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L Hombre Y La Sociedad Desde El Marxismo: Luis Felipe Buelvas Rico

El documento resume la concepción marxista del hombre y la sociedad. Según Marx, el marxismo es la primera ideología que pone al hombre como objeto principal de estudio, al analizarlo no como un individuo aislado sino en sus relaciones sociales e históricas. El marxismo supera las concepciones metafísicas y abstractas del hombre que dominaron en épocas anteriores, al estudiar al hombre de manera materialista e histórica, enfocándose en satisfacer sus necesidades materiales y entender cómo estas cambian a través del tiempo.

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  • libertad,
  • humanismo,
  • transformación social,
  • igualdad,
  • sociedad,
  • práctica social,
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  • educación,
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L Hombre Y La Sociedad Desde El Marxismo: Luis Felipe Buelvas Rico

El documento resume la concepción marxista del hombre y la sociedad. Según Marx, el marxismo es la primera ideología que pone al hombre como objeto principal de estudio, al analizarlo no como un individuo aislado sino en sus relaciones sociales e históricas. El marxismo supera las concepciones metafísicas y abstractas del hombre que dominaron en épocas anteriores, al estudiar al hombre de manera materialista e histórica, enfocándose en satisfacer sus necesidades materiales y entender cómo estas cambian a través del tiempo.

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Revista Estudiantil de Filosofía

E L HOMBRE Y LA SOCIEDAD DESDE EL


MARXISMO*

Luis Felipe Buelvas Rico**


Resumen

Mi trabajo investigativo, basado principalmente en el libro Visión marxista del hombre


del intelectual, sociólogo e historiador colombiano José Fernando Ocampo, expondrá
diversas posiciones sobre la concepción del ser humano, especialmente, la marxista,
por ser una visión integralmente revolucionaria, que supera antiguas concepciones
que tratan de un hombre abstracto, vacío, sin práctica social ni concreta. Para analizar
al individuo, debemos estudiar sus relaciones sociales. Con este fin, dividiré mi ponen-
cia en los siguientes momentos: La superación del concepto metafísico del hombre¸
La superación del concepto idealista del hombre y Las clases sociales. De esta ma-
nera, iniciaremos un viaje filosófico en los mares del pensamiento marxista, que nos
ayudará a comprender que el marxismo no es una simple teoría, sino una guía para la
transformación estructural de la sociedad. Esto hace de Marx un pensador único: uno
de los hombres que más ha influido en la historia de la humanidad.

Palabras clave: hombre, idealismo, marxismo, materialismo, metafísica.

E l marxismo es la ideología de la clase más avanzada de la sociedad, es decir,


del proletariado. La filosofía escolástica, por su parte, fue la ideología domi-
nante de la sociedad esclavista, la ideología de la clase de los patricios. Mientras
que la teología cristiana de la Edad Media se configuró como la ideología de los
señores feudales, esto es, de los terratenientes y de la aristocracia, la burgue-
sía capitalista constituyó su propia ideología en la filosofía individualista, sea
materialista o idealista, y tiene su derivación básica en las llamadas ciencias
sociales: la economía, la sociología, la psicología y la antropología (Ocampo,
1974:11).

___________
*Texto Presentado en el XV Foro Interno de Filosofía “Alonso Corrales”
**Estudiante de Filosofía, Universidad de Cartagena. Integrante del Semillero de Investigación
CIVITAS.

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En cada una de estas etapas, que componen el desarrollo de la sociedad hu-


mana, la ideología correspondiente ha sido la de la clase social más avanzada
de la historia: la ideología de la sociedad esclavista es una representación de la
muerte de la economía natural, y la primera construcción sistemática de una
concepción del hombre. La aristocracia feudal representa la lucha del cristia-
nismo contra la esclavitud, y un “paso adelante” en el proceso de la liberación
histórica del hombre, particularmente con la conversión del esclavo en siervo.

Con el nacimiento de la burguesía capitalista, y su conquista del poder me-


diante diversas revoluciones, tal proceso de liberación da otro paso adelante, al
transformar a gran parte de la población en obreros. Aquí inicia una nueva eta-
pa de la historia, que, para Marx, pertenecerá al proletariado (Ocampo, 1974:
11-12).

Es una gran paradoja que, en tal proceso, el hombre como objeto principal de
la ciencia, ha sido un ausente. Ninguna de las ideologías dominantes en épocas
anteriores lo ha tenido verdaderamente como objeto primordial de su estudio
y de su transformación. Sólo el marxismo, en tanto respuesta a las condiciones
mismas de desarrollo de la historia, pone al hombre como tal. En las etapas
anteriores de la historia, han sido dos los objetos inmediatos de investigación y
análisis: el ser y la naturaleza. El estudio del hombre se ha subordinado a estas
dos temáticas (Ocampo, 1974:12).

