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1 N AZARIA

Este documento resume la vida temprana de Santa Nazaria Ignacia. Creció en una familia grande y practicante en España a fines del siglo XIX. Asistió a un colegio religioso donde desarrolló su fe y vocación de servicio. A pesar de la indiferencia religiosa de su familia, continuó su compromiso espiritual y trabajos apostólicos. Más adelante, fundó una orden religiosa dedicada a servir a los ancianos desamparados.

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1 N AZARIA

Este documento resume la vida temprana de Santa Nazaria Ignacia. Creció en una familia grande y practicante en España a fines del siglo XIX. Asistió a un colegio religioso donde desarrolló su fe y vocación de servicio. A pesar de la indiferencia religiosa de su familia, continuó su compromiso espiritual y trabajos apostólicos. Más adelante, fundó una orden religiosa dedicada a servir a los ancianos desamparados.

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Javier Baptista, S.J.

Nazaria Ignacia,
mujer de ayer y hoy
ÍNDICE

Presentación...................................................................................4
I. Infancia y juventud (1889 - 1908).............................7
II. Hermanitas de los Ancianos
Desamparados (1908-1925).......................................... 20
III. Fundadora (1925-1930)................................................... 30
IV. Superiora General- Primer Período
(1930 – 1937)............................................................................. 45
V. Superiora General – Segundo Periodo
(1937 – 1943)............................................................................. 73
PRESENTACIÓN

Santa Nazaria Ignacia


Una vida en profunda intimidad con Cristo
crucificado.
Una vida gastada al servicio de la Iglesia y la misión
evangelizadora.
Una vida comprometida con los más pobres y las
mujeres.
Son tres afirmaciones que pueden resumir la vida, la
espiritualidad y el compromiso de Santa Nazaria Ignacia.
El deseo de asemejarse a Cristo sufrido la llevó durante
toda su vida a rechazar las ofertas y tentaciones del
mundo; más bien con espíritu de sacrificio y penitencia
forjó un estilo de vida austero y esencial. Encontró la
fuente de su espiritualidad en el encuentro con Jesús
en la Eucaristía y en la oración. Una continua escucha
de la voluntad de Dios le hace descubrir el camino de la
consagración religiosa. La escucha de la voz del Señor
que se manifestaba en los acontecimientos de la vida (el
estado de pobreza en la familia, la migración al continente
americano…), en la voz de sus superioras y de los obispos.
Por eso estuvo abierta a nuevos y desafiantes caminos,
no exentos de crítica y persecución, sea de la sociedad
de ese entonces como también al interior de la misma
congregación.

4
De manera especial encontró el rostro de Cristo en
los pobres y desamparados: son rostros que asumen
categorías diferentes. Son los que tenían hambre para los
cuales abre un comedor popular. No ha tenido ni miedo, ni
vergüenza a hacerse mendiga del Señor pidiendo ayuda y
comida en los mercados y a cuantos encontraba, siempre
con la convicción que lo estaba haciendo en nombre de
Jesús y al servicio de sus hermanos. La “olla del pobre”
es una iniciativa suya que perdura todavía hoy, donde
permite que las personas, la comunidad vivan la caridad
y así las familias pobres sean atendidas.
Son rostros de los hermanos heridos durante la guerra
del Chaco, niños huérfanos… que atiende con caridad
junto a las primeras hermanas de su comunidad.
Son los rostros de los campesinos que descubría
hambrientos de Dios en sus visitas evangelizadoras a las
comunidades rurales. Anunciar a Cristo y conducir los
hermanos a Cristo fue una preocupación constante desde
su tierna edad. “¿Cómo es posible que haya en el mundo
tantas personas que no conocen a Jesús?” De allí el celo
apostólico por el anuncio del Evangelio, la catequesis, la
formación de los hermanos más alejados y en periferia.
Son los rostros de las mujeres que encontraba trabajando
todos los días en su peregrinar y que ve sin defensa
y, a veces, pisoteadas en su dignidad. Con visión sin
precedentes forma el primer sindicato de las mujeres.
Para ella no puede haber caridad, solidaridad y defensa
de sus derechos sin dignidad de las personas.

5
Fue una mujer arraigada en la fe y tradiciones de su
tiempo, pero también moderna y, por lo tanto, actual.
Por ese motivo la hemos querido como “acompañante”,
“madrina” en el proceso de preparación al V Congreso
Americano Misionero (V CAM). Para nosotros ha sido
un testimonio de discipulado y misión, de una Iglesia en
salida hacia las periferias de ese entonces que nos desafía
a mirar y atender las periferias modernas.
Hoy en día nos alegra muchísimo haber recibido la noticia
que el Papa Francisco la proclamara Santa Nazaria
Ignacia; para la Iglesia Universal, porque la misión y
el testimonio misionero no tienen límites de tiempo y
espacio, sino que se abren al mundo entero.
Queridos delegados misioneros, les entregamos con
alegría este pequeño opúsculo que describe su vida y
espiritualidad. Una vida misionera entregada en fidelidad
desde estas tierras bolivianas, expresando una vez más
que la misión rompe fronteras.
Que el ejemplo de Santa Nazaria Ignacia que será
canonizada el 14 de octubre de 2018 junto a San Oscar
Romero y otros tantos santos y mártires de América,
mantengan vivo el dinamismo misionero de nuestra
Iglesia y suscite vocaciones para la misión.
En Cristo misionero del Padre.
Santa Cruz de la Sierra, julio de 2018.
Mons. Eugenio Scarpellini Mazzoleni
Obispo de la Diócesis de El Alto
Director Nacional OMP - Bolivia

6
NAZARIA IGNACIA, MUJER DE
AYER Y HOY
Por Javier Baptista, S.J.

I. Infancia y juventud (1889 - 1908)


Marco familiar: los padres de Nazaria fueron José March
y Reus, de Alicante, y Nazaria Mesa Ramos, de Sanlúcar
la Mayor, Sevilla. Tuvieron 18 hijos, de los cuales sólo
vivieron 10: María Josefa, José María, Melchor, Nazaria
y Amparo (mellizas), Ausias, Manuel, Bautista, Delfina
y Carmen. Las mellizas Nazaria y Amparo nacieron en
Madrid el 10 de enero de 1889. Fueron bautizadas de
emergencia por el sacerdote don Antonio Guijarro, el
cual completó las ceremonias rituales el 11 de abril en
la parroquia de San José, en la calle de Alcalá. Nazaria
recibió los nombres de Nazaria Ignacia; que eran los de
su madre y de su abuela, respectivamente.

Los papás de Nazaria

7
Nazaria con su hermana Melliza

Don José, que había sido capitán de la marina mercante


española, estaba dedicado a empresas comerciales, que
lo obligaban a ausentarse con frecuencia de España. Doña

8
Nazaria solía ir con sus hijos a Sanlúcar la Mayor, a casa
de sus padres, Manuel e Ignacia Ramos. Influyó mucho
en Nazaria su abuela materna, cuya vida de práctica
religiosa contrastaba notablemente con el ambiente de
indiferencia que se respiraba en el hogar de los March.
Era aún Nazaria muy niña, cuando su familia se trasladó a
Sevilla. A los cinco años de edad recibió el escapulario de
Nuestra Señora del Carmen, en el convento de Carmelitas.
En esa ocasión le pasó por la cabeza que un día ella
también sería monja. Muchos años más tarde, recordando
ese día, escribió en su diario: “Yo no sé lo que pasó en mi
infantil imaginación, pero presentí que yo también sería
monja” 1.
Colegiala: cuando las mellizas iban a cumplir siete
años, la abuela, doña Ignacia, aprovechando uno de los
viajes de su yerno, resolvió internarlas en el Colegio de
Niñas Nobles, dirigido por las Agustinas Comendadoras
del Espíritu Santo. Las niñas fueron admitidas allí en
calidad de becadas, en febrero de 1896. Nazaria se hizo
notar desde el principio por su carácter alegre y vivaz.
Durante las clases de costura, en que siempre se leía algo,
para tenerla quieta la profesora la hacía pasar adelante
para que sostuviera el libro, como facistol. En los recreos
ensartaba mosquitos para colgarlos como adornos.
Había en el colegio mucho interés por las misiones,
fomentado sobre todo por el capellán, don Miguel Barrera.
Nazaria quedaba impresionada al saber que había en el

1 (Diario I, 1914, p. 56)

9
mundo mucha gente que no conocía a Dios. En las clases
de catecismo oyó hablar de los sacerdotes qué dedicaban
su vida a la conversión de los paganos. Movida por esos
ejemplos, deseó llegar a ser un día “misionero jesuita”.
Ya entonces se manifestaron sus dotes de iniciativa y
liderazgo. Se le ocurrió formar entre sus compañeras un
grupo de “misioneras”, para las que escribió un librito de
reglas en las que abundaban las mortificaciones. Un día
apareció en el patio, enarbolando un letrero que decía:
“Misioneras ocultas del Sagrado Corazón”.

Nazaria con su padre

Como preparación para su primera comunión, Nazaria


resolvió pasar la noche entera de rodillas, en oración.

10
Se durmió, y soñó que veía a Jesús, camino del Calvario,
que la llamaba a su seguimiento, y ella prometió seguirlo
lo más cerca que pudiera una humana criatura. Hizo su
primera comunión el 21 de noviembre de 1898. A los
once años de edad, el 15 de agosto de 1900, hizo voto de
virginidad, que renovó cuatro meses más tarde, el 8 de
diciembre, con tres compañeras.

Nazaria y Amparo de colegialas

Primeros apostolados: Nazaria dejó el Colegio de las


Comendadoras el 25 de septiembre de 1901. La familia
vivía entonces en una casa situada en la Plaza de la
Contratación. Nazaria sufrió mucho al ver la indiferencia

11
religiosa de su familia. Sus hermanos tomaban a broma
sus devociones, y la llamaban “beatita”. Como se
manifestaba en ella algunos signos de vocación a la vida
religiosa, sus padres hicieron todo lo posible para quitarle
esas ideas de la cabeza, llegando a prohibirle frecuentar
los sacramentos y visitar a las monjas del colegio. Por
otra parte, fomentaban fiestas y reuniones sociales. En
esa época fue cortejada un tiempo por un joven llamado
Juan de la Rosa.
Nazaria recibió el sacramento de la confirmación el 15
de marzo de 1902, a la edad de 13 años, de manos del
Arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola y Maestre. En
octubre, contando con el permiso de su madre, entró a
la Tercera Orden de San Francisco. Se dedicó con todo
empeño al apostolado familiar. Ayudó en la preparación
para la primera comunión de su hermano Bautista,
completando en la casa la instrucción que éste recibía
en el colegio de los Escolapios. Inculcó a sus hermanitos
el amor y respeto a los sacerdotes. En una ocasión,
Carmencita puso en práctica las enseñanzas de Nazaria.
Un día llegó de visita a la casa un sacerdote. Carmencita
se situó detrás de él, inclinándose a cada paso para besar
sus huellas. Don José se enojó mucho con Nazaria. La
llamó “ridícula”, y le prohibió enseñar a sus hermanitas
cosas que lo llenaban de vergüenza.
Llegó un momento en que sus padres dejaron de
contrariarla, permitiéndole más libertad para dedicarse
a sus devociones. Nazaria hizo entonces un reglamento
de vida, que fue aprobado por su confesor. Sus

12
penitencias eran fuertes. Dormía a veces sobre el suelo,
sin ningún abrigo. Se privaba de alimentos, pero como
no se la veía ni débil ni triste, muchas veces nadie caía
en cuenta, ni siquiera su madre. Cobró ascendencia sobre
sus hermanos, que la tomaban como consejera, e incluso
como juez. Con frecuencia, las discusiones terminaban
con la frase: “Nazaria lo ha dicho”.
El 19 de marzo de 1903, festividad de San José, Nazaria
organizó una función familiar para festejar a su padre. En
una sala armó un escenario a modo de teatro. Compuso
para la ocasión un himno oficial con simpáticas alusiones
a las virtudes de don José. Este no disimulaba su
preferencia por Nazaria. Influencia o no de ella, lo cierto
es que adquirió la costumbre de ir con toda la familia los
domingos a la Catedral de Sevilla para oír la misa de 10.
Niños y niñas iban uniformados como colegiales, lo que
llamaba mucho la atención.
En junio de ese año 1903 les llegó a Delfina y Carmen
el turno de ser preparadas para la primera comunión.
Nazaria escribió para ellas un reglamento de vida. Entre
otras cosas, se indicaba en él que debían ofrecer sacrificios
por los misioneros, especialmente por lo que estaban en
mayor peligro. Además de las dos horas establecidas
para la instrucción, basada en pasajes de los evangelios,
que Nazaria narraba con animación y vivacidad, había
una hora entera dedicada al silencio más absoluto, como
sacrificio ofrecido por los sacerdotes. Bautista, extrañado
porque Carmencita no hablaba, le preguntó: “¿Por qué no
puedes hablar?”. Carmencita respondió: “No lo sé. El padre

13
y las hermanas nos dijeron que no habláramos, pero no sé
por qué. A mí no me duele nada” 2.
Pobreza: a fines de 1904 se agravó la situación económica
de la familia. Ya se había disuelto la compañía de vapores,
uno de cuyos dueños era don José, debido al fallecimiento
de su socio. Don José resolvió viajar a México con el objeto
de iniciar otras actividades que le permitieran rehacerse.
Poco después, el mayor de los hijos varones, José María,
partió a Madrid, a proseguir sus estudios.
Los March conocieron la pobreza. Llegó un momento en
que para comer se vieron en la necesidad de acudir al
socorro que ofrecían las damas de la Conferencia de San
Vicente de Paúl. Una criada de la familia, que estaba allí
inscrita, fue notificada para participar en el lavatorio de
pobres que se iba a efectuar el Jueves Santo en casa de
doña Blanca Fernández de Córdoba de Lasso de la Vega,
Condesa de Casa Galindo, presidenta de las conferencias.
La criada, por vergüenza, no quiso acudir a la ceremonia.
Nazaria se fue a la capilla del Señor de los Desamparados,
donde había sido citada la criada. Se le acercaron dos
señoras que le preguntaron si había visto a una anciana
pobre con muletas, a quien debían llevar a la casa de
la condesa. Nazaria, sobreponiéndose a su orgullo,
respondió que esa mujer era criada de su familia, la cual
estaba inscrita para recibir la ayuda bajo el nombre de
ella. Nazaria ocupó entonces uno de los puestos de pobre

2 (Positio sobre la vida, virtudes y fama de santidad. Nazaria Ignacia


March. Roma, 1987, II, cap. 1, p. 37).

