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Resumen Silvina Ocampo

1) El documento analiza la obra de la escritora argentina Silvina Ocampo, en particular su libro "La furia y otros cuentos" de 1959. 2) Se discute cómo Ocampo explora los límites entre lo real y lo fantástico, lo cotidiano y lo extraordinario, a través del uso de la ambigüedad y el extrañamiento. 3) También se la relaciona con otros autores como Clarice Lispector y Mariana Enríquez que trabajan con lo gótico y lo absurdo para cuestionar nociones como la infancia y lo human

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Resumen Silvina Ocampo

1) El documento analiza la obra de la escritora argentina Silvina Ocampo, en particular su libro "La furia y otros cuentos" de 1959. 2) Se discute cómo Ocampo explora los límites entre lo real y lo fantástico, lo cotidiano y lo extraordinario, a través del uso de la ambigüedad y el extrañamiento. 3) También se la relaciona con otros autores como Clarice Lispector y Mariana Enríquez que trabajan con lo gótico y lo absurdo para cuestionar nociones como la infancia y lo human

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SILVINA OCAMPO

“La furia y otros cuentos” (1959). Inmediatamente se reedita. Bastante repercusión. Reseña
demoledora de Victoria Ocampo sobre su hermana cuando publica el libro.
Silvina: la menor de las hermanas Ocampo; pertenecía a la clase alta porteña.

Fantástico como ampliación del mundo cotidiano, no como oposición a lo realista. Cuentos
de Cortázar. Ambigüedad, lo cotidiano se convierte en otra cosa: marca de diferencia con
la literatura fantástica del siglo XIX. Silvina parte del lugar común y eso se enrarece, se
establece una atmósfera particular, en la que todo deja de ser lo que “debiera ser”. Lograr
que el lector se familiarice con los objetos para provocar el extrañamiento.
Para Silvina sirve más la categoría de lo gótico. Estudio de María Negroni sobre lo gótico
latinoamericano, que ella llama “gótico campero”. Escritoras que se relacionan con Silvina
Ocampo: Clarice Lispector, Mariana Enríquez. Lucrecia Martel en el cine (trabajo con las
atmósferas). Tiene un documental sobre la vida de Silvina.

Estrategias conocidas, como la fábula, para proponer otra cosa.


Importancia de los objetos.
Mundo animal, conciencia animal que difiere de la conciencia humana.

Justificación de la inclusión de Silvina en la unidad 1, “Los tonos de la locura”: la locura no


solo es aquello que está “fuera de”, como en Fijman, sino aquello que transgrede y fisura los
límites contenedores que dicen qué es lo real y qué es lo humano. Hipótesis de Mónica:
Silvina logra, con diferentes estrategias, explorar la limitación de la vida humana; corroe
cualquier efecto tranquilizador.
Categoría con la que aparece en el programa: el nonsense. Trabaja con el absurdo, el
sinsentido, la ironía y el humor. El nonsense quiebra la forma del sentido. OJO: NO
HOMOLOGAR SIGNIFICACIÓN Y SENTIDO, Deleuze los diferencia claramente. Concepto
de SENTIDO de Deleuze: Mónica cita los dos primeros párrafos del prólogo de “Lógica del
sentido” de Deleuze. Toma el concepto de CAOSCOSMOS.

La obra de Lewis Carroll tiene de todo para satisfacer al lector actual: libros para
niños, preferentemente para niñas; espléndidas palabras insólitas, esotéricas; claves,
códigos y desciframientos; dibujos y fotos; un contenido psicoanalítico profundo, un
formalismo lógico y lingüístico ejemplar. Y más allá del placer actual algo diferente, un juego
del sentido y el sinsentido, un caoscosmos. Pero las bodas del lenguaje y el inconsciente
se han enlazado y celebrado ya de tantas maneras que es preciso buscar lo que fueron
precisamente en Lewis Carroll, qué han reanudado y lo que han celebrado en él, gracias a
él.
Presentamos unas series de paradojas que forman la teoría del sentido. El que esta
teoría no pueda separarse de las paradojas se explica fácilmente: el sentido es una entidad
inexistente, incluso tiene relaciones muy particulares con el sinsentido. El lugar privilegiado
de Lewis Carroll se debe a que ha realizado el primer gran balance, la primera gran
escenificación de las paradojas del sentido, unas veces recogiéndolas, otras renovándolas,
o inventándolas, o preparándolas. El lugar privilegiado de los estoicos se debe a que fueron
los iniciadores de una nueva imagen del filósofo, en ruptura con los presocráticos, con el
socratismo y el platonismo: y esta nueva imagen está ya estrechamente ligada a la
constitución paradójica de una teoría del sentido. A cada serie corresponden pues unas
figuras que son no solamente históricas, sino tópicas y lógicas. Como sobre una superficie
pura, algunos puntos de tal figura en una serie remiten a otros puntos de tal otra: el conjunto
de constelaciones-problemas con las tiradas de dados correspondientes, las historias y los
lugares, un lugar complejo, una «historia embrollada>>. Este libro es un ensayo de novela
lógica y psicoanalítica.

