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Educación Preventiva de Don Bosco

Don Bosco (1815-1888) fue un sacerdote y educador italiano que fundó la orden religiosa de los Salesianos para educar a los jóvenes más vulnerables. Su método educativo, conocido como el Sistema Preventivo, se centraba en la religión, la razón y la amabilidad. Creía en crear un ambiente familiar donde los jóvenes pudieran desarrollarse de manera integral a través de buenas relaciones entre educadores y estudiantes. Su enfoque innovador en la educación sigue siendo relevante hoy en día
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Educación Preventiva de Don Bosco

Don Bosco (1815-1888) fue un sacerdote y educador italiano que fundó la orden religiosa de los Salesianos para educar a los jóvenes más vulnerables. Su método educativo, conocido como el Sistema Preventivo, se centraba en la religión, la razón y la amabilidad. Creía en crear un ambiente familiar donde los jóvenes pudieran desarrollarse de manera integral a través de buenas relaciones entre educadores y estudiantes. Su enfoque innovador en la educación sigue siendo relevante hoy en día
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Grandes de la

educación

Don Bosco (1815-1888)

Miguel Ángel
García Morcuende

Responsable Oficina Escuela-Formación Profesional Salesianos


Dirección General
magarcia@[Link]

El agitado siglo XIX italiano es el contexto de la


fundación de la obra salesiana por parte de San Juan
Bosco, familiarmente llamado Don Bosco. El carisma
salesiano, su método educativo y su espiritualidad
se traducen en una persistente preocupación por los
adolescentes y jóvenes más vulnerables. Su multi-
forme experiencia de obras e iniciativas encuentra
hoy gran actualidad psicológica y educativa, muchas
de sus intuiciones siguen manteniendo una vigencia
extraordinaria, incluso cuando se tiene en cuenta la
época en la que fueron propuestas a los jóvenes y
educadores de su tiempo.
El suyo era un proyecto casi utópico de eleva- Su rica experiencia de educador y pedagogo se
ción intelectual, profesional, física, moral y reli- intuye en su praxis educativa personal y en la de
giosa de los jóvenes de las clases populares y en los educadores por él formados. Su identidad como
riesgo, en particular: pobres, abandonados, en pe- educador puede ser correctamente captada sólo en
ligro o peligrosos, dependientes, aprendices, sin relación con su rica personalidad como sacerdote y
instrucción ni trabajo, expuestos a la calle o a la fundador, legislador y organizador, educador y escri-
delincuencia. La vida y obra de este santo turinés tor popular.
cuyo bicentario del nacimiento se celebra este año La preventividad como criterio educativo signi-
2015 es un album de escenas de esa compleja obra fica aquella particular sensibilidad necesaria en el
de educación, reeducación, recuperación e integra- educador, expresada en una atención cuidada a todo
ción de los jóvenes marginados: “en lo que se refiere lo que pueda constituir una experiencia irreversible-
al bien de la juventud en peligro... yo me lanzo hasta mente negativa para el joven, y como la confiada y
la temeridad”, decía. constante promoción de experiencias que activan
su proceso de maduración. En el primer caso, pre-
El deseo de prevenir mediante la venir es evitar; en el segundo es anticipar. En ambas
educación acentuaciones, lo preventivo es sólo una dimen-
La figura de Don Bosco educador está histórica- sión significativa de una propuesta más amplia,
mente asociada a su Sistema Preventivo, un estilo de propuesta educativa, que no agota su riqueza y su
vida, una manera de ser y de actuar en medio de los complejidad.
niños, adolescentes y jóvenes: viene articulado como La originalidad de Don Bosco está en acentuar,
una experiencia espiritual, una propuesta de evange- mendiante la educación, el crecimiento personal en
lización juvenil y una metodología pedagógica. su totalidad, y haber relacionado las opciones de fe a

72 | PADRES Y MAESTROS | nº 363 | septiembre 2015 DOI: [Link]


Grandes de la
educación

salesiana y principio supremo del Sistema Preventivo:


podemos decir que es su contenido por excelencia y
su síntesis metodológica. Es amor educativo, afecto
dado y recibido, verdadera disponibilidad y presencia
entre los jóvenes. Este amor abre el corazón y la inte-
ligencia del joven al educador, hace amables sus pro-
puestas e intervenciones y estimula su protagonismo
y sus respuestas, su iniciativa y su creatividad.

