ALUMNA: NOEL HUAMAN ADRIANA JUSTINNE
Los trastornos temporomandibulares son un grupo de más de 30 afecciones
que causan dolor y disfunción en la articulación de la mandíbula y en los
músculos que controlan su movimiento. En inglés se usan con frecuencia las
siglas “TMD” y “TMJ” (ATM, en español). “TMD” significa temporomandibular
disorders y se refiere a los trastornos temporomandibulares. “TMJ” (ATM)
significa temporomandibular joint y se refiere a la articulación
temporomandibular en sí. Las personas tienen dos articulaciones
temporomandibulares; una a cada lado de la mandíbula. Puede sentirlas si
coloca los dedos frente a las orejas y abre la boca.
Hay tres clases principales de trastornos temporomandibulares:
1. trastornos de las articulaciones, incluidos los trastornos de los discos;
2. trastornos de los músculos que se usan para masticar (músculos
masticatorios);
3. dolores de cabeza asociados a un trastorno temporomandibular.
En cada clase, hay varios trastornos.
Causas
Las lesiones en la mandíbula o en la articulación temporomandibular pueden
provocar algunos de estos trastornos, pero en la mayoría de los casos, la
causa exacta no está clara. Para muchas personas, los síntomas parecen
comenzar sin una razón aparente. Algunas investigaciones recientes sugieren
que una combinación de los genes, los factores estresantes psicológicos y de
la vida, y la forma en que alguien percibe el dolor, pueden influir en por qué
comienza un trastorno temporomandibular y si será de larga duración.
Debido a que estos trastornos ocurren con más frecuencia en las mujeres que
en los hombres, los investigadores están explorando si las diferencias en la
estructura y la mecánica de la articulación temporomandibular entre mujeres y
hombres pueden desempeñar un papel.
Las investigaciones no respaldan la creencia de que una mala mordida o los
aparatos de ortodoncia causen estos trastornos.
Las articulaciones temporomandibulares son las conexiones entre los huesos
temporales del cráneo y la mandíbula (inferior). Existen dos articulaciones
temporomandibulares, una a cada lado de la cara, justo delante de las orejas.
Los ligamentos, tendones y músculos que sostienen las articulaciones son los
elementos que permiten el movimiento mandibular.
Los trastornos temporomandibulares suelen ser causados por
problemas en la musculatura o las articulaciones de la mandíbula,
o en el tejido fibroso que las conecta.
La persona afectada tiene dolor de cabeza y respuesta dolorosa
al tacto de los músculos masticadores; también puede notarse
chasquidos en las articulaciones de la mandíbula.
En general, los médicos o dentistas pueden diagnosticar estos
trastornos mediante la historia clínica y la exploración clínica,
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pero a veces es necesaria una prueba de diagnóstico por la
imagen.
El tratamiento suele incluir medidas de autoayuda y medidas
dirigidas por el médico, terapia con dispositivos bucales (férulas)
y alivio del dolor.
La articulación temporomandibular es una de las más complejas del cuerpo:
se abre y se cierra como una bisagra y se desliza hacia delante, hacia atrás y
lateralmente. Durante la masticación puede tener que aguantar una gran
presión según la posición y la salud de la dentadura superior e inferior, que
actúan como el tope de una puerta durante el cierre de la articulación. La
articulación temporomandibular contiene un fragmento de tejido fibroso denso
denominado disco articular El disco sirve de almohadilla entre la mandíbula y
el cráneo, evitando así la fricción entre ambos.
Los trastornos temporomandibulares, denominados anteriormente trastornos
de la ATM (articulación temporomandibular), son más frecuentes entre las
mujeres veinteañeras y entre los 40 y los 50 años; en casos excepcionales,
los bebés nacen con anomalías de la articulación temporomandibular. Los
trastornos temporomandibulares incluyen problemas con las articulaciones,
los músculos y las bandas de tejido fibroso que los conectan (fascias).
La luxación mandibular, que constituye una emergencia dental, se caracteriza
por una boca completamente abierta y un dolor que hace difícil volver a la
posición de boca cerrada (dientes juntos).