Devenir lógico (categoría de Deleuze; para él es el fundamento del arte).


El sentido tiene que ver con la disposición del lenguaje en relación con tres modos del
mismo: designación, significación y manifestación. Concepto de “palabra valija”.

Figura de la infancia en Silvina. Da por tierra con el sentido que se le daba a la infancia en
esa época. Encuentra en la forma de la niñez una visión gótica de lo humano, inesperada e
incómoda. La significación de la infancia entra en juego entre el sentido y el sinsentido.
Puntos de contacto con el concepto de infancia de Castelnuovo en Larvas.

Tener en cuenta las categorías de lo obsceno, lo perverso y lo monstruoso.


(Definición de perversión de Freud "Perverso polimorfo": ¿qué significa este concepto de
Freud?).

Cuentos que se analizaron en clase:


● La liebre dorada
● La continuación (Vinculación con “Las ratas” de Bianco)
● El mal
● Mimoso
● El vestido de terciopelo

“Del fantástico al nonsense: Sobre la narrativa de Silvina Ocampo”, Natalia Biancotto

El lugar común que identifica a la literatura de Silvina Ocampo como fantástica


resulta un pretexto tranquilizador que de algún modo domestica su rareza. Entiendo que, en
sus momentos más característicos, los relatos de Ocampo se definen menos por los tópicos
y procedimientos que involucran lo sobrenatural, lo anormal o lo irreal, que por una forma de
la escritura cuyo desatino deja atónito al lector. Para leer esta literatura en nuevos términos,
pienso en el nonsense como relato de la insensatez, un modo de uso de la locura como
estética y como ética.
Tal vez la obra de Bioy sea la única que todavía resiste una lectura desde el
fantástico tal como lo definió Todorov —incluso, tal como lo redefinió Barrenechea para el
corpus hispanoamericano—, pero las de Borges y Ocampo exceden completamente esos
problemas hasta el punto de volverlos improcedentes. Sospecho que en las narraciones de
Ocampo se confundió con demasiada frecuencia el fantástico con el sinsentido, cuando ni
siquiera en la famosa antología consigo encontrar una Silvina Ocampo fantástica.
La antología define, antes que un género, un lector. Una idea de lector fascinado,
conmocionado, en la que creo que Silvina Ocampo y Borges se encuentran más cerca entre
sí, y más lejos de Bioy. Si una idea de lo fantástico recorre el volumen, ésta no tiene que ver
ni con los autores elegidos, ni con el tipo de relatos (hay cuentos, fragmentos de novelas,
relatos mitológicos, etc.), ni con el orden y el rigor formal de la construcción (de nuevo, la
incorporación de fragmentos de novelas, por ejemplo, tira por tierra cualquier criterio
formalista), ni mucho menos con precisiones genéricas, sino únicamente con ciertos
fugaces momentos de los textos que cautivan al lector en la fascinación por algo que no
podríamos denominar más que de modo muy indeterminado como lo incierto. No es
necesario pensar exclusivamente en fenómenos paranormales, fantasmas o extraterrestres,
sino en cualquier posibilidad de sacudir al lector en sus modos habituales de entender lo
real. Este sentido de lo que, por comodidad, se ha denominado “fantástico”, es el punto en
el que se vinculan más estrechamente las literaturas de Borges y de Ocampo, y en el que
ambas se distancian de la de Bioy, que permanece en una versión más escolar del
problema, detenido en preocupaciones menos ambiciosas por la forma y el género. Borges
trabaja con la posibilidad de múltiples y paradójicas variantes del universo y del
destino; Silvina Ocampo, con los límites de la razón, con la incesante fuga del
sentido: la locura en el mundo (Aira 2004).
Los relatos de Silvina Ocampo están atravesados por la locura y su reverso, la
iluminación y la videncia. Con mayor intensidad en sus dos últimos libros, los personajes se
hacen preguntas tan locas que parecen ingenuas, como las de Alicia, “¿Cómo se hace para
saber si uno está soñando cuando todo parece tan real? [...] ¿Y cómo sabré, cuando
despierte, que estoy realmente despierto?” (“Y así sucesivamente”, Ocampo 2007: 238); o
dicen cosas tan locas que parecen cómicas: “La miré como quien mira un detergente” (“El
rival”, 2007: 208). El nonsense en Silvina Ocampo es un modo de ver el mundo y un modo
de estar en la escritura.
La potencia de su escritura no se reduce a impresionar al lector: convoca, ante todo,
una teoría de lo real. El asombro que propicia el nonsense no reenvía a lo sobrenatural sino
a lo real. Menos que a la sorpresa provocada, en el lector y en los personajes, por la
irrupción de un fenómeno inesperado, el nonsense de Ocampo tiende a la frustración de las
expectativas del lector por obra del despropósito, el malentendido y la incompletud como
formas del relato. Lo que en cualquier caso asombra en estos cuentos es el modo en que
convocan un realismo de la insensatez.
En los cuentos de Ocampo, los giros y transformaciones se narran sin emoción, con
la más absoluta indiferencia; del mismo modo, los personajes, suspendidos en una
superficialidad impávida, asisten a los sucesos más extravagantes sin inmutarse.
El nonsense viene a decir que lo real es un despropósito. Lo real es nonsense: lo
inexplicable, un malentendido, un chiste sin remate. Si algo puede ese malentendido es
maravillar, conmover. Lo misterioso y equívoco del mundo, sí, pero nada más lejos de la
angustia existencial. Al nonsense de Silvina Ocampo no le importa encontrar el orden
secreto del universo, como en muchas de las ficciones de Borges; se trata, más bien, de
festejar porque no lo encontramos, o que lo encontramos pero no lo entendemos. Ocampo
no busca el sentido como totalidad, busca la incompletud, o las plenitudes parciales,
fugaces.

