.
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n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica
E puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están
esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y
toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les
aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les
servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela,
dichosos ellos.
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Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o
por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por
su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los
alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a
su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá
al frente de todo lo que tiene”.
Palabra del Señor.
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Hagan esto en memoria mía. Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve.
E n aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos
y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de
padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga
cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa
de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre
ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta
que venga el Reino de Dios”.
Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser
considerado como el más importante. Jesús les dijo: “Los reyes de los paganos
los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero
ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe
como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque,
¿quién vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está
a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han
perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi
Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente
cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
Palabra del Señor.
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E n aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando
los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos
discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y
viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron:
“¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”.
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las
cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que
oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien
encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al
Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste,
fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás
Kefás” (que significa Pedro, es decir ‘roca’).
Palabra del Señor.
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Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: Éste es un verdadero israelita
en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó. ¿De dónde me conoces?” Jesús
le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la
higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey
de Israel . Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de
la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que
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verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del
hombre”.
Palabra del Señor.
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n aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo soy el buen pastor. El buen
E pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el
pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y
huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le
importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí,
así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por
mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario
que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un
solo pastor”.
Palabra del Señor.
55
n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano
E de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere,
producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece
a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi
servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’.
Palabra del Señor.
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No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido.
n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los
E amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos,
permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi
Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en
ustedes y su alegría sea plena.
Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he
amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por
ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos,
porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha
destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el
Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que
se amen los unos a los otros”.
Palabra del Señor.
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Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo,
como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino
que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo.
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Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al
mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por
ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”.
Palabra del Señor.
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Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo: Reciban el Espíritu
Santo.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha
enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y
les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin
perdonar”.
Palabra del Señor.
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Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió:
“Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.
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Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se
entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le
contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo:
“Apacienta mis ovejas”.
Palabra del Señor.
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