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Lap Dance

El documento cuenta la historia de Katsuki celebrando su cumpleaños con su novio Izuku. Izuku le tiene una sorpresa preparada a Katsuki que involucra una canción sensual y un baile erótico como regalo de cumpleaños, causando vergüenza e incomodidad inicial en ambos.
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Lap Dance

El documento cuenta la historia de Katsuki celebrando su cumpleaños con su novio Izuku. Izuku le tiene una sorpresa preparada a Katsuki que involucra una canción sensual y un baile erótico como regalo de cumpleaños, causando vergüenza e incomodidad inicial en ambos.
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-Lap Dance-

La habitación estaba en penumbras en el momento que Katsuki entró a


ella, llamándole la atención. Frunció su ceño al mismo tiempo que dejaba
su bolso en la silla cerca de la entrada, quitándose la abrigada campera y
la bufanda que siempre llevaba consigo en las épocas de frío.

El calor del departamento era reconfortante, la calefacción creando un


ambiente agradable en contraste con el inminente clima otoñal. Katsuki
disfrutaba plenamente de la estación, no solamente porque le permitía
comenzar a abrigarse con su ropa preferida y acomodarse entre mantas
en las frías mañanas; sino porque la caída de las hojas traía consigo su
cumpleaños.16

Ese día, 19 de Abril, había estado trabajando toda la tarde para


compensar que al día siguiente lo tendría libre. Maldijo entre dientes al
idiota de su jefe ¿Quién hacía trabajar como esclavo a su empleado un
día antes de su jodido cumpleaños? Maldito aprovechado.3

Sin embargo, Katsuki no era el tipo de persona que disfrutase festejar su


cumpleaños en grande. De hecho, eran contadas las amistades que
sabían de la fecha, e incluso menos las que la habían escuchado de su
propia boca. Pero más importante, a Bakugo no le gustaba recibir
regalos.1

No es que fuera un malagradecido, pero era simplemente que odiaba el


sentimiento de estar en deuda con una persona y que esta, en cierta
manera, tuviera poder sobre él. Era una idiotez y sabía perfectamente
que su pensamiento infantil radicaba del enorme orgullo que solía tener
cuando era un adolescente malhablado y egocéntrico. Pero aunque
había quitado su cabeza de su culo y superado en gran parte los
aspectos más horribles de su personalidad, había cosas que no
cambiaban.4

Y el hecho de que él jamás le debería nada a nadie era una de ellas.

— ¡K-Kacchan! — escuchó un chillido ahogado, encontrándose con Deku


en el umbral de la cocina. Arqueó su ceja, extrañado por su actitud
exaltada. Izuku bajó la mirada, avergonzado, mientras se acercaba a él
con dos tazas. Extendió una hacia él, la que seguramente era café
cargado y puro tal como le gustaba.

Su expresión se suavizó, y luego de darle un sorbo a la bebida se inclinó


para dejar un tosco beso en los labios de su novio. Deku cerró los ojos,
estirándose para prolongar el contacto y sonriéndole de manera boba
una vez que se separaron.

— ¿Cómo te fue en el trabajo? — preguntó con su suave voz, incitándole


a que tomara asiento en el sofá de la sala. Katsuki suspiró, sin ganas ni
necesidad de negarse, y se dejó caer en el mullido mueble. Gruñó de
placer cuando sintió las pequeñas pero fuertes manos de su pareja
comenzar a hacer masajes en sus hombros, quitando la acumulada
tensión del día.

—Normal, supongo— murmuró, dándole otro sorbo a su taza. Frunció su


ceño al notar el inusual temblor en las manos de Deku.

— ¿A-Ah, sí? — Katsuki dejó de beber su café, su atención centrándose


en el tono nervioso que impregnaba la voz de Izuku. Giró un poco su
cabeza, encontrando a su pareja con un sonrojo en sus mejillas y la
mirada desviada hacia un costado. Recién en ese momento Bakugo cayó
en la cuenta de que Deku estaba utilizando una de sus sudaderas
preferidas, la color naranja con detalles en negro. Le quedaba un poco
grande, cayendo por debajo de su cadera y haciendo que sus manos
queden ocultas parcialmente por las mangas.8

— ¿Qué sucede, Deku? — Como era de esperar, a Katsuki nada se le


pasaba por debajo de su radar. Y ya eran demasiados indicios de que,
efectivamente, algo sucedía. Sin embargo, cuando iba a decir una
palabra más, fue interrumpido por el pitido de una alarma en el celular de
su novio. Izuku sonrió ampliamente, con esa mueca que creaba
adorables hoyuelos en sus mejillas y hacía que sus ojos se achicaran
preciosamente; y dio la vuelta para poder abrazarlo.7

— ¡Feliz cumpleaños, Kacchan! — en menos de un segundo, Katsuki fue


chocado por el pequeño pero fuerte cuerpo de Deku. Sin saber muy bien
cómo reaccionar por el súbito contacto, simplemente apoyó sus manos
en la cintura y trató de no estornudar por los suaves rizos que
cosquilleaban en su nariz.

—Uh... — fue lo único que salió de su boca. Izuku siempre recordaba


cuando era su cumpleaños, y aunque no era fanático de la idea, era una
de las pocas personas por las cuales realmente le gustaba ser felicitado.
Y también la única de la cual, quizás, podría llegar a aceptar un regalo.
Después de todo, con los años había comprendido que los regalos de
Deku venían desde su completa sinceridad —como también sus halagos,
aunque odiara admitirlo—,

Y siempre daba completamente en la tecla, como cuando le regaló unas


nuevas baquetas 2B para poder tocar la batería o un nuevo videojuego
que consistía en ser un asesino y perseguir a sus patéticas víctimas
online. Y por supuesto, como si fuese ya casi un ritual de cumpleaños,
Deku compraba su comida picante favorita y se encerraban en el cuarto
para comer y acurrucarse mientras miran sanguinarias y grotescas
películas de asesinatos, donde Izuku hacía comentarios nerd sobre las
incongruencias de la trama y el poco conocimiento de medicina de los
autores de la historia; y él reía cada vez que un personaje moría.11

Como bien se lo merecían, he.

Izuku se separó del abrazo solo para darle un beso lleno de emoción.

