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El documento resume cuatro crímenes descritos en la novela "Cuatro crímenes, cuatro poderes" donde los culpables no pudieron ser condenados debido a su influencia con el poder. El primer crimen involucra el asesinato de Lesbia Biaggi posiblemente cometido por su hermano, un sacerdote católico. El segundo crimen describe el asesinato de Decia Morelia Paradisi de Rivero por su esposo, un capitán militar. El tercer crimen trata sobre la muerte de Hilda Margarita Hernández por una
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El documento resume cuatro crímenes descritos en la novela "Cuatro crímenes, cuatro poderes" donde los culpables no pudieron ser condenados debido a su influencia con el poder. El primer crimen involucra el asesinato de Lesbia Biaggi posiblemente cometido por su hermano, un sacerdote católico. El segundo crimen describe el asesinato de Decia Morelia Paradisi de Rivero por su esposo, un capitán militar. El tercer crimen trata sobre la muerte de Hilda Margarita Hernández por una
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Cuatro crímenes cuatro poderes Considerado un bestseller de la literatura negra en

Venezuela,   escrito por el comisario de la Policía Técnica Judicial Fermín Mármol


León (Caracas, 1936-2011), fue publicado por Editorial Fuentes en Caracas en 1978
y en seis meses se agotaron tres ediciones con un total de 50.000 ejemplares
vendidos. 
Catalogado por su autor como una novela que se basa en hechos reales, realiza un
recuento de cuatro casos criminales y la imposibilidad de condenar a los culpables
dadas sus relaciones con el poder. La obra pone en evidencia los manejos y la
corrupción de los tribunales presentando no solo las descripciones de la
investigación, sino además la psicología de los culpables y las dimensiones sociales
y humanas de los crímenes. 

El poder religioso: el asesinato de Lesbia Biaggi.

El primer crimen es el del Lesbia Biaggi, en la novela Lídice Cuzati, la hermana de un


sacerdote católico, Luis Ramón  Biaggi, en la novela Pedro Luis Cuzati, que fue encontrada
muerta en su habitación, en la casa en la que vivía junto a su madre, su hermano y un menor. 

En la madrugada del domingo 15 de octubre de 1961 fue asesinada Lesbia Biaggi de cuatro
puñaladas, aunque una certera que le atravesó su tórax fue la que la mató, tiñendo de sangre
las sábanas de su cama y falleciendo por un shock hipovolémico. No está claro si el asesino
movió el cuerpo de la cama dejándolo caer al suelo o la víctima agonizante trató de huir
cayendo al suelo. 

Luego de haber ido a un bautizo el día sábado 14 de octubre, a la mañana siguiente el


sacerdote salió a las 6:20am para oficiar una misa misa e la iglesia de Santa Ana a seis
kilómetros de Vista Hermosa que era el lugar de la casa de habitación de la la familia. Unos
vecinos, el matrimonio Silva, lo vieron salir, muy nervioso y sosteniendo algo en sus manos,
arrancó el coche y casi lo estrella, lo que le pareció extraño a los vecinos, luego el cura diría
en el sumario que estaba nervioso porque iba retrasado para la misa. 

A los cinco minutos de haberse marchado se escuchan unos gritos en la casa, son de la madre,
que desesperada pida ayuda por la hija muerta. Al entrar en la casa los vecinos ven a la madre
con el cadáver de su hija semidesnuda, y la cama y el piso manchados de sangre. Hay huellas
de manos ensangrentadas en la pared, una colilla de cigarrillo y la marca de un pie descalzo
en el suelo. 

Un maestro de escuela y vecino de los Biaggi, Félix Rodríguez, sale para la iglesia de Santa
Ana para avisarle al sacerdote. Al llegar la misa ya se había terminado y el cura estaba
hablando con los feligreses que habían asistido sobre las reparaciones que había que hacer en
la iglesia. El padre Biaggi al verlo le extraño y el maestro le hizo una señal que se acercará. 

En la conversación que tiene lugar entre ambos empiezan las sospechas, ya que el maestro
Rodríguez le dice que tiene que ir urgente a su casa porque ha ocurrido una tragedia. A lo que
el cura Biaggi responde de inmediato ¡Que le pasó a mi hermana! sin que hasta ese momento
le dijeran que había ocurrido, "está muerta" fue la respuesta.

El padre Biaggi se puso nervioso y sollozo por lo que el maestro Félix se ofreció a manejar,
pero en lugar de ir directamente a la casa el cura le dijo que fueran primero al palacio
Arzobispal para hablar con monseñor Juan José Bernal, pero no lo consiguieron porque
estaba fuera de la ciudad. Luego, en lugar de ir a la casa, le pide al maestro que conduzca
hasta la clínica García Parra para buscar a un médico, algo ilógico, como queriendo en ambas
peticiones de retrasar su llegada a la casa. En la clínica consiguen al Dr. Grille que acababa
de terminar su guardia. 

Al llegar a la casa se consiguieron con una multitud de gente, vecinos, policías, forenses. De
más está decir, que en un clima así la escena del crimen se altera con facilidad. 

A los pocos días ya el sacerdote Biaggi era el principal sospechoso y no pasó mucho tiempo
para que lo pusieran entre rejas, pese a las presiones de la iglesia que en los sermones
dominicales hablaban de una persecución contra la iglesia, tomando fuerza los ataques al
fallecer ahogado uno de los inspectores que llevaba el caso, que no podía ser otra cosa que un
castigo divino. 

Después de tres años en prisión y pese a los fuertes indicios y pruebas, el juez de la causa
aplicó para sentenciar, una de las máximas del derecho penal: "es preferible absolver a un
culpable que condenar a un inocente". 

Lo que desató una gran polémica en el país, ya que la opinión pública estaba convencida que
era culpable, "el estigma del acusado" de Carneluti, en el que no importa si la persona es
inocente, la acusación lo perseguirá por siempre. Algo muy común en la sociedad 
venezolana que no perdón o no cree en la inocencia de nadie que se le acuse de algún
crimen. 

El poder militar: el asesinato de Decia Morelia Paradisi de Rivero.

A las 6 de la mañana del viernes 30 de julio de 1965, el joven matrimonio de Dalia Padilla de
Rondón, nombre que se le da en la novela y su esposo el capitán de la aviación Daniel
Rondón Plaz, Roberto Rivero Pérez en la vida real, bajan del ascensor y los interceptan dos
asaltantes que se encuentran en la planta baja y los encañonan pidiendo el arma de
reglamento al capitán Rivero. 

La joven de 19 años se asusta y huye, pero no logró hacerlo porque dos disparos la
atravesaron. Los delincuentes salieron huyendo y el capitán Rivero los persiguió hasta la
entrada del edificio disparando tiros al aire con su 9 milímetros.

En un principio se creyó que era un robo, pero múltiples contradicciones y actitudes


sospechosas comenzaron a despertar las sospechas contra el capitán Rivero, que se
confirmaron con las pruebas de planimetría concluyeron que el militar era el asesino.

En primer lugar, la actitud absurda de Rivero que en lugar de acompañar a su esposa


moribunda al hospital, actúo de una forma fría y decidió irse a cambiar la ropa manchada de
sangre a su casa. 
En segundo lugar, aunque estaba cayendo un torrencial aguacero esa mañana, habían muchos
testigos que escucharon los tiros y vieron al capitán salir disparando al aire, pero nadie vio a
los dos supuestos criminales. 

En tercer lugar, la pistola que mata a su esposa era un calibre 38 y no la 9 milímetros que
portaba el oficial, pero se descubrió que el había comprado un revolver calibre 38 en Estados
Unidos que pudo ser el que se utilizó para matar a Decia Morelia y con la escusa de
cambiarse de ropa para no acompañar a su moribunda esposa lo despareció, y lo desapareció
tan bien que nunca apareció este revolver calibre 38, alegando Rivero que ese revolver 38 se
lo habían robado hace tiempo.

El matrimonio Rivero Paradisi, estaban muy vinculaos al mundo militar. Decía Morelia era
familia del general Castro León que había intentado un golpe de Estado y era nieto del
expresidente de la República Cipriano Castro. Por su parte, el capitán Rivero tenía muchos
contactos y amistades con coroneles y generales de alto rango en la cúpula militar.

Las investigaciones de este caso fueron obstruidas por el comandante general de la aviación,
que no solo logró que le revocaran el auto de detención a Rivero, sino que el juicio se
trasladara de la jurisdicción civil a la militar, en la que como era de esperarse se le declaró
inocente.

El poder político: Hilda Margarita Hernández

El lunes 6 de diciembre de 1965 a las 9:30 de la mañana muere por una explosión Hilda de
Rosales, en la novela, por una estatuilla de la virgen María Auxiliadora que contenía una
bomba y le acababa de entregar su marido Pedro Rosales, Martín Antonio Rangel en la vida
real.

En principio se creyó que se trataba de un ataque terrorista perpetrado por la guerrilla


comunista que azotaba a Venezuela en aquel tiempo y que tenía como fin hacerse con el
poder por la fuerza, ya que no tenían votos para ganar en democracia. Pero las
investigaciones comenzaron a señalar al diputado como el autor del crimen, pese a contar con
muchos defensores que decían que era un hombre muy bueno, amable y colaborador, algo,
que en ninguna parte es una prueba de inocencia, por el contrario, recordando a la escritora
británica Mary Selley "El lobo se vestía con la piel del cordero y el rebaño consentía el
engaño". Aunque esta frase en realidad la escritora la tomó de la Biblia: "cuidado con los
falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces".

¿Por qué razón la policía sospecho del diputado? 

En primer lugar, el diputado recibe un regalo con remitente desconocido que contiene adentro
una estatuilla de María Auxiliadora y que al mismo tiempo es una bomba que no explota sino
al tirarse de la cuerda de una tarjeta que desactiva el mecanismo. Casualmente el diputado al
entregarle el obsequio a su mujer sale corriendo a buscar en el coche el nombre del remitente
y justo al salir por la puerta el artefacto explosivo estalla en las manos de su mujer.
En segundo lugar, el diputado mintió a la policía al asegurar que no sabe nada de explosivos,
y durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez aparece reseñado como un experto en
explosivos, información que también aparece publicada en la prensa de la época dictatorial,
señalándolo como un individuo peligroso por fabricar y colocar bombas para desestabilizar al
país.

Aunque no sea un indicio, el diputado tenía una joven y bella amante, menor de edad, con la
que contrae matrimonio a los pocos meses de la muerte de su mujer, algo que en la sociedad
venezolana de aquellos años era mal visto, acostumbrada a guardar luto, por lo menos un
tiempo prudencial.

Las actuaciones judiciales se vieron obstruidas porque el presunto sospechoso gozaba de


inmunidad parlamentaria y además era protegido por el partido de gobierno, Acción
Democrática, que se rehusó a quitarle la inmunidad. 

Se tuvo que esperar a que vinieran nuevas elecciones para que perdiera su inmunidad
parlamentaria, ya que su partido no lo quiso postular para renovar su diputación, ante la
presión social que estaba indignada por utilizarse dicha inmunidad para evadir a la justicia. 

Aunque como era de esperarse, de nada sirvió el auto de detención que le dictaron y el juicio
que le abrieron, la sentencia fue clara: inocente.

El poder económico: el asesinato de Carlos Vegas Pérez.


    

A las 4:30 de la tarde del 22 de febrero de 1973 fue secuestrado en una de las urbanizaciones
más ricas de Caracas, el adolescente de 13 años Tommy Valderrama, Carlos Vicente Vegas
Pérez en la vida real por un grupo de amigos de su hermano, sifrinos o pijos como se les dice
en España, es decir, hijitos de papá y mamá ricachones. 

El adolescente salió de su casa a jugar en la urbanización, cuando un coche se le paro a su


lado y lo subieron. Nadie vio ese día a ningún desconocido por la residencia. Las
investigaciones señalaron que fueron este grupo de los amigos de su hermano, Federico
Vegas Pérez, en la actualidad un famoso escritor venezolano.

Luego de salir de la urbanización a Carlos Vicente lo meten dentro del maletero del vehículo
donde muere por respirar monóxido de carbono. En las investigaciones se estableció que este
grupo de sifrinos caraqueños venía haciendo estos secuestros exprés cobrando pequeñas
cantidades para vender drogas.

A pesar que el adolescente murió el mismo día, los implicados sin ningún escrúpulo
empezaron a pedir el rescate de 50.000 bolívares. Rescate que pagó la familia sin que le
devolvieran a su hijo. 

La policía fue haciendo las detenciones y uno a uno fueron cayendo los involucrados, pero
era tal el poder económico de las familias de los indiciados, que no solo fueron todos puestos
en libertad, sino que además ni siquiera fueron a juicio, solo pago por el crimen el pobre del
grupo, el "chino" Mauro, en la novela, en la vida real Omar el "chino" Cano.
A mediados de los Años 1961 hasta 1973 ocurrieron 4 crímenes muy atroces y que
fueron de impacto público.

