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This document outlines the program for the 5th Regional Conference on Social History of Patagonia to be held on November 7-8, 2013 in San Carlos de Bariloche, Rio Negro, Argentina. The conference will feature several panels on topics related to social history, migration, women's history, cartography, labor history, representations of Patagonia, and the dictatorship period in Patagonia. The organizing institutions for the conference are universities and research centers from Rio Negro, Neuquen, and La Pampa provinces.

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V Jornadas de

HISTORIA SOCIAL DE LA PATAGONIA


7 y 8 de noviembre de 2013. San Carlos de Bariloche, Río Negro, Argentina.

Declaradas de interés municipal y provincial por el Ministerio de Educación


de la provincia de Río Negro.

2
V Jornadas de Historia Social de la Patagonia / Walter Delrio, Liliana Pierucci, Fabiana Ertola,
Laura Méndez, Maximiliano Lezcano, Liliana Luseti, Inés Barelli, José Benclowicz, Alfredo
Azcoitía, Susana Romaniuk y Viviana Fernández. - 1a ed. -

San Carlos de Bariloche: IIDyPCa, 2014.


E-Book.

ISBN 978-987-28950-4-4

1. Historia Regional. 2. Patagonia. I. Delrio, Walter


CDD 982.7

Fecha de catalogación: 30/09/2014

Título: V Jornadas de Historia Social de la Patagonia

Compiladores: Walter Delrio, Liliana Pierucci, Fabiana Ertola, Laura Méndez, Maximiliano
Lezcano, Liliana Luseti, Inés Barelli, José Benclowicz, Alfredo Azcoitía, Susana Romaniuk y
Viviana Fernández.

Primera edición: octubre de 2014.

Foto de tapa: Hernán Pirato Mazza


Corrección y edición del libro: Melissa Bendersky (melissabendersky@[Link])
Diseño gráfico: Hernán Pirato Mazza (hernanpiratomazza@[Link])

Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, CONICET-


Universidad Nacional de Río Negro / Programa de Estudios en Historia Regional, Instituto de
Estudios Socio-Históricos, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa
/ Grupo de Estudios de Historia Social de la Patagonia Central y Austral ([Link].).
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San
Juan Bosco / Grupo de Estudios de Historia Social (GEHISO). Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional del Comahue. Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad
Nacional del Comahue.

Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDyPCa)


Universidad Nacional de Río Negro.
Mitre 630, 5° piso
San Carlos de Bariloche (8400)
Río Negro. Argentina.
Mail: iidypca@[Link]

ISBN 978-987-28950-4-4

Queda prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio de impresión, en forma
idéntica, extractada o modificada, en castellano o cualquier otro idioma.

3
Comité Académico
Dr. José Luis Lanata (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. José Benclowicz (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. Walter Delrio (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dra. Laura Méndez (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Dr. Enrique Mases (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Mag. Gabriel Rafart (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Dra. Beatriz Gentile (GEHISO, Universidad Nacional del Comahue)
Dra. Claudia Salomón Tarquini (IESH, CONICET, Universidad Nacional de La Pampa)
Prof. Stella Cornelis (IESH, Universidad Nacional de La Pampa)
Mag. Edda Crespo (GEHISO, [Link], Univ. Nac. de la Patagonia San Juan Bosco)
Mag. Daniel Cabral Marques (GEHISO, [Link], Univ. Nac. de la Patagonia San Juan Bosco)

Comisión organizadora
Dr. José Luis Lanata (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dra. Laura Méndez (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Maximiliano Lezcano (CRUB, Universidad Nacional del Comahue)
Dr. José Benclowicz (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Dr. Walter Delrio (IIDyPCa, CONICET, Universidad de Río Negro)
Lic. Liliana Luseti (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Fabiana Ertola (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Inés Barelli (IIDyPCa, CONICET)
Prof. Alfredo Azcoitía (Universidad Nacional de Río Negro)
Mg. Susana Romaniuk (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Viviana Fernández (UNCo, Centro Regional Universitario Bariloche)
Lic. Liliana Pierucci (Universidad Nacional de Río Negro, UNCo)

Organizadores:
Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, CONICET-
Universidad Nacional de Río Negro.
Programa de Estudios en Historia Regional, Instituto de Estudios Socio-Históricos,
Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa.
Grupo de Estudios de Historia Social de la Patagonia Central y Austral (GEHISO-
[Link].). Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional
de la Patagonia San Juan Bosco.
Grupo de Estudios de Historia Social (GEHISO). Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional del Comahue.
Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad Nacional del Comahue.

4
ÍNDICE
Introducción. Por Comisión organizadora 9

Capítulo “Procesos migratorios en Patagonia (s. XIX – XXI)” 11


Coordinadoras de mesa: Ana Inés Barelli (IIDyPCa-CONICET-UNRN) y
Patricia Dreidemie (UNRN)

Una colonia de suizos-franceses. Discursos y representaciones sobre ser 12


pionero en la Norpatagonia - Fines del siglo XIX - 1950. De Edith A.
Mosches y Liliana V. Pierucci.

Transformaciones recientes en la composición migratoria de Bariloche: 30


del espacio fronterizo a la movilidad global. De Brenda Matossian.

La inmigración coreana en la provincia de Neuquén. Estudio de caso: 49


1980-2010. De Lidia Ascencio.

Capítulo “Las mujeres como sujetos de investigación histórica en la 62


Patagonia”
Coordinadoras de mesa: Marta Flores (UNCo), María de los Ángeles Jara
(UNCo) y Mónica Morales (UNLaPam)

De empíricas a profesionales. La enfermería en la provincia de Río 63


Negro, 1960-1970. De María de los Ángeles Jara.

De puérperas, nonatos y condiciones de alumbramiento en las márgenes 84


de la Nación Argentina. La zona litoral del Golfo San Jorge (1901-1953).
De Edda Lía Crespo.

Análisis del rol de las mujeres indígenas en los ámbitos de consenso, 105
durante la segunda mitad del siglo XIX en Patagonia. Sugerencias para
una nueva interpretación de caso. De Cristian Gonzalo Quiroga.

Capítulo “Imágenes y lenguajes cartográficos en la historia social de 131


la Patagonia”
Coordinadoras de mesa: Cristina B. Massera (UNGS) y Edda Crespo
(UNSPJB-UNPA)

No todo es lo que parece. Una mirada interdisciplinaria a los planos 132


históricos del Fuerte San José (Península Valdés, Chubut, Siglo XVIII).
De Marcia Bianchi Villelli, Silvana Buscaglia y Bruno Sancci.

La conformación del espacio público de Comodoro Rivadavia, 1901-1909. 153


De Paula Judith Fernández.

5
Itinerarios y cartografías históricas de Norpatagonia. De Walter Delrio, 174
Pablo Arias, Florencia Bechis, Marcia Bianchi, Lorena Cañuqueo,
Samanta Guiñazú, Celeste de Micco, María Emilia Sabatella y Valentina
Stella.

La georreferenciación de la cartografía histórica: La provincia de Chubut 192


en los años 1883 - 1889 - 1904 - 1928 - 1945 – 1955. De Cristina Beatriz
Massera.

Capítulo “Mundo del trabajo y trabajadores/as en perspectiva 203


comparada: Balances, aportes y desafíos”
Coordinadores de mesa: Daniel Cabral Marques (GEHiSo-UNPSJB) y
Enrique Mases (GEHiSo-UNCo)

El trabajo infantil rural en la Norpatagonia de 1900 a 1943. Un 204


acercamiento desde la bibliografía. De Daniel Santiago Caminotti.

La niñez trabajadora en el mundo rural patagónico. De Enrique Mases. 218

Historia y literatura o el difícil problema de la experiencia. Estudio de un 235


caso. De Esteban Vedia.

Lecturas en torno a YPF y al trabajo petrolero estatal en la Cuenca del 264


Golfo San Jorge: Diferentes miradas en una perspectiva de cien años. De
Daniel Cabral Marques.

Los usos políticos y simbólicos del espacio público por parte del gremio 309
petrolero (SUPE) y de los docentes provinciales (CTERA-ATECH) en
Comodoro Rivadavia (1989-1999). De Dafne Rentz.

Transformaciones socio-laborales en la empresa “Compañías Asociadas 349


Petroleras SA”, Diadema Argentina, Com. Rivadavia 1994-1998. El caso
de los supervisores petroleros. De Daniel Andrés Gómez.

Capítulo “Representaciones de la Patagonia en la documentación y 363


el análisis de prácticas artísticas y comunicativas”
Coordinadoras de mesa: Miriam Álvarez (UNRN) y Marisa Malvestitti
(IIDyPCa-UNRN)

“Armar una provincia”. Construir identidad pampeana desde la pluma y la 364


gestión: Juan Ricardo Nervi y Armando Forteza. De Leda García.

Teatro IVAD: el grupo y su producción durante los años de la dictadura. 380


De Alicia Nudler y Adrián Porcel de Peralta.

Capítulo “Política, sociedad y cultura bajo el terrorismo de Estado. 395


1976-1983”

6
Coordinadoras de mesa: María Beatriz Gentile (UNCo-GEHiSo) y Susana
Debattista (UNPSJB, sede Trelew)

Recreación capturada. Análisis del alcance de la red de sentido en torno 396


a las efemérides patrias. Neuquén 1976 - 1983. De Julia C. Gerlero.

Malvinas, entre el terrorismo de Estado y la apertura democrática. Un 415


análisis sobre la vida cotidiana y la participación ciudadana en la ciudad
de Comodoro Rivadavia durante el conflicto bélico. De Lorena Julieta
Martínez y María Laura Olivares.

Capítulo “Historia de la construcción del paisaje” 442


Coordinadora: Paula Gabriela Núñez (IIDyPCa)

La configuración industrial de Kilómetro 5 en Comodoro Rivadavia. El 443


patrimonio industrial analizado desde sus inicios, 1909-1926. De Daniel
Andrés Gómez.

El sentido de pertenencia social del patrimonio industrial energético en el 460


camino del agua. De Ana María Villalobos.

Capítulo “Representaciones periodísticas y populares en la 479


Patagonia”
Coordinadores de mesa: Alfredo Azcoitia (UNRN) y José Benclowicz
(IIDyPCa CONICET/UNRN)

Debates y perspectivas desde la prensa en un marco de conflicto social. 480


Santa Cruz 1920-1922. De Aixa Bona y Juan Vilaboa.

“Decían, no, ustedes tienen derechos... y nosotros no les creíamos”. 501


Experiencias de lucha y organización barrial en Bariloche: el caso de los
vecinos del 10 de Diciembre / 28 de Abril. De José Benclowicz, Solange
Achon y Mariel Wörner.

Representaciones discursivas en torno a la desaparición de Julio César 519


Schwartz. Un abordaje desde la lingüística sistémico-funcional. De Ayelén
Mereb.

Capítulo “Los pueblos originarios en Argentina en los siglos XX y 546


XXI: políticas estatales y estrategias subalternas”
Coordinadores de mesa: Walter Delrio (CONICET-UNRN) y Mariano
Nagy (Fac. de Filosofía y Letras, UBA).

Exposición ilegal de cráneos humanos en el Museo de Luis Beltrán (Valle 547


Medio, Provincia de Río Negro, Argentina). De Lorena Vargas Ampuero y
Daiana Rifo.

7
La Asociación Nacional de Aborígenes: agencia indígena en la 567
producción del espacio social durante las gobernaciones radicales (1916-
1930). De Pilar Pérez.

Instancia de talleres para estudiantes e investigadores de grado y 585


postgrado
Coordinadores: Liliana E. Lusetti (CRUB, UNCo), Viviana M. Fernández
(CRUB, UNCo) y Maximiliano J. Lezcano (CRUB, UNCo)

La historia ambiental, la importancia de incorporar su perspectiva, 586


ventajas y obstáculos. De María Laura Langhoff.

Breve análisis del catecismo de Luis de Valdivia en el contexto de la 592


acción misionera jesuítica en el sur de Chile colonial (Siglo XVII). De
Carolina Villar-Laz.

8
Introducción

V Jornadas de Historia Social


de la Patagonia
Por Comisión organizadora

El presente volumen compila trabajos que fueron presentados en las “V


Jornadas de Historia Social de la Patagonia” que se realizaron entre los días 7
y 8 de noviembre de 2013 en la ciudad de San Carlos de Bariloche.

Estas Jornadas proponen la promoción de un espacio de encuentro, debate,


intercambio y actualización para los investigadores ligados al análisis de los
problemas de la historia social del territorio patagónico, con especial referencia
a la consideración del devenir histórico de los procesos operados en el mundo
del trabajo, la conflictividad social, los procesos políticos, las prácticas
coercitivas del estado, y las agencias subalternas.

La realización de las mismas en Bariloche tuvieron una doble implicancia, por


un lado, la de favorecer la continuidad de las acciones académicas
desplegadas desde la celebración de las “I Jornadas de Historia Social: Los
Trabajadores en la Patagonia” (Neuquén, 14 y 15 de abril de 2005). A éstas le
siguieron las “II Jornadas de Historia Social de la Patagonia” (Neuquén, 26 y 27
de abril de 2007), las “III Jornadas de Historia Social: Los trabajadores y el
mundo del trabajo en la Patagonia” (Comodoro Rivadavia, 28 y 29 de mayo de
2009) y las “IV Jornadas de Historia Social de la Patagonia” (Santa Rosa de La
Pampa, 19 y 20 de mayo 2011). Por otro lado, ha representado un apoyo
inestimable a los esfuerzos por generar en nuestra ciudad y región, espacios
de trabajo y debate en las ciencias sociales y humanidades.

Especialmente para el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y


Procesos de Cambio de la Universidad Nacional de Río Negro, unidad de co-
dependencia con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
creado en el año 2008, al que le fuera encomendada la organización local del

9
evento, la realización de las jornadas han sido una oportunidad para establecer
y fortalecer vínculos entre centros de investigación y equipos de trabajo.

La realización de las jornadas fue posible gracias al trabajo de un equipo local


compuesto por docentes, estudiantes e investigadores de la Universidad
Nacional del Comahue, Centro Regional Universitario Bariloche; y de la
Universidad Nacional de Río Negro, Sede Andina-Bariloche, quienes contaron
con el apoyo imprescindible del comité académico integrado por representantes
de los cinco centros de investigación que patrocinan las jornadas.

Agradecemos especialmente las gestiones llevadas a cabo por el Dr. Enrique


Mases, por el señor presidente del Consejo Provincial de Educación de Río
Negro, Zona Andina, Prof. Pablo Zuccaro, por las gestiones destinadas al
reconocimiento de las jornadas a nivel provincial como también las de concejal
Alfredo Martín, y a las autoridades del Centro de Educación Media N° 99 de la
ciudad de Bariloche y de la Supervisión de Nivel Medio. Las jornadas también
contaron con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y
Tecnológica.

Finalmente queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a todos


aquellos que han aportado a la realización del evento a través de su
participación como coordinadores de mesa, comentaristas, expositores y
asistentes. Esperamos que este tipo de instancias de intercambio se repitan y
se vayan incrementando a futuro.

10
Capítulo
“Procesos migratorios en Patagonia
(s. XIX – XXI)”
Coordinadoras de mesa:
Ana Inés Barelli (IIDyPCa-CONICET-UNRN)
y Patricia Dreidemie (UNRN)

11
Una colonia de suizos-franceses. Discursos y representaciones sobre ser
pionero en la Norpatagonia - Fines del siglo XIX - 1950

Mosches, Edith A. (UNCO-CRUB, CEHIR- ISHIR- CONICET- Nodo CRUB)


S. C. de Bariloche, Río Negro.

Pierucci, Liliana V. (UNRN Sede Andina, CEHIR-ISHIR-CONICET-Nodo
CRUB) S. C. de Bariloche, Río Negro.

Resumen

Nos proponemos abordar el tema poblaciones y procesos de migración en la


Norpatagonia analizando la construcción de la representación social del
pionero y colono, que se materializa entre otros, en el poblado histórico de
Colonia Suiza cercano a la ciudad de San Carlos de Bariloche, entre fines del
siglo XIX y la década del 50.
La migración suizo-francesa llegada a esta región, se corresponde con la
entrada de europeos a la Argentina entre 1870 y 1914, pero arribando desde
Chile. En la primera parte presentamos un aporte sobre las características de
esta migración en relación y comparación al análisis propuesto por Fernando
Devoto (para la historia de las migraciones en la Argentina).
En la segunda parte, planteamos qué discursos se presentan sobre a quién se
le atribuye ser "un habitante de Patagonia" y cuál es la construcción sobre ser
argentino y a la vez, la ausencia en esos discursos de la población previa a la
“Campaña del Desierto” y de la población de origen chileno, que se instaló en
simultáneo con el denominado pionero.
Para finalizar, analizaremos relatos sobre este territorio: hostil aunque de
carácter promisorio, el ideal para construir “la Suiza Argentina” de acuerdo a
los valores del siglo XIX sobre el progreso y la civilización.
La historia local nos cuenta que a partir de la llegada de los pioneros y colonos,
se inicia la gesta civilizatoria regional. Cada una de las localidades de la
Norpatagonia (San Martín de los Andes, Villa La Angostura, San Carlos de
Bariloche, Colonia Suiza, Villa Traful) remite a estos inicios, a sus esfuerzos y
luchas. En este contexto, se establece una relación entre pionero y naturaleza
que excluye a otros sujetos sociales: una idea de naturaleza prístina y

 Mail: edimoch@[Link]
 Mail: lpierucci@[Link]

12
armónica como producto de una construcción social que elude los conflictos
interétnicos y de clase, donde “el futuro” es el eje de desarrollo y se considera
al indígena como “un pasado lejano”.
Lo anteriormente expuesto se ve plasmado en los guiones museísticos, en la
prensa, fotografías, etc., (nuestras fuentes documentales), reconociendo en
ellos una tradición construida sobre comunidades imaginadas como aldeas de
inmigrantes europeos, parte de un proyecto homogeneizante que unificaría
toda la sociedad de la Norpatagonia bajo la bandera del “progreso”.

Una colonia de suizos-franceses. Discursos y representaciones sobre ser


pionero en la Norpatagonia - Fines del siglo XIX - 1950

“Ni al irse, ni al estar, ni al volver,


nunca había nada. Y ahora tenían dos memorias
y tenían dos patrias.”
1
Eduardo Galeano

Introducción

Como integrantes del proyecto de investigación dirigido por la doctora Laura


Méndez,2 que pertenece al programa “Estado, economía y sociedad en la
Patagonia. Políticas públicas, agencias estatales, actores sociales: formas
identitarias y repertorios de resistencia (siglos XIX y XX)”, bajo la dirección de
la Dra. Susana Bandieri (Unidad Ejecutora en Red - CEHIR – ISHIR -
CONICET), presentamos un avance3 sobre el tema Poblaciones y procesos
históricos de poblamiento en Patagonia, entre fines del s. XIX y la década del
50, analizando la construcción de la representación social del pionero y colono
reflejada en los museos locales y en especial, tomando como caso el Poblado
Histórico de Colonia Suiza y su Museo “Viejos Colonos”, ubicado a 25 km de la
ciudad de San Carlos de Bariloche.

En el marco de la investigación que estamos llevando adelante, el análisis de

1 GALEANO, Eduardo El libro de los abrazos.


2 Dicho proyecto se denomina “Instituciones, prácticas corporales y memorias resguardadas:
mandatos, resistencias y praxis en la Norpatagonia de la primera mitad del siglo XX” y está
dirigido por la Dra. Laura Marcela Méndez y codirigido por la Lic. Adriana Podlubne.
3 Este trabajo es una versión reelaborada de la comunicación presentada en el X Congreso de
Historia Social y Política de la Patagonia argentino-chilena, realizado en Trevelin, octubre de
este año.

13
las historias regionales se aborda desde dos dimensiones: la primera se
relaciona con la reconstrucción de los relatos desde la documentación
disponible, que nos ha permitido identificar contradicciones y re-elaboraciones
sobre el proceso migratorio y la acción de los pioneros, y la segunda,
acercándonos a la “lectura” de los objetos y fotografías, que consideramos
sacralizan la memoria oral y a los que se consideran, detentan, condensan y
portan, la gesta del trabajo de los pioneros.
La migración suizo-francesa llegada a esta región, se corresponde con la
principal entrada de inmigrantes europeos a la Argentina, la que se produjo
entre 1870 y 1914, con la particularidad que a la Norpatagonia arriban desde
Chile.4
En esta primera parte del trabajo destacamos que la Patagonia tiene su propia
dinámica de corrientes migratorias. En general se relacionan a los momentos y
características que propone Fernando Devoto, coincidiendo que la mayor
corriente de inmigración llega en el contexto de fines del siglo XIX, dónde la
Argentina abre sus puertas a estas poblaciones a la vez que Europa sufre
diferentes crisis político-económicas que generan la dispersión de sus
habitantes.
Como Chile estableció convenios de migración con la Confederación Suiza a
mediados del s. XIX, más de 8.000 personas arribaron a la región de la
Araucanía,5 (espacio ocupado tradicionalmente por población mapuche, lo que
motivó la decisión desde el Estado chileno de entregar estas tierras a colonos
europeos,6 los que se fueron asentando entre 1882 y 1901 para lograr una
presencia efectiva, diferente de los pueblos originarios).
Desde allí, fueron ingresando a la Argentina atraídos por los marcos legales
nacionales, que les daba la Ley N° 1532 de Organización de los Territorios

4 Para una nueva instancia de la investigación, sumaremos la llegada a Chile y la vinculación


de los países receptores con el país de origen de estos inmigrantes.
5 Una de las 15 regiones en que se divide el Estado chileno, por su ubicación es la novena y su
capital es Temuco.
6 Como Chile estableció una agencia de colonización y Suiza tiene un registro de la población
que emigró, se sabe que 24.000 europeos ingresaron entre 1882 y 1901, de los cuales 8.000
fueron de nacionalidad suiza. A través de la prensa se desprende que este acuerdo migratorio
fue una buena ocasión para Suiza de desprenderse de sus campesinos, obreros desocupados
y los elementos no deseados en su sociedad, como por ejemplo, los sindicalistas y obreros de
ideología socialista.

14
Nacionales y la Ley del Hogar,7 ambas del año 1884. Estas leyes
reorganizaron las fronteras interiores y delimitaron las fronteras exteriores de
nuestro país.
Si bien, estos movimientos migratorios no fueron los previstos por las elites
porteñas para poblar el Estado en formación, estos campesinos coinciden en
general, con el mismo grupo social y actividad de los llegados por el Puerto de
Buenos Aires.
La particularidad de los asentamientos poblacionales locales es que se
generaron a partir de redes de inmigración, tejidas por fuertes articulaciones
sociales y familiares y un entramado de tipo endogámico que les dio una suerte
de homogeneidad e identidad con el transcurrir del tiempo.8 Así, es posible
seguir las historias familiares en el arribo a esta región: primeros años en las
colonias establecidas en el sur de Chile, llegada luego de pequeños núcleos a
la Norpatagonia, arribo de otros familiares, etc., dándole a la sociedad local una
conformación heterogénea: alemanes, italianos, suizos, eslovenos, vascos,
chilenos, etc., y una complejidad particular debido a la diversidad social y
étnica, teniendo en cuenta que aquí quedó la población indígena arrinconada
por la campaña militar y que el mestizaje no fue habitual.
¿Quién es el inmigrante? En este primer momento, nos referimos a los
extranjeros europeos que se desplazaron y arribaron para quedarse. Es
importante tener en cuenta que en el ámbito de los territorios nacionales al no
tener nadie el status de ciudadano, no se presenta el conflicto entre habitante y
ciudadano que se dio en las provincias, por la restricción en la participación
política. El relato de la Norpatagonia le da al inmigrante extranjero el rol de
pionero civilizador.

Ser un pionero en la Norpatagonia

En esta segunda parte, planteamos qué discursos se presentan sobre a quién


se le atribuye ser "un habitante de Patagonia" y cuál es la construcción sobre
ser argentino y a la vez, la ausencia en esos discursos de la población previa a

7 Especialmente, es importante considerar como estímulo a la inmigración en Patagonia, la


sanción de la Ley del Hogar que contempla la entrega de 625 ha.
8 Este rasgo identitario se puede observar en la actualidad, en su constitución como
colectividad, en actos públicos, fiestas, distintos eventos locales, etc.

15
la “Campaña del Desierto” y de la población de origen chileno, que se instaló
en simultáneo con el denominado pionero.
Estos discursos se entremezclan con los relatos sobre este territorio: hostil
aunque de carácter promisorio, el ideal para construir “la Suiza Argentina”,
expresión que se vincula claramente a los valores del siglo XIX sobre el
progreso y la civilización.
La historia local nos cuenta que a partir de la llegada de los pioneros y colonos,
se inicia la gesta civilizatoria regional. Cada una de las localidades de la
Norpatagonia (San Martín de los Andes, Villa La Angostura, San Carlos de
Bariloche, Colonia Suiza, Villa Traful) remite a estos inicios, a sus esfuerzos y
luchas. En este contexto, se establece una relación entre pionero y naturaleza
que excluye a otros sujetos sociales: una idea de naturaleza prístina y
armónica como producto de una construcción social que elude los conflictos
interétnicos y de clase, donde “el futuro” es el eje de desarrollo y se considera
al indígena como “un pasado lejano”.
Lo anteriormente expuesto se ve plasmado en los guiones museísticos, en la
prensa, fotografías, etc., (que son nuestras fuentes documentales),
reconociendo en ellos una tradición construida sobre comunidades imaginadas
como aldeas de inmigrantes europeos, parte de un proyecto estatal
homogeneizante que unificaría toda la sociedad de la región bajo la bandera
del “progreso”.
En el marco de nuestra investigación, es importante dar cuenta de la
construcción social que se va creando en relación a la labor de los primeros
habitantes europeos “blancos”, que se instalaron en la región de Norpatagonia,
(aunque se puede aplicar a cualquier grupo inmigrante llegado a nuestro país
entre 1870 y 1914, como dijéramos anteriormente, siguiendo el análisis y
modelos propuesto por Fernando Devoto). Esta población considera que le
tocó la labor de “transformar” el territorio donde se asentó, con el “privilegio” de
trabajar en pos de un futuro idealizado luchando con muchas dificultades y
obstáculos (como por ejemplo lo inhóspito del clima y del paisaje, la soledad, la
“lejanía de la civilización”, que suponen instituciones tales como hospitales y
escuelas, etc.). Es de destacar como se idealiza el recuerdo de este pasado,
pues los descendientes consideran estas acciones de sus antepasados como
gestas, donde muchos de esos pioneros ni siquiera pudieron ver el fruto de su

16
trabajo y esfuerzo. Tomamos la expresión de “pionerismo” como la “constante
en las representaciones históricas de la Patagonia”,9 considerando con esto
una historia regional en esencia inmigrante y cristalizada, que excluye en su
discurso la presencia de los pueblos originarios o de otras migraciones no
europeas.
Por otra parte, para el Estado estos inmigrantes tendrán el estatus de colono,
entendiendo como tales a la población migrante que se instalaron en lugares
“deshabitados” con el objetivo de fundar poblaciones y dedicarse a actividades
económicas relacionadas con el agro.

Memoria, objetos, discursos que componen la memoria


de una “Colonia Suiza”

Como ya planteamos, la representación y narración sobre la gesta civilizatoria


regional se inicia en general a partir de la llegada de los migrantes, pioneros,
colonos de origen europeo desde Chile y no se explicita la presencia de los
pobladores indígenas.
Así es como este relato aparece plasmado en los distintos museos de historia
locales y puntualmente en el poblado de Colonia Suiza.
Este Poblado Histórico,10 se encuentra ubicado a 25 km de la ciudad de San
Carlos de Bariloche, en el Noroeste de la provincia de Río Negro, en plena
cordillera. Se creó a instancias de la gestión estatal, propiciando el
asentamiento y ocupación de estas tierras, así como también la creación de
colonias agrícolas.
Si bien no hay documentación del momento exacto de la fundación, se
considera el año 1899 como fecha fundacional, basándose en los relatos de los
descendientes de los hermanos Goye (María, Camilo y Félix 11). Sin embargo la
documentación disponible consigna diferentes fechas, por ejemplo, los años
1901 y 1903 se asocian a la llegada de otros suizos: Neu, Mermoud, Cretón,
Felley, Rehak, Book, Fant, Thienemann, Beveraggi, entre otros. Está
documentado el inicio de la mensura y división de la tierra en febrero de 1902,

9 Citado en Balazote - Radovich, 2009, p. 34.


10 Este poblado recibió la categoría de “histórico” en el año 1993.
11 Estos tres hermanos Goye, provenientes de la ciudad de Saxon, que en 1883 llegaron
desde Chile, previo recorrido por Zapala y Las Lajas, se consideran fueron los que dieron
origen a un pequeño flujo migratorio de suizos a Colonia Suiza.

17
y la creación de la colonia del Nahuel Huapi, (origen de las ciudades de San
Carlos de Bariloche, Villa La Angostura y este poblado) en abril del mismo año,
con otro decreto.
La inmigración de la colonia que se instaló en el Oeste del lago Moreno, es de
origen suizo-francés,12 especialmente provenientes del cantón valezano.
Llegaron por sus propios medios, atraídos por la belleza del lugar (que en los
relatos les recordaba su Suiza natal) y a las condiciones de creación de estas
colonias propuestas por la propaganda estatal.
Cada colono recibió como donación por parte del Estado Nacional un lote
pastoril de 625 ha. denominado “poblado”,13 con la libertad de realizar la
actividad agrícola o pastoril que consideraran, sembrando a lo largo de los
años, trigo, alfalfa, avena, frutales y criando animales. Por estas producciones
obtuvieron algunos premios nacionales, tales como: en 1910 por la producción
de trigo (en una muestra realizada en la Rural de Buenos Aires) y en 1925 por
la producción de frutales.
En la década de 1930, se suma la explotación forestal14 con el procesamiento
de madera, creando un aserradero y vendiendo esta producción en la ciudad
de Bariloche.15 Cada uno según sus criterios, construyó dentro del mismo, una
o más viviendas, galpones, establos, etc. Y de manera espontánea se fue
organizando la urbanización con calles, alamedas, puerta de ingreso, camino y
puentes. En esta misma década, surgen otros actores sociales disputando
estos lotes: Parques Nacionales y el Ejército.16

12La inmigración suizo-francesa fundó varias colonias agrícolas a lo largo de nuestro país y en
Chile. Llegaron en la primera oleada inmigratoria, de fines del s. XIX, buscando mejores
condiciones de desarrollo a raíz del contexto de los países europeos de una de las fases de
crisis de la Revolución Industrial.
13 Desde la concepción de la arquitectura rural, se denomina poblado a cada lote de 625 ha.,
distribuidos para cada familia.
14 La actividad forestal se realizó en el aserradero Goye & Fant, que le dio a la Colonia un
fuerte movimiento económico hasta su cierre en 1975.
15 En Carbonero, s/d.
16 A partir de la década del 30, se observan distintas agencias nacionales que superpondrán
sus acciones y jurisdicciones en la Norpatagonia, entre ellas, Parques Nacionales (el Parque
Nacional Nahuel Huapi se creó en 1934) y el Ejército en su rol de guardián de la frontera.
Colonia Suiza queda inscripta dentro del Parque Nacional hasta la década del 70, pero siendo
zona de frontera; por este motivo se generan los conflictos entre ambas instituciones.

18
Un “poblado histórico”

Los lineamientos para recibir esta declaratoria por Ordenanza Municipal N°


131-CM del año 1993, surgen del relevamiento, diagnóstico e inventarios de las
construcciones, infraestructura y usos que se hacen de la tierra (e hicieron a lo
largo del tiempo), en esta población rural.17 De la actividad como colonia
agrícola ganadera tradicional, se le ha sumado la actividad turística.
Los datos demográficos son imprecisos debido a que los censos poblacionales
anteriores a 1991 no desglosaban esta localidad de la localidad de Bariloche.
En 1939 se registraron 93 habitantes y para 1991, 77 habitantes, dato que
discrepa notoriamente con la Junta Vecinal de Colonia Suiza que tiene 180
habitantes registrados para el mismo año.18
La pavimentación de la actual ruta provincial 77 modificó el trazado del Circuito
Chico, tocando a la colonia sólo tangencialmente. El poblado tuvo un
estancamiento notorio debido a diferentes circunstancias a lo largo de estos
114 años de vida, tales como la llegada del ferrocarril en el año 1934 y con él,
los productos manufacturados a menor precio; los cambios climáticos que
afectaron la producción agrícola en las décadas del 40 y 50 y los límites
conservacionistas a la explotación del bosque que rodea la colonia por parte de
Parques Nacionales, que se fueron modificando desde la década del 70.19 El
resurgimiento económico de Colonia Suiza vino de la mano del turismo en la
década del 80. Los atractivos del lugar van de lo histórico a lo gastronómico,
incluyendo artesanías, espectáculos y por supuesto las maravillas naturales del
bosque, las montañas y los lagos. Desde aquí nacen varias picadas20 para
llegar a distintos refugios de montaña de la región.
El paisaje urbano conserva características rurales con edificios dispersos
separados por amplios espacios de bosque o antiguas sementaras. La visión
de conjunto se logra en la calle principal, nombrada como “Félix Goye” en

17 Para la investigación a la que hacemos referencia, se creó una comisión para relevar el
patrimonio arquitectónico local, dirigida por la Arq. Liliana Lolich.
18 Una de las hipótesis para esta diferencia de población, se debe a que muchos habitantes de
Colonia Suiza tienen doble residencia, pues por razones de trabajo y educación, algunas
familias tienen una casa en el poblado histórico y también en Bariloche, residiendo en la
semana en esta última localidad.
19 Por ejemplo, se prohibió la plantación de especies exóticas, como el Pino-Oregón que se
usaba en la explotación forestal.
20 El trazado de las mismas, fue realizado por los habitantes de esta Colonia, en la década del
30.

19
homenaje a este pionero, con la mayor concentración edilicia del poblado.
Tenía un portal de acceso y doble alameda de la que se conserva la hilera sur
y la disposición de circulación por el mismo. A la vera de esta calle corre el
canal derivado del Arroyo Goye que sirvió de alimentación a la antigua usina
del lugar.
Los hitos del patrimonio cultural más destacados son: el puente en la angostura
del lago Moreno, la cpilla “Nuestra Señora del Rosario”, la ecuela, la Casa
Grande21 y el Puente Viejo. Quedan algunos establos y graneros y se conserva
el muelle del antiguo aserradero (construido por el mencionado ingeniero
Napoleón Beveraggi y que fuera vendido posteriormente a Fant), parte del
primer y único hotel que tuvo la colonia y su cementerio.
La mayoría de estos edificios fueron construidos entre 1899 y 1945. Se los
considera portadores de valores simbólicos, referenciales, históricos y
patrimoniales tanto por la antigüedad de las construcciones, la calidad de
conservación, así como por la evidencia de la influencia centro-europea ya
desarrollada en el sur chileno y transferida por los peones de ese origen que
vinieron a trabajar con los pioneros. Algunas viviendas familiares, así como la
capilla y la escuela, fueron erigidas con la colaboración solidaria de los vecinos.
Entre las unidades familiares que sufrieron incendios, algunas fueron parcial o
totalmente reconstruidas respetando las construcciones originales.
Las construcciones predominantes son de entramado de madera tipo ballon
frame22 con revestimiento de tablas, (la horizontal machihembrada), de piso y
medio o dos pisos con ático, con y sin galería, con techo a dos aguas y cubierta
de tejuela de madera o chapa ondulada de zinc. La madera más utilizada es el
ciprés. Se trata de construcciones modestas, de diseño equilibrado,
generalmente simétrico; y despojadas de ornamentaciones de relevancia
artística. Por sus líneas sencillas, proporciones y material empleado, se
integran armoniosamente al paisaje circundante.
Entre las dificultades que se les presentó a los primeros pobladores, se destaca
la distancia y la falta de caminos, que llevó a algunos al uso de la navegación
como forma de comunicación y traslado. Sin embargo, llama la atención que

21 Se trata de la construcción más antigua de Colonia Suiza, edificada alrededor de 1899 por
Félix Goye.
22 El ballon frame es una tipología constructiva proveniente de [Link]. que aprovecha la
madera y no requiere de mano de obra calificada.

20
tuvieron una línea telefónica interna para hablarse de una casa a otra antes
que en Bariloche y también, esta población tuvo luz eléctrica por la iniciativa del
ingeniero Napoleón Beveraggi.
Como estos inmigrantes vivieron en Chile y tuvieron contacto con mapuches y
chilenos, se observa esta relación materializada en muchas de sus costumbres:
técnicas de rozado de campos, empleo de hierbas medicinales,
aprovechamiento intensivo de los frutos naturales de la zona y prácticas
culinarias como el curanto.23 Esto demuestran que pese a estar mapuches y
chilenos invisibilizados en el relato, en la vida cotidiana se hacen presente.
Conservaron la creencia religiosa católica traída de su lugar de origen como
una herencia familiar. Hacia 1924 el poblado tiene su sacerdote, el padre
Miche, encargado de los bautismos y también de la educación de los niños. La
capilla fue construida en el año 1958.
Las diversiones ocupaban un espacio importante en la vida de esta comunidad.
Las fiestas (por ejemplo los carnavales), podían durar varios días. Estos
espacios eran importantes porque favorecieron la solidez, consistencia y
supervivencia de las redes familiares; a las fiestas acudían amistades y
familiares de la zona de Bariloche, el Manso y El Bolsón. Algunas eran muy
importantes como las que se producían luego de la trilla, esquila o la señalada
del ganado. Se festejaban en casa de algunos de los colonos y siempre había
habitaciones de más para alojar a los invitados “extranjeros”. Otros usos dados
al tiempo libre se relacionan con caminatas por la montaña, el fútbol como
deporte, las reuniones de hombres para jugar a los naipes y para participar en
Bariloche, del juego de bochas, merecidos descansos después de una intensa
semana de trabajo.24
Mantuvieron la celebración del primero de agosto de cada año, aniversario de
la formación de la Confederación Suiza (en el año 1291) como práctica
identitaria en tanto colectividad. También la prensa registra la celebración de
las fechas patrias argentinas en el poblado.
Las fotografías son el testimonio de que todo encuentro era propicio para
realizar buenas comidas, espacio para compartir canciones y bailes

23 En Lolich, 1998.
24 De acuerdo a algunos testimonios orales, “trabajaban hasta el domingo al mediodía… se
almorzaba en una casa diferente cada semana y después, se aprovechaban las reuniones y
encuentros con amigos y familiares…”

21
acompañados de instrumentos, como el acordeón, la armónica y también un
instrumento reconocido como un “invento propio, el violín del diablo”. 25
Como no había médicos, los partos los acompañaban las mujeres del lugar.
La educación de los pequeños era un tema importante: hasta que se concretó
la primera y única escuela local,26 N° 129, circa el año 1937, la impartían
algunos maestros, o el cura como dijimos anteriormente, en idioma francés. El
castellano se aprendía en contacto con “la peonada”. Entre 1929 y 1938 los
hijos de los colonos pudieron asistir a la escuela creada en Puerto Moreno sin
embargo muchos niños eran enviados como pupilos a Bariloche o Viedma. 27

El Museo de los Viejos Colonos. Colonia Suiza – Bariloche

A través de la arquitectura de la casa histórica donde está emplazado, sus


colecciones de fotografías y álbumes familiares, documentos, herramientas y
objetos que son testimonios de la vida de estos pioneros desde fines del S.
XIX, cuenta la historia del primer asentamiento de suizos en la Patagonia
argentina. Lamentablemente con la muerte de la Sra. Elena Goye de Storti,
propietaria y descendiente directa, el museo inaugurado el 12 de enero de
1997 se encuentra actualmente cerrado. Todavía no se ha definido el destino
de estas colecciones históricas y patrimoniales.
La casa fue el hogar de la familia de Marcelo Goye, hijo de Félix. Construida
1937, combinando su arquitectura con el medio natural. “La Casa Museo los
Viejos Colonos es un ámbito para encontrarse con la historia de vida pasada y
presente de Colonia Suiza." 28
En La historia contada desde lo cotidiano, Marta Carbonero relata que al entrar
a este museo, nos encontramos con la posibilidad de hacer una visita “a una
casa donde los objetos nos hablan de los sueños de los que la habitaron y de
la forma en que los hicieron posibles". La propuesta rompe que con la idea de
un museo histórico estático lleno de objetos viejos, muchas veces apartados de
su contexto… En este caso, la casa estuvo en uso por parte de sus propietarios

25 En Lolich, op. cit.


26 Esta escuela continúa en funcionamiento hasta la actualidad.
27 No así las niñas, que eran educadas en la casa, en las tareas atribuidas a su género.
28 En Lolich, 1998, p. 39.

22
coexistiendo el área del comedor, dedicada a la exposición y la de la cocina y
los cuartos utilizados esporádicamente por la familia.
El entorno (similar al lugar de origen de estos migrantes suizos) se visibiliza a
través de las pequeñas ventanas, donde aparece una vista al cerro Goye, las
plantaciones de frutales y otras casas de madera similares, entre las que se
encuentra la escuelita.29
Los objetos expuestos se relacionan con las vivencias y costumbres de los
colonos. En relación a las tareas masculinas, se pueden observar instrumentos
de labranza, los arados, las bateas para fermentar la cerveza. En relación a las
familias, se destacan utensilios de cocina y propios de las actividades
hogareñas, la plancha, etc. Además, se presentan fotos de la familia, revistas
en francés30 y castellano, cartelera con árboles genealógicos
familiares, juguetes, patentes de automóviles y hasta es posible escuchar
música con la vitrola.
El guión museográfico refleja la construcción de la identidad como pioneros y
colonos donde “cada uno de los objetos habla de una estirpe de gente ruda,
trabajadora e inteligente en la búsqueda de soluciones prácticas, acompañados
por discos de música clásica, la radio, libros, publicaciones de la época
demostrando una sensibilidad más refinada y un deseo de conexión con un
mundo más amplio".31
Se entrelazan en los relatos de la familia Goye, anécdotas de otras familias con
quienes se emparentaron, con sus vecinos y otros vínculos y diferentes formas
de sociabilidad (social, económica, etc.) Entre ellos destacamos los apellidos
Felley, Cretón, Potthoff, Fant, Beveraggi, Schumacher, Rahm, Arduser,
Schnebeli, Roth, Röthlisberger, Moos, Vonmoos, Huber, Bachmann, Tribelhörn,
Frey.

29 En Carbonero, s/d.
30 Estas revistas y periódicos, aunque llegaban atrasados, eran un “puente” entre Europa y su
nuevo lugar de residencia.
31 En op. cit., p. 40.

23
Entre los relatos y los mitos: primeras conclusiones

A pesar de la cercanía de la colonia a Bariloche, ésta ha conservado el carácter


rural, por lo tanto es un valioso testimonio de la etapa fundacional de Bariloche,
que nos muestra un modelo económico de principios de siglo XX desarrollado a
partir de la agricultura y ganadería de tipo familiar, a la vez que se puede
historizar el impacto que generó la actividad turística en el transcurso de los
años.

“La familia vivió siempre en este sitio y trabajaban en el campo.”


(Testimonio oral)

Estos primeros pobladores conservaron muchas de sus tradiciones culturales


pero adoptando a su vez, tradiciones criollas y chilenas. Ejemplo de esto es la
arquitectura en madera, muy similar a la del sur del país vecino.
De los relatos orales se desprende que, aunque los colonos tuvieron que
enfrentar las variadas dificultades que les presentaba la naturaleza, su
experiencia en montaña traída del lugar de origen, les permitió sortear los
distintos obstáculos.

“Nuestros pioneros debieron borrar la memoria por necesidad, casi para


sobrevivir y hacerse parte de la nueva tierra. Luego, la Guerra Mundial del
14 hizo desaparecer a casi todos los familiares que habían quedado en
Europa. Hoy, las nuevas generaciones luchan por rescatar ese pasado
que se quedó enterrado entre los surcos de la labranza”, dice la profesora
e historiadora local Celia Vernaz, descendiente de saboyanos y suizos.
(…) Los descendientes de los pioneros donaron los objetos más queridos,
que se convirtieron en patrimonio de todos… (En diario Clarín, TOLLIER:
1999)

De los diferentes testimonios se desprende el relato de un pasado idealizado,


casi mítico, dando lugar a lo que Anderson define como una “comunidad

24
imaginada”32 respecto de su propio pasado y sus vínculos con él, respecto de
la nueva nación que integran y en tensión, el nuevo espacio creado para
desarrollarse: “su propia colonia”. A partir de este ejemplo concreto, podemos
cuestionar la efectividad de la homogeneidad propuesta desde el Estado
Nacional.

“Alfredo Mermoud llegó desde Chile por Peulla en 1924, cruzando la


cordillera a los 16 años solo y descalzo”… (En Lolich, 1998: 54)

Con respecto al modelo de colonización: “se dio aquí una situación muy
particular por tratarse de una sola familia originaria la que dio lugar a la
consolidación de la Colonia. (…) Podemos decir que el asentamiento fue
prácticamente espontáneo ya que la estructuración de un trazado se fue dando
sólo con el tiempo y como consecuencia de las funciones y los usos. De allí
que resulte el caso más orgánico que hemos encontrado por su adaptación a
las condiciones naturales antes que a una forma geométrica o esquema
administrativo.” (LOLICH, 1998: 68)
Entre los interrogantes que nos planteamos, queda abierta la revisión sobre
qué discursos se presentan sobre a quién se le atribuye ser "un habitante de
Patagonia" y cuál es la construcción sobre lo argentino (o sobre ser argentino).
También, reconstruir datos sobre la población originaria pre-campaña militar y
sobre la población de origen chileno, que se instaló en simultáneo con el
denominado pionero.

“Se tiene conocimiento que el lugar ya estaba habitado por algunos


mapuches sin que hayan trascendido sus nombres, cantidad de personas
ni otro indicio que permita conocer el grado de apropiación que tuvieron
de este sitio” (Testimonio oral)

Es interesante notar el uso que se hace de los conceptos en relación al


poblado histórico de Colonia Suiza:

32 En Anderson, 1993.

25
- Pionero, desde el relato actual sobre el pasado, haciendo referencia a los que
llegaron primero, europeos, blancos. Sin incluir a los chilenos que
acompañaron esta migración y labores, (atribuidas solamente a las
colectividades europeas), proveniente de ese mismo país. Es significativo, que
se niegue que esta región tuvo población originaria.
- Colono, quienes se dedicaron a la explotación agropastoril; es la
denominación que recibe la población migrante desde el gobierno, la cual
recibe las donaciones de tierras. Esta denominación aparece en los sucesivos
informes e inspecciones de tierra que se realizan para controlar el uso de la
tierra en esta región. En este caso, también hace referencia solamente al
migrante europeo.
- Inmigrante, es la única denominación y hasta con tono despectivo, que recibe
la población chilena que como dijéramos, acompañó a la migración europea en
la ocupación de esta región.

A partir de este trabajo se nos plantea la posibilidad de incorporar el concepto


estilos de vida, en relación al rescate que se hace de los modos de vivir y
existir de “los pioneros”, que a lo largo de los años se visualiza como un
rescate del conjunto frente a la diversidad de la modernidad, como un espacio
homogéneo con atributos individuales, abroquelando a estos individuos en
grupos (pioneros - colonos - colectividades) con un comportamiento que los
identifica, cristalizado en el curanto o las Fiestas de las Colectividades
argentino-europeas, entre otras formas.
Observamos a un grupo que se siente unido por un mismo comportamiento y
conforman una subcultura propia. Gustos que derivan de la pasión (del rescate
de la propia herencia) y la elección (de ser parte de esta colectividad
autodenominada de “suizos valezanos”) Esto último sería un indicador sobre la
pertenencia ligada al concepto de identidad como construcción social y cultural,
que puede cambiar, superponerse y modificarse.
En el caso de este poblado histórico, es en la arquitectura y las imágenes
donde la memoria consolida la historia como pioneros y colonos: con la
responsabilidad del futuro y en tareas relacionadas a la “tierra”.
Estas representaciones de la propia historia y el registro que queda de la
memoria de esos años, permiten reconocer diferentes discursos:

26
- Los descendientes directos hablan de sus abuelos como parte de la historia
de Colonia Suiza.
- Los testimonios de época recuerdan con nostalgia e idealización a los amigos
y familiares que quedaron en Europa.
- Se recuerda como aventureros a otros suizos que salieron de su país de
origen y se asentaron por distintas partes de la Argentina y del mundo.
- Especialmente, se va consolidando a lo largo de los años, desde todos los
relatos, el honor de ser los pioneros de la localidad, discurso también sostenido
por bisnietos que no tuvieron contacto directo con sus antepasados.
- En los relatos elaborados desde el presente con la finalidad del uso turístico
se le da un lugar preponderante a la historia: desde la materialidad de la
arquitectura, lo simbólico de las vestimentas y banderas, estereotipos sobre la
vida ideal del pionero que domestica la naturaleza, aspectos que se sintetizan
en su feria artesanal de miércoles y domingos, su cerveza artesanal, la
degustación del curanto y en definitiva, la posibilidad de ser parte de una “aldea
de montaña” por unas horas.

"Colonia Suiza es una opción ideal para vacacionar o recorrer en un día,


en familia, disfrutando de sus comidas y costumbres", asegura Don Víctor
Goye, pionero y referente de los vecinos de Colonia Suiza. La pequeña
villa de montaña se emplaza a 25 kilómetros de Bariloche, al pie del cerro
López y concentra cada verano una gran cantidad de mochileros y
acampantes. No obstante, es la gastronomía la que mayor cantidad de
visitantes convoca cada fin de semana. Los días domingos tiene lugar el
tradicional curanto y también hay asado, empanadas y una exquisita
repostería casera…” (Diario Bariloche Digital)

Sin embargo, desde los relatos orales y la documentación reunida en la Casa


Museo, no tenemos suficientes datos para reconstruir otros aspectos de esta
migración a lo largo de estos últimos cien años; por ejemplo, cómo evolucionó
la población, (con porcentajes etáreos o de género); fluctuaciones en la
producción agropastoril; otras ocupaciones de la población así como la
circulación comercial de madera y alimentos en relación a la ciudad de

27
Bariloche (que a modo de mercado interno era el principal destinatario de los
excedentes producidos en Colonia Suiza), entre otros. Estos interrogantes nos
abren la posibilidad de nuevas líneas para complementar esta investigación,
así como también el análisis de los archivos fotográficos.

Bibliografía consultada

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Otros enlaces consultados:

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29
Transformaciones recientes en la composición migratoria de Bariloche:
del espacio fronterizo a la movilidad global

Brenda Matossian (Becaria Posdoctoral CONICET – IMHICIHU)

Resumen

A lo largo de su historia la ciudad de San Carlos de Bariloche ha ostentado un


crecimiento demográfico significativo, caracterizado por un importante aporte
del componente migratorio. Desde mediados del siglo XX el porcentaje de
población nacida en el extranjero se ha mantenido relativamente estable en
una participación que ronda entre un 20 y 10% por sobre el total de la
población. Sin embargo, estos porcentajes poco indican acerca de la
composición de este grupo y las transformaciones al interior de ese conjunto
que suele agregarse en los censos como población no nativa.
El objetivo de esta ponencia es indagar en los procesos de transformación que
la migración internacional ha ido experimentando en San Carlos de Bariloche,
en particular mediante el estudio de fuentes censales correspondientes a los
dos últimos relevamiento de los años 2001 y 2010.
A partir del análisis de ciertos indicadores demográficos es posible realizar un
primer acercamiento hacia las particularidades de estas transformaciones. Así,
se ha modificado lentamente el perfil de la población no nativa desde una
presencia casi exclusiva de nacidos en Chile hacia una diversificación que
puede sintetizarse en dos tipos de flujos bien diferenciados. Por un lado, los
migrantes de países vecinos con motivaciones, en principio, laborales, y los
migrantes provenientes de países desarrollados atraídos por factores
especialmente relacionados con una mejora en su calidad de vida.
La migración chilena sigue siendo la principal por un muy amplio porcentaje, su
peso histórico continúa siendo predominante aunque muestra una tendencia al
descenso. Se destaca el aumento de la población nacida en Paraguay,
España, Bolivia, Brasil, Estados Unidos y Colombia. Todos estos grupos han
aumentado su participación en el conjunto de la población extranjera. Estos
valores muestran un cambio en la composición de los extranjeros en el

 Mail: bmatossian@[Link]

30
departamento Bariloche, con una tendencia al aumento del protagonismo de
los nacidos en países de América Latina. Esta tendencia se asemeja a la de
otras localidades medias de la Patagonia argentina tales como Comodoro
Rivadavia o Puerto Madryn cuyos flujos migratorios han ido modificándose
desde un perfil homogéneo hacia uno que comienza a diversificarse.

Introducción

El estudio de la movilidad humana desde las distintas ciencias sociales y en


particular, para el caso de este trabajo, desde la geodemografía emerge como
una necesidad que ayude a describir, analizar e interpretar procesos cada vez
más vertiginosos, dinámicos y complejos. Desde esta perspectiva, los
esfuerzos realizados desde el mundo de las ciencias se han abierto a un
amplio abanico temático dentro de los estudios migratorios que abarcan desde
el mundo laboral, socioeconómico, de la salud, educativo, cultural,
demográfico, político entre otros. En cuanto a los estudios de caso recortados
territorialmente, en particular aquellos que analizan la inserción de los
migrantes en destino, la mayoría han dado cuenta de situaciones
metropolitanas, en particular de las grandes ciudades globales. En este
sentido, las ciudades medias y los espacios fronterizos se encuentran
significativamente menos estudiados.
El objetivo de esta ponencia es indagar en los procesos de transformación que
la migración internacional ha ido experimentando en San Carlos de Bariloche.
Esto se realizará a partir del estudio de fuentes censales desde dos enfoques:
uno del largo plazo y otro que analiza y desarrolla el detalle de los cambios
recientes (2001-2010) de la composición migratoria. Para el primer enfoque se
analizará la evolución de la población según la condición de su lugar de
nacimiento en el departamento Bariloche. Se trata de una serie que abarca 115
años y nueve censos nacionales ya que fue a partir del segundo censo
nacional, en 1895, cuando se incluyó a la Patagonia. Para el segundo enfoque
se centrará el abordaje en los registros correspondientes a los dos últimos
relevamientos de los años 2001 y 2010 los cuales, gracias al nivel de
desagregación nos permiten analizar los cambios en la composición migratoria
según el país de nacimiento, también a escala departamental.

31
Además del análisis de las fuentes censales se enmarcará la importancia del
estudio de las migraciones en San Carlos de Bariloche desde una perspectiva
histórica que problematice sobre el rol de los “no nativos” en la composición de
la población.
Cabe señalar que conceptos tales como “no nativo” y “extranjero” se utilizan en
esta ponencia en tanto categorías de análisis propias de los relevamientos
estadísticos, con todas las limitaciones y riesgos que esto implica, y con el
consecuente cuidado de evitar reduccionismos esencialistas.

Importancia del estudio de las migraciones en San Carlos de Bariloche

San Carlos de Bariloche es uno de los principales centros de atracción de


población entre las ciudades intermedias de la Patagonia. Núcleo urbano de
jerarquía regional, su economía se encuentra altamente concentrada y
globalizada en torno al turismo. Presenta una compleja y heterogénea
composición social donde existen fuertes tensiones en la construcción de su
pasado.1 Los conflictos entre las «varias historias» tienen un trasfondo étnico-
cultural latente. Es dentro de estas lógicas que se comprende lo problemático
de la presencia de extranjeros. Del conjunto de los nacidos fuera de la
Argentina el nacido en Chile ha sido, como se verá más adelante, el grupo más
importante cuantitativamente. En cuanto a la construcción de un imaginario

1 Como antecedentes se destacan: MÉNDEZ, L.; IWANOW, W. (2001) Bariloche: las caras del
pasado. Neuquén, Manuscritos libros, 223 p.; KROPFF CAUSA, L. (2001), De cómo paisanos y
chilotes devienen vecinos. Migración, identidad y estado en San Carlos de Bariloche, Tesis de
Licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y
Letras (inédita), 157 p.; NUÑEZ, P. G. (2004) “Un municipio alejado, una actividad tangencial y
los efectos de un profundo cambio institucional: San Carlos de Bariloche 1958 - 1970”,
Cuadernos del Sur, Historia (Bahía Blanca), Nº 33, Universidad Nacional del Sur, 169-188.;
MÉNDEZ, L. M. (2005) “Una región y dos ciudades. Puerto Montt y Bariloche; una historia
económica compartida”. Pueblos y Fronteras de la Patagonia Andina Revista de Ciencias
Sociales, 5 (5): 4-11; FUENTES, R.; NÚÑEZ, P. G. -editores- (2007) Sectores populares:
identidad cultural e historia en Bariloche. San Carlos de Bariloche, Editorial Núcleo Patagónico;
NAVARRO FLORIA, P. (2008) “La “Suiza argentina”, de utopía agraria a postal turística: la
resignificación de un espacio entre los siglos XIX y XX”, III Jornadas de Historia de la Patagonia
(San Carlos de Bariloche), 6-8 de noviembre de 2008, (CD ROM) 23 p.; NAVARRO FLORIA,
P.; VEJSBJERG, L. (2009) “El proyecto turístico barilochense antes de Bustillo. Entre la
prehistoria del Parque Nacional Nahuel Huapi y el desarrollo local”, Revista Estudios y
Perspectivas en Turismo (Buenos Aires), Nº 18, Centro de Investigaciones y Estudios en
Turísticos, 414-433; MATOSSIAN, B. (2010) “Expansión urbana y migración. El caso de los
migrantes chilenos en San Carlos de Bariloche como actores destacados en la conformación
de barrios populares”. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias sociales
(Barcelona), XIV: 331 (76), [Link]

32
migratorio “los chilenos” poseen una imagen social negativa, construida por
prejuicios y estereotipos (el “chilote”) que suele contraponerse con la del “buen
migrante” (de origen centroeuropeo). Para comprender estos imaginarios es
necesario remontarse al año 1934 cuando se crea el Parque Nacional Nahuel
Huapi cuya concepción primera estaba íntimamente vinculada al ideal de San
Carlos de Bariloche como la “Suiza Argentina”.2
La composición de la población se ha complejizado ya desde mediados del
siglo XX con el aumento de los migrantes recientes (argentinos y extranjeros),
a los que se suman residentes de temporada y una gran cantidad de población
flotante de turistas. Entre los migrantes internos se destacan los procedentes
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires; en
menor proporción los nacidos en la línea Sur de Río Negro (ámbito rural) y de
otras grandes ciudades de la Argentina (Rosario, Córdoba, Neuquén, entre
otras).3 Esta ciudad muestra con claridad que distintos tipos de
desplazamientos participan simultáneamente en la constitución de lugares:4
migrantes, turistas, intelectuales o empresarios insertos en distintas redes
pueden confluir y reconfigurar un único espacio.
Desde este punto de partida es que se propone desarrollar un recorrido
histórico de las migraciones en Bariloche desde la demografía para avanzar en
un estado actualizado de la composición actual del conjunto de los extranjeros.

Extranjeros en el departamento, reconstrucción a lo largo de los censos

La presencia extranjera fue proporcionalmente más importante que la nativa


durante los primeros años de San Carlos de Bariloche. Fue así como para 1895
el porcentaje de extranjeros ascendía a más de las tres cuartas partes de la
pequeña población total y en 1914 eran el 40 por ciento de la población (Figura
1). Para 1914, uno de cada tres habitantes (34,1 por ciento de la población
total) había nacido en Chile. Sobre el total de los extranjeros, los chilenos
componían el 84 por ciento y los europeos apenas un 11 por ciento. Si bien

2 NAVARRO FLORIA, P. (2008) “La “Suiza argentina”, de utopía agraria a postal turística: la
resignificación de un espacio entre los siglos XIX y XX”, III Jornadas de Historia de la Patagonia
(San Carlos de Bariloche), 6-8 de noviembre de 2008, (CD ROM) 23 pp.
3 MATOSSIAN, B. (2012) Migración y segregación urbana en ciudades medias. Chilenos en
San Carlos de Bariloche, Patagonia- Argentina. Berlín, Editorial Académica Española, 408 pp.
4 ZUSMAN, P.; LOIS, C. (2008) Viajes y geografías. Buenos Aires, Prometeo, 262 pp.

33
existía un flujo de chilenos de origen alemán que circulaban hacia un lado y
otro de la cordillera, la importancia del conjunto chileno por sobre el total de los
europeos (no sólo alemanes) cuestiona, al menos, el imaginario de los pioneros
europeos como colectividad casi exclusiva dentro del grupo de los
denominados primeros pobladores, fuertemente sedimentado en algunos
sectores de la sociedad.
Así, el peso relativo de la población extranjera sobre el conjunto de los
habitantes de San Carlos de Bariloche fue descendiendo a un cuarto del total
en 1947. A partir de entonces ese porcentaje continuó reduciéndose
gradualmente a 10,08 por ciento en 2001 hasta alcanzar un mínimo de 8,81 por
ciento en el último censo realizado en 2010.
El crecimiento de la ciudad entre 1947 y 1960 se nutrió también de migraciones
internas, entre las cuales se destacaron los llegados desde: áreas rurales del
mismo Departamento de Bariloche, del resto de los departamentos rionegrinos
y migrantes urbanos arribados desde la Buenos Aires y otras ciudades del país.
En lo que respecta a la migración internacional, los chilenos son la primera
minoría que se asienta en la ciudad y en su economía. En 1960 un 21,3 por
ciento de población en San Carlos de Bariloche era extranjero; sobre ese
conjunto un 64,9 por ciento era americano, un 34 por ciento europeo y 1,1 por
ciento del resto de los continentes.
Según De Civit y Velasco la actividad laboral de los chilenos en la ciudad que
había sido de carácter temporario hacia 1970 se observaba un afincamiento
permanente en la ciudad. Esta circunstancia favoreció la regularización de su
situación legal, sobre todo durante el período 1964-1968 (tercera regularización
migratoria) con un total de 1.300 nuevos chilenos documentados.5

5 DE CIVIT, E. F., VELASCO, M. (1970) “Geografía urbana de San Carlos de Bariloche”,


Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (Buenos Aires), Tomo XIV, Sociedad
Argentina de Estudios Geográficos, pp. 233-259.

34
Figura 1. Departamento Bariloche - Población argentina y extranjera a
través de los censos 1895 – 2010

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
1895 (*) 1914 1947(º) 1960 1970 1980 1991 (º) 2001 2010

Población argentina Población extranjera

* Población mayor de 14 años.


º Datos para la localidad.
Fuente: Elaboración personal sobre la base de información de censos nacionales

En cuanto a la estructura de la población en 1960 Miatello analiza los datos


censales y describe la pirámide de población extranjera para San Carlos de
Bariloche, que mostraba una típica forma de urna, su gravidez, en ambos
sexos, se acentúa desde los 14 años alcanzando su máxima expresión desde
los 30/34 a 55/59 años.6 Se observa equilibrio de sexos; más allá de los 40
años el número de mujeres baja bruscamente y recién con posterioridad a los
65 años vuelve a insinuarse la paridad. El grupo de varones adultos jóvenes
tenía alta proporción de extranjeros.
En ese mismo trabajo se analiza la composición por origen de los extranjeros
en San Carlos de Bariloche. Por ejemplo, menciona que las reminiscencias
alpinas se apoyan en la “cuota alemana, europea central, más alta que para el
conjunto rionegrino”. A su vez que la proximidad con Chile se reconoce en que
“la localización fronteriza y el fuerte desarrollo, ha acentuado su influencia en

6 MIATELLO, R. A. (1970) “Algunos aspectos de la población del Parque Nacional Nahuel


Huapi”, Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (Buenos Aires), Tomo XIV,
Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, pp. 121-231.

35
ambientes circundantes multiplicando la ingresión chilena que considera el área
como un zona natural de expansión; se agrega la novedad de una concurrencia
cada vez mayor de la mujer chilena”.7 Estas observaciones dejan traslucir las
maneras de referirse a cada uno de estos conjuntos: mientras la migración
centroeuropea se vincula con las características del paisaje alpino, la presencia
chilena se relaciona con la frontera y con una imagen amenazante cuando se
habla de “ingresión” y del carácter expansivo.
En otro de los trabajos publicados en 1970 se reconocían tres grupos bien
definidos: argentinos, chilenos y europeos al mismo tiempo que se afirmaba
que la sociedad de San Carlos de Bariloche “no cuenta con unidad histórica ni
étnica y que las divergencias que surgen les impiden constituir una sociedad
cultural”.8 Sin embargo, este elemento ya conformaba un sello de
heterogeneidad que ha sido parte del nacimiento mismo de la ciudad.
El San Carlos de Bariloche de los ochenta era relativamente más joven que el
resto de la provincia y cerca de la mitad de los residentes eran migrantes, o de
la región pampeana, o de Chile.9
Esta diversa composición demográfica, cuando se cruza con el aporte en los
diferentes grupos etáreos, agrega mayor complejidad a la sociedad local.
La figura 2 ilustra la población por origen y por grupos etáreos para 1980.
Como es de esperar, en el grupo de menores de 15 años, el 8 por ciento
corresponde a nacido en país limítrofe, grupo reducido compuesto por aquellos
que llegaron traídos por sus familias. Dentro del segundo grupo etáreo (15-64
años), se distingue el aumento entre los nacidos en países limítrofes,
constituido por los llegados recientemente más aquellos traídos por sus padres
siendo niños. Este rango etáreo también muestra una mayor participación de
migrantes internos, mayor aún que la de los nacidos en la provincia de Río
Negro, y un pequeño porcentaje de nacidos en países no limítrofes.