—Te amo, Kacchan — le dijo, mirándolo a los ojos con esa expresión de
adoración y el más puro sentimiento de amor.

Carajo, Deku no tenía el derecho de hacerle sentir tantas putas jodidas


avispas en su estómago.6

—Sí, lo que sea — murmuró, mirando hacia otro lado y apretando sus
manos alrededor de la cintura de su novio. Sin embargo, frunció su ceño
cuando sintió un relieve extraño por debajo de la holgada sudadera
naranja. Tanteó con sus yemas, tratando de discernir de qué se trataba.
Cuando iba a infiltrar sus dedos por debajo de la tela, Deku se separó.

—D-De todas maneras, tengo un regalo para ti... — le dijo de manera


nerviosa, mirando hacia otro lado. Katsuki frunció su ceño; allí estaba esa
actitud extraña de nuevo— Pero, um, promete que no te burlarás ¿Está
bien?18

Izuku lo miró a los ojos, con esa clásica carita de perro pateado que se
cargaba desde la infancia. Sus pecosas mejillas estaban teñidas de un
suave rosado, y su labios formaban un adorable puchero que lo único
que le generaba eran ganas de comérselo a besos.

Rodó los ojos, quitando sus manos de manera reticente. Era increíble lo
difícil que se le hacía quitar sus manos de encima del cuerpo de Deku.
—No puedo prometer nada, nerd — provocó con tono burlón, recibiendo
a cambio un puchero de reproche. Izuku se levantó, sin embargo no fue
lejos. Tomó una de las sillas del comedor y la arrastró hasta dejarla en
medio de la sala, haciéndole levantar una ceja de manera inquisidora—
¿Qué haces?12

—T-Tienes que sentarte aquí — dijo, mirando hacia abajo mientras


jugueteaba con sus dedos.

— ¿Qué se supone que es esto? — preguntó, reticente a levantarse. Su


ceño se frunció por la desconfianza.

— ¡Solo siéntate, solo siéntate! — exclamó, con un sonrojo tomando


lugar lentamente en sus mejillas y cuello, hasta que desaparecía detrás
de la sudadera naranja. Sus ojos verdes, enmarcados por rizadas
pestañas negras, se levantaron del suelo un momento solo para verlo. —
No es nada malo, lo prometo...1

Katsuki bufó, todavía mirando con desconfianza a su novio. Sin embargo,


terminó por cerrar los ojos, suspirar dramáticamente y levantarse. No se
le pasaba por la mente nada que pudiera ser malo viniendo de sentarse
en una silla, pero la actitud de su pareja se le hacía sumamente
sospechosa. Caminó a paso lento y tomó asiento, mirando de reojo como
el rostro de Izuku se iluminaba por la felicidad de que confiase en él. Lo
que sea, nerd.1

— ¿Y bien? ¿De qué se trata todo esto? — preguntó, cruzándose de


brazos y apoyándose contra el respaldo mientras abría las piernas. Su
pie comenzó a rebotar contra el suelo por la impaciencia. — ¿Me vas a
dar mi regalo o qué?3
— ¡E-espera un poco! — chilló, yendo hasta la mesa donde estaba su
celular y el parlante bluetooth que utilizaban para escuchar música.
Katsuki podía ver desde su posición como las manos del nerd temblaban
de una manera casi exagerada, pero que conociendo a Izuku de toda la
vida, sabía perfectamente que era genuina. Conectó el dispositivo y
comenzó a buscar una canción— Esto me da mucha vergüenza...7

Bakugo estuvo a punto de preguntar nuevamente que rayos se traía


entre las manos, pero se contuvo, consciente de que tratar de arrancar
algo de Deku en ese momento solo haría que se avergonzara y por ende
se tardara más.

Izuku se acercó de nuevo hasta donde estaba sentado, con el celular


entre sus manos temblorosas y los ojos saltando de un objeto a otro por
el nerviosismo. Su dedo tocó el botón de play, e inmediatamente
comenzó a sonar una música lenta y sensual.9

Katsuki abrió los ojos sorprendido por el cambio de entorno, mientras su


mente trataba de recordar de donde conocía la canción. Deku dio un
paso hacia adelante, hacia él, pero un segundo después llevó sus manos
a su rostro, cubriendo el bochornoso sonrojo que lo comenzaba a invadir.

— ¡Vamos, Izuku! ¡Debes lograr hacerlo! — parecía darse ánimos a sí


mismo. Se quitó las manos del rostro y las sacudió a sus lados, tratando
de quitarse los nervios—. Tal como practicamos con Mina...28

— ¿Qué diablos, ner...? — comenzó a decir, su ceño frunciéndose y su


cara mutando a una mueca que le generaría escalofríos a cualquiera. Sin
embargo, fue interrumpido cuando de repente tuvo el cuerpo de Deku
sentado encima de él al mismo tiempo que comenzaba el sugerente y
sensual estribillo de la canción.20
Oh, por la jodida mierda. Katsuki no sabía qué demonios estaba
pasando, pero no desperdiciaría tan dichosa oportunidad.1

Era algo así como automático, o quizás es porque Izuku tenía un imán,
pero en el segundo que lo tuvo a su alcance sus manos se dirigieron a
reposar en la hipnótica figura de su novio. Lo que no se esperaba es que
este tomara sus muñecas y las pusiera en los costados de la silla.
Katsuki se encontró con esos ojos verdes, enmarcados en sus largas
pestañas e inundados con un brillo travieso que nunca había visto.1

—Se supone que debes mantener tus manos para ti mismo, Kacchan...
— susurró cerca de sus labios, mientras comenzaba a mover sus
caderas de una manera tímida pero sensual, extrañamente concordante
con el estilo de música y las luces bajas. Katsuki quiso protestar y
despotricar, después de todo es su cumpleaños y quiere tener el jodido
derecho detocar. Sin embargo, el miedo de que al hacer un movimiento o
comentario Deku se arrepintiera le hizo contenerse.1

Así que se quedó sentado allí, y apretando las manos alrededor de la


madera de la silla y dejándose embriagar por música y el cuerpo delante
suyo.

