0% encontró este documento útil (0 votos)
142 vistas17 páginas

Texto Oszlak, Oscar, "Formación Histórica Del Estado en América Latina: Elementos Teórico-Metodológicos para Su Estudio"

Cargado por

Kendra Suchy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
142 vistas17 páginas

Texto Oszlak, Oscar, "Formación Histórica Del Estado en América Latina: Elementos Teórico-Metodológicos para Su Estudio"

Cargado por

Kendra Suchy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

GUÍA 2

TEXTO OSZLAK, OSCAR, "FORMACIÓN HISTÓRICA DEL ESTADO EN AMÉRICA LATINA:


ELEMENTOS TEÓRICO- METODOLÓGICOS PARA SU ESTUDIO".

A) ¿Cómo concibe el estado el autor?

Nación implica entre otros atributos la existencia de un "mercado"; éste, de


"relaciones de producción", que remiten a la constitución de "clases sociales"
generadoras, a su vez, de un "sistema de dominación". Este último evoca la noción de
"estado", vinculado en tanto ámbito territorial y referente ideológico- a la idea de
"nación". Menciona al mercado porque es fundamental para la creación del Estado, y
en este caso cuando hablamos de Estado Moderno siempre hablamos de Estado
Capitalista.

El autor concibe al Estado concibo como una relación social, como la instancia política
que articula un sistema de dominación social. Su manifestación material es un
conjunto interdependiente de instituciones que conforman el aparato en el que se
condensa el poder y los recursos de la dominación política. Este doble carácter del
estado encuentra un cierto paralelismo en el concepto de nación. Puede argumentarse
que en la idea de nación también se conjugan elementos materiales e ideales. Los
primeros se vinculan con el desarrollo de intereses resultantes de la diferenciación e
integración de la actividad económica dentro de un espacio territorialmente
delimitado. En las experiencias europeas "clásicas" esto supuso la formación de un
mercado y una clase burguesa nacionales. Los segundos implican la difusión de
símbolos, valores y sentimientos de pertenencia a una comunidad diferenciada por
tradiciones, etnias, lenguaje u otros factores de integración, que configuran una
identidad colectiva, una personalidad común que encuentra expresión en el desarrollo
histórico.

Cuando habla de toda la formación del Estado dentro de sus atributos, también tiene
esta idea de Nación.

b) Desarrolle los presupuestos requeridos para el proceso de formación del estado


nacional. ¿Cómo se construyeron las naciones europeas y latinoamericanas?

Este doble carácter del estado encuentra un cierto paralelismo en el concepto de


nación. Puede argumentarse que en la idea de nación también se conjugan elementos
materiales e ideales. Los primeros se vinculan con el desarrollo de intereses
resultantes de la diferenciación e integración de la actividad económica dentro de un
espacio territorialmente delimitado. En las experiencias europeas "clásicas" esto
supuso la formación de un mercado y una clase burguesa nacionales. Los segundos
implican la difusión de símbolos, valores y sentimientos de pertenencia a una
comunidad diferenciada por tradiciones, etnias, lenguaje u otros factores de
integración, que configuran una identidad colectiva, una personalidad común que
encuentra expresión en el desarrollo histórico.

Este doble fundamento de la nacionalidad no implica que el surgimiento de intereses y


valores haya sido simultáneo, ni su desarrollo simétrico. Más aún, es probable que su
desigual arraigo y vigencia en diferentes momentos y experiencias nacionales pudiera
explicar parcialmente los variados ritmos y modalidades que históricamente observara
el proceso de formación del moderno estado-nación. Es decir, las condiciones de
constitución de una dominación estatal habrían sido diferentes según el predominio
relativo que en el proceso de construcción nacional hubieran tenido sus componentes
materiales e ideales. Por ejemplo, parece cierto que el desarrollo de una economía de
mercado territorialmente delimitada precedió, en buena parte de las experiencias
europeas, al desarrollo de una "comunidad de sentimiento" basada en la
autoconciencia de un destino compartido, de una nacionalidad común. En cambio, las
guerras de la independencia latinoamericana contribuyeron a difundir este
sentimiento nacional antes de que se hubiera conformado plenamente un mercado
nacional. La distinción, como veremos, no es trivial.

Una opinión generalizada sostiene que la construcción de las naciones europeas se


produjo después de la formación de estados fuertes. Definido el estado como instancia
de articulación de relaciones sociales, es difícil pensar en relaciones más necesitadas
de articulación y garantía de reproducción que las implicadas en una economía de
mercado plenamente desarrollada, es decir, en un sistema de producción capitalista.
La existencia del estado presupone entonces la presencia de condiciones materiales
que posibiliten la expansión e integración del espacio económico (mercado) y la
movilización de agentes sociales en el sentido de instituir relaciones de producción e
intercambio crecientemente complejas mediante el control y empleo de recursos de
dominación. Esto significa que la formación de una economía capitalista y de un estado
nacional son aspectos de un proceso único - aunque cronológica y espacialmente
desigual (porque en realidad ese proceso único no se da armoniosamente, se va dando
necesariamente, ya que es necesario que se den ambos procesos, son necesarios todos
los atributos para considerar que un Estado es un Estado formado, pero algunos se van
a dar primero, otros después, por tanto se da de manera desigual). Pero además
implica que esa economía en formación va definiendo un ámbito territorial,
diferenciando estructuras productivas y homogeneizando intereses de clase que, en
tanto fundamento material de la nación, contribuyen a otorgar al estado un carácter
nacional.