Un ecosistema rico en relaciones y


familiaridad
Razones psicológicas, históricas y religiosas lleva-
ron a Don Bosco a la conclusión de que la educación
es obra del ambiente y de la ejemplaridad de las rela-
ciones personales, y que la mejor condición para ello
es el cuidado de una estructura educativa esencial-
mente familiar. Familia, ambiente de familia, espon-
taneidad: son palabras muy cercanas en el diccionario
salesiano. No hay educación sin afecto. No hay afecto,
si no se crea un clima educativo.
Al utilizar el término “clima” se recurre a una
metáfora tomada de la meteorología. Así como los
climas influyen en el comportamiento y hasta en las
características de los seres vivos, la atmósfera de
una casa salesiana es una condición que explica el
comportamiento, la identidad, los valores y las inte-
racciones que desarrollan las personas. Esta convic-
ción nace en el terreno práctico: Don Bosco lo sabía
bien, especialmente cuando visita las cárceles, y
recorre las calles y las plazas de Turín.
las que llegue el joven en este proceso, con sus com- Un ambiente educativo está fuertemente
promisos civiles, a los que lo lleva su misma concien- influenciado por la calidad de las relaciones coti-
cia cristiana. Se trata, entonces, de un humanismo dianas entre las personas. Conservar esa “tempe-
que está llamado a comprender y a realizar la ple- ratura” en las relaciones es esencial: cuando éstas
nitud de su vocación humana y su ser hijo de Dios: son recíprocas, en confianza cordial y afectuosa, el
“Buenos cristianos y honestos ciudadanos”. ambiente entero se beneficia. El tono informal de las
relaciones, la convivencia (el recreo todos juntos) y
Las grandes coordenadas educativas la presencia física afectuosa permiten la confianza
Don Bosco humaniza su obra en base a tres dimen- recíproca entre adulto y joven. Es muy saludable
siones, un trinomio: «religión, razón y amabilidad». La percibir la utilidad del esfuerzo de todos los que
pregunta religiosa constituye un elemento integrador forman parte de ese ambiente, sentir una adecuada
y realizable, un aspecto unificador de todo su sistema motivación para construir juntos, crear un autén-
de educación, y al mismo tiempo, una tarea a acompa- tico sentido de pertenencia.
ñar para toda una vida cristiana. Se sentía amigo entre Un elemento también importante en un ambiente
los chicos y sacerdote siempre. Don Bosco está con- estimulante y formativo es la aceptación mutua de
vencido de que no es posible una verdadera educación las personas, el respecto y el reconocimiento de lo
sin una apertura a lo transcendente. En segundo lugar, que cada uno aporta. No sin olvidar el inconfundible
la razón, una persuasión inteligentemente motivada, papel que tiene el juego de estos binomios: el acer-
que implica una comprensión objetiva del muchacho camiento y la acogida, el respeto y la sinceridad, la
en sus circunstancias y la búsqueda de una relación confianza y la paciencia, la disculpa y el perdón.
adecuada y constructiva con él. Por último, el término Por último, hay un proyecto de hombre encerra-
cariño (amorevolezza), omnipresente en la literatura do en todo proyecto educativo, y este proyecto vale

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Carta sobre los castigos (1883)


La importancia de este escrito de Don Bosco no está tanto en la presentación de una casuística extensa sobre los casti-
gos, como en los motivos y en las sugerencias más generales que la inspiran. El espíritu, la actitud educativa general, la
valoración positiva de los jóvenes, el optimismo y la evidente predilección por una política pedagógica del amor. Palabras
en armonía con todo su método.