Izuku comenzó a moverse en una moción circular, casi pegado a su


regazo pero sin tocarlo. Bakugo sentía la frustración hervir como lava en
su cuerpo al ver ese contorneo y no poder sentirlo, pero al mismo tiempo
era un maravilloso show demostrando la brutal fuerza que su pequeño
novio poseía en esas preciosas piernas.7

Despegó sus ojos de las caderas de Midoriya en busca de su verdosa


mirada, pero se encontró con Deku enfocado en el suelo mientras se
mordía su enrojecido labio por la vergüenza. Rompió sin importarle la
única regla que su novio le había impuesto —era Katsuki Bakugo
después de todo, él se cagaba en las reglas; mucho más cuando era su
cumpleaños—, y estiró su mano hasta tomar el mentón del hombre
encima suyo.1

Izuku lo miró a los ojos, deteniendo sus movimientos por la sorpresa e


impresión.

—Ni lo pienses, Deku. Si vas a hacer esto, más te vale mirarme a los
jodidos ojos — le dijo, dejando salir por fin una de sus características
sonrisas de lado. Esas que nunca auguraban nada bueno, pero que a
Izuku lo derretían. Lo vio estremecerse y sonrojarse, sus pupilas
dilatándose al mismo tiempo que retenía un jadeo. Volvió a recostarse,
esta vez con mucha más confianza, abriendo un poco más sus piernas y
pasando uno de sus brazos por detrás del respaldo. —Anda, continúa.2

Por un momento vio la duda cruzar en sus ojos verdes, seguramente


deliberando si valía la pena toda la vergüenza que estaba pasando. Pero
luego de un segundo, volvió a morderse su —precioso, apetecible—,
labio y, sin dejar de mirarle a los ojos, comenzó a mover sus caderas
nuevamente.

Luego de unos segundos se levantó, parándose en frente de él sin dejar


de moverse. Sus manos recorrieron suavemente desde sus muslos,
subiendo por sus caderas y acariciándose al ritmo de la música en un
vaivén provocativo y tentador. Katsuki se relamió, apreciando como esos
ajustados jeans abrazaban el cuerpo de su novio en todas las maneras
correctas.6

Deku acarició su propio pecho, pasando sus manos por encima de la


sudadera y su cuello. Su cuerpo se contorneaba sensualmente al ritmo
de la lenta música, pero fue lo que vio cuando levantó sus brazos por
encima de su cabeza lo que hizo que abriera los ojos y sonriera como
maníaco.

Debía agradecerles a All Might y todos los santos por el autocontrol que
estos le estaban brindando. Porque al ver como la sudadera se levantó y
dejó ver el final de unas medias de red sobresaliendo por el borde de los
ajustados jeans negros, casi que pierde la cordura.3

Podría simplemente levantarse de la silla y follarselo hasta dejarlo sin


voz, arrancar esos jeans negros y tomar ese precioso trasero envuelto en
medias de red. Pero Katsuki se caracterizaba por ser una persona
inteligente, aunque impulsiva, y no desaprovecharía por ninguna razón
en el mundo la ocasión donde Izuku estaba bailando para él.4

Se inclinó un poco hacia delante cuando, aún con las manos alzadas y el
elástico de las medias a la vista, giró suavemente hasta darle la espalda,
dándole una espectacular vista de su culo. ¿Qué clase de Jeans eran
esos? Porque definitivamente nunca se los había visto. Tendría que
asegurarse de rompérselos para que nadie más los vea.2

Y entonces, en el momento donde la canción comenzó su estribillo


nuevamente, Deku bajó. Sus piernas se flexionaron preciosamente
mientras sus pies se ponían en punta. Izuku subió sus manos hasta
pasárselas por el cabello, al mismo tiempo que se reclinaba hacia atrás y
quedaba cómodamente apoyado entre sus piernas. Bakugo se encontró
con esos preciosos ojos verdes, firmes y llenos de seducción mientras
estaban fijos en los suyos.4

Utilizando la fuerza de sus piernas, se incorporó hasta apoyar su trasero


en la cadera de Katsuki, frotándolo suavemente sobre el cubierto
miembro del cumpleañero. Ni siquiera dejó que disfrutara del contacto
antes de levantarse totalmente, su culo quedando a la altura del rostro de
él. E inmediatamente después, el maldito lo sacudió.24

Bakugo sonrió de manera casi salvaje, sus ojos fijos en ese delicioso
trasero mientras apretaba fuertemente la silla entre sus manos. Se
repetía a sí mismo en su mente que no debía tocar, pero tenía la gran
sospecha de que dentro de poco le dejaría de importar una mierda.2

Como si pudiera leer sus pensamientos, Deku se alejó con pasos lentos
y calculados, cuidando de siempre mirarlo a los ojos por encima de su
hombro. Rodeó la silla, rozando con sus manos el rostro de Katsuki antes
de desaparecer de su vista. De espaldas, sintió como las manos de su
novio se apoyaron en sus hombros y comenzaron a bajar lentamente por
su pecho, pasando por encima de sus pectorales —esos que bien sabía,
Izuku amaba—, y llegando hasta su abdomen.

Katsuki se mordió el labio, embargado por la sensación de las caricias y


el delicioso aroma corporal de Deku, que lo rodeaba y atontaba como un
afrodisíaco. Cuando las traviesas manos llegaron al borde de su camisa
y tocaron suavemente el borde del cinturón, subieron nuevamente,
paseándose por sus tonificados brazos. A los pocos segundos, Deku
apareció de nuevo frente a su vista.

Subió una de sus tonificadas piernas a la silla, estampando su zapatilla


roja en el espacio que había entre sus piernas. Bakugo comenzó a
respirar pesadamente, mirando fijamente como esas caderas se
contorneaban a centímetros de su rostro y dejaban ver burlonamente el
borde de las medias.6
Sin embargo, su mirada se distrajo de las caderas de su novio cuando
este comenzó a quitarse lentamente la sudadera naranja, coordinando
los sensuales meneos de su cuerpo con el ritmo de la música. Katsuki
realmente esperaba ver, de una vez por todas, el torso desnudo de
Izuku. Sin embargo, se encontró con algo mejor. Descartando el buzo
que había estado llevando todo el rato, Deku dejó ver el pequeño top
color negro, con las mangas de tirantes y bordes de encaje.9

—Jodida mierda, Deku... — murmuró, apreciando como la fina tela


abrazaba el suave cuerpo de su pareja. Izuku se sonrojó, abochornado
por como Kacchan lo miraba como su fuera un bocadillo, el hambre en
sus ojos rojos refulgiendo y quemando cada centímetro que recorrían de
su piel.