Causas de los trastornos temporomandibulares
Con frecuencia la causa de la disfunción temporomandibular es una
combinación de tensión muscular y problemas anatómicos dentro de las
articulaciones. A veces también interviene un componente psicológico, así
como otros factores. Los síntomas pueden aparecer al apretar y hacer
rechinar los dientes (bruxismo), al sufrir enfermedades sistémicas
(como osteopenia, trastornos autoinmunitarios, trastornos del sistema
conjuntivo o trastornos óseos genéticos), infecciones,
lesiones, desalineación dental incluso por el hecho de mascar chicle
constantemente. Las causas específicas son
Fatiga muscular y uso excesivo, lo que lleva al síndrome de dolor
miofascial
Trastorno de la articulación temporomandibular interna
Artritis
Anquilosis
Hipermovilidad
Síndrome de dolor miofascial
El síndrome de dolor miofascial es el trastorno más frecuente que afecta a la
región temporomandibular. Se produce dolor muscular, opresión alrededor de
la mandíbula y limitación de la apertura de la boca, así como dolor en otras
áreas de la cabeza y el cuello y dolor de cabeza. El dolor está causado
principalmente por la fatiga muscular o el uso excesivo, a veces como
resultado de apretar o rechinar los dientes mientras se está despierto o
dormido debido a un estrés psicológico o relacionado con el sueño. Durante el
sueño, se aprietan y rechinan los dientes con mucha más fuerza que cuando
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se está despierto. El dolor también puede ser consecuencia de una lesión en
la cabeza o el cuello, trastornos del sueño, problemas de desalineación de los
dientes superiores e inferiores o incluso dolor dental. La articulación
temporomandibular puede ser normal. El síndrome de dolor miofascial es más
frecuente entre las mujeres y por lo general afecta a las que se encuentran en
la veintena y las que están a punto de llegar a la menopausia.
La articulación temporomandibular
Trastorno de la articulación temporomandibular interna
En la forma más frecuente de afección articular interna de la ATM, el disco
interior de la articulación está situado por delante de su posición normal. El
disco se puede desplazar fuera de su sitio cuando los ligamentos que lo
mantienen en su lugar se alargan o, a menudo, se estiran debido a una lesión
en la articulación (esguince del ligamento).
La afección articular interna de la ATM puede producirse con reducción o
sin ella; la reducción significa que las partes de una articulación han vuelto a
su posición normal. El desplazamiento del disco con reducción es más
frecuente que el desplazamiento sin reducción y ocurre aproximadamente en
la tercera parte de la población adulta. En la afección articular interna con
reducción, el disco se sitúa por delante de su posición normal solo cuando la
boca está cerrada. A medida que se abre la boca y la mandíbula se desliza
hacia delante, el disco vuelve a su posición normal, emitiendo a menudo un
chasquido o un "clic". Al cerrarse la boca, el disco se desliza de nuevo hacia
delante. En la afección articular interna de la ATM sin reducción, el disco
nunca vuelve a su posición normal, lo que limita el grado de apertura de la
boca. La afección de la ATM puede causar inflamación alrededor de la
articulación (capsulitis). Los trastornos internos de la ATM pueden o no ser
dolorosos.
Artritis
Puede aparecer artritis en la articulación temporomandibular a consecuencia
de artrosis, artritis reumatoide, artritis infecciosa o un traumatismo, en
particular si este causa una hemorragia dentro de la articulación. Tales
lesiones son bastante frecuentes en niños que hayan sufrido un golpe
directamente en el mentón o en un lado del mentón.
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La artrosis, un tipo de artritis degenerativa del cartílago de las articulaciones,
es más frecuente en personas de más de 50 años. La artrosis de la ATM
puede ocurrir cuando el disco de fibrocartílago situado en el interior de la
articulación se desplaza o presenta agujeros, lo que hace que el hueso de la
articulación se remodele y cambie de forma (cambios degenerativos).
La artritis reumatoide , una enfermedad en la que el cuerpo ataca a sus
propias células (enfermedad autoinmunitaria) y produce inflamación, afecta a
la articulación temporomandibular en cerca de un 17% de los individuos con
este tipo de artritis. La articulación temporomandibular por lo general se
encuentra entre las últimas articulaciones afectadas por la artritis reumatoide.
La artritis infecciosa está causada por una infección que se ha extendido
desde una zona cercana de la cabeza o del cuello, o que ha sido transportada
por el torrente sanguíneo hasta la articulación desde otra parte del organismo.
La artritis traumática, es decir, la artritis causada por una lesión (por
ejemplo, cuando la mandíbula se extendió ampliamente durante una
extracción dental complicada), es poco frecuente.