Un sacerdote tenía una hermana a la que violaron y asesinaron, dentro de un elevador


mataron a la mujer de un aviador quien se dice que fue el mismo que la asesino
disparándole en múltiples oportunidades por motivo pasional, un Diputado tenía su
esposa a la que asesinaron y se presume este le allá dado una bomba en sus manos y
fue el quien la asesino, y un joven que residía en Caracas lo secuestraron y lo mataron.

Es la primera vez que salia en Venezuela un libro relatado por un oficial de la P.T.J.
Contando la delincuencia del país, los sucesos que relata son homicidios de hechos
reales, sera emocionante su lectura ya que mostrara como hacen sus investigaciones y
como es un peligro para las familias y para el cuerpo de policías que dan la vida para
terminar con el crimen.

Relata 4 sucesos criminalisticos de Mármol León. La cual la hicieron llevar a la pantalla


grande, sirve como guía hablando de lo forense, y analiza toda la cruda realidad de una
nación en todos sus periodos o épocas. Actualmente cuando suceden crímenes de esa
magnitud no se hace lo mismo que anteriormente. Si en la actualidad alguien hubiera
hecho este libro, seria inmensos la cantidad de gente que lo leyera de manera morbosa
por las historias relatadas d los asesinatos.

En el libro no aparecen los mismos nombres de quieren hicieron estos asesinatos, los
hechos algunos los puso mas dramáticos, relata cosas que no se saben y que no son
ciertas. Fueron unos crímenes que impactaron en su tiempo y del que todos hablaban.

Casos de los cuales en su momento fueron espantosos, casos que en el día de hoy no
causan mucha impresión porque en la actualidad ocurren crímenes muy atroces. Quien
escribe el libre nunca menciona que es un Jefe de P.T.J. Relata los sucesos de manera
muy clara y sencillas. El mismo sabe que quienes leerían el libro no sabrían
exactamente como serian las cosas ya que poco conocían la vida de un funcionario, así
que evita dar información que no debe.

Aunque nunca sabremos con exactitud lo que sucedió en aquel tiempo, lo que si
realmente importa es que la novela la aceptaron como algo ficticio pero con historias de
la vida real. Quienes al final los únicos que sabían la verdad eran el autor quien era jefe
de la P.T.J, quienes fueron las verdaderas victimas de estos casos y quienes lo
realizaron.
Sin duda que este libro 4 Crímenes 4 Poderes, fue el que mas se vendió en toda la
época de Venezuela, cosa que no es menos sorprendente. Por lo bueno de la
información. Quienes lo leen de por si caen en el ámbito morboso porque queremos
saber de lo que uno como venezolano es capaz de lograr. El Autor nos complace
dándonos detalles que en mas ningún lado podremos obtener.

Cosa que nos parece de nostalgia es como muestra detalles de como se trabajaba
antes, como eran los cuerpos policiales. Cosa que da molestia que hallan cambiado en
su actualidad. Ya que si alguien tuviera el atrevimiento de escribir un libro hoy en día
tendría que escribir de como son corruptos los policías. Te invito a ver un libro de
fantasía La Metamorfosis.

El libro puede ser leído por cualquier persona siempre que quiera saber información de
como se investigan los casos criminalisticos, y para todos aquellos que quieran saber
como ha sido la historia de Venezuela a nivel de crímenes visto del punto de vista de un
oficial en jefe de la P.T.J.

Libro totalmente llamativo. Mas llamativo que otro libro que solo muestre los hecho de
un cuerpo de policías que oculta la corrupción de alguien poderoso. Muy a diferencia de
este que si muestra con exactitud como se desarrolla un caso a plenitud sin corrupción.
Solo ocultando pocos detalles que los lectores no entenderían.

Te invito a ver un vídeo de 4 Crímenes  4 Poderes.

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Cuatro crímenes, cuatro poderes


Título: Cuatro crímenes, cuatro poderes
Autor: Fermín Mármol León
Edición príncipe: 1978
Imprenta: Editorial Fuentes
Lugar: Caracas
Edición en el Museo: 1981

Considerado un bestseller de la literatura negra en Venezuela, Cuatro crímenes,


cuatro poderes  escrito por el comisario de la Policía Técnica Judicial Fermín
Mármol León (Caracas, 1936-2011), fue publicado por Editorial Fuentes en Caracas
en 1978 y en seis meses se agotaron tres ediciones con un total de 50.000
ejemplares vendidos. 
Catalogado por su autor como una novela que se basa en hechos reales, Cuatro
crímenes, cuatro poderes  realiza un recuento de cuatro casos criminales y la
imposibilidad de condenar a los culpables dadas sus relaciones con el poder. La
obra pone en evidencia los manejos y la corrupción de los tribunales presentando no
solo las descripciones de la investigación, sino además la psicología de los
culpables y las dimensiones sociales y humanas de los crímenes. 

¿Quién no ha sufrido los desmanes y atropellos que a diario se cometen en


los Tribunales, Concejos Municipales, Ministerios e Institutos Autónomos?
Trabajas para castigar a los culpables, pero ellos se sostienen en las bases de
los partidos políticos, lo cual les permite entonces otorgarse patente de corso.

En una oportunidad un gran político me insinuó que me inscribiera en el


partido; rechacé la proposición, alegando que yo era un técnico y un
profesional de la policía; jamás olvidé su respuesta: “éste es un país político y
de los políticos, cuando sea un país técnico, tú tendrás la razón”.
Lógicamente que él estaba en lo cierto, pero de todas formas preferí
continuar como detective”
Pag. 15

Los delitos recogidos en el libro marcaron especialmente a la sociedad venezolana,


mostrando los juegos de poder que llevaron a su ejecución. El Poder Eclesiástico
toma como ejemplo el caso de la violación y asesinato de Lídice Cuzati (Lesbia
María Biaggi) por su hermano el sacerdote Pedro Luis Cuzati (Luis Ramón Biaggi)
que fue puesto en libertad meses después gracias a la presión de la Iglesia Católica
que alegó que los elementos presentados no probaban que el crimen había sido
cometido por el sacerdote. 
El Poder Político presenta el asesinato de Hilda de Rosales (Hilda Margarita
Hernández de Rangel) cometido presuntamente por el diputado Pedro Rosales
(Manuel Antonio Rangel). El asesinato cometido con una bomba colocada dentro de
la imagen de una virgen que estaba dirigida al esposo de la víctima, en principio se
creyó que se relacionaba con un ataque terrorista al Congreso pero las pesquisas
llevan a considerar que el verdadero culpable es el esposo quien unos meses
después del asesinato contrae matrimonio con una menor de edad. Las
investigaciones en este caso fueron congeladas por órdenes del Congreso y una
vez que terminó su inmunidad parlamentaria, fue juzgado pero el juez desechó la
causa por falta de pruebas.
El Poder Militar titulado “El crimen del ascensor” nos habla del asesinato de Dalia
Padilla de Rondón Plaz (Decía Morelia Paradisi de Rivero) que tuvo como imputado
al Capitán de la aviación Daniel Rondón Plaz (Capitán Roberto Rivero Pérez), el
asesinato fue presentado como un robo, pero las pruebas de planimetría llevaron a
la conclusión de que fue asesinada por su esposo que en un primer momento
confiesa el asesinato para luego retractarse. Las investigaciones fueron obstruidas
por el Comandante General de la Aviación quien logró que se revocara la orden de
detención, más tarde se declaró inocente al Capitán Rivero.
Finalmente el Poder Económico y el secuestro del niño Vega. El hecho se produce
cuando Tomy Valderrama (Carlos Vicente Vega Pérez), hijo del arquitecto Fernando
Valderrama (Martín Vegas) es secuestrado y encerrado en la maleta de un carro,
donde muere por inhalación de monóxido de carbono. Los implicados en el crimen
eran hijos de familias pudientes de Caracas, que solían realizar pequeños
secuestros para comprar drogas: El caramelo (José Luis -Caramelito- Branger),
Javier Paredes, Julio Morales, Diego Rísquez Cupello, Gonzalo Rafael Capecci,
Alfredo Parilli Pietri y el Chino Mauro (Omar -el chino- Cano Lugo). Además se cree
que se encuentran involucrados también (Nicomedes Zuloaga), Orieta (Orietta
Cabrices) y el hermano de la víctima (Federico Vegas) debido a los manejos
económicos que envolvían el caso y a un tecnicismo, los sospechosos no fueron ni
siquiera juzgados. 
La novela fue adaptada al cine por Román Chalbaud en las películas “Cangrejo I”
sobre el caso Vega y “Cangrejo II” sobre el caso Biaggi. 

Primera edición
Fermín Mármol León. Cuatro crímenes, cuatro poderes. Editorial Fuentes.
Caracas. 1978
Edición en el Museo
—. Cuatro crímenes, cuatro poderes. Editorial Fuentes. Caracas.

4 Crímenes 4 Poderes Un ensayo de 4 crímenes 4 poderes En 1978 cuando ya


tenía un largo sendero transitado como funcionario policial, Fermín Mármol León
publicó el libro 4 Crímenes 4 Poderes en el que narra las incidencias de 4 terribles
delitos perpetrados entre octubre de 1961 y marzo de 1973 y en los que las
personas que resultaron seriamente comprometidas por las evidencias terminaron
liberadas de toda responsabilidad debido a la presión ejercida por los poderes
fácticos. 20 años antes, Mármol León quien estudiaba Petróleo y Minas en una
escuela técnica decidió ingresar, luego de muchas dudas, al naciente Cuerpo
Técnico de Policía Judicial en calidad de detective. El muchacho que entonces era
se debatía en un dilema: ¿Podía él como policía contribuir de manera honesta con
la sociedad o simplemente con el pasar del tiempo terminaría convertido en un
esbirro? ¿Sería finalmente odiado como lo eran aquellos hombres que formaron
parte de la Seguridad Nacional? Tal vez no sabía Mármol León que más adelante
tanto él como sus compañeros enfrentarían un dilema más grave, el que su trabajo
como detectives se viera de continuo torpedeado por la acción de grupos poderosos
que ejercerían una absurda solidaridad con algunos de sus miembros implicados en
crímenes horribles. 4 Crímenes 4 Poderes aborda, desde la ficción una cadena de
sucesos que constituyeron una bofetada a la ética. El autor identifica y denuncia a 4
poderes fácticos: El eclesiástico, el militar, el político y el económico que
intervinieron de manera grosera para impedir que se impartiera justicia en 4
crímenes; la violación y asesinato de la hermana de un sacerdote, el homicidio de la
esposa de un capitán de la aviación, la terrible muerte por la explosión de una
bomba de la esposa de un diputado y el secuestro y brutal asesinato de un niño.
Este libro pese a sus deficiencias literarias se convirtió en un suceso editorial que
produjo además dos películas y una interminable lista de artículos. En este ensayo
que presentamos hoy en Crónicas del Tánatos, luego de publicar los casos reales
en los que se basa la novela haremos una comparación entre los elementos de la
realidad y la ficción. Para los detalles de cada caso recomendamos leer las