En este punto la experiencia latinoamericana no se aparta del "clásico" patrón


europeo. Es decir, el surgimiento de condiciones materiales que hacen posible la
conformación de un mercado nacional es condición necesaria para la constitución de
un estado nacional. Pero más allá de esta semejanza, la historia de América Latina
plantea diversos interrogantes cuya respuesta contribuiría a explicar la especificidad
de sus Estados.

Oszlak resume lo expresado señalando que la formación del estado nacional es el


resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una
nación y de un sistema de dominación. La constitución de una nación supone, en un
plano material, el surgimiento y desarrollo, dentro de un ámbito territorialmente
delimitado, de intereses diferenciados generadores de relaciones sociales capitalistas;
y en un plano ideal, la creación de símbolos y valores generadores de sentimientos de
pertenencia que tienden un arco de solidaridades por encima de los variados y
antagónicos intereses de la sociedad civil enmarcada por la nación. Este arco de
solidaridades proporciona a la vez el principal elemento integrador de las fuerzas
contradictorias surgidas del propio desarrollo material de la sociedad (resalta esto
porque está claro que va a haber fuerzas contradictorias que tienen que funcionar) y el
principal elemento diferenciador frente a otras unidades nacionales. Por su parte, la
constitución del sistema de dominación que denominamos estado supone la creación
de una instancia y de un mecanismo capaz de articular y reproducir el conjunto de
relaciones sociales establecidas dentro del ámbito material y simbólicamente
delimitado por la nación.

C) Explique el concepto de estatidad. ¿Cuáles son las cuatro capacidades que la


componen? ¿Para qué es útil su conceptualización?

La existencia del estado deviene de un proceso formativo a través del cual aquél va
adquiriendo un complejo de atributos que en cada momento histórico presenta
distinto nivel de desarrollo. Quizás sea apropiado hablar de "estatidad” para referirnos
al grado en que un sistema de dominación social ha adquirido el conjunto de
propiedades, expresado en esa capacidad de articulación y reproducción de relaciones
sociales, que definen la existencia de un Estado.

Menciona a Nettl y dice que para él este conjunto de propiedades incluye tanto
capacidades materiales para controlar, extraer y asignar recursos societales respecto
de una población y territorio dados, como capacidades colectivas entre ciudadanos o
sujetos habitantes de una nación determinada. El desigual desarrollo de estas
diferentes capacidades permitiría distinguir y caracterizar a los estados según el grado
y tipo de "estatidad" adquirido. Conceptualmente, sería entonces necesario
determinar en qué consisten estas diferentes capacidades, es decir, desagregar las
propiedades que confieren "estatidad" al estado. Caracterizadas estas propiedades, el
estudio del proceso de formación estatal consistiría en la identificación empírica de su
presencia y forma de adquisición, lo cual implica vincular el proceso formativo con una
serie de fenómenos sociales a los que pueden atribuirse efectos determinantes en
dicho resultado.

Este es el procedimiento propuesto por Schmitter y otros en un reciente trabajo.


Preocupados por establecer la especificidad del proceso de formación estatal en
América Latina, frente a la más conocida experiencia europea, estos autores
comienzan por distinguir, como atributos del Estado su capacidad de:

1) Externalizar su poder

Se vincula con el reconocimiento de una unidad soberana dentro de un sistema de


relaciones interestatales, cuya integridad es garantizada por otras unidades similares
ya existentes.

2) Institucionalizar su autoridad

Implica la imposición de una estructura de relaciones de poder capaz de ejercer un


monopolio sobre los medio organizados de coerción.

3) Diferenciar su control

Es la emergencia de un conjunto funcionalmente diferenciado de instituciones públicas


relativamente autónomas respecto de la sociedad civil, con reconocida capacidad para
extraer, establemente, recursos de su contexto, con cierto grado de profesionalización
de sus funcionarios y cierta medida de control centralizado sobre sus múltiples
actividades.

4) Internalizar una identidad colectiva

Consiste en la capacidad de emitir desde el estado los símbolos que refuercen los
sentimientos de pertenencia y solidaridad social que señalaba como componentes
ideales de la nacionalidad y aseguren, por lo tanto, el control ideológico de la
dominación.

Estos atributos de la "estatidad" permiten empezar a distinguir, comparativamente,


momentos y circunstancias históricas en que los mismos fueron adquiridos en las
diversas experiencias nacionales, lo cual facilita la detección de conexiones causales
con otros procesos sociales. Además, observados en forma combinada, estos atributos
sugieren fases o etapas diferenciadas en el proceso de formación estatal.

Por ejemplo, es evidente que la gran mayoría de los países latinoamericanos adquirió,
como primer atributo de su condición de estados nacionales, el formal reconocimiento
externo de su soberanía. Producto del desenlace de las luchas de emancipación
nacional, este reconocimiento se anticipó sin embargo a la institucionalización de un
poder estatal reconocido dentro del propio territorio nacional. Este desfasaje, que en
algunos casos perduró por varias décadas, contribuyó precisamente a crear la ambigua
imagen de un estado nacional asentado sobre una sociedad que retaceaba el
reconocimiento de la institucionalidad que aquél pretendía establecer.

D) Desarrolle los tres modelos o etapas de la relación económica-política delproceso


formación estatal

El autor cree preciso observar la relación economía-política distinguiendo fases o


etapas en las que se fueron definiendo los rasgos de un modo de producción y un
sistema de dominación que con el tiempo adquirirían una adjetivación común. Estas
diversas fases estarían asociadas con variables grados de "estatidad", tanto en lo que
se refiere al tipo de atributos considerado como al grado en que los mismos fueron
efectivamente adquiridos. Como estos modelos dan adecuada cuenta de la copiosa
literatura sociopolítica e histórica de América Latina relevante al tema, y encuentran
sustento en ella, vale la pena examinarlos brevemente para luego introducir algunos
problemas teórico-metodológicos aún no resueltos.

