CUIDA TU IGLESIA
1. Dios desea intensamente que experimentemos la unidad y armonía unos con otros.
2. La unidad es el alma de la comunión. Destrúyela, y arrancarás el corazón del cuerpo de
Cristo.
La Dios mismo es el ejemplo supremo del amor sacrificado, de la humilde consideración hacia los
demás y de la armonía perfecta.
Al igual que todo padre, nuestro Padre celestial se regocija viendo cómo sus hijos se llevan bien
entre sí.
idad. Esto era lo que predominaba en su mente durante esas horas de agonía, lo cual demuestra
cuán importante es este asunto.
3. Nada en la tierra es más valioso para Dios que su iglesia. Él pagó el precio más alto por ella,
y quiere que la protejamos, sobre todo del daño devastador que causan la división, el
conflicto y la falta de armonía. Si formas parte de la familia de Dios, es tu responsabilidad
proteger la unidad donde te congregas en comunión.
5. ¿Cómo podemos hacerlo?
La Palabra de Dios nos da consejos prácticos:
7. Enfoquémonos en lo que tenemos en común, no en las diferencias.
. Estos son los asuntos en los que debemos enfocarnos, no en nuestras diferencias personales.
Debemos recordar que fue Dios quien nos escogió para darnos personalidades, trasfondos, razas y
preferencias diferentes, de modo que podamos valorar y disfrutar esas diferencias, no meramente
tolerarlas.
Dios quiere unidad, no uniformidad.
¿Qué es la uniformidad en la Biblia?
ón. En los aspectos religiosos no es conveniente confundir la uniformidad con la unidad.
Y por causa de la unidad nunca debemos permitir que las diferencias nos dividan. Debemos
permanecer concentrados en lo que más importa: aprender a amarnos como Cristo nos amó, y
cumplir los cinco propósitos de Dios para cada uno de nosotros y para su iglesia.
La división siempre surge cuando dirigimos la mirada hacia las personalidades, las preferencias, las
interpretaciones, los estilos o los métodos. Pero si nos concentramos en amarnos y en cumplir los
propósitos de Dios, el resultado es la armonía.
“Que haya verdadera armonía para que no surjan divisiones en la iglesia. Les suplico que tengan la
misma mente, que estén unidos en un mismo pensamiento y propósito”. Pablo
7. Sé realista con respecto a tus expectativas
En cuanto descubrimos cómo quiere Dios que sea la verdadera comunión, es fácil desanimarnos
por la diferencia entre lo ideal y la realidad en nuestra iglesia.
IDEAL VS REALIDAD en la iglesia
Sin embargo, debemos amar a la iglesia con pasión pese a sus imperfecciones.
Anhelar lo ideal mientras criticamos lo real es señal de inmadurez. Por otro lado, si uno se
conforma con la realidad sin esforzarse por alcanzar lo ideal es señal de complacencia. La madurez
consiste en vivir con esta tensión.
Habrá creyentes que sí te defraudarán y te decepcionarán, pero eso no es ninguna excusa para no
tener comunión con ellos. Ellos son tu familia, aun cuando no actúen como tal; simplemente no
puedes abandonarlos. En cambio, Dios nos dice: “Tengan paciencia unos con otros, siendo
indulgentes con las fallas de los demás por su amor”.
Las personas se desilusionan con la iglesia por muchas razones entendibles. La lista podría ser
bastante larga: conflictos, heridas, hipocresía, negligencia, mezquindad, legalismo y otros
[Link] lugar de asustarnos y sorprendernos, debemos recordar que la iglesia está formada
por pecadores de carne y hueso, incluyéndonos a nosotros mismos.
Nos lastimamos unos a otros, a veces en forma intencional y otras veces sin mala intención,
porque somos pecadores. Pero en vez de abandonar la iglesia, necesitamos quedarnos para
resolver el asunto si esto es de alguna manera posible. La reconciliación, no la evasión, es el
camino a un carácter más fuerte y a una comunión más profunda.
Si te divorcias de tu iglesia a la primera señal de decepción, eso es señal de inmadurez. Dios tiene
cosas que quiere enseñarte, y a los demás también. Además, es imposible huir hasta encontrar la
iglesia perfecta, porque no existe. Todas las iglesias tienen sus propias debilidades y problemas.
Pronto volverás a sentirte decepcionado.
Cuando más pronto dejamos la ilusión de que una iglesia debe ser perfecta para amarla, más
pronto dejaremos de fingir y empezaremos a admitir que todos somos imperfectos y necesitamos
de la gracia de Dios. Este es el comienzo de la verdadera comunidad.
“No es necesario que se presente ninguna persona perfecta. Este lugar es solamente para los que
admiten que son pecadores, que necesitan de la gracia divina y que quieren crecer”.
Bonhoffer señaló: “Aquel que ama más su sueño de una comunidad cristiana que a la comunidad
en sí misma, se convierte en destructor de toda ella... Si no damos gracias diariamente por la
fraternidad cristiana en la que nos desenvolvemos, aun allí donde no hay grandes experiencias ni
riqueza evidente hay mucha debilidad, fe vacilante y dificultades; si en lugar de ello nunca
hacemos otra cosa que quejarnos ante Dios por ser todo tan miserable, tan mezquino, tan poco de
acuerdo con lo que hemos esperado... entonces le impedimos a Dios hacer crecer nuestra
comunidad de acuerdo con la medida y riqueza que nos espera a todos en Jesucristo”.
