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Leyenda de La Fundación de Gualeguaychú

Don Gonzalo Pérez de la Viña se encuentra perdido en Entre Ríos buscando a su amada cuando se topa con un toro bravo que lo ataca. Para resguardarse se tira al piso donde ve una víbora que distrae al toro hasta matarlo. Don Gonzalo promete construir una capilla a San José si sobrevive, la cual da origen a la futura ciudad de Gualeguaychú fundada por el capitán Rocamora.

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Leyenda de La Fundación de Gualeguaychú

Don Gonzalo Pérez de la Viña se encuentra perdido en Entre Ríos buscando a su amada cuando se topa con un toro bravo que lo ataca. Para resguardarse se tira al piso donde ve una víbora que distrae al toro hasta matarlo. Don Gonzalo promete construir una capilla a San José si sobrevive, la cual da origen a la futura ciudad de Gualeguaychú fundada por el capitán Rocamora.

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Leyenda de la Fundación de Gualeguaychú

Allá por los comienzos del año 1600 un rico estanciero, entre español y criollo - don Gonzalo Pérez de la
Viña - corría por los campos de Entre Ríos, desierto ya de indios, pues que todos, peleando de bosque en
bosque y de cuchilla en cuchilla, habían muerto sin rendirse, en busca, según parece, de una mujer que era
para su vida un horizonte, y que como por magia había desaparecido de su lado. Eran costumbres de la
época estas desapariciones misteriosas; pero nadie se conformaba a aquella moda.
A los diablos se daría don Gonzalo, según me parece, y el estado de su ánimo lo hacía galopar desde el
Guayquiraró al Ibicuy, sin notar que las leguas volaban bajo el casco de su caballo. En una de sus
excursiones llegó el amante desesperado a cierto paraje que le encantó por su belleza. Tras unas cuchillas
suaves y de recorte caprichoso, garapiñadas, de bosques espesos formados, no tanto de plantas ricas en
maderas cuanto lo eran en colores y perfumes, alcanzó las orillas de un arroyo que era todo una pintura.
Hallábase allí el hombre, mirando por donde seguiría y arrobado en la contemplación de la naturaleza,
cuando en hora malhadada se le antojó cruzar el riacho para alcanzar la costa del Gualeguay, que, según los
rumbos que él traía, no debía distar mucho hacia el poniente. Hombre de resolución, echó pie a tierra, dobló
los cojinillos, se aligeró de ropas y volviendo a cabalgar, penetró al riacho no tardando en perder
pie. Nadando con bravura y a fuerza de trabajo tocó al fin don Gonzalo la otra orilla; pero en mala hora.
Un toro cerril, que rezagado en la aguada pastaba a pocos pasos y no estaba habituado a la vista de jinetes ni
peatones, se cuadró bravamente, se batió el flanco con la cola en ademán nervioso, escarbó el suelo con la
pezuña, y en medio del remolino que formara, embistió hacia don Gonzalo, que sin tiempo para
más, abandonó su corcel y corrió a pie, seguido muy de cerca por el toro embravecido.
El momento fue terrible; varas más y el toro lo alcanzaba. El pobre perseguido, recordando que un
hombre echado a muerto era siempre respetado del asta penetrante, se tiró de bruces en una depresión del
terreno donde, aquí y allí, brotaban pajas y junquillos. Llegó el toro, dio un bufido, escarbó el suelo, movió
su cola con bravura y ya se disponía a reeditar su mímica espantosa, cuando el hombre ve avanzar por sobre
su cabeza la achatada y reluciente de una víbora terrible: el ñacaniná - la víbora celeste, hoy casi
desaparecida - cuyo veneno es fama que "mata a quien alcanza", según el dicho minuán.
Entre Escila y Caribdis estaba don Gonzalo: levantarse era caer en las astas de su enemigo, dejarse estar era
correr un albur de no levantarse más. Optó por lo segundo, pero, hombre religioso, juró, si se levantaba y
escapaba con vida, elevar allí, en el lugar del peligro, una capilla a San José, el patrono de su casa y de los
suyos.
Baja el toro la testuz, acerca su cabeza al enemigo y huele con fruición su cuerpo, pero la levanta con
presteza, pues allí donde cree no encontrar peligro alguno se oculta una punzada que lo embravece: la víbora
ha clavado en su nariz el colmillo agudo y venenoso. Repuesto el toro, embiste nuevamente y otra
nueva punzada lo obliga a retroceder... ¡Luego bambolea y cae jadeante!
Don Gonzalo, no bien lo ve vacilar, salta de su escondite y no tarda en recobrar su corcel y jinete en él viene
a contemplar a su enemigo muerto y más allá a su salvadora, que enroscada a una rama busca los últimos
rayos del sol poniente para hacer lucir su armadura brillante y deslumbradora.
Años más tarde, don Gonzalo Pérez de la Viña cumple su promesa, y es alrededor de su capilla que
el Capitán Rocamora funda en el siglo siguiente a San José de Gualeguaychú.
"Fray Mocho".
Reconstruimos el texto
1- Responder las siguientes preguntas:
a- ¿Quién es el protagonista de esta leyenda?
b- ¿En qué zona se desarrolla la historia?
c- ¿Con qué animal se encuentra en el camino? ¿Qué hace el hombre para resguardarse?
d- ¿Qué características tiene la víbora que menciona?
e- ¿Qué promesa hace el protagonista si se salva? Según la historia, ¿La cumple?
f- ¿Quién fundó años más tarde la ciudad?

2- ¿Cuál es el conflicto en esta historia? Marcar con una X la respuesta correcta:


El hombre está huyendo
El hombre está perdido
El hombre se encuentra con un toro que lo ataca

3- Si estuvieras en la situación del hombre, ¿Qué harías para defenderte del toro?
4- La bandera de nuestra ciudad está muy relacionada con esta historia:

5- ¿Qué elementos de la leyenda ves representados en la bandera?


6- Realiza un texto donde relates una nueva forma de fundar una ciudad como Gualeguaychú.

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