Anquilosis
La anquilosis es la pérdida de movimiento articular a causa de una fibrosis
(cicatrización) o una fusión de los huesos que se insertan en la articulación o
a causa de la calcificación (depósito de calcio en los tejidos) de los ligamentos
que la rodean. La mayor parte de las veces, la anquilosis aparece a
consecuencia de una lesión o una infección, pero puede estar presente de
nacimiento o ser consecuencia de la artritis reumatoide.
Hipermovilidad
La hipermovilidad (laxitud mandibular) se produce por el estiramiento
excesivo de los ligamentos que sostienen la articulación, haciendo como si
hubiera una doble articulación. En la hipermovilidad, la luxación suele
producirse por la forma de las articulaciones, la pérdida de tono del ligamento
(laxitud) y la tensión muscular. Puede producirse al tratar de abrir demasiado
la boca, o a causa un golpe en la mandíbula.
Síntomas de los trastornos temporomandibulares
Los síntomas de un trastorno temporomandibular incluyen cefalea,
sensibilidad a la presión de los músculos masticatorios y chasquido, crujido o
bloqueo de las articulaciones. A veces el dolor parece manifestarse en las
proximidades de la articulación más que en esta. Las alteraciones funcionales
de la articulación temporomandibular pueden ocasionar dolores de cabeza
recurrentes que no responden al tratamiento habitual. Otros síntomas incluyen
dolor o rigidez en el cuello y en los hombros, mareo, dolor u obstrucción en
los oídos y perturbaciones del sueño.
Las personas con trastornos temporomandibulares suelen tener dificultades
para abrir completamente la boca. Por ejemplo, la mayoría de las personas
sin el mencionado trastorno pueden colocar en posición horizontal, y sin
esfuerzo, las puntas de sus dedos índice, corazón y anular en el espacio
comprendido entre los incisivos superiores e inferiores. Este espacio suele ser
notablemente más pequeño en las personas con dichos trastornos (con
excepción de la hipermovilidad).
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Síndrome de dolor miofascial
Las personas con dolor muscular sienten dolor, fatiga y contractura en ambos
lados de la cara cuando se despiertan o después de periodos de gran tensión
nerviosa durante el día. El hecho de apretar y rechinar los dientes mientras se
está dormido, así como la presencia de un trastorno de la respiración durante
el sueño, como la apnea obstructiva del sueño , pueden hacer que la persona
se despierte con dolor de cabeza, que puede disminuir lentamente durante el
día. Sin embargo, algunas personas presentan síntomas cuando están
despiertas, incluyendo cefalea, si continúan apretando y rechinando los
dientes mientras están despiertas. Al abrir la mandíbula, puede moverse
ligeramente (desviarse) hacia un lado u otro, y puede no abrirse por completo.
Los músculos masticatorios suelen estar doloridos y ser sensibles al tacto.
Las pequeñas manchas o nudos de los músculos (llamados puntos gatillo)
son dolorosas a la palpación y, al presionarlas, pueden causar dolor referido
en otros lugares de la cabeza y el cuello.
Trastorno de la articulación temporomandibular interna
La afección articular interna relacionada con el desplazamiento del disco
anterior con reducción suele causar un chasquido o un ruido seco en la
articulación al abrir completamente la boca, o cuando la mandíbula se
desplaza de un lado a otro. En ocasiones dichos sonidos pueden llegar a ser
oídos por otras personas. En muchas personas, tales ruidos articulares son
los únicos síntomas. Sin embargo, algunas sufren también dolor, en especial
al masticar alimentos duros. En un pequeño porcentaje de personas, estos
ruidos evolucionan hacia el bloqueo de las articulaciones.
La afección articular interna relacionada con el desplazamiento del disco
anterior sin reducción no produce los mencionados sonidos, pero dificulta a la
persona afectada abrir la boca por completo. Por lo general, causa dolor y
una sensación de que la articulación está fuera de su sitio. Por lo general,
este tipo de trastorno articular comienza de forma repentina en personas cuya
articulación hace "clic" continuamente (desplazamiento anterior del disco con
reducción). En ocasiones la persona descubre que no es capaz de abrir
totalmente la mandíbula cuando se despierta. Transcurridos entre 6 y 12
meses, el dolor puede disminuir y el grado de abertura de la boca suele
recuperarse.
