Tema I La Historia Antigua de la
Península Ibérica
Asignatura: Historia Antigua
Juan Carlos Collado Orellana
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Índice
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-CULTURAS AUTÓCTONAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA 3
1. Las fuerzas del sustrato Introducción 3
1.1 Cogotas 3
1.2 La cultura Talayótica 4
2. Estímulos exteriores 5
3. Tarteso 6
3.1 ¿Extremadura? 6
4. Los pueblos prerromanos. 7
4.1 Los turdetanos 7
4.2 Iberos 7
4.3 Celtas y celtíberos. 8
5. Los fenicios 8
6. Griegos 10
7. Cartago 12
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-CULTURAS AUTÓCTONAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
1. Las fuerzas del sustrato Introducción
El contexto final del Bronce en la península ibérica fue un periodo de intensos cambios y
desarrollo en las distintas sociedades que habitaban la región. Durante este tiempo, la
península ibérica experimentó una fuerte influencia del exterior, especialmente a través del
círculo del Bronce Atlántico, los campos de urna y la población fenicia.
El círculo del Bronce Atlántico fue una red de comercio y contacto que abarcaba desde el
oeste de Europa hasta América del Norte. En la península ibérica, esto se manifestó en la
introducción de nuevos materiales y técnicas de producción, así como en la incorporación de
elementos culturales y artísticos de otras regiones.
Por otro lado, los campos de urna fueron una forma de enterramiento que se extendió por
toda la península ibérica durante el final del Bronce. Estos campos eran una manifestación de
la creciente complejidad social y religiosa de la época.
La población fenicia también tuvo un impacto significativo en la península ibérica durante
este periodo. Los fenicios establecieron colonias y comerciaron intensamente con la
península ibérica, aportando nuevos materiales y tecnologías, así como influyendo en la
cultura y religión local.
Además, las fuerzas de sustrato cogotas I y la cultura talayótica también tuvieron un impacto
importante en el desarrollo interno de la península ibérica durante este periodo. La cultura
cogotas I representa una continuación de las tradiciones indígenas prehistóricas de la
península ibérica, mientras que la cultura talayótica es una formación cultural y
arqueológica que se desarrolló en las Islas Baleares.
1.1 Cogotas
Los Cogotas I son un grupo cultural que floreció en la península ibérica durante el final del
Bronce, alrededor del siglo XI a.C. hasta el siglo IX a.C. Esta cultura se caracteriza por su
cerámica de formas simples y estilos de decoración sobresalientes, así como por la
construcción de castros fortificados.
La denominación de "Cogotas I" proviene por la identificación de un tipo de cerámica en el
yacimiento de Cogotas en Ávila
La cerámica de los Cogotas I se distribuyó ampliamente por la península ibérica,
especialmente en el noroeste y el centro, y también se ha encontrado en otros territorios de la
península, como en el sur de Francia y en Portugal.
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Además de su cerámica, los Cogotas I también eran conocidos por sus castros fortificados,
construidos en cimas elevadas y protegidos por murallas y torres. Estos castros fueron un
reflejo de la creciente complejidad social y política de la cultura Cogotas I, y su presencia se
extiende más allá de la península ibérica, llegando hasta el centro de Francia.
-Técnicas de decoración cerámica: escisión (extracción de pasta de arcilla tierna) y boquique
(incrustación de pastas blancas sobre motivos geométricos).
La producción de objetos de metal carece de importancia y se limita a la fundición de
herramientas y armas de tipología arcaica y de elaboración local.
-Enterramiento de inhumación en fosa en fosa (aisladas, grupos privilegiados).
-Agrupaciones de cabaña fabricadas con materiales perecederos à Establecidos en:
1. Terrazas de ríos (agricultura).
2. Asentamientos en lugares elevados (ganadería).
-En torno al siglo IX el núcleo de la cuenca del Duero ya había iniciado por entonces una
primera evolución hacia la Edad del Hierro en el nuevo horizonte de Soto de Medinila
1.2 La cultura Talayótica
La cultura talayótica se desarrolló en la isla de Mallorca, en las Islas Baleares, en el periodo
talayótico antiguo (2000 a.C.-1500 a.C.).
