Untitled
Untitled
2
V Jornadas de Historia Social de la Patagonia / Walter Delrio, Liliana Pierucci, Fabiana Ertola,
Laura Méndez, Maximiliano Lezcano, Liliana Luseti, Inés Barelli, José Benclowicz, Alfredo
Azcoitía, Susana Romaniuk y Viviana Fernández. - 1a ed. -
ISBN 978-987-28950-4-4
Compiladores: Walter Delrio, Liliana Pierucci, Fabiana Ertola, Laura Méndez, Maximiliano
Lezcano, Liliana Luseti, Inés Barelli, José Benclowicz, Alfredo Azcoitía, Susana Romaniuk y
Viviana Fernández.
ISBN 978-987-28950-4-4
Queda prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio de impresión, en forma
idéntica, extractada o modificada, en castellano o cualquier otro idioma.
3
Comité Académico
Dr. José Luis Lanata (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. José Benclowicz (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. Walter Delrio (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dra. Laura Méndez (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Dr. Enrique Mases (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Mag. Gabriel Rafart (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Dra. Beatriz Gentile (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Dra. Claudia Salomón Tarquini (IESH, CONICET, Universidad Nacional de La Pampa)
Prof. Stella Cornelis (IESH, Universidad Nacional de La Pampa)
Mag. Edda Crespo (GEHISO, [Link], Univ. Nac. de la Patagonia San Juan Bosco)
Mag. Daniel Cabral Marques (GEHISO, [Link], Univ. Nac. de la Patagonia San Juan Bosco)
Comisión organizadora
Dr. José Luis Lanata (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dra. Laura Méndez (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Maximiliano Lezcano (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Dr. José Benclowicz (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. Walter Delrio (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Lic. Liliana Luseti (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Fabiana Ertola (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Inés Barelli (IIDyPCa, CONICET)
Prof. Alfredo Azcoitía (Universidad Nacional de Río Negro)
Mg. Susana Romaniuk (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Viviana Fernández (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Liliana Pierucci (Universidad Nacional de Río Negro, UNCo)
Organizadores:
Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, CONICET-
Universidad Nacional de Río Negro.
Programa de Estudios en Historia Regional, Instituto de Estudios Socio-Históricos,
Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa.
Grupo de Estudios de Historia Social de la Patagonia Central y Austral (GEHISO-
[Link].). Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional
de la Patagonia San Juan Bosco.
Grupo de Estudios de Historia Social (GEHISO). Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional del Comahue.
Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad Nacional del Comahue.
4
ÍNDICE
Introducción. Por Comisión organizadora 9
Análisis del rol de las mujeres indígenas en los ámbitos de consenso, 105
durante la segunda mitad del siglo XIX en Patagonia. Sugerencias para
una nueva interpretación de caso. De Cristian Gonzalo Quiroga.
5
Itinerarios y cartografías históricas de Norpatagonia. De Walter Delrio, 174
Pablo Arias, Florencia Bechis, Marcia Bianchi, Lorena Cañuqueo,
Samanta Guiñazú, Celeste de Micco, María Emilia Sabatella y Valentina
Stella.
Los usos políticos y simbólicos del espacio público por parte del gremio 309
petrolero (SUPE) y de los docentes provinciales (CTERA-ATECH) en
Comodoro Rivadavia (1989-1999). De Dafne Rentz.
6
Coordinadoras de mesa: María Beatriz Gentile (UNCo-GEHiSo) y Susana
Debattista (UNPSJB, sede Trelew)
7
La Asociación Nacional de Aborígenes: agencia indígena en la 567
producción del espacio social durante las gobernaciones radicales (1916-
1930). De Pilar Pérez.
8
Introducción
9
evento, la realización de las jornadas han sido una oportunidad para establecer
y fortalecer vínculos entre centros de investigación y equipos de trabajo.
10
Capítulo
“Procesos migratorios en Patagonia
(s. XIX – XXI)”
Coordinadoras de mesa:
Ana Inés Barelli (IIDyPCa-CONICET-UNRN)
y Patricia Dreidemie (UNRN)
11
Una colonia de suizos-franceses. Discursos y representaciones sobre ser
pionero en la Norpatagonia - Fines del siglo XIX - 1950
Resumen
Mail: edimoch@[Link]
Mail: lpierucci@[Link]
12
armónica como producto de una construcción social que elude los conflictos
interétnicos y de clase, donde “el futuro” es el eje de desarrollo y se considera
al indígena como “un pasado lejano”.
Lo anteriormente expuesto se ve plasmado en los guiones museísticos, en la
prensa, fotografías, etc., (nuestras fuentes documentales), reconociendo en
ellos una tradición construida sobre comunidades imaginadas como aldeas de
inmigrantes europeos, parte de un proyecto homogeneizante que unificaría
toda la sociedad de la Norpatagonia bajo la bandera del “progreso”.
Introducción
13
las historias regionales se aborda desde dos dimensiones: la primera se
relaciona con la reconstrucción de los relatos desde la documentación
disponible, que nos ha permitido identificar contradicciones y re-elaboraciones
sobre el proceso migratorio y la acción de los pioneros, y la segunda,
acercándonos a la “lectura” de los objetos y fotografías, que consideramos
sacralizan la memoria oral y a los que se consideran, detentan, condensan y
portan, la gesta del trabajo de los pioneros.
La migración suizo-francesa llegada a esta región, se corresponde con la
principal entrada de inmigrantes europeos a la Argentina, la que se produjo
entre 1870 y 1914, con la particularidad que a la Norpatagonia arriban desde
Chile.4
En esta primera parte del trabajo destacamos que la Patagonia tiene su propia
dinámica de corrientes migratorias. En general se relacionan a los momentos y
características que propone Fernando Devoto, coincidiendo que la mayor
corriente de inmigración llega en el contexto de fines del siglo XIX, dónde la
Argentina abre sus puertas a estas poblaciones a la vez que Europa sufre
diferentes crisis político-económicas que generan la dispersión de sus
habitantes.
Como Chile estableció convenios de migración con la Confederación Suiza a
mediados del s. XIX, más de 8.000 personas arribaron a la región de la
Araucanía,5 (espacio ocupado tradicionalmente por población mapuche, lo que
motivó la decisión desde el Estado chileno de entregar estas tierras a colonos
europeos,6 los que se fueron asentando entre 1882 y 1901 para lograr una
presencia efectiva, diferente de los pueblos originarios).
Desde allí, fueron ingresando a la Argentina atraídos por los marcos legales
nacionales, que les daba la Ley N° 1532 de Organización de los Territorios
14
Nacionales y la Ley del Hogar,7 ambas del año 1884. Estas leyes
reorganizaron las fronteras interiores y delimitaron las fronteras exteriores de
nuestro país.
Si bien, estos movimientos migratorios no fueron los previstos por las elites
porteñas para poblar el Estado en formación, estos campesinos coinciden en
general, con el mismo grupo social y actividad de los llegados por el Puerto de
Buenos Aires.
La particularidad de los asentamientos poblacionales locales es que se
generaron a partir de redes de inmigración, tejidas por fuertes articulaciones
sociales y familiares y un entramado de tipo endogámico que les dio una suerte
de homogeneidad e identidad con el transcurrir del tiempo.8 Así, es posible
seguir las historias familiares en el arribo a esta región: primeros años en las
colonias establecidas en el sur de Chile, llegada luego de pequeños núcleos a
la Norpatagonia, arribo de otros familiares, etc., dándole a la sociedad local una
conformación heterogénea: alemanes, italianos, suizos, eslovenos, vascos,
chilenos, etc., y una complejidad particular debido a la diversidad social y
étnica, teniendo en cuenta que aquí quedó la población indígena arrinconada
por la campaña militar y que el mestizaje no fue habitual.
¿Quién es el inmigrante? En este primer momento, nos referimos a los
extranjeros europeos que se desplazaron y arribaron para quedarse. Es
importante tener en cuenta que en el ámbito de los territorios nacionales al no
tener nadie el status de ciudadano, no se presenta el conflicto entre habitante y
ciudadano que se dio en las provincias, por la restricción en la participación
política. El relato de la Norpatagonia le da al inmigrante extranjero el rol de
pionero civilizador.
15
la “Campaña del Desierto” y de la población de origen chileno, que se instaló
en simultáneo con el denominado pionero.
Estos discursos se entremezclan con los relatos sobre este territorio: hostil
aunque de carácter promisorio, el ideal para construir “la Suiza Argentina”,
expresión que se vincula claramente a los valores del siglo XIX sobre el
progreso y la civilización.
La historia local nos cuenta que a partir de la llegada de los pioneros y colonos,
se inicia la gesta civilizatoria regional. Cada una de las localidades de la
Norpatagonia (San Martín de los Andes, Villa La Angostura, San Carlos de
Bariloche, Colonia Suiza, Villa Traful) remite a estos inicios, a sus esfuerzos y
luchas. En este contexto, se establece una relación entre pionero y naturaleza
que excluye a otros sujetos sociales: una idea de naturaleza prístina y
armónica como producto de una construcción social que elude los conflictos
interétnicos y de clase, donde “el futuro” es el eje de desarrollo y se considera
al indígena como “un pasado lejano”.
Lo anteriormente expuesto se ve plasmado en los guiones museísticos, en la
prensa, fotografías, etc., (que son nuestras fuentes documentales),
reconociendo en ellos una tradición construida sobre comunidades imaginadas
como aldeas de inmigrantes europeos, parte de un proyecto estatal
homogeneizante que unificaría toda la sociedad de la región bajo la bandera
del “progreso”.
En el marco de nuestra investigación, es importante dar cuenta de la
construcción social que se va creando en relación a la labor de los primeros
habitantes europeos “blancos”, que se instalaron en la región de Norpatagonia,
(aunque se puede aplicar a cualquier grupo inmigrante llegado a nuestro país
entre 1870 y 1914, como dijéramos anteriormente, siguiendo el análisis y
modelos propuesto por Fernando Devoto). Esta población considera que le
tocó la labor de “transformar” el territorio donde se asentó, con el “privilegio” de
trabajar en pos de un futuro idealizado luchando con muchas dificultades y
obstáculos (como por ejemplo lo inhóspito del clima y del paisaje, la soledad, la
“lejanía de la civilización”, que suponen instituciones tales como hospitales y
escuelas, etc.). Es de destacar como se idealiza el recuerdo de este pasado,
pues los descendientes consideran estas acciones de sus antepasados como
gestas, donde muchos de esos pioneros ni siquiera pudieron ver el fruto de su
16
trabajo y esfuerzo. Tomamos la expresión de “pionerismo” como la “constante
en las representaciones históricas de la Patagonia”,9 considerando con esto
una historia regional en esencia inmigrante y cristalizada, que excluye en su
discurso la presencia de los pueblos originarios o de otras migraciones no
europeas.
Por otra parte, para el Estado estos inmigrantes tendrán el estatus de colono,
entendiendo como tales a la población migrante que se instalaron en lugares
“deshabitados” con el objetivo de fundar poblaciones y dedicarse a actividades
económicas relacionadas con el agro.
17
y la creación de la colonia del Nahuel Huapi, (origen de las ciudades de San
Carlos de Bariloche, Villa La Angostura y este poblado) en abril del mismo año,
con otro decreto.
La inmigración de la colonia que se instaló en el Oeste del lago Moreno, es de
origen suizo-francés,12 especialmente provenientes del cantón valezano.
Llegaron por sus propios medios, atraídos por la belleza del lugar (que en los
relatos les recordaba su Suiza natal) y a las condiciones de creación de estas
colonias propuestas por la propaganda estatal.
Cada colono recibió como donación por parte del Estado Nacional un lote
pastoril de 625 ha. denominado “poblado”,13 con la libertad de realizar la
actividad agrícola o pastoril que consideraran, sembrando a lo largo de los
años, trigo, alfalfa, avena, frutales y criando animales. Por estas producciones
obtuvieron algunos premios nacionales, tales como: en 1910 por la producción
de trigo (en una muestra realizada en la Rural de Buenos Aires) y en 1925 por
la producción de frutales.
En la década de 1930, se suma la explotación forestal14 con el procesamiento
de madera, creando un aserradero y vendiendo esta producción en la ciudad
de Bariloche.15 Cada uno según sus criterios, construyó dentro del mismo, una
o más viviendas, galpones, establos, etc. Y de manera espontánea se fue
organizando la urbanización con calles, alamedas, puerta de ingreso, camino y
puentes. En esta misma década, surgen otros actores sociales disputando
estos lotes: Parques Nacionales y el Ejército.16
12La inmigración suizo-francesa fundó varias colonias agrícolas a lo largo de nuestro país y en
Chile. Llegaron en la primera oleada inmigratoria, de fines del s. XIX, buscando mejores
condiciones de desarrollo a raíz del contexto de los países europeos de una de las fases de
crisis de la Revolución Industrial.
13 Desde la concepción de la arquitectura rural, se denomina poblado a cada lote de 625 ha.,
distribuidos para cada familia.
14 La actividad forestal se realizó en el aserradero Goye & Fant, que le dio a la Colonia un
fuerte movimiento económico hasta su cierre en 1975.
15 En Carbonero, s/d.
16 A partir de la década del 30, se observan distintas agencias nacionales que superpondrán
sus acciones y jurisdicciones en la Norpatagonia, entre ellas, Parques Nacionales (el Parque
Nacional Nahuel Huapi se creó en 1934) y el Ejército en su rol de guardián de la frontera.
Colonia Suiza queda inscripta dentro del Parque Nacional hasta la década del 70, pero siendo
zona de frontera; por este motivo se generan los conflictos entre ambas instituciones.
18
Un “poblado histórico”
17 Para la investigación a la que hacemos referencia, se creó una comisión para relevar el
patrimonio arquitectónico local, dirigida por la Arq. Liliana Lolich.
18 Una de las hipótesis para esta diferencia de población, se debe a que muchos habitantes de
Colonia Suiza tienen doble residencia, pues por razones de trabajo y educación, algunas
familias tienen una casa en el poblado histórico y también en Bariloche, residiendo en la
semana en esta última localidad.
19 Por ejemplo, se prohibió la plantación de especies exóticas, como el Pino-Oregón que se
usaba en la explotación forestal.
20 El trazado de las mismas, fue realizado por los habitantes de esta Colonia, en la década del
30.
19
homenaje a este pionero, con la mayor concentración edilicia del poblado.
Tenía un portal de acceso y doble alameda de la que se conserva la hilera sur
y la disposición de circulación por el mismo. A la vera de esta calle corre el
canal derivado del Arroyo Goye que sirvió de alimentación a la antigua usina
del lugar.
Los hitos del patrimonio cultural más destacados son: el puente en la angostura
del lago Moreno, la cpilla “Nuestra Señora del Rosario”, la ecuela, la Casa
Grande21 y el Puente Viejo. Quedan algunos establos y graneros y se conserva
el muelle del antiguo aserradero (construido por el mencionado ingeniero
Napoleón Beveraggi y que fuera vendido posteriormente a Fant), parte del
primer y único hotel que tuvo la colonia y su cementerio.
La mayoría de estos edificios fueron construidos entre 1899 y 1945. Se los
considera portadores de valores simbólicos, referenciales, históricos y
patrimoniales tanto por la antigüedad de las construcciones, la calidad de
conservación, así como por la evidencia de la influencia centro-europea ya
desarrollada en el sur chileno y transferida por los peones de ese origen que
vinieron a trabajar con los pioneros. Algunas viviendas familiares, así como la
capilla y la escuela, fueron erigidas con la colaboración solidaria de los vecinos.
Entre las unidades familiares que sufrieron incendios, algunas fueron parcial o
totalmente reconstruidas respetando las construcciones originales.
Las construcciones predominantes son de entramado de madera tipo ballon
frame22 con revestimiento de tablas, (la horizontal machihembrada), de piso y
medio o dos pisos con ático, con y sin galería, con techo a dos aguas y cubierta
de tejuela de madera o chapa ondulada de zinc. La madera más utilizada es el
ciprés. Se trata de construcciones modestas, de diseño equilibrado,
generalmente simétrico; y despojadas de ornamentaciones de relevancia
artística. Por sus líneas sencillas, proporciones y material empleado, se
integran armoniosamente al paisaje circundante.
Entre las dificultades que se les presentó a los primeros pobladores, se destaca
la distancia y la falta de caminos, que llevó a algunos al uso de la navegación
como forma de comunicación y traslado. Sin embargo, llama la atención que
21 Se trata de la construcción más antigua de Colonia Suiza, edificada alrededor de 1899 por
Félix Goye.
22 El ballon frame es una tipología constructiva proveniente de [Link]. que aprovecha la
madera y no requiere de mano de obra calificada.
20
tuvieron una línea telefónica interna para hablarse de una casa a otra antes
que en Bariloche y también, esta población tuvo luz eléctrica por la iniciativa del
ingeniero Napoleón Beveraggi.
Como estos inmigrantes vivieron en Chile y tuvieron contacto con mapuches y
chilenos, se observa esta relación materializada en muchas de sus costumbres:
técnicas de rozado de campos, empleo de hierbas medicinales,
aprovechamiento intensivo de los frutos naturales de la zona y prácticas
culinarias como el curanto.23 Esto demuestran que pese a estar mapuches y
chilenos invisibilizados en el relato, en la vida cotidiana se hacen presente.
Conservaron la creencia religiosa católica traída de su lugar de origen como
una herencia familiar. Hacia 1924 el poblado tiene su sacerdote, el padre
Miche, encargado de los bautismos y también de la educación de los niños. La
capilla fue construida en el año 1958.
Las diversiones ocupaban un espacio importante en la vida de esta comunidad.
Las fiestas (por ejemplo los carnavales), podían durar varios días. Estos
espacios eran importantes porque favorecieron la solidez, consistencia y
supervivencia de las redes familiares; a las fiestas acudían amistades y
familiares de la zona de Bariloche, el Manso y El Bolsón. Algunas eran muy
importantes como las que se producían luego de la trilla, esquila o la señalada
del ganado. Se festejaban en casa de algunos de los colonos y siempre había
habitaciones de más para alojar a los invitados “extranjeros”. Otros usos dados
al tiempo libre se relacionan con caminatas por la montaña, el fútbol como
deporte, las reuniones de hombres para jugar a los naipes y para participar en
Bariloche, del juego de bochas, merecidos descansos después de una intensa
semana de trabajo.24
Mantuvieron la celebración del primero de agosto de cada año, aniversario de
la formación de la Confederación Suiza (en el año 1291) como práctica
identitaria en tanto colectividad. También la prensa registra la celebración de
las fechas patrias argentinas en el poblado.
Las fotografías son el testimonio de que todo encuentro era propicio para
realizar buenas comidas, espacio para compartir canciones y bailes
23 En Lolich, 1998.
24 De acuerdo a algunos testimonios orales, “trabajaban hasta el domingo al mediodía… se
almorzaba en una casa diferente cada semana y después, se aprovechaban las reuniones y
encuentros con amigos y familiares…”
21
acompañados de instrumentos, como el acordeón, la armónica y también un
instrumento reconocido como un “invento propio, el violín del diablo”. 25
Como no había médicos, los partos los acompañaban las mujeres del lugar.
La educación de los pequeños era un tema importante: hasta que se concretó
la primera y única escuela local,26 N° 129, circa el año 1937, la impartían
algunos maestros, o el cura como dijimos anteriormente, en idioma francés. El
castellano se aprendía en contacto con “la peonada”. Entre 1929 y 1938 los
hijos de los colonos pudieron asistir a la escuela creada en Puerto Moreno sin
embargo muchos niños eran enviados como pupilos a Bariloche o Viedma. 27
22
coexistiendo el área del comedor, dedicada a la exposición y la de la cocina y
los cuartos utilizados esporádicamente por la familia.
El entorno (similar al lugar de origen de estos migrantes suizos) se visibiliza a
través de las pequeñas ventanas, donde aparece una vista al cerro Goye, las
plantaciones de frutales y otras casas de madera similares, entre las que se
encuentra la escuelita.29
Los objetos expuestos se relacionan con las vivencias y costumbres de los
colonos. En relación a las tareas masculinas, se pueden observar instrumentos
de labranza, los arados, las bateas para fermentar la cerveza. En relación a las
familias, se destacan utensilios de cocina y propios de las actividades
hogareñas, la plancha, etc. Además, se presentan fotos de la familia, revistas
en francés30 y castellano, cartelera con árboles genealógicos
familiares, juguetes, patentes de automóviles y hasta es posible escuchar
música con la vitrola.
El guión museográfico refleja la construcción de la identidad como pioneros y
colonos donde “cada uno de los objetos habla de una estirpe de gente ruda,
trabajadora e inteligente en la búsqueda de soluciones prácticas, acompañados
por discos de música clásica, la radio, libros, publicaciones de la época
demostrando una sensibilidad más refinada y un deseo de conexión con un
mundo más amplio".31
Se entrelazan en los relatos de la familia Goye, anécdotas de otras familias con
quienes se emparentaron, con sus vecinos y otros vínculos y diferentes formas
de sociabilidad (social, económica, etc.) Entre ellos destacamos los apellidos
Felley, Cretón, Potthoff, Fant, Beveraggi, Schumacher, Rahm, Arduser,
Schnebeli, Roth, Röthlisberger, Moos, Vonmoos, Huber, Bachmann, Tribelhörn,
Frey.
29 En Carbonero, s/d.
30 Estas revistas y periódicos, aunque llegaban atrasados, eran un “puente” entre Europa y su
nuevo lugar de residencia.
31 En op. cit., p. 40.
23
Entre los relatos y los mitos: primeras conclusiones
24
imaginada”32 respecto de su propio pasado y sus vínculos con él, respecto de
la nueva nación que integran y en tensión, el nuevo espacio creado para
desarrollarse: “su propia colonia”. A partir de este ejemplo concreto, podemos
cuestionar la efectividad de la homogeneidad propuesta desde el Estado
Nacional.
Con respecto al modelo de colonización: “se dio aquí una situación muy
particular por tratarse de una sola familia originaria la que dio lugar a la
consolidación de la Colonia. (…) Podemos decir que el asentamiento fue
prácticamente espontáneo ya que la estructuración de un trazado se fue dando
sólo con el tiempo y como consecuencia de las funciones y los usos. De allí
que resulte el caso más orgánico que hemos encontrado por su adaptación a
las condiciones naturales antes que a una forma geométrica o esquema
administrativo.” (LOLICH, 1998: 68)
Entre los interrogantes que nos planteamos, queda abierta la revisión sobre
qué discursos se presentan sobre a quién se le atribuye ser "un habitante de
Patagonia" y cuál es la construcción sobre lo argentino (o sobre ser argentino).
También, reconstruir datos sobre la población originaria pre-campaña militar y
sobre la población de origen chileno, que se instaló en simultáneo con el
denominado pionero.
32 En Anderson, 1993.
25
- Pionero, desde el relato actual sobre el pasado, haciendo referencia a los que
llegaron primero, europeos, blancos. Sin incluir a los chilenos que
acompañaron esta migración y labores, (atribuidas solamente a las
colectividades europeas), proveniente de ese mismo país. Es significativo, que
se niegue que esta región tuvo población originaria.
- Colono, quienes se dedicaron a la explotación agropastoril; es la
denominación que recibe la población migrante desde el gobierno, la cual
recibe las donaciones de tierras. Esta denominación aparece en los sucesivos
informes e inspecciones de tierra que se realizan para controlar el uso de la
tierra en esta región. En este caso, también hace referencia solamente al
migrante europeo.
- Inmigrante, es la única denominación y hasta con tono despectivo, que recibe
la población chilena que como dijéramos, acompañó a la migración europea en
la ocupación de esta región.
26
- Los descendientes directos hablan de sus abuelos como parte de la historia
de Colonia Suiza.
- Los testimonios de época recuerdan con nostalgia e idealización a los amigos
y familiares que quedaron en Europa.
- Se recuerda como aventureros a otros suizos que salieron de su país de
origen y se asentaron por distintas partes de la Argentina y del mundo.
- Especialmente, se va consolidando a lo largo de los años, desde todos los
relatos, el honor de ser los pioneros de la localidad, discurso también sostenido
por bisnietos que no tuvieron contacto directo con sus antepasados.
- En los relatos elaborados desde el presente con la finalidad del uso turístico
se le da un lugar preponderante a la historia: desde la materialidad de la
arquitectura, lo simbólico de las vestimentas y banderas, estereotipos sobre la
vida ideal del pionero que domestica la naturaleza, aspectos que se sintetizan
en su feria artesanal de miércoles y domingos, su cerveza artesanal, la
degustación del curanto y en definitiva, la posibilidad de ser parte de una “aldea
de montaña” por unas horas.
27
Bariloche (que a modo de mercado interno era el principal destinatario de los
excedentes producidos en Colonia Suiza), entre otros. Estos interrogantes nos
abren la posibilidad de nuevas líneas para complementar esta investigación,
así como también el análisis de los archivos fotográficos.
Bibliografía consultada
28
GONZALEZ ROUCO, María. En:
[Link]
[Link]#ixzz2e8WkTOyw
LOLICH, Liliana (1998) “Hábitat e identidad. Migrantes europeos en la
Patagonia y literal-norte argentino. 1860-1940”, pp. 51-69. En Hábitat e
inmigración. Nordeste y Patagonia. Gutiérrez, otros. Cedodal - Instituto de
Investigaciones Geohistóricas. CONICET.
LOLICH, Liliana (1993) Patagonia. Arquitectura rural en madera.
PALACIOS, Cynthia (2003) "El curanto revive la tradición araucana", en diario
La Nación, Buenos Aires, 23 de febrero de 2003.
Patrimonio Arquitectónico y Urbano de Bariloche. Tomo II. (1995) Comisión de
Preservación del Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbano. Municipalidad
de San Carlos de Bariloche.
SCHUCHNER, Silvina (1999) "Un museo que guarda la memoria de los
abuelos", en diario Clarín, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.
TABAKMAN, S. (2011) Objetos guardados, objetos mostrados: la visita escolar
al museo. Biblos. Buenos Aires.
TOLLIER, Verónica (1999) "Recrean la vida de los pioneros de la inmigración
en Entre Ríos", en diario Clarín, Buenos Aires, 16 de octubre de 1999.
VALLMITJANA, Ricardo Cuadernillos de Historia Regional.
YOEL, Gerardo -compilador- (2002) Imagen, Política y Memoria. Libros del
Rojas. UBA.
YOEL, Gerardo –compilador- (2004) Pensar el cine 1. Imagen, ética y filosofía.
Manantial. Buenos Aires.
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
29
Transformaciones recientes en la composición migratoria de Bariloche:
del espacio fronterizo a la movilidad global
Resumen
Mail: bmatossian@[Link]
30
departamento Bariloche, con una tendencia al aumento del protagonismo de
los nacidos en países de América Latina. Esta tendencia se asemeja a la de
otras localidades medias de la Patagonia argentina tales como Comodoro
Rivadavia o Puerto Madryn cuyos flujos migratorios han ido modificándose
desde un perfil homogéneo hacia uno que comienza a diversificarse.
Introducción
31
Además del análisis de las fuentes censales se enmarcará la importancia del
estudio de las migraciones en San Carlos de Bariloche desde una perspectiva
histórica que problematice sobre el rol de los “no nativos” en la composición de
la población.
Cabe señalar que conceptos tales como “no nativo” y “extranjero” se utilizan en
esta ponencia en tanto categorías de análisis propias de los relevamientos
estadísticos, con todas las limitaciones y riesgos que esto implica, y con el
consecuente cuidado de evitar reduccionismos esencialistas.
1 Como antecedentes se destacan: MÉNDEZ, L.; IWANOW, W. (2001) Bariloche: las caras del
pasado. Neuquén, Manuscritos libros, 223 p.; KROPFF CAUSA, L. (2001), De cómo paisanos y
chilotes devienen vecinos. Migración, identidad y estado en San Carlos de Bariloche, Tesis de
Licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y
Letras (inédita), 157 p.; NUÑEZ, P. G. (2004) “Un municipio alejado, una actividad tangencial y
los efectos de un profundo cambio institucional: San Carlos de Bariloche 1958 - 1970”,
Cuadernos del Sur, Historia (Bahía Blanca), Nº 33, Universidad Nacional del Sur, 169-188.;
MÉNDEZ, L. M. (2005) “Una región y dos ciudades. Puerto Montt y Bariloche; una historia
económica compartida”. Pueblos y Fronteras de la Patagonia Andina Revista de Ciencias
Sociales, 5 (5): 4-11; FUENTES, R.; NÚÑEZ, P. G. -editores- (2007) Sectores populares:
identidad cultural e historia en Bariloche. San Carlos de Bariloche, Editorial Núcleo Patagónico;
NAVARRO FLORIA, P. (2008) “La “Suiza argentina”, de utopía agraria a postal turística: la
resignificación de un espacio entre los siglos XIX y XX”, III Jornadas de Historia de la Patagonia
(San Carlos de Bariloche), 6-8 de noviembre de 2008, (CD ROM) 23 p.; NAVARRO FLORIA,
P.; VEJSBJERG, L. (2009) “El proyecto turístico barilochense antes de Bustillo. Entre la
prehistoria del Parque Nacional Nahuel Huapi y el desarrollo local”, Revista Estudios y
Perspectivas en Turismo (Buenos Aires), Nº 18, Centro de Investigaciones y Estudios en
Turísticos, 414-433; MATOSSIAN, B. (2010) “Expansión urbana y migración. El caso de los
migrantes chilenos en San Carlos de Bariloche como actores destacados en la conformación
de barrios populares”. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias sociales
(Barcelona), XIV: 331 (76), [Link]
32
migratorio “los chilenos” poseen una imagen social negativa, construida por
prejuicios y estereotipos (el “chilote”) que suele contraponerse con la del “buen
migrante” (de origen centroeuropeo). Para comprender estos imaginarios es
necesario remontarse al año 1934 cuando se crea el Parque Nacional Nahuel
Huapi cuya concepción primera estaba íntimamente vinculada al ideal de San
Carlos de Bariloche como la “Suiza Argentina”.2
La composición de la población se ha complejizado ya desde mediados del
siglo XX con el aumento de los migrantes recientes (argentinos y extranjeros),
a los que se suman residentes de temporada y una gran cantidad de población
flotante de turistas. Entre los migrantes internos se destacan los procedentes
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires; en
menor proporción los nacidos en la línea Sur de Río Negro (ámbito rural) y de
otras grandes ciudades de la Argentina (Rosario, Córdoba, Neuquén, entre
otras).3 Esta ciudad muestra con claridad que distintos tipos de
desplazamientos participan simultáneamente en la constitución de lugares:4
migrantes, turistas, intelectuales o empresarios insertos en distintas redes
pueden confluir y reconfigurar un único espacio.
Desde este punto de partida es que se propone desarrollar un recorrido
histórico de las migraciones en Bariloche desde la demografía para avanzar en
un estado actualizado de la composición actual del conjunto de los extranjeros.
2 NAVARRO FLORIA, P. (2008) “La “Suiza argentina”, de utopía agraria a postal turística: la
resignificación de un espacio entre los siglos XIX y XX”, III Jornadas de Historia de la Patagonia
(San Carlos de Bariloche), 6-8 de noviembre de 2008, (CD ROM) 23 pp.
3 MATOSSIAN, B. (2012) Migración y segregación urbana en ciudades medias. Chilenos en
San Carlos de Bariloche, Patagonia- Argentina. Berlín, Editorial Académica Española, 408 pp.
4 ZUSMAN, P.; LOIS, C. (2008) Viajes y geografías. Buenos Aires, Prometeo, 262 pp.
33
existía un flujo de chilenos de origen alemán que circulaban hacia un lado y
otro de la cordillera, la importancia del conjunto chileno por sobre el total de los
europeos (no sólo alemanes) cuestiona, al menos, el imaginario de los pioneros
europeos como colectividad casi exclusiva dentro del grupo de los
denominados primeros pobladores, fuertemente sedimentado en algunos
sectores de la sociedad.
Así, el peso relativo de la población extranjera sobre el conjunto de los
habitantes de San Carlos de Bariloche fue descendiendo a un cuarto del total
en 1947. A partir de entonces ese porcentaje continuó reduciéndose
gradualmente a 10,08 por ciento en 2001 hasta alcanzar un mínimo de 8,81 por
ciento en el último censo realizado en 2010.
El crecimiento de la ciudad entre 1947 y 1960 se nutrió también de migraciones
internas, entre las cuales se destacaron los llegados desde: áreas rurales del
mismo Departamento de Bariloche, del resto de los departamentos rionegrinos
y migrantes urbanos arribados desde la Buenos Aires y otras ciudades del país.
En lo que respecta a la migración internacional, los chilenos son la primera
minoría que se asienta en la ciudad y en su economía. En 1960 un 21,3 por
ciento de población en San Carlos de Bariloche era extranjero; sobre ese
conjunto un 64,9 por ciento era americano, un 34 por ciento europeo y 1,1 por
ciento del resto de los continentes.
Según De Civit y Velasco la actividad laboral de los chilenos en la ciudad que
había sido de carácter temporario hacia 1970 se observaba un afincamiento
permanente en la ciudad. Esta circunstancia favoreció la regularización de su
situación legal, sobre todo durante el período 1964-1968 (tercera regularización
migratoria) con un total de 1.300 nuevos chilenos documentados.5
34
Figura 1. Departamento Bariloche - Población argentina y extranjera a
través de los censos 1895 – 2010
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
1895 (*) 1914 1947(º) 1960 1970 1980 1991 (º) 2001 2010
35
ambientes circundantes multiplicando la ingresión chilena que considera el área
como un zona natural de expansión; se agrega la novedad de una concurrencia
cada vez mayor de la mujer chilena”.7 Estas observaciones dejan traslucir las
maneras de referirse a cada uno de estos conjuntos: mientras la migración
centroeuropea se vincula con las características del paisaje alpino, la presencia
chilena se relaciona con la frontera y con una imagen amenazante cuando se
habla de “ingresión” y del carácter expansivo.
En otro de los trabajos publicados en 1970 se reconocían tres grupos bien
definidos: argentinos, chilenos y europeos al mismo tiempo que se afirmaba
que la sociedad de San Carlos de Bariloche “no cuenta con unidad histórica ni
étnica y que las divergencias que surgen les impiden constituir una sociedad
cultural”.8 Sin embargo, este elemento ya conformaba un sello de
heterogeneidad que ha sido parte del nacimiento mismo de la ciudad.
El San Carlos de Bariloche de los ochenta era relativamente más joven que el
resto de la provincia y cerca de la mitad de los residentes eran migrantes, o de
la región pampeana, o de Chile.9
Esta diversa composición demográfica, cuando se cruza con el aporte en los
diferentes grupos etáreos, agrega mayor complejidad a la sociedad local.
La figura 2 ilustra la población por origen y por grupos etáreos para 1980.
Como es de esperar, en el grupo de menores de 15 años, el 8 por ciento
corresponde a nacido en país limítrofe, grupo reducido compuesto por aquellos
que llegaron traídos por sus familias. Dentro del segundo grupo etáreo (15-64
años), se distingue el aumento entre los nacidos en países limítrofes,
constituido por los llegados recientemente más aquellos traídos por sus padres
siendo niños. Este rango etáreo también muestra una mayor participación de
migrantes internos, mayor aún que la de los nacidos en la provincia de Río
Negro, y un pequeño porcentaje de nacidos en países no limítrofes.
36
Figura 2. San Carlos de Bariloche: origen de la población por edades,
1980
37
Esta composición de la población según su origen, se modifica en el año 1991,
principalmente en las edades extremas, según los datos publicados. 10 Entre los
menores de 15 años, un 81,4 por ciento son nacidos en Río Negro y el
porcentaje de nacidos en países limítrofes es de 2,93 por ciento. En el grupo de
los mayores de 65 años, los rionegrinos y el resto de los argentinos toman más
participación alcanzando un 26 por ciento y un 39,9 por ciento,
respectivamente. Mientras tanto los nacidos en países limítrofes descienden al
16,3 por ciento y los nacidos en países no limítrofes al 17,6 por ciento.
10 ABALERÓN, C. A.; DEL POPOLO F. (1994) Dinámica demográfica y pobreza en San Carlos
de Bariloche, Argentina. San Carlos de Bariloche, Programa de Calidad de Vida, Fundación
Bariloche, 67 pp.
11 Instituto Nacional de Estadísticas (INE) - Dirección para la Comunidad de Chilenos en el
Exterior, Ministerio de Relaciones Exteriores (DICOEX) (2005) Chilenos en el exterior. Donde
viven, cuántos son y qué hacen los chilenos en el exterior. Santiago de Chile, 245 pp.
38
niveles de desocupación cercanos al 25 por ciento.12 El proceso migratorio por
razones políticas se mantuvo hasta mediados de la década de los ochenta.
El retorno a la democracia, el 11 de marzo de 1990, constituyó un hito en la
historia de Chile. La inmigración hacia San Carlos de Bariloche, y hacia la
Argentina en general, disminuyó a partir de esos años pues las condiciones
políticas y socioeconómicas en Chile se habían tornado más favorables,
haciendo que los antiguos motivos para emigrar fuesen superados.13
Aún con esta significativa reducción del flujo la cantidad de chilenos ya
asentados en Bariloche queda reflejada en el conjunto de la población
extranjera. Así para el año 2001 los nacidos en Chile representaban el 81 por
ciento del conjunto de los extranjeros, tal como se indica en la Figura 3. En el
registro censal siguiente este porcentaje descendió nuevamente hasta alcanzar
el 70 por ciento sobre el total de los no nativos (Figura 4). En el apartado
siguiente se analizará a qué otros factores, además del freno del flujo chileno y
del normal envejecimiento del “stock” de población chilena responde esta
disminución de su importancia relativa en el conjunto de los extranjeros.
39
Figura 3. Población extranjera según país de nacimiento - Departamento
Bariloche, 2001
Chile
81,14%
Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2001
España
3,48% Chile
Italia 70,52%
2,82%
Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010
40
Lentos cambios en el perfil migratorio
41
migración de amenidad16 pone el acento analítico en la migración de personas
desde las metrópolis a ciudades pequeñas o pueblos rurales en el interior,
sobre todo hacia destinos de montaña, cuya calidad ambiental y cultural es
percibida como superior a la de sus lugares de residencia anteriores. Otro
cuerpo teórico es el referido a la migración por estilo de vida17 el cual describe
aquella relocalización como producto de una actitud reflexiva de los individuos
sobre sus propias vidas y las posibilidades que el migrante visualiza en la
comunidad receptora, por ejemplo: una vida relajada y tranquila, gastos más
bajos en vivienda, clima, beneficios para la salud, y sentimiento de vivir en
comunidad. Para el caso de Bariloche, tal podría ser el motivo que explica el
aumento de los nacidos en España y Estados Unidos de Norteamérica.
%
4,00
3,50
3,00
2,50
2,00
1,50
1,00
0,50
0,00
y
a
Ve do
a
ia
ay
u
ia
cia
a
a
ña
lia
a
ia
il
ua
el
do
iz
ni
bi
ni
an
as
st r
liv
Pe
gu
i
pa
Ita
zu
Su
an
Un
lo
om
ug
ve
ni
Br
em
Au
ra
Bo
Es
ne
Po
U
Fr
lo
Ur
no
Pa
Co
Al
Es
os
i
Re
tad
Es
2001 2010
16 MOOS, L. (2005) “The amenity migration phenomenon, why it is happening and our
response”. Presentación efectuada en la Conferencia International Amenity Migration Centre.
Canadá: Kaslo, BC.; MOSS, L. (2006) (Ed) The Amenity Migrants: Seeking and Sustaining
Mountains and their Cultures. Cambridge, Reino Unido: Wallingford Press; GONZÁLEZ, R.;
OTERO, A.; NAKAYAMA, L. y MARIONI, S. (2009) “Las movilidades del turismo y las
migraciones de amenidad: problemáticas y contradicciones en el desarrollo de centros
turísticos de montaña”. Revista de Geografía Norte Grande, n.44, pp. 75-92.
17 O´REILLY, K. (2000) The British on the Costa del Sol. London: Routledge.
42
Estructura demográfica al 2010
País de Índice de
nacimiento Total Varones Mujeres Masculinidad
Chile 8.265 3.695 4.570 80,85
España 408 209 199 105,03
Paraguay 335 199 136 146,32
Italia 331 159 172 92,44
Bolivia 317 195 122 159,84
Brasil 247 106 141 75,18
Uruguay 232 118 114 103,51
Alemania 198 83 115 72,17
Francia 91 50 41 121,95
Perú 67 37 30 123,33
Total
extranjeros 11.761 5.497 6.264 87,76
Total
argentinos 121.739 60.489 61.250 98,76
Total 133.500 65.986 67.514 97,74
Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010
18 Los datos para la localidad y los datos desagregados por fracción y radio censal aún no se
encontraban disponibles al momento de realizar esta ponencia.
43
El índice de masculinidad es un indicador de la distribución de la población
según sexo. Para el total de la población en el departamento el índice es de
97,74 hombres por cada 100 mujeres, lo cual refleja una situación equilibrada
frente a los extranjeros, grupo en el que predominan las mujeres con un total
de 6.264 frente a 5.497 varones, lo cual arroja un índice de masculinidad de
87,76. Ahora bien, si se analiza por país de nacimiento se destaca que los
nacidos en Bolivia, Paraguay y Perú muestran poblaciones significativamente
más masculinizadas con índices de masculinidad que van de 123 a casi 160
varones por cada 100 mujeres. Por su parte, los nacidos en Alemania, Brasil y
Chile muestran una tendencia de mayor proporción de mujeres por sobre
varones.
Si se avanza aún más en el análisis se distingue que estas condiciones de las
poblaciones se explican también por la distribución por edades (Tabla 2).
Varones Mujeres
Varones Varones 65 y Mujeres Mujeres 65 y
0-14 15-64 más 0-14 15-64 más Total
Chile 0,96 35,77 7,99 0,99 45,21 9,09 100
España 9,80 27,21 14,22 7,11 25,98 15,69 100
Paraguay 3,58 53,13 2,69 2,99 30,15 7,46 100
Italia 0,60 18,73 28,70 2,42 16,92 32,63 100
Bolivia 11,36 45,74 4,42 12,30 25,24 0,95 100
Brasil 3,64 34,01 5,26 3,64 46,15 7,29 100
Uruguay 2,16 43,53 5,17 1,72 37,93 9,48 100
Alemania 2,53 27,27 12,12 7,07 29,29 21,72 100
Francia 5,49 29,67 19,78 7,69 18,68 18,68 100
Perú 1,49 50,75 2,99 1,49 40,30 2,99 100
Total
extranjeros 2,21 35,74 8,79 2,24 41,02 10,00 100
Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010
44
Los europeos constituyen, tal como sucede en otras partes del país, una
migración envejecida, como antigua migración de ultramar mayormente llegada
hasta mediados del siglo XX. Así se replica en la situación barilochense, donde
por ejemplo los italianos de más de 65 años representan un tercio del total de
los italianos.
En contraposición los flujos migratorios más recientes tienen a mostrar
composiciones etáreas jóvenes y presencia de porcentajes relativamente altos
de pasivos transitorios (entre 0 y 14 años). El caso emblemático para Bariloche
es el de la población nacida en Bolivia que ostenta altos porcentajes de
población no sólo en edades activas (45,75 la masculina) sino también entre 0
y 14 (11,36 para varones y 12,30 para mujeres). Los peruanos y los
paraguayos despliegan una distribución similar pero con más peso aún de las
poblaciones activas y masculinas que componen más de la mitad del total de
los conjuntos de sus respectivos orígenes. Se trata en estos casos de una
migración de tipo laboral que busca en los últimos años oportunidades de
trabajo principalmente en el ámbito urbano.
Reflexiones finales
45
Aún teniendo presentes las limitaciones propias de los análisis basados en
registros censales se ha podido mostrar esta tendencia desde una escala
departamental que permite tener una visión general de todo el conjunto de la
población no nativa. Cabe mencionar que este trabajo se presenta como
complemento de otros que abordarán sobre aspectos propios de la experiencia
subjetiva de los procesos migratorios, analizados a través de otras estrategias
teóricas y metodológicas.
Se busca así avanzar sobre una mejor comprensión de procesos complejos y
altamente dinámicos como lo son aquellos que combinan múltiples tipos de
desplazamientos en un mismo espacio material y simbólico.
Bibliografía citada
46
Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) Censo Nacional de
Población, Hogares y Viviendas 2010, Resultados definitivos. Buenos Aires,
INDEC.
Instituto Nacional de Estadísticas (INE) - Dirección para la Comunidad de
Chilenos en el Exterior, Ministerio de Relaciones Exteriores (DICOEX) (2005)
Chilenos en el exterior. Donde viven, cuántos son y qué hacen los chilenos en
el exterior. Santiago de Chile, 245 pp.