14
para la ceremonia del lavatorio de pies. El P. Francisco de
Paula Tarín, jesuita tuvo la homilía.

Nazaria Joven

La condesa lavó los pies de los pobres. En el banquete


que siguió a continuación, el P. Tarín pidió que Nazaria
se sentara a su derecha, a pesar de las protestas de
las señoras, pues era la más joven. El P. Tarín insistió:
“Cambien. Esta tiene que ser cabeza”. Nazaria sintió que
los ojos del jesuita llegaban hasta el fondo de su alma.
Tenía la impresión de que el P. Tarín quería decirle algo. Al
final, después de la acción de gracias, el jesuita la abordó
a solas y le dijo: “Hija mía. Dios te ama mucho. Animo y

15
adelante. Dentro de unos tres años Dios empezará a colmar
tus deseos. Después te los colmará todos, todos3”.
En Sanlúcar: por ese tiempo estaban rotas las relaciones
entre doña Nazaria y sus padres. Nazaria, haciendo
intervenir los buenos oficios de la Condesa de Casa
Galindo, consiguió que doña Nazaria le permitiera ir a
Sanlúcar la Mayor, juntamente con Amparo, Delfina y
Carmen, con el objeto de intentar una reconciliación. Las
niñas fueron muy bien recibidas por sus abuelos. Y de ese
modo se reanudaron las relaciones.
En Sanlúcar, Nazaria se dedicó al apostolado. Comenzó
por las criadas, con quienes conversó largamente. Les
enseñó el catecismo y las preparó para confesión. Con sus
primas y amigas de éstas, organizó un grupo al que llamó
“El rebañito de Jesús”, que llegó a contar con 14 niñas.
Les inculcó el amor a la Iglesia y a los sacerdotes. Les
hablaba de las misiones y las animaba a hacer sacrificios
y penitencias por la conversión de los paganos y de los
pecadores.
Un día hubo alarma en la casa de los abuelos. Nazaria se
había caído repentinamente, perdiendo el conocimiento.
El médico declaró que se trataba de un ataque al corazón.
Ese día Nazaria se había enterado de que su padre se había
hecho masón. Al referirse a este hecho, Carmen escribió
más tarde: “Su vida interior se hizo más intensa aún.
Sus largas horas de oración se aumentaron, y desde

3 (Positio II, cap.1, p. 29)

16
entonces, como yo dormía con ella, la veía de rodillas y en
profunda oración, costumbre que ya siguió hasta su entrada
en el convento de las hermanitas4”.
Al cabo de un tiempo, los abuelos resolvieron mandar
a Sevilla a Nazaria y Amparo, y quedarse solamente
con Delfina y Carmen. Doña Nazaria, con sus hijos,
Ausias, Manuel y Bautista, se habían trasladado a unas
habitaciones modestas en una casa de vecindad, especie
de conventillo, cercana a la Parroquia de Santiago el
Mayor. Por razones económicas se había visto forzada a
vender la casa de la Plaza de la Contratación. Los hijos
mayores no vivían ya en Sevilla, y María Josefa se había
casado.
Poco tiempo después, también Delfina y Carmen
regresaron de Sanlúcar. Doña Nazaria cayó enferma. La
dirección del hogar recayó en Nazaria. Para ayudarse
económicamente, las chicas bordaban mantillas de tul.
Sabiendo la necesidad de la familia, algunas personas
conocidas, y otras anónimas, les mandaban comestibles.
Los amigos de los chicos les llevaban a veces latas de
leche condensada, compradas con sus ahorros. El
párroco de Santiago el Mayor, don Diego Muñoz, director
de la Congregación Mariana, fue en ese tiempo el apoyo
y amigo fiel de la familia. Más tarde se trasladaron
a un piso en la Plaza Ponce de León, cerca del colegio
de los Escolapios, donde se educaban Ausias, Manuel y
Bautista.

4 (Positio II, cap. 1, p. 41).

17
Vocación religiosa: deseosa de entregarse más
intensamente al apostolado, pensó Nazaria en hacerse
religiosa. En un primer análisis se le ocurrieron tres
posibilidades: las Comendadoras, con quienes se había
educado, las Hermanas de Santa Inés y las Carmelitas de
Sanlúcar la Mayor. No tardó en descartarlas. Se sentía más
atraída por las Hermanas de la Cruz, de reciente fundación,
dedicadas a los pobres, mucho más cercanas al ideal que se
iba dibujando en su espíritu. Pero la fundadora, la Madre
Angelita, le dijo: “Hija mía, Dios no la quiere con nosotras.
Usted irá a América y volverá de allí con compañeras”.
Don José volvió a Sevilla para llevarse a México a toda la
familia. Los March hicieron la travesía en el transatlántico
español “Reina María Cristina”. En el barco Nazaria
conoció a dos Hermanitas de los Ancianos Desamparados,
que iban a México. Ya en esa ciudad, volvió a ponerse en
contacto con ellas. Al cabo de un tiempo, decidió entrar
a esa congregación. En su decisión había sacrificio y
renuncia a ideales de emprender por caminos propios,
que le parecían presunción. Sin embargo, sus deseos de
actividad ilimitada y su carácter lleno de iniciátivas, se
manifiestan en el título que se da a sí misma en sus cartas
a la Condesa de Casa Galindo: “La guerrillera de Cristo5”.
Influyó también en su determinación de abrazar ese
género de vida, que iba contra su inclinación natural,
su decisión de ofrecerse como ofrenda expiatoria por la

5 (Palanca, María de la Caridad. Una mujer que se arriesgó. Sevilla,


1976, p. 35)

18
conversión de su padre. Don José se opuso al principio,
pero tuvo que ceder ante la voluntad inquebrantable de
Nazaria. Le concedió el permiso, y le asignó como dote una
letra que le adeudaba un señor mexicano. No pudiendo
el deudor pagar esa suma, Nazaria, renunciando a ella,
rompió el documento. Le quedó grabada en la mente la
petición de este señor, de no construir su felicidad en
base a la desgracia ajena. Se decidió a pedir limosna.
Dispensada de una parte de la dote, fue admitida como
postulante en el Asilo Matías Romero de la ciudad de
México, el 7 de diciembre de 1908.

Nazaria de hermanita

19
II. Hermanitas de los Ancianos Desamparados
(1908-1925)
Vida oculta: terminado su postulantado, las hermanitas
decidieron enviarla a España, para que hiciera allí el
noviciado. Fue destinada a Palencia, donde vistió el
hábito el 12 de septiembre de 1909. Añadió a su nombre
de Nazaria el de Santa Teresa de Jesús. Siendo aún novicia,
las superioras pidieron voluntarias para la fundación de
una casa en Hispanoamérica.
Nazaria no se ofreció. La maestra de novicias, que había
supuesto que sería ella una de las primeras voluntarias,
le manifestó su extrañeza. Nazaria respondió que no lo
había hecho por renunciar a su familia, que se encontraba
en México. Al saber que se trataba de Bolivia, se mostró
dispuesta a partir. Hizo su profesión temporal el 15 de
octubre de 1911. Un año más tarde viajó a Bolivia. La
fundación de la casa de las hermanitas iba a hacerse en
la ciudad de Oruro. Llegó a esa ciudad con otras nueve
religiosas el 23 de diciembre de 1912.
Nazaria se entregó inmediatamente al trabajo en el
Asilo de Ancianos, situado en la Avenida 6 de octubre.
Habituada a programar todas sus actividades, antes de
salir de España había escrito normas y exámenes de
conciencia bien concretos para cada oficio que tuvo que
desempeñar6. Para el de sacristana, se pregunta si antes
de tocar los vasos sagrados ha tenido especial cuidado

6 (Diario I, 1912, pp. 26-40)

20
de lavarse las manos, si al hacer las hostias ha sido
diligente y pulcra, si ha tratado con gravedad y respeto
a los sacerdotes, si ha tenido cuidado de la lámpara del
Santísimo.
En el oficio de procuradora dice que su máxima favorita
será buscar el bienestar mayor de todos, aunque sea
a costa de sacrificar lo suyo hasta el heroísmo. En el
respectivo examen de conciencia se hace entre otras,
estas preguntas: Si ha procurado por otras personas o por
sí misma, averiguar bien el precio de las cosas, buscando
siempre lo mejor y más económico. Si ha procurado
reanimar cada día el espíritu de fe y de confianza en la
Divina Providencia, cuando se ha visto falta de algo.
Para el oficio de ropera, hace estos propósitos: “pedir a
Nuestro Señor, por medio de la Santísima Virgen, que las
prendas materiales con que se cambiarán las hermanas
o los ancianos, sean también para sus almas otras
tantas prendas de gracias con que su divina bondad las
enriquezca”. Después de las recetas de cocina, anota
cuidadosamente las indicaciones “para lavar la ropa
negra y para el tinte negro”. Una de las preguntas para el
examen de conciencia en este oficio es: “¿He procurado la
comodidad de las hermanas o ancianos, cuidando que las
ropas les vengan bien, no estrecho ni corto, etc., no por pura
condescendencia, que tal vez pudiera ser culpable, sino sólo
por espíritu de caridad y fe?”.
Se explaya particularmente en el oficio de enfermera.
El párrafo al respecto termina con esta frase: “Dichosa

21
ya si en este mi oficio de enfermera puedo imitar a Jesús,
socorriendo y aliviando a cuantos sufren a mi alrededor”.
En el examen de conciencia se pregunta si ha servido a los
ancianos con rostro alegre. Si les ha evitado las molestias
y adivinado sus gustos. Si los ha atendido con el mayor
esmero, procurando no separase de su lado por si algo
necesitasen, cuidando de ayudarles a bien morir y de
recoger su último suspiro, ofreciéndoselo en seguida a
la Santísima Virgen para que ella lo recoja y sus manos
divinísimas lo presenten al tribunal divino y en él, ella
sea su intercesora.
Para el oficio de portera anota que sus virtudes
predilectas deben, ser la prudencia, la modestia y la
cortesía cristiana. Nunca debe ser descortés con nadie,
dejando siempre algo así como una estela divina, que
conduzca hacia Jesús a la persona que salga del asilo. En
el examen correspondiente se pregunta si ha cortado
las conversaciones cuando olían a murmuración, a
mundo, o a cosas que lastiman el oído puro de una
religiosa.
Al comenzar su reflexión sobre el oficio de encargada
de turno de la atención de ancianos, dice: “En este oficio,
a mi parecer, está reconcentrada la vocación de una
hermanita”. La “semanera” está llamada a ser un ángel de
caridad. Tiene que sacrificarse por conquistar “los Pobres
corazones desecados por las amarguras de una vida larga
llena de desengaños y miserias, y que hace triste y sombrío el
peso de los años”. Tomando como base el pasaje evangélico

22
en que Jesús dice a Nicodemo que es necesario nacer
de nuevo, Nazaria escribe: “La hermanita, con caridad
inmensa, debe hacer que los ancianos nazcan de nuevo,
haciéndolos así hijos suyos espirituales, siendo su madre en
el orden místico, criándolos, engendrándolos a fuerza de
sacrificios para presentarlos feliz y dichosa a Jesús, como
frutos preciosos de su unión con él”.Consecuentemente,
en el examen, una de las preguntas es si ha tenido las
delicadezas y atenciones de una verdadera madre para
con sus viejitos.
Para el oficio de cocinera, además de los propósitos de
orden y limpieza, que aparecen también en los otros, hace
esta reflexión: “¡Con cuánta delicadeza, amor y ternura,
cocinaría una religiosa para Jesús!”. Parece que este
oficio es el que menos le agradaba, pues en su examen se
pregunta si ha procurado no hablar del trabajo y ocultar
el cansancio que tal vez, por un motivo especial, rindiera
su cuerpo. Con todo, pone empeño en cumplir con este
oficio lo mejor posible. Dice que tendrá una libretita
con recetas de cocina, que le facilitará el trabajo de
condimentar con alguna variación los alimentos. Sólo
en este oficio hay referencias al sufrimiento: “Qué dulce
es sufrir por el Amado, sin que nadie lo sepa, sin tener un
pecho humano en que reclinar nuestra dolorida cabeza,
sino el divino eucarístico de Jesús”.
Por último, para el oficio de postuladora, junto a sus
preguntas sobre la amabilidad, modestia, atención en las
conversaciones, que ya aparecen en el de portera, hay

23
una muy característica: si ha sufrido las humillaciones
con alegría, o al menos con paciencia, no perdiendo la
serenidad exterior. Realmente, en el desempeño de este
oficio, como todas las hermanitas, más de una vez fue
humillada. En una ocasión, en Oruro, al pedir limosna
para los ancianos, al pasar por una tienda, el dueño
le escupió en su mano extendida. Nazaria, sonriendo,
mientras cerraba su mano como para guardar aquel
regalo, dijo amablemente: “Esto para mí, y para mis
pobres, ¿qué?”. En sentido contrario, cuando se encuentra
frente a la alabanza, hay otra pregunta: “¿He oprimido con
fervor contra mi pecho el santo crucifijo cuando el mundo
ha querido infatuarme con sus halagos?”.
La prueba: los años de vida de hermanita constituyen
para Sor Nazaria su vida oculta. Sentía grandes deseos
de perfección, pero no sabía cómo alcanzarla. Entre 1914
y 1918 atraviesa por un período de angustia y confusión.
No duda de su deseo de entregarse al servicio de Cristo
y de los demás. Sus dudas se refieren al modo en que
debe realizarse ese servicio. La obediencia y la caridad,
que tanto había amado, se le hacían impracticables. Las
pasiones querían arrastrarla. Nazaria se encontraba sin
fuerzas para luchar y vencer. Confió a su cuaderno: “¿Oh,
mi Jesús?. ¡Cuántas veces, bañada en lágrimas, te prometí
contrariar mis inclinaciones, no ser altiva, callar la frase
de disculpa ante la aparente injusta represión7!” . Un día
de 1914 anotó en su diario: “Pues bien, en esos tristes

7 (Diario I, 1914, p. 49)

