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Legado Cultural de Francisco de Miranda

El documento describe el papel pionero de Francisco de Miranda en la salvaguardia del patrimonio cultural venezolano. Miranda realizó extensos inventarios de la cultura venezolana a finales del siglo XVIII y principios del XIX que ayudaron a preservar importantes aspectos de la identidad nacional. Venezuela ha honrado su legado declarando el día de su nacimiento como el Día Nacional del Patrimonio Cultural.
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Legado Cultural de Francisco de Miranda

El documento describe el papel pionero de Francisco de Miranda en la salvaguardia del patrimonio cultural venezolano. Miranda realizó extensos inventarios de la cultura venezolana a finales del siglo XVIII y principios del XIX que ayudaron a preservar importantes aspectos de la identidad nacional. Venezuela ha honrado su legado declarando el día de su nacimiento como el Día Nacional del Patrimonio Cultural.
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I Jornadas de Investigación: Miranda y su obra

Francisco de Miranda: pionero de la salvaguardia del patrimonio venezolano

Yelitza Delvalle Roa Méndez

Hoy día en la República Bolivariana de Venezuela es habitual destacar la preponderante


actuación militar del Generalísimo Francisco de Miranda a favor de la emancipación de nuestro
territorio del dominio de la corona española, soslayando una de sus facetas más descollantes, la
cual hoy gracias a la institucionalidad se ha comenzado a vislumbrar en todos los niveles
educativos, pero a criterio de avezados intelectuales como Medina (2021) “aún falta hacer más”,
por ello a lo largo de este documento se identificará el vasto legado que este prominente
intelectual heredó a la naciente república en suelo nuestro americano, pese a las dificultades que
en su trayectoria vital confrontó, lo que lo hace sin lugar a dudas el pionero de la salvaguardia de
nuestro patrimonio cultural.
Estas inquietudes investigativas interesan a la autora, porque en Venezuela en el siglo XX, se
evidenció un proceso de descontextualización y banalización de los bienes culturales, pues el
concepto de patrimonio se asociaba sólo con exposiciones en los museos adquiriendo un carácter
de entretenimiento que desdice de la novedosa noción de puesta en uso social que hoy día se
promueve desde organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Esto obedece a que en París, en septiembre de 1972, los Estados miembros de la Unesco en su
décima séptima conferencia aprueban la Convención sobre la protección del patrimonio mundial,
cultural y natural para hacer frente a la inminente destrucción del patrimonio a escala
internacional, no sólo por las causas tradicionales de deterioro, sino también por la evolución de
la vida social y económica que las agrava con fenómenos de alteración o de destrucción aún más
temibles.
Al emprender los Estados signatarios de la Unesco acciones concretas para la interpretación de
los bienes patrimoniales de sus respectivos pueblos se introduce en el marco jurídico
internacional una serie de conceptos que constituyen los cimientos clave para normar esta
necesaria labor de salvaguardia. Es así como establecen en el Artículo 1° que a los efectos de esa
precitada Convención se considerará patrimonio cultural “obras arquitectónicas, de escultura o de
pintura, monumentales, estructuras de carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de
elementos, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del
arte o de la ciencia” y aparejado a ello se adosan constructos teóricos como la interpretación del
patrimonio cultural presentes en estos sitios (p. 1).
De los instrumentos de Naciones Unidas surge el concepto que enaltece la diversidad cultural y
reconoce el papel decisivo de las comunidades en la protección de su propio patrimonio. El
empleo de la palabra “salvaguardia” se vuelve cotidiano y también la frase “patrimonio
inmaterial” esto significa asegurar la transmisión y recreación continua de los usos,
representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y, en
algunos casos, los individuos, reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural.
Ese patrimonio incluye los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son
inherentes. Incluye también los procesos y las relaciones sociales que han servido de soporte para
el nacimiento, reproducción y enriquecimiento de esos elementos patrimoniales, por cierto, no
exentos esos procesos de tensiones y contradicciones que hay que investigar y hacer visibles, para
una mayor comprensión del patrimonio cultural como resultado de procesos vivos y dinámicos.
No puede pasarse por alto que el patrimonio cultural inmaterial es garante del desarrollo
I Jornadas de Investigación: Miranda y su obra

sostenible en las dimensiones económicas, sociales y ambientales. Es un medio de subsistencia y