JUJNOWSKY, O. (1982) “Trabajo sobre Investigación, situación y análisis de la
demanda de viviendas de interés social en la Provincia de Río Negro”. CEUR,
Río Negro (Inédito).
KROPFF CAUSA, L. (2001), De cómo paisanos y chilotes devienen vecinos.
Migración, identidad y estado en San Carlos de Bariloche, Tesis de
Licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires,
Facultad de Filosofía y Letras (inédita), 157 pp.
MATOSSIAN, B. (2010) “Expansión urbana y migración. El caso de los
migrantes chilenos en San Carlos de Bariloche como actores destacados en
la conformación de barrios populares”. Scripta Nova. Revista Electrónica de
Geografía y Ciencias sociales (Barcelona), XIV: 331 (76),
[Link]
MATOSSIAN, B. (2012) Migración y segregación urbana en ciudades medias.
Chilenos en San Carlos de Bariloche, Patagonia- Argentina. Berlín, Editorial
Académica Española, 408 pp.
MÉNDEZ, L.; IWANOW, W. (2001) Bariloche: las caras del pasado. Neuquén,
Manuscritos libros, 223 pp.
MÉNDEZ, Laura M. (2005) “Una región y dos ciudades. Puerto Montt y
Bariloche; una historia económica compartida”. Pueblos y Fronteras de la
Patagonia Andina Revista de Ciencias Sociales, 5 (5): 4-11.
MIATELLO, R. A. (1970) “Algunos aspectos de la población del Parque
Nacional Nahuel Huapi”, Anales de la Sociedad Argentina de Estudios
Geográficos (Buenos Aires), Tomo XIV, Sociedad Argentina de Estudios
Geográficos, pp. 121-231.
MOOS, L. (2005) “The amenity migration phenomenon, why it is happening and
our response”. Presentación efectuada en la Conferencia International Amenity
Migration Centre. Canadá: Kaslo, BC.
MOSS, L. (2006) (Ed) The Amenity Migrants: Seeking and Sustaining
Mountains and their Cultures. Cambridge, Reino Unido: Wallingford Press.
NAVARRO FLORIA, P. (2008) “La “Suiza argentina”, de utopía agraria a postal
turística: la resignificación de un espacio entre los siglos XIX y XX”, III Jornadas
de Historia de la Patagonia (San Carlos de Bariloche), 6-8 de noviembre de
2008, (CD ROM) 23 pp.
NAVARRO FLORIA, P.; VEJSBJERG, L. (2009) “El proyecto turístico
barilochense antes de Bustillo. Entre la prehistoria del Parque Nacional Nahuel
Huapi y el desarrollo local”, Revista Estudios y Perspectivas en Turismo
(Buenos Aires), Nº 18, Centro de Investigaciones y Estudios en Turísticos, pp.
414-433.
47
NUÑEZ, P. G. (2004) “Un municipio alejado, una actividad tangencial y los
efectos de un profundo cambio institucional: San Carlos de Bariloche 1958 –
1970”, Cuadernos del Sur, Historia (Bahía Blanca), Nº 33, Universidad Nacional
del Sur, pp. 169-188.
O´REILLY, K. (2000) The British on the Costa del Sol. London: Routledge.
PAREDES, A. (2003) “Las prácticas políticas de los exiliados chilenos en
Mendoza y su incidencia en Chile (1970-1989)”, Revista Universum (Talca), Nº
18, Universidad de Talca, pp. 133-146.
SASSONE, S. M.; GONZÁLEZ, M. S., MATOSSIAN, B. (2011) “Ciudades
patagónicas de la Argentina: atracción, crecimiento y diversidad migratoria”.
Aristas, Vol. V, Nº 6, pp. 109-130, Mar del Plata.
ZUNINO, H. M.; MATOSSIAN, B.; HIDALGO, R. (2012) “Poblamiento y
desarrollo de enclaves turísticos en la Norpatagonia chileno-argentina entre los
años 1980 y 2000”. Revista de Geografía Norte Grande. Nº 53, pp. 137-158.
Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Geografía, Santiago de
Chile, Chile.
ZUSMAN, P.; LOIS, C. (2008) Viajes y geografías. Buenos Aires, Prometeo,
262 pp.
48
La inmigración coreana en la provincia de Neuquén. Estudio de caso:
1980-2010
Lidia Ascencio
Introducción
Este trabajo exploratorio constituye la primera parte de una investigación mayor con relación
a la inmigración coreana en las provincias de Río Negro y Neuquén.
Profesora e investigadora del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de
la Universidad Nacional del Comahue; mail: lascencio_1@[Link]
1 La inmigración convencional, constituida por personas provenientes de países limítrofes, ha
sido la característica principal desde 1960 aproximadamente. La población chilena eran los
migrantes habituales en las provincias lindantes con la cordillera de los Andes y se empleaban
en actividades agrícola-ganaderas mayoritariamente. En tanto, la población boliviana y
paraguaya se asentaba en la ciudad y provincia de Buenos Aires, constituyendo la construcción
el oficio preferido; VARGAS, Patricia y TRPIN, Verónica “Trabajadores bolivianos, chilenos y
paraguayos en la Argentina: una aproximación en casos etnográficos”, en COHEN, Néstor y
MERA, Carolina -compiladores- Relaciones interculturales: experiencias y representación social
de los migrantes, Buenos Aires, Antropofagia, 2005, pp. 193-196.
49
¿Cuáles fueron las razones por las cuales dejaron su país natal?; ¿Por qué se
asentaron en nuestra región y no en otras ciudades más densamente pobladas
de la Argentina?; ¿Por qué eligieron la actividad que desempeñan por sobre
otras profesiones? Preguntas que nos tendrían que permitir definir si se trató de
un fenómeno inmigratorio de tipo diáspora, expulsión forzosa o inmigración
voluntaria. En esta oportunidad, intentaremos responder algunas de las
preguntas formuladas, tratando de construir una explicación de tal fenómeno.
2 La primera inmigración coreana al país tuvo lugar en el año 1956 y 1957 producto de la
guerra entre las dos Coreas. A partir de 1962, llegaron al país pequeños grupos aislados cuyo
destino eran diferentes países de América Latina. MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la
Inmigración Coreana en Argentina” en OVIEDO, Eduardo Daniel -compilador- Corea… Una
mirada desde Argentina, Primer Congreso Nacional de Estudios Coreanos, Rosario,
Universidad Nacional de Rosario Editora, 2005, p. 380.
3 En 1965, llegaron numerosas familias cuyo destino final sería Lamarque, Choele Choel, Luis
Beltrán y Pomona, poblaciones situadas en el Valle Medio de la provincia de Río Negro. Estas
familias se dedicaron a la actividad agrícola aunque al cabo de algunos años la actividad
fracasó y los pobladores coreanos emigraron a ciudades más densamente pobladas y se
dedicaron a la actividad comercial. TRINCHERI, Alcira “Las visiones de la primera migración
coreana en la Argentina” en DI MASI, Jorge y CRISCONIO, María Magdalena -compiladores-
Corea y Argentina: Percepciones mutuas desde una perspectiva regional. Segundo Congreso
Nacional de Estudios Coreanos, La Plata, La Plata, 2006, p.139.
4 MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la Inmigración Coreana en Argentina”, op. cit., p. 380.
50
personas que había hace 13 años, según una fuente consultada recientemente
en la ciudad de Neuquén.5
En el presente, de la totalidad de coreanos que viven en el exterior (alrededor
de 7.000.000),6 el 80% se encuentra distribuido entre Estados Unidos
(2.000.000),7 República Popular China (2.000.000)8 y Japón (1.00.000).9
Algunas razones explican esta realidad. A partir de la guerra de Corea ocurrida
entre los años 1950-53,10 Estados Unidos ha estado presente de manera
constante durante este proceso bélico, con posterioridad al mismo y en el
proceso de conformación de la actual Corea del Sur. Desde ese momento,
surgió una estrecha relación entre los dos países tanto en la faz económica
como cultural que permitieron un intenso intercambio entre ambos,
explicándose así el importante porcentaje de población coreana viviendo en
Estados Unidos.11 Algo similar ha sucedido con China y Japón. China tuvo una
participación importante en Corea con anterioridad a la ocupación japonesa.
Tal invasión permitió que un número considerable de coreanos se asentaran en
el norte de China como mano de obra. De esta forma, los coreanos residentes
en China no retornaron a su país natal incrementando así, el número de
51
población coreana en este país sino-tibetano. Y, por último, el flujo de personas
coreanas y japonesas fue muy intenso entre los dos países debido a la
ocupación japonesa en Corea entre los años 1910 y 1945. De hecho, existía
un elevado número de población coreana viviendo en Japón al momento en
que este último fue forzado a restituir la independencia a Corea. Este factor
posibilitó la estancia permanente de muchas familias coreanas que ya se
encontraban residiendo en Japón. En esta segunda etapa, el status de los
coreanos cambió, elevándose su nivel de vida y debido a tal razón es que se
encuentra un número elevado de dicha población en la isla nipona. De esta
manera, observamos que sólo el 20% restante, es decir, unos 2.000.000 de
personas coreanas han elegido diferentes partes del mundo como lugar de
residencia. A modo de ejemplo, en América Latina se encuentran unos 100.000
coreanos aproximadamente.12 Un porcentaje casi ínfimo de esta última
proporción es la que estudiaremos en este trabajo.
La inmigración coreana en la región comahuese la conoce desde mediados de
la década de los sesenta. La misma fue planeada por las políticas públicas del
gobierno nacional y rionegrino en un primer momento y posteriormente,
también por el gobierno nacional de Corea.13 Las políticas argentinas tenían
como objetivo el cultivo agrario con la debida expansión de la irrigación en el
desierto patagónico. Corea, por su lado, buscaba solucionar varias cuestiones:
los problemas ocasionados por la superpoblación demográfica,14 el hambre
52
reinante por la situación económica vigente, las secuelas políticas y sociales
producto de la guerra entre las dos Coreas además de una tensa situación
gubernamental producida por sucesivos gobiernos militares.
15
Diáspora coreana
una serie de acuerdos con diversos países a efectos de solucionar la cuestión poblacional
como mostramos en el apartado anterior.
15.[Link]
16 “Las nuevas poblaciones se integran en el país receptor sin asimilarse, conservando una
fuerte pertenencia identitaria referenciada al país de origen. Esto implica la existencia de una
vida asociativa activa por medio de la cual se implementan formas tradicionales de
reproducción comunitarias. La conciencia y la reivindicación de una identidad étnica o nacional
se desarrolla a partir de un lento trabajo de la memoria llevado a cabo por las instituciones de
la comunidad local; y los grupos migrantes dispersos conservan y desarrollan relaciones de
intercambios múltiples entre ellos, con el país de origen y con los otros polos migratorios”,
MERA, Carolina “El concepto de diáspora en los estudios migratorios: reflexiones sobre el caso
de las comunidades y movilidades coreanas en el mundo actual” en Revista de Historia N° 12,
Neuquén, Educo, p. 4.
53
al punto que se han integrado pero no asimilado a la nueva cultura del país
receptor.17
Los trabajos sobre la inmigración coreana en la región han sido llevados a cabo
a través del Departamento de Historia de la Universidad Nacional del Comahue
y en virtud de las visitas etnográficas realizadas en Neuquén y Río Negro,
hemos llegado a la conclusión que la mayoría de los coreanos se habrían
instalado en la década de los ochenta, en la ciudad de Neuquén primero y
luego, en mucha menor cantidad en otras ciudades más pequeñas tales como
Zapala (Neuquén), Cipolletti, General Roca, y Villa Regina (Río Negro).La
ocupación de los coreanos en el sector comercial, como dueños de locales
dedicados a la venta de prendas de tejidos es la actividad exclusiva de esta
población.18 La posible explicación para que otras familias de coreanos de
hayan asentado en ciudades de menor densidad poblacional que Neuquén
obedece a la existencia de nichos comerciales disponibles y a la oportunidad
de progresar económicamente debido principalmente a la oferta de productos
que éstos proporcionan ya que constituyen prendas accesibles en términos de
calidad y costo. Estos comerciantes de productos textiles traen su mercadería
desde la capital, a través de otros comerciantes coreanos que se dedican a la
fabricación de ropa y que la distribuyen en todo el país.19 En este sentido,
observamos un estrecho lazo entre la comunidad coreana constituyendo, de
esta manera, una amplia red comercial. Así, la elección de la actividad
comercial como medio de vida se considera accesible para este grupo asiático
ya que no requiere de una mayor preparación profesional y además les otorga
independencia laboral.
La población coreana tiende a estrechar lazos afectivos, culturales, económicos
y sociales entre sí por sobre cualquier otra socialización que pueda realizarse.
Una de las formas claves de encuentro es a través de las iglesias.20 Éstas no
54
sólo son importantes como referentes del culto que cada inmigrante coreano
practica sino que es un espacio central en cuanto a la preservación de su
cultura ya que en las iglesias se dictan clases de idioma coreano para los niños
como así también se aprenden otros aspectos relacionados con el país de
origen tales como historia y costumbres a efectos de mantener la tradición.
Además, se relacionan a nivel laboral realizando negocios y también con el fin
de buscar pareja para contraer matrimonio.21 Por ello, una vez instalados en el
país, se observará que al poco tiempo, comienzan alquilando un espacio a
efectos de erigir una iglesia hasta lograr comprar el terreno y de esa manera,
afianzar aún más los lazos contraídos.22 De hecho, a efectos de entender la
importancia de las iglesias23 entre la población coreana, citaremos una frase ya
muy conocida en el mundo académico: “Korean so ften say: if three Chinese
get together, they will open a restaurant, if three Japanese, they will establish a
company. If three Koreans, they will start a church.”24
55
la religión que cada persona profese ya que de hecho, la mayoría de los
entrevistados son católicos y habitualmente asisten a la Catedral Católica.
Creemos que el hecho de que se haya construido una iglesia en nuestra ciudad
explica, en parte, el fenómeno de diáspora planteado en este trabajo ya que, de
lo contrario, no contarían con un espacio como lugar de reunión. Este factor
demuestra aún más la importancia que las iglesias poseen como espacio de
encuentro de la población coreana residente en esta ciudad. Y, con relación a
los espacios en donde viven, también existe una tendencia a agruparse en
barrios donde puedan estar conectados. Este fenómeno es más común de
observarse en Buenos Aires donde la población coreana es mucho mayor que
en ciudades más pequeñas como la nuestra, donde cada familia vive separada
una de la otra.
Aspectos lingüísticos
25 Es importante aclarar que existen unos 77 millones de hablantes del idioma coreano. Corea
del Norte cuenta con 20 millones, Corea del Sur con 50 millones y unos 7 millones se
encuentran distribuidos en el resto del mundo.
[Link] octubre del 2013.
26COMRIE, Bernard, et al, The Atlas of Languages, London, Facts on File Inc., 2010, pp. 39-
40; 46-47.
27 El coreano es un idioma aglutinante, que consiste en la formación de palabras a partir del
agregado de constituyentes separados, cada uno con un significado distinto. También posee
armonía vocal, que se caracteriza por contener solamente un cierto tipo de vocal. Por el
contrario, el español es una lengua fusional o infleccional donde los afijos se mezclan con las
raíces y pueden expresar más de un significado. COMRIE, Bernard, et al, op. cit., p. 47.
56
contacto y el aprendizaje del español por parte de los coreanos debe haber
sido una tarea ardua por no decir muy difícil. Además, si bien ambos idiomas
poseen alfabetos, existen diferencias notables entre ellos. El español se
caracteriza por poseer un alfabeto romance que se encuentra compuesto por
cinco vocales y veintitrés consonantes mientras que el coreano contiene diez
vocales y catorce consonantes observándose la ausencia de la consonante “r”.
Básicamente, se manejan con silabarios y lo que aparenta ser un ideograma
representa la fonética. En general, la población coreana residente en Neuquén
se comunica fluidamente y entiende el idioma aunque todos han admitido que
les ha resultado sumamente difícil aprenderlo. Esta realidad se debe al tiempo
de exposición a la lengua ya que como veremos a continuación, residen en la
zona y en Argentina desde hace 30 años aproximadamente.
Aspectos etnográficos
28 MARRADI, Alberto y otros, Metodología de las Ciencias Sociales, Buenos Aires, Emecé,
2007, pp. 215-221.
29 De ese número, tres personas ya fallecieron y varios de los hijos de algunas de las familias
se encuentran estudiando en Buenos Aires. Sólo en un caso en particular, el hijo de una
comerciante coreana se encuentra en China aprendiendo diferentes idiomas.
30 “Este enfoque se basa en que los migrantes van creando en las sociedades receptoras un
conjunto de lazos con amistades y parientes que hace que se establezca un flujo migratorio
sucesivo indefinidamente. Las redes implican una disminución del riesgo y los costos de migrar
y permiten una más rápida integración del migrante en el nicho de destino”, HERRERA
CARASSOU, Roberto La perspectiva teórica en el estudio de las migraciones, México, Siglo
XXI Editores, 2006, p. 191.
57
a la movilidad mientras que otros prefieren seguir permaneciendo en el lugar
elegido por diferentes razones. Una de ellas se encuentra relacionada con la
edad en la cual inician la migración. Aquellas personas que han sobrepasado la
barrera de los 55 años prefieren permanecer en la zona ya que el tiempo
transcurrido ya sido considerable y no poseen las mismas energías para
comenzar una nueva vida en otro lugar. Aquellos más jóvenes, que cuentan
entre 25 y 30 años y que nacieron en Argentina, están más dispuestos a
emigrar conjuntamente con aquellos que cuentan con 50 años de edad y que
poseen mayores motivaciones para el cambio.
Si bien en un principio, el establecimiento de este grupo de personas se realizó
con una idea exploratoria a efectos de poder seguir migrando, observamos, a
partir de las entrevistas realizadas, que la mayoría de los comerciantes
coreanos, han decidido elegir Neuquén como residencia definitiva. Sólo dos -de
entre los siete- entrevistados estarían dispuestos a regresar a Corea una vez
que sus hijos se hayan asentado o contraído matrimonio.
Los coreanos residentes en Neuquén cuyos voceros han sido los jefes de
familia junto a sus esposas, nacieron todos en la capital de Corea del Sur, Seúl.
En la actualidad, poseen un promedio de 50 años y las edades de sus hijos
varían entre 15 y 30 años respectivamente. En el caso de cinco familias
entrevistadas llegaron a Argentina debido a que sus padres habían decidido
emigrar a nuestro país. Al momento de iniciar el viaje, estas personas tendrían
entre 18 y 20 años y no podían decidir si estaban de acuerdo o no con tal
decisión. Es una costumbre confuciana obedecer a los mayores y
consecuentemente, seguirlos era la única opción posible. En los otros dos
casos restantes, los maridos deseaban llevar a cabo un cambio en sus vidas y
buscar otros horizontes laborales y de esa forma arribaron a nuestro país.
Posteriormente, a través de amigos y/o parientes que ya se encontraban
asentados en la ciudad de Neuquén, es que decidieron mudarse desde Buenos
Aires y establecerse. La mayoría de las familias residentes en Neuquén
provenían de Buenos Aires, excepto por dos que venían desde Paraguay,
luego Buenos Aires y finalmente Neuquén. Creemos que la elección de esta
ciudad a efectos de iniciar la actividad comercial de debió principalmente a la
búsqueda de otros espacios disponibles en esta idea constante de continuar
con las redes comerciales en el interior del país. Además, debemos destacar la
58
menor competencia existente si se lo compara con una ciudad de las
dimensiones de Buenos Aires donde las posibilidades son mayores pero la
competencia también.
Conclusiones
Como conclusión, podríamos decir que el grupo de familias coreanas que vive,
en la actualidad, en la ciudad de Neuquén es un producto de migraciones
internas una vez que éstas ya se habían instalado en Buenos Aires. Sólo dos
familias tuvieron una breve estadía en Paraguay antes de llegar a Argentina y
tal decisión fue adoptada por considerar a la capital de nuestro país una
ciudad más grande, importante y con mayor movimiento comercial. Así, este
proceso se llevó a cabo mediante la extensa red existente dentro de la
comunidad coreana -a través de amigos, familiares y conocidos- que se
comunica de forma permanente en cuanto a las condiciones imperantes en
cada espacio habitado. Es decir, las redes coreanas abarcan cada aspecto de
su vida, social, comercial y económica por nombrar las más importantes. La
mayoría llegó al país acompañado de sus padres cuando contaban con sólo
entre 18 y 20 años de edad y en menor medida por decisión del marido que
buscaba mejores horizontes económicos. La elección de Neuquén como lugar
de asentamiento definitivo se debió básicamente a la búsqueda de un lugar
apto para continuar con la actividad comercial. Asimismo, la decisión de
emigrar de Corea del Sur fue principalmente por razones económicas producto
de las secuelas de la guerra entre las dos Coreas y también por cuestiones
demográficas, consecuencia íntimamente ligada a la razón previa. En menor
medida, influyeron factores políticos. Si tenemos en cuenta su situación laboral,
se puede inferir que la actividad comercial elegida constituye, de hecho, una
profesión que otorga independencia y seguridad y que, además, no requiere de
una gran formación profesional. En este punto, debemos agregar que los
coreanos poseen un nivel muy avanzado en las matemáticas comparado con el
nivel promedio de muchos países y este dato no constituye una cuestión
menor si consideramos que deben realizar cálculos de costos y beneficios en
general. Y, para finalizar, el fenómeno inmigratorio estudiado es considerado
59
como diáspora31 debido a que esta migración se ha trasladado de su lugar de
origen, viviendo consecuentemente, en un espacio diferente del propio pero
mantienen muchas de sus costumbres y tradiciones y las alimentan al punto de
preservar y recordar sus orígenes de forma permanente. Según muchos
académicos, constituyen comunidades muy cerradas pero de alguna forma,
creemos que es una forma de protección en oposición a una cultura occidental
latinoamericana que desconocen, con un idioma que les es poco familiar y con
particularidades muy propias del “ser argentino” que no son fáciles de
comprender. Por último, este grupo particular inmigratorio no puede pasar
inadvertido entre la población local debido a sus rasgos orientales. 32 Debido a
la globalización existente, hoy en día, es mucho más común observar personas
de diferentes nacionalidades. Sin embargo, hace aproximadamente veinte
años, este fenómeno no resultaba tan familiar.
31 “Los miembros de una diáspora pueden estar integrados a la sociedad de recepción, pero
esto no significa que estén asimilados o aculturados, ya que estas últimas opciones implicaría
la pérdida de conciencia identitaria, MERA, Carolina, op. cit., p. 6.
32 “La presencia de personas de origen oriental se remarca por sus características físicas y
culturales, mostrándonos una vez más la debilidad de la creencia que reina en el imaginario
social porteño y argentino acerca de la tolerancia y el poder de aceptación de las diferencias”,
MERA, Carolina “Migración coreana: identidades entre desplazamientos y anclajes”, en
COHEN Néstor y MERA, Carolina -compiladores- Relaciones interculturales: experiencias y
representación social de los migrantes, Buenos Aires, Antropofagia, 2005, p. 13.
60
Bibliografía
61
Capítulo “Las mujeres como sujetos
de investigación histórica en la
Patagonia”
Coordinadoras de mesa:
Marta Flores (UNCo), María de los Ángeles Jara (UNCo)
y Mónica Morales (UNLaPam)
62
De empíricas a profesionales. La enfermería en la provincia de Río Negro,
1960-1970
Introducción
63
buscaba impulsar el desarrollo industrial argentino. En este contexto, y en el
plano de la atención sanitaria, se pretendía que el personal sanitario ocupado
en las instituciones estatales y privadas, respondiera de manera eficiente frente
las demandas sociales. En el caso específico de Río Negro resulta necesario
contemplar este proceso a la luz de otros cambios que venían ocurriendo y que
imprimieron un carácter particular al proceso de modernización del campo
sanitario. Con la provincialización, se inicia la organización de las instituciones
gubernamentales, siendo urgente la definición de aquellos organismos que
debían encargarse de la atención sanitaria en la región. Es así como esta
pretensión alcanza sustancia con el denominado “Plan de Salud”, el cual
comenzó con una observación detenida del personal médico y enfermero que
se desempeñaba en los nosocomios existentes en las principales ciudades de
la jurisdicción. Una de las primeras evidencias fue que la mayoría de los
agentes que se trabajaban en el área de la enfermería, eran “empíricos” y que
dentro de este grupo, el número de mujeres era significativamente superior
respecto a los varones. Es así como resultaba urgente la actualización,
capacitación y/o formación de enfermeras y de auxiliares de enfermería, siendo
obligatoria para el caso de los/as “empíricos/as”. Un personal debidamente
formado, iba a poder responder a las nuevas prácticas médicas que la ciencia y
tecnología venían experimentando así como también a la demanda de una
población en crecimiento.
La categoría “empírico” agrupaba a personal de ambos sexos. Sin embargo, y
tal como fue indicado anteriormente, la mayoría eran mujeres y, según hemos
relevado a partir de las fuentes orales, pertenecían a los sectores populares,
poseedoras de un nivel de escolarización elemental. Ingresaban a la actividad
enfermera motivadas por la oportunidad laboral y la estabilidad del empleo
público, y eran las encargadas no sólo de las actividades de cuidado sino
también de otras actividades como la limpieza y la preparación de alimentos.
Los conocimientos que ponían en práctica en el cuidado del paciente enfermo
eran adquiridos a través de la experiencia, la que estaba fuertemente
condicionada por la mirada del médico, considerado como el único propietario
del saber curativo.
Si comparamos lo sucedido en otras provincias del país, podemos reconocer
que en Río Negro la reconversión de los/as empíricos/as fue temprana, rápida
64
y efectiva,1 circunstancia que nos habilita a suponer que ello pudo iniciar y
motivar al personal enfermero en la elaboración de saberes propios,
autónomos al saber biomédico. Si bien en las últimas décadas la enfermería en
otros países de América Latina desarrolló conocimientos, teorías y modelos
conceptuales propios, en Argentina y específicamente en Río Negro
observamos que la investigación y la producción de saberes sigue siendo una
asignatura pendiente. Para los/as enfermeros/as el interés se ha concentrado
en la búsqueda de un reconocimiento social y económico, y si bien las
reivindicaciones corporativas son legítimas, se evidencian ciertas dificultades al
momento de elaborar conocimientos propios, formalizarlos y comunicarlos.
Sostenemos que ello responde a cuestiones históricas que atraviesan el perfil
del profesional.
Es por ello que creemos necesario analizar a la enfermería y el trabajo
enfermero desde la perspectiva de género para poder enlazar los tiempos de la
reconversión con los actuales de profesionalización, buceando en el saber
biomédico y la relación con el saber enfermero.
1 Para los primeros años de la década del 80 la mayoría del personal empírico había sido
reconvertido. En Buenos Aires por ejemplo, el proceso se prolongó hasta entrados los años 90.
65
combinar la rigurosidad científica con los valores sociales considerados
necesarios para el momento.
En Argentina, Cecilia Grierson, se hizo conocida no por su labor como mujer
formada en el seno de la medicina científica, sino por ser la fundadora de la
enfermería profesional. Atravesada por las ideas del higienismo, 2 fundó la
primera Escuela de Enfermeras del país, avalada por la asistencia pública, en
la que impartía una educación desde la concepción imperante en aquellos
tiempos: “los enfermeros son el soldado verdadero, sin el cual no se pueden
librar batallas” (De Titto y otros, 2004). Si bien, no estaba determinado que la
enfermería debía ser ejercida exclusivamente por mujeres, el paradigma
educativo de la época (el normalismo)3 consideraba que ellas eran las únicas
capacitadas para cuidar y enseñar ya que poseían indiscutibles “condiciones
naturales”.
Pero no sólo la tradición impuesta por Grierson configuró el perfil de la
enfermería en nuestro país. Resulta interesante la ingerencia que tuvo la Cruz
Roja, las sociedades de socorros mutuos y los hospitales (privados,
comunitarios y confesionales). Estas instituciones colaboraron de manera
activa en la edificación de las representaciones que rodearon y rodean a la
enfermería. En la primera mitad del siglo XX, todas las escuelas dependientes
de las mencionadas organizaciones poseían el mismo criterio sobre el perfil
social de la enfermera: mujeres jóvenes, con estudios primarios completos,
conocimientos en dactilografía y sin defectos físicos. Todas estas aptitudes
debían estar avaladas a través de certificados oficialmente reconocidos.
66
Además de cumplir con ciertos requisitos en el aspecto físico,4 también las
enfermeras tenían que ser exponentes de una “íntegra moralidad, disciplina y
obediencia”. En el caso de la Cruz Roja y de las escuelas relacionadas con la
iglesia, concebían que las mujeres ocupadas en el cuidado no debían percibir
una remuneración por la labor realizada, ya que era una obligación femenina,
de caridad y de amor al prójimo. Esta percepción sobrevivió a través del
tiempo, inclusive cuando durante los gobiernos peronistas se produjeron
significativos avances políticos y legislativos, sobre todo en relación a los
derechos laborales. En aquel tiempo, la enfermería se publicitó como una
nueva y prometedora profesión para las mujeres jóvenes. Sin embargo, ello no
fue suficiente para que estudiar enfermería representara una oferta educativa
o una salida laboral atractiva para las “señoritas” de clase media o alta.
Resulta interesante resaltar que el peronismo se preocupó por enfatizar en
distintas publicaciones de salud pública sobre los deberes de las enfermeras
como profesionales pero no sobre sus derechos como trabajadoras (De Titto y
otros, op. cit.).
Si bien los esfuerzos para lograr la profesionalización del personal enfermero
fueron importantes durante los gobiernos peronistas (en la medida que se
buscó cumplir con las ideas del sanitarismo), fuera de las grandes ciudades
del país se registraba que el cuidado de la salud estaba en manos de personal
“empírico”, con escasa o nula formación. Su trabajo “dependía de que, a los
ojos del médico, gozara de buena reputación, exhibiera cualidades humanas o
tuviera habilidades específicas que le permitieran ser tenido en cuenta y
obtener así ascensos o reconocimientos” (De Titto y otros, op. cit.). Entre el/la
enfermero/a y el médico existía una relación jerárquica, paternalista, signada
por la idea de recompensa (representada en la enseñanza de saberes
específicos, ascensos y ciertas concesiones), a cambio de actitudes por parte
de/la enfermero/a tales como la responsabilidad, el respeto y la
incondicionalidad.
Frente a esta contundente evidencia hacia los años 60, el Estado nacional
diseña un reglamento que organiza la enseñanza de la enfermería,
estableciendo las competencias y diferencias entre el trabajo que correspondía
4 Como por ejemplo, medir entre 1,57 y 1,75, no tener sobrepeso, buen oído, buena vista,
buena dentadura y piernas sin várices.
67
a la enfermera profesional y a la auxiliar. En un escenario compuesto por la
actuación de gobiernos autoritarios y la implementación de políticas
económicas de corte neoliberal, se buscó que la profesión enfermera fuera
consecuente con la ideología dominante del período que había comenzado con
el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia. Tal es así que, la enseñanza de la
enfermería se configura desde una concepción espiritualista del hombre como
persona, “con un destino trascendente y en función de servicio, miembro
natural de los núcleos familiar, nacional e internacional, poseedor de un
patrimonio espiritual enraizado en la tradición argentina” (De Titto y otros,
[Link].).
En ese tiempo, el Estado rionegrino era el principal prestador del servicio de
salud para la sociedad rionegrina y, al igual que en el resto del país, el cuidado
estaba a cargo del personal “empírico”. Se comenzó con la reconversión hacia
fines de la década del 60, adquiriendo verdadero impulso durante el gobierno
justicialista de Mario Franco en el período 1972-1976. Dicho proceso continuó
durante el último gobierno de facto y finalizó a mediados de la década del 80.
En relación a la enfermería en la provincia de Río Negro existen valiosos datos
cuantitativos que nos permiten realizar una primera aproximación al tema. El
porqué las enfermeras resultaron invisibles para la investigación histórica, en
tanto trabajadoras y profesionales de la salud puede ser explicado a través de
la perspectiva de género.
La historia de las mujeres y la historia oral han logrado componer una (nueva)
historia social, encarnando el pretendido enfoque conocido como “historia
desde abajo”. Este enlace nos posibilita reconstruir la historia local partiendo de
las experiencias de los y las protagonistas, de sus memorias, percepciones y
expectativas, acercándonos al “mundo de representaciones colectivas”.
En cuanto a las experiencias de las mujeres trabajadoras, resulta válida la
adopción de la categoría género al momento de emprender el análisis de la
enfermería en Río Negro, ya que nos acerca al pasado de modo crítico,
observando la vida de las mujeres en todas sus dimensiones, sobre todo en el
plano de las representaciones.
68
A través de las entrevistas realizadas pudimos conocer las representaciones de
mujeres trabajadoras, enfermeras profesionales o que fueron “empíricas” y
luego se profesionalizaron. Resulta inviable elaborar una historia de las
mujeres sin prestarle atención a sus representaciones,5 producto de saberes
adquiridos, sentimientos, anhelos y distintas experiencias. El contemplar este
aspecto permite al investigador/a conocer los valores del orden cultural en los
que están inmersos los modos de la femineidad y de la masculinidad. No
podemos pensar que las vivencias de los hechos resultan ser las mismas para
varones y mujeres, porque el posicionamiento de cada colectivo es distinto
frente al acontecer de lo cotidiano. Representar es volver a presentar lo vivido y
es un acto que para varones y mujeres está compuesto de valores,
pensamientos y proyecciones diferenciados. Las fuentes orales representan un
sustancioso recurso para analizar aquellos temas que han quedado escondidos
detrás de los “grandes acontecimientos” y que por lo tanto, no componen los
registros elaborados desde la mirada androcéntrica. La entrevista permite
conocer a los sujetos sociales y percibir en ellos/as la construcción de sus
historias. Especialmente cuando se trata de la historia de mujeres, las técnicas
desarrolladas por la historial oral posibilitan devolver la palabra a quienes
fueron invisibilizadas y silenciadas por la “historia desde arriba”.
Para este estudio hemos contado con tres entrevistas semi-estructuradas6
realizadas a dos enfermeras profesionales y una “empírica”, todas mujeres
5 “En la representación del ser humano, se fija y se conserva lo que objetivamente se convierte
en patrimonio de los sujetos gracias a la actividad práctica. Aunque es una forma de reflejo
sensorial del sujeto, la representación se halla indisolublemente vinculada a significaciones
socialmente elaboradas, es mediada por el lenguaje, está llena de contenido social y es
siempre captada por el pensamiento, por la conciencia. La representación constituye un
elemento necesario de la conciencia, pues vincula sin cesar la significación y el sentido de los
conceptos con imágenes de las cosas, a la vez que permite a la conciencia operar libremente
con imágenes sensoriales de los objetos”. ROSENTAL, M. y IUDIN, P; Diccionario Filosófico,
Editora Política, La Habana, 1973.
6 Hemos de partir del hecho que una entrevista, es un proceso de comunicación que se realiza
normalmente entre dos personas; en este proceso el entrevistador obtiene información del
entrevistado de forma directa. Si se generalizara una entrevista seria una conversación entre
dos personas por el mero hecho de comunicarse, en cuya acción la una obtendría información
de la otra y viceversa. En tal caso los roles de entrevistador / entrevistado irían cambiando a lo
largo de la conversación. La entrevista no se considera una conversación normal, sino una
conversación formal, con una intencionalidad, que lleva implícitos unos objetivos englobados
en una investigación. Una entrevista semiestructurada es cuando el entrevistador determina de
antemano al entrevistado cual es la información relevante que se quiere conseguir. Se hacen
preguntas abiertas dando oportunidad a recibir más matices de la respuesta, permite ir
entrelazando temas, pero requiere de una gran atención por parte del investigador para poder
encauzar y estirar los temas (actitud de escucha).
69
trabajadoras que se desempeñaron en distintos hospitales de la provincia. Ellas
han sido una voz privilegiada para comprender la transformación que
experimentó la práctica de la enfermería en Río Negro y sobre todo, cómo ello
afectó sus vidas, tanto a nivel profesional como personal. Para las mujeres
entrevistadas, recurrir a la memoria les permitió recrearse a través de la
palabra en su historia personal y, a la vez, fue el punto de partida para
comenzar a observarse como pertenecientes a un colectivo social, el de las
enfermeras de Río Negro.
De esta manera, la oralidad no sólo posee el carácter de fuente histórica, sino
que también representa la posibilidad de rescatar, a partir de la memoria
individual o grupal, un entramado de lazos sociales que reconoce en el
anonimato cotidiano una actitud histórica. Navegar en la memoria de las
mujeres nos aproximó a su vida cotidiana, privada, familiar o social, individual o
colectiva, en el ámbito o hábitat del tiempo presente.
La historia de las mujeres ya no es la misma desde el momento en que una
mujer contó su propia historia y otra la escuchó y le dio sustancia material a
través de la palabra escrita. A la vez, para quien investiga, otros relatos ya no
serán uno más, sino una pieza fundamental en su propia vida y también de
otras mujeres que dejan de ser desconocidas para conformar un colectivo
social cuya historia no puede alejarse de lo subjetivo.
Incursionar en la historia de las mujeres hizo que utilicemos género como
principal categoría de análisis. Dicho concepto concede la posibilidad de
visualizar los mecanismos que se accionan en la elaboración de los discursos.
La maternidad y la reproducción como función en todos sus sentidos, como lo
“natural”, constituyen elementos definitorios de la identidad femenina, los que
están en el plano de lo “cultural”. Desde esta perspectiva, se reconoce que las
mujeres históricamente nos hemos ocupado de una diversidad de tareas, entre
las cuales el cuidado o la asistencia al enfermo o doliente ha sido vital
importancia. En la actualidad, aún es evidente que al interior del mercado
laboral, son mujeres mayoritariamente las que se desempeñan en un número
restringido de “ocupaciones femeninas”, las que se caracterizan por poseer un
bajo prestigio e ingreso, son monótonas o requieren de acciones repetitivas,
vinculadas a las tareas que se realizan en la esfera de lo privado (maestras,
enfermeras).
70
La enfermería es un tema que ha sido encarado por la historia de las mujeres,
y ha sido reconocida como una profesión femenina, adornada con los
estereotipos propios de las actividades realizadas por mujeres. Si bien se la
concibe como una ciencia humana, sus orígenes se remontan a la familia y al
cuidado de los enfermos (niños o ancianos), muy vinculada a los saberes
ancestrales, mágico/religiosos, y a valores como la abnegación y el desapego.
Hacia fines del siglo XIX, la enfermería se profesionaliza, aunque en sus inicios
la mujer actuaba como auxiliar del médico, estaba bajo su mirada vigilante en
tanto referente legítimo de la ciencia moderna, poseedor de cualidades
intelectuales “naturales” para arribar a la cura de la enfermedad.
La perspectiva de género ha demostrado la relación entre la división sexual del
trabajo y la jerarquización social, en la cual las mujeres hemos ocupado lugares
de subordinación, dominación y explotación por el sólo hecho de ser mujeres.
Dentro de esta disposición, el trabajo de las mujeres no posee el mismo status
que el del varón, tanto en la valoración social como en la remuneración
percibida dentro del mercado laboral.
Respecto al tema que nos ocupa, el enfoque adoptado para la presente
investigación, nos permite extrañarnos de las relaciones que sobreviven al
interior de la atención médica. Concretamente, nos estamos refiriendo al
vínculo establecido entre el médico y el/la enfermero/a dentro de las
instituciones de salud, las que se caracterizan por la existencia de una marcada
jerarquía, muchas veces invisibilizadas. Preguntarnos porqué existe dicho
rango, nos remite al pasado, específicamente a la época que la medicina
científica se concentra en el curar y se aleja del cuidar.
Desde el siglo XIX, el médico comienza a ser reconocido socialmente como el
poseedor del saber capaz de arribar a la “cura” de la enfermedad, mientras que
el cuidado deja de ser considerado como un acto que concediera prestigio, y es
relegado al lugar de subalternidad. Esta tarea comienza a ser realizada por las
mujeres, quienes se convierten en la asistente del médico dentro y fuera del
ámbito privado. Para comprender este fenómeno, resulta primordial la
utilización del concepto de género porque concede la posibilidad de reconocer
los discursos que legitimaron la división sexual al interior del acto médico. Las
jerarquías fueron inicialmente fundamentadas desde las diferencias biológicas,
ya que se identificó a varones y mujeres con determinadas aptitudes
71
intelectuales y morales. Es así como el médico fue reconocido como el único
poseedor de saberes sobre la salud, la enfermedad y atención. Su palabra se
convirtió en sinónimo de verdad, de incuestionabilidad ya que se sostenía
sobre los cimientos de la cientificidad. Contrariamente, los saberes de las
mujeres, que eran el producto de las experiencias de las ancestras y
trasmitidas a través de la oralidad, fueron catalogados como sospechosos, por
lo tanto debían ser silenciados, condenados y olvidados.
Así como las diferencias biológicas entre varones y mujeres justificaron la
desigual asignación de profesiones de acuerdo al sexo, también justificaron
quienes eran los únicos autorizados para la producción de saberes
relacionados con los procesos de salud-enfermedad-atención. Como sostiene
Caramés García (2004) el reduccionismo biológico “ha contribuido a disfrazar y
a legitimar las asimetrías de género presentes en la construcción del
conocimiento”.
72
determinados sectores de la sociedad (principalmente aquellos ocupados en la
actividad frutícola). Con la sanción de la constitución en 1957, Río Negro inicia
la organización de sus instituciones sanitarias, dependientes del Consejo
Provincial de Salud Pública, organismo que inmediatamente emprende
gestiones para la creación del Hospital Regional de General Roca. Allí
comenzó a funcionar la primera Escuela de Enfermería de la provincia y hacia
los primeros años de la década del 60, la provincia contaba con las primeras
“enfermeras diplomadas”. Su formación consistía en un sistema de internado,
combinado con una práctica casi inmediata, a cargo de unas pocas enfermeras
profesionales que arribaron a la provincia para tal propósito, aunque la
enseñanza en los servicios estaba a cargo de empíricas que se jubilaron como
tales o que lograron reconvertirse.7 La escuela no exigía poseer el certificado
de estudios secundarios para ingresar como estudiante y ello constituyó una
valiosa oportunidad de poder estudiar y obtener un título para muchas mujeres
de escasos recursos.
Hacia fines del periodo mencionado, en el contexto signado por la puesta en
marcha de las políticas desarrollistas, se busca modernizar y optimizar la
atención sanitaria, poniendo el acento en la distribución racional de los
recursos que por definición se consideraban insuficientes. Frente a los
problemas sanitarios concretos que afectaban a la provincia (la hidatidosis por
ejemplo, era una enfermedad endémica y tenía una forma de resolución y de
intervención muy riesgosa) se interpretó desde los organismos estatales que el
personal enfermero debía estar capacitado para actuar acorde a las
circunstancias que imponía por un lado, los tiempos de organización y por otro,
el avance científico y tecnológico que caracterizaba a la medicina en ese
entonces. Es por ello que se procedió a la reconversión de los/as empíricos/as
como una primer medida la cual, en el organigrama de los funcionarios del
Consejo de Salud Pública, pudo haber representado un paso entre las múltiples
tareas que se debían realizar para alcanzar la modernización del sistema
sanitario, pero que para las mujeres trabajadoras de la salud significó la
posibilidad de transformar sus vidas y la de sus familias.
73
Las enfermeras como trabajadoras y profesionales. La perspectiva de
género como posibilidad de cambio
74
autoridades hospitalarias solicitaban a las mujeres haber alcanzado el nivel de
escolarización primaria, otras no, ya que con poseer ciertas cualidades como
“tener estómago o fuerza” era suficiente.
En la provincia de Río Negro, en el período analizado, las oportunidades
laborales para las mujeres fuera del ámbito doméstico eran escasas. Podían
trabajar en el servicio doméstico o en alguna actividad dentro del galpón de
empaque, actividades que se caracterizaban por la estacionalidad y los bajos
salarios. Resulta oportuno mencionar que, las ofertas educativas eran muy
pocas, considerando que existía un número reducido de escuelas secundarias
emplazadas en las principales ciudades. A las distancias geográficas se
sumaban las sociales, las que eran percibidas por las mujeres de sectores
populares y sus familias como infranqueables. La enfermería (al igual que la
docencia) se presentó como un trabajo que permitía alcanzar una estabilidad
laboral, seguir estudiando dentro del sistema de salud (a través del sistema de
becas y ayudas concretas) y a la vez como una posibilidad de ascender
jerárquicamente. En las entrevistas realizadas, tanto las enfermeras
profesionales como la “empírica”, exponen similares interpretaciones sobre su
desempeño como trabajadoras enfermeras. En el caso específico de la
enfermera “empírica”, la reconversión significó no sólo la posibilidad de
mantener su puesto de trabajo sino también, a partir del reconocimiento legal,
posicionarse dentro de la institución hospitalaria con nuevo status que la
diferenciaba de las mujeres enfermeras de antaño. Pero sobre todo, nos
parece interesante conocer cómo a partir de la reconversión las “empíricas”
interpretan su propia historia laboral y personal, y cómo ha trastocado la
trayectoria de su propia familia. Liliana nos contó que:
“En mi instrucción como auxiliar debo decir que estudié con mucho
sacrificio. Tenía hijos pequeños que quedaban al cuidado o mal cuidado
de cualquier persona. La ley ya exigía un título habilitante con matrícula.