24
momentos en que agobiada el alma por miles de ideas, a
veces tan extrañas como angustiosas, se cree perdida y casi
próxima a desfallecer, yo no he encontrado consuelo sino en
aquella frase amorosa, en aquella confiada recomendación
de Jesús, pronunciada en su última hora, salida de sus ya
casi inertes labios: Padre mío, en tus manos encomiendo mi
espíritu8” .
Muy pronto el marco del asilo le resultó estrecho. Sus
salidas a la ciudad, a las minas y a diferentes pueblos
de los departamentos de Oruro, Potosí y Cochabamba,
con el objeto de pedir limosna para los ancianos, hacían
renacer su antigua inclinación a una vida apostólica,
abierta a vastos horizontes. En Oruro abundaban los
mendigos. Las injusticias sociales eran patentes. La
ignoracia y el analfabetismo no eran casos excepcionales.
Con la autorización de la superiora, amplió su campo de
acción. Empezó a dar clases de catecismo, organizó una
asociación de jóvenes para el apostolado, que se disolvió,
por parecerle a la superiora no conforme con los fines
de la congregación. Pudo, sin embargo, continuar su
colaboración con las Hijas de María en diferentes obras
apostólicas.
Nazaria sentía por entonces especial preocupación
por el avance incontenible de las sectas protestantes.
La escasez de sacerdotes, y sobre todo las deficiencias
humanas de muchos de ellos, de vida nada ejemplar, la
hacían ofrecerse como víctima por la Iglesia. Vive muchos

8 (Diario I, 1914, p. 51)

25
años triturada por dudas y angustias. ¿Es una ilusa? ¿El
Señor la llama a emprender una nueva obra?. Segura de
su deseo de entrega a Jesucristo, hizo los votos perpetuos
el 1° de enero de 1915.
Percepción del carisma: entre 1919 y 1924 se
intensifican sus ansias de apostolado directo, más al
modo sacerdotal. En 1918, en parte a instancias de Sor
Nazaria, el primer Internuncio Apostólico en Bolivia,
Monseñor Rodolfo Caroli, había hecho llegar a Oruro a
los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María,
conocidos como Claretianos a Cordimarianos. En Oruro
no había entonces sino unos pocos sacerdotes diocesanos
y franciscanos. Los recién llegados se hicieron cargo de
la principal parroquia, llamada Iglesia Matriz, que había
pertenecido a los jesuitas hasta su expulsión en 1767.
Los Claretianos fueron atacados por algunos sacerdotes
diocesanos y fieles partidarios de éstos. Aunque los
Claretianos eran españoles, el hecho de haber llegado
procedentes de Chile, fue aprovechado para acusarlos
de ser espías chilenos. Las Hermanitas de los Ancianos
Desamparados les prestaron su apoyo generosamente.
Los padres pasaron a ser capellanes del asilo, y las
hermanitas los atendían con la comida y lavado de ropa.
En los Ejercicios Espirituales, sobre todo en la meditación
de las dos banderas, Nazaria se sentía atraída con fuerza
a la vida misionera, con intensos deseos de agrupar a
otras personas bajo el estandarte de la cruz, como una
“cruzada de amor”. Brotó entonces como fruto maduro el

26
nombre de “Cruzada Pontificia”. Se encendió en ansias de
extender el reinado de Jesucristo, enseñar el catecismo,
promover la adhesión al Papa y a la jerarquía.
Monseñor Cortesi: década de los años 20. La Iglesia está
perseguida en México. En todos los países sudamericanos
hay conflictos entre la Iglesia y el Estado. En Bolivia,
implantado ya el matrimonio civil en 1911, se había
insistentemente de la aprobación de la ley del divorcio
y de la libertad de cultos. Como una respuesta, dentro
de la Iglesia adquieren vitalidad las misiones populares.
Algunos misioneros Cordimarianos, Redentoristas y
Franciscanos recorren los campos y las minas. Pero son
pocos, y la jerarquía busca más obreros para la viña.
Uno de los más preocupados por la situación de Bolivia es
el Internuncio Apostólico, Monseñor Felipe Cortesi. Ya en
su anterior cargo, en Venezuela, Cortesi había pensado en
la necesidad de intensificar la instrucción religiosa. Era
urgente una verdadera catequesis de recristianización
a todos los niveles. Acudió a varias congregaciones de
religiosas para pedirles que salgan a enseñar el catecismo,
pero todas se negaron, por ser otros sus apostolados.
Un día, cuando paseaba a orillas del lago Maracaibo,
exclamó: “Señor, tu Iglesia está aquí más abandonada
que tú en el Calvario, pues si allí sólo tenías un discípulo,
siquiera un grupo de mujeres te consolaba”. Sintió el deseo
de que se levantara un grupo de mujeres que se pusiera
al lado de la Iglesia, y por medio de la enseñanza religiosa
ayudara a recristianizar el mundo. Desde entonces, todos

27
los días, durante la misa, pedía a Dios que ese deseo se
realizara.
Monseñor Cortesi viajó a Oruro para bendecir la primera
piedra del nuevo Asilo de Ancianos, en la calle Colombia.
En esa ocasión conoció a Sor Nazaria. Vio las obras
apostólicas en que se ocupaba, y pudo darse cuenta del
espíritu que la animaba y de su clara intuición de los
problemas eclesiales.
El 22 de junio de 1924, Sor Nazaria, que ocupa entonces
el cargo de secretaria del Asilo, va a La Paz, con su
superiora, la Madre Luisa del Carmen Rufo. Monseñor
Cortesi pensó si sería esa monjita la destinada por Dios
para esa obra. Le preguntó: “Sor Nazaria, ¿Qué hace usted
por Cristo?”. A esa pregunta fue la madre superiora quien
contestó que le gustaba mucho enseñar el catecismo,
tanto que le había permitido dar clases a los obreros en
la casa. Al oír esto, Cortesi preguntó a Nazaria: “¿podría
decirme, hermana, en qué estoy pensando?”. Sor Nazaria,
conociendo los problemas de la Iglesia en Bolivia,
contestó rápidamente: “En consagrar obispos”. Cortesi
volvió a preguntar: “¿Cree que podré hacerlo?”. Nazaria
se recogió un momento, y respondió contenta: “Seguro
que sí”. Luego, pidiendo permiso a su superiora, regaló
al internuncio la pluma con que había firmado el acta de
sus votos perpetuos, para que con ella firmase la de las
consagraciones episcopales9.

9 (Positio II, cap. 22, p. 53).

28
Nazaria considero esa entrevista como una gracia especial
concedida por el Espíritu Santo. Cortesi, imponiéndole las
manos, le había dado autorización para hablar a los niños
en la Iglesia en la octava de Pentecostés. Nazaria anotó
ese día en su diario: “Me pareció dejaba de ser mujer y me
convertía en apóstol de Cristo”. Una anécdota recogida de
esa primera visita a Cortesi es que la superiora le dijo
que Sor Nazaria de niña quiso ser “misionero jesuita”. En
agosto, Sor Nazaria cayó enferma, con fiebre. Manifestó
entonces a su confesor, Padre Juan Castany, Cordimariano,
que se sentía llamada a la labor misionera. Este la alentó
a comunicar “a quien correspondiera” esas mociones que
sentía en su espíritu. Nazaria pronunció su “ fiat”. Ese
mismo día recibió de Monseñor Cortesi una estampa de la
Virgen, rodeada de ovejas, con la dedicatoria: “Memento
al misionero jesuita. 15 de agosto de 192410” .
Cambio de vida: el 11 de noviembre de 1924 fueron
erigidas tres nuevas diócesis en Bolivia: Potosí, Tarija
y Oruro. El electo primer Obispo de Oruro, Padre
Abel Isidoro Antezana, Cordimariano, antes de su
consagración episcopal visitó a las hermanitas del asilo
el 24 de enero de 1925. Sor Nazaria, que sólo días antes,
el 18 de enero, festividad de la Cátedra de San Pedro,
había hecho voto especial de obediencia al Papa, en una
larga conversación le contó entre sollozos lo que pasaba
en su alma desde el año 1919. Antezana le dijo que Dios
la llamaba para algo. Algunos días más tarde le aconsejó

10 (Positio II, cap. II, p 54).

29
tratar con Monseñor Cortesi todo lo concerniente a
este asunto. Nazaria viajó a La Paz por asuntos de su
congregación. El 12 de febrero tuvo una entrevista con
Cortesi. Le confió sus planes misioneros y sus sueños
de iniciar una “cruzada pontificia”. Cortesi le dijo: “Ore
mucho, y por escrito dígame lo que el Señor le inspire
respecto de la cruzada pontificia11”. El 25 de marzo de
1925 fueron consagrados en la Catedral de La Paz cinco
obispos. Dos de ellos iban a llenar las sedes vacantes de
La Paz y Cochabamba, el redentorista Augusto Sieffert
y el sacerdote diocesano Julio Garret, respectivamente.
Los tres restantes eran los obispos de las nuevas
diócesis: de Potosí el sacerdote diocesano Cleto Loayza,
de Tarija el Cordimariano Ramón Font, y de Oruro el
Cordimariano Abel Isidoro Antezana. Nazaria asistió
a la ceremonia en profunda contemplación. Ese día
escribió en su diario: “Se acerca, no lo dudo, el momento
de comer de un mismo pan, de beber de una misma copa,
de unirme a ellos12”.

III. Fundadora (1925-1930)


El beaterio: en Oruro no había entonces sino dos
congregaciones religiosas femeninas: las Hermanitas
de los Ancianos Desamparados y las Hijas de Santa Ana.
Estas últimas tenían un colegio de niñas y estaban a
cargo del Hospital Municipal. Habla además una antigua
institución colonial, conocida con el nombre de Beaterio
11 (Positio II, cap. 9, p. 54)
12 (Diario II, 1925, p. 7).

30
de las Nazarenas. Las señoras que pertenecían a ella no
eran religiosas, pero vivían dentro de una estructura más
o menos monacal. Probablemente para facilitar la salida
de Sor Nazaria, Antezana pensó en confiarle la dirección
del beaterio con la misión de reformarlo.

Beaterio
El 8 de mayo Nazaria recibe la noticia de que sus planes
han sido aprobados por el internuncio Cortesi, los
obispos Sieffert y Antezana, y su director espiritual, el
jesuita Luis María Capitán. Pocos días después, Cortesi

31
la llamó a La Paz. En la entrevista del día 12 le dijo: “Ha
llegado la hora de Dios, y usted deberá ponerse al frente
de este nuevo instituto, la cruzada pontificia. Es la hora de
que se forme ese grupo de almas misioneras. El camino es
terrible, doloroso en extremo, Sor Nazaria, y Usted tendrá
que andarlo sola, sola”. Nazaria pide esperar hasta recibir
la autorización de la Madre General. Cortesi le dice:
“Esperaremos siempre que la Madre Luisa no pretenda
sacarla de Bolivia13”.
El 15 mayo de 1925 Monseñor Antezana escribió
a Monseñor Cortesi solicitando licencia para que
Sor Nazaria “pueda vivir separada de su comunidad
temporalmente, con el fin de reformar el Beaterio de
Nazarenas” (Positio II, cap. III, p. 79). Cortesi accedió a la
petición el 20 de mayo, concediendo a la Madre Nazaria
“Licencia por seis meses de demorar fuera de la comunidad,
a fin de que pueda atender la reforma del Beaterio de Oruro,
bajo la Dirección del Ordinario Diocesano14”. El 26 de mayo
escribió Antezana a la Madre General de las Hermanitas,
Sor María de San Juan Crisóstomo Ferrán, solicitando
licencia para que Sor Nazaria viva temporalmente fuera
de la congregación.
Al enterarse Monseñor Antezana de que las hermanitas,
sospechando algo, pensaban trasladar a Sor Nazaria
a Lima, precipitó los acontecimientos. Sin esperar la
respuesta de la Madre General, el 16 de junio comunicó a

13 (Diario II, 1925, p. 11)


14 (Positio II, cap. III, p. 80)

32
las hermanitas los deseos de la jerarquía con respecto a
Sor Nazaria. Con toda solemnidad, uno de los sacerdotes
que acompañaba leyó el decreto, fechado el día 15, por el
que se la nombraba abadesa del Beaterio de Nazarenas,
en sustitución de doña Angélica Mangudo. Se hacía notar
en él la necesidad de reformar el establecimiento “a fin de
que sea más útil a la sociedad y a la Iglesia15”.
Las respuestas de la Madre General, tanto a Nazaria
como a Monseñor Antezana, fechadas el 12 de julio,
llegaron cuando ya se había producido la salida. La
Madre General escribió a Nazaria: “No quiero ser óbice
a la voluntad de Dios, cuya mayor Gloria deseo con todo
mi corazón y autorizo a su Caridad para que vaya a donde
Dios le llama”. Añadió que si “el éxito no coronase la obra
y tuviese que abandonar lo comenzado”, seguía siendo
miembro del Instituto16. En la carta al obispo, concede
el permiso por seis meses, trascurridos los cuales, si
no había conseguido realizar sus propósitos, Nazaria
debía regresar al asilo, ya que seguía perteneciendo a
la Congregación de las Hermanitas, cuyo hábito debía
seguir llevando17.
El Beaterio o Recogimiento de Jesús Nazareno era
un viejo edificio en ruinas, que había pertenecido a
los jesuitas hasta su expulsión de 1767, situado en la
Calle Soria Galvarro, que albergaba una institución

15 (Positio II, cap. III, p. 81)


16 (Positio II, cap. III, p. 84).
17 (Positio II, cap. III, p. 85).