Ahora bien, el objeto de la filosofía ha sido el ser. Así fue planteado por Aristó-
teles antes de Cristo, y así lo plantea nuevamente Heidegger en el siglo XX. El
hombre sería una parte de este estudio general: parte del “tiempo”, en oposi-
ción a la eternidad del “ser”. De esta manera, se convierte fácilmente la filosofía
en teología, manteniendo los principios de subordinación del tema del hombre
(Ocampo, 1974:12-13).

La instauración del dominio de las ciencias naturales, alrededor de las cuales


gira la filosofía, es una reacción contra la filosofía y la teología del “ser”. Este
predominio secular de la filosofía como ciencia fundamental le abrirá las puer-
tas a ciencias “concretas” como la sociología, la economía y otras que estudian
los fenómenos sociales e individuales con el mismo método de las ciencias na-
turales. El hombre ocuparía un lugar más importante, en tanto las ciencias na-
turales se enfrentan contra los dogmas de la teología y la interpretación bíblica
del mundo y de los fenómenos naturales (Ocampo, 1974:13).

Se debe, pues, volver a poner al hombre como núcleo del conocimiento y pun-
to de partida para analizar la realidad. No obstante, el estudio del hombre se

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subordina al de la naturaleza y a la metodología de las ciencias naturales. Asi-


mismo, el hombre es concebido como un individuo aislado, con privilegios en
el mundo, pero que, si desea vivir en sociedad, debe hacer un “pacto” con los
demás individuos para lograr la preservación de la paz. Esta concepción del
hombre es tan abstracta como la particularidad del “ser” o la criatura de Dios.
Las variaciones de Locke, Kant, Rousseau y otros, sobre la interpretación del
individuo, en nada afectan este hecho (Ocampo, 1974:14).

Ni la antropología, ni la sociología, ni la piscología, productos de la sociedad,


van más allá. Estas ciencias tienen como fin el estudio del hombre pero consi-
derado como abstracción individual, sujeto de todos los derechos, no obstante
su carácter social es problemático, no es un punto de partida, por lo cual se
somete a la reflexión teórica. Es posible, según tales pensadores, una persona
humana con todos los derechos como individuo, si bien padezca la más indigna
explotación (Ocampo, 1974:14).

El ejemplo de la igualdad es bastante ilustrativo. Para la filosofía escolástica de


Aristóteles, todos los hombres eran iguales, se definían como lo mismo: ani-
males racionales. Empero, la gran mayoría de los hombres de su época eran
esclavos, y existían diferentes clases sociales dentro de la población que era
considerada humana. En la Edad Media, todos los hombres eran iguales para
la teología y la filosofía, pero se justificaba la organización patriarcal de la fa-
milia, en la cual el padre recibía la autoridad de Dios, mientras la mujer tenía
el deber de supeditarse a su voluntad. La sociedad capitalista considera a los
hombres, en tanto “individuos aislados”, como iguales ante la ley positiva, pro-
ducto de la voluntad humana. Ahora bien, la filosofía escolástica antigua, la
filosofía y teología medievales y la filosofía individualista, afirman y niegan,
simultáneamente, la igualdad del hombre. Esta contradicción es un efecto de
la concepción abstracta del hombre y la supeditación a la que éste es asignado
(Ocampo, 1974:15-16).

Afortunadamente, por vez primera en la historia nace una ciencia del hombre,
cuyo método no es una “adaptación de la filosofía” ni una trasposición de las
ciencias naturales, sino que cumple las necesidades objetivas del desarrollo de
la sociedad, en la que predomina el carácter social de la producción de la vida
material del hombre: el marxismo, con la metodología del materialismo histó-
rico y dialéctico, es la única ciencia que logra descubrir e interpretar las leyes
rectoras del desarrollo de la sociedad. Así, el hombre es el objeto principal y
fundamental del estudio del marxismo, que, magistralmente, supera las ante-
riores filosofías, sociologías y economías, al afirmar que sin la solución de las
necesidades materiales del hombre, éste no puede desarrollar sus capacidades

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de pensamiento y de creatividad (Ocampo, 1974:16-17).

Al exponer el problema de esta manera, el marxismo, por un lado, elimina el


concepto abstracto del hombre al hacerlo, y, por otro, define al hombre no
como un ser individualista, sino como un conjunto que vive en sociedad y se
desarrolla en la historia. Esta concepción del hombre es materialista en tanto
se basa en la satisfacción de sus necesidades materiales, y también es histórica,
pues concibe a la sociedad humana en constante evolución (Ocampo, 1974:17).

