Facilitando
el cambio
emocional
El proceso terapéutico
punto por punto
Leslie S. Greenberg
Laura N. Rice
Robert Elliott
En una época en la que con frecuencia se da
una connotación negativa a las emociones -se
describe a las personas como "demasiado emo-
cionales" o se dice que necesitan "controlar sus
Psicología emociones"-, los autores de este libro defien-
Psiquiatría den, por el contrario, que las emociones son
Psicoterapia
149 procesos organizados capaces de mejorar las
tareas de adaptación y de solución de proble-
mas. Para conseguir esto, sin embargo, hay
que trabajar en el interior del marco vivencia!,
producir cambios en el significado y resolver
los distintos problemas psicológicos planteados.
Basado en una jugosa explicación de las inter-
relaciones existentes entre la emoción, la cog-
nición y el cambio, el libro, de este modo, no
sólo ilustra los métodos presentados median-
te extractos de transcripciones auténticas, sino
que además plantea temas tan controvertidos
como la selección de clientes y las dificultades
o dilemas potenciales. A partir de ahí, los ejem-
plos clínicos presentados y su carácter de guía
práctica acaban convirtiendo el texto en un
instrumento de inestimable valor para terapeu-
tas cognitivos, dinámicos y vivenciales, así como
también para estudiantes de psicología, psi-
quiatría y asistencia social.
Leslie S. Greenberg es profesor del Depar-
tamento de Psicología y director del Centro de
Investigación en Psicoterapia de la Universidad
de York, en Canadá, donde también enseña
Laura N. Rice. Por su parte, Robert Elliott es
profesor de Psicología y director de Formación
Clínica de la Universidad de Toledo, en Ohio.
Leslie S. Greenberg
Laura N. Rice
Robert Elliott
FACILITANDO
EL CAMBIO EMOCIONAL
El proceso terapéutico
punto por punto
PAIDÓS
Barcelona
Buenos Aires
México
SUMARIO
Pr6logo a la edici6n española............................................................................... 13
Prefacio................................................................................................................. 15
PRIMERA PARTE
INTRODUCCIÓN
l. Introducci6n a este enfoque........................................................................ 21
El desarrollo de este enfoque.......................................................................... 25
Guía para leer el libro..................................................................................... 29
2. Un enfoque de la psicoterapia facilitador del proceso............................... 31
Un enfoque centrado en el proceso ............................................................... 33
Diagnóstico del proceso ................................................................................. 36
Actitudes del terapeuta hacia la relación........................................................ 39
El manejo de la dirección del proceso y las actitudes hacia la relación: la
necesidad de cariño y equilibrio.................................................................... 42
Trabajo terapéutico........................................................................................ 45
Conclusión ..................................................................................................... 51
SEGUNDA PARTE
TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
3. Perspectivas sobre el funcionamiento humano ........................................ . 55
Perspectivas vivenciales ................................................................................. . 55
' c l'as1ca
T eor1a . ................................................................................................. . 56
Perspectivas desde la psicología moderna ..................................................... . 63
. . cogn1"t"1va ....................... :................................................................... .
C 1enc1a 63
' e 1nvest1gac1on
T eor1a . . ., so bre 1as emociones . ................................................... . 70
' . d"al'
U na s1ntes1s . construct1v1sta
1 ect1ca . . ........................................................... . 77
4. Hacia una teoría vivencia! del funcionamiento ........................................ . 87
. . 1 •
Func1onam1ento esquemat1co ....................................................................... . 89
. emociona
Memor1a . 1esquemat1ca
'. .................................................................. . 93
La tendencia al crecimiento ........................................................................... . 96
.. , de con1unto
U na v1s1on . .
integra dora ............................................................. . 102
La formación del sí mismo ............................................................................ . 104
10 FACILITANDO EL CAMBIO EMOCIONAL
5. Disfunción .................................................................................................... . 107
Problemas en la generación de significado emocional .................................. . 109
Disfunción esquemática ................................................................................. . 113
Desarrollo de los esquemas disfuncionales .................................................... . 116
.. , mu l"f
U na v1s1on ,. dldif
t1 acet1ca e a s unc1on ., ..................................................... . 117
¿Por qué no cambian los esquemas emocionales? ......................................... . 120
Cambiando los esquemas emocionales .......................................................... . 122
TERCERA PARTE
EL MANUAL: PRINCIPIOS BÁSICOS
E INTERVENCIONES GUIADAS POR LA TAREA
PRIMERA SECCIÓN
MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
6. Principios de tratamiento para un enfoque vivencia! y procesual........... 129
Principios de la relación: facilitar una relación terapéutica........................... 130
Principios de la tarea: facilitar el trabajo sobre tareas terapéuticas específicas 140
Resumen .. ..... .............. .. ............. ... .... ... .... ... .......... .. ............... ......... .. ... ... .... .... 146
7. Lo que hace el terapeuta: intenciones y modos de respuesta vivencia!... 147
Intenciones esenciales de respuesta vivencial ................................................. 149
Intenciones vivenciales adicionales ................................................................ 160
Intenciones no vivenciales generalmente «amodales» .................................... 163
Resumen ..... .. ... ... ... ............. ........... ... ... .... .... ........... ... ... ..... ........ .. ... ... .. ... ....... . 165
SEGUNDA SECCIÓN
LAS TAREAS DEL TRATAMIENTO
8. Despliegue evocador sistemático en un indicador de una reacci6n pro-
blemática........................................................................................................ 171
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente............. 172
Oportunidades para la intervención: el indicador de una reacción problemá-
tica.................................................................................................................. 173
¿Cómo ocurre el cambio?............................................................................... 175
Operaciones del terapeuta.............................................................................. 181
Las funciones del terapeuta en las distintas etapas del modelo ...................... 182
9. Enfoque vivencia! en un significado sentido con poca claridad............... 197
La «actitud de enfoque» ............. .. ....... ........ ... .... .. ....... .. .... ... ......... ............ .. ... . 198
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente............. 198
SUMARIO 11
Oportunidades para la intervención: significado sentido con poca claridad. 199
El proceso de resolución ............................................................................... . 201
Actitud del terapeuta y operaciones que se usan en el enfoque .................... . 207
Callejones sin salida y errores más comunes en el enfoque .......................... . 218
Conclusión .................................................................................................... . 219
10. El diálogo de las dos sillas y las escisiones ................................................. . 221
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente ............ . 221
Oportunidades para la intervención: indicadores de la escisión de conflicto 223
¿Cómo ocurre el cambio? .............................................................................. . 226
Operaciones del terapeuta ............................................................................. . 232
Conclusión .................................................................................................... . 251
t t. La representación en las dos sillas para escisiones autointerruptoras ..... . 253
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente ........... .. 253
Oportunidades para la intervención: el indicador ........................................ . 256
A tri'buc1on
., de 1a interrupc1on
. . ' ....................................................................... . 258
¿Cómo ocurre el cambio? .............................................................................. . 259
Operaciones del terapeuta ............................................................................. . 265
Conclusión .................................................................................................... . 278
12. El trabajo en la silla vacía y los asuntos no resueltos ............................... . 279 1
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente ........... .. 279
Oportunidades para la intervención: indicadores de asuntos no resueltos ... . 282
¿Cómo ocurre el cambio? .............................................................................. . 283
Operaciones del terapeuta ............................................................................. . 293
Conclusión .................................................................................................... . 310
13. Afirmación empática en un indicador de intensa vulnerabilidad .......... .. 311
¿Qué hay que cambiar? La dificultad de procesamiento subyacente ........... .. 312
Oportunidades para _la intervención: indicadores de vulnerabilidad ............ . 314
¿Cómo ocurre el cambio? El modelo ............................................................ . 315
Las funciones del terapeuta en diferentes etapas del modelo ........................ . 317
CUARTA PARTE
CONCLUSIÓN
14. Aplicación del enfoque procesual y vivencia! ........................................... . 325
Selección de clientes y criterios de idoneidad ............................................... . 325
Parámetros del tratamiento ........................................................................... . 327
e .. '
ompos1c1on de1tratamiento. ....................................................................... . 330
Dificultades y dilemas .................................................................................. .. 332
Formación de los terapeutas en el enfoque procesual y vivencia! ................ . 334
Ejernplos de casos de un enfoque procesual y vivencial .............................. .. 335
~··· ..
'
12 FACILITANDO EL CAMBIO EMOCIONAL
15. El enfoque procesual y vivencial: una visión general, investigación, teo-
ría y futuro ................................................................................................... . 353
. emp1r1ca
U na perspectiva '. .............................................................................. . 353
Visión teórica integradora: modelo general del proceso de cambio ............. . 357
Direcciones futuras ........................................................................................ . 362
Conclusión .................................................................................................... . 364
Bibliografía .......................................................................................................... . 366
Í[Link] analítico .................................................................................................... . 376
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PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
La psicoterapia actual se encuentra en un momento apasionante de su
desarrollo histórico. La demanda de tratamientos psicológicos está crecien-
do a un ritmo vertiginoso, al filo de los cambios en la convivencia humana
qµe están teniendo lugar en las avanzadas sociedades occidentales. El
número de «modelos» terapéuticos se ha disparado, a la vez que la adhesión
a las viejas ortodoxias está siendo sustituida por un eclecticismo declarado.
Todo ello configuraría un panorama caótico si, paralelamente, no se
hubiera desarrollado una fuerte vinculación con la psicología científica. En
efecto, la necesidad de fundamentar los tratamientos psicológicos en la
psicología científica constituye la característica más sobresaliente de la
psicoterapia actual, de la cual esta obra de Greenberg, Rice y Elliott
constituye un ejemplo paradigmático.
Los autores parten de la tradición de la psicoterapia vivencia!, en parti-
cular de la terapia centrada en el cliente y de la terapia Gestalt; pero su
trabajo resulta algo más que una mera combinación de ambos enfoques.
Este algo más proviene tanto de la psicología científica como de la experien- 1
cia acumulada en más de tres décadas de práctica clínica. Desde el punto de
vista de la psicoterapia vivencia!, las emociones son el elemento clave que
estructura el fluir de la vivencia inmediata. Como decía Car! Rogers, las
emociones «siempre son lo que son». Así pues, lejos de ser aspectos pertur-
badores de la experiencia que hay que controlar, las emociones nos propor-
cionan nuestro sentido inmediato de estar en el mundo y, en consecuencia,
su exploración constituye el objetivo central de la terapia.
La idea de que facilitar el cambio terapéutico es facilitar el cambio
emocional constituye la tesis central de este libro, que, en definitiva,
pretende proporcionar al lector un manual detallado sobre cómo trabajar
terapéuticamente con las emociones. En las dos primeras partes del libro,
los autores revisan los supuestos básicos del enfoque vivencia! a la luz de la
doble perspectiva ya mencionada: las aportaciones de la psicología científica
actual, en particular la psicología cognitiva y la psicología de la emoción, y
la experiencia acumulada en la práctica de la psicoterapia vivencia!.
En la tercera parte del libro, que representa la parte central, los autores
· describen minuciosamente las intervenciones terapéuticas más comunes en
este enfoque. El aspecto más sobresaliente de esta parte del libro no reside
tanto en la exposición de las técnicas terapéuticas que, como el enfoque o
la silla vacía, son técnicas tradicionales muy conocidas, como en el nivel de
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_, '. .. .. . . ·~ ·~-'~'"
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14 FACILITANDO EL CAMBIO EMOCIONAL
descripci6n alcanzado. Éste es un nivel emergente en la psicoterapia actual,
en el que se describe no s6lo la técnica en sí misma, sino también su
aplicaci6n en funci6n del proceso psicol6gico en el que se encuentra el
cliente. No se trata tanto de que el terapeuta aplique una técnica determi-
nada en la sesi6n, sino de que la aplique en el momento adecuado; esto es,
en el momento en el que el cliente tiene activados los esquemas cognitivo-
emocionales que subyacen a la dificultad que experimenta. Esto obliga al
terapeuta a saber ver, a partir de lo que el cliente dice y hace la sesi6n, en
qué proceso psicológico se encuentra. Este tipo de lectura es lo que los
autores denominan «diagn6stico del proceso», y requiere que el terapeuta
esté empáticamente armonizado con el carácter fluido y cambiante de la
vivencia inmediata del cliente. A este nivel de descripci6n hace referencia
el subtítulo del libro: el proceso terapéutico punto por punto. Este nivel de
descripci6n de la intervenci6n terapéutica, por otro lado, no solamente es
el fruto de la vinculación de la psicoterapia con la psicología científica, sino
que también es el producto de la metodología de estudio sobre los aconte-
cimientos de cambio terapéutico, creada por Greenberg y sus asociados,
que representa el punto de unión más prometedor en la psicoterapia actual
entre la investigaci6n terapéutica y la práctica clínica.
En la última parte del libro, la parte cuarta, los autores se ocupan de los
temas relacionados con la aplicación práctica de la psicoterapia vivencia! y
su desarrollo futuro. Ofrecen ejemplos de tratamientos concretos que
sirven para ilustrar el curso del tratamiento. Esta visión diacrónica sirve
para completar lo que de otro modo hubiera quedado como una visión
excesivamente puntual y sincrónica del enfoque vivencia!. Esta parte del
libro resulta, pues, esencial para entender el alcance de este enfoque tera-
péutico que el lector podrá juzgar por sí mismo.
En resumen, nos encontramos ante un gran trabajo, que resultará
interesante no sólo para los psicoterapeutas vivenciales, sino también para
los psicoterapeutas de cualquier orientaci6n y, en general, para todo aquel
interesado en facilitar el cambio emocional.
M' TERESA MIRÓ
La Laguna, 16 de enero de 1995
-. ..,. '
.... '• .......
... ,· •
PREFACIO
Este trabajo es producto de años de experiencia como clínicos e inves-
tigadores y es nuestro intento de explicar nuestra comprensi6n implícita de •.
c6mo ocurre el cambio en terapia. Nos parece que el nuestro es, por encima
de todo, un acercamiento al cambio que acentúa el proceso emocional y su
'
facilitaci6n. El énfasis en el proceso vivencia! momento a momento y la
facilitaci6n del siguiente paso es lo que distingue lo que hacemos nosotros
de lo que hacen otros enfoques terapéuticos. En lugar de acentuar los
contenidos particulares de la psique o de usar técnicas para instruir o
modificar, nosotros subrayamos la facilitaci6n del proceso cognitivo/ afec-
tivo del cliente en cada momento para conseguir cambios en los significados.
Cuando actuamos como terapeutas siempre tenemos. presente en nuestra
mente los detalles de la experiencia y la expresi6n de nuestro cliente en cada
momento. Estamos absortos en el proceso y en c6mo facilitar el siguiente
paso, en vez de intentar entender los patrones inadaptados recurrentes o de
intentar conseguir objetivos predeterminados de cambio de conducta.
Desde nuestro punto de vista, el terapeuta es un experto conocedor de c6mo 1
facilitar tipos particulares de exploraci6n de la experiencia y no de qué está
experimentando el cliente.
El nuestro es un enfoque que integra una perspectiva «organísmica» del
funcionamiento humano, que da importancia a ciertos aspectos innatos, de
origen biol6gico, y que tiene una perspectiva estructural del proceso, que
subraya de qué modo están implicadas las estructuras mentales funcionales
a la hora de actuar (Pascual-Leone, 1976c, 1984, 1987). Para tratar de explicar
el cambio, recalcamos el papel biol6gico de los aspectos evolutivos de la
emoci6n y la tendencia organísmica hacia el crecimiento; también acentua-
mos el importante papel de las estructuras cognitivo/afectivas internas
(esquemas) y de los procesos (atender, simbolizar y reflexionar sobre la
experiencia) implicados en la generaci6n de experiencia y conducta en cada
momento.
Nuestra visi6n de las emociones es esencial a la hora de entender este
enfoque. Creemos que un objetivo terapéutico importante es ayudar a las
personas a expresar sus sentimientos y necesidades, ya que a través de ello
llegan a comprender lo que es emocionalmente significativo para ellas. Un
aspecto importante de la terapia es llegar a darse cuenta de cuáles son los •
esquemas emocionales implícitos que guían la experiencia y la acci6n. No
consideramos la emoci6n como sin6nimo de gran excitaci6n o intensa ex-
16 FACILITANDO EL CAMBIO EMOCIONAL
presi6n. No vemos la emoci6n como destructora de la cognici6n o la
conducta; ni consideramos las emociones como sentimientos meramente
internos. Por el contrario, creemos que las emociones constituyen un
sistema de acci6n organizado, significativo y, por lo general, adaptativo. La
funci6n biol6gica de la emoci6n es asegurar la supervivencia y reproducci6n
del organismo, ofreciéndole informaci6n sobre sus reacciones a las situacio-
nes para conseguir una mejor adaptaci6n y soluci6n a los problemas. Sin
embargo, culturalmente, la emoci6n ha sido objeto de una visi6n negativa
y ha tenido mala prensa -la emoci6n aparece como un elemento desorga-
nizador, algunas personas son tachadas de «demasiado emocionales» y se
considera que necesitan «Cotitrolar sus emociones». Las personas se avergüen-
zan a menudo de mostrar demasiadas emociones y creen que ser emocional
es equivalente a ser inmaduro.
Aunque, a veces, las emociones están conectadas con alguna disfunción,
debido a algún aprendizaje emocional poco adecuado, los efectos de la
emoción, en general, son positivos y adecuados. Guían a las personas hacia
la satisfacci6n de necesidades importantes y motivan una acción eficaz. En
vez de ser destructivas, las emociones son manifestaciones ricas en informa-
ci6n de un sistema de procesamiento complejo que evalúa tanto lo que es
significativo para nosotros como la posibilidad o no de alcanzar lo que es
significativo. Al tomar conciencia de nuestras emociones y necesidades y al
expresarlas, nos damos cuenta de la importancia que las cosas tienen para
nosotros. Así pues, sabiendo cuáles son nuestras emociones, llegamos a
conocernos verdaderamente a nosotros mismos, esto es, nuestra aprecia-
ción de lo que es importante para nosotros.
Deseamos comentar aquí el uso que hacemos del concepto de esquema
y esquemas emocionales a lo largo del libro. Esto no significa reificar esta
construcción estructural con el estatus de una entidad existente en la cabeza.
Hemos usado este concepto como una herramienta para visualizar que
existe un proceso organizativo interno. Nuestra perspectiva no se erige, ni
descansa en el uso de este concepto. Cuando los esquemas se reemplacen
por otro concepto, como un proceso distributivo o redes neuronales o
algún otro complejo proceso de formación de patrones, nuestra teoría, que
se apoya únicamente en la noción de algún tipo de organización interna
modular de la experiencia, no se verá afectada.
Al presentar un libro que proviene de la tradición de la terapia vivencia!,
tenemos interés en señalar la convergencia actual en este campo de los
diferentes acercamientos a la psicoterapia. Esta convergencia se refleja con
mayor claridad en el desarrollo de la Society for the Exploration of
Psychotherapy Integration (Sociedad para la exploración de la integración
de la psicoterapia) y en el número creciente de publicaciones sobre integra-
PREFACIO 17
ción. Algunos métodos para la integración de los diferentes enfoques, así
como para identificar puntos comunes en los enfoques, han contribuido
asimismo a crear cierto respeto y cierto aprendizaje de las diferencias entre
enfoques.
En este sentido señalamos la convergencia representada en este libro
entre aspectos de las perspectivas vivenciales y aspectos de las perspectivas
cognitivas y de las relaciones objetales. Esta convergencia se da particular-
mente a nivel teórico, donde las representaciones internas o los esquemas
o el papel de las emociones son objeto de un creciente interés en todas las
áreas. Nuestra teoría guarda similitudes definidas con aquellos acercamien-
tos cognitivos que acentúan la importancia de unas creencias nucleares y la
construcción de significado como el aspecto central que guía la conducta de
las personas, y también con la teoría de las relaciones objetales que concibe
a las personas como seres que construyen representaciones internas de
interacciones anteriores basadas en la afectividad. También se observan
claramente algunas similitudes con la psicología del sí mismo, tanto por la
importancia que se da al sí mismo y a sus reglas de autoestima como por el
papel que desempeña la empatía en el fortalecimiento del sí mismo. Creemos,
pues, que este libro tendrá algo que decir tanto a los terapeutas cognitivos
como los orientados psicodinámicamente.
Sin embargo, más que presentar este esfuerzo como un libro cuyo
objetivo principal es la integración, nuestra finalidad al escribirlo es articu-
lar un enfoque dentro de la terapia vivencia!. Creemos que una obra de este
tipo es importante para reavivar el interés en lo que esta tradición puede
ofrecer y para presentar los rasgos distintivos de los enfoques que hemos
desarrollado. En este libro, ofrecemos una perspectiva de cómo facilitar
diferencialmente distintos procesos cognitivo/afectivos que conduzcan a la
resolución de diversos tipos de dificultades de procesamiento emocional.
Creemos que la especificación de estos procesos y de los rasgos de nuestro
enfoque pueden ser útiles a largo plazo para fomentar la integración, ya que
define claramente lo que una perspectiva vivencia! puede ofrecer a un
esfuerzo integrador.
Queremos hacer un comentario acerca del uso de las transcripciones.
El contenido de alguna de ellas ha sido alterado de algún modo para ocultar
rasgos identificadores, para mantener la confidencialidad y mejorar la
claridad. Hemos tratado, sin embargo, de retener el proceso esencial del
cliente que tuvo lugar en cada episodio y de interferir lo menos posible con
las intervenciones de los terapeutas, para transmitir con la mayor fidelidad
las intervenciones que, de hecho, tuvieron lugar.
Por último, nos gustaría agradecer a todos nuestros colegas y a los
estudiantes que han influido directa o indirectamente en nuestra manera de
.. , .. ,..... ,
18 FACILITANDO EL CAMBIO EMOCIONAL
pensar y en este libro. Más específicamente, nos beneficiamos mucho de los
comentarios de Art Bohart, Irene Elkin, Germain Lietar, Tracy Mayne y
Bill Stiles. También nos ayudaron mucho las conversaciones con Juan
Pascual-Leone, que ha influido, en gran medida, en nuestra visión teórica
del funcionamiento humano. Por otra parte, muchos colegas y estudiantes
han colaborado, directa o indirectamente, en el desarrollo de las ideas de
este libro. Reconocemos, con agradecimiento, la ayuda de nuestros colegas
SueJohnson, David Rennie y Shake Toukmanian y de nuestros numerosos
estudiantes, en la actualidad, Claudia Clark, Florence Foerster, Rhonda
Goldman, Ruth Rohn, Hadas Wiseman, Sandra Paivio, Renee Rhodes y
Jean Watson. Finalmente deseamos expresar nuestra sincera gratitud a
Zehra Bandhu, nuestra siempre dispuesta secretaria que pasó incansable-
1nente a máquina una y otra vez nuestras interminables correcciones. A
todos ellos y a nuestros clientes, que nos han ayudado a aprender lo que
sabemos de terapia, de modo que podemos compartir ese conocimiento con
los demás, les damos las gracias.
, • • .... > • - , ......... , . . -~ - ,_ ... , • -··-~· -~., ._,,.,' • ' " ., .. « • .. _, • . .. --··., "'. "'-.!<'
PRIMERA PARTE
INTRODUCCIÓN
1
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"·,i~'''T; .,., ,.. ,,. ·~·· ..,, ~- ......,_ '" ~-·
..
CAPÍTULO!
INTRODUCCIÓN A ESTE ENFOQUE
En este libro presentamos la teoría y los métodos de un enfoque de la
terapia centrado en la emoción y facilitador del proceso, orientado hacia la
construcción de nuevo significado emocional. En él, el terapeuta se muestra
como alguien que facilita que el cliente, momento a momento, procese la
información de su experiencia, guiando su atención para permitirle la
construcción de nuevos significados personales.
Nuestra intención en este trabajo es tanto a) insertar un enfoque vivencia!
de la terapia en las modernas perspectivas teóricas sobre el procesamiento
de información constructiva y el papel adaptativo que desempeñan las l
emociones en el funcionamiento humano, como b) ofrecer un manual de
métodos espedficos de intervención terapéutica que, en el contexto de una
relación empática, utilizan la reorganización de la atención y de otros
procesos cognitivo/afectiv6s para facilitar el cambio de los esquemas emo-
cionales.
En este enfoque vivencia!, orientado al proceso para facilitar el cambio
emocional, es muy importante reconocer que todas la5 operaciones proce-
suales del cliente ocurren en el presente y que la atención del terapeuta tiene
que estar completamente centrada en la experiencia y expresión presentes
del cliente. El terapeuta trata de oír, ver y entender a los clientes tal y como
están en ese momento y de estimular el procesamiento vivencia!, en vez de
intentar formular hipótesis acerca de la dinámica interna de los clientes o
de cambiar o modificar sus cogniciones o conductas. Además de atender y
facilitar la atención específica y los procesos de memoria que ocurren en
ese momento, el terapeuta trata continuamente de proporcionar un am-
biente Óptimo para el tipo de procesamiento cognitivo/afectivo flexible
requerido en terapia. Defenderemos que la existencia de una relación
empáticamente armoniosa y respetuosa, en la que el terapeuta afirma la
experiencia del cliente y le aprecia con autenticidad, en vez de evaluarlo,
aumenta la confianza de la persona en sus propias capacidades. Esto permite
que la persona se sienta lo suficientemente segura para aplicar al máximo
sus capacidades de procesamiento en la tarea de explorar y generar nuevos
significados emocionales.
Además de la creación de un ambiente propicio para una relación
particular, nosotros sugerimos el uso de una serie de tareas terapéuticas que
hemos comprobado que son productivas a la hora de ayudar a los clientes
... • • •
' -·~·"'
,
22 INTRODUCCIÓN
a resolver problemas afectivos específicos. Hemos observado que se produ-
cen con frecuencia algunos tipos particulares de problemas afectivos en
clientes que están en terapia. Estos problemas se asemejan a una tarea que
los clientes se encuentran continuamente intentando solucionar por todos
los medios. Según nuestro punto de vista, si los terapeutas son capaces de
reconocer el momento en que el cliente está esforzándose por resolver uno
de estos problemas afectivos, sabrán cuándo y cómo intervenir más apro-
piadamente. Así pues, la intervención comprende el reconocimiento y la
facilitación de la resolución de la tarea afectiva en la que el cliente se
encuentra implicado en ese momento.
En este libro señalamos seis tipos de estrategias de intervención facili-
tadoras para seis tipos diferentes de problemas afectivos. El especificar
diversas formas de intervención para distintos tipos de problemas no
significa, de ninguna manera, que la terapia sea un proceso determinista en
el que se aplique la fórmula correcta para obtener la solución correcta. Por
el contrario, vemos estas intervenciones como métodos muy complejos de
facilitación interpersonal. Las intervenciones que nosotros destacamos son:
el despliegue sistemático evocador, para resolver reacciones problemáticas;
el diálogo de las dos sillas, para resolver divisiones; la actuación de las dos
sillas, para solucionar autointerrupciones; el enfoque, para simbolizar un
sentido no percibido con claridad; el diálogo de la silla vacía, para resolver
asuntos inacabados; y el aprecio empático, en situaciones de intensa vulne-
rabilidad. Es importante comprender desde el principio que nosotros
consideramos la terapia como un elemento facilitador de la creación, por
parte del cliente, de nuevos significados emocionales y creemos que el arte
de la terapia puede comprenderse mejor definiendo e investigando los
diferentes tipos de tareas creadoras de significado que fomentan el cambio.
Todos los problemas citados son, pues, considerados como problemas
de procesamiento de información afectiva cuyas soluciones se facilitan de
modos diferentes. A lo largo de este libro, términos como «procesamiento
de información afectiva» o •procesamiento vivencia!» van a ser usados para
expresar un proceso activo y dialécticamente constructivo de creación de
un significado emocional, en lugar de un procesamiento pasivo de informa-
ción, computacional, a través de etapas lineales que producen una salida
predeterminada. «El procesamiento de la información», tal y como usamos
el término, implica un proceso de génesis y atención a la información de
tono emocional para crear significados emocionales.
Nosotros sostenemos que el propósito de trabajar en cada momento
con el procesamiento cognitivo/afectivo del cliente tiene como finalidad
permitir que los clientes consigan el cambio del mismo modo que constru-
yen su sentido de sí mismos, así como que cambi!'n las estructuras cogniti-
• . • .., '' 1 _, _ .. l... ' • ' . .. • · -..- 'i''"'.''·~·n•··
INTRODUCCIÓN A ESTE ENFOQUE 23
vo/afectivas subyacentes relevantes para el sí mismo. Nos referiremos a
estas estructuras subyacentes como esquemas emocionales. Nosotros sugeri-
mos que estos complejos modelos internos guían automáticamente nuestro
sentido de significado emocional. Además, sugerimos que el cambio tera-
péutico ocurre por medio de la reorganización de los esquemas emocionales
existentes y la creación de nuevos esquemas.
Definimos los esquemas emocionales como estructuras de sintetización
interna que procesan de un modo preconsciente una variedad de fuentes de
información cognitiva, afectiva y sensorial que nos proporcionan nuestro
sentido personal de significado. Esto nos ayudará a presentar una visión
holística de las personas, como seres organísmicos para los que el afecto, la
cognición, la motivación y la acción siempre están integrados en todo lo
que hacen. Defendemos que las emociones son esenciales a la hora de
aprehender la totalidad del funcionamiento humano, ya que son reacciones
complejas, integradoras, con base organísmica, a nuestras percepciones de .1
nosotros mismos y del mundo. Integran lo social y lo biológico, así como
lo cognitivo, lo motivacional y lo fisiológico en una sola respuesta compleja
que sintetiza varios niveles de procesamiento. Los esquemas emocionales
son, por tanto, estructuras complejas de sintetización que integran la
cognición (en forma de valoración, expectativas y creencias) y la motivación
(en forma de necesidades, preocupaciones, intenciones y objetivos) con el
afecto (en forma de activación fisiológica y sensaciones sensoriales y corpo-
rales) y la acción (en forma de respuestas motrices expresivas y tendencias
a la acción). Todas ellas juntas forman complejos modelos internos de la
experiencia del sí mismo en el mundo. Aunque se trata de complejos
modelos mentales de múltiples componentes, los llamamos esquemas emo-
cionales porque estos modelos, que se forman alrededor de las respuestas
emocionales, son los más influyentes a la hora de guiar el procesamiento
automático de significados personales. Estas estructuras esquemáticas, basa-
das en la emoción, integran automáticamente la información proposicional,
sensorial y propioceptiva para producir un «sentido» o un «Sentimiento»
corporal del sí mismo en el mundo, en contraposición a estructuras pura-
mente cognitivas que producen solamente pensamientos o ideas. Así, el
sentimiento de estar «en la cresta de la ola», «por los suelos» o de estar
«inseguro» se produce por medio de estas complejas síntesis de esquemas
emocionales. Los esquemas emocionales forman, a su vez, estructuras
supraordenadas de significado y acción emocional que determinan nuestra
experiencia holística de estar-en-el-mundo. Estas estructuras emocionales
son también las que organizan y estabilizan automáticamente nuestras
reacciones emocionales inicialmente pasajeras para proporcionarnos nues-
tro sentido de permanencia de sí-mismo-en-el-mundo. Estas estructuras
,.
24 INTRODUCCIÓN
determinan lo que tiene un sentido personal para nosotros y nos llevan a
nuestra experiencia emocional inmediata de sí-mismo-en-el-mundo. Desde
nuestras reacciones emocionales, podemos decir lo que es importante para
nosotros, cómo valoramos nuestro mundo y cómo nos enfrentamos a él
(véase Oatley, 1992; Lazarus, 1991b; Teasdale, en proceso de publicación).
La terapia, por tanto, es el proceso de activar y facilitar la reorganización
de estos esquemas emocionales. Hay dos rasgos clave del método terapéutico
para cambiar esquemas emocionales: a) la armonización empática del tera-
peuta con la experiencia emocional del cliente en cada momento y b) la
facilitación de tipos particulares de procesamiento vivencia! en momentos
particulares para promover la activación y reorganización de los esquemas
emocionales. Según nuestra concepción, para que ocurra el cambio emocio-
nal, las estructuras de significado que generan la experiencia emocional tie-
nen que ser activadas en la terapia, de modo que en ese momento estén gober-
nando la experiencia. Sólo entonces se hacen accesibles a nuevas entradas y
al cambio. Experimentar de un modo emocional lo que se está hablando en
la sesión es un indicador de que la estructura de significado relevante ha sido
activada y va a traer consigo el procesamiento de nueva información.
Al usar este enfoque, el terapeuta no trata de proporcionar nuevo
significado al cliente, sino que intenta facilitarle aquellos procesos cogniti-
vo/ afectivos que le permitirán reorganizar su experiencia y construir
nuevos significados emocionales. De este modo, el terapeuta es facilitador
y estimulador de la nueva experiencia y de su exploración y reorganización.
El producto o contenido de la reorganización así como la nueva construc-
ción provienen del cliente.
Como hemos dicho, la facilitación sistemática de la atención del cliente
es un proceso terapéutico central en este enfoque para cambiar los esquemas
emocionales. Esto le permite darse cuenta y procesar nuevos elementos de
la experiencia. Facilitar un foco de atención, de un modo particular, en un
momento determinado, altera la conciencia presente, ya que aquello a lo
que la persona atiende constituye la base de su conciencia. Así, más que
hablar de un problema o tratar de solucionarlo racionalmente, el atender a
una sensación de vado en el estómago, al estímulo que generó esa sensación
o al sentimiento de «Sentirse fracasado» asociado con él, por sí mismo
reorganiza la experiencia presente al cambiar el foco de atención. El cambio
del foco de atención está muy relacionado con los cambios en la experiencia
y en la acción, porque promueve una nueva conciencia. La nueva conciencia
de sentirse desilusionado por una pérdida o enfadado por haber sido
maltratado puede llevar a una reorganización semántico-perceptual y a la
posibilidad de nuevas opciones y elecciones. La acción, por lo general,
ocurre en respuesta a una [Link]ón o comprensión de la situación
. •" ''\'"" '
INTRODUCCIÓN A ESTE ENFOQUE 25
y de las opciones ahora percibidas. El cambio en la conciencia, por tanto,
es la clave para un cambio en la acción y la asignación diferente de la atención
es la clave para el cambio de conciencia.
La conciencia emocional es nuestra organización actual de lo que nos
importa en este momento en relación con el medio siempre cambiante. Así,
la conciencia depende de aquello a lo que atendemos selectivamente y de
cómo lo organizamos en significado privado. El cambio en cualesquiera de
los elementos a los que se atiende en la conciencia, o en su intepretación,
producirá una nueva perspectiva y nuevo significado emocional.
La activación de las estructuras emocionales internas, el reprocesamien-
to de la información y su recodificación llevan, en última instancia, al
cambio en las estructuras emocionales o a la generación de nuevos esque- 1
mas. El papel más activo del terapeuta, al facilitar la reorganización de los
esquemas emocionales, no es el de interpretar el significado de la experiencia
del cliente, ni el de intentar modificar los esquemas o desafiarlos. Es el de
centrar la atención del cliente en algunos elementos de su experiencia, en
lugar de en su foco de conciencia habitual, para simbolizarla y activar, de
este modo, los esquemas y el posterior procesamiento de información. Esto,
a su vez, produce la auto-reorganización de la experiencia y la construcción
de una nueva visión del sí mismo en el mundo.
EL DESARROLLO DE ESTE ENFOQUE
El enfoque para facilitar los procesos emocionales, descrito en este libro,
es producto de dos desarrollos importantes en nuestra concepción de una
terapia vivencia! orientada al proceso. U no de los desarrollos está relacio-
nado con el cambio en la práctica real de la terapia, a nivel de la intervención
terapéutica; el otro se relaciona con el cambio en la teoría de la práctica, a
nivel de la explicación de cómo ocurre el cambio.
En nuestra experiencia clínica, al utilizar la terapia vivencia! orientada
empáticamente, nos dimos cuenta muchas veces de que cuando parecía que
se producía un giro importante en el significado emocional del cliente en
relación con una preocupación personal, éste conducía a un cambio positi-
vo. En estas ocasiones, el cliente había sido capaz de involucrarse en
procesos mentales particulares detectables (aunque internos). Si éstos eran
reconocidos y facilitados por el terapeuta, se producía algo nuevo, una
nueva visión del sí-mis1no-en-el-mundo. Se daba una reorganización emo-
cional que implicaba una nueva perspectiva del sí mismo, se resolvía una
dificultad emocional, o se producía un giro en la conciencia y la percepción
que parecía importante tanto al cliente como al terapeuta.
26 INTRODUCCIÓN
La importancia de facilitar la curiosidad, la exploraci6n de la novedad y
una nueva conciencia del cliente aparecían como los objetivos centrales de
la intervenci6n. Esta observaci6n tuvo dos implicaciones principales para la
práctica. Por un lado, concebimos los reflejos empáticos de los sentimientos
como herramientas de intervenci6n importantes para transmitir compren-
si6n del significado. Por otro, también los concebimos como herramientas
para facilitar procesamientos nuevos y diferentes en el momento. Ciertos
tipos de reflejos parecían llevar a un procesamiento más productivo en
determinados momentos (Rice, 1974). Además, los reflejos empáticos que-
daban mejor caracterizados como selecciones empáticas (Greenberg y Gold-
man, 1988), ya que la respuesta s~ centraba selectivamente o enfatizaba
aspectos determinados del significado del cliente de un modo particular. Las
selecciones empáticas parecían estar diseñadas para ampliar la exploraci6n
y la manera de procesar. Rice (1974) había sugerido inicialmente que un
modelo de procesamiento de informaci6n era la mejor base te6rica para
entender las operaciones de la terapia centrada en el cliente así como sus
mecanismos de cambio. Esta perspectiva nos condujo a ver al terapeuta
como facilitador del procesamiento de informaci6n, que ayuda al cliente a
explorar y a crear nueva experiencia en la terapia. Además de centrarnos
en la facilitaci6n del terapeuta del procesamiento de informaci6n en cada
momento, también observamos que los terapeutas pueden facilitar la
soluci6n de algunas tareas más molares de procesamiento por medio de una
intervenci6n diferencial. Etiquetamos estas tareas como acontecimientos
de cambio potencial y nos pusimos a estudiarlas con intensidad.
Rice (1974) identific6 el primer acontecimiento de cambio potencial en
el contexto de un enfoque centrado en el cliente. Éste suponía la resoluci6n
de una reacci6n problemática por medio de una forma específica de respues-
ta evocadora. U na reacci6n problemática es un estado en terapia en el que
un diente se siente confundido o preocupado por la reacci6n que ha tenido
en alguna situaci6n. Rice sugiri6 que eran «las construcciones o esquemas
permanentes que salen a la luz en cada nueva experiencia» los que resultan
problemáticos en estas situaciones. Además sugiri6 que los objetivos de la
terapia son «el conjunto de esquemas relevantes para las situaciones recu-
rrentes en las que el cliente reacciona de modo insatisfactorio» (Rice, 1974,
pág. 293). La intervenci6n terapéutica se consider6 como un intento de
evocar una experiencia de estas situaciones problemáticas, de modo que no
resultara distorsionada por el esquema y que facilitara el reprocesamiento
de la experiencia.
Greenberg (1975), trabajando en un marco de procesamiento esquemá-
tico, lleg6 a identificar un segundo acontecimiento de cambio, sacado de la
práctica de la terapia Gestalt. Éste implicaba la resoluci6n de escisiones en
INTRODUCCIÓN A ESTE ENFOQUE 27
la personalidad por medio del diálogo de las dos sillas. U na escisi6n describe
una afirmaci6n en la sesi6n de un conflicto consciente entre dos aspectos
del sí mismo. Se consider6 que el proceso de resoluci6n implicaba el acceso
y la puesta en contacto de dos esquemas opuestos o partes del sí mismo para
conseguir su integraci6n. Al identificar momentos de reacciones problemá-
ticas y escisiones como marcadores de problemas afectivos que requerían
tipos de intervenciones específicas, se dio el primer paso en el desarrollo de
un enfoque más diferenciado de la intervenci6n orientada vivencialmente.
Esto llev6 al desarrollo de acontecimientos de cambios recurrentes en
terapia y a la identificaci6n y estudio profundo de los procesos implicados
en los diferentes acontecimientos de cambio (Greenberg y Rice, 1984).
Estos acontecimientos en la terapia se definieron como portadores de
una estructura identificable. Los acontecimientos empiezan con la expresi6n
del cliente en la sesi6n de un tipo particular de experiencia problemática
considerado como un «indicador» tanto de un problema de procesamiento
emocional subyacente como de la disposici6n del cliente para un tipo
panicular de exploraci6n terapéutica. Los indicadores, junto con el uso de
conjuntos específicos de intervenciones adecuados para facilitar la resoluci6n
de dificultades de procesamiento paniculares, condujeron a un tipo especí-
fico de exploraci6n emocional. Esta exploraci6n evolucion6 hacia una serie
de pasos importantes de procesamiento del cliente que, a su vez, llevaban a
la resoluci6n del problema afectivo. Nos parecía cada vez más claro que
dentro de la «totalidad» de una terapia exitosa había un número de aconte-
cimientos de cambio identificables del tipo que hemos descrito, aconteci-
mientos que podían ser facilitados, con mayor o menor fortuna, por las
diferentes intervenciones (Rice y Greenberg, 1984; Greenberg, 1986). La
investigaci6n sobre estos acontecimientos de cambio proporcion6 modelos
para dilucidar los diferentes tipos de implicaci6n productiva del cliente.
También se definieron los tipos de panicipaci6n con los que el terapeuta
tenía que facilitar la implicación del cliente en cada etapa.
Un segundo desarrollo tuvo lugar en el nivel de la teoría del funciona-
miento humano. Siempre nos había impresionado la capacidad humana
para organizar dinámicamente la experiencia emocional y construir signi-
ficado, así como la importancia de estos procesos en la cambiante percep-
ci6n de la realidad, por parte del cliente. El modo en que las personas se
veían a sí mismas y a su mundo parecía depender claramente de sus
continuas construcciones cognitivo/ afectivas. En lugar de poseer construc-
tos, las personas construyen significados sin cesar. Nos parecía que los
procesos constructivos emocionales actuales del cliente y las organizaciones
esquemáticas subyacentes a ellos eran los objetivos últimos de la interven-
• I I •
c1on terapeut1ca.
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28 INTRODUCCIÓN
Desde el princ1p10, consideramos los indicadores de problemas de
procesamiento emocional como representaciones del procesamiento esque-
mático tácito en el que el cliente se encontraba implicado y que tenía que
ser cambiado. Desde nuestro punto de vista, los cambios en el procesamien-
to cognitivo/ afectivo del cliente (que proporcionan cambio en el significado
emocional) conducen, en último término, al cambio terapéutico. Además,
la manera y el tipo de actuación dentro de la sesión constituían signos
manifiestos del tipo de operaciones mentales internas que estaba realizando
el cliente y que necesitaban ser cambiadas. Dado que nuestra principal
preocupación era el cambio de las construcciones emocionales del cliente
de sf mismo y de la realidad, nos interesamos muy especialmente por los
desarrollos de la ciencia cognitiva y la teoría de la emoción (Greenberg y
Safran, 1987) que podían clarificar las operaciones internas implicadas en el
proceso de cambio terapéutico.
Nos dimos cuenta de que las teorías vivenciales en psicoterapia, de las
cuales derivaba nuestro trabajo (Rogers, 1951, 1957, 1959; Peris, Hefferline
y Goodman, 1951; Peris, 1969), habían sido desarrolladas en una época en
la que no existía una comprensión adecuada en psicología del tipo de
procesos cognitivos y afectivos implicados en el funcionamiento humano.
En aquella época, el psicoanálisis y el conductismo eran los modos teóricos
dominantes. Por un lado, se asumía que el funcionamiento humano estaba
fuertemente gobernado por impulsos instintivos inconscientes. Por otro,
la conducta estaba condenada a ser controlada por vínculos aprendidos
entre estímulo y respuesta. El papel de los modelos internos y del procesa-
miento automático en la construcción del significado emocional, y la
naturaleza y el papel de la emoción en el funcionamiento humano consti-
tuían áreas subdesarrolladas en la psicología teórica. No había modelos
adecuados para los fenómenos terapéuticos sobre los que Rogers y Peris
escribían. Los dos eran conscientes de la importancia de la capacidad
humana para la autorreflexión y del papel de la conciencia, la experiencia
emocional, el significado y la elección en la determinación de la conducta
humana. Sin embargo, apenas existía una teoría del procesamiento cogniti-
vo/afectivo en aquella época que pudiera hacer justicia a la complejidad del
funcionamiento humano real en el mundo. Así, en sus afirmaciones forma-
les de la terapia centrada en el cliente y Gestalt, Rogers y Peris trataron de
construir teorías del funcionamiento, la disfunción y el cambio terapéutico
que hicieran justicia a su creencia sobre la participación activa del ser
humano y su capacidad para el cambio. Todo ello se llevó a cabo sin la ayuda
de los modernos desarrollos de la psicología.
'"' ''~··•"<'
INTRODUCCIÓN A ESTE ENFOQUE 29
GUÍA PARA LEER EL LIBRO
En este libro presentamos el marco teórico de este enfoque sacado de la
ciencia cognitiva y la teoría de la emoción, así como un manual de los
diferentes métodos y habilidades para facilitar distintos tipos de procesa-
miento conducentes al cambio. La parte primera del libro, del que este
capitulo forma parte, sirve como introducción al enfoque global. En este
capitulo se presenta una breve introducción a algunos de los elementos clave
del enfoque y su desarrollo. El enfoque global al tratamiento se trata en el
capítulo siguiente.
La parte segunda del libro presenta la teoría subyacente al enfoque
vivencia! orientado al proceso, al que nos referiremos como enfoque
vivencia! y procesual. Los capÍtulos de esta parte tratan de la aplicación de
la ciencia cognitiva y la teoría de la emoción a la hora de comprender los
procesos psicológicos en psicoterapia y presenta temas relacionados con la
teoría del funcionamiento emocional y las disfunciones emocionales. Esta
parte del libro es muy teórica y será de gran interés para los psicólogos
interesados en el papel de la emoción y la cognición en el funcionamiento
de la personalidad y para los interesados en las teorías de la disfunción.
La parte tercera presenta un manual detallado para la puesta en práctica
de este enfoque. Los que se sientan más atraídos por la lectura de temas
prácticos y no quieran empezar por la teoría pueden pasar directamente de
la parte primera a la parte tercera, que orienta al lector en el enfoque del
tratamiento y proporciona un manual de habilidades y tareas. La parte
cuarta concluye con una discusión de cuestiones a la hora de aplicar este
enfoque. '
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CAPÍTULOII
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA
FACILITADOR DEL PROCESO
En este capítulo describimos las características centrales del enfoque
vivencia! y procesual de la psicoterapia. Nuestro supuesto básico en esta
visión del tratamiento es que las barreras en el funcionamiento sano actual
derivan de los problemas de los clientes para simbolizar su propia expe-
riencia y de los esquemas disfuncionales a través de los cuales ésta se
procesa. Por tanto, desde nuestro punto de vista, la meta del proceso
terapéutico es capacitar a los clientes para que accedan a estos esquemas
disfuncionales bajo condiciones terapéuticas que faciliten el cambio de los
esquemas relevantes. Los objetivos de la terapia son los procesos de
construcción de significado y los conjuntos de esquemas emocionales que
son relevantes para los asuntos y situaciones problemáticas traídas a la
terapia por cada cliente. El objetivo de este acercamiento es proporcionar
métodos por medio de los cuales los clientes en terapia puedan acceder a
los esquemas emocionalmente relevantes, puedan simbolizar su experien-
cia de modo más adecuado y puedan volver a procesar experiencias
relevantes para los esquemas disfuncionales. El procesamiento emocional
de esta naturaleza trae consigo la reorganización de las viejas estructuras
esquemáticas y la creación de nuevos esquemas.
Los diferentes modos de procesamiento de los clientes en terapia son
importantes en dos niveles distintos de la interacción cliente-terapeuta, El
primer nivel trata de los efectos, punto por punto, de cada respuesta del
terapeu-ta sobre la subsiguiente respuesta del cliente. Las respuestas del
terapeuta, que ofrecen una comprensión precisa y empática del mensaje
del cliente, comunican un sentimiento de ser comprendido y verdadera-
mente recibido. Estas respuestas afirmadoras y comprensivas capacitan al
cliente para entrar en asuntos difíciles y explorarlos con mayor profundi-
dad. Una segunda característica, menos obvia pero importante, de las
respuestas reflexivas del terapeuta, punto por punto, se refiere al aspecto
de las afirma- ciones del cliente sobre el que el terapeuta centra la atención.
Si la atención está en el aspecto que parece más vivo y conmovedor para
el cliente en ese momento, se le mantiene centrado en esta área, dejándole
libre para corregirlo o seguir adelante, (Estos temas se tratarán más
ampliamente en el capítulo 7.)
El segundo nivel en el que la interacción cliente-terapeuta ha de ser
considerada es el nivel más molar, en el cual el terapeuta t_rata de capacitar al
32 INTRODUCCIÓN
cliente para resolver los problemas afectivos más amplios que se presentan
como tareas terapéuticas en la sesión. A medida que estudiábamos el proceso
terapéutico, considerando a los clientes como «solucionadores» activos de
problemas, implicados en intentar lograr la resolución de experiencias pertur-
badoras o confusas, empezamos a identificar distintos tipos de tareas dentro
de la sesión con las que los clientes se enfrentaban. En este marco, diversos
tipos de operaciones de procesamiento del cliente parecían ser Útiles en
momentos distintos para acceder a diferentes esquemas de varias maneras.
Estos tipos diversos de operaciones, a las que nos referiremos más tarde como
«modos de implicación•, parecían requerir distintos tipos de implicación del
cliente en la sesión. Era aparente que éstos podían ser facilitados por
diferentes formas de intervención terapéutica. Al investigar estos sucesos,
llegamos a la conclusión de que los terapeutas pueden ayudar a los clientes
a resolver clases particulares de problemas de procesamiento, al facilitar
selectivamente su implicación en los distintos tipos de tareas exploratorias
que se dirigen específicamente a las dificultades relevantes de procesamiento.
Cada una de las diferentes clases de tareas del cliente se identifica por la
presencia de un «indicador», en de la sesión, que señala la naturaleza de la
dificultad específica de procesamiento con la que se enfrenta el cliente, e
indica también su disposición actual para entrar en el problema. Este rasgo
de «disponibilidad» indica que el cliente está experimentando en ese mo-
mento la dificultad y está intentando resolver el problema, esto es, está
involucrado en la tarea y está, por tanto, más receptivo a una intervención
diseñada para facilitar su solución. Hemos llegado a la conclusión de que
las intervenciones centradas en la tarea, en indicadores de disposición
identificables, constituyen una estrategia Útil para ayudar a los clientes a
resolver tareas terapéuticas específicas.
En esta concepción de la terapia, el terapeuta es muy sensible a la natu-
raleza cambiante, momento a momento, de los estados y procesos del cliente.