Retiró su pierna de la silla y caminó hasta estar en frente de su novio


nuevamente, mirándolo a los ojos mientras con sus manos tironeaba del
elástico de las medias y lo soltaba, generando el sucio sonido del choque
con la piel. Giró en su lugar y abrió las piernas, flexionando sus rodillas y
meneando su trasero.

Esperaba que a Kacchan no le gustara demasiado eso, porque no sabía


si su pobre corazón soportaría hacerle un lap dance nuevamente.

Inspiró, buscando la valentía suficiente. Recuerda lo que ensayamos con


Mina, pensó, repitiendo los pasos en su mente. Aunque su amiga,
mayormente, le había dicho que se dejara llevar por el momento.6

Aún de espaldas a Kacchan, se agachó hasta quedar en el suelo. Y en el


momento que el estribillo de la canción comenzó nuevamente, pegó su
mejilla al frío piso de madera y alzó su trasero al aire, meneándolo al
mismo tiempo que buscaba la mirada de su novio.
Katsuki jadeó, apretando la madera de la silla con tanta fuerza que por
un momento temió a quebrarla. Deku giraba sus caderas al ritmo de la
música, pegándolas al suelo y volviéndolas a levantar, luciendo su
espalda y hombros formados. Y sus ojos, demonios, sus ojos. Bakugo
dudaba si alguna vez había visto tanta lujuria y deseo en la mirada de
Izuku.

Cuando la voz del cantante volvió a sonar Deku se levantó, primero


apoyándose sobre sus pies y luego incorporándose lentamente. Se giró,
avanzando hacia a Kacchan mientras lo miraba fijamente. Se sentó en su
regazo una vez más, asegurándose de apoyar y acomodar bien la
erección de su novio contra su trasero antes de tomar con una mano su
hombro y con otra su rostro.

De cerca, Izuku podía percibir todo el autocontrol que Kacchan estaba


utilizando para no írsele encima en ese mismo momento. Sus dientes
estaban apretados, marcando su quijada fuertemente y haciendo que
una vena palpite al ritmo de su acelerada sangre. Acarició su mejilla
suavemente, acercando sus labios a los de él hasta que sus alientos se
mezclaron.

—Fuck me like you hate me — le susurró, cantando con la canción,


intercalando su mirada entre los ardientes orbes rojos de Katsuki y sus
tentadores labios partidos. — Kiss me like you miss me...6

Okay, eso era suficiente. Bakugo había tenido suficiente. Sin importarle


más nada llevó sus manos hasta la desnuda cintura de Deku, aferrando
sus dedos a la pecosa epidermis como su fuera lo único que lo mantenía
con vida. Este se sonrojó, dejando salir un suave gemidito pero sin
reprocharle nada.
Izuku lo miró a los ojos, acercándose incluso más a su rostro y dejando
que su caliente respiración chocara contra sus labios. Comenzó a
susurrar el preámbulo del estribillo, tan cerca de sus labios que parecía
una burla. Con cada palabra, Katsuki podía jurar que sentía el suave e
imperceptible roce de su pecaminosa boca.

Y entonces, junto con el estribillo Deku comenzó a mover sus caderas


contra las suyas. Bakugo mordió su labio, conteniendo el gemido que
quería escapar de su garganta al sentir como ese perfecto trasero se
frotaba contra su erección. Aferró sus manos aún más, empujando a
Izuku contra su regazo en busca de más contacto.

Y entonces, lo vio cerrar sus preciosos ojos y por fin sus labios se
tocaron. Katsuki lo besó con hambre, como si hubiese estado sediento
por días y su boca fuera un oasis en medio del desierto. Era sucio,
quizás lo más sucio que se habían besado nunca, con su lengua
inmiscuyéndose en la dulce cavidad de Izuku e invadiéndolo sin piedad.
Probando, explorando, devorándolo.

Ni siquiera se dio cuenta cuando terminó la canción, la sensual melodía


disipándose y dejando en su lugar el silencio. Sus manos en algún punto
se habían movido de la cintura hasta el trasero de Deku, amasándolo y
apretándolo a su gusto.2

—Ah, Kacchan... — le escuchó gimotear entre besos, luchando por


conseguir un poco de aire. Lo miró a los ojos, encontrándose con una
expresión de duda y vergüenza— ¿Te gustó?

Katsuki lo miró por un segundo, tratando de darse cuenta si era una burla
o pregunta capciosa.
— ¿Es en serio? — preguntó, enfatizando sus palabras con un par de
estocadas hacia arriba con sus caderas. Clavándole su erección por
encima de la ropa muy a consciencia— ¿A ti que te parece?

—Ah... me alegro... — Deku pareció haberse quitado un enorme peso de


encima cuando se dio cuenta de que, efectivamente, Katsuki por poco se
vuelve loco con su show. El nerd seguía siendo tímido e inseguro,
después de todo.

—Sí, todo muy lindo — apretó sus manos alrededor del culo de Deku,
pellizcándolo y tironeando del ajustado Jean que resguardaba las medias
de red y lo que fuese que tuviera debajo— Ahora desnúdate.8

— ¡Espera, Kacchan! —protestó, removiéndose un poco y tratando de


detener infructíferamente las manos que se habían empeñado en
despojarlo de sus ropas. Katsuki lo miró, respirando pesadamente al
contenerse de atacarlo pero otorgándole un momento para hablar—
¡Todavía no hemos comido la cena!17

— ¿Me ves cara de que me importe? Te voy a cenar a ti — se abalanzó


de nuevo hacia adelante, dispuesto a hacer del pequeño nerd un
desastre.1

— ¡Espera! ¡En serio!

— ¿Qué? — escupió, la excitación colmándole la paciencia.