resulta vital en la seguridad alimentaria, en la educación familiar, en la salud y en la resolución de
conflictos, mediante la capacidad de las comunidades para mantener la paz y la seguridad.
Es preciso hacer notar que aun cuando este texto legal es de reciente aprobación, se evidencia la
articulación de políticas públicas orientadas a la “construcción de una democracia cultural
participativa” en la que los administradores de los procesos de enseñanza aprendizaje al
plantearse los propósitos o intencionalidades educativas que gestionarán en sus comunidades
estudien, implementen y evalúen el resultado de las acciones orientadas a la salvaguardia del
patrimonio cultural inmaterial, por parte de las agrupaciones artísticas, investigadores y todos los
responsables de efectuar las pesquisas de patrimonio cultural en sus comunidades.
Esto se fundamenta en que en las dos primeras décadas del siglo XXI, el Estado venezolano en el
ámbito de políticas públicas conjuga una visión de justicia social, con el carácter estratégico de la
Educación Bolivariana para el desarrollo humano integral, sustentable, la soberanía nacional y la
construcción de una sociedad democrática y participativa, en la que es indispensable garantizar la
participación de toda la sociedad en la generación, transformación, difusión y aprovechamiento
creativo de los saberes y haceres de los actores de la comunidad que gestionan procesos de
enseñanza aprendizaje formal, no formal e informal.
En este contexto es interesante revisar la participación ciudadana, la cual presenta multiplicidad
de significados en función de las distintas perspectivas en que es utilizada, de allí que se ha
llegado a afirmar que la presencia de los ciudadanos en los asuntos públicos es una condición
necesaria para alcanzar la gobernabilidad democrática porque a medida que el ejercicio del poder
está más legitimado en la voluntad obtenida a través de un consenso social, mayores son las
posibilidades de viabilizar las aspiraciones de los diferentes sectores sociales, aquí cobran gran
importancia los inventarios como los que efectuaba en su tiempo Francisco de Miranda dado que:

Los inventarios de patrimonio cultural son una herramienta para identificar,


documentar y visibilizar los bienes y manifestaciones culturales propios de las
comunidades y colectividades, a su vez busca facilitar el conocimiento y la
apropiación social del patrimonio cultural de la Nación y contribuye a fortalecer la
capacidad social de gestión del patrimonio de las comunidades locales y a orientar la
toma de decisiones de política pública.

