0% encontró este documento útil (0 votos)
136 vistas5 páginas

Ética Y La Competitividad Profesional

Este documento discute la ética y la competencia profesional. Define la ética profesional como la ciencia que estudia los deberes y derechos de cada profesión. Explica que la competencia ética es una habilidad transversal esencial para desempeñar cualquier profesión de manera adecuada e incluir juicios críticos y éticos. También destaca que la responsabilidad de los profesionales debe estar regulada por códigos de ética profesional.

Cargado por

Jeremías Beb
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
136 vistas5 páginas

Ética Y La Competitividad Profesional

Este documento discute la ética y la competencia profesional. Define la ética profesional como la ciencia que estudia los deberes y derechos de cada profesión. Explica que la competencia ética es una habilidad transversal esencial para desempeñar cualquier profesión de manera adecuada e incluir juicios críticos y éticos. También destaca que la responsabilidad de los profesionales debe estar regulada por códigos de ética profesional.

Cargado por

Jeremías Beb
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ÉTICA Y LA COMPETITIVIDAD PROFESIONAL

La ética es una de las tantas ramas de la filosofía. Es la ciencia que estudia las cosas
por sus causas, de lo universal y necesario, que se dedica al estudio de los actos
humanos. Actos que se realizan por la voluntad y libertad absoluta de la persona. Todo
acto humano que no se realice por medio de su voluntad y en el que esté ausente de
libertad, no ingresa en el estudio o campo de la ética porque no es un ejercicio
consciente del ser humano.
La ética profesional puede definirse como la ciencia normativa que estudia los deberes
y los derechos profesionales de cada profesión. También se le llama Deontología. Al
decir profesional no solo se refiere a que la ética es sólo para quienes tienen un título o
son profesionales, sino que ésta va destinada especialmente a las personas que
ejercen una profesión u oficio en particular. La ética profesional tiene como objeto crear
conciencia de responsabilidad en todos y cada uno de los que ejercen una profesión u
oficio. Parte del postulado de que todo valor está íntimamente relacionado con la idea
de un bien. La ética profesional se sustenta o toma bases fundamentalmente en la x
naturaleza racional del hombre. Esta naturaleza es espiritual y libre, por
consiguiente, tiene una voluntad que apetece al bien moral. Haga el bien y evite el mal.
La profesión es una capacidad cualificada requerida por el bien común, con peculiares
posibilidades económico-sociales.
La competencia ética es una competencia transversal interpersonal esencial que ha de
aprenderse para saber hacer, ser y estar desarrollando cualquier profesión de una
manera adecuada. Significa inclinarse positivamente hacia el bien axiológico de uno
mismo y de los demás y, preservar dicho bien. Está relaciona con otras competencias
como el pensamiento crítico, comunicación interpersonal, autonomía, responsabilidad,
etc. La ética es una de las tantas ramas de la filosofía. Es la ciencia que estudia las
cosas por sus causas, de lo universal y necesario, que se dedica al estudio de los actos
humanos. A si mismo abarcan los aspectos varios donde intervienen el acto humano,
donde se desenvuelve las características propias de su forma de ser.
La competencia profesional representa todo ese conjunto de destrezas, actitudes,
valores que se conjugan entre sí, permitiendo tener un desempeño eficiente y factico
con juicios críticos, reflexivos y éticos en las rutinas diarias de los individuos y la
sociedad. Las competencias son aprendizajes adquiridos durante la escolaridad y que
se forman a lo largo de la vida, a través de experiencias de aprendizaje y de las
diversificadas actividades a las que se dedica la persona, estas son puestas a
ejecución en las labores en una sociedad, apuntando a una perspectiva didáctica de
carácter transversal respecto a las tradicionales disciplinas académicas, lo que conlleva
implicaciones en los órdenes curricular, didáctico y evaluativo. En el tránsito de la era
del conocimiento a la denominada Era humana, los mercados laborales observan un
creciente flujo de trabajadores talentosos de empresas tradicionales a aquellas que
muestran compromiso con la responsabilidad social y contribuyen a las comunidades
donde se encuentran. Las personalidades hábiles son calificadas con forme el individuo
demuestra una efectividad aceptable y muy notable.
Toda persona que inicia una carrera toma una decisión y en conjunto con esa decisión
la responsabilidad futura que esta conlleva al incorporarse al campo laboral. Aquí, el
profesional establece un compromiso consigo mismo y con el grupo social. Un
compromiso que implica la búsqueda constante de superación y excelencia en la labor
por realizar; una constante actualización de los conocimientos y una dignificación
permanente de su práctica. En el buen ejercicio de su labor profesional hallará la
autorrealización, pero también beneficiará de todos aquellos y aquellas que acudan a la
prestación de sus servicios. La responsabilidad asignada a los y las profesionales, ha
de estar regida por códigos de moral profesional, los cuales, han de estatuir en sus
normas el apego a ese fin común que está en el origen mismo de las profesiones.
El dominio de la profesión y las disciplinas que esto implica, el desarrollo de las
tenencias hábiles, la certeza en la bondad de lo que se hace, la apertura, la búsqueda,
el crecimiento constante, el perfeccionismo de la actividad conjunta, son actos
irrenunciables a la ética profesional la dignidad de esta es dada por su finalidad
formadora.