entradas que ya publicamos de cada uno de ellos, haciendo clic en las imágenes
que se encuentran al final de este ensayo. Los protagonistas En la ficción, el sujeto
conductor de la obra es el comisario Martínez León, una especie de alter ego del
autor; a pesar de que no fue Mármol León el responsable de pesquisar todos los
casos (solo del último, el caso Vegas Pérez). En la vida real, la investigación de la
mayoría de los casos fue responsabilidad del comisario Carlos Olivares Bosque
(Biaggi, el crimen del ascensor y la estatuilla mortal). El jefe mayor de la PTJ era el
Dr. Rodolfo Plaza Márquez, quien fue el director que fundó la institución. Renunció a
ella el 30 de junio de 1966 luego de ser objeto de innumerables presiones; ya en
1961 cuando sus hombres investigaban al sacerdote Luis Ramón Biaggi recibió la
oferta de presidir un tribunal de reciente creación, cargo que al final no asumió. Al
momento de renunciar afirmó a la prensa que su retiro de la PTJ no se debía a
presiones de ninguna naturaleza; recordemos que justo en aquel momento esta
institución tenía en sus manos dos papas calientes: el caso del capitán Rivero Pérez
y el caso del diputado Martín Antonio Rángel, ambos acusados de asesinar a sus
respectivas esposas. A favor de lo dicho por Rodolfo Plaza Márquez está el hecho
de que fue sustituido en el cargo por el propio Carlos Olivares Bosque. EL CASO
DE LA HERMANA DEL SACERDOTE (El caso Biaggi) Fecha: 15 de octubre de
1961 Indiciado: Luis Ramón Biaggi Personaje en la novela: Padre Pedro Luis Cuzati
Víctima: Lesbia Margarita Biaggi Personaje en la novela: Lídice Cuzati Encargados
de la investigación por Caracas: Comisario Carlos Olivares Bosque y Profesor
Honorio Aranguren Personaje en la novela: comisario Martínez León Familiares y
amigos en la vida real: Carmen Tapia de Biaggi (madre) Rigoberto Franceschi
(novio), Nanzo Biaggi Tapia (hermano y abogado), Cipriano Perpetui (ex novio, de
oficio mecánico) En la novela el ex novio de Lesbia Biaggi se llama José Gregorio
Álvarez y trabaja como administrador de una firma constructora. Personajes:
Monseñor Juan José Bernal, Arzobispo de Ciudad Bolívar y el médico psiquiatra
José Luis Vetencourt, quien examino al sacerdote encontrándolo en pleno uso de
sus facultades mentales. Responsable de la investigación en Ciudad Bolívar:
Comisario Pedro Jesús Díaz Arvelo Personaje en la novela: Pedro Díaz Este
funcionario falleció el 31 de octubre de 1961 en un lamentable accidente
mientras efectuaba investigaciones en torno a un caso que corría paralelo al del
padre Biaggi, algunos personeros de la iglesia quisieron hacer ver desde los púlpitos
que se trataba de un castigo de Dios por haberse atrevido a señalar a uno de sus
sacerdotes. Fermín Mármol León asignó al personaje de ficción el mismo nombre
del real; suponemos que lo hizo como un homenaje al compañero caído en el
cumplimiento del deber. Esa pequeña historia paralela que corre al lado del caso de
la hermana del sacerdote en la novela, es la de un minero de apellido Sánchez
quien es reportado muerto por dos de sus compañeros de nacionalidad brasilera. En
la versión que dan los hombres a la PTJ, Sánchez muere de un sincope mientras
dragaba piedras del fondo del río Caroní embutido en uno de aquellos pesados
trajes de buzo con escafandra; la viuda del minero-buzo denuncia que los brasileros
asesinaron a su esposo para quedarse con la totalidad de las ganancias. Los
detectives de la ficción logran establecer que efectivamente Sánchez fue asesinado
por sus compañeros. En la vida real el minero se llamaba Rafael Antonio Núñez
Villazana quien era natural de la ciudad de Barcelona en el estado Anzoátegui y
tenía 37 años cuando perdió la vida, la noche del 16 de octubre de 1961, en las
inmediaciones de la mina de El Merey. Núñez Villazana tenía poco tiempo de estar
residenciado en la zona. El comisario Pedro Díaz encontró la muerte investigando
este suceso. En el film Cangrejo II, basado en esta historia, el director Román
Chalbaud deja con vida al personaje Pedro Díaz (caracterizado por el actor Ramón
Hinojosa) hasta el final de la trama, asignándole gran importancia en la misma. La
muerte le llega cuando decide salir a pescar en un pequeño bote peñero; Chalbaud
va intercalando imágenes de la detención del cura, el discurso televisado de
Monseñor, la muerte del comisario Díaz y la celebración de una misa (filmada en la
capilla del Cementerio del Este en Caracas) en la que el sacerdote, con voz
estentórea advierte a sus feligreses que aquello no era más que un esperado
castigo de Dios por la impiedad cometida contra el padre Pedro Luis Cuzati (Luis
Ramón Biaggi). El 6 de febrero de 1962, altos personeros de la iglesia que desde el
comienzo de las investigaciones habían estado cuestionando los informes policiales,
dejaron

colar a la prensa la información de que los detectives a cargo del caso Biaggi
podrían ser excomulgados ipso-facto de acuerdo al artículo 2343 del derecho
canónico por “ofender gravemente a un sacerdote de la iglesia católica”. La
excomunión privaría a los funcionarios de recibir o participar en sacramento alguno
y de tener derecho a la sepultura eclesiástica. Un cura polémico Luis Ramón Biaggi
Tapia nació el 12 de marzo de 1929 en la población de Pariaguán, al salir de la
escuela primaria ingresó en el seminario de Ciudad Bolívar donde pasó 5 años,
luego fue al seminario interdiocesano de Caracas en el que hizo 3 años de filosofía
y 4 de teología. Fue ordenado el 31 de julio de 1955 por monseñor Juan José
Bernal, curiosamente fue el único sacerdote que se ordenó ese año en Venezuela;
al momento del asesinato de su hermana oficiaba como párroco de la iglesia de
Santa Ana en Ciudad Bolívar. En los 3 años que estuvo preso, Luis Biaggi se
graduó de abogado y escribió 2 folletos de autodefensa, al primero lo llamó “Mi
Drama” y al segundo “Encarcelamiento Político”. En ambos hacía una severa crítica
del estado venezolano y ponía en tela de juicio la confiabilidad del sistema judicial.
Este sacerdote recibió un inusitado apoyo por parte del grupo editorial Cadena
Capriles que publicó una fotonovela por entregas en la revista Venezuela Gráfica. El
folletín llamado “Mi hermano es inocente” fue escrito con la cooperación del
abogado Nanzo Biaggi, hermano del indiciado. La revista lamentablemente no se
conserva en los archivos oficiales. El homicidio de Lesbia Biaggi fue uno de los dos
casos llevados a la pantalla por el cineasta venezolano Román Chalbaud en la
película llamada Cangrejo II. En el film la locación escogida para el desarrollo de la
historia es la litoralense ciudad de La Guaira y el momento, las fiestas del Corpus
Christi. Chalbaud pone su sello en la caracterización psicológica de los personajes,
muy típicos de su hechura como director. Introduce personajes que no están en la
novela y construye una historia con vida propia, respetando sin embargo los
elementos principales de la obra literaria. El caso Biaggi, pese al tiempo
transcurrido, sigue suscitando el interés del público y es fuente de numerosas
especulaciones; hay quienes aseguran, por ejemplo, que el homicidio fue cometido
realmente por la madre del sacerdote quien en un ataque de ira al descubrir que sus
hijos sostenían relaciones incestuosas se abalanzó sobre

ellos con un cuchillo, según unas versiones para atacar al hijo y según otras para
atacar a la hija. El mismo padre Biaggi, en el momento de las investigaciones ofreció
a la policía dos versiones totalmente contradictorias; en la primera aseguró que en
la mañana del 15 de octubre de 1961 salió de su casa sin saber que su hermana
estaba muerta; que solo vio la puerta de su habitación entreabierta y como encontró
la puerta de la calle abierta pensó que Lesbia había salido temprano. En la segunda
declaración, luego de que los detectives encontraran inmensas lagunas en su
primera versión, Biaggi se contradijo y aseguró que si vio muerta a su hermana pero
que no quiso ser el portador de tan nefasta noticia para su madre así que optó por
salir a dar la misa y esperar a que le fueran a notificar. A los 3 años de estar
detenido, Luis Biaggi fue puesto en libertad y se radicó en el barrio El Suspiro de
Barquisimeto donde se dedicó a dar clases en la escuela Sagrado Corazón de
Jesús. En marzo de 1973, Luis Biaggi vivía en San Antonio de los Altos en el estado
Miranda desde donde introdujo ante la Corte Suprema de Justicia una demanda de
nulidad parcial del artículo 12 de la Ley para el Ejercicio del Derecho debido a que
aquella impedía que los ministros de cultos ejercieran la abogacía. En el escrito
Biaggi alegaba, con toda razón, que el artículo 12 violaba lo dispuesto en el artículo
61 de la Constitución Nacional que prohibía expresamente las discriminaciones
fundadas en la raza, el sexo, el credo o la condición social A lo largo de su vida Luis
Ramón Biaggi siguió expresando críticas al sistema político y judicial de Venezuela,
en una ocasión aseguró que la democracia puntofijista era demagógica porque
ninguno de los partidos que la lideraban se preocupaba por instruir a sus partidarios
en el conocimiento de las leyes. El padre Biaggi luego se mudó a Caracas y prestó
sus servicios como abogado en la Marina Mercante, Correos Aeronáuticos, el
Instituto Nacional de Transito y el Ministerio de Comunicaciones. En 1982 publicó el
libro “Verdades y mentiras en el caso Vegas” en el que hace un análisis de la forma
como se investigaron y procesaron las evidencias en el caso del secuestro y
asesinato del niño Vegas Pérez; como siempre con un enfoque acido.

Según el el sacerdote e historiador Oscar Matute Ortíz, autor de diversos trabajos


sobre historia local del estado Anzoátegui y de un conjunto de biografías de
sacerdotes venezolanos y otros miembros de la iglesia católica, Luis Ramón Biaggi
Tapia falleció en la ciudad de Caracas en el año 2005, sin embargo esta información
no parece tener asidero en la realidad. EL CRIMEN DEL ASCENSOR (El asesinato
de la esposa del aviador) Fecha: 30 de julio 1965 Indiciado: Capitán Roberto Rivero
Pérez Personaje en la novela: Capitán Daniel Rondón Plaz Víctima: Decia Morelia
Paradisi de Rivero Personaje en la novela: Dalia Padilla de Rondón Plaz La
manzana de la discordia: Olga Guerrero, rubia que trabajaba como oficinista en las
mismas dependencias del capitán. Fue acusada por Decia de ser la amante de su
esposo. Personaje en la novela: No hay uno específico, se habla de varias amantes
Responsables de la investigación: Comisario Dr. Carlos Olivares Bosque y Carlos
Alberto Villavicencio Personaje en la novela: comisario Martínez León Para esta
fecha el comisario Carlos Olivares Bosque ejercía ya el cargo de subdirector de la
PTJ y se encargó junto con Plaza Márquez de la dirección general del caso, la
dirección operativa de las investigaciones estuvo a cargo de Carlos Alberto
Villavicencio, hombre de edad madura quien para la fecha ejercía la jefatura del
Buró contra Homicidios. El triangulo amoroso El asesinato de Decia Morelia Paradisi
de Rivero, en el que la PTJ halló serios indicios contra su esposo plantea los
clásicos ingredientes de un teledrama: Un apuesto profesional en franco ascenso,
una linda pero mortificante esposa y una despampanante rubia que viene a fracturar
el matrimonio. En la lluviosa mañana del 30 de julio de 1965, la señora Decia
Morelia, esposa del capitán de la aviación Roberto Rivero Pérez, es asesinada en la
planta baja del edificio Riverside en Colinas de Bello Monte cuando se dirigía a sus
actividades cotidianas en compañía de su esposo. Según la versión dada por el
militar, el suceso ocurrió cuando ambos fueron víctimas de un asalto por parte de
dos antisociales. El problema surge cuando los elementos existentes en la escena
del crimen contradicen la versión dada por el capitán. El estudio planimétrico levanta
las primeras sospechas de los detectives. Estas sospechas van aumentando a
medida que recolectan información entre los vecinos del sector y el personal médico
y de enfermería que atendió a la señora Decia en el

centro hospitalario donde fue llevada. Con preocupación, los funcionarios de la


Policía Judicial encargados de la investigación ven como el supuesto agraviado se
va convirtiendo en el primer sospechoso, la preocupación derivaba del hecho de que
no trataban con cualquier persona. El Capitán Roberto Rivero Pérez era
considerado dentro del estamento militar como una especie de héroe por las
acciones que llevara a cabo en la lucha antiguerrillera. Al día siguiente del suceso,
el director de la PTJ deja entrever a la prensa que se tenían dudas de la versión
dada por Roberto Rivero Pérez. – La Judicial – reveló Plaza Márquez- no esta en
condiciones de afirmar si hubo o no asalto antes del crimen por lo que haremos una
reconstrucción. A la pregunta de uno de los reporteros sobre si se esperaba
encontrar alguna contradicción con la versión dada por el esposo, Plaza Márquez
respondió que prefería no estar entre la espada y la pared. En la novela, Fermín
Mármol León decide transpolar los hechos y ubica el asesinato de Decia en la
misma línea temporal del levantamiento cívico militar de Puerto Cabello, que en
realidad ocurrió tres años antes. Esta licencia le sirve de excusa para presentar al
personaje principal de la trama, al que llamó Capitán Daniel Rondón Plaz y de paso
el móvil del crimen. Rondón Plaz es el encargado de dirigir el bombardeo contra los
insurrectos de Puerto Cabello. Al finalizar la sangrienta jornada, se presenta ante su
superior para informarle que ha recibido permiso del Estado Mayor para tomar unas
cortas vacaciones en Miami. Alega que necesita salir pues esta muy afectado por
los últimos acontecimientos. A la pregunta del coronel sobre si viajaría con su
esposa, el capitán contesta que iría solo pues así era más saludable. A
continuación, Mármol León presenta a la víctima, llamada por él Dalia Padilla y a al
mejor amigo de ésta y compañero de la universidad, al que llama Carlos D´León.
Este personaje movido por el intenso afecto que sentía por Dalia decide acercarse
hasta el comisario Martínez León y solicitarle una entrevista personal. Le promete
ponerle al tanto de algunos detalles reveladores sobre la conducta del capitán,
intrigado Martínez León lo cita para la medianoche. En la conversación Carlos deja
entrever la posibilidad de que fuera el capitán el verdadero responsable de la muerte
de Dalia, el investigador escucha con atención y toma nota de toda la información.
En la vida real no existió nadie paralelo a este personaje, Decia Morelia era muy
apreciada por sus