Monumentos: Los monumentos más emblemáticos de esta cultura son los talayots, que son
torres circular o cuadrangulares, hechas de piedra, que servían como fortificaciones, refugios
o centros de poder. Otros monumentos incluyen navetas, poblados fortificados, túmulos y
menhires.
Ganadería: La ganadería era una parte importante de la economía de la cultura talayótica. Se
cree que la ganadería formaba la base de su alimentación y se utilizaba para el sacrificio
ritual. La ganadería incluía vacas, cabras y ovejas, y se cree que estas eran manejadas en un
sistema de pastoreo trashumante.
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2. Estímulos exteriores
2.1 Campos de Urnas
Campos de Urnas: Los campos de urnas son cementerios megalíticos en los que las urnas
funerarias eran enterradas en la superficie del suelo o en túmulos pequeños. Se extienden en
la península ibérica desde el sur de Portugal hasta el norte de España.
Extensión: Se cree que la extensión de los campos de urnas se debió a la necesidad de los
antiguos habitantes de la península ibérica de enterrar a sus muertos de una manera especial y
visible. Además, estos cementerios se encuentran en zonas cercanas a las comunidades que
los utilizaban, tanto en el litoral como en el interior.
Incineramientos: Los incinera mientos eran la forma en que se enterraban a los muertos en
los campos de urnas. Las cenizas de los muertos eran colocadas en urnas funerarias que eran
enterradas en la superficie del suelo o en túmulos pequeños.
Economía: La economía de los antiguos habitantes de la península ibérica en la época de los
campos de urnas era basada en la agricultura y la ganadería. También se cree que existía un
comercio local y regional de productos agrícolas y animales.
Urbanismo: No se han encontrado evidencia de asentamientos urbanos durante la época de
los campos de urnas, por lo que se cree que la población vivía en pequeños poblados o aldeas
rurales. Sin embargo, algunos túmulos funerarios pueden haber sido utilizados como centros
de poder o religiosos en las comunidades locales.
Producción metalúrgica: hablamos de una sociedad cuya producción se extiende por la
fachada atlántica. La producción de metal precisaba sobre todo de cobre y estaño algo que
produjo inevitablemente la creación de diferentes rutas comerciales a aquellas zonas que
tenían este tipo de metal. La mayor parte de registro arqueológico lo conforman objetos de
metal los cuales nos señalan que muchas de las sociedades eran guerreras.
Las estelas decoradas: son un tipo de monumento funerario que se caracteriza por tener una
o varias caras decoradas con motivos figurativos y geométricos. Suelen estar talladas en
piedra y se han encontrado en diferentes lugares del mundo, desde Europa hasta Asia.
→ En la Península Ibérica, las estelas decoradas aparecen en la Edad del Bronce,
concretamente entre los siglos IX y VIII a.C. Estas estelas se encuentran principalmente
en el suroeste de la península, en zonas como el Algarve portugués y la provincia de
Huelva en España.
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Las estelas decoradas ibéricas se caracterizan por tener una o varias caras talladas con
motivos geométricos, espirales y figuras humanas o animales. A menudo, estas estelas se
encontraban en el interior de túmulos funerarios, lo que sugiere que se utilizaban como
monumentos para honrar a los muertos y recordar su memoria.
3. Tarteso
Tarteso es una antigua civilización que habitó en la zona sur de la Península Ibérica,
principalmente en lo que hoy se conoce como Andalucía, durante la Edad del Hierro (siglos
VIII-VI a.C.). Aunque hay muchas teorías sobre el origen y la historia de Tarteso, la falta de
fuentes históricas escritas hace que aún sea un enigma para los historiadores y arqueólogos.