Artritis
Dado que la artrosis aparece principalmente cuando el disco está fuera de su
sitio o tiene perforaciones, la persona experimenta una sensación de fricción
áspera en las articulaciones temporomandibulares al abrir y cerrar la boca y a
menudo también escucha el sonido de dicha fricción. Puede aparecer rigidez,
dolor leve o una combinación de los anteriores. Cuando la artrosis es grave,
la punta superior de la rama ascendente del maxilar se aplana y no se puede
abrir por completo la boca. La mandíbula también puede desplazarse hacia el
lado afectado, y es posible que la persona sea incapaz de volver a colocarla
en posición correcta. La persona puede notar un cambio en la forma en que
encajan los dientes superiores e inferiores del lado no afectado.
La artritis reumatoide causa dolor, hinchazón de la articulación
temporomandibular y limitación del movimiento mandibular. Suele afectar casi
por igual a ambas articulaciones temporomandibulares, lo que rara vez ocurre
en otros tipos de trastornos de esta articulación. Cuando la artritis reumatoide
es grave, especialmente en niños, la parte superior del maxilar puede
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degenerar y acortarse, lo que provoca deformidades en la cara. Dicha
degeneración puede conducir a una repentina alineación defectuosa de
muchas o de todas las piezas dentales superiores e inferiores. Si el daño es
grave, lo cual es muy poco frecuente, los huesos de la articulación se
acabarán fusionando con el cráneo (anquilosis).
En la artritis infecciosa, la zona por encima y alrededor de la articulación
temporomandibular se inflama, y el movimiento de la mandíbula es doloroso y
limitado.
La artritis traumática causa dolor y sensibilidad en la articulación
temporomandibular, además de limitación del movimiento mandibular.
Anquilosis
En general, la fusión de los ligamentos y del hueso alrededor de la
articulación (anquilosis extraarticular) no es dolorosa, pero limita la apertura
de la boca a unos 2,5 cm o menos. La fusión de los huesos dentro de la
articulación (anquilosis intrarticular) causa dolor y limita de forma más grave el
movimiento mandibular.
Hipermovilidad
En una persona con hipermovilidad, la mandíbula puede deslizarse hacia
delante, hasta desencajarse por completo (luxación), lo cual provoca dolor e
incapacidad de cerrar la boca. La luxación puede producirse de repente y de
forma repetida.
Diagnostico de trastornos temporomandibulares
Exploración realizada por un dentista o un médico
A veces, pruebas de diagnóstico por la imagen
En caso de artritis infecciosa, aspiración de líquido
A veces, polisomnografía (estudio del sueño)
El odontólogo o médico casi siempre diagnostica una afección
temporomandibular en función únicamente de la historia clínica y dental del
paciente y de la exploración física. El examen consiste en presionar
levemente un lado de la cara o en introducir el meñique en la oreja del
paciente y presionar con suavidad hacia delante mientras este abre y cierra
las mandíbulas, con la intención de detectar la presencia de chasquidos o
ruidos secos. Además, el médico palpa con suavidad los músculos
masticatorios para detectar dolor o sensibilidad al tacto, y observa si el
maxilar se desplaza al morder. Se le indica a la persona que abra la boca
tanto como pueda pero sin forzarla. Una persona de tamaño promedio puede
abrir la boca por lo menos unos 4 cm.
El médico realizará otras pruebas si sospecha la presencia de una afección
articular interna. La resonancia magnética nuclear (RMN) es en la actualidad
el método que utilizan los médicos para evaluar si existe una afección
articular interna o por qué una persona no responde al tratamiento.
El médico sospecha la presencia de artrosis al escuchar un ruido
crujiente/chirriante cuando la persona abre la boca (crepitación).
Las radiografías y/o una tomografía computarizada (TC) pueden confirmar el
diagnóstico.
Puede sospecharse la presencia de artritis infecciosa si la zona por encima y
alrededor de la articulación temporomandibular está inflamada, y si el
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movimiento articular está limitado y causa dolor. También sirve de indicio una
infección en otra parte del cuerpo. Para confirmar el diagnóstico de artritis
infecciosa, el médico puede introducir una aguja en la articulación
temporomandibular para extraer líquido (aspiración), que luego se analiza
para determinar la presencia de bacterias.
Si la causa es la hipermovilidad, la persona suele ser capaz de abrir la boca
con una apertura de más de tres dedos de anchura. En ese caso la mandíbula
puede estar luxada de forma crónica. Si la anquilosis es la causa, el grado de
movilidad de la mandíbula tiende a estar notablemente reducido.
