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Artículo 17 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todo individuo tiene derecho a
la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus
opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de
fronteras, por cualquier medio de expresión.
En la mitología griega, Hiperbórea era una región situada en las tierras septentrionales aún
desconocidas, al norte de Tracia, región del sureste de Europa, en la península de los Balcanes, al
norte del mar Egeo. Su nombre griego: (Υπερ βορεία) Hyper Boreas, significa «más allá del
norte») y deriva precisamente de que se creía que el dios del viento Bóreas habitaba en Tracia, y
los hiperbóreos, sus hijos, lo harían más al norte de este reino, en el país de Hiperbórea. Se les
atribuían costumbres primitivas: Sileno, en una de sus fábulas, decía que fueron los primeros
hombres en ser visitados por los habitantes de otro continente más allá del océano que,
asustados por lo que se encontraron, regresaron a su país y no volvieron más. De los
hiperbóreos se decía que eran inmortales, además de ser descritos como Dioses. El dios Apolo
conducía cada diecinueve años su carro hacia esta región para rejuvenecer. Autores adscritos al
esoterismo nazi postularon una teoría en la que a Hiperbórea la consideraban el país origen de
la raza aria. La sociedad nazi Ahnenerbe se habría dedicado a estudiar este tema y otros
relacionados como las ciudades subterráneas.
Howard Phillips Lovecraft, escritor estadounidense, autor de novelas y relatos de terror y ciencia
ficción, es conocido por su literatura fantástica, sus referencias a los dioses primigenios y sus
ideas claramente racistas. Fue un gran conocedor de los antiguos imperios y de la civilización
sumeria, en la que fundamentaría muchas de sus enigmáticas novelas. Conocedor del pasado
hiperbóreo de las civilizaciones, Lovecraft se refiere a la raza teutona como descendiente de los
antiguos dioses: “El teutón es la cima de la evolución. Al rastrear la trayectoria del teutón a lo
largo de la historia medieval y moderna, no encontramos excusa posible para negar su real
supremacía biológica. (…) Sus innatas habilidades raciales le han llevado a la preeminencia. No
hay rama de la civilización que no sea obra suya. (…) En los países cuya población es
principalmente teutónica, contemplamos una prueba sorprendente de las cualidades de la raza:
Inglaterra y Alemania son los supremos imperios del mundo. La historia de Estados Unidos es
una larga alabanza del teutón y seguirá siéndolo si logra atajar a tiempo la inmigración
degenerada y preservar el carácter primitivo de la población. (…) Los ingleses y los alemanes son
hermanos de sangre, descendientes de los mismos duros antepasados adoradores
de Wotan (Odín)…” Un desastre de enormes proporciones, acompañado de terribles tsunamis,
habría destruido la morada de los dioses. El hecho es recogido en las tablillas sumerias:“Aquel
día remoto, aquella noche remota, aquel año, aquel año remoto… Cuando ocurrió el
Diluvio”.Atrahasis, protagonista de la epopeya babilónica del Diluvio, relató aquellos
acontecimientos. Los dioses habrían huido y sus descendientes se habrían dispersado por la
tierra, pero su huella reaparecería inmediatamente después de la catástrofe. Hay rasgos
comunes en civilizaciones prácticamente contemporáneas a la sumeria, situada en las tierras
regadas por los ríos Tigris y el Éufrates, tales como la egipcia, en las orillas del Nilo, la cultura de
Mohenjo Daro, en el valle del Indo y otras muchas por todo el mundo, como Tiahuanaco en los
Andes.
Los mitos y leyendas de la antigüedad recuerdan a una antigua tierra mágica, origen de la
humanidad, y que podemos identificar como la antigua civilización de Hiperbórea, supuesta
patria original de los arios. En el Tíbet, antes de ser invadido por los chinos, eran guardados en
los templos una serie de viejos manuscritos que se referían a ese pasado remoto. Los arios de la
India nos dicen que el continente Ártico, hace milenios, era un lugar de clima templado y con
una naturaleza exuberante. Y afirmaban que Hiperbórea, tierra mágica liberada del tiempo, fue
creada por una raza superior: los hiperbóreos (recomendamos leer los artículos sobre “La Tierra,
¿es hueca y alberga un reino subterráneo?”).
Según la mitología, su civilización participaba del conocimiento trascendente y la habían creado
“dioses” venidos de las estrellas. Se les llamaba “ariyas”, de donde proviene la palabra “ario”,
que significa “iluminado”. El origen de Hiperbórea se genera en tiempos remotos, cuando se dice
que en el cielo hubo una confrontación entre Jehová y las huestes de Lucifer. A consecuencia de
esta confrontación el espíritu quedó encadenado a la materia, creándose un linaje de
“semidioses”. Estos seres se hallarán desde entonces entre dos mundos y en medio de una
terrible confrontación cósmica. Tratando de ayudar a sus hijos semidivinos, los Dioses crean
Hiperbórea, un territorio desde el que intentan liberarlos de las cadenas de la materia.