El terapeuta se implica de un modo continuo en un tipo de «diagnóstico del
proceso», identificando problemas de procesamiento en la sesión que parecen
susceptibles de intervención en ese momento. Como se indica más adelante,
es importante señalar que el diagnóstico del proceso se basa en la valoración
del estado actual del cliente, tal como se muestra a través de su forma y
estilo momentáneos de expresión. No es un diagnóstico de estados o rasgos
estables, sino una armonía empática con los estados afectivos momentáneos
y con la orientación particular del cliente hacia la resolución del problema
actual.
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 33
UN ENFOQUE CENTRADO EN EL PROCESO
En un enfoque de la terapia vivencia! y facilitador del proceso, diseñado
para facilitar el procesamiento diferencial, la acción terapéutica se ve como
sucediendo en las transacciones, punto por punto, entre el cliente y el terapeu-
ta. Se considera que los clientes están implicados en un proceso continuo de
organización de la experiencia y en crear nuevos significados emocionales
para entenderse mejor y guiarse a sí mismos en su relación con el mundo.
Este proceso de creación de experiencia y significado supone la construcción
de significados a partir de diversos tipos de información que incluye la
información sensorial, afectiva, perceptiva, memorística y conceptual. La
síntesis organizada resultante de todo este proc,esamiento es la experiencia
consciente de la persona de estar-en-el-mundo. Este es el referente continuo
del terapeuta. Su atención se centra continuamente en los cambios, momen-
to a momento, en la experiencia del cliente y en su modo de procesar.
Así, una frase de una cliente como: «Me sentí tan dolida, sólo quería
irme. No quería mirarles. Tenía que protegerme» es el resultado de un
complejo proceso de construcción de significados, que implica la simboli-
zación de una valoración automática de una relación sí mismo-situación
respecto a una preocupación organísmica y a la integración de una gran
cantidad de información procesada fuera de la conciencia. El terapeuta, al
responder con una afirmación tal como: «Te sentiste herida en tu interior
y como queriéndote marchar para curarte», se implica en este proceso con
la cliente de una forma y con una intención particular. La forma es empática
y compasiva. La intención en esta respuesta es tanto ayudar a la cliente a
sentirse comprendida, como ayudarle a centrarse en los aspect~s más
dolorosos de su experiencia, la tendencia a huir para protegerse. Esta, o
alguna otra respuesta apropiada, se diseña para facilitar ciertas actividades
de procesamiento que ayudarán al cliente a atender y simbolizar la parte
más viva de su experiencia. Esto, a su vez, le ayudará a construir un nuevo
significado emocional y a ver el mundo de una manera diferente.
Al facilitar la experiencia emocional, el terapeuta no sostiene que se deba
tratar un contenido específico para lograr el cambio. Por el contrario, su
atención se centra en escuchar cuál es el estado actual del cliente y reconocer
el modo de facilitar los procesos cognitivo/ afectivos que, en ese momento,
serían los más útiles para la creación de nuevo [Link] hay una teoría
fija del contenido psicológico que dicte que se deba tratar con determinado
material para obtener unos buenos resultados terapéuticos. Ningún mate-
rial específico, tal como creencias irracionales o motivaciones inconscientes,
debe ser tratado para que ocurra el cambio terapéutico. La teoría subyacente
es una teoría del proceso interesada en el modo actual de procesamiento
..
34 INTRODUCCIÓN
cognitivo/afectivo del cliente del contenido que es más sobresaliente para
1
él. Las decisiones de los terapeutas sobre las intervenciones apropiadas se
basan en atender a cómo los clientes están organizando su experiencia en el
1i, presente. Lo que intentamos facilitar es el cambio en el modo en que las
l personas procesan, tanto en qué atienden como en cómo lo simbolizan, en
\ lugar de modificar o comprender contenidos específicos.
Es importante reiterar que siempre son los procesos actuales de cons-
trucción de significado emocional los que constituyen los objetivos del
cambio, no los rasgos o los procesos etiológicos ampliamente evaluados de
un trastorno. No estamos intentando modificar una dificultad de procesa-
miento de información asociada con un desorden, tal como el pensamiento
negativo o la sobregeneralización en la depresión, o la vigilancia en la
ansiedad. Por el contrario, el terapeuta está tratando de facilitar algún aspecto
del procesamiento implicado en un proceso de construcción del significado
emocional actual de la persona, y creemos que el cambio en estos procesos
· conducirá al cambio en el trastorno. Así, si un cliente está en ese momento
experimentando un sentimiento de desesperanza o amenaza, el terapeuta le
ayuda a atender o a buscar la valoración subyacente, a expresar completa-
mente las emociones y a reconocer las necesidades no satisfechas. Esto ayuda
al cliente a construir nuevo significado emocional, que es lo que conducirá
al cambio en situaciones tales como ansiedad o depresión.
El terapeuta, por tanto, empieza el tratamiento con una posición abier-
ta, orientada al proceso, entrando empáticamente en el marco de referencia
interno del cliente para descubrir cómo experimenta y percibe su mundo.
No le impone un marco teórico de referencia o contenidos particulares para
tratar. El objetivo es traer a la conciencia el procesamiento emocional
esquemático del cliente, que automáticamente organiza y crea experiencia,
tanto para ayudarle a simbolizarla como para cambiar el esquema cuando
sea necesario.
Desde nuestro punto de vista, resulta primordial que el cliente sea un
colaborador activo en el proceso de cambio y sin esta colaboración el
cambio no ocurrirÍa. Nuestro enfoque supone una combinación y un
equilibrio entre la respuesta empática centrada en el cliente y la dirección
del proceso de la terapia vivencia! y Gesta!t. En este enfoque, el terapeuta
está muy armonizado empáticamente con los sentimientos, momento a
momento, del cliente y su experiencia de ser. Es también directivo/a en el
proceso, guiando al cliente para que se implique en tipos particulares de
estrategias de resolución y de procesamiento de información afectiva en
distintos momentos. Nuestro terapeuta facilita así el proceso del cliente,
tanto al responder empáticamente a su experiencia, como dándole instruc-
ciones o sugerencias sobre las acciones u operaciones mentales en las que
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 35
podría implicarse en ese momento para mejorar el procesamiento. El
objetivo es estimular una nueva conciencia, experimentar y construir 1
significado, no ofrecer discernimiento o modificar cogniciones. La cuestión
de equilibrar el vínculo relacional con la implicación en el trabajo terapéu-
tico se describirá con mayor detalle en la parte tercera, donde elaboramos
11 na distinción entre los principios terapéuticos que especifican la naturaleza
de la relación y los que identifican cómo favorecer el trabajo terapéutico
111ás directamente.
Los tipos de procesos implicados al trabajar en tareas terapéuticas se
facilitan de diversas maneras descritas en los capÍtulos del 8 al 13 de este
libro. Por ejemplo, a veces el terapeuta puede ayudar al cliente a que centre
su atención en sensaciones corporales o a sentir corporalmente para cons-
truir un sentido de «abajo-arriba» de la experiencia. En otros momentos es
importante facilitar que el cliente se centre en diferentes tipos de operacio-
nes mentales internas, tales como simbolizar un rasgo a partir del recuerdo
de un estímulo específico ante el cual el cliente reaccionó, o reorganizar una
necesidad movilizada en ese momento o un deseo asociado con una expre-
sión emocional.
Dentro de este marco facilitador del proceso, se considera al terapeuta
como un experto en facilitar los tipos de procesos que conducirán a nueva
experiencia y los posibles pasos implicados en determinados procesos
,,fectivos de solución de problemas. Sin embargo, se ve al cliente como un
experto en lo que está experimentando y como un agente activo en el
proceso de cambio. Durante la terapia, el terapeuta, aunque sea directivo
en el proceso, adopta una actitud indagadora, de «no saber». Esta posición
conlleva una actitud de curiosidad y sugerencia en lugar de una actitud de
autoridad conocedora. Las acciones y las actitudes de los terapeutas expre-
san el deseo de saber más acerca de la experiencia del cliente y se emiten
sugerencias para ayudarle a explicar lo implícito, en vez de transmitir la idea
de que los terapeutas saben más y están buscando material oculto. Esta
posición de «saber menos», adoptada por los terapeutas en una perspectiva
vivencia! y procesual, contrasta con la adopción de una posición más
conocedora en un enfoque interpretativo en el cual el terapeuta opera como
un experto en la experiencia del cliente, a partir de verdades teóricas o
conocimiento profesional. Al ser directivo en el proceso, el terapeuta se
compromete con los clientes a no construir el significado por ellos, ni a
identificar patrones, ni a indagar lo oculto, ni a sugerir mejores formas de
verse a sí mismos o al mundo. Por el contrario, el terapeuta guía o estimula
al cliente para que se implique en ciertas actividades de procesamiento de
información, que se cree que activarán el acceso a la información esquemá-
tica que le ayudará a reorganizar su experiencia y a dar nuevo significado a
IO"•
'
36 INTRODUCCIÓN
las áreas que le son problemáticas. Es la reorganizaci6n autogenerada, en
aras de un cambio deseado, lo que más ayuda a las personas a verse a sí
mismas o a su mundo de un nuevo modo.
Nuestro punto de vista es que para mejorar este tipo de cambios, el
terapeuta debe poner su centro de atenci6n en el proceso vivencia! del
cliente que fluye, momento a momento. Esto le permite reconocer y
promover cambios en estados vivenciales particulares. Dos aspectos de esta
implicaci6n, reexperimentar el pasado narrado y experimentar el momento
presente, ofrecen oportunidades importantes para que los clientes se impli-
quen en modos de procesamiento que facilitarán la reorganizaci6n de la
experiencia interna y la construcci6n de nuevo significado. Estas dos formas
principales de la experiencia presente del cliente constituyen el foco de
atenci6n del terapeuta.
El volver a experimentar el pasado en la sesi6n supone promover la
reconstrucci6n y la reexperimentaci6n de hechos pasados en el presente.
Cuando los clientes hablan de un suceso importante del pasado reciente o
más distante, el terapeuta intenta evocar el sentimiento del pasado en el
, presente. El terapeuta atiende a lo que parece más vivo y doloroso para el
(
' cliente en ese momento en su relato, e interviene de distintas maneras para
facilitar que reexperimente vívidamente la situaci6n de estimulaci6n inme-
diata y los sentimientos activados por ella. En este contexto vivencia!, el
cliente puede reconocer y reprocesar esta experiencia en el presente. El
segundo foco posible de la atenci6n del terapeuta es la vivencia actual del
cliente de lo que está ocurriendo en la sesi6n, sin referencia a revivir la
experiencia pasada. Aquí, el cliente y el terapeuta no están explorando
ninguna relaci6n o incidente anterior en la vida del cliente, sino que están
centrados en la experiencia actual del cliente y en la construcci6n de
significado a medida que ocurre en el presente. La atenci6n aquí se centra
en la vivencia presente del cliente en el presente. A veces, esto puede
suponer el recordar sentimientos sobre el pasado o sobre sucesos futuros
anticipados, pero el foco está en la vivencia actual, en lugar de revivir o
anticipar.
DIAGNÓSTICO DEL PROCESO
Como hemos dicho, en este enfoque, el terapeuta entra en el marco de
referencia del cliente para ver c6mo éste experimenta y ve su mundo. Desde
esta perspectiva, cuando el terapeuta oye que emergen en ese momento tipos
particulares de estados vivenciales del cliente, responde en formas que
pretenden facilitar el acceso del cliente a los esquemas emocionales relevan-
.·.. 1
'
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 37
tes y a la generación de nueva experiencia que conduzca a la reorganización
de los mismos. A partir del reconocimiento de diferentes estados emergen-
tes del cliente, el terapeuta interviene de distintas formas en diferentes
momentos para facilitar tipos particulares de procesamiento de informa-
ción constructiva. De este modo, la intervención está guiada por un tipo de
«diagnóstico del proceso» del estado actual del cliente y por ideas sobre lo
que sería más útil en ese momento particular para facilitar el procesamiento
afectivo-cognitivo del cliente.
El terapeuta, por tanto, participa del mundo fenomenológico del clien-
te, entra en su marco de referencia, siente cómo es ser el cliente en ese
momento y luego interviene en formas particulares para orientar el proce-
samiento de información en una dirección constructiva. El terapeuta, así
pues, es directivo en el proceso para facilitar distintos tipos de procesamiento
en diferentes momentos. No obstante, se es directivo de un modo sugerente
y experimental, en lugar de autoritario.
El terapeuta primero armoniza empáticamente con el mundo vivencia!
del cliente entrando en su marco interno de referencia, atendiendo empáti-
camente a su experiencia interna y comunicando su comprensión por medio
de reflexiones empáticas. Tanto verbal como no verbalmente las respuestas
del terapeuta captan la cualidad e intensidad afectiva del cliente y ofrecen
comprensión del contenido y significado de su comunicación. Este proceso
de armonía empática realiza dos funciones importantes. Da al cliente un
sentido de ser realmente oído por el terapeuta, de ser valorado como persona
de un modo no crítico, lo cual es en si mismo terapéutico. También permite
que el terapeuta haga diagnósticos del proceso más precisos y facilitadores,
capacitándole, de este modo, para hacer el tipo de intervención que ayudaría
al cliente a dar el siguiente paso en el procesamiento vivencia!. El terapeuta
escucha buscando la emergencia de estados particulares del cliente que
indiquen tanto que está experimentando un tipo particular de problema de
procesamiento emocional en ese momento, como que está abierto a la
. .'
1ntervenc1on.
Asi pues, el diagnóstico del proceso supone la identificación de indica-
dores de problemas de procesamiento emocional. Cuando emerge un indi-
cador de un tipo particular, el terapeuta facilita tipos particulares de actividades
de procesamiento, diseñadas para ayudar a resolver el problema de procesa-
miento emocional experimentado en ese momento. El término «diagnósti-
co» no se utiliza aquí para hacer referencia a un acto de etiquetamiento del
cliente o de su experiencia y, por tanto, reificar o adoptar una postura de
experto. Por el contrario, se utiliza para describir el proceso interno del
terapeuta de darse cuenta del foco y del tipo de implicación del cliente y, de
este modo, reconocer un «indicador» para guiar sus propias acciones .
38 INTRODUCCIÓN
El contenido de lo que el cliente dice no es el único foco de atención del
terapeuta en el diagnóstico del proceso. También se atiende a su forma ex-
presiva y estilo de procesamiento para entender su experiencia. La forma
en que los clientes dicen lo que dicen y los aspectos no verbales y paralin-
güÍsticos de su expresión son aspectos decisivos de la comunicación de
significados. Así, es el estilo y la forma expresiva del cliente lo que con
frecuencia transmite lo que es significativo y requiere atención. Los tera-
peutas, de este modo, tienen que estar muy armonizados con aspectos de la
expresión tales como calidad de la voz, ritmo del discurso, respiración,
suspiros, dirección de la mirada y cambios de postura, ya que es la forma
expresiva lo que transmite a menudo el estado interno actual del cliente.
Apoyándonos en estos signos subsidiarios, podemos acercarnos más a
conocer la mente o la experiencia de otra persona (Polanyi, 1966).
Aunque el terapeuta está orientado al diagnóstico y la dirección del
proceso, es importante señalar que está encauzando la experiencia emergen-
te del cliente, y que los diagnósticos y las intervenciones están siempre
guiadas por lo que está emergiendo del cliente y no por ideas preconcebidas
de los problemas del cliente. El diagnóstico del proceso que hace el terapeuta
también supone la evaluación de la disposición actual del cliente para
implicarse en una operación particular en ese momento. Las intervenciones
nunca se imponen y siempre se hacen en el marco de considerar al cliente
como experto último de su propia experiencia. De aquí se deduce que todas
las evaluaciones o intervenciones se hacen con el ánimo de comprobar con
el cliente si la comprensión o las sugerencias de procesamiento del terapeuta
se ajustan o no a su experiencia. El terapeuta siempre tiene presente el hecho
de que ningún terapeuta puede conocer directamente el mundo interior del
cliente, y necesita, por tanto, comprobar con frecuencia la precisión de sus
percepciones y sugerencias de proceso y guiarse por las respuestas que recibe
del cliente.
Una segunda razón para que el terapeuta adopte una actitud tentativa al
desarrollar el diagnóstico del proceso es la comprensión de que no se puede
dirigir o modificar la experiencia de otro mediante simples instrucciones.
Así pues, no se puede hacer que el cliente experimente verdaderamente un
sentimiento instruyéndole para que se sienta triste, irritado, confiado o
relajado, ni explicándole que es esa emoción la que siente. En otras palabras,
la persona es un sistema autoorganizado que no puede ser fácil ni intencio-
nadamente modificado por otra persona. Por el contrario, el terapeuta sólo
puede intentar unirse al otro y facilitar ciertas experiencias autogeneradas,
al sugerir a la persona que lleve a cabo ciertas actividades de procesamiento
en determinados momentos. Después, depende del cliente el que responda
y se organice a sí mismo de un nuevo modo como consecuencia de la
r
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 39 ,
facilitación. Un terapeuta no puede «hacer» que un cliente experimente o
resuelva algo espontáneamente. Sólo el cliente puede organizar su propio
procesamiento para experimentar algo de un modo particular.
ACTITUDES DEL TERAPEUTA HACIA LA RELACIÓN
Desde nuestra perspectiva, las actitudes de empatía, ausencia de crítica,
aprecio y autenticidad, centradas en el cliente (Rogers, 1957) son los aspectos
centrales productores de cambio en la terapia vivencia! y procesual, así
como los que aportan las condiciones óptimas para promover los tipos de
procesamiento emocional que estamos sugiriendo. Como elaboraremos en
capítulos posteriores, ofrecer un ambiente empático no sólo supone entrar
en el mundo fenomenológico del otro y responder a él. También se
caracteriza por la actitud del terapeuta de valoración incondicional de la
experiencia del cliente, capacitándole para que se sienta completamente
aceptado y comprendido. Este aprecio incondicional del terapeuta es deci-
sivo para reducir la ansiedad interpersonal de los clientes y capacitarlos para
situar toda la atención en las tareas exploratorias de la terapia. En lugar de
estar preocupados por cómo el terapeuta puede estar viéndolo, el cliente se
siente realmente escuchado y recibido, y experimenta al terapeuta como una
persona capaz y deseosa de resolver cualquier malentendido interpersonal
que pudiera surgir de una manera congruente y genuina. En consecuencia,
el cliente va aumentando su confianza en la consideración positiva incon-
dicional del terapeuta.
El cliente se beneficia de la consideración positiva incondicional del
terapeuta de dos maneras. Primera, la experiencia de ser aceptado y
valorado verdaderamente es una experiencia de aprendizaje Única que
ayuda a contrarrestar las condiciones interiorizadas de vaHa y las autoeva-
luaciones negativas y dudas sobre uno mismo. Además, al eliminar la
necesidad de vigilancia interpersonal, se libera la capacidad de procesa-
miento del cliente aumentando la amplitud de la atención, así como el
acceso a la memoria. Esto le permite al cliente dedicarse de un modo más
completo a la exploración interna. Este tipo de apoyo le anima a enfren-
tarse al material más doloroso y provocador de ansiedad. La reducción de
la ansiedad interpersonal permite que el cliente tolere más ansiedad intra-
personal en la autoexploración y crea un ambiente Óptimo para implicarse
en las tareas cognitivo/ afectivas de la terapia.
La armonía empática con la experiencia afectiva continua de los clientes
es un aspecto clave del tejido esencial de la implicación del terapeuta. La
armonía empática con los sentimientos de los clientes les ayuda a confirmar
40 IN1RODUCCIÓN
o fortalecer su propio sentido de sí mismos. Esto es similar a la manera en
que los niños sintetizan sus propias respuestas emocionales internas a las
situaciones. A partir de la armonizaci6n empática del cuidador con su
experiencia, pueden desarrollar un sólido sentido de su propio sí mismo
(Stern, 1985). De un modo similar, los clientes construyen un sentido más
sólido de su propia experiencia al ser ésta reconocida y respondida por sus
terapeutas. El que se entiendan los propios sentimientos y se le devuelvan
reflejados adecuadamente, tanto de forma verbal como no verbal, ayuda a
experimentar el sentimiento de un modo más completo y con mayor
confianza en que «esto es lo que realmente estoy sintiendo». Los sentimientos
están a menudo incompletos, emergiendo de un mundo interior altamente
subjetivo e idiosincrásico, para el cual no hay un lenguaje descriptivo formal.
Cuando la experiencia se simboliza y se comparte, se confirma como lo que
es mediante su comprensi6n por el otro. El proceso de armonía empática,
por tanto, conduce a la construcci6n de un sentido de confianza en la propia
experiencia. Así pues, el crecimiento ocurre mejor en un contexto de empatía.
Es importante señalar aquí, sin embargo, que no es la conducta específica de
reflejo del sentimiento a lo que nos referimos con ser empático. Por el
contrario, es una actitud y, en última instancia, lo que es importante es la
percepción por parte del cliente de un terapeuta empático.
Además de proporcionar un ambiente Óptimo para el crecimiento del
cliente, la empatía es también esencial para el diagnóstico del proceso. La
resonancia empática con el estado del cliente favorece el reconocimiento de
indicadores particulares. La postura del terapeuta al hacer el diagn6stico del
proceso no es observadora o diagnosticadora en el sentido usual de evaluar
objetivamente al cliente. Se trata más bien de entrar en el marco de
referencia interno del cliente, intentando entender cómo ve su experiencia,
como si el terapeuta fuera el cliente y, desde esta perspectiva, responder a
los rompecabezas o luchas vivenciales que emerjan. Responder apropiada-
mente a un indicador específico con una intervenci6n específica es, por
tanto, un acto muy empático y puede ser experimentado por el cliente como
que ha sido verdaderamente entendido por la intervenci6n del terapeuta.
/ Además del aprecio y la empatía, la autenticidad del terapeuta es un
aspecto decisivo de su implicaci6n. Si el aprecio y la empatía ofrecidos por
el terapeuta fueran percibidos como poco auténticos por el cliente, no le
producirían seguridad ni le animarían en su autoexploraci6n. Así, como
Rogers ha afirmado tan claran1ente (Rogers, 1957, 1961), el terapeuta debe
ser también auténtico y congruente. Como Rogers lo ha definido, con-
gruencia significa que el terapeuta es consciente de su propia experiencia
durante la sesi6n y, de este modo, es auténtico, no defensivo, en su
comunicaci6n. Este estado de congruencia en el terapeuta es necesario para
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 41 \
permitir que el cliente experimente empatÍa y aprecio, como ocurre en
cualquier relación real con otro ser humano.
Además, Buber (1958) ha definido las características de una relación
yo-tú como una que posee, entre otras cosas, presencia, inmediatez y no
explotación. Esto ayuda a explicar lo que significan para nosotros los términos
de «autenticidad» o «congruencia». Se puede ser empático con muchos
propósitos en mente, no todos ellos saludables, como es el caso de personas
que utilizan su comprensión empáticamente conseguida de los sentimientos
y necesidades de otros para manipularlos. En nuestros términos, congruen-
cia significa también una comunicación no defensiva, no culpabilizadora y
no explotadora de la experiencia esencial de uno mismo.
Por tanto, el terapeuta ofrece al cliente una relación real en la que valora
continuamente el núcleo más profundo del cliente (Lietaer, 1984). En este
proceso, el terapeuta está constantemente armonizado con los sentimientos
que fluyen en su interior en la interacción con el cliente. Lo que experimenta
está disponible en la conciencia, puede ser vivido en la relación y comuni-
cado cuando sea apropiado para contactar con el núcleo más profundo del
cliente. En terapias a más largo plazo, con personas muy trastornadas es la
relación auténtica la que se convierte en el núcleo de la terapia. La terapia
funciona atravesando las dificultades, las desilusiones y las alegrías de dos
personas que se empeñan en luchar por ser auténticos y permanecer en
mutuo contacto. La presencia de un terapeuta real empático y considerado
conlleva en sí misma algo de la cura terapéutica, pero también proporciona
el sustrato en el que otros cambios específicos pueden tener lugar. Como
hemos dicho, además de seguir la experiencia del cliente momento a
momento, de un modo genuino y sensible y de ofrecer aceptación positiva,
el terapeuta facilita el procesamiento vivencia! ofreciendo directrices de
proceso. Estas sugerencias o directrices de proceso están guiadas por lo que
acaba de emerger en el cliente. Siempre se ofrecen de una manera no
impositiva, colaboradora, contrastándolas con la experiencia del cliente, en
el contexto del cliente como experto en su propia experiencia y como
participante activo en el proceso de cambio. Este énfasis en el ofrecimiento
de sugerencias no impositivas y no manipuladoras es importante para
mantener el ambiente de la relación colaboradora y facilitadora, que se
considera decisivo para ayudar al cliente a implicarse tanto como sea posible
en un procesamiento no defensivo. Dentro de este marco relacional, es
importante facilitar ciertos tipos de procesamiento del cliente que serán
descritos en un apartado posterior de este capítulo.
~·!
42 INTRODUCCIÓN
EL MANEJO DE LA DIRECCIÓN DEL PROCESO Y LAS ACTITUDES
HACIA LA RELACIÓN, LA NECESIDAD DE CARIÑO Y EQUILIBRIO
Este acercamiento descrito anteriormente se apoya en la provisi6n de
un entorno relacional empático 6ptimo y en que el terapeuta responda
6ptimamente a la experiencia del cliente. En este contexto, sin embargo,
nosotros sugerimos que el terapeuta puede también guiar con éxito el
procesamiento del cliente en ciertas direcciones. El equilibrio entre respon-
der y dirigir es un punto esencial de este modelo de tratamiento y es, al
mismo tiempo, su aspecto más s6lido y difícil.
Las cuestiones de control y direcci6n son muy importantes en este
enfoque terapéutico y se relacionan directamente con el grado de ansiedad
experimentado por el cliente y con el grado de exploraci6n colaboradora
conseguido. La situaci6n 6ptima es una interacci6n sinergética en la que
cliente y terapeuta trabajan juntos, en la que cada uno siente que ni es guiado,
ni simplemente seguido por el otro. Al contrario, el objetivo es conseguir
una sensaci6n de colaboraci6n y coexploraci6n mutuas. Sin embargo, hay
que hacer una advertencia. En momentos de desuni6n o desacuerdo, se
considera a los clientes expertos de su propia experiencia y es esta experien-
cia la que se toma como último punto de referencia. Las intervenciones del
terapeuta se ofrecen siempre de un modo no impositivo y no autoritario,
como sugerencias u ofertas, más que como instrucciones o afirmaciones de
la verdad.
La combinaci6n de los estilos directivo y respondiente de intervenci6n
adoptados en este enfoque (véase Benjamin, 1979) nos permite combinar
los beneficios de ambos estilos y mejorar las desventajas de cada uno. Al
adoptar un estilo dual más complejo y más flexible de este tipo, el equilibrio
y el juicio son las características guía. Se necesita estar constantemente
evaluando la mejor combinaci6n para este cliente en este momento, juzgan-
do si la estimulación más activa o la armonía más respondiente serían más
útiles, al tiempo que se mantiene el equilibrio total de la autonomía, en
favor de la exploración dirigida del cliente. Se reconoce al terapeuta como
experto en los tipos de pasos de procesamiento que podrían ser facilitadores,
pero se deja claro que, en último término, el terapeuta es un facilitador del
proceso de descubrimiento y exploración del cliente, no el jefe de la
expedici6n, ni el proveedor de la verdad.
Un tema fundamental en el uso de una combinación de dirección y
réplica es el grado en el que el terapeuta facilita un proceso de descubrimien-
to vivencia!, en el que los clientes construyen su propio significado idiosin-
crásico, a partir de su propia experiencia. El ser demasiado directivo puede
crear un cierre prematuro del proceso de creación de significado del cliente
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 43
y sugerir que el terapeuta conoce la experiencia del cliente mejor que él.
Esto altera demasiado el equilibrio de influencias en la dirección del terapeuta
y priva al cliente de la oportunidad de captar su propia experiencia única.
Como hemos dicho, el enfoque procesual y vivencia! de la terapia se basa
en el supuesto de que, en último término, el significado autogenerado
conduce al cambio más estable y duradero. En constraste con el problema
de ser demasiado directivo, está el problema de ser demasiado pasivo. Al no
responder lo suficiente, el terapeuta no facilita suficientemente el proceso
de exploración. Son las sugerencias de proceso del terapeuta y los focos
seleccionados los que proporcionan con frecuencia la estimulación añadida
necesaria para promover la posterior autoexploración.
El terapeuta, como hemos dicho, es un experto en el proceso, que facilita
procesos específicos en momentos específicos para ayudar a llevar a cabo la
exploración. El terapeuta, mientras mantiene las actitudes hacia la relación,
puede dirigir la atención de los clientes a aspectos de su experiencia tales
como su respiración, su reacción interna a un estímulo o hacia alguna actividad
muscular o sensación corporal actual. El terapeuta se implica así en un
proceso de facilitación, en lugar de interpretar el significado de las experien-
cias del cliente o dirigirlo para que trate un contenido particular. Aunque
difusa en sus límites, la distinción entre proceso y contenido es importante,
en este enfoque el énfasis siempre está en la dirección del proceso, en lugar
del contenido.
Al ser directivos, los terapeutas ofrecen su conocimiento sobre cómo
facilitar diferentes tipos de procesos y cómo éstos ayudan a resolver tareas.
No son expertos en la experiencia del cliente, ni tampoco en la solución
correcta de un problema para un cliente particular. Al contrario, la solución
es una construcción única del sí mismo. En último término, hay muchas
maneras de resolver un problema concreto. El terapeuta sabe algo acerca
de qué elementos son útiles para crear una solución, pero no sabe la forma
precisa que, en última instancia, tendrá la solución. Así, el terapeuta, al ser
directivo, actúa facilitando la toma de conciencia del material, pero sigue la
dirección del cliente al concluir acerca de la información estimulada. La
actitud directiva es, por naturaleza, siempre experimental («intenta esto a
ver si encaja») y se dirige a promover el descubrimiento y el significado
creado por uno mismo, en lugar de animar a la sumisión o a la adopción
del significado creado por el terapeuta.
El estilo más respondiente orientado hacia el descubrimiento ayuda al
cliente a aprender a confiar en su propia experiencia. Por otra parte, en el
estilo más directivo, el terapeuta es visto como un experto en ciertos
principios del funcionamiento humano. Aun así, todavía se ve al terapeuta
como el que ayuda al cliente a llegar a ser consciente de aspectos de su propia
44 INTRODUCCIÓN
experiencia. La ganancia potencial, al dirigir a las personas para que lleguen
a ser conscientes de rasgos específicos de su propio proceso en el momento
oportuno, siempre debe sopesarse frente a la pérdida potencial de la
unicidad, que resulta de permitir que los clientes autoseleccionen lo que
emerge de ellos y así construyan sus propios significados de un modo más
independiente. La construcción de los propios significados ayuda a desarro-
llar una comprensión potencialmente más precisa y diferenciada del sí
mismo, de igual modo favorece una mayor autonomía y confianza en la
propia experiencia. La actitud de armonía empática, en la cual el terapeuta
contrasta constantemente sus sugerencias con la experiencia del cliente en
ese momento para ver si encajan, es la principal prevención contra la
dirección del proceso del terapeuta que impida la diferenciación propia del
cliente de su nuevo significado.
La decisión fundamental en este proceso es cuándo conducir (dirigir) o
cuándo seguir (responder) y se puede hacer una distinción clave que sirve
de guía a la hora de tomar esta decisión. Es la distinción entre cuándo los
clientes están en contacto con su propia experiencia, esto es, están implica-
dos en un procesamiento emocional productivo, y cuándo no lo están.
Cuando los clientes están experimentándose a sí mismos congruentemente,
es fundamental seguirles y facilitarles su propio proceso de descubrimiento
y construcción de nuevo significado. Conducir o dirigir en ese momento
podría distorsionar, distraer o cerrar prematuramente su propia experiencia
y construcción de significado.
Sin embargo, cuando los clientes están en la superficie de su experiencia,
bloqueados o implicados en algún proceso disfuncional interruptor, es útil
para el terapeuta conducir estimulando la experiencia o sugiriendo formas
por las que pueden llegar a ser conscientes de su procesamiento autointe-
rruptor. Así, las directrices de proceso del terapeuta se utilizan con frecuen-
cia para facilitar la generación de nuevo material vivencia! o para centrar a
los clientes en la naturaleza de los procesos internos que están impidiendo
su exploración o interrumpiendo su experiencia. La nueva experiencia de
los clientes, por ejemplo, se estimula mediante la facilitación de una vívida
reintroducción de éstos en situaciones problemáticas, ayudándoles a imagi-
narse la escena, facilitando su expresión o intensificándola. Los bloqueos o
procesos interruptores pueden, por ejemplo, traerse a la conciencia hacien~
do que los clientes atiendan a sus sensaciones físicas y a la tensión muscular,
e intentando que activen y verbalicen su proceso de bloqueo de un modo
activo, tal como la representación de la represión de sus propios sentimien-
tos o de contener las lágrimas.
·-··" -~-.~-~ ..........., ~- ..
., , ,',' ·-
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 45
TRABAJO TERAPÉUTICO
Además de proporcionar un ambiente de seguridad y crecimiento por
medio de las actitudes hacia la relación, el terapeuta también facilita el
trabajo terapéutico del cliente. En nuestro enfoque resulta esencial consi-
derar que diferentes modos de implicación del cliente en la terapia son útiles
y parecen necesarios para la solución de tipos concretos de problemas en
distintos momentos. Según parece, estos diferentes modos de implicación
permiten a los clientes acceder, trabajar y cambiar estructuras esquemáticas
emocionales subyacentes de diversas formas.
Modos de implicación del cliente
Los diferentes modos de implicación pueden clasificarse en· cuatro
modos globales de procesamiento para acceder a los esquemas emocionales.
Las cuatro dimensiones esenciales para las tareas de la terapia facilitadora
del proceso son: atender/tener conciencia, búsqueda vivencia!, expresión
activa y aprendizaje interpersona).
Atender/tener conciencia
El foco, en este primer modo de implicación del cliente, está en atender
directamente a los elementos particulares de la sensación, en lugar de
simbolizar complejos sentimientos y significados de la relación. Llegar a ser
consciente de las sensaciones internas (somestésicas y cinestésicas) y de los
estímulos externos (visuales y auditivos) es parte esencial de lo que es tener
un contacto claro con la realidad. Atender supone tener contacto con la
información entrante y da a la persona información sensorial básica sobre
sí misma y sobre la realidad externa, a partir de la cual el significado
posterior puede ser construido. La atención está en la base del procesamien-
to de abajo-arriba. Se centra en atender a la realidad sensorial presente que,
con frecuencia, produce información, en cierto modo diferente, de las
anticipaciones e imaginaciones de las personas sobre la realidad.
Aprender a atender a los datos sensoriales básicos, desde dentro y desde
fuera, es una forma de procesar la experiencia, que puede dar a los clientes
acceso a información que está influyendo en su sentido actual de sí mismos.
Así, un cliente puede llegar a ser consciente de la tensión de su cara, de que
aprieta el puño o de la tensión en el estómago o de sensaciones más complejas
de sentirse vivo, de un sentimiento emergente de poder o de sentirse pasivo,
cansado o frágil. Atender puede también suponer que los clientes se vuelvan
1nás conscientes de estímulos externos que incluyen aspectos del terapeuta
tales como subir las cejas o una sonrisa en el rostro o su tono de voz.
I'
INTRODUCCIÓN
El terapeuta puede facilitar este proceso de autoconciencia en el presen-
te, dirigiendo la atención hacia algún aspecto visible de la expresión del
cliente; por ejemplo, diciendo: «Te das cuenta de que estás apretando el
puño». Entonces, el cliente puede focalizar su atención en la sensación de
tensión y fuerza incluyendo un sentido de querer «estallar» o de «autocon-
trolarse» asociado con apretar el puño. Otro ejemplo podría ser hacer que
el cliente se fije en los cambios de su mirada mientras habla (por ejemplo,
mirar hacia abajo o evitar al terapeuta con la mirada). Atender a esto puede
ayudar a los clientes a ser más conscientes de lo que les lleva a sus reacciones.
Para algunos clientes, y en ciertos momentos de la terapia, aprender a
atender a estos tipos de experiencia interna y externa puede ser extremada-
mente importante, ya que son los datos en bruto, a partir de los cuales se
c<:>nstruye la experiencia, y uno de los medios centrales para experimentar
contacto con el sí mismo y el mundo.
Búsqueda vivencia!
El segundo modo de implicación del cliente supone un retorno delibe-
rado de la energía atencional hacia adentro en un intento de acceder a la
propia y compleja experiencia idiosincrásica interna y empezar a simboli-
zarla en palabras. Este proceso va más allá del modo de atender/tener
conciencia descrito en la sección anterior. Si el terapeuta lo facilita apro-
piadamente, éste puede ser un proceso de descubrimiento en el que los
clientes simbolizan un nivel de experiencia interior tácita que influye en
el propio funcionamiento, pero raramente es accesible a la conciencia
autorreflexiva.
El proceso de simbolización consciente de la compleja experiencia
interna puede adoptar diversas formas. Por ejemplo, puede suponer po-
nerse en contacto con el complejo estado interno actual y ser capaz de
describirlo en palabras. Puede implicar el recuperar una experiencia per-
ceptual que ha tenido impacto, pero que no fue completamente procesada
en la conciencia en su momento. Puede suponer que el proceso de
búsqueda vivencia! lleve consigo un intento deliberado de ponerse en
contacto con un significado vagamente sentido, que es percibido como
importante, pero que no está actualmente en la conciencia, ni se puede
acceder a él con facilidad. En cada uno de estos ejemplos, el cliente es capaz
de llegar a ser consciente, por primera vez, de sentimientos y significados
complejos, a través de un proceso de atender a su interior y de simbolizar
experiencias internas. El proceso de búsqueda vivencia! permite al cliente
acceder y explorar esquemas emocionales que antes no eran accesibles a la
conciencia autorreflexiva.
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 47
Expresión activa
Cuando los clientes expresan activa y espontáneamente sus propias
reacciones vivenciales, disfrutan de una oportunidad Única para descubrir
y adueñarse de lo que realmente sienten. La expresi6n también implica
permitir que la tendencia a la acci6n se complete y ponga en contacto los
sentimientos con los objetos apropiados. De este modo, se anima a los
clientes a que prueben expresiones en la terapia para reconocer lo que están
realmente experimentando y completar la expresi6n conectándola con el
objeto apropiado.
La experiencia está repleta de significados implícitos hasta que éstos se
expresan. Al expresarla, la gente adopta una posici6n explícita en relaci6n
con algo, creando así significado. U na vez expresado el significado a su vez
se convierte en un nuevo estimulo para la persona. Se hace disponible a la
conciencia para la reflexi6n y evocaci6n de reacciones internas posteriores.
U na vez que se ha expresado una afirmaci6n tal como: «yo te necesitaba»,
puede ser considerada su verdad, puede ser reflejada y puede evocar fuerte-
mente la experimentaci6n posterior. Por lo tanto, al «hacer algo», las
personas tienen una oportunidad para experimentar si la acci6n/significado
expresado, encaja o no y pedir lo que encaja como propio. Además, el
significado y los aspectos motores, sensoriales y expresivos generados por
el acto de expresi6n actúan como indicios que activan nuevos esquemas,
evocando así nueva experiencia. Más aún, la expresión activa ayuda a las
personas a experimentarse como agentes y autores de su propia experiencia.
Finalmente, al contactar con el ambiente y poner la expresi6n en contacto
con su meta apropiada, la expresi6n llega a su término.
La expresi6n activa puede ser muy eficaz a la hora de establecer
contactos entre aspectos de la experiencia interna. Por ejemplo, cuando los
clientes expresan una necesidad tal como: «necesito descansar» o «necesito
apoyo• a un otro irnaginado o a otro aspecto del sí mismo, empiezan a
reconocer y a sentir la experiencia como propia. Este tipo de confrontaci6n
dialéctica, entre aspectos previamente polarizados de la experiencia, puede
ser especialmente eficaz en la diferenciaci6n y síntesis de estos aspectos de
la experiencia en una nueva totalidad.
Contacto interpersonal
El último modo de la implicación del cliente se da en el contexto de la
relación en sí. La armonía empática del terapeuta, el aprecio consistente e
incondicional y la presencia genuina durante el proceso de autoexploración
del cliente son elementos importantes a lo largo de la terapia. Estas actitudes
del terapeuta, más el énfasis en la orientaci6n hacia el descubrimiento y el
crecimiento, transmiten firmemente a los clientes que el terapeuta tiene una
1
1·
48 INTRODUCCIÓN
confianza básica en sus experiencias internas como fuente de información
para guiar sus vidas. Los clientes aprenden así a confiar en su propia
experiencia y a aceptar sus propios sentimientos. Además, aprenden que son
capaces de ser ellos mismos en relación con otros y que ello puede ser una
experiencia gratificante. Se confirman en su existencia como personas
valiosas.
En momentos concretos, las experiencias específicas con el terapeuta
pueden ser decisivas para producir el cambio. A través del aquí y ahora de
la interacción interpersonal del cliente y el terapeuta en estas experiencias,
el cliente trabaja con su experiencia de la relación con el terapeuta y aprende
algo nuevo (Lietaer, 1984). Diferentes experiencias en la relación pueden
proporcionar nuevos aprendizajes decisivos para el cliente, al ofrecerle
nuevas experiencias imponantes que invaliden los viejos aprendizajes y
creencias restrictivas sobre las dificultades o peligros de estar con otro. Por
ejemplo, los clientes pueden aprender que su rabia puede ser oída y que no
' destruirá a otros, ni evocará un ataque por su pane; y que su éxito no será
experimentado como una amenaza, ni su debilidad será despreciada. Ade-
más, aprenden que arriesgarse a ser uno mismo puede ser gratificante y sano.
Diferencias individuales en estilos de procesamiento típicos
A la terapia llegan distintas personas con diferentes estilos, capacidades
y modos de implicación. Los clientes que no pueden fácilmente mirar en
su interior y buscar la experiencia interna con la ayuda de reflexiones
empáticas pueden beneficiarse más de ser guiados hacia la expresión activa
de sus sentimientos. Un cliente que tenga dificultades con la expresión
activa y no se sienta cómodo con las directrices del terapeuta puede tener
éxito con una búsqueda vivencia! guiada reflexivamente. Así, dentro del
contexto del enfoque del diagnóstico del proceso, el terapeuta también es
consciente de que diferentes modos de procesamiento pueden ser adecua-
dos y eficaces para distintas personas. En consecuencia, los terapeutas
tienen que poder ajustar sus estilos de intervención para facilitar los tipos
de demandas de procesamiento que sean más adecuados al estilo y los
recursos del cliente.
En las fases tempranas de la terapia, se facilita la implicación del cliente
en diferentes tipos de tareas de procesamiento. En este proceso, el terapeuta
capta los estilos que producen mejores resultados en la exploración. Tam-
bién algunas personas pueden trabajar mejor operando inicialmente a nivel
de procesamiento conceptual, para más tarde empezar a simbolizar su
experiencia interna preconceptual, mientras que otros pueden mejorar
simbolizando o expresando activamente su experiencia interna. Otros
pueden encontrar que la seguridad interpersonal y la comprensión del
-.. .,
UN ENFOQUE DE LA PSICOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 49
terapeuta es lo más Útil para facilitar su aprendizaje de ser congruente con
ellos mismos. Al reconocer que distintas personas pueden beneficiarse de
modos de implicación diferentes, un enfoque procesual y vivencia! de la
terapia trata de responder mejor a una amplia gama de clientes, en lugar de
pretender encajarlos a todos en un lecho de Procusto de un sólo tipo de
procesamiento.
Impactos vivenciales
Dada una relación empática y colaboradora entre cliente y terapeuta,
la mayor parte del trabajo de la terapia ocurre dentro de los modos de
implicación del cliente descritos anteriormente. El trabajo llevado a cabo a
través de estos procesos trae consigo varios impactos positivos y I o efectos.
Al revisar grabaciones de sus sesiones, los clientes i'}forrnan de tres impactos
principales de la terapia vivencia! y procesual. Estos son: cambios en la
percepción, creación de soluciones a los problemas y el sentirse apoyado y
comprendido (Elliott, James, Reimschuessel, Cislo y Sack, 1985). Estos
impactos vivenciales, a veces, emergen claramente en la sesión, mientras
que otras veces los clientes sólo llegan a ser conscientes de ellos más tarde,
a medida que reflexionan sobre la sesión o se encuentran en situaciones que
se relacionan con los asuntos explorados en la sesión. Estos impactos se
. .,
comentan a cont1nuac1on.
Cambio perceptual
Los clientes con frecuencia informan de cambios en cómo se ven a sl
mismos y a los demás. Elliott y otros (1985) identificaron tres tipos de
cambios perceptuales a partir de los recuerdos de los clientes de momentos
significativos en las sesiones. En primer lugar, vieron que el cliente puede
ser más directamente consciente de un sentimiento o de un aspecto particular
de sl mismo o de otro. Ahora puede •apropiarse» de algo corno parte de sl
mismo (por ejemplo: mi sentimiento de rabia) o puede verlo más claramente
en otro (por ejemplo: mi padre estaba realmente aterrorizado interiormente).
Los clientes pueden experimentar este tipo de impacto como una puesta en
contacto o •conexión» con un sentimiento o experiencia que ellos sabfan
en parte que estaba alll, pero que ahora •conocen mejor» o reconocen con
mayor claridad.
Los clientes también informan de una nueva comprensión de algo acerca
de s[ mismos o de los demás; pueden llegar a comprender una conexión
entre su respuesta y una situación, quizá entendiendo la razón o la causa de
su experiencia o reacción (por ejemplo: «lo hice porque estaba enfadado» o
«me doy cuenta de que oculté mi dolor con amargura e ira»). Desde el punto
de vista del cliente, este tipo de impacto se experimenta corno un «insight»
~ . ..
50 INTRODUCCIÓN
o una visi6n interior, como si las piezas de un rompecabezas se hubieran
colocado de repente en su sitio.
Los clientes también informan del desarrollo de valoraciones más posi-
tivas o aceptaci6n de sí mismo o de los demás. Así, un cliente puede llegar
a sentirse más autoaceptado, menos culpable o censurable por algo que ha
sucedido o puede perdonar a otro por un daño o una privación. Con
frecuencia, la experiencia es la de ver que «no soy tan malo después de todo»
o sentirse compasivo con uno mismo. Además, el cliente puede llegar a
verse a sí mismo, o a los demás, como poseedor de atributos positivos, como
bueno, bien intencionado, «haciéndolo lo mejor posible» o teniendo dere-
chos o habilidades no reconocidas previamente.
Solución de problemas
Además, y como consecuencia de los cambios perceptuales, los clientes
también experimentan cambios que se relacionan más directamente con la
solución de sus problemas y con acciones que pueden llevar a cabo fuera de
la terapia. En primer lugar, pueden llegar a clarificarse cuáles son sus
problemas, objetivos o tareas, es decir, «sobre lo que necesitan trabajar».
Además, pueden llegar a tomar decisiones o a averiguar lo que tienen que
hacer con los problemas o comprometerse consigo mismos para realizar
alguna acción fuera de la terapia. Así, los impactos del problema contienen
un componente. motivacional o energético, un organizarse a sí mismo hacia
algún objetivo o acci6::i, un compromiso para alcanzar un objetivo o
realizar alguna acci6n. Este es un aspecto decisivo del proceso a través del
cual los clientes trasladan espontáneamente lo que ha ocurrido en la sesión
al resto de sus vidas.
Los impactos sobre el problema pueden ocurrir justo al final de una
sesi6n, en el momento en el que el cliente se prepara para «volver al mundo»;
sin embargo, a menudo ocurren después de la sesión, a medida que el cliente
reflexiona sobre los asuntos planteados por la sesi6n. Además, los impactos
sobre el problema pueden emerger a partir del cambio de esquemas, como
cuando una conciencia mayor de la seriedad de un problema conduce a su
solución o al prop6sito de trabajar más en él. Cuando el cliente experimenta
impacto sobre el problema en una sesión, se orienta desde el pasado y
presente hacia el futuro (véase Bohart y otros, 1991). El cliente puede
proponer y evaluar tentativamente diferentes cursos posibles de acci6n o
puede imaginar cómo sería actuar de un modo diferente (véase Mahrer,
1989). A veces, hay un interés o una ilusión por «llevar más allá» un cambio
en la terapia al resto de la vida. En el enfoque vivencia! y procesual, el
terapeuta escucha y facilita estos impactos cuando emergen del cliente, pero
no intenta «inducirlos».
'
UN ENFOQUE DE LA PSfCOTERAPIA FACILITADOR DEL PROCESO 51
Impactos interpersonales
Además de los impactos que acabamos de describir, los clientes también
experimentan impactos interpersonales. Pueden experimentar al terapeuta
como comprensivo o protector o pueden llegar a sentirse más cerca del
terapeuta o más comprometidos con el trabajo de la terapia. Estos impactos
interpersonales pueden ocurrir en combinación con los otros impactos,
pero parecen fluir más directamente del modo de implicación en el contacto
interpersonal. A menudo el cliente no da signos obvios durante el trata-
miento de que ha ocurrido un impacto interpersonal. En otros momentos,
el cliente puede comentar que se siente comprendido, apoyado, etc. o puede
dar signos no verbales de alivio, tales como suspirar después de ser com-
prendido.
CONCLUSIÓN
La terapia vivencia! y procesual se guía, por tanto, por el supuesto
principal de que la terapia se desarrolla mejor mediante el descubrimiento
y la construcción del significado del cliente. Otro supuesto es que el terapeu-
ta puede facilitar aún más este proceso a los clientes de dos maneras: por un
lado, apreciando genuinamente al cliente y estando empáticamente armo-
nizado con él; y, por otro, facilitando actividades específicas de procesa-
miento del cliente en momentos específicos. Esto último supone intentar
engranar, reconocer y entender el tipo de operaciones mentales internas en
las que el cliente está implicado en ese momento para facilitar un movimien-
to productivo en cada momento hacia la resolución de la tarea.
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SEGUNDA PARTE
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TEORIA: EMOCION Y COGNICION EN EL CAMBIO
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CAPÍTULO III
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO
PERSPECTIVAS VIVENCIALES
Las terapias orientadas a la vivencia comparten la creencia en la singular
capacidad humana para la autorreflexi6n consciente, y una teoría del
funcionamiento humano que se centra en la unicidad de la experiencia
interna y la construcci6n de significado de cada persona. Así, abogan por
una variedad de métodos que permiten a las personas «acceder consciente-
mente» a su propia experiencia interna y expresar y simbolizar los signifi-
cados previamente implícitos o los sentimientos bloqueados.
En esta perspectiva se considera que los seres humanos están orientados
hacia el desarrollo y la completa evoluci6n de sus propias potencialidades.