Según Medina (op. cit) esto amerita participar en rigurosos procesos de identificación,
documentación y valoración de los bienes culturales, por eso es tan relevante el aporte de
Miranda debido a sus extensas notas sobre la cultura de finales del siglo XVIII y principios del
XIX, de allí que este pionero de la salvaguardia de nuestro patrimonio cultural haya recibido dos
honores, los cuales son el “anexar su archivo al proyecto Memoria del Mundo, de la Unesco en el
año 2007, gracias a las labores de la Academia Nacional de la Historia, la Biblioteca Nacional y
otras instituciones venezolanas” y más allá el Gobierno de Venezuela en el año 2004 declaró el
28 de marzo, Natalicio de Francisco de Miranda, Día Nacional del Patrimonio Cultural, como una
manera de resaltar su invaluable aporte a la salvaguardia del patrimonio cultural de nuestro país.
En este proceso de interpretación de esta invaluable herencia cultural constituida por el territorio,
la gastronomía, el arte, los rituales festivos, las lenguas, los objetos de uso cotidiano y
ceremonial, entre otros elementos históricos distintivos de una nación, se evidencia el tránsito del
término de las raíces griegas pater monium desde planteamientos centrados en la propiedad
privada y en el disfrute individual hacia otros en los que se considera la faceta histórica y artística
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de los bienes que lo conforman, dando lugar al binomio de la cultura e identidad como insumo
fundamental para la construcción de la memoria histórica en las nuevas generaciones.
Esto obedece a que todo grupo humano y toda sociedad tiende a privilegiar un pequeño sector del
conjunto de sus bienes culturales, separándolo del resto y presentándolo como simbolizador por
excelencia de la totalidad de su cultura y, en última instancia, de su identidad, es lo que han
denominado “patrimonio cultural”, el cual aunque no representa toda la cultura del grupo, de una
región o de un país en estudio, es una selección valorizada de la misma que cohesiona sus valores
más entrañables y emblemáticos “fuertemente territorializados”.
En el caso venezolano a inicios del periodo republicano es de destacar el relevante papel del
Generalísimo Francisco de Miranda, signatario del Acta de Independencia en la conservación de
los documentos producidos por los líderes de la gesta emancipadora, labor a la que se sumó
posteriormente la Academia Nacional de la Historia, entre otras individualidades, las que, bajo la
figura de cronistas oficiales, coleccionistas, cultores populares han contribuido notoriamente a la
salvaguardia de buena parte de nuestro patrimonio cultural.
Para continuar esta misión emprendida por el Precursor de la Independencia de Venezuela en el
Siglo XIX se designa al Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), ente adscrito al Ministerio del
Poder Popular para la Cultura, encargado de orientar, dirigir y ejecutar las políticas de todas las
referencias simbólicas que por su contenido cultural son elementos fundamentales de nuestra
identidad nacional. Este organismo gubernamental fue creado en el año 1993 por la Ley de
Protección y Defensa del Patrimonio Cultural (Gaceta Oficial N° 4.623), el IPC asume la
responsabilidad de velar por el registro, interpretación y socialización del patrimonio cultural de
la nación, reconociéndolo como un arma potencialmente revolucionaria para el desarrollo de los
pueblos y la construcción del socialismo.
El objetivo de esta institución es reivindicar todas las obras, tradiciones y lugares creados por el
hombre o de origen natural que se encuentren en el territorio de la República Bolivariana de
Venezuela, a través de la participación de las comunidades y las instituciones, en lo que respecta
al conocimiento, protección y puesta en valor del patrimonio tangible e intangible.
De cara a los nuevos desafíos, el IPC asume hoy día la democratización, masificación y
desconcentración del patrimonio cultural. Basado en los principios filosóficos de la Carta Magna,
pretende satisfacer el derecho de todo ciudadano al disfrute responsable de los bienes culturales
del país.
Es por ello que previo a la exposición sobre los procesos de patrimonialización acaecidos en la
República Bolivariana de Venezuela, es necesario destacar la postura de Unesco sobre la noción
de patrimonio cultural inmaterial o “patrimonio vivo” pues a criterio de este organismo
internacional este concepto se refiere a “prácticas, expresiones, saberes o técnicas transmitidos
por las comunidades de generación en generación” esto implica que el horizonte de tiempo data
de unos quinientos años como mínimo si se considera el primer choque cultural y más de veinte
mil si se estudian los vestigios de los saberes de los primeros pobladores del Abya Yala.
Como se afirmará luego de enumerar los hitos que han marcado el proceso de patrimonialización
de los bienes culturales que posee la República Bolivariana de Venezuela, bien pudiera
catalogarse de un afán reduccionista, sin embargo a fines de precisar aspectos temporo espaciales
del evento en estudio debe reseñarse que en el año 1948 el poeta Juan Liscano promovió con
motivo de la toma de posesión de la Presidencia de la República por parte del novelista Rómulo
Gallegos la realización de la Fiesta de la Tradición, celebración sin precedentes en la historia de
la salvaguarda del patrimonio cultural de nuestro país porque permitió visibilizar una mínima
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parte de las manifestaciones que se daban en ese momento en las diversas regiones culturales del
territorio nacional.
En 1966, el connotado ensayista merideño, Mariano Picón Salas lidera la consolidación del
Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba) posteriormente el Ejecutivo nacional
designa a la señora Gloria Stolk como representante de nuestro país en la Primera Conferencia
Intergubernamental sobre los Aspectos Institucionales, Administrativos y Financieros de las
Políticas Culturales impulsada por la Unesco en 1970, en la ciudad de Venecia.
La aprobación de los acuerdos arriba mencionados por parte de los poderes públicos del Estado
venezolano condujo a la promulgación de la Ley de Cultura por parte del Congreso el 29 de
agosto de 1975, acto que derivó en la creación del Consejo Nacional de la Cultura en ese mismo
año, este ente gubernamental adscrito a la Secretaría de la Presidencia de la República gestionó
durante tres décadas todo lo concerniente al diseño, ejecución, seguimiento y control de las
políticas públicas del Estado venezolano en el sector de la cultura, para ello contó con el concurso