“Sobre los límites : Un análisis de La Furia y otros relatos de Silvina Ocampo”,


Adriana Mancini

Los cuentos de Silvina Ocampo subrayan una de las características que definen a la
literatura fantástica: la determinación de contornos, su asimilación e inmediato borramiento
en la conformación de categorías narrativas.
Esta inestabilidad en la confîguraciôn del espacio, del tiempo y de los personajes en
la obra de Ocampo responde a un movimiento de concentraciôn y expansión que remite al
concepto filosôfico de límite, ya considerado por los griegos - Pitâgoras, Anaximandro y
Platón -, en el cual lo finito y lo infinito se intrincan en un enfrentamiento constante, «cuerpo
a cuerpo».
Asimismo, la problemâtica de los límites cumple con una funciôn ontolôgica ; segûn
ha concluido Michel Foucault, las posibilidades de indagar en los límites del ser que brinda
la literatura fantâstica sustituye el lugar ocupado en la antigûedad por lo sagrado ; la
transgresiôn, precisamente, « marca sus límites en el borde del ser, en el punto donde
virtualmente desaparece el ser, en un movimiento de pura violencia ». Por su parte, y desde
una pers-pectiva histôrica, el origen de la sexualidad en la cultura es un acontecimien-to que
vincula varios niveles de significado : la muerte de Dios y el vacïo on-tolôgico que esa falta
origina en los límites del pensamiento humano ; un movimiento que Foucault caracteriza
como oscuro y tentativo, en el cual la interrogaciôn por los límites reemplaza la bûsqueda de
la totalidad ; y por último, un cuestionamiento al lenguaje en si manifestado en la « ultrajante
violencia » de la literatura erótica.
Los cuentos seleccionados en La Furia y otros relatos, conjugan y combinan estos
materiales ; el vacîo y los límites, el lenguaje, la sexualidad y el sentimiento religioso, la
malicia y la percepciôn infantil aparecen surcando los relatos en composiciones que
desafïan cualquier intento de estabilizar significados.
Luego analiza textualmente los cuentos.

“Del lado del misterio: los relatos de Silvina Ocampo”, Teodosio Fernández

Esa frecuente vinculación de lo perverso con acontecimientos ocurridos en la niñez o con la


perspectiva infantil ha permitido deducir que Silvina Ocampo «privilegia la infancia sobre la
madurez como un modo de subvertir las estructuras sociales del mundo adulto –familia,
amistad, religión, educación» (López-Luaces)
Aunque al ambientar preferentemente lo narrado «en lugares de escasa localización
o en ambientes de clase media cursi» (Matamoro 1997: 40) puede ofrecer a la vez la visión
desdeñosa de los barrios de Buenos Aires propia de la oligarquía argentina y una sátira
dedicada a socavar los fundamentos de la ideología burguesa, y aunque al menos los
relatos en que lo real está «más sutilmente distorsionado por la inquietante extrañeza»
(Zapata 1977: 61) invitan a buscar en ellos un sentido profundo e incluso a pensar que la
escritura de la autora «descubre en la banalidad del individuo y de la sociedad fisuras
imperceptibles por donde resurgen fuerzas reprimidas, conductas que pensábamos
obliteradas definitivamente, pulsiones que la vida social obliga a dominar pero que
permanecen al acecho».
En cualquier caso, es en los territorios habitualmente asignados a la inocencia
donde parece irrumpir con más fuerza lo extraño o lo siniestro, gracias sobre todo al
protagonismo que los niños alcanzan como narradores y también como agentes o víctimas
del mal. Desde luego, no son los únicos, y a ese respecto también merecen atención los
personajes y voces narrativas que demuestran una condición popular e incluso marginal
–La furia y otros cuentos ofrece ejemplos notables, como «El sótano» o «La propiedad», en
este último caso para plantear con humor un caso de rebelión de los sirvientes–,
acentuando de nuevo el efecto de lo narrado por contraste con las limitaciones del narrador.

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