7 MIATELLO, 1970 op. cit., p. 179.


8 DE CIVIT, VELASCO, 1970, op. cit., p. 249.
9 JUJNOWSKY, O. (1982) Trabajo sobre Investigación, situación y análisis de la demanda de
viviendas de interés social en la Provincia de Río Negro. CEUR, Río Negro (Inédito).

36
Figura 2. San Carlos de Bariloche: origen de la población por edades,
1980

Fuente: Elaboración personal sobre la base de información publicada en Abalerón y


Del Popolo (1994).

Finalmente, el grupo comprendido por la población de 65 años y más muestra


una composición distribuida de modo similar entre las cuatro categorías. Allí la
población de origen no limítrofe ostenta poco más de un cuarto del conjunto,
los migrantes internos componen la mayoría con casi un tercio y los
rionegrinos, junto con los nacidos en países limítrofes representan un 21 por
ciento cada uno.

37
Esta composición de la población según su origen, se modifica en el año 1991,
principalmente en las edades extremas, según los datos publicados. 10 Entre los
menores de 15 años, un 81,4 por ciento son nacidos en Río Negro y el
porcentaje de nacidos en países limítrofes es de 2,93 por ciento. En el grupo de
los mayores de 65 años, los rionegrinos y el resto de los argentinos toman más
participación alcanzando un 26 por ciento y un 39,9 por ciento,
respectivamente. Mientras tanto los nacidos en países limítrofes descienden al
16,3 por ciento y los nacidos en países no limítrofes al 17,6 por ciento.

La importancia de la migración chilena dentro del conjunto de los


extranjeros

La Argentina se ha constituido como destino principal de la emigración chilena


hasta principios de los noventa y aún para 2003, el 80% de los chilenos en el
exterior residía en la Argentina.11 La Patagonia, y dentro de ella San Carlos de
Bariloche, recibieron una gran cantidad de esta migración. Visto desde la
temporalidad, estos intercambios han mantenido una lógica estrechamente
vinculada a los vaivenes políticos y económicos de cada uno de los Estados.
En 1895 los chilenos constituían el 92 por ciento del conjunto de los
extranjeros, el 84 por ciento a principios de siglo XX para luego descender a
poco más del 60 por ciento en 1960 y luego retomar su predominio a raíz de los
sucesos sociopolíticos y económicos suscitados en la década del setenta. En
1978, en un clima de constante tensión a partir de la disputa por el Canal de
Beagle, ambos países casi llegan a un enfrentamiento bélico. En ese contexto,
el flujo migratorio se intensificó como consecuencia del caos político y militar
reinante en el otro lado de la frontera por el golpe militar al gobierno de
Salvador Allende en 1973. Además de las razones políticas, las cuestiones
económicas también fueron un motivo de emigración: en 1975 Chile alcanzó

10 ABALERÓN, C. A.; DEL POPOLO F. (1994) Dinámica demográfica y pobreza en San Carlos
de Bariloche, Argentina. San Carlos de Bariloche, Programa de Calidad de Vida, Fundación
Bariloche, 67 pp.
11 Instituto Nacional de Estadísticas (INE) - Dirección para la Comunidad de Chilenos en el
Exterior, Ministerio de Relaciones Exteriores (DICOEX) (2005) Chilenos en el exterior. Donde
viven, cuántos son y qué hacen los chilenos en el exterior. Santiago de Chile, 245 pp.

38
niveles de desocupación cercanos al 25 por ciento.12 El proceso migratorio por
razones políticas se mantuvo hasta mediados de la década de los ochenta.
El retorno a la democracia, el 11 de marzo de 1990, constituyó un hito en la
historia de Chile. La inmigración hacia San Carlos de Bariloche, y hacia la
Argentina en general, disminuyó a partir de esos años pues las condiciones
políticas y socioeconómicas en Chile se habían tornado más favorables,
haciendo que los antiguos motivos para emigrar fuesen superados.13
Aún con esta significativa reducción del flujo la cantidad de chilenos ya
asentados en Bariloche queda reflejada en el conjunto de la población
extranjera. Así para el año 2001 los nacidos en Chile representaban el 81 por
ciento del conjunto de los extranjeros, tal como se indica en la Figura 3. En el
registro censal siguiente este porcentaje descendió nuevamente hasta alcanzar
el 70 por ciento sobre el total de los no nativos (Figura 4). En el apartado
siguiente se analizará a qué otros factores, además del freno del flujo chileno y
del normal envejecimiento del “stock” de población chilena responde esta
disminución de su importancia relativa en el conjunto de los extranjeros.

12 PAREDES, A. (2003) “Las prácticas políticas de los exiliados chilenos en Mendoza y su


incidencia en Chile (1970-1989)”, Revista Universum (Talca), Nº 18, Universidad de Talca, pp.
133-146.
13 Consulado General de Chile en la Argentina, (1995) Aspectos demográficos de la
inmigración chilena en Argentina, Buenos Aires (inédito).

39
Figura 3. Población extranjera según país de nacimiento - Departamento
Bariloche, 2001

Uruguay Otros países


1,70% 10,22%
Alemania
1,81%
España
2,02%
Italia
3,11%

Chile
81,14%

Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2001

Figura 4. Población extranjera según país de nacimiento – Departamento


Bariloche, 2010
Otros países
Estados Unidos de
9,80%
Norteamérica
Brasil
2,04%
2,11%
Bolivia
Paraguay 2,70%
2,86%
Uruguay
1,98%
Alemania
1,69%

España
3,48% Chile
Italia 70,52%
2,82%

Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010

40
Lentos cambios en el perfil migratorio

La migración internacional fue modificando lentamente su perfil desde una


presencia casi exclusiva de población chilena hacia dos tipos de flujos bien
diferenciados no sólo por su origen sino también por las motivaciones que
impulsaron su migración. Así por un lado los migrantes de países vecinos con
motivaciones netamente laborales y, por el otro, los migrantes provenientes de
países desarrollados atraídos por factores especialmente relacionados con una
mejora en su calidad de vida.
En la Figura 5 se notan los cambios en este perfil. Tal como se demostró en el
apartado anterior, la migración chilena sigue siendo la principal por un muy
amplio porcentaje, su peso histórico continúa siendo predominante aunque
muestra una tendencia al descenso. Ahora cabe destacar qué sucede con los
otros países de nacimiento, poco estudiados en la historiografía local.
Se destaca el aumento de la población nacida en el Paraguay, España, Bolivia,
Brasil, Estados Unidos y Colombia. Todos estos grupos han aumentado en
más de un 1% su participación en el conjunto de la población extranjera. En un
sentido inverso, han disminuido su participación los nacidos en Italia, Alemania,
Polonia, Austria y Eslovenia. Estas últimas son poblaciones envejecidas de
antiguos migrantes que se van reduciendo.
Estos valores muestran un cambio en la composición de los extranjeros en el
departamento Bariloche con una tendencia al aumento del protagonismo de los
nacidos en países de América Latina. Esta tendencia se asemeja a la de otras
localidades medias de la Patagonia argentina tales como Comodoro Rivadavia
o Puerto Madryn cuyos flujos migratorios han ido modificándose desde un perfil
homogéneo hacia uno que comienza a diversificarse.14
Asimismo, debe indicarse que dado su carácter turístico, Bariloche se presenta
como un departamento atractivo para un tipo de movilidad reconocido como
migración de amenidad o migración por estilo de vida.15 La literatura sobre

14 SASSONE, S. M.; GONZÁLEZ, M. S., MATOSSIAN, B. (2011) “Ciudades patagónicas de la


Argentina: atracción, crecimiento y diversidad migratoria”. Aristas, Vol. V, Nº 6, pp. 109-130,
Mar del Plata.
15 ZUNINO, H. M.; MATOSSIAN, B.; HIDALGO, R. (2012) “Poblamiento y desarrollo de
enclaves turísticos en la Norpatagonia chileno-argentina entre los años 1980 y 2000”. Revista
de Geografía Norte Grande. Nº 53, pp. 137-158. Pontificia Universidad Católica de Chile,
Instituto de Geografía, Santiago de Chile, Chile.

41
migración de amenidad16 pone el acento analítico en la migración de personas
desde las metrópolis a ciudades pequeñas o pueblos rurales en el interior,
sobre todo hacia destinos de montaña, cuya calidad ambiental y cultural es
percibida como superior a la de sus lugares de residencia anteriores. Otro
cuerpo teórico es el referido a la migración por estilo de vida17 el cual describe
aquella relocalización como producto de una actitud reflexiva de los individuos
sobre sus propias vidas y las posibilidades que el migrante visualiza en la
comunidad receptora, por ejemplo: una vida relajada y tranquila, gastos más
bajos en vivienda, clima, beneficios para la salud, y sentimiento de vivir en
comunidad. Para el caso de Bariloche, tal podría ser el motivo que explica el
aumento de los nacidos en España y Estados Unidos de Norteamérica.

Figura 5. Población extranjera por país de nacimiento (sin Chile)


Departamento de Bariloche, 2001 – 2010

%
4,00

3,50

3,00

2,50

2,00

1,50

1,00

0,50

0,00
y

a
Ve do
a
ia

ay

u
ia

cia

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a
ña
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zu
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Au
ra

Bo
Es

ne
Po
U

Fr

lo
Ur

no
Pa

Co
Al

Es
os

i
Re
tad
Es

2001 2010

Fuente: elaboración personal sobre la base de datos de los censos nacionales de


2001 y 2010.

16 MOOS, L. (2005) “The amenity migration phenomenon, why it is happening and our
response”. Presentación efectuada en la Conferencia International Amenity Migration Centre.
Canadá: Kaslo, BC.; MOSS, L. (2006) (Ed) The Amenity Migrants: Seeking and Sustaining
Mountains and their Cultures. Cambridge, Reino Unido: Wallingford Press; GONZÁLEZ, R.;
OTERO, A.; NAKAYAMA, L. y MARIONI, S. (2009) “Las movilidades del turismo y las
migraciones de amenidad: problemáticas y contradicciones en el desarrollo de centros
turísticos de montaña”. Revista de Geografía Norte Grande, n.44, pp. 75-92.
17 O´REILLY, K. (2000) The British on the Costa del Sol. London: Routledge.

42
Estructura demográfica al 2010

La posibilidad de desagregación que brindan los registros censales permite


analizar en detalle al interior de un conjunto aparentemente homogéneo como
puede llegar a ser el total de la población nacida en determinado país que
reside como grupo migrante en una localidad. Para rastrear desde un enfoque
demográfico estas diferencias es que se procesaron datos para el
departamento de Bariloche.18 Así es posible distinguir las heterogeneidades en
la estructura por sexo de la población extranjera (Tabla 1).

Tabla 1. Estructura por sexo de la población según país de nacimiento.


Departamento Bariloche, 2010

País de Índice de
nacimiento Total Varones Mujeres Masculinidad
Chile 8.265 3.695 4.570 80,85
España 408 209 199 105,03
Paraguay 335 199 136 146,32
Italia 331 159 172 92,44
Bolivia 317 195 122 159,84
Brasil 247 106 141 75,18
Uruguay 232 118 114 103,51
Alemania 198 83 115 72,17
Francia 91 50 41 121,95
Perú 67 37 30 123,33
Total
extranjeros 11.761 5.497 6.264 87,76
Total
argentinos 121.739 60.489 61.250 98,76
Total 133.500 65.986 67.514 97,74

Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010

18 Los datos para la localidad y los datos desagregados por fracción y radio censal aún no se
encontraban disponibles al momento de realizar esta ponencia.

43
El índice de masculinidad es un indicador de la distribución de la población
según sexo. Para el total de la población en el departamento el índice es de
97,74 hombres por cada 100 mujeres, lo cual refleja una situación equilibrada
frente a los extranjeros, grupo en el que predominan las mujeres con un total
de 6.264 frente a 5.497 varones, lo cual arroja un índice de masculinidad de
87,76. Ahora bien, si se analiza por país de nacimiento se destaca que los
nacidos en Bolivia, Paraguay y Perú muestran poblaciones significativamente
más masculinizadas con índices de masculinidad que van de 123 a casi 160
varones por cada 100 mujeres. Por su parte, los nacidos en Alemania, Brasil y
Chile muestran una tendencia de mayor proporción de mujeres por sobre
varones.
Si se avanza aún más en el análisis se distingue que estas condiciones de las
poblaciones se explican también por la distribución por edades (Tabla 2).

Tabla 2. Composición de la población extranjera por edad y sexo, valores


porcentuales. Departamento Bariloche 2010

Varones Mujeres
Varones Varones 65 y Mujeres Mujeres 65 y
0-14 15-64 más 0-14 15-64 más Total
Chile 0,96 35,77 7,99 0,99 45,21 9,09 100
España 9,80 27,21 14,22 7,11 25,98 15,69 100
Paraguay 3,58 53,13 2,69 2,99 30,15 7,46 100
Italia 0,60 18,73 28,70 2,42 16,92 32,63 100
Bolivia 11,36 45,74 4,42 12,30 25,24 0,95 100
Brasil 3,64 34,01 5,26 3,64 46,15 7,29 100
Uruguay 2,16 43,53 5,17 1,72 37,93 9,48 100
Alemania 2,53 27,27 12,12 7,07 29,29 21,72 100
Francia 5,49 29,67 19,78 7,69 18,68 18,68 100
Perú 1,49 50,75 2,99 1,49 40,30 2,99 100
Total
extranjeros 2,21 35,74 8,79 2,24 41,02 10,00 100

Fuente: elaboración personal sobre la base de datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas 2010

44
Los europeos constituyen, tal como sucede en otras partes del país, una
migración envejecida, como antigua migración de ultramar mayormente llegada
hasta mediados del siglo XX. Así se replica en la situación barilochense, donde
por ejemplo los italianos de más de 65 años representan un tercio del total de
los italianos.
En contraposición los flujos migratorios más recientes tienen a mostrar
composiciones etáreas jóvenes y presencia de porcentajes relativamente altos
de pasivos transitorios (entre 0 y 14 años). El caso emblemático para Bariloche
es el de la población nacida en Bolivia que ostenta altos porcentajes de
población no sólo en edades activas (45,75 la masculina) sino también entre 0
y 14 (11,36 para varones y 12,30 para mujeres). Los peruanos y los
paraguayos despliegan una distribución similar pero con más peso aún de las
poblaciones activas y masculinas que componen más de la mitad del total de
los conjuntos de sus respectivos orígenes. Se trata en estos casos de una
migración de tipo laboral que busca en los últimos años oportunidades de
trabajo principalmente en el ámbito urbano.

Reflexiones finales

En San Carlos de Bariloche el peso de la migración chilena en el conjunto de


los extranjeros aún mantiene un fuerte predominio, tanto en valores absolutos
como relativos. Aún así se ha registrado un lento pero constante cambio en
esta desde una presencia casi exclusiva de nacidos en Chile hacia una
composición más heterogénea. Esta diversificación puede sintetizarse en dos
tipos de flujos bien diferenciados. Por un lado, los migrantes de países vecinos
con motivaciones principalmente laborales, y por el otro, migrantes
provenientes de países desarrollados atraídos por factores especialmente
relacionados con una mejora en su calidad de vida, que desde los estudios de
las ciencias sociales suelen llamarse migrantes por estilo de vida o por
amenidad. Esta tendencia se asemeja a la de otras localidades medias de la
Patagonia argentina, en particular a la de Puerto Madryn cuyos flujos
migratorios han ido modificándose, aún antes que para el caso barilochense,
desde un perfil homogéneo hacia uno que comienza a diversificarse.

45
Aún teniendo presentes las limitaciones propias de los análisis basados en
registros censales se ha podido mostrar esta tendencia desde una escala
departamental que permite tener una visión general de todo el conjunto de la
población no nativa. Cabe mencionar que este trabajo se presenta como
complemento de otros que abordarán sobre aspectos propios de la experiencia
subjetiva de los procesos migratorios, analizados a través de otras estrategias
teóricas y metodológicas.
Se busca así avanzar sobre una mejor comprensión de procesos complejos y
altamente dinámicos como lo son aquellos que combinan múltiples tipos de
desplazamientos en un mismo espacio material y simbólico.

Bibliografía citada

ABALERÓN, C. A.; DEL POPOLO F. (1994) Dinámica demográfica y pobreza


en San Carlos de Bariloche, Argentina. San Carlos de Bariloche, Programa de
Calidad de Vida, Fundación Bariloche, 67 p.
Consulado General de Chile en la Argentina, (1995) Aspectos demográficos de
la inmigración chilena en Argentina, (inédito) Buenos Aires.
DE CIVIT, E. F., VELASCO, M. (1970) “Geografía urbana de San Carlos de
Bariloche”, Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (Buenos
Aires), Tomo XIV, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, pp. 233-259.
FUENTES, R.; NÚÑEZ, P. G. -editores- (2007) Sectores populares: identidad
cultural e historia en Bariloche. San Carlos de Bariloche, Editorial Núcleo
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48
La inmigración coreana en la provincia de Neuquén. Estudio de caso:
1980-2010

Lidia Ascencio

Introducción

Argentina, al igual que el resto del mundo, ha sido receptor de un número


importante de inmigrantes en los últimos treinta años que podríamos denominar
como inmigrantes no convencionales. Este tipo de inmigración está constituida
por personas provenientes de Extremo Oriente principalmente. En el marco de
este proceso nos interesa como objeto de análisis la inmigración coreana en la
ciudad de Neuquén.
La inmigración convencional1 estaría conformada por aquellos individuos que
básicamente pertenecen a países limítrofes de Argentina, aunque, debemos
admitir que dicho fenómeno también sufrió un cambio considerable. La
inmigración clásica la constituía la población chilena y en menor grado la de
otros países limítrofes. Sin embargo, en los últimos veinte años, hemos
observado que aún la inmigración convencional ha ido variando,
incorporándose; otros migrantes provenientes de países tales como Bolivia,
Perú, Colombia, Ecuador, por nombrar algunos de los países de origen.
Así, podría decirse que nuestro país, Argentina, y nuestra ciudad en particular,
Neuquén, ha ido experimentando un cambio considerable en cuanto a la
variedad de personas que la habitan y que han hecho del paisaje poblacional
un mosaico más heterogéneo.
El hecho de que un número de familias coreanas habiten nuestra ciudad nos
induce a preguntarnos las razones de tal elección. Nos plantemos lo siguiente:

 Este trabajo exploratorio constituye la primera parte de una investigación mayor con relación
a la inmigración coreana en las provincias de Río Negro y Neuquén.
 Profesora e investigadora del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de
la Universidad Nacional del Comahue; mail: lascencio_1@[Link]
1 La inmigración convencional, constituida por personas provenientes de países limítrofes, ha
sido la característica principal desde 1960 aproximadamente. La población chilena eran los
migrantes habituales en las provincias lindantes con la cordillera de los Andes y se empleaban
en actividades agrícola-ganaderas mayoritariamente. En tanto, la población boliviana y
paraguaya se asentaba en la ciudad y provincia de Buenos Aires, constituyendo la construcción
el oficio preferido; VARGAS, Patricia y TRPIN, Verónica “Trabajadores bolivianos, chilenos y
paraguayos en la Argentina: una aproximación en casos etnográficos”, en COHEN, Néstor y
MERA, Carolina -compiladores- Relaciones interculturales: experiencias y representación social
de los migrantes, Buenos Aires, Antropofagia, 2005, pp. 193-196.

49
¿Cuáles fueron las razones por las cuales dejaron su país natal?; ¿Por qué se
asentaron en nuestra región y no en otras ciudades más densamente pobladas
de la Argentina?; ¿Por qué eligieron la actividad que desempeñan por sobre
otras profesiones? Preguntas que nos tendrían que permitir definir si se trató de
un fenómeno inmigratorio de tipo diáspora, expulsión forzosa o inmigración
voluntaria. En esta oportunidad, intentaremos responder algunas de las
preguntas formuladas, tratando de construir una explicación de tal fenómeno.

Proceso inmigratorio coreano

El proceso inmigratorio de la población coreana en nuestro país comenzó antes


del período abordado en este trabajo.2 De hecho, en el año 1962,3 comenzaron
a llegar los primeros contingentes de inmigrantes coreanos con destino final:
Argentina. El máximo de inmigrantes se alcanzó en el año 1990, cuando la
población coreana totalizaba 42.000 personas. Así, “la mitad de esta población
ingresa al país entre los años 1984 y 1989, instalándose principalmente en la
provincia y en la Ciudad de Buenos Aires. En el año 2000/2001, la cifra
ascendía a 25.000 personas, mientras que en la actualidad, no superaría las
20.000 personas, este último hecho responde tanto a la característica de
desplazamiento y reemigraciones típica de esta migración, como al factor de
expulsión que representó la recesión económica de los años 90, y la
inestabilidad institucional, política y económica en el 2001” 4. En la actualidad,
octubre del año 2013, podría decirse que en Buenos Aires se encuentran
viviendo aproximadamente 20.000 coreanos, prácticamente la mitad de las

2 La primera inmigración coreana al país tuvo lugar en el año 1956 y 1957 producto de la
guerra entre las dos Coreas. A partir de 1962, llegaron al país pequeños grupos aislados cuyo
destino eran diferentes países de América Latina. MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la
Inmigración Coreana en Argentina” en OVIEDO, Eduardo Daniel -compilador- Corea… Una
mirada desde Argentina, Primer Congreso Nacional de Estudios Coreanos, Rosario,
Universidad Nacional de Rosario Editora, 2005, p. 380.
3 En 1965, llegaron numerosas familias cuyo destino final sería Lamarque, Choele Choel, Luis
Beltrán y Pomona, poblaciones situadas en el Valle Medio de la provincia de Río Negro. Estas
familias se dedicaron a la actividad agrícola aunque al cabo de algunos años la actividad
fracasó y los pobladores coreanos emigraron a ciudades más densamente pobladas y se
dedicaron a la actividad comercial. TRINCHERI, Alcira “Las visiones de la primera migración
coreana en la Argentina” en DI MASI, Jorge y CRISCONIO, María Magdalena -compiladores-
Corea y Argentina: Percepciones mutuas desde una perspectiva regional. Segundo Congreso
Nacional de Estudios Coreanos, La Plata, La Plata, 2006, p.139.
4 MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la Inmigración Coreana en Argentina”, op. cit., p. 380.

50
personas que había hace 13 años, según una fuente consultada recientemente
en la ciudad de Neuquén.5
En el presente, de la totalidad de coreanos que viven en el exterior (alrededor
de 7.000.000),6 el 80% se encuentra distribuido entre Estados Unidos
(2.000.000),7 República Popular China (2.000.000)8 y Japón (1.00.000).9
Algunas razones explican esta realidad. A partir de la guerra de Corea ocurrida
entre los años 1950-53,10 Estados Unidos ha estado presente de manera
constante durante este proceso bélico, con posterioridad al mismo y en el
proceso de conformación de la actual Corea del Sur. Desde ese momento,
surgió una estrecha relación entre los dos países tanto en la faz económica
como cultural que permitieron un intenso intercambio entre ambos,
explicándose así el importante porcentaje de población coreana viviendo en
Estados Unidos.11 Algo similar ha sucedido con China y Japón. China tuvo una
participación importante en Corea con anterioridad a la ocupación japonesa.
Tal invasión permitió que un número considerable de coreanos se asentaran en
el norte de China como mano de obra. De esta forma, los coreanos residentes
en China no retornaron a su país natal incrementando así, el número de

5 Entrevista al pastor Son Hojeong, a cargo de la Iglesia Presbiteriana Coreana en Neuquén


desde febrero del 2013.
6[Link] octubre del 2013.
7[Link] octubre del 2013.
8[Link] octubre
del 2013.
9[Link] octubre del 2013.
10Hasta esa fecha, Corea del Norte y del Sur formaban un sólo país aunque en el año 1950
estalló la guerra entre ambas y la misma tendría una duración de 3 años. Corea fue uno de los
numerosos espacios que las potencias de ese momento: Estados Unidos y la Unión Soviética
eligieron para diferir sus posturas ideológicas. Así, la Unión Soviética tomó partido por Corea
del Norte instaurando, ya con anterioridad al estallido de la guerra civil, un régimen comunista
en la figura de Kim II Sung mientras que Corea del Sur seguiría los destinos capitalistas con
Syngman Rhee como presidente de la recientemente formada República de Corea. Asimismo,
“cuando la guerra concluyó finalmente, el 27 de julio de 1953, el Norte había sido devastado
por tres años de bombardeos que difícilmente hayan dejado un edificio moderno en pie. Ambas
Coreas habían presenciado un virtual holocausto que arrasó su país y convirtió las vibrantes
expectativas de 1945 en una pesadilla. El punto a recordar es que ésta fue una guerra civil y
que, como un diplomático británico dijo una vez, “cada país tiene su derecho a librar su Guerra
de las Dos Rosas”. La verdadera tragedia no fue la guerra en sí misma, ya que un conflicto civil
librado solamente por coreanos podría haber resuelto las extraordinarias tensiones generadas
por el colonialismo, la división nacional y la intervención extranjera. La tragedia fue que la
guerra no solucionó nada: simplemente fue restaurado el statu quo y la paz se logró sólo por un
armisticio. Hoy los problemas y las tensiones todavía permanecen”, CUMMINGS, Bruce El
lugar de Corea en el sol - Una historia moderna, Córdoba, Comunicarte editorial, 2004, p. 329.
11 Ver ASCENCIO, Lidia Algunos factores que contribuyeron al posicionamiento económico
mundial de Corea del Sur entre 1970 y 2000 en el VII Congreso Nacional de Estudios
Coreanos, Buenos Aires, 7 y 8 de noviembre del 2011.

51
población coreana en este país sino-tibetano. Y, por último, el flujo de personas
coreanas y japonesas fue muy intenso entre los dos países debido a la
ocupación japonesa en Corea entre los años 1910 y 1945. De hecho, existía
un elevado número de población coreana viviendo en Japón al momento en
que este último fue forzado a restituir la independencia a Corea. Este factor
posibilitó la estancia permanente de muchas familias coreanas que ya se
encontraban residiendo en Japón. En esta segunda etapa, el status de los
coreanos cambió, elevándose su nivel de vida y debido a tal razón es que se
encuentra un número elevado de dicha población en la isla nipona. De esta
manera, observamos que sólo el 20% restante, es decir, unos 2.000.000 de
personas coreanas han elegido diferentes partes del mundo como lugar de
residencia. A modo de ejemplo, en América Latina se encuentran unos 100.000
coreanos aproximadamente.12 Un porcentaje casi ínfimo de esta última
proporción es la que estudiaremos en este trabajo.
La inmigración coreana en la región comahuese la conoce desde mediados de
la década de los sesenta. La misma fue planeada por las políticas públicas del
gobierno nacional y rionegrino en un primer momento y posteriormente,
también por el gobierno nacional de Corea.13 Las políticas argentinas tenían
como objetivo el cultivo agrario con la debida expansión de la irrigación en el
desierto patagónico. Corea, por su lado, buscaba solucionar varias cuestiones:
los problemas ocasionados por la superpoblación demográfica,14 el hambre

12 [Link] octubre del 2013.


13 En 1965 después que la Corporación Coreana de Desarrollo de Ultramar (KODCO)
adquiriera tierras en Lamarque y otros pueblos de Río Negro, llegaron diversas familias
coreanas para establecerse en la zona, con el objetivo de trabajar en el sector agrícola. Entre
1970 y 1978, llegan a otras zonas rurales 500 familias más. De la misma manera que ocurrió
en Brasil, estos primeros inmigrantes coreanos no prosperaron por falta de experiencia en el
sector agrícola, de forma que acabaron estableciéndose en ciudades para dedicarse a
actividades comerciales. El año 1985 representa un punto de inflexión en la llegada de
inmigrantes coreanos. Esto se debe a la firma del Acta de Procedimiento para el ingreso de
inmigrantes coreanos en Argentina. Se entregaron más de 11.000 permisos a familias
coreanas, lo que representó la entrada de más de 30.000
personas.[Link] octubre del
2013.
14 Corea del Sur posee una superficie de 98.840 km2 y una población de aproximadamente 50
millones de habitantes mientras que Argentina ocupa una superficie de 2.766.890 km.2 y
cuenta con 40 millones de habitantes. Student Atlas, London, Dorling Kindersley Limited, 2008,
pp. 146-152. Es clara la asimetría entre espacio y población como así también la necesidad
mutua de ambos países de resolver dicha problemática. En el caso coreano, su sobrepoblación
y en el caso argentino, su carencia de población. Además, Argentina, a lo largo de su historia,
se ha caracterizado por ser un país con políticas inmigratorias y de hecho, ha llevado a cabo

52
reinante por la situación económica vigente, las secuelas políticas y sociales
producto de la guerra entre las dos Coreas además de una tensa situación
gubernamental producida por sucesivos gobiernos militares.

15

Diáspora coreana

Podríamos considerar al tipo de inmigración estudiada como diáspora16 debido


a las características propias de la movilidad coreana. Este grupo de familias
vive y trabaja en diferentes espacios de la Argentina y en este trabajo,
estudiamos la ciudad de Neuquén, pero mantienen un lazo muy estrecho con
su cultura y tradición a través de la preservación del idioma, de las costumbres
típicas coreanas tales como la comida, días de encuentro para el culto, música,
cine, juegos electrónicos, por nombrar algunos. En otras palabras, se han
trasladado físicamente aunque preservan muchas de sus costumbres y cultura

una serie de acuerdos con diversos países a efectos de solucionar la cuestión poblacional
como mostramos en el apartado anterior.
15.[Link]
16 “Las nuevas poblaciones se integran en el país receptor sin asimilarse, conservando una
fuerte pertenencia identitaria referenciada al país de origen. Esto implica la existencia de una
vida asociativa activa por medio de la cual se implementan formas tradicionales de
reproducción comunitarias. La conciencia y la reivindicación de una identidad étnica o nacional
se desarrolla a partir de un lento trabajo de la memoria llevado a cabo por las instituciones de
la comunidad local; y los grupos migrantes dispersos conservan y desarrollan relaciones de
intercambios múltiples entre ellos, con el país de origen y con los otros polos migratorios”,
MERA, Carolina “El concepto de diáspora en los estudios migratorios: reflexiones sobre el caso
de las comunidades y movilidades coreanas en el mundo actual” en Revista de Historia N° 12,
Neuquén, Educo, p. 4.

53
al punto que se han integrado pero no asimilado a la nueva cultura del país
receptor.17
Los trabajos sobre la inmigración coreana en la región han sido llevados a cabo
a través del Departamento de Historia de la Universidad Nacional del Comahue
y en virtud de las visitas etnográficas realizadas en Neuquén y Río Negro,
hemos llegado a la conclusión que la mayoría de los coreanos se habrían
instalado en la década de los ochenta, en la ciudad de Neuquén primero y
luego, en mucha menor cantidad en otras ciudades más pequeñas tales como
Zapala (Neuquén), Cipolletti, General Roca, y Villa Regina (Río Negro).La
ocupación de los coreanos en el sector comercial, como dueños de locales
dedicados a la venta de prendas de tejidos es la actividad exclusiva de esta
población.18 La posible explicación para que otras familias de coreanos de
hayan asentado en ciudades de menor densidad poblacional que Neuquén
obedece a la existencia de nichos comerciales disponibles y a la oportunidad
de progresar económicamente debido principalmente a la oferta de productos
que éstos proporcionan ya que constituyen prendas accesibles en términos de
calidad y costo. Estos comerciantes de productos textiles traen su mercadería
desde la capital, a través de otros comerciantes coreanos que se dedican a la
fabricación de ropa y que la distribuyen en todo el país.19 En este sentido,
observamos un estrecho lazo entre la comunidad coreana constituyendo, de
esta manera, una amplia red comercial. Así, la elección de la actividad
comercial como medio de vida se considera accesible para este grupo asiático
ya que no requiere de una mayor preparación profesional y además les otorga
independencia laboral.
La población coreana tiende a estrechar lazos afectivos, culturales, económicos
y sociales entre sí por sobre cualquier otra socialización que pueda realizarse.
Una de las formas claves de encuentro es a través de las iglesias.20 Éstas no

17 MERA, Carolina, op. cit., pp. 3-4.


18 TRINCHERI, Alcira, op. cit., pp. 147-148.
19 En un sólo caso, un comerciante afirmó comprar los guardapolvos a la comunidad judía ya
que eran los únicos que los fabricaban, entrevista realizada por Lidia Ascencio a la comunidad
coreana neuquina, septiembre del 2013.
20 “Es decir, las funciones y actividades de las iglesias no deben ser entendidas sólo dentro del
marco de la religión, sino como complejas estrategias socio-políticas individuales, familiares y
grupales. Ésta funciona como un centro social y de identificación cultural, como institución
educativa, al enseñar la historia, la cultura y el idioma coreano; y como eje de la reproducción
de un vivo nacionalismo coreano”, MERA, Carolina “El concepto de diáspora en los estudios

54
sólo son importantes como referentes del culto que cada inmigrante coreano
practica sino que es un espacio central en cuanto a la preservación de su
cultura ya que en las iglesias se dictan clases de idioma coreano para los niños
como así también se aprenden otros aspectos relacionados con el país de
origen tales como historia y costumbres a efectos de mantener la tradición.
Además, se relacionan a nivel laboral realizando negocios y también con el fin
de buscar pareja para contraer matrimonio.21 Por ello, una vez instalados en el
país, se observará que al poco tiempo, comienzan alquilando un espacio a
efectos de erigir una iglesia hasta lograr comprar el terreno y de esa manera,
afianzar aún más los lazos contraídos.22 De hecho, a efectos de entender la
importancia de las iglesias23 entre la población coreana, citaremos una frase ya
muy conocida en el mundo académico: “Korean so ften say: if three Chinese
get together, they will open a restaurant, if three Japanese, they will establish a
company. If three Koreans, they will start a church.”24

Del relevamiento realizado en la ciudad de Neuquén, pudimos observar que la


población coreana residente en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén se reúne
una vez al mes en la Iglesia Presbiteriana Coreana del Neuquén, ubicada en
calle Roca al 2500, a efectos de relacionarse, hablar su idioma más
intensamente, realizar negocios, asistir al oficio religioso, comer comidas
típicas, entre otras actividades. Este encuentro mensual se realiza sin importar

migratorios: reflexiones sobre el caso de las comunidades y movilidades coreanas en el mundo


actual” en Revista de Historia N° 12, Neuquén, Educo, 2011, p. 12.
21 De la información relevada, observamos que todos los coreanos residentes en Neuquén se
casaron con miembros de su misma etnia, es decir, se reproduce la endogamia y cuando, por
alguna razón algún coreano contrae matrimonio con una persona por fuera de su comunidad,
es excluido/a de los espacios que habitualmente frecuentan. Entrevistas realizadas por Lidia
Ascencio a la población coreana en la ciudad de Neuquén, septiembre del 2013.
22 MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la Inmigración Coreana en Argentina”, op. cit., pp.
383- 394.
23 “Si bien en Corea, el 50% de la población profesa una religión, los budistas representan el
46% de dicho porcentaje, los protestantes el 39%, los católicos el 13%”, MERA, Carolina “A
Cuarenta Años de la Inmigración Coreana en Argentina” op. cit., p. 394. Además, “Gill Soo Han
(1997) en su estudio sobre las Iglesias Coreanas en Sidney, propone entender estas iglesias
como instituciones multidimensionales, que involucran dimensiones: religiosas, étnicas,
políticas, económicas y sus respectivas combinaciones. Es decir, las funciones y actividades de
las iglesias no deben ser entendidas sólo dentro del marco de esa religión, sino como
estrategias socio-políticas individuales, familiares y grupales”, MERA, Carolina, op. cit., p. 395.
24 “Los coreanos frecuentemente dicen: si tres chinos se agrupan, ellos abrirán un restaurante,
si tres japoneses lo hacen, ellos crearán una compañía. Si tres coreanos se encuentran, ellos
erigirán una iglesia.” KYE-YOUNG, Park, 1997, p. 183; STEVES., Shim 1977, p. VII, citado en
MERA, Carolina “A Cuarenta Años de la Inmigración Coreana en Argentina”, op. cit., p. 394.

55
la religión que cada persona profese ya que de hecho, la mayoría de los
entrevistados son católicos y habitualmente asisten a la Catedral Católica.
Creemos que el hecho de que se haya construido una iglesia en nuestra ciudad
explica, en parte, el fenómeno de diáspora planteado en este trabajo ya que, de
lo contrario, no contarían con un espacio como lugar de reunión. Este factor
demuestra aún más la importancia que las iglesias poseen como espacio de
encuentro de la población coreana residente en esta ciudad. Y, con relación a
los espacios en donde viven, también existe una tendencia a agruparse en
barrios donde puedan estar conectados. Este fenómeno es más común de
observarse en Buenos Aires donde la población coreana es mucho mayor que
en ciudades más pequeñas como la nuestra, donde cada familia vive separada
una de la otra.

Aspectos lingüísticos

Es bien sabido que cualquier tipo de migración, sea temporaria o permanente


conlleva determinado tipo de adaptación al nuevo espacio elegido. En el
presente caso, creemos que el idioma ha sido y es, hasta el presente, una
barrera importante, debido principalmente a las diferencias que ambas lenguas,
el español y el coreano, poseen. Mientras el español es una lengua romance
de la familia denominada Indoeuropea cuya característica en cuanto a su
formación gramatical es sujeto-verbo-objeto, el coreano25 es una lengua de la
familia Altaica de Eurasia cuya formación gramatical es sujeto-objeto-verbo.26
Consecuentemente, el hecho que el orden en la construcción gramatical en
español27 sea diferente del propio idioma ya presenta dificultades en el
aprendizaje del mismo sin tener en cuenta otras particularidades tales como la
pronunciación y el vocabulario. Así, estos dos idiomas no poseen puntos de

25 Es importante aclarar que existen unos 77 millones de hablantes del idioma coreano. Corea
del Norte cuenta con 20 millones, Corea del Sur con 50 millones y unos 7 millones se
encuentran distribuidos en el resto del mundo.
[Link] octubre del 2013.
26COMRIE, Bernard, et al, The Atlas of Languages, London, Facts on File Inc., 2010, pp. 39-
40; 46-47.
27 El coreano es un idioma aglutinante, que consiste en la formación de palabras a partir del
agregado de constituyentes separados, cada uno con un significado distinto. También posee
armonía vocal, que se caracteriza por contener solamente un cierto tipo de vocal. Por el
contrario, el español es una lengua fusional o infleccional donde los afijos se mezclan con las
raíces y pueden expresar más de un significado. COMRIE, Bernard, et al, op. cit., p. 47.

56
contacto y el aprendizaje del español por parte de los coreanos debe haber
sido una tarea ardua por no decir muy difícil. Además, si bien ambos idiomas
poseen alfabetos, existen diferencias notables entre ellos. El español se
caracteriza por poseer un alfabeto romance que se encuentra compuesto por
cinco vocales y veintitrés consonantes mientras que el coreano contiene diez
vocales y catorce consonantes observándose la ausencia de la consonante “r”.
Básicamente, se manejan con silabarios y lo que aparenta ser un ideograma
representa la fonética. En general, la población coreana residente en Neuquén
se comunica fluidamente y entiende el idioma aunque todos han admitido que
les ha resultado sumamente difícil aprenderlo. Esta realidad se debe al tiempo
de exposición a la lengua ya que como veremos a continuación, residen en la
zona y en Argentina desde hace 30 años aproximadamente.

Aspectos etnográficos

De las entrevistas28 realizadas a la población coreana en la ciudad de


Neuquén, deducimos que el número de personas residentes no superan las
treinta y dos,29 lo que equivaldría a sólo unas ocho familias. Hace unos diez
años aproximadamente, un mayor número de familias residía en esta capital
pero debido a la situación económica imperante en el año 2001y al deseo de
seguir migrando, reemigraron a otros espacios con mayores perspectivas
laborales y económicas. De hecho, hemos observado que si las condiciones
reinantes en un determinado espacio no son las adecuadas o las óptimas,
inician una serie de contactos a través de las redes30 ya existentes a efectos de
seguir buscando otros espacios dónde instalarse. Es decir, algunos de los
miembros de la comunidad coreana no poseen mayores dificultades en cuanto

28 MARRADI, Alberto y otros, Metodología de las Ciencias Sociales, Buenos Aires, Emecé,
2007, pp. 215-221.
29 De ese número, tres personas ya fallecieron y varios de los hijos de algunas de las familias
se encuentran estudiando en Buenos Aires. Sólo en un caso en particular, el hijo de una
comerciante coreana se encuentra en China aprendiendo diferentes idiomas.
30 “Este enfoque se basa en que los migrantes van creando en las sociedades receptoras un
conjunto de lazos con amistades y parientes que hace que se establezca un flujo migratorio
sucesivo indefinidamente. Las redes implican una disminución del riesgo y los costos de migrar
y permiten una más rápida integración del migrante en el nicho de destino”, HERRERA
CARASSOU, Roberto La perspectiva teórica en el estudio de las migraciones, México, Siglo
XXI Editores, 2006, p. 191.

57
a la movilidad mientras que otros prefieren seguir permaneciendo en el lugar
elegido por diferentes razones. Una de ellas se encuentra relacionada con la
edad en la cual inician la migración. Aquellas personas que han sobrepasado la
barrera de los 55 años prefieren permanecer en la zona ya que el tiempo
transcurrido ya sido considerable y no poseen las mismas energías para
comenzar una nueva vida en otro lugar. Aquellos más jóvenes, que cuentan
entre 25 y 30 años y que nacieron en Argentina, están más dispuestos a
emigrar conjuntamente con aquellos que cuentan con 50 años de edad y que
poseen mayores motivaciones para el cambio.
Si bien en un principio, el establecimiento de este grupo de personas se realizó
con una idea exploratoria a efectos de poder seguir migrando, observamos, a
partir de las entrevistas realizadas, que la mayoría de los comerciantes
coreanos, han decidido elegir Neuquén como residencia definitiva. Sólo dos -de
entre los siete- entrevistados estarían dispuestos a regresar a Corea una vez
que sus hijos se hayan asentado o contraído matrimonio.
Los coreanos residentes en Neuquén cuyos voceros han sido los jefes de
familia junto a sus esposas, nacieron todos en la capital de Corea del Sur, Seúl.
En la actualidad, poseen un promedio de 50 años y las edades de sus hijos
varían entre 15 y 30 años respectivamente. En el caso de cinco familias
entrevistadas llegaron a Argentina debido a que sus padres habían decidido
emigrar a nuestro país. Al momento de iniciar el viaje, estas personas tendrían
entre 18 y 20 años y no podían decidir si estaban de acuerdo o no con tal
decisión. Es una costumbre confuciana obedecer a los mayores y
consecuentemente, seguirlos era la única opción posible. En los otros dos
casos restantes, los maridos deseaban llevar a cabo un cambio en sus vidas y
buscar otros horizontes laborales y de esa forma arribaron a nuestro país.
Posteriormente, a través de amigos y/o parientes que ya se encontraban
asentados en la ciudad de Neuquén, es que decidieron mudarse desde Buenos
Aires y establecerse. La mayoría de las familias residentes en Neuquén
provenían de Buenos Aires, excepto por dos que venían desde Paraguay,
luego Buenos Aires y finalmente Neuquén. Creemos que la elección de esta
ciudad a efectos de iniciar la actividad comercial de debió principalmente a la
búsqueda de otros espacios disponibles en esta idea constante de continuar
con las redes comerciales en el interior del país. Además, debemos destacar la

58
menor competencia existente si se lo compara con una ciudad de las
dimensiones de Buenos Aires donde las posibilidades son mayores pero la
competencia también.

Conclusiones

Como conclusión, podríamos decir que el grupo de familias coreanas que vive,
en la actualidad, en la ciudad de Neuquén es un producto de migraciones
internas una vez que éstas ya se habían instalado en Buenos Aires. Sólo dos
familias tuvieron una breve estadía en Paraguay antes de llegar a Argentina y
tal decisión fue adoptada por considerar a la capital de nuestro país una
ciudad más grande, importante y con mayor movimiento comercial. Así, este
proceso se llevó a cabo mediante la extensa red existente dentro de la
comunidad coreana -a través de amigos, familiares y conocidos- que se
comunica de forma permanente en cuanto a las condiciones imperantes en
cada espacio habitado. Es decir, las redes coreanas abarcan cada aspecto de
su vida, social, comercial y económica por nombrar las más importantes. La
mayoría llegó al país acompañado de sus padres cuando contaban con sólo
entre 18 y 20 años de edad y en menor medida por decisión del marido que
buscaba mejores horizontes económicos. La elección de Neuquén como lugar
de asentamiento definitivo se debió básicamente a la búsqueda de un lugar
apto para continuar con la actividad comercial. Asimismo, la decisión de
emigrar de Corea del Sur fue principalmente por razones económicas producto
de las secuelas de la guerra entre las dos Coreas y también por cuestiones
demográficas, consecuencia íntimamente ligada a la razón previa. En menor
medida, influyeron factores políticos. Si tenemos en cuenta su situación laboral,
se puede inferir que la actividad comercial elegida constituye, de hecho, una
profesión que otorga independencia y seguridad y que, además, no requiere de
una gran formación profesional. En este punto, debemos agregar que los
coreanos poseen un nivel muy avanzado en las matemáticas comparado con el
nivel promedio de muchos países y este dato no constituye una cuestión
menor si consideramos que deben realizar cálculos de costos y beneficios en
general. Y, para finalizar, el fenómeno inmigratorio estudiado es considerado

59
como diáspora31 debido a que esta migración se ha trasladado de su lugar de
origen, viviendo consecuentemente, en un espacio diferente del propio pero
mantienen muchas de sus costumbres y tradiciones y las alimentan al punto de
preservar y recordar sus orígenes de forma permanente. Según muchos
académicos, constituyen comunidades muy cerradas pero de alguna forma,
creemos que es una forma de protección en oposición a una cultura occidental
latinoamericana que desconocen, con un idioma que les es poco familiar y con
particularidades muy propias del “ser argentino” que no son fáciles de
comprender. Por último, este grupo particular inmigratorio no puede pasar
inadvertido entre la población local debido a sus rasgos orientales. 32 Debido a
la globalización existente, hoy en día, es mucho más común observar personas
de diferentes nacionalidades. Sin embargo, hace aproximadamente veinte
años, este fenómeno no resultaba tan familiar.

31 “Los miembros de una diáspora pueden estar integrados a la sociedad de recepción, pero
esto no significa que estén asimilados o aculturados, ya que estas últimas opciones implicaría
la pérdida de conciencia identitaria, MERA, Carolina, op. cit., p. 6.

32 “La presencia de personas de origen oriental se remarca por sus características físicas y
culturales, mostrándonos una vez más la debilidad de la creencia que reina en el imaginario
social porteño y argentino acerca de la tolerancia y el poder de aceptación de las diferencias”,
MERA, Carolina “Migración coreana: identidades entre desplazamientos y anclajes”, en
COHEN Néstor y MERA, Carolina -compiladores- Relaciones interculturales: experiencias y
representación social de los migrantes, Buenos Aires, Antropofagia, 2005, p. 13.

60
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MERA, Carolina -compiladores- Relaciones interculturales: experiencias y
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61
Capítulo “Las mujeres como sujetos
de investigación histórica en la
Patagonia”
Coordinadoras de mesa:
Marta Flores (UNCo), María de los Ángeles Jara (UNCo)
y Mónica Morales (UNLaPam)

62
De empíricas a profesionales. La enfermería en la provincia de Río Negro,
1960-1970

María de los Ángeles Jara (FAHU, Gehiso, Unco)

Introducción

El presente trabajo busca exponer un análisis sobre el proceso de reconversión


de las enfermeras “empíricas” en la provincia de Río Negro en el período 1960-
1970. Es un primer acercamiento que pretende conocerlas como mujeres y
trabajadoras, representantes de un sujeto social que resulta ser el producto del
devenir histórico de nuestro país y de la región. Desde la perspectiva de
género, queremos conocer de qué manera el proceso de reconversión afectó
sus vidas (a nivel personal y profesional) y cómo ello colaboró en la edificación
de su identidad como trabajadoras de la salud.
Reconocemos que el perfil de la enfermera se fue configurando en relación a
las transformaciones económicas, políticas y socioculturales experimentadas
en Argentina, así como también a las ideas que sobre salud-enfermedad-
atención poseían médicos, políticos, funcionarios e instituciones, las que
alcanzaron materialidad a través de determinadas prácticas y discursos.
Frente a las limitaciones que impuso la carencia de fuentes documentales
sobre el tema, hemos recurrido a la entrevista como recurso propio de la
historia oral, realizadas a enfermeras con distintas experiencias laborales y
personales.

La enfermería en un contexto de cambios

Ante el diagnóstico desfavorable sobre la situación sanitaria en América Latina


y en nuestro país, la Organización Panamericana de la Salud impulsará hacia
la década del ‘60 medidas concretas para alcanzar la “formación y optimización
de los recursos”, especialmente “humano”. Asimismo, resulta interesante
remarcar la transformación que experimenta la estructura productiva por aquel
entonces para comprender la trascendencia de adquiere el tema de la salud en
la región. Las políticas estatales enmarcadas en el ideario desarrollista,
asignaron a cada provincia un papel determinado dentro del proyecto que

63
buscaba impulsar el desarrollo industrial argentino. En este contexto, y en el
plano de la atención sanitaria, se pretendía que el personal sanitario ocupado
en las instituciones estatales y privadas, respondiera de manera eficiente frente
las demandas sociales. En el caso específico de Río Negro resulta necesario
contemplar este proceso a la luz de otros cambios que venían ocurriendo y que
imprimieron un carácter particular al proceso de modernización del campo
sanitario. Con la provincialización, se inicia la organización de las instituciones
gubernamentales, siendo urgente la definición de aquellos organismos que
debían encargarse de la atención sanitaria en la región. Es así como esta
pretensión alcanza sustancia con el denominado “Plan de Salud”, el cual
comenzó con una observación detenida del personal médico y enfermero que
se desempeñaba en los nosocomios existentes en las principales ciudades de
la jurisdicción. Una de las primeras evidencias fue que la mayoría de los
agentes que se trabajaban en el área de la enfermería, eran “empíricos” y que
dentro de este grupo, el número de mujeres era significativamente superior
respecto a los varones. Es así como resultaba urgente la actualización,
capacitación y/o formación de enfermeras y de auxiliares de enfermería, siendo
obligatoria para el caso de los/as “empíricos/as”. Un personal debidamente
formado, iba a poder responder a las nuevas prácticas médicas que la ciencia y
tecnología venían experimentando así como también a la demanda de una
población en crecimiento.
La categoría “empírico” agrupaba a personal de ambos sexos. Sin embargo, y
tal como fue indicado anteriormente, la mayoría eran mujeres y, según hemos
relevado a partir de las fuentes orales, pertenecían a los sectores populares,
poseedoras de un nivel de escolarización elemental. Ingresaban a la actividad
enfermera motivadas por la oportunidad laboral y la estabilidad del empleo
público, y eran las encargadas no sólo de las actividades de cuidado sino
también de otras actividades como la limpieza y la preparación de alimentos.
Los conocimientos que ponían en práctica en el cuidado del paciente enfermo
eran adquiridos a través de la experiencia, la que estaba fuertemente
condicionada por la mirada del médico, considerado como el único propietario
del saber curativo.
Si comparamos lo sucedido en otras provincias del país, podemos reconocer
que en Río Negro la reconversión de los/as empíricos/as fue temprana, rápida

64
y efectiva,1 circunstancia que nos habilita a suponer que ello pudo iniciar y
motivar al personal enfermero en la elaboración de saberes propios,
autónomos al saber biomédico. Si bien en las últimas décadas la enfermería en
otros países de América Latina desarrolló conocimientos, teorías y modelos
conceptuales propios, en Argentina y específicamente en Río Negro
observamos que la investigación y la producción de saberes sigue siendo una
asignatura pendiente. Para los/as enfermeros/as el interés se ha concentrado
en la búsqueda de un reconocimiento social y económico, y si bien las
reivindicaciones corporativas son legítimas, se evidencian ciertas dificultades al
momento de elaborar conocimientos propios, formalizarlos y comunicarlos.
Sostenemos que ello responde a cuestiones históricas que atraviesan el perfil
del profesional.
Es por ello que creemos necesario analizar a la enfermería y el trabajo
enfermero desde la perspectiva de género para poder enlazar los tiempos de la
reconversión con los actuales de profesionalización, buceando en el saber
biomédico y la relación con el saber enfermero.

La enfermería y las enfermeras en Argentina y en Río Negro

Tal como ha sido expresado, la constitución de la enfermería moderna debe


ser analizada en relación a los cambios económicos, políticos y sociales
ocurridos entre fines del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, así como también
de las transformaciones sucedidas al interior de la ciencia en general y de la
medicina en particular. Ante los desafíos que la cuestión sanitaria planteó en
dicha época, al interior del ejercicio de la medicina se produjo la separación
entre el arte de curar y el cuidar, y ello hizo que se definieran los roles que
debían desempeñar los actores involucrados en el acto médico. Es así como
por un lado, los médicos varones se convirtieron en los responsables del curar,
considerados exponentes legítimos de lo científico y por otro, las mujeres
quedaron relegadas al lugar de asistentes, cuyos saberes se convirtieron en
subsidiarios de la ciencia médica. A partir de entonces, la enfermería se erigió
como una ocupación exclusivamente femenina, en cuya práctica se buscaba

1 Para los primeros años de la década del 80 la mayoría del personal empírico había sido
reconvertido. En Buenos Aires por ejemplo, el proceso se prolongó hasta entrados los años 90.

65
combinar la rigurosidad científica con los valores sociales considerados
necesarios para el momento.
En Argentina, Cecilia Grierson, se hizo conocida no por su labor como mujer
formada en el seno de la medicina científica, sino por ser la fundadora de la
enfermería profesional. Atravesada por las ideas del higienismo, 2 fundó la
primera Escuela de Enfermeras del país, avalada por la asistencia pública, en
la que impartía una educación desde la concepción imperante en aquellos
tiempos: “los enfermeros son el soldado verdadero, sin el cual no se pueden
librar batallas” (De Titto y otros, 2004). Si bien, no estaba determinado que la
enfermería debía ser ejercida exclusivamente por mujeres, el paradigma
educativo de la época (el normalismo)3 consideraba que ellas eran las únicas
capacitadas para cuidar y enseñar ya que poseían indiscutibles “condiciones
naturales”.
Pero no sólo la tradición impuesta por Grierson configuró el perfil de la
enfermería en nuestro país. Resulta interesante la ingerencia que tuvo la Cruz
Roja, las sociedades de socorros mutuos y los hospitales (privados,
comunitarios y confesionales). Estas instituciones colaboraron de manera
activa en la edificación de las representaciones que rodearon y rodean a la
enfermería. En la primera mitad del siglo XX, todas las escuelas dependientes
de las mencionadas organizaciones poseían el mismo criterio sobre el perfil
social de la enfermera: mujeres jóvenes, con estudios primarios completos,
conocimientos en dactilografía y sin defectos físicos. Todas estas aptitudes
debían estar avaladas a través de certificados oficialmente reconocidos.

2 El higienismo era una corriente de pensamiento que en Argentina se vinculó al proyecto de


modernización liberal. Sus orígenes los podemos encontrar en la medicina social que se
desarrolló en Francia, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, cuya preocupación
principal era la salubridad de las ciudades. El higienismo concebía a la sociedad como un
cuerpo, que era necesario salubricar recurriendo a las nociones y principios de la higiene
elaborados por el saber biomédico. Por ejemplo, el delincuente era un elemento enfermo del
cuerpo social que debía ser controlado y reformado para que no contamine al resto. Ver
SALÉIS, Jorge (1995); Médicos, maleantes y maricas, Rosario, Beatriz Viterbo.
3 El normalismo se caracterizó por la adhesión a las ideas del progreso cientificista, traducido
pedagógicamente en un enciclopedismo. Argentina formó “maestras normales”, quienes, según
dicho modelo pedagógico, debían hacer del magisterio un sacerdocio laico, dentro de los
valores de la patria, de sus símbolos y con un fuerte sentido de autoridad. Decía Domingo
Sarmiento: “De la educación de las mujeres, depende, sin embargo, la suerte de los Estados, la
civilización se detiene en las puertas del hogar doméstico cuando ellas no están preparadas
para recibirla”. Citado en BARRANCOS, Dora (2007).

66
Además de cumplir con ciertos requisitos en el aspecto físico,4 también las
enfermeras tenían que ser exponentes de una “íntegra moralidad, disciplina y
obediencia”. En el caso de la Cruz Roja y de las escuelas relacionadas con la
iglesia, concebían que las mujeres ocupadas en el cuidado no debían percibir
una remuneración por la labor realizada, ya que era una obligación femenina,
de caridad y de amor al prójimo. Esta percepción sobrevivió a través del
tiempo, inclusive cuando durante los gobiernos peronistas se produjeron
significativos avances políticos y legislativos, sobre todo en relación a los
derechos laborales. En aquel tiempo, la enfermería se publicitó como una
nueva y prometedora profesión para las mujeres jóvenes. Sin embargo, ello no
fue suficiente para que estudiar enfermería representara una oferta educativa
o una salida laboral atractiva para las “señoritas” de clase media o alta.
Resulta interesante resaltar que el peronismo se preocupó por enfatizar en
distintas publicaciones de salud pública sobre los deberes de las enfermeras
como profesionales pero no sobre sus derechos como trabajadoras (De Titto y
otros, op. cit.).
Si bien los esfuerzos para lograr la profesionalización del personal enfermero
fueron importantes durante los gobiernos peronistas (en la medida que se
buscó cumplir con las ideas del sanitarismo), fuera de las grandes ciudades
del país se registraba que el cuidado de la salud estaba en manos de personal
“empírico”, con escasa o nula formación. Su trabajo “dependía de que, a los
ojos del médico, gozara de buena reputación, exhibiera cualidades humanas o
tuviera habilidades específicas que le permitieran ser tenido en cuenta y
obtener así ascensos o reconocimientos” (De Titto y otros, op. cit.). Entre el/la
enfermero/a y el médico existía una relación jerárquica, paternalista, signada
por la idea de recompensa (representada en la enseñanza de saberes
específicos, ascensos y ciertas concesiones), a cambio de actitudes por parte
de/la enfermero/a tales como la responsabilidad, el respeto y la
incondicionalidad.
Frente a esta contundente evidencia hacia los años 60, el Estado nacional
diseña un reglamento que organiza la enseñanza de la enfermería,
estableciendo las competencias y diferencias entre el trabajo que correspondía

4 Como por ejemplo, medir entre 1,57 y 1,75, no tener sobrepeso, buen oído, buena vista,
buena dentadura y piernas sin várices.

67
a la enfermera profesional y a la auxiliar. En un escenario compuesto por la
actuación de gobiernos autoritarios y la implementación de políticas
económicas de corte neoliberal, se buscó que la profesión enfermera fuera
consecuente con la ideología dominante del período que había comenzado con
el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia. Tal es así que, la enseñanza de la
enfermería se configura desde una concepción espiritualista del hombre como
persona, “con un destino trascendente y en función de servicio, miembro
natural de los núcleos familiar, nacional e internacional, poseedor de un
patrimonio espiritual enraizado en la tradición argentina” (De Titto y otros,
[Link].).
En ese tiempo, el Estado rionegrino era el principal prestador del servicio de
salud para la sociedad rionegrina y, al igual que en el resto del país, el cuidado
estaba a cargo del personal “empírico”. Se comenzó con la reconversión hacia
fines de la década del 60, adquiriendo verdadero impulso durante el gobierno
justicialista de Mario Franco en el período 1972-1976. Dicho proceso continuó
durante el último gobierno de facto y finalizó a mediados de la década del 80.
En relación a la enfermería en la provincia de Río Negro existen valiosos datos
cuantitativos que nos permiten realizar una primera aproximación al tema. El
porqué las enfermeras resultaron invisibles para la investigación histórica, en
tanto trabajadoras y profesionales de la salud puede ser explicado a través de
la perspectiva de género.

Historia social, historia de las mujeres e historia oral. El concepto de género

La historia de las mujeres y la historia oral han logrado componer una (nueva)
historia social, encarnando el pretendido enfoque conocido como “historia
desde abajo”. Este enlace nos posibilita reconstruir la historia local partiendo de
las experiencias de los y las protagonistas, de sus memorias, percepciones y
expectativas, acercándonos al “mundo de representaciones colectivas”.
En cuanto a las experiencias de las mujeres trabajadoras, resulta válida la
adopción de la categoría género al momento de emprender el análisis de la
enfermería en Río Negro, ya que nos acerca al pasado de modo crítico,
observando la vida de las mujeres en todas sus dimensiones, sobre todo en el
plano de las representaciones.

68
A través de las entrevistas realizadas pudimos conocer las representaciones de
mujeres trabajadoras, enfermeras profesionales o que fueron “empíricas” y
luego se profesionalizaron. Resulta inviable elaborar una historia de las
mujeres sin prestarle atención a sus representaciones,5 producto de saberes
adquiridos, sentimientos, anhelos y distintas experiencias. El contemplar este
aspecto permite al investigador/a conocer los valores del orden cultural en los
que están inmersos los modos de la femineidad y de la masculinidad. No
podemos pensar que las vivencias de los hechos resultan ser las mismas para
varones y mujeres, porque el posicionamiento de cada colectivo es distinto
frente al acontecer de lo cotidiano. Representar es volver a presentar lo vivido y
es un acto que para varones y mujeres está compuesto de valores,
pensamientos y proyecciones diferenciados. Las fuentes orales representan un
sustancioso recurso para analizar aquellos temas que han quedado escondidos
detrás de los “grandes acontecimientos” y que por lo tanto, no componen los
registros elaborados desde la mirada androcéntrica. La entrevista permite
conocer a los sujetos sociales y percibir en ellos/as la construcción de sus
historias. Especialmente cuando se trata de la historia de mujeres, las técnicas
desarrolladas por la historial oral posibilitan devolver la palabra a quienes
fueron invisibilizadas y silenciadas por la “historia desde arriba”.
Para este estudio hemos contado con tres entrevistas semi-estructuradas6
realizadas a dos enfermeras profesionales y una “empírica”, todas mujeres

5 “En la representación del ser humano, se fija y se conserva lo que objetivamente se convierte
en patrimonio de los sujetos gracias a la actividad práctica. Aunque es una forma de reflejo
sensorial del sujeto, la representación se halla indisolublemente vinculada a significaciones
socialmente elaboradas, es mediada por el lenguaje, está llena de contenido social y es
siempre captada por el pensamiento, por la conciencia. La representación constituye un
elemento necesario de la conciencia, pues vincula sin cesar la significación y el sentido de los
conceptos con imágenes de las cosas, a la vez que permite a la conciencia operar libremente
con imágenes sensoriales de los objetos”. ROSENTAL, M. y IUDIN, P; Diccionario Filosófico,
Editora Política, La Habana, 1973.
6 Hemos de partir del hecho que una entrevista, es un proceso de comunicación que se realiza
normalmente entre dos personas; en este proceso el entrevistador obtiene información del
entrevistado de forma directa. Si se generalizara una entrevista seria una conversación entre
dos personas por el mero hecho de comunicarse, en cuya acción la una obtendría información
de la otra y viceversa. En tal caso los roles de entrevistador / entrevistado irían cambiando a lo
largo de la conversación. La entrevista no se considera una conversación normal, sino una
conversación formal, con una intencionalidad, que lleva implícitos unos objetivos englobados
en una investigación. Una entrevista semiestructurada es cuando el entrevistador determina de
antemano al entrevistado cual es la información relevante que se quiere conseguir. Se hacen
preguntas abiertas dando oportunidad a recibir más matices de la respuesta, permite ir
entrelazando temas, pero requiere de una gran atención por parte del investigador para poder
encauzar y estirar los temas (actitud de escucha).

69
trabajadoras que se desempeñaron en distintos hospitales de la provincia. Ellas
han sido una voz privilegiada para comprender la transformación que
experimentó la práctica de la enfermería en Río Negro y sobre todo, cómo ello
afectó sus vidas, tanto a nivel profesional como personal. Para las mujeres
entrevistadas, recurrir a la memoria les permitió recrearse a través de la
palabra en su historia personal y, a la vez, fue el punto de partida para
comenzar a observarse como pertenecientes a un colectivo social, el de las
enfermeras de Río Negro.
De esta manera, la oralidad no sólo posee el carácter de fuente histórica, sino
que también representa la posibilidad de rescatar, a partir de la memoria
individual o grupal, un entramado de lazos sociales que reconoce en el
anonimato cotidiano una actitud histórica. Navegar en la memoria de las
mujeres nos aproximó a su vida cotidiana, privada, familiar o social, individual o
colectiva, en el ámbito o hábitat del tiempo presente.
La historia de las mujeres ya no es la misma desde el momento en que una
mujer contó su propia historia y otra la escuchó y le dio sustancia material a
través de la palabra escrita. A la vez, para quien investiga, otros relatos ya no
serán uno más, sino una pieza fundamental en su propia vida y también de
otras mujeres que dejan de ser desconocidas para conformar un colectivo
social cuya historia no puede alejarse de lo subjetivo.
Incursionar en la historia de las mujeres hizo que utilicemos género como
principal categoría de análisis. Dicho concepto concede la posibilidad de
visualizar los mecanismos que se accionan en la elaboración de los discursos.
La maternidad y la reproducción como función en todos sus sentidos, como lo
“natural”, constituyen elementos definitorios de la identidad femenina, los que
están en el plano de lo “cultural”. Desde esta perspectiva, se reconoce que las
mujeres históricamente nos hemos ocupado de una diversidad de tareas, entre
las cuales el cuidado o la asistencia al enfermo o doliente ha sido vital
importancia. En la actualidad, aún es evidente que al interior del mercado
laboral, son mujeres mayoritariamente las que se desempeñan en un número
restringido de “ocupaciones femeninas”, las que se caracterizan por poseer un
bajo prestigio e ingreso, son monótonas o requieren de acciones repetitivas,
vinculadas a las tareas que se realizan en la esfera de lo privado (maestras,
enfermeras).