El primer modelo, que imprecisamente denominan "mercantilismo", propone de


relieve el legado cultural que España y Portugal presuntamente transmitieron a sus
antiguas colonias, y que perdurara luego de la independencia. Este legado, compuesto
de "códigos" culturales y "prismas" ideológicos que se manifiestan en rasgos de
personalismo, neopotismo, ritualismo, adscripción étnica, valores anticapitalistas y
otros, originan en esta interpretación- prácticas e ideales contrarios a la modernización
económica. La transición del estado colonial al estado del período independentista,
memento en el que se centra la atención de este enfoque, no consigue eliminar las
tradiciones localistas ni la influencia de instituciones típicas de la colonia, tales como la
Iglesia, los Ayuntamientos, las corporaciones de artesanos y comerciantes, las pautas
educacionales o las viejas este bagaje cultural se asocia entonces a la subsistencia no
sólo de un orden económico tradicional y atrasado, sino también de importantes
resabios de la maquinaria administrativa colonial.

El segundo modelo, al que aluden con la expresión "liberalismo", enfatiza las


exigencias derivadas de la inserción de las economías latinoamericanas en el mercado
capitalista mundial a partir de 1800, y sus consecuencias sobre el proceso de
formación estatal, apertura de nuevas posibilidades de expansión económica, la
creciente homogeneidad de una clase dominante consciente de la oportunidad
histórica brindada por una incorporación plena al mercado internacional y los
requerimientos técnicos, financieros y regulatorios implicados por la nueva forma de
organización económica de la producción, influyeron decididamente el abanico de
funciones que los estados latinoamericanos fueron asumiendo, otorgando
características específicas a su expansión. Es decir, este modelo observa una clara
correlación entre el surgente orden neocolonial y los atributos del estado que se iba
conformando al compás del afianzamiento de la relación dependiente. Pero la relación
implicada resulta demasiado mecánica; el estado aparece incorporando, dispuesta y
pasivamente, ingredientes de "estatidad" vinculados a las "tareas" demandadas por la
tramas de relaciones establecidas con el “nuevo amo imperial”, visión excesivamente
cargada de teología.

El tercer modelo, al que denominan "intervencionismo", reconoce los estímulos


"externos" implicados en la relación de dependencia, pero otorga especial relevancia a
los procesos derivados, en primer lugar, de ciertas cualidades "expansivas" (o
"partogenéticas") del estado mismo, y en segundo término, de aquellas resultantes de
las interacciones estado-sociedad. Es decir, se tienen más en cuenta los procesos
internos a un aparato institucional más burocratizado, a una sociedad más compleja y
a un Estado mucho más ínter penetrado con la misma. Naturalmente, este tercer
enfoque ubica el proceso de formación estatal en el momento de su definitiva
consolidación. A partir de este momento observa que los procesos "internos" al estado
o aquellos resultantes de una mucho más diversificada red interactiva con la sociedad
civil, tendieron a reforzar su autonomía, peso institucional, capacidad extractiva e
imbricación con actores sociales crecientemente diferenciados. Para usar otra imagen,
la mayor complejidad del estado y la sociedad tendieron a "filtrar", en direcciones y
con resultados dispares, los estímulos "externos" a la actividad de las unidades
estatales.

Como intento de identificación de los determinantes sociales del proceso formativo del
estado, es evidente que estos últimos 2 modelos no son alternativos sino
complementarios. No cabe duda de que el legado colonial, la relación dependiente
establecida en la etapa de "expansión hacia afuera" y la dinámica interna propia del
estado nacional explican buena parte de las características que fue asumiendo el
estado en los países de la región. En parte, estos modelos se diferencian por el hecho
de centrar su atención en distintas etapas del proceso de adquisición de los atributos
de "estatidad". Pero se distinguen por el hecho de sugerir que la investigación empírica
se concentre en fenómenos, actores y cuestiones sociales esencialmente diferentes.
Creo que en esto reside principalmente su limitación. Cada una de las fuentes de
determinación que respectivamente destacan no se corresponden con etapas
distintas, aun cuando indudablemente tienen peso y repercusiones diferenciales en
cada momento. Por eso es importante trascender el listado de factores puntuales y
establecer en qué sentidos las variables identificadas por cada enfoque influyeron el
proceso estudiado, cómo se afectaron mutuamente y de qué manera se vieron
interferidas o mediadas en cada caso por circunstancias (v.g. económicas, geográficas,
demográficas, culturales) específicas a cada sociedad. Este es el enfoque que intentaré
desarrollar en las secciones que siguen.

E) Explique qué es el aparato institucional del Estado y desarrolle el análisis de su


evolución histórica

Las referencias al Estado presumieron su doble carácter de instancia de articulación de


relaciones sociales y aparato institucional. Sin embargo, a efectos analíticos es preciso
definir ambas formas de conceptualización, ya que mientras una alude a una relación
social abstracta, la otra se refiere a actores concretos, organizaciones burocráticas, que
son su objetivación institucional. Observando históricamente, el proceso de
conformación de ambas esferas sufrió importantes desfasajes. Es decir, la aparente
correspondencia entre las mismas (resultante de ser una materialización de la otra)
expresa una relación teórica que en los hechos se vio a menudo alterada por la relativa
autonomización del estado "aparato" respecto del estado "relación social".
Recordamos, en este sentido, que el desarrollo de instituciones estatales constituye
solo uno de los atributos de la "estatidad". Nada permite afirmar a priori que su
adquisición debe ser simultánea a la adquisición de otros atributos. Por lo tanto, el
perfeccionamiento del estado como relación social, que puede asociarse más
directamente con la imposición de una cierta estructura de relaciones de poder y el
control ideológico de la dominación, constituye un fenómeno analíticamente
distinguible del proceso formativo de un aparato institucional.