Esa época para mí fue de lágrimas y alegrías pequeñas. Nunca me gustó
estudiar. Siempre lo había hecho poquito, para cumplir. Sin embargo, tuve
promedios muy buenos. ¡Vaya qué orgullo! Nueve y en el final el único 10
fue el mío. Ese día lloré pero de emoción. Pensé: ¿mirá si estudio? Mi
cabeza estaba concentrada en mis hijos y mi hogar. Me gustaba liderar
desde que empecé a estudiar. De hecho llegué a ser jefa de quirófano”.
75
Probablemente la experiencia de esta mujer se reprodujo en el acontecer de
muchas mujeres que, al no disponer de recursos económicos para continuar
con sus estudios, pudieron a partir de la reconversión ingresar al “universo del
saber”, del conocer. Aquel lugar que históricamente había sido ocupado por
varones y/o por miembros de los sectores de la sociedad con mayor nivel
socio-económico, ahora también era de las mujeres. No podemos decir que el
cambio fue abrupto, pero sí que instaló en el plano de las representaciones la
concepción que el saber otorgaba herramientas para el empoderamiento de
sus vidas.
La reconversión no sólo transformó la vida de las mujeres pobres sino que a la
vez permitió avanzar en la construcción de un nuevo perfil de la enfermería
como profesión. La reconversión abre la puerta a una constante capacitación
del personal enfermero durante la década de 80, época de reconstrucción de
las instituciones democráticas. Sin embargo, sostenemos que el proceso de
profesionalización de lo/as enfermero/as no ha concluido porque es
imprescindible que la enfermería elabore sus propios conocimientos. “Aún el
trabajo intelectual de la enfermera no se valora” nos decía Norma. El trabajo
enfermero, y especialmente de la mujer enfermera, se piensa aún hoy desde
valores como la vocación y la abnegación, reconocida más por la relación
afectiva que se elabora con paciente-usuario en los procesos de atención que
como productora de sus propios saberes.
En este sentido, resulta interesante buscar conocer de qué manera el paciente-
usuario piensa a la profesión médica y enfermera, y sobre todo cómo el
colectivo enfermero se piensa y se construye en el quehacer de sus prácticas.
La enfermería se constituyó como una práctica adjunta de la medicina e hizo
que las enfermeras se auto percibieran como “servidoras de la profesión
médica”. Ellas aprendieron que no estaban capacitadas para elaborar y
exponer sus propios conocimientos, actitud interpretada como insolente hacia
el médico y también hacia la ciencia. “Pensar y reflexionar era la
responsabilidad del cabeza de familia (el médico). Esta es la imagen que ha
contribuido a perpetuar la dualidad entre ciencia y práctica” (De Titto y otros,
2004).
76
Si bien esta dualidad es hoy sometida a investigación desde las ciencias
sociales, poco se sabe sobre el silenciamiento de los saberes femeninos en los
procesos de salud-enfermedad-atención. Probablemente, ello ha representado
un gran obstáculo en el ejercicio de la medicina occidental. En el campo
específico de la enfermería, la dicotomía entre teoría y práctica no ha sido
superada a pesar de los importantes avances realizados como el enfoque
“holístico” que se adopta hacia las últimas décadas del siglo XX (al que adhiere
la enfermería en Argentina), que prioriza la “praxis” pero que no termina de
resolverla, dejando afuera el planteo sobre la construcción de saberes
enfermeros, visto como necesario para romper con el perfil tradicional de la
profesión (De Titto y otros, 2004).
Pensamos al saber enfermero como “uno de los muchos saberes sometidos”,
también como “un saber silencioso y silenciado que se da cuando se deja de
abstraer y organizar todo el conocimiento que cada día miles de enfermeras
producen pero que no llegan a sistematizar y mucho menos a publicar. Un
conocimiento por tanto sepultado, pero también descalificado ante la opresión
del saber biomédico, que desde su posición hegemónica somete a la disciplina
enfermera” (Amezcua, 2009).
La perspectiva de género posibilita llevar adelante una mirada crítica de la
concepción sexista de la ciencia. Esta aportación no plantea que el modelo
biomédico, como modelo de conocimiento, sea erróneo o falso, pero sí que
dicho modelo deja afuera aspectos tales como la organización social, las
relaciones sociales y la estructura social de desigualdad existente entre
varones y mujeres y por ello no puede ver ni tratar los problemas de salud
derivados o relacionados con estos aspectos.
Es imprescindible que la enfermería se constituya como una profesión capaz
de criticar y elaborar sus propios saberes. La perspectiva de género permite
posicionar a la enfermería en la historia de las mujeres y reconocerse como
parte de un colectivo social capaz de transformar su realidad.
La enfermería es una ciencia que puede plantear las bases fundacionales de
un nuevo modelo médico, más acorde a los tiempos en que vivimos. Para ello
debe proponer un modelo que permita describir, explicar y predecir el
comportamiento de un fenómeno. Debe materializar en teorías y conceptos los
saberes adquiridos a través del tiempo, los que fueron silenciados y ocultados
77
por un modelo médico biologicista y androcéntrico. En ese sentido, la
perspectiva de género resulta ser el marco teórico apropiado para emprender el
camino de la crítica de lo dado y la generación de lo nuevo. Otra posibilidad
para alcanzar ese objetivo la brinda su propia práctica. La enfermería posee
otro idioma, alejado de los tecnicismos, se vincula con la persona y no con una
patología. Representa la confianza para la escucha del enfermo y de sus
familiares, y también de otros agentes que intervienen en los procesos de
salud-enfermedad-atención, incluido el médico.
La enfermería puede acortar las distancias que el modelo médico hegemónico
instaló a partir del saber o no saber, tanto en la relación médico-paciente como
en el vínculo entre la medicina y la enfermería.
Conclusiones
Hoy la enfermería se la reconoce como una ciencia que desarrolla sus propios
conocimientos, crea teorías y modelos conceptuales, lo cual le confiere a la
profesión el carácter de autónoma. En la provincia de Río Negro, la enfermería
inició tempranamente la profesionalización pero, en la actualidad, los/as
enfermeros/as profesionales manifiestan una mayor preocupación por obtener
un reconocimiento social y económico antes que un interés por teorizar sobre
sus conocimientos. No podemos interpretar este comportamiento sólo desde el
plano de las reivindicaciones laborales, ya que sería una mirada muy simple y
reducida. Si bien es cierto que los/as enfermeros/as profesionales han visto
una notable mejora de sus salarios en los últimos tiempos, el fenómeno tiene
que ver con el devenir histórico de la enfermería en los últimos doscientos
años. El perfil social de la enfermera es una construcción histórica, por lo tanto,
analizar su composición nos remonta al pasado, a la sociedad y a la cultura.
En la historiografía tradicional, las mujeres estuvieron ausentes del relato
histórico y ello responde a la prevalencia de la visión androcéntrica sobre el
acontecer humano, cargada de prejuicios y estereotipos. La categoría “hombre”
se utilizó (y se utiliza) como universal, dando a entender que varones y mujeres
vivieron, sintieron, soñaron, trabajaron, lucharon de igual manera. La historia de
las mujeres, desde la perspectiva de género, nos permitió investigar sobre el
mundo del trabajo, dentro del cual la mujer adquirió una entidad propia. Las
78
mujeres trabajaron y trabajan en todas las áreas productivas y, sin embargo,
ocuparon y ocupan lugares diferenciados a nivel de tareas realizadas y de
remuneraciones percibidas. Dentro del sector servicios, encontramos a muchas
mujeres trabajando como enfermeras, y si bien también hay varones, su
presencia es detectada recién en las últimas décadas del siglo XX. Cientos de
años antes, las mujeres ya se encargaban del cuidado de los enfermos, sean
estos niños o ancianos, parientes o vecinos, por lo tanto sus saberes sobre la
salud-enfermedad-atención están estrechamente vinculados a lo femenino.
La formalización de la enfermería como profesión se produjo a mediados del
siglo XX en Argentina y en todo el mundo occidental, pero seguían siendo ellas
las encargadas del cuidado y de la asistencia al médico. Es evidente que la
profesión ha sido atravesada por los acontecimientos económicos, políticos,
sociales y culturales que caracterizaron al siglo pasado. Desde entonces, se
fue definiendo el perfil de la enfermera, el cual pretendía aunar valores sociales
(abnegación, generosidad, vocación), morales (conducta higiénica) y saberes
científicos, los que no eran propios sino que pertenecían a la medicina
científica. Para las mujeres de sectores populares trabajar como enfermeras
representaba una oportunidad laboral invalorable, no así para las de clase
media-alta que consideraban a la enfermería como una actividad más
relacionada con la caridad o la filantropía.
Durante el peronismo, el perfil de la enfermería viró hacia lo patriótico (era una
misión, un deber), sobreviviendo la idea de la vocación, a lo que se sumaba la
posibilidad para las mujeres de acceder a un trabajo digno. En ese entonces, la
formación enfermera estaba más focalizada a los deberes que en sus derechos
como trabajadoras.
En los años 60, fue cambiando la idea de misión y se instaló la de servicio,
desde la cual se diagramó el proceso de reconversión de los/as empíricos/as a
auxiliares. El perfil profesional debía representar eficiencia, capacidad,
responsabilidad para satisfacer la exigencia de modernización de las
estructuras sanitarias.
En Río Negro, se inició la reconversión en sintonía con las ideas del momento
sobre el perfil de enfermera que se pretendía. Los/as empíricos/as eran en su
mayoría mujeres pobres, con un elemental nivel de escolarización o
analfabetas, por lo tanto, la reconversión significó mucho más que cumplir con
79
un requisito para mantener el puesto de trabajo. Fue la posibilidad para salir de
situaciones de carencia económica, y porqué no, quizás también afectivas, ya
que la dinámica laboral colaboraba en la construcción de estrechas relaciones
de amistad y compañerismo. Para las enfermeras, en especial, lo laboral es
pensado y vivido desde lo doméstico. Cuando Liliana nos cuenta en su relato
que estudió con mucho sacrificio, dejando a sus hijos al cuidado -o mal
cuidado- de extraños, reafirma la idea que lo público y lo privado no pueden
pensarse de manera separada. Desde la perspectiva de género, es posible
conocer el mundo del trabajo reconociendo que lo laboral no es vivenciado de
igual manera por varones y mujeres. La imagen de la enfermera y madre, que
se sacrifica por sus hijos y por desconocidos aparece de manera reiterada en
los relatos de las entrevistadas.
La enfermería como profesión ha sido subsidiaria de la medicina. Ello hizo que
el trabajo enfermero estuviera supeditado a la palabra del médico, quien se
posicionaba en un lugar jerárquicamente superior. El saber médico es
hegemónico, lo que significa que está por encima de otros saberes porque es
científico e interpreta al cuerpo y a la enfermedad científicamente. Desde el
poder que otorga este saber, se configuraron relaciones sociales asimétricas
entre médico/a-enfermero/a. Los saberes enfermeros no son valorados porque,
desde lo simbólico (y real), la enfermería es femenina y lo femenino es
peligroso.
Sería interesante seguir con el análisis sobre la enfermería y las enfermeras en
los años 90, para conocer cómo las políticas neoliberales afectaron a dicho
trabajo y profesión. También resulta atractivo emprender un estudio sobre la
relación entre familia y trabajo (composición familiar, jefaturas de hogar) ya que
también son elementos que permiten conocer el perfil de la enfermería más allá
del dato cuantitativo que proporcionan las estadísticas.
Para terminar creemos que la enfermería debe conocer lo “heredado” (aquellas
ideas sobre las condiciones naturales de las mujeres para el cuidado) para
poder des-naturalizarlo; lo “adquirido” (a través de la experiencia laboral) para
poder criticarlo, y lo “esperado” (desde su rol como profesionales de la salud)
para poder iniciar la edificación de nuevos y propios saberes.
80
Referencias bibliográficas
81
[Link]
JARA, María de los Ángeles (2013) “El Modelo Médico Hegemónico o Modelo
Biomédico”, en El acceso y la exclusión en el cuidado de la salud: una
perspectiva antropológica, Neuquén, EDUCO.
JELIN, Elizabeth (2010) Pan y afectos. La transformación de las familias,
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
LEBRETON, David (2002) Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos
Aires, Nueva Visión.
LOBATO, Mirta Z. (2007) Historia de las trabajadoras en la Argentina (1869-
1960); Buenos Aires, EDHASA.
LÓPEZ PIÑERO, J. M (2000) Breve historia de la medicina, Colección Medicina
y Salud, Madrid, Alianza.
MAGRASSI, G. Y ROCCA, M. (1986) La historia de vida, Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina.
MASES, Enrique -compilador- (2011) Trabajadores y trabajadoras en la
Argentina. Aportes para una Historia Social, Neuquén, EDUCO.
MENÉNDEZ, Eduardo (2009) De sujetos, saberes y estructuras. Introducción al
enfoque relacional en el estudio de la salud colectiva, Buenos Aires, Lugar.
MIRALLES, Glenda (2004) Entre la casa y el galpón. ¿Hay lugar para el
sindicalismo?, Gral. Roca, PUBLIFADECS.
NASH, Mary (1995) “Género y ciudadanía”, en JULIÁ, S. -editor-: Política en la
Segunda República, Madrid, Ayer, pp. 241-258.
----------------- (2002) “Los nuevos sujetos históricos: perspectivas de fin de siglo.
Género, identidades y nuevos sujetos históricos”, en ROMEO Mateo, María C.
y SAZ, Ismael -editores- El siglo XX. Historiografía e historia, Valencia,
Universitat de Valencia, pp. 85-100.
Ramacciotti, Karina y VALOBRA, Adriana (2010) “La profesionalización de la
enfermería en Argentina: disputas políticas e institucionales”, en Asclepio.
Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, vol. LXII, Nº 2, julio-
diciembre, pp. 353-374.
Revista de Enfermería de la Escuela Superior (REES), julio 1995, N° 2, Allen.
ROSENTAL, M. Y IUDIN, P (1973) Diccionario Filosófico, La Habana Editora
Política.
SALÉIS, Jorge: Médicos, maleantes y maricas, Rosario, Beatriz Viterbo editora,
1995
TOBAR, Federico (2002) Breve historia del sistema argentino de salud, en
Herramientas para el análisis del Sector Salud; Medicina y Sociedad.
URRA MEDINA, Eugenia (2007): “La teoría feminista post-estructuralista y su
utilidad en la ciencia enfermería”, en revista Ciencia y Enfermería, Chile.
WAINERMAN, Catalin y GELDSTEIN Rosa (1994) Vivir en familia, Buenos
Aires, UNICEF-Losada.
82
Entrevistas
83
De puérperas, nonatos y condiciones de alumbramiento en las márgenes
de la Nación Argentina. La zona litoral del Golfo San Jorge (1901-1953)
Introducción
Aquel obituario nos informaba acerca de los roles desempeñados por Carolina
durante su vida: esposa, madre de cuatro hijos, hija, hermana, hermana
política. Muchos años después, cuando Antonio exhumó sus restos y los
trasladó al nuevo cementerio, encargó una placa de bronce para ser colocada
en su nicho, la que se conserva hasta nuestros días.
Antonio, octogenario en el presente, no dejó de emocionarse y sorprenderse
ante mi requerimiento de información sobre la muerte de su madre en
Agradezco a Dora Barrancos, Hernán Palermo, Marta Carrario y a María de los Ángeles Jara
sus comentarios y sugerencias.
1 Archivo Histórico Municipal Comodoro Rivadavia, 8 de agosto de 1980, Expediente 2313,
Tomo XXXIV. Letra T.
2 Diario El Chubut, 4 de febrero de 1934, p. 5.
84
conversación telefónica. “Falleció hace mucho tiempo.”, “Hace mucho que no
visito el cementerio.”, “Sí, la conocí.”, son algunas de las frases que va
hilvanando al ir respondiendo a mis preguntas. Antonio me promete que
devolverá la llamada para entonces poder concertar una entrevista personal.
Aún espero.3 Me concentro en la información que figura en el resto de la placa.
La frase “Recuerdo de tus hijos” señala a la posteridad aquello que de su
condición femenina debe ser recordado: madre muerta. Nada nos dice acerca
de las razones por las que se produjo su deceso si bien se mencionan la fecha
(3 de febrero de 1934) y la edad (39 años). De su obituario en la prensa local
rescato el domicilio de la casa mortuoria: San Martín 1077. Imagino entonces
que su muerte fue allí y que familiares y deudos acompañaron un domingo por
la tarde sus restos mortales al cementerio municipal. Al día siguiente el
encargado de asentar en el Registro de Inhumaciones detalla el número de
sepultura que le fue asignada (número 1837) y la hora de exhumación (18 hs.),
el sexo (femenino), la nacionalidad (española), estado civil (casada) y profesión
(“su casa”). Entre estos datos consigna la causa de la defunción: septicemia
puerperal por aborto.4
En la actualidad la Organización Mundial de la Salud define la mortalidad
materna como “la muerte de una mujer durante el proceso de embarazo, parto
o dentro de los 42 días después de su terminación, por cualquier causa
relacionada o agravada por el embarazo, parto o su manejo, pero no por
causas accidentales”. Carolina y otras mujeres enterradas en el cementerio
municipal de Comodoro Rivadavia durante el período 1919-1953 son el objeto
de la presente ponencia ya que las mismas murieron como consecuencia del
proceso reproductivo. Estas “muertes de mujeres gestantes” como sugieren
Susana Checa y Martha Rosenberg se produjeron en momentos en que la
politización de la maternidad y el reconocimiento de derechos políticos
alcanzaron a las mujeres de toda la Argentina.5 Como lo mostró
magistralmente Marcela Nari durante aquellos años la maternidad se convirtió
85
en una cuestión de Estado de primer orden.6 Sin embargo, es poco lo que
sabemos respecto de las “Madres Patagónicas”, en especial si atendemos a la
zona litoral del Golfo San Jorge. La cuestión apenas ha sido transitada por las
especialistas locales en la temática y si bien contamos con avances sobre la
construcción del mito de la mujer-madre sabemos poco acerca del ideal
maternal basado en la imagen afectuosa e higiénica. 7 Entiendo asimismo que
las muertes de madres gestantes deben ser analizadas dentro del conjunto de
las políticas peronistas dirigidas a actuar en materia de salud materno- infantil
ya que algunos enfoques han dudado de la eficacia de sus logros al alcanzar
regiones distantes.8 En la ponencia además de estas cuestiones examino los
aspectos metodológicos que he utilizado para aproximarme a la temática en el
marco del orden urbano y la fragmentación comunitaria de la zona en estudio
para finalmente focalizar mi atención en las muertes de estas mujeres
gestantes y sus desventurados hijos (nacidos, nacidos muertos y no nacidos).
6 NARI, Marcela Políticas de maternidad y maternalismo político, Bs. As., Biblos, 2004.
7 GUY, Donna “Madres vivas y muertas. Los múltiples conceptos de la maternidad en Buenos
Aires” en BALDERSTON Daniel y GUY, Donna -compiladores- Sexo y sexualidades en
América Latina, Bs. As., Paidós, 1998, pp. 231-256.
8 BIERNAT, Carolina y RAMACIOTTI, Karina “Las madres y sus hijos en foco” en Barry,
Carolina; RAMACIOTTI, Karina y VALOBRA Adriana -editoras- La Fundación Eva Perón y las
mujeres: entre la inclusión y la provocación, Bs. As., Biblos, 2008, pp. 51-76.
9 ARMUS, Diego y BELMARTINO, Susana “Enfermedades, médicos y cultura higiénica” en
CATTARUZZA, Alejandro -director- Nueva Historia Argentina. Crisis económica, avance del
Estado e incertidumbre política (1930-1943), Bs. As, Sudamericana, 2001, Vol VII, pp. 283-329.
86
principal justificativo para la restricción de los nacimientos. Ahora bien, de
acuerdo con Marcela Nari: “La percepción de la compatibilidad menos hijos-
madre amorosa no fue inmediata. Quizá, sólo aparecería como consuelo en
décadas siguientes. En esas décadas, el trabajo asalariado femenino
continuaba siendo demonizado aunque, en las ciudades, se lo percibiera
menos como el motor de la disminución de los nacimientos que de la
mortalidad infantil. Pero, además, la desnatalización era vinculada a la
expansión de las posibilidades públicas de las mujeres: otros empleos,
educación superior, la «nueva» mujer que aparecía en las calles urbanas, la
«mujer moderna»”.10
Fue mi interés en el trabajo asalariado femenino y la búsqueda de nuevas
fuentes para abordarlo el que hizo que comenzara a revisar los Registros de
Inhumaciones del cementerio del Ejido Municipal de Comodoro Rivadavia. Tres
son los libros que se conservan en el Archivo Histórico. El tomo I comprende
los años 1919-1933, el tomo II refiere a 1934-1944 y el tomo III abarca los años
1945-1957. En el caso del primero se hace dificultosa su lectura, siendo el
segundo el que mejor información provee ya que se registra: el número de
sepultura, nombre, el sexo, la nacionalidad, el estado civil, profesión y
domicilio. También se consignan hora y día en que se produjo el deceso, la
causa de la defunción, hora y fecha en que se produjo la inhumación y en la
columna observaciones en la mayoría de los casos se menciona el nombre del
profesional médico encargado de la atención médica del difunto. Mucha de esta
información no ha sido consignada en el Tomo III, lo cual dificulta su empleo y
de allí mi decisión de concentrar mi atención en el período 1934-1944.
Como he mencionado, en las dos últimas columnas del folio se da cuenta del
nombre del médico que atendió al recientemente inhumado en sus últimas
horas de vida. En varias oportunidades el encargado de completarlo señala
expresamente el nombre del facultativo agregando luego “pobre de
solemnidad” o “sin cargo”. El empleo de estas expresiones nos da indicios de
otras transformaciones de importancia que se estaban produciendo en la zona:
desde el primero de agosto de 1936 se había procedido a habilitar el
dispensario de salubridad y consultorio para los enfermos pobres de
87
solemnidad en el nuevo edificio destinado a hospital municipal, el que
finalmente fue inaugurado en 1937. Desde ese momento, en la columna
dedicada a consignar el domicilio del difunto se detalla: hospital municipal. Es
posible entonces el empleo de otras fuentes disponibles para el período: las
solicitudes para asistencia médica y provisión de carnet, los pedidos de
atención de las parteras e internación y en caso de defunción, los que refieren
a la provisión de ataúd y traslado gratuito al cementerio. Estos rituales se
efectuaban sin costo para los familiares y deudos del extinto/a, toda vez que
“luego de las averiguaciones correspondientes” realizadas por sargentos de la
policía local se hubiere comprobado como se describe en algunos expedientes:
“lo que gana el marido sólo da para el mantenimiento de la familia y que podría
otorgársele el carnet” o bien en los casos de mujeres solas “es pobre y carece
de recursos”.
Al comienzo de este capítulo utilicé la información que proveía del obituario de
Carolina ya que los datos biográficos que se consignaban me permitían
delinear una semblanza de esta madre muerta, los que hacían referencia a los
detalles de su intimidad. Su obituario fue el único que encontré dentro de una
nómina de mujeres fallecidas por causas tales como septicemia puerperal,
fiebre puerperal, síncope post parto, infección puerperal, sepsis puerperal,
cesárea (post parto), aborto, a consecuencia de un aborto, septicemia
puerperal por aborto, septicemia aborto séptico, septicemia post aborto, aborto
infectado. Aunque fragmentaria, la información obtenida en el Registro de
inhumaciones me ha permitido realizar una mínima estimación del número de
procedimientos efectuados en el hospital público en la línea metodológica
propuesta como ya señalé por Susana Checa, Cristina Ervaro, Elsa
Schwarzstman y algunos estudios recientes en torno a la mortalidad infantil en
la zona.11
Con excepción de Carolina, único caso en el que no se menciona el nombre del
profesional médico, la persona encargada de llevar el Registro de
Inhumaciones dio cuenta de que dichas intervenciones médicas fueron
88
seguidas de muerte.12 (Barrancos, Dora, 2007: 486). En este sentido, el
tratamiento que he realizado de las fuentes se ha inspirado en las propuestas
de Arlette Farge y de Sandra Gayol.13 Así, es posible imaginar que el registro
de los abortos como causa de defunción de las madres muertas puede
considerarse una medida con carácter denuncialista de prácticas que parecen
haber sido habituales entre las mujeres de la zona en estudio. Sin embargo, el
hecho de que muchas de ellas fallecieran por causas tales como las
anteriormente mencionadas me llevó a pensar que la mortalidad materna pudo
estar relacionada menos con una resistencia femenina a ser atendidas por
extraños en nuevos ámbitos como los hospitales sino por el contrario como
consecuencia directa de haber sido atendidas en ellos. Estas condiciones
alcanzaron también a muchos de sus hijos, ya que guiándome por el registro
de inhumaciones y los escasos expedientes de atención médica que se han
conservado en el Archivo Municipal he podido aproximarme a la mortalidad
infantil distinguiendo casos de mortalidad neonatal precoz, mortalidad neonatal
tardía y mortalidad postneonatal.14
Estas muertes se produjeron en un momento en que el reforzamiento de la
identidad de las mujeres como madres/reproductoras y los argumentos
esgrimidos por distintos sectores en torno a la defensa de relación madre/hijo,
terminaron por constituir a las mujeres trabajadoras como sujetos de derechos
sociales, aunque no alcanzó para culminar con la exclusión formal de todas las
mujeres hasta 1947.15 Por otra parte, las muertes de madres gestantes deben
ser analizadas dentro del conjunto de las políticas peronistas dirigidas a actuar
en materia de salud materno-infantil como han sugerido Carolina Biernat y
Karina Ramaciotti.16 Aún cuando es poco lo que sabemos a nivel local/regional
89
sobre estos procesos puede afirmarse que durante aquel período entre las
medidas ensayadas para frenar el avance del proceso de desnatalización
podemos citar el establecimiento de subsidios por paternidad y maternidad a
fines de la década del 20 para el personal de la petrolera estatal. 17 Como ha
mostrado Graciela Ciselli la empresa había habilitado un consultorio especial
para señoras desde 1922, y si bien toleraba que las parturientas que eran
asistidas en su domicilio se les cobrara 30 pesos, se promovía que por razones
de higiene se atendieran en la maternidad del hospital.18 Estas medidas se
profundizaron en los 30, ya que en el hospital de la empresa (que había sido
construido con el objeto de brindar asistencia médica, odontológica y quirúrgica
al personal del yacimiento) se procedió a habilitar un consultorio para
embarazadas y con posterioridad se elevó la asignación mensual que abonaba
a la partera contratada a esos efectos con el objeto de evitar el parto a
domicilio. Coincido con Ciselli en que hacia 1937 las familias ya utilizaban
plenamente los servicios del hospital, proceso que fue documentado por las
propias protagonistas al conservar en sus archivos familiares tanto las libretas
de asistencia como las fotografías que se habían tomado para la obtención del
carnet.19
Cierto es que solamente las mujeres que residían en la jurisdicción de la
petrolera estatal podían acceder a esta atención. En el caso de quienes
habitaban el ejido municipal de Comodoro Rivadavia o bien quienes residían en
la zona norte del entonces Territorio Nacional de Santa Cruz si acreditaban
“tener casa” en la jurisdicción estaban en condiciones de solicitar la atención de
la partera en sus domicilio, ya que el hospital municipal fue inaugurado recién
en 1937. Durante aquellos años las preocupaciones en torno a las madres
obreras, las pobres y prostitutas ocuparon un lugar central en las prácticas
asociativas de otras mujeres, líderes étnicos, políticos y médicos, sobre todo
17 CRESPO, Edda Lía “Tras las huellas del maternalismo feminista en una comunidad minera
en la Argentina” en CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam -compiladoras- Mujeres en Palabras
de Mujeres, Rawson, Fondo Editorial Provincial, Secretaría de Cultura del Chubut, 2009,
pp.29-39.
18 CISELLI, Graciela “Familia y trabajo femenino en Y.P.F.”, Bs. As., Todo es Historia, N° 484,
2007, pp. 33-37.
19 CRESPO, Edda Lía “Maternales... Imágenes de mujeres en libretas de asistencia, políticas
empresariales y reconocimiento de derechos en los Territorios Nacionales: Comodoro
Rivadavia”. CD XI Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Tucumán, Universidad
Nacional de Córdoba, 2007.
90
durante los años que coincidieron con la Restauración Conservadora, aunque
algunos enfoques han avanzado al abordar los años del primer peronismo.20
Sea para el reconocimiento de derechos como para su control, la domiciliación
adquirió relevancia ya que toda vez que se adscribiera a una jurisdicción
territorial precisa (comunitaria), extranjeros y mujeres (en el ejido de Comodoro
Rivadavia) o bien los trabajadores de la petrolera estatal gozaban de beneficios
en razón de que los mismos eran concebidos como un conjunto de desafiliados
a quienes era posible por el área marginal en que se encontraban ser inscriptos
en el corazón de la Nación21 (Crespo, 2011). Por ello a continuación examinaré
con mayor detalle las particularidades de la zona en estudio.
91
Astra, considerada la primera compañía privada argentina accedió a una
concesión de 1.500 hectáreas, iniciando de inmediato las actividades de
producción, a principios de los veinte capitales de origen alemán adquirieron la
misma. Hacia 1919 los ferrocarriles del Sud, Pacífico y Oeste conformaron la
Compañía Ferrocarrilera del Petróleo ([Link]) la cual arrendó también
una concesión de 1500 hectáreas a unos ocho kilómetros del poblado, hacia
1950 el estado argentino culminó nacionalizándola y la misma adoptó la
denominación Petroquímica. Por otra parte, la Royal Deutch Shell había
iniciado actividades de exploración a unos 27 kilómetros al norte del ejido
municipal, conformándose en 1922 la compañía Diadema Argentina, la que
contaba con capitales holandeses, ingleses y nacionales.
En 1917, tras una serie de conflictos entre las autoridades de la petrolera
estatal y sus trabajadores, el ejido municipal fue redefinido. Varias mensuras
habían sido realizadas en 1901, 1909, 1917 destacándose en esta última
oportunidad que la misma procedió a mantener fuera del ejido tanto a los
campamentos dependientes de la petrolera estatal como a los de las
compañías restantes. Tal decisión trajo aparejada la exclusión de la ciudadanía
política a nivel de la jurisdicción municipal para los varones argentinos o
extranjeros que habitaban en las mismas. En la medida que el Yacimiento
Comodoro Rivadavia se expandió sobre la zona litoral del Golfo San Jorge,
estas condiciones alcanzaron también a quienes residían en el flanco sur del
mismo. Siguiendo la lógica de urbanización propia de estas concentraciones
obreras extractivas, la zona donde se realizaban las actividades de explotación
del recurso se encontraban en las proximidades del área anteriormente
mencionada, mientras que el área de embarque del petróleo se ubicaba en la
costa, donde se encontraba emplazada Caleta Olivia desde principios del siglo
XX. La traza urbana de esta última había comenzado a modificarse
abruptamente tras el descubrimiento de petróleo en junio de 1944 en una zona
denominada Cañadón Seco, distante unos 20 km hacia el oeste del núcleo
originario. El 9 de julio de 1946 se inauguró un mástil en el campamento de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales en las proximidades de la costa, el 29 de
setiembre de ese mismo año fue denominado Yacimiento Caleta Olivia, el que
estaba dedicado al despacho de petróleo procedente de Cañadón Seco.
92
Me interesa subrayar que el Estado en su carácter de empresario desarrolló un
conjunto de acciones sistemáticas que excedieron el marco estrictamente
productivo, distinguiéndose una serie de emprendimientos asociados con el
desarrollo de una amplia infraestructura de servicios sanitarios dentro de los
que se destacaban la construcción de hospitales propios y la puesta en marcha
de servicios gratuitos de farmacia, la asignación sin cargo de la vivienda y de
los servicios urbanos vinculados a ella (redes de agua, gas, energía eléctrica,
transporte gratuito, etc.) y la constitución de servicios comunitarios
relacionados con la cobertura y regulación del tiempo libre de los
trabajadores.22 Algo similar sucedió con la atención médica de la población
residente en las jurisdicciones dependientes de las restantes compañías, las
que durante el transcurso de la primera mitad del siglo XX se abocaron a
construir hospitales propios: Astra inauguró uno en 1920, la Compañía
Ferrocarrilera del Petróleo en 1931 y finalmente la Compañía Diadema
Argentina culminó por transformar la pequeña sala de primeros auxilios en un
hospital en 1934. De acuerdo a las crónicas de la época este última ofrecía
“servicios comparados a los mejores sanatorios de Buenos Aires”. Esta
infraestructura hospitalaria considerada de avanzada era exaltada por los
cronistas del diario El Rivadavia hacia fines de 1947 cuando al evocar las duras
condiciones a las que habían estado expuestos quienes residían en las
jurisdicciones de las petroleras desde principios de siglo sostenían: “En
Comodoro Rivadavia los habitantes fueron sometidos a pruebas de higiene,
obras de sanidad y reformas científicas, y (…) todos han resistido.”
Ahora bien: ¿Qué sucedía con los que no habían logrado hacerlo? Hasta
comienzos de la década del cuarenta los restos mortales de quienes habitaban
por entonces la zona (esto incluía en muchas ocasiones a quienes vivían
también en Caleta Olivia) era el cementerio dependiente de la Corporación
Municipal de Comodoro Rivadavia. De acuerdo al registro de inhumaciones que
se conserva en el Archivo Histórico Municipal comenzó a funcionar en marzo
de 1919 y se encontraba ubicado en un área que estaba en el límite entre la
93
jurisdicción de los campamentos de la petrolera estatal y el de la corporación
municipal. Sin embargo, hacia 1942 Yacimientos Petrolíferos Fiscales culminó
por realizar la traza de su propio cementerio, ubicándose el mismo a unos cinco
kilómetros del campamento central de la compañía. Por su parte, la Compañía
Ferrocarrilera de Petróleo hizo lo propio localizándolo a un kilómetro de su
jurisdicción. Por entonces se dispuso que en el caso de los restos de los
obreros de la petrolera estatal que estuvieran sepultados en el cementerio
municipal serían trasladados al nuevo cementerio y que sus deudos serían
eximidos de pagar el impuesto correspondiente.23 La medida parece no haber
alcanzado inmediatamente a los trabajadores de esta última compañía como lo
atestigua el caso de Antonio T., viudo de Carolina L. Antonio se desempeñaba
por aquellos años como jornalero de la Compañía Ferrocarrilera del Petróleo,
ya que en la columna en la que se detalla su domicilio figuraba Km. 8. Su
fallecimiento se debió a un accidente durante las horas en las que
desempeñaba sus labores: El deceso se produjo el 19 de noviembre de 1943,
siendo sepultado en la tumba 3808 y en la que permaneció hasta el momento
en que sus restos mortales fueron trasladados junto a los de quien en vida
había sido su esposa (AHMCR, Registro de Inhumaciones, Libro II, folio 97).
Unos días antes, en la tumba 3803 habían sido depositados los restos mortales
de Irma C. de O., cuyo esposo se desempeñaba como personal de Y.P.F. Así,
en el mismo folio 97, se consigna la fecha de su fallecimiento: el 7 de octubre
de 1943. La mencionada murió a raíz de una pancreatitis habiendo sido
atendida en varios hospitales de Capital Federal y finalmente terminó sus días
en el hospital dependiente de la petrolera estatal. Los restos mortales de Irma
fueron a sumarse a los de otras tantas mujeres.
Laura Mansilla y Ana Fernández, ocupaban las primeras dos sepulturas desde
1919 cuando el cementerio fue inaugurado. En aquella oportunidad solamente
se consignaron el sexo y la fecha en que fueron inhumadas. No podemos
precisar ni su profesión, domicilio y origen como tampoco el lugar donde
fallecieron. Estos datos comenzaron a precisarse a comienzos de los 30,
siendo posible afirmar que la zona en estudio se encontraba en vías de
94
“medicalización”.24 Ahora bien, resulta difícil estimar en base al registro de
inhumaciones la profesión de las extintas ya que en la columna dedicada a ello
prácticamente en todos los casos figuraba “quehaceres domésticos”. En esta
tarea, el empleo de algunos expedientes que fueron iniciados por el hospital
municipal durante el período 1936-1944, me ha permitido recuperar algunos
datos significativos para elaborar una semblanza de las mujeres sepultadas y
paralelamente poder realizar un acercamiento a lo acaecido en los últimos días
y horas de sus vidas.
Según el Registro de inhumaciones, Mercedes F. falleció al finalizar el verano
de 1942 a raíz de una septicemia (AHMCR, Registro de Inhumaciones, folio
80). En los días previos, para ser más precisa el 5 de marzo, se había iniciado
un expediente comunicándose la internación de la enferma Mercedes F. en el
hospital municipal. En las fojas que lo integran, destacan el empleo de
formularios de asistencia médica que llevan la rúbrica del nosocomio. En la
ficha de solicitud se detalla: nombre (Mercedes F.), nacionalidad (argentina),
edad (21 años), estado civil (soltera) y domicilio (Ameghino 805). Figura
también para completar Tiempo de residencia (“desde hace años”) y Trabaja (-
), sin consignarse sueldo o jornal. Con anterioridad la solicitante había
trabajado en la lavandería del Km. 3, recibiendo entonces un sueldo o Jornal de
40 $ mensuales. Aparentemente en el momento en que se produce su
internación no se encontraba trabajando y quien completó la ficha volvió a
insistir el lugar de procedencia: la localidad. Mercedes era una mujer sola ya
que los datos del esposo y de la nacionalidad quedaron en blanco. En las
observaciones se procedió a registrar que la mencionada había sido “internada
de urgencia en grave estado en el Hospital”.
El día anterior en una nota dirigida al comisionado municipal Don César
Stafforini se le informó que la mencionada había sido traída en ambulancia e
internada en grave estado, se volvió a detallar su nacionalidad, que era soltera
y la edad y se agregó que “era Hija de María del Carmen G., domiciliada en la
Calle Ameghino 805”. El comisionado autorizó se investigara acerca de la
solvencia económica de la nombrada, a lo cual el sargento de policía informó al
comisario “de las averiguaciones practicadas” ha constatado que Mercedes F.
95
“es pobre y carece de recursos que le permitan costearse por cuenta propia las
cargas de asistencia médica”. El expediente finalizó que había fallecido la
causante (AHMCR, Expediente No. 451 Tomo VIII- Letra M).
Casi paralelamente, se abrió otro expediente por el cual se solicitaba ataúd y
transporte al cementerio. El 11 de marzo de 1942 la nota del administrador del
hospital que fue refrendada con la firma del director del nosocomio subrayaba
“cumple en informar que en el día de ayer, siendo las 22 horas, falleció en este
hospital la enferma internada Mercedes F., hija de María del Carmen G.”. El
secretario preguntó si tenía carnet de pobre o bien de haber sido internada en
el hospital, el director comunicó que el informe sobre la internación estaba en la
comisaría local. Días después se autorizó al proveedor de turno que se hiciera
cargo del ataúd y de su traslado al cementerio (AHMCR, Expediente 494, Tomo
IX, letra M).
La muerte de Mercedes F. permite realizar un acercamiento a la forma en que
se producían las hospitalizaciones de las mujeres de la zona (en este caso de
una joven trabajadora). Según Ana Infeld durante aquel período fueron las
madres pobres mayoritariamente quienes resultaron favorecidas por el
otorgamiento de bienestar mínimo otorgado por el Municipio de Comodoro
Rivadavia aunque a partir de los años 40 se controlaron con mayor firmeza los
casos de maternidad de mujeres menores de edad.25 Con el fin de establecer
elementos que permitieran juzgar su moralidad, la certificación del estado civil y
la domiciliación adquirieron relevancia. Ahora bien, la septicemia tronchaba
muchos vidas de hombres, mujeres y niños pero la ausencia de menciones a la
causa de deceso de la extinta parece haber ocupado un lugar irrelevante en los
expedientes ya que en el caso de Mercedes F., los funcionarios municipales, el
personal de la comisaría y tanto el administrador del hospital como su director
se encontraban encargados de reunir la información necesaria para justificar
tanto la internación como su posterior inhumación eran solventadas por la
partida de “Beneficencia” de la comuna. En 1951 la prensa local sostenía que
durante los años de la Restauración Conservadora: “el hospital es el resultado
de la comprensión de los vecinos, de que la salud pública debe ser cuidada. El
Gobierno no lo hace y entonces la población toma la obra por su cuenta. Solo
96
se averigua si el que llega en demanda de ayuda médica, es pobre en realidad.
Comprobado esto, las puertas del hospital se franquean y la cama espera el
cuerpo enfermo que llega en busca de salud. Es el primer director del
establecimiento el doctor Miguel Alustiza que comparte el cargo con el doctor
Elías Rosner. Desde un principio, el hospital de manifiesta como verdadera
institución benéfica. No hay en él pensionados pagos. Todo se hace
gratuitamente, y la segunda presidencia, ejercida por el doctor Andino Y.
Cayelli sigue los mismos rumbos caritativos”.26
97
Fue atendida también por el Dr. Cayelli. Con algunas excepciones los
expedientes que daban cuenta de la mortalidad materna han sido extraviados
aunque en base al registro de inhumaciones puede sostenerse que en muchos
casos la muerte terminó también por alcanzar a sus desventurados hijos.
98
como ejemplo el dato que el Dr. Andino Cayelli en 1948 fue reconocido
oficialmente e inscripto en la Dirección de Asuntos Profesionales del Ministerio
de Salud Pública de la Nación como especialista en clínica ginecológica y
clínica obstétrica y paralelamente también nombrado director del Centro
Materno Infantil de la Gobernación Militar. Sin embargo, me interesa juzgar su
accionar profesional a la luz de los casos de mortalidad materna y mortalidad
infantil acaecidos durante el período anterior a ese reconocimiento.
No habiéndose conservado el expediente en el hospital municipal, sabemos
que el 14 de mayo de 1940, Hortensia V., chilena de 28 años, de estado civil
soltera y dedicada a los quehaceres domésticos falleció a causa de fiebre
puerperal. La mencionada fue atendida por el Dr. Andino Cayelli, el mismo
profesional médico que en los días previos había atendido a su hijo N.
Villarroel, fallecido a un día y medio de su nacimiento. El deceso de N.
Villarroel, acaecido el 11 de mayo de 1940 se produjo a raíz de una debilidad
congénita según el diagnóstico del Dr. Cayelli, que atendió al recién nacido sin
cargo.
Unos meses más tarde, el 10 de setiembre de 1940, María Elena G. N. falleció
también a raíz de fiebre puerperal siendo atendida también por el mismo
médico. De acuerdo a los datos que se consignaron en el registro de sepulturas
en el cementerio local, María Elena era chilena, tenía 35 años, era soltera y
residía en la localidad. En la columna dedicada a la profesión se anotó “su
casa” .Sin embargo, y unos días antes y de acuerdo con el Expediente 1125-
M, en una nota elevada por el administrador del hospital se comunicaba al
secretario de la comuna Don Fernando Rovere que “El 30 de agosto dio a luz la
enferma en trabajo de parto, Sra. Elena G. habiendo sido atendida por la
partera de este Hospital, Sra. Dolores S. de Planas”. El 4 de septiembre el
secretario autorizaba el vale para que se abonaran los servicios de la partera.
Sin embargo, resolver si la “enferma en trabajo de parto” era solvente
económicamente había demandado la intervención del comisario de policía,
quien a su vez ordenó al subcomisario José Ochotorena que se encargara de
realizar “las previas averiguaciones”.
El resultado de las mismas había arrojado una información diferente. Así, el
encargado de las tareas, un sargento de nombre Pedro Fernández comunicó
que Elena G. vivía con Francisco A., con domicilio en la calle España 886, el
99
que trabajaba de pintor, ganando para su subsistencia diaria, no así para
abonar los gastos de su atención médica en el Hospital Municipal. El informe
fue elevado al municipio con fecha 12 de septiembre y dos días más tarde el
secretario de la comuna hacía referencia a que de acuerdo al Expediente 957-
6-1940 la recurrente había justificado su indigencia. Tras la consulta del
mencionado documento, efectivamente el trámite había sido iniciado por la
mismísima Elena G. N. la que solicitaba servicios obstétricos y carnet para
asistencia médica. En el formulario dirigido al secretario tesorero de la comuna
con fecha 29 de julio se consignaba que María Elena era chilena y que estaba
casada pero que era un tanto menor, tenía 29 años. Residía en la localidad
desde 1934 y como carecía de recursos para solventar la asistencia
profesional, solicitaba el carnet. En el formulario se mencionaba asimismo que
su marido Francisco A., de 42 años también de nacionalidad chilena, trabajaba
en el cine Rex, su jornal era de 120$ por mes. Ambos se domiciliaban en la
calle España 878 junto con un hijo de siete años de nombre Hugo. El inspector
de turno sostuvo que “lo que gana el marido sólo da para el mantenimiento de
la familia y que podría otorgársele el carnet”, el que fue fechado el 3 de agosto
con el número 117.