Estos mismos mitos explican que Hiperbórea estaba situada más allá del océano boreal y aislada
del resto del mundo por una muralla mágica de hielo. En otras versiones la muralla mágica era
de piedra, similar a las construcciones ciclópeas del mundo antiguo. Gracias a esta separación,
se decía que la pureza racial no estaba amenazada y podían vivir en perfecta armonía. Cuando
los dioses hiperbóreos partieron nuevamente más allá de las estrellas, dejaron en la tierra un
objeto sagrado: el Grial. Este objeto, que se dice es la esmeralda de la corona de Lucifer, tiene la
virtud de permitir a los espíritus caídos mantener el vínculo con el mundo de los dioses.
Tras un enorme cataclismo planetario, Hiperbórea desapareció y la eterna primavera ártica dio
paso a un clima gélido e inhabitable, por lo que los sobrevivientes tuvieron que emigrar hacia el
sur, hacia Escandinavia. Pero algunos arios emigraron hacia Asia, fundando la legendaria
civilización del Gobi. Los innumerables restos de fauna congelada en las islas árticas, hoy
inhabitables, como la isla de Vrangel, al norte de Siberia, en pleno Océano Ártico, así como los
yacimientos de carbón de las islas árticas como Spitsberg, en Noruega, son la demostración de
que en otro tiempo aquellas tierras polares, hoy inhabitables, fueron lugares de naturaleza
exuberante. De esta manera, la patria original de los arios fue sepultada por los hielos polares.
El escritor chileno Miguel Serrano Fernández, simpatizante del nazismo, estudió el origen de los
arios, llegando a la conclusión de que el Génesis bíblico en realidad es un relato atlante. Según
afirma, la mitología griega se refiere al origen del hombre explicando que “al principio, un
hombre surgió de la tierra. Se llamaba Evénor y desposó a Leucippe. Tuvieron una hija, Clito. De
ella se enamoró Poseidón”. Poseidón, como representante de una raza divina, habría cohabitado
con las “hijas de los hombres”. De esta forma se engendraron los héroes semidivinos de la
mitología: “En verdad, los dioses griegos son los héroes y reyes semi-divinos de la Atlántida-
Hiperbórea. Poseidón y Clito dan a luz las cinco parejas de gemelos de los diez reyes de la
Atlántida. Los Dioscuros, Castor y Pollux son una de estas parejas. También lo sería Jasón. Por lo
menos es un rey del Grial, como Hércules”. Serrano llega a la conclusión de que existen varias
humanidades: La humanidad divina de los hiperbóreos, la semidivina de los héroes
descendientes de los cruzamientos de “dioses” con humanos y la de los humanos.
Se dice que Los Ases provienen del monte Elbruz, en el Cáucaso, y son guiados por Odín-Wotan
con su hacha mágica. Los Vanes se hallan al norte. Atlas sería un Vanes. De la unión
de Ases y Vanes vendrían losgermanos que se dice guardan en su sangre la memoria de los
ancestros hiperbóreos. Aquí puede verse una cierta influencia en las teorías nazis. Eurípides se
refería a Hiperbórea como el “País del Ámbar”, que es la región situada al norte, de donde
provendrían los arios. Y según Miguel Serrano, los Tuathas de Dannan de la leyenda irlandesa,
son los mismos que los germanos identifican como los Ases, que se supone eran extraterrestres
descendidos de los astros.
En el “Libro de Enoc” aparece el relato en el cual Lamec, padre de Noé afirma: “He tenido un hijo
diferente a los demás; no es como los hombres, sino que parece un hijo de los ángeles del cielo”.
Robert Charroux, escritor francés de realismo fantástico, indica la posibilidad de que Noé fuera
un hiperbóreo, ya que su padre lo describe con “la carne blanca como la nieve y roja como la flor
de la rosa, y su cabellera blanca como la lana; sus ojos eran hermosos…”. Y efectivamente, ése
es el aspecto con que se describía a los antiguos hiperbóreos. Según Charroux, hay que tener en
cuanta que los nórdicos sitúan la patria de los hiperbóreos y su capital, Thule, en el extremo
septentrional donde, se cree, debieron aterrizar los primeros seres llegados de las estrellas.
Estos hiperbóreos fueron el origen de una raza “divina” que se hundió con su continente cuando
se produjo un gran cataclismo.
Se considera la esvástica como un signo típicamente ario, con simbología solar. Los arios
dibujaron la esvástica allá por donde pasaron en su marcha a través del mundo, tal como puede
verse en India o Troya. De esta forma, los arios, en tanto que se alejaban de su lugar de origen,
iban llevando su civilización a las diversas partes del mundo, instalándose, levantando imperios.
y cruzándose con otras razas humanas. Los primeros arios que se salvaron de la catástrofe, tras
la desaparición de la Hiperbórea polar, emigraron con la esvástica dextrógira, en dirección al
Gobi, en el Asia Central, en aquella época tierra verde y de grandes bosques, en donde fundaron
una gran civilización, cuyos restos aún podrían encontrarse bajo las arenas de los desiertos del
Asia central. Esta civilización también desapareció. Y según Miguel Serrano parece que pudo ser
debido a una explosión atómica, que produjo el actual desierto de Gobi.