—Tengo otra sorpresa para ti... — le dijo, tartamudeando un poco. Tomó


una de sus manos, arrancándola con esfuerzo de su trasero y guiándola
hasta su pecho. Bakugo alzó una ceja, apoyándola en el pectoral. El
cuerpo de Deku era, sin lugar a dudas, muy hermoso. Aunque sus
pectorales no eran ni por cerca tan voluminosos como los suyos — que
se guardaran los chistes con respecto a que los sacó de su madre—,
eran mullidos y balanceados con todo el resto de los músculos que Izuku
lucía en su delgada figura.8

Sin embargo, algo llamó la atención. Los pezones de Midoriya estaban


preciosamente erectos, duros pero suaves al mismo tiempo. Lo que no
recordaba era la pequeña protuberancia que había a los lados de ellos.
Toda su atención se desvió de su plan para follar a Deku,
concentrándose en el pecho que se le ofrecía en frente. Pero antes de
que pudiese investigar más a fondo, Izuku hizo el trabajo por él y se quitó
el crop top en un solo movimiento lento y sensual.

—Los hice hace un tiempo p-pero no te los había mostrado porque


tenían que sanar... — comenzó a murmurar el nerd, la vergüenza
evitando que pudiese mirar el rostro de Katsuki en ese momento.
Levantó su mano hasta uno de los pezones, tocándolo suavemente y
sintiendo la textura fría del metal del piercing. — Y pensé que quizás... no
te podrías... contener...16

Se le fue la voz cuando al levantar la mirada se encontró a Kacchan con


una mirada digna de un psicópata fija en sus pezones. Era realmente
terrorífico, ese par de ojos rojos clavados en las barras que atravesaban
sus tetillas mientras su dueño respiraba dificultosamente. Quizás si había
hecho bien en esconderlos esas semanas.6

— ¿Kaccha-? — su voz fue interrumpida por un gimoteo cuando uno de


sus pezones fue tironeado sin clemencia, los dedos de Katsuki
retorciéndolo y probando su elasticidad con respecto al piercing.

—Jodida mierda, Deku... — terminó por murmurar entre dientes,


apretando la cintura de su novio y pegándolo contra su cuerpo. Siguió
jugueteando con el abusado bultito de carne, disfrutando de ver como se
enrojecía y endurecía debido a sus rudos tratos— Jodida-puta-mierda.

Katsuki no se esperaba que Izuku tuviera piercings, mucho menos en


una zona tan íntima. Si alguna vez el nerd se hacía una perforación,
habría pensado que sería en la oreja o, como una suposición salvaje, en
la nariz. En sus fantasías, uno en el ombligo. Pero los pezones.

Y oh dios, le encantaban.1

Sin hacerse de rogar, se inclinó y atrapó la tetilla derecha entre sus


labios, acariciando con su lengua ansiosamente y tomando entre sus
dientes el pequeño piercing para tironearlo y mordisquearlo. Izuku se
deshizo entre sus brazos, jadeando y temblando cada vez que Bakugo
tironeaba un poco brusco.

—Tenías toda la puta razón — no eran palabras que él dijera en el día a


día, pero esta vez tenía que darle el gusto. Miró con hambre la pequeña
bolita de carne que hasta hace unos segundos estaba en su boca, para
luego sacar su lengua otra vez y lamerlo entero. — Si los hubiera visto,
me hubiera importado una jodida mierda el periodo de sanación.

Aunque odiara admitirlo, Deku había sido bastante perspicaz al


ocultárselo. Y ahora todas esas semanas donde curiosamente nunca
veía el pecho de su novio parecían surgir en su mente de manera
burlona, donde él había dado por sentado que solo era Izuku teniendo
uno de sus muchos períodos de timidez. Bakugo tenía piercings, en su
oreja, labios y lengua; por lo cual sabía muy bien acerca de cómo tienen
que dejarse sanar correctamente ¿Pero si hubiera visto esas pequeñas
barras atravesando los pezones que por derecho le pertenecían? Ja.8
—Todos estos días cogiéndote con la camiseta puesta — dijo, con una
sonrisa maliciosa. Fue con el otro pezón, porque si había maltratado a
uno tenía que darle el mismo gusto al otro ¿No es cierto? — Pensando
que tan solo estabas un poco tímido. Respetando tu decisión, cuando en
realidad estabas escondiendo algo tan sucio, pequeño nerd.

— ¡Kacchan! — lo escuchó quejarse, aunque no engañaba a nadie.


Aunque Deku hiciera berrinche, Katsuki sabía perfectamente cómo le
encendía el que susurrara cosas sucias mientras lo manoseaba. El
sonrojo que invadía sus mejillas lo delataba.

—Dime Deku... — lo miró a los ojos al mismo tiempo que sacaba su


lengua, su propio piercing brillando de manera burlona en el centro.
Lamió el pequeño pezón, escuchando el casi imperceptible sonido de
metal chocando con metal, y oh por dios eso lo encendía— Te perforaste
pensando en mi cumpleaños ¿No es cierto, pequeña mierda? Planeaste
todo esto con anticipación como el nerd que eres, sabiendo
perfectamente que me volvería loco y te follaría como te encanta.5

Izuku jadeó, aferrándose a sus hombros y moviendo sus caderas


suavemente para buscar fricción entre sus olvidadas erecciones. Katsuki
dejó en paz al abusado pezón para subir a su cuello, chupando con la
gran intención de dejar visibles marcas.

—Duro — le susurró sobre la piel, apretando aún más la cintura que


tenía entre sus manos. — Salvaje — mordió la garganta sin delicadeza,
dejando una muy visible aureola de marcas de dientes que
probablemente tendría moretones más tarde. — Sin piedad.5

Rió, siseando entre dientes al notar como los gemidos de Deku solo
confirmaban sus palabras.
—Levántate— espetó de repente, confundiendo al pequeño muchacho
entre sus brazos. Lo soltó, saltando su pierna para instarlo a que se
parara. Izuku hizo lo que pudo, jadeando sonoramente mientras trataba
de que sus piernas no fallaran de manera miserable. —Date la vuelta.

Hizo caso, girándose y sacando un poco de trasero a propósito. Él sabía


muy bien que a Kacchan le encantaba su culo, y se iba a valer de su
arma más poderosa para complacerlo. Lo escuchó gruñir, y si no supiera
que el que estaba detrás de él era su novio, podría haber creído que era
una bestia.

O bueno, quizás era las dos cosas.5

—Jodido Deku — Katsuki palmeó su dura erección por encima de sus


pantalones, sintiéndola palpitar y humedecer su apretada ropa interior. —
Tan putamente provocador ¿Quién diría que tal nerd estudioso se vuelve
una zorrita para mí?