Los principales elementos de la disfunci6n son que la experiencia organís-
mica no acceda a la conciencia y que ,se bloqueen las capacidades de
desarrollo. Por tanto, fomentar la conciencia de la experiencia y facilitar la
atenci6n a la tendencia al desarrollo son cuestiones centrales para la terapia
vivencia!. Esto se hace ayudando a los clientes a identificar y superar lo que
les impide darse cuenta, y reconocer y fomentar la conciencia del cliente de
sus propios impulsos hacia el desarrollo y la expansi6n.
Rogers y Peris fueron los dos principales fundadores de los enfoques
terapéuticos orientados a la vivencia. Rogers señal6 el entorno de relaci6n
más propicio para la exploraci6n y el cambio terapéutico. Peris proporcio-
11Ó un conjunto de procedimientos diseñados para hacer más vívidos los
sl'ntimientos, pensamientos y las conductas involucrados en el manteni-
111 iento de la rigidez y en el bloqueo del desarrollo.
Más adelante revisaremos brevemente las posiciones de Rogers y Peris
relativas al funcionamiento y al cambio humano. Presentaremos allí las
contribuciones relevantes de la ciencia cognitiva y de la moderna teoría de
Lis emociones. En el siguiente capítulo expondremos nuestro desarrollo y
'·laboraci6n de esta concepci6n del funcionamiento en términos de las
p<'rspectivas contemporáneas del procesamiento esquemático y emocional.
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56 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CA1-fBIO
TEORÍA CLÁSICA
La terapia centrada en el cliente
La perspectiva de Rogers del funcionamiento saludable o «ideal» se
basaba en su creencia en una tendencia a la realizaci6n innata que conduce
a la gente a esforzarse no s6lo para hacer frente a sus necesidades por
carencia, tale:> como el hambre y la sed, sino que les motiva para desarrollar
y expandir sus propias y singulares capacidades personales hacia el desarro-
llo y la autonomía.· Rogers consideraba que esta tendencia a la realizaci6n
era la única motivaci6n humana básica. Otra suposici6n clave era que el
funcionamiento humano 6ptimo podía darse s6lo cuando la persona fuera
capaz de experimentar los sucesos sensoriales y emocionales que tenían
lugar en ese momento.
Las definiciones de Rogers (1959) de «percepci6n» y «sentimientos» son
especialmente importantes para sus puntos de vista sobre la disfunci6n, el
funcionamiento 6ptimo y el cambio terapéutico. Rogers consideraba que
los procesos de simbolizaci6n correcta en la conciencia implicaban un tipo
de comprobaci6n de hip6tesis. «Una percepci6n es una hip6tesis o pron6s-
tico de la acci6n que se hace consciente cuando los estímulos inciden sobre
el organismo• (1959, pág. 199). Así, veía la percepci6n como esencialmente
transaccional, implicando tanto la construcci6n desde la propia experiencia
como desde las propias hip6tesis de futuro. Facilitar a los clientes el acceso
y la exploraci6n de sus sentimientos es un punto central de la terapia
centrada en el cliente. «Un sentimiento denota una experiencia teñida
emocionalmente, junto con su significado personal. De manera que incluye
la emoci6n en su contexto vivencia!. Alude, de este modo, a la unidad de la
emoci6n y la cognici6n, ya que son experimentadas inseparablemente en
ese momento» (Rogers, 1959, pág. 198).
Las teorías de Rogers relativas a la disfunci6n se centran en la naturaleza
de la interferencia con la simbolizaci6n adecuada de sentimientos y otras
experiencias. Asumía que se desarrolla una escisi6n casi inevitable entre la
inotivaci6n hacia la realizaci6n saludable y la necesidad adquirida de man-
tener y realizar el autoconcepto aprendido, que deriva de las relaciones con
los padres y de otras experiencias tempranas. Rogers propuso que la
necesidad de recibir consideraci6n positiva de los otros significativos, y más
tarde de uno mismo, es fundamental para la formaci6n y mantenimiento
del concepto de sí mismo. La ansiedad se activa cuando hay una potencial
discrepancia entre la propia experiencia organísmica y el propio concepto de sí
mismo. La persona se siente amenazada a algún nivel, y esta experiencia
puede ser negada o distorsionada para hacerla coherente con el concepto de
sí misma. Cuando la persona niega la conciencia o distorsiona tales expe-
-·'' - "-~,-- • {""O' ' •' ' .. .., • -· •
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 57
ricncias potencialmente significativas, éstas no se integran dentro de la
t'Structura del sí mismo. En lugar de ampliar la estructura del sí mismo para
integrar la nueva conciencia, se aumenta la incongruencia entre el propio
concepto de sí mismo y la propia experiencia organísmica.
El objetivo de la terapia es facilitar una percepci6n más completa y
precisa que incluya la experiencia de sentimientos, de manera que sirvan
para desarrollar una estructura del sí mismo más congruente con la expe-
riencia real. El ajuste psicol6gico 6ptimo se caracteriza por un concepto de
sí mismo que admite todas las experiencias que están potencialmente
disponibles en la conciencia humana, para que sean asimiladas en el concep-
to de sí mismo. Esto disminuye la escisi6n entre la realizaci6n de la persona
en su totalidad o la realizaci6n del concepto de sí mismo. De este modo se
puede desarrollar la propia vida en formas que están guiadas por la tendencia
básica hacia la realizaci6n momento a momento y a largo plazo.
Aunque esta discrepancia entre el autoconcepto aprendido por la per-
sona y su experiencia organísmica era un aspecto central de las afirmaciones
te6ricas explícitas de Rogers, la práctica real de la terapia centrada en el
cliente no se centraba en esta discrepancia. Por el contrario, se asumJa _que
si el terapeuta respondía de manera empáticamente arm6nica en una
atm6sfera de aceptaci6n positiva incondicional, el cliente sería capaz de
tolerar progresivamente la amenaza de incongruencia con su autoconcepto.
Esto aumentaría la motivaci6n del cliente para avanzar más profunda y
exactamente en sus propias percepciones y sentimientos. Por lo tanto,
comenz6 a desarrollarse una teoría del proceso para captar la realidad de la
práctica centrada en el cliente.
Rogers (1961) describi6 el proceso de cambio que lleva a cabo el cliente
durante el proceso terapéutico real. El proceso completo se dividi6 en siete
etapas, en las que se veía al cliente como moviéndose desde una posici6n de
distanciamiento de su experiencia a una posici6n de aceptaci6n de la misma.
Las siete etapas .para lograr
., un «Cambio constructivo de la personalidad» se
resumen a cont1nuac1on.
En la etapa primera el individuo no quiere al principio hablar de sí
mismo. No reconoce, ni posee sus sentimientos, ni los significados subjeti-
vos de los mismos. Sus constructos personales son rígidos y no reconoce
sus problemas. Percibe las relaciones comunicativas y pr6ximas como
amenazantes y/ o dolorosas. En la etapa 2 la expresi6n empieza a fluir más
libremente, pero percibe los problemas como algo externo a sí mismo y no
posee sus sentimientos. El individuo no está en contacto con la experiencia
subjetiva y se puede contradecir sin ser consciente de ello. En esta etapa,
puede reconocer conflictos y problemas, pero son externos al sí mismo. No
tiene sentido de la responsabilidad personal en relaci6n con los problemas.
... ,.,._,. ·~ ··~····~"· '"
58 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
En la etapa 3 expresa las situaciones, sentimientos y su significado subjetivo
de una manera más libre, pero utiliza los verbos en pasado y los ve como
algo malo e inaceptable. Los constructos personales son todavía inflexibles,
pero el individuo empieza a cuestionar su validez. Hay un principio de
reconocimiento de contradicciones en la experiencia y del hecho de que los
problemas podrían ser más internos que externos; sin embargo, las eleccio-
nes que hace resultan ineficaces.
La etapa 4 representa un cambio. El individuo describe sentimientos y
significados en presente y poseyéndolos. Sin embargo, no se experimentan
en el presente los sentimientos más intensos, sino que simplemente se
describen. No existe todavía una aceptación total y abierta de los sentimien-
tos que se están experimentando, aunque se vislumbra el proceso. Se ven
más claramente las contradicciones en la experiencia y el individuo muestra
a menudo su preocupación por ellas. Se producen algunos descubrimientos
de constructos personales como constructos y se cuestiona su validez. El
individuo está realmente comenzando a poseer sus problemas, a reconocer
la incongruencia entre la experiencia y el sí mismo y quizá está dispuesto a
expresar a otros sus sent1m1entos.
En la etapa 5 se expresan libremente muchos sentimientos en el presen-
te. Se poseen y se aceptan. Se experimentan sentimientos que previamente
se negaron, aunque todavía existe un cierto recelo. El individuo empieza a
darse cuenta de que es importante para su bienestar prestar atención a los
sentimientos cuando se dan, lo cual implica atender a un referente interno.
Se reconocen las contradicciones como actitudes existentes en diferentes
partes de la personalidad. Se produce una mayor apropiación de los senti-
mientos y del deseo de ser honesto con uno mismo. Hay una mayor
aceptación de la responsabilidad en los problemas y una mayor preocupa-
ción respecto a la contribución que uno aporta a los problemas.
En la etapa 6 se experimentan los sentimientos con inmediatez y
aceptación y se les deja fluir hasta su conclusión. La expresión de estos
sentimientos temidos y dolorosos está emparejada con cambios psicológi-
cos que incluyen lágrimas, suspiros y relajación muscular. La experiencia
adquiere el cariz de un proceso real. El individuo puede aceptar las expe-
riencias totalmente y usarlas como claro referente de significado y hacer
mejores elecciones personales. La comunicación interna es libre y fluida.
En la etapa final, etapa 7, el individuo experimenta nuevos sentimientos
con inmediatez y riqueza. La persona desarrolla una confianza en su propio
proceso y esta manera de experimentar se transforma en una guía clara de
conducta. Los constructos personales son laxos y flexibles y están abiertos
a la información resultante de la nueva experiencia. El individuo casi nunca
es incongruente y su comunicación interna es clara.
"
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 59
Este punto de vista sobre el proceso, en combinación con la perspectiva
de Gendlin (1962) de la experiencia como un proceso continuo de simboli-
zación de referentes internos, que se puede bloquear, vino a representar la
perspectiva centrada en el cliente de la función y disfunción con mucha más
precisión de lo que lo hizo el modelo de la incongruencia autoconcepto/ or-
ganismo.
Las condiciones de la relación de comprensión empática del marco de
referencia interno del cliente, la consideración positiva incondicional y la
autenticidad todavía se consideraban como los agentes decisivos del cambio.
Lo que es fundamental es la exploración y el descubrimiento por parte del
cliente de sus sentimientos, de modo que éstos se hagan propios y se integren
en el sí mismo más completa y profundamente. Rogers señaló un proceso
en el que el terapeuta no intentaba llevar al cliente en una dirección
particular, sino que respondía a sus expresiones para ayudarle a profundizar
en su exploración. Esto se hacía prestando una particular atención a la
singularidad de los sentimientos y significados de cada persona.
Terapia Gestalt
El constructo motivacional primario de Peris también era una tendencia
a la realización. En su perspectiva, ésta suponía un organismo autorregula-
dor que satisface sus necesidades, avanza en su desarrollo y, de esta forma,
establece su propia identidad. Peris asumía que la persona que funcionaba
bien se involucraba en la autorregulación organísmica, consiguiendo así (a
través de la acción) darse cuenta de sus necesidades más urgentes en un
momento dado. El objetivo era mantener el equilibrio dentro del sí mismo
y entre el sí mismo y el entorno. El supuesto es que la persona que ideal-
mente funciona bien experimenta gestalts claras, en las que la conciencia de
una necesidad y el objeto relevante para esa necesidad llegaban a estar
claramente configurados. Desde esta perspectiva, se considera que la con-
ciencia tanto de la información interna como de la externa es de gran
importancia para el funcionamiento sano y la satisfacción de las necesidades.
Este proceso de conciencia o formación de gestalts se denominaba el ciclo
de contacto. En este ciclo, la conciencia conduce a la movilización de la
excitación. Ésta, a su vez, conduce a la acción, orientada hacia el contacto
con el ambiente, la satisfacción de la necesidad y la conclusión del ciclo. De
este modo, la persona está continuamente organizándose a sí misma para
contactar con el ambiente y satisfacer sus necesidades. Cuando la necesidad
se satisface, esta particular gestaltfigura-fondo se disuelve y la persona vuelve
al equilibrio.
Desde la perspectiva de Peris, la conciencia de la emoción era especial-
mente importante para ayudar a las personas a orientarse en el entorno y
,. ..
60 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
proporcionarles información sobre los objetos adecuados a sus necesidades.
Esto se ejemplifica en la siguiente afirmación:
«Sólo a través del reconocimiento de tus emociones puedes llegar a ser
consciente, como organismo biológico, de contra qué estás en al ambiente, o
de qué oportunidades especiales se te están presentando en ese momento. Sólo
si reconoces y aceptas tu añoranza de alguien o algo ... puedes obtener orienta-
ci6n para la acci6n apropiada» (Peris y otros, 1951, págs. 98-99).
La conciencia de la emoción era, pues, esencial en el funcionamiento
saludable.
Por otro lado, la disfunción implicaba la falta de conciencia y la
alienación de aspectos del sí mismo en formación. El organizar el sí mismo
de modo que crónicamente se interrumpiera o bloqueara la conciencia y la
satisfacción de necesidades, producía patologías. Se consideraba que la
autorregulación disfuncional ocurría de diversas formas en distintos mo-
mentos del ciclo de satisfacción de la necesidad. Un tipo de interferencia
común y generalizada implica la limitación de la conciencia. La limitación
de la conciencia interna disminuye la correcta simbolización de las propias
emociones y necesidades. La restricción de la conciencia del exterior, en la
frontera de contacto con el ambiente, reduce la propia habilidad para
identificar objetos que satisfagan las necesidades. En la disfunción, se
considera que el foco de atención está principalmente en la zona media de
abstracción intelectualizada, en vez de en contacto con el sí mismo y la
situación presente. Esto limita el potencial para la autorregulación sana del
organismo. La regulación saludable se produce cuando el foco atencional
está integrado en la conciencia del organismo que se da automáticamente.
Varios procesos específicos interfieren con el funcionamiento sano y se
convierten en obst~culos para completar la satisfacción de la necesidad o el
ciclo de contacto. Estos son:
1. Actuar en términos de normas aprendidas interiorizadas o «deberías»
que son ajenos a los intereses y necesidades del organismo.
2. Procesos perceptivos disfuncionales, que suponen atribuciones de los
propios sent1m1entos y pensamientos a otros.
3. Acciones automáticas de autocontrol, que interrumpen la experiencia
o detienen la expresión sin el reconocimiento de que esto se está haciendo ni
de cómo se está haciendo.
4. La intrusión en el presente de reacciones emocionales pasadas no
resueltas.
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~·;·· ..
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 61
Los obstáculos especialmente importantes para el libre funcionamiento
son la habitual no apropiaci6n de la experiencia y el rechazo de las
tendencias a la acci6n que conducen a la formaci6n de «escisiones• en la
personalidad. Se asume que las polaridades y su diferenciaci6n e integraci6n
son aspectos naturales del funcionamiento humano. Así, firmeza y debili-
dad, ternura y crueldad, generosidad y egoísmo se integran en una capacidad
equilibrada para actuar adaptativamente. Sin embargo, si las polaridades se
convierten en dicotomías enfrentadas, en las que una parte domina o critica
a la otra, lo que denominamos «escisión», o si una parte como la debilidad
es aislada o negada, entonces se impide un ajuste adaptativo y creativo. La
perspectiva gestáltica de la disfunci6n era a la vez menos clara y más
compleja que la sostenida por Rogers, pero implicaba esencialmente la
negaci6n de la experiencia cuando había conflicto entre la realización del sí
mismo y la realización de la imagen del sí mismo (Peris, 1969). Esto la hacía
muy similar a la perspectiva de Rogers sobre una incongruencia entre la
experiencia organísmica y el autoconcepto.
El trabajo terapéutico en la Gestalt está encaminado a promover la
identificaci6n de los aspectos negados del sí mismo y la diferenciación e
integración de las partes opuestas en una unión arm6nica. Un supuesto
central en el trabajo Gestalt es que la expresi6n directa de las necesidades y
experiencias emocionales presentes, a su vez, incrementará la conciencia de
las personas de sí mismas y conducirá a la reapropiaci6n de aspectos de su
experiencia. La expresión directa de la experiencia se considera más produc-
tiva que su descripci6n. La expresi6n aumenta el sentido de identificación
y de apropiación de la experiencia. Además, la expresión no verbal espon-
tánea, tal como apretar los puños o los dientes, se considera como la
expresi6n de un procesamiento inconsciente automático. Se piensa que su
expresi6n deliberada es un modo de canalizarlo en un procesamiento
consciente controlado y, de esta forma, apropiarse de la experiencia (Green-
berg & Safran, 1981).
A menudo se facilita el trabajo terapéutico por medio de un proceso de
experimentaci6n que utiliza la expresi6n activa. Estos experimentos se
diseñan para descubrir la experiencia o para llevar a la conciencia c6mo se
interrumpen y se regulan disfuncionalmente las experiencias. De acuerdo
con Peris y otros (1951), la terapia supone « experimentos de toma de
conciencia deliberada» para promover «la identificaci6n del ego con el sí
mismo en formación» hasta que la persona tenga la experiencia de que «soy
yo el que siente, piensa o hace esto». Así, el trabajo de la Gestalt enfatiza
tanto el descubrimiento y la reapropiación del cliente como su toma de
conciencia de procesos específicos disfuncionales interruptores.
62 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
Principios generales de la teoría vivencial
De los escritos de Rogers y Peris sobre terapia, se pueden extraer dos
temas principales de la práctica que pueden ser considerados como los
principios básicos de un enfoque vivencia! en terapia. En primer lugar,
ambos enfoques están orientados hacia el descubrimiento, y consideran a
los dientes como expertos en sus propias experiencias (Rice y Greenberg,
1992). Se considera que los clientes. tienen un acceso privilegiado a sus
singulares experiencias internas y por tanto se les alienta continuamente en
terapia a comprobar su propia experiencia. Lo que resulta novedoso es que
los dientes atiendan más plenamente a su experiencia y a través de este
proceso lleguen a ser conscientes, a simbolizar y a desarrollar posteriormen-
te algún aspecto de la misma. El papel activo de los clientes, en el proceso
de identificar y simbolizar su experiencia interna por sí mismos, se valora
más que el que el terapeuta ofrezca significados para ayudar al cliente a dar
sentido a su experiencia.
En segundo lugar, tanto Rogers como Peris creían en una motivaci6n
fundamental hacia el desarrollo y la evoluci6n que resulta central en un
enfoque vivencia! al tratamiento (Rice y Greenberg, 1992). Se considera que
la búsqueda individual de formas de mantenerse y mejorarse a sí mismo es
un proceso interminable y la terapia es un modo de facilitar a las personas
el acceso a sus posibilidades de desarrollo. La elección y la autodetermina-
ción son aspectos clave de este funcionamiento. Se considera que los seres
humanos están influidos por una visión de futuro y no totalmente deter-
minados por la experiencia pasada. El potencial para el desarrollo y la
elección llega a su punto culminante cuando las personas son conscientes
de sus necesidades y sentimientos.
Además de los dos temas centrales expuestos, la importancia del descu-
brimiento y del desarrollo y la evolución, también se considera fundamental
el papel curativo de la relación auténtica de los participantes en la terapia.
En la terapia centrada en el cliente, se considera que experimentar al
terapeuta como empático y auténticamente respetuoso ayuda a los clientes
a liberarse de sus restringidas condiciones internas de valía. En la Gestalt, la
relación yo-tú (Buber, 1958) es fundamental y la terapia se centra en fomentar
un contacto auténtico entre cliente y terapeuta. Una relación facilitadora,
auténtica y empática es pues inherentemente curativa y conduce a lograr un
sí mismo más sólido y con mayor capacidad de ser auténtico.
r
PERSPECTJV AS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 63
PERSPECTIVAS DESDE LA PSICOLOGÍA MODERNA
Muchos de los supuestos humanistas acerca del funcionamiento humano
que caracterizan la teoría centrada en el cliente de Rogers y la aproximación
Gestalt de Peris, que ya se han resumido, son básicos para el acercamiento
descrito en el presente libro. Pero a lo largo de la década pasada, los
desarrollos en la psicología (particularmente en la ciencia cognitiva y en la
teoría de la emoción) hacen posible el desarrollo de teorías más diferenciadas
del funcionamiento y del cambio que las propuestas en los modelos originales
explícitos de Rogers y Peris. La perspectiva vivencia! sugería, en sus modelos
estructurales explícitos, que la disfunción, en esencia, estaba producida por
la incongruencia entre el autoconcepto y la experiencia organísmica, y por la
no apropiación de la experiencia. Se pensaba que la incongruencia o la no
apropiación estaban causadas por la introyección de condiciones de valía. Se
entendía que el cambio se daba al deshacer estas condiciones, de múltiples
maneras, para permitir la integración de la experiencia organísmica en la
conc1enc1a.
Sin embargo, esta concepción, que entiende que la patología se da por
la negación y la distorsión, no abarca completamente la práctica de estas
terapias (Wexler y Rice, 1974; Greenberg y Safran, 1987). Las terapias
vivenciales han desarrollado una concepción del proceso de funcionamien-
to, disfunción y cambio que va más allá. En esta perspectiva, el interés del
terapeuta no está en devolver a la conciencia lo que ha sido negado o
distorsionado, sino más bien en facilitar la síntesis de nuevos significados
desde la experiencia sentida corporalmente (Rogers, 1958, 1961; Gendlin,
1968, 1981, 1984; Peris, 1969; Polster y Polster, 1973). De hecho, Gendlin
(1962), al intentar tratar con los problemas de la teoría estructural, fue el
primero que ofreció una concepción de proceso en su libro La experimen·
tación y la creación de significado, mientras que Rogers (1958, 1962) comenzó
a desarrollar las vertientes del proceso para explicar cómo se daba realmente
el cambio. A continuación, se revisan brevemente algunos de los desarrollos
en la ciencia cognitiva y en la teoría de las emociones que tienen implica-
ciones directas en una perspectiva de proceso, tanto del funcionamiento
humano como del cambio en terapia, en los cuales la creación de nuevos
significados resulta central.
CIENCIA COGNITIVA
Desde los setenta ha habido un cambio hacia una perspectiva cognitiva
y, más recientemente, hacia una perspectiva constructivista «cognitivo/ afecti-
, ., ' ., , ,. .. ,,.,,, ~·:••'''"'"'"'""~, ...... ,,.. -·-
64 TEORÍA: EMOOÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
va» sobre el funcionamiento humano. Ahora existe una literatura extensa
y creciente en psicología cognitiva experimental con respecto a los procesos
mentales que las personas utilizan para ir más allá del simple procesamiento
de la informaci6n y así crear significado. Existen muchos estudios sobre
codificaci6n y recuperaci6n en la memoria, que abordan el papel de las
expectativas en la construcción, y el papel del lenguaje y la simbolizaci6n
en el conocimiento. Esta literatura demuestra que los individuos son
creadores activos de significados. A continuación, se resumen las cuatro
vertientes principales de la moderna ciencia cognitiva:
1. La atención se ha convertido en un tema de gran interés en psicología
cognitiva (Pascual-Leone, 1976a, 1976b, 1976c, 1983, 1987; Posner y Snyder,
1975; Shiffrin y Schneider, 1977). Se entiende como un recurso mental
limitado que está implicado en todo proceso consciente y parcialmente
consciente. Se considera que se asigna selectivamente y restringe el número
de procesos distintos que pueden ocurrir simultáneamente. Se piensa que
los procesos controlados conscientemente requieren una asignaci6n de
atención, mientras que los procesos automáticos requieren pocos o ningún
recurso atencional. La atención es, por tanto, un recurso limitado, que se
asigna selectivamente, en el que dicha selección puede estar bajo control
interno. Además, la atenci6n es fundamental a la hora de determinar lo que
las personas experimentan y generar experiencias y actuaciones verdadera-
mente nuevas (Pascual-Leone, 1987;James, 1890/1950). Por ejemplo, en un
momento dado, un cliente puede ser consciente de un número limitado de
cosas, del significado de la historia que está contando, la cavidad de su
est6mago o de la expresi6n del terapeuta. Atender a nuevas características
producirá una nueva conciencia y nuevos significados.
2. Se ha establecido una distinci6n útil entre los procesos cognitivos
que son automáticos o inflexibles y los que son controlados o que pueden
ser dirigidos por la persona (Schneider y Shiffrin, 1977; Shiffrin y Schneider,
1977). Los procesos automáticos suponen una secuencia de operaciones que
se activa sin necesidad de esfuerzo consciente. Una vez activados, se
desarrollan con independencia de los procesos controlados. Así, aunque se
intente responder o sentir de una forma particular, por lo general~ no se
puede impedir que se den respuestas automáticas. Mientras que los procesos
controlados no pueden modificar fácilmente los procesos automáticos, lo
contrario no es verdad. Cuando un proceso automático ha sido activado,
puede dirigir la atenci6n y la experiencia consciente del individuo. Zajonc
(1980) ha sostenido que la evaluación de la cualidad emocional de un
estÍmulo es un proceso automático que se da fuera de la conciencia y está
poco afectado por el procesamiento controlado. Se ha mostrado claramente
. . ,.,., , ..... ,, '• ,. .. ... .. ,,,.
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 65
que el procesamiento automático o inconsciente de la informaci6n tiene
una marcada influencia sobre la experiencia consciente, el pensamiento y
la conducta (Kihlstrom, 1990). Por tanto, la gente puede sentirse triste o
;1nsiosa e incluso deprimida sin ser consciente de qué lo provoca o de los
procesos internos generadores de esta experiencia.
3. U no de los primeros desarrollos importantes en el área cognitiva fue
la visi6n del organismo como un procesador de informaci6n tanto en
paralelo como en serie. El procesamiento en paralelo ayudaba a explicar
c6mo la informaci6n se procesaba automáticamente o fuera de la conciencia
(Broadbent, 1977; Kihlstrom, 1990). Se consideraba que el procesamiento
en serie ocurría en el tiempo real, con las operaciones mentales dándose en
orden secuencial -finalizando una antes de que comenzara la siguiente-.
El procesamiento en paralelo, y más recientemente el procesamiento dis-
tribuido en paralelo, permite al organismo procesar gran cantidad de
informaci6n simultáneamente, sin tener que asignar valiosos recursos aten-
cionales a estas actividades esencialmente automáticas (Rummelhart y
McClelland, 1986). Este tipo de procesamiento en paralelo preatencional
constituye también el área desde la cual la atenci6n selecciona el material
para el procesamiento en serie (Broadbent, 1977). De esta forma, los clientes
en la vida real están procesando mucho material que influye en su experiencia
consciente, mientras que en la terapia procesan el modo y la cualidad vocal
de las respuestas del terapeuta sin ser conscientes, o sin atender directamente
a estas características, y esto afecta a su interpretaci6n y experiencia de lo
que el terapeuta dice.
4. Hoy en día resulta claro que la memoria es un proceso reconstructivo
y altamente dinámico y no un simple sistema de almacenaje y recuperaci6n
de entradas. La memoria a largo plazo es considerada alternativamente
como una red que consiste en un conjunto de nudos conectados entre sí, y
como un sistema de procesamiento en paralelo que consiste en indicios de
episodios activados en paralelo, o como implicando procesos compues-
tos/distribuidos en los que un indicio no es una entidad distinta localizada,
sino más bien parte de una combinaci6n de todos los indicios situados
dentro del sistema (Raaijmakers y Shiffrin, 1992). Hace unos años, Ander-
son (1990) ha sugerido que sería posible que la memoria pudiera estar
organizada dinámicamente, de manera que resolviera el problema actual del
que recuerda de un modo 6ptimo.
Se han explorado las lagunas de la memoria y se ha visto que se dan
posiblemente en muchos puntos del proceso. Así, el empobrecimiento de
la memoria puede ser el resultado de distintos procesos como: codificaci6n
sobregeneralizada, interferencia con los procesos de recuperaci6n o falta de
.. - '" ,,.,,"
66 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
esfuerzo o distracción en el momento de la recuperación. Se han sugerido
diferentes categorías de memoria. Se ha distinguido la memoria episódica
de la memoria semántica, mientras que la memoria autobiográfica ha sido
diferenciada de la memoria general. Se ha demostrado que el recuerdo del
material es superior cuando está relacionado con el sí mismo y los efectos
son incluso más fuertes con material teñido emocionalmente (Bock y
Klinger, 1986; Kuiper y Rogers, 1979). Recientemente, se ha referido la
especificidad de la memoria autobiográfica a la resolución de problemas y
al~ eficaci~~e la solución (Williams, 1992 ~ )'. b). De este modo, los recuerdos
1
' mas espec1f1cos y detallados de caractenstlcas concretas de hechos reales
autobiográficos, tales como: «Estaba en la cola, junto a la secretaria de mi
jefe, esperando para entrar en el cine ayer, después del trabajo», actúan
proporcionando más alternativas para un procesamiento posterior, que los
recuerdos generales abstractos, tales como «me encontré con un colega
·.después del trabajo». Cuantas más características se llevan a la conciencia,
tanto más diferenciada es la visión de la experiencia que se desarrolla. Esto
a su vez genera más alternativas para considerar la situación, y para
responder a la misma.
También se ha demostrado que la memoria explícita, conscientemente
recuperable, es sólo un tipo de memoria. Se ha probado que la memoria
implícita, la memoria de sucesos que no pueden ser recordados consciente-
mente, influye en el procesamiento actual. El reaprendizaje y los efectos de
primacía muestran claramente que la ejecución de una tarea puede estar
afectada por los recuerdos disponibles de experiencias previas, aunque estas
experiencias no sean accesibles al recuerdo consciente. La memoria implí-
cita ocurre cuando los sucesos que están contribuyendo a recordar son
detectables claramente por la persona en el momento en que tienen lugar,
se les dedica atención y se representan al menos momentáneamente en la
conciencia, para luego perderse del recuerdo explícito consciente. También
se ha demostrado que el recuerdo consciente de un hecho se produce mejor
cuando la representación del sí mismo como agente o experimentador del
acontecimiento se recupera junto con la representación del contexto y del
acontecimiento mismo (Kihlstrom, 1990). Así, tanto el sí mismo como la
representación del contexto tienen que estar unidos al acontecimiento para
la construcción de un recuerdo detallado de lo ocurrido.
Las implicaciones para la terapia son claras. Los recuerdos de la expe-
( riencia residen fuera de la conciencia y su recuperación para propósitos
terapéuticos puede ser facilitada por los terapeutas, centrando a los clientes
en el recuerdo de las características específicas del acontecimiento y en el sí
mismo como experimentador del acontecimiento. Además, al proponer el
PERSPECTIVAS SOBRE EL- FUNCIONAMIENTO HUMANO 67
adecuado problema de exploración como un contexto de recuperación en
1crapia, se podría acceder a nueva información.
Con los desarrollos anteriores, la ciencia cognitiva nos ha proporciona-
do una visión del funcionamiento humano en la que la habilidad para
procesar automáticamente gran cantidad de información requiere procesos
mentales diferentes que ocurren en paralelo, fuera de la conciencia. Además,
con el advenimiento de la noción de procesamiento distribuido en paralelo,
d funcionamiento mental se está viendo cada vez más como módulos
"'parados que operan en paralelo (Fodor, 1983;Johnson-Laird,l 988), donde
rada uno de ellos se dedica a un tipo particular de información y de
1ransformación. Esta ordenación modular ofrece mayor rapidez, fiabilidad
y especialización, como ventajas evolutivas. La conciencia es concebida
romo el procesador de más alto nivel que controla y regula las operaciones
de otros procesadores modulares de más bajo nivel, que no son necesaria-
mente conscientes. Este procesamiento de información de más bajo nivel
influye sobre la experiencia y la conducta y, en diferentes grados, puede ser
llevado a la conciencia por medio de la asignación de atención.
Además de los modernos puntos de vista sobre la asignación de atención,
d procesamiento automático, el funcionamiento modular en paralelo y la
memoria reconstructiva en el procesamiento de la información en los seres
humanos, ha aparecido una concepción del procesamiento esquemático, para
intentar comprender la ejecución humana de tareas complejas. Nos apoya-
remos fuertemente en el papel del procesamiento esquemático en la expe-
riencia humana para comprender el cambio en terapia. En esta perspectiva,
l'i individuo organiza la información en unidades molares (esquemas) que
~uían el procesamiento (Bartlett, 1932; Piaget, 1970, 1985; Neisser, 1976).
Se piensa que una vez activados, los esquemas dirigen automáticamente la
;llención, proporcionan una estructura para preservar la información,
combinan información genérica y específica para tratar con hechos concre-
1os y son elementos activos en la recuperación y edición de material de la
memoria (Brewer y Nakamura, 1984).
El término esquema ha sido usado por diferentes investigadores y
1eóricos en distintos contextos con varios grados de precisión. Esto ha
conducido a una considerable confusión y falta de especificidad en el uso
dd término. No obstante, están apareciendo algunos criterios específicos
comunes (Williams, Watts, McLeod y Matthews, 1988). Éstos son que un
esquema es: a) un conjunto almacenado de conocimiento con el que
i11~eractúa la información entrante; b) tiene una estructura interna consis-
tente que organiza la información entrante de forma particular; c) engloba
información genérica prototípica, de forma que los casos específicos se
'- ,,,.,, ., ... .
, -·~·····~,., . . .,_.,...,_,.,
.., ..,...
68 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
procesan utilizando el apropiado prototipo esquemático para imponer
estructura; y, finalmente, d) que es de naturaleza modular de forma que la
activaci6n de una parte tenderá a producir la activaci6n de la totalidad.
La contribuci6n básica del concepto de esquema es que reconoce que
los seres humanos representan internamente objetos o acontecimientos por
medio de una configuraci6n de características. Los esquemas suponen, pero
van más allá, las representaciones puramente proposicionales para codificar
regularidades en categorías que son a la vez perceptuales y conceptuales.
Los esquemas son abstractos en la medida en que extraen regularidades para
codificar lo que es en general cierto, en lugar de codificar concretamente lo
que está ocurriendo en un caso particular. Codifican lo que las experiencias
tienen en común. También se piensa que los esquemas están jerárquicamen-
te organizados: estando los niveles más altos del esquema, las estructuras de
mayor generalizaci6n, en la parte superior de la jerarquía, y los esquemas
más específicos se aplican de manera más específica y contextual (Anderson,
1990). De modo que una persona puede tener un esquema de alto nivel para
citarse con alguien o para solicitar un trabajo, y otros más específicos para
hacer una llamada telef6nica en estos contextos diferentes. Los esquemas
de este tipo tienen más el carácter de objetivos o intenciones y el conjunto
de procedimientos para alcanzarlos, en lugar de ser la mera representaci6n
de un acontecimiento. Los esquemas también funcionan, en esencia, como
prototipos, permitiendo variaciones en los casos que se ajustan a un
esquema particular, pero también marcando restricciones sobre lo que se
ajusta. Las representaciones de un acontecimiento o secuencia de procedi-
mientos, por tanto, incluyen a un tiempo elementos del aconteciminto
específico y elementos del prototipo genérico.
En la ciencia cognitiva son concebidos, de este modo, como [Link]
redes de informaci6n o modelos mentales que operan fuera de la conciencia
para guiar la percepci6n, la memoria y la experiencia. Representan nuestro
conocimiento acerca de c6mo se agrupan los rasgos y de c6mo se secuen-
cian los acontecimientos. Este conocimiento sobre lo que tiende a darse
junto es muy importante para nuestra habilidad de predecir lo que encon-
traremos en el ambiente. Esta visi6n de la teoría del esquema se comentará
más adelante, en el siguiente capítulo (capítulo 4), para clarificar ciertos
problemas con la perspectiva de los esquemas como proveedores de repre-
sentaciones solamente, frente a la de las acciones emocionalmente encarnadas
y experimentadas (Pascual-Leone, 1983, 1988, 1990a, 1990b, 1991; Pascual-
Leone y Johnson, 1991).
Además de la naturaleza esquemática del funcionamiento mental, la
ciencia cognitiva ha descrito otras características del funcionamiento mental
relevantes para la terapia. Se ha establecido una distinci6n útil entre proce-
1'~,..,.,._...,,,.,.~_,...,,., • ...,...,.~--· ....· ..,.T,~'0'0-•'"•T_., ... .,_. ,,,.,,_ ·",..,•o n -·-~··• '"""""'><' .. ,,_.,,,., ••••••''''"'"'' _, ,,,, , n•.,,, .• , ••
·· 1 ·····1
..
1
'
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 69 1
samiento «conducido por los datos» y «conceptualmente conducido», a los
que se hace referencia alternativamente como procesamiento de «abajo a
arriba» o de •arriba a abajo». Un proceso conducido por datos se basa fun-
damentalmente en la informaci6n de los estímulos y la informaci6n ya
conocida no es de gran ayuda. Por tanto, está orientado a recoger nueva
informaci6n. Los procesos dirigidos conceptualmente son, por otra parte,
los que más cuentan con la informaci6n almacenada en la memoria y las
expectativas sobre la situaci6n y, por lo tanto, guían el procesamiento
anticipatoriamente. De este modo, los seres humanos pueden estar más
atentos a los datos sensoriales reales de la experiencia, aumentando así su
descubrimiento de nueva informaci6n, o pueden estar más guiados por sus
anticipaciones de lo que esperan que ocurra, aumentando de este modo su
capacidad selectiva para construir o percibir patrones particulares. Por
ejemplo, en terapia, a menudo es útil ayudar al cliente a que dirija su atenci6n
a detalles específicos de una escena pasada (recuerdo) o a la experiencia sensorial
presente, en vez de atender a sus expectativas o creencias de la experiencia
pasada o presente.
También se han discriminado diferentes tipos de conocimiento. Se ha
establecido una distinci6n clave entre conocimiento declarativo y procedi-
mental, o conocimiento explícito de cosas que sabemos y conocimiento
implícito de c6mo hacer cosas (Anderson, 1990). Además, se ha mostrado
que el conocimiento tácito de patrones o reglas influye en la comprensi6n,
demostrando claramente que «Sabemos más de lo que decimos». Así, además
del conocimiento explícito conceptual, las personas poseen: a) conocimien-
to implícito procedimental (tal como, la manera de montar en bicicleta),
que guía asociativamente las ejecuciones fuera de la conciencia y b) un
conocimiento tácito de normas y patrones (c6mo hablar una lengua), que
guía la comprensi6n fuera de la conciencia. Las experiencias y las conductas
problemáticas que las personas traen a la terapia con frecuencia están
gobernadas por estos niveles de procesamiento tácitos e implícitos.
Por último, se ha demostrado que pensar sobre nuestro pensamiento o
metacognici6n también es una fuente de planes y estrategias para mejorar
el recuerdo de actuaciones, que indica la verdadera naturaleza activa y
autorreferencial del procesamiento humano de la informaci6n (Flavell,
1985). Así, además de guiarse por el conocimiento tácito, las personas
también reflexionan activamente sobre sus propias percepciones y pensa-
mientos creando, de esta forma, nuevos significados. Los clientes en la vida
y en la terapia reflexionan sobre sus experiencias y esto es importante para 1
la autocomprensi6n.
En resumen, el procesamiento constructivo de informaci6n supone la
percepci6n, la atenci6n, la memoria, el pensamiento y el lenguaje, y está
r
70 TEOIÚA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
facilitado por módulos internos complejos organizados o esquemas que
automáticamente actúan sobre la información entrante y las respuestas salien-
tes, y las organizan. Claramente el ser humano procesa información de
modo automático fuera de la conciencia y organiza la información dentro
de estructuras modulares internas o esquemas que son el punto de partida del
procesamiento que genera expectativas o de «arriba a abajo» de la informa-
ción entrante. En suma, las personas poseen diferentes modos de conocer
y tienen la capacidad de guiarse por cosas que saben, pero que no pueden
decir. El procesamiento automático puede actuar sobre los módulos proce-
dimentales que automáticamente guían la conducta motora, tales como
bailar o conducir. También ejercen su acción sobre el conocimiento de
reglas tácitas o modelos que guían la comprensión del organismo del mundo
y, por tanto, su conducta. Así, el cliente viene a la terapia con un complejo
conjunto de esquemas internos que guían su procesamiento de la informa-
ción acerca del sí mismo, del otro y del mundo y, una vez activados, generan
. . .
exper1enc1as y reacciones.
Esta visión del procesamiento constructivo de la información a partir
de la ciencia cognitiva proporciona apoyo a la concepción humanista del
ser humano como agente consciente, «intuitivamente» guiado por el pro-
cesamiento esquemático o automático y no consciente de compleja infor-
mación. Además, los seres humanos son también capaces de traer este
material a la conciencia, simbolizarlo y utilizarlo como base para la refle-
xión, la elección y la acción. Todo este procesamiento de información
apunta a una descripción, en el lenguaje de la moderna psicología cognitiva,
de lo substancial de la terapia vivencia!: esto es, conciencia y experiencia
(Gendlin, 1962, 1981; Bohart, en imprenta; Peris, 1969, 1973) o lo que
trataremos más adelante como procesamiento vivencia!.
TEORÍA E INVESTIGACIÓN SOBRE LAS EMOCIONES
La ciencia cognitiva, como ha sido descrita anteriormente, se interesa
por cómo se adquiere, se representa y se utiliza el conocimiento. Aunque
los procesos cognitivos son de capital importancia para comprender el
procesamiento humano de la información y la construcción de significados,
las emociones son fundamentales para comprender la acción humana. Las
emociones surgen en el transcurso de la acción humana, especialmente en
la interacción interpersonal, y parecen suministrar soluciones de corte
biológico de los problemas humanos que no pueden ser resueltos sólo por
la cognición (Oatley, 1992). Cuando la emoción se incorpora en la ciencia
cognitiva, se obtiene una mejor comprensión del funcionamiento humano.
-
"
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 71
Así, recientemente ha comenzado a aparecer en la psicología moderna un
foco de interés centrado en la emoción. Se está empezando a considerar la
emoción como esencial para la comprensión tanto de la interacción como
de la cognición. La emoción es: primero, atencional, influye en la informa-
ción que sobresale; segundo, motivacional, influye en el establecimiento de .
metas y objetivos; y tercero, comunicacional, regula la interacción con los'·
demás. La emoción ha sido investigada tanto en términos de expresión
emocional, como
. de experiencia emocional y, a continuación, se expondrá
en estos term1nos.
Expresión emocional y tendencias a la acción
Se considera que las emociones implican tendencias a la acción que
surgen en función de evaluaciones automáticas de la relevancia de las
situaciones para nuestros intereses básicos (Arnold, 1960; Frijda, 1987; Laza-
rus, 1991a). Las emociones comienzan con la detección de algún cambio
notable que actúa como señal, para continuar procesando la información
entrante de acuerdo a su importancia personal (Scherer, 1984). El procesa-
miento continuado supone, en primer lugar, evaluar el acontecimiento en
relación a los propios intereses y, después, en relación a las propias habili-
dades para hacerles frente.
Se considera, además, que las emociones son adaptativas. Gobiernan los
objetivos prioritarios de las personas y comunican intenciones entre ellas
para lograr la supervivencia (Greenberg y Safran, 1984a, 1987, 1989; Green-
berg y Johnson, 1988; Oatley y Jenkins, 1992; Safran y Greenberg, 1991).
Se ha demostrado que la expresión y la comunicación de la emoción es tanto
un autorregulador primario, que organiza las respuestas de los niños a los
estímulos del' rriedio, éóriio un regulador primario de la conducta de los
otros, que proporciona señales afectivas a los cuidadores para guiar sus
;1cciones (Stern, 1985; Tronick, 1989). La expresión de la emoción es pues
fundamentalmente comunicativa y sirve para regular la interacción social.
Las emociones se comprenden mejor como síntesis complejas de elementos,·
que incluyen el afecto primario (en forma de sensación y fisiología), la
motivación (en forma de necesidades e intereses) y la cognición (en forma
de evaluaciones).
Las emociones primarias discretas tales como sorpresa, felicidad, ira, '
tristeza, temor y asco (Ekman y Friesen, 1975; Izard, 1977; Tomkins, 1962)
son disposiciones a la acción innatas, biológicamente relacionadas con la
adaptación y la supervivencia (Arnold, 1970; Frijda, 1987; Lang, 1984). Se
ha demostrado, además, que estas emociones primarias discretas son uni-
versales, y están asociadas con expresiones faciales características, patrones
neuroendocrinos y localizaciones cerebrales.
72 TEO!ÚA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
Recientemente, desde la evidencia psicobiológica (Panksepp, 1989)
parece que las emociones básicas están constituidas por circuitos primitivos,
genéticamente preprogramados, del cerebro visceral que influyen en el
procesamiento de la información en las áreas cognitivas superiores del
cónex. En comparación, las áreas cognitivas superiores tienen sólo un
modesto control sobre los circuitos emocionales subyacentes, aunque está
claro que el pensamiento puede y tiene algún efecto sobre los sentimientos
cotidianos. Panksepp (1989), en su revisión de la investigación neuropsico-
lógica, sostiene que existe actualmente adecuada evidencia neuropsicológica
sobre la existencia de cuatro o cinco circuitos emocionales en el cerebro.
Para vencer las dificultades semánticas de etiquetarlos con términos que
connoten afecto, usa múltiples términos para nombrar estos sistemas. Éstos
son: a) el sistema de búsqueda-expectación-curiosidad-investigación, b) el
circuito de ira-rabia, c) el circuito de ansiedad-miedo, d) la red de separa-
ción-malestar-tristeza-angustia-pánico, y posiblemente, e) un sistema de
juego social. Aunque éstos difieren en algunos aspectos de las emociones
primarias, basadas en la evidencia de la expresión facial, hay suficientes
superposiciones para confirmar la base neurológica del interés/sorpresa,
temor, cólera, tristeza y felicidad.
Los afectos primarios o básicos, como éstos, parecen tener una forma
de señalización distintiva, interna, neuropsicológica y no simbólica, que
difiere del procesamiento cognitivo de la información (Le Doux, 1989).
Cada señal afectiva es puntual, directa y, cuando es clara o intensa, no tiene
que ser interpretada para comprender su significado. Al contrario, automá-
ticamente proporciona significado y organiza la acción. De este modo, el
organismo está provisto de señales innatas y de conocimiento innato del
significado de cada señal. La interpretación de la señal no es semántica, sino
que supone evaluación directa. Estas señales, basadas en emociones, son
específicamente adaptativas, porque pueden influir rápidamente en la con-
ducta sin tener que contar con el procesamiento conceptual.
Un organismo complejo tiene sensaciones y afectos corporales que
actúan como medios, independientes de la cognición consciente, para guiar
la conducta. Preparan el organismo para llevar a cabo la acción apropiada
en relación con el entorno, en lugar de servir como respuesta específica
innata o de requerir un complejo procesamiento simbólico. Los afectos, de
este modo, son formas no simbólicas de guiar la acción que no requieren
complejos procesos inferenciales. De hecho, son el método de control de
la acción evolutivamente más antiguo, con resultados rápidos y eficaces.
Operan automáticamente y nuestro sistema perceptivo puede, por tanto,
registrar información automáticamente, pero señalar a la conciencia sólo
una emoción hacia el objeto, haciendo que la persona sienta algo hacia una
.,. . ......
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 73
prrsona/ situaci6n (por ejemplo, c6lera) sin saber la raz6n. Por tanto, las
rmociones primarias parecen estar programadas y conectadas con el proce-
<o11niento de la informaci6n, de modo que hacen que las personas puedan
adaptarse y sobrevivir, al ayudarlas a seleccionar y responder rápidamente
,, la informaci6n que llevaría demasiado tiempo procesar sin una tendencia
1•111ocional a la acci6n. Las emociones complejas evolucionan a partir de
''·'' c>S afectos primarios (Pascual-Leone, 1992).
Experiencia emocional
Más allá de organizar la acci6n adaptativa, los afectos, con la experiencia
vivida, se integran con la cognici6n para proporcionar experiencia emocio-
nal. Se considera que la experiencia emocional implica la integraci6n de
muchos niveles de informaci6n distintos (Lazarus, 1984; Leventhal, 1979; ·
Lang, 1983). Los sentimientos, conscientemente experimentados, son de
t'Ste modo una compleja síntesis de varios tipos y fuentes de informaci6n.
Estos sentimientos están compuestos de al menos tres sistemas medibles:
un sistema expresivo motor, basado fisiol6gicamente; un sistema de recuer-
do emocional, basado semánticamente, y un sistema conceptual, con base
verbal (Lang, 1984; Leventhal, 1984). Así pues, la experiencia emocional es
un proceso de múltiples componentes que incluye cambios corporales,
significados y tendencias a la acci6n. Se considera que este complejo sistema
de procesamiento emocional de la informaci6n nos ofrece una rica fuente
de complejos significados y de retroalimentación sobre nuestras reacciones
a las situaciones en forma de sentimientos (Greenberg y Safran, 1984a, 1987,
1989).
Desde esta perspectiva cada nivel de procesamiento aporta diferentes
Jspectos a la experiencia emocional. El más bajo, el nivel sensorial-expre-
sivo motor nos proporciona informaci6n sensorial no proposicional y
tendencias a la acci6n expresivas y opera sin control voluntario. Así, un
niño reacciona con temor ante una sombra y con c6lera ante un abuso. El
nivel intermedio de recuerdo esquemático contiene representaciones con-
cretas de experiencias emocionales anteriores, inicialmente codifica expe-
riencias sensorio-motrices junto con sus condiciones elicitadoras. Por
ejemplo, la experiencia de reacciones emocionales al ser consolado o
frustrado por un cuidador primario se representa, en un primer momento,
internamente junto con indicios de las expresiones y acciones del cuidador
en esas situaciones. Estas representaciones se expanden, finalmente, para
incluir creencias y expectativas que la persona asocia con la experiencia,
tales como «Cuando estoy necesitado, soy digno de amor» o «es más fácil
no necesitar». Estos esquemas emocionales forman la base de gran parte
de la vida emocional. Se activan automáticamente e influyen sobre el
. 74 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
procesamiento de los acontecimientos actuales. El último nivel de procesa-
miento se da por medio del sistema conceptual, basado en su capacidad de
pensamiento proposicional, consciente y volitivo sobre los acontecimien-
tos emocionales. Este nivel, que incorpora y forma las reglas y creencias,
ejerce una retroalimentación sobre el recuerdo esquemático, tal como
anteriormente describimos, de forma que tanto el nivel sensorial motor
como el conceptual se sintetizan internamente de forma esquemática. La
experiencia emocional resulta de la compleja integración de estos niveles de
procesamiento.