El término alude vagamente a un conjunto heterogéneo e interdependiente de


organizaciones "públicas" que, en atención a los fines generales que las agrupa y a la
frontera que las "separa" de la sociedad civil, conforman una unidad susceptible de
análisis particularizado. Pero ni esta unidad teórica ni su diferenciación analítica
respecto de la sociedad civil tienen claros correlatos empíricos. Las instituciones que
componen el aparato estatal presentan notorias diferencias en términos de
autonomía, funciones, tamaño, clientela, jurisdicción y recursos, lo cual dificulta la
atribución de rasgos genéricos al conjunto. Por otra parte, la nítida frontera que buena
parte de la literatura ha tendido a establecer entre el dominio de "lo privado" y "lo
público", debe ser reexaminada a la luz de una realidad que muestra diversas y sutiles
formas de interpenetración entre actores civiles y estatales, en las que se diluye el
carácter de las relaciones formalmente establecidas.

En su objetivación institucional, el aparato del estado se manifiesta como un actor


social diferenciado y complejo, en el sentido de que sus múltiples unidades e instancias
de decisión y acción traducen una presencia estatal difundida (y a veces contradictoria)
en el conjunto de relaciones sociales. El referente común de su diversificado
comportamiento, el elemento homogeneizador de su heterogénea presencia, es la
legítima invocación de la autoridad del estado que, en su formalización institucional,
pretende encarnar el interés general de la sociedad.

Esta forma de conceptualizar al aparato estatal puede proporcionar algunas claves


para entender su dinámica interna y la trama de relaciones que históricamente
establece con la sociedad civil. Precisamente los dos elementos que introducen mayor
ambigüedad (v.g. se relativa incoherencia interna e identificación externa) permiten
concebir su ámbito de competencia y acción como una arena de negociación y
conflicto, donde se dirimen cuestiones que integran la agenda de problemas
socialmente vigentes. El proceso histórico a través del cual estas cuestiones se
problematizan, plantean y resuelven, da lugar a contradictorias relaciones entre
sociedad civil y estado que, aumentan la heterogeneidad del aparato institucional de
este último, y tornan imprecisos los límites entre ambas esferas.

A lo largo de este simultáneo proceso constitutivo, las instituciones estatales tienden a


apropiarse de ámbitos y materias de actuación creados por el propio proceso de
diferenciación social que tiene lugar paralelamente. En otras palabras, la ampliación
del aparato estatal implica la apropiación y conversión de intereses "civiles",
"comunes", en objeto de su actividad, pero revestidos de la ilegitimidad que le otorga
su contraposición a la sociedad como interés general. Además, este proceso conlleva a
la apropiación de los recursos que consolidarán las bases de dominación del estado y
exteriorizarán, en instituciones y decisiones concretas, su presencia material. La
expansión del aparato estatal deriva entonces del creciente involucramiento de sus
instituciones en áreas problemáticas de la sociedad, frente a las que adoptan
posiciones respaldadas por recursos de dominación, que expresan variable grados de
coerción o consenso. Estos actos de involucramiento suponen al estado como parte, lo
cual implica reconocerle potestad para (1) invocar un interés superior que subordina a
los de las otras partes, y (2) extraer los recursos que posibilitarán sus intentos de
"resolución" de las cuestiones planteadas.

F) Según Oszlak cuáles son las consecuencias de la ruptura con España. Explique
cómo se dio el desarrollo y estadios nacionales en América Latina.

El proceso de emancipación constituye un punto común de arranque en la experiencia


nacional de América Latina, pero el acto de ruptura con el poder imperial no significó
la automática suplantación del estado colonial por un estado nacional. En parte, ello se
debió a que en su origen, la mayoría de los movimientos emancipadores tuvieron un
carácter municipal, limitados generalmente a la localidad de residencia de las
autoridades coloniales. Gradualmente, en la medida en que consiguieron concitar
apoyos, se fueron extendiendo hasta adquirir un carácter nacional. Los débiles
aparatos estatales del período independentista estaban constituidos por un reducido
conjunto de instituciones (administrativas y judiciales) locales. A este primitivo aparato
se fueron superponiendo órganos políticos (v.g. Juntas, Triunviratos, Directorios), con
los que se intentó sustituir el sistema de dominación colonial y establecer un polo de
poder alrededor del cual constituir un estado nacional. Estos intentos no siempre
fueron exitosos, y en muchos casos desembocaron en largos períodos de
enfrentamientos regionales y lucha entre fracciones políticas, en los que la existencia
del estado nacional se fundaba, de hecho, en sólo uno de sus atributos: el
reconocimiento externo de su soberanía política.

