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1

2
CRÉDITOS
Moderadora:
Moreline

Traducción:
Moreline AnaVelaM
Clau Mona
Lola' Karikai
Alixci Walezuca
Cjuli2516zc Segundo

VanillaSoft Grisy Taty


Mimi

Corrección y Revisión Final:


Nanis

Diseño:
Moreline

3
ÍNDICE
SINOPSIS 6 20 148 40 290

1 7 21 154 41 297

2 41 22 161 42 301

3 45 23 181 43 303

4 50 24 184 44 315

5 61 25 191 45 319

6 64 26 197 46 334

7 66 27 199 47 336

8 69 28 207 48 341

9 77 29 209 49 348

10 81 30 219 50 351

11 90 31 222 51 356

12 96 32 228 EPÍLOGO 363

13 104 33 234 APÉNDICE 370

14 119 34 236 ESCENA EXTRA 371

15 121 35 244 PRÓXIMO LIBRO 379

16 130 36 262 ADELANTO DE


SINISTER 381

17 135 37 267
SOBRE LA AUTORA 383

18 141 38 272

4
19 143 39 278
Para cualquiera que alguna vez se haya sentido
perdido.

Para cualquiera que alguna vez haya ayudado a


alguien a encontrar su camino nuevamente.

A los recuerdos de aquellos que nunca llegaron


a contar sus historias.

Esta no es una guía de relaciones.

Este no es un manual de recuperación.

Este no es un manual sobre salud mental.

Este es un romance oscuro que ocupa un lugar


especial en mi corazón.

Disfruten.

5
SINOPSIS
Zara.
Eli.
Alex.

Tres estudiantes de Caven U que están jodidamente muy, muy


cansados de la vida.
Zara tiene un problema de sustancias. Eli es un deportista estrella con
un secreto. ¿Y Alex? Es solo un maldito idiota.
Sus caminos chocan una noche en una fiesta que rápidamente se sale
de control. Una serie de momentos volátiles les sigue y los envuelve en un
torbellino de drama, drogas y destrucción.
Zara siente que se está hundiendo, perdiendo el control de la realidad.
Y si no tiene cuidado, uno de los chicos podría tirar de ella hasta el fondo.
¿Pero lo de casi morir en manos de alguien a quien odias?
En el momento antes de que tomes tu último aliento, el miedo
puede parecerse mucho al... éxtasis.
Y esa es una euforia que solo se obtiene una vez en
la vida.

Romance oscuro, apto para mayores de 18 años.

6
1
Alex

—M
aldita zorra.
Ella no retrocede.
—Jódete, Alex...
—No, Za. Creo que haré que otra perra haga eso por mí.
Sus ojos azul verdoso están entrecerrados en rendijas y, por lo general,
cuando se pone así, me asusta, preguntándome qué hará a continuación, a
quién intentará usar para joderme.
Pero es demasiado tarde para eso porque me ha jodido por última vez.
—Sal de mi casa o te sacaré a rastras.
Ella solo me sonríe, cruzando los brazos sobre el pecho. Su pálido
estómago está expuesto, el hilo de su bikini atado alrededor de sus delgadas
caderas, una cicatriz en el lado izquierdo.
Siento que mi polla se endurece al verla. Sabiendo que podría tomarla
aquí mismo. Jodidamente ahora. Incluso si se resistiera, nadie la oiría gritar.
La música es tan alta en la planta baja, que el piso de mi habitación tiembla
con el bajo.
Y aunque con un metro setenta y siete, Za no es baja, no es una mierda
comparada conmigo, por no mencionar que es muy delgada.
Solo pensar en tirar de sus dos trenzas rubias platino, obligarla a
arrodillarse y follarla por la garganta hace que mi pecho se sienta apretado
y mis manos se curven en puños a los lados.
Pero no puedo hacerlo. Ella saca lo peor de mí y no puedo hacer esto.
No otra vez.
Ya no. 7
No después de la mierda que hizo la semana pasada.
—No lo dices en serio —me dice, cambiando de táctica, tratando de
suplicarme. Deja caer los brazos y da un paso hacia mí—. No lo hagas, Alex,
te juro que...
—¿Juras qué? —pregunto, rechinando los dientes. Si me toca, lo juro
por Dios, jodidamente voy a...
Ella lo hace.
Cierra el espacio entre nosotros y me toca, sus dedos recorren mi pecho
desnudo. Todo el camino hasta mi bañador, y luego su mano está en mi
polla, palmeándome.
A pesar de la promesa que me hice de que esa era la última vez, que no
la volvería a tocar después de verla arrodillada frente a Jamal Clint, mis ojos
se cerraron y yo solo...
Maldita sea, no puedo detenerla.
Intento imaginarlo. Intento pensar en ella, drogada como la mierda
mientras tropezaba por el pasillo de la casa en esa fiesta en Shadow Lakes.
Pienso en cómo la dejé ir, en cómo seguí hablando mierda con Dwight, sin
perder de vista el pasillo, esperando que acabara de ir al baño. Cómo me
estaba volviendo tan jodidamente impaciente, pero iba a confiar en ella. Seis
meses juntos y nunca lo había hecho, pero esta vez, lo iba a hacer.
Pero pasaron diez minutos e incluso Dwight parecía preocupado. Me
dijo que fuera a ver cómo estaba.
Lo hice.
No estaba en el baño.
Estaba en el dormitorio de invitados y Jamal gemía mientras ella...
Mis ojos se abren de golpe y ella ya está de rodillas de nuevo, tratando
de bajar mi bañador verde.
No.
La agarro por el cuello y la pongo de pie. Sus dedos suben a mi mano,
arañándome. Y la conozco. Sé lo que intentará hacer si le dejo un moretón.
Zara Henderson es una puta vengativa, manipuladora, mentirosa y
drogadicta.
La aparto, dejándola ir rápidamente.
—Vete —digo de nuevo, señalando la puerta.
Se frota la garganta con la mano, respirando con dificultad. 8
—Te vas a arrepentir de esto.
Me río, negando con la cabeza.
—Sí, tienes razón. Me voy a arrepentir de no haber hecho esta mierda
antes. Ahora lárgate de mi casa.
Me mira un momento más antes de pasar a mi lado, abre la puerta de
mi dormitorio y la cierra de golpe tan fuerte detrás de ella que hace sonar el
espejo que cuelga de mi pared.
Miro el espacio que acaba de ocupar, tratando de sentirme bien por lo
que acaba de suceder. Sobre deshacerme de su tóxica mierda. Pero tengo la
extraña sensación de que no ha terminado. Probablemente no tenga
ninguna intención de salir de mi casa.
Me preocupa tener que llamar a la policía para que la saquen a la
fuerza. Lo último que quiero hacer es llamar a la maldita policía porque odio
a los jodidos policías.
Me dirijo al baño y me echo agua fría en la cara, tratando de quitarme
esa sensación de incomodidad que me hace nudos en el estómago. Hay una
botella de vodka sin abrir en la encimera de mi baño que olvidé llevarme al
piso de abajo. Quito la tapa y la bajo tanto como puedo sin vomitar.
Me limpio la boca con el dorso de la mano y me miro a los ojos.
Voy a bajar las escaleras, voy a jodidamente emborracharme, y voy a
enterrar mi polla en otra chica para poder sacar a Zara de mi mente.
Que se joda.

ELI
Veo a Zara pero ella no me ve a mí.
Está tomando un shot en la sala de estar, un grupo de chicos a su
alrededor animándola. Miro alrededor de la habitación, sin ver señales de
su compañera de cuarto, Kylie. No es de extrañar, a pesar de que la dejó.
Kylie es una nerd pre-farmacéutica, y Zara...
Zara es otra cosa.
9
Claramente, todos estos tipos no saben qué pasó con Alex y ella la
semana pasada o de lo contrario no serían atrapados muertos tan cerca de
ella en nuestra casa.
Especialmente después de que Jamal Clint casi terminara en el
hospital.
Pero sé por qué no lo saben. Alex no tiene las pelotas para renunciar a
ella todavía, y en el gran esquema de las cosas, Jamal no era nadie en Caven.
Un estudiante de primer año desprevenido que tenía las drogas que Zara
quería y la estupidez de dejar que la novia de Alex Cardi le chupara la polla.
Levanto mi cerveza y tomo un trago, manteniéndome escondido en el
vestíbulo, apoyado contra la entrada. Nadie me está prestando atención.
Lo prefiero de esa manera.
Es por eso que tener a Alex Cardi como mi compañero de cuarto, ahora
compañero de piso, supongo, es tan malditamente beneficioso para alguien
como yo. Tiene el temperamento caliente, la boca ruidosa y una suspensión
para los próximos tres partidos de fútbol. Siempre provocando una jodida
escena.
Soy un luchador y, si bien en comparación con sus estadísticas, las
mías son mucho más impresionantes, son los mariscales de campo los que
llaman la atención en las ciudades del sur.
Lo que es bueno.
Porque no la quiero.
Me han dicho más veces de las que puedo contar que soy demasiado
callado. Eso es porque cuando estás callado, la gente habla a tu alrededor.
Si nunca te callas, como Alex Cardi, no tienes idea de lo que está pasando
realmente.
Y Alex podría ser mi mejor amigo, pero a veces se siente extraño
llamarlo así, considerando que no estoy seguro de que nadie realmente me
conozca.
Pero cuando Zara se sube a la mesa de café en la sala de estar y
comienza a sacudir su trasero en su bikini tanga, “Ecstasy” de Young Thug
tocando demasiado fuerte, me pregunto si ella podría.
Porque sé cosas de Zara Henderson.
Cosas que Alex no sabe.
10
Por un breve momento, creo que sus ojos encuentran los míos, y una
pequeña sonrisa tira de sus labios en forma de corazón. Un secreto flotando
entre nosotros.
Y luego escucho a Alex.
Incluso con la música, la gente y el baile, escucho los pasos de Alex
bajando las escaleras, y casi puedo sentir su enojo cuando pasa a mi lado
para dirigirse a la sala de estar, donde la ve en la mesa de café. No se detiene
a hablar, pero dice en voz baja:
—No te atrevas a detenerme, joder. —Así que, como un buen amigo, no
lo hago.
Solo veo que la multitud se separa para su mariscal de campo y Alex
agarra a Zara del brazo y la tira hacia abajo de la mesa. Dando un buen
espectáculo, ella se ríe y le rodea el cuello con los brazos.
No aparto la mirada de ella y no lo detengo cuando la gira en sus brazos,
sosteniéndola contra su pecho. No lo detengo cuando alguien le da una
cerveza y se la bebe a pesar de que estoy bastante seguro de que ya está
jodidamente borracho.
No lo detengo mientras la gente apiñada en nuestra sala de estar
vitorea, y cuando una chica a la que follo ocasionalmente, Rihanna
Martinson, se acerca a mí y me rodea la cintura con el brazo, no la detengo
de ponerse de puntillas y dejar un rastro de besos descuidados por mi
cuello.
Pero tampoco aparto la mirada de Zara.
Y cuando veo exactamente lo que Alex va a hacer, no digo una maldita
palabra. Cuando Zara saca la lengua y Alex coloca una pastilla sobre ella,
luego observa mientras traga, dejo que Rihanna agarre mi polla en las
sombras. Cuando Alex le da un vaso a Zara, lo inclina hacia sus labios
cuando ella no lo toma y la hace beber todo, me quedo callado.
Dejo que la mano de Rihanna ahueque mis bolas.
Pero no es Rihanna a quien voy a follar esta noche.

ZARA 11
—¿Qué estás haciendo?
Alex me ignora y puedo oler el vodka en su aliento. Puedo olerlo y sé
por la forma en que está colgando sobre mí con una sonrisa en los labios,
que está jodidamente borracho.
¿Y ese éxtasis en mi lengua?
Nunca me habría dado esa mierda si no lo estuviera.
Lo que él no sabe, o tal vez sí, y no le importa un carajo, es que tomé
un Addie 1 antes de venir a su estúpida fiesta de mierda.
No estoy segura de cómo afectará eso a mi alto nivel de MDMA 2, pero
de cualquier manera, tomará media hora para que se active.
Entonces, ¿por qué Alex está sobre mí después de esa mierda que dijo
arriba? Jodidamente no lo sé.
Pero si quiere montar un espectáculo, bueno, nadie lo hace mejor que
yo.
Las personas apiñadas en la sala de estar se mueven entre sí, y la dura
polla de Alex está contra mi espalda mientras envuelve sus brazos alrededor
de mi cintura.
La gente baila cerca de nosotros, “Or Nah” sonando a través de los
altavoces montados. Una chica se acerca a Alex y, a pesar de su
comportamiento idiota y su ruptura a medias, la aparto.
Me lanza una mirada, se da cuenta de que soy yo y se escabulle.
Alex se ríe contra mi oído, su aliento en mi piel envía un escalofrío por
mi espalda.
—Dios, jodidamente te amo.
Quiero recordarle que me llamó zorra arriba justo antes de intentar
echarme de su casa.
Pero lo complaceré.
Inclino mi cabeza hacia atrás contra su duro pecho, cierro los ojos
mientras sus manos descienden más abajo, agarrando mis muslos
desnudos.

1 Addyi o Flibanserina es un medicamento para el tratamiento de la falta de deseo sexual, 12


que actúa como estimulante en las mujeres premenopáusicas.
2 MDMA es la abreviatura científica de la droga también conocida como éxtasis.
—Lo sé.
Lame su camino por mi cuello.
—Eres una perra.
Presiono más atrás contra su polla.
—Lo sé.
Pero claramente, es un adicto al castigo. Sin embargo, sabía que haría
esta mierda. Por eso no me fui. Sí, tal vez chupé a Jamal pero no es nada
para mí. Solo un chico atractivo que quería lo que todos los chicos quieren,
y yo estaba muy feliz de dárselo.
Por dos razones. Uno, él tenía algo que yo quería y dos, Alex dejó que
Rihanna jodida Martinson lo besara en la mejilla después de su práctica de
porristas y su práctica de fútbol justo antes de ir a la fiesta de Shadow
Lakes.
Miro hacia la puerta que conduce al vestíbulo de la casa, y veo a Eli.
Rihanna tiene su lengua en su cuello, su cuerpo presionado contra el
de él. Él es tan alto y ella tan malditamente baja que es casi cómico de ver.
Sus ojos se conectan con los míos.
Durante un largo momento, mientras Alex muele su polla contra mi
espalda y Rihanna se frota contra Eli, solo nos miramos.
Siento el calor arremolinándose en mi núcleo cuanto más me mira.
Eli, como Alex, está jodidamente bien. Pero donde Alex parece el idiota
americano que es, Eli Addison simplemente se ve... malvado. Esos tatuajes
en sus manos pueden tener algo que ver con eso.
Tiene el cabello negro y ojos verde oscuro, piel aceitunada
supuestamente de la madre griega que lo dejó cuando era un adolescente, y
es simplemente... frío.
Eli es frío.
Alex es caliente.
Siempre me he preguntado cómo se sentiría tenerlos a ambos
enterrados dentro de mí.
Pero la voz de Alex, fuerte por encima del ruido de la fiesta, aleja mi
atención de Eli.
—¿Quién quiere ver a esta hermosa perra desnuda? 13
¿Qué mierda? Mi sangre se enfría mientras todos aplauden a nuestro
alrededor. Antes de que pueda reaccionar, Alex se inclina y me susurra al
oído:
—¿Escuchaste eso, nena? Quieren ver tus tetas.
Aprieto los dientes, pero si quiere jugar a este juego...
—Alex, te vas a arrepentir de esto —le digo cantando mientras pasa sus
manos por mis pechos y otra ovación se eleva a nuestro alrededor. La gente
está presionando desde todos lados y si él cree que los chicos aquí se
contentarán con mirar y no tocar...
Mi estómago se revuelve.
Quizás eso no es lo que piensa en absoluto.
—No, princesa, no lo creo.
Me erizo cuando su mano se desliza por mi estómago desnudo, sus
dedos bordeando debajo de la copa de mi bikini.
—Alex. —Mi voz es tensa, y quiero darme la vuelta y darle un puñetazo
en la puta cara, pero todos nos miran con sonrisas ansiosas, esperando que
Alex Cardi haga algo jodidamente estúpido.
Y a Alex le encanta darle a la gente lo que quiere. Maldito cobarde.
Doy un paso lejos de él y me giro para enfrentarlo en la sala de estar
abarrotada mientras la gente vitorea, algunos sosteniendo sus bebidas.
—Tú, jodido idiota.
Llevamos seis meses juntos, desde que nos conocimos en la casa de mi
distribuidor en marzo, cuando me transferí de ECU después de un período
en rehabilitación. Seis meses, y de toda la mierda que nos hemos dado el
uno al otro, esto tiene que ser lo más bajo de lo jodidamente bajo.
No puedo decir que la gente no me advirtió. Mi compañera de cuarto,
Kylie Jones, dijo específicamente:
—Alex es un problema. Mantente alejada de él, Zara.
Pero no escucho bien a nadie, y Kylie, tan buena, inteligente y pura
como es, no fue la excepción.
Los ojos marrones oscuros de Alex están brillando, esas motas de
ámbar aumentadas con las luces intermitentes que él y sus amigos del
fútbol instalaron antes de la fiesta. Tiene una sonrisa en su rostro y levanta
su vaso rojo. 14
—Vuelve, princesa —dice, lo suficientemente alto como para ser
escuchado por encima de la música. Las personas que nos rodean
definitivamente nos están mirando, y solo quiero salir de aquí—. Vuelve
aquí. —Señala el lugar justo frente a él que acabo de ocupar.
El éxtasis está haciendo que la música se sienta bien y el Addie está
haciendo que mi corazón se acelere. Necesito un poco de agua. Necesito
agua y necesito una cama. Un lugar seguro. De lo contrario, terminaré
haciendo algo estúpido esta noche. Y con la forma en que Alex me está
mirando en este momento, ese algo estúpido será él.
—Me voy —le digo, y me doy la vuelta para irme. De todos modos, él
me quería fuera.
Pero aparentemente, no tanto. Me agarra de la muñeca, me tira de
nuevo hacia él y otra ovación surge de las docenas de personas apiñadas en
esta puta casa. Me empuja hacia su pecho, mi espalda contra él. Envuelve
su brazo alrededor de mi cintura, sin dejarme ir.
—Démosle a la gente lo que quiere.
Agarro su antebrazo, clavando mis uñas pintadas de negro en su piel.
—Déjame. Ir.
Estoy empezando a sentirme nerviosa y me duele la mandíbula.
Realmente jodí todo esto. No debería haber venido esta noche.
Pero Alex cambia su agarre sobre mí, tirando de mis dos brazos detrás
de mi espalda con una mano, pasando su brazo a través de ellos y
sujetándome a él. Con su otra mano, desliza su dedo sobre mi pecho, hacia
el material de mi bikini.
Me pongo rígida, cerrando los ojos mientras todos parecen estar
presionándome. Trato de inhalar profundamente por la nariz, exhalar por la
boca. Algunas personas todavía están gritando y vitoreando, y otras
probablemente no estén prestando atención, probablemente tan drogadas
como yo, pero si él hace esto...
Si hace esto, alguien lo filmará y yo nunca lo olvidaré.
Realmente no me importa que la gente vea mis tetas, pero si mi mamá
se entera de que esto sucedió, me sacará de la escuela y me enviará de
regreso a rehabilitación y no es así como quiero pasar el resto del año.
—Si quieres actuar como una jodida puta, Za, te trataré como una —
susurra Alex en mi oído, sus palabras contra mi piel. 15
Intento soltarme de su agarre, pero es en vano. Es un fenómeno de la
naturaleza, mide más de un metro ochenta y es todo músculo delgado e
imbécil.
Se endereza, gritando lo suficientemente fuerte como para ser
escuchado sobre la música, la misma mierda que gritó antes.
—¿Quién quiere ver a esta hermosa perra desnuda? —Como si fuera
un puto locutor deportivo y las tetas destellantes fuera su especialidad.
Todo el mundo está gritando y chillando, y abro los ojos de nuevo,
mirando por encima de sus cabezas hacia el techo alto como si fuera a
desaparecer. Como si esto no estuviera sucediendo realmente. Como si
pudiera flotar hasta el techo y salir volando de aquí con la ola de música
que resuena por los altavoces.
—Detente —susurro la palabra, esperando que alguien me vea decirlo,
pero principalmente, lo digo para mi propia satisfacción. Que sí lo dije. No
puedo escapar de su agarre y ninguna de estas personas me va a ayudar
porque esta es la casa de Alex, y nadie le dice a Alex que no, pero aun así.
Al menos lo dije.
Aquí jodidamente vamos.
Pero luego alguien viene a pararse directamente frente a mí. Y justo
cuando los dedos de Alex agarran la fina tela de mi bikini, dice:
—Alex.
Eli. Él está mirando más allá de mí, a su mejor amigo.
Puedo olerlo, está tan cerca de mí. Coco y cítricos, huele jodidamente
increíble. Lo opuesto al aroma oscuro y amaderado de Alex. Y probablemente
sea el único chico aquí que no lleva bañador. En cambio, lleva pantalones
negros y una camiseta blanca ajustada. Tan cerca de mí, su cuerpo casi
rozando el mío, puedo ver sus largas y oscuras pestañas. Las motas más
claras de verde en sus ojos.
Trago, sintiéndome nerviosa.
Sintiendo que desearía estar con él en este momento y no con Alex.
Eli es callado.
Cuando no estoy jodidamente drogada, también me gusta estar en
silencio.
Y Eli nunca provocaría una escena de mierda como esta. 16
—Oh, ¿quieres ayudarme a desnudarla, E? —pregunta Alex con voz
burlona, riendo a carcajadas. Puedo sentir su cuerpo temblar con esa risa.
Está jodidamente borracho.
Odio cuando se emborracha. Es como si todas las peores partes de su
personalidad salieran con toda su fuerza. Supongo que podría decir lo
mismo de mí, pero joder.
—Vete. A. La. Mierda. —gruño, y trato de alejarme de nuevo,
moviéndome hacia Eli, pero Alex solo me abraza más fuerte.
La multitud está llena de idiotas bailando, gritando y alguien empuja a
Eli. Tomado con la guardia baja, momentáneamente lo sacan de mi vista y
otro chico está frente a mí. Alguien a quien nunca había visto antes. Cabello
rubio, cara de bebé, un vaso en la mano, su contenido casi derramándose
por los lados.
Tiene una amplia sonrisa llena de dientes en su rostro, sus ojos en mis
pechos.
—Muéstrale tus tetas, Zara —dice Alex en mi oído. Y luego pasa su
mano y su antebrazo por mi pecho, tirando hacia abajo de mi bikini.
Los gritos y vítores alcanzan niveles atrozmente altos y el tipo frente a
mí parece que podría correrse en sus pantalones aquí y ahora, su boca
formando una graciosa “O” mientras mira mis pechos desnudos.
Gracioso, excepto que esto no es jodidamente divertido.
Mi corazón está acelerado tan rápido que me duele el pecho, y mis
mejillas se sonrojan mientras Alex sigue presionando mi maldita parte
superior, haciéndome girar para que todos puedan tener un buen vistazo. Y
un video de recuerdo.
Quiero ir a casa.
Quiero ir a casa y llegar al lavabo del baño y tomar un benzo 3,
quedarme jodidamente inconsciente y dormirme. Quiero salir de aquí.
Pero no me molesto en intentar pelear con Alex. ¿Cuál es el puto punto?
Esto terminará pronto. Él solo se está vengando de mí. Es solo lo que
hacemos.
—¡Alex! —Escucho la voz de Eli de nuevo y, curiosamente, suena
enojado. No creo haber escuchado nunca a Eli sonar... nada.

17
3Las benzodiacepinas son medicamentos psicotrópicos con efectos sedantes, hipnóticos,
ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes.
Alex se está riendo, pero nos hace girar y Eli está en mi cara,
protegiendo mis tetas de la vista. Supongo que debería estar agradecida,
pero cuando se acerca, su pecho roza mis pezones duros y mi respiración
se queda atrapada en mi garganta.
No creo que ni siquiera se dé cuenta.
Si lo hace, definitivamente no le importa.
Está mirando a Alex.
—Termina con esto —le grita por encima de la música y la multitud de
personas que son detestables como el infierno. Veo las venas del cuello de
Eli tensándose contra su piel. También veo su clavícula y puedo olerlo de
nuevo.
Quiero que se acerque más.
Quiero estar entre él y Alex.
Quiero más que mis pechos rozándose contra él.
Mierda.
Esto no está bien. El éxtasis me está jodiendo por completo y no
debería pensar en tirarme a mi ex y a su mejor amigo.
Cierro los ojos de nuevo mientras Alex sigue riendo. Esto terminará
pronto.
Lo repito una y otra vez en mi cabeza. Esto terminará pronto. Esto
terminará pronto.
He sobrevivido a cosas mucho peores que esta mierda. Ya sabes, como
una sobredosis. Además, las tetas no son nada de qué avergonzarse. Que se
joda. No le daré la satisfacción de retorcerme de nuevo.
Agacha la cabeza.
—¿Escuchaste eso, princesa? Eli quiere que te deje ir. Si lo hago, ¿cómo
vas a pagarnos por eso?
Sus palabras encienden un fuego debajo de mi piel y mis ojos se abren
de golpe.
Eli me mira fijamente.
Todavía está tan cerca que puedo sentir su calor corporal contra mi
pecho. Es como si me estuviera enjaulando, para que nadie más pudiera
verme. Solo él. Solo él y solo Alex, a mi espalda.
18
Intento retorcerme de nuevo fuera del agarre de Alex, así puedo darme
la vuelta y enfrentarlo, pero él solo me abraza con más fuerza. Lo que no
sabe es que a pesar de lo que está haciendo, les devolvería el favor a ambos.
Estoy tan excitada en este momento que probablemente dejaría que ambos
me tomaran al mismo tiempo. No es como si no lo hubiera pensado antes, y
este jodido éxtasis me está haciendo querer cosas que no puedo tener. Cosas
en las que no debería estar pensando. Cosas que yo…
—¡Oye! —La voz de Alex de repente se vuelve fría. Él levanta mi parte
superior, suelta mis brazos y tira de mí hacia su pecho, su brazo alrededor
del mío, cubriendo mis pechos—. No dije que pudieras tocarla, idiota. Sal de
aquí.
Los ojos de Eli pasan rápidamente de los míos al chico con el que Alex
está hablando, justo a su lado. Es el chico rubio con cara de bebé. Me doy
cuenta de que tiene la mano extendida, alcanzándome. Pero ante las
palabras de Alex, sus ojos se agrandan, el miedo reemplazando la lujuria en
su rostro.
Sin embargo, no es Alex quien va por él.
Es Eli.
Agarra al tipo por el cuello, clavando sus dedos en su piel con tanta
fuerza que las puntas desaparecen en la carne del tipo.
El chico está farfullando, su boca se abre y se cierra, pero no sale nada.
Mis muslos se aprietan juntos, viendo a Eli mirar a este tipo sin
expresión en su rostro, pero en realidad no necesita decir mucho.
Y cuando lo hace, es solo una palabra.
—Vete.
Deja ir al tipo y este comienza a frotarse la garganta, toser y ahogarse,
con marcas rojas en la piel.
Pero se va.
Se gira y corre lo más rápido que puede entre la masa de gente en la
sala de estar, algunos señalando y riendo mientras avanza.
—Gracias, hombre —dice Alex detrás de mí, y lentamente, Eli se da la
vuelta, su expresión neutral. Sus ojos se clavan en los míos y desearía que
se acercara. Ojalá me pusiera las manos encima de esa manera.
Ojalá él...
19
—Sí. —Eso es todo lo que dice antes de darse la vuelta y caminar entre
la multitud, que parece separarse para él como si fuera el jodido Moisés o
alguna mierda.
Quiero ir tras él.
Lo quiero de vuelta aquí conmigo y Alex.
Alex se inclina cerca de mí.
—Vamos a tomar un trago, ¿de acuerdo? —susurra en mi oído, y antes
de que pueda responder, pasa su brazo alrededor de mi hombro y me lleva
a través de la sala de estar. Es tan malditamente grande, todo lo que tengo
que hacer es pegarme a él y no hay forcejeos ni apretujones al atravesar a
la gente. Simplemente se mueven.
Tal como lo hicieron con Eli.
Tantos pensamientos zumban en mi cerebro: acerca de mi mamá
viendo un video de mis tetas. Cómo me devolverá a rehabilitación tan rápido
que estaré allí al amanecer. Lo qué jodidamente acaba de hacer Alex. Cómo
esto podría significar que realmente hemos terminado.
Y sobre Eli Addison, agarrando a ese tipo por el cuello.
Pero cuando Alex me lleva a la cocina y Eli no está por ningún lado,
trato de apartarlo de mi mente y dar la vuelta para enfrentar a Alex, quitando
su brazo de mi hombro.
Agarra mi muñeca, acercándome a él. Sabe que si me suelta ahora
mismo, voy a salir corriendo.
—¿Qué diablos fue eso? —siseo.
Un tipo se acerca a nosotros y lo miro, reconociendo a Dwight Morris.
Es el corredor de CU y tiene dos bebidas en la mano. Mira a Alex y luego a
mí, ofreciéndome la bebida.
Lo miro como si fuera estúpido. ¿No acaba de ver lo que jodidamente
pasó allí?
—Parece que podrías usar esto —me dice, y no está sonriendo, lo que
me hace sentir un poco mejor. Sus ojos dorados van hacia Alex, pero todavía
me tiende el vaso—. Eso no estuvo bien, hombre.
Eso fue lo incorrecto para decir.
Puedo ver la mandíbula de Alex apretarse, su expresión tormentosa
cuando se vuelve hacia su amigo. 20
—¿No recuerdas lo que hizo esta perra la semana pasada? —pregunta,
como si ni siquiera estuviera parada aquí.
Tomo la bebida de la mano extendida de Dwight. Sin dudarlo, se la
arrojo a Alex en la puta cara.
Alex deja caer mi mano, dando un instintivo paso hacia atrás, licor y
refresco por todo él, escurriendo por la parte delantera de su pecho.
El silencio, salvo por la música en la sala de estar, parece descender en
la cocina de las pocas personas que hay aquí.
Más allá de las puertas corredizas de vidrio, escucho a la gente
chapoteando en la piscina, y en la sala de estar, la fiesta continúa.
Pero aquí mismo, en esta cocina, el único que está furioso es Alex.
Su boca está abierta mientras parpadea rápidamente, se pasa la mano
por la cara y su cabello castaño claro. Sacude sus manos, enviando gotas
de líquido que salpican sobre mí y Dwight, quien da un paso atrás, sus ojos
pasan de mí a Alex y viceversa.
Lo veo tragar y dar otro paso atrás.
—Solo voy a... —Y luego se aleja, dándome una mirada prolongada.
Me vuelvo hacia Alex, cruzo los brazos sobre mi pecho.
—Eso es jodidamente lo mínimo de lo que te mereces, idiota.
Extiende la mano detrás de él, hacia el fregadero, toma una toalla de
mano, se limpia la cara y el pecho, luego tira la toalla a mi lado, en la isla
de mármol de la cocina.
Finalmente, sus ojos marrones oscuro se conectan con los míos.
—Maldita perra. —Luego se mueve tan rápido que no tengo tiempo para
reaccionar cuando me levanta, me estrella contra la isla, botellas y vasos
traqueteando y rodando en todas direcciones. Su mano toma mi cabeza,
amortiguando el golpe antes de que golpee el mármol. Luego saca su mano
de debajo de mí, la planta en mi pecho, agarra una botella de tequila,
retuerce la tapa con los dientes y la escupe. Me retuerzo contra su mano,
pateando y arañándole el antebrazo, pero lleva la botella hasta mi boca—.
Abre tu jodida boca o te romperé los malditos dientes —me gruñe.
No sé si hay alguien más aquí, pero no escucho nada. Nadie
protestando, viniendo en mi ayuda.
Por un estúpido segundo, me pregunto dónde está Eli. 21
—Vete a la mierda —le escupo a Alex mientras se inclina sobre mí,
hundiendo la botella más profundamente en mi boca. Pero cuando digo eso,
la fuerza entre mis dientes y comienza a verterla en mi garganta.
Me quema y toso, volviendo la cabeza antes de morirme ahogada con
tequila en esta estúpida fiesta a la que nunca debería haber venido.
Pero Alex no se rinde.
Gira la botella mientras yo giro la cabeza, y todavía está alojada entre
mis dientes. Mueve su mano de mi pecho a mi cara, obligándome a
quedarme quieta.
—Sabe tan bien como la corrida de Jamal, ¿eh, princesa? —me gruñe,
sus ojos son dos hoyos oscuros. Saco mi cabeza de su agarre y finalmente
puedo respirar. Pero el tequila me está quemando la garganta, el estómago
vacío, no recuerdo la última vez que comí, y sé que, con eso, el Addie y el
éxtasis, estoy a punto de estar muy jodida…
Por lo general, con Alex, no me importaría. Él me cuidaría. Puede que
sea un idiota y se burle de mí, pero de todos modos siempre me cuidaría.
Aunque no esta noche.
Esta noche, ha superado con creces su límite habitual de una cerveza.
Pienso en llamar a Kylie. Pienso en llamar a mi mamá. Mi distribuidor,
Jax. O joder, en este punto, incluso llamaría a Jamal. Cualquiera que venga
a buscarme y me saque de esta mierda, pero ni siquiera sé dónde está mi
teléfono. No sé dónde está mi teléfono y mi cabeza ya da vueltas y...
Maldita sea, quiero un Xanax 4.
Es un pensamiento irracional, pero con mi corazón latiendo tan fuerte
que puedo escucharlo en mis oídos y con esa mirada de rabia todavía en el
rostro de Alex mientras golpea la botella de tequila sobre la mesa con tanta
fuerza, que todas las botellas traquetean entre sí, es la única esperanza que
tengo.
Al menos así podría joderme y no tener que pasar por cualquier infierno
que mi ex tenga reservado para mí.
Pero no tengo un Xannie conmigo, y mi ex ya está pasando a lo
siguiente, así que no hay forma de que pueda encontrar uno ahora mismo.

22
4 El Xanax es un fármaco que se utiliza para el tratamiento de los estados de ansiedad,
especialmente en las crisis de angustia, agorafobia, ataques de pánico y estrés intenso.
Tira de mi brazo, me desliza por el mostrador y me lanza por encima de
su hombro.
Mi cabeza da vueltas, la habitación es un remolino de colores y sonidos
a mi alrededor mientras él se agacha para no golpearme la cabeza con la
puerta cuando sale, el olor a cloro y el aire cálido de septiembre asaltando
mis sentidos.
Y eso es lo que se siente.
Un asalto.
Porque lo que sea que Alex planee hacer conmigo aquí no puede ser
bueno.
Estoy colgando sobre su hombro como una muñeca de trapo, y él tiene
una mano en mi espalda y la otra en mi trasero. Su agarre no es demasiado
fuerte, pero estoy tratando de no vomitar, tratando de no desmayarme para
no ahogarme en esta piscina, por lo que no es como si fuera a ir a ningún
lado.
Y cuando me pone de pie, con el áspero cemento frío debajo de mí, creo
que me voy a caer.
Pero agarra mis brazos, manteniéndome erguida.
A lo lejos, soy consciente de que hay gente aquí hablando y riendo y
escucho algunas salpicaduras de la piscina y música que no puedo
distinguir.
Solo puedo concentrarme en los ojos de Alex en los míos.
Me está sonriendo, lo que no puede ser bueno. Pero su sonrisa es
malditamente linda, un solo hoyuelo brillando en su rostro bronceado, sus
dientes blancos y rectos jodidamente perfectos. También veo otras cosas. La
pequeña abolladura en su labio inferior, justo en el centro. Las motas de
ámbar en sus ojos oscuros y sus largas pestañas.
¿Por qué los chicos siempre tienen unas pestañas tan bonitas?
Quiero preguntarle. Extiendo una mano para tocarlas, pero mi mano
va a su rostro y su piel es tan suave, tan cálida bajo mi palma.
—Alex —digo su nombre, y me pesa la boca, como si mi lengua
estuviera hinchada o algo así—. Alex —lo intento de nuevo y puedo
escucharlo, el sonido, pero no puedo decir si lo estoy articulando bien.
Dios, estoy jodida.
23
Todavía me está sosteniendo de la parte superior de los brazos y veo,
más allá de él, algunas personas mirando en nuestra dirección. Estamos en
un extremo poco profundo, eso lo sé. Pero incluso con las antorchas tiki y
las luces de la piscina bajo el agua que emiten suficiente luz para ver en la
oscuridad, no puedo discernir mucho más allá de eso. No sé qué tan cerca
estamos de la piscina. No sé qué tan cerca estoy de la puerta de la casa.
No sé qué tan cerca estoy de desmayarme.
Me balanceo un poco en sus brazos.
—¿Quieres nadar? —me pregunta. Sus palabras son un poco
tranquilas, pero tiene esa sonrisa en su rostro que significa que no está
tramando nada bueno.
Niego con la cabeza.
—No —murmuro, todavía tocando su rostro—. Esa no es una... —Me
detengo, incapaz de decir lo que realmente quiero decir. Esa no es una buena
idea.
Ni siquiera es que no quiera nadar con él.
Ni siquiera es por lo que acaba de hacer.
Ni siquiera es la forma en que pruebo la sangre en mi boca, y creo que
debe ser porque me obligó a tragar esa botella por la garganta.
Es que, si me meto en esa piscina, definitivamente me ahogaré.
Pero nada de eso sale a la luz. Las únicas palabras que puedo forzar a
salir de mi boca son:
—Estoy borracha.
Alex sonríe, presiona su frente contra la mía.
—Bien.
Y estoy demasiado borracha para enojarme con sus palabras, o para
recordarle lo que acaba de hacer. En cambio, golpeo mi mano contra su
pecho desnudo, y él la atrapa, entrelazando sus dedos con los míos. Señala
con la cabeza hacia la piscina.
—Vamos, vamos a nadar.
Niego con la cabeza y cierro los ojos. Mi cuerpo se siente pesado. Estoy
arruinada. Le digo eso, mis palabras arrastradas, pero debe entender lo que
estoy diciendo porque habla contra mi boca.
24
—No dejaré que te lastimes, Zara.
Mis miembros se aflojan y se calientan con sus palabras. Su toque. Alex
es seguro. Alex es seguro. Los últimos seis meses, hemos peleado y follado
y gritado y discutido, pero él es seguro. Ha cuidado mi culo borracho más
veces de las que realmente me gustaría admitir. No le ha dicho a mi mamá
que no me estoy recuperando.
Nunca ha dejado que me lastime. Me recogió en el campo de fútbol
después de su primer juego, en el que lo suspendieron, me hizo girar y me
besó frente a todos.
Él es seguro.
Él es seguro.
Así que, asiento, sabiendo mientras lo hago, que las cosas van a ir
cuesta abajo rápido. Pero solo estás en el último año de la universidad una
vez, ¿verdad? Y realmente no me hará daño. Realmente no me ahogará.
Me rodea con un brazo y me dirige hacia el borde de la piscina.
Escucho un chapoteo, veo gente sentada en los sofás al aire libre con
bebidas en la mano.
Creo que algunas personas nos están mirando, pero estoy demasiado
borracha para verlos con claridad. Apenas puedo distinguir el borde de la
puta piscina y me preocupa que me vaya a ahogar más temprano que tarde.
Ahora no me importa.
De todos modos, no ahora mismo.
—Va a estar fría, princesa —me advierte Alex.
La música suena aquí. “Limbo” de Salem. Amo esta canción. Trato de
decirle a Alex eso mientras miro la superficie azul ondulante del agua.
Los dedos de Alex se deslizan por mis costados, haciéndome temblar.
—Yo también amo esta canción —dice en voz baja.
Sí. Lo sabía. No estamos de acuerdo en mucho, pero nos gusta la misma
música.
—Oye —murmuro mientras él sigue frotando mi piel, mirándome. Todo
lo que puedo escuchar ahora es la música, como si alguien la hubiera
subido. O mi cerebro hubiese bajado las voces de los demás. Hablo un poco
más alto—, no debería hacer esto.
Me sonríe, agarra mi muñeca y desliza mi mano sobre su pecho,
desviando mi atención. Miro su paquete de seis, su cuerpo delgado y su 25
figura alta. Su piel es suave, y trazo una de esas pecas debajo de su pectoral,
luego a través de sus abdominales. Los tengo memorizados.
—¿Lista? —me pregunta, tomando mi mano de nuevo.
Muerdo mi labio, mirándolo a los ojos. No.
Pero asiento en respuesta a su pregunta, y me acerca a la piscina. Pero
luego pasamos por alto los escalones y cuando tropiezo con el concreto, el
miedo comienza a deslizarse más allá de mi intoxicación.
—Oye, te dije que yo...
—Y te dije que no dejaría que te lastimaras —me interrumpe cuando
llegamos al final. Dos metros y medio, si veo correctamente el número negro
en el borde del hormigón.
Sus dedos de los pies están en el borde y los míos también, mi mano
todavía en la suya.
—¿Estás lista? —me pregunta, apretando mi mano.
Niego con la cabeza.
—No, entra primero y luego puedes...
—Sabes nadar, Zara. —Es una declaración, porque me ha llevado a la
playa varias veces y hemos saltado las olas juntos y sus padres tienen una
piscina y me ha visto nadar completamente desnuda en ella ese fin de
semana cuando estuvieron fuera de la ciudad.
Asiento, pero trato de soltarme de su agarre. No creo que me esté
explicando bien, o a él no le importa.
Pienso en él rompiéndole la nariz a ese tipo en el campo, justo después
de que los Camellos de Caven ganaran el juego. Justo antes de que me
levantara del otro lado de la cerca y me hiciera girar en sus brazos. También
estaba drogada con Addie entonces, y su entrenador le había estado
gritando porque la nariz de Nate goteaba sangre y los paramédicos estaban
en el campo, pero a Alex no le importó.
A Alex no le importó.
Porque Nate era el mariscal de campo de ECU, y me lo había follado
antes. Supongo que le había estado hablando mierda a Alex durante el juego
y a él no le gusta cuando la gente habla mierda.
Y supongo que realmente no le gusta cuando su novia lo engaña porque
este castigo parece un poco... mucho. 26
Trago saliva mientras él me acerca a la parte más profunda, mis dedos
de los pies yendo por el borde del cemento. Intento enunciar más claro, pero
sé que estoy sonando cada vez más borracha con cada palabra. Es como
intentar hablar bajo el agua. Mis pensamientos no me salen bien, pero lo
intento de nuevo de todos modos.
—Sí, puedo nadar, pero estoy borracha…
—Sí, aquí está la cosa, princesa. —Se inclina cerca de mí, sus palabras
en mi oído—. Deberías haber pensado en eso antes de poner la polla de
Jamal en tu linda boquita.
Sacude mi mano mientras salta.
También me estrello dentro, el agua sorprendentemente tibia.
Y eso es todo en lo que puedo concentrarme. La temperatura del agua.
El cloro me quema los ojos, que aún están abiertos, al ver la forma
brumosa en que las luces brillan bajo la superficie. También me quema la
nariz y me doy cuenta de que Alex todavía me sostiene la mano.
Tirando de mí hasta el fondo.
Me giro para mirarlo y luego me suelta.
Estoy en el fondo de la piscina.
Siento mis pies sobre el concreto liso, mi cabeza pesada mientras
parpadeo bajo el agua. Veo las piernas borrosas de algunas personas, en el
extremo poco profundo, y me obligo a caminar hacia ellas.
Escucho algo que suena como un grito por encima de la superficie y
miro hacia arriba. Puedo verla. La superficie está a menos de un metro por
encima de mi cabeza.
Solo tengo que mover las piernas. Empujar.
El cloro comienza a arder. En mis ojos. Mi nariz.
Mis pulmones.
Aunque solo necesito empujar hacia arriba. Eso es todo. Solo empujar
hacia esa superficie brillante a unos pocos metros por encima de mí.
Me preparo para hacer precisamente eso, cuando veo a alguien
chapotear en el agua justo frente a mí. Una nube de burbujas.
Y luego unos brazos fuertes me tiran hacia arriba y salgo a la superficie,
el aire mucho más frío aquí.
27
Respiro profundamente, jadeando, mis pulmones ardiendo.
Pero funcionando.
Están funcionando.
El agua y la mucosidad salen de mi nariz, y respiro profundamente,
tragando saliva, tosiendo y farfullando mientras lo hago.
—Zara —dice alguien. Alguien que me sostiene, mi cuerpo presionado
contra el suyo. Lleva ropa, la siento contra mi piel.
Empiezo a temblar, frotándome los ojos con los puños, de espaldas a
quien sea que me esté sosteniendo. La tos disminuye, pero me arde la
garganta.
—Zara. —Es la voz de Eli.
La gente me mira desde el borde de la piscina, apiñada alrededor con
los ojos muy abiertos. Algunos de ellos tienen teléfonos móviles y me graban.
Los brazos de Eli se aprietan a mi alrededor. Les dice lo mismo que le
dijo a ese rubio con cara de niño que trató de tocarme.
—Váyanse. —Ni siquiera levanta la voz.
No creo haber escuchado nunca a Eli levantar la voz.
La multitud alrededor de la piscina estalla en risas nerviosas, pero
todos se dispersan.
—Zara —dice Eli de nuevo, su voz en mi oído.
Todavía estoy temblando, pero me hace girar en su brazo mientras se
cuelga del borde de la piscina con el otro.
Mis ojos se fijan en los suyos.
—¿Qué pasó?
Niego con la cabeza, agua en mis oídos. Puedo escucharlo, pero... mi
rostro se siente entumecido. Mis labios también.
Dios, estoy jodidamente borracha.
Apoyo la cabeza en su hombro, contra su camisa mojada.
—Alex me hundió —me las arreglo para decirle.
Eli me acerca más.
—¿Él te hundió? —repite, sus palabras casi... clínicas.
Asiento contra su camisa, dejando que mis ojos se cierren. Todavía
estoy temblando, pero estaré bien. Estaré bien. 28
Estoy bien.
Pero mi corazón todavía está acelerado y aunque mi cuerpo está
cansado, mi mente...
—Aquí. —Otra voz familiar interrumpe mis pensamientos. La que casi...
—Casi me ahogas. —No estoy segura de estar diciendo las palabras en
voz alta o simplemente articulándolas mientras miro a un Alex empapado,
con las manos en las rodillas y el agua goteando de su espeso cabello bronce
mientras me sonríe.
Extiende su mano.
—No. —Niego con la cabeza, pero todavía no puedo estar segura... ¿De
verdad estoy hablando? Me duele la mandíbula de nuevo y los dedos de Eli
están extendidos sobre mi torso debajo del agua. Me vuelvo hacia él.
Está mirando a Alex, pero no dice una palabra.
Entonces alguien me levanta tomándome por debajo de mis brazos
directamente de la piscina.
Extiendo mis manos hacia Eli, pero Alex habla mientras me levanta.
—Él no puede llegar a ti sin tirar de ti hacia abajo, princesa.
Me vuelvo para mirar a Alex mientras me pone de pie sobre el cemento
al borde de la piscina, con las manos en la parte superior de mis brazos.
Tengo problemas para concentrarme en su rostro, pero escucho a Eli decir:
—Déjala dormir en la habitación de invitados. Estás jodidamente
borracho, hombre.
Alex me sonríe, pero creo que está hablando con Eli cuando dice:
—La llevaré a la habitación de invitados, pero no está jodidamente
durmiendo. —Esas palabras no tienen sentido para mi yo borracho, pero no
tengo tiempo para reflexionar sobre ellas mientras él me levanta y me arroja
sobre su hombro. Cuelgo boca abajo, tratando de no vomitar mientras cierro
los ojos con fuerza, las manos de Alex me sostienen firmemente.
Escucho a Eli maldecir en voz baja, pero Alex comienza a moverse
conmigo y tengo que trabajar muy, muy duro para mantener dentro de mi
estómago lo que sea que logré comer hoy mientras él camina dentro de la
casa, el agua goteando de ambos.
—¡Oye, parece que va a vomitar! —grita alguien desde el interior de la
cocina.
Alex me da una palmada en el culo. 29
—Mejor que no, princesa —murmura, y luego subimos las escaleras,
pero mantengo los ojos cerrados, colgando sin fuerzas sobre la espalda de
Alex como una muñeca.
Quiero ir a dormir.
Mi cuerpo está tan jodidamente cansado.
Mi corazón está trabajando horas extras.
Mi cabeza da vueltas.
Y si Alex no me deja en el suelo, ahora mismo, voy a vomitar.
Mis ojos se abren de golpe, llevo mi mano hacia mi boca, mi estómago
se convulsiona.
Pero luego hace exactamente eso.
Me deja, empapada, en medio de una gran cama cubierta con un
edredón blanco.
La cama de la habitación de invitados.
Alex se para frente a mí, evaluándome. Vagamente registro un armario
abierto y vacío a sus espaldas, el ventilador girando sobre mi cabeza me
hace temblar. Envuelvo mis brazos alrededor de mí, notando que hay una
luz tenue detrás de mí, pero principalmente, solo estoy mirando a Alex,
goteando agua por todo el piso de madera oscura.
—¿Te sientes bien, princesa? —me pregunta, con los ojos brillando
como si esperara que no lo haga.
Entierro mi cabeza en mis manos, moviéndome en la cama. Está
empapado debajo de mí, y soy consciente de que si el colchón se moja,
tendrán que reemplazarlo, pero es un poco difícil pensar en los muebles con
la forma en que mi corazón late con tanta fuerza y mi cabeza duele y…
—Sal. —Mis pensamientos son interrumpidos por otra voz.
Miro hacia arriba, dejando caer mis manos cuando Eli entra en la
habitación, señalando la puerta por la que acaba de entrar. Está mirando a
Alex con la mandíbula apretada.
Alex ladea la cabeza, ajusta su polla a través de su bañador y noto, no
por primera vez, que es... grande.
¿Cómo podría ser tan grande cuando hace frío aquí y los dos estamos
empapados y hay un ventilador?
30
—Estás borracho —dice Eli, como lo hizo en la piscina—. Te vas a
arrepentir de esto.
Me obligo a despegar mi mirada de la polla de Alex a la cara de Eli. Eli
no se enoja fácilmente, no creo. A decir verdad, no he pasado mucho tiempo
con él, a pesar de que es el mejor amigo de Alex. Son opuestos de muchas
maneras.
Caliente. Frío. Ruidoso. Tranquilo. Luz… Oscuridad.
Alex se ríe suavemente, luego me mira. Se pasa la mano por el cabello
despeinado.
—Aún no hemos terminado.
Los ojos de Eli se estrechan en rendijas. Todavía está vestido, pero
también gotea agua por todas partes. Sin embargo, no dice nada.
Simplemente mira a Alex como si él… no lo sé, en realidad.
Eli siempre es difícil de leer. Ahora no es diferente.
Alex se vuelve para mirarme, con una expresión contemplativa en su
rostro. Se frota la mandíbula con la mano.
—Este no es tu problema, E —dice, y sus palabras también son un poco
arrastradas—. Ella es una jodida puta. Le chupó la polla a Jamal. —Hay
verdadera ira en sus palabras descuidadas, y siento que mi pecho se
calienta de vergüenza.
Pero Eli sigue sin decir nada. Ya no mira a Alex. Me está mirando.
Mi estómago se revuelve. Me deslizo por la cama, sabiendo que estoy
dejando un charco húmedo detrás de mí. Mis pies tocan el suelo y me paro
con piernas temblorosas, envolviendo mis brazos alrededor de mí.
—Sí —murmuro, tratando de respirar profundamente. Deseando que
mi corazón se desacelere—. Me voy a ir. —No sé dónde. Quizás pueda
caminar, aunque esté tan drogada. Quizás pueda llamar a mi mamá. Quizás
pueda…
La risa de Alex me interrumpe. Mira a Eli, que se ve tenso junto a la
puerta, con las manos en puños a los lados y el cabello oscuro cayendo
sobre su frente.
—No lo creo, Zara. —Los ojos oscuros de Alex están sobre mí y me mira
como si fuera su próxima maldita comida.
Niego con la cabeza, temblando en mi bikini mientras doy un paso
hacia la puerta frente a la que está Eli.
—Mi novia es una puta, pero es sexy, ¿eh? —Alex presiona—. Su piel
31
es tan jodidamente pálida que prácticamente puedo ver sus venas, y su culo
es un poco pequeño, pero su coño es apretado como la mierda. —Deja
escapar un suspiro mientras miro a Eli, y Eli me devuelve la mirada. Alex
continúa—: Es una pena que sea una puta drogadicta, pero supongo que
eso significa que podemos usarla...
—Adiós —murmuro, dirigiéndome directamente a la puerta, con los
brazos todavía envueltos alrededor de mí.
Alex se mueve tan rápido que ni siquiera sé que está detrás de mí hasta
que me tira hacia atrás, su mano anudada en mi cabello, las trenzas se han
deshecho en algún momento de la última hora desde que peleamos en su
habitación. ¿Ha pasado una hora?
¿Qué hora es?
Jodidamente no lo sé.
Tropiezo, mis pies casi resbalando en el piso mojado, pero me estabilizo,
mis brazos se extienden a los lados mientras me doy la vuelta para mirarlo.
Me suelta el cabello, pero la habitación gira demasiado rápido y mi
respiración se queda atrapada en mi garganta por la forma en que mi
corazón late con tanta fuerza en mi pecho, reclamando todo mi oxígeno.
Alex me sonríe, ladeando la cabeza.
—No solo estás borracha, princesa. Estás drogada con algo. Y no es
solo el éxtasis, ¿verdad? ¿La polla de quién vas a chupar para arreglar eso
ahora, eh?
Mis ojos se ensanchan y abro la boca para decir algo, pero no sale nada.
Mi corazón todavía está tartamudeando en mi pecho, y presiono una mano
sobre él, deseando que se calme.
Necesito irme.
Me doy la vuelta y corro hacia la puerta, pero sorprendiéndome, Eli me
lanza hacia atrás, directamente a los brazos de Alex. Cierra la puerta y Alex
me abraza con fuerza. Abro la boca para gritar, pero Eli está allí, tapándola
con una mano, ambos a cada lado de mí.
—Eli... —Su nombre es una súplica en mi boca, ahogada y baja, y ni
siquiera estoy segura de haberlo dicho en voz alta. ¿Qué está haciendo? ¿Él
también me va a hacer daño?
—No queremos hacerte daño, nena. —La voz de Alex hace eco de mis
pensamientos, su aliento contra mi mejilla—. Queremos hacerte sentir bien.
32
Niego con la cabeza, mis ojos suplicándole a los verdes de Eli. No hagas
esto. Y pensé que estaba… ¿pensé que estaba follando con Rihanna
Martinson? ¿Por qué está incluso aquí?
Me mira un segundo y luego mira a Alex.
—Esto no es una buena idea. —Las palabras están casi separadas de
lo que está diciendo. Como si supiera que no es una buena idea, pero en
realidad no le importa.
Aun así, el alivio me hace hundirme en los brazos de Alex. Pero su
agarre solo se aprieta.
Se ríe con frialdad.
—Vamos, Eli. Sé que quieres follarte a mi novia. ¿Crees que no te he
visto mirándola? ¿Observándola cuando está en la piscina?
Mi cara se sonroja. ¿Lo ha hecho? Nunca me di cuenta.
Eli deja caer su mano de mi boca y traga, mirándome.
Siento la polla de Alex contra mi espalda. Su piel cálida y húmeda
contra la mía.
Eli da un paso atrás, sus ojos duros mientras mira a Alex.
—Creo que has hecho lo suficiente.
—¡Déjame ir! —Intento darle un codazo a Alex, pero él solo me aprieta,
sin soltarme.
—Tu corazón está acelerado —dice en voz baja—. Estás temblando.
Shh, solo relájate. No te haré daño, Zara.
—Dijiste eso sobre la piscina…
—No te lastimé entonces, ¿verdad, nena?
El pánico aumenta, un sabor amargo en mi boca. Mis dedos y piernas
temblando. Hay un rugido sordo en mis oídos y me preocupa que vaya a
tener un maldito derrame cerebral y estos chicos no me van a ayudar. Van
a...
—Vas a matarme.
—No seas jodidamente estúpida. —Alex afloja su agarre sobre mí por
un momento, y se mueve detrás de mí. Antes de que pueda pensar en
liberarme, sostiene una pastilla blanca y alargada frente a mí. No tengo ni
idea de dónde diablos la sacó, pero yo. La. Necesito.
33
—Esto es lo que quieres, ¿no es así, princesa?
No aparto los ojos de la píldora, resistiendo el impulso de tomarla. No.
No.
—Crees que puedes... crees que puedes chantajearme para que te folle
de nuevo con una jodida…
—¿La quieres?
No puedo respirar. El pánico está burbujeando en mi pecho, mi visión
se vuelve borrosa, haciéndome ver doble el Xanax que Alex está agitando
frente a mí, burlándose como si yo fuera un perro y él tuviera un premio.
Veo a Eli, sus ojos van de mí a Alex.
Todavía estoy en los brazos de Alex, ya no peleando.
—Dile a Eli que lo quieres —me instruye.
Eli no dice una palabra. Me mira fijamente.
—Zara. Si quieres que te ayude, dile a Eli que lo quieres. Sé una buena
pequeña zorra.
Miro a los ojos a Eli. Tiene la mandíbula apretada y puedo ver que
respira con dificultad.
—Eli. —Mi voz es ronca—. Yo…
—Alex. —Pero la voz de Eli no suena enojada. Suena... tensa.
—¡Lo quiero! —grito, mi rostro se pone caliente ante la estridencia de
mi propia voz, la desesperación en ella.
Eli no se mueve.
Alex lleva la píldora a mis labios, frotándolos suavemente.
—¿Lo quieres ahora, princesa?
—No soy tu…
Empuja la pastilla más allá de mis labios. Saboreo su amargura en mi
lengua y él me hace girar, las manos alrededor de mi cintura, nuestros
cuerpos casi desnudos se rozan el uno contra el otro.
—Trágala.
Quiero escupirla al suelo para fastidiarlo. Pero sé lo que es. Sé lo que
hará por mí ahora mismo. Podría ser falsa, pero lo dudo.
Trago, haciendo una mueca mientras lo hago.
—Buena chica —dice Alex. Me acerca más, presionándome contra su 34
cuerpo húmedo—. Te sentirás bien pronto.
Dejo a Eli detrás de mí, no pienso en él. En esto.
—No quiero...
—No te haré daño.
No puedo pensar. Siento las manos de Eli sobre mí.
Las manos de ambos están sobre mí.
—Intentaste ahogarme —le digo a Alex, arrastrando las palabras.
—Te lo merecías. Y además, no lo hice, Zara. Si hubiera querido, lo
habría hecho. Pero no lo hice. Y ahora te sentirás bien con nosotros, ¿no es
así?
Mis ojos revolotean cerrados. El pánico está disminuyendo. Sé que el
Xanax aún no se ha activado, pero también sé que está por llegar.
Y tomar alcohol con Xanax es básicamente como condenarse. Por no
hablar del éxtasis y el Addie y... ¿Qué diablos he hecho?
—¿Te divertiste, princesa? —me pregunta Alex.
Me obligo a abrir los ojos.
—No soy una... —Me quedo en silencio, con la lengua pesada mientras
Alex desliza sus manos hacia arriba y hacia abajo por mis costados. Luego
me hace girar abruptamente.
Estoy mirando a Eli. Está tan cerca de mí, pero da un pequeño paso
atrás, como si nos estuviera acogiendo a los dos, a Alex y a mí.
Eli siempre ha tenido unos ojos tan bonitos.
Y sus labios. Están tan malditamente llenos.
Los quiero en mi boca.
Trato de decirle eso, pero luego Alex entierra su boca contra mi cuello
mientras engancha sus pulgares a través de la cintura de mi bikini y lo baja.
—Sal de estos por mí, nena.
Envuelvo mis brazos a mi alrededor, temblando.
Eli frunce el ceño, luego cierra el espacio entre nosotros.
—Tiene frío —dice en voz baja mientras hago lo que dice Alex.
Mi mirada sostiene la verde de Eli y él se acerca. Tan cerca que casi nos
tocamos. Mis dientes castañetean cuando Alex desata mi bikini de mi cuello,
luego mi espalda, empujándolo fuera de mi cuerpo. Agarra mis muñecas, 35
descruza mis brazos de mi pecho y los ojos de Eli bajan hacia mis pezones
duros como guijarros. Pienso en ellos contra su camisa en la sala de estar,
antes de que agarrara a ese tipo por el cuello.
—M-me estoy congelando —digo entre mis dientes castañeantes.
Eli extiende su mano. Respiro profundamente mientras pasa el pulgar
por un pezón y luego por el otro. Palmea mi pecho y aprieta, acercándose.
Casi cierro los ojos. Casi me inclino hacia su toque.
Me está tocando.
Me está tocando y se siente tan bien.
—No tendrás frío pronto. —Y luego me empuja hacia atrás, a los brazos
de Alex.
Alex se ríe, su pecho retumba contra mi espalda mientras me tira hacia
la cama. Me hace girar, posiciona mis piernas para que me quede a
horcajadas sobre él.
Y está completamente desnudo, su polla dura contra mi coño
descubierto.
—¿Sigues con nosotros, princesa? —se burla de mí, enrollando mis
dedos alrededor de su polla.
Miro hacia abajo, con la boca abierta. Lo he visto tantas veces, pero
nunca supero el hecho de que sea tan... grande. Y perfecto y recto y grueso
y...
Quiero mi boca en él.
Y no solo eso. Pienso en Eli detrás de mí, mirando.
—Sí —me las arreglo para decirle en voz alta a Alex—, sí. Todavía estoy
contigo. —Trago, todavía mirando a Alex en mi mano—. Y te quiero. —
Muerdo mi labio, mi estómago revolotea—. Y a él.
Sin esperar a ver su reacción, me apoyo con una mano en el hombro
de Alex y trato de deslizarme de su regazo. Pero los dedos de alguien en mi
cabello tiran de mi cabeza hacia atrás, deteniéndome, y luego los ojos de Eli
miran los míos, al revés.
—Cuidado con ella, Eli. Sabes que esta me gusta —advierte Alex.
Una lenta sonrisa se curva en los labios de Eli mientras se inclina cerca
de mí, y jadeo contra su boca cuando Alex roza la cabeza de su pene contra
mi clítoris.
36
—No soy cuidadoso, princesa —murmura Eli contra mi boca,
burlándose del apodo de Alex para mí. Empuja mi cabeza hacia arriba y los
dedos de Alex se enroscan alrededor de mi garganta mientras me levanta y
me tira hacia abajo sobre él.
Se acuesta de espaldas, luego sus manos están en mis caderas
desnudas, su polla entre nosotros.
—Fóllame, Zara.
Miro sobre mi hombro para encontrar a Eli quitándose la camisa. Su
piel aceitunada es jodidamente hermosa, su paquete de seis definido y esa
maldita V. Alex me agarra por el cuello de nuevo, sacudiendo mi cabeza para
que lo mire de nuevo.
Mi cerebro se siente confuso, todo a mi alrededor gira en cámara lenta.
Y mierda, ¿no trató Alex de ahogarme?
¿No mostró mis...?
—Ahora, Zara. No quiero esperar toda la puta noche.
Muevo mis caderas, acaricio la polla de Alex y él gime, mordiéndose el
labio mientras me mira. Me coloco encima y lentamente comienzo a bajarme
sobre él, pero las manos de Eli llegan a ambos lados de mis hombros y me
empuja hacia abajo justo cuando siento que la cama se hunde.
Hago una mueca de dolor, cayendo hacia adelante, mis manos en el
pecho de Alex mientras su longitud casi me empala y me duele mientras me
ajusto a su tamaño.
Alex siempre es rudo, y supongo que corre en la puta casa.
Pero Alex me sorprende cuando mira a Eli con el ceño fruncido.
—Joder, despacio, hombre.
Eli no dice nada.
Mientras Alex me ayuda a montarlo, su polla golpea tan profundo que
juro que puedo sentirlo en mi estómago, la boca de Eli llega a mi oído.
—¿Estás lista, pequeña?
Pequeña.
Nadie me había llamado así antes.
Cuando Alex no me llama “puta drogadicta”, se queda con “princesa”.
Pero “pequeña” me hace cosas. Hace que mi estómago se dé un vuelco,
mis muslos se aprieten.
Las manos de Eli van a mi trasero pero luego sus dedos se arrastran
37
más abajo.
Alex se pone rígido cuando el dedo de Eli se desliza al lado de su polla,
y hago una mueca de dolor cuando ambos me estiran, la sensación es
nueva.
Dejo de montar a Alex, mis muslos tiemblan mientras me cierno sobre
él.
Se me ocurre un pensamiento extraño, como una nube que atraviesa
mi mente confusa. Tengo cicatrices en los muslos. Y Alex nunca se ha dado
cuenta.
¿Eli las verá?
Antes de que pueda pensar demasiado en ello, el pensamiento se
desvanece.
Mis ojos se cierran mientras el pecho de Eli roza mi espalda y trata de
empujar otro dedo dentro de mí. Pero Alex es tan grande y...
Esto está sucediendo demasiado rápido.
No es buena idea. No quise que esto sucediera. Quería enojar a Alex
viniendo aquí. Convencerlo de que romper conmigo era una idea estúpida.
Pero no era mi intención follarme a él y a su compañero de cuarto al mismo
tiempo.
Pero el Xannie, el alcohol y el Addie hacen girar mi cabeza. Mi rostro se
siente entumecido, y mientras Eli mete otro dedo en mi coño, ya lleno pero
aún empapado, la voz de Alex atraviesa mi neblina.
—Detente, hombre. Está perdiendo el conocimiento.
Eli se ríe, su aliento contra mi cuello. No se detiene.
—¡Está perdiendo el conocimiento! —dice Alex de nuevo, sonando preso
del pánico.
—Esta fue tu idea —dice Eli en voz baja, aún hablando contra mi piel.
Se siente tan bien. Todo está tan apretado y tan lleno y tan...
Su mano llega a mi garganta mientras me empuja contra él.
—Y todavía estás aquí, ¿no es así, bebé? —Su voz es tan baja que ni
siquiera sé si Alex lo escuchó.
Arqueo el cuello, pero mi boca se siente tan seca que no sé qué decir ni
cómo decirlo y...
—Eli. —La voz de Alex está llena de advertencia.
38
Los dedos de Eli empujan más fuerte dentro de mí y hago una mueca
de dolor con sus movimientos. Ya no se siente bien.
—Detente. —La voz de Alex es un gruñido. Envuelve sus brazos
alrededor de mi cintura y me levanta, tirando de mí hacia su pecho. Los
dedos de Eli parecen arañarme, como si los hubiera curvado para que
doliera cuando Alex me apartara de ellos.
El pecho de Alex está caliente y sus brazos me rodean mientras se
sienta, acunándome contra él.
—Esta fue una mala idea.
La cama se mueve, pero no puedo abrir los ojos. Están tan jodidamente
pesados.
El agarre de Alex se aprieta a mi alrededor.
—¿Por qué el repentino cambio de opinión? —pregunta Eli suavemente,
sus palabras venenosas—. ¿Tienes recuerdos? —No sé de qué diablos está
hablando, pero realmente no puedo encontrar que me importe. Mi cuerpo
se siente tan agradable así. Agradable y cálido contra Alex y no quiero
moverme.
—Cometí un error —dice Alex. Suena extrañamente nervioso.
Eli no dice nada.
Los brazos de Alex se aprietan a mi alrededor tanto que realmente
duele. Se mueve en la cama, quita un brazo solo lo suficiente para cubrirme
con las mantas.
—Me acostaré con ella. Ve a follar a Rihanna.
Mi estómago se revuelve por alguna razón con esas palabras, pero aun
así... no puedo moverme.
—Intentaste ahogarla. La chantajeaste con Xanax para que nos follara,
¿y ahora no quieres seguir adelante? —La voz de Eli sigue siendo baja, como
siempre. Sigue siendo clínico, como si estuviera exponiendo todos los
hechos sin apego al resultado.
—Estás jodiendo con Rihanna. ¿Por qué te importa?
Eli está en silencio, luego escucho que alguien golpea la puerta. Un
grito agudo.
Alex se ríe y retumba contra mi cuerpo. No abro los ojos. Me estoy
perdiendo en la oscuridad y se siente bien.
Pero supongo que alguien abre la puerta y una chica está gritando.
—¿Qué diablos estás haciendo? Maldito idiota, ¿qué mierda? 39
—Sal, Rihanna. No me insultes —dice la voz de Eli. Al borde de la
impaciencia.
—No, no te…
Hay otro grito y algo que suena como una puerta que se golpea contra
una pared y unos pasos se acercan y Alex se tensa conmigo todavía en sus
brazos.
—¡Maldita perra! —Esa misma voz aguda, más cercana ahora.
—Si la tocas, lo juro por Dios, Rihanna, jodidamente te ahogaré en mi
piscina. —Esa es la voz de Alex. Sus brazos me rodean con fuerza y no grita,
pero suena tan... enojado.
Más pasos. Algunos forcejeos. Una puerta se cierra de golpe. Más gritos,
pero distantes.
Tiemblo en sus brazos y es completamente involuntario. Ni siquiera sé
por qué está pasando.
Alex me abraza con más fuerza. Presiona un beso en la parte superior
de mi cabeza.
—Lo siento mucho. —Su voz es un susurro ronco.
¿Está realmente arrepentido?
—Lo siento mucho, lo siento... tanto, Zara.
Lo sostengo con más fuerza, mis brazos alrededor de su cuello.
—Está bien, princesa. —Besa un lado de mi cara—. Vete a dormir, ¿está
bien?
Si. Como si pudiera detenerme.
Pero sus palabras resuenan en mi cabeza. “Jodidamente te ahogaré en
mi piscina”.
Alex ya intentó ahogarme.
Bajó mi parte superior.
Es un idiota.
Ni siquiera puedo asentir con la cabeza a sus palabras, pero a pesar de
toda la mierda que hizo, todavía le respondo. Si.

40
2
ZARA

C
uando me despierto, Alex está roncando suavemente a mi
lado.
Todavía está oscuro afuera, pero parpadeo un par de
veces, lo suficiente como para ver la hora en el despertador junto a la cama.
Son las cuatro de la mañana.
Mi cabeza late con fuerza, mi garganta se siente como papel de lija.
¿Qué diablos pasó anoche?
Mi mano va a mi pecho y ahogo un grito cuando me doy cuenta de que
estoy jodidamente desnuda. No es que nunca me haya despertado desnuda
junto a Alex, pero nosotros...
Mierda.
Realmente no puedo ver a Alex en la oscuridad, pero cuando me alejo
lentamente de él, me doy cuenta de que también está desnudo.
¿Tuvimos sexo anoche? ¿Nos reconciliamos?
Intento recordar, pero todo está tan borroso. No otra vez.
Esta mierda ha sucedido demasiadas veces en los últimos tres años.
Reprimo un gemido, me levanto lentamente de la cama y planto los pies en
el suelo.
Mi cabello está húmedo y siento un sabor a cloro en la garganta.
La puta piscina.
Siento algo contra los dedos de mis pies y me agacho, agarrándolo. Es
mi... ropa. Lo que estaba usando antes de desnudarme hasta quedar en
bikini en la habitación de Alex. Antes de que nos metiéramos en esa pelea e
intentó echarme. 41
Tanteo con mi mano a ciegas, la habitación tan malditamente oscura,
y también encuentro mi camiseta, y en el bolsillo trasero de mis vaqueros
está mi teléfono.
Utilizo la linterna para vestirme rápidamente.
Muchas gracias al jugador más valioso que trajo mi mierda.
Cuando estoy vestida, los vaqueros se sienten muy extraños contra mi
trasero desnudo, camino hacia la puerta y me doy cuenta de que estamos
en el dormitorio de invitados. Alex todavía está roncando detrás de mí
mientras la abro y me paro en el pasillo, escuchando.
La casa está en silencio. Tan diferente de toda la gente y el ruido y la
música de anoche.
Hablando de… ¿qué diablos pasó anoche?
Exhalo, considero sacar mi teléfono de mi bolsillo y revisar todas las
notificaciones perdidas que vi en esa habitación, pero decido no hacerlo.
Realmente no quiero saber qué tonterías hice después de todos esos
estimulantes y todo ese alcohol.
Alex me dio un Xanax.
Casi me follo a él y a Eli.
Jesús. Apenas le he dicho una serie de palabras a Eli desde que lo
conozco.
Necesito un vaso de agua.
Utilizo mi linterna para dirigirme hacia las escaleras en el extremo
opuesto del pasillo, luego guardo mi teléfono en mi bolsillo, una vez más
ignorando las notificaciones. Me arrastro por las escaleras, viendo a
personas desmayadas en la sala de estar, en el sofá, en el suelo. Un tipo
está desplomado en una posición sentada al pie de los escalones, junto a la
puerta principal, con la cabeza en un ángulo muy incómodo contra el
hombro.
Kylie me trajo anoche, pero puedo caminar de regreso a nuestro
apartamento. No está tan lejos.
Primero, necesito agua porque cada paso hace que mi cabeza destelle
con dolor.
Varios niveles de ronquidos llenan la sala de estar mientras camino por
el pasillo, y huelo a alcohol y algo agrio.
42
Probablemente vomito.
La cocina es un desastre.
Hay botellas volcadas y vasos de plástico por toda la isla en el centro
de la habitación, más cubriendo casi cada centímetro de las encimeras. Hay
un charco marrón en el suelo del comedor adyacente a la cocina, y hay
alguien durmiendo en la mesa. Un tipo boca abajo con los brazos abiertos,
como si estuviera jodidamente abrazándola.
Afortunadamente, nadie está durmiendo en la cocina.
Mis pies descalzos crujen sobre algo mientras me dirijo hacia la nevera
de acero inoxidable, desesperada por agua. Hago una pausa, mirando hacia
abajo.
Galletas Ritz, y la caja vacía de ellas está esparcida a unos metros de
distancia. Maldición. Alguien tenía hambre.
Sigo caminando hacia la nevera, mi cabeza palpitando con cada paso.
Pero el dolor no impide que los pensamientos no deseados zumben.
Intenté reconciliarme con Alex. Nos peleamos. Trató de echarme. Bajé
las escaleras y bailé en la mesa de café.
Alex se acercó. Estaba borracho. Casi nunca se emborracha porque
cuando lo hace, actúa como un completo idiota.
Me bajó mi parte superior, alguien intentó tocarme, Eli y yo estábamos
allí.
Mierda. Alex mostró mis tetas.
La idea es casi suficiente para hacerme salir corriendo de aquí, con el
estómago revuelto. Si hay un video y mi madre lo ve, estoy tan jodida.
Joder, joder, joder.
Miro por la ventana sobre el fregadero, también lleno de vasos y tazones
y algo que parece fideos ramen pegados al grifo, y veo la serena piscina en
el suelo, iluminada por luces al ras del concreto.
La piscina.
Mi sangre se enfría, mis dedos rodean el asa del refrigerador mientras
mis ojos permanecen fijos en la piscina, pensando en lo que pasó anoche.
Algunas de las tumbonas están volteadas, hay algunas toallas de playa
alrededor del cemento.
Alex casi me ahoga en esa piscina.
43
La superficie tranquila parece reflejar el cielo todavía oscuro, pero hay
luces debajo del agua y... ¿Qué diablos es eso?
Me llevo la mano a la boca y dejo caer mi agarre de la puerta de la
nevera.
No hay nadie alrededor del borde de la piscina, pero hay...
Oh Dios mío.
Mis extremidades se entumecen cuando doy un paso vacilante hacia la
ventana.
No.
Eso no es…
Me obligo a caminar hacia la puerta corrediza de vidrio para ver mejor.
Un ángulo diferente. Una forma de hacer que todo esto tenga sentido.
Mis dedos presionan contra el vidrio frío y mi pecho se aprieta mientras
apoyo mi frente contra la puerta, parpadeando.
Porque todavía debo estar borracha. Todavía estoy jodida. No hay una
jodida manera.
Escucho que algo se mueve detrás de mí.
Antes de que pueda gritar, una mano me tapa la boca y una voz me
susurra al oído:
—Hay un cuerpo en la piscina, pequeña.

44
3
ALEX

T
ener un cadáver en el fondo de tu piscina realmente empaña el
ambiente de la fiesta, y tener a la policía en mi rostro, de nuevo,
realmente me molesta como la mierda. Han estado sobre mi
trasero desde el año pasado, y luego nuevamente hace unas
semanas después de ese puto juego donde fui suspendido. No es suficiente
con que hayan intentado arruinar mi carrera futbolística, mi reputación —
que no era muy buena para empezar—, y hacer que toda la congregación de
mega iglesia de mi padre orara por mi alma semanalmente, que ahora
sospechan que soy un asesino.
Fantástico.
Pero independientemente de lo que crean que sucedió aquí, no tienen
evidencia que respalde su teoría de que alguien ahogó a Rihanna Martinson.
Además, sé con certeza que los informes de toxicología mostrarán que sus
niveles de alcohol en sangre revelarán que estaba a un par de mililitros de
estar hecha de más vodka que sangre.
Aun así. Es una jodida molestia, además de toda la mierda con la que
tengo que lidiar cuando se trata de Zara.
Mi padre ya había enviado un abogado a la comisaría donde me llevaron
para interrogarme. Respondí a sus estúpidas preguntas y salí libre en
cuestión de horas, que es más de lo que puedo decir del otoño pasado. Eso
tomó muchísimo más tiempo, y el padre de Eli tuvo que venir a sacarme de
esa mierda.
Abro la puerta de mi Jeep negro, estacionado detrás de la estación de
policía de Falls Creek, y justo cuando entro, mi teléfono vibra en mi bolsillo
trasero.
Lo saco, pongo los ojos en blanco pero contesto, acercándolo a mi oreja 45
y apoyando la cabeza en el asiento.
—¿Qué, papá?
—Creo que deberías sonar un poco más agradecido considerando que
te acabo de salvar el culo.
Los pastores no deberían decir “culo”. En lugar de decirle eso, lo
interrumpo con un “No lo hice”. Ya lo he dicho media docena de veces esta
mañana y ni siquiera son las siete.
—No estoy diciendo que lo hicieras, hijo, pero ambos sabemos que vas
a ser el principal sospechoso porque era tu casa...
—Es la casa de Eli. —Vivo en ella, pero el padre de Eli, Eric, la puso a
su nombre.
Mi papá suspira al otro lado de la línea.
—Eric llamó. El nombre de Eli ya está limpio.
Por supuesto que su nombre ya está limpio. Eli es el puto chico dorado
de la Universidad de Caven.
No es como si quisiera que lo arrestaran, pero maldita sea. Todo el
mundo piensa que es tan inteligente y tan responsable y todo resuena en
mis oídos, “El padre de Eli es abogado”, y “Eli gana campeonatos” y “Eli
controla su temperamento y tiene un futuro brillante”.
Sí, bueno, Eli casi se folla a mi chica anoche. Y el año pasado, casi
hicimos lo mismo con una chica diferente. Estoy bastante seguro de que Eli
no es tan bueno como todos creen.
Pero en realidad no lo sabría.
Ha sido mi compañero de cuarto durante los últimos tres años, pero
algunas veces, no creo conocerlo en absoluto.
—Mi nombre también está limpio —le digo a mi padre—. Ya sabes cómo
es Rihanna. —Trago saliva, sentándome más recto en mi asiento mientras
miro el edificio gris de la policía frente a mí—. Era —corrijo, mi voz baja.
Está callado en la línea y por un segundo me pregunto si nos
desconectamos. Alejo el teléfono de mi oreja y miro la pantalla. No. Todavía
está ahí.
—¿Papá? —Odio la forma en que sale. Como si quisiera que él estuviera
aquí o alguna mierda. No quiero eso. No he querido que mi padre estuviera
allí para mí desde que tenía quince años y todo se fue a la mierda.
46
Antes de eso, me ocupé de las peleas. Mi madre arrojando acusaciones
contra su forma de engañar y ser un idiota. Llamándolo hipócrita,
mentiroso.
Pudo haber trabajado para “el Señor”, pero él era Dios para mí.
Lanzando la pelota de fútbol conmigo todos los días en la playa. Llevándome
a las prácticas, inscribiéndome en campamentos. Viendo los partidos
conmigo todos los domingos durante la temporada.
Me ponía de su lado cada vez que ella empezaba a gritarle.
Pero luego lo jodió todo.
—¿Sí, hijo? —pregunta en respuesta a mi súplica, su voz pesada. Llena
de agotamiento. Como si también sintiera los últimos seis años pesando
sobre sus hombros.
Cierro los ojos y trago saliva.
Rihanna está muerta.
Lo digo en voz alta por primera vez.
—Rihanna está muerta.
Él suspira.
—Lo sé. Tendré que comunicarme con sus padres más tarde hoy,
después de que hayan tenido tiempo de... —Simplemente se calla. ¿Tiempo
para qué? ¿Procesarlo? ¿Que su hija de veinte años fue encontrada muerta
en una piscina después de una fiesta de regreso a clases, justo después de
comenzar su último año?
Sí. Ser pastor suena como algo increíble. La iglesia de papá está en la
costa, a dos horas en auto desde aquí, pero conoce a la familia de Rihanna
porque yo estoy en el equipo y Rihanna era la capitana de las animadoras.
Quiero decir, apenas estoy en el equipo, ya que tengo que quedarme en
la banca en los próximos juegos por romperle la nariz a Nate, se lo merecía.
Dejo escapar un suspiro, pensando en Rihanna.
No la conocía bien. Como la mayoría de los demás, ella prefería a Eli
que a mí. Las chicas siempre pensando que pueden hacer que se abra, o
alguna mierda.
Eli ni siquiera juega al puto fútbol.
—¿Eli está bien? —me pregunta mi padre.
47
Jodidamente no lo sé. Eli no habla de mierda como sus sentimientos.
Antes de que la policía me pidiera que los siguiera hasta aquí, estaba
sentado en los restos de nuestra sala de estar, en silencio, bebiendo un vaso
de mi jugo de naranja, como si las chicas que le chupaban la polla fueran
encontradas muertas en una piscina cada mañana.
Mi estómago da un vuelco, un nudo formándose en mi garganta.
—Hijo... —La voz de mi padre suena tensa—. ¿Zara estaba allí?
Me tenso en mi asiento. A papá no le gusta Zara. Piensa que es una
mala influencia. No se equivoca, pero en realidad no es asunto suyo. No sé
por qué importa, de todos modos, excepto... que sí lo sé.
Lo que pasa cuando tienes un padre demasiado involucrado en tu
deporte es que escucha cosas que no debería. Cosas que sería mejor
ocultarles a tus padres.
Y él sabe que atrapé a Zara chupando la polla de Jamal la semana
pasada.
Me aclaro la garganta.
—Sí, pero no estábamos... No por mí —le miento, no queriendo lidiar
con esta mierda. De todos modos, no sé qué está pasando conmigo y con
Zara—. No quiero hablar de ella. —Enciendo el Jeep, abrochándome el
cinturón de seguridad con una mano—. ¿Cómo está mamá? —pregunto,
cambiando el tema a uno del que mi padre no quiere hablar.
Hay una pausa y me doy cuenta de que estoy conteniendo la
respiración, esperando.
Finalmente, simplemente dice:
—Ella está bien. —Lo que significa que probablemente no esté bien en
absoluto. Probablemente esté enojada como el infierno conmigo, o en un
maldito sueño inducido por el Xanax, que es por lo que no está en la
llamada. Ni siquiera puedo culparla.
Creo que mi padre y yo hemos sido una gran decepción tras otra para
ella.
—Genial, bueno, hablaré contigo más tarde.
—Desearía que asistieras al servicio de esta mañana —dice mi padre
en voz baja.
La ira florece en mi pecho, y aprieto la mandíbula por un segundo.
—Correcto. Bien. Estaré ocupado todo el fin de semana por la fiesta en
la playa, si es que aún decidimos organizarla. Pasaré para entonces. — 48
Presiono el freno con el pie y pongo el auto en reversa para salir de mi lugar
de estacionamiento—. Te hablaré más tarde, papá.
—Te quiero, Alex.
Termino la llamada, tiro el teléfono en el asiento del pasajero y salgo de
mi lugar, subiendo la música que se reproduce a través de mis bocinas.
“FEEL NOTHING” de The Plot In You.
Rihanna probablemente se cayó en esa piscina por su cuenta.
Probablemente no necesitó ayuda para ahogarse ella misma, a pesar de lo
borracha que estaba. Sus amigas la vieron tomar varios shots seguidos
después de que nos vio a Eli y a mí con Zara. Siempre fue un poco dramática.
Debería haber sabido que Eli no salía en citas. Él estaba interesado en su
coño. No en ella.
Pero las últimas personas que la vimos con vida fuimos el propio Eli y
yo.
Zara, sin embargo.
Ella no vio una mierda.