70
La enfermería es un tema que ha sido encarado por la historia de las mujeres,
y ha sido reconocida como una profesión femenina, adornada con los
estereotipos propios de las actividades realizadas por mujeres. Si bien se la
concibe como una ciencia humana, sus orígenes se remontan a la familia y al
cuidado de los enfermos (niños o ancianos), muy vinculada a los saberes
ancestrales, mágico/religiosos, y a valores como la abnegación y el desapego.
Hacia fines del siglo XIX, la enfermería se profesionaliza, aunque en sus inicios
la mujer actuaba como auxiliar del médico, estaba bajo su mirada vigilante en
tanto referente legítimo de la ciencia moderna, poseedor de cualidades
intelectuales “naturales” para arribar a la cura de la enfermedad.
La perspectiva de género ha demostrado la relación entre la división sexual del
trabajo y la jerarquización social, en la cual las mujeres hemos ocupado lugares
de subordinación, dominación y explotación por el sólo hecho de ser mujeres.
Dentro de esta disposición, el trabajo de las mujeres no posee el mismo status
que el del varón, tanto en la valoración social como en la remuneración
percibida dentro del mercado laboral.
Respecto al tema que nos ocupa, el enfoque adoptado para la presente
investigación, nos permite extrañarnos de las relaciones que sobreviven al
interior de la atención médica. Concretamente, nos estamos refiriendo al
vínculo establecido entre el médico y el/la enfermero/a dentro de las
instituciones de salud, las que se caracterizan por la existencia de una marcada
jerarquía, muchas veces invisibilizadas. Preguntarnos porqué existe dicho
rango, nos remite al pasado, específicamente a la época que la medicina
científica se concentra en el curar y se aleja del cuidar.
Desde el siglo XIX, el médico comienza a ser reconocido socialmente como el
poseedor del saber capaz de arribar a la “cura” de la enfermedad, mientras que
el cuidado deja de ser considerado como un acto que concediera prestigio, y es
relegado al lugar de subalternidad. Esta tarea comienza a ser realizada por las
mujeres, quienes se convierten en la asistente del médico dentro y fuera del
ámbito privado. Para comprender este fenómeno, resulta primordial la
utilización del concepto de género porque concede la posibilidad de reconocer
los discursos que legitimaron la división sexual al interior del acto médico. Las
jerarquías fueron inicialmente fundamentadas desde las diferencias biológicas,
ya que se identificó a varones y mujeres con determinadas aptitudes

71
intelectuales y morales. Es así como el médico fue reconocido como el único
poseedor de saberes sobre la salud, la enfermedad y atención. Su palabra se
convirtió en sinónimo de verdad, de incuestionabilidad ya que se sostenía
sobre los cimientos de la cientificidad. Contrariamente, los saberes de las
mujeres, que eran el producto de las experiencias de las ancestras y
trasmitidas a través de la oralidad, fueron catalogados como sospechosos, por
lo tanto debían ser silenciados, condenados y olvidados.
Así como las diferencias biológicas entre varones y mujeres justificaron la
desigual asignación de profesiones de acuerdo al sexo, también justificaron
quienes eran los únicos autorizados para la producción de saberes
relacionados con los procesos de salud-enfermedad-atención. Como sostiene
Caramés García (2004) el reduccionismo biológico “ha contribuido a disfrazar y
a legitimar las asimetrías de género presentes en la construcción del
conocimiento”.

El sistema de salud en Río Negro. El lugar de la enfermería y de las enfermeras

El sistema de salud en Río Negro posee similares características que el


sistema de provisión de la atención médica a nivel país que, siguiendo el
planteo de Susana Belmartino, se resumen en términos tales como
fragmentación y heterogeneidad. Hacia la década del 20 se crea el primer
Hospital Común Regional de la Patagonia, cuya sede estaba en la ciudad de
Allen, el cual estaba designado como el nosocomio encargado de brindar
cuidado a toda la región sur. A su vez, también existían consultorios privados a
cargo de médicos que cobraban directamente a sus pacientes los honorarios
correspondientes a su intervención. Con el peronismo, desde la Dirección
Nacional de Salud Pública, se amplia la capacidad instalada del sistema
sanitario a todo el país, como expresión clara de la expansión del sistema
estatal y centralidad en su conducción y regulación. Sin embargo, sobre la
provincia no poseemos información que nos permita reconocer un
mejoramiento en la atención sanitaria entre fines de los años 40 y principios de
los 50 tal como los registros lo demuestran para el resto del país. Suponemos
que el hospital de Allen logró atender la demanda de la población, sumándose
a la tarea algunas clínicas privadas que surgieron con el fin de atender a

72
determinados sectores de la sociedad (principalmente aquellos ocupados en la
actividad frutícola). Con la sanción de la constitución en 1957, Río Negro inicia
la organización de sus instituciones sanitarias, dependientes del Consejo
Provincial de Salud Pública, organismo que inmediatamente emprende
gestiones para la creación del Hospital Regional de General Roca. Allí
comenzó a funcionar la primera Escuela de Enfermería de la provincia y hacia
los primeros años de la década del 60, la provincia contaba con las primeras
“enfermeras diplomadas”. Su formación consistía en un sistema de internado,
combinado con una práctica casi inmediata, a cargo de unas pocas enfermeras
profesionales que arribaron a la provincia para tal propósito, aunque la
enseñanza en los servicios estaba a cargo de empíricas que se jubilaron como
tales o que lograron reconvertirse.7 La escuela no exigía poseer el certificado
de estudios secundarios para ingresar como estudiante y ello constituyó una
valiosa oportunidad de poder estudiar y obtener un título para muchas mujeres
de escasos recursos.
Hacia fines del periodo mencionado, en el contexto signado por la puesta en
marcha de las políticas desarrollistas, se busca modernizar y optimizar la
atención sanitaria, poniendo el acento en la distribución racional de los
recursos que por definición se consideraban insuficientes. Frente a los
problemas sanitarios concretos que afectaban a la provincia (la hidatidosis por
ejemplo, era una enfermedad endémica y tenía una forma de resolución y de
intervención muy riesgosa) se interpretó desde los organismos estatales que el
personal enfermero debía estar capacitado para actuar acorde a las
circunstancias que imponía por un lado, los tiempos de organización y por otro,
el avance científico y tecnológico que caracterizaba a la medicina en ese
entonces. Es por ello que se procedió a la reconversión de los/as empíricos/as
como una primer medida la cual, en el organigrama de los funcionarios del
Consejo de Salud Pública, pudo haber representado un paso entre las múltiples
tareas que se debían realizar para alcanzar la modernización del sistema
sanitario, pero que para las mujeres trabajadoras de la salud significó la
posibilidad de transformar sus vidas y la de sus familias.

7 Dato obtenido de la entrevista realizada a Gladys Alonso.

73
Las enfermeras como trabajadoras y profesionales. La perspectiva de
género como posibilidad de cambio

Las enfermeras “empíricas” eran las encargadas del cuidado de pacientes-


usuarios y de otras tareas tales como la limpieza y el preparado de alimentos.
Sabemos que el nivel de instrucción que detentaban era elemental, y de las
entrevistas también se desprende como dato que muchas eran analfabetas.
Mirta nos cuenta “aquella mujer llama enfermera, muchas veces no sabía leer
ni escribir. Apenas garabateaba su firma o ponía una cruz o estampillaba el
pulgar derecho en alguna tinta roja”. Las “empíricas” carecían de conocimiento
teórico. Sus saberes se resumían a determinadas habilidades técnicas,
aprendidas a partir de la observación y repetición. El médico u otra “empírica”
con mayor antigüedad, eran los encargados del adiestramiento en la misma
práctica. El “reclutamiento” de este personal estaba a cargo del médico, quien
veía ciertas “condiciones” para realizar todas las tareas mencionadas, tales
como el “coraje”, la “disposición”, la “obediencia” o las “ganas de aprender”.
Gladys nos dice: “cuando tenía 17 años trabajaba en un comercio de la ciudad
de Cinco Saltos. Un día entró el director del hospital de Roca y me preguntó:
«¿Querés estudiar enfermería?»… yo no le contesté y me dijo: «no importa,
hablo con tu hermana». A los pocos meses me mandaron a estudiar a Roca.
Antes las cosas eran así. Para mi fue la posibilidad de salir de la pobreza”.
En Argentina, la enfermería fue identificada como una profesión plenamente
femenina. Según Mirta Lobato (2007) las explicaciones sobre el porqué de éste
fenómeno responde a los porcentajes de las remuneraciones asignadas a
varones y mujeres ocupados en las tareas de curar y cuidar. Las mujeres
aceptaban menores salarios que los varones, pero también es posible
establecer una vinculación con las concepciones sociales que unen a las
mujeres con el cuidado de los otros. También hay que tener en cuenta los
discursos políticos respecto a la mujer y la tarea del cuidar, los cuales se han
sostenido y legitimado a través del tiempo.
Lo interesante a resaltar en éste apartado es que, para muchas mujeres
desempeñarse como trabajadoras en el área de la enfermería significó la
posibilidad de ingresar al mercado laboral sin tener que cumplir con
demasiadas exigencias en relación a la formación educativa. A veces las

74
autoridades hospitalarias solicitaban a las mujeres haber alcanzado el nivel de
escolarización primaria, otras no, ya que con poseer ciertas cualidades como
“tener estómago o fuerza” era suficiente.
En la provincia de Río Negro, en el período analizado, las oportunidades
laborales para las mujeres fuera del ámbito doméstico eran escasas. Podían
trabajar en el servicio doméstico o en alguna actividad dentro del galpón de
empaque, actividades que se caracterizaban por la estacionalidad y los bajos
salarios. Resulta oportuno mencionar que, las ofertas educativas eran muy
pocas, considerando que existía un número reducido de escuelas secundarias
emplazadas en las principales ciudades. A las distancias geográficas se
sumaban las sociales, las que eran percibidas por las mujeres de sectores
populares y sus familias como infranqueables. La enfermería (al igual que la
docencia) se presentó como un trabajo que permitía alcanzar una estabilidad
laboral, seguir estudiando dentro del sistema de salud (a través del sistema de
becas y ayudas concretas) y a la vez como una posibilidad de ascender
jerárquicamente. En las entrevistas realizadas, tanto las enfermeras
profesionales como la “empírica”, exponen similares interpretaciones sobre su
desempeño como trabajadoras enfermeras. En el caso específico de la
enfermera “empírica”, la reconversión significó no sólo la posibilidad de
mantener su puesto de trabajo sino también, a partir del reconocimiento legal,
posicionarse dentro de la institución hospitalaria con nuevo status que la
diferenciaba de las mujeres enfermeras de antaño. Pero sobre todo, nos
parece interesante conocer cómo a partir de la reconversión las “empíricas”
interpretan su propia historia laboral y personal, y cómo ha trastocado la
trayectoria de su propia familia. Liliana nos contó que:
“En mi instrucción como auxiliar debo decir que estudié con mucho
sacrificio. Tenía hijos pequeños que quedaban al cuidado o mal cuidado
de cualquier persona. La ley ya exigía un título habilitante con matrícula.
Esa época para mí fue de lágrimas y alegrías pequeñas. Nunca me gustó
estudiar. Siempre lo había hecho poquito, para cumplir. Sin embargo, tuve
promedios muy buenos. ¡Vaya qué orgullo! Nueve y en el final el único 10
fue el mío. Ese día lloré pero de emoción. Pensé: ¿mirá si estudio? Mi
cabeza estaba concentrada en mis hijos y mi hogar. Me gustaba liderar
desde que empecé a estudiar. De hecho llegué a ser jefa de quirófano”.

75
Probablemente la experiencia de esta mujer se reprodujo en el acontecer de
muchas mujeres que, al no disponer de recursos económicos para continuar
con sus estudios, pudieron a partir de la reconversión ingresar al “universo del
saber”, del conocer. Aquel lugar que históricamente había sido ocupado por
varones y/o por miembros de los sectores de la sociedad con mayor nivel
socio-económico, ahora también era de las mujeres. No podemos decir que el
cambio fue abrupto, pero sí que instaló en el plano de las representaciones la
concepción que el saber otorgaba herramientas para el empoderamiento de
sus vidas.
La reconversión no sólo transformó la vida de las mujeres pobres sino que a la
vez permitió avanzar en la construcción de un nuevo perfil de la enfermería
como profesión. La reconversión abre la puerta a una constante capacitación
del personal enfermero durante la década de 80, época de reconstrucción de
las instituciones democráticas. Sin embargo, sostenemos que el proceso de
profesionalización de lo/as enfermero/as no ha concluido porque es
imprescindible que la enfermería elabore sus propios conocimientos. “Aún el
trabajo intelectual de la enfermera no se valora” nos decía Norma. El trabajo
enfermero, y especialmente de la mujer enfermera, se piensa aún hoy desde
valores como la vocación y la abnegación, reconocida más por la relación
afectiva que se elabora con paciente-usuario en los procesos de atención que
como productora de sus propios saberes.
En este sentido, resulta interesante buscar conocer de qué manera el paciente-
usuario piensa a la profesión médica y enfermera, y sobre todo cómo el
colectivo enfermero se piensa y se construye en el quehacer de sus prácticas.
La enfermería se constituyó como una práctica adjunta de la medicina e hizo
que las enfermeras se auto percibieran como “servidoras de la profesión
médica”. Ellas aprendieron que no estaban capacitadas para elaborar y
exponer sus propios conocimientos, actitud interpretada como insolente hacia
el médico y también hacia la ciencia. “Pensar y reflexionar era la
responsabilidad del cabeza de familia (el médico). Esta es la imagen que ha
contribuido a perpetuar la dualidad entre ciencia y práctica” (De Titto y otros,
2004).

76
Si bien esta dualidad es hoy sometida a investigación desde las ciencias
sociales, poco se sabe sobre el silenciamiento de los saberes femeninos en los
procesos de salud-enfermedad-atención. Probablemente, ello ha representado
un gran obstáculo en el ejercicio de la medicina occidental. En el campo
específico de la enfermería, la dicotomía entre teoría y práctica no ha sido
superada a pesar de los importantes avances realizados como el enfoque
“holístico” que se adopta hacia las últimas décadas del siglo XX (al que adhiere
la enfermería en Argentina), que prioriza la “praxis” pero que no termina de
resolverla, dejando afuera el planteo sobre la construcción de saberes
enfermeros, visto como necesario para romper con el perfil tradicional de la
profesión (De Titto y otros, 2004).
Pensamos al saber enfermero como “uno de los muchos saberes sometidos”,
también como “un saber silencioso y silenciado que se da cuando se deja de
abstraer y organizar todo el conocimiento que cada día miles de enfermeras
producen pero que no llegan a sistematizar y mucho menos a publicar. Un
conocimiento por tanto sepultado, pero también descalificado ante la opresión
del saber biomédico, que desde su posición hegemónica somete a la disciplina
enfermera” (Amezcua, 2009).
La perspectiva de género posibilita llevar adelante una mirada crítica de la
concepción sexista de la ciencia. Esta aportación no plantea que el modelo
biomédico, como modelo de conocimiento, sea erróneo o falso, pero sí que
dicho modelo deja afuera aspectos tales como la organización social, las
relaciones sociales y la estructura social de desigualdad existente entre
varones y mujeres y por ello no puede ver ni tratar los problemas de salud
derivados o relacionados con estos aspectos.
Es imprescindible que la enfermería se constituya como una profesión capaz
de criticar y elaborar sus propios saberes. La perspectiva de género permite
posicionar a la enfermería en la historia de las mujeres y reconocerse como
parte de un colectivo social capaz de transformar su realidad.
La enfermería es una ciencia que puede plantear las bases fundacionales de
un nuevo modelo médico, más acorde a los tiempos en que vivimos. Para ello
debe proponer un modelo que permita describir, explicar y predecir el
comportamiento de un fenómeno. Debe materializar en teorías y conceptos los
saberes adquiridos a través del tiempo, los que fueron silenciados y ocultados

77
por un modelo médico biologicista y androcéntrico. En ese sentido, la
perspectiva de género resulta ser el marco teórico apropiado para emprender el
camino de la crítica de lo dado y la generación de lo nuevo. Otra posibilidad
para alcanzar ese objetivo la brinda su propia práctica. La enfermería posee
otro idioma, alejado de los tecnicismos, se vincula con la persona y no con una
patología. Representa la confianza para la escucha del enfermo y de sus
familiares, y también de otros agentes que intervienen en los procesos de
salud-enfermedad-atención, incluido el médico.
La enfermería puede acortar las distancias que el modelo médico hegemónico
instaló a partir del saber o no saber, tanto en la relación médico-paciente como
en el vínculo entre la medicina y la enfermería.

Conclusiones

Hoy la enfermería se la reconoce como una ciencia que desarrolla sus propios
conocimientos, crea teorías y modelos conceptuales, lo cual le confiere a la
profesión el carácter de autónoma. En la provincia de Río Negro, la enfermería
inició tempranamente la profesionalización pero, en la actualidad, los/as
enfermeros/as profesionales manifiestan una mayor preocupación por obtener
un reconocimiento social y económico antes que un interés por teorizar sobre
sus conocimientos. No podemos interpretar este comportamiento sólo desde el
plano de las reivindicaciones laborales, ya que sería una mirada muy simple y
reducida. Si bien es cierto que los/as enfermeros/as profesionales han visto
una notable mejora de sus salarios en los últimos tiempos, el fenómeno tiene
que ver con el devenir histórico de la enfermería en los últimos doscientos
años. El perfil social de la enfermera es una construcción histórica, por lo tanto,
analizar su composición nos remonta al pasado, a la sociedad y a la cultura.
En la historiografía tradicional, las mujeres estuvieron ausentes del relato
histórico y ello responde a la prevalencia de la visión androcéntrica sobre el
acontecer humano, cargada de prejuicios y estereotipos. La categoría “hombre”
se utilizó (y se utiliza) como universal, dando a entender que varones y mujeres
vivieron, sintieron, soñaron, trabajaron, lucharon de igual manera. La historia de
las mujeres, desde la perspectiva de género, nos permitió investigar sobre el
mundo del trabajo, dentro del cual la mujer adquirió una entidad propia. Las

78
mujeres trabajaron y trabajan en todas las áreas productivas y, sin embargo,
ocuparon y ocupan lugares diferenciados a nivel de tareas realizadas y de
remuneraciones percibidas. Dentro del sector servicios, encontramos a muchas
mujeres trabajando como enfermeras, y si bien también hay varones, su
presencia es detectada recién en las últimas décadas del siglo XX. Cientos de
años antes, las mujeres ya se encargaban del cuidado de los enfermos, sean
estos niños o ancianos, parientes o vecinos, por lo tanto sus saberes sobre la
salud-enfermedad-atención están estrechamente vinculados a lo femenino.
La formalización de la enfermería como profesión se produjo a mediados del
siglo XX en Argentina y en todo el mundo occidental, pero seguían siendo ellas
las encargadas del cuidado y de la asistencia al médico. Es evidente que la
profesión ha sido atravesada por los acontecimientos económicos, políticos,
sociales y culturales que caracterizaron al siglo pasado. Desde entonces, se
fue definiendo el perfil de la enfermera, el cual pretendía aunar valores sociales
(abnegación, generosidad, vocación), morales (conducta higiénica) y saberes
científicos, los que no eran propios sino que pertenecían a la medicina
científica. Para las mujeres de sectores populares trabajar como enfermeras
representaba una oportunidad laboral invalorable, no así para las de clase
media-alta que consideraban a la enfermería como una actividad más
relacionada con la caridad o la filantropía.
Durante el peronismo, el perfil de la enfermería viró hacia lo patriótico (era una
misión, un deber), sobreviviendo la idea de la vocación, a lo que se sumaba la
posibilidad para las mujeres de acceder a un trabajo digno. En ese entonces, la
formación enfermera estaba más focalizada a los deberes que en sus derechos
como trabajadoras.
En los años 60, fue cambiando la idea de misión y se instaló la de servicio,
desde la cual se diagramó el proceso de reconversión de los/as empíricos/as a
auxiliares. El perfil profesional debía representar eficiencia, capacidad,
responsabilidad para satisfacer la exigencia de modernización de las
estructuras sanitarias.
En Río Negro, se inició la reconversión en sintonía con las ideas del momento
sobre el perfil de enfermera que se pretendía. Los/as empíricos/as eran en su
mayoría mujeres pobres, con un elemental nivel de escolarización o
analfabetas, por lo tanto, la reconversión significó mucho más que cumplir con

79
un requisito para mantener el puesto de trabajo. Fue la posibilidad para salir de
situaciones de carencia económica, y porqué no, quizás también afectivas, ya
que la dinámica laboral colaboraba en la construcción de estrechas relaciones
de amistad y compañerismo. Para las enfermeras, en especial, lo laboral es
pensado y vivido desde lo doméstico. Cuando Liliana nos cuenta en su relato
que estudió con mucho sacrificio, dejando a sus hijos al cuidado -o mal
cuidado- de extraños, reafirma la idea que lo público y lo privado no pueden
pensarse de manera separada. Desde la perspectiva de género, es posible
conocer el mundo del trabajo reconociendo que lo laboral no es vivenciado de
igual manera por varones y mujeres. La imagen de la enfermera y madre, que
se sacrifica por sus hijos y por desconocidos aparece de manera reiterada en
los relatos de las entrevistadas.
La enfermería como profesión ha sido subsidiaria de la medicina. Ello hizo que
el trabajo enfermero estuviera supeditado a la palabra del médico, quien se
posicionaba en un lugar jerárquicamente superior. El saber médico es
hegemónico, lo que significa que está por encima de otros saberes porque es
científico e interpreta al cuerpo y a la enfermedad científicamente. Desde el
poder que otorga este saber, se configuraron relaciones sociales asimétricas
entre médico/a-enfermero/a. Los saberes enfermeros no son valorados porque,
desde lo simbólico (y real), la enfermería es femenina y lo femenino es
peligroso.
Sería interesante seguir con el análisis sobre la enfermería y las enfermeras en
los años 90, para conocer cómo las políticas neoliberales afectaron a dicho
trabajo y profesión. También resulta atractivo emprender un estudio sobre la
relación entre familia y trabajo (composición familiar, jefaturas de hogar) ya que
también son elementos que permiten conocer el perfil de la enfermería más allá
del dato cuantitativo que proporcionan las estadísticas.
Para terminar creemos que la enfermería debe conocer lo “heredado” (aquellas
ideas sobre las condiciones naturales de las mujeres para el cuidado) para
poder des-naturalizarlo; lo “adquirido” (a través de la experiencia laboral) para
poder criticarlo, y lo “esperado” (desde su rol como profesionales de la salud)
para poder iniciar la edificación de nuevos y propios saberes.

80
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82
Entrevistas

Sra. Gladys Alonso, realizada en la ciudad de Neuquén, el día 17 de diciembre


de 2012.
Sra. Norma Cascelli, realizada a través de videochat, el día 22 de diciembre de
2012.
Sra. Liliana Mirta Jara, escrito en Cipolletti en el año 2007.

83
De puérperas, nonatos y condiciones de alumbramiento en las márgenes
de la Nación Argentina. La zona litoral del Golfo San Jorge (1901-1953)

Edda Lía Crespo (UNPSJB/UNPA)

Introducción

A comienzos de la década del ochenta del siglo pasado Antonio J. T. decidió


que el cementerio denominado del Oeste y ubicado en Comodoro Rivadavia,
sería el lugar en el que descansarían definitivamente los restos de su madre
tras la exhumación de los mismos, ya que aquel en el que habían sido
depositados originariamente en la década del treinta sería levantado.1
Ciertamente Antonio no fue el responsable de hacer que las noticias de su
deceso se transformaran en obituario ya que al momento del deceso de su
progenitora, contaba con escasos años. La noticia apareció el domingo 4 de
febrero de 1934 en el diario El Chubut en su página 5:
María Carolina L. de T.
(Q.E.P.D).
Su esposo Antonio T., hijos María, Antonio, Tita y Domingo, padres
Manuel L. y María M. de L. (ausentes), hermanos José, Francisco,
Amadora, Dolores (ausentes) Faustino y Alejandro, hermanos políticos y
demás deudos invitan a acompañar sus restos mortales hoy domingo a
las 17 hs.
Casa Mortuoria: San Martín 1077.2

Aquel obituario nos informaba acerca de los roles desempeñados por Carolina
durante su vida: esposa, madre de cuatro hijos, hija, hermana, hermana
política. Muchos años después, cuando Antonio exhumó sus restos y los
trasladó al nuevo cementerio, encargó una placa de bronce para ser colocada
en su nicho, la que se conserva hasta nuestros días.
Antonio, octogenario en el presente, no dejó de emocionarse y sorprenderse
ante mi requerimiento de información sobre la muerte de su madre en

 Agradezco a Dora Barrancos, Hernán Palermo, Marta Carrario y a María de los Ángeles Jara
sus comentarios y sugerencias.
1 Archivo Histórico Municipal Comodoro Rivadavia, 8 de agosto de 1980, Expediente 2313,
Tomo XXXIV. Letra T.
2 Diario El Chubut, 4 de febrero de 1934, p. 5.

84
conversación telefónica. “Falleció hace mucho tiempo.”, “Hace mucho que no
visito el cementerio.”, “Sí, la conocí.”, son algunas de las frases que va
hilvanando al ir respondiendo a mis preguntas. Antonio me promete que
devolverá la llamada para entonces poder concertar una entrevista personal.
Aún espero.3 Me concentro en la información que figura en el resto de la placa.
La frase “Recuerdo de tus hijos” señala a la posteridad aquello que de su
condición femenina debe ser recordado: madre muerta. Nada nos dice acerca
de las razones por las que se produjo su deceso si bien se mencionan la fecha
(3 de febrero de 1934) y la edad (39 años). De su obituario en la prensa local
rescato el domicilio de la casa mortuoria: San Martín 1077. Imagino entonces
que su muerte fue allí y que familiares y deudos acompañaron un domingo por
la tarde sus restos mortales al cementerio municipal. Al día siguiente el
encargado de asentar en el Registro de Inhumaciones detalla el número de
sepultura que le fue asignada (número 1837) y la hora de exhumación (18 hs.),
el sexo (femenino), la nacionalidad (española), estado civil (casada) y profesión
(“su casa”). Entre estos datos consigna la causa de la defunción: septicemia
puerperal por aborto.4
En la actualidad la Organización Mundial de la Salud define la mortalidad
materna como “la muerte de una mujer durante el proceso de embarazo, parto
o dentro de los 42 días después de su terminación, por cualquier causa
relacionada o agravada por el embarazo, parto o su manejo, pero no por
causas accidentales”. Carolina y otras mujeres enterradas en el cementerio
municipal de Comodoro Rivadavia durante el período 1919-1953 son el objeto
de la presente ponencia ya que las mismas murieron como consecuencia del
proceso reproductivo. Estas “muertes de mujeres gestantes” como sugieren
Susana Checa y Martha Rosenberg se produjeron en momentos en que la
politización de la maternidad y el reconocimiento de derechos políticos
alcanzaron a las mujeres de toda la Argentina.5 Como lo mostró
magistralmente Marcela Nari durante aquellos años la maternidad se convirtió

3 Antonio Jorge T., entrevista personal, febrero 2012.


4 Archivo Histórico Municipal de Comodoro Rivadavia, Registro de Inhumaciones, Tomo II, folio
1.
5 CHECA, Susana, ERVARO, Cristina, SCHWARZSTMAN, Elsa “Seguimiento de la calidad de
la atención de complicaciones post-abortivas en hospitales públicos de la Ciudad de Buenos
Aires” en CHECA, Susana -compiladora- Realidades y coyunturas del aborto. Entre el derecho
y la necesidad, Bs. As., Paidós, Tramas Sociales, 2006, pp. 255-275.

85
en una cuestión de Estado de primer orden.6 Sin embargo, es poco lo que
sabemos respecto de las “Madres Patagónicas”, en especial si atendemos a la
zona litoral del Golfo San Jorge. La cuestión apenas ha sido transitada por las
especialistas locales en la temática y si bien contamos con avances sobre la
construcción del mito de la mujer-madre sabemos poco acerca del ideal
maternal basado en la imagen afectuosa e higiénica. 7 Entiendo asimismo que
las muertes de madres gestantes deben ser analizadas dentro del conjunto de
las políticas peronistas dirigidas a actuar en materia de salud materno- infantil
ya que algunos enfoques han dudado de la eficacia de sus logros al alcanzar
regiones distantes.8 En la ponencia además de estas cuestiones examino los
aspectos metodológicos que he utilizado para aproximarme a la temática en el
marco del orden urbano y la fragmentación comunitaria de la zona en estudio
para finalmente focalizar mi atención en las muertes de estas mujeres
gestantes y sus desventurados hijos (nacidos, nacidos muertos y no nacidos).

Más allá de la tumba. Aspectos metodológicos

El ideal maternal basado en la imagen afectuosa e higiénica de una mujer que


anteponía los intereses de su prole a los propios fue el resultado de un
conjunto de campañas elaboradas en buena parte por los funcionarios del
Estado Argentino entre los que destacaron los profesionales médicos. 9 No
fueron pocas las resistencias al ideal mencionado, muchas prácticas sociales
tales como abortos, infanticidios y abandono de niños que servían para regular
el tamaño de las unidades domésticas y las que habían sido unánimemente
condenadas por los profesionales médicos desde fines del siglo XIX, muy
tímidamente comenzaron a ser toleradas a partir de la década de 1930 y se
expandieron con posterioridad. Así, comenzó a aceptarse que la pobreza fue el

6 NARI, Marcela Políticas de maternidad y maternalismo político, Bs. As., Biblos, 2004.
7 GUY, Donna “Madres vivas y muertas. Los múltiples conceptos de la maternidad en Buenos
Aires” en BALDERSTON Daniel y GUY, Donna -compiladores- Sexo y sexualidades en
América Latina, Bs. As., Paidós, 1998, pp. 231-256.
8 BIERNAT, Carolina y RAMACIOTTI, Karina “Las madres y sus hijos en foco” en Barry,
Carolina; RAMACIOTTI, Karina y VALOBRA Adriana -editoras- La Fundación Eva Perón y las
mujeres: entre la inclusión y la provocación, Bs. As., Biblos, 2008, pp. 51-76.
9 ARMUS, Diego y BELMARTINO, Susana “Enfermedades, médicos y cultura higiénica” en
CATTARUZZA, Alejandro -director- Nueva Historia Argentina. Crisis económica, avance del
Estado e incertidumbre política (1930-1943), Bs. As, Sudamericana, 2001, Vol VII, pp. 283-329.

86
principal justificativo para la restricción de los nacimientos. Ahora bien, de
acuerdo con Marcela Nari: “La percepción de la compatibilidad menos hijos-
madre amorosa no fue inmediata. Quizá, sólo aparecería como consuelo en
décadas siguientes. En esas décadas, el trabajo asalariado femenino
continuaba siendo demonizado aunque, en las ciudades, se lo percibiera
menos como el motor de la disminución de los nacimientos que de la
mortalidad infantil. Pero, además, la desnatalización era vinculada a la
expansión de las posibilidades públicas de las mujeres: otros empleos,
educación superior, la «nueva» mujer que aparecía en las calles urbanas, la
«mujer moderna»”.10
Fue mi interés en el trabajo asalariado femenino y la búsqueda de nuevas
fuentes para abordarlo el que hizo que comenzara a revisar los Registros de
Inhumaciones del cementerio del Ejido Municipal de Comodoro Rivadavia. Tres
son los libros que se conservan en el Archivo Histórico. El tomo I comprende
los años 1919-1933, el tomo II refiere a 1934-1944 y el tomo III abarca los años
1945-1957. En el caso del primero se hace dificultosa su lectura, siendo el
segundo el que mejor información provee ya que se registra: el número de
sepultura, nombre, el sexo, la nacionalidad, el estado civil, profesión y
domicilio. También se consignan hora y día en que se produjo el deceso, la
causa de la defunción, hora y fecha en que se produjo la inhumación y en la
columna observaciones en la mayoría de los casos se menciona el nombre del
profesional médico encargado de la atención médica del difunto. Mucha de esta
información no ha sido consignada en el Tomo III, lo cual dificulta su empleo y
de allí mi decisión de concentrar mi atención en el período 1934-1944.
Como he mencionado, en las dos últimas columnas del folio se da cuenta del
nombre del médico que atendió al recientemente inhumado en sus últimas
horas de vida. En varias oportunidades el encargado de completarlo señala
expresamente el nombre del facultativo agregando luego “pobre de
solemnidad” o “sin cargo”. El empleo de estas expresiones nos da indicios de
otras transformaciones de importancia que se estaban produciendo en la zona:
desde el primero de agosto de 1936 se había procedido a habilitar el
dispensario de salubridad y consultorio para los enfermos pobres de

10 NARI, Marcela, op. cit, 2004, p.191.

87
solemnidad en el nuevo edificio destinado a hospital municipal, el que
finalmente fue inaugurado en 1937. Desde ese momento, en la columna
dedicada a consignar el domicilio del difunto se detalla: hospital municipal. Es
posible entonces el empleo de otras fuentes disponibles para el período: las
solicitudes para asistencia médica y provisión de carnet, los pedidos de
atención de las parteras e internación y en caso de defunción, los que refieren
a la provisión de ataúd y traslado gratuito al cementerio. Estos rituales se
efectuaban sin costo para los familiares y deudos del extinto/a, toda vez que
“luego de las averiguaciones correspondientes” realizadas por sargentos de la
policía local se hubiere comprobado como se describe en algunos expedientes:
“lo que gana el marido sólo da para el mantenimiento de la familia y que podría
otorgársele el carnet” o bien en los casos de mujeres solas “es pobre y carece
de recursos”.
Al comienzo de este capítulo utilicé la información que proveía del obituario de
Carolina ya que los datos biográficos que se consignaban me permitían
delinear una semblanza de esta madre muerta, los que hacían referencia a los
detalles de su intimidad. Su obituario fue el único que encontré dentro de una
nómina de mujeres fallecidas por causas tales como septicemia puerperal,
fiebre puerperal, síncope post parto, infección puerperal, sepsis puerperal,
cesárea (post parto), aborto, a consecuencia de un aborto, septicemia
puerperal por aborto, septicemia aborto séptico, septicemia post aborto, aborto
infectado. Aunque fragmentaria, la información obtenida en el Registro de
inhumaciones me ha permitido realizar una mínima estimación del número de
procedimientos efectuados en el hospital público en la línea metodológica
propuesta como ya señalé por Susana Checa, Cristina Ervaro, Elsa
Schwarzstman y algunos estudios recientes en torno a la mortalidad infantil en
la zona.11
Con excepción de Carolina, único caso en el que no se menciona el nombre del
profesional médico, la persona encargada de llevar el Registro de
Inhumaciones dio cuenta de que dichas intervenciones médicas fueron

11 LEIVA, Daniela “El estudio de la mortalidad infantil en la ciudad de Comodoro Rivadavia.


Algunas consideraciones sobre la ficha hospitalaria” en CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam
-editoras- Relaciones de Género en la Patagonia: Actas de las Primeras Jornadas Patagónicas
de Estudios de las Mujeres y Género, Com. Riv., Vela al Viento Ediciones Patagónicas, 2010,
pp.149-152.

88
seguidas de muerte.12 (Barrancos, Dora, 2007: 486). En este sentido, el
tratamiento que he realizado de las fuentes se ha inspirado en las propuestas
de Arlette Farge y de Sandra Gayol.13 Así, es posible imaginar que el registro
de los abortos como causa de defunción de las madres muertas puede
considerarse una medida con carácter denuncialista de prácticas que parecen
haber sido habituales entre las mujeres de la zona en estudio. Sin embargo, el
hecho de que muchas de ellas fallecieran por causas tales como las
anteriormente mencionadas me llevó a pensar que la mortalidad materna pudo
estar relacionada menos con una resistencia femenina a ser atendidas por
extraños en nuevos ámbitos como los hospitales sino por el contrario como
consecuencia directa de haber sido atendidas en ellos. Estas condiciones
alcanzaron también a muchos de sus hijos, ya que guiándome por el registro
de inhumaciones y los escasos expedientes de atención médica que se han
conservado en el Archivo Municipal he podido aproximarme a la mortalidad
infantil distinguiendo casos de mortalidad neonatal precoz, mortalidad neonatal
tardía y mortalidad postneonatal.14
Estas muertes se produjeron en un momento en que el reforzamiento de la
identidad de las mujeres como madres/reproductoras y los argumentos
esgrimidos por distintos sectores en torno a la defensa de relación madre/hijo,
terminaron por constituir a las mujeres trabajadoras como sujetos de derechos
sociales, aunque no alcanzó para culminar con la exclusión formal de todas las
mujeres hasta 1947.15 Por otra parte, las muertes de madres gestantes deben
ser analizadas dentro del conjunto de las políticas peronistas dirigidas a actuar
en materia de salud materno-infantil como han sugerido Carolina Biernat y
Karina Ramaciotti.16 Aún cuando es poco lo que sabemos a nivel local/regional

12 BARRANCOS, Dora “Contrapuntos entre sexualidad y reproducción” en TORRADO, Susana


-compiladora- Población y bienestar en la Argentina del primero al segundo Centenario. Una
historia social del siglo XX. Tomo I, Bs. As., Edhasa, 2007, pp.475- 499.
13 FARGE, Arlette La atracción del Archivo, Valencia, Edicions Alfons El Magnanim, 1991 y
GAYOL, Sandra Sociabilidad en Buenos Aires, Hombre, Honor y cafés 1862-1910, Bs. As.,
Ediciones del Signo, 2001.
14 DURAND, Teresa y GUTIÉRREZ, María Alicia “Cuerpo de Mujer: consideraciones sobre los
derechos sociales, sexuales y reproductivos en la Argentina” en BIANCO, Mabel; DURAND,
Teresa; GUTIÉRREZ, María Alicia y ZURUTUZA, Cristina Mujeres sanas, ciudadanas libres (o
el poder para decidir), CLADEM- FEIM-FNUAP- Foro por los Derechos Reproductivos, Bs. As.,
1998, pp.3-44.
15 LOBATO, Mirta Zaida Historia de las trabajadoras en la Argentina (1869-1960), Bs. As.,
Edhasa, 2007.
16 BIERNAT, Carolina y RAMACIOTTI, Karina. Op. cit., pp. 51-76.

89
sobre estos procesos puede afirmarse que durante aquel período entre las
medidas ensayadas para frenar el avance del proceso de desnatalización
podemos citar el establecimiento de subsidios por paternidad y maternidad a
fines de la década del 20 para el personal de la petrolera estatal. 17 Como ha
mostrado Graciela Ciselli la empresa había habilitado un consultorio especial
para señoras desde 1922, y si bien toleraba que las parturientas que eran
asistidas en su domicilio se les cobrara 30 pesos, se promovía que por razones
de higiene se atendieran en la maternidad del hospital.18 Estas medidas se
profundizaron en los 30, ya que en el hospital de la empresa (que había sido
construido con el objeto de brindar asistencia médica, odontológica y quirúrgica
al personal del yacimiento) se procedió a habilitar un consultorio para
embarazadas y con posterioridad se elevó la asignación mensual que abonaba
a la partera contratada a esos efectos con el objeto de evitar el parto a
domicilio. Coincido con Ciselli en que hacia 1937 las familias ya utilizaban
plenamente los servicios del hospital, proceso que fue documentado por las
propias protagonistas al conservar en sus archivos familiares tanto las libretas
de asistencia como las fotografías que se habían tomado para la obtención del
carnet.19
Cierto es que solamente las mujeres que residían en la jurisdicción de la
petrolera estatal podían acceder a esta atención. En el caso de quienes
habitaban el ejido municipal de Comodoro Rivadavia o bien quienes residían en
la zona norte del entonces Territorio Nacional de Santa Cruz si acreditaban
“tener casa” en la jurisdicción estaban en condiciones de solicitar la atención de
la partera en sus domicilio, ya que el hospital municipal fue inaugurado recién
en 1937. Durante aquellos años las preocupaciones en torno a las madres
obreras, las pobres y prostitutas ocuparon un lugar central en las prácticas
asociativas de otras mujeres, líderes étnicos, políticos y médicos, sobre todo

17 CRESPO, Edda Lía “Tras las huellas del maternalismo feminista en una comunidad minera
en la Argentina” en CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam -compiladoras- Mujeres en Palabras
de Mujeres, Rawson, Fondo Editorial Provincial, Secretaría de Cultura del Chubut, 2009,
pp.29-39.
18 CISELLI, Graciela “Familia y trabajo femenino en Y.P.F.”, Bs. As., Todo es Historia, N° 484,
2007, pp. 33-37.
19 CRESPO, Edda Lía “Maternales... Imágenes de mujeres en libretas de asistencia, políticas
empresariales y reconocimiento de derechos en los Territorios Nacionales: Comodoro
Rivadavia”. CD XI Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Tucumán, Universidad
Nacional de Córdoba, 2007.

90
durante los años que coincidieron con la Restauración Conservadora, aunque
algunos enfoques han avanzado al abordar los años del primer peronismo.20
Sea para el reconocimiento de derechos como para su control, la domiciliación
adquirió relevancia ya que toda vez que se adscribiera a una jurisdicción
territorial precisa (comunitaria), extranjeros y mujeres (en el ejido de Comodoro
Rivadavia) o bien los trabajadores de la petrolera estatal gozaban de beneficios
en razón de que los mismos eran concebidos como un conjunto de desafiliados
a quienes era posible por el área marginal en que se encontraban ser inscriptos
en el corazón de la Nación21 (Crespo, 2011). Por ello a continuación examinaré
con mayor detalle las particularidades de la zona en estudio.

Orden urbano, fragmentación comunitaria y reconocimiento de derechos

Durante la primera mitad del siglo pasado el desarrollo de las actividades


extractivas -eje principal de la economía en la zona litoral del Golfo San Jorge-
dio lugar a un proceso de urbanización caracterizado por una fuerte
heterogeneidad y fragmentación en la ocupación del espacio. Si bien la
fundación de Comodoro Rivadavia y la instalación de la oficina telegráfica en
Caleta Olivia se produjeron en 1901, tras el descubrimiento del petróleo en la
primera de las mencionadas en 1907, tanto el Estado Argentino como
empresas de capitales de distinto origen, promovieron la conformación de
varios asentamientos que en su mayoría se ubicaron al norte del poblado
originario. La expedición dependiente del Estado Argentino había descubierto
el petróleo en un área que se encontraba ubicada a unos tres kilómetros hacia
el norte, con posterioridad y también en esa misma localización, varias
compañías de capitales privados establecieron sus asentamientos: en 1916

20 FUENTES, Patricia “Trabajo, género y salud en Comodoro Rivadavia. Un estudio a través


de las reglamentaciones sobre casas de tolerancia (1914-1937)” en BAEZA, Brígida; CRESPO,
Edda; y CARRIZO, Gabriel -compiladores- Comodoro Rivadavia a través del siglo XX,
Argentina, Municipalidad de Comodoro Rivadavia, 2007, pp. 149-168; INFELD, Ana Pobres y
Prostitutas. Políticas sociales, control social y ciudadanía en Comodoro Rivadavia (1929-1944),
Rosario, Prohistoria Ediciones, 2009; CRESPO, Edda Lía “El valor social de las agujas… De
Academias, Sindicatos y trabajo femenino en la Cuenca del Golfo San Jorge a mediados del
siglo XX”, en MASÉS, Enrique -compilador- Trabajadores y trabajadoras en la Argentina.
Aportes para una historia social, Educo, Neuquén, 2011, pp.193- 208.
21 CRESPO, Edda Lía Comunidades Mineras, prácticas asociativas y construcción de
ciudadanías en la zona litoral del Golfo San Jorge. Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia,
Universidad Nacional de San Martín, Tesis de Maestría en Historia. Inédita, 2011.

91
Astra, considerada la primera compañía privada argentina accedió a una
concesión de 1.500 hectáreas, iniciando de inmediato las actividades de
producción, a principios de los veinte capitales de origen alemán adquirieron la
misma. Hacia 1919 los ferrocarriles del Sud, Pacífico y Oeste conformaron la
Compañía Ferrocarrilera del Petróleo ([Link]) la cual arrendó también
una concesión de 1500 hectáreas a unos ocho kilómetros del poblado, hacia
1950 el estado argentino culminó nacionalizándola y la misma adoptó la
denominación Petroquímica. Por otra parte, la Royal Deutch Shell había
iniciado actividades de exploración a unos 27 kilómetros al norte del ejido
municipal, conformándose en 1922 la compañía Diadema Argentina, la que
contaba con capitales holandeses, ingleses y nacionales.
En 1917, tras una serie de conflictos entre las autoridades de la petrolera
estatal y sus trabajadores, el ejido municipal fue redefinido. Varias mensuras
habían sido realizadas en 1901, 1909, 1917 destacándose en esta última
oportunidad que la misma procedió a mantener fuera del ejido tanto a los
campamentos dependientes de la petrolera estatal como a los de las
compañías restantes. Tal decisión trajo aparejada la exclusión de la ciudadanía
política a nivel de la jurisdicción municipal para los varones argentinos o
extranjeros que habitaban en las mismas. En la medida que el Yacimiento
Comodoro Rivadavia se expandió sobre la zona litoral del Golfo San Jorge,
estas condiciones alcanzaron también a quienes residían en el flanco sur del
mismo. Siguiendo la lógica de urbanización propia de estas concentraciones
obreras extractivas, la zona donde se realizaban las actividades de explotación
del recurso se encontraban en las proximidades del área anteriormente
mencionada, mientras que el área de embarque del petróleo se ubicaba en la
costa, donde se encontraba emplazada Caleta Olivia desde principios del siglo
XX. La traza urbana de esta última había comenzado a modificarse
abruptamente tras el descubrimiento de petróleo en junio de 1944 en una zona
denominada Cañadón Seco, distante unos 20 km hacia el oeste del núcleo
originario. El 9 de julio de 1946 se inauguró un mástil en el campamento de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales en las proximidades de la costa, el 29 de
setiembre de ese mismo año fue denominado Yacimiento Caleta Olivia, el que
estaba dedicado al despacho de petróleo procedente de Cañadón Seco.

92
Me interesa subrayar que el Estado en su carácter de empresario desarrolló un
conjunto de acciones sistemáticas que excedieron el marco estrictamente
productivo, distinguiéndose una serie de emprendimientos asociados con el
desarrollo de una amplia infraestructura de servicios sanitarios dentro de los
que se destacaban la construcción de hospitales propios y la puesta en marcha
de servicios gratuitos de farmacia, la asignación sin cargo de la vivienda y de
los servicios urbanos vinculados a ella (redes de agua, gas, energía eléctrica,
transporte gratuito, etc.) y la constitución de servicios comunitarios
relacionados con la cobertura y regulación del tiempo libre de los
trabajadores.22 Algo similar sucedió con la atención médica de la población
residente en las jurisdicciones dependientes de las restantes compañías, las
que durante el transcurso de la primera mitad del siglo XX se abocaron a
construir hospitales propios: Astra inauguró uno en 1920, la Compañía
Ferrocarrilera del Petróleo en 1931 y finalmente la Compañía Diadema
Argentina culminó por transformar la pequeña sala de primeros auxilios en un
hospital en 1934. De acuerdo a las crónicas de la época este última ofrecía
“servicios comparados a los mejores sanatorios de Buenos Aires”. Esta
infraestructura hospitalaria considerada de avanzada era exaltada por los
cronistas del diario El Rivadavia hacia fines de 1947 cuando al evocar las duras
condiciones a las que habían estado expuestos quienes residían en las
jurisdicciones de las petroleras desde principios de siglo sostenían: “En
Comodoro Rivadavia los habitantes fueron sometidos a pruebas de higiene,
obras de sanidad y reformas científicas, y (…) todos han resistido.”
Ahora bien: ¿Qué sucedía con los que no habían logrado hacerlo? Hasta
comienzos de la década del cuarenta los restos mortales de quienes habitaban
por entonces la zona (esto incluía en muchas ocasiones a quienes vivían
también en Caleta Olivia) era el cementerio dependiente de la Corporación
Municipal de Comodoro Rivadavia. De acuerdo al registro de inhumaciones que
se conserva en el Archivo Histórico Municipal comenzó a funcionar en marzo
de 1919 y se encontraba ubicado en un área que estaba en el límite entre la

22 MARQUES, Daniel Cabral y CRESPO, Edda “Entre el petróleo y el carbón: empresas


estatales, trabajadores e identidades sociolaborales en la Patagonia Austral durante el período
territoriano (1907-1955)”, en BANDIERI, Susana; BLANCO, Graciela y VARELA, Gladys
Hecho en Patagonia. La historia en perspectiva regional, Neuquén, CEHIR-EDUCO,
Universidad Nacional del Comahue, 2005, pp. 301-347.

93
jurisdicción de los campamentos de la petrolera estatal y el de la corporación
municipal. Sin embargo, hacia 1942 Yacimientos Petrolíferos Fiscales culminó
por realizar la traza de su propio cementerio, ubicándose el mismo a unos cinco
kilómetros del campamento central de la compañía. Por su parte, la Compañía
Ferrocarrilera de Petróleo hizo lo propio localizándolo a un kilómetro de su
jurisdicción. Por entonces se dispuso que en el caso de los restos de los
obreros de la petrolera estatal que estuvieran sepultados en el cementerio
municipal serían trasladados al nuevo cementerio y que sus deudos serían
eximidos de pagar el impuesto correspondiente.23 La medida parece no haber
alcanzado inmediatamente a los trabajadores de esta última compañía como lo
atestigua el caso de Antonio T., viudo de Carolina L. Antonio se desempeñaba
por aquellos años como jornalero de la Compañía Ferrocarrilera del Petróleo,
ya que en la columna en la que se detalla su domicilio figuraba Km. 8. Su
fallecimiento se debió a un accidente durante las horas en las que
desempeñaba sus labores: El deceso se produjo el 19 de noviembre de 1943,
siendo sepultado en la tumba 3808 y en la que permaneció hasta el momento
en que sus restos mortales fueron trasladados junto a los de quien en vida
había sido su esposa (AHMCR, Registro de Inhumaciones, Libro II, folio 97).
Unos días antes, en la tumba 3803 habían sido depositados los restos mortales
de Irma C. de O., cuyo esposo se desempeñaba como personal de Y.P.F. Así,
en el mismo folio 97, se consigna la fecha de su fallecimiento: el 7 de octubre
de 1943. La mencionada murió a raíz de una pancreatitis habiendo sido
atendida en varios hospitales de Capital Federal y finalmente terminó sus días
en el hospital dependiente de la petrolera estatal. Los restos mortales de Irma
fueron a sumarse a los de otras tantas mujeres.
Laura Mansilla y Ana Fernández, ocupaban las primeras dos sepulturas desde
1919 cuando el cementerio fue inaugurado. En aquella oportunidad solamente
se consignaron el sexo y la fecha en que fueron inhumadas. No podemos
precisar ni su profesión, domicilio y origen como tampoco el lugar donde
fallecieron. Estos datos comenzaron a precisarse a comienzos de los 30,
siendo posible afirmar que la zona en estudio se encontraba en vías de

23 CÓRDOBA, Elvira; FIGUEROA, Raúl y ARMESTO, Stella Crónicas del Centenario.


Comodoro Rivadavia 1901-2001, Bs. As., Compañía Gráfica Balbi, 2001, pp. 245-248.

94
“medicalización”.24 Ahora bien, resulta difícil estimar en base al registro de
inhumaciones la profesión de las extintas ya que en la columna dedicada a ello
prácticamente en todos los casos figuraba “quehaceres domésticos”. En esta
tarea, el empleo de algunos expedientes que fueron iniciados por el hospital
municipal durante el período 1936-1944, me ha permitido recuperar algunos
datos significativos para elaborar una semblanza de las mujeres sepultadas y
paralelamente poder realizar un acercamiento a lo acaecido en los últimos días
y horas de sus vidas.
Según el Registro de inhumaciones, Mercedes F. falleció al finalizar el verano
de 1942 a raíz de una septicemia (AHMCR, Registro de Inhumaciones, folio
80). En los días previos, para ser más precisa el 5 de marzo, se había iniciado
un expediente comunicándose la internación de la enferma Mercedes F. en el
hospital municipal. En las fojas que lo integran, destacan el empleo de
formularios de asistencia médica que llevan la rúbrica del nosocomio. En la
ficha de solicitud se detalla: nombre (Mercedes F.), nacionalidad (argentina),
edad (21 años), estado civil (soltera) y domicilio (Ameghino 805). Figura
también para completar Tiempo de residencia (“desde hace años”) y Trabaja (-
), sin consignarse sueldo o jornal. Con anterioridad la solicitante había
trabajado en la lavandería del Km. 3, recibiendo entonces un sueldo o Jornal de
40 $ mensuales. Aparentemente en el momento en que se produce su
internación no se encontraba trabajando y quien completó la ficha volvió a
insistir el lugar de procedencia: la localidad. Mercedes era una mujer sola ya
que los datos del esposo y de la nacionalidad quedaron en blanco. En las
observaciones se procedió a registrar que la mencionada había sido “internada
de urgencia en grave estado en el Hospital”.
El día anterior en una nota dirigida al comisionado municipal Don César
Stafforini se le informó que la mencionada había sido traída en ambulancia e
internada en grave estado, se volvió a detallar su nacionalidad, que era soltera
y la edad y se agregó que “era Hija de María del Carmen G., domiciliada en la
Calle Ameghino 805”. El comisionado autorizó se investigara acerca de la
solvencia económica de la nombrada, a lo cual el sargento de policía informó al
comisario “de las averiguaciones practicadas” ha constatado que Mercedes F.

24 ARIES, Philippe El hombre ante la muerte, Madrid, Taurus Humanidades, 1992.

95
“es pobre y carece de recursos que le permitan costearse por cuenta propia las
cargas de asistencia médica”. El expediente finalizó que había fallecido la
causante (AHMCR, Expediente No. 451 Tomo VIII- Letra M).
Casi paralelamente, se abrió otro expediente por el cual se solicitaba ataúd y
transporte al cementerio. El 11 de marzo de 1942 la nota del administrador del
hospital que fue refrendada con la firma del director del nosocomio subrayaba
“cumple en informar que en el día de ayer, siendo las 22 horas, falleció en este
hospital la enferma internada Mercedes F., hija de María del Carmen G.”. El
secretario preguntó si tenía carnet de pobre o bien de haber sido internada en
el hospital, el director comunicó que el informe sobre la internación estaba en la
comisaría local. Días después se autorizó al proveedor de turno que se hiciera
cargo del ataúd y de su traslado al cementerio (AHMCR, Expediente 494, Tomo
IX, letra M).
La muerte de Mercedes F. permite realizar un acercamiento a la forma en que
se producían las hospitalizaciones de las mujeres de la zona (en este caso de
una joven trabajadora). Según Ana Infeld durante aquel período fueron las
madres pobres mayoritariamente quienes resultaron favorecidas por el
otorgamiento de bienestar mínimo otorgado por el Municipio de Comodoro
Rivadavia aunque a partir de los años 40 se controlaron con mayor firmeza los
casos de maternidad de mujeres menores de edad.25 Con el fin de establecer
elementos que permitieran juzgar su moralidad, la certificación del estado civil y
la domiciliación adquirieron relevancia. Ahora bien, la septicemia tronchaba
muchos vidas de hombres, mujeres y niños pero la ausencia de menciones a la
causa de deceso de la extinta parece haber ocupado un lugar irrelevante en los
expedientes ya que en el caso de Mercedes F., los funcionarios municipales, el
personal de la comisaría y tanto el administrador del hospital como su director
se encontraban encargados de reunir la información necesaria para justificar
tanto la internación como su posterior inhumación eran solventadas por la
partida de “Beneficencia” de la comuna. En 1951 la prensa local sostenía que
durante los años de la Restauración Conservadora: “el hospital es el resultado
de la comprensión de los vecinos, de que la salud pública debe ser cuidada. El
Gobierno no lo hace y entonces la población toma la obra por su cuenta. Solo

25 INFELD, Ana; op. cit, pág. 84.

96
se averigua si el que llega en demanda de ayuda médica, es pobre en realidad.
Comprobado esto, las puertas del hospital se franquean y la cama espera el
cuerpo enfermo que llega en busca de salud. Es el primer director del
establecimiento el doctor Miguel Alustiza que comparte el cargo con el doctor
Elías Rosner. Desde un principio, el hospital de manifiesta como verdadera
institución benéfica. No hay en él pensionados pagos. Todo se hace
gratuitamente, y la segunda presidencia, ejercida por el doctor Andino Y.
Cayelli sigue los mismos rumbos caritativos”.26

Siendo éste un tema que no ha recibido la atención de las/os especialistas


locales hasta el momento, me limitaré a señalar que la mención del
comisionado municipal (Don César Stafforini) y del director del hospital (Dr.
Andino Cayelli) sugiere la estrecha colaboración que existía entre ambos. 27 Sin
embargo, no deja de llamar mi atención que en otros casos de mujeres
fallecidas bien a causa de septicemia como en el caso de Albina A. (15 de abril
de 1938) o de Marcelina S. de O. (23 de diciembre de 1937), quien murió a raíz
de septicemia puerperal no fueran conservados los expedientes que daban
cuenta de las condiciones en que fueron hospitalizadas, habiendo sido
atendidas por el Dr. Cayelli. Otra de sus pacientes, falleció el 17 de marzo de
1943. Delia M. de V., argentina, de 36 años, casada y dedicada a los
quehaceres domésticos, su deceso debió a un “aborto aproximadamente 2
meses con hemorragia aguda”. Delia se sumaba así a la nómina de mujeres
gestantes muertas, las que fueron hospitalizadas y atendidas por el director. El
29 de diciembre de 1945 una mujer chilena de 36 años, soltera, dedicada a los
quehaceres domésticos falleció tras practicársele un aborto séptico. El
16/3/1947, Emma Irma V. de P., chilena de 23 años, casada, también dedicada
a los quehaceres domésticos, falleció a causa de una septicemia post aborto.

26 BROHMAN, Soil -director- Cincuentenario de Comodoro Rivadavia, Talleres Gráficos,


Martínez, Rodríguez y Compañía, Bahía Blanca, 1951, p.163.
27 El Comisario César Stafforini estuvo al frente de la comuna en varias oportunidades aunque
sus gestiones nunca fueron el resultado de la voluntad ciudadana. En abril de 1937 comenzó
su segunda intervención al desplazar de la presidencia del concejo al Dr. Pedro Ciarlotti,
finalizando la misma en setiembre de 1943. Tanto en esta gestión como en la que le había
precedido (1927 a 1932) su accionar consolidó la labor de la Sociedad Damas de Beneficencia
de Comodoro Rivadavia en lo referido al control de la infancia abandonada, mientras que en
contrapartida el hospital municipal quedó en manos de profesionales médicos, entre los cuales
destacó especialmente Andino Cayelli, quien dirigió el hospital hasta 1944.

97
Fue atendida también por el Dr. Cayelli. Con algunas excepciones los
expedientes que daban cuenta de la mortalidad materna han sido extraviados
aunque en base al registro de inhumaciones puede sostenerse que en muchos
casos la muerte terminó también por alcanzar a sus desventurados hijos.

De hospitalizaciones femeninas, condiciones de alumbramiento y


mortalidad infantil

Si bien en el presente apartado voy a focalizar mi atención en las pacientes del


Dr. Cayelli, una estimación más amplia debiera incluir la nómina de mujeres
gestantes muertas tras la atención de otros profesionales entre los que se
mencionan el Dr. Fidel Grillo y el Dr. Francisco Tejo quienes también
integraban el personal médico del hospital municipal.28 Sus nombres adquieren
relevancia si se los vincula al proceso de centralización de la tutela estatal
oficial de las progenitoras y su prole como han sugerido Carolina Biernat y
Karina Ramaciotti.29 Siguiendo a estas autoras entre fines del siglo XIX y buena
parte del siglo XX, se produjeron una importante suerte de disputas entre
organizaciones privadas e instituciones públicas, de jurisdicción municipal,
provincial y nacional, las que intentaron monopolizar esa asistencia. A nivel
local esas transformaciones coincidieron con la creación en mayo de 1944 de
la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia y puedo afirmar que se
verificaron conflictos similares a los de Capital Federal, aunque a nivel local la
Sociedad de Damas de Beneficencia de Comodoro Rivadavia continuó
ejerciendo el control de la infancia abandonada hasta comienzos de la década
del 60.30 Aún cuando carecemos de estudios específicos sobre la temática, la
nómina de profesionales médicos que figuran en el registro de inhumaciones
puede ser utilizada para evaluar el alcance de las mencionadas
transformaciones y el protagonismo que alcanzaron en ellos. Sirva entonces

28 El 28 de diciembre de 1943 Ernestina S., chilena de 32 años, soltera dedicada a los


quehaceres domésticos, falleció a consecuencia de un aborto. Fue atendida por el Dr. Fidel
Grillo. El 23 de marzo de 1946, Josefina E., argentina de 16 años, soltera, dedicada a los
quehaceres domésticos, atendida por el Dr. Francisco Tejo, falleció a causa de una septicemia
y aborto séptico. Finalmente Ermelinda V. de T., de quien no se consignó su nacionalidad, de
31 años, casada, también dedicada a los quehaceres domésticos, falleció a causa de aborto
infectado, fue atendida por el doctor Francisco Tejo.
29 BIERNAT, Carolina y RAMACIOTTI, Karina. Op. cit., pp. 51-76.
30 CRESPO, Edda. Op. cit., 2011.