«[...] En general, el sistema que nosotros tenemos que aplicar es el llamado preventivo que consiste en disponer los ánimos
de nuestros alumnos de modo que, sin ninguna violencia exterior, lleguen a plegarse a hacer nuestros deseos. Con este
sistema entiendo deciros que no hay que usar nunca medios coercitivos, sino siempre y sólo los de la persuasión y de la
caridad. [...] Si sois verdaderos padres de vuestros alumnos, hace falta que también tengáis su corazón. Y no recurráis
nunca a la represión o castigo sin razón y sin justicia; y sólo al modo de quien la usa a la fuerza y para cumplir un deber. [...]
1. No castiguéis nunca hasta después de haber agotado todos los otros medios. ¡Cuántas veces, queridos hijos míos, he
debido persuadirme de esta gran verdad en mi larga carrera! Es más fácil, qué duda cabe, irritarse que conservar la
calma; amenazar a un muchacho que persuadirlo; diría que resulta más cómodo para nuestra impaciencia y nuestra
soberbia castigar a los que se nos resisten que corregirlos soportándolos con firmeza y benignidad. La caridad que os
recomiendo es la que usaba S. Pablo hacia los fieles recién convertidos a la religión del Señor, y que con frecuencia le
hacía llorar y suplicar cuando los veía menos dóciles y sin eco a su celo. Por eso yo recomiendo a todos los Directores
que antes de nada tienen que usar la corrección paterna hacía nuestros queridos hijitos, y que ésta se haga en pri-
vado, o como se suele decir, en camera charitatis. Nunca se reprenda directamente en público a no ser que sea para
impedir el escándalo o para repararlo si se hubiese dado. [...]
2. Procurar escoger en las correcciones el momento favorable. Cada cosa a su tiempo, dice el Espíritu Santo; y yo os digo
que si hace falta una de esas dolorosas necesidades, se requiere también una gran prudencia para saber escoger
el momento en el que esa represión sea beneficiosa. Porque las enfermedades del alma hay que tratarlas al menos
como las del cuerpo. No hay nada tan peligroso como un remedio mal aplicado o fuera de tiempo. Un médico sabio
aguarde que el enfermo esté en condiciones de soportarlo y para ello espera el momento favorable. Y nosotros lo
podremos conocer sólo a partir de la experiencia perfeccionada por la bondad del corazón. Antes de nada, esperad
a ser dueños de vosotros mismos; no dejéis traslucir que actuáis por malhumor o por violencia; porque entonces per-
deríais la autoridad, y el castigo se haría pernicioso. [...]
3. Eliminad cualquier idea que pueda hacer creer que se actúa por pasión. Cuando se castiga, difícilmente se conserva la
calma que es necesaria para alejar cualquier duda de que se actúa para hacer sentir la propia autoridad y desahogar
la propia pasión. Y con cuanto más despecho se actúa tanto más lo advierten los demás. El corazón de padre que
nosotros debemos tener condena este modo de actuar. [...] Nuestro querido y manso S. Francisco, vosotros lo sabéis,
se había impuesto a sí mismo una norma severa por la que su lengua no hablaría cuando el corazón estuviese agitado.
Solía decir, efectivamente: “Temo perder en un cuarto de hora la poca dulzura que he procurado acumular en veinte
años gota a gota, como el rocío, en el vaso de mi pobre corazón. Una abeja emplea muchos meses en hacer un poco
de miel, que un hombre come de un bocado; y además, ¿para qué sirve hablar al que no escucha?”. [...] Cuando hayáis
logrado ganaros ese ánimo inflexible, os ruego que no sólo le dejéis la esperanza de vuestro perdón, sino también la
de que pueda, con una buena conducta, borrar la mancha hecha por él con sus faltas.
4. Conducíos de modo que dejéis al culpable la esperanza de que puede ser perdonado. Se obtendrá más con una mirada
de amor, con una palabra de ánimo, que dé confianza a su corazón, que con muchos reproches que no hacen más
que inquietar y reprimir su vigor. Yo he visto verdaderas conversiones con este sistema, que por otro camino pare-
cían absolutamente imposibles. Sé que algunos de mis más queridos hijos no tienen vergüenza en confesar que
fueron ganados así a nuestra Congregación y, por tanto, a Dios. Todos los jóvenes tienen sus días malos, ¡y vosotros
también los tuvisteis! Y ¡ay de nosotros! si no nos esforzamos por ayudarles a que los pasen aprisa y sin reproches.
Algunas veces sólo hacer creer que no se piensa que lo ha hecho con malicia, basta para impedir que recaiga en
la misma falta. Serán culpables, pero desean que no se les crea así. ¡Felices nosotros si sabemos servirnos de este
medio para educar estos pobres corazones!
5. Qué castigos deben aplicarse y por quién. Recordemos que la fuerza castiga el vicio, pero no cura al vicioso. No se
cultiva la planta doblándola con áspera violencia y por eso no se educa la voluntad gravándola con excesivo yugo. He
aquí una serie de castigos que son los únicos que querría se usasen entre nosotros. Uno de los medios más eficaces
de represión moral, es la mirada descontenta, severa y triste del superior, que hace ver al culpable, por poco corazón
que tenga, que se encuentra en desgracia, y que le puede provocar al arrepentimiento y la enmienda. Corrección
privada y paternal. No demasiados reproches; y hacerle sentir el disgusto de los padres y la esperanza de las recom-
pensas. A la larga se sentirá obligado a mostrar gratitud y hasta generosidad.