A esta catástrofe, que afectó a varías regiones de la Tierra, podría referirse la conocida historia
bíblica de la mujer de Lot y su conversión en estatua de sal. De aquella antigua migración aria en
Asia aún perduran leyendas y conocimientos secretos en los templos del Tíbet, ahora bajo
ocupación china. Los arios que más cerca permanecieron de su patria original fueron aquellos
que se establecieron en Escandinavia. Esta patria nórdica posterior a la pérdida de Hiperbórea,
Escandinavia, será el origen de las últimas migraciones de arios hacia regiones más meridionales
de Europa y Próximo Oriente. Así, desde Escandinavia, migrarán los descendientes de los arios
que crearían Troya y, posteriormente, el Imperio de Roma.
Todo parece indicar que los fundadores de las civilizaciones del Asia eran gente de raza aria. Un
ejemplo es Irán (“Arián”), que toma su nombre de sus antiguos conquistadores originales. Hasta
1979, el Shah era el “Señor de los Arios”. No es necesario aclarar el origen de la civilización de la
India, la cual es fundada y civilizada por los arios provenientes del norte. También se sabe que
hacia el Siglo I d.C, el noroeste de China era habitado por gente de raza blanca o “caucásica” que
hablaba un idioma llamado tochario. A principios del siglo XX, arqueólogos alemanes y franceses
que excavaron en las provincias del noroeste chino descubrieron los grandes parecidos entre
esta lengua supuestamente aislada y los idiomas germánicos y celtas.
Recientes excavaciones en la provincia de Xinjiang han descubierto cuerpos momificados de
gente que vivió allí hace más de 2400 años. Los cuerpos habían sido preservados increíblemente
bien y los arqueólogos apenas podían creer lo que veían: Las momias tenían narices largas,
cráneos típicos de la raza blanca, pelo rubio o rojizo, labios finos y otros rasgos claramente arios.
Una momia de una joven adolescente de pelo rubio se ha convertido en una atracción para
turistas. Aparentemente era una princesa de hace unos 3.000 años, ya que fue envuelta en
ropas bordadas de lana y cuero junto con bellas joyas, jarros y ornamentos de oro, plata y jade.
El Dr. Víctor H. Mair, de la Universidad de Pensilvania, dijo: “Debido a que los cuerpos
encontrados son sin duda de la familia indoeuropea y porque datan de un periodo lo
suficientemente antiguo como para tener relación con la expansión de los indoeuropeos desde
su lugar de origen, jugarán un papel crucial en la determinación del lugar de origen”.
Hacia el año 1167 de nuestra era, nace de la tribu de los Kiyad un niño que será
llamado Temujin (”El acero más fino“), en el ámbito geográfico por donde discurre el río Onon, al
nordeste de Ulaan Baatar, actual capital de Mongolia, situada al norte de China. Su tribu
provenía de una unión entre turcos e iranios y, en contra de lo que pueda parecer, no eran
parientes de los chinos, sus ancestrales enemigos. Temujin tenía el pelo rojizo, tez blanca, de
raza blanca y ojos verdes. En 1206, tras años de duras y sangrientas batallas fraticidas,Temujin y
sus hombres salieron victoriosos. El siglo XIII había hecho acto de presencia y era el momento
propicio para que todos asumieran los designios de un gran Khan. De esta forma, en 1206 fue
convocada la “kurultai” o asamblea de notables mongoles. En ella abandonó su
nombre Temujin para asumir el de Gengis Khan, fundador del imperio más extenso de la
historia. Los nazis, conocedores de que Gengis Khan utilizaba una esvástica en su sello creían
que sus élites no eran de raza mongólica sino descendientes de antiguos atlantes arios.
Todo esto nos indicaría la presencia de la raza blanca en número importante hasta en el extremo
oriental de Asia. Los ainu (palabra que significa “humano” en el idioma ainu) o ainosson
un grupo étnico indígena en Hokkaidō y el norte de Honshu, en la parte septentrional de Japón,
así como en las islas Kuriles y la mitad meridional de la isla de Sajalín en Rusia. Son también
conocidos como Ezo o Yezo en japonés antiguo, y como Utari (palabra que significa “camarada”
en idioma ainu) que es como hoy en día son llamados. En la actualidad, hay unos 15.000
japoneses de esta etnia. De orígenes muy antiguos, a los ainus se les ha atribuido ancestros de
tipo caucásico o australoide. Los ainos habitaban las actuales islas del Japón antes que los de
raza mongólica. De hecho, en la raza del Japón actual, aún pueden apreciarse rasgos raciales que
indican algún mestizaje con esta raza blanca.
Según Charroux, los “gigantes” hiperbóreos tendrían actualmente una descendencia en los
“sumotori”, luchadores de sumo, que en el Japón son personajes sumamente populares,
situados en la jerarquía inmediatamente después de los dioses y el emperador. Los aínos son
blancos caucasianos, que habrían emigrado a través de Siberia. Su dios “Kamu” englobaba el sol,
el viento, el océano y el oso. Estos montañeses, contrariamente a los de origen mongólico, eran
velludos, fuertes y de piel sonrosada, bebedores de alcohol caliente y formidables luchadores.