compañeros de estudios de la UCV y por las personas que la conocían desde


Maracay, pero no mantenía una relación de amistad especial con alguien en
específico. Tomemos en cuenta que en esa época era muy mal visto que una mujer
casada tuviese amigos masculinos. Quienes revelan a la PTJ ciertos detalles
inquietantes sobre la vida de la pareja Rivero-Paradisi son los tíos maternos de la
occisa, Oswaldo y José María Carabaño, el primero de ellos un conocido y
prestigioso médico. Pese a que en los primeros momentos la familia de Decia se
mantuvo hermética y en cierto modo al lado del capitán, deciden a mediados de
agosto del 65 acudir a la policía para entregar algunos elementos de convicción que
terminarían incriminándolo. Entre las cosas que llevaron figuraban una carta y un
neceser; en la carta Decia le confesaba a su tío Oswaldo que temía ser asesinada
por su esposo, el motivo estaba en el neceser: unas fotos y un lote de
correspondencia amorosa entre el capitán y una compañera de trabajo llamada Olga
Guerrero. En la misiva dirigida a su tío, Decia denuncia que ante los reclamos que le
hacía por la relación con Olga, el capitán amenazó con asesinarla. Con estos
elementos, las pruebas de planimetría, las declaraciones de más de quince testigos
y las imprecisiones de Roberto Rivero Pérez en sus declaraciones los policías
sustanciaron el expediente que sirvió de base para que el juez tercero de primera
instancia en lo Penal del estado Miranda dictara auto de detención al oficial de la
aviación. La misteriosa declaración del cura Un elemento clave en la trama que
desarrolla Mármol León a partir de los hechos reales es la declaración dada por el
capellán del Hospital Clínico Universitario, que en la novela ostenta el nombre de
Padre Casieri. Esta declaración resulta incriminatoria para el oficial de aviación,
pues en ella el sacerdote revela al comisario Martínez León que luego de la muerte
de Decia en la emergencia del Clínico, el viudo se acercó a él muy compungido y
dando muestras de arrepentimiento. Solo con verle le dijo: – Padre, maté a mi
esposa. Ella me atormentaba con sus celos por eso le disparé. El sacerdote de los
hechos reales se llamaba Ernesto Scanagatta, la declaración no la dio a ningún
investigador policial sino al personal de enfermería y éste la difundió a la prensa.
Días después al tratar de ser entrevistado por los periodistas, el padre Scanagatta
desmintió categóricamente haber dicho eso. Tal vez no quería verse metido en
problemas. La intromisión militar Desde la misma

mañana que ocurren los hechos, la superioridad cierra filas en torno al aviador, es
acompañado a declarar en la PTJ, y se obstaculiza la actividad de los reporteros, no
dejándoles sacar fotografías. Antes de que Roberto Rivero se presentara a declarar,
el propio Comandante General de la Aviación, General de Brigada Francisco Miliani
acude a una reunión con el director de la PTJ, aunque no se puede hablar de
intromisión directa, la labor de los militares se vio coronada cuando logran a través
del abogado defensor del capitán la revocatoria del auto de detención y el pase del
expediente a un tribunal que le fuera más proclive. Aunque en 1965, las fuerzas
insurrecciónales habían sido derrotadas militarmente, aún persistía cierto ambiente
de desestabilización y si bien el partido comunista y el MIR habían arriado las
banderas de la lucha armada; del seno de ambos partidos surgieron escisiones que
tenían como objetivo mantener la rebelión. Este (aparte de la aberrante solidaridad
automática institucional) pudo haber sido el motivo por el que se defendió a capa y
espada la supuesta inocencia de Roberto Rivero Pérez. Se trataba de mantener en
filas a uno de los mejores y más capaces oficiales que tenía la aviación formado en
las academias de Estados Unidos; y que tenía como valor agregado la coincidencia
ideológica con el partido de gobierno. En un momento como aquel era difícil
prescindir de una ficha valiosa para el combate. Muy poco se sabe del destino de
este oficial después de su liberación, son datos muy sueltos que no nos permiten
reconstruir qué pasó con él. La hermética vida militar y los sucesos en los que se vio
envuelto lo convirtieron en polvo de estrellas. El terrible asesinato de la esposa de
un diputado al Congreso de la República Caracas, lunes 6 de diciembre de 1965 –
9:30 a.m. Los pasos de la muerte El hombre de complexión media, rostro pétreo y
mirada fría descendió del Oldsmobile blanco y verde, cruzó los amplios jardines del
Capitolio e ingresó al centenario edificio. Dirigió sus pasos hasta el buzón de
correos de la cámara baja para verificar si tenía alguna correspondencia pero no
halló nada. Antes de las diez salió de la sede del Congreso Nacional y se llegó
hasta el Ministerio de Educación para tratar un asunto con el jefe de becas. Al
terminar allí bajó hasta el edificio Atlántida en la avenida Universidad donde estaba
la

sede nacional de la organización política en la que militaba desde 1944, Acción


Democrática (AD). El diputado Martín Antonio Rángel, conocido por su parquedad
parlamentaria y escaso carisma, era sin embargo estimado por los miembros del
partido debido a sus dotes como organizador y el papel que había jugado en las
luchas de resistencia contra la dictadura perezjimenista. En la casa nacional de AD
conversó largo rato con el dirigente agrario Eustacio Guevara y saludó a uno que
otro de los cuadros que pasaron por allí. Faltando poco para las dos de la tarde
llamó a su esposa Hilda María para anunciarle que ese día iría a comer en familia.
Caracas, viernes 3 de diciembre de 1965 – 4:00 p.m. El paquete 01570 Efraín
Salazar, encargado de la estación de servicio Tamanaco, ubicada a la vera del hotel
del mismo nombre en la urbanización Las Mercedes, vio a un cliente que se
acercaba hasta el buzón colocado allí por la empresa de encomiendas Avensa y del
cual era también responsable. Al percatarse de que aquel hombre elegantemente
enfundado en un traje beige portaba un paquete con llamativo envoltorio verde en la
mano izquierda, se acercó hasta el escritorio para atenderlo. Tomó una guía urbana
con el número 01570 y procedió a pedir los datos. El sujeto que dijo llamarse José
Antonio Colmenares indicó que el paquete debía ser entregado en el Congreso
Nacional al diputado Martín Antonio Rángel. Salazar notó que la manga derecha del
traje colgaba vacía y supuso que el hombre era manco. El encargado preguntó por
el contenido del paquete a lo que el remitente contestó que se trataba de una figura,
una estatuilla. Turbado ante la mirada curiosa de Salazar, el hombre le aclaró que
se trataba de un regalo para una señora amiga. El encargado pudo ver entonces
que pegado a la caja estaba un papel escrito a maquina con la palabra “frágil”. Una
vez que completó los datos y pagó los tres reales del servicio, el sujeto se retiró.
Efraín Salazar arrojó el paquete verde en el buzón y siguió en lo suyo. Caracas,
lunes 6 de diciembre de 1965 – 2:30 p.m. El almuerzo La vivienda de la familia
Rángel-Hernández estaba ubicada en la urbanización El Cafetal, una apacible zona
en la que el valle de Caracas se rinde ante los jóvenes cerros del sureste. Al estar
frente a la quinta “Hil-Mar”,
el diputado tocó la bocina varias veces para anunciar su llegada; al oírla, sus hijos
Malva y Martín José corrieron eufóricos a recibirlo. El almuerzo transcurrió en
armonía, tal vez por estar con los niños la pareja evitó reproducir una de sus
frecuentes disputas por celos. Con ellos vivía desde el mes de abril de ese año la
señora Pastora Jiménez quien les trabajaba como domestica. Cuando casi
terminaba su almuerzo Martín Antonio Rángel recibió una llamada telefónica desde
la administración del liceo Gustavo Herrera. Lo llamaban para avisarle que habían
decidido adelantar las vacaciones por navidad. Su esposa estaba matriculada allí en
las clases diurnas para cursar el cuarto año de bachillerato y él fungía como su
representante legal; para poder hacer esto la chica fue inscrita como soltera. Rángel
salió con prisa pues se le hacía tarde para la reunión de su fracción parlamentaria,
recordó que era lunes y su esposa tenía clases de contabilidad en una academia
privada, acordaron que como siempre él la pasaría buscando en la noche por el
apartamento de una amiga en la avenida Andrés Bello. Antes de irse sacó cinco
bolívares de la cartera y se lo dio para que pudiera llegar al centro. Tucupita, abril de
1944 El hombre y sus circunstancias Al extremo nororiental de Venezuela, las 42
islas que conforman el Delta Amacuro saborean al mismo tiempo las aguas dulces
del Orinoco y las salobres del Mar Caribe. En su capital, Tucupita nació en 1928
Martín Antonio Rángel quien a temprana edad se interesó por la política, con
apenas 16 años ingresa al partido Acción Democrática en el que pronto se destaca
como líder juvenil en tareas de organización. Esto hace que cuando su partido tome
el poder en 1945, se piense en él para el cargo de gobernador, función que cumplió
sin mucho brillo. Con el cuartelazo de noviembre del 48 contra el presidente
Gallegos, Martín pasa a la clandestinidad. Con alma de relojero va armando las
piezas del aparato clandestino de resistencia. En esa época se enamora de su
paisana Ana Cointa Rojas con la que llega a tener dos hijos. En octubre de 1955,
complicado en un frustrado plan magnicida contra Marcos Pérez Jiménez es
detenido por la Seguridad Nacional y enviado a la prisión de Guasina, reservada
para los más peligrosos enemigos de la dictadura. Al poco tiempo lo expulsan para
México, país del que solo regresa cuando el gobierno militar es derrocado. Al volver
a Tucupita no regresa con la madre de sus hijos, en su lugar Martín escoge como
esposa a una prima de nombre Emma Narváez con la que

se casa en la población del El Tigre en el estado Anzoátegui. Este matrimonio es


disuelto a los dos años y el hombre decide probar suerte con otra de sus primas;
esta vez Hilda María Hernández quien para entonces tenía 18 años. En las
elecciones de 1963 Martín Antonio Rángel pasa a ocupar una de las curules de la
cámara de diputados. En esta nueva situación tampoco descollaba mucho, sus
intervenciones eran esporádicas y cortas. Aquel hombre parecía más hecho para la
acción que para la burocracia Caracas, lunes 6 de diciembre de 1965 – 6:00 p.m. La
sesión Al terminar la reunión de su fracción en el edificioLa Perla, el diputado Martín
Antonio Rángel se llegó de nuevo hasta el Congreso, antes de entrar a la plenaria
revisó la cartelera; el punto a tratar ese día sería el presupuesto, a Martín le
interesaba el tema pues por las noches sacaba la carrera de ecónomo enla
Universidad Santa María pero precisamente por eso no podía estar presente. Su
partido lo había autorizado a ausentarse de aquellas sesiones para que pudiera
acudir a clases. Solo debía cumplir un requisito: entrar a la sala y estar presente
cuando se verificara el quórum. Así lo hizo y al salir de nuevo al pasillo uno de los
mensajeros se le acercó para informarle que en la oficina de comunicaciones había
un paquete para él. Caracas, sábado 4 de diciembre de 1965 La voz En el sopor de
un día más cercano a la fiesta que al trabajo, Eva Campos, telefonista del Congreso
Nacional pensaba en la cercanía de la navidad cuando sonó el teléfono. Desde el
otro lado una voz farragosa solicitó a un diputado de nombre Rángel. La chica
preguntó si se trataba de José Vicente Rángel o de Rángel Quintero Castañeda; la
voz solo dijo: “Dígale al diputado Rángel que sus días están contados”. Caracas,
lunes 6 de diciembre de 1965 – 6:10 p.m. Los curiosos y el santo Cuando Martín
Antonio Rángel recibió el paquete 01570, éste ya había pasado por más de una
mano. El sábado 4 a mediodía el empleado de Avensa Cirilo Betancourt lo recogió
con cuatro encomiendas más del buzón de autocarga en la estación de servicios
Tamanaco. De allí lo llevo a la central de

la empresa donde el funcionario de guardia Carlos Rizo lo puso en el casillero del


repartidor José Luis Villamizar. Villamizar al ver que iba para el Congreso lo apartó y
lo dejó allí para llevarlo el día lunes pues presumía que los sábados el edificio del
Capitolio estaba cerrado. El lunes lo metió en su motoneta y a las 10 de la mañana,
un poco después de que Rángel se había ido lo entregó a unos empleados del
parlamento que vacilaron un poco antes de recordar que Martín Antonio Rángel era
un diputado de Acción Democrática. Ese día casualmente el Departamento de
Comunicaciones había sido mudado al primer piso y todo estaba regado por el
suelo; así que al ver que el paquete con envoltorio verde tenía escrita la palabra
frágil, Rebeca Betancourt, Jefa del departamento ordenó que fuera directamente
colocado en el escritorio del destinatario. Sin embargo, un grupo de empleados trató
de adivinar que clase de regalo contenía el paquete; por la cercanía de las fiestas
navideñas presumieron que era una botella, como no podían ver de qué licor se
trataba, agitaron el paquete cerca de los oídos y solo escucharon un sonido como
de bombilla rota. En la tarde, al enterarse de la presencia del diputado Martín en la
sesión plenaria enviaron a un mensajero a informarle del paquete. El diputado entró
en la oficina de Rebeca Betancourt, a quien conocía, a buscar el paquete, ésta
amablemente le preguntó que si podía ir con su esposa a comer en su casa antes
de la navidad y el diputado se disculpó diciéndole que tenía proyectado viajar con
Hilda a la isla de Margarita. Rángel tomó el paquete y rasgó un poco la envoltura
verde, Rebeca le dijo que tal vez fuera algún frasco de perfume. El diputado mostró
extrañeza por el nombre del remitente y manifestó no conocer a ningún José
Antonio Colmenares. Cuando finalmente abrió el paquete notó dentro una colorida
estatuilla de María Auxiliadora. Al ver aquello dijo: – Es raro que me regalen una
virgen – De verdad es raro – bromeó Rebeca Betancourt – ¿Para qué le regalan
santos a usted, cuando usted es un santo? – Bueno – dijo finalmente el diputado-
será mejor que le lleve esto a mi esposa, a ella seguramente le gustará como
obsequio. Tucupita, mes de Septiembre de 1965 La hija del compadre El señor
Miguel Marín y su esposa Azucena García despidieron a su pequeña hija Maritza
del Rosario; la chica que estaba a punto de cumplir los 17, salía a estudiar
bachillerato comercial en el liceo Antonio José de Sucre en Caracas. La escena era
la usual en estos casos: advertencias sobre los peligros

de la ciudad y consejos de última hora aderezados con lágrimas y suspiros. Miguel