El expediente reúne otra documentación relevante para el caso que nos ocupa
ya que Elena cumplió con otros requisitos para su emisión, había procedido a
vacunarse de acuerdo a lo que establecía la Ley 4202 y adjuntó el certificado
expedido por el profesional médico que daba cuenta de su estado de gravidez.
Un último certificado policial se adjuntó al expediente, allí el comisario de
policía de nombre Julio Martínez Torrent había comprobado que Francisco A.
efectivamente con su jornal de 120$ solamente podía cubrir los gastos de
subsistencia del núcleo familiar y agregó asimismo que el anteriormente
mencionado era el concubino de Elena G. N.. No hubo mención alguna tras su
fallecimiento de que había dado a luz a una niña a la que llamó Rosa y que
tuvo un destino similar al de su madre ya que la pequeña falleció el 24 de
diciembre de ese mismo año, víctima de una bronconeumonía.
Ese mismo año, Emilia B. de Z., argentina de 24 años, casada y también
dedicada a “su casa”, falleció víctima de septicemia puerperal. Su deceso se
produjo el 26 de diciembre de 1940 y el expediente iniciado por el hospital
municipal tuvo por objeto solicitar ataúd y transporte gratuito al cementerio
100
(AHMCR, Expediente 1737-M). El administrador del hospital municipal inicia su
tramitación dirigiéndose al comisionado Stafforini: “Informa que ha fallecido en
este Hospital la enferma internada Emilia B. de Z., razón por la cual solicita de
Ud. sirva ordenar se le otorgue el ataúd y el transporte gratuito
correspondiente”. El día 30 el comisionado autorizaba que la contaduría
otorgara el vale al proveedor de turno. Ahora bien, Emilia había dado a luz a un
bebé que fue sepultado bajo el nombre de N. N. Burgos. Las razones de su
defunción se debieron a una asfixia durante el trabajo de parto el que fue
atendido por el Dr. Cayelli sin cargo.
Otro caso llamó mi atención ya que en mayo de 1942 en otro expediente
iniciado por el hospital municipal se comunicaba el parto de Hortencia S. de B.
El administrador consignaba en una nota dirigida al comisionado municipal:
“cumplo en informar a Ud. que en el día de la fecha siendo las 7 y 30 horas, la
Sra. H. S. de B., argentina, casada, de 22 años, esposa del Sr. Oscar Juan B.,
enfermero de este Hospital”. A las 22 horas del día 17 de mayo la mencionada
había dado a luz un niño de sexo masculino, habiendo sido atendida por la
partera Sra. Dolores S. de Planas. Un nuevo expediente se inició ese mismo
día ya que debió comunicarse el fallecimiento de la enferma Hortencia S. de B.
el 18 de mayo. El administrador del hospital comunicaba al comisionado
municipal que siendo las 12 y 15 horas se había producido su deceso, volvió a
subrayar que Hortencia era esposa del enfermero Sr. Oscar B. Esta razón
parece haber sido fundamental para que el 20 de mayo el comisionado
ordenara que se eximiera del pago del derecho de fosa ya que el Sr. B. era
enfermero del nosocomio. Nada se dijo de las razones que motivaron el deceso
de la mencionada, el que de acuerdo al registro de sepulturas fue causado por
un síncope postparto y que había sido atendida por el Dr. Cayelli sin cargo.
Tampoco se mencionó que el niño que había alumbrado había recibido el
nombre de Jorge Julio, que alcanzó a sobrevivirla 4 días, que falleció a raíz de
una hemorragia meníngea y que fue atendido por el mismo facultativo de su
madre. Sus restos mortales culminaron siendo trasladados a la sepultura
Número 3526 en la que días antes había sido depositado el cuerpo sin vida de
su progenitora.
Finalmente, el Expediente 1335- M, iniciado el 5 de julio de 1943 por el hospital
municipal comunicaba el fallecimiento de la enferma Rosa C.: “habiendo
101
fallecido en el día de ayer la enferma Rosa C., internada el 25 de mayo próximo
pasado, según nota correspondiente, y careciendo de los medios para sufragar
los gastos de inhumación, agradeceré a Ud. quiera tener a bien autorizar se le
provea del ataúd y transporte gratuito correspondiente…” El día 6 de julio, en
forma manuscrita el inspector de la comuna se dirigía al Sr. secretario
sosteniendo que la causante era persona sin recursos y que sus familiares
también carecían de medios. Al día siguiente se autorizó a la contaduría
municipal la emisión del vale para el proveedor de turno, quien se encargaría
de conseguir un ataúd de tipo económico y trasladar los restos al cementerio
local. Sin embargo, si se presta atención a la fecha en que fue hospitalizada
Rosa (el 25 de mayo) y revisamos el registro de inhumaciones es probable que
la tumba 3727 fuera ocupada por su hija, una N. N. femenina nacida muerta el
28 de mayo de 1943 y la que fue atendida por el Dr. Cayelli sin cargo. Nada se
dijo entonces que su madre Rosa había fallecido a raíz de septicemia puerperal
tras la atención del mencionado facultativo.
Consideraciones finales
31 GUY, Donna. Op. cit, 1998; JAMES, Daniel Doña María. Historia de Vida, memoria e
identidad política, Bs. As., Manantial, 2004.
32 CRESPO, Edda Lía “Madres, esposas, reinas…Petróleo, mujeres y nacionalismo en
Comodoro Rivadavia durante los años del primer peronismo” en LOBATO, Mirta Zaida -editora-
Cuando las mujeres reinaban. Belleza, virtud y poder en la Argentina del siglo XX, Bs. As.,
Biblos, 2005, pp.143-174.
102
esta ponencia, su deceso se había producido a una edad avanzada aunque el
conjunto de obituarios aparecidos en la prensa local no dejaron de hacer
referencia a que era “Prototipo de madre patagónica”.33 También se subrayó
por aquellos días que había llegado a este lejano sur “cuando no había
caminos, ni protección policial, ni sala de primeros auxilios” y aún así “supo
inspirar en sus hijos sentimientos de hombría de bien”.
Aquellas menciones parecían hacer referencia a las políticas peronistas
dirigidas a actuar en materia de salud materno- infantil y ha sido el objeto de
este trabajo analizar si las mujeres gestantes muertas enfrentaron las mismas
condiciones que Doña Juana. Aún cuando la información es bastante
fragmentaria al respecto estas madres muertas y en algunos casos también
sus hijos e hijas fueron homenajeadas/dos por su familia e hijos al trasladar sus
restos mortales cuando se procedió a levantar el cementerio en el que habían
sido inhumados. Solamente el nicho y la fotografía de Carolina L. de T. como la
de su viudo Antonio se conservan hasta nuestros días; aunque sabemos que
Rosa A. y su madre María Elena G. N. compartieron sepultura hasta la década
del ochenta cuando se decidió también su traslado. Con excepción de Carolina,
estas madres y sus hijos carecieron de obituarios, de allí entonces la necesidad
de utilizar las escasas fuentes disponibles para aproximarnos al parto en
momentos en que se medicalizó, se masculinizó, se hospitalizó como sugiere
Michelle Perrot.34 Nuestras conclusiones sin duda preliminares al respecto
siguen en parte las señaladas por Perrot: “Al principio el parto en el hospital
tuvo que ver con las mujeres pobres, o solas, demasiado desprovistas para
llamar a un partero o a una comadrona. Después el hospital se volvió el lugar
más jerarquizado de la medicalización y de la seguridad y la relación se invirtió
totalmente. Las mujeres acomodadas tomaron el rumbo de la clínica y, desde
el período de entreguerras, el de las maternidades. Después de la Segunda
Guerra mundial la práctica se generalizó y el nacimiento a domicilio se volvió
una excepción”.35
En nuestro caso, las madres gestantes muertas y sus desventurados hijos e
hijas lamentablemente tomaron el rumbo del cementerio. Aún así, la
103
auscultación lugar por lugar se hace imprescindible cuando se adopta una
perspectiva de género y es una cuestión que debe ser profundizada por la
historia social de la Patagonia.36 En este sentido, creo que los estudios sobre la
maternidad ofrecen interesantes perspectivas puesto que la función materna es
un pilar de la sociedad y de la fuerza de los Estados y por ello el cuerpo de la
madre se inviste de política, haciendo del control de la natalidad uno de sus
puntos clave. Como sugiere Perrot, el primer problema es el de la concepción y
en el presente lo que era una fatalidad se convirtió en una elección y sobre
todo de las mujeres, lo cual sin duda constituye una revolución.37 Para finalizar,
esta ponencia se inscribe en una serie de estudios que abordan períodos más
recientes pero que se interesan por los derechos sexuales y reproductivos y los
movimientos de mujeres en Patagonia.38
104
Análisis del rol de las mujeres indígenas en los ámbitos de consenso,
durante la segunda mitad del siglo XIX en Patagonia. Sugerencias para
una nueva interpretación de caso
Introducción
Mail: cristiangonzaloquiroga@[Link]
105
influye en las relaciones sociales que se dan en el espacio intercomunal, tanto
como el espacio fronterizo.
Por lo tanto, nuestro punto de vista, se centró en proponer que el parlamento
define tanto prácticas sociales concretas para la vida comunal e intercomunal
(Loncharic, Quinchagual y Quiroga, 2008), como acciones políticas de más
largo alcance con extensiones hacia lo que la historiografía más clásica ha
definido como relaciones fronterizas. A las sociedades “blanca” e indígenas no
las separaba una línea divisoria que denotaba dos mundos, sino que existía un
“espacio fronterizo” (Bandieri, 1995) de gran complejidad, en donde los
parlamentos fueron un componente importante para mantener la vigencia de
buenas relaciones de convivencia.
Ahora bien, luego de haber realizado estos trabajos se nos hizo menester
preguntarnos ¿cuál era la participación de las mujeres en estas instancias de
consenso?, es decir, ¿influían o no las mujeres en estos espacios políticos? Y
si lo hacían ¿de qué manera intervenían?, ¿cuál era su objetivo? Sobre esta
temática se han realizado diferentes trabajos que analizan la cuestión de la
mujer, en el espacio de la Patagonia y más precisamente sobre las sociedades
indígenas, desde un punto de vista económico y político. Por lo tanto, es de mi
interés aportar a esta temática nuevas sugerencias que amplíen la
comprensión de estas sociedades indígenas.
Para poder realizar este escrito necesito organizar este trabajo en dos partes
antes de exponer mis interpretaciones. En un primer momento exhibiré
sintéticamente la perspectiva de género y algunos trabajos que se han
producido sobre esta temática (las mujeres en las sociedades indígenas) y
luego, en un segundo momento, describiré el recorrido que realiza el viajero
Musters por la Patagonia, focalizándome en los diferentes parlamentos que el
cronista presencia detallando -con mucho cuidado- las acciones que realizan
las mujeres en los diferentes acontecimientos.
Perspectiva de género
La nueva historia de las mujeres fue una construcción que se dio en las
postrimerías del siglo XX, durante demasiados años la presencia femenina ha
sido el gran ausente de la historiografía. No es sino a partir de los años 70 que
106
la presencia de la mujer se hace sentir en la reflexión y en la investigación
histórica. Los y las historiadores/as que se iniciaron en la investigación sobre
las actividades femeninas en el pasado se toparon en primer lugar con la
exclusión sistemática de las mujeres de los registros del pasado (Scott, 1995).
Escribir sobre ellas es sacarlas del silencio en que estaban inmersas.
Podríamos preguntarnos ¿por qué este silencio? Y antes de esto ¿las mujeres
tienen historia? Esta última pregunta depende del sentido que le demos a la
palabra historia. Por un lado la historia es lo que pasa, son los hechos y los
cambios que estos producen, las acumulaciones que tejen el devenir de las
sociedades, los acontecimientos del pasado. Pero también es el relato que se
hace de ellos. Y en este relato las mujeres quedaron excluidas como si
estuvieran fuera del acontecer, “sepultadas bajo el silencio de un mar abismal”
(PERROT, 2008:18).
Preguntémonos ¿por qué? Primero porque las mujeres actúan menos en el
espacio público. Eso fue así hasta hace muy poco tiempo. Las mujeres trabajan
y actúan en la familia, en el espacio doméstico. Para el relato historiográfico
dedicado a los aspectos políticos, de transformaciones económicas y sociales,
lo importante era el espacio público, allí era donde se realizaban las acciones
que merecían un lugar preponderante en el discurso. Entonces, el primer
señalamiento de la historiografía feminista es el de que ha existido, a través de
la memoria histórica y en la historiografía propiamente dicha, un ocultamiento
de los acontecimientos de la vida de las mujeres. Y si la historia las ha
rescatado del olvido sólo fue a las mujeres que con sus acciones, presencia y
poder se distinguían del resto y, de esta manera, su figura se elevaba a un
nivel parecido a la de los varones.
Para las distintas sociedades en el tiempo, la invisibilidad y el silencio de las
mujeres forman parte del orden natural de las cosas. Tampoco tienen apellido,
solo nombre de pila, porque son los hombres quienes otorgan sus apellidos.
Desde el principio de los tiempos aparecen mencionadas de manera confusa
“… las mujeres y los niños…” y, porque se las ve poco, se habla poco de ellas.
Allí tenemos unos de los motivos de la ausencia de las mujeres en el relato
historiográfico: el silencio de las fuentes.
La historiadora Carmen Ramos Escandón relataba en su investigación que “en
los registros de las haciendas mexicanas nos daban noticias sobre los peones,
107
bueyes y sacos de maíz, pero no sobre las mujeres…” (ESCANDÓN RAMOS,
1997:17). En cambio, en lo que hay sobre abundancia es de discurso sobre las
mujeres, la mayoría escrita por hombres, y de imágenes de mujeres, pintadas
por hombres.
¿Cómo recuperar el pasado de las mujeres?, ¿cómo romper con los
estereotipos que las envuelven? Las historiadoras feministas se han
preocupado por armar archivos de mujeres para luchar contra la dispersión y el
olvido, pero hay que tener en cuenta que la escritura y la lectura estuvo durante
centenares de años vedada para ellas.
Hasta ahora, esto permite hablar de una historia de las mujeres, pero aún
resulta insuficiente la recuperación y revalorización de “otras fuentes” para dar
cuenta de una historia de ellas: ¿por qué? Porque en el devenir histórico, los
cambios, las rupturas no repercutieron de la misma manera para los hombres y
para las mujeres, esto implicó que la teoría feminista y, por ende, la
historiografía feminista, incorporara nuevas categorías de análisis. En
consecuencia, para la década de los 80 aparece la categoría de género que
transforma la categoría de “sexo” con el objetivo de eliminar toda connotación
biológica en lo que era producto de la esfera social, política y cultural y,
consecuentemente, de carácter histórico. Dicho de otra manera, la categoría
género se refiere a la asignación de atributos y conductas a los individuos
según su pertenencia a un sexo biológico (Scott, 1995). Estas conductas son
construcciones históricas y culturales que se naturalizan y se reproducen de
generación en generación, como si fueran innatas, a-históricas y moralmente
correctas. Estas conductas y atributos también denotan desigualdades y
mayoritariamente subordinadas a los varones.
Entonces, la manera en que una nueva historia relate y explique la vida de las
mujeres residirá en el alcance que pueda tener el género como categoría
analítica. Ante preguntas tales como: ¿Cómo funciona el género en las
relaciones sociales?, ¿cómo le da el género significado a la organización y
percepción del saber histórico? Sólo podrán ser contestadas si se enfoca la
noción de género como categoría de análisis (Bonaccorsi, 1997:22).
Por último, para hacer una historia de las mujeres resulta necesario adoptar un
planteo crítico que reconstruya el pasado de las mujeres y para ello debemos
contar con categorías de análisis que permitan explicar e interpretar la
108
construcción de las sociedades y el porqué de la invisibilidad de ellas, explicar
las causas de su discriminación, las experiencias de sus acciones,
pensamientos y actitudes como sujetas activas de los tiempos pasados. Más
allá de la búsqueda de categorías analíticas se debería pensar en la
metodología que utilizamos a la hora de analizar y de escribir historia, es decir,
no concuerdo con la forma de encasillar al objeto de estudio en esferas
netamente impuestas por el pensamiento moderno.
En síntesis, podemos decir que las ciencias sociales ha argumentado el interés
por rescatar las acciones de la mujer y su intervención en el pasado. Es este
interés lo que me lleva a proponer, en este escrito, cuanto me es realmente útil
la categoría de género para analizar a la mujer en sociedades de tipo
tradicional y en este caso sociedades indígenas.
1 Sobre tal temática se puede ver los pioneros trabajos de Mandrini (1985) y, también, León
Solís (1989).
109
Por otra parte, también trae a acotación los errores metodológicos que
cometemos a la hora de analizar el rol de la mujer en sociedades indígenas;
argumentando que no sólo se debe a la fuente histórica, en el sentido de no
poder analizar la participación de la mujer, sino también a los marcos teóricos
que utilizamos y a nuestra aséptica interpretación de las fuentes. En palabras
del autor sería “Pero reconozcamos que a veces la culpa no es tanto de la
fuente sino de quienes las estudiamos (incluidas algunas feministas), porque
enredados en parecida valorización de los estatus que la gente de los grupos
analizados, tendemos a resaltar ciertas actividades en desmedro de otras.”
(PALERMO, 1994:64)2
La investigación de Palermo nos invita a realizar un recorrido histórico que va
desde el siglo XVI y al siglo XIX y este recorrido lo hace a través del análisis de
diferentes crónicas de viajeros. Tal análisis se focaliza en el contacto cultural
que tuvieron las sociedades indígenas con la sociedad europea y, también,
cómo este contacto fue transformando los diferentes tipos de economías que
ejecutaban los grupos étnicos de Patagonia. Según Palermo tales
transformaciones económicas generaron dos aspectos a tener en cuenta: el
primero fue el aumento del papel de la mujer en las sociedades indígenas y, en
segundo lugar, se observa gran participación femenina en los sistemas de
intercambio, siendo productoras de objetos textiles como también dueñas de
ganado ovino.3
Estos dos resultados Palermo los sustenta describiendo las diferentes
actividades económicas que realizaban las mujeres y los beneficios que tienen
por su condición femenina. Las actividades económicas van desde los trabajos
de subsistencia (recolectar leña y agua) hasta la confección de sus ponchos.
Por otra parte, el autor muestra lo beneficios que brindaba la mujer en tales
grupos étnicos puesto que aquellos hombres que querían desposarse con una
mujer debían pagar por tal acción.
Otro de los trabajos que vamos a describir en este escrito es el de la autora
Videla (1997), tal escrito se focaliza en la temática de liderazgo femenino y en
110
este caso es el de la Cacica María.4 En este trabajo la autora nos explica las
diferentes actividades que desempeñaron las mujeres a lo largo de su historia
que van desde machis hasta lenguarazas o, también, compañeras de caciques.
También añade que son muy pocos los trabajos que se han realizado sobre
mujeres líderes. La autora también propone el mismo planteo que Palermo, es
decir, que Videla concuerda con la idea de que la participación de la mujer en
las sociedades de tipo tradicional se da por el proceso de transformación
económico que viven estos grupos producto del contacto con los europeos.
Desde el punto de vista metodológico es importante el aporte que hace la
autora, puesto que plantea: “En este juego de desentrañar los misterios del
pasado, es necesario definir el cristal desde donde miramos lo que afirmamos.
En principio considero que más que posible, es probable que esta tendencia
excluir del poder político a la mujer, tiene sus raíces en una concepción errónea
en donde el ideal de control y de dominio se relaciona exclusivamente con una
historiografía teórica que considera todo estudio sobre la mujer como estudio
de género. No se trata aquí simplemente de reivindicar el rol femenino en la
historia, sino que intentamos dilucidar las relaciones que existieron en las
sociedades indígenas y las visiones teóricas que en torno a ellas se
produjeron.” (VIDELA, 2007:29).
Lo que la autora quiere expresar en esta cita es que las mujeres y los hombres
son definidos uno en relación con el otro y no se puede entender a ninguno
estudiándolo por separado, es decir, que no se debe realizar un análisis
estrecho de la mujer puesto que se la separa de sus relaciones sociales con los
otros individuos.
En síntesis lo que Videla quiere expresar en este escrito es que la elección de
la mujer como líder de un grupo no sólo se debe a la cuestión del parentesco
sino también al capital social que posea que va desde su oralidad hasta su
capacidad de dirigir un grupo.
Siguiendo con la misma sintonía nos encontramos con el trabajo de las autoras
Castillo Bernal y Videla (2009). En este trabajo las autoras realizan un análisis
comparativo entre tres jefaturas femeninas que poseen diferencias temporales
que van desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Tal escrito es analizado con el
111
concepto de “cacicato” y repasa a tres mujeres que ejercieron el rol de líderes,
como por ejemplo: La Reina de los Poyas, María la Grade y La vieja Cacica.
Dicho análisis comparativo dio como resultado que las tres líderes poseían,
además de la cuestión del parentesco, dos capitales muy importantes: el
primero es el capital social (oralidad y perspicacia) y el segundo el capital
económico (adquisición de riquezas). Cabe aclarar que la totalidad de los
capitales no estuvieron poseídos por las tres mujeres al mismo tiempo, puesto
que variaba su condición. Por lo tanto, tal análisis dejó un resultado diferente
tanto a nivel cualitativo como a nivel cuantitativo.
En palabras de las autoras sería: “El objetivo de este trabajo no es intentar
buscar argumentos en contra de esos esquemas clasificatorios, aunque
creemos que no nos dan respuestas por sí mismos. Al encarar el problema de
los cacicatos femeninos nos encontramos con problemas de grado más que de
clase, estas clasificaciones suelen enmascarar las variaciones culturales y
temporales de las sociedades que presentaba una amplia gama de opciones
dentro de un tipo de organización social basada en la figura de un jefe…”
(CASTILLO BERNAL-VIDELA, 2009:17). Desde mi punto de vista las autoras
plantean en esta cita el problema metodológico que tienen a la hora de
analizar su objeto, en un tiempo y espacio determinado, a través de un
concepto que no deja los mismos resultados a la hora de querer interpretar su
objeto en diferentes tiempos, por ejemplo: no posee las mismas características
una líder femenina del siglo XVIII que una líder mujer del siglo XIX.
Ahora bien, al describir estos tres trabajos que han abordado la cuestión de la
mujer en las sociedades indígenas me gustaría exponer algunas de mis
observaciones sobre tales investigaciones. En primer lugar pude observar que
los trabajos plantean la necesidad de que la mujer intervenga y sea participe
del relato histórico, aclarando -los autores- que no son los pioneros en esta
cuestión. Es por esto que las y los autores se ven en la necesidad de realizar
críticas en relación a aspectos metodológicos, no centrándose solamente en lo
dificultoso que es analizar una fuente histórica sino también el marco teórico
desde el cual nos paramos para interpretar las acciones de las mujeres en las
sociedades de tipo tradicional. En relación a esto concuerdo con el planteo de
las autoras Castillo Bernal y Videla en cuanto a que si analizamos a la mujer o
112
a las mujeres desde la categoría de género, sin ser esta categoría revisada,
condicionamos nuestra mirada dejando de lado los otros actores.
Otro de los aspectos que observé es que se resalta la participación de la mujer
sólo si esta aparece en dos tipos de esferas: económica y política. En cuanto a
la primer esfera el autor Palermo resalta a la mujer en una esfera netamente
económica, haciendo notar su participación en la unidad económica del grupo
étnico y el beneficio económico que recibe su unidad familiar a la hora de
desposarse. Es decir, su condición de género femenino ya determina al
individuo (la mujer) como un sujeto tal, del cual ya se sabe su comportamiento
y las acciones que ha de realizar en cierto contexto o acontecimiento. Con
respecto a esto último prometo abordarlo líneas más abajo.
Según mis observaciones pude interpretar que Palermo trata de construir una
figura de mujer indígena y esto lo hace a través del análisis de diferentes
crónicas. Es decir, crea una figura homogénea femenina sobre el espacio de la
Patagonia a lo largo del tiempo. Y me aventuro a plantear que esta
construcción es muy difícil puesto que cada fuente describe un tipo de mujer
que no poseen las mismas características en cuanto a comportamientos, es
decir, no se observa la misma participación de una mujer indígena en la fuente
de Villarino, a finales del siglo XVIII, que en la fuente de Cox a mediados del
siglo XIX.
Con respecto a la esfera política sucede que la mujer realiza esta práctica
siempre y cuando sean roles de carácter importante, es decir, por ejemplo:
líder, lenguaraz, machi, entre otras. Sobre este caso, las autoras Castillo Bernal
y Videla realizan un gran análisis pero en sus trabajos la mujer sólo participa en
la arena política cuando esta posee el rasgo parental, es decir, lo de
primogenitura. En este caso el capital social queda en segundo plano y con
esto me pregunto ¿qué sucede con la mujer que no desciende de un linaje
importante?, ¿participa o no de la toma de decisiones colectivas? Y en caso
que lo hiciera ¿de qué manera lo hace? Espero poder responder estas
preguntas al final de este trabajo.
Las diferentes observaciones de los trabajos analizados me hacen proponer
en este trabajo que el individuo -en este caso la mujer- se va a desenvolver de
una forma determinada dependiendo de la organización social del grupo étnico
donde habita, y tal organización social va a estar condicionada por la actividad
113
económica que desarrollen, por ejemplo: las mujeres que integran un grupo
étnico que subsiste a través de la actividad cazadora-recolectora se van a
desenvolver de una forma diferente a aquellas mujeres que integran un grupo
étnico que subsiste a través de la agricultura o través de la economía pastoril.
Cabe añadir dos cosas: la primera es que varias sociedades indígenas pueden
desarrollar -y lo hacen- diferentes actividades económicas a la vez, pero
siempre van a desarrollar una actividad de subsistencia en especial, puesto
que la misma los beneficia. En segundo lugar este planteo no quiere decir que
la participación política de la mujer queda determinada por la actividad
económica que desarrolle su grupo, solamente queda condicionada puesto que
en las sociedades de tipo cazadores-recolectores los individuos (tanto las
mujeres como los varones) “votan con los pies”. Es decir, un individuo que no
está conforme con la organización social de su grupo puede optar por
separarse de su grupo actual e ingresar a otro grupo étnico siempre y cuando
cumpla con los parámetros de organización que impone el nuevo grupo étnico.
Este condicionamiento que ejerce la organización social sobre el
comportamiento de un grupo étnico no quiere decir que tal grupo sea más
complejo que otro. Todo lo contrario. Son las diferencias económicas, políticas
y culturales que poseen los sistemas socioculturales -en cuanto a su
organización social- lo que genera y mantiene las relaciones interétnicas e
intraétnicas en un espacio determinado.
Ahora bien, porqué se nos hace tan difícil poder identificar y comprender las
acciones de las mujeres -que son ajenas al mundo de la política- en las
relaciones sociales de un grupo étnico. Si el lector me permite aventurarme
puedo decir que tal dificultad se debe a que en el momento de analizar nuestro
objeto de estudio lo hacemos a través de un concepto moderno y en este caso
es el concepto de política, el cual, sólo permite reflejar las acciones de los
individuos cuando estos ocupan o ejercen espacios importantes, por ejemplo:
el caso de líder, el de lenguaraz, entre otras. Cabe aclarar, que tal planteo no
quiere decir que estos grupos no sepan entender y ejecutar las acciones
políticas modernas. Por lo tanto, me pregunto ¿podemos analizar a las mujeres
indígenas de tipo tradicional con la categoría de género? La respuesta es: sí,
pero el resultado de dicho análisis sería una mujer indígena con características
políticas netamente modernas.
114
Creo que es importante plantear que la política que realizan las sociedades
indígenas de Patagonia, las cuales son de tipo tradicional, es muy diferente a
las características que demanda el concepto moderno de política. Sobre esta
idea el autor Guerra nos dice: “Estas pocas características de la política
moderna -entre muchas otras que no podemos tratar en este marco- nos llevan
a pensar que las sociedades tradicionales no conocieron actores políticos
específicos ni la política en el sentido moderno del término. Los únicos que
encontramos allí son actores sociales y la política no aparece como una
actividad diferente de la acción social de los actores. Es por ello que en las
sociedades tradicionales estamos obligados a buscar la política en las
relaciones que los actores sociales anudan entre sí; se trata, por supuesto, de
actores reales, es decir, de actores estructurados tal como los hemos definido
anteriormente.” (GUERRA: 253)
En la cita anterior Guerra nos plantea que el concepto moderno de política nos
dificulta el análisis de nuestro objeto de estudio en sociedades de tipo
tradicional y es por esto que el autor nos dice: “En realidad, como punto final de
estas reflexiones acerca de la política antigua, podríamos decir que la política,
en el sentido moderno de la palabra, no existe. Por otra parte, en la medida en
que todo lo que se refiere al gobierno de un grupo humano y a las relaciones
de los grupos entre sí, es «política», hay, en estas sociedades tradicionales,
«política» por todas partes y en todas partes dado que todos los actores
sociales actúan en interacción. […] Hablando con propiedad, no hay actores
políticos, no hay más que actores sociales cuyas relaciones constituyen
justamente la política.” (GUERRA: 259)
Sobre esta última idea es donde quiero detenerme puesto que quiero plantear
que tanto los hombres como las mujeres, en este tipo de sociedades
tradicionales, buscan -y lo logran- por un lado cumplir con sus acciones de
subsistencia para lograr que su sistema sociocultural pueda mantenerse en un
cierto equilibrio, pero también, por otro lado, buscan su subsistencia individual,
demandando y generando la incorporación -y ejecución en ciertos momentos-
de actividades que los diferencie dentro de su grupo actual. Es por ello que
podemos encontrar en las fuentes mujeres que se dediquen a la venta de
ganado ovino como así también a mujeres que no realizan estas actividades
pero sí otras de carácter económico, como por ejemplo la confección de telas.
115
Y son estas acciones lo que las condiciona para poder intervenir en ámbitos de
consenso, puesto que si no lo hacen pierden sus capitales económicos o
sociales que ya poseían o no (Bourdieu, 2000).
Para poder sustentar mi planteo deberé pedirle al lector un mínimo de su
paciencia -y tiempo- puesto que debo desarrollar los diferentes acontecimientos
históricos que se dan en la fuente etnográfica seleccionada. Por lo tanto a
continuación desarrollaremos los aspectos más importantes de los parlamentos
destacando las características de quiénes participaron en ella, su pertenencia a
parcialidades, territorios, relevancia dentro de esas unidades sociales, entre
otras, usando como fuente principal la crónica de Musters.
116
sociedad Tehuelche la cual Muster desconocía. Sin embargo “(…) Keoken, 5 la
muchacha, me enseñó los nombres indios de los diferentes objetos del lugar.”
(op. cit. p. 110). Esta cita es interesante puesto que vemos como la mujer
cumple un rol de intermediaria entre su cultura y la cultura del cronista,
observando dicha mujer la necesidad de que el viajero se incorpore a la
dinámica del grupo para que este pueda funcionar. Es interesante ver como la
joven muchacha invertía su tiempo en enseñarle las características culturales
de su grupo étnico al viajero inglés, teniendo -la joven mujer- la posibilidad de
estar realizando otra actividad (política o económica) de la cual pudiera sacarle
provecho.
Otro de los acontecimientos importantes a tener en cuenta en la crónica del
viajero es cuando una de las mujeres, que integraba su partida, le propuso
formar una relación. “Durante nuestra permanencia en ese lugar, casi fui
víctima de un enredo matrimonial. Una india joven y bonita, cuyo cabello
cortado sobre la frente denotaba la viudez, dueña de varias yeguas y de una
cantidad de efectos, y con la que tal había tenido yo algunas atenciones, me
propuso que hiciera toldo con ella. Esto se salía por completo de mi programa
de viaje; pero, como la alianza podía resultarme útil, así como agradable…”
(op. cit. p. 150). Esta cita es muy importante para el presente escrito, puesto
que demuestra la intención de una mujer indígena de poder aumentar su
capital económico y social dentro de su grupo. No olvidemos que Musters
poseía algunos objetos de gran valor (las armas de fuego por ejemplo). Sin
embargo, para el cronista tal unión perseguía el interés de beneficiar a la
parcialidad contraria. Más allá de la interpretación del cronista me inclino por la
intención personal que perseguía la joven indígena.
Pasado el tiempo, luego de haber recorrido gran parte de su trayecto, Musters
y su partida se encuentra en el lugar denominada Henno,6 lugar escogido para
el encuentro entre la partida en la que viaja el cronista con Orkeke y Casimiro 7
y la partida de Hinchel8 compuesta esta por tehuelches y pampas. Este
117
encuentro se daría el 3 de noviembre de 1869, tras la ceremonia de bienvenida
y luego de un discurso entre los referentes de las dos partidas se procedió a
ubicarse en sus respectivos lugares de asentamiento donde instalarían sus
tolderías.
Al día siguiente el cronista visita a Hinchel, quien le pregunta acerca del
comportamiento de los tehuelches y también le solicita que comunique a los
jefes de su partida el deseo de que se celebre un parlamento: “En
consecuencia, todos los jefes se dirigieron a un lugar convenido entre los dos
campamentos donde se sentaron en círculos sobre la hierba” (MUSTERS,
1979: 183). De esta manera podemos observar que los participantes de estos
parlamentos eran los jefes principales de las partidas, el espacio escogido para
esta reunión fue un lugar neutro entre los asentamientos de estas dos partidas,
ya que en el caso que se planteara una posición que generara disidencias,
ninguna de las partidas tendría una ventaja respecto a un posible
enfrentamiento armado; recordemos que estas reuniones sólo la presenciaban
los principales jefes, mientras que el resto de los integrantes de las partidas
quedaban instalados en sus respectivos asentamientos. “Después de varias
arengas dichas por Hinchel y otros, se resolvió elegir a Casimiro jefe principal
de los tehuelches, y también que, cuando la estación del guanaco cachorro9
hubiera terminado, todos los presentes, junto con la partida que se esperaba de
las inmediaciones del Chubut, pasaran a un lugar llamado Teckel, y de allí a las
Manzanas, para unirse con los indios Araucanos, algunos de los cuales se
habían comunicado ya con nosotros y había prometido enviar mis cartas, con
las vías de las Manzanas, a Río Negro” (op. cit., 183-184).
En esta cita tenemos que tener en cuenta la importancia que tenía Hinchel ya
que tanto él como los otros se encargaron de dar las arengas o discursos,
luego de las mismas se decidió que Casimiro sea el jefe principal de todas las
partidas que formaron parte de este ámbito de reunión, estableciéndose la ruta
a seguir con el propósito de ir a las tierras de “Las Manzanas” y unirse con los
araucanos con el fin de realizar uno de los principales parlamentos que
analizaremos más adelante. A pesar de que la relación entre tehuelches y
araucanos era inestable, podemos ver desde este primer parlamento que se
118
busca la unión con estos y con otras partidas tehuelches, para poder mantener
una estable relación fronteriza, con lo cual, se verían beneficiados política y
económicamente en ambos lados. De ahora en más la figura de Casimiro irá
adquiriendo mayor notoriedad a medida que se sucedan los parlamentos, esto
se deberá a la buena relación mantenida por Casimiro con las distintas
parcialidades y habitantes de la Patagonia.
El 6 de noviembre de 1869 llega otra partida proveniente del Chubut,
compuesta por pampas y tehuelches, el jefe de esta partida era el cacique
llamado Jackechan.10 Tras la llegada de éste se llevó a cabo, al día siguiente el
segundo parlamento en el que “(…) todos convinieron en ponerse a las
órdenes de Casimiro con el objeto de defender Patagones en el caso posible
de una invasión de los indios Roque11 o Callfucurá12, de la región situada al
norte del río Negro. Todos los presentes reconocían la necesidad de defender
Patagones, porque, si esa población llegaba a ser destruida, no habría un
mercado para sus pieles, etc.” (op. cit., 1979: 186). Lo que podemos observar
en este segundo parlamento es que, al igual que el anterior, se establece que
Casimiro sea el jefe principal de todas las partidas incluyendo la del cacique
Jackechan, esta elección se da principalmente por el posible ataque que se
temía sobre El Carmen de Patagones llevado a cabo por Callfulcurá. Si este
ataque se realizara, todas las parcialidades bajo la guía de Casimiro se
comprometían a defender dicho lugar, este interés por defender esta zona
radica en el comercio que se mantenía entre los habitantes de Patagones y las
distintas comunidades indígenas que habitaban el sur del río Negro y además
por el cargo que ocupaba Casimiro en el gobierno argentino.13
Cuando se realizan lo diferentes parlamentos es interesante observar como los
individuos realizan actividades económicas que van desde el intercambio de
10 Este individuo conocido también como Chiquichano. Según Musters “Su radio de acción
estaba dentro de los mismos límites que la gente de Hinchel, pero parecía que, por lo general,
se conservaban más cerca de la costa marítima y muchos de ellos acostumbraban a visitar la
colonia galense de Chubut con fines comerciales.” (MUSTERS, 1871: 185).
11 Roque, cacique pehuenche del norte actual territorio de Neuquén.
12 Callfulcurá se ubicaba al sur de la actual provincia de La Pampa.
13 Casimiro había sido nombrado por el gobierno argentino como teniente coronel de su
ejército y se lo designo jefe principal de los tehuelches de la Patagonia, con el fin de asegurar
esos territorios como parte del Estado Nacional frente a los intereses del Estado chileno, ya
que el gobierno de este país, anteriormente, durante la presidencia del general Bulnes le otorgó
el grado de Capitán. De esta forma Casimiro aprovecho hábilmente y en forma alternada la
predisposición de ambos gobiernos.
119
mantas hasta las apuestas en los juegos. Al respeto con esto se puede
observar que “Las mujeres juegan a las cartas, y en este juego también
apuestan sus mandiles, cueros y arreos. A la señora Orkeke le gustaba mucho
jugar, y tengo motivos para creer que una vez que había perdido una parte del
tabaco de su marido, echó la culpa de la desaparición del artículo a uno de los
chilenos, afirmando que éste lo había robado. El hombre casi perdió la vida a
causa de eso (…)” (op. cit., p. 251). Esta cita es muy interesante puesto que
podemos ver, por un lado, que las mujeres practicaban estos juegos para poder
enriquecerse de diferentes artículos y, por el otro lado, también se puede inferir
que la palabra de tal mujer no es puesta en duda.
14 Este paradero también es mencionado por Musters como Eigel-Kaik o Esgel-Kaik, pero en
el mapa del libro tan sólo lo menciona como Esgel, este paradero sería la actual ciudad de
Esquel; en la provincia del Chubut.
15 Quintihual puede ser el segundo hijo del cacique Paillacán llamado Quintunahuel, quien
habitaba en 1863, cuando Guillermo Cox realizó su viaje en la margen neuquina del río Limay.
La denominación que recae sobre él mismo de “araucano”, es la misma que utiliza el cronista,
según los dichos de sus compañeros tehuelches para definir a los “manzaneros”. Ver al
respecto Cox G. (1999: 132-133).
16 Este cacique llamado Crime era jefe de una parcialidad de tehuelches meridionales que se
sumó a la trayectoria que realizó Musters en su travesía por Patagonia.
120
para los “araucanos” o “manzaneros”, teniendo como consecuencia la
aceptación por parte de estos últimos querer unirse y partir en el trayecto hasta
Las Manzanas bajo el liderazgo de un cacique tehuelche. Es menester agregar
que en el contexto de este parlamento se realizaron carreras de caballos y en
este juego intervinieron dos bandos: los hombres tehuelches y las mujeres
araucanas. Estas últimas perdieron en la apuestas con los hombres. “Ambos
bandos habían apostado fuertemente por sus favoritos, y, como en esa ocasión
las damas habían tenido una parte importante en las apuestas, los tehuelches
estaban muy contentos, porque habían ganado a las bellas araucanas muchos
valiosos mandiles y lechus.” (op. cit., p. 275). En esta cita otra vez podemos ver
reflejada la intención de parte de la mujer para poder aumentar su capital
económico.
El 9 de febrero de 1870 la gran partida bajo el liderazgo político de Casimiro se
encontraba en un lugar determinado Diplaik,17 en este sitio “(…) llegó de Foyel
un mensajero diciendo que Callfulcurá, el cacique de los indios acampados en
las Salinas, al norte del río Negro, cerca de Bahía Blanca, iba a hacer la guerra
a Buenos Aires, dando como razón para ello el asesinato de uno de sus
parientes, perpetrado por los cristianos; deseaba, por lo tanto, que los
Araucanos y los Tehuelches se unieran a él en la correría. Su mensaje era
literalmente éste: ´Tengo el caballo pronto, el pie en el estribo, y la lanza en la
mano, y voy a hacer la guerra a los cristianos, que me tienen cansado con su
falsía.” (op. cit., 1979: 277). Esto conmovió el ánimo de los viajeros de las
distintas parcialidades por lo cual, “Se convocó un parlamento y los jefes
estuvieron deliberando por un tiempo, pero al fin resolvieron que nada tenían
que ver con el asunto; y, en consecuencia, se expidió un mensaje en el sentido
de que Callfulcurá podía hacer lo que quisiera, pero que ellos deseaban
mantener la paz.” (op. cit., 277); este llamado a realizar una operación bélica
contra Bahía Blanca, llevó a que se deliberara arduamente en torno de qué
posición tomar: si atacar con Callfulcurá Bahía Blanca, quebrando de esta
forma toda relación diplomática con los habitantes de esta, o si abstenerse del
conflicto manteniendo su principal objetivo, el cual, era el de viajar a Las
Manzanas y lograr el comercio con Patagones. Este parlamento toma un
17 Este paradero mencionado por Musters se encuentra al norte de la actual ciudad de Esquel.
121
carácter diferente a los demás, debido a que se dio espontáneamente pero
siempre estuvo en juego la relación fronteriza. Cuando nos referimos que este
parlamento se dio espontáneamente hacemos alusión a que en los anteriores
parlamentos hubo una organización previa con intereses a futuro y no con un
objetivo inmediato.
El 6 de marzo de 1870 se encuentran las parcialidades en el paradero
Gatchenkaik,18 lugar fijado para el encuentro con la toldería del cacique Foyel;
la partida en la que viaja Musters no pudo realizar la ceremonia de bienvenida
con este cacique (Foyel) ya que este había tenido una demora, con lo cual, la
ceremonia protocolar tuvo que ser suspendida para el día siguiente, sin
embargo al día siguiente no se pudo realizar este encuentro debido a las malas
condiciones climáticas que imperaban en ese momento en el lugar. De esta
forma Casimiro con otros deciden visitar el toldo de Foyel y realizar la entrega
de regalos correspondientes: “Hubo luego una breve conferencia entre los dos
caciques, aunque conviene recordarlo, ninguno de los dos podía entender el
lenguaje del otro.” (Musters, 1979: 288). Recién el 8 de marzo, una vez que las
condiciones climáticas del lugar fueron propicias, se lleva a cabo la ceremonia
de bienvenida. “Cuando ésta se hubo concluido, se celebró un gran parlamento
que duró hasta la tarde; se confirmaron en él todas las resoluciones anteriores;
esto es, que Casimiro quedaba reconocido como cacique del sur, con
jurisdicción de todos los indios al sur del río Limay; que garantizarían la
seguridad de Patagones y tendría en jaque a los indios Pampas de Las
Salinas, al mando del cacique Callfulcurá, en el caso improbable que este
tratara de atravesar el río Limay para hacer correrías en las colonias; y, en
segundo lugar, que todos juntos iríamos hasta Las Manzanas a visitar a
Cheoeque (Sayhueque) para proponerle que garantizara con sus fuerzas la
seguridad de la orilla norte del río, lo que refrenaría eficazmente a Callfulcurá y
aseguraría Patagones.” (op. cit., 290)
En esta cita vemos cómo en este parlamento se reivindican los puntos
adoptados en los parlamentos anteriores. Nuevamente observamos cómo la
figura de Casimiro adquiere una importancia notable, encomendándosele la
tutela de todos los habitantes al sur del río Limay, garantizando de esta manera
18 Se estima que el paradero utilizado por Foyel y por la partida en la que va Musters se
encontraría en el actual lugar llamado Las Bayas.
