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Realismo en Brasil

El realismo en Brasil surgió en 1881 como una escuela literaria que analizaba la realidad de forma objetiva y crítica, centrándose en describir la vida cotidiana y denunciar problemas sociales a través de un lenguaje sencillo. La obra de Machado de Assis "Memorias póstumas de Brás Cubas" de 1881 marcó el inicio de este movimiento en Brasil, en un contexto de abolición de la esclavitud y proclamación de la República.

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Realismo en Brasil

El realismo en Brasil surgió en 1881 como una escuela literaria que analizaba la realidad de forma objetiva y crítica, centrándose en describir la vida cotidiana y denunciar problemas sociales a través de un lenguaje sencillo. La obra de Machado de Assis "Memorias póstumas de Brás Cubas" de 1881 marcó el inicio de este movimiento en Brasil, en un contexto de abolición de la esclavitud y proclamación de la República.

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REALISMO EN BRASIL

El realismo es la escuela literaria que analiza la realidad. Tiene su origen en


Francia y, en Brasil, aparece después del Romanticismo y antes del Simbolismo,
comprendiendo los años 1881 a 1893, el mismo período en el que también se dieron el
Naturalismo y el Parnasianismo.

Marcado por el objetivismo, la veracidad y la denuncia social, el Realismo


brasileño se inició con la obra de Machado de Assis “Memorias póstumas de Brás
Cubas”, publicada en 1881.

Contexto histórico del realismo en Brasil

Cuando surgió el Realismo en Brasil en 1881, el país estaba pasando por un


proceso de abolicionismo, un movimiento que había surgido en Europa y promovía el fin
de la esclavitud brasileña en 1888.

Al mismo tiempo, en 1889, tuvo lugar la Proclamación de la República.

Es en este escenario, influenciado por el positivismo, el socialismo y el marxismo,


que se desarrollaron a lo largo del siglo XIX, surgió el Realismo en Brasil.

Características del realismo brasileño

• Inversión de los ideales del Romanticismo;


• Centrarse en el hombre y su vida cotidiana;
• Crítica social;
• lenguaje sencillo y objetivo;
• Personajes y ambientes descritos en detalle.
• El realismo en Brasil se centra en el hombre, su vida cotidiana y la crítica social.
Así, a través de un lenguaje sencillo y objetivo, las obras son ricas en la
descripción de detalles, características que buscan acercar al lector lo más posible
a la realidad.
• El realismo en Portugal, por su parte, se centra en combatir el romanticismo y su
idealización de la sociedad, además de atacar a la burguesía, la monarquía y el
clero. Así, trata de mostrar cómo la mentalidad romántica engaña a las personas y
cómo era necesario dar espacio a la ciencia.
NAPOLEÓN BONAPARTE, EMPERADOR DE FRANCIA (1769-1821)
Cónsul y emperador de Francia. Militar de carrera, su progresivo ascenso
tiene lugar, principalmente, durante el período de la Revolución Francesa. Su
encumbramiento político y militar tuvo especial auge entre 1796 y 1797, años en
los que cosecharía importantes victorias como Jefe del ejército francés en tierras
italianas y en los que dirigiría la expedición francesa a Egipto a fin de bloquear la
ruta británica con destino a la India.
En noviembre de 1799, ante una Francia gobernada por un Directorio
desprestigiado y amenazado por posibles revueltas internas a favor de la
monarquía, Napoleón encabezó el golpe de estado del 18 de Brumario. Nombrado,
al cabo de unos días, primer cónsul de Francia, su férreo y autoritario gobierno le
conduciría a la proclamación como emperador de Francia. Sus deseos de aislar a
Gran Bretaña y conseguir dominar Europa, le llevaría a aprovechar la alianza
establecida, mediante el Tratado de San Ildefonso (1796), con España para la
consecución de sus objetivos.
El hundimiento de la fragata Mercedes en 1804 le presentaba el panorama
perfecto para que España declarase la guerra a Gran Bretaña. El bloqueo
continental a este país no sería posible en su totalidad dado el apoyo que Portugal
brindaba a la corona británica. Por ello, con el beneplácito de Carlos IV y Manuel
Godoy, Napoleón introduciría sus tropas en España con el pretexto de iniciar la
ocupación de Portugal. Sin embargo, el intento real de apoderarse de España y el
traslado de la familia real española a Bayona para forzar la abdicación de Carlos
IV y Fernando VII, serían los detonantes de la llamada Guerra de la Independencia
Española.