Marín y Azucena eran amigos del diputado Martín Antonio Rángel y en fechas
recientes, éste había bautizado al menor de sus hijos. Caracas, lunes 6 de
diciembre de 1965 – 9:55 p.m. Ahora y en la hora El Oldsmobile detuvo su marcha
frente a la quinta Hil-Mar, esta vez Rángel no quiso tocar la corneta para no
despertar a los niños. En el trayecto, él y su esposa habían estado hablando del
viaje a Margarita. Antes de recoger a Hilda en la avenida Andrés Bello, había ido a
la universidad pero al llegar consiguió un cartel en la puerta que anunciaba el fin del
periodo de clases. Como no tenía nada que hacer decidió llegarse hasta la casa de
una familia que lo había ayudado mucho en su época de clandestinidad. Allá se
tomó un café y conversó largo rato. Luego se fue a buscar a Hilda al apartamento de
la amiga. Ya dentro de la quinta, Martín quien tenía mucha hambre entró a la cocina
a buscar algo de comer mientras su esposa subía al primer piso a preguntar a la
domestica si había alguna novedad. El diputado notó dos paquetes encima de una
mesita y preguntó a Pastora que cosa eran y quién los había traído; la mujer
contestó desde su habitación que eran un regalo de un amigo. Martín abrió
entonces uno de los paquetes y cuando vio que eran bocadillos de guayaba sacó
uno y cortó un pedazo de queso para acompañarlo. Cuando su esposa regresó del
cuarto de Pastora, Martín había terminado de comerse el bocadillo. – Terminaste y
no me diste ni un pedacito – le dijo ella en actitud juguetona – Así que yo también
haré lo mismo. Martín le dijo entonces. – En el carro te tengo un regalo que me
llevaron al Congreso, espera un segundo. Corrió hacia el garaje y sacó a la imagen
del envoltorio, entró a la casa y al estar de nuevo frente a su esposa le pregunto: –
¿Tú conoces a J.A. Colmenares? Ella intrigada, tomó la estatuilla y le dijo que no
conocía a nadie con ese apellido. Se puso a examinar la imagen como buscando la
clave de algo; al ver la mirada desconfiada de Hilda, Martín, quien ya se había
acostumbrado a sus escenas de celos, arrancó la tarjeta que estaba en el pecho de
la virgen diciéndole:

– ¿Ves? No tiene nada de raro. Espera aquí, voy a traerte el envoltorio para que
veas tú misma el nombre y la dirección completa del remitente. Se dirigió de nuevo
al vehículo. No había terminado de salir del pasillo que comunicaba la casa con el
garaje cuando oyó una terrible explosión. El hombre se sintió en el epicentro de un
cataclismo. La cabeza le dolía intensamente y no lograba captar sino un agudo
zumbido. Desando corriendo el pasillo y al entrar en la estancia no podía ver nada,
el humo cubría todo. Busco a Hilda en la puerta del comedor, donde la había
dejado, pero ya no estaba allí, la onda expansiva arrojó su destrozado cuerpo hasta
la cocina. Las paredes estaban completamente salpicadas de sangre. Martín
Antonio Rángel solo se quedó allí, sin saber exactamente qué hacer. Eran las diez
de la noche. Pastora Medina despertó sobresaltada y en su habitación del segundo
piso, los dos pequeños hijos del matrimonio, inocentes de lo que había pasado se
quedaron sentados en la cama. El estallido se sintió en toda la urbanización, un
vecino de apellido Malva decidió acercarse hasta la quinta Hil-Mar, al entrar
encontró al diputado cerca del cadáver y a la domestica con la mirada perdida.
Martín vio que el hombre le decía algo pero no lograba oírlo; en ese momento ya
con dominio de si mismo, les pidió que no tocaran nada y fue al teléfono a llamar a
la policía. Luego subió hasta el cuarto de los niños, los cubrió con una sabana, los
bajó y los llevó a casa del señor Malva. San Pedro de los Altos, estado Miranda, 29
de octubre de 1965 La fábrica de El Garabato Gracias a una delación, un pelotón
del ejército y unidades de la Dirección General de Policía (DIGEPOL) allanan una
fábrica clandestina de armas que la guerrilla había logrado montar en esa zona con
la colaboración de un químico español de nombre Vicente García Ucejo y el biólogo
y explosivista Vicente Scorza. El sitio funcionaba como un centro de investigación y
en el mismo se elaboraban armas y explosivos. Al momento del registro se
incautaron subametralladoras, morteros, granadas y bombas. Medianoche del 6 de
diciembre de 1965 La noticia corrió por la ciudad como reguero de pólvora, al poco
rato llegaron a la quinta Hil-Mar no solo las patrullas de la PTJ y de la DIGEPOL
sino también el propio director de la policía científica Rodolfo Plaza Márquez
acompañado del Fiscal General de la Nación Antonio José Losada. Algunos
parlamentarios y compañeros de partido de Martín Antonio Rángel se hicieron

presentes para manifestarle su solidaridad. Éste entregó a la policía el envoltorio


verde, lo único que había quedado intacto del siniestro paquete. Los técnicos
procedieron a recolectar los fragmentos de la bomba y en la madrugada el cuerpo
de Hilda fue retirado y llevado a la morgue del hospital Rísquez para efectuar la
autopsia. En un rincón de la casa el médico forense Miguel Victorino Cedeño
comentaba con el funcionario de la PTJ Eduardo Alfredo Rodríguez el asombro que
le producía la tranquilidad mostrada por el diputado. El policía ducho en este tipo de
hechos, reconoció que extrañamente se le había hecho muy fácil tomar la
declaración del viudo ya que en situaciones como aquella era imposible conversar
con los familiares de la víctima por estar inmersos en un shock. A las 8 de la
mañana del martes, el presidente de la república Raúl Leoní llegó para dar el
pésame al diputado Rángel, la casa se había convertido en un centro de
peregrinación y personeros de distintos sectores daban sus impresiones a los
medios de comunicación. La opinión general era que se trataba de un acto
terrorista. Las pesquisas El aire denso y azulino a causa del humo de los cigarrillos
apenas dejaba ver los rostros preocupados de aquellos hombres; como si no
tuvieran trabajo ahora venía a ocurrir esto. Los efectivos de la Policía Técnica
Judicial no se daban abasto ante la cantidad de casos que debían resolver. Entre el
hampa común y los grupos subversivos los tenían copados. El director, Rodolfo
Plaza Márquez mientras hablaba a sus hombres recordaba la experiencia muy
reciente del crimen de Decia Morelia de Rivero, esposa del capitán de la aviación
Roberto Rivero Pérez en el que luego de un intenso trabajo terminaron con las
tablas en la cabeza. Ahora ocurría la muerte de esta dama, vinculada de manera
indirecta con el poder político. La línea que se había dictado desde las altas esferas
era la de encaminar las investigaciones por la tesis del atentado terrorista. Sin
embargo Plaza Márquez y los detectives sabían que las cosas nunca eran tan
sencillas, así que mientras políticos, empresarios, religiosos y los medios
condenaban a los terroristas de izquierda y derecha ellos se pusieron a evaluar
distintos escenarios. Plaza Márquez en persona lideraba las pesquisas y
compartiendo esa responsabilidad con él estaba el comisario Carlos Alberto
Villavicencio. El director cedió la palabra a los técnicos para que dieran información
de lo que tenían hasta ese momento.

– El medio usado para camuflar la bomba es una imagen de yeso de María


Auxiliadora, de las más comunes, así que por allí es difícil que logremos algo. -dijo
uno de los expertos en explosivos– ¿Y que tipo de bomba era? Preguntó
Villavicencio. – De las conocidas como “caza-bobos”. El que la armó usó una
mezcla de clorato y azufre y aunque en las vísceras de la víctima había residuos de
fosfato, logramos establecer que no se uso fósforo. La bomba explotó
eléctricamente por medio de una pila japonesa marca Hitachi de 1.5 voltios. Estalló
en la mano izquierda de la señora mutilándosela. La onda explosiva cubrió un radio
mayor de30 metros propagándose de forma horizontal. – El mecanismo que la
detonó – intervino otro de los técnicos- fue la tarjeta que tenía en el pecho, al ser
desprendida puso en libertad la lamina aislante del interruptor produciendo la
explosión. Plaza Márquez frunció el ceño para afirmar más que para preguntar: – El
que desprendió la tarjeta fue el propio viudo ¿verdad? Quiero que me investiguen a
fondo que fue lo que ocurrió en esa casa desde que se levantaron ese día hasta que
ocurrió el hecho. Interroguen a la domestica, los vecinos y en cuanto el diputado
esté dispuesto tómenle declaración. Caramba jefe – salto Eduardo Alfredo
Rodríguez – la verdad es que yo ya tomé la declaración del hombre anoche mismo.
Plaza Márquez y Villavicencio cruzaron miradas. – ¿Y eso? La experiencia en este
tipo de casos nos indica que en casos como este es literalmente imposible
conversar con los familiares – observó el director– Pues en realidad a mi me extrañó
que el diputado estuviese tan tranquilo. Me dio detalles de todo lo que había hecho
ese día y como había llegado la bomba a su poder. – Bien, dijo finalmente Plaza
Márquez, concentremos los esfuerzos en investigar un posible atentado terrorista;
habrá que ver si la cosa iba dirigida al Congreso Nacional o directamente al
diputado Rángel… y si ese fuera el caso establecer si la motivación era política o
personal. Tengo entendido que él fue gobernador del Delta Amacuro, en esos
cargos siempre se hacen enemigos. Una vez que todos habían salido, el curtido jefe
policial quedó bastante preocupado. En el pasado reciente él y sus hombres habían
tenido que enfrentar dos poderes: el religioso y el militar. Solo esperaba que este
nuevo caso no le trajera más complicaciones de las que ya tenia. Poco a poco
fueron desfilando por el edificio de la Policía Técnica diversos testigos: Efraín
Salazar el hombre que recibió el paquete en la estación de servicios Tamanaco, los
empleados de Avensa, los mensajeros del Congreso, Rebeca Betancourt, Jefa del
Departamento de Comunicaciones, el señor