8. Decídete a animar más que a criticar.
Siempre es más fácil eludir el compromiso y hacerse a un lado para disparar dardos contra los que
trabajan, que participar y hacer una contribución. Dios nos advierte una y otra vez que no
debemos criticarnos, compararnos ni juzgarnos unos a otros.
¿Qué derecho tienes a criticar a los siervos de otro? Sólo su Señor puede decidir si están haciendo
lo correcto”
Pablo agrega que no debemos juzgar o despreciar a otros creyentes cuyas convicciones son
diferentes a las nuestras: “¿Por qué criticas las acciones de tu hermano, por qué intentas
empequeñecerlo? Todos seremos juzgados un día, no por las normas de otros, ni siquiera por las
nuestras, sino por el juicio de Dios”.
9. Un espíritu de censura es un vicio costoso.
Cuando juzgo a otro creyente, pasan cuatro cosas al instante: pierdo mi comunión con Dios, saco a
relucir mi propio orgullo e inseguridad, me coloco bajo el juicio de dios y daño la comunión de la
iglesia.
La Biblia llama a Satanás “el acusador de nuestros hermanos”
El trabajo del diablo consiste en culpar, quejarse y criticar a los miembros de la familia de Dios.
Todo el tiempo que pasamos haciendo lo mismo, es porque hemos sido embaucados y estamos
haciendo el trabajo por Satanás.
10. Recuerda que los otros cristianos, no importa cuánto discrepes de ellos, no son el
verdadero enemigo.
Todo el tiempo que pasamos comparando o criticando a los otros hermanos debería ser utilizado
para construir la unidad de nuestra comunidad.
La Escritura dice: “Pongámonos de acuerdo en usar toda nuestra energía para llevarnos bien entre
nosotros. Ayuden a los demás con palabras alentadoras; no los derrumben con la crítica”
Niégate a escuchar chismes.
Chismear es divulgar una información cuando uno no es parte del problema ni de la solución.
Tú sabes que chismear está mal, pero tampoco debes escucharlos, si es que quieres proteger tu
iglesia.
Escuchar los chismes es como aceptar algo robado, y te convierte también en culpable del delito.
Las personas que te cuentan chismes también rumorean acerca de ti.
Dios te llama alborotador.14 “Los alborotadores escuchan a los alborotadores”.
Pablo advirtió acerca de los “cristianos caníbales” que se “devoran unos a otros” y destruyen la
comunión
Salomón señaló: “Sin combustible se apaga el fuego, y las tensiones desaparecen cuando se
acaban los chismes”
11. Practica el método de Dios para solucionar conflictos
“Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu
hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que todo asunto se resuelva mediante el
testimonio de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia”
Durante los conflictos, serás tentado a quejarte con un tercero en lugar de hablar con valentía la
verdad y amor con la persona con quien te disgustaste. Esto hace que el asunto se torne peor. En
vez de eso, deberías ir directamente con la persona involucrada.
El enfrentamiento en privado siempre es el primer paso, y debes darlo tan pronto como te sea
posible. Si entre los dos no son capaces de resolver las cosas, el paso siguiente es pedir la ayuda de
uno o dos testigos para confirmar el problema e intentar restablecer la relación. ¿Qué deberíamos
hacer si la persona persiste en su obstinación? Jesús dice que debemos plantear el problema ante
la iglesia. Si la persona todavía se niega a escuchar después de eso, deberemos tratarla como a una
incrédula.
12. Apoya a tu pastor y a los líderes
No hay líderes perfectos, pero Dios les da la responsabilidad y la autoridad para mantener la
unidad de la iglesia. Pero cuando hay conflictos interpersonales que resolver, eso es un trabajo
ingrato. A menudo los pastores tienen la desagradable tarea de actuar como mediadores entre
miembros heridos, que tienen conflictos o que son inmaduros.
También tienen la tarea imposible de intentar que todos estén contentos, ¡algo que ni siquiera
Jesús pudo lograr”
“Respondan a sus líderes pastorales. Escuchen su consejo. Ellos están alertas a la condición de sus
vidas, y obra bajo la supervisión estricta de Dios. Contribuyan al gozo de su liderazgo”.
“Honren a los líderes que trabajan tanto por ustedes, que han recibido la responsabilidad de
exhortarlos y guiarlos en la obediencia. ¡Cólmenlos de aprecio y amor!”.
“Ellos cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas”.
Evitar las discusiones
enseñar con delicadez a los que se oponen mientras oran para que cambien
advertir a los contenciosos
rogar porque haya armonía y unidad
reprender a los que son irrespetuosos con los líderes
destituir a los que causan divisiones en la iglesia si hacen caso omiso de dos amonestaciones
En la comunidad aprendemos a decir “nosotros” en lugar de “yo”, y “nuestro” en vez de “mío”.
Dios dice:” No piensen sólo en su propio bien. Piensen en los otros cristianos y en lo que es mejor
para ellos”.
Iglesia de Saddleback
En los últimos siete años, la iglesia ha bautizado a más de 9.100 creyentes nuevos.
La verdad es que todos necesitamos y queremos que nos amen, y cuando las personas hallan una
congregación donde los miembros se aman y se preocupan auténticamente los unos por los otros,
habría que cerrar las puertas con llave para que no entren más.