Izuku sentía sus orejas arder por la vergüenza que le generaban las
palabras de Kacchan. Pero no podía mentir, porque le gustaba.

—O más bien un conejito. Eso te queda mejor ¿Eh, Deku? — le dijo,


sonriendo maliciosamente mientras se inclinaba hacia delante. — El
mejor jodido regalo de cumpleaños. Y mío, solo mío.

Midoriya casi se derrite allí mismo, sintiendo sus rodillas fallarle y su


estómago contraerse con calor que se propagó por todo su cuerpo como
un incendio. Quizás era un poco enfermizo, pero el que lo tratara tan
posesivamente lo excitaba muchísimo. Kacchan lo consideraba suyo, y a
Kacchan solo le gustaba lo mejor.6

Fue en menos de un segundo que fue girado y besado. Correspondió el


contacto con fervor, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de su
novio mientras se dejaba llevar por este hasta la habitación que
compartían. Su mente estaba nublada, completamente congestionada
por el placer de la lengua de Katsuki jugueteando con la suya mientras
sus grandes manos apretaban su trasero.

Cuando llegaron a la cama en base a tropezones y choques contra la


pared, Kacchan lo giró nuevamente y empujó a la cama, haciendo que su
rostro choque con el colchón. Lo miró sobre su hombro, admirando
desde su lugar como su novio se quitaba la camisa del trabajo para dejar
a la vista su esculpido torso desnudo. Bajó un poco los ojos, apreciando
también el contorno que la gruesa erección generaba contra el pantalón.

Dejó salir un quejidito cuando las manos de Bakugo volvieron a aferrarse


a sus nalgas, amasándolas y apretándolas antes de tironear con fuerza
el borde de sus jeans negros. Los levantó, sin quitárselos todavía, y miró
hacia adentro lanzando un silbido al aire.

—Puta madre... — gruñó con una sonrisa hambrienta, chequeando las


medias de red y lo que parecía ser ropa interior de color rojo. Soltó los
jeans, dejando que estos volvieran a su lugar para después darle una
sonora nalgada. — Vas a necesitar una jodida silla de ruedas después de
esto.5

Deku gimoteó. Eso sonaba prometedor.

—Son nuevos ¿No es cierto? — preguntó, acariciando las piernas y


trasero que se presentaban ante él. La tela de mezclilla negra se
aferraba a los poderosos muslos de Deku como una segunda piel,
delineándolo y favoreciéndolo.
—Si... los compré para... — no alcanzó a terminar la frase cuando fue
interrumpido por el sonoro ruido de la tela desgarrándose con un solo
poderoso movimiento de manos.19

Katsuki sonrió, acariciando el ahora semi-desnudo trasero, tan solo


protegido por las medias de red y lo que, ahora podía apreciar, era un
delicado slip color rojo. La lencería apenas cubría la curva de las nalgas
de Izuku, hecho de un encaje semitransparente con casi imperceptibles
flores; que dejaba ver las características pecas que bañaban toda la piel.

— ¡Kacchan! — gritó, escandalizado ¿Acaso su novio era tan salvaje


como para romper sus jeans en vez de desabrochárselos como una
persona civilizada?18

Un gruñido gutural y dos manos amasando sus nalgas le dieron la


sospecha de que quizás sí lo era.

—Tenía ganas de destrozarlos desde que te los vi puestos — admitió,


tironeando aún más de la tela y haciéndola más jirones. Izuku se sonrojó,
clasificando la prenda como un caso perdido, pero inevitablemente
encendido por la brutal fuerza que su novio poseía en esos atractivos
brazos. Romper de tal manera una tela de tan buena calidad no era para
nada fácil.

— ¡No puedes ir desgarrando mi...! — fue como un deja vú, solo que las
medias de red no hicieron un sonido tan estrepitoso como el de —que en
paz descansen—, sus jeans. Los dedos de Katsuki se enredaron entre
los finos hilos de las medias y tironearon, abriendo un conveniente hueco
en la parte donde más le interesaba pero dejando el resto intacto
— ¡Kacchan!6
—Cierra la boca, como si no te gustara. — sonrió, dándole una nalgada
que lo recompensó con un gemidito—. Eres mi regalo de cumpleaños
¿No es cierto? Puedo hacer lo que mierda quiera, Izuku.1

El muchachito no pudo contener sus gimoteos cuando sintió como el


duro bulto de su novio se restregaba entre sus nalgas, un preámbulo de
lo que probablemente lo llevaría hasta tocar las estrellas por toda la
noche. Además, escuchar su nombre ser pronunciado con un tono tan
inundado por la lujuria y el deseo solo hacía que su polla se endureciera
vergonzosamente.

—Estos te los voy a dejar intactos — le susurró, mientras tironeaba de la


ropa interior, haciendo que esta se meta obscenamente entre las
redondeadas nalgas. — Así los vuelves a usar para mí en otra ocasión.

Dicho eso, Katsuki se relamió los labios antes de correr la delicada ropa
interior, dejando a la vista la intimidad de su novio, que se removía
debajo de él por la vergüenza. Sonrió y dejó salir una risa traviesa
cuando vio el pequeño agujerito brillante y relajado.

—Santa mierda — murmuró, acercando su dedo al esfínter e


introduciéndolo sin ninguna resistencia, consiguiendo un gemido
ahogado por parte de su pareja. Se inclinó hacia adelante para susurrar
en su oído, sintiendo el suave perfume del shampoo impregnado en los
rizos. — ¿Te preparaste para mí? Te dedeaste a ti mismo para estar bien
abierto y húmedo para cuando llegara ¿No es cierto? Ahorrándome el
trabajo, así luego de tu erótico bailecito lo único que tendría que hacer
sería romperte los jodidos pantalones y follarte hasta quedar satisfecho.5

— ¡Ah! — gimió cuando Katsuki introdujo otro par de dedos de golpe,


probando la elasticidad y comenzando a penetrarlo duramente con ellos.
El rudo vaivén hacía que su cuerpo hormigueara y los dedos de sus pies
se curvaran, obligándole a atrapar una almohada y aferrarse a ella,
jadeando. — Kacchan...