[...] Esforcémonos en hacernos amar.

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educación

según construya o destruya al educando. A la base de intervención, tan sencillos en las expresiones
de la actitud y comportamiento pedagógicos y pas- como eficaces en los resultados para crear un clima
torales de Don Bosco, hay en él un concepto opti- de amistad y alegría.
mista de la persona. El realismo de aquella sociedad La alegría es un antídoto perfecto contra la tris-
lacerada que vió y palpó, no lo alejó de la confianza teza en todas sus formas. No se trata tanto de una
en las posibilidades de recuperación de sus “pobres conquista (nada se ve tan falso como el compor-
muchachos”. Ésta, radicaba en una visión antropoló- tamiento de aquéllos que son alegres por obliga-
gica positiva, una fe en las reservas y posibilidades ción) como de un fruto: la alegría es la expresión de
humanas y espirituales del sujeto educativo. Así es la felicidad, del estar en armonía consigo mismo,
como, según Don Bosco, el educando siempre puede algo que sólo puede derivarse de estar en armonía
reencontrar en sí recursos personales que puestos con Dios y con los demás. Para los cristianos de
en juego, juntamente con la “gracia”, lo lleven a su- todos los tiempos, los creyentes de toda edad, raza
perar las limitaciones y condicionamientos deshuma- y condición han encontrado esa serenidad de cora-
nizantes y a proponerse nuevas metas de superación zón en el encuentro con Dios y la han expresado
y de conquista. al Creador con su alegría vital. Don Bosco trans-
mite a sus jóvenes y educadores que creemos en
Una criteriología pedagógica: la alegría un Dios que no puede contenerse de júbilo por la
Don Bosco intuyó la urgencia de crear en sus felicidad de sus hijos, y que no desea ni expresa
casas salesianas no sólo unas relaciones interper- otra cosa; sino que también nosotros desbordemos
sonales con claras resonancias familiares, sino tam- alegría. Esta es la razón de la famosa expresión de
bién espacios físicos distendidos y cordiales donde la Domingo Savio: “Nosotros demostramos la santi-
nota dominante sea la libertad en la expresión y en dad, estando siempre alegres”. Por eso invitaba a
la participación. En este sentido, una de las expre- sus muchachos a explorar nuevos caminos, a valo-
siones más ricas de la pedagogía de Don Bosco es la rar como positivo los eventos cotidianos, empapa-
alegría; concedía espacio y dignidad al momento del dos de confianza en el Padre y en la entrega a los
recreo, la fiesta, el deporte, la música, el teatro y el demás. La alegría salesiana es el amor disfrutado;
patio. Todos ellos, lugares de la espontaneidad y de es su primer fruto. Cuanto más grande es el amor,
las relaciones donde el educador encuentra modos mayor es la alegría.