122
la seguridad de Patagones. Uno de los puntos fundamentales que se acepta
es la de viajar todos juntos hacia Las Manzanas para visitar a Sayhueque, con
el fin de que este cacique se les uniera a este propósito de mantener la paz de
El Carmen de Patagones y además proponerle que garantizara con sus fuerzas
la seguridad de la orilla norte del río Limay.
19 Si bien esta denominación que recibe una zona extensa del sur del actual Neuquén
(sugerencia del doctor Fabián Arias; en ARIAS 2006), específicamente los toldos de
Sayhueque que estaban en un lugar cerca de la actual población de Junín de los Andes.
20 Lo resaltado es mío.
123
acontecimiento? ¿Fue para conseguir un beneficio colectivo o individual? ¿Esta
mujer era esposa de algún importante cacique Manzanero? Y si lo era ¿Por
qué Musters sólo la menciona una vez en su crónica?
Luego de este acontecimiento se pudo llevar adelante dicho parlamento y en
este espacio se trato que “Después de eso, se celebró un parlamento durante
el cual todos permanecieron montados y la discusión duró hasta la puesta del
sol, a cuya hora todos sentían ya mucha hambre. Las conclusiones a que se
llegó se referían principalmente a efectuar una paz firme y duradera entre los
indios presentes, puntos sobre el cual hubo feliz unanimidad. Se fijó otro día
para discutir la proposición de Casimiro referente a la protección de Patagones
y la guerra chilena con los indios del norte; así como para considerar el
mensaje de Callfulcurá acerca de un malón a Bahía Blanca, y en general, la
frontera bonarense.” (Musters, 1979: 311-312). En esta cita un punto para
destacar en primer lugar, es la forma en que se realizó este parlamento durante
el cual, están todos montados por preocupación a una hostilidad por parte de
ambos lados. En este ámbito de reunión, el parlamento, se fija principalmente
para mantener la paz entre todos los presentes, factor que influye en las
decisiones que se tomarían posteriormente. Otro punto que se estableció es el
de posponer para un próximo parlamento las posiciones de Casimiro
deliberadas en los parlamentos anteriores con respecto a mantener las
relaciones fronterizas.
Algo importante que debemos mencionar en este encuentro son las
descripciones que hace el viajero sobre el capital económico que tenías
algunas mujeres manzaneras. “En nuestro valle el pasto era algo escaso,
aunque parecía suficiente para mantener en buen estado a los tres rebaños
que poseía cada una de las esposas de Cheoeque; pero en cualquier parte
pastan las ovejas. Inmediatamente detrás de los toldos había un corral para
encerrar ganado vacuno, pero no se veía ningún animal de esos;
probablemente habían sido arreados a algún valle retirado, próximo al lugar,
para quitar a nuestra gente la oportunidad de que se sirvieran.” (op. cit., p.
313). Desde mi punto de vista, el hecho de que el ganado vacuno, que le
pertenecía al líder de los Manzaneros, no estuviera cerca de las diferentes
tolderías es porque quería evitarse la acción de distribuir a los invitados parte
de su riqueza. Pero lo llamativo es que si se encontraban, cerca de las
124
inmediaciones, el ganado ovino de las mujeres y esto me hace inferir que era
para que ellas pudieran intercambiar por otros recursos que le hicieran falta,
enriqueciendo de esta manera su capital económico pero también social.
El día 5 de abril de 1870 es un fecha clave para las partidas tehuelches debido
a que, “El segundo parlamento o consejo, al que asistieron numerosos jefes, se
celebró debidamente, en el tomó parte Mariano Linares, hermano del cacique
de los indios y al servicio del gobierno21. Era pariente político de Cheoeque, y lo
habían enviado de Patagones para que indujera al cacique mantener la paz.
Los araucanos22 pronunciaban su discurso con un canto particular, realmente
entonado, en una forma muy parecida a la que he notado después en algunas
iglesias nuestras. Cheoeque entonó así una arenga declarando que habían ido
a verlo jefes procedentes de la Araucanía misma para solicitar que los ayudara
en la guerra contra Chile. Al principio él se había negado a recibirlos, pero
después había oído lo que tenía que decirle, y era probable que enviaran una
pequeña fuerza para ayudar a sus paisanos. El mensaje de Callfulcurá, relativo
al malón a las colonias, nos había sido entregado ya. Se pronunciaron muchos
discursos y Linares y Casimiro demostraron que al cacique no le convenía
intervenir porque perdería inevitablemente las valiosas provisiones de caballos
y de vacas que le daba el gobierno bonaerense y que era más provechoso
recibir las raciones anuales que saquear y desbaratar las colonias del Río
Negro. Al final se resolvió unánimemente que se enviara un mensaje a
Callfulcurá pidiéndole que limitara sus hostilidades a Bahía Blanca y haciéndole
saber a Cheoeque protegería la orilla norte del río Negro y cuidaría a
Patagones por ese lado, mientras que Casimiro garantizaría al sur, arreglo al
que se adhirieron ambas partes.” (op. cit., p. 318).
Sin duda es notoria la relevancia que tendría este último parlamento en el
devenir de las relaciones fronterizas patagónicas. En este parlamento asiste
Linares quien como vemos estaba al servicio del gobierno argentino, la
presencia de este actor en el parlamento tenía como objetivo influir en las
decisiones tomadas por el cacique Sayhueque, su principal influencia fue la de
recomendar a este cacique que mantuviera la paz con Patagones, ya que la
ruptura de las relaciones por parte de éste influiría negativamente en ambos
125
lados de la frontera en el ámbito económico, social y político. Creemos que la
presencia de este actor estaba marcada por el interés del gobierno en beneficio
suyo, previniendo de esta manera que su frontera fuese atacada manteniendo
así la seguridad de ésta. Con esta pretensión del gobierno, de querer influir en
el cacique Sayhueque, vemos el interés que tenía el gobierno por el prestigio
de éste con respecto a lo político dentro de las comunidades indígenas. El
cacique Sayhueque no sólo tenía prestigio del lado oriental de la cordillera sino
que también lo tenía del lado occidental, porque como vimos en la cita
anunciada, el jefe manzanero pronuncia una arenga en el parlamento
mencionando y destacando que se lo había llamado a entablar un conflicto
bélico contra el gobierno chileno.
Cuando mencionábamos líneas arriba el interés que tuvo Linares en influir en
las decisiones de Sayhueque, debemos sumar que no fue el único que lo hizo,
debido a que en la cita expuesta se puede observar claramente que el cacique
Casimiro también fue participe en el acto de persuadir en las decisiones
tomadas por el jefe manzanero pero este tenía diferentes intenciones, en el
cual, prevalecía el interés por parte de su parcialidad y el de sí mismo, debido a
que también Casimiro era un funcionario del gobierno argentino, con lo cual
saldría perjudicado si la decisión de Sayhueque fuera apoyar a Callfulcurá,
perdiendo así raciones anuales entregadas por el gobierno debido al servicio
que realizaba Casimiro para éste.23
Uno de los puntos en que se concluyó en el transcurso de este parlamento fue
el de negar la propuesta de Callfulcurá y comunicarle que cese su hostilidad
hacia Bahía Blanca, debido a que afectaría política y económicamente a ambos
lados de la frontera.
De esta manera vemos que esta seguidilla de parlamentos presentados a los
largo de este trabajo están estrechamente relacionados, más allá de que en
ocasiones se hayan tratado puntos diferentes en cada parlamento; siempre se
debatió y determinó sobre un punto específico a lo largo de éstos que fue la
importancia de preservar a Carmen de Patagones como espacio comercial, el
126
cual había que defender de todo ataque. Por otro lado, también podemos ver
como en esta seguidilla de parlamentos se da la participación de las mujeres
indígenas, tanto fuera como dentro de este ámbito de consenso. Con esto
podemos ver, que si no fuera por este punto específico, sería innecesaria la
unión de las diferentes parcialidades, ya que el interés de cada una de las
parcialidades jugaba en torno a esta medida política.
Reflexiones finales
127
(Palermo, Castillo Bernal, Videla), siempre y cuando ellas ejerzan un papel
importante en las esferas políticas y económicas. Es por esto que en el
presente trabajo intento sugerir que las conductas y atribuciones de las mujeres
indígenas en Patagonia pueden ser mejor identificadas e interpretadas con la
propuesta teórica del autor Guerra, es decir, deberíamos contrastar las
características de tipo tradicional con las características de tipo modernas. Para
tal comparación deberíamos contextualizar las acciones que realizan las
mujeres indígenas de las sociedades tradicionales con las características de
las mujeres que se desenvuelven en sociedades de tipo modernas, para así
poder medir gradualmente, junto con la categoría de género, las acciones de
las mujeres indígenas que habitaron la Patagonia en la segunda mitad del
siglo XIX. Cabe aclarar que no es mi intención postular que la categoría de
género es una categoría trunca para analizar a las sociedades indígenas, sino
que se debería, desde mi punto de vista, contextualizar el tipo de sociedad (en
este caso tradicional) para tratar de identificar e interpretar el objeto de estudio
y recién ahí comenzar a contrastarlo con la categoría de género para poder
distinguir que características posee -en relación al objeto- según la concepción
de género.
Por otra parte, creo que en el desarrollo hemos visto como las mujeres
manzaneras participaron más en la cuestión de los intercambios que las
mujeres tehuelche. También hemos observado que las mujeres tehuelche
participan más en la organización social de grupo étnico. Es decir, que la
participación interna de un grupo étnico la ejercieron las tehuelche y la
participación externa las manzaneras.
Otro de los aspectos que debemos tener en cuenta es como el mismo cronista
describe a la mujer indígena, en el relato histórico, desde una concepción
política moderna. Es decir, Muster sólo se preocupa de mencionar a tales
mujeres siempre y cuando estas sean de carácter importante, ocupando y
ejecutando espacios netamente políticos (en el sentido moderno de la palabra),
como por ejemplo: hija de cacique, cacica, machis, lenguaraz, entre otras.
Cabe aclarar, que tal aspecto ya ha sido abordado desde diferentes disciplinas
(especialmente la antropología), proponiendo la contextualización del cronista a
la hora de describirnos un hecho histórico. .
128
Finalmente, cabe aclarar que esta ponencia es parte de una línea de trabajo
que se viene realizando en nuestro grupo de estudio y que constituye recién el
inicio de una investigación a desarrollar a futuro sobre los contextos políticos de
la sociedad tehuelche.
Bibliografía
129
LONCHARIC, QUIROGA y QUINCHAGUAL “Análisis de la implicancia socio-
política del parlamento en la sociedad Tehuelche de la segunda mitad del siglo
XIX”, en III Jornadas de Historia de la Patagonia, San Carlos de Bariloche, 6-8
de noviembre de 2008, editado en CD, ISBN 978-987-604-107-2.
LONCHARIC, D. y QUIROGA, C. “Los parlamentos como espacio de
construcción política de las identidades étnicas en Patagonia, 1869-1870”, en:
XII Jornadas Interescuelas-Departamentos de Historia, San Carlos de Bariloche
del 28 al 31 de octubre de 2009.
MUSTERS, George. Ch. Vida entre los Patagones. Un año de excursiones por
tierras no frecuentadas, desde el estrecho de Magallanes hasta el Río Negro,
estudio preliminar y notas de Raúl Rey Balmaceda, Ed. Solar-Hachette, Bs.
As., [1871] 1979.
PALERMO, M. “El revés de la trama. Apuntes sobre el papel económico de la
mujer en las sociedades indígenas tradicionales de sur argentino”. En Memoria
Americana. Cuadernos de Etnohistoria. N° 3. Buenos Aires, 1994.
PERROT, Michelle Mi historia de las mujeres, Bs. As., Fondo de Cultura
Económica, 2008.
RAMOS ESCANDÓN, Carmen “El concepto de «género» y su utilidad para el
análisis histórico” en La Aljaba. Segunda época. Revista de Estudios de la
Mujer, Vol. II, Universidad Nacional de La Pampa, Santa Rosa, 1997, pp. 13-
32.
SCOTT, J. Historia y Género. México. Fondo de Cultura Económica. 1995.
130
Capítulo “Imágenes y lenguajes
cartográficos en la historia social de
la Patagonia”
Coordinadoras de mesa: Cristina B. Massera (UNGS)
y Edda Crespo (UNSPJB-UNPA)
131
No todo es lo que parece. Una mirada interdisciplinaria a los planos
históricos del Fuerte San José (Península Valdés, Chubut, Siglo XVIII)
Resumen
El Fuerte San José fue fundado a fines del siglo XVIII en Península Valdés
(Chubut) como parte del plan español de colonización de la costa patagónica.
El asentamiento fue ocupado entre 1779 y 1810, año en que se produce su
abandono debido al ataque de un malón indígena. La imagen que
tradicionalmente ha predominado sobre el fuerte, elaborada sobre la base de
los planos históricos asignados a dicho asentamiento, ha sido la de una
fortificación con una organización del espacio altamente estructurada y una
importante complejidad arquitectónica. Sin embargo, la aproximación desde la
arqueología histórica ha permitido recientemente poner en cuestión esta
imagen a partir de la discusión crítica de dichos planos.
Aquí nos centramos en los resultados de las investigaciones históricas y
arqueológicas que han permitido generar una nueva y diferente imagen del
Fuerte San José de la hasta ahora conocida. Para ello, trabajamos sobre la
evaluación, integración y confrontación de diversas fuentes históricas -
documentos escritos, planos y mapas- así como el registro arqueológico,
considerando la historia y organización arquitectónica del fuerte. Los resultados
obtenidos son relevantes no sólo en lo que respecta a la historia local de
Península Valdés, su puesta en valor, y la imagen del fuerte que ha perdurado
hasta nuestros días; sino también como llamado de atención a la hora de
considerar los sesgos resultantes de la conformación de los archivos históricos.
132
Introducción a las investigaciones
1 Dicha colaboración se realiza entre los proyectos de arqueología histórica dirigidos por las
Dras. Marcia Bianchi Villelli, Silvana Buscaglia y el Lic. Bruno Sancci, cuya investigación fue
aprobada por el CC del ISFDA Nº 805 y la FHyCS- UNPSJB (RES. CDFHCS Nº 41/2010). Por
ISFDAN° 805, participan los docentes E. Beroíz Díaz, F. Carmona Vivona y los estudiantes S.
Montes Ferreira, F. Nuño, L. Antilef, J. Sfiligoy. Por la UNPSJB, participan A. Jaramillo y C.
Navas.
2 Esta presentación es una síntesis del trabajo publicado en la revista Corpus: Bianchi Villelli,
M, S. Buscaglia y B. Sancci. 2013. Una genealogía de los planos históricos de los
asentamientos coloniales de Fuerte San José, Península Valdés (Siglo XVIII). Corpus. Archivos
virtuales de la alteridad americana, Vol. 3, N°1, 1er. semestre 2013, ISSN 1853-8037, URL:
[Link]
133
José de la costa patagónica.3 Este trabajo implicó localizar las fuentes
documentales, atender a sus condiciones de producción y desandar el camino
del proceso de conformación de archivo del corpus documental vinculado a
Patagonia. En este sentido, es relevante el habitual trabajo histórico de
búsqueda de documentación y crítica de fuentes para considerar los contextos
de producción de las mismas; no obstante resaltamos la importancia de
examinar también el proceso histórico de conformación de los repositorios
documentales.
3 Los resultados de las investigaciones arqueológicas han sido objeto de otras publicaciones
(BUSCAGLIA y BIANCHI VILLELLI, 2012; BUSCAGLIA et al., 2012). Brevemente, en el año
2010, iniciamos formalmente las investigaciones en arqueología histórica en el área, realizando
prospecciones y excavaciones en ambos sitios. Hasta el momento, se corroboraron los lugares
de emplazamiento de los sitios, encontrando materiales correspondientes a los asentamientos
españoles y se diagnosticó la estructuración del registro arqueológico, arquitectónico y
artefactual; en ambos sitios, los resultados indican cierta precariedad constructiva y/o una baja
integridad arquitectónica. Cabe destacar que la información arqueológica generada hasta el
momento contrasta notablemente con la imagen de los planos que tradicionalmente fueron
asignados a este asentamiento.
4. La denominación proviene de las fuentes o manantiales de agua dulce descubiertos por
Basilio Villarino y de las cuales dependían el fuerte y el puesto para su subsistencia.
134
asentamiento subsidiario al Fuerte del Carmen.4 Estos asentamientos tuvieron
la función de incorporar sus puertos al sistema de intercambio colonial y fueron
diseñados como proyectos sociales novedosos en los que se buscaba crear
poblaciones con una base agrícola y condiciones sociales igualitarias. 5
Según la información histórica, en Península Valdés se establecieron dos
asentamientos: el fuerte en sí mismo, situado en el extremo sudeste del golfo
San José, a 200 m de la costa, y el Puesto de la Fuente o también conocido
como Manantiales, situado sobre la margen sudoeste de la Salina Grande
(actualmente en la Ea. Los Manantiales), a unos 30 km del primero. (Imagen 1)
Los asentamientos del Golfo San José funcionaron desde 1779 a 1810, cuando
fueron atacados y destruidos por un malón indígena. A lo largo de los 31 años
de ocupación, la población de la Península fue variando en número y estaba
compuesta por personal militar, funcionarios, capellanes, peones y presidiarios.
Su abastecimiento se apoyaba en la relación con el Fuerte Nuestra Señora del
Carmen y posiblemente en la interacción con las poblaciones indígenas
locales.
4 RATTO, H. 1930; ENTRAIGAS 1960; APOLANT 1970; DE PAULA 1974, GORLA 1984a;
RAMOS PÉREZ 1984.
5 RAMOS PÉREZ 1984; ZUSMAN 2001; LUIZ 2006; SENATORE 2007.
135
Antecedentes de las investigaciones históricas y arqueológicas sobre el
Fuerte San José
6 Ver BIANCHI VILLELLI (2010, 2013) para más detalles sobre esta perspectiva.
7 RATTO 1930; ENTRAIGAS 1960, 1968, 1982; LENZI 1968; APOLANT 1970; PAESA 1971;
DE PAULA 1974; DESTÉFANI 1984; DUMRAUF 1992; BARBA RUIZ 2000, 2009.
8 Una segunda etapa de investigaciones en el tema se centra en aquellos trabajos que
enfatizan las características económicas que los mismos tuvieron para la región patagónica,
centrándose en las actividades productivas (GORLA 1983, 1984b, 1999, 2004; MARTÍNEZ DE
GORLA 1986, 2004). Desde la Etnohistoria, el Fuerte del Carmen fue estudiado en detalle con
especial énfasis en la relación con las poblaciones indígenas locales (NACUZZI 2002, 2005)
así como desde la perspectiva de las relaciones fronterizas (ZUSMAN 1999, 2001, 2006,
QUIJADA 2002; LUIZ 2006). Por su parte, la colonia de Floridablanca fue abordada desde la
arqueología histórica enfatizando el análisis de carácter social del plan de poblamiento, la vida
cotidiana en la colonia y la relación con los indígenas (BIANCHI VILLELLI 2007, 2009;
BUSCAGLIA 2012; MARSCHOFF 2007, 2010; PALOMBO 2007; SENATORE 2007; NUVIALA
2008; BOSONI 2010, entre otros). Por último, la discusión de la información histórica y los
resultados más recientes de las investigaciones sobre la colonización española de la Patagonia
también han sido objeto de publicaciones de difusión (SANCCI 2010).
9 RATTO 1930; LENZI 1968; ENTRAIGAS 1960; LANÖEL et al. 1974; DE PAULA 1974;
DESTÉFANI 1984; DUMRAUF 1992; BARBA RUIZ 2000, 2009, entre otros.
136
respecto de los asentamientos de Península Valdés; la historia marcada por el
fracaso evitó que sea estudiada en profundidad.
En los últimos años, tanto desde la historia como desde otras disciplinas, se
comenzó a indagar en otros aspectos de los establecimientos patagónicos. El
emplazamiento del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente fueron
reconocidos en los primeros estudios arqueológicos del área, centrados en el
uso humano del espacio de la costa patagónica central,10 mientras que los
primeros trabajos de investigación sistemáticos desde la perspectiva de la
arqueología histórica se desarrollan desde el año 2009, en el marco del
proyecto mencionado al principio del trabajo.11
137
documentos administrativos, planos y cartografías, superando paulatinamente
el estado de desagregación que presenta la documentación histórica en los
archivos locales y extranjeros.
El relevamiento documental se centra en el trabajo con fuentes históricas
primarias inéditas -escritas y gráficas- y éditas. Esto implica, la compulsa
documental en el Archivo General de la Nación (en adelante AGN), donde se
ubica una parte importante de las fuentes primarias sobre los establecimientos
patagónicos. Nos encontramos en la instancia final de búsqueda,
sistematización y registro fotográfico para avanzar sobre el análisis de los 91
legajos y más de 11768 folios registrados hasta el momento. Este trabajo se
complementa con la recopilación de documentación édita e inédita en otros
archivos locales como el Museo Mitre (en adelante MM) y extranjeros, como la
Fundación Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (en adelante FBN), Brasil. En
cuanto a los archivos españoles, se están investigando los acervos
documentales de: Archivo General de Indias (en adelante AGI), Archivo
General de Simancas (en adelante AGS), Archivo Histórico Nacional (en
adelante AHN), Archivo del Museo Naval de Madrid (en adelante AMN),
Archivo General Militar de Madrid (en adelante AGMM), Archivo Cartográfico y
de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército (en adelante
ACEG-CGE), Biblioteca de España (en adelante BE) y la Biblioteca Virtual del
Patrimonio Bibliográfico (en adelante BVPB). Por otro lado, las fuentes
primarias éditas forman parte, en su mayoría, de la Colección de Pedro de
Ángelis (De Ángelis 1969); a los que se suman las publicaciones tradicionales
sobre cartografía española.13
138
medida, Pedro García. En los planos analizados,14 si bien el Fuerte San José
es ubicado en forma precisa, su representación es esquemática en términos de
un conjunto de puntos discretos y aislados entre sí, sin ningún tipo de detalle ni
caracterización relativa a sus dimensiones y morfología. 15
En la revisión historiográfica realizada observamos que tradicionalmente se
publicaron dos planos asociados al Fuerte San José (Imagen 2 a y b)
denominados “Plano de los edificios que contiene el Fuerte San José n°4.
Buenos Ayres, 18 de Febrero de 1797. Joseph García Martínez de Cáceres” y
el “Perfil correspondiente a los planos 1, 2 y 3, Buenos Ayres, 18 de febrero de
1797. Joseph García Martínez de Cáceres”.16 En el marco de la compulsa
documental localizamos y obtuvimos las copias digitales de estos planos -
inexistentes en los archivos locales-, asignados a Buenos Aires (Argentina) en
función de la radicación de la firma y ubicados en el actual Archivo General
Militar (AGMM) de Madrid, Ministerio de Defensa de España -anteriormente,
Servicio Histórico Militar.17 Con el fin de contextualizar esta documentación,
cotejamos el corpus relevado evaluando la información histórica reunida hasta
el momento sobre el Fuerte San José de Península Valdés así como a su
autor, el Ingeniero Joseph García Martínez de Cáceres.
14 Los planos referidos son: Plano de la Bahía sin Fondo o Puerto de San José (…) Sin autor
ni fecha, -probablemente Pedro García-, 1779 (España, Min. de Cultura. AGI. MP- Buenos
Aires, 122); Configuración (mapa) del Puerto de San José en la Bahía sin Fondo (…), D. Pedro
García, enero y febrero del año 1779 (España, Min. de Cultura. AGI. MP- Buenos Aires, 128, y
copia 128BIS), Plano y descripción del puerto ô bahia de San Josef (…) Don. Juan La Piedra,
1779 (Brasil, Fundacão Biblioteca Nacional. Cart 543411), entre otros.
15 Por ejemplo, “Configuración (mapa) del Puerto de San José en la Bahía sin Fondo, situado
en la latitud Sur de 42 grados 12 minutos y en longitud de 312 grados 30 minutos, meridiano de
Tenerife. A. Boca y pta. del Oeste: B. del Leste pta. C. ensenada de las ballenas: D. ensenada
S. Andrés. E. establecimiento: F. Salina: G. Manantial de Agua dulce que va y se dirige a la
Salina. Escala de 13 leg. Marítimas”. D. Pedro García, enero y febrero del año 1779. Remitido
por D. Andrés de Viedma con carta de 4 de junio de 1780 y expediente sobre población de la
Costa Patagónica. Fuente: España. Ministerio de Cultura. Archivo General Indias. Mapas y
Planos, Buenos Aires, 128. [Link]
16 ver LANÖEL et al. 1974, p. 17; DESTÉFANI 1984, p. 192; BARBA RUIZ 2000, p. 11 y 2009
p. 57.
17 Lucio Barba Ruiz en su libro detalla que fue Raúl Entraigas quien le facilitó la información
sobre los planos de Fuerte San José (ver Barba Ruiz, 2009:177).
139
Imagen 2. (a) “Plano de los Edificios que contiene el Fuerte de San José. N°4. Buenos
Ayres. Esplicación. A. Entrada. B. Cuerpo de Guardia. C. Quadras. D. Cozinas. E.
Quarto de los sargentos. F. Repuesto de pólvora. G. Calabozos. HY. …perfil cortado
sobre la líneas.1.2. Nota. El perfil ba ene scala dupla para que sea más sensible. 18
de Febrero de 1797. Joseph García Martínez de Cáceres”. Fuente: España. Ministerio
de Defensa. Archivo General Militar de Madrid, Servicio Histórico. ARG-4/7.
140
En segundo lugar, resultó llamativo que la ubicación topográfica se encuentra
desvinculada de toda otra cartografía y/o documentos sobre Patagonia -como
ser el Archivo de Indias, Archivo de Simancas o el Museo Naval. En tercer
lugar, observamos que en la documentación sobre Patagonia no aparece
mencionada la elaboración de un proyecto constructivo o relevamiento
arquitectónico en 1797, año en que están fechados los planos. En este sentido,
no encontramos referencias sobre la solicitud de un plano del Fuerte San José,
la elaboración o el envío del mismo, como sí lo hemos constatado en el caso
de la colonia Floridablanca o el Fuerte Nuestra Señora del Carmen -en ambos
casos es importante destacar que los planos corresponden a momentos
iniciales de los asentamientos.
En cuarto lugar, la información arquitectónica contenida en los planos dista
bastante de aquella descripta en las fuentes históricas para el Fuerte San José.
Así, las imágenes 1a y b muestran un conjunto de edificaciones de
aproximadamente 1747,2 m2 y un edificio de dos plantas con techo abovedado
y balcón con rejas coloniales. Como mencionamos arriba, en la documentación
histórica no hay registro de semejante proyecto constructivo destinado a los
asentamientos patagónicos. En cambio, las fuentes escritas analizadas
describen un asentamiento con construcciones precarias, siendo reiterados los
pedidos de los comandantes a lo largo del tiempo para mejorar el carácter
edilicio del asentamiento.
La primera descripción detallada del asentamiento fue realizada por Manuel
Soler, quien con instrucciones del virrey fue a evaluar el estado de los
establecimientos a fines de 1779, es decir en sus inicios. Soler describe que
entre dos pequeños cerros hay:
18 España, Min. de Cultura. AGI. Audiencia de Buenos Aires, 326. Noticias relativas a la
Instrucción, que el excelentísimo Señor Virrey y Capitán General de estas Provincias con fecha
141
A pesar del detalle con el que describe los componentes del asentamiento, el
autor no brinda información acerca de los materiales con los que fueron
edificados. Desde fines de 1779 en adelante no hallamos nuevas descripciones
del estado de avance del asentamiento; únicamente encontramos referencias
aisladas que dan cuenta de construcciones realizadas con diferentes
materiales, principalmente cuero, carrizo y adobe. En este sentido, desde 1782
hasta 1798 persisten en forma reiterada las menciones a la precariedad de las
instalaciones así como el progreso discontinuo en la edificación y arreglo del
establecimiento.19 Aún más, pocos años después de producirse la destrucción
de los asentamientos, entre 1812 y 1820, el galés Henry Libanus Jones realiza
cinco incursiones al Golfo buscando proveerse de lobos marinos y ganado. En
su diario (publicado por Dumrauf, 1991) menciona entre otras cosas, la
presencia de diversas estructuras que formaron parte del fuerte en la costa,
como por ejemplo “un rancho o cuartel” con techo de paja sobre el cerrito, por
debajo la capilla levantada en adobe y techada también con paja, y muy cerca
de la playa una construcción de adobe, techo de tejas y horno que Jones
asigna a la panadería.20 Un conjunto arquitectónico que dista bastante de la
imagen transmitida por los planos y se acerca mucho a la información histórica
generada desde el Fuerte de San José.
Finalmente, las investigaciones arqueológicas también contradicen la
posibilidad de edificios de tal magnitud como los representados en los planos.
Ya se mencionó que el plano de M. Cáceres representa edificaciones en un
sector de aproximadamente21 1747,2 m2, mientras que la información
arqueológica define un área central de ocupación de 256 m 2 aproximadamente.
A su vez el registro arqueológico hasta ahora indicaría una escasa integridad
arquitectónica que podría explicarse en base a la baja calidad y precariedad de
142
las construcciones levantadas durante la ocupación del fuerte y a condiciones
desfavorables para su preservación.22
Los planos están firmados por Joseph García Martínez Cáceres, con fecha del
18 de febrero de 1797, en Buenos Aires. En toda la documentación revisada
del AGN23 desde 1778 a 1810, no se encontraron referencias a la vinculación
de García Martínez Cáceres con los asentamientos españoles establecidos en
la costa patagónica en ese período, aunque sí se verificó su presencia en el
Río de la Plata a partir de 1786.24 En 1787 se hizo cargo de las obras de la
corona, participando en varias reformas y construcciones en Buenos Aires y
Montevideo, principalmente de índole defensivo y militar, pero también civil y
religioso.25
Entre las mismas, precisamente figura el “Plano de los Edificios que contiene el
Fuerte de San José. Joseph García Martínez de Cáceres. Buenos Ayres, 18 de
Febrero de 1797” (Imagen 1a). El mismo tiene su origen en la Batería de San
Felipe, construida en una punta de Montevideo en enero de 1724 y rebautizada
Batería de San José y, luego, Fuerte San José, en 1747. 26
Entre las transcripciones de Gardone (1965) se destacan varios informes del
jefe de Ingenieros Joseph García Martínez de Cáceres; entre ellos, uno que
posiblemente haya acompañado los planos de 1797, fechado el 18 de enero
del mismo año. En dicho informe, destaca:
143
repuesto de Pólvora que está enmaderado, siendo éste y el
Calabozo, de azotea.”
27 La documentación relativa al proyecto fue donada por Lucio Barba Ruiz con sus planos y
explicaciones correspondientes; pudimos consultarlo en la AANPV (ver BARBA RUIZ,
2009:177).
144
Toda esta información nos lleva a concluir que se trata en realidad de la capilla
de la Ciudadela de Montevideo. Pudimos correlacionar los “Perfiles
correspondientes a los Planos N° 1, 2 y 3” (Imagen 2b) con los Planos N° 2 y 3
-estando faltante dentro de los legajos del AGMM el N°1. No obstante, la forma
trapezoidal de la pared de fondo así como las dimensiones de la Capilla de la
Ciudadela y de la plaza en los planos N° 2 y 3, sí coinciden con la figura en los
“Perfiles correspondientes (…)”, confirmando la asociación de dichos perfiles a
los Planos N° 2 y 3 correspondientes a la Ciudadela de Montevideo y no al
Fuerte San José de Península Valdés.
En este sentido, cabe destacar que existe un gran número de reproducciones
pictóricas que ofrecen un importante grado de proximidad al plano de los
perfiles (Imagen 2b) acerca de la estructura, tamaño y características de la
capilla de la Ciudadela de Montevideo.
Reflexiones finales
145
hemos consultado. La metodología de seleccionar planos y disociarlos de los
documentos e informes que los acompañan en función de ser “tipos diferentes
de fuentes” -en particular el conjunto de 22 planos y mapas que García
Martínez de Cáceres había presentado junto con un informe entre marzo y
febrero de 1797- no siempre contribuye al mejor entendimiento de las mismas,
sobre todo si no se conserva la información contextual. El segundo tiene que
ver con el criterio de selección utilizado para ordenar los documentos. Algunos
de ellos fueron relacionados con Buenos Aires -la capital del Virreinato- por la
firma de Martínez de Cáceres; otros, que especificaban la ubicación de las
construcciones, fueron catalogados como pertenecientes a Montevideo,
desconociendo la diferencia entre la capital administrativa y la ciudad
representada en los planos -lo que es en sí un desacierto desde el punto de
vista archivístico.
El tercer problema se vincula con la asignación de los planos al Fuerte San
José de Península Valdés por parte del Padre Entraigas,29 quien toma las
referencias del Catálogo de Guillermo Furlong,30 el cual no especifica si el
plano del Fuerte San José corresponde a Patagonia o Uruguay, sólo lo ubica
en Argentina -por la asignación archivística antes mencionada. Más adelante
este error será reproducido por varios autores especializados en la colonización
española de la costa patagónica, incluso habiendo tenido contacto con los
planos originales.31
En la década de 1970, la Comisión Pro-Monumentos a las Gestas y Primeras
Colonizaciones Españolas del Chubut propuso un proyecto de réplica del fuerte
apoyándose en esta información32 que finalmente se materializó en la famosa
réplica de la capilla situada frente a la Isla de los Pájaros, en el Área Natural
Protegida Península Valdés. Como vimos, la misma se inspiró erróneamente
en la iglesia que integraba la Ciudadela de Montevideo.
La imagen hasta ahora vigente del Fuerte San José no sólo se ha cristalizado
en trabajos historiográficos, sino que también forma parte del imaginario
popular y de aquélla que consigo se lleva el público visitante. En resumidas
146
cuentas, el proyecto de réplica, la capilla conmemorativa y las imágenes de la
muestra actual Centro de Visitantes Istmo Carlos Ameghino, fueron inspirados
en los planos de 1797 (Imagen 2a y b) correspondientes a edificaciones de
Montevideo, Uruguay. Se trata de un error arrastrado y reproducido
acríticamente por más 40 años, que se materializó en diversas publicaciones y
hasta en una réplica arquitectónica.
Hasta el momento no se ha podido hallar un plano arquitectónico del
asentamiento de Península Valdés sino sólo referencias generales de
localización topográfica en planos de 1779-1783. La evidencia histórica y
arqueológica disponible se contrapone en parte a la imagen que
tradicionalmente se ha transmitido del Fuerte San José, como un asentamiento
de cierta magnitud y con una organización del espacio altamente estructurada,
a partir fundamentalmente de la asignación errónea de los planos analizados
en este trabajo. Es la arqueología la que posiblemente podrá arrojar más luz
sobre la materialidad de los asentamientos españoles en Península Valdés.
A modo de reflexión final, la perspectiva genealógica implicó no sólo cuestionar
los sesgos en la documentación primaria, sino también incorporar las instancias
subsiguientes de producción histórica. Nos interesa destacar la importancia de
un abordaje contextual, crítico y transdisciplinar a las fuentes documentales, en
el que la investigación sobre la genealogía de las mismas y la mutua referencia
en una red de relaciones -a modo de intertextualidad- a otras fuentes también
escritas, visuales como materiales, fueron claves en el proceso de re-
interpretación y re-significación de los planos históricos.
Es también un nuevo llamado de atención sobre las consecuencias de
reproducir la disociación disciplinar moderna sobre las fuentes del pasado,
perdiendo precisamente el contexto de las redes de significación. El
cuestionamiento de lo dado, de lo aceptado tradicionalmente como imagen del
Fuerte San José, nos ha permitido indagar en los procesos y los contextos de
formación de las fuentes así como en los límites que se presentan a la hora de
abordarlas, dado su fraccionamiento y dispersión. Sin embargo, consideramos
que a partir de estos desafíos analíticos y metodológicos, es posible la
generación de nuevas preguntas y respuestas así como su difusión, abriendo el
camino para la re-interpretación del pasado desde diversos ámbitos del
conocimiento.
147
Referencias bibliográficas
148
BUSCAGLIA, S. y BIANCHI VILLELLI M. (2009) “Introducción al Simposio
Patagonia y sus fuentes” en Un estado de la cuestión, en Arqueología de
Patagonia. Una mirada desde el último confín, comp. M. Salemme et al., Tomo
I (pp. 137-148). Ushuaia: Utopías.
BUSCAGLIA, S. y BIANCHI VILLELLI M. (2012) “Arqueología Histórica en
Fuerte San José. Perspectivas arqueológicas y discusión crítica de fuentes” en
Tendencias teórico-metodológicas y casos de estudio en la arqueología de la
Patagonia, (pp. 147-156). Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo.
BUSCAGLIA, S., BIANCHI VILLELLI M., STARÓPOLI L., BOSONI C.,
CARELLI S. y ALBERTI J. (2012) “Arqueología Histórica en Península Valdés.
Primeros Abordajes Históricos y Arqueológicos al Fuerte San José (1779-
1810)” en Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, Vol 6:
47-79.
CALGARO BERTOLINO, N. (2010) “Fortificaciones en Uruguay: trazas ocultas
en los cascos históricos” en VI Seminário Regional de Cidades Fortificadas e
Primeiro Encontro Técnico de Gestores de Fortificações, (pp. 12). Santa
Catarina, Universidade Federal de Santa Catarina, disponible en
[Link]
CAPEL, H., GARCÍA, L., MONCADA, O., OLIVÉ, F., QUESADA, S.,
RODRÍGUEZ, A., SÁNCHEZ J. E., y TELLO R. (1983) Los ingenieros militares
en España, siglo XVIII. Repertorio bibliográfico e inventario de su labor
científica y espacial. Barcelona, Ediciones y publicaciones de la Universidad de
Barcelona, Colección "Geocrítica. Textos de Apoyo.”
CARMONA, L. Y GÓMEZ M. J. (2002) Montevideo, Proceso planificador y
crecimientos. Montevideo: Publicaciones FARQ, Instituto de Historia de la
Arquitectura, Facultad de Arquitectura, Universidad de la República.
DE PAULA, A. (1974) “Fortificaciones en el litoral marítimo patagónico durante
el dominio español” en II Congreso de Historia Argentina y Regional. Tomo II
(pp. 227-241). Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia.
DESTÉFANI, L. H. (1984) “La colonización patagónica” en Historia Marítima
Argentina. Tomo IV (pp. 179-217). Buenos Aires: IPN Editores.
DUMRAUF, C. (1991) “Un precursor en la colonización del Chubut” en Textos
Ameghinianos. Chubut: Biblioteca de la Fundación Ameghino.
DUMRAUF, C. (1992). Historia de Chubut. Buenos Aires, Ed. Plus Ultra.
ENTRAIGAS, R. A. (1960) El fuerte del Río Negro. Buenos Aires, Librería Don
Bosco.
ENTRAIGAS, R. A. (1968) “Sangre en Península de Valdés. Martirio del Padre
B. Poggio” en Cuadernos de Historia del Chubut N° 4: 9-32.
ENTRAIGAS, R. A. (1982) “La obra de Antonio de Viedma en la Patagonia” en
II Congreso de Historia Argentina y Regional, Tomo I (pp.139-152). Buenos
Aires: Academia Nacional de la Historia.
FURLONG, G. (1963) Cartografía histórica Argentina. Mapas, Planos y diseños
que se conservan en el Archivo General de la Nación, Comisión Nacional
Ejecutiva de Homenaje al 150° Aniversario de la Revolución de Mayo. Buenos
Aires.
149
GARDONE, L. A. (1965) “El Uruguay hispánico en la Biblioteca Central Militar
de Madrid” en Boletín Histórico del Estado Mayor General del Ejército, N° 104-
105: 93-158. Montevideo.
OLIVA GERSTNER, L. (2006) “La plaza de Montevideo en 1802”, en Biblio 3W
Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de
Barcelona, Vol. XI, Nº 658, disponible en [Link]
GÓMEZ OTERO, J. (2007) Dieta, Uso del Espacio y Evolución en Poblaciones
Cazadoras-Recolectoras de la Costa Centro-Septentrional de Patagonia
Durante el Holoceno Medio y Tardío, Tesis Doctoral, FFyL-UBA, MS.
GÓMEZ OTERO, J., BELARDI, J. B. SÚNICO A. y TAYLOR R. (1999)
“Arqueología de cazadores recolectores en Península Valdés, costa central de
Patagonia: primeros resultados” en Soplando en el Viento (pp. 393-417).
Neuquén, Universidad Nacional del Comahue.
GORLA, C. (1983) Origen y Evolución de la Ganadería Patagónica (1779-
1810). Buenos Aires, Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
GORLA, C. (1984a) Los Establecimientos Españoles en la Patagonia. Estudio
Institucional. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla,
Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
GORLA, C. (1984b) La agricultura en la Patagonia: 1779-1810, Viedma.
GORLA, C. (1999) Los inicios de la ganadería ovina en la Patagonia. Academia
Nacional de la Historia, Buenos Aires.
GORLA, C. (2004). La explotación de las salinas patagónicas: 1778-1810.
Guayaquil: Instituto de Historia Marítima.
LANÖEL, A.; L. Barba Ruiz, J. M. Zapatero y A. Gutiérrez Neri (1974).
Recopilación histórica sobre el Fuerte San José. Chubut: Comisión Pro-
monumentos a las gestas y primeras colonizaciones españolas del Chubut,
Dirección de Turismo.
LENZI, J. H. (1968) “Descubrimientos, exploraciones y colonización del Chubut”
en Cuadernos de Historia del Chubut N° 3: 35-64.
LUIZ, M. T. (2006) Relaciones fronterizas en Patagonia. La convivencia
hispano-indígena afines del período colonial. Ushuaia, Asociación Hanis,
Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
MARSCHOFF, M. (2007) Gato por liebre. Prácticas Alimenticias en
Floridablanca. Buenos Aires: Serie Proyecto Floridablanca. Buenos Aires,
Editorial Teseo.
MARSCHOFF, M. (2010) Experimentación Social e Identidad. Arqueología e
Historia en Floridablanca (Siglo XVIII), Tesis Doctoral, FFy L-UBA, Ms.
MARTÍNEZ DE GORLA, D. N. (1986) “El primer asentamiento de colonos en el
Río Negro”, en “Patagonia”, Temas Americanistas, Vol. XIX, Nº 100: 15-20.
MARTÍNEZ DE GORLA, D. N. (2004) La Patagonia en una nueva proyección:
caza pesca marítima y agricultura en el siglo XVIII, Buenos Aires, editado por
D. N. Martínez de Gorla.
150
Ministerio de Defensa. (1992) Cartografía y Relaciones Históricas de Ultramar.
Tomo VII. Río de la Plata. Volumen de Cartografías. Madrid.
NACUZZI, L. (2002) “Francisco de Viedma, un `cacique blanco´ en tierra de
indios” en Funcionarios, Diplomáticos, Guerreros. Miradas Hacia el Otro en las
Fronteras de Pampa y Patagonia (Siglos XVIII y XIX), L. R. Nacuzzi (comp.),
(pp. 25-64). Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología.
NACUZZI, L. (2005). Identidades impuestas. Tehuelches, aucas y pampas en
el Norte de la Patagonia, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología, 2°
Edición.
NUVIALA, V. (2008) Materializando Identidades en Floridablanca. Los
artefactos de uso personal en la comunicación no verbal de la identidades
(Patagonia-Siglo XVIII). Tesis de Licenciatura. FFyL, UBA.
PAESA, P. (1971) “Aspectos en la población de las costas patagónicas hacia
1779” en Investigaciones y Ensayos N°110: 131-349. Buenos Aires, Academia
Nacional de Historia.
PALOMBO, P. (2007) Las cuatro estaciones. Segmentación del tiempo y del
espacio en Floridablanca (Costa patagónica, siglo XVIII). Buenos Aires, Serie
Proyecto Floridablanca, Editorial Teseo.
PONCE DE LEÓN, L. R. (1965) “La Ciudadela, crónica de la construcción de su
mole (1740-50)”, en Boletín Histórico N° 104-105, Montevideo.
QUIJADA, M. (2002) “Repensando la frontera sur argentina: concepto,
contenido, continuidades y discontinuidades de una realidad espacial y étnica
(siglos XVIII y XIX)” en Revista de Indias Vol. LXII, N° 224: 103-142.
RAMOS PÉREZ, D. (1984) “El sistema de creación de establecimientos en la
época de Carlos III y su carácter anti-tradicional; el caso de la costa
patagónica” en Estructuras, gobierno y agentes de la administración en la
América española (siglos XVI, XVII y XVIII) (pp. 503-529). Valladolid.
RATTO, H. (1930) Actividades marítimas en la Patagonia durante los siglos
XVII y XVIII. Buenos Aires, GMO KRAFT LTDA.