Si los síntomas de dolor muscular y rigidez continúan, el médico puede
ordenar pruebas para descartar un trastorno del sueño. Esta prueba se
denomina polisomnografía .
Tratamiento de los trastornos temporomandibulares
Tratamiento con prótesis bucales y analgésicos
Medidas de autoayuda
A veces, fisioterapia
En ciertas ocasiones, intervención quirúrgica
A veces, otros fármacos (como relajantes musculares, somníferos
o toxina botulínica)
El tratamiento varía de forma considerable según la causa. Dos tratamientos
comunes son la terapia con una prótesis bucal (también llamada terapia con
férula o protector bucal) y los analgésicos, como los medicamentos
antiinflamatorios no esteroideos (AINE), para aliviar el dolor.
Síndrome de dolor miofascial
Aparatos orale
El uso de una prótesis bucal suele ser el principal tratamiento para el dolor y
la tensión de la musculatura mandibular. En el caso de las personas que se
dan cuenta de que aprietan o hacen rechinar los dientes, las prótesis bucales
pueden ayudarles a acabar con el hábito. Para ello se diseña una prótesis
bucal fina de plástico que encaje sobre la arcada superior o inferior y se
ajusta para que permita una mordida uniforme. La prótesis bucal,
habitualmente utilizada mientras se duerme (protector nocturno), reduce a
menudo el rechinamiento y los crujidos, permitiendo el reposo y la
recuperación de los músculos mandibulares. En el caso del dolor cuando se
está despierto, una prótesis bucal permite que los músculos de la mandíbula
permanezcan relajados y que la mordida sea estable, lo cual reduce las
molestias. De la misma manera, la prótesis bucal también puede evitar
lesiones en las piezas dentales que están sometidas a una presión excesiva
debida al hecho de rechinar o apretar los dientes. Las prótesis bucales
diurnas se utilizan solo hasta que remiten los síntomas, por lo general en
menos de 8 semanas. Su uso durante más tiempo puede justificarse según la
gravedad de los síntomas.
Medidas de autoayuda
Se deben tomar medidas de autoayuda para aliviar el dolor y restaurar la
funcionalidad normal.
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El hecho de cambiar a una dieta con alimentos más blandos,
cortar los alimentos en trozos más pequeños, masticar
lentamente y no abrir tanto la boca reduce la tensión muscular y
el estrés en las articulaciones temporomandibulares.
El hecho de mantener separados los dientes superiores e
inferiores mientras se está despierto contribuye a romper el hábito
de apretar o rechinar los dientes, disminuyendo también la
tensión muscular y la tensión sobre las articulaciones
temporomandibulares.
El desarrollo de algún sistema para ayudar a recordar que se
debe corregir la mala postura contribuirá a la recuperación de los
músculos de la mandíbula y del cuello/hombro.
El hecho de seguir un comportamiento adecuado para dormir ,
incluyendo acostarse cada día a la misma hora en un ambiente
tranquilo y cómodo, reduce el dolor y permite que el cuerpo se
cure.
La aplicación de calor húmedo a los músculos fatigados también
es beneficiosa.
Fisioterapia
Así mismo, es posible que se prescriba fisioterapia, que puede incluir
tratamientos con ultrasonidos, biorretroalimentación electromiográfica (en la
cual la persona aprende a relajar la musculatura), y ejercicios de relajación y
estiramiento (en los que la mandíbula se estira hasta abrirla después de
haber rociado con refrigerante la piel sobre la zona dolorosa, o después de
haberla insensibilizado con hielo). Estimulación nerviosa eléctrica
transcutánea (TENS, véase la barra lateral Fisioterapia para los músculos
mandibulares) también puede ayudar. La gestión del estrés, en ocasiones
combinada con biorretroalimentación electromiográfica, (véase barra
lateral Fisioterapia para los músculos mandibulares ), y el apoyo psicológico
resultan útiles para algunas personas.