98
como ejemplo el dato que el Dr. Andino Cayelli en 1948 fue reconocido
oficialmente e inscripto en la Dirección de Asuntos Profesionales del Ministerio
de Salud Pública de la Nación como especialista en clínica ginecológica y
clínica obstétrica y paralelamente también nombrado director del Centro
Materno Infantil de la Gobernación Militar. Sin embargo, me interesa juzgar su
accionar profesional a la luz de los casos de mortalidad materna y mortalidad
infantil acaecidos durante el período anterior a ese reconocimiento.
No habiéndose conservado el expediente en el hospital municipal, sabemos
que el 14 de mayo de 1940, Hortensia V., chilena de 28 años, de estado civil
soltera y dedicada a los quehaceres domésticos falleció a causa de fiebre
puerperal. La mencionada fue atendida por el Dr. Andino Cayelli, el mismo
profesional médico que en los días previos había atendido a su hijo N.
Villarroel, fallecido a un día y medio de su nacimiento. El deceso de N.
Villarroel, acaecido el 11 de mayo de 1940 se produjo a raíz de una debilidad
congénita según el diagnóstico del Dr. Cayelli, que atendió al recién nacido sin
cargo.
Unos meses más tarde, el 10 de setiembre de 1940, María Elena G. N. falleció
también a raíz de fiebre puerperal siendo atendida también por el mismo
médico. De acuerdo a los datos que se consignaron en el registro de sepulturas
en el cementerio local, María Elena era chilena, tenía 35 años, era soltera y
residía en la localidad. En la columna dedicada a la profesión se anotó “su
casa” .Sin embargo, y unos días antes y de acuerdo con el Expediente 1125-
M, en una nota elevada por el administrador del hospital se comunicaba al
secretario de la comuna Don Fernando Rovere que “El 30 de agosto dio a luz la
enferma en trabajo de parto, Sra. Elena G. habiendo sido atendida por la
partera de este Hospital, Sra. Dolores S. de Planas”. El 4 de septiembre el
secretario autorizaba el vale para que se abonaran los servicios de la partera.
Sin embargo, resolver si la “enferma en trabajo de parto” era solvente
económicamente había demandado la intervención del comisario de policía,
quien a su vez ordenó al subcomisario José Ochotorena que se encargara de
realizar “las previas averiguaciones”.
El resultado de las mismas había arrojado una información diferente. Así, el
encargado de las tareas, un sargento de nombre Pedro Fernández comunicó
que Elena G. vivía con Francisco A., con domicilio en la calle España 886, el

99
que trabajaba de pintor, ganando para su subsistencia diaria, no así para
abonar los gastos de su atención médica en el Hospital Municipal. El informe
fue elevado al municipio con fecha 12 de septiembre y dos días más tarde el
secretario de la comuna hacía referencia a que de acuerdo al Expediente 957-
6-1940 la recurrente había justificado su indigencia. Tras la consulta del
mencionado documento, efectivamente el trámite había sido iniciado por la
mismísima Elena G. N. la que solicitaba servicios obstétricos y carnet para
asistencia médica. En el formulario dirigido al secretario tesorero de la comuna
con fecha 29 de julio se consignaba que María Elena era chilena y que estaba
casada pero que era un tanto menor, tenía 29 años. Residía en la localidad
desde 1934 y como carecía de recursos para solventar la asistencia
profesional, solicitaba el carnet. En el formulario se mencionaba asimismo que
su marido Francisco A., de 42 años también de nacionalidad chilena, trabajaba
en el cine Rex, su jornal era de 120$ por mes. Ambos se domiciliaban en la
calle España 878 junto con un hijo de siete años de nombre Hugo. El inspector
de turno sostuvo que “lo que gana el marido sólo da para el mantenimiento de
la familia y que podría otorgársele el carnet”, el que fue fechado el 3 de agosto
con el número 117.
El expediente reúne otra documentación relevante para el caso que nos ocupa
ya que Elena cumplió con otros requisitos para su emisión, había procedido a
vacunarse de acuerdo a lo que establecía la Ley 4202 y adjuntó el certificado
expedido por el profesional médico que daba cuenta de su estado de gravidez.
Un último certificado policial se adjuntó al expediente, allí el comisario de
policía de nombre Julio Martínez Torrent había comprobado que Francisco A.
efectivamente con su jornal de 120$ solamente podía cubrir los gastos de
subsistencia del núcleo familiar y agregó asimismo que el anteriormente
mencionado era el concubino de Elena G. N.. No hubo mención alguna tras su
fallecimiento de que había dado a luz a una niña a la que llamó Rosa y que
tuvo un destino similar al de su madre ya que la pequeña falleció el 24 de
diciembre de ese mismo año, víctima de una bronconeumonía.
Ese mismo año, Emilia B. de Z., argentina de 24 años, casada y también
dedicada a “su casa”, falleció víctima de septicemia puerperal. Su deceso se
produjo el 26 de diciembre de 1940 y el expediente iniciado por el hospital
municipal tuvo por objeto solicitar ataúd y transporte gratuito al cementerio

100
(AHMCR, Expediente 1737-M). El administrador del hospital municipal inicia su
tramitación dirigiéndose al comisionado Stafforini: “Informa que ha fallecido en
este Hospital la enferma internada Emilia B. de Z., razón por la cual solicita de
Ud. sirva ordenar se le otorgue el ataúd y el transporte gratuito
correspondiente”. El día 30 el comisionado autorizaba que la contaduría
otorgara el vale al proveedor de turno. Ahora bien, Emilia había dado a luz a un
bebé que fue sepultado bajo el nombre de N. N. Burgos. Las razones de su
defunción se debieron a una asfixia durante el trabajo de parto el que fue
atendido por el Dr. Cayelli sin cargo.
Otro caso llamó mi atención ya que en mayo de 1942 en otro expediente
iniciado por el hospital municipal se comunicaba el parto de Hortencia S. de B.
El administrador consignaba en una nota dirigida al comisionado municipal:
“cumplo en informar a Ud. que en el día de la fecha siendo las 7 y 30 horas, la
Sra. H. S. de B., argentina, casada, de 22 años, esposa del Sr. Oscar Juan B.,
enfermero de este Hospital”. A las 22 horas del día 17 de mayo la mencionada
había dado a luz un niño de sexo masculino, habiendo sido atendida por la
partera Sra. Dolores S. de Planas. Un nuevo expediente se inició ese mismo
día ya que debió comunicarse el fallecimiento de la enferma Hortencia S. de B.
el 18 de mayo. El administrador del hospital comunicaba al comisionado
municipal que siendo las 12 y 15 horas se había producido su deceso, volvió a
subrayar que Hortencia era esposa del enfermero Sr. Oscar B. Esta razón
parece haber sido fundamental para que el 20 de mayo el comisionado
ordenara que se eximiera del pago del derecho de fosa ya que el Sr. B. era
enfermero del nosocomio. Nada se dijo de las razones que motivaron el deceso
de la mencionada, el que de acuerdo al registro de sepulturas fue causado por
un síncope postparto y que había sido atendida por el Dr. Cayelli sin cargo.
Tampoco se mencionó que el niño que había alumbrado había recibido el
nombre de Jorge Julio, que alcanzó a sobrevivirla 4 días, que falleció a raíz de
una hemorragia meníngea y que fue atendido por el mismo facultativo de su
madre. Sus restos mortales culminaron siendo trasladados a la sepultura
Número 3526 en la que días antes había sido depositado el cuerpo sin vida de
su progenitora.
Finalmente, el Expediente 1335- M, iniciado el 5 de julio de 1943 por el hospital
municipal comunicaba el fallecimiento de la enferma Rosa C.: “habiendo

101
fallecido en el día de ayer la enferma Rosa C., internada el 25 de mayo próximo
pasado, según nota correspondiente, y careciendo de los medios para sufragar
los gastos de inhumación, agradeceré a Ud. quiera tener a bien autorizar se le
provea del ataúd y transporte gratuito correspondiente…” El día 6 de julio, en
forma manuscrita el inspector de la comuna se dirigía al Sr. secretario
sosteniendo que la causante era persona sin recursos y que sus familiares
también carecían de medios. Al día siguiente se autorizó a la contaduría
municipal la emisión del vale para el proveedor de turno, quien se encargaría
de conseguir un ataúd de tipo económico y trasladar los restos al cementerio
local. Sin embargo, si se presta atención a la fecha en que fue hospitalizada
Rosa (el 25 de mayo) y revisamos el registro de inhumaciones es probable que
la tumba 3727 fuera ocupada por su hija, una N. N. femenina nacida muerta el
28 de mayo de 1943 y la que fue atendida por el Dr. Cayelli sin cargo. Nada se
dijo entonces que su madre Rosa había fallecido a raíz de septicemia puerperal
tras la atención del mencionado facultativo.

Consideraciones finales

A comienzos de la década del sesenta del siglo pasado, se procedió a


inaugurar un monumento en homenaje a la madre en inmediaciones de la calle
Rivadavia. La obra que lleva la firma de Luis Perlotti y que se conserva hasta el
presente, parece haber sido concebida en la línea inspirada por el ideal médico
de la madre afectuosa e higiénica que anteponía los intereses de su prole a los
propios de acuerdo a las interpretaciones de Donna Guy o bien reflejaba a las
madres obreras como ha sugerido Daniel James.31 Sin embargo, no deja de
llamar mi atención que el monumento se emplazara en las proximidades del
domicilio de Doña Juana Sosa de Canosa, madre del presidente Perón,
fallecida en la localidad en mayo de 1953.32 Doña Juana era una madre muerta
cuyos restos mortales fueron trasladados a Capital Federal siguiendo la carrera
política de su hijo. A diferencia las otras madres muertas que he estudiado en

31 GUY, Donna. Op. cit, 1998; JAMES, Daniel Doña María. Historia de Vida, memoria e
identidad política, Bs. As., Manantial, 2004.
32 CRESPO, Edda Lía “Madres, esposas, reinas…Petróleo, mujeres y nacionalismo en
Comodoro Rivadavia durante los años del primer peronismo” en LOBATO, Mirta Zaida -editora-
Cuando las mujeres reinaban. Belleza, virtud y poder en la Argentina del siglo XX, Bs. As.,
Biblos, 2005, pp.143-174.

102
esta ponencia, su deceso se había producido a una edad avanzada aunque el
conjunto de obituarios aparecidos en la prensa local no dejaron de hacer
referencia a que era “Prototipo de madre patagónica”.33 También se subrayó
por aquellos días que había llegado a este lejano sur “cuando no había
caminos, ni protección policial, ni sala de primeros auxilios” y aún así “supo
inspirar en sus hijos sentimientos de hombría de bien”.
Aquellas menciones parecían hacer referencia a las políticas peronistas
dirigidas a actuar en materia de salud materno- infantil y ha sido el objeto de
este trabajo analizar si las mujeres gestantes muertas enfrentaron las mismas
condiciones que Doña Juana. Aún cuando la información es bastante
fragmentaria al respecto estas madres muertas y en algunos casos también
sus hijos e hijas fueron homenajeadas/dos por su familia e hijos al trasladar sus
restos mortales cuando se procedió a levantar el cementerio en el que habían
sido inhumados. Solamente el nicho y la fotografía de Carolina L. de T. como la
de su viudo Antonio se conservan hasta nuestros días; aunque sabemos que
Rosa A. y su madre María Elena G. N. compartieron sepultura hasta la década
del ochenta cuando se decidió también su traslado. Con excepción de Carolina,
estas madres y sus hijos carecieron de obituarios, de allí entonces la necesidad
de utilizar las escasas fuentes disponibles para aproximarnos al parto en
momentos en que se medicalizó, se masculinizó, se hospitalizó como sugiere
Michelle Perrot.34 Nuestras conclusiones sin duda preliminares al respecto
siguen en parte las señaladas por Perrot: “Al principio el parto en el hospital
tuvo que ver con las mujeres pobres, o solas, demasiado desprovistas para
llamar a un partero o a una comadrona. Después el hospital se volvió el lugar
más jerarquizado de la medicalización y de la seguridad y la relación se invirtió
totalmente. Las mujeres acomodadas tomaron el rumbo de la clínica y, desde
el período de entreguerras, el de las maternidades. Después de la Segunda
Guerra mundial la práctica se generalizó y el nacimiento a domicilio se volvió
una excepción”.35
En nuestro caso, las madres gestantes muertas y sus desventurados hijos e
hijas lamentablemente tomaron el rumbo del cementerio. Aún así, la

33 Diario El Rivadavia, 1° de junio de 1953, p. 3.


34 PERROT, Michelle Mi historia de las Mujeres, Bs. As.; F.C.E., 2008, p. 95.
35 PERROT, Michelle. Op. cit, pp. 95-96.

103
auscultación lugar por lugar se hace imprescindible cuando se adopta una
perspectiva de género y es una cuestión que debe ser profundizada por la
historia social de la Patagonia.36 En este sentido, creo que los estudios sobre la
maternidad ofrecen interesantes perspectivas puesto que la función materna es
un pilar de la sociedad y de la fuerza de los Estados y por ello el cuerpo de la
madre se inviste de política, haciendo del control de la natalidad uno de sus
puntos clave. Como sugiere Perrot, el primer problema es el de la concepción y
en el presente lo que era una fatalidad se convirtió en una elección y sobre
todo de las mujeres, lo cual sin duda constituye una revolución.37 Para finalizar,
esta ponencia se inscribe en una serie de estudios que abordan períodos más
recientes pero que se interesan por los derechos sexuales y reproductivos y los
movimientos de mujeres en Patagonia.38

36 BARRANCOS,Dora “Tópicos para una agenda de la historiografía de las mujeres” en


CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam -editoras- Relaciones de Género en la Patagonia: Actas
de las Primeras Jornadas Patagónicas de Estudios de las Mujeres y Género, Com. Riv., Vela al
Viento Ediciones Patagónicas, 2010, pp.17-27.
37 PERROT, Michelle. Op. cit, p. 89.
38 DI LISCIA, María Herminia y MONTAÑA, Alejandra Erica “Las mujeres dicen “No”. El Foro
Pampeano No al Veto como expresión ciudadana” en CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam.
Op. cit., 2010, pp. 245.-255. También, CRESPO, Edda y GONZÁLEZ, Myriam, PI Relaciones
de Género en Patagonia Central. Movimientos de Mujeres y reconocimiento de derechos.
Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia (1990-2010), Universidad Nacional de la Patagonia “San
Juan Bosco”. En Ejecución.

104
Análisis del rol de las mujeres indígenas en los ámbitos de consenso,
durante la segunda mitad del siglo XIX en Patagonia. Sugerencias para
una nueva interpretación de caso

Cristian Gonzalo Quiroga


(ISHIR- CEHIR- CONICET. UNCO)

Introducción

En el contexto de la región patagónica, durante la segunda mitad del siglo XIX,


habitaban grupos étnicos heterogéneos y autónomos que se relacionaban de
manera soberana entre sí y con los incipientes estados chileno y argentino.
Estas sociedades indígenas, a la par que desarrollaban un campo diplomático
concebido para la convivencia inter-comunitaria, definido por los estudiosos
como relaciones interétnicas, generaron un vínculo fortalecido con prácticas de
larga data que apuntaba a establecer un lazo político con las nuevas repúblicas
(para el caso que interesa a esta investigación, las Repúblicas de Chile y
Argentina).
El epicentro de discusión política pero sobre todo de planteo de propuestas
tanto como de solución de conflictos será el parlamento, un ámbito de reunión
de los integrantes comunales e inter-comunales, e incluso de los
representantes de los estados republicanos, que concentrará el debate, el
ceremonial e incluso la ritualidad característica de este tipo de sociedades.
En trabajos anteriores hemos brindado nuevas aproximaciones a la cuestión
(Loncharic, Quinchagual y Quiroga, 2008; Quiroga-Loncharic, 2009) que se
centran en las postrimerías del siglo XIX dando un aporte a la interpretación
que ha sugerido la historiografía para otras regiones. Nuestra hipótesis central
se basó en destacar que no es una condición necesaria la presencia de
individuos externos al mundo indígena para que se convoquen parlamentos,
tomándose decisiones fundamentales en lo que refiere a las relaciones entre
los distintos grupos étnicos y con los Estados fronterizos. Estas nuevas
aproximaciones pretendieron demostrar que un parlamento no es lo que es por
los miembros que participan, sino por las decisiones que se toman y cómo esto

 Mail: cristiangonzaloquiroga@[Link]

105
influye en las relaciones sociales que se dan en el espacio intercomunal, tanto
como el espacio fronterizo.
Por lo tanto, nuestro punto de vista, se centró en proponer que el parlamento
define tanto prácticas sociales concretas para la vida comunal e intercomunal
(Loncharic, Quinchagual y Quiroga, 2008), como acciones políticas de más
largo alcance con extensiones hacia lo que la historiografía más clásica ha
definido como relaciones fronterizas. A las sociedades “blanca” e indígenas no
las separaba una línea divisoria que denotaba dos mundos, sino que existía un
“espacio fronterizo” (Bandieri, 1995) de gran complejidad, en donde los
parlamentos fueron un componente importante para mantener la vigencia de
buenas relaciones de convivencia.
Ahora bien, luego de haber realizado estos trabajos se nos hizo menester
preguntarnos ¿cuál era la participación de las mujeres en estas instancias de
consenso?, es decir, ¿influían o no las mujeres en estos espacios políticos? Y
si lo hacían ¿de qué manera intervenían?, ¿cuál era su objetivo? Sobre esta
temática se han realizado diferentes trabajos que analizan la cuestión de la
mujer, en el espacio de la Patagonia y más precisamente sobre las sociedades
indígenas, desde un punto de vista económico y político. Por lo tanto, es de mi
interés aportar a esta temática nuevas sugerencias que amplíen la
comprensión de estas sociedades indígenas.
Para poder realizar este escrito necesito organizar este trabajo en dos partes
antes de exponer mis interpretaciones. En un primer momento exhibiré
sintéticamente la perspectiva de género y algunos trabajos que se han
producido sobre esta temática (las mujeres en las sociedades indígenas) y
luego, en un segundo momento, describiré el recorrido que realiza el viajero
Musters por la Patagonia, focalizándome en los diferentes parlamentos que el
cronista presencia detallando -con mucho cuidado- las acciones que realizan
las mujeres en los diferentes acontecimientos.

Perspectiva de género

La nueva historia de las mujeres fue una construcción que se dio en las
postrimerías del siglo XX, durante demasiados años la presencia femenina ha
sido el gran ausente de la historiografía. No es sino a partir de los años 70 que

106
la presencia de la mujer se hace sentir en la reflexión y en la investigación
histórica. Los y las historiadores/as que se iniciaron en la investigación sobre
las actividades femeninas en el pasado se toparon en primer lugar con la
exclusión sistemática de las mujeres de los registros del pasado (Scott, 1995).
Escribir sobre ellas es sacarlas del silencio en que estaban inmersas.
Podríamos preguntarnos ¿por qué este silencio? Y antes de esto ¿las mujeres
tienen historia? Esta última pregunta depende del sentido que le demos a la
palabra historia. Por un lado la historia es lo que pasa, son los hechos y los
cambios que estos producen, las acumulaciones que tejen el devenir de las
sociedades, los acontecimientos del pasado. Pero también es el relato que se
hace de ellos. Y en este relato las mujeres quedaron excluidas como si
estuvieran fuera del acontecer, “sepultadas bajo el silencio de un mar abismal”
(PERROT, 2008:18).
Preguntémonos ¿por qué? Primero porque las mujeres actúan menos en el
espacio público. Eso fue así hasta hace muy poco tiempo. Las mujeres trabajan
y actúan en la familia, en el espacio doméstico. Para el relato historiográfico
dedicado a los aspectos políticos, de transformaciones económicas y sociales,
lo importante era el espacio público, allí era donde se realizaban las acciones
que merecían un lugar preponderante en el discurso. Entonces, el primer
señalamiento de la historiografía feminista es el de que ha existido, a través de
la memoria histórica y en la historiografía propiamente dicha, un ocultamiento
de los acontecimientos de la vida de las mujeres. Y si la historia las ha
rescatado del olvido sólo fue a las mujeres que con sus acciones, presencia y
poder se distinguían del resto y, de esta manera, su figura se elevaba a un
nivel parecido a la de los varones.
Para las distintas sociedades en el tiempo, la invisibilidad y el silencio de las
mujeres forman parte del orden natural de las cosas. Tampoco tienen apellido,
solo nombre de pila, porque son los hombres quienes otorgan sus apellidos.
Desde el principio de los tiempos aparecen mencionadas de manera confusa
“… las mujeres y los niños…” y, porque se las ve poco, se habla poco de ellas.
Allí tenemos unos de los motivos de la ausencia de las mujeres en el relato
historiográfico: el silencio de las fuentes.
La historiadora Carmen Ramos Escandón relataba en su investigación que “en
los registros de las haciendas mexicanas nos daban noticias sobre los peones,

107
bueyes y sacos de maíz, pero no sobre las mujeres…” (ESCANDÓN RAMOS,
1997:17). En cambio, en lo que hay sobre abundancia es de discurso sobre las
mujeres, la mayoría escrita por hombres, y de imágenes de mujeres, pintadas
por hombres.
¿Cómo recuperar el pasado de las mujeres?, ¿cómo romper con los
estereotipos que las envuelven? Las historiadoras feministas se han
preocupado por armar archivos de mujeres para luchar contra la dispersión y el
olvido, pero hay que tener en cuenta que la escritura y la lectura estuvo durante
centenares de años vedada para ellas.
Hasta ahora, esto permite hablar de una historia de las mujeres, pero aún
resulta insuficiente la recuperación y revalorización de “otras fuentes” para dar
cuenta de una historia de ellas: ¿por qué? Porque en el devenir histórico, los
cambios, las rupturas no repercutieron de la misma manera para los hombres y
para las mujeres, esto implicó que la teoría feminista y, por ende, la
historiografía feminista, incorporara nuevas categorías de análisis. En
consecuencia, para la década de los 80 aparece la categoría de género que
transforma la categoría de “sexo” con el objetivo de eliminar toda connotación
biológica en lo que era producto de la esfera social, política y cultural y,
consecuentemente, de carácter histórico. Dicho de otra manera, la categoría
género se refiere a la asignación de atributos y conductas a los individuos
según su pertenencia a un sexo biológico (Scott, 1995). Estas conductas son
construcciones históricas y culturales que se naturalizan y se reproducen de
generación en generación, como si fueran innatas, a-históricas y moralmente
correctas. Estas conductas y atributos también denotan desigualdades y
mayoritariamente subordinadas a los varones.
Entonces, la manera en que una nueva historia relate y explique la vida de las
mujeres residirá en el alcance que pueda tener el género como categoría
analítica. Ante preguntas tales como: ¿Cómo funciona el género en las
relaciones sociales?, ¿cómo le da el género significado a la organización y
percepción del saber histórico? Sólo podrán ser contestadas si se enfoca la
noción de género como categoría de análisis (Bonaccorsi, 1997:22).
Por último, para hacer una historia de las mujeres resulta necesario adoptar un
planteo crítico que reconstruya el pasado de las mujeres y para ello debemos
contar con categorías de análisis que permitan explicar e interpretar la

108
construcción de las sociedades y el porqué de la invisibilidad de ellas, explicar
las causas de su discriminación, las experiencias de sus acciones,
pensamientos y actitudes como sujetas activas de los tiempos pasados. Más
allá de la búsqueda de categorías analíticas se debería pensar en la
metodología que utilizamos a la hora de analizar y de escribir historia, es decir,
no concuerdo con la forma de encasillar al objeto de estudio en esferas
netamente impuestas por el pensamiento moderno.
En síntesis, podemos decir que las ciencias sociales ha argumentado el interés
por rescatar las acciones de la mujer y su intervención en el pasado. Es este
interés lo que me lleva a proponer, en este escrito, cuanto me es realmente útil
la categoría de género para analizar a la mujer en sociedades de tipo
tradicional y en este caso sociedades indígenas.

Historia indígena e historia de género

A continuación lo que vamos a hacer es desarrollar sintéticamente algunos


trabajos que han abordado la temática de la mujer en las sociedades
indígenas. El motivo de esta actividad es brindar al lector un panorama de la
cuestión para que de esta manera pueda ubicarse en contexto. Cabe aclarar
dos cosas: la primera es que estos trabajos han sido publicados posterior a la
década de los 90 y, la segunda, es que no son los únicos trabajos que han
abordado la cuestión de la mujer en las sociedades indígenas pero son los más
acabados en esta cuestión.1
Ahora bien, uno de los principales trabajos que necesitamos exponer es del
autor Miguel Ángel Palermo. Por un lado, su trabajo aborda distintos aspectos
del papel económico que tienen las mujeres en las sociedades indígenas
pampeano-patagónicas entre fines del siglo XVI y del XIX, cuando el contacto
con la sociedad hispano-criolla y la adopción de novedades en materia
agropecuaria por parte de estos pueblos los llevaron a una serie de grandes
cambios económicos y sociales, en medio de una peculiar situación de fricción
interétnica con los “blancos” (Palermo, 1994).

1 Sobre tal temática se puede ver los pioneros trabajos de Mandrini (1985) y, también, León
Solís (1989).

109
Por otra parte, también trae a acotación los errores metodológicos que
cometemos a la hora de analizar el rol de la mujer en sociedades indígenas;
argumentando que no sólo se debe a la fuente histórica, en el sentido de no
poder analizar la participación de la mujer, sino también a los marcos teóricos
que utilizamos y a nuestra aséptica interpretación de las fuentes. En palabras
del autor sería “Pero reconozcamos que a veces la culpa no es tanto de la
fuente sino de quienes las estudiamos (incluidas algunas feministas), porque
enredados en parecida valorización de los estatus que la gente de los grupos
analizados, tendemos a resaltar ciertas actividades en desmedro de otras.”
(PALERMO, 1994:64)2
La investigación de Palermo nos invita a realizar un recorrido histórico que va
desde el siglo XVI y al siglo XIX y este recorrido lo hace a través del análisis de
diferentes crónicas de viajeros. Tal análisis se focaliza en el contacto cultural
que tuvieron las sociedades indígenas con la sociedad europea y, también,
cómo este contacto fue transformando los diferentes tipos de economías que
ejecutaban los grupos étnicos de Patagonia. Según Palermo tales
transformaciones económicas generaron dos aspectos a tener en cuenta: el
primero fue el aumento del papel de la mujer en las sociedades indígenas y, en
segundo lugar, se observa gran participación femenina en los sistemas de
intercambio, siendo productoras de objetos textiles como también dueñas de
ganado ovino.3
Estos dos resultados Palermo los sustenta describiendo las diferentes
actividades económicas que realizaban las mujeres y los beneficios que tienen
por su condición femenina. Las actividades económicas van desde los trabajos
de subsistencia (recolectar leña y agua) hasta la confección de sus ponchos.
Por otra parte, el autor muestra lo beneficios que brindaba la mujer en tales
grupos étnicos puesto que aquellos hombres que querían desposarse con una
mujer debían pagar por tal acción.
Otro de los trabajos que vamos a describir en este escrito es el de la autora
Videla (1997), tal escrito se focaliza en la temática de liderazgo femenino y en

2 En la introducción de su artículo Palermo explica que la mujer siempre quedaba en un


segundo plano y se preguntaba ¿Significa ese segundo plano una menor gravitación social?
3 Esta apreciación que realiza el autor genera en mí una pregunta importante: ¿Cómo se
puede demostrar que la participación de la mujer o de las mujeres en la esfera política se debe
al contacto cultural que tuvieron tales sociedades indígenas con la sociedad europea? Es decir,
¿a través de que parámetros analíticos puede medirse esta apreciación?

110
este caso es el de la Cacica María.4 En este trabajo la autora nos explica las
diferentes actividades que desempeñaron las mujeres a lo largo de su historia
que van desde machis hasta lenguarazas o, también, compañeras de caciques.
También añade que son muy pocos los trabajos que se han realizado sobre
mujeres líderes. La autora también propone el mismo planteo que Palermo, es
decir, que Videla concuerda con la idea de que la participación de la mujer en
las sociedades de tipo tradicional se da por el proceso de transformación
económico que viven estos grupos producto del contacto con los europeos.
Desde el punto de vista metodológico es importante el aporte que hace la
autora, puesto que plantea: “En este juego de desentrañar los misterios del
pasado, es necesario definir el cristal desde donde miramos lo que afirmamos.
En principio considero que más que posible, es probable que esta tendencia
excluir del poder político a la mujer, tiene sus raíces en una concepción errónea
en donde el ideal de control y de dominio se relaciona exclusivamente con una
historiografía teórica que considera todo estudio sobre la mujer como estudio
de género. No se trata aquí simplemente de reivindicar el rol femenino en la
historia, sino que intentamos dilucidar las relaciones que existieron en las
sociedades indígenas y las visiones teóricas que en torno a ellas se
produjeron.” (VIDELA, 2007:29).
Lo que la autora quiere expresar en esta cita es que las mujeres y los hombres
son definidos uno en relación con el otro y no se puede entender a ninguno
estudiándolo por separado, es decir, que no se debe realizar un análisis
estrecho de la mujer puesto que se la separa de sus relaciones sociales con los
otros individuos.
En síntesis lo que Videla quiere expresar en este escrito es que la elección de
la mujer como líder de un grupo no sólo se debe a la cuestión del parentesco
sino también al capital social que posea que va desde su oralidad hasta su
capacidad de dirigir un grupo.
Siguiendo con la misma sintonía nos encontramos con el trabajo de las autoras
Castillo Bernal y Videla (2009). En este trabajo las autoras realizan un análisis
comparativo entre tres jefaturas femeninas que poseen diferencias temporales
que van desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Tal escrito es analizado con el

4 Para este trabajo la autora se interesa en un estudio de caso y más precisamente en la


sociedad Tehuelche Meridional.

111
concepto de “cacicato” y repasa a tres mujeres que ejercieron el rol de líderes,
como por ejemplo: La Reina de los Poyas, María la Grade y La vieja Cacica.
Dicho análisis comparativo dio como resultado que las tres líderes poseían,
además de la cuestión del parentesco, dos capitales muy importantes: el
primero es el capital social (oralidad y perspicacia) y el segundo el capital
económico (adquisición de riquezas). Cabe aclarar que la totalidad de los
capitales no estuvieron poseídos por las tres mujeres al mismo tiempo, puesto
que variaba su condición. Por lo tanto, tal análisis dejó un resultado diferente
tanto a nivel cualitativo como a nivel cuantitativo.
En palabras de las autoras sería: “El objetivo de este trabajo no es intentar
buscar argumentos en contra de esos esquemas clasificatorios, aunque
creemos que no nos dan respuestas por sí mismos. Al encarar el problema de
los cacicatos femeninos nos encontramos con problemas de grado más que de
clase, estas clasificaciones suelen enmascarar las variaciones culturales y
temporales de las sociedades que presentaba una amplia gama de opciones
dentro de un tipo de organización social basada en la figura de un jefe…”
(CASTILLO BERNAL-VIDELA, 2009:17). Desde mi punto de vista las autoras
plantean en esta cita el problema metodológico que tienen a la hora de
analizar su objeto, en un tiempo y espacio determinado, a través de un
concepto que no deja los mismos resultados a la hora de querer interpretar su
objeto en diferentes tiempos, por ejemplo: no posee las mismas características
una líder femenina del siglo XVIII que una líder mujer del siglo XIX.
Ahora bien, al describir estos tres trabajos que han abordado la cuestión de la
mujer en las sociedades indígenas me gustaría exponer algunas de mis
observaciones sobre tales investigaciones. En primer lugar pude observar que
los trabajos plantean la necesidad de que la mujer intervenga y sea participe
del relato histórico, aclarando -los autores- que no son los pioneros en esta
cuestión. Es por esto que las y los autores se ven en la necesidad de realizar
críticas en relación a aspectos metodológicos, no centrándose solamente en lo
dificultoso que es analizar una fuente histórica sino también el marco teórico
desde el cual nos paramos para interpretar las acciones de las mujeres en las
sociedades de tipo tradicional. En relación a esto concuerdo con el planteo de
las autoras Castillo Bernal y Videla en cuanto a que si analizamos a la mujer o

112
a las mujeres desde la categoría de género, sin ser esta categoría revisada,
condicionamos nuestra mirada dejando de lado los otros actores.
Otro de los aspectos que observé es que se resalta la participación de la mujer
sólo si esta aparece en dos tipos de esferas: económica y política. En cuanto a
la primer esfera el autor Palermo resalta a la mujer en una esfera netamente
económica, haciendo notar su participación en la unidad económica del grupo
étnico y el beneficio económico que recibe su unidad familiar a la hora de
desposarse. Es decir, su condición de género femenino ya determina al
individuo (la mujer) como un sujeto tal, del cual ya se sabe su comportamiento
y las acciones que ha de realizar en cierto contexto o acontecimiento. Con
respecto a esto último prometo abordarlo líneas más abajo.
Según mis observaciones pude interpretar que Palermo trata de construir una
figura de mujer indígena y esto lo hace a través del análisis de diferentes
crónicas. Es decir, crea una figura homogénea femenina sobre el espacio de la
Patagonia a lo largo del tiempo. Y me aventuro a plantear que esta
construcción es muy difícil puesto que cada fuente describe un tipo de mujer
que no poseen las mismas características en cuanto a comportamientos, es
decir, no se observa la misma participación de una mujer indígena en la fuente
de Villarino, a finales del siglo XVIII, que en la fuente de Cox a mediados del
siglo XIX.
Con respecto a la esfera política sucede que la mujer realiza esta práctica
siempre y cuando sean roles de carácter importante, es decir, por ejemplo:
líder, lenguaraz, machi, entre otras. Sobre este caso, las autoras Castillo Bernal
y Videla realizan un gran análisis pero en sus trabajos la mujer sólo participa en
la arena política cuando esta posee el rasgo parental, es decir, lo de
primogenitura. En este caso el capital social queda en segundo plano y con
esto me pregunto ¿qué sucede con la mujer que no desciende de un linaje
importante?, ¿participa o no de la toma de decisiones colectivas? Y en caso
que lo hiciera ¿de qué manera lo hace? Espero poder responder estas
preguntas al final de este trabajo.
Las diferentes observaciones de los trabajos analizados me hacen proponer
en este trabajo que el individuo -en este caso la mujer- se va a desenvolver de
una forma determinada dependiendo de la organización social del grupo étnico
donde habita, y tal organización social va a estar condicionada por la actividad

113
económica que desarrollen, por ejemplo: las mujeres que integran un grupo
étnico que subsiste a través de la actividad cazadora-recolectora se van a
desenvolver de una forma diferente a aquellas mujeres que integran un grupo
étnico que subsiste a través de la agricultura o través de la economía pastoril.
Cabe añadir dos cosas: la primera es que varias sociedades indígenas pueden
desarrollar -y lo hacen- diferentes actividades económicas a la vez, pero
siempre van a desarrollar una actividad de subsistencia en especial, puesto
que la misma los beneficia. En segundo lugar este planteo no quiere decir que
la participación política de la mujer queda determinada por la actividad
económica que desarrolle su grupo, solamente queda condicionada puesto que
en las sociedades de tipo cazadores-recolectores los individuos (tanto las
mujeres como los varones) “votan con los pies”. Es decir, un individuo que no
está conforme con la organización social de su grupo puede optar por
separarse de su grupo actual e ingresar a otro grupo étnico siempre y cuando
cumpla con los parámetros de organización que impone el nuevo grupo étnico.
Este condicionamiento que ejerce la organización social sobre el
comportamiento de un grupo étnico no quiere decir que tal grupo sea más
complejo que otro. Todo lo contrario. Son las diferencias económicas, políticas
y culturales que poseen los sistemas socioculturales -en cuanto a su
organización social- lo que genera y mantiene las relaciones interétnicas e
intraétnicas en un espacio determinado.
Ahora bien, porqué se nos hace tan difícil poder identificar y comprender las
acciones de las mujeres -que son ajenas al mundo de la política- en las
relaciones sociales de un grupo étnico. Si el lector me permite aventurarme
puedo decir que tal dificultad se debe a que en el momento de analizar nuestro
objeto de estudio lo hacemos a través de un concepto moderno y en este caso
es el concepto de política, el cual, sólo permite reflejar las acciones de los
individuos cuando estos ocupan o ejercen espacios importantes, por ejemplo:
el caso de líder, el de lenguaraz, entre otras. Cabe aclarar, que tal planteo no
quiere decir que estos grupos no sepan entender y ejecutar las acciones
políticas modernas. Por lo tanto, me pregunto ¿podemos analizar a las mujeres
indígenas de tipo tradicional con la categoría de género? La respuesta es: sí,
pero el resultado de dicho análisis sería una mujer indígena con características
políticas netamente modernas.

114
Creo que es importante plantear que la política que realizan las sociedades
indígenas de Patagonia, las cuales son de tipo tradicional, es muy diferente a
las características que demanda el concepto moderno de política. Sobre esta
idea el autor Guerra nos dice: “Estas pocas características de la política
moderna -entre muchas otras que no podemos tratar en este marco- nos llevan
a pensar que las sociedades tradicionales no conocieron actores políticos
específicos ni la política en el sentido moderno del término. Los únicos que
encontramos allí son actores sociales y la política no aparece como una
actividad diferente de la acción social de los actores. Es por ello que en las
sociedades tradicionales estamos obligados a buscar la política en las
relaciones que los actores sociales anudan entre sí; se trata, por supuesto, de
actores reales, es decir, de actores estructurados tal como los hemos definido
anteriormente.” (GUERRA: 253)
En la cita anterior Guerra nos plantea que el concepto moderno de política nos
dificulta el análisis de nuestro objeto de estudio en sociedades de tipo
tradicional y es por esto que el autor nos dice: “En realidad, como punto final de
estas reflexiones acerca de la política antigua, podríamos decir que la política,
en el sentido moderno de la palabra, no existe. Por otra parte, en la medida en
que todo lo que se refiere al gobierno de un grupo humano y a las relaciones
de los grupos entre sí, es «política», hay, en estas sociedades tradicionales,
«política» por todas partes y en todas partes dado que todos los actores
sociales actúan en interacción. […] Hablando con propiedad, no hay actores
políticos, no hay más que actores sociales cuyas relaciones constituyen
justamente la política.” (GUERRA: 259)
Sobre esta última idea es donde quiero detenerme puesto que quiero plantear
que tanto los hombres como las mujeres, en este tipo de sociedades
tradicionales, buscan -y lo logran- por un lado cumplir con sus acciones de
subsistencia para lograr que su sistema sociocultural pueda mantenerse en un
cierto equilibrio, pero también, por otro lado, buscan su subsistencia individual,
demandando y generando la incorporación -y ejecución en ciertos momentos-
de actividades que los diferencie dentro de su grupo actual. Es por ello que
podemos encontrar en las fuentes mujeres que se dediquen a la venta de
ganado ovino como así también a mujeres que no realizan estas actividades
pero sí otras de carácter económico, como por ejemplo la confección de telas.

115
Y son estas acciones lo que las condiciona para poder intervenir en ámbitos de
consenso, puesto que si no lo hacen pierden sus capitales económicos o
sociales que ya poseían o no (Bourdieu, 2000).
Para poder sustentar mi planteo deberé pedirle al lector un mínimo de su
paciencia -y tiempo- puesto que debo desarrollar los diferentes acontecimientos
históricos que se dan en la fuente etnográfica seleccionada. Por lo tanto a
continuación desarrollaremos los aspectos más importantes de los parlamentos
destacando las características de quiénes participaron en ella, su pertenencia a
parcialidades, territorios, relevancia dentro de esas unidades sociales, entre
otras, usando como fuente principal la crónica de Musters.

Los parlamentos al sur de la actual provincia del Chubut

En abril de 1869 el viajero inglés George C. Musters se encontraba en las islas


Malvinas y debido a asuntos comerciales tenía que dirigirse a Buenos Aires;
pero su espíritu aventurero, con un poco de suerte, tuvo la oportunidad de
poder lograr un objetivo personal que era atravesar Patagonia por tierra. Este
viaje lo llevó a que se uniera a una partida de Tehuelches que saldría desde el
río Santa Cruz y se desplazara hasta la de El Carmen de Patagones, con lo
cual este cronista pudo presenciar una serie de parlamentos a lo largo de un
año de su travesía a través de la Patagonia.
Instalado en la isla Pavón el cronista hace alusión del comercio que realizan los
grupos étnicos ubicados en tal espacio y comenta como los indígenas, en este
caso los hombres, se inclinan por conseguir agua ardiente. Pero describe que:
“Sin embargo, sus mujeres, cuando los acompañan, cuidan de manejar sus
asuntos con discreción y reservan lo suficiente para adquirir superfluidades
más útiles e inocentes, así como cosas necesarias.” (Musters, 1979: 94). Por lo
visto la cita nos hace inferir que las mujeres, sin la necesidad de poseer un
status social elevado, intervienen en la administración del sistema de
intercambios que realiza su grupo.
Mientras los días pasaban el cronista inglés debía estar a la altura de sus
compañeros/as, es decir, debía entender y realizar las acciones que le
correspondían para poder subsistir y no interferir en la dinámica de su grupo,
pero el principal medio que le posibilitaba esta integración era la lengua de la

116
sociedad Tehuelche la cual Muster desconocía. Sin embargo “(…) Keoken, 5 la
muchacha, me enseñó los nombres indios de los diferentes objetos del lugar.”
(op. cit. p. 110). Esta cita es interesante puesto que vemos como la mujer
cumple un rol de intermediaria entre su cultura y la cultura del cronista,
observando dicha mujer la necesidad de que el viajero se incorpore a la
dinámica del grupo para que este pueda funcionar. Es interesante ver como la
joven muchacha invertía su tiempo en enseñarle las características culturales
de su grupo étnico al viajero inglés, teniendo -la joven mujer- la posibilidad de
estar realizando otra actividad (política o económica) de la cual pudiera sacarle
provecho.
Otro de los acontecimientos importantes a tener en cuenta en la crónica del
viajero es cuando una de las mujeres, que integraba su partida, le propuso
formar una relación. “Durante nuestra permanencia en ese lugar, casi fui
víctima de un enredo matrimonial. Una india joven y bonita, cuyo cabello
cortado sobre la frente denotaba la viudez, dueña de varias yeguas y de una
cantidad de efectos, y con la que tal había tenido yo algunas atenciones, me
propuso que hiciera toldo con ella. Esto se salía por completo de mi programa
de viaje; pero, como la alianza podía resultarme útil, así como agradable…”
(op. cit. p. 150). Esta cita es muy importante para el presente escrito, puesto
que demuestra la intención de una mujer indígena de poder aumentar su
capital económico y social dentro de su grupo. No olvidemos que Musters
poseía algunos objetos de gran valor (las armas de fuego por ejemplo). Sin
embargo, para el cronista tal unión perseguía el interés de beneficiar a la
parcialidad contraria. Más allá de la interpretación del cronista me inclino por la
intención personal que perseguía la joven indígena.
Pasado el tiempo, luego de haber recorrido gran parte de su trayecto, Musters
y su partida se encuentra en el lugar denominada Henno,6 lugar escogido para
el encuentro entre la partida en la que viaja el cronista con Orkeke y Casimiro 7
y la partida de Hinchel8 compuesta esta por tehuelches y pampas. Este

5 Dicha joven es hija de Tankelow y sobrina de Orkeke.


6 El paradero de Henno corresponde a la actual localidad de Colonia San Martín, Chubut.
7 Ambos son jefes de distintas parcialidades, en el caso de Orkeke pertenece a la parcialidad
de los Tehuelches Meridionales y Casimiro a la parcialidad de los Septentrionales.
8 Según Musters “Esos Tehuelches del norte, al mando de Hinchel, frecuentan usualmente la
región situada entre el río Negro y el río Sengel, y una vez al año, allá por julio, visitan la
colonia de Patagones, donde por lo general se dejan estar poco…” (MUSTERS, 1979: 182)

117
encuentro se daría el 3 de noviembre de 1869, tras la ceremonia de bienvenida
y luego de un discurso entre los referentes de las dos partidas se procedió a
ubicarse en sus respectivos lugares de asentamiento donde instalarían sus
tolderías.
Al día siguiente el cronista visita a Hinchel, quien le pregunta acerca del
comportamiento de los tehuelches y también le solicita que comunique a los
jefes de su partida el deseo de que se celebre un parlamento: “En
consecuencia, todos los jefes se dirigieron a un lugar convenido entre los dos
campamentos donde se sentaron en círculos sobre la hierba” (MUSTERS,
1979: 183). De esta manera podemos observar que los participantes de estos
parlamentos eran los jefes principales de las partidas, el espacio escogido para
esta reunión fue un lugar neutro entre los asentamientos de estas dos partidas,
ya que en el caso que se planteara una posición que generara disidencias,
ninguna de las partidas tendría una ventaja respecto a un posible
enfrentamiento armado; recordemos que estas reuniones sólo la presenciaban
los principales jefes, mientras que el resto de los integrantes de las partidas
quedaban instalados en sus respectivos asentamientos. “Después de varias
arengas dichas por Hinchel y otros, se resolvió elegir a Casimiro jefe principal
de los tehuelches, y también que, cuando la estación del guanaco cachorro9
hubiera terminado, todos los presentes, junto con la partida que se esperaba de
las inmediaciones del Chubut, pasaran a un lugar llamado Teckel, y de allí a las
Manzanas, para unirse con los indios Araucanos, algunos de los cuales se
habían comunicado ya con nosotros y había prometido enviar mis cartas, con
las vías de las Manzanas, a Río Negro” (op. cit., 183-184).
En esta cita tenemos que tener en cuenta la importancia que tenía Hinchel ya
que tanto él como los otros se encargaron de dar las arengas o discursos,
luego de las mismas se decidió que Casimiro sea el jefe principal de todas las
partidas que formaron parte de este ámbito de reunión, estableciéndose la ruta
a seguir con el propósito de ir a las tierras de “Las Manzanas” y unirse con los
araucanos con el fin de realizar uno de los principales parlamentos que
analizaremos más adelante. A pesar de que la relación entre tehuelches y
araucanos era inestable, podemos ver desde este primer parlamento que se

9 El cronista se refiere al “Chulengo”.

118
busca la unión con estos y con otras partidas tehuelches, para poder mantener
una estable relación fronteriza, con lo cual, se verían beneficiados política y
económicamente en ambos lados. De ahora en más la figura de Casimiro irá
adquiriendo mayor notoriedad a medida que se sucedan los parlamentos, esto
se deberá a la buena relación mantenida por Casimiro con las distintas
parcialidades y habitantes de la Patagonia.
El 6 de noviembre de 1869 llega otra partida proveniente del Chubut,
compuesta por pampas y tehuelches, el jefe de esta partida era el cacique
llamado Jackechan.10 Tras la llegada de éste se llevó a cabo, al día siguiente el
segundo parlamento en el que “(…) todos convinieron en ponerse a las
órdenes de Casimiro con el objeto de defender Patagones en el caso posible
de una invasión de los indios Roque11 o Callfucurá12, de la región situada al
norte del río Negro. Todos los presentes reconocían la necesidad de defender
Patagones, porque, si esa población llegaba a ser destruida, no habría un
mercado para sus pieles, etc.” (op. cit., 1979: 186). Lo que podemos observar
en este segundo parlamento es que, al igual que el anterior, se establece que
Casimiro sea el jefe principal de todas las partidas incluyendo la del cacique
Jackechan, esta elección se da principalmente por el posible ataque que se
temía sobre El Carmen de Patagones llevado a cabo por Callfulcurá. Si este
ataque se realizara, todas las parcialidades bajo la guía de Casimiro se
comprometían a defender dicho lugar, este interés por defender esta zona
radica en el comercio que se mantenía entre los habitantes de Patagones y las
distintas comunidades indígenas que habitaban el sur del río Negro y además
por el cargo que ocupaba Casimiro en el gobierno argentino.13
Cuando se realizan lo diferentes parlamentos es interesante observar como los
individuos realizan actividades económicas que van desde el intercambio de

10 Este individuo conocido también como Chiquichano. Según Musters “Su radio de acción
estaba dentro de los mismos límites que la gente de Hinchel, pero parecía que, por lo general,
se conservaban más cerca de la costa marítima y muchos de ellos acostumbraban a visitar la
colonia galense de Chubut con fines comerciales.” (MUSTERS, 1871: 185).
11 Roque, cacique pehuenche del norte actual territorio de Neuquén.
12 Callfulcurá se ubicaba al sur de la actual provincia de La Pampa.
13 Casimiro había sido nombrado por el gobierno argentino como teniente coronel de su
ejército y se lo designo jefe principal de los tehuelches de la Patagonia, con el fin de asegurar
esos territorios como parte del Estado Nacional frente a los intereses del Estado chileno, ya
que el gobierno de este país, anteriormente, durante la presidencia del general Bulnes le otorgó
el grado de Capitán. De esta forma Casimiro aprovecho hábilmente y en forma alternada la
predisposición de ambos gobiernos.

119
mantas hasta las apuestas en los juegos. Al respeto con esto se puede
observar que “Las mujeres juegan a las cartas, y en este juego también
apuestan sus mandiles, cueros y arreos. A la señora Orkeke le gustaba mucho
jugar, y tengo motivos para creer que una vez que había perdido una parte del
tabaco de su marido, echó la culpa de la desaparición del artículo a uno de los
chilenos, afirmando que éste lo había robado. El hombre casi perdió la vida a
causa de eso (…)” (op. cit., p. 251). Esta cita es muy interesante puesto que
podemos ver, por un lado, que las mujeres practicaban estos juegos para poder
enriquecerse de diferentes artículos y, por el otro lado, también se puede inferir
que la palabra de tal mujer no es puesta en duda.

Los parlamentos en la región de Esquel

El 24 de enero de 1870, parte de las tolderías anteriores llegan a Esgel, 14 lugar


en el cual se encuentran con la partida del cacique Quintuhual, definido por el
cronista como “araucano”.15 Tras la ceremonia de bienvenida protocolar se
logra una relación pacífica, recordemos que ambas comunidades mantenían
una relación inestable. En este encuentro se fija un parlamento para el día
siguiente, el cual, debido a la falta de datos por parte del cronista suponemos
que no se trataron temas importantes, más allá de las relaciones entre las
diferentes parcialidades.
Sin embargo, se lleva a cabo un segundo parlamento en este lugar el 26 de
enero con la llegada de Crime,16 “(…) y Quintuhual convino al fin en que su
partida se uniera a los Tehuelches y siguiese, bajo el pendón de Casimiro,
hasta Las Manzanas.” (Musters, 1979: 273-274). En este último parlamento
podemos observar la relevancia que tiene Casimiro tanto para los tehuelches
del sur de la Patagonia, para los denominados “pampas” de la meseta, tanto

14 Este paradero también es mencionado por Musters como Eigel-Kaik o Esgel-Kaik, pero en
el mapa del libro tan sólo lo menciona como Esgel, este paradero sería la actual ciudad de
Esquel; en la provincia del Chubut.
15 Quintihual puede ser el segundo hijo del cacique Paillacán llamado Quintunahuel, quien
habitaba en 1863, cuando Guillermo Cox realizó su viaje en la margen neuquina del río Limay.
La denominación que recae sobre él mismo de “araucano”, es la misma que utiliza el cronista,
según los dichos de sus compañeros tehuelches para definir a los “manzaneros”. Ver al
respecto Cox G. (1999: 132-133).
16 Este cacique llamado Crime era jefe de una parcialidad de tehuelches meridionales que se
sumó a la trayectoria que realizó Musters en su travesía por Patagonia.

120
para los “araucanos” o “manzaneros”, teniendo como consecuencia la
aceptación por parte de estos últimos querer unirse y partir en el trayecto hasta
Las Manzanas bajo el liderazgo de un cacique tehuelche. Es menester agregar
que en el contexto de este parlamento se realizaron carreras de caballos y en
este juego intervinieron dos bandos: los hombres tehuelches y las mujeres
araucanas. Estas últimas perdieron en la apuestas con los hombres. “Ambos
bandos habían apostado fuertemente por sus favoritos, y, como en esa ocasión
las damas habían tenido una parte importante en las apuestas, los tehuelches
estaban muy contentos, porque habían ganado a las bellas araucanas muchos
valiosos mandiles y lechus.” (op. cit., p. 275). En esta cita otra vez podemos ver
reflejada la intención de parte de la mujer para poder aumentar su capital
económico.
El 9 de febrero de 1870 la gran partida bajo el liderazgo político de Casimiro se
encontraba en un lugar determinado Diplaik,17 en este sitio “(…) llegó de Foyel
un mensajero diciendo que Callfulcurá, el cacique de los indios acampados en
las Salinas, al norte del río Negro, cerca de Bahía Blanca, iba a hacer la guerra
a Buenos Aires, dando como razón para ello el asesinato de uno de sus
parientes, perpetrado por los cristianos; deseaba, por lo tanto, que los
Araucanos y los Tehuelches se unieran a él en la correría. Su mensaje era
literalmente éste: ´Tengo el caballo pronto, el pie en el estribo, y la lanza en la
mano, y voy a hacer la guerra a los cristianos, que me tienen cansado con su
falsía.” (op. cit., 1979: 277). Esto conmovió el ánimo de los viajeros de las
distintas parcialidades por lo cual, “Se convocó un parlamento y los jefes
estuvieron deliberando por un tiempo, pero al fin resolvieron que nada tenían
que ver con el asunto; y, en consecuencia, se expidió un mensaje en el sentido
de que Callfulcurá podía hacer lo que quisiera, pero que ellos deseaban
mantener la paz.” (op. cit., 277); este llamado a realizar una operación bélica
contra Bahía Blanca, llevó a que se deliberara arduamente en torno de qué
posición tomar: si atacar con Callfulcurá Bahía Blanca, quebrando de esta
forma toda relación diplomática con los habitantes de esta, o si abstenerse del
conflicto manteniendo su principal objetivo, el cual, era el de viajar a Las
Manzanas y lograr el comercio con Patagones. Este parlamento toma un

17 Este paradero mencionado por Musters se encuentra al norte de la actual ciudad de Esquel.

121
carácter diferente a los demás, debido a que se dio espontáneamente pero
siempre estuvo en juego la relación fronteriza. Cuando nos referimos que este
parlamento se dio espontáneamente hacemos alusión a que en los anteriores
parlamentos hubo una organización previa con intereses a futuro y no con un
objetivo inmediato.
El 6 de marzo de 1870 se encuentran las parcialidades en el paradero
Gatchenkaik,18 lugar fijado para el encuentro con la toldería del cacique Foyel;
la partida en la que viaja Musters no pudo realizar la ceremonia de bienvenida
con este cacique (Foyel) ya que este había tenido una demora, con lo cual, la
ceremonia protocolar tuvo que ser suspendida para el día siguiente, sin
embargo al día siguiente no se pudo realizar este encuentro debido a las malas
condiciones climáticas que imperaban en ese momento en el lugar. De esta
forma Casimiro con otros deciden visitar el toldo de Foyel y realizar la entrega
de regalos correspondientes: “Hubo luego una breve conferencia entre los dos
caciques, aunque conviene recordarlo, ninguno de los dos podía entender el
lenguaje del otro.” (Musters, 1979: 288). Recién el 8 de marzo, una vez que las
condiciones climáticas del lugar fueron propicias, se lleva a cabo la ceremonia
de bienvenida. “Cuando ésta se hubo concluido, se celebró un gran parlamento
que duró hasta la tarde; se confirmaron en él todas las resoluciones anteriores;
esto es, que Casimiro quedaba reconocido como cacique del sur, con
jurisdicción de todos los indios al sur del río Limay; que garantizarían la
seguridad de Patagones y tendría en jaque a los indios Pampas de Las
Salinas, al mando del cacique Callfulcurá, en el caso improbable que este
tratara de atravesar el río Limay para hacer correrías en las colonias; y, en
segundo lugar, que todos juntos iríamos hasta Las Manzanas a visitar a
Cheoeque (Sayhueque) para proponerle que garantizara con sus fuerzas la
seguridad de la orilla norte del río, lo que refrenaría eficazmente a Callfulcurá y
aseguraría Patagones.” (op. cit., 290)
En esta cita vemos cómo en este parlamento se reivindican los puntos
adoptados en los parlamentos anteriores. Nuevamente observamos cómo la
figura de Casimiro adquiere una importancia notable, encomendándosele la
tutela de todos los habitantes al sur del río Limay, garantizando de esta manera

18 Se estima que el paradero utilizado por Foyel y por la partida en la que va Musters se
encontraría en el actual lugar llamado Las Bayas.

122
la seguridad de Patagones. Uno de los puntos fundamentales que se acepta
es la de viajar todos juntos hacia Las Manzanas para visitar a Sayhueque, con
el fin de que este cacique se les uniera a este propósito de mantener la paz de
El Carmen de Patagones y además proponerle que garantizara con sus fuerzas
la seguridad de la orilla norte del río Limay.

Los parlamentos en Las Manzanas

Finalmente, una parte de los líderes tehuelches y pampas, arriba a Las


Manzanas; el 2 de abril de 1870 la partida de Musters se encontraba desde
hacía varios días en “Las Manzanas”,19 pero en esta fecha llegan precisamente
al campamento donde se encontraba la parcialidad de Sayhueque. Antes que
se diera el contacto con la parcialidad de Sayhueque los diferentes grupos
étnicos, que venían con la parcialidad de Musters, estaban ansiosos por
generar un conflicto bélico puesto que habían tenido una pelea con una partida
de la parcialidad Manzanera. “Se efectúo una consulta en el medio de la cual
Inacayal llegó de pronto con una partida toda bien provista de lanzas, aparte de
las demás armas. La gente de Foyel llegó después, ansiosa de pelea. Pero los
tehuelches, que no perdían de vista el negocio, esto es, el propósito de vender
las mantas que llevan consigo, se sobrepusieron a las ideas belicosas de esa
gente diciendo que era conveniente esperar un poco.” (op. cit., p. 310).
Este latente conflicto generó unas idas y vueltas de mensajeros, de las
diferentes parcialidades, para tratar de apaciguar las aguas. Pero lo importante
de esta situación es la intervención de una mujer manzanera, la cual, exigía y
explicaba los beneficios de la paz. “Entonces, todos marchamos hasta corta
distancia valle abajo, y vivaqueamos entre la hierba pampa como a milla y
media de los toldos de Cheoeque, pero fuera de la vista de ellos. Dos o tres
veces cruzaron mensajeros entre la residencia de ese cacique y nuestro
vivaque, y últimamente llegó una mujer20 muy vieja que pronuncio un largo
discurso sobre los beneficios de la paz.” (op. cit., p. 310). Esta cita me genera
unos cuantos interrogantes ¿Por qué la mujer manzanera intervino en tal

19 Si bien esta denominación que recibe una zona extensa del sur del actual Neuquén
(sugerencia del doctor Fabián Arias; en ARIAS 2006), específicamente los toldos de
Sayhueque que estaban en un lugar cerca de la actual población de Junín de los Andes.
20 Lo resaltado es mío.

123
acontecimiento? ¿Fue para conseguir un beneficio colectivo o individual? ¿Esta
mujer era esposa de algún importante cacique Manzanero? Y si lo era ¿Por
qué Musters sólo la menciona una vez en su crónica?
Luego de este acontecimiento se pudo llevar adelante dicho parlamento y en
este espacio se trato que “Después de eso, se celebró un parlamento durante
el cual todos permanecieron montados y la discusión duró hasta la puesta del
sol, a cuya hora todos sentían ya mucha hambre. Las conclusiones a que se
llegó se referían principalmente a efectuar una paz firme y duradera entre los
indios presentes, puntos sobre el cual hubo feliz unanimidad. Se fijó otro día
para discutir la proposición de Casimiro referente a la protección de Patagones
y la guerra chilena con los indios del norte; así como para considerar el
mensaje de Callfulcurá acerca de un malón a Bahía Blanca, y en general, la
frontera bonarense.” (Musters, 1979: 311-312). En esta cita un punto para
destacar en primer lugar, es la forma en que se realizó este parlamento durante
el cual, están todos montados por preocupación a una hostilidad por parte de
ambos lados. En este ámbito de reunión, el parlamento, se fija principalmente
para mantener la paz entre todos los presentes, factor que influye en las
decisiones que se tomarían posteriormente. Otro punto que se estableció es el
de posponer para un próximo parlamento las posiciones de Casimiro
deliberadas en los parlamentos anteriores con respecto a mantener las
relaciones fronterizas.
Algo importante que debemos mencionar en este encuentro son las
descripciones que hace el viajero sobre el capital económico que tenías
algunas mujeres manzaneras. “En nuestro valle el pasto era algo escaso,
aunque parecía suficiente para mantener en buen estado a los tres rebaños
que poseía cada una de las esposas de Cheoeque; pero en cualquier parte
pastan las ovejas. Inmediatamente detrás de los toldos había un corral para
encerrar ganado vacuno, pero no se veía ningún animal de esos;
probablemente habían sido arreados a algún valle retirado, próximo al lugar,
para quitar a nuestra gente la oportunidad de que se sirvieran.” (op. cit., p.
313). Desde mi punto de vista, el hecho de que el ganado vacuno, que le
pertenecía al líder de los Manzaneros, no estuviera cerca de las diferentes
tolderías es porque quería evitarse la acción de distribuir a los invitados parte
de su riqueza. Pero lo llamativo es que si se encontraban, cerca de las

124
inmediaciones, el ganado ovino de las mujeres y esto me hace inferir que era
para que ellas pudieran intercambiar por otros recursos que le hicieran falta,
enriqueciendo de esta manera su capital económico pero también social.
El día 5 de abril de 1870 es un fecha clave para las partidas tehuelches debido
a que, “El segundo parlamento o consejo, al que asistieron numerosos jefes, se
celebró debidamente, en el tomó parte Mariano Linares, hermano del cacique
de los indios y al servicio del gobierno21. Era pariente político de Cheoeque, y lo
habían enviado de Patagones para que indujera al cacique mantener la paz.
Los araucanos22 pronunciaban su discurso con un canto particular, realmente
entonado, en una forma muy parecida a la que he notado después en algunas
iglesias nuestras. Cheoeque entonó así una arenga declarando que habían ido
a verlo jefes procedentes de la Araucanía misma para solicitar que los ayudara
en la guerra contra Chile. Al principio él se había negado a recibirlos, pero
después había oído lo que tenía que decirle, y era probable que enviaran una
pequeña fuerza para ayudar a sus paisanos. El mensaje de Callfulcurá, relativo
al malón a las colonias, nos había sido entregado ya. Se pronunciaron muchos
discursos y Linares y Casimiro demostraron que al cacique no le convenía
intervenir porque perdería inevitablemente las valiosas provisiones de caballos
y de vacas que le daba el gobierno bonaerense y que era más provechoso
recibir las raciones anuales que saquear y desbaratar las colonias del Río
Negro. Al final se resolvió unánimemente que se enviara un mensaje a
Callfulcurá pidiéndole que limitara sus hostilidades a Bahía Blanca y haciéndole
saber a Cheoeque protegería la orilla norte del río Negro y cuidaría a
Patagones por ese lado, mientras que Casimiro garantizaría al sur, arreglo al
que se adhirieron ambas partes.” (op. cit., p. 318).
Sin duda es notoria la relevancia que tendría este último parlamento en el
devenir de las relaciones fronterizas patagónicas. En este parlamento asiste
Linares quien como vemos estaba al servicio del gobierno argentino, la
presencia de este actor en el parlamento tenía como objetivo influir en las
decisiones tomadas por el cacique Sayhueque, su principal influencia fue la de
recomendar a este cacique que mantuviera la paz con Patagones, ya que la
ruptura de las relaciones por parte de éste influiría negativamente en ambos

21 Este individuo y su familia estaba asentado en las cercanías de Carmen de Patagones.


22 Recuérdese que con “araucanos” el autor se está refiriendo a los manzaneros.

125
lados de la frontera en el ámbito económico, social y político. Creemos que la
presencia de este actor estaba marcada por el interés del gobierno en beneficio
suyo, previniendo de esta manera que su frontera fuese atacada manteniendo
así la seguridad de ésta. Con esta pretensión del gobierno, de querer influir en
el cacique Sayhueque, vemos el interés que tenía el gobierno por el prestigio
de éste con respecto a lo político dentro de las comunidades indígenas. El
cacique Sayhueque no sólo tenía prestigio del lado oriental de la cordillera sino
que también lo tenía del lado occidental, porque como vimos en la cita
anunciada, el jefe manzanero pronuncia una arenga en el parlamento
mencionando y destacando que se lo había llamado a entablar un conflicto
bélico contra el gobierno chileno.
Cuando mencionábamos líneas arriba el interés que tuvo Linares en influir en
las decisiones de Sayhueque, debemos sumar que no fue el único que lo hizo,
debido a que en la cita expuesta se puede observar claramente que el cacique
Casimiro también fue participe en el acto de persuadir en las decisiones
tomadas por el jefe manzanero pero este tenía diferentes intenciones, en el
cual, prevalecía el interés por parte de su parcialidad y el de sí mismo, debido a
que también Casimiro era un funcionario del gobierno argentino, con lo cual
saldría perjudicado si la decisión de Sayhueque fuera apoyar a Callfulcurá,
perdiendo así raciones anuales entregadas por el gobierno debido al servicio
que realizaba Casimiro para éste.23
Uno de los puntos en que se concluyó en el transcurso de este parlamento fue
el de negar la propuesta de Callfulcurá y comunicarle que cese su hostilidad
hacia Bahía Blanca, debido a que afectaría política y económicamente a ambos
lados de la frontera.
De esta manera vemos que esta seguidilla de parlamentos presentados a los
largo de este trabajo están estrechamente relacionados, más allá de que en
ocasiones se hayan tratado puntos diferentes en cada parlamento; siempre se
debatió y determinó sobre un punto específico a lo largo de éstos que fue la
importancia de preservar a Carmen de Patagones como espacio comercial, el

23 Recordemos que Casimiro cumplía el cargo de de teniente coronel en el ejército y jefe


principal de los tehuelches, por esto recibía una paga anual la que incluía raciones de
alimentos, dinero y animales. Casimiro debía recibir estas pagas ya que había pasado un largo
tiempo sin reclamarlas, el hecho de romper relaciones con Patagones agravaría la situación de
Casimiro.

126
cual había que defender de todo ataque. Por otro lado, también podemos ver
como en esta seguidilla de parlamentos se da la participación de las mujeres
indígenas, tanto fuera como dentro de este ámbito de consenso. Con esto
podemos ver, que si no fuera por este punto específico, sería innecesaria la
unión de las diferentes parcialidades, ya que el interés de cada una de las
parcialidades jugaba en torno a esta medida política.