SANCCI, B. (2010) La colonización española en la Patagonia. Buenos Aires,
Ed. Cuatro Vientos.
SENATORE, M. X. (2007) Arqueología e Historia en la Colonia española de
Floridablanca (Patagonia, siglo XVIII). Serie Proyecto Floridablanca. Editorial
Teseo, Buenos Aires.
TORRE REVELLO, J, (1941) Documentos históricos y geográficos relativos a la
conquista y colonización rioplatense. Buenos Aires: Talleres Casa Jacobo
Peuser.
TRAVIESO, C. (1937) Montevideo en la época colonial. Su evolución vista a
través de Mapas y Planos españoles, Montevideo.
TRAVIESO, C. (1976) Archivo Gráfico del Dr. Carlos Travieso. Tomo I y Tomo
II, Depto. de Estudios Superiores "División Historia", Montevideo.
ZUSMAN, P. (1999) “¿Terra Australis-res nullius? El avance de la frontera
colonial hispánica en la Patagonia” en Scripta Nova. N° 4. Barcelona,
disponible en http:// [Link]/geocrit/[Link].
151
ZUSMAN, P. (2001) “Entre el lugar y la línea: la constitución de las fronteras
coloniales patagónicas 1780-1792” en Fronteras de la historia N° 6: 41-67.
ZUSMAN, P. (2006) “El estado de los establecimientos de la costa patagónica
según el informe del marino Francisco de Viedma (1782)”. Revista Bibliográfica
de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol. XI, Nº 634.
[[Link]
152
La conformación del espacio público de Comodoro Rivadavia, 1901-1909
Resumen
A fines del siglo XIX un grupo de arrendatarios del Territorio Nacional del
Chubut peticionó ante el gobierno nacional por la fundación de un pueblo.
Comodoro Rivadavia se fundó así, por decreto del 23 de febrero de 1901. El
Estado nacional implementó allí el modelo de poblamiento ya incorporado en
Buenos Aires: la cuadrícula o grilla, a través de la cual persiguió el
ordenamiento territorial, el control y la reapropiación de los nuevos espacios
incorporados, y el parque, que fue la otra figura material constituyente del
espacio público, objeto de la investigación.
Esta consta de dos capítulos: en el primero de ellos describo por un lado el
conjunto de intereses, que tanto desde la región metropolitana como desde el
campo patagónico, desembocaron en la creación de un poblado con salida al
mar; por el otro, el trazado de la primer mensura a nivel local, y la descripción
de los primeros pobladores insertos en ella, focalizando mi atención en uno en
particular, Manuel Olascoaga (h), que también formaba parte de la Oficina
Topográfica Militar del Estado, encargada de llevarla a cabo. En el segundo,
abordo la conformación de su espacio público a partir del accionar de las
compañías comerciales asentadas en la zona, así como a través de las
actividades económicas, políticas y sociales de sus habitantes. Así mismo,
retomo el protagonismo de Olascoaga, mostrando cómo en su búsqueda del
modelo de parque para el pueblo subyacía su interés en el petróleo. En las
conclusiones, recupero así mismo el papel fundamental que le cupo al Estado
en sus distintas facetas durante el período de estudio abordado, a partir del
cual Comodoro Rivadavia se convirtió en un espacio con características únicas.
Las fuentes utilizadas son de carácter gráficas (mapas y planos de mensura), y
escritas, a través de las cuales abordé la construcción del espacio físico a partir
del modelo de grilla implementado por el Estado nacional, el que a su vez dio
lugar a la conformación del espacio público, a partir de la descripción de las
Mail: fernpaula@[Link]
153
actividades de los habitantes del poblado, así como del accionar de las
compañías comerciales asentadas en el mismo.
Ponencia
1Esta fue dirigida por la Magíster Edda Crespo, y defendida en septiembre de 2013 (Inédito).
2CABRAL MARQUES, Daniel y PALMA GODOY, Mario Comodoro Rivadavia en tiempos de
cambio. Una propuesta para la revalorización de nuestras identidades culturales. Comodoro
Rivadavia: Ed. Proyección Patagónica, 1993, p. 18.
154
de Tierras y Colonias de la Nación buscó implementar en Comodoro Rivadavia,
como en todos los demás territorios nacionales recientemente creados, una
línea de poblamiento según el modelo europeo y norteamericano en boga, que
ya se había llevado a cabo en la capital de la República. Esto es, la cuadrícula
o grilla con que el poder público buscó la regularidad y el control del territorio. 3
3 GORELIK, Adrián La grilla y el parque. Espacio político y cultura urbana en Bs. As. 1887-
1936. Bs. As.: Universidad Nacional de Quilmes, 2004. CACOPARDO, Fernando El Estado en
la definición territorial de la Argentina del siglo XIX. Perspectivas Urbanas N° 8, 2007 (Web
site)
155
Figura N° 2: Gráfico 1a-1b: gráficos en escala de secciones cuadradas según ley 817
(1876). Gráfico 1c: gráficos en escala de subdivisión cuadrícula americana.
Fuente: CACOPARDO, Fernando El Estado en la definición territorial de la Argentina
del siglo XIX. Perspectivas Urbanas N° 8, 2007.
156
Colonizaciones de la Patagonia Central, escrito por el explorador Francisco
Pietrobelli, el libro Aniversario 130 años del Instituto Geográfico Militar, el libro
Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros Mutuos de
Comodoro Rivadavia, la revista Inmigración e Identidad, expedientes
municipales, datos del Registro de la Propiedad Inmueble de la ciudad de
Rawson, e informes sobre inspecciones realizadas al pueblo en 1908, 1912 y
1913 respectivamente, y sobre el Ensanche Sud de la Colonia Escalante,
brindados por el Instituto Autárquico de Colonización de la ciudad de Rawson.
A partir de su análisis, pude reconstruir la trayectoria espacial y temporal de
aquellos personajes que, desde diversos lugares, la mayoría residiendo en
Buenos Aires a fines del siglo XIX, trasladaron sus intereses comerciales al
pueblo de Comodoro Rivadavia, donde los encontramos asentados en la grilla
de 1901.
Así, la cuadrícula o grilla aparecía como un proyecto, un instrumento de
intervención pública que encarnaba la regularidad urbana, y constituía una
forma de división catastral que dividía el territorio en secciones cuadradas. Sin
embargo, su significado va más allá de la cuestión técnica de ordenamiento
territorial, ya que la grilla también jugó un rol central en las estrategias del
Estado por el avance y control sobre los nuevos territorios.4
El parque es la otra figura material y cultural constituyente del espacio público
ciudadano. Considerado como “pulmón”, espacio verde higiénico, de ornato o
recreación y de igualación social, el parque representaba una clave “natural”
para intervenir en los males de las grandes ciudades de fines del siglo XIX y
principios del XX.5 Médicos, higienistas y reformadores sociales de la época
encontraban en el verde un espacio propicio para el fortalecimiento de los
cuerpos y la lucha contra la enfermedad, la práctica del deporte, el descanso y
el paseo. En este sentido, el “pulmón verde” de las plazas y parques
representaba la garantía de un ambiente urbano saludable, con funciones no
sólo higiénicas y estéticas sino también de esparcimiento.6
Ambas figuras fueron bajadas al territorio a través de la mensura. La mensura
representa la re apropiación del territorio por parte del Estado, en la medida en
157
que conlleva la traducción del espacio geográfico a nuevas denominaciones
que desconocen las denominaciones anteriores, de los pueblos nativos. Esta
forma de representar gráficamente el territorio corrió a cargo de la Oficina
Topográfica Militar, creada en 1879 en el marco de la construcción misma del
Estado, de su saber territorial y el avance y ocupación efectiva del territorio
nacional7. Como resultado de sus trabajos científicos de exploración y
relevamiento, se confeccionaron mapas y planos que representaban el territorio
de la República Argentina. Estos permitieron a su vez visualizar, gobernar,
repartir y administrar el territorio del nuevo Estado.8 La Oficina Topográfica
Militar estaba encabezada por el teniente coronel Manuel J. Olascoaga, jefe del
Gabinete Militar del general Julio A. Roca, en cuyas circunstancias había
participado de la Conquista al Desierto, y realizado el relevamiento topográfico
correspondiente. También había participado de la Comisión Científica
Exploradora de la Región Austral Andina y producto de ello, publicado el primer
mapa del Ejército Argentino.
II
7 Instituto Geográfico Militar (IGM) 130 años (1879-2009), Bs. As. Instituto Geográfico
Nacional, 2009, pp. 33-34.
8 LOIS, Carla “La Patagonia en el Mapa de la Argentina moderna. Política y “deseo territorial”
en la cartografía oficial argentina en la segunda mitad del siglo XIX”, en NAVARRO FLORIA,
Pedro -coordinador- Paisajes del Progreso. La resignificación de la Patagonia Norte, 1880-
1916. Educo. Universidad Nacional del Comahue. Neuquén, 2007, pp. 107-117.
158
galpón, el de Pietrobelli, en cuya proximidad la playa era adecuada para atracar
botes, facilitando la carga y descarga de mercaderías con relativa comodidad, y
estando el fondeadero abrigado de los vientos reinantes. Además, dos leguas
hacia el oeste existía un manantial de agua excelente y abundante, que estaba
a bastante altura sobre el nivel de la planta urbana y permitiría, a causa de la
gran diferencia de nivel, transportarla con bastante facilidad.9
El ingeniero Coronel desembarcó en Punta Borjas el 17 de mayo de 1901,
acompañado por los ingenieros Gentillini y Manuel Olascoaga (h), que también
venían con él a realizar el trazado del pueblo.10 El ingeniero Coronel realizó una
temprana organización del régimen de propiedad y de distribución del espacio,
esbozando la ubicación que deberían tener los primeros emplazamientos
importantes, como plazas y edificios públicos en el centro de la localidad.
Determinó así mismo que la planta del pueblo constaría de cien manzanas
cuadradas de una hectárea cada una, y se adoptaría para dicha planta una
forma cuadrada con dos calles centrales de cincuenta metros de ancho; las
demás calles serían de veinte metros de ancho, y todas las alienaciones a
medios rumbos.
9 Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento del Pueblo de Comodoro Rivadavia, op. cit.,
pp. 2-3.
10 Cincuentenario de Comodoro Rivadavia, Op. cit., p. 28.
159
Figura N° 3: Plano de la primera mensura del pueblo de Comodoro Rivadavia (1901).
160
- Correos y Telégrafos Nacionales, en el esquinero nord-este de la manzana N°
3.
- Manuel Olascoaga (hijo) plantaciones de sauce y álamos en la manzana N° 4.
- Pedro Barthout en el frente este de la manzana N° 7.
Y fuera del trazado: un galpón del Sr. Santos Arroyabe y una casa del Sr.
Francisco Pietrobelli.
161
2001, pp. 31 y 32; Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros
Mutuos de Comodoro Rivadavia 1910-2010 (Acta de fundación); Instituto Geográfico
Militar (IGM) 130 años (1879-2009), op. cit., pp. 33-34; PÉREZ MORANDO, Héctor
Con el mismo nombre y apellido, Ed. Río Negro S.A. (Página Web), 2007.
162
Manuel Olascoaga (h), al igual que su padre, también había participado de la
campaña de Roca de 1879 y en la Comisión Científica Exploradora de la
Región Austral Andina entre 1881 y 1883, donde tuvo a su cargo el trazado de
mapas y planos y las observaciones meteorológicas, había intervenido,
también junto a su padre, en la Comisión de Límites con Bolivia en 1894 en
calidad de dibujante y en 1896 como secretario. Estuvo en el relevamiento
topográfico del río Bermejo, en la cuenca del Plata, y participó en la mensura
del pueblo de Comodoro Rivadavia en 1901, y en campos y haciendas en
Colonia Sarmiento.15
La manzana 4 le había sido adjudicada a Manuel Olascoaga (h) para
plantaciones de árboles, que necesariamente tenían que ser regados. Pero en
el pueblo no había agua. Es por ello que llama nuestra atención el propósito de
tal adjudicación a esta destacada figura del Poder Central; igualmente el hecho
que sospechosamente la primera máquina perforadora -en busca de agua-
haya sido instalada dentro de los límites de su propiedad. Lo que nos permite
inferir que, no tan erradamente, -pues el segundo pozo, a 3 km al norte del
pueblo, resultó ser el pozo descubridor- esperara ver fluir petróleo.
Presumiblemente con el mismo propósito la Sociedad Agrícola y Pastoril La
Oriental, controlada por la familia Menéndez Behety, adquirió el mismo terreno
en el pueblo. No casualmente, tres años más tarde Toribio Larrea llegó a
Comodoro Rivadavia proveniente de Tierra del Fuego, donde su oficio minero
lo había llevado unos años antes. Allí había conocido al empresario español
José Menéndez, quien le había encargado la gerencia de la tercera sucursal de
la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia.
El pozo Nº 1 fue comenzado en el mes de octubre de 1903 en el esquinero
sud-oeste de la manzana 4, que ya había empezado a fraccionarse, y recibido
el nombre de lote H. Pero la máquina perforadora no encontró agua, como
aparentemente era su propósito, y los trabajos fueron abandonados ante la
imposibilidad que el equipo pudiera profundizar más la perforación. 16 Este solar
señalado con la letra H, perteneciente a la manzana 4 del pueblo había sido
adquirido por Ángel Velaz por compra que hiciera al gobierno nacional en
15 PÉREZ MORANDO, Héctor Con el mismo nombre y apellido, Ed. Río Negro S.A. (Página
Web), 2007.
16 Comodoro ’70, op. cit., p. 49.
163
agosto de ese mismo año; a su vez Alejandro Menéndez le compró el terreno
en 1905, la Sociedad Anónima Agrícola y Pastoril La Oriental, representada por
John Dun se lo compró a Alejandro Menéndez en 1914, Alejandro Menéndez
Behety lo compró nuevamente en 1916, la Sociedad Anónima Importadora y
Exportadora de la Patagonia, representada por Mauricio Braun, se lo compró a
la Sociedad Anónima Ganadera Nueva Oriental en 1919, Belarmino Menéndez
adquirió el lote en virtud de la permuta que por el inmueble celebró con
Mauricio Braun en 1924, y fue adquirido por la Sociedad Anónima Compañía
Argentina del Sud por división de condominio con Francisca Larué de
Menéndez (viuda de Belarmino Menéndez) en 1942.17 Recordemos que
Belarmino Menéndez era comerciante, socio fundador de la Asociación
Española (1910), presidente de la Sociedad Rural (1915) y propietario de una
mina, La Tehuelche (Pozo Menéndez I) en Astra, a 20 Km al norte del poblado
de Comodoro Rivadavia.18 También tenía por tanto, intereses mineros en la
zona.
164
Figura No 5: Plano de la Colonia deslindada y amojonada de la Gobernación del
Chubut (1909) incluyendo re mensura del pueblo de Comodoro Rivadavia por el
Ingeniero civil Carlos Argañaraz. Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Dirección
General de Tierras
165
Cuadro N° 2: Primeros pobladores (que aparecen en la mensura de 1909)
166
Castillo (1909) fuera
del ejido de Comodoro
Rivadavia.
Pedro Barros Seeber Lote 165 Ens. Sud Juez de Paz (1905), primer
Col. Escalante (1909) Prefecto marítimo, comisario
fuera del ejido de de Policía, hacendado,
Comodoro Rivadavia. comerciante, representante
de Tierras y Colonias,
integrante de la comisión
vecinal de fiestas patrias,
presidente de la Comisión
Territorial local de Puentes y
Caminos, organizador del
suministro de agua potable,
presidente del primer Club
social del pueblo (1912),
presidente de la primera
Sociedad Rural (1913),
concejal (1915).
Máximo Abásolo Lote 144 Ens. Sud Col. Ganadero, juez de Paz
Escalante (1909) fuera (1907), concejal (1915),
del ejido de Comodoro presidente del Concejo
Rivadavia. Municipal (1918).
Cruz Abeijón Chacra 31 (Paraje La Criador y hacendado
Mata) (1909) dentro
del ejido de Comodoro
Rivadavia.
José Salso Lote 146 Ens. Sud Col. Comerciante, socio fundador
Escalante (1909) fuera de la Asociación Española,
del ejido de Comodoro integrante del partido Unión
Rivadavia. Vecinal que intervino en las
primeras elecciones
municipales (1911).
167
Francisco Salso Lote 146 Ens. Sud Col. Integrante de las comisiones
Escalante (1909) fuera valuadoras encargadas de
del ejido de Comodoro fijar impuestos municipales
Rivadavia. (1914) y de las comisiones
receptoras de votos (1915),
socio fundador de la
Asociación Española.
Martín Venter Lote 143 Ens. Sud Col. Comerciante, integrante del
Escalante (1909) fuera partido Unión Vecinal que
del ejido de Comodoro intervino en las primeras
Rivadavia. elecciones municipales
(1911), de las comisiones
receptoras de votos (1915-16)
y de las comisiones
valuadoras (1918) por
representar junto a las
grandes Cías. comerciales
(Lahusen, La Anónima, la
Compañía Mercantil del
Chubut y Belarmino
Menéndez y Cía.) a los
mayores contribuyentes de la
época.
José A. Pinedo Lote 159 Ens. Sud Col. Integrante de la comisión
Escalante (1909) fuera encargada del levantamiento
del ejido de Comodoro del nuevo padrón electoral a
Rivadavia. partir del decreto del 30/10/17
del Ministerio del Interior, que
señala un nuevo ejido para
Comodoro Rivadavia.
168
la Colonia Escalante, pp. 62, 64 y 65. Instituto Autárquico de Colonización y Fomento
Rural (Rawson); PIETROBELLI, Francisco Primeras exploraciones y colonizaciones de
la Patagonia central. Edición 1970, p 5, ROBERTS, Tegai y GAVIRATI, Marcelo -
compiladores- Diarios del explorador Llwyd ap Iwan. El desvío del río Fénix y la colonia
galesa de Santa Cruz que pudo ser. Patagonia Sur Libros- La Bitácora editores, 2008,
p. 22; Comodoro 70, Comodoro Rivadavia, diario El Patagónico, 1971, pp. 8, 9, 19 y
75; revista Argentina Austral N° 76 (01/10/1935). Dirección “Sociedad Anónima
Importadora y Exportadora de la Patagonia”, pp. 29, 36, 38 y 40; ARNESTO, Stella;
CÓRDOBA, Elvira y FIGUEROA, Raúl Crónicas del Centenario de Comodoro
Rivadavia. Edición Diario Crónica, 2001, pp. 21, 27 y 67; Cincuentenario de Comodoro
Rivadavia (1951). Com. Riv., Ed. El Rivadavia, pp. 26, 37, 42, 51 y 52; actas de sesión
del Honorable Concejo Municipal del 24 de julio de 1914 (pp. 3-4), 2 de junio de 1915
(pp. 71-72), 28 de junio de 1915 (pp. 75-80), 6 de octubre de 1915 (Págs. 82-83), 4 de
julio de 1916 (pp. 100-101), 22 de enero de 1918 (pp. 111-112), 17 de noviembre de
1918 (pp. 118-122), 20 de noviembre de 1918 (Pág. 125) y 2 de diciembre de 1918
(pp. 127-129); Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros
Mutuos de Comodoro Rivadavia 1910-2010 (acta de fundación); Municipalidad de
Comodoro Rivadavia. Archivo Histórico Municipal. Expediente N° 4347A. Dirección
General de Tierras y Colonias; CABRAL MARQUES, Daniel y PALMA GODOY, Mario
Comodoro Rivadavia en tiempos de cambio. Una propuesta para la revalorización de
nuestras identidades culturales. Comodoro Rivadavia, Ed. Proyección Patagónica,
1993, p. 32; PERALTA, Liliana y MORÓN, María Laura A mi tierra… Un homenaje a
los primeros pobladores. Comodoro Rivadavia, 1901-2001. Imprenta Gráfica Andrade,
2001, p. 69.
Conclusiones
169
Topográfica Militar, responsable de la organización de sucesivas campañas
científicas de exploración que darían como resultado el relevamiento
topográfico y la confección de mapas y planos de regiones hasta entonces
desconocidas.
Manuel Olascoaga, al igual que su padre, formaban parte del cuerpo de
agrimensores e ingenieros de la nación, y en carácter de tal contribuyeron a la
construcción del territorio, al tiempo en que el Estado nacional también se iba
construyendo, expandiendo y consolidando. De esta manera, fueron facultados
para apropiarse jurídicamente de una parte de él, en el marco de una
legislación que les resultó favorable una vez que los nuevos espacios
conquistados fueron incorporados al dominio del Estado nacional: a través de
la ley 1628 de Premios Militares, este le concedió tierras a los expedicionarios
al “desierto” según su graduación militar, entregándoles bonos estatales
canjeables por determinadas superficies a elegir. 20
El Estado procedió entonces a la ocupación de la Patagonia aplicando el
modelo de poblamiento ya implementado en Buenos Aires: la cuadrícula o
grilla, que dividía el territorio en secciones cuadradas, y el parque. La grilla no
sólo sirvió a los fines de ordenamiento territorial, sino también jugó un rol
fundamental en el avance, control y re apropiación del Estado sobre los nuevos
territorios incorporados. La mensura de los mismos también conllevó a una
denominación nueva del espacio, invisibilizando aquellos topónimos originales
que habían tenido sentido para los pueblos nativos.
El parque fue la otra figura material y cultural, constituyente del espacio público
que se conformaría a partir de la implementación de la grilla, y funcionaría
como un espacio verde de recreación, decoro, igualdad social y como una sana
garantía para la erradicación de enfermedades.
El modelo de grilla bonaerense fue aplicado al pueblo de Comodoro Rivadavia
por el ingeniero Policarpo Coronel, contratado por la Dirección de Tierras y
Colonias de la Nación para trazar su mensura en 1901. La búsqueda del
modelo de parque que complementaba a la grilla, y que persiguió Manuel
Olascoaga (h) al recibir la adjudicación de la manzana 4 según la ley de
170
Premios Militares, sirvió en cambio para enmascarar la búsqueda de petróleo
en el lugar. Nunca se plantaron árboles en la manzana 4, originalmente de su
propiedad; por el contrario esta se fue fragmentando, y en el lote H se instaló la
primera máquina perforadora de petróleo. Pese a que esta no rindió frutos, el
interés en este lote en particular continuó latente, y tuvo varios dueños a lo
largo de los años, la mayoría de los cuales tenían fuertes intereses mineros en
la zona: Belarmino Menéndez, que ya poseía una mina en Astra, y la poderosa
Sociedad Anónima, cuyo primer gerente, Toribio Larrea era ingeniero en minas.
Esta misma sospecha de un eventual hallazgo de petróleo en la zona llevó a
que seis años después de la mensura original de 1901, en octubre de 1907, se
re-mensurara el ejido del pueblo de Comodoro Rivadavia. La nueva superficie
resultó un área tres veces más grande que lo planificado por la ley Avellaneda
para la fundación de poblados, cuando aún no existía población suficiente que
lo justificara. El nuevo ejido coincidía prácticamente con las futuras zonas de
reservas petrolíferas y fortalecía la sospecha de que de producirse el
“descubrimiento”, el Estado pretendería ejercer un control más amplio sobre las
áreas extractivas, tal cual sucedió con posterioridad al hallazgo, el 13 de
diciembre de ese mismo año.
El desarrollo de actividades extractivas en la zona, que permitirían el
asentamiento de compañías petroleras en el pueblo y en sus inmediaciones,
daría lugar a un proceso de urbanización único en Comodoro Rivadavia,
caracterizado por una fuerte fragmentación en la ocupación del espacio, lo que
contrasta con la conformación de otros espacios públicos en Argentina.
Fuentes escritas
171
Inspección del pueblo de Comodoro Rivadavia, Territorio del Chubut, realizada
en junio y julio de 1908 por el Sr. Roque P. Larguiva. Instituto Autárquico de
Colonización y Fomento Rural.
Inspecciones realizadas al pueblo de Comodoro Rivadavia en 1912/1913.
Instituto Autárquico de Colonización y Fomento Rural.
Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros Mutuos de
Comodoro Rivadavia (1910-2010).
Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Dirección General de Tierras. Ley N°
4167 (8 de enero de 1903). Decreto reglamentario 8 de noviembre de 1906
(Art. 2°). Venta directa de lotes en Pueblos y Colonias agrícolas solares.
Ministerio de Agricultura. Dirección General de Tierras y Colonias.
Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Archivo Histórico Municipal. Expediente
N° 4347. Dirección General de Tierras y Colonias.
Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento del Pueblo de Comodoro
Rivadavia, 1901.
Registro de la propiedad inmueble (Rawson): Tomo 1, Folios 449-453, Tomo
12, Folios 125-126 y Tomo 69, Folio 144 (1903-1942) referidos al lote H de la
Manzana 4 del pueblo de Comodoro Rivadavia.
Revista Argentina Austral N° 76 (01/10/1935) y N° 320 (junio de 1958).
Dirección: Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia.
Revista Inmigración e Identidad. Rescate de la Memoria. Año 3, N° 19, enero
de 2007. Dirección: Manuel A. Rey Flores.
Fuentes gráficas
Bibliografía
172
CACOPARDO, Fernando (2007) El Estado en la definición territorial de la
Argentina del siglo XIX. Perspectivas Urbanas N° 8.
CABRAL MARQUES, Daniel y PALMA GODOY, Mario (1993) Comodoro
Rivadavia en tiempos de cambio. Una propuesta para la revalorización de
nuestras identidades culturales. Comodoro Rivadavia, Ed. Proyección
Patagónica.
GORELIK, Adrián (2004) La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana
en Bs. As. 1887-1936. Bs. As.; Universidad Nacional de Quilmes.
Instituto Geográfico Militar (IGM) 130 años (1879-2009), Instituto Geográfico
Nacional, Buenos Aires.
NAVARRO FLORIA, Pedro (2007) -coordinador- Paisajes del Progreso. La
resignificación de la Patagonia Norte, 1880-1916. Educo. Universidad Nacional
del Comahue. Neuquén.
PERALTA, Liliana y MORÓN, María Laura (2001) A mi tierra... Un homenaje a
los primeros pobladores. Comodoro Rivadavia, 1901-2001. Imprenta Gráfica
Andrade.
PÉREZ MORANDO, Héctor (2007) Con el mismo nombre y apellido, Ed. Río
Negro SA.
PIETROBELLI, Francisco (1970) Primeras Exploraciones y Colonizaciones de
la Patagonia Central.
ROBERTS, Tegai y GAVIRATI, Marcelo (2008) -compiladores- Diarios del
explorador Llwyd ap Iwan. El desvío del río Fénix y la colonia galesa de Santa
Cruz que pudo ser. Patagonia Sur Libros- La Bitácora editores.
SANTELLAN, Rodolfo Kampament. De Marta Eggeling a Pedro Tavianski
1912-1925. Comodoro Rivadavia, 2005.
173
Itinerarios y cartografías históricas de Norpatagonia
Resumen
174
históricos particulares diversos, en tensión, conflicto y/o relación forman parte
de nuestro objeto.
Esta tensión nos posibilitó nuevas perspectivas de análisis. Siendo nuestro
objetivo reflexionar sobre esta construcción histórica descubriendo las
relaciones entre marcos de interpretación y territorialidades, nos proponemos
aquí desnaturalizar los principios de organización espacio-temporal
sedimentados en los relatos que conforman el corpus de crónicas disponibles
sobre las últimas décadas de siglo XIX y principios del XX.
Introducción
175
de movilidad que los interceptan; sino también atender a las complejidades de
esta relación/configuración.
Partimos de la premisa que a través de diferentes etapas históricas se
constituyó un mapa de territorializaciones que fue fijando tanto los lugares
sociales de detención como las movilidades estructuradas para los diferentes
sujetos y colectivos. Este proceso se caracterizó por progresivos
desplazamientos, resultado del sometimiento e incorporación de los pueblos
originarios a la conformación territorial del estado nacional. Desde entonces se
materializaron relaciones de desigualdad en la organización y representación
del espacio social y de los posibles desplazamientos en él. Como resultado, en
este proceso, los sujetos y colectivos “étnicos” han sido situados
diferencialmente en relación con los espacios de producción, distribución y
consumo, y los espacios públicos y privados (Alonso 1994).
En esta dirección otra premisa del proyecto propone la posibilidad de un
ejercicio de triangulación o -a los efectos de lo que nos interesa exponer en
este trabajo- de traducción en lenguaje cartográfico de la información
disponible. Para esto fue necesario trabajar en diversas etapas metodológicas
correspondientes por un lado, a la selección del corpus a trabajar -rango
temporo/espacial, tipo de documentos, géneros narrativos. Por otro, el
desarrollo del instrumento cartográfico. Con respecto al recorte del corpus -
siempre pensando en una primera etapa de trabajo, de carácter más
experimental- se decidió, para avanzar con la propuesta, establecer un recorte
temporal y espacial: Norpatagonia (sur de Neuquén, Río Negro y centro y norte
de Chubut) entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Esta decisión fue tomada desde una perspectiva de análisis que concebía a
dicho espacio de tiempo como significativo en los procesos de
(des)territorialización en la región, en un proceso de su incorporación y
transformación como territorio nacional. De esta forma, a priori, dicho corpus
estaría fundamentalmente compuesto por crónicas de viajeros, documentación
hemerográfica y de archivo como así también por los relatos de la memoria
social. Un primer paso fue entonces, comenzar por las crónicas de viajeros,
editas en su mayor parte.
176
Metodología de trabajo
177
diversos niveles: primero y principal, en la tensión de “traducir” relatos en
territorialidades, es decir, en cómo seleccionar hechos sociales que
consideramos significativos para diferentes concepciones de territorio y
procesos de territorialización; en segundo lugar, cómo representar
espacialmente esos registros en la nueva cartografía; tercero, ya a nivel del
instrumento SIEGe, estandarizar los registros y volcarlos en el SIG; cuarto,
elaborar un SIG que permita ver, comparar y recortar el universo de registros
para ser utilizado de manera dinámica y versátil en diversas investigaciones.
Esta complejidad interna del “gesto de traducción” fue presentándonos
dificultades y obstáculos. Aquí el trabajo interdisciplinario, en lugar de
limitarnos, nos permitió repensarlos como “sesgos productivos”: entender a
dichos desfasajes, tensiones e imprecisiones como espacios de producción de
orden epistemológico y no reducirlos a recortes ontológicos del corpus que sólo
disminuirían el espacio y potencialidad de trabajo del proyecto.
178
puntos y eventos georreferenciables, al mismo tiempo, cronológicamente
secuenciados y fundamentalmente orientados, direccionados hacia un destino. 1
Idea frente a la cual cada crónica podría reordenarse, clasificarse como más o
menos precisa o poseedora de baches, errores o imprecisiones.
El itinerario funciona aquí como modelo de organización del conocimiento, pero
al mismo tiempo, y en este punto nos detendremos, funciona como constructor
del sentido de los espacios, los lugares y las movilidades. Así, pensar en un
itinerario es antes que nada un presupuesto ontológico, históricamente
condicionado, sobre el espacio y la memoria narrada sobre el transitar/habitar
en él. Este presupuesto, en nuestra práctica particular de traducción
cartográfica, transformaba en “itinerarios” dichas memorias y experiencias
sociales. Así su georreferenciamiento forzaba la aplicación de un marco común
de interpretación. El “itinerario” no sólo se constituía como un modo particular
de desplazamiento en el espacio/tiempo sino como una perspectiva o
expectativa de análisis que unificaba y estructuraba estos relatos
performativamente.
En efecto, si nos remitimos a los procesos históricos de más larga duración en
los cuales se ha producido conocimiento sobre el ámbito denominado como
Patagonia, observamos que el itinerario como elemento discursivo, y la crónica
como género, han sido fundamentales. El norte de la Patagonia ha sido
pensado como espacio marginal desde la administración colonial, a lo largo del
proceso de formación y consolidación de la matriz estado-nación-territorio, pero
también a lo largo de su devenir como "territorios nacionales" y luego como
provincias argentinas de la región patagónica. En cada uno de estos casos la
producción de conocimiento sobre dicho ámbito ameritó y provino de un
desplazamiento en él, como una necesidad constante de estriar un espacio
plano y liso, desconocido, salvaje, improductivo, desértico.
La Patagonia a lo largo del tiempo, de diferentes formas de acuerdo a cada
contexto y diferentes agentes, fue construida como un espacio imaginado y
practicado como marginal. Así, el estudio de su pasado histórico ha sido
circunscripto en gran medida a las formas de moverse en él por determinados
179
agentes estatales, o viajeros, que se aventuran por un tipo de territorio que
amerita formas particulares de desplazamiento. El diario, la crónica, el relato de
viaje o el informe, son los modos en que se construye también un espacio, al
recordarlo, hablarlo, narrarlo, describirlo por parte de científicos, militares,
funcionarios y misioneros. Estos construyen un espacio marginal al
desplazarse en él y al referirlo.
En este punto encontramos sugerente la idea de Veena Daas y Deborah Poole
(2004) con respecto a los márgenes del estado como necesarios al estado-
como-idea. Los márgenes son, en términos de estas autoras, “supuestos
necesarios del estado”. Es en los márgenes donde el estado encuentra su
razón de ser ya que éstos le permiten enunciarse y legitimarse
permanentemente. En este sentido, encontramos tendencias contradictorias,
totalizantes e individualizantes. El margen es aquello que le falta al estado para
completar su dominación, es una latencia de peligro e inestabilidad que le
permite reafirmar la necesidad de su poder para mantener el orden y aspirar al
bien común. Se entiende por márgenes no sólo al espacio social sino también a
aquellas personas que deben ser educadas en el marco de la ley y, finalmente,
al territorio mismo por sobre el que se ejerce el poder soberano. Los márgenes
dan sentido y justifican el tiempo y modo en que se construye y mistifica el
“estado como idea”. Entonces, resulta imprescindible analizar cómo se vive el
estado nacional en los márgenes, desde una perspectiva que los entienda
como partes del mismo y no por fuera (Delrio y Pérez 2010).
Al mismo tiempo la Patagonia es pensada como un espacio liso y estriado
(Deleuze y Guattari 1988) en el cual ambas formas de construirlo, el
movimiento y el relato, producen y reproducen estriamientos. Gilles Deleuze y
Félix Guattari explican que el espacio liso es “un espacio abierto en el que se
distribuyen las cosas-flujo” (Deleuze y Guattari 1988: 368), un espacio no
marcado donde lo que prevalece es el movimiento más que su marcación.
Mientras que el espacio estriado es un espacio “cerrado, para cosas lineales y
sólidas”, un espacio diferenciado, codificado, marcado, en el que lo que
prevalece es, más que el movimiento, los puntos que van marcando
posibilidades de movimientos. Es decir, como concluyen los autores, en el
espacio liso “se ocupa el espacio sin medirlo” y en el estriado “se mide para
ocuparlo” (Deleuze y Guattari 1988: 368).
180
De este modo, los cronistas al identificar cada uno de los puntos de sus
recorridos fueron constituyendo tanto un estriamiento como la imagen de un
espacio marginal y exotizado-liso que necesita no sólo ser explorado sino
ordenado e intervenido por el estado, el cual construye y reconstruye
estriamientos. Siendo también que el mecanismo de exotización constituyó
también un modo de estriamiento. Las crónicas se constituyen así en un relato
autorizado en sí, desde donde conformar espacialmente a la Patagonia, pero
principalmente los relatos desde donde se ha constituido distintos proyectos
políticos, económicos, migratorios, y sobre el que se cimentó el estado-nación
argentino. Por lo tanto, lejos de ser simples itinerarios despolitizados -tal como
se presentan dentro de estos proyectos- estos relatos operan como “mapas de
territorialización” constituyendo simbólica y socialmente este espacio y a los
sujetos que lo habitan, pero a la vez, condicionando sus posibilidades de
habitarlo y circularlo. Por ejemplo, en el caso de la Patagonia, fue concebida
como un espacio desértico y salvaje cuyas características se extendían
también a quienes la habitaban.
Para clarificar la idea de “mapas de territorialización” retomamos a Lawrence
Grossberg (1992) quién los define como regímenes de verdad en los cuales se
condicionan los desplazamientos de los sujetos en el espacio de acuerdo a la
operación de un sistema de diferencia social e identidades y a regímenes de
poder o jurisdicción que emplazan o ubican los lugares o espacios, las
estabilidades y movilidades de la vida cotidiana.2 De acuerdo a este autor se
codifican así tanto la dinámica de la vida cotidiana, en función de las líneas que
distribuyen, ubican y conectan las prácticas culturales y los individuos sociales,
como las estructuras de acceso diferencial que tienen los grupos a
determinados conjuntos de prácticas.3 Grossberg define, entonces, como
movilidad estructurada al cruce estratégico entre líneas de articulación
(territorialización) y líneas de fuga (desterritorialización), las que ponen en acto
181
y posibilitan formas específicas de estabilidad (identidad) y movimiento
(cambio), habilitando, así, determinados modos de acción y agencias. Por
consiguiente, los mapas y sus líneas determinan qué tipos de lugares la gente
puede ocupar, cómo los ocupa, cuánto espacio tiene para moverse y cómo
puede hacerlo. En ciertos momentos históricos esas líneas de movilidad se
vuelven también objeto de disputa.4
La eficacia de estos mapas de territorialización radica, por ejemplo para el caso
de las crónicas, en que aún cuando éstas parecen haber tenido efectos
solamente sobre el pasado, las mismas siguen teniéndolos en la construcción
de los espacios simbólicos y sociales a partir de los cuales se condicionan y
constituyen los sujetos en el presente.
Por lo tanto, todas estas cuestiones nos llevan a preguntarnos sobre la
conveniencia de considerar a los itinerarios presentados en las fuentes como
un concepto analítico o como un instrumento descriptivo. Pero,
fundamentalmente, nos lleva a pensar en qué clase de relación existe entre los
diferentes tipos de desplazamientos, movilidades y el poder. Pensar en si
diferentes formas de movilidad no son controladas por el itinerario como efecto
narrativo. En definitiva, abordar la misma idea de itinerario desde su politicidad
en los procesos de construcción de un espacio marginal dentro de un proceso
de construcción de estado. Veamos entonces un ejemplo encontrado en
nuestro trabajo.
4 Grossberg considera que este concepto da lugar para analizar cómo la gente puede
comprometerse en distintas articulaciones, ya que las posiciones no son fijas, ni tampoco los
itinerarios están predefinidos. Sólo se trata de una condición de posibilidad de movilidad, pero
también de estabilidad. (Grossberg 1992: 106-111).
182
luego traducidas al castellano por Marisa Malvestitti en colaboración con María
Coña y Pablo Cañumil (documento aún sin publicar). De esta interacción no
tenemos las preguntas que realizara el científico ni referencias a cómo fue
respondiendo Catrïlaf, los silencios, las pausas, las partes recortadas de sus
testimonios. Solo es posible, señala Malvestitti, suponer los diferentes días en
que se realizaron las entrevistas por los saltos en el registro. El resultado de
este proceso es un documento archivado en el Instituto Íbero-Americano de
Berlín y que guarda formalmente las características de una historia de vida, en
la cual quien testimonia recuerda cronológicamente y espacialmente diferentes
momentos de su vida.
Frente a la posibilidad de incorporar a nuestro corpus un testimonio indígena,
una crónica indígena sobre el mismo periodo y área geográfica de referencia
elegimos el documento. No obstante, el intento de georreferenciar de forma
cronológica esta crónica de hechos nos presentó una serie de problemas e
imposibilidades.
En la crónica de Catrïlaf el desplazamiento es en el tiempo y no en el espacio.
Es decir la línea del relato traza vínculos entre momentos (y lugares) donde se
detiene, para describir situaciones, estados de ánimo, relaciones sociales,
angustias, etc. La marcha, el movimiento entre ellos, se desvanece si
intentamos pensar o rastrear un recorrido geográfico. La marcha, la conexión
entre estos momentos/espacios está dada por el cambio. La vinculación entre
éstos es precisamente el cambio y la diferencia que hay entre un mismo lugar y
ese mismo lugar luego de lo que denomina como la "novedad" -lo que
tentativamente podríamos traducir como "momento de las campañas militares"-
o entre dos lugares distintos, que se transitaban antes y después de la
"novedad". En la continuidad del relato Catrïlaf no viaja sólo de un sitio a otro
sino a otro momento, hacia atrás en el tiempo y a veces al mismo sitio en otro
tiempo.
Así, el relato, si bien incluye episodios de un breve período, y que a priori
permitirían suponer la posibilidad de establecer un itinerario fechado y
georreferenciable en un marco temporal acotado, es en realidad un relato de
vida estructurado desde el cambio y la novedad. No es un itinerario de marcha
sino una reflexión sobre la novedad, sobre aquello que permite explicar porqué
183
los lugares se transforman y porqué se transita por nuevos lugares en la vida
de las personas.
En esta crónica -si podemos seguir denominándola así- el itinerario constituye
un molde que formatea la memoria y esto nos dice de la relación de poder
entre el antropólogo y Catrïlaf. Al mismo tiempo que se nos desvanece como
instrumento descriptivo, sí nos aparece en cambio como marco de
interpretación en la producción de territorio.
Así, más allá de nuestro propio intento de triangulación y traducción, ya existe
una relación entre este documento con los otros que forman parte de nuestro
corpus. Como se mencionó anteriormente, la "historia de vida de Catrïlaf" como
testimonio de un mundo que se acaba, recogida por Lehmann-Nitsche
configura junto a las crónicas de Musters, Moreno, Bejarano, etc. particulares
mapas de territorialización ligados a específicos marcos de interpretación
desde los cuales se hace visible las relaciones de poder existentes en todas
estas.
A partir de las reflexiones de este trabajo nos interesa pensar en cómo
podemos a través de las dificultades encontradas en el proceso de traducción
cartográfica identificar precisamente esas tensiones entre estabilidades y
movimientos. Así, no comprendemos a las territorialidades como fenómenos
esencializados de determinada entidad u ontología cultural. Proponemos
observar el proceso histórico por el cual se establecen movilidades
estructuradas en tanto relaciones de poder, las cuales podemos ver en los
ruidos generados a través de nuestro propio sesgo productivo.
184
territorio pensado desde otras configuraciones que no estaban definidas
exclusivamente en torno a la configuración de los modernos estados
nacionales (Raffestin 1993). Raffestin colocará la dimensión del poder,
expresado de múltiples maneras, como operando también en contextos
regionales y locales. Será la circulación de información de signos y
significados, así como el grado de accesibilidad a ellos, los que operarán
territorializando, desterritorializando o reterritorializando, es decir, creando,
eliminando y reconstruyendo territorios (Schneider y Peyré Tartaruga 2006).
Una de las formas de construir, canalizar y disputar poder en la
operacionalización territorializadora serán las cartografías, a través de las
cuales circulan determinados tipos de información con mayor o menor grado de
legitimidad en la arena donde se disputan signos y significados proyectados
sobre un espacio.
Retomando aquella perspectiva, Robert Sack (1986) definirá la territorialización
como un proceso de dominio y ejercicio del poder que se basa en el intento de
afectar, influenciar o controlar personas, fenómenos, relaciones a través de la
delimitación y afirmación del control sobre un área geográfica denominada
territorio. Esas relaciones no sólo involucran a los actores localizados dentro de
ese territorio, sino que también puede ser ejercida a través de otros ubicados
por fuera. Además, especifica que la territorialidad también tiene la capacidad
performativa de “hacer". Otro importante aporte para pensar la cuestión del
poder y la movilidad en la construcción del territorio, es aquel que especifica
que si bien la territorialización de un área tiende a fijar una noción de espacio y
sus límites, también es cierto que de acuerdo a las condiciones históricas
pueden producirse cambios y un territorio configurado como tal puede perder
sus caracterizaciones. Es decir, que para sostener la construcción de un
territorio y garantizar un tipo de territorialidad, es necesario que se refuercen
sus límites y contornos permanentemente.
La noción expresada por Rogério Haesbaert refuerza esta definición de
territorialización, al argumentar que comprende una perspectiva geográfica
integradora entre un proceso de dominio político-económico y una apropiación
simbólico-cultural del espacio por parte de los grupos humanos (Haesbaert
2007). De acuerdo al énfasis en el abordaje, el territorio puede especificarse a
partir de una tipología jurídico-política, simbólico-cultural o económica.
185
Haesbaert cuestiona la idea de la des-territorialización ya que, según su
argumento, cada vez que se destruye un territorio se está al mismo tiempo
construyendo otro.
Desde la perspectiva de estos autores, el territorio constituido a partir de
relaciones sociales de poder, pueden desaparecer, moverse y mutar. Es decir,
que un espacio puede contener diferentes territorios, puede ser disputado por
diferentes territorializaciones o puede contener territorialidades flexibles.