Terapia con fármacos
La terapia farmacológica también puede ser beneficiosa. Por ejemplo, se
pueden recetar fármacos relajantes musculares, como la ciclobenzaprina,
para aliviar la tensión y el dolor. En ocasiones, se puede tomar
temporalmente una benzodiacepina (medicamento contra la ansiedad que
también relaja los músculos) a la hora de acostarse para ayudar a aliviar los
síntomas. Sin embargo, los fármacos no curan el trastorno; tampoco suelen
recomendarse a personas de edad avanzada, y solo se prescriben durante un
breve periodo, por lo general durante un mes o menos. Los analgésicos como
el acetaminofeno (paracetamol) u otros fármacos antiinflamatorios no
esteroideos (AINE) también contribuyen a aliviar el dolor. No es habitual la
prescripción de analgésicos opiáceos, porque el tratamiento puede llegar a
ser prolongado, y estos fármacos pueden causar adicción. Las pastillas para
dormir (sedantes) pueden usarse de vez en cuando y durante un corto
periodo de tiempo para ayudar a las personas que tienen problemas para
dormir a causa del dolor. Las personas que sufren un trastorno del sueño,
como una apnea obstructiva del sueño , deben preguntar a su médico antes
de consumir ningún tipo de benzodiazepinas o sedantes (incluyendo los que
se venden sin receta médica) o de relajante muscular, ya que este tipo de
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fármacos pueden empeorar el trastorno. La toxina botulínica inyectada en el
músculo o los anestésicos inyectados en los puntos reflexógenos musculares
se han utilizado para aliviar los espasmos musculares y el dolor.
En algunos casos de dolor crónico, los antidepresivos pueden ser eficaces.
Al margen del tipo de tratamiento, la mayoría de las personas experimentan
un alivio significativo aproximadamente en 3 meses. Si los síntomas no son
graves, muchas personas se recuperan sin tratamiento.
Fisioterapia para los músculos mandibulares
Fisioterapia para los músculos mandibulares
Los ultrasonidos son un método para suministrar calor intenso a
las zonas dolorosas. Cuando los vasos sanguíneos se calientan
mediante ultrasonidos, se dilatan y la sangre puede transportar
con mayor rapidez los productos de desecho musculares que
pueden causar dolor.
La biorretroalimentación electromiográfica controla la actividad
muscular con un registro gráfico. La persona intenta relajar todo
el cuerpo o un músculo específico mientras observa el registro
gráfico. De este modo, el paciente aprende a controlar o a relajar
determinados músculos.
Los ejercicios de contracción y estiramiento conllevan rociar el
área dolorida con un refrigerante para la piel, o aplicar hielo en
dicha zona, de modo que puedan estirarse los músculos
mandibulares.
La neuroestimulación eléctrica transcutánea (TENS) de los
nervios consiste en la utilización de un dispositivo que estimula
las fibras nerviosas que no transmiten el dolor. Se cree que los
impulsos resultantes bloquean los impulsos dolorosos que el
paciente ha estado sintiendo.
Trastorno de la articulación temporomandibular interna
La afección articular interna, con o sin reducción, requiere tratamiento solo si
la persona sufre dolor mandibular o dificultad para mover la mandíbula. Se
prescriben a menudo AINE para el dolor. Si la persona solicita tratamiento en
cuanto aparezcan los síntomas, el odontólogo o médico puede, de forma
manual, hacer que el disco vuelva a su posición normal. Si la persona ha
padecido el trastorno durante menos de 3 a 6 meses, se puede colocar una
férula reposicionante anterior, que mantiene el maxilar inferior hacia delante y
el disco en posición, permitiendo que se tensen los ligamentos de sostén y
desaparezca el dolor. Transcurridos entre 2 y 4 meses, cuando se considere
que el disco permanecerá ya en su sitio, la prótesis bucal se ajusta para que
la mandíbula vuelva a su posición normal. Sin embargo, cuanto más tiempo
se desplaza el disco, menos probable es que su reposicionamiento tenga
éxito.
Una persona con afección articular interna, con o sin reducción, debe evitar
abrir mucho la boca (por ejemplo al bostezar o al morder un bocadillo grueso),
ya que las articulaciones afectadas no están tan protegidas, al realizar estas
actividades, como lo estaría una articulación normal. Es recomendable que
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las personas con este trastorno corten los alimentos en trozos pequeños y
que sus comidas sean de fácil masticación.
A veces el disco deslizado se detiene en la parte anterior de la articulación
temporomandibular, impidiendo la apertura completa de la mandíbula. En
estos casos debe desplazarse manualmente el disco de su posición e incluso
alejarlo para facilitar el movimiento completo de la articulación. Para aumentar
poco a poco la movilidad de la mandíbula se utilizan unos dispositivos de
movimiento pasivo mandibular que la estiran; dichos dispositivos se emplean
varias veces al día. Uno de ellos es un instrumento de tipo tornillo roscado,
parecido al gato para automóviles, que se coloca entre los incisivos y caninos
y se hace girar con el fin de empujar gradualmente el disco hacia delante y
creando, de este modo, una abertura bucal más amplia. Si no se dispone de
este instrumento, el médico puede utilizar una pila de depresores linguales,
colocándola entre los incisivos y caninos y añadiendo un depresor adicional
en el centro de la pila para aumentar poco a poco la abertura bocal.
