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Leccionario

El documento presenta varias lecturas bíblicas para diferentes momentos de la ordenación sacerdotal. La primera lectura habla de la tribu de Leví puesta a disposición del sacerdote Aarón para servir en el culto. La segunda lectura menciona que Dios dará parte de su espíritu a los ancianos para compartir la carga del pueblo. La tercera lectura invita a elegir hombres sabios para nombrarlos jefes.
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El documento presenta varias lecturas bíblicas para diferentes momentos de la ordenación sacerdotal. La primera lectura habla de la tribu de Leví puesta a disposición del sacerdote Aarón para servir en el culto. La segunda lectura menciona que Dios dará parte de su espíritu a los ancianos para compartir la carga del pueblo. La tercera lectura invita a elegir hombres sabios para nombrarlos jefes.
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LECCIONARIO

1
LECCIONARIO
DEL RITUAL DEL ORDENES Y ADMISIÓN A LAS ORDENES
SAGRADAS

LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

(Para los diáconos)

Pon a la tribu de Leví a la disposición del sacerdote Aarón.

Del libro de los Números


3, 5-9

n aquellos días, el Señor le dijo a Moisés: “Convoca a la tribu de Leví y


E ponía a la disposición del sacerdote Aarón; estarán a su servicio y al de toda
la comunidad en lo referente al culto, en la tienda de la reunión, y cuidarán de
todos los objetos de la misma. Aparta a los levitas y asígnalos al servicio de
Aarón y de sus descendientes”.
Palabra de Dios.

(Para los presbíteros)

Voy a darles una parte de tu espíritu para que compartan contigo toda la
carga del pueblo.

Del libro de los Números


11, 11-12. 14-17. 24-25

n aquellos días, Moisés le dijo al Señor: “¿Por qué tengo que cargar con
E todo este pueblo? ¿Acaso yo lo he concebido o lo he dado a luz, para que
me digas: ‘Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la creatura, ¿y
llévalo a la tierra que yo juré darles a sus padres’? Yo solo no puedo cargar con
todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a tratar así, mejor
quítame la vida y no tendré que pasar tantas penas .

2
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Reúne setenta ancianos que te conste que
son sabios y prudentes y maestros del pueblo; condúcelos a la puerta de la tienda
de la reunión, y deténlos ahí contigo: yo voy a bajar y a hablarte, y tomaré una
parte de tu espíritu para entregárselo a ellos, a fin de que compartan contigo
toda la carga del pueblo y no tengas que llevarla tú solo”.

Fue, pues, Moisés, y comunicó al pueblo las palabras del Señor, y congregó a
setenta ancianos de Israel, y los colocó cerca de la tienda de la reunión.

Entonces el Señor bajó en la nube y le habló a Moisés: tomó del espíritu que
había en Moisés y se lo entregó a los setenta ancianos. Y cuando el espíritu se
posó sobre ellos, se pusieron a profetizar.
Palabra de Dios.

(Para la admisión de candidatos)

Elijan algunos hombres prudentes y yo los nombraré jefes de ustedes.

Del libro del Deuteronomio


1, 9-14

n aquellos días, Moisés le dijo al pueblo de Israel: “Les había dicho ya que
E yo solo no me basto para atenderlos a todos ustedes, porque el Señor, su
Dios, los ha multiplicado y hoy ustedes son tan numerosos como las estrellas
del cielo. Que el Señor, Dios de sus padres, los haga crecer mil veces más y los
bendiga, como les ha prometido.

¿Pero cómo voy a soportar yo solo la carga de ustedes y a resolver sus asuntos
y discusiones? Elijan de cada tribu algunos hombres sabios, prudentes y
experimentados, y yo los nombraré jefes de ustedes.

Ustedes me contestaron que les parecía bien. Entonces yo escogí a algunos


hombres sabios y experimentados y los nombré jefes de ustedes”.
Palabra de Dios.

4
3
(Para la admisión de candidatos)

¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?