33
igualmente decadente. Era un asilo-conventillo en el que
vivían las llamadas beatas. Su reforma parecía empresa
imposible. Hubo oposición por parte de algunas personas
a la decisión del obispo. Algunas beatas publicaron
un artículo en “La Patria” del 20 de septiembre de
1925, manifestando su oposición a la determinación
del obispo. El interventor municipal, Daniel Iturralde,
le negó el derecho a inmiscuirse en el nombramiento
de abadesa y en la reforma de la institución, alegando
pretendidas disposiciones testamentarias, que dejaban
tales asuntos exclusivamente en las manos de las
mismas beatas. Antezana firmemente hizo valer sus
derechos, puesto que se trataba de una institución de
carácter religioso.
Nazaria arregló la casa, que era un verdadero tugurio.
A pesar de la rebeldía de las beatas, acostumbradas a
salir libremente, a beber sin medida, a pelearse en forma
temible, con gritos desaforados, a veces a las greñas,
más pronto de lo esperado impuso disciplina. El 16 de
julio presentó a Monseñor Antezana un reglamento para
el beaterio18. El obispo lo aprobó en conformidad con
el canon n. 673, referente a las sociedades de mujeres
de vida común sin votos. El beaterio desapareció con el
tiempo.
Antezana había confiado a Nazaria la dirección y reforma
del beaterio, probablemente con la buena intención de
facilitarle la salida, proporcionándole así una base para

18 (Positio II, cap. III, p. 86)

34
dar inicio a su obra, que en realidad tenía un carácter
totalmente distinto: el de la labor misionera en un amplio
campo de acción, aprobada en esa forma por la jerarquía.
Curiosamente, ni Cortesi, ni Sieffert, ni Capitán, ni la
misma Nazaria, percibieron la contradicción. Por otra
parte, Antezana había asignado como primera compañera
de Nazaria a una joven de pocas luces, Rebeca Morales,
quien solía catequizar a algunas niñas huérfanas, y al
parecer, abrigaba el proyecto de crear una institución
religiosa de carácter benéfico, y que no estaba en
absoluto compenetrada del ideal evangelizador, abierto a
vastos horizontes, que ardía como fuego en el corazón de
Nazaria. Rebeca vendió su casita y entregó su importe,
que juntamente con otros ingresos, se invirtió en la
construcción de un pabellón para las niñas huérfanas.
Así quedó sembrada la semilla de un terrible equivoco de
fatales consecuencias. Rebeca hizo los primeros votos el
12 de febrero de 1927 y tomó el nombre de Margarita del
Sagrado Corazón.
Las primeras compañeras: sorprendentemente pronto
Nazaria se vio rodeada de jóvenes dispuestas a imitarla.
Ya en agosto se le unieron tres, en septiembre otras dos,
en octubre dos más, y en noviembre una. Varias de ellas
venían de Cochabamba, enviadas por el Cordimariano P.
Casimiro Morales, fervoroso misionero rural. Al finalizar
el año 1925, Nazaria tenía ya nueve compañeras: Rebeca
Morales (Margarita del Sagrado Corazón), Simona
Martínez (Teresa del Niño Jesús), Isabel Rodríguez
(Magdalena del Crucificado), Sofía Murguía (Rosa de

35
Jesús), Avelina Espada (Catalina de Jesús), Isabel Espejo
(Josefa de Jesús), Elsa Antezana (Gertrudis del Corazón
de María), Dolores Prudencio Vda. de Tufiño (Dolores
de Jesús Crucificado) y Daría Camacho (Inés de Jesús).
La suerte estaba echada. El 14 de diciembre de 1925,
Monseñor Antezana comunicó a la Superiora del Asilo,
Sor Luisa del Carmen Rufo, que se había prorrogado por
tres meses a Sor Nazaria la licencia de vivir fuera de su
comunidad19. Pasados esos tres meses, nuevamente, el
14 de marzo de 1926, le informó que Sor Nazaria tenía
licencia “hasta que llegue de Roma la solución conveniente”,
es decir por tiempo indefinido. Nazaria había dado inicio
a un asilo de huérfanos. A principios de enero de 1926,
los niños allí acogidos, de la ciudad y de las poblaciones
mineras, eran ya cuarenta. El camino recorrido hasta
ese momento no había sido fácil para Nazaria. Hubo
incomprensión por parte de las hermanitas del asilo y de
algunos sacerdotes y laicos.
El sucesor de Cortesi, Monseñor Cayetano Cicognani,
primer nuncio en Bolivia, pues los anteriores sólo habían
sido internuncios, al hacerse cargo del proyecto decidió
informarse previamente. El 22 de noviembre de 1925
escribió al Cardenal Camilo Laurenti, Prefecto de la
Sagrada Congregación de Religiosos, manifestándole
que no faltaban críticas a Sor Nazaria. Un sacerdote
Cordimariano, Rogelio Lorenzo, en una carta larga le
había hecho saber que el carácter de Sor Nazaria era
sumamente nervioso y orgulloso, que sabía revestirse
19 (Positio II, cap. III, p. 93).

36
de apariencias de humildad, que las personas que la
protegían “habían estado sugestionadas por su modo de
comportarse hábil e insinuante”. Lorenzo le dice también
que hay quienes opinan que la nueva fundación podría
perjudicar a otros institutos religiosos, especialmente al
de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, y que
tiene poca probabilidad de éxito. No obstante, el nuncio
Cicognani opina que esos juicios son muy apresurados,
pues entre las personas favorables a la obra de Sor
Nazaria hay religiosos de “sólida piedad y juicio maduro”,
especialmente su predecesor Cortesi y los obispos
Antezana, Sieffert y Garret20.
En octubre de 1926 supo Nazaria que había llegado a
Oruro la Madre General de las Hermanitas. Sin dudar,
fue a visitarla. Fue una entrevista larga y reposada. La M.
General, durante casi todo el tiempo conservó una actitud
suave, aunque un tanto distante y reservada. Nazaria
arrodillada a sus pies, lloraba de emoción, mientras
intentaba explicarlo todo. Al despedirse, la Madre le dijo:
“Nuestro Señor le dé mucha gracia para llevar adelante esa
obra21”.
La Cruzada Pontificia: el 31 de agosto de 1926, en una
larga carta al P. Luis María Capitán, Nazaria expuso
con detalle la finalidad de la Cruzada Pontificia. En ese
documento bosquejó en sus líneas generales el carisma
fundacional, y trazó su programa de acción. Inspirada en

20 (Positio II, cap. III, pp. 90-93).


21 (Diario II, cap. III, p. 40).

37
Santa Catalina de Siena, asumió para su instituto la idea
de promover una “cruzada” de amor alrededor del Papa,
“el dulce Cristo en la tierra”. Con expresiones tomadas del
lenguaje medieval, concibió la cruzada pontificia como
“un escuadrón siempre dispuesto a ir en primera fila a
luchar en los campos de guerra para defender a la Iglesia
y al Pontífice”.

Sus objetivos son buscar la gloria de Dios y la salvación


de las almas, mediante la propagación del Evangelio,
en cuanto sea permitido al sexo femenino, “ formando
un nuevo sacerdocio, un nuevo apostolado o diaconisado
femenino”. Considera a su instituto esencialmente
misionero, y por lo tanto, no ceñido a un solo campo de
acción. Siendo su finalidad servir a la Iglesia, deberá
estar sujeto a los obispos, dispuesto a acudir adonde las

38
necesiten22.
Nazaria se puso a escribir las reglas de la Cruzada
Pontificia. Dos aspectos, que constituyen el carisma
fundacional, están claros: 1) Amor a la Iglesia y a su
cabeza visible, el Papa. 2) Acción evangelizadora. Quiere
cimentar esas dos columnas sobre la sólida base de los
votos. A los de pobreza, castidad y obediencia, añade el
de amor y disponibilidad al Santo Padre y el de trabajar
por la unión y extensión del Reino. “La profesa perpetua
hará este cuarto voto para mayor unión con el Santo Padre,
pues con ser la Cruzada Pontificia una congregación como
las demás, está particularmente unida a la Santa Sede
Apostólica en razón de este cuarto voto”. Si bien estudió
cuatro diferentes reglas, como inspiración para las suyas
escogió las de San Ignacio, fundador de la Compañía de
Jesús. Escribió sus reglas en La Paz, en el Colegio de los
Sagrados Corazones. Las terminó en Oruro el 16 de julio
de 1927, exactamente dos años después de haber dejado
el Asilo de Ancianos.
EL Nuncio Apostólico, Cayetano Cicognani, pidió la
debida información sobre Nazaria a la Madre General
de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
También pidió la opinión de los obispos. En carta
dirigida a Monseñor Vincenzo La Puma, Secretario
de la Sagrada Congregación de Religiosos, del 22 de
octubre de 1926, da una explicación extensa sobre los
puntos tratados con la Madre General. Esta le había

22 (Positio II, cap. III, pp. 75-76).

39
dicho que no había tenido antes ocasión de conocer
personalmente a Sor Nazaria, pero que de las relaciones
que había tenido sobre ella, especialmente de las
Madres del Consejo, había llegado al convencimiento
de que la dicha hermana había tenido sí, vocación
religiosa, pero no vocación de “hermanita”. Las
hermanitas tienen que trabajar en la modestia más
severa, sin deseo de popularidad y mucho menos de
aplauso, y ejercitar su apostolado entre los humildes
y más abandonados. Esta vida escondida nunca ha
sido del sincero agrado de Sor Nazaria, que siempre ha
preferido una acción más amplia, diremos incluso más
social, una acción que sirviese a ponerla más a la vista,
y de acuerdo a su carácter, que no rehúye la alabanza y
una cierta vanidad.
La Madre General no podía hacer otra cosa que aprobar
la fundación, puesto que estaba apoyada fervorosamente
por todos los obispos bolivianos y por religiosos de
probada autoridad y prudencia.
Teniendo en cuenta que los obispos de Bolivia
consideran la nueva institución necesaria para el bien
del país, que los aspectos tocados por la Madre General
y las superioras locales se refieren al activismo de su
carácter, un tanto coartado en la congregación en la
que se encuentra, y que a juicio de los dichos prelados,
además de ser Sor Nazaria una buena religiosa, podrá
desarrollar con fruto una acción que será de gran
provecho para las almas, Monseñor Cicognani cree que
es conveniente concederle sin mayor demora el Nihil

40
Obstat23.

Nazaria con hábito de Cruzada Pontificia – 1927 - Oruro

El 3 de diciembre de 1926 la Sagrada Congregación


de Religiosos dio la aprobación de derecho diocesano
al Instituto de Hermanas Misioneras de la Cruzada
Pontificia, que tiene como fin peculiar “la difusión del
catecismo entre niños y adultos”. Monseñor Antezana
lo erigió, en conformidad con el canon n. 492, el 12 de
febrero de 192724.

23 (Positio II, cap. III, pp. 96-98).


24 (Positio II, cap. III, p. 102)

41
En ceremonia presidida por Monseñor Antezana se dio
inicio formal al instituto. La fundadora hizo los votos
perpetuos y tomó el nuevo hábito, inspirado en la sotana
de los sacerdotes diocesanos. Recuperó por devoción a
San Ignacio de Loyola el nombre de Ignacia, que había
recibido en el bautismo, y lo usó desde entonces añadido
al de Nazaria. Diez religiosas hicieron los primeros votos
y seis novicias tomaron el hábito.
Las pontificias, como comenzaron a ser llamadas, además
del orfelinato, que al año de su fundación contaba ya con
100 niños, abrieron un taller de costura y una escuela
nocturna. Enseñaban el catecismo en su casa, en las
parroquias y en la cárcel. Como colaboradoras de los
sacerdotes misioneros, iban a los campos y a las minas.
Nazaria misma, con una de sus primeras compañeras,
Catalina Espada, dio misiones en el distrito minero de
Huanuni, como preparación a la visita pastoral.
Expansión del instituto: Nazaria se convirtió en el brazo
derecho de Monseñor Antezana. En su casa, que ya no se
llamaba beaterio sino Asilo de Niñas Pobres, se instaló
una imprenta, que entre otras cosas, publicó a partir de
1927 el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Oruro. Antes
de terminar el año ingresaron ocho novicias más.
Una señorita de Cochabamba, Angelita Arce, donó una
casa a las pontificias. Monseñor Antezana el 18 de
septiembre de 1927 escribió al Obispo de Cochabamba,
Monseñor Julio Garret, agradeciéndole por la ayuda
prestada a las Misioneras de la Cruzada Pontificia,

42
congregación que es “hija primeriza, tierna y legítima
de la Iglesia boliviana”.25 La segunda casa de las
pontificias se abrió en Cochabamba el 25 de octubre
de 1927, con el nombre de Casa Misión de San Ignacio
de Loyola. Allí comenzó a funcionar un hogar para
la atención de niños, hijos de empleadas domésticas
o comerciantes, y un taller de costura. Igual que en
Oruro, las pontificias se dedicaron a la enseñanza del
catecismo en su casa y en las parroquias, y muy pronto
dieron inicio a su labor misionera en los pueblos del
valle.

Nazaria con Niños

25 (Positio II, cap. III, p. 105).

43
Al año siguiente se abrió la casa de La Paz. Monseñor
Antezana, en carta del 3 de febrerero de 1928, dio su
consentimiento para esa fundación a Monseñor Augusto
Sieffert, también amigo y protector de Nazaria26. Las
Pontificias se instalaron en el antiguo convento de La
Merced, propiedad del gobierno, que había sido cuartel
durante muchos años. Allá se trasladaron las novicias,
que eran ya 17. La principal razón que llevó a Nazaria a
trasladar el noviciado a La Paz, fue la presencia en esa
ciudad de los jesuitas, que no tenían casas ni en Oruro ni
en Cochabamba. El Obispo de Oruro, Monseñor Antezana,
que había sido siempre el apoyo y guía de Nazaria, le dijo:
“No llevaré el agua a mi molino, sino al molino de Dios. Sí,
hija mía, llévelas al lado de los padres de la Compañía. Nadie
como ellos las formarán”.27 Monseñor Cayetano Cicognani,
Nuncio Apostólico en Bolivia, erigió canónicamente el
noviciado el 12 de febrero. En La Paz se dedicaron las
pontificias a las mismas actividades ya experimentadas
en Oruro y Cochabamba: atención de niños pobres,
catecismo, talleres de costura y misiones rurales.
A partir del 12 de febrero de 1929, Nazaria publicó un
pequeño boletín que llamó “Adalid de Cristo Rey”, en el
que se daban noticias sobre las diferencias actividades
de las misioneras. Ese mismo año se abrió una casa en
Potosí. El 25 de noviembre de 1929 pidió Monseñor
Antezana a Monseñor Cleto Loayza, Obispo de Potosí,

26 (Positio II, cap. III, p. 1079)


27 (Diario II, 1928, p. 58).

44
su consentimiento para esa fundación. Allí, la Casa
Misión de San Estanislao de Kostka se caracterizó por
la intensificación de las misiones rurales. Las pontificias
preparaban en el campo las visitas pastorales del obispo.
Ese ministerio, ya iniciado en Oruro y Cochabamba,
constituirá una de sus actividades más características.
El hecho de que casi todas hablaban quechua, y algunas
aymara, las hacía no sólo valiosas, sino indispensables.
Las pontificias, a pie o a caballo, llegaron a ser figuras
familiares en los pueblos, campos y minas. Monseñor
Cortesi no se había olvidado de Nazaria. En su calidad
de Nuncio en la Argentina, la llamó a Buenos Aires para
proponerle la fundación de una casa en esa ciudad.
En su primera visita a Buenos Aires, en 1929, Nazaria
sentó las bases de ese proyecto. El 6 de enero de 1930
las pontificias se instalaron en un barrio obrero de la
inmensa capital Argentina. El Obispo de Santa Cruz,
Monseñor Daniel Rivero, llamó también a las pontificias.
Monseñor Antezana dio su consentimiento el 5 de agosto
de 193028.