Si no es posible tratar la afección articular interna por medios no quirúrgicos,
puede ser necesario que un cirujano oral y maxilofacial lleve a cabo un
procedimiento quirúrgico. Sin embargo, la necesidad de cirugía tradicional es
infrecuente desde la aparición de procedimientos como la artroscopia. Todos
los procedimientos quirúrgicos se utilizan en combinación con la terapia con
dispositivos orales, las medidas de autoayuda y la supervisión por parte de un
dentista o un médico.
Artritis
Una persona con artrosis en una articulación temporomandibular necesita el
máximo reposo de la mandíbula, el uso de una prótesis bucal u otro
dispositivo para controlar la tensión muscular y la administración de un
analgésico para el dolor (como paracetamol [acetaminofeno] o un AINE). El
dolor desaparece normalmente a los 6 meses, con o sin tratamiento. La
mayoría de los síntomas mejoran, incluso sin necesidad de aplicar ningún
tratamiento, probablemente porque la banda de tejido detrás del disco
cicatriza y funciona como el disco original. Por lo general, la movilidad
mandibular es suficiente para una actividad normal, aunque su abertura no
sea tan amplia como antes. El aparato bucal se lleva generalmente mientras
se duerme, pero a veces también se lleva mientras se está despierto.
La farmacoterapia para la artritis reumatoide de la articulación
temporomandibular es la misma que se utiliza para el tratamiento de la artritis
reumatoide de cualquier otra articulación. En caso de dolor intenso, pueden
administrarse AINE. Es de particular importancia mantener la movilidad y
evitar la anquilosis (fusión de la articulación). Habitualmente, la mejor forma
de lograr estos objetivos es realizar ejercicios mandibulares dirigidos por un
fisioterapeuta. Para aliviar los síntomas, sobre todo la contractura muscular,
se recomienda el uso nocturno de una prótesis bucal. Si la fusión articular
impide cualquier movimiento de la mandíbula, el paciente puede necesitar una
intervención quirúrgica y, en raras ocasiones, una prótesis articular para
restablecer la movilidad mandibular.
La artritis infecciosa se trata con antibióticos, hidratación adecuada, control
del dolor y restricción de movimientos. La penicilina suele ser el antibiótico
usado al principio, hasta que los resultados de los análisis determinen el tipo
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de bacteria presente y se pueda administrar el antibiótico más adecuado. El
pus que pueda estar presente en la articulación suele extraerse con una
aguja. Una vez que la infección esté controlada, se realizan ejercicios de
apertura de la mandíbula para ayudar a prevenir la formación de cicatrices y
la limitación de movimiento.
La artritis traumática se trata con antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y
corticoesteroides (fármacos que reducen la inflamación y alivian sus
síntomas, como hinchazón, enrojecimiento y dolor), aplicación de calor, una
dieta blanda y restricción del movimiento mandibular.
Anquilosis
En ocasiones, los ejercicios de abertura de la mandíbula pueden ayudar, pero
las personas con fusión ósea generalmente necesitan una intervención
quirúrgica para restaurar el movimiento de la mandíbula y luego se requieren
ejercicios durante meses o años para mantener la corrección quirúrgica.
Hipermovilidad
La prevención y el tratamiento de la luxación debida a la hipermovilidad son
los mismos que se emplean en otras causas de luxación mandibular. Cuando
se produce una luxación, a veces se requiere ayuda de otra persona para
volver a colocar la mandíbula en su sitio. Sin embargo, muchas personas con
luxaciones repetidas aprenden a colocarse ellas mismas la articulación en su
sitio, relajando de modo consciente los músculos y desviando poco a poco el
maxilar inferior hasta que encaje de nuevo en su posición. Para prevenir las
luxaciones recurrentes, los médicos pueden inyectar una sustancia en la
articulación (por ejemplo, sangre) que causa por lo tanto cicatrices y reduce la
movilidad. En ocasiones se requiere cirugía para remodelar el hueso o tensar
los ligamentos que rodean la articulación temporomandibular para evitar
luxaciones repetidas.