Los demás japoneses, de tez cobriza, serían originarios de las islas polinesias, de Malasia y del
sur de China. En su proceso de decadencia, los aínos habrían sido derrotados.
Todavía hoy en día, podemos ver esculpidos rostros de origen ario en lugares tan remotos como
las estatuas megalíticas de la isla de Pascua o en las ruinas de Zimbawe, en África,
construcciones de piedra que fueron edificadas por culturas de las que ya se ha perdido la
memoria. En Norteamérica, hallamos también numerosos restos de la presencia de arios, como
entre los indios Mandan, en Missouri, los megalitos de estilo celta y torres redondas en Nueva
Inglaterra, las ruinas vikingas en Newfoundland, las inscripciones rúnicas en Dighton Rock,
Conecticut y en Minesotta. En todo el área de Centro y Sudamérica, hallamos leyendas
referentes a “dioses blancos”, leyendas basadas en hechos históricos reales. Y es que la
presencia de hombres de raza blanca en América con anterioridad a la llegada de los españoles
está documentada en las mismas crónicas de los conquistadores españoles, quienes se
encontraron con individuos y pueblos enteros de raza blanca, y es aún observable en diversas
regiones indígenas, como por ejemplo, en la región andina peruana de Chachapoyas.
En esta región montañosa situada en las fuentes del Amazonas, a más de 2.000 metros de
altitud sobre el nivel del mar, libre ya de los terribles calores y mosquitos tropicales y en un
ambiente fresco y verde, en la actualidad existen aún lo que se conocen como
“gringoitos”,personas de rasgos europeos y cabellos rubios, que no provienen de colonos
europeos, sino que su presencia en la región está documentada como anterior a la conquista
española. Ya los conquistadores españoles hicieron mención en sus crónicas a estos blancos de
Chachapoyas, y especialmente a la belleza de sus mujeres. En una crónica se cita el nacimiento
de un niño al que los chachapoyas consideraban como hijo de los dioses, por ser tan rubio y tan
blanco que aun era difícil encontrarlos así en la misma Europa. El cronista Cieza de León recoge
algunas notas pintorescas sobre los chachapoyas: “Son los más blancos y agraciados de todos
cuantos yo he visto en las Indias que he andado, y sus mujeres fueron tan hermosas que por
serlo, y por su gentileza muchas de ellas merecieron ser de los incas y ser llevadas a los templos
del sol [...] andan vestidas ellas y sus maridos con ropas de lana y por las cabezas solían ponerse
llautos, que son señal que traen para ser conocidas en todas partes“
Los españoles que conquistan América definen a los chachapoyas blancos, rubios y de elevada
estatura, por lo general, un palmo más que los mismos españoles. Los chachapoyas blancos
recordaban la memoria de que sus antepasados provenían del Este, donde está la región
selvática del Amazonas y más allá el Atlántico. Entre las representaciones que han quedado
escritas en diversos edificios, podemos ver dibujos y figuras representaciones de barcos de
grandes proporciones, lo que nos da a entender que los primeros chachapoyas, bien podían
haber llegado desde Europa a América vía marítima. Siguiendo las corrientes oceánicas, desde el
oeste de África habrían llegado hasta las costas de Sudamérica, para, remontando el curso del
río Amazonas en barco, finalmente instalarse en las más frescas regiones andinas, evitando el
calor tropical.
Los chachapoyas eran unos guerreros muy temidos. Utilizaban hondas como arma y eran
maestros en el arte de la trepanación del cráneo, para aliviar la presión craneal, al igual que los
celtas. También coinciden con los celtas en que coleccionaban cabezas cortadas de sus
enemigos. Construían casas de piedra redondas, con un diámetro de entre 7 y 9 metros, casas
idénticas a las celtas. Todavía hoy pueden verse las ruinas de las murallas de su imperio, muros
enormes en elevaciones montañosas que recuerdan fortalezas europeas. Unas esculturas de
rasgos indoeuropeos, halladas entre barrancos en las montañas, son muy similares a las que
encontramos más hacia el oeste, en el Océano Pacífico, en la isla de Pascua.
Cuando el conquistador español Orellana, remontando el río Amazonas, llegó a las
inmediaciones de la actual Manaos, los indios de la región le hablaban de unos hombres
blancos, altos y rubios que vivían en ciudades más allá de la selva y que guardaban inmensos
tesoros. Más adelante, los conquistadores españoles, se encontraron con una delegación de
unos hombres blancos rubios y altos, bien vestidos y de formas educadas, quienes preguntaron
a los españoles sobre la intención que tenían. Los españoles les dijeron que buscaban convertir
la región al cristianismo y someterles a la corona de Castilla. Se despidieron y nunca más
volvieron a encontrarlos. ¿Podían haber sido unos enviados chachapoyas, o tal vez de algún otro
centro poblado por blancos?. ¿Cuál es el origen de los primeros chachapoyas blancos que
llegaron a América mucho antes de la llegada de los españoles?. ¿Qué hacían en aquella región?.