IV. Superiora General- Primer Periodo


(1930 – 1937)
Presagios de tormenta.- precisamente debido a
la forma externa en que se habían desarrollado los
acontecimientos, se fue haciendo cuerpo en algunos
padres Cordimarianos la idea de que el fundador de la

28 (Positio II, cap. IV, p. 134).

45
Cruzada Pontificia era Monseñor Antezana, quien había
escogido para colaboradoras suyas a Rebeca Morales
y a Nazaria. En diciembre de 1927 aparecen las nubes
que presagian tormenta. El P. Tomás Morillo publicó en
una revista de los PP. Cordimarianos de Cochabamba un
artículo en el que figuraban los Cordimarianos como los
iniciadores de la fundación29.
El 18 de junio de 1930 se llevó a cabo en Oruro el primer
capítulo general del instituto, presidido por Monseñor
Antezana. La Madre Nazaria fue elegida por unanimidad
Superiora General. En esa ocasión presentó una memoria
de los primeros cinco años del instituto. Rebeca Morales
(Sor Margarita del Corazón de Jesús), puso a algunas
beatas en contra de la Madre Nazaria. El día 29, en “El
Guía”, semanario de la Parroquia del Sagrario de la
Catedral, atendida por los PP. Cordimarianos, se publicó
un artículo sin firma, titulado “Quinto aniversario de la
fundación de las Misioneras de la Cruzada Pontificia. Datos
para la historia”.
Según esa versión, “en años anteriores a la fundación,
Dios había suscitado en algunas almas piadosas la idea de
una fundación de religiosas en el Beaterio de Oruro, cuyo
fin sería la santificación de éstas y la educación de niñas
´pobres”. El sueño se hizo realidad el 15 de junio de 1925,
cuando Monseñor Antezana hizo llamar a Rebeca Morales
y a Sor Nazaria para dar inicio a la obra. El artículo, sin
firma, dice: “De todos los acontecimientos que precedieron

29 (Diario II, 1927, p. 54).

46
y acompañaron a lo que vamos relatando, se saca una
conclusión, a saber: que el verdadero fundador del Instituto
de Misioneras es Mons. Abel I. Antezana”.
La reacción de las madres del Consejo General fue
inmediata. El 4 de julio de 1930 publicaron en el
periódico “La Crónica” el artículo: “La fundación de la
Cruzada Pontificia. Verdaderos datos para la historia”,
firmado por Sor Dolores de Jesús Crucificado Prudencio,
Primera Asistente General y Sor Rosario del Espíritu
Santo Gonzáles Vélez, Segunda Asistente General. A
nombre de todas las religiosas, reconocen como “única
fundadora” a la Madre Nazaria. Argumentan con la carta
del Internuncio Cortesi, del 20 de mayo de 1925, en la que,
siguiendo el parecer de los Obispos Antezana y Sieffert
“y otros eclesiásticos”, autoriza a la Madre Nazaria “a
consagrarse a una obra para la cual la llama Dios”. Dejan
constancia de la gratitud y sincero afecto filial con que
siempre han visto a Monseñor Antezana, quien en todo
momento les ha prestado su apoyo moral.
Por este tiempo, el padre de Nazaria, don José, vivía en
San Salvador con su hija Amparo, la melliza de Nazaria,
y su nieta Amparito. Su esposa, doña Nazaria, había
fallecido el 2 de octubre de 1927, a los 71 años de edad.
Tenía el cargo de Cónsul de Bolivia, no se sabe cómo ni
por qué caminos o influencias. De todos modos, ese hecho
lo ligaba con mayor fuerza al país en el que trabajaba
su hija. Como intuyendo lo que sucedía con su hija, don
José le escribió el 1° de agosto de 1930: “¿Cuándo tendrás
tiempo para escribirme?. Deseo tanto que me cuentes todo

47
lo que hagas, tus éxitos y tus decepciones… Porque así es
el mundo: está lleno de desencantos, pero siempre, siempre
con fe, hay que esperar30”.
Con tantos viajes y afanes, Nazaria cayó enferma. En
octubre de 1930, por prescripción médica viajó al Perú,
a Arequipa, pues en Bolivia, continuamente asediada,
no podía encontrar el ambiente adecuado para su
recuperación. Pero no se quedó quieta. Trató de fundar
también allí una casa. Como no encontró en los obispos
del Perú la misma acogida, comprensión y entusiasmo
que en los de Bolivia, sus planes no pudieron realizarse.
Sin embargo, regresó a Bolivia con dos postulantes
peruanas, Carmela Cano y Carmela Vivanco.
Cuando Nazaria se encontraba en Buenos Aires, el nuevo
nuncio, Monseñor Carlos Chiarlo, por medio de la Madre
Dolores Prudencio le pidió explicaciones sobre algunas
irregularidades de que había sido acusada. En concreto, de
haber admitido en su congregación a una señora casada,
separada de su esposo. En carta del 4 de noviembre
de 1931, Nazaria respondió que la señora en cuestión,
María Zegarra, fue admitida en la Casa-Recogimiento de
señoras pobres el 26 de abril de 1926, antes de la erección
canónica del instituto, que se efectuó el 12 de febrero de
1927. No fue por lo tanto, admitida como religiosa, pero sÍ
se le impuso el hábito de la Virgen de los Dolores, para que
por su edad sirviese de compañera y ayuda a las jóvenes
misioneras en sus viajes por los campos, y que por esa

30 (Positio II, cap. IV, p. 133)

48
razón tenía la “ forma” del hábito de las pontificias31.
Poco después le llegó del Uruguay la petición del Obispo
de Melo, Monseñor Miguel Paternáin, de fundar una casa
en esa ciudad. En octubre fundó allí la Casa Misión de
San José. De regreso a La Paz fue llamada por Monseñor
Chiarlo. El nuncio le dijo que recomendaría a la Santa
Sede la aprobación de derecho pontificio de su instituto,
que ya había desbordado no sólo los límites dé la diócesis
de Oruro, sino también los de Bolivia, con casas en la
Argentina y en el Uruguay.
La tormenta.- en 1932 estalló violentamente la tormenta
contra Nazaria. Rebeca Morales emprendió una campaña
contra ella, primero solapadamente y después a la luz
del día. Rebeca debía hacer los votos perpetuos el 12
de febrero. A pesar de las grandes dudas que tenían las
madres del Consejo General con respecto a su disposición;
los votos le fueron concedidos. Encontrándose en
La Paz, donde viajó para hacer los Ejercicios Espirituales,
preparatorios a los votos, Rebeca dijo a la comunidad del
noviciado que el Señor le había abierto los labios, cerrados
durante cinco años, para sacarlas de su ignorancia, pues
era ella la fundadora y no la Madre Nazaria.
El Consejo General acudió a Monseñor Sieffert, pidiéndole
que Rebeca no haga la profesión perpetua, por los malos
ejemplos que daba y por su espíritu de rebeldía. Por
decisión de Monseñor Sieffert se postergó su profesión.

31 (Positio II cap. IV, p. 136).

49
Llegado el día 12, Rebeca se acercó al altar junto con las
que debían profesar. Al decirle la Madre Nazaria que se
retirara, Rebeca le contesto: “Me vengaré en Oruro. Allí
me las pagará todas32”. Como la situación empeoraba, a
petición del Consejo General, Monseñor Sieffert abrió un
proceso contra Rebeca. Esta firmó un documento en que
decía que salía voluntariamente de la congregación. El 26
de febrero volvió a Oruro, en el tren se volvió a poner el
hábito. En Oruro comenzó una campaña de desprestigio
contra Nazaria, esgrimiendo argumentos nacionalistas.
Nazaria aparecía como una española que había suplantado
por la fuerza a una boliviana en la dirección del beaterio.
El 2 de marzo, Nazaria, que se encontraba en La Paz,
anotó en su diario: “Con fecha del primero, he recibido una
atenta carta del padre Lorenzo, de Oruro, diciéndome que
no tome a mal que él y el P. Solá se hagan cargo de la defensa
de Sor Margarita (Rebeca), que va a iniciar un juicio en el
Obispo en contra nuestra. Yo le he contestado en seguida
que puede hacerlo tranquilamente, si cree en justicia que
debe hacerlo; que en mi corazón no hay nada para ellos
más que el afecto de siempre33”. El 18 viajó a Oruro para
animar a sus hijas, pero la noticia del fallecimiento de
la Madre Virginia Rojas la obligó a regresar a La Paz. La
Madre Virginia falleció el 25 de marzo. Fue la primera
misionera pontificia fallecida. Había nacido en Uyuni el
12 de junio de 1910.

32 (Diario II, 1932, p. 191)


33 (Diario II, 1932, p. 197).

50
El 29 de marzo el periódico “La Igualdad” aprovechó la
situación para atacar no sólo a la Madre Nazaria sino
también a Monseñor Antezana. Nazaria fue acusada de
haber vendido al extranjero joyas y pinturas valiosas
del beaterio, y de haberse apoderado de ese local, que
pertenecía al pueblo, después de haber expulsado a
algunas señoras ancianas. Nazaria viajó a Oruro el 22 de
abril. A su llegada, la recibió un gran gentío en la estación,
con miradas furibundas y gestos de amenaza. Algunas
personas la siguieron hasta su casa, unos jóvenes le
dijeron que la echarían como a extranjera odiosa.
Al día siguiente, sábado 23, la gente enardecida asaltó la
casa. Acusada de haber arrastrado a Rebeca estirándola
del velo, Nazaria fue conducida ante el juez. Los soldados
que custodiaban la casa de las pontificias para evitar
tumultos, fueron los que atestiguaron haber presenciado
la escena en la capilla púbica, a la hora de la misa.
Habiendo Nazaria afirmado que ese día no se celebró la
misa en la capilla pública, sino en el oratorio privado de
las madres, y a otra hora que la indicada por los testigos,
confirmada su declaración por el capellán, el juez dio por
concluido el asunto y presentó a la Madre Nazaria las
debidas excusas.
La gente siguió reclamando. De boca en boca, el tirón
de velo se convirtió en una cuchillada. Rodeada la casa,
muchos entraron gritando que habían jurado matar a
Nazaria y tomar chicha en su calavera. Registraron la casa
pero no encontraron a Madre Nazaria. Un obrero, que

51
trabajaba en la construcción del edificio, salió a advertir
a la policía. Llegada ésta, la multitud se dispersó. Se
retiraron de la casa, pero se dirigieron en manifestación
vociferante al obispado, que atacaron a pedradas. De
ahí pasaron a la prefectura. Exigieron al prefecto la
expulsión del país de la usurpadora española, que se
llamaba fundadora, siéndolo en realidad una boliviana,
Rebeca Morales.
Viendo que no cesaban las hostilidades, las pontificias
piden insistentemente a Nazaria que salga de Oruro.
Nazaria se resiste. Monseñor Antezana la llama por
teléfono ordenándole salir inmediatamente de la casa.
En la misma calle Soria Galvarro, frente a la casa de las
pontificias, vivían dos hermanas solteras, Enriqueta y
Rita Elías. Ellas la acogieron durante varios días. Después,
pasó Nazaria a la casa de don Alfredo Suárez, Cónsul de
Chile, quien días más tarde la condujo en su auto hasta
una estación ferroviaria próxima, de donde tomó el tren
a La Paz.
El caso de Rebeca Morales pasó a los tribunales
eclesiásticos. Sus defensores fueron los PP. Rogelio
Lorenzo, Cordimariano, y Félix Solá, Franciscano.
El punto fundamental era la aclaración acerca de la
fundadora del instituto. Monseñor Antezana, que sabía
mejor que nadie los orígenes de la Cruzada Pontificia,
falló a favor de Nazaria el día 2 de mayo, aclarando que
era ella la verdadera y única fundadora34.

34 (Positio II, cap. V, p. 167).

52
Con esto acabó definitivamente la oposición del P.
Lorenzo. Pasados los años, en 1956 aceptó llenar un
cuestionario sobre la madre Nazaria, en vistas a la
introducción de su proceso de beatificación. Reconoció
que era piadosa, prudente y caritativa, que su obra es
muy beneficiosa a la Iglesia, que está dando mucha gloria
a Dios y que salvará muchas almas. Piensa que la causa
de beatificación debe llevarse adelante. De 1962 a 1965
fue capellán en el noviciado de las misioneras de la Madre
Nazaria en Cochabamba35.
En abril de 1967, Monseñor Antezana, en su declaración
sobre las virtudes de la Madre Nazaria, al referirse al
papel desempeñado por los padres de su congregación,
declaró que desde el principio se opusieron al proyecto
los PP. Medardo Alderán y Rogelio Lorenzo, quienes
opinaban que se trataba de una pura ilusión, pero que
al correr los días callaron, “al parecer avergonzados”.
En cambio, el P. Juan Guerricagoitia se distinguió por
su franco apoyo y decidida ayuda a la Madre Nazaria en
todo tiempo. Y “el venerado Padre Casimiro Morales” fue
un verdadero padre, cooperador de la obra y admirador
de la Madre Nazaria. Hizo propaganda del instituto, y le
aportó “muy valiosas vocaciones36”.
Retorna la calma.- si Rebeca fue causa de dolor, las
otras, que voluntariamente habían seguido a Nazaria,

35 (Positio II, cap. V, p. 152).


36 (Positio I, test 19, p. 69).

