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Catequesis Bautismal para Padres y Padrinos

Este documento proporciona información sobre una catequesis pre-sacramental para padres y padrinos en la Diócesis de Irapuato. La catequesis se centra en los compromisos bautismales y las tres funciones de Cristo que los cristianos participan a través del bautismo: ser sacerdotes, profetas y reyes. Explica cada una de estas funciones y ofrece experiencias y referencias bíblicas para profundizar en el significado de cada una y cómo los cristianos pueden vivirlas.
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Catequesis Bautismal para Padres y Padrinos

Este documento proporciona información sobre una catequesis pre-sacramental para padres y padrinos en la Diócesis de Irapuato. La catequesis se centra en los compromisos bautismales y las tres funciones de Cristo que los cristianos participan a través del bautismo: ser sacerdotes, profetas y reyes. Explica cada una de estas funciones y ofrece experiencias y referencias bíblicas para profundizar en el significado de cada una y cómo los cristianos pueden vivirlas.
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DIÓCESIS DE IRAPUATO

DIMENSIÓN PASTORAL DE CATEQUESIS


CATEQUESIS PRE-SACRAMENTAES
PARA PAPÁS Y PADRINOS

NÚCLEO TEMÁTICO #1: MIS COMPROMISOS BAUTISMALES

Objetivo: Recordar y asimilar la triple función de Cristo que por medio del Bautismo nos es otorgada y
concientizar que en la medida en que cualquier fiel laico vive su identidad bautismal, participa de estas
importantes prerrogativas cristológicas.

Referencia: La Iglesia que fundó Jesús es el nuevo pueblo de Dios: un pueblo sacerdotal, profético y real.
“Jesucristo es Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido ‘Sacerdote, Profeta y
Rey’. Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión
y de servicio que se derivan de ellas”, indica el Catecismo de la Iglesia Católica(783).

Experiencia humana:

“El Regalo”
Preparar tres cajas envueltas como regalo, mismas que serán colocadas al frente de todos diciéndoles que
Dios nos ha enviado estos tres regalos.
Una caja corresponderá para el Ser Sacerdote, otra para el Ser Profeta y otra para el Ser Rey, en el interior
deberán contener el nombre de cada prerrogativa Cristológica.

¿Les gustan los regalos? ¿Cómo sabes si te gustará? ¿Podrás hacer uso de él? Necesitas abrirlo, ¿verdad? Tal
vez recibes un regalo que no sabes que existía y por lo tanto no sabes cómo hacer uso de él, necesitas que
alguien te explique lo que puedes hacer con él, para qué tú puedas usarlo.

El día de nuestro bautizo, nuestros padres nos han dado el regalo de la Fe: ¿Qué has hecho con este regalo?
¿Te ha gustado? ¿Lo has usado?

Por medio del bautismo, nos han dado tres regalos; Cristo nos ha participado de su triple función, somos por
ello Profetas, Sacerdotes y Reyes.

5. SOY PROFETA: LLAMADO A LA ESCUCHA Y EL ANUNCIO DE LA PALABRA DE DIOS

Objetivo: Profundizar en la función profética de Cristo para que, comprendiendo nuestra asociación a esta
función decidamos vivir bajo la escucha y anuncio de la Palabra de Dios.

Experiencia humana:
“¿¿¿Redes sociales???”
Sabías que… el modelo básico de las redes sociales existe desde antes y sólo se ha adaptado a los medios de
comunicación masiva moderna.
Piensa en una fila, la que sea, puede ser la del banco, las tortillas, la carnicería, la despensa, el súper, etc. Quedémonos
en la de las tortillas o banco, siempre hay una gran fila y hay que esperar, entonces surge “la publicación”, uno, alguno
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de la fila comienza a platicar con otro, las personas a su alrededor (vienen las reacciones) unos le dan un like, otros se
sorprenden, unos más se enojan, otros lloran, etc., quizá algún valiente se anima y hace un “comentario”. Algunos no
dicen nada, estarán ahí, algunos, tomando el mensaje, tienen su “inbox” (conversación privada), pero algo que quizá
es seguro es que más de alguno “compartirá” la información con otras personas, y esto es sigue haciéndose “viral”,
entre más personas comparten el tema. Ven, ahí está nuestra “Red social” primitiva.

Hagamos un ejercicio, todos hemos jugado al teléfono descompuesto, es increíble el mensaje final que podemos
obtener. ¿Por qué pongo este ejemplo? Sencillo, quien inicia con el mensaje sabe bien lo que expresa, pero debemos
considerar que tal vez el otro desconoce parcial o totalmente el mensaje, diversos factores pueden afectar para que el
mensaje no sea captado en su totalidad. ¿Qué podemos hacer? Lluvia de ideas.