Malva, los padres de Hilda de Rángel y sus compañeros de estudios. Por mera
rutina se descartó la existencia de José Antonio Colmenares y se verificó la
dirección dada por él así como su dirección. Los detectives se encontraron con que
si existía alguien con ese nombre y que vivía en aquella dirección; pero no tenía que
ver en absoluto con el hecho. Al conocerse por la declaración de Efraín Salazar que
el misterioso hombre que dejo el paquete parecía carecer de un brazo, comenzó la
más despiadada cacería de mancos habida nunca antes en el país. Al final se
descartó que se tratara de una persona lisiada. En medio de todo esto, el diputado
Alfredo Tarre Murzi denunció que el atentado había sido preparado por extremistas
de la derecha con el objetivo de crear las condiciones psicológicas para un golpe de
estado. Por su parte los dirigentes de Acción Democrática insistían en que aquello
no era más que una acción de la extrema izquierda, acusando concretamente a los
ilegalizados partidos Movimiento de Izquierda Revolucionaria y Comunista de
Venezuela. La reacción de los comunistas no se hizo esperar, Los hermanos
Gustavo y Eduardo Machado dirigentes del PCV, ordenaron desde la prisión la
publicación de un remitido en el que condenaban cualquier hecho de ese tipo y
negaban de plano la responsabilidad de su organización. El 9 de diciembre de 1965
cobró fuerza la tesis de la venganza personal contra el diputado Rángel, debido a la
llamada recibida por la telefonista Eva Campos, en la que una extraña voz le
anunciaba que Rángel tenía los días contados. Siguiendo esa pista la policía detuvo
en Tucupita al ex militante de AD José Ramón Zacarías que al parecer tenía
disputas con Martín Antonio Rángel desde la época en que este ocupó el cargo de
gobernador. Al final fue liberado pues no se encontró nada que lo vinculase al
asesinato. Desde Acción Democrática se insistió entonces en que los culpables
debían ser buscados en los partidos de izquierda y se afirmó que la bomba había
sido fabricada en el cerro El Garabato, esta tesis fue respaldada tanto por el director
de la DIGEPOL J.J.Patiño como por el Director del Ministerio de Relaciones
Interiores Luis Vera Gómez. Así estaban las cosas cuando por obra de los hechos
los detectives comenzaron a sospechar del propio viudo. El comisario Carlos Alberto
Villavicencio quien había interrogado personalmente a la mayoría de los testigos
tenía ya en su poder información llamativa en torno a la vida de la pareja. Sabía por
los padres de Hilda, que discutían constantemente por cuestiones de celos. Al
parecer la muchacha le reclamaba al diputado el ser un mujeriego empedernido. Se
supo igualmente que Martín Antonio Rángel en algún momento trató de divorciarse.
Otro elemento que llamaba la atención era que el hombre trasladó el paquete con la

bomba, no en la guantera sino en la maleta del carro. – ¿Por qué lo hizo así, siendo
que era un paquete pequeño? – se preguntaba Villavicencio. Por otro lado estaba el
hecho de que el diputado, a sabiendas de que su esposa era terriblemente celosa,
solo le llevó el paquete y no el envoltorio completo con la guía del remitente – ¿Por
qué hizo eso, si sabía que Hilda, de naturaleza desconfiada, iba a querer saber
quien había mandado el regalo? Tal vez lo había hecho de esa forma para poder
salir de la casa una vez desprendida la tarjeta que detonaba la bomba. La tarjeta
que él mismo desprendió. Además, existían contradicciones entre las declaraciones
del parlamentario y la de varios testigos. Por ejemplo, él afirmó que cuando el
paquete le fue entregado por Rebeca Betancourt, ésta le dijo que se lo regalara a la
esposa. Afirmación que fue negada de manera categórica por la empleada del
Congreso. Cuando uno de los mensajeros – que había sido testigo de la
conversación entre Martín y Rebeca- confirmó la versión dada por ella, el diputado
se retractó. Y finalmente llamaba mucho la atención la pasmosa tranquilidad del
diputado luego de ocurrida la muerte de su esposa, sobre todo si se tomaba en
cuenta la forma tan espantosa como sucedió. En los últimos días el diputado evadía
ostentosamente la comparecencia ante los detectives. En una ocasión en la que
Villavicencio, en un esfuerzo en comunicarse con el, visitó el Congreso Nacional,
Martín Antonio Rángel lo recibió acremente y llegó a amenazarlo con quejarse ante
su partido por lo que consideraba una persecución. El día 20 de diciembre el diario
Últimas Noticias presentaba una declaración del parlamentario en la que negaba ser
el autor del asesinato y mostraba su indignación por tan falaz acusación. Por
supuesto ocurrió lo que tenía que ocurrir y tanto Villavicencio como Plaza Márquez
fueron llamados a botón por instancias superiores. – ¿Qué era lo que pasaba?
¿Acaso se habían vuelto locos? Dedíquense a buscar a los verdaderos culpables.
Villavicencio pidió a Plaza Márquez que lo dejara proseguir con la investigación al
viudo; el director de la PTJquien ya estaba curado de espantos lo autorizó a seguir;
pero le recomendó que lo hiciera con mucho tacto. Él mientras tanto se dedicaría a
mantener a raya a sus superiores. Cuando los restos de la bomba fueron analizados
por expertos explosivistas del Ministerio de la Defensa se determinó que los varios
de los componentes habían sido traídos del exterior por lo que se descartó la tesis
defendida en un inicio de que el explosivo fue montado en la fábrica clandestina que
la guerrilla tenía en el cerro El Garabato.

Los meses fueron pasando y con ellos la percepción de la ciudadanía en torno a


que este caso se convirtió en otro cangrejo para la PTJ. Sin embargo, Villavicencio
seguía trabajando y entre las cosas que logró averiguar había una fundamental: El
diputado Martín Antonio Rángel era experto en explosivos. Este dato que le había
llegado por parte de uno de los empleados del Congreso Nacional lo llevó a pensar
en las actividades del político en la época en que formó parte de la resistencia.
Villavicencio sabía también que Martín Antonio Rángel había sido detenido a
mediados de los años 50 y luego de una estadía en la cárcel de Guasina fue
expulsado del país. El comisario se dedicó a investigar las causas de aquella
detención y supo entonces que al dirigente adeco lo habían apresado por estar
incurso en un atentado contra Marcos Pérez Jiménez programado para ser llevado a
cabo el 12 de octubre de 1955. En esa acción se utilizaría una bomba de alto poder
para eliminar al dictador en el momento en el que hiciera presencia en el acto oficial
de la Plaza Colón. El plan fue develado y las personas involucradas fueron todas
detenidas, entre ellos estaba Martín Antonio Rángel, quien era el que había
fabricado aquel explosivo. Villavicencio se llegó hasta la Hemeroteca Nacional y
pidió los periódicos correspondientes a octubre de 1955. -Eureka- Allí estaba la
información. Otra información suministrada al comisario Villavicencio apuntaba a
que el diputado mantenía relaciones con otra mujer, eso también habría que
investigarlo. El sábado 5 de marzo de 1966, se publicó en el diario El Nacional una
extensa entrevista firmada por el periodista Germán Carías en la que Rángel
desmentía que fuera experto en explosivos. El caso fue cayendo en el olvido hasta
que en agosto de 1966, el señor Miguel Marín acudió a la delegación de la
DIGEPOL en Tucupita a denunciar a su compadre Martín Antonio Rángel por el
delito de seducción en la persona de su menor hija Maritza del Rosario, la misma
chica que se vino de su pueblo en septiembre de 1965 para estudiar bachillerato
comercial. Seis días después de recibida la denuncia el diputado se casaba con la
muchacha en la prefectura de la pequeña ciudad de Charallave en el estado
Miranda. Una vez casada, la pareja estableció su residencia en la misma quinta Hil-
Mar. El diputado se justificó diciendo que él tenía derecho a rehacer su vida y sus
hijos necesitaban la presencia de una madre. Cerrado el caso policialmente, los
fiscales se abocaron a solicitar la detención del diputado, cosa que no fue posible
hasta 1969 cuando cesó su actividad parlamentaria y con ella la inmunidad de la
que gozaba. Martín Antonio Rángel fue detenido entonces por orden del Juez
Segundo en lo Penal Gonzalo Rodríguez Corro por homicidio calificado.

El 20 de noviembre de 1970 el Fiscal Segundo del Ministerio Público Doctor Vertilio


Valecillos pidió 25 años de presidio para el ex diputado, la defensa se movió en un
primer momento buscando que se cambiara la pena de homicidio calificado a
homicidio culposo y luego pidió que el caso pasara a una instancia superior para su
revisión. Así se hizo y el 10 de julio de 1972, el ex diputado fue puesto en libertad
luego de que le fuera leída una sentencia absolutoria dictada por la Corte Superior
Segunda en lo Penal. Curiosamente uno de los elementos que se tomo en cuenta
para esta sentencia fue una declaración del ex Ministro del Interior Dr. Gonzalo
Barrios según la cual él estaba dispuesto a certificar que en el allanamiento hecho a
la fábrica de armas de El Garabato se había incautado un lote de imágenes de la
virgen del Carmen similares a la utilizada para causar la muerte de Hilda de Rángel.
Esta certificación como podrán imaginar ustedes jamás se hizo. Los abogados
defensores Armando Lazo y Pablo Gutiérrez prometieron que revelarían una gran
sorpresa en torno a la misteriosa figura del remitente José Antonio Colmenares, el
manco que nunca apareció. Al salir de la sala, el Fiscal Vertilio Valecillos anunció
que intentaría un recurso de casación ante la Corte Suprema de Justicia. Mientras
todo eso ocurría, los funcionarios policiales responsables de la investigación sabían
lo que vendría a continuación. Lo sabían como que estuviese escrito en un guión:la
Corte dictaría libertad plena al político y ello los obligaría a reabrir el caso sin poder
citarlo como indiciado. La investigación jamás continuaría pues no tenía sentido;
como no lo tuvo en los casos de Lesbia Biaggi ni en el de Morelia Paradisi de
Rivero. Transcribo aquí el párrafo final del capitulo correspondiente a este caso en
la novela 4 Crímenes 4 Poderes de Fermín Mármol León: “Pero no todo fue color de
rosa para el criminal, yo seguí su trayectoria política y tuve una satisfacción como
profesional de la policía y como investigador del horrendo crimen cometido contra su
esposa; su partido estaba convencido de su culpabilidad, por razones de alta
política manejaron el expediente y le resolvieron el problema; pero lo eclipsaron
políticamente, jamás volvió a aparecer en una lista para diputados. Quedó fuera,
execrado como hombre público y a solas con su conciencia.”

El secuestro y homicidio de un adolescente en el este de Caracas Inglaterra, julio de


1972 En los meses estivales, la temperatura promedio de Londres alcanza los 18
centígrados, agradable sin duda alguna. El niño Carlos Vicente Vegas Pérez
aprovechaba el clima benigno para jugar, corretear y charlar con sus amigos
londinenses. Se conocían muy bien porque habían estudiado juntos toda la escuela
primaria. Carlos Vicente haría el próximo año lectivo en Venezuela para luego
regresar a Londres a proseguir la secundaria. Junto a él estaba su padre, el
arquitecto Martín Vegas quien a su vez daba los toques finales a su tesis de post
grado sobre purificación del medio ambiente. Cuando llegó el día de regresar a
Caracas, Carlos Vicente se despidió de sus amigos con la promesa de un cercano
reencuentro. Mientras tanto procurarían mantener el contacto por correspondencia.
0

Maitana, viernes 23 de febrero de 1973 – 2:00 a.m. Lucía Figuera, una de las 60
personas que habitaban el caserío de Maitana, despertó sobresaltada por el ruido
de un carro; no era normal que a esa hora alguien transitara por allí. Al sentir que
paraban frente a su rancho se levantó del catre y con los nervios de punta levantó la
tranca para salir a ver que pasaba. Pudo ver a la distancia un pequeño auto europeo
que avanzaba lentamente por el camino pedregoso hasta situarse varios metros
más abajo, justo al borde de un profundo barranco. Oyó voces y pasos que se
perdían entre el follaje. De pronto llegó el ruido de algo que caía, arrastrando
consigo pequeños guijarros; al final un golpe seco. En ese momento se sintió un
poco ridícula, parada como estaba en medio de la oscuridad y el frío aguijoneante. –
Lo que sea que esté pasando aquí afuera no es problema mío – se reprochó. Al
regresar al catre notó que el carro se alejaba y todo iba quedando en silencio.
Caracas, jueves 22 de febrero de 1973 – 4:30 p.m. Carlos Vicente, despierto joven
de 13 años, tercer hijo del matrimonio Vegas-Pérez, destacado estudiante del
colegio El Peñón de Baruta y amante de las actividades físicas decidió salir a
comprar un par de historietas de las que

era asiduo lector; su madre Trina, luego de entregarle algunas monedas lo despidió
amorosa sin saber que era la última vez que veía a su pequeño con vida. Caracas,
viernes 2 de marzo de 1973 – La hora del LSD En marzo de 1973 los
acontecimientos mundiales llevaban un ritmo vertiginoso. En Chile, el presidente
Salvador Allende enfrentaba a una feroz oposición que lo llevaría a la muerte unos
meses después, los gobiernos europeos escandalizados por la decisión del
presidente Nixon de abandonar el patrón oro exigían garantías sobre el dólar, en la
ciudad de Jartum militantes palestinos daban muerte al embajador estadounidense,
en Londres un auto bomba estallaba frente a la Corte Central Criminal y en la
América melómana se lloraba la muerte del grande de la música afrolatina, Tito
Rodríguez. En Venezuela al mismo tiempo, el ambiente era un pastel psicodélico; el
primer gobierno socialcristiano llegaba a su año postrero y el gobernador de
Caracas, Guillermo Álvarez Bajares, se daba el lujo de prohibir la película El último
tango en París del director Bernardo Bertolucci, ese mismo gobernante en un
improvisado set de cartón piedra ceñía una corona de oropel en la frente de la joven
Migdalia Mota, vecina del humilde barrio de Chapellín, para nombrarla Migdalia I
Reina del Carnaval. La campaña electoral estaba en su apogeo, el bachiller Carlos
Andrés Pérez prometía “democracia con energía” mientras que el candidato
oficialista Lorenzo Fernández ofrecía seguir “con lo bueno de lo actual”. Las calles
hervían de jóvenes melenudos que copiaban una moda ya extinguida en otras
latitudes, el acido lisérgico corría como agua debajo del puente en discotecas y
urbanizaciones. Los chicos de la clase media caraqueña descubrían los efectos de
una droga que diez años atrás diera tanto de que hablar en los países nórdicos. En
un apartamento del este de la ciudad, uno de estos muchachos tenía un pésimo
viaje; pese a estar en un piso alto sentía que los sonidos de la calle se
arremolinaban frente a sus ojos hincándolos furiosamente mientras un fétido olor
penetraba en su habitación llenándola de un alucinante color púrpura. Sentía un frío
tremendo alternado por sucesivas olas de calor. Los objetos se encogían y estiraban
frente a sus ojos y aquella maldita fetidez purpurina le taladraba los oídos. Con la
percepción espacio-temporal totalmente alterada, el joven de pronto se veía en otro
sitio; en un sitio que lo aterraba. Cuando sus manos que no parecían formar parte
de su cuerpo levantaban la colcha de la cama, veía una figura encadenada, una
silueta