53
permanecieron a su lado sin excepción. Rebeca pidió
perdón a Nazaria. Siguió viviendo con las misioneras,
primero en Oruro, y desde 1959 en Santa Cruz hasta su
muerte, ocurrida el 2 de abril de 1966, aunque no como
religiosa del instituto, por prohibición de la jerarquía,
pero sí con la autorización de usar el hábito. Vivió
prácticamente apartada de la comunidad, por voluntad
propia, llevando una vida de silencio, humildad y oración.
Fue para la pontificias más que un recuerdo permanente
de los sucesos de Oruro, una muestra contínua del
espíritu de amor y perdón de la Madre Nazaria.
Las madres del Consejo pensaban que el pueblo de
Oruro se opondría al regreso de la Madre Nazaria.
Algunas opinaban que convenía entregar el beaterio al
gobierno. Una de las primeras compañeras de Nazaria,
Inés Camacho, manifestó su parecer contrario. Era para
ella doloroso pensar en el abandono de esa casa, cuna
del instituto. Se ofreció a viajar a Oruro para tantear los
ánimos. Con otras hermanas emprendió el viaje. El revisor
del tren las desanimó: “Es una imprudencia meterse en el
fuego que arde contra ustedes. Las esperan las cholas con
piedras en las manos”. Ellas, impertérritas, continuaron su
viaje. La Madre Inés Camacho contó después lo sucedido:
“En la estación estaban las cholas. Cuando yo saqué la
cabeza por la ventanilla, me reconocieron y gritaron: Es
la Madre Inés, boliviana, la que nos enseña en la escuela
nocturna…, y todas son bolivianas”. Y sin esperar más: “¿No
saben que a nuestra madrecita boliviana, la extranjera la
ultrajó diciendo que ella era la fundadora?. Y la fundadora

54
es nuestra madrecita Margarita”. La Madre Inés y las
otras pontificias, con paciencia, las sacaron de su error,
logrando convencer a la mayoría37.
Pocos días después, los padres Redentoristas predicaron
una misión popular en la Iglesia de San Juan de Dios.
Al término de la misión llegó el día del perdón y la
reconciliación. En ese momento de sinceridad ante Dios,
se oyó una voz: “Que venga la fundadora para pedirle
perdón”. En esa misma iglesia, algunos años antes, siendo
aún Hermanita del Asilo, Nazaria se había sentido llamada
a ayudar a los sacerdotes en su labor pastoral.
Diversas actividades.- por consejo de Monseñor Cortesi,
el Arzobispo de Montevideo, Monseñor Juan Francisco
Aragone, pidió a Nazaria la fundación de una casa en
esa ciudad, que se efectuó en abril de 1933, en un barrio
pobre llamado Cerro de las Victorias.
Desde el principio de la fundación, Nazaria y sus religiosas
acudieron en total disponibilidad al servicio de la Iglesia,
según las circunstancias. Una de las preocupaciones
de Nazaria fue la promoción de la mujer. Abrió talleres
de costura y centros de alfabetización. Supo orientar
a un gran número de señoras y señoritas en diferentes
actividades. Con su iniciativa y apoyo surgieron en
Oruro muchas asociaciones de carácter religioso, social
y cultural.

37 (Positio II, cap. IV, p. 186).

55
Fundó la Liga de Damas Católicas, el Centro Cultural
Católico y la Sociedad Católica de Obreras. Los estatutos
de esta última fueron aprobados por Monseñor Antezana
el 9 de abril de 1934 y por el gobierno el 22 de mayo.
Nazaria misma los redactó, contando con el parecer y las
sugerencias de las asociadas. Surgió así el primer sindicato
obrero femenino boliviano. La Sociedad buscaba por una
parte el bien de sus miembros mediante la formación
religiosa, la mutua ayuda económica y la asistencia médica,
y por otra la difusión de la doctrina católica mediante la
creación de bibliotecas populares y la publicación de hojas
volantes.
En 1931 el cierre de los salitrales de Chile había
originado la desocupación de muchos obreros que
cruzaban regularmente la frontera en busca de trabajo
temporal. Nazaria participó con los desocupados en una
manifestación pacífica de protesta por el retardo del
gobierno en el cumplimiento de las promesas hechas
de darles trabajo en Yungas. Como solución inmediata
a las necesidades de las familias de los trabajadores
despedidos, Nazaria dio inicio en Oruro a la obra de los
comedores populares, con el nombre de “Olla del Pobre”,
que luego se extendió a las demás ciudades del país.
Durante la Guerra del Chaco entre Bolivia y el Paraguay
(1933-1935), Nazaria movilizó a sus religiosas y a las
asociaciones ya existentes, y fundó otras, para ayudar a
solucionar los diferentes problemas surgidos entonces.
Las pontificias dieron misiones a los soldados y abrieron
en sus casas hospitales de sangre y hogares para los

56
huérfanos de guerra. Pasada ya la guerra, una de las
pontificias, Rosa Fernández de Córdoba (Gabriela de
la Dolorosa), falleció en Potosí el 2 de mayo de 1936,
mientras prestaba sus servicios en el hospital militar.

Roma.- a fines de 1933, Nazaria decidió viajar a Roma


con el objeto de gestionar la aprobación de su Instituto
y obtener el “Decretum Laudis”. Aprovechó el viaje
de una peregrinación argentina con ocasión del Año
Santo y la beatificación de los mártires jesuitas Roque
Gonzáles, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Salió de
Buenos Aires el 5 de enero de 1934 y llegó a Roma el 23
de enero, con dos de sus religiosas, Angélica Gonzales
Vélez (Rosario del Espíritu Santo), boliviana, y Carmela
Cano, peruana. El día 25 se efectuó la beatificación de
los tres mártires jesuitas, misioneros en las reducciones

57
guaranís, y de la religiosa Carmelita Teresa Rada.
El 26 de febrero Nazaria asistió a la beatificación del P.
Antonio María Claret, fundador de los Cordimarianos,
y el 4 de marzo a la canonización de la Madre Micaela
del Santísimo Sacramento, fundadora de las adoratrices.
Todos estos actos fueron para ella momentos de especial
unión con Dios. Refiriéndose a Santa Micaela, anotó
en su diario: “Oh, yo bien le dije que éramos del mismo
barrio y que habíamos sido bautizadas en la misma pila
y que en ninguna ocasión como en ésta, en que mediaban
los intereses del Señor, debíamos ayudarnos los paisanos.
Creo que la Santa debió reírse y concederme lo que le pedí
y empezar por darme madrileñas38”.
Nazaria llevaba consigo las cartas de los obispos, que
solicitaban de la Santa Sede aprobación del “Decretum
Laudis”. Monseñor Felipe Cortesi, entonces nuncio en
Buenos Aires, en carta escrita en italiano al Cardenal
Alejandro Enrique Lepicier, Prefecto de la Sagrada
Congregación de Religiosos, hizo un resumen de los
orígenes del instituto, de su finalidad, de las obras
que realizaba y de su rápido desarrollo en tres países.
Refiriéndose a la fundadora, mencionó su capacidad
organizativa y las dotes nada comunes de mente y
corazón que poseía. Habiendo consultado con los Obispos
de La Paz (Sieffert) y Oruro (Antezana) y con el director
espiritual de Sor Nazaria (Capitán), Cortesi opinaba
que su obra estaba inspirada por Dios. El desarrollo del

38 (Diario II, 1934, p. 27).

58
instituto, según él, se debe a la mano de la Providencia,
pues desprovisto de medios materiales, en medio de
muchas contradicciones y hostilidades, en circunstancias
de lugar y tiempo muy difíciles, había podido realizar
su labor de servicio a la Iglesia. Cortesi afirmaba haber
constatado el espíritu de humildad y pobreza de las
religiosas, todas jóvenes, animadas de muy tierno amor
a la Iglesia, a la que veían personificada en el Papa,
entusiastas por la salvación de las almas más pobres y
abandonadas, “dos luces y dos programas que quedan bien
simbolizados en el nombre de Misioneras de la Cruzada
Pontificia”. Por todas esas razones, Cortesi recomendaba
vivamente la aprobación del instituto y de las reglas.
El Obispo de Oruro, Monseñor Abel Isidoro Antezana,
C.M.F., escribió también al Cardenal Lepicier, en
castellano y en estilo formal. Contrariamente a Cortesi,
Antezana no hizo ninguna alusión al papel que él mismo
desempeñó en la fundación del instituto. Se refirió a la
detallada relación que la Madre Nazaria llevaba sobre
la marcha de la congregación, suscrita por el Obispo de
La Paz y el mismo Antezana. Dicha relación y súplica las
hacía suyas. Añadió únicamente que “algunos datos de los
frutos espirituales son bastante abultados”, a su humilde
modo de ver.
El Obispo de La Paz, Monseñor Augusto Sieffert,
[Link].R., se dirigió directamente a S.S. Pío XI en francés.
Comenzaba indicando que había asistido a la fundación
del instituto. No podía sino alabar “grandemente” el fin

59
del instituto, que era el de la enseñanza del catecismo
en sus diversas formas, tanto más que en Bolivia, dado
el pequeño número de sacerdotes, toda ayuda que
contribuya a la difusión de la doctrina cristiana en el
pueblo, es muy apreciada. El instituto, establecido en
La Paz desde hacía seis años, tenía allí su noviciado y su
casa de formación, donde “reina un gran fervor religioso”.
En consecuencia, Monseñor Sieffert recomendaba el
instituto “calurosamente”, por considerarlo animado por
el espíritu de Dios y destinado a hacer mucho bien en
Bolivia, país desprovisto de catequistas.
El Obispo de Cochabamba, Monseñor Tomás Aspe,
O.F.M., escribió en forma escueta al Papa, en latín oficial
e impersonal: “1.- La dicha institución religiosa sé dedica
con empeño a las obras peculiares de su instituto en esta
diócesis, con bastante fruto de las almas y alabanza tanto
de los fieles como de los párrocos. 2.- Dicha institución
parece digna de la aprobación pontificia”.
El Obispo de Potosí, Monseñor Cleto Loayza, escribió
también al Papa, en castellano, que el instituto,
establecido en su diócesis desde hacía siete años, cumplía
con fervor el objeto de su fundación. Era particularmente
encomiable su labor en el sostenimiento de las niñas
pobres y en la instrucción catequística.
El Obispo de Santa Cruz, Monseñor Daniel Rivero,
escribió al Cardenal Lepicier en italiano. Igual que
Cortesi y Sieffert, no se contentó con una carta de
oficio. De la Madre Nazaria dijo que tenía “un corazón

60
totalmente misionero”. Las pontificias atendían en
Santa Cruz un hogar de pobres con toda solicitud.
En las iglesias, colegios, cuarteles y cárceles, y con
frecuencia en el campo, se dedicaban con empeño a
la enseñanza del catecismo, a exhortar a los fieles a la
recepción de los sacramentos y a la moralización de
los hogares. Las religiosas estaban verdaderamente
dedicadas al trabajo, y poseían un espíritu altamente
abnegado. En resumen, Rivero opinaba que las
pontificias se comportaban dignamente, que eran
ejemplares, merecedoras de alabanzas por su fervor
y vida misionera. Con todo, el Obispo de Santa Cruz es
el único que pone algunas reservas. Opina que para
prevenir que posteriormente disminuya ese conjunto
de virtudes y positivos beneficios: 1) Que las nuevas
profesas permanezcan más tiempo en la casa matriz,
reafirmando así, bien y sólidamente, la formación del
buen espíritu de que gozan al presente. 2) Que dentro de
lo posible, eviten tener por la noche, en forma habitual,
trabajos misioneros, o las casas abiertas para obras
tipográficas o de otro tipo, máxime con el ingreso de
hombres. 3) Que sea fijada su esfera de acción misionera
dentro de las iglesias.
El Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Santiago Luis
Copello, igual que Monseñor Aspe, escribió al Papa
una carta protocolar en latín, ciñéndose a lo mínimo
indispensable: “1.- La dicha congregación de mujeres tiene
una sola casa en Buenos Aires. Se dedica con empeño a las
obras peculiares de su instituto: educación de niñas, lo que

61
realizan en forma laudable. 2.- Parece digna de que se le dé
la Laude Pontificia”.
El Arzobispo de Montevideo, Monseñor Juan Francisco
Aragone, dio simplemente en latín un certificado “a quien
interese”, afirmando que las Misioneras de la Cruzada
Pontificia, en todo el tiempo en que ejercitaron su
ministerio de caridad, mostraron empeño y verdadero
celo por las almas, dando ejemplo de religiosa observancia.
Añadió que, con motivo, se podían esperar para el futuro
mayores frutos.
Por ultimo, el Obispo de florida y Melo (Uruguay),
Monseñor Miguel Paternáin, escribió en italiano al
Cardenal Lepicier. Manifestó que las Misioneras de la
Cruzada Pontificia se dedicaban a la enseñanza del
catecismo, sumamente necesario para la evangelización
de su diócesis. Pidió por lo tanto a la Sagrada Congregación
de Religiosos que se digne conceder al naciente instituto
el primer signo de benevolencia emitiendo el “Decretum
Laudis”, primer paso para la aprobación pontificia
definitiva39.
A esas testimoniales se añadía un decreto de aprobación
de las constituciones conforme a las normas de la Sagrada
Congregación de Religiosos, del 6 de marzo de 1921, y a
las instrucciones del 30 de noviembre de 1922, firmado
por los Obispos de La Paz y Oruro.

39 (Positio II, cap. VI, p. 192).

62
Nazaria y sus acompañantes tuvieron una audiencia
privada con el Papa Pío XI. Nazaria le dijo que estaban
dispuestas a morir por la Santa Iglesia. El Papa la
interrumpió: “No morir, sino vivir, y trabajar por la Iglesia”.
De esa entrevista surgió uno de los lemas preferidos de
Nazaria: “Llevar las almas a Pedro y de Pedro a Cristo40”.
Nazaria presentó las reglas de su instituto a la Sagrada
Congregación de Religiosos. No fueron aceptados el 4°
y 5° votos, de obediencia especial al Papa y de trabajar
por la extensión del reinado social de Jesucristo. El P.
Pedro Vidal, S.J., canonista, modificó el texto. Después
de los votos de pobreza, castidad y obediencia, añadió:
“entiendo con ello trabajar con todas mis fuerzas por el
reinado social de Nuestro Señor Jesucristo41”.
Antes de partir de Roma, Nazaria visitó al P. Wlodimiro
Ledochowski, General de la Compañía de Jesús, al decirle
ella que deseaba para su instituto el espíritu de San
Ignacio, el P. General le dijo: “Lo tiene, hija, lo tiene42”.
España: el 17 de abril de 1934 partieron las tres
pontificias a Barcelona. Nazaria volvía a España
después de 22 años. Muchas cosas habían cambiado
desde su partida. En 1930 se había implantado allí la
libertad de cultos. En 1931, gente sin control, como la
que ella misma había visto en Oruro, había incendiado

40 (Positio II, cap. VI, p. 203)


41 (Positio II, cap. VI, p. 202)
42 (Positio II, cap. VI, p. 198)

63
iglesias y conventos. Como Ignacio de Loyola, Nazaria
fue en peregrinación a Montserrat. En Manresa, durante
la misa vio nueve velas en el altar. Acordándose de las
nueve casas de su congregación, las presentó al Señor
en humilde ofrenda.
De Barcelona pasaron a Zaragoza. Decir Zaragoza es
decir la Pilarica. Nazaria anotó en su diario: “Me eché a
llorar como una chiquilla en los brazos de su madre. Vi al
Primado fuera de España. A nuestro Cardenal Segura fue al
primero que puse en el pecho de la Santísima Virgen…, con
él a la Iglesia…, España.., a la Compañía de Jesús”. En el viaje
en tren a Madrid, como siempre en tercera clase, Nazaria
entabló conversación con los pasajeros. Uno de ellos le
dijo. “El pueblo será de Cristo cuando los representantes de
Cristo se acerquen al pueblo43”.
En Madrid, ciudad de su nacimiento, se alojó en el Colegio
de las Esclavas del Sagrado Corazón. Visitó el Cerro de los
Ángeles, donde oró por España. En visita a las carmelitas,
les pidió oraciones a fin de que su instituto pudiera
fundarse en España. Fue también a orar a la Parroquia
de San José, donde habrá sido bautizada. Pasó luego a
Sevilla. Aunque no habrá nacido ahí, era en realidad su
ciudad. Se alojó en la casa de las Hermanitas de la Cruz,
de la Madre Angelita, quien un día le habrá dicho que
volvería con compañeras. Visitó su colegio. La superiora
era María Luisa, una de sus amigas de infancia.