Del libro del profeta Isaías


6, 1-2. 3-8

E l año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy
alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines
junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:
“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos; su gloria llena toda la
tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de


humo. Entonces exclamé:

“¡Ay de mí!, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros,


que habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque he visto con mis
ojos al rey y Señor de los ejércitos”.

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que
había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca,
diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.


Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré?
¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.
Palabra de Dios.

4
(Para los Obispos y los presbíteros)

El Señor me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena nueva a los


pobres.

Del libro del profeta Isaías


61, 1-3

E l espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado


para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón
quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros,
y a pregonar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios.

El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos, los afligidos de Sión,


a cambiar su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría
y su abatimiento, en cánticos.
Palabra de Dios.

Irás a donde yo te envíe.

Del libro del profeta Jeremías


1, 4-9

E n tiempo de Josías, el Señor me dirigió estas palabras:


“Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco;
desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones”.

Yo le contesté: “Pero, Señor mío, yo no sé expresarme, porque apenas soy un


muchacho”.

El Señor me dijo: “No digas que eres un muchacho, pues irás a donde yo te
envíe y dirás lo que yo te mande. No tengas miedo, porque yo estoy contigo
para protegerte”, lo dice el Señor.
El Señor extendió entonces su brazo, con su mano me tocó la boca y me dijo:
“Desde hoy pongo mis palabras en tu boca”.
Palabra de Dios.

5
7
(Para la admisión de candidatos)

Pone todo su corazón en madrugar para estar con el Señor.

Del libro del Eclesiástico (Sirácide)


39, 1. 6-8

E l que se entrega a meditar la ley del Altísimo indaga la sabiduría de los


antiguos y se dedica a estudiar las profecías; pone todo su corazón en
madrugar para estar con el Señor, su creador; ora delante del Altísimo
y suplica humildemente el perdón de sus pecados, y si el Señor lo dispone, se
llenará de sabiduría.
Palabra de Dios.

6
LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

8
(Para los diáconos)

Eligieron siete hombres llenos del Espíritu Santo.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles


6, 1-7

E n aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo


ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía
bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No
es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a
administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena
reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos
este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del


Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás,
prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y éstos, después de
haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba


grandemente el número de los discípulos.
Palabra de Dios.

(Para los diáconos)

Partiendo del pasaje de Isaías, le anunció la buena nueva de Jesús.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles


8, 26-40
n aquellos días, un ángel del Señor le dijo a Felipe: “Levántate y toma el
E camino del sur, que va de Jerusalén a Gaza y que es poco transitado”. Felipe
se puso en camino. Y sucedió que un etíope, alto funcionario de Candaces, reina

7
de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para
adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías.
Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: “Acércate y camina junto a ese carro”.
Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó:
“¿Entiendes lo que estás leyendo?” Él le contestó: “¿Cómo voy a entenderlo, si
nadie me lo explica?” Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él.

El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a
la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no
abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada
de la tierra?

El etíope le preguntó a Felipe: “Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta,
de sí mismo o de otro?” Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje,
le anunció el Evangelio de Jesús. Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde
había agua y dijo el etíope: Aquí hay agua; Hay alguna dificultad para que me
bautices. Felipe le contestó- “Ninguna, si crees de todo corazón”. Respondió el
etíope: “Creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Mandó parar el carro, bajaron los
dos al agua y Felipe lo bautizó.

Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya
no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto, a Felipe, se
encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a
su paso, hasta que llegó a Cesárea.
Palabra de Dios.

10

Nosotros somos testigos de cuanto Jesús hizo en Judea y en Jerusalén.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles


10, 34. 37-43

n aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido
E en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo
predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de
Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por
el diablo, porque Dios estaba con él.

8
Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron
colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a
todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había
escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó
de entre los muertos.
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido
juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos
creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.
Palabra de Dios.

11

(Para la admisión de candidatos)

En cada comunidad designaban presbíteros.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles


14, 21-23

E n aquellos días, volvieron Pablo y Bernabé a Listra, Iconio y Antioquía, y


ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe,
diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino
de Dios. En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos
los encomendaban al Señor, en quien habían creído.
Palabra de Dios.