No pocas veces, el fracaso se debió a la escasa integración territorial, derivada de la


precariedad de los mercados y agravada por la interrupción de los vínculos con la vieja
metrópoli. La integración política de las colonias con la metrópoli, que el proceso
emancipador interrumpió, había sido una condición necesaria de su explotación
económica. Con la independencia, las tendencias hacia la autonomización regional se
vieron reforzadas por el debilitamiento de los antiguos ejes dinámicos de la economía
colonial (v.g. los centros proveedores de metales preciosos) y el creciente aislamiento,
que dificultó el desarrollo de integración de nuevos circuitos económicos. El período
independentista se caracterizó así por tendencias secesionistas que desmembraron los
virreynatos y modificaron drásticamente el mapa político de América Latina. En tales
circunstancias la estructuración de los nuevos estados se vio condicionada por dos
factores: la inexistencia de interdependencia real entre señores de la tierra, que se
ligarían unos a otros o se someterían a uno de entre ellos en función de la lucha por el
poder; y la acción de la burguesía urbana, que mantendría contactos con el exterior y
exploraría toda posibilidad de expansión del intercambio externo al cual se irían
vinculando segmentos del sector rural. Así, en la medida en que surgían posibilidades
para una u otra línea de exportaciones, el grupo urbano tendería a consolidarse al
mismo tiempo que se integraba con algún subgrupo rural, creándose de ese modo
condiciones para la estructuración de un efectivo sistema de poder.

Sin duda, la efectividad del sistema de poder estructurad, es decir la concreta


posibilidad de constitución de un estado, dependió fundamentalmente del grado de
articulación logrado entre los intereses rurales urbanos, lo cual a su vez estuvo
relacionado con las condiciones existentes para la integración económica del espacio
territorial. La relativa homogeneidad regional de los valles centrales de los actuales
Chiles y Costa Rica podría explicar así la temprana consolidación de un estado nacional
en esos países. El desarrollo en los mismos de una pujante y diversificada economía y
la acomodación de los grupos locales más tradicionales a las nuevas posibilidades
productivas, contribuyeron a un rápido afianzamiento del poder centralizado del
estado, evitando la anarquía y el caudillismo que conocieron la mayoría de los países
de la región.

En el caso del Brasil, fue el aparato burocrático y militar de la Corona, heredado por el
imperio, el agente social que contribuyó a la constitución del orden nacional, dando
contenido a un estado débilmente asentado en los sectores productivos. La alianza de
este estamento burocrático militar con la surgente burguesía militar con la surgente
burguesía paulista del café, soporte de la República Velha, permitió crear un sistema
de dominación relativamente estable, aun cuando la subsistencia de poderes
regionales fuertes exigió mecanismos equilibradores y políticas de compromiso que
otorgaron características peculiares al régimen oligárquico instituido. En otros países
donde la extensión territorial también creó dificultades para la articulación
interregional (v.g. Perú, México, Bolivia), el control de la actividad minera,
predominante desde la época colonial, suministró en general una base de poder
suficiente como para ejercer el control del estado nacional y desbaratar eficazmente
otras fuerzas contestatarias. Naturalmente, esto no siempre condujo a una efectiva
integración nacional ni a la conformación de un estado que tuviera tal carácter. En
México, estas condiciones recién comenzaron a plasmarse con el Porfiriato, después
de medio siglo de intentos más o menos frustrado, mientras que en el Perú aún se
discute la existencia misma de una nación y un estado nacional. En Brasil, muchos aún
sostienen que sólo a partir de los años 1930's puede hablarse de un estado
verdaderamente nacional.

Como gruesa generalización, podríamos aceptar al menos que la efectiva posibilidad


de creación de una economía más integrada y compleja, sumada -en algunos casos- a
la preservación de ciertas instituciones coloniales como instrumentos de control
político, suministraron el cemento que amalgamaría a la sociedad territorialmente
asentada y al incipiente sistema de dominación, en un estado nacional. Esto explicaría
el por qué, en casos como los de Argentina o Colombia, de la precariedad de las
economías regionales, la extensión territorial, las dificultades de comunicación y
transporte, el desmantelamiento del aparato burocrático colonial y las prolongadas
luchas civiles que reflejaban la falta de predominio de una región o de un sector de la
sociedad sobre los otros, demoraron por muchos años el momento en que tal
amalgama se produciría. Los largos períodos de guerras civiles en la experiencia
latinoamericana, que se extendieron entre la independencia y la definitiva
organización nacional, pueden visualizarse así como aquella etapa en la que se fueron
superando las contradicciones subyacentes en la articulación de los tres componentes,
economía, nación y sistema de dominación, que conformarían el estado nacional.
Economía regional versus economía abierta; ámbito local versus ámbito nacional de
relaciones sociales; y sistemas de dominación localista versus centralización del poder
en un sistema de dominación a nivel nacional, constituyeron los términos de las
contradicciones que los profundos cambios producidos en la economía internacional
de mediados de siglo contribuirían a resolver.

G) ¿Cuáles fueron las causas de la expansión económica en la América poscolonial?


¿Cómo influyó la inmigración en el proceso?
Hacia mediados del siglo pasado tenían lugar en Europa profundas transformaciones
sociales. Simultáneamente, se producían la extensión de la revolución industrial, la
revolución en los transportes y el alza continuada de la demanda de bienes primarios,
tanto para alimentar el proceso productivo de una economía crecientemente
capitalista como para satisfacer las necesidades de consumo de una población
crecientemente urbana. Todo esto es suficientemente conocido.

También se han estudiado extensamente las consecuencias de estos procesos sobre el


desarrollo de las economías y sociedades latinoamericanas. La extraordinaria
expansión del comercio mundial y la disponibilidad e internacionalización del flujo de
capitales financieros, abrieron en América Latina nuevas oportunidades de inversión y
diversificación de la actividad productiva e intermediadora. No es tampoco
desconocida la estrecha correlación entre el crecimiento de la demanda externa, las
grandes corrientes migratorias que proporcionaron a algunas de las nuevas naciones
abundante fuerza e trabajo, las inversiones en infraestructura y el auge de las
exportaciones. Todos estos procesos se vinculaban al contagioso optimismo respecto
del "progreso indefinido" que la experiencia norteamericana y europea generaba en la
región.