43 (Diario III, 1934 p. 56).

64
Nazaria recibió muchas visitas. Conversó largamente
con los jesuitas, sobre todo con los PP. Francisco Muñoz,
Juan Cañete y Manuel de la Cruz. Trabó amistad con
un grupo de señoritas, dedicadas al apostolado en los
barrios pobres de Sevilla y en los pueblos vecinos. El
alma de ese grupo era María Josefa Sangrán. La joven
deseaba consolidar el apostolado que había emprendido.
Preguntó un día a la Madre Nazaria si existía la
posibilidad de fundar casas de las pontificias en España.
Nazaria le contestó: “Si encuentra diez vocaciones,
vendremos”. El P. Manuel de la Cruz se ofreció a colaborar
y quedó encargado de la formación del grupo, posible
semillero de pontificias.
Buenos Aires: Nazaria pensaba trasladar la Casa
Generalicia de Oruro a Buenos Aires. Pero sólo como
una etapa, para pasar luego a España, y de ahí a Roma.
Presentía que su idea no sería bien acogida por sus
consejeras. Suponía, y tal vez no se equivocaba, que
algunas objetarían su ausencia de Bolivia. Nazaria
quería abrirse al mundo, llevar el mayor número
posible de personas a Pedro y de Pedro a Cristo. Con
estas ideas llegó a Buenos Aires. La capital Argentina
se preparaba entonces para el Congreso Eucarístico
Internacional. Toda la ciudad bullía con los afanes de
los preparativos. Las pontificas acogieron en su casa a
varios peregrinos bolivianos. Un día, Nazaria recibió
un telegrama de Sevilla. María Josefa Sangrán y una
amiga, María Teresa Salvador venían a Buenos Aires
para asistir al Congreso.

65
Nazaria fue al puerto a recibirlas. Apenas las vio, las
notó frías, distantes. No eran las entusiastas jóvenes
que había conocido. Al ver entre los pasajeros a un
padre franciscano, de apellido Pistoya, nada afecto a
las pontificias, supuso que había hablado a las jóvenes,
previniéndolas contra ella. No estaba equivocada.
En efecto, en el barco, al saber las jóvenes españolas que ese
sacerdote había estado en Oruro y que conocía a la Madre
Nazaria, le hicieron preguntas sobre ella. El sacerdote les
dio informes poco halagadores: “Es una hermanita salida
de su convento, que no ve claro lo que quiere, ni escuelas,
ni hospitales, ni orfelinatos… hay algo raro, que no va
bien”. El impacto de esas palabras en las dos jóvenes fue
enorme. No se atenuó ni cuando al día siguiente les dijo
el sacerdote: “Señoritas, he pensado que quizá en nuestra
conversación de anoche he sido imprudente. Perdonen, y si
les interesa la fundación, no se desanimen. Estas cosas en
los principios siempre son combatidas y así se comprueban
si son de Dios44” pero lo dicho, dicho estába. Las dos
sevillanas estaban desilusionadas. Por disposición de
la fundadora, una de las pontificias fue designada para
acompañarlas, si lo deseaban, a los actos del Congreso.
Nazaria no tocaba el tema con ellas, pero oraba.
El Congreso Eucarístico de Buenos Aires se llevó a cabo
del 5 al 12 de octubre de 1934. El Delegado de S.S. Pío
XI era el Cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado.
Nazaria se quedaba con frecuencia en la casa, dedicada
a las labores domésticas, para permitir a las demás la

44 (Palanca, p. 286)

66
asistencia a los actos, que se celebraban en los jardines
de Palermo. Pedía por la realización de sus planes de
fundación en España, en particular por las dos sevillanas,
que parecían escaparse de sus manos. Un día las dos le
comunicaron su deseo de quedarse en la Argentina,
y como pontificias. Nazaria fue con ellas a visitar a
Monseñor Cortesi. Este advirtió que al estar perseguida
la Iglesia en España, les sería difícil volver a su patria.
Las sevillanas manifestaron su deseo de ser religiosas, y
como tales, sujetas a obediencia, dispuestas a ir donde las
mandaran. Cortesi añadió que si volvían a España sería
para fundar allí, que tendrían que abrir la senda.
Monseñor Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid –
Alcalá, se encontraba en Buenos Aires. Sin pérdida de
tiempo, Cortesi fue a visitarlo. Sólo faltaban dos o tres
días para el regreso de los peregrinos a España. Luego,
se presentó con él en la casa de las pontificias. Eijo y
Garay veía en principio con buenos ojos la idea. Pero las
dificultades parecían enormes. La Iglesia atravesaba en
Españas por circunstancias difíciles Una fundación…,
si, pero cómo?, ¿con qué medios?.Nazaria hizo entonces
llamar a María Josefa para preguntarle si conocía a
alguien que pudiera ayudar económicamente a realizar
la fundación en España. María Josefa, después de un
momento de silencio respondió: “De todo lo mucho o poco
que tengo, podrán disponer45”.

45 (Palanca, pp. 235-237).

67
Aprobación del Instituto: el 28 de octubre de 1934,
festividad de Cristo Rey, las dos españolas y una uruguaya,
Delia Beramendi, comenzaron su postulantado. El 7 de
diciembre llegó de La Paz un cable. El gobierno de Bolivia
pedía la entrega inmediata del convento de La Merced,
donde funcionaba el noviciado. El 12 de diciembre salió
la Madre Nazaria con la Madre Dolores para Bolivia. Ya en
La Paz, de nada sirvió una entrevista con el Presidente de
la República, José Luis Tejada Sorzano. También fue inútil
la intervención de Monseñor Tomás Aspe, Administrador
Apostólico de la Diócesis de La Paz, entonces sede
vacante. Los niños del hogar tuvieron que pasar a manos
de funcionarios del Estado. Las novicias fueron enviadas
a Oruro y a otras casas. Sólo quedaron las profesas, en
una casita junto a La Merced.

68
A principios de agosto de 1934 la Madre Nazaria había
tomado la decisión de trasladar la Curia Generalicia de
Oruro a Buenos Aires. Las dificultades de comunicación
con Roma desde Oruro aceleraron la realización de ese
proyecto. En enero de 1935 decidió volver a España.
Para muchas personas esa decisión era incomprensible.
Muchas de sus religiosas, obispos y sacerdotes amigos se
sienten lastimados. Las madres del Consejo ponían con
fundamento su salud delicada como razón para que no
emprendiera el largo viaje. Algunas temían que sin ella
las cosas no marcharían bien. Nazaria entró en duda.
Veía las dificultades, pero también pensaba que la obra
no era de ella sino de Dios. Estando ausente la fundadora,
la Cruzada Pontificia podría seguir adelante.
El 29 de mayo de 1935 llegó la noticia de la aprobación
del Instituto por parte de Roma. Estaba aprobado,
pero le habían cambiado el nombre. Nazaria se quedó
desconcertada ante el nuevo nombre andino: “Catequistas
de Oruro”. Oruro era el rinconcito humilde donde brotó
una obra sin fronteras, que pasó la bandera pontificia
a Cochabamba, La Paz, Potosí, Santa Cruz, Buenos
Aires, Melo, Montevideo. Sus religiosas eran bolivianas,
peruanas, argentinas, uruguayas, españolas. Ahora, que
se abrían las puertas de España, catequistas de Oruro…
Nazaria dio la noticia a Monseñor Antezana. Este sólo
captó entusiasmado la parte buena. Gracias a Dios,
el instituto había sido aprobado. Se dio la noticia a la
comunidad sin mencionar el cambio de nombre. Hubo una
explosión de alegría. Nazaria estaba también contenta,

69
pero sólo a medias. Lo agridulce de la noticia tuvo un
efecto inmediato: disipar sus dudas sobre su viaje. Estaba
ahora decidida a ir a España para pasar de allí a Roma. El
nombre de catequistas de Oruro tenía que ser cambiado.
Decidida la fundación en España, la Madre Inés Camacho
fue designada provincial en Bolivia, la Madre Victoria
(Raquel) Vallejos superiora en la Argentina y la Madre
Inmaculada (Laura) Aparicio superiora en el Uruguay.
Las tres eran bolivianas. Nazaria eligió como compañeras
de viaje a las bolivianas Clemencia (Leonor) Salinas y
Rosa Garnica y a la peruana Carmela Cano. Irían además,
las tres novicias de Buenos Aires; dos españolas y una
uruguaya.
El 5 de julio de 1935 embarcaron en la motonave
“Oceanía”. Durante la travesía las pontificias se dedicaron
al apostolado. Organizaron la guardia de honor ante el
Santísimo, con la participación de muchos pasajeros,
desde las cinco y media de la mañana hasta las siete
de la tarde. Prepararon a varios niños para la primera
comunión y tuvieron clases de catecismo para adultos.
El capellán del barco estaba impresionado. Había sido
una verdadera misión, con confesiones de muchos años.
También se bautizaron dos niños, cuyos padres, al
terminar la ceremonia, pidieron a la Madre Nazaria que
los preparara para recibir el sacramento del matrimonio.
La guerra civil española: llegaron a España el 19 de
julio de 1935. El 15 de agosto se abrió la primera casa en
España, en Madrid, en la calle Bocángel. Nazaria partió a

70
Roma el 7 de noviembre. No se pudo resolver entonces el
asunto del nombre del instituto. Se resolvió cuatro años
después de la muerte de Nazaria, el 9 de junio de 1947,
siendo Superiora General la Madre Victoria Vallejos. No
era exactamente el que quiso Nazaria, pero expresaba su
carisma: “Misioneras Cruzadas de la Iglesia”.
En diciembre Nazaria regresó a Madrid. En julio de 1936
estalló la guerra civil española. La comunidad abandonó
la casa de la calle Bocángel y se trasladó a Carabanchel,
a un edificio casi en ruinas. Un día, una de las religiosas,
Rosa Garnica, vio en la puerta de la casa el dibujo de una
monja colgada de una horca, y al lado hoz y el martillo.
La radio dio oficialmente la noticia del triunfo de las
izquierdas en Madrid con la rendición del cuartel de La
Montaña y el fusilamiento de sus defensores.
Llegó el capellán para consumir las sagradas formas.
Nazaria y sus compañeras ofrecieron sus vidas por la
Iglesia. Un grupo de milicianos se presentó. Las religiosas
fueron puestas en fila. Parecía inminente el fusilamiento,
pero uno de los jóvenes milicianos, que había visto los
pasaportes extranjeros, de Bolivia, el Perú y el Uruguay,
dijo a sus compañeros que no dispararan, que podría
haber complicaciones. Después de esos acontecimientos,
la comunidad se dispersó.
El 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen, sin
ponerse previamente de acuerdo, todas se reunieron
en Carabanchel. Ese día se presentó el secretario
del ayuntamiento e hizo un minucioso registro de la

71
casa. Encontró una carta del P. General de los jesuitas,
P. Wlodimiro Ledochowski, dirigida a la Madre Nazaria. A
ésta le dijo que bastaba eso para ser procesada.
La casa de Carabanchel se había comprado bajo el nombre
de la República del Uruguay, por lo que estaba bajo la
protección de dicho país. En el preciso momento en que
el secretario del ayuntamiento comunicaba su detención
a la Madre Nazaria, se presentó el Cónsul del Uruguay,
Francisco del Pozo Pastrana, e impidió el arresto. Al día
siguiente, la Madre Nazaria y la novicia uruguaya, Delia
Beramendi, se refugiaron en la casa del cónsul uruguayo.
Casi todas las demás, bolivianas y españolas, fueron
acogidas en la legación boliviana. El Perú había roto
relaciones con España. La Madre Carmela Cano, peruana,
recibió de su consulado la notificación de regresar
al Perú. Ella prefirió quedarse, y buscó alojamiento
en una pensión con la novicia española María Teresa
Salvador. Como corría peligro la vida de la señorita María
Montserrat Sangrán, hermana de la novicia María Josefa,
la Madre Nazaria consiguió del Embajador de Bolivia, José
Eduardo Guerra (tío materno de un estudiante jesuita,
Ignacio Zalles Guerra), la salida de ambas y de Carmela
Cano.
Nazaria iba y venía de Carabanchel a la legación boliviana
y a la pensión. El señor Guerra le dijo un día: “¿Pero no
ve Ud., a lo que se expone? Si la toman en la calle yo nada
puedo hacer”.46 Acabaron por reunirse todas en la legación

46 (Positio II, cap. VII, p. 265).

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boliviana. Además de ellas, había allí otros asilados, unos
cuarenta en total. Nazaria y todas las demás religiosas los
atendían con solicitud. Rosa Garnica cocinaba para todos.
Clemencia Salinas servía de contacto entre los refugiados
y sus familiares, y se las ingeniaba para buscar alimentos.
Había algunos sacerdotes. Se celebraba la misa sin cantos.
Se organizó la vela al Santísimo con los refugiados, entre
temores y ofrecimiento de martirio a la vez.
Se hizo forzoso abandonar la legación. Nazaria y sus
religiosas partieron el 7 de mayo de 1937 a Valencia, a
la casa del nuevo embajador boliviano, Javier Moscoso.
Tres de las religiosas no pudieron obtener pasaporte.
Clemencia Salinas se ofreció para tratar de conseguir
para ellas el permiso de viaje. Las demás se embarcaron
en el vapor argentino “Tucumán”, rumbo a Marsella.
De allí regresaron a España, a la zona nacional. En San
Sebastián se encontraron con Carmela Cano y la novicia
María Josefa Sangrán. Gracias a la intervención del
Vicario General del Arzobispado de Madrid – Alcalá,
Casimiro Morcillo, consiguieron un piso en Vitoria, donde
se instaló el noviciado.