Nexo: Ahora bien ¿qué tanto reaccionamos, comentamos, hacemos inbox, compartimos lo que vivimos en la
Eucaristía, en nuestro encuentro con la Palabra?
¿Cuántas veces nos hemos animado a “publicar” sobre la Palabra de Dios?
¿Qué tantas veces he dejado en visto al Señor? No a las cadenas, manda esto a un seguidor de Jesús. ¿Soy un
“follower”?

Para profundizar, propuesta:


(Mt 28, 19-20)
19 “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo.»
(Hch 1, 8)
8 “... sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre
vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y
hasta los confines de la tierra.”

Resulta el envío: vayan y hagan discípulos a todos.


Presencia de Dios: yo estoy con ustedes.
Reafirmar: la universalidad.
Modo: Siendo testigos de Cristo.

Catequesis: Analicemos nuestra misión como profetas.

Anunciar. Profeta significa “portavoz” y, por lo tanto, está claro que una de las cosas que debemos hacer
como portavoces es dar el mensaje de alguien más. ¿Y como católicos, cuál es el mejor mensaje que podemos
dar? Evidentemente ¡El Evangelio! Pero esto no significa que hay que salir a las calles y a las plazas con una
Biblia en la mano y ponernos a leerla a cada persona que vaya pasando, como si estuviéramos dando las
noticias. Significa más bien, que tenemos que llevar el Evangelio a todos los ámbitos de nuestra vida, tanto
de palabra como de obra. El problema es que cómo vamos a hablar sobre algo que no conocemos a fondo.
De ahí nace la importancia de conocer las Sagradas Escrituras, no tanto para poder repetirlas de memoria o
poder dar de manera exacta una cita (cosa que a veces sí que puede resultar útil), sino para conocer sus
enseñanzas, poder transmitirlas a los demás y poder vivirlas en nuestro día a día. Puede que eso de vivir las
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enseñanzas del Evangelio en la vida diaria suene muy elevado y complicado, pero te propongo algo muy
aterrizado que puedes hacer. Cada semana toma un pasaje del Evangelio en el cual puedas ver una virtud de
Cristo, léelo todas las mañanas y durante esos días trata de vivir esa virtud y de hablarle a los demás sobre
ella. Verás que rápidamente esto se puede convertir en un gran hábito y poco a poco podrás ir anunciando
la mejor noticia del mundo.

Denunciar. La función de los profetas también era la de denunciar al pueblo sus malas acciones. Eran enviados
por Dios para advertirle a Israel que se estaban desviando del camino correcto. Cuánta falta hacen en
nuestros días profetas de este tipo. Es por eso que cada uno de nosotros tiene también que ser capaz de, con
su testimonio y su palabra, darle a entender al mundo cuando éste no va por el buen camino. Podemos pensar
que ser como aquellos profetas del Antiguo Testamento implica decirle a todo un pueblo que corrija su modo
de vivir, pero en la realidad, eso no es posible para todos. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es ir
ayudando a los que tenemos cerca de nosotros a mejorar en algún aspecto de su vida en el que se están
alejando de Dios. Mucha gente, desde nuestra familia hasta nuestros compañeros de escuela o de trabajo
pueden agradecer un buen consejo, dado con caridad, o alguna palabra de aliento cuando se encuentran en
una dificultad. Es ahí donde debemos ser profetas, mantenernos firmes en nuestros principios católicos y
compartirlos con los demás.

Respuesta: Es muy probable que, si buscamos actuar como profetas, el mundo nos trate como tales. ¿Y cómo
trataban a los profetas en la antigüedad? Muchas veces los repudiaban, no los escuchaban, los envidiaban y
señalaban y a veces hasta los culpaban de los males. Pero no te desanimes, si algo de esto comienza a
sucederte, puedes estar más seguro de que estás actuando como profeta. Si quieres leer algunas vidas
extraordinarias de profetas para animarte, puedes buscar en el Antiguo Testamento las historias de Elías,
Eliseo o Daniel, que se dedicaron a anunciar y denunciar y fueron perseguidos por eso, pero siempre
confiaron en Dios y salieron de todos sus problemas.

6. SOY SACERDOTE: LLAMADO A LA COMUNIÓN RECÍPROCA Y KOINONÍA

Objetivo: Profundizar en la función sacerdotal de Cristo para que, comprendiendo nuestra asociación a esta
función:
1. Nos dediquemos a vivir nuestro llamado a la santidad.
2. Trabajemos por nuestra santificación.
3. Tomemos en serio nuestro llamado a ser santos.