Reflexiones finales

En el modesto desarrollo del presente escrito se puede detectar a simple vista


como los ámbitos de consensos, realizados por los diferentes grupos étnicos
que habitan la Patagonia, tratan de generar y mantener un cierto clima de
estabilidad para que la mayoría de los diferentes grupos étnicos puedan
satisfacer sus necesidades básicas. Es decir, tales parlamentos permiten
construir una relación fronteriza entre diferentes sectores, tanto de la sociedad
indígena como, también, de la sociedad europea y criolla.
Por otro lado, es necesario retomar aquellas preguntas iniciales que comenté
en la introducción. Tales preguntas se interesaban en saber ¿cuál era la
participación de la mujer en los ámbitos de consenso?, ¿de qué forma
intervenían?, ¿cuánta era su influencia en la toma de decisiones dentro de su
grupo étnico?, entre otras. En relación a estas preguntas también agregaba,
durante el desarrollo, ¿Qué sucede con aquella mujer que no posee una
descendencia de linaje importante?, ¿queda anulada para hacer o intervenir en
la política?
Una de las formas para hacer “salir a la luz” la participación de las mujeres
indígenas -y por ende de tipo tradicional- en las relaciones sociales es tomar la
postura de que no podemos analizar, en este caso particular, a estos individuos
de tipo tradicional con categorías y conceptos modernos, los cuales explican un
tipo de sociedad totalmente opuesta al tipo de sociedad tradicional.
La categoría de género, desde una concepción general, se refiere a la
asignación de atributos y conductas a los individuos según su pertenencia a un
sexo biológico. Estas conductas son construcciones históricas y culturales que
se naturalizan y se reproducen. De modo tal, estimo que tales conductas y
atribuciones en la mujer indígena son resaltadas, en los trabajos analizados

127
(Palermo, Castillo Bernal, Videla), siempre y cuando ellas ejerzan un papel
importante en las esferas políticas y económicas. Es por esto que en el
presente trabajo intento sugerir que las conductas y atribuciones de las mujeres
indígenas en Patagonia pueden ser mejor identificadas e interpretadas con la
propuesta teórica del autor Guerra, es decir, deberíamos contrastar las
características de tipo tradicional con las características de tipo modernas. Para
tal comparación deberíamos contextualizar las acciones que realizan las
mujeres indígenas de las sociedades tradicionales con las características de
las mujeres que se desenvuelven en sociedades de tipo modernas, para así
poder medir gradualmente, junto con la categoría de género, las acciones de
las mujeres indígenas que habitaron la Patagonia en la segunda mitad del
siglo XIX. Cabe aclarar que no es mi intención postular que la categoría de
género es una categoría trunca para analizar a las sociedades indígenas, sino
que se debería, desde mi punto de vista, contextualizar el tipo de sociedad (en
este caso tradicional) para tratar de identificar e interpretar el objeto de estudio
y recién ahí comenzar a contrastarlo con la categoría de género para poder
distinguir que características posee -en relación al objeto- según la concepción
de género.
Por otra parte, creo que en el desarrollo hemos visto como las mujeres
manzaneras participaron más en la cuestión de los intercambios que las
mujeres tehuelche. También hemos observado que las mujeres tehuelche
participan más en la organización social de grupo étnico. Es decir, que la
participación interna de un grupo étnico la ejercieron las tehuelche y la
participación externa las manzaneras.
Otro de los aspectos que debemos tener en cuenta es como el mismo cronista
describe a la mujer indígena, en el relato histórico, desde una concepción
política moderna. Es decir, Muster sólo se preocupa de mencionar a tales
mujeres siempre y cuando estas sean de carácter importante, ocupando y
ejecutando espacios netamente políticos (en el sentido moderno de la palabra),
como por ejemplo: hija de cacique, cacica, machis, lenguaraz, entre otras.
Cabe aclarar, que tal aspecto ya ha sido abordado desde diferentes disciplinas
(especialmente la antropología), proponiendo la contextualización del cronista a
la hora de describirnos un hecho histórico. .

128
Finalmente, cabe aclarar que esta ponencia es parte de una línea de trabajo
que se viene realizando en nuestro grupo de estudio y que constituye recién el
inicio de una investigación a desarrollar a futuro sobre los contextos políticos de
la sociedad tehuelche.

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130
Capítulo “Imágenes y lenguajes
cartográficos en la historia social de
la Patagonia”
Coordinadoras de mesa: Cristina B. Massera (UNGS)
y Edda Crespo (UNSPJB-UNPA)

131
No todo es lo que parece. Una mirada interdisciplinaria a los planos
históricos del Fuerte San José (Península Valdés, Chubut, Siglo XVIII)

Bianchi Villelli, Marcia, Buscaglia, Silvana y Sancci, Bruno

Resumen

El Fuerte San José fue fundado a fines del siglo XVIII en Península Valdés
(Chubut) como parte del plan español de colonización de la costa patagónica.
El asentamiento fue ocupado entre 1779 y 1810, año en que se produce su
abandono debido al ataque de un malón indígena. La imagen que
tradicionalmente ha predominado sobre el fuerte, elaborada sobre la base de
los planos históricos asignados a dicho asentamiento, ha sido la de una
fortificación con una organización del espacio altamente estructurada y una
importante complejidad arquitectónica. Sin embargo, la aproximación desde la
arqueología histórica ha permitido recientemente poner en cuestión esta
imagen a partir de la discusión crítica de dichos planos.
Aquí nos centramos en los resultados de las investigaciones históricas y
arqueológicas que han permitido generar una nueva y diferente imagen del
Fuerte San José de la hasta ahora conocida. Para ello, trabajamos sobre la
evaluación, integración y confrontación de diversas fuentes históricas -
documentos escritos, planos y mapas- así como el registro arqueológico,
considerando la historia y organización arquitectónica del fuerte. Los resultados
obtenidos son relevantes no sólo en lo que respecta a la historia local de
Península Valdés, su puesta en valor, y la imagen del fuerte que ha perdurado
hasta nuestros días; sino también como llamado de atención a la hora de
considerar los sesgos resultantes de la conformación de los archivos históricos.

Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio-CONICET. Correo


electrónico: [Link]@[Link]
Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas-CONICET y Unidad Académica
San Julián-UNPA, Argentina. Correo electrónico: silvana_buscaglia@[Link]
 Instituto de Formación Docente y Artística N° 805, Trelew, y Universidad Nacional de la
Patagonia San Juan Bosco, Argentina. Correo electrónico: brunosancci@[Link]

132
Introducción a las investigaciones

Desde el año 2009, en el marco del proyecto “Arqueología Histórica en


Península de Valdés, Chubut (1779-1810)”, estudiamos el poblamiento español
de la costa patagónica, desde una perspectiva histórica y arqueológica.
Específicamente, nos centramos en el Fuerte San José, fundado como parte
del plan de colonización español a fines del siglo XVIII en Península Valdés. El
objetivo general del proyecto es indagar en la conformación del paisaje colonial
en Península Valdés a partir de la puesta en práctica de los establecimientos
españoles. Nuestra perspectiva está centrada en el análisis de la intersección
de estrategias coloniales e indígenas, resultantes de la articulación histórica de
relaciones sociales, económicas y políticas específicas, originadas por la
expansión europea sobre la región y sobre sus poblaciones nativas.
En la etapa inicial del proyecto, a partir de la colaboración interdisciplinaria de
dos grupos de investigación,1 fue posible desarrollar una línea específica de
estudio centrada en la búsqueda, evaluación y discusión de la información
relativa a la representación histórica del asentamiento en planos y mapas, su
organización arquitectónica, su historia constructiva así como los materiales
utilizados. Esta colaboración tuvo como resultado inmediato la
contextualización de los planos históricos conocidos del Fuerte y el hallazgo de
un error histórico que asignó dos planos del Fuerte San José de Montevideo, al
Fuerte San José de Península Valdés.
Sobre la base de discordancias identificadas en la información suministrada por
los distintos tipos de documentos analizados y el registro arqueológico, en este
trabajo2 presentamos una síntesis de la discusión de la información
cartográfica, planimétrica y arquitectónica que trabajamos para el Fuerte San

1 Dicha colaboración se realiza entre los proyectos de arqueología histórica dirigidos por las
Dras. Marcia Bianchi Villelli, Silvana Buscaglia y el Lic. Bruno Sancci, cuya investigación fue
aprobada por el CC del ISFDA Nº 805 y la FHyCS- UNPSJB (RES. CDFHCS Nº 41/2010). Por
ISFDAN° 805, participan los docentes E. Beroíz Díaz, F. Carmona Vivona y los estudiantes S.
Montes Ferreira, F. Nuño, L. Antilef, J. Sfiligoy. Por la UNPSJB, participan A. Jaramillo y C.
Navas.
2 Esta presentación es una síntesis del trabajo publicado en la revista Corpus: Bianchi Villelli,
M, S. Buscaglia y B. Sancci. 2013. Una genealogía de los planos históricos de los
asentamientos coloniales de Fuerte San José, Península Valdés (Siglo XVIII). Corpus. Archivos
virtuales de la alteridad americana, Vol. 3, N°1, 1er. semestre 2013, ISSN 1853-8037, URL:
[Link]

133
José de la costa patagónica.3 Este trabajo implicó localizar las fuentes
documentales, atender a sus condiciones de producción y desandar el camino
del proceso de conformación de archivo del corpus documental vinculado a
Patagonia. En este sentido, es relevante el habitual trabajo histórico de
búsqueda de documentación y crítica de fuentes para considerar los contextos
de producción de las mismas; no obstante resaltamos la importancia de
examinar también el proceso histórico de conformación de los repositorios
documentales.

La colonización española de la costa patagónica y el caso de Península


Valdés

La ocupación española de la Península Valdés a fines del siglo XVIII se


enmarcó dentro de un plan que la corona puso en práctica a los efectos de
defender y poblar sus posesiones en la costa atlántica patagónica. Con
respecto al extremo sur, a fines del siglo XVIII, la Patagonia era considerada en
Europa como una región marginal con cierta importancia geoestratégica por
permitir el paso al Océano Pacífico a través del Cabo de Hornos. Siguiendo
estos objetivos y con el fin de reafirmar la presencia española en el área, a
partir de 1778 se promulgan las Reales Cédulas para la fundación de los
establecimientos patagónicos, creándose los mismos entre 1779 y 1780. Las
dos poblaciones principales fueron: el Fuerte Nuestra Señora del Carmen -
Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires- y la Nueva Población y
Fuerte de Floridablanca -Bahía de San Julián, provincia de Santa Cruz-; en
tanto que el Fuerte San José -Península Valdés, provincia del Chubut-, fue un

3 Los resultados de las investigaciones arqueológicas han sido objeto de otras publicaciones
(BUSCAGLIA y BIANCHI VILLELLI, 2012; BUSCAGLIA et al., 2012). Brevemente, en el año
2010, iniciamos formalmente las investigaciones en arqueología histórica en el área, realizando
prospecciones y excavaciones en ambos sitios. Hasta el momento, se corroboraron los lugares
de emplazamiento de los sitios, encontrando materiales correspondientes a los asentamientos
españoles y se diagnosticó la estructuración del registro arqueológico, arquitectónico y
artefactual; en ambos sitios, los resultados indican cierta precariedad constructiva y/o una baja
integridad arquitectónica. Cabe destacar que la información arqueológica generada hasta el
momento contrasta notablemente con la imagen de los planos que tradicionalmente fueron
asignados a este asentamiento.
4. La denominación proviene de las fuentes o manantiales de agua dulce descubiertos por
Basilio Villarino y de las cuales dependían el fuerte y el puesto para su subsistencia.

134
asentamiento subsidiario al Fuerte del Carmen.4 Estos asentamientos tuvieron
la función de incorporar sus puertos al sistema de intercambio colonial y fueron
diseñados como proyectos sociales novedosos en los que se buscaba crear
poblaciones con una base agrícola y condiciones sociales igualitarias. 5
Según la información histórica, en Península Valdés se establecieron dos
asentamientos: el fuerte en sí mismo, situado en el extremo sudeste del golfo
San José, a 200 m de la costa, y el Puesto de la Fuente o también conocido
como Manantiales, situado sobre la margen sudoeste de la Salina Grande
(actualmente en la Ea. Los Manantiales), a unos 30 km del primero. (Imagen 1)

Imagen 1. Localización del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente (Península


Valdés, Chubut)

Los asentamientos del Golfo San José funcionaron desde 1779 a 1810, cuando
fueron atacados y destruidos por un malón indígena. A lo largo de los 31 años
de ocupación, la población de la Península fue variando en número y estaba
compuesta por personal militar, funcionarios, capellanes, peones y presidiarios.
Su abastecimiento se apoyaba en la relación con el Fuerte Nuestra Señora del
Carmen y posiblemente en la interacción con las poblaciones indígenas
locales.

4 RATTO, H. 1930; ENTRAIGAS 1960; APOLANT 1970; DE PAULA 1974, GORLA 1984a;
RAMOS PÉREZ 1984.
5 RAMOS PÉREZ 1984; ZUSMAN 2001; LUIZ 2006; SENATORE 2007.

135
Antecedentes de las investigaciones históricas y arqueológicas sobre el
Fuerte San José

En líneas generales, los trabajos correspondientes a la primera etapa


historiográfica6 en los que se inserta el estudio del Fuerte San José, enfatizaron
el carácter defensivo-militar del plan de poblamiento y la reorganización
administrativa vinculada a la creación del Virreinato del Río de la Plata; 7 en
segundo plano quedaron los objetivos económicos de las metrópolis coloniales
como también la relación con las poblaciones indígenas locales.8 El proyecto
de poblamiento patagónico es situado en el seno de la competencia y disputas
geopolíticas entre potencias coloniales, centradas en la relevancia internacional
del paso al Pacífico.
En el caso particular del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente, la mayor
parte de los trabajos historiográficos publicados enfatizan los eventos
asociados a la fundación y fin de los asentamientos, cuando fueron atacados
sorpresivamente por un malón indígena, con la consecuente destrucción de los
mismos.9 Sin embargo, el desarrollo cotidiano de los asentamientos en sus 31
años de duración, quedan marginados del relato. Las descripciones del espacio
y el paisaje son reducidas al espacio construido, vinculadas únicamente a la
presencia española en el área. El relato de San José sólo tiene comienzo y fin;
su historia se ve afectada por un argumento finalista en la que los procesos de
producción e intercambio coloniales y sus estrategias de apropiación de
poblaciones, espacios y recursos quedan desdibujados. La sedimentación de
esta historia finalista produjo a su vez, que se naturalice la desinformación

6 Ver BIANCHI VILLELLI (2010, 2013) para más detalles sobre esta perspectiva.
7 RATTO 1930; ENTRAIGAS 1960, 1968, 1982; LENZI 1968; APOLANT 1970; PAESA 1971;
DE PAULA 1974; DESTÉFANI 1984; DUMRAUF 1992; BARBA RUIZ 2000, 2009.
8 Una segunda etapa de investigaciones en el tema se centra en aquellos trabajos que
enfatizan las características económicas que los mismos tuvieron para la región patagónica,
centrándose en las actividades productivas (GORLA 1983, 1984b, 1999, 2004; MARTÍNEZ DE
GORLA 1986, 2004). Desde la Etnohistoria, el Fuerte del Carmen fue estudiado en detalle con
especial énfasis en la relación con las poblaciones indígenas locales (NACUZZI 2002, 2005)
así como desde la perspectiva de las relaciones fronterizas (ZUSMAN 1999, 2001, 2006,
QUIJADA 2002; LUIZ 2006). Por su parte, la colonia de Floridablanca fue abordada desde la
arqueología histórica enfatizando el análisis de carácter social del plan de poblamiento, la vida
cotidiana en la colonia y la relación con los indígenas (BIANCHI VILLELLI 2007, 2009;
BUSCAGLIA 2012; MARSCHOFF 2007, 2010; PALOMBO 2007; SENATORE 2007; NUVIALA
2008; BOSONI 2010, entre otros). Por último, la discusión de la información histórica y los
resultados más recientes de las investigaciones sobre la colonización española de la Patagonia
también han sido objeto de publicaciones de difusión (SANCCI 2010).
9 RATTO 1930; LENZI 1968; ENTRAIGAS 1960; LANÖEL et al. 1974; DE PAULA 1974;
DESTÉFANI 1984; DUMRAUF 1992; BARBA RUIZ 2000, 2009, entre otros.

136
respecto de los asentamientos de Península Valdés; la historia marcada por el
fracaso evitó que sea estudiada en profundidad.
En los últimos años, tanto desde la historia como desde otras disciplinas, se
comenzó a indagar en otros aspectos de los establecimientos patagónicos. El
emplazamiento del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente fueron
reconocidos en los primeros estudios arqueológicos del área, centrados en el
uso humano del espacio de la costa patagónica central,10 mientras que los
primeros trabajos de investigación sistemáticos desde la perspectiva de la
arqueología histórica se desarrollan desde el año 2009, en el marco del
proyecto mencionado al principio del trabajo.11

El corpus documental para la costa patagónica (Siglo XVIII)

La existencia de fuentes documentales para la Patagonia no puede ser


disociada de la expansión colonial y de la conformación del estado-nación
argentino. El acopio de información sobre los nuevos territorios y en particular
sobre sus habitantes, fue un aspecto fundamental de las políticas de
dominación, lo cual se tradujo en un corpus documental altamente diverso y
variable a lo largo del tiempo. No obstante, dicha historia colonial -y
posteriormente la estatal- hizo a su vez que la documentación relativa al Río de
la Plata y la Patagonia en el siglo XVIII se encuentre dispersa en diversos
archivos españoles y latinoamericanos.12
Desde la arqueología histórica nos proponemos la integración de la evidencia
arqueológica y la documentación histórica, a los fines de investigar la historia
social de los asentamientos españoles establecidos a fines del siglo XVIII en la
Península Valdés. A nivel metodológico, este análisis implica considerar las
condiciones de producción y archivo de cada uno de los registros así como sus
respectivas escalas y metodologías de análisis específicas. La colaboración
interdisciplinaria entre equipos de investigación, particularmente en el caso de
la búsqueda y el análisis documental, ha permitido articular la información de
manera tal que se ha logrado unificar un importante corpus de diarios,

10 GÓMEZ OTERO 2007; GÓMEZ OTERO et al. 1999.


11 BIANCHI VILLELLI 2010, 2013; BIANCHI VILLELLI y BUSCAGLIA 2010; BUSCAGLIA y
BIANCHI VILLELLI 2012; BUSCAGLIA et al. 2012.
12 BUSCAGLIA y BIANCHI VILLELLI 2009.

137
documentos administrativos, planos y cartografías, superando paulatinamente
el estado de desagregación que presenta la documentación histórica en los
archivos locales y extranjeros.
El relevamiento documental se centra en el trabajo con fuentes históricas
primarias inéditas -escritas y gráficas- y éditas. Esto implica, la compulsa
documental en el Archivo General de la Nación (en adelante AGN), donde se
ubica una parte importante de las fuentes primarias sobre los establecimientos
patagónicos. Nos encontramos en la instancia final de búsqueda,
sistematización y registro fotográfico para avanzar sobre el análisis de los 91
legajos y más de 11768 folios registrados hasta el momento. Este trabajo se
complementa con la recopilación de documentación édita e inédita en otros
archivos locales como el Museo Mitre (en adelante MM) y extranjeros, como la
Fundación Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (en adelante FBN), Brasil. En
cuanto a los archivos españoles, se están investigando los acervos
documentales de: Archivo General de Indias (en adelante AGI), Archivo
General de Simancas (en adelante AGS), Archivo Histórico Nacional (en
adelante AHN), Archivo del Museo Naval de Madrid (en adelante AMN),
Archivo General Militar de Madrid (en adelante AGMM), Archivo Cartográfico y
de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército (en adelante
ACEG-CGE), Biblioteca de España (en adelante BE) y la Biblioteca Virtual del
Patrimonio Bibliográfico (en adelante BVPB). Por otro lado, las fuentes
primarias éditas forman parte, en su mayoría, de la Colección de Pedro de
Ángelis (De Ángelis 1969); a los que se suman las publicaciones tradicionales
sobre cartografía española.13

Plano de los edificios que contiene el Fuerte San José

Dado que el Fuerte San José se enmarcó en el plan de poblamiento de la costa


patagónica, tanto la geografía costera como la topografía entre Península
Valdés y el Río Colorado fueron cartografiadas en detalle entre 1779 y 1781.
Estos relevamientos fueron encargados principalmente por Francisco de
Viedma y Juan de la Piedra y realizados por Basilio Villarino y, en menor

13 TORRE REVELLO 1941; FURLONG 1963; Ministerio de Defensa, 1992.

138
medida, Pedro García. En los planos analizados,14 si bien el Fuerte San José
es ubicado en forma precisa, su representación es esquemática en términos de
un conjunto de puntos discretos y aislados entre sí, sin ningún tipo de detalle ni
caracterización relativa a sus dimensiones y morfología. 15
En la revisión historiográfica realizada observamos que tradicionalmente se
publicaron dos planos asociados al Fuerte San José (Imagen 2 a y b)
denominados “Plano de los edificios que contiene el Fuerte San José n°4.
Buenos Ayres, 18 de Febrero de 1797. Joseph García Martínez de Cáceres” y
el “Perfil correspondiente a los planos 1, 2 y 3, Buenos Ayres, 18 de febrero de
1797. Joseph García Martínez de Cáceres”.16 En el marco de la compulsa
documental localizamos y obtuvimos las copias digitales de estos planos -
inexistentes en los archivos locales-, asignados a Buenos Aires (Argentina) en
función de la radicación de la firma y ubicados en el actual Archivo General
Militar (AGMM) de Madrid, Ministerio de Defensa de España -anteriormente,
Servicio Histórico Militar.17 Con el fin de contextualizar esta documentación,
cotejamos el corpus relevado evaluando la información histórica reunida hasta
el momento sobre el Fuerte San José de Península Valdés así como a su
autor, el Ingeniero Joseph García Martínez de Cáceres.

14 Los planos referidos son: Plano de la Bahía sin Fondo o Puerto de San José (…) Sin autor
ni fecha, -probablemente Pedro García-, 1779 (España, Min. de Cultura. AGI. MP- Buenos
Aires, 122); Configuración (mapa) del Puerto de San José en la Bahía sin Fondo (…), D. Pedro
García, enero y febrero del año 1779 (España, Min. de Cultura. AGI. MP- Buenos Aires, 128, y
copia 128BIS), Plano y descripción del puerto ô bahia de San Josef (…) Don. Juan La Piedra,
1779 (Brasil, Fundacão Biblioteca Nacional. Cart 543411), entre otros.
15 Por ejemplo, “Configuración (mapa) del Puerto de San José en la Bahía sin Fondo, situado
en la latitud Sur de 42 grados 12 minutos y en longitud de 312 grados 30 minutos, meridiano de
Tenerife. A. Boca y pta. del Oeste: B. del Leste pta. C. ensenada de las ballenas: D. ensenada
S. Andrés. E. establecimiento: F. Salina: G. Manantial de Agua dulce que va y se dirige a la
Salina. Escala de 13 leg. Marítimas”. D. Pedro García, enero y febrero del año 1779. Remitido
por D. Andrés de Viedma con carta de 4 de junio de 1780 y expediente sobre población de la
Costa Patagónica. Fuente: España. Ministerio de Cultura. Archivo General Indias. Mapas y
Planos, Buenos Aires, 128. [Link]
16 ver LANÖEL et al. 1974, p. 17; DESTÉFANI 1984, p. 192; BARBA RUIZ 2000, p. 11 y 2009
p. 57.
17 Lucio Barba Ruiz en su libro detalla que fue Raúl Entraigas quien le facilitó la información
sobre los planos de Fuerte San José (ver Barba Ruiz, 2009:177).

139
Imagen 2. (a) “Plano de los Edificios que contiene el Fuerte de San José. N°4. Buenos
Ayres. Esplicación. A. Entrada. B. Cuerpo de Guardia. C. Quadras. D. Cozinas. E.
Quarto de los sargentos. F. Repuesto de pólvora. G. Calabozos. HY. …perfil cortado
sobre la líneas.1.2. Nota. El perfil ba ene scala dupla para que sea más sensible. 18
de Febrero de 1797. Joseph García Martínez de Cáceres”. Fuente: España. Ministerio
de Defensa. Archivo General Militar de Madrid, Servicio Histórico. ARG-4/7.

Imagen 2. (b) “Perfiles correspondientes a los Planos N° 1, 2 y 3. Esplicación. AB.


Perfil cortado sobre la línea… 1:2. C.D.E Perfil cortado sobre ...3.4.5. F.G. Perfil
cortado sobre la línea…6.7. Nota. Que la parte de C.D. corresponde en el plano N°1 a
la línea 3.4 y en los N°2 y °3 a la línea …1 y 2. Buenos Ayres, 18 de Febrero de 1797.
Joseph García Martínez de Cáceres. Buenos Ayres, 18 de Febrero de 1797”. Fuente:
España. Ministerio de Defensa. Archivo General Militar de Madrid, Servicio Histórico.
ARG-4/8.

Información contextual y arquitectónica de los planos

El análisis de la información histórica reunida en un primer momento ha


permitido evidenciar algunas contradicciones entre la documentación escrita y
la gráfica sobre el Fuerte San José. La información que se deduce en primer
lugar es que ambos planos forman parte de una serie mayor donde se
representa un conjunto arquitectónico de importantes dimensiones y magnitud
constructiva. El “Plano de los Edificios…” (Imagen 2a) es seriado como N° 4,
mientras que “Perfiles…” (Imagen 2b) corresponde a los planos N° 1, 2, y 3 -en
este caso en particular, no figura el nombre específico de Fuerte San José.

140
En segundo lugar, resultó llamativo que la ubicación topográfica se encuentra
desvinculada de toda otra cartografía y/o documentos sobre Patagonia -como
ser el Archivo de Indias, Archivo de Simancas o el Museo Naval. En tercer
lugar, observamos que en la documentación sobre Patagonia no aparece
mencionada la elaboración de un proyecto constructivo o relevamiento
arquitectónico en 1797, año en que están fechados los planos. En este sentido,
no encontramos referencias sobre la solicitud de un plano del Fuerte San José,
la elaboración o el envío del mismo, como sí lo hemos constatado en el caso
de la colonia Floridablanca o el Fuerte Nuestra Señora del Carmen -en ambos
casos es importante destacar que los planos corresponden a momentos
iniciales de los asentamientos.
En cuarto lugar, la información arquitectónica contenida en los planos dista
bastante de aquella descripta en las fuentes históricas para el Fuerte San José.
Así, las imágenes 1a y b muestran un conjunto de edificaciones de
aproximadamente 1747,2 m2 y un edificio de dos plantas con techo abovedado
y balcón con rejas coloniales. Como mencionamos arriba, en la documentación
histórica no hay registro de semejante proyecto constructivo destinado a los
asentamientos patagónicos. En cambio, las fuentes escritas analizadas
describen un asentamiento con construcciones precarias, siendo reiterados los
pedidos de los comandantes a lo largo del tiempo para mejorar el carácter
edilicio del asentamiento.
La primera descripción detallada del asentamiento fue realizada por Manuel
Soler, quien con instrucciones del virrey fue a evaluar el estado de los
establecimientos a fines de 1779, es decir en sus inicios. Soler describe que
entre dos pequeños cerros hay:

“…una plazuela cerrada con cuatro frentes de los que uno es un


almacén grande de víveres, y repuestos, otro cuarteles; y los otros
dos cuartos, y Capilla. A la parte exterior hay dos Hospitales,
cocinas y en uno de los cerritos se ven principios de un fuerte
cuadrado por la figura de una mala zanja construida para este fin,
pero de ninguna defensa, y a parte hay un Almacén de Pólvora.”18

18 España, Min. de Cultura. AGI. Audiencia de Buenos Aires, 326. Noticias relativas a la
Instrucción, que el excelentísimo Señor Virrey y Capitán General de estas Provincias con fecha

141
A pesar del detalle con el que describe los componentes del asentamiento, el
autor no brinda información acerca de los materiales con los que fueron
edificados. Desde fines de 1779 en adelante no hallamos nuevas descripciones
del estado de avance del asentamiento; únicamente encontramos referencias
aisladas que dan cuenta de construcciones realizadas con diferentes
materiales, principalmente cuero, carrizo y adobe. En este sentido, desde 1782
hasta 1798 persisten en forma reiterada las menciones a la precariedad de las
instalaciones así como el progreso discontinuo en la edificación y arreglo del
establecimiento.19 Aún más, pocos años después de producirse la destrucción
de los asentamientos, entre 1812 y 1820, el galés Henry Libanus Jones realiza
cinco incursiones al Golfo buscando proveerse de lobos marinos y ganado. En
su diario (publicado por Dumrauf, 1991) menciona entre otras cosas, la
presencia de diversas estructuras que formaron parte del fuerte en la costa,
como por ejemplo “un rancho o cuartel” con techo de paja sobre el cerrito, por
debajo la capilla levantada en adobe y techada también con paja, y muy cerca
de la playa una construcción de adobe, techo de tejas y horno que Jones
asigna a la panadería.20 Un conjunto arquitectónico que dista bastante de la
imagen transmitida por los planos y se acerca mucho a la información histórica
generada desde el Fuerte de San José.
Finalmente, las investigaciones arqueológicas también contradicen la
posibilidad de edificios de tal magnitud como los representados en los planos.
Ya se mencionó que el plano de M. Cáceres representa edificaciones en un
sector de aproximadamente21 1747,2 m2, mientras que la información
arqueológica define un área central de ocupación de 256 m 2 aproximadamente.
A su vez el registro arqueológico hasta ahora indicaría una escasa integridad
arquitectónica que podría explicarse en base a la baja calidad y precariedad de

de 22 de Agosto de este presente año, se sirvió fiar a mi cuidado para la inspección y


reconocimientos de la Costa patagónica y los nuevos establecimientos en ella. Informe de
Manuel Soler y Pedro García. Fuerte San José, Octubre 1779. Folios 1039-1050.
19 AGN, Sala IX, 16-3-9, 16-3-10, 16-3-12, 16-4-1; 16-4-2; 16-4-3; 16-4-5; 16-4-6, 16-4-11, 16-
5-1, entre otros.
20 En su diario Jones describe además la presencia de restos humanos diseminados por la
playa, los cuales fueron reunidos y enterrados y dos edificaciones de piedra sin cal situadas al
borde de la Salina Grande (DUMRAUF, 1991: 72)
21 Conversión de las varas representadas en el plano, correspondiente a fines del siglo XVIII -1
vara=0,86 m- (ALVAREZ 1961).

142
las construcciones levantadas durante la ocupación del fuerte y a condiciones
desfavorables para su preservación.22

Joseph García Martínez de Cáceres y su relación con los planos

Los planos están firmados por Joseph García Martínez Cáceres, con fecha del
18 de febrero de 1797, en Buenos Aires. En toda la documentación revisada
del AGN23 desde 1778 a 1810, no se encontraron referencias a la vinculación
de García Martínez Cáceres con los asentamientos españoles establecidos en
la costa patagónica en ese período, aunque sí se verificó su presencia en el
Río de la Plata a partir de 1786.24 En 1787 se hizo cargo de las obras de la
corona, participando en varias reformas y construcciones en Buenos Aires y
Montevideo, principalmente de índole defensivo y militar, pero también civil y
religioso.25
Entre las mismas, precisamente figura el “Plano de los Edificios que contiene el
Fuerte de San José. Joseph García Martínez de Cáceres. Buenos Ayres, 18 de
Febrero de 1797” (Imagen 1a). El mismo tiene su origen en la Batería de San
Felipe, construida en una punta de Montevideo en enero de 1724 y rebautizada
Batería de San José y, luego, Fuerte San José, en 1747. 26
Entre las transcripciones de Gardone (1965) se destacan varios informes del
jefe de Ingenieros Joseph García Martínez de Cáceres; entre ellos, uno que
posiblemente haya acompañado los planos de 1797, fechado el 18 de enero
del mismo año. En dicho informe, destaca:

“… El Fuerte de San José es de piedra y cal, sus murallas están


en mediano estado, pero sumamente bajas: su figura está
manifestada en el Plano N°1 y los edificios que tiene son los que se
manifiestan en el Plano N°4. Su construcción es de piedra y barro,
revocados con cal, cubiertos de teja y el piso tierra, excepto el

22 BUSCAGLIA y BIANCHI VILLELLI 2012; BUSCAGLIA et al. 2012.


23 AGN. Sala IX: legajos 9-3-10, 16.2.9 al 15.5.9, 17-1-7; 23-3-1, 23-10-1 al 23-10-8; 24-1-1 al
24-1-8, 24-2-1 al 24-2-8, 24-3-1 al 24-3-8, 24-4-1 al 24-4-9, 25-5-1 al 25-5-6; Sala X, legajo 2-3-
15.
24 FURLONG 1932; GARDONE 1965; OLIVA GERSTNER 2006; CALGARO BERTOLINO
2010, entre otros.
25 CAPEL et al, 1983; GERSTNER Oliva 2006.
26 APOLANT 1974; CARMONA y GÓMEZ 2002; PONCE DE LEÓN 1965.

143
repuesto de Pólvora que está enmaderado, siendo éste y el
Calabozo, de azotea.”

Si se observa con atención el plano N° 4 (Imagen 2a) que describe el jefe de


Ingenieros del Virreinato, se podrá apreciar una clara coincidencia en el
conjunto del Calabozo y el Repuesto de Pólvora (señalados con la G y la F,
respectivamente), construidos en forma apartada del resto de los edificios. Se
reafirma de este modo, la adscripción original de los planos del Fuerte San
José, Uruguay.
Por su parte, los Perfiles correspondientes a los Planos N° 1, 2 y 3 (Imagen 2b)
no estarían relacionados a dicho fuerte, sino a la ciudadela de Montevideo.

El plano y la réplica capilla del Fuerte San José

Es importante señalar que los Perfiles correspondientes a los planos Nº 1, 2 y


3 (Imagen 2b) fueron utilizados para la reconstrucción de una réplica de lo que
se creyó fue la Capilla del Fuerte San José de Península Valdés, la cual fue
emplazada frente a la Isla de los Pájaros, en dicha Península, con fines
turísticos y conmemorativos de las gestas españolas.27 Sin embargo, sobre la
base de la información presente en los planos no se distingue ningún dato
cierto que relacione el edificio representado con las edificaciones
efectivamente levantadas en el fuerte San José. Aún más, la Imagen 2b no
tiene referencias de ubicación y de hecho, en el plano N° 4 no figura la
estructura de una capilla.
Si se realiza un análisis de la figura representada en los “Perfiles…” (Imagen
2b), las características y longitud del trazado del plano es mucho mayor que el
del Fuerte San José. A su vez, de la estructura de la misma se deduce
fácilmente que se trata de una construcción de aproximadamente 10 metros
de altura hasta la azotea y al menos 5 metros más para la cúpula y el
campanario, lo que por lógica da como resultado un edificio de dos pisos y
quince metros de alto, construcción altamente improbable en el contexto de la
pobreza arquitectónica del Fuerte San José de Península Valdés.

27 La documentación relativa al proyecto fue donada por Lucio Barba Ruiz con sus planos y
explicaciones correspondientes; pudimos consultarlo en la AANPV (ver BARBA RUIZ,
2009:177).

144
Toda esta información nos lleva a concluir que se trata en realidad de la capilla
de la Ciudadela de Montevideo. Pudimos correlacionar los “Perfiles
correspondientes a los Planos N° 1, 2 y 3” (Imagen 2b) con los Planos N° 2 y 3
-estando faltante dentro de los legajos del AGMM el N°1. No obstante, la forma
trapezoidal de la pared de fondo así como las dimensiones de la Capilla de la
Ciudadela y de la plaza en los planos N° 2 y 3, sí coinciden con la figura en los
“Perfiles correspondientes (…)”, confirmando la asociación de dichos perfiles a
los Planos N° 2 y 3 correspondientes a la Ciudadela de Montevideo y no al
Fuerte San José de Península Valdés.
En este sentido, cabe destacar que existe un gran número de reproducciones
pictóricas que ofrecen un importante grado de proximidad al plano de los
perfiles (Imagen 2b) acerca de la estructura, tamaño y características de la
capilla de la Ciudadela de Montevideo.

Reflexiones finales

Abordar el origen de la confusión sobre el plano del Fuerte San José de


Península Valdés y su capilla implica indagar en aspectos del conocimiento que
resultaron disociados de las investigaciones anteriores. En nuestro trabajo fue
de capital importancia atender al archivo, no sólo como repositorio material sino
también como producto de prácticas institucionales de orden colonial primero y
estatal después. Al comenzar a analizar los planos e interrogarnos sobre su
pertenencia al plan de colonización de Península Valdés, iniciamos la
investigación documental y bibliográfica que nos permitió localizar diversas
publicaciones y una en particular de la Comisión del Patrimonio Cultural de la
República Oriental de Uruguay, en la que se confirma tanto el origen de los
planos -nuestra hipótesis de su pertenencia a una serie de 22 planos- así como
su referencia a las modificaciones de las fortificaciones de Montevideo en 1797,
publicados en Uruguay por el Dr. Carlos Travieso28 en las que precisamente
faltaban los dos planos asignados erróneamente a Península Valdés.
Una explicación posible de dicha confusión se relaciona con el trabajo de los
archivistas que han manipulado, analizado y seleccionado los documentos que

28 TRAVIESO 1937, 1976.

145
hemos consultado. La metodología de seleccionar planos y disociarlos de los
documentos e informes que los acompañan en función de ser “tipos diferentes
de fuentes” -en particular el conjunto de 22 planos y mapas que García
Martínez de Cáceres había presentado junto con un informe entre marzo y
febrero de 1797- no siempre contribuye al mejor entendimiento de las mismas,
sobre todo si no se conserva la información contextual. El segundo tiene que
ver con el criterio de selección utilizado para ordenar los documentos. Algunos
de ellos fueron relacionados con Buenos Aires -la capital del Virreinato- por la
firma de Martínez de Cáceres; otros, que especificaban la ubicación de las
construcciones, fueron catalogados como pertenecientes a Montevideo,
desconociendo la diferencia entre la capital administrativa y la ciudad
representada en los planos -lo que es en sí un desacierto desde el punto de
vista archivístico.
El tercer problema se vincula con la asignación de los planos al Fuerte San
José de Península Valdés por parte del Padre Entraigas,29 quien toma las
referencias del Catálogo de Guillermo Furlong,30 el cual no especifica si el
plano del Fuerte San José corresponde a Patagonia o Uruguay, sólo lo ubica
en Argentina -por la asignación archivística antes mencionada. Más adelante
este error será reproducido por varios autores especializados en la colonización
española de la costa patagónica, incluso habiendo tenido contacto con los
planos originales.31
En la década de 1970, la Comisión Pro-Monumentos a las Gestas y Primeras
Colonizaciones Españolas del Chubut propuso un proyecto de réplica del fuerte
apoyándose en esta información32 que finalmente se materializó en la famosa
réplica de la capilla situada frente a la Isla de los Pájaros, en el Área Natural
Protegida Península Valdés. Como vimos, la misma se inspiró erróneamente
en la iglesia que integraba la Ciudadela de Montevideo.
La imagen hasta ahora vigente del Fuerte San José no sólo se ha cristalizado
en trabajos historiográficos, sino que también forma parte del imaginario
popular y de aquélla que consigo se lleva el público visitante. En resumidas

29 ENTRAIGAS 1960 y 1968.


30 FURLONG 1963.
31 LANÖEL et al. 1974; DESTÉFANI 1984; BARBA RUIZ 2000 y 2009.
32 LANÖEL et al. 1974; BARBA RUIZ 2000, e informes presentados a la Administración Área
Natural Península Valdés.

146
cuentas, el proyecto de réplica, la capilla conmemorativa y las imágenes de la
muestra actual Centro de Visitantes Istmo Carlos Ameghino, fueron inspirados
en los planos de 1797 (Imagen 2a y b) correspondientes a edificaciones de
Montevideo, Uruguay. Se trata de un error arrastrado y reproducido
acríticamente por más 40 años, que se materializó en diversas publicaciones y
hasta en una réplica arquitectónica.
Hasta el momento no se ha podido hallar un plano arquitectónico del
asentamiento de Península Valdés sino sólo referencias generales de
localización topográfica en planos de 1779-1783. La evidencia histórica y
arqueológica disponible se contrapone en parte a la imagen que
tradicionalmente se ha transmitido del Fuerte San José, como un asentamiento
de cierta magnitud y con una organización del espacio altamente estructurada,
a partir fundamentalmente de la asignación errónea de los planos analizados
en este trabajo. Es la arqueología la que posiblemente podrá arrojar más luz
sobre la materialidad de los asentamientos españoles en Península Valdés.
A modo de reflexión final, la perspectiva genealógica implicó no sólo cuestionar
los sesgos en la documentación primaria, sino también incorporar las instancias
subsiguientes de producción histórica. Nos interesa destacar la importancia de
un abordaje contextual, crítico y transdisciplinar a las fuentes documentales, en
el que la investigación sobre la genealogía de las mismas y la mutua referencia
en una red de relaciones -a modo de intertextualidad- a otras fuentes también
escritas, visuales como materiales, fueron claves en el proceso de re-
interpretación y re-significación de los planos históricos.
Es también un nuevo llamado de atención sobre las consecuencias de
reproducir la disociación disciplinar moderna sobre las fuentes del pasado,
perdiendo precisamente el contexto de las redes de significación. El
cuestionamiento de lo dado, de lo aceptado tradicionalmente como imagen del
Fuerte San José, nos ha permitido indagar en los procesos y los contextos de
formación de las fuentes así como en los límites que se presentan a la hora de
abordarlas, dado su fraccionamiento y dispersión. Sin embargo, consideramos
que a partir de estos desafíos analíticos y metodológicos, es posible la
generación de nuevas preguntas y respuestas así como su difusión, abriendo el
camino para la re-interpretación del pasado desde diversos ámbitos del
conocimiento.

147
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[[Link]

152
La conformación del espacio público de Comodoro Rivadavia, 1901-1909

Paula Judith Fernández


(Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco)

Resumen

A fines del siglo XIX un grupo de arrendatarios del Territorio Nacional del
Chubut peticionó ante el gobierno nacional por la fundación de un pueblo.
Comodoro Rivadavia se fundó así, por decreto del 23 de febrero de 1901. El
Estado nacional implementó allí el modelo de poblamiento ya incorporado en
Buenos Aires: la cuadrícula o grilla, a través de la cual persiguió el
ordenamiento territorial, el control y la reapropiación de los nuevos espacios
incorporados, y el parque, que fue la otra figura material constituyente del
espacio público, objeto de la investigación.
Esta consta de dos capítulos: en el primero de ellos describo por un lado el
conjunto de intereses, que tanto desde la región metropolitana como desde el
campo patagónico, desembocaron en la creación de un poblado con salida al
mar; por el otro, el trazado de la primer mensura a nivel local, y la descripción
de los primeros pobladores insertos en ella, focalizando mi atención en uno en
particular, Manuel Olascoaga (h), que también formaba parte de la Oficina
Topográfica Militar del Estado, encargada de llevarla a cabo. En el segundo,
abordo la conformación de su espacio público a partir del accionar de las
compañías comerciales asentadas en la zona, así como a través de las
actividades económicas, políticas y sociales de sus habitantes. Así mismo,
retomo el protagonismo de Olascoaga, mostrando cómo en su búsqueda del
modelo de parque para el pueblo subyacía su interés en el petróleo. En las
conclusiones, recupero así mismo el papel fundamental que le cupo al Estado
en sus distintas facetas durante el período de estudio abordado, a partir del
cual Comodoro Rivadavia se convirtió en un espacio con características únicas.
Las fuentes utilizadas son de carácter gráficas (mapas y planos de mensura), y
escritas, a través de las cuales abordé la construcción del espacio físico a partir
del modelo de grilla implementado por el Estado nacional, el que a su vez dio
lugar a la conformación del espacio público, a partir de la descripción de las

 Mail: fernpaula@[Link]

153
actividades de los habitantes del poblado, así como del accionar de las
compañías comerciales asentadas en el mismo.

Ponencia

Este trabajo forma parte del escrito de mi tesis de Licenciatura en Historia, 1 en


el marco del cual analicé, a partir del pedido de un grupo de arrendatarios de la
zona del Golfo San Jorge por la fundación de un pueblo, el papel que le cupo al
Estado nacional en la conformación posterior del espacio del nuevo poblado,
llamado Comodoro Rivadavia, a fines del siglo XIX. En esta época, la
incorporación de los territorios australes se encontraba estrechamente
vinculada a la necesidad de organización y estructuración del Estado nacional.
La necesidad de consolidar las fronteras, incorporando nuevos espacios a la
explotación agrícolo-ganadera en el marco de la inserción del país en el
mercado mundial, y fundamentalmente la decisión de poner fin a la cuestión
indígena, fueron los móviles principales que impulsaron al gobierno a acometer
la empresa de colonizar la Patagonia.2
En este contexto, un conjunto de intereses económicos llevó a un grupo de
arrendatarios de campos situados al sur del Territorio Nacional del Chubut a
peticionar ante el Gobierno Nacional por la fundación de un pueblo, el que diera
salida al mar a la producción regional proveniente de las colonias del interior.
Estos jugaron por tanto un papel importantísimo en la creación de Comodoro
Rivadavia, fundada por decreto del gobierno nacional el 23 de febrero de 1901.
Estos arrendatarios en su mayoría poseían domicilio legal en Capital Federal,
donde residían, y además poseían otros negocios, y la mayoría de ellos prefirió
dejar en manos de terceros el manejo y administración de sus propiedades en
el sur. Sus representantes, así como los migrantes europeos que arribaron
posteriormente, se convertirían en los primeros pobladores del flamante pueblo,
algunos de ellos dueños de una activa vida económica.
El papel desempeñado por el Estado nacional en la conformación del espacio
urbano del nuevo poblado también fue esencial, ya que a través de la Dirección

1Esta fue dirigida por la Magíster Edda Crespo, y defendida en septiembre de 2013 (Inédito).
2CABRAL MARQUES, Daniel y PALMA GODOY, Mario Comodoro Rivadavia en tiempos de
cambio. Una propuesta para la revalorización de nuestras identidades culturales. Comodoro
Rivadavia: Ed. Proyección Patagónica, 1993, p. 18.

154
de Tierras y Colonias de la Nación buscó implementar en Comodoro Rivadavia,
como en todos los demás territorios nacionales recientemente creados, una
línea de poblamiento según el modelo europeo y norteamericano en boga, que
ya se había llevado a cabo en la capital de la República. Esto es, la cuadrícula
o grilla con que el poder público buscó la regularidad y el control del territorio. 3

Figura N° 1: División territorial en Chivilcoy.

3 GORELIK, Adrián La grilla y el parque. Espacio político y cultura urbana en Bs. As. 1887-
1936. Bs. As.: Universidad Nacional de Quilmes, 2004. CACOPARDO, Fernando El Estado en
la definición territorial de la Argentina del siglo XIX. Perspectivas Urbanas N° 8, 2007 (Web
site)

155
Figura N° 2: Gráfico 1a-1b: gráficos en escala de secciones cuadradas según ley 817
(1876). Gráfico 1c: gráficos en escala de subdivisión cuadrícula americana.
Fuente: CACOPARDO, Fernando El Estado en la definición territorial de la Argentina
del siglo XIX. Perspectivas Urbanas N° 8, 2007.

La grilla se constituyó en una figura material a través de la cuál fue posible a su


vez la emergencia de un espacio público comodorense, que pude reconstruir a
partir del desarrollo de las actividades económicas, políticas y sociales de sus
habitantes, así como del accionar de las compañías comerciales asentadas en
la zona.
La noción de espacio que indago no es entonces la superficie física sobre la
que acontecen los hechos, sino el espacio estructurante y a la vez estructurado
por la sociedad, y este es un terreno poco explorado en la historiografía local.
Alrededor de esta temática trabajé con las siguientes fuentes: la primera
mensura del pueblo (1901) confeccionada por el ingeniero Policarpo Coronel, el
plano de la colonia deslindada y amojonada de la Gobernación del Chubut
(1909), incluyendo la re-mensura del ejido de Comodoro Rivadavia, realizada
por el ingeniero Carlos Argañaraz en octubre de 1907; también recurrí a las
actas del Concejo Municipal, anuarios conmemorativos como el Cincuentenario
de Comodoro Rivadavia, el Comodoro ’70, las Crónicas del Centenario, la
revista Argentina Austral, editada por la Sociedad Anónima Importadora y
Exportadora de la Patagonia, el relato de las Primeras Exploraciones y

156
Colonizaciones de la Patagonia Central, escrito por el explorador Francisco
Pietrobelli, el libro Aniversario 130 años del Instituto Geográfico Militar, el libro
Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros Mutuos de
Comodoro Rivadavia, la revista Inmigración e Identidad, expedientes
municipales, datos del Registro de la Propiedad Inmueble de la ciudad de
Rawson, e informes sobre inspecciones realizadas al pueblo en 1908, 1912 y
1913 respectivamente, y sobre el Ensanche Sud de la Colonia Escalante,
brindados por el Instituto Autárquico de Colonización de la ciudad de Rawson.
A partir de su análisis, pude reconstruir la trayectoria espacial y temporal de
aquellos personajes que, desde diversos lugares, la mayoría residiendo en
Buenos Aires a fines del siglo XIX, trasladaron sus intereses comerciales al
pueblo de Comodoro Rivadavia, donde los encontramos asentados en la grilla
de 1901.
Así, la cuadrícula o grilla aparecía como un proyecto, un instrumento de
intervención pública que encarnaba la regularidad urbana, y constituía una
forma de división catastral que dividía el territorio en secciones cuadradas. Sin
embargo, su significado va más allá de la cuestión técnica de ordenamiento
territorial, ya que la grilla también jugó un rol central en las estrategias del
Estado por el avance y control sobre los nuevos territorios.4
El parque es la otra figura material y cultural constituyente del espacio público
ciudadano. Considerado como “pulmón”, espacio verde higiénico, de ornato o
recreación y de igualación social, el parque representaba una clave “natural”
para intervenir en los males de las grandes ciudades de fines del siglo XIX y
principios del XX.5 Médicos, higienistas y reformadores sociales de la época
encontraban en el verde un espacio propicio para el fortalecimiento de los
cuerpos y la lucha contra la enfermedad, la práctica del deporte, el descanso y
el paseo. En este sentido, el “pulmón verde” de las plazas y parques
representaba la garantía de un ambiente urbano saludable, con funciones no
sólo higiénicas y estéticas sino también de esparcimiento.6
Ambas figuras fueron bajadas al territorio a través de la mensura. La mensura
representa la re apropiación del territorio por parte del Estado, en la medida en

4 CACOPARDO, Fernando, op. cit., web site.


5 GORELIK, Adrián Op. cit., pp. 23, 58 y 63.
6 ARMUS, Diego La ciudad impura. Salud, Tuberculosis y Cultura en Buenos Aires, 1870-1950.
Bs. As., Edhasa, 2007, pp. 54-55.

157
que conlleva la traducción del espacio geográfico a nuevas denominaciones
que desconocen las denominaciones anteriores, de los pueblos nativos. Esta
forma de representar gráficamente el territorio corrió a cargo de la Oficina
Topográfica Militar, creada en 1879 en el marco de la construcción misma del
Estado, de su saber territorial y el avance y ocupación efectiva del territorio
nacional7. Como resultado de sus trabajos científicos de exploración y
relevamiento, se confeccionaron mapas y planos que representaban el territorio
de la República Argentina. Estos permitieron a su vez visualizar, gobernar,
repartir y administrar el territorio del nuevo Estado.8 La Oficina Topográfica
Militar estaba encabezada por el teniente coronel Manuel J. Olascoaga, jefe del
Gabinete Militar del general Julio A. Roca, en cuyas circunstancias había
participado de la Conquista al Desierto, y realizado el relevamiento topográfico
correspondiente. También había participado de la Comisión Científica
Exploradora de la Región Austral Andina y producto de ello, publicado el primer
mapa del Ejército Argentino.

II

El modelo de cuadrícula o grilla bonaerense fue aplicado al pueblo de


Comodoro Rivadavia a través de la primera mensura, realizada por el ingeniero
Policarpo Coronel en 1901. En efecto, una vez aprobado el decreto de
fundación del poblado de Comodoro Rivadavia, se procedió a mensurar lo que
sería el futuro ejido siguiendo el modelo de cuadrícula de la Pampa
bonaerense. La Dirección de Tierras y Colonias de la Nación contrató al
ingeniero Policarpo Coronel, que dos años antes había mensurado la Colonia
Sarmiento, para efectuar los trabajos, con la condición de elegir aquel terreno
que, hallándose en las proximidades del fondeadero de buques, se adaptara
mejor a las condiciones requeridas para la fundación del pueblo. Resultó que el
fondeadero mejor era Punta Borja, en el paraje comprendido entre las dos
restingas al norte y sur de la baliza, donde próxima a la restinga sur existía un

7 Instituto Geográfico Militar (IGM) 130 años (1879-2009), Bs. As. Instituto Geográfico
Nacional, 2009, pp. 33-34.
8 LOIS, Carla “La Patagonia en el Mapa de la Argentina moderna. Política y “deseo territorial”
en la cartografía oficial argentina en la segunda mitad del siglo XIX”, en NAVARRO FLORIA,
Pedro -coordinador- Paisajes del Progreso. La resignificación de la Patagonia Norte, 1880-
1916. Educo. Universidad Nacional del Comahue. Neuquén, 2007, pp. 107-117.

158
galpón, el de Pietrobelli, en cuya proximidad la playa era adecuada para atracar
botes, facilitando la carga y descarga de mercaderías con relativa comodidad, y
estando el fondeadero abrigado de los vientos reinantes. Además, dos leguas
hacia el oeste existía un manantial de agua excelente y abundante, que estaba
a bastante altura sobre el nivel de la planta urbana y permitiría, a causa de la
gran diferencia de nivel, transportarla con bastante facilidad.9
El ingeniero Coronel desembarcó en Punta Borjas el 17 de mayo de 1901,
acompañado por los ingenieros Gentillini y Manuel Olascoaga (h), que también
venían con él a realizar el trazado del pueblo.10 El ingeniero Coronel realizó una
temprana organización del régimen de propiedad y de distribución del espacio,
esbozando la ubicación que deberían tener los primeros emplazamientos
importantes, como plazas y edificios públicos en el centro de la localidad.
Determinó así mismo que la planta del pueblo constaría de cien manzanas
cuadradas de una hectárea cada una, y se adoptaría para dicha planta una
forma cuadrada con dos calles centrales de cincuenta metros de ancho; las
demás calles serían de veinte metros de ancho, y todas las alienaciones a
medios rumbos.

9 Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento del Pueblo de Comodoro Rivadavia, op. cit.,
pp. 2-3.
10 Cincuentenario de Comodoro Rivadavia, Op. cit., p. 28.

159
Figura N° 3: Plano de la primera mensura del pueblo de Comodoro Rivadavia (1901).

Las manzanas se numerarían, empezando por la que quedaba más al norte de


izquierda a derecha y derecha a izquierda, registrándose los siguientes
pobladores:
- Santos Arroyabe en la manzana N° 1 esquinero nord-este.
- Belarmino Menéndez, en la manzana N° 1 en la mitad de la misma.
- Francisco Pietrobelli, en la manzana N° 2 esquinero nord-este.
- Juan Plate en la manzana N° 2 esquinero sud-este.
- Alfredo Llames Massini en la mitad de la manzana N° 2 y a los cincuenta
metros del esquinero sud-este.

160
- Correos y Telégrafos Nacionales, en el esquinero nord-este de la manzana N°
3.
- Manuel Olascoaga (hijo) plantaciones de sauce y álamos en la manzana N° 4.
- Pedro Barthout en el frente este de la manzana N° 7.
Y fuera del trazado: un galpón del Sr. Santos Arroyabe y una casa del Sr.
Francisco Pietrobelli.

Cuadro N° 1: Primeros pobladores (que aparecen en la mensura de 1901)

Nombre y Apellido Ubicación de los Lotes Actividades desempeñadas


Francisco Pietrobelli Manzana 2 (1901) Comerciante
Santos Arroyabe Manzana 1 (1901) Sin datos
Belarmino Menéndez Manzana 1 (1901) Comerciante
Juan Plate Manzana 2 (1901) Comerciante y arrendatario
Alfredo Llames Manzana 2 (1901) Arrendatario en
Massini representación de Cosme
Llames Massini
Manuel Olascoaga Manzana 4 (1901) Hijo del teniente coronel
(h) Manuel J. Olascoaga,
participó con su padre en la
Campaña al Desierto y estuvo
presente en la primera
mensura practicada al pueblo
de Comodoro Rivadavia.
Pedro Barthout Manzana 7 (1901) Sin datos

Fuente: elaboración propia en base a: Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento


del Pueblo de Comodoro Rivadavia, 1901, p. 3; revista Argentina Austral N° 76 del
01/10/1935. Dirección: Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia,
p. 34; Cincuentenario de Comodoro Rivadavia (1951). Com. Riv., Ed. El Rivadavia,
pp. 24, 27 y 41; Comodoro ´70. Comodoro Rivadavia, diario El Patagónico, 1971, pp.
5, 8 y 75; PIETROBELLI, Francisco Primeras exploraciones y colonizaciones de la
Patagonia central. Edición 1970, p. 5; ROBERTS, Tegai y GAVIRATI, Marcelo -
compiladores- Diarios del explorador Llwyd ap Iwan. El desvío del río Fénix y la colonia
galesa de Santa Cruz que pudo ser. Patagonia Sur Libros- La Bitácora editores, 2008,
p. 22; PERALTA, Liliana y MORÓN, María Laura A mi tierra… Un homenaje a los
primeros pobladores. Comodoro Rivadavia, 1901-2001. Imprenta Gráfica Andrade,

161
2001, pp. 31 y 32; Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros
Mutuos de Comodoro Rivadavia 1910-2010 (Acta de fundación); Instituto Geográfico
Militar (IGM) 130 años (1879-2009), op. cit., pp. 33-34; PÉREZ MORANDO, Héctor
Con el mismo nombre y apellido, Ed. Río Negro S.A. (Página Web), 2007.

El ingeniero Coronel creyó conveniente reservar además las manzanas N° 48,


49, 54 y 55 para plazas y edificios públicos, como policía, municipalidad,
escuelas, etc., por encontrarse ubicadas más o menos en el centro del pueblo y
ser un paraje dominante hacia todas las direcciones.11 El 30 de octubre de
1901 el ingeniero Coronel dio cuenta, a la Dirección de Tierras y Colonias de la
Nación, sobre la forma en que había cumplido con las operaciones de mensura
y subdivisión del pueblo de Comodoro Rivadavia para las que había sido
contratado. Y el 17 de diciembre del mismo año, el presidente Roca decretó la
aprobación de la misma.12
Sin embargo, es curioso que Manuel Olascoaga (h) recibiera la manzana Nº 4
para plantaciones de sauces y álamos, ya que la Dirección de Tierras y
Colonias de la Nación, encargada de proveer a la explotación de los territorios
considerados aptos para la colonización, no sólo debía privilegiar a los
pobladores ya existentes para la adjudicación de lotes, sino que además
determinaba firmemente que estos tenían la obligación de construir en el
terreno al menos una habitación y sus accesorios dentro del primer año de
posesión.13 A través de la habilitación dada a Olascoaga (h) para plantaciones
de árboles, aparece acá el modelo de parque como figura constituyente del
espacio público y espacio verde higiénico que complementa a la grilla. Este
modelo sin embargo, fue utilizado para justificar una utilidad pública que en
realidad resultó para otros fines de naturaleza más personal, ya que fue allí
donde se instaló la primera máquina perforadora -en búsqueda de agua para el
pueblo. Volviendo la mirada sobre Manuel Olascoaga (h), este era hijo del
teniente coronel Manuel José Olascoaga, jefe de la Oficina Topográfica Militar
del Estado, secretario del Cuartel General Expedicionario y jefe del Gabinete
Militar del General Julio A. Roca.14

11 Primera Mensura, op. cit., p. 3.


12 Cincuentenario de Comodoro Rivadavia, op. cit., pp. 28-29. Primera Mensura, op. cit., p. 10.
13 Ministerio de Agricultura. Dirección General de Tierras y Colonias. Municipalidad de
Comodoro Rivadavia. Dirección General de Tierras. Ley 4167 de 1903 y Decreto reglamentario
de 1906 (art. 2º): Venta directa de lotes en Pueblos y Colonias agrícolas solares.
14 Instituto Geográfico Militar (IGM) 130 años (1879-2009), op. cit., pp. 33-34.

162
Manuel Olascoaga (h), al igual que su padre, también había participado de la
campaña de Roca de 1879 y en la Comisión Científica Exploradora de la
Región Austral Andina entre 1881 y 1883, donde tuvo a su cargo el trazado de
mapas y planos y las observaciones meteorológicas, había intervenido,
también junto a su padre, en la Comisión de Límites con Bolivia en 1894 en
calidad de dibujante y en 1896 como secretario. Estuvo en el relevamiento
topográfico del río Bermejo, en la cuenca del Plata, y participó en la mensura
del pueblo de Comodoro Rivadavia en 1901, y en campos y haciendas en
Colonia Sarmiento.15
La manzana 4 le había sido adjudicada a Manuel Olascoaga (h) para
plantaciones de árboles, que necesariamente tenían que ser regados. Pero en
el pueblo no había agua. Es por ello que llama nuestra atención el propósito de
tal adjudicación a esta destacada figura del Poder Central; igualmente el hecho
que sospechosamente la primera máquina perforadora -en busca de agua-
haya sido instalada dentro de los límites de su propiedad. Lo que nos permite
inferir que, no tan erradamente, -pues el segundo pozo, a 3 km al norte del
pueblo, resultó ser el pozo descubridor- esperara ver fluir petróleo.
Presumiblemente con el mismo propósito la Sociedad Agrícola y Pastoril La
Oriental, controlada por la familia Menéndez Behety, adquirió el mismo terreno
en el pueblo. No casualmente, tres años más tarde Toribio Larrea llegó a
Comodoro Rivadavia proveniente de Tierra del Fuego, donde su oficio minero
lo había llevado unos años antes. Allí había conocido al empresario español
José Menéndez, quien le había encargado la gerencia de la tercera sucursal de
la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia.
El pozo Nº 1 fue comenzado en el mes de octubre de 1903 en el esquinero
sud-oeste de la manzana 4, que ya había empezado a fraccionarse, y recibido
el nombre de lote H. Pero la máquina perforadora no encontró agua, como
aparentemente era su propósito, y los trabajos fueron abandonados ante la
imposibilidad que el equipo pudiera profundizar más la perforación. 16 Este solar
señalado con la letra H, perteneciente a la manzana 4 del pueblo había sido
adquirido por Ángel Velaz por compra que hiciera al gobierno nacional en

15 PÉREZ MORANDO, Héctor Con el mismo nombre y apellido, Ed. Río Negro S.A. (Página
Web), 2007.
16 Comodoro ’70, op. cit., p. 49.

163
agosto de ese mismo año; a su vez Alejandro Menéndez le compró el terreno
en 1905, la Sociedad Anónima Agrícola y Pastoril La Oriental, representada por
John Dun se lo compró a Alejandro Menéndez en 1914, Alejandro Menéndez
Behety lo compró nuevamente en 1916, la Sociedad Anónima Importadora y
Exportadora de la Patagonia, representada por Mauricio Braun, se lo compró a
la Sociedad Anónima Ganadera Nueva Oriental en 1919, Belarmino Menéndez
adquirió el lote en virtud de la permuta que por el inmueble celebró con
Mauricio Braun en 1924, y fue adquirido por la Sociedad Anónima Compañía
Argentina del Sud por división de condominio con Francisca Larué de
Menéndez (viuda de Belarmino Menéndez) en 1942.17 Recordemos que
Belarmino Menéndez era comerciante, socio fundador de la Asociación
Española (1910), presidente de la Sociedad Rural (1915) y propietario de una
mina, La Tehuelche (Pozo Menéndez I) en Astra, a 20 Km al norte del poblado
de Comodoro Rivadavia.18 También tenía por tanto, intereses mineros en la
zona.

17 Registro de la Propiedad Inmueble de la ciudad de Rawson. Tomo 1, Folios 449-453, Tomo


12, Folios 125-126, Tomo 69, Folio 144.
18 Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros Mutuos, op. cit. Acta de
fundación. Acta de sesión del 27 de enero de 1915 del Honorable Concejo Municipal (pp. 64-
65). SANTELLÁN, Rodolfo Kampament. De Marta Eggeling a Pedro Tavianski, 1912-1925.
Comodoro Rivadavia, 2005, pp. 24-25.

164
Figura No 5: Plano de la Colonia deslindada y amojonada de la Gobernación del
Chubut (1909) incluyendo re mensura del pueblo de Comodoro Rivadavia por el
Ingeniero civil Carlos Argañaraz. Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Dirección
General de Tierras

Frente a la misma sospecha de la existencia de petróleo en la zona, a finales


del mes de octubre de 1907 el ingeniero civil Carlos Argañaraz comenzó la re-
mensura del ejido del pueblo de Comodoro Rivadavia, resultando su superficie
total de 39.654 hectáreas,19 del todo injustificadas en un lugar donde recién se
estaban asentando algunos pocos pobladores.

19Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento del Pueblo de Comodoro Rivadavia, 1901,


op. cit., pp. 11-17.

165
Cuadro N° 2: Primeros pobladores (que aparecen en la mensura de 1909)

Nombre y Apellido Ubicación de los lotes Actividades desempeñadas


Francisco Pietrobelli Lote 145 Ensanche Comerciante, hacendado,
Sud Col. Escalante primer juez de Paz del pueblo
(1909) fuera del ejido (1902).
de Comodoro
Rivadavia.
José M. Pérez Lote 142 Ens. Sud Col. Llegado a la zona en
Escalante (1909) fuera representación de Francisco
del ejido de Comodoro Fernández y Ángel Velaz,
Rivadavia. comerciante, socio fundador
de la Asociación Española
(1910), integrante de
comisiones receptoras de
votos en el Concejo Municipal
(1916).
Francisco Fernández Lote 166 Ens. Sud Col. En representación de Antonio
Escalante (1909) fuera y Demetrio Piñero, y de Julio
del ejido de Comodoro Fernández. Comerciante,
Rivadavia. hacendado, juez de Paz
(1909), socio fundador de la
Asociación Española de
Socorros Mutuos, integrante
de comisiones valuadoras
encargadas de fijar los
impuestos municipales
(1914), y de comisiones
receptoras de votos para las
elecciones del Concejo
Municipal (1915).
Demetrio Piñero Sur de Pampa del Sin datos.