12

(Para los Obispos y los presbíteros)


Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó pastores
el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia de Dios.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles


20, 17-18. 28-32. 36

E n aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó llamar a los presbíteros


de la comunidad cristiana de Éfeso. Cuando se presentaron,

9
les dijo: “Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó
pastores el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la
sangre de su Hijo.

Yo sé que después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos rapaces,


que no tendrán piedad del rebaño y sé que, de entre ustedes mismos, surgirán
hombres que predicarán doctrinas perversas y arrastrarán a los fieles tras de sí.
Por eso, estén alerta. Acuérdense que durante tres años, ni de día ni de noche he
dejado de aconsejar, con lágrimas en los ojos, a cada uno de ustedes.

Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para
que todos los consagrados a Dios crezcan en el espíritu”. Dicho esto, se arrodilló
para orar con todos ellos.
Palabra de Dios.

13

Tenemos dones diferentes, según la gracia concedida a cada uno.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos


12, 4-8

H ermanos: Nuestro cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros y cada uno
de ellos tiene una función diferente. Pues en la misma forma, todos
nosotros, aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos
y cada uno somos miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones
diferentes, según la gracia concedida a cada uno. El que tenga el don de profecía
que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio, que se dedique
a servir; el que enseña, que se consagre a enseñar; y el que exhorta, que se
entregue a exhortar. El que da, hágalo con sencillez; el que preside, presida con
solicitud; el que atiende a los necesitados, hágalo con
alegría.
Palabra de Dios.

10
14

(Para la admisión de candidatos)

¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios


9, 16-19. 22-23

H ermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que


ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo
hiciera por propia iniciativa, merecería recompensa; pero si no, es que se me ha
confiado una misión. Entonces, ¿en qué consiste mi recompensa? Consiste en
predicar el Evangelio gratis, renunciando al derecho que tengo a vivir de la
predicación.

Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos, para


ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he
hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos.

Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.


Palabra de Dios.

15

(Para la admisión de candidatos)

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios


12, 4-11

H ermanos: Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay


diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades,
pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Uno recibe el don de
la sabiduría; otro, el don de la ciencia. A uno se le concede el don de la fe; a
otro, la gracia de hacer curaciones, y a otro más, poderes milagrosos. Uno recibe
el don de profecía, y otro, el de discernir los espíritus. A uno se le concede el

11
don de lenguas, y a otro, el de interpretarlas. Pero es uno solo y el mismo
Espíritu el que hace todo eso, distribuyendo a cada uno sus dones, según su
voluntad.
Palabra de Dios.

16

Nosotros predicamos a Jesucristo y nos presentamos como servidores de


ustedes, por Jesús.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios


4, 1-2. 5-7

H ermanos: Puesto que, por la misericordia de Dios, estamos encargados del


ministerio de la predicación, no sólo no desfallecemos, sino que
renunciamos a actuar en forma oculta y vergonzosa, a proceder con astucia o a
falsear el mensaje de Dios. Solamente predicamos la verdad, y en esto consiste
nuestra recomendación ante el juicio que hagan de nosotros en la presencia de
Dios todos los hombres.

Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor, y nos


presentamos como servidores de ustedes, por Jesús. Pues el mismo Dios que
dijo: Brille la luz en medio de las tinieblas, es el que ha hecho brillar su luz en
nuestros corazones, para dar a conocer el resplandor de la gloria de Dios, que
se manifiesta en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de
barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no
de nosotros mismos.
Palabra de Dios.

17

Dios nos confirió el ministerio de la reconciliación.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios


5, 14-20

H ermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por
todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya
no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

12
Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez
hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive
según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es
nuevo.

Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y
que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en
Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los
pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como
si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se
dejen reconciliar con Dios.
Palabra de Dios.

18

A fin de que desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de


Cristo.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios


4,1-7. 11-13

H ermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que
lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre
humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor;
esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo
una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos,
actúa a través de todos y vive en todos.

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha


dado. Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros,
ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a
los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el
cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el

13
conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que
alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Palabra de Dios.