Otra forma en que las emociones afectan a la experiencia es por sus
efectos sobre la cognición. Se ha demostrado que las emociones influyen
sobre la cognición de muchas maneras. Se han investigado los efectos del
estado de ánimo sobre el recuerdo (Blaney, 1986) y se ha encontrado que
existe un efecto fiable del estado de ánimo congruente con el recuerdo
congruente, que demuestra que el estado de ánimo de las personas afecta a
lo que recuerdan y lo que codifican. Así, un estado de ánimo feliz produce
un recuerdo feliz, y un estado de ánimo triste produce recuerdos tristes,
mientras que un estado de ánimo positivo en el momento del aprendizaje
mejora el aprendizaje de contenidos positivos. La emoción afecta claramen-
te a la cognición y lo hace de una manera compleja y diferenciada, lo cual
recientemente se ha comenzado a investigar. Está claro, sin embargo, que
cuando se ha elicitado un estado emocional -por cualquier medio químico,
fisiológico o cognitivo- la cognición subsiguiente de la persona queda
afectada de un modo inmediato. En primer lugar, el objetivo del organismo
en ese momento se altera en respuesta al nuevo estado afectivo emergente.
En segundo lugar, el curso del pensamiento se altera de un modo relacio-
nado con el estado afectivo en el que se encuentra.
Además de la perspectiva biológica de un sistema de reacción emocional
básicamente adaptativo que gobierna la expresión, ha aparecido una pers-
pectiva más constructiva y social del sistema de experiencia emocional
cognitivamente mediado. Desde esta perspectiva se ve claro que nuestros
sistemas cognitivos y emocionales están tan fuertemente ligados que son
difíciles de separar. Las emociones complejas, tales como el resentimiento
o el remordimiento, aunque basadas en emociones básicas, como cólera o
tristeza, también incluyen evaluaciones cognitivas del sí mismo aprendidas
en relación a la sociedad y, por tanto, las distintas culturas las evocan de
maneras diferentes. Estas emociones complejas, tales como el orgullo o los
celos, se basan en esquemas y poseen claramente más elaboración cognitiva
y dependen más de la cultura que las emociones básicas. Estas emociones
están formadas, en parte, por el lenguaje, ya que para ser experimentadas,
necesitan ser simbolizadas verbalmente en la conciencia.
- .. --~.,.- ""' .. ... '
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 75
Los estados emocionales de los adultos se producen principalmente por
la activación de esquemas emocionales complejos. Estos estados o autoor-
ganizaciones sirven para disponer al individuo para la acción e influyen en
su procesamiento cognitivo. Las emociones las produce el organismo auto-
máticamente, pero, para experimentarlas, la persona tiene que simbolizarlas
en la conciencia. De este modo, el que se experimenten o no estos estados
depende de si se atiende a ellos y se simbolizan. Lgs estados emgcio_n;tles
[Link]~_deg_es_taf.e!J. d.ifere11tes _gr_ados ele conciencia: presentes, pero en ese
momento fuera de la conciencia; presentes, pero parcial o periféricamente
en la conciencia; presentes y experimentados, pero no simbolizados verbal-
mente; experimentados y claramente simbolizados y, finalmente, experi-
mentados, simbolizados y completamente comprendidos en cuanto a sus
desencadenantes, significados y tendencias a la acción, necesidades o deseos
asociados con ellos.
Esta perspectiva de diferentes niveles de procesamiento y conciencia
sugiere que las emociones no se pueden separar de la cognición y que, en
lugar de centrarse en si la emoción y la cognición son independientes, es
más importante centrarse en cómo la cognición está implicada en diferentes
aspectos de la emoción y cómo los esquemas integran complejamente la
información a partir de varias fuentes para formar sentimientos (Piaget,
1981). Nuestros pensamientos, de este modo, están siempre impregnados
de sentimientos, y el afecto y la cognición se pueden separar solamente para
propósitos teóricos o en casos extremos de experiencia vivida, tales como
cuando el afecto es estimulado química o eléctricamente. Los significados
personales, por tanto, dependen esencialmente del afecto.
Avances recientes en el estudio del desarrollo afectivo (Case, Hayward,
Lewis y Hurst, 1988; Campos, Campos y Barret, 1989; Lewis, 1990; Lewis,
1991; Lewis y Michalson, 1983; Pascual-Leone, 1987, 1991; Stern, 1985) han
comenzado a añadirse a nuestra comprensión de cómo los afectos tempra-
nos, más simples y esenciales, se transforman paso a paso en los sentimientos
y emociones posteriores más complejas, al añadir cogniciones más comple-
jas, posibles debido al nivel de desarrollo cognitivo. El papel del afecto en
el desarrollo del sentido de sí mismo, de los demás y de la realidad, en los
niños, ha sido estudiado y se ha encontrado que la emoción está mucho más
organizada de lo que previamente se pensaba (Stern, 1985; Fischer, Shaver
y Carnochan, 1990; Pascual-Leone, 1991; Tronick, 1989; Cichetti y Sroufe,
1978), desarrollándose en forma de estadios (Izard, 1984) y combinándose
con la cognición en momentos particulares para formar sentimientos
autoconscientes más complejos, como la turbación (Lewis, 1990; Lewis y
Michalson, 1983). Las em,.ociones oomplejas par~.C:.~!1_ ".S!.ªr reJacion~das_c:_Q!l ·
el sí mismo e impli2'an autoevaluaciones.
---------- -----~--~------ -- ~ -
• .,. " .. ,_... ,. "··~··~ ·~·······--.·-'"''' ···~--··" ~-
76 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
Resumiendo, los desarrollos empíricos y conceptuales en la concepci6n
de la emoci6n proporcionan apoyo a la existencia y universalidad de ciertos
afectos primarios puntuales, generados por la evaluaci6n automática de las
situaciones en relaci6n con las necesidades. Además, el sistema emocional
esquemático organiza y sintetiza la compleja informaci6n entrante de alto
nivel en múltiples niveles, para proporcionarnos tanto significados comple-
jos como una retroalimentaci6n sobre nuestras respuestas a las situaciones,
de igual modo produce rápidas tendencias de respuesta emocional, que son
fundamentalmente adaptativas. También, está claro que los procesos afec-
tivos influyen en la asignaci6n de atenci6n y en el procesamiento de la
informaci6n. Además, se ha demostrado que el afecto es el medio primario
del niño para la autorregulaci6n y la comunicaci6n.
El afecto es así el núcleo constituyente del sí mismo, además, establece
vínculos entre el sí mismo y el ambiente, y organiza la propia experiencia.
En cierto sentido, los sentimientos son, en último término, el lugar de
encuentro de la mente, el cuerpo, el medio, la cultura y la conducta. Pueden
unir en la experiencia consciente varios cambios fisiol6gicos y hormonales,
evaluaciones del sí mismo y de la situaci6n, recuerdos, normas culturales y
expresiones y conductas características. La conciencia de estas integraciones
complejas, en forma de sentimientos y tendencias a la acci6n, es de gran
importancia para el cambio terapéutico, porque nos da informaci6n sobre
nuestras reacciones a las situaciones, que está relacionada con nuestra
supervivencia social y biol6gica y con nuestro bienestar (Greenberg y
Safran, 1987, 1989). Además, ya no es posible pensar en la emoci6n y la
cognici6n como distintas y separadas. En general, muchos pensamientos
están impregnados de sentimientos, y los pensamientos s6lo tienen signifi-
cados personalmente relevantes para nosotros si están acompañados de
sentimientos. Los sentimientos, por otro lado, están cargados de cognici6n,
lo cual implica la asignaci6n de atenci6n y evaluaci6n automática, entre
otros procesos (Greenberg y Safran, 1987).
Los puntos de vista anteriores sobre la cognici6n y la emoci6n nos
permitirán comtemplar el funcionamiento humano de una forma que
transcienda la falsa dicotomía entre raz6n y emoci6n, a la par que retenemos
una visi6n de las diferencias en cuanto a su naturaleza y funci6n entre
emoci6n y cognici6n. Está claro que la cognici6n no es inherentemente
racional (Kahneman, Slovic y Tversky, 1982), ni la emoci6n es inherente-
mente irracional (Frijda, 1986; Oatley, 1992). En lugar de eso, los dos
procesos están entretejidos de manera compleja para mejorar el funciona-
miento humano. Los seres humanos, de este modo, necesitan utilizar tanto
los procesos emocionales de acción rápida, como sus procesos más lentos
de conocimiento cognitivo, para guiar su acci6n adaptativa en complejos
, • .,...•O\""'>'" .... •• ,,_. '• ,_ '< '"' • ,"""' •P . ,., . ·;· . '!¡' " .. • .. .... _, ., •. , • --- ....... ' ....
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 77
~mhientes interpersonales. En lugar de un modelo que separe el pensamien-
to y el sentimiento, proponemos un modelo en el cual pensamiento y
•rnt imiento se encuentran en un proceso dialéctico que conduce a su
•Íntesis, integrando conocimiento y acci6n dentro de un sentido unificado
d,. sí mismo y de la situaci6n.
lJNA SÍNTESIS DIALÉCTICA CONSTRUCTIVJSTA
Los desarrollos teóricos, anteriormente descritos, de la ciencia cognitiva
y la teoría de la emoción proporcionan los bloques de construcción nece-
.~;1rios para integrar y expandir la teoría y la práctica de la terapia vivencia!
d1• dos maneras. En primer lugar, nos permiten explicar más claramente el
fl'nÓmeno que Rogers y Peris y otros humanistas reconocieron e incluyeron
rn sus enfoques vivenciales. En segundo lugar, proporciona una teoría del
proceso, dialéctico-constructivista más rigurosa (Pascual-Leone, 1976a,
1976b,1976c, 1984, 1987, 1991), con la que comprender la disfunción y el
proceso de intervenci6n y cambio.
Una teoría del funcionamiento más compleja, basada en una integra-
rión de la visi6n de la terapia vivencia! del funcionamiento y de los
desarrollos de la ciencia cognitiva y la teoría de la emoci6n, proporcionará
una teoría que reconozca tanto la realidad de la experiencia interna de los
dientes, como su capacidad para construir significados y desarrollar con-
n·ptos. Esta integración incluirá una visi6n de los seres humanos como
procesadores, a múltiples niveles, de diferentes tipos de informaci6n
proposicional (simb6lico/16gica) y no proposicional (sensorial/percepti-
va), que construyen sus puntos de vista conscientes de sí mismos y de la
realidad momento a momento en funci6n de a qué atiendan. En este punto
de vista, la experiencia depende tanto del procesamiento de informaci6n
ronceptual, controlado, en serie y consciente, como del procesamiento de
l.1 informaci6n autorrelevante, automático y en paralelo, que se da fuera
d1· la conciencia. U na adecuada teoría debe reconocer dos fuentes princi-
palés de la experiencia: un proceso conceptual, reflexivo, deliberado y
ronsciente (pensamiento) y un proceso emocional esquemático, directo y
.111tomático (sentimientos) y la relaci6n dialéctica, constructiva entre ellos.
En este marco, una concepci6n de llevar a la conciencia el material
previamente negado se reemplaza por una concepci6n de la construcción
dialéctica de nuevos significados.
78 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
La epistemología
En este libro, por tanto, adoptamos una epistemología dialéctico-cons-
tructivista (Pascual-Leone, 1984, 1987, 1990a, 1990b, 1991), en la que
concebimos a los clientes como implicados en un proceso de exploración,
dialécticamente constructivo, que conduce a la construcción de una nueva :
visión del sí mismo y del mundo. La dialéctica, en su forma más esencial, ,
es la separación de una única totalidad en sus partes contradictorias. La
dialéctica en la que estamos más interesados es la que constituye la concien- ·
cia -la dialéctica entre concepto y experiencia, entre explicación reflexiva··•.
y experiencia directa, entre vivencia mediata e inmediata (Greenberg y .
Safran, 1987; Guidano, l991;Mahoney, 1991; Rennie, 1990; Toukmanian,
1 1986; Wexler y Rice, 1974)-. Desde una perspectiva dialéctico-constructi- ·
vista, se concibe a las personas como continuamente implicadas en un·
proceso de construcción reflexiva de la realidad, a partir de la síntesis ·
dialéctica de estas dos fuentes de experiencia. La experiencia de la persona ·
de la realidad interna y externa es vista fundamentalmente como un proceso '
de construcción de visiones del sí mismo y del mundo, a partir de los
constituyentes que existen realmente como restricciones sobre las propias
construcciones.
En terapia, este proceso dialéctico-constructivo supone construir signi-
ficados a partir de la experiencia inmediata y la visión que se mantiene
conceptualmente de cómo se espera que sea la experiencia. Las contradic-.
ciones entre los conceptos reflexivos o adquiridos, o las explicaciones acerca
de cómo son las cosas, o deberían ser, y la experiencia inmediata de cómo
las cosas son realmente constituyen una gran fuente de angustia emocional.
Los procesos de conocimiento reflexivo conceptual proporcionan explica-· .
ciones, mientras que los esquemas de emoción proporcionan reacciones
inmediatas. A menudo se hace referencia a la síntesis dialéctica de estas
diferentes, y a veces contradictorias, fuentes de experiencia que determina,
en última instancia, la experiencia vivida global, como pensamiento y
emoción, o la «cabeza» y el «corazón».
U na perspectiva constructivista dialéctica va más allá de un enfoque
fenomenológico, puramente descriptivo, en el que se sostiene que la expe-
riencia viene simplemente dada, y que deja sin explicar el proceso construc-
tivo por el cual «lo que es» se lleva a la experiencia consciente y se simboliza.
Además, una posición dialéctico-constructiva no adopta la posición deter-
minista de presuponer la existencia de contenidos psíquicos, especificados ·
teóricamente que determinan la existencia, como hacen los enfoques diná-
micos, sino que sólo asume el funcionamiento de ciertos conjuntos de
procesos que pueden generar cualquier tipo de realidad. Esto lleva consigo
la consideración de los clientes como expertos en los contenidos de su propia
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 79
experiencia. Por último, una posici6n dialéctico-constructiva no asume que
la conducta está legfrimamente gobernada por estímulos o por pensamien-
tos únicamente, como hacen los enfoques conductuales y cognitivos, sino
que, por el contrario, asume que la conducta está determinada por la síntesis
dialéctica entre el concepto y la experiencia.
En una concepci6n dialéctico-constructivista, la exploraci6n y el cam-
bio terapéutico, por tanto, se generan, en primer lugar, por medio de un
proceso dialéctico de síntesis o exploraci6n activa de las contradicciones
entre el concepto y la experiencia y por la construcci6n de un nuevo
significado, por medio de un proceso de diferenciaci6n e integraci6n de la
experiencia. Una concepci6n dialéctico-constructivista hace justicia tanto a
la realidad de la experiencia inmediata subjetiva, basada en la emoci6n,
como a los procesos cognitivos, activos y constructivos, por medio de los
cuales las personas crean significados a partir de la experiencia inmediata.
Llegar a ser consciente no es meramente un proceso pasivo de simple
percepci6n de la experiencia sensorial, ni un simple proceso constructivo
Je una realidad radicalmente construida por la imposici6n de categorías
sobre la experiencia para crear significado. Por el contrario, la experiencia
se descubre y se crea simultáneamente, de forma dialéctica entre lo sentido
de un modo inmediato y lo mediado conceptualmente, entre la experiencia
emergente de las personas y sus puntos de vista previamente construidos.
Pensamiento y emoci6n desempeñan un papel en la experiencia, y la
experiencia y la conducta se generan, en última instancia, a partir del
intercambio dialéctico entre dos sistemas, uno el sistema conceptual, de
razonamiento, y el otro, el sistema emocional de reacci6n rápida adaptativa.
Construcción de significado
Desde este punto de vista, el procesamiento consciente, controlado
actúa para crear significado al atender y simbolizar lo que está ocurriendo
interna y externamente. La experiencia emocional consciente surge al
atender y simbolizar un estado emocional generado automáticamente. El
estado emocional surge de la actívací6n de procesadores esquemáticos que
se· activan por patrones de información o acontecimientos internos o
externos. Los procesadores esquemáticos generan automáticamente reac-
ciones internas, tendencias a la acci6n y experiencias corporales a las que se
puede o no atender o simbolizar conscientemente.
La construcci6n de significados personales implica un proceso de sínte-
sis continua de informaci6n, a partir de diversas fuentes, y de simbolizaci6n
consciente de dicha informaci6n, para formar una realidad subjetiva. Éste
es un proceso dialécticamente constructivo en el que simultáneamente se
atiende a la experiencia sentida y se construye una representaci6n actual
80 TEOIÚA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
particular de ella. Este proceso dialéctico de simbolización de la experiencia
en la conciencia conduce a la construcción de nuevas visiones del sí mismo
y de la realidad, Es aquí donde el lenguaje desempeña un papel importante
en la configuración de nuestra experiencia emocional. Nuestros sentimien-
tos están influidos por cómo los formulamos. Nuestra descripción lingüís-
tica influye en nuestra experiencia, mientras que la experiencia influye y
restringe nuestras posibles descripciones, Además, cuando nos hemos repre-
, sentado nuestra experiencia también examinamos nuestras representaciones,
producimos nuevas posibilidades y seleccionamos alternativas para la acción.
Desde esta perspectiva, las estructuras esquemáticas de alto nivel -que
hemos denominado esquemas emocionales- son las que generan las com-
plejas reacciones emocionales internas y la experiencia. Es importante
reconocer que estos módulos esquemáticos de emoción no generan simple-
mente pasiones primitivas, sino respuestas bastante complejas. Estas com-
plejas reacciones emocionales y experiencias están disponibles a la conciencia
si se atiende a ellas, pero en un momento dado pueden o no ser simbolizadas
o incorporadas dentro de la construcción de la realidad de la persona. Así,
los estados emocionales, en lugar de ser negados activamente, pueden o no
ser atendidos y sintetizados en la conciencia. Cuando se simbolizan en la
conciencia, nos proporcionan las bases de nuestro sentido subjetivo de la
realidad y de la evaluación del significado de los acontecimientos para
nosotros.
La experiencia consciente del sí mismo que incorpora esta información,
basada en emociones, se crea a través del proceso de atender internamente
y simbolizar las propias respuestas emocionales a las situaciones. Este
proceso implica la interacción dialéctica consciente entre nuestras activida-
des de conceptualización y nuestra experiencia inmediata emocional, para
ayudar a solucionar problemas y a responder de forma adaptativa. Llegamos
a la conciencia de nuestro sí-mismo-en-el-mundo creando significado a
partir de la experiencia inmediata, para sobrevivir y crecer. Esto ocurre a
través de un proceso, momento a momento, de síntesis y simbolización de
la experiencia generada tácitamente en la conciencia. En este proceso, el
nuevo significado, a su vez, genera nuevas experiencias en el dominio simbó-
lico, lo cual conduce a nuevas respuestas tácitas inmediatas. Así, continuamente
descubrimos y creamos significados en un proceso dialéctico de construc-
ción de significados (Greenberg y Safran, 1987).
Así pues, para construir significados personales una persona, que actúa
en una situación llevada por un esquema emocional, puede reaccionar
\ automáticamente a una experiencia con rechazo o amenaza y retroceder
atemorizada. Para comportarse adaptativamente, la persona tiene: primero,
que atender a la tendencia de respuesta; segundo, simbolizarla adecuada-
,,.,,.. ,, .. ,." ,,.
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 81
1nente como un sentimiento de miedo; tercero, construir un significado
complejo de la situación, tal como sentirse amenazado porque el sentido de
la propia valía ha disminuido; y cuarto, generar una respuesta adaptativa
como decir (cuando sea apropiado) que siente miedo o alejarse para prote-
gerse de posteriores ataques.
Nuestra perspectiva, por tanto, es la de un agente que está implicado en
un continuo proceso de síntesis constructiva de la información, a partir de
fuentes diversas, en una experiencia consciente del sí mismo y en la creación
de significados a partir de esta síntesis. Esta perspectiva puede clarificar la
concepción de proceso de funcionamiento y ampliar la teoría de la incon-
gruencia estructural de Rogers (1958) y Peris (1969) a una teoría del proceso
más completa (Whitehead, 1929), y más congruente con la práctica.
En esta perspectiva constructiva de proceso, la idea de un concepto de
sí mismo estructural y unitario, que niega o distorsiona la experiencia, se
reemplaza por una función de sintetización cognitiva consciente que se sirve
de diversas fuentes de información para construir la experiencia y puede
construir diferentes «SÍ mismos» en distintos momentos o incluso al mismo
tiempo (Hermans, Kempen y Van Loon, 1992). Por tanto, en lugar de tener
un Único concepto de sí mismo, se considera que las personas están siempre
implicadas en representarse activamente a sí mismas ante los demás y ante
sí mismas, en imágenes y narraciones. De este modo, las personas construyen
su visión de sí mismas de un modo continuo.
Por otra parte, desde una perspectiva constructiva de proceso, la idea
de Rogers y Peris de experiencia organísmica se explica como resultado de
un conjunto de esquemas automáticos emocionales que generan experien-
cia. Ahora, en lugar de una simple visión dicotómica de un organismo y un
concepto de sí mismo, la persona se concibe como el agente de un sistema
de procesamiento de múltiples niveles, modularmente organizado. La
conciencia es capaz de recibir y sintetizar mensajes en forma de «todos»
unificados, a partir de diferentes módulos esquemáticos de más bajo nivel,
que procesan información fuera de la conciencia.
Desde esta perspectiva los esquemas emocionales tácitos son procesado-
res automáticos particularmente importantes que generan las reacciones y
experiencias emocionales de las personas y su sentido global de quiénes son.
Estos módulos emocionales pueden concebirse como procesadores especí-
ficos del contexto, relevantes para ciertos ámbitos de experiencia. Como
hemos dicho, los esquemas emocionales son Únicos, en la medida en que
representan tanto las experiencias innatas como las aprendidas y proporcio-
nan a la conciencia información sensorial esencial, no cognitiva ni propo-
sicional. Con la experiencia y el aprendizaje, estos esquemas emocionales
también van incorporando información cognitiva y proposicional sobre el
82 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
sí mismo para formar m6dulos cognitivo/ afectivos integrados. Éstos son
los más altos niveles de integraci6n de toda nuestra experiencia. Nos dan
nuestro «Sentimiento» o «Sentido» de nuestro sí mismo y de las cosas (sig-
nificado sentido; Gendlin, 1981). Producen experiencias tales como un
sentimiento global de ser valioso o despreciable, así como sentimientos más
específicos, por ejemplo, sentirse pequeño o sentirse valorado en una situa-
ci6n particular.
De este modo, la experiencia se crea por la interacci6n dialéctica de un
organismo consigo mismo y con el medio (Pascual-Leone, 1980, 1983,
1990a, 1990b, 1991). El organismo se considera como un complejo ser,
procesador de informaci6n, multinivel y modularmente organizado. Las
experiencias y reacciones organísmicas, teñidas emocionalmente, se gene-
ran sin cesar tanto por las respuestas sensorio-motrices inmediatas, como
por los niveles esquemáticos automáticos de procesamiento de informaci6n
externa e interna. Estos niveles de procesamiento actúan automáticamente
y producen respuestas a las que se puede atender o no a la hora de crear el
sentido consciente de sí mismo. La visi6n consciente del sí mismo de las
personas en cualquier momento puede o no incorporar sus respuestas
' .
organ1sm1cas ' .
automat1cas.
Para reafirmar nuestro argumento, tenemos dos fuentes principales de
informaci6n que interactúan dialécticamente en la creaci6n de significado
("'
'\
i
y de experiencia del sí mismo. La primera fuente es el conjunto de proce-
sadores que generan automáticamente experiencias y reacciones emociona-
les. De estos procesadores, los niveles más importantes en la generación de
experiencia emocional son dos: U no es nuestra respuesta emocional senso-
rio-motriz inmediata en el momento. Este nivel más básico de experiencia
sensorial continua y de respuestas expresivo-motrices genera los afectos
primarios, como la rabia en el abuso o el miedo en respuesta a una amenaza.
La otra fuente, considerablemente más compleja, es el conjunto de módulos
esquemáticos emocionales que nos proporcionan complejos significados
sentidos e informaci6n sobre nuestras reacciones a las situaciones, basada
en nuestras experiencias emocionales pasadas en situaciones similares. Éstas
pueden a menudo ser tan s6lo señales débiles y atenuadas que requieren
asignaci6n de atenci6n deliberada para ser llevadas a la conciencia (Pascual-
Leone, 1987, 1991; Peris, 1947).
La segunda fuente principal de experiencia y significado del sí mismo
es nuestro proceso de construcci6n consciente sintetizador. Este último
proceso, orientado hacia la soluci6n de problemas y la adaptaci6n, depende
en gran medida de la asignación de atenci6n y de nuestras capacidades
simb6licas, reflexivo-lingüísticas. La síntesis consciente del sí mismo en un
momento determinado puede contar, en mayor a menor medida, con la
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 83
información del procesamiento esquemático y sensorio-motor. También
puede guiarse por otras fuentes, tales como aprendizaje social y cultural,.
condiciones de valía aprendidas o interiorizadas a partir de los demás, o
inferidas a partir de experiencias previas. Las personas construyen activa-
mente significados en la conciencia, eligiendo entre el procesamiento de
arriba a abajo o de abajo a arriba, ya sea atendiendo a la experiencia, o
imponiendo patrones sobre ella. La visión consciente del sí mismo puede
estar influida tanto por una visión puramente reflexiva de si mismo como
por las expectativas y valores aprendidos de los demás y por la propia
experiencia, y no está totalmente controlada por ninguno de ellos. En
términos del conocimiento del sí mismo, la conciencia puede crear descrip-
ciones y explicaciones del sí mismo atendiendo y simbolizando diferentes
aspectos de la experiencia real del sí mismo, o puede definirlo en términos
Je «deberías» o «podrfas» o puntos de vista reflexivos de sí mismo, obtenidos
desde la perspectiva de los otros. Puede simbolizar las respuestas automáti-
cas del organismo, o puede utilizar creencias, normas, valores o ideales,
construidos o derivados externamente para describir al sí mismo.
La conciencia es el árbitro último del significado, al seleccionar a qué
fuente de información se atiende y que interpretación se genera. Este
proceso consciente implica componentes de voluntad y elección, de modo
que una persona puede guiar su atención por medio de su voluntad, bajo el
control de un proceso interno ejecutivo. Sin embargo, la conciencia está
multideterminada (Pascual-Leone, 1980, 1987, 1990a, 1990b). Está influida
por el procesamiento controlado y deliberado, así como por características
tales como la relevancia de ciertos estímulos externos, las visiones y
actitudes de los otros hacia el sí mismo, y las respuestas pasadas del sí mismo
en situaciones similares (Pascual-Leone, 1980, 1990a, 1990b). De este modo,
la conciencia es el foro de la síntesis dialéctica de las diferentes fuentes de
información sobre el sí mismo, a medida que la persona encuentra y resuelve
las contradicciones sentidas entre aspectos del sí mismo, y entre el sí mismo
y el mundo.
El proceso de llegar a ser consciente supone una constante síntesis de la
información de la conciencia. En este proceso, la experiencia del sí mismo
¡;enerada automáticamente se simboliza conscientemente en diferentes gra-
dos. Este proceso de síntesis y simbolización crea significado que ge'!era
nueva experiencia del sí mismo que vuelve a ser de nuevo simbolizada. Este
es un proceso continuo, en el que las personas crean su experiencia cons-
ciente de sí mismas sin cesar y, al hacerlo, obtienen material para una visión
narrativa y reflexiva de sí mismos. Las representaciones del sí mismo son
construcciones multideterminadas y podemos en cualquier momento cons-
truir diferentes puntos de vista sobre nosotros mismos. En el funcionamien-
84 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
to sano este proceso se orienta hacia la resoluci6n de problemas, para
facilitar la supervivencia y el crecimiento.
La asignaci6n de atención es la actividad de procesamiento central que
determina la conciencia y nuestras construcciones de nosotros mismos. Lo
que es importante para propósitos terapéuticos es que la atención está tanto
bajo control deliberado como automático y, de esta forma, proporciona un
medio para el cambio. Las personas puede utilizar la atención y sus
capacidades conscientes para alterar su foco atencional y simbolizar adecua-
damente su experiencia interna. El cambio personal puede alcanzarse de
muchas formas: a) atendiendo al flujo continuo de la propia experiencia
automática; b) simbolizando la información procedente de los procesadores
esquemáticos y sensorio-motores en niveles más altos de significado cons-
ciente (no disociándolos completamente de la conciencia); c) creando
estructuras esquemáticas que generan experiencia automática accesible a la
nueva experiencia; d) reflexionando sobre la experiencia y creando nuevo
significado.
Contribuciones de una perspectiva dialéctico-constructiva
Esta perspectiva dialécticamente constructiva de la creaci6n de signifi-
cado nos proporciona una nueva visi6n del funcionamiento humano, más
dinámica que la de las teorías tempranas y los modelos estructurales
explícitos de Rogers y Peris, y más coherente con sus visiones posteriores
(Rogers, 1961, 1975; Peris, 1973). Esto implica ciertas diferencias entre la
perspectiva del proceso y la clásica. Primero, en esta nueva concepción, el
significado emocional consciente se crea por la interacci6n dinámica y
circular entre nuestras capacidades de síntesis consciente y nuestra experien-
cia emocional inmediata de carácter tácito en un proceso dialéctico (véase
Gendlin, 1962). En lugar de una concepci6n estructural de un concepto de
sí mismo estable, tenemos una concepci6n más compleja de un proceso
dialéctico continuo. Este proceso construye constantemente significado y
una narraci6n del sí mismo, al sintetizar la informaci6n proveniente de
diversas fuentes. La terapia, pues, tiene que facilitar la construcci6n de
significado, guiando los procesos de atención a la experiencia interna y su
simbolizaci6n.
Segundo, se considera que la experiencia emocional organísmica se crea,
en gran medida, automáticamente, por medio de esquemas emocionales
modulares y de respuestas sensorio-motrices para guiar la acción. El orga-
nismo o el sí mismo es modular, contiene muchos niveles de procesamiento
y no sólo tiene una base biol6gica. Por el contrario, está formado a la vez
por un procesamiento emocional sensorio-motor, expresivo e innato y por
otro esquemático basado en la experiencia. La terapia tiene que intervenir
··~''"'~'""'" i~:,•-. "'"""'' , ... '" .• ' . '.,. - .. .,, ' .
PERSPECTIVAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO HUMANO 85
diferencialmente, de la forma más adecuada, para resolver las dificultades
de procesamiento
. . relacionadas con los diferentes aspectos modulares de la
expenenc1a.
Tercero, el organismo y el proceso de construcción de significado no
están en una relación de congruencia o incongruencia, ni operan por
negación o distorsión; por el contrario, la persona es un agente activo en
una síntesis dialéctica que crea significado a partir de la experiencia inmedia-
ta. Esta construcción dialéctica se da por medio de la simbolización cons-
ciente de la experiencia emocional automática y del examen de dicha
simbolización. Ni la experiencia organísmica inmediata, ni la construcción
de significado, predominan en esta concepción. Por el contrario, propone-
mos la actuación de una verdadera síntesis dialéctica, que incluye el descu-
brimiento y la creación, en la que concepto y experiencia interactúan para
producir significado. La naturaleza humana viene dada, en parte y, en parte,
se crea a sí misma. Creamos un sentido de nosotros mismos al simbolizar
lo que descubrimos en nosotros mismos. La terapia, de este modo, tiene
que ser considerada como un proceso de construcción de significado que
incluye la emoción tanto como la cognición.
La cuarta y última diferencia con el modelo clásico, muy significativa
para la terapia, sugiere que cuando se produce el cambio estructural, se
produce no a través de un cambio en el concepto del sí mismo para
incorporar la experiencia, sino a través de un cambio en el sí mismo modular,
constituido por un esquema emocional específico o por un conjunto de
esquemas. La terapia tiene que acceder a los esquemas emocionales para
hacerlos susceptibles de reestructuración. '
Este modelo de funcionamiento dialéctico-constructivista (Pascual-Leo-
ne, 1976a, 1976b, 1976c, 1980, 1983, 1987, 1991) deriva de una integración
de la moderna psicología cognitiva y la teoría de la emoción con la teoría
de la terapia vivencial; sirve para explicar las observaciones clínicas de los
terapeutas vivenciales de que las personas son más sabias que sus intelectos
aislados y son agentes activos en su construcción de la realidad. Sobre esta
base procederemos a desarrollar en los próximos capítulos una concepción
del funcionamiento y la disfunción, orientada terapéuticamente, para guiar
la práctica terapéutica. Esta concepción se basa en la importancia del
funcionamiento emocional esquemático a la hora de determinar la expe-
riencia, y de la asignación de la atención y la simbolización de la experiencia
y la creación de nuevos significados. Este modelo se centra sobre actividades
de procesamiento de información constructiva, basadas emocionalmente,
que generan actuación y experiencia en la sesión. Usando este modelo,
seremos más capaces de comprender y explicar cómo ocurre el cambio, de
forma que la terapia sea más eficaz. Además, el modelo sugiere métodos
......... -··. ,, ....______,,,_._....._.'
•
86 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
óptimos para facilitar los diferentes tipos de procesamiento cognitivo/afec-
tivo en distintos momentos para diversos aspectos modulares del funciona-
miento, que ayuden a los clientes a reorganizar las estructuras esquemáticas
tácitas que gobiernan su experiencia emocional. El resultado será una con-
cepción de la terapia orientada hacia el proceso. Se centrará en la facilitación
momento a momento de la asignación de atención y simbolización, para
ayudar a los clientes a construir nuevos significados emocionales, y a reorga-
nizar su experiencia basada esquemáticamente.
,. ~···· -. ~ " ~ --., ..., '"
CAPÍTULO IV
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO
Los desarrollos en nuestra manera de pensar acerca de la terapia y los
procesos psicológicos, descritos en los capítulos anteriores, hacen posible
que empecemos a desarrollar una teoría del funcionamiento emocional,
basada en los esquemas, más elaborada que la propuesta por Rogers y Peris.
Estos desarrollos iluminan también la práctica clínica al sugerir formas de
pensar sobre diferentes tipos de intervención, centradas en la atención, y
los procesos de cambio necesarios para remediar la disfunción esquemática.
A continuación esbozamos una concepción multifacética del funciona-
miento emocional-esquemático. Esta concepción aporta una mayor comple-
jidad que la concepción de la congruencia/incongruencia entre la experiencia
organísmica y el autoconcepto, planteado originalmente por Rogers y Peris.
En esencia, sugerimos que los individuos están implicados en una síntesis de
información dialéctica y dinámica para construir significado consciente. En
este proceso los esquemas emocionales tácitos organizan automáticamente
la experiencia del sí-mismo-en-el-mundo y generan sus significados y reac-
ciones emocionales. Sin embargo, estos significados y reacciones pueden o
no ser simbolizados en la conciencia. La terapia supone simbolizar estos
significados emocionales y facilitar el cambio en los esquemas emocionales,
cuando sea necesario.
La experiencia clínica ha demostrado que el conocimiento intelectual
acerca del sí mismo, aunque puede resultar atractivo a los clientes, no
produce un cambio profundo o duradero. Este tipo de conocimiento no
afecta a las estructuras emocionales que determinan la conducta. Por lo
tanto, consideramos que la clave para el cambio la proporcionan los
esquemas emocionales relevantes para el sí mismo que se encuentran en el
núcleo de la persona. Estos esquemas se forman a partir de las interacciones
cargadas de afecto con el medio ambiente y están en el centro de la función
y disfunción organísmica. Las estructuras emocionales son esenciales para
guiar y crear nuestra experiencia vivida. También plantearemos que la
disfun~ión s.e da por problemas en el proceso de creación de significado,
cuandoel proceso constructivo no atiende suficientemente a la información
generada por los procesos afectivos y por los esquemas emocionales tácitos,
o se deja guiar por esquemas emocionales que son disfuncionales en sí
mismos. Así pues, para que la terapia sea eficaz, hay qu.e acceder a estas
estructuras afectivas y emocionales y operar en el nivel de cambio en el
.., '" .....
' ... ,~ .... ,... ..... ,.,,. .. ......................... ·'
, ~
88 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
significado emocional. L.~ [Link], generada por estos esquemas, tiene
que ser llevada a la conciencia y [Link]:i para ayudar a orientar y guiar
a la persona. Alternativamente, los ~squemas emocionales que producen un
funcionaínienr,cJjnadecuado tienen que ser reorganizados y reestructurados
por medio, del proces_amie~to emoci?nal del diente en la sesión. .
Ademas de sugerir la tmportanc1a de los esquemas emocionales en el
funcionamiento humano y el valor de trabajar con significados emocionales
en terapia, indicamos también que la motivación de crecimiento es impor-
tante para entender el cambio terapéutico. Sostendremos que una concep-
ción moderna de la emoción es importante para entender la perspectiva
vivencia! de la motivación de crecimiento. La teoría vivencia! propuso
inicialmente una tendencia, demasiado pronunciada, hacia el funcionamien-
to adaptativo a la que se referían alternativamente como téndencia a la
realización o al crecimiento. Esta teoría presentaba al organismo como
orientado a la supervivencia psicológica, al crecimiento y a la ampliación
del sí mismo. Sin embargo, la noción de una tendencia a la realización
también implica que si se puede ser «lo que verdaderamente se es», se
producirá crecimiento y autoestima. En vez de ofrecer una noción mística
de llegar a ser lo que verdaderamente se es, sugeriremos posteriormente que
atender a las propias reacciones emocionales es biológicamente adaptativo,
porque nos da acceso a nuestra evaluación de la importancia que los hechos
tienen para nosotros. Así pues, introduciremos la visión humanista de una
tendencia a la realización en la evidencia cada vez mayor de que el papel de
la emoción en el funcionamiento humano es biológicamente adaptativo.
Esto nos ayudará a sostener el argumento de que la información vivencia!
es esencialmente digna de confianza y se puede usar para guiar la elección
y la acción adaptativas. Además, nos ayudará a clarificar por qué se anima
a los clientes en la terapia orientada vivencialmente a atender al tono
afectivo de su propia experiencia -incluso cuando sea doloroso-, por qué
este enfoque facilita el crecimiento y cómo la armonía empática y la
simbolización del significado son factores esenciales para ayudar a que
ocurra el crecimiento terapéutico.
Sugerimos también que la experiencia emocional surge de la evaluación
de las situaciones relevantes a nuestras necesidades de bienestar y nos da una
lectura constante de nuestras reacciones automáticas a las situaciones que
nos importan. Dado este precepto, resulta claro que hay que atender y
simbolizar las emociones con exactitud e inmediatez, si queremos que
cumplan su función biológicamente adaptativa.
Desde nuestro punto de vista, la tendencia al crecimiento se apoya en
la conciencia y la simbolización del significado emocional de la experiencia
para operar con efectividad. Las personas son procesadores de información
..
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 89
constructiva, que crean significado emocional de modo continuo por medio
de la simbolización de la experiencia interna. Atender a la experiencia
interna es de gran ayuda a la hora de conducirse de un modo adaptativo y
de ampliar el sí mismo. Esto ocurre porque el sistema emocional, en el que
se fundamenta la experiencia interna, es esencialmente adaptativo. Propor-
ciona a los individuos información sobre su respuesta actual a las evaluacio-
nes de la situación con relación a sus necesidades. Así pues, el llegar a ser
«el que se es» no incluye la realización de un anteproyecto biogenético, sino
la atención a nuestras evaluaciones emocionales automáticas de la impor-
tancia que tienen los acontecimientos para nosotros y la creación de sig-
nificado, simbolizando de una manera consciente la experiencia generada
por los esquemas emocionales. Atender internamente y simbolizar la propia
experiencia emocional es esencialmente adaptativo y ampliador del sí
mismo, ya que la autoconciencia es necesaria para cualquier tipo de proceso
regulador del sí mismo. Ser conscientes de la experiencia interna ayuda a
las personas a identificar cómo están reaccionando y, de este modo, pueden
tanto respetar su temperamento, como atender a sus evaluaciones emocio-
nales automáticas de lo que es importante para ellos. Además, enfocar
consistentemente la experiencia problemática, de modo que se expanda la
conciencia de la misma, ayuda a que las personas reconozcan lo que es
disfuncional en sus propias reacciones o lo que puede necesitar un cambio.
Atender internamente es, por tanto, un primer paso necesario en el proceso
de cambio vivencia!.
FUNCIONAMIENTO ESQUEMÁTICO
Los esquemas internos del funcionamiento del sí-mismo-en-el-mundo
nos parecen esenciales para entender el funcionamiento humano y generar
significado emocional. Bartlett (1932) definió un esquema como: «Una
organización activa de reacciones pasadas o de experiencias pasadas que
opera en cualquier respuesta organísmica bien adaptada» (pág. 201). Ade-
más, señaló que los «esquemas son activos aunque no se tenga conciencia
de ellos» (pág. 200) y no estén disponibles a la introspección. Los esquemas
son estructuras complejas de conocimiento no consciente que resultan del
procesamiento activo de la información. Se puede considerar que los
esquemas, tal y como los trataremos en el capítulo siguiente, contienen
reglas de nivel superior para procesar la información e incluyen anticipa-
ciones de lo que se espera. Estas anticipaciones guían el procesamiento. Este
procesamiento anticipatorio activo es el medio por el cual el pasado afecta
al futuro (Neisser, 1976).
90 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
La perspectiva anterior de los esquemas subraya el aspecto de repre-
sentación de patrones y ofrece la visión de un esquema como un antepro-
yecto. Piaget usaba el término scheme, en vez de schema para definir estas
estructuras internas y subrayaba el aspecto orientado a la acción del proce-
samiento esquemático (Piaget y Morf, 1958; Pascual-Leone y Johnson,
1991). Definía un esquema como la estructura común de todas las acciones
intercambiables que una persona usa para conseguir el mismo objetivo
(Pascual-Leone, Goodman, Ammon y Subin, 1978). Desde este punto de
vista, se subraya la esquematización de los aspectos funcionales y motores
de un esquema. Definía un esquema como un «conjunto organizado de
reacciones» que se transferían de una situación a otra por asimilación de la
segunda situación en la primera (Piaget y Morf, 1958, pág. 86). Los esquemas
piagetianos son estructuras intencionales que intentan activamente solicitar
y producir respuestas (Pascual-Leone, 1990a, 1990b, 1991). Neisser (1976)
también ha señalado la naturaleza motora activa de los esquemas en la
percepción. Según él, un esquema no es sólo un plan, sino que es también
el ejecutor del plan. Los esquemas proporcionan no sólo los planes de
acción, sino también los planes para la acción. Son mucho más parecidos a
planes de acción que a diagramas esquemáticos o a guiones de lo que se
espera.
Estos autores usan el término scheme emocional, en lugar de schema
emocional. 1 Esto subraya la naturaleza de nuestra visión de la emoción,
dirigida hacia un objetivo y orientada a la acción. La mejor representación
de este punto de vista viene dada por la noción de esquemas neopiagetianos
de Pascual-Leone y J ohnson (1991). Los definen como unidades funcionales
dirigidas a un objetivo que, en último término, buscan la negociación con
el medio para satisfacer alguna necesidad. De acuerdo con ellos, los esque-
mas poseen tanto un componente de emisión como otro de ejecución, que
proporcionan el conjunto de condiciones para indicar qué esquema aplicar
y el conjunto de efectos de la actuación deseados, respectivamente. Desde
este punto de vista, los esquemas se activan por medio de los indicios
apropiados, lo cual conduce a su aplicación.
Además de guiar lo que se percibe y se hace, los esquemas adaptativos
están también abienos a la acomodación o al cambio. Dirigen la experiencia
y cambian con ella al interaccionar activamente con la información entran-
te. En la salida, los esquemas interaccionan con la nueva información
entrante para permitir varias respuestas apropiadas a varias situaciones
1. EI matiz que introducen los autores aquí no posee equivalentes en castellano, por eso
mantenemos en el texto el término tradicional en la bibliografía castellana sobre el tema de
esquema. [N.T.]
,,
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 91
nuevas. La persona actúa con flexibilidad, pero siguiendo un plan. Así pues,
los esquemas son estructuras o m6dulos mentales inconscientes que interac-
cionan con la informaci6n entrante para determinar lo que se percibe y se
experimenta y ofrecer el marco de nuestras respuestas al mundo. Constitu-
yen nuestros medios básicos para organizar nuestras experiencias y nuestras
respuestas y cambian acomodándose a la nueva experiencia.
Los esquemas que afectan al bienestar psicol6gico de las personas (y
constituyen, por tanto, el foco de la terapia) son aquellos que representan
la experiencia emocional del sí-mismo-en-el-mundo, De ahora en adelante,
nos referiremos a estas estructuras de acci6n cognitivo/ afectivo/ motivacio-
nal/ relacional integradas del sí-mismo-en-el-mundo como esquemas emo-
cionales. Constituyen los objetivos de nuestro trabajo terapéutico. Desde
nuestro punto de vista, los esquemas emocionales son esenciales porque
incluyen la cognici6n, pero van más allá de una cognici6n puramente
representacional, para incluir la emoci6n, la motivaci6n y la acci6n relacio-
nal. No son simplemente de naturaleza conceptual y clasificatoria, sino que,
al contrario, son organizaciones encarnadas de conjuntos de anticipaciones
y reacciones. Así un cliente entra en terapia con un esquema emocional
inconsciente que, cuando se activa, genera un sentimiento de, digamos,
inadecuaci6n. El cliente puede no ser consciente de que una situaci6n ha
activado el esquema productor de inadecuaci6n y puede decir «me siento
mal» o «no sé por qué reaccioné de esa manera>>. O un cliente puede sentirse
inadecuado anticipatoriamente al imaginarse situaciones que no necesaria-
mente exigen tal respuesta. El esquema emocional de inadecuaci6n se activa
o bien fuera de la conciencia o bien está accesibe en exceso y guía anticipa-
toriamente la conducta. En terapia hay que acceder y reestructurar este tipo
de esquemas. Los esquemas emocionales del sí-mismo-en-el-mundo que
generan sentimientos, tales como sentirse inadecuado o no ser digno de
amor o ser insignificante, son estructuras muy cargadas de contenido.
afectivo que cuando se invocan producen sentimientos de tristeza, vergüen-
za y desilusión. ,También incluyen tendencias a la retirada y la renuncia y
producen conductas y pensamientos que son disfuncionales y exacerban la
experiencia negativa de la persona.
El objetivo en terapia no es usar la raz6n o la prueba para cambiar
esquemas puramente cognitivos (Beck, 1976; Ellis, 1962). Por el contrario,
se trata de cambiar los complejos componentes cognitivo, afectivo, moti-
vacional y de acci6n relacional de los esquemas emocionales, Por lo tanto,
un esquema emocional que genere, por ejemplo, desilusión con relaci6n a
una falta de apoyo incluye no s6lo la creencia o expectativa de que «nadie
estará a mi lado». También incluye una tendencia a retirase y autoproteger-
se, un sentimiento de vacío en la boca del est6mago y el deseo de ser
!11!"'" ., .... ,.... ,.' ' "•"" e> "'P.''
92 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
consolªdo. Este complejo de respuesta global se activa al mismo tiempo que
el esquerria. Los esquerrias ·~m(:,[Link] coí:uienen, en su esencia, repre-
sentaciones [Link] de nuestrª~ [Link] a la acci6n, en relaci6n a una
necesidád, ante situaciones evaluadas, de tal modo que producen una res-
púesta cuando se aplican. Nos llevan a anticipar la experiencia y a reaccionar
segun 1á experiencia pasada.·u na vez activad<>s, son estructuras cogniti-
vo/.afectivo/motivacionales que producen nuestras acciones relacionales.
Estas estructuras internas llegan a formar .nuestro sentido nuclear del sí
mismo vivido. Producen c6mo es ser uno mismo, dmdci la sensación de un
sí mismo encarnado ~l que se puéde Ó nÓ atender y representar consciente-
mente.
Los fundamentos del sí mismo se encuentran en los patrones expresivos
y sensorio-motores emocionales de los primeros años de vida y se repre-
sentan internamente en esquemas emocionales que inician el proceso de
ordenar la experiencia (Stern, 1985). Estos esquemas emocionales, en última
instancia, incluyen la representación de la situación vivida: una repre-
sentación del estímulo, su evaluaci6n en relaci6n a la necesidad, la creencia
o atribución sobre el sí mismo en la situación y la respuesta afectiva ante la
situaci6n evaluada. Desde nuestro punto de vista, el organismo tiene una
fuerte tendencia a construir estos esquemas emocionales a partir de expe-
riencias afectivas que suponen la satisfacci6n o frustración de una necesidad.
De acuerdo con la teoría de la emoción, ésta emerge en función de la
evaluación del grado de ajuste entre la situaci6n, la necesidad, el objetivo o
interés y la evaluación de nuestras habilidades para enfrentarnos con la
situación. Las emociones se evocan de un modo más fuerte cuando no
podemos satisfacer nuestras necesidades o cuando logramos hacerlo. Así
pues, l()s ~~.!ll,!~rn~~ ern()<:ignales se [Link] en. relación con situaciones
q\ole frµ5tra11. o saüs{ace11.1:1ec~sid~4es, fines., gbjetivos o intereses, Los
esquemas emocionales que son fundamentales en el funcionamiento inter-
personal y personal, como hemos sugerido, van más allá de los esquemas
puramente cognitivos que s6lo contienen proposiciones y creencias con-
ceptuales. Se trata de complejas organizaciones internas cognitivo/afecti-
vo/motivacionales que guían el procesamiento de información constructiva
y producen acción relacional. Proporcionan el referente para la autocon-
ciencia y son el fundamento de nuestra experiencia consciente de nosotros
mismos.
El trabajo de Stern (1985) sobre el desarrollo del sí mismo ha tenido
mucha influencia en nuestro pensamiento y ha influido, de un modo
similar, en las perspectivas dinámicas modernas, que dan más importancia
al afecto y a las representaciones internas que a los impulsos (Greenberg y
Mitchel, 1983; Eagle, 1984; Kohut, 1977, 1984; Kernberg, 1976, 1982;
)
.,... '•'•;"' . ··~·" ,,._,
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 93
Sandler y Sandler, 1978; Basch, 1976, 1983, 1988). Esto está produciendo
una convergencia interesante entre la concepción vivencia!, la de las rela-
ciones objetales (Sandler y Sandler, 1978), la psicología del yo (Kohut, 1977)
y la interpersonal (Mitchel, 1988). Además, la perspectiva de Kohut (1977)
de un sí mismo agente y coherente, aunque no esté explícitamente conectada
con la visión del sí mismo de Rogers (1951) y Peris y otros (1951), es muy
compatible con ellas (Kahn, 1985; Tobin, 1990, 1991) y lleva a una conver-
gencia creciente entre la concepción vivencia! y la de la psicología del yo
del funcionamiento humano. A pesar de la posible convergencia de las
perspectivas sobre el funcionamiento humano, las teorías del tratamiento
vivencia! y psicodinárnica son todavía algo divergentes. Las perspectivas
dinámicas parecen enfatizar todavía la interpretación y la comprensión de
la transferencia corno algo fundamentalmente curativo, aunque Kohut
promueve también el uso de la ernpatía haciendo que su enfoque sea muy
similar, en algunos aspectos, al de Rogers (Kahn, 1985). Nuestra concepción
procesual y vivencia!, en vez de centrarse en la transferencia, subraya que
la ernpatía y el procesamiento vivencia! diferencial son curativos y considera
que conducen a la construcción de nuevas representaciones del sí mismo,
del otro y del mundo.