—Pues adivina, Deku... tus esfuerzos darán sus frutos, porque es


exactamente lo que voy a hacer — Izuku tembló cuando los dedos se
retiraron de su interior y escuchó el característico sonido de la hebilla del
cinturón desprendiéndose, seguido a los pocos segundos por la
bragueta.

Se incorporó, dándose la vuelta y atrayendo a Kacchan a un beso entre


jadeos. Abrazó el tonificado cuerpo de su novio, sus pieles deslizándose
húmedamente por la fina capa de sudor que las cubría. Katsuki lo empujó
hacia el respaldar de la cama, trepándose con él. El colchón se hundió
por sus pesos e Izuku perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás y
llevándose a Kacchan con él.1

— ¿Por qué demonios eres tan torpe? — murmuró con fingido enojo,
escuchando la suave risita de su novio debajo suyo. Sin embargo,
aprovechó la posición para colocarse entre las preciosas piernas,
volviendo a tomar esa preciosa boca que se ofrecía para él. Sus manos
recorrieron todo el cuerpo de Izuku, desde las piernas hasta sus caderas,
subiendo por sus marcados abdominales y terminando de nuevo en lo
que se había vuelto su nueva obsesión.

—Hnng... — gimoteó cuando a nueva cuenta sus pezones fueron el


centro de atención, haciéndole sonrojar y morderse el labio. Katsuki se
inclinó hacia adelante para devorar el cuello con tentadores lunares,
llenándolo con húmedos besos y chupetones. Por cada peca que veía, él
dejaba un moretón.
Bakugo era una persona posesiva. No del tipo que le diría con quién
hablar, que ropa usar o lo encerraría para que nadie lo mire. Él era del
tipo que se aseguraba que cada persona que lo viera, supiera que
era suyo. Su novio, su Deku. Y pintar su pálido cuello con chupetones y
mordidas era su manera preferida de marcar territorio.10

—Ah... Kacchan... — suspiró, frotando su erección contra la pierna de la


bestia que tenía encima. — Me harás tener que utilizar un cuello alto
mañana...

—No es necesario — murmuró, paseando sus labios por toda su


garganta hasta bajar a las clavículas, donde mordió suavemente. —
Utiliza un cuello de bote, así el bastardo mitad-mitad lo ve.13

— ¡Deja de molestar con Todoroki! — protestó, sonrojándose al recordar


las muchas cosas que Katsuki solía hacer con tal de "Mantener
bastardos traumatizados lejos" como besarlo hasta dejarlo sin aliento en
frente de él o amenazarlo con emparejar su rostro.9

—Lo haré cuando ese estúpido se de cuenta de que esto — con una de
sus manos apretó el pectoral de Midoriya, tironeando suavemente del
piercing. La otra se deslizó por una pierna, subiendo hasta el trasero y
apretándolo duramente— y esto, me pertenece.

Antes de que pudiera quejarse, Kacchan se inclinó hacia adelante para


besarlo nuevamente, introduciendo su lengua y haciendo que la saliva se
deslizara suciamente por el borde de su boca.

—Esto también —le susurró cuando se separó unos segundos. Lo giró,


poniéndolo de estómago sobre el colchón nuevamente y dejando a la
vista su lindo trasero envuelto en la lencería. Utilizó sus dos manos para
agarrar las pomposas nalgas, separándolas obscenamente y corriendo la
ropa interior hacia un costado. Se relamió los labios cuando pudo
apreciar la apretada entrada de su novio, chorreante de lubricante y lista
para él— Y esto, esto es mi jodido derecho.

—Apúrate... — Deku rogó, desesperado por sentir algo más que lascivas
manos recorriendo su piel y dedos introduciéndose dentro de él. Su
erección colgaba pesada entre sus piernas, palpitante y húmeda por
todas las cosas sucias que Kacchan le decía. Estaba ansioso, su cuerpo
esperando a ser llenado de su novio desde que se preparó hace algunas
horas, la expectativa creciendo y acumulándose en su estómago.1

—Ya que lo pediste tan amablemente... — sonrió, bajando por fin su ropa
interior y dejando salir su erección. La bombeó un par de veces, el
presemen haciendo que su mano se deslizara más fácilmente. Mordió su
labio, colocándose entre las piernas de Deku, que se abrieron
ansiosamente para él. Separó las pecosas nalgas, corriendo la ropa
interior y presionando contra el apretado esfínter. Su novio dejó salir un
suspiro, apretando una almohada mientras sus caderas se movían hacia
atrás por reflejo.

Provocó molestamente un par de veces más, deslizándose por encima


de su ano sin penetrarlo todavía. Enredó sus dedos entre los hilos de las
medias de red y sintió la suave textura del encaje que conformaba el slip.

—El mejor jodido regalo de cumpleaños del mundo — murmuró, antes de


embestirlo y entrar hasta el fondo de una vez. El gritito que dejó salir su
novio fue como música para sus oídos, al mismo tiempo que lo veía
apretar las manos y abrir más sus piernas— ¡Mierda! Estás tan apretado,
pero al mismo tiempo tan suave... perfecto para mí...5
Admiró por unos segundos como la tela apretaba la carne de las piernas
de Izuku, remarcándola y delineándola a medida que lo penetraba. Lo
tomó de las caderas y embistió duramente hasta el fondo, haciéndole
sollozar por la mezcla de dolor y placer. Normalmente Bakugo tendría
más cuidado en cómo tratar a su novio —aunque sabía perfectamente
que Deku podía soportar cualquier cosa—, pero ese día no. Era su jodido
cumpleaños, y aunque la fecha no era nada demasiado especial para él,
si podía utilizarla como excusa para dejar al nerd inválido por un demonio
que lo haría.

Estableció un paso rudo y bestial desde un principio, haciendo que la


cama rechine al mismo tiempo con el coro de gemidos que Izuku dejaba
salir para él. Sin embargo, el placer era demasiado. Se extendía por todo
su sistema nervioso como rayos de energía que dejaban sus
extremidades hormigueando, pero no podía evitar desear cada vez más.2

Finalmente, sus brazos cedieron ante su peso y se recostó contra la


espalda de Deku, aprovechando la posición para dar estocadas más
cortas pero intensas, llegando incluso más profundo.