LAS APARIENCIAS

La apariencia de algo o de alguien, es lo que percibimos a través de los sentidos, su


aspecto externo, lo que es independiente de que se corresponda con su esencia, de allí
el famoso dicho de que las apariencias nos engañan, ya que no todo lo que aparece
ante nosotros de modo visible es lo verdadero. En los seres humanos su apariencia es
valorada por la sociedad, para juzgarlos como presentables, si son aseados, de
modales correctos, visten de acuerdo a las convenciones sociales, son amables,
etcétera, o impresentables, en caso contrario. En algunos puestos de trabajo la
apariencia física es determinante para obtenerlos, por ejemplo, en el caso de las
modelos de alta costura, en las que se privilegia que sean altas y delgadas.

La moralidad de las bellas apariencias.


La apariencia de algo o de alguien, es lo que percibimos a través de los sentidos, su
aspecto externo, lo que es independiente de que se corresponda con su esencia, de allí
el famoso dicho de que las apariencias nos engañan, ya que no todo lo que aparece
ante nosotros de modo visible es lo verdadero.
La expresión de buena manera ya resulta lo suficientemente indicativa. La manera o el
modo señala cierta figura o forma exterior de algo. De allí también el sentido de porte o
modales de una persona. La asociación de las maneras o el modo a cierta disciplina
externa de la corporalidad y el correspondiente agrado o complacencia que procura en
los otros, genera una relación evidente con valores propiamente estéticos. Y ello a tal
punto que bien se puede afirmar que lo que los manuales de urbanidad prescriben es
una cierta belleza de la moralidad.

No se trata propiamente de tratados de moral. Pero, por otra parte, resulta evidente que
todos ellos establecen algún tipo de relación con preceptos de orden moral, la
urbanidad es una emanación de los deberes morales, y como tal, sus prescripciones
tienden todas a la conservación del orden y de la buena armonía que deben reinar
entre los hombres, y estrechar los lazos que los unen, por medio de impresiones
agradables que produzcan los unos sobre los otros.  Las prescripciones abarcan una
gama muy variada de situaciones: regulan la conducta en la mesa, los saludos, la
relación con el otro sexo, el aseo, la vestimenta, el comportamiento en los paseos
públicos, en los hoteles, en las reuniones sociales, en el templo, etc.
Comencemos con un alcance acerca de la ambigüedad de la fórmula moralidad de las
bellas apariencias". Esta ambigüedad, consignada por lo demás por los propios
tratados de urbanidad, concierne en primer lugar al mismo vocablo apariencia. La
expresión apariencia, en efecto, posee una doble connotación: puede significar el
aspecto exterior de una persona o bien aquello que meramente parece, pero que no es.
Mientras que el primer sentido designa un manifestar o revelar, el segundo alude, por el
contrario, a un ocultar o disimular algo. Es este último sentido el que ha prevalecido en
la depreciación actual de las buenas maneras y de las urbanidades en general. Hoy las
buenas maneras, lejos de manifestar o revelar un contenido interno, constituyen una
forma refinada de ocultamiento e hipocresía. Las buenas maneras son simplemente
una forma de impostura y fingimiento con vistas al mero acomodo social. Las
urbanidades ya no obedecen a una verdad interior, sino a una falsificación puramente
estratégica a efectos de lograr ciertos objetivos sociales. La apariencia adquiere aquí
un sentido claramente estético: se trata de una bella apariencia.