Retomar el tema anterior. SOY PROFETA: LLAMADO A LA ESCUCHA Y EL ANUNCIO DE LA PALABRA DE DIOS.
¿Cómo has vivido tu ser Profeta?

Experiencia humana:
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“El Regalo”
“El Ser Sacerdote”, en esta catequesis profundizaremos nuestro ser sacerdote, ¿cuál fue el Sacerdocio de Cristo y
cómo he yo de participar en esta función?.

Para profundizar, propuesta:


Hebreos 9,11 ss
11 “Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta,
no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. 12 Y penetró en el santuario una vez para siempre, no
con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. 13 Pues si
la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la
purificación de la carne, 14 ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a
Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo! 15 Por eso es mediador de una
nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han
sido llamados reciban la herencia eterna prometida....”

“Cristo, sumo sacerdote y único mediador, ha hecho de la Iglesia “un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre”
(Ap 1,6; cf. Ap 5,9-10).

Toda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal. (1P 2, 5.9).
5 “...también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo,
para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. 9 Pero vosotros sois = linaje elegido,
sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, = para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las
tinieblas a su admirable luz”

Los fieles ejercen su sacerdocio bautismal a través de su participación, cada uno según su vocación propia,
en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey.
Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los fieles son “consagrados para ser […] un sacerdocio
santo” (LG 10)” (CEC 1546). Los fieles gozan de una dignidad sacerdotal.

Pero el sacerdocio que reciben los fieles con el bautismo es muy diferente del sacerdocio ministerial.

El sacerdocio común de los fieles, por el cual todos están llamados a dar testimonio de Cristo, es un sacerdocio
que se nutre y se expresa en la participación de los sacramentos. De esta manera Cristo se asocia íntimamente
a los fieles laicos, a su vida y a su misión, y los hace partícipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan
un culto espiritual.

Todo cristiano es sacerdote y está llamado a hacer de su vida una continua alabanza al Padre; Sacerdote es
el que bendice, el que alaba al Señor. Los fieles laicos también ejercen su sacerdocio al santificarse en todo
lo que hacen y al ayudar a otros cristianos a ser santos. Nos dice la Iglesia que todos los laicos tienen la misión,
al participar del sacerdocio de Jesús, de consagrar el mundo mismo a Dios. (LG,34).

Los fieles son sacerdotes cada vez que se dirigen a Dios y le presentan sus preocupaciones, sus ilusiones, sus
inquietudes, sus dificultades, sus alegrías, sus necesidades y las del mundo entero; cuando su oración es
universal y no se centran en sí mismos.
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Y, así como la figura del sacerdote evoca imágenes de ofrecimiento de sacrificios y de mediación, así también
los fieles laicos toman parte de este oficio sacerdotal de Jesús cada vez que le ofrecen, por sí mismos o por
otros, sacrificios espirituales a Dios que Él acepta (1Pe 2, 5).

¿De qué sacrificios hablamos? Hablamos de la vida de cada día, con sus ilusiones, sus esfuerzos y trabajos.
Estos sacrificios se ofrecen también para rendir culto a Dios y darle gracias por su presencia divina en el
mundo.

Y ofrecer no sólo sacrificios pues todos los bautizados son sacerdotes para ofrecer sus cuerpos como hostias
vivas. Lo dice san Pablo: “Os exhorto… a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa,
agradable a Dios; tal será vuestro culto espiritual” (Rm 12, 1).

Y el fiel ejerce su sacerdocio también al ser un mediador, aquel que está ante Dios e intercede por el pueblo.
Esto quiere decir que el sacerdote está ante Dios para pedir perdón, para implorar la paz y la gracia. Y es ésta,
más propiamente la verdadera función del seglar que participa en el misterio de la salvación de Cristo.

Y finalmente donde más plenamente los fieles laicos desempeñan su oficio sacerdotal es en la Eucaristía. “El
sacerdote oficia el sacrificio y los fieles concurren” a la ofrenda de la Eucaristía: Ofrecen juntamente con el
sacerdote a Cristo al Padre, y se ofrecen juntamente con Cristo.( cfr LG 10)

El sacerdote del Antiguo Testamento era un hombre consagrado divinamente para representar a los hombres
delante de Dios. Para poder conseguir el favor divino para los representados, el sacerdote ofrecía sacrificios.
Cristo se ofreció a sí mismo como “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” para reconciliar a los
hombres con Dios. Su ministerio sacerdotal no ha terminado (Hb 7, 25). Él es nuestro actual Sacerdote, que
intercede al Padre a nuestro favor.
Jesucristo fue el Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como víctima y salvó al mundo.