Las fuentes literarias más antiguas que mencionan a Tarteso son las obras del historiador
griego Heródoto, quien en el siglo V a.C. describió a una civilización próspera y avanzada en
el sur de España, que comerciaba con metales preciosos y otros productos. También se hace
referencia a Tarteso en la Biblia, donde se menciona al rey Salomón comerciando con el país
de Tarsis, que muchos historiadores creen que se refiere a Tarteso.
En cuanto a las fuentes mitológicas, la leyenda griega de Hércules está estrechamente
relacionada con Tarteso. Según la leyenda, Hércules llegó a Tarteso en su décimo trabajo, en
busca de las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, que se creía que se encontraban
en la región.
A nivel arqueológico, el mayor hallazgo relacionado con Tarteso es el Tesoro de Carambolo,
descubierto en 1958 cerca de la ciudad de Sevilla. Este tesoro está compuesto por una serie
de objetos de oro de gran valor artístico, que se cree que pertenecieron a la élite de la
sociedad tartésica. El tesoro ha sido objeto de muchas interpretaciones y debates sobre su
origen y significado.
3.1 ¿Extremadura?
Es cierto que hay algunas teorías que sugieren que los centros de poder de Tarteso podrían
haber estado en Extremadura, en lugar de Andalucía. Esto se debe en parte a que hay varias
evidencias arqueológicas que sugieren la existencia de una cultura rica y avanzada en la
región durante la Edad del Hierro.
Por ejemplo, se han encontrado en la región de Extremadura importantes yacimientos
arqueológicos como el Cerro de la Mesa en Trujillo, que fue un importante centro de
producción de cerámica en la Edad del Hierro, o el yacimiento de Cancho Roano en Zalamea
de la Serena, que se cree que fue un importante centro político y religioso en la época
tartésica.
- Centros político = ciudades
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- A veces protegidos por potentes murallas (Carmona, Niebla, Montemolín, Setefilla) -
Edificios monumentales (Santuario del Carambolo).
- Extensas necrópolis con ricos ajuares (La Joya (Huelva) y Setefilla (Lora del Río): denota
la existencia de un grupo social privilegiado.
La crisis de Tarteso (s. VI-V a.C.) no supuso un colapso completo de la sociedad, pues no
existe una ruptura abrupta con el mundo turdetano que encontrarán cartagineses y romanos
cuando luchen por el control de la Península Ibérica
4. Los pueblos prerromanos.
4.1 Los turdetanos
Los Turdetanos eran un pueblo de la antigua Iberia que habitaba la región que hoy en día se
conoce como el sur de España, en las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Los
Turdetanos tuvieron una relación estrecha con el pueblo de Tartessos, una de las
civilizaciones más antiguas de la península ibérica. De hecho, la crisis de Tartessos, en el
siglo VI a.C., permitió a los Turdetanos expandirse y crear un reino propio.
En cuanto a su realidad cultural, los Turdetanos eran un pueblo que practicaba la agricultura y
la ganadería, y se dedicaban a la producción de cerámica, textiles y metalurgia. También
tenían una religión politeísta y practicaban el culto a los muertos. Además, se cree que
hablaban una lengua de origen indoeuropeo.
4.2 Iberos
Los Iberos, por su parte, eran un pueblo que habitaba en la región del este y sur de la
península ibérica. Se dividían en diferentes tribus y se organizaban en oppidas, ciudades
fortificadas que servían como centros políticos y económicos. Su economía se basaba en la
agricultura, la ganadería, la pesca y la minería, y se caracterizaba por la producción de
cerámica y tejidos de alta calidad. También practicaban el comercio y tenían una moneda
propia.
En cuanto a su sociedad, los Iberos eran una sociedad estratificada en la que existía una élite
aristocrática y una mayoría campesina. Además, se cree que tenían una escritura propia,
aunque se sabe muy poco sobre ella.