Las ideas estéticas


La apariencia estética es una cuestión que desde sus inicios ha dirigido la reflexión
sobre la esencia de la belleza. Ya Platón había circunscrito el problema de la belleza
artística al problema de la imagen estética. Si bien es cierto que Platón reduce el arte
bello a un arteapariencia y la imagen estética a la categoría del simulacro, también es
cierto que con ello queda planteada, quizás por primera vez, la pregunta acerca del
estatuto de la apariencia estética y su relación con la verdad, La formulación apropiada
de la apariencia estética, tal como se verifica en el arte, la encuentra Kant en la
expresión ideas estéticas. Es evidente que el término ideas estéticas implica una
ambivalencia: se trata, por así decirlo, de ideas sensibilizadas. Mientras la belleza
natural designa simplemente una cosa bella, la belleza artística refiere a la bella
representación de una cosa. Esta representación, sin embargo, no es puramente
sensible: designa más bien una concordancia entre la imaginación y el entendimiento.
Es esta mediación entre la sensibilidad y el entendimiento, entre las intuiciones y los
conceptos, la que define la noción de idea estética. La idea estética contiene un plus
respecto de la simple representación sensible: este plus es la participación del
entendimiento. Sin embargo, la representación nunca se deja recoger plenamente por
concepto alguno. La representación estética se caracteriza por su autosuficiencia y
libertad. De allí que la relación entre la imaginación y el entendimiento no pueda sino
ser definida como juego: la belleza se produce en el libre juego de las facultades. La
representación estética se caracteriza por su autosuficiencia y libertad.

La belleza como símbolo de la moralidad


Si la belleza es pues símbolo de la moralidad, ello significa que a través de la
representación estética y en virtud de su carácter analógico, el espíritu es capaz de
elevarse a una esfera suprasensible. Refiriéndonos a los efectos de la satisfacción
estética, tiene conciencia de un cierto ennoblecimiento por encima de la mera
receptividad de un placer por medio de impresiones sensibles, y estima también el
valor de los demás por una máxima semejante del juicio. Es a lo inteligible hacia donde
mira el gusto. Esta orientación analógica de la belleza hacia lo inteligible moral, se
revela particularmente en la idea de libertad. La libertad es, al mismo tiempo, un
principio estético y práctico. Esta correspondencia simbólica y no subordinación entre
belleza y moralidad, es la que faculta una mediación y un tránsito entre el dominio
estético y el práctico.
La belleza, no obstante, su autonomía y suficiencia, constituye una suerte de vestíbulo
o comienzo de la vida moral.

La apariencia moral
Evidentemente, hacer de un hombre decente o bien educado no es lo mismo que
hacerlo moralmente bueno, pero predispone para ello. El gusto tiende a fomentar
exteriormente la moralidad, la apariencia moral lejos propiamente de todo
engaño, permite finalmente adquirir aquello que inicialmente nos limitamos a
parecer, "La naturaleza.
Ciertamente, todo lo que se llama decencia no es nada más que una bella apariencia.
Las bellas apariencias no son precisamente verdad, pero tampoco engañan a nadie; La
cortesía es una pura apariencia de condescendencia que infunde amor. Las
reverencias y toda la galantería cortesana, junto con las más cálidas afirmaciones de
amistad, no son siempre precisamente una verdad, más tampoco engañan, porque
todo el mundo sabe cómo debe tomarlas, y principalmente porque estos signos de
benevolencia y respeto, inicialmente vacíos, conducen poco a poco a tener realmente
un carácter de esta índole.
Dicho brevemente, jugar socialmente con las apariencias no es nada más que
reconocer la condición eminentemente estética de las urbanidades. Sin embargo, ello
no significa sostener una absoluta falta de conexión con el dominio práctico.
Finalmente, la belleza y la moralidad mantienen, una relación analógica. En este
sentido, aun cuando las apariencias no sean más que apariencias, no por ello resultan
despreciables. Hasta la pura apariencia de bien en los demás ha de sernos estimable;
porque de este jugar con ficciones que imponen respeto.

LOS MODALES

También podría gustarte