166
Castillo (1909) fuera
del ejido de Comodoro
Rivadavia.
Pedro Barros Seeber Lote 165 Ens. Sud Juez de Paz (1905), primer
Col. Escalante (1909) Prefecto marítimo, comisario
fuera del ejido de de Policía, hacendado,
Comodoro Rivadavia. comerciante, representante
de Tierras y Colonias,
integrante de la comisión
vecinal de fiestas patrias,
presidente de la Comisión
Territorial local de Puentes y
Caminos, organizador del
suministro de agua potable,
presidente del primer Club
social del pueblo (1912),
presidente de la primera
Sociedad Rural (1913),
concejal (1915).
Máximo Abásolo Lote 144 Ens. Sud Col. Ganadero, juez de Paz
Escalante (1909) fuera (1907), concejal (1915),
del ejido de Comodoro presidente del Concejo
Rivadavia. Municipal (1918).
Cruz Abeijón Chacra 31 (Paraje La Criador y hacendado
Mata) (1909) dentro
del ejido de Comodoro
Rivadavia.
José Salso Lote 146 Ens. Sud Col. Comerciante, socio fundador
Escalante (1909) fuera de la Asociación Española,
del ejido de Comodoro integrante del partido Unión
Rivadavia. Vecinal que intervino en las
primeras elecciones
municipales (1911).

167
Francisco Salso Lote 146 Ens. Sud Col. Integrante de las comisiones
Escalante (1909) fuera valuadoras encargadas de
del ejido de Comodoro fijar impuestos municipales
Rivadavia. (1914) y de las comisiones
receptoras de votos (1915),
socio fundador de la
Asociación Española.
Martín Venter Lote 143 Ens. Sud Col. Comerciante, integrante del
Escalante (1909) fuera partido Unión Vecinal que
del ejido de Comodoro intervino en las primeras
Rivadavia. elecciones municipales
(1911), de las comisiones
receptoras de votos (1915-16)
y de las comisiones
valuadoras (1918) por
representar junto a las
grandes Cías. comerciales
(Lahusen, La Anónima, la
Compañía Mercantil del
Chubut y Belarmino
Menéndez y Cía.) a los
mayores contribuyentes de la
época.
José A. Pinedo Lote 159 Ens. Sud Col. Integrante de la comisión
Escalante (1909) fuera encargada del levantamiento
del ejido de Comodoro del nuevo padrón electoral a
Rivadavia. partir del decreto del 30/10/17
del Ministerio del Interior, que
señala un nuevo ejido para
Comodoro Rivadavia.

Fuente: elaboración propia en base a: plano de la colonia deslindada y amojonada en


la Gobernación del Chubut, incluyendo mensura del ejido de Comodoro Rivadavia,
confeccionado por el ingeniero Civil Carlos Argañaraz (1909); inspecciones realizadas
al pueblo de Comodoro Rivadavia en 1912/1913 e informe sobre el Ensanche Sud de

168
la Colonia Escalante, pp. 62, 64 y 65. Instituto Autárquico de Colonización y Fomento
Rural (Rawson); PIETROBELLI, Francisco Primeras exploraciones y colonizaciones de
la Patagonia central. Edición 1970, p 5, ROBERTS, Tegai y GAVIRATI, Marcelo -
compiladores- Diarios del explorador Llwyd ap Iwan. El desvío del río Fénix y la colonia
galesa de Santa Cruz que pudo ser. Patagonia Sur Libros- La Bitácora editores, 2008,
p. 22; Comodoro 70, Comodoro Rivadavia, diario El Patagónico, 1971, pp. 8, 9, 19 y
75; revista Argentina Austral N° 76 (01/10/1935). Dirección “Sociedad Anónima
Importadora y Exportadora de la Patagonia”, pp. 29, 36, 38 y 40; ARNESTO, Stella;
CÓRDOBA, Elvira y FIGUEROA, Raúl Crónicas del Centenario de Comodoro
Rivadavia. Edición Diario Crónica, 2001, pp. 21, 27 y 67; Cincuentenario de Comodoro
Rivadavia (1951). Com. Riv., Ed. El Rivadavia, pp. 26, 37, 42, 51 y 52; actas de sesión
del Honorable Concejo Municipal del 24 de julio de 1914 (pp. 3-4), 2 de junio de 1915
(pp. 71-72), 28 de junio de 1915 (pp. 75-80), 6 de octubre de 1915 (Págs. 82-83), 4 de
julio de 1916 (pp. 100-101), 22 de enero de 1918 (pp. 111-112), 17 de noviembre de
1918 (pp. 118-122), 20 de noviembre de 1918 (Pág. 125) y 2 de diciembre de 1918
(pp. 127-129); Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros
Mutuos de Comodoro Rivadavia 1910-2010 (acta de fundación); Municipalidad de
Comodoro Rivadavia. Archivo Histórico Municipal. Expediente N° 4347A. Dirección
General de Tierras y Colonias; CABRAL MARQUES, Daniel y PALMA GODOY, Mario
Comodoro Rivadavia en tiempos de cambio. Una propuesta para la revalorización de
nuestras identidades culturales. Comodoro Rivadavia, Ed. Proyección Patagónica,
1993, p. 32; PERALTA, Liliana y MORÓN, María Laura A mi tierra… Un homenaje a
los primeros pobladores. Comodoro Rivadavia, 1901-2001. Imprenta Gráfica Andrade,
2001, p. 69.

Conclusiones

La expansión territorial de un Estado argentino que se iba consolidando a fines


del siglo XIX respondió a la necesidad de incorporar nuevas tierras para la
producción en el marco de la inserción del país en el mercado mundial a través
del modelo agroexportador.
En la región patagónica, al sur del país, las campañas militares de Julio A.
Roca avanzaron sobre los espacios ocupados por poblaciones indígenas, a
partir de lo cual el Estado nacional sancionó en 1884 la ley de Territorios
Nacionales, que organizó administrativamente el territorio al mismo tiempo que
integró el área patagónica a la vida económica y política del país. Esta
legislación marcó también el inicio del poblamiento blanco, la puesta en
producción capitalista de las tierras y su integración al mercado nacional e
internacional.
A la ocupación efectiva de los territorios nacionales también le precedió la
construcción del saber territorial del Estado a partir de la creación de la Oficina

169
Topográfica Militar, responsable de la organización de sucesivas campañas
científicas de exploración que darían como resultado el relevamiento
topográfico y la confección de mapas y planos de regiones hasta entonces
desconocidas.
Manuel Olascoaga, al igual que su padre, formaban parte del cuerpo de
agrimensores e ingenieros de la nación, y en carácter de tal contribuyeron a la
construcción del territorio, al tiempo en que el Estado nacional también se iba
construyendo, expandiendo y consolidando. De esta manera, fueron facultados
para apropiarse jurídicamente de una parte de él, en el marco de una
legislación que les resultó favorable una vez que los nuevos espacios
conquistados fueron incorporados al dominio del Estado nacional: a través de
la ley 1628 de Premios Militares, este le concedió tierras a los expedicionarios
al “desierto” según su graduación militar, entregándoles bonos estatales
canjeables por determinadas superficies a elegir. 20
El Estado procedió entonces a la ocupación de la Patagonia aplicando el
modelo de poblamiento ya implementado en Buenos Aires: la cuadrícula o
grilla, que dividía el territorio en secciones cuadradas, y el parque. La grilla no
sólo sirvió a los fines de ordenamiento territorial, sino también jugó un rol
fundamental en el avance, control y re apropiación del Estado sobre los nuevos
territorios incorporados. La mensura de los mismos también conllevó a una
denominación nueva del espacio, invisibilizando aquellos topónimos originales
que habían tenido sentido para los pueblos nativos.
El parque fue la otra figura material y cultural, constituyente del espacio público
que se conformaría a partir de la implementación de la grilla, y funcionaría
como un espacio verde de recreación, decoro, igualdad social y como una sana
garantía para la erradicación de enfermedades.
El modelo de grilla bonaerense fue aplicado al pueblo de Comodoro Rivadavia
por el ingeniero Policarpo Coronel, contratado por la Dirección de Tierras y
Colonias de la Nación para trazar su mensura en 1901. La búsqueda del
modelo de parque que complementaba a la grilla, y que persiguió Manuel
Olascoaga (h) al recibir la adjudicación de la manzana 4 según la ley de

20 BLANCO, Graciela “Las explotaciones ganaderas en la Patagonia: sujetos sociales,


articulación comercial y organización socio espacial”, en BANDIERI, Susana; BLANCO,
Graciela y VARELA, Gladys Hecho en Patagonia. La historia en perspectiva regional, Neuquén,
Educo, Universidad Nacional del Comahue, 2005, pp. 161-162.

170
Premios Militares, sirvió en cambio para enmascarar la búsqueda de petróleo
en el lugar. Nunca se plantaron árboles en la manzana 4, originalmente de su
propiedad; por el contrario esta se fue fragmentando, y en el lote H se instaló la
primera máquina perforadora de petróleo. Pese a que esta no rindió frutos, el
interés en este lote en particular continuó latente, y tuvo varios dueños a lo
largo de los años, la mayoría de los cuales tenían fuertes intereses mineros en
la zona: Belarmino Menéndez, que ya poseía una mina en Astra, y la poderosa
Sociedad Anónima, cuyo primer gerente, Toribio Larrea era ingeniero en minas.
Esta misma sospecha de un eventual hallazgo de petróleo en la zona llevó a
que seis años después de la mensura original de 1901, en octubre de 1907, se
re-mensurara el ejido del pueblo de Comodoro Rivadavia. La nueva superficie
resultó un área tres veces más grande que lo planificado por la ley Avellaneda
para la fundación de poblados, cuando aún no existía población suficiente que
lo justificara. El nuevo ejido coincidía prácticamente con las futuras zonas de
reservas petrolíferas y fortalecía la sospecha de que de producirse el
“descubrimiento”, el Estado pretendería ejercer un control más amplio sobre las
áreas extractivas, tal cual sucedió con posterioridad al hallazgo, el 13 de
diciembre de ese mismo año.
El desarrollo de actividades extractivas en la zona, que permitirían el
asentamiento de compañías petroleras en el pueblo y en sus inmediaciones,
daría lugar a un proceso de urbanización único en Comodoro Rivadavia,
caracterizado por una fuerte fragmentación en la ocupación del espacio, lo que
contrasta con la conformación de otros espacios públicos en Argentina.

Fuentes escritas

Actas del Concejo Municipal de Comodoro Rivadavia (1914-1921). Archivo


Histórico Municipal. Municipalidad de Comodoro Rivadavia.
Cincuentenario de Comodoro Rivadavia. Comodoro Rivadavia.: Editorial
El Rivadavia, 1951.
Comodoro ‘70. Comodoro Rivadavia, diario El Patagónico, 1971.
Crónicas del Centenario de Comodoro Rivadavia, ARNESTO, Stella;
CÓRDOBA, Elvira y FIGUEROA, Raúl. Ed. Diario Crónica, 2001.
Informe sobre el Ensanche Sud de la Colonia Escalante. Instituto Autárquico de
Colonización y Fomento Rural (Rawson).

171
Inspección del pueblo de Comodoro Rivadavia, Territorio del Chubut, realizada
en junio y julio de 1908 por el Sr. Roque P. Larguiva. Instituto Autárquico de
Colonización y Fomento Rural.
Inspecciones realizadas al pueblo de Comodoro Rivadavia en 1912/1913.
Instituto Autárquico de Colonización y Fomento Rural.
Libro Aniversario 100 años de la Asociación Española de Socorros Mutuos de
Comodoro Rivadavia (1910-2010).
Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Dirección General de Tierras. Ley N°
4167 (8 de enero de 1903). Decreto reglamentario 8 de noviembre de 1906
(Art. 2°). Venta directa de lotes en Pueblos y Colonias agrícolas solares.
Ministerio de Agricultura. Dirección General de Tierras y Colonias.
Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Archivo Histórico Municipal. Expediente
N° 4347. Dirección General de Tierras y Colonias.
Primera Mensura, Subdivisión, Amojonamiento del Pueblo de Comodoro
Rivadavia, 1901.
Registro de la propiedad inmueble (Rawson): Tomo 1, Folios 449-453, Tomo
12, Folios 125-126 y Tomo 69, Folio 144 (1903-1942) referidos al lote H de la
Manzana 4 del pueblo de Comodoro Rivadavia.
Revista Argentina Austral N° 76 (01/10/1935) y N° 320 (junio de 1958).
Dirección: Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia.
Revista Inmigración e Identidad. Rescate de la Memoria. Año 3, N° 19, enero
de 2007. Dirección: Manuel A. Rey Flores.

Fuentes gráficas

Plano de la primera mensura del pueblo de Comodoro Rivadavia (1901)


realizada por el ingeniero Policarpo Coronel.
Plano de la colonia deslindada y amojonada de la Gobernación del Chubut
(1909) incluyendo segunda mensura del ejido de Comodoro Rivadavia,
confeccionado por el ingeniero civil Carlos Argañaraz. Municipalidad de
Comodoro Rivadavia. Dirección General de Tierras.

Bibliografía

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Buenos Aires, 1870-1950. Editorial Edhasa, Buenos Aires.
BANDIERI, Susana, BLANCO, Graciela y VARELA, Gladys (2005) Hecho en
Patagonia. La historia en perspectiva regional. Educo. Universidad Nacional del
Comahue, Neuquén.

172
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Rivadavia en tiempos de cambio. Una propuesta para la revalorización de
nuestras identidades culturales. Comodoro Rivadavia, Ed. Proyección
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los primeros pobladores. Comodoro Rivadavia, 1901-2001. Imprenta Gráfica
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la Patagonia Central.
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explorador Llwyd ap Iwan. El desvío del río Fénix y la colonia galesa de Santa
Cruz que pudo ser. Patagonia Sur Libros- La Bitácora editores.
SANTELLAN, Rodolfo Kampament. De Marta Eggeling a Pedro Tavianski
1912-1925. Comodoro Rivadavia, 2005.

173
Itinerarios y cartografías históricas de Norpatagonia

Walter Delrio, Pablo Arias, Florencia Bechis,


Marcia Bianchi, Lorena Cañuqueo, Samanta Guiñazú,
Celeste de Micco, María Emilia Sabatella y Valentina Stella.

Resumen

Esta ponencia presenta algunas discusiones mantenidas en el marco del


proyecto transdisciplinar “Cartografías históricas de Norpatagonia” (PI UNRN
40-B-227), que venimos desarrollando desde el año 2010 distintos
investigadores y becarios de los campos de la historia, la antropología, la
arqueología, la geología y la paleontología. Este proyecto surgió con el
propósito de abordar la relación entre los procesos de territorialización estatal y
los sentidos que adquiere el territorio en la memoria social de los grupos
indígenas en el área de Norpatagonia (sur de Neuquén y Río Negro, centro y
norte de Chubut) entre fines del siglo XVIII y el presente. Buscamos desde allí
reconstruir las cartografías significativas para distintos sujetos, colectivos y
agencias -estatales y privadas, y de los grupos mapuche y tehuelche-, así
como las relaciones sociales que en esta elaboración se inscriben.
En la consecución de este propósito, en una primera instancia del proyecto
iniciamos la confección de una base de datos georreferenciados, con el fin de
traducir en cartografías diferentes relatos de fines del siglo XIX elaborados por
viajeros, militares, ingenieros y personas indígenas.
La construcción de este instrumento nos permitió reconocer dificultades y
preguntas distintas a las asumidas como punto de partida. Las mismas,
principalmente, aludían a un presupuesto ontológico, históricamente
condicionado, sobre el espacio y la memoria narrada sobre el transitar/habitar
en él. Este presupuesto, en esta práctica particular de traducción cartográfica,
epitomizaba en “itinerarios” dichas memorias y experiencias sociales. Así su
georreferenciamiento podría forzar un marco común de interpretación. El
“itinerario” no sólo se constituiría como un modo particular de desplazamiento
en el espacio/tiempo sino como una perspectiva o expectativa de análisis que
unificara y estructurara estos relatos. La producción de estos sentidos

174
históricos particulares diversos, en tensión, conflicto y/o relación forman parte
de nuestro objeto.
Esta tensión nos posibilitó nuevas perspectivas de análisis. Siendo nuestro
objetivo reflexionar sobre esta construcción histórica descubriendo las
relaciones entre marcos de interpretación y territorialidades, nos proponemos
aquí desnaturalizar los principios de organización espacio-temporal
sedimentados en los relatos que conforman el corpus de crónicas disponibles
sobre las últimas décadas de siglo XIX y principios del XX.

Introducción

Desde 2010 se fue conformando en nuestro espacio de trabajo, el Instituto de


Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio
(UNRN/CONICET), un equipo de trabajo transdisciplinar que en la actualidad
está reunido por el proyecto “Cartografías históricas de Norpatagonia” (PI
UNRN 40-B-227). El mismo está formado por distintos investigadores y
becarios de los campos de la historia, la antropología, la arqueología, la
geología y la paleontología. El proyecto propone abordar la relación entre los
procesos de territorialización estatal y los sentidos que adquiere el territorio en
la memoria social, especialmente de los grupos indígenas, en el espacio
comprendido por la línea sur rionegrina y la meseta norte chubutense.
Dicho proyecto es una continuidad de otro desarrollado en 2011, dentro del
cual se tomó la decisión de confeccionar un instrumento trans-disciplinar que
proponemos desde entonces profundizar y perfeccionar en su puesta en
marcha. Este consiste en una base de datos georreferenciados (provenientes
del trabajo de campo etnográfico y arqueológico, fuentes literarias y
documentos de archivo) la cual reúne las sucesivas y simultáneas
construcciones sociales del espacio. El objetivo, por lo tanto, consistía en
reconstruir las cartografías significativas tanto para distintos sujetos, colectivos
y agencias estatales y privadas como para los grupos mapuche y tehuelche.
Esta reconstrucción de mapas históricos -o una cartografía de capas
superpuestas- nos permitiría no sólo identificar los sitios físicos devenidos en
lugares sociales, las conexiones entre distintos puntos del paisaje y las líneas

175
de movilidad que los interceptan; sino también atender a las complejidades de
esta relación/configuración.
Partimos de la premisa que a través de diferentes etapas históricas se
constituyó un mapa de territorializaciones que fue fijando tanto los lugares
sociales de detención como las movilidades estructuradas para los diferentes
sujetos y colectivos. Este proceso se caracterizó por progresivos
desplazamientos, resultado del sometimiento e incorporación de los pueblos
originarios a la conformación territorial del estado nacional. Desde entonces se
materializaron relaciones de desigualdad en la organización y representación
del espacio social y de los posibles desplazamientos en él. Como resultado, en
este proceso, los sujetos y colectivos “étnicos” han sido situados
diferencialmente en relación con los espacios de producción, distribución y
consumo, y los espacios públicos y privados (Alonso 1994).
En esta dirección otra premisa del proyecto propone la posibilidad de un
ejercicio de triangulación o -a los efectos de lo que nos interesa exponer en
este trabajo- de traducción en lenguaje cartográfico de la información
disponible. Para esto fue necesario trabajar en diversas etapas metodológicas
correspondientes por un lado, a la selección del corpus a trabajar -rango
temporo/espacial, tipo de documentos, géneros narrativos. Por otro, el
desarrollo del instrumento cartográfico. Con respecto al recorte del corpus -
siempre pensando en una primera etapa de trabajo, de carácter más
experimental- se decidió, para avanzar con la propuesta, establecer un recorte
temporal y espacial: Norpatagonia (sur de Neuquén, Río Negro y centro y norte
de Chubut) entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Esta decisión fue tomada desde una perspectiva de análisis que concebía a
dicho espacio de tiempo como significativo en los procesos de
(des)territorialización en la región, en un proceso de su incorporación y
transformación como territorio nacional. De esta forma, a priori, dicho corpus
estaría fundamentalmente compuesto por crónicas de viajeros, documentación
hemerográfica y de archivo como así también por los relatos de la memoria
social. Un primer paso fue entonces, comenzar por las crónicas de viajeros,
editas en su mayor parte.

176
Metodología de trabajo

Con respecto al instrumento cartográfico, éste fue trabajado en un proceso de


constante evaluación entre la instancia de identificación y descripción de
lugares sociales, sus conexiones y las líneas de movilidad relevados en las
fuentes, así como también en relación con las posibilidades de su
georreferenciamiento. Así, elaboramos una herramienta que integra un sistema
de información geográfica con el relevamiento etnográfico, que denominamos
SIEGe (Sistema de Información Etnográfica Georreferenciado).
El “SIEGe” se compone de fases: por un lado la base de datos que permite el
ingreso de los registros realizados en nuestra lectura de las fuentes y, por otra,
el diseño de un sistema de información geográfica (SIG) que integra estos
datos en una cartografía digital, a partir de su georreferenciación (localización
en el espacio mediante coordenadas geográficas). De esta manera, los
distintos registros pueden ser incorporados en el SIG en forma de capas que se
pueden superponer y combinar de acuerdo a los requerimientos de cada
análisis propuesto. Esto permite una rápida visualización de una gran cantidad
y variedad de registros y evaluar relaciones espaciales a partir de su
distribución en un mapa. Tanto la base de datos como el SIG permiten la
búsqueda de datos desde múltiples variables así como segmentando el
conjunto de registros según criterios temporales, espaciales, etc.
Ahora bien, la elaboración del SIEGe implicó una constante evaluación de
cuáles eran las variables que se iban a definir en el relevamiento del corpus, de
cómo construirlas para permitir su registro en una base de datos estandarizada
-la cual debía a su vez, ser volcada en un sistema de información geográfico.
Esto se resolvió por medio de la constante discusión dentro del proyecto en
relación con qué se seleccionaba y cómo se recortaba y normalizaba -nos
referimos a la definición de consensos sobre qué se iba a registrar así como
qué variables se usarían para estandarizar dicho registro. En este sentido, la
puesta en común del equipo de carácter interdisciplinario así como la
diversidad misma del corpus aportó una profunda complejidad a la mirada
sobre este trabajo cartográfico.
Así, fuimos problematizando este “gesto de traducción” que era -y es- revisado
en todas y cada una de las instancias de trabajo. Esta traducción se realiza en

177
diversos niveles: primero y principal, en la tensión de “traducir” relatos en
territorialidades, es decir, en cómo seleccionar hechos sociales que
consideramos significativos para diferentes concepciones de territorio y
procesos de territorialización; en segundo lugar, cómo representar
espacialmente esos registros en la nueva cartografía; tercero, ya a nivel del
instrumento SIEGe, estandarizar los registros y volcarlos en el SIG; cuarto,
elaborar un SIG que permita ver, comparar y recortar el universo de registros
para ser utilizado de manera dinámica y versátil en diversas investigaciones.
Esta complejidad interna del “gesto de traducción” fue presentándonos
dificultades y obstáculos. Aquí el trabajo interdisciplinario, en lugar de
limitarnos, nos permitió repensarlos como “sesgos productivos”: entender a
dichos desfasajes, tensiones e imprecisiones como espacios de producción de
orden epistemológico y no reducirlos a recortes ontológicos del corpus que sólo
disminuirían el espacio y potencialidad de trabajo del proyecto.

La imposibilidad de traducir como una posibilidad de ver

Las dificultades y problemas para llevar adelante dicha traducción nos


permitieron identificar y enfocar hacia nuestro segundo objetivo: ver los modos,
históricamente situados, en que diferentes ontologías/miradas/marcos de
interpretación entran en relación, en qué lugares lo hacen y de qué forma se
expresan éstos, en sus diferencias y en las similitudes formales. Y el referirnos
a "históricamente situados" implica contemplar dichas tensiones generadas
tanto en los contextos de producción y circulación de los relatos que
constituyen nuestro corpus como también en las generadas en la aplicación de
nuestra propia herramienta de trabajo.
En esta dirección el sesgo que la conformación del corpus produjo nos permitió
ver los modos, por un lado, en que se define la movilidad en un género
específico como las crónicas y, por otro, en que dicho género opera -a través
de agentes concretos como veremos- homogeneizando y haciendo visibles
memorias disponibles.
Las crónicas, a priori, articulan una relación determinada entre espacio y
tiempo de la cual podría darse cuenta a través del lenguaje cartográfico como
un "itinerario". El itinerario ideal sería visualizado como una secuencia de

178
puntos y eventos georreferenciables, al mismo tiempo, cronológicamente
secuenciados y fundamentalmente orientados, direccionados hacia un destino. 1
Idea frente a la cual cada crónica podría reordenarse, clasificarse como más o
menos precisa o poseedora de baches, errores o imprecisiones.
El itinerario funciona aquí como modelo de organización del conocimiento, pero
al mismo tiempo, y en este punto nos detendremos, funciona como constructor
del sentido de los espacios, los lugares y las movilidades. Así, pensar en un
itinerario es antes que nada un presupuesto ontológico, históricamente
condicionado, sobre el espacio y la memoria narrada sobre el transitar/habitar
en él. Este presupuesto, en nuestra práctica particular de traducción
cartográfica, transformaba en “itinerarios” dichas memorias y experiencias
sociales. Así su georreferenciamiento forzaba la aplicación de un marco común
de interpretación. El “itinerario” no sólo se constituía como un modo particular
de desplazamiento en el espacio/tiempo sino como una perspectiva o
expectativa de análisis que unificaba y estructuraba estos relatos
performativamente.
En efecto, si nos remitimos a los procesos históricos de más larga duración en
los cuales se ha producido conocimiento sobre el ámbito denominado como
Patagonia, observamos que el itinerario como elemento discursivo, y la crónica
como género, han sido fundamentales. El norte de la Patagonia ha sido
pensado como espacio marginal desde la administración colonial, a lo largo del
proceso de formación y consolidación de la matriz estado-nación-territorio, pero
también a lo largo de su devenir como "territorios nacionales" y luego como
provincias argentinas de la región patagónica. En cada uno de estos casos la
producción de conocimiento sobre dicho ámbito ameritó y provino de un
desplazamiento en él, como una necesidad constante de estriar un espacio
plano y liso, desconocido, salvaje, improductivo, desértico.
La Patagonia a lo largo del tiempo, de diferentes formas de acuerdo a cada
contexto y diferentes agentes, fue construida como un espacio imaginado y
practicado como marginal. Así, el estudio de su pasado histórico ha sido
circunscripto en gran medida a las formas de moverse en él por determinados

1 El itinerario, entendido en su definición estandarizada, es definido como relativo al camino, o


la dirección hacia un destino en la que predominan la descripción de las características,
lugares, accidentes y paradas. (Diccionario de la RAE 2001)

179
agentes estatales, o viajeros, que se aventuran por un tipo de territorio que
amerita formas particulares de desplazamiento. El diario, la crónica, el relato de
viaje o el informe, son los modos en que se construye también un espacio, al
recordarlo, hablarlo, narrarlo, describirlo por parte de científicos, militares,
funcionarios y misioneros. Estos construyen un espacio marginal al
desplazarse en él y al referirlo.
En este punto encontramos sugerente la idea de Veena Daas y Deborah Poole
(2004) con respecto a los márgenes del estado como necesarios al estado-
como-idea. Los márgenes son, en términos de estas autoras, “supuestos
necesarios del estado”. Es en los márgenes donde el estado encuentra su
razón de ser ya que éstos le permiten enunciarse y legitimarse
permanentemente. En este sentido, encontramos tendencias contradictorias,
totalizantes e individualizantes. El margen es aquello que le falta al estado para
completar su dominación, es una latencia de peligro e inestabilidad que le
permite reafirmar la necesidad de su poder para mantener el orden y aspirar al
bien común. Se entiende por márgenes no sólo al espacio social sino también a
aquellas personas que deben ser educadas en el marco de la ley y, finalmente,
al territorio mismo por sobre el que se ejerce el poder soberano. Los márgenes
dan sentido y justifican el tiempo y modo en que se construye y mistifica el
“estado como idea”. Entonces, resulta imprescindible analizar cómo se vive el
estado nacional en los márgenes, desde una perspectiva que los entienda
como partes del mismo y no por fuera (Delrio y Pérez 2010).
Al mismo tiempo la Patagonia es pensada como un espacio liso y estriado
(Deleuze y Guattari 1988) en el cual ambas formas de construirlo, el
movimiento y el relato, producen y reproducen estriamientos. Gilles Deleuze y
Félix Guattari explican que el espacio liso es “un espacio abierto en el que se
distribuyen las cosas-flujo” (Deleuze y Guattari 1988: 368), un espacio no
marcado donde lo que prevalece es el movimiento más que su marcación.
Mientras que el espacio estriado es un espacio “cerrado, para cosas lineales y
sólidas”, un espacio diferenciado, codificado, marcado, en el que lo que
prevalece es, más que el movimiento, los puntos que van marcando
posibilidades de movimientos. Es decir, como concluyen los autores, en el
espacio liso “se ocupa el espacio sin medirlo” y en el estriado “se mide para
ocuparlo” (Deleuze y Guattari 1988: 368).

180
De este modo, los cronistas al identificar cada uno de los puntos de sus
recorridos fueron constituyendo tanto un estriamiento como la imagen de un
espacio marginal y exotizado-liso que necesita no sólo ser explorado sino
ordenado e intervenido por el estado, el cual construye y reconstruye
estriamientos. Siendo también que el mecanismo de exotización constituyó
también un modo de estriamiento. Las crónicas se constituyen así en un relato
autorizado en sí, desde donde conformar espacialmente a la Patagonia, pero
principalmente los relatos desde donde se ha constituido distintos proyectos
políticos, económicos, migratorios, y sobre el que se cimentó el estado-nación
argentino. Por lo tanto, lejos de ser simples itinerarios despolitizados -tal como
se presentan dentro de estos proyectos- estos relatos operan como “mapas de
territorialización” constituyendo simbólica y socialmente este espacio y a los
sujetos que lo habitan, pero a la vez, condicionando sus posibilidades de
habitarlo y circularlo. Por ejemplo, en el caso de la Patagonia, fue concebida
como un espacio desértico y salvaje cuyas características se extendían
también a quienes la habitaban.
Para clarificar la idea de “mapas de territorialización” retomamos a Lawrence
Grossberg (1992) quién los define como regímenes de verdad en los cuales se
condicionan los desplazamientos de los sujetos en el espacio de acuerdo a la
operación de un sistema de diferencia social e identidades y a regímenes de
poder o jurisdicción que emplazan o ubican los lugares o espacios, las
estabilidades y movilidades de la vida cotidiana.2 De acuerdo a este autor se
codifican así tanto la dinámica de la vida cotidiana, en función de las líneas que
distribuyen, ubican y conectan las prácticas culturales y los individuos sociales,
como las estructuras de acceso diferencial que tienen los grupos a
determinados conjuntos de prácticas.3 Grossberg define, entonces, como
movilidad estructurada al cruce estratégico entre líneas de articulación
(territorialización) y líneas de fuga (desterritorialización), las que ponen en acto

2 Lawrence Grossberg (1992) -siguiendo la idea de regímenes de verdad y de poder de


Foucault- denomina lo primero como maquinarias diferenciadoras y lo segundo como
maquinarias territorializadoras. Grossberg sostiene que estos son los dos modos al menos por
los cuales los sistemas de identificación y pertenencia son producidos, estructurados y usados
en la formación social.
3 Ese mapa de territorialización presta atención a cómo la implementación material de
prácticas culturales y sus economías de valor construyen el espacio dentro del cual la gente
vive sus vidas, y a cómo la vida cotidiana es articulada por formaciones y aparatos de prácticas
culturales específicos.

181
y posibilitan formas específicas de estabilidad (identidad) y movimiento
(cambio), habilitando, así, determinados modos de acción y agencias. Por
consiguiente, los mapas y sus líneas determinan qué tipos de lugares la gente
puede ocupar, cómo los ocupa, cuánto espacio tiene para moverse y cómo
puede hacerlo. En ciertos momentos históricos esas líneas de movilidad se
vuelven también objeto de disputa.4
La eficacia de estos mapas de territorialización radica, por ejemplo para el caso
de las crónicas, en que aún cuando éstas parecen haber tenido efectos
solamente sobre el pasado, las mismas siguen teniéndolos en la construcción
de los espacios simbólicos y sociales a partir de los cuales se condicionan y
constituyen los sujetos en el presente.
Por lo tanto, todas estas cuestiones nos llevan a preguntarnos sobre la
conveniencia de considerar a los itinerarios presentados en las fuentes como
un concepto analítico o como un instrumento descriptivo. Pero,
fundamentalmente, nos lleva a pensar en qué clase de relación existe entre los
diferentes tipos de desplazamientos, movilidades y el poder. Pensar en si
diferentes formas de movilidad no son controladas por el itinerario como efecto
narrativo. En definitiva, abordar la misma idea de itinerario desde su politicidad
en los procesos de construcción de un espacio marginal dentro de un proceso
de construcción de estado. Veamos entonces un ejemplo encontrado en
nuestro trabajo.

Los itinerarios en tensión

En este sentido es que un primer ruido o tensión en el intento de traducción


cartográfico se produjo con una de las fuentes elegidas: el testimonio de
Catrïlaf, sobreviviente de las llamadas campañas al desierto, recogido por el
antropólogo Roberto Lehmann-Nitsche los primeros años del siglo XX. La
fuente es el resultado de diferentes entrevistas que el antropólogo alemán
realizó en la ciudad de La Plata en ocasión de su trabajo realizado en el Museo
de Historia Natural. Dichas entrevistas son transcriptas por el investigador y

4 Grossberg considera que este concepto da lugar para analizar cómo la gente puede
comprometerse en distintas articulaciones, ya que las posiciones no son fijas, ni tampoco los
itinerarios están predefinidos. Sólo se trata de una condición de posibilidad de movilidad, pero
también de estabilidad. (Grossberg 1992: 106-111).

182
luego traducidas al castellano por Marisa Malvestitti en colaboración con María
Coña y Pablo Cañumil (documento aún sin publicar). De esta interacción no
tenemos las preguntas que realizara el científico ni referencias a cómo fue
respondiendo Catrïlaf, los silencios, las pausas, las partes recortadas de sus
testimonios. Solo es posible, señala Malvestitti, suponer los diferentes días en
que se realizaron las entrevistas por los saltos en el registro. El resultado de
este proceso es un documento archivado en el Instituto Íbero-Americano de
Berlín y que guarda formalmente las características de una historia de vida, en
la cual quien testimonia recuerda cronológicamente y espacialmente diferentes
momentos de su vida.
Frente a la posibilidad de incorporar a nuestro corpus un testimonio indígena,
una crónica indígena sobre el mismo periodo y área geográfica de referencia
elegimos el documento. No obstante, el intento de georreferenciar de forma
cronológica esta crónica de hechos nos presentó una serie de problemas e
imposibilidades.
En la crónica de Catrïlaf el desplazamiento es en el tiempo y no en el espacio.
Es decir la línea del relato traza vínculos entre momentos (y lugares) donde se
detiene, para describir situaciones, estados de ánimo, relaciones sociales,
angustias, etc. La marcha, el movimiento entre ellos, se desvanece si
intentamos pensar o rastrear un recorrido geográfico. La marcha, la conexión
entre estos momentos/espacios está dada por el cambio. La vinculación entre
éstos es precisamente el cambio y la diferencia que hay entre un mismo lugar y
ese mismo lugar luego de lo que denomina como la "novedad" -lo que
tentativamente podríamos traducir como "momento de las campañas militares"-
o entre dos lugares distintos, que se transitaban antes y después de la
"novedad". En la continuidad del relato Catrïlaf no viaja sólo de un sitio a otro
sino a otro momento, hacia atrás en el tiempo y a veces al mismo sitio en otro
tiempo.
Así, el relato, si bien incluye episodios de un breve período, y que a priori
permitirían suponer la posibilidad de establecer un itinerario fechado y
georreferenciable en un marco temporal acotado, es en realidad un relato de
vida estructurado desde el cambio y la novedad. No es un itinerario de marcha
sino una reflexión sobre la novedad, sobre aquello que permite explicar porqué

183
los lugares se transforman y porqué se transita por nuevos lugares en la vida
de las personas.
En esta crónica -si podemos seguir denominándola así- el itinerario constituye
un molde que formatea la memoria y esto nos dice de la relación de poder
entre el antropólogo y Catrïlaf. Al mismo tiempo que se nos desvanece como
instrumento descriptivo, sí nos aparece en cambio como marco de
interpretación en la producción de territorio.
Así, más allá de nuestro propio intento de triangulación y traducción, ya existe
una relación entre este documento con los otros que forman parte de nuestro
corpus. Como se mencionó anteriormente, la "historia de vida de Catrïlaf" como
testimonio de un mundo que se acaba, recogida por Lehmann-Nitsche
configura junto a las crónicas de Musters, Moreno, Bejarano, etc. particulares
mapas de territorialización ligados a específicos marcos de interpretación
desde los cuales se hace visible las relaciones de poder existentes en todas
estas.
A partir de las reflexiones de este trabajo nos interesa pensar en cómo
podemos a través de las dificultades encontradas en el proceso de traducción
cartográfica identificar precisamente esas tensiones entre estabilidades y
movimientos. Así, no comprendemos a las territorialidades como fenómenos
esencializados de determinada entidad u ontología cultural. Proponemos
observar el proceso histórico por el cual se establecen movilidades
estructuradas en tanto relaciones de poder, las cuales podemos ver en los
ruidos generados a través de nuestro propio sesgo productivo.

Territorializaciones y desterritorializaciones: pensando los “itinerarios”

Desde la perspectiva de la geografía política y la geografía crítica se han


venido realizando aportes sustanciales a la noción de territorialidad/es
vinculada a la proyección espacial del poder que confluyen con lecturas
antropológicas sobre el espacio. Desde ese punto de partida, se han formulado
algunas aproximaciones sobre cómo abordar la movilidad de diversos agentes
en el espacio.
Partiendo de la crítica a lo que denominaba “geografía unidimensional”, fue el
geógrafo Claude Raffestin quien instaló la discusión sobre la definición de

184
territorio pensado desde otras configuraciones que no estaban definidas
exclusivamente en torno a la configuración de los modernos estados
nacionales (Raffestin 1993). Raffestin colocará la dimensión del poder,
expresado de múltiples maneras, como operando también en contextos
regionales y locales. Será la circulación de información de signos y
significados, así como el grado de accesibilidad a ellos, los que operarán
territorializando, desterritorializando o reterritorializando, es decir, creando,
eliminando y reconstruyendo territorios (Schneider y Peyré Tartaruga 2006).
Una de las formas de construir, canalizar y disputar poder en la
operacionalización territorializadora serán las cartografías, a través de las
cuales circulan determinados tipos de información con mayor o menor grado de
legitimidad en la arena donde se disputan signos y significados proyectados
sobre un espacio.
Retomando aquella perspectiva, Robert Sack (1986) definirá la territorialización
como un proceso de dominio y ejercicio del poder que se basa en el intento de
afectar, influenciar o controlar personas, fenómenos, relaciones a través de la
delimitación y afirmación del control sobre un área geográfica denominada
territorio. Esas relaciones no sólo involucran a los actores localizados dentro de
ese territorio, sino que también puede ser ejercida a través de otros ubicados
por fuera. Además, especifica que la territorialidad también tiene la capacidad
performativa de “hacer". Otro importante aporte para pensar la cuestión del
poder y la movilidad en la construcción del territorio, es aquel que especifica
que si bien la territorialización de un área tiende a fijar una noción de espacio y
sus límites, también es cierto que de acuerdo a las condiciones históricas
pueden producirse cambios y un territorio configurado como tal puede perder
sus caracterizaciones. Es decir, que para sostener la construcción de un
territorio y garantizar un tipo de territorialidad, es necesario que se refuercen
sus límites y contornos permanentemente.
La noción expresada por Rogério Haesbaert refuerza esta definición de
territorialización, al argumentar que comprende una perspectiva geográfica
integradora entre un proceso de dominio político-económico y una apropiación
simbólico-cultural del espacio por parte de los grupos humanos (Haesbaert
2007). De acuerdo al énfasis en el abordaje, el territorio puede especificarse a
partir de una tipología jurídico-política, simbólico-cultural o económica.

185
Haesbaert cuestiona la idea de la des-territorialización ya que, según su
argumento, cada vez que se destruye un territorio se está al mismo tiempo
construyendo otro.
Desde la perspectiva de estos autores, el territorio constituido a partir de
relaciones sociales de poder, pueden desaparecer, moverse y mutar. Es decir,
que un espacio puede contener diferentes territorios, puede ser disputado por
diferentes territorializaciones o puede contener territorialidades flexibles.
En su trabajo “El retorno al territorio”, Milton Santos hace una crítica a la noción
de territorio heredada de la Modernidad y define que es el uso del territorio y no
la categoría en sí la que define el análisis social (Santos 1994: 255).Será ese
territorio usado donde Santos definirá dos tipos de recortes: las
horizontalidades y las verticalidades. Mientras la horizontalidad es para el autor,
el dominio de la contigüidad, “de aquellos lugares vecinos reunidos por una
continuidad territorial”, la verticalidad sería el opuesto, formada por “puntos
distantes unos de otros, ligados por todas las formas y procesos sociales”
(Santos op. cit.: 256). El territorio estaría así conteniendo funcionalidades
diferentes, es decir, operando como un híbrido constituido por lugares
continuos y lugares en red. El geógrafo brasilero opone a los espacios
continuos y contiguos -el “espacio banal” o “territorio de todos” definido a partir
de una vecindad solidaria- a los territorios en red, cuyas formas y normas de
regulación están técnicamente formuladas a favor de contener a pocos. Esta
diferenciación, si bien está contextualizada en el marco de las discusiones
sobre la fragmentación territorializada que significaría la globalización, es útil a
los fines de este trabajo para pensar la noción de contigüidad, continuidad y red
-en tanto puntos distantes entre sí, pero conectados- que remite a la idea de
itinerario.
Como dijimos arriba, el itinerario, entendido en su definición estandarizada, es
relativo al camino, o la dirección hacia un destino en la que predominan la
descripción de las características, lugares, accidentes y paradas. Entendiendo
que la territorialización de los espacios es, ante todo, una práctica de poder que
espacializa, distribuye y estructura movilidades. Que, lejos de ser una forma de
esencializar pertenencias, se trata de relaciones en constante definición que
configuran diferentes territorios (yuxtapuestos, móviles) que se disputan un tipo
de fijación -al menos para el caso de la configuración hegemónica de los

186
estados-nación modernos-, es que el itinerario se nos presenta como
instrumento descriptivo, pero también como concepto analítico y marco de
interpretación. Retomando los aportes de los geógrafos, podemos intentar una
definición propia de itinerario que contenga a la vez las disputas de poder por el
control de la espacialización del tiempo y la temporalización de las movilidades
expresadas espacialmente.
Por un lado, es Raffestin quien nos brinda la posibilidad de pensar que un
territorio puede ser definido a partir de múltiples poderes, incluyendo el control
estatal, que, aunque operan desigualmente, expresa diferentes
territorializaciones. Algunas de ellas se imponen como predominantes, pero sin
terminar eliminando a otras, sino como expresa Sack, re-territorializando
aunque de manera menos visible. Es el itinerario operando al mismo tiempo
como contigüidad o como red -o ambas- el que puede llegar a describir un
recorrido que reconstruye diferentes continuidades territoriales, como el caso
de los relatos de Catrïlaf. De la misma manera, otras crónicas -decididamente
así definidas en tanto género- tampoco describen una única territorialidad, sino
diferentes programas políticos que se diseñaron para operar en los “márgenes”
de Norpatagonia (no siempre coincidentes entre sí), estableciendo los actores
que se debían incluir y a los que se debían excluir, las disputas o coincidencias
por establecer los signos del límite entre el centro y la periferia, así como los
diferentes centros y periferias internas, así como las formas de control sobre el
acceso a los flujos, personas y objetos, tal como especifica Sack. Retomando a
Haesbaert, el énfasis de lectura colocado para definir los términos de
construcción de territorialidad -jurídico-política, simbólica-cultural o económica-
también definirá qué tipo de rasgo se resalta en la construcción del itinerario del
cronista y en el análisis de esos itinerarios o, trayendo la definición de Santos,
será en la funcionalidad o uso del territorio donde radicará la significación del
tipo de itinerario reconstruido.
Es aquí donde una definición de itinerario que incorpore la dimensión
territorializada del espacio podría complejizar un tipo de georreferenciamiento
multi-escalar que permita aproximarse a evidenciar cómo ciertos territorios
permanecen o han sido invisibilizados pese a que, en tanto forma, el espacio
continúe siendo similar o inalterado. Sin embargo, aun potenciando las
capacidades performativas del “itinerario” como una perspectiva o expectativa

187
de análisis, es aún complejo historizar cartográficamente a partir de una idea
de movilidad que sólo reconoce la conexión y continuidad territorial a partir de
la unión entre puntos cartográficamente ubicables. Es necesario, entonces,
incorporar una idea de trayectoria que permita incorporar en la reflexión las
diferentes formas de construir, habitar y transitar un territorio, analizando cómo
las diferentes imposiciones estatales y sus resignificaciones habilitan la
construcción de formaciones espaciales complejas.
Siguiendo los aportes teóricos de Massey (2000; 2005), el espacio y el lugar
deben ser entendidos como constantemente producidos por las personas que
habitan y viven su cotidianeidad en este espacio-lugar. Desde esta perspectiva
el individuo es un agente activo en esta continua reconfiguración y
reconstrucción (Massey 2005). Asimismo, el espacio se va construyendo como
una configuración (simultánea) de múltiples trayectorias las cuales se
resignifican en el transitar de las personas (Massey 2000). Estamos en
presencia, por lo tanto, de espacios que dan cuenta de una doble construcción
que implica, por un lado, la construcción física y material del espacio, y por
otro, la construcción de las interpretaciones, percepciones y sentimientos que
sobre ese espacio se despliegan. Es decir que los lugares son tales en tanto
son habitados, transitados y significados; en la medida en que internalizan
historias, memorias, identidades (Gieryn 2000). El espacio debe ser entendido,
entonces, como construido culturalmente, como practicado por quienes lo
habitan, y como performativo de quienes lo habitan. Estos espacios pueden ser
flexibles y cambiantes en relación a diferentes condiciones sociales, culturales
e históricas, pueden ser también, siguiendo a Gieryn (2000), impugnados,
cuestionados y resistidos, o re-territorializados.
En oposición a la fijeza expuesta en los mapas y la supuesta neutralidad y
legitimidad de las diferentes crónicas, para problematizar el sesgo en nuestro
“gesto de traducción” es que proponemos adoptar una manera diferente de
abordar el espacio y los mapas, intentando echar luz sobre los procesos
históricos e ideológicos que los produjeron. Si entendemos los “lugares” como
sitios de luchas de poder con historias de anexión, incorporación y resistencia
(Feld y Basso 1996: 4), se torna necesario intentar comprender el “sentido de
lugar”, la percepción y la experiencia de/sobre lugares particulares, las formas
en que se llenan de significados esos lugares, así como también, las relaciones

188
sociales que los producen. Desde esta perspectiva el lugar es “a la vez
espacial y temporal, personal y político, [pues] se trata de historia sedimentada
en una localidad, repleta de relatos y memorias […] se trata de mirar las
conexiones, lo que lo rodea, aquello que le ha dado forma, lo que allí sucedió y
lo que habrá de suceder” (citado por Cresswell 2004: 40).
A esa noción de lugar, se suma la propuesta de Timothy Oakes (1997) a favor
de definir “lugar” como el espacio local de la actividad o de la acción inmediata
de un agente, por un lado, y el espacio local de las identidades significativas,
por otro. Así expresado, la noción de lugar nos permite un abordaje analítico
del espacio como vinculado a las vivencias y convivencias definidas localmente
por lo cotidiano. De esta manera, el territorio tendría como referencia el lugar,
sin perder de vista las relaciones de poder que operan territorializando, aunque
con límites más o menos visibles y permanentes. Siguiendo la perspectiva
propuesta por Virginia Manzanal y su equipo (Manzanal 2007) para abordar los
procesos sociales rurales, podría pensarse en un análisis comparado de
fuentes documentadas en el género de la crónica -o relatos como el de Catrïlaf-
como espacios multiterritorializados donde emergen diferentes territorios-zona
o territorios-red, con múltiples escalas y formas de articulación (Haesbaert
2010). Más que fijar la experiencia en el itinerario -aún en su versión
complejizada-, sería abordar la experiencia de construcción de lugar y
territorialización donde ingresan diferentes marcos de interpretación y
convivencia en la disputa por el control y el acceso de un territorio.

Palabras finales

Habiendo definido como objeto de nuestro esfuerzo colectivo el dar cuenta de


los procesos de (des)territorialización en el norte de la Patagonia a lo largo del
tiempo a través de la elaboración de una triangulación de información de
corpus múltiple, se procedió a la elaboración de una base de datos
georreferenciados.
La construcción de un instrumento de trabajo como el SIEGe nos permitió
reconocer dificultades y preguntas distintas a las asumidas como punto de
partida para nuestra investigación. Las mismas, principalmente, nos colocaron
de frente a un presupuesto ontológico, históricamente condicionado, sobre el

189
espacio y la memoria narrada sobre el transitar/habitar en él. Este presupuesto,
en esta práctica particular de traducción cartográfica, epitomizaba en
“itinerarios” las memorias y experiencias sociales disponibles y que formaban
parte de nuestro corpus ampliado. Así su georreferenciamiento puede
interpretarse como un forzamiento desde la aplicación de un marco común de
interpretación. Desde el cual pensar en “itinerarios” no sólo implica concebir un
único modo particular de desplazamiento en el espacio/tiempo sino que
constituye una perspectiva o expectativa de análisis que unifica y estructura
estos relatos y colabora hacia la construcción de un espacio como marginal.
Este, la Patagonia norte, es conocido y construido desde desplazamientos,
desde avances del progreso o desde momentos apocalípticos para ciertas
formas de vida y de pensar el espacio. En el desarrollo de nuestro proyecto, la
aplicación de nuestra herramienta de trabajo se detiene, traba y enfoca en la
producción de estos sentidos históricos particulares diversos, en tensión,
conflicto y/o relación.
Por lo tanto, nos permite avanzar en el abordaje de esta relación entre el poder
y las diferentes formas de construir sentido social de un espacio, parte
sustancial de nuestro objeto de investigación.

190
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enfoque territorial: de las referencias cognitivas a los aportes aplicados al
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Instituciones y Territorio, MANZANAL, Mabel; NEIMAN, Guillermo y
LATTUADA, Mario -organizadores- Buenos Aires, Ed. Ciccus, pp. 71- 102.

191
La georreferenciación de la cartografía histórica: La provincia de Chubut
en los años 1883 - 1889 - 1904 - 1928 - 1945 - 1955

Cristina Beatriz Massera


(FHCS - UNPSJB - Comodoro Rivadavia, Chubut -
IGEOPAT - Trelew, Chubut, Argentina)

Resumen

Por muchos motivos, el mapa siempre ha sido objeto de un enorme interés


entre los investigadores. Más allá de la relevancia histórica que puedan tener
los modos de representación del espacio, para un período concreto de la
historia o para el mejor conocimiento de ese tan prolongado proceso histórico,
la cartografía histórica permite la lectura e interpretación del mapa por medio
de sus elementos: toponimia, simbología, representaciones, como recurso que
refleja el momento histórico transcurrido.
El proceso de la georreferenciación consiste en posicionar el mapa de acuerdo
a sus coordenadas reales. Los mapas de la provincia de Chubut de los años
1889 - 1904 - 1928 - 1945, obtenidos en la biblioteca del Instituto Geográfico
Nacional, son documentos históricos de diversa procedencia con precisión
heterogénea o de la que se desconocen datos importantes relativos a su
geometría. A pesar de estar hechos a escala, el sistema de proyección no es
normalmente compatible con los actuales. Para hacer coincidir cada punto
geométrico del mapa con las coordenadas geográficas reales, hay que
proceder a corregirlos y guardarlos en un formato que permita almacenar esta
información.
La finalidad de la georreferenciación de los documentos del IGN es facilitar la
búsqueda de información utilizando los SIG para la gestión de una cartoteca,
teniendo en cuenta que no persigue la localización exacta de los elementos
geométricos representados en cada mapa. Por otro lado, se ha procurado
evitar las distorsiones y deformaciones que impidan la legibilidad de los
documentos georreferenciados. El resultado final del trabajo es obtener las
coordenadas que permitan calcular la rectificación de las imágenes,
considerando que en las series se han recortado los mapas por el límite de la


Mail: cristinamassera@[Link]

192
mancha para producir mosaicos. El trabajo puede ser siempre mejorado,
aplicando técnicas para generar productos de mayor precisión.

Introducción

En los últimos años el uso de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) se


ha extendido a múltiples áreas del conocimiento. En este sentido, los SIG
pueden aplicarse en aquellos casos donde existe una estrecha relación entre
las sociedades con el territorio, el paisaje y los recursos naturales. Así
podemos utilizar estos sistemas en la historia con la georreferenciación de
documentos históricos, que de alguna manera ayuden a entender mejor la
dimensión espacial y temporal de los procesos sociales de los cuales se ocupa
el historiador.
La georreferenciación o rectificación es un proceso que permite determinar la
posición de un elemento en un sistema de coordenadas espacial diferente al
que se encuentra. Existen por tanto dos sistemas de coordenadas: el sistema
origen y el sistema destino. Este proceso es determinado con una relación de
posiciones entre elementos espaciales en ambos sistemas, de manera que,
conociendo la posición en uno de los sistemas de coordenadas es posible
obtener la posición homóloga en el otro sistema. (Dávila, 2012)
El proceso de la georreferenciación consiste en posicionar el mapa de acuerdo
a sus coordenadas reales. Los mapas de la provincia de Chubut de los años
1889 - 1904 - 1928 - 1945, obtenidos en la biblioteca del Instituto Geográfico
Nacional,1 son documentos históricos de diversa procedencia con precisión
heterogénea o de la que se desconocen datos importantes relativos a su
geometría. A pesar de estar hechos a escala, el sistema de proyección no es
normalmente compatible con los actuales. Para hacer coincidir cada punto
geométrico del mapa con las coordenadas geográficas reales, hay que
proceder a corregirlos y guardarlos en un formato que permita almacenar esta
información.

1
En especial quiero agradecer al personal de la Biblioteca del Instituto Geográfico Nacional de
Argentina, por su colaboración junto al tiempo cedido para la búsqueda y asesoramiento sobre
los documentos cartográficos históricos.

193
El objetivo del presente trabajo es la georreferenciación de los documentos del
IGN y facilitar la búsqueda de información utilizando los SIG para la gestión de
una cartoteca, teniendo en cuenta que no persigue la localización exacta de los
elementos geométricos representados en cada mapa, sino la utilización de los
mapas como insumos para el análisis espacial y temporal del territorio.
El resultado final del trabajo es obtener las coordenadas que permitan calcular
la rectificación de las imágenes, considerando que en las series no se han
recortado los mapas por el límite de la mancha, pero que la integración de los
mapas de Chubut en el SIG con su correspondientes coordenadas, permitirá a
los investigadores generar estudios relacionados con la historia del territorio. El
trabajo puede ser mejorado, aplicando técnicas para generar productos de
mayor precisión.

La georreferenciación

La georreferenciación se utiliza frecuentemente en los sistemas de información


geográfica (SIG) para relacionar información en formato vectorial y raster de las
que se desconoce la proyección cartográfica, el sistema geodésico de
referencia, o las distorsiones geométricas que afectan a la posición de los
datos.
Para poder realizar una georreferenciación es necesario identificar puntos
homólogos en los sistemas de coordenadas origen y destino, lo que permite
calcular los parámetros de la transformación. Algunos de los factores que
afectan a la calidad de la rectificación son el número de puntos homólogos
identificados y la distribución de estos puntos en la superficie del mapa. (Dávila,
2012)

Materiales y métodos

El proceso técnico consistió en la georreferenciación de la cartografía histórica


analógica de los mapas de la provincia de Chubut de los años 1889, 1904,
1928, 1945, para integrar en el Sistema de Información Geográfica (SIG).
La cartografía histórica que se integra es la que se detalla a continuación:
- Mapa Gobernación del Chubut, año 1889.

194
- Plano Catastral de la Gobernación del Chubut, año 1904.
- Plano del Territorio Nacional del Chubut, año 1928.
- Mapa del Territorio Nacional del Chubut, año 1945.

Para la transformación de los documentos cartográficos históricos se tomó


fotografía sobre trípode a tres metros del mapa posicionado de manera vertical.
Se almacenó la imagen en formato JPG con una resolución en puntos por
pulgada de 300 DPI. (De La Cuétara, 1998)
Lograr integrar la información en el SIG implica la georreferenciación de las
imágenes. El establecimiento de los puntos de control se realizó en tres fases:
(I) Localización de puntos comunes a la cobertura de entidad línea en
coordenadas planas de la provincia de Chubut y los mapas de los diferentes
años en formato digital.
(II) Cálculo de las funciones de transformación entre las coordenadas de la
imagen y los mapas.
(III) Transferencia a la nueva posición definida por la transformación previa
(Bosque Sendra, 1992).
Para realizar una buena georreferenciación es necesario identificar los mismos
puntos en los documentos y obtener las coordenadas en los dos sistemas.
Cuanto mayor sea el número de estos puntos, mejor y más precisa puede ser
la transformación matemática que obtengamos, permitiendo estimar los errores
previsibles en los cálculos.
Para determinar los parámetros de las transformaciones más sencillas suele
ser suficiente de dos a cuatro puntos homólogos; la utilización de más puntos
permite obtener una estimación de los errores.
Las características que deben tener los puntos seleccionados para calcular la
rectificación son las siguientes:
- Deben ser claramente identificables en todos los documentos. Si es posible,
se deben seleccionar elementos en los que se supone que por sus
características se ha dibujado con la máxima precisión; por ejemplo, es de
esperar que la situación de un faro sea más exacta en una carta de navegación
que un elemento alejado de la costa y que no es visible desde el mar.
- Los puntos deben corresponder con elementos fijos en el tiempo; por ejemplo,
un banco de arena de una carta náutica es menos fiable que un islote de roca.

195
- Los puntos deben estar separados unos de otros y estar homogéneamente
distribuidos en todo el mapa. (Roset, 2012)

La finalidad de la georreferenciación de los documentos obtenidos en la


biblioteca del Instituto Geográfico Nacional (IGN) es facilitar la utilización y
consulta de información utilizando los SIG.
Se debe tener en cuenta que, si bien no persigue la localización exacta de los
elementos geométricos representados en cada mapa, se ha procurado evitar
las distorsiones y deformaciones que impidan la legibilidad de los documentos
georreferenciados.
Los métodos seguidos están condicionados por el número de puntos
homólogos que se van a identificar. Los documentos correspondientes a
cartografía histórica se rectifican únicamente con dos puntos que cumplan las
características definidas para los puntos homólogos; con ello se pretende no
distorsionar las imágenes.
Para garantizar que exista solape suficiente en la realización de consultas en la
base de datos, los mapas de este tipo no han sido recortados por el límite de la
mancha cartográfica. La transformación aplicada está compuesta por un giro,
dos traslaciones y un cambio de escala.
Para realizar todo el proceso es necesario identificar los puntos homólogos en
el documento que se quiere rectificar y las coordenadas en algún sistema de
proyección de estos puntos; para esto, suele ser habitual utilizar cartografía o
bases de datos que dispongan de información posicional de mayor precisión.
Se ha utilizado la proyección Gauss Krugger Faja 2, POSGAR 94.

Características de los documentos

El objetivo de la georreferenciación de documentos de cartografía antigua es


corregir una serie de problemas que producen errores en la posición de los
elementos geográficos. En algunos casos de cartografía antigua, no es posible
identificar el modelo geométrico de Tierra o la proyección cartográfica utilizada
para obtener el mapa. Por otro lado, existen errores y deformaciones en el
papel original que producen que la escala no sea la misma en todas las
direcciones, ni en todo el documento; este problema se puede ver

196
incrementado cuando al digitalizar el documento no se han utilizado equipos
apropiados. Además hay que añadir los errores geométricos propios de los
instrumentos y las técnicas que se utilizaron en su época para realizar el mapa.
Por medio de la lectura e interpretación de la cartografía histórica de la
provincia de Chubut se identifican los siguientes elementos:

1. Mapa Gobernación del Chubut, año 18892


No posee datos de autor, ni fecha de elaboración. En el mapa se destacan las
escalas gráfica y numérica 1:2.000.000. Se detallan las líneas hipsométricas
que muestran la geomorfología de la provincia. No se observan leyendas
marginales que aumenten el detalle de la información contenida en el mapa.
(Figura Nº 1). La toponimia detalla elementos del territorio como los accidentes
geográficos y la división política. La gobernación del Chubut en 1889, está
dividida en dos Departamentos: de la Capital y del Sud.

Figura N° 1: Mapa de la Gobernación del Chubut. Año 1889.


Fuente: Elaboración propia por medio del relevamiento de documentos cartográficos
obtenidos en la biblioteca del IGN en agosto del 2013.

2
El año se obtiene de la revisión de libro que contiene el mapa.

197
2. Plano Catastral de la Gobernación del Chubut, año 1904.
Elaborado por el ingeniero U. Greinber, en el año 1904. En el mapa se
destacan las escalas gráfica y numérica 1:750.000. Se observan leyendas
marginales que aumentan el detalle de la información contenida en el mapa.
(Figura Nº 2). La mensura catastral divide al territorio según catastro. En el
plano catastral de la gobernación del Chubut se detalla la división parcelaria
con letras y las colonias con su correspondiente parcelamiento.

Figura N° 2: Plano Catastral de la Gobernación del Chubut. Año 1904.


Fuente: Elaboración propia por medio del relevamiento de documentos cartográficos
obtenidos en la biblioteca del IGN en agosto del 2013.

3. Plano del Territorio Nacional del Chubut, año 1928.


Elaborada por el ingeniero Alberto Lefrancois y Pablo R. Porri, en el año 1928.
En el mapa se destaca la escala gráfica. Se observan leyendas marginales que
aumentan el detalle de la información contenida en el mapa. (Figura Nº 3). La
mensura catastral divide al territorio según catastro. En el plano catastral del
Territorio Nacional del Chubut, la división parcelaria corresponde a las
circunscripciones, nombradas de Norte a Sur y de Este a Oeste, Presidente
Avellaneda, Presidente Mitre, Presidente Derqui, Presidente Urquiza.

198
En el margen izquierdo se destacan con mayor detalle y escala gráfica los
elementos del territorio que a continuación se nombran:
a) Colonia San Martín.
b) Colonia Sarmiento.
c) Ensanche Colonia Sarmiento.
En el margen inferior se destacan con mayor detalle y escala gráfica los
elementos del territorio que a continuación se nombran:
a) Pueblo Camarones.
b) Pueblo Gaiman.
c) Pueblo Sarmiento.
d) Pueblo Comodoro Rivadavia.
e) Pueblo Puerto Madryn.
f) Colonia Chubut.
g) Pueblo Rawson.
h) Pueblo Trelew.
i) Explotación del Petróleo, Distrito Fiscal y Compañías Particulares, Comodoro
Rivadavia.

Figura N° 3: Plano Catastral del Territorio Nacional del Chubut. Año 1928.
Fuente: Elaboración propia por medio del relevamiento de documentos cartográficos
obtenidos en la biblioteca del IGN en agosto del 2013.

199
4. Mapa del Territorio Nacional del Chubut, año 1945.
El mapa del Territorio Nacional del Chubut preparado e impreso por el Instituto
Geográfico Militar en el año 1945 (Figura Nº 4), a escala 1:500.000, presenta
escala gráfica, referencias y abreviaturas, mapa de ubicación relativa, y la
división política por Departamentos.
La geomorfología está representada por líneas hipsométricas. Contiene
elementos planimétricos y altimétricos.

Figura N° 4: Mapa del Territorio Nacional del Chubut. Año 1945.


Fuente: Elaboración propia por medio del relevamiento de documentos cartográficos
obtenidos en la biblioteca del IGN en agosto del 2013.

Conclusiones

Para realizar la georreferenciación de un mapa, el conocimiento a priori de la


calidad geométrica de la información geográfica que aparece en el documento,
permite seleccionar el proceso más adecuado, diferenciando métodos distintos
para los documentos en los que las geometrías representadas tienen una
precisión homogénea y en los que la precisión es heterogénea o desconocida.
Cuando la precisión es homogénea, es posible plantearse transformaciones

200
sencillas que requieran poco trabajo y obtengan buenos resultados, tanto en
precisión como en aspecto visual. Cuando los documentos no tienen una
precisión homogénea, es necesario recurrir a transformaciones polinómicas de
grado dos o superior para mejorar la precisión. Una rectificación polinómica de
este tipo es, desde el punto de vista geométrico, más precisa que el resto de
métodos, si bien cuando se trata de la gestión de cartografía antigua, no sea la
más adecuada; en primer lugar porque necesita de un trabajo adicional para
identificar muchos puntos homólogos y por otro lado, porque el resultado puede
tener distorsiones excesivas que impidan la legibilidad. Por ello es preciso tener
en consideración los recursos disponibles y la finalidad del documento obtenido
para realizar este tipo de transformación.
La georreferenciación de documentos produce una reducción de la calidad de
la imagen debida al remuestreo de los píxeles. Para reducir este efecto, es
conveniente disponer de una resolución de escaneado inicial suficientemente
alta para garantizar la calidad del documento final. Por otro lado no es
conveniente realizar rectificaciones sucesivas, ya que aumentan el efecto
negativo del remuestreo. Una opción es georreferenciar el documento cada vez
que se visualiza, permitiendo así visualizar el documento en distintos sistemas
de coordenadas y proyecciones cartográficas, si bien tiene el inconveniente de
ser un proceso lento.
El resultado de cualquier georreferenciación puede ser siempre mejorado, ya
que se pueden seleccionar más puntos homólogos, aumentar el grado del
polinomio utilizado, utilizar técnicas como los mínimos cuadrados para la
gestión de errores, etc., pero cuando el volumen de documentos es muy
grande y la finalidad de la georreferenciación es la gestión de información en
una cartoteca o en un archivo, parece aconsejable no recurrir a métodos que
consuman grandes recursos y cuyo resultado final deforme la imagen o
ralentice los procesos de búsqueda, dejando para trabajos de investigación
concretos la realización de georreferenciaciones precisas.
El uso de los SIG como herramienta de análisis, es importante en el estudio de
los procesos históricos, principalmente los que están estrechamente ligados
con el territorio. De esta manera los SIG pueden ayudar en la representación
cartográfica de algunos elementos históricos, muchos de ellos que pueden ser
confusos, si no se cuenta con la ayuda de un mapa.