1. La superación del concepto metafísico del hombre

El marxismo es la superación total de la metafísica. Según la visión metafísica


del hombre, éste posee una esencia, una naturaleza, lo cual define al hombre,
en sus aspectos fundamentales, como un ser inmutable. Tal visión está basada
en principios absolutistas, inmodificables, a los que debe adaptarse la organi-
zación social humana, supeditándose así los aspectos particulares de la historia
del hombre a los universales (Ocampo, 1974:19-20).

El marxismo supera esta concepción metafísica, al supeditar dichos aspectos


universales a los particulares. Por ejemplo, para el marxismo el aspecto funda-
mental no es que el hombre piense, sino qué piensa, cuál es el contenido de su
pensamiento (Ocampo, 1974: 20).

Contra la metafísica, el marxismo opone la dialéctica, que concibe la historia y


la realidad como esencialmente cambiables. Es decir, que las formas de socie-
dad no son inmutables; que la pobreza puede suprimirse; que la explotación
del hombre puede eliminarse; que la miseria y el hambre existen por condicio-
nes concretas históricas que pueden ser radicalmente transformadas.

El marxismo rechaza la esencia humana como algo inherente a cada hombre,


planteando que dicha esencia es producto del conjunto de sus relaciones socia-
les (Marx y Engels, 1976: 9), las cuales nacen en el proceso de producción de la
vida material. Sobre esta base, el marxismo concibe el conocimiento como un
proceso que inicia en la práctica y termina en la práctica. La máxima de Marx al
respecto es famosísima: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de di-
versos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (1976:10).

Si bien la metafísica acepta, en términos generales, la realidad externa como


determinante del conocimiento, no la concibe principalmente como práctica
de la producción, de la lucha de clases y de la experimentación científica. Para
el marxismo la realidad es, sobre todo, práctica social que, no sólo influye en el

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conocimiento del hombre, sino que éste, partiendo del tal conocimiento, debe
transformarla. Por estas dos razones, la práctica es el aspecto determinante del
proceso de conocimiento (1976: 9).

El marxismo supera la metafísica en tanto se convierte en guía para la transfor-


mación de la vida social del hombre. Para cumplir su meta, define la realidad
como un proceso en permanente movimiento y cambio. Engels manifestó que
“sólo siguiendo la senda dialéctica, no perdiendo jamás de vista las innumera-
bles acciones y reacciones generales del devenir y del perecer, de los cambios
de avance y de retroceso, llegamos a una concepción exacta del universo, de su
desarrollo y del desarrollo de la humanidad, así como de la imagen proyectada
por ese desarrollo en las cabezas de los hombres” (Marx y Engels, 1978: 137)

2. La superación del concepto idealista del hombre

El marxismo es la superación total del idealismo. El punto fundamental de la


concepción idealista del hombre, es que éste es, ante todo, pensamiento, espíri-
tu, idea, conciencia, valores. Esta concepción nace en el esfuerzo por distinguir
entre el hombre y el animal. Este tipo de idealismo exagera tanto que concibe
lo humano sólo como lo que diferencia al hombre del animal, excluyendo como
integrante del hombre lo que le es común con el animal, como la vida sexual.
Para San Agustín, por ejemplo, la sexualidad sólo se justificaba para conservar
la especie, y el placer era considerado algo pecaminoso (Ocampo, 1974: pág.
29-30).

Ahora bien, si el idealismo es dinámico y transformador, en tanto sí acepta


la dialéctica, oponiéndose a la metafísica, y, en cierto sentido, transforma la
realidad al construirla en su elaboración teórica sistemática, su dinamismo se
reduce a la evolución de las ideas, al cambio de las doctrinas, a la historia del
pensamiento, así como su transformación de la realidad no supera la teoría.
El marxismo, por el contrario, se propone transformar la forma como se ha
organizado la vida del hombre, forma de vida de la que nadie puede escapar.
Además, el dinamismo no es el dinamismo de la mente, sino de la evolución
histórica y natural de la cual la mente es un reflejo. Por eso, la dialéctica es la
dialéctica de la historia y de la naturaleza, así como lo que se debe transformar
principalmente es la historia y la naturaleza, y no la concepción de la historia y
de la naturaleza. Aquí vale la pena citar la crítica sarcástica y burlesca de Marx
a los filósofos idealistas alemanes:

Un hombre listo dio una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua
y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar de la idea de la grave-

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dad. Tan pronto como se quitasen esta idea de la cabeza, considerándola por
ejemplo como una idea nacida de la superstición, como una idea religiosa, que-
darían sustraídos al peligro de ahogarse. Ese hombre se pasó la vida luchando
contra la ilusión de la gravedad, de cuyas nocivas consecuencias le aportaban
nuevas y abundantes pruebas todas las estadísticas. Este hombre listo era el
prototipo de los nuevos filósofos revolucionarios alemanes. (Marx, 1974: 11-12)

El marxismo supera el idealismo al considerar a la realidad objetiva como prác-


tica social, cuyo aspecto fundamental es la producción de la vida material del
hombre, porque sin producción el hombre no puede vivir, y si no vive, el hom-
bre no existe.