49
4
ZARA

C
uando la alarma de mi teléfono suena, mi primer instinto es
lanzarlo al otro lado de la puta habitación.
Así que lo hago.
Desafortunadamente, sigue sonando, un ritmo tecno que generalmente
me anima, pero esta mañana solo me dan ganas de gritar.
Gimo, quito las mantas y me tambaleo hasta la pared contra la que
arrojé el teléfono, lo recojo y lo silencio mientras me froto los ojos con el
puño. Tengo una hora hasta que comience la clase y lo último que quiero
hacer es salir de esta habitación.
Los últimos tres días han transcurrido entre una nube de policías,
preguntas, acusaciones y eludir los frenéticos mensajes de mi madre. Sin
mencionar los otros mensajes de texto de ciudadanos preocupados que me
envían enlaces al breve videoclip que se extiende por el campus como la
pólvora. El de mi puto ex mostrando mis tetas en su casa.
A la luz de una chica muerta en el fondo de su piscina, parecería que
mis tetas serían lo que menos preocuparía a nadie. Sin embargo, las he visto
en la pantalla de mi teléfono más veces de las que me gustaría contar en los
últimos tres días, así que aparentemente, la gente está tan fascinada con la
desnudez como con la muerte.
Hay un golpe en la puerta de mi habitación y me tenso, abriendo la
boca para decirle a Kylie que estoy bien, pero la puerta se abre de todos
modos porque no tuve el sentido común de cerrarla después de que regresé
de la casa de mi distribuidor, Jax, anoche.
Kylie me mira fijamente, luciendo un poco estupefacta, con una mano
todavía en el pomo.
50
Arqueo una ceja.
—¿Sí?
Ella abre la boca. La cierra. Se aclara la garganta y mira al suelo. Lleva
pantalones holgados de lino y una camiseta blanca. Su pijama. Su sedoso
cabello negro está recogido en un moño, y se coloca un mechón detrás de la
oreja antes de mirar hacia arriba y encontrar mi mirada de nuevo. Kylie
Jones mide un metro cincuenta y es tan ancha como mi dedo meñique.
Está tan callada como parece, por eso me sorprende que esté en mi
puerta en este momento. La conozco incluso menos de lo que conocí a
Rihanna Martinson, la animadora muerta, como se le conoce ahora, a pesar
de que hemos vivido juntas desde la primavera, cuando mamá accedió a
dejarme conseguir un apartamento en Caven después del Incidente-
Sobredosis-Rehabilitación en ECU.
Kylie y yo interactuamos a diario, pero no conectamos.
Lo cual es totalmente mi culpa. Normalmente estoy demasiado drogada
para hacer cosas como conectar.
—No pensé que estarías despierta —admite Kylie.
Me lo tomaría como algo personal, pero como he estado drogada con
benzos durante aproximadamente setenta y dos horas, ella tiene razón.
Supuse que saltarme dos días de clases estaría bien, ya que fui yo quien
encontró el cuerpo de Rihanna en la piscina.
Mi estómago se revuelve. No quiero pensar en eso.
—Sorpresa. —Lanzo mis manos, teléfono en una. Recibo más mensajes
de números que no conozco, lo cual no es muy sorprendente en este
momento. Parece que mi número se extendió por el campus tan rápido como
el video de mis tetas. Eliminé todas mis cuentas de redes sociales y las
aplicaciones en mi teléfono, pero la gente todavía está realmente interesada
en ellas.
Sé que terminara pronto. Al menos, eso es lo que me digo. Los desnudos
se filtran cada dos semanas en la universidad. No es gran cosa. Pero, de
nuevo, encontré el jodido cuerpo, y Alex Cardi fue quien mostró mis tetas.
Además, todavía se me considera una fuente de fascinación por Caven
porque salí con su mariscal de campo. Y probablemente también porque me
transfirieron directamente de rehabilitación y a la gente le encanta una
buena historia de sobredosis/rehabilitación.
Terminé medio semestre en la primavera, y las clases de otoño han
estado en sesión durante tres semanas, pero parece que lo único que la 51
gente realmente sabe sobre mí es mi amor por las drogas y por Alex.
Aunque ya no estoy tan segura de lo último.
Ahora estoy en el centro de la muerte de la capitana de porristas.
Genial.
Pero al menos no soy la única. Había docenas de personas en esa fiesta,
y por más fascinadas que estén conmigo, Alex y Eli son mucho más
interesantes. La gente los conoce. Los respeta. Quiere follarlos.
Los chismes a su alrededor deberían eclipsarme.
Además, una chica murió por el amor de Dios. Deberían estar
celebrando mítines y servicios conmemorativos para ella y dejarme en paz.
O llevar sus preocupaciones sobre mis tetas y la piscina con Alex.
La última vez que lo vi, estaba en el asiento del pasajero del auto de
Kylie después de que ella, muy amablemente, vino a recogerme cuando
terminé de hablar con la policía. Alex estaba subiendo a su Jeep para seguir
a un oficial a la estación.
Eli ya se había ido. Él fue quien llamó a la policía después de que viniera
detrás de mí en la cocina.
No he hablado con ninguno de ellos desde entonces. Tal vez debería
acercarme a Eli, considerando que Rihanna estaba sobre su culo en la fiesta
y tal vez esté mal por eso o algo así, pero no puedo hacerlo.
No éramos amigos y, a pesar de lo que pasó entre nosotros el sábado
por la noche —el recuerdo borroso afortunadamente, o no, habiendo
vuelto—, no esperaría que yo lo contactara.
Sin mencionar que Eli no estaba saliendo con ella. Solo estaban
follando, supongo. No lo sé. Eli nunca habla de mujeres. O de lo que sea. No
conmigo.
Además, es un poco tarde para acercarse ahora. Tres días y no se han
realizado arrestos. Los resultados de toxicología aún no están disponibles,
pero parece que el consenso es que Rihanna Martinson cayó sola en esa
piscina y se ahogó porque estaba borracha.
Eli estaba dormido en su cama, su coartada avalada por otra chica que
estaba en la fiesta, porque su polla estuvo en su boca la mayor parte de las
primeras horas de la mañana, según he oído.
Encantador.
Alex, por supuesto, estaba en la cama de invitados conmigo. Mi 52
declaración no fue muy buena y tuve que admitir que bebí la noche anterior
a pesar de que solo tengo veinte años. Dejaron pasar esa mierda porque no
estaba borracha cuando me hablaron, aunque si me hubieran dado un
alcoholímetro, estoy bastante segura de que habrían descubierto que
realmente lo estaba, y por supuesto, no les dije sobre las drogas. Mías o de
Alex.
No necesitaba a mi madre respirando en mi cuello más de lo que lo ha
hecho desde el incidente de la sobredosis. Ni siquiera le dije que estaba en
la fiesta. Está demasiado asustada porque una chica murió allí.
No había necesidad de que también se pusiera nerviosa por mi
presencia allí. Ella amenaza con llevarme una prueba de drogas a mi
apartamento cada dos semanas. Afortunadamente, siempre que la visite con
suficiente frecuencia y me porte bien, nunca aparece. Gracias por eso.
Probablemente sea porque está un poco ocupada con su futuro cuarto
marido.
Pero cuando me mudé a este apartamento, se aseguró de decirle a la
pequeña Kylie Jones que estaba en recuperación y que debería mantener un
ojo sobre mí.
Kylie quiere ser farmacéutica y es una besa-culos por naturaleza, así
que estuvo más que feliz de aceptar ser mi niñera.
—¿Cómo estuvo tu fin de semana? —Me aclaro la garganta—.
¿Semana? —Corrijo mi declaración, tratando de evitar cualquier
conversación incómoda sobre el video de mis tetas o los rumores que
circulan sobre Alex, Eli y yo, como que fuimos las últimas personas en ver
a Rihanna.
Ese último rumor no es cierto.
No vi una mierda después de que Alex me tomó en sus brazos y echó a
Eli. Quiero decir, sin ofender a la jodida Rihanna, que descansé en paz, pero
no tuve nada que ver con lo que le pasó.
Pero la recuerdo gritándome, presumiblemente porque estaba
follándose a Eli y yo estaba con él.
Y recuerdo las palabras de Alex para ella. “Si la tocas, lo juro por Dios
Rihanna, jodidamente te ahogaré en mi piscina”.
Empiezo a hacer mi cama después de tirar mi teléfono en mi mesita de
noche, empujando las palabras de Alex de mi mente mientras un escalofrío
recorre mi espalda. Sí, no. No voy a pensar en eso.
53
Tiro de la sábana blanca, luego mi edredón verde pálido. Kylie todavía
está en mi puerta, cambiando de un pie a otro, incómoda como el infierno.
No sé con quién se junta o qué sabe exactamente sobre el fin de semana
pasado, pero no sale a fiestas. Sin embargo, al menos debe saber sobre
Rihanna. Caven no es una gran universidad y, a pesar de su apariencia,
Kylie no vive bajo una roca. Además, me dejó y me recogió de la escena del
crimen.
Sin mencionar que me he saltado las clases.
Supongo que por eso está parada allí.
—Estuvo bien —me responde finalmente mientras tiro las almohadas
sobre la cama y abro las cortinas, mirando hacia el bosque que bordea
nuestro complejo de apartamentos. Afuera hace un día agradable y soleado.
Lo odio.
Me vuelvo hacia Kylie y asiento. Estoy en pantalones cortos negros y
una camiseta sin mangas blanca y realmente debería ducharme, pero
supongo que las trenzas servirán por hoy. De todos modos, mi cabello blanco
decolorado probablemente necesite el menor tiempo posible debajo de un
secador de cabello. Más champú seco funcionará.
Pero lo que realmente me importa más que el estado de mi cabello es
llegar a la caja de tampones debajo del lavabo del baño. Sin embargo,
realmente no puedo hacer eso con Kylie parada en mi puerta.
—¿Cómo estás? —pregunta, frotando su mano por su brazo mientras
me mira. Agarro el teléfono de la mesita de noche, pero no lo miro.
—Genial —miento.
Ella frunce el ceño, sus cejas gruesas y oscuras se juntan.
—Zara, no tienes que ocultarme cosas, sabes. Si te sientes mal por...
—Ni siquiera conocía a Rihanna. —Lo cual es la verdad. Y lo que sabía
de ella, no me gustó. Besó a Alex después de la práctica la semana pasada
en nombre de ser una “buena animadora”, o cualquier estupidez que me
murmuró cuando perdí mi mierda con él.
Que se joda.
Dios, me voy a ir al infierno.
—Sí, pero incluso además de eso... he escuchado algunas cosas. Y uh...
he visto algunas cosas —continúa Kylie.
54
Cruzo los brazos y aprieto el teléfono con fuerza en una mano. Mi
compañera de cuarto, que suele ser bastante elocuente, se tropieza con sus
palabras y eso me hace sentir incómoda. Y enojada.
—¿Qué me estás preguntando realmente, Kylie?
Como la mayoría de las personas, a pesar de la advertencia de mi
madre, creo que Kylie piensa que la rehabilitación es una cura para los
drogadictos, y que yo estoy bien. Así que, no creo que me esté preguntando
sobre las drogas.
Lo cual es bueno porque no estoy hablando de ellas. Pero tampoco
quiero hablar sobre lo que sé que está a punto de mencionar.
Toma una respiración profunda, retorciendo sus manos juntas
mientras se inclina contra mi puerta.
—¿Sigues con Alex? —Hay una nota de ira en sus palabras, que es
inusual viniendo de ella. Kylie no se enoja realmente, así que siento una
pequeña hermandad con ella en este momento, sabiendo que probablemente
vio ese video y probablemente esté enojada por mí, pero aun así, no es
realmente asunto suyo.
Pongo los ojos en blanco.
—¿Y qué si lo estoy? —respondo.
Parece preocupada.
—Vi el video, Zara —confirma—. Probablemente todos hayan visto el
video. —Se muerde la lengua por un segundo, esperando que yo diga algo,
pero cuando no lo hago, agrega—: No parecía que lo estuvieras disfrutando.
Me río a carcajadas, dejando caer mis manos a los lados.
—¿Sí? Bueno, yo también vi el video. Menos mal que había tanta gente
allí en vivo y en directo, porque es un poco difícil distinguir los detalles de
mis pezones, ¿eh? —He visto algunos de los videos, pero solo uno realmente
captura el momento conmovedor.
Y está borroso, y hay cuerpos en el medio, así que lo que sea.
Las mejillas de Kylie se sonrojan, pero no baja mi mirada.
—Dime que no estás con él. Sabes que es un completo idiota de todos
modos.
No es una noticia de última hora para mí que ella piense eso. Me
advirtió sobre él cuando empezamos a salir en la primavera, diciéndome que 55
tenía mal genio. Era un bocazas. Desagradable. Todas las cosas que podrías
esperar del salvaje hijo de un pastor.
Él es todas esas cosas.
Pero necesito a alguien así. No es que importe.
Exhalo y le doy la noticia:
—No, no estamos juntos. Pero no por el video.
La boca de Kylie se abre y niega con la cabeza, a punto de decir algo
cuando le adelanto.
—Es porque lo engañé —lo admito, sintiendo que mi estómago se
aprieta mientras lo hago—. La semana pasada. —Me encojo de hombros, me
alejo de ella y entro en el baño, dejo el teléfono en la encimera y me miro en
el espejo.
Dios, que desastre.
Me lamo el dedo y empiezo a quitarme el delineador de debajo de mis
ojos. Entonces escucho a Kylie entrar en el dormitorio y pararse en la puerta
de mi baño.
—¿Tú qué? —espeta.
Miro sus grandes ojos marrones en el espejo.
—Lo engañé —le digo de nuevo, más lentamente esta vez.
Se muerde el labio mientras me separo el cabello, trabajando en una
sección y retorciéndola en una trenza.
—Oh. Vaya… —dice finalmente—. Estoy uh... ¿Por qué? —pregunta,
sacudiendo la cabeza, sus cejas fruncidas juntas.
Me río un poco, todavía trenzándome el cabello y encontrándome con
su mirada de nuevo en el espejo.
—Acabas de señalar que es un idiota, ¿verdad?
Ella sigue mirándome sin comprender. Está saliendo con un chico de
pre-medicina, Ian. Un tipo agradable y tranquilo por el que está loca. Creo
que todo el concepto de ser infiel es tan ajeno a Kylie que probablemente
quiera echarme del apartamento ahora mismo para que no la contamine con
mis maneras de puta.
—Dejó que Rihanna Martinson lo besara después de la práctica la
semana pasada, así que le chupé la polla a otro chico. —Agarro un pequeño
56
elástico del mostrador de mi baño, me ato la trenza y me pongo a trabajar
en el otro lado.
A Alex le encanta cuando arreglo mi cabello en trenzas.
Espero verlo antes de mi seminario de filosofía.
—¡Zara! —Kylie jadea, con una mano sobre su pobre corazón—. Eso
es... eso es terrible.
Me encojo de hombros.
—Bueno, Rihanna está muerta ahora, así que...
—No —me interrumpe, su voz se eleva una octava—. Es terrible que
tú... que tú...
—¿Le chupara la polla a otro chico? —La ayudo, ya que parece ahogarse
con las palabras. Cada frase pronunciada de manera intencionada.
Su piel marrón clara se pone pálida y parece que se va a desmayar.
—Si. Eso.
Termino de trenzarme el cabello, paso ambos extremos sobre mis
hombros y agarro mi cepillo de dientes, lo mojo debajo del fregadero, aprieto
la pasta de dientes y comienzo a cepillarme.
Me encojo de hombros y niego con la cabeza, pero no digo nada hasta
que termino de cepillarme, escupo en el fregadero y paso la mano por la
parte posterior de mi boca.
—Sí, bueno. —Me vuelvo para mirarla después de dejar el cepillo—.
Nadie dijo que yo era una buena persona, ¿eh, Kylie? —Le doy una palmada
torpe en la espalda y salgo del baño, cruzando mi habitación hacia mi
pequeño armario con vestidor.
—Oh, Zara. Eso es... vaya. —La escucho murmurar, y ni siquiera sé si
me está hablando a mí o a ella misma en este momento.
Saco una camiseta sin mangas color crema de una percha, agarro mis
vaqueros azul claro y luego mi sostén blanco que está colgado en la parte
trasera de la puerta del armario. Empiezo a cambiarme y Kylie sigue
hablando, aparentemente no está lista para dejar esto todavía.
Primero se aclara la garganta y luego dice:
—La gente ha dicho que la policía descarta el asesinato. Sobre Rihanna.
Pongo los ojos en blanco, sin que ella me vea.
—Sí, tienen que hacerlo. Son la policía —le grito desde el armario.
—Sí... —Se calla, pero sé que no ha terminado, porque Kylie es una 57
chica curiosa. Es una de las cosas que me gustan de ella. Le encanta la
ciencia, lo que odio, y no se divierte, lo que no entiendo, pero hace muchas
preguntas sobre muchas cosas. A veces eso es muy molesto, pero otras veces
resulta en conversaciones interesantes. Como la vez que interrogó a Ian
sobre sus anteriores parejas sexuales en la mesa del comedor.
La cara de Ian estaba roja como una remolacha mientras se subía las
gafas por la nariz y se miraba las manos.
Kylie aparentemente no se dio cuenta de su vergüenza. Solo quería
saberlo.
—No crees que nadie la haya lastimado, ¿verdad? —continúa.
Me enderezo la blusa y salgo del armario.
—¿Como quién?
Se encoge de hombros, apoyándose contra la puerta del baño.
—Quiero decir, yo no estaba allí, pero... no lo sé. Alex realmente no tuvo
problemas para bajar tu parte superior frente a toda esa gente y, ya sabes,
tiene mal genio.
Hago una mueca de dolor al recordar la vez que arrojé un vaso de vidrio
a la pared de la sala de estar, en medio de una de nuestras peleas. Se hizo
añicos y Alex asumió la culpa cuando Kylie salió de su habitación,
horrorizada.
No es el único que tiene mal genio.
Somos como fuego y gasolina.
—Kylie. Él no mató a Rihanna. Estuvo conmigo toda la noche. —Sí, se
enoja muy fácilmente, pero la idea de que Alex mate a alguien es algo
graciosa. Empujo a Kylie volviendo al baño y agarro mi labial del mostrador.
Mientras lo hago rodar sobre mis labios, una punzada aguda me hace
estremecer. Me inclino más cerca del espejo, levantando mi labio superior.
Hay un pequeño corte, inflamado y rojo.
De donde Alex me abrió la boca con una botella de tequila.
Me obligo a no mirar a Kylie porque no voy a explicarle lo que pasó en
esa cocina. Y luego en la piscina.
Mierda.
Tal vez la idea de que Alex mate a alguien no sea tan divertida después
de todo.
58
Dejo el labial y recojo mi delineador de ojos.
—Sabes que le rompió la nariz a ese tipo en el campo —agrega Kylie,
como si estuviera acumulando pruebas contra Alex.
—Lo sé —respondo—. Yo estuve ahí. Pero no mató a nadie, Kylie.
¿Segura que quieres ser farmacéutica? Creo que serías una buena detective.
Ella deja escapar un suspiro detrás de mí mientras me concentro en mi
delineador.
—Honestamente, me alegro de que ustedes dos hayan terminado —
continúa—. No es bueno para ti.
Resoplo, negando con la cabeza, pero sin decir nada mientras me
inclino hacia atrás del espejo y recojo mi rímel.
Yo no soy buena para él.
Termino de maquillarme, parpadeo un par de veces y tiro mi rímel en
el mostrador en la esquina con mis otros productos.
Miro por encima del hombro y le sonrío a Kylie.
—Gracias, Ky.
Ella hace una mueca, y recuerdo tardíamente que no le gusta cuando
la llamo así. Pero simplemente dice:
—Por supuesto. Ya sabía que era un idiota. Solo quería asegurarme de
que estás... bien.
El baño se siente abarrotado y hace calor de repente, y me pica la piel,
pero me las arreglo para decir:
—Gracias. —Realmente no se ha asentado, para ser honesta. Que Alex
y yo ya no estemos juntos.
Ni siquiera estoy segura de creerlo.
Kylie asiente.
—¿Quieres verme en Oasis después de tu clase? La mía no es hasta las
diez.
—Tengo ética después de filosofía, pero estoy libre para almorzar. —A
decir verdad, no quiero encontrarme con nadie para almorzar, pero sería
bueno no comer sola hoy. Alex y yo normalmente comíamos juntos.
Dios, se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en no comer
con él, pero lo empujo profundamente. Aún no hemos terminado.
Sé que no. 59
Kylie me sonríe en el espejo y luego, afortunadamente, sale del baño.
Tan pronto como lo hace, cierro la puerta y la bloqueo, exhalando con
alivio.
Me agacho, abro el armario debajo de mi lavabo y paso el
autobronceador, hisopos y la caja de hojas de afeitar para alcanzar la caja
azul de tampones en la parte de atrás. Meto mi mano en ella y mis dedos se
enrollan alrededor de una bolsita.
Puntuación.
Guardo algo de mi alijo en cajas de zapatos en mi armario, pero estas
son las píldoras mágicas. Saco una de las cápsulas roja y azul de la bolsa y
la trago en seco. Esto es lo más parecido que he tomado a tener una
personalidad real. Me ayuda a fingir esa mierda. Intento no tomar muchas
de ellas porque son malditamente buenas y caras como el infierno.
Me fui un poco por la borda el sábado con todas las drogas, pero ahora
estoy mejor. Solo necesito esta. Estoy bien.
Cierro la bolsita, la vuelvo a meter en la caja de tampones y cierro el
armario, poniéndome de pie y sonriéndome en el espejo.
¿Ves? No soy la misma persona que fue a rehabilitación. Soy mejor.
Pienso en mi yo del futuro.
La Zara antes de rehabilitación nunca hubiera pensado en dejar a la
Zara del futuro una bolsita para ayudarla con su problema.
Y mi yo del futuro ha llegado, lista para asumir el primer día de regreso
a clases después de ese pequeño… lío. Totalmente preparada para mirar a
los ojos a todos los que vieron a Alex Cardi mostrar mis tetas en una fiesta
que terminó con una chica muerta en la piscina.

60
5
ZARA
Me dirijo a Kivett, caminando por el patio, con la cabeza bien alta y una
sonrisa en mi rostro de Vyvanse 5. Tengo los dedos apretados alrededor de
mi mochila verde. El sol ya salió. La fuente en el centro del patio es clara y
brillante, y mientras hay papeles con la cara de Rihanna en ellos y la fecha
y hora de su vigilia a la luz de las velas pegada a los postes de luz alrededor
del bien cuidado campus de Caven, me siento bien.
Nadie me ha dicho una mierda en la cara respecto al video, y la mayoría
parece demasiado atrapada en sus propias vidas como para que les importe
un bledo. Las alegrías de la universidad.
Estoy a punto de terminar de andar el pasillo de ladrillos para subir las
empinadas escaleras de Kivett Hall cuando alguien me llama.
Enderezo mi columna vertebral, muerdo mi sonrisa.
Conozco muy bien esa voz.
Aprieto los dedos en las correas de mi mochila, me doy la vuelta.
Alex me mira fijamente, su frente arrugada, las manos en los bolsillos
de sus pantalones grises. El sol está detrás de él, captando los tonos
marrones más claros de su cabello. Pero estoy parada en su sombra, y puedo
ver la preocupación en sus ojos.
Detrás de él, Eli Addison me mira con una extraña expresión en su
rostro. Como si compartiéramos un secreto por la forma en que sus ojos se
estrechan en los míos, pero hay una ligera curva en sus labios. Casi como
si me estuviera sonriendo.

5
Vyvanse es un medicamento estimulante para el trastorno por déficit de atención con 61
hiperactividad.
Sé que van juntos al gimnasio por las mañanas, y que los dos estudian
negocios y tienen una clase juntos, razón por la que está aquí, supongo.
Alex se acerca a mí, bloqueando mi vista de Eli.
Vuelvo mi mirada hacia él, sonriendo.
—Hola, bebé.
Traga y mira sus zapatos.
—No has respondido a ninguno de mis mensajes, Za.
Me acerco aún más, hasta que hay poca distancia entre nosotros y
puedo olerlo. Huele a otoño. Es mi estación favorita.
—Lo siento —le digo, tratando de decirlo en serio. Pero como he estado
durmiendo mucho los últimos días, no lo siento tanto—. Sólo estaba, ya
sabes, tratando de procesar todo.
Hay un cuerpo en la piscina, pequeña. Esas palabras resuenan en mi
cabeza, y me alegro de no poder ver a Eli ahora mismo.
Alex asiente una vez, como si lo entendiera. Su ceja aún está arrugada,
pero finalmente levanta la mirada para verme a los ojos.
—Estaba preocupado por ti.
Coloco mi mano en su brazo, debajo de su camiseta blanca y parece
que se relaja un poco.
—¿Cómo estás?
Mastica el interior de su boca un segundo antes de decir:
—Es raro. Pero estoy bien. —Sacude la cabeza y luego su mano
serpentea alrededor de mi cintura, empujándome hacia su cuerpo caliente.
Se inclina hacia adelante, más cerca de mí, sus dedos se separan de mi
camisa—. Oye, yo sólo... siento lo del fin de semana pasado. Lo del flash,
y... —Sacude la cabeza y vuelve a respirar profundamente—. Eso no estuvo
bien.
Puse mi mano contra su pecho, sintiendo el calor extendiéndose en el
mío con sus palabras.
—Yo también lo siento, Alex.
Veo cómo su garganta se balancea mientras traga y luego se endereza,
dejando que su brazo caiga de mi cintura. Retiro mi mano y ya no siento su
calor. Quiero preguntarle tantas cosas. Quiero preguntarle si estamos bien.
62
Si realmente ha terminado conmigo. Si hemos llevado todo esto demasiado
lejos.
Pero él da un paso atrás y vuelvo a ver a Eli. Alex se gira para mirarlo,
y Eli da un paso adelante, sus ojos color verde oscuro se clavan en los míos.
Tiene una bolsa de mensajería sobre su hombro, una sudadera azul de
Caven Wrestling debajo de ella.
—¿Estamos bien? —me pregunta con esa voz suave y baja. No estoy
segura de que la pregunta sea sincera. Sus labios se convierten en una
sonrisa y Alex sigue mirándolo. Supongo que Alex lo puso en esto.
Mi vagina duele cuando pienso en Eli doblando sus dedos mientras
Alex me sacó de ellos.
Me muerdo la lengua, conteniendo mi gesto de dolor.
—Sí, estamos bien —le digo a Eli.
Sus ojos se mueven por mi cuerpo y pienso en él parado frente a mí
durante el fin de semana. Pienso en sus manos alrededor de la garganta de
ese tipo.
Doy un paso atrás, mirando a Alex otra vez.
—¿Quieres que nos veamos más tarde?
Alex se pasa la mano por el cabello, y es un lío sexy y desaliñado como
siempre.
—Tengo práctica más tarde, y un trabajo de marketing para mañana.
—Se encoge de hombros, dejando caer su mano—. ¿Mañana?
Mi pecho se desinfla. Supongo que no me ha perdonado. No puedo
culparlo. No me dejes.
No digo eso. No ruego.
—Bien. Mañana. —Me pongo en marcha y subo las escaleras hasta
Kivett.

63
6
ZARA

E
l jueves por la mañana, antes de mi clase de patología
psiquiátrica, mamá está en su apogeo de nuevo. Me reuniré con
Alex para almorzar hoy y no quiero lidiar con su mierda. Me
regaña por no haber contestado el teléfono ni haberla llamado
en toda la semana.
—En serio, Zara, si te drogas de nuevo...
—No lo hago, mamá, maldita sea. —Me pongo el teléfono en la otra
oreja, apoyándolo con el hombro mientras busco la bolsa en la caja de
zapatos en el fondo del armario—. Sólo relájate. Estaré en casa para el
almuerzo. Una semana, ¿verdad? ¿Domingo? —Saco la píldora blanca de la
bolsa, la trago en seco mientras mi madre suspira fuertemente al otro lado
del teléfono. Arrugo la bolsa en mi mano y me pongo de pie, mi cabeza da
vueltas un poco mientras lo hago.
Cierro los ojos por un segundo, dejando que mi presión arterial se
ajuste.
—Sí, no este domingo sino el siguiente. Y no es un almuerzo, Zara. Es
la primera presentación de Cory a algunos de la familia y nuestra fiesta de
compromiso, y quiero que vaya bien.
Pongo los ojos en blanco, la ligera amargura de la droga persiste en mi
lengua mientras salgo del armario en dirección al baño. Tomo la bolsa y la
tiro a la basura mientras mi madre despotrica y delira sobre esta fiesta tan
importante.
No necesito recordarle a mamá que es su cuarta fiesta de compromiso
con su cuarto marido. Probablemente debería dejar de hacer esas fiestas por
completo.
—Sí, sí. Estaré allí. Estoy segura de que Cory lo hará muy bien. Es 64
como encantador.
Nunca he oído a Cory unir más de tres palabras a la vez.
Mi madre exhala fuerte, y me quito el teléfono de la oreja para
protegerme del sonido. Ella dice algo, pero me froto el delineador de ojos en
el espejo, dejando un rastro de sombras negras bajo el borde rojo de mis
pestañas inferiores, apenas escuchando.
Quiero decir, ¿parezco una drogadicta?
Supongo que sí. Pero también parezco otra universitaria exhausta, y
empiezo a pensar que ambas personas se ven igual.
Mamá está quejándose de algo en mi oído, pero no estoy prestando
atención. Me importa una mierda esta fiesta. Sólo respondí a su llamada
porque quería probar las aguas, asegurarme de que no había visto el video
de mis tetas.
Aparentemente no, porque en lo único que puede pensar es en mi
pronto nuevo padrastro, Cory.
Qué dulce.
—Sí, genial, mamá. Me tengo que ir. Te quiero. —Termino la llamada,
meto mi teléfono en el bolsillo trasero.
Agarro el borde del lavabo de porcelana, me acerco.
Mis ojos verde azulado están rojos, mis pupilas un poco más que
pinchazos, lo que significa que probablemente debería reducir el Addie, pero
ya es demasiado tarde para eso.
Lo que sea.
Necesitaba estar en mi mejor momento para lidiar con Alex hoy. Y como
si fuera el momento, mi teléfono suena en mi bolsillo trasero con el patrón
de vibración que le asigné.
Mi corazón late en mi pecho mientras lo saco y leo su texto.
Reúnete conmigo a las once, confirma. Te echo de menos.
Me sonrío. Sabía que volvería.

65
7
ELI

F
alté a las clases del lunes. Considerando que estaba tratando
con la policía y respondiendo preguntas sobre lo involucrados
que estábamos Rihanna y yo el domingo, parecía lo correcto.
Pero he faltado los últimos tres días. Hoy es viernes y los viernes no
tengo clase, pero tengo práctica de lucha. Y antes de eso, tengo que
ocuparme de otra cosa.
Mi teléfono vibra en mi bolsillo mientras me dirijo al 370Z,
deslizándome en el lado del conductor.
Arranco el auto, saco mi teléfono y reviso mis mensajes. Hay un montón
de mierda, porque todos quieren asegurarse de que estoy bien, ya que Zara
y yo encontramos el cuerpo de Rihanna en la piscina. Personalmente quiero
que todo el mundo se vaya a la mierda, pero no es así como funciona la
sociedad. Respondo a algunos de mis compañeros de equipo. El entrenador
me dejó saltarme la práctica de lucha libre toda la semana, pero volveré esta
tarde, para tratar todas las preguntas que sin duda surgirán.
Cuando termino de responder a esos mensajes, abro una nueva
pantalla.
Para Zara.
Aparte de verla el miércoles con Alex, no hemos hablado desde el
domingo por la mañana, cuando llamé al 911 mientras miraba el cuerpo de
Rihanna, que ya se había hundido en el fondo de la piscina.
Fue un poco extraño, el cabello marrón de Rihanna se extendía
alrededor de su cara, con las extremidades sueltas a los lados.
Zara estaba en silencio. Le puse la mano en la boca pensando que iba
a gritar, y quizá lo hiciera, pero no lo hizo. Saltó a mis brazos, aferrándose 66
a mí.
Yo: ¿Quieres hablar?
Encontrar un cadáver en una piscina en la casa de tu ex no puede ser
divertido. Parecía más pálida que de costumbre cuando la vi el miércoles, y
ella y Alex no han vuelto a estar juntos todavía.
Alguien debería ir a verla.
Envío el texto, subo el estéreo de mi auto. “Let Me Down” de Lil Blanket
y ese psicópata de Landon Tewers. Miro fijamente mi teléfono, esperando
esos tres pequeños puntos. Nunca nos hemos mandado mensajes de texto.
Tengo su número porque dado que sale con mi compañero de cuarto, esa
mierda pasa, y asumo que ella tiene el mío.
Pero tal vez no lo tiene.
Tal vez ese pequeño secreto suyo es uno que debería guardar en el
fondo y dejar de pensar en él. Tal vez esto no va a funcionar como yo
pensaba. A decir verdad, pensé que Cardi ya habría terminado con ella.
O pensé que ella habría terminado con él.
Sé que él no sabe su secreto. Si lo supiera, perdería la cabeza.
Y también sé que probablemente todavía están follando. No me vieron,
pero los vi en la cafetería juntos ayer en el almuerzo.
Ella estaba recogiendo una ensalada.
Él tenía los codos en la mesa, mirándola y ella movía la cabeza mientras
miraba la comida que no quería comer.
Ella nunca come mucho.
No sé si se han reconciliado. No ha hablado de ello excepto para decirme
que no están juntos otra vez. Tampoco ha estado mucho por aquí. Sé que
tiene práctica, y que probablemente se la ha estado follando, o a alguien
más, pero no me importa si se la está follando.
De hecho, pensar en ello me pone la polla dura. He tenido que
escucharlo todo el verano. Ya estoy acostumbrado.
Mi teléfono vibra, y veo que me ha contestado.
¿Pasa algo malo?
Pongo los ojos en blanco.
Yo: Sólo pensé que podrías estar un poco asustada.
No tarda mucho en responder. 67
¿Necesitas un hombro en el que llorar, Eli? Encuentra a alguien
más.
Pero puso un pequeño emoji risueño al final para ayudar a suavizar el
golpe. No puedo evitar sonreírme. Es una perra.
Yo: Voy a recoger a alguien de tu complejo de apartamentos para
practicar. Me pasaré por un segundo.
Es una mierda, por supuesto, pero necesitaba darle algo que tuviera
sentido.
Arrojo mi teléfono en la consola central y salgo de la entrada, mirando
al Jeep negro de Alex mientras lo hago. Me pregunto si sabe que recuerdo
lo último que le dijo a Rihanna. Me pregunto si sabe que no se lo dije a la
policía, porque si lo hubiera hecho, estaría metido en un lío.
Me pregunto por qué carajo lo dijo de todos modos. Se puso muy
protector con Za al final, como si le importara una mierda. Estoy seguro de
que fue porque estaba borracho. No la conoce como cree que lo hace.
Piensa que es una estúpida puta, y tal vez lo sea, pero también es otra
cosa.
Ella tiene algunos hábitos desagradables y él ni siquiera sabe de todos
ellos.
Probablemente tampoco sabe que las chicas con peores hábitos tienen
los dientes más afilados.
Y esa chica podría morder el maldito vidrio y no sangrar nunca.
Así es como sé que ella sería capaz de manejar a alguien como yo.

68
8
ZARA

—¿D
e qué quieres hablar? —No espero una
respuesta, dando vueltas y volviendo por el
pasillo hacia la cocina.
Abro el armario sobre el horno mientras Eli entra y cierra la puerta
detrás de él. Agarro dos vasos de chupito y una botella de tequila. Se me
acabó la lima, pero también se me acabaron las maldiciones para dar, así
que tomo dos chupitos, los recojo y me vuelvo hacia Eli mientras me tomo
ambos, uno tras otro.
Kylie ya está libre el fin de semana, ha ido a visitar a sus padres en
Angier, y por lo tanto no me avergüenzo de emborracharme a las dos de la
tarde de un viernes. Mis clases han terminado por hoy, mis profesores no
fueron muy duros conmigo esta semana considerando lo que pasó, y
mañana es el funeral de Rihanna, así que todo el mundo ha estado muy...
sombrío.
Incluso la gente que no la conocía. Yo diría que sobre todo la gente que
no la conocía, pero da igual.
Y Alex también se hace la víctima, como si estuviera destrozado por la
animadora que no le importaba. Dado que está siendo un imbécil suspicaz,
no hemos hablado desde el almuerzo de ayer. Dijo que necesitaba tiempo
para “pensar” en estar conmigo.
Dios, es jodidamente molesto.
Me tomo los vasos de chupito y bajo la cabeza hacia Eli.
Ya ha estado en mi apartamento con Alex para recogerme para una
fiesta, pero se me ocurre que es la primera vez que está aquí sin Alex.

69
La comprensión hace que mi corazón se acelere. Especialmente cuando
recuerdo el sábado por la noche, mis pechos desnudos contra su camisa
cuando se paró frente a mí mientras Alex jodía conmigo en la sala de estar.
De repente hace un poco de calor aquí, aunque tengo las ventanas
abiertas.
Eli lleva una camiseta negra que muestra sus anchos hombros, las
venas prominentes en sus bíceps. Tiene una manga completa en un brazo,
tatuajes en su mano y algunos de sus dedos.
Se frota la cara con la mano y veo la sombra de su barba. Prefiero eso
al aspecto de recién afeitado. Se ve muy atractivo o el tequila va directo a mi
cerebro, o su aroma a coco y cítricos me hace drogarme, o tal vez estoy loca
porque quiero cogérmelo ahora mismo en este mostrador.
No es una buena idea, Zara. Si lo hiciera, estoy segura de que Alex
nunca me perdonaría.
—Sólo quiero asegurarme de que estás bien —me dice, muy en serio.
Su voz es débil, y cuando nos conocimos en su casa y la de Alex, pensé que
era europeo o algo así. Técnicamente lo es, considerando que su madre es
de Grecia, pero en realidad sólo es de Raleigh. Sólo iba a la escuela en Caven
porque su tío tiene un taller de autos en Raleigh, y Eli está obsesionado con
los autos.
Es una de las pocas cosas que sé de él, aparte de lo que saben los
demás. Es un luchador, es inteligente y tranquilo. El hijo de un rico
abogado. Tiene tatuajes en sus manos específicamente para no convertirse
en abogado.
Está bien. Esa última parte la inventé, pero no me sorprendería.
—¿Me estás tomando el pelo? —le pregunto, sacudiendo la cabeza y
apoyando las palmas de las manos en el mostrador de la cocina a mi
espalda. Para ser un apartamento en el campus, este lugar es muy bonito.
Suelos de madera, mostradores de mármol. Es pequeño, la sala de estar
está justo enfrente de la cocina, la habitación de Kylie está fuera de la sala
de estar y la mía por un pequeño pasillo. Pero cada una de nosotras tiene
su propio baño adjunto, y puedo tener mucho sexo aquí sin preocuparme
por las reglas del dormitorio.
Eli da un paso más cerca de mí y siento el calor inundando mis venas.
Me imagino cómo sería el sexo con Eli. Cómo casi fue, antes de que
Alex lo detuviera. 70
—No, Zara. Sé que te gusta fingir que estás por encima de todo, pero...
—Pero la chica que murió era la misma perra que intentaba chuparte
la polla en la fiesta, así que, si uno de nosotros no está bien, ¿no deberías
ser tú, Eli?
Desliza sus manos en su suéter blanco, se muerde la lengua mientras
aparta los ojos. Tiene pestañas largas y oscuras y con esos malditos labios
llenos suyos, juro por Dios que es la envidia de todas las chicas que se ponen
relleno y extensiones de pestañas, en todas partes.
Cada vez hace más calor aquí.
Estoy empezando a sudar, y pienso en pedirle que se vaya.
Él suspira.
—Apenas la conocía —me dice, encontrándose con mi mirada de nuevo.
Da otro paso adelante e instintivamente trato de dar uno atrás, pero el
mostrador está ahí, y no tengo a dónde ir.
Cruzo los brazos sobre el pecho.
Me mira fijamente durante un largo momento y es como si todo el aire
hubiera salido de la habitación. No puedo respirar.
Luego pone sus manos a cada lado de mí, en el mostrador de la cocina.
Huelo ese aroma a coco y cítricos y resisto el impulso de inhalar
profundamente. De tocarlo. Pasar mis manos sobre sus hombros, por su
garganta. De presionar mis labios contra los suyos.
No es una buena idea.
Esto no es una buena idea.
Se inclina cerca de mí, sus ojos buscando los míos.
—¿No estás molesta? Sé que tienes sentimientos, pequeña.
Un escalofrío se desliza por mi columna vertebral ante esas palabras.
Me lo trago, odiando la forma en que me hace sentir todo en este
momento.
—¿Por qué estás aquí, Eli? Tienes que irte.
Sonríe, sus ojos parpadean.
—Eso no es lo que quieres.
—Estoy con Alex. No estoy... Ni siquiera...
71
Me agarra por la cintura, sus manos me envuelven a los lados mientras
me acerca a él, cortando mis palabras. Pongo mis manos en su pecho
mientras lo miro, mi aliento saliendo apresuradamente.
—¿Estás con él, Zara?
Sacudo la cabeza, mi corazón late a un ritmo nervioso en mi pecho. Mi
boca se seca. No estoy muy seguro de qué demonios está pasando aquí. Eli
nunca ha coqueteado conmigo. Apenas me ha hablado.
Y sí, tal vez he fantaseado con follar con él unas cuantas veces porque
está muy bueno y era inalcanzable y...
No.
Alex nunca me perdonará por esto.
—¿Qué es lo que quieres? —pregunto, un poco sin aliento. Me pregunto
si quiere terminar lo que empezamos el sábado por la noche.
Me mira fijamente a la boca y me pregunto si va a intentar besarme,
pero en vez de eso sólo pregunta
—¿Qué le pasó a tu boca, pequeña? —Lleva una mano a mis labios,
pasando su dedo por el de arriba.
Me estremezco, el corte de la botella de tequila aún se está curando.
—Eli...
—¿Alex te hizo eso? —Suelta su mano de mi boca, y sus dedos se meten
en mis lados, el fino material de mi camiseta de repente es demasiado para
mí. Quiero sus manos sobre mí. Quiero que me baje los pantalones cortos,
me haga girar y me folle contra este mostrador.
Estoy loca.
—Eli —susurro, su nombre sale tembloroso de mis labios—. ¿Qué estás
haciendo?
Me acerca a su cuerpo duro. Puedo sentir su polla palpitando contra
mí, entre nosotros. Quiero tocarlo ahí, pero no lo hago. En cambio, le agarro
los brazos, siento sus músculos bajo mis dedos.
—Te lastimó. —No es una pregunta.
—No sé qué crees que está pasando aquí, Eli, pero...
—¿Estuvo realmente en la cama contigo toda la noche, Zara? —
susurra, presionando más fuerte contra mí, el mostrador cavando en mi
72
espalda—. ¿Lo sabes con certeza?
Mi boca se abre, las campanas de alarma suenan en mi cabeza.
—¿Estás tratando de joder a tu propio mejor amigo en este momento?
¿Es eso lo que es?
Las comisuras de su boca se levantan en una sonrisa.
—Te he observado los últimos seis meses, ¿lo sabes? Te he visto pelear
con él. Te he oído follar con él. He visto cómo te hacía daño.
Su polla palpita contra mí y jadeo estando tan cerca de él, nuestros
cuerpos apretados.
Pero no puedo hacer esto.
Eli está loco. Alex no me ha hecho daño. No más del que yo le he hecho
a él.
No sé para qué cree que vino aquí, pero no podemos. Esto no está bien.
—No sé qué pasa con ustedes dos, pero no estoy...
—¿Alguna vez te ha visto de verdad, Zara?
—¿Qué...?
—Porque yo sí —me interrumpe, acercando su boca a la mía. Puedo
sentir sus palabras cuando habla, oler su aliento como el algodón de azúcar,
tentándome con su dulzura. Pero no es dulce, y claramente, está loco. No sé
de qué habla—. Te he visto —continúa—. Sé quién eres realmente.
Se inclina más cerca, sus labios tocando los míos.
Me pongo rígida en sus brazos. No, no, no.
No lo digo, sin embargo. No lo digo.
—¿Recuerdas la noche en que pelearon por su padre? ¿Sobre cómo el
pastor Cardi no quería que vieras más a su hijo?
Peleábamos por eso todo el tiempo. Alex quería que actuara más
respetable, y que me vistiera “modestamente” para sus juegos. Quería que
“dejara de tomar drogas” para que su padre me aceptara.
Era una fuente constante de tensión, entre otras cosas.
Pero yo sé. Sé de qué noche está hablando Eli. Lo sé, y hace que mi
corazón se salte un latido, que mi estómago se revuelva.
Pasa sus dedos por debajo de la cintura de mis pantalones cortos,
pasando su mano tatuada sobre una cicatriz justo ahí, en mi cadera.
Él lo sabe.
73
—Porque yo sí —me dice—. Yo lo sé.
No creí que hubiera nadie más en casa. Creía que Eli estaba con su
padre o fuera o...
La vergüenza hace que mi estómago se revuelva.
Pero no me deja sentirlo. No me deja sentirlo por más de un segundo
antes de que lama a lo largo de la costura de mi boca, y me abra los labios.
Dejándolo entrar.
Gime contra mí, como si hubiera estado esperando esto durante mucho
tiempo.
¿Cuánto tiempo?, quiero preguntarle. ¿Cuánto tiempo has estado
esperándome? ¿Todo este tiempo? ¿Seis putos meses enteros? ¿Por qué
nunca dijiste nada?
Pero no tengo la oportunidad de preguntar nada.
Se separa, dejándome sin aliento, y luego levanta el dobladillo de mi
camiseta. Levanto los brazos mientras él me la pasa sobre la cabeza y la deja
caer al suelo. Inclina su cabeza hacia abajo, dejando caer su boca sobre mi
pezón, sus manos bajan por mi cintura.
—He visto esto toda la semana —dice, hablando contra mi piel. Agarro
el mostrador para mantenerme erguida, jadeando—. He visto esto en tantos
malditos videos. Las manos de Alex sobre ti. —Me lame una línea en el
pecho, se mete el otro pezón en la boca mientras echo la cabeza hacia atrás,
cierro los ojos, disfrutando de la forma en que me mete las manos en el
pantalón cortos.
—¿Te gustó? —pregunto, rodeándole el cuello con mis brazos mientras
me levanta y me coloca en el mostrador, pasando su mano por los vasos de
chupito y la botella de tequila, enviando todo al suelo.
Me separa las rodillas, sus dedos suben por mis muslos mientras me
chupa el cuello. Mis uñas se clavan en su espalda, pero su camisa sigue
puesta, y sus pantalones, y lo quiero desnudo. Alcanzo su polla, frotando
mi palma sobre ella, sintiendo lo grueso y duro que está para mí.
¿Cuánto tiempo? ¿Ha estado esperando a que rompamos?
—Cállate —me dice en lugar de responder a mi pregunta. Engancha
sus dedos a través de la cintura de mi pantaloncillo rosado, y le rodeo el
cuello con los brazos y me elevo, dejándole que baje el material, pasando
por mis rodillas, pasando por mis pies descalzos y dejándolos caer al suelo. 74
Él retrocede y lo suelto de mala gana, mis manos se acercan al frío
mostrador mientras me evalúa, sus ojos se elevan y bajan por mi cuerpo
desnudo.
Tal vez quiera parar. Tal vez se da cuenta de que esto es malo. Esto es
malo. No podemos hacer esto. No podemos.
—No podemos hacer esto —digo de golpe mientras me mira fijamente—
. Ni siquiera sé por qué estás aquí, pero no podemos hacer esto, Eli. —Cruzo
los brazos sobre el pecho, cruzo las piernas, también—. Tienes que irte.
—Sabes, Zara, no es un buen aspecto. Estar con alguien que te trata
como una mierda. —Se acerca, extiende su mano, y me estremezco, pero me
pasa el pulgar por la cadera. La cicatriz que me vio dejar allí.
Mi cara se siente caliente, mi pecho también.
—Eso no hace notar donde realmente te duele.
No sé qué decir. Sólo puedo mirarlo fijamente. Pero entonces da un
paso atrás y por un momento salvaje, quiero agarrarlo, rogarle que se quede.
No quiero estar sola.
Pero no ruego.
Y no me follo a los mejores amigos de mi ex.
—Tengo que ir a la práctica. —Él mira el reloj de la estufa que está
detrás de mí—. ¿Qué vas a hacer esta noche?
Me burlo, y aunque no quiero decirlo, aún lo hago.
—Nada contigo.
Me mira fijamente un largo momento, su expresión es ilegible. Luego
se encoge de hombros.
—Está bien. —Se acerca a la puerta, luego se detiene, dándome la
espalda. Mi corazón se eleva, preguntándome estúpidamente si se quedará.
Si realmente haremos esto después de todo.
Pero todo lo que dice es:
—Esas cicatrices son hermosas, nena.
Y sin una palabra más, sin una explicación, simplemente sale,
cerrando la puerta suavemente detrás de él, dejándome desnuda y sola en
mi cocina.
Me miro los muslos.
75
Miro las líneas blancas pálidas en la parte más gruesa de mi piel.
Él las vio.
Las vio.

76
9
ZARA

¿Q
ué mierda acaba de pasar?
¿Lo sabe realmente?
¿Realmente me vio esa noche?
¿Qué más sabe de mí?
No es que guarde muchos secretos. Mi mierda está a la vista, para que
todos la vean.
Distraídamente, paso mi dedo por mi cadera desnuda, mi ropa todavía
amontonada en el piso de la cocina. Miro hacia abajo, veo las cicatrices
blancas pálidas.
Alex ni siquiera las ha notado.
Tal vez pensó que eran estrías y quiso ser educado.
Me río a carcajadas en la tranquilidad de mi apartamento ante la idea.
Alex es muchas cosas, pero no es educado.
Mierda.
Me pregunto si Eli le dirá que vino. Dijo que ahora tenía práctica de
lucha libre, pero la forma en que se marchó así, sin importarle una mierda
que no le dijera lo que estaba haciendo esta noche... No le importa. Solo
quería follarme. Creo que solo quería hacerlo porque no pudo terminarlo
durante el fin de semana.
Te he estado observando los últimos seis meses.
O tal vez simplemente esté loco.
Probablemente no se lo dirá a Alex, me aseguro. Además, lo detuve. Lo
detuve y realmente no pasó nada. No se lo dirá a Alex, y Alex y yo estaremos
bien. Las cosas están mejorando de todos modos, incluso si necesita 77
“espacio”. El almuerzo de ayer no estuvo del todo mal. Además, hemos
atravesado tormentas como esta antes.
Bueno. Quizás no como esta. Nunca me vio de rodillas chupando la
polla de otro chico como lo hizo la semana pasada, pero no era exactamente
un secreto que no soy del tipo fiel. Le dije cuando empezamos a salir por
primera vez que había engañado a todos mis ex.
Aunque no lo había hecho con él. Hasta esa mierda con Rihanna.
Miro la botella de tequila en el suelo.
Bien podría disfrutar el fin de semana.
Tomo un par de shots más.
Me trago un Adderall 6.
Y luego saco mi teléfono.
Desde que borré todas mis cuentas de redes sociales, todo lo que tengo
son mensajes de mi madre, recordándome, nuevamente, su fiesta de
compromiso de mierda el próximo fin de semana, al que no respondo, un
mensaje de uno de mis amigos de ECU preguntándome si quiero ir a una
fiesta mañana por la noche, lo cual no puedo porque no tengo un maldito
auto, y uno de Alex. Me tiemblan los dedos hasta que abro el mensaje. ¿Y si
Eli ya le dijo?
Pero todo lo que dice es: ¿Qué estás haciendo?
Exhalo un suspiro de alivio, pero luego miro las palabras en la pantalla.
Odio los mensajes de texto de “¿Qué estás haciendo?” y él lo sabe. Si
quiere follarme, debería decirlo.
Me muerdo la uña, un hábito repugnante pero probablemente el menos
malo, y cierro los ojos un segundo. ¿Debería decirle que Eli vino?
¿Debería decirle a Eli que no vuelva a hacer eso nunca más?
Pero, ¿y si quiero que lo vuelva a hacer?
¿Y si Alex me pide que vaya y Eli llega a casa y todo es extraño y una
mierda?
Pero quizás Alex ni siquiera quiera pasar el rato. Tal vez todavía se
siente mal por el video de mis tetas, o tal vez le asusta la idea de pasar la
noche del viernes solo en su casa después de que encontraron a Rihanna

6 El Adderall es una anfetamina utilizada en el tratamiento del trastorno de déficit de 78


atención con hiperactividad y la narcolepsia. También se utiliza como potenciador cognitivo,
y de forma recreativa como afrodisíaco y euforizante.
allí, o tal vez solo quiere humillarme un poco más. Tal vez esté molesto
porque se está perdiendo el juego de visitante o cualquier cantidad de otros
escenarios.
No lo sé.
Tal vez tenga otra fiesta.
Siempre me gustan las bebidas gratis, y lo más importante, las drogas,
pero tengo la conciencia culpable y si me emborracho con él, ¿qué pasa si
le cuento lo que pasó con Eli y luego se enoja porque no se lo dije antes?
Joder.
Pero, de nuevo, no me agrada la idea de pasar mis próximos fines de
semana sola. Por eso me gusta tanto Alex. Siempre está haciendo algo. Y
siempre quiere acompañarme. Es divertido.
Ninguna mierda. ¿Tú?, respondo.
El tequila realmente se me está subiendo a la cabeza ahora y paso por
alto la pequeña mesa de la cocina que sirve como divisor entre nuestra
cocina y la sala de estar y me hundo en el sofá que nos dio el jefe de mamá
después de que se mudó de una mansión a otra. El sector inmobiliario es
aparentemente un buen negocio en Carolina del Norte en este momento.
Pongo mis pies en el brazo del sofá y sostengo mi teléfono sobre mi
cara, mirando la pantalla, esperando que Alex responda.
Una pequeña voz en el fondo de mi cabeza me pregunta qué diablos
estoy haciendo. Alex y Eli son mejores amigos.
Esto podría terminar muy mal.
Debería decirle a Alex ahora. De todos modos, no fue mi culpa. Lo
detuve.
Debería decírselo.
Pero no voy a hacerlo.
Soy jodidamente estúpida.
Froto mi pulgar sobre la parte interna de mi muslo, todavía desnudo
mientras me siento en el sofá. Pienso en las hojas de afeitar debajo del
lavabo.
Pienso en lo fácil que sería.
No. No haré eso. Han pasado algunas semanas desde la última vez. Las
79
que Eli insinuó. Mi cuerpo se enrojece cuando pienso en él mirándome
entonces.
Así que, no lo hago.
Lo empujo de mi mente. Es un hábito de cuando era adolescente.
Realmente no me afecta ahora.
No.
Estoy bien.
Mientras espero la respuesta de Alex, hojeo mis contactos y el nombre
de mi distribuidor, Jax, pasa por la pantalla. Me desplazo hacia arriba,
debatiendo un segundo y luego le envío un mensaje de texto rápido a Jax
en caso de que Alex realmente no quiera verme.
No puedo estar sola.
No esta noche.
Jax no tarda en responder: Ven a las 7. Tengo algunas mierdas
buenas.
Él siempre tiene mierdas buenas, pero solo le envío una cara sonriente
y tiro mi teléfono. Que se joda Alex. De todos modos, no quiero involucrarme
en esa mierda. No esta noche. Yo también necesito algo de espacio, hijo de
puta.
Ahora tengo que darme una ducha y ponerme algo de ropa antes de ir
a casa de Jax para ponerme completamente jodida.

80
10
ZARA

U
n poco jadeante, con mis tacones negros colgando de mis
dedos, finalmente llegó a casa de Jax a cinco kilómetros unos
minutos después de las siete. Vive en Shadow Lakes, que es
un barrio conocido por sus fiestas salvajes, al lado del campus
de Caven. Aquí es donde conocí a Alex.
Lo aparto de mi mente. Sé que no estará aquí. Solo estuvo en la fiesta
de Jax esa noche en marzo porque estaba recogiendo algo de hierba para un
amigo.
Conocí a Jax a través de un amigo en común que va a la ECU, y me ha
salvado la vida desde aquella etapa de rehabilitación, que por cierto fue
cuando mamá vendió mi auto. Mi madre y otros adultos responsables
pueden estar en desacuerdo con esa valoración, pero está claro que yo no
soy una adulta responsable.
Me pongo los zapatos, me paso el dorso de la mano por la frente y
respiro profundamente.
Mi corazón late al pensar en lo que Jax me tiene reservado esta noche,
y probablemente por la caminata de cinco kilómetros en el calor de
septiembre, pero estoy emocionada de estar aquí antes que nadie. No he
tomado nada excepto el tequila y el Addie que tomé antes. No quiero que
ninguna otra droga joda lo que tiene Jax.
Me paso las trenzas por encima del hombro y me enderezo la camiseta
rosa.
Ahora que estoy aquí, caminando por su entrada, me doy cuenta de
que hace un poco de frío fuera, una ligera brisa que hace que los vellos de
mis brazos se muevan y que me refresca la capa de sudor de mi piel.
81
Los tacones de mis zapatos hacen clic en el pavimento mientras me
dirijo a su casa blanca estilo rancho situada al final del callejón sin salida.
Perfecta para las fiestas.
Jax tiene un jardín de flores bien cuidado que me hace reír un poco,
pero durante el verano aprendí que es uno de sus hobbies. Típico.
Toco el timbre pero él ya está abriendo la puerta, con una gran sonrisa
en la cara y una cerveza en la mano. Huelo tabaco y hierba mientras me
abre la puerta de tela metálica y entro, abrazándolo mientras me rodea con
un brazo.
Cierra la puerta tras de mí, y miro alrededor de su ordenado salón;
alfombras grises y un televisor de pantalla plana montado en la pared frente
a los sofás de cuero negro. Me giro y lo encuentro mirándome de arriba a
abajo, asintiendo.
—Como el cuero —dice, señalando mi minifalda. Sí, fue jodido
ponérmela. Parece darse cuenta de que eso es exactamente lo que acabo de
hacer porque estrecha sus ojos azules y dice—: Espera. Joder. ¿Caminaste
hasta aquí?
Asiento una vez, mirándome las manos.
—Sí. Claro que sí.
—¿Por qué no me lo dijiste? Podría haberte recogido.
Miro la cerveza en su mano, veo sus ojos con borde rojo. Pero no le
llamo la atención de eso. Conducir un poco borracho y un poco colocado
probablemente no sea nada para Jax. No le digo que debería saber que no
tengo auto. Sólo me encojo de hombros.
—No lo sé —le digo sinceramente. Me gusta caminar. En el instituto,
iba a correr al parque de Monkey Junction, donde crecí, y donde mamá aún
vive, el siguiente pueblo, todo el tiempo. Antes de que mi pequeño problema
empezara.
—Bueno, estás bien —me dice, asintiendo.
Me río, sacudiendo la cabeza.
—Bien. Esperemos que quienquiera que termine follando esta noche
también lo piense.
Se rasca el cuello, toma un trago de su cerveza mientras va a la cocina.

82
—Oh, vamos, Za —dice, su voz perezosa como siempre mientras abre
la nevera y mira dentro—. No folles demasiado. No es bueno para tu alma.
Además, Alex probablemente todavía esté babeando por tu culo.
Sabe que hemos roto, porque aparte de Kylie es el único amigo de
verdad que tengo. Y, a diferencia de Kylie, no le importa una mierda que
haya engañado a Alex.
Cree que Alex es un idiota de todos modos. Y lo es.
Pero no digo nada de eso. No quiero hablar de Alex, especialmente con
lo que sea que haya pasado con Eli.
En vez de eso, me río a carcajadas, me tumbo en el sofá de cuero negro
y cruzo las piernas por el tobillo mientras me agacho, con los dedos tocando
la piel desnuda debajo de la camiseta.
—¿A quién invitaste? —pregunto, cambiando de tema.
Jax saca una bolsa de la nevera y me animo pero me quedo sentada.
Dejando de lado la mención de Alex, me alivia que no haya preguntado
por la chica muerta. Cada vez que cierro los ojos, puedo ver la forma
espeluznante en la que su cabello marrón flotaba en el agua.
No quiero pensar en ello. Hablar de ello. O recordarlo. No la conocía
realmente, y lo que sí conocía no me gustaba, pero ver un cadáver es algo
inquietante.
—Ya sabes. Sólo algunas personas de por aquí. Ninguno de esos atletas
de mierda de Caven, no te preocupes. Gente con la que trabajo. —Casi me
río a carcajadas de eso. Es un traficante, y eso es todo. Pero, mirando
alrededor de su casa, parece que eso es todo lo que necesita ser—. ¿Quién
sabe quién terminará apareciendo? —Pone su cerveza en el mostrador de su
cocina, toma una cuchara de un cajón y entra en la sala de estar,
sentándose en el suelo delante de su mesa de café.
Pone la cuchara y la bolsa llena de polvo blanco en la mesa y agarra su
teléfono del bolsillo trasero de sus vaqueros. Se desplaza a través de él un
segundo y luego “Problem$” de Somber inunda algunos altavoces ocultos, el
sonido de los bajos.
Me gusta este ritmo.
Me siento y empiezo a bailar con las manos en alto, los ojos cerrados y
una sonrisa en mi cara, y le oigo reír.
—Oye —dice después de un minuto, y hago una pausa en mis estúpidos 83
movimientos de baile, dejando caer mis manos, y lo miro mientras saca
media cucharadita llena de lo que sea que haya en esa bolsa—, ¿conocías a
esa chica muerta? —Deja la cuchara, saca su cartera y libera una tarjeta
con los pulgares.
Maldición, parece que no puedo alejarme de ella.
—¿Rihanna? —Sacudo la cabeza—. No. —Técnicamente es cierto—.
Aunque estuve en la fiesta, cuando ella estaba... ya sabes. —Arrugo la nariz
al recordarlo, preguntándome si Jax sabe lo del video de las tetas. Si lo sabe,
probablemente sea demasiado caballero para decir nada al respecto. Pasé
por allí durante la semana para recoger alguna mierda y no lo mencionó
entonces, así que espero que no lo haga ahora.
Está cortando el polvo en una línea fina con su tarjeta, pero se detiene
con mis palabras y levanta la mirada, con sus ojos azules en los míos.
—¿En serio?
Me acerco al borde del sofá, con las rodillas juntas y los codos apoyados
en ellas.
—En serio —confirmo—. La encontré.
Sus ojos se abren un poco. Siempre está bastante colocado, así que no
creo que pueda abrir los ojos más que eso.
—¿Estás bien? —pregunta, parpadeando, y luego volviendo a sus
líneas.
Las miro, se me seca la boca y la emoción hace que mi corazón se agite,
pero me mantengo contenida. Ni siquiera sé lo que es todavía. No es lo
suficientemente fino para ser coca, ni lo suficientemente granuloso para ser
ketamina.
—Sí, estoy bien —le digo honestamente. En realidad me gustaría
sentirme un poco peor por su muerte, pero no me gustaba y no la conocía
realmente.
Pero Jax no juzga. Sólo asiente una vez y dice:
—Que sea una lección, Za. No folles en las piscinas.
Me río, sacudiendo la cabeza.
—Cállate.
Las comisuras de su boca se levantan con una sonrisa y, cuando sus
líneas son bonitas y rectas, levanta la cabeza y mira hacia mí, poniendo la
tarjeta de nuevo en su cartera. 84
—¿Estás lista?
Me froto las manos, bajo al suelo y cruzo una pierna sobre la otra para
no estar toda extendida delante de Jax. Estoy bastante segura de que no
está para nada interesado en mí. Nunca ha intentado nada y sé que hay una
chica con la que siempre va y viene. De cualquier manera, parece que me ve
como una amiga y el sentimiento es mutuo. Es bueno ser amiga de tu
camello. No te venderá mierda con fentanyl ni subirá los precios sin ninguna
razón.
Y me deja probar la mierda gratis, como ahora mismo.
—¿Qué es? —pregunto, conteniéndome, pero mis palmas están
sudorosas. Estoy lista para estar jodida antes de que venga la gente que
invitó.
Se rasca el cuello otra vez y sonríe.
—Prefiero no decirlo todavía.
Le doy la mirada. ¿Qué clase de mierda es esa? Ni siquiera yo soy tan
estúpida. O dispuesta, no creo.
Se ríe, aplastando mi preocupación con un movimiento perezoso de su
mano.
—No, nada loco. Es como la kinda, como la coca. Tienes esa sensación
de desenfoque, pero también un poco de publicidad.
Mis ojos se abren de par en par.
—¿Un disociativo y un estimulante? Cuenta conmigo, joder. —Verás,
Kylie, yo también podría ser farmacéutica.
Sonríe, poniendo los ojos en blanco.
—Sabía que te apuntarías. —Luego saca su billetera de su bolsillo,
enrolla fuertemente un billete de veinte y me lo entrega—. Puedes tomarla
toda.
No necesita decírmelo dos veces. Las líneas se van en poco tiempo.
Y sabe a mierda, goteando por la parte de atrás de mi garganta. No
puedo evitar el sonido de resoplido que hago, tosiendo y frotando con el
dorso de mi mano mi nariz
—¿Qué coño? —digo, el sabor es una mezcla de químicos y alquitrán.
Trago cuando Jax se levanta, toma los veinte enrollados y los mete con la
cuchara en la cocina—. Necesitas trabajar en el sabor —le digo,
masajeándome la garganta—. Esa mierda sabe fatal.
85
Se ríe y vuelve al salón con una bebida deportiva sin abrir. Le quito la
tapa y trago el líquido rojo hasta que no puedo saborear lo que sea que acabo
de inhalar.
Me masajeo la garganta de nuevo, y luego pongo la tapa de la botella.
No puedo sentir una mierda todavía, pero me alegro de que ese sabor salga
del fondo de mi garganta. El goteo es horrible.
Jax enciende un cigarrillo y se sienta en el suelo en la mesa, a mi lado.
Acerca el cenicero del centro de la mesa.
—¿Tan malo es? —pregunta después de exhalar una nube de humo.
Toso, haciendo un espectáculo de ello.
—Así de malo —le digo sinceramente. Tamborileo con mis dedos sobre
la mesa—. Pero ahora no lo noto. Esa bebida hace maravillas. —Asiento en
dirección a la botella medio vacía en la mesa entre nosotros—. ¿Cuánto
tiempo pasará hasta que empiece a sentir...? —Me alejo, porque puedo ver
el humo del cigarrillo de Jax en el aire delante de mí y parece verde.
Parpadeo, y vuelve a ser blanco y gris, pero vuelvo a parpadear y es
verde, casi brillante. La música, la mesa, el propio Jax, están todos en el
fondo de lo que estoy viendo.
Levanto mi mano para tocar el humo y siento la mano pesada. La miro
y parece que no es del todo mía. Pero es mi esmalte negro y la peca en el
dorso de mi mano. Pero aun así parece que pertenece a otra persona.
Envuelvo con los dedos mi muñeca, sosteniendo mi mano hacia arriba,
y parece que mis manos se sostengan solas. Separadas de mí.
Jax se ríe.
—Sí. No mucho tiempo.
Dejo caer mis manos y me giro para mirarle.
Me mira con una leve diversión.
—¿Estás bien?
Asiento, mirando su boca. Cuando habló, no fue con el mismo tono.
Era musical.
—Dilo otra vez. —Me pongo una mano sobre la boca. Mi voz también es
música.
Se ríe.
86
—¿Estás bien? —Sonríe y luego pregunta—: ¿Quieres poner la música?
—Sus palabras parecen flotar en el aire—. Podría ayudarte.
Le sonrío y asiento lentamente, luego alcanzo mi teléfono, metido en mi
sostén. Mis dedos parecen pertenecer a otra persona, pero extrañamente
hacen lo que yo quiero que hagan.
Se mueven con mis pensamientos.
Mis dedos se mueven con mis pensamientos. Mierda.
Distrayéndome de la música y la locura de esa revelación, tengo un
mensaje de Alex. Preguntando si puede venir. Luego varios más después de
eso.
Vamos, Zara. No seas rarita, joder.
He tenido un día muy largo.
Sólo quiero hablar.
Una sonrisa se extiende por mi cara, y me pregunto cómo es. Por un
momento, desearía poder quitármela de la cabeza, sostenerla como una
sonrisa del señor Potato Head y mirarla.
Le pregunto a Jax cuál es su dirección porque dudo mucho que Alex
recuerde esta casa, y los números y palabras que devuelve están llenos de
música suave y melodiosa.
Que se mueve.
Eso me recuerda a Eli.
Pero este no es Eli.
Es Alex Cardi.
Digo su nombre en voz alta y Jax resopla.
—¿Tu ex, el gran, querido, campeón mariscales imbéciles? —Se ríe otra
vez—. Maldición, Za. Córtale la polla.
No dejo que sus palabras me molesten. Mis dedos ya están volando por
el teclado de mi teléfono por su propia cuenta con la dirección de Jax y
entonces: Ven a buscarme.
Abro mi aplicación musical, pongo “IKnowI'mNotAHero” de The Virus
and Antidote, luego dejo mi teléfono sobre la mesa y me encuentro con los
ojos de Jax.
Me frunce el ceño.
—He querido decírtelo. He oído que se metió en problemas el año
pasado en una fiesta en casa —dice Jax. Se encoge de hombros—. Casi se 87
vio envuelto en un escándalo de violación.
Sé que esto debería ser una noticia preocupante para mí, pero no puedo
sentirlo.
—¿Violación? —digo la palabra y explota con la música, saliendo como
un estribillo musical con eco. Algo perturbador, una palabra tan
desagradable que suena tan mágica.
Jax levanta una ceja.
—Sí. No conozco los detalles. Sólo algunos chismes o mierda. ¿Te gusta
acostarte con él o debería asegurarme de que no te moleste ya que han roto?
Veo que está barajando una baraja de cartas sobre la mesa. No tengo
ni idea de dónde vienen. Tal vez de la nada. El cigarrillo está en el cenicero.
No recuerdo haberlo visto apagarlo.
Pienso en su pregunta, y no puedo evitar que la sonrisa lenta se
extienda por mi cara mientras pienso en Alex y Eli, en ambos casi
follándome.
—Estoy bien —le respondo. Sale como bieeeeee y me río, con una mano
sobre la boca.
Creo que tengo que preguntarle sobre esta violación, pero no quiero
hacerlo. Es como que se aleja flotando en el fondo de mi mente. En cambio,
levanto mis manos frente a mi cara, torciendo y girando los dedos. Jax sigue
barajando las cartas y entonces me doy cuenta de que mi teléfono se ilumina
como un árbol de Navidad.
Un árbol de Navidad.
Mamá siempre ponía uno blanco cada año, arrastraba a su marido (el
que fuera) a una pequeña fiesta de decoración conmigo como la hosca
hijastra. Todos sus maridos han sido muy decentes conmigo, excepto mi
propio padre, del que tengo muy pocos recuerdos y del que recibo una tarjeta
de cumpleaños una vez al año y nada más, pero uno realmente odiaba la
Navidad. Se negaba a decorar, y mamá lo llamaba Scrooge mientras hacía
pucheros en un rincón mientras colgábamos los adornos.
Me río a carcajadas de ese recuerdo aleatorio mientras leo el mensaje
de Alex.
Llego pronto, princesa.
Mi corazón se agita con esas palabras.
—Qué alto es —digo en voz alta.
88
Jax empieza a repartir las cartas entre nosotros, aunque no tengo ni
idea de a qué intenta jugar.
—Sí, el cabrón es enorme —dice.
Me río de nuevo.

89
11
ALEX

P
ara cuando llego a la casa, hay media docena de autos en la
entrada y más estacionados en la acera.
Me meto con el Jeep en el siguiente espacio disponible a un
lado de la calle y, cuando salgo, oigo el bajo desde el interior de la casa, pero
no puedo distinguir lo que está sonando.
Después de cerrar el Jeep, miro el teléfono. Sólo he estado aquí una
vez. La noche que conocí a Zara en una fiesta aquí. Estaba intentando
comprarle hierba al tipo que vive aquí. Lo conozco, pero no bien.
Lo único que sé es que más vale que no tenga las manos sobre mi chica
cuando entre en esa casa.
Me froto con las palmas de las manos los pantalones y me acerco a la
puerta principal. No puedo soportar estar en este barrio más tiempo del
necesario. Quiero entrar y salir. Aquí es donde se produjo toda la mierda el
otoño pasado, cuando mi vida casi se fue a la mierda porque Eli y yo
tomamos una decisión estúpida.
Pero no me apetece especialmente pensar en ello, así que lo aparto de
mi mente.
Tengo varios mensajes de Zara.
Ella: Date prisa, guapo.
Ella: ¡¡Puedo ver la música!!
Ella: ¿Dónde estás?
Claramente está borracha como una cuba. Es increíble cómo quiero
matarla y salvarla al mismo tiempo. No estoy seguro de qué acabaré
haciendo esta noche.
90
Suspirando, me meto el teléfono en el bolsillo trasero y llamo a la
puerta.
Se abre casi inmediatamente y una mujer que no es Zara me sonríe con
un vaso de plástico en la mano. No sé quién es, y parece mayor que la típica
estudiante universitaria. Tiene el cabello castaño rizado y una sonrisa muy
marcada en los labios.
—Bienvenido, compañero —dice, claramente borracha, y se aparta para
dejarme entrar.
Asiento, sin devolverle la sonrisa.
Suena “Still Be Friends” de G-Eazy. Hay un montón de gente en esta
pequeña casa, apiñados, y el olor a tabaco y marihuana asalta mis sentidos.
Alguien intenta ponerme una copa en la mano, pero no la acepto y paso
de largo.
No tardo en encontrar a Zara.
Está encima de la mesa de café, dando vueltas con los brazos abiertos.
Lleva una minifalda negra y un top corto de color rosa intenso que deja ver
su pálido y tenso vientre, y los tacones acentúan sus delgadas piernas. Tiene
la cabeza inclinada hacia atrás, con sus largas trenzas rubias en la espalda.
La gente está de pie alrededor de la mesa aplaudiendo y animando
mientras ella gira cada vez más rápido.
Un tipo con el cabello corto y rubio decolorado y un personaje de
dibujos animados en su camiseta no aplaude y observa a Zara como un
halcón. Jax. Mientras todos los demás charlan, se codean y se ríen mientras
aplauden, Jax sólo tiene ojos para ella. No puedo leer su expresión, pero me
alegra ver que sus ojos están en su cara, no en su cuerpo.
Parece que ella le importa una mierda. Irónico, porque estoy bastante
seguro de que obtiene todas sus drogas de él. Un día tendré que hacer algo
con este tipo.
Pero ese día no es hoy. Sólo quiero agarrar a mi chica y salir de aquí.
Vuelvo a mirar el cuerpo largo y delgado de Zara, sexy como el pecado,
con los músculos de sus pálidos muslos flexionándose mientras gira. Tiene
cicatrices, justo debajo de esa minifalda.
No sé de qué son. Una noche, desnuda en mi cama, pasé mis dedos por
ellas en la oscuridad. Se dio la vuelta, alejándose de mi alcance. Nunca le
pregunté por ellas. 91
No estoy seguro de querer saber sobre ese tipo de dolor, cuando está
claro que todavía sufre mucho.
Me doy cuenta de que está tarareando cuando me acerco, abriéndome
paso entre su embelesado público. Algunas personas me miran, alguien
silba, pero las ignoro, con los ojos puestos en ella.
El tipo con la camiseta de dibujos animados está a mi lado y dice, sin
apartar la vista de Zara:
—Hola, Alex. —Lo dice lo suficientemente alto como para que lo oiga
por encima de toda la gente que hay aquí y de la música que suena, pero no
lo suficientemente alto como para llamar la atención. Aunque ser el cabrón
más alto de la sala ya lo hace por sí solo.
No puedo leer su tono, así que me limito a decir:
—Jax. —Asintiendo.
Lo miro antes de volver a mirar a Zara. Tiene los ojos cerrados, y la
mesa no es lo suficientemente alta como para que se vea debajo de su falda.
Pero aun así no me gusta que toda esa gente la esté mirando. No sé en qué
demonios está metida, pero quiero levantarla de la puta mesa y llevarla a mi
Jeep. Algo me dice que Jax no me dejará hacer eso sin causar un problema.
Sin embargo, es bajito y fornido. Podría con él fácilmente. Aun así,
prefiero no causar otra escena todavía. Ver a la familia de Rihanna
sollozando mañana por la mañana en el funeral será una escena suficiente
para que me dure toda la vida. Pensar en ello hace que se me aprieten los
puños y que el miedo me haga un nudo en el estómago.
Maldita sea, ¿por qué no pudo morir en la puta piscina de otro?
—Ha estado preguntando por ti —dice Jax.
Enarco una ceja. Zara sigue girando, moviendo las caderas y riendo,
con los ojos aún cerrados mientras la gente aplaude a nuestro alrededor.
—¿Es eso cierto?
Se ríe un poco.
—Sí. No sé qué les pasa a ustedes dos, pero ten cuidado con ella.
Asiento, sintiéndome incómodo. Le habrá dicho que hemos roto. Eso
no me gusta nada, y no puedo evitar preguntarme si le habrá dicho por qué.
No quiero que piense en su boca en la polla de otra persona.
—Pienso tenerlo. —Creo. 92
—Bien. —Entonces se mete dos dedos en la boca y silba, con fuerza.
Perfora el aire, callando a todos por un momento. Zara se detiene,
balanceándose un poco porque probablemente esté mareada, pero sus ojos
se fijan en Jax.
Él me señala con la cabeza aunque, teniendo en cuenta que soy como
medio metro más alto que él, no debería haber tenido que señalarme.
Pero los grandes ojos azules y verdes de Zara se dirigen a mí y entonces
chilla como una niña, aplaudiendo y saltando en puntas de pie.
Sin previo aviso, salta a mis brazos y la atrapo mientras me rodea con
sus piernas, apretándome con sus muslos.
Retrocedo un paso y todos los que nos rodean aplauden mientras ella
me besa las dos mejillas.
Noto cómo su corazón se acelera mientras me rodea el cuello con sus
brazos y su pecho se aprieta contra el mío.
—¡Estás aquí!
Me encuentro con los ojos de Jax, preguntándole con los míos qué coño
está pasando. Za y yo hemos hablado durante la semana pero nada del otro
mundo. Está enojada conmigo por la fiesta, yo estoy enojado con ella por
tener la polla de otro tipo en la boca, y sabía que probablemente estaba
jodida desde que me dio esta dirección en primer lugar. Lo que me hizo
pensar que necesitaba llegar a ella aún más.
¿Pero ahora está saltando a mis brazos? No creí que esto fuera a salir
tan bien.
Jax se acerca mientras la multitud se dispersa, algunas personas
bailan alrededor de la mesa, otras se dirigen a la cocina, algunas se
amontonan encima de otras en el sofá, besándose y demás.
—Ha tomado algo —me dice Jax al oído—. Una nueva droga. Como K y
coca.
Echo la cabeza hacia atrás, con los ojos entrecerrados.
—¿Quién se la ha dado?
Él frunce el ceño.
—Yo lo hice. Ella lo quería.
—¡Sí! —me susurra Zara al oído, haciéndome estremecer—. ¡Es
buenísimo, Alex! —Me besa la mejilla de nuevo. 93
De acuerdo, tal vez sea bueno.
Sus piernas me aprietan más, y la mantengo cerca, con una mano bajo
su culo para sostenerla, la otra alrededor de su espalda.
—Probablemente se le pasará el efecto en un par de horas y se caerá
con fuerza —continúa Jax, como si fuera un médico o algo así, contándome
los efectos secundarios—. Asegúrate de que se mantenga hidratada y
duerma bien cuando se le pase el efecto, ¿de acuerdo? —Me da unas
palmaditas en la espalda que no me importan mucho.
—Me la voy a llevar de aquí —le informo.
Sus dedos se clavan en mi espalda.
Me doy la vuelta para mirarle, levantando a Zara que se queda
momentáneamente quieta, con la cabeza apoyada en mi hombro.
—No la jodas —me dice Jax—. Si lo haces, te joderé.
Teniendo en cuenta que el tipo es incluso más bajo que Zara, quiero
decirle que está jodidamente loco, pero parece que ella le importa, así que
me limito a asentir, sin querer empezar nada.
—De acuerdo. Gracias.
—Dile que me mande un mensaje por la mañana, ¿bien? —Asiente
hacia ella—. Tiene el teléfono en el sujetador.
Arqueo una ceja, arrepintiéndome de repente de que todo el mundo
haya podido ver sus tetas en mi puta casa y de haber sido imbécil por
haberlo hecho. Pero una chica tira del hombro de Jax y él se da la vuelta,
despidiéndose de mí.
Gracias a Dios. Tengo que controlar la culpa. Me tiene jodido.
—Nos voy a sacar de aquí, Zara —le digo, con mi boca contra su oído
para que pueda oírme.
Se agita en mis brazos, levanta la cabeza de mi hombro y me toma la
cara con las manos. Dejo de caminar hacia la puerta mientras ella me mira
fijamente. Tiene las pupilas dilatadas, ocultando la mayor parte del azul
verdoso de sus iris, pero se centra en mis ojos y luego me da un suave beso
en la punta de la nariz.
Sus labios son suaves, gruesos y con forma de corazón.
Y huele muy bien, a café y a flores.
—Eres muy guapo —me dice, sin dejar de sujetarme la cara.
A pesar de intentar contenerme, a pesar de saber que está jodida, a 94
pesar de la inquietante mirada de sus ojos, no puedo evitar sonreír.
—Tú también, princesa —le digo.
Vuelve a apoyar la cabeza sobre mi hombro y la saco por la puerta.