201
La historia tiene mucho que aportar en el manejo de los SIG, en el sentido de
que existe una importante reflexión desde la historia acerca de la importancia
de la geografía en los procesos históricos. En este sentido, la implementación
de los SIG en la historia puede ser una herramienta importante para fortalecer
muchas hipótesis elaboradas desde esta perspectiva.

Citas bibliográficas

BOSQUE SENDRA, J., 1992 Sistemas de información geográfica. Ed. Rialp.


Madrid. España. Pp. 44-75.
DE LA CUÉTARA O.; KULEVICIUS R., 1998 en MATTEUCCI, S.; BUZAI, G. -
editores- Sistemas ambientales complejos: Herramientas de análisis espacial.
Eudeba. Estudios avanzados. Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires.
Argentina. Pp. 401-408.
DÁVILA, F. J.; CAMACHO, E., 2012, Instituto Geográfico Nacional.
“Georreferenciación de documentos cartográficos para la gestión de archivos y
cartotecas «Propuesta Metodológica»". Revista Catalana de Geografía IV
época / volumen XVII / N° 46. V Jornadas IBERCARTO. Santander, octubre
2012. URL: [Link]
ROSET, R. J.; RAMOS, N., 2012, Instituto Geográfico de Cataluña.
“Georreferenciación de mapas antiguos con herramientas de código abierto”.
Revista Catalana de Geografía IV época / volumen XVII / N° 45/ junio 2012.
Fuente: Mapping 2011, número 146, pp. 16-30. Mapping Latino, 2011, número
1, pp. 6-13. URL: [Link]

202
Capítulo
“Mundo del trabajo y trabajadores/as
en perspectiva comparada:
Balances, aportes y desafíos”
Coordinadores de mesa: Daniel Cabral Marques (GEHiSo-UNPSJB) y Enrique
Mases (GEHiSo-UNCo)

203
El trabajo infantil rural en la Norpatagonia de 1900 a 1943. Un
acercamiento desde la bibliografía

Daniel Santiago Caminotti


(Gehiso - Universidad Nacional del Comahue)

Introducción

En los últimos años los temas acerca de la infancia y la niñez han tenido un
notable crecimiento en el número de especialistas que investigan sobre ellos.
Si bien es cierto, existen trabajos sobre estos temas desde hace varias
décadas, estos, desde las ciencias sociales, habían realizado un abordaje
amplio y extenso. Así desde la sociología, la psicología y la antropología, hay
estudios clásicos y que forman parte de una inevitable lectura al acercarse a
estudiar estas temáticas.
Desde la historia ha tenido un avance constante, como señalan dos
especialistas en el tema “la historia social de la infancia ha sido una de las
contribuciones disciplinares más prolíficas y sugerentes de los últimos
tiempos”.1
Estos autores sostienen que hubo una ruptura del silencio que le permitieron
visibilidad y presencia a un universo, el cual ahora, desde nuevas perspectivas
invitan a una reflexión, superando la visión “oficial” de las instituciones públicas.
Es necesario reconstruir “los discursos, políticas y acciones que pretendieron
normalizar la condición de ese sector etario”, esto sostenido por
investigaciones que “la conviertan en sujetos de su propia historia”.
La niñez, vista entonces tanto como categoría y sector social, hay que seguirla
en un “complejo entramado vincular”, de difícil acceso, y al que usualmente “es
posible solo mediante lecturas «oblicuas» de fuentes que permiten llegar a él
de maneras indirectas”.2
Este texto que citamos de Lionetti y Míguez, consideramos que es una
excelente introducción bibliográfica para todo aquel interesado en informarse
sobre un estado de la cuestión en relación al amplio tema de la historia de la
infancia en ámbitos europeos, americanos y en especial de Argentina.

1 LIONETTI, Lucía y MÍGUEZ, Daniel “Aproximaciones iniciales a la infancia” en LIONETTI,


Lucía y MÍGUEZ, Daniel -compiladores- Las infancias en la historia argentina. Intersecciones
entre prácticas, discursos e instituciones (1890 - 1960) Prohistoria, Rosario, 2010.
2 Ídem p. 9.

204
Repasa algunos clásicos del tema, realizando un balance sobre sus aportes al
conocimiento histórico, y señala puntos que van trabajando cada uno de ellos,
tales como:
“(...) las representaciones sociales de la infancia que tiene una comunidad dada
constituyen un conjunto de saberes implícitos y cotidianos que se manifiestan
como una realidad psicosocial” (…) “las representaciones caracterizan a
quienes las expresan y tienen un efecto sobre aquellos que son designados.”
“La categoría infancia surge, entonces, como toda representación colectiva, de
los esfuerzos cognitivos que realizan los miembros de la sociedad en sus
intentos por ordenar intersubjetivamente el fluir de la experiencia cotidiana.”
“(…) la construcción de las representaciones de la niñez ocurre como una
compleja trama en la que se reproducen, a su vez, las bases consensuales de
la sociedad y formas de cooperación ente grupos sociales, pero donde también
operan relaciones de fuerza y estrategias de dominio.”3

Estos autores dividen a rasgos generales las tendencias de los estudios sobre
la infancia, comenzando por la que se inicia en los años 60, “cuando las
formas, valores y acuerdos sociales hicieron posible que la preocupación de los
historiadores por dar «visibilidad» a la niñez en distintas realidades sociales”, y
allí es donde avanza la obra de Philippe Ariès.
Según esta perspectiva, la infancia desde el punto de vista moderno aparece
en los siglos XVI y XVII. Los siglos anteriores fueron de relaciones afectivas
poco densas, el niño era socializado por parte de la familia y parte por “un
medio difuso pero culturalmente homogéneo”, y que esencialmente eran los
valores de los mayores los que aprendían. Se movía con los de su edad, y
según Ariès a medida que se descubría la niñez, su libertad disminuía, en
particular hay una “pérdida de libertades y el avance de la escuela sobre los
tiempos de la niñez”, sobre todo de la burguesía, la niñez que pasa a ser
medicalizada y escolarizada, se “vuelve encerrada”.4
En los años de 1970 la tesis psicogenética de Lloyd De Mause “intenta derribar
este argumento de que los niños serían más felices en el Antiguo Régimen”
(…) “que cuando más se retrocede en la historia más bajo es el nivel de la

3 Ídem, pp. 10-11.


4 LIONETTI y MÍGUEZ, op. cit., pp. 10 y 11.

205
atención al niño y más probablemente hallaremos niños asesinados,
abandonados, golpeados, aterrorizados y abusados sexualmente”.
Según estos autores los cambios en la historia no serían la economía o la
tecnología sino “los cambios psicogenéticos de la personalidad resultantes de
interacciones de padres e hijos en sucesivas generaciones”. 5
En los años 80 las críticas a las posturas citadas apuntan hacia que las
relaciones entre padres e hijos a través de la historia no fueron por cambios
dramáticos sino por pequeñas mutaciones. “Los padres siempre amaron a sus
hijos. La familia fue una constante en la historia, capaz de defenderse a sí
misma, en su forma nuclear, contra la intrusión de la Iglesia y el Estado.”6
Las críticas se centran sobre todo en los trabajos de Ariès, y autoras como
Pollock, que con sus investigaciones que apelan a la teoría socio-biológica,
llega a la conclusión de “que no existieron transformaciones espectaculares en
las costumbres de crianza de los niños en el siglo XVIII”. 7
El desarrollo de diferentes abordajes a la problemática de la infancia, tales
como la historia social, la historia de la pedagogía, y la psicología social,
demuestran que no existe una sola concepción de la infancia, que esta ha
cambiado y ha variado según las condiciones socio-históricas. Lionetti y
Míguez sostienen que “es posible afirmar que la concepción de la infancia
guarda coherencia con la sociedad vigente”.8
Sandra Carli ha analizado el impacto del psicoanálisis en la historia de la
infancia, “en particular, lo referido a la cuestión del sujeto, la relación entre
psicoanálisis e historia y la dimensión intergeneracional del sistema
educativo”.9
Los autores que estamos siguiendo, mencionan el aporte en el contexto
latinoamericano de un grupo de juristas, sociólogos y pedagogos, los que
estudiaron “lo relativo a la cultura y a los mecanismos del control socio-penal
de la infancia desde el momento de la colonización hasta la aparición de las

5 DE MAUSE, Lloyd Historia de la infancia, Alianza, Madrid, 1994, p. 17, citado en LIONETTI y
MÍGUEZ, p. 12.
6 LIONETTI y MÍGUEZ op. cit., p. 13.
7 POLLOCK, Linda A. Los niños olvidados. Relaciones entre padres e hijos de 1500 a 1900,
FCE, México, 1990, p. 119, citado en LIONETTI y MIGUEZ op. cit., p. 14.
8 LIONETTI y MÍGUEZ, op. cit., p. 15.
9 CARLI, Sandra Niñez Pedagogía y política. Transformaciones de los discursos acerca de la
infancia en la historia de la educación argentina entre 1880 y 1955, Miño y Dávila, Buenos
Aires, 2005, citado en LIONETTI y MÍGUEZ, p. 16.

206
primeras leyes específicas de la «menor edad»”. Asumen una perspectiva
jurídica de la historia de la infancia, la que no es más que “la historia de su
control”, estudiando los mecanismos “punitivo-asistenciales” que la inventan,
modelan y reproducen”. La crítica que le realizan a esta visión es que a la letra
de la ley le dan una excesiva capacidad preformativa, “y a no contemplar los
complejos procesos por los cuales las pautas de vinculación social en parte
proceden y se plasman en la institucionalidad legal…”.10

Niñez e infancia en Argentina

La sociedad argentina vivió un proceso de “individuación del niño” entre fines


del siglo XIX hasta mediados de los años 1960.
Varias disciplinas fueron abordando el tema de la niñez en su camino hacia el
reconocimiento “como sujeto de derechos”.11
Hacia fines del siglo XIX circulan discursos que observaban el ámbito de las
relaciones familiares, y hacían hincapié en la regulación de las relaciones que
hasta ese momento se manejaban en el plano de la tradición.
Ejemplos prácticos son “la «cesión» y «abandono» de la progenie que con
bastante flexibilidad operaban en un plano de prácticas consuetudinarias, semi-
formalizadas”.
Paulatinamente las autoridades estatales avanzan en la normalización “(en el
sentido de ajustar a normas, de imponer el derecho formal)”, así legisladores,
médicos, juristas y educadores comparten el objetivo, que a medida que
avanzan en su práctica “constituyeron una grilla que separaba formalmente a
los “niños” de los “menores”.
Dicotomía que diferenciaba a aquellos contenidos por la familia y la escuela,
que en algunos el mercado de trabajo era su lugar, que eran útiles a la patria,
de aquellos que eran “pobres”, “abandonados”, “delincuentes”, “huérfanos” y
“viciosos”, “signados como menores que se «hacían» en el circuito calle-
instituto y que no disfrutaban de las condiciones y derechos que según esta

10 Ídem, p 17.
11 Ídem, p. 19.

207
perspectiva normalizadota debía otorgársele a la infancia para que lograra una
integración social plena”.12
Algunos estudiosos pasan a ver la infancia como un período de adaptación a
los hábitos de trabajo, y en la que si bien es cierto que incluía una
escolarización, esta era vista como una manera de preparar al niño para su
vida futura, y tan es así que “los hijos de los pobres constituían un valor
económico para sus padres. Esta opinión permaneció hasta el siglo XIX y solo
en el siglo XX se aceptó que los hijos de todas las clases son un gasto más
que una ventaja económica para sus familias”. En esta época los publicistas
comienzan a ver a los hijos con derechos a una experiencia de infancia, “como
una etapa determinada de la vida con su propia dinámica y su propia cultura
(…) y tiene el poder de moldear y determinar la vida del adulto”.13
Al respecto una aproximación desde la antropología nos dice que “el trabajo de
los menores depende, por un lado, de las características socioeconómicas de
las familias de las que forman parte y, por otro, de las características
específicas del contexto económico regional y nacional. Estas determinan la
forma, oportunidad y rasgos particulares que asume el trabajo infantil”. 14

Algunas precisiones sobre la definición de niñez e infancia

En este intento de definir que se entiende por niñez, seguimos a Suriano, el


cual ve a este concepto como una construcción social y cultural, que fue
cambiando a lo largo del siglo. Aclara que utiliza indistintamente los términos
menores e infantil como sinónimos de niñez, adhiriendo a la forma en que
entiende a esta noción el Ministerio de Trabajo: “La niñez es aquel período
cronológico dentro del crecimiento de los seres humanos que comprende,
según la Convención de los Derechos del Niño, desde el nacimiento hasta los
dieciocho años de edad. La infancia hace referencia al estado evolutivo de un
ser humano que abarca desde el nacimiento hasta los doce o catorce años
aproximadamente. Por lo tanto niñez, sustantivo colectivo de niños y niñas,

12 Ídem, p. 20.
13 LIONETTI y MÍGUEZ Ob. Cit. Pág. 14 -15.
14 MAUREIRA ESTRADA, Fernando “El trabajo infantil: una aproximación antropológica” en
ROBICHAUX, David -compilador- Familia y Diversidad en América Latina. Estudios de casos.
CLACSO, Buenos Aires, 2007

208
incluye a la infancia, pero también a la adolescencia. Esta última es un período
evolutivo particular de desarrollo que tiene características diferentes de la
infancia y se extiende de los doce o catorce años de edad hasta los dieciocho
aproximadamente.”15
La salida que opta este historiador evita el aumento de los equívocos en las
definiciones, ya que introducir precisiones demasiado ajustadas a la edad
biológica de los infantes traería mayor confusión, necesitando aclaraciones
constantes.

Definición de trabajo infantil

En cuanto a una definición de trabajo infantil, para entender de lo que se habla


en sentido amplio, utilizamos esta, “compartida por los 182 Estados Miembros
de la OIT (...) corresponde a alguna de las tres categorías siguientes:
1) Un trabajo realizado por un niño que no alcance la edad mínima especificada
para el tipo de trabajo de que se trate (según determine la legislación nacional,
de acuerdo con las normas internacionales aceptadas), y que por consiguiente
impida probablemente la educación y pleno desarrollo del niño.
2) Un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño,
ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que
se denomina trabajo peligroso.
3) Las formas incuestionablemente peores de trabajo infantil, que
internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas,
servidumbres por deudas, y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento
forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución y
pornografía, y actividades ilícitas.”16

15 SURIANO, Juan “El trabajo infantil”, en TORRADO, Susana -compiladora- Población y


bienestar en la Argentina del primero al segundo Centenario. Una historia social del siglo XX,
EDHASA, Buenos Aires, 2007, T. II, pp. 353-385.
16 OIT: Un futuro sin trabajo infantil. Informe global con arreglo al seguimiento de la
Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
Conferencia Internacional del Trabajo 90 a reunión, 2002, Informe I (B), pág. x. Disponible en:
[Link] Citado en Trabajo
Infantil y pueblos indígenas en América Latina. Una aproximación conceptual. Organización
Internacional del Trabajo, Perú, 2009.

209
Los niños que trabajan en Argentina

En el campo de la historia social debemos señalar algunas investigaciones que


plantean el tema del trabajo infantil. En 1990 Juan Suriano señalaba la
ausencia de la temática del niño trabajador o de la infancia en general, la falta
de alicientes “para investigar temas relacionados con la niñez o la vejez (…) el
desconocimiento de los dos vértices de la pirámide social” no permite conocer
más acabadamente la historia cotidiana de los sectores populares.17
Este autor ve al niño trabajador como un “marginado de la historia”, y la posible
explicación se deba a su menor cantidad de niños insertados laboralmente; por
el carácter de su trabajo “en general complementario y auxiliar del trabajo
realizado”; la falta de protagonismo sindical o “por la corta duración y la
naturaleza transitoria” de este período de la vida humana.
Un problema que ya encuentra en ese momento Suriano es la carencia de
fuentes “tanto cualitativas como cuantitativas”, un obstáculo para conocer y
analizar el tema.
Los testimonios parciales son de médicos higienistas, legisladores, defensores
de los derechos femeninos o los “organismos estatales de reciente creación
como el Departamento Nacional del Trabajo”, todos ellos tenían una
preocupación en proteger a la infancia trabajadora.18 Los censos sólo son una
ayuda relativa en el conocimiento de la población infantil. Los datos tampoco
son fiables en cuanto a la edad de los menores o la duración de la jornada de
trabajo, pues esta era violada sistemáticamente por patrones, al dejar entrar a
los inspectores estatales. Los padres colaboraban en “esta tarea evasora
mintiendo sobre la edad de sus hijos, los horarios de trabajo y las condiciones
en que se desarrollaba el mismo ante el temor de que los niños perdieran el
trabajo”.19
Otro trabajo que aborda la problemática de trabajo infantil es el de Pagani y
Alcaraz visto desde el desarrollo de la Patria Potestad, ya que “ésta resultó de
significativa importancia pues constituyó por un lado, el aval exigido para el
ingreso al desempeño dentro del mercado de trabajo y por el otro, como punto

17 SURIANO, JUAN “Niños trabajadores. Una aproximación al trabajo infantil en la industria


porteña de comienzos de siglo” en ARMUS, Diego -compilador- Mundo urbano y cultura
popular. Estudios de Historia Social Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 1990.
18 SURIANO, Juan, ídem, p. 253.
19 SURIANO, Juan, ídem, p. 254.

210
de encuentro entre el Estado y la familia”, y entre los avales más relevantes se
encuentra “el estado físico, en cuanto aptitud deseable para el desempeño”, y
por otro lado “el nivel de alfabetización, es decir el nivel de escolaridad
alcanzado”, así la patria potestad tuvo dos ámbitos de ejercicio, dentro de la
familia, “a través del padre” y por el Estado “a través de instituciones
sostenidas por él”.
El trabajo infantil que ese analiza es el urbano, de la ciudad de Buenos Aires y
el período es de 1900 a 1940.
Estas investigadoras se proponían en ese momento “visualizar el
comportamiento del Estado frente al mercado laboral del menor en relación a la
familia y sus atributos específicos, así como su vinculación con la institución
extrafamiliar: la escuela”.
Para analizar la relación de la tríada familia-instrucción-trabajo se tiene en
cuenta “las acciones médico-higienistas abordadas por el Estado como
mecanismo de control social”.20

Situación de la niñez en la zona rural norpatagónica

Las investigaciones sobre el trabajo infantil rural en Patagonia son escasas.


Hay una temática para abordar, y sospechamos que muy fértil en potencialidad
de análisis, sobre todo en tierras en donde la cantidad de población que vivía
en centros urbanos era absolutamente minoritaria dentro de la ya escasa
densidad demográfica total.
Un trabajo que trata la problemática tempranamente es el de Argeri y Chia, 21
que citan una serie de otras investigaciones realizadas en conjunto o en forma
individual, y a la que no hemos tenido acceso. Este mencionado trata acerca
del trabajo de algunas mujeres que se ganaban la vida con la venta al
menudeo de mercaderías varias, y que no le aportaban dinero en impuestos al
Estado. Cuando este interviene, desarticula los grupos domésticos. Las autoras
afirman que una vez que se usó el poder estatal, los “niños y adolescentes eran

20 PAGANI, Estela y ALCRAZ, María Victoria Mercado laboral del menor (1900-1940), Centro
Editor de América Latina, Buenos Aires, 1991.
21 ARGERI, María y CHIA, Sandra Bajo la lupa del poder. La vida cotidiana en los “hogares
boliche” del Territorio del Río Negro, Norpatagonia, 1880-1930, Boletín Americanista,
Barcelona, 1997.

211
depositados o bien en “casas decentes” cumpliendo tareas rurales y
domésticas, o bien en los conventos de la orden salesiana -que hacían las
veces de depósitos o reformatorios-, siendo utilizados como mano de obra en
los diferentes talleres de carpintería, tejeduría, etcétera. En efecto, la
redistribución de los menores fue uno de los ejes principales de la política de
proletarización, y por tanto de destrucción de los grupos domésticos”.
En otro trabajo relevado, Argeri 22 dice que investigación busca mirar historia de
jóvenes mujeres, en el que “se analizan instantes fugaces en la vida de varias
menores que estuvieron internadas en casas «decentes» y en conventos de
monjas, a disposición del poder judicial, a principio del siglo XX, en el Territorio
de Río Negro”. La figura jurídica del depósito, cuya tradición se remonta al
derecho Indiano de la época colonial en Hispanoamérica, era la manera de
proveerse de mano de obra infantil, y dice la autora que “bajo la excusa de
regenerar los hábitos que habían aprehendido en sus respectivos núcleos
familiares, su vida estuvo sujeta a un permanente traslado, cuyo destino era
decidido por sacerdotes, jueces de menores, agentes policiales y tutores,
quienes controlaban de hecho, los circuitos de mano de obra forzada juvenil,
constituyendo una oferta amplia que satisfizo tanto la demanda de trabajo
sexual -para diferentes prostíbulos del país- como la doméstica -empleada en
la esfera privada y en los conventos y colegios religiosos de mujeres.”
Argeri habla de “servidumbre femenina”, disimuladas ahora bajo los
presupuestos modernizadores de las normas y la moral pública en la sociedad
republicana. En Patagonia la ocupación de los territorios indios trajo aparejada
“la construcción de un nuevo orden y con ello la imposición de una nueva
legalidad, que trastocó todos los planos de la vida cotidiana”.
¿Cómo actuó el Estado en su disciplinamiento? Según Argeri “se caracterizó
por la diferenciación sexual, en el momento de decidir la imputación, el
procesamiento y la pena. Los varones fueron considerados sujetos vagos y
peligrosos. Las mujeres, sospechosas por su sola condición femenina, fueron
acusadas de libertinas y prostituidas, que debían ser sometidas a la tutela y
dominio de los varones, o en su defecto controladas directamente por el Estado
y la Iglesia”.

22 ARGERI, María E. Las niñas depositadas. El destino de la mano de obra femenina infantil
en Río Negro a principios del siglo XX, en Quinto Sol Nº 2, 1998, pp. 65-80.

212
Así los menores de ambos sexos fueron entregados para trabajar, en el caso
de los varones, “como peones para los comercios y las empresas rurales. Las
menores tuvieron un destino más incierto, sometidas a la explotación
económica y sexual”.
Un investigador que está abordando la temática del trabajo infantil es Masés.23
En este artículo este autor tiene como objetivo “repasar la mirada que distintos
actores tuvieron respecto al trabajo infantil” durante el período estudiado y las
controversia que se suscitaron a partir de las diferentes posturas y opiniones.
Realiza una introducción general, repasando algunos trabajos en el que se
analizan los papeles que le han cabido al Estado, y su accionar a través de la
educación y los institutos de menores. Una diferencia central para MASÉS es la
antinomia “niños” vs. “menores”, lo que es toda una forma de mirar esta
realidad de la niñez desde una perspectiva jurídica, la que es hegemónica. Son
“niños” aquellos que tienen una familia que los contiene y son “menores” los
que han pasado por la órbita de la judicialización.
En la época analizada (entre los años 1900 - 1945), es opinión compartida, casi
unánimemente, el valor del “trabajo infantil como regenerador”. El temor a los
hijos de las familias trabajadoras en la calle, y al “caldo de cultivo” para la
vagancia y la delincuencia que era el ocio prolongado en estos sitios, hace que
el Estado intervenga.
Es notorio como en lugares alejados de la ciudad de Buenos Aires y la zona
central de Argentina, la preocupación de los niños “callejeros” era compartida,
tal como coloca el testimonio del diario La Capital de Viedma en 1922, que
llama a la calle “la escuela del crimen”. Quizá valga preguntarse si realmente
el problema era tan relevante en la capital del Territorio de Río Negro, o si de
alguna manera respondía a un “clima de época”, lo cierto es que en todos los
lugares las recetas y salidas eran similares: la educación y el aprendizaje de
oficios manuales era la respuesta.
En una parte del desarrollo de este trabajo Masés señala la importancia que
tiene el defensor de Menores, el que recibía los menores y luego los distribuía
entre las familias sustitutas y otros en establecimientos correccionales.

23 MASES, Enrique El trabajo en la Argentina 1900-1945. Miradas contradictorias y políticas


controversiales, Neuquén, 2013, Inédito.

213
Estos Depósitos de Menores fueron “un significativo mecanismo de provisión
de mano de obra infantil”, los que eran distribuidos en guarda a tutores que los
ocupaban como peones o sirvientes.
Fue esta la forma en que se repartieron los niños y niñas indígenas, pues para
su integración usaron “dos instrumentos jurídicos… el matrimonio civil y la
patria potestad”. En esto cita a Argeri,24 afirma que la policía y la justicia
actuaron despiadadamente con las familias que estaban solas o con mujeres
que estaban emparentadas, y al no haber estado casadas legalmente no podía
ejercer patria potestad sobre su prole, además eran acusadas de “libertinas”.
La consecuencia era la pérdida de sus hijos, los que eran enviados a trabajar
en “casas decentes”.
Sabemos que tanto Masés como Argeri han trabajado en temas relacionados a
la traumática relación blancos-indígenas, a fines del siglo XIX e inicios del XX,
por lo que de sus estudios se puede obtener información relevante para
cualquiera que se acerque a estudiar la problemática de la niñez.
En su estudio Masés analiza el papel de la Congregación Salesiana, y la
importancia que tuvo en Patagonia la obra fundada por Don Bosco, en proveer
mano de obra especializada para la empresa petrolera estatal YPF.
También pasa revista a las posiciones claramente definidas de anti-trabajo
infantil de los socialistas y de los anarquistas. Pero se diferenciaban en que los
anarquistas “rechazaban la escuela pública y toda legislación sobre la materia”.
Analiza el proyecto de ley que llevó adelante Joaquín V. González, que
finalmente no satisfizo las expectativas de la mayoría de los actores. Masés
resalta que tanto en el proyecto González y en la ley 5291 de Alfredo Palacios
compartían “el dejar ex profeso fuera el tratamiento todo lo referido a los
trabajos que se relacionaban con el mundo rural”. Se argumentaba que allí no
era necesario cuidar la salubridad pues la vida sana que proporciona la
naturaleza era resguardo suficiente para los trabajadores niños y mujeres de
ese ámbito. Parece que el Informe Bialet Massé no hubiera existido.
En las consecuencias locales de estas discusiones Masés utiliza una serie de
fuentes regionales, periódicos, algunos de ellos de corta duración. Medios
como el Periódico Neuquén de Chos Malal, La Voz del Sud de Viedma-

24 ARGERI, María E. De guerreros a delincuentes. La desarticulación de las jefaturas


indígenas y el poder judicial. Norpatagonia, 1880-1930. Madrid, CSIC, 2005

214
Patagones, La Capital de Viedma, El Imparcial de Viedma o el Río Negro de
General Roca, cuyas crónicas sirven al historiador para mirar la vida en estos
lugares del país.
Otro hecho trascendente en esta temática es la promulgación de la 11317, del
año 1924, sobre trabajo femenino e infantil, que deroga la anterior, y avanza en
una serie de cuidados y protecciones sobre los menores.
Masés, hacia el final de su trabajo señala los obstáculos que tenían para el
cumplimiento de estas leyes, poniendo en primer lugar a la familia del niño
trabajador, no duda en colocarlo a trabajar si esto le significa una entrada
adicional al presupuesto familiar.
Por otro lado el Estado que entra en una serie de contradicciones en cuanto a
proteger la niñez y regular la inserción laboral, y esto se nota -dice el autor que
analizamos-, en dos cuestiones: “la educación obligatoria y en las condiciones
de vida y de trabajo”.
Un tercer sector que actúa a favor del trabajo infantil son los empresarios, con
su afán de maximizar su renta, actuaban en contra de la educación que
obligaba la ley nacional aprobada años atrás.

Breve comentario de algunos estudios sobre la niñez en Chile

Las investigaciones en Chile son relevantes para nuestro estudio por la


importancia y el número de habitantes originarios de ese lugar radicados en
Norpatagonia, entre otras razones.
Un texto clásico es el de Rojas Flores25 en el que trata el trabajo de los niños
en la industria de del cristal.
El tema del abandono y vagabundeo es abordado por Poblete Naumann 26 en el
que se detiene a mirar los cambios de la sociedad chilena en la primera mitad
del siglo XX, “el problema del abandono y vagabundaje infantil que cobró
mayor intensidad precisamente en las décadas de 1930 y 1950”.

25 ROJAS FLORES, Jorge Los niños cristaleros: Trabajo infantil de la industria de Chile, 1880 -
1950, Santiago, DIBAM, 1996.
26 POBLETE NAUMANN, Sandra “Abandono y vagabundaje infantil en Santiago de Chile.
1930-1950”, en Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº 4, Invierno 2000, pp. 197-
228.

215
Cavieres F.27 observa el fenómeno de la mortalidad infantil en Valparaíso, y
como las estructuras sociales establecidas era la causa de este flagelo.
El fenómeno de la infancia abandonada viene siendo estudiado en América
Latina cada vez con mayor frecuencia, y se cuenta con estudios en Brasil,
México, Chile y Argentina además de otros países. Milanich28 analiza como
este fenómeno estaba visto y practicado en la cultura popular chilena y tan
altos los niveles de abandono de menores en la historia latinoamericana.
Con la misma temática y haciendo hincapié en un trabajo estadístico sobre la
Casa de Expósitos de Santiago de Chile, esta la investigación de Delgado
Valderrama,29 comparando con datos de otros lugares y observando por
ejemplo, los lugares de donde venían la mayoría de los niños abandonados.
Quien realiza una aproximación al tema de las estructurales familiares y trabajo
infantil durante el siglo XIX es Goicovich Donoso30 el que estudia el padrón
censal de la parroquia de Mincha en 1854, y con los datos intenta comprender
la tipología familiar de la realidad local, “y, muy particularmente, de la situación
de la infancia en dicha estructura”.
Salazar31 estudia la situación de la niñez abandonada y pobre y el maltrato que
se le brinda, ya sea este en forma directa o de maneras indirectas. Una obra
que da una visión general de la problemática de la niñez sola y su sufrimiento.
Finalmente damos cuenta del trabajo de Rojas Flores, 32 dividido
cronológicamente en seis períodos, en cada uno de ellos describiendo la vida
de los infantes de la época.

27 CAVIERES F., Eduardo “Ser infante en el pasado. Triunfo de la vida o persistencia de


estructuras sociales. La mortalidad infantil en Valparaíso, 1880-1950” en Revista de Historia
Social y de las Mentalidades Nº 5, Invierno 2001, pp. 31-58.
28 MILANICH, Nara “Los hijos de la Providencia: el abandono como circulación en el Chile
decimonónico” en Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº 5, Invierno 2001, pp.79-
100.
29 DELAGADO VALDERRAMA, Manuel “La infancia abandonada en Chile. 1770-1930” en
Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº 5, Invierno 2001, pp.101-126.
30 GOICOVICH DONOSO, Igor “Estructura familiar y trabajo infantil en el siglo XIX. Mincha
1854” en Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº 5, Invierno 2001, pp. 59-78.
31 SALAZAR, Gabriel Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX), Santiago de Chile,
Editorial LOM, 2007.
32 FLORES ROJAS, Jorge Historia de la Infancia en el Chile Republicano. 1810-2010, Chile,
Junta Nacional de Jardines de Infantes, 2010.

216
Algunas consideraciones finales

Se ha intentado realizar una breve enumeración de diferentes acercamientos a


la temática de la niñez, y en particular de los niños puestos a trabajar en tareas
de adultos.
Es una temática relativamente reciente que está en franco desarrollo, y en el
que la cantidad y variedad de temas vinculados al eje central de niñez, es
variado y más abundante en las zonas centrales de Argentina. En el caso de la
Norpatagonia se están comenzando a estudiar sistemáticamente, y el campo
es enorme, que va desde los Territorios Nacionales hasta la creación de las
nuevas provincias.
En el caso del trabajo infantil rural las fuentes judiciales y las entrevistas orales
ayudarán a los investigadores a esclarecer la vida de tantos niños luego
convertidos en adultos, y otros que no llegaron a serlo.

217
La niñez trabajadora en el mundo rural patagónico

Enrique Mases (GEHiSo-UNCo)

Introducción

La infancia en el mundo rural, ya desde el siglo XIX, y aún en buena parte del
siglo XX fue percibida como un tiempo de adaptación a los hábitos de trabajo.
Incluía cierta escolaridad, pero esta estaba supeditada a la función de preparar
al niño para su predestinada vida de futuro. Más aún era asumido que los hijos
de los pobres constituían un valor económico para sus padres. Estas creencias
y certezas asentadas en la idea, en muchos casos de que los hijos son una
ventaja económica para las familias, también estaban presentes en el mundo
rural de la Norpatagonia.
Por lo tanto, en este espacio la infancia se caracterizaba por constituir un breve
periodo de años en la vida de las personas, por cuanto niños y niñas debían
iniciarse tempranamente en el trabajo agrícola ganadero o doméstico
mayoritariamente, colaborando con los adultos en sus labores cotidianas, o
bien incorporándose a un heterodoxo y heterogéneo mercado laboral, lo cual
situaba al trabajo como un espacio significativo de socialización de estos
grupos, cortando abruptamente su niñez para instalarlo en el mundo de los
“mayores”.
Sin embargo, no todos los actores involucrados, especialmente los adultos,
entendían que muchas de las tareas que desarrollaban los infantes eran trabajo
sino que lo caracterizaban como ayuda y otros incluso lo veían como una
práctica obligatoria, como un paso necesario hacia la adultez.

“Cuando en ese día del año 1911, mi hermano mayor me contó haberle
oído decir a papá que me llevaría con él a Cañadón Minerales, más al sur
oeste de Caleta Olivia, para traer un arreo de quinientas ovejas, que
desde hacía tres años le había dado a un amigo, Antonio Lestón, para
cuidar a interés, me emocioné mucho de la alegría. Era un viaje de sólo
unas treinta leguas, pero a mí se ocurría una gran aventura y me sentía
importante. Me daba rabia cuando Primitivo, el hombre que iba a quedar a
cuidado de la casa con mi hermano, le decía a papá que no me llevara,

218
porque era una macana llevar a un chico de sólo diez años, que se iba a
cansar mucho y ayudar poco. Pero papá no cedió, alegando que así me
iba a ir haciendo hombre…” 1

A partir de estas consideraciones previas, el presente trabajo pretende


desentrañar de que manera en la Patagonia norte, en el periodo comprendido,
entre los años que sucedieron a la llamada Conquista del Desierto y la llegada
del peronismo, se fue configurando un peculiar cuadro en lo que hace al mundo
del trabajo infantil2 intentando señalar como era percibido el mismo, en
términos culturales, por los patrones, la familia y los propios actores.
En el mismo sentido pretendemos indagar acerca de las formas del trabajo
infantil, de las condiciones de vida y laborales dentro de la economía familiar,
del mercado de trabajo así como el desarrollado en el marco de las acciones
llevadas a cabo por la justicia y la iglesia.
En cuanto a los aspectos metodológicos debemos señalar que a causa de su
ilegalidad, de la escasez de fuentes escritas, los problemas para su registro y
los pocos análisis que abordan esta temática en el plano historiográfico hace
que el abordaje del trabajo infantil presenta una serie de dificultades que es
preciso señalar.
Una primera y principal es la falta de fuentes cuantitativas. No hay registros ni
estadísticas públicas y privadas que marquen fehacientemente la presencia de
la niñez trabajadora a partir de consignar la edad de los trabajadores. Tampoco
existe una uniformidad de criterios en los datos suministrados tanto por los
censos territorianos como nacionales ya que no hay un criterio único en la
forma de registrar el trabajo de aquellos que transitan la niñez y la pubertad. En
realidad salvo el censo nacional de 1914 que registra trabajo infantil industrial y

1 ABEIJÓN, Asencio Recuerdos de mi primer arreo. Memorias de un carrero patagónico.


Buenos Aires, Galerna, 1975, p. [Link] resaltado en cursiva es nuestro.
2 Siguiendo la definición que al respecto da María Noceti, entendemos por trabajo infantil,
todas aquellas actividades y/o estrategias de supervivencia, remuneradas o no, realizadas por
personas menores de 16 años de edad (edad mínima requerida por la legislación nacional. Ley
26390, año 2008), visibles, invisibles y también ocultas donde el “sustento logrado” o el
“beneficio” del servicio puede servir para sí mismo y/o contribuir al mantenimiento del grupo
familiar de pertenencia y/o de la apropiación de terceros explotadores. En NOCETI, María.
“Trabajo infantil rural” y “Explotación laboral infantil rural”. Aportes antropológicos a la
diferenciación de conceptos para el diseño de políticas de protección de derechos del niño en
el sudoeste bonaerense. Rosario, Facultad de Humanidades y Artes. Centro Interdisciplinario
de Estudios Etnolingüísticos y Antropológicos Sociales, 2012.

219
comercial en el resto no aparecen datos acerca de la actividad laboral de estos
pequeños trabajadores. Esto que es válido para el plano nacional también se
repite en la Patagonia con una excepción que vale la pena remarcar y es el que
tiene que ver con el censo nacional de 1895 de Tierra del Fuego. En el mismo,
tal vez por el escaso número de habitantes -sólo 447 personas- el total de los
censados están registrados con indicación de edad, origen y profesión. Este
criterio censal nos permite advertir la presencia de niños que a pesar de su
corta edad ya figuran con una profesión.3
Pero como señalamos precedentemente el caso del territorio fueguino es casi
una excepción que está acompañado en esa excepcionalidad por otras fuentes
dispersas y fragmentadas como son algunos censos policiales llevados a cabo
en el territorio de La Pampa. Por lo tanto el trabajo infantil aparece invisibilizado
en las estadísticas y por ende también en los repositorios oficiales.
Una segunda dificultad tiene que ver con la escasez de fuentes cualitativas
particularmente de repositorios oficiales por lo que entonces la búsqueda debe
centrarse en repositorios alternativos como lo son los archivos judiciales, los
que sí brindan cierta información a partir de aquellos expedientes que se
refieren fundamentalmente a accidentes de trabajo, o los que tienen que ver
con la Defensoría de Menores. Finalmente digamos que las entrevistas
personales sumados a testimonios insertos en memorias, ensayos,
autobiografías y en la prensa regional son también paliativos importantes que
ayudan a cubrir este vacío de información.

Las distintas formas de trabajar y a veces de ayudar

Necesariamente, cuando nos referimos al trabajo infantil en el ámbito rural


debemos prestar especial atención a una serie de consideraciones o
advertencias previas, que nos permiten abordar con cierta justeza un escenario
laboral multiforme y ampliamente heterogéneo.

3 En Ushuaia: Sagastume Ramón (13 años) jornalero; Leitano Pedro (12 años) carpintero;
Ingoloti, Francisco (12 años) herrero; Cintani, Livio (13 años) herrero. En Harberton: Shucaiagu,
Julia (11 años) sirvienta; Galarium, Edward (11 años) peón. Fuente: Censo Nacional de 1895
de Tierra del Fuego. Citado por BELZA, Juan E. En la isla del fuego 2° Colonización. Buenos
Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, 1975. pp. 41-48.

220
Precisamente estas características nos obligan a diferenciar en primer lugar
entre una trabajo de tipo doméstico o en el seno de una economía familiar de
aquel donde el niño o púber vende real o figuradamente su fuerza de trabajo;
diferenciándose estos dos a su vez de un tercero que tiene que ver con aquel
comprendido en instituciones estatales o religiosas y de un cuarto que son los
niños incluidos en los repartos judiciales.
Por lo tanto, resulta necesario cuando nos referimos al trabajo infantil en el
ámbito rural prestar especial atención a una serie de consideraciones o
advertencias previas, que nos permiten abordar con cierta justeza un escenario
laboral multiforme y ampliamente heterogéneo.
Cada una de estas modalidades implica condiciones y relaciones diferentes
entre el propio actor y el mundo laboral en el cual está inmerso, pero también la
percepción de los adultos respecto a la actividad que realizan estos peculiares
trabajadores es totalmente distinta.

La demanda de la mano de obra infantil

En un espectro muy amplio de actividades aparece ligado el trabajo infantil, al


que encontramos incluido en la actividad primaria y dentro de ella en la
agricultura, en la ganadería, en la fruticultura y hasta en la selvicultura; en
actividades manufactureras principalmente en labores de tejido e incluso en el
sector servicios particularmente en el transporte y en el servicio personal.
Este requerimiento del trabajo infantil se verifica tanto en el ámbito familiar
como en la mano de obra contratada y en algunas actividades su demanda es
muy significativa, como la que se presenta en tiempo de cosecha en el agro
pampeano.
En efecto tal como lo señala Gonzalo Folco en su trabajo de tesis, 4 el Censo
Agrícola levantado en 1908 registra en el Territorio de La Pampa un total de
1.218 niños empleados en épocas de cosecha. Si comparamos esta cifra con el
resto de los trabajadores rurales estacionales de los cuales el Censo da
cuenta, su representación porcentual constituye el 8,3% del total. En 1914 se

4 FOLCO, Gonzalo La tierra quema… trabajadores rurales en el Territorio Nacional de La


Pampa (1895-1930). Tesis de Licenciatura en Historia. Facultad de Ciencias Humanas.
Universidad Nacional de La Pampa. 2013. Policopiado.

221
registra en el personal empleado en explotaciones agropecuarias, la suma del
trabajo infantil es de 2.779 niños,5 los cuales representaban un 15,9% del total
de trabajadores rurales para ese año. Si se comparan estos datos con los
informes recabados por las oficinas de policía del Territorio6 daremos cuenta de
que el número de menores es similar a los registrados por el Censo y podemos
argumentar con mayor solidez que el porcentaje de mano de obra infantil
empleada para las cosechas en 1914 oscilaría entre un 14,6% y un 15,9% de
los trabajadores rurales durante ese año.
Lamentablemente en estos datos que otorgan los censos no están
discriminados el porcentaje de trabajo familiar y remunerado, pero no obstante
esta ausencia, igual podemos concluir que la mano de obra infantil es un

5 Tercer Censo Nacional. Levantado el 1° de junio de 1914. Talleres Gráficos L. J. Rosso. Bs.
As. Año 1916: 582.
6 La población obrera censada por la policía en 1914.
Población Obrera (sin discriminar
actividad)
Mayores de 15 Menores de 15
años años Total
Comisaría de Macachin 2600 600 3200
Comisaría de Victorica 222 222
Comisaría de Cuchillo – Co 350 350
Comisaría de Castex 3000 3000
Comisaría de Parera s/d
Comisaría de Uriburu 200 20 220
Comisaría de Gral. Pico 500 250 750
Comisaría de Guatraché 2736 1064 3800
Comisaría de Puelches 200 200
Comisaría de Realico 2540 460 3000
Comisaría de Trenel 150 150
Comisaría de Pichi
Mahuida 200 20 220
Comisaría de Quemú-
Quemú 540 25 565
Comisaría de Bernasconi 135 135
Comisaría de Int. Alvear 510 240 750
Comisaría de Gral. Acha 1800 1800
Total 15683 2679 18362

Fuente: AHP. Copiador Informes de Gobernación. Nº 2. Páginas 139-140. En FOLCO,


Gonzalo. La tierra quema… trabajadores rurales en el Territorio Nacional de La Pampa (1895-
1930). Tesis de Licenciatura en Historia. Universidad Nacional de La Pampa. 2013.
Policopiado.

222
componente con cierta significación en el período de cosechas en el mundo
rural pampeano.

El trabajo en el ámbito familiar

Resultan muy variadas y significativas las ocupaciones que muchos niños


desarrollan en el ámbito rural ligado a la economía familiar, principalmente en
la ganadería extensiva y en la agricultura de subsistencia. El cuidado de los
piños de chivos y majadas de ovejas aparece como una actividad común en
toda esta etapa a lo que debe sumarse otros trabajos específicos en los cuales
su servicios aunque fueran secundarios eran importantes como ser en las
tareas de señalada, esquila y castración. Pero también aparecen niños y
jóvenes colaborando en la recolección de las cosechas, en el trabajo del
tambo, en el corte de adobe, en el acarreo de leña en el cuidado de la quinta
familiar y en las tareas domesticas en general.
A estas actividades debemos sumar, para el caso de las niñas las tarea de
costura, pero fundamentalmente de tejidos, cuyo producto final servía o bien
para el atuendo personal o bien para comercializar o trocar por mercadería en
los boliches de la zona o con los comerciantes ambulantes.

“Conocí mercachifles a caballo. Y estos mercachifles compraban matras,


compraban matrones, compraban peleras, compraban cojinillos y de’so
nos vestía la abuela a losotros. Nosotros teníamos que hilar de muy chica,
muy joven nos enseño a tejer, labor (telar) no sé pero tejer, tejido liso (a
dos agujas), sé. Hacer medias, pulóver y todas esas cosas… Así que…
ella nos crió así, trabajando y así… todo el tiempo así nunca nos dejaba
tranquilos… Y los animalitos nosotros yo digo, desde la mañana hasta
todo así en el campo... y así nos criamos. Trabajando nomás.”7

Esta actividad que desarrollaban los niños en la economía familiar rural


aparece reflejada en todo el espacio de análisis y así lo advertía Máximo Croto

7 TRONCOSO, Ana María Todavía No. El proyecto civilizador entre las prácticas sociales y las
estrategias de resistencia, de negociación y de apropiación en la meseta norte chubutense
(1900-1970). Tesis Doctoral, p. 196.

223
para el caso del territorio pampeano en sus crónicas para el periódico Pampa
Libre: “(…) Los chacareros más activos y que conocen las tareas agrícolas
suelen trabajar ellos mismos, conchabando según la extensión de la chacra
uno o más peones. La mujer o esposa del chacarero hace de sirvienta en todas
las tareas de la población y los hijos tienen que cuidar los chanchos, las
gallinas, las vacas, las ovejas y hasta hacen de boyeros. Regularmente el hijo
mayor cuando es práctico sirve de látigo o capataz de los peones durante la
arada y la siembra…”8
Sin embargo, no todas estas tareas que realizaban los niños eran consideradas
en el seno familiar como trabajo. Por el contrario en muchos casos se utiliza la
palabra “ayudar” refiriendo a una colaboración que además resultaba formativa
en las cuestiones vinculadas a la vida familiar. Acarrear agua y leña, depostar
animales, carnear, juntar verduras de la quinta no se consideraban trabajos
sino colaboraciones de la vida cotidiana.
Por trabajo se entendía las actividades vinculadas al juntado de la majada,
encierro de las chivas, esquila, baño, y todo lo que se refiere a “mejoras”
(cercos, pozos, zanjas), todo lo que se relacionaba a la vida económica
productiva y al mercado, es decir, la que se refería a las ovejas y chivas.9
Pero también se utiliza la palabra “trabajar” cuando se hace referencia a la
salida de los jóvenes del núcleo familiar para incorporarse al mercado de
trabajo ya sea como peones, esquiladores, empleadas domésticas o
mandaderos, todas actividades que son remuneradas.

El trabajo de los agregados o entenados, prestados y criados

Dentro del trabajo infantil familiar una forma bastante difundida es la actividad
que llevan adelante niños que no forman parte de la familia biológica pero que
sí la integran circunstancialmente, que su incorporación a la misma deviene de
diferentes situaciones y tienen distintas acepciones. Estos son los
denominados agregados o entenados, los prestados y finalmente los criados.

8 Periódico Pampa Libre. General Pico. Año IV. Nº 87. Junio de 1926. “El trabajo agrícola y los
colonos”.
9 TRONCOSO, Ana María. Op. cit. P.196.

224
Según A. Troncoso, cuando los niños quedaban huérfanos, al menos sin su
madre y no había otros parientes cercanos, como abuelos o tíos que los
criaran, o que lo reclamaran para seguir con su crianza, era común que fueran
a parar a la casa de un comerciante o de un hacendado de los notables del
pueblo que lo solían agregar a la familia para servicio doméstico y atención de
la casa y la familia.10
En cambio, los niños prestados son aquellos infantes que hacen un proceso
formativo, al salir de su casa y prestar servicios (las niñas en las tareas
hogareñas, los varones en el campo) cumpliendo compromisos contraídos
entre familias pero sin remuneración.
Finalmente tenemos los denominados criados o criadas que son aquellos niños
y aún púberes, que migraban del núcleo familiar hacia otros hogares que
podrían ser de parientes o padrinos en el mejor de los casos o en casa de
patrones, que los terminaban de criar enseñándoles diferentes tareas. Si bien
los criados podían ser de distintas edades en general el grueso de ellos
transitaban la pubertad o la adolescencia.

El trabajo en el marco de las relaciones capitalistas

Una serie de actividades desarrolladas en este periodo en el mundo rural son


demandante mano de obra infantil remunerada.
Una actividad que si bien se desarrolla en el ámbito rural, igualmente tiene
ciertas características manufactureras es el embalaje de fruta donde participan
una numerosa cantidad de infantes a lo largo de todo el periodo estudiado.
Esta actividad productiva se localiza principalmente en el Alto Valle del río
Negro y debemos señalar que desde los inicios mismos de la actividad, debido
a la estacionalidad de la misma y a la escasa oferta del mercado laboral, la
mano de obra que se incorpora a la fruticultura tiene una serie de
características que pasa por la transitoriedad y el origen migrante de la misma.
En efecto, ya desde los comienzos de la actividad la necesidad de brazos para
la cosecha, acondicionamiento y conservación de la fruta va a ser una
constante que no puede ser satisfecha por la mano de obra local y entonces

10 Ídem.

225
debe recurrirse a la contratación de trabajadores migrantes, los que en general
provienen de Buenos Aires y demás provincias argentinas pero
fundamentalmente de Chile.
Igualmente muchas veces y al ser esta oferta poco constante, se repiten los
picos de escasez de mano de obra y entonces tanto chacareros y empresarios
como gobierno, deben apelar a distintos mecanismos para asegurar una oferta
suficiente de mano de obra que cubra las demandas de la actividad.
De esta manera, a recurrente escasez de mano de obra en tiempos de cosecha
sumado a la posibilidad de abonar salarios menores por la característica de la
mano de obra alentaba a no pocos chacareros a proveerse de este tipo de
trabajadores tal cual lo ejemplifica la siguiente misiva enviada por un importante
productor del Alto Valle al administrador de las obras del dique Neuquén que
incluía el campamento obrero.

“(…) Nuestro establecimiento esta encajonando fruta para exportación y


necesitaríamos unos cinco muchachos de 11 a 14 o 15 años para
envolver cada pera en su papel de seda y otros trabajitos livianos.
Sabemos que en Cordero en la población obrera hay numerosos
muchachos de ésa edad que ahora están de vacaciones pero cuyos
padres estarían gustosos que pudieran ganarse una changa en vez de
vagabundear (…).
(…) Mucho agradeceré al Señor Director tuviera la amabilidad, mediante
aviso en lugar aparente y convenciéndolos, de ayudarnos a conseguir
estos muchachos. Si Ud. consiguiera reunir cinco de ellos, podrían venir
con el tren del lunes hasta Ferri donde una zorra nuestra los buscaría. Los
que lo pudieran también podrían presentarse al capataz de los fruteros en
“La Mayorina” hoy o mañana domingo.
Esto es una tentativa que hacemos de hacer participar de las pequeñas
labores agrícolas y de sus ganancias a la gente menuda con beneficio y
ventaja mutuas.”
Firmado Augusto C. Mengelle

226
Nota: En la actualidad tenemos unos cinco muchachos de Cordero que se
encuentran contentos y en perfecta salud.- VALE (…)11

Esta actividad de los menores en la recolección de la fruta si bien, en términos


económicos resultaba un pingüe negocio para los contratistas y a la vez un
ingreso adicional a la menguada economía familiar, por otro lado conspiraba
con la posibilidad de que éstos pudieran acceder a la educación formal tal cual
lo denuncia el siguiente comentario periodístico aparecido en un diario regional
ya muy avanzado el periodo estudiado.

“Con la iniciación de los trabajos de recolección de la uva, se acentúa en


la zona la ubicación de menores en tareas que no son las suyas.
Pero en este caso en que se produce, con repetición un movimiento de
deserción escolar afectando las tareas de las escuelas en su iniciación,
creemos muy oportunas la intervención de las autoridades para evitar la
perduración de un abuso (…)”12

El artículo finalizaba denunciando como se vulneraban las disposiciones


legales vigentes y para ello hacía referencia a leyes nacionales N° 5291/06 y su
modificatoria N° 11317, que fijaban taxativamente los 14 años como la edad
mínima para que los niños se incorporaran al mercado laboral.
También, pero particularmente en el territorio de La Pampa, encontramos
trabajo infantil ligado con la actividad de desmonte. En efecto, es común en
estos años cuando se contrataba hacheros para desmonte o producción de
carbón que estos trabajadores llegaran con su familia armando una precaria
vivienda13 durante el tiempo que durara la actividad, y colaborando la mujer y
los hijos con el trabajo.
Respecto a la inclusión del trabajo infantil en las actividades de servicio,
debemos señalar la inclusión de menores en el transporte terrestre, los
llamados maruchitos que formaban parte de las tropas de carros que recorrían

11 Nota del propietario del establecimiento frutícola “La Mayorina”, Sr. A. Mengelle al
administrador de las Obras del Dique Neuquén del 4 de febrero de 1927. En Museo del Agua.
Archivo de Agua y Energía. Obras del Dique Neuquén. Documentos varios.
12 Fuente: diario Río Negro General Roca. 11/03/1937 p. 4 col 1 y 2. N° 1323.
13 Este precario lugar donde pernotaba el hachero y su familia se denominaba carpa y en la
práctica era un pozo cubierto de ramas.

227
los caminos y picadas del territorio transportando mercaderías y la producción
del lugar, especialmente la lana. Estos niños desempeñaban diversos
menesteres: estaban encargados de atar los animales a los carros, picanear a
los bueyes durante la travesía, cebar mate a los peones y otras tareas
menores.14
El mismo Vallmitjana, al relatar la vida de algunos de estos maruchitos que
estaban incorporados a las tropas de carros que hacían el trayecto de Neuquén
a Bariloche, describe cual son las faenas que estos pequeños carreros deben
desarrollar y cuál eran sus retribuciones, la que como en otros escenarios
aparecen como sensiblemente menor a la que percibían el resto del personal.
“Hombres de todas las edades y hasta niños que se los llamaba maruchos,
encargados de picanear los bueyes y cebar mate a los peones. Un marucho
cobraba $15 a $16 por mes, y eso era lo que le correspondía a Juan Santos
Jara, a José Marivil, a Narciso Riquelme. Un peón cobraba $30 o $40 por mes,
el valor de un buen caballo, y un capataz llegaba a los $100 mensuales.” 15
Otras actividades de servicio en la que están insertos los menores son las que
tienen que ver con el personal doméstico y el servicio personal. Las memorias
de viajeros o de observadores contemporáneos relatan la reiterada presencia
de niños y adolescentes cumpliendo tareas relativas al servicio doméstico
fundamentalmente en las estancias y grandes establecimientos rurales y aún
algunos comerciantes solían incorporar a un niño a la familia, para realizar
tareas de limpieza y atención de la casa y la familia. Con menor frecuencia
algunos maestros también se llevaban una niña o joven cuando eran
trasladados, para ayudar en la casa o el cuidado de los niños, al servicio “cama
adentro” tal cual queda testimoniado en la siguiente entrevista:

“Una señora maestra me trajo acá, no me acuerdo como se llamaba,


nunca se casó, me trajo de sirvienta a lavar, a limpiar, no me sacaba a
ningún lado, todo el día, cuando salí no me pago nada. Yo no tenía

14 Vallmitjana, Ricardo Por la huella a Bariloche. En Revista La Bitácora. General Roca, La


Bitácora, Verano de 2001. Año 4; N° 15. P. 20.
15 Vallmitjana, Ricardo. Op cit. P. 20.

228
amigos, parientes, nada. (…) Ella me trajo de compañera, dijo para no
estar sola, no para trabajar.”16

Otras formas de inserción laboral

Otros dos vehículos importantes en la provisión de mano de obra infantil fueron


sin duda algunos estamentos judiciales y ciertas instituciones educativas. La
primera a través de la actividad de los defensores de Menores y la segunda
particularmente con el accionar de la orden de los salesianos y sus
establecimientos de enseñanza agrícola.

La justicia y el trabajo infantil: Los repartos

Sin lugar a dudas, el accionar de los defensores de Menores fue un importante


vehículo de transferencia de niños hacia el mundo laboral. Si bien el accionar
de estos funcionarios se remonta al siglo XIX, es a partir de la sanción de la ley
de Patronato de Menores de 1919 cuando se redefinió y amplió las
posibilidades de acción de las autoridades estatales sobre el vasto mundo de la
niñez abandonada y al mismo tiempo sentó las bases del sistema penal tutelas
de menores en nuestro país. En este contexto creció en importancia el accionar
de ciertos funcionarios judiciales como el defensor de Menores que a partir de
su función específica tenía a cargo la recepción de los menores en emergencia,
su depósito y su posterior distribución en establecimientos correccionales o en
familias sustitutas.
Por lo tanto, los depósitos de menores fueron un significativo mecanismo de
provisión de mano de obra infantil ya que aquellos menores huérfanos,
abandonados o delincuentes que eran tutelados por el Estado luego eran
entregados en muchos casos en guarda a tutores que la mayoría de las veces
los ocupaban como peones o sirvientes.
Este es el caso de lo sucedido con los niños y niñas indígenas ya que, en el
marco del proceso de integración aborigen, la justicia avanzó en la aplicación
de de dos instrumentos jurídicos básicos como fueron el matrimonio civil y la

16 Entrevista realizada a Manuela de Yala Laubat, territorio de Chubut, en octubre de 2009. En


Troncoso Ana María. Op. cit. P. 187.

229
patria potestad. Este último llevó a la desorganización de los grupos
domésticos favoreciendo al mismo tiempo el depósito de menores ya que el
accionar de la justicia se volvió implacable sobre aquellas familias indígenas
que no contaban con un varón como referente. Como señala M. E. Argeri “En
las familias que estaban organizadas solas o grupos de mujeres relacionadas
por parentesco, la fuerza de la policía y la justicia se ejerció despiadadamente.
Se alegaba la incapacidad para ejercer tutela sobre su prole y se destacaba
que nunca habían estado casadas legalmente -y por tanto en condición de
sujeción a un varón, lo que las incapacitaba legalmente-, que eran libertinas
que habían pasado toda su existencia “viciadas” por el amancebamiento,
permitiendo que muchos varones ajenos a la familia se asentasen como
“agregados” permanentes o circunstanciales en los ranchos.”17
Entonces las mujeres acusadas de libertinaje perdían a sus hijos, que la justicia
alojaba en casas decentes bajo la tutela de los jueces de menores o del
ministerio popular, adscritos a la figura del depósito. De tal forma, los menores
de ambos sexos eran llevados a otra casa donde eran empleados como
peones o sirvientes.
En cuanto a sus condiciones de vida y de trabajo en su nueva morada, las
mismas resultan en la mayoría de los casos absolutamente negativas ya que
sin un control efectivo están sujetos a los arbitrios de quienes los reciben
sucediéndose entonces las arbitrariedades. En realidad no es difícil imaginar en
este caso como se desenvuelve la vida de estos pequeños trabajadores
alejados de sus familias y a merced de una tutela sólo interesada en sacar el
mayor provecho material de esta situación. Estas anomalías por otra parte no
dejan de tener notoriedad y de ella se ocupan denunciándola algunos
funcionarios a nivel nacional como Vicente Sierra, quien en un artículo
publicado en 1917 en la revista de Criminología, psiquiatría y medicina legal
afirmaba que los “Huérfanos entregados a familias que prometen cuidarlo,
cuando sólo buscan un sirviente barato y sumiso; bestia de carga que -salvo
excepciones- realiza todos los trabajos en casa de sus protectores.
Son muchos los menores que, en esas condiciones huyen de tales hogares;
como son muchas las menores que ceden a los halagos del niño de la casa,

17 ARGERI, María E. De guerreros a delincuentes. La desarticulación de las jefaturas


indígenas y el poder judicial. Norpatagonia, 1880-1930. Madrid, CSIC, 2005, p. 243.

230
que encuentra cómodo, compatible con la moral, prostituir a la hija de nadie
que en ella alberga.”18
Años después también la prensa regional se hace eco de las condiciones de
coacción y explotación que sufren estos menores y así lo refleja el siguiente
artículo publicado por la Voz del Sud en 1926:

“En cuanto a los menores, varones y niñas que se consiguen por


intermedio del Juzgado Letrado, es necesario que el Defensor de
Menores vigile constantemente y se cerciore si se cumplen con ellos las
disposiciones vigentes.
No es justo ni humano que a esos hijos del infortunio se les considere
como a parias de la sociedad, que se le prive de la instrucción primaria,
que no se les concede el debido descanso, que su trabajo le sea
remunerado, y que cuando sus servicios ya no son necesitados, se
entreguen nuevamente a las autoridades, carentes de todo recurso y
hasta sin ropa para su uso particular.
Debemos hacer constar que existen honradísimas excepciones para las
que no rezan estas críticas.”19

Las escuelas salesianas de agricultura práctica

Desde muy temprano, los salesianos desarrollaron una intensa actividad en la


Patagonia que no sólo incluyó la difusión de la religión sino que también se
abocaron a otras actividades que tenían que ver con la vida de los habitantes
de estos territorios, fundamentalmente con la educación.
En ese marco se inscriben los numerosos centros educativos y escuelas de
artes y oficios que se desplegaron a lo largo y ancho del territorio patagónico.
Dentro de esta actividad, las escuelas salesianas de agricultura práctica
cumplieron una destacada labor y uno de sus principales impulsores fue el
sacerdote Alejandro Stefenelli el cual bregó durante mucho tiempo para poder
instalar un primer establecimiento en el Alto Valle del río Negro.

18 SIERRA, Vicente “La minoridad que delinque en la ciudad de Buenos Aires”, en revista de
Criminología, psiquiatría y medicina legal. Buenos Aires, año IV, 1917, p. 60.
19 La Voz del Sud. Viedma-Patagones. 25 de marzo de 1926, p. 1 col. 6

231
Las razones que impulsaban este objetivo de alguna manera aparecen
expuestas en la memoria que envía al Congreso Nacional en 1899
peticionando los fondos necesarios para la erección de la misma. En ella
Stefenelli siguiendo con la línea de pensamiento de otros sacerdotes de la
orden plantea la idea de educación y moralización mediante la instrucción y el
trabajo en una zona en la que existen, según la Memoria, “crecidísimo número
de familias indígenas, cuyos hijos están criándose en la escuela de sus padres,
naturalmente indolentes e inmorales y muchos de ellos viviendo de la rapiña a
expensas del industrial ganadero.”20
Esta imagen la vuelve a repetir en otra parte del mismo documento donde
expresa que “al ver abandonados a tantos niños que vagaban por el pueblo
sentí en mi alma un gran dolor… mi pensamiento fue fundar una Escuela de
Agricultura, porque vi el porvenir de esta región estaría ciertamente en los
cultivos y por tanto, sería mucho más útil que una escuela de Artes y Oficios.”
Finalmente sostenía que la puesta en marcha de esta escuela podía,
“proporcionar buenos agricultores, sea para atender las propiedades que
consiguieran ellos mismos o a fundarse, sea para el servicio de los dueños de
establecimientos agrícolas o ganaderos que necesitan estos elementos, hoy
tan escasos”.
Aprobado finalmente el proyecto y votado las partidas necesarias para su
funcionamiento, rápidamente se construyó la Escuela de Agricultura Práctica
San José, la que inicio sus actividades con 40 indígenas huérfanos que se
alojaron allí.21 Muy pronto el desarrollo productivo, el incremento del número de
alumnos y la estabilización de la planta docente mostraron los avances de este
particular establecimiento educativo.
Sin embargo, muy pronto la actividad de la escuela, pero particularmente las
labores desarrollado por los niños allí alojados generó un fuerte debate. Así los
detractores del proyecto, tanto salesianos como civiles, denunciaban que los
huerfanitos trabajaban de sol a sol en el laboreo de la tierra sin recibir otro tipo

20 BELLI, Jaime El padre A. Stefenelli y la agricultura y el riego en el Alto Valle de Río Negro,
Bahía Blanca, Archivo Histórico de la Patagonia Norte, 1995. Transcripción completa de la
Memoria del padre Alessandro Stefenelli a las Honorables Cámaras de Diputados y Senadores
Nacionales, solicitando se continúen los auxilios oficiales para la rehabilitación y desarrollo de
la Escuela de Agricultura práctica de los Padres Salesianos en General Roca (Río Negro),
Buenos Aires, 1899
21 YAPPERT Susana. “Hogar de colonos”, diario Río Negro. Suplemento Rural, 10 de julio de
2004.