En el ámbito religioso, los Iberos practicaban una religión politeísta en la que se veneraban a
diferentes dioses y diosas. También se han encontrado restos de enterramientos y tesoros que
sugieren que se practicaba el culto a los muertos.
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4.3 Celtas y celtíberos.
Los Celtas y Celtíberos eran pueblos que habitaban en la meseta central y en el norte de la
península ibérica. La Celtiberia se dividía en dos zonas, la Citerior y la Ulterior. Los Celtas se
caracterizaban por su habilidad en la guerra y la metalurgia, y se organizaban en tribus
lideradas por un caudillo. Por su parte, los Celtíberos eran una mezcla entre los pueblos celtas
y los íberos, y también se organizaban en tribus.
En cuanto a su economía, los Celtas y Celtíberos se dedicaban principalmente a la ganadería
y la agricultura, aunque también se han encontrado restos de minería y metalurgia. En el
ámbito religioso, se cree que practicaban una religión politeísta en la que se veneraban a
diferentes dioses y diosas, y se han encontrado restos de enterramientos y tesoros que
sugieren que se practicaba el culto a los muertos.
En cuanto a su sociedad, se sabe que los Celtas y Celtíberos eran sociedades jerarquizadas en
las que existía una élite aristocrática y una mayoría campesina. Además, se organizaban en
tribus lideradas por un caudillo y se caracterizaban por su espíritu guerrero.
La cultura celta llegó a la península ibérica alrededor del siglo VI a.C. y se estableció
principalmente en la meseta central y en la periferia norte y noroeste. En la meseta central,
los celtas se organizaban en tribus y establecieron poblados fortificados, siendo los más
importantes Numancia, Termancia y Uxama Argaela.
5. Los fenicios
Los Fenicios eran un pueblo de la antigua Fenicia, que se encontraba en el actual Líbano y
parte de Siria. Los fenicios eran conocidos por su habilidad en la navegación y el comercio, y
fundaron colonias en diferentes lugares del Mediterráneo, incluyendo el norte de África y la
península ibérica. Las colonias fenicias en la península ibérica incluían Gadir (Cádiz) y
Malaka (Málaga).
El modelo multicausal de la colonización fenicia de Occidente, planteado por M. E. Aubet,
sostiene que la colonización fenicia de la península ibérica y otras zonas del Mediterráneo se
debió a una combinación de factores
Por lo tanto la colonización fenicia cuenta con las siguientes características:
- No fue una empresa únicamente comercial creación de nuevas ciudades que disfrutaban de
autonomía con respecto a la metrópoli.
- La colonización fenicia no fue una expansión de tipo imperialista.
- Planificación previa.
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- Desarrollo tecnológico: fletaron naves mercantes con buena capacidad de carga y
preparadas para recorrer largas distancias.
- Financiación: los círculos de poder político y económico que, en las urbes fenicias eran el
monarca y la aristocracia palatina.
- Se ha sobredimensionado el papel de la ciudad de Tiro en la colonización
La presencia fenicia en la península ibérica se dividió en tres fases.
PRIMERA FASE SIGLO IX A.C Se establecen diferentes tipos de factorías
comerciales en diferentes puntos del
mediterráneo
SEGUNDA FASE SIGLO VII A.C Colonias permanentes en la península
(fundación de Gadir y Malaka)
TERCERA FASE VI A.C Los fenicios se expanden al interior
peninsular
Existe una diferencia cronológica entre la información del registro arqueológico y las fuentes
literarias.
Las fuentes literarias, como las obras de Heródoto o Estrabón, proporcionan información
sobre la presencia fenicia en la península ibérica, pero en algunos casos esta información no
coincide con los hallazgos arqueológicos.
Los fenicios establecieron diferentes tipos de asentamientos en la península ibérica, como
factorías comerciales, puertos y colonias. Las colonias fenicias en la península ibérica se
caracterizaron por su ubicación estratégica, en puntos clave para el control de las rutas
comerciales y el intercambio de materias primas.