Si nos centramos en los actuales descendientes de los Chachapoyas blancos, vemos cómo entre
ellos predominan aún rasgos raciales nórdicos, cabellos rubios, ojos claros, piel blanca rosada o
pecosa, pese a que el mestizaje amerindio se halle muy introducido. Si bien, ateniéndonos a la
historia oficial, nos puede parecer un misterio, esto nos demuestra que América fue conocida y
habitada de muy antiguo por pueblos arios, quienes, tal vez, fueron los descendientes de los
“dioses blancos” creadores de los antiguos imperios. Séis siglos antes de Cristo, surge en el norte
ario de la India el budismo. Según diversos estudiosos, Buda fue un “iluminado”, un “ariya” que
respondía al nombre de Siddharta, un hombre de raza aria que se mantuvo fiel al código de
honor y lealtad de los antiguos hiperbóreos que antaño habitaban Thule, y que vino a denunciar
la creciente degeneración del brahmanismo de su época.
El barón Julius Évola, esoterista, ideólogo de la derecha italiana e investigador del budismo, nos
dice que, en su forma original, el budismo es de espíritu puramente ario y proporciona una
visión anterior a la humanidad actual. Como vemos, es indiscutible que la ideología nazi tiene su
origen, además de en los antiguos mitos y relatos nórdicos, en las lejanas tierras del Asia, donde
se hallan numerosas representaciones de esvásticas desde hace miles de años, y en las
civilizaciones mágicas de la antigüedad. Es más, según la interesada interpretación nazi del
budismo, éste propondría una clara división entre los arios (“iluminados”) y las otras razas,
incapaces por sí mismas de alcanzar la verdadera sabiduría y el conocimiento.
En el corazón del Asia, hallamos las montañas más altas del mundo y una inmensa meseta, el
Tíbet, situada a una media de más de cuatro mil metros de altitud sobre el nivel del mar. La
guerra mágica que movió los hilos de la historia hizo que las relaciones entre la Alemania nazi y
el Tíbet fueran más allá de la mera rutina diplomática. Durante el Tercer Reich, Alemania
mantuvo en el Tíbet diversos delegados y observadores y la celebrada expedición SS de 1938-
1939 realizó multitud de estudios sobre las más diversas cuestiones. Himmler trataba de
verificar la hipótesis de que tras el hundimiento de la Atlántida, el Tíbet fue habitado por
atlantes blancos y que en ese lugar del mundo aún es guardado el conocimiento de los antiguos
y las entradas a su “reino subterráneo”.
En el Tíbet se conserva el mito ario que habla de reinos ocultos, principalmente subterráneos,
conocidos como Agartha o Shambhala. Existen tradiciones que afirman que Shambhala sería la
capital del Reino de Agartha de la misma manera que Thule es la capital de Hiperbórea. Sir
Edward Bulwer-Lytton, diplomático y miembro de la sociedad secreta Golden Dawn, escribió en
1871 una novela titulada “La raza futura”. En esta obra se narra la aventura de un pueblo
(los Vril-ya) que emerge del reino subterráneo, en el cual se había exiliado tras un cataclismo en
la superficie de la tierra, y que dispone de una fuente de energía denominadavril. En dicha
novela también se menciona la guerra entre razas y se considera a los habitantes de ese mundo
subterráneo como descendientes de los arios originales.
Según esta tradición extendida por toda Asia, este pueblo vive en el interior de la tierra y es
superior, en todos los niveles, a los hombres de la superficie de la tierra. Además, se identifica
con propósitos benéficos (aunque esto no queda muy claro debido a las aparentes relaciones de
Shambhala con el régimen nazi) y estaría regido por el “Rey del mundo”, siendo depositario de
legendarias civilizaciones desaparecidas, como Hiperbórea, Lemuria, Mu y Atlántida. René
Guénon (Abd al-Wâhid Yahyâ), matemático, filósofo y metafísico francés, convertido al Islam,
en su obra ”El rey del mundo” examinó las diversas tradiciones religiosas que confirman la idea
de que las culturas posteriores tienen un origen ario. Por otra parte, para algunos ocultistas, la
esvástica es el gran símbolo del reino subterráneo, que sería recogido por las tradiciones
iniciáticas orientales y occidentales, y, sobre todo, por el budismo y el hermetismo.
En esta interpretación, dicho símbolo recrea la rotación del Universo en torno a un centro fijo
generador del movimiento. En esta misma línea se pronuncia Helena Blavatsky, escritora,
ocultista, teósofa rusa y fundadora de la Sociedad Teosófica, y otros ideólogos que mostraron
gran interés por Agartha y que despertaron el interés del nazismo. Durante el III Reich se
enviaron diversas expediciones al Tíbet en busca de dicho reino subterráneo y aún hoy continúa
ejerciendo una gran fascinación el documental “El secreto del Tíbet”, basado en una expedición
nazi al Tíbet, que sigue siendo un indiscutible testimonio de unos años en que el Tíbet era un
lugar desconocido para el resto del mundo. El propósito original de estas expediciones fue muy
similar al que motivó la supuesta expedición a Tiahuanaco, que se basaba en la creencia de que
las montañas más altas del mundo podrían haber sido el refugio, tras el diluvio, de una raza aria
primigenia proveniente de la Atlántida.