MEMORIA EMOCIONAL ESQUEMÁTICA
La relación entre esquemas y afecto ha empezado a dilucidarse muy
recientemente y a ser aplicada al cambio psicoterapéutico. Más adelante
exponernos la formación y desarrollo de los esquemas emocionales. Al
principio, los seres humanos poseen programas motores expresivos inna-
tos para ciertos afectos primarios, que son evocados por estímulos parti-
culares (T ornkins, 1970; Izard, 1977; Ekrnan y Friesen, 1975; Ekrnan,
1984). Los niños rápidamente empiezan a representarse su experiencia
afectiva por medio de modelos internos. Corno hemos dicho, estos mode-
los o esquemas emocionales del sí-mismo-en-el-mundo incluyen repre-
sentaciones de aspectos de las situaciones evocadoras, así corno de las
respuestas motrices expresivas o sensoriales a la situación (Leventhal, 1984;
Greenberg y Safran, 1987). Cuando el niño desarrolla capacidades concep-
tuales más avanzadas, las creencias y los significados asociados o generados
durante cualquier experiencia vivida también se codifican en sus esquemas
corno parte de ella. Los esquemas esencialmente existen corno recuerdos
emocionales de la experiencia, que influyen en la experiencia y en las
respuestas futuras produciendo experiencia emocional cuando se activan
(Leventhal, 1984).
~'
'.
94 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBJO
Las emociones desempeñan un papel esencial en el desarrollo y la
organizaci6n de la memoria emocional esquemática. Las experiencias y las
percepciones registradas durante estados de activación emocional, debido
al incremento de la experiencia sensorial y a la asignaci6n atencional
producida por la intensidad, tienen más probabilidad de ser almacenadas en
la memoria que el material registrado en estados afectivamente neutros.
Además, debido a la importancia de la emoci6n como indicio, aquellas
experiencias que evocan ciertos afectos parecen estar vinculadas en las redes
asociativas con otras experiencias que evocan el mismo afecto. Por tanto,
la emoci6n une elementos en la memoria que están relacionados porque
evocan la misma emoci6n. Desarrollamos recuerdos emocionales esquemá-
ticos relacionados con el miedo y la amenaza, la tristeza y la pérdida, o la
ira y el abuso. Estos esquemas contienen una integraci6n de rasgos comunes
a partir de una diversidad de casos y situaciones que implican una de estas
experiencias emocionales. Por lo tanto, los esquemas emocionales forman
el núcleo del recuerdo de la persona de la experiencia emocional vivida.
Las situaciones o acontecimientos que evocan respuestas afectivas se
codifican en modelos internos, porque los seres humanos están diseñados
de modo que la experiencia afectiva, subjetiva es importante para ellos.
Debido a que el afecto es motivacional y relacional y proporciona las
tendencias de respuesta bio16gicamente adaptativas, aquellos seres humanos
que fueran más sensibles y capaces de simbolizar sus respuestas afectivas a
las situaciones estarían dotados de una ventaja evolutiva en la lucha por la
supervivencia. Los seres humanos han llegado a estar programados para
aprender y construir esquemas de sus respuestas emocionales a las situacio-
nes en funci6n de sus necesidades. Por tanto, sugerimos que los esquemas
nucleares relacionados con el sí mismo se construyen alrededor de respues-
tas afectivas a las situaciones, en las que el estado del sí mismo se amplifica
o disminuye al satisfacer o dejar de satisfacer las necesidades.
Los esquemas emocionales se desarrollan desde el nacimiento para
organizar la experiencia del niño. Al principio, las respuestas primarias del
niño ante el mundo y su propia experiencia interna son afectivas. Como
señalamos antes, el afecto nos ofrece un sistema autoorganizador primario,
así como un sistema primario de comunicaci6n. Por ejemplo, el miedo a
una sombra amenazante lleva al sí mismo a organizarse para huir, y/o para
expresar y comunicar el miedo y el malestar que se dirige a la obtenci6n de
seguridad y protección del otro. Las experiencias afectivas repetidas de un
tipo particular conducen a la representación interna de las secuencias de
acontecimientos implicados en esa experiencia y a la formación de un
conjunto de reglas para predecir, interpretar, responder y controlar dichas
experiencias. Esto es el esquema «emocional» cognitivo/afectivo/motiva-
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 95
rional/ relacional, que gobierna la experiencia de la persona de sí-misma-en-
l'l-mundo. A medida que el niño desarrolla la capacidad cognitiva y afectiva
para representarse el objeto y su ausencia, se desarrolla el sentimiento
asociado con esta experiencia. Con el incremento en experiencia de la vida,
l'l esquema llega a contener una representaci6n de la necesidad organísmica
y de la respuesta afectiva de la persona a la situaci6n. Por último, con el
desarrollo cognitivo posterior, el esquema también incorpora creencias
sobre la situaci6n y reglas aprendidas para regular estas experiencias. Las
creencias y reglas se aprenden tanto de otros como se construyen por la
propia persona.
Con esta perspectiva, no se piensa en la intervenci6n terapéutica en
términos de acceder o interpretar emociones reprimidas o inconscientes,
o emociones de las que uno se protege o rechaza. Se ve en términos de
••cceder a los esquemas que contienen la emoci6n «potencial». Las emocio-
nes no se almacenan sino que se reconstruyen. Esta reconstrucci6n depen-
de de c6mo se evalúa y organiza la informaci6n en el momento y de si los
esquemas emocionales se activan. Por ejemplo, la emoci6n asociada con
recuerdos dolorosos, en sí misma, no se almacena y conserva en la
memoria. Por el contrario, se reconstruye o resintetiza en el presente al
aplicar el esquema a medida que el recuerdo entra en la conciencia. Así, la
cmoci6n no se conserva en el inconsciente. Es el esquema emocional lo
que se conserva. Por tanto, los esquemas emocionales representan emocio-
nes «potenciales», que adquieren existencia en funci6n de ser o no realmen-
te evocados. Un foco terapéutico importante se transforma en un foco de
;1ctivaci6n de esquemas emocionales y ayuda a que las personas atiendan a
bs experiencias emocionales generadas y a sus significados emocionales.
Los clientes. en terapia tienen que llegar a ser conscientes de cualquier
cmoci6n o tendencia a la acci6n que haya sido evocada y al significado
.1daptativo específico conectado con ellas. Tienen que reorganizar los
esquemas emocionales que están produciendo respuestas· inadecuadas y
construir nuevo significado emocional que les lleve a responder de un
modo más adecuado.
En resumen, los esquemas emocionales operan automáticamente a un
nivel tácito, gobernando la experiencia del mundo, codificindolo y pro-
duciendo respuestas en él. Desde esta perspectiva, un esquema emocional
es : a) una compleja integraci6n biosocial de cognici6n, afecto, motivaci6n
y acci6n relacional; b) opera automiticamente fuera de la conciencia para
producir significados sentidos y tendencias a la acci6n; c) produce respues-
tas afectivas por medio de la evaluaci6n de una situaci6n en relaci6n a una
necesidad o interés; y d) reconstruye la experiencia emocional en el
presente.
96 TEOIÚAo EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
LA TENDENCIA AL CRECIMIENTO
Además de la importancia de los esquemas emocionales en la creación
de la experiencia humana, también vemos al organismo como poseedor de
una tendencia al crecimiento y _consideramos que esta tendencia hacia el
desarrollo, que está siempre presente, es importante para entender el
cambio terapéutico. Como señalamos en el capÍtulo anterior, desde nuestra
perspectiva la tendencia a la supervivencia y al crecimiento es un principio
fundamental de la organización de la vida.
La tendencia al crecimiento es una tendencia formativa y evolutiva que
se orienta al mantenimiento de un sentido de coherencia sistémica o
equilibrio organísmico, mientras que el organismo es un proceso continuo
de exploración y desarrollo (Goldstein, 1939; Maslow, 1954, 1971; Rogers,
1958, 1961; Peris y otros, 1951). Así, el crecimiento supone cambio y
adaptación a la siempre cambiante situación para mantener y ampliar el sí
mismo. E:I organismo se orienta hacia el mantenimiento de un sentido de
éoherencia y bienestar, mientras asimila consistentemente nueva informa- '
ción. El crecimiento y desarrollo consisten en la diferenciación e integra-
ción de estructuras internas (Werner, 1948, 1957). Esto supone un proceso
continuo de reorganización en niveles superiores de complejidad para
mantener y ampliar el si mismo y lograr un máximo de flexibilidad creativa
en cualquier ambiente en que el organismo se encuentre. Así, la autocohe-
rencia y la autoampliación, por medio de la flexibilidad adaptativa, son las
metas y los efectos de la tendencia al crecimiento. El afecto sirve a la
tendencia al crecimiento porque informa al organismo de sus progresos
hacia las metas organísmicas y lo organiza para las acciones que sirven a la
tendencia de autopreservación y autoampliación. De este l)Jodo, los afectos
y las emociones son esenciales .en el [Link] de la tendencia al
crecimiento. Para proteger y ampliar al sí mismo, informan al organismo
de cuál es su estado actual, lo mantienen en la dirección de los objetivos
biosociales
. .
,. "
relevantes, y" ofrecen señales sociales a los demás de sus estados
internos.
Esta visión de la tendencia al crecimiento no es una visión ingenua de
los seres humanos como «Seres salvajes», ni es un juicio de valor de que las
personas sean intrínsecamente buenas. El crecimiento no está en el ámbito
de la moral; tiene que ver con el desarrollo y la adaptación, no con el bien
y el mal. La tendencia al crecimiento, pues, es esencialmente una tendencia
biológica hacia la supervivencia y la satisfacción de las propias necesidades
en un ambiente social complejo. Funciona como parte de un proceso
dialéctico de restablecimiento constante del equilibrio entre un organismo
y su ambiente siempre cambiantes, y al hacerlo, aumenta el bienestar del
' . .' ~ . ; .....,,.. ,, '"' , .. .... ,, ...., .,. ,.
~ ···~ . ...., ..,... ,............. ,~·· 'T"'
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 97
organismo. Los seres humanos, además de estar orientados hacia el creci-
miento, tienen la capacidad de elegir y esto es lo que determina, en último
t(•rmino, si sus acciones son buenas o malas. De modo que en un organismo
orientado hacia el mantenimiento y crecimiento, la elecci6n, finalmente,
determina cómo se dispone el individuo a lograr sus objetivos de supervi-
vencia y ampliaci6n. Las personas, en último término, no son sistemas
deterministas. La acci6n final viene determinada por la elecci6n y la
voluntad desempeña un papel fundamental para determinar lo que se hace.
La elecci6n subjetiva, el sentido de agencia personal y la responsabilidad,
de este modo, están en el núcleo de quiénes somos. La voluntad determina
la acci6n, en último término. La tendencia al crecimiento establece la meta
.final, y la elecci6n selecciona los medios a través de los cuales se alcanzará
la meta (Peris, 1969).
Esta tendencia hacia el crecimiento y el desarrollo existe en todos los
individuos, pero para realizarse requiere un ambiente relacional lo suficien-
ten1ente bueno. Uno de los objetivos de este enfoque es evocar y apoyar lá
tendencia hacia el crecimiento y el desarrollo. La seguridad es el ambiente
evolutivamente ideal para facilitar el crecimiento ya que favorece la explo-
raci6n. La exploraci6n incrementa la probabilidad de descubrimiento y la
generaci6n efe variací6ny novedad. Por tanto, la exploraci6n es evolutiva-
mente adaptativa y mejora la supervivencia y el crecimiento. Una terapia
que ofrezca la seguridad 6ptima para la exploraci6n facilitará asimismo el
crecimiento psicol6gico. La seguridad psicol6gica se ve más favorecida por
un ambiente cálido, empático y no crítico.
Además de favorecer la exploraci6n y el crecimiento al ofrecer seguri-
dad, los terapeutas pueden ayudar a maximizar el proceso de crecimiento
centrando sus respuestas en los nuevos límites de la confianza exploratoria
de los clientes. Esto reconoce y confirma la confianza evolutiva en los
clientes a medida que surge y les ayuda a centrarse en su propia experiencia
interna emergente y en lo que resulta nuevo e interesante para ellos. El papel
del terapeuta, al .centrarse en las posibilidades de crecimiento, es similar al
de cualquier facilitador del desarrollo, como un padre que anima a su hijo
a dar sus primeros pasos. Si el facilitador anima más de lo que es evolutiva-
1nente posible, como andar demasiado pronto, se producirá un daño; si
aquél impide que el potencial evolutivo se realice cuando _está listo, como
desanimar al niño a que dé sus primeros pasos, también se producirá daño.
Lo que hay que hacer es conseguir una armonía y un emparejamiento de la
capacidad evolutiva y la facilitaci6n del paso apropiado (Stern, 1985). De
este modo, el papel del terapeuta es el de ofrecer seguridad, [Link] armonizado
y adecuarse alá[Link] evolutivas de los clientes mientras luchan por
su crecimiento. Un aspecto importante de la adecuaci6n es ofrecer seguridad
98 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNJCIÓN EN EL CAMBIO
reconociendo el miedo y la ansiedad implicados en el riesgo a cambiar, y el
dolor inherente a la lucha por superar las dificultades. Así, respuestas tales
como «da mucho miedo hablar y arriesgarse a ser visto», al reconocer el
miedo al cambio ayudan a las personas a sentirse más seguras y a confiar
más en si mismas, y amplían, así, su habilidad para cambiar y crecer.
Pensamos que la tendencia al crecimiento abarca diversas motivaciones
que incluyen tanto la motivación a estar unido a otros, a lograr la interde-
pendencia, a sentir curiosidad, a dominar el medio social y físico y a
satisfacer las necesidades básicas. Además de estas motivaciones, vemos que ·
la persona posee ciertos recursos que ayudan a crecer al organismo. Estos
recursos son la autoconciencia, un sistema emocional adaptativo fundamen-
tal, y las fuerzas internas apoyadas por el conocimiento y las habilidades.
El primer recurso para la tendencia al crecimiento es la conciencia y la
autoconciencia. Cuando los seres humanos tuvieron la conciencia autorre-
flexiva, la tendencia organísmica para sobrevivir y crecer se convirtió en el
Ímpetu principal de los seres humanos para la búsqueda y construcción de
significados que promovieran la supervivencia y el crecimiento. Aquello
que distingue el crecimiento en los seres humanos del de la mayoría de los
otros organismos biológicos es la capacidad humana única de la conci¡:ncia
autorreflexiva y, en último lugar, la capacidad para el significado, la elección,
la autodeterminación y la libertad. La conciencia funciona así para ayudar
al organismo en su supervivencia y crecimiento. Esta combinación de la
tendencia al crecimiento y de la capacidad para el significado hicieron
posible que los seres humanos que se sentían motivados pudieran mantener
y ampliar el sí mismo tanto al nivel físico del organismo como a nivel
psicológico del sistema de significados. Dado que el sentido psicológico de
sí mismo en las personas está muy guiado por los significados emocionales
que genera, la comprensión empática del significado emocional de la
persona se transforma así en el aspecto fundamental del medio facilitador
para apoyar el crecimiento psicológico humano. Así como el aire es nece-
sario para respirar, la armonía empática con los sentimientos es necesaria
para promover el desarrollo del sí mismo, basado afectivamente (Kohut,
1984).
El sistema emocional es un segundo recurso fundamental al servicio de
[Link] al crecimiento. Vemos al organismo como poseedor de ciertas
tendencias emocionales inherentes, biológicamente adaptativas, que tienen
que ser reconocidas para que el principio del crecimiento funcione de
manera eficaz. En el núcleo del organismo existe un sistema de emo-
ción/motivación, biológicamente adaptativo. Aquí encontramos dos temas
principales. El primero es que el organismo humano ha heredado un sistema
de emoción/motivación fundamentalmente adaptativo que le proporciona
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 99
111formación adaptativa, que facilita su orientación en el medio y le ayuda
J resolver problemas. El segundo es que este recurso se puede usar dirigien-
d1 > la atención hacia la experiencia emocional. Esto permite que la informa-
ríi'm adaptativa quede claramente simbolizada y se use para guiar la elección
.'
y 1a acc1on.
En esencia, aquí estamos sosteniendo que es importante atender inte-
1·i1 >rmente a la información, generada por el sistema de respuesta emocional,
t;111to porque la emoción es fundamentalmente adaptativa como porque los
<>r¡;anismos están diseñados, por naturaleza, a ser sensibles a este sistema de
<'valuación rápida para sobrevivir y ampliarse a sí mismos. Las emociones
positivas tales como la alegría,. el entusiasmo y. el interés son también
fundamentales ya que el organismo es proactivo. La negación de la infor-
mación emocional deja al organismo desprovisto de una informaci6n
adaptativa importante para el bienestar. Como se señaló en el capítulo
anterior las emociones se gene,ran cuando el organismo está preocupado
por una situación. La emoción incluye la evaluación de la importancia de
lo que está ocurriendo para el bienestar de uno mismo y así pues está ligada,
de un modo fundamental, con la supervivencia y el crecimiento. Atender
al sistema de respuesta emocional proporciona información esencial rela-
cionada con el bienestar, que tiene que usarse para ayudar a resolver
problemas y hacer elecciones, decisiones y acciones informadas. Tener a
otros significativos armonizados empáticamente con las propias respuestas
emocionales, en particular en momentos de crisis y nuevos desarrollos
cuando se genera nueva experiencia, es muy Útil porque ayuda a estar
armonizado con la propia experiencia interna.
Otro recurso que apoya la tendencia al crecimiento es el aprendizaje
y la experiencia de la vida, experiencia a la que pueden acceder a modo de
fuerzas que les ayuden a cambiar. Los clientes vienen a terapia con un vasto
arsenal de fuerzas y recursos. La terapia es el proceso de ayudar a los
dientes a acceder a estos recursos para ayudarles a resolver tareas terapéu-
ticas y problemas psicológicos. En este enfoque de la terapia no estamos
tratando con personas que carezcan de habilidades o que tengan alguna
deficiencia, sino que, al contrario, tratamos con personas que vienen en
busca de la. terapia porque no están usando sus recursos internos para
conseguir algún tipo de cambio psicol6gico o conductual deseado. Así
pues, se refuerza a los clientes haciéndoles atender a sus recursos internos
y es funci6n del terapeuta facilitar esta atención interna tanto como la
utilización de los recursos.
Confiar en el prop~o organismo, tal y como queda implicado en la
creencia en una tendencia al crecimiento, es un concepto complejo. Usamos
este concepto para reconocer que es importante acceder y utilizar los
. .
' ··~ ..,. ... ~
100 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMB10
propios recursos internos y que es importante atender a los sentimientos
internos como guía de lo que se está experimentando. Atender interiormente
ayuda a las personas a aceptar sus propias respuestas basadas temperamen-
talmente. En lugar de dejarse guiar por imágenes de cómo ser, las personas
tienen que atender á c6mo [Link] y respetarlo. Por ejemplo, las
personas son diferentes temperamentalmente en su sensibilidad y reacci6n
a los estímulos, en su réspo11sividad al cambio, eh su grado de extraversi6n
y en divérsas caracteristicas no temperamentales .. Tienen que respetar su
propia manéra de ser, en vez ·;¡e .[Link] ser otros ciiferenres de lo que son.
Atender a sus propias respuestas corporales, basadas temperamentalmente,
y a sus seritimieinos d~ lo que es significativo para ellos es lap1ejor manera
de permanecer fieles a sí mismos.
Sin émbargo; al deCir que una persona necesita confiar en sus sentimien-
tos, no estamos diciendo que el individuo se apoye solamente en sentimien-
tos personales o impulsos para guiar su conducta. Las respuestas emocionales
tienen que usarse como una guÍd para la elecci6n o la acci6n, no como su
determinante. U na vez que somos conscientes de nuestras respuestas emo-
cionales poseemos informaci6n relevante para nuestro bienestar, que am-
plía la orientaci6n y la soluci6n de problemas, pero esta infori¡1aci6n
relacionada con la respuesta requiere aún una posterior reflexi6n e integra-
ción con otros aspectos de nuestra experiencia antes de trasladarla a la
acci6n. Cuando hemos atendido a nuestras respuestas internas, tenemos que
incorporar esta informaci6n en nuestro proceso decisional, ya que se trata
de una reacci6n nuestra y además es potencialmente adaptativa. Cuando
somos conscientes de nuestras respuestas emocionales, también tenemos
que valorar conscientemente la situaci6n para estudiar las oportunidades
que nos ofrece y evaluar nuestras habilidades y recursos para tratar con ella.
Luego tenemos que integrar nuestra respuesta emocional en nuestro sistema
global y actuar en términos de todas las fuentes de informaci6n. De este
modo, la elecci6n es un determinante fundamental de la conducta.
En efecto, no todas nuestras respuestas emocionales son respuestas
adaptativas biologicas primarias. Las distinciones eníre respuestas emocio-
nales primarias, secundarias e instrumentales y entre emociones primarias
adaptativas e inadaptadas, que han sido presentadas como un medio inicial
para distinguir diferentes tipos de respuestas afectivas (Greenberg y Safran,
1984á, 1984b, 1987 y 1989), se describen a continuaci6n.
Las emociones primarias estári eri las respuestas a fas situaciones en el aquí
y ahora, son irunediatas y directas. Las emociones secundarias son respuestas
secundarias a emociones o pensamientos más primarios. A menudo oscu-
recen el proceso generador primario. Así pues, la rabia secundaria se expresa
con frecuencia cuando el sentimiento primario es miedo, o las personas
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 101
1111rdt•n llorar o expresar tristeza cuando la emoción primaria es rabia. Las
tmoáones instrumentales son aquellas expresiones que se usan para conse-
K11ir un fin, tal como expresar tristeza para despertar compasión o rabia
p~r;1 intimidar. Es importante señalar aquí que, en la disfunción, la respuesta
rmorional organísmica primaria con frecuencia no ha sido reconocida y
1irm• que ser buscada e incorporada. Esto requiere con frecuencia la facili-
1~ritín de un entorno altamente armonizado y empático.
Además de esta clasificación tripartita de emociones primarias, secunda-
ri.1s e instrumentales, las emociones primarias se pueden dividir a su vez en
rr•puestas primarias adaptativas e inadaptadas. La emoción primaria, además
dr ser adaptativa puede, en algunos casos, tales como el pánico, llegar a ser
i11.1daptada a través de un proceso de aprendizaje. En el pánico el miedo es
11 na emoción primaria, pero se ha transformado en una respuesta inadaptada.
Las respuestas emocionales primarias en sí mismas son por regla general
fundamentalmente adaptativas. Aunque se han considerado las emociones
t't11no no «racionales», inherentemente no son ni racionales, ni irracionales,
">11 simplemente adaptativas (Oatley, 1992). Por ejemplo, la respuesta de
"'ntirse furioso por ser criticado o «humillado» no es necesariamente
irr;1cional o disfuncional. Por el contrario se trata de una respuesta basada
1·n la evaluación de la situación con respecto a una necesidad. Puede ser que
ti intensidad con la que una persona reacciona, el tipo de acción que
1•111prenda o la secuencia de sentimientos y pensamientos que sigan a la rabia
sean disfuncionales. La rabia. en sí misma puede ser adaptativa. Así, la.
incapacidad de la persona para aceptar que siente rabia o el miedo de lo que
ocurrirá si expresa dicha rabia, o el proceso de pasar de la rabia a la cólera
puede ser disfuncional, en lugar de la rabia en sí misma. Así pues, la respuesta
inicial puede que no sea inherentemente problemática. En lugar de ello, los
procesos y significados complejos que siguen a la respuesta pueden ser los
fenómenos que conduzcan a una conducta y experiencias disfuncionales.
La memoria emocional esquemática puede, sin embargo, producir
respuestas emocionales primarias no apropiadas a la situaélón actual y estas
respuestas inadaptadas pueden influir en la conducta y anular respuestas
adaptativas biológicamente más primarias (Greenberg y Sáfran, 1987', 1989).
Cuando las personas reconocen su experiencia emocional tienen que llegar .
a ser conscientes de si sus respuestas emocionales a las situaciortes son, eti
principío: adaptativas y pueden ayudar a determinar la acción adaptativa;
respuestas emocionales secundarias complejas o instrumentales, que requie-
ren posteriór exploración para llegar a las respuestas primarias; o emociones .
primaria.s inadaptadas, que no ayudan a la persona a ampliar su bienestar ..
Un primer paso importante erí terapia es, por tanto, reconocer las emocio-
nes para saber si_ son emociones primarias adaptativas o no. Sin embargo,
,..,...,.,- ......
102 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
par~ que las personas se CPmporten adaptativamente tienen además que ser
conscientes de sus sentimientos ..e identificar fa necesidad asociada con su
sentimiento, ciarse cuenta de qw~ .dicha . necesidad no ha sido re~onoclda o
satisfecha y utilizar sus habilidades para satisfacer la necesidad adecuada-
111ente. Para guíar !~ acción adaptativa,es importante reconocer las emocio-
nes adaptativas primarias, la [Link] con la cual están asociadas y usar los
medios adecuados para sátisfacerla.
. Cuando hemos atendido a nuestra información emocional, nuestra
tendencia a la supervivencia/crecimiento se asegura de que intentemos
constantemente tomar la mejor decisión para nuestro bienestar en términos
de cómo nos vemos a nosotros mismos en la situación en ese momento. Así
pues, la tendencia al crecimiento empuja sin cesar al organismo hacia la
flexibilidad adaptativa y la satisfacción de la necesidad en un contexto
específico. Como señalaremos más adelante, la terapia es el proceso de ayudar
al cliente a acceder y reforzar dicha tendencia.
UNA VISIÓN DE CONJUNTO INTEGRADORA
En este libro operamos dentro de un marco constructivista, diaréctico
y evolutivo como marco de referencia más amplio (Mahoney, 1991; Pas-
cual-Leone, 1976a, 1976b, 1976c, 1980, 1988, 1990a, 1990b, 1991). Somos
constructivistas dialécticos, porque consideramos al organismo como orga-
nizador activo de su visión de la realidad a partir de referentes vivenciales
y se nos puede considerar evolutivos, porque pensamos que el organismo
está orientado esencialmente a la interacción con el medio para desarrollar-
se, de modo que sobreviva y crezca. Consideramos que el organismo posee
una conciencia reflexiva que, unida a su confianza en el desarrollo, lo
convierte en un agente activo. El organismo se organiza a sí mismo
continuamente para hacer frente a la situación de un modo adaptativo,
diferenciando e integrando las estructuras internas para crear nuevos signi-
ficados. Este ajuste creativo conduce al desarrollo de una mayor compleji·
dad organizada al servicio de una mejor adaptación, la satisfacción de la
necesidad y la ampliación del sí mismo.
Dentro de esta perspectiva más amplia de la función autoorganizadora
y adaptativa de la tendencia al crecimiento, resultan decisivos dos temas
motivacionales fund4111entalmente. adaptativos. Éstos son,. la relációri y el
apego a los otros (Bowlby, 1969/1982) (que incluyen el proceso polar
asociado de. autonomía y separación) y la expjoraciqn y eLdominio. del
ambiente (White, 1959, 1966) (y el proceso asociado de 1,1tijizar de manera
Óptima los propios potenciales). Respecto a la relación con los demás, es
' . ,• ·····~· ·-··~·~· ,,., .. .,. ' .... "
[Link] UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 103
importante señalar, en primer lugar, que el, afecto es fundamentalmente
relacional. En segundo lugar, que, en nuestra concepción, el niño llega al
mundo con todo los componentes de un sistema de respuestas de apego
preparado para organizarse. Estas respuestas incluyen la necesidad de estar
apegado a otros, de buscar contacto y consúelo, así como un sentimiento
básico de segúridad con los demás. Respecto al dominio, consideramos que
el niño es un ser fundamentalmente curioso, que está diseñado para mani-
pular y explorar asertivamente el mundo y sus componentes, utilizando al
máximo sus habilidades para alcanzar el dominio de su entprno. Así, la
interdependencia y la relación .con los demás, y la competencia.y el dominio
son aspectos fundamentales de la naturaleza hum;ina. E~to no significa que
neguemos otros aspectos más impulsivos del funcionamiento humano, tales
como el hambre, el sexo y la evitación del dolor. Tampoco supone que otras
necesidades «del ser», superiores y más complejas, tales como la verdad, la
belleza y la justicia no sean determinantes importantes de la conducta y del
desarrollo. Los impulsos y las necesidades del ser, más ciertos factores
cognitivos, tales como las expectativas y las metas, y los motivadores
extrínsecos, tales como la recompensa y el castigo, además del afecto, son
influyentes a la hora de motivar las conductas de diferentes personas en
diferentes momentos. De este modo, cuando nos referimos a la motivación,
estamos consider,ando una combinación de todas estas influencias y pensa-
mos en una amalgama de necesidades, metas y preocupaciones, y, de este
modo, reconocemos las influencias de la biología, el aprendizaje y la cultura
en lalllotivación. Sin embargo, preferimos poner el énfasis en el apego/in-
terdependencia y en la curiosidad/dominio, así como en las emocí'ones;
como l() esencial para entender los problemas motivacionales humanos
sobre lo~ que se trabaja en terapia, ya que creemos que éstos arrójan más
luz sobre cómo efectuar el cambio en el tratamiento.
El organismo está dotado de ciertas propensiones, programadas o fun-
damentales, que forman un sistema motivacional/emocional. No es dema-
siado importante para nuestros propósitos saber si las motivaciones, las
necesidades o intereses fundamentales vienen dadas de manera independiente
por la naturaleza, o si emergen a partir de una interacción compleja entre un
sistema emocional básico programado, la cognición y el entorno (perspectiva
que nosotros favorecemos). Damos importancia al hecho de que el organis-
mo posea ciertas características motivacionales/ emocionales programadas.
Estos sistemas en interacción con el entorno se transforman rápidamente en
estructuras motivacionales/emocionales idiosincrásicas en cada individuo,
que representan su experiencia vivida.
De este modo, en vez de intentar proponer una gran teoría motivacional
definitiva en nuestro enfoque, sugerimos, que sería Útil terapéuticamente
104 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
entender el funcionamiento .de las personas en términos de sus necesidades,
fines ·e Íntéreses actuales, así como de sus intentos de satisfacerlos. Cuando
una persona se hace aqulta, tiene. pr()babiemente cíentos o incluso miles de'
necesidádes, Intereses, deseos, objetivos, experiencias influyentes y conduc-
tas: En lugar de intentar especificar completamente las necesidades humanas
b~sicas o los objetivos humanos fundamentales, sugerimos que, aunque
probablemente haya algunas necesidades más básicas, el funcionamiento
humano es complejo, idiosincrásico e intencional. Aunque probablemente
exista algún tipo de jerarquía que estructure las necesidades (como sugiere
Maslow) y algún principio prioritario por el que las necesidades de super-
vivencia, por lo general, van por delante de las necesidades de crecimiento,
es más útil para los terapeutas abstenerse de trabajar con una visi6n única,
potencialmente restrictiva, de los contenidos de la naturaleza humana
básica. Por el contrario, es importante desarrollar una perspectiva de
proceso de c6mo funciona la motivaci6n en la disfunci6n y el cambio, tanto
como escuchar a los clientes para que identifiquen sus sentimientos y
necesidades idiosincrásicas.
1
LA FORMACIÓN DEL SÍ MISMO
•
El organismo es, por lo tanto, un sistema iritegrado cognitivo/emocio-
nal/motivacional/ relacional en el que percibir y evaluar los estímulos,
experimentar afecto y generar tendencias de acci6n y potenciales motiva-
cionales son parte del funcionamiento de un sistema holístico, dialéctico y
relacional.
Las reiteradas respuestas afectiyas, relacionadas con las ne,c:esidades,
a'
frente uná sitíiáci6n forman un esquema eEJ1Ócional del sí-mismo-en-el-
mundo. El áfeero foril1ª• ásl pues, fa piedra angular del sí mismo relacional.
Sin embargó; los esquemás emociqnales se van formando a lo largo de la
vida y se relacionan con diferentes ámbitos de la experiencia. Desde el
principió, dichos esquemas se "combinan pará· formar los elementos de
partida del sentido emergente del sí mismo. El sí mismo relacional (Gilligan,
1982), sin embargo, es modular por naturaleza y se encuentra continuamen-
te implicado en el proceso de construir dialécticamente autoorganizaciones
momentáneas en respuesta a las situaciones (Greenberg y Johnson, 1988).
Este. sí mismo relacional y en . proc¡,so,,,!llodularmente organizado, se
transforma entonces en efcentro de la iniciativa, pues necesita o quiere algo
y anticipa las respuestas del sí mismo y de otros~ Es erÍ este momento cuando
las ofgailizáciones modulares, dialécticamente relacionadas, se transforman
en los objetivos de la intervenci6n terapéutica y debido a su naturaleza
,,,
... ,... ,.,.,,~·:~""""'"~"""'"···-~· "' . -· ..... . .... ,................. . ···
~ '''"""'"•• ·~-
HACIA UNA TEORÍA VIVENCIAL DEL FUNCIONAMIENTO 105
modular exigen diferentes intervenciones para distintas dificultades de
~1rc>cesam1ento.
El sí mismo relacional no es, pues, una entidad. sino que por el contrario
"' está construyendo constantementea sí mismo como centro de la iniciativa
(l'ascual-Leone, 1990a, 1990b; Varela, Rosch y Thompson, 1991). Como
Stern (1985) ha demostrado, los niños desarrollan «un sentido integrado de
sí mismos como cuerpos diferentes y coherentes, con control sobre sus
propias acciones, poseedores de su propia afectividad y con un sentido de
rontinuidad» (pág. 69). El sentido de un sí mismo integrado se construye
así, y desde nuestro punto de vista es una integración que está continuamen-
te ocurriendo y puede a veces romperse. Durante el desarrollo, cuando se
satisface una necesidad, se .obtiene como. resultado un sentido de la propia
habilidad para regular la propia experiencia en relación con el entorno.. Este
sentido de habilidad para regular está en el celltro del sentido de competen-
cia de ull sí misrno · relacional. Este sentido del sí [Link] competente,
coherente y estable se encuentra, sin embargo, en continua construccíón.
En cualquier momento se puede conseguir un mayor o menor sentido de
integración y coherencia. Nuestros supuestos básicos son que la realidad
personal se haUa en continua construcción y que la autoexperiencia y la
experiencia del sí mismo se crean mo_mento a momento a través de _la
interacción de la conciencia con l¡i. realidad y con los esquemas emocionales
activados automáticamente.
CAPÍTULO V
DISFUNCIÓN
Desde nuestro punto de vista, la patología o disfunción no es producto
de una motivación inconsciente que actúa en el presente, tampoco conside-
ramos que la gente se encuentra inclinada a comportarse de un modo poco
adaptativo debido a las emociones reprimidas. Al contrario, [Link] .cQnciencia
presente de las [Link] o !~ falta de ella, sus constructos y el significado d;,
su experie11ó:¡ lo [Link] [Link]:eae··su-conducrainadaptada
y ·su disfunción. La conciencia de la experiencia emocional generada auto-
1riáticamente es de particular importancia en la creación de significado y en
la resolución de problemas adaptativos en el medio humano (Greenberg y
Safran, 1987, 1989). Como ya hemos dicho en este libro, las personas se
comportan esencialmente en función de lo que construyen como la alter-
nativa más adaptativa, dadas sus percepciones actuales de sí mismas y de la
situaci6n. Si sus construcciones no cuentan con la información de sus
respuestas emocionales automáticas, se encuentran desorientados, y si la
información que reciben es disfuncional, se comportan de un modo inadap-
tado. Por tanto, los problemas que surgen en la creación del significado
l'rnocional son centrales en la disfunción.
Desde nuestra concepción, los problemas relacionados con el significa-
do emocional y la disfunci6n resultante, se crean por medio de dos procesos
fundamentales: a) la continua construcción de significado consciente, pro-
l'eso en el que el significado se crea sintetizando y simbolizando la experien-
cia en la conciencia; y b) la activación automática de esquemas emocionales,
proceso en el que la experiencia se genera automáticamente para producir
una síntesis potencial en la conciencia. El primer proceso es dialécticamente
ronstructivo e incluye un proceso de síntesis continua; el segundo es un
proceso automático, que incluye la activación de un esquema.
L'l_gisfuµci_ón proviene tanto d_e un fallo en el proceso desimbolización
ronst~ctiy~~º!Ilº de la act_ivaci6,11~i:.esquemas emocionalesdisfuncionales
desarrolliQQs.~p~i:[Link] una~x2eriencia vivida. Por otro lado, la d_isfig1ción
,!/ simbolizar_lq,_e_mocüjn lleva a que la información de la respuesta emocional
no se utilice en absoluto, o se simbolice de un modo restrictivo o distorsio-
nado.' Así,uñá m-;_;je~-puede. reaccionar automáticamente con ciertos patro-
n"s fisiológicos, sensoriales y de los músculos faciales de rabia ante su
i111presión de que su marido desea que ella le «lea la mente» o de que su
111;1dre espera que ella no •estropee su matrimonio». Que su impresión sea
108 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
o no acertada no constituye una preocupación terapéutica primordial en
este caso. Lo que importa es si, en su construcción de la realidad subjetiva,
ella puede sintetizar su respuesta afectiva en su construcción de sí misma y
la situación. Con frecuencia en estas circunstancias, los clientes que no son
capaces de sintetizar su propia rabia en su construcción se quedan con un
sentimiento de intimidación e inseguridad y terminan por ser demasiado
complacientes o ansiosos. ,
Por otro lado, la activación de esquemas emoc,iQrJ:a,le~_disfuncionales
puede producir respuestas primarias o secundarias inadaptadas. De este
modo, la cliente anteriormente descrita puede experimentar un miedo
desadaptativo primario cuando se encuentre demasiado próxima a su
madre o a su marido. Esto se debe a su sentido esquemático de sí misma
como poco valiosa y a una decepción continua. Así, ella puede tender a
reaccionar con miedo desadaptativo a los intentos genuinos de su marido
de tener contacto íntimo con ella e, incluso, puede alejarse de él por miedo
a ser criticada. Los clientes, en general, pueden reaccionar con miedo desa-
daptativo a la prÓximidad o a otros e5tímulos inofensivos, o responder con
rabia desadaptativa a ser iócados o a cualquier tipo de ma1!_Ífestación de
[Link]ño. Estas respuestas desadaptativas se generan por medio de. esquemas
en los que estas emociones eran evocadas originariamente comQ_respuestas
adaptativas iL la proximidad· o al. contacto intrusivo, a la amabilidad
ma-nipuladora o poco fiable o a estímulos inofensivo~que_se evaluaron
como estímulos amenazantes. -
. . Las secu~ncias de respuesta [Link]áticas estáfi a menudo implicadas en
la g~rieraciónde: eíno.cio11es $eéunaárJas desadap~~tivas. De este modo, los
éllentes expresan con frecuencia rabia secundaria en respuesta.a un miedo
subyacente o a la tristeza, llorariCió.cüa1ido su respuesta primaria era de
rabia. En estas situaciones, la r~spuesta desadaptativa es el resultado de una
c:iilena de respuestas i.!!li::ruas_enJ.a Qlli!..las re~uestas primarias, como
ainen'!:I'ª o miedo,:soIJ..Jan _rápidas que escapan a la conciencia, y la rabia '
secundaria llega a gobernar la conducta y la experien_cia. Ade'!lás, la
emoción secundaria se da cuandó1as personás tÍenen emociones acerca de
sÍ:i~.emociones primarias, es decir, miedo deb'ido ·a.·ia:rabiLo.:irergúenza a
causa de la tristeza que se producen en estas secuencias.
- Los dos procesos mencionados, problemas en la simbolización del
significado emocional y la disfunción esquemática, se describen con más
detalle a continuación. Consideramos que éstos proporcionan una pers-
pectiva de proceso sobre la disfunción más diferenciada que las que ofrecían
los modelos estructurales de la incongruencia o el conflicto entre el auto-
concepto y la experiencia, propuestos por Rogers (1951) y Peris y otros
(1951).
DISFUNCIÓN 109
PROBLEMAS EN LA GENERACIÓN DE SIGNIFICADO EMOCIONAL
Los desarrollos de la ciencia cognitiva y la teoría de la emoción, tratados
en el capítulo 3, nos permiten considerar que la persona, en esencia, posee
la capacidad para llevar a cabo dos tipos globales y complejos de procesa-
miento de la información o generación de significados; uno es deliberado
y volitivo, el otro automático e involuntario (Buck, 1985; Epstein, 1990).
Nos referiremos a ellos como procesamiento cognitivo-conceptual y como
procesamiento emocional y vivencia! respectivamente. La ruptura de la
coordinación entre estos dos tipos de procesamiento o niveles de significado
constituye una fuente generadora de disfunción. Los dos tipos de procesa-
miento y la ruptura se describen a continuación.
El procesamiento conceptual supone un procesamiento secuencial y
proposic~onal. Opera por medio del razonamiento causal, el pensamiento
analítico y el desarrollo de explicaciones narrativas, y se centra en las
relaciones entre conceptos semánticos. Se relaciona con el pensamiento
racional y determina si los significados proposicionales son verdaderos o
falsos. En relación al autoconocimiento, el procesamiento conceptual puede
proporcionar un tipo de conocimiento reflexivo, abstracto e intelectual
«sobre» uno mismo o una visión o historia de uno mismo.
El prosesamiento vivencia! se centra, en primer lugar, en la simboliza-
ra
óón en conciencia de la generación de un nivel de significado inconsciente,
preconceptual o implícito. A este nivel, captamos la situación directamente
t•n términos de su significado emocional para nuestro bienestar. Esto supone
t•valuaciones automáticas de cómo nos afectan las .cos:is, de si son buenas o
malas para nosotros, seguras o peligrosas, si nos engrandecen o empequeñe-
cen. No se trata de una evaluación cognitiva de si las cosas son verdaderas o
falsas, ya que ésta es una función de la racionalidad. Por el contrario, se trata
;tquí de n_!l.~stro sentido holístico de cómo son las cosas. El procesamiento
vivencia! proporciona la simbolización en la conciencia de nuestro saber
vivencia!, di:~~to .e ii;~ediato ~e~ procesamiento inconsciente que repre-
st•nta la expenenc1a v1v1da (Gendhn, 1962, 1984). Al usar este sistema, una
p<'rsona en terapia percibe algo por primera vez y podría decir de un modo
1·mocionalmente doloroso: «me siento inseguro» o «siento tanto dolor
d<'ntro, que es como si me hubieran arrancado una parte de mí». Esto refleja
b si1nbolización de una experiencia sentida en ese momento y es un proceso
di,ilécticamente constructivo, en el cual se crea significado de un modo
dinámico a partir de los elementos existentes en la propia experiencia.
En contraste, el procesamiento conceptual en terapia ofrecería una
;1finnación proposicional acerca del sí mismo, relativa a una abstracción
intelectual acerca del sí mismo, sacada de su propia visión o de la de otros
.!O TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
de sí mismo. Esto se reflejaría en frases como: «Mi problema es que no he
conseguido mis objetivos» o «Temo la intimidad», expresadas como propo-
siciones racionales. Cada tipo de procesamiento implica a la persona en un
modo diferente de procesar información y genera diferentes tipos de
significados. El sistema conceptual produce exclusivamente significado
intelectual, mientras que el sistema vivencia! produce significado emocio-
nal. Sin embargo, lo que distingue a estos dos estilos no es solamente 11na
distinción entre cognición y emoción, ya que ambos incluyen la cognici'ón
(Greenberg y Safran, 1987; Bohart, en imprenta). El procesamiento viven-
cia! supone la sintetización de significado conceptual-proposicional con
conocimiento sensoriomotor-procedimental para proporcionar significado
emocional holístico. El procesamiento conceptual, sin embargo, propor-
ciona solamente «conocimiento descriptivo», proposicional desencarnado
O-ames, 1890), conocimiento acerca de las cosas e incluye valoraciones de la
realidad o falsedad de las proposiciones. El procesamiento vivencia! propor-
ciona «conocimiento por familiaridad», directo, holísticamente encarnado
O-ames, 1890), que integra muchos niveles de procesamiento de informa-
ción, tales como valoraciones automáticas de lo que es bueno o malo para
uno. Esta última forma de procesamiento holístico produce el significado
emocional de nuestras vidas.
Cuando los significados conceptuales dominan, contradice_n, anulan,
distoisio_11an o ignorªn'la exp_erienéia emocional y los significados sentidos,
lá persona no puede funcionar de un modo integrado y se siembran las
ralees de la disfunción. Lª dfpendencia crónica del procesamiento concep-
tual produ_ce djsfunci§n, pQrque las personas pierden completamente el
contaci:o con su propia experiencia. No son capaces de confiar en su sistema
de orientaciÓ_'! básico y se «escinden» o se vuelven «falsos sí mismos» (Lain,
1966): Desde una ventajosa posición terapéutica, en terapia esimpoJ:'tante
involucrar a los clientes en el procesamiento vivencia! dialécticamente
constructivo, que sintetiza conceptos y experie1_1cias, en lugar de en proce-
sámieJltO conceptual, que únicamente propqrci_Q.Ua explicaciones concep-
tuales.
-·· El saber conceptual no recurre a los sentimientos integradores ni a los
significados sintetizados por los esquemas emocionales, sino que es más
deliberado, racional, analítico e intelectualmente abstracto. Es puramente
proposicional y está más enraizado en la base lógica, cultural y social de la
autodescripción. Este sistema hace uso de conjuntos de reglas aprendidas de
cómo uno «debería ser» Qas condiciones de valía de Rogers o las introyec-
siones de Peris), así como de un conjunto de valores e ideales aprendidos.
Estos provienen en muchos casos de las expectativas de los otros y no de
nuestra experiencia personal. Además, el_ s~t~ma con,;:~E!_ual_~sarrolla
-·-----~--
DISFUNCIÓN 111
narraciones sobre el «SÍ mismo» y la «situación» como maneras de compren-
[Link] y explicarnos racionalmente a nosotros mismos y nuestras experiencias,
tanto ante nuestros ojos como ante los de los demás. Gazzaniga (1985) ofrece
una clara demostración de cómo los pacientes con el cerebro escindido dan
razones totalmente inadecuadas de su conducta al desarrollar explicaciones
racionales de su conducta. Al usar este sistema, los seres humanos se
representan a sí mismos ante sus propios ojos, centrándose de un modo
reflexivo en sí mismos como objetos de su propia atención o de la de los
demás. Esto sucede cuando una persona se conceptualiza a sí misma de un
modo abstracto como «sensible al rechazo» o «tímida», «segura de sí misma»
o «vaga•. No se trata de una simbolización inmediata de la experiencia
t•mocional, sino de un concepto o creencia abstractos sobre sí mismo, que
rondensa la información a partir de una visión global de la experiencia en
una visión explicativa de sí mismo. Como hemos dicho, esta explicación de
11110 mismo o de la propia conducta está guiada con frecuencia por las
creencias y expectativas de lo que uno debería ser, basadas en el punto de
vista de los demás.
·· Por otro lado, el procesamiento vivencia! se caracteriza por la simbo-
1i~.ación en la conciencia de la experiencia corporal, automática y precon-
n·ptual (Lakoff, 1987; Johnson, 1987). Representa nuestra experiencia
físicamente vivida de estar en la situación. El saber vivencia! integra varias
fuentes de información y hace uso predominantemente de los niveles
"'nsorio-motor y esquemático del procesamiento emocional, tal y como se
1rntó en los capítulos anteriores. Mientras nuestro sistema sensorio-motor
csl :1 configurado para responder adaptadamente a ciertos estÍmulos, nues-
1rc is esquemas emocionales tácitos funcionan en términos de la experiencia
¡>.tsada e incorporan aprendizaje proposicional. Los esquemas emocionales
d, .,pliegan automáticamente la atención, de manera que procesamos la
111lormación en términos de su relevancia para nosotros. Captamos inme-
[Link] el significado que tienen para nosotros las situaciones en las que
11os encontramos. Este sistema de procesamiento genera tendencias de
.1.-ción y respuestas emocionales ante situaciones y significados sentidos. Las
¡>crsonas atienden conscientemente y simbolizan la experiencia de diferen-
1,., maneras, orientándose así en el mundo y creando significados emocio-
11.1lt's conscientes. El conocimiento de este tipo de información proporciona
,.¡ significado emocional explícito o vivencia! que es necesario para tratar
ro11 «los problemas del vivir» e incrementar el bienestar.
La conciencia del significado emocional o vivencia! se requiere en
11·r.1pia y se necesita para funcionar adecuadamente. Ello supone simbolizar
1•11 la conciencia una parte de la gran cantidad de procesamiento de compleja
111formación automática y esquemática que ocurre fuera de la conciencia o
112 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
preconscientemente. En terapia se facilita este nivel de procesamiento por
medio del proceso de atender a la propia experiencia o de llegar a ser
consciente de las propias acciones expresivas de uno mismo en el mundo.
Un referente especialmente significativo para el proceso de construcción de
significados es la experiencia corporal sentida (Gendlin, 1981), que sirve
también como factor organizador de nuestra construcción de los aconteci-
mientos (Lakoff y Johnson, 1980). Además, la expresión de recuerdos
específicos tales como «recuerdo que él me fulminó y sentí un nudo 'en el
estómago», en vez de un recuerdo general como «discutimos» es una forma
importante de facilitar procesamiento vivencia!, en contraposición al pro-
cesamiento conceptual.
El sistema de significado emocional ofrece el fundamento de nuestra
construcción de la realidad vivida y constituye el canal para la información
de la respuesta emocional esencialmente adaptativa. Se basa en nuestro
sistema emocional biológicamente adaptativo desarrollado evolutivamente.
Uno de nuestros supuestos básicos es que las personas necesitan atender y
simbolizar lingüísticamente, de un modo consciente, el producto del siste-
ma vivencia! tácito de procesamiento rápido, para solucionar problemas en
el vivir y orientarse adaptativamente en el mundo. Como hemos dicho, el
sistema de significado emocional no puede cumplir su función biológica
adaptativa en el complejo medio humano, si no se le atiende y simboliza,
con precisión y prontitud, la experiencia emocional corporalmente sentida.
Si se bloquea el acceso a la información vivencia! y emocional por medio
del procesamiento aprendido de experiencias en relación con el sí mismo y
el medio, se obstaculiza el funcionamiento de las personas y, en último
término, se produce la disfunción. Así pues, L;¡ disfunción viene producida
por El"oblemas eil_el pro~~$º c2ns~!llctivo, en especiar porr.i_ Ja!taj:!e
capacidad~ar;Í~intetizar automáticamenté laeiqíéríencia generada por uno
mismo: En lugarde un conflicto entie el.autQconcepti5y la experiencia, hay
[Link]§...eI1 <i!_proc~~o-d~$Í!ltesis_Qi_aléc1ica.