La cartografía antigua de la zona es escasa, pero se han encontrado algunos mapas y
descripciones de la península ibérica en fuentes literarias. Los mapas fenicios se
caracterizaban por su precisión y por la inclusión de información sobre las rutas comerciales
y los puertos.
Las necrópolis fenicias solían estar fuera de las ciudades y eran de diversa tipología,
incluyendo fosas, sarcófagos y tumbas de pozo. No se ha documentado una clara
estratificación social en las necrópolis.
Durante el siglo VI a.C. se observa una mayor complejidad y riqueza en los ajuares
funerarios, así como la introducción de nuevas técnicas y materiales en la manufactura.
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Además, se producen transformaciones en la organización urbana y en las relaciones
comerciales, que pueden ser apreciadas tanto en los restos arqueológicos como en las fuentes
escritas y cartográficas.
Entre las aportaciones arqueológicas del periodo fenicio en la Península Ibérica destacan la
introducción de nuevas técnicas y materiales en la manufactura, como el vidrio y la
metalurgia, así como la construcción de importantes infraestructuras, como acueductos y
sistemas de canalización.
En cuanto a las fuentes escritas, las inscripciones en escritura fenicia encontradas en la
península, como la estela de Nora en Cerdeña, han permitido conocer detalles sobre la
religión, la organización social y la economía de estas colonias.
Finalmente, en cuanto a la cartografía, la navegación fenicia por el Mediterráneo y la
exploración de nuevas rutas comerciales llevó al desarrollo de mapas y guías de navegación
que han sido estudiados por la arqueología náutica, como el llamado Mapa de Amílcar, que
representa las rutas comerciales y los puertos fenicios en la costa mediterránea.
6. Griegos
Algunos de los principales motivos de la expansión griega por el Mediterráneo fueron:
-Sobrepoblación y escasez de tierras cultivables en Grecia.
-La búsqueda de metales y recursos naturales, como la plata, el hierro y la madera.
-La búsqueda de nuevos mercados para el comercio de productos como vino, aceite y
cerámica.
-La fundación de colonias para aliviar las tensiones políticas internas y establecer nuevas
rutas comerciales.
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-La expansión del territorio griego y la formación de nuevas alianzas y relaciones políticas
militares.
-La difusión de la cultura griega y la creación de nuevas oportunidades para el intercambio
cultural y artístico.
Este complejo proceso histórico comenzó poco antes de la mitad del siglo VIII a.C. y se
prolongó hasta el VI a.C. Durante el siglo VII a.C. las colonias se multiplicaron por todo el
Mediterráneo central y oriental, en especial, en la Magna Grecia, Sicilia, el Norte de África,
el Mar Negro y, en menor medida, el Mediterráneo occidental.
La presencia de colonias griegas en la Península Ibérica fue mucho menos significativa que
en otros lugares del Mediterráneo. Los asentamientos se concentraron principalmente en la
costa mediterránea y su número fue limitado. Las colonias más importantes fueron Emporion
(Ampurias) y Rhode (Rosas), fundadas en el siglo VI a.C.
La motivación para la expansión en la Península Ibérica fue principalmente económica, ya
que se buscaban nuevas oportunidades comerciales y la explotación de recursos naturales
como la plata.
La colonización griega del Levante español se inició a finales del siglo VII a.C., cuando los
griegos fundaron la ciudad de Ampurias. Esta ciudad se convirtió en un importante centro
comercial y económico, y los griegos establecieron relaciones comerciales con las
comunidades locales. Además, los griegos fundaron otras ciudades, como Rosas, Emporion y
Rhode, que se convirtieron en importantes centros de comercio y producción de cerámica.
Durante el siglo IV a.C., Ampurias experimentó cambios políticos importantes. En lugar de
una ciudad-estado independiente, se formó una confederación de ciudades griegas que incluía
a Ampurias, Rhode y Emporion, entre otras. Esta confederación tenía un gobierno
compartido y una política exterior común.