humana en posición prenatal. La cama ya no era una cama sino el maletero de un


carro, y desde allí la silueta distorsionada le gritaba desde el pútrido olor de la
muerte. El muchacho con el cerebro colmado de acido trataba de enfocarse en la
figura pero los rayos de luz que salían de las cadenas le golpeaban la vista hasta
enceguecerlo. Caracas, jueves 22 de febrero de 1973 – 7:30 p.m. En la quinta
Algarrobo ubicada en la avenida principal del Mirador del Este, había inquietud,
después de tres horas Carlos Vicente no regresaba. El centro comercial Santa
Marta, lugar a donde había ido a comprar las revistas, solo distaba 800 metros de la
vivienda. No se justificaba la tardanza. Cuando llegó Martín Vegas, Su esposa le
comunicó la angustiosa noticia: el niño salió temprano al centro comercial y no había
vuelto. De inmediato salieron a buscarlo, no estaba en las inmediaciones. Bajaron al
centro comercial y preguntaron al señor Julio Brillemburg que si había visto a Carlos
Vicente. – ¡No! – fue la desconsoladora respuesta. Regresaron a casa por si el niño
aparecía. La oscuridad de la noche les generó una angustia que se prolongaría
durante seis dolorosos días para culminar en un trágico desenlace. Con los
corazones oprimidos se sentaron a esperar a su hijo. Los trémulos labios de Trina
susurraron una oración. Caracas, jueves 22 de febrero de 1973 – 10:30 p.m. El
timbre del teléfono rompió el expectante silencio en la quinta Algarrobo. La
domestica atendió la llamada y desde el otro lado de la línea una voz clara y fuerte
le dijo: – Deseo hablar con el señor de la casa para darle noticias de su hijo Carlos
Vicente. La empleada corrió hasta la habitación del arquitecto y tocó bruscamente la
puerta. – ¡Un señor que desea hablar con usted asegura tener noticias de Carlitos!
Cuando Martín Vegas levantó el auricular escuchó las siguientes palabras: –
Tenemos a su hijo, no deseamos hacerle daño alguno, solo queremos que nos
pague por su libertad la suma de 150.000 bolívares.
El padre sintió vértigo, su esposa que había corrido a su lado lo miraba asustada, él
no sabía como dar aquella terrible noticia. La abrazó y ella supo que algo malo
pasaba. Martín siguió hablando. – Por favor, no vayan a hacerle nada. Estoy en
condiciones de hacerles llegar el dinero, en la forma que ustedes crean conveniente.
– Perfecto. Primero que nada, cero contactos con la policía, el dinero nos lo va
entregar en billetes de cien y cincuenta que no tengan seriales continuos. Esos
billetes tampoco pueden ser nuevos, solo dinero usado. Volveremos a llamar para
indicarle el sitio y la hora de la entrega. – Ustedes tienen la última palabra, estoy
angustiado por la suerte de mi muchachito, por lo que les pido que la entrega sea lo
más rápida posible. – Ok doctor y recuerde, si de verdad quiere volver a ver a su
hijo nada de policías. Estaremos en contacto. Al colgar, apenas tuvo tiempo de
atajar a su desvanecida esposa. Caracas, viernes 23 de febrero de 1973 – 9:00 p.m.
Luego de 24 horas, la incertidumbre había destrozado el ánimo de los esposos
Vegas Pérez. Las ojeras se acentuaban en la palidez de sus rostros y un rictus de
dolor les torcía las comisuras de los labios. La noche anterior pese a la orden de los
secuestradores, el arquitecto se comunicó con la policía. Decidió hacerlo luego de
consultar con sus hermanos. Los detectives prometieron realizar la investigación
bajo la más estricta reserva. La señora Trina sentada en la estancia que servía de
recibo, miraba con ansiedad el aparato telefónico. Su esposo se paseaba de un lado
a otro y su hijo Federico, mayor que Carlos Vicente, tenía la cabeza hundida entre
las manos. De a ratos miraba de soslayo a sus padres y un relámpago de bochorno
se asomaba en sus ojos. Por fin sonó un timbrazo, el arquitecto levantó la bocina y
la voz que tanto esperaban preguntó con cierto azoro: – ¿Qué ha pasado? Martín
gritó desconcertado -¿Cómo que qué ha pasado? Tenemos 24 horas esperando a
que nos llamen. Queremos resolver lo de la entrega del dinero para que devuelvan a
nuestro hijo…

Al advertir la intensidad del tono en que había hablado, el arquitecto bajó la voz y
quedamente suplicó: – Señor por favor, estamos en sus manos, dígame el sitio
donde debemos llevar el dinero. La voz, ahora con más aplomó dijo: – Escuche
bien, el lunes a las 11 de la noche, su esposa debe llevar un maletín con el dinero a
la plaza La Castellana, dígale que estacione frente a la discoteca que esta allí. Un
carro color azul va a pasar a esa hora encendiendo y apagando las luces tres veces,
va a ser la señal para que su esposa se acerque y nos entregue la plata. Háganlo
así y le garantizamos que el martes a las 7 de la mañana tendrán de nuevo a su hijo
con ustedes. Martín Vegas quiso saber si no podía ser antes pero el que le hablaba
fue terminante. – ¡El lunes a las 11 de la noche y nada de policías! En un edificio
cercano, la conversación había sido captada y grabada por un equipo de la Policía
Técnica Judicial. Cada uno de los hombres de aquel comando improvisado,
escuchaba la voz del raptor tratando de captar en ella los más mínimos detalles: el
acento, las inflexiones, el tono. Todos estuvieron de acuerdo en que se trataba de
un joven, alguien que rondaba los 20 años; era además caraqueño y por la manera
de expresarse deducían que se trataba de alguien con un cierto nivel de educación.
No eran las típicas maneras del delincuente marginal. Esos detalles, asociados a
otros que ya venían procesando, daban a los detectives una visión de lo que
enfrentaban. No era hampa común; pero tampoco delincuencia organizada ni
guerrillas. El ridículo monto que habían exigido lo decía. El chico secuestrado era de
familia pudiente, misma que podía llegar a pagar sumas millonarias si así se lo
exigían. – ¿De qué se trataba entonces? ¿Por qué pedir tan poco cuando se
estaban metiendo en un asunto tan gordo como aquel de un secuestro? – Se
preguntaba en voz alta Fermín Mármol León, comisario jefe de la PTJ. – Esta gente
no parece saber muy bien lo que hace. – apuntó uno de sus hombres – Así es.
Vamos a escuchar bien esta grabación muchachos, agucen los oídos; presten
atención a los sonidos de fondo. Cuando el tipo habla se oye algo que golpea.
Parecen olas, tal vez hayan hecho la llamada desde algún litoral o quizás sea otra
cosa. Hagamos una copia de esta grabación para enviarla al

FBI, allá tienen equipos más avanzados que los nuestros y seguramente puedan
ayudarnos. Mientras escuchaba la cinta una y otra vez, Mármol León repreguntaba
por qué demonios, aquellos peculiares secuestradores pedían tan risible suma.
Caracas, lunes 26 de febrero de 1973 – 3:00 p.m. Luego de un infernal fin de
semana sin saber de su hijo, los VegasPérez recibieron una llamada telefónica. Esta
vez atendió la madre. Le informaron que los planes habían cambiado. Ahora ella
debía esa noche al restaurante Don Sancho en El Rosal y una vez allí debía estar
atenta pues la llamarían al teléfono del negocio para darle instrucciones. La
angustiada mujer, acompañada de Ricardo, llegó a la hora convenida. Ordenó un
bocadillo que nunca consumió. A cuello alzado vigilaba la barra y al oírel timbre
saltó de la silla. El encargado anunció que la llamada era para ella. Con el corazón
saliendo por su boca tomó el auricular. – ¿Trajo usted el dinero? – Si, acá lo tengo
señor. Dígame dónde debo entregarlo. – Lo siento señora – fue la respuesta glacial
– pero no puedo recibirlo pues usted no vino sola Creyendo ser víctima de una
broma cruel la mujer intentó protestar, pero el delincuente la atajó secamente. –
Vaya usted a casa y espere allá mis instrucciones. Desolada regresó a esperar la
llamada, esta vez no tardaron mucho. Ahora le ordenaron llevar el dinero, a las
10:30 de esa misma noche, al estacionamiento de la fuente de soda El Mirador en la
plaza Altamira. Debía depositar el maletín en uno de los contenedores de basura y
regresar a casa. Allá le dirían cuál sería el siguiente paso. De nuevo en “Algarrobo”
esperó con los nervios destrozados. Rezó para que acabara la pesadilla y poder
estrechar y besar otra vez a su niño. El teléfono sonó y la misma voz, esta vez
alterada le dijo: – ¡No cumplieron con el trato! La mujer que ya no aguantaba la
tensión, preguntó llena de pánico. – ¿Qué dice señor? Yo dejé el dinero en el sitio
que me indicó. ¡No sea cruel, nosotros cumplimos, por favor devuélvame a mi hijo! –
Lo siento señora pero cuando llegamos a buscar el dinero, la policía estaba allí. – Le
aseguro que la policía no sabe absolutamente nada de esto, tal vez fue una
casualidad que estuviera alguna patrulla por allí cuando ustedes llegaron.

– Bien, hagamos lo siguiente: Regrese sola a buscar el maletín y llévelo hasta La


Castellana en su carro. Antes de llegar dígale a algún taxista que la siga, va a
dejarnos el carro con las llaves puestas y el maletín dentro. Aborde el taxi y regrese
a su casa. En dos horas más o menos puede pasar a buscar su carro por la avenida
principal de Los Palos Grandes. Mañana a las 7 tendrán a su hijo de vuelta. En el
edificio donde funcionaba el comando, los comisarios Mármol León y Manuel Molina
Gásperi seguían paso a paso todo lo acontecido. Tenían la orden de no
intervenirhasta que el niño fuera liberado; luego de eso podían cazar a aquella
pandilla de malnacidos. Los billetes fueron fotografiados uno a uno, solo sería
cuestión de esperar a que los pusieron a circular para llegar hasta ellos. Mármol
León ordenó retirar todo el patrullaje de la zona donde iba a ser retirado el maletín
para propiciar que las cosas siguieran por buen cauce y sin nuevos tropiezos.
Mientras sus hombres tomaban café, desplegó un plano de la ciudad sobre una de
las mesas. Trazó un círculo en un punto del este para establecer el perímetro de
acción de los delincuentes. Todo se había desarrollado entre el Mirador, El Rosal,
Altamira, La Castellana y Los Palos Grandes. León se volvió a su compañero para
decirle: – Estos tipos no salen del este, Molina Gásperi. Parecen moverse solo en el
terreno que conocen. – Así es, sabemos que no es hampa común ni guerrilla, y por
la forma chambona en que han manejado el pago del rescate es indudable que
tampoco es hampa organizada. Estos tipos no son profesionales. Tal vez sea un
grupo de “niños bien” con alguna deuda por drogas, la cantidad que pidieron nos lo
dice. Un detective que sorbía un café recalentado terció en la conversación – Sí es
como dice Molina entonces tienen que ser conocidos de la familia; la desesperación
los llevó a cometer el secuestro en un medio que conocen, con una familia que
conocen. Mármol León que coincidía con todo lo dicho ordenó activar la brigada
contra drogas para allanar y detener a los distribuidores y consumidores conocidos
de la zona este. Alguien debía saber quién debía esos 150.000 bolívares. Caracas,
jueves 1 de marzo de 1973 – 11:30 a.m. Al ver que habían pasado más de 24 horas
sin tener noticias de su hijo luego de pagar el rescate, la familia Vegas Pérez decidió
consignar la denuncia de