95
12
ELI

C
uando baja a las tres de la mañana del sábado, no sabe que
estoy sentado a la mesa del comedor, justo al lado de la cocina,
con una vista perfecta de la nevera. Una vista perfecta de su
culo, también, la mitad inferior de ella visible bajo la camiseta
blanca de gran tamaño que lleva. Una que sé que no le pertenece.
Obviamente no le ha dicho a Alex que fui, o me habría preguntado.
Qué zorra más astuta.
Tiene el cabello blanco ondulado y desordenado por la espalda, y
cuando abre la nevera la suave luz ilumina su rostro pálido y cansado.
Bosteza y se tapa la mano con la boca mientras mira fijamente la nevera
durante un largo rato, con una mano en la puerta para mantenerla abierta.
Observo la forma de sus firmes pantorrillas, sus pies descalzos. Tiene
un esmalte rosado y desconchado en los dedos de los pies. Sus pezones, de
aspecto duro, apenas son visibles bajo la camiseta de Alex, que la
empequeñece. Esos labios en forma de corazón y ese cuello pálido y delgado.
Vuelvo a mirar la curva inferior de su culo, preguntándome si ahora
mismo el semen de Alex está goteando por el interior de su muslo.
Me muevo en silencio en mi asiento de la mesa, con las luces apagadas
en el comedor. No hay nadie que me vea mientras me ajusto la polla y me
muerdo el labio.
Alex es un maldito idiota, dejándola salir así después de lo que le pasó
a Rihanna. Dentro de unas horas supongo que tendré que ver a Rihanna
llena de líquido embalsamador en el funeral, si es que voy. Tal vez eso sea
un buen recordatorio para que Alex tenga más cuidado.
Tal vez pueda darle un recordatorio antes. 96
Zara sigue mirando a la nevera con una expresión vacía en la cara.
Me paso las palmas de las manos por los muslos mientras la observo
hasta que no puedo seguir mirando. Me pongo en pie, dejando que las patas
de la silla rocen el suelo de madera.
Ella gira la cabeza, pero no se mueve.
Ni siquiera su expresión cambia. Me mira fijamente en la oscuridad y
no sé si me ve o no, pero me siento un poco inquieto por la forma en que me
mira. Como si pudiera ver todos mis secretos. Supongo que, más que nadie,
puede.
Porque ella también está jodida.
Doy un paso, el suelo de madera está frío sobre mis pies descalzos.
Meto las manos en los bolsillos de mi pantalón, lo único que llevo
puesto.
Ella sigue sin moverse.
—¿Zara? —susurro su nombre, sin querer despertar a Alex. Me
arruinará esto, y estoy seguro de que ya tiene lo suyo, de todos modos. Ahora
es mi turno de terminar lo que él no me dejó. Y, si está llena de su semen,
aún mejor.
Ladea la cabeza, con un mechón de rubio cabello blanco colgando sobre
uno de sus ojos, pero no dice nada. Su expresión es vacía y, cuando me
acerco hasta que estoy justo al lado de la puerta de la nevera y puedo ver
que sus pupilas están dilatadas, me doy cuenta de que no me está mirando.
Está mirando a través de mí.
Desvío la mirada hacia la puerta corredera de cristal que hay más allá
de ella. La piscina iluminada. La superficie tranquila del agua. Pienso en el
cuerpo de Rihanna bajo la superficie. Zara mirándola, con la mano apoyada
en el cristal.
Un leve escalofrío me recorre la espalda y casi me dan ganas de correr.
Cuando vuelvo a mirar el rostro pálido de Zara, esos pómulos altos,
esos ojos vacíos.
—¡Zara! —le digo de golpe, con ganas de sacudirla. El aire fresco de la
nevera sigue corriendo entre nosotros, y sé que en cualquier momento va a
empezar a sonar la alarma que indica que se ha quedado abierta.
La cierro y quitándole el brazo de encima.
97
Ella retrocede, sus movimientos son torpes, sus pasos torpes. Se
desploma contra la isla de la cocina y me acerco a ella; la luz del frigorífico
se ha ido, dejándonos solo la luz de la luna llena de fuera.
Sus manos se agarran a la repisa de la isla, sus ojos me miran, pero
siguen sin ver.
Me acerco a su cintura, presionando suavemente mis dedos contra ella,
con la camisa de Alex bajo mi contacto. Quiero pasar mi mano por su muslo.
Quiero sentir si ha estado aquí. Dentro de ella.
Quiero tocar sus cicatrices.
Pero no lo hago.
Me acerco, con mi pecho desnudo contra su camiseta, mis ojos
buscando alguna señal de vida en los suyos.
¿Qué está tomando?
Sea lo que sea, podría darle más.
Podría colocarla más.
Aprieto mi frente contra la suya.
—Zara.
Ella no dice nada.
—Pequeña —lo intento de nuevo. No lo ha dicho, pero creo que le
encanta que la llame así. Sin embargo, ahora mismo está flácida en mis
brazos y su aliento huele a alcohol. El corazón me late en el pecho y quiero
saber qué ha tomado y quiero saber dónde ha estado y qué ha hecho, si se
ha tirado a Alex, y no puedo...
No puedo parar.
Mi mano baja por el hueso de su cadera hasta su muslo desnudo, y
luego vuelve a subir por debajo de su camiseta.
Intento detenerme. Durante un solo segundo lo intento.
Sé que Alex cree que tengo mucho autocontrol. Cree que, entre los dos,
yo soy el bueno.
Eso es porque no me conoce, joder.
La piel de Zara es suave bajo mis dedos y la miro fijamente a los ojos
mientras la toco. Es como un pequeño y hermoso robot, silencioso y
complaciente conmigo. No quiere o no puede detenerme. 98
Y, si ella no lo hace, yo tampoco lo haré.
Recorro con dos dedos la parte interior de su muslo, y me encanta la
forma en que sus músculos se estremecen bajo mi ligero contacto. Aunque
su mente haya desaparecido temporalmente, arrastrada por lo que sea que
se haya metido esta noche, su cuerpo me responde.
Su muslo no está húmedo. Subo un poco más, rozando con mis dedos
su liso y desnudo coño. Se estremece un poco contra mí y siento que su
pecho roza el mío mientras respira.
Subo los dedos por su raja, separando sus labios, y rodeo su clítoris
con la yema de los dedos.
Oigo su respiración aguda y cambia su posición sobre la isla de la
cocina a mis hombros, clavando las uñas.
La miro fijamente a los ojos.
Parpadea.
Bajo más y siento su tacto contra mi piel. Quiero hacer más. Quiero ir
más allá. He observado durante mucho tiempo.
—Eli —susurra, y mi pecho se aprieta.
—Zara. —Me inclino hacia atrás para contemplar su rostro.
Se muerde el labio. Está despierta. Está consciente.
Sus dedos siguen en mi hombro desnudo, y se pone de puntillas,
tratando de acercarme. Tratando de meterme en ella.
—¿Me deseas? —le pregunto en la oscuridad.
—Sí. —Suspira, acercándose a mis dedos—. Sí.
—Dímelo.
—Quiero... —Gime cuando vuelvo a rodear su clítoris—. Te quiero a ti
—logra decir finalmente.
—¿Sí? —Me burlo de ella, encantado con la forma en que me suplica
con su cuerpo, moviendo sus caderas hacia adelante mientras la toco. Sus
labios se separan, un suave gemido sale de su boca y me calienta la sangre—
. ¿Me quieres a mí? ¿O quieres a Alex?
Ella jadea, respirando profundamente, estremeciéndose.
—Tú, Eli, a ti.
Sigo tocándola, y luego me bajo mis pantalones y mis calzoncillos,
bombeando mi polla. Estoy tan jodidamente duro y me muero por follarla, 99
pero ella no está realmente... no sé si realmente me desea. Y, cuando me la
folle, quiero que lo sepa.
Me acaricio mientras la froto, pero ella sigue de puntillas, y suelta un
hombro, me empuja la mano hacia abajo.
—¿Me quieres dentro de ti? —susurro, todavía bombeando mi polla,
con la punta rozando la camiseta de Alex en su cuerpo.
Ella asiente, mordiéndose el labio y sus ojos en los míos.
Le meto dos dedos, y me encanta la forma en que se separa para mí y
se aprieta a mi alrededor. Y, con la camiseta puesta y nada más entre
nosotros, puedo olerla. Huele muy bien. A limpio, joder.
—Eli —gime, agitando sus caderas contra mis dedos, sus manos detrás
de ella ahora en el mostrador para mantenerse erguida—. Joder, Eli.
—¿Eres mi pequeña puta buena?
Ella asiente, con otro gemido bajo saliendo de esos suaves y rosados
labios.
—Tócate —le digo, inclinándome cerca, mis palabras contra su oído—.
No te lo mereces, pero quiero que te corras al mismo tiempo que yo.
Obedientemente, mueve una mano del mostrador a su clítoris
hinchado, frotándose con dos dedos mientras yo la toco, todavía acariciando
mi polla. Quiero que me toque. Dios, quiero que me toque, pero quiero ver
cómo se toca a sí misma.
—No te detengas —le ordeno—, no te detengas hasta que te corras
contra mi mano, nena.
Cierra los ojos y sé que se está acercando. Puedo sentirlo. Puedo
sentirlo, apretada y caliente contra mi piel. Se frota más rápido y veo su
clítoris rosado bajo sus dedos.
Me voy a correr.
Voy a correrme sobre la camiseta de Alex.
Y, cuando jadea mi nombre, con sus paredes tan apretadas, calientes
y húmedas alrededor de mis dedos, lo hago. No puedo contener mi gemido
mientras termino, haciendo un desastre sobre ella.
—Eli. —Jadea, con los ojos todavía cerrados, su pecho subiendo y
bajando y mis dedos todavía dentro de ella, todavía cubiertos de su
humedad. 100
Todavía tiene los dedos sobre su clítoris ella también, y froto mi polla
contra su camiseta, bombeándome una última vez, asegurándome de que
esté todo fuera.
Mantengo mis dedos dentro de ella hasta que abre los ojos.
Y entonces los saco lentamente mientras me mira. Me los llevo a la boca
y los chupo.
Ella sube su mano, lejos de su coño hinchado hasta el desastre que he
hecho en su camiseta. Mete los dedos en ella y luego me saborea también,
sin apartar la vista de mis ojos.
Justo cuando me inclino hacia ella, deseando que me llene la boca,
queriendo saborearme de sus labios, oigo algo arriba.
Un crujido.
El sonido de las tablas del suelo de Alex bajo sus pies. No duermo
mucho; conozco todos los sonidos de esta casa.
Los ojos de Zara se dirigen al techo, con la boca abierta y los dedos en
la lengua.
Espero, tenso, con la esperanza de que use el baño y vuelva a dormir.
Pero sé que no es así. Va a buscarla.
Y lo hace.
Sus pasos se detienen, como si estuviera confundido, y luego se dirigen
hacia su puerta.
Beso la oreja de Zara, su aliento asustado contra mi mejilla.
—Está bien, niña. Toma un poco de agua. —Meto la mano entre
nosotros, pasando mi dedo por su apertura una última vez, encantado con
la forma en que se estremece. Encantado con la forma en que sigue tan
jodidamente húmeda—. Me esconderé hasta que te vuelva a subir. —Paso
la mano por su muslo, por sus cicatrices, justo cuando oigo a Alex llegar a
lo alto de la escalera.
—Eli —susurra Zara, y suena suplicante. Como si quisiera que me
quedara.
—Shh, cariño. Que pases una buena noche. —La beso de nuevo, y
luego me alejo, frotando mi dedo índice y mi pulgar; la humedad pegajosa
que me pone duro de nuevo.
Me subo los pantalones y me escabullo hacia el comedor justo cuando 101
Alex baja las escaleras.
—¿Zara? —llama, con voz suave.
Puedo verla desde donde estoy, pero ellos no podrán verme.
Veo que se quita los dedos de la boca y se coloca el cabello detrás de la
oreja. Abre la nevera y veo que se mueve con nerviosismo, que su pie se
desliza contra la pantorrilla opuesta.
Toma una botella de agua y le quita el tapón justo cuando Alex entra
en la cocina.
—¿Zara? —vuelve a preguntar. Lleva pantalones cortos y nada más.
Desde este ángulo, los veo a ambos, mirándose fijamente.
Miro el dobladillo de su camiseta. Su camiseta. Si se acerca, si la toca,
le caerá mi semen encima.
Contengo la respiración, esperando, apoyado en la pared del comedor.
—¿Estás bien, princesa?
Ella inclina la botella de agua, y el plástico se arruga mientras bebe.
Luego la deja en el mostrador a su lado, asintiendo.
La veo mirar hacia mí en la oscuridad, pero sé que no puede verme.
Aun así, meto la mano en mis pantalones y froto con mis dedos
húmedos mi dura polla, observándolos.
Alex se acerca.
—Me has asustado —dice en voz baja.
Entonces se acerca y le rodea el cuello con los brazos. Su camiseta se
sube, mostrando la curva inferior de su culo. Lo agarra y lo aprieta.
Me muerdo el labio, acariciándome más rápido. Más fuerte.
Y entonces dice:
—¿Qué tienes en la camiseta? —Mientras da un paso atrás, retirando
la mano de su culo.
La agarra en su puño, cubriendo la mancha húmeda.
—Agua —miente, con la voz ronca—. He derramado agua.
Alex se ríe un poco, frotándole el brazo.
—Vamos, torpe. Vamos a llevarte a la cama. —Luego le pasa el brazo
por el hombro y, juntos, salen de la cocina. Pero justo cuando desaparecen
de la vista, ella se retuerce bajo el brazo de él y me devuelve la mirada—.
¿Tienes miedo, princesa? —susurra Alex.
102
Sólo veo su sonrisa antes de que desaparezcan por el pasillo.
—No. No contigo.
Perra.

103
13
ZARA

D
espertar es difícil.
Puedo sentir el cansancio en mis huesos y abrir mis
párpados toma más tiempo del medio segundo que debería.
Saboreo algo extraño en el fondo de mi garganta, como...
Lo que sea que me dio Jax anoche, resoplé por mi maldita nariz.
Me siento en una cama que no es mía, me acomodo contra la cabecera
acolchada detrás de mí. Parpadeo un par de veces, la luz que entra por las
cortinas entreabiertas es demasiado brillante para mis ojos sensibles.
Observo la habitación familiar que mi cerebro tiene problemas para ubicar
en este momento; pisos de madera, un escritorio contra una pared, puertas
a ambos lados.
Una foto enmarcada de un jugador de fútbol profesional atrapando una
pelota en la zona de anotación.
Alex.
Esta es la habitación de Alex.
Jodidamente lo hicieron, Zara.
Subo las sábanas hasta la barbilla y me meto las manos en la camiseta
que llevo puesta.
La camiseta que llevo puesta
Tiro de las mantas hacia abajo, sostengo la camiseta blanca de Alex
con la que estoy. Se siente áspera en un punto en el dobladillo, áspera
porque...
Eli.
104
Mi pecho se aprieta, el pánico hace que ese sabor en mi boca se vuelva
agrio mientras acerco mis rodillas a mi pecho, tiro de las mantas hacia
arriba.
Mierda.
Mierda.
Eli.
Pienso en sus dedos dentro de mí. Sus labios contra mi oreja. Cómo me
dijo que me tocara.
Aprieto los muslos y cierro los ojos un segundo, perdida en el recuerdo.
Mierda. Alex podría haber visto. Alex podría haber visto y entonces
estaríamos tan jodidos. ¿Qué diablos estoy haciendo?
Paso una mano por mi cabello y respiro para recomponerme. Luego
abro los ojos, busco mi teléfono bajo las sábanas de la cama tamaño king.
Levanto las sábanas, miro por el borde de la cama hacia los pisos de madera
oscura, luego la mesita de noche, a mi derecha, y la que está en el lado
opuesto de la cama.
Nada.
Un despertador, el final de un cargador y nada.
Aparte de la foto de fútbol, siempre pensé que la habitación de Alex se
sentía impersonal de alguna manera.
Excepto, no...
¿Es una maldita Biblia?
En la mesita de noche opuesta, junto al despertador y el cargador, una
Biblia negra encuadernada en cuero.
Eso es nuevo.
Quiero decir, sé que el padre de Alex es pastor, pero Alex nunca me ha
mencionado a Dios.
Jesucristo.
Alejo los pensamientos de Alex y Cristo de mi mente y presiono la palma
de mi mano contra mis ojos, pensando en lo de anoche. Hay lagunas en mi
memoria, lo cual no es ninguna sorpresa. Estaba con Jax, inhalé la línea de
la droga milagrosa K-coke, y todo fue genial. Estaba bailando en la mesa y
Jax seguía dándome agua y yo estaba sudando, y mi corazón latía
aceleradamente, y me sentía tan… viva. Todo lo contrario de lo que estoy 105
sintiendo ahora.
Ahora mismo, me siento pesada.
Necesito algo que me ayude con eso, y como no tengo ropa puesta, no
las veo en ninguna parte de la habitación de Alex y no tengo ni idea de dónde
está mi teléfono, me tomará un minuto averiguar cómo regresar a casa y
llegar a mi escondite.
Alex.
Mantengo los ojos cerrados, los dedos enredados en mi cabello,
tratando de juntarlo todo. Él estaba en casa de Jax. ¿Lo llamé? Debo haberlo
hecho, porque no habría venido de otra manera.
Dijo que necesitaba espacio. Tiempo de pensar.
Claramente no tanto tiempo.
Y Eli.
Recuerdo a Eli.
Pero no recuerdo haber llegado a él. No recuerdo haberme levantado de
esta cama. Intento pensar en todo. A través de Alex llevándome adentro.
Desnudándome. Poniéndome la camiseta por la cabeza, murmurando sobre
cómo teníamos que hablar por la mañana.
Luego me levanté, porque tenía sed, y además, cada vez que cerraba
los ojos, las estrellas estallaban detrás de ellos. No podía acostarme, no
podía quedarme quieta. Bajé las escaleras y Eli estaba allí.
Eli estaba allí y me tocó y Dios, lo quería.
Yo lo deseaba.
Gimo, presionando mi puño contra mi boca.
Mierda.
Alex me matará. Si lo supiera, me mataría.
Y luego, ¿qué pasó después de eso?
Es como agarrar una pajita, está ahí. Puedo sentirlo, verlo. Pero no sé
cómo llegué desde la cocina hasta aquí. Otro hueco.
Y luego otro pensamiento se entromete en mí tratando de reconstruir
esto.
Levanto la cabeza y casi me doblo el cuello al girarme para mirar el
despertador. Es uno de esos que tienen el día y la fecha en una cajita en la
esquina. Mierda. El funeral de Rihanna es hoy. 106
Definitivamente no voy a ir, pero no quiero estar aquí y ver si Alex y Eli
están. A la mierda con eso.
Antes de que pueda decidir joderlo todo y robarle algo de ropa a Alex,
la puerta se abre y luego se cierra de golpe, haciéndome estremecer y tirar
de las mantas hacia arriba.
Todo el cuerpo de Alex se pone rígido cuando me ve, sus ojos se
entrecierran en rendijas, su mandíbula se aprieta, las manos en puños a los
lados. Es una lástima que esté tan enojado porque sin camisa, con
pantalones cortos de baloncesto negros, se ve muy bien.
—Vístete —ladra, alejándose de mí y abriendo de un tirón la puerta
opuesta a la cama. La puerta de su armario.
Se agacha por debajo de la puerta, irrumpiendo en el interior.
Literalmente agachándose.
Necesita una casa más grande con marcos de puertas más grandes y
techos abovedados en cada maldita habitación.
Observo cómo se mueven los músculos de su espalda mientras arranca
una camiseta negra de una percha y me la arroja sin mirar atrás. Saca un
pantalón de chándal del espacio sobre las rejillas y me lo arroja. Los atrapo
antes de que me golpeen en la cara.
Se vuelve hacia mí y cierra la puerta del armario a su espalda. Veo que
sus fosas nasales se dilatan.
Agarro todo lo que me tiró y lo acerco a mi pecho. Aclaro mi garganta.
—Um. ¿Quieres decirme por qué parece que estás a punto de ahogarme
ahora mismo? —Casi hago una mueca cuando hago la pregunta, pensando
tardíamente en Rihanna Martinson.
Y luego, Eli.
Dios, Alex no lo sabe. No puede saberlo. Tiene que estar enojado por
otra cosa porque si lo sabe, eso significa que realmente se acabó y lo
necesito. Necesito algo estable en mi vida. Necesito una distracción.
No puede saberlo.
Pero realmente parece que podría estrangularme ahora mismo, sin
piscina.
—¿Estás bromeando?
107
Aprieto y aflojo los puños, resistiendo el impulso de morderme las uñas.
No puede saberlo. Si lo hiciera, no había forma de que estuviera tan
tranquilo. Simplemente no hay jodida manera.
Pero el retroceso de lo que sea que Jax me dio anoche ya me está
haciendo sentir como una mierda, y además por lo que sea que Alex esté
volviéndose loco en este momento, me siento enferma de nervios.
Sin embargo, no voy a hacer ninguna pregunta que pueda colgarme
antes de saber cuál es su problema. Me quito la camiseta sucia, me pongo
la limpia, tratando de esconder mi cuerpo tanto como puedo porque él
todavía me mira como si me quisiera muerta. Balanceo mis piernas sobre el
costado de la cama, agradecida de que Alex sea un monstruo de la
naturaleza y su camiseta gigante golpea mis muslos.
Me pongo sus pantalones, uso el cordón para sujetarlos lo mejor que
puedo. Luego endurezco mi espalda, enfrentándolo con mis manos en mis
caderas. No puede tratarse de Eli, y si no se trata de Eli, entonces no tengo
nada de qué sentirme culpable.
Dios, ¿dónde diablos está Eli?
Espero que no esté aquí. Espero que no lo haga más incómodo de lo
que va a ser.
Reuniendo todo mi coraje, que es escaso en este momento
considerando que follé con el mejor amigo de mi ex y él no tiene idea,
mantengo mi tono incluso cuando le exijo:
—Dime qué pasó o por favor dame un aventón a casa.
Se ríe pero muere rápidamente, y luego se acerca a mí, inclinándose
para meterse en mi cara.
—¿Recuerdas lo que hiciste anoche? ¿Después de que volvimos aquí?
¿Después de que te llevé a casa de una fiesta en la que quizás te violarían
en grupo? —Su voz es baja, pero puedo sentir su rabia, y hace que mi
estómago se retuerza en un nudo. Suele ser tan ruidoso y desagradable;
cuando está todo callado y odioso, es un poco desconcertante.
Pero no puede saberlo.
De ninguna manera. Habría destrozado esta casa. Probablemente
prendido fuego al colchón conmigo dentro.
Necesito agua. Necesito ir a casa. Necesito largarme de aquí.
Pero no necesito a Alex maldito Cardi en mi cara hablando de una 108
posible violación de todas las cosas.
Porque lo recuerdo. Recuerdo lo que dijo Jax.
—No, pero ¿quieres decirme por qué la gente dice que tú mismo podrías
ser un puto violador? —Doy un paso atrás, sus ojos se entrecierran en dos
rendijas negras como el carbón. Las motas de ámbar se han ido, casi como
si su ira se las hubiera tragado enteras—. No lo creo. Hasta que estés listo
para tener esa conversación, sal de mi cara con toda esta mierda. Fui con
Jax por las drogas, volví aquí contigo porque...
—¿Porque yo qué? —gruñe, acercándose de nuevo.
Trago, todavía saboreando ese vil sabor a goteo de drogas en la parte
posterior de mi garganta. Cruzando los brazos, miro hacia el suelo, sin
querer admitirlo. No queriéndole decir exactamente por qué no quiero estar
sin él. Incluso si hago una estupidez. Incluso si follé con Jamal Clint.
Incluso si solo follara con su mejor amigo.
Es estúpido. Idiota.
No puedo decirlo.
No lo diré.
Porque me haces sentir segura.
Soy una idiota.
Niego con la cabeza y me encuentro con su mirada de nuevo.
—Nada. Dijiste que necesitabas espacio, te lo daré, ¿de acuerdo? Solo
llévame a casa. Ve al puto funeral de Rihanna. Deja que uno de sus amigos
afligidos te chupe la polla...
Me empuja.
De hecho, jodidamente me empuja.
Me hundo en su cama, perdiendo el equilibrio, y antes de que pueda
saltar de nuevo, él se coloca entre mis piernas y agarra mis muñecas,
sujetándolas a mis costados.
—Suéltame —gruño.
Sus ojos están en blanco. Oscuro y muerto y respira con dificultad, su
pecho desnudo sube y baja con cada inhalación y exhalación y pienso en lo
que dijo Jax. Pienso en ver a Alex romperle la nariz a Nate. La sangre corría
por su rostro. Cómo me levantó en sus brazos inmediatamente después sin
preocuparse.
109
Pienso en él metiendo esa botella en mi boca. Saltar conmigo a la
piscina cuando sabía que no podría nadar.
Aprieta su agarre en mi muñeca.
No sé si tengo miedo. No estoy segura si creo que me hará daño. Pero
tal vez estoy acostumbrada a tratar a la gente como una mierda y que me
traten como una mierda. Tal vez ese sea el bajón de hablar porque todo se
siente un poco pesado y triste y una parte extraña de mí quiere plegarme en
los brazos de Alex a pesar de que no me está mirando ahora como si quisiera
abrazarme. A menos que un abrazo constituya apretar a alguien con tanta
fuerza, ahogándose hasta morir.
—¿Qué hiciste anoche, Zara? ¿Qué demonios hiciste?
Respiro profundamente, trago un par de veces. Mi garganta se siente
apretada, pero sigo recordándome que esta habitación se haría pedazos si
él lo supiera.
No lo sabe.
—¿De qué estás hablando? —Odio cómo mi voz aparece al final de esa
pregunta, odio cómo sus ojos brillan cuando se lo pregunto.
Odio cómo me sonríe.
—No te acuerdas. —No es una pregunta.
—Alex. —Trago, trato de empujar hacia arriba, pero él tira de mis
brazos hacia abajo, manteniéndome en su cama—. Me tengo que ir. —Trato
de encontrar una razón por la que necesito ir y pensar—. Mi mamá…
—¿Tu mamá sabía que estabas aspirando mierda por la nariz anoche?
¿Crees que debería contarle eso, eh? Tal vez iré contigo a la fiesta de
compromiso y haré un anuncio, ¿qué te parece?
Frunzo el ceño, sintiéndome repentinamente húmeda, mis palmas
sudorosas mientras agarro sus sábanas.
—¿Cómo sabes que estaba aspirando…?
—Tu buen amigo Jax me lo dijo.
—Mierda —juro en voz baja, siguiendo este desvío. Si está enojado
porque yo consuma drogas, está bien. Puedo vivir con ello. Estoy segura de
que Alex le preguntó qué diablos estaba haciendo y Jax, siendo un maldito
traficante de drogas, no pensó una mierda al respecto. Niego con la cabeza—
. No importa. Eso no es de tu incumbencia. Pero hablando de mamás, si la
tuya necesita un distribuidor de buena reputación para todo lo que está
haciendo con Xanax, definitivamente Jax es su hombre.
110
Sé que es un golpe bajo. Sé que no debería haberlo dicho. Usé un
secreto que compartió conmigo contra él. Un momento en el que conocí a su
familia y supe que su mamá tenía un problema. Y lo sé, sé que está mal,
pero puedo hablar de drogas todo el día.
Eli, sin embargo, no puedo.
Alex suelta mis muñecas y clava sus dedos en mis muslos, presionando
su peso en mí mientras se inclina, su aliento contra mi boca.
—Nunca hables de mi maldita madre. Yo…
—Bien —espeto—. No hablaré de tu madre, pero no soy tu problema,
Alex...
—Lo eres. —Presiona su frente contra la mía, sus dedos apretando
dolorosamente alrededor de mis muslos—. Tú eres mi problema, Zara. Por
eso estás en mi cama. Por eso te recogí anoche. —Lo veo tragar, lo veo cerrar
los ojos. Y por un momento, me siento culpable por algo además de Eli.
Me siento culpable por todas las drogas y anoche e incluso por enviarle
mensajes de texto en primer lugar. Me siento culpable por intentar —y
fracasar— ocultar mi problema incluso a él. Por mentirle a mi madre. Me
siento culpable por todo eso.
—¿Por qué te quitaste la camiseta frente a mi mejor amigo anoche? —
me pregunta, tomándome completamente desprevenida.
¿Qué?
¿Qué diablos?
Estoy tan genuinamente confundida, todo lo que puedo manejar es un:
—¿De qué diablos estás hablando? —A pesar de que no hice lo que dijo,
siento que mis mejillas se calientan y me alegro de que tenga los ojos
cerrados.
Mantenlos cerrados. Mantenlos cerrados.
—Eli dijo que bajaste las escaleras, y él estaba allí, y tú... Dios, ¿qué
hiciste, Za? —Su voz es ronca, sus palabras tranquilas y sus ojos están
cerrados con fuerza, como si estuviera anticipando lo que podría decirle. Lo
que podría decir.
Eli mintió. Le mintió. Nos salimos con la suya y él lo arruinó todo.
—No lo hice, no sé lo que...
—Dime la verdad, Zara. —La voz de Alex todavía es tensa, sus ojos aún 111
están cerrados.
Y quiero decírselo. Por un salvaje segundo, quiero decirle a Alex. Quiero
decirle que Eli es un maldito mentiroso. Que algo anda mal con su mejor
amigo. Eli Addison no está bien. Está lleno de mierda, y no le mostré una
mierda, él me tocó.
Quiero decírselo, pero no puedo.
No soy tan valiente. Eli me puso en esta posición y él lo sabe. Él lo sabe,
joder.
Voy a matarlo.
Lo único que puedo hacer es negarlo.
—No sé lo que…
Los ojos de Alex se abren de par en par y me agarra por la garganta, su
frente todavía pegada a la mía.
—¡Deja de mentirme, Za! ¡Deja de mentir! —Respira con dificultad, sus
ojos clavados en los míos—. ¡Estoy tan harto de tus tonterías! —Pero su voz
se quiebra con esas últimas palabras.
Y hay más que rabia ahí.
Él está asustado.
Tiene miedo por mí.
—Alex...
Su agarre en mi garganta se afloja y desliza su mano hacia mi hombro,
luego hacia mi cabello, sus dedos rozando mi cuero cabelludo. Los pequeños
pelos de la parte de atrás de mi cuello se erizan y él se acerca a mí, entre
mis muslos.
Levanto las manos, las paso por su espalda, sintiendo la fuerza en sus
músculos. Su piel cálida y suave. Me es tan familiar. Su cuerpo es tan...
mío.
—No me mientas, Zara. No puedo hacer esto contigo si me mientes.
Trago, queriendo esconderme bajo estas sábanas. Queriendo salir
corriendo de esta habitación para desaparecer de su vida. Pienso en él
viéndome con Jamal. Pienso en cómo me sacó de esa casa sin decir una
palabra después de darle una paliza a Jamal.
Pienso en cómo me llevó a casa, todavía sin hablar.
Pienso en todo lo que ha hecho por mí.
112
Todo lo que le he hecho.
—Yo…
—¿Te acuerdas? —me pregunta, sus dedos todavía masajean mi cuero
cabelludo, su aliento en mi boca. Huele a pasta de dientes. A diferencia de
Eli, por ese olor a algodón de azúcar que parece tener su boca.
No pienses en Eli.
—¿Te acuerdas? —pregunta Alex de nuevo—. Dijo que te quitaste la
camiseta. Dijo que trataste de besarlo. Dijo que tú… Joder, Zara. Si ni
siquiera recuerdas... —Su expresión es de angustia, su ceño fruncido, la
mandíbula apretada, los labios hacia abajo—. Nena, si ni siquiera te
acuerdas, podrías haber…
—Yo no —le miento, mi labio temblando, y no de tristeza. No por la
razón por la que piensa. Mi problema con las drogas no es un problema.
Estoy bien. Todo lo demás es un desastre. Y Eli va a morir, joder.
Básicamente me ha chantajeado con esta mierda—. No lo recuerdo. Lo
siento mucho, Alex, no es así. Debo haber estado fuera de eso. Lo siento
mucho.
—Creo que deberías venir al funeral —me dice en voz baja—. Creo que
necesitas saber lo que te podría pasar, Zara. No quiero que nada malo... —
Se apaga, toma una respiración temblorosa—. No quiero que te pase nada
malo. —Sus dedos todavía están en mi cabello y tiene un brazo alrededor de
mi espalda.
Mi boca está tan seca, mi corazón se acelera. No sé qué decir, no sé qué
hacer. Algo malo me está pasando, quiero decirle. Soy la cosa mala. Me está
pasando mi maldito yo.
Pero salvándome de hacer cualquier cosa, hay un golpe suave en la
puerta.
Me estremezco, y Alex deja caer su mano de mi cabello, pero mantiene
su otro brazo alrededor de mi espalda mientras se vuelve hacia la puerta.
—Adelante —llama suavemente.
No, por favor no lo hagas.
Mi estómago revolotea cuando veo girar el pomo plateado de la puerta
de Alex. Contengo la respiración mientras Eli Addison entra por la puerta,
con la mano tatuada apretada alrededor del pomo.
Primero me mira a mí y no puedo respirar.
No puedo respirar. 113
Quiero matarlo.
El brazo de Alex se aprieta a mi alrededor, sus dedos rodean mi
hombro.
Eli debe notar el movimiento sutil, o de lo contrario habrá terminado
de torturarme, porque mira hacia arriba para encontrarse con la mirada de
Alex.
—¿Quieres que te lleve? —Lleva una camiseta negra y pantalones
cortos grises. Hay sombras debajo de sus ojos verdes, y me pregunto si
siempre estará despierto como anoche.
Me pregunto si alguna vez duerme. Me pregunto si en realidad está
loco.
Me pregunto si yo lo estoy.
Me pregunto cuándo podré hablar con él. Cuando pueda arrancarle la
maldita cabeza y decirle que nunca volveremos a hacer eso. Fue un error y
es un maldito bastardo.
No tengo idea de por qué mintió. ¿Quizás solo está aburrido? No lo sé,
pero sé que él no me conoce. No como él parece pensar que lo hace. Y si él
piensa que voy a dejar que se salga con la suya, que se joda.
—Nah —dice Alex, apoyándose contra mí mientras se hunde en la
cama—. Tengo que llevar a Zara a su casa para que pueda conseguir algo
de ropa.
Los ojos de Eli vuelven a encontrar los míos. Abro la boca para decirle
a Alex que no iré al funeral. No es mi lugar estar allí. No quiero ir.
Pero no sale nada cuando Eli me mira, las comisuras de su boca se
levantan, como si pensara que mi parálisis es divertida.
—¿Oh? —dice con su voz tranquila. Suelta el pomo de la puerta, cruza
los brazos y se apoya en el marco—. ¿Estas viniendo? No sabía que Rihanna
y tú fueran cercanas.
Imbécil.
Alex me mira.
Mi boca todavía está abierta, pero todo en lo que puedo pensar es en
Eli tocándome anoche contra la isla de la cocina.
Mi cara se calienta con el recuerdo. Este bastardo.
—No lo era —responde finalmente Alex por mí—, pero viene conmigo. 114
Eli arquea una ceja, enfocándose en Alex.
—Yo tampoco sabía que ustedes dos eran tan cercanos.
—Como sea, hombre. Mi papá estará ahí. Tengo que ir.
¿Su papá estará allí? Sí. Yo no voy.
Eli asiente.
—Te veo allí. —Luego cierra la puerta sin volver a mirarme y lo escucho
caminar por el pasillo, hacia las escaleras.
Exhalo, mi corazón palpita en mi pecho.
—¿Estás bien? —me pregunta Alex.
Me aclaro la garganta, me muevo en la cama y me deslizo, saliendo de
sus brazos. Él también se para, frente a mí, con las manos en los bolsillos.
—Alex, lo siento mucho. Yo no...
—Lo sé, Zara —dice con los dientes apretados—. Sé que no lo sabes. Sé
que nunca harías eso. —Lo dice como si no estuviera seguro. Como si
estuviera tratando de convencerse a sí mismo.
—En realidad no estoy... —Me aclaro la garganta de nuevo—. En
realidad no me siento bien. Me voy a um, me voy a quedar en casa.
Las cejas de Alex se levantan.
—No creo que debas.
Mi temperamento aumenta junto con mi hambre, mi sed y mi irritación
general por estar en esta casa, tan lejos de mis drogas, y con dos chicos con
los que he jodido, uno al que he jodido.
—Quiero quedarme en casa. No quiero ir.
Alex niega con la cabeza y se pasa una mano por la cara.
—¿Qué pasa contigo? —pregunta, exasperado—. ¿Por qué estás
jodiendo así? —Hace un gesto hacia mí, como si solo fuera... yo.
No lo sé. No sé por qué soy así. No sé qué me pasa. Ni siquiera tengo
una mala infancia a la que culpar de esta mierda. No tengo una historia de
terror. Estoy jodida, no sé por qué, y quiero irme a casa. Quiero ir a mi
habitación y meterme bajo las sábanas y no pensar en Alex o Eli o por qué
soy así.
—Simplemente no me siento bien.
Da un paso hacia mí.
—Zara. Háblame. ¿Qué pasa?
115
Cruzo los brazos sobre mi pecho, con ganas de enterrarme debajo de la
ropa que estoy usando. Desaparecer y esconderme.
—Alex.
Da otro paso.
—¿Sí?
—Jax dijo algo sobre ti anoche.
Ahora es su turno de retorcerse. Su turno para lucir incómodo.
Culpable.
—¿Qué dijo?
Realmente no era mi intención mencionar esto. No quise hablar de esto
ahora. Antes de un funeral. Mientras estoy bajando de lo que sea que aspiré
anoche. No era mi intención pero:
—Él dijo que tú... —Envuelvo mis brazos alrededor de mí con más
fuerza, mirando hacia el suelo—. Dijo que lastimaste a alguien.
No me atrevo a decirlo. Esa horrible palabra que sonó tan musical
anoche que salió de mi boca. Violación.
Alex no dice nada durante un buen rato. Él está en silencio y yo sigo
mirando al suelo, esperando. Cuanto más tiempo pase sin que él diga nada,
peor se pondrá la situación. Cuanto más culpable parece.
—¿Herir a alguien? —pregunta finalmente, un latido demasiado tarde—
. Herir a alguien, ¿cómo? —Hay un borde subyacente de ira en su tono.
Froto mi mano sobre mi garganta, un brazo todavía envuelto alrededor
de mí.
—No lo sé. —Mi voz es un susurro débil y estoy mintiendo, pero no
puedo decirlo. Simplemente no puedo decirlo.
Da otro paso hacia mí y extiende su mano.
Lo tomo con dedos temblorosos. Me empuja hacia su pecho, me rodea
con sus brazos y yo apoyo la cabeza contra su hombro.
—¿Lo hiciste? —le pregunto—. ¿Hiciste daño a alguien, Alex?
Toma una respiración profunda. Siento que sus pulmones se expanden
y luego se desinflan contra mí. Me abraza con más fuerza, su aroma oscuro
y amaderado me envuelve en familiaridad. Creo que simplemente lo va a
negar, pero en su lugar pregunta:
116
—Si lo hiciera, ¿todavía me querrías?
Cierro los ojos y me aferro a él con fuerza.
—Todavía me quieres, ¿verdad? ¿Después de todo lo que he hecho?
No dice nada durante un buen rato. Demonios, tal vez no me quiera.
Quizás simplemente se sienta mal. Tal vez solo me recogió anoche porque
tiene mucha culpa. Tanta culpa por tantas cosas.
—¿Lo hiciste? —presiono. No quise hablar de eso, pero ahora quiero
saberlo. Ahora necesito saberlo.
—Fue sólo... —Se apaga, y lo escucho tragar. Luego vuelve a
intentarlo—. Fue un gran lío, Za. Fue solo un malentendido. No lastimé a
nadie, ¿de acuerdo? —Me sostiene más cerca, más fuerte, su cuerpo
presionado contra cada centímetro del mío—. No lastimé a nadie. ¿Me crees?
No.
—Sí.
Parece relajarse en mis brazos. No le creo, pero estoy llena de mierda.
Estoy tan llena de mierda, parece incorrecto juzgarlo. No sé lo que pasó. No
quiero saberlo. No quiero saberlo, porque entonces tendré que hacer algo al
respecto y no quiero. No quiero hacer nada al respecto.
Alex es mi salvavidas en este momento.
Alex es la única constante.
Se aparta de mí, sosteniéndome por mis brazos.
—Te amo.
Mi corazón da un vuelco. ¿Puedo responderlo? ¿Lo digo en serio?
¿Alguna vez lo dije en serio? Miro de nuevo al suelo.
—Mira, Alex, sé que crees que soy una perdedora drogadicta...
—No creo eso.
—... pero lo estoy intentando, ¿de acuerdo? Lo siento por todo, pero
estoy... lo estoy intentando. —Presiono mi puño contra mi boca, tragando la
opresión en mi garganta. Reprimiendo las lágrimas que siento pinchar
detrás de mis ojos porque en realidad no lo estoy intentando, y soy una
perdedera drogadicta, pero él no puede dejarme ahora. Aún no. Ahora no.
—Lo sé cariño. —Presiona sus labios contra mi frente—. Lo sé.
Miente, como yo.
No hay verdad entre nosotros. No sé si alguna vez lo hubo. 117
Y este jodido bajón me está haciendo sentir como una auténtica mierda.
—Vamos a tu apartamento —dice, sus labios se mueven contra mi piel,
su cuerpo se aprieta contra el mío—. Te vas a vestir. No vas a tomarte
ninguna droga y yo te voy a llevar a ese funeral, porque si no dejas de joder,
si no te esfuerzas más, Zara, esa vas a ser tú en ese ataúd.
No digo nada en absoluto. Solo pienso en las cicatrices de mis muslos.
Las que vio Eli. Las que Alex nunca ha notado.
Tal vez un ataúd no sería tan malo, en realidad.

118
14
ZARA

E
l funeral apesta.
Lo único bueno es que el padre de Alex no pudo venir.
Quedo atrapado en una mierda personal, dijo Alex.
Lo que sea.
Todo el equipo de porristas está aquí y cada una de ellas me miró mal
cuando aparecí del brazo de Alex. Nunca encajé realmente con ellas, así que
no es inesperado. De todas formas, se las devuelvo sonriéndoles, pero eso
es más probable porque estoy drogada con Vyvanse y tiene poco que ver con
cualquier intención mezquina de mi parte.
Estoy vestida con una falda larga negra, una modesta camiseta sin
mangas del mismo color, para mí de todos modos, y enormes lentes de sol
sobre los ojos para que nadie vea mis pupilas contraídas.
Pero aparentemente, usé el color equivocado porque todo aquí está en
tonos de azul y naranja. Los colores de Caven. Alex lleva un esmoquin azul
y también el jodido Eli.
Observó por encima del hombro, desde la primera fila, mientras Alex y
yo atravesábamos la pequeña iglesia, su rostro era una cuidadosa máscara
de desinterés. Mis rodillas temblaron cuando Alex y yo nos dirigimos a un
banco.
Todo en lo que puedo pensar es que no me gusta compartir un secreto
con Eli. Me hace sentir físicamente enferma.
¿Y verlo secarse los ojos, haciendo una demostración de luto por
Rihanna como si no me hubiera dicho ayer que apenas la conocía? No puedo
creer que me haya tomado tanto tiempo darme cuenta de que estaba loco.
Debería haberle prestado más atención. 119
En este momento, reunidos alrededor de la tumba, detrás de un mar
de personas que se juntaron por Rihanna, veo a Eli ofreciéndole a su madre
un hombro literalmente para llorar. Ella se seca los ojos y llora. A su lado,
un hombre que supongo que es el padre de Rihanna permanece estoico, con
las manos entrelazadas frente a él y sombras sobre sus ojos también.
Todo el mundo está llorando, tratando de no llorar o secándose sus
lágrimas falsas con pañuelos.
Estoy caliente y sudorosa bajo el sol de septiembre y quiero empujar a
Alex a esa tumba abierta por hacerme venir aquí. Si esperaba que
aprendiera algo de esto, se sentirá profundamente decepcionado. Lo único
que he aprendido es que su compañero de habitación está loco, y no
necesitaba este funeral para decirme eso. Que él apareciera ayer en mi
apartamento fue prueba suficiente.
Eli frota la espalda de la señora Martinson y luego mira por encima del
hombro, su mirada en mí. Juro por Dios que veo una pequeña sonrisa en
sus labios y ahora quiero matarlo también.
Pero espero.
No soy tan buena en eso, es cierto, pero para esto, puedo hacerlo.
Y después de que el primer bulto de tierra es arrojado sobre el ataúd y
todo el mundo está llorando y la señora Martinson hunde la cabeza en el
hombro de Eli Addison porque es un estudiante modelo, un chico tan
tranquilo e inteligente que se preocupaba por su hija, un tipo que está tan
angustiado como todos los demás por su muerte, me mira una vez más para
asegurarse de que lo estoy viendo. Y lo estoy. Por eso me vuelvo hacia Alex,
me pongo de puntillas y presiono mi boca contra la suya, agarrándolo del
pecho.
Está sorprendido, y por un segundo se queda ahí parado, sin
devolverme el beso, probablemente conmocionado por mi demostración
pública de afecto en un funeral, como si no supiera que no tengo moral. Pero
nadie está detrás de nosotros, y finalmente abre la boca, me deja girar mi
lengua alrededor de la suya y tenemos nuestro primer beso en el cementerio
mientras Eli mira.
Vete a la mierda, Eli.

120
15
ALEX

Z
ara quiere irse a casa.
Realmente no quiero que lo haga. No sé en qué se meterá
ella sola, pero deja bastante claro que no quiere que me quede
con ella, y supongo que técnicamente no estamos juntos de nuevo. Quiero
decir, definitivamente es mía, y todavía no estoy jodiendo con nadie más,
pero aun así. Técnicamente estamos separados.
Ni siquiera me da un beso de despedida mientras se desliza fuera del
Jeep. Solo se despide sin mirar mientras camina por la acera, luego sube la
escalera expuesta al segundo piso de su complejo de apartamentos. Sigo
mirándola, mucho después de que haya cerrado la puerta detrás de ella.
Ella parecía tan distraída hoy.
Y luego, anoche. Cuando Eli me contó lo que pasó, justo antes de que
la encontrara en la cocina y él subiera a su habitación, aparentemente.
Maldita sea.
Ella ni siquiera lo recuerda.
Se desnudó para mi mejor amigo y ni siquiera lo recuerda.
Cierro los ojos y aprieto los dedos en el volante. Y luego mi teléfono
comienza a sonar a través de las bocinas de mi auto.
Abro los ojos y respondo a la llamada, conteniendo la respiración hasta
que la línea se conecta.
Durante unos segundos, solo hay silencio y luego pregunto:
—¿Mamá?
Odio que mi voz sea áspera, un poco rota. Odio que todo mi cuerpo esté
tenso mientras miro el volante, esperando a que ella diga algo.
121
Preguntándome si su llamada fue un accidente.
No sería la primera vez que me llama desde el bolsillo.
—¡Alex! —dice con una voz falsa y alegre.
Eso casi duele peor. Hace que mi corazón se hunda al escucharla fingir.
Escuchándola como el caparazón de la madre que solía ser.
Flexiono los dedos contra el volante, inclino la cabeza hacia atrás y
cierro los ojos. Quiero subir al piso de Zara. Quiero caer en sus brazos.
Quiero decirle que tengo miedo. Quiero decirle que no quiero que se
convierta en mi madre.
Quiero decirle que creo que ya lo hizo.
—¿Cómo estás, hijo?
Trago la ira.
—Estoy bien, mamá. Papá dijo que no podía hacerlo porque...
Ella se ríe, interrumpiéndome. No hay humor en su risa. Sin diversión
en absoluto. Solo ira fría y amarga.
—¿Qué dijo papá? —Pero no me deja terminar—. Te diré lo que
realmente sucedió, porque estoy segura de que no fue así. Hoy hubo más
fotos, publicadas en el sitio web de la iglesia, justo en la sección de
comentarios debajo de la última publicación del blog de papa. —Su voz
adquiere un tono duro, y puedo imaginar su mandíbula cerrada, sus ojos
entrecerrados. Puedo imaginar su rabia. Puedo imaginar cuánto lo odia—.
Justo debajo de la última publicación sobre cómo mantener viva la jodida
chispa en tu matrimonio.
Lo odio por ella. Joder, lo odio por ella.
Golpeo el volante con el puño, pero no digo nada. Ella no ha terminado
de despotricar. Pero si está despotricando, significa que no está
consumiendo. No ahora. Probablemente más tarde. Probablemente tan
pronto como cuelgue el teléfono con ella, y me sentaría en este maldito Jeep
toda la noche si eso significara que pudiera mantenerla hablando. Si eso
significaba que se quedaría dormida en la línea conmigo. Si eso significaba
que no entraría en un coma inducido por Xanax.
—Lo confronté, por supuesto, y mintió. Por supuesto.
Por supuesto.
—Mamá, estoy tan...
—Nunca hagas esto, Alex, ¿me escuchas? —Su tono cambia. Ya no es 122
difícil. No tan enojado. Es... suplicante—. No le hagas esto a ninguna chica.
Incluso si es Zara. Papá dijo que Zara estaba en la fiesta, con Rihanna… —
Se calla—. Al diablo con lo que dice tu padre sobre ella. No le hagas esto.
Obviamente, papá no le dijo a mamá lo que hizo Zara con Jamal Clint.
Probablemente sea mejor así.
Miro hacia las ventanas del segundo piso del apartamento de Zara.
Ojalá pudiera ver el interior. Ojalá pudiera estar siempre con ella. Ojalá
pudiera salvarla.
—Mamá, yo no...
—No arruines su mundo porque un juguete más nuevo, más joven y
más brillante entre en tu vida. ¿Me entiendes, Alex Christian?
Froto mi mano sobre mi corazón.
—Entiendo, mamá.
Pero... ¿y si ella no me quiere? ¿Y si me aleja? ¿Y si ella es como tú? ¿Y
si me deja por algo nuevo? ¿Algo... más brillante?
—Sé que has cometido algunos errores, Alex, y sé que tienes que
sentarte los próximos tres juegos, hijo, pero no te atrevas a dejar que esas
cosas te amarguen. No te atrevas a permitir que el dolor del mundo te
convierta en alguien que lastima a otras personas.
Pienso en esa botella de tequila. Forzándolo por la garganta de Zara.
Pienso en los videos que circulan sobre ella. Pienso en tirarla a la piscina.
Estaba borracho, era estúpido y enojado, pero no tenía ningún derecho. No
tenía ningún jodido derecho.
Pienso en el otoño pasado. Otra fiesta. Otra chica. Otro error.
La policía. Las acusaciones.
La chica dejó Caven. Ella se fue. ¿Por qué no tuvimos que irnos Eli y
yo?
Porque el papá de Eli es abogado. Porque mi familia tiene dinero. Porque
esa chica no era nadie.
Esa chica era como Zara.
—De acuerdo, mamá. No lo haré. Lo siento mucho, mamá, yo...
—No es tu culpa. Es de tu padre.
¿Vas a dejarlo?
—Lo siento, mamá. 123
Suspira en la otra línea, y puedo imaginarla mirando el frasco de
prescripción tintado de naranja. Puedo imaginarla luchando contra eso.
Puedo imaginarme cuando empezó todo. Cuando los rumores de que papá
la engañaba estaban en plena vigencia y no me lo creía. No me lo creía,
porque papá es pastor y él no lo haría.
Y luego fui al cobertizo de la piscina mientras mamá estaba fuera con
algunos amigos. Llegaba a casa temprano de la escuela, con ganas de pasar
el fin de semana con mi padre antes de que se viera envuelto en la iglesia el
domingo. Llegaba a casa una hora antes un viernes y él se estaba follando
con una chica en ese cobertizo.
—Tengo que irme —me dice de repente. No sé dónde está papá, o qué
está haciendo, en qué habitación está. Sin embargo, sé por qué no se ha ido.
Ella lo dio todo por él. Su carrera, su estado natal, su familia. Su vida. Ella
se mudó y lo dejó todo y ahora tienen dinero y tienen prestigio y ¿a dónde
iría? Y si ella se va, un hombre divorciado no puede dirigir la iglesia.
Más que eso, no quiere ajustar su estilo de vida. Incluso si solo se trata
de hacerse la manicura, tomarse pastillas y hablar de él en la ciudad. Es su
vida ahora.
—Tengo que irme, pero hablaré contigo pronto, ¿de acuerdo? Ven a
vernos cuando puedas. —Puedo escuchar esa leve pizca de emoción en sus
palabras que no encaja con lo que dice. Y sé que se ha rendido de nuevo. Sé
que tan pronto como termine esta llamada, se tomará un puñado de
pastillas.
Lo sé, pero no puedo hacer nada.
Papá no puede dirigir una mega iglesia si su esposa también está en
rehabilitación, así que se dan sus vicios y nadie dice una mierda al respecto,
hasta que llega a un punto crítico y pelean. Se pelean y gritan y al final, se
quedan juntos porque nadie más los querría.
Miro de nuevo a la ventana de Zara.
—De acuerdo, mamá.
—Te quiero, Alex.
Trago el nudo en mi garganta.
—Yo también te amo, mamá.

124
Domingo por la noche, después de pasar la mayor parte del sábado en
la cama, estoy afuera en la terraza trasera cuando Eli sale con una cerveza
en la mano.
Desliza la puerta para cerrarla detrás de él y se sienta en el sofá frente
a mí. Se pone el sol, se encienden las antorchas tiki, las luces submarinas
brillan en la tranquila superficie de la piscina.
Me vuelvo para mirarlo. Está mirando el agua, con una sudadera de
lucha Caven U sobre sus pantalones cortos de gimnasia. Los círculos debajo
de sus ojos son bastante malos, y me pregunto si en realidad está más
asustado por la muerte de Rihanna de lo que parece.
O eso, o algo más debe estar carcomiéndolo.
—¿Ves a sus padres hoy? —le pregunto, rompiendo el silencio.
Me había dicho que pasaba por la casa de los padres de Rihanna para
ofrecer más condolencias, ver si necesitaban algo. Estoy seguro de que no
lo hizo por la bondad de su corazón, pero, de nuevo, tal vez finalmente se
esté hundiendo en que ayer, ayudó a enterrar a una chica que le chupó la
polla. Nunca salieron, pero follaron de vez en cuando durante los últimos
meses. No estoy seguro si en realidad eran amigos o algo así, pero supongo
que te acostumbras a que los labios de alguien estén alrededor de tu polla.
No me mira. Tiene los codos sobre las rodillas, toma un trago de su
cerveza y luego se encoge de hombros.
—Sí. —No ofrece nada más.
Asiento, mirando hacia el agua. Tengo un brazo alrededor del respaldo
del sofá, mis pies apoyados en la terraza. No lo miro cuando le pregunto:
—¿Algo de lo que quieras hablar?
Suena el silencio y me pregunto si me responderá. No suelo hacer
preguntas como esa, pero parece incluso más callado que de costumbre. Me
pregunto si se ha sentido nervioso por todo el asunto de Zara.
Sé que no fue culpa suya. Ella es simplemente... así.
—No realmente —me responde finalmente—. ¿Tú?
Enrollo mis dedos alrededor de la tela del sofá, apretando. Hay muchas
cosas de las que quiero hablar. Quiero hablar de mi mamá. Quiero hablar
de Zara. Quiero hablar de lo que pasó el fin de semana pasado, en la fiesta.
125
Ambos con Rihanna y Zara. También quiero hablar del otoño pasado. Quiero
que me diga que no soy una mala persona. Que simplemente la cague.
En lugar de eso, solo digo:
—No. Mañana tengo un examen para el que probablemente debería
estudiar. —Pero no me levanto.
—¿Qué clase? —pregunta, pero su voz es tan distante. Sé que
realmente no le importa. No sé si a Eli le importa algo.
Lo miro, veo su perfil lateral mientras mira a la piscina. Veo el reloj y
la calavera en su mano, las rosas y la filigrana que se arrastran por su brazo,
debajo de su sudadera con capucha de lucha libre. Pienso en la forma
controlada en la que lucha, sin emoción, arrebatos o deslices. Cuando rodea
a su oponente, espera hasta el momento adecuado para hacer un
movimiento, y cuando golpea, siempre es para derribarlo. Nuestros horarios
entran en conflicto a veces, con la lucha libre y el fútbol, pero he visto un
par de sus luchas y he visto videos de los demás.
Él es bueno.
Lucha como vive, en silencio, con control. Me pregunto cómo sería que
ese control se deslizara.
Casi lo hizo el otoño pasado.
Y luego, el fin de semana pasado, lo detuve.
—Solo un curso de sociología, será bastante fácil.
Se vuelve para mirarme y arquea una ceja.
—Sociología, ¿eh?
Asiento, flexiono los dedos y los apoyo sobre mi muslo.
—¿Ya postulaste para las facultades de derecho? —me pregunta.
Muerdo el interior de mi mejilla, me vuelvo para mirar la piscina.
—No.
—¿La fecha límite probablemente sea pronto para algunos de ellos?
Asiento una vez, froto una mano sobre mi mandíbula.
—Sí.
—¿Tienes dudas? —presiona con un toque de diversión.
Todavía no lo miro cuando me encojo de hombros y me golpeo el muslo
con el puño.
126
—No lo sé. En realidad no, porque ¿qué más haría? —Soy bueno en los
deportes, pero no soy bueno para el fútbol profesional. Puedo admitir eso.
Además de eso, realmente no quiero jugar en una liga. He pensado en abrir
un gimnasio, pero eso parece una pérdida de una carrera en negocios, antes
de la carrera de derecho. Y si voy a la facultad de derecho, mis padres se
sentirán orgullosos, papá no me engañará acerca de ir al puto ministerio y,
diablos, tal vez pueda hacer algo bueno en el mundo.
Probablemente no. Pero tal vez.
Veo a Eli negar con la cabeza por el rabillo del ojo. Inclina su cerveza
hacia arriba, luego la baja de nuevo, apoyándola en su rodilla.
—Hay muchas cosas que puedes hacer.
—¿Por qué estás aquí, de todos modos? —le pregunto, de repente
enojado mientras me giro para mirarlo. Su padre es dueño del bufete de
abogados más grande del estado. Tiene dinero familiar. Qué diablos está
haciendo en Caven cuando no quiere hacer una mierda, pero trabajar en los
coches me supera. Durante el verano, ayuda a su tío en su taller de
carrocería, y lo único en lo que lo he visto actuar un poco emocionado es
cuando cambia su auto por uno nuevo, lo que sucede cada seis meses—.
¿Por qué no empezar a trabajar?
No se ve ofendido por mis preguntas. Ladea la cabeza, como si estuviera
pensando.
—¿Por qué no estar aquí? —responde finalmente.
Pongo los ojos en blanco, pero a regañadientes veo su punto, supongo.
Le gusta luchar; lo hizo en la escuela secundaria. Obtuvo un viaje gratis
aquí, por lo que no toca el dinero de su familia. La primera noche que
pasamos juntos en un dormitorio, después de que fuimos asignados como
compañeros de cuarto, nos drogamos y me dijo que quería toda la
experiencia universitaria para que cuando creciera, no sintiera que se había
perdido nada.
Quería ser lo más malo posible, me dijo. Quería joderlo todo. Y cuando
se graduara, volvería a armar todo.
También me dijo, esa misma noche, que su mamá era una perra y que
él nunca quería tener hijos. Si no tienes ninguno, dijo, no podrías
lastimarlos.
Descubrí que su madre lo dejó a él y a su padre cuando él era más
joven. No lo hemos vuelto a hablar desde entonces. 127
Cogiéndome con la guardia baja, me pregunta:
—¿Qué les pasa a ti y a Zara?
Mis miembros se sienten pesados con sus palabras porque no sé la
respuesta a su pregunta. Y desearía haberlo hecho. Sé que debería dejarla
ir. Sé que ella me jodió. Sé que me engañó y me humilló, y sé que debería
odiarla por eso.
Pero no lo hago.
Simplemente no lo hago.
Por mucho que quiera que mi madre se libere de mi padre, también sé
que probablemente sea mejor que no se vaya. Porque si lo hace, ¿quién
estará ahí para ella? ¿Quién se asegurará de que no tenga sobredosis?
¿Quién cuidará de ella?
No puedo dejar de imaginarme los ojos azul verdoso de Zara. Sus brazos
alrededor de mí cuando la recogí en casa de Jax. Eres muy hermosa. Cómo
se siente su cabello en mis manos. Ese aroma de café y flores que flota a su
alrededor dondequiera que va. Cómo mis sábanas todavía huelen a ella, y
espero que nunca se detengan.
Sé que ella me lastimó.
Sé que necesito dejarla.
No puedo.
—No lo sé —le respondo finalmente a Eli, mirándome las manos—.
Honestamente, no lo sé.
Se queda callado por un momento y luego dice:
—Tienes que mantenerte alejado de ella, hombre.
Me tenso, apretando los puños, pero no miro hacia arriba. Sé que solo
está siendo mi amigo. Solo dice lo que es mejor para mí.
—Las chicas hacen fila para chuparte la polla. Olvídate de Zara.
No puedo evitar reírme, aunque definitivamente no estoy de humor
para jugar.
—No sé, después de Rihanna, todos podrían tenerle miedo.
Miro hacia arriba y encuentro su mirada oscura. Frunce el ceño.
—¿Crees que ella tuvo algo que ver con Rihanna?
Niego con la cabeza y miro las estrellas sobre nosotros. 128
—No, solo estoy jodiendo. Supongo que no es gracioso.
Él ríe.
—Aún no. Tal vez en unos días más. —Luego pregunta—: No estoy
tratando de empezar nada, pero ¿por qué sigues follando con ella? ¿Después
de lo que hizo? —Y es asombroso, porque realmente no parece que esté
tratando de empezar nada. Solo está preguntando. Clínicamente.
Curiosamente. Él quiere saber.
Sigo mirando las estrellas.
—¿De verdad quieres saber, hombre?
—Por eso estoy preguntando.
—Ella es adictiva —le digo. Agacho la cabeza y él se gira para mirarme,
sus ojos verde oscuro clavados en los míos—. Todas sus cagadas, e incluso
la forma en que se sale un poco de control, es simplemente adictiva.
—¿La amas? —Es una pregunta rápida y sencilla. Me sorprende,
viniendo de Eli. Él realmente no habla de chicas y definitivamente no
hablamos de amor.
—Sí, eso creo.
Él asiente, como si esperara que yo dijera lo mismo. Me hace un gesto
con su cerveza.
—Sabes que ella no está bien. Sabes que todavía está consumiendo. Y
tú tampoco puedes respirar por ella. Ella te arrastrará a esa tumba y te
enterrará con ella. —Toma otro trago de su cerveza—. Te va a joder, Alex.
No la salvarás. Ella solo te destruirá.

129
16
ZARA

U
na de la mañana del lunes y no puedo dormir. El domingo no
hice nada. Acabé tomando jarabe para la tos a mitad del día, y
ahora estoy cosechando las consecuencias.
Me pongo de lado para agarrar el teléfono de la mesita de noche.
Todavía no me he enfrentado a Eli por sus estupideces. Alex y yo nos
hemos enviado mensajes de texto desde que me dejó aquí el sábado, y le he
vuelto a decir que lo sentía, pero no lo siento tanto.
Estoy jodidamente enojada.
Sé que Eli probablemente esté durmiendo, aunque no estoy segura de
que duerma, pero no puedo evitarlo. He estado pensando en sus estupideces
sin parar, esperando a que se lo cuente a Alex. O que me chantajee para
quedar con él o alguna mierda.
Pero me ha ignorado.
Yo: ¿Qué carajos te pasa?
Envío el mensaje, sin esperar realmente una respuesta. Me tumbo de
espaldas, sosteniendo el teléfono sobre mi cabeza bajo las sábanas.
Me gustaría que Alex estuviera aquí.
Ojalá pudiera ser sincera con él.
Ojalá pudiera decirle que Eli está jodido.
En lugar de eso, me limito a ver algunas fotos de nosotros. Mis piernas
rodeándolo en la playa, su madre detrás de la cámara. Tengo la sonrisa más
grande en mi cara, y ni siquiera estaba drogada ese día. Él está fingiendo
que me muerde la mejilla, sus manos bajo mi culo. Él también parece feliz.
Puedo ver ese hoyuelo en su mejilla, incluso con sus dientes desnudos
130
contra mi piel.
Hay otra foto mía, saliendo del agua en la piscina de sus padres aquella
noche que estaban fuera. Estoy desnuda, pero él tomó la foto con cuidado,
para que no se note.
Si hubiera sido así de cuidadoso el puto fin de semana pasado.
Antes de poder mirar la siguiente foto, recibo un mensaje de Eli. El
corazón me da un vuelco en el pecho y se me hace un nudo en el estómago.
Respiro antes de abrirlo.
Eli: ¿Me echas de menos, pequeña?
Este imbécil.
Antes de poder serenarme, dejo que mis dedos vuelen sobre la pantalla.
Yo: ¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué has mentido así?
Esta vez, no vuelvo a las fotos de Alex. Me limito a esperar, porque casi
inmediatamente, veo que Eli está escribiendo.
Él: No es bueno para ti.
Y entonces, un segundo después, antes de que se me ocurra qué decir,
añade: Saca una foto de tus cicatrices. Quiero verlas.
Pongo los ojos en blanco y aprieto los muslos antes de responder.
Yo: Jodete.
Me muerdo la mejilla mientras espero su respuesta. No tengo que
esperar mucho.
Él: ¿Cómo está tu compañera de piso, Zara?
Miro mal la pantalla, con el ceño fruncido. Mis brazos se están
cansando de sostener el teléfono, así que me pongo de lado, todavía perpleja.
No sé si conoce a Kylie, y ella está durmiendo en su habitación. La vi cuando
salí por una manzana a primera hora del día.
Antes de que pueda preguntarle de qué carajo está hablando, me dice:
¿Sabes que ella y Alex son cercanos?
Me río a carcajadas. Es divertidísimo. Alex ha venido muchas veces, y
él y Kylie apenas intercambian tres palabras entre sí. Definitivamente no
son cercanos. Además, pienso en todas esas preguntas que Kylie me hizo
sobre Alex. En que ella siempre decía que él era un imbécil.
Yo: Sí. Qué divertido. Engáñame una vez...
La respuesta de Eli es casi instantánea. 131
Él: Le mentí a él. No voy a mentirte a ti.
Me muerdo el labio, frunciendo el ceño. Es evidente que está lleno de
mierda. El hombre está loco. Simplemente está loco. Intentó empezar una
mierda entre Alex y yo inventando una mierda sobre que yo me exhibí, así
que es imposible que esto sea cierto. Kylie no es el tipo de Alex. Alex
definitivamente no es el tipo de Kylie.
¿Qué tan cercanos?, pregunto, cediendo. Si quiere hablar de mierda,
veré hasta dónde puede llegar.
Empieza a teclear, luego se detiene, luego empieza y se detiene de
nuevo. El corazón me late en el pecho y bajo las sábanas, mirando la puerta
cerrada de mi habitación. Kylie no iría allí. Alex tampoco lo haría. Entre los
dos, yo soy la infiel.
Alex es arrogante y un imbécil, pero no es infiel.
Vuelvo a tomar el teléfono cuando veo que por fin llega el mensaje de
Eli.
Eli: ¿Qué se siente el estar con alguien que quiere controlarte de
una puta vez?
Pongo los ojos en blanco en la oscuridad.
Yo: Esa no es una respuesta, Eli Addison.
A pesar de lo molesta que estoy, no puedo evitar sonreír mientras
escribo su nombre y su apellido. No seas estúpida, Zara. Pero mierda, parece
que no puedo parar.
Eli: Oh, me gusta cuando dices mi nombre.
Dejo el teléfono de golpe sobre el colchón y me muerdo el labio para
reprimir la risa. Es muy raro. Vuelvo a tomar el teléfono para preguntarle
por Kylie y Alex, pero ya me ha vuelto a enviar un mensaje.
Eli: ¿Cuál es tu segundo nombre?
Me distraigo momentáneamente de la mierda de Kylie.
Yo: Eres mi acosador número uno. ¿No deberías saberlo? Y
entonces, porque soy claramente estúpida, añado: ¿Cuál es el tuyo?
Él responde al instante.
Él: Adonis.
Y justo después
Él: Eres linda, ¿lo sabías, Zara Rose?
132
Coloco una mano sobre mi corazón, deseando que se calme.
Yo: ¿Cómo lo sabes?
Me encuentro conteniendo la respiración mientras espero su respuesta.
Hay muchas banderas rojas aquí. Eli no es un buen tipo. No sólo eso, sino
que vive con Alex. Por lo que sé, ambos podrían estar jodiéndome ahora
mismo.
Incluso si no lo están haciendo, esto no terminará bien para mí.
Probablemente se olviden de mí, y vuelvan a ser hermanos. Pero se olvidarán
de mí, y estaré sola, y no puedo hacer eso. No puedo hacerlo.
Internet lo tiene todo, responde.
Sí, puede que sí, pero, aun así, tanto si es un acosador de verdad como
si sólo es bueno buscando en la red, sé lo que tengo que decir a
continuación.
Yo: No deberíamos hacer esto.
Lo envío antes de que pueda mentalizarme, pero sigo mirando el
teléfono, esperando que esos tres puntitos me hagan saber que está
respondiendo. Tal vez para decirme que está de acuerdo o para decir que
vamos a dejar esto atrás. O incluso para decirme que siente haberme
molestado.
Pero no dice nada de eso. En su lugar, responde: ¿Quieres parar?
El corazón está latiendo tan fuerte en mi pecho que siento que me va a
dar un infarto. ¿Quiero parar? No lo sé.
Antes de que pueda responder, me llega otro mensaje que me revuelve
el estómago y me hace sentir un cosquilleo en cada nervio de mi cuerpo.
Él: No me gusta cuando te hace daño.
Tengo la mano sudada sobre el teléfono, una mano apoyada en el
colchón. No sé qué decir. Sigo mirándolo hasta que la pantalla se oscurece
y se queda en negro.
No me gusta cuando te hace daño.
Cierro los ojos, pero entonces la pantalla vuelve a iluminarse y la veo
más allá de mis párpados. Respirando hondo, me fuerzo a abrir los ojos y
leo el siguiente mensaje.
Él: Sé que tú también le has hecho daño. ¿Crees que siempre serás
así? ¿Y si encuentras a la persona adecuada?
Debería guardar mi teléfono. Cada mensaje que envío es más 133
condenatorio que el anterior, y puede que Alex me haya perdonado por las
estupideces en las que Eli mintió, pero si viera estos mensajes,
definitivamente no lo haría.
Por otra parte, Eli también se estaría jodiendo a sí mismo. No puede
mentir sobre esto.
No sé, respondo. Sólo quiero experimentarlo todo, admito.
Yo: Y entonces... entonces estaré bien.
No empieza a escribir durante tanto tiempo que creo que se ha dormido.
Pienso que probablemente yo también debería hacerlo teniendo en cuenta
que tengo clase por la mañana, pero justo cuando estoy a punto de volver a
conectar mi teléfono a la carga, me envía otro mensaje.
Él: Ya estás muy bien, pequeña.

134
17
ZARA

—¿C
ómo estuvo la clase? —me pregunta Kylie el
lunes, metiendo un mechón de cabello oscuro
detrás de su oreja y llevándose el popote de
su batido de mango a los labios—. Pareces
preocupada —añade antes de tomar un trago.
Arrojo mi mochila verde en el stand de Oasis, uno de los pequeños cafés
del campus. Las paredes están pintadas de naranja oscuro, y el lugar huele
ligeramente a moho, así que no es mi favorito, pero Kylie quería reunirse
para almorzar hoy.
Tenía filosofía y ética esta mañana, y estoy bastante segura de que
bombardeé mi examen de filosofía griega antigua.
Terminé tomando un Adderall para estudiar después de que Eli se
durmiera anoche.
En vez de eso, me quedé despierta hasta que salió el sol leyendo las
Meditaciones de Marco Aurelio, lo que uno pensaría que me ayudaría con el
examen. Excepto que él era romano. No griego.
Me encorvo en la cabina mientras Kylie sorbe su batido, mirando
fijamente y esperando que yo responda a su pregunta. Por un segundo,
pienso en preguntarle sobre Alex. Sobre lo que dijo Eli. Pero sé que Eli sólo
está tratando de provocar problemas.
Aun así, pensar en él me hace sentir muy... cálida.
Ugh.
—Creo que acabo de reprobar un examen —admito a Kylie, tratando de
sacar los pensamientos de Eli de mi mente.
Ella frunce el ceño y se quita el batido de la boca mientras se lo traga. 135
—Oh, no. Eso no es bueno. ¿De qué estaba hecho?
Considerando que sé que Kylie está tomando mierda como química
orgánica, no quiero decírselo. Pero lo hago de todas formas:
—Antigua filosofía griega. Estudié la cosa equivocada. —Algo así como
cierto. Sabía que Aurelio no estaría en el examen, pero no voy a decirle que
me quedé despierta toda la noche enviando mensajes de texto al mejor amigo
de mi ex, y luego terminé en mi habitación leyendo Meditaciones.
Me encogí de hombros, solté un suspiro.
—De todas formas, está bien. Viviré.
—¿Cómo está tu promedio? —me pregunta, lo que parece una pregunta
personal, pero me doy cuenta de que si mi promedio fuera decente, no lo
sería.
Aun así. Me aclaro la garganta y me siento un poco más recta, mirando
por encima de su cabeza a la caja de Oasis, viendo a la señora de la caja
añadir crema batida a un café helado. Mierda, quiero eso. Pero tengo que
racionar el dinero que me envía mamá. No puedo gastarlo en cosas como el
café helado cuando tengo cosas como drogas ilegales que comprar.
—Está bien —le respondo a Kylie, conociendo su mirada—. ¿La tuya?
¿Ya te inscribiste en las escuelas de farmacología?
Ella envuelve sus pequeñas manos alrededor de su taza de plástico,
sonriendo. He notado que hablar de su futuro como farmacéutica la excita
mucho. Ojalá me sintiera así por algo.
—Sí, ya he enviado algunas solicitudes, pero espero entrar en el
programa de Caven. Ian ya ha sido aceptado en la escuela de medicina —
dice a borbotones, con las mejillas un poco rosadas.
Dios, ojalá yo también sintiera eso por alguien.
Como si fuera una señal, mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mis
vaqueros y conozco ese patrón. Kylie no deja de hablar de lo genial que es el
programa de farmacología de Caven mientras yo me inclino y agarro mi
teléfono, mirando la pantalla.
Síp. Alex.
Él: Quiero verte.
Él: Esta noche.
Él: Ahora.
Él: No puedes besar a un tipo en un funeral y luego hacerlo 136
fantasma. Eso es bastante macabro.
Me río un poco a carcajadas de eso y luego me doy cuenta, tarde, de
que Kylie sigue hablando de las escuelas de farmacéutica porque se tropieza
con sus palabras y yo miro hacia arriba, avergonzada de que no estaba
escuchando.
Pero ella está mirando mi teléfono con una sonrisa.
—¿Tú y Alex se reconciliaron? —me pregunta, aparentemente sin
importarle que me perdiera la mitad de lo que estaba diciendo. Su frente
está arrugada, y parece un poco inquieta al preguntar por él.
De nuevo, pienso en el mensaje de Eli.
Mirando a mi pantalla, me pregunto qué decirle a Alex. Tal vez debería
enfrentarme a él y a Kylie. O podría decirle lo que está pasando con Eli.
Sí, no. No importa. No puedo decirle eso si ya está hablando con Alex a
mis espaldas. Además, probablemente aún no se ha recuperado del hecho
de que le dije que se la chupé a otro tipo.
Me aclaro la garganta, le doy la vuelta a mi teléfono, dejando a Alex en
visto. Bueno, no literalmente. Mis recibos de lectura están apagados porque
no soy un psicópata.
—No, no —le digo, tamborileando mis uñas negras astilladas sobre la
mesa. Tendré que arreglar esa mierda esta noche, cuando probablemente
esté sola y borracha viendo You, o alguna otra mierda perturbadora. Como
si mi vida no fuera lo suficientemente extraña—. Es uh, sólo un tipo de mi
clase de filosofía. —Vaya. Me estoy convirtiendo en una mentirosa total.
Kylie menea sus cejas hacia mí.
—¿Quieres compartir? —pregunta, y luego toma otro sorbo de su
batido.
Siento que me ruborizo, pero obviamente no por el tipo inexistente que
acabo de inventar. Y como que quiero compartir. Quiero hablar de Alex
Cardi, como quiero hablar de Eli Addison. Quiero decirle que algo está muy
mal en mí. Ojalá pudiera decirle que me cuesta mucho trabajo controlar mi
consumo de drogas otra vez, y que tengo tanto miedo de acabar sola el resto
de mi vida, sobre todo por mi escasa capacidad de decisión.
Agito mi mano, sacudiendo la cabeza.
—No, no es nada, de verdad.
No parece que me crea, pero lo deja pasar, e incluso me hace un favor
y cambia de tema. Mirando hacia abajo a mis uñas golpeando de nuevo 137
contra la mesa me pregunta:
—¿Vas a comer algo?
¿Comer? La idea me asusta, pero supongo que es hora de comer. Hace
días que no tengo apetito, entre todo el Adderall y el Xanax o el jarabe para
la tos para noquearme cuando se hace demasiado tarde.
La idea de comer ahora mismo es desagradable. Tengo la boca seca y
estoy segura de que la comida sabrá a ceniza.
Sacudo mi cabeza rastrillando mi mano a través de mi cabello. Que
necesita ser lavado.
—Oh, no. No tengo hambre.
Kylie toma un sorbo de su batido, pero me mira sospechosamente. No
me gusta. Me retuerzo un poco en mi asiento y luego me doy cuenta de que
me hace parecer culpable. Mi siguiente instinto ansioso es tomar mi teléfono
y rogarle a Alex que venga a salvarme, pero eso me haría parecer débil. En
lugar de eso, busco un cambio de tema.
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo Ian y tú?
Esto es, aparentemente, lo correcto. Estaban juntos antes de que me
mudara al apartamento, y nunca me molesté en preguntar porque soy una
perra egoísta.
Kylie sonríe tan fuerte que me duele la cara, sólo de verla. Sus dedos
se flexionan contra el plástico de su taza de batidos, y agacha la barbilla,
riéndose un poco.
Es divertido y algo molesto al mismo tiempo. Molesto sólo porque estoy
jodidamente celosa. Si alguien sabe algo de mí, es por ese estúpido video, y
el hecho de que soy la novia de Alex Cardi.
Básicamente, soy la chica de las tetas.
Es la universidad, por supuesto, así que a nadie le importa mucho
quién eres si no estás en la cima del tótem, pero aun así. Kylie Jones
definitivamente no es la chica de las tetas, aunque las suyas son mucho
más grandes que las mías, incluso en su pequeña estructura. Es la futura
chica farmacéutica. La chica inteligente.
La chica de Ian. Más bien, es el chico de Kylie.
—Desde el final del año pasado —me dice, todavía cursi como una
tonta. Se apoya la barbilla en la mano y bate las pestañas—. Me pidió que
fuera su novia bajo un árbol de Navidad.
138
Eso me hace pensar en mi madre, que es un poco cálida y desagradable
a la vez. Celosa.
—Oh, wow. Como, ¿uno de exterior o uno falsa o...?
Se ríe, se pone la mano en la boca y luego habla entre los dedos.
—El árbol de mis padres. Él les preguntó primero. Si podía salir
conmigo.
Casi se me salen los ojos de la cabeza.
—Vaya. Eso es... eso es algo. —Eso es perturbador.
Está sonriendo tanto que juro que va a partir su linda cara redonda en
dos.
—Sí, es mi fiesta favorita y él sabía que mi padre querría que se lo
pidieran, así que —se encoge de hombros—, se lo pidió a ellos y luego a mí.
—Su voz sube por los extremos, como un chillido.
Si Alex le hubiera preguntado a mi madre antes de salir conmigo, le
habría dado un golpe. Si mi madre hubiera creído por medio segundo que
necesitaba su permiso para salir con alguien, también le habría dado un
golpe.
Dios, soy una perra.
Pero también puedo reconocer cuando otra chica es genuinamente feliz,
y Kylie es definitivamente eso.
—Estoy feliz por ti —le digo, y lo digo en serio. Sólo desearía tener eso.
No lo del permiso paterno porque es demasiado sureño para mí, y soy una
maldita sureña, sino la parte de la felicidad.
Alex me hace feliz.
También me hace enojar.
Estoy segura de que el sentimiento es completamente mutuo.
—Sí, él es el mejor —dice Kylie, todavía viajando en su pequeña burbuja
de amor. Lo que sea que Eli estaba insinuando anoche, está lleno de ello.
Ian es un buen tipo. Tiene cabello rubio y gafas y una cara de niño, y parece
perfecto para Kylie.
Tal vez ese es el problema.
Tal vez no hay nadie que sea perfecto para mí porque soy un maldito
fenómeno. Y no sólo en el sentido sexy. Principalmente, de hecho, en la
139
forma poco sexy.
Kylie ladea la cabeza, levanta un dedo como si estuviera escuchando
algo. Es bastante tranquilo en Oasis. Demasiado temprano para la prisa del
almuerzo, así que este lugar está casi vacío. No sé qué mierda está tratando
de escuchar.
Entonces sonríe de nuevo, y lo escucho.
Un tono de llamada que viene de su mochila rosa.
“Bella’s Lullaby” de la banda sonora de Crepúsculo.
—¡Ese es Ian! —dice emocionada. Saca el teléfono del bolsillo delantero
de su mochila y pasa a contestar la llamada.
Esta es mi señal para irme.
Me pongo de pie después de salir de la cabina, agarrando mi mochila.
—Te veo esta noche —le digo, y ella me despide con los dedos, atrapada
en la dicha del amor joven y no jodido.
Debe ser jodidamente agradable.

140
18
ELI

M
iércoles por la noche, salgo del gimnasio después del
entrenamiento, con la bolsa de viaje colgada del hombro,
cuando siento que mi teléfono vibra en el bolsillo. Oigo hablar
a los chicos que están detrás de mí y alguien me pregunta si
quiero ir a cenar.
Los ignoro y me dirijo a la piscina del gimnasio mientras saco el
teléfono.
El nombre de Zara parpadea en la pantalla. Desde el domingo por la
noche, o el lunes por la mañana, supongo, no nos hemos enviado mensajes.
Sé que quedó con Alex para comer el martes porque me lo contó anoche.
Pero dijo que no está realmente listo para confiar en ella de nuevo.
Si depende de mí, no lo hará, nunca más.
Ya ha oscurecido, hace un poco de frío para ser mediados de
septiembre, y mientras desbloqueo mi teléfono, siento un escalofrío que me
recorre el cuerpo y me quita el sudor del entrenamiento.
Ella: Háblame de Kylie y Alex.
Sonrío a la pantalla. Tal vez ahora quiera intentar confiar en mí. Me
quito el bolso y lo dejo en el borde de hormigón de la piscina.
Yo: ¿Qué quieres saber?
Ella responde inmediatamente, y me pregunto qué está haciendo.
Quiero ver si ella y Alex han ido al bar con Dwight por la noche de las alitas.
¿Vendría si se lo pidiera?
Probablemente esté enfadada porque le mentí a Alex, pero no me
importa. He estado esperando por ella demasiado tiempo. No quiero esperar
más. 141
Ella: Todo.
Miro al cielo nocturno, veo las estrellas en lo alto. No sé cuánto tiempo
tendremos antes de que Alex regrese. El entrenamiento ha sido más tarde
de lo habitual esta noche porque la sala de lucha estaba siendo utilizada
para otra mierda, pero ahora son como las ocho.
Alex probablemente no volverá hasta después de medianoche.
Yo: Deja que te recoja.
Me quedo mirando la pantalla en la oscuridad, esperando. Ella empieza
a escribir, luego se detiene. Luego vuelve a empezar.
Ella: ¿Vas a meterme en problemas otra vez, Eli Adonis?
Sonrío en la oscuridad, mordiéndome la mejilla. Mi madre solía
llamarme así.
Yo: No. Lo prometo.
Ella: No me fío de ti. Recógeme de todos modos.
Y entonces, justo después de ese mensaje, quiero experimentarlo
todo, ¿recuerdas?

142
19
ZARA

E
stoy sentada con los pies en la piscina junto a Eli, los dos en
una toalla compartida. Él también tiene los pies metidos. Me ha
dicho que me trajera el bañador y como ya estoy siendo
jodidamente estúpida, me ha parecido una tontería no hacerlo.
Sabía que Alex había salido con Dwight, así que al menos durante unas
horas más, estaremos solos.
Le dije a Eli que tenía que irme antes de que llegara Alex.
Agarro el vaso rojo Solo que hay en la manta entre nosotros y me
termino el refresco de tequila antes de volver a dejar el vaso.
—¿Quieres otro? —pregunta Eli a mi lado y se gira para mirarme.
Me encuentro con sus ojos en la penumbra de la piscina. El agua está
fría, y la noche también es algo fría. No hace suficiente calor para que
estemos sentados en bañador, pero no quiero que Eli se ponga la camiseta,
así que no me quejo. Además, el alcohol me calentará pronto.
—No debería —le digo a Eli, sonriendo un poco mientras él me sonríe.
Él ladea la cabeza.
—Tú tampoco deberías estar aquí y, sin embargo, aquí estás. —Se
encoge de hombros, y los músculos de sus hombros se flexionan al hacerlo—
. ¿Por qué no ser un poco más malo? —Sus palabras son un susurro, y hay
como treinta centímetros de espacio entre nosotros, pero eso no impide que
un escalofrío recorra mi espalda. Aprieto los muslos y espero que no se dé
cuenta.
Sus ojos no se apartan de los míos.
—Está bien, de acuerdo. Pero no hasta que me digas lo que sabes sobre
Alex y Kylie. Y por qué carajo le mentiste a Alex sobre que me haya exhibido. 143
—Sé que debería estar más enfadada, pero cuando sonríe ante mi respuesta,
no puedo evitar reírme un poco también.
Está apoyado en las palmas de las manos, pero acerca sus dedos a los
míos, su pulgar rozando mi muñeca, sus ojos aún en los míos.
—Alex le dijo a Kylie que te vigilara —dice en voz baja.
Se me revuelve el estómago.
—Le envía informes semanales.
Le quito la mano de encima y me siento más recta, girando para mirarle
fijamente.
—Eli, no me jodas. ¿Estás mintiendo ahora mismo?
Él también se sienta, sacando los pies, apoyados en la toalla mientras
se rodea las rodillas con los brazos.
—Te lo dije. No te estoy mintiendo.
—Pero le mentiste a Alex sobre...
Pone su mano en mi muslo, cortando mis palabras. Su pulgar acaricia
las cicatrices, justo bajo el borde de mi bikini.
Me estremezco ante su contacto, pero no me atrevo a moverme.
—Sí. Le mentí a él. No te estoy mintiendo a ti.
—¿Pero por qué? —le pregunto, con la voz ronca, mientras él sigue
moviendo su pulgar de un lado a otro de mi piel desnuda. Siento que el calor
se extiende en mi interior, que mis entrañas se vuelven líquidas—. ¿Por qué
le mentiste? Estaba enfadado conmigo.
—Siempre está enfadado contigo, pequeña.
Le sostengo la mirada un segundo y luego me giro para mirar la piscina.
Mantiene su mano en mi muslo, todavía pasando su pulgar de un lado a
otro por mi piel.
—¿Crees que le importa? —pregunto sin mirarlo—. ¿Por eso le pidió a
Kylie que me vigilara? —Odio el tono áspero de mi voz, pero no puedo
evitarlo.
Alex me ha estado mintiendo.
O, como mínimo, me ha estado ocultando cosas. ¿Y Kylie? Que se joda.
Me ha estado mintiendo con lo de que Alex es un imbécil. O tal vez ella
realmente cree que lo es, pero también me mintió. 144
Eli se calla un momento y su pulgar se acerca al borde de mi bikini. El
calor bajo mi piel crece y quiero girarme hacia él, con sus dedos más arriba,
dentro de mí otra vez.
Pero también necesito escuchar esto.
—Probablemente —me responde—. ¿Pero no preferirías saberlo?
Asiento en la oscuridad.
—Sí —admito, y su pulgar roza justo debajo del fino material de mi
bañador. Mis siguientes palabras salen un poco sin aliento—. Me gustaría
saberlo.
Eli agarra el vaso rojo con la mano libre y lo mueve hacia su otro lado.
No me atrevo a moverme cuando se acerca a mí, su muslo rozando el mío,
su hombro chocando con mi brazo. Lo huelo, y su olor me hace sentir algo.
Aprieto más los muslos y pataleo un poco en el agua fría de la piscina.
—¿Por qué empezaste? —me pregunta en voz baja. Su pulgar se desliza
bajo mi bañador y me cuesta respirar—. ¿Por qué empezaste a cortarte?
Me muerdo el labio, sin dejar de mirar el agua.
Sé que está esperando alguna tragedia y eso hace que mi cara arda de
vergüenza. No tengo ninguna tragedia. Si eso es lo que cree que tenemos en
común, no lo tenemos.
Se acerca aún más, mueve la mano y tira del cordón de la braguita de
mi bikini hasta que se deshace. Desliza su mano por debajo de la tela,
acunándome.
Me vuelvo hacia él y sus ojos se clavan en los míos.
—Dime, Zara. ¿Por qué empezaste a hacerte daño?
Miro fijamente su boca, sus labios carnosos, imaginándolos sobre mi
piel cuando le respondo.
—Me sentía sola.
Se muerde el labio y pasa su dedo corazón por mi raja, separando mis
labios.
Respiro y veo que sus labios se levantan en una sonrisa.
—¿Lo estabas? —me pregunta en voz baja, acercándose. Pone su boca
en mi hombro y me besa.
Asiento, sin dejar de mirar su boca, y luego separo más los muslos para 145
permitirle un mejor acceso.
Levanta la cabeza.
—Aquella noche, cuando tú y Alex pelearon. ¿Por qué lo hiciste
entonces? —Me separa con los dedos y me masajea el clítoris con el dedo
corazón.
Tomo una respiración temblorosa y miro detrás de él hacia las puertas
correderas de cristal. En cualquier momento, Alex podría salir aquí. Podría
llegar a casa antes de tiempo. Podría atraparnos. Nos mataría.
—Mírame, pequeña —me ordena Eli, deslizando su dedo hacia abajo.
Abro más los muslos, deseando que esté dentro de mí.
Él baja el dedo, y luego está ahí, provocándome.
—No dejaré que te haga daño. Dímelo. —Dirige su mirada a mi boca
mientras hace círculos en mi entrada—. Dime por qué lo hiciste aquella
noche y te recompensaré.
Quiero tocarlo. Quiero empujarlo sobre su espalda y montarlo. Lo
quiero dentro de mí. Pero me obligo a quedarme quieta. A hacer lo que ha
dicho. Dudo.
— Yo... solo estaba cansada de sentirme... no deseada. —Susurro la
última palabra. Pienso en Alex diciéndome que su padre pensaba que yo era
una puta. Las palabras no deberían haber dolido, teniendo en cuenta que
su padre realmente es una puta. Pero aun así me dolió saber que a Alex le
importaba lo que su padre dijera de mí. Y que parecía estar de acuerdo con
él y con lo que pensaba de mí.
Fue doloroso, y también lo fue recordar lo que se sentía al saber que
mi padre no pensaba en mí en absoluto.
—¿Te hizo sentir mejor? —pregunta Eli, todavía provocándome. Muevo
las caderas y veo un fantasma de sonrisa en sus labios—. Cuando te
cortaste, ¿te sentiste mejor?
Asiento, gimiendo.
—Me encanta cuando haces ese ruido —dice, acercándose. Y entonces
su boca está sobre la mía mientras empuja su dedo dentro de mí. Jadeo en
su boca, su lengua gira alrededor de la mía mientras me mete un dedo. Me
mete otro dedo, y yo giro las caderas, moviéndome contra él.
Se retira, con sus ojos fijos en los míos. Le agarro el muslo y aprieto los
duros músculos que hay debajo del bañador. Subo la mano hacia arriba y
toco su dura polla, recorriendo su longitud. 146
—Lo siento —dice de repente, metiéndome los dedos lentamente,
burlonamente—. Siento haberte hecho daño. La noche de la fiesta.
Recuerdo cómo sus dedos se enroscaron dentro de mí. Cómo dolió
cuando Alex me sacó.
Es tan diferente a este Eli ahora, siendo amable y lento.
—¿Por qué? —le pregunto, sin aliento—. ¿Por qué lo hiciste?
Me besa de nuevo, lamiendo la costura de mi boca mientras se retira.
Froto mi mano sobre su polla, deseando que esté dentro de mí.
Demasiado.
—Estaba enfadado con Alex. No tenía nada que ver contigo.
Quiero preguntarle por qué estaba enfadado, pero en lugar de eso, sale
otra cosa.
—Me gusta duro.
Sonríe en la oscuridad.
—A mí también.
Y entonces se aparta de mí, se pone en pie y me ofrece su mano.
Ya echo de menos la sensación de él dentro de mí y estoy desorientada,
palpitando entre mis muslos.
—¿Qué estás...?
No espera una respuesta. Me agarra del brazo y me pone en pie, con el
bikini apenas colgando de la cadera. Antes de que pueda ajustarlo, me lleva
a la parte menos profunda de la piscina.
Se me acelera el corazón, la piel erizándose.
—Eli...
Me devuelve la mirada cuando estamos en lo alto de los escalones.
—Quieres experimentarlo todo, ¿verdad?
Me muerdo el labio, mis ojos moviéndose entre el agua y él.
Lentamente, asiento.
—Entonces deja que te haga daño. Solo un poco.