V. Superiora General – Segundo Periodo


(1937 – 1943)
Superiora General por segunda vez: nombrada
Superiora en España la Madre Clemencia Salinas, Nazaria
regresó a la Argentina el 19 de julio de 1937. A su paso
por Montevideo fue recibida por el arzobispo, Monseñor

73
Aragone, con estas palabras: “Con ansia la esperábamos.
La Iglesia de América la necesita. En nombre del Uruguay,
la Argentina y Bolivia, la bendigo, y doy gracias al Señor que
nos la devuelve sana y salva” (Positio II, cap. VIII,p. 295). En
Buenos Aires recibió un telegrama del Nuncio de Bolivia,
Monseñor Luis Centoz, en el que le pedía viajar a La Paz lo
antes posible. En Oruro, un sacerdote diocesano, Renato
Salazar, creyendo que la Madre Nazaria había fallecido en
la guerra civil de España, había presentado a Monseñor
Antezana un proyecto, con la intención de asumir la
dirección de instituto. Monseñor Antezana y la Madre
Inés Camacho, Superiora Provincial, que era sobrina del
P. Salazar, no dieron cabida a esos planes.
En octubre de 1937 se llevó a cabo en Oruro el segundo
capítulo general del instituto, presidido también esta vez
por Monseñor Antezana, en el que la Madre Nazaria fue
unánimemente reelegida Superiora General. Llegó un día
de México una carta de petición de ingreso en el Instituto.
Era de Carmen, aquella hermanita menor de Nazaria, que
la imitaba en sus devociones. Carmen había ingresado en
la congregación de Religiosas de la Cruz y del Sagrado
Corazón, fundada en México por la señora Concepción
Cabrera de Armida. Nazaria dejó la decisión de admitirla
o no en manos de su consejo. En nombre de éste, la Madre
Victoria Vallejos envío a Carmen un cable, comunicándole
que había sido admitida. La hermana de Nazaria llegó a
Buenos Aires en diciembre de 1937.
Terminada la guerra civil en España, Nazaria, que no había
completado allí su obra, decidió volver. Partió de Buenos

74
Aires el 18 de mayo de 1939. Esta vez la acompañaban
Josefa del Carmen Zegarra, peruana, y Verónica Benito,
española, inmigrante en la Argentina. Llegaron a
Gibraltar el 3 de julio de 1939. Allí las esperaban Carmela
Cano y Dilecta Sangrán (María Josefa). Viajaron a Sevilla
y de ahí pasaron a Madrid. Lo primero que hizo Nazaria
fue arreglar la casa de Carabanchel, que encontró en
estado lastimoso. Poco después llegaron las novicias de
San Sebastián.
Muy pronto retomaron sus trabajos de apostolado, ya
habituales. Como siempre, Nazaria se mostró abierta
a las necesidades que la rodeaban y dio rienda suelta
a su espíritu de iniciativa para responder a ellas.
Dada la extrema pobreza de mucha gente en ese período de
post guerra, organizó allí, como lo había hecho en Oruro,
la olla de los pobres. Antes de un año se daba comida
en Carabanchel a unas ochenta familias. Las religiosas
se dedicaban también intensamente a la atención de los
presos políticos. Por su intervención, un cabecilla rojo,
que se había cortado las venas, retomó a Dios.
La Casa de Ejercicios.- una de las obras más importantes
de este período fue la fundación de la Casa de Ejercicios de
Carabanchel. Nazaria, ya desde sus tiempos de hermanita
de los Ancianos Desamparados había sentido especial
predilección por este apostolado. Fundado ya el instituto,
en todas sus casas se daban con frecuencia retiros de
uno o varios días. Nazaria había intentado establecer en
Oruro una casa especial para este ministerio, pero por

75
sus muchas ocupaciones no logró entonces cumplir sus
deseos. Ya el 25 de junio de 1936 había escrito: “Sueño
con hacer la casa de Ejercicios. ¿La veré algún día con las
cosas como están? Para Dios no hay imposible. Espero en él
contra toda esperanza47”.

47 (Positio II, cap. VIII, PP. 302 – 304).

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Iba ya a venderse la casa de Carabanchel a unos médicos
que querían construir un sanatorio. Nazaria pensó: “¿No
podríamos nosotras hacer un sanatorio para sanar las
almas?”. El presupuesto presentado por el arquitecto no
pasaba dé la cantidad de que disponían las madres en el
Banco, y así no sólo no se vendió Carabanchel, sino que se
construyó la casa de ejercicios.
Poco a poco, además de los catecismos en las parroquias y
en los barrios populares, pudieron las religiosas dedicarse
al ministerio de las misiones populares, fundamental
en el carisma de Nazaria. Como en Bolivia, en parejas
fueron recorriendo diferentes pueblos, llamadas por los
párrocos. Basada en su experiencia personal y en la ya
larga de su instituto, redactó unas instrucciones o plan
de misiones, sumamente detallado. El esquema para
los diferentes días surgía fundamentalmente de los
ejercicios ignacianos. Las pontificias dieron misiones a
900 presos políticos en Jaén, y a familias de obreros en
Cien Pozuelos, en un barrio a que no se animaban a ir
otros catequistas. El 8 de septiembre de 1940 se hicieron
cargo de una escuelita en los Montes (Málaga), región
pobrísima, dónde mucha gente vivía en cuevas.
El día 29 de septiembre de 1941, fiesta de San Miguel,
se inauguró solemnemente la Casa de Ejercicios de
Carabanchel con la bendición del Arzobispo de Madrid-
Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay. Nazaria quiso que se
estrenara la casa de ejercicios con una tanda a los obreros
que habían trabajado en la construcción del edificio.

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Último viaje.- en 1943 debía realizarse el tercer capítulo
general del instituto. Los dos anteriores se habían
efectuado en Oruro. Como la mayor parte de las religiosas
se encontraba en Bolivia, la Madre Nazaria juzgó su deber
viajar allá. En contra del viaje había muchas razones de
peso. Nazaria estaba enferma del corazón. Además,
en plena guerra mundial no era aconsejable cruzar
el Atlántico. Tampoco se podía pensar en convocar
el capítulo en España, puesto que la mayoría de las
religiosas se encontraba en Sudamérica. Otra solución
era dejar pasar el tiempo. Consultó el parecer, entre otros,
del Nuncio en España, Amleto Cicognani, y del Obispo de
Madrid-Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay, que conocían bien
su obra, ellos se inclinaron a que no viajara. En cambio,
su director espiritual, José María García Lahiguera, opinó
que debía partir.
Una vez considerados todos los aspectos, Nazaria tomó
la decisión de emprender el viaje. Antes de partir visitó
Málaga, donde ultimó los acuerdos con el P. Martín Prieto,
S.J. para la fundación de otra casa de ejercicios. El 7 de
octubre de 1942 partió de Cádiz en el “Cabo de Buena
Esperanza”, con la Madre Dilecta Sangrán y las novicias
Ana María Poves, Carmen Quijano, María de la Caridad
Palanca y Margarita Torrubia.
Se embarcaron, aun sabiendo que el barco gemelo “Cabo
de Hornos” se había hundido unos quince días antes,
chocando con una mina. Ese peligro, y el de la posibilidad
de encontrarse con naves de guerra, obligaron al “Cabo

78
de Buena Esperanza” a tomar una ruta más larga, hasta
Venezuela, para proseguir a Buenos Aires, siempre
bordeando la costa. En el barco, Nazaria y sus religiosas
se dedicaron a la labor catequística de niños y adultos,
en su mayoría inmigrantes. Viajando en tercera clase,
conforme a su costumbre, participaron así de las
incomodidades de los más pobres.
Última enfermedad y muerte.- después de un viaje
penoso, llegó la Madre Nazaria a Buenos Aires el 4
de noviembre. Su estado de salud se había agravado
notablemente. No obstante, quiso viajar a Bolivia. Las
madres ya tenían previsto un plan de viaje, lo más suave
posible, de Buenos Aires a Yacuiba, y de ahí por etapas
a Santa Cruz y Cochabamba. Contaban con la ayuda del
Embajador de Bolivia en la Argentina, Adolfo Costa du
Rels, dispuesto a pedir la colaboración necesaria de las
diferentes autoridades. Pero dada la enérgica oposición
de los médicos, Nazaria desistió de su proyecto.
En enero de 1943 hizo los Ejercicios de San Ignacio en
la casa de los jesuitas de San Miguel, cerca de Buenos
Aires. Como de costumbre, anotó los pensamientos que
se le iban ocurriendo a lo largo de las meditaciones. Muy
al comienzo escribió: “¿Habrá llegado la hora de Dios?.
Físicamente me ahogaba el corazón. No me cabía en el
pecho”. En la meditación sobre la muerte escribió: “Señor,
acepta mi vida, poquito a poquito…, o toda de una vez ad
maiorem Dei gloriam”. Al recordar las gracias recibidas
en la meditación del reino anotó: “Me arrojé a los pies del

79
Divino Rey y me ofrecí de todo a su servicio. El debía crecer y
yo menguar…, desaparecer. Cuando quieras y como quieras,
Señor y Dios mío. Sólo quiero ser la ceniza del holocausto,
que por tu gloria he ofrecido, a ti y por ti, a tu Iglesia Santa”.
Al hacer sus propósitos de renovación de vida, escribió:
“Ocultaré bajo la más suave y alegre expresión los internos
sacrificios que Dios me pide a cada instante48”. Anotó sus
faltas para leerlas todos los sábados a la hora del examen.
En febrero, ya muy enferma, visitó la casa de
Montevideo. Parecía presentir que se acercaba ya los
últimos momentos de su vida. En la casa de Buenos
Aires, el Jueves Santo, como despidiéndose de sus hijas,
les abrió su alma. Les contó entonces que en otro Jueves
Santo, ya lejano, en 1906, había sentido una fuerte
inclinación a la vida de apostolado, primer germen de
su vocación misionera. Agravándose la enfermedad, fue
internada el 14 de mayo en el Hospital Rivadavia. Los
médicos, además de su mal del corazón, diagnosticaron
pulmonía. El día 12 de junio, a las ocho y media de la
mañana, recibió los últimos sacramentos. Nazaria los
recibió con todo fervor y pidió a las religiosas que la
rodeaban, que la ofrecieran como hostia de sacrificio a
la voluntad de Dios, por los sacerdotes, la Iglesia y las
almas. Pidió perdón a todas y manifestó que perdonaba
cualquier ofensa recibida.

48 (Positio II, cap. X, pp. 384-389).

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Varias religiosas bolivianas llegaron a Buenos Aires. La
Provincial de Bolivia, Victoria Vallejos, escribió el 26 de
junio a las casas de Bolivia: “Es un ejemplo viviente para
nosotras en su enfermedad. Todo es hablar del Señor. Ofrece
sus dolores por la Iglesia y por las almas49”.
Un día, al salir de un estado prolongado de sopor, dijo:
“He estado en el cielo. No se puede explicar lo que he
visto50”. A lo largo de su enfermedad, dijo varias veces a
sus religiosas: “Estén unidas”. En medio de sus dolores,
Nazaria se acordaba constantemente de Bolivia. Oruro
era su ciudad. No podía olvidarla. Varias veces manifestó
su deseo de regresar allá. Si fuera imposible en vida, pidió
ser enterrada allí.
En la madrugada del 6 de julio de 1943 entró en agonía.
A las 11 de la mañana hizo un esfuerzo y se incorporó
un poco. Miró a las religiosas que estaban arrodilladas
alrededor de su cama. Una bocanada de sangre asomó a
sus labios. Emitió un breve quejido y falleció.
Sus restos fueron velados durante dos días. El Cardenal
Copello, el Nuncio, muchos sacerdotes, religiosos y
fieles pasaron por la capilla ardiente, en procesión
ininterrumpida. Niños, personas mayores, tocaban su
cuerpo con sus rosarios o la besaban en la frente. El 8 de
julio, terminado el funeral, sus restos fueron llevados al
Cementerio de Chacarita, al mausoleo de las Esclavas del
Sagrado Corazón de Jesús.

49 (Positio II, cap. X, p. 391).


50 (Positio II, cao. X, p. 380).

81
El tercer capítulo general del instituto se celebró en
Buenos Aires dos meses más tarde, el 24 de septiembre
de 1943. Fueron elegidas, Superiora General la Madre
Victoria Vallejos, Vicaria General la Madre Dilecta
Sangrán, y Consejeras las Madres Clemencia Salinas,
Inés Camacho y María Pía Salvador (María Teresa). La
obra iniciada por Nazaria seguiría adelante. El 9 de
junio de 1957 los restos de la Madre Nazaria fueron
trasladados a la casa de Buenos Aires, y el 18 de junio
de 1972 a la Casa Matriz de Oruro, conforme a su
voluntad.
Proceso de Beatificación de la Sierva de Dios.- el
6 de septiembre de 1966 se realizó la primera sesión
del proceso bajo la presidencia del Exmo. Sr. Antonio
Cardenal Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires. En ella
prestaron juramento los miembros del Tribunal.
Se realizaron cinco procesos rogatoriales en Uruguay,
Bolivia, España y Guatemala, entre los años 1967 a
1972, siendo 45 testigos “de vista” (que conocieron
personalmente a la Sierva de Dios), los que presentaron
su declaración.
El 1° de septiembre de 1988 san Juan Pablo II, proclamó
a la sierva de Dios como “Venerable” es decir, reconoció
públicamente “la heroicidad de su vida y virtudes”.
El 3 de octubre de 1991, médicos, teólogos y Cardenales
con el V° B° de san Juan Pablo II, reconocen que el milagro

82
presentado en la causa de la M. Nazaria Ignacia, ha sido
en verdad, debido a una directa intervención de Dios.
El 7 de marzo de 1992, S.S. san Juan Pablo II firma el
Decreto de Beatificación de la Sierva de Dios Nazaria
Ignacia, y hace el anuncio oficial a toda la Iglesia por
medio del L’Osservatore Romano.
Su beatificación se realizó en Roma el día 27 de
septiembre de 1992.
La canonización se realizó en Roma, el día 14 de octubre,
de 2018 por su Santidad Francisco.

¡A Mayor Gloria de Dios!


Tercera Edición - Corregida

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