—Kacchan... oh dios... — Izuku tiró su cabeza hacia atrás, tiritando


mientras las puntas de sus dedos se curvaban por el exceso de
sensaciones. Las penetraciones aumentaron de ritmo, haciendo que la
habitación se llenara del obsceno sonido de la piel chocando contra piel,
en conjunto de los pequeños gimoteos que dejaba salir cada vez que
golpeaba estratégicamente su próstata. En la desesperación de tanto
placer, extendió una de sus manos hacia atrás, aferrándose como si se le
fuera la vida en ello al brazo y omóplato de Katsuki.
—Tienes que cortar tus uñas, Deku... — jadeó cerca de su oído al sentir
los arañazos en su piel, castigándolo con tres duras y certeras
estocadas.2

—Si sigues así... me voy a-ah... — dejó caer su cabeza, las embestidas
golpeando el lugar exacto para hacerle perder la fuerza. La saliva se
deslizó por el costado de sus labios, su lengua descansando suavemente
sobre el inferior mientras sus ojos se entornaban.

Katsuki besó la junta de su hombro y cuello, hundiendo su rostro en la


cálida coyuntura y aspirando el salado aroma del sudor de Izuku. Levantó
una de las pecosas piernas, ayudándose a penetrar más profundo y
manejar el cuerpo de su pequeño novio como quisiera. A Bakugo
le encantaba cuando Deku se dejaba manejar como una bonita y follable
muñeca de trapo.

— ¡Kacchan, ya no...! — gimoteó desesperado, su erección adolorida y


palpitante al no ser atendida en todo el rato. Aunque tenía la gran
sospecha de que, como muchas otras veces, Katsuki le haría correrse
sin siquiera tocar su pene.

—Córrete, córrete para mí — esas palabras susurradas junto al caliente


aliento en su oído fueron lo suficiente para que un estremecimiento
cruzara todo su cuerpo, haciendo su piel hipersensible y su mente
nublosa. Sus ojos vieron estrellas al mismo tiempo que el orgasmo lo
golpeaba como una pared de concreto, haciendo que los hilos de
esperma salieran de su polla y mancharan vergonzosamente el frente de
su ropa interior.1

Katsuki lo siguió poco después, aunque internamente le molestara lo


poco que había durado. No podía culparse, después de todo su polla
estaba que explotaba desde el momento donde Izuku se sentó sobre su
regazo con intenciones tan eróticas. Embistió erráticamente el dulce
trasero que siempre lo recibía tan deliciosamente, gimiendo y gruñendo
cuando llegó al orgasmo.

Colapsó completamente, aplastando el pequeño cuerpo de su novio


debajo de él. Se quedaron en silencio por unos sólidos dos minutos,
jadeando mientras trataban de recuperar el aire. Deku se removió un
poco, girando su cabeza para poder conseguir aire mejor pero sin
perturbar la posición en la que habían terminado.

—Eso fue... intenso... — terminó de decir después de unos segundos, su


voz rasposa y distorsionada por pasársela gritando todo el rato.6

Bakugo no respondió, sin embargo se levantó a regañadientes y se retiró


del interior de Midoriya, tirándose a un costado y suspirando al mismo
tiempo que cerraba los ojos.

— ¿Esperabas que fuera algo menos que eso considerando todo lo que
hiciste? — preguntó, girando un poco su cabeza para ver como Deku
dejaba salir una pequeña risita adorable. El nerd se había quedado en la
misma posición, sin energías para moverse siquiera un poco.

—Para nada... — tragó dificultosamente, acercándose hacia al cuerpo de


Kacchan y siendo recibido con los brazos abiertos. Sin embargo, levantó
su cabeza un último momento. — Espera, tengo otro regalo para ti...

Katsuki por un momento pudo ver las miles de posibilidades pasando en


su mente ¿Otro regalo más? ¿Qué podía esperar esta vez? Deku se
levantó, estirándose hasta la mesa de luz y sacando algo del cajón
¿Condones saborizados? ¿Un anillo fálico? ¿Un látigo? Oh, dios.
Esperaba que fuera un látigo.10
Izuku dejó un pequeño paquetito envuelto en papel dorado brillante
encima de su pecho desnudo, para luego acomodarse a su lado.1

—N-No es mucho, pero lo vi y pensé en ti... — Bakugo rompió el


envoltorio, dejando caer un pequeño llaverito de All Might. Frunció su
ceño, levantándolo y notando la peculiar cara enojada que, podía jurar,
nunca había visto en ningún tipo de mercancía del sonriente héroe. —
Nunca había visto nada de All Might enojado, y pensé que si alguien
debía tener algo de eso, eras tú.9

Katsuki lo miró atentamente, sintiendo su pecho calentarse y hormiguear


de esa manera que Deku siempre le generaba.

—Pff, que nerd — se burló. Sin embargo, lo dejó cuidadosamente encima


de la mesa de luz. Miró a Izuku, que tenía su vista fija en él, con esa
carita de estúpido enamorado que siempre ponía cada vez que lo
observaba por más de quince segundos. Lo vio acomodarse un poco
más sobre su hombro, sin quitar la vista.

—Te amo, Kacchan. Feliz cumpleaños.

—Sí, lo que sea — murmuró. Sin embargo, cuando esos adorables ojos
verdes se centraron en los suyos, y ese par de suaves labios se partieron
en un suspiro que delataba todos sus sentimientos; Bakugo no pudo
evitar que las palabras brotaran de su boca como un impulso. — Yo
también te amo.10

Izuku se sonrojó, abriendo y cerrando su boca como un pez antes de


decidirse a morder su labio y esconderse en su pecho. Y oh, Katsuki no
iba a aceptar eso.

—Jodido nerd de mierda ¿Te digo que te amo y lo único que haces es
esconderte? Maldito cobarde — provocó, tironeando de una de las
pecosas mejillas y consiguiendo a cambio una serie de adorables risitas.
Él era adicto a esas risitas— Y ni pienses que hemos terminado, todavía
quedan veintitrés horas de mi cumpleaños.3

— ¡Ah, Kacchan! — jadeó cuando sintió a nueva cuenta esas traviesas y


poderosas manos comenzar a estimular su cuerpo.1

Bakugo pensó que, quizás, el nerd de mierda sí se merecía una


compensación por el regalo que le había dado. Su cumpleaños era el
quince de Julio ¿Verdad?22

To be Continued...

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