147
20
Eli

L
as luces subacuáticas de la piscina y la luna en lo alto me dan
mucha luz para ver, así que capto el parpadeo de miedo en sus
ojos cuando la llevo al agua fría.
—Eli —dice de nuevo—, ¿qué estás...?
—¿Confías en mí?
Ella mira por encima del agua para mirarme, con sus ojos verde agua
bien abiertos.
—Yo…
La arrastro tras de mí y el agua fría casi me roba el aliento. Ella grita,
lanzando sus brazos alrededor de mis hombros y se aferra a mí como si se
fuera a ahogar.
—¿Qué demonios estás...?
—Una chica murió aquí, ¿eh, Za? —La pongo en los escalones debajo
del agua en la entrada de la piscina, el agua a su cintura. Me arrodillo y ella
sigue agarrándose a mí aunque está muy por encima de los dos putos
metros de esta parte de la piscina.
—Tu novia. —Sus palabras son amargas. Me hace reír.
Le separo las rodillas, le pongo los pulgares en el interior de sus muslos
bajo el agua. Está temblando, y no me suelta.
—Ella no lo estaba —le informo—. Pero vamos a jugar un juego.
—¿Qué clase de juego?
—Uno peligroso. —Froto el interior de sus muslos, mis pulgares la
inquietan, pero nunca se acercan lo suficiente. Se agita en el escalón de la
piscina, tratando de acercarme mientras se muerde el labio, mirándome—. 148
Quítate el top.
Ella traga, pero se estira detrás de ella para desatar la tira. Es tan lenta,
sé que se burla de mí, pero no me importa. Espero hasta que caiga de su
cuello, y entonces tira del último nudo, detrás de su espalda.
El trozo de tela se cae, flotando en el agua. Ella mantiene sus ojos en
mí.
—¿Qué vas a hacer? —me pregunta en voz baja. Confiando en mí.
Esperando.
—Te voy a sujetar por debajo.
Ella inhala, su pecho se eleva mientras lo sostiene, sus pezones
parados con el frío del agua en la parte inferior de su cuerpo, el aire libre de
la noche.
—Y veré si puedo llegar antes que tú... —Le sonrío, levantando los
pulgares.
Ella traga, con los ojos cerrados por un breve momento.
Recuerdo cuando Alex me detuvo.
—Se está quedando dormida. Se está quedando dormida.
Pero Alex no está aquí, y me está mirando otra vez, esperando.
Ella va a hacer esto.
Yo voy a hacer esto.
Es una idea terrible, que ella esté drogada y yo sea, bueno, yo. Y es
exactamente por eso que está a punto de suceder.
—¿Está bien? —le pregunto.
—Esto parece una mala idea.
Esta chica es muy observadora.
—Lo es. —Empujo mis pulgares hacia arriba y la veo retorcerse en el
escalón, agarrando el elegante pasamanos de metal de la piscina.
Pero me deja tocarla. Me mira fijamente como si estuviera esperando.
Soy muy bueno esperando, pero ya he terminado con eso esta noche.
Habrá más después, pero por ahora, a la mierda.
Dejo de tocarla entre sus muslos, la agarro por la garganta y la empujo
hacia abajo, así la parte de atrás de su cabeza queda sumergida en el agua.
Respira profundamente, con los ojos bien abiertos, las manos
agarrando la cornisa de la escalera a cada lado de ella mientras flota
149
horizontalmente en el penúltimo escalón.
—Inhala otra vez —le digo, todavía de rodillas en el fondo de los
escalones.
Ella escucha.
Y luego la empujo hacia abajo.
Probablemente tiene unos treinta o cuarenta segundos antes de que
necesite subir a tomar aire. He estado jugando con ella la última media hora,
así que sé que está lista. Y con el miedo, ese pánico que surge dentro de sus
ojos cerrados herméticamente bajo el agua, su cabello blanco flotando a su
alrededor como lo hizo Rihanna, ella va a estar cerca del borde.
El miedo siempre te acerca.
Mantengo una mano en su garganta, sosteniéndola. Me pongo a
horcajadas sobre sus piernas, manteniéndolas abajo también, y con mi
mano libre le introduzco dos dedos, rodeando su clítoris con mi pulgar.
Todavía está agarrada al borde de la escalera, pero bajo el agua, abre
los ojos.
Estoy inclinado sobre ella, sentado sobre sus piernas en los escalones,
pero sujetándola con mi otra mano. Estoy mirando su rostro mientras meto
y saco mis dedos de ella, bajo el agua.
Añado otro dedo, tres dentro de ella mientras la acaricio, mi mano se
acalambra con el esfuerzo. ¿Quiero que ella muera?
No.
Por eso tengo que trabajar más duro.
Lo hago, sus piernas tiemblan bajo mi cuerpo, pero ella trata de
sentarse. Usando sus manos para empujarla de las escaleras, su pecho se
empuja contra mi agarre, pero no he terminado. No ha terminado. La
mantengo hundida.
Sus ojos están muy abiertos, las burbujas que salen de su boca,
estallan en la superficie. Tiene pánico, se agacha debajo de mí, pero sus
piernas siguen temblando, y puedo sentir su hinchazón contra mis dedos.
Está tan cerca.
Sin embargo, sigue asustada, se agita bajo el agua y le salen más
burbujas de la boca. Está enloqueciendo, y si sigue haciendo eso, no
terminará.
Joder... 150
Pongo los ojos en blanco, saco los dedos de ella, la agarro por la
garganta y la llevo a una posición sentada. Ella jadea para respirar,
agarrando mi brazo, tratando de arrancar mis dedos de su garganta. Su
nariz está tapada, y apenas puede respirar, su respiración es corta y poco
profunda y tan condenadamente fuerte.
—Cálmate.
Me mira como si fuera un maldito asesino, clavando sus uñas en mi
antebrazo, arañándome la mano. Tendré marcas de garras sobre el reloj y el
tatuaje del cráneo en mi mano, y mierda, la forma en que está clavando esas
largas uñas, podría estar sangrando también.
Se las arregla para decir mi nombre “Eli”, mientras intenta en vano
quitarme de su garganta.
También la agarro del brazo y la tiro en mi regazo mientras me giro
para sentarme en el escalón superior, ella entre mis muslos.
Envuelvo un brazo alrededor de su pecho, tirando de su espalda contra
mí, envolviendo mis piernas alrededor de sus muslos para que no pueda
levantarse.
—Cálmate —digo contra su oreja—. Respira. Confía en mí.
Todavía está agarrando mi antebrazo, pero ya no me está arañando.
Trata de disminuir su respiración, y luego comienza a temblar en mis
brazos. Puedo sentir su pulso bajo mi brazo sobre su pecho. Es errático,
salvaje e imprudente como ella.
—Estás bien —le digo, mi boca contra su oído.
Si Alex sale de aquí, podría matarnos a los dos. Necesito que se calme,
porque necesito salir y quiero sacarla. Y sólo hay un tiempo limitado para
hacerlo.
—Estás bien, pequeña.
Respira profundamente otra vez, apoyándose en mí, todavía temblando.
—No me hagas daño —me dice, con su voz en un susurro—. No me
hagas daño.
—No lo haré —le prometo—. No lo haré.
—No me hagas daño, Eli. —Lo dice una y otra vez, como un cántico o
un mantra, como algo que me impide hacerlo. Como si estuviera loca.
Pero debería saber que la gente no hace lo que quieres sólo porque se 151
lo ruegas.
Cierro los ojos, pienso en mamá marchándose a pesar de haberle
rogado. Pienso en cuando salió por última vez.
Toda la pelea estaba hecha.
Todas las discusiones se hicieron.
Éramos sólo papá y yo.
Pienso en cuando me tuvieron en una bañera.
Pienso en cómo era, no poder respirar. Sabiendo que si lo hacía,
moriría.
—No me hagas daño —susurra otra vez.
Y sólo entonces me doy cuenta de lo que está haciendo. No cree que le
haré daño.
Esto es parte del juego.
—Eli, no me hagas daño...
—Cierra la boca. —Envuelvo mi brazo alrededor de su garganta,
cortando sus palabras, mis ojos volando abiertos. Ella aspira un aliento,
tratando de escaparse de mi control, salpicando en el agua poco profunda.
Deslizo mi mano libre por su estómago, y ella se congela, sin luchar
conmigo.
Esto es lo que ella quiere.
Inhalo contra su cuello pero todo lo que puedo oler es el maldito cloro,
no su usual olor oscuro. Me molesta un poco. Pero aun así la beso, le chupo
la piel entre los dientes. Ella gime, temblando de nuevo en mis brazos.
La tomo entre sus muslos, y luego froto mis dedos contra su clítoris.
Ella jadea mientras aflojo mi sujeción en su garganta.
—¿Te gusta eso, pequeña?
Murmura, se retuerce un poco en los escalones, su culo rozando mi
polla.
La froto más rápido y ella jadea, su corazón late en su cuello. Puedo
sentirlo contra mi brazo.
—Vente para mí, pequeña —le digo—. Quiero que te vengas por mí.
Y luego se agarra a mi antebrazo, clavando sus uñas mientras jadea,
sus muslos se abren de par en par mientras le meto un dedo dentro mientras
ella se viene, apretando a mi alrededor. 152
—Eso es, pequeña. —Le beso el cuello de nuevo mientras gime,
arqueándose dentro de mí. Me duele la polla, pero sé que no nos queda
mucho tiempo esta noche—. Buena chica —le susurro al oído y finalmente
deja de retorcerse, recuperando el aliento en mis brazos.
Lentamente, deslizo mis dedos fuera de ella, luego agarro su rostro, giro
su cabeza para que me mire con los ojos abiertos.
—Me gustas —le digo, mis labios se mueven sobre los suyos—. Me
gustas mucho.
No me responde con palabras. En cambio, se retuerce en mis brazos.
—Muévete —me dice, con sus palabras desordenadas—. Sube al
escalón más alto. —Me agarra la polla a través de mi traje de baño, con los
ojos todavía en los míos.
Hago lo que ella dice, llegando a sentarme en el escalón superior.
Está de rodillas en el de abajo, y deshace el velcro de mis pantalones.
—Déjame —susurra en la oscuridad.
Yo muevo mis caderas y ella me baja los pantalones hasta las rodillas.
Me agarra la polla, todavía manteniendo sus ojos en los míos, y luego
baja la cabeza, llevándome a la boca.
Y nada se ha sentido nunca tan jodidamente bien.
Le paso los dedos por el cabello, pensando en ella de rodillas por Jamal.
En Alex entrando y mirando.
Alex la perdonará por esa mierda, porque cree que está esperando su
momento, recogiendo sus pedazos hasta que vuelva a estar entera. Pero no
ve lo que yo veo en ella. No está rota.
No está buscando a alguien que la salve.
Está buscando a alguien que se ahogue con ella.

153
21
ZARA

—¿V
as a la fiesta en la playa el próximo fin de
semana? —Jax exhala una nube de humo en
su porche delantero, la luna llena
directamente frente a nosotros, pareciendo
flotar sobre la subdivisión de Shadow Lakes. Escucho el ruido sordo de la
música de algunas casas, solo una típica noche de viernes en Falls Creek.
Jax me pasa el porro e inhalo, cerrando los ojos ante el sabor dulce del
humo en mi boca. Lo sostengo, dejo que me caliente los pulmones, y luego
exhalo por la nariz antes de devolvérselo a Jax.
Mientras el humo se disipa en el aire, me encojo de hombros. ¿Quién
sabe si Alex querrá que vaya? Durante todo el verano, me habló mucho sobre
esta pequeña fiesta anual en la playa que él y Eli organizan, pero no lo ha
mencionado últimamente.
Cenamos anoche.
El miércoles por la noche, me fui a casa después de que le hiciera una
mamada a Eli, y vimos el Jeep de Alex entrando en su estacionamiento. Tuve
que agacharme en el asiento.
No sé cómo iría a una fiesta en la playa con los dos. Es todo lo que pude
hacer anoche comiendo con Alex para no pensar en los dedos de Eli dentro
de mí.
—¿Vas a ir? —le pregunto a Jax, tratando de aclarar mi mente.
—No —me responde después de aplastar el porro en el cenicero de
vidrio a su lado—. No fui invitado. Además, no me gusta mucho la playa.
Me vuelvo para mirarlo, sorprendida.
—¿De verdad? 154
Se frota el cuello y se ríe.
—Sí, en serio. ¿Tiburones y mierda? No, gracias.
Froto mis manos en mis vaqueros, mirando hacia la luna.
—Sabes que todos tendremos que morir algún día, ¿verdad? —le
pregunto, algo distraídamente. Cuando era adolescente, fue algo que me
atrajo a la filosofía, específicamente al estoicismo. Los primeros estoicos
hicieron todo lo posible para aceptar cualquier cosa que se les presentara y
siguieron adelante a pesar de sus circunstancias. O al menos lo intentaron.
La muerte era una de esas grandes cosas que eran inevitables, e hicieron
las paces con ella, viviendo mientras podían.
No estoy realmente segura de cómo me servirá esa mierda cuando me
gradúe con un título en maldita filosofía, pero incluso si termino en el sótano
de Jax, supongo que podré decir que realmente viví la vida. O, al menos, eso
es lo que me digo cuando me desmayo en la cama sola todas las noches.
—Lo sé, pero no quiero morir en el vientre de un tiburón —dice Jax con
otra risa—. No soy Jonás.
—Tú no serías Jonás —señalo, todavía mirando a la luna—. Jonás
estaba en una ballena.
Jax se ríe divertido y se golpea la rodilla. Debe estar drogado como el
infierno porque realmente no fue tan divertido.
—Eres un viaje, Za.
—Algo como eso. —Siento que mi teléfono vibra en mi bolsillo, pero lo
ignoro. Kylie se ha ido a casa de nuevo, así que no es ella. Incluso si lo fuera,
ya no confío en ella, así que no le estoy enviando mensajes de texto.
Podría ser mamá recordándome, por millonésima vez, sobre la fiesta de
compromiso de este domingo, como si pudiera olvidarlo. No todos los días
tu mamá se compromete por cuarta vez.
—¿Por qué empezaste a vender drogas? —le pregunto a Jax en voz baja,
manejando mi estado drogado levantando la vista hacia la luna como si
mirarla el tiempo suficiente me disparara hasta su superficie cursi. Reprimo
mi propia risa, porque eso tampoco fue muy divertido.
No sé por qué le pregunté eso a Jax, pero simplemente salió. Ocurre
cuando estás drogado, supongo.
Prácticamente puedo sentirlo encogerse de hombros a mi lado.
—Soy disléxico. La escuela era una mierda. Realmente no me gustó la
idea de trabajar en una oficina, como papá. Mamá se quedó en casa y trató 155
de ayudarme, pero… —Hace una pausa y me giro para mirarlo, lo veo
mirándose las rodillas, con las palmas juntas—. Ella no tenía mucha
paciencia. Creo que quería ser ama de casa. —Bufó, sacudiendo la cabeza,
pero sin mirar hacia arriba—. No una madre que se queda en casa.
Por alguna razón, eso me entristece, pensar que Jax no se sentía
querido. Pero no digo nada ni me muevo para tocarlo. De todos modos, no
sé si querría algún consuelo. Probablemente ya lo haya superado.
Como yo he superado el hecho de que a mi padre realmente no le
importo una mierda.
—Así que, comencé a fumar marihuana en la escuela secundaria.
Luego, un amigo de mi papá comenzó a cultivarla y comenzamos... —Sonríe,
mirándome—. Comenzamos a distribuirla por él —me dice con esa misma
sonrisa en su rostro, sus ojos azules inyectados en sangre. Se encoge de
hombros—. Dejé la escuela en mi tercer año. Había ganado suficiente dinero
para comprar esta casa unos años después. —Se ve muy orgulloso de eso y
es algo de lo que estar orgulloso, pero aun así, todavía me siento triste.
Deja escapar un suspiro y aparta la mirada de mí, mirando al cielo
como yo. Me pregunto si él también quiere ir a la luna.
—¿Alguna vez has querido hacer algo más? —le pregunto en voz baja,
preguntándome si alguien me hará estas preguntas en unos años. ¿Alguien
se preguntará cuál habría sido mi futuro si hubiera dejado de consumir
drogas? Porque a pesar de lo que sigo diciéndome a mí misma, sobre no ser
una adicta, mi cuenta bancaria se está agotando y he considerado
seriamente ofrecerme a hacerle una mamada a Jax a cambio de suministro,
así que... Sí. Me pregunto con qué estudiante universitario estaré hablando
en el futuro, contándoles todas mis esperanzas y sueños que nunca llegaron
a ser.
Jax suspira.
—Esto es pesado, Za.
Me río un poco, pasando mis manos por mi cabello.
—Sí, lo siento, no lo sé. Debe ser la luna llena.
Me empuja con el hombro y lo miro.
—No te disculpes —me dice con seriedad—. No creo que ninguno de los
dos hubiese imaginado ser así cuando creciéramos.
Miro mis manos. Mis uñas mordidas, esmalte astillado que nunca
arreglé. Al menos Jax se está ganando la vida con esto. Yo estoy jodiéndolo 156
todo, de izquierda a derecha.
—De todos modos —continúa, antes de que pueda sentirme demasiado
deprimida—, supongo que cuando era niño veía películas con hombres de
traje, como banqueros y esas cosas. Vi esos programas de leyes en la
televisión que mi mamá siempre veía. Quiero decir —resopla—, nunca quise
ser abogado. Pero pensé que crecería y usaría un traje todos los días para
trabajar también. Pero luego me di cuenta de que la mayoría de esos trajes
pasaban todo el día en una oficina y eso no me sentaba bien. —Suspira—.
Cuando empecé a vender droga, simplemente... bueno, para ser honesto,
encajaba. —Se pasa una mano por la nuca—. Solo desearía que fuera legal,
¿sabes?
Me río un poco, pasando mi mano por mi muslo.
—Sí, eso estaría bien. Si utilizarla pagara las facturas, también sería
genial.
Él no se ríe de eso y mis palmas se sienten sudorosas.
—¿Qué quieres hacer, Zara? —me pregunta en voz baja. La forma en
que lo expresa, como si todavía tuviera una oportunidad, como si pudiera
ser algo, hace que mi garganta se apriete, la presión acumulándose detrás
de mis ojos.
Toso, presionando mi puño contra mi boca y mirando a la luna de
nuevo, tratando de no emocionarme demasiado por esta mierda.
—Yo uh, bueno, sabes que me gusta la filosofía, y, no te rías, sé que es
un título inútil, pero pensé que sería genial, si alguna vez... —Mi voz se
quiebra y respiro hondo.
Jax coloca su mano sobre mi hombro en un gesto amistoso, amasando
mis músculos.
Cierro los ojos, un poco abrumada.
—Si alguna vez supero esto, ya sabes, si no tiro mi vida completamente
a la basura, ayudaría a otras personas. No como un terapeuta, porque odio
a los terapeutas. —Me río un poco y los dedos de Jax se hunden un poco
más. No para lastimarme, sino para consolarme. Pienso en el terapeuta al
que fui cuando tenía cinco años. Me dejaron jugar con bloques y me
aseguraron que el divorcio de mis padres no fue culpa mía.
Cuanto bien hizo eso por el vacío agujero en mi pecho que mi padre
había dejado.
—Pero no lo sé. Si pudiera ser una oradora, o simplemente un sistema 157
de apoyo para alguien. Usando toda la mierda estoica sobre cómo manejar
tus propias emociones. Sobre superar tus propios bloqueos mentales que te
dicen que no puedes dejarlo.
Abro los ojos y me vuelvo hacia Jax, que todavía tiene su mano en mi
hombro.
—Probablemente estoy llena de mierda. No me escuches.
Jax no se ríe como me gustaría que lo hiciera. En cambio, encuentra
mi mirada, sus ojos llorosos y azules.
—No estás llena de mierda. Pero para ser honesto, me estás haciendo
sentir un poco culpable por ser tu traficante y mierda. Si realmente quieres
parar, puedo ayudarte, ¿sabes? Y me odiarás por eso. —Deja caer su mano
de mi hombro y se la pasa por la mandíbula—. Dios, me odiarás, porque lo
he hecho antes. Y me gritarás y ya no seremos amigos, pero si quieres esa
ayuda, puedo hacerlo por ti.
Mi pecho se aprieta con esas palabras y no puedo apartar la mirada de
él. No puedo hacerlo y sé que es una oferta genuina, al igual que sé que
nunca podría aceptarla. Tal vez ahora mismo, estando drogada como el
infierno y en el momento, pero tan pronto como necesite algo, estaría de
vuelta en su puerta y lo odiaría.
—No. —Le sonrío—. Está bien. No está tan mal. —Me vuelvo de nuevo
hacia la luna—. Aún no.
Nos quedamos callados por un largo momento. No estoy segura de
cuánto tiempo pasa, pero empiezo a sentir sueño cuando mi teléfono vibra
de nuevo en mi bolsillo.
—¿Quieres revisar eso? —me pregunta Jax perezosamente, como si
realmente no le importara de ninguna manera, pero solo se está asegurando
de que sepa que mi teléfono está sonando.
Me inclino hacia un lado y lo saco del bolsillo trasero. Tengo varios
mensajes de texto perdidos de Alex.
Y uno de Eli.
Jax debe mirar mi pantalla porque dice:
—Oh, qué bueno. El violador.
Me río, volteando mi teléfono y volviéndome para mirar a Jax.
—¿Realmente lo es?
Jax se encoge de hombros. 158
—Probablemente no, pero una perra dijo que sí.
—¿Qué pasó? —presiono—. Las mujeres no suelen llorar por violación
a menos que realmente haya sucedido. —Eso es un hecho real. Y no sé si
quiero saber toda la historia, pero sé que necesito sacar la cabeza de mi
trasero y averiguarlo. Una chica terminó muerta en su casa. Me arrojó sobre
la encimera de la cocina y me metió una botella en la boca, con la fuerza
suficiente para partirme el labio, solo unas horas antes.
Necesito dejar de ser estúpida.
Pero Jax simplemente levanta las manos.
—No sé. Una fiesta salvaje en este vecindario y luego una chica llamó
a la policía y dijo que Alex y uno de sus amigos intentaron violarla y luego
le impidieron salir de la habitación. Aparentemente, finalmente la dejaron ir
y ella llamó a la policía.
Mi piel se estremece al pensar en eso. ¿Uno de sus amigos? Y Alex es
enorme. Fácilmente podría evitar que una chica salga de una habitación y
fácilmente podría violar a alguien. Al menos físicamente. Pero no estoy tan
segura de que realmente hiciera eso. Quiero decir, él fue quien detuvo el
trío.
—¿Quién era el amigo? ¿Fueron acusados de algo?
Jax se encoge de hombros de nuevo.
—No sé el nombre del tipo, solo escuché esto de segunda mano. No jodo
con la mayoría de los universitarios. Son maricas. De todos modos, la chica
probablemente se asustó. Ni siquiera creo que haya hecho el kit de violación
o como se llame esa mierda. Sin embargo, se transfirió de Caven.
Mi garganta se siente seca y la froto con mi mano, mi teléfono vibra de
nuevo en mi muslo.
—¿Cómo se llamaba ella?
Me corta con la mirada.
—Oh, vamos, Za. No intentes rastrear a la pobre chica. Pregúntale tú
misma a Alex.
Lo hice, no se lo menciono.
—Además de eso, honestamente, no recuerdo su nombre. No estuve en
la fiesta, solo lo escuché a través de la perra, y sabes que la mierda está
plagada de insectos.
Alzo las cejas, impresionada con esa metáfora. Jax es un tipo
159
inteligente.
Mi teléfono suena de nuevo y lo volteo, leo los mensajes de texto de
Alex. Claramente está borracho como la mierda, porque hay muchos errores
tipográficos y signos de interrogación. Eso significa que probablemente
debería quedarme muy, muy lejos, pero...
Nunca puedo resistirme a hacer una maldita escena.
—¿Qué quiere? —me pregunta Jax.
—Quiere que vaya.
Una pausa y luego:
—Bueno, me voy a la cama pronto. ¿Quieres ir? Yo te llevaré.
Miro a Jax, veo sus ojos entrecerrados. Está drogado como el infierno,
pero la casa de Eli y Alex está como a treinta minutos a pie desde aquí, y yo
también estoy drogada.
—Sí, pero ¿tienes algo que pueda tomar antes de irme?
Jax frunce el ceño, sin duda pensando en la oferta que acaba de
hacerme.
—¿Segura que es una buena idea?
Me encojo de hombros.
—No —digo honestamente, sonriendo—. Pero estoy segura de que van
a hacer una fiesta y esta conversación contigo fue una especie de cortarrollo.
Se ríe, negando con la cabeza.
—Está bien, dame un segundo. —Se pone de pie y entra, y le digo a
Alex que estoy en camino.
Abro el mensaje de Eli mientras estoy sola y sin la presencia de Jax.
Todo lo que dice es, quiero ver esas cicatrices, pequeña.

160
22
ZARA

S
upuse que considerando que Rihanna acababa de morir hace
dos semanas y su funeral fue el fin de semana pasado, no habría
muchos amigos en la casa de Alex y Eli.
Pensé mal.
La música es tan jodidamente alta, sé que nadie me oiría tocar, así que
entré. Y tan pronto como miro a mi alrededor, veo a Eli Addison. Casi como
si me estuviera esperando, y se colocó en la silla de la sala de estar que da
a la puerta principal.
Tiene una bebida en la mano y una chica en su regazo.
Mi cuerpo se enrojece de ira que sé que es completamente injustificada.
Vine aquí por Alex. No puedo enojarme.
No debería estar enojada, pero lo estoy. Me quedo mirando a esa chica
por más tiempo del que debería.
Sé a ciencia cierta que era amiga de Rihanna. Su nombre es Kaitlyn o
Ashley o algo así. Y en este momento, no parece estar pensando demasiado
en su amiga muerta, en la forma en que tiene las piernas extendidas sobre
el regazo de Eli mientras se fuma un porro, hablando con otra chica a su
lado en el sofá.
Él tiene su mano en su muslo, y levanta su vaso hasta su boca, sin
dejar de mirarme.
Antes de que pueda pensar en su texto, en él, en lo extraño que es que
ambos estemos aquí, alguien me toca el brazo.
Me estremezco, volviendo la cabeza.
Alex.
161
—Viniste —dice, sonando bastante sorprendido. Y más sobrio de lo que
pensé que estaría, lo cual es bueno.
Trago, empujo a Eli fuera de mi mente aunque puedo sentir sus ojos
en mí mientras miro a Alex.
—¿No pensaste que lo haría?
Sorprendentemente, parece nervioso, y en un gigante como Alex, es
lindo. Se frota el brazo con la mano opuesta, sonriendo, mostrando ese
hoyuelo en su rostro bronceado.
—Nah, no lo hice —admite. Traga, mirando al suelo.
Choco mi cadera contra él, sonriendo. En el momento, se me ocurre un
pensamiento horrible. No sé si estoy haciendo todo esto por la reacción de
Eli o porque quiero coquetear con Alex.
—¿Estás pensando en mostrar mis tetas de nuevo, Cardi?
Él se encuentra con mi mirada, arqueando una ceja.
—Quiero decir, solo si es en mi habitación y estamos solos.
Muerdo mi lengua, moviendo mis ojos de arriba abajo por su cuerpo.
Lleva pantalones negros ajustados y una camiseta blanca lisa. Cómo un
atuendo tan simple podía verse tan malditamente sexy, no lo sé. Esto me
recuerda a cuando nos conocimos. Cuando me enamoré de él por primera
vez. Antes de todas las peleas y la mierda que hice para arruinarnos.
Esto es, me atrevo a decirlo, divertido.
—Pensé que necesitabas espacio —le recuerdo, pero mantengo mi tono
ligero. No quiero pelear, y como él no parece realmente borracho, esta noche
podría ser pacífica entre nosotros.
Su mandíbula se aprieta y veo sus manos en puños. Me pregunto si
estará pensando en Jamal. Me pregunto si debería haberle recordado mi
mierda. Me pregunto qué pensaría él si supiera hace dos noches que Eli me
tocó en su piscina.
—Lo necesito —admite—. Pero esta semana, no he podido dejar de
pensar en ti, Zara. Y después del almuerzo de ayer solo necesitaba verte de
nuevo.
Mi corazón da un vuelco en mi pecho. Intento bromear.
—Solo quieres follarme, ¿eh?
Esto parece tranquilizarlo. Pasa una mano por su espeso cabello y me 162
lanza una sonrisa torcida.
—Si se me permite.
Me río un poco. Me obligo a no pensar en Eli.
—Tráeme un trago y ya veremos. —No puedo decir si ya ha estado
bebiendo, pero no parece arruinado. Por otra parte, probablemente yo
tampoco. Antes de irme de la casa de Jax, usé unas gotas para los ojos que
tenía a mano, limpié mi delineador de ojos manchado (Jax me dijo que usaba
demasiado, le dije que se callara) y tomé un trago de vodka antes de usar el
enjuague bucal de Jax.
Solo estoy en vaqueros ajustados y una camiseta sin mangas color
crema, botas de plataforma en mis pies, pero sé que me veo bien.
No porque mis propios ojos me lo dijeran, sino porque Alex todavía
parece nervioso y puedo sentir los ojos de Eli sobre mí.
—Sí, señora —me dice Alex y se da vuelta para caminar por el pasillo.
Pero extiende su mano.
Miro a Eli antes de tomarla.
Él todavía me está mirando, pero su mano se ha movido más hacia el
muslo de la animadora y ella ha abierto las piernas más en su regazo. Me
pregunto si le dejaría abrazarla bajo el agua mientras la tocaba.
Hijo de puta.
Tomo la mano de Alex mientras lo miro fijamente.
Afortunadamente, la cocina está vacía, pero me sorprende muchísimo
ver a la gente nadando en la piscina pasando por esas puertas corredizas de
vidrio, como si nada hubiera pasado hace dos semanas. Como si una chica
no estuviera muerta. Como si su cuerpo no estuviera simplemente flotando
en el fondo de esa piscina.
No lo pienses.
—¿Estás bien? —me pregunta Alex y me doy cuenta de que cerré los
ojos.
Los abro de golpe, alejando el recuerdo de Rihanna. No sé por qué me
molesta tanto en este momento. No la conocía. No me gustó lo que sabía de
ella. Pero por alguna razón simplemente me atrae. Junto con la palabra de
Alex para ella antes de salir de la habitación con Eli. Y la advertencia de Jax.
La confesión de Alex: “Fue un gran lío, Za. Fue solo... un malentendido. No
lastimé a nadie, ¿de acuerdo?”.
163
—Sí —le respondo a Alex, forzando una sonrisa falsa en mi rostro
mientras miro todas las botellas de alcohol en la isla en la cocina. Traté de
no pensar en él empujándome contra eso. Esa botella de tequila. El corte
entre mis labios—. ¿Qué vas a hacer para mí?
Está de pie a mi lado y me doy cuenta de que no se está moviendo, sus
enormes manos descansando sobre el mármol de la isla.
Me vuelvo para mirarlo.
No me gusta lo que veo.
Algo que se parece demasiado a la lástima. Me hace retorcerme.
—¿Qué? —le pregunto, incapaz de evitarlo.
Sus ojos marrones oscuros se suavizan, y esta es la mirada más amable
que jamás ha dirigido hacia mí. Me gustaba más cuando estaba siendo un
idiota. Estoy a punto de decírselo cuando simplemente dice:
—Encontraste un cadáver la mañana después de una fiesta salvaje. —
Su tono es tan directo que no lo interrumpo a pesar de que me pica y me da
calor y me muero por tomar la botella más cercana y empezar a tragarla—.
Está bien estar raro por ello.
Echo un vistazo a la piscina de nuevo. La veo de nuevo.
Escucho a Eli detrás de mí. “Hay un cuerpo en la piscina, pequeña”.
—¿Al menos la limpiaron profesionalmente? —pregunto en lugar de
mencionar nada de esa mierda. En lugar de pensar en Eli hundiéndome o
en lo que hicimos juntos.
Me encuentro con la mirada de Alex, pero él todavía me mira con una
mezcla de lástima y algo así como deseo. ¿Pero para qué? ¿Por qué realmente
me invitó aquí? ¿Es aquí donde hablamos de nuestra relación fundamental?
¿Es aquí donde confío en él como lo hice con Jax?
No quiero hacer eso.
Estoy aquí para emborracharme estúpidamente. Quizás enfurecer a
Eli. O encenderlo.
No quiero vincularme con Alex por el cadáver de Rihanna.
Finalmente, solo niega con la cabeza.
—Sí, lo hicimos. ¿Quieres entrar de nuevo? Podría ayudarte. Como la
última vez.
164
Le lanzo una mirada furiosa.
Levanta las manos, todo inocencia.
—Bien, bien. Tienes razón. Lo guardaremos para más tarde, cuando
esté borracho y definitivamente te ahogues.
Solo lo miro, igualmente horrorizada y divertida. Realmente es un
idiota, pero esa es una de las cosas que me gustan de él. Tampoco soy
exactamente una buena persona.
—No estoy segura si estás bromeando o no.
Se encoge de hombros, mete las manos en los bolsillos.
—Yo tampoco.
Me burlo, poniendo los ojos en blanco.
—¿Dónde está tu pandilla? ¿Por qué estás solo ahora? ¿No hay chicas
que se mueren por chuparte la polla o tipos esperando que le enseñes las
tetas de otra chica para que puedan hacer un video? ¿Por qué tienes que
invitar a tu ex, eh? —Me alejo de él, sin querer realmente una respuesta, y
agarro un vaso del montón, le doy la vuelta y la lleno con dos shots de
tequila.
Al menos, creo que son dos shots, pero Alex silba.
Ignorando todas mis preguntas, simplemente dice:
—Cuidado, Zara. Creo que todos hemos aprendido que la clave para la
seguridad de la piscina es mantenerse sobrio.
—Demasiado tarde para eso —murmuro, agarrando el agua con gas y
vertiéndola. Cuando burbujea para mi satisfacción, tapo esa mierda y luego
sostengo el vaso en mis labios, volviéndome hacia Alex.
Encuentra mi mirada.
Algo en sus ojos me hace bajar el vaso.
—¿Qué?
—Lo que dijiste —reflexiona, con los ojos brillantes. Veo las motas de
ámbar en ellos de nuevo y me siento estúpida por lo sexy que es. ¿Por qué
tiene que estar tan bien? ¿Por qué los mariscales de campo siempre son
sexys de todos modos? Es como un truco que hizo Dios para hacer que los
atletas arrogantes sean aún más engreídos.
¿Y por qué siempre hacen cosas malas?
—Sobre chicas esperando para chuparme la polla —continúa.
165
Me obligo a beber, aunque estoy interesada en saber a dónde diablos
va con esto. ¿Me acaba de invitar esta noche para lastimarme como yo lo
lastimé a él? Tal vez todo esto fue solo una gran trampa y fui lo
suficientemente estúpida como para caer en la trampa.
—¿Te importaría? —me pregunta.
Casi escupo el tequila en mi boca. Pero en cambio, trago saliva,
parpadeando hacia él.
—¿Perdón?
Él se encoge de hombros.
—Si subiera las escaleras ahora mismo para que me chupen la polla,
¿te importaría? —Sus ojos se mueven hacia arriba con sus palabras, y en
lugar de atacarlo de inmediato como quiero, trato de imaginarlo. Echa la
cabeza hacia atrás, indicando la piscina—. Hay una pelirroja bastante sexy
en este momento que sé que aprovecharía la oportunidad.
Le entrecierro los ojos. Conozco a la pelirroja. Su nombre es Molly, y sé
que ella y Alex solían follar. Pero eso fue antes que yo.
—No me molesta que lo hagas.
¿Quién soy yo para detenerlo?
Pienso en los dedos de Eli dentro de mí. Sobre su mano en mis
cicatrices.
—Hablo en serio —dice Alex, interrumpiendo mis pensamientos—.
Debo salir de alguna manera, y no tienes un buen historial recientemente
de ayudarme.
Mi boca se abre.
—¿Estás bromeando?
—Responde la pregunta. Piensa en ello si es necesario.
Quiero arrojarle este vaso en la cara, como lo hice hace dos semanas
frente a Dwight. Quiero abofetearlo. Quiero decirle que es un idiota, y que
si está tratando de ponerme celosa, está funcionando.
Pero tal vez esta era su forma indirecta de trabajar en nosotros.
Entonces, hago lo que dijo.
Lo pienso.
Si subiera las escaleras ahora mismo con Molly detrás de él, y ella se 166
arrodillara y envolviera sus labios alrededor de su polla, ¿me importaría?
¿Me importa que la amiga de Rihanna probablemente le haga lo mismo
a Eli?
No lo sé.
¿Alex, sin embargo?
Misma respuesta.
—Creo que la parte más importante de mi pregunta fue sobre exhibir
tetas de chicas, para ser honesta —le digo, evitando decirle nada. Inclino mi
vaso, termino el resto del tequila y el agua con gas. No es lo mejor del mundo,
pero tampoco lo peor. Dejo mi vaso vacío y cruzo los brazos, volviéndome
para mirar a Alex.
Se apoya en la isla, ladeando la cabeza.
—Realmente no pareces tan molesta por eso —dice claramente.
—¿Que mis tetas probablemente estén en el teléfono de todos en esta
casa en este momento? —Respondo, encogiéndome de hombros. Veo que
aprieta la mandíbula y es un poco satisfactorio—. Realmente no. —Eso es
mayormente cierto. Peores cosas les han pasado a las universitarias. Como
acabar muerta en el fondo de una piscina.
Salto sobre el mostrador, sintiéndome un poco mareada cuando las
botellas se deslizan detrás de mí, peligrosamente cerca del borde.
Cruzo las piernas a la altura del tobillo, mirando a Alex.
—Pero parece que a ti te molesta, guapo.
Puedo decir que trata de luchar contra eso, pero una pequeña sonrisa
se dibuja en sus labios.
—¿Lo hace?
Pongo los ojos en blanco, apartando la mirada de él por un momento.
—¿Por qué lo hiciste? Hace dos semanas, querías matarme, querías
echarme y terminar conmigo. Entonces necesitabas espacio. Ahora me estás
invitando a tu casa, hablándome a solas. ¿Qué está pasando con nosotros,
Alex?
—Hace dos semanas, estaba jodidamente enojado contigo.
Me vuelvo para mirarlo. Antes de salir de la casa de Jax, Jax me dio
MDMA 7. Por lo general, toma alrededor de media hora hacer efecto, y me

167
7 MDMA, usualmente conocida como éxtasis.
pregunto si eso es cuánto tiempo ha pasado desde que dejé su casa porque
mientras miro a Alex mirándome, solo quiero saborearlo.
Quiero besarlo.
Quiero envolver mis piernas alrededor de él y olvidar que alguna vez
me metí con Eli. Técnicamente, no es engañar. Técnicamente, Alex había
roto conmigo. Técnicamente, todavía no estamos juntos de nuevo. Estoy a
salvo. Eli está libre. Técnicamente, estamos bien.
—Pero realmente te extrañé y sé que estabas realmente jodida esa
noche y... —Toma una respiración profunda y me encanta la forma en que
sus hombros se mueven mientras inhala. Exhala. Amo las venas de sus
bíceps debajo de esa camiseta blanca. Amo la que está en su cuello
también—. No lo sé, Zara. Creo que podríamos, ya sabes, hacer que esto
funcione. Si realmente lo intentáramos esta vez. —Encuentra mi mirada—.
Nunca he conocido a nadie como tú. Eres divertida y no me refiero solo a
cuando estás borracha. Siempre eres divertida para mí. Y sé que me amas
incluso si haces una mierda. —Mira la isla en la que estoy sentada y dice—
: E incluso si hago una mierda. No quiero que nadie más te tenga.
Mi boca se seca.
Siento una sacudida de algo cálido en mi pecho ante sus palabras, pero
lo rechazo. Es solo porque estoy drogada. Es solo porque estoy borracha.
Los tecnicismos en lo que respecta a Eli no contarán, porque Eli es su puto
mejor amigo.
Si Alex supiera la verdad, nunca me perdonaría.
Dios, mi garganta se siente como papel de lija.
Hablando de…
—Necesito agua —solté, en serio. El alcohol y el MDMA pueden
deshidratarte muy rápido y me siento rodando. Esa es la única explicación
que tengo para los cálidos sentimientos que parecen llenar mi cerebro. Todo
mi puto cuerpo para el caso.
Alex entrecierra los ojos.
—¿Necesitas agua? Después de todo eso, ¿necesitas agua? —Escucho
la nota de ira en sus palabras. Ese es el Alex que conozco.
Solo asiento, y casi como si alguien me quitara los tapones para los
oídos, escucho la música en toda la casa. Como si mis gafas Alex se
estuvieran desvaneciendo momentáneamente. 168
Gracias, joder.
Empiezo a balancearme con “Overdose” de KAIBA, y Alex solo me mira.
Le sonrío, pero él no me devuelve la sonrisa.
—¿Agua? —le recuerdo, saltando del mostrador y acercándome a él,
rodeando su ancha espalda con mis brazos, frotando mis manos arriba y
abajo de sus músculos, deslizándome por debajo de su camiseta.
Está rígido bajo mis manos, pero sé que se derretirá pronto. Mierda, si
no lo hace, al menos lo haré yo.
—¿Qué estás haciendo, princesa? —me pregunta, su voz tranquila.
Realmente no puedo leer su tono, y tampoco puedo quedarme quieta, la
música me hace balancearme contra él.
Pienso en Kylie. Sobre lo que dijo Eli. Cómo están ambos conspirando
contra mí para averiguar exactamente en qué estoy. Pero no quiero hablar
de esa mierda en este momento.
Ese es mi secreto con Eli de todos modos.
Le sonrío a Alex.
—Tú —le digo.
Una pequeña sonrisa tira de sus labios.
Alguien entra desde la piscina exterior, goteando agua en el suelo.
Cierra la puerta detrás de ella y mira a Alex, sin mirarme, pasando sus dedos
por su puto cabello rojo.
Molly Bachman.
Su cabello es largo, hasta sus enormes tetas, apenas escondido debajo
de su bikini verde esmeralda. Ella mira a Alex de arriba abajo, pero yo lo
rodeé con mis brazos y ella todavía tiene que prestar atención a esa mierda.
—Hola —le dice a Alex, todavía ignorándome. Tira de los tirantes de la
parte inferior de su traje de baño, haciéndolos sentarse en lo alto de sus
curvas caderas—. ¿Vas a salir o qué? —Su voz es ronca. En realidad,
bastante sexy.
Clavo mis uñas en la espalda de Alex.
Él solo la está mirando, y todavía estoy sobre él. Si no dice algo, podría
ofrecerme a follarlos a ambos.
Molly es sexy, incluso si no quiere mirarme. Incluso si a ella no le gusta
eso, soy la ex más reciente.
169
Alex se aclara la garganta y luego descansa un brazo alrededor de mi
espalda.
Los ojos de Molly se entrecierran.
—Estoy bien —le dice.
—¿Ella no está follando con Jamal? —pregunta, en un tono lleno de
falsa inocencia, todavía sin mirarme.
El brazo de Alex se aprieta a mi alrededor.
—Cuida tu maldita boca o vete, Molly.
Ella pone los ojos en blanco, mordiéndose la lengua, claramente
molesta con esa respuesta. Luego murmura algo en voz baja que no puedo
escuchar, afortunadamente, y vuelve afuera, cerrando la puerta un poco
más fuerte de lo necesario.
Alex me mira.
—¿Entonces? ¿Qué piensas? Si me chupa la polla, ¿te vas a enojar?
Me encojo de hombros, sonriéndole.
—¿Puedo chuparla yo también?
Él arquea una ceja, definitivamente sorprendido. Nuestro trío fallido
con Eli fue lo más cerca que estuvimos de compartir por consenso. Se aclara
la garganta de nuevo y tampoco puede reprimir la sonrisa.
—Eres sucia, princesa.
—No tienes idea.
La sonrisa se atenúa un poco.
—Sí, no estoy seguro de querer saberlo. Olvídalo. Creo que querrás
vengarte de mí después de eso. Y ya has hecho lo suficiente de esa mierda
para que me dure toda la vida. Al diablo con eso. —Se aparta de mi alcance,
haciendo una mueca.
—Alex, vamos, no...
—¿No qué? —me pregunta, claramente enojado.
No debería haberme pedido que viniera aquí. No debería haber
aceptado venir aquí. Me rodea y se acerca. Mi espalda golpea la isla de la
cocina y él me enjaula, con las manos a cada lado de mí mientras se inclina
hacia abajo.
—¿También te follaste a Jax, eh? ¿Lo estás follando por drogas? —Pasa
una mano por mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás, su boca sobre
la mía—. Supongo que la mejor pregunta probablemente es ¿con quién no 170
estás follando, Za?
—Alex, no hagas esto. —No puedo contraatacar. No porque literalmente
no pueda, pero con las drogas en mi sistema, simplemente no quiero. Quiero
una tregua. Solo quiero relajarme. Solo quiero relajarme con él—. Alex, por
favor.
Sus dedos solo aprietan mi cabello mientras pasa su boca sobre la mía,
pero luego suspira, se aparta, me deja ir y se pasa una mano por el cabello.
—Mira, te traeré un poco de agua —me dice. Luego se inclina cerca de
nuevo, envuelve sus fuertes brazos alrededor de mí, alejándome de la isla y
moldeando mi cuerpo al suyo. Presiona sus labios contra mi oreja—. Y luego
te llevaré arriba.
Siento que mi cuerpo se calienta con sus palabras. Puedo sentirlas
contra mi piel. Casi estoy tarareando con la seguridad que siento, aquí
mismo en sus brazos.
Sé que Alex no está mal. Sé que no es el idiota que pretende ser. Es
algo completamente diferente. Él es bueno. Él es puro. No es un criminal.
No lastimó a nadie.
—Y voy a follarte bien, princesa, y tú me vas a mostrar cuán gran puta
eres en realidad. —Presiona un beso en mi cuello y luego se aleja, fuera de
mis brazos. Siento su ausencia con la repentina ráfaga de frío donde su
cuerpo estaba contra mí, pero me apoyo en el mostrador, mirándolo, sus
palabras resonando en mi cabeza.
Empiezo a balancearme de nuevo con la música y cuando saca un vaso
del armario, abre la nevera y saca agua de la jarra grande que hay dentro,
no puedo dejar de pensar en ello. Qué bueno es. Y luego tampoco puedo
detener la pregunta que sale de mi boca, todo rápido y rápido, como si no la
dijera a toda prisa, no tuviera el valor de preguntarla en absoluto.
—Alex, ¿qué pasó en esa fiesta? ¿Con esa chica?
Lo veo tensarse, los músculos de la espalda se le anudan debajo de la
camiseta mientras abre el grifo de la jarra de agua.
Por un momento, no se mueve. Solo dice:
—¿Qué fiesta y qué chica? —Con un borde en su voz.
Pienso en rodearlo con mis brazos. Darle la vuelta. Besando su
hermosa boca.
Aunque no le respondo. Ambos sabemos qué fiesta.
Cierra la puerta del frigorífico, se vuelve hacia mí y extiende la mano, 171
ofreciéndome el vaso lleno de agua.
Lo tomo con avidez, tragando el líquido helado, tarareando mientras lo
hago. A mitad de camino, le digo lo que sé que es verdad:
—No la lastimaste. No le hiciste daño a nadie.
—¿Cómo lo sabes?
Lo miro por encima del borde de mi vaso, pero bebo de nuevo.
—¿Cómo sabes que no la lastimé? —aclara.
Sigo bebiendo, incapaz de parar aunque quisiera. Es tan malditamente
bueno. O tal vez no quiero esta conversación. Tal vez he vuelto a perder los
nervios.
Finalmente, termino el agua y exhalo mi satisfacción, dejando el vaso
en la isla a mi espalda.
Me doy la vuelta para mirarlo. Lo veo mirándome fijamente mientras
me balanceo hacia adelante y hacia atrás, incapaz y no queriendo
detenerme. La música simplemente fluye a través de mí y es como si fuera
parte de mí. No puedo quedarme quieta.
—Eres demasiado bueno —le digo.
Cruza los brazos sobre el pecho.
—Casi te ahogo.
—Lo sé. —Doy vueltas, levantando las manos en el aire mientras bailo.
—Yo soy la razón por la que existe el video.
Me dejo caer, volviéndome hacia él.
—Lo sé.
Se acerca, pero no me alcanza y no dejo de bailar. Esta vez, sin
embargo, lo aprieto, mi culo contra su polla, que ya está dura.
—Casi te rompo los dientes con una botella.
Miro por encima de mi hombro, mis ojos se conectan con los suyos.
—Lo sé.
Todavía no me toca, pero veo que su mirada se oscurece. Lo siento cada
vez más duro contra mi trasero, y no dejo de apretarme contra él.
Cuando siento que no puedo soportarlo más, cuando siento que si él
no me pone las manos encima, podría explotar, me agarra de las caderas y
me tira contra él. Sus brazos rodean mi frente, enjaulando mi espalda contra
su pecho, las manos extendidas alrededor de mi torso.
172
—Eres jodidamente perfecta, ¿lo sabías? —dice en mi oído.
Algunas personas entran a la cocina y nos miran mientras se dirigen
hacia la piscina. No les hacemos caso.
Descanso mi cabeza contra el pecho de Alex, mis ojos cerrados. Me
siento tan cálida y segura en sus brazos, es como si estuviera bajo una
manta de amor puro.
Lo sé, en el fondo, en algún lugar, solo habla el éxtasis, pero no cambia
el sentimiento.
—Tú lo eres —le digo.
Se ríe contra mi oído, pasa sus labios por mi cuello. Me estremezco, mi
núcleo se aprieta con su boca sobre mí. No quiero nada más que subir las
escaleras y follarlo. Dejar que me folle. Tomando turnos para explorarnos
entre nosotros.
—Ni siquiera estoy cerca, princesa —me dice y casi me duele el corazón
con esas palabras porque no son ciertas.
Le digo eso, con los ojos aún cerrados mientras me ahogo en la
sensación de él contra mí.
Suspira, su aliento contra mi cuello.
—Eres mía, ¿lo sabías?
Pienso en Eli. Este mal secreto entre nosotros. No quiero, y
definitivamente no debería decirlo, pero siento que tal vez sea lo mejor. Tal
vez si fuera honesta con Alex, tal vez si nos dijéramos nuestros peores
secretos, podríamos empezar de nuevo. Podríamos empezar de nuevo y
podríamos ser así, siempre. No pelearíamos ni gritaríamos ni chillaríamos,
pero seríamos buenos el uno para el otro.
—Hago cosas malas —le digo, probando el agua, presionando más
hacia atrás contra él, todavía balanceándome en sus brazos.
Se tensa pero me abraza con más fuerza.
—Lo sé.
—¿Lo haces? —respondo, mis palabras son un susurro.
—Sí. —Cada respiración de él hace que mis nervios se enciendan, y esa
sensación cálida y pacífica en mi pecho se expande.
Levanto los brazos y los envuelvo alrededor de su cuello. Pasa sus
manos por mi playera y la sensación de su piel cálida sobre la mía enciende 173
un fuego en mi interior.
—Llévame arriba.
Sus dedos se clavan en mi piel.
—Zara, ¿en qué estás esta vez?
—Llévame arriba —digo de nuevo, más urgente esta vez—. Llévame
arriba, Alex, por favor. —Puedo sentir su erección contra mi espalda, pero
necesito que me toque, sin ropa entre nosotros. Lo quiero en mi boca, sus
manos sobre mi piel desnuda, completamente desnudo con él dentro de mí.
Lo quiero de nuevo. Siempre.
Toma una respiración profunda. Siento su pecho subiendo y bajando
detrás de mí, escucho su indecisión en el sonido contra mi oído. Pero
finalmente, mientras sigo balanceándome contra él, sintiendo como si solo
fuéramos nosotros en esta fiesta, nadie más, ni siquiera Eli, dice:
—Está bien.
Y luego giro en sus brazos, con los ojos abiertos de par en par y él me
levanta. Envuelvo mis piernas alrededor de él, ahueco su rostro entre mis
manos y beso sus labios. Su agarre en mis muslos se aprieta y me devuelve
el beso, abriendo la boca para mí.
Es embriagador, este beso. Casi no quiero subir las escaleras. Casi
quiero amarlo aquí mismo, en esta cocina. Pero se separa de nuestro beso y
apoyo la cabeza en su hombro mientras me lleva por el pasillo. Hay mucho
ruido procedente de la sala de estar. Escucho a la gente gritar su nombre y
a alguien silbar, pero la música también es muy alta, y me concentro en eso,
balanceándome en sus brazos mientras me carga.
No pienso en Eli. No lo busco.
Alex me lleva por el pasillo, hacia su habitación. Abre la puerta con los
hombros, la cierra de una patada detrás de nosotros.
Me pone de pie, pero mantiene un brazo alrededor de mis hombros
mientras desliza el atenuador de las luces, un suave y tenue resplandor
apenas ilumina la habitación.
Su cama, decorada en azul Caven, está frente a un televisor de pantalla
plana montado en la pared, y en ángulo junto a su cama es un sofá de dos
plazas, pero por lo demás, la habitación está limpia y vacía.
Echo un vistazo a su mesita de noche.
La Biblia todavía está ahí.
174
Alex da un paso hacia mí, sus manos se mueven hacia mis caderas
mientras me mira, exhalando un suspiro.
—Me alegro de haberte alejado de todos —dice con voz ronca.
Le sonrío, agarrando sus bíceps.
—Puedes invitar a algunas personas aquí si...
Pone su mano sobre mi boca, sorprendiéndome.
—No soy como tú —me informa, dando otro paso hacia mí, obligándome
a conceder uno. Mi boca está seca nuevamente y creo que tal vez debería
haber tomado más agua, pero ya es un poco tarde para eso.
Además, cuando mis piernas chocan contra la cama, todo lo que quiero
hacer es decirle a Alex que se acueste en ella para poder montarlo. Entonces
puedo hacerlo sentir bien, porque se lo merece. Nos lo merecemos.
—No quiero compartir —sigue hablando, su cálida mano todavía me
tapa la boca—. No lo haré. Nunca más.
Acaricio mi mano suavemente por su antebrazo y él deja que su mano
se deslice por mis labios, hasta mi garganta, descansando allí suavemente.
—Sin compartir —le miento.
Me sonríe, sus ojos se posan sobre mi pecho y su mano lo sigue. Toma
mi pecho sobre mi camiseta sin mangas.
—¿Sin compartir? —repite, su mirada encuentra la mía de nuevo.
Muerdo mi labio y asiento, deslizando mis manos debajo de su
camiseta. Es todo músculos duros y líneas afiladas, pero su piel es tan
jodidamente suave. Lo quiero en mí.
—Zara —dice, mi nombre es un susurro en sus labios—. ¿Estás segura
de que no te vas a arrepentir de esto? Tus ojos… —Se apaga, mirándome a
los ojos.
Sé que deben estar dilatadas ahora mismo, pero sé lo que quiero.
—No me voy a arrepentir. Sé lo que estoy haciendo. —Es verdad. Lo
hago. El MDMA no afecta el juicio de la forma en que lo hacen los tragos de
tequila que bebí. Simplemente hace que todo sea mejor.
Todavía parece inseguro y no puedo evitar pensarlo de nuevo. No
lastimó a esa chica. Necesito encontrarla. Necesito saber qué pasó. Necesito
preguntarle. Quizás alguien la lastimó, ¿pero él? No lo creo.
175
De cualquier manera, sé que no me hará daño en este momento.
Ni siquiera se mueve. Él solo me está mirando con esa expresión de
dolor en su rostro como si estuviera dividido entre follarme o huir.
Voto por el primero.
Agarro su camiseta y tiro de él, haciéndonos girar. Se mueve conmigo,
la diversión parpadea en sus ojos. Cuando lo llevo a donde quiero, de
espaldas a la cama, planto ambas manos en su pecho y lo empujo.
Se hunde en el colchón, en posición sentada, tratando de reprimir una
sonrisa, pero no puede hacerlo.
—Dios, extrañaba esto. —Sus manos llegan a mis muslos, pero todavía
me mira a los ojos.
—Quítate la camiseta —le digo.
Él levanta las cejas.
—Al mando, ¿eh?
Agarro sus muñecas, hago que suelte sus manos de mis muslos
mientras doy un paso atrás y luego lo suelto. Quiero abalanzarme sobre él.
Quiero sentirlo en todas partes. Pero ahora mismo, quiero verlo quitarse la
camiseta.
Cruzo los brazos, todavía balanceándome ligeramente a pesar de que
la música es solo el sonido del bajo aquí. Quiero cambiar eso. Sé que hay
bocinas inalámbricas en su habitación, siempre teníamos algo sonando
cuando estábamos follando aquí.
Entonces, ¿Eli escuchó? Dijo que nos escuchó y me vio...
Lo aparto de mi mente. No porque no me guste pensar en él, sino
porque si pienso demasiado en él, iré a buscarlo y lo traeré aquí y estoy
segura de que Alex no quiere eso.
¿Y en este momento?
Quiero darle a Alex todo lo que quiera.
Se cruza de brazos, se levanta la camiseta por la cabeza. Juro por Dios
que se me hace la boca agua cuando deja caer su camiseta blanca al suelo,
apoya las manos en los muslos y me mira, casi desafiante.
Encuentro cada peca sobre su torso largo y delgado, sus abdominales
aún visibles y definidos a pesar de que está sentado. Esas venas en sus
bíceps son como otra maldita droga, y aunque tenía la intención de hacer
que se desnudara por completo, no puedo detenerme. 176
Me quito los calcetines y los zapatos, me desabrocho los vaqueros y me
los quito por los muslos. Voy a deslizar mis dedos por debajo de mis bragas
de encaje verde brillante, pero Alex me agarra la muñeca y me detiene.
Ya no espera el permiso, no me pregunta si lo quiero.
En cambio, sostiene mi mirada mientras se inclina hacia adelante y
usa sus dientes para bajar mi ropa interior, su boca raspando mi piel. Su
pulgar tira hacia abajo del otro lado hasta que el cordón cae al suelo y salgo
de él mientras Alex se sienta, observando, una mano todavía en mi muslo.
Me pregunto por qué nunca notó mis cicatrices.
Ahora no es el momento de preguntar. No quiero que se dé cuenta. Yo
tampoco quería que Eli lo hiciera.
Eli parece tener la costumbre de darse cuenta de cosas que no debería.
—Tu turno —le digo a Alex, sonriendo alegremente mientras toma cada
centímetro de mi piel de la cintura para abajo.
Su toque persiste, pero lentamente, desliza su mano lejos de mí,
alcanzando su cinturón. Lo desabrocha y abre el botón de sus pantalones.
Pero se está moviendo demasiado lento para mí.
Me paro entre sus piernas, tiro de la cremallera.
Ajusta su posición, dejándome bajar sus pantalones y sus bóxers,
hasta sus rodillas.
No puedo ir más lejos antes de que mi mano esté envuelta alrededor de
su polla, y me incline, mi boca en la cabeza de su polla. Sabe tan
jodidamente bien, tan jodidamente duro y tan suave a la vez, mis dedos
apenas se tocan, rodeándolo.
Lo acaricio mientras chupo la punta y él gime, sus dedos en mi cabello.
—Joder, Zara. —No mueve las caderas, solo me deja chuparlo como
quiero, y en este momento, nunca quise hacer nada más.
Intento hacerle una garganta profunda, lo que siempre ha sido un puto
desafío. Y justo cuando creo que es demasiado, justo cuando creo que me
voy a ahogar con él, empuja mi cabeza hacia abajo y mis ojos se humedecen
cuando me golpea la parte posterior de la garganta.
Intento levantar la cabeza de un tirón, pero su agarre se aprieta en mi
cabello.
177
Clavo mis uñas en su muslo, y él sisea pero todavía no me deja ir. Estoy
atragantándome con él, pero no sale ningún sonido. Todo parece ponerse
gris, la saliva gotea de mi boca hasta la base de su polla.
Mi estómago se aprieta.
Él ha hecho esto antes, pero no puedo deshacerme del sentimiento de
que tal vez me está haciendo pagar por Jamal. Quizás no hayamos
terminado con ese pequeño enfrentamiento. Quizás soy una maldita idiota.
Pero luego, cuando todo comienza a volverse negro alrededor de los
bordes, levanta mi cabeza por mi cabello, completamente lejos de él. La baba
se derrama por mi barbilla mientras lamo mis labios y él me mira fijamente,
con una pequeña sonrisa engreída en su rostro.
—Eres tan perfecta —me dice. Acaricia la parte de atrás de mi cabeza
y mis ojos se cierran.
Él es perfecto.
Alex.
Él no es malo.
Él es bueno.
Pasa su pulgar sobre mis labios hinchados. El gesto es casi tierno.
Es tan bueno.
—Ahora sube aquí y monta mi polla, princesa —me ordena, con una
mano rodeando la base de su polla.
No necesita decírmelo dos veces.
Me pongo de pie, doy vueltas.
Pasa sus manos arriba y abajo de mis costados.
—Creo que esto me va a gustar —susurra contra mi columna.
Me apoyo en su antebrazo, alcanzando entre nosotros para agarrar su
polla y colocarla debajo de mí. Me ayuda a levantar ambos pies, con las
rodillas en la cama mientras me arrodillo sobre él.
Lentamente, me bajo, sintiendo el pinchazo de su ancho cuando entra
en mí, y me estiro a su alrededor.
—Estás tan jodidamente apretada, princesa —susurra, tomando mi
cabello en su mano, alejándolo de mi cuello mientras besa mi hombro.
Hago una mueca, pero lo quiero todo. 178
Cada centímetro de él.
Metiendo mis manos en sus sábanas, me bajo del todo.
—Alex —gimo su nombre incluso antes de empezar a follarlo.
Besa mi espalda de nuevo, luego suelta mi cabello, sus manos caen a
mis costados.
—Fóllame, Zara —me dice, agarrando mi cintura y ayudándome a
hacer precisamente eso—. Y hazlo bien, porque la última vez no pude
terminar.
Mis muslos arden cuando reboto en su polla, sus manos me ayudan a
guiarme. Vale la pena. Inclino la cabeza hacia arriba, cierro los ojos. La
sensación de mi cabello rozando mi espalda me enrojece de confianza. La
sensación de Alex estirándome, llenándome, el sonido de sus respiraciones
rápidas, sus gemidos bajos me hacen sentir sexy.
Paso mis manos por mi cabello, cierro los ojos mientras me concentro
en la sensación de él dentro de mí.
El sexo nunca se había sentido tan bien.
Me voy a venir y ni siquiera necesito tocarme.
Voy a correrme por toda su polla y él va a terminar dentro de mí y en
el momento, eso es todo lo que quiero.
Quizás eso es todo lo que siempre he querido. Tal vez estoy realmente
drogada, pero no me importa.
No me importa.
No puedo detener el gemido que se escapa de mis labios, y no quiero
hacerlo.
—Joder, bebé —dice Alex—. Te sientes muy bien. Suenas tan
jodidamente bien.
Gimo más fuerte, todos mis nervios apretados y tensos y listos para
que explote. Me siento tan segura aquí en su regazo, con él dentro de mí,
sus manos en mis caderas mientras lo monto.
Y justo cuando estoy a punto de echar la cabeza hacia atrás, justo
cuando su ceja llega a mi hombro, sus gemidos me dicen que él también
está casi allí, veo girar el pomo de la puerta de su habitación.
Muy despacio.
Tan lento que tal vez no esté girando realmente. Tal vez la puerta no se
esté abriendo realmente, justo cuando Alex está gimiendo mi nombre, justo 179
cuando lo siento apretarse dentro de mí, tal vez eso no es...
Todo el aire sale de mis pulmones y la puerta se abre, solo una rendija,
y los ojos de Eli se conectan con los míos.
Pero no puedo detenerlo.
No puedo detenerlo, y me acerco a Alex mientras sostengo la mirada de
Eli, hasta que no puedo. Hasta que tengo que cerrar los ojos, las manos de
Alex en mis pechos mientras ralentizamos, jadeando. Respiración.
Sensación.
Y cuando vuelvo a abrir los ojos, la puerta se cierra y Eli se ha ido.

180
23
ELI

L
os dedos de Kaitlyn recorren mi pecho, su boca contra mi cuello,
mientras yo miro el oscuro techo de mi habitación, con una
mano en el estómago y la otra a mi lado.
La música está tan alta abajo que no voy a poder dormir. Pero aunque
estuviera tranquilo, no puedo dejar de pensar en ella.
Es imposible dejar de pensar en ella.
El miércoles por la noche, después de que nos separamos, quise rogarle
que se quedara. Quería que se quedara en la cama conmigo. Que durmiera
conmigo. La quería encima de mí.
A la mierda lo que pensaba Alex.
No la merece. Le ha mentido. Le ha ocultado cosas. Ni siquiera la
conoce. No como yo.
Pongo mis manos a los lados.
—Suéltame.
Kaitlyn se pone rígida, sus labios siguen en mi garganta, sus dedos
siguen rozando mi pecho. Puedo sentir cómo cada centímetro de su cuerpo
se conecta con cada centímetro del mío y no puedo soportarlo.
Necesito que se aparte de mí.
Aspira un poco de aire.
—¿Qué? —Parece ofendida.
No me molesto en repetirlo. Me incorporo bruscamente y ella se
arrastra hacia atrás en la cama, levantando la sábana blanca para cubrirse
el pecho como si no me la acabara de follar hace sesenta segundos.
181
No me molesto en mirarla mientras tropieza con la cama, recogiendo
su ropa del suelo. De todos modos, esto está oscuro. No hay mucho que
mirar.
Me paso la mano por el cabello y apoyo la cabeza en el cabecero a mi
espalda mientras Kaitlyn resopla y da pisotones mientras se viste,
claramente enojada.
Me sorprendió que subiera a mi habitación conmigo tan fácilmente. No
es una animadora, pero pensé que ella y Rihanna eran amigas. Siempre
salían juntas en la casa los fines de semana. Demuestra lo mucho que sé
sobre el funcionamiento interno de las chicas.
Cierro los ojos y los ojos de mamá aparecen en mi mente.
Verde.
Estaban muy verdes.
Al mirarlas a través del agua de la bañera, eran más brillantes que de
costumbre. Las cosas suelen ser turbias bajo el agua. Sombrías. Pero no sus
ojos. No entonces.
Por eso no duermo, carajo.
Abro los ojos para despejar el recuerdo.
—Que tengas una buena noche, Eli —me gruñe Kaitlyn, pero no abre
la puerta.
Ojalá abriera la maldita puerta.
—Sí. Tú también.
Vuelve a suspirar. En voz alta.
—Pensé que Alex era el idiota.
Pienso en Alex empujando a Zara sobre la encimera de la cocina. Pienso
en él empujando la botella entre sus dientes. Pienso en cómo quería
rompérsela en la cabeza.
Mis pensamientos se trasladan al otoño pasado.
Cómo se emborrachó porque su padre engañó a su madre, otra vez.
Pienso en cómo siguió a esa chica arriba.
—Lo es —le aseguro a Kaitlyn—. Cierra la puerta al salir.
Eso hace el truco. Veo cómo se marcha, dando un portazo tan fuerte
que el Trans Am blanco de mi mesilla se desliza sobre un vaso de agua, 182
emitiendo un sonido agudo que me eriza la piel.
Estiro la mano, sin mirar, para estabilizarlo y mis dedos se enroscan
alrededor del frío auto de metal. Me pongo en pie y me dirijo a mi escritorio,
situado en el lado opuesto de la habitación al de la cama. Me siento,
enciendo la pequeña lámpara negra y pulso el teclado de mi portátil.
El navegador ya está abierto, autos en venta en Falls Creek en mi
pantalla.
Agarro mis auriculares con cancelación de ruido y me los pongo, subo
el volumen de “Feel You Out” y empiezo a buscar autos, primero mirando un
viejo Corolla que podría ser un buen auto de diario si quisiera ahorrarle
unos cuantos kilómetros al 370Z.
Pero no veo realmente la pintura verde oscura, pálida por el sol. Apenas
noto el óxido en el lado de la puerta del conductor. Apenas presto atención.
Todo lo que puedo ver es su cara mientras se corría en la polla de Alex.
Me llevo el pulgar a la boca y muerdo la piel con la suficiente fuerza
como para sangrar. El sabor a hierro me llena la boca y pienso en su sangre.
Me pregunto si me dejaría lamerla de su muslo.
Me pregunto a qué sabe.
Más dulce que la mía.
Eso es todo lo que sé. Es definitivamente más dulce que la mía.

183
24
ZARA

C
uando abro los ojos, estoy de pie.
Estoy de pie, y por un segundo, no puedo moverme. Estoy
paralizada, y todo está oscuro y es tan silencioso. Es tan
jodidamente silencioso que no sé dónde estoy. No estoy en la casa de Alex.
Esta no puede ser su casa.
Esto no es una fiesta.
Esto es como el infierno.
Siento que algo se cierne en las sombras, algo que se acerca, los vellos
de la nuca se me ponen de punta. Algo va a atraparme y no puedo moverme.
No puedo gritar. Apenas puedo respirar.
Quiero taparme la boca con una mano.
Quiero darme la vuelta. Quiero gritar.
Correr.
Se está acercando y todo está tan oscuro y tan silencioso excepto esta
cosa.
—Zara. Zara, despierta.
Me sobresalto, abro los ojos y tropiezo con el cuerpo caliente de alguien.
Abro la boca para gritar, pero una mano me tapa la boca.
—Shh —me dice una voz al oído—. Shh, pequeña. Soy yo. Soy Eli.
Lentamente, como unos prismáticos que se enfocan, veo la habitación,
y no es la de Alex. No es en la que me quedé dormida.
Es más grande y está envuelto en sombras. Hay una cama frente a mí,
un escritorio a mi izquierda con una pantalla de ordenador portátil poco
184
iluminada. ¿Es eso un auto?
Hay una puerta entre la pared del escritorio y la cama y creo que es un
baño. Creo que veo azulejos blancos más allá. Y el suelo bajo mis pies está
frío.
Pero la mano de Eli sobre mi boca es tan cálida.
Con otra pequeña sacudida, me doy cuenta de que su cuerpo está
presionado contra cada centímetro del mío.
Abro la boca para hablar y él debe saber que no voy a gritar, porque me
pasa la mano por los labios, por la barbilla, por la garganta y luego me
aparta el cabello del hombro.
Las palabras que iba a decir me son robadas. Secuestradas por la
sensación de él.
Llevo una camiseta de tirantes, y él desliza su dedo por debajo de un
tirante, tirando de él hacia abajo. Su boca toca mi piel, cálida y húmeda y
tan suave. Me rodea con el otro brazo y me clava los dedos en la cintura
mientras me abraza.
—¿Por qué has venido aquí? —me pregunta. Puedo sentir cada una de
sus respiraciones contra mí.
Me doy cuenta de que he estado aguantando la respiración y exhalo,
lentamente, intentando que mi pulso se calme. Que mi cabeza se aclare.
¿Por qué he venido aquí?
Arrastra su labio inferior sobre mi hombro, hacia mi cuello. Inclino mi
cabeza hacia un lado, dándole un mejor acceso. No debería...
—Háblame, Zara. ¿Por qué has venido aquí? —Su boca recorre mi
cuello, justo debajo de mi oreja.
—No... no lo sé.
Desliza la mano que tiene en mi cintura hacia abajo, sus dedos se
deslizan bajo el material de mi camiseta de tirantes hasta que su piel está
sobre la mía y siento que se enciende un fuego en mi interior. Me cuesta
mantenerme en pie, me cuesta no balancearme entre sus brazos.
—Qué hice... no recuerdo...
Me besa el hueco detrás de la oreja y no puedo pensar. No puedo hacer
nada más que sentirlo. Su boca, sus dedos en mi piel. Su erección contra
mi espalda. Está muy duro.
Está tan duro por mí. 185
—¿No te acuerdas? —se burla de mí, con su voz baja pero áspera.
Juguetón pero... no.
No lo recuerdo. Me quedé dormida con Alex, después de que nosotros...
después de que Eli viera...
—Nos observaste.
Acaricia su nariz justo debajo de mi oreja.
—Te he observado —dice, y puedo sentir esas palabras contra mi piel.
Aprieto los muslos, deseando llevar algo más que el bóxer de Alex,
demasiado grande, que apenas cuelgan. Y si Eli rozara con sus dedos un
poco más abajo, rozando la pretina, podría hacerlos flotar hasta el suelo con
apenas un toque.
Pero yo también quiero eso.
Lo quiero.
—¿Por qué? —Jadeo mientras nos hace avanzar, hasta que la parte
delantera de mis muslos está contra el lado de su cama—. ¿Por qué miraste?
Desliza su mano por mi abdomen, deslizándola bajo el bóxer suelto.
Debería detenerlo. Debería decirle que no. Debería salir de esta habitación
y volver de puntillas a la de Alex.
Debería hacer muchas cosas que no estoy haciendo.
¿Cómo he llegado hasta aquí?
Intento alcanzar algo. Algo que ponga distancia entre nosotros mientras
él me pasa los dientes por el hombro, su mano llega más abajo de mi bóxer.
—¿No debería molestarte? —susurro en la oscuridad—. ¿Observarnos?
Hace una pausa, con su mano todavía en mi vientre bajo, su boca
momentáneamente alejada de mi piel. Luego se ríe, un sonido gutural. Me
besa el cuello con la boca abierta y me estremece su calor en esta fría
habitación.
—Oh, Zara. —Se ríe de nuevo—. Puedes follarlo todo lo que quieras,
pequeña. No podría importarme menos. De hecho, me excita pensar en su
semen dentro de ti en este momento. —Me pasa la mano por el bóxer, hasta
que sus dedos rozan el interior de mi muslo—. Sigue así.
Dios, ¿qué te pasa?
Joder, ¿qué me pasa?
186
—No lo dices en serio, Eli —susurro, queriendo que sea verdad—. No lo
dices en serio.
—¿No quieres que te comparta?
—No lo sé.
—Pensé que querías experimentar todo, Zara. Y eso es lo que quiero
para ti. Todo.
Me muerdo el labio, agarrando las sábanas de su cama frente a mí.
—¿Cómo he llegado aquí? —Sacudo la cabeza, tratando de recordar—.
No recuerdo haber entrado aquí.
Se queda en silencio un momento, sólo el sonido de mi propio pulso en
mis oídos. La sensación de su aliento contra mi piel. Sus dedos callosos y
ásperos, encendiendo un fuego dentro de mí. Pero tengo que pensar en ello.
Tengo que respirar a través de él. Tengo que saber.
—¿De verdad no te acuerdas? —Esta vez su pregunta no es burlona.
Es curiosa.
—No —susurro en la oscuridad.
Me besa de nuevo, en la curva de mi hombro, y aunque no recuerdo
haber querido que mi cerebro lo hiciera, mi cabeza se inclina hacia atrás
contra él, apoyada en su pecho, mi garganta expuesta.
Sorprendiéndome, saca su mano de mi bóxer y me rodea con su brazo.
—Entraste.
Parpadeo en la oscuridad y me río. Parece que se pone rígido detrás de
mí, como si no supiera qué hacer.
Pero no puedo parar. Me río, agarrando sus sábanas, él tenso a mi
espalda.
—¿Te importa decirme qué carajo es tan gracioso? —pregunta en voz
baja, y me hace reír un poco más.
Su mano sube a mi garganta, apretando alrededor de mí.
Dejo de reírme.
—Eli... no jodas que entré aquí.
Se queda en silencio un momento, luego suspira y su mano se afloja
alrededor de mi cuello.
187
Y entonces me suelta. Simplemente... retrocede, y tengo que agarrarme
con fuerza a la cama que tengo delante para mantener el equilibrio. La
ausencia de él es tan desorientadora.
Me doy la vuelta y le veo pasándose las manos por el cabello, con el
brillo de la pantalla de su portátil detrás.
Eso es un auto, me doy cuenta.
—Tienes que volver a la habitación de Alex —dice, dándome la espalda,
con las manos en el cabello. Tiene los hombros muy anchos y puedo ver sus
bíceps, las manchas oscuras de los tatuajes en su brazo, que descienden
hasta su mano. No puedo distinguir el arte en la oscuridad, pero puedo
verlo.
Casi como un recordatorio.
Eli es frío.
—Está bien —le digo, con la voz áspera, mi propia mano en la
garganta—. Perdón por... —Me quedo sin palabras. No sé lo que siento. No
sé si lo siento.
No me mira.
Doy un paso hacia la puerta, el suelo cruje suavemente bajo mis pies.
—No es la primera vez —dice, tomándome desprevenida.
Me quedo paralizada, mirando al frente, a la puerta. Mi boca se abre
para preguntarle de qué está hablando, pero no sale nada. Creo que porque
lo sé.
—Recuerda aquella noche, contra el mostrador. Bajaste a la cocina.
Se me aprieta el pecho. Mis manos se cierran en puños y siento que un
escalofrío me recorre la columna vertebral y me llega a las rodillas,
haciéndolas temblar. Y contengo la respiración. Contengo la respiración
mientras espero que lo diga. Que diga lo que no quiero saber.
Pero no dice nada.
Está en silencio.
—Puedes quedarte —añade en voz baja—. Si quieres. Puedes quedarte.
—¿Por qué me quieres? —le pregunto en cambio, sin querer hablar de
sonambulismo—. ¿Esto es sólo un juego para ti, Eli? ¿Qué estamos
haciendo?
188
Más silencio. Quiero darme la vuelta y enfrentarme a él. Quiero
preguntarle si le duele saber que me he follado a Alex. Quiero preguntarle
qué quiere de mí.
Pero es su turno de hablar. No el mío.
Sin embargo, cuando lo hace, casi desearía no haberlo hecho. Casi
desearía haber mantenido mi puta boca cerrada.
—¿Por qué me quieres, Zara?
La vergüenza me invade en una ola caliente e incómoda, sustituyendo
al miedo. El miedo. El escalofrío. Siento las manos húmedas y el corazón se
me acelera demasiado. Incómodamente rápido. Necesito agua.
Probablemente por eso he venido aquí. Probablemente es lo que estaba
buscando.
Agua.
—¿Por qué me quieres, Zara?
¿Porque no puedo tenerte? ¿Porque eres un tabú? ¿El mejor amigo de
mi ex? ¿Porque me ves? ¿Porque me sacaste de la misma piscina en la que
me tenías?
Sacudo la cabeza, cruzando los brazos sobre el pecho. Tengo que volver
a la habitación de Alex. Necesito dejar pasar esta mierda.
Doy otro paso, pero entonces Eli dice, en voz tan baja que casi no lo
oigo por encima del crujido del suelo y el palpitar de mi propio corazón:
—Espera.
Me giro para mirarlo. Lo veo agarrar un vaso de agua de su mesita de
noche, junto a una maqueta de un auto, un destello de blanco en la
habitación oscura.
Cierra el espacio entre nosotros y me da el agua. Me quedo mirándola
un momento y me dice:
—El MDMA es deshidratante. También perturba el sueño, si se
consume demasiado. —Parece que ha memorizado un panfleto de anuncios
de servicio público o algo así—. Puede hacer que seas sonámbula.
Lo miro fijamente, sin tomar el agua. El miedo vuelve a apretarme el
estómago como un puño cerrado que me aprieta las entrañas.
—¿Estás sugiriendo que tengo un problema?
A la luz de la pantalla de su portátil, veo que la comisura de su boca se 189
curva en una sonrisa torcida.
—Ambos sabemos que tienes un problema. Sólo te estoy dando
información.
Lo miro fijamente un momento más y luego me doy la vuelta, dejándolo
a él y a su estúpida agua.