19

(Para los diáconos)

Los diáconos deben conservar la fe revelada, con una conciencia limpia.

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo


3, 8-10. 12-13

L os diáconos, deben ser respetables y sin doblez, no dados al vino ni a


negocios sucios; deben conservar la fe revelada, con una conciencia limpia.
Que se les ponga a prueba primero y luego, si no hay nada que reprocharles,
que ejerzan su oficio de diáconos.

Que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia
casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran
autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

20

(Para los Obispos)


No descuides el don que posees, que se te confirió, cuando, a instancias del
Espíritu, los presbíteros te impusieron las manos.

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo


4,12-16

Querido hermano: Que nadie te desprecie por tu juventud Procura ser un


modelo para los fieles en tu modo de hablar y en tu conducta, en el amor,
en la fe y en la castidad. Mientras llego, pero ocúpate de leer públicamente la
palabra de Dios, de exhortar a los hermanos y de enseñarlos.

No descuides el don que posees. Recuerda que se te confirió cuando, a


instancias del Espíritu, los presbíteros te impusieron las manos. Pon interés en
14
todas estas cosas y dedícate a ellas, de modo que todos vean tu progreso. Cuida
de tu conducta y de tu enseñanza y sé perseverante, pues obrando así, te salvarás
a ti mismo y a los que te escuchen.
Palabra de Dios.

O bien: Forma breve

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo


4, 12b-16

Querido hermano: Procura ser un modelo para los fieles en tu modo de hablar
y en tu conducta, en el amor, en la fe y en la castidad. Mientras llego,
preocúpate de leer públicamente la palabra de Dios, de exhortar a los hermanos
y de enseñarlos.

No descuides el don que posees. Recuerda que se te confirió cuando, a


instancias del Espíritu, los presbíteros te impusieron las manos. Pon interés en
todas estas cosas y dedícate a ellas, de modo que todos vean tu progreso. Cuida
de tu conducta y de tu enseñanza y sé perseverante, pues obrando así, te salvarás
a ti mismo y a los que te escuchen.
Palabra de Dios.

21

(Para los Obispos)


Te exhorto a que reavives el don de Dios que recibiste, cuando te impuse las
manos.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo


1, 6-14

Querido hermano: Te exhorto a que reavives el don de Dios que recibiste


cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de
temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de
dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por
su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación
del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha
salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo
merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
15
Este don, que Dios nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la
eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús,
nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y
de la inmortalidad, por medio del Evangelio, del que he sido nombrado
predicador, apóstol y maestro.

Por este motivo soporto esta prisión, pero no me da vergüenza, porque sé en


quién he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará,
hasta el último día, lo que me ha encomendado. Conforma tu predicación a la
sólida doctrina que recibiste de mí acerca de la fe y el amor que tienen su
fundamento en Cristo Jesús. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo,
que habita en nosotros.
Palabra de Dios.
22

(Para la admisión de candidatos)

Permanece firme en lo que has aprendido.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo


3, 10-12. 14-15

Querido hermano: Tú has seguido de cerca mis enseñanzas y mi modo de


vivir, mis planes, mi fe, mi paciencia, mi amor fraterno, mi constancia, mis
persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio y
en Listra. ¡Qué duras persecuciones tuve que sufrir! Pero de todas me libró el
Señor. Todos los que quieran vivir como buenos cristianos, también serán
perseguidos.

Tú, en cambio, permanece fírme en lo que has aprendido y se te ha confiado,


pues bien sabes de quiénes lo aprendiste y desde tu infancia estás familiarizado
con la Sagrada Escritura, la cual puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo
Jesús, conduce a la salvación.
Palabra de Dios.

16
23

Cristo fue proclamado por Dios sumo sacerdote, como Melquisedec.

De la carta a los hebreos


5, 1-10

H ermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres


y está constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer
dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y
extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. Por eso, así como
debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por
los suyos propios.

Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios,
como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la
dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo,
yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasa je de la Escritura: Tú eres
sacerdote eterno, como Melquisedec.
Precisamente por eso, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con
fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de a muerte, y fue escuchado
por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y
llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos
los que lo obedecen y fue proclamado por Dios sumo sacerdote, como
Melquisedec.
Palabra de Dios.

24
Sean buenos administradores de la gracia multiforme de Dios.

De la primera carta del apóstol san Pedro


4, 7-11

Queridos hermanos: Vivan con sensatez y en vigilancia para poder orar.


Sobre todo, mantengan en continua actividad el amor mutuo, pues el amor
sepulta una multitud de pecados. Sean hospitalarios los unos con los otros, sin
quejas.

17
Que cada uno, como buen administrador de la gracia multiforme de Dios,
emplee para servir a los demás, los dones recibidos. Quien habla, sea mensajero
de las palabras de Dios; quien se dedica a servir a los demás, que los sirva con
la fuerza que Dios le comunica. De modo que Dios sea glorificado en todo, por
medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder, por los siglos de
los siglos. Amén.
Palabra de Dios.

25

Apacienten el rebaño de Dios que él les ha confiado.

De la primera carta del apóstol san Pedro


5,1-4

H ermanos: Me dirijo ahora a los pastores de las comunidades de ustedes,


yo, que también soy pastor como ellos y además he sido testigo de los
sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que se va a manifestar.
Apacienten el rebaño que Dios les ha confiado y cuiden de él no como obligados
por la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero,
sino con entrega generosa; no como si ustedes fueran los dueños de las
comunidades que se les han confiado, sino dando buen ejemplo. Y cuando
aparezca el Pastor supremo, recibirán el premio inmortal de la gloria.
Palabra de Dios.

SALMOS RESPONSORIALES

26
Del Salmo 15

R. Tú, Señor, eres mi herencia. (T.P. Aleluya.)

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio.


Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:
mi vida está en sus manos. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,


hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor
18
y con él a mi lado jamás tropezaré. R.

Enséñame el camino de la vida,


sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti. R.

27
Del Salmo 22

R. El Señor es mi pastor, nada me faltará. (T.P. Aleluya.)

El Señor es mi pastor, nada me falta;


en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas
me guía por el sendero recto. R.

Así, aunque camine por cañadas oscuras,


nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.

Tú mismo me preparas la mesa,


a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañarán


todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. R.

28
Del Salmo 23

R. Esta es la clase de hombres que te buscan, Señor. (T.R Aleluya.)

Del Señor es la tierra y lo que ella tiene,


el orbe todo y los que en él habitan,

19
pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos. R.

¿Quién subirá hasta el monte del Señor?


¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras
y que no jura en falso. R.

Ése obtendrá la bendición de Dios,


y Dios, su salvador, le hará justicia.
Ésta es la clase de hombres que te buscan
y vienen ante ti, Dios de Jacob. R.

29
Del Salmo 83

R. Señor, dichosos los que viven en tu casa. (T.P. Aleluya.)

Anhelando los atrios del Señor,


mi alma se ha consumido;
todo mi ser de gozo se estremece,
por causa del Dios vivo.
Hasta el gorrión halló una casa;
la golondrina, un nido
en tu altar, Señor de los Ejércitos,
rey mío y Dios mío. R.

Felices los que habitan en tu casa


y pueden alabarte de continuo. R.

Un día en tus atrios vale más


que mil fuera de ellos; yo prefiero
el umbral de la casa de mi Dios,
al lujoso palacio del perverso. R.

20
29
Del Salmo 88

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. (T.P. Aleluya.)

Hallé a David, mi siervo,


y lo he ungido con óleo sagrado
a fin de que mi mano lo sostenga
y lo revista de valor, mi brazo. R.

Su poder en mi nombre crecerá,


mi amor y mi lealtad serán su escolta.
El me podrá decir: “Tú eres mi Padre,
mi Dios, mi roca salvadora”. R.

31
Del Salmo 95

R. Vayan por todo el mundo y enseñen a todas las naciones. (T.P. Aleluya.)

Cantemos al Señor un nuevo canto,


que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo. R.