Ampurias estuvo sometida a Massalia. Massalia fue la colonia griega más importante en la
región y Ampurias fue fundada por colonos de Massalia. Durante los primeros tiempos,
Ampurias dependía de Massalia para su protección y su comercio. Con el tiempo, Ampurias
se convirtió en una ciudad importante por derecho propio y comenzó a tener su propio
comercio y su propia influencia en la región. Sí, es cierto que los cartagineses reclutaron
mercenarios en el valle del Guadalquivir, especialmente durante la Segunda Guerra Púnica
(218-201 a.C.), en la que se enfrentaron a los romanos por el control del Mediterráneo
occidental.
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7. Cartago
En cuanto a Cartago, esta ciudad fue fundada por los fenicios en el siglo IX a.C. en el norte
de África, en lo que hoy es Túnez. Cartago se convirtió en una potencia comercial y
económica, y estableció importantes rutas comerciales en todo el Mediterráneo. Los
cartagineses también establecieron colonias en la Península Ibérica, como Cartagena y Cádiz,
que se convirtieron en importantes centros comerciales y económicos.
La relación entre los cartagineses y los romanos fue tensa, y se saldó con las Guerras Púnicas,
que tuvieron lugar entre el siglo III y II a.C. Estas guerras fueron una serie de conflictos
militares entre Roma y Cartago que culminaron con la victoria romana y la destrucción de
Cartago en el año 146 a.C. Tras las Guerras Púnicas, los romanos se convirtieron en la
principal potencia en el Mediterráneo occidental.
Los cartagineses establecieron una base en la península ibérica y reclutaron soldados y
guerreros locales para sus ejércitos, incluyendo a los turdetanos, íberos y otros grupos
étnicos. Estos mercenarios jugaron un papel importante en la guerra, y algunos líderes locales
incluso llegaron a tener un papel destacado en la política cartaginesa.
8. Roma
Durante el siglo III a.C., Roma se enfrentó a su gran rival, la ciudad de Cartago, en las
Guerras Púnicas.
La victoria de Roma en estas guerras le permitió expandirse por todo el Mediterráneo y
adquirir un gran imperio colonial, que incluía la Península Ibérica.
Durante los dos siglos siguientes, Roma llevó a cabo una serie de guerras de conquista y
represión contra las poblaciones autóctonas de la Península Ibérica. Las guerras celtíberas y
lusitanas son dos ejemplos de conflictos que tuvieron lugar durante este período. Estas
guerras se caracterizaron por ser cruentas y prolongadas, y en ellas las legiones romanas
tuvieron que hacer frente a la astucia y ferocidad de los guerreros íberos.
Además de las guerras de conquista, las provincias hispanas también sufrieron las
consecuencias de las guerras civiles que desangraron a Roma en los últimos años de la
República.
Las guerras sertorianas, que tuvieron lugar entre el 83 y el 72 a.C., fueron un conflicto
entre el general romano Quinto Sertorio y los partidarios de la facción de Sila en Roma.
Por su parte, la Guerra de César contra Pompeyo, que se desarrolló entre el 49 y el 45 a.C.,
enfrentó a dos de los generales más destacados de la República romana en una lucha por el
poder.
En definitiva, el proceso de romanización de la Península Ibérica fue largo y costoso, y
estuvo marcado por una serie de guerras y conflictos tanto internos como externos. A pesar
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de todo ello, Roma logró imponer su dominio sobre la Península Ibérica y convertirla en una
de las provincias más importantes de su imperio.
Tras la conquista, la península se dividió en varias provincias romanas: Hispania Citerior,
Hispania Ulterior, Lusitania, Tarraconensis y Baetica. Con el tiempo, estas provincias
evolucionaron y algunas se fusionaron o cambiaron de nombre, como Hispania
Tarraconensis, Hispania Baetica y Lusitania. La península ibérica se convirtió en una
importante región del Imperio Romano, con ciudades prósperas y una gran producción de
recursos naturales.
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