190
25
ALEX

L
evanto la botella por el cuello y la golpeo contra la puerta
corrediza de vidrio. Se rompe en mil pedazos, el sonido aplaca
mi rabia, astillando la tranquilidad de la mañana.
Hay gente desmayada en mi salón, algún idiota desnudo y borracho en
una silla de billar. Zara sigue en la cama y quiero que toda esa gente se vaya
de mi puta casa. Todos ellos excepto ella.
Joder.
Me paso las manos por el cabello y oigo a alguien caminando por el
pasillo desde el salón. Me doy la vuelta y miro a un tipo que reconozco
vagamente como alguien del puto equipo de lucha libre.
Sus ojos se abren de par en par mientras mira la botella de vodka
destrozada en el suelo.
Se pasa la mano por la cara, parpadeando, como si pensara que todavía
está jodidamente borracho o que sigue durmiendo.
Lentamente, sus ojos se deslizan hacia mi cara.
—¿Estás bien, hombre? —me pregunta con cautela, dando un pequeño
paso atrás.
Lo miro fijamente como respuesta.
Lo veo tragar. No lleva camiseta, su vaquero está desabrochado. Sólo
puedo pensar en mi puto padre. Su vaquero le caía hasta los tobillos
mientras se metía con esa mujer en la casa de la piscina.
Tenía quince años.
Ahora tengo veintiún años y todavía no se ha detenido, joder.
Cierro los ojos, con las manos todavía en el cabello, deseando que se 191
detenga. El recuerdo. La ira. El odio. La distancia que nos separa ahora.
Lo que le hizo a mi madre.
—Oye, Alex, necesitas algo...
Mis ojos se abren de golpe.
—Sal de mi puta casa.
El tipo asiente. Retrocede lentamente.
—¿Estás seguro de que no necesitas...?
—¡Fuera! —Señalo la puerta a su espalda, en caso de que no sepa
dónde está.
—Mierda. —Oigo que alguien susurra desde el salón—. Alex está
jodidamente alucinando.
Y entonces no es sólo el tipo sin camiseta el que se va. Es un maldito
éxodo masivo de mi casa y de la de Eli. Le doy la espalda a todo el mundo
para que recojan sus cosas y se vayan, y agarro una botella de tequila,
dispuesto a lanzarla también a la puerta, cuando alguien me agarra del
codo.
—Alex.
Se me hace un nudo en la garganta al oír su voz. Me quito de encima
su agarre y doy un paso atrás, bajando la botella a mi lado antes de girarme
hacia ella.
Tiene los ojos apagados, teñidos de rojo, con algo de ese maldito y
excesivo delineador de ojos que lleva untado por toda la cara. Está vestida
con la misma ropa que llevaba anoche, no con la mía. Incluso tiene puestos
sus zapatos.
—No puedes irte —le digo, confundido—. No puedes irte en este
momento.
Mira la botella que tengo en la mano y sus ojos se dirigen a los
fragmentos de cristal que hay detrás de mí, a la puerta corrediza de vidrio.
—Tengo que irme —dice, aferrando su teléfono en la mano—. ¿Qué...
ha pasado?
Enrosco los dedos con más fuerza alrededor de la botella, casi
esperando que estalle en pedazos. Pero no soy tan fuerte. Si lo fuera, habría
encontrado la forma de decírselo a mamá antes de que se enterara por las
malas.
Dejo la botella sobre la encimera y me agarro al borde de la misma con 192
ambas manos, agachando la cabeza. Salí de la cama antes que Zara, lo cual
no es ninguna sorpresa. Duerme de un tirón por la mañana después de dar
vueltas en la cama toda la noche.
Salí de la cama y tuve la intención de bajar a limpiar. Preparar el
desayuno. A tener un maldito buen día. Pero recibí el correo electrónico de
papá a su congregación, como todos los demás. Ni siquiera recibí mi propio
correo electrónico, ni tuvo la decencia de avisarme de antemano. En lugar
de eso, me dejó leerlo en su balbuceante disculpa a medias, proclamando
que no era lo que parecía.
La mano de Zara frotando mi espalda me devuelve al presente.
—Alex —dice suavemente—, ¿qué pasa?
—Es mi maldito papá. —Ella no lo sabe todo. No sabe cómo lo vi. Cómo
lo atrapé la primera vez, antes de que la gente empezara a prestar atención.
Antes de que el pastor Cardi se convirtiera en una celebridad local y en un
gran idiota al mismo tiempo. Antes de que empezara a ser más descarado
con sus amantes, aparentemente sin importarle que todo el mundo en Grove
Beach tiene un puto teléfono móvil y puede sacar una foto en cualquier
momento.
Zara no lo sabe todo. Ella y mi padre ya se disgustan. No quería echar
más leña al fuego.
Pero ella sabe lo suficiente.
Su mano sigue en mi espalda. Me pregunto si está pensando en decir
algo sarcástico. Me pregunto si está a punto de enojarme aún más.
Pero sorprendiéndome, todo lo que dice es:
—Lo siento.
Miro por encima del hombro y me encuentro con sus ojos azul-verde.
Pienso en los profundos ojos castaños de mi madre. Pienso en ella
acurrucada bajo las sábanas de su maldita cama de gran tamaño. Pienso
en la vuelta del colegio a una casa silenciosa. En subir de puntillas a su
dormitorio. En ver su leve forma moverse arriba y abajo bajo las sábanas,
confirmando que seguía viva. En el alivio que sentí al saber que el frasco
recetado que se consumía demasiado rápido cada día en la mesilla de noche
no la había matado todavía.
Pienso en ella tratando de fingir cada domingo, sonriendo y de pie junto
a mi padre en la iglesia que parece más un centro comercial que una casa
de Dios. 193
Yo nunca haría eso. Nunca le haría eso a Zara, y sin embargo toda esta
mierda empezó porque la maldita Rihanna Martinson me besó en la mejilla
después del entrenamiento un día, y Zara es inmadura e infantil.
Ya está drogada con pastillas la mitad del tiempo que está despierta y
ni siquiera tiene una mierda con la que lidiar como mi madre.
Quiero apartarme de su contacto. También quiero gritarle. Pero no le
grito, porque no quiero apartarla. En realidad, no. Sólo quiero que se
despierte y se dé cuenta de que, al igual que mi madre, va en dirección a
una tumba temprana.
Me enderezo y ella baja la mano.
Por un momento, me siento culpable. Por el video que circula, y la
mierda de la piscina y todo eso. Por un momento, me siento jodidamente
mal por eso y por todo lo que he hecho para joder a las mujeres en mi vida.
Pero el momento pasa. Rápidamente.
Estaba borracho entonces. No es una excusa, pero estaba borracho,
y...
No importa, carajo.
—¿A dónde vas? —le pregunto en cambio—. ¿Dónde necesitas estar?
Hace girar un mechón de cabello entre sus dedos, sacudiendo la cabeza
y mirando al suelo.
—No importa. Iba a... iba a caminar de todos modos. Siento lo de tu
padre y...
Vuelvo a pasarme la mano por el cabello.
—Sólo contéstame, joder. ¿Dónde necesitas...?
—La fiesta de compromiso de su madre —dice Eli, acercándose por
detrás de ella y pasando por delante de los dos sin ahorrar una mirada a los
vidrios que hay por el suelo. Se acerca a la nevera y la abre.
Se queda con la boca abierta.
Me giro para mirar a Eli. No lleva camiseta, tiene el cabello negro
revuelto y mira fijamente a la nevera como si algo fuera a salir flotando y se
le metiera por la garganta.
—¿Qué...? —Empiezo a decir.
—Sí —interrumpe Zara rápidamente, tragando con dificultad. Vuelve a
194
mirar al suelo—. Mamá está teniendo esa estúpida...
—Mierda, olvidé que era hoy. —Me paso una mano por la cara. Debería
recordarlo. Zara me envió una invitación del calendario una noche mientras
Eli, ella y yo estábamos en el salón. Eli estaba con su teléfono, en silencio
como siempre. Hice un chiste de mierda sobre la madre de Zara, y el cuarto
maldito marido. Ni siquiera sabía que Eli estaba escuchando.
Sigue mirando a la nevera.
Los ojos de Zara pasan de mí a él y el silencio en la cocina es extraño.
Me aclaro la garganta.
—Te llevaré —le digo a Zara, y ella arruga el ceño. Como si no quisiera
que la llevara.
Ella sacude la cabeza.
—Deberías estar ahí para tu madre —dice suavemente.
—Está bien, bajaré después. No quiero que tengas que ir sola. —Sé que
está enojada con su madre por esta mierda del cuarto compromiso. Sé que
no quiere ir sola. Nunca quiere hacer nada sola.
Ella mira el vaso en el suelo.
—No, realmente no necesitas...
—Joder, Zara, déjame llevarte. —Camino hacia ella y parece que se
estremece. Qué carajo—. Necesito salir de esta casa de todos modos —le
digo, con la voz más baja—. No quiero lidiar con la mierda de mis padres.
Traga con fuerza y luego me mira.
—Tienes que ocuparte de tu madre. Probablemente esté sufriendo en
este momento.
Eli se aclara la garganta y ambos nos giramos para mirarlo. La puerta
de la nevera sigue abierta, pero me mira cuando dice:
—Puedo ir con ella.
Empiezo a decirle que eso es completamente innecesario, pero Zara
habla primero.
—Gracias —dice en voz baja.
Eli me sostiene la mirada.
Estoy indeciso, porque sé que mamá me necesitará. Aunque no quiera
que baje, querrá hablar. Y si no habla, estará consumiendo, y yo no quiero
eso.
195
Aprieto las manos en un puño y me vuelvo hacia Zara.
—¿Estás segura? Mira, Za, realmente no...
Me rodea el cuello con los brazos y aprieta su cuerpo contra el mío.
Por el rabillo del ojo, veo que Eli sigue observándonos.
—Estoy segura —me dice, con la voz baja—. Estaré bien con Eli. Cuida
de tu madre.

196
26
ZARA

E
l coche de Eli huele como él, mezclado con cuero.
Está muy limpio y me siento sucia sentada en él. Sabiendo
que anoche me follé a Alex. Sabiendo que llevo la misma ropa
que ayer.
Pero cuando Eli sale de la entrada de su casa, me toma la mano y
entrelaza sus dedos con los míos sin mirarme.
Lo miro por el rabillo del ojo, con mariposas calientes en el estómago.
Su perfil lateral es tan atractivo, su nariz recta, el ligero desaliño de su fuerte
mandíbula. Y sus malditos labios.
Aprieto los muslos y me obligo a mirar al frente.
—Gracias por llevarme —digo en voz baja, la música es un ruido bajo
de fondo. Sin embargo, puedo distinguirla. Es “Falling Apart”, de CVLTE.
Eli me aprieta la mano.
—Quería estar a solas contigo.
Siento que se me revuelve el estómago con esas palabras.
—Eli —susurro después de un momento mientras él entra en mi
complejo de apartamentos, el viaje fue demasiado corto para todo lo que
quiero decir—. ¿Qué estamos haciendo?
Pone el coche en modo estacionar, y se gira para mirarme, todavía
agarrando mi mano.
—¿Qué quieres que hagamos?
Me muerdo el labio y sus ojos se dirigen a mi boca. Ahora mismo, lo
único que quiero es follar con él, pero no lo digo.
197
—Yo... no lo sé —le respondo con sinceridad—. ¿Te... te follaste a esa
chica anoche? —suelto, aunque sé que no debería. Aunque sé que no puedo
decidir con quién se acuesta o no. No después de lo que vio anoche.
Sus ojos están clavados en mí, sus dedos presionan mi mano contra su
muslo con un poco más de fuerza. Lleva pantalones negros y una camiseta
gris ajustada. Un mechón de cabello oscuro le cubre un ojo y se ve tan
jodidamente bien.
—Te veo —me dijo. Y entonces no le creí. Pero ahora sí.
—Sí —me responde, y cierro los ojos con fuerza.
—Oye —dice en voz baja—, mírame.
No lo hago.
Me suelta la mano y me toma la barbilla entre los dedos. Abro los ojos
de golpe.
—¿Te duele? —me pregunta.
Por un segundo, creo que se refiere a su mano en mi cara, y que eso no
duele. Pero un segundo después, me doy cuenta de lo que realmente está
preguntando.
Asiento.
—Sí —admito—. Sí, me duele.
Me suelta, retrocediendo y exhalando un suspiro.
—Termina las cosas con él. Para siempre —dice sin mirarme.
Mis entrañas se retuercen ante eso.
—Aunque lo hiciera, Eli, él no estaría de acuerdo con esto. —¿Y lo
estaría yo? ¿Quiero renunciar a Alex todavía?
Eli se ríe, pero con frialdad. Vuelve su mirada hacia mí.
—Me importa una mierda lo que a Alex le parezca bien o no. Si me
quieres, si quieres que sea solo tuyo, termina la mierda con él. Si no lo haces,
bien. Pero hasta que lo resuelvas, yo también quiero experimentarlo todo,
pequeña. —Y entonces sale del coche, cerrando la puerta de golpe.

198
27
ZARA

L
lego tarde.
Dos minutos, lo cual es fantástico porque la gente ya está
allí, agolpada en la sala privada reservada para mamá y Cory.
Eso significa que mamá no puede estallar contra mí todavía y que si me voy
antes con Eli, tendrá que llamarme por teléfono.
Pero parece que Eli Addison ayuda a suavizar su ira de todos modos.
No tiene ni idea de que es el compañero de piso de Alex y, además, sólo se
ha encontrado con Alex una vez antes, durante el verano, cuando yo estaba
borracha y ella no tenía ni idea. Todo el intercambio duró cinco minutos o
menos, un encuentro en la tienda de comestibles donde Alex me estaba
comprando vino.
Estaba bastante enojada porque no le había dicho que estaba saliendo
con alguien. Le mentí y le dije que no lo estaba. No necesito que hablen. Ya
es suficiente con que Alex utilice a Kylie para vigilarme. No necesito que ella
también hable con Alex.
Sin embargo, los grandes ojos azules de mamá se iluminan cuando ve
a Eli, lo cual es un alivio. La presión ya no recae sobre mí. Mamá tira de él
para abrazarlo, lo que resulta un poco cómico, ya que mi estatura me la dio
mi padre y ella parece una niña en sus brazos, y me amonesta por no haber
mencionado que iba a traer a mi “novio”. Me dijo que habría tenido un lugar
para él.
Echo un vistazo a la sala privada de Crate & Egg. Es un lugar de
almuerzos de alto nivel a las afueras de Monkey Junction, pero los cubiertos
no son necesarios.
—Es sólo un amigo —le digo rápidamente mientras Eli se ríe
suavemente para sí mismo, metiendo las manos en los bolsillos—. Sólo 199
somos... acabamos de encontrarnos para tomar un café esta mañana —
añado torpemente. A pesar de ello, casi me río yo también. ¿Por qué
demonios iba a llevar a un amigo a conocer a mi futuro padrastro?
—Bueno, amigo de mi hija, es un placer conocerte.
Eli le dedica una sonrisa y yo pienso en él sujetándome bajo el agua el
miércoles por la noche. Pienso en su antebrazo contra mi garganta.
—De igual manera, señora.
Oh, vaya. Ahí está ese encanto de Eli.
—¿Dónde está Cory? —le pregunto a mamá rápidamente, mirando por
la habitación en busca de él antes de que pueda interrogar a Eli sobre
nuestra no amistad. No puedo pensar con claridad para las preguntas.
Mi cuerpo está dolorido por el sexo con Alex, supongo, y me siento
jodidamente mal después de la euforia de anoche, pero estoy aquí. Eso es lo
que importa. Lo he conseguido, y está claro que mamá no sospecha que esté
consumiendo nada en este momento, aunque me haya tragado un Adderall
en el baño del apartamento, mientras me cambiaba.
Ni siquiera Eli lo sabe.
Veo a una de mis primas, Jessica, al otro lado de la sala, observando
la tarta rosa pálido de la mesa del banquete. Levanta la vista y me hace un
pequeño gesto con la mano, sus ojos van de mí a Eli y viceversa, moviendo
las cejas. Pongo los ojos en blanco con una sonrisa y miro hacia otro lado.
Muchos de los presentes son compañeros de trabajo de mamá, una
pareja que supongo que deben ser los padres de Cory porque el hombre tiene
sus mismos ojos marrones tristes y la mujer su nariz bastante grande. Se
me ocurre que esto es un poco elaborado para una fiesta de compromiso
informal de dos personas que se han casado antes y ya han conocido a la
familia más o menos, pero entonces mamá levanta la mano, moviendo sus
delgados y cuidados dedos, y veo por qué ocurre esto.
Jesucristo.
Está el anillo de compromiso de diamantes que Cory le regaló hace dos
meses, pero también hay otro anillo.
Un maldito anillo de bodas.
Ya están casados.
¿Qué carajo?
—¿Qué carajo? —No puedo evitar que las palabras salgan a borbotones. 200
A mi lado, Eli roza su brazo contra el mío casualmente en una especie
de advertencia silenciosa, supongo, pero me importa una mierda. No conoce
a mi madre. Probablemente no entienda realmente lo que está pasando
ahora, así que se lo explico, negándome a tomar la mano de mi madre.
—¿Cuándo te casaste? Pensé que esto era una fiesta de compromiso.
¿Una oportunidad para que todos conocieran a Cory, antes de que te casaras
con él? —El parloteo de voces a mi espalda se ha acallado, y mamá mira
nerviosa por encima de mi hombro, jugueteando con el cuello de su blusa
de satén rosa pálido, a juego con su estúpida tarta de boda.
—Zara, te dije que vinieras temprano específicamente para...
Pero no la dejo terminar.
—¿No podrías habérmelo dicho antes de hoy?
Mamá traga, hace girar su collar entre los dedos.
Mi estómago se revuelve.
—¡Me has mentido! —Que mamá se casara por cuarta vez ya era una
mierda, pero esta mierda...—. ¡Me lo has ocultado, joder!
—¿Lo siento, señora...? —dice Eli rápidamente y luego se queda sin
saber si mamá comparte mi apellido. Ja. Tengo el apellido de mi padre. Eso
fue hace tres maridos, al parecer.
Mamá vuelve a tragar saliva, mira a Eli y se pasa el cabello rubio pálido
por un hombro. Le llega justo por encima de los hombros y es precioso, como
mi propia mamá. Tiene la misma piel pálida que yo, pero sus ojos son más
grandes, de un tono azul más claro, y es menuda y bien arreglada, y no me
sorprende en absoluto que siga convenciendo a los hombres para que se
casen con ella, pero por el amor de Dios.
Ella mintió.
—Señora Rushing.
Mi estómago se aprieta. El apellido de Cory. Por supuesto.
—Increíble —murmuro, sin haber terminado con esto. Me ha mentido.
Y sí, claro, yo también le miento, pero soy la maldita niña. Sacudo la cabeza
y me paso la mano por el moño en el que he metido el cabello desordenado—
. Esto tiene que ser malo para el negocio, ¿eh, mamá? ¿Siempre cambiando
tu apellido en los carteles de la inmobiliaria?
—Lo siento, señora Rushing —continúa Eli, ignorándome—, pero
201
anoche dejé a su hija fuera hasta demasiado tarde. —Desvía la mirada,
haciendo una buena demostración de su disculpa de mierda—. Por eso se
nos hizo tarde. Felicidades por su matrimonio.
Mamá mira de mí a él con recelo cuando oigo que alguien la llama por
su nombre desde detrás de nosotros.
—¡Zoe! ¡Oh, Dios mío, Cory me lo acaba de decir!
—Lo siento, Zara —susurra rápidamente mamá, alisándose la blusa y
mirando de nuevo por encima de mi hombro a quienquiera que sea la que
viene corriendo, con sus tacones chocando en el suelo de linóleo—. Quería
decírtelo esta mañana. —Mamá pega una sonrisa en su cara—. Pensé que
te alegrarías por mí. —Y entonces me empuja y me doy la vuelta para ver
cómo se arroja en un abrazo de oso con una señora grande con el cabello
rizado y una copa de champán en una mano.
Mi prima Jessica sigue junto a la tarta y veo que agarra un plato
pequeño y un tenedor. Me pregunto cuánto tardará en zambullirse en ella.
Si puede aguantar hasta después de que mamá haga este estúpido anuncio
de boda. Jessica siempre es la primera en la fila para comer comida gratis.
Hoy, espero que destruya ese maldito pastel.
Le vendría bien a mi madre.
Quiero salir de aquí.
Ni siquiera sé por qué he venido en primer lugar.
Me vuelvo hacia Eli, que está callado a mi lado. La gente se agolpa en
torno a la mesa del banquete mientras los camareros vestidos de blanco
colocan platos de huevos revueltos, tostadas francesas y un cuenco de lo
que probablemente sea ponche con alcohol.
—Estoy lista para salir —anuncio. Miro mis zapatillas de ballet, ansiosa
por agarrar la pastilla que metí allí antes de salir del baño.
Miro a Eli, a esos ojos verdes, y pienso en la noche anterior. En él, en
la puerta. En mí, despertando en su habitación.
A cómo dejó un vaso de agua en la isla, justo delante de mí, antes de
subir a cambiarse.
A como recordaba que hoy era la maldita fiesta de compromiso de mi
madre.
Me ofrece una pequeña sonrisa, mirando por encima de mi cabeza a la
fiesta. La música empieza a sonar, “Die for Me” de Post Malone y vaya.
202
Simplemente vaya.
—Tu mamá es una perra.
Lo miro fijamente, sorprendida.
Se encoge de hombros.
—Eso fue una mierda.
Respiro profundamente. Mi irritación va en aumento y, aunque sé que
tal vez debería comer algo o tomar agua, me alejo de él y me dirijo
directamente a la enorme ponchera de plástico.
A mi lado, un camarero deja un plato de huevos endiablados.
—¿Hay alcohol en esto? —le pregunto al tipo, señalando el cuenco.
Me mira, se endereza y sonríe.
—Sí. Licor de coco, ron especiado y...
No espero a que termine para agarrar un vaso de plástico de la pila y
meterlo directamente en el ponche, llenando mi vaso hasta el borde. El
camarero me mira atónito, con los ojos clavados en el cucharón negro del
ponche.
Sí. No tengo tiempo para un maldito cucharón.
Me paso el contenido de la copa por la garganta. Es asquerosamente
dulce, pero puedo saborear el alcohol que contiene, y me paso la mano por
la boca cuando termino, y luego voy a sumergirla de nuevo.
Pero una mano en mi brazo me detiene.
—Oye, salgamos de aquí —me dice Eli suavemente al oído.
Intento quitarle el brazo de encima, pero su agarre se intensifica. Puedo
sentir los callos de su mano. Pienso en el auto en la pantalla de su
ordenador. La maqueta del auto junto a su cama. Pienso en sus manos sobre
mí. El agua que intentó darme.
—El alcohol es legal.
—Lo sé. ¿Pero no quieres emborracharte en otro sitio?
Me suelta el brazo. Me doy la vuelta, agarrando la copa con la mano.
—Tenemos todo el día —dice en voz baja—. Alex me envió un mensaje
de texto. Se fue a la costa. Probablemente estará allí toda la semana, hasta
la fiesta del próximo fin de semana.
Todo el día.
Toda la semana.
203
Se me seca la boca. Esto es todo. Esta semana podemos resolverlo.
Extiende su mano para tomar mi vaso.
Se lo permito y la deja en la mesa del buffet. Luego me tiende la mano.
—¿Vamos?
Le tomo la mano y asiento.
—De acuerdo. —Tengo hipo y me paso la otra mano por los labios para
intentar taparlo. Me ruborizo y Eli se ríe, sus hermosos labios y el sonido
ronco de su risa me distraen por un segundo.
Se acerca a mí y me coloca un mechón de cabello detrás de la oreja.
—No te avergüences. —Se acerca, me besa ligeramente la boca y se
retira—. Conmigo, nunca tienes que avergonzarte.
Mientras cruzamos la sala juntos, de la mano, Jessica me hace un
pequeño gesto con la mano y veo que tiene glaseado en el tenedor y se lo
mete en la boca sin ningún pudor.
Sé que también se droga, por lo que me ha contado mi madre, pero
probablemente sólo sea marihuana, lo que podría explicar por qué no podía
apartar el tenedor de la tarta. En cualquier caso, le devuelvo el saludo con
la mano libre y, una vez más, mira a Eli y esta vez me hace un gesto de
aprobación.
Me río, sacudiendo la cabeza, y por la forma en que los dedos de Eli
aprietan los míos ligeramente, sé que él también lo ha visto.
Mamá y Cory están hablando con una de sus compañeras de trabajo
de la que no recuerdo el nombre, y yo estoy a punto de salir sin decir nada.
Sin embargo, parece que eso no es aceptable, porque mamá se da cuenta de
que salgo por la puerta con Eli, y entonces, por el rabillo del ojo, mientras
salimos, veo a Cory y a ella acercándose.
La puerta se cierra detrás de nosotros, cerrando el ruido y a ellos.
Estamos en un pequeño pasillo al fondo del restaurante, aislados y solos.
—¿Debemos esperarlos? —me pregunta Eli, con su cálida mano aún en
la mía.
Pero antes de que pueda decidir qué hacer, la puerta se abre de golpe
y mamá y Cory salen rápidamente, deteniéndose frente a nosotros.
Los tristes ojos marrones de Cory se abren de par en par y se pasa una
mano por su fino cabello. Lleva una camiseta de golf, de color rosa pálido
204
como la blusa de mamá y la estúpida tarta, y veo su alianza de oro en su
dedo rechoncho.
Mamá lo supera en apariencia, pero teniendo en cuenta que es
ingeniero nuclear y tiene las pequeñas gafas en la cara para demostrarlo,
no creo que le importe mucho. Es su dinero lo que quiere unir al de ella, no
sus manos en santo matrimonio.
—¿A dónde vas? —me pregunta, tratando de mantener una voz
educada porque Eli está a mi lado, todavía sosteniendo mi mano. La ve y se
aclara la garganta, pero antes de que pueda decir otra palabra, Eli la
interrumpe.
—Lo siento, señora Rushing —mira a Cory que traga nerviosamente—,
pero Zara no se encuentra bien.
Quiero retorcerme y mirarlo fijamente porque me importa un bledo que
mi madre sepa que me voy. De hecho, quiero que lo sepa. Ese es el puto
objetivo. Pero si la mentira de Eli nos saca de aquí más rápido, entonces
bien.
Tuerzo la cara en una mueca y me agarro el estómago con la mano
libre, mirando a Cory porque es el eslabón más débil.
—Virus estomacal. —Le muestro a mamá una sonrisa tensa.
Mi madre me lanza dagas mientras Cory se tapa la boca con el puño y
tose, y luego vuelve a meter las manos en su pantalón caqui, con su pequeña
barriga haciendo fuerza contra el cinturón marrón que lleva en la cintura.
Es un poco más alto que mamá, lo que significa que es mucho más bajo que
yo, y Eli, bueno, Eli podría meter tres Corys en su cuerpo.
Ese pensamiento es lo suficientemente morboso como para hacerme
reír —gracias, ponche— y me tapo rápidamente la boca con la mano.
Creo que mamá debe suponer que estoy a punto de vomitar, porque da
un paso atrás y sus sandalias de tiras doradas hacen clic en el suelo. Dios
no quiera que le vomite encima en su fiesta de bodas.
La idea es divertida.
—Bueno, Zara —dice Cory, acomodando sus gafas—, si no te sientes
bien, entonces por favor descansa y...
—¡No! —protesta mi madre, sacudiendo la cabeza y cortando las
palabras de Cory—. Esta es nuestra boda...
—¿Cuándo se casó? —pregunta Eli amablemente, con mi mano todavía 205
sobre mi boca para mantener la farsa.
Las palabras de mamá mueren en su lengua cuando se vuelve para
mirar a Eli, y parece que se esfuerza por mantener una expresión educada.
Cuando se encuentra con los ojos verdes de Eli, le resulta un poco más fácil.
Puedo ver la forma en que está afectada por él. Yo también lo estoy, e
imagino que la mayoría de las mujeres lo están.
Seguramente por eso consigue tantas chicas sin ningún esfuerzo.
Pienso en que anoche se acostó con la amiga de Rihanna y realmente
me siento mareada.
—Ayer —le contesta mi madre con una sonrisa tensa, alisándose de
nuevo la blusa. Y de nuevo, Cory se ajusta las gafas. Su nerviosismo habla.
Aprieto la mano de Eli un poco más fuerte, y él devuelve la presión,
pero no me mira.
—Felicidades —ofrece, y parece sincero. Vaya, es un buen mentiroso—
. Sólo voy a llevar a Zara a casa, y siento que tengamos que irnos antes,
señora Rushing. —Asiente hacia Cory, asumiendo correctamente su apellido
cuando añade—: Señor Rushing.
Cory parece muy satisfecho de sí mismo.
—Lamento que no te sientas bien, Zara —dice, luego mira a mi madre
y le pone una mano en el hombro.
Mi madre se aparta de su tacto y suspira, pero me mira fijamente.
—Que te mejores, Zara.
Cory se da la vuelta para irse pero mamá se queda atrás y luego dice:
—Lo siento, Zara. —Mira a Eli—. Cuida de ella —casi susurra.
Los dedos de Eli se aprietan en los míos.
—Por supuesto, señora Rushing.
Lo único que consigo es poner los ojos en blanco.

206
28
ZARA

E
n cuanto volvemos a entrar en el coche de Eli, me giro para
mirarle fijamente.
—Llévame a tomar algo ahora, por favor.
Se ríe y agarra el cinturón de seguridad. Pero antes de ponérselo, su
teléfono suena a través del Bluetooth de su coche.
Veo una cadena de números parpadeando en la pantalla central, un
código de área que reconozco como Raleigh.
Pulsa un botón en el volante y responde a la llamada con una rápida
mirada hacia mí.
—Papá —dice, volviéndose para mirar por la ventanilla. Su tono es
ilegible. No tengo ni idea de si se alegra de tener noticias de su padre o no.
No tardo en averiguarlo.
—Eli. —Su padre exhala su nombre como un suspiro de alivio. Miro
fijamente su mandíbula apretada, sus nudillos blancos sobre el volante.
No dice nada.
—Envié algunos mensajes —continúa su padre, sonando nervioso.
Creía que era abogado. No creía que los abogados se pusieran nerviosos.
Eli sigue sin responder.
Su padre suspira al otro lado. Un suspiro que conozco demasiado bien,
porque se lo he oído a mi madre las suficientes veces como para reconocer
lo que significa. Estoy cansado de tu mierda, pero soy tu padre, así que voy
a seguir intentándolo.
—Solo llamaba para recordarte tu cita de mañana.
Miro a Eli. Sigue mirando por la ventana. Pero finalmente dice algo. 207
—Lo tengo.
—Es importante que vayas, Eli, has faltado a las dos últimas y la
doctora Shaw es...
—He dicho que lo tengo. —La voz de Eli es tranquila, como siempre,
pero suena casi venenosa.
Miro fijamente al frente, intento desconectarlos. Dándoles algún tipo de
privacidad. Tengo la clara sensación de que no debería estar escuchando
esta conversación.
Miro las paredes de ladrillo de Crate & Egg. Imagino a mi propia madre
dentro, alardeando con su nuevo marido ingeniero nuclear, imaginando su
riqueza combinada y su torrente temporal de felicidad.
Todos somos adictos a algo. Las drogas sólo son ilegales.
—¿Te sientes bien? —pregunta el padre de Eli, trayéndome de vuelta al
coche.
—Adiós, papá.
La llamada termina.
Eli no me mira.
Pone el coche en marcha y arranca, poniendo la música a todo
volumen.
“Into the Dark” de Point North llena el interior del coche mientras nos
dirigimos a mi apartamento.
No estoy segura de a qué es adicto, pero tengo la extraña sensación de
que, si fuera yo, eso no sería nada bueno.

208
29
ZARA

P
asé la noche del domingo acurrucada en la cama, noqueada por
dos dosis de NyQuil.
Kylie llegó a casa en algún momento tarde anoche. La
escuché llamar a mi puerta, pero me di la vuelta y me tapé la cabeza con
una almohada. No estoy lista para confrontarla por sus tonterías.
No supe nada de Eli después de que me dejó, aparentemente queriendo
estar solo después de esa llamada telefónica que probablemente no debería
haber escuchado.
El lunes y el martes pasan borrosos, pero decente. Después de todo, no
arruiné mi examen de filosofía. Hice una “C” agradable y saludable
El miércoles por la mañana, me despierto con varias llamadas perdidas
de mi madre. No le devuelvo la llamada, pero también ha enviado algunos
mensajes de texto, probablemente sabiendo que no respondería.
Probablemente porque ha estado llamando toda la semana y no he
respondido.
Mamá: Tenemos que hablar.
Mamá: Lo siento, Zara, fue una cosa apresurada. Déjame explicar.
Mamá: Zara Rose, si no me devuelves la llamada, CORTARÉ TU
TELÉFONO.
Me río a carcajadas con eso porque es una mierda. Si me corta el
teléfono, no podrá comunicarse conmigo en absoluto. También ignoro todos
sus mensajes de texto, y luego veo que tengo uno de Eli y uno de Alex.
Alex ha estado en la costa con sus padres, manteniéndome al día todos
los días. Pero supongo que ha vuelto porque dijo, te extraño, cariño.
¿Vienes conmigo a la playa este fin de semana? 209
Y el texto de Eli dice, Ven este fin de semana. No lo haré raro.
Se me seca la boca.
¿No lo hará raro? ¿Qué pasó con “Me gustas mucho?”. ¿Espera que
vaya con Alex y actuaremos como si nada hubiera pasado? ¿Me está
mintiendo? ¿Es esto una prueba? ¿Por qué no ha estado en contacto toda
la semana?
No le respondo.
En cambio, me siento en la cama y me froto las sienes, temiendo mi
seminario de filosofía de las ocho. Mañana tengo una prueba psicológica
anormal para la que realmente necesito estudiar, aunque realmente no
quiero.
No quiero saber por qué la gente está jodida. Soy una de esas personas
y me he dado cuenta de que el “por qué” no importa.
Conocer la causa raíz no cambia la enfermedad en lo que a mi mente
se refiere.
Saber que el padre de Alex es un infiel y por eso era un idiota para mí
no cambia el hecho de que era un idiota. Saber que, según Alex, la madre
de Eli lo dejó cuando él era un adolescente no cambia el hecho de que todo
está arruinado. Saber que tengo problemas con mi papá no cambia el hecho
de que me voy a follar con cualquiera que me quiera porque me hace sentir
amada.
Agarro mi teléfono de la cama y lo tiro al otro lado de la habitación. Se
está convirtiendo en un hábito.
A la mierda esta mierda.
No voy a ir a clase.
Me paso la mano por la cara, sintiéndome jodidamente deprimida y
pensando ir a la casa de Jax. Él es la única persona que conozco que podría
estar dispuesto a dar una fiesta un miércoles por la mañana, pero, de nuevo,
probablemente aún no se haya levantado.
Y antes de que pueda decidir si enviarle un mensaje de texto a Eli y
decirle que se reúna conmigo aquí para que podamos resolver esta mierda
o no es una buena idea, mi puerta se abre con un crujido y me tenso,
clavándome las uñas en las palmas de las manos.
—Hola —dice Kylie, mirándome con sus grandes ojos marrones. Está
vestida con una camiseta de pijama de cuello rosa y pantalones a juego, su 210
cabello negro brillante, liso y recto sobre sus hombros, como si acabara de
plancharlo pero no se molestó en vestirse todavía.
Ni siquiera sé por qué se levanta tan temprano. Su primera clase no es
hasta las diez. Quiero preguntarle qué diablos quiere y por qué diablos
estaba hablando con mi novio a mis espaldas mientras fingía odiarlo, pero
no digo nada de eso.
Es demasiado pronto para esa mierda.
—Hola —le respondo con voz aturdida. Terminé el resto del NyQuil
anoche. Mamá está transfiriendo dinero a mi cuenta el viernes, así que
podré obtener más entonces, pero, de nuevo, tal vez no lo haga, ya que me
niego a contestar sus llamadas.
Supongo que tendré que superarme y hacer eso, en aras de tener
dinero.
Podría conseguir un trabajo, pero realmente no quiero. Una oleada de
auto desprecio se apodera de mí cuando miro a Kylie, pequeña y linda e
incluso con su maldita pijama de abuela de ochenta años. Ella tiene su
mierda resuelta. Va a la facultad de farmacéutica. Ian va a la escuela de
medicina. Tendrán un montón de dinero en unos años y yo, ¿qué?
Probablemente incluso más auto desprecio.
Ella se olvidará de la chica que accedió a cuidar y probablemente yo
tenga una sobredosis en la sala de estar de Jax y arruinaré su vida
atormentándolo con la culpa también.
—¿Estás bien? —pregunta Kylie con su voz suave, entrando poco a
poco en mi habitación con las manos entrelazadas frente a ella.
La miro por un segundo, mis ojos se entrecerraron. Pienso en decirle la
verdad durante un minuto entero. No, no estoy bien. Creo que en realidad
soy una adicta de nuevo, pero me niego a volver a rehabilitación. Creo que
quiero follarme al mejor amigo de mi ex. También quiero drogarme mucho
ahora mismo, pero mi comerciante probablemente esté dormido y es la única
persona que podría considerar drogarse conmigo un miércoles por la mañana.
Oh, y mi madre se casó por cuarta puta vez, en secreto, y mi padre está
haciendo Dios-sabe-qué en el otro lado del país, así que estoy esperando el
momento oportuno para su tarjeta de Navidad anual que él no hace. Ni
siquiera escribo nada excepto su nombre estúpido y de mierda. Y eres una
maldita mentirosa y quiero que te vayas de mi habitación.
—Sí —le miento a Kylie. 211
Ella no lo compra, puedo decirlo por la forma en que entrecierra los
ojos solo una fracción, pero, a diferencia de mí, no es grosera, por lo que no
dice nada.
Se retuerce las manos y yo quiero romperlas.
—¿Quieres cenar esta noche? —me pregunta Kylie.
No. Por un largo momento, contemplo decirlo. Contemplo decirle que
se vaya a la mierda. Pero en cambio, lo que sale de mi boca es:
—Sí, sería genial.
Necesito hacer algo esta noche y drogarme probablemente no sea lo
ideal. Mis límites están borrosos y el horario al que me aferré para
asegurarme de que no era realmente una adicta está jodido. Quizás la cena
con Kylie sea esclarecedora. Tal vez encuentre una manera de absorber algo
de su perfección. Tal vez le grite y le pregunte por qué diablos está hablando
con Alex.
Quizás no me sienta jodidamente sola.
—¿De verdad? —me pregunta, sorprendida. Como si esperaba que
dijera que no.
Razonable, supongo. Le sonrío, tratando de hacerme sentirlo. Tratando
de hacerlo realidad.
—De verdad.

Saco los guisantes de la lata en mi plato, escuchando a Kylie hablar


sobre su mamá. No tengo mucho apetito para conversar o cenar, y sigo
mirando hacia el pasillo a mi derecha, hacia la puerta cerrada de mi
dormitorio. Encontré una nueva botella de jarabe para la tos en una caja de
zapatos. Debo haberla ocultado de mí porque Zara después de la
rehabilitación es inteligente.
Y tan pronto como termine esta cena, me la voy a tomar.
Que se joda Kylie y que se joda Alex. De alguna manera se siente mejor,
escupirle justo debajo de su nariz en lugar de gritarle.

212
Sonrío y asiento a Kylie mientras sigue hablando, pero frunce el ceño y
rápidamente me doy cuenta de que esto no es parte de la conversación a la
que debería estar sonriendo y asintiendo.
Miro mi plato, frunciendo el ceño ante la chuleta de cerdo que ella
cocinó. Se ve bastante bien, pero tengo la boca seca y sé que masticarlo será
como tratar de expulsar cenizas. Necesito despedir al maldito Adderall.
—De todos modos —continúa Kylie después de limpiarse la boca con
una servilleta y luego la vuelve a colocar en su regazo, sí, perfecto, esa
chica—, van a tener que vender su casa. —Toma el tenedor y el cuchillo,
corta otro bocado de carne pero, por supuesto, todavía no se lo lleva a la
boca porque todavía está hablando, y Kylie Jones no habla con la boca
llena—. Ella tiene problemas para moverse sin un bastón. El dolor también
se está volviendo un poco intenso, así que su médico le recetó un poco... —
Se apaga y la miro, preguntándome por qué.
Parece un poco apenada, baja los ojos y niega con la cabeza.
—Lo siento —dice un poco incómoda.
—¿Por qué? —pregunto, confundida, raspando mi tenedor contra mi
plato, empujando algunos guisantes.
Kylie deja escapar un suspiro, mirando por encima de mi hombro.
—Sobre eso, ya sabes, el analgésico de mi madre, no era mi intención...
—No puede pronunciar una frase completa y no tengo ni idea de qué está
hablando.
Hasta que lo hace.
Mi cara se sonroja, pero creo que es una vergüenza de segunda mano
para ella. Me alegro en ese momento de no tener comida en la boca porque
si la tuviera, me habría atragantado.
—Espera, espera, espera —digo, negando con la cabeza, con tono
afilado—. ¿Qué piensas que hablar de los analgésicos recetados de tu madre
me hará exactamente? ¿Hacerme salivar y perder la mierda? —Me río,
recostándome en la silla desvencijada que está mitad en la cocina y mitad
en la sala de estar. Dejo caer mi tenedor con estrépito—. No funciona de esa
manera, Kylie.
La veo retorcerse en su silla, llevándose la chuleta a la boca y
masticando furiosamente. Su piel aceitunada está sonrojada.
Bien. Espero que esté jodidamente avergonzada. 213
Trago, tomo un sorbo de agua de mi vaso y lo vuelvo a colocar sobre la
mesa, tratando de evitar que mis manos tiemblen, de ira o por demasiado
Adderall, no estoy segura.
Mientras tanto, puedo escuchar una puta hoja de marihuana caer aquí,
está tan tranquilo.
—Mira, Kylie, la casa de tus padres está segura y una mierda. —Me
encojo de hombros—. Prometo no entrar y robar el lugar, ¿de acuerdo? De
todos modos, los tranquilizantes no son lo mío.
La veo terminar de masticar su comida, luego deja el tenedor, las
manos en su regazo, sobre la servilleta. Arquea una ceja.
—¿En serio? —Parece muy sorprendida por esa declaración. Miro sus
coletas, su piel suave y el cárdigan rosa que está usando, aunque
técnicamente todavía es otro día de verano, y definitivamente todavía hace
calor afuera, y me doy cuenta de que por mucho que sepa sobre el aspecto
técnico de las drogas de su trabajo pre farmacéutico, probablemente no sepa
ni mierda sobre el abuso de drogas. El meollo de la misma, de todos modos.
Alex eligió a la chica equivocada para espiarme porque a la mierda la
ciencia.
Los adictos no están pensando en la ciencia cuando inhalan su primera
línea o se inyectan su primera bolsa.
—Pensé que tu mamá dijo que la naloxona te salvó la vida.
—Fue una precaución —le interrumpo, haciendo a un lado su
preocupación—. No habría muerto. —Aprieto los puños sobre la mesa y miro
mi plato lleno—. Al menos, no creo que lo hubiera hecho —murmuro a mis
guisantes—. De todos modos, eso fue una excepción, que es probablemente
la razón por la que el Oxy me golpeó tan fuerte de todos modos. A veces lo
hice con Xanax, pero eso es todo cuando se trata de calmantes.
Hago clic en mi mandíbula, pensando en lo que hice hoy para pasar
esta cena. El doble de mi dosis habitual porque mi dosis habitual no está
funcionando. Yo sé lo que eso significa. Sé que necesito disminuir, tomar
algo más mientras tanto, dejar que mi tolerancia se apague. Pero Kylie
quería esta cena y yo no quería ahogarme en el jarabe para la tos todavía,
mierda, supongo que eso también es una decepción.
No lo menciono.

214
—Entonces, ¿qué te gusta hacer? —me pregunta Kylie, con las manos
todavía en su regazo. Sorprendiéndome, ella no suena en lo más mínimo
crítica.
Me pregunto si lo está pidiendo por el bien de Alex. Me pregunto si se
han estado enviando mensajes de texto a mis espaldas. Me pregunto cuándo
voy a confrontarlo con esa mierda. Me pregunto si tengo derecho a hacerlo,
considerando lo que estoy haciendo.
Lo que sea. Con suerte, ella le informará. Con suerte, lo mantendrá
despierto toda la noche, pensando en mí todavía haciendo toda esta mierda.
—Uppers. Adderall, Vyvanse. Éxtasis. Cocaína, de vez en cuando, pero
eso era realmente adictivo. —Me río, porque suena gracioso, viniendo de un
adicto. Aunque es cierto. La cocaína simplemente tiene un efecto diferente—
. Mierda me hizo más social.
Hay un silencio que se extiende entre nosotras por un momento, y
espero que se sienta incómoda, pero para ser honesta, no parece que lo esté.
Parece que mi compañera de cuarto está absorbiendo esta admisión
que le di, y estoy esperando a ver qué va a hacer con ella mientras miro mis
vaqueros rotos, mis manos entrelazadas.
—Entonces, ¿realmente no te gusta ir a fiestas? —Su tono es ligero,
curioso.
Me encojo de hombros, trago un nudo repentino en la garganta que me
hace querer levantarme, guardar los platos y correr a mi habitación.
—Me gusta, pero no de la forma en que normalmente soy. —Me doy
cuenta de que eso no tiene mucho sentido, así que me aclaro la garganta y
agrego—: Soy patética sin drogas. —Miro hacia arriba y encuentro su
mirada—. Soy incómodo y mierda, así que tomo, tomé cosas para animarme.
Para querer estar rodeado de gente. De lo contrario, me quedaría sentada
en mi habitación todo el día y miraría al techo. —Como lo he estado haciendo
básicamente durante los últimos tres días.
De lo contrario, nunca hubiera conocido a un tipo como Alex Cardi,
jugador de fútbol estrella y deportista atractivo. De lo contrario, nunca
habría tenido las pelotas de dejar que Eli me jodiera. Nunca hubiera tenido
a nadie en mi vida.
No habría hecho algo así si solo fuera... yo.
Tendría incluso menos amigos de los que tengo ahora. 215
Sería una puta ermitaña.
Kylie me mira con una interesante mezcla de desapego y simpatía. Es
como si estuviera tratando de entenderme a través de un contexto clínico,
pero también siente algo por mí porque, a diferencia de mí, no es el
caparazón de un ser humano.
—No creo que seas incómoda. —Finalmente se acomoda, levantando su
tenedor y cuchillo de nuevo, mirando el pequeño trozo de chuleta de cerdo
que queda en su plato.
Eso es porque todavía estoy drogada. Pero no estoy tratando de que me
saquen de la escuela de nuevo o que me corten los fondos de mamá o que
Alex derribe nuestra puerta, así que solo esbozo una media sonrisa y digo:
—Gracias.
Suspira, un mechón de su brillante cabello negro revolotea mientras lo
hace, y luego deja caer sus cubiertos sobre la mesa y me perfora con sus
grandes ojos marrones.
Siento que mi estómago se me sube a la garganta. ¿Ella lo sabe? ¿Es
esta cena solo un gran truco para que ella arroje una bomba? ¿Para decirme
en cualquier segundo que mi mamá atravesará esa puerta y me arrastrará
fuera de aquí? ¿O quizás Alex? Quizás esto es a lo que se reduce todo.
Mierda.
Me obligo a sentarme quieta. Pero si mamá viene aquí, saldré corriendo
y viviré en las calles antes de volver a rehabilitación y volverme un fenómeno.
De ninguna maldita manera.
—Yo también soy un poco rara —dice Kylie finalmente, y yo me quedo
mirándola, mi boca se abre. Su cara se sonroja de nuevo y se encoge de
hombros, con las manos planas sobre la mesa mientras se sienta un poco
más erguida. Ella es como veinte centímetros más baja que yo, pero se ve
bastante real así, como si solo estuviera reconociendo quién es—. De hecho,
tomo un antidepresivo —admite—. Lo he hecho durante años.
Tengo la sensación de que no se lo dice a todo el mundo y, por alguna
razón, tal vez porque asumí que no tenía ningún secreto que valga la pena
esconder, me aferro a cada una de sus palabras.
—Siempre fui retraída —continúa, mirándose las manos—. Mis
maestros pensaban que yo era simplemente tímida. —Se ríe un poco, pero
no tiene humor—. E inteligente. —Niega con pesar—. Tímida e inteligente.
—Me sonríe cuando levanta la cabeza, pero es una sonrisa amarga—. Mis 216
padres, fieles feligreses y algo ajenos a la vida —levanta la mano con esa
última palabra—, acaban de inscribirme en más programas
extracurriculares. Me colocaron en clases de “superdotados”. —Dice
superdotado como si fuera una enfermedad—. Simplemente empeoró las
cosas porque luego me vi obligada a interactuar más y lo odié.
¡Ah! Ella es introvertida. La idea es sorprendente, por la cantidad de
veces que ha entrado en mi habitación sin preguntar. Me pregunto cuánta
fuerza tomó, incluso si lo estaba haciendo por orden de Alex. Quizás no fue
solo Alex.
Tal vez a ella le importe un carajo.
Tal vez estoy esperando demasiado.
—De todos modos, cuando estaba tomando tantas clases en mi primer
año que tuve que obtener un permiso especial para tener tantas horas de
crédito, sin mencionar que estaba en el club pre-farmacéutico, liderando un
grupo de biología de recuperación y ayudando a uno de mis profesores con
su clase nocturna, acabé teniendo un colapso.
Parpadeo hacia ella, aturdida.
—Me desmayé en mi laboratorio de química. —Hace un gesto vago con
la mano, medio riendo, medio haciendo una mueca de dolor—. Justo en el
suelo.
Mi boca se abre de nuevo.
—Resulta que mi nivel de azúcar en sangre estaba bajo porque no había
comido nada en tres días. Estaba muy ocupada.
Muerdo mi lengua, ladeando la cabeza y honestamente intrigada. La
pequeña Kylie Jones. No tenía ni puta idea.
—¿Moraleja de la historia, Zara? Todo el mundo es un poco raro. —
Toma su tenedor de nuevo, pero esta vez solo apuñala su chuleta de cerdo,
sonriendo un poco mientras lo hace.
Impresionante.
—Solo tienes que poseerlo.
Una vez leí algo así en un libro de romance oscuro cuando solía leer
ficción, sobre ser dueño de cosas antes de que te posean a ti. “Corrupt” de
Penelope Douglas. Era un buen jodido libro, pero nunca he sido buena para
poseer una mierda.
Especialmente cuando se trata de mi propia alma corrupta.
217
Prefiero esconderme.
Aun así, estoy feliz de que Kylie se abriera conmigo. No estoy tan segura
de sentir lo mismo acerca de la reciprocidad, porque hice tonterías a mi
manera a través de eso, y no estoy tan segura de que seamos amigas
considerando, según Eli, que ella está escondiendo un gran jodido secreto,
pero aun así.
Esto significa algo para mí, ya sea que deba o no.
—Gracias, Kylie —le digo, y lo digo en serio—. Y gracias también por la
cena. Fue grandioso.
Ella me mira como si fuera estúpida.
—Eran chuletas de cerdo empaquetadas y guisantes en una lata, Zara.
—Pone los ojos en blanco y vuelve a apuñalar la chuleta de cerdo—. No
agradezcas a las personas por las cosas por las que no merecen
agradecimiento.
Sí. Un día, cuando esté sobria, me aseguraré de ser una verdadera
amiga con mi compañera de cuarto.
Un día.

218
30
Eli

E
l viernes por la noche, antes de que todos nos vayamos a la
costa para la fiesta en la playa, Alex se está tomando un batido
de proteínas. Esta noche es el último partido en el que tiene que
sentarse y sé que está ansioso por volver al campo.
Lo sé, porque últimamente su temperamento ha estado peor de lo
habitual. Ahí estaban las botellas rotas del fin de semana pasado. El agujero
en la pared de la escalera cuando regresó a casa debido a las noticias de
Grove Beach sobre la aventura de su papá. El furioso death metal sale de
su habitación.
He evitado este lugar la mayor parte de la semana, aunque es mi casa.
He pasado muchas noches conduciendo, con las ventanillas abajo y mi
propia música alta. Conduciendo y olvidando. O intentándolo.
No fui a esa cita.
Ya no necesito ver al psiquiatra.
Por la noche, cuando está tranquilo, cuando Alex finalmente se ha
agotado, me quedo despierto hasta que ya no puedo más, revisando todos
los autos en venta en esta zona. En las montañas, también. No me
importaría mudarme allí después de la graduación. Abrir una tienda.
—¿Vienes? —me pregunta Alex, enjuagando su batidor de proteínas en
el fregadero mientras lleno un vaso con agua de la nevera.
—Sí. —Doy la vuelta a la lengüeta del dispensador de agua, cierro la
puerta del refrigerador y me recuesto en ella. Alex saca su batidor, lo pone
a secar en el estante de la vajilla. Luego se vuelve hacia mí, con las manos
en el mostrador detrás de él.
—Voy a traer a Zara. 219
Supuse que lo haría, pero tomo otro trago de agua, miro más allá de él,
a la oscuridad de afuera, interrumpida sólo por las luces submarinas de la
piscina.
—¿Vuelven a estar juntos? —No lo miro mientras lo pregunto.
Se aclara la garganta.
—No del todo.
No exhalo ese suspiro de alivio que quiero.
—¿Por qué? —pregunto en cambio, todavía mirando la piscina.
Pensando en las yemas de los dedos de Zara contra el cristal de la puerta
que da al exterior, mi mano sobre su boca.
Pensando en ella bajando las escaleras después de esa pelea con Alex.
Cómo agarró un cuchillo del bloque, y pensé que iba a destruir los muebles
o algo así. Pensé que iba a destrozar algunas cosas.
No creí que fuera a ser ella misma.
No tiene ni idea.
No la conoce.
—Ella me engañó —me responde Alex.
No jodas. No digo nada. La gente es extraña en cuanto a la sexualidad.
No está en la naturaleza humana ser monógamo.
Si lo hubiera sabido, podría habérselo dicho a papá.
Podría haberle dicho que dejara respirar a mamá. Podría haberle dicho
que se sentía sola, quedándose en casa. No trabajando. Siendo una esposa
obediente. Una madre amorosa. Bla, bla, bla. Algunas mujeres nacen para
eso. Tal vez algunos hombres también.
Pero mi madre no lo era.
Por eso se fue. Por eso casi me mata.
—No puedo dejarlo pasar —continúa Alex.
Pienso en él golpeándola contra la isla de la cocina, las botellas que se
esparcieron por su cuerpo. Pienso en su mano sobre su pecho mientras
abría la botella de tequila con los dientes.
Mis ojos se dirigen a los suyos.
—¿Dejarlo pasar? —le pregunto, con mi tono llano.
Sus cejas se disparan.
220
—¿Qué estás...?
—Causaste una gran jodida escena hace unas semanas, Alex. —
Sacudo la cabeza y dejo mi vaso en el mostrador—. Lo que sea, hombre. Haz
lo que quieras. Pero no esperes que te sea fiel si no están realmente juntos.
Él resopla.
—Bueno, no lo era cuando estábamos juntos, así que, ¿qué puta
diferencia hay?
Me giro para mirarlo, su mandíbula apretada, ojos marrones duros
sobre los míos. Eres un maldito tonto. Y esto es exactamente por lo que no
quiero ser abogado. Puede que sean listos para los libros, pero cuando se
trata de sentido común, están terriblemente cortos de esa mierda. Mi padre
es el ejemplo número uno.
—No la hay. Haz lo que quieras. —Empiezo a caminar por el pasillo,
pero él dice mi nombre a mis espaldas y me detengo, esperando.
—¿Te gusta, Eli?
Huh. Tal vez no sea tan tonto. De cualquier manera, no le respondo.
Sólo salgo, subo las escaleras y me voy a mi habitación. Necesito una ducha
después de la práctica de lucha de hoy. Necesito sacar a Zara Henderson de
mi cabeza.
Esto no va a terminar bien para uno de nosotros. Lógicamente, lo sé.
Pero lo que pasa con la lógica es que no tiene ningún efecto en el corazón.
Eso está muy claro con Alex. No la entiende.
A ella simplemente le gustan las cosas.
Ella sólo quiere experimentar el mundo.
Como lo hizo mamá.
Podría darle esa libertad.
Alex nunca sería capaz de hacerlo.
Aun así... Esto no va a terminar bien para uno de nosotros.

221
31
Zara

M
e encuentro en el Jeep de Alex el viernes por la noche,
dirigiéndome a la costa.
Y no estoy del todo segura de cómo sentirme al respecto.
No tengo idea de cómo va a ir esto con Eli viniendo también. No sé cómo
debería actuar con él. No sé si abriré mi gran boca de borracha y le diré a
Alex algo que no debería mientras estemos allí.
La mitad de mi corazón quiere hacerlo. La mitad de mí quiere decírselo
todo. Preguntarle sobre sus padres. Quiero decirle que quiero intentarlo de
nuevo. Quiero hacer esto bien.
La mitad de mí se pregunta si este asunto con Eli podría ser algo más
que una aventura.
—Tenemos que hablar. —Son las primeras palabras que Alex ha dicho
hasta ahora desde que me recogió fuera de mi apartamento, además de un
gruñido en lugar de un saludo. Se pasa el pulgar por la boca, y lo deja caer
en la repisa de la puerta. Tiene su otra mano en el volante, los músculos se
flexionan en sus antebrazos—. No sé qué está pasando aquí, entre nosotros.
—Exhala un suspiro y yo hago lo posible por resistir el impulso de abrir su
puerta y lanzarme a la autopista—. Pero probablemente deberíamos hablar
de ello, ¿no? —Me mira, como si esperara que esté de acuerdo.
Trago unas cuantas veces, lamentando severamente no haber tomado
Vyvanse antes de esta mierda. Traté de mantenerme fuerte y me tomé cuatro
shots de expreso de la máquina de expreso de Kylie en su lugar. Estaba
orgullosa de mí misma.
Ahora sólo estoy decepcionada.
Si lo intentamos de nuevo, si volvemos a estar juntos, tendré que
decírselo. Tendré que decírselo porque Eli no es de confianza. Eli ya le 222
mintió, Eli habló de él y Kylie y sí, eso me benefició pero ¿sobre qué más
mentiría Eli? ¿Qué le confesaría a Alex?
Si Alex y yo volvemos a estar juntos, tendré que confesar. Y entonces
puede que no volvamos a estar juntos en absoluto.
—No lo sé. —Es todo lo que puedo decir, mirando al oscuro cielo de
septiembre. Mañana, será otoño. Desearía estar en otoño ahora mismo.
Cayendo de este maldito Jeep.
Alex está tranquilo un momento. Incluso el estéreo está apagado y eso
no me gusta nada.
—¿No lo sabes? —finalmente pregunta.
—Alex. —Mantengo mis palabras tranquilas y frías—. Creo que lo que
estamos haciendo ahora está bien. —No lo miro mientras digo las palabras,
y sólo contengo la respiración, esperando que mantenga su mierda junta.
Es una mentira. No está bien. Lo echo de menos.
Pero Eli, necesito aclarar mi mierda en lo que a él respecta.
Alex está tan callado que me pregunto si me ha oído, pero sigo mirando
al frente. Y entonces finalmente dice:
—Te quiero de vuelta. Claramente no puedo alejarme de ti, Zara. Te
quiero a ti.
Siento calor por todas partes. Quiero desesperadamente bajar la
ventana pero no lo hago. Sigo mirando al frente, con las manos debajo de
los muslos desnudos, con mis pantalones cortos de mezclilla negro. Me
alegro de llevar gafas de sol aunque sea de noche, ya que soy un maldito
bicho raro, porque no quiero que Alex vea mi cara ahora mismo.
—Pero ¿qué hay con todo lo que pasó? —No quiero recordarle el
incidente de Jamal. No quiero que vuelva a hablar de ello, pero está sacando
a relucir esta mierda. Necesito probar las aguas. Si pudiera perdonarme por
Jamal, tal vez podría perdonarme por Eli. Tal vez esto podría funcionar entre
nosotros.
Su gran mano se apoya en mi muslo. Me tenso bajo su toque y él sólo
presiona más fuerte contra mi piel.
Aunque todavía no me responde.
—Alex —susurro en el silencio del auto—, ¿me perdonas?
Sus dedos se clavan en mi muslo.
223
—No es tu culpa que la chica que arruinó todo esto esté muerta y el
tipo no.
Casi me estremezco ante las palabras. Por su tono insensible. No me
agradaba Rihanna ni la conocía, pero la forma en que lo dice es arrogante.
Se ahogó en su piscina. Tal vez es sólo el hecho de que estoy irritada
porque no estoy drogada por una vez, o tal vez es sólo porque no estoy
drogada que finalmente me llega, su actitud sobre su muerte.
Pero lo hace.
Al menos Eli fingió que le importaba.
Al menos Eli actúa como si tuviera corazón.
Me doy la vuelta para mirar a Alex, arrancándome las gafas de sol,
sabiendo que mi oleada de ira es irracional, pero no puedo contenerla.
—¿Cómo puedes decir eso? —le pregunto, pensando en esa fiesta. Esa
chica de la que no sé una mierda. Lo que podría haberle hecho—. ¿Cómo
puedes...? ¿Por qué jodidamente no te importa?
Me mira un segundo de más y casi nos salimos de la maldita carretera.
—¡Alex! —grito, y él da un tirón al volante, casi corrigiendo. Pero nos
endereza mientras mi corazón late demasiado rápido en mi pecho. Mantiene
los ojos en la carretera, la mandíbula apretada, y no me toca más.
—¿Por qué demonios actúas de repente como si te importara lo que le
ha pasado? Ella murió hace como un mes, y no te había importado un
carajo.
Mi pecho se siente caliente con sus palabras, porque son verdaderas.
Porque he pasado las últimas tres semanas en una neblina inducida por las
drogas, como los últimos seis meses. Los últimos tres años, si soy honesta
conmigo misma.
Porque he estado tan atrapada en mi propia mierda que no me he
preocupado por Rihanna Martinson. Sobre una chica ahogándose en una
piscina porque estaba tan jodidamente borracha porque estaba tan molesta
por un chico al que no le importaba nada.
Pasa todo el tiempo, las chicas mueren por los chicos. Literalmente, en
sentido figurado, en sus manos o no. Ocurre demasiado a menudo, y a nadie
le importa. A nadie le importa, y yo no era una excepción.
Podría haber sido yo.
224
Eli me dijo que he estado caminando como sonámbula. Yo también lo
sé.
Esa podría haber sido yo en esa piscina.
No digo nada. No tengo nada que decir.
—Lo que sea, Za. No actúes como si de repente te hubiera crecido un
maldito corazón. —Resopla—. Es propio de ti jodidamente eludir. Rihanna
me besó en la maldita mejilla, y tú le chupaste la polla a Jamal.
Como si no lo recordara. Quiero decir, no fue mi mejor momento. Pero
es lo que hacemos. Nos herimos el uno al otro. Nos enfadamos. Hacerlo de
nuevo. Hacer las paces. Es un círculo vicioso, pero es toda nuestra relación.
Así que tal vez lo llevé un poco demasiado lejos. No es como si el precedente
no se hubiera establecido desde el principio.
Y además, Alex no es un ángel.
—¿Qué pasó? —le pregunto, manteniendo mi tono uniforme. Por eso
sigo muy enfadada. Porque necesito saber. Merezco saberlo. Pero me
mantengo calmada, porque si empiezo a perder la cabeza por esto, no me lo
dirá—. ¿Qué pasó en esa fiesta? Dime por qué la gente dice que estuviste
involucrado en algún tipo de escándalo de violación. Quiero escuchar toda
la historia.
Está extrañamente callado por un largo momento.
No me gusta.
Pero finalmente, dice:
—No lo sé.
Me retuerzo las manos en el regazo, la inquietud se apodera de mí.
—¿No lo sabes?
Lo escucho exhalar, sus ojos en la carretera mientras conducimos
atreves de la noche.
—Estaba muy borracho. No lo sé.
—Oh, vamos. Tienes que darme algo más que eso, Alex.
Suspira.
—Fui a una fiesta en casa con Eli. Me desperté con un ojo morado, los
nudillos rotos y un oficial de policía en mi cara. —Lo veo encogerse de
hombros, manteniendo ambas manos en el volante—. Aparentemente, una
225
chica que nunca había conocido en mi vida le dijo a la policía que estaba
tratando de forzarla o algo así.
Aguanto la respiración. Esperando.
—Pero ella no presentó cargos. Ella no... no fue a ninguna parte. Estaba
tan borracha como yo.
Pienso en lo grande que es Alex. Cómo sería imposible para mí luchar
contra él.
—¿Cómo se escapó? —pregunto, finalmente exhalando. Inhalando.
Tratando de actuar normal. Fue un error. Fue una noche loca.
Ya he tenido mi parte de eso.
—No lo sé —dice otra vez.
—¿Quién era ella?
Se encoge de hombros otra vez.
—¿No estabas escuchando? Dije que nunca la había visto antes en mi
vida. Una chica que fue a Caven. —Se ríe, pero es amargo—. Pero ya no lo
hace —añade en voz baja.
—¿Por qué? —pregunto, mi garganta tan seca, que mi pregunta sale
áspera.
—Ella se transfirió después de eso.
—¿Realmente no lo sabes? —le pregunto de nuevo, susurrando en el
auto.
Se calla un largo momento y luego dice:
—No. Eli también estaba allí. Deberías saberlo. Eli estaba allí.
Mi piel se estremece.
—¿Y él no sabe nada?
Alex no me responde. En absoluto. Sólo mira fijamente la carretera, en
silencio.
No presiono, y no sé por qué. Pienso en Eli sosteniéndome bajo el agua.
Sobre sus dedos curvándose dentro de mí la noche de la mala fiesta. Cómo
le mintió a Alex sobre que yo le estaba mostrando. Pero Eli no es malo,
¿verdad?
No digo nada, y conducimos en silencio durante mucho, mucho tiempo,
hasta que Alex dice:
—Tengo que pasar por casa de mi padre antes de llegar a la casa de la
playa. 226
Me giro para mirarlo, indicando que no voy a entrar en su casa, cuando
se me adelanta.
—Puedes esperar en el auto.
No estoy segura si debería ofenderme por eso o sentirme aliviada ya que
definitivamente no iba a entrar de todas formas. Aun así, la forma en que lo
dice, como si me estuviera despidiendo, escondiéndome. Lo que sea. No soy
suya de todas formas.

227
32
Alex

P
apá está enfadado.
—¿Has vuelto de la fiesta? Deberías haberte quedado. Te
necesitamos aquí. —Su tono es parejo, su voz baja, pero lo
conozco. Me mira desde la puerta de la cocina, apoyado en ella, un pie
cruzado sobre el otro, las manos en los bolsillos de sus pantalones caqui.
Están enrollados en el tobillo, mostrando su bronceado de todo el año.
Tiene una camisa blanca de golf. Este es su uniforme de pastor
estándar. Beachy, para ayudarlo a convertirlo en “uno de los personajes”.
En esta casa palaciega, de casi mil metros cuadrados, puertas francesas que
salen de la cocina a la piscina olímpica a sus espaldas, es poco probable que
mi padre recuerde lo que es ser uno de los suyos.
La comunidad Grove tiene miles de feligreses durante todo el año, una
única vez en un pueblo costero conocido por sus temporadas turísticas. Mi
padre no vino exactamente de la nada, mi abuelo tuvo su mano en alguna
mierda de Wall Street y todo ese dinero pasó a sus tres hijos. ¿Pero esto?
¿Los techos altos, la estufa comercial, tres empleados a tiempo completo y
un garaje para cuatro automóviles? Sí, supongo que todo esto vino de Dios.
También sé que mis padres están casi ahogándose en deudas y con
este maldito divorcio que se avecina, todo se va a poner muy feo. Pero ese
es el problema de Dios y el predicador Cardi, no el mío.
—Lo siento —digo, cayendo en un taburete en la isla de la cocina de
mármol—. Olvidé que estaba aquí a tu disposición para pedirte tus errores
y no vivir mi propia vida. Mi error.
—Sabes que después del último escándalo, te necesitaba aquí —
continúa, volviéndose para seguir mis movimientos, todavía apoyado en la
puerta. Pasa una mano sobre su cabello rubio oscuro, sus ojos azules 228
destellando.
Parezco el hijo de mi madre.
Lo que me recuerda.
—Estuve aquí la mayor parte de la semana —digo a través de los
dientes apretados—. Además, no me pasé por aquí por ti. ¿Cómo está
mamá? ¿Ha caído alguna otra bomba? —Junté las manos en la mesa,
negándome a apartar la vista de él. No peleamos exactamente, pero este
secreto que ha estado entre nosotros desde que tenía quince años ha puesto
una tensión considerable en cualquier posibilidad de una buena relación
entre ambos. Supongo que ahora no es realmente un secreto.
Pienso en mamá la semana pasada, durmiendo casi todo el día. Pienso
en ella queriendo el divorcio. Ella me dijo, una tranquila confesión una
noche.
Mi padre no lo sabe.
Como si no supiera lo mío con Zara.
Aprieto los puños sobre la mesa, pensando en ella en mi auto ahora
mismo.
No vino por mí. Eso lo sé. Ella vino por un escape. Por algo que hacer.
No a mí. Pero no quería que apareciera del brazo de otro, y además de eso,
tampoco quería estar solo. Yo también necesito un escape.
Y antes de que intente escapar de mi auto, que sería igual que ella,
tengo que hacer esta mierda rápido.
Papá pone los ojos en blanco.
—Esto no es eso, Alex. —Está en una maldita negación.
—Había fotos, papá.
Rechina los dientes juntos y entrecierra los ojos. Veo líneas en su cara
bronceada y sus ojos están un poco rojos también. Nada como los de Zara,
pero aun así. Supongo que también ha estado tratando de ahogar su dolor.
Pronto tendré dos padres que son adictos.
Encantador.
—¿Fotos de mí ayudando a un miembro necesitado?
—¿Necesitabas llevarla a Saks para ayudarla? ¿No podías hacer que un
conductor hiciera eso por ti? No podías hacer una donación...
—Ser las manos y los pies de Jesús requiere ser las manos y los pies,
Alex. No contratar sirvientes pagados para hacer las cosas difíciles por ti. 229
Aprieto los dientes. Debería decírselo al empleado que limpia sus
malditos baños. Pero no tiene sentido pelearse por esto. Además, si mamá
no está aquí, no me quedaré mucho tiempo. Sin que mi padre lo sepa, ya he
contactado con un abogado y está trabajando con ella en secreto. Estoy
pagando la cuenta con mi propia herencia de mi abuelo.
Desengancho mis manos, hago una en un puño que golpeo suavemente
en la isla en la cocina.
—¿Dónde está mamá? —No estoy debatiendo sobre las manos y los
putos pies de Jesucristo con mi padre.
Se encoge de hombros.
—Estaba molesta porque te fuiste.
Sé que eso es una mierda. Estaba molesta porque todavía está casada
con mi sucio padre. Se siente miserable por pasar la mayor parte del tiempo
en una niebla inducida por el Xanax, así que no tiene que lidiar con esta
mierda que nos ha traído.
Además, ella ya sabe que mi padre y su amor por Jesús no han
significado una mierda para mí desde hace mucho tiempo.
—¿Le ofreciste a tu congregación una explicación en persona? —le
pregunto, fingiendo inocencia. Leí su estúpido y jodido boletín.
—Les di la verdad. —Hay veneno en esa palabra.
—Correcto. —Nos miramos fijamente un segundo y luego parece
desinflarse, como a veces hace cuando la culpa le pesa.
Sus hombros se hunden y se acerca a la isla, colocando ambas palmas
en la parte superior.
—Estoy diciendo la verdad, hijo.
Me trago el nudo de mi garganta. Odio cuando hace esto casi tanto
como odio cuando me miente en la puta cara y en la de mamá. Me gusta
más su tono fresco y distante. El indicio de ira que yace bajo la superficie,
pero latente.
Algo que tenemos en común.
—¿Dónde está mamá? —pregunto de nuevo, forzando a que vuelva la
emoción que él despierta. Necesito volver con Zara.
—En el spa.
230
Un poco tarde para el maldito spa. Me pregunto dónde está realmente,
pero el spa es su hogar lejos del hogar. No la culpo por querer esconderse
de papá.
—¿Cómo estás? Con todo lo de Rihanna y...
Alejo su preocupación. Pasé la mayor parte de la semana con mamá, y
supongo que intenta aprovecharse de que ella no esté aquí para formar
algún tipo de conexión entre nosotros. A la mierda con eso.
—Estoy bien. Te lo dije, no la conocía realmente. Por cierto, fue muy
amable de tu parte venir al funeral.
Sus ojos se estrechan.
—Traté de escapar pero...
—No termines eso. —No quiero escuchar más de sus tonterías.
Me mira y yo le devuelvo la mirada.
Toma aire, agacha la cabeza. No me mira cuando dice:
—Pensé que tú de entre todas las personas entenderías que a veces los
hombres honestos cometen errores.
Sus palabras son un maldito golpe bajo y sé que lo sabe. Por eso no
puede levantar la cabeza y mirarme ahora mismo. Es un marica.
—Nunca dije que fuera una persona honesta.
Me mira con eso, un ceño fruncido en su cara curtida.
—Hijo, ambos sabemos...
Me pongo de pie, la silla raspa el suelo mientras doy un paso atrás,
levantando las manos.
—¿Qué sabemos, papá, mmh? —le pregunto bajando las manos, pero
no la mirada—. ¿Qué es lo que realmente sabemos? Por lo que sé, yo le hice
daño a esa chica. ¿Alguna vez pensaste en…?
—Sabía que eras popular, querido y rico, Alex. No te atrevas a pensar
que ella...
—A la mierda —le digo a mi padre, apretando los puños—. No la conocía
de una mierda. Nunca la había visto antes en mi vida. Crees que ella
realmente me miró, me tentó a esa habitación vacía y luego gritó violación
para poder, ¿qué, exactamente? ¿Recibir un pago?
Mi padre levanta una ceja. 231
—Bueno, lo hizo, ¿no?
Me muerdo la lengua, respirando profundamente. Sacándolo. Por eso
juego al fútbol. Para dar salida a este temperamento. Una semana más y
estaré de vuelta en el campo.
Una puta semana más.
—¿Todavía te estás metiendo con esa chica en rehabilitación? —
continúa mi padre, como si no supiera su nombre.
Me congelo, conteniendo la respiración esta vez mientras miro a mi
padre.
—¿Zara? —me dice, fingiendo recordar y preguntándome como si no lo
supiera. Como si no tuviera su cuerpo memorizado. Quemado en mi cerebro.
Se frota las manos y veo su estúpido anillo de bodas de oro brillar bajo las
luces encendidas en el techo alto—. ¿No crees que necesitas tomarte un
descanso de las chicas? —Me nivela con su mirada—. No te han causado
más que problemas.
Mi corazón está martillando en mi maldito pecho y quiero tirarle los
dientes, pero sólo lo miro fijamente.
—Sólo lo digo por tu propio bien. Mantente alejado de ella.
—No hables de ella —digo a través de los dientes apretados—. No digas
ni una palabra más sobre ella.
Me mira fijamente un largo momento y luego, cambiando de tema,
pregunta:
—¿Cómo va la temporada de Eli? —Sé por qué lo está haciendo
realmente. Para fastidiarme. Para restregarme en la cara que estoy
suspendido por tres partidos mientras que Eli no lo está.
Tres juegos, sobre Zara.
Pero a la mierda. No me importa. Haría algo peor por ella.
—La lucha comienza en octubre, papá. Como Eli es el hijo que nunca
tuviste, deberías saberlo. —Meto las manos en los bolsillos—. Me voy a ir.
—¿No quieres quedarte a esperar a tu madre?
—No puedo —miento—. Tengo un examen de sociología para el que
tengo que estudiar antes de la fiesta de esta noche. —Mentira, y ambos lo
sabemos, pero papá no discute.
En lugar de eso, hay una pequeña sonrisa en su demacrada cara.
—Sociología, ¿eh? Sabes que es una transición sencilla a la atención 232
pastoral.
—Papá. —Respiro, aprieto la mandíbula un segundo—. Ya hemos
hablado de esto...
—Lo sé, lo sé. —Levanta las manos en señal de rendición. Veo su anillo
de bodas de oro pálido otra vez. Cada vez que lo hago, me molesta aún más.
Bien podría empeñar esa mierda. Ambos sabemos que no significa una
mierda para él—. No quieres entrar en el ministerio. Serás un gran abogado
de todos modos, Alex.
—Excelente. Me alegro de que lo entiendas. —Intento pasar junto a él,
pero me da una palmada en el hombro y me congelo.
—Pero por muy buenas que sean tus habilidades de debate, necesito
que sepas que digo la verdad, hijo. No le haría eso a tu madre. No otra vez.
Mentira.
—Genial.
Qué parada de mierda sin sentido.

233
33
ZARA

H
ay coches estacionados a lo largo de la tranquila carretera de
la isla. Y es una isla, hemos tomado todo un maldito puente
para llegar aquí. Una pequeña parte aislada de Grove Beach
llena de enormes casas de playa construidas sobre pilotes
blancos para protegerse de posibles huracanes.
El olor del mar a través de las ventanas del Jeep de Alex fue suficiente
para que mi corazón palpitara de expectación, a pesar de nuestro pedregoso
viaje en silencio durante la última media hora.
Hacía tiempo que no iba a la costa. Solía ir mucho con mamá cuando
era niña, pero luego las cosas se pusieron raras entre nosotras y dejamos
de ir.
Fue más o menos cuando empecé a consumir.
Tal vez las cosas no se pusieron raras. Yo me volví rara.
Alex se sienta en silencio después de atravesar el camino de grava,
estacionando lejos de la casa gris y blanca a nuestras espaldas, con todas
las luces exteriores encendidas. Es una casa de tres pisos que parece aún
más grande sobre los zancos. Oigo la música, pero no puedo distinguir lo
que está sonando, y justo debajo de la cochera, en el espejo retrovisor, veo
el 370Z negro de Eli.
Pienso en el modelo de coche que tiene sobre su escritorio.
El que está en la pantalla de su ordenador.
Imagino sus manos sobre mí en la piscina.
Mi estómago se revuelve mientras el recuerdo se reproduce en mi
cabeza. Y él está en esta casa. Me pregunto con quién está. Hay más de
media docena de coches aquí, y más en la carretera. Podría ser cualquiera. 234
Alex está en silencio, y no ha hecho ningún movimiento para salir.
Tengo la clara sensación de que desearía estar en cualquier otro lugar.
—Mira, si no quieres ir... —Empiezo a decir, pero él se vuelve para
mirarme en la penumbra del Jeep.
—Estamos aquí, ¿no? —pregunta, con los dedos todavía en el volante.
Miro por la ventanilla y contemplo los árboles que bordean la
propiedad. La luna en lo alto.
—¿No te fue bien con tus padres?
—Mi madre no estaba en casa. —Es un gruñido agitado, esa voz, pero
también es una admisión. Es por eso que está tan molesto.
—¿Dónde está ella? —No lo miro mientras hago la pregunta. Sigo
mirando la ventana, que ahora está subida. Y recuerdo haber mirado por
otro cristal. El de la cocina de Alex. Ver a Rihanna Martinson flotando en
esa piscina.
—Joder si lo sé. —Él abre su puerta.
Yo también abro la mía y salimos del coche, cerrando las puertas tras
nosotros.
Nos encontramos en la parte trasera del Jeep, y él me agarra de la
mano, me acerca a él. Está tan caliente al tacto, y su mandíbula está fija
incluso cuando junta sus dedos detrás de mi espalda, atrayéndome hacia
él.
—Vamos a divertirnos esta noche, ¿sí? —me pregunta, sus palabras no
concuerdan con su aspecto, que es principalmente de enfado—. Vamos a
divertirnos esta noche, y por la mañana, podemos resolver esto, ¿de
acuerdo?
Trago saliva, desviando la mirada por un segundo. Pensando en Eli.
Dios, si Alex lo supiera.
Levanto la vista, me encuentro con sus ojos y me obligo a asentir de
todos modos.
Entonces muevo la cabeza hacia el maletero. Mi bolsa de viaje está ahí.
Y aunque me dije a mí misma que no lo haría, hay algo de E que
definitivamente voy a llevar.
Alex me mira fijamente un largo rato, y luego me suelta y abre el
maletero. Me echo la bolsa al hombro y, juntos, nos dirigimos a la sinuosa 235
terraza de madera que conduce a la puerta de la casa de la playa.
34
ELI

L
a veo antes de que ella me vea a mí.
Estoy en el sofá de la sala de estar, mi brazo alrededor de
Kaitlyn y una cerveza en la otra mano. Dwight, el amigo de Alex,
está sentado en el extremo opuesto del sofá con su chica, Nadia, y en la
mesa algunos de mis compañeros de equipo y algunas chicas juegan Jenga.
Todo se va a la mierda cuando escucho que los bloques se dispersan y todos
se ríen, una sola voz grita:
—¡Jenga!
Las luces están bajas, la música está encendida, Kamaara, “Techno
Thot”, y la veo subir las escaleras frente al sofá, del brazo de Alex.
Quien, como siempre, se ve enojado.
—¡Alex! —grita Dwight, quitando el brazo de Nadia, quien toma un
trago de su vaso—. ¡Lo lograste!
Alex no se molesta en poner cara de fiesta. Simplemente levanta las
cejas en reconocimiento a Dwight, luego, con el brazo todavía entre el de
Zara, los conduce a ambos por un pequeño pasillo a la izquierda de las
escaleras, hacia la cocina.
Desaparecen más allá, y Dwight pone los ojos en blanco y se vuelve
hacia mí.
—¿Qué le está molestando?
Nadia se mueve en el sofá, acurrucándose en Dwight. Se coloca un
mechón de cabello largo y negro detrás de la oreja.
—Alex siempre está molesto.
Kaitlyn se ríe en su vaso.
236
Sigo mirando por el pasillo hacia la cocina, esperando a que salgan.
Kaitlyn se mueve un poco hacia mí, poniendo su mano en mi muslo.
No la invité, pero, de nuevo, no suelo invitar a la mayoría de las personas
que vienen aquí. Es el lugar de mi papá, pero más que por respeto a él,
simplemente no me gusta la mayoría de la gente. Esta mierda siempre es
idea de Alex.
—¿Tienes encendedor, E? —me pregunta Dwight, y me obligo a apartar
la mirada de la cocina. Muevo mi brazo alrededor de Kaitlyn, saco mi
encendedor negro del bolsillo de los vaqueros y se lo doy a Dwight—.
Gracias, hombre.
Sé que no está dispuesto a fumar un cigarrillo, y cuando me ofrece un
porro, no dudo en tomarlo. No bebo tanto y no fumo mucho, pero algunas
noches simplemente lo requieren.
Como esta noche.
Con Zara tan cerca pero tan jodidamente lejos.
Finalmente, después de haberme fumado la mitad del porro de Dwight,
Alex y Zara regresan a la sala de estar y toman asiento en el sofá frente al
mío.
Zara lleva pantalones cortos negros rotos y una camiseta blanca
ajustada. Sus gafas de sol están puestas sobre su cabeza, e imagino que
dejó el resto de su mierda en la habitación en la que Alex suele quedarse
abajo.
Su cabello blanco es ondulado y suelto, un poco salvaje alrededor de
su rostro pálido. Tiene un vaso en la mano y ha terminado con su bebida
antes de que Alex siquiera tome un trago de su cerveza.
Mientras Alex y Dwight me dicen tonterías sobre el próximo juego de la
próxima semana, y Kaitlyn pasa sus dedos arriba y abajo de mi brazo
mientras Nadia juega en su teléfono, Zara solo mira al piso.
Y la miro, pero ella se niega a mirarme a los ojos. Aunque sabe que la
estoy mirando. Ella tiene que saberlo.
De repente, se pone de pie y deja su vaso vacía sobre la mesa.
—¿Dónde está el baño? —pregunta a la sala, alzando la voz para que
se la escuche por encima de la música. Los chicos y sus chicas en la mesa
están jugando otra ronda fascinante de Jenga, y Alex la mira pero sigue
hablando con Dwight.
—Abajo. A la derecha —le digo. 237
Ella no mira hacia arriba. Simplemente mete las manos en los bolsillos
y asiente, luego se aleja, prácticamente corriendo hacia las escaleras.
—Chick es rara —murmura Kaitlyn a mi lado, tan bajo que solo yo
puedo escucharla—. No sé cómo Alex puede soportar estar en la misma
habitación con ella después de la mierda que hizo.
Miro a Kaitlyn, mi cabeza se siente un poco menos pesada por la
marihuana.
Kaitlyn es bonita, tiene el cabello largo y rubio oscuro. Ojos azules
brillantes. Un bronceado falso. Sus ojos son un poco extrañamente grandes
y sus mejillas están un poco hundidas, nada como la cara redonda de Zara,
pero tiene un culo gordo y es buena chupando.
Ella también es una perra superficial.
Me pongo de pie, me aclaro la garganta. Y no digo nada mientras me
interpongo entre la conversación de Dwight y Alex, y bajo las escaleras hacia
la oscuridad del primer nivel de la casa de playa de papá.
Mamá y yo solíamos venir aquí mucho. Papá rara vez lo hacía,
trabajaba. Y trabajar era para hombres y entretenerme era para ella.
No funcionó tan bien para él cuando cumplí trece, pero supongo que
para entonces, ella ya había hecho todo el trabajo duro.
Las escaleras crujen con cada paso mientras bajo las escaleras, por lo
que no es como si fuera un fantasma a la deriva por la casa, pero aun así,
Zara choca contra mí mientras bajo al piso principal.
Extiendo mis manos para estabilizarla, y ella está agarrando mi
camiseta, justo por encima de mis bíceps.
—Oh, Dios mío, —dice, sin aliento—. Lo siento, yo... —Titubea, tal vez
dándose cuenta de que soy yo.
Puedo olerla. Flores y jodido café, como si fuera barista en una
guardería. Y su piel debajo de mis dedos...
Joder, se siente bien.
—¿Qué estabas haciendo? —le pregunto en la oscuridad. La luz
desciende desde el primer piso, junto con la música y los sonidos de la gente
hablando, pero todavía se siente como si estuviéramos solos aquí.
Así es como siempre nos encontramos.
Solos. 238
—Yo, uh, solo estaba... —Se ahoga con sus palabras, sus dedos agarran
mi camiseta con tanta fuerza que puedo sentir sus nudillos rozando mi piel.
—¿Estabas qué? —Mis manos están alrededor de sus antebrazos y hay
menos de treinta centímetros entre nosotros. Menos de treinta centímetros
y cuando doy un paso, estoy tan cerca que puedo escuchar su respiración.
Puedo oírla tragar.
—Debería ir arriba.
—¿Oh sí? ¿Por qué eso?
Silencio.
Silencio, salvo para todos los de arriba. Todos los que no quiero ver. Me
pregunto si quiere verlos. Me pregunto quién es ella cuando no está
desempeñando este papel.
—Alex es...
Aprieto mi agarre sobre ella.
—Que se joda Alex.
—Eli, no, ni siquiera me conoces. No es una buena idea. No esta noche.
La acerco más a mí, y sus manos se elevan a mi pecho mientras me
mira, el aliento sobresaltado de su bonita boquita.
—¿Sabe él? —Envuelvo un brazo alrededor de su espalda, usando mi
otra mano para cepillar un mechón de cabello detrás de su oreja, deslizando
mis dedos hacia su cuello, donde apoyo mi mano contra su clavícula—.
¿Sabe acerca de esas cicatrices, pequeña?
En la tenue luz que entra a raudales desde el piso de arriba, veo florecer
el rosa en sus mejillas.
—¿Por qué estás tan obsesionado con...?
—¿Con la forma en que duele? —le pregunto, inclinándome cerca,
presionando mi frente contra la de ella.
Ella no me responde, pero puedo sentir su pulso debajo de mi mano en
su clavícula, y se acelera.
Sabiendo que es por mí... que le estoy haciendo eso...
—Me viste —dice, su voz ronca, interrumpiendo mi pensamiento—. Me
viste esa noche. Me viste. Pero no me detuviste...
—¿Hubieras querido que lo hiciera? —Inclino mi cabeza, inclinando mi 239
boca sobre la de ella. Puedo oler su aliento. Huele a alcohol y caramelos
duros y me pregunto qué hizo en ese baño. Quiero presionar mis labios
contra los de ella. Quiero sentir su boca chocando contra la mía.
—Eli, no creo que debamos...
Paso mis manos por su costado, rozando su cintura, debajo de su
camiseta.
—Dime que pare.
Ella no dice nada.
No se aleja, en cambio, se inclina más cerca. Es un movimiento tan
sutil, si estuviéramos más lejos el uno del otro, no lo habría notado. Pero no
lo estamos, y sus labios rozan los míos.
—No deberíamos...
—Dime que pare —le digo de nuevo—. Dime que pare y lo haré. No soy
como él.
—Esa noche, no ibas a parar. —Sus labios se mueven contra los míos
y joder, la quiero.
Me duele la polla de estar tan cerca de mí. Toda la sangre se ha
precipitado de mi cabeza y todo lo que quiero es ella.
Joder, la quiero a ella.
—Esa noche fue Alex quien se detuvo. —Su voz es poco más que un
susurro—. Y me empujaste hacia él. Me empujaste a mí y a tus dedos...
Ya me disculpé por esta mierda. No quiero volver a hablar de esto. Y
esos mismos dedos a los que se refiere cavando en su piel.
—¿Qué, pequeña? Dime lo que hice.
Sus manos todavía están en mi camiseta, pero lentamente, abre el
puño. Desenrolla cada dedo suave y lo desliza debajo de las mangas de mi
camiseta, y mi pecho se aprieta con su toque.
—Me lastimaste —me dice en un susurro. Un susurro que siento contra
mi boca—. Me lastimaste y me viste lastimarme a mí y a ti...
—¿Qué diablos estás haciendo?
La voz de Alex la asusta.
Lo escuché venir.
Ella no lo hizo.
Deja caer las manos, intenta retroceder, pero mis manos están en su
240
cintura y no la voy a dejar ir tan fácilmente.
Escucho a Alex dar los últimos pasos a mi espalda, pero todavía no la
dejo ir.
—Yo… yo estaba… —comienza a decir.
—Suéltala —la interrumpe Alex.
No me gusta su tono.
—No creo que ella quiera que lo haga.
Camina para pararse a nuestro lado, mirándome. Puedo sentir el
corazón de Zara latiendo a un ritmo por todo su cuerpo. Casi tiembla en mis
brazos.
¿Ella le tiene tanto miedo?
¿O está tan asustada de mí?
—Me importa un carajo lo que ella quiera. Déjala ir.
—Eli, por favor, sólo… —comienza a decir.
Dejo caer mis manos, doy un paso atrás de ella. No por él, sino por ella.
Todavía me está mirando y puedo sentir la tensión entre nosotros. No solo
Alex y yo.
Entre los tres.
Tenemos asuntos pendientes. Y podría odiarlo. Puede que odie que me
invitara a entrar, porque no quiere ver a alguien más follársela, pero yo no
tengo ese problema.
No tengo ese maldito problema en absoluto.
—Kaitlyn te está esperando arriba —me dice, su mandíbula haciendo
tictac, sus ojos oscuros charcos de negro en la penumbra. Tiene las manos
en puños a los lados—. Tal vez quiera hacerlo.
No digo nada.
—Alex, solo estábamos...
Él ronda sobre ella.
—Cierra la boca
Ella se estremece, dando un paso atrás. No sé qué tomó en ese baño, y
estoy seguro de que tomó algo, pero no parece estar funcionando muy bien
para ella en este momento. Parece paranoica. Como si hubiera perdido su
pelea o algo así.
—Apártate. Nos encontramos al pie de las escaleras —le digo a Alex. —
241
Déjala sola.
—No estoy contigo —le dice ella, haciéndome adivinar esa mierda sobre
perder su pelea después de todo—. No estoy jodiendo contigo y si no querías
que hablara con tus amigos, no deberías haberme traído a tu estúpida fiesta
en la playa.
—¿Hablando? —se burla Alex de ella, ladeando la cabeza y
acercándose, obligándola a dar un paso atrás en el pequeño pasillo justo al
lado del baño. No hay mucho aquí, las escaleras a mi espalda, la puerta
principal a mi derecha, más allá del baño, y detrás de Zara y Alex, hay un
dormitorio—. Realmente no parecía que estuvieras hablando para mí. —
Mira en mi dirección—. ¿Quieres terminar esto? —le pregunta, arrastrando
la mirada de arriba abajo por su cuerpo—. ¿Quieres terminar lo que
empezamos la noche en que Rihanna murió, eh? ¿Tienes un pequeño
recuerdo con nosotros tres?
Ella no le responde.
—Porque si lo haces —dice, inclinándose cerca de ella, y veo, por
primera vez, que tiene una cerveza en la mano. A diferencia de la primera
que bebió. Lo sabría, porque esta es mía—. Si lo hace, podemos. —Levanta
la cerveza, agitando un poco la botella—. Creo que he tenido suficiente de
esto para querer compartir contigo esta noche, Za. —Y no espera una
respuesta.
Él pasa los dedos por su cabello, se inclina hacia abajo y la besa. Ella
está congelada por un momento y veo sus ojos. Veo el brillo en ellos cuando
ella me mira, y luego, sosteniendo mi mirada, le devuelve el beso.
Tengo esta muy, muy fugaz necesidad de romper su maldito cuello.
Pero luego ella gime.
Y el impulso se ha ido.
La apiña contra la pared, le pone la mano en la garganta y le baja la
camiseta, tomando su pecho en su boca.
No me gusta su mano en su garganta.
No me gusta esa mierda en absoluto.
Pero sus ojos todavía están en los míos e incluso mientras su boca
cubre su pezón, sus dedos se enredan en su cabello, ella no deja de mirarme.
Ella no deja de mirarme, joder.
No puedo alejarme. Ya no.
Cierro el espacio entre nosotros y no me importa lo que esté haciendo 242
Alex. Joder, no me importa porque sé que ella quiere besarme, y cuando
estoy lo suficientemente cerca, inclino mi cabeza, mi cuerpo a un lado del
de ella, y ella me besa.
Ella me besa y mi mano se eleva por encima de la de Alex, rodeando su
garganta. Ella gime en mi boca, una mano todavía en el cabello de Alex, pero
la otra llega a mi cara. Está inmovilizada contra la pared entre nosotros dos,
y no sé si puedo esperar. No sé si puedo esperar para llegar a la cama y no
me importa.
Pero aparentemente a Alex le importa.