Hay una diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico que es
esencial y no cuestión de grado (essentia et non gradu tantum [LG 10]). El sacerdote ministerial realiza un
servicio distinto en la comunidad, pero eso no significa que por ello sea más santo que los laicos. En la
Constitución Dogmática Lumen gentium encontramos los elementos clave que muestran en qué sentido es
esencialmente diferente el sacerdocio de los laicos del sacerdocio de los ordenados, al igual que los
elementos que muestran lo que tienen de común.

Todos están consagrados, por lo que sus obras son verdaderos sacrificios espirituales (Rm 12, 1) y un
testimonio para los demás (LG 10). El sacerdocio común se ejerce en la vida sacramental de la Iglesia (LG 11).
La vida de sacrificio de los laicos es «espiritual» (está regida por el Espíritu Santo): Cristo se «asocia
íntimamente [a los laicos] a su vida y a su misión y los hace partícipes de su oficio sacerdotal con el fin de que
ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres […], pues todas sus obras, sus
oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso del alma y de
cuerpo, si son hechos en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente,
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se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (1Pe 2, 5), que en la celebración de
la eucaristía se ofrecen piadosísimamente al Padre junto con la oblación del cuerpo del Señor» (LG 34).

La figura del clérigo evoca imágenes de sacrificio y de mediación. El sacerdote es aquel que ofrece el sacrificio
para rendir culto a Dios y darle gracias por su presencia divina en el mundo. El sacerdote es también un
mediador, aquel que está ante Dios e intercede por el pueblo. Esto quiere decir que el sacerdote está ante
Dios para pedir perdón, para implorar la paz y la gracia. Y es ésta la verdadera y propia función del seglar que
participa en el misterio de la salvación de Cristo.

Sacerdote es aquel que ofrece sacrificios a Dios.


La palabra sacrificio, para entenderla bien y no hacernos demasiado lío con ella, la podemos sustituir por la
palabra “regalo”. Ofrecer sacrificios a Dios es ofrecer regalos a Dios.

Nuestras tareas laicales constituyen la dimensión básica y fundamental de nuestro ser laicos. Nuestro trabajo,
nuestra dedicación a la familia y nuestras relaciones sociales son los ámbitos idóneos en los que ejercer el
sacerdocio común recibido en el Bautismo. Estas tareas hechas según Dios, santifican y nos santifican; nos
santifican pero no como añadido a una supuesta santidad previa, no añaden santidad porque sin el
cumplimiento de ellas tal como Dios quiere no cabe santidad posible.

La Santa Misa porque es lo mejor que podemos ofrecer. Es la renovación de la misma ofrenda de Cristo en la
Cruz, que, actualizada en cada misa, Cristo lleva a cabo con todo su cuerpo místico del que nosotros formamos
parte. El santo Sacrificio de la Misa es ofrecido por el sacerdote y conjuntamente con él, es ofrecido por todo
fiel que participe en la celebración.

Acerca de los sacrificios ofrecidos a través de la palabra, basta con una idea: ¿Qué sacrificio se puede hacer
con la palabra? Recuerdo lo dicho líneas atrás. Si sustituimos el término sacrifico por el de regalo, nuestra
palabra bien puede ser, debería ser, el sacrificio -el regalo- de unos labios puros capaces de ofrecer “un
sacrificio de alabanza”. La expresión no es mía sino de la propia Palabra de Dios que en la Carta a los Hebreos
13, 15) dice lo siguiente:
“Por su medio [por medio de Jesucristo] ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir,
el fruto de unos labios que profesan su nombre”.

Sacerdote es aquel que intercede por su pueblo.


Ser sacerdote quiere decir, en segundo lugar, ser intercesor, presentar oraciones y súplicas por los demás.
Esto solo se puede hacer si los demás me importan, si los entiendo como lo que son, o sea míos, si me duelen.
El Papa, en el mensaje para esta cuaresma nos ha alertado sobre la indiferencia, sobre lo que él ha llamado
la globalización de la indiferencia. El Papa llama la atención sobre el hecho citando la pregunta que Dios hace
a Caín sobre su hermano Abel. “¿Dónde está tu hermano?” La respuesta de Caín es terrible porque sus
palabras se sitúan justamente en el extremo contrario al oficio de sacerdote. “¿Soy acaso yo el guardián de
mi hermano?” (Gen 4, 9). A mí esta expresión me parece una de las más duras que encuentro en la Sagrada
Escritura. Por una parte, me parece irreverente, irrespetuosa, chulesca, y por otra de una enorme crueldad
porque hace daño al padre no directamente en la persona del padre, sino haciendo daño al hijo. Y me
recuerda esos actos de redoblada maldad que cometen algunos hombres o mujeres que han roto su
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matrimonio y que, para vengarse del otro, hacen daño a los hijos, convirtiéndolos en víctimas inocentes del
odio a la mujer o al marido.