Según el mito de Agartha, los arios primigenios habrían creado reinos subterráneos en los que
seguirían conservando los secretos antiguos. Esta idea vino avalada por el ingeniero ruso
Ferdynand Ossendowski, quien, en su libro “Bestias, hombres, dioses” describe cómo en su
huída de los bolcheviques a través de Asia central, tuvo noticia del reino subterráneo de Agarthi,
lugar en que se habrían refugiado los supervivientes de grandes continentes hundidos y que
sería la sede de un Señor del Mundo. El escritor alemán Edmund Kiss se encargaría de vincular el
mito de Agartha con la cosmogonía glacial de Hörbiger, el gran “guru” científico del nazismo,
quien ya apuntaba a una relación entre la Atlántida y el Tíbet.
De acuerdo a la Cosmogonía Glacial, en la espiral descrita por las órbitas planetarias de acuerdo
a Hörbiger, Marte será próximamente atraído a la órbita terrestre para convertirse en su
satélite. Sin embargo, su órbita será mayor y al fin, el planeta rojo se verá absorbido por la
atracción del Sol. El paso de Marte significará una grandiosa destrucción de la Tierra, debido al
aumento ostensible de la temperatura y a los considerables efectos gravitacionales. Tras un
ciclo, la Tierra se transformará en un planeta de Hielo, que asimismo será atraído al Sol, junto a
otros cuerpos de naturaleza similar, los que se fundirán en la masa ígnea solar hasta que estalle,
y de esta manera, todo el proceso cósmico se reiniciará una vez más.
La expedición alemana al Tibet logró crear una actitud positiva respecto a la Alemania nazi por
parte de los tibetanos. Bajo el lema del “Encuentro de la esvástica occidental con la oriental”
lograron establecerse contactos políticos de alto nivel con el gobierno tibetano que se
manifestaron, entre otros, en la declaración oficial de amistad que Qutuqtu de Rva-sgren, el
regente tibetano, puso por escrito a la atención del “notable señor Hitler, rey de los alemanes,
que ha conseguido hacerse con el poder sobre el ancho mundo”. También en el documental se
ve una larga cola de tibetanos que acuden a ofrecer regalos a “los primeros alemanes que son
recibidos aquí”, lo que no es del todo cierto, ya que Schäfer había participado anteriormente en
dos expediciones al Tíbet realizadas por un equipo germano-estadounidense.
Nimrod del Rosario (llamado Luis Felipe Moyano) nació en Argentina y vivió en la Antártida más
de un año. Elaboró un cuerpo de sabiduría gnóstica pretendiendo explicar absolutamente todo
lo que existe, existió y existirá. Practicó el tantrismo alquímico y utilizó terminología del
psiquiatra suizo Jung, que se manifiesta con su frase: “Donde Jung concluyó, comencé yo“.
Relata la conspiración urdida por Schäfer en su expedición al Tíbet sirviendo a los intereses de
Shambhala. Su expedición al Tíbet regresó con el Kangschur, un conjunto de sagradas escrituras
tibetanas de 108 volúmenes. Además sus jefes, recibieron el ritual delTantra Kalachakra. Dicho
ritual es la “iniciación suprema” del budismo tibetano. Esta iniciación vincula a Shambhala en el
momento de la lucha final entre las fuerzas del bien y del mal.
Entre los nazis que se aventuraron por las altas regiones del Himalaya y el Tíbet, encontramos en
lugar preferente a Heinrich Harrer, montañista, deportista, geógrafo y escritor austriaco, quien
narra sus aventuras en su libro “Siete años en Tíbet”, en que se basa la película del mismo
nombre. Harrer fue detenido el año 1939 en la India, justo al empezar la guerra y finalmente,
tras varios intentos, consigue fugarse del campo de concentración donde estaba detenido por
los ingleses alcanzando el Tíbet en mayo de 1944. Gracias a los delegados alemanes que
permanecían en Lasha, Harrer pudo establecer contacto con las autoridades tibetanas, llegando
a convertirse finalmente en instructor y hombre de confianza del Dalai Lama. Harrer pertenecía
a la “Orden Negra” de las SS desde 1938 y era miembro delos “wandervogel” o “pájaros
errantes”. Este era un movimiento juvenil que predicaba el retorno a la naturaleza y un estilo de
vida alejado del entorno urbano, por lo que muchos de sus miembros eran montañeros y
escaladores.
Cuando los ingleses le detienen en la India, Harrer estaba junto a otros camaradas en una
expedición para alcanzar la cumbre del Nanga Parvat, una montaña del Himalaya, de 8126
metros de altitud, situada en el actual Pakistán. Un año antes, en 1938, cuando ya era un
miembro SS, Harrer y otros tres escaladores del mismo cuerpo, ascendieron por primera vez la
cumbre del Eiger (Suiza) por la cara norte. La aventura se considera aún hoy en día una hazaña
del alpinismo. Durante los tres días que duró la ascensión Hitler estuvo informado de los
progresos de la expedición y, tras su brillante resultado, quiso conocer a los protagonistas.