H) La fórmula "Orden y progreso" supone dos cuestiones que coexistieron (no sin
contradicciones) en la agenda de las sociedades latinoamericanas de la segunda
mitad del siglo XIX: explique el contenido de este lema positivista y como se
aplicaron en la etapa formativa de los estados latinoamericanos

Lo que es menos conocido es el papel que los nuevos estados nacionales


desempeñaron frente a estas transformaciones. Para los sectores económicos
dominantes que encontraban en la apertura hacia el exterior creciente terreno de
convergencia para la homogenización de sus intereses, la superación de tales
restricciones pasaba por la institución de un orden estable y la promoción de un
conjunto de actividades destinadas a favorecer el proceso de acumulación. "Orden y
progreso", la clásica fórmula del credo positivista, condensaba así las preocupaciones
centrales de una época: aquélla en que comenzaban a difundirse en América Latina
relaciones de producción capitalista. La garantía de expansión y reproducción de estas
relaciones no podía quedar librada a las propias fuerzas sociales que las engendraban.
La dominación celular ejercida en el ámbito de la producción, resultaba insuficiente
frente a la creciente "nacionalización" e internacionalización de la vida económica.
Ante los sectores dominantes de la época, el estado nacional aparecía como la única
instancia capaz de movilizar los recursos y crear las condiciones que permitieran
superar el desorden y el atraso. Resolver estas cuestiones exigía, necesariamente,
consolidar el "pacto de dominación" de la incipiente burguesía y reforzar el precario
aparato institucional del estado nacional.
¿Qué significaba la institucionalización del "orden"? Uno de los aspectos más notables
de la etapa histórica que estamos considerando es la diversidad y simultaneidad de
manifestaciones de "desorden" que el estado nacional debía afrontar. Por una parte,
las múltiples instancias de enfrentamiento armado, que en las distintas experiencias
nacionales se expresaron en levantamientos de caudillos locales, rebeliones
campesina, incursiones indígenas, intentos secesionistas y otras formas de
contestación a la pretensión de concentrar y centralizar el poder de acuerdo con un
determinado esquema de dominación. Por otra parte, la tradición conspiraba contra la
centralización en el estado de ciertos instrumentos de control social: registro de las
personas, aparato educacional, prácticas comerciales uniformes, etc. A la vez, las
unidades subnacionales (estados, provincias, departamentos) continuaban
manteniendo fuerzas regulares propias, emitiendo su propia moneda, estableciendo
aduanas internas o administrando justicia sobre la base de normas constitucionales y
legales dispares. Imponer el orden implicaba regularizar el funcionamiento de la
sociedad, hacer previsibles las transacciones, regular los comportamientos.

El "orden" aparecía entonces, paradójicamente, como una drástica modificación del


marco habitual de relaciones sociales. No implicaba el retorno a un patrón normal de
convivencia sino la imposición de uno diferente, congruente con el desarrollo de una
nueva trama de relaciones de producción y de dominación social.

En consecuencia, durante la primera etapa del período independentista los esfuerzos


de los incipientes estados estuvieron dirigidos a eliminar todo resabio de poder
contestatario, extendiendo su autoridad a la totalidad de los territorios sobre los que
reivindicaban soberanía. La reiterada y manifiesta capacidad de ejercer control e
imponer mando efectivo y legítimo sobre territorio y personas, en nombre de un
interés superior material e ideológicamente fundado en el nuevo patrón de relaciones
sociales, es lo que definía justamente el carácter nacional de estos estados. Esa
capacidad se veía jaqueada por el enfrentamiento con intereses regionales, con
tradiciones de administración localista, con formas caudillistas de ejercicio del poder
local y con variables proyectos federativos y tendencias disolventes que amenazaban
la integridad de los territorios pretendidamente acotados por la nación. De aquí que
en esta primera etapa los nuevos estados exteriorizaran su presencia
fundamentalmente como aparatos de represión y control social, lo cual se reflejaba en
el mayor peso relativo de aquellas instituciones destinadas a la consolidación y
legitimación del poder central (v.g. constitución y mantenimiento de milicias, apertura
y mejoramiento de vías de comunicación, desarrollo de instituciones y mecanismos
jurídicos de regulación social).

Queda claro que la cuestión del "orden", suscitada y privilegiada por sectores
dominantes de la sociedad que al mismo tiempo estaban definiendo el carácter de su
inserción en la nueva estructura de relaciones sociales, acaparó la atención y recursos
del estado nacional desde el momento de su constitución. "Resolverla" representaba
para el estado una condición básica de su supervivencia y consolidación. Pero además,
constituía una premisa elemental para el establecimiento de formas estables de
relación social, compatibles con las oportunidades y expectativas que surgían con la
lenta pero creciente integración de las economías latinoamericanas al mercado
mundial. Por eso, la cuestión del "progreso" surgió como la contracara del "orden",
como su natural corolario. La fórmula que las reunía señalaba un orden de prelación
que adquiría el carácter de condición necesaria para la plena realización de sus dos
términos. Orden y progreso, pero primero orden, luego progreso.