Catequesis:

1. Sacerdocio de Cristo.
2. Cómo participamos del sacerdocio de Cristo.

Ambos se centran en el Ofrecimiento. En el Sacerdocio de Cristo, es Él mismo quien se ofrece para redimir
nuestros pecados, siendo Él mismo quien sella la Nueva Alianza, para nuestra salvación. Todo bautizado
participa del sacerdocio de Cristo Ofreciendo en cada paso nuestros actos, ofreciéndonos nosotros mismos
a Dios como nuestro Creador y único dueño, a quien nos debemos, y siendo de igual manera intermediarios
de los demás a través de nuestro ofrecimiento.

Respuesta: Dios te da el gran regalo del Sacerdocio como bautizado, hijo de Dios y heredero de su reino al
que aspiramos trabajando en la Santidad. ¿A qué te comprometes?

7. SOY REY: LLAMADO AL SERVICIO DEL REINO O DIACONÍA

Objetivo: Profundizar en la función real de Cristo para que, comprendiendo nuestra asociación a esta función
decidamos vivir prestos al servicio a nuestros hermanos.

Retomar los dos temas anteriores. SOY PROFETA: LLAMADO A LA ESCUCHA Y EL ANUNCIO DE LA PALABRA
DE DIOS. SOY SACERDOTE: LLAMADO A LA COMUNIÓN RECÍPROCA Y KOINONÍA. ¿Cómo has vivido tu ser
profeta? Y ¿tu ser Sacerdote?

Experiencia humana:

Dinámica el rey pide.

Finalidad: mostrar la idea de fortaleza que el mundo tiene. Estar arriba porque los demás te sirven Vs la idea
contraria del cristianismo el que quiera ser el mayor que sirva.

Para profundizar, propuesta:


Mt. 20, 25-27
“...25Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y
los grandes las oprimen con su poder. 26No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser
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grande entre vosotros, será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro
esclavo...”
Rom. 12, 3. 10. 13-17. 21
3 En virtud de la gracia que me fue dada, os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os estiméis en más de
lo que conviene; tened más bien una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual.
10 amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros;
13 compartiendo las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
14 Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis.
15 Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran.
16 Tened un mismo sentir los unos para con los otros; sin complaceros en la altivez; atraídos más bien por lo
humilde; no os complazcáis en vuestra propia sabiduría.
17 Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres:
21 No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.

Catequesis: CEC 908 La participación del Laico en la Misión Real de Cristo.

Ser Rey es una vocación dada por el bautismo. El Catecismo nos habla de centrar esa realeza en nosotros
mismos, cómo vamos a gobernar el mundo. El cristiano está llamado a ser rey en el mundo, a gobernar las
cosas creadas, a ejercer un señorío. Cristo es Señor, pero también nosotros. ¿Cómo vamos a gobernar un
mundo si no somos capaces de ordenar la propia casa?

“¿Cómo podemos hacer o tener un mundo más justo, si lo que hacemos no es justo ni para nosotros mismos?”
(San Ambrosio)

El que somete su propio yo y domina su alma sin dejarse llevar por las pasiones, se puede llamar Rey porque
es capaz de dominar su propia persona.

A veces podemos engañarnos cuando decimos que ya no hay valores de ningún tipo, si nosotros mismos no
practicamos esos valores a través de una conversión.

El don de la libertad
Solamente se puede ser libre, si se ejercita la verdadera libertad de los hijos de Dios. Cuando eres dueño de
tus pasiones. O eres dueño de tus propias pasiones o es la voluntad la que te arrastra y conduce tu vida.

Ser Rey también es conducir la voluntad. Decimos “yo hago lo que me da la gana”, eso no es libertad. Tú
haces aquello a lo que tus pasiones te arrastran. Eres esclavo de ellas.

Si se trata de cambiar el mundo, cambiemos nosotros mismos. Ser libre es hacer aquello que mi conciencia
dice que es bueno. Eso es participar del Ser Rey de Cristo.

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