LA EDAD MADURA. (Camille Claudel). (s.
XIX)
Impresionismo/Naturalismo/Realismo
Camille Claudel fue una escultora que comenzó a trabajar como
colaboradora y modelo en el taller de Auguste Rodin en 1884. Am-
bos trabajaron estrechamente y frecuentaron los ambientes cultu-
rales y artísticos de la época. Los dos mantuvieron una complicada
relación sentimental llena de interrupciones y crisis que acabo en
ruptura, ya que Rodin siempre había estado comprometido con
otra mujer: Rose Beuret, con la que acabó casándose casí al final
de su vida.
A partir de la ruptura entre los dos, Camille sufrió sucesivas crisis
nerviosas, cada vez más agudas, y, ya al borde de la demencia,
comenzó a destruir a martillazos gran parte de sus esculturas, por
lo que su madre, que siempre se había opuesto a su dedicación al
arte, la internó en un manicomio en 1913, donde permaneció hasta
su muerte en 1943.
Camille Claudel, siempre a la sombra de su mentor y amante
Rodin. Sin embargo, su talento fue equivalente, e incluso hay quien
afirma que la escultora ayudó a dar forma a algunas de las grandes obras del maestro. Lo que es
seguro es que si Claudel hubiera nacido hombre, su reconocimiento hubiera sido otro.
Camille Claudel nació escultora. Desde muy pequeña disfrutaba moldeando el barro y ya se veía su
capacidad para reflejar en ese material los rostros de sus seres queridos. Un juego que duró al ha-
cerse mayor y que no gustó en absoluto a su familia, que la veían como una futura esposa, madre y
«artista del hogar».Con 17 años fue admitida en una Academia de Arte parisina y de pronto, Auguste
Rodin se percató del talento artístico de la joven, entrando en su vida como un terremoto. De alumna
del ya legendario escultor pasaría a convertirse en su musa, y de ahí a amante.
El talento de Claudel era evidente, pero la envidia y el machismo de la época hicieron que fuera objeto
de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. La sombra de Rodin era
demasiado larga y la artista empezó a tener una relación de amor/odio. Amaba al maestro con toda
su alma, pero también lo odiaba por recibir él todo el reconocimiento público, constantes encargos y
alabanzas. Ella era su simple alumna y amante.
Auguste Rodin
El escultor más famoso de Francia, Auguste Ro-
din fue contemporáneo del Impresionismo y es
considerado «el padre de la escultura moderna».
Creó un nuevo concepto escultórico en lo refe-
rente al monumento y la escultura pública. Fue
criticado en su época por lo «inacabado» de mu-
chas de sus obras, pero ese modelado espontá-
neo y expresivo será, como sabemos, el futuro.
De formación neoclásica, Rodin bebió de artistas
como Donatello o Miguel Ángel pero tenía un es-
píritu experimentador y audaz, en el que destaca
una radical innovación (algo que lo enmarca de
alguna forma en el movimiento romántico), por lo
que vivió siempre envuelto en grandes polémicas
en torno a su obra.
Su obra abarca toda la gama de
posibilidades plásticas, de lo es-
pontáneo al patetismo heroico.
Para él, el caos podía ser una he-
rramienta eficaz para plasmar sus
intenciones. También estuvo vin-
culado al impresionismo, tanto por
amistades como por el uso de la
luz en sus obras.
“La Edad Madura”
Según el hermano de Camille, el
escritor y diplomático Paul Clau-
del, «La Edad Madura» tiene un
fuerte contenido autobiográfico y
en ella se representa a un hombre
maduro, que sería el escultor Ro-
din, arrastrado por una mujer an-
ciana, Rose Beuret, mientras una
joven, que es la misma Camille
Claudel, implorante, intenta dete-
nerlo. Aunque, si no conociéramos
la trágica historia de amor de Ca-
mille y Rodin, la escultura también podría interpretarse como el paso del hombre a la vejez, o edad
madura, intentando sujetarse aún de la juventud, a la que implacablemente deja atrás.
El grupo nos transmite una sensación de agitación y de gran apasionamiento. Las tres figuras están
inclinadas hacia adelante mostrando la inevitable e inminente ruptura. Las telas retorcidas que cubren
los cuerpos desnudos de los dos personajes maduros dan movimiento y acentúan la sensación de
rapidez de la marcha. La figura de la joven, llamada “La Implorante” por la misma Camille Claudel,
está totalmente desnuda, su juventud se muestra sincera y rotunda, sin harapos que cubran su cuer-
po hermoso, no tiene nada que esconder, va a perder lo que más le importa y su gesto es el de la
desesperación.
El conjunto nos recuerda al estilo de los bronces de Rodin. Algunas teorías sostienen que eso se debe
a la obsesión que Camille sentía por el escultor, que le llevaba a imitar su obra, otras, por el contrario,
opinan que fue del revés, siendo la obra de Rodin la que se impregnó del estilo de Camille. Lo que es
seguro es que la colaboración entre los dos escultores enriqueció la obra de ambos.