Proclamemos su amor día tras día,


su grandeza anunciemos a los pueblos,
de nación en nación, sus maravillas. R.

“Reina el Señor”, anuncien a los pueblos,


él afianzó con su poder el orbe,
con toda rectitud rige a los pueblos. R.

32
Del Salmo 97

R. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad. (T.P. Aleluya.)

Cantemos al Señor un canto nuevo


pues ha hecho cosas portentosas:

21
el poder de su diestra y de su brazo
le han dado la victoria. R.

El Señor reveló su salvación,


y a los pueblos mostró lo justo que es.
Se acordó de su amor y su lealtad
al pueblo de Israel. R.

La tierra entera ha contemplado


la victoria de nuestro Dios;
que todos los pueblos y naciones
aclamen jubilosos al Señor. R.

Que alaben al Señor al son del arpa


y de instrumentos musicales;
que al son de trompetas y clarines,
al Señor, que es el rey, todos aclamen. R.
33
Del Salmo 99

R. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando,


dice el Señor. (T.P. Aleluya.)

Alabemos al Señor sus fieles todos,


sirvamos al Señor con alegría
y entremos en su templo, jubilosos. R.
Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él nos hizo y a él pertenecemos,
que formamos su pueblo y su rebaño. R.

Entremos por sus puertas dando gracias,


por sus atrios, con himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo. R.

Porque el Señor es bueno,


eterna es su bondad
y su fidelidad no tiene término. R.

34

22
Del Salmo 109

R. Cristo, sacerdote para siempre, ofreció pan y vino,


como Melquisedec. (T.P. Aleluya.)

O bien:

R. Tú eres sacerdote para siempre. (T.P. Aleluya.)

Esto ha dicho el Señor a mi Señor:


“Siéntate a mi derecha;
yo haré de tus contrarios el estrado
donde pongas los pies”. R.
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro
y tú dominarás al enemigo. R.

Es tuyo el señorío;
el día en que naciste,
en su monte santo
te consagró el Señor antes del alba. R.

Juró el Señor y no ha de retractarse:


“Tú eres sacerdote para siempre,
según el rito de Melquisedec” . R.

35
Del Salmo 115

R. El cáliz con el que damos gracias nos une a Cristo por medio de su sangre.
(T.P. Aleluya.)

¿Cómo pagaré al Señor


por todos sus favores?
El cáliz alzaré de salvación
invocando su nombre. R.

Voy a hacer sacrificios de alabanza,


invocando tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor,

23
ante todos los hombres. R.

36
Del Salmo 116

R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. (T.P. Aleluya.)

Que alaben al Señor todos los pueblos,


que todas las naciones lo festejen. R.

Porque grande es su amor hacia nosotros


y su fidelidad dura por siempre. R.

24
ACLAMACIONES ANTES DEL EVANGELIO

37
Mt 28, 19. 20

R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días
hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.

38
Mc 1, 17

R. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor,
y haré de ustedes pescadores de hombres.
R. Aleluya.

39
Lc 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y anunciar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

40
Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor;
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

25
41
Jn 12, 26

R. Aleluya, aleluya.
El que quiera servirme, que me siga,
para que donde yo esté,
también esté mi servidor.
R. Aleluya.

42
Jn 15, 15

R. Aleluya, aleluya.
A ustedes los llamo amigos, dice el Señor,
porque les he dado a conocer
todo lo que le he oído a mi Padre.
R. Aleluya.

26
EVANGELIOS

43
Ustedes son la luz del mundo,

Del santo Evangelio según san Mateo


5, 13-16

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra.
E Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve
para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo
alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una
olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la
casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para
que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre,
que está en los cielos”.
Palabra del Señor.

44

Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.

Del santo Evangelio según san Mateo


9,35-38

E n aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando
en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda
enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque
estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a
sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por
lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.
Palabra del Señor.

45

27
Jesús elige a sus doce apóstoles y los envía.

Del santo Evangelio según san Mateo


10 10,1-5

E n aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para
expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y
dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos,
Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos
de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo
de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A
estos doce los envió Jesús.
Palabra del Señor.