Aunque nunca se haya declarado oficialmente, se ha citado documentos desclasificados tras la
guerra según los cuales en el búnker de Berlín se hallaron varios cuerpos con rasgos tibetanos, lo
que vendría a demostrar que la relación con el Tibet tuvo gran importancia para el III Reich.
La esvástica es el símbolo considerado por muchos investigadores como el más antiguo de los
empleados por los hombres. Está extendido por todo el planeta y es conocido su uso en
civilizaciones como los indoarios, chinos, japoneses, hindúes, mongoles, celtas, aztecas, vascos y
muchas otras. Su significado más antiguo es el del símbolo del sol nórdico y era objeto de culto y
respeto, siendo signo de los arios. Está vinculado al mundo mágico, espiritual y a los “dioses
cósmicos” como Shiva, dios indo-ario que tenía en sus representaciones inscrita la esvástica y
que es portador de la misma energía universal que porta Odín o Wotan (llamado Odín en
Escandinavia y Wotan en Germania). La cruz gamada significa “la gran rueda del llegar a ser”,
rueda que gira irresistiblemente sobre su propio centro inmutable marcando su destino, su
manifestación espacio-temporal.
La esvástica “sinistrógira”, orientada hacia la izquierda, que es la que adoptaron los nazis, se
dice que simboliza el camino de retorno hacia el origen, hacia Hiperbórea. Según Miguel Serrano
la esvástica es un signo del sol nórdico de origen ario, post hiperbórico. Tras la desaparición de
Hiperbórea y la desviación del eje terrestre, comenzaron las estaciones. Y los arios hiperbóreos
aportan este signo de origen rúnico de laRuna Gibur, representando el sol promotor del Año
Terrestre y del movimiento de las cuatro estaciones. Así, los cuatro brazos de la esvástica
representarían la primavera, el verano, el otoño, el invierno y su movimiento, desde el centro
fijo e inmutable dentro del círculo del año. Según sea el lado a que se dirijan las prolongaciones
de la Cruz, así será el movimiento de la esvástica. Los alfabetos rúnicos son un grupo de
alfabetos que comparten el uso de unas letras llamadas runas, que se emplearon para escribir
en las lenguas germánicas en la Antigüedad y la Edad Media, antes y también durante la
cristianización, principalmente en Escandinavia y las Islas Británicas, además de la Europa
central y Oriental.
Según los esotéricos nazis, cuando se mueve hacia la derecha – esvástica dextrógira– se
representaría la pérdida de la Edad Dorada, tras el hundimiento de Hiperbórea, con el desvío del
eje terrestre. Según explica Miguel Serrano, esta esvástica dextrógira simboliza el éxodo o
migración Polar de los semidivinos arios hiperbóreos y la variación del movimiento giratorio de
la tierra sobre sí misma. Puede comprobarse esta variación en las conchas de caracoles marinos
y de algunas piedras de gran antigüedad, encontradas en la Antártida, cuyas espirales están
girando en dirección contraria a la rotación actual de la Tierra. La esvástica “dextrógira” está
girando en la dirección de las agujas del reloj y de la Tierra actual. La esvástica “levógira”, que
eligieron los nazis como su símbolo, gira en dirección inversa a las manecillas del reloj y de la
rotación de la Tierra actual. Esta esvástica “levógira” representa el regreso a la remota
Hiperbórea.
Entre las extraños comportamientos nazis, se afirma que la guerra esotérica de Hítler fue hecha
para conseguir el retorno a la Hiperbórea extraterrestre, con el fin de cambiar la faz de la Tierra.
También la religión Bo, del antiguo Tíbet, anterior al Budismo Mahayánico, tenía como emblema
la esvástica “levógira”. Pero en cualquiera dirección que se represente la esvástica, es
originalmente un símbolo rúnico de los pueblos nórdicos, con sus héroes de origen divino.
El mismo dios Thor, “dios de la fragua y de los herreros”, representante por excelencia de la
mitología nórdica, porta el martillo con la esvástica, con el que protege a los hijos del Sol Negro.
Se hace notorio recordar la enigmática celebración nazi del solsticio de verano, momento de la
victoria de la luz del Sol sobre las tinieblas, o de “los hombres del sol sobre los de las tinieblas”.
Respecto al águila imperial nazi, Alfred Rosenberg, colaborador de Hitler y responsable de los
territorios ocupados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba que los
“aryas” situados en las más elevadas mesetas y regiones del Asia Central hicieron del “pájaro de
las cumbres (el águila) el rey de las montañas… aquél que puede mirar el Sol de frente, cara a
cara…”. El Águila del Imperio, portadora del signo del imperio (la esvástica) y situada sobre el
estandarte nazi alemán es el mismo símbolo que utilizaban las legiones romanas y las tropas
napoleónicas.