Una tarea decisiva para el terapeuta es fasilit.a,r el_groc~san!i_emo lliven-
c~ en lugar del procesamiento conceptual, para permitir que la persona
procese la experiencia emocional holística de un modo más efectivo. La
terapia tiene que hacer que las personas se abran a más información interna
y externa y estimular y evocar los esquemas emocionales que generan la
experiencia fundamental de la persona y que sirven de base de su significado
emocional. Al explorar una situación particular, con tanta profundidad
C.5Jll!Q sea PQ~ibk, _!>~_permiE~ 'l":~las. personaS accedan a sus modelos
fu_ncl;lme11taJes. y h.e>Ji~ticos del mundo, que~on los responsables de su
experiencia . de sLmis!llas: E~tos m2delos holísti~os _y 11_0 lps significados
conceptuales son los q11e_h~n de_Sf!E_i:.e_organizados. Sin embargo, es lmpor-
···" ---"••o-- '' "---
DISFUNCIÓN 113
rnnte señalar que en este punto de vista la terapia no busca un insight en los
patrones de conducta abstractos a través de las situaciones como «rebelarse
contra la autoridad» o «rechazar a la gente cuando se acercan demasiado».
Por el contrario, se busca la reexperimentaci6n de un momento particular
concreto. Lo que traerá a la luz desde el recuerdo todos los elementos de la
experiencia real es la experiencia completa de un momento singular. Esta
evocaci6n de la experiencia hará que dispongamos de nueva informaci6n
para desafiar la creencia o constructo conceptual que tenemos acerca de la
situaci6n y hará que podamos reorganizar la creencia y/o sus elementos.
Así, en terapia a 19 que se tiene que acceder, atender y, cuando sea necesario,
cambiar, es esta experiencia revivida en el presente de un modo consciente;
por ejemplo, un ansia desesperada o un. sentimiento de inferioridad, inade-
cuaci6n o de ser indigno de cariño vivido en ese momento conscientemente
(y las tendencias de acci6n asociadas con ellos). No nos tenemos que dirigir
al concepto [Link] dichas emociones.
DISFUNCIÓN ESQUEMÁTICA
Desde nuestro punto de vista, la disfunci6n se origina en el proceso de
síntesis del significado descrito anteriormente. Por otro lado, la disfunci6n
también resulta de la forma en que las personas están en el mundo. Son los
esquemas emocionales los que gobiernan la forma en que están en el mundo
-la manera en que perciben y actúan-. A medida en que se desarrollan,
los esquemas se convierten en modelos mentales que influencian el punto
de vista y la experiencia de la persona de estar en el mundo. Estos puntos
de vista llegan a ser el modo primario a través del cual las personas se
experimentan a sí mismas en el mundo.
Cuando se activa un esquema, éste guía tanto el procesamiento preaten-
rional como el atencional y produce respuestas y anticipaciones que se han
ido fraguando a partir de aprendizajes del pasado. Lo que las personas
t•xperimentan y c6mo responden ahora son producto de dichos esquemas.
En primer lugar, como describimos anteriormente, si no se atiende y
sintetiza la informaci6n generada por estos esquemas, el organismo, igno-
rante de sus propias reacciones, está desconectado de su propia experiencia
y queda desorientado. Sin embargo, los esquemas en sí mismos pueden
~enerar respuestas disfuncionales en funci6n de una experiencia traumática
o dañina o en funci6n de la construcción de representaciones internas del
sí mismo, los otros y el mundo, desadaptadas o desequilibradas. Por
t·jemplo, cuando se activa una representación esquemática que percibe al
mundo como amenazante y al sí mismo como vulnerable, se genera
114 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
experiencia y conducta congruente con esta visión. Si el esquema genera
vergüenza, esta experiencia va a gobernar la conducta de la persona. De este
modo, los esquemas basados en historias de aprendizaje traumático o
negativo pueden producir respuestas primarias emocionales disfuncionales
en nuevos contextos. Así, el sentimiento actual de vergüenza o miedo de
exponer los propios -sentimientos o consideraciones a los demás, proviene
de una historia en la que se le avergonzó o amenazó por haber revelado sus
propios sentimientos o consideraciones. Los terapeutas han de ayudar a los
clientes a evocar y simbolizar las respuestas afectivas desadaptadas en la
terapia y, una vez que éstas estén en la conciencia, ayudarles a reestructurar
estos esquemas. Estos esquemas son los que necesitan ser reestructurados y
no los pensamientos o creencias específicos.
Sin embargo, desde este punto de vista, lo que resulta disfuncional no
son las necesidades o emociones primarias de la persona por lo general, ya
que se las considera esencialmente adaptativas. A menudo, son otros
aspectos de los módulos esquemáticos o del complejo sistema esquemático
los que, en contextos específicos, generan necesidades y emociones defec-
tuosas que requieren un cambio. Así pues, emociones como amor o ira, o
necesidades como necesidad de apego o autonomía nunca son desadaptati-
vas en sí mismas. Muy al contrario, la disfunción resulta de un aprendizaje
y_ de la experiencia y expresión de ansiedad, relacionadas con las necesidades
y las emociones primarias.
. La ansiedad, la de resión otros malestares son a menudo el resultado
de la antici acion e ue una necesi a no va a ser satis ~~-¡;-a-¿ d~_;;e-s~
emocion o neces1 a es inaceptable porque ten~frá un impacto negativo en
los otro;. Adem~s, las personas responden freq1enternente qe un modo
ilisfuncional a estas pércepciones, sintiéndose ansiosos, furiosos o abatidos,
en respuesta a sus propias anticipacio_~es. D_!' este mod_o, la intensa desespe-
ración disfuncional y la dependencia queenc_ontramo_s__ en cienos estados
proceden de la anticipación del abandono y de la desilusión. En estos
esquemas, lo_.9_ue res¡¿_lta disfuncional es la respuesta_ a Ia expectativa de
abandono o desilusión, y no la necesi9ad de apego. Todo· el complejo
procesamiento y el significado de la experiencia implicado en estas situacio-
nes proviene de los esquemas. Si el esquema o la secuencia esquemática es
disfuncional, la conducta y la experiencia del individuo será disfuncional.
Como hemos dicho, no son las emociones o las necesidades per se,
encarnadas en el esquema, las patológicas. Por el contrario, son los senti-
mientos o pensamientos secundarios acerca de las necesidade~[¡ásicas 1os
qUe f_Onsfü.IJyeiiTafuenj~. más}mponanie d~_disfu11dón. PÓÍ- ejempl;;:-ulla
secuencia de respuesta disfuncional, observada a menudo, implica desilusión
seguida de rabia. La rabia se da típicamente porque la persona es incapaz de
DISFUNCIÓN 115
articular la desilusión primaria, está aterrorizada ante la perspectiva de
hacerlo y, en cambio, reacciona con rabia secundaria. Lo que ha ocurrido
es que la activación automática del esquema de desilusión produce una
experiencia fugaz de dolor. Esto puede llevarse consigo el recuerdo emo-
cional del dolor y la desilusión, sentidos en primera instancia. Cuando este
recuerdo emocional esquemático incluye sentimientos de peligro asociados
con él y creencias tales como «no sobreviviré al dolor ni al abuso», se activa
otro esquema asociado con el recuerdo de un abuso perpetrado. En este
caso, la respuesta de rabia es una respuesta secundaria a pensamientos y
sentimientos sobre las emociones y necesidades más primarias y a los
complejos significados implícitos en la pérdida, el abandono y la desilusión.
Otro problema importante de la disfunción esquemática se da por la
escisión emocional relacionada con el abuso en la infancia. Cualquier
experiencia emocional fuerte y recurrente hará que se desarrolle un esque-
ma. Si durante la infancia un niño experimenta afecto y cariño del cuidador,
lo que genera emociones positivas en un momento determinado, y abuso
y rechazo en otros momentos, lo que genera emociones negativas, el niño
probablemente construirá esquemas modulares separados para representar
cada tipo de experiencia, escindiéndose el sí mismo, respecto a su cuidador
principal, en dos autoorganizaciones diferentes. Cuando se forman autoor-
ganizaciones modulares de este tipo, en torno a diferentes emociones domi-
nantes, se producen desórdenes disociativos, en los que las diferentes orga-
nizaciones definidas relacionadas con el abuso se activan con diferentes
indicios. Se separa tajantemente lo bueno de lo malo, o se forman los roles
recíprocos de la víctima y el opresor, seductor y seducido y se activan de
un modo independiente, o las personas se disocian totalmente de su expe-
riencia emocional.
En muchos casos, la psicopatología está, por tanto, relacionada con la
incapacidad de las personas para integrar, aceptar y tratar con sus sentimien-
tos y necesidades primarias a lo largo de su desarrollo. En vez de estar
relacionada con las necesidades neuróticas «infantiles», l:_ dis.f':!Eción, espe-
cialmente de tipo neuróúco, está más relacionada con los sentimientos de
lás personas de que lo que sienten y necesitan más fundamentalmente como
ádultos es inaceptab1e, y con la forma en la que han llegado a interpretarse
a· sí mismos y a su mundo para poder tratar con él. Lo que es problemático
es cómo las personas se han organizado a sí mismas para poder tratar con
sus sentimientos y necesidades, en lugar de las necesidades y sentimientos
eg: sí mismos. Lo que resulta disfuncional es el sentimiento de no estar
autorizado para tener dichos sentimientos y necesidades (Horney, 1966;
Peris, 1969), y todos los procesos implicados en su desposesión y desauto-
rjzación_. El sistema de respuesta emoción-motivación es lo biológicamente
.... '"~·· ,,--
......
111')'1 •
I'' ,
116 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
dado y originalmente adaptativo. El modo en que las personas tratan con
estas respuestas a lo largo de la vida y el desarrollo esquemático que ocurre
en relación con ellas determina su adaptación o inadaptación.
DESARROLLO DE LOS ESQUEMAS DISFUNCIONALES
Los esquemas emocionales se desarrollan desde la infancia K producen
respuestas funcionales o disfuncionales, dependiendo de qué representa·
ciones internas relacionadas con la satisfacción de una necesidad se han
desarrollado. Por ejemplo, cuando un estado fisiológico del niño, tal como
sed o malestar, se traduce en una expresión que encuentra en el cuidador
la respuesta adecuada para satisfacer la necesidad, la secuencia de sucesos
se graba en la memoria. La repetición de estas experiencias hace que las
secuencias se representen en un modelo interno que llega a formar pane
de la estructura esquemática del sí mismo. La frustración repetida de la
necesidad lleva a la representación de una estructura nuclear del sí mismo
que supone una visión particular del mundo y un modo de estar en el
mundo. Esto podría incluir afecto negativo y creencias negativas sobre el
sí mismo y el mundo como no respondiente. Como consecuencia, la
respuesta disfuncional se da cuando se evoca el esquema relativo a esa
necesidad. Estos esquemas pueden cambiar y seguir desarrollándose a lo
largo de la vida. Pueden cambiarse por medio de experiencias nuevas y la
reflexión, pero el esquema inicial, por lo común, puede ejercer una
marcada influencia en cómo se procesa la información y en cómo se ve el
mundo. La patología, por tanto, emerge del modo en que las personas han
llegado a Vérse a sí mismas y a su mundo, a partir de su manera de estar en
el mundo. .. .... ,
Por otro lado, el desarrollo sano se da cuando existe una armonía
empática entre el cuidador y el niño, lo cual supone el reconocimiento por
parte del cuidador de Ja e~r<!~!éil!_emocion?] del nifío yJa necesidad
asociada. Es!!) fonfirma el sentido del sí mismo d~Ln.iñ9 <])Je \;.xp(!rimenta
directamente y le ayuda a construir un sentido seguro y confiado de sí
mismo yde su estar en el mundo. Las repetidas respuestas disconfirmadoras
o el fallo crónico en la receptividad, o el exceso de receptividad o la armonía
incoherente llevan, por el contrario, a la construcción de un sentido general
ansioso e inseguro del sí mismo en relación, en el cual el niño empieza a
aprender que no puede esperar de los otros la satisfacción de su necesidad
ni la regulación del afecto. La incapacidad del sí mismo para conseguir la
. regulación, por las razones que sean, ya sea causada interna o externamente,
se convierte, al final, en una incapacidad para regularse a sí mismo. Esto
...... ···- ..•. . ' - "'~ '"
DISFUNCIÓN 117
produce potencialmente esquemas emocionales disfuncionales cargados no
solamente de cogniciones err6neas, sino también de respuestas afectivas
negativas, tales como ansiedad o frustraci6n. De este modo, este esquema
determina una manera predominante de estar en el mundo.
Es importante señalar que en los esquemas emocionales -los que van
más allá de la cognición para codificar informaci6n afectiva, motivacional
y respuestas relacionales- las experiencias sensorio-motrices y afectivas
persistentes asociadas con las necesidades, representadas en el m6dulo
esquemático, son las que requieren cambio en terapia, además de las
creencias asociadas con la experiencia. Por ejemplo: en un esquema que
genera intensa desilusión cuando qo se satisface la necesidad de apoyo,
tienen que cambiar muchas cosas. Estas pueden ser sensaciones de que la
cabeza da vueltas, opresión en el pecho y sensaciones de dolor agudo. Éstas
incluyen la tendencia a encogerse, el ansia de consuelo, más la creencia tácita
de que: «Nunca conseguiré lo que necesito y, si no lo consigo, no podré
sobrevivir». Todos estos aspectos afectivos asociados con la desilusi6n
tienen que cambiarse; de hecho, se trata no solamente de una creencia, sino
de toda una forma de estar en el mundo. La creencia disfuncional, aunque
es una parte del esquema emocional relacionado con la intimidad y la
dependencia, sólo es una parte del esquema. La fuente de la disfunción y lo
que tiene que reorganizarse es el esquema de acción afectivo/ cognitivo/ mo-
tivacional/ relacional en su totalidad y no sólo la mera creencia.
UNA VISIÓN MULTIF ACÉTICA DE LA DISFUNCIÓN
Desde nuestra concepción la disfunci6n se produce, por tanto, de dos
maneras principales. En primer lugar, cuando el sistema dialéctico de
construcción del significado no consigue atender a la información completa
proveniente del sistema de esquemas emocionales, o no puede procesar esta
informaci6n de un modo consciente por alguna limitación procesual o por
interferencias. Así, cuando un aspecto del significado emocional no es
asimilado en la autoimagen más conceptualmente derivada que tiene la
persona, en sus creencias o en su narración explicativa, se produce una
escisi6n y el organismo ya no está unificado. Los significados conceptuales
ya no se basan en la experiencia emocional y pueden suponer todo tipo de
distorsiones. La ruptura del modus operandi de este sistema que gobierna la
conducta consciente y la experiencia produce disfunción.
En segundo lugar, la disfunción se da cuando los esquemas emocionales
que generan el estar en el mundo de la persona son disfuncionales en sí
1nismos, ,como cuando un. esquema organiza repetidamente la informaci6n
118 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
~J:!trante de un modo distorsionado o desadaptativo, lo cual lleva consigo
significados emocionales disfuncionales recurrentes y reacciones inapro-
piadas. Existen muchos ti,gos de procesamiento esquemático disfuncional.,
además del ya mencionado problema de codificacióii~dprocesamiento
esgyemático excesivamen!~_Iígidº_que produce la incapacidad para asimilar
el cambio o el ieto; un P!?blema de respuesta, que supone la activación de
un esquema en el que está codificada una respuesta emocional disfuncional;
un problema del sistema, que supone secuencias esquemáticas defectltosas,
en lás que dos esquemas incompatibles se activan al mismo tiempo, o en
las que la activación de un esquema lleva a la activación del otro en una
cadena que puede ser disfuncional. U no de nuestros supuestos básicos es
que gran parte de la experiencia, actitud y conducta disfuncional surge
corno consecuencia de ciertos problemas de procesamiento esquemático.
El procesamiento defectuoso proviene del contenido, estructura y organi-
zación de los sistemas esquemáticos cognitivo/ afectivos. Esto afecta a los
medios por los cuales se procesa la información emocional acerca del sí
mismo, los demás y el mundo. En la parte tercera de este libro identifica-
mos al menos seis tipos de dificultades de procesamiento esquemático
complejo recurrente, para las cuales hemos desarrollado intervenciones
espedficas.
Un aspecto fundamental de la visión esquemática de la disfunción es
que no hay un único sí [Link] [Link] que esté implicado en la disfunción,
ni un único mecanismo de disfunción. Por el contrario, el sí mismo está
y
organizado modularmente en muchos sí mismos parciales hay "muchos sí
mismos nucleares diferentes, en. relación. a los esquemas emocionales,
relativos a distintos campos de la experiencia. Una implicación importante
de esto es que la disfunción basada en módulos de diferentes tipos va a
requerir idealmente distintos tipos de intervención, tal y como trataremos·
ºen la sección del Manual de tratamiento de este libro. ·· ·· ·
En esta perspectiva la disfunción esquemática se da tanto por la activa-
ción de un módulo esquemático disfuncional particular (un sí mismo
parcial) como por secuencias disfuncionales y relaciones entre módulos
esquemáticos (partes del sí mismo). La teoría vivencia! planteó inicialmente
la incongruencia entre el autoconcepto y el organismo como la única causa
de disfunción. Nosotros sugerimos una visión pluralista de la disfunción
que se produce porque la persona es incapaz de atender y sintetizar de un
1nodo completo la respuesta a la emoción generada automáticamente, y/o
por la activación de esquemas emocionales o procesos esquemáticos disfun-
cionales espedficos de un ámbito. Como hemos dicho, el autoconcepto es
reemplazado por un proceso de síntesis, y el organismo, por procesadores
esquemáticos modularmente organizados que pueden ser sintetizados en la
• 1
DISFUNCIÓN 119
conciencia. Esta visi6n pluralista proporciona una descripción más diferen-
ciada y, desde nuestro punto de vista, más precisa de lo que ocurre realmente
en la disfunci6n y sienta las bases para una intervenci6n diferencial en la
terapia vivencia!.
Además de ver la disfunci6n como algo determinado tanto por atender
y simbolizar problemas como por las dificultades de procesamiento esque-
mático, también creemos que los trastornos específicos como ansiedad y
depresi6n no son producto de uría causa uniforme o única. Muy al contra-
rio, los trastornos tienen determinantes múltiples y diferentes, dependiendo
del individuo y la situaci6n. Esto produce una visi6n compleja y multifa-
cética de los trastornos, en la que hay una variedad de modos de atender y
simbolizar y de dificultades de procesamiento esquemático en cualquier
trastorno, y se considera que éstas se combinan de un modo único y
específico en cada persona, produciendo un trastorno particular. Así pues,
aunque es posible distinguir diferentes trastornos, tales como la depresi6n
y la ansiedad, como fen6menos clínicos en cierto modo homogéneos, es
importante reconocer que l'ls distintos procesos cognitivo/ afectivos sub-
yacentes a estos y a otros trastornos son, p<1r naturaleza, heterogéneos
(Greenberg, Elliott y Foerster, 1991; Lewinsohn, Hoverman, Teri y Haut-
zinger, 1985; Safran y Greenberg, 1988).
Somos de la opini6n de que los trastornos afectivos y de personalidad
se conciben mejor como complejos síndromes clínicos compuestos por
diferentes modos de atender, simbolizar y por distintas dificultades de
procesamiento esquemático. La experiencia de la ansiedad y la depresión,
asi como la experiencia de otros trastornos, puede ser analizada fructífera-
mente en funci6n de los tipos específicos de dificultades de procesamiento
emocional, propios de cada individuo (Greenberg y Safran, 1987; Safran y
Greenberg, 1988; Foa y Kozak, 1986, 1991). Por lo tanto, debemos dirigir-
nos a los trastornos, identificando y remediando los determinantes del
procesamiento esquemático particular de ese trastorno (Goldfried, Green-
berg y Marmar, 1990).
Las seis dificultades de "rocesamien19._gue identificarnos y elaboramos
en la parte segunda son: @ la activaci6n automática de los esquen1as
relevantes del si mismo, en desacuerdo con la visi6n que uno tiene de la
situación, lo cual produce la confusi6n de una reacci6n problemática@ la
activaci6n de dos aspectos opuestos del sí mismo, que produce escisiones
autoevaluadoras y@ autointerruptoras, en las que la persona se autocritica
o no expresa su emoci6n;@) la activaci6n automática de esquemas relacio-
nados con experiencias traumáticas sin resolver con otros, en la que la
persona siente un malestar persistente hacia algún otro significativo;@ la
incapacidad de simbolizar adecuadamente el propio sentido de las cosas
..
120 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN El CAMBIO
sintetizad9 esquemáticamente, lo cual deja a la persona con un sentimiento
confuso(f) la activación de un esquema del sí mismo parcial y muy privado,
nunca arites revelado, que hace que la persona se sienta muy vulnerable.
¿POR QUÉ NO CAMBIAN LOS ESQUEMAS EMOCIONALES?
Un rasgo importante del crecimiento y del cambio es el proceso dialéc-
tico que se establece entre los procesos conservadores y transformadores.
Por ejemplo: los esquemas tienen una tendencia al crecimiento, aYacomo-
darse a nuevas características del medio, lo cual hace que el organismo esté
en un constante fluir, mientras que se esfuerza simultáneamente por sobre-
vivir y mantener un sentido de coherencia. Sin embargo, en algunas
circunstancias, puede predominar la tendencia conservadora, que hace que
los esquemas no cambien, ni se acomoden a la nueva experiencia y que, por
el contrario, permanezcan rígidos. Esto produce una pérdida de flexibilidad
adaptadora y es una fuente importante de disfunción.
Los esquemas emocionales son persistentes y algo resistentes al cambio
por diversas razones y en virtud de varios mecanismos. Nuestra visión del
sí-mismo-en-el-mundo proporciona una estructura implícita a nuestra ex-
periencia: otorga orden a partir del posible caos y hace que nuestro mundo
tenga sentido. Sin estas estructuras anticipatorias, estaríamos desbordados
y seríamos ineficientes al intentar implicarnos en las muchas y complejas
situaciones con las que nos cruzamos. Además, los esquemas disfuncionales
que se han formado a partir de experiencias traumáticas contienen, por lo
general, elementos protectores, así como la tendencia a prevenir la retrau-
matización. Los esquemas, en general, y los esquemas emocionales, en
particular, cambian lentamente por naturaleza. Sin embargo, cuando los
esquemas emocionales son disfuncionales esta tendencia conservadora a
autopreservarse lleva problemas aparejados. Por ejemplo: un esquema que
construye la ira como destructiva o la intimidad como intrusiva puede
contener respuestas para protegerse a sí mismo de supuestos peligros. La
cuestión terapéutica es entender cómo los esquemas evitan que entre nueva
inforn1ación y cómo emergen la novedad y el cambio.
Parece importante saber por qué algunos esquemas emocionales no
cambian con la experiencia y por qué dejan de acomodar procesos. En
primer lugar, el atender selectivamente en la recogida automática de infor-
mación lleva a un ciclo autorreforzante en el que se confirma el esquema
una y otra vez. Dado que los esquemas guían la percepción y son anticipa-
dores y expectantes por naturaleza, podemos añadir que existen sesgos
autoconfirmadores inherentes a ellos mismos. De este modo, un individuo
' .' . ._., ............. ~ .. ..
DISFUNCIÓN 121
que se considera a sí mismo como indigno de ser amado buscará minucio-
samente signos de rechazo.
En segundo lugar, los esquemas asimilan la informaci6n seleccionada
en su estructura y, por lo tanto, distorsionan la informaci6n. Si se constru-
yeran los esquemas en condiciones de gran ansiedad o traumáticas, las
percepciones productoras de malestar se perpetuarían ante la experiencia
disconfirmadora. Esto se debe a que la informaci6n disconfirmadora se ha
distorsionado para encajar en el esquema y no se percibe como realmente
disconfirmadora. Así, cuando la persona insegura se siente amenazada,
puede percibir el apoyo intencionado o la neutralidad como falta de apoyo
' .
o cnt1ca.
En tercer lugar, la falta de exposición a la nueva informaci6n impide el
cambio. Por un lado, la inclinaci6n al procesamiento conceptual abstracto
impide que los esquemas preconceptuales nucleares sean llevados a la
conciencia y expuestos a nueva experiencia interna concreta. De este modo,
si una persona «habla de» que se siente desconfiada, pero no lo está
experimentando en ese momento, el esquema de desconfianza permanece
inaccesible a la reorganizaci6n por medio de la nueva informaci6n. Para
que los esquemas cambien, tienen que activarse y exponerse a nueva
informaci6n. Si la experiencia no está en la conciencia, no puede ser
confrontada con la nueva reorganizaci6n de la informaci6n. Además, la
falta de exposici6n puede ocurrir en virtud del hecho de que las personas
no se encuentran tan a menudo en situaciones que afecten a esos aspectos
de la experiencia del sí mismo. Un pr6spero hombre de negocios estaría
raramente en situaciones en las que experimente la humillaci6n y la falta
de poder que sufri6 cuando era niño. Además, las personas no clasifican
con frecuencia algunas experiencias disconfirmadoras como relevantes para
el esquema, es decir, el esquema se mantiene aislado y no se activa al procesar
nueva experiencia relevante. Los éxitos en el trabajo o en el colegio pueden
no ser asimilados en el sentido de uno mismo de no ser reconocido o de
carecer de valía. Las personas usualmente utilizan estrategias para evitar
situaciones que les confronten directamente con estas áreas de la experiencia
de sí mismas, porque les producen mucha ansiedad. Así, el evitar la
experiencia interna, como rabia, y cualquier cosa que evoque esta experien-
cia, es un forma importante de aislar esquemas.
En cuarto lugar, cuando una situaci6n evoca un esquema disfuncional,
la respuesta emocional gobernada por el esquema puede interferir con el
procesamiento de nueva información. La respuesta emocional, tal como
sentirse asustado o carente de valía, puede ser tan sobresaliente que sea difícil
que la persona disponga de la capacidad de procesamiento necesaria para
procesar nueva informaci6n ambiental. Las personas están totalmente
122 TEORÍA, EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
ocupadas en la tarea de procesar y afrontar sus respuestas. Por lo tanto, son
incapaces de atender a ninguna información disconfirmadora que proceda
del exterior. Además, sus respuestas con frecuencia conducen a consecuen-
cias interactivas negativas que sirven para confirmar en lugar de disconfir-
mar sus percepciones de sí mismos y de los demás.
En nuestra concepción, existen varios procesos que impiden los cam-
bios de los esquemas emocionales. Algunos son idiosincrásicos y otros más
generales; algunos son transitorios y otros más duraderos; algunos son
simples y otros más complejos, y estos procesos también requieren atención
•
en terapia. ·•
CAMBIANDO LOS ESQUEMAS EMOCIONALES
Desde nuestra observación, varios factores generales están implicados
en ayudar a las personas a cambiar sus esquemas emocionales, que inheren-
temente están orientados hacia el desarrollo por la diferenciación e integra-
ción. En primer lugar, la seguridad interpersonal de la relación terapéutica
es lo que conduce a una reducción general de la ansiedad interpersonal. Esto,
a su vez, incrementa la capacidad de procesamiento y permite que los es-
quemas conscientes cambien. Los esquemas conscientes, según Pascual-
Leone (1987, 1990a, 1990b, 1991), se forman al llamar la atención simultá-
neamente sobre varias facetas de la información y traerlas a la conciencia
para su simbolización y síntesis en una nueva estructura. En terapia, al
reducir la ansiedad interpersonal por medio del aprecio empático, la perso-
na tiene más recursos atencionales disponibles con los que observar en su
interior nuevas facetas de la experiencia. Con el incremento de la capacidad
disponible para atender a la experiencia de sí misma, la persona ahora es
capaz de atender y procesar más experiencia interna y, de este modo,
expandir o cambiar sus puntos de vista.
En segundo lugar, dirigir el foco atencional hacia los rasgos reales de la
experiencia le ofrece al cliente la oportunidad de atender a nueva informa-
ción disponible, pero que no se incluía en su reconstrucción narrada de su
experiencia. El centrar la atención para establecer contacto con la informa-
ción de un modo vivencia! genera nueva experiencia que es más probable
que cambie los esquemas emocionales existentes. La experiencia directa
ofrece la fuente más grande y válida de información que cambia las expec-
tativas. Además, cambiar al foco de atención cambia siempre tanto el objeto
de atención como la autoorganización de la persona que atiende. Esto
automáticamente produce algún cambio en la experiencia de la persona de
estar en el mundo.
DISFUNOÓN 123
En tercer lugar, la estimulación y la evocación en terapia de la memoria
<'mocional esquemática y de la memoria episódica ofrecen nueva informa-
ción a simbolizar. La implicación de la memoria cinestésica, motora y no
verbal constituye un aspecto importante de esta estimulación de esquemas
r:1citos. La experiencia real de la emoción de un cliente en la terapia indica
que el esquema emocional ha sido activado y está actualmente operando.
Esto hace que la información tácita que guía la experiencia y la conducta
esté más disponible a la conciencia y también que el esquema mismo sea
más permeable a la entrada de nueva información y a la reorganización.
En cuarto lugar, animar a las personas a que contacten directamente con
aquello que les provoca ansiedad y que previamente evitaban también
conduce a que nueva experiencia sea admitida en la conciencia. Las personas
necesitan contactar vivencialmente con informaci6n nueva y disconfirma-
dora para tener realmente una experiencia de la cual aprender.
En quinto lugar, una terapia activa orientada vivencialmente establece
una situación terapéutica diseñada para probar o experimentar con hacer
ciertas cosas, tales como expresar activamente lo que se siente. Esto genera
nueva experiencia. La novedad proviene tanto de la nueva experiencia
generada por la actuación que uno ha realizado, por ejemplo, hablarle a un
progenitor fallecido, como de la toma de conciencia de las formas en que
uno se previene o impide la propia experiencia. Una terapia que suponga
actuaciones provoca nueva experiencia por la actuación misma y promueve
la conciencia de las interrupciones de la experiencia.
En sexto lugar, la nueva experiencia también se genera por la interacción
aquí y ahora con el terapeuta en un diálogo yo-tú (Buber, 1958). Nuevas
experiencias interpersonales se dan en terapia y son relevantes y pueden
afectar a las estructuras nucleares.
En terapia los nuevos esquemas también se crean al sintetizar elementos
de los esquemas existentes y al crear nuevo significado consciente. La terapia
supone la producción de nuevo significado e implica no sólo el cambio de
esquemas sino también la creación de esquemas. La nueva síntesis creada en
la terapia se representa por un nuevo esquema. Pascual-Leone (1980, 1987,
1991; Pascual-Leone y Goodman, 1979; Pascual-Leone y Johnson, 1991) ha
descrito la síntesis dinámica implicada en la producción de actuaciones
verdaderamente novedosas. Sugiere que al menos la participación de cuatro
factores están implicados en la creación de un nuevo esquema. Éstos son:
a) el control ejecutivo deliberado o la planificación de implicarse en alguna
operación cognitiva, b) la habilidad de la persona para «fomentar» atencio-
nalmente o activar los esquemas relevantes, e) la habilidad de la persona
para inhibir o interrumpir la activación de esquemas irrelevantes que
interfieran, y d) la capacidad de producir clausura en la conciencia en un
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124 TEORÍA: EMOCIÓN Y COGNICIÓN EN EL CAMBIO
único todo integrado a partir del conjunto activado de esquemas. En terapia,
esto supone llamar la atenci6n sobre rasgos particulares de la experiencia,
concentrarla en ellos para activar los esquemas relevantes, inhibir los
esquemas irrelevantes que pueden interferir con la vivencia del significado
emocional relevante (por ejemplo, los esquemas de la autoimagen), e
integrar los elementos en la conciencia de un nuevo significado. La emoci6n,
debido a su naturaleza implicativa holística, también resulta importante en
la creaci6n de nuevos esquemas que se construyen no s6lo al sintetizar
nuevos «bits» de informaci6n, sino también al integrar las cualidades
afectivas de la experiencia.
En terapia, se crea un ambiente 6ptimo para aumentar la asignaci6n
atencional y para activar los esquemas emocionales, de manera que la
persona pueda experimentar, explorar y reexperimentar de nuevo las
situaciones problemáticas. La terapia, de hecho, es un proceso de ayudar al
cliente a atender a su experiencia interior de una nueva forma que le ayude
a reorganizar su visi6n de sí mismo y de la situaci6n, y ofrece un ambiente
6ptimo poco amenazante para hacerlo. El proceso de generar y construir
nueva experiencia y significado en la experiencia revivida de la terapia
también es importante.
En resumen, la combinación de seguridad y facilitación del proceso
conduce a un cambio en la manera de procesar en el cliente de la terapia.
Esto incluye la ampliación de la localización de la atenci6n y la estructura-
ción perceptiva, la facilitaci6n de la reorganización de la memoria y la
construcci6n de significado y ofrecer nueva experiencia emocional y rela-
cional. El cambio esquemático se da al llevar los módulos esquemáticos a
la conciencia. Esto los hace accesibles a nueva informaci6n y reorganiza-
ción, los expone a nueva experiencia, y fomenta la conciencia de los clientes
de cómo sus propias estructuras esquemáticas guían sus puntos de vista,
ayudándoles así a obtener control sobre sus propios constructos.
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TERCERA PARTE
EL MANUAL: PRINCIPIOS BÁSICOS
E INTERVENCIONES GUIADAS POR LA TAREA
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PRIMERA SECCIÓN
MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
En esta sección del libro pasamos de la elaboración teórica a una
descripción de la práctica de lo que cliente y terapeuta hacen, de hecho, al
utilizar un enfoque vivencia! y procesual para facilitar el cambio emocional.
En nuestra exposición, subrayamos las tareas y las técnicas terapéuticas
específicas (parte tercera, sección 2). Sin embargo, consideramos que es
especialmente importante que se le dé prioridad a la relación terapéutica
sobre cualquier clase de «tecnología vivencia! para la facilitación emocio-
nal». Por tanto, es importante que el terapeuta absorba primero los princi-
pios terapéuticos subyacentes y, después, las habilidades específicas para
implantar las intenciones y modos de respuesta vivenciales y procesuales
fpndamentales, que subyacen al enfoque general y a las tareas específicas.
Estos son los temas de los dos capítulos siguientes, que comprenden la
sección 1 de la sección de Manual de tratamiento de este libro.
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CAPÍTULO VI
PRINCIPIOS DE TRATAMIENTO
PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL
En este capítulo introducimos seis principios básicos de tratamiento que
guían el enfoque vivencia! y procesual en terapia. Estos principios ofrecen
un puente entre la parte te6rica y práctica de este libro. Nuestra opini6n es
que los terapeutas que aprenden este enfoque necesitan primero compren-
der y absorber estos principios guía, antes de intentar llevar a cabo los
procedimientos de tareas específicas con los clientes.
Para nuestros prop6sitos aquí, hemos encontrado Útil distinguir seis
principios fundamentales, organizados bajo dos principios de orden supe-
rior: ofrecer una relaci6n terapéutica y facilitar el trabajo terapéutico. Estos
principios se muestran en la tabla 6-1.
Los dos principios de orden superior, ofrecer una relaci6n terapéutica
y facilitar el trabajo terapéutico, representan los dos procesos generales de
cambio que operan en terapia. Como se señal6 en el capÍtulo 2, estos
principios de orden superior definen las dos fuentes principales de la acci6n
terapéutica en este enfoque. Éstas son: la relaci6n terapéutica, que incluye
la empatía y el aprecio auténticos, y el trabajo terapéutico, que incluye la
direcci6n del proceso para facilitar el procesamiento vivencia! 6ptimo
(frente al procesamiento puramente conceptual). Ambos, los principios de
relaci6n y de la tarea, definen una tensi6n o equilibrio esencialmente
.
creativos en terapia.
.
Sin embargo, en nuestra opini6n, los principios de la relaci6n son
esenciales y hay que darles prioridad 16gica y temporal sobre los principios
de la tarea.
Además, como describíamos en el capítulo 2, la relaci6n terapéutica
produce cambio en el cliente de dos maneras: primero, a través del apren-
dizaje interpersonal (por ejemplo, no confirmando la expectativa negativa
de que la confianza va seguida de traici6n); y, segundo, indirectamente a
través del establecimiento de las condiciones de trabajo seguras, necesarias
para llevar a cabo las distintas tareas terapéuticas (por ejemplo, ayudando
al cliente a sentirse suficientemente seguro para expresar el alcance del daño
previamente reprimido) (Greenberg, 1983; Rice, 1983). Esto es, vemos la
empatía como una relaci6n no crítica que proporciona las condiciones
6ptimas para el procesamiento vivencia! y el acceso a los esquemas emocio-
nales subyacentes. Específicamente, la ausencia de crÍtica reduce la ansied,1d
, .... - ...... ~·-··
130 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
TABLA 6-1. Principios de tratamiento en un enfoque procesual y vivencia!.
A. Principios de la relación: facilitar una relación terapéutica.
1. Armonía empática: contactar y estar armonizado empáticamente con el marco
de referencia interno del cliente.
2. Vínculo terapéutico: comunicar empatía en una relación auténtica de aprecio.
3. Colaboración en la tarea: facilitar la implicación mutua en las metas y tareas de
la terapia.
B. Principios de la tarea: facilitar el trabajo terapéutico sobre tareas terapéuticas
específicas. .
4. Procesamiento vivencia!: facilitar los procesos Óptimos y diferenciales delJ. cliente.
5. Crecimiento/ elección: fomentar el crecimiento y la autodeterminación del
cliente.
6. Conclusión de la tarea: facilitar la conclusión de las tareas terapéuticas específicas.
Nota. Existe una tensión o equilibrio creador entre los principios de tratamiento, que requieren la
adaptación a los clientes y a las situaciones específicas en cada sesión.
interpersonal y, de este modo, incrementa la capacidad del cliente para
afrontar el dolor y la ansiedad intrapersonales, mientras que la empatÍa del
terapeuta le ayuda a centrar su atención en la experiencia interna.
Nuestra posición respecto a la vieja cuestión del papel de la empatía, el
aprecio y la autenticidad del terapeuta para facilitar el cambio en el cliente
se puede enunciar con brevedad. Creemos que la relación terapéutica es
siempre necesaria (para proporcionar las bases para el trabajo terapéutico),
por lo general suficiente a largo plazo (por ejemplo, curativa en sí misma),
pero no siempre eficiente (por ejemplo, puede ser ampliada por medio de
intervenciones centradas en la tarea) (A. Bohart, comunicación personal,
20 de abril de 1992; véase Patterson, 1990).
PRINCIPIOS DE LA RELACIÓN, FACILITAR UNA RELACIÓN TERAPÉUTICA
Los principios de la relación proporcionan un modelo del tipo de
relación terapéutica que se considera inherentemente curativa en este
enfoque. Esta relación posee tres características: armonía empática con la
experiencia inmediata del cliente, un vínculo genuino de aprecio y acepta-
ción del cliente y la colaboración del cliente en el tratamiento. La primera
de ellas subraya el proceso del terapeuta para sintonizar y tomar contacto
con el cliente, la segunda enfatiza la importancia de comunicárselo al cliente
y la tercera acentúa cómo se construye sobre esta base un compromiso
mutuo con el trabajo terapéutico.
·~· '
PRINOPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 131
Principio 1. Armonía empática: contactar y ser armónicamente
empático con el marco de referencia interno del cliente
Comenzamos con la armonía empática porque la consideramos la base
de todo lo que sigue. Específicamente, los otros dos principios de la relación
se construyen sobre la armonía empática. La armonía empática es también
necesaria para llevar a cabo el trabajo terapéutico, especialmente para
facilitar el acceso a los esquemas emocionales subyacentes y al procesamien-
1o vivencia! Óptimo, momento a momento, de los clientes.
Nuestro principio de armonía empática procede directamente de la
1radición terapéutica centrada en el cliente. Nuestro concepto es sinónimo
de lo que Rogers (1957,1975) llamaba comprensión precisa y de lo que
Barrett-Lennard (1981, 1988) llama resonancia empática y de lo que Gendlin
(1968) llama escucha vivencia!. El terapeuta intenta continuamente tomar
contacto y mantener una comprensión auténtica de la experiencia interna
o marco de referencia del cliente. Como Rogers (1959) ha dicho: « .•. ser
cmpático es percibir el marco de referencia interno del otro con exactitud
y con los componentes emocionales y de significado ... como si uno fuera la
persona, pero sin perder jamás la condición de "como si"». La relación
terapéutica comienza con el intento del terapeuta de entrar en el marco de
referencia del cliente, continúa a medida que el terapeuta intenta seguir muy
de cerca los «pasos• del cliente, «siguiendo la pista» de lo que es más
importante para éste a medida que evoluciona a lo largo de la sesión.
Hay que señalar que aquí nos centramos deliberadamente en la armonía
empática del terapeuta, no en la comunicación de esa empatía al cliente (ese
aspecto se trata más adelante, bajo el principio 2). Deseamos subrayar que
el tema esencial aquí es la posición ventajosa que ocupa el terapeuta. El
terapeuta entra en el marco de referencia del cliente, intenta ver el mundo
desde la perspectiva subjetiva de éste, escucha desde el interior como si fuera
el cliente y sigue la pista de su experiencia subjetiva, momento a momento,
a medida que se va desarrollando. Esto es diferente a ocupar una posición
ventajosa de experto o una posición externa realista. No se toma el mensaje
del cliente como algo a evaluar según su verdad, pertinencia o psicopatolo-
gía, como ocurre con frecuencia en los modelos de interpretación de
patrones, de impulsos o de defensas, o de reto de las creencias irracionales.
Desde el punto de vista del terapeuta, la armonía empática es una
experiencia inconfundible, pero difícil de describir. Se puede decir que esta
experiencia interior se da en el siguiente orden (véase Vanaerschot, 1970).
En primer lugar, el terapeuta renuncia o pone a un lado sus ideas o
formulaciones, concebidas previamente, sobre el cliente. En segundo lugar,
entra activamente y toma contacto con el mundo de éste. Tercero, el
terapeuta armoniza con la experiencia del cliente, experimentándola por sí
132 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
mismo. Cuarto, el terapeuta «atrapa» lo que es más esenc,ial, intenso o
conmovedor para el cliente. '
En la armonía empática se intenta responder a la percepción de la
realidad del cliente en ese momento, frente a la propia opinión «objetiva»
o externa de lo que es real. En vez de estar de acuerdo o en desacuerdo, el
terapeuta trata simplemente de sentir la experiencia del cliente. Recibe y
«saborea» las intenciones, sentimientos y percepciones del cliente, desarro-
llando una sensación de cómo es «ser el cliente» en ese momento. Al mismo
tiempo, conserva un sentido de sí mismo, frente a sentirse abrumado o
«fusionado» con la experiencia del diente.
Al poner en práctica el principio de armonía empática, el terapeuta se
armoniza con la experiencia del diente, tomando contacto, en primer lugar,
con la experiencia interna del cliente (entrada empática), luego, centrándose
en lo que es más intenso y, después, siguiendo la pista del desarrollo de la
experiencia del cliente, momento a momento.
Primero, para conseguir esto, el terapeuta comienza cada sesión o tema
entrando empáticamente en el marco de referencia interno del otro. Cuando
empieza una sesión o un nuevo tema, el terapeuta intenta limpiar su mente
de preocupaciones o diagnósticos externos, esperando en un estado de
apertura expectante (renunciando a las ideas preconcebidas) para ver lo que
el cliente trae a la sesión. Con frecuencia, es útil para el terapeuta permitirse
unos minutos de «tiempo de silencio» antes de entrar en la sesión para
fomentar la preparación para esa apertura. El terapeuta puede comenzar
centrándose en la experiencia del cliente, utilizando preguntas tales como:
«¿Sobre qué te gustaría centrarte o hablar?» o «¿Dónde te gustaría comen-
zar?».
Cuando el cliente comienza a hablar, el terapeuta mantiene esta actitud
de apertura, mientras intenta entrar en el mundo del cliente y armonizarse
con los sentimientos de éste. En el mismo sentido, cuando el cliente
introduce un nuevo tema, el terapeuta intenta vaciarse de lo anterior para
lo que vendrá a continuación. Intenta absorber cualquier cosa que el cliente
esté comunicando en cualquier canal, ya que esto fomenta la entrada en el
marco de referencia interno de éste. Por ejemplo, la entrada empática se
facilita en gran medida si se está armonizado con la experiencia no verbal
del cliente.
Segundo, la armonía empática implica seguir la pista de la experiencia
del cliente, momento a momento. La experiencia del cliente se desarrolla
y cambia de un momento a otro a lo largo de una sesión terapéutica,
requiriendo del terapeuta que escuche atentamente y responda a estos
pequeños cambios. Por ejemplo, el terapeuta puede seguir la experiencia del
cliente a medida que éste se mueve desde los recuerdos de rebeldía adoles-
·•·.·
PRINCIPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 133
cente, al miedo al rechazo del padre, a la desilusi6n y frustraci6n consigo
mismo en un momento dado de la sesi6n.
Por último, el terapeuta atiende a lo que, en ese momento, está más vivo
o es más intenso para el cliente. Tiene que seleccionar a qué atender, ya que
lo que los clientes experimentan y lo que dicen acerca de su experiencia es
complejo y continuamente cambiante. Característicamente, este proceso
lle «selección empática» supone armonizar más fuertemente con las partes
del mensaje que parecen vivas o importantes para el cliente, normalmente,
sentimientos, los «límites» de la experiencia y los significados idiosincrási-
cos. Sin embargo, como tratamos más adelante, lo que se selecciona varía
de acuerdo con el tipo de trabajo que se lleve a cabo, por tanto, se trata de
una habilidad difícil de dominar. De todas maneras, el tipo de «línea base»
del terapeuta en el contacto empático va hacia lo que sea más importante,
vivo, poderoso, acentuado o conmovedor para el cliente de un modo
inmediato.
Principio 2. Vínculo terapéutico: comunicar empatía
en una relaci6n auténtica de aprecio
Nuestro segundo principio de tratamiento, el vínculo terapéutico, sigue
a Rogers (1957, 1959, 1961, 1975) en la idea que es de vital importancia para
el terapeuta alentar la relaci6n terapéutica, comunicando al cliente empatía
auténticamente fundamentada y consideraci6n positiva.
Durante el transcurso de la terapia, él terapeuta comunica al cliente la
armonía empática descrita anteriormente, así como la aceptaci6n, tolerancia
y apertura genuinas no intrusivas y, sobre todo, el aprecio o valoraci6n del
cliente y de su experiencia interna. Cuando éste «recibe» (véase Barrett-Len-
nard, 1962, 1986) esta actitud, comienza a interiorizarla reemplazando
gradualmente las condiciones de valía (Rogers, 1959) y autocrftica hostil
(Greenberg, Elliott y Foerster, 1991) por la aceptaci6n y el apoyo de sí
mismo. Así, la relaci6n terapéutica es un elemento curativo clave en un
enfoque vivencia! y procesual, cuya consistencia proporciona las bases para
trabajar en las tareas terapéuticas. Siguiendo esto, el terapeuta responde
desde una actitud interna caracterizada por la empatía y la aceptaci6n/ apre-
cio, ambas genuinamente cimentadas en la experiencia y las creencias del
terapeuta.
Empatía
Además de estar armonizado empáticamente con el cliente (principio 1),
el terapeuta comunica esta comprensi6n al cliente y siempre intenta fomen-
tar una relaci6n en la que éste se sienta profundamente comprendido. El
terapeuta lo hace comunicando regularmente al cliente su comprensi6n de
.
".
134 MANUAL DE TRATAMIENTO' EL ENFOQUE GENERAL
lo que éste está experimentando. La comprensión precisa¡ del terapeuta
supone aceptación y la «presencia» del terapeuta o su i'mplicación se
confirma a través de la empatía comunicada. De hecho, los clientes experi-
mentan la empatía comunicada por el terapeuta como un mensaje de la
relación de apoyo que indica que el terapeuta está «de mi lado» (véase Elliott,
1985).
Además de la respuesta de reflejo tradicional, los terapeutas utilizan una
amplia gama de respuestas para comunicar empatía. Éstas incluyen «canales
de retorno» (asentir con la cabeza, «ajá, ajá», «SÍ») y emparejar o devolver
expresiones faciales no verbales apropiadas; hacer preguntas en el momento
justo; e incluso revelaciones diplomáticas de falta de comprensión (por
ejemplo, «realmente no cogí esa última parte, dijiste algo acerca de que no
te habían valorado ... »). De hecho, a menudo los clientes quedan bastante
satisfechos simplemente con la sensación de que su terapeuta está intentando
comprender, y perciben muchos reflejos imprecisos como empáticos debi-
do a su intento.
El aprecio
Si realmente se capta la sensación de lo que es «ser la otra persona», la
aceptación y la acogida casi siempre vienen automáticamente. El terapeuta
experimenta y comunica cordialidad y aceptación incondicional hacia el
cliente. Se comunica una impresión positiva del cliente como persona
valiosa, cuya valía no depende de la realización de ciertas conductas o de
tener unos sentimientos particulares. El término aprecio (frente a evalua-
ción) (Butler, 1952) parece el más adecuado para esta posición. El terapeuta
aprecia al cliente valorándolo y honrándolo tal como es ahora porque es
un ser humano, no simplemente porque sea divertido, trabajador o sienta
dolor. Cada persona es única e interesante, es alguien en cuyo mundo se
tiene el privilegio de entrar durante un tiempo.
De este modo, además de ser empático, es también esencial que el
terapeuta fomente el vínculo terapéutico desarrollando y comunicando una
sensación de afecto y respeto hacia el cliente. Distinguimos dos aspectos
subordinados en esta actitud: aceptación (incondicionalidad o consistencia)
y afecto (véase Barrett-Lennard, 1962).
Aceptación se refiere a la «línea base» de una actitud de interés, congruen-
te, auténtica y no crítica, y a la tolerancia hacia todos los aspectos del cliente
(Rogers, 1957, 1959). En otras palabras, el aprecio no es contingente a que
se sea un buen cliente. Aceptar al cliente incondicionalmente requiere un
acto de «renunciar» no sólo a las preconcepciones y expectativas respecto
a él, sino también a los valores, preferencias y patrones personales del
terapeuta («condiciones de valía», Rogers, 1959). Mientras que una persona
PRINCIPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 135
<'ll otras situaciones o relaciones puede «precipitarse al juicio crítico», el
1l'rapeuta en esta situación espera con una actitud genuina de interés, sin
ningún tipo de impulso por evaluar. Por ejemplo, el terapeuta acepta el
rl'celo del cliente a implicarse en la exploración de un área particular, su ira,
o su desencanto con el terapeuta.
El acto interno de aceptación consistente por parte del terapeuta se
facilita si se cree que los clientes, como todas las personas, están intrínseca-
mente motivados hacia el afrontamiento, el dominio o el crecimiento. La
.iceptación incondicional es más fácil si se tiene «confianza incondicional»
l'n el potencial humano para la autocomprensión y el cambio (Harman,
1990).
El segundo aspecto del aprecio, la calidez, es un estado más fuerte y
;1ctivo, que el terapeuta puede experimentar, a veces, en terapia. En deter-
minados momentos, el terapeuta experimenta una sensación activa e inme-
diata de cariño, aprecio, de sentirse privilegiado y de valorar al cliente en
un momento dado. La calidez también supone desear lo mejor para el
cliente, o valorarlo, o desearle lo mejor, pero sin sentirse responsable de
.fijar» cómo es el cliente.