243
35
ZARA

—N
o aquí —dice Alex, su voz ronca mientras se
endereza, susurrando sobre mi boca. A mi lado, Eli
se apartó, pero mi mano todavía está en su rostro y
él gira la cabeza, pasa su labio por mi palma.
Alex da un paso atrás y mira a Eli.
Espero a que detenga esto.
Espero a que lo detenga, pero me agarra la otra mano y me empuja
hacia una puerta cerrada. Lo sigo y Eli quita mi mano de su boca, y juntos,
yo entre ellos, llegamos a un dormitorio.
Eli cierra la puerta. Escucho el chasquido de la cerradura en mi
espalda, su mano todavía en la mía.
Hay una cama grande en el centro de la habitación, persianas blancas
de plantación cerradas en la ventana. Hay una estantería empotrada junto
a la cama, llena de libros altos y delgados que no puedo distinguir en la
oscuridad de la habitación.
Hay un armario a mi espalda, al lado de la puerta. Hay una mesita de
noche blanca al lado de la cama y una lámpara gris encima. Sin despertador.
Debajo de mis pies hay una alfombra blanca, pero por lo demás, son pisos
de madera como el resto de la casa.
Huele a océano aquí. Más que en cualquier otro lugar de la casa, huelo
la sal del mar aquí
Eso y Eli.
Coco y cítricos.
Mientras Alex se quita la camiseta por la cabeza, Eli me atrae hacia él,
sus manos recorren mi cuerpo de arriba a abajo. 244
Me besa, su boca abierta, su lengua recorriendo mis dientes.
Y luego Alex está detrás de mí, sus manos rodeando mi cintura,
abriendo el botón de mis pantalones cortos, su boca en mi cuello, besando
y chupando y mordiendo.
Mis manos están sobre los hombros de Eli y quiero más de él. Mi lengua
está en su boca, sus manos vienen a tomar mi cara, como si pudiera
alejarme de Alex a mi espalda. Como si quisiera reclamar toda mi atención.
Como si esto fuera lo que ha estado esperando durante los últimos seis
meses, y no puede tener suficiente.
Alex me baja la ropa interior y golpean el suelo con mis pantalones
cortos.
Me aparto de Eli, de mala gana, pero también necesito que se quite la
ropa. Necesito sentir su piel contra mí como puedo sentir el pecho de Alex
en mi espalda.
—¿Qué estás haciendo? —Eli jadea, sus manos bajan a ambos lados
de mi cuello. Escucho una cremallera detrás de mí.
—Tu ropa —me las arreglo para decir mientras Alex envuelve sus
manos alrededor de mis caderas y me empuja hacia él. Siento su polla, dura
y gruesa contra mi espalda baja. Sus manos se arrastran más abajo, hacia
el interior de mis muslos.
Eli mira hacia abajo y veo un ligero ceño fruncido entre su frente. Me
pregunto si estará pensando en las cicatrices. Me pregunto si está pensando
en el hecho de que ya hemos hecho algo como esto antes.
—¿Te gusta esto? —susurra Alex en mi oído, distrayéndome. Sus
manos se elevan más, sus dedos rozan mi coño pero sin tocarme donde lo
quiero—. ¿Te gusta estar entre nosotros?
Eli se quita la camiseta y lo observo mientras Alex me toca. Mirando
como mantiene su mirada en mí mientras se quita los zapatos y se
desabotona los pantalones. Lo veo morderse el labio, meter el pulgar a través
de sus calzoncillos y bajarlos también.
No se acerca mientras Alex roza mi raja con sus dedos, todavía besando
mi cuello, mi oreja, mi cara, su polla cada vez más caliente y dura en mi
espalda.
Eli envuelve sus dedos alrededor de la base de sí mismo, sus ojos bajan
para ver a Alex tocarme. 245
—¿Te gusta que te usen como una puta, Zara? —susurra Alex, pasando
su pulgar sobre mi clítoris, pero solo por un segundo fugaz.
Gimo, queriendo más.
Se ríe contra mi oído, acercándose a mí, obligándome a dar un paso
adelante.
Hacia Eli.
Alex desliza su pulgar sobre el pliegue de mi muslo.
—¿Sientes eso? —me pregunta—. ¿Sientes lo mojada que estás, por los
dos?
Lo siento.
Lo siento, pero quiero más. Mucho más.
Eli pasa su pulgar sobre la parte superior de su polla, la cabeza gruesa
brillando con líquido preseminal.
Quiero probarlo.
Quiero saborearlo.
Pero sigue viendo a Alex tocarme. Todavía quiere mirar, incluso ahora.
A pesar de que él es parte de esto, lo excita mirar.
Cambio mi postura, separando más mis muslos y agarrando mis
pechos, pellizcando mis pezones. Inclino la cabeza hacia atrás cuando Alex
me toca, apoyándome contra él mientras le doy un espectáculo a Eli.
Alex chupa mi cuello mientras pasa sus dedos por mi raja, separando
mis labios para que Eli me vea. La sensación de estar tan expuesta a Eli de
esta manera, tan vulnerable entre ellos, me hace temblar las rodillas.
Todo lo que quiero hacer es caer sobre la cama a la espalda de Eli con
los dos. Todo lo que quiero hacer es colapsar en la sensación de que ambos
se mueven dentro de mí, pero quiero que Eli también obtenga lo que él
quiere.
Llevo los brazos hacia atrás, los envuelvo alrededor del cuello de Alex
detrás de mí, mi cuerpo tenso, alargado y abierto.
Si Eli realmente me ha estado observando durante tanto tiempo, quiero
que vea todo.
Mis ojos están cerrados mientras me ahogo en la sensación de Alex
detrás de mí, de su boca en mi cuello, de sus manos entre mis muslos. Es
246
tan cálido. Tan familiar. Tan mío.
Quiero que Eli vea eso. Que vea cómo Alex y yo nos pertenecemos. No
para burlarme de él, sino porque eso es lo que él quiere ver, ¿no es así? Esa
es la razón por la que él tiene algo por mí en primer lugar.
Porque soy de Alex y él no puede tenerme.
Si ese es el tipo de dolor que lo quita de encima, quiero que lo vea todo.
Porque quiero que él también se sienta bien.
Alex gime contra mi cuello y sus dedos bajan más. Empuja dos dentro
de mí y gimo su nombre mientras envuelve su otra mano alrededor de mi
vientre bajo, sosteniéndome en mi lugar mientras me toca.
—Dios, estás tan mojada, princesa. —Pellizca mi hombro—. ¿Es porque
mi mejor amigo está mirando? —Arrastra su lengua hacia mi columna—.
¿Es porque puede ver cada jodido centímetro de ti? —Me folla más fuerte
con sus dedos, la palma de su mano presionando contra mi clítoris—. ¿Vas
a correrte antes de que entremos dentro de ti, eh?
Creo que lo haré.
Me aprieto contra él, a pesar de que ya estamos lo más cerca que
podríamos estar.
—Sí —jadeo—, me voy a...
Pero hay un movimiento frente a mí y cuando abro los ojos, Eli está
ahí, sosteniendo mi mirada. Agarra la mano de Alex y Alex le permite
sacarme los dedos.
Estoy palpitando, extrañando la sensación de la palma de Alex contra
mi clítoris hinchado. Extrañando la sensación de sus dedos dentro de mí.
Me aprieto alrededor de nada, estaba tan cerca.
Tan cerca.
Alex desliza sus dedos por mi vientre, dejándome sentir lo húmeda que
estoy.
Los ojos de Eli se clavan en los míos.
—Alex —dice en voz baja mientras Alex mueve sus caderas detrás de
mí, frotando su polla contra mi espalda—. ¿Quieres follarla por el culo?
Todavía tengo los brazos cruzados detrás del cuello de Alex, mi cuerpo
aún es completamente visible para Eli.
Pero no me toca. Tan cerca como estamos, él no me toca.
247
Alex está callado un momento, sus manos todavía en mi vientre. Pero
luego dice:
—No, uh, no creo que lo haga. —Contra mi oído, y me estremezco.
Eli se acerca. La cabeza de su polla está contra mi estómago, justo
debajo de las manos de Alex sobre mí. Eli no me quita los ojos de encima.
—Yo tampoco.
Mi estómago da un vuelco.
Eli se acerca, rueda mis pezones entre sus dedos y jadeo, pero no
muevo mis brazos alrededor del cuello de Alex.
Mi pecho palpita, mis senos se sienten pesados mientras Eli juega con
ellos, pero nadie me toca donde quiero. Nadie está ayudando a mi dolor entre
mis muslos.
—Esto no va a ir como crees que va a ir, pequeña —dice Eli en voz baja.
Mi respiración es fuerte, jadeante y laboriosa cuando Eli pellizca uno
de mis pezones y palmea el otro. Suave y áspero. Caliente y frío.
—Porque los dos queremos estar dentro de tu estrecho coño.
Estrecho. Solo sabría si hubiera estado allí.
Por un momento de infarto, me pregunto si se lo contará a Alex. Me
pregunto si se lo dirá ahora mismo. Me pregunto si ese fue su plan desde el
principio.
Pero, sin dejar de mirarme a los ojos, simplemente dice:
—Suplícale.
Fruncí el ceño, confundida y atrapada en los dos que me rodeaban en
esta habitación oscura, la música y las voces aún continuaban por encima
de nuestras cabezas.
—Pídele que te comparta.
Alex se ríe y acaricia su nariz contra mi cuello.
—Me gusta esa idea.
Abro la boca y Eli tira de ambos pezones. Solo sale un suave gemido y
casi tropiezo hacia adelante, pero Alex me acerca a él y no me atrevo a bajar
los brazos.
—Alex —le susurro. Estoy desesperada. Desesperada por tenerlos a
ambos dentro de mí. Desesperada porque la polla de Eli estuviera más abajo,
rozando mi clítoris. Sostengo su mirada mientras le suplico a mi ex—. Alex,
por favor. —Muerdo mi labio y los ojos de Eli se posan en mi boca. Veo la 248
vena de su cuello presionando contra su piel—. Alex, por favor déjame.
Alex mueve su mano, luego lleva su antebrazo contra mi garganta.
Ahora no tengo otra opción. No puedo mover mis manos de su cuello. Los
está reteniendo mientras casi me ahoga.
Veo los ojos de Eli entrecerrados.
—Zara —dice Alex en voz baja—. Te lo dije. No te estoy compartiendo.
Los labios carnosos de Eli se convierten en una sonrisa. Él palmea un
pecho y el otro golpea, bajando la mano. El sonido es fuerte en la habitación
y me estremezco.
—Ten cuidado con ella. —Las palabras de Alex son bajas, no quieren
arruinar nuestro juego, pero habla en serio. Lo escucho en su tono.
Eli lo ignora.
—Ruega más. —Su voz es tan fría—. No te estás esforzando lo
suficiente.
—Alex, por favor.
Eli finalmente rompe mi mirada. Mira a Alex, a mi espalda.
—Ella es convincente —dice en voz baja—, y si quiere ser una puta,
¿por qué no dejarla?
Alex mueve su brazo de alrededor de mi garganta, luego enreda sus
dedos en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás, quemando mi cuero
cabelludo.
—Ahí tienes —dice Eli con la misma voz tranquila—. No necesitas tener
cuidado. Trátala como la puta que es.
—¿Esto es lo que realmente quieres? —gruñe Alex en mi oído—.
¿Quieres que los dos te follemos? —Sin esperar una respuesta, me empuja
hacia el suelo, pero su brazo todavía está envuelto a mi alrededor, así que
no me caigo. Él baja conmigo.
Eli se aparta del camino y yo estoy a sus pies.
La rodilla de Alex está en mi espalda, mi cara presionada contra el
costado del frío piso de madera.
—Joder, respóndeme.
Me trago los nervios. Porque lo quiero.
—Sí —susurro, mis labios se mueven contra el suelo—. Sí.

249
La rodilla de Alex se clava más fuerte en mi columna y hago una mueca.
Sus dedos se aprietan en mi cabello mientras se inclina sobre mí, su boca a
centímetros de la mía.
—Eres una puta de mierda, Zara. Después de esta noche, he terminado
contigo.
Mi corazón se rompe con esas palabras. ¿Son verdad? ¿Sigue siendo
esto parte del juego? ¿Lo dice en serio? Pero no quiero detenerme. Sea lo
que sea, no quiero terminarlo.
Porque los quiero.
Mueve su rodilla de mi espalda y casi exhalo un suspiro de alivio. Tal
vez realmente lo disfrute. Quizás no sea un castigo.
Pero luego me tira del cabello y me obliga a ponerme sobre manos y
rodillas.
—Arquea tu espalda.
Lo hago, la columna de mi garganta se estiró tensa mientras me
sujetaba el cabello hacia atrás. Su mano va a la parte interna de mi muslo,
y el calor se calienta a lo largo de mi centro, incluso mientras abre mis
piernas más, con brusquedad.
Exponiéndome.
Para él y Eli.
Pasa su mano por mi coño.
—Eres repugnante —me dice, frotando mi propia humedad sobre mi
muslo—. Jodidamente repugnante, princesa. No te muevas.
Él se echa hacia atrás, la ausencia del toque de nadie mientras estoy
sobre mis manos y rodillas es casi humillante.
Eli se mueve para pararse frente a mí, pero desde este ángulo, no puedo
ver su rostro.
—Sube a la cama —dice.
—No —responde Alex—, lo dijiste tú mismo. Ella es una puta de mierda.
Se merece que la follen en el suelo.
Mi corazón late erráticamente en mi pecho, mis ojos están en el suelo.
Estoy dividida entre querer levantarme y terminar con esto y querer que se
den prisa porque todavía estoy desesperada por el toque de alguien.
250
Eli se inclina y me tiende la mano.
Miro hacia arriba, encontrándome con sus ojos.
—Ella es nuestra puta. Además, dices la palabra como si fuera algo
malo. —Mira más allá de mí mientras tomo su mano—. Ella está a punto de
hacernos sentir realmente bien. Muestra algo de maldito respeto.
Me está dando vueltas la cabeza, esta mierda de policía bueno y malo,
caliente y frío. Y el éxtasis que tomé en el baño parece estar abriéndose
camino en mi cabeza, porque no me importa.
Solo los quiero.
Eli me pone de pie y me rodea la espalda con un brazo posesivo.
—¿Has hecho esto antes, pequeña?
Niego con la cabeza, mis palmas en su pecho mientras me abraza,
mirándome a los ojos. Como él me ve.
—No necesita un manual paso a paso —gruñe Alex detrás de mí—. Date
prisa, joder.
Eli lo ignora, quitando un mechón de cabello de mi cara, sus dedos
permanecen en mi garganta mientras me mira.
—Yo me acostaré primero. Ponte encima de mí.
Asiento, mordiéndome el labio mientras miro el suyo. Quiero su boca
sobre mí de nuevo. Quiero sentirlo.
Se inclina más cerca, rozando sus labios sobre mi oreja, enviando un
escalofrío por mi espalda.
—Y relájate, pequeña. Yo me ocuparé de ti.
Y luego me empuja hacia la cama.
Me deja ir.
Tal como dijo que lo haría, se acuesta primero, con la mano detrás de
la cabeza, apoyada en la almohada. Con su otra mano, acaricia su polla, sus
ojos en mí, una sonrisa arrogante jugando alrededor de su boca, sus ojos
verde oscuro clavados en los míos.
Y sé, mientras me arrastro hacia él, Alex mirándome desde atrás, que
no va a ser tan gentil como antes.
Eso fue un descanso de lo que realmente quiere.
Un momento para tranquilizarme.
Ahora, sin embargo… 251
Ahora volverá a manos duras y palabras más duras.
Pero es Alex quien habla primero, detrás de mí.
—Date prisa, joder. —Me golpea el trasero—. Ponte encima de él.
Cuidadosamente, trepo sobre Eli, con las manos a cada lado de su
cabeza, las rodillas al lado de sus caderas.
Mis tetas están junto a su cara.
Sigue acariciándose a sí mismo, con una mano detrás de la cabeza.
Todavía engreído. Arrogante. Vuelvo a tener frío. Eso es lo que quería. Esto
es probablemente lo que quería desde el principio.
—Abre más las piernas.
Ajuste mis rodillas, ampliando mi postura, mis dedos se clavan en las
suaves sábanas blancas. Sé que Alex está ahí, detrás de nosotros, mirando.
Es desconcertante saber que estoy expuesta a él de esta manera y que no
me toca. No está lo suficientemente cerca para que yo lo sienta.
Siento el roce de la polla de Eli contra mí, y respiro, recordando. Saber
que esta no es la primera vez que nos tocamos. Pero Alex cree que sí.
Y sé que Eli está pensando exactamente eso mientras sostiene mi
mirada y se guía hacia mí. Veo la sonrisa en su rostro, el calor en sus ojos.
La forma en que se arrugan un poco cuando ve mi cara enrojecer cuando
levanta las caderas y se empuja hasta el fondo.
Levanta la cabeza.
—Acércate. Quiero esos en mi boca. —Asiente hacia mis pechos,
balanceándose entre nosotros. Gimo, ajustándome a él mientras me inclino
hacia adelante, con las manos en la cabecera detrás de él.
Cuando habla a continuación, su aliento está en mi piel.
—Para ser una puta tan grande, todavía estás tan jodidamente
apretada.
Toma mi pezón en su boca, chupa con fuerza y luego me suelta con un
pop.
—Por ahora. —Mueve sus caderas de nuevo y no puedo contener mi
gemido mientras me muerdo el labio, las manos de Eli van a mi trasero.
Me aparta, mira más allá de mí y dice:
—Úsala mientras puedas.
Alex no lo sabría. No sabría que hay una advertencia entre esas
252
palabras. “Mientras puedas”. Alex probablemente piensa que eso se debe a
que no seré buena para él después de esto.
Lo que no sabe es que a Eli no le importa con quién he estado. A Eli no
le importan un carajo cosas así.
No es solo una advertencia para Alex.
Es para mí.
Mi corazón da un vuelco en mi pecho. Me pregunto si esto es una mala
idea. Lo quiero, pero ¿qué pasa después de esto? ¿Qué pasa por la mañana?
¿Qué pasa conmigo? ¿Con Alex?
Alex no dice una palabra. Mantengo mis ojos en Eli. Lo veo mirando a
Alex. Veo la barba incipiente en su rostro. La curva de su arco de Cupido.
El polvoriento color rosa de sus labios. Esas jodidas pestañas largas.
Dios, quiero montarlo, pero está agarrando mis caderas con tanta
fuerza, como si quisiera que me quede quieta. Y luego la cama se mueve, y
Eli me mira. Me pasa el pulgar por el hueso de la cadera y sé lo que siente.
Sé que sabe lo que está haciendo. No sonríe cuando Alex cae de rodillas
detrás de mí. No se burla de mí con los ojos ni se burla de mí con palabras
crueles. Solo sostiene mi mirada como si me viera.
Porque lo hace.
Y cuando la polla de Alex me roza y aspiro profundamente, Eli dice:
—Está bien, pequeña. Solo relájate. —Con una voz tan tranquila y
tranquilizadora que solo quiero... solo quiero hundirme en él. Hundirme
contra su pecho y dejar que me toque y me ame y...
—Arquea más la espalda. —La voz de Alex. Fría e impasible. Como si
hubieran cambiado. Frío y caliente, ya no sé cuál es cuál.
Pero hago lo que dice Alex.
Sus dedos vienen a ambos lados de mis labios, estirándome más. Y
puede verlo todo. No es nada que no haya visto antes, pero de esta manera,
así...
Nuevamente, creo que esto podría no ser una buena idea. Esto es
increíblemente estúpido. Mi mente se interpone en el camino de cómo me
siento físicamente, arruinándome esto. Como un hámster en una rueda, mi
cerebro sigue pensando en todas las formas en que esto podría salir mal.
Joder, soy una idiota.
Eli mantiene una mano en mi trasero y mueve mi barbilla con la otra,
obligándome a mirarlo. 253
—Oye —dice en voz baja mientras Alex pone una mano en mi espalda
y comienza a presionarse contra mí—. Estás aquí. Aquí mismo. No lo
pienses, Zara. —Tira de mi cara hacia él, por lo que mis labios se ciernen
sobre los suyos—. No pienses —repite en voz baja, y sus palabras tocan mi
boca—. Simplemente siente.
Y entonces Alex me empuja y todo... arde. Es apretado e incómodo y
duele y...
—Solo siente —dice Eli de nuevo mientras echo la cabeza hacia atrás,
arqueando el cuello y la espalda mientras Alex sigue empujando y
empujando y justo cuando creo que mis ojos van a rodar hacia atrás en mi
cabeza y podría desmayarme y no lo hago. No sé si es por dolor o por placer...
él está dentro.
Está tan adentro como puede llegar, y su pecho cae contra mi espalda
mientras me folla y Eli comienza a moverse también, debajo de mí.
Ambos están dentro de mí, es casi demasiado y estoy demasiado
apretada y demasiado llena y sin embargo...
Es todo. Está jodidamente todo. Especialmente cuando Eli desliza su
mano por mi garganta y se estira entre nosotros, sus dedos rodeando mi
clítoris. Mis músculos internos se contraen alrededor de ellos y Alex gime
contra mi cuello, cepillando mi cabello de mi espalda con una mano y
agarrando mi costado con la otra.
—Joder —dice contra mi piel—. Joder, te sientes tan bien, Za. Estás
tan jodidamente apretada. Eres tan jodidamente buena.
Me follan juntos, y Eli sigue rodeando mi clítoris con sus dedos, sigue
agarrando mi culo con una mano. Los tres somos un desastre sudoroso y
jadeante y Alex todavía está gimiendo y yo gimo tan fuerte que sé que la
gente puede oírme.
Kaitlyn me escuchará. Nos escuchará.
Lo sé y no me importa.
No me importa.
Cuando la mano de Alex se acerca a mi garganta y su lengua está
contra mi oreja y luego está completamente dentro, completamente dentro
de mí y Eli también, simplemente no me importa. No me importa una
mierda.
Solo los quiero. Solo quiero esto. 254
—Joder, te amo —jadea Alex contra mi oído—. Joder, joder, te amo. —
Sus palabras son gemidos, y sus dedos se aprietan alrededor de mi garganta
mientras me folla más fuerte y debajo de mí, Eli pellizca y tira de mis pezones
y él también me folla. Ambos se mueven tan rápido y con tanta fuerza que
casi siento como si estuvieran compitiendo. Como si estuvieran tratando de
ver quién puede romperme primero.
Y tal vez no debería estarlo, pero estoy más excitada por eso y cuando
siento que me acerco, ellos también deben sentirlo.
Eli ahueca mi cara con su mano.
—Me gusta sentir cómo te folla contra mí —me dice mientras Alex hace
exactamente eso, cada estocada me empuja más contra Eli. La mano de Eli
todavía está entre nosotros, todavía me rodea y estoy tan cerca—. Me gusta
sentir que casi te destroza.
Dios, estoy tan cerca.
A Eli le gusta. Alex lo odia. Pero Alex me acaba de decir que me ama.
Me acaba de decir, así que tal vez no lo haga.
Quizás a él también le guste esto.
Quizás le guste lo que a mí me gusta.
—Vamos, bebé —dice Alex en mi oído. Su agarre aprieta mi garganta
con tanta fuerza que ya no gimo porque ya no respiro—. Vente por mí. Vente
sobre nosotros por mí. Eres una maldita puta desagradable, pero eres mi
puta. Eres mía.
Y luego la mano de Eli viene junto a la de Alex y ambos me están
ahogando, cubriendo cada centímetro de mi garganta. Y todo explota en
tonos grises y negros detrás de mis ojos y la otra mano de Eli está entre mis
piernas, sus dedos resbaladizos y húmedos contra mi clítoris hinchado.
Al igual que cuando Eli me abrazó, como cuando casi me mata esa
noche, me muero por aire, pero no puedo detenerlo. Mi cuerpo no puede
detenerlo. Los aprieto a ambos, todo tan apretado y tan lleno.
Mantienen sus manos en mi garganta pero aflojan su agarre y yo gimo,
mi frente contra el pecho de Eli, resbaladizo por el sudor, y su mano todavía
entre nosotros.
Y luego Alex está tenso contra mi espalda, agarrándome por el cuello,
sus dientes contra mi hombro y sé que él también se vino. Los dos, juntos,
por todo Eli. 255
Pero Eli no ha terminado.
Levanta la mano, las reverberaciones de mi orgasmo aún palpitan entre
mis piernas, por lo que ni siquiera necesito que nadie me toque allí. Es como
si aún pudiera sentirlo. Y todavía estoy jadeando por aire cuando Eli se lleva
los dedos a la boca, lamiéndome.
Levanto la cabeza, mirándolo, y detrás de mí, Alex se desliza lentamente
fuera de mí. Mis manos están en el pecho de Eli mientras lo miro, todavía
saboreándome.
La cama se hunde y no sé si Alex se levanta, y tampoco me importa.
No puedo dejar de mirar a Eli. Todavía estoy respirando con dificultad,
todavía atrapada en la sensación de rodearme de ambos, realmente no
puedo pensar. No sé qué quiere Eli ahora. No sé cómo quiere terminar esto,
pero se mueve rápido.
Un segundo estoy encima de él, jadeando, y al siguiente, nos ha
volteado a los dos y está encima de mí. Por un momento loco, lo imagino
luchando. Pienso en lo rápido que debe ser. Qué fuerte es.
Lo sexy que probablemente se ve en la alfombra.
Y luego me está besando de nuevo, el sabor de mí en sus labios, y todos
esos pensamientos se han ido. Lo único en lo que puedo pensar ahora es en
su sabor, en la sensación de él cuando se interpone entre nosotros y se guía
hacia mí.
Estoy adolorida y me duele, y no va lento. Es duro, rápido y rudo y yo
lloro, y no es un buen sonido.
—Oye —llama Alex bruscamente desde algún lugar más allá de la
cama, en algún lugar que no puedo ver—. Ten mucho cuidado con ella. —
Escucho la moderación en sus palabras. Sé que no quiere que Eli termine
en absoluto. Sé que a Alex no le importa eso, pero Eli no se detiene.
Es rápido y áspero y las lágrimas están punzando detrás de mis ojos.
—Eli, más despacio —me las arreglo para decir, mis palabras
temblorosas.
Su mano llega a mi garganta. El sonido de sus caderas conectando con
las mías es tan fuerte que hago una mueca de dolor con cada empuje.
Clavo mis uñas en su pecho, tratando de alejarlo de mí al mismo
tiempo.
Esto duele.
256
Pero no puedo decir nada. No puedo decir nada, porque en la
oscuridad, Eli me está ahogando. De hecho, me está asfixiando.
¿Qué carajo?
El pánico, más que la ira, me envuelve. ¿Qué está haciendo? ¿Por qué
lo está haciendo?
Sus embestidas sacuden toda la cama y todo quema. Arde y todavía
estoy escarbando en su piel, tratando de que le duela lo suficiente como
para reducir la velocidad. Pero no lo hace. No se detiene.
—A la mierda con esto. —Escucho a Alex decir en voz baja, y luego está
allí, sus manos sobre los hombros de Eli, sacándolo de mí. Fuera de mí.
Me siento, empujando hacia atrás contra la cabecera, llevando mis
rodillas a mi pecho, envolviendo mis brazos alrededor de mis piernas.
Alex lanza a Eli hacia la puerta.
—¿Qué carajo te pasa? —Su voz es un gruñido. Veo que se ha puesto
los pantalones, pero nada más—. ¡La estabas lastimando!
Respiro hondo, aprieto los muslos, el dolor entre ellos es como el fuego.
Escucho a Eli reír en la oscuridad.
—¿Lo estaba? Creo que a ella le gusta lo duro.
Alex se aleja de Eli, como si lo golpeara. Se apoya en la cama,
oscureciendo mi vista de Eli junto a la puerta.
—Vete a la mierda —dice—. Sal de aquí.
Eli se ríe de nuevo.
—Esta es la casa de mi papá. Tú, vete.
Escucho a Alex respirar, inhalar profundamente y exhalar. Veo sus
hombros subir y bajar.
Mi mente da vueltas. Me duele la cabeza. ¿Por qué Eli hizo eso? ¿Por
qué él...?
—Bien. —Alex se vuelve hacia mí y me ofrece su mano.
—Vamos, bebé.
Niego con la cabeza.
—N… no puedes conducir —le susurro en la oscuridad, pero tomo su
mano de todos modos. Pasa sus dedos por los míos—. No puedes conducir.
257
Y no puedo conducir porque no solo estoy borracha, estoy tropezando
y...
—No me importa. Caminaremos. Yo te llevaré. —Alex comienza a
levantarme de la cama.
Pero Eli se ríe una vez más y siento que se me erizan los pelos de la
nuca.
Alex también escucha algo en esa risa malvada.
Deja de intentar ponerme de pie y se vuelve hacia Eli.
Aguanto la respiración, sabiendo lo que va a decir. Conociendo y
odiando. Odiándole.
—Dijiste que querías experimentar todo, Zara —dice Eli suavemente en
la oscuridad mientras Alex y yo lo miramos, los dedos de Alex apretando los
míos—. ¿No es así?
Nadie dice una palabra.
Incluso con la música y la gente de arriba, nadie dice nada.
Oigo arrastrar los pies y me imagino a Eli vistiéndose, aunque no puedo
verlo. No puedo verlo y todavía nadie habla.
Mi corazón late demasiado rápido en mi pecho. Demasiado rápido y no
puedo respirar. Todavía no puedo respirar.
—Oh, ¿ahora no tienes nada que decir, pequeña?
Los dedos de Alex se aprietan dolorosamente alrededor de los míos. Su
agarre es tan fuerte, sus manos húmedas.
—¿De qué carajo estás hablando? —le pregunta a Eli en la oscuridad.
Casi puedo escuchar a Eli sonriendo.
No.
Él no haría esto.
Él no haría esto, joder.
—Ah, bueno, como parece ser tan tímida ahora, supongo que no le
importará si lo digo por ella. —Exhala un suspiro. Frunzo los ojos con
fuerza—. Justo antes de que tuviera mis dedos dentro de ella en nuestra
casa, ella solo me estaba diciendo cómo quiere experimentar todo.
Nadie se mueve.
Se siente como si nadie respirara.
258
Nadie dice nada.
Hace nada.
Mi pulso es tan rápido, la sangre bombea tan fuerte en mis venas que
puedo sentirlo en todas partes. Detrás de mis ojos. En mi cabeza. En mi
mano, que, por ahora, todavía está en la de Alex.
Pero eso no dura mucho.
Me suelta y se aleja tambaleándose de la cama.
No me mira cuando dice:
—¿De qué estás hablando? —¿Y la parte aterradora? No suena enojado.
Tampoco suena celoso.
Suena genuinamente confundido.
Tal vez incluso dolido.
—No —me las arreglo para decir, mi voz es un graznido—. Eli. No.
Alex todavía no me mira.
—Sí, pequeña. Sí. —Vuelve a suspirar y ahora puedo verlo. Está vestido
y tiene las manos en los bolsillos. Me mira fijamente mientras habla con
Alex—. Ella se siente bien, hombre. Sé por qué te gusta tanto, incluso si es
una puta de mierda.
Me estremezco, me cubro los ojos con las manos.
No está haciendo esto.
Realmente no está haciendo esto.
—Su boca. —Eli gime—. Ella también da buenas chupadas. Todo en
ella es jodidamente apretado y perfecto y, maldita sea, cuando se corre, está
tan mojada, ella solo chorrea.
No. No. No.
—¿De qué estás hablando? —Alex vuelve a preguntar, y esta vez, está
enojado. Esta vez, se vuelve hacia mí.
Dejo caer las manos de mis ojos, envuelvo mis brazos alrededor de mí
con más fuerza, deseando poder desaparecer. Deseando poder estar en otro
lugar. Lejos, muy lejos de aquí.
No debería haber venido aquí.
—No sé qué...
259
—No mientas, pequeña. —Me interrumpe Eli cruelmente—. No te
atrevas a mentir ahora.
—¿De qué está hablando? —La voz de Alex se hace más fuerte. Se
acerca a mí y puedo sentirlo. Su ira. Es como el calor que irradia de su
cuerpo—. ¿De qué carajo está hablando, Zara?
Empiezo a balancearme, mi cuerpo en una bola. Es difícil concentrarse
y pensar, y el alcohol y el éxtasis hacen que todo sea mucho más difícil. Tan
difícil.
—No me dejes. —Esto es todo lo que puedo decir. Mi voz es pequeña y
tranquila, y solo quiero irme. Como dijo Alex. Quiero que me lleve fuera de
aquí. Quiero irme—. No me dejes —le suplico de nuevo—. Por favor, no me
dejes.
Alex se acerca.
—Qué. Mierda. ¿De qué carajo está hablando, Zara? —Ahora está
gritando y presiono más fuerte contra la cabecera.
Eli no dice nada.
De repente me doy cuenta de que está disfrutando esto. Que le gusta
esto.
Intento tragar pero tengo la boca seca. Mi garganta está apretada.
—Alex. —La palabra es irregular—. Alex, por favor no me dejes.
¿Podemos irnos? ¿Podemos solo irnos?
No me dejes aquí con él.
Alex agarra mi cara, levantando mi barbilla para que lo mire.
—Dime que no es cierto.
Respiro profundamente dentro y fuera.
—Dime que no es cierto, princesa. —Ahora está suplicando. Me está
rogando—. Dime que está mintiendo.
Quiero. Dios, quiero. Las lágrimas caen por mi rostro, calientes y
húmedas contra mis mejillas, corriendo por los dedos de Alex, todavía
agarrando mí barbilla.
—Zara. —Alex cae de rodillas, dejando caer mi rostro, sus manos en
mis pies debajo de las sábanas—. Zara, por favor dime que no es cierto. —
Está tan callado, sus palabras son poco más que un susurro y tiene la
cabeza inclinada. Su cabeza está inclinada sobre mis pies. 260
Mi corazón estalla en mi pecho.
Eli sigue en silencio, observando cómo se desarrolla todo esto.
—No me dejes —digo de nuevo, sollozando—. Por favor, no me dejes,
Alex.
Está callado, y luego se pone de pie de nuevo, agarrándose el cabello
con las manos mientras me da la espalda.
—Estúpido, estúpido hijo de puta. —Las palabras apenas salen de su
boca cuando empuja a Eli contra la puerta de la habitación, y juro que
escucho la madera astillarse—. Estúpido hijo de puta —dice de nuevo, y
tiene ambas manos alrededor de la garganta de Eli. Golpea su cabeza contra
la puerta una, dos veces, el sonido es tan fuerte, el crujido del cráneo de Eli
me hace estremecer cada vez—. ¿Qué diablos te pasa?
—Alex —le digo, su nombre ronco de mi boca. Me limpio los ojos con el
dorso de la mano—. Alex, ¿podemos irnos por favor?
Alex golpea la cabeza de Eli contra la puerta de nuevo, pero Eli se ríe.
Como si no le importara. Como si fuera un maldito psicópata.
Pero Alex también se ríe.
Da un paso atrás de Eli, dejándolo ir, con las manos en alto, haciéndole
saber que ha terminado.
Se vuelve hacia mí.
—Vete a la mierda, Zara. Estoy jodidamente terminando. Ya terminé
contigo. Vete a la mierda. Encuentra tu propio maldito camino a casa.
Y luego agarra su camiseta del suelo y se la pone. Se acerca a la puerta,
agarra a Eli por el cuello, abre la puerta y empuja a Eli fuera antes de que
lo siga, cerrando la puerta con tanta fuerza que un libro golpea el suelo
desde los estantes empotrados.
Aguanto la respiración, esperando que vuelva.
Con la esperanza de que al menos me lleve a casa.
Pero no lo hace.
Pasan los minutos y no vuelve.

261
36
ELI

E
lla le suplicó.
Le suplicó cuando le di una salida.
Le suplicó como si de verdad fuera una puta.
Alex cerró la puerta con llave antes de empujarme, y luego se fue sin
decir una palabra a nadie. Pensé en derribar la puerta de la habitación en
la que estaba, pero ella jodidamente le suplicó.
Subí las escaleras. Kaitlyn estaba frente a mí, exigiendo saber qué
diablos estaba pensando.
Me fui. Que se joda. Que se joda Zara. Que se joda Alex.
Me fui a casa de mi padre. Un viaje de dos horas que hice en silencio.
Mi padre vive a diez minutos del campus de Caven, pero nunca va a su
casa. De todas formas suele estar de viaje por trabajo, o bien se está follando
a alguna zorra que apenas conoce, y no quiero oír esa mierda.
Cuando llego aquí, el sábado por la mañana temprano, se ha ido.
Sabía que se iría. Está con su chica de la semana. Es un poco irónico,
la única vez que decido venir aquí, es cuando se ha ido. Tal vez por eso estoy
aquí.
No quiero ir a mi casa ahora mismo. No quiero ver a Alex. No quiero
lidiar con esa mierda.
Jodidamente le suplicó.
Dejo mi bolsa junto a la puerta de la enorme casa vacía de papá. El
espacioso vestíbulo tiene el tamaño de un maldito dormitorio, una escalera
de caracol a mi derecha. Su despacho está a la izquierda, cerrado y
probablemente con llave. 262
A los Addison siempre les gusta mantener sus secretos cerca.
Si dejas que la gente entre, pueden hacerte daño.
Es una maldita cosa que nunca dejé entrar a Zara. Obviamente no es
quien creía que era. Supongo que pensé que esa noche, aquella en la que la
vi tomar un cuchillo del bloque, bajarse los pantalones y pasárselo por la
cadera mientras lloraba, supongo que esa noche vi algo que no estaba
realmente ahí.
Alguien que no estaba realmente allí.
Tal vez todo el tiempo que pasamos juntos no significó nada para ella.
Maldita perra.
Subo las escaleras, giro por el pasillo hacia las puertas dobles que
llevan a mi habitación. Papá y yo tenemos nuestras propias suites, como me
gustaba pensar cuando era más joven. Mamá también tenía una, la que
compartía con papá.
Pero eso fue hace ocho años.
No ha vuelto desde que se fue, dándome un beso en la frente, apretando
mis manos entre las suyas.
Abro de un tirón una de las puertas de mi habitación y la cierro. Se
estrella contra la pared, pero me da igual. Tengo la cama delante y, a ambos
lados, dos mesitas de noche de madera oscura.
Una está vacía.
En la otra hay una fotografía enmarcada.
Me dirijo directamente a ella, la levanto y la miro fijamente, como hago
cada vez que entro aquí.
La cara de un chico, con el cabello oscuro como el mío pero con ojos
más brillantes como los de mi madre, me devuelve la mirada.
Adonis.
Su nombre es mi segundo nombre. Casi como si mamá tratara de
sustituir a su familia por completo cuando volvió a Grecia.
Adonis es mi medio hermano que nunca he conocido. Viviendo una vida
que estaba destinado a vivir.
Me la robó.
Jodidamente me la robó.
Lanzo el marco contra la puerta de cristal que da a mi balcón, y se 263
rompe en pedazos que caen al suelo de madera.
No es suficiente.
Me paso las manos por el cabello, mirando alrededor de esta habitación
vacía. No hay nada más que romper, joder. Realmente no vivo aquí, nunca
lo hice.
Pasé por los movimientos.
Me duchaba.
Lavé la ropa.
Me masturbé.
Me acosté con chicas.
Comía en la cama.
Miré las fotos de Adonis que mamá enviaba cada año con una carta
deseándome lo mejor.
Sin embargo, no viví.
No he hecho eso durante mucho tiempo.
Así que no hay nada más que romper.
Está mi vestidor, pero está vacío. Me llevé todas mis cosas cuando me
mudé.
De todos modos, le doy una patada a la cómoda, y me encanta el dolor
que se extiende desde la punta del pie hasta el muslo. Vuelvo a patearla, la
madera se astilla.
Se siente muy bien.
Imaginar que mi padre lo ve hace que me sienta aún mejor. Él lo hizo.
Probablemente la abrazó con fuerza. Probablemente la asfixió. Nunca quiso
visitar a su familia. Nunca quiso perderla de vista. Es por eso que hizo una
oficina en casa tan elaborada.
Siempre estaban juntos cuando él no estaba en la oficina.
Pensaba que era porque eran felices.
En realidad, era porque ella estaba atrapada. Él no la dejaba vivir.
Pero dejaba vivir a Zara. La dejaba hacer lo que quería.
Y le rogó.
El que no la deja hacer una mierda.
264
Vuelvo a patear la cómoda. Y otra vez. Y otra vez. Y pronto hay un
agujero en la parte inferior y mi corazón late con fuerza, con sudor en la
nuca.
Vuelco todo el maldito mueble y se hace añicos en el suelo, con el
sonido resonando en mis oídos.
Mi pecho se agita y doy un paso atrás, contra la pared. Me golpeo la
cabeza contra ella y cierro los ojos, con las manos cerradas en un puño.
Entonces todo se vuelve a enfocar.
Todo lo que hice.
Todo lo que debería haber hecho.
La escena con Zara en la piscina se reproduce en mi cabeza. Cómo me
zambullí para salvarla.
Luego una con ella entre Alex y yo esa noche que Rihanna murió.
Realmente no quería hacerle daño.
Sólo quería que aprendiera una lección. Sólo quería que supiera que él
no era bueno para ella. Nunca ha sido bueno para ella.
Nunca la dejó respirar sin él. Nunca la dejó vivir sin él. Al igual que mi
padre, con mi madre.
Por eso me retuvo.
Sé que es su culpa.
Él era demasiado para ella. Era demasiado controlador. Demasiado
exigente.
Dejaría que Zara hiciera lo que quisiera, si me eligiera.
En lugar de alguien que quiere cambiarla.
Sabía que Zara era una causa perdida desde que la conocí. Pero no me
importaba. No quiero cambiarla. Tampoco quería cambiar por ella.
Podíamos ser tan jodidos como quisiéramos, juntos. No he ido a ninguna de
mis citas, por ella. Porque ella me querría tal y como soy.
Golpeo mi puño contra la pared.
Mi tipo de mierda es la que no puedo contar a nadie que conozca. Pero
es del tipo que entendería.
Pero le rogó. Incluso después de que la tratara como una mierda.
Tal vez eso es lo que quiere.
265
Tal vez quiere que alguien trate de salvarla, después de todo. Salvarla
con violencia y amenazas y palabras crueles.
Alguien que no la acepte por el desastre que es.
Si eso es lo que quiere, también puedo dárselo.

266
37
ZARA

S
eptiembre se desvanece en octubre.
A veces veo a Alex por el campus, riendo y bromeando con
sus amigos. Lo veo en el almuerzo cuando me encuentro con
Kylie. A veces mira hacia mí, pero no habla. No saluda.
No hemos hablado desde que dejó la casa de la playa.
Dwight me llevó a casa. Me preguntó por Alex. No le dije nada.
Escuché hablar de Eli, pero supongo que nuestros horarios no
coinciden porque, por suerte, no lo veo. Escuché que le ha ido muy bien en
todos sus peleas. Es todo lo que escucho de él.
Elogios.
No intenta ponerse en contacto conmigo.
Supongo que el juego que los tres jugamos realmente ha terminado.
Nadie ganó después de todo.
A veces, me froto el pulgar sobre la cadera y lo recuerdo.
Recuerdo sus palabras de aquella vez que vino a mi apartamento: “Esas
cicatrices son hermosas, pequeña”.
Supongo que realmente era una distracción para él. Un juego para él.
Ahora, Jax y Kylie y mis profesores son el límite de mis interacciones
sociales, y evito a estos últimos tanto como sea posible. Voy a clase, me
escabullo, hago mi trabajo en una neblina inducida por Adderall, bebo
jarabe para la tos y me voy a dormir.
Pero soy responsable. Los miércoles no tomo nada. Los miércoles son
para reiniciar.
267
Los miércoles son una maldita basura.
También intento ir al pequeño parque que rodea el campus todos los
días. El tiempo se está volviendo fresco, y es agradable estar al aire libre por
ello.
Algunos de mis viejos amigos de la ECU me mandan mensajes de texto
a veces, pidiéndome que baje a las fiestas. Todavía no tengo coche. O un
trabajo. Todavía no quiero conseguir uno.
Estoy haciendo un trabajo sobre Epicteto, un esclavo convertido en
filósofo que dijo: “No puedes aprender lo que crees que ya sabes”, pero me
gustaría poder hacer una sesión de espiritismo y preguntarle qué pasa
cuando no crees que sabes una mierda y sigues sin aprender nada.
No sé una mierda.
No estoy aprendiendo.
Parece una buena filosofía estoica, estar siempre abierta a la sabiduría
porque no sabes nada. Pero resulta que no es útil en mi vida diaria. Creo
que nunca aprenderé.
Dos viernes antes de Halloween, me pongo el bolso al hombro después
de salir de un seminario sobre la antigua filosofía griega, con las manos
metidas en los bolsillos de mi sudadera con capucha de cebra a rayas
blancas y negras. Un regalo de mi madre que en realidad me encanta.
Volvemos a hablar, y parece feliz.
Eso es bueno, supongo. Pero como que no me importa casi nada. El
subidón que sentí después de aquella noche con Eli y Alex, antes de que
todo se fuera a la mierda, hace tiempo que desapareció. Y ni siquiera las
drogas pueden recuperarlo. Pero sigo tomándolas de todos modos, con la
esperanza de que despierten algo en mí.
Me cubro la cabeza con la capucha mientras una ligera niebla
desciende sobre el campus, y no estoy prestando ninguna atención a dónde
voy, sólo mirando mis botas negras de cuña, cuando casi choco con un
maldito poste de luz.
Levanto la cabeza, asustada y mirando a mi alrededor para asegurarme
de que nadie me ha visto. El campus está muerto. Son las cuatro de la tarde,
lo que significa que la mayoría de la gente probablemente esté de camino a
sus fiestas o partidos (hay un partido en casa esta noche, basado de todo el
Caven azul que he visto por el campus) y, de todos modos, a nadie le importa
una mierda que una chica casi se choque con un poste. Me pregunto si Alex
estará contento de volver a jugar. 268
Lo alejo de mi mente mientras miro fijamente el poste de la luz, viéndolo
realmente por primera vez.
Hay una hoja de papel pegada a él y la miro durante más tiempo del
que debería.
Es Rihanna.
La fotografía está en blanco y negro, pero sé que su cabello largo y
brillante es castaño. Creo que sus ojos eran azules o quizá verdes, o quizá
no lo sé en absoluto. Está sonriendo, vestida con su uniforme de animadora
azul y naranja, arrodillada con sus pompones en la mano.
Hay una escritura tipo cursiva que dice: “¡Vive la vida al máximo!”.
Quiero romper el papel, pero me parece mezquino. Supongo que lo es.
Supongo que lo es, pero mirarla, viva, me hace pensar en ella, muerta, y eso
me hace sentir incómoda.
También me hace pensar en las palabras de Alex: “Si la tocas, juro por
Dios, Rihanna, que te ahogaré en mi piscina”.
¿Por qué no le dije eso a la policía? No lo sé. Estoy segura de que no
importa. Estoy segura de que no haría daño a nadie.
Detuvo a Eli. Esa noche, y la de la playa. Lo detuvo.
Y por lo que sé, él y Eli siguen viviendo juntos. Fueron capaces de
apartarme y volver a ser hermanos. Sí.
Alex Christian Cardi no es del tipo asesino.
Pero a veces me sigue enviando ese video en el que me arranca la parte
superior del bikini, la sonrisa de regodeo en su cara, la forma en que agachó
la cabeza hasta mi cuello. Mi mirada de ojos abiertos, como si no supiera
qué demonios estaba pasando.
Sobre todo, porque no lo sabía.
También recuerdo las palabras que me dijo, antes de empujarme a la
piscina, cuando le dije que estaba demasiado borracha para nadar.
—Sí, esta es la cuestión, princesa. Deberías haber pensado en eso antes
de meter la polla de Jamal en tu bonita boquita.
Eli lo hizo mucho peor, pero no pienso en él.
Él también era una distracción.
Raspo mi zapato contra la calzada de ladrillos, todavía con la mirada
269
fija en ese trozo de papel. Una chica murió en una piscina y yo la encontré,
y no siento nada.
Tal vez piense que tuvo suerte, en realidad.
La muerte es la salida fácil.
Si ese Narcan 8 no hubiera sido administrado porque una chica sobria
en la fiesta a la que fui en primavera estaba prestando atención, también
habría llegado a probarlo. A caer en un hermoso olvido.
Todo habría terminado entonces. Nunca habría conocido a Alex o a Eli.
Nunca hubiera jodido sus mundos. Demonios, incluso tal vez Rihanna
podría estar viva.
Mi teléfono zumba en el bolsillo y aparto los ojos de la foto.
Saco el teléfono y miro los mensajes de texto. Hay un mensaje anterior
de mamá. Quedé con ella para cenar la semana que viene porque tengo
muchas ganas de que alguien me invite a cenar fuera y no quiero pedirle
más dinero para que no sospeche que me gasto todo lo que me manda en
drogas, que es lo que hago. Y un mensaje de Jax.
Él: ¿Quieres venir?
Hace tiempo que no salgo de fiesta con él. Pasé por aquí, por supuesto.
Fui caminando. Hice que Kylie me llevara, diciéndole que tenía que recoger
unas notas para la escuela, aunque él no va a la escuela.
Todas mentiras para conseguir lo que necesito, pero no he pasado nada
de tiempo con él.
Sin embargo, Kylie ya se ha ido a casa el fin de semana, para cenar con
sus padres e Ian. Me pregunto si todavía me espía para Alex, pero tengo la
sensación de que a él no le importa. Casi quiero preguntarle, pero ahora no
importa.
Nada de eso jodidamente importa.
Vuelvo a mirar mi teléfono.
¿A qué hora?, le pregunto a Jax.
¿Qué voy a hacer si no? Sentarme en mi habitación y beber NyQuil
hasta quedarme dormida, o hasta que me falle el hígado.
Jax: ¿Te recojo en diez?
Sonrío a mi teléfono bajo la lluvia, el campus tranquilo y sereno a mi
alrededor.

8
Narcan es un medicamento recetado que revierte una sobredosis de opioides, 270
independientemente de si el opioide es una droga ilegal como la heroína, o un medicamento
recetado como la oxicodona, vicodin o percocet.
Yo: Que sea en veinte.
Meto el teléfono en el bolsillo trasero y me voy a mi apartamento.

271
38
ZARA

J
ax y yo somos las primeras personas allí, y estoy contenta.
Me ofrece una bebida tan pronto como entramos en su
cocina, pero justo antes de que vaya a servir el mix, Diet Coke,
niego con la cabeza.
—Nah. Han sido unas semanas difíciles. Dame ron puro.
Jax me mira con una media sonrisa, se pasa la mano por la nuca y se
encoge de hombros.
—Está bien —dice perezosamente, tapando la Coca-Cola Light y
tirándola de vuelta al refrigerador.
Mientras él está ocupado con eso, yo sola me sirvo, sirvo el ron hasta
que llena la mitad del vaso.
—Oye, relájate —dice Jax con una pequeña risa—. No quieres ser
descuidada.
Siempre soy jodidamente descuidada. En lugar de decir eso,
simplemente inclino el vaso hacia atrás y bebo todo lo que puedo soportar
antes de sentir que podría vomitar. Golpeo el vaso, derramando el contenido
dentro mientras me limpio la boca con el dorso de la mano.
Jax da un sorbo a su propia bebida. Una cerveza. Es mucho más
responsable que yo.
—Entonces, ¿realmente has terminado con ese jodido mariscal de
campo? —me pregunta con calma, apoyado en la encimera de la cocina.
Mi estómago arde con el ron y también se revuelve con la pregunta de
Jax. Él no sabe la verdad, por supuesto, porque a mí no me gusta decir la
verdad. Me encojo de hombros.
272
—Sí —le digo, tratando de mantener la emoción fuera de mi voz—.
Terminamos.
Jax levanta su cerveza en un movimiento de “salud”, y toco mi vaso con
la suya y bebo de nuevo.
—Bueno. —Traga su cerveza—. No me gustaba ese tipo.
Me río un poco y dejo mi vaso en la mesa. Ya me siento un poco
borracha y uso el mostrador para sostenerme.
—Ni siquiera lo conocías —señalo.
Jax se encoge de hombros, arquea la boca hacia un lado.
—Sí, bueno, que se joda de todos modos.
Me eché a reír y tomo otro trago para ocultar mi sonrisa. Joder. Bien
podría terminar todo. De todos modos, no me gusta mucho estar despierta
hoy en día. Si me desmayo, Jax me pondrá en el dormitorio de invitados y
me quedaré dormida. Lo termino, haciendo una mueca de dolor cuando me
quema la garganta, y luego empiezo a girar el vaso vacío en el mostrador.
—Jax —comienzo, tragando y mirando mis zapatos negros—, ¿alguna
vez has querido estar sobrio?
En ese momento, la puerta se abre y miro por encima del hombro
mientras siento entrar el aire fresco de octubre.
Un par de chicos levantan las manos a modo de saludo y yo asiento.
—Enciendan la música —les dice Jax a los chicos—. Siéntete como en
casa. Hay hierba en la mesa.
Los chicos levantan el pulgar y se dirigen a la sala de estar, cerrando
la puerta antes de hacerlo. Uno me llama la atención. Tiene el cabello rubio
oscuro, vestido todo de negro. Parece un poco mayor que yo y estoy segura
de que no va a Caven. Sus ojos permanecen en mí un momento antes de
que finalmente siga a su amigo a la sala de estar, desapareciendo de la vista.
La música comienza allí, pero cuando me vuelvo hacia Jax, se
desvanece. Se queda callado un momento mientras me mira fijamente, y el
extraño silencio es casi ensordecedor, aunque no es real. A pesar de que los
chicos están hablando en la sala de estar y la música se pone más fuerte,
todavía se siente en silencio.
Últimamente me he dado cuenta de que la mayoría de las cosas son así
para mí. Casi como si me estuviera disociando de mí misma.
273
Me pregunto si son todas las drogas. Me pregunto si me estoy volviendo
esquizofrénica o algo así. Me pregunto si siempre he sido así. Realmente no
puedo recordar.
—No —dice finalmente Jax, suspirando mientras lo hace—. Recuerdo
lo que era estar sobrio. No me sentía bien en mi propia piel.
Miro hacia arriba y le devuelvo su pequeña sonrisa con una propia.
Pero la verdad es que todavía no me siento bien en mi propia piel.
Sin embargo, ahora mismo me siento un poco inestable.
Inestable en mis pies.
Agarro el mostrador y Jax levanta las cejas.
—¿Necesitas algo de comer? —pregunta, todavía trabajando en esa
primera cerveza. Mientras tanto, me he bebido alrededor de media docena
de tragos en aproximadamente la misma cantidad de minutos.
Niego con la cabeza, sonriéndole.
—No. ¿Quién era ese tipo? —pregunto en cambio, señalando con el
pulgar por encima del hombro, hacia la sala de estar—. ¿Con el cabello
rubio? —Mis palabras ya son arrastradas y me río un poco mientras Jax
sonríe levemente—. ¿Quién era él?
Jax suspira y deja su cerveza. Toma mi mano en la suya.
—Vamos, te presentaré.
El chico se llama Ben, y Ben es dueño de una granja. Una granja jura
por Dios. Me lo dice y le doy una palmada en la rodilla, riéndome en el sofá
junto a él.
Algunas personas más están aquí, algunas de ellas en el suelo
alrededor de la mesa de café, jugando a las cartas y drogándose. Veo que
alguien aspira una línea y mis ojos encuentran instintivamente a Jax,
aunque mi mano todavía está en el muslo de Ben.
—¿Puedo tener un toque? —le pregunto a Jax, que está a mi otro lado.
Asiento hacia la mesa donde la línea ha desaparecido, pero sé que Jax tiene
más.
Jax simplemente niega con la cabeza.
—Creo que estás bien por ahora, Za.
Cuando me llama así, pienso en Alex y siento un nudo en la garganta.
274
Me vuelvo hacia Ben, que me mira con grandes ojos azules. Tiene
treinta años, me dijo. Tiene treinta, diez años mayor que yo, y nunca me he
acostado con alguien mucho mayor.
Se lo digo.
Pone su mano sobre la mía en su muslo.
—Cálmate, nena —dice con una pequeña sonrisa—. No creo que estés
lo suficientemente sobria para todo eso.
El ruido es fuerte a nuestro alrededor y sé que nadie lo escuchó
rechazarme, pero no me gusta. Hace que mis mejillas se sonrojen, y el agua
del vaso que Jax me dio salpica mientras inclino un brazo a través de dos
personas sentadas en la mesa frente a mí y dejo mi vaso.
Me doy la vuelta para mirar a Ben y rodeo con el brazo sus anchos
hombros. Tiene mucha barba incipiente en la mandíbula y hay líneas tenues
debajo de sus ojos azules.
Me alegro de que no sean marrones. Si se pareciera a Alex, no podría
hacer esto.
—No necesito estar sobria para follar —le digo a Ben, inclinándome
cerca de él, mis palabras en su oído.
Jax se aclara la garganta a mi otro lado.
—Oye, Za, quiero mostrarte algo.
Ben mira más allá de mí, intercambiando una mirada con Jax. Creo
que están hablando de mí, pero no sé lo que están diciendo sin palabras.
No me gusta.
Pero cuando Jax agarra mi mano, me vuelvo hacia él y dejo que me
ayude a ponerme de pie.
Quizás Jax me folle.
Con cuidado, me guía a través de la sala de estar llena de gente, y luego
desaparecemos por un pasillo. Estoy inestable sobre mis pies, apoyada
contra Jax, enlazando mi brazo con el suyo.
—¿Quieres dormir conmigo? —murmuro, descansando mi cabeza
contra su hombro—. Porque puedes, ya sabes. Siempre pensé que eras sexy.
Jax se ríe, sacudiendo un poco la cabeza mientras nos detenemos
frente a su habitación de invitados.
275
—¿En serio? —pregunta, abriendo la puerta.
Asiento, me giro para besar su mejilla.
Me deja, y luego cierra la puerta después de que entremos a la
habitación.
Me dejo caer en la cama, de espaldas, mirando al techo que parece girar
sobre mi cabeza. Jax enciende la lámpara junto a la cama y se sienta a mi
lado.
—Tócame —le susurro, con los ojos todavía en el techo—. Tócame, Jax.
Jax se aclara la garganta. Lo miro, veo sus manos juntas, muñecas
sobre sus rodillas.
—Estás muy borracha, Za. Solo nos vamos a relajar, ¿de acuerdo?
Mi corazón late con un ritmo desigual en mi pecho.
—No. Tócame. Por favor. —Mi voz es ronca y mis palabras se arrastran,
pero él sabe lo que dije.
Él sabe.
Agarro su mano cuando no hace lo que le dije, la pongo sobre mi
vientre, donde se me ha subido la camiseta.
Sus dedos están tan calientes.
Me recuerdan a Alex.
Intento bajar su mano, pero me detiene. Solo mantiene su mano en mi
bajo vientre.
—Zara —dice en voz baja, volviéndose hacia mí, manteniendo su mano
allí, justo debajo de la mía—. Creo que necesitas ayuda.
Cierro los ojos y gimo.
—Tú no también —le digo, molesta—. No tú. Eres mi amigo, Jax. Tú
eres mi amigo. —Intento empujar su mano hacia abajo de nuevo, debajo de
la cintura de mis vaqueros, pero la mantiene firmemente plantada en mi
estómago.
Aprieto los muslos juntos, los ojos aún cerrados mientras me acuesto
en la cama.
—Soy tu amigo —me asegura, su voz baja y suave—. Soy tu amigo. Y
esta noche, creo que deberías dormir así, ¿de acuerdo?
Dejo ir su mano y dejo la mía a mi lado mientras lo miro de nuevo. Sus
ojos son de un azul oscuro. Como el océano. 276
El océano me recuerda a Alex. Y su papá. Y su mamá.
Y cómo me dejó.
—Lo extraño —digo de repente.
Los ojos de Jax se suavizan.
—¿Quién? —pregunta en voz baja.
Miro al techo de nuevo, mi cara enrojecida.
—Alex —lo admito—. Lo extraño.
La mano de Jax se mueve solo un poco sobre mi estómago, como si me
estuviera tranquilizando.
—¿Lo haces?
Asiento sin mirarlo.
—Sí. —Me muerdo el labio—. Lo extraño mucho.
Un momento de silencio, y luego Jax dice:
—¿Dónde está tu teléfono, nena?
Lo saco de mi bolsillo trasero, levantando mis caderas un poco y
secretamente esperando que Jax mueva su mano por mis pantalones, pero
no lo hace.
Le doy a Jax mi teléfono, sin importarme por qué lo quiere.
Él lo toma y yo sigo mirando al techo.
—¿Alex fue bueno contigo? —me pregunta Jax.
Mi labio inferior tiembla. Asiento de nuevo.
—Él era tan bueno.
Jax suspira.
—Hice algunas averiguaciones para ti.
Mi estómago se aprieta. No aparto los ojos del techo.
—Sobre esa fiesta. —Jax deja escapar un suspiro, presiona un poco
más fuerte contra mi piel, pero sigue siendo tan gentil—. No creo que fuera
él, Zara. No creo que haya hecho nada malo.
Siento lágrimas en mis ojos.
—Yo tampoco, Jax. Yo tampoco.

277
39
ZARA

M
e voy a casa.
En medio de la noche, o en la mañana, supongo, Jax me
llevará a casa. Porque le rogué. Le rogué que me dejara dormir
en mi propia cama. Se quedó dormido a mi lado, sin tocarme, y me desperté
rogando.
Porque necesito conseguir mi suministro y sé que no me lo dará.
Jax baja las ventanillas de su Camaro, y yo extiendo el brazo, dejando
que la brisa fresca sople contra mi piel. No creo que esté muy feliz de
llevarme a casa a esta hora de la noche, pero lo está haciendo.
—¿Qué vas a ser para Halloween? —le pregunto, riéndome de mi propia
pregunta, aunque no es graciosa.
El aire otoñal huele increíble; como bosques y fogatas y vida, aunque
no creo que haya una sola fogata en este tramo de la carretera en este
momento. Puedo olerlo de todos modos, los aromas vivos en mi cerebro.
Me encanta el otoño.
A mamá también le encantaba decorar para Halloween. Hizo que su
marido del año se uniera a eso también. Creo que debería llamarla pronto.
Creo que el próximo fin de semana no cancelaré su cena como suelo hacer.
Creo que me gustaría verla pronto. La extraño. Creo que necesito a
alguien ahora, y ella es mi mamá después de todo.
Cierro los ojos, flotando los dedos en el aire mientras Jax sigue
adelante. Pero detrás de la negrura de mis párpados, veo a Alex. Veo sus
profundos ojos marrones, esas motas de ámbar.
Mi estómago se revuelve.
278
Abro los ojos justo cuando Jax finalmente responde:
—Un traficante de drogas. —En un tono plano.
Me vuelvo para mirarlo, pero veo el atisbo de una sonrisa en sus labios.
Estallé en carcajadas que retumban en mi pecho y él se une, una mano
perezosa en el volante, sus ojos medio abiertos mientras conduce.
—¿En serio? —le pregunto entre ataques de risa—. ¿De verdad?
Él se encoge de hombros.
—Disfraz fácil. —Me mira antes de que sus ojos vuelvan a la carretera—
. ¿Qué pasa contigo?
—Una puta —dije inexpresiva, mirándolo con atención.
Sacude la cabeza y frunce un poco la comisura de la boca.
—No eres una puta —dice en voz baja.
Pongo los ojos en blanco, me vuelvo para mirar mis dedos bailando en
el viento por la ventana, apenas visibles en la oscuridad de la noche.
—Lo soy, pero está bien.
—No lo eres.
—Lo que sea.
Pienso en lo que dijo Eli, en la palabra “puta”. Dices la palabra como si
fuera algo malo.
Alex pensó que era algo malo.
Alex siempre me quiso.
Jax y yo no hablamos mucho después de eso.
Entro a trompicones a mi apartamento, la cabeza dando vueltas en su
mayoría con cosas buenas gracias al hecho de que todavía estoy un poco
borracha, pero también algunas malas.
Principalmente viendo a Alex salir sin regresar.
Principalmente pensando en Eli sosteniéndome bajo el agua.
Entro al apartamento, cierro la puerta a mi espalda. Está tranquilo y
pienso en poner mi música a todo volumen cuando me acuesto. Me dirijo a
mi habitación, haciendo tintinear mis llaves. Cuando las drogas lleguen a
mi sistema, estaré bien. Seré fuerte. Seré valiente y todo lo que pasó hace
todas esas semanas estará bien.
—Zara. 279
La voz de Kylie destroza mi invencibilidad. Me detengo a medio camino
de mi habitación. Está completamente oscuro en el apartamento, solo las
luces del microondas y la hora en la estufa brillando en verde.
Giro la cabeza en la dirección de su voz y veo una sombra en el sofá.
Mierda. Pensé que se había ido el fin de semana. Por la semana, en
realidad, porque las vacaciones de otoño comienzan el lunes.
—Kylie, ¿qué estás...?
—Alex me llamó.
Mi estómago se revuelve, mi subidón baja. Pienso en Eli. No estaba
mintiendo. No estaba mintiendo sobre eso.
—¿Por qué diablos...?
—Me dijo dónde has estado. Quería que me asegurara de que estabas
bien.
¿Cómo lo sabe?
Y luego pienso en Jax pidiendo mi teléfono.
Ese hijo de puta. Todos me han traicionado.
Kylie se aclara la garganta y la veo ponerse de pie.
—Zara, creo que necesitas ayuda.
Dejo caer mis llaves al suelo con estrépito y me vuelvo para mirarla de
frente. En la oscuridad, es más fácil decirle exactamente lo que pienso sobre
Alex jodido Cardi y ella en mis asuntos. Y ella como persona, mientras estoy
en eso. Si ella no va a estar de mi lado, entonces que se joda. Pensé que
éramos amigos.
—Alex y yo no estamos juntos. No soy su problema, y lo que haga ya
no es asunto suyo. —Doy un paso hacia ella—. O el tuyo, Kylie.
Silencio.
Creo que puedo escuchar su respiración. O tal vez esa soy yo, no lo sé.
Y luego enciende la luz de la sala de estar y me tambaleo hacia atrás,
protegiéndome los ojos. Joder, eso es brillante.
Parpadeo un par de veces, bajo el brazo. Kylie tiene rímel manchado
por sus mejillas, un pañuelo de papel hecho una bola en su mano. Ni
siquiera sabía que usaba rímel. No tengo idea de por qué diablos está
llorando. 280
Lleva pantalones largos y peludos y una camiseta rosa fuerte, que es
tan diferente a su pijama habitual, sensible y a juego.
—¿Kylie? —Mi voz sale como un graznido. A la luz, casi me arrepiento
de lo que le dije.
Casi.
Pienso en Alex y me duele el corazón. Lo recuerdo saliendo. No tenía
derecho a dejarme.
Aprieto una mano en mi pecho.
Los ojos enrojecidos de Kylie siguen el movimiento y sorbe, pasando el
pañuelo sobre su nariz.
—Oh, Zara... —Sus hombros tiemblan.
Los ojos de Alex.
Sus hermosos ojos.
La forma en que Eli me engañó.
Eli me jodió la cabeza y me tendió una trampa.
—Zara. ¿Qué has hecho? —pregunta Kylie.
Niego con la cabeza, sacudiéndome el recuerdo también.
—Zara —solloza Kylie de nuevo, dando un paso hacia mí.
Doy un paso atrás.
—No. —Cierro los ojos y vuelvo a decir:
—No. Estoy jodidamente bien.
Kylie se acerca. Puedo sentirla frente a mí. Escucharla sollozar.
—Zara. Alex dijo que...
Me tapo los oídos con las manos. —Me follé a los dos. —Lo digo una y
otra y otra vez—. Los follé, los follé, los follé.
Kylie me da un abrazo y dejo caer mis manos, hundiéndome contra
ella. Este es el final.
Todo al descubierto.
Esto es el fin.
—No importa —le susurro en el hombro mientras me abraza, el dulce
aroma de su champú con aroma a frambuesa me llena la nariz—. No
importa, no importa. 281
—Zara...
—Alex puede irse a la mierda. —Mi voz se quiebra y siento lágrimas
punzando detrás de mis ojos, pero los cierro con fuerza. No, no, no. Él trató
de ahogarme. Me avergonzó. Me metió una pastilla en la boca.
Él me hizo daño.
Dios, me hizo mucho daño.
Casi me hizo pensar que me merecía el amor. Casi me hizo amarme a
mí misma.
—Alex puede irse a la mierda —le susurro, dejando que las lágrimas
caigan por mis mejillas mientras Kylie aprieta su agarre sobre mí—. Él
piensa que estoy loca. Cree que soy una puta. Él... él...
—Él se preocupa por ti. —La voz de Kylie es un susurro y siento que
me duele el corazón ante sus palabras, pero niego contra su hombro. Ella
no lo sabe. Ella me advirtió que me alejara de él. Ella no lo conoce. Ella
tampoco me conoce. Ella no tiene ni idea.
—No. Él odia... me odia a mí...
—Esto no se trata de él, Za —susurra Kylie, acariciando mí cabello—.
No se trata de él.
Trago el nudo en mi garganta.
—No se trata de Alex o Eli...
Le dijo a ella. Ese hijo de puta le dijo.
Aprieto los ojos con más fuerza, mi barbilla tiembla.
—No entiendo...
Oigo abrirse la puerta del apartamento. Ráfagas de aire frío.
La puerta se cierra.
Intento soltarme del agarre de Kylie mientras abro los ojos. Los pasos
se acercan.
—Esto no se trata de ellos —dice Kylie de nuevo, todavía abrazándome.
—Esto se trata de ti, princesa —dice la voz tranquila de Alex desde el
pasillo oscuro.
—Lo siento mucho —susurra Kylie, finalmente retrocediendo pero sin
soltar sus manos de mis hombros—. Lo siento mucho, pero...
—No soy. —La mirada oscura de Alex está fija en la mía.
282
—Lo dejaste entrar aquí. —Las palabras son poco más que un susurro.
Kylie aprieta mi hombro.
—Lo siento pero…
Levanto mis manos, quitando las suyas de mí mientras me giro para
mirar a Alex.
—Lo dejaste entrar aquí. ¡Ni siquiera lo conoces! Le dejas...
—Cállate, Zara. Suenas como un puto niño —espeta Alex.
Kylie se vuelve para mirarlo, y una risa brota de mi garganta.
—Oh, ¿crees que eso es malo? —Resoplo.
Alex da un paso hacia mí.
—Oh, Kylie. No tienes ni puta idea de cómo es Alex. ¡Tú misma me
advertiste sobre él!
—Él dijo que quería ayudar...
Alex se pone en mi cara.
—La estoy ayudando —interrumpe a Kylie—. No te irás de aquí hasta
que yo sepa que has terminado con esas pastillas, Zara. Hasta que juntes
tu mierda. Hasta que deje de escuchar cómo te deslizas de tu silla en clase
y caminas en una maldita niebla e incluso tu distribuidor está preocupado
por ti.
Me río de nuevo, al borde de la histeria. Me limpio los ojos con el dorso
de la mano y me pongo de puntillas.
—¿Y crees que realmente me vas a tener aquí en mi propio maldito
apartamento? Eres tan tonto como jodidamente pareces.
Parece que quiere golpearme en la cara y yo quiero que lo haga.
—Zara —dice Kylie.
Me vuelvo para mirarla y señalo su rostro con el dedo.
—Joder, tú hiciste esto. Tú me tendiste una trampa. Me estás
apuñalando por la espalda...
Alex agarra mi dedo y lo tira hacia abajo, girándolo mientras lo hace.
Luego me apoya contra el mostrador, dejando caer mi mano y enjaulando
sus manos a cada lado de mí.
—Estás sucia, Zara. Ya terminé contigo. Pero me niego a dejar que te
destruyas. No tendré eso en mi conciencia.
283
Empujo contra su pecho.
—¿Qué maldita conciencia?
Se frota la mandíbula con la mano y la vuelve a colocar en el mostrador
a mi lado.
—Es curioso, Zara, teniendo en cuenta la última vez que te vi, estabas
siendo bombeada por completo por mi mejor amigo.
—¡Suficiente! —espeta Kylie, viniendo a pararse a nuestro lado y
empujando a Alex lejos de mí. Su mandíbula hace tictac pero no rompe mi
mirada incluso cuando deja caer sus manos—. Déjala en paz, ¿de acuerdo?
Dame algo de tiempo con ella.
—Estoy aquí jodidamente. No necesitas hablar de mí como si fuera...
—¡Cierra. La. Maldita. Boca!
Me estremezco, sorprendida cuando miro a Alex a los ojos, su rostro es
una máscara de furia.
—No te voy a dejar sola con nadie. —Le lanza una mirada a Kylie, cuyos
ojos se endurecen. Subestimé a mi compañera de cuarto. Es más dura de lo
que pensaba, lo que en este momento no es bueno para mí.
Pero es Alex quien sigue hablando.
—No te dejaré hasta que hayas arreglado tu mierda.
Me río, poniendo los ojos en blanco, tratando de recuperarme del miedo
momentáneo.
—¿Vas a saltarte todas tus clases? Perderte todas tus jodidas fiestas de
fútbol y tu práctica y tu...
—Puede que lo hayas olvidado, porque estás demasiado ocupada
usando tu coño como aspiradora, pero las vacaciones de otoño comienzan
el lunes, princesa.
La cara de Kylie se vuelve de un rojo alarmante, pero no duda en saltar
en mi defensa.
—¡Si te vas a quedar en nuestro apartamento, no puedes hablarle así!
Alex sonríe. Envía un escalofrío por mi columna vertebral.
—Entendido, señorita Jones. Me aseguraré de hablar con ella
exactamente como se merece.
La voz de Kylie tiembla de furia cuando dice: 284
—Alex, me voy mañana. Si no puedes cuidarla como decías querer, la
llevaré conmigo y tú puedes...
—He terminado con ustedes dos. —Me doy la vuelta para irme y me
dirijo directamente a la puerta principal. No soy un niño. No soy una adicta.
Estoy jodidamente bien y estos dos imbéciles solo quieren arruinar mi viaje.
Tal vez tenga un pequeño problema. Pero no es nada que no pueda
afrontar yo misma. Que se jodan a ambos. Seguramente Alex tiene mejores
cosas que hacer que cuidar niños. Yo no soy su problema. Y está enojado
porque me follé a su compañero de cuarto, pero no tiene ningún derecho.
No tiene ningún derecho de mierda a estar enojado.
Que se joda.
No lo quiero.
No quiero a nadie.
Solo quiero estar sola.
Abro la puerta y justo cuando estoy a punto de abrirla, Alex golpea su
mano contra ella.
—No te vas, princesa.
—Lo juro por Dios, llamaré a la policía si no me dejas...
—Por favor, hazlo. —Da un paso hacia mí y me lleva a un rincón junto
a la puerta—. Por favor, maldita sea, llama a la policía, para que vean lo
borracha que estás ahora. Para poder mostrarles la mierda que guardaste
en una maldita caja de tampones...
Le doy una bofetada.
No lo creo, simplemente lo hago.
—¡No tenías ningún jodido derecho! —Lo abofeteo de nuevo. Mueve su
mandíbula, se vuelve hacia mí con los dientes apretados—. ¡No tenías el
maldito derecho a pasar por mi mierda! ¿Sabes cuánto cuesta esa mierda?
—Si también empiezas a follarte a tu distribuidor, Za, deberías obtener
un buen descuento, ¿eh? ¿O tu coño ya no es tan bueno?
Una vez más, levanto la mano para abofetearlo, y nuevamente, él me
deja. Me duele la mano, el sonido resuena en el apartamento y Kylie jadea
en algún lugar detrás del gran cuerpo de Alex.
—Hazlo una vez más —me dice en voz baja—. Te reto.
285
—Zara, no lo hagas —dice Kylie, suplicándome.
Pero lo hago. O al menos, lo intento. La rabia me está volviendo loca.
Estoy lista para pegarle en la cara a Alex Cardi.
Pero me detiene.
Agarra mi brazo, me fuerza más contra la pared, mi cabeza golpea
contra ella, su agarre en mi brazo es doloroso. Kylie lo llama por su nombre,
pero él la ignora, se pone en mi cara, sus ojos oscuros charcos de ira en la
tenue luz que se colaba por debajo de la puerta del apartamento.
—No dejaré que te mates. No te mereces el puto descanso.
Él sujeta mi otro brazo contra la pared mientras trato de apartarlo.
—A Eli nunca le importaste un carajo, y maldita sea, me gustaría poder
decir lo mismo, pero me importas, Zara. Joder.
—Eso no es…
—Eli no te ama. Está enfermo, como tú. Pero te amo tanto como te odio,
y no dejaré que te pongas peor. Ahora —apoya su cuerpo contra el mío y
contengo la respiración—, me quedaré aquí contigo esta semana entera.
Puede hacerlo fácil o difícil. Pero si intentas irte sin mí, llamaré a tu madre
y ella te internará. ¿Lo entiendes?
No.
Trago mi ira, tratando de trabajar desde un ángulo diferente. Gritarle
a Alex no me conseguirá lo que quiero. Simplemente lo hará más ruidoso.
Peor.
No tiene derecho a enfadarse, pero decirle eso de nuevo no me ayudará
ahora. Y si no me deja salir de este apartamento, si realmente se llevó toda
mi mierda, no podré sobrevivir a eso.
Abro los ojos y me relajo contra el agarre que tiene sobre mí.
Él también se relaja, pero me mira con sospecha. Con escepticismo. Sé
que él no confía en mí más de lo que yo confío en él.
No da un paso atrás y no me deja ir, pero no esperaba que lo hiciera.
—No es lo que piensas —digo finalmente, manteniendo mi tono
uniforme. Veo su ceño fruncido, lo veo listo para discutir, así que continúo,
mis palabras son rápidas pero suaves—. No soy una adicta. No como
piensas. —Hay una sensación de hundimiento en la boca del estómago
porque lo que estoy diciendo es cierto y no quiero dárselo. No quiero
sentirme tan vulnerable, pero tengo que hacerlo. Necesito decirle algunas
286
verdades, para que me deje en paz. Para que no me joda todo—. No soy
adicta. Yo solo... me siento tan rara y sola, y mi cerebro es un jodido desastre
y las pastillas me ayudan a sentirme viva. Pero sé cómo vivir sin ellas. —Me
trago esa pequeña mentira y espero que Alex también lo haga—. Sé cómo,
pensé que saldría con una explosión en mi último año y luego arreglaría mi
mierda. —Me río un poco, porque cuando lo digo en voz alta, suena
ridículamente estúpido—. Me doy cuenta de que eso no va a funcionar.
Afloja su agarre sobre mí, pero todavía no me suelta por completo.
—No... no quiero a Eli.
Entrecierra sus ojos, pero no dice nada.
—Nunca lo quise. —Mi voz se quiebra.
—Ese era mi maldito mejor amigo —dice Alex, como si no lo supiera.
Como si no supiera lo jodido que está todo. Qué jodido está Eli. Qué jodida
estoy—. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo jodidamente... pudiste? —Su voz se quiebra,
su agarre se debilita. Presiona su frente contra la mía y lo huelo, lo siento.
Es abrumador, estar tan cerca de mí después de tanto tiempo que hemos
estado separados—. ¿Cómo diablos pudiste, Zara? —Sus palabras son
suaves, rotas.
Trago el nudo en mi garganta.
—Lo siento. Lo siento. —Pero hay algo más urgente, algo más
importante—. Lo siento, pero puedes tomar las pastillas. Puedes llevarte
todo. Incluso hay un alijo en mi caja de zapatos que voy a...
Alex se echa hacia atrás, respirando profundamente, recomponiéndose.
—Ya lo tengo.
Lucho contra el destello de ira y, en cambio, respiro hondo.
—Bien, bueno, puedes tomarlo todo. Me quedaré aquí, en este
apartamento, pero no es necesario que renuncies a tus vacaciones de otoño
para quedarte conmigo. —Lo miro a los ojos, suplicando—. Necesito estar
sola. Necesito espacio para pensar. Incluso podría ir a casa para ver a mi
mamá.
Me mira por un largo momento, su rostro ilegible. No baja mi mirada y
me resulta casi difícil mantener mis ojos en los suyos. No apartar la mirada.
Para no acobardarme, porque estoy llena de mierda. Pero él no puede ver
eso. No me conoce como cree. Si piensa que Eli es malo, no tiene ni idea de
cómo soy yo.
287
Kylie tampoco me conoce. Realmente nos hicimos amigas, y eso
también fue una mierda, porque no le dije ninguna verdad y ella me ocultó
la mierda.
—Sí —dice Alex finalmente, y siento que el alivio comienza a extenderse
como una cálida manta sobre mis miembros. Él suelta uno de mis brazos,
se pasa el pulgar por el labio y da un paso atrás, finalmente dejando caer
mi otro brazo. Mis rodillas se sienten débiles por la gratitud de que haya
comprado la mentira.
Pero luego desliza las manos en los bolsillos de su sudadera y vuelve a
decir:
—Sí. —Exhala un suspiro—. Aquí está la cosa, princesa. Estás llena de
palabras bonitas. Pero sé que también estás llena de mierda. Lo sé, porque
este no es mi primer jodido rodeo con chicas como tú. —Saca una mano del
bolsillo y me acaricia la mejilla.
Su puta madre.
El toque es tierno, a pesar de sus palabras.
Hace que me salten las lágrimas detrás de los ojos y no sé por qué. No
sé si es porque estoy atrapada o por algo más...
No lo sé.
Simplemente no lo sé.
—No puedo prometerte mucho después de esto, pero puedo prometerte
que voy a cuidar de ti, princesa. —Y luego presiona sus labios contra mi
frente—. Y no dejarás este apartamento hasta que estés mejor, porque no
voy a dejar que destruyas tu vida.
Intento apartarlo de un empujón, pero me agarra por los brazos.
Intento moverme, liberarme de su agarre mientras Kylie mira, con la
mano sobre la boca, en silencio.
—¡Déjame. Ir! —le grito, tratando de llegar a la puerta. Pero es mucho
más fuerte que yo y no me deja ir—. ¡Déjame ir! —grito de nuevo, a todo
pulmón. Me hace girar, me pone de espaldas a su pecho y me tapa la boca
con la mano.
—Relájate —susurra en mi oído. Su voz todavía está tan rota que me
da una pausa. Está tan roto y escucho el dolor en su tono—. Solo relájate,
princesa. Me ocuparé de ti. No pelees conmigo, por favor. Por favor, no lo
hagas. 288
Sus palabras permanecen en mi cabeza mucho después de que me lleva
a la cama. Mucho después de que renuncie a la lucha por esta noche. Mucho
después de que Kylie se vaya con una advertencia para Alex de que si me
lastima, ella misma llamará a la policía.
Mucho después me quita los zapatos y la ropa y me ofrece su propia
camiseta. Mucho después de que tire de mi espalda contra su pecho y
envuelva sus fuertes brazos alrededor de mí.
—No pelees conmigo. Por favor, no pelees conmigo.