Un estado capaz de imponer el orden y promover el progreso era, casi por definición,
un estado que había adquirido como atributos la capacidad de institucionalizar su
autoridad, diferenciar su control e internalizar una identidad colectiva. Ello suponía un
grado de "presencia" en estos diversos planos que la precariedad de los nuevos
estados no estaba en condiciones de institucionalizar. Asignar sus escasos recursos al
"orden" restaba posibilidades de facilitar el "progreso", con lo cual su legitimación
tendía a fundarse en la coacción, resintiéndose su viabilidad institucional. Pero por
otra parte, imponer "orden", efectivizarlo, creaba condiciones materiales para
impulsar el progreso, libraba recursos para su promoción, aumentaba la capacidad
extractiva y viabilidad del estado y tendía a fundar su legitimación en su condición de
agente fundamental del desarrollo de relaciones sociales capitalistas. A lo largo de un
proceso en el que los términos de esta ecuación fueron modificando alternativamente
sus valores, el estado se convirtió en eje para la consolidación de nuevas modalidades
de dominación política y económica. De aquí que tomar activa parte en el proceso de
resolución de estas cuestiones representó para el estado el medio de adquirir
"estatidad". Este es el sentido de la simbiótica constitución del estado y sociedad como
esferas distinguibles de un único y nuevo orden social capitalista.

Las observaciones efectuadas sugieren que los estados latinoamericanos, en su etapa


formativa, fueron desarrollando sucesivamente sus aparatos de represión, de
regulación y de acumulación de capital social básico. Sus cristalizaciones institucionales
en forma de legislación, organismos públicos, mecanismos administrativos y pautas de
asignación de recursos- reflejaron las diversas combinaciones a través de las cuales el
estado procuró resolver los problemas del "orden" y el "progreso". Pero todo esto
exigía recursos. Es decir, el estado debía desarrollar paralelamente una capacidad
extractiva y un aparato de recaudación y administración financiera que aseguraban su
propia reproducción, de modo de consolidar su poder, legitimarse y continuar
sosteniendo las condiciones de expansión económica.

I) ¿Qué implicancias tenía el Orden y Progreso en la etapa de consolidación del


Estado?
A pesar de sus limitaciones, el intento de generalización efectuado en la sección
anterior cumple al busca establecer similitudes y diferencias al menos con 2
condiciones que le otorgan cierta validez:

(1) Se basa en reflexiones que, desde la investigación en profundidad de un caso


nacional, otros casos.

(2) Se refiere a un período en que el grado de complejidad de la estructura social y del


aparato estatal de los países es suficientemente bajo como para captar con pocas
dificultades sus procesos y cuestiones más salientes. En cambio, u intento similar para
el período de consolidación del estado, coincidente con la larga etapa histórica que se
extiende desde fines del siglo pasado hasta nuestros días, enfrenta problemas no
superables en un trabajo como el presente. Por lo tanto, las observaciones que siguen
deben entenderse como ilustración de una modalidad de análisis y no como el
planteamiento de una rigurosa interpretación histórica.

En el nivel de generalidad en el que nos hemos colocado hasta ahora, no es casual que
"orden" y "progreso" hayan aparecido como las cuestiones centrales del período
formativo del estado. En cierto modo, ni los problemas del "orden" ni los del
"progreso" acabaron por resolverse nunca. Lo fueron sólo en el estricto sentido de
que, con la intervención protagónica del estado durante una crucial etapa histórica, se
eliminaron las diversas fuentes de contestación a la implantación de un sistema
capitalista, se regularizaron y garantizaron las condiciones para que las relaciones
implicadas en este sistema se desarrollaran y se asignaron recursos a la creación del
contexto material que facilitara el proceso de acumulación. No lo fueron en el más
amplio sentido de que reproducción del capitalismo como sistema implicó,
recurrentemente, nuevas "intervenciones" estatales para resolver otros tantos
aspectos problemáticos de las mismas cuestiones, planteados por el contradictorio
desarrollo de ese sistema. Sucesivamente rebautizadas, estas cuestiones reemergieron
en la acción e ideología de otros portadores sociales, pero en su sustrato más
profundo seguían expresando la vigencia de aquéllas dos condiciones de reproducción
de un mismo orden social.

Cuando a comienzos de este siglo empezó a agitarse la llamada "cuestión social";


cuando décadas más tarde el redistribucionismo populista debilitó las bases de
acumulación de los sectores económicos dominantes; o cuando más recientemente los
movimientos subversivos amenazaron la propia continuidad del capitalismo como
sistema, la cuestión del "orden" fue una y otra vez reactualizada: necesidad de
estabilizar el funcionamiento de la sociedad, reprimir los focos de contestación
armada, hacer previsible el cálculo económico, interponer límites negativos a las
consecuencias socialmente destructivas del propio patrón de reproducción de las
relaciones sociales capitalistas.
J) ¿Qué implica para el autor que el estado sea el principal garante y articulador de
las relaciones capitalistas?

Si el estado es el principal garante y articulador de las relaciones capitalistas, la


adquisición o consolidación de sus atributos estarían íntimamente ligadas a las
vicisitudes de los procesos desarrollados en torno a las cuestiones más desagregadas,
ya que estas expresarían las modalidades concretas que asumen las tensiones
estructurales del capitalismo. Las iniciativas y respuestas del estado, sus políticas en el
amplio sentido de tomas de posición frente a las cuestiones socialmente
problematizadas, manifestarían, en un sentido inmediato, intentos de resolución de las
cuestiones planteadas, y en otro plano, intentos renovados de superación de las
tensiones más profundas del orden social vigente. Pero iniciativas y respuestas no son,
a su vez, una forma de alusión genérica a las múltiples modalidades de acción estatal,
un modo de englobar las distintas manifestaciones de su presencia institucional, que
se expresan en el desarrollo de una capacidad extractiva, en una estructura orgánica
diferenciada, en funciones especializadas, en tendencias sistemáticas en la asignación
de recursos, en ciertos comportamientos rutinizados o en una determinada capacidad
de producción de símbolos. Todos estos no son otra cosa que los atributos de la
"estatidad", adquiridos o consolidados como consecuencia (pero también como
condición necesaria) de los procesos enhebrados alrededor de la agenda de cuestiones
socialmente vigentes. Es en este sentido que el aparato estatal es un producto
contradictorio del desarrollo de un patrón, también contradictorio, de relaciones
sociales.