Es importante señalar que el aprecio no es lo mismo que ofrecer
promesas tranquilizadoras, aunque puede tener ese efecto en el cliente. El
aprecio rara vez se expresa directamente con palabras, pero puede, no
(>hstante, ser un sentimiento omnipresente en una buena relación vivencial
y procesual. Llega indirectamente y de forma no verbal a través de la voz
(Rice & Kerr, 1986), la manera de estar y, quizás lo más importante, la
consistencia. También pueden ser apropiadas breves reacciones comparti-
das de entusiasmo y cariño; sin embargo, el terapeuta, por lo general, se
abstiene de dar promesas tranquilizadoras directas, ya que éstas se sitúan
fuera de la experiencia del cliente y pueden alzar al terapeuta a la posición
de juez, experto o cuidador, violando la autonomía del cliente.
La autenticidad
Si la empatía y el aprecio comunicados por el terapeuta no se basan en
la comprensión y la preocupación auténtica por el cliente, es muy probable
que sean vistos como falsos y puedan producir desconfianza en el cliente.
Así, el aspecto final del principio del vínculo terapéutico es la autenticidad,
expresada en la idea de que el terapeuta sea apropiadamente congruente,
Íntegro, abierto, «real» o auténtico en la relación. En la literatura se ha
descrito esto también como apertura o congruencia (Rogers, 1961), trans-
parencia Gourard, 1971; Lietaer, 1992), autenticidad (Lietaer, 1991; Trilling,
1972), y el «yo-tÚ» (Buber, 1958). La autenticidad también está relacionada,
' pero no es sinónimo, con las respuestas del terapeuta cuya subtarea es
1
l
136 MANUAL DE IBA T AMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
establecer contacto personal con el cliente (por ejemplo, la autorrevelaci6n).
Seguiremos a Lietaer (en imprenta) en la distinci6n entre dos aspectos de la
autenticidad: la congruencia y la transparencia.
Es importante tener en cuenta que la autenticidad por sí misma no puede
ser «representada». En primer lugar y más importante, la autenticidad
consiste en lo que Rogers (1959) denomina congruencia, esto es, la autocon-
ciencia del terapeuta, su entereza o su integridad (frente a estar reñido con
uno mismo). Esto significa que se está en contacto y se simbolizan con
precisi6n las propias experiencias durante la hora de terapia y, de este modo,
puede interactuar con el cliente desde una base de autoconciencia. La
transparencia es un segundo aspecto, externo, de la autenticidad, que com-
plementa a la congruencia Gourard, 1971; Lietaer, 1991). El terapeuta
transparente está apropiadamente abierto o presente en la relación (frente a
cerrado o reservado). Esto es, responde al cliente tan abierta y espontánea-
mente como sea apropiado o terapéutico.
De acuerdo con esto, la relaci6n terapéutica se concibe como una
relación real y humana en la que el terapeuta evita desempeñar roles o
esconderse detrás del «rol de experto•. Semejante relación auténtica entre
cliente y terapeuta puede, a veces, ser experimentada como «arriesgada» por
ambas partes. Sin embargo, el terapeuta modela y alienta con autenticidad
la apertura y la aceptaci6n del riesgo del cliente y le ayuda a acabar con la
sensación de aislamiento.
La condici6n de autenticidad tiene un impacto directo en sí misma, pero,
en un sentido muy real, hace que las otras dos condiciones sean efectivas. Sin
la autenticidad, la empatía y el aprecio comunicados se percibirían como
manipulaciones falsas o incluso peligrosas. Al mismo tiempo, en aquellas
ocasiones en que se expresa la autenticidad (en forma de transparencia),
siempre se ofrece en el contexto de armonía empática y aprecio del cliente.
Por otro lado, a menudo se asume de forma errónea que el concepto de
autenticidad significa arrojar cualquier cosa que está en la mente, a menudo
de forma inapropiada, cargando al cliente con tener que ocuparse de las
reacciones del terapeuta. Así, no estamos recomendando la apertura impul-
siva del terapeuta, ni «la autorrevelación ilícita» (Goodman & Esterley,
1990), sino que estamos sugiriendo autenticidad facilitadora. Ésta es una
forma de disciplinada espontaneidad, basada en la autoconciencia precisa del
terapeuta de sus más profundos niveles de experiencia y compartida de
manera facilitadora en momentos terapéuticamente oportunos.
Por ejemplo, al encontrar en su interior una creciente sensaci6n de
crítica o irritaci6n hacia la «actitud controladora• del cliente, el terapeuta
no debería revelar impulsivamente estas percepciones o sentimientos. En
la mayoría de los casos, no sería terapéutico revelar esta irritaci6n. Es más,
..
PRINCIPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 137
t;1les sentimientos son casi siempre secundarios frente a sentimientos más
primarios como el desamparo, es decir, no son congruentes internamente.
Por lo tanto, generalmente es más provechoso para el terapeuta dirigir, de
forma disciplinada, la atención interior hacia estos sentimientos (a veces
«ntre sesiones) con el pr9pósito de descubrir los sentimientos subyacentes
( véase Gendlin, 1967). Estos se podrían expresar con transparencia como:
T: Sabes, mientras continuamos, a veces siento que me gustaría encontrar
una manera de ser más Útil para ti, pero a menudo me siento incapaz
de hacerlo, siento que no puedo hacer nada para llegar hasta ti. Me temo
que no te estoy ayudando a explorar más profundamente y me pregunto
'
como .
te sientes.
Aunque la transparencia, el estado comunicado de autenticidad o con-
~ruencia interna, viene típicamente dada por la conducta del terapeuta,
también puede ser comunicada directamente a través de la revelación del
terapeuta, según lo dicho anteriormente. Vale la pena enfatizar que conocer
la propia experiencia esencial y comunicarla al cliente de un modo no
manipulativo requiere disciplina y entrenamiento.
Por último, en tratamientos más complejos, principalmente con perso-
nas con trastornos de personalidad, la relación auténtica se convierte en algo
fundamental. La terapia tiene lugar en el trabajo relacional con las decep-
ciones, la rabia y el dolor del cliente, y en la conciencia constante del
terapeuta de sus sentimientos en la interacción terapéutica. El terapeuta
tiene que ser consciente de cómo le afecta lo que hace el cliente y usarlo
para ayudarle a entender qué está ocurriendo. Además, los terapeutas tienen
que saber cuándo han alcanzado sus propios límites personales y tienen que
ser capaces de comunicar auténticamente estos límites a sus clientes. El
cliente crece al encontrarse con otro ser humano real que se preocupa por
él y que es capaz de estar auténticamente presente.
Principio 3. Colaboración en las tareas: facilitar la implicación
mutua en los objetivos y tareas de la terapia
Siguiendo a Bordin (1979) distinguimos entre vínculo, tarea y objetivo,
aspectos de la relación o alianza terapéutica. Hemos descrito cómo fomenta
el terapeuta un vínculo emocional con el cliente a través de la empatía, el
aprecio y la autenticidad experimentada y comunicada. Sin embargo, una
relación terapéutica efectiva también supone compromiso e implicación de
cliente y terapeuta en los objetivos inmediatos y a largo plazo del tratamien-
to (aspecto de objetivo). Esto implica compromiso con las actividades
terapéuticas específicas llevadas a cabo en las sesiones para realizar estos
objetivos (aspecto de tarea). En esta sección, adoptamos la posición de que
l
'' .,, . " .. ,., .,.
r
138 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
es muy imponante para el terapeuta fomentar los asp~ctos de la relaci6n,
Íl).timamente ligados, tarea y objetivo (aquí combinados bajo el título de
colaboraci6n en la tarea).
Acuerdo en los objetivos
En primer lugar, el terapeuta tiene que establecer un acuerdo sobre los
objetivos generales del tratamiento, aquellos problemas sobre los que el
cliente desea trabajar en la terapia. En este enfoque, el terapeuta trabaja para
comprender la visi6n del cliente de sus objetivos y problemas y acepta los
objetivos del cliente, en lugar de imponerle los suyos.
De este modo, para evitar malentendidos y dar mayor claridad, es
imponante que el terapeuta primero explore y comunique que comprende
los objetivos del cliente. A continuaci6n, acuerda implícita o explícitamente
trabajar con el cliente sobre los problemas presentados; éstos pueden ser
problemas específicos tales como tratar con una falta de resoluci6n o una
decisión sobre una relación, u objetivos generales, tales como sentirse mejor,
estar menos deprimido u obtener una sensación de mayor control de su vida.
A medida que el tratamiento prosigue, el cliente normalmente perfec-
cionará y desarrollará un objetivo panicular, lo que requiere que el terapeuta
esté armonizado con esta evolución natural. El objetivo sobre el que cliente
y terapeuta están trabajando tiene que ajustarse, en todo momento, al estado
actual del cliente o, en caso contrario, el tratamiento fracasará. La panicipa-
ci6n activa del cliente en el tratamiento es el sine qua non del éxito; compren-
der correctamente los objetivos y tareas propuestas por el cliente para ayudar
a la realizaci6n de las mismas es un factor primordial para saber si el
tratamiento tendrá éxito (Bordin, 1979; Horvath & Greenberg, 1986, 1989).
Acuerdo en la tarea global
Debido a que el tratamiento se basa en la tarea global o general de
experimentar y explorar los sentimientos, la terapia s6lo tendrá éxito si los
clientes, al menos provisionalmente, aceptan estas tareas. Aunque estas
tareas sean lo suficientemente generales como para que se llegue a un
acuerdo con la mayoría de clientes, en la práctica, un grupo reducido las
encuentran inaceptables. Esto normalmente ocurre porque se encuentran
a sí mismos incapaces y necesitados de que una autoridad enérgica les guíe
para proporcionarles consejos, autocomprensi6n y apoyo, o porque buscan
intervenciones conductuales específicas.
A cuerdo en la tarea específica
Para que los clientes puedan trabajar en las tareas terapéuticas específicas
ambos deben estar dispuestos y ser capaces de llevar a cabo las distintas
. -·· . " ... ,, ~. . . , -· ·~ .. -
PRINOPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 139
formas de actividad terapéutica o «modos de implicaci6n», tales como
atender y expresar activamente. Por ejemplo, para realizar la tarea terapéu-
tica de resolver una «escisi6n» o conflicto interno, el cliente necesita impli-
carse en la actividad de la tarea de expresar enérgicamente distintos aspectos
parciales del sí mismo. De este modo, el terapeuta informa al cliente de los
trabajos y tareas específicas propuestos para fomentar la colaboraci6n y el
acuerdo de los clientes para implicarse en ellos.
La armonía terapéutica y el vínculo terapéutico contribuyen en gran
medida al establecimiento de las «condiciones de seguridad» que necesitan
los clientes para estar dispuestos a intentar actividades terapéuticas nuevas
e inusuales. Además, debe proporcionarse informaci6n orientadora cuando
sea apropiado o necesario, cuando surjan problemas, ambigüedades o
preguntas durante el curso de la terapia. El terapeuta comparte la informa-
ci6n, cuando es necesario, sobre el argumento o fundamento de actividades
o tareas terapéuticas específicas (por ejemplo, hablarle a una «silla vacía»),
discutiendo y negociando acuerdos en una tarea cuando sea requerido.
Tono colaborador y capacidades del cliente para la tarea
Se necesitan ciertos factores adicionales a los de la relaci6n, relativos a
la tarea, para motivar y capacitar a los clientes para que se impliquen en las
actividades de la terapia. Generalmente, el terapeuta cree en la igualdad de
terapeuta y cliente en la cocreaci6n de la relaci6n terapéutica y actúa de
acuerdo con esta actitud, ayudando a crear una atm6sfera igualitaria y de
colaboraci6n. Típicamente, esta actitud se comunica al usar un estilo
colaborador y no impositivo y al evitar una conducta excesivamente
definitiva o «experta». Esto se produce por la voluntad de considerar
alternativas, de admitir errores o malentendidos y negociar desacuerdos.
Todo esto se hace para fomentar una alianza de coexploraci6n en la cual
ambos participantes trabajan juntos para explorar y promover la reorgani-
zaci6n de la experiencia del cliente. La participaci6n activa del cliente es
esencial.
Además, el terapeuta algunas veces necesita ayudar al cliente a desarro-
llar capacidades de tareas específicas. Como se señal6 en el capitulo 3,
muchos individuos tienen dificultades en c6mo procesan su propia expe-
riencia, particularmente sus sentimientos. Como resultado, algunos clientes
que comienzan el tratamiento serán incapaces de llevar a cabo ciertas
actividades terapéuticas, incluso aunque quieran hacerlo. Por ejemplo,
algunos clientes puede que no sepan que los sentimientos poco claros
pueden clarificarse atendiendo a la sensaci6n sentida internamente, y para
otros expresar conflictos como discusiones entre aspectos de uno mismo
puede ser demasiado embarazoso o provocar ansiedad.
•'.
140 MANUAL DE TRATAM!ENTO, EL ENFOQUE GENERAL
En resumen, los tres principios de relaci6n (a~mdnía empática, vínculo
terapéutico y colaboraci6n en la tarea) proporcionan un modelo de la
relaci6n 6ptima cliente-terapeuta en un enfoque vivencia! y procesual. El
terapeuta comienza por armonizarse con la experiencia inmediata del
cliente, siendo consciente y comunicando una actitud de empatía, acepta-
ci6n, afecto, congruencia y transparencia, actitud que, en sí misma, fomenta
el desarrollo de un vínculo emocional positivo. Para algunos clientes esto
puede ser todo lo que se necesita para producir un beneficio terapéutico.
Más allá de esto, el terapeuta discute también el fundamento del tratamiento
en la medida en que sea necesario y negocia con el cliente para ayudarle a
implicarse en las tareas globales y específicas del tratamiento.
PRINCIPIOS DE LA TAREA•
FACILITAR EL TRABAJO SOBRE TAREAS TERAPÉUTICAS ESPECÍFICAS
Los tres principios de la relaci6n expuestos anteriormente describen el
tipo de relaci6n terapéutica ofrecida en este enfoque. Ahora volvemos a los
tres principios que gobiernan específicamente la búsqueda de las tareas,
teniendo en mente, desde luego, que la finalizaci6n con éxito de las tareas
terapéuticas también contribuye a un desarrollo posterior y a una profun-
dizaci6n en la relaci6n. Los principios de la tarea se basan, generalmente,
en el supuesto de que los seres humanos son organismos activos, intencio-
nados, con una necesidad innata de exploraci6n y dominio de su medio
ambiente (véase capítulo 4). Esto se expresa específicamente en los intentos
por alcanzar objetivos personales y resolver problemas internos. El tera-
peuta se compromete con los clientes para facilitar la resoluci6n de sus
problemas.
Distinguiremos tres principios de tratamiento orientados a la tarea. Es
útil pensar que estos pr~ncipios de tarea proporcionan un grupo total de
tareas para la terapia. Estos son: el terapeuta facilita el procesamiento
vivencia! productivo (principio 4), el terapeuta fomenta el crecimiento y la
autodeterminaci6n del cliente (principio 5) y el terapeuta ayuda a los
clientes a completar las tareas terapéuticas que presentan (principio 6).
Principio 4. Procesamiento vivencia!: facilitar los procesos
óptimos y diferenciales del cliente
Como se señalaba en los capítulos anteriores, es importante implicar al
cliente en un procesamiento vivencia!, en vez de en uno puramente concep-
tual; además, la actuaci6n 6ptima del cliente en la terapia no se limita a un
único tipo de procesamiento vivencia! en la sesi6n. Por lo tanto, al ayudar
PRINCIPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 141
al cliente a trabajar sobre tareas terapéuticas específicas, el terapeuta facilita
la forma de procesamiento vivencia! del cliente que, probablemente, va a
ser más productiva en ese momento y para ese cliente en esa sesión.
En realidad, todo lo que el terapeuta dice se ha basado en el procesa-
miento vivencia! del cliente. Una buena parte de lo que el terapeuta hace
en este enfoque está dirigido directamente a facilitar un procesamiento
vivencia! óptimo para ese momento. Por otro lado, parte de lo que dice el
terapeuta tiene la intención, sólo indirectamente, de facilitar al cliente el
procesamiento vivencia!, ya que su función principal es proporcionar una
relación receptiva, comprensiva y segura.
Hemos delineado cuatro modos diferentes de implicación del cliente
(atender, búsqueda vivencia!, expresión activa y contacto interpersonal) que
son Útiles en distintos contextos dentro de la sesión. El que uno de ellos sea
productivo u Óptimo variará en función de las tareas terapéuticas y podrá
ser facilitado diferencialmente por el terapeuta. Además, en diferentes
momentos, en alguno de estos procesos y más en general, el terapeuta
intentará facilitar diferentes procesos internos del cliente con objeto de
incrementar el procesamiento vivencia! del mismo. Como consecuencia, el
terapeuta usa continuamente «microindicadores» para hacer «diagnósticos
de microprocesos» de lo que probablemente sea Óptimo en determinados
momentos de la terapia. Luego, el terapeuta interviene diferencialmente
para estil)lular mejor el procesamiento vivencia! del cliente.
Dada una armonía empática y un buen vínculo terapéutico y la colabo-
ración en la tarea, el terapeuta tiene varias opciones, disponibles en cualquier
momento, para ayudar al cliente a trabajar óptimamente durante la sesión;
esto incluye ayudar al cliente a dirigir el foco atencional de modos especí-
ficos en momentos particulares, a modular la intensidad afectiva, a explorar
la experiencia de una forma particular y concreta, a apropiarse de la
experiencia, y a simbolizar la experiencia que está teniendo lugar.
De este modo, cuando aparece una oportunidad para explorar interna-
mente, el terapeuta puede facilitar el proceso del cliente sugiriéndole que
centre la atención en un ámbito específico de su experiencia actual, tal como
la sensación corporal, un sentimiento o una necesidad. Esto es particular-
mente apropiado en tareas en las que el modo de implicación atencional es
importante.
En otras ocasiones, cuando un incremento en el nivel de activación del
cliente proporciona material vivo para éste, el terapeuta puede ayudarle a
intensificar, aumentar o evocar lo que experimenta. Esto coincide más con
el modo de implicación de la expresión activa, pero puede ser relevante
también en otras ocasiones. Por otro lado, a veces los sentimientos se
experimentan como agobiantes y el cliente expresa un deseo de apartar estos
142 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
sentimientos. En estos momentos, el terapeuta p11,ede tratar de ayudar al
cliente a regular su nivel de activación (por ejemplo, respirando o •volvien-
do al presente»).
El terapeuta, en otras ocasiones, puede ayudar al cliente a explorar una
experiencia, particularmente en tareas donde el modo de implicación de la
búsqueda vivencia! es esencial. Al promover la exploración, el terapeuta
puede animar al cliente a explorar «los límites» de la experiencia, prestando
atención a lo que el cliente se dirige de forma titubeante, hacia lo que no
está claro, emergente, intenso, idiosincrásico u orientado a las posibilidades
(Bohart y otros, en imprenta; Martin, 1983; Rice, 1974). En ocasiones, el
terapeuta puede trabajar ayudando al cliente a diferenciar la experiencia,
animándole a describir su experiencia con más detalle o a elaborar signifi-
cados implícitos en su experiencia.
Posteriormente, en momentos apropiados, el terapeuta puede ayudar a
los clientes a identificarse con su experiencia y sus procesos internos, ya sea
hablando en primera persona o •convirtiéndose» en algún aspecto de sí
.
mismo.
Finalmente, en algunas ocasiones, es útil que el terapeuta ayude al cliente
a crear significado a partir de la experiencia, a menudo llevándolos de las
experiencias corporales a simbolizar lo que experimentan. Cuando se acerca
el final de la sesión o después de que se ha realizado alguna unidad de trabajo
terapéutico, el terapeuta puede ayudar a que el cliente •procese» cualquier
impacto terapéutico que pueda estar emergiendo, con el objeto de desarro-
llar una •perspectiva de significado» sobre lo que ha sucedido. Esto se hace
preguntando al cliente qué es lo que ha sucedido para él o cómo entiende
lo que ha ocurrido.
Principio 5. Fomentar el crecimiento y la autodeterminación
del cliente (crecimiento/elección)
Trabajando dentro de un marco humanista con raíces existenciales, este
enfoque enfatiza la importancia de la acción interna del cliente. Esto se
manifiesta en las tendencias gemelas hacia el crecimiento/ dominio y auto-
determinación/ elección. Así, el terapeuta enfatiza y valora el potencial del
cliente para el desarrollo y la posesión del sí mismo, por un lado, y para la
libertad, la elección y la interdependencia madura, por otro.
En este enfoque, ayudar a los clientes a darse cuenta de su potencial para
el crecimiento y la autodeterminación es una tarea global del tratamiento.
Es uno de los pocos ejemplos en los que el terapeuta persigue un objetivo
terapéutico que, en ocasiones, puede diferir del objetivo del cliente, por
ejemplo: cuando el cliente trata de conseguir que el terapeuta tome decisiones
por él. Sin embargo, este objetivo o principio no se persigue aisladamente,
PRINCIPIOS PARA UN ENFOQUE VIVENCIAL Y PROCESUAL 143
ni se impone al cliente. Por el contrario, el principio de crecimiento/ elec-
ción se refleja típicamente en la manera en que el terapeuta lleva a cabo otras
tareas o pnnc1p1os.
Como otros principios de tratamiento, el de crecimiento/elección se
hasa en un conjunto de actitudes mantenidas por el terapeuta. Con objeto
de realizar este principio, el terapeuta considera al cliente capaz de creci-
miento, dominio y· afrontamiento positivo activo, poseedor de derechos
genuinos, como verdaderamente libre y el experto en el contenido de su
expenencia.
Estar atento al crecimiento
Un modo que tiene el terapeuta de alentar el crecimiento y la autode-
terminación del cliente es estar cuidadosamente atento y animar la posesión
de «los límites crecientes» del cliente. El método principal para hacer esto
es la «selección empática». Esto es, el terapeuta refleja aspectos de la
experiencia del cliente que implican la experiencia que emerge o la posesión,
fuerzas, progreso o afrontamiento activo, deseo de cambio, dominio o con-
tacto con otros, derechos personales, interdependencia madura y recipro-
cidad, aspectos positivos del sí mismo y planes o proyectos para el futuro.
A veces, el modo de expresión del cliente comunica que éste es un
«nuevo territorio» que posiblemente se está recorriendo de forma titubean-
te por primera vez. En otros momentos, el cliente puede expresar algo
verbal o no verbalmente, pero sin conciencia total de ello. Por ejemplo, el
cliente puede expresar brevemente ira por medio de una expresión facial,
un movimiento de pataleo o una inflexión en la voz. En cualquiera de los
casos, el terapeuta ofrece al cliente una oportunidad para atender a la nueva
experiencia que emerge, animando indirectamente al cliente a «poseerla».
Participación activa y autodeterminación
En nuestro enfoque es fundamental comprometer al cliente en un rol
activo dentro de un proceso de cambio. Un aspecto importante de este
principio y una postura básica del terapeuta es permitir la libertad y elección
del cliente de los objetivos y tareas en la terapia. En ocasiones, el terapeuta
ofrece explícitamente al cliente elecciones sobre lo que sucede en la terapia.
Esto incluye las tareas y temas para cada sesión, si aproximarse o evitar un
tema doloroso particular, si intentar un método particular (por ejemplo,
diálogo de las dos sillas) para trabajar en una tarea e incluso cuándo finalizar
el trabajo. Además, el terapeuta apoya implícitamente la elección del cliente
de distintas formas, tales como: prestar atención cuidadosamente a los
indicadores de la tarea (que son señales indirectas del interés del cliente por
trabajar en tareas particulares dentro de la sesión) y tratar al cliente como
l
144 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
juez final de su experiencia. Debería tenerse en cuenta que el proceso de
elección descrito aquí no es básicamente un próceso intelectual de sopesar
alternativas o un proceso deliberado de obligarse a elegir (véase Yalom,
1980). En el enfoque vivencia!, la elección se considera como el resultado
de una consideración abierta, paciente, intuitiva del alcance de su experien-
cia actual.
Es importante reconocer que incluso, aunque el principio de crecimien-
to/elección es generalmente congruente con la armonía empática y el
vínculo terapéutico, hay situaciones en las que entran en conflicto. Seme-
jante caso podría ocurrir cuando el deseo del terapeuta de fomentar el
crecimiento y la autodeterminación crea el riesgo de malentendidos o de
no aceptación del cliente. La más sorprendente de estas situaciones ocurre
cuando el terapeuta cree que el cliente es libre y capaz de superar sus
dificultades, mientras éste se siente totalmente atrapado e indigno. En esta
situación, el terapeuta intenta equilibrar los dos valores, entendimiento y
· aceptación de la opinión del cliente, mientras revela su creencia personal
sincera de que el cambio es posible.
Principio 6. Condusión de la tarea: facilitar la conclusión
de tareas terapéuticas específicas
Muchas tareas terapéuticas no se terminan, ¡al menos no la primera vez
que se ponen en práctica! Así, el último principio de tratamiento vivencia!
y procesual es ayudar al cliente a finalizar las tareas terapéuticas. Como hay
muchas formas para no finalizar las cosas, el terapeuta necesita estrategias
diferentes para ayudar a resolver las tareas terapéuticas.
En primer lugar, el terapeuta se entrena para pensar en términos de
tareas terapéuticas. La tarea terapéutica es un elemento importante de la
experiencia inmediata del cliente y es vital que el terapeuta siga la tarea del
cliente, mientras progresa y evoluciona. De todos modos, los terapeutas
neófitos frecuentemente están tan atrapados escuchando lo que dice el
cliente y practicando habilidades que ¡«pierden el hilo» de la tarea!
En segundo lugar, cada tarea tiene un grupo único de pasos y escollos.
La resolución con éxito de las tareas terapéuticas implica una secuencia
natural. Sabiendo estos pasos, el terapeuta puede ayudar al cliente a evitar
quedarse atascado o en un «callejón sin salida» y puede facilitarle el movi-
miento hacia el siguiente paso, cuando esté preparado. En los capítulos del
8 al 13 describimos los pasos seguidos por los clientes para resolver con éxito
cada una de las seis diferentes tareas terapéuticas principales. De este modo,
es muy útil que el terapeuta sea capaz de reconocer con exactitud los pasos
dentro de cada tarea, así como las intervenciones terapéuticas que, proba-
blemente, facilitarán el trabajo en cada paso.
.... , . ·.· . . º" ........... ,...,.__,, __ ,. . ,. . •' ... , . .,. "
PRINC!P[OS PARA UN ENFOQUE VNENCIAL Y PROCESUAL 145
En tercer lugar, es importante que el terapeuta desarrolle una actitud
de persistencia paciente y amable cuando trabaje en tareas terapéuticas. El
terapeuta está centrado en la tarea de la sesión, haciendo amablemente que
d cliente vuelva cuando éste se desvía a otros asuntos. El terapeuta también
sabe que, con frecuencia, hay que centrarse varias veces en una tarea para
alcanzar la resolución y que, si la tarea es importante, el cliente la planteará
de nuevo en una sesión posterior.
En cuarto lugar, el terapeuta evalúa cuándo cambiar las tareas o conti-
nuar centrándose en la misma tarea terapéutica. En conjunto, es mejor
minimizar casi todos los tipos de interrupción de la tarea, especialmente la
iniciación de otra tarea. Por otro lado, a veces es Útil animar al cliente a
moverse hacia otra tarea que en ese momento está más viva y que en realidad
es más probable que sea resuelta. En otros momentos, podría ser mejor
regresar a la exploración empática cuando una tarea específica «Se paraliza»
o en ese momento no está viva o no es central.
De este modo, a veces el terapeuta no sabe si quedarse con la tarea
original (conclusión de la tarea) o si cambiar a una tarea nueva aparente-
mente más convincente (procesamiento vivencia!). Si el terapeuta rutinaria-
mente anima a cambiar cada vez que se produce algo nuevo, las sesiones
pueden acabar de un modo disperso y pocas tareas terapéuticas se conclui-
rán. Por otra parte, la adherencia rfgida a una tarea actual es contraprodu-
cente, especialmente en situaciones en las que el cliente no está preparado
para resolverla o en las que una tarea que emerge está claramente más viva
para el cliente. Esto obviamente es un juicio cHnico que requiere sensibili-
dad, experiencia, negociación y, lo más importante, seguir la iniciativa del
cliente.
Por último, es importante mantener un equilibrio entre la centraliza-
ción terapéutica (ejemplificada por el principio de conclusión de la tarea) y
la relación terapéutica. A veces, los esfuerzos del terapeuta para identificar
y persistir en el foco de la tarea, incluso aunque sean amables, pueden ser
sentidos por el cliente como una presión amenazante para permanecer con
experiencias dolorosas o frustrantes. Esto puede crear tensiones en la
relación que requieren esfuerzos para evaluar y reparar un posible daño.
Para anticiparse a esta posibilidad, el terapeuta escucha cuidadosamente y
está preparado para ofrecer al cliente la posibilidad de dar marcha atrás o
cambiar a una tarea diferente. La armonía empática con la experiencia del
cliente es la última guía en tales situaciones.
. -,- ..... •--;-·-~~-~" .,, - ..,_ .._.......,... ·-··-···- . ···~-~-~,_..,.. ................_..
146 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
RESUMEN
En este capÍtulo hemos presentado los seis principios básicos que siguen
los terapeutas que utilizan el enfoque vivencia) y procesual para facilitar el
cambio emocional. Estos principios son la base de las intervenciones
específicas del terapeuta (véase capítulo 7) y las tareas terapéuticas principa-
les (capítulos del 8 al 13). Los principios incluyen tres principios de reJación
(armonía empática, vínculo terapéutico, colaboración en la tarea) y tres
principios de tarea (procesamiento vivencia!, crecimiento/elección y con-
clusión de la tarea). Estos principios no se entienden como absolutos, sino
como un conjunto de valores que deben combinarse y equilibrarse entre sí
en situaciones particulares.
En el próximo capírulo describimos las intenciones fundamentales del
terapeuta y los tipos de respuesta utilizados por éste para comprender los
principios de tratamiento en el enfoque vivencia! y procesual para facilitar
el cambio emocional.
... , ..... ---·.,..,
CAPÍTULO VII
LO QUE HACE EL TERAPEUTA:
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL
En el capítulo anterior tratamos la esencia del enfoque procesual y
vivencia!, aquellos principios que guían al terapeuta. En este capítulo
describimos lo que el terapeuta hace realmente para llevar a cabo esos
principios. Al hacerlo, usaremos el concepto de diferentes intenciones de
respuesta vivencia! básicas para organizar las distintas clases de respuesta del
terapeuta de acuerdo con sus funciones principales en el tratamiento
procesual y vivencia!. Las intenciones de respuesta no son exactamente
iguales a los modos de respuesta (Elliott y otros, 1987); por el contrario,
proporcionan el fundamento de los modos de respuesta y constituyen una
forma más fundamental de describir la conducta del terapeuta (Goodman
y Dooley, 1976; Stiles, 1986). Este capítulo está organizado de acuerdo con
las intenciones de respuesta vivencia!, con los modos de respuesta utilizados
para definir los medios más comunes para llevar a cabo cada intención.
Dividimos las intenciones de respuesta vivencia! en tres grupos: inten-
ciones esenciales, adicionales y amodales (véase tabla 7-1). Estos tres conjun-
tos de intenciones terapéuticas proporcionan un punto de vista inicial
preciso de lo que el terapeuta hace y no hace. En primer lugar, el terapeuta
se sirve de un conjunto de intenciones de respuesta vivencia! especializadas.
Estas «intenciones vivenciales esenciales» incluyen: comprensión empáti-
ca, exploración empática, dirección del proceso y presencia vivencia!.
En segundo lugar, el terapeuta también utiliza en algunas ocasiones
intenciones suplementarias ante el cliente, entre otras: enseñanza vivencia!,
observación del proceso y autorrevelación. En último lugar, el terapeuta
trata de evitar las intenciones amodales de informar, proporcionar solucio-
nes, ofrecer promesas de experto, dirigir el contenido y estar en desacuer-
do/confrontación.
Las intenciones de respuesta vivencia! y los modos de respuesta asociados
describen Únicamente un aspecto de lo que el terapeuta realiza en la terapia.
Es vital que no se pongan en funcionamiento mecánicamente o como sus-
titutos de las actitudes y principios subyacentes descritos en el capítulo
anterior. La tarea global presente en la sesión guía las intenciones y los modos
de respuesta del terapeuta. Además de englobar las intenciones de respuesta
bajo los tres encabezamientos generales, trataremos de describir el modo y
el momento de ponerlos en práctica con mayor éxito.
148 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
TABLA 7-1. Intenciones y modos de respuesta vivencia! del terapeuta.
A. Intenciones vivenciales esenciales
1. Comprensión empática: respuestas cuya intención principal es comunicar la
comprensión de los sentimientos inmediatos del cliente y los significados emo-
cionalmente teñidos:
a) Reflejo empático: reflejos de los sentimientos o los significados del cliente más
importantes, intensos o vívidos (se incluyen aquí los reflejos evocativos o de
crecimiento).
b) Respuestas de seguimiento (Ajá, ajá).
2. Exploración empática: respuestas dirigidas a alentar la exploración del cliente,
mientras se mantiene la armonía empática:
a) Reflejo exploratorio: reflejos evocadores, «que abren límites» y de crecimiento.
b) Pregunta exploratoria: preguntas sobre la experiencia, preguntas de completar
y preguntas de ajuste.
e) Conjetura empática: reflejan tentativamente lo que no ha sido expresado, pero
probablemente se encuentra en la experiencia inmediata del cliente.
3. Dirección del poceso: respuestas cuya intención es dirigir el proceso en la sesión,
esto es, sugerencias de proceso:
a) Sugerencias de atención.
b) Sugerencias de acción.
e) Tareas estructurales.
d) Tareas para casa de toma de conciencia.
4. Presencia vivencial: aspectos estilísticos de la acción del terapeuta que manifiestan
la actitud, el estado o la manera de estar del terapeuta con el cliente:
a) Silencio.
b) Calidad vocal.
e) Comunicación no verbal adecuada.
B. Intenciones vivenciales adicionales
1. Enseñanza vivencia!: respuestas que proporcionan información sobre los proce~
sos o tareas del tratamiento.
2. Observación del proceso: respuestas que señalan la comunicación verbal y no
verbal.
3. Autorrevelación: respuestas que descubren de un modo explícito al terapeuta
frente al cliente:
a) Revelación procesual (respuestas inmediatas que reparan o ponen límites).
b) Revelación personal (facilitador, en respuesta al cliente).
C. Intenciones generales, no vivenciales y amodales
1. Informar: respuestas para decirle al cliente algo nuevo sobre sí mismo o sobre
otros; por ejemplo: interpretación (respuestas de explicación, conexión o modi-
ficación de creencias).
2. Ofrecer soluciones: respuestas para modificar la conducta del cliente; por ejem-
plo: consejos generales (decirle al cliente lo que tiene que hacer fuera de la sesión;
excepto las tareas para casa de toma de conciencia).
" _., ... ~-· ...,, ...... ,,_ .....
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INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 149
3. Ofrecer promesas de experto: respuestas para hacer que el cliente se sienta bien;
por ejemplo: tranquilizar respecto al contenido (elogiar, estar de acuerdo con el
cliente, etc. desde una posición de «experto»).
4. Contenido directivo: respuestas para dirigir el tema de la sesión; por ejemplo:
sugerencias de contenido.
5. Estar en desacuerdo/confrontación: respuestas para diferir del cliente o señalar
las discrepancias.
INTENCIONES ESENCIALES DE RESPUESTA VIVENCIAL
Empezamos con las intenciones vivenciales del terapeuta que son más
congruentes con los principios de tratamiento descritos en el capítulo
anterior. Éstos dan cuenta de la mayor parte de lo que el terapeuta hace en
el enfoque vivencial y procesual. Las principales tareas vivenciales descritas
en los últimos capítulos se construyen sobre estas intenciones y también
son importantes para otras tareas vivenciales (por ejemplo, la creaci6n de
significado; Clarke, 1989, 1991). Las versiones previas de las acciones e
intenciones esenciales del terapeuta se han desarrollado y examinado
(Goldman, 1991; Greenberg y Goldman, 1988). Esta versi6n representa una
descripci6n actualizada de las intenciones y respuestas del terapeuta, desa-
rrollada para los prop6sitos de este libro.
Comprensión empátka
Una intención clave del enfoque procesual y vivencial es la comprensión
empática llevada a cabo por las respuestas del terapeuta que simplemente
intentan comunicar la comprensión del mensaje del cliente. Estas respuestas
incluyen reflejos simples y respuestas relacionadas («ajá») que Car! Rogers
(1951) hizo famosas. Adernás de comunicar empatía, estas respuestas sirven
normalmente para fomentar la relación cliente-terapeuta, para ofrecer apre-
cio y apoyar al cliente (a través de la comprensi6n), y subrayar los temas
emergentes. Así pues, las respuestas lle comprensión empática son los medios
más importantes para que el terapeuta lleve a cabo los principios de la
armonía empática y el vínculo terapéutico, descritos en el capítulo anterior.
En nuestra exposici6n planteamos una distinción entre la comprensión
empática y otra intención de respuesta clave, la de exploración empática,
que puede ser definida como facilitadora de la exploración del cliente dentro
de un marco empático. Las respuestas de exploración empática tratan de
comunicar comprensión y ayudar a los clientes a entrar en su experiencia
de un modo más intenso o avanzar hacia los límites difusos o emergentes
de su experiencia; de este modo, combinan las intenciones de comprensión
150 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
y exploración. Por contra, las respuestas de comprensión empática sólo
tratan de proporcionar al cliente una empatía «sólida•, sin tratar de «\acer»
nada más que comprender.
Comprender frente a informar: reflejo e interpretación
Otra distinción muy importante se produce entre ambos tipos de
intención empática (comprensión empática y exploración empática) y un
tipo de intención amodal muy diferente, informar. Según las respuestas del
terapeuta esta distinción se reduce a la diferencia entre las respuestas que
tradicionalmente se han denominado reflejos y las interpretaciones (Elliott
y otros, 1987).
Así, en el enfoque procesual y vivencia! es esencial que el terapeuta sea
capaz de distinguir entre reflejos e interpretaciones. Cuando el terapeuta
refleja, su intención principal es comunicar comprensión de la experiencia
inmediata del cliente o ayudar al cliente a explorar o ambas. Cuando el
terapeuta interpreta, su intención es «informar• al cliente sobre algo nuevo
sobre el sí mismo, normalmente en forma de explicación motivacional o
conexión entre distintos ámbitos. Por ejemplo, el cliente podría decir:
C: Mi madre tenía la presión alta y problemas de corazón, pero creo que
era una hipocondríaca. Y cuando nos hicimos mayores, ella apenas hacía
nada y nos lo dejaba todo a nosotras. Tenía que hacerlo yo o nadie lo
hacía.
En respuesta, el terapeuta podría reflejar:
T: Ajá. De modo que o lo hacías o no lo hacía nadie, la sensación de «¡tengo
que hacerlo!».
Aquí el terapeuta trata de mostrar comprensión de lo que la cliente sentía.
Por otra parte, una interpretación del mismo contenido podría ser:
T: De modo que quizá esto conecta con el hecho de que te resulte difícil
ahora hacer el trabajo de casa cuando te lo dejan todo a ti, porque te
hace sentir como entonces.
La segunda respuesta pretende arrojar nueva luz, en vez de comunicar
comprensión de la experiencia del cliente, en la creencia de que si el cliente
viera la conexión o el patrón podría llegar a una mayor comprensión de sí
mismo. Esta respuesta no es un reflejo y no es la respuesta apropiada en este
enfoque (véase la exposición sobre respuestas «amodales» en la última parte
del capítulo).
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 151
Las definiciones de reflejo e interpretaci6n y, en particular, la distinci6n
entre los dos tipos de respuestas del terapeuta han sido tema de debate
durante mucho tiempo. Para el prop6sito de este libro y para conseguir
claridad a la hora de describir lo que el terapeuta hace, creemos que es más
útil definir los reflejos como respuestas que tratan de comunicar compren-
si6n de la experiencia inmediata del cliente, y definir las interpretaciones
como respuestas que ofrecen algo nuevo al cliente, fuera de su experiencia
actual o marco de referencia. Esta distinci6n se sostiene, a pesar del hecho
de que las respuestas empáticas, incluyendo el reflejo, suponen un «acto de
interpretaci6n perceptuai» en sentido amplio o hermenéutico de encontrar
el significado del cliente en lo que dice. Por la misma raz6n, las respuestas
del terapeuta de informar o interpretar pueden ser a menudo experimenta-
das por los clientes como empáticas, cuando son percibidas como respuestas
que representan adecuadamente algún aspecto de la experiencia del cliente.
Los modernos terapeutas psicodinámicos, con una orientaci6n interperso-
nal y del sí mismo, pueden ofrecer, de hecho, interpretaciones que se
experimentan como empáticas y pueden también ofrecer reflejos. En
nuestra perspectiva, sin embargo, es cierto que las interpretaciones son a
menudo desautorizantes e incluso algunas veces punitivas o críticas (Piper,
Debanne, Bienvenu, Carufel y Garant, 1986) y que las respuestas empáticas
rara vez se consideran de este modo. Esta es una raz6n más para subrayar
la importancia de la empatía y de las intenciones empáticas en este enfoque
. .
y tratar de mantener, en vez de desdibujar, la distinci6n entre empatía e
.
1nterpretac1on.
Describiremos dos tipos de respuesta de comprensi6n empática: el
reflejo empático y la respuesta de seguimiento:
l. El reflejo empático. Los reflejos empáticos transmiten comprensi6n
y apre;io de una manera 6ptima cuando se centran en los sentimientos,
significados subjetivos y reacciones internas más esenciales, intensos o
vívidos del cliente, por ejemplo:
C: Tuve muchos problemas con mis padres. Eran muy controladores.
Cuando era pequeña mis padres me hacían comer todo lo que había en
el plato, permanecían de pie a mi lado vigilándome y ¡no podía sopor·
tarlo!, me sentía tan desvalida.
T: Que te forzaran así era más de lo que podías aguantar.
Los terapeutas a menudo simplifican en exceso la idea de reflejar
sentimientos, ya que piensan que las respuestas tales como: «realmente estás
enfadada» o «te sientes muy desgraciada», son suficientes. Sin embargo, la
definici6n de Rogers (1959) de experimentar un sentimiento sugiere que
""'""--,,....,.,_ ••·-·~ ... ··~"''""''""""'""'H-·~· '-~,·· _,,,.,,,,,.,, ,,,. "''
152 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
normalmente se necesita algo más: «denota una experiencia teñida emocio-
nalmente, junto a su significado personal. Así incluye la emoción y rambién
el contenido cognitivo o el significado de la emoción en su cbntexto
vivencia!» (pág. 198). Esta definición deja claro que ~l terapeuta no responde
simplemente a «la emoción», sino a toda la experiencia, incluyendo su
significado para el cliente. Un buen reflejo tiene normalmente un matiz
diferente a una respuesta que simplemente repite la emoción. Esto no
supone hacer un resumen largo, sino que sugiere que el terapeuta preste
cuidadosa atención al matiz y al sabor peculiar de la experiencia en particu-
lar, por ejemplo:
C: Y después de burlarse de mí por sentirme satisfecha de cómo lo había
hecho, mi sensación de logro desapareció.
T: La chispa se esfumó y te dejó sintiéndote como si te hubieran robado.
El objetivo es captar lo que realmente supuso para la persona, no
simplemente captar algún tema del proceso disfuncional. El buen reflejo
empático es difícil de dominar. Requiere cuidadosa armonía con la natura-
leza, calidad e intensidad de la siempre cambiante experiencia del cliente.
En cualquier afirmación del cliente hay siempre gran cantidad de cosas que
el terapeuta puede devolverle reflejadas. Esto requiere que el terapeuta use
la «selección empática» para identificar lo que va a reflejar, basándose
normalmente en una sensación intuitiva de los aspectos «nucleares» o más
intensos del mensaje del cliente. Los reflejos empáticos, para llegar a ser
buenos, requieren mucha práctica, escucha atenta y completa absorción en
la sesión.
2. Respuestas de seguimiento. Por otra parte, es importante señalar el
papel de las respuestas de seguimiento, pequeños signos de comprensión,
conocidos también como «reconocimientos», <<animadores mínimos» y
«respuestas de seguimiento». Estas respuestas incluyen:
• Ajá, um.
• Y a veo, entiendo.
• Sí, de acuerdo.
• Asentimientos con la cabeza y sonrisas.
El siguiente ejemplo ilustra el papel de las respuestas de seguimiento y
la reflexión empática:
C: Es como si tuviera una nueva parte en mí, que nunca hubiera aceptado
antes, está empezando a salir. [T: (silenciosamente), sí] Y (JJausa), siento
que tengo miedo, [T: ajá] pero empiezo a dejarlo salir, (silencio) [T: sí]
siento rabia.
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INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 153
T: Sí, estás un poco asustada, pero también sientes rabia.
Las respuestas de seguimiento de este tipo sirven para comunicar, en
gran medida, la comprensión del terapeuta, permitiendo al cliente conti-
nuar y elaborar.
Exploración empática
Én nuestra descripción de lo que el terapeuta hace en el enfoque
procesual y vivencia!, ya hemos distinguido las respuestas de comprensión
empática y de exploración empática. Desde nuestro punto de vista, muchas
respuestas del terapeuta en este tipo de terapia intentan hacer algo más que
comunicar la comprensión del terapeuta y mantener la relación. Estas
respuestas proporcionan un nuevo modo de facilitación del cliente, en el
que la empatía está presente pero acompañada de importantes intenciones
-aquellas que animan al cliente en la autoexploración (el principio de
procesamiento vivencia!) y crean una alianza coexploratoria. Estas respues-
tas clave adoptan diferentes formas, entre otras: reflejo exploratorio, pre-
gunta exploratoria, observación de proceso y conjetura empática, así como
diferentes subtipos en las dos primeras formas.
Reflejos exploratorios
Los reflejos exploratorios se definen como las respuestas del terapeuta
destinadas a crear una situación coexploratoria y a guiar o estimular la
autoexploración del cliente, comunicándole su comprensión de un modo
parcial, tentativo o «en proceso». Se expresan como el propio intento del
terapeuta de seguir al cliente. Estas respuestas se centran a menudo en los
límites, los aspectos emergentes o difusos de la experiencia del cliente y,
como resultado, tienen típicamente una cualidad tentativa, por ejemplo:
T: (Dicho con una calidad interrogante en la voz) No estoy seguro .. ., me da
la impresión de que te sentiste defraudada cuando él dijo eso.
Además de comunicar una comprensión parcial en proceso y estimular
el proceso de exploración, los reflejos exploratorios tienen otros usos
relacionados, expresados por diferentes subtipos íntimamente relacionados
y a veces superpuestos.
En primer lugar, l9s reflejo~:vocativos trat~n de «destapar» el significado
del cliente con un lenguaje fresco, vívidas imagenes, maneras expresivas o
formas tentativas y exploratorias (Rice, 1974; Martin, 1983). Vamos a
considerar, de nuevo, el ejemplo anteriormente utlizado:
C: Mi madre tenía la presión alta y problemas de corazón, pero creo que
era una hipocondríaca. Y cuando nos hicimos mayores, ella apenas hacía
....,..., ~ -, . .- ·~··---·-·••'"'"" ·-·----
154 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
nada y nos lo dejaba todo a nosotras. Tenía que hacerlo yo o nadie lo
,
hac1a. .I
Aqui planteamos diferentes reflejos evocativos para esta respuesta:
T: Casi como si dijera, «¡Oh, mi corazón! - ¡Hazlo tú!» Y tú sintieras ese
tremendo sentido de responsabilidad.
T: Y, de este modo, te trasladaron una pesada carga y todo lo que hiciste
fue apretar los dientes y llevarla.
Además de usar metáforas, estas respuestas se hacen también a veces en
primera persona con el terapeuta hablando como cliente. Así, en respuesta
a una afirmaci6n del cliente de sentirse engañado, el terapeuta podría decir:
T: De modo que es como si quisieras decir: «¡Tú, arpía! ¡no era justo!»
En segundo lugar, un reflejo «de apertura de límites» centra el foco de la
respuesta en el limite abierto o «director» de la experiencia del cliente,
generalmente el aspecto de la experiencia más vivo o intenso en la exposi-
ci6n del cliente. Así pues, al usar los reflejos exploratorios, el terapeuta no
procede a empaquetar la respuesta del cliente para devolvérsela de forma
«acabada• o cerrada; por el contrario, el terapeuta ofrece una respuesta
abierta con un énfasis en el aspecto más intenso, de modo que promueva
una exploraci6n posterior. Las respuestas empáticas cerradas bloquean la
exploraci6n del cliente, como cuando el cliente responde: «SÍ, así fue como
me sentí». Luego espera a que el terapeuta diga algo más. Por ejemplo,
consideremos las respuestas que siguen a la declaraci6n de un cliente:
C: Me gustaría ser capaz de hablar más en clase, realmente me gustaría,
pero cuando pienso en algo que decir, me asusto y me cierro.
Si el reflejo del terapeuta equilibra las dos partes de los sentimientos en
conflicto, tendrá un efecto empaquetador:
T: De modo que realmente quieres hablar en clase, pero al mismo tiempo
tienes demasiado miedo.
En una respuesta de •apertura de límites•, el terapeuta dirige el foco
s6lo a una de las partes. Por ejemplo, la apertura de límites se podría centrar
en el deseo de hablar:
T: Incluso aunque te asuste, me da la impresi6n de que realmente deseas
ser capaz de hablar, poner voz a tus pensamientos.
Otro reflejo exploratorio se podría centrar en el miedo, si éste fuera más
intenso o pareciera estar guiando la experiencia del cliente:
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 155
T: Así, sólo de pensar en hablar, sientes una especie de miedo, una especie
de tensión, no sé, es demasiado arriesgado abrir la boca.
En tercer lugar, los reflejos orientados al crecimiento seleccionan el límite
de crecimiento del cliente o sus nuevas posibilidades y son útiles a la hora
1 de centrar a los clientes en su trayectoria de desarrollo emergente, hasta en
el más mínimo detalle (véase Bohart y otros, 1991). Esto es consecuencia
1
del principio de crecimiento/elección tratado en el capÍtulo 6. El siguiente
ejemplo de un reflejo orientado al crecimiento también es evocativo y deja
un límite abierto:
C: Me siento como si estuviera atrapada en el fondo de un gran pozo
oscuro. Estoy tan sola y atrapada. Lucho por salir, pero no parece que
lo consiga.
T: Es tan oscuro y profundo que es difícil salir, no puedes hacerlo, pero
sigues tratando desesperadamente de salir, de establecer contacto.
Este tipo de respuesta que centra el foco en la sensación de lucha, en
lugar de en la de fracaso, refleja con exactitud que el cliente está más en
contacto con su lucha por sobrevivir que con su fracaso al hacerlo y sirve
como función decisiva para ayudar al cliente a acceder a sus posibilidades
de crecimiento. Se necesita un equilibrio entre las respuestas orientadas
hacia la posibilidad, adecuadamente armonizadas y las que se centran más
en lo que es, en lugar de lo que se siente, pero que todavía no se ha
conseguido. Sin embargo, un aspecto importante del enfoque vivencia! y
procesual es la habilidad para centrarse en un límite abierto.