El Emperador Juliano, el “último emperador romano”, tuvo una visión la noche antes de morir a
causa de una herida de guerra en Persia: vio el Águila del Imperio de Roma (signo de Zeus-
Júpiter) que volaba hacia Oriente, para refugiarse por casi dos milenios en las montañas más
altas del mundo (el Himalaya). Transcurrido el tiempo indicado, el águila, volvía a Occidente
portando el símbolo sagrado (la esvástica). Es este el contexto en el que debemos hallar el
significado del águila nazi trayéndonos la esvástica desde las montañas más altas del mundo. De
esta forma, los nazis pretendían ser los depositarios de la tradición imperial, reivindicando el
derecho de ser legítimos herederos del Imperio Romano y del águila de Zeus-Júpiter.
Algunos opinan que el alfabeto rúnico se desarrolló tomando como base el griego, pero otros
investigadores han hallado evidencias de una escritura prerrúnica muy antigua que data de
finales de la Edad de Hielo. El alfabeto rúnico tiene 24 letras y cada letra tiene en sí misma un
significado mágico y místico simultáneamente. El conocimiento de las runas lo consiguió Wotan
(Odín) colgándose por nueve días en el árbol cósmico (Yggdrasil) e hiriéndose con una lanza en
el costado, en lo que es una práctica iniciática claramente chamánica. Proyectadas en rituales
mágicos, los antiguos germanos dotaban a las runas de grandes poderes.
Yggdrasil es un fresno perenne: el árbol de la vida, o fresno del universo, en la rica mitología
nórdica. Sus raíces y ramas mantienen unidos los diferentes mundos: Asgard, Midgard, Helheim,
Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jötunheim. De su raíz emana la
fuente que llena el pozo del conocimiento, custodiado por Mímir. A los pies del árbol se
encontraba el dios Heimdall que era el encargado de protegerlo de los ataques del dragón
Níðhöggr y de una multitud de gusanos que trataban de corroer sus raíces y derrocar a los dioses
a los que este representaba. Pero también contaba con la ayuda de las nornas que lo cuidaban
regándolo con las aguas del pozo de Urd. Un puente unía el Yggdrasil con la morada de los
dioses, el Bifröst, el arco iris, todos los dioses cruzaban por él para entrar en el Midgard.
Yggdrasil rezuma miel y cobija a un águila sin nombre que entre sus ojos tiene un halcón que se
llama Veðrfölnir, a una ardilla llamada Ratatösk, a un dragón llamado Níðhöggr y a cuatro
ciervos, Dáin, Dvalin, Duneyrr y Duraþrór. Cerca de sus raíces habitan las nornas.
Tácito describió en su obra “Germania” una práctica oracular basada en varas de madera con
unos grabados que eran runas. Debidamente ritualizadas, las inscripciones rúnicas en espadas u
otros objetos los dotaban de un poder excepcional. Sobre las runas de las SS nazis, su origen se
sitúa en los antiguos guerreros germánicos, los cuales esculpían los signos rúnicos sagrados en la
vaina de las espadas que utilizaban en el combate. Se les atribuía a estos signos un valor mágico
de sabiduría, protección y poder, siendo grabadas también en los navíos y los lugares solemnes
para dar seguridad y estabilidad al pueblo. Los SS se identificaban con estos guerreros
germánicos teutones y con su mitología por ser guardianes ancestrales de la perdida
Hiperbórea.
El barón Sebottendorf, fundador de la Orden de Thule, que tanto influyó en la génesis del
nazismo, consideraba que las runas constituían “el poder esotérico primigenio”. Rudolf J.
Gorsleben, investigador próximo a la ideología nazi, trató de reconstruir la ciencia espiritual de
las runas y de sus poderes mágicos como conductoras de la energía que anima el universo
entero e influye en el mundo material. Según afirma, las runas son el vínculo entre el
macrocosmos y el microcosmos del hombre ario posibilitando la unión mística con Dios.
Asimismo considera que la más sagrada de todas las runas sería Hagal, que se hallaría presente
en el hexágono, la flor de lis de la heráldica e incluso en la pirámide de Keops, ya que la
civilización aria primigenia había sobrevivido bajo diversas formas culturales. Gorsleben
también afirmaba que las distintas formas de cristalización mineral serían proyecciones sólidas y
geométricas de las runas, su materialización cósmica.
Guido von List, que se dedicó al estudio del significado de sabiduría oculta relativa a los arios,
sufrió once meses de ceguera transitoria y afirmaba que durante esta época su ojo interior le
hizo vislumbrar lo que el llamaba religión germánica y el origen de las runas, revelaciones a
partir de las cuales trató de reconstruir lalengua aria primigenia que, según afirmaba, dio lugar
a todas las demás. Afirmaba que este lenguaje es un lenguaje mágico en el cual cada palabra
tiene un poder vinculado a un principio absoluto. List interpretó, por una parte las letras y
sonidos de las runas y, por otra, las inscripciones y emblemas antiguos y expuso sus resultados
en “El secreto de las runas” (1907). El ocultismo rúnico surgido de este trabajo constituyó la
principal clave del esoterismo de List, que obtuvo notable popularidad a comienzos del siglo XX,
especialmente durante la Primera Guerra Mundial.