INDEPENDENCIA DE BRASIL
El detonante para la independencia de Brasil es, al igual que para la
América española, la invasión de la Península Ibérica por parte de las tropas de
Napoleón. Los franceses capitaneados por Jean Andoche Junot (1771-1813), se
abre en ventana nueva Nueva ventana entrarán en territorio portugués, en octubre
de 1807, con el objetivo de aislar por mar a su eterna enemiga, Inglaterra.
Ante estos hechos, los británicos ofrecerán protección a la familia real
portuguesa y a su extensa corte para abandonar el país en dirección a Brasil.
Encabezada por el regente Juan (1767-1826) y su esposa la infanta Carlota
Joaquina de Borbón, hija del rey Carlos IV de España, la expedición lusa
transportará a más de 10.000 personas rumbo a Brasil. La corte se instalará, en un
principio, en Salvador de Bahía donde llegará en enero de 1808, para establecerse
después, definitivamente, en Río de Janeiro.
Desde 1808, y vistas las ventajas de gobernar desde este rincón del mundo,
el príncipe regente elevará el principado de Brasil a categoría de reino,
conformando así el Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarves.
Este ascenso a categoría de reino que impulsa Juan iguala en derechos a la
colonia y a la metrópoli. Además, coincide con el fallecimiento de la reina María
I (1734-1816), incapacitada mentalmente para gobernar desde hacía años, y su
sucesión en la persona del rey Juan VI.
El rey Juan VI de Portugal, aprovechando la prosperidad económica y la
relativa tranquilidad interna, planea la expansión de Brasil hasta anexionarse la
Banda Oriental, creando la Provincia Cisplatina en 1817, pese a la combativa
oposición de José Gervasio Artigas.
La mecha de la independencia había prendido también en Brasil. El
levantamiento más importante será el de Pernambuco de 1817 que aúna al
descontento, los problemas económicos y sociales de la población frente a la
prosperidad de que goza la corte en Río, en un momento en el que la reactivación
mundial de la economía hunde los precios brasileños. Los insurrectos persiguen
la instauración de una república, pero el movimiento se acaba con la represión y
la ejecución de los cabecillas.
Pacificada ya la Península Ibérica, crece el descontento por la permanencia
del rey Juan VI en Río de Janeiro. Las protestas en Portugal se canalizan a través
de las propuestas de un liberalismo constitucionalista al estilo español, llegando a
pronunciarse un grupo de militares en Oporto en agosto de 1820, como lo había
hecho unos meses antes en España el teniente coronel Rafael del Riego.
Portugal padece los descalabros de la apertura y la libertad del comercio
decretada para la flota británica bajo la regencia de un general inglés. La culpa se
achaca a la desatención de Juan VI en beneficio de sus intereses brasileños.
Obligado por los acontecimientos y contra su voluntad, el rey regresará a Lisboa
en 1821, donde aceptará la futura constitución que elaborarían las Cortes en
Portugal.
Consciente del clima liberal e independentista que invade la excolonia, el
rey Juan deja en Brasil a su hijo Pedro I (1798-1834) y le recomienda que
encabece los posibles movimientos emancipadores que surjan para asegurarse la
permanencia de la dinastía Braganza al frente de Brasil.
Las Cortes de Lisboa con una escasa representación brasileña, pese a la
igualdad jurídica de ambos territorios, son el escenario donde se debate la
permanencia de Brasil como reino o su vuelta al estatus de colonia anterior a 1808.
En tierras brasileñas se produce una división entre los que quieren mantener el
sistema actual, con una autonomía que tanto había favorecido sus negocios, entre
ellos la trata de esclavos; y los liberales radicales, partidarios de un régimen
republicano.
En Portugal, la mayoría, partidaria de la supresión de la autonomía, exige
la vuelta a Lisboa del príncipe Pedro. Los grupos de poder brasileños son
conscientes de lo que supondría el regreso a sus orígenes como colonia. El
príncipe Pedro se niega a viajar a Portugal el 9 de enero de 1822, y el 7 de
septiembre declara la independencia. En diciembre, es coronado como Pedro I,
emperador de Brasil.
Ante la lejanía física, Portugal se ve incapaz de atajar esta sublevación. El
Brasil independiente adoptará la forma de imperio bajo un gobierno liberal.
Inglaterra no tardará en reconocer a la nueva nación (1825), a cambio de
sustanciosas mejoras en sus ya ventajosas relaciones comerciales. Portugal
seguirá los pasos de Inglaterra, alentada por ésta y por la generosa indemnización
que recibirán del nuevo imperio.
En 1831, Pedro volvió a Portugal para recuperar el trono que le había
usurpado su hermano Miguel (1802-1866) a la muerte de Juan VI y entregarlo a
su hija María (1819-1853).
Y en el trono brasileño, a Pedro I le sucedió su hijo Pedro II (1825-1891).
ABOLICIONISMO EN BRASIL
La historia del abolicionismo en Brasil se remonta a la primera tentativa
de abolición de la esclavitud indígena, en el año 1611. Su abolición definitiva se
debe al marqués de Pombal, durante el reinado de José I de Portugal, y a los
movimientos emancipadores del período colonial, particularmente la Conjura
bahiana de 1798, en cuyos planes se encontraba la erradicación de la esclavitud.
Después de la Independencia de Brasil, las discusiones a este respeto se
extendieron por todo el período del Imperio, habiendo adquirido relevancia a
partir de 1850, y carácter verdaderamente popular a partir de 1870, culminando
con la firma de la ley Áurea de 13 de mayo de 1888, que extinguió la esclavitud
negra en Brasil.
ESCLAVITUD EN BRASIL
La esclavitud, también conocida como esclavismo,1 fue la forma de
relación social de producción adoptada, de una forma general, en Brasil desde el
periodo colonial hasta poco antes del final del Imperio. La esclavitud en Brasil
estuvo marcada principalmente por la explotación de la mano de obra de negros
traídos de África y transformados en esclavos en Brasil por los europeos
colonizadores del país.
Muchos indígenas también fueron víctimas de ese proceso. La esclavitud
indígena fue abolida oficialmente por el Marquês de Pombal, a finales del siglo
XVIII.2 Los esclavos fueron utilizados principalmente en la agricultura – sobre
todo para la actividad azucarera – y en la minería, siendo, así, esenciales para el
mantenimiento de la economía. Algunos de ellos desempeñaban también varios
tipos de servicios domésticos y/o urbanos.
La esclavitud solo fue oficialmente abolida en Brasil con la firma de la
Ley Áurea, el 13 de mayo de 1888, por la princesa Isabel, entonces regente del
Imperio, en nombre de su padre, el emperador Don Pedro II.3 Sin embargo, el
trabajo obligatorio y el tráfico de personas permaneció existiendo en el Brasil
actual, constituyendo la llamada esclavitud moderna, que difiere substancialmente
de la anterior.

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