232
de formación, (…) en (la escuela) de año en año la causa de la religión iba
perdiendo terreno.22

“Otros veían trabajar a los huérfanos acarreando pasto a la estación


como hombres derechos y decían: ¡a mí también me gustaría tener
peones sin pagarlos!”23

Los defensores del sacerdote en cambio, contraatacaban argumentando: “Qué


el (padre) tenía huerfanitos recibidos… Que habían sido retirados por el….;
para evitar su explotación en las chacras.”24
Más allá de quién tiene razón en la controversia planteada lo cierto es que
polémica planteada, lo que sí deja claro, es la existencia y aprovechamiento de
una mano de obra infantil.

Algunas reflexiones finales

De lo expuesto en las páginas precedente resulta claro que durante el periodo


estudiado la incorporación de la niños al mundo laboral fue una constante tanto
en tareas relacionadas con el trabajo rural como en actividades de servicio y
personales.
Que su inserción abarcó tanto el trabajo familiar como el remunerado y aún el
que devino de su situación legal o de su relación con instituciones religiosas y
educativas. Pero también, debemos señalar que esta situación laboral en
algunos casos no fue contemplada como tal sino que fue vista muchas veces
como ayuda en el caso de la economía familiar o como una actividad necesaria
para alcanzar la adultez. Mientras que para otros actores esa misma inserción

22 BRUNO, C. Los Salesianos y las hijas de María Auxiliadora en la Argentina [Link].


III. P. 326; TEOBALDO, M. y GARCÍA, A. “Estado y sociedad civil en la conformación y
desarrollo del sistema educativo en el territorio nacional de Río Negro (1884-1945)”, en
PUIGGROS, Adriana -directora- Historia de la Educación en la Argentina. Buenos Aires,
Galerna, 2001. Tomo IV. La educación en las provincias y los territorios nacionales (1885-1945)
p. 362.
23 Fuente: Archivo de las Misiones Salesiana de la Patagonia. Bahía Blanca Leg. Martinengo.
Citado por PAESA, P. Un pionero del Río Negro Padre Stefenelli. Buenos Aires, Escuela
Salesiana de Artes Gráficas, 1964. P. 120.
24Testimonio P. Pedro Martinengo en PAESA, P.S.D.B. Un prisionero del Alto Valle del Río
Negro P. A. Stefenelli. Escuela Salesiana de Artes Gráficas del Colegio San José. Rosario,
1964, p. 128.

233
laboral era una condición necesaria para contribuir a la formación ciudadana y
a la vez alejarlos del delito, tal el caso de la justicia y en cuanto a la iglesia, la
mirada inserta en el presupuesto que la práctica agrícola era el mejor estímulo
para alcanzar los objetivos educativos, determinaron la incorporación de estos
pequeños trabajadores al mundo laboral.
Lo cierto es que, más allá de estas situaciones y argumentaciones, no pocos
niños en el territorio patagónico en el período estudiado, vieron alterada su
propia condición en términos materiales por el impacto de las duras tareas
realizadas sobre su integridad física y en los aspectos mentales al tener que
trocar más allá de su voluntad el tiempo dedicado al ocio propio de su edad por
el destinado al trabajo y tuvieron que forzadamente, en muchos casos,
incorporarse a una sociabilidad ajena a ellos e impuesta por los adultos.

234
Historia y literatura o el difícil problema de la experiencia. Estudio de un
caso

Esteban Vedia (UNCo-CONICET)

Introducción

Desde que en 1991 la historiadora norteamericana Joan Wallach Scott


escribiera su polémico artículo “The evidence of experience”, la experiencia ha
ganado un lugar central en los debates historiográficos. ¿La experiencia,
invocada por los historiadores en su reconstrucción del pasado, es algo más
que una construcción discursiva cargada de ideología? ¿Es posible recuperar
la experiencia de los actores de la historia? ¿Cómo hacerlo? ¿Qué concepción
de la experiencia se podría formular para superar las críticas post-
estructuralistas del tipo de Scott? Preguntas como estas son centrales en dicho
debate y desde esta ponencia se intentará, si no responderlas, al menos
ofrecer algunas hipótesis de trabajo, se piensa, útiles para el campo de la
historia social.
En dicha propuesta el historiador de la literatura inglesa y crítico literario
Raymond Williams será clave. En primer lugar porque se postula que la
concepción de experiencia de Williams, sin dejar de lado la dimensión
discursiva, puede servir como guía para la reconstrucción historiográfica de la
misma. Y, en segundo lugar, porque su concepción de la literatura y el arte
como depósito de experiencia puede dar lugar a una fructífera utilización de la
misma como fuente de reconstrucción de la experiencia. Esta es, ante todo,
una relación activa entre el sentir y el conocer, se presente ya como producto
acabado, como significado que circula en una cultura, o como estructura del
sentimiento, como experiencia en solución.
Dicha concepción servirá para realizar un ejercicio de interpretación de la
experiencia. Para ello seleccionamos el caso de Zanón porque podemos
realizar un trabajo comparativo, en tanto se dispone tanto de Zanón, una
experiencia de lucha obrera, del historiador Fernando Aiziczon,1 como de la
novela QTH Zanón, del escritor José “Chiquito” Moya.2 Ambas ubican una

1 AIZICZON, Fernando Zanon, una experiencia de lucha obrera, Buenos Aires, Herramienta/El
Fracazo, 2009.
2 MOYA, José QTH Zanón, Buenos Aires, El Cielo por Asalto/El Fracazo, 2005.

235
experiencia como central: la del militante. Sea en un caso la del militante
político y sindical, o la del punto de vista del militante social, específicamente
de la figura del fundido, de ex militante, en el otro. De ser consistente la
hipótesis de trabajo, en torno a la concepción de experiencia ofrecida y sus
alcances, la historiografía se podría apropiar de la literatura, o de otras formas
culturales, como forma de acceder a la experiencia.

La experiencia en debate

El artículo de “‘The evidience of experience”3 de Scott será el lugar desde el


que presentará sus críticas al uso de la noción de experiencia por parte de los
historiadores. El mismo será un parteaguas en la discusión contemporánea
acerca de los usos de la experiencia en el ámbito de la historia, pretendiendo
incluso cuestionar el estatuto disciplinar de la misma.
En él, Scott parte del problema del papel que juega la experiencia en la
constitución de las identidades, en la asignación de la diferencia. Como
ejemplo, toma la narración autobiográfica de Samuel Delany, The Motion of
Light in Water. En ella, Delany, un homosexual, negro, escritor de ciencia
ficción, cuenta el impacto que le causo su visita a los saunas gay en los
primeros años 60. Eso será muy significativo para Delany, no sólo porque
confirmaba la realidad de una identidad homosexual, identidad que no se
correspondía con aquellas asignadas por el status quo sexual de la época, sino
que significó también una toma de conciencia en cuanto al poder político del
movimiento gay. Sin embargo, el objetivo de Scott es problematizar la
concepción implícita sobre la experiencia contendida en el texto de Delany.
Scott alerta sobre la «metáfora» de la visibilidad incluida en la apelación a la
experiencia, donde el ver es clave en la toma de conciencia de las
vinculaciones entre lo personal y lo político, donde hay una “una aprehensión
directa de un mundo de objetos transparentes”, 4 donde “la visión es el origen
del conocer”, donde “escribir es reproducción, transmisión” y “la comunicación
del conocimiento es obtenida a través de una experiencia (visual, visceral)” 5.

3 SCOTT, Joan W. Critical Inquiry, Vol. 17, N° 4, Summer 1991.


4 SCOTT, op. cit. p. 775.
5 SCOTT, op. cit. p. 776.

236
Pero esta concepción del conocer, del saber, dice Scott, de esta clase de
comunicación de la experiencia, no es exclusiva del relato autobiográfico, sino
que estaría en el centro del proyecto historiográfico. E inclusive está presente
en el proyecto historiográfico crítico, donde el develamiento de los sujetos
«ocultos» por la historia tradicional es clave -mujeres, obreros, homosexuales,
etc. Esta «historia de la diferencia» (de los diferentes) incluso condujo, en
parte, a la crisis de la historia tradicional, fragmentando su objeto de estudio,
imponiendo nuevas narrativas y cuestionando un criterio único y universal de
verdad. Pero, dice Scott, este cuestionamiento a la historia tradicional no ofrece
un punto de vista alternativo del uso de la experiencia por parte de los
historiadores. En todo caso, ese proyecto se adaptó a las reglas de la historia
tradicional, ubicando su crítica como una ampliación, una corrección, de la
visión que otorgaba la ortodoxia; permaneciendo inalterado el fundamento
epistémico, en cuanto que la experiencia (tanto de aquellos a quienes se
rescataba como la del propio historiador u historiadora) era un punto no
problematizado.
Para Scott, la estrategia de documentar la experiencia, de apelar a ella como
un fundamento, constituyó un límite porque, al compartir estas asunciones
comunes, debilitó justamente esta crítica, naturalizando sus identidades y
cosificando la agencia de los sujetos, dejando de lado la cuestión de su
constitución. De ahí que la apelación a la experiencia terminaría reproduciendo
los sistemas ideológicos establecidos, tanto sobre los mismos sujetos
(historiador y/o agente histórico), como sobre las categorías con las cuales se
representan a los mismos. El juicio no podría ser más severo: “el proyecto de
hacer la experiencia visible oculta el trabajo de estos sistemas [de poder] y su
historicidad; en lugar de ello, reproduce sus términos”.6 Por ello, el hacer la
experiencia visible no es suficiente, aun cuando exponga muchos de estos
mecanismos de poder, no logra develar como están “relacionalmente
constituidos”.

“Para ello necesitamos atender al proceso histórico que, a través del


discurso, posiciona a los sujetos y produce sus experiencias. No son los
individuos los que tienen experiencias sino los sujetos quienes son

6 SCOTT, op. cit., p. 779.

237
constituidos a través de la experiencia. Experiencia, en esta definición, se
transforma no en el origen de nuestra explicación, no en la autorizada
evidencia (a causa del ver o sentir) que sustenta que es lo conocido, sino
aquello que necesitamos explicar, aquello sobre lo cual el conocimiento es
producido.”7

Así, la historia, llegaría a ser un «discurso fundacionalista» (foundationalist


discourse), lo que podría ser entendido también como esencialista o metafísico,
en el sentido de la crítica post estructuralista, ya que estos fundamentos
incuestionados e incuestionables, a la vez son considerados permanentes y
trascendentes, creando un piso común para los historiadores y sus objetos de
estudio, legitimando un análisis que no sería capaz de proceder sin los mismos.
De ahí que el recurso de la experiencia como crítica al empirismo positivista
sería un fallido y como tal debe ser incluida dentro de este «discurso
fundacionalista» (léase esencialista).

La posición de Williams

En primer lugar hay que partir de la idea que Williams tiene de lenguaje, que
remite a una concepción que relaciona los elementos constituyentes y
constitutivos del mismo. Con ello se quiere enfatizar que este no es pasivo, ni
con respecto al sujeto, ni con respecto al objeto. No es pasivo en relación al
objeto, en el sentido que el acto de enunciación no sólo evoca relaciones sino
que las constituye. Y no es pasivo con respecto al sujeto, en tanto que estas
relaciones que evoca son constituyentes del sujeto, lo modifican
cualitativamente, lo constituyen. Desde estas definiciones Williams quiere
polemizar tanto con lo que llama la visión positivista del lenguaje, traducida
hacia dentro de la tradición marxista como la teoría del reflejo, que ubicaba al
lenguaje como un reproductor pasivo de aquello exterior al sujeto, como, al
mismo tiempo, desmarcarse del estructuralismo, tal como él lo entiende, donde
el sujeto sería pasivo con respecto a una estructura que no controla ni maneja.
Para comprender cabalmente la concepción de la experiencia de Williams hay
que detenerse primero, a mi entender, en sus ideas en torno al lenguaje,

7 SCOTT, op. cit., p. 780.

238
articuladas en torno a una concepción activa del mismo. Fue recién en Marxism
and Literature (1977),8 donde sistematizó sus reflexiones sobre el tema.
Comienza con un razonamiento muy simple: las principales categorías
aceptadas -«mundo», «realidad», «naturaleza», «humano», etc.- pueden ser
contrapuestas a, o relacionarse con, la categoría lenguaje, de ahí que sería un
lugar común, sostener que todas estas son una construcción del lenguaje
(incluyendo la categoría misma de «lenguaje»). Esto no hace más que formular
el problema, ponerlo al descubierto, sostiene, por lo tanto que se hace
necesario un desarrollo particular que abarque las relaciones entre la
«realidad» y el «lenguaje» para avanzar en la respuesta del mismo. La misma
apuntará a dos cuestiones: la historia del lenguaje, sobre la que volverá años
después, y el énfasis en torno al lenguaje como relación activa.
Como síntesis Williams propone que a la necesaria definición de la facultad
biológica del lenguaje, como constitutivo, podemos agregar una definición,
igualmente necesaria, del desarrollo del lenguaje -que es a la vez individual y
social- como histórica y socialmente constituyente. Definido el lenguaje como
práctica social material constitutiva, hay que aclarar que esta práctica es de un
tipo especial (la práctica de la sociabilidad humana), tanto por su materialidad
(poco manifiesta), como por su complejidad (información e interacción,
representación e imaginación, pensamiento abstracto y emoción inmediata). Y
justamente por las características que le son propias, puede volverse
irreconocible en sus formas reales. Por último, no hay que dejar escapar la
cuestión de que el significado es siempre producido y no es jamás expresado
simplemente: “el lenguaje no es un medio puro a través del cual la realidad de
una vida o de un evento, o una experiencia, o la realidad de una sociedad
pueda fluir”9. Más aún:

“Describir algo en un sentido o en otro es, explícita o potencialmente,


como cualquier acto de expresarse, evocar o proponer una relación. Es
también, a través de esta, evocar o proponer una relación activa con la
experiencia que está siendo expresada, sea si esta condición es vista
como la verdad de un evento real o imaginario, la realidad de una

8 Marxism and Literature, Oxford-New York, Oxford University Press, 1977, p. 21 y ss.
9 Marxism and Literature, op. cit., p. 166.

239
situación social o el significado de una respuesta a esta, la realidad de
una experiencia privada o el significado de su proyección imaginativa, o la
realidad de alguna parte del mundo físico o el significado de algún
elemento de percepción o respuesta a este.”10

Ahora se puede ver más claramente lo que significa el lenguaje en tanto


actividad, práctica social, constitutiva y constituyente. Esta relación activa entre
lo constitutivo y lo constituyente es clave para entender no sólo la noción que
Williams tiene del lenguaje sino, ante todo, la noción de experiencia, y con ella,
comprender toda su obra. Concretamente, su renuncia a entender el lenguaje
como un «medio puro», su idea de que el acto de enunciación es ya una forma
de proponer una relación en torno a lo enunciado esta en clara ruptura con, por
un lado, lo que Williams llama «teoría del reflejo», como por el otro con el
«idealismo» o «subjetivismo». Con el énfasis del lenguaje en tanto actividad
humana constitutiva-constituyente Williams quiere destacar tanto el elemento
pasivo, el lenguaje como una herramienta para dar cuenta del mundo, interior u
exterior del sujeto, como el elemento activo, el lenguaje que moldea los
sentidos que adquieren ese mundo interior o exterior al sujeto.
La escritura y todas las formas del arte son vistas como formas de registros de
la experiencia. La escritura, en tanto grupo de palabras, de enunciados, no es
más que otra forma de la condensación de la experiencia. Sin embargo, para
poder acceder a estas formas de experiencia debemos interiorizarnos en los
aspectos formales de la propia escritura, en este sentido aunque la literatura
puede ser vista como un registro de experiencia, al mismo tiempo, este énfasis
en los aspectos formales de la misma, las convenciones, nos indican que este
registro de la experiencia no es, por así decirlo, transparente, sino que esta
mediado por los propios dispositivos de la escritura. 11 Por otro lado la literatura

10 Marxism and Literature, op. cit., p. 166.


11 Convenciones, según Williams, son relaciones, históricamente variables entre formas de
escrituras, que se repiten en un período, y experiencias. En el caso estudiado de Moya, la
convención, por ejemplo, puede ser el recurso del protagonista-detective tan común al género
policial. Esa “convención” le sirve a Moya para poner una experiencia. Un análisis del
argumento o historia que la novela cuenta se perdería en las puras convenciones. Así, lo que al
lector le puede parecer un lugar común, convencional, el detective, el espía, doble agente, el
prólogo o su ausencia en el caso de la forma historiográfica, etc., en una lectura experiencial
del texto como la que propone Williams, son indicadores de tipo formal en los que se puede
rastrear una experiencia. Para la definición de convenciones o formas ver: Marxism and
Literature, Oxford University Press, 1977, p. 172 y ss.

240
es comprendida de una manera amplia, donde todas las prácticas de la
escritura tienen cabida dentro de la misma, vinculada a la idea de la
comunicación como experiencia humana básica.
Hablamos de palabras o grupos de palabras, enunciados, una escritura que
condensa la experiencia. Una escritura que constituye una experiencia
articulada (articulated experience) donde el pensamiento no está opuesto a los
sentimientos, sino que hay en cambio una inmediatez de la experiencia que
opera, en el caso de un escritor particular, como una personificación de las
ideas. Una escritura individual que sólo es importante en tanto que comunica
una experiencia, aquí asimilada a una especie de aprendizaje, de ganancia,
aunque no de verdad, una experiencia personal (personal experience) que se
convierte en hito.12 Pero la escritura no un vehículo que sin más da cuenta de
una experiencia, sino que también, al trabajar con palabras que son portadoras
de significados heredados, implica un proceso de permanente redefinición de
esos significados.
La escritura puede ser portadora o indicadora de una experiencia, siempre
social, común, aunque sólo aparentemente privada y personal. Sin embargo,
en este punto, parece establecerse una distancia entre el registro de la
experiencia, tal como llega hasta nosotros, como palabras o grupos de
palabras, y tal como esta fue experimentada por los sentidos:

“Los cambios que recibimos como registro fueron experimentados, en


estos años [la revolución industrial, nota mía], con los sentidos: hambre,
sufrimiento, conflicto, dislocación, esperanza, energía, visión, dedicación.
El patrón de cambio no fue el trasfondo o escenario, tal como hoy
podemos estar inclinados a estudiarlos; fue en cambio el molde en el cual
la experiencia general fue forjada.”13

Parece haber aquí cierto sensualismo u empirismo en torno a la experiencia


que, se tratará más adelante, puede contradecirse con lo sostenido hasta aquí:
las palabras no sólo expresaban un contenido de experiencia sino que también
ayudaban o servían para comprender la misma. Por otro lado, resulta
interesante la idea de que hay un molde (mould), la revolución industrial por

12 Culture and Society, 1780-1950, New York, Anchor Books, 1959; p. 5.


13 Culture and Society, op. cit., p. 34.

241
caso, en el cual la experiencia general, que según entiendo puede ser sinónimo
de experiencia común, pudo ser forjada. Elemento que, a mi entender, indica
aquí que estos significados (hambre, sufrimiento, etc.), que fueron
intensamente «sentidos» adquirieron nuevos valores, diferentes, de los que
portaban hasta ese momento. En ese sentido, la lectura sobre determinada
tradición, en este caso la tradición literaria alrededor de la cual se van forjando
los significados de la palabra cultura, implica que con esta lectura se puede
captar, por medio de la mudanza en las ideas, los pensamientos y ante todo los
sentimientos, los cambios en la experiencia. En otro lado dirá que (diferentes)
valores son engendrados por (diferentes) órdenes de experiencia, que surgen
de (diferentes) modos de vida.14
Volviendo específicamente sobre el tema del registro de la experiencia, es
importante destacar que este registro no se limita ni a la escritura, ni mucho
menos a la literatura:

“(...) podemos aproximarnos por otros medios a la experiencia, además


que por la literatura. Para la experiencia formalmente registrada no sólo
tenemos la rica fuente de la literatura, sino también tenemos la historia, la
arquitectura, la música, la filosofía, la teoría social y política, las ciencias
físicas y naturales, la antropología y todo el entero cuerpo del
conocimiento. También podemos dirigirnos, si somos sabios, hacia la
experiencia que es registrada en otras formas: instituciones, maneras,
costumbres, memorias familiares. La literatura tiene vital importancia
porque es un registro formal de la experiencia, y también, en cada obra,
un punto de intersección con el lenguaje común que es, en sus mejores
registros, diferencialmente perpetuado.”15

Definida así, la literatura, aunque no exclusiva ni excluyente, es un punto de


referencia central para comprender los significados de la experiencia social.
Por ejemplo, estudiando los registros que en ella encontramos de los diferentes
sentidos de la palabra cultura, objeto al cual es dedicado Culture and Society,
nos acercamos al registro de nuestras reacciones compartidas ante los
cambios sociales más globales:

14 Culture and Society, op. cit., p. 56.


15 Culture and Society, op. cit., p. 272.

242
“La historia de la idea de cultura es un registro de nuestras reacciones, en
pensamiento y sentimiento, a las modificadas condiciones de nuestra vida
en común. Nuestro significado de cultura es una respuesta a eventos que
nuestros significados de industria y democracia, de la manera más
evidente, definen. Pero las condiciones fueron creadas por hombres y han
sido modificadas por hombres. El registro de los eventos descansa, de
todas formas en nuestra historia general. La historia de la idea de cultura
es un registro de nuestros significados y nuestras definiciones, pero estas,
en cambio, son únicamente comprendidas en el contexto de nuestras
acciones.
La idea de cultura es una reacción general y de primer orden en las
condiciones de nuestra vida común.”16

Como se ve, la noción de experiencia tiene un papel preponderante para la


concepción en torno a la literatura. Uno de los lugares donde se retoma esa
definición es en Drama: from Ibsen to Eliot,17 allí esboza una definición de
literatura en la que la experiencia juega un papel central, en este caso,
vinculada a la idea de imaginación: “Literatura es, en su definición más general,
un medio de comunicación de la experiencia imaginativa a través de cierta
organización de las palabras.”18 Hay aquí una defensa de la experiencia que
está contenida y se trasmite por medio de las palabras, y que en la obra
dramática aparece como una totalidad, tanto en la intención del autor como en
la performance de la obra. Al mismo tiempo, la conexión entre literatura y
experiencia también emerge como una relación tanto del escritor consigo
mismo, este escribe acerca de aquello que tiene algún significado para él y
parece importante en su experiencia de vida general, como del lector con la
obra. Elegimos historias (stories), dice Williams, que representan aspectos de
experiencia que, aunque sumergidos en sus conexiones, son relevantes para
nuestra propia vida. Sin embargo, agrega, este nivel permanece oculto tanto

16 Culture and Society, op. cit., p. 312.


17 Drama: from Ibsen to Eliot, London, Chatto & Windu, 1965.
18 Drama: from Ibsen to Eliot, op. cit., p. 14.

243
para la mayoría de los lectores como para la mayoría de los autores y, cuando
es notado, sólo es parcialmente comprendido.19
Una de las más sistemáticas aplicaciones de este método de la experiencia la
encontramos en The English Novel from Dickens to Lawrence,20 cuya utilidad
reside en que el vínculo entre forma y experiencia está explicitado. Lo que
primero llama la atención a Williams es el periodo de veinte meses entre 1847 y
1848, donde se publicaron Dombey e hijo (Dickens), Cumbres borrascosas
(Emily Brontë), La feria de las vanidades (Williams M. Thackeray), Jane Eyre
(Charlotte Brontë), Mary Barton (Elizabeth Gaskell), Tancred (Benjamin
Disraeli), Town and Country (Frances Trollope) y La inquilina de Wildfeld Hall
(Anne Brontë), periodo que marca una ruptura, la imposición de la novela como
forma dominante, un quiebre generacional. Para Williams este breve período
marca la emergencia de una “nueva forma de conciencia” que se relaciona con
el establecimiento, también novedoso, de una nueva forma de vida que estaba
teniendo lugar en Inglaterra, cambios sociales, políticos, económicos y hasta
demográficos, con nuevas instituciones educativas y culturales. 21 Una crisis y
un nuevo modo de leerla: “De muchas y muy variadas maneras, una
generación de escritores encontró en sus propias manos la clave de formas
que encarnaban la respuesta a experiencias nuevas y distintas pero, aun así,
comunes a todos.”22
El aumento de la novela se relacionaba con el aumento de los lectores, con los
cambios en la industria de la impresión, la prensa, el mercado editorial, en
suma, el surgimiento de un nuevo público lector. Sin embargo, la emergencia
de la novela, para Williams, no es un caso de oferta y demanda sino un
resultado directo de la crisis de la vieja sociedad, había una necesidad de
experimentar nuevas maneras de conocimiento y experiencia. No se trata
simplemente de que el contexto (social, político, etc.) actuara como un “molde”
sino que el impulso provenía de una lugar diferente, una “crisis de la
experiencia” que impulsaba a una generación a cambios en las formas de

19 Drama: from Ibsen to Eliot, op. cit., p. 16.


20 The English Novel from Dickens to Lawrence, London, Chatto and Windus, 1970.
Traducción española: Solos en la ciudad, la novela inglesa de Dickens a D.H. Lawrence;
Barcelona, Debate, 1997; de la que tomamos las citas.
21 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 9.
22 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 10.

244
expresar esa experiencia, cambios en la escritura.23 Por medio de los mismos
se incorporaron nuevos sentimientos, personas y relaciones, que más que
reflejar la sociedad, ayudaron decisivamente a definirla.

“No eran la sociedad y sus crisis lo que producía las novelas. La sociedad
y las novelas (...) provenían ambas de una experiencia urgente y variada
que todavía carecía de historia; que carecía de formas y momentos
significativos, hasta que, directamente, las acciones de los hombres los
crearon.”24

La novela se constituye en un nuevo modo tanto de exploración como de


percepción, a pesar de apoyarse en sus predecesores, la nueva generación de
escritores debía crear, a partir de sí misma, formas que se adecuaran a la
experiencia. Surgía tanto una novela del cambio social, como de la valoración
del mismo. La novela, en ruptura con su precedente de la novela histórica, que
miraba a la Edad Media como espectáculo, se convierte así en “historia
contemporánea”, el realismo de la novela realista, es hacer una “historia
reciente,” como Walter Scott con Escocia o Balzac con la Revolución Francesa,
una “historia de su tiempo.”25
El problema, para esa generación de escritores, va a yacer justamente allí,
entre aquello que se desea convocar y que necesita ser conocido.26 Para
Williams el método creador de Dickens se deduce de esa nueva realidad, de
esa experiencia inédita, de esas experiencias sin precedentes, un método
capaz de expresar y dar cuenta de la experiencia de la nueva ciudad (v. g.
caminar por una vereda atestada de gente, las casas en fila a ambos lados de
una calle, imágenes que se han vuelto convencionales, tan convencionales que
su carácter de experiencia común, social, compartida, aparece casi

23 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 11.


24 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 12.
25 Solos en la ciudad..., op. cit. p. 15. “La novela adquirió importancia central para la verdadera
índole de la época cuando se convirtió en historia, historia contemporánea: historia de la
sustancia, del proceso, de la interacción entre la vida, de la interacción entre la vida pública y la
vida privada.” Ídem, p. 14.
26 “Lo central de nuestro argumento reside en que Dickens podía escribir un nuevo tipo de
novela -una ficción, la única capaz de aprehender un nuevo tipo de realidad- justamente porque
compartía con la nueva cultura urbana popular ciertas experiencias y respuestas decisivas.”
Solos en la ciudad..., op. cit., p. 35.

245
completamente velado). Una manera consciente de ver y mostrar, la ciudad
como hecho social y como paisaje humano.
En el caso de Charlotte y Emily Brontë, lo que Williams destaca es la intensidad
del sentimiento, la pasión. Con esa exacerbación de la pasión individual, del
amor absoluto, dice Williams, lo que se pone en discusión es la dimensión
misma de las relaciones humanas, una dimensión que entraba en coalición con
el sistema social emergente, el capitalismo. A esa exposición de la pasión se
contraponía, al mismo tiempo, una educación de los sentimientos, la imposición
de una sobriedad, una rigidez, acompañada de la negación de la afectación,
tanto en hombres como mujeres. Una masculinización que obligó que cuatro de
las novelistas más destacadas de la generación -las tres hermanas Brontë
junto a Marian Evans- a usar seudónimos masculinos.
No se trata de que la literatura refleje, tal o cual problema social de la época,
sino que esa experiencia social penetra de tal punto lo individual que esto no se
puede separar de lo social. La relación entre forma (cultural) y experiencia es
total para Williams. Así, por ejemplo, la inglesa novela de la que Williams es
contemporáneo sería reservada para algo distinto de lo cotidiano, lo cual ya
nos es informado por una multiplicidad de formas, y es justamente el tipo de
especialización que Williams rechaza.

“Muy poco de nosotros vivimos ahora en el modo en que mucho de


nosotros leemos. Quiero decir que esto es así si nos concebimos
formados por una conciencia y unas partes separadas que pertenezcan a
la historia cotidiana y oficial. Como he señalado antes, las frases nos
esperan: se dice que por un lado existe esa vida pública, social,
sociológica y, por otro, esta vida, la que importa, personal y privada.”27

Esa misma separación opera como una fuente de nuevas experiencias, de


nuevas formas de comunicación y escritura: el teatro, la radio, el cine y la
televisión, sumados a la publicidad y la prensa, indicarían que desde principios
del siglo XX la novela no es la forma dominante, nuevas experiencias implican

27 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 225.

246
nuevas formas. “Lo que encuentra y construye la forma es la experiencia.”28 No
se trata de que la sociedad haya producido las novelas, sino que estas, como
depósito de experiencia, es su unidad de forma y contenido, comunican una
experiencia, dan cuenta a la sociedad de sí misma y desde ella misma, no
como un producto, sino como una totalidad.

“(...) mientras la sociedad está viva, mientras es vivida, estas novelas


constituyen los nervios, la sangre, las fibras de su experiencia. En toda
sociedad viva este milagro tiene lugar: en realidad para una filosofía o una
estética degradada sólo puede ser un milagro. Ese milagro es la vida
como un todo, en un espacio y un tiempo determinados, que habla desde
su propia unidad y sin embargo comunica una experiencia común a través
de una obra verbal, en un lenguaje compartido que a través de su
desarrollo mantiene lo propio y también conserva lo común, siempre en
conexión con los otros.”29

28 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 226. “Una vez leídas estas novelas, suena diferente lo que
se nos cuenta de la historia de las ideas y de la historia en general de la sociedad. Porque allí
se encuentra, más profundamente y antes que en ningún otro registro de la experiencia
histórica, el sentimiento de lo problemático en la identidad, la comunidad y en las relaciones
cognoscibles.” Ídem, p. 226-7.
En “Notes on English Prose: 1780-1950” (1969) Williams reitera el argumento en torno a que la
escritura es una forma de registro de la experiencia y anticipa el que se desarrolla en este
apartado: que los cambios en las formas y convenciones de la escritura representan cambios
en la experiencia social. La novela representó un cambio decisivo. Incluso, al mismo tiempo
que se da el paso del verso a la novela, mediados siglo XVII, como forma preponderante de
literatura, Williams registra otros cambios en la forma que indicaban cambios de experiencia.
Tal es el caso de la prosa política, en que plantea que los nuevos sentimientos políticos no
encontraban formas sociales adecuadas para expresarse, de ahí la emergencia de formas
como las cartas abiertas, entre otras. Un cambio de forma, que es también un cambio de
escritura, de lenguaje, que Williams retoma en The English Novel..., es el encarnado por
Dickens. Las profundas modificaciones en las convenciones expresan, no sólo en Dickens sino
en el conjunto de la novelística victoriana, un cambio en la forma de experimentar a los otros y
al mundo, un cambio en la forma de ver. Cf. Writing in society, London, Verso, 1983; p. 73 y ss.
29 Solos en la ciudad..., op. cit., p. 227. En sus trabajos sobre televisión Williams remarca esta
relación entre contenido y forma, que no es otra que las formas del comprender y la
experiencia: “La mayor parte de nuestro vocabulario habitual de respuesta y descripción ha
sido modelado por nuestra experiencia con acontecimientos aislados. Hemos desarrollado
maneras de responder a un determinado libro o una determinada pieza teatral, basándonos en
nuestra experiencia de otros libros y otras obras de teatro. Cuando vamos a una reunión o
asistimos a un concierto o a un juego, llevamos con nosotros otra experiencia y retornamos a
otra experiencia, pero el acontecimiento específico habitualmente es una ocasión que fija sus
propias condiciones y respuestas internas. Nuestros modos más generales de comprensión y
juicio son aquellos estrechamente vinculados con este tipo de formas de atención específicas,
aisladas y temporarias.” Cf. Televisión..., op. cit., p. 115-16.

247
Pude haber también de una obstrucción de la experiencia. Se da en el caso de
una palabra, el ejemplo que usa aquí es poesía (poetry), pero también pueden
ser literatura o estética, que funciona como una abstracción y en tanto tal ya no
sirve para poder identificar una experiencia común o compartida sino que,
especializando y abstrayendo la misma, la bloquea, la llega a borrar o anular,
obliterando su sentido.

“La obstrucción de cierta clase de experiencia fue simplificada como la


obstrucción de la poesía, la cual fue luego identificada con esta e incluso
llegó a reemplazarla en su totalidad. Bajo presión, el arte llegó a ser una
abstracción simbólica para todo un espectro de experiencias humanas
generales.”30

Aunque aquí este problema quede apenas formulado, después se verá como
efectivamente hay ciertos giros en el uso de la noción de experiencia en los
cuales parecería estar asimilando esta a una noción de ideología como «falsa
conciencia». Lo que quiero decir, concretamente, es que en el uso indicado
arriba pareciera que el sentido de experiencia que analizamos anteriormente,
referido a los significados como condensaciones de experiencia, también
parecen funcionar de una manera tanto ambigua. Pueden por un lado habilitar
la experiencia, pero al mismo tiempo pueden bloquearla. No está claro como se
puede sancionar objetivamente cuando un significado funciona como
habilitador de la experiencia y cuando como obturador de la misma. Parece
más fácil sostener, en cambio, que hay significados que, en vez de bloquear la
experiencia, habilitan experiencias de tipo especializadas o abstractas, para
usar los mismos términos de Williams. Esto sin embargo no parece resolver el
problema de fondo, atento que los significados habilitan experiencias y al
mismo tiempo las condensan, parece más bien que a pesar de su carácter
especializado y abstracto, ciertos significados moldean de manera sui generis
la experiencia y condesan, de igual modo, experiencias sui generis.
Al mismo tiempo, no hay que hacerse una idea equivocada en torno a las
posibilidades de registrar la experiencia, como si esto ocurriera de forma
ilimitada. Por el contrario, Williams es plenamente consciente de que el registro

30 Culture and Society, op. cit., p. 51.

248
de la experiencia, en el caso del llamado «público común», es más limitado, ya
que en este caso las ideas y los sentimientos son moldeados no sólo por la
literatura sino por un patrón más amplio de la vida social y familiar, a los que
hay que sumar los cambios técnicos operados en los medios de
comunicación.31 Sin embargo es importante destacar que, a pesar de este
papel central de la experiencia, esto no implica que esta está siempre
disponible, como ya vimos en Culture and Society, puede haber bloqueos de la
experiencia. En The Long Revolution, repasando las distintas definiciones de la
palabra cultura y sus implicancias vuelve sobre la idea que en realidad, estos
distintos significados de cultura, corresponden a cambios en la experiencia y
que los registran. Ahora bien, ¿es posible entonces captar por medio de estas
diferentes definiciones de cultura y sus correspondientes métodos de análisis
una experiencia pasada? Sólo de manera limitada y parcial. Hay elementos
irrecuperables y mucho de lo que se rescata se lo hace como abstracciones,
como precipitado:

“Aprendemos cada elemento como precipitado, pero en la experiencia


vívida del tiempo cada elemento estaba en solución, como una
inseparable parte de una totalidad compleja. La cosa más difícil de
alcanzar, en el estudio de un período pasado, o estudiando cualquier
período, es esa sentida sensación de la cualidad de una vida en un
espacio y tiempo particular: un sentido de las formas en las cuales las
actividades particulares se combinan en una forma de pensar y vivir.”32

Aquí hay, a mi entender, una complejización y diferenciación del argumento.


Por un lado se reconoce a la experiencia como el proceso por medio del cual
vemos, valoramos e interactuamos con el mundo, una unidad de la descripción
con la observación, como un proceso indiferenciado, de una manera activa y
siempre en la totalidad del proceso de vida. Sin embargo con la experiencia
pasada el asunto se vuelve un poco más complejo. La experiencia viviente
(living experience) que estaba en solución (solution) se vuelve un precipitado

31 “(...) entiendo por medios de comunicación las instituciones y formas en que se transmiten y
reciben las ideas, las informaciones y las actitudes; entiendo por comunicación el proceso de
transmisión y recepción.” WILLIAMS, Raymond Los medios de comunicación social, Barcelona,
Península, 1978, p. 15.
32 WILLIAMS, Raymond The Long Revolution, London, Pelican Books, 1965; p. 63.

249
(precipitate) que se vuelve muy difícil de captar. Es importante anotar que ese
precipitado no tiene las mismas cualidades que la experiencia vívida que se
encuentra en solución.

Zanón como la experiencia del (ex) militante

Aquí se intentará defender que los trabajos de Aiziczon y Moya son


representativos de una estructura del sentimiento común, la del autodefinido
militante revolucionario, no partidario, en la versión del ex militante o en la del
activista. Esta estructura del sentimiento tiene varios componentes, tanto
formales, convenciones, como de contenido experiencial. En cuanto a la formal,
lo que la caracteriza es una escritura que pone en tensión la cuestión de la
representación, la cuestión de los límites entre lo ficcional y lo real. En el caso
de Aiziczon, aunque el libro respeta la convención de prólogo, típica de la
narración histórica, el texto se desplaza hacia la ensayística, predominando un
tono de tipo sociológico. Incluso, gramaticalmente hablando, el libro oscila entre
la primera persona del singular (propia del ensayo), el impersonal y la primera
persona del plural, el famoso nosotros, que borra el sujeto de enunciación.
Aiziczon no narra una historia, no cuenta un relato. Esa es la primera cuestión
formal a la que uno debe prestar atención. Al mismo tiempo Moya también
fuerza la convención novela, desde el inicio incluye una Introducción donde da
cuenta del porqué de su elección, porque Zanón. Esta adenda transgrede la
forma de la novela realista, en este caso del género político-detectivesco, hasta
el límite. “He decidido narrar algunas de esas historias. El lector puede contar
con que son fidedignas, dentro de la compleja trama que representa nuestra
realidad, tan contaminada con la ficción en esta Argentina que supimos
conseguir.”33 ¿Novela? Sí, pero con una vocación de tensionar los límites entre
lo ficcional y lo real. ¿Por qué Zanón? Porque está puesta a funcionar bajo
control obrero, donde se cuestiona el derecho de la propiedad privada
capitalista y, en la visión esperanzada de Moya, puede constituirse en una
auténtica bisagra de las relaciones sociales en Argentina, “(...) los trabajadores
ceramistas han expropiado a sus patrones. Así como algunos soñaron.”34

33 MOYA, José. QTH, op. cit., p. 11.


34 MOYA, José. QTH, op. cit., p. 12.

250
Tanto Moya como Aiziczon fuerzan las respectivas formas en las que se paran,
forma-historiografía, forma-novela. Este desplazamiento formal, si entendimos
bien a William, tendría que indicar una mudanza en la experiencia. ¿Cuál? En
primer lugar es una mudanza en la experiencia de la certeza, un elemento
central en la estructura del sentimiento ofrecida. Estas formas modificadas son
la mejor manera de dar cuenta de un tipo de explicación que parte de la falta
total de certezas y de la renuncia a las explicaciones completas (“no hay forma
de predecir lo que ocurrirá, ni explicación alguna que responda por completo el
por qué ocurrió lo que hasta aquí ocurrió”) 35. El abandono de un ideario de una
historia que pueda predecir algo, una historia conformada en parte por
explicación sociológica, en parte por una historia desde abajo, en parte por un
relato. “(...) no dar nada por sentado. No presumir de clarividente.” 36 Negar toda
idea de destino, reafirmar la voluntad humana, afirmar de la falta de certezas, la
contingencia de los resultados de toda lucha, tanto del triunfo como de la
derrota. “A veces hemos ganado por cómo se presentaron las cosas. No lo
tomen como una crítica. Quiero decir que a pesar de hacer mal las cosas igual
ganamos. Y eso fue peor, porque nos acostumbró a no pensar en el error.” 37
Este sentimiento de la falta de certezas, que deja su marca en las formas, está
vinculado de manera directa con otras dos experiencias centrales ofrecidas.
Una, la de la derrota del socialismo; la otra, el incómodo lugar que puede
ocupar el autor (escritor/historiador) en el presente, el clásico problema del
compromiso intelectual actualizado. Comencemos por la experiencia del
socialismo, el fracaso de la revolución. Fracaso, primero, es el nombre del
colectivo editorial que coedita ambos libros, un colectivo militante, una
formación cultural que habría que estudiar por separado, aunque vinculada a la
estructura del sentimiento aquí descripta. El socialismo como norte, como
meta, como deseo.

“En Zanón reina la vida política -y sus sinsabores- a la par de la vida


productiva, y aún resuena, como en pocos lugares del mundo, y con
agrado para los que pensamos y actuamos por un mundo radicalmente

35 AIZICZON, Fernando. Zanón..., op. cit., p. 23.


36 MOYA, José. QTH, op. cit., p. 37.
37 MOYA, José. QTH, op. cit., p. 77.

251
distinto y mejor, la moderna idea de socialismo, increíblemente sin tiempo,
sin historia. [Y agrega en una nota al pie: No. No me refiero al socialismo
como nostalgia a redimir de lo que resultó históricamente malogrado. Me
niego a entregar esa dulce idea al corsé tirano del ‘contexto histórico’;
aquí me refiero a una idea de sociabilidad solidaria por-venir y a la que
sería, al menos, saludable llegar].”38

¿Cuál es el tirano contexto histórico? El derrumbe, la derrota, el fracaso, para


usar la expresión de la propia formación cultural, de las experiencias de
estados socialistas (u obreros) en la última parte del siglo XX y el consecuente
discurso triunfalista del capitalismo. En Moya el sentimiento socialista es más
complejo, lo que no deja de indicar un elemento generacional. La dimensión
utópica de la experiencia está reforzada por la imagen especular entre el
código radiofónico QTH y Zanón. QTH significa lugar, meta. Zanón es la meta.
Pero, al mismo tiempo, es un no-lugar, una utopía. El taxi, de más está decirlo,
es la metáfora del transporte, del paso. El socialismo es un ir y venir entre el
pasado militante del Mudo Scaniadua, ex obrero, ex militante, setentista, igual
que Moya, de oficio taxista, y el presente signado por todos esos ex. Un
presente que lo traslada a Zanón, su QTH, la derrota de la propiedad privada,
la historia viva, no muerta. En Moya el fracaso de la revolución es más
pesimista, lacónico y amargo. La derrota tiene nombres, caras, los compañeros
y compañeras desaparecidos. Ese pasado impone un recuerdo, una memoria,
obliga a una lucha. (¡Justicia!) El contraste generacional refuerza el
sentimiento, y así el pasado revolucionario se vincula a la juventud. Otro
contraste es entre el socialismo visto como fe o el socialismo visto como acción
humana, como voluntad. Pero el fracaso de la práctica socialista, sobre todo la
presente, como se verá luego, se relaciona con la falta de diálogo, no escuchar,
no dialogar, sino imponer, quedarse atado a formulas huecas, se impone la
necesidad de un nuevo vocabulario. La experiencia del pasado, en contraste
con el presente, es también una experiencia de certezas. El pasado era el
tiempo de la posibilidad, real y concreta, experimentada, de la revolución
mundial.

38 AIZICZON, Fernando Zanón..., op. cit., p. 34.

252
“(...) Durante casi toda mi vida llamada por entonces útil, era absoluta y
sinceramente consciente del rol que la historia nos había asignado a mí y
a un puñado de gentes alrededor del mundo. Siempre estábamos en la
línea de largada, agachados y prestos a salir disparando. Me miraba en el
espejo y veía a un prócer del futuro aún sin querer serlo. (...) Se trataba de
un certeza de la de a puño, del tipo de la que cultivan los creyentes de
ambos sexos. Que fuéramos ateos contumaces no le hacía.
“Se trataba de algo inevitable, aunque separado del destino que nada
tiene que ver con la acción de los hombres. Forjábamos nuestro futuro y
nada menos que el del resto de la humanidad. Hasta ese lugar prohibido
que representa el tiempo era un factor descartable en ese dejar vivir a los
demás. No nos interesaban los plazos. Estábamos contaminados de una
suerte de juventud ahistórica. Los únicos que morían de viejos eran los
burgueses y sus sistemas. Nos reservábamos para nosotros el papel del
médico que desenchufa la máquina al paciente con apenas vida
vegetativa. Médicos rojos, con hoces de bisturí, y martillos para afirmar las
ideas.”39

El presente es el de las incertezas, de la imposibilidad, del fracaso. El fracaso


como sentimiento. El presente es el de la resistencia, no de la ofensiva, de la
lucha por el espacio concreto, un lugar. Casi una excusa para poder mantener
las expectativas pasadas, frustradas (“el parto que no viene”)40. Incluso la
derrota tiene una temporalidad (“Mi generación se especializó en perder”, “Mi
vida se entiende como en antes y después del noventa. Pero recién me doy
cuenta de eso”)41. Otro sentimiento clave, una derrota que enseña, que templa,
el pasado también puede ser el lugar del pesimismo y el presente representar
el futuro, la esperanza. El amor, abandonar las fórmulas huecas, hechas,
reiteradas, para abrazar un nuevo humanismo, un amor por sí mismo y por el
otro. Por último la acción socialista, revolucionaria, es experimentada como un
acto redentor, la militancia es redentora.

39 MOYA, José QTH, op. cit., p. 72.


40 MOYA, José QTH, op. cit., p. 117.
41 MOYA, José QTH, p. 128. y p. 143 respectivamente.

253
Este malestar con respecto al socialismo tiene una conexión directa con la
propia experiencia como autor, sea este escritor de ficción o historiador. En el
caso de Aiziczon ya desde el Prólogo, escrito por otro miembro de El Fracazo,
Ariel Petruccelli, se resalta el compromiso político del autor, Aiziczon. Se lo
define como una intelectual anfibio, término acuñado por Maristella Svampa
con el que se quiere remarcar el compromiso de aquellos intelectuales
universitarios, en el caso de Aiziczon, docente de la universidad del Comahue
primero y luego miembro del CLACSO, con los movimientos sociales, en este
caso Zanón. Así la lucha ceramista no sólo es un objeto que investiga sino un
proceso en el cual se interviene como sujeto. Aiziczon se presenta a sí mismo
de manera que ni escribe para un hipotético partido, un modo optimista,
apologético, ni es un observador aséptico de la lucha. “Nunca simpaticé con
objetivar y aseptizar al extremo lo que estudiaba, ni me sentí cómodo pensando
en que brindaba servicio alguno para con una causa cuyos celosos guardianes
nunca logré distinguir claramente de los insufribles predicadores religiosos.”42
Sin embargo nunca deja de existir cierta exterioridad, cierta situación de
periferia, se participa y se estudia, se entrevista y se marcha, pero el hecho
mismo de la producción intelectual marca la diferencia. El ellos permanece
inalterado, marcando cierta exterioridad. En el caso de Moya, sumado a lo que
ya se dijo sobre el porqué de Zanón, también persiste cierta exterioridad. La
participación política, mucho más comprometida, por lo menos en el plano
imaginativo, nunca deja de ser individual, solitaria y aislada. Incluso la elección
de la convención del doble agente como personaje central no deja de ser
sugerente. Por último, y retomando esa conciencia de los límites borrosos entre
lo ficcional y lo real, Moya homologa la participación en la historia -¿qué otra
cosa es sino el compromiso?- con el oficio de historiador. “Hay que dar un par
de puntadas para cambiar el curso de la historia. Cortar y soldar. ¿Qué otra
cosa es la historia? Todo depende de cuan buenos metalúrgicos sean los
historiadores.”43 El historiador no es el intelectual en este caso, sino el militante
que acciona, decidido, para modificar la corriente de los acontecimientos. El
militante es el verdadero hacedor de la historia, el que hace la historia, el
historiador militante o el militante historiador, como Aiziczon.

42 AIZICZON, Fernando Zanón..., p. 22.


43 MOYA, José QTH, op. cit., p. 94.

254
Este último elemento es la experiencia clave de la estructura del sentimiento
analizada, el problema de la militancia. Ante todo hay una disputa en torno a
qué constituye y quién define lo que es la militancia revolucionaria, lo que tiene
una dimensión temporal, generacional, básica. En el libro de Aiziczon los
militantes, partidarios, como en el caso de Raúl Godoy y sus compañeros del
Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), y los no partidarios, los
activistas, de organizaciones varias y «sueltos», a-partidarios, son la clave
explicativa. Su rol es fundamental para explicar el transcurrir del conflicto. Los
militantes, todos ellos, abrevan en lo que el historiador llama «la cultura de la
protesta neuquina». Aquí impera el tono sociológico, en Neuquén hay un
habitus (Bourdieu) militante, el cual “es fruto de de un ejercicio constante que
involucra esfuerzos, inversiones y capitalizaciones de esas contiendas y se
nutre de significaciones que le otorgan identidad y legitimidad a sus actos.” 44
Componente imprescindible, que le otorga singularidad, es la existencia
determinante de los militantes, “para que exista la posibilidad de organizar
sistemáticamente la experiencia de construir relatos e ilaciones sobre las
luchas.”45
En cambio, en Moya el sentimiento particular se enmarca en la experiencia
general, la cultura de la protesta neuquina, pero es más particular, es la
experiencia de ex militante, del fundido. Esa palabra y la polémica en torno a
ésta, configura la clave de la estructura del sentimiento, ya que indica una
disputa por definir el contenido de la militancia, sus marcos, y, ante todo, quien
es el portador de la capacidad de definirlo.

“-Qué sos Zurdo me di cuenta por la forma en que manejas. Me corrijo: ex


zurdo, que viene a ser lo importante.
“-¿Te diste cuenta porque tengo a medio arrancar la estampita del Che?
“-No creo. Debe ser por la ecuación que resulta entre la edad, el oficio, y
los giros lingüísticos. No me refiero al resultado de la ecuación, sino al
problema sin resolver. Uds. Siempre fueron los más inteligentes de sus
respectivas generaciones. Eso y una exagerada cuota de mojigatería
ético-intelectual, que les impedía sacar provecho de la misma. Me refiero

44 AIZICZON, Fernando Zanón..., op. cit., p. 64.


45 AIZICZON, Fernando Zanón..., op. cit., p. 65.

255
al vil provecho material. ¿Cual viene a ser el refugio natural frente a esta
situación? El taxi. Una especie de reclusión con franco higiénico más o
menos estable. Se puede vivir en estado de asamblea permanente con el
que caiga en gracia, bajar línea sin comprometerse con nada. Es un oficio
pensado para los ex.”46

El problema emergente es el de la identidad. Ustedes o nosotros, quien es ese


nosotros. Y aquí es donde el aporte de Williams se torna capital. Anteriormente
se indicó que las mudanzas en las experiencias implicaban cambios formales
pero también que las convenciones formales servían para comunicar
experiencias. Si se sigue este argumento aplicado a la novela de Moya
comprendemos que por medio de un estilo esencialmente irónico, un personaje
que se encuentra en su propia crisis vital, en este caso una extendida y
dilatada crisis política, halla oportunidad para operar en esta crisis. Aunque no
la cierra. ¿Cómo? Por medio de un evento fortuito, un (ex) militante, como
dijimos, empujado por su propia condición vital, ser taxista, ex obrero de una ex
industria, tiene la oportunidad de redimirse. De encontrar una salida provisional
a su crisis. Súbitamente un cliente sospechoso, Valijita, entra a su taxi. Por
medio de combates verbales como el citado anteriormente, ambos van
reconociendo su situación. Uno, como se dijo, en crisis permanente pero con
un pasado militante, forjado duramente en la lucha, combativo y decidido. Con
amplias conexiones personales, todas provenientes de sus luchas en la
construcción: el empleado municipal que le facilita datos sobre autos, el ex
obrero devenido chacarero que opera una monocentral de inteligencia anti-
oficial, un inmigrante chileno, ex militante revolucionario, y todos sus ex
compañeros que aún permanecen organizados, más aquellos que no lo están
pero lo reconocen como «un buen tipo». El otro, un semiespía, semioficial, que
lo contacta para proponerle un rol de doble agente. Dadas las disputas de las
fracciones de las fracciones del poder provincial, la fracción a la cual responde
Valijita quiere, fervientemente, que el golpe paramilitar que se cierne sobre
Zanón fracase. El papel de doble agente le resulta de lo más incomodo a Mudo
Scaniadua, pero es la convención literaria, el argumento, que le posibilita a
Moya comunicar esa experiencia específica, la del ex militante, del fundido.

46 MOYA, José QTH, op. cit., p. 44.

256
Pero la experiencia registrada, es también una relación entre forma y
contenido. El taxi, el doble agente, que actúa en las tinieblas, sustraído de la
palestra, pero cuya acción es decisiva en la lucha entre el bien y el mal, son
todas convenciones que posibilitan comunicar no cualquier experiencia, sino
una de la fragmentación, del asilamiento, la marginalidad, el pesimismo, la
desazón, el cinismo, todos sentimientos que producen un efecto de patética
ironía. Pero, por medio de ese camino, ese destino, ese lugar que es Zanón,
ese QTH, Moya va a poder comunicar la experiencia de redención de Mudo
Scaniadua. La posibilidad, siempre presente, de huir, de alejarse de todo, de
desaparecer, agudiza la crisis de Mudo, precipita la decisión. Zanón, como dice
Chiloe, un ex combatiente trasandino, les da la excusa a unos cuantos. La
toma de conciencia, ese aspecto que Aiziczon resalta casi como una
metodología de investigación, que le permite transformarse en historiador
militante, es lo que le permite sobrevivir a Mudo Scaniadua.
La unidad de la experiencia representada por Aiziczon y Moya en torno a la
militancia no es sólo es temática -que ambos se ocupan de lo mismo. Sino que
ante todo tiene un elemento en común, decisivo para esta estructura del
sentimiento, la visión sobre la izquierda revolucionaria. Tan común es esta
visión que Petruccelli, el prologuista, fija las coordenadas básicas, una
izquierda diezmada y confundida. Aiziczon la continúa de manera contradictoria
porque, a pesar que tiene que reconocer la actuación de los militantes, en
especial del PTS, ve a esas prácticas como yuxtapuestas a la práctica obrera,
externas, extemporáneas. Téngase este testimonio como indicativo, dice
Aiziczon en una nota al pie:

“Otra imagen que mantengo presente puede ser ilustrativa y no menos


curiosa: en Zanón se realizaron algunos eventos al estilo de ‘Zanón abre
sus puertas’ con la finalidad de que la comunidad en general pueda
acceder a la fábrica y acercarse al quehacer cotidiano de los obreros, ya
en la etapa de control obrero (inicios del 2002). Recuerdo que en playón
de ingreso se encontraban varias mesas en donde se exponían desde
objetos de cestería china elaborados por las esposas de los obreros
ceramistas junto a otros con símbolos y publicaciones mapuces, hasta
stands de partidos de la izquierda trotskista (en todas sus vertientes

257
posibles) que exponen los más sofisticados debates escritos en torno a la
cuestión de la guerra de los Balcanes.”47

Las organizaciones de izquierda y sus prácticas son igualadas a las sectas


religiosas y vistas como anticuadas. La multiplicidad de siglas y nominaciones
que las representan (“Esperaba un serie de siglas con varias ‘P’ y ‘R’ y por qué
no ‘S’ y también la famosa ‘T’, una especie de saché de letras.”)48, ironía de por
medio, indica la experiencia de la fragmentación. La izquierda y su militancia,
sus militantes, son experimentados por medio de una imagen instrumental y
anodina, autoritaria, sólo busca bajar línea, no escucha, no dialoga, que repite
consignas huecas. El internacionalismo es exótico y alienado. Esta es la clave,
que así son experimentados, que esa experiencia sea general o no, no es
posible determinarlo en esta breve aproximación, lo que sí se puede decir es
que esta forma de experimentar debe estar en completa contradicción con lo
que los propios militantes partidarios experimentan. De hecho la imagen del
fundido, y si disputa, es indicativa alrededor de las experiencias contrapuestas.
Se reivindica la entrega y compromiso, como aspectos humanos, no políticos,
pero los sitúa como manipuladores, una mascarada que sólo aporta colorido y
no contenido.

“-Esta es del PTR. Están por la resistencia armada.


“(...) –Este es del PPSR. Están por la resistencia pasiva.
“-Vencer el aislamiento. Organizar los barrios populares. Comprometer a
la justicia. Embretar a la burocracia. Movilizar a la comunidad. Unir a los
desocupados con los ocupados.
“Disparaba consignas...”49

“-A estos los conoces, son del MSST.


“-Antes tenían una sólo S.
“-Son un desprendimiento sindical, pero nadie se da cuenta porque
suenan igual.
“-Toda una estrategia fonética.

47 AIZICZON, Fernando Zanón..., op. cit., p. 190, n. 19.


48 MOYA, José QTH, op. cit., p. 77.
49 MOYA, José QTH, op. cit., p. 75.

258
“-No son ni armados, ni desarmados, ni dialoguistas ni rupturistas, ni
parlamentaristas ni anti-parlamentaristas, ni foquistas ni pacifistas.
“-Ni chicha ni limonada.
“-Más bien chicha y limonada en un sólo vaso. Una organización al
servicio de borrar las odiosas fronteras. Pero son buenos tipos, en estos
casos se juegan con todo. (...)”50
“Después de un día los tuve que llamar. Era obvio. Les dije que tenía
demasiadas novedades para mí sólo y una de las normas de un ‘fundido’
era refractar compromisos. Que quería depositárselos en su escritorio, ya
de suyos, tan lleno de problemas mundiales por resolver. (...)
“A medida que promediaba mi historia, mis ex compañeros, sin esperar a
tener una visión de conjunto, iban tirando línea. Era casi un concurso. No
por familiarizado me causó menos impresión.
“‘Tenemos que llamar a la huelga general’, ‘lo decisivo es el trabajo en los
barrios’, ‘lo militar se debe supeditar a lo político’, ‘Congreso de delegados
de base’, ‘no confundir asamblea obrera con Soviet’, ‘Hay que bajar a
tierra una buena consigna de poder’.
“Una sinfonía. Mejor dicho: un disco con la grabación de una sinfonía que
uno escucha después de creerla perdida cuando se dispone a hacer una
mudanza.”51
“... ya en la vereda, los tres hablaban a la vez, organizando quién citaba a
quién a la reunión preparatoria de la verdadera reunión. Probablemente
citaran a verdaderas reuniones intermedias.”52

Sin embargo esta crítica sardónica tiene, por así decirlo, una contracara,
también despiadada, sobre la propia experiencia del ex militante. Este aparece
como preso de un pesimismo a prueba de balas, su sentido del humor es
básicamente cínico, está preso siempre de un letargo exasperante, su
extendida crisis política es experimentada como una deuda y la fragmentación
también se apodera de sus prácticas. La desorientación es crónica y sólo es
compensada por una gran experiencia práctica y una creativa combatividad. La

50 MOYA, José QTH, op. cit., p. 76.


51 MOYA, José QTH, op. cit., p. 71.
52 MOYA, José QTH, op. cit., p. 72.

259
envidia es otro sentimiento de esta experiencia común: envidia del rótulo
militante, envidia de la juventud, envidia de la ausencia de crisis, envidia de las
certezas. La clave de la propuesta de la reforma a la militancia se centra en la
cuestión de los vocabularios que, como se indicó, son experimentados como
vetustos y obsoletos. (¿Acaso ya no dan cuenta de la experiencia presente?)
Deben ser renovados, pero ante todo ha de surgir una nueva capacidad de
diálogo, de escucha, humana, heroica, vinculada a la visión de comunismo
como la práctica del amor. La frustración y la impotencia todo lo inundan. Sin
embargo la salida que ensaya Moya por medio de la convención del doble
agente es clave de la experiencia ofrecida. Una reivindicación del ex militante y
las redes de relaciones de las que forma parte, que operan sustraídas de la
mirada pedante de los militantes organizados y que juegan un papel decisivo
en el triunfo de los conflictos obreros. Una disputa por la identidad de lo que
significa militar en estos tiempos. Una identidad que reivindica para sí la
vocación de ejercer el derecho a crítica. La disputa en torno a la noción de
fundido se torno áspera y amarga. Con ella se pone en discusión qué lugar
ocupa y qué lugar está llamado a ocupar el ex militante.

“(...)... mejor me voy, tengo que evitar que me encuentre la Checa roja. En
cuyo caso mi única defensa consistirá en convencerlos de que el error fue
de ustedes al manejarse incorrectamente con la categoría de fundido. O
sea que para ustedes el fundido no tiene futuro, no evoluciona, ni para
bien ni para mal. Detiene su vida en el último mes en que cotizó para la
Organización. Ahí lo visten con ropaje ahistórico, como quien guarda la
foto del nene cuando ganó las olimpíadas matemáticas de la escuela. De
esa forma piensan que estar es todavía estar adentro, y en esa medida
pertenecer al lugar aquel del que nunca debió ausentarse. Parecen
detentar una especie de derecho de autor, como quién es dueño de una
mala inversión, pero inversión al fin. Tendrían que saber que la propiedad
es robo como decían los viejos anarquistas.”53

53 MOYA, José QTH, op. cit., p. 156.

260
La frustración y el resentimiento, porqué no, son parte de esta estructura del
sentimiento. En la experiencia ofrecida por Moya hay una recuperación, el
Mudo Scaniadua se redime, está feliz por “haberse recuperado a sí mismo.”54
Pero continúa solo. Y su soledad y el ostracismo que eligió, que lo mantuvo
sustraído del centro de la escena, aunque en su acción es tan central, también
es lo que le permite sostenerse en su punto de vista. La soledad es la
contracara de la contingencia, de que las acciones se resuelven
favorablemente, o no, en un universo de relaciones incontroladas, contingencia
que se opone a la experiencia de la vanguardia. (“Creo que el concepto de
vanguardia es del siglo pasado.”)55 Una última disputa o, en última, una disputa
en torno a cómo hacer la revolución, una disputa militante, una disputa entre
militantes y una disputa por definir quienes son esos militantes.

54 MOYA, José QTH, op. Cit., p. 163.


55 MOYA, José QTH, op. Cit., p. 163.

261
Conclusiones

En términos teóricos, la concepción de Williams cerraría el paso a la crítica de


Scott en torno a que la apelación a la experiencia por parte de los historiadores
transforma a la historia en un discurso fundacionista o esencialista. La
experiencia ya no es algo transparente, que está disponible para el historiador
de manera directa y que por lo tanto enmascara el contenido ideológico del
discurso histórico. El concepto de experiencia de Williams, informado
discursivamente como está, posibilita acceder a la experiencia de manera
mediada, ante todo por medio del reconocimiento de las especificidades
formales de los propios productos culturales. Esto no implica que este aspecto
deba ser ulteriormente reformulado atento a las propias discusiones en torno a
la crítica literaria, por caso, o bien de acuerdo a cada una de las teorías-
metodologías accesorias que se correspondan con los depósitos de
experiencia que el historiador quiera acceder. Es obvio que no es lo mismo
acercarse a la experiencia desde la literatura que desde la arquitectura o la
pintura. Lo que sí es necesario es alejarse de una visión ingenua de acercarse
a los depósitos de experiencia por parte de los historiadores. Tanto la crítica
post estructuralista del tipo de Scott, inspirada en gran parte en la obra de
Michel Foucault y los desarrollos de Judith Butler, como la narrativista del tipo
de Hayden White obligan al historiador a correrse de una perspectiva ingenua
(positivista) tanto de la experiencia como del discurso. Hacer esto implica un
esfuerzo crítico que reconsidere teórica y prácticamente la teoría y la práctica
historiográfica.
Por otro lado, la concepción de experiencia que intentamos retomar a partir de
Williams, al estar anclada en una teoría materialista del lenguaje no dejaría
lugar para una crítica a la experiencia en términos de las que se le hacen, por
caso, a la concepción neokantiana de Koselleck. En ese caso la experiencia
opera como una categoría antropológica metahistórica y metalingüística. En
Williams, a mi entender, la experiencia implica un resto de sentido, volcado a
las prácticas culturales, que surge del proceso social y material de la
construcción de significados. Al tiempo que se establecería una relación
performática entre la experiencia pasada (precipitada) y la experiencia presente
(emergente). La tarea del historiador de la experiencia sería ofrecer las

262
conexiones entre este proceso social-material de construcción de significados y
sus relaciones con la historia e