En su trabajo “El retorno al territorio”, Milton Santos hace una crítica a la noción
de territorio heredada de la Modernidad y define que es el uso del territorio y no
la categoría en sí la que define el análisis social (Santos 1994: 255).Será ese
territorio usado donde Santos definirá dos tipos de recortes: las
horizontalidades y las verticalidades. Mientras la horizontalidad es para el autor,
el dominio de la contigüidad, “de aquellos lugares vecinos reunidos por una
continuidad territorial”, la verticalidad sería el opuesto, formada por “puntos
distantes unos de otros, ligados por todas las formas y procesos sociales”
(Santos op. cit.: 256). El territorio estaría así conteniendo funcionalidades
diferentes, es decir, operando como un híbrido constituido por lugares
continuos y lugares en red. El geógrafo brasilero opone a los espacios
continuos y contiguos -el “espacio banal” o “territorio de todos” definido a partir
de una vecindad solidaria- a los territorios en red, cuyas formas y normas de
regulación están técnicamente formuladas a favor de contener a pocos. Esta
diferenciación, si bien está contextualizada en el marco de las discusiones
sobre la fragmentación territorializada que significaría la globalización, es útil a
los fines de este trabajo para pensar la noción de contigüidad, continuidad y red
-en tanto puntos distantes entre sí, pero conectados- que remite a la idea de
itinerario.
Como dijimos arriba, el itinerario, entendido en su definición estandarizada, es
relativo al camino, o la dirección hacia un destino en la que predominan la
descripción de las características, lugares, accidentes y paradas. Entendiendo
que la territorialización de los espacios es, ante todo, una práctica de poder que
espacializa, distribuye y estructura movilidades. Que, lejos de ser una forma de
esencializar pertenencias, se trata de relaciones en constante definición que
configuran diferentes territorios (yuxtapuestos, móviles) que se disputan un tipo
de fijación -al menos para el caso de la configuración hegemónica de los
186
estados-nación modernos-, es que el itinerario se nos presenta como
instrumento descriptivo, pero también como concepto analítico y marco de
interpretación. Retomando los aportes de los geógrafos, podemos intentar una
definición propia de itinerario que contenga a la vez las disputas de poder por el
control de la espacialización del tiempo y la temporalización de las movilidades
expresadas espacialmente.
Por un lado, es Raffestin quien nos brinda la posibilidad de pensar que un
territorio puede ser definido a partir de múltiples poderes, incluyendo el control
estatal, que, aunque operan desigualmente, expresa diferentes
territorializaciones. Algunas de ellas se imponen como predominantes, pero sin
terminar eliminando a otras, sino como expresa Sack, re-territorializando
aunque de manera menos visible. Es el itinerario operando al mismo tiempo
como contigüidad o como red -o ambas- el que puede llegar a describir un
recorrido que reconstruye diferentes continuidades territoriales, como el caso
de los relatos de Catrïlaf. De la misma manera, otras crónicas -decididamente
así definidas en tanto género- tampoco describen una única territorialidad, sino
diferentes programas políticos que se diseñaron para operar en los “márgenes”
de Norpatagonia (no siempre coincidentes entre sí), estableciendo los actores
que se debían incluir y a los que se debían excluir, las disputas o coincidencias
por establecer los signos del límite entre el centro y la periferia, así como los
diferentes centros y periferias internas, así como las formas de control sobre el
acceso a los flujos, personas y objetos, tal como especifica Sack. Retomando a
Haesbaert, el énfasis de lectura colocado para definir los términos de
construcción de territorialidad -jurídico-política, simbólica-cultural o económica-
también definirá qué tipo de rasgo se resalta en la construcción del itinerario del
cronista y en el análisis de esos itinerarios o, trayendo la definición de Santos,
será en la funcionalidad o uso del territorio donde radicará la significación del
tipo de itinerario reconstruido.
Es aquí donde una definición de itinerario que incorpore la dimensión
territorializada del espacio podría complejizar un tipo de georreferenciamiento
multi-escalar que permita aproximarse a evidenciar cómo ciertos territorios
permanecen o han sido invisibilizados pese a que, en tanto forma, el espacio
continúe siendo similar o inalterado. Sin embargo, aun potenciando las
capacidades performativas del “itinerario” como una perspectiva o expectativa
187
de análisis, es aún complejo historizar cartográficamente a partir de una idea
de movilidad que sólo reconoce la conexión y continuidad territorial a partir de
la unión entre puntos cartográficamente ubicables. Es necesario, entonces,
incorporar una idea de trayectoria que permita incorporar en la reflexión las
diferentes formas de construir, habitar y transitar un territorio, analizando cómo
las diferentes imposiciones estatales y sus resignificaciones habilitan la
construcción de formaciones espaciales complejas.
Siguiendo los aportes teóricos de Massey (2000; 2005), el espacio y el lugar
deben ser entendidos como constantemente producidos por las personas que
habitan y viven su cotidianeidad en este espacio-lugar. Desde esta perspectiva
el individuo es un agente activo en esta continua reconfiguración y
reconstrucción (Massey 2005). Asimismo, el espacio se va construyendo como
una configuración (simultánea) de múltiples trayectorias las cuales se
resignifican en el transitar de las personas (Massey 2000). Estamos en
presencia, por lo tanto, de espacios que dan cuenta de una doble construcción
que implica, por un lado, la construcción física y material del espacio, y por
otro, la construcción de las interpretaciones, percepciones y sentimientos que
sobre ese espacio se despliegan. Es decir que los lugares son tales en tanto
son habitados, transitados y significados; en la medida en que internalizan
historias, memorias, identidades (Gieryn 2000). El espacio debe ser entendido,
entonces, como construido culturalmente, como practicado por quienes lo
habitan, y como performativo de quienes lo habitan. Estos espacios pueden ser
flexibles y cambiantes en relación a diferentes condiciones sociales, culturales
e históricas, pueden ser también, siguiendo a Gieryn (2000), impugnados,
cuestionados y resistidos, o re-territorializados.
En oposición a la fijeza expuesta en los mapas y la supuesta neutralidad y
legitimidad de las diferentes crónicas, para problematizar el sesgo en nuestro
“gesto de traducción” es que proponemos adoptar una manera diferente de
abordar el espacio y los mapas, intentando echar luz sobre los procesos
históricos e ideológicos que los produjeron. Si entendemos los “lugares” como
sitios de luchas de poder con historias de anexión, incorporación y resistencia
(Feld y Basso 1996: 4), se torna necesario intentar comprender el “sentido de
lugar”, la percepción y la experiencia de/sobre lugares particulares, las formas
en que se llenan de significados esos lugares, así como también, las relaciones
188
sociales que los producen. Desde esta perspectiva el lugar es “a la vez
espacial y temporal, personal y político, [pues] se trata de historia sedimentada
en una localidad, repleta de relatos y memorias […] se trata de mirar las
conexiones, lo que lo rodea, aquello que le ha dado forma, lo que allí sucedió y
lo que habrá de suceder” (citado por Cresswell 2004: 40).
A esa noción de lugar, se suma la propuesta de Timothy Oakes (1997) a favor
de definir “lugar” como el espacio local de la actividad o de la acción inmediata
de un agente, por un lado, y el espacio local de las identidades significativas,
por otro. Así expresado, la noción de lugar nos permite un abordaje analítico
del espacio como vinculado a las vivencias y convivencias definidas localmente
por lo cotidiano. De esta manera, el territorio tendría como referencia el lugar,
sin perder de vista las relaciones de poder que operan territorializando, aunque
con límites más o menos visibles y permanentes. Siguiendo la perspectiva
propuesta por Virginia Manzanal y su equipo (Manzanal 2007) para abordar los
procesos sociales rurales, podría pensarse en un análisis comparado de
fuentes documentadas en el género de la crónica -o relatos como el de Catrïlaf-
como espacios multiterritorializados donde emergen diferentes territorios-zona
o territorios-red, con múltiples escalas y formas de articulación (Haesbaert
2010). Más que fijar la experiencia en el itinerario -aún en su versión
complejizada-, sería abordar la experiencia de construcción de lugar y
territorialización donde ingresan diferentes marcos de interpretación y
convivencia en la disputa por el control y el acceso de un territorio.
Palabras finales
189
espacio y la memoria narrada sobre el transitar/habitar en él. Este presupuesto,
en esta práctica particular de traducción cartográfica, epitomizaba en
“itinerarios” las memorias y experiencias sociales disponibles y que formaban
parte de nuestro corpus ampliado. Así su georreferenciamiento puede
interpretarse como un forzamiento desde la aplicación de un marco común de
interpretación. Desde el cual pensar en “itinerarios” no sólo implica concebir un
único modo particular de desplazamiento en el espacio/tiempo sino que
constituye una perspectiva o expectativa de análisis que unifica y estructura
estos relatos y colabora hacia la construcción de un espacio como marginal.
Este, la Patagonia norte, es conocido y construido desde desplazamientos,
desde avances del progreso o desde momentos apocalípticos para ciertas
formas de vida y de pensar el espacio. En el desarrollo de nuestro proyecto, la
aplicación de nuestra herramienta de trabajo se detiene, traba y enfoca en la
producción de estos sentidos históricos particulares diversos, en tensión,
conflicto y/o relación.
Por lo tanto, nos permite avanzar en el abordaje de esta relación entre el poder
y las diferentes formas de construir sentido social de un espacio, parte
sustancial de nuestro objeto de investigación.
190
Bibliografía
191
La georreferenciación de la cartografía histórica: La provincia de Chubut
en los años 1883 - 1889 - 1904 - 1928 - 1945 - 1955
Resumen
Mail: cristinamassera@[Link]
192
mancha para producir mosaicos. El trabajo puede ser siempre mejorado,
aplicando técnicas para generar productos de mayor precisión.
Introducción
1
En especial quiero agradecer al personal de la Biblioteca del Instituto Geográfico Nacional de
Argentina, por su colaboración junto al tiempo cedido para la búsqueda y asesoramiento sobre
los documentos cartográficos históricos.
193
El objetivo del presente trabajo es la georreferenciación de los documentos del
IGN y facilitar la búsqueda de información utilizando los SIG para la gestión de
una cartoteca, teniendo en cuenta que no persigue la localización exacta de los
elementos geométricos representados en cada mapa, sino la utilización de los
mapas como insumos para el análisis espacial y temporal del territorio.
El resultado final del trabajo es obtener las coordenadas que permitan calcular
la rectificación de las imágenes, considerando que en las series no se han
recortado los mapas por el límite de la mancha, pero que la integración de los
mapas de Chubut en el SIG con su correspondientes coordenadas, permitirá a
los investigadores generar estudios relacionados con la historia del territorio. El
trabajo puede ser mejorado, aplicando técnicas para generar productos de
mayor precisión.
La georreferenciación
Materiales y métodos
194
- Plano Catastral de la Gobernación del Chubut, año 1904.
- Plano del Territorio Nacional del Chubut, año 1928.
- Mapa del Territorio Nacional del Chubut, año 1945.
195
- Los puntos deben estar separados unos de otros y estar homogéneamente
distribuidos en todo el mapa. (Roset, 2012)
196
incrementado cuando al digitalizar el documento no se han utilizado equipos
apropiados. Además hay que añadir los errores geométricos propios de los
instrumentos y las técnicas que se utilizaron en su época para realizar el mapa.
Por medio de la lectura e interpretación de la cartografía histórica de la
provincia de Chubut se identifican los siguientes elementos:
2
El año se obtiene de la revisión de libro que contiene el mapa.
197
2. Plano Catastral de la Gobernación del Chubut, año 1904.
Elaborado por el ingeniero U. Greinber, en el año 1904. En el mapa se
destacan las escalas gráfica y numérica 1:750.000. Se observan leyendas
marginales que aumentan el detalle de la información contenida en el mapa.
(Figura Nº 2). La mensura catastral divide al territorio según catastro. En el
plano catastral de la gobernación del Chubut se detalla la división parcelaria
con letras y las colonias con su correspondiente parcelamiento.
198
En el margen izquierdo se destacan con mayor detalle y escala gráfica los
elementos del territorio que a continuación se nombran:
a) Colonia San Martín.
b) Colonia Sarmiento.
c) Ensanche Colonia Sarmiento.
En el margen inferior se destacan con mayor detalle y escala gráfica los
elementos del territorio que a continuación se nombran:
a) Pueblo Camarones.
b) Pueblo Gaiman.
c) Pueblo Sarmiento.
d) Pueblo Comodoro Rivadavia.
e) Pueblo Puerto Madryn.
f) Colonia Chubut.
g) Pueblo Rawson.
h) Pueblo Trelew.
i) Explotación del Petróleo, Distrito Fiscal y Compañías Particulares, Comodoro
Rivadavia.
Figura N° 3: Plano Catastral del Territorio Nacional del Chubut. Año 1928.
Fuente: Elaboración propia por medio del relevamiento de documentos cartográficos
obtenidos en la biblioteca del IGN en agosto del 2013.
199
4. Mapa del Territorio Nacional del Chubut, año 1945.
El mapa del Territorio Nacional del Chubut preparado e impreso por el Instituto
Geográfico Militar en el año 1945 (Figura Nº 4), a escala 1:500.000, presenta
escala gráfica, referencias y abreviaturas, mapa de ubicación relativa, y la
división política por Departamentos.
La geomorfología está representada por líneas hipsométricas. Contiene
elementos planimétricos y altimétricos.
Conclusiones
200
sencillas que requieran poco trabajo y obtengan buenos resultados, tanto en
precisión como en aspecto visual. Cuando los documentos no tienen una
precisión homogénea, es necesario recurrir a transformaciones polinómicas de
grado dos o superior para mejorar la precisión. Una rectificación polinómica de
este tipo es, desde el punto de vista geométrico, más precisa que el resto de
métodos, si bien cuando se trata de la gestión de cartografía antigua, no sea la
más adecuada; en primer lugar porque necesita de un trabajo adicional para
identificar muchos puntos homólogos y por otro lado, porque el resultado puede
tener distorsiones excesivas que impidan la legibilidad. Por ello es preciso tener
en consideración los recursos disponibles y la finalidad del documento obtenido
para realizar este tipo de transformación.
La georreferenciación de documentos produce una reducción de la calidad de
la imagen debida al remuestreo de los píxeles. Para reducir este efecto, es
conveniente disponer de una resolución de escaneado inicial suficientemente
alta para garantizar la calidad del documento final. Por otro lado no es
conveniente realizar rectificaciones sucesivas, ya que aumentan el efecto
negativo del remuestreo. Una opción es georreferenciar el documento cada vez
que se visualiza, permitiendo así visualizar el documento en distintos sistemas
de coordenadas y proyecciones cartográficas, si bien tiene el inconveniente de
ser un proceso lento.
El resultado de cualquier georreferenciación puede ser siempre mejorado, ya
que se pueden seleccionar más puntos homólogos, aumentar el grado del
polinomio utilizado, utilizar técnicas como los mínimos cuadrados para la
gestión de errores, etc., pero cuando el volumen de documentos es muy
grande y la finalidad de la georreferenciación es la gestión de información en
una cartoteca o en un archivo, parece aconsejable no recurrir a métodos que
consuman grandes recursos y cuyo resultado final deforme la imagen o
ralentice los procesos de búsqueda, dejando para trabajos de investigación
concretos la realización de georreferenciaciones precisas.
El uso de los SIG como herramienta de análisis, es importante en el estudio de
los procesos históricos, principalmente los que están estrechamente ligados
con el territorio. De esta manera los SIG pueden ayudar en la representación
cartográfica de algunos elementos históricos, muchos de ellos que pueden ser
confusos, si no se cuenta con la ayuda de un mapa.
201
La historia tiene mucho que aportar en el manejo de los SIG, en el sentido de
que existe una importante reflexión desde la historia acerca de la importancia
de la geografía en los procesos históricos. En este sentido, la implementación
de los SIG en la historia puede ser una herramienta importante para fortalecer
muchas hipótesis elaboradas desde esta perspectiva.
Citas bibliográficas
202
Capítulo
“Mundo del trabajo y trabajadores/as
en perspectiva comparada:
Balances, aportes y desafíos”
Coordinadores de mesa: Daniel Cabral Marques (GEHiSo-UNPSJB) y Enrique
Mases (GEHiSo-UNCo)
203
El trabajo infantil rural en la Norpatagonia de 1900 a 1943. Un
acercamiento desde la bibliografía
Introducción
En los últimos años los temas acerca de la infancia y la niñez han tenido un
notable crecimiento en el número de especialistas que investigan sobre ellos.
Si bien es cierto, existen trabajos sobre estos temas desde hace varias
décadas, estos, desde las ciencias sociales, habían realizado un abordaje
amplio y extenso. Así desde la sociología, la psicología y la antropología, hay
estudios clásicos y que forman parte de una inevitable lectura al acercarse a
estudiar estas temáticas.
Desde la historia ha tenido un avance constante, como señalan dos
especialistas en el tema “la historia social de la infancia ha sido una de las
contribuciones disciplinares más prolíficas y sugerentes de los últimos
tiempos”.1
Estos autores sostienen que hubo una ruptura del silencio que le permitieron
visibilidad y presencia a un universo, el cual ahora, desde nuevas perspectivas
invitan a una reflexión, superando la visión “oficial” de las instituciones públicas.
Es necesario reconstruir “los discursos, políticas y acciones que pretendieron
normalizar la condición de ese sector etario”, esto sostenido por
investigaciones que “la conviertan en sujetos de su propia historia”.
La niñez, vista entonces tanto como categoría y sector social, hay que seguirla
en un “complejo entramado vincular”, de difícil acceso, y al que usualmente “es
posible solo mediante lecturas «oblicuas» de fuentes que permiten llegar a él
de maneras indirectas”.2
Este texto que citamos de Lionetti y Míguez, consideramos que es una
excelente introducción bibliográfica para todo aquel interesado en informarse
sobre un estado de la cuestión en relación al amplio tema de la historia de la
infancia en ámbitos europeos, americanos y en especial de Argentina.
204
Repasa algunos clásicos del tema, realizando un balance sobre sus aportes al
conocimiento histórico, y señala puntos que van trabajando cada uno de ellos,
tales como:
“(...) las representaciones sociales de la infancia que tiene una comunidad dada
constituyen un conjunto de saberes implícitos y cotidianos que se manifiestan
como una realidad psicosocial” (…) “las representaciones caracterizan a
quienes las expresan y tienen un efecto sobre aquellos que son designados.”
“La categoría infancia surge, entonces, como toda representación colectiva, de
los esfuerzos cognitivos que realizan los miembros de la sociedad en sus
intentos por ordenar intersubjetivamente el fluir de la experiencia cotidiana.”
“(…) la construcción de las representaciones de la niñez ocurre como una
compleja trama en la que se reproducen, a su vez, las bases consensuales de
la sociedad y formas de cooperación ente grupos sociales, pero donde también
operan relaciones de fuerza y estrategias de dominio.”3
Estos autores dividen a rasgos generales las tendencias de los estudios sobre
la infancia, comenzando por la que se inicia en los años 60, “cuando las
formas, valores y acuerdos sociales hicieron posible que la preocupación de los
historiadores por dar «visibilidad» a la niñez en distintas realidades sociales”, y
allí es donde avanza la obra de Philippe Ariès.
Según esta perspectiva, la infancia desde el punto de vista moderno aparece
en los siglos XVI y XVII. Los siglos anteriores fueron de relaciones afectivas
poco densas, el niño era socializado por parte de la familia y parte por “un
medio difuso pero culturalmente homogéneo”, y que esencialmente eran los
valores de los mayores los que aprendían. Se movía con los de su edad, y
según Ariès a medida que se descubría la niñez, su libertad disminuía, en
particular hay una “pérdida de libertades y el avance de la escuela sobre los
tiempos de la niñez”, sobre todo de la burguesía, la niñez que pasa a ser
medicalizada y escolarizada, se “vuelve encerrada”.4
En los años de 1970 la tesis psicogenética de Lloyd De Mause “intenta derribar
este argumento de que los niños serían más felices en el Antiguo Régimen”
(…) “que cuando más se retrocede en la historia más bajo es el nivel de la
205
atención al niño y más probablemente hallaremos niños asesinados,
abandonados, golpeados, aterrorizados y abusados sexualmente”.
Según estos autores los cambios en la historia no serían la economía o la
tecnología sino “los cambios psicogenéticos de la personalidad resultantes de
interacciones de padres e hijos en sucesivas generaciones”. 5
En los años 80 las críticas a las posturas citadas apuntan hacia que las
relaciones entre padres e hijos a través de la historia no fueron por cambios
dramáticos sino por pequeñas mutaciones. “Los padres siempre amaron a sus
hijos. La familia fue una constante en la historia, capaz de defenderse a sí
misma, en su forma nuclear, contra la intrusión de la Iglesia y el Estado.”6
Las críticas se centran sobre todo en los trabajos de Ariès, y autoras como
Pollock, que con sus investigaciones que apelan a la teoría socio-biológica,
llega a la conclusión de “que no existieron transformaciones espectaculares en
las costumbres de crianza de los niños en el siglo XVIII”. 7
El desarrollo de diferentes abordajes a la problemática de la infancia, tales
como la historia social, la historia de la pedagogía, y la psicología social,
demuestran que no existe una sola concepción de la infancia, que esta ha
cambiado y ha variado según las condiciones socio-históricas. Lionetti y
Míguez sostienen que “es posible afirmar que la concepción de la infancia
guarda coherencia con la sociedad vigente”.8
Sandra Carli ha analizado el impacto del psicoanálisis en la historia de la
infancia, “en particular, lo referido a la cuestión del sujeto, la relación entre
psicoanálisis e historia y la dimensión intergeneracional del sistema
educativo”.9
Los autores que estamos siguiendo, mencionan el aporte en el contexto
latinoamericano de un grupo de juristas, sociólogos y pedagogos, los que
estudiaron “lo relativo a la cultura y a los mecanismos del control socio-penal
de la infancia desde el momento de la colonización hasta la aparición de las
5 DE MAUSE, Lloyd Historia de la infancia, Alianza, Madrid, 1994, p. 17, citado en LIONETTI y
MÍGUEZ, p. 12.
6 LIONETTI y MÍGUEZ op. cit., p. 13.
7 POLLOCK, Linda A. Los niños olvidados. Relaciones entre padres e hijos de 1500 a 1900,
FCE, México, 1990, p. 119, citado en LIONETTI y MIGUEZ op. cit., p. 14.
8 LIONETTI y MÍGUEZ, op. cit., p. 15.
9 CARLI, Sandra Niñez Pedagogía y política. Transformaciones de los discursos acerca de la
infancia en la historia de la educación argentina entre 1880 y 1955, Miño y Dávila, Buenos
Aires, 2005, citado en LIONETTI y MÍGUEZ, p. 16.
206
primeras leyes específicas de la «menor edad»”. Asumen una perspectiva
jurídica de la historia de la infancia, la que no es más que “la historia de su
control”, estudiando los mecanismos “punitivo-asistenciales” que la inventan,
modelan y reproducen”. La crítica que le realizan a esta visión es que a la letra
de la ley le dan una excesiva capacidad preformativa, “y a no contemplar los
complejos procesos por los cuales las pautas de vinculación social en parte
proceden y se plasman en la institucionalidad legal…”.10
10 Ídem, p 17.
11 Ídem, p. 19.
207
perspectiva normalizadota debía otorgársele a la infancia para que lograra una
integración social plena”.12
Algunos estudiosos pasan a ver la infancia como un período de adaptación a
los hábitos de trabajo, y en la que si bien es cierto que incluía una
escolarización, esta era vista como una manera de preparar al niño para su
vida futura, y tan es así que “los hijos de los pobres constituían un valor
económico para sus padres. Esta opinión permaneció hasta el siglo XIX y solo
en el siglo XX se aceptó que los hijos de todas las clases son un gasto más
que una ventaja económica para sus familias”. En esta época los publicistas
comienzan a ver a los hijos con derechos a una experiencia de infancia, “como
una etapa determinada de la vida con su propia dinámica y su propia cultura
(…) y tiene el poder de moldear y determinar la vida del adulto”.13
Al respecto una aproximación desde la antropología nos dice que “el trabajo de
los menores depende, por un lado, de las características socioeconómicas de
las familias de las que forman parte y, por otro, de las características
específicas del contexto económico regional y nacional. Estas determinan la
forma, oportunidad y rasgos particulares que asume el trabajo infantil”. 14
12 Ídem, p. 20.
13 LIONETTI y MÍGUEZ Ob. Cit. Pág. 14 -15.
14 MAUREIRA ESTRADA, Fernando “El trabajo infantil: una aproximación antropológica” en
ROBICHAUX, David -compilador- Familia y Diversidad en América Latina. Estudios de casos.
CLACSO, Buenos Aires, 2007
208
incluye a la infancia, pero también a la adolescencia. Esta última es un período
evolutivo particular de desarrollo que tiene características diferentes de la
infancia y se extiende de los doce o catorce años de edad hasta los dieciocho
aproximadamente.”15
La salida que opta este historiador evita el aumento de los equívocos en las
definiciones, ya que introducir precisiones demasiado ajustadas a la edad
biológica de los infantes traería mayor confusión, necesitando aclaraciones
constantes.
209
Los niños que trabajan en Argentina
210
de encuentro entre el Estado y la familia”, y entre los avales más relevantes se
encuentra “el estado físico, en cuanto aptitud deseable para el desempeño”, y
por otro lado “el nivel de alfabetización, es decir el nivel de escolaridad
alcanzado”, así la patria potestad tuvo dos ámbitos de ejercicio, dentro de la
familia, “a través del padre” y por el Estado “a través de instituciones
sostenidas por él”.
El trabajo infantil que ese analiza es el urbano, de la ciudad de Buenos Aires y
el período es de 1900 a 1940.
Estas investigadoras se proponían en ese momento “visualizar el
comportamiento del Estado frente al mercado laboral del menor en relación a la
familia y sus atributos específicos, así como su vinculación con la institución
extrafamiliar: la escuela”.
Para analizar la relación de la tríada familia-instrucción-trabajo se tiene en
cuenta “las acciones médico-higienistas abordadas por el Estado como
mecanismo de control social”.20
20 PAGANI, Estela y ALCRAZ, María Victoria Mercado laboral del menor (1900-1940), Centro
Editor de América Latina, Buenos Aires, 1991.
21 ARGERI, María y CHIA, Sandra Bajo la lupa del poder. La vida cotidiana en los “hogares
boliche” del Territorio del Río Negro, Norpatagonia, 1880-1930, Boletín Americanista,
Barcelona, 1997.
211
depositados o bien en “casas decentes” cumpliendo tareas rurales y
domésticas, o bien en los conventos de la orden salesiana -que hacían las
veces de depósitos o reformatorios-, siendo utilizados como mano de obra en
los diferentes talleres de carpintería, tejeduría, etcétera. En efecto, la
redistribución de los menores fue uno de los ejes principales de la política de
proletarización, y por tanto de destrucción de los grupos domésticos”.
En otro trabajo relevado, Argeri 22 dice que investigación busca mirar historia de
jóvenes mujeres, en el que “se analizan instantes fugaces en la vida de varias
menores que estuvieron internadas en casas «decentes» y en conventos de
monjas, a disposición del poder judicial, a principio del siglo XX, en el Territorio
de Río Negro”. La figura jurídica del depósito, cuya tradición se remonta al
derecho Indiano de la época colonial en Hispanoamérica, era la manera de
proveerse de mano de obra infantil, y dice la autora que “bajo la excusa de
regenerar los hábitos que habían aprehendido en sus respectivos núcleos
familiares, su vida estuvo sujeta a un permanente traslado, cuyo destino era
decidido por sacerdotes, jueces de menores, agentes policiales y tutores,
quienes controlaban de hecho, los circuitos de mano de obra forzada juvenil,
constituyendo una oferta amplia que satisfizo tanto la demanda de trabajo
sexual -para diferentes prostíbulos del país- como la doméstica -empleada en
la esfera privada y en los conventos y colegios religiosos de mujeres.”
Argeri habla de “servidumbre femenina”, disimuladas ahora bajo los
presupuestos modernizadores de las normas y la moral pública en la sociedad
republicana. En Patagonia la ocupación de los territorios indios trajo aparejada
“la construcción de un nuevo orden y con ello la imposición de una nueva
legalidad, que trastocó todos los planos de la vida cotidiana”.
¿Cómo actuó el Estado en su disciplinamiento? Según Argeri “se caracterizó
por la diferenciación sexual, en el momento de decidir la imputación, el
procesamiento y la pena. Los varones fueron considerados sujetos vagos y
peligrosos. Las mujeres, sospechosas por su sola condición femenina, fueron
acusadas de libertinas y prostituidas, que debían ser sometidas a la tutela y
dominio de los varones, o en su defecto controladas directamente por el Estado
y la Iglesia”.
22 ARGERI, María E. Las niñas depositadas. El destino de la mano de obra femenina infantil
en Río Negro a principios del siglo XX, en Quinto Sol Nº 2, 1998, pp. 65-80.
212
Así los menores de ambos sexos fueron entregados para trabajar, en el caso
de los varones, “como peones para los comercios y las empresas rurales. Las
menores tuvieron un destino más incierto, sometidas a la explotación
económica y sexual”.
Un investigador que está abordando la temática del trabajo infantil es Masés.23
En este artículo este autor tiene como objetivo “repasar la mirada que distintos
actores tuvieron respecto al trabajo infantil” durante el período estudiado y las
controversia que se suscitaron a partir de las diferentes posturas y opiniones.
Realiza una introducción general, repasando algunos trabajos en el que se
analizan los papeles que le han cabido al Estado, y su accionar a través de la
educación y los institutos de menores. Una diferencia central para MASÉS es la
antinomia “niños” vs. “menores”, lo que es toda una forma de mirar esta
realidad de la niñez desde una perspectiva jurídica, la que es hegemónica. Son
“niños” aquellos que tienen una familia que los contiene y son “menores” los
que han pasado por la órbita de la judicialización.
En la época analizada (entre los años 1900 - 1945), es opinión compartida, casi
unánimemente, el valor del “trabajo infantil como regenerador”. El temor a los
hijos de las familias trabajadoras en la calle, y al “caldo de cultivo” para la
vagancia y la delincuencia que era el ocio prolongado en estos sitios, hace que
el Estado intervenga.
Es notorio como en lugares alejados de la ciudad de Buenos Aires y la zona
central de Argentina, la preocupación de los niños “callejeros” era compartida,
tal como coloca el testimonio del diario La Capital de Viedma en 1922, que
llama a la calle “la escuela del crimen”. Quizá valga preguntarse si realmente
el problema era tan relevante en la capital del Territorio de Río Negro, o si de
alguna manera respondía a un “clima de época”, lo cierto es que en todos los
lugares las recetas y salidas eran similares: la educación y el aprendizaje de
oficios manuales era la respuesta.
En una parte del desarrollo de este trabajo Masés señala la importancia que
tiene el defensor de Menores, el que recibía los menores y luego los distribuía
entre las familias sustitutas y otros en establecimientos correccionales.
213
Estos Depósitos de Menores fueron “un significativo mecanismo de provisión
de mano de obra infantil”, los que eran distribuidos en guarda a tutores que los
ocupaban como peones o sirvientes.
Fue esta la forma en que se repartieron los niños y niñas indígenas, pues para
su integración usaron “dos instrumentos jurídicos… el matrimonio civil y la
patria potestad”. En esto cita a Argeri,24 afirma que la policía y la justicia
actuaron despiadadamente con las familias que estaban solas o con mujeres
que estaban emparentadas, y al no haber estado casadas legalmente no podía
ejercer patria potestad sobre su prole, además eran acusadas de “libertinas”.
La consecuencia era la pérdida de sus hijos, los que eran enviados a trabajar
en “casas decentes”.
Sabemos que tanto Masés como Argeri han trabajado en temas relacionados a
la traumática relación blancos-indígenas, a fines del siglo XIX e inicios del XX,
por lo que de sus estudios se puede obtener información relevante para
cualquiera que se acerque a estudiar la problemática de la niñez.
En su estudio Masés analiza el papel de la Congregación Salesiana, y la
importancia que tuvo en Patagonia la obra fundada por Don Bosco, en proveer
mano de obra especializada para la empresa petrolera estatal YPF.
También pasa revista a las posiciones claramente definidas de anti-trabajo
infantil de los socialistas y de los anarquistas. Pero se diferenciaban en que los
anarquistas “rechazaban la escuela pública y toda legislación sobre la materia”.
Analiza el proyecto de ley que llevó adelante Joaquín V. González, que
finalmente no satisfizo las expectativas de la mayoría de los actores. Masés
resalta que tanto en el proyecto González y en la ley 5291 de Alfredo Palacios
compartían “el dejar ex profeso fuera el tratamiento todo lo referido a los
trabajos que se relacionaban con el mundo rural”. Se argumentaba que allí no
era necesario cuidar la salubridad pues la vida sana que proporciona la
naturaleza era resguardo suficiente para los trabajadores niños y mujeres de
ese ámbito. Parece que el Informe Bialet Massé no hubiera existido.
En las consecuencias locales de estas discusiones Masés utiliza una serie de
fuentes regionales, periódicos, algunos de ellos de corta duración. Medios
como el Periódico Neuquén de Chos Malal, La Voz del Sud de Viedma-
214
Patagones, La Capital de Viedma, El Imparcial de Viedma o el Río Negro de
General Roca, cuyas crónicas sirven al historiador para mirar la vida en estos
lugares del país.
Otro hecho trascendente en esta temática es la promulgación de la 11317, del
año 1924, sobre trabajo femenino e infantil, que deroga la anterior, y avanza en
una serie de cuidados y protecciones sobre los menores.
Masés, hacia el final de su trabajo señala los obstáculos que tenían para el
cumplimiento de estas leyes, poniendo en primer lugar a la familia del niño
trabajador, no duda en colocarlo a trabajar si esto le significa una entrada
adicional al presupuesto familiar.
Por otro lado el Estado que entra en una serie de contradicciones en cuanto a
proteger la niñez y regular la inserción laboral, y esto se nota -dice el autor que
analizamos-, en dos cuestiones: “la educación obligatoria y en las condiciones
de vida y de trabajo”.
Un tercer sector que actúa a favor del trabajo infantil son los empresarios, con
su afán de maximizar su renta, actuaban en contra de la educación que
obligaba la ley nacional aprobada años atrás.
25 ROJAS FLORES, Jorge Los niños cristaleros: Trabajo infantil de la industria de Chile, 1880 -
1950, Santiago, DIBAM, 1996.
26 POBLETE NAUMANN, Sandra “Abandono y vagabundaje infantil en Santiago de Chile.
1930-1950”, en Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº 4, Invierno 2000, pp. 197-
228.
215
Cavieres F.27 observa el fenómeno de la mortalidad infantil en Valparaíso, y
como las estructuras sociales establecidas era la causa de este flagelo.
El fenómeno de la infancia abandonada viene siendo estudiado en América
Latina cada vez con mayor frecuencia, y se cuenta con estudios en Brasil,
México, Chile y Argentina además de otros países. Milanich28 analiza como
este fenómeno estaba visto y practicado en la cultura popular chilena y tan
altos los niveles de abandono de menores en la historia latinoamericana.
Con la misma temática y haciendo hincapié en un trabajo estadístico sobre la
Casa de Expósitos de Santiago de Chile, esta la investigación de Delgado
Valderrama,29 comparando con datos de otros lugares y observando por
ejemplo, los lugares de donde venían la mayoría de los niños abandonados.
Quien realiza una aproximación al tema de las estructurales familiares y trabajo
infantil durante el siglo XIX es Goicovich Donoso30 el que estudia el padrón
censal de la parroquia de Mincha en 1854, y con los datos intenta comprender
la tipología familiar de la realidad local, “y, muy particularmente, de la situación
de la infancia en dicha estructura”.
Salazar31 estudia la situación de la niñez abandonada y pobre y el maltrato que
se le brinda, ya sea este en forma directa o de maneras indirectas. Una obra
que da una visión general de la problemática de la niñez sola y su sufrimiento.
Finalmente damos cuenta del trabajo de Rojas Flores, 32 dividido
cronológicamente en seis períodos, en cada uno de ellos describiendo la vida
de los infantes de la época.
216
Algunas consideraciones finales
217
La niñez trabajadora en el mundo rural patagónico
Introducción
La infancia en el mundo rural, ya desde el siglo XIX, y aún en buena parte del
siglo XX fue percibida como un tiempo de adaptación a los hábitos de trabajo.
Incluía cierta escolaridad, pero esta estaba supeditada a la función de preparar
al niño para su predestinada vida de futuro. Más aún era asumido que los hijos
de los pobres constituían un valor económico para sus padres. Estas creencias
y certezas asentadas en la idea, en muchos casos de que los hijos son una
ventaja económica para las familias, también estaban presentes en el mundo
rural de la Norpatagonia.
Por lo tanto, en este espacio la infancia se caracterizaba por constituir un breve
periodo de años en la vida de las personas, por cuanto niños y niñas debían
iniciarse tempranamente en el trabajo agrícola ganadero o doméstico
mayoritariamente, colaborando con los adultos en sus labores cotidianas, o
bien incorporándose a un heterodoxo y heterogéneo mercado laboral, lo cual
situaba al trabajo como un espacio significativo de socialización de estos
grupos, cortando abruptamente su niñez para instalarlo en el mundo de los
“mayores”.
Sin embargo, no todos los actores involucrados, especialmente los adultos,
entendían que muchas de las tareas que desarrollaban los infantes eran trabajo
sino que lo caracterizaban como ayuda y otros incluso lo veían como una
práctica obligatoria, como un paso necesario hacia la adultez.
“Cuando en ese día del año 1911, mi hermano mayor me contó haberle
oído decir a papá que me llevaría con él a Cañadón Minerales, más al sur
oeste de Caleta Olivia, para traer un arreo de quinientas ovejas, que
desde hacía tres años le había dado a un amigo, Antonio Lestón, para
cuidar a interés, me emocioné mucho de la alegría. Era un viaje de sólo
unas treinta leguas, pero a mí se ocurría una gran aventura y me sentía
importante. Me daba rabia cuando Primitivo, el hombre que iba a quedar a
cuidado de la casa con mi hermano, le decía a papá que no me llevara,
218
porque era una macana llevar a un chico de sólo diez años, que se iba a
cansar mucho y ayudar poco. Pero papá no cedió, alegando que así me
iba a ir haciendo hombre…” 1
219
comercial en el resto no aparecen datos acerca de la actividad laboral de estos
pequeños trabajadores. Esto que es válido para el plano nacional también se
repite en la Patagonia con una excepción que vale la pena remarcar y es el que
tiene que ver con el censo nacional de 1895 de Tierra del Fuego. En el mismo,
tal vez por el escaso número de habitantes -sólo 447 personas- el total de los
censados están registrados con indicación de edad, origen y profesión. Este
criterio censal nos permite advertir la presencia de niños que a pesar de su
corta edad ya figuran con una profesión.3
Pero como señalamos precedentemente el caso del territorio fueguino es casi
una excepción que está acompañado en esa excepcionalidad por otras fuentes
dispersas y fragmentadas como son algunos censos policiales llevados a cabo
en el territorio de La Pampa. Por lo tanto el trabajo infantil aparece invisibilizado
en las estadísticas y por ende también en los repositorios oficiales.
Una segunda dificultad tiene que ver con la escasez de fuentes cualitativas
particularmente de repositorios oficiales por lo que entonces la búsqueda debe
centrarse en repositorios alternativos como lo son los archivos judiciales, los
que sí brindan cierta información a partir de aquellos expedientes que se
refieren fundamentalmente a accidentes de trabajo, o los que tienen que ver
con la Defensoría de Menores. Finalmente digamos que las entrevistas
personales sumados a testimonios insertos en memorias, ensayos,
autobiografías y en la prensa regional son también paliativos importantes que
ayudan a cubrir este vacío de información.
3 En Ushuaia: Sagastume Ramón (13 años) jornalero; Leitano Pedro (12 años) carpintero;
Ingoloti, Francisco (12 años) herrero; Cintani, Livio (13 años) herrero. En Harberton: Shucaiagu,
Julia (11 años) sirvienta; Galarium, Edward (11 años) peón. Fuente: Censo Nacional de 1895
de Tierra del Fuego. Citado por BELZA, Juan E. En la isla del fuego 2° Colonización. Buenos
Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, 1975. pp. 41-48.
220
Precisamente estas características nos obligan a diferenciar en primer lugar
entre una trabajo de tipo doméstico o en el seno de una economía familiar de
aquel donde el niño o púber vende real o figuradamente su fuerza de trabajo;
diferenciándose estos dos a su vez de un tercero que tiene que ver con aquel
comprendido en instituciones estatales o religiosas y de un cuarto que son los
niños incluidos en los repartos judiciales.
Por lo tanto, resulta necesario cuando nos referimos al trabajo infantil en el
ámbito rural prestar especial atención a una serie de consideraciones o
advertencias previas, que nos permiten abordar con cierta justeza un escenario
laboral multiforme y ampliamente heterogéneo.
Cada una de estas modalidades implica condiciones y relaciones diferentes
entre el propio actor y el mundo laboral en el cual está inmerso, pero también la
percepción de los adultos respecto a la actividad que realizan estos peculiares
trabajadores es totalmente distinta.
221
registra en el personal empleado en explotaciones agropecuarias, la suma del
trabajo infantil es de 2.779 niños,5 los cuales representaban un 15,9% del total
de trabajadores rurales para ese año. Si se comparan estos datos con los
informes recabados por las oficinas de policía del Territorio6 daremos cuenta de
que el número de menores es similar a los registrados por el Censo y podemos
argumentar con mayor solidez que el porcentaje de mano de obra infantil
empleada para las cosechas en 1914 oscilaría entre un 14,6% y un 15,9% de
los trabajadores rurales durante ese año.
Lamentablemente en estos datos que otorgan los censos no están
discriminados el porcentaje de trabajo familiar y remunerado, pero no obstante
esta ausencia, igual podemos concluir que la mano de obra infantil es un
5 Tercer Censo Nacional. Levantado el 1° de junio de 1914. Talleres Gráficos L. J. Rosso. Bs.
As. Año 1916: 582.
6 La población obrera censada por la policía en 1914.
Población Obrera (sin discriminar
actividad)
Mayores de 15 Menores de 15
años años Total
Comisaría de Macachin 2600 600 3200
Comisaría de Victorica 222 222
Comisaría de Cuchillo – Co 350 350
Comisaría de Castex 3000 3000
Comisaría de Parera s/d
Comisaría de Uriburu 200 20 220
Comisaría de Gral. Pico 500 250 750
Comisaría de Guatraché 2736 1064 3800
Comisaría de Puelches 200 200
Comisaría de Realico 2540 460 3000
Comisaría de Trenel 150 150
Comisaría de Pichi
Mahuida 200 20 220
Comisaría de Quemú-
Quemú 540 25 565
Comisaría de Bernasconi 135 135
Comisaría de Int. Alvear 510 240 750
Comisaría de Gral. Acha 1800 1800
Total 15683 2679 18362
222
componente con cierta significación en el período de cosechas en el mundo
rural pampeano.
7 TRONCOSO, Ana María Todavía No. El proyecto civilizador entre las prácticas sociales y las
estrategias de resistencia, de negociación y de apropiación en la meseta norte chubutense
(1900-1970). Tesis Doctoral, p. 196.
223
para el caso del territorio pampeano en sus crónicas para el periódico Pampa
Libre: “(…) Los chacareros más activos y que conocen las tareas agrícolas
suelen trabajar ellos mismos, conchabando según la extensión de la chacra
uno o más peones. La mujer o esposa del chacarero hace de sirvienta en todas
las tareas de la población y los hijos tienen que cuidar los chanchos, las
gallinas, las vacas, las ovejas y hasta hacen de boyeros. Regularmente el hijo
mayor cuando es práctico sirve de látigo o capataz de los peones durante la
arada y la siembra…”8
Sin embargo, no todas estas tareas que realizaban los niños eran consideradas
en el seno familiar como trabajo. Por el contrario en muchos casos se utiliza la
palabra “ayudar” refiriendo a una colaboración que además resultaba formativa
en las cuestiones vinculadas a la vida familiar. Acarrear agua y leña, depostar
animales, carnear, juntar verduras de la quinta no se consideraban trabajos
sino colaboraciones de la vida cotidiana.
Por trabajo se entendía las actividades vinculadas al juntado de la majada,
encierro de las chivas, esquila, baño, y todo lo que se refiere a “mejoras”
(cercos, pozos, zanjas), todo lo que se relacionaba a la vida económica
productiva y al mercado, es decir, la que se refería a las ovejas y chivas.9
Pero también se utiliza la palabra “trabajar” cuando se hace referencia a la
salida de los jóvenes del núcleo familiar para incorporarse al mercado de
trabajo ya sea como peones, esquiladores, empleadas domésticas o
mandaderos, todas actividades que son remuneradas.