289
40
ALEX

T
engo aproximadamente una docena de mensajes de texto
perdidos de una docena de números diferentes que me
preguntan qué estoy haciendo para descansar. Pongo mi
teléfono en silencio, abro mi aplicación de música y luego le doy
la vuelta.
“MANTRA” de Saint Slumber juega con los sonidos del tocino friendo
en el fuego trasero mientras revuelvo unos huevos en la estufa de Zara.
Podría haberla llevado a mi casa durante la semana. Se suponía que
Eli estaría fuera, para un torneo de lucha libre. Pero no hemos estado
hablando exactamente últimamente y me mudaré al final del semestre.
Entonces, es el apartamento de Zara.
De todos modos es agradable. Acogedor, y sorprendentemente, había
huevos y tocino en la nevera. Probablemente de Kylie, que parece tener la
cabeza bien puesta. Tendré que reabastecer su comida antes de volver a
casa.
Echo un vistazo al pasillo. La puerta de la habitación de Zara está
abierta de par en par, pero tengo que volver a la sala de estar para verla
realmente, la sartén de huevos en mi mano, la espátula en la otra. Está
acurrucada bajo su edredón verde, un mechón de su cabello rubio
blanquecino extendido contra la almohada gris.
El alivio se apodera de mí y reconozco el sentimiento como una
estupidez. Ella no está mejor todavía. Ni siquiera cerca.
Ya confisqué toda su mierda. Incluso tenía una bolsa en la rejilla de
ventilación de su baño, pero ahora también desapareció.
Después de que recibí esa llamada de Jax, de toda la gente de mierda 290
anoche.
Mi pecho se aprieta.
Doy un paso hacia la estufa, golpeo la sartén un poco más fuerte de lo
que pretendía.
No quiero pensar en anoche. Acerca de lo idiota que soy por hacer esto.
Por estar aquí con ella.
Ella no es mi madre.
Ella no es mi responsabilidad.
Apago los quemadores de la estufa, el tocino completamente frito, que
es exactamente como me gusta.
Paso la mano por mi cabello y me apoyo en el mostrador. El olor a
tocino y huevos es solo superado por el olor a flores y café que parece
impregnar el aire de este pequeño apartamento.
Intento pensar en cómo sucedió todo esto, pero es como si su olor
estuviera incrustado en mi cerebro y, por alguna razón, me vuelve
jodidamente estúpido. Hace que sea imposible pensar.
Dios, soy un idiota.
Debería llamar a su mamá. Debería llamar a la maldita policía. Debería
enviar a Jax a la cárcel. Debería... debería hacer tantas cosas además de las
que estoy haciendo ahora mismo. Estoy por encima de mi cabeza y no tengo
idea del alcance de la adicción de Zara, además de saber que claramente
tiene una. He tratado de ser ciego durante todos estos meses, pero lo vi.
Lo vi, y nunca hice una mierda al respecto hasta que me enojó.
Me vuelvo hacia la estufa, tomo un trozo de tocino de la sartén y me lo
meto en la boca. Voy a agarrar otro, pero escucho los pasos de Zara, y me
doy la vuelta para verla detenerse al final del pasillo, mirándome.
Al ver sus ondas desordenadas como la melena de un león alrededor de
su rostro, sus ojos nublados y esas piernas largas y pálidas debajo de mi
camiseta, todos los pensamientos de llamar a la policía o a su madre o
cualquier persona se desvanecen. No sé por qué soy tan jodidamente débil
por esta chica, pero lo soy.
No. Lo sé. Fue la primera vez que estaba borracha hasta la muerte. Fue
en mi casa, en una fiesta, y ella estaba sentada en el sofá con los ojos
cerrados. Algunos de mis compañeros de equipo estaban sentados a su
alrededor, y yo solo pensé, Dios, si la tocan, los mataré. Había algo sobre su
vulnerabilidad en ese momento… sí. Esa mierda me ablandó. 291
Y su corazón es tan grande. Ella finge que no lo es, pero Dios, lo es.
Su corazón es grande, se preocupa por mí, su mente es aguda y cuando
no está drogada, me gusta aún más. Su tranquila contemplación. Su
obsesión por la maldita filosofía, de todas las malditas cosas.
Me gusta más en la tranquilidad. No en las fiestas, sino por la noche,
cuando ella está contra mí. Por las mañanas, cuando solo estamos nosotros.
Me gusta mucho más esa versión de Zara.
Ella me necesita.
—Buenos días, princesa.
Cruza los brazos sobre el pecho y se apoya contra la puerta, con el labio
inferior en un puchero. No parece que crea que es un “buenos días” en
absoluto. Detrás de mí, mi teléfono todavía está reproduciendo música y
extiendo mi mano y la bajo, guardando mi teléfono en el bolsillo.
—Todavía estás aquí —dice finalmente, con la voz aturdida por el
sueño.
Trato de no ofenderme por eso.
—Sí.
Suspira, se pasa una mano por la cara. La veo hacer una mueca y no
sé por qué al principio, pero luego me doy cuenta de que se golpeó el anillo
de la nariz.
—Haces eso mucho —le digo, tocando el costado de mi propia nariz.
Sus pálidas mejillas se tornan rosadas y pone los ojos en blanco, pero
hay una sonrisa en su bonita boca.
Muevo la barbilla hacia la estufa.
—Ven a comer.
—No tengo hambre. —Mira sus pies descalzos, flexionando los dedos
de los pies. Están pintadas de rosa pero el esmalte está descascarillado.
Tamborileo con los dedos en el mostrador a mi espalda.
—Es solo sábado, princesa. Tienes una semana entera viviendo aquí.
—Miro alrededor de la pequeña sala de estar, sabiendo que tengo mucho
trabajo por delante. Sabiendo que no podré retenerla aquí los siete días
completos—. Bien podrías empezar por desayunar, ¿no te parece?
Se muerde el labio, aún flexionando los dedos de los pies. Incluso sus 292
malditos dedos de los pies son bonitos. Lo que me da una idea.
—Vamos a hacernos una pedicura.
Ella levanta la cabeza para mirarme como si le hubiera pedido que se
inyectara heroína.
Me encojo de hombros.
—Vístete. Te llevaré.
—¿Quieres hacerte una pedicura? —me pregunta, con escepticismo en
su tono.
—Aw, no seas sexista, princesa. También mantengo mis dedos de los
pies bien cuidados. Es mi parte favorita de la temporada baja —admito—.
Trabajando todas esas ampollas.
—¿También te pintaste las uñas de rosa? Porque si lo hubiera sabido...
Ladeo la cabeza y me encojo de hombros.
—¿Sería eso un problema?
Se ríe un poco, pasando una mano por su cabello.
—Alex Cardi, mariscal de campo e imbécil deportista, ¿tiene pedicuras
rosadas?
Muy bien, esto ha ido demasiado lejos.
—No, para tu información, no lo hice. —Agarro otro trozo de tocino y lo
arrojo a mi boca, masticando y tragándolo mientras camino hacia ella.
Ella me mira con sospecha, pero cuando le paso un brazo por los
hombros, no grita ni me empuja ni retrocede. Parece como si ya estuviera
resignada a esta mierda.
La acerco a mí, amando su aroma.
—Puedes hacer todo el trabajo sin el esmalte, ¿sabes? A la gente de las
uñas también le encanta, a pesar de que mis piernas se entumecen como el
infierno en esos sillones de masaje. Al parecer, no fueron hechos para atletas
profesionales.
La arrastro por el pasillo, hacia su habitación. De mala gana, ella
camina conmigo.
—No eres un atleta profesional.
—Nop. Seré algo menos llamativo y más pervertido. Un abogado.
Ella me mira, retorciéndose bajo mi brazo.
—Los abogados no deberían estar con adictos.
293
—Es por eso que estoy aquí para curarte, para que cuando estemos
casados y esa mierda, pueda ir a trabajar sin preocuparme por ti.
Se tensa debajo de mi brazo y mi corazón se aprieta, preguntándose
por qué diablos dije eso. Y qué dirá ella.
Se agacha debajo de mi brazo y se para frente a mí, sus ojos se
encuentran con los míos. Incluso alineado con rojo y manchado con su
estúpido delineador de ojos, el azul agua y el verde de sus ojos es fascinante.
—Alex. —Frunce el ceño mientras me mira, el sol entra por la ventana
a su espalda. Estamos parados a los pies de su cama, el edredón verde a
medio camino en el piso de cuando se levantó de la cama hace unos
minutos—. No tienes que hacer esto.
Miro las sábanas desordenadas, imagino que todavía están calientes
por su cuerpo. Pienso en cómo se sintió contra mí toda la noche.
—Tengo qué.
Ella pone sus manos en sus caderas.
—No es así. Este no es tu problema.
Aprieto los dientes, aprieto las manos en puños. ¿Cuántas veces tengo
que decirle que ella es exactamente mi problema?
—Zara. No me estoy yendo. No hasta que estés mejor.
—No es justo. Este es mi apartamento. No tienes ningún maldito
derecho a estar aquí.
—¿No has oído, hermosa? La vida no es justa.
Ella pone los ojos en blanco.
—Vete a la mierda, Alex.
—Lo que sea. —Me alejo de ella para volver a la cocina. Esto no es tema
de debate. No me estoy yendo.
Sin embargo, me agarra del brazo y me da un tirón.
—No seas un idiota. —Sé que ella sabe lo que está haciendo porque sus
ojos brillan con esa última palabra, y sus labios rosados se tornan en una
sonrisa mientras agita sus pestañas hacia mí.
—Zara. No hagas esto.
—Quiero que te vayas. No soy la única que tiene un problema, ¿sabes?
¿Ese temperamento que tienes? Jodidamente ridículo. ¿Por qué no trabajas 294
en ti mismo antes que...?
Siento que ese temperamento aumenta. Mi cuerpo se calienta por todas
partes, especialmente mi pecho. Mi pulso está volando y quiero explotar.
—¡No soy yo el que tiene el maldito problema, Zara! —Me libero de su
agarre, apartando su brazo de mí—. ¡Tú lo tienes! Tú eres la que se droga
cada maldito día, eres la que se folla a mi mejor amigo. ¡Tú eres la que tiene
al maldito traficante de drogas preocupado por ti! —Me inclino cerca de
ella—. Tú eres la adicta. Tú eres el puto problema. No estoy jodiendo mi
vida. ¡Tú lo estás!
Ella todavía está agarrando mi brazo, mirándome.
—Suéltame, Za.
Ella solo aprieta mi brazo con más fuerza, sus uñas se clavan en mi
piel. Se acerca, hasta que puedo sentir el calor de su cuerpo. Huelo su
aroma.
—Lárgate de mi casa.
Me muerdo la lengua
—Suéltame.
Ella no lo hace.
Ambos sabemos que podría alejarla de un empujón si quisiera, pero
creo que ella espera eso, así que simplemente deslizo mis manos en los
bolsillos de mis pantalones cortos y la miro.
—No quieres dejarme entrar en tu cerebro, claramente odias el mío,
entonces, ¿qué diablos estamos haciendo? —me escupe.
—Cállate y déjame salir de esta puta habitación.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe y quiero envolver mis dedos
alrededor de su pálida garganta.
—Lo haré —dice, bajando la barbilla para mirarme—, tan pronto como
aceptes irte. —Me suelta, y sus palabras son venenosas cuando dice—: Si
no me dejas ir, ¿ves esta maldita cicatriz? —Levanta mi camiseta que está
usando, señala esas cicatrices en sus muslos. Las que he tenido demasiado
miedo para preguntar—. Si no te vas, les diré a todos que hiciste eso. Ahora,
lárgate.
—¿Qué diablos pasó? —le pregunto, porque ahora es el momento, por
encima de todos los demás. Ahora es el puto momento, cuando me chantajea
con ellas. Doy un paso más cerca de ella y veo que algo del desafío abandona
295
sus ojos. Es alta, pero tengo cerca de unos centímetros sobre ella—. Dime
cómo realmente como las conseguiste.
Deja caer la camiseta sobre sus muslos.
—Nunca te diste cuenta. Nunca te importó.
Estúpida. Para ser una chica inteligente, puede ser tan jodidamente
estúpida.
—No. —Agarro su camiseta, mi camiseta, y la hago girar, para que esté
contra la pared. Su respiración la deja rápidamente y la rabia colorea su
rostro mientras toma mi mano, pero no la suelto—. No me eches eso en cara.
Me preocupé por ti desde el puto primer día. Mucho más de lo que nunca te
preocupaste por ti. He notado todo sobre ti. La cicatriz en tus muslos. El de
tu cadera. —Ella jadea ante eso—. Ahora, puedes decirme cómo realmente
los obtuviste, o puedes guardarte esa mierda para ti, pero no estamos
hablando de mí. Te amo, Zara, y siempre lo he hecho. Eso no es tema de
debate y tampoco me voy.
Bruscamente, la dejo ir y doy un paso atrás.
—Y ni siquiera pienses en correr. Te juro por Dios, Zara, que si lo haces,
tu trasero estará de vuelta en rehabilitación tan jodidamente rápido que ni
siquiera sabrás cómo diablos sucedió.
—¿Por qué mi mamá confiaría en ti? —me escupe con los ojos
entrecerrados—. ¿Por qué ella te creería antes que a mí?
—Conseguí que Kylie confiara en mí, ¿no? Kylie jodida Jones, y te
puedo garantizar que no tenemos nada en común. No me pongas a prueba,
Zara. No me pongas a prueba, porque siempre saldré victorioso.

296
41
ZARA

M
e paseo alrededor de la sala de estar, Alex está sentado a la
mesa con su espalda hacia mí, sus pies recostados sobre la
silla a su lado, su teléfono en su mano.
Maldito idiota.
Es solamente un maldito idiota.
No hay más luz del día afuera a través de las persianas abiertas en la
sala de estar, y no sé cómo carajos ha pasado el día así, en un maldito
silencio furioso, pero seguro como la mierda que lo ha hecho. Hizo el
almuerzo, hamburguesas sin panes, porque no teníamos el maldito pan, y
papas fritas congeladas. No comí nada de eso y ordené la cena. China.
No comí eso tampoco, incluso aunque las bolsas para llevar siguen en
la mesa de la cocina y huele malditamente bien.
Pero a la mierda con él.
A la mierda con su comida, también.
Tomé una ducha, y revisé bajo la ventana del baño, pero me robó mi
mierda de allí también. No tiene idea de cuánto dinero ha botado por el
retrete, o donde sea que lo puso. Tampoco le importa, porque el imbécil no
trabaja, de todas formas, y nunca tendrá que hacerlo. Está hecho del dinero
de Dios, lo que es casi hilarante.
Quiero pincharlo sobre sus padres y su divorcio y los titulares en las
noticias locales de Carolina del Norte sobre su padre teniendo un amorío
con docenas de mujeres, pero no quiero escuchar su estúpida voz tampoco.
Sé, lógicamente, que parte de mi irritación proviene del hecho de que
estoy sin Adderall por primera vez en semanas, tal vez incluso meses. Le
echo un vistazo al refrigerador, pienso en abrir el congelador y beber algo 297
del ron de coco, pero sé que empezará a quejarse al respecto y no tengo la
energía para lidiar con él.
Hablando de energía, mi jodido dolor de cabeza probablemente se iría
si bebiera café.
Camino más allá de él, agitando mis trenzas sobre mi hombro y
sacando el café y el filtro del gabinete. Puedo sentir sus ojos sobre mí, pero
no digo ni una mierda mientras lleno la máquina, mido el café.
Pero cuando dice:
—Es un poco tarde para café, ¿no crees? —Justo cuando empiezo a
hervir unas tazas, me giro para mirarlo.
Tiene una estúpida sonrisita engreída sobre su estúpido rostro y quiero
golpearlo.
—Vete a la mierda. —Sé que es una respuesta patética, pero no
importa—. ¿No tengo permitida la cafeína ahora, eh? Quiero decir, sé que
esa mierda es una droga también, ¡pero parece que a nadie le importa una
mierda eso! —Lanzo mis manos al aire, solo furiosa ahora. Tiene muy poco
que ver con Alex y un montón que ver con el hecho de que quiero algo de
meta real en mi sistema.
Maldición. Supongo que es bueno que no consumiera meta real, pero
toda esa mierda es lo mismo, ¿no es así? Una solo tiene la aprobación del
gobierno y de la otra no pueden sacar dinero, así que te lanzan a la cárcel
por engañarlos.
Me doy cuenta que mis manos están temblando y las aprieto en puños,
le doy la espalda a Alex, mirando fijamente la jarra de café. Está moviéndose
malditamente lento.
—Zara…
Me niego a girarme. No quiero verlo o a su lástima.
No quiero que vea mis dedos temblando, o saber qué está haciéndome.
Lo que me he hecho.
Mi garganta se siente apretada, y estoy tan malditamente enojada y
solo… exhausta. Solo quiero estar sola. No quiero pensar en esto, o él, o Eli,
o nada de ello.
—Solo vete, Alex —susurro, apartando las cálidas lágrimas de mi rostro
con la manga de la sudadera que estoy usando, incluso aunque estoy
sudando justo ahora, y solo quiero destruir algo. Quiero tirar la jarra del 298
café contra la pared. Quiero cortar esta jodida sudadera—. Solo vete. —Tomo
una temblorosa respiración, escuchando el final del ciclo de preparación,
inhalando la esencia del café, pero manteniendo mis ojos apretados—. Por
favor, vete.
No dice nada, y sé que no escuchará, pero es por su propio bien. No sé
qué va a pasar con su mamá, pero no soy ella y no puede salvarme,
maldición. No soy ella, y que pretenda que lo soy, pretenda que puede
arreglarme, solo nos arruinará a ambos.
Tiene que irse.
—¡Alex, no puedo hacer esto! —chillo, enterrando mi cabeza en mis
manos—. No puedo hacer esto y lo siento tan jodidamente tanto, pero yo…
Está detrás de mí, sus dedos rodeando mi brazo, pero lo apartó de él.
—¡No! —Mi voz sale casi rota y lo odio—. ¡No me toques! ¡Solo vete,
maldición!
Me agarra de nuevo e intento luchar contra él, agitándome en su agarre
y retorciendo mi cuerpo en sus brazos para intentar golpearlo. Pegarle,
patearlo, lo que sea que pueda. Pero tiene sus brazos envueltos alrededor
de los míos, inmovilizándome a los costados, y parece que no gasta energía
en lo absoluto mientras me aparta de la encimera de la cocina, luego desliza
su pierna debajo de las mías y tira, haciéndome perder el equilibrio.
Golpeamos juntos el suelo, un sólido golpe por todo el apartamento que
estoy segura, la gente debajo de nosotros podría escuchar, pero todo eso me
importa una mierda.
Sus piernas se estiran a cada lado de las mías cuando se sienta detrás
de mí, envolviendo sus brazos alrededor de los míos, mis rodillas también.
Me empuja hacia su pecho, y empiezo a temblar, queriendo alejarme.
Queriendo huir de este apartamento, bajar las escaleras, lejos de aquí. Tal
vez incluso a esa piscina en la que Rihanna Martinson se ahogó. La piscina
de Alex. La piscina de Eli.
Quiero saber qué se siente ahogarse.
Quiero saber qué se siente no sentir nada en lo absoluto.
—Shh —susurra contra mi oído mientras me sacudo en sus brazos,
enterrando mi cabeza contra mis propias rodillas. Su cuerpo es fuerte, cálido
y reconfortante tras de mí y malditamente lo odio. Lo odio porque no lo
merezco. No lo merezco a él, y a todo lo que está haciendo por mí. La forma
en la que está poniendo su vida en espera por la mía. Incluso después de 299
todo lo que he hecho, sigue aquí—. Shh —dice de nuevo, sosteniéndome
duro, intentando detener mis estremecimientos—. Está bien, princesa.
No está bien. Nunca estará bien. No estoy bien. No estoy bien.
No estoy bien.
No puedo evitar que las lágrimas rueden por mis mejillas y odio que
estén allí, en sus brazos. Lo odio, porque aquí no es donde quiero estar.
Aquí no es donde quiero estar. No lo merezco.
Alex tiene un buen corazón.
Algunas veces pienso que nací sin uno. Justo como Eli.

300
42
ZARA

—N
ecesitamos más jugo de naranja —me informa Alex
cuando me siento en el asiento del pasajero de su
Jeep. Es miércoles, y le rogué que me llevara afuera.
Una semana y media hasta Halloween y el clima se siente como otoño.
Sus ventanas están abiertas cuando nos detenemos en el estacionamiento
de la tienda vacía, aparentemente, nadie viene a comprar a las nueve de la
mañana a mitad de semana.
—Ajá —le digo, bajando la mirada hacia mi fresco esmalte rosa,
agitando los dedos de mis pies en mis sandalias. Me negué a recibir una
pedicura mayormente porque quise negarme a lo que sea que Alex quería
hacer.
Los últimos días he agotado unos cuantos potes de café con partes
iguales, y no mucho más, y todavía soy una perra furiosa. Pero finalmente
dejé a Alex pintar mis uñas en la cama anoche, y tampoco hizo un trabajo
horrible.
Fue casi entretenido observarlo usar una bolita de algodón para secar
mi piel cuando se salía de la línea.
Suspira, girándose para mirarme, su teléfono en sus manos mientras
hace una lista de mierda que necesitamos.
—Dijiste que el jugo de naranja estaba ayudando.
Palmeo mi estómago bajo la apretada camiseta negra que estoy usando
sobre mis ajustados pantalones negros.
—A mi cintura no le gusta el azúcar.
—¿Estás jodiendo conmigo, verdad? —Su mirada parpadea sobre mi
cuerpo y a pesar de mi irritación general con la jodida vida, siento que mi 301
núcleo se aprieta.
En las últimas noches pasadas ha dormido en el sofá.
Consideré correr, pero lo rechacé. Mayormente porque solo no tengo la
energía. Estoy malditamente agotada, incluso aunque he hecho una mierda.
—No, no estoy jodiendo contigo.
—Eres un palo.
Mi boca se abrió de golpe.
—Eso es… vaya, eso es probablemente la cosa más grosera que has
dicho sobre mí. —Entonces ladeo mi cabeza a un lado, golpeteo mi dedo
contra mi barbilla, pretendiendo pensar—. Oh, espera. No. Eso debe haber
sido cuando me llamaste una maldita puta.
Rueda sus ojos y empuja su teléfono en el bolsillo de sus pantalones.
—Vamos —dice, ignorando mi comentario. Alcanza la manija de la
puerta, pero se gira para mirarme fijamente cuando se da cuenta que no me
estoy moviendo—. ¿Ahora qué, Zara? —pregunta, irritación en sus palabras.
Solo lo contemplo por un largo rato, mirando el ámbar en sus ojos
oscuros.
—¿Por qué estás haciendo esto?
Frunce el ceño.
—Necesitas ayuda.
—No estás haciendo esto por mí.
Se estremece, pero solo sigue mirándome fijamente. Prácticamente
puedo sentir la tensión en el Jeep, a pesar del hecho de que las ventanas
están abajo, y puedo escuchar el tráfico de la carretera principal detrás de
nosotros. Se siente como si estuviéramos en un sendero de guerra aquí junto
al otro, y cada pequeño paso en falso es como el detonante de una maldita
bomba.
—Estás haciendo esto por ella. Y no soy ella, Alex.
Sigue contemplándome, y siento esa irritación hormigueando de nuevo,
justo debajo de mi piel. Quiero salir, azotar la puerta, llamar a mi mamá y
pedirle que me recoja. Pero no tengo duda que Alex estaría sobre su trasero
en un minuto si lo hiciera.
Finalmente, solo sale sin una palabra, azotando su puerta casi tan duro
como azoto la mía.
302
43
ZARA

L
as cosas se ponen menos tensas esa noche.
Jugamos Uno. Yo gano. Tres veces seguidas. Alex se enoja,
pero él también se ríe, y es... mierda, no lo sé.
Se siente bien verlo reír. Sin estar peleando con él.
Y como se hace más tarde y el cansancio me desgasta, lo invito a mi
habitación. Mi cama.
Y viene.
—¿Por qué empezaste? —me pregunta después de haberse acurrucado
a mi alrededor, de espaldas a su pecho en la oscuridad. Hay un vaso vacío
de jugo de naranja en mi mesita de noche, y todavía me siento nerviosa y
cansada al mismo tiempo, pero estoy sobria.
Y Alex está aquí.
Por primera vez desde que está aquí, estoy un poco feliz por eso. Mis
momentos favoritos con él eran cuando no estábamos peleando. Cuando
podríamos estar juntos sin el drama y la mierda. Eso es lo que se siente.
Pacífico. No creo que me haya dado cuenta de cuánto anhelaba eso hasta
ahora.
Pero ante su pregunta, simplemente cierro los ojos, metiendo las manos
debajo de la almohada. Sé lo que está preguntando.
—Porque era rara. —Ésa es, verdaderamente, la explicación más
sencilla. ¿La más profunda? No tengo la energía para eso.
Pero sus labios encuentran mi cuello, justo por encima de su camiseta
que estoy usando, y me envía escalofríos por la espalda, del tipo bueno. Y
sí, hace que mis muslos se aprieten, y sí, quiero darme la vuelta y besarlo
también, pero más que eso... más que eso, ese toque suave me hace sentir 303
segura.
Como siempre me ha hecho sentir. Segura. Amada.
—No eres rara, princesa —dice Alex contra mi piel.
Me duele el pecho y me siento casi paralizada. Quizá por culpa. O el
dolor por cosas que aún no han sucedido. Todo esto, todo podría terminar.
Porque no voy a salir de esta desintoxicación.
—Lo soy —le digo, aunque sé que este tipo de argumento nunca
funciona bien, así que agrego rápidamente—: De todos modos, no importa.
Por qué empecé.
Sus brazos rodean mi torso y me aprieta con fuerza. Se siente muy bien
y no me lo merezco.
—No tienes que hablar de eso —me dice, su aliento en mi piel—. Pero
si quieres, estoy aquí.
Dios, no te merezco.
—Es solo que... —Me apago, tratando de pensar en la razón por primera
vez. Quiero decir, es bastante simple, en realidad, pero también es muy
complicado. Esnifé una hidrocodona a través de un billete de un dólar una
noche en la casa de mi mejor amiga, cuando tenía quince años. Solo había
bebido antes de ese momento. Ni siquiera había fumado marihuana.
Mi amiga era mayor que yo. Diecisiete años, pero era agradable, y su
madre siempre se iba, y los niños la amaban, y yo quería eso.
Entonces, cuando tuvimos una fiesta de pijamas, e invitó a algunos
chicos y todos estaban esnifando mierda, fumando marihuana y bebiendo,
yo también lo hice.
Todo dio un vuelco después de eso. Mi vida hogareña no fue mala.
Mamá era una gran coqueta y no muy fiel, y no hablaba con mi papá, pero
me cuidaron. Nadie me golpeó. Nadie abusó de mí. Nadie me violó. Incluso
los chicos mayores que mi amiga había invitado eran amables y respetuosos
en su mayor parte. Me acosté con uno, finalmente, cuando estaba drogada,
y estaba bien, y me trató bien.
—Es solo que siempre pensé que algo andaba mal en mi cerebro.
Siempre fui torpe y tímida, y la gente siempre decía lo callada que era.
Bonita, pero tranquila. Lo escuché tantas veces y fue molesto.
Sé que probablemente no tenga sentido. Sé que Alex probablemente
estaba esperando un gran momento traumático, pero no fue así.
—No me sentía cómoda en mi propia piel. Primero probé calmantes. — 304
La hidrocodona se convirtió en un hábito—. Pero luego descubrí uppers. —
Adderall, específicamente, que no parecía tan malo porque era legal, incluso
si no lo era para mí—. Y yo era una persona completamente nueva. Estaba
brillante, ruidosa, mareada y feliz, y no estaba ansiosa, y podía festejar y
socializar como una persona normal de mierda, y a los chicos les agradaba
más por eso.
Y quería agradarles a los chicos. Quería que les agradara por la
atención, porque si bien mamá no fue negligente, ella se iba mucho y mi
papá... bueno, se terminó yendo. Obviamente, tengo problemas con papá,
pero entonces no lo reconocía, e incluso si los tuviera, era una adolescente.
Me dejaban mucho sola y quería atención. Mis padrastros eran seres
humanos decentes, pero estaban enamorados de mi madre y no tanto con
la idea de ser padres en absoluto.
—Fui al médico, tratando de obtener mi propia receta para Adderall,
pero no me preparé lo suficientemente bien para esa visita porque no me
diagnosticaron TDAH. Me diagnosticaron ansiedad. —Me río un poco y Alex
me aprieta más fuerte. Abro los ojos y miro la oscuridad de mi habitación—
. Me recetaron Xanax, lo que me pareció un gran bajón para Addie—. De
todos modos, todo se jodió en primavera. —Mi garganta se aprieta cuando
me doy cuenta de que nunca hablé de esto con él. Hice una broma sobre la
rehabilitación y eso fue todo lo que dije al respecto. Me aclaro la garganta,
me trago los nervios—. Tuve una sobredosis en una fiesta con el puto
Vicodin. Quería algo diferente y al final del semestre, trabajar para obtener
mi estúpido título de filosofía se había vuelto estresante porque no iba a
clases.
Alex vuelve a besarme el cuello y sigo hablando.
—Probablemente no necesitaba el Narcan, pero uno de mis amigos
llamó al 911 de todos modos, y lo administraron y mi amigo llamó a mi
mamá y... bueno, aquí estoy.
Los labios de Alex son cálidos y suaves contra mi piel y dejo que mis
ojos se cierren, cayendo en su calidez. En su bondad.
—Me alegro de que estés aquí —dice finalmente—. Es una mierda que
haya sucedido de esa manera, pero me alegro de que estés aquí.
—Yo también. —Las palabras salen sin pensar. No pienso en ellas en
absoluto. Son simplemente verdad.
—¿Lo dices en serio? —Alex pregunta, esperanza en sus palabras.
—Sí. Lo digo en serio. 305
—¿Qué viene después de esto? —pregunta a continuación, y también
hay esperanza, pero hay algo más en la forma en que sus palabras son tan
tranquilas. Más bajo que un susurro. Casi como si se estuviera preguntando
a sí mismo y no a mí, que podría ser lo más inteligente que hacer porque
joder si sé lo que viene después.
Me doy la vuelta en sus brazos para quedar frente a él. De la luna
brillando a través de mis cortinas, puedo distinguir sus ojos oscuros, su
hermosa boca. La preocupación en su frente.
Paso una mano por su bíceps, y su mano encuentra mi cintura,
apretándola como si pudiera retenerme para siempre. Como si esta semana
no fuera solo una fantasía. Como si fuera algo real.
¿Es real?
No lo sé.
Ya no tengo ni idea de qué es esta mierda entre nosotros.
—¿Qué opinas? —le pregunto en lugar de decir cualquiera de esas
cosas.
Desliza su mano debajo de mi camiseta y está tan caliente contra mi
piel. Sigo deslizando mi dedo por las venas de su brazo, el músculo duro
debajo de su piel suave.
—Creo que quiero tenerte —dice con un leve rastro de sonrisa—. Creo
que quiero tenerte y creo que no quiero dejarte ir nunca, Zara Rose.
Hay tantas cosas que podría decir. ¿Qué hay de esto? ¿Qué hay de eso?
¿Qué hay de todo?
Pero no digo ninguno de ellas, porque entonces él también me haría
preguntas y no quiero pensar en las respuestas. Por una de las primeras
veces en mi vida, solo quiero este momento.
Mueve su mano de debajo de mi camiseta y toma mi mejilla en su lugar.
Sus manos son tan grandes que casi cubren todo mi rostro, lo que me hace
sonreír. Pasa su pulgar sobre mi labio inferior.
—¿Qué piensas sobre eso? —me pregunta, y dejo de rozar su brazo con
mis dedos y en cambio apoyo mi mano en su espalda, acercándome a él en
mi cama.
—Creo que me gusta mucho esa idea —admito.
—¿En serio? —Suena sorprendido y supongo que no puedo culparlo.
306
—¿De verdad me quieres? —respondo—. ¿Después de todo lo que hice?
¿Todo lo que sabes de mí?
Todavía tiene su pulgar sobre mi boca y no se aparta de mí. No corre,
a pesar de que mencionar todas las formas en que le he hecho daño le da
todas las razones para hacerlo.
Él no es como Eli. Me lo admitió antes. No le gusta verme con otros
chicos. No quiere compartirme. Pero él ha visto todo eso, me ha visto en mi
peor momento, ¿y todavía me quiere? Es casi difícil de comprender.
—Sí —dice, su voz un poco ronca—. Lo hago. —Lo escucho tragar y
empuja su mano hacia atrás, a través de mi cabello.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo después de toda la mierda que he
hecho?
Le oigo tragar.
—Podría preguntarte lo mismo. —Esta vez, se aclara la garganta—. Yo
también lo siento, sabes. Por cómo siempre me enojo tanto y no te defiendo
con mi papá. Pero que se joda, Zara. —Sus ojos brillan en la oscuridad—.
Lo digo en serio. Que se joda, que me joda también. Te prometo que también
voy a trabajar en mi propia mierda. Te lo prometo, princesa. Lo siento por
todo. —Toma una respiración profunda—. Todos hemos cometido errores,
Zara. Se llama ser humano.
Me río, negando con la cabeza mientras acaricia mi cabello.
—Creo que he hecho algo más que cometer errores.
—Sí, quizás. —Me sonríe, sus dientes blancos son visibles incluso en
la oscuridad—. Pero veo todo lo que podrías ser. Todo lo que ya eres, incluso
si aún no lo sabes. Veo más de lo que quieres que la gente vea, Zara. Veo
más allá de tu mierda, y eso es lo que quiero. Lo que realmente eres.
—¿Qué pasa si te equivocas? —Mi boca está seca, mi estómago
revolotea cuando me encuentro con su mirada—. ¿Qué pasa si no soy
ninguna de las cosas buenas que crees que ves? ¿Qué pasa si estoy tan mal
como parezco?
Sonríe.
—No te ves mal. De hecho —se muerde el labio, sus ojos se posan en
mi pecho a pesar de que apenas puede verme en la oscuridad, debajo de las
sábanas—, te ves realmente jodidamente bien.
Pongo los ojos en blanco, sonriendo a mi pesar. 307
a—Sabes a lo que me refiero. ¿Qué pasa si solo soy una puta
drogadicta? ¿Qué pasa si no voy a ir a ningún lado con mi vida? Sabes que
soy un estudiante de filosofía. Como, ¿qué…?
—Sí —me interrumpe—, nunca pregunté. ¿Qué pretendes hacer con
ese título? —Hay un tono burlón en su voz que me hace reír.
El hecho de que nunca hayamos hablado de estas cosas es casi
gracioso. Casi, pero así somos. O éramos.
Me encojo de hombros y su mano va de mi cabello a mi espalda y me
acerca más, rodando sobre su espalda para que mi cabeza esté contra su
pecho. Me acurruco a su alrededor, con el brazo estirado sobre su torso
mientras él sigue acariciando mi cabello, agarrando mi brazo con una mano.
—Simplemente me gustó la idea del estoicismo —admito—. Un maestro
lo mencionó en la clase de historia, en la escuela secundaria. Me gustó la
idea de centrarnos solo en lo que podemos controlar. Principalmente, cómo
reaccionamos ante la mierda. Y cómo la vida es corta, cómo no podemos
contar con una larga o incluso buena. —Me encojo de hombros contra él—.
Obviamente, soy un asco al aplicar cualquier principio del estoicismo a mi
propia vida, pero me gusta el concepto.
Alex se ríe, su pecho retumba contra mí.
—Está bien, entonces, si pudieras hacer cualquier cosa en el mundo,
¿qué harías?
—Drogas —digo inexpresiva.
Se tensa debajo de mí, su mano en mi brazo se aprieta.
Me río, golpeando su pecho juguetonamente.
—Bromeo.
Exhala, como un amante que aguanta mis tonterías únicamente
porque me ama.
—Me gustaría ayudar a la gente, supongo. Cuando termine de
ayudarme a mí misma. Me gustaría ayudar a las personas que se sienten
incómodas con su propia piel a sentirse un poco mejor. Sin drogas —agrego
rápidamente, en caso de que tenga alguna idea sobre qué es exactamente lo
que quiero hacer. No quiero ser un distribuidor como Jax—. Me gustaría
escribir un libro sobre el estoicismo algún día, tal vez incluso sobre cómo
los adictos podrían aplicar las enseñanzas a su propia vida. Obviamente, no
tengo ni idea de cómo hacer eso porque aquí estoy contigo ahora mismo, 308
pero... —Me quedo en silencio, tamborileando mis dedos contra su piel—.
No lo sé. Nunca pensé mucho en mi futuro, más allá de la próxima fiesta. —
Se siente catártico, como una liberación, tener esta conversación con él,
como lo hice con Jax.
Me doy cuenta de que se siente bien confiar en Alex.
Juega con mi cabello y respira uniformemente bajo mi brazo. Me
pregunto si se va a quedar dormido o si simplemente no sabe qué decir.
Empiezo a preguntarme si he compartido demasiado. Si este vínculo que
hemos hecho hoy es más de lo que deberíamos tener. Si he jodido esto aún
más.
—¿Qué es lo que quieres hacer? —le pregunto suavemente, sin querer
estar sola todavía—. Quiero decir, sé que quieres ir a la escuela de leyes.
Pero, ¿qué es lo que realmente quieres? —Si él se duerme y yo no, se sentirá
así. Como si estuviera sola. Y por muy exhausto que se sienta mi cuerpo, mi
mente todavía está conectada.
—Sí, bueno. Nunca te lo dije, pero en realidad no quiero ir a la facultad
de derecho.
Debería estar sorprendida, supongo, pero no lo estoy. Alex pierde los
estribos con demasiada facilidad. Sería un abogado horrible.
—Quiero abrir un gimnasio —admite, su voz es un susurro—. Nunca
le he dicho eso a nadie, pero quiero abrir un gimnasio y no me importaría
organizar un campamento también. Para niños. O tal vez adolescentes. No
algo pretencioso, como la mierda a la que fui. Algo para niños que quizás no
puedan pagarlo. Niños con necesidades especiales, tal vez, o vidas
hogareñas de mierda. No lo sé. Tal vez sea solo una quimera considerando
que no soy exactamente un ciudadano honrado. —Se ríe, pero
definitivamente le falta humor—. De todos modos, solo sé que hacer ejercicio
me da una salida, y quiero que los niños también la tengan.
Ambos estamos callados un momento. Me imaginaba a Alex haciendo
eso. Sabe que tiene problemas de ira, sabe que necesita trabajar en ellos, y
si pudiera ayudar a otras personas a hacer lo mismo, creo que sería bueno
en eso. Si consigue controlar su mierda como dijo, lo hará.
—Tal vez podríamos abrir un negocio juntos —me dice, y mi estómago
da un vuelco—. Podríamos tener el gimnasio, y podrías asesorar a la gente
sobre la sabiduría del estoicismo, y yo podría organizar un campamento en
nuestro patio trasero, porque será jodidamente enorme. Me gusta el aire
libre mucho más que cualquier cosa en el interior, y a ti también te gustará, 309
si aún no lo has hecho. —Me besa de nuevo, aparentemente sin darse
cuenta de que estoy teniendo un mini ataque al corazón.
Me hormiguean las extremidades y me siento como si estuviera
flotando. La idea de que él esté conmigo después de la universidad, incluso
más allá de esta semana, es insondable. Y no me gusta. La gente siempre se
va.
—¿Demasiado pronto? —me pregunta. Su tono es ligero, pero también
escucho la preocupación en él.
—No, es solo... —Es solo que me vas a dejar. Nadie se queda nunca.
Los buenos matrimonios y el romance interminable no existen—. No creo
que lo digas en serio.
Hace una pausa en sus suaves caricias de mi cabello, solo por un
momento.
—¿Por qué?
La gente siempre se va. Mi papá. Mi mamá, todos sus maridos. No
puedo recordar una sola amistad que haya tenido que haya durado la
prueba del tiempo, un movimiento o un acontecimiento importante en la
vida. Por lo general, es culpa mía. No me mantengo en contacto. No soy una
víctima en ese sentido, pero aun así, así es la vida. Así es como me pasa a
mí.
—Tus padres no están bien —señalo—. Los míos están divorciados. Mi
mamá está en su cuarto matrimonio.
Su mano se desliza por mi nuca y, de nuevo, se da la vuelta,
inquietando mi cómoda posición contra su pecho. Luego estamos acostados
de lado, uno frente al otro de nuevo, y toma mi mano entre nosotros, sus
dedos entrelazados con los míos.
—No somos ellos. —Su voz es casi severa—. No tenemos que repetir los
errores de nuestros padres. Estoy seguro de que no se parecerá en nada a
mi padre. O tu padre.
Mi corazón se siente pesado y siento lágrimas detrás de mis ojos, pero
las obligo a retroceder.
—Crees que te dejaré porque él te dejó. Crees que me dejarás porque
tu madre se va. Pero tú no eres así y yo no soy así.
—Alex —digo, con el labio tembloroso—, soy exactamente así.
Sacude la cabeza y me aprieta la mano. 310
—Te lo dije, Zara. Te veo. Veo lo que no puedes. No eres así. No en tu
esencia. No en tu corazón. Eres mucho más. Tienes cicatrices, como todos
nosotros, y sí, eres bastante caótica, salvaje y un poco loca. —Sonríe, y yo
también, aunque mi labio todavía está temblando. Pero tú también eres tan
hermosa. Tan jodidamente hermosa, por dentro y por fuera. Y eres divertida
y amable y tu imprudencia te hace interesante. Y te mereces amor, Zara. Lo
creas o no, te lo mereces.
Contengo la respiración mientras se inclina más cerca, su frente a la
mía.
—Te veo. Y creo que tú también me ves, ¿no?
Asiento, mordiéndome el labio para contener las lágrimas. Lo veo. No
se parece en nada al imbécil que pretende ser. Y ni siquiera sé si alguna vez
fingió ser eso, o si su temperamento simplemente se apodera de él a veces,
como mi soledad, torpeza y necesidad de ser amada se apodera de mí.
—Y llámame loco, que sé que suele ser lo tuyo, pero estoy bastante
seguro de que me volveré a enamorar de ti.
No puedo respirar. Levanta la cabeza, presiona sus cálidos y suaves
labios contra los míos. Es un beso suave, pero cuando pasa su lengua por
la costura de mi boca y la abro, cambia. No es rudo ni duro, pero es posesivo.
Me suelta la mano y me empuja el hombro para que quede boca arriba.
Sin separarse de nuestro beso, se coloca encima de mí, con las manos a
cada lado de mi cabeza y las rodillas a cada lado de mis caderas.
Su lengua gira alrededor de la mía, y deslizo mis manos por su espalda,
sintiendo su fuerza, su piel suave y caliente.
—A la mierda —dice contra mi boca, alejándose por un segundo—. Sé
que me estoy enamorando de ti. Todo de nuevo. —Me besa de nuevo, con
una mano yendo a la cintura de mis pantalones cortos. Los tira hacia abajo
y muevo mis caderas para ayudarlo, empujando la tela con mi pie cuando
llegan a mis tobillos.
Se separa de nuevo, lame una línea en la columna de mi garganta
mientras arqueo el cuello. Empuja mi camiseta, mordiendo mi estómago,
pasando su mano por mis pechos, primero uno, luego el otro.
Y luego está entre mis muslos, levantando una pierna sobre su hombro,
empujando mi rodilla hacia un lado con la otra mano, abriéndome
ampliamente.
311
—Alex —murmuro, pasando mis dedos por su cabello.
Su aliento está contra mi coño.
—Shh. —Su mano se arrastra desde mi rodilla hasta la parte interna
del muslo. Y luego pasa su lengua por mi raja y jadeo. Es la primera cosa
física, aparte de la ira, la frustración y el cansancio, que he sentido en días—
. ¿Te gusta eso, princesa? —me pregunta, sus palabras enviando escalofríos
por mi espalda.
Solo puedo murmurar mi respuesta porque él no espera una. En
cambio, mueve su lengua sobre mi clítoris, y luego su mano deja mi muslo
y empuja dos dedos dentro de mí. Mi agarre en su cabello se aprieta
mientras me toca, me lame, me complace.
Soy un manojo de energía y nervios reprimidos, y él sabe exactamente
lo que necesito.
Su lengua trabaja más rápido a medida que me acerco, sus dedos
también, y cuando me corro, grito su nombre, tirando de su cabello con
tanta fuerza que me sorprende que no se queje, pero en el momento
realmente no me importa.
No se detiene hasta que estoy jadeando, casi rogándole que me deje
respirar. Mi pecho sube y baja rápidamente, mi corazón late tan rápido que
puedo escucharlo en mi cabeza.
Me da una última y lenta lamida que me hace retorcerme, y luego se
arrastra sobre mi cuerpo, bajando sus pantalones cortos y tirándolos al
suelo. Puedo sentir su polla contra mi muslo mientras acuna mi cabeza en
sus manos, apretándome debajo de él, en lo que parece una forma
protectora.
O tal vez solo pienso eso porque siento una oleada de gratitud hacia él.
Me siento drogada por ese orgasmo.
—¿Estás lista, princesa? —me pregunta besando mi boca. Me pruebo
en él y me vuelve jodidamente salvaje.
Asiento, no queriendo romper nuestro beso.
Se inclina entre nosotros, guía su gruesa polla hacia mi entrada
húmeda. Luego me empuja y los dedos de mis pies se doblan. Envuelvo mis
piernas alrededor de su espalda mientras se desliza hacia adentro,
gimiendo.
—Joder —dice con los dientes apretados, su boca aún contra la mía
mientras empuja lentamente dentro y fuera de mí—. Estás tan 312
malditamente apretada.
Arrastro mis uñas suavemente por su espalda.
—O tal vez eres muy, muy grande.
Hace una pausa, mirándome, quitando un mechón de cabello de mis
ojos.
—¿Eso crees?
Asiento, mordiéndome el labio.
—¿Y cómo te sientes por tener mi polla realmente grande dentro de ti?
—se burla de mí, saliendo a la mitad.
—Yo…
No consigo terminar porque luego me golpea y las palabras se
convierten en un gemido mientras entierro mi cabeza en su hombro.
—¿Sí? —pide—. No te escuché, princesa. ¿Qué fue eso?
Envuelvo mis piernas con más fuerza alrededor de él, jadeando cuando
empuja dentro de mí de nuevo, llenándome.
—Yo... yo...
Me folla más fuerte, una mano yendo a mi garganta mientras se aparta
de mí para mirarme.
—¿Tú qué, bebé? —No me ahoga, pero ese toque posesivo alrededor de
mi cuello me moja más, y aprieto mis músculos alrededor de su polla, y esta
vez, él es el que está gimiendo—. Maldita sea —dice con los dientes
apretados—. Si sigues haciendo eso, esto terminará mucho antes de lo que
me gustaría.
Le sonrío y se inclina, besándome con la boca abierta.
—Te amo, Zara —dice contra mi boca, luego lame mis labios, baja por
mi barbilla, sus dedos todavía alrededor de mi garganta.
Mi mente da vueltas y no sé qué decir. No sé si lo decía en serio o si
simplemente se siente realmente bien o...
—Yo también te amo.
Hace una pausa, sus ojos se agrandan mientras se aparta para
mirarme.
—¿Sí?
—Sí.
Y luego empuja dentro de mí de nuevo y me pierdo en una ola de
313
sensaciones. No solo mi cuerpo. Mi mente está divagando. ¿Quise decir eso?
¿Él lo hizo?
Sus ojos se cierran con fuerza cuando termina dentro de mí, gimiendo
mi nombre.
Está respirando con dificultad y mis piernas se aflojan a su alrededor,
mis rodillas caen a un lado cuando él se posa encima de mí, todavía dentro
de mí. Es pesado y apenas puedo respirar, pero envuelve sus brazos
alrededor de mi espalda, abrazándome con tanta fuerza que no me importa
si puedo respirar o no. No quiero que me suelte.
Lentamente, levanta las caderas y se desliza fuera de mí.
—¿Lo decías en serio? —me pregunta después de un momento,
rodando fuera de mí y tirando de mí hacia su pecho de nuevo. El interior de
mis muslos está pegajoso y aunque él hizo todo el trabajo, soy un jodido
desastre sudoroso.
—¿Y tú? —respondo—. Tú lo dijiste primero.
Se ríe, su cuerpo vibra debajo de mí.
—Chica inteligente.
—Bueno —le pregunto, agotada y finalmente exhausta en cuerpo y
mente, lista para quedarme dormida aquí mismo en sus brazos—, ¿lo
hiciste?
Suspira, alegría en el sonido.
—Sí. —Se ríe de nuevo, una risa profunda y juvenil que me hace sentir
bien por todas partes—. Lo dije.
Me trago mis emociones. Por lo que podría pasar por la mañana. Al
final de esta semana. La próxima semana. Próximo semestre. Cuando nos
graduemos. Me trago toda esa mierda y vivo el momento.
—Yo también. Yo también lo decía en serio.
Me sostiene más cerca, más fuerte, y cierro los ojos, suspirando en sus
brazos.
—Siempre te cuidaré, princesa. No solo esta semana. No solo mientras
te enfrentas a esta mierda. Siempre.
No sé si le creo, pero tampoco sé si me importa. En el momento, es
suficiente.

314
44
ZARA

N
uestra semana se acaba pronto, y sé que Alex está destrozado
por ello.
Ayer, jueves, fuimos a ver una película. Una mierda de
acción estúpida con un montón de persecuciones de coches y choques
espectaculares y una trama poco desarrollada que me importaba un bledo.
Pero a Alex le gustó, y a mí me gustó compartir con él las palomitas y los
bocados de galleta en el cine casi vacío.
Pasamos el día teniendo sexo y bebiendo zumo de naranja y comiendo
más tocino, estoy jodidamente harta del tocino, y luego nos dormimos
enredados el uno en el otro de nuevo.
Pero esta mañana ha llamado su madre, y necesita que vaya a una
reunión con su abogado por una mierda con su padre. El divorcio es
complicado, y su padre está enfadado porque un predicador divorciado no
es alguien que realmente pueda dirigir una iglesia. Al menos, eso es lo que
piensa el pastor Cardi.
Alex intenta resolver el asunto por teléfono, pero su madre insiste.
Sale del cuarto de baño, secándose el cabello con una toalla, y el vapor
sale tras él. Tiene la mandíbula apretada, y veo esa ira familiar en las duras
líneas de su cara, en el ceño fruncido. Se da la vuelta, tira la toalla en la
encimera del baño y me mira fijamente, con otra toalla enrollada en la
cintura.
Sus abdominales son realmente impresionantes. Si tuviera que
volverme adicta a una parte de su cuerpo, sería a ésa o a su polla.
Probablemente su polla, de la que puedo ver el contorno incluso debajo de
la toalla, aunque creo que ahora mismo no está empalmada. Teniendo en
cuenta que nos hemos acostado esta misma mañana, antes de lavarnos los 315
dientes o salir de la cama, no me sorprende.
Pero el mero hecho de pensar en volver a acostarme con él me excita y
sé que tiene que irse, así que aparto los ojos de él y miro los tres vasos vacíos
de la mesilla. Están pegajosos en la parte superior por los residuos del zumo
de naranja, y agradezco que haya comprado unos cuantos cartones anoche
después de la película.
No sé si la ciencia está detrás de que el zumo de naranja ayude con la
adicción, pero maldita sea, parece que me está ayudando a mí.
—Mira, Za, en serio, puedes venir conmigo. No será un gran problema.
Sigo mirando los vasos vacíos, con las piernas colgando de la cama y
las manos en el regazo.
—No pasa nada —le aseguro—. De todos modos, esta noche voy a cenar
con mi madre. Si me siento mal, me quedaré con ella. —Es decir, una
maldita posibilidad, pero tal vez.
—Es que odio dejarte así.
Cruzo las piernas por el tobillo. Si me hubiera dicho eso hace unos
días, me habría reído en su cara. Tal vez le hubiera dado el dedo medio para
dejar claro mi punto de vista. ¿Pero ahora? Yo también odio que me deje así.
Estoy llena de sentimientos cálidos que no he sentido por algo que no sean
las drogas en mucho, mucho tiempo. Una parte de mí está preocupada de
que él sea la nueva adicción. Que, a pesar de nuestras declaraciones de
amor, las mías solo se debían a que me sentía colocada por su orgasmo, y
las suyas solo porque... no sé. Tal vez lo decía en serio.
Pero, de nuevo, tal vez no lo hizo. Tal vez no quisimos decir lo que
dijimos en absoluto. Tal vez no estamos listos para amar todavía.
Pero a pesar de saberlo, no impide que me duela el corazón al pensar
que hoy saldrá de mi apartamento.
Me inclina la barbilla hacia arriba, obligando a mi mirada de los vasos
de zumo de naranja a sus grandes ojos marrones.
—Princesa.
Trago más allá de la sequedad de mi garganta, intento sonreírle, pero
me parece que sale más bien una mueca.
—¿Sí?
—¿Prometes que te portarás bien?

316
No sé si quiere decir “bien” en el sentido de que no me drogaré o “bien”
en el sentido de que estaré bien. En cualquier caso, asiento, con sus dedos
aún bajo mi barbilla.
—Lo prometo. —Vuelvo a sonreír, y esta vez parece más real. Está tan
bueno que es fácil fingir esa sonrisa.
Se inclina y me besa, como si lo hiciéramos siempre. Como si no fuera
nada. Como si mis labios le pertenecieran. Y aunque parece algo habitual,
porque lo es, se ha convertido en algo natural que nos toquemos así, me
deja sin aliento, sobre todo cuando me pasa el pulgar por el labio inferior
antes de dejar caer la mano para vestirse.
No te vayas, no te vayas, no te vayas.
Mi mente lo grita, pero no lo digo. Es cierto que tengo una cena con
mamá, y es un hermoso día de otoño. Puedo salir, a dar un paseo o una
caminata. Incluso puedo llamar a Kylie si empiezo a sentirme demasiado
mal. También puedo llamarle a él, si lo necesito. Ya me lo ha dicho.
Pero eso no hace que me duela menos cuando me rodea con sus brazos
y me toma en brazos en la puerta de mi apartamento después de haber
hecho la maleta y estar preparado y oler tan bien.
No me duele menos cuando me dice: “Te quiero, princesa”, contra mi
oreja y me besa el cuello y no me baja hasta que me ha exprimido el puto
aliento de mis pulmones.
Y yo le digo que también le quiero. Y tal vez lo haga. Tal vez sí, me
recuerdo.
Le observo desde la puerta mientras baja los escalones con su bolsa de
deporte al hombro. Cuando se da la vuelta para saludarme, se me revuelve
el estómago cuando vuelve a acercarse, me besa de nuevo y me pasa un
brazo por el cuello.
Y me río cuando se va, esta vez de verdad, y me vuelvo a reír cuando
toca el claxon de su Jeep y saca la mano por la ventanilla.
Y entonces se va. Y la oscuridad se instala de nuevo. La soledad.
Mi teléfono sigue en el cajón junto a la cama y tengo que cargarlo para
ponerme en contacto con mamá, pero no quiero hacerlo porque sería muy
fácil hojear mis mensajes y enviarle uno a Jax. Probablemente me lo negaría
y no puedo soportarlo.
317
Cierro la puerta del apartamento con llave y me dirijo al pasillo para ir
a la ducha. Todavía huele a Alex. Toda mi habitación lo hace, y hace que me
duela el corazón.
Es tan jodidamente estúpido. Me prometió que volvería tan pronto
como pudiera. Probablemente mañana, dijo. Si no, definitivamente pasado
mañana.
Promesas, promesas.
No puedo cumplirlas, pero eso no significa que él tenga el mismo
problema.
Decido dejar de lado la ducha y sumergirme en un baño de burbujas,
cerrando los ojos mientras me recuesto contra la baldosa.
El sonido del agua me hace sentir en paz. Pienso en las olas del mar,
sin pensar en esa mierda de fiesta en la playa. Pienso en cómo sería vivir en
la costa con Alex. Tal vez incluso podríamos tener una parte de nuestro
gimnasio al aire libre. Tal vez podría ser un ejemplo para las chicas jóvenes.
Tal vez podría ayudar a los chicos de hogares desestructurados, y podríamos
salvar vidas en lugar de destruir las nuestras.
Tal vez Eli Addison sea un recuerdo lejano y las cosas horribles que él
y yo hemos hecho no vuelvan para atormentarme.
Me permito soñar, solo por un rato. Porque cuando vuelva a abrir los
ojos, todo se desvanecerá y la realidad de lo que soy y de lo que he hecho
volverá a aplastarme.
Ni siquiera estoy segura de que el propio Jesucristo perdonaría de
verdad a alguien como yo. Y Alex no tiene el corazón del hijo de Dios, así
que sé que definitivamente no lo hará. No importa lo que diga, no creo que
lo diga en serio.
No puede amarme.
Estoy demasiado rota para eso.
Sin embargo, fue agradable. Mientras duró, fue agradable.

318
45
ZARA

—T
e ves muy bien —me dice mamá, pellizcando su
ensalada—. Menos... cansada. —Termina,
mirándome mientras deja caer su tenedor,
rindiéndose. No la culpo. Es una jodida ensalada de
la huerta sin aderezo. En un restaurante en Falls Creek, un poco lejos de
Caven, conocido por su cerdo desmenuzado.
Creo que eligió el lugar equivocado para hacer dieta. Por supuesto,
mamá no necesita hacer dieta. Ella simplemente lo hace. Ella siempre lo ha
hecho.
Miro mi propia hamburguesa a la que le he dado dos bocados. Pero mi
jugo de naranja está agotado, y aunque mamá me miró como si estuviera
drogada cuando lo ordené, estaba muy bueno.
Juego con la servilleta de papel en mi regazo.
—Gracias.
Se recuesta en la desvencijada silla de madera, inclinando la cabeza
mientras me mira. Sus grandes ojos azules están llenos de algo parecido a
la sospecha, y si me acusa de estar drogada en este momento, podría tirar
esta servilleta al maldito piso y salir.
Pero ella no lo hace.
Ella me acusa de algo peor.
—Zara Rose Henderson —me regaña, pero hay algo divertido en sus
palabras. Se inclina hacia adelante, su mano sobre la mesa, y veo su anillo
de bodas brillando en las luces del techo, el anillo de oro grabado con rosas,
bonito en sus delgados y cuidados dedos—. ¿Estás enamorada?
Mi boca se abre y levanto la servilleta en mi mano. ¿Qué diablos? 319
Ella sonríe, pequeñas arrugas tirando del pliegue de sus ojos. Echa
hacia atrás su brillante cabello rubio, sentándose más recta y dándome una
sonrisa de satisfacción.
—Lo sabía. Lo estás. —Suspira, parpadeando—. Bueno, continúa.
¿Quién es él? Dios sabe que has tenido que lidiar con un montón de hombres
de mi parte, así que creo que al menos debería obtener el nombre del
afortunado. —Se encoge de hombros, las mangas bronceadas de su blusa
de seda se alzan un poco mientras lo hace—. ¿Es ese chico que trajiste a la
fiesta de compromiso? —Entrecierra los ojos—. ¿El de los tatuajes?
Me siento mal de solo pensar en él.
—No estoy enamorada —me las arreglo para decir, jodidamente
demasiado tarde.
Ella me mira fijamente, con el ceño fruncido en su rostro.
—Vamos, Zara. No me mientas. Soy tu madre. —Sonríe, y es genuina
por una vez, lo cual es un poco extraño ya que está dirigida a mí. Todo lo
que he hecho en los últimos años es decepcionarla. Probablemente se
interponga en el camino de su vida amorosa—. Y, obviamente, sé un par de
cosas sobre el amor. O cómo joderlo.
Mis ojos se abren de par en par, boquiabierta. Ella acaba de hacer una
broma de autocrítica. Solo dijo la palabra J. ¿Es esta mi madre? ¿Siempre
ha sido así y yo estaba demasiado drogada para verlo?
Me río, negando un poco con la cabeza, relajándome en mi asiento.
La camarera se acerca apresurada y echa un vistazo a nuestros platos
aún llenos.
—¿Sigues trabajando en eso?
Mi madre no rompe el contacto visual conmigo, como si quisiera que
este momento se quede.
—Sí —dice secamente, y escucho que la camarera se enoja un poco por
el tono de mi madre, y probablemente el hecho de que mi madre se parece
un poco a una perra, pero se aleja sin decir una palabra más—. Lo sé —dice
mamá de repente, dando golpecitos con las uñas en la mesa de madera.
Estamos metidas en una mesa en la esquina del restaurante, lejos de la
puerta, mamá insistió, para que ninguno de sus clientes la “reconociera”,
para lo cual no tenía palabras, pero ella aún se inclina cerca de la mesa y
susurra—: Es ese chico realmente alto con el que te vi en el supermercado. 320
Es él, ¿no?
Me río un poco, pero ni siquiera puedo negar bien. A pesar del jugo de
naranja y el sexo que tuve y de enviarle mensajes de texto a Alex diciéndole
que lo amaba, todavía estoy exhausta.
O tal vez todas esas cosas me están agotando más, a pesar de las
palabras de mi madre sobre parecer “menos cansada”.
—Era sexy, Zara —dice, recostándose en su asiento—. Realmente alto
y muy sexy. —Arquea la boca hacia un lado—. ¿Cuál era su nombre de
nuevo?
Mis mejillas se están calentando y quiero empezar a hablar de él. Me
sorprende que incluso lo recuerde, pero siempre ha sido buena para
prestarme atención, incluso en sus ausencias. Pero me alegro de que no
recuerde su nombre.
Está el artículo sobre él rompiéndole la nariz a ese tipo en el campo y
la mierda sobre su padre en los periódicos. No, gracias.
Aunque, aquí entre nos, yo soy la jodida, mamá no lo vería de esa
manera.
—No es él, mamá —miento, aunque estoy desesperada por hablar de
él. Para hablar de su cabello espeso y sus ojos oscuros y Dios, es tan
jodidamente alto. Y lo amable que es y lo que quiere hacer con su vida y
cómo está ayudando a su mamá y cómo suena como un idiota a veces, pero
en realidad tiene el corazón más indulgente que he conocido.
Sí. Quiero decir toda esa mierda, pero no digo nada de eso. Además,
todavía tengo que resolver mi propia mierda antes de que pueda pensar en
tener una relación estable y permanente con Alex Cardi. Podríamos haber
dicho que nos amamos, pero eso fue en una bruma de lujuria inducida por
el sexo.
Te veo.
Escucho sus palabras en mi cabeza y no puedo detener la pequeña
sonrisa en mis labios. Aparto la mirada de mamá, pero ella ya lo vio.
Pero entonces de nuevo.
Eli dijo esas mismas palabras.
—Oh, cariño —dice, sus palabras son un suspiro sin aliento—. Ojalá
me hablaras de él. A menos que fuera el chico tatuado. También puedes
hablarme de él, ¿sabes?
321
Lanzo mi mirada hacia arriba, mi estómago se hace un nudo pensando
en Eli. Pensando en esa noche en la playa. Pero mamá debe leer algo más
en mi expresión porque dice:
—Zara, no me digas que tú también sientes algo por él.
—¿Qué? —pregunto, desconcertada—. No, no lo hago, yo...
—¿Dos chicos, Zara?
Mi cara se sonroja y me siento incómodamente caliente a pesar de que
estoy en vaqueros y una camiseta blanca sin mangas torcida en un nudo,
exponiendo la parte inferior de mi cintura. Aprieto la fina tela de mi camiseta
entre dos dedos, abanicándome, y mamá hace una mueca.
—Estoy segura de que solo uno de ellos realmente quiere lo mejor para
ti. Ambos no pueden amarte por igual, Zara. Y probablemente tampoco
puedas amarlos a ambos. —Suspira—. Dos chicos son un problema, cariño.
Confía en mí.
—Mamá, no es así.
Ella se encoge de hombros y vuelve a golpear con las uñas la mesa
junto a su plato de ensalada.
—Sé cosas, Zara. Por eso soy la mejor agente en Monkey Junction.
Quiero decir, supongo que no puedo discutir con esa estadística, así
que me quedo callada.
—¿Ellos se conocen? —pregunta, arqueando una ceja.
—Mamá, no es... —Me dejo llevar por las persianas de madera que
están a nuestro lado. El cielo se ha oscurecido y miro los autos en el
estacionamiento más allá de las mecedoras en el porche cubierto afuera.
Dejo escapar un suspiro constante, me giro para mirarla de nuevo. No
amo a Eli. Pero realmente no puedo decirle lo que pasó entre nosotros y
Alex. No puedo decir toda esa mierda. Pero supongo que podría hacerlo de
una manera indirecta. Mirar lo que piensa de todo esto.
No estaría de más confiar en mamá. No todo, obviamente, pero recibir
un pequeño consejo no vendría mal.
—Sí —le digo, enderezándome en mi silla, con los codos sobre la mesa,
las manos juntas junto a mi hamburguesa apenas tocada—. Se conocen.
—¿Son amigos? —fisgonea. No hay juicio en sus ojos, y considerando
su historial matrimonial, supongo que no lo tendría. 322
—Sí. —Al menos solían serlo. Hasta mí.
Ella se encoge de hombros.
—Bueno, puede que no sepa exactamente qué está pasando, pero
hablando por experiencia, puedo decirte esto. —Se inclina más cerca y mi
corazón late en mi pecho—. Uno de ellos no te quiere, Zara. Uno de ellos
solo quiere ver si puede alejarte del otro. Eso es parte del atractivo. —Me
mira fijamente y siento sus siguientes palabras como una flecha al
corazón—. Una vez que te atrape, te dejará caer, y dolerá como el infierno
cuando lo haga.

Alex: Te extraño.
Alex: Mucho.
Alex: ¿Estás bien, princesa?
He estado mirando los mensajes de texto de Alex durante media hora,
pensando en las palabras de mamá. Debería haber confiado en ella mucho
antes de este espectáculo de mierda. No sé qué está pasando con Eli y Alex
porque no tuve el descaro de preguntarle, pero supongo que eso es otra cosa
que tendremos que aclarar cuando regrese.
Yo: Estoy bien. Te extraño también.
Exhalo profundamente, a punto de arrojar mi teléfono en el cajón de
mi mesita de noche cuando entra otro mensaje de texto.
Se me cae el estómago y me siento en la cama, quitando las mantas.
Es de Eli.
Él: Estaré allí en diez.
Eso fue hace ocho minutos.
Mierda.
Joder, joder, joder.
Por un segundo, pienso en él follándome tan fuerte en la casa de la
playa, cómo no paraba. Cómo le gustaba realmente hacerme daño.
Lo pienso y un miedo frío se apodera de mí. Pero ya no soy esa chica.
No estoy asustada. Me ocuparé de su trasero de una vez por todas, y luego
terminaré con él. Terminaré. 323
Suspiro, mirando hacia abajo a lo que estoy usando. Estoy en
pantalones cortos negros, una camiseta rosa suelta que apenas cubre mis
malditas tetas y considerando que no tengo muchos de esos para empezar,
eso es decir algo.
Abro la puerta de mi armario para agarrar una sudadera con capucha
cuando escucho llamar a la puerta.
Mi teléfono comienza a vibrar en mi mano. Eli está llamando.
Mierda, mierda, mierda.
Paso una mano temblorosa por mi cabello ondulado, tomando una
respiración profunda mientras mi corazón late con un ritmo nervioso en mi
pecho.
Todo irá bien.
De todos modos, necesito terminar con esto.
No es como si me fuera a matar o algo así. Eli puede estar loco, pero en
realidad no es un psicópata, me digo como si pudiera creerlo.
Mi teléfono comienza a sonar de nuevo, lo tiro sobre la cama y cierro la
puerta del armario de golpe. A la mierda la sudadera con capucha.
—¡Ya voy! —grito cuando comienza a golpear la puerta de nuevo. Miro
por las persianas abiertas de la sala de estar. Afuera está totalmente oscuro.
El reloj de la estufa dice que son las once. Y al lado, en el mostrador, están
todas las botellas de licor que alineé antes. Media docena.
No tomé ni un puto sorbo. Estaba planeando tirarlos por la mañana.
En lugar de alcohol, terminé otra caja de jugo de naranja.
Soy diferente.
Soy más fuerte.
Puedo hacer esto.
Llego a la puerta justo cuando Eli comienza a golpearla de nuevo.
Apuesto a que piensa que estoy drogada.
Sorpresa, sorpresa. Esta podría ser una de nuestras primeras
conversaciones sobrias.
Quito el seguro, abro la puerta, el aire fresco de octubre entra a toda
velocidad.
Ladea la cabeza hacia mí, teléfono en la mano. Arqueando una ceja 324
oscura, mira detrás de mí y pregunta:
—¿Estás sola?
Un escalofrío de algo parecido al miedo me recorre ante esas palabras
y por la forma en que me mira de arriba abajo. La forma en que mis pezones
se endurecen con el frío y quiero cubrirme y cerrar la puerta y decirle que
no voy a hacer esto ahora.
—Te he extrañado mucho. —Desliza las manos en los bolsillos de su
sudadera con capucha negra—. Tenía la intención de decirte... lo siento
mucho.
Me río, sin moverme de la puerta.
—Gracias por la disculpa. Pero las cosas han terminado entre nosotros.
Hemos terminado. Estás loco, me mentiste y me traicionaste. —Muevo la
barbilla, indicando la escalera a su espalda—. ¿Hemos terminado ahora?
Me sonríe y siento que se me debilitan las rodillas, el corazón me late
con tanta fuerza en el pecho.
Luego dice:
—Tengo algunas cosas más que decir. —Y pasa a mi lado, con fuerza,
mirándome por el hombro.
No me muevo de la puerta, la puerta todavía está abierta.
—Eli. —Odio la forma en que tiembla mi voz—. Sal ahora mismo.
Ni siquiera se da la vuelta para mirarme. Simplemente dice:
—Cierra la puta puerta, Zara, o esto se va a poner realmente
complicado. —Sus palabras me asustan.
Me tiemblan las manos. Pienso en correr. Pero luego dice:
—Solo tomará un segundo, ¿de acuerdo? —Todavía sin mirarme.
Sólo un segundo.
Puedo hacerlo por un segundo, y luego se irá de mi vida para siempre.
Lentamente, cierro la puerta. Vuelvo a bloquearla.
Cuando me doy la vuelta, él está ahí. Sus ojos están en los míos como
si estuviera buscando algo, tratando de leerme. Quizás tratando de ver si
estoy drogada.
Le ofrezco una pequeña sonrisa que no siento. Mi mente está corriendo,
pero también me siento audaz. Más fuerte. Ahora me enfrento a las
consecuencias de mis propias acciones, que podrían ser las primeras para 325
mí. Esta vez, sin embargo, no hay salida. No hay píldora, inyección o droga
que perseguir. Esta vez, tengo que lidiar con esta mierda yo sola.
Y lo haré. Me ocuparé de él.
—Te he echado de menos —dice de nuevo. Extiende una mano hacia
mi cara y su toque se siente eléctrico, como lo hizo la primera vez que vino
solo a mi apartamento.
El recuerdo hace que mi cara se caliente y él debe verlo porque me
agarra la barbilla e inclina mi cabeza hacia arriba cuando trato de desviar
la mirada.
Puedo olerlo. Ese delicioso aroma a coco y cítricos. Me recuerda al mar.
—¿Qué estás pensando? —me pregunta.
Arqueo una ceja, trato de apartar mi cabeza de su mano, pero él me
sostiene con más fuerza.
—Sobre la última vez que te vi —admito. Sobre cómo me lastimaste.
Cómo me jodiste.
—¿Sigues enojada conmigo? —pregunta, incrédulo, como si no lo
creyera. Como si no se mereciera mi enojo.
Agarro su muñeca, trato de apartar su mano de mi cara. Simplemente
aprieta su agarre, dolorosamente, y clavo mis uñas en su piel,
arrastrándome sobre los tatuajes en su mano.
—Suéltame.
Lo hace. Sacudiéndome hasta la mierda, deja caer su mano y mira
hacia abajo y exhalo un silencioso suspiro de alivio. Quizás esto no salga
como yo creo. Quizás esto sea mucho mejor. Tal vez vino aquí para decirme
que me extrañaba, pero se da cuenta de que no somos buenos juntos. Que
tenemos que alejarnos el uno del otro para siempre.
Pero en lugar de hacer nada de eso, me agarra del brazo y tira de mí
hacia la cocina, empujándome contra el mostrador donde mi espalda golpea
una botella de alcohol que se desliza dentro de otra, afortunadamente sin
caer al piso.
Él toma mis dos brazos, se inclina hacia abajo, y debo estar
jodidamente paralizada por los nervios porque aparte de un pequeño jadeo
que se escapó de mi boca cuando me empujó aquí, no digo nada. No hago
nada.
326
—¿Qué está pasando, Zara? —me pregunta, la menta de su aliento
acariciando mi boca—. No pareces muy feliz de verme.
—Yo…
Tapa mi boca con su mano y entrecierra los ojos.
—Dejaste que esto fuera un poco lejos, ¿eh, Za?
—Eli. —La palabra está amortiguada bajo su mano, y odio que su
nombre esté temblando en mis labios, pero odio haberlo dejado entrar aún
más. No debería haber hecho esto. Tiene el poder de arruinarme y ambos lo
sabemos.
Deja caer su mano de mi boca.
—Quítate de encima —le gruño.
Se ríe, agarra mi brazo con más fuerza, pero luego, arrojándome de
nuevo, se aleja, hacia la puerta.
Retrocedo, todavía contra la encimera pero bajando, hacia el frigorífico.
Hacia mi cuarto.
No se mueve.
Está de pie entre la puerta y yo y, a menos que quiera saltar por la
ventana, sabe que me tiene atrapada.
—¿De qué estás hablando? ¿Yendo un poco lejos? —Si corro, si trato
de atacarlo, solo se alimentará de mi miedo. Tal vez pueda salir de esto con
las palabras.
Me sonríe, esa sonrisa encantadora que lo he visto destellar docenas de
veces, sin saber que en realidad era un maldito monstruo.
—Admiro tu esfuerzo, pequeña, pero sé que realmente no lo quieres. ¿Y
ahora le dejas pasar la semana contigo? ¿Dejas que intente ponerte sobria?
—Hay una verdadera rabia en esas preguntas. Me hace sentir mal
físicamente. No pensé que realmente le importara. Pensé que todo esto era
un juego. Un juego para un chico con gustos extraños. ¿Pero está loco?
—No sé qué...
—Creo que deberías dejar de jugar ahora, Zara.
Pero ahora es mi turno de enojarme. La rabia me recorre al rojo vivo, y
esa oleada de irritación que he sentido durante toda la semana vuelve con
toda su fuerza. Me aparto de la encimera y me giro completamente para
mirarlo. Sus ojos se iluminan con diversión porque quiere esta pelea. 327
—No puedes hacer esto —le digo, señalando su camino—. ¡Lo jodiste
todo!
Da un paso adelante, pero no titubeo, incluso cuando ladea la cabeza,
su expresión todavía llena de diversión mientras me escucha.
—No puedes volver aquí después de que me jodiste. Y además, he
terminado contigo. Estoy tan harta de ti.
—Tú me querías. —Su tono es sencillo, sus palabras sencillas—.
Todavía lo haces.
Cierro los ojos con fuerza, tratando de pensar. Respirar. Maldita sea,
realmente quiero más jugo de naranja. O, más que eso, quiero tragarme una
de estas malditas botellas a mi lado.
—Vamos, pequeña, este fue el plan desde el principio. —Su voz es
tranquilizadora y cuando abro los ojos, está a treinta centímetros de mí.
Intento tragar mi rabia, mi confusión. Mi miedo.
—¿De qué carajo estás hablando?
Desliza su mano sobre el mostrador, haciendo que todas las botellas de
alcohol que he alineado se estrellen contra el piso, el vidrio estallando en
pedazos. Pero no se detiene ahí. El cristal cruje bajo sus zapatos mientras
camina hacia mí, tirando de mí por el cuello de mi camiseta, mis pies
descalzos sobre el cristal roto, un dolor agudo punzante bajo el arco de mi
pie. Gimo, pero a él no parece importarle. No la suelta y no mira hacia abajo.
—Te di espacio —susurra cerca de mí—. Te dejo respirar. Te dejo...
vivir. No supe todo este tiempo que querías que te lo quitara.
Agarro su mano, clavando mis uñas en su piel. Pero de repente pasa
su pierna por detrás de la mía, derribándome. Caigo contra el cristal, los
fragmentos se clavan en mi espalda. Mi labio tiembla, las lágrimas brotan
de mis ojos mientras él también se arrodilla, todavía agarrando mi camiseta
con el puño.
—No sabía que querías que te asfixiara, Zara. No sabía que querías que
te matara. ¿Por qué no me lo preguntaste?
Se inclina hacia abajo y mi cabeza está a centímetros del vidrio que
actualmente está cortando mi espalda, solo su agarre en mi camiseta sin
mangas me sostiene, y mis propios músculos centrales, tensos.
—Ahora lo sé, Zara. —Pasa su lengua por mi boca—. Ahora lo sé, y
nunca lo olvidaré. ¿Quieres que te traten como una perra estúpida sin 328
cerebro? —Me tira hacia arriba hasta que mi frente está presionada contra
la suya—. Puedo hacer eso por ti. —Me besa pero aprieto mis labios.
Que se joda.
—¿La cosa con Alex, bebé? Es que él muestra su locura. ¿Pero yo? Me
gusta esconder la mía. Me gusta el miedo en tus ojos ahora mismo porque
alguna vez pensaste que yo era algo mejor. Una vez pensaste que yo era el
bueno. —Se ríe, tirando de mi labio con los dientes—. ¿Con nosotros tres?
No hay tal cosa. —Me deja caer sobre el cristal y me inmoviliza con la mano
en el pecho—. Deberías haberlo sabido mejor, Za.
El vidrio se clava en mi cuero cabelludo, mi espalda, mis muslos. El
dolor es ardiente, punzante, agudo.
—Déjame levantarme. —Mi voz es poco más que un gemido.
Eli se ríe, presionándome más contra el suelo.
—No lo creo, pequeña. Todavía no. No hasta que recuerdes cómo era.
Frunzo el ceño, el dolor momentáneamente adormecido con mi
confusión.
—Recuerda cómo era...
—Sé que eres estúpida pero no eres tan estúpida, Zara. Recuerda cómo
fue cuando te conocí. Cómo era cuando estabas encima de mí y querías
hacer todo lo que te pedía. Cuando me dejaste abrazarte en esa piscina
Cuando accediste a esto, Zara.
Mi estómago se retuerce. El dolor del vidrio me hace llorar.
—Pero esto es… todo esto está mal, Eli. Sabes que todo esto está mal.
Su mano se mueve a mi garganta.
—Sí. Joder, tú también lo sabías, ¿eh? Pero querías experimentar todo,
¿no es así, pequeña?
—Me jodiste. Me follaste y…
—Te di una salida.
—No. No. Vete a la mierda. No tienes derecho. ¡Ningún jodidamente
derecho! —Trato de ponerme de pie, pero el vidrio se aloja en mi palma y
siseo entre mis dientes, Eli sigue presionándome.
—¿Crees que Alex te tratará bien, Za? —Cambia su agarre y me levanta
de un tirón. Mi espalda está en llamas y siento sangre caliente y húmeda en
329
mi palma. Los ojos verde bosque de Eli se oscurecen cuando me atrae hacia
él, el vidrio crujiendo bajo sus zapatos, cortándome los pies—. No lo conoces
como yo. Y él no te conoce.
—Pero yo te conozco. Te conozco y sé que eres un maldito enfermo, Eli
Addison. Vete a la mierda. Sal de mi casa.
—Termina las cosas con él.
—No. —Mi mandíbula se aprieta—. No. Estás jodidamente enfermo, Eli.
Estás jodidamente enfermo y necesitas ayuda.
Me golpea contra el mostrador, luego envuelve ambas manos alrededor
de mi garganta, sus dedos se clavan en mi piel mientras se inclina sobre mí.
Mi corazón va a salir disparado de mi pecho. Eli siempre fue esta
silenciosa e hirviente oscuridad. Siempre. Es por eso que me atrajo. Es por
eso que lo follé en primer lugar.
Pero él era más que eso. Mucho más.
Él estaba jodidamente loco.
Las palabras de mi mamá resuenan en mi cabeza. “Uno de ellos no te
quiere, Zara”.
—Si no rompes con él, te mataré. Ni siquiera puede soportar ver a
alguien más follarte, Za. ¿Cómo va a aguantar tu mierda? —Sus manos se
clavan más profundamente en mi garganta, y mi cabeza comienza a dar
vueltas, el cerebro desesperado por oxígeno—. Solo yo puedo hacer eso,
pequeña. —Roza sus labios sobre los míos—. ¿Pero sabes qué? Me gustas
así. Robándote el aliento. —Vuelve su mejilla contra mi boca—. Me gusta
sentir nada donde debería estar tu vida.
Abro la boca, pero no sale nada. Clavo mis uñas en sus brazos y él se
ríe mientras se vuelve hacia mí.
Voy a morir.
Él me va a matar.
Y en este momento, se me ocurre algo, y no sé si es un regalo de Dios,
justo antes de dar mi último aliento, o si realmente soy estúpida, pero no
puedo detener el pensamiento que resuena en mi cabeza como una
advertencia demasiado tarde. Rihanna Martinson no se ahogó. El la mató. No
sé cómo ni por qué ni cuándo, pero él lo hizo.
Clavo mis uñas lo suficientemente profundo como para sacar sangre,
pero su sonrisa se ensancha.
330
—¿Vas a romper con él, pequeña?
No. No, no lo estoy jodidamente haciendo. Pero no soy estúpida. No soy
una perra estúpida. Asentí.
Presiona su nariz contra la mía pero no la suelta. Me siento hundida
aún más contra el mostrador, la sangre abandona mi cabeza.
—Y luego serás mía para follar, ¿eh? ¿Sólo mía?
Asiento de nuevo.
—Porque nadie más te follará como yo puedo y tú lo sabes, ¿no es así?
Mis ojos revolotean cerrados pero todavía asiento.
—Y nunca más vas a huir de mí, ¿verdad?
Otro asentimiento débil.
Afloja su agarre y tomo una bocanada de aire, llenando mis pulmones
con un jadeo. Sus dedos se deslizan por mi cuello, extendidos contra mi piel.
—Eres tan hermosa, pequeña.
Todavía estoy tomando aire, pero el escozor en mi espalda, los cortes
en mis pies, dispara fuego a través de mi cuerpo.
—Eli —digo, mi voz ronca—. Necesito...
Sus ojos recorren mi cuerpo antes de volver a posarse en mi rostro.
—A mí —termina—, me necesitas. —Su boca aterriza en la mía, su
lengua pasa por mis labios.
—No —gimo alrededor de su boca—, duele...
Él se echa hacia atrás, mirándome, y luego una sonrisa se curva en sus
labios. Se mete la mano en el bolsillo de la sudadera y me suelta.
Exhalo, pero luego sostiene una bolsita con algo de color blanquecino
y un encendedor en una mano. Busca en su otro bolsillo, murmurando para
sí mismo.
—Ah. Sí. —Saca una jeringa—. Tengo algo para ayudarte, pequeña.
Solo necesito una cuchara.
Se me seca la boca cuando Eli abre un cajón y lo cierra de golpe. Abre
otro. Saca una cuchara, sonriéndome mientras deja la jeringa sobre el
mostrador.
—Eli...
Me ignora, vierte un poco del polvo en la cuchara, sus movimientos
seguros. Estables. Deja la cuchara, agarra la jeringa y la llena hasta la mitad
331
con agua del fregadero, la deja caer en la cuchara.
—Eli. No. —Doy un paso atrás, la sangre parece congelarse en mis
venas. No lo haría.
Y eso no puede ser...
Mueve el encendedor y calienta el contenido de la cuchara hasta
convertirlo en líquido.
—Eli.
Simplemente sonríe más ampliamente, saca algo más de su bolsillo.
Una bola de algodón.
Empapa la heroína del algodón, luego sumerge la jeringa en el algodón,
lo saca y deja caer la bola de algodón.
Se vuelve hacia mí, jeringa en mano.
—No.
Él no lo haría realmente
Doy otro paso atrás. Nunca podré correr hacia la puerta antes de que
él llegue. No podré detenerlo. No huyendo. No contraatacando.
—Eli.
—¿Sí, pequeña? —Avanza hacia mí.
—No.
Retrocedo hacia la pared donde está la habitación de Kylie. Pero Kylie
no está en casa. Y Alex está en la costa.
Eli me agarra del brazo.
—N-no. —Intento recuperarlo—. ¿Por qué querrías que yo…?
—Quiero darte el mejor subidón, Zara. Mejor que esas pequeñas
píldoras que has estado tomando. Esto será como el éxtasis, y no la jodida
droga del club, cariño. —Tira de mi mano hacia adelante, coloca la aguja
sobre una vena azul, prominente contra mi piel pálida y delgada—. Esto es
real, Za.
—No. —Lo miro a los ojos. Pero no veo nada allí. Nada más que manía.
Locura. Crueldad—. Eli. ¡Mírame!
—Cuidado, estas venas son muy delicadas, niña.
Intento tirar de mi mano de nuevo, pero lo siento.
Una pizca.
332
Su sonrisa se ensancha cuando introduce la aguja.
Mi boca se abre, el miedo se apodera de mí.
Temor. Y algo más.
Mis pies se sienten pesados debajo de mí. Oigo caer la aguja.
Mi respiración se ralentiza.
Hay una manta caliente que cubre mi cuerpo y Eli no parece tan malo.
El vidrio en mis pies, mi espalda, nada de eso es tan malo.
Eso es euforia. Esto es...
Caigo hacia adelante y Eli me agarra.
—Eso es, pequeña.
El calor se esparce por mi pecho. Mis extremidades. Mis dedos. Mi cara.
—Eso es todo. —Frota mi espalda, sosteniéndome cerca—. ¿Se siente
bien, bebé?
¿Bien? Esto es más que bien. Esto es... esto es éxtasis.
—¿Se siente bien ahora?