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Grandes de la
educación

onda de sus aspiraciones y problemas, para buscar


con ellos los modos de traducir sus ideas en términos
operativos, para estimular y alargar su capacidad de
visión y de juicio crítico. Es, si se quiere, una vida inspi-
rada en una concepción educativa.
El recuerdo de la fisonomía y actuación de Don
Bosco suscitaron satisfacción. Se cumple en este
caso que en toda persona adulta habitan sus educa-
dores; tanto los que fallaron como los que nos has
estimado con la «amorevolezza salesiana». La figura
educativa del «santo de los jóvenes» nos recuerda
que no es posible suscitar un afecto profundo leyendo
un tratado sobre el arte de amar; el educador se
hace encarnándose en una experiencia de amistad
lograda y bien revestida de respeto.
El educador de Don Bosco no es sólo en una
persona de referencia, sino es un facilitador del
crecimiento de los individuos y del grupo entero. La
pedagogía de Don Bosco ha retomado la sabia con-
sideración de que quien educa, no puede esquivar la
compañía educativa, no puede estar ausente de los
círculos donde se toman, o se condicionan, las opi-
niones y las decisiones, no siempre comprensibles a
los ojos de los adultos. La relación con los adolescen-
tes está sometida a altibajos, infinidad de idas y veni-
das debido a su inestabilidad emocional, propia de
su etapa evolutiva, de los condicionamientos socio-
familiares. Hemos de ser profundos conocedores de
esto para no perder el pulso a la relación, ni valorar
negativamente la respuesta del adolescente. Hay
Jóvenes nuevos, ¿educadores de siempre? que permanecer a pesar de las turbulencias.
Podríamos enumerar un gran número de cualida- Sin darse tregua, Don Bosco halló modo de aunar
des consideradas esenciales en el educador de Don energías, estrechar amistades, encontrar nuevos
Bosco: amor pedagógico, tacto educativo, autoridad colaboradores, procurar sustentadores para sus
que se gana con la presencia activa y animadora, obras en todos los estratos sociales. Con tal fin, asu-
optimismo, equilibrio, paciencia y tantas otras. mimos también hoy la misión de ayudar a los jóvenes
Un educador ¿nace o se hace? Repensar de modo a jugar bien sus cartas y a utilizarlas para que pue-
preventivo el perfil del educador, según Don Bosco, dan ganar la partida de la vida •
sólo cabe hacerlo desde alguien que hace de la edu-
cación una razón y una opción de vida. Las considera-
ciones anteriores no son aspectos instrumentales que
atañen a la acción educativa; no exigen sólo ni princi-
PARA SABER MÁS
palmente un cambio de metodología, sino una nueva
perspectiva, un nuevo tipo de formador. Hacer una BosCo, J. (2015). Estad siempre alegres. Introducción, se-
relectura, en clave educativa salesiana, de la actual lección de textos y comentarios Miguel Ángel García
condición juvenil, su contexto y sus cambios acelera- Morcuende. Madrid: Narcea.
dos requiere un perfil de educador vocacionado. De Braido, P. (2001). Prevenir, no reprimir. El sistema educati-
aquí arrancan las exigencias de competencia y exce- vo de Don Bosco. Madrid: CCS.
lencia de todo educador. Educar no puede reducirse lenTi, a. (2010-2012). Don Bosco: historia y carisma, vol. 3,
a una profesión o un rol social sin un vivo interés per- Madrid: CCS.
exPósiTo, a. (2015). Don Bosco hoy. Madrid: Editorial Ro-
sonal. Un educador se hace asumiento la audacia de
mana.
estar en el hábitat de las nuevas generaciones, en la

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