Dentro del trabajo infantil familiar una forma bastante difundida es la actividad
que llevan adelante niños que no forman parte de la familia biológica pero que
sí la integran circunstancialmente, que su incorporación a la misma deviene de
diferentes situaciones y tienen distintas acepciones. Estos son los
denominados agregados o entenados, los prestados y finalmente los criados.
8 Periódico Pampa Libre. General Pico. Año IV. Nº 87. Junio de 1926. “El trabajo agrícola y los
colonos”.
9 TRONCOSO, Ana María. Op. cit. P.196.
224
Según A. Troncoso, cuando los niños quedaban huérfanos, al menos sin su
madre y no había otros parientes cercanos, como abuelos o tíos que los
criaran, o que lo reclamaran para seguir con su crianza, era común que fueran
a parar a la casa de un comerciante o de un hacendado de los notables del
pueblo que lo solían agregar a la familia para servicio doméstico y atención de
la casa y la familia.10
En cambio, los niños prestados son aquellos infantes que hacen un proceso
formativo, al salir de su casa y prestar servicios (las niñas en las tareas
hogareñas, los varones en el campo) cumpliendo compromisos contraídos
entre familias pero sin remuneración.
Finalmente tenemos los denominados criados o criadas que son aquellos niños
y aún púberes, que migraban del núcleo familiar hacia otros hogares que
podrían ser de parientes o padrinos en el mejor de los casos o en casa de
patrones, que los terminaban de criar enseñándoles diferentes tareas. Si bien
los criados podían ser de distintas edades en general el grueso de ellos
transitaban la pubertad o la adolescencia.
10 Ídem.
225
debe recurrirse a la contratación de trabajadores migrantes, los que en general
provienen de Buenos Aires y demás provincias argentinas pero
fundamentalmente de Chile.
Igualmente muchas veces y al ser esta oferta poco constante, se repiten los
picos de escasez de mano de obra y entonces tanto chacareros y empresarios
como gobierno, deben apelar a distintos mecanismos para asegurar una oferta
suficiente de mano de obra que cubra las demandas de la actividad.
De esta manera, a recurrente escasez de mano de obra en tiempos de cosecha
sumado a la posibilidad de abonar salarios menores por la característica de la
mano de obra alentaba a no pocos chacareros a proveerse de este tipo de
trabajadores tal cual lo ejemplifica la siguiente misiva enviada por un importante
productor del Alto Valle al administrador de las obras del dique Neuquén que
incluía el campamento obrero.
226
Nota: En la actualidad tenemos unos cinco muchachos de Cordero que se
encuentran contentos y en perfecta salud.- VALE (…)11
11 Nota del propietario del establecimiento frutícola “La Mayorina”, Sr. A. Mengelle al
administrador de las Obras del Dique Neuquén del 4 de febrero de 1927. En Museo del Agua.
Archivo de Agua y Energía. Obras del Dique Neuquén. Documentos varios.
12 Fuente: diario Río Negro General Roca. 11/03/1937 p. 4 col 1 y 2. N° 1323.
13 Este precario lugar donde pernotaba el hachero y su familia se denominaba carpa y en la
práctica era un pozo cubierto de ramas.
227
los caminos y picadas del territorio transportando mercaderías y la producción
del lugar, especialmente la lana. Estos niños desempeñaban diversos
menesteres: estaban encargados de atar los animales a los carros, picanear a
los bueyes durante la travesía, cebar mate a los peones y otras tareas
menores.14
El mismo Vallmitjana, al relatar la vida de algunos de estos maruchitos que
estaban incorporados a las tropas de carros que hacían el trayecto de Neuquén
a Bariloche, describe cual son las faenas que estos pequeños carreros deben
desarrollar y cuál eran sus retribuciones, la que como en otros escenarios
aparecen como sensiblemente menor a la que percibían el resto del personal.
“Hombres de todas las edades y hasta niños que se los llamaba maruchos,
encargados de picanear los bueyes y cebar mate a los peones. Un marucho
cobraba $15 a $16 por mes, y eso era lo que le correspondía a Juan Santos
Jara, a José Marivil, a Narciso Riquelme. Un peón cobraba $30 o $40 por mes,
el valor de un buen caballo, y un capataz llegaba a los $100 mensuales.” 15
Otras actividades de servicio en la que están insertos los menores son las que
tienen que ver con el personal doméstico y el servicio personal. Las memorias
de viajeros o de observadores contemporáneos relatan la reiterada presencia
de niños y adolescentes cumpliendo tareas relativas al servicio doméstico
fundamentalmente en las estancias y grandes establecimientos rurales y aún
algunos comerciantes solían incorporar a un niño a la familia, para realizar
tareas de limpieza y atención de la casa y la familia. Con menor frecuencia
algunos maestros también se llevaban una niña o joven cuando eran
trasladados, para ayudar en la casa o el cuidado de los niños, al servicio “cama
adentro” tal cual queda testimoniado en la siguiente entrevista:
228
amigos, parientes, nada. (…) Ella me trajo de compañera, dijo para no
estar sola, no para trabajar.”16
229
patria potestad. Este último llevó a la desorganización de los grupos
domésticos favoreciendo al mismo tiempo el depósito de menores ya que el
accionar de la justicia se volvió implacable sobre aquellas familias indígenas
que no contaban con un varón como referente. Como señala M. E. Argeri “En
las familias que estaban organizadas solas o grupos de mujeres relacionadas
por parentesco, la fuerza de la policía y la justicia se ejerció despiadadamente.
Se alegaba la incapacidad para ejercer tutela sobre su prole y se destacaba
que nunca habían estado casadas legalmente -y por tanto en condición de
sujeción a un varón, lo que las incapacitaba legalmente-, que eran libertinas
que habían pasado toda su existencia “viciadas” por el amancebamiento,
permitiendo que muchos varones ajenos a la familia se asentasen como
“agregados” permanentes o circunstanciales en los ranchos.”17
Entonces las mujeres acusadas de libertinaje perdían a sus hijos, que la justicia
alojaba en casas decentes bajo la tutela de los jueces de menores o del
ministerio popular, adscritos a la figura del depósito. De tal forma, los menores
de ambos sexos eran llevados a otra casa donde eran empleados como
peones o sirvientes.
En cuanto a sus condiciones de vida y de trabajo en su nueva morada, las
mismas resultan en la mayoría de los casos absolutamente negativas ya que
sin un control efectivo están sujetos a los arbitrios de quienes los reciben
sucediéndose entonces las arbitrariedades. En realidad no es difícil imaginar en
este caso como se desenvuelve la vida de estos pequeños trabajadores
alejados de sus familias y a merced de una tutela sólo interesada en sacar el
mayor provecho material de esta situación. Estas anomalías por otra parte no
dejan de tener notoriedad y de ella se ocupan denunciándola algunos
funcionarios a nivel nacional como Vicente Sierra, quien en un artículo
publicado en 1917 en la revista de Criminología, psiquiatría y medicina legal
afirmaba que los “Huérfanos entregados a familias que prometen cuidarlo,
cuando sólo buscan un sirviente barato y sumiso; bestia de carga que -salvo
excepciones- realiza todos los trabajos en casa de sus protectores.
Son muchos los menores que, en esas condiciones huyen de tales hogares;
como son muchas las menores que ceden a los halagos del niño de la casa,
230
que encuentra cómodo, compatible con la moral, prostituir a la hija de nadie
que en ella alberga.”18
Años después también la prensa regional se hace eco de las condiciones de
coacción y explotación que sufren estos menores y así lo refleja el siguiente
artículo publicado por la Voz del Sud en 1926:
18 SIERRA, Vicente “La minoridad que delinque en la ciudad de Buenos Aires”, en revista de
Criminología, psiquiatría y medicina legal. Buenos Aires, año IV, 1917, p. 60.
19 La Voz del Sud. Viedma-Patagones. 25 de marzo de 1926, p. 1 col. 6
231
Las razones que impulsaban este objetivo de alguna manera aparecen
expuestas en la memoria que envía al Congreso Nacional en 1899
peticionando los fondos necesarios para la erección de la misma. En ella
Stefenelli siguiendo con la línea de pensamiento de otros sacerdotes de la
orden plantea la idea de educación y moralización mediante la instrucción y el
trabajo en una zona en la que existen, según la Memoria, “crecidísimo número
de familias indígenas, cuyos hijos están criándose en la escuela de sus padres,
naturalmente indolentes e inmorales y muchos de ellos viviendo de la rapiña a
expensas del industrial ganadero.”20
Esta imagen la vuelve a repetir en otra parte del mismo documento donde
expresa que “al ver abandonados a tantos niños que vagaban por el pueblo
sentí en mi alma un gran dolor… mi pensamiento fue fundar una Escuela de
Agricultura, porque vi el porvenir de esta región estaría ciertamente en los
cultivos y por tanto, sería mucho más útil que una escuela de Artes y Oficios.”
Finalmente sostenía que la puesta en marcha de esta escuela podía,
“proporcionar buenos agricultores, sea para atender las propiedades que
consiguieran ellos mismos o a fundarse, sea para el servicio de los dueños de
establecimientos agrícolas o ganaderos que necesitan estos elementos, hoy
tan escasos”.
Aprobado finalmente el proyecto y votado las partidas necesarias para su
funcionamiento, rápidamente se construyó la Escuela de Agricultura Práctica
San José, la que inicio sus actividades con 40 indígenas huérfanos que se
alojaron allí.21 Muy pronto el desarrollo productivo, el incremento del número de
alumnos y la estabilización de la planta docente mostraron los avances de este
particular establecimiento educativo.
Sin embargo, muy pronto la actividad de la escuela, pero particularmente las
labores desarrollado por los niños allí alojados generó un fuerte debate. Así los
detractores del proyecto, tanto salesianos como civiles, denunciaban que los
huerfanitos trabajaban de sol a sol en el laboreo de la tierra sin recibir otro tipo
20 BELLI, Jaime El padre A. Stefenelli y la agricultura y el riego en el Alto Valle de Río Negro,
Bahía Blanca, Archivo Histórico de la Patagonia Norte, 1995. Transcripción completa de la
Memoria del padre Alessandro Stefenelli a las Honorables Cámaras de Diputados y Senadores
Nacionales, solicitando se continúen los auxilios oficiales para la rehabilitación y desarrollo de
la Escuela de Agricultura práctica de los Padres Salesianos en General Roca (Río Negro),
Buenos Aires, 1899
21 YAPPERT Susana. “Hogar de colonos”, diario Río Negro. Suplemento Rural, 10 de julio de
2004.
232
de formación, (…) en (la escuela) de año en año la causa de la religión iba
perdiendo terreno.22
233
laboral era una condición necesaria para contribuir a la formación ciudadana y
a la vez alejarlos del delito, tal el caso de la justicia y en cuanto a la iglesia, la
mirada inserta en el presupuesto que la práctica agrícola era el mejor estímulo
para alcanzar los objetivos educativos, determinaron la incorporación de estos
pequeños trabajadores al mundo laboral.
Lo cierto es que, más allá de estas situaciones y argumentaciones, no pocos
niños en el territorio patagónico en el período estudiado, vieron alterada su
propia condición en términos materiales por el impacto de las duras tareas
realizadas sobre su integridad física y en los aspectos mentales al tener que
trocar más allá de su voluntad el tiempo dedicado al ocio propio de su edad por
el destinado al trabajo y tuvieron que forzadamente, en muchos casos,
incorporarse a una sociabilidad ajena a ellos e impuesta por los adultos.
234
Historia y literatura o el difícil problema de la experiencia. Estudio de un
caso
Introducción
1 AIZICZON, Fernando Zanon, una experiencia de lucha obrera, Buenos Aires, Herramienta/El
Fracazo, 2009.
2 MOYA, José QTH Zanón, Buenos Aires, El Cielo por Asalto/El Fracazo, 2005.
235
experiencia como central: la del militante. Sea en un caso la del militante
político y sindical, o la del punto de vista del militante social, específicamente
de la figura del fundido, de ex militante, en el otro. De ser consistente la
hipótesis de trabajo, en torno a la concepción de experiencia ofrecida y sus
alcances, la historiografía se podría apropiar de la literatura, o de otras formas
culturales, como forma de acceder a la experiencia.
La experiencia en debate
236
Pero esta concepción del conocer, del saber, dice Scott, de esta clase de
comunicación de la experiencia, no es exclusiva del relato autobiográfico, sino
que estaría en el centro del proyecto historiográfico. E inclusive está presente
en el proyecto historiográfico crítico, donde el develamiento de los sujetos
«ocultos» por la historia tradicional es clave -mujeres, obreros, homosexuales,
etc. Esta «historia de la diferencia» (de los diferentes) incluso condujo, en
parte, a la crisis de la historia tradicional, fragmentando su objeto de estudio,
imponiendo nuevas narrativas y cuestionando un criterio único y universal de
verdad. Pero, dice Scott, este cuestionamiento a la historia tradicional no ofrece
un punto de vista alternativo del uso de la experiencia por parte de los
historiadores. En todo caso, ese proyecto se adaptó a las reglas de la historia
tradicional, ubicando su crítica como una ampliación, una corrección, de la
visión que otorgaba la ortodoxia; permaneciendo inalterado el fundamento
epistémico, en cuanto que la experiencia (tanto de aquellos a quienes se
rescataba como la del propio historiador u historiadora) era un punto no
problematizado.
Para Scott, la estrategia de documentar la experiencia, de apelar a ella como
un fundamento, constituyó un límite porque, al compartir estas asunciones
comunes, debilitó justamente esta crítica, naturalizando sus identidades y
cosificando la agencia de los sujetos, dejando de lado la cuestión de su
constitución. De ahí que la apelación a la experiencia terminaría reproduciendo
los sistemas ideológicos establecidos, tanto sobre los mismos sujetos
(historiador y/o agente histórico), como sobre las categorías con las cuales se
representan a los mismos. El juicio no podría ser más severo: “el proyecto de
hacer la experiencia visible oculta el trabajo de estos sistemas [de poder] y su
historicidad; en lugar de ello, reproduce sus términos”.6 Por ello, el hacer la
experiencia visible no es suficiente, aun cuando exponga muchos de estos
mecanismos de poder, no logra develar como están “relacionalmente
constituidos”.
237
constituidos a través de la experiencia. Experiencia, en esta definición, se
transforma no en el origen de nuestra explicación, no en la autorizada
evidencia (a causa del ver o sentir) que sustenta que es lo conocido, sino
aquello que necesitamos explicar, aquello sobre lo cual el conocimiento es
producido.”7
La posición de Williams
En primer lugar hay que partir de la idea que Williams tiene de lenguaje, que
remite a una concepción que relaciona los elementos constituyentes y
constitutivos del mismo. Con ello se quiere enfatizar que este no es pasivo, ni
con respecto al sujeto, ni con respecto al objeto. No es pasivo en relación al
objeto, en el sentido que el acto de enunciación no sólo evoca relaciones sino
que las constituye. Y no es pasivo con respecto al sujeto, en tanto que estas
relaciones que evoca son constituyentes del sujeto, lo modifican
cualitativamente, lo constituyen. Desde estas definiciones Williams quiere
polemizar tanto con lo que llama la visión positivista del lenguaje, traducida
hacia dentro de la tradición marxista como la teoría del reflejo, que ubicaba al
lenguaje como un reproductor pasivo de aquello exterior al sujeto, como, al
mismo tiempo, desmarcarse del estructuralismo, tal como él lo entiende, donde
el sujeto sería pasivo con respecto a una estructura que no controla ni maneja.
Para comprender cabalmente la concepción de la experiencia de Williams hay
que detenerse primero, a mi entender, en sus ideas en torno al lenguaje,
238
articuladas en torno a una concepción activa del mismo. Fue recién en Marxism
and Literature (1977),8 donde sistematizó sus reflexiones sobre el tema.
Comienza con un razonamiento muy simple: las principales categorías
aceptadas -«mundo», «realidad», «naturaleza», «humano», etc.- pueden ser
contrapuestas a, o relacionarse con, la categoría lenguaje, de ahí que sería un
lugar común, sostener que todas estas son una construcción del lenguaje
(incluyendo la categoría misma de «lenguaje»). Esto no hace más que formular
el problema, ponerlo al descubierto, sostiene, por lo tanto que se hace
necesario un desarrollo particular que abarque las relaciones entre la
«realidad» y el «lenguaje» para avanzar en la respuesta del mismo. La misma
apuntará a dos cuestiones: la historia del lenguaje, sobre la que volverá años
después, y el énfasis en torno al lenguaje como relación activa.
Como síntesis Williams propone que a la necesaria definición de la facultad
biológica del lenguaje, como constitutivo, podemos agregar una definición,
igualmente necesaria, del desarrollo del lenguaje -que es a la vez individual y
social- como histórica y socialmente constituyente. Definido el lenguaje como
práctica social material constitutiva, hay que aclarar que esta práctica es de un
tipo especial (la práctica de la sociabilidad humana), tanto por su materialidad
(poco manifiesta), como por su complejidad (información e interacción,
representación e imaginación, pensamiento abstracto y emoción inmediata). Y
justamente por las características que le son propias, puede volverse
irreconocible en sus formas reales. Por último, no hay que dejar escapar la
cuestión de que el significado es siempre producido y no es jamás expresado
simplemente: “el lenguaje no es un medio puro a través del cual la realidad de
una vida o de un evento, o una experiencia, o la realidad de una sociedad
pueda fluir”9. Más aún:
8 Marxism and Literature, Oxford-New York, Oxford University Press, 1977, p. 21 y ss.
9 Marxism and Literature, op. cit., p. 166.
239
situación social o el significado de una respuesta a esta, la realidad de
una experiencia privada o el significado de su proyección imaginativa, o la
realidad de alguna parte del mundo físico o el significado de algún
elemento de percepción o respuesta a este.”10
240
es comprendida de una manera amplia, donde todas las prácticas de la
escritura tienen cabida dentro de la misma, vinculada a la idea de la
comunicación como experiencia humana básica.
Hablamos de palabras o grupos de palabras, enunciados, una escritura que
condensa la experiencia. Una escritura que constituye una experiencia
articulada (articulated experience) donde el pensamiento no está opuesto a los
sentimientos, sino que hay en cambio una inmediatez de la experiencia que
opera, en el caso de un escritor particular, como una personificación de las
ideas. Una escritura individual que sólo es importante en tanto que comunica
una experiencia, aquí asimilada a una especie de aprendizaje, de ganancia,
aunque no de verdad, una experiencia personal (personal experience) que se
convierte en hito.12 Pero la escritura no un vehículo que sin más da cuenta de
una experiencia, sino que también, al trabajar con palabras que son portadoras
de significados heredados, implica un proceso de permanente redefinición de
esos significados.
La escritura puede ser portadora o indicadora de una experiencia, siempre
social, común, aunque sólo aparentemente privada y personal. Sin embargo,
en este punto, parece establecerse una distancia entre el registro de la
experiencia, tal como llega hasta nosotros, como palabras o grupos de
palabras, y tal como esta fue experimentada por los sentidos:
241
caso, en el cual la experiencia general, que según entiendo puede ser sinónimo
de experiencia común, pudo ser forjada. Elemento que, a mi entender, indica
aquí que estos significados (hambre, sufrimiento, etc.), que fueron
intensamente «sentidos» adquirieron nuevos valores, diferentes, de los que
portaban hasta ese momento. En ese sentido, la lectura sobre determinada
tradición, en este caso la tradición literaria alrededor de la cual se van forjando
los significados de la palabra cultura, implica que con esta lectura se puede
captar, por medio de la mudanza en las ideas, los pensamientos y ante todo los
sentimientos, los cambios en la experiencia. En otro lado dirá que (diferentes)
valores son engendrados por (diferentes) órdenes de experiencia, que surgen
de (diferentes) modos de vida.14
Volviendo específicamente sobre el tema del registro de la experiencia, es
importante destacar que este registro no se limita ni a la escritura, ni mucho
menos a la literatura:
242
“La historia de la idea de cultura es un registro de nuestras reacciones, en
pensamiento y sentimiento, a las modificadas condiciones de nuestra vida
en común. Nuestro significado de cultura es una respuesta a eventos que
nuestros significados de industria y democracia, de la manera más
evidente, definen. Pero las condiciones fueron creadas por hombres y han
sido modificadas por hombres. El registro de los eventos descansa, de
todas formas en nuestra historia general. La historia de la idea de cultura
es un registro de nuestros significados y nuestras definiciones, pero estas,
en cambio, son únicamente comprendidas en el contexto de nuestras
acciones.
La idea de cultura es una reacción general y de primer orden en las
condiciones de nuestra vida común.”16
243
para la mayoría de los lectores como para la mayoría de los autores y, cuando
es notado, sólo es parcialmente comprendido.19
Una de las más sistemáticas aplicaciones de este método de la experiencia la
encontramos en The English Novel from Dickens to Lawrence,20 cuya utilidad
reside en que el vínculo entre forma y experiencia está explicitado. Lo que
primero llama la atención a Williams es el periodo de veinte meses entre 1847 y
1848, donde se publicaron Dombey e hijo (Dickens), Cumbres borrascosas
(Emily Brontë), La feria de las vanidades (Williams M. Thackeray), Jane Eyre
(Charlotte Brontë), Mary Barton (Elizabeth Gaskell), Tancred (Benjamin
Disraeli), Town and Country (Frances Trollope) y La inquilina de Wildfeld Hall
(Anne Brontë), periodo que marca una ruptura, la imposición de la novela como
forma dominante, un quiebre generacional. Para Williams este breve período
marca la emergencia de una “nueva forma de conciencia” que se relaciona con
el establecimiento, también novedoso, de una nueva forma de vida que estaba
teniendo lugar en Inglaterra, cambios sociales, políticos, económicos y hasta
demográficos, con nuevas instituciones educativas y culturales. 21 Una crisis y
un nuevo modo de leerla: “De muchas y muy variadas maneras, una
generación de escritores encontró en sus propias manos la clave de formas
que encarnaban la respuesta a experiencias nuevas y distintas pero, aun así,
comunes a todos.”22
El aumento de la novela se relacionaba con el aumento de los lectores, con los
cambios en la industria de la impresión, la prensa, el mercado editorial, en
suma, el surgimiento de un nuevo público lector. Sin embargo, la emergencia
de la novela, para Williams, no es un caso de oferta y demanda sino un
resultado directo de la crisis de la vieja sociedad, había una necesidad de
experimentar nuevas maneras de conocimiento y experiencia. No se trata
simplemente de que el contexto (social, político, etc.) actuara como un “molde”
sino que el impulso provenía de una lugar diferente, una “crisis de la
experiencia” que impulsaba a una generación a cambios en las formas de
244
expresar esa experiencia, cambios en la escritura.23 Por medio de los mismos
se incorporaron nuevos sentimientos, personas y relaciones, que más que
reflejar la sociedad, ayudaron decisivamente a definirla.
“No eran la sociedad y sus crisis lo que producía las novelas. La sociedad
y las novelas (...) provenían ambas de una experiencia urgente y variada
que todavía carecía de historia; que carecía de formas y momentos
significativos, hasta que, directamente, las acciones de los hombres los
crearon.”24
245
completamente velado). Una manera consciente de ver y mostrar, la ciudad
como hecho social y como paisaje humano.
En el caso de Charlotte y Emily Brontë, lo que Williams destaca es la intensidad
del sentimiento, la pasión. Con esa exacerbación de la pasión individual, del
amor absoluto, dice Williams, lo que se pone en discusión es la dimensión
misma de las relaciones humanas, una dimensión que entraba en coalición con
el sistema social emergente, el capitalismo. A esa exposición de la pasión se
contraponía, al mismo tiempo, una educación de los sentimientos, la imposición
de una sobriedad, una rigidez, acompañada de la negación de la afectación,
tanto en hombres como mujeres. Una masculinización que obligó que cuatro de
las novelistas más destacadas de la generación -las tres hermanas Brontë
junto a Marian Evans- a usar seudónimos masculinos.
No se trata de que la literatura refleje, tal o cual problema social de la época,
sino que esa experiencia social penetra de tal punto lo individual que esto no se
puede separar de lo social. La relación entre forma (cultural) y experiencia es
total para Williams. Así, por ejemplo, la inglesa novela de la que Williams es
contemporáneo sería reservada para algo distinto de lo cotidiano, lo cual ya
nos es informado por una multiplicidad de formas, y es justamente el tipo de
especialización que Williams rechaza.
246
nuevas formas. “Lo que encuentra y construye la forma es la experiencia.”28 No
se trata de que la sociedad haya producido las novelas, sino que estas, como
depósito de experiencia, es su unidad de forma y contenido, comunican una
experiencia, dan cuenta a la sociedad de sí misma y desde ella misma, no
como un producto, sino como una totalidad.
28 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 226. “Una vez leídas estas novelas, suena diferente lo que
se nos cuenta de la historia de las ideas y de la historia en general de la sociedad. Porque allí
se encuentra, más profundamente y antes que en ningún otro registro de la experiencia
histórica, el sentimiento de lo problemático en la identidad, la comunidad y en las relaciones
cognoscibles.” Ídem, p. 226-7.
En “Notes on English Prose: 1780-1950” (1969) Williams reitera el argumento en torno a que la
escritura es una forma de registro de la experiencia y anticipa el que se desarrolla en este
apartado: que los cambios en las formas y convenciones de la escritura representan cambios
en la experiencia social. La novela representó un cambio decisivo. Incluso, al mismo tiempo
que se da el paso del verso a la novela, mediados siglo XVII, como forma preponderante de
literatura, Williams registra otros cambios en la forma que indicaban cambios de experiencia.
Tal es el caso de la prosa política, en que plantea que los nuevos sentimientos políticos no
encontraban formas sociales adecuadas para expresarse, de ahí la emergencia de formas
como las cartas abiertas, entre otras. Un cambio de forma, que es también un cambio de
escritura, de lenguaje, que Williams retoma en The English Novel..., es el encarnado por
Dickens. Las profundas modificaciones en las convenciones expresan, no sólo en Dickens sino
en el conjunto de la novelística victoriana, un cambio en la forma de experimentar a los otros y
al mundo, un cambio en la forma de ver. Cf. Writing in society, London, Verso, 1983; p. 73 y ss.
29 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 227. En sus trabajos sobre televisión Williams remarca esta
relación entre contenido y forma, que no es otra que las formas del comprender y la
experiencia: “La mayor parte de nuestro vocabulario habitual de respuesta y descripción ha
sido modelado por nuestra experiencia con acontecimientos aislados. Hemos desarrollado
maneras de responder a un determinado libro o una determinada pieza teatral, basándonos en
nuestra experiencia de otros libros y otras obras de teatro. Cuando vamos a una reunión o
asistimos a un concierto o a un juego, llevamos con nosotros otra experiencia y retornamos a
otra experiencia, pero el acontecimiento específico habitualmente es una ocasión que fija sus
propias condiciones y respuestas internas. Nuestros modos más generales de comprensión y
juicio son aquellos estrechamente vinculados con este tipo de formas de atención específicas,
aisladas y temporarias.” Cf. Televisión..., op. cit., p. 115-16.
247
Pude haber también de una obstrucción de la experiencia. Se da en el caso de
una palabra, el ejemplo que usa aquí es poesía (poetry), pero también pueden
ser literatura o estética, que funciona como una abstracción y en tanto tal ya no
sirve para poder identificar una experiencia común o compartida sino que,
especializando y abstrayendo la misma, la bloquea, la llega a borrar o anular,
obliterando su sentido.
Aunque aquí este problema quede apenas formulado, después se verá como
efectivamente hay ciertos giros en el uso de la noción de experiencia en los
cuales parecería estar asimilando esta a una noción de ideología como «falsa
conciencia». Lo que quiero decir, concretamente, es que en el uso indicado
arriba pareciera que el sentido de experiencia que analizamos anteriormente,
referido a los significados como condensaciones de experiencia, también
parecen funcionar de una manera tanto ambigua. Pueden por un lado habilitar
la experiencia, pero al mismo tiempo pueden bloquearla. No está claro como se
puede sancionar objetivamente cuando un significado funciona como
habilitador de la experiencia y cuando como obturador de la misma. Parece
más fácil sostener, en cambio, que hay significados que, en vez de bloquear la
experiencia, habilitan experiencias de tipo especializadas o abstractas, para
usar los mismos términos de Williams. Esto sin embargo no parece resolver el
problema de fondo, atento que los significados habilitan experiencias y al
mismo tiempo las condensan, parece más bien que a pesar de su carácter
especializado y abstracto, ciertos significados moldean de manera sui generis
la experiencia y condesan, de igual modo, experiencias sui generis.
Al mismo tiempo, no hay que hacerse una idea equivocada en torno a las
posibilidades de registrar la experiencia, como si esto ocurriera de forma
ilimitada. Por el contrario, Williams es plenamente consciente de que el registro
248
de la experiencia, en el caso del llamado «público común», es más limitado, ya
que en este caso las ideas y los sentimientos son moldeados no sólo por la
literatura sino por un patrón más amplio de la vida social y familiar, a los que
hay que sumar los cambios técnicos operados en los medios de
comunicación.31 Sin embargo es importante destacar que, a pesar de este
papel central de la experiencia, esto no implica que esta está siempre
disponible, como ya vimos en Culture and Society, puede haber bloqueos de la
experiencia. En The Long Revolution, repasando las distintas definiciones de la
palabra cultura y sus implicancias vuelve sobre la idea que en realidad, estos
distintos significados de cultura, corresponden a cambios en la experiencia y
que los registran. Ahora bien, ¿es posible entonces captar por medio de estas
diferentes definiciones de cultura y sus correspondientes métodos de análisis
una experiencia pasada? Sólo de manera limitada y parcial. Hay elementos
irrecuperables y mucho de lo que se rescata se lo hace como abstracciones,
como precipitado:
31 “(...) entiendo por medios de comunicación las instituciones y formas en que se transmiten y
reciben las ideas, las informaciones y las actitudes; entiendo por comunicación el proceso de
transmisión y recepción.” WILLIAMS, Raymond Los medios de comunicación social, Barcelona,
Península, 1978, p. 15.
32 WILLIAMS, Raymond The Long Revolution, London, Pelican Books, 1965; p. 63.
249
(precipitate) que se vuelve muy difícil de captar. Es importante anotar que ese
precipitado no tiene las mismas cualidades que la experiencia vívida que se
encuentra en solución.
250
Tanto Moya como Aiziczon fuerzan las respectivas formas en las que se paran,
forma-historiografía, forma-novela. Este desplazamiento formal, si entendimos
bien a William, tendría que indicar una mudanza en la experiencia. ¿Cuál? En
primer lugar es una mudanza en la experiencia de la certeza, un elemento
central en la estructura del sentimiento ofrecida. Estas formas modificadas son
la mejor manera de dar cuenta de un tipo de explicación que parte de la falta
total de certezas y de la renuncia a las explicaciones completas (“no hay forma
de predecir lo que ocurrirá, ni explicación alguna que responda por completo el
por qué ocurrió lo que hasta aquí ocurrió”) 35. El abandono de un ideario de una
historia que pueda predecir algo, una historia conformada en parte por
explicación sociológica, en parte por una historia desde abajo, en parte por un
relato. “(...) no dar nada por sentado. No presumir de clarividente.” 36 Negar toda
idea de destino, reafirmar la voluntad humana, afirmar de la falta de certezas, la
contingencia de los resultados de toda lucha, tanto del triunfo como de la
derrota. “A veces hemos ganado por cómo se presentaron las cosas. No lo
tomen como una crítica. Quiero decir que a pesar de hacer mal las cosas igual
ganamos. Y eso fue peor, porque nos acostumbró a no pensar en el error.” 37
Este sentimiento de la falta de certezas, que deja su marca en las formas, está
vinculado de manera directa con otras dos experiencias centrales ofrecidas.
Una, la de la derrota del socialismo; la otra, el incómodo lugar que puede
ocupar el autor (escritor/historiador) en el presente, el clásico problema del
compromiso intelectual actualizado. Comencemos por la experiencia del
socialismo, el fracaso de la revolución. Fracaso, primero, es el nombre del
colectivo editorial que coedita ambos libros, un colectivo militante, una
formación cultural que habría que estudiar por separado, aunque vinculada a la
estructura del sentimiento aquí descripta. El socialismo como norte, como
meta, como deseo.
251
distinto y mejor, la moderna idea de socialismo, increíblemente sin tiempo,
sin historia. [Y agrega en una nota al pie: No. No me refiero al socialismo
como nostalgia a redimir de lo que resultó históricamente malogrado. Me
niego a entregar esa dulce idea al corsé tirano del ‘contexto histórico’;
aquí me refiero a una idea de sociabilidad solidaria por-venir y a la que
sería, al menos, saludable llegar].”38
252
“(...) Durante casi toda mi vida llamada por entonces útil, era absoluta y
sinceramente consciente del rol que la historia nos había asignado a mí y
a un puñado de gentes alrededor del mundo. Siempre estábamos en la
línea de largada, agachados y prestos a salir disparando. Me miraba en el
espejo y veía a un prócer del futuro aún sin querer serlo. (...) Se trataba de
un certeza de la de a puño, del tipo de la que cultivan los creyentes de
ambos sexos. Que fuéramos ateos contumaces no le hacía.
“Se trataba de algo inevitable, aunque separado del destino que nada
tiene que ver con la acción de los hombres. Forjábamos nuestro futuro y
nada menos que el del resto de la humanidad. Hasta ese lugar prohibido
que representa el tiempo era un factor descartable en ese dejar vivir a los
demás. No nos interesaban los plazos. Estábamos contaminados de una
suerte de juventud ahistórica. Los únicos que morían de viejos eran los
burgueses y sus sistemas. Nos reservábamos para nosotros el papel del
médico que desenchufa la máquina al paciente con apenas vida
vegetativa. Médicos rojos, con hoces de bisturí, y martillos para afirmar las
ideas.”39
253
Este malestar con respecto al socialismo tiene una conexión directa con la
propia experiencia como autor, sea este escritor de ficción o historiador. En el
caso de Aiziczon ya desde el Prólogo, escrito por otro miembro de El Fracazo,
Ariel Petruccelli, se resalta el compromiso político del autor, Aiziczon. Se lo
define como una intelectual anfibio, término acuñado por Maristella Svampa
con el que se quiere remarcar el compromiso de aquellos intelectuales
universitarios, en el caso de Aiziczon, docente de la universidad del Comahue
primero y luego miembro del CLACSO, con los movimientos sociales, en este
caso Zanón. Así la lucha ceramista no sólo es un objeto que investiga sino un
proceso en el cual se interviene como sujeto. Aiziczon se presenta a sí mismo
de manera que ni escribe para un hipotético partido, un modo optimista,
apologético, ni es un observador aséptico de la lucha. “Nunca simpaticé con
objetivar y aseptizar al extremo lo que estudiaba, ni me sentí cómodo pensando
en que brindaba servicio alguno para con una causa cuyos celosos guardianes
nunca logré distinguir claramente de los insufribles predicadores religiosos.”42
Sin embargo nunca deja de existir cierta exterioridad, cierta situación de
periferia, se participa y se estudia, se entrevista y se marcha, pero el hecho
mismo de la producción intelectual marca la diferencia. El ellos permanece
inalterado, marcando cierta exterioridad. En el caso de Moya, sumado a lo que
ya se dijo sobre el porqué de Zanón, también persiste cierta exterioridad. La
participación política, mucho más comprometida, por lo menos en el plano
imaginativo, nunca deja de ser individual, solitaria y aislada. Incluso la elección
de la convención del doble agente como personaje central no deja de ser
sugerente. Por último, y retomando esa conciencia de los límites borrosos entre
lo ficcional y lo real, Moya homologa la participación en la historia -¿qué otra
cosa es sino el compromiso?- con el oficio de historiador. “Hay que dar un par
de puntadas para cambiar el curso de la historia. Cortar y soldar. ¿Qué otra
cosa es la historia? Todo depende de cuan buenos metalúrgicos sean los
historiadores.”43 El historiador no es el intelectual en este caso, sino el militante
que acciona, decidido, para modificar la corriente de los acontecimientos. El
militante es el verdadero hacedor de la historia, el que hace la historia, el
historiador militante o el militante historiador, como Aiziczon.
254
Este último elemento es la experiencia clave de la estructura del sentimiento
analizada, el problema de la militancia. Ante todo hay una disputa en torno a
qué constituye y quién define lo que es la militancia revolucionaria, lo que tiene
una dimensión temporal, generacional, básica. En el libro de Aiziczon los
militantes, partidarios, como en el caso de Raúl Godoy y sus compañeros del
Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), y los no partidarios, los
activistas, de organizaciones varias y «sueltos», a-partidarios, son la clave
explicativa. Su rol es fundamental para explicar el transcurrir del conflicto. Los
militantes, todos ellos, abrevan en lo que el historiador llama «la cultura de la
protesta neuquina». Aquí impera el tono sociológico, en Neuquén hay un
habitus (Bourdieu) militante, el cual “es fruto de de un ejercicio constante que
involucra esfuerzos, inversiones y capitalizaciones de esas contiendas y se
nutre de significaciones que le otorgan identidad y legitimidad a sus actos.” 44
Componente imprescindible, que le otorga singularidad, es la existencia
determinante de los militantes, “para que exista la posibilidad de organizar
sistemáticamente la experiencia de construir relatos e ilaciones sobre las
luchas.”45
En cambio, en Moya el sentimiento particular se enmarca en la experiencia
general, la cultura de la protesta neuquina, pero es más particular, es la
experiencia de ex militante, del fundido. Esa palabra y la polémica en torno a
ésta, configura la clave de la estructura del sentimiento, ya que indica una
disputa por definir el contenido de la militancia, sus marcos, y, ante todo, quien
es el portador de la capacidad de definirlo.
255
al vil provecho material. ¿Cual viene a ser el refugio natural frente a esta
situación? El taxi. Una especie de reclusión con franco higiénico más o
menos estable. Se puede vivir en estado de asamblea permanente con el
que caiga en gracia, bajar línea sin comprometerse con nada. Es un oficio
pensado para los ex.”46
256
Pero la experiencia registrada, es también una relación entre forma y
contenido. El taxi, el doble agente, que actúa en las tinieblas, sustraído de la
palestra, pero cuya acción es decisiva en la lucha entre el bien y el mal, son
todas convenciones que posibilitan comunicar no cualquier experiencia, sino
una de la fragmentación, del asilamiento, la marginalidad, el pesimismo, la
desazón, el cinismo, todos sentimientos que producen un efecto de patética
ironía. Pero, por medio de ese camino, ese destino, ese lugar que es Zanón,
ese QTH, Moya va a poder comunicar la experiencia de redención de Mudo
Scaniadua. La posibilidad, siempre presente, de huir, de alejarse de todo, de
desaparecer, agudiza la crisis de Mudo, precipita la decisión. Zanón, como dice
Chiloe, un ex combatiente trasandino, les da la excusa a unos cuantos. La
toma de conciencia, ese aspecto que Aiziczon resalta casi como una
metodología de investigación, que le permite transformarse en historiador
militante, es lo que le permite sobrevivir a Mudo Scaniadua.
La unidad de la experiencia representada por Aiziczon y Moya en torno a la
militancia no es sólo es temática -que ambos se ocupan de lo mismo. Sino que
ante todo tiene un elemento en común, decisivo para esta estructura del
sentimiento, la visión sobre la izquierda revolucionaria. Tan común es esta
visión que Petruccelli, el prologuista, fija las coordenadas básicas, una
izquierda diezmada y confundida. Aiziczon la continúa de manera contradictoria
porque, a pesar que tiene que reconocer la actuación de los militantes, en
especial del PTS, ve a esas prácticas como yuxtapuestas a la práctica obrera,
externas, extemporáneas. Téngase este testimonio como indicativo, dice
Aiziczon en una nota al pie:
257
posibles) que exponen los más sofisticados debates escritos en torno a la
cuestión de la guerra de los Balcanes.”47
258
“-No son ni armados, ni desarmados, ni dialoguistas ni rupturistas, ni
parlamentaristas ni anti-parlamentaristas, ni foquistas ni pacifistas.
“-Ni chicha ni limonada.
“-Más bien chicha y limonada en un sólo vaso. Una organización al
servicio de borrar las odiosas fronteras. Pero son buenos tipos, en estos
casos se juegan con todo. (...)”50
“Después de un día los tuve que llamar. Era obvio. Les dije que tenía
demasiadas novedades para mí sólo y una de las normas de un ‘fundido’
era refractar compromisos. Que quería depositárselos en su escritorio, ya
de suyos, tan lleno de problemas mundiales por resolver. (...)
“A medida que promediaba mi historia, mis ex compañeros, sin esperar a
tener una visión de conjunto, iban tirando línea. Era casi un concurso. No
por familiarizado me causó menos impresión.
“‘Tenemos que llamar a la huelga general’, ‘lo decisivo es el trabajo en los
barrios’, ‘lo militar se debe supeditar a lo político’, ‘Congreso de delegados
de base’, ‘no confundir asamblea obrera con Soviet’, ‘Hay que bajar a
tierra una buena consigna de poder’.
“Una sinfonía. Mejor dicho: un disco con la grabación de una sinfonía que
uno escucha después de creerla perdida cuando se dispone a hacer una
mudanza.”51
“... ya en la vereda, los tres hablaban a la vez, organizando quién citaba a
quién a la reunión preparatoria de la verdadera reunión. Probablemente
citaran a verdaderas reuniones intermedias.”52
Sin embargo esta crítica sardónica tiene, por así decirlo, una contracara,
también despiadada, sobre la propia experiencia del ex militante. Este aparece
como preso de un pesimismo a prueba de balas, su sentido del humor es
básicamente cínico, está preso siempre de un letargo exasperante, su
extendida crisis política es experimentada como una deuda y la fragmentación
también se apodera de sus prácticas. La desorientación es crónica y sólo es
compensada por una gran experiencia práctica y una creativa combatividad. La
259
envidia es otro sentimiento de esta experiencia común: envidia del rótulo
militante, envidia de la juventud, envidia de la ausencia de crisis, envidia de las
certezas. La clave de la propuesta de la reforma a la militancia se centra en la
cuestión de los vocabularios que, como se indicó, son experimentados como
vetustos y obsoletos. (¿Acaso ya no dan cuenta de la experiencia presente?)
Deben ser renovados, pero ante todo ha de surgir una nueva capacidad de
diálogo, de escucha, humana, heroica, vinculada a la visión de comunismo
como la práctica del amor. La frustración y la impotencia todo lo inundan. Sin
embargo la salida que ensaya Moya por medio de la convención del doble
agente es clave de la experiencia ofrecida. Una reivindicación del ex militante y
las redes de relaciones de las que forma parte, que operan sustraídas de la
mirada pedante de los militantes organizados y que juegan un papel decisivo
en el triunfo de los conflictos obreros. Una disputa por la identidad de lo que
significa militar en estos tiempos. Una identidad que reivindica para sí la
vocación de ejercer el derecho a crítica. La disputa en torno a la noción de
fundido se torno áspera y amarga. Con ella se pone en discusión qué lugar
ocupa y qué lugar está llamado a ocupar el ex militante.
“(...)... mejor me voy, tengo que evitar que me encuentre la Checa roja. En
cuyo caso mi única defensa consistirá en convencerlos de que el error fue
de ustedes al manejarse incorrectamente con la categoría de fundido. O
sea que para ustedes el fundido no tiene futuro, no evoluciona, ni para
bien ni para mal. Detiene su vida en el último mes en que cotizó para la
Organización. Ahí lo visten con ropaje ahistórico, como quien guarda la
foto del nene cuando ganó las olimpíadas matemáticas de la escuela. De
esa forma piensan que estar es todavía estar adentro, y en esa medida
pertenecer al lugar aquel del que nunca debió ausentarse. Parecen
detentar una especie de derecho de autor, como quién es dueño de una
mala inversión, pero inversión al fin. Tendrían que saber que la propiedad
es robo como decían los viejos anarquistas.”53
260
La frustración y el resentimiento, porqué no, son parte de esta estructura del
sentimiento. En la experiencia ofrecida por Moya hay una recuperación, el
Mudo Scaniadua se redime, está feliz por “haberse recuperado a sí mismo.”54
Pero continúa solo. Y su soledad y el ostracismo que eligió, que lo mantuvo
sustraído del centro de la escena, aunque en su acción es tan central, también
es lo que le permite sostenerse en su punto de vista. La soledad es la
contracara de la contingencia, de que las acciones se resuelven
favorablemente, o no, en un universo de relaciones incontroladas, contingencia
que se opone a la experiencia de la vanguardia. (“Creo que el concepto de
vanguardia es del siglo pasado.”)55 Una última disputa o, en última, una disputa
en torno a cómo hacer la revolución, una disputa militante, una disputa entre
militantes y una disputa por definir quienes son esos militantes.
261
Conclusiones
262
conexiones entre este proceso social-material de construcción de significados y
sus relaciones con la historia e