Otro problema fundamental es el del origen de las ideas sociales, que, para
el marxismo, son un reflejo del desarrollo de la producción material. En este
sentido, el marxismo observa en las distintas épocas históricas una lucha de las
ideas viejas y las teorías retrógradas, con las ideas nuevas y las teorías avanza-
das de la sociedad. Las ideas revolucionarias nacen como una necesidad de la
vida material de la sociedad, sin embargo, al convertirse en una fuerza de las
masas, cumplen un papel poderosamente decisivo para derrocar a las fuerzas
que obstruyen el desarrollo del progreso y la emancipación del hombre. Marx
(2011) lo expresó claramente: “Así como la filosofía encuentra en el proleta-
riado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas
espirituales”.

La expresión popular del idealismo es la superstición, la religión, la magia, la


parasicología, las tradiciones ancestrales y demás formas que practican el pre-
dominio de la mente sobre la realidad material. Las ideas religiosas y mágicas
se convierten así en el opio del pueblo que lo adormece, haciéndole creer que
son más relevantes sus creencias que su progreso social y su bienestar mate-
rial. En su forma popular, el idealismo es sinónimo de resignación, impotencia,
renuncia y desilusión. El marxismo es todo lo contrario, pues es una guía para
la acción revolucionaria que, con la fuerza de un tornado, busca transformar
radicalmente la sociedad (Ocampo, 1974: pág. 37).

3. Las clases sociales

Para Marx (2009), “el hombre es, en el sentido más literal del término, un zóon
politikon, no solamente un animal social, sino un animal que sólo puede indi-
vidualizarse en sociedad”. El marxismo supera el individualismo abstracto, y
plantea la teoría de las clases sociales y de la lucha de clases.

Las clases sociales son determinadas por el puesto que cada hombre ocupa en

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la producción de la vida material. Por ello, las relaciones sociales de producción


se determinan por las fuerzas productivas.

La historia de la humanidad es, según Marx (Marx y Engels, 1975: 32), la histo-
ria de la lucha de clases, lucha que es la concretización de intereses económicos
que responden a la forma en la cual se están satisfaciendo las necesidades ma-
teriales básicas. Las clases sociales de una forma de producción se hallan en un
proceso permanente de evolución. Pero el punto más importante del análisis
realizado por Marx a las clases sociales es que éstas no han existido siempre,
sino que responden a condiciones concretas productivas, relacionadas con la
división del trabajo. En este sentido, el marxismo plantea que la única manera
de conseguir la emancipación humana es mediante la supresión de las clases
sociales, y poder vivir en una sociedad en la cual “el libre desenvolvimiento de
cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos” (1975: 61).

Finalizo este escrito con las siguientes palabras: el marxismo, en tanto guía
para la transformación del mundo, le hace un favor inmenso a la sociedad al
recordarle que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, que el pulpo de la explo-
tación propia del sistema imperante no es inmortal, que sus tentáculos pueden
ser destrozados mediante la organización, la resistencia y la lucha de quienes
en toda la faz de la tierra trabajan por una sociedad auténticamente democráti-
ca y un hombre realmente libre. Las capas tectónicas de la política mundial se
hallan en constante movimiento, lo cual me recuerda las palabras que en una
carta Marx le expresó a Ruge: “la situación desesperada de la época en que vi-
vimos me llena de esperanza”. Un mensaje claro para no descansar ni un solo
instante en la lucha, ¡para no perder la marea alta!

Referencias bibliográficas

Marx, C. y Engels, F. (1975). Manifiesto del Partido Comunista. Pekín: Edi-


torial del Pueblo.

Marx, C. y Engels, F. (1976). Obras escogidas (t. 1). Moscú: Editorial Pro-
greso.

Marx, C. y Engels, F. (1978). Obras escogidas (t. 3). Moscú: Editorial Pro-
greso.

Marx, K. (1974). La ideología alemana. Montevideo: Editorial Pueblos Uni-

Universidad de Cartagena - Facultad de Ciencias Humanas - Programa de Filosofía 79


spirales
Revista Estudiantil de Filosofía

dos.

Marx, K. (2009). Introducción general a la crítica de la economía política.


Recuperado de [Link]
logia/[Link] (21 de julio del 2013).

Marx, K. (2011). Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de


Hegel. Recuperado de [Link]
rich-Marx-1843-44-Critica-de-la-filosofia-del-derecho-de-Hegel-Zur-Kri-
tik-der-Hegelschen-Rechtsphilosophie (21 de julio del 2013).

Ocampo, J. (1974). Visión marxista del hombre. Bogotá: Fundación CIAS.

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