de connotados especialistas que entendieron la necesidad de potenciar las diversas expresiones
culturales del país.
Durante la gestión presidencial del historiador Ramón J. Velásquez se dio la promulgación de la
Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural en la Gaceta Oficial N° 4.623 de fecha
03/09/1993; labor complementada por el especialista en Derecho Rafael Caldera quien en su
segundo período como Presidente de la República de Venezuela emitió el Decreto N°384 de
fecha 12 de octubre de 1994, en el cual se norma la estructura y el funcionamiento del Instituto de
Patrimonio Cultural.
Mención especial amerita la especificidad de las políticas culturales expuestas por el Conac en el
Plan de Cultura 2002 – 2007 pues la cultura es concebida “en un sentido integral y acorde con los
principios y derechos universales como la libertad de creación, la democracia cultural, el respeto
a la pluralidad y diversidad cultural, al fortalecimiento de las dinámicas culturales propias de las
comunidades y la construcción de la ciudadanía” el cual tuvo gran acogida pues representa una
vía expedita para materializar la participación protagónica de la ciudadanía en acciones concretas
de salvaguardia patrimonial.
En el 2005 se crea el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, órgano del Ejecutivo Nacional
que tiene la misión de generar y proyectar los lineamientos y las políticas culturales del Estado
que coadyuven al Desarrollo Humano de manera integral, a la preservación y conocimiento del
Patrimonio Cultural tangible e intangible de la nación, y el fomento y potenciación de las
Expresiones Culturales del país, como elementos sustantivos y determinantes para el salvaguarda
de la memoria, el patrimonio cultural y la profundización del sentido de identidad nacional, como
expresiones del ideario de una vida digna e íntegra.
Posteriormente en el Acto N° 003/05 de fecha 20 de febrero de 2005 del Instituto de Patrimonio
Cultural, se declara Bien de Interés Cultural a todos los incluidos en el I Censo de Patrimonio
efectuado por este ente gubernamental en alianza con los voceros de las comunidades y
representantes de las instituciones educativas y culturales diseminadas a lo largo y ancho del
territorio nacional.
Actualmente todo el accionar de salvaguardia de nuestro acervo cultural por parte del Instituto de
Patrimonio Cultural fue asumido por el Sistema de Registro de Patrimonio Cultural, el cual
cuenta con un equipo de profesionales que disponen de la más alta tecnología en lo que respecta a
sistemas de información, el mismo está basado completamente Software Libre, cumpliendo así
con el Decreto Nro. 3.390 del 23-12-2004, publicado en la Gaceta Oficial N 38.095 de fecha 28-
12-2004.
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Este sistema incluye de manera organizada y centralizada “los registros patrimoniales sobre
bienes, elementos, manifestaciones, portadores” que estaban dispersos en otras instituciones, así
como algunos bienes que nunca fueron incorporados en ningún censo de patrimonio cultural
efectuado con anterioridad en nuestro país y lo mejor de todo es que sigue abierto y luego de
cumplir con los procedimientos indicados en el enlace del RPC Venezuela | Registro del
Patrimonio Cultural Venezolano | Instituto de Patrimonio Cultural ([Link]) pues a
partir de la publicación de la providencia administrativa que establece la naturaleza y la vigencia
legal del RPC-Venezuela, este sistema de registro patrimonial se constituyó en la referencia
obligada para todos los trámites que se relacionen con el patrimonio cultural en nuestro país. Esto
aplica incluso a “los bienes paleontológicos y arqueológicos venezolanos de cualquier época, que
por definición son bienes de interés cultural y propiedad de la Nación, aunque se hallen en
custodia de particulares u otras instituciones del Estado” deben inscribirse en el RPC-Venezuela
y podrán continuar en manos de sus custodios actuales o futuros, de acuerdo a las condiciones y
modalidades establecidas por el Instituto del Patrimonio Cultural.
En la exposición de motivos de la Ley para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial
(2021) se destaca como Simón Bolívar califica como “una inspiración eminentemente benéfica”,
nuestra diversidad de origen, dado que a su criterio se requiere un pulso infinitamente firme, un
tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea “cuyo complicado artificio
se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración” ideas del padre fundador
expresadas en su célebre Discurso de Angostura, el 15 de febrero de 1819, las cuales inspirarían
el contenido de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Así a manera de cierre, puede afirmarse que en nuestro país, el proceso de salvaguardia del
patrimonio cultural inmaterial estuvo en el siglo XX marcado por un hacer enclaustrado en el
ámbito museístico, dado que por su novedad era regido por convenciones internacionales
impulsadas por la Unesco, suscritas por las autoridades venezolanas, pero con la llegada de la
Revolución Bolivariana, instituciones gubernamentales responsables de esta labor, se atreven a
pintarse de pueblo y sin temor alguno comienzan a visibilizar en su territorio de influencia el
legado mirandino, consolidándose en las primeras décadas del siglo XXI “un movimiento de
movimientos, que tiene una etapa culminante con la organización de Consejos Comunitarios para
la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y la Diversidad, agrupados a la vez, en Redes
Estadales para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial” tal y como se expresa en el
preámbulo de este texto legal que recoge la visión de intelectuales pioneros como Francisco de
Miranda.
Referencias
Medina Landaeta, J. L. (2021). De Francisco de Miranda y demás Reflexiones Breves Sobre la
Cultura. Metrópolis | Revista De Estudios Universitarios Globales, 2(2), 27-50.
Recuperado a partir de [Link]
Ministerio de Cultura de Colombia (2013). Programa Nacional de Inventario del Patrimonio
Cultural. Procedimientos de inventario del patrimonio cultural y declaratoria de bienes de
interés cultural.
Ley para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. (2021). Gaceta Oficial
Extraordinaria N° 6.652.
Unesco (1972). Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural.
Recuperado a partir de Convention concerning the Protection of the World Cultural and
I Jornadas de Investigación: Miranda y su obra

Natural Heritage, adopted by the General Conference at its 17th session, Paris, 16
November 1972 - UNESCO Biblioteca Digital

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