Pregunta exploratoria
Las preguntas exploratorias de final abierto desempeñan un papel
importante en el enfoque procesual y vivencia!, en el que raramente se hacen
preguntas para una mera recogida de información. Las preguntas explora-
torias, junto a las sugerencias de proceso (descritas a continuación), reflejan
la influencia de la terapia Gestalt en este enfoque. El principal propósito de
las preguntas exploratorias es alentar a la exploración de la experiencia del
cliente.
La forma más importante de pregunta exploratoria es la p,regunta sobre
la experiencia, una indagación acerca de distintos aspectos de la experiencia
presente o pasada del cliente, que incluye:
• Sentimientos emocionales.
• Percepciones de las situaciones.
• Sensaciones corporales.
• Significados.
156 MANUAL DE TRATAMIENT01 EL ENl'OQUE GENERAL
• Anhelos o deseos.
• Intenciones. i,
Las versiones particulares de este tipo de preguntas no deben usarse en
exceso o se convertirían en clichés terapéuticos. Las respuestas tales como:
«¿cómo te hace sentir eso?» son particularmente vulnerables a transformarse
en clichés y pueden incluso estar pidiendo al cliente cierta información que
no está en su conciencia inmediata. Así pues, estas preguntas deben evitarse.
Se pueden usar versiones alternativas de la pregunta sobre la experiencia, o
variaciones de la misma, que incluyen:
T: ¿Qué estás experimentando ahora?
T: ¿De qué te diste cuenta entonces?
T: ¿Qué quieres de ella?
T: ¿Cómo se siente eso?
Otros subtipos diferentes de preguntas exploratorias son las preguntas
de colaboración y las preguntas «de ajuste». En las treguntas de colaboración
el terapeuta se para a mitad de una frase y deja un hueco definido o un límite
abierto para ayudar al cliente a rellenarlo o a elaborarlo. El cliente y el
terapeuta, así pues, colaboran para construir la frase:
C: Hasta esta semana ha estado bien.
T: Y ahora, te sientes...
C: ... Muy tensa por tener que verlo otra vez.
Las preguntas de colaboración son Útiles a la hora de modelar un proceso
de exploración terapéutica conjunto, pero no se debe abusar de ellas.
Las preguntas «de ajuste» (forma breve de «¿se ajusta eso?») buscan la
confirmáción del terapeuta o la afirmación del cliente y son importantes
para ayudar al terapeuta a mantener la capacidad de respuesta y evitar
imponerse al cliente. Aunque se usan con otros tipos de respuesta, las
preguntas de ajuste se combinan más frecuentemente con los reflejos
exploratorios, por ejemplo:
T: (De un modo tentativo) Es como si te preocuparas por estar perdiendo
a un amigo, ¿es así como lo sientes?
o:
T: ¿Casi como un sentimiento «retorcido•? ¿Es así?
Conjetura empática
Otra forma más profunda de respuesta exploratoria empática es la
conjetura empática, en la que el terapeuta adivina empáticamente lo que el
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 157
cliente puede estar sintiendo en ese momento, pero que aún no ha sido
expresado en voz alta. Con frecuencia, pero no siempre, el cliente puede
haber estado expresándolo de un modo no verbal o puede haber estado
haciendo alusión a algo o diciéndolo «entre líneas». Estas respuestas se
refieren a la experiencia interior presente (y no a las causas o patrones
psicogenéticos) y tratan de ayudar a captar la experiencia actual del cliente,
en vez de interpretar una experiencia no reconocida. Tratan de promover
la experiencia del cliente, no de ayudarle a ver algo de una manera diferente.
Sin embargo, ya que son especulativas, el terapeuta las hace de un modo
tentativo, generalmente como un híbrido de reflejo-pregunta, o en combi-
nación con una pregunta de ajuste, alentando al cliente a comprobar la
conjetura empática, frente a lo que él o ella experimenta. Por ejemplo:
•
C: No sé, de algún modo no puedo sacar la energía necesaria para hacerlo,
por tanto lo voy a dejar (suspiros).
T: Me parece oÍr una tristeza real. ¿Es así como te sientes?
Aquí hay otro ejemplo:
C: (Voz temblorosa) No sé si es bueno hablar de ello. No estoy segura.
T: Quizá dé un poco de miedo en este momento.
Dirección del proceso
«Dirección del proceso, no del contenido.» Este simple eslogan resume
nuestra posición sobre el asesoramiento del terapeuta o las respuestas
directivas (por ejemplo, guía, sugerencias). Es «ajeno al modo terapéutico»
decide al diente lo que tiene que hacer para resolver los problemas fuera
de la sesión de terapia, pero es «pertinente con el modo terapéutico»
sugerirle, de forma no impositiva, que intente hacer algunas cosas dentro
de la sesió~ P,ara facilitarle la exploración en el aquí y ahora y la resolución
del problema.
Las respuestas directivas del proceso ofrecen sugerencias dentro de la
sesión sobre el proceso, al seguir el principio del procesamiento vivencia!
(tratado en el capítulo 6). Se corresponden al modo de respuesta, sugerencia
sobre el proceso. El terapeuta trata de facilitar la óptima experiencia del
cliente, casi siempre guiando su atención y acción en la sesión. La intención
de respuesta directiva del proceso incluye el establecimiento o la estructu-
ración de nuevas tareas y las tareas continuas de «control de la puesta en
escena» (por ejemplo, el trabajo en la silla).
Hay que señalar que la manera de estar del terapeuta en las respuestas
directivas del proceso es acogedora, suave y tentativa. Este tipo de respuestas
no incluye la imposición, la presión o la manipulación del cliente. El cliente
158 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
tiene que tener la sensación de que lo que se le sugiere es simplemente algo
que le podría ser Útil en ese momento, pero si no quiere hacerlo, el terapeuta
lo aceptará de buen grado. Además, las respuestas directivas del proceso
sólo se hacen cuaRdo son verdaderamente apropiadas para la tarea presente
y para el nivel de seguridad percibida del cliente con el terapeuta.
Las sugerencias de atención dirigen al cliente a atender a algunos aspectos
de su experiencia actual, por ejemplo:
T: Trata de quedarte un poco más con ese fuerte sentimiento.
T: ¿Puedes prestar atención a tu respiración mientras me lo cuentas?
T: Dirige tu atenci6n hacia tu interior y mira a ver lo que descubres.
Las sugerencias de acción, por otra parte, buscan la facilitación de la
experienCia productiva del cliente dirigiéndolo a llevar a cabo acciones
específicas en la sesi6n. Las más corrientes son:
• Representar un aspecto del sí mismo.
• Experimentar algo en una representación.
• Llevar a cabo algún tipo de acción mental como hacerse a sí mismo
una pregunta, esperar pacientemente a que surja un sentimiento o
rechazar una experiencia que es demasiado dolorosa.
Por ejemplo:
T: Cambia de silla y dile a ella cómo reaccionas a sus críticas.
T: A continuación, tómate un minuto y pregúntate: «¿a qué se refiere este
sentimiento?».
La tareas de estructuración son otra forma de respuesta directiva del
proceso en la que el terapeuta sugiere o establece un experimento en la
sesión que a menudo se acompaña de una explicación de lo que es y de cómo
funciona.
T: De acuerdo, te sugiero que pongamos estas dos partes en dos sillas
diferentes. Supongo que nunca te has dedicado a cambiar de una silla a
otra y te puedes sentir un poco cortada, pero vamos a intentarlo y a ver
cómo sale. ¿Vale?
Las tareas de toma de conciencia son una variante de la sugerencia de
proceso en las que el terapeuta sugiere un método para llevar a cabo el
proceso terapéutico más allá de los límites de la sesión. De este modo, el
terapeuta puede sugerir que el cliente atienda a ciertos tipos de experiencia
fuera de la sesión. Por ejemplo, si el tema de la sesión ha sido cómo se critica
un cliente a sí mismo, el terapeuta podría decir al final de la sesión:
r INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 159
T: Durante la semana sería útil que te dieras cuenta de cómo y cuándo te
lo haces a ti mismo.
Es importante señalar que las tareas de toma de conciencia no intentan
dar «respuestas» a los problemas del cliente Qo cual violaría el principio de
crecimiento/elección), sino que sólo intentan trasladar el proceso terapéu-
tico más allá de los límites de la sesión.
Presencia vivencia!
Como hemos tratado de señalar, lo que es importante no es solamente
lo que hace el terapeuta, sino cómo lo hace. Además de describir las
intenciones y los modos de respuesta, la forma y el estilo son también un
aspecto importante de lo que hace el terapeuta. Hemos, pues, subrayado la
importancia de una manera de estar del terapeuta de verdadera paciencia,
acogida, suavidad e implicación. Al ayudar al cliente a continuar con el
«trabajo» de la terapia, las actitudes relacionales que contribuyen al fomento
del vínculo terapéutico (principio 2) se comunican a través de la «presencia»
o forma de estar del terapeuta con el cliente. Esta •presencia vivencia!» se
puede describir concretamente en términos de conductas paralingüísticas y
no verbales, que incluyen el silencio, la calidad vocal y la postura y la
expresión adecuadas.
Silencio
Dado que el silencio parece facilitar la exploración interna y la emer-
gencia de nueva experiencia (Gendlin, 1981; Goodman y Esterly, 1990), éste
desempeña un importante papel en este enfoque. Sin embargo, una vez más,
la actitud es más importante que la acción: la actitud del terapeuta de
paciencia y respeto por los procesos internos del cliente es más vital que la
conducta de permitir que se produzca el silencio. De este modo, el terapeuta
espera a que el cliente finalice lo que está tratando de decir y evita
interrumpirle o hablar demasiado. Al mismo tiempo, el terapeuta no
impone el silencio a un cliente que se siente incómodo y se fija en las
reacciones del cliente ante el silencio y en el uso que hace de él.
La calidad vocal es otro aspecto importante de la presencia vivencia! del
terapeuta, especialmente por estar Íntimamente relacionada con la propia
experiencia inmediata de éste y con su actitud hacia el cliente y comunica
gran parte del aprecio, empatía y autenticidad del terapeuta con el cliente
(Rice y Kerr, 1986). En realidad, los terapeutas pueden usar su propia
calidad vocal como indicador inmediato de su actitud hacia el cliente. Por
ejemplo, cuando un terapeuta se da cuenta de que está hablando en un tono
«definido» o •prefigurado» (por ejemplo, sermoneando), significa proba-
..
··- , , ,,. '• ...,,.,.,,,,.. '. " .. .. ...,....,.'
...,..,.- ,.,_ ~ "~' ...,.., ~· ....,..,..,.. ~,:
160 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
blemente que ha abandonado una postura auténtica de empatía, aprecio o
colaboración. \
Por otra parte, puede ser productivo para el terapeuta intentar desarro-
llar en sí mismo la actitud que acompaña a un tono de exploración irregular,
internamente centrado, o a un tono suavizado o «de aprecio» que transmite
acogida, amabilidad y cariño. El último, un tono de aprecio, es muy impor-
tante cuando el terapeuta sugiere ejercicios o cuando surge alguna experien-
cia nueva o dolorosa del cliente. Por último, el terapeuta debería recordar
que la calidad vocal no se puede «fingir»; en realidad, los terapeutas que
tratan de «adoptar» un tono de aprecio pueden terminar sonando distantes
o desinteresados (Rice y Kerr, 1986). La calidad vocal del terapeuta tiene
que ser considerada como la expresión genuina de la experiencia inmediata
de la relación por parte del terapeuta.
Conducta no verbal
Además de la calidad vocal, también son importantes otros aspectos de
la conducta no verbal del terapeuta, como la postura y la distancia físicas
apropiadas, los gestos al hablar, el contacto visual o la mirada y la expresión
facial. Éstos pueden tomar formas variadas, en diferentes momentos de la
terapia. Por ejemplo, el terapeuta se sienta dpicamente de un modo cómodo
y natural, lo cual indica una implicación auténtica con el cliente, y gesticula
con espontaneidad mientras habla. Establece un contacto visual apropiado
con el cliente para comunicarle interés e implicación auténtica, pero no lo
mira fijamente, ni se entromete cuando su atención está centrada en su
interior. El terapeuta también se permite expresar auténtico interés, cariño
o sorpresa, por medio de su expresión facial y se ríe con el cliente.
INTENCIONES VIVENCIALES ADICIONALES
En el enfoque vivencia! y procesual, se utilizan también otras intencio-
nes de respuesta vivencia!, tales como: la enseñanza vivencia!, la observación
' ,
del proceso y la autorrevelacion. Estas son menos frecuentes que las
intenciones vivenciales esenciales descritas en la sección anterior y se
limitan, en general, a contextos o tareas terapéuticos, en los que se usan para
apoyar uno o más principios de tratamiento.
Enseñanza vivencia!
La intención vivencia! adicional más importante es la de proporcionar
al cliente información general acerca del tratamiento y la naturaleza del
proceso vivencia! (por ejemplo, la importancia de los sentimientos explo-
' -. ~ .' . ., .. ,., ....
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 161
ratorios). Las respuestas de enseñanza vivencia! s6lo ocurren en uno o dos
contextos específicos: primero, pueden ser usados al tratar el fundamento
o el proceso del tratamiento, o cuando se presenta una nueva tarea terapéu-
tica al cliente, por ejemplo:
T: En nuestro trabajo en común, he tratado de entender lo que sientes y
de hacer sugerencias para ayudarte a explorar tus sentimientos.
T: Es Útil intentar escuchar dentro de ti lo que estás experimentando en
este momento y hablar desde ese sentimiento.
T: Me da la impresi6n de que estás experimentando una especie de lucha
entre dos partes diferentes de ti. El prop6sito de poner las dos partes en
sillas diferentes es sacar a la luz ese diálogo interior.
En segundo lugar, la enseñanza vivencia! se puede usar cuando hay algún
tipo de interrupci6n en el aspecto de la tarea de la alianza (principio 3). Esto
podría llevar consigo quejas del cliente respecto al proceso o dificultades
para llevar a cabo las tareas terapéuticas. Por ejemplo, si un cliente se queja
de que el terapeuta no le da consejos, el terapeuta podría decir:
T: Entiendo que es difícil aceptar que no te diga lo que tienes que hacer,
pero creo que no hay ningún modo de que sepa cuál es la mejor soluci6n
para ti. Me gustaría ayudarte a encontrar tu propia respuesta al proble-
ma.
Como vemos, la enseñanza vivencia! se combina mejor con la revelaci6n
(véase más adelante) y la empatía. El terapeuta tiene que cuidarse de evitar
usar un tono aleccionador o crítico.
Observación del proceso
Los terapeutas en el enfoque procesual y vivencia! tienen que estar
armonizados de un modo particular con la expresi6n verbal y no verbal del
cliente. Los comentarios breves no confrontadores, que reclaman la aten-
ci6n del cliente, pueden facilitar la toma de conciencia y la exploraci6n de
aspectos hasta ahora no mencionados de la experiencia del cliente y los
esquemas de emoci6n tácitos. _De este modo, el terapeuta puede tomar nota
de la expresi6n facial, los movimientos corporales, la calidad vocal o el
estilo, a la hora de hablar durante la sesi6n:
T: Me he dado cuenta de que estás moviendo la pierna en este momento.
T: Cuando dices eso, pones una expresi6n de dolor en tu cara.
T: Mientras hablas, da la impresi6n de que tu atenci6n se centra en los
otros, en vez de en ti.
",. -o
162 MANUAL DE TRATAMIENTO: EL ENFOQUE GENERAL
Estas respuestas se acompañan a menudo de una sugerencia de proceso
para atender o hacer algo con lo que se ha observado.' Es muy importante
que estas respuestas se hagan de una manera cálida, Ao
crítica, sin dar la
sensación de « estar atacando» o tratando de «atrapar» al cliente en «escisio-
nes» conscientes o inconscientes. De igual modo, las observaciones del
proceso no se utilizan para señalar las discrepancias o las contradicciones
entre la expresión verbal y no verbal.
Autorrevelación
Un último tipo de intención vivencia! suplementaria es la autorrevela-
ción que incluye normalmente el modo de respuesta de autorrevelación del
terapeuta. Para seguir con la noción de autenticidad o transparencia (descri-
to bajo el principio de vínculo terapéutico), las respuestas de autorrevela-
ción se usan principalmente para mantener una relación auténtica en la que
el terapeuta se encuentra con el cliente como ser humano en la forma en la
que siente que es importante para que éste crezca. Al hacer esto, el terapeuta
puede compartir, o bien una experiencia inmediata dentro de la sesión
(revelación del proceso), o bien un hecho más general acerca de sí mismo
(revelación personal).
Revelación del proceso
Consiste en que el terapeuta revele sus reacciones, intenciones o limita-
ciones inmediatas aquí y ahora. Estas respuestas se usan principalmente para
centrarse en la relación entre cliente y terapeuta y revisar lo que está
ocurriendo en la relación o aclarar malentendidos. Las revelaciones del
proceso transmiten una sensación de presencia o inmediatez. Por ejemplo,
el terapeuta puede compartir sus respuestas internas frente al proceso inme-
diato del aquí y ahora entre cliente y terapeuta cuando sea apropiado y
facilitador, por ejemplo:
T: Cuando escucho lo que me cuentas, me conmuevo hasta las lágrimas.
Las revelaciones del proceso pueden ser usadas para hacer que los
clientes sepan cuáles son los límites o limitaciones del terapeuta, en especial
cuando algo está interfiriendo o pudiera interferir con la habilidad del
terapeuta para centrar la atención terapéutica en el cliente:
T: Creo que debería decirte que no me siento demasiado bien hoy. Tengo
un catarro y me siento un poco cansado.
T: Creo que no te entendí muy bien, ¿me lo podrías repetir otra vez para
ver si lo entiendo?
T: Lo siento, no me hallo cómodo encontrándome contigo socialmente
fuera de la terapia.
INTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 163
Revelaciones personales
El terapeuta a veces puede revelar informaci6n personal referente a su
experiencia fuera dela sesi6n~ de terapia. Estas respuestas son muy infre-
cuentes, ya que se corre el riesgo de distraer al cliente de su propia
experimentaci6n. Así, las revelaciones personales s6lo se hacen cuando son
susceptibles de facilitar la tarea del cliente, así como cuando son necesarias
para apoyar el vínculo terapéutico. Un ejemplo de esta situación sería
cuando el cliente pide información personal, por ejemplo:
C: ¿Tienes hijos?
T: Sí, tengo uno de tres años.
En este caso, si se negara a responder una pregunta apropiada, el
terapeuta podría transmitir falta de autenticidad (vínculo terapéutico) y
desalentar la apertura del cliente (colaboración en la tarea).
INTENCIONES NO VIVENCIALES GENERALMENTE ·AMODALES•
Las intenciones de respuesta no vivencia! o «amada!» han de evitarse en
caso de que el terapeuta esté trabajando de un modo vivencia!. Estas
intenciones de respuesta son amodales porque violan los principios básicos
que guían el tratamiento, en particular la armonía empática y de crecimien-
to/elección.
Informar
Como ya hemos señalado, las interpretaciones del terapeuta, tal y como
vienen definidas en la literatura (Brenner, 1976), tratan de dar al cliente
nueva información o una evaluaci6n experta acerca de sí mismo. No se trata
de que las interpretaciones estén «mal»; por el contrario, simplemente no
están en la línea de los principios subyacentes, las tareas y procesos del
enfoque de la terapia vivencia! y procesual. Las interpretaciones violan el
principio de crecimiento/elecci6n porque establecen al terapeuta como un
experto en la experiencia del cliente y se corre el riesgo de desautorizar al
cliente. Las interpretaciones, en particular las guiadas teóricamente, que
unen dos ámbitos diferentes de la vida del cliente, van también contra los
principios de armonía empática y de procesamiento vivencia!: están fuera
del marco de referencia del cliente en ese momento y pueden distraerlo del
procesamiento vivencia! y animarlo a que se traslade a un procesamiento
puramente conceptual (por ejemplo, intelectualizar).
Cuando los terapeutas que tienen una formación psicodinámica empie-
zan a usar este enfoque vivencia! y procesual, se encuentran en ocasiones
....... ·----··· .... ,.,~ ' .... -·~· ,,···~···~··-~·~·,···~-· . ~
164 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
con problemas a la hora de dar interpretaciones. Uno de los autores (RE)
consiguió superar este proceso de «deshabituaci9n• observando que, por
muy brillante que le resultara a él una interpretación, siempre resultaría
inferior a que el propio cliente llegue a su autoconocimiento idiosincrásico.
Dar soluciones al cliente, ofreciéndole consejo con respecto a sus pro-
blemas, es también «amodal», en el mismo sentido en que lo era informar
por medio de interpretaciones. Ambas respuestas colocan al terapeuta como
experto y se corre el riesgo de desautorizar al cliente; además, los consejos
del terapeuta animan a una solución conductista del problema en detrimen-
to de una exploración vivencia!. Aunque se pueden usar tareas para casa,
éstas tienen que estar siempre orientadas al descubrimiento y a la toma de
conciencia. El objetivo de tales tareas es ayudar a que el cliente sea consciente
de su experiencia y no a que directamente cambie su conducta.
A veces es difícil que los terapeutas con experiencia previa en tratamien-
tos cognitivos o conductuales se aparten de la tendencia de ofrecer solucio-
nes por medio de consejos.
Contenido directivo. Indicar al cliente el tema del que tiene que hablar
en la sesión es también «amodal» y va en contra del principio de crecimien-
to/elección. Como señalamos anteriormente, el terapeuta puede y, a me-
nudo, dirige el proceso (cómo explorar), pero no dirige el contenido o tema
(lo que se explora) de un modo deliberado.
Ofrecer promesas tranquilizadoras de experto
Ofrecer promesas tranquilizadoras es una intención de respuesta «par-
cialmente amodal». En otras palabras, el terapeuta evita las respuestas que
tienen como intención tranquilizar al cliente de modo directo y como un
«experto•. Esto incluye el elogiar o «dar ánimos» al cliente, minimizar los
problemas, predecir resultados positivos o atribuir al cliente características
positivas (por ejemplo: «Eres una persona inteligente con una bonita
sonrisa•). Este tipo de respuestas de contenido tranquilizador pueden dar la
impresión de que apoyan el principio de vínculo terapéutico, pero son
«amodales», ya que el terapeuta se encuentra en una posición de «evaluador»
experto y transmisor de un ambiente de apoyo (violando el principio de
crecimiento/elección) y, normalmente, interfiere en la exploración del
cliente (violando el principio de procesamiento vivencia!).
Por otra parte, el terapeuta ofrece al cliente apoyo indirecto por medio
del •proceso de tranquilización» inherente a las respuestas de comprensión
empática y a la presencia vivencia! de apoyo y valoración. Además, en
ocasiones, puede usar la revelación personal auténticamente sentida para
ofrecer apoyo personal:
... '',' ...,.,.... "' ,... \ .. "". ...,.,,...... -· .... ,.... -~· --·~,- ....
rNTENCIONES Y MODOS DE RESPUESTA VIVENCIAL 165
T: Me siento conmovido por lo que has explorado hoy.
T: Me alegro por ti y estoy entusiasmado por ese «nuevo yo».
Sin embargo, es importante que esas respuestas se compartan como
experiencias personales del terapeuta y no como evaluaciones expertas.
Las respuestas de estar en desacuerdo/confrontación suponen una reac-
ci6n negativa ante el cliente e incluyen negar, discrepar, señalar contradic-
ciones, culpar y criticar al cliente. Tiene que quedar muy claro que tales
respuestas van virtualmente en contra de todos los principios del tratamien-
to en este enfoque y se deben evitar a toda costa.
Ser vivencia/mente «amodal»
Aunque las respuestas anteriores son generalmente «amodales» para este
enfoque, se producen condiciones en las que es aconsejable que el terapeuta
se comporte de manera •amodal» durante un breve espacio de tiempo. Se
incluyen aquí situaciones en las que sea necesario clínicamente su utilizaci6n
(por ejemplo, con personas que padecen tendencias suicidas cr6nicas) o
cuando una interpretaci6n o consejo potencial está produciendo interferen-
cias en la concentraci6n del terapeuta. En tales situaciones, el terapeuta
puede dar una respuesta de revelaci6n del proceso, es decir, desde su punto
de vista, diciendo algo como: •me pregunto si eso tiene alguna conexi6n
con ... ». El terapeuta la transmite brevemente, sin elaborarla o repetirla, o
tratando de informar o aconsejar al cliente. Luego, el terapeuta vuelve a la
tarea principal, que consiste en promover la experimentaci6n y exploraci6n
de lo más sobresaliente para el cliente. Las respuestas •amodales» se evitan
claramente cuando sea posible y deben ser emitidas de tal manera que
minimicen la ruptura del proceso terapéutico y que sean evaluadas por su
impacto en el cliente.
RESUMEN
En este capítulo hemos descrito el conjunto de intenciones de respuesta
y los tipos asociados de respuesta del terapeuta que se producen en el
enfoque vivencia! y procesual, centrando nuestra atenci6n principalmente
en las intenciones vivenciales esenciales, que consisten en la comprensi6n
empática, la exploraci6n empática, la direcci6n del proceso y la presencia
vivencia!. Estas intenciones de respuesta expresan la naturaleza dual de la
terapia que oscila entre la relación cliente-terapeuta y el trabajo terapéutico.
Por otra parte, la comprensi6n empática y la presencia vivencia! apoyan,
en primer lugar, la relaci6n, mientras que la direcci6n del proceso apoya,
··.---·····-;· .. ,. '
166 MANUAL DE TRATAMIENTO, EL ENFOQUE GENERAL
principalmente, el trabajo terapéutico. Por último, la exploraci6n empática,
tal vez la intenci6n de respuesta más característica del tratamiento, trata de
fundir la relaci6n y el trabajo en una intenci6n de respuesta.
Las intenciones esenciales del terapeuta proporcionan los bloques con
los que construir las operaciones del terapeuta que se describirán en los
siguientes capítulos, que tratan de las tareas terapéuticas específicas. Se
puede utilizar también un conjunto de intenciones de respuestas adicionales
que incluyen: la enseñanza vivencia!, la observaci6n del proceso y la
autorrevelaci6n. Éstas desempeñan un papel más limitado y se utilizan
normalmente para subsanar dificultades que surgen en el proceso o en la
relaci6n terapéuticos. Por último, se insiste en que los terapeutas deben
evitar las intenciones y respuestas amodales tales como: informar (interpre-
taci6n), dar soluciones (consejos generales), contenido directivo, ofrecer
promesas tranquilizadoras de experto (tranquilizar acerca del contenido) y
estar en desacuerdo/ confrontaci6n.
SEGUNDA SECCIÓN
LAS TAREAS DEL TRATAMIENTO
En los siguientes capítulos presentamos los manuales de cada una de las
seis tareas terapéuticas específicas del enfoque vivencia! y procesual para
facilitar el cambio emocional. En la tabla de la página 169 se resumen los
indicadores de la tarea, las operaciones terapéuticas y los estados finales del
cliente. Cada uno de estos capítulos es independiente e incluye una descrip-
ción teórica de lo que hay que cambiar, de la estrategia de intervención de
la tarea, del proceso de cambio del cliente en la tarea y de las operaciones
del terapeuta, momento a momento, en la estrategia de intervención.
Es importante señalar que no se trabaja en estas tareas, por lo general,
hasta la tercera sesión y sólo se hace cuando se ha establecido una alianza
inicial. Además, la implicación en todas estas tareas se hace únicamente en
el contexto de la relación empática descrita en los capítulos anteriores. De
este modo, se puede considerar que las primeras sesiones, así como los
comienzos de cada sesión, suponen una tarea de tratamiento genérica, la de
la armonización empática y la exploración de sentimientos. Esta tarea
general se describe brevemente a continuación.
ARMONIZACIÓN Y EXPLORACIÓN EMPÁTJCAS
El terapeuta comienza el tratamiento introduciéndose en el marco
interno de referencia del cliente y escuchándole. El terapeuta experimenta
la comprensión empática y la comunica al cliente. En este proceso, el
terapeuta intenta continuamente entender y responder a las percepciones
del cliente de la realidad interna y externa en ese momento, sin imponer
ningún punto de vista externo a esa realidad. Es importante señalar que éste
es un proceso continuo de responder activamente, frente a escuchar durante
largos periodos de tiempo y ofrecer después una especie de resumen Único
de comprensión. Esta manera de responder de modo continuo crea y
transmite interés e implicación profunda y ofrece apoyo, momento a
momento, para la exploración.
~'T'·...-,"·-·····--····"-"'"'"'"' ....,. , ....... - •....,.,,., .. , ,. ···--.,·~· .. ,-~· .. ,..,.. ,..... ,~.--, ......
,,~->o•'"' .. _........
168 LAS TAREAS DEL TRATA MIENTO
El terapeuta en ningún momento se muestra en acuerdo o desacuerdo
con los puntos de vista del cliente, sino que intenta sentir cuáles son. El
terapeuta atiende al mensaje que el cliente le intenta comunichr, escucha lo
que se dice en vez de lo que no se dice, y no intenta sacar conclusiones o
imágenes del cliente a partir de lo que dice. La intenci6n del terapeuta es
comunicar comprensi6n, no ofrecer un insight de algo de lo que no se es
consciente. El terapeuta, de este modo, se implica en un esfuerzo activo por
comprender la experiencia del cliente, en lugar de en un proceso de escucha
pasivo. La comprensi6n empática no es simplemente un proceso de estable-
cer un buen rapport, ni un proceso de escucha amistosa. Esto se hace en la
mayoría de los enfoques terapéuticos y, con frecuencia, se etiqueta incorrec-
tamente como ser empático. Por el contrario, al ser empático el terapeuta
realmente intenta sentir lo que el cliente está diciendo, hacerlo suyo y
«saborear» c6mo es ser el cliente en ese momento. Entonces el terapeuta le
comunica esta comprensión y le pide que vea si se ajusta a su experiencia.
El cliente, a continuaci6n, corrige y amplía las percepciones del terapeuta
y, así, el ciclo comienza de nuevo con el terapeuta intentando sentirlo. El
nivel de inferencia del terapeuta de lo que significa la experiencia del cliente
se mantiene bajo, aunque el foco del terapeuta es por necesidad selectivo y
atiende a aquello que es más vivo e intenso en la expresi6n del cliente.
Se ha escrito mucho sobre las habilidades de respuesta empática y en
lugar de repetirlo, referimos al lector a las fuentes originales (Rogers, 1951,
1961; Gendlin, 1968, 1974; Rice, 1974) y al material disponible sobre
entrenamiento en estas habilidades (Martin, 1983). Sin embargo, deseamos
enfatizar aquí la distinci6n entre las habilidades de comprensi6n empática
y las de exploraci6n empática (Rice, 1983). Las respuestas de comprensi6n
acentúan la transmisi6n de comprensi6n y sirven para mantener la seguri-
dad y una atmósfera propicia para la exploraci6n. Las respuestas explora-
torias, además de comunicar comprensión, sitúan selectivamente el centro
de atenci6n en el aspecto más fresco, vivo y central de la comunicaci6n del
cliente sobre su experiencia actual, y así favorecen la exploraci6n de lo que
todavía no está claro o es más novedoso. En este tipo de respuesta no se
reflejan los significados/ sentimientos del cliente como un producto final,
sino como una exploración abierta de lo que el cliente puede estar sintiendo.
Así pues, hay dos formas diferentes de seguir al cliente empáticamente,
una que transmite lo que se ha captado del significado emocional del cliente,
mientras que la otra empuja hacia una operaci6n posterior. Esto se comu-
nica no sólo por medio del contenido, sino también por la calidad vocal y
el modo de expresión. Así, una respuesta de comprensión empática trans-
mite una calidad de •de modo que eso es lo que es» o «sé a lo que te refieres»;
sin embargo, en una respuesta de exploración empática hay, a menudo, una
-- ·--.-. ,-.. -.
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.'' 1 •••• ,•••••• , - . , , • • . - , , , _ . , , • • • •, 'º'. ' ~"~ .. ,__ ,,
LASTAREASDELTRATAMIENTO 169
Tabla de indicador, operación y estado final.
Capítulo Indicador Operación Estado final
8 Reacción problemática Despliegue Nueva visión del
(problema de evocador funcionamiento del
autocomprensión).
. ' .
s1stemat1co. sí-mismo-en-el-mundo.
9 Sentido poco claro o Enfoque vivencial. Simbolización del
ausente. sentido; procesamiento
produciivo vivencial.
10 Escisión autoevaluadora Diálogo de las Autoaceptación,
(autocrítica, estar dos sillas. . .'
1ntegrac1on.
atormentado).
11 Escisión autointerruptora Representación Autoexpresión,
(sentimiento de bloqueo, de las dos sillas. . .'
autonzac1on.
resignación).
12 Asuntos inacabados Trabajo con la Perdonar al otro o
(sentimiento desagradable silla vacía. entenderlo, afirmar al sí
persistente hacia un otro mismo separado.
específico).
13 Vulnerabilidad (emoci6n Afirmación Autoafirmación
' .
dolorosa relacionada con empat1ca. {sentirse comprendido,
el sí mismo). esperanzado y
fortalecido).
cualidad tentativa que transmite un «no estoy seguro, ¿es esto lo que es?».
En ocasiones, esto incluso se puede concebir como una no comprensión
empática en la que se intenta entender lo que aún no está claro, frente a
transmitir lo que se entiende.
Las respuestas de comprensión empática son la forma más importante
que tiene el terapeuta para crear un clima de aceptación empática. Así, se
comunica a los clientes que se les valora por ser quienes son y esto les ayuda
a experimentarse a sí mismos como valiosos. Aceptan sus propios senti-
mient_os, ~onfían en su experiencia y se sienten confirmados en su propia
expenenc1a.
Las respuestas de exploración empática facilitan la implicación en la
exploración diferencial productiva. Las respuestas exploratorias estimulan
la experimentación más profunda y facilitan la simbolización de nuevos
aspectos de la experiencia que no se encontraban antes en el foco de la
conciencia. Estas respuestas guían la asignación Je Li atención y la centran
··~ . ..., .
170 LAS TARE AS DEL TRATAMIENTO
en los límites de la experiencia que todavía no están daros, y ayudan a
diferenciarla de un modo más preciso. Contribuyen a llegar al sentir
idiosincrásico y diferenciado de la experiencia y a integrarlo en nuevos
niveles de significado. Por ejemplo, cuando un terapeuta responde: «De
modo que eso te dejó con un sentimiento de rabia. ¿Como si se te encogiera
el estómago?», el cliente atiende a su experiencia interna, la simboliza como
rabia «definitiva» y, después, la distingue como rabia «totalmente legítima»
y, finalmente, la integra en «Sentirse agraviado por haber sido tan maltra-
tado» y lo traslada en la tendencia a la acción jurando «no permitir que se
repita>>.
Cuando el proceso de exploración empática, descrito anteriormente, se
ha puesto en marcha, comienza el proceso esencial de la terapia y el cliente
entra en el proceso de atender y simbolizar su propia experiencia. Dicho
proceso es inherentemente terapéutico. Además, a panir de este proceso
internamente centrado surgirán los indicadores de problemas afectivos que
darán al terapeuta la oponunidad de llevar a cabo la intervención diferen-
cial. En los siguientes capítulos describiremos dichos indicadores e inter-
venciones.
~ ...
CAPÍTULO VIII
DESPLIEGUE EVOCADOR SISTEMÁTICO
EN UN INDICADOR DE UNA REACCIÓN PROBLEMÁTICA
Un supuesto básico en el enfoque vivencia! y procesual es que los clientes
tienen que acceder y cambiar sus esquemas cognitivo/afectivos del sí-mismo-
en-el-mundo que interfieren con su funcionamiento adaptativo, su satisfac-
ción y la ampliación de su desarrollo. Un supuesto posterior es que identificar
tales áreas esquemáticas no incluye un «diagnóstico» en el sentido usual, sino
que la presencia y la estructura de tales esquemas disfuncionales se pueden
identificar por medio de «indicadores» del proceso del cliente. Estos indica-
dores no sólo señalan la existencia de esquemas disfuncionales potencialmen-
te relevantes sino, lo que es más importante, la disposición del cliente en ese
momento para centrarse en los aspectos más confusos de su vida. Además,
el indicador también señala el modo de acceder y reprocesar los esquemas
relevantes que probablemente serán más efectivos en ese momento.
Las personas en terapia a menudo relatan incidentes en los que reaccio-
naron ante alguien o ante alguna situación de un modo que les resultó
inesperado, exagerado o poco razonable, y los relatan con un sentimiento
de confusión. Puede que estas reacciones problemáticas no sean siempre de
capital importancia, en cuyo caso el terapeuta no las tiene en cuenta y las
considera simplemente como historias que se cuentan. Sin embargo, el
despliegue evocador de tales reacciones problemáticas puede llevar a impor-
tantes descubrimientos sobre el sí mismo. Su importancia estriba en el hecho
de que los clientes son conscientes de algún tipo de discrepancia entre sus
propias reacciones reales y su visión de lo que sería una reacción apropiada
o autocongruente y, por lo tanto, están motivados a explorarlas y llegar a
comprenderlas. Los clientes pueden llegar a ser conscientes, de una manera
vívida e irrefutable, de sus propias construcciones de significado con respec-
to al impacto, o al impacto potencial, de la situación estimular y la conexión
entre su construcción y sus propias reacciones problemáticas. Además, la
exploración puede conducir a la toma de conciencia de los esquemas
emocionales más amplios que subyacen a sus propias construcciones.
El indicador de una reacción problemática no indica por sí mismo el
contenido de los esquemas emocionales disfuncionales relevantes, sino que
indica la presencia y la actuación de algún esquema disfuncional. Cuando
uno se enfrenta a situaciones nuevas, si se evoca una estructura esquemática
en particular por la similitud de los rasgos sobresalientes, se activa toda la
.... ,,,.. . ' .,. -· .. ·, ··- -,... ,. ·,- .... , .. ,,. . ' ...._.......,,,....,.
172 LAS TAREAS DEL TRATAMIENTO
estructura y la respuesta de la persona queda determinada, de este modo.
En el despliegue de puntos de reacci6n problemática, el prime/ modo de
implicaci6n del cliente que el terapeuta intenta facilitar es la btisqueda
vivencia! (descrita en el capítulo 2). Este proceso de búsqueda vivencia!, en
el despliegue de reacciones problemáticas, incluye un modo de implicaci6n
en el que los clientes son capaces de ponerse en contacto con los límites del
tono emocional de su propia experiencia interna. Esto permite al cliente
reexperimentar y reconocer aspectos importantes de su experiencia que no
habían sido procesados totalmente con anterioridad. El terapeuta usa el
despliegue evocador sistemático para facilitar el proceso al cliente.
¿QUÉ HAY QUE CAMBIAR? LA DIFICULTAD DE PROCESAMIENTO SUBYACENTE
Lo que hay que cambiar en estos acontecimientos son los esquemas
disfuncionales cognitivo/ afectivos del sí-mismo-en-el-mundo, por medio de
los que se filtra la experiencia de la persona y que guían sus reacciones
internas y externas a las situaciones en el curso de la vida cotidiana. Muchos
esquemas emocionales del sí-mismo-en-el-mundo son congruentes y están
integrados en la experiencia consciente del sí mismo y, de este modo, guían
las respuestas emocionales de una manera congruente con el sí mismo.
Por otra parte, algunos esquemas emocionales, que son influyentes
porque guían nuestras reacciones, nunca han estado realmente integrados
en la experiencia consciente del sí mismo y, sin embargo, se activan
fuertemente en situaciones estimulares particulares. Estas situaciones con-
tienen algún rasgo estimular que las hace muy relevantes para algunos
esquemas emocionales que no están en la conciencia y, de este modo, este
rasgo particular activa el esquema. Cuando se accede a uno de estos
esquemas tácitos relevantes para el sí mismo, se produce el detonante para
algún tipo de reacci6n interna o externa inesperada y confusa. Los esquemas
emocionales tácitos, por supuesto, están presentes en todas las personas y
pueden desencadenar reacciones en cierto modo inesperadas. Algunas per-
sonas, sin embargo, tienen algunos esquemas emocionales tácitos que
poderosamente influyen en la experiencia y la conducta de un modo
disfuncional y confuso. Al principio puede que el cliente considere que tales
reacciones no son muy importantes, mientras que otras están produciendo
serias consecuencias. En ambos casos, su evocaci6n y exploraci6n puede
llevar al acceso y reexamen de los esquemas emocionales que han estado
implicados, de un modo nuclear, en los ámbitos importantes y problemá-
ticos del propio funcionamiento.
' ...,.,... " ,
....
DESPLIEGUE EVOCADOR SISTEMÁTICO 173
Muchos esquemas disfuncionales tácitos se formaron, con toda proba-
bilidad, en la infancia y las fuerzas emocionales-motivacionales tomaron
parte en su construcci6n. Pero, un supuesto te6rico importante que sub-
yace a nuestro acercamiento al cambio es que no es el recuerdo reprimido
de nuestras experiencias más tempranas que conduce a la motivaci6n
inconsciente o a mecanismos defensivos, lo que está influyendo en el fun-
cionamiento presente. Pensamos que estos esquemas se mantienen porque
las experiencias nuevas relevantes para el sí mismo se procesan reiterada-
mente a través de estos esquemas tácitos disfuncionales, que automática-
mente se aplican a la situaci6n. Así, se distorsionan las nuevas experiencias
y se asimilan en la antigua estructura y no se produce cambio. Lo signi-
ficativo es que estos esquemas tácitos, cargados de emoci6n, del sí-mismo-
en-el-mundo influyen en nuestra manera de guiar las percepciones y de
generar reacciones internas y externas inapropiadas, confusas y aparente-
mente incongruentes con el sí mismo. Es el reconocimiento y la reexperi-
mentaci6n de estas reacciones confusas lo que puede conducir al acceso,
reexamen y, finalmente, a la reorganizaci6n de los esquemas tácitos
relevantes y a cambios fundamentales en la experiencia consciente del sí
mismo. Consideramos que el despliegue evocador sistemático de las reac-
ciones problemáticas es una estrategia valiosa para capacitar a los clientes
a que accedan, reexaminen y reestructuren los esquemas emocionales
disfuncionales, que están influyendo en sus sentimientos y acciones inter-
firiendo con sus propias relaciones, satisfacciones y metas.
ÜPORTUNIDADES PARA LA INTERVENCIÓN,
EL INDICADOR DE UNA REACCIÓN PROBLEMÁTICA
A veces, los clientes describen espontáneamente incidentes en los que
se encontraron a sí mismos reaccionando de un modo que sentían como
inesperado, poco razonable o problemático. Estas reacciones problemáticas
pueden incluir tanto una reacci6n externa, conductual, como una respuesta
interna tal como una fuerte emoci6n. El indicador que muestra la disposi-
ci6n del cliente para implicarse en la búsqueda vivencia! necesaria en el
despliegue de reacciones problemáticas, debe contener los siguientes ele-
mentos: a) el cliente cuenta un ejemplo de una reacci6n en una situaci6n
particular; b) la reacci6n que se vive como problemática pertenece al cliente,
no a ningún otro; c) hay indicaciones de que el cliente ve la reacci6n como
problemática, y no como una consecuencia desafortunada de la conducta
de alguna otra persona.
174 LAS TAREAS DEL TRATAMIENTO
Los ejemplos más claros de este tipo de incidentes son aquellos en los
que los dientes cuentan el incidente con un sentimiento real d'é sorpresa,
como si hubieran violado, de algún modo, alguna expectativa acerca de ellos
mismos. Por ejemplo, un cliente que dice: «De repente, me sentí furioso
con mi padre. Perdí el control. Fue muy extraño». La reacci6n considerada
problemática, puede contarla como una reacci6n conductual, en lugar de
verla como una reacci6n interna. Por ejemplo, cuando un cliente dice:
«Sabía que no era un buen momento para hablar con mi padre, pero aun
así lo hice; fue una tontería», da la sensación de que el cliente no tiene
conciencia explícita de la reacci6n interna que le hizo comportarse de tal
modo. Pero, cuando se despleg6 dicha reacci6n, emergi6 y se explor6 una
importante reacci6n emocional.
Es importante que la reacci6n incluya un incidente en particular, en
lugar de manifestarse de un modo general. Si un cliente dice que es presa de
pánico cuando tiene que hablar en clase, el terapeuta debe preguntarle si
puede referirse a algún incidente en particular. Si en ese momento el cliente
no pudiera recordar ninguno, el terapeuta puede sugerirle que trate de no
olvidar la pr6xima vez que le ocurra, que no intente analizarlo, pero que
saque el tema en la siguiente sesi6n.
A veces, los indicadores de reacciones problemáticas (RP) parecen estar
muy conectados con los temas que el cliente está tratando en terapia,
mientras que en otras ocasiones parecen estar totalmente desconectados de
los problemas que presenta. De acuerdo con nuestra experiencia, en ambos
casos, se puede colaborar en la consecuci6n de una exploraci6n valiosa. El
primer tipo puede ser más tentador debido a su posible relevancia respecto
a los problemas que presenta el cliente, pero, en este caso, puede ser más
difícil conseguir que no generalicen prematuramente los temas aparente-
mente relacionados, antes de que hayan desplegado totalmente las RP. Por
otra parte, el episodio aparentemente no relacionado puede parecer irrele-
vante en principio, pero la senda exploratoria puede conducir a algún tipo
de autoconocimiento extremadamente relevante. Por ejemplo, un cliente
dijo nada más entrar: «Mientras venía vi un cachorrito que obviamente se
había perdido e intentaba desesperadamente volver a casa. No puedo qui-
tármelo de la cabeza, y tengo ganas de llorar•. Aunque podía parecer que
no tenía ninguna conexi6n con los temas que habían salido antes, el
despliegue de esta RP llev6 a una exploraci6n extremadamente intensa de
uno de los más profundos miedos del cliente.
Una característica esencial de los indicadores de RP es que los clientes
se encuentran en posesión de sus propias reacciones, percibiéndolas como
algo que surge desde dentro de ellos, en lugar de atribuirlas a la situaci6n o
a otra persona. Al explorar las reacciones problemáticas, el reconocimiento
DESPLIEGUE EVOCADOR SIS1EMÁ TICO 175
y la posesión de las propias reacciones confusas son el punto de entrada para
un autoexamen de algún área del funcionamiento más amplia que no había
sido poseída o cuestionada anteriormente.
¿CóMO OCURRE EL CAMBIO?
El supuesto básico en este enfoque es que cuando las personas se centran
y exploran una reacción particular, inesperada o disfuncional frente a una
situación particular, esto permite a los clientes reexperimentar y explorar
todo un ciclo de procesamiento que les llevó a una reacción, interna o
externa, que no encaja con sus propias autoexpectativas. El tipo de segui-
miento interior que se realiza en esta exploración es muy diferente a la
generalización, la especulación o el intento de analizar la experiencia. Es un
proceso de búsqueda vivencia!, en el que el proceso de despliegue brinda la
oportunidad de avanzar por una secuencia de procesamiento cognitivo/
afectivo, que incluye, de un modo tácito, esquemas potencialmente impor-
tantes que son relevantes a los modos de funcionamiento insatisfactorios,
confusos o preocupantes. En este proceso de búsqueda vivencia!, los clientes
pueden seguir una secuencia de procesamiento basada en la vida real, de un
modo lento pero vívidamente reevocado. Pueden ser deliberadamente cons-
cientes del sí mismo en este ambiente no defensivo. Es una experiencia de
la vida real, pero, sin embargo, se puede examinar paso a paso para recono-
cer el activador perceptual, las construcciones hechas de un modo inmediato,
las respuestas afectivas y las implicaciones de significado emocional relevan-
tes para el sí mismo de estas construcciones y respuestas afectivas. Éste es un
proceso de búsqueda vivencia!, que consiste en llegar a ser conscientes de una
complicada serie de datos del proceso interno que, de otro modo, hubieran
sido inaccesibles a la conciencia. Es como si el cliente caminara lentamente
a lo largo del proceso vivencia!, en lugar de correr por él.
En este lento reexperimento y reexamen, los clientes pueden reconocer
los ingredientes del estímulo que eran sobresalientes para ellos en aquel
momento y que sirvieron como activadores de la reacción inesperada.
Pueden reexperimentar y llegar a ser conscientes de sus propias constn1c-
ciones de significado y de las reacciones emocionales internas que dichas
construcciones han estimulado. Lo que es más importante, en posteriores
exploraciones, pueden reconocer que estos tipos de construcciones selecti-
vas ejercen un efecto controlador de sus reacciones emocionales y modos
de funcionamiento en un ámbito mucho más amplio de experiencias.
Un rasgo de importancia vital en esta exploración es que esta búsqueda
vivencia! sea automotivada. Los clientes son conscientes de que hay algún
'>"'( • "• '''•" ""'e·-·· •r·-·.'"~ .. "'",.-·~·-···~'""":'""""'
176 LASTAREASDEL TRATAMIENTO
tipo de discrepancia entre su visión de una reacción apropiada y congruen-
te con el sí mismo y su propia reacción, y de este modo estro motivados
a explorarla y entenderla. Se están retando a sí mismos para entender su
reacción, pero no se trata de un análisis fundamentalmente intelectual o
conceptual. Están reviviendo la experiencia, pero lo hacen centrando la
atención y con la máxima asignación de capacidad de procesamiento. De
alguna manera, se trata de una buena autoexploración interna, pero tiene
una calidad especial. El cliente se encuentra temporalmente distanciado y
liberado de los supuestos y expectativas automáticas generados por el
antiguo esquema. Esto le permite mirar de nuevo la experiencia mientras
un nuevo conjunto de preguntas le guía en la búsqueda. Al implicarse en
este proceso vivencia!, el cliente puede encontrar nuevos significados que
representen más exactamente su experiencia del sí mismo en el mundo.
Los efectos de este proceso de despliegue evocador han sido estudiados
por medio del análisis secuencial (Wiseman y Rice, 1989) y las comparacio-
nes entre los resultados de los clientes que resolvieron la RP y aquellos que
no lo hicieron (Lowenstein, 1985; Rice y Saperia, 1984).
El modelo de despliegue de reacciones problemáticas:
pasos necesarios del cliente para la resoluci6n
El modelo de despliegue evocador de reacciones problemáticas se
muestra en la figura 8-1. Los pasos del modelo se describen en la parte
inferior detalladamente. Además, una forma corta de la escala del grado de
resolución, diseñada para propósitos de investigación, se muestra en la tabla
8-1. Indica seis grados de resolución y se puede usar como guía para estimar
la distancia que se ha recorrido en el proceso de resolución.
Etapa I. Preparándose para la exploración
La primera etapa empieza cuando los clientes mencionan una situación
en la que reaccionaron de un modo que les resultó extraño. Esta reacción
no tiene que estar necesariamente relacionada con ninguno de los temas que
han constituido el foco de la terapia, pero se h