Claro está que así como el capitalismo no se desarrollo de igual manera en todas
partes, tampoco los aparatos institucionales del estado evolucionaron siguiendo un
patrón único. La especificidad de estos aparatos fue un reflejo de la especificidad de
los respectivos capitalismos. Y esta última fue, a su vez, producto de las fuerzas
desatadas por este sistema de producción, apropiación y dominación; de las clases y
sectores surgidos de estas relaciones; de sus respectivas bases de recursos; y de su
movilización, a través de alianzas y enfrentamientos, en torno a las cuestiones
suscitadas por el contradictorio desarrollo de este complejo sistema.

Desde esta perspectiva adquieren nuevo sentido ciertos rasgos comunes observables
en la evolución histórica del aparato estatal en América Latina. Uno es la
correspondencia entre el tipo de cuestión social suscitada y el tipo de mecanismo
institucional apropiado para resolverla.

Otro rasgo común vinculado con el anterior es el crecimiento del aparato estatal a
través de tandas de organismos y recursos funcionalmente especializados, lo que en
parte señala la vigencia alternada de cuestiones de determinado signo y especie.
Un tercer rasgo común es el carácter conflictivo que adquiere el propio proceso de
expansión estatal, como consecuencia de la constitución de su aparato en arena de
negociación y enfrentamiento.

K) Explique las consideraciones finales que desarrolla el autor sobre la formación del
estado

1) En su origen, este proceso implicó, a la vez, la sustitución de la autoridad


centralizada del estado colonial y la subordinación de los múltiples poderes locales que
eclosionaron, luego de la independencia, como consecuencia de las fuerzas centrífugas
desatadas por el proceso emancipador.

2) La identificación con la emancipadora, precario componente idealista de la


nacionalidad, fue insuficiente para producir condiciones estables de integración
nacional. La base material de la nación recién comenzó a conformarse con el
surgimiento de oportunidades para la incorporación de las economías locales al
sistema capitalista mundial y el consecuente desarrollo de intereses diferenciados e
interdependientes generados por tales oportunidades.

3) Al margen de las complejas mediaciones que intervinieron en cada caso nacional, la


articulación de los mercados internos y su eslabonamiento con la economía
internacional, se vieron acompañados por la consolidación del poder de aquella clase o
alianza de clases que controlaba los nuevos circuitos de producción y circulación de
bienes en que se basó la expansión de la economía exportadora.

4) Pero las nuevas formas de dominación económica, a cuya sombra se consolidaban


nuevas relaciones sociales, requerían políticamente la paralela constitución y control
de un sistema de dominación capaz de articular, expandir y reproducir el nuevo patrón
de relaciones sociales.

5) Este sistema de dominación, el estado nacional, fue a la vez determinante y


consecuencia del proceso de expansión del capitalismo iniciado con la
internacionalización de las economías de la región. Determinante, en tanto creó las
condiciones, facilitó los recursos, y hasta promovió la constitución de los agentes
sociales, que favorecerían el proceso de acumulación. Consecuencia, en tanto a través
de estas múltiples formas de intervención se fueron diferenciando su control,
afirmando su autoridad y, en última instancia, conformando sus atributos.

6) Las "leyes de movimiento" de este recíproco proceso constitutivo podrían


discernirse a partir del análisis de aquellas cuestiones sociales que, al convocar a los
protagonistas (civiles y estatales) centrales de aquel proceso, condensaron
sucesivamente la problemática que acaparó sus recursos y acciones.
7) Los problemas relativos al "orden" y al "progreso" concentraron la atención de estos
actores, resumiendo la agenda de cuestiones socialmente vigentes durante la etapa
formativa del estado. Las modalidades que históricamente asumió su resolución,
fueron definiendo la naturaleza y significación de los sectores sociales y de las
instituciones estatales generados por el propio proceso de resolución.

8) Con la consolidación del estado y la difusión de relaciones capitalistas, "orden" y


"progreso" tendieron a convertirse en tensiones permanentes del nuevo patrón de
organización social. Al resurgir desagregados en múltiples cuestiones, no sólo
manifestaban su renovada vigencia. También expresaban la permanencia de ciertas
contradicciones fundamentales del capitalismo y definían ámbitos de acción del estado
comprometidos en la superación de las consecuencias más ostensiblemente
desestabilizadoras de dicho sistema.

9) La identificación en cada experiencia nacional de las cuestiones más desagregadas,


permitiría circunscribir un campo analítico e histórico en el que recrear el proceso de
resolución de las mismas serviría a la vez para reconstruir los hitos fundamentales y las
modalidades específicas del proceso formativo del estado.

Lo dicho completa una necesaria instancia de reflexión sobre el tema. Al señalar la


centralidad y generalidad de ciertas tensiones permanentes del capitalismo, su
manifestación a través de cuestiones socialmente problematizadas y su íntima
vinculación con la adquisición de ciertos atributos por parte del estado en América
Latina, sólo me propuse sugerir una promisoria forma de abordaje analítico de un
tema poco explorado. No fue mi intención proporcionar una explicación definitiva del
mismo sino algunos lineamientos para comenzar a estudiarlo. Será necesario contar
con un conjunto de serios estudios de casos nacionales para empezar a distinguir, más
allá de sus especificidades históricas, aquellos elementos generalizables que pueden
contribuir a la reflexión teórica sobre el estado latinoamericano.

También podría gustarte