333
46
ELI

E
s tan hermosa. En el asiento del pasajero del 370Z, su boca
abierta mientras se inclina contra la puerta, ronca suavemente.
Es tan malditamente hermosa.
El sol está saliendo ahora y luego de sostenerla en el sofá de su sala de
estar toda la noche, puedo decir que esa fue la mejor parte del maldito año
entero.
Limpiar el vidrio del suelo de su apartamento, sacar el de la planta de
sus pies y esa astilla que atravesó su camiseta… no tan genial. A pesar de
lo que probablemente piensa, realmente no quise herirla.
Nunca he querido eso.
Cuando puse mis ojos sobre ella por primera vez cuando Alex la trajo a
nuestra casa, supe que haría lo que fuera para conseguirla. Para
mantenerla. Para tenerla. Era exactamente lo que quería, y a diferencia de
cada otra chica que intentó poseerme, que intentó hacer que las poseyera,
ella estaba feliz de hacer lo que demonios quisiera hacer.
Y lo que ella quería era lo que yo también quería.
Pero no lo sabía. No sabía que Alex no era el indicado para ella.
Y entonces Rihanna falló en hacer que Zara lo botara, y luego estuvo
sobre mí. Rihanna me quería, pero malditamente no la quería.
Era un medio para un fin.
Pero lidié con Rihanna.
Y lidiaré con Alex también.
Mientras giro en la calzada, Zara todavía está roncando suavemente en
el asiento del pasajero, y sé que ya he lidiado con lo más importante. Me he
334
asegurado que sepa que es mía. Que el tiempo de juegos se acabó porque
estoy cansado de observar a todos los demás a su alrededor joder con ella.
Conseguí lo que quería, hacer que Alex me observara follarla, y ahora
terminé con esa mierda.
Ahora es mía.

335
47
ALEX

E
s sábado por la mañana antes de que llegue a su apartamento.
Sábado por la mañana, y el sol casi ha salido, pero conduje
tan rápido como pude. Di vueltas y vueltas en mi cama en la
casa de mis padres después de lidiar con los abogados de mamá y papá
explotando y yéndose.
Traté de dejarlo ir. Me dije que podría haberse quedado dormida. Me
dije que está bien. Que ha estado exhausta. Que confío en ella y que está
bien.
Pero no podía dormir y no confío exactamente en ella, así que conduje.
Subo corriendo las escaleras hacia su apartamento, deseando que
tuviera un puto auto para saber si está aquí. No contesta su teléfono, no ha
respondido mis mensajes desde que me dijo que también me extrañaba.
Y eso fue todo.
Llamo a su puerta, suavemente al principio.
Nadie responde.
Kylie no está aquí. Lo sé porque también la llamé.
Nada. Nadie llega a la puerta. No escucho movimiento en el interior.
Llamo de nuevo, más fuerte esta vez. Me pregunto si sus vecinos se
asomarán, pero escucho música en uno de estos apartamentos, así que no
me preocupa demasiado. Joder, incluso si estuvieran todos dormidos, no
me importa una mierda.
Golpeo mi mano con tanta fuerza contra la puerta por tercera vez, que
simplemente se abre.
¿Qué mierda? 336
Ella habría cerrado con llave. Si estuviera bien, si estuviera aquí, esa
puerta estaría cerrada con llave y ni siquiera yo podría haber roto la
cerradura al tocar.
Entro.
Está oscuro como la mierda, y me preocupa que esté dormida y que la
asuste, pero habría cerrado la puerta con llave.
Y lo huelo entonces, cuando me adentro más, cerrando la puerta
suavemente a mi espalda.
Huelo el fuerte olor a alcohol y mi estómago se hunde.
Tengo náuseas, pongo mis manos en mis rodillas y cierro los ojos
mientras mi estómago se revuelve. Me lo trago todo.
Al abrir los ojos, trato de recomponerme.
Es solo alcohol, me digo. Es solo alcohol y está bien. Podría ser peor.
Debería haberme llevado esas botellas, debería haber tirado esa mierda,
pero podría ser peor. Podría ser peor y tal vez solo esté durmiendo en la
cama. Quizás bebió demasiado y podemos lidiar con eso. Podemos
arreglarlo.
Enciendo la luz de la cocina y parpadeo, mis ojos adaptándose.
Y luego mi cabeza comienza a dar vueltas.
Hay botellas de alcohol alineadas en la encimera, afortunadamente,
algunas todavía están llenas, y no hay tazas ni vasos de chupito ni nada que
indique que tuvo una fiesta, pero hay algo rojo en el suelo.
Se me seca la boca cuando me acerco y me agacho para mirar.
Hay una sensación de vacío en la boca de mi estómago, el vello de mi
nuca erizándose.
Eso parece sangre.
Solo una gota, pero lo que es peor es que el suelo está ligeramente
húmedo, como si lo acabaran de limpiar o…
Me enderezo, la habitación gira a mi alrededor. Me dirijo a la pequeña
despensa, abro la puerta y agarro el cubo de basura blanco, tirando de él
para poder ver mejor el interior al abrir la tapa.
Vuelvo a jadear, alejándome del cubo.
Dentro hay botellas rotas y toallas de papel con más sangre. Y algo
337
más.
Hay algo más, casi escondido debajo de una toalla de papel
ensangrentada, pero no del todo.
No del todo.
Hay una jodida aguja en este cubo de basura.
No puedo pensar. Ni siquiera puedo oír nada más que un fuerte
zumbido en mis oídos. Me apresuro a su habitación, gritando su nombre,
abriendo la puerta de una patada y encendiendo la luz.
Jodidamente no lo haría.
No lo haría.
Nunca lo haría.
—¡Zara!
Retiro las sábanas, pero no está.
Jodidamente no está aquí.

Llego a casa en poco tiempo. El sol es una mancha naranja en el


horizonte, el aire está fresco cuando salgo de mi Jeep y cierro la puerta de
golpe. Apenas noto nada de eso. Abro la puerta principal de la casa,
enciendo las luces mientras la cierro de golpe.
Mi mirada se dirige a las escaleras. Voy a sacar el culo de Eli de la cama
y me ayudará a buscarla. No me importa que sea un cabrón enfermo, no me
importa que ya no nos hablemos. Me va a ayudar, joder.
Ya llamé a su madre, encontré su número en línea, pero no respondió.
Probablemente duerme con su teléfono en silencio como cualquier otro
idiota en este planeta.
Debatí llamar a la policía, pero no estoy seguro de que eso ayude
todavía. Aún no.
Subo violentamente las escaleras, gritando el nombre de Eli, pero luego
me congelo, algo llamando mi atención por el pasillo y al otro lado de la
puerta corrediza de cristal de la cocina.
Las antorchas tiki están encendidas, las suaves luces bajo el agua
hacen que la superficie azul baile con la ligera brisa. Y el sol está saliendo 338
muy lentamente. Todo eso me da suficiente luz para ver, pero todavía no lo
creo.
Doy un paso más allá de las escaleras, por el pasillo.
Siento que estoy caminando a través de cemento. Siento que me voy a
desmayar. Siento que no llegaré al final del puto pasillo.
No hay manera.
Quizás estoy delirando porque no pude dormir. Estoy viendo cosas
porque estoy muy cansado y lidiando con la mierda de mamá y la mierda de
papá y pensando en Zara y sintiéndome culpable por dejarla.
No, esto no puede ser lo que creo que es.
Esa no puede ser ella, acostada bocarriba sobre una toalla de playa,
sin nada más que ropa interior, con las manos apoyadas en el estómago.
Y ese no puede ser Eli, sentado a su lado, con los pies en el agua
mientras la mira.
Joder, eso no puede ser lo que estoy viendo.
Intento tragar, pero es como si mi garganta estuviera hecha de papel
de lija. Mi corazón late con tanta fuerza en mi pecho que en realidad me
duele. Esto no está bien.
Nada de esto está bien.
¿Ella fue con él? ¿Eso es lo que es esto?
Pero ni siquiera son las seis de la mañana. Y ese alcohol, y la jodida
aguja…
Aprieto mis manos en puños y camino por el pasillo, forzando mis pasos
a ser firmes y uniformes. Obligándome a no correr. No puedo correr.
No puedo correr.
Llego a la puerta corrediza y ninguno de los dos alza la mirada. Creo
que veo la boca de Eli moviéndose, como si estuviera hablando, pero no
puedo oír lo que están diciendo.
Me doy cuenta de que hay un pequeño altavoz circular junto a Zara.
Suena música.
La reconozco, porque es algo que le enseñé a Eli.
“Memory”, la versión acústica de Dear Agony.
Qué demonios. Qué demonios. Qué demonios.
339
Agarro la manija de la puerta, respiro profundamente de nuevo, pero
no ayuda. Se siente como si todo el oxígeno hubiera abandonado mi cerebro.
Abro la puerta.
Eli deja de hablar y se vuelve para mirarme.
Zara levanta la cabeza, frunciendo el ceño en mi dirección.
Luego, los labios de Eli se curvan en una lenta sonrisa. Por un
momento, esa sonrisa me congela. Hace que mi estómago se revuelva. No sé
qué mierda significa.
Y luego dice:
—Me preguntaba cuánto tiempo te tomaría llegar aquí.
Y jodidamente lo pierdo.

340
48
ZARA

T
odo se sigue sintiendo extrañamente cálido y raramente difuso,
pero aun así me siento mientras Alex carga hacia Eli,
lanzándolos a ambos al extremo poco profundo de la piscina.
La espeluznante música que Eli puso para mí sigue reproduciéndose y
solo puedo observar, paralizada a medida que Alex y Eli bajan, y luego
ambos vuelven a subir.
Llevo mis rodillas a mi pecho, envolviendo mis brazos a mi alrededor.
Estoy temblando, me escurre la nariz, y sé que hace frío, pero no tanto frío.
Sé que debería gritarles, decirles que se detengan. Malditamente sé que
debería decir algo, pero no sé qué hacer.
No sé qué hacer y mi cerebro sigue intentando procesar lo que hizo Eli.
Las palabras que me dijo antes de que Alex llegara irrumpiendo aquí.
Que me amaba.
Que lo sentía.
Que no podíamos hacer eso de nuevo.
Que cuidaría de mí.
Levanto mi mano.
Mis venas están marcadas contra mi pálida piel y ya hay un ligero
moratón, donde me inyectó con… mi cerebro no puede mantener un
pensamiento.
—Hijo de puta. —Esa es la voz de Alex, y está intentando empujar a Eli
hacia abajo. Está intentando empujarlo debajo del agua mientras luchan en
el extremo poco profundo, un enredo de brazos y furia y agua rociando sobre
la superficie—. Estúpido hijo de puta.
341
Ni siquiera sabe. Ni siquiera sabe lo que hizo.
No sabe.
Eli se ríe. Solo se ríe, y envía un escalofrío por mi columna. Acerco más
mis rodillas, descansando mi barbilla sobre una.
Tal vez solo se asesinaran el uno al otro. Jodidamente tal vez solo se
asesinaran el uno al otro y podré dormir de nuevo e ir a casa y pretender
que nada de esto ocurrió. Tal vez sus cuerpos estarán al fondo de esta
piscina.
Eli retrocede, quitándose a Alex de encima. Retrocede a los escalones,
agarrando la barandilla. La misma junto a la que estaba acostada cuando
me empujó debajo del agua, manteniéndome abajo.
Alex tira su cabeza por encima de su cabeza y la lanza al costado de la
piscina, opuesto a mí. Mis cansados ojos admirando sus músculos
bronceados, su alta, figura esbelta.
Eli todavía está riéndose, agarrando esa barandilla. Tiene puesta una
camiseta blanca, y está empapada, aferrándose a cada músculo.
—¿Crees que en serio te quiere? —se burla de Alex, su voz fría —.
¿Crees que esta semana realmente significó algo para ella?
La mirada de Alex se entrecierra, pero se gira para mirarme, porque
está inseguro. Y no estoy segura de qué ve en mi expresión, pero veo que su
rostro cae. Sus labios se separan, y la tensión parece dejar su cuerpo cuando
se gira para enfrentarme completamente.
—Zara —susurra. La música se ha detenido, y un extraño silencio se
asienta sobre su patio trasero. El sol está levantándose, bañándonos en
anaranjado y amarillo.
Le echo un vistazo a Eli, pero está mirando a Alex con una sonrisa de
autosatisfacción en su rostro.
Es un maldito psicópata.
Tal vez supe eso desde el principio. Cuando se presentó en mi
apartamento sin ningún motivo. Tal vez eso es parte de por qué me gustaba.
Es por eso que a las chicas les gustan los imbéciles, pienso. Hay algo
atrayente sobre estar con un hombre al que nada le importa una sola
mierda. Nada más que tú.
¿Pero qué pasa cuando te arruina?
¿Qué pasa entonces?
342
—Dime que no es cierto —me suplica Alex, su voz rompiéndose.
Corro mi mano sobre la parte posterior de mi nariz y me obligo a mirar
a Alex a los ojos. Es tan hermoso. Tan jodidamente hermoso.
No sabe la verdad.
No sabe lo que me dijo Eli. Me dijo que puso a Rihanna para
arruinarnos a Alex y a mí. Me dijo que fue la razón por la que lo besó después
de la práctica. Me dijo que no fue suficiente, y entonces lo quiso, y él no la
quería.
Me quería a mí.
—¿La mataste? —le pregunté —. ¿La sostuviste debajo?
Sacudió su cabeza.
—No lo necesité. Cuando la empujé, eso fue todo lo que tuve que hacer.
Se mató a sí misma, Zara. Se ahogó sola.
—¿Siempre iba a ser él, no? —demanda repentinamente Alex, enviando
un rocío de agua hacia mí. Jadeo, temblando.
No puedo hacer que las palabras salgan. No puedo hablar.
Alex vadea el agua hacia mí.
—Siempre iba a ser él, maldición. Ustedes dos… —Se gira para mirar a
Eli con desdén, quien está mirándolo exactamente igual—. Ustedes dos son
jodidamente increíbles. Ustedes dos son jodidamente… psicópatas. Están
malditamente dementes. ¿Esto siempre fue un jodido juego? —Se gira de
regreso hacia mí, sus manos agarrando el saliente de concreto de la piscina.
Me dejó una vez. Me dejó después de esa noche con Eli.
Pero regresó por mí.
Y se quedó conmigo.
Esta semana, se quedó.
Ahí fue cuando fue todo real para mí.
—¡Respóndeme, maldición! —me grita, aplanando sus manos sobre el
concreto para impulsarse hacia arriba.
Pero Eli se mueve más rápido, y lo lanza hacia atrás, su brazo envuelto
alrededor del cuello de Alex.
—Ya no es tuya, Alex. Déjala ir.
Me pongo sobre mis manos y rodillas, arrastrándome hacia adelante.
Mi cuerpo todavía está tan frío, estoy temblorosa, mi nariz sigue escurriendo 343
y no puedo luchar con ninguno de ellos. No puedo separarlos. No puedo
detenerlos con mis manos, pero mis palabras… Tal vez pueda detener esto.
Tal vez pueda arreglar esto.
Alex ni siquiera lucha con Eli, y Eli debe sentirlo porque afloja el agarre
alrededor de su garganta sin dejarlo ir mientras flotan de vuelta al agua, la
mirada de Alex todavía sobre mí.
—¡Malditamente di algo, Zara! —me grita, los tendones en su cuello
debajo del brazo de Eli marcadas contra su piel—. ¡Di algo! —me ruega.
El concreto es áspero contra mis manos, contra mis rodillas, pero me
arrastro al borde de la piscina, desplazando mis ojos de ida y vuelta entre
Eli y Alex y de regreso. Eli está mirando a Alex y Alex está mirándome a mí.
¿Qué es real?
¿Cuál es real?
¿El psicópata? ¿El imbécil? ¿Ninguno de ellos?
¿Soy jodidamente real?
Las palabras de Eli resuenan en mi cabeza: ¿Ahora se siente bien?
No. No. No.
—Eli. —Mi voz es ronca, y todavía estoy mirando a Alex. Está esperando
que lo sane. Esperando que no rompa su corazón.
—¿Qué te hizo? —demanda, y Eli presiona su antebrazo más fuerte
contra la garganta de Alex, cortando las últimas palabras.
Sacudo mi cabeza, mis manos temblando debajo de mí.
—Él… él… —No puedo hacer que las palabras salgan.
Alex agarra el brazo de Eli, intentando arrancárselo. Tiene éxito, el
tiempo suficiente para decir:
—¡Jodidamente lo sabía! ¿Qué te hizo? Lo vi. —Su voz se quiebra y Eli
sigue mirándolo con desdén, sosteniendo la espalda de Alex a su pecho con
la fuerza de su antebrazo—. ¡Malditamente lo vi en la basura, Zara, sé que
te hizo algo!
Eli estrella su antebrazo de vuelta contra la garganta de Alex, y veo a
Alex tener arcadas por la fuerza.
Me pongo de pie, mis rodillas temblando.
Ele me echa un vistazo, sus ojos entrecerrados mientras estrangula a
Alex. Alex intentando quitarle el brazo a la fuerza de su tráquea, pero Eli es 344
el luchador. Eli es el del poder aquí.
Y no solo en su fuerza.
Alex también es fuerte.
Pero Eli sabe cosas, me dijo. Tiene secretos.
—¿Crees que heriste a Cari esa noche? —dice Eli, su voz baja, una
sonrisita tirando de las esquinas de su boca.
Alex se congela, sin pelear más, sus ojos amplios. Su rostro se vuelve
de una alarmante sombra de rojo a medida que Eli corta su suministro de
aire.
Cari. Esta debe ser la chica. Eli me dijo que sabía la verdad.
Mis dedos están temblando mientras sostengo mi mano en mi boca,
incapaz de respirar. De pensar. De hablar.
—¿Crees que fuiste tú, eh? Maldito idiota. —Eli se ríe, su boca contra
la oreja de Alex, pero habla lo suficientemente alto para que lo escuche—.
Fui yo.
Mi mano cae de mi boca.
—Ella lo quería, pero estaba demasiado jodida para recordar que lo
hizo. Y entonces tú, siendo el maldito héroe, me arrancaste de su cama antes
de que fuera capaz de estar en su interior. Maldito idiota. —El brazo de Eli
se estrella más fuerte contra la garganta de Alex, su otra mano agarrando
su propia muñeca para mantener fuerte la presión.
La boca de Alex se abre, pero sé que no está consiguiendo aire. No está
consiguiendo aire.
—Eli, no. —Mi voz es poco más que un susurro y ni siquiera sé si me
ha escuchado. No levanta la mirada, solo sigue hablando, haciendo que mi
corazón se derrumbe con cada palabra.
—Jodido idiota, dormiste contra su puerta, manteniéndome afuera.
Pero te explotó en la cara porque entonces ambos despertaron de tu maldito
coma ebrio y pensó que fuiste tú todo el tiempo.
No. No. No.
Eli parece recordar que estoy aquí, escuchando. Levanta la mirada
hacia mí.
—No te preocupes, bebé —dice suavemente, su voz tensa por el esfuerzo
de estrangular a Alex —. Eso fue antes de que te conociera.
Debe malinterpretar la expresión en mi rostro, porque frunce el ceño y 345
dice:
—Confía en mí. Lo quería. Solo estaba demasiado malditamente ebria
para recordarlo en la mañana.
—Eli, vas a matarlo. —Las palabras salen en un apuro y Alex está
mirándome, su mano flácida sobre el antebrazo de Eli, apenas aguantando
en lo absoluto.
Su rostro está volviéndose morado.
Su hermoso, hermoso rostro.
—Lo sé —dice Eli con una sonrisa—. Y me ayudarás a enterrar su
cuerpo.
—Eli, no. No. ¡No! —La última palabra sale como un grito.
Eli luce furioso.
—Esta es nuestra salida, Zara. Esto es todo.
Le echo un vistazo al patio en busca de algo para usar como un arma
porque va a matarlo.
Va a matarlo.
Veo la red para limpiar la piscina, colgando de la pequeña caseta donde
mantienen la podadora. Tan rápido como puedo, lo que no es rápido en lo
absoluto, considerando que sigo en medio del bajón por lo que Eli me hizo,
corro hacia ella. Mis adoloridos pies rozan sobre el césped desnudo y agarro
la red, corriendo de regreso.
Eli está riéndose.
Alex está intentando sacudir su cabeza.
Me desplazo alrededor de los escalones por la piscina.
—No hagas nada estúpido, bebé, o también te mataré.
Y entonces salto, apuntando al poste de metal, horizontal, sobre la
cabeza de Eli.
El agua está jodidamente congelada. Es todo lo que puedo hacer para
aguantar la respiración mientras me hundo, pero lo siento. Siento el poste
conectar con la cabeza de Eli, sacudiendo mi agarre. Lo dejo ir, porque no
tengo elección. Si quiero volver a subir a la superficie debajo de esta agua
helada, es lo único que puedo hacer.
Dejar ir.
Lo dejo ir y entonces me impulso sobre las adoloridas plantas de mis 346
pies, punzando ahora con el agua, a la superficie.
Pero alguien me detiene.
Alguien me mantiene abajo.
Y no necesito levantar la mirada para saber quién es.

347
49
ALEX

E
stoy jadeando por aire, mis pulmones ardiendo con él mientras
masajeo mi garganta, pero no hay tiempo para eso. No hay
tiempo porque mi compañero de cuarto es un maldito psicópata
y está actualmente sosteniendo a la chica que amo debajo del
agua.
Va a matarla.
Lo hizo. Sé que lo hizo. Sin que me lo diga, sin que ella me lo confirme,
malditamente sé que esa aguja fue obra suya. ¿Y la sangre? Apuesto a que
era de ella.
Y apuesto a que la hizo sangrar.
La hizo sangrar, joder.
Casi me envió a la jodida prisión.
Me dejó pensar que esa noche fue mi culpa.
No dijo malditamente nada.
Puso una aguja en la vena de Zara.
La incitó a joder con él.
Casi me mató.
La está matando.
Me abalanzo hacia él en el agua, haciendo exactamente lo que me hizo,
mi antebrazo yendo alrededor de su maldita garganta.
Tiro de él hacia atrás, y se paraliza en mis brazos, probablemente
intentando conservar su fuerza. Sé que sabe luchar mejor que yo, pero entre
los dos, soy el que está más jodidamente enojado, y esa mierda tiene que
contar para algo. 348
Zara irrumpe en la superficie, jadeando y enjugando agua de sus ojos,
sacudiendo su cabeza, intentando aclarar su visión.
Dios, es malditamente hermosa.
Me ve, pero también ve la red, y la agarra.
Eli está extrañamente calmado en mis brazos.
Aflojo mi agarre.
Y eso es exactamente lo que el maldito está esperando.
Se abalanza hacia Zara, aparentemente queriendo llegar a ella más que
a mí justo ahora. Pero Zara también está lista.
Sostiene la red como un escudo, horizontalmente. Él se ríe porque está
jodidamente demente, y la agarra, arrancándola casi sin esfuerzo de sus
brazos.
Aprieta sus dientes, sin esperar a que ataque. Lo ataca, sus manos
yendo hacia su rostro.
Y estoy justo detrás de él para ayudarla.
Esta vez, no voy por la garganta.
Esta vez, cruzo mis brazos y los bajo sobre mi jodida cabeza, forzándolo
a bajar.
La boca de Zara se abre de golpe y retrocede, fuera de su agarre.
Lucha contra su agarre, pero bajo el agua, y conmigo teniendo la
ventaja de estar arriba de la superficie, no se puede levantar. No puede
liberarse.
Cuando lo intenta, solo envuelvo un brazo alrededor de su cuerpo,
mantengo el otro sobre su cabeza, forzándolo a quedarse abajo.
Todavía está luchando, y Zara está mirándome con ojos amplios. Esos
jodidamente hermosos ojos océano y esmeralda.
Está en sujetador y bragas, y está temblando, sus manos a sus
costados, pero no aparta la mirada de mí.
El tiempo pasa.
No sé cuánto, pero pronto, la lucha de Eli se hace más débil. Menos
violenta. Pronto, es más fácil mantenerlo abajo.
Pronto, se deja de mover por completo.
—Alex. —Zara dice mi nombre con un indicio de desesperación, pero
349
no se mueve hacia mí. No mira a Eli.
No hablo. Solo me trago el bulto en mi garganta cuando Eli de forcejear
bajo mis manos.
—Alex —susurra de nuevo—, no quieres…
—¿Lo hizo? —le pregunto suavemente cuando Eli se paraliza debajo de
mí—. ¿Metió esa maldita aguja en tu vena?
No me responde, pero no tiene que hacerlo. Puedo leer la respuesta en
su jodido rostro.
Ese hijo de puta.
No lo dejo ir.
No suelto, y cuando el sol se levanta por completo y lanza al mundo en
una prometedora sombra de naranja, todavía no suelto.
No suelto hasta que sé que Eli se ha ido.
Hasta que sé que estoy a salvo.
Hasta que sé que Zara está a salvo, y Eli Addison nunca joderá con ella
de nuevo.

350
50
ZARA

—H
ablé con su padre. Dijo que… dijo que Eli siempre
tuvo problemas. Desde que su madre… ya sabes,
trató de lastimarlo. —Alex traga, entrelaza sus dedos
con los míos—. Estaba viendo a un psiquiatra, pero
supongo que simplemente dejó de ir.
Cierro los ojos, sintiendo las lágrimas pinchar detrás de ellos. Escucho
la voz de Eli en mi cabeza: Tus cicatrices son hermosas, pequeña.
Pero también me vienen a la mente otras palabras. Palabras que hieren
el alma. Su confesión. La vida de una niña robada demasiado pronto.
—Zara.
Miro a los ojos oscuros de Alex, esos tenues destellos de ámbar que me
hipnotizaron antes de que incluso me gustara.
Es curioso que pensara que era un idiota.
Las personas con los corazones más grandes siempre tienen la
armadura más gruesa.
Su cabeza está apoyada contra el asiento negro de su Jeep y veo a su
garganta moverse mientras traga.
—Zara. Siento haber dejado que te afectara. Siento haberme ido. Pero
ahora somos libres, ¿sabes? Somos libres y quiero dejar esto atrás. Quiero
hacerte la jodida chica más feliz del mundo…
—Ese no es tu trabajo.
—Deja que sea mi trabajo.
—Alex. —Trago el nudo en mi garganta. Han pasado tres días. Han
pasado tres días y no puedo creerlo. No puedo jodidamente creerlo. Tres días
351
y ninguno de nosotros fue acusado. Les contamos lo que pasó. Sobre la
aguja y la heroína y la piscina y el…
También les hablamos de Rihanna.
Sobre la confesión de Eli, que la empujó. El padre de Eli no se molestó
en intentar acusarnos porque Eli es un jodido psicópata y resulta que lo
sabía más gente de la que pensábamos. Resulta también que Cari, la chica
a la que agredió, recuerda mucho más de lo que originalmente dejó ver, no
queriendo convertir todo en una escena. La odiaba un poco, imaginando que
había dejado a Alex cargar con la culpa por algo que no era su culpa.
Pero estaba aterrorizada por Eli.
Y puedo entender eso ahora.
—¿Sí, nena? —cuestiona Alex.
—¿Qué vas a hacer hoy?
Sonríe, pero es triste.
Vino al apartamento y accedí a hablar en su Jeep, no queriendo estar
en ese lugar ni un minuto más. Kylie llegó a casa el domingo, el día después
de la muerte de Eli. Lloré en sus brazos, pero no hemos hablado de eso. Y
mamá… mamá es controladora. Necesitaba espacio de ella. Necesito espacio
de todos.
Excepto Alex. Porque él estaba ahí. Lo sabe. Lo hizo. Nos salvó a los
dos.
—Lo que quieras —responde Alex.
Me vuelvo para mirar por la ventana.
—¿Vamos a la playa?
Aprieta mi mano.
—Con una condición.
Dejo que mis ojos se cierren con un revoloteo, disfrutando la sensación
de sus dedos callosos entre los míos.
—Cualquier cosa.
Se ríe. Dios, me encanta esa risa. Llena de tanta jodida vida.
—En ese caso, tal vez más de una condición.
Giro la cabeza y abro los ojos, observando su afilada mandíbula. Esos
hermosos labios. La línea en el centro del inferior. 352
Tan jodidamente atractivo. Lleno de amor. Como su alma.
Arqueo una ceja.
—No pruebes tu suerte, guapo.
Sonríe, sus hoyuelos apareciendo mientras se pasa una mano por su
rostro bronceado.
—Mierda —dice en voz baja.
—¿Mmm?
—Me encanta cuando me llamas así. —Se ríe de nuevo—. Guapo.
—No evadas la pregunta.
Pasa su pulgar por el dorso de mi mano.
—Pasa el fin de semana conmigo allí.
Mis ojos se ensanchan.
—En tu la casa de tus padres…
—Hotel.
Sostengo su mirada. Le digo lo que he estado pensando durante casi
dos semanas.
—No soy muy divertida sin las drogas, Alex. —Es difícil pronunciar esas
palabras. Que mi boca reconozca el miedo de mi corazón. Confesarle lo que
pienso desde hace tiempo. Por qué casi elegí a Eli sobre él, incluso al final.
Porque Eli nunca hubiera esperado que me desintoxicara. Eli me habría
dejado suicidarme. No era su trabajo arreglarme, por supuesto. Pero me
habría dejado cuando se graduara. Me habría dejado cuando mi adicción se
saliera de control. Y con esa heroína, habría sido rápido.
Todavía puedo sentirlo.
Alex aprieta los labios, un pliegue en su frente. Por un momento, nos
miramos el uno al otro, pero finalmente dice:
—Te prefiero sin ellas, Zara.
Dejo escapar un suspiro, tratando de aflojar ese nudo en mi garganta.
—Eso hace uno de nosotros.
Aún puedo sentirlo, si cierro los ojos y recuerdo esa noche. Puedo sentir
el éxtasis. El sueño. La forma en que el mundo me abrazó fuerte como una
cálida manta. Y Eli estaba allí en mi burbuja perfecta, cuidándome.
Me hizo tan feliz, tan cálida, que no me importó. No me importó nada 353
más que ese momento.
Duró horas.
No duró lo suficiente.
—Zara. —El tono de Alex es serio, sus dedos se curvan en los míos. Me
giro para mirarlo, todavía conteniendo las lágrimas. Ya no quiero llorar—.
Vamos a la playa, ¿sí? —pregunta, pasando su pulgar sobre la parte
superior de mi mano—. Nos quedaremos todo el tiempo que quieras.
Podemos quedarnos hasta Halloween, si quieres. Podemos disfrazarnos o no
y salir a beber zumo de naranja, o no. Podemos hacer lo que queramos.
Froto mi pulgar contra mi esternón, el dolor en mi pecho es casi
insoportable. Y no sé para qué sirve. No sé para qué sirve y no sé si quiero
saberlo. No sé si lo sabré alguna vez.
Eli va a ser enterrado este fin de semana.
Quiero decirle eso a Alex. Quiero decirle a Alex que deberíamos ir al
funeral, pero luego pienso en el funeral de Rihanna Martinson. Eli
consolando a su madre.
Eli Addison, el jodido asesino.
No creo que naciera loco. Quizás su madre rompió algo en él. Quizás
no lo hizo. Tal vez fue el hermano que nunca conoció. Las fotos que ella le
envió parecían como si lo estuviera pinchando. Diciéndole que nunca sería
Adonis. Su segundo nombre. Su padre nos dijo eso.
Nunca se lo contó a nadie. Ni siquiera Alex.
¿Ella también estaba loca? ¿Sabía cuánto lo lastimó? ¿Solo quería
contactar?
No lo sé.
Nunca lo sabré.
—¿Te arrepientes? —le pregunto a Alex, incapaz de contenerme. No
hemos hablado de lo que hizo. Esa noche me sostuvo en sus brazos, en mi
cama. Y no hablamos de eso.
Mira por la ventana del lado del conductor y lo veo tragar
—Era mi amigo, pero nunca lo conocí realmente. —Se ríe sin humor—
. Fue mi amigo, y mi compañero de cuarto, durante cuatro años. Pero nunca
lo conocí.
Cierro los ojos, apoyando un lado de mi cabeza contra el asiento,
todavía mirando a Alex. 354
—No creo que se conociera a sí mismo.
El silencio resuena en los confines del Jeep.
Es tan pesado.
Es tan jodidamente pesado, pero Alex no suelta mi mano.
—No sé si las cosas podrían haber sido diferentes. Si hubiera recibido
ayuda. Y no soy un asesino, Zara. —Se gira para mirarme y obligo a mis ojos
a abrirse a pesar de que también están muy jodidamente pesados.
Todo es demasiado.
—No soy un asesino —repite, con voz ronca—. No lo soy —suplica,
aunque no dije nada. Sus ojos oscuros brillan con lágrimas no derramadas.
Su voz se rompe—: No lo soy, pero no podía dejar que te hiciera eso. No
podía arriesgarme a que te volviera a hacer eso porque te amo, Zara. Te amo,
princesa.
Se atraganta con esas últimas palabras y me muevo por la consola,
sentándome en su regazo, con las piernas estiradas sobre el asiento del
pasajero. Dejo que ponga la cabeza en mi cuello. Envuelvo mis brazos
alrededor de sus hombros, lo siento sollozar contra mí.
—Lo siento mucho —susurra, sus dedos se clavan en cada centímetro
de mi cuerpo que puede encontrar mientras solloza más fuerte—. Lo siento
mucho, pero no podía dejar que él… no podía dejar que te hiciera daño.
Y cuando las lágrimas inundan mis propios ojos, simplemente lo
permito. Dejo que ese nudo se afloje en mi garganta y que me duela el
corazón y lloramos juntos.
Lloramos juntos por alguien que posiblemente nunca habría llorado
por nosotros.
Nos abrazamos y no nos soltamos.
No por mucho, mucho tiempo

355
51
ALEX

N
oche de Halloween, vamos al paseo marítimo. Hay un
carnaval, payasos sobre pilotes caminando por el puente sobre
el canal, gente disfrazada. El olor a churros y palomitas de
maíz en el aire. No hay mucha gente aquí, considerando que
es temporada baja, pero creo que a Zara le gusta más así.
Sé que a mí sí.
Le rodeo el hombro con el brazo, la acerco a mí y le beso el cabello. Lo
cortó, en un lugar de la costa, y ahora le llega a los hombros, todo pulcro y
las puntas sanas. Realmente no sabía nada de eso, pero ella me lo señaló.
Me dijo que las “partes desgreñadas” se habían ido, y nunca pensé que su
cabello se viera “desgreñado”, pero como sea. Se ve muy bien, como antes.
Aunque ahora parece mayor, en el buen sentido. Más elegante, quizás.
Excepto por el hecho de que lleva una camiseta de manga larga negra casi
translúcida remetida en sus vaqueros ajustados, y no lleva sujetador, así
que tal vez elegante no sea la palabra, pero no me importa.
Sabe que no la voy a compartir como él lo hizo, y mientras entienda
eso, lo cual dijo que hacía, entonces no me importa lo que use. Podría
caminar jodidamente desnuda por lo que me importa.
Lo cual me hace pensar en cuando le bajé la parte superior del bikini
en esa jodida fiesta y en ese jodido video que me esforcé meticulosamente
por borrar de todas partes. Aunque no parece importarle eso.
Nuestras vidas pasadas, como le gusta llamarlas. Aunque no fue hace
tanto tiempo.
Actúa como una persona diferente. Más callada, no demasiado…
hiperactiva. Porque está sobria. Pero también es más amable. Y creo que me
ama más. 356
La beso de nuevo cuando llegamos a la mitad del puente y va a pararse
al borde, contra la barandilla de madera. Son cerca de las diez en punto y
las estrellas brillan en la superficie del agua, lo que es, a regañadientes debo
admitir, muy romántico.
Me pregunto si estará pensando lo mismo, pero solo sorbe el jugo de
naranja en un vaso de plástico que tiene en la mano y no puedo decirlo. No
sé dónde está su mente ahora mismo. Le pregunté probablemente cien veces
qué estaba pensando la semana pasada, así que lo dejé pasar por ahora
antes de que se canse de mí.
Pero no puedo dejar de mirarla. Sus pómulos afilados, esas pestañas
largas y oscuras. E incluso en la noche, incluso bajo las estrellas y la luna,
puedo ver el azul verdoso de sus ojos. Son ojos caribeños. Esa es la mejor
forma de describirlos. Hermosos, como el mar, pero mejor que la vista que
tenemos ahora.
—¿Estás bien? —Las palabras salen antes de que pueda detenerme.
Nunca he tenido mucho autocontrol y supongo que eso no ha cambiado.
Vuelve su mirada hacia mí y es un poco difícil respirar. Especialmente
cuando sus labios rosados se convierten en una sonrisa y el pendiente en
su nariz capta la luz de las estrellas. Parece jodidamente mágica.
Bien. Obviamente estoy enamorado.
—¿Por qué preguntas?
Noto que no respondió a mi pregunta, pero lo dejo pasar, acercándola
aún más a mí, de modo que su cabeza está contra mi brazo. Sonríe un poco,
agarrando su jugo de naranja, y miro hacia el canal. Por el rabillo del ojo,
veo un puto payaso sobre zancos, pero no me importa. Lo ignoro y a los
niños corriendo y gritando en su camino.
—Solo quiero saber cómo estás realmente —susurro en la oscuridad.
Envuelve su brazo alrededor de mi espalda, y me vuelvo para mirarla,
sus ojos buscando los míos.
—¿De verdad? —susurra, y me siento tensarme, preparándome para
sus palabras. Puede que no sean lo que quiero escuchar, y tengo que estar
de acuerdo con eso. Quiero su verdad, incluso si duele. Me he entrometido
muchas veces la semana pasada. Probablemente demasiadas veces. Sé que
no es bueno para su recuperación, pero tampoco puedo caminar sobre
cáscaras de huevo cuando estoy con ella todo el tiempo y siempre quiero
estar con ella. 357
—La verdad sería lo mejor —replico en voz baja.
Se pone en cuclillas, mi brazo cae alrededor de su hombro, y deja su
vaso de jugo de naranja sobre las tablas de madera, luego se pone de pie y
rodea mi cuello con los brazos, poniéndose de puntillas a pesar de que lleva
unos botines grises de tacón. Otra palabra nueva que aprendí de ella.
—Te amo, Alex Cardi.
No puedo explicar la sensación en mi pecho cuando dice esas palabras.
No puedo explicar cómo se hincha y casi explota y lamento todo lo malo de
antes, toda la mierda que dije sobre ella. Hice con ella. Toda la mierda con
mi ex compañero de cuarto y cómo me fui a la costa y pudo poner sus manos
sobre ella de nuevo.
Me arrepiento de haberle dejado arruinar mi vida porque no quería
revivir una noche que ni siquiera era mía para estresarme. Lamento lo que
le pasó a Cari, pero no puedo decir que no esté feliz de no haber sido
jodidamente yo.
No fui jodidamente yo.
Hice lo que pude.
Siempre he intentado hacer lo que podía.
Excepto en lo que respecta a Zara. La lastimé. Y casi la ahogué también.
Casi lo jodí todo para nosotros.
—¿Lo haces? —inquiero, pero no puedo ocultar mi sonrisa.
Especialmente cuando salta para plantar un beso en mi cabeza. La
agarro, la levanto por sus muslos, que envuelve con fuerza a mi alrededor,
haciendo que mi polla se ponga dura como una roca en un instante. Soy
consciente de que hay niños a nuestro alrededor y esos payasos estúpidos,
pero son las jodidas diez. Si alguien no quiere que sus hijos vean a dos
idiotas enamorados, debería llevarlos a otra parte.
Y cuando una mujer murmura “Vayan a una habitación”, le ofrezco mi
dedo medio sin sacar la lengua de la boca de Zara.
Se ríe contra mí, retrocediendo y golpeando mi nariz.
—Eres horrible —dice, y sé que no lo dice en serio.
—Me amas —replico contra su cuello, mordiendo su piel.
Envuelve sus piernas con más fuerza a mi alrededor, balancea sus
caderas. Juro por Dios que me la follaría aquí mismo, excepto que ya no 358
juro por Dios y no quiero que nadie más vea a mi chica.
—¿Regresamos al hotel?
Lame mi garganta, pero finalmente se retira, su rostro enrojecido y sus
ojos brillantes, y asiente.
Una vez estamos allí, ella desnuda en la cama y esperándome, me
hundo de rodillas en el colchón y paso las manos por sus muslos, mirando
cada centímetro de su piel suave y pálida.
En dos días volveré a ver a su madre. Mañana, almorzará con mi madre,
que está en un centro de rehabilitación. Mi padre es un cobarde y se fue a
un retiro para pastores en Utah que estoy seguro de que no hará
absolutamente nada por él, pero no me importa.
Solo quiero que conozca a mi mamá, y quiero conocer a la suya, y
quiero volver a la escuela y caminar del brazo con ella a clase, llevarla al
gimnasio y podemos empezar a trabajar en nuestro plan de negocios.
Mi herencia ya está en mi cuenta y lo ha estado durante algún tiempo.
Saqué dinero para mis gastos legales el otoño pasado, y lo hice de nuevo por
la mierda con mi ex compañero de habitación, pero queda mucho, y la propia
Zara no es pobre. Realmente podríamos empezar algo.
Construir un imperio.
—¿Qué estás pensando ahora? —inquiere, apoyándose en los codos,
con el ceño fruncido levemente.
La miro, desnuda ante mí, y mi polla se mueve.
Lo ve y sonríe.
—¿En qué estabas pensando antes de mirarme así?
Mis manos se deslizan por sus muslos, sus caderas, su torso, sus
pechos porque no puedo resistirme a ellos, y luego su rostro mientras me
inclino sobre ella, colocándome entre sus muslos.
—Dos cosas. —Muevo mis caderas contra ella—. Estaba pensando en
tus cicatrices.
Se pone rígida, así que sigo hablando:
—Si no quieres decírmelo, está bien. Pero me rompió un poco el corazón
que pensaras que no las notaba. Siempre lo hice. Siempre lo hago.
Traga saliva y desvía la mirada.
—Solía hacerme daño —admite, y eso casi me destroza—. Porque no
creía que fuera, ya sabes, digna de nada. Y se sentía bien. Se sentía bien 359
entonces.
Paso mi pulgar por su labio.
—Lo siento mucho, princesa. —Respiro hondo—. ¿Cuándo fue la última
vez? —pregunto, ya que parece dispuesta a hablar de ello—. ¿Cuándo fue la
última vez que no te sentiste digna?
Sigue con la mirada baja entre nosotros.
—Cuando me dijiste que querías que le gustara a tu padre. Cuando me
dijiste que querías que fuera más respetable.
Esas palabras me abrasan. Al pensar en lo que se hizo por lo que dije.
En su admisión, ahora mismo. Su vulnerabilidad.
Mi corazón se rompe.
—Dios, Zara. —Parpadeo para contener mis propias lágrimas,
agarrando su rostro un poco más fuerte—. Lo siento mucho. Estaba… —
Bajo la cabeza y, sorprendiéndome, pasa los dedos por mi cabello. Su toque
me provoca un escalofrío, pero no alzo la mirada—. Fui jodidamente
estúpido. —Levanto la cabeza y la miro a los ojos—. Y eres muy digna. Lo
siento mucho, Zara.
Me sonríe, sus dedos todavía en mi cabello.
—He querido decirte eso durante mucho tiempo. Pero ahora que lo he
hecho, cuéntame tu otro pensamiento. Dijiste que estabas pensando en dos
cosas.
No quiero. Quiero arrastrarme a sus pies. Decirle que fui un estúpido
idiota. Quiero suplicarle que me perdone, pero creo que ya lo ha hecho. Creo
que lo ha hecho porque ambos cometimos errores y ninguno de los dos sabía
lo que era el amor.
Pero tuvimos que adaptarnos. Es parte de crecer y lo hicimos. Juntos
lo hicimos.
Dejo escapar un suspiro.
—Estaba pensando en cómo será nuestra vida dentro de un año.
Sonríe levemente, pero veo algo más en su expresión, la tenue luz del
baño me da la luz suficiente para medir sus emociones. Y ahora que no toma
drogas, está llena de ellas.
Dijo que no era divertida sin las drogas, pero es más divertida. Puede
que sea más tranquila, pero se ríe más. Bromea. También es seria, y lo es
todo.
360
Es todo lo que siempre he querido. Siempre estoy pensando en ella y
en nosotros, y en lo que vamos a hacer juntos ahora que ha pasado este
capítulo de mierda de nuestras vidas.
Levanto su barbilla y giro su cabeza para que me mire.
—¿Qué? —pregunto, con preocupación en mi tono, pero no puedo
ocultarlo. Y no quiero. Quiero que sepa cómo me siento—. ¿Qué ves cuando
piensas en ti en un año?
Se pasa la mano por el cabello y veo su garganta agitarse mientras
traga.
—Creo que seré una estudiante de filosofía en quiebra sin un trabajo y
un montón de deudas por préstamos estudiantiles.
El alivio me recorre, porque esos problemas tienen solución. Esos
problemas son demasiado fáciles.
Pasa sus dedos por encima de mi hombro, mirando mi pecho desnudo,
con una sonrisa en sus labios.
—Y creo que… no, espero que sigas aquí. —Encuentra mi mirada, sus
dedos todavía contra mi piel—. Espero que no te vayas. Espero que todavía
me encuentres divertida dentro de un año. Espero que no te importe que
sea muy torpe y un poco aburrida, y que en realidad no hago una mierda
cuando no estoy drogada y odio las fiestas y también… —Se muerde el labio,
riendo un poco—. También el fútbol.
Agarro su mano y la aprieto contra mi boca.
—Ya lo sabía —digo—. Sobre el fútbol. ¿El resto? —Chupo su dedo
índice, y luego el siguiente, y el siguiente. Me encanta la forma en que se
mueve debajo de mí, como si no pudiera esperar a que la folle.
Sí, yo tampoco, pero lo haré, solo por un minuto.
—Te amo por quien eres. Me estoy volviendo demasiado mayor para las
fiestas —bromeo—, y es una pena que las superaras antes de cumplir los
veintiuno, pero —me encojo de hombros—, menos chicos para coquetear
contigo, así que al diablo. No me importa.
Dejo caer su mano y la pasa por mi cabello.
—¿Quién sabía que podrías ser tan malditamente romántico? —
pregunta, sonriendo.
Me inclino y la beso, sus labios se abren para mí, sus manos rodean
361
mi cuello.
—No lo soy. Solo me gustas muchísimo.
Deja caer una mano y la extiende entre nosotros, agarrando mi dolorida
polla.
—También me gustas. Y esto. Un montón. Es la más grande que he
visto en mi vida.
No estoy seguro, exactamente, de qué hacer con eso o cómo sentirme
al respecto, pero me río de todos modos y me guía dentro de ella, y puede
hacerme sonar como un maldito idiota, pero cuando estoy dentro de ella se
siente como en casa.

Más tarde esa noche, está acurrucada a mi lado, con la boca abierta
mientras babea en mi pecho. De hecho, es bastante sexy, especialmente la
forma en que se siente su columna bajo mis dedos mientras trazo círculos
por su espalda, mirando hacia el techo oscuro.
Pero las palabras de Eli vuelven a mí, y aunque detesto pensar en su
nombre, aunque detesto pensar en él, y aunque a veces la forma en que se
sintió al sacudirse contra mis manos hace que se me erice la piel cuando
pasa por mi mente, no puedo evitar sonreír con estas palabras: Y no puedes
respirar por ella también. Te hundirá en esa tumba y te enterrará con ella.
Era un jodido psicópata, jugando conmigo tan bien como con ella.
Pero lo enterré.
Lo enterré, y es a Zara a quien quiero. Zara la que me quiere.
Y cuando imagino mi futuro, ella está ahí.
¿Porque esta chica? ¿La que tiene la cabeza contra mi pecho? Sí. No la
salvé. Esa chica me salvó.

362
EPÍLOGO
ZARA
Tres años después

—V
oy a cerrar este jodido lugar.
—No, no puedes, alguien viene…
Acciona el interruptor del letrero de cerrado en
el gimnasio, baja la persiana opaca y da un paso atrás, retirándose a las
sombras.
Me tapo la boca con la mano, tratando de reprimir la risa cuando hay
un golpe educado en la puerta.
Se supone que debemos estar abiertos las veinticuatro horas del día,
los siete días de la semana.
Alex me mira, sus ojos oscuros brillan, y luego me levanta, haciéndome
girar, y cuando una pequeña risa se desliza de mis labios porque tengo mis
manos sobre sus hombros desnudos, me tapa la boca con la mano y me baja
para susurrarme al oído:
—Shh, princesa. No queremos recibir una mala crítica, ¿no?
Le doy una palmada en el pecho, pero podemos ver a través de la pared
de cristal polarizado a la persona alejándose, mirando por encima del
hombro y negando con irritación.
—¡Eso fue horrible para el negocio! —regaño, golpeando su pecho de
nuevo mientras me pone de pie.
—Me importa una mierda —replica, manteniendo los brazos cerrados
detrás de mí—. Quiero pasar el fin de semana con mi esposa.
Intento reprimir mi sonrisa porque en serio es horrible para el negocio
y los fines de semana son un gran momento para nosotros.
363
—Podrías haber llamado a Dwight. Ha estado deseando traer a algunos
de sus clientes aquí. —Agarro los brazos de mi esposo mientras me doy la
vuelta para observar nuestro gimnasio. Tenemos treinta metros de hierba
artificial de calidad profesional, para fútbol americano, fútbol, trineos.
Jaulas de barra olímpica, una cafetería, un estudio de yoga, un puto sauna.
Lo que sea que alguien quiera, lo tenemos.
Castle Cardi Fitness puede tener un nombre tonto, culpa de Alex, pero
es el gimnasio más popular de la costa de Carolina del Norte.
Pensamos que hacerse cargo de Grove Community podría no ser un
buen augurio para todos los feligreses desplazados, pero resulta que les
encanta.
Y en el salón de clases al fondo, al final de un largo pasillo que pasa
por los baños, los vestuarios y las duchas, enseño estoicismo a gente cada
dos noches.
No, en serio. Vienen en masa, queriendo saber cómo superar la jodida
vida. Pensé que sería una broma. Alex siguió presionándome para que lo
hiciera después de que obtuviera mi certificación de yoga y enseñara
algunas clases a la semana por la noche.
No dejaba de decirme que usara mi grado en filosofía, sobre todo porque
también compré todos los libros de Ryan Holiday y los putos estoicos, y los
leía cada maldita semana, y le citaba mierda para ayudarlo a controlar su
propio temperamento.
“No es viril estar enfurecido —le diría—. Marco Aurelio lo dijo”.
A lo que él ponía los ojos en blanco y me azotaba el culo para mostrarme
lo varonil que era.
Fue fascinante lo mucho que aprendí después de la escuela. Quiero
decir, terminé la universidad, obtuve mi título, pero resulta que aprendes
mucho más cuando no estás drogada, ya sea en Adderall o no.
Ahora, tenemos adictos en recuperación o que quieren estar en
recuperación que vienen a mis charlas. Tenemos adolescentes que buscan
formas de manejar los problemas de adultos. Tenemos parejas que poseen
grandes negocios que vienen en busca de consejos sobre cómo manejar el
estrés, al estilo estoico.
Es como una gran reunión de narcóticos anónimos, pero somos
estoicos anónimos. 364
¿Y Alex? Alex es como un dios para los niños con los que dirige los
ejercicios de fútbol. Es un regalo del cielo para las personas a las que
entrena, y organiza algunas de sus propias reuniones para discutir el
crecimiento personal y empresarial.
Lee mucho de Robert Greene, lo que se traduce bien en sus charlas
sobre cosas del tipo cómo detectar a los psicópatas y la mejor manera de
lidiar con ellos: ahogarlos… está bien, en realidad no, pero… algo así.
En este momento, parece que quiere llevarme a la piscina olímpica que
tenemos en la parte trasera de nuestras instalaciones donde solía estar la
piscina bautismal y follarme en una de las toallas.
Pero en realidad nunca me metió en la piscina.
Ya no nado.
—Que se joda Dwight. El cabrón se va con los chicos a Las Vegas este
fin de semana.
Ladeo la cabeza, sorprendida.
—¿En serio? —pregunto mientras me acerca más y envuelvo mis brazos
alrededor de su cuello—. ¿No querías ir?
Arruga la nariz, como si lo hubiera ofendido personalmente.
—Joder, no. Quiero estar contigo.
Miro la puerta cerrada.
—Alex —digo, tratando de mantener mi voz severa incluso cuando besa
mi frente y me sonríe—. No podemos mantener el lugar cerrado. Es malo
para el negocio. Somos una instalación veinticuatro horas al día, siete días
a la semana y acordamos que queríamos a alguien trabajando en todo
momento. —Miro el reloj de la pared junto a la puerta—. La chica de la noche
no estará aquí hasta dentro de una hora.
Alex se ríe, juvenil y fuerte, y hace que mi corazón se hinche.
—¿La “chica de la noche”? —repite.
Lo miro.
—Bueno, podría recordar su nombre si no te mirara siempre como si
quisiera chuparte la polla.
Pone los ojos en blanco.
—No quiere chuparme la polla, princesa. E incluso si lo hiciera, no la
365
dejaría. Esta polla es solo para ti. —Me atrae más contra él y puedo sentir
dicha polla, y tres años después de empezar a salir oficialmente, dos años
después de casarnos, todavía me sorprende lo malditamente grande que es
esa polla.
La alcanzo y sus manos se deslizan por mi espalda, ahuecando mi culo
en mi pantalón de yoga.
—Sigue haciendo eso, Za, y te voy a follar aquí mismo en el vestíbulo.
—Me empuja contra el mostrador de recepción para probar su punto,
inclinando la cabeza para besar mi cuello.
Paso mis dedos por su espeso cabello bronce y respiro su aroma oscuro
y silvestre.
—¿No se supone que debemos reunirnos con tu madre para cenar? —
pregunto mientras me muerde el cuello y me sacudo contra él, el vello en
mis brazos erizándose. Llevo un sujetador deportivo sudado, no me he
lavado el cabello en días y realmente necesito una ducha, pero a Alex no le
importa una mierda.
Desliza su boca hacia abajo, sobre mi clavícula, bajando mi sujetador
rosa neón. Su lengua lame mi pecho, sus dedos en mi espalda, y sé sin verlo
que su pulgar está rozando la cicatriz del cristal en mi apartamento esa
noche.
La que me dio Eli Addison.
No hablamos mucho de Eli.
Pero a veces, cuando veo esa cicatriz en el espejo, cuando me acerco
demasiado al borde de una piscina, pienso en él.
A veces me pregunto, ¿y si?
¿Y si las cosas hubieran salido de otra manera? ¿Y si nunca hubiera
agarrado esa red? ¿Y si nunca me hubiera tirado al agua? ¿Y si hubiera
creído en sus tonterías sobre necesitarme? ¿Sobre quererme? ¿Sobre
amarme?
Alex se echa hacia atrás, ahueca mi rostro entre sus grandes manos.
Pongo las mías alrededor de su cuello y le sonrío, sacando a Eli de mi mente.
Lo hecho, hecho está y no puedo cambiarlo.
Quizás Eli Addison le convino a mi temperamento por un tiempo. A mi
locura. A la vieja yo. Tal vez la mierda sexual que hicimos fue buena y tal
vez nos divertimos de alguna manera extraña, jugando con todos los que
nos rodeaban. Incluyendo a mi ahora esposo.
366
Pero no podría haber vivido mi vida con él.
Me habría dejado cuando se graduara o me habría matado él mismo. O
me hubiera pasado a drogas peores. Cosas peores.
Una vida peor.
Habría cambiado a otra persona. Alguien más a quien romper.
—¿En qué estás pensando? —inquiere Alex en voz baja.
Me encuentro con su mirada y me pregunto si lo sabrá. Cuando pienso
en Eli, siempre tengo la extraña sensación de que Alex puede leer mi mente.
Como si los tres todavía tuviéramos una conexión mórbida, a pesar de que
Eli lleva tres años muerto.
El pensamiento hace que mi corazón dé un vuelco en mi pecho. Se me
cae el estómago.
Todavía. Después de todo este tiempo.
Está muerto.
Lo conocí durante medio año, y la mayor parte del tiempo estuve jodida
hasta el final. Pero incluso si fue para mal, cambió mi vida.
Y sin él, no tendría al hombre frente a mí.
Me pongo de puntillas y beso a Alex en los labios. Me devuelve el beso,
pero luego me levanta, me pone en el mostrador detrás de mí y se coloca
entre mis muslos.
—Princesa —susurra, presionando su frente contra la mía—. Sabes que
puedes hablarme de cualquier cosa, ¿verdad?
Fuerzo una sonrisa, deslizo mis manos por su espalda.
—Lo sé, guapo.
Se ablanda, sus hombros se relajan mientras se hunde más cerca de
mí, agarrando mis caderas
—Te amo, Zara Rose.
—También te amo, Alex Christian.
Y lo hago.
Lo amo.
Creo que una parte de mí también murió con Eli en esa piscina. Una
parte de mí que era salvaje, imprudente y un poco loca. Un poco rara. Esa
parte de mí murió y no estoy tan segura de no quererla de vuelta a veces.
A veces, solo quiero descarriarme de nuevo.
367
Tan feliz como estoy con mi vida, con mi esposo, con la comunidad que
hemos formado en la misma ciudad en la que él creció, con su mamá cerca,
y la mía viniendo cada dos fines de semana, y Kylie e Ian trabajando como
farmacéuticos en la clínica al final de la calle, por mucho que ame esta vida,
a veces solo quiero volverme un poco jodidamente salvaje.
Y creo que solo Eli lo entendería.
Me duele un poco el corazón al imaginarlo. Al imaginar si me hubiera
desintoxicado, si Eli hubiera recibido terapia. Si hubiéramos juntado
nuestra locura por el bien en lugar del mal. En lugar de una forma de pasar
el tiempo. Para entretenernos.
¿Qué habríamos sido entonces?
Una sola decisión cambió mi destino. Recoger esa red y saltar al agua,
no permitiendo que ahogara a Alex.
Eso cambió toda mi vida.
Para mejor.
Definitivamente para mejor, porque este hombre frente a mí lo es todo.
Pero siempre hay esa voz en el fondo de mi cabeza.
—Cancelé con mi mamá —dice Alex, devolviéndome al presente. Sus
ojos buscan los míos—. ¿Pensé que iríamos al paseo marítimo y luego
veríamos una película?
Es verano y el paseo marítimo siempre está lleno los viernes por la
noche, pero es un poco agradable. Me he acostumbrado a estar en
multitudes sin estar drogada. Es como si pudiera desaparecer en ellas.
Y con el brazo de Alex a mi alrededor, nunca me siento incómoda o
extraña como solía sentirme cuando era adolescente. Me siento amada.
Ojalá fuera suficiente.
Desearía que sentirme amada fuera suficiente para domar mi jodida
alma inquieta.
Pero tengo que superarlo un día a la vez. Una hora a la vez. Un minuto.
Quizás algún día dejaré de pensar en él.
Quizás algún día no estaré enamorada de un fantasma.
—Eso suena perfecto —le miento a Alex—. Suena como una noche
increíble.
368
Me besa de nuevo y siento que mi teléfono vibra en mi bolsillo trasero.
Después de que terminamos de perdernos el uno en el otro en el mostrador
de nuestro gimnasio, leo mi mensaje mientras Alex se dirige al baño.
Jax: ¡ESTOY FUERA, ZA!
Me muerdo la lengua, conteniendo mi sonrisa cuando otro mensaje
llega de Jax.
Él: Tengo una buena mierda. ¿Sigues en la costa? Puedo pasarme.
Miro por encima del hombro, hacia el pasillo donde Alex desapareció.
Jax pasó dos años en prisión por posesión con intención de distribuir, pero
parece que está listo para volver al negocio.
Le envío un corazón, pienso en todas las formas en que tocó el mío.
Luego bloqueo su número y borro sus mensajes de mi teléfono.

369
APÉNDICE
Como alguien que tiene muchos rasgos antisociales, este no fue un
manifiesto contra los psicópatas. Este final fue agridulce para mí en muchos
sentidos.

370
ESCENA EXTRA
ELI

N
o hay ningún medicamento que me ayude, eso me han dicho.
Mi psiquiatra, nada menos. Una persona cuyo trabajo es
recetar medicamentos.
Ahora se sienta frente a mí, con una pierna cruzada sobre la rodilla y
las manos apoyadas en los brazos de la silla. Es una silla exactamente como
la mía, frente a ella: burdeos, lujosa, cómoda. Creo que se supone que los
asientos idénticos nos ponen en igualdad o algo así. Quizás para que me
sienta seguro hablando con ella.
Aunque no lo hago. Tampoco me siento particularmente inseguro, pero
esta mierda no tiene sentido.
Puedo decir que no tiene ni idea de qué hacer conmigo.
Nadie lo hace nunca. Mi padre, especialmente. Por eso me obliga a venir
aquí. No tengo ningún incentivo para hacerlo, excepto la forma en que la
doctora Shaw a veces se retuerce cuando le doy respuestas honestas a sus
preguntas directas. ¿Preferiría que mienta?
—¿Cómo has estado? —Comienza.
Casi me río a carcajadas. Qué pregunta tan estúpida. ¿Por qué alguien
lo pregunta? A nadie le importa. Es una pregunta de relleno. Pretendía
romper el hielo, tal vez, o llenar un momento de silencio. Pero seguiré el
juego. Es lo único que disfruto de estas sesiones: el juego.
—Genial —respondo, bajando la mirada a mis manos tatuadas en mis
muslos. Nunca me ha preguntado sobre eso, y me pregunto si es por no
querer discriminar, o si no se ha dado cuenta, o simplemente no le importa
una mierda.
Mi papá ha preguntado por ellos.
Un montón.
371
—¿Qué ha sucedido? —insiste—. Tu último año comenzó, ¿verdad?
¿Estás contento con cómo van las cosas?
Me encojo de hombros.
—En su mayoría.
Levanta una ceja oscura, inclina la cabeza, sus ojos ambarinos
sostienen los míos, instándome sin palabras a continuar.
Por lo general, solo la haría pedirlo. Me gusta que pidan y que
supliquen. Pero por una vez, tengo algo de lo que quiero hablar, así que se
lo pondré fácil.
—Las clases van bien. —La escuela me resulta fácil. Trabajos, números,
exámenes. Son como autos. Partes de un todo, y si aíslas las partes, puedes
trabajar en ellas una a la vez. Al final, todo se junta. A veces, como con los
autos, una parte arruina a la otra, y hay que tener un poco de paciencia
cuando eso sucede para que todo vuelva a funcionar.
Eso es lo que estoy teniendo con Zara Rose Henderson.
Paciencia.
Alex es un componente que puede arruinarlo todo, pero también es útil.
Puedo usarlo para llegar a ella. Al final, todo comenzará como yo quiero.
Como con un auto.
Las diferencias entre personas y automóviles, por supuesto, son
enormes. La gente habla demasiado, y sus emociones, en lugar de la
maquinaria, hacen que se calienten o se enfríen. Pero a lo largo de los años,
también he aprendido formas en las que puedo manipular las emociones.
—La escuela no es el problema. —Hago una pausa. Las pausas
muestran consideración—. Tengo un problema con las chicas —le confío a
la doctora Shaw.
Parpadea sorprendida. Está acostumbrada a que sea comunicativo,
pero rara vez hablo de mujeres.
—¿Oh? —pregunta, con la voz llena de interés. Se mete un mechón de
su largo cabello castaño oscuro detrás de la oreja y se inclina ligeramente
hacia adelante en la silla.
Le sonrío.
—Sí —admito—. Estoy enamorado de la ex novia de mi compañero de
cuarto.
372
Parece que la doctora Shaw podría caerse de la silla. Tiene sus manos
en su regazo, retorciéndolas mientras me mira, tratando de enmascarar su
expresión. Sin embargo, no se le da bien. Incluso los psiquiatras, por su
propia admisión, se equivocan cuando se trata de personas como yo.
Personas con rasgos y tendencias antisociales.
Ni siquiera creo que sea que estén tan confundidos como aterrorizados.
Me gusta el miedo.
Cuando las personas te tienen miedo, no representan una amenaza
para ti. No soy inmune a los disparos o las heridas de arma blanca ni nada
de eso, por supuesto. Pero eso no es lo que me preocupa. Es la otra mierda
lo que no me gusta. Asuntos del corazón.
No nací sin corazón. Pero cuando mi madre se fue para formar otra
familia y olvidarse de mí, se llevó el mío con ella. Incluso si alguna vez
pensara en devolverlo, no lo querría de vuelta. Sin corazón, eres casi
invencible.
—¿Oh? —pregunta finalmente la doctora Shaw, tragando saliva—.
¿Ella… corresponde esos sentimientos?
Me río, recostándome en mi silla casualmente, ladeando mi cabeza.
—¿Está ella enamorada de mí, doctora Shaw? ¿Es eso lo que está
preguntando?
La doctora Shaw tiene una pequeña sonrisa en su rostro, pero sus ojos
delatan algo más: confusión. No está segura si hablo en serio acerca de estar
enamorado, y probablemente piense que eso ni siquiera es posible para
alguien como yo.
Después de un momento de intentar leerme —imposible—, asiente
levemente en concesión.
—Por supuesto. ¿Está enamorada de ti, Eli?
Miro hacia el techo por encima de nuestras cabezas, el sol del mediodía
se filtra desde su ventana arrojando rayos de luz contra el blanco. Después
de un momento, giro el cuello y la miro a los ojos de nuevo.
—Todavía no —digo con sinceridad—. Pero podría estarlo.
—¿Tu compañero de cuarto lo sabe? —presiona, frunciendo el ceño
como si esto le preocupara.
Dejo escapar un suspiro, golpeando mis dedos contra cada lado de mi
373
silla.
—Ese es el problema, ¿eh? No estoy seguro de cómo decírselo.
—¿Cuán reciente fue la ruptura?
Nunca he hablado de Zara antes de hoy, a pesar de que la he estado
vigilando durante un tiempo. Está un poco loca; ciertamente no es el tipo de
Alex. Exactamente el mío.
Más que eso, sin embargo… es fácil joder con ella porque casi nunca
está sobria.
—No hace mucho. —No sirve de nada mentir sobre eso—. Pero le ha
hecho algunas cosas bastante malas. —Suspiro, mirando al techo de
nuevo—. Realmente no me gusta eso.
—¿Oh? —dice la doctora Shaw, como si esto fuera un gran avance.
Incluso se inclina hacia adelante en su asiento, moviéndose en el cojín
burdeos. Prácticamente está salivando ante la idea de que tenga una pizca
de empatía—. ¿Por qué es eso?
—¿Por qué no me gusta que una chica sea tratada como una mierda,
doctora Shaw? —respondo inocentemente, solo para hacerla sentir
incómoda.
Funciona. Se inclina hacia atrás, mordiéndose la lengua mientras mira
al suelo.
—No, bueno… sí —admite, nerviosa. Se forman pequeñas manchas
rosadas en sus mejillas, y la vergüenza me da una sensación de júbilo, mi
pecho se hincha al saber que le causé malestar—. ¿Qué es, específicamente,
lo que hace que no te guste? ¿Es solo ella o porque tu compañero de cuarto
trata mal a alguien en general? —Se aclara la garganta mientras la miro, se
frota las manos—. En otras palabras, ¿te sentirías tan protector con alguien
más?
¿Me siento protector con Zara? En cierto modo, sí. No quiero que Alex
la tenga porque quiero alejarla de él y porque, por ahora, es divertida.
Pero para responder a la pregunta de la doctora Shaw sobre sentirme
así con otra persona…
—No.
Esto parece complacerla por alguna razón. Cruza una pierna sobre la
otra, con cuidado de no hacer rebotar la pierna aunque sé que es un hábito
suyo. O tal vez es solo un hábito cuando tiene una sesión conmigo.
—¿Que te gusta de ella? —insiste. 374
Que me dejaría hacerle lo que quiera. Pero si digo eso, sueno más como
un sociópata de lo que realmente me gustaría.
Así que no digo eso.
En cambio, le doy a la doctora Shaw exactamente lo que quiere
escuchar.
—Me recuerda a mi madre.
Dios, te juro que la mujer va a tener un orgasmo justo enfrente de mí
en esa puta silla. Se inclina hacia adelante, agarrándose las rodillas y con
sus nudillos palideciendo. Hay un brillo en sus ojos que uno podría llamar
“loco”, pero supongo que este es su trabajo. Entrometerse y las tonterías
freudianas.
—¿Cómo es eso? —cuestiona, apenas capaz de contener el entusiasmo
en su voz.
Miro mis manos, pasándolas por mis muslos como si realmente pudiera
sentirme incómodo.
—Sus ojos son similares —digo con sinceridad—. Es un poco salvaje,
como mi madre quería ser.
La doctora Shaw frunce el ceño, pero esa chispa todavía está en sus
ojos. Eso es exactamente lo que quiere.
—¿Por qué dices eso?
Miro más allá de ella, a través de la ventana que da al estacionamiento
detrás de este edificio. Me pregunto por un segundo si Alex y Zara estarán
nadando en mi piscina. Me imagino sujetándola en esa piscina, con ella
retorciéndose debajo de mí.
Eso se sentiría muy bien, sabiendo que tendría su vida en mis manos.
Probablemente ella también se sentiría bien. Es por eso que todavía
folla con Alex. Le gusta que la dominen. Pero Alex es una mierda. Le importa
demasiado.
No tengo ese problema.
Vuelvo a mirar a la doctora Shaw.
—Es por eso que ella se fue —digo simplemente—. Quería… libertad.
—No estoy seguro de que esa sea la palabra que estoy buscando, pero
recuerdo cómo mamá miraba fijamente las paredes cuando yo crecía. Cómo
incluso cuando lloré, por rasparme la rodilla, caer del sofá después de 375
calcular mal un salto, incluso esa vez que me tropecé de cabeza con la
chimenea de ladrillo, le tomaría un minuto demasiado largo para responder.
Odiaba estar en casa conmigo.
Y mi padre odiaba que estuviera en otro lugar.
La doctora Shaw se aclara la garganta con torpeza. Es como si esta
mujer no hubiera ido a la puta escuela durante doce años para convertirse
en psiquiatra.
—¿Es por eso que crees que te hizo lo que te hizo?
Ni siquiera puede decirlo. Aprieto los puños en mi regazo, pero me
recupero rápidamente, flexionando los dedos. Solo está aprovechando su
oportunidad. Sé que la doctora Shaw ha querido hablar sobre este incidente
durante mucho tiempo. Mi madre le dijo a mi padre al parecer, porque él le
dijo a la doctora Shaw. Creo que mi mamá quería que papá se tomara en
serio su depresión.
Estoy bastante seguro de que eso no sucedió.
—¿Qué me hizo, doctora Shaw? —pregunto dulcemente,
encontrándome con su mirada.
Esas manchas rosadas vuelven a florecer en sus mejillas y se inclina
hacia atrás, descruzando y cruzando las piernas nuevamente.
—Si no quieres discutirlo, está bien…
—¿Sabe que tengo un hermano? —interrumpo.
No parece para nada sorprendida, porque por supuesto mi padre se lo
dijo, aunque me había negado, hasta este momento, a discutirlo.
—Bueno, lo sabía, pero…
—¿Sabe que se llama Adonis? —Siento que algo se agrieta en esa
frialdad en la que parece que simplemente existo. No me gusta y, sin
embargo, no puedo detenerlo. Ella mencionó esta mierda, o tal vez yo lo hice
con ese comentario estúpido sobre mi madre, pero si quiere escuchar esto,
entonces la dejaré escuchar—. Mi madre me reemplazó. Nos reemplazó a mi
jodido padre y a mí. Nos reemplazó. No le importa. No viene. No escribe ni
llama. Me envía su foto todos los años, como un recordatorio de lo que no
soy. Toda la mierda que no seré.
La doctora Shaw se recuesta en su silla, como si estuviera tratando de
alejarse de mí. No la tocaré, porque no soy tan estúpido. Puedo salirme con
376
la mía en muchas cosas. Agredir a mi psiquiatra en su oficina cuando hay
una recepcionista afuera no es una de esas cosas.
—¿Y sabe qué? Quiero ser todo lo que ella no quiere para mí. Odiaba
que yo fuera un luchador. No quería que lastimara mi bonito rostro. —Me
río, pero suena extraño incluso para mis propios oídos—. Ella quería que
fuera a la escuela de leyes, no papá. —Miro la tinta en mis manos. Arruiné
ese sueño suyo tan pronto como pude—. Odiaba los autos. Pensaba que
eran una maldita pérdida de dinero.
Aprieto los dientes por un segundo, pero no aparto la mirada de la
doctora Shaw, que parece jodidamente sorprendida.
Pidió esta mierda.
—Siempre supe que también me odiaba. Nos odiaba a los dos por
atraparla aquí.
Trago este extraño nudo en la garganta, parpadeo un par de veces.
—¿Quiere escuchar la historia de primera mano, doctora Shaw? ¿Sobre
lo que me hizo cuando era niño?
La doctora Shaw toma aire, mira detrás de mí, hacia la puerta.
Probablemente midiendo si tiene tiempo suficiente para salir corriendo de
aquí antes de que la alcance.
No lo haría, pero no quiero alcanzarla.
—Claro, Eli —dice en voz baja, tratando de mantener la voz firme—. Si
quieres compartir eso, sería…
—Me estaba dando un baño —interrumpo, curvando mis manos en
puños y sin molestarme en esconderlo esta vez. Miro por la ventana detrás
de ella, al cielo azul claro—. Me sumergí en el agua, conteniendo la
respiración para mostrarle cuánto tiempo podía hacerlo. —Otra especie de
risa retorcida se me escapa, y ni siquiera sé por qué me río. Tal vez para
evitar gritar—. Probablemente fueron cinco segundos, pero aplaudió, fingió
estar encantada. Me dijo que lo intentara de nuevo. —Mi voz se quiebra y
me detengo por un segundo, todavía mirando al cielo.
—Está bien, Eli —dice la doctora Shaw en voz baja, aunque no lo está—
. Está bien. Puedes seguir o detenerte, con lo que te sientas más cómodo.
Si no suelto el resto, ¿cómo se lo diré a Zara? Esta es práctica para ella.
Ni siquiera estoy seguro de por qué quiero decírselo, excepto que creo que
lo entendería. No pensaría que soy un monstruo con problemas con mamá. 377
Probablemente lo entendería, cómo me siento.
—Me sumergí. —Mi voz está temblando, y es molesto, pero no puedo
detenerla—. Y empujó mi pecho. No tuve miedo. Al principio no. No estaba
asustado. Era mamá. Estaba de mal humor y en ocasiones se encerraba en
su habitación, y ella y papá peleaban mucho, pero era mi mamá.
Escucho la respiración brusca de la doctora Shaw, pero no la veo frente
a mí. Solo el cielo.
—Era mi mamá y yo no tenía miedo, pero luego no podía respirar. Todo
estaba caliente y apretado, y necesitaba levantarme. Traté de sentarme. Mis
ojos se abrieron bajo el agua y pude verla.
Dios, podía verla con tanta claridad. No debería haber podido. Debería
haber estado borroso, pero sus ojos estaban jodidamente claros.
—Pensé que iba a morir y ni siquiera sabía qué era la muerte. Pero
finalmente… finalmente, me dejó levantarme, y yo estaba jadeando y
llorando y ella solo… —Me muerdo la lengua un segundo, el dolor
haciéndome reaccionar—. Solo se fue.
Quiero a Zara aquí. Ojalá fuera a Zara a quien le acabo de decir todo
eso. La besaría y la follaría, y esto estaría hecho. Este vacío sería llenado.
—Eli, estoy tan…
Me pongo de pie, interrumpiendo las palabras de la doctora Shaw. Esto
no fue tan catártico como pensé que podría ser. Pero cuando miro una
última vez por la ventana al cielo, pensando en cómo se ve casi como el agua
tranquila de mi piscina, creo que sé qué será.
Si pudiera hacerle a alguien lo que ella me hizo a mí, y salvarlo, como
me salvó en el último segundo, tal vez eso borraría este recuerdo de mi jodida
cabeza. Quizás podría entender a mamá. Tal vez esa sensación de poder, de
sujetar a alguien, tener su vida en mis manos, me haría entenderlo.
Tal vez no.
Pero sería jodidamente divertido intentarlo.
—Que tenga un gran día, doctora Shaw —digo antes de salir sin mirar
atrás.

378
PRÓXIMO LIBRO
Sinister
Eli y Eden nunca deberían
haberse conocido.
Pero una carrera de medianoche por la
playa y un viaje psicodélico del infierno los
unió como un accidente de coche.
Repentino. Peligroso. Arruinado.
Después de una jodida noche juntos que
dejó sangre en la arena con el telón de fondo
del mar, las cosas comienzan a... caer en
espiral.
Eli se está ahogando, incapaz de sacar de
su maldita cabeza a una mujer que solía
conocer.
Eden está huyendo, lejos de un hombre
que hizo de su vida un infierno.
Una autora con dificultades sin moral y
un emprendedor exitoso sin alma, son veneno
juntos.
Caótico y frío.
Mordidas y hematomas.
Su tormenta es salvaje, amenazando con destrozar a todos y todo a su
paso, incluidos el uno al otro.
Ambos tienen cicatrices.
Ambos están malditos.
¿Pero los secretos que derraman cuando están jodiendo? 379
Uno de ellos está mintiendo.
A medida que el verano da paso al otoño y las mentiras descubren
verdades, todo comienza a sentirse un poco... siniestro.
¿Buscas una historia de amor?
Esta no es una de ellas.
“De donde fuera que viniera, todos en la isla
sabían que Eli Addison era malvado”.

NOTA: tenga en cuenta que ECSTASY debe leerse primero.

380
ADELANTO DE SINISTER
ELI

—J
oder, Eli, no. No lo entiendes...
Aprieto mis caderas contra las suyas, y ella
jadea, sus dedos en sus labios, una mano todavía
sujeta sobre su cabeza. —El sexo es simple.
Me mira con los ojos muy abiertos, sus muslos abiertos pero el cuerpo
tenso. —No me querrías...
—Te quiero, joder. —Mi polla palpita en su pelvis y duele. Llevo tres
meses fuera y me follé a un puñado de chicas que conocí en Onyx, el club
sobre el puente. A mi recepcionista algunas veces.
Pero Eden... Eden es diferente. Desde la noche en que nos conocimos...
siempre ha sido diferente. Odia que cualquiera la toque excepto yo. Y
conmigo, me deja hacer lo que jodidamente quiera.
Pero aunque sé eso, cierra los ojos con fuerza. —No.
—No me gusta esa palabra.
Ella sonríe, las pestañas casi abanicando sus mejillas. —Nunca lo hizo.
No, nunca lo hizo. ¿Por qué ahora sería diferente?
Alcanzo entre nosotros y empujo mis bóxers hacia abajo, rodeando mis
dedos sobre mi polla.
No es esta del todo dura y la vergüenza se apodera de mí. Pero no voy
a fallar esta vez. No Voy. A. Jodidamente. Fallar.
Después de esto, voy a tirar esos malditos medicamentos a la jodida
basura. Que se joda esta mierda.
Me bombeo una vez, luego otra vez. Tal vez si le quito este maldito
bikini... Si puedo sentirla...
Pero estoy apretando mi polla con tanta fuerza que hago una mueca de
dolor, y aún así... nada. Me estoy volviendo más suave.
Odio. Jodidamente. Esto. 381
Sus ojos se abren con pereza y se lleva los dedos a la garganta. —Es
bueno, sabes —dice en voz baja, y al principio creo que está fuera de sí.
Deslizándose bajo la pérdida de su euforia. Pero cuando mi mano se aprieta
alrededor de su muñeca, ella vuelve a hablar—. No querrías follarme si
supieras lo que le hice a nuestro bebé.
Se me corta el aliento.
¿Bebé? ¿Qué puto bebé?
Me suelto, plantando mi mano al lado de su cabeza y soltando su
muñeca, solo para agarrar su garganta, mis dedos sobre los suyos.
Ella no se mueve.
—¿De qué estás hablando, Eden?
Nada.
Sus labios están separados, su pecho sube y baja constantemente.
Pero no dice nada.
Aprieto mi agarre alrededor de su garganta, algo que ella solía odiar.
Mi nariz roza la suya mientras mi corazón bombea demasiado rápido
contra mi caja torácica. —¿De qué carajo estás hablando?
Está dormida. O fuera de combate.
¿Bebé? No hubo un puto bebé. Nunca quise tener hijos. No con ella. No
con nadie. Si mamá me hubiera podido enseñar algo, si hubiera podido
evitar que papá me enviara lejos, me lo habría dicho. Ella era como yo, y sé
que me odia.
La ira se abre camino a través de mis venas. Aprieto más a Eden.
No estoy seguro de que esté respirando, pero está tan jodida que no se
mueve.
No se resistirá si mantengo mi mano aquí... Y el océano no está tan lejos.
Ya se iba a ahogar esta noche. Podría reescribir esa historia para la policía.
Mi psiquiatra. Todos. Ni siquiera es una mentira. Ella habría muerto sin mí.
Control de los impulsos. Normalmente soy bastante bueno en eso. Pero
esta noche... creo que cualquier cosa podría pasar.

382
SOBRE LA AUTORA
K. V. Rose

K.V. Rose es autora de romance oscuro.


Vive con su familia en Toronto. Normalmente está borracha de café o
ron. A veces ambos a la vez.
Puedes encontrarla en las redes sociales en casi todas partes en
AuthorKVRose.
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