46

El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea su esclavo.

Del santo Evangelio según san Mateo


20,25-28

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ya saben que los jefes de los
E pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el
que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo
del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la
redención de todos”.
Palabra del Señor.

47

Del santo Evangelio según san Marcos


1,14-20

D espués de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para


predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el
Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su
hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les

28
dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban
en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a
su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.
Palabra del Señor.

48

Confiado en tu palabra, echaré las redes.

Del santo Evangelio según san Lucas


1-11

E n aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se


agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas
que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban
lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la
alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus
redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y
no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo
hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces
hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran
a ayudarlos.

Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto,
Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: ¡Apártate de mí, Señor,
¡porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos
de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a
Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de
hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.

49

29
La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos.

Del santo Evangelio según san Lucas


10,1-9

E n aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba
ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo
tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero ni
morral ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando
entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente
amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá.
Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan porque el trabajador
tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde
entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y
díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’”.
Palabra del Señor.

50

Dichosos aquellos criados a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela.

Del santo Evangelio según san Lucas


12,35-44

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica
E puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están
esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y
toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les
aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les
servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela,
dichosos ellos.

Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón,


estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues
también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen
vendrá el Hijo del hombre”.

30
Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o
por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por
su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los
alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a
su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá
al frente de todo lo que tiene”.
Palabra del Señor.

51

Hagan esto en memoria mía. Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve.

Del santo Evangelio según san Lucas


22, 14-20. 24-30

E n aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos
y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de
padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga
cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa
de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre
ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta
que venga el Reino de Dios”.

Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio,


diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en
memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino,
diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama
por ustedes”.

Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser
considerado como el más importante. Jesús les dijo: “Los reyes de los paganos
los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero
ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe
como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque,
¿quién vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está
a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han
perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi
Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente
cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
Palabra del Señor.

31
52

Este es el Cordero de Dios. Hemos encontrado al Mesías.

Del santo Evangelio según san Juan


1,35-42

E n aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando
los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos
discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y
viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron:
“¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”.
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las
cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que
oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien
encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al
Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste,
fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás
Kefás” (que significa Pedro, es decir ‘roca’).
Palabra del Señor.

53

Éste es un verdadero israelita, en el que no hay doblez.

Del santo Evangelio según san Juan


1,45-51

n aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos


E encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los
profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede
salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: Éste es un verdadero israelita
en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó. ¿De dónde me conoces?” Jesús
le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la
higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey
de Israel . Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de
la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que

32
verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del
hombre”.
Palabra del Señor.

54

El buen pastor da la vida por sus ovejas.

Del santo Evangelio según san Juan


10,11-16

n aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo soy el buen pastor. El buen
E pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el
pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y
huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le
importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí,
así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por
mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario
que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un
solo pastor”.
Palabra del Señor.

55

El que quiera servirme, que me siga.

Del santo Evangelio según san Juan


12,24-26

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano
E de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere,
producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece
a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi
servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’.
Palabra del Señor.

33
56

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido.

Del santo Evangelio según san Juan


15,9-17

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los
E amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos,
permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi
Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en
ustedes y su alegría sea plena.

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he
amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por
ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos,
porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha
destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el
Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que
se amen los unos a los otros”.
Palabra del Señor.
57

Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Del santo Evangelio según san Juan


17, 6. 14-19

n aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, he


E manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste.
Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra.

Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo,
como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino
que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo.

34
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al
mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por
ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”.
Palabra del Señor.

58

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo: Reciban el Espíritu
Santo.

Del santo Evangelio según san Juan


20, 19-23

A l anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la


casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó
Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les
mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se
llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha
enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y
les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin
perdonar”.
Palabra del Señor.
59

Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Del santo Evangelio según san Juan


21, 15-17

n aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan,


E ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te
quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió:
“Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

35
Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se
entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le
contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo:
“Apacienta mis ovejas”.
Palabra del Señor.

36

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