manera oficial en la sede central de la PTJ. Los detectives que ya manejaban la


información de manera confidencial procedieron a tomarla. Para la tarde habían
organizado una conferencia de prensa en la oficina del doctor Juan Andrés Vegas
Pacheco, tío del niño, quien iba a hacer el anuncio a los medios de comunicación en
torno al caso. A esa misma hora llegaban a Caracas datos más exactos del cadáver
encontrado en Maitana, ya se había hecho un examen detallado y se sabía que se
trataba de un adolescente, que la data de muerte pasaba de 6 días y que los
zapatos que calzaba eran de fabricación estadounidense. Los detectives de
Caracas comenzaron a cotejar aquellos datos con los de las personas
desaparecidas o secuestradas que estaban en sus archivos. Caracas, jueves 1 de
marzo de 1973 – 3:00 p.m. La oficina del doctor Juan Andrés Vegas Pacheco se
ubicaba en el octavo piso del edificio Alfa en Santa Sofía; la antesala del despacho
hervía de periodistas que no sabían gran cosa, solo que se iba a hacer el anuncio
público de una persona secuestrada, presumían que por el nivel social del
convocante, debía de tratarse de algo gordo. Cuando el doctor se disponía a
recibirlos, lo llamó por teléfono su hermano Martín, lo que le dijo le dejó helado:
habían encontrado a su sobrino, pero muerto. Consternado salió de su oficina para
anunciar que suspendía la rueda de prensa y que toda la información del caso sería
suministrada de ahora en adelante por la PTJ. Al poco ratollegó Mármol León para
sostener una entrevista en privado. Los periodistas fueron reconvocados para las 6
de la tarde a la sala de prensa de la PTJ donde serían recibidos por los doctores
Fulvio Parodi Arias y Guillermo Rosquette, subdirector y secretario general de ese
cuerpo policial. El motivo era anunciar el secuestro y asesinato del niño Carlos
Vicente Vegas Pérez. Caracas, viernes 2 de marzo de 1973 – La prensa El primer
fin de semana de marzo los periódicos reseñaron la terrible noticia del secuestro y
asesinato de un niño. La tarde anterior periodistas de todos los medios estuvieron
presentes en la conferencia ofrecida por la

directiva de la Policía Técnica Judicial. Reproducimos a continuación parte de la


nota ofrecida por el diario El Nacional a sus lectores: “Honda conmoción causó en la
familia Vegas Pérez, así como en la colectividad venezolana el anuncio de que el
cadáver hallado cerca de la autopista Coche-Las Tejerías es del niño secuestrado el
pasado 22 de febrero en la urbanización Santa Marta. Los esposos Vegas Pérez,
sus otros hijos y demás familiares no creían las noticias que recibían sobre la
horrible tragedia. A la quinta Algarrobo comenzaron a llegar numerosas personas
amigas para manifestar sus condolencias. Varios miembros de la familia viajaron
ayer mismo a la ciudad de Los Teques a fin de reconocer en la morgue del hospital
policlínico el cadáver del pequeño Carlos Vicente. El lugar donde estaba el cuerpo
del menor de 13 años fue exhaustivamente pesquisado por los detectives de la PTJ.
Se informó que en el mismo barranco hallaron entre hojas secas cierta cantidad de
marihuana envuelta en papel de periódico, lo que hace presumir a los
investigadores que entre el grupo de secuestradores había individuos adictos a las
drogas”. Juan Martín Echeverría, director de la policía científica, no estuvo presente
en la rueda de prensa del día anterior, pues desde el primer momento asumió la
dirección de las investigaciones. En la autopsia que practicaron los doctores
Armando Domínguez y Jack Castro se determinó que el muchacho había muerto el
mismo día del secuestro asfixiado con monóxido de carbono; el cuerpo no
presentaba heridas ni por armas de fuego ni cortantes y se descubrió la presencia
en el organismo de un tranquilizante, seguramente usado por los secuestradores
para sedar al niño; lo peculiar era que los componentes de aquel sedante habían
sido sacados del mercado varios años atrás. Estos nuevos elementos reforzaron la
hipótesis que ya tenían los investigadores: Aquel crimen había sido cometido por
gente inexperta, probablemente jóvenes que necesitaban una cantidad precisa de
dinero para pagar alguna deuda de drogas. Basados en la información que
manejaban reconstruyeron mentalmente todo lo acaecido el día del rapto: Luego de
secuestrar al chico en las inmediaciones del centro comercial Santa Marta, lo
subieron a un vehículo y lo sacaron de Caracas. Se detuvieron en

algún paraje solitario para atar sus manos con cadenas y como no tenían un sitio de
retención decidieron meterlo en el maletero. Más tarde, al darse cuenta de que el
niño había muerto, decidieron abandonar su cuerpo en Maitana. Sin embargo no
desistieron del plan de cobrar el dinero. Fue por eso que al llamar a la familia el
viernes 23 de febrero a las 9 de la noche, el secuestrador se mostraba nervioso y lo
primero que preguntó fue: “¿Qué ha pasado? Pues temía que el cuerpo hubiera sido
localizado, al ver que no era así continuaron con su macabro plan. En los días
posteriores se realizó el descarte entre los enemigos, amigos, conocidos,
empleados, ex empleados y relacionados de los Vegas Pérez. Se supo que unos
días antes del secuestro la familia ofreció una fiesta y surgió un incidente con un
grupo de muchachos que no habían sido invitados pese a ser amigos de Federico
Vegas, hermano mayor de la víctima. Cuando se profundizó la investigación, se
descubrió además que todos tenían o habían tenido problemas por consumo de
drogas, incluido el propio Federico. El domingo 5 de marzo a las dos de la tarde un
juez, un fiscal y varios detectives realizaron la inspección ocular de una quinta en
Bello Monte; en aquel inmueble un joven, empleado bancario para más señas tenía
alquilada una habitación. Esta persona apodada “El Chamaco” había sido detenida
el sábado 4 a la salida de un cine. Igualmente se detuvo al hijo de un conocido
jurista. El fiscal primero del Ministerio Público, doctor Iván Martínez Zerpa se
presentó en horas del mediodía en la central de la Policía Técnica Judicial y al salir
de allí fue abordado por los reporteros. A la pregunta de cual era el nivel social de
los sospechosos, Martínez Zerpa contestó que estaban entre la llamada clase media
y alta, aprovechó para anunciar igualmente que ya había una identificación casi
definitiva de los autores y que era posible que los participantes en el secuestro
fueran tres personas. En aquella oportunidad se conoció también que en la
inspección hecha al vehículo que la señora Trina utilizó para pagar el rescate se
localizó una huella digital, trascendió de manera extraoficial que pertenecía a un
joven de 20 años de edad, con antecedentes criminales. Lo que siguió fue una
persecución de jóvenes melenudos en el este de Caracas, la División contra Drogas
trabajaba a la par con la División contra Homicidios en allanamientos, detenciones e
interrogatorios. En un momento se llegó a detener hasta 50 jóvenes por día. Muchas
discotecas fueron

allanadas y los informantes y fichados por tráfico de drogas entraban y salían de la


central detectivesca. El 8 de marzo, Manuel Molina Gásperi jefe de la División de
Operaciones, anunció que contaban con buenos elementos para dar por cerrado el
caso. Sin embargo pasaron los días y no ocurrió nada. En algún momento, se
especuló que el secuestro había sido planificado como parte de una película que
aspiraba a tener una buena dosis de realismo, este dato llevó a la detención del
cineasta Diego Rísquez quien fue interrogado y fue a dar con sus huesos a la cárcel
modelo de Caracas. Caracas, domingo 1 de abril de 1973 – Juego trancado Al llegar
abril no se tenía nada en claro, las informaciones eran vagas; lo único que se sabía
era que estaban involucrados los hijos de algunas familias pudientes. Algunos
apellidos de alcurnia se filtraban a la calle y esto no hacía más que aumentar la
molestia de la gente que se preguntaba si aquel crimen también quedaría impune.
Este día se publicó en un diario de circulación nacional la declaración de un alto
funcionario de la PTJ que pidió no ser identificado, según el declarante “Algo grave
entorpecía las investigaciones”. Ese algo tenía que ver con los apellidos notables
que salieron a relucir en las pesquisas, para la policía el juego se había trancado.
No resultaba nada fácil tener que lidiar con los padres indignados de los “niños bien”
del este. Caracas, lunes 16 de abril de 1973 – Apellidos A estas alturas era difícil
ocultar lo que en las calles era vox populi. Las autoridades comenzaron a dar los
primeros datos de las personas que hasta los momentos habían sido detenidas e
interrogadas: José Luis “Caramelo” Branger, Diego Baptista Zuloaga, Javier
Paredes, Gonzalo “Fafa” Capecci, el hermano de la víctima Federico Vegas Pérezy
un muchacho que usaba muletas pues le habían amputado una pierna, este joven
se llamaba Omar Cano y lo conocían como “El Chino”. Era él el que llevaba la
mayor parte de la acusación ya que la PTJ había encontrado indicios que lo
inculpaban como autor material del homicidio. A “Caramelo” Branger lo detuvieron
por presunto encubrimiento. La detención se basó en unas declaraciones dadas por
él al periodista Samuel Robinsón de la revista Bohemia. En la entrevista habría
dicho que los

secuestradores eran tres; al ser detenido e interrogado negó haberlo dicho, pero con
la comparecencia del periodista quien afirmó que si le había declarado aquello, el
joven quedó detenido. En los días siguientes seguían saliendo nombres, otros
presuntos implicados eran: Diego Molinari, Nicomedes Zuloaga, Julio Morales,
Alfredo Luis Parilli Pietri (pariente de la primera dama Alicia Pietri de Caldera) y la
joven Orietta Cabrices. La información que aportó esta chica involucraba de manera
directa a Parilli Pietri y fue clave para esclarecer el caso. Caracas, viernes 11 de
mayo de 1973 – Los autos de detención Este día fue de intenso movimiento en los
tribunales, una multitud de periodistas y curiosos se arremolinó en las afueras para
presenciar la comparecencia de los implicados. Era tal el movimiento, que se
encomendó a la brigada anti motines de la Policía Metropolitana que acordonara el
sector. El juez instructor, doctor José Francisco Cumare Nava dictó auto de
detención a Omar José Cano Lugo (a) “El Chino” como presunto autor material y de
Alfredo Luis Parilli Pietri, como presunto autor intelectual. Igualmente prohibió la
salida del país de la ciudadana Orietta Cabrices. Ese mismo día el juez interrogó a
dos importantes testigos: María Alejandra Delfino La Cruz y Alexia Josefina Felizola,
la primera de ellas oyó decir al chino Cano que había inyectado al niño Vegas Pérez
y que cuando vio que este había muerto decidió abandonar el cadáver en un
barranco. Mientras tanto los detectives descubrieron por medio de un informante, un
joven que se dedicaba al menudeo de cocaína en las urbanizaciones del este, que
efectivamente había una deuda por drogas y que el monto ascendía a 150.000
bolívares. Con todos estos datos se pudiera pensar que los culpables del
monstruoso crimen pagarían su culpa pero ocurrió un hecho que permitió a los
abogados defensores preparar una salida para sus clientes. Luego de conocida la
medida del juez, un grupo de reporteros abordó al comisario Fermín Mármol León,
hombre clave en las investigaciones, para requerir su opinión en torno a la decisión.
Mármol León declaró que compartía las decisiones y en particular la que afectaba al
“Chino” Cano. De inmediato los padres de los detenidos interpusieron una demanda
al comisario por violación del secreto sumarial. El comisario fue citado por el juez
ordenándole presentarse al termino de la distancia o de lo contrario sería

arrestado por desacato. Luego de recriminarle duramente, el juez ordenó que no se


pesquisara nada sin su expreso conocimiento y consentimiento. El equipo de
detectives liderado por Mármol León terminó marginado de las investigaciones.
Luego de esto, el proceso entró en un letargo de 8 meses, el país se metió de lleno
en las elecciones presidenciales y no sería sino hasta el año nuevo que se sabría
algo. El martes 8 de enero de 1974, la corte superior segunda en lo penal del
Distrito Federal y Estado Miranda revocó los autos de detención a los 7 indiciados
por el secuestro y muerte de Carlos Vicente Vegas por detectar “fallas sustanciales
en la instrucción y sustanciación del proceso”. Solo se confirmaron dos autos de
detención por tenencia y trafico de estupefacientes, esta medida afectaba a Omar
“Chino” Cano Lugo y a Gonzalo “Fafa” Capecci. El resto de los detenidos quedaba
en libertad, entre ellos Alfredo Luis Parilli Pietri quien había sido señalado como el
autor intelectual. Otro crimen impune. El score final quedaba así: Justicia 0 –
Poderes fácticos 4. Como dato curioso esta el hecho de que el sacerdote Luis
Ramón Biaggi, acusado en 1961 por la violación y asesinato de su hermana y luego
liberado de toda culpa por un tribunal, escribió el libro “Verdades y mentiras en el
caso Vegas”, este libro apareció en 1982, pero no fue el único ya que Federico
Vegas, hermano de la víctima y también presunto implicado en el crimen publicó
“Historia de una segunda vez”, este joven luego de pasar por la manos de varios
siquiatras cultivó una carrera literaria que tuvo más penas que glorias. Omar Cano
Lugo “El Chino” también hizo su aporte literario con la obra “La verdad sobre el caso
Vegas” en la que compila parte del expediente, este libro precisamente por esa
característica se convirtió en una pieza de colección y sigue siendo muy cotizado.
Omar Cano se dedicó en sus años de madurez a la pintura, inquietud nacida en sus
años de prisión. Por su parte el cineasta Román Chalbaud puso a la consideración
del público el film “Cangrejo”, basándose en los elementos de ficción de la novela 4
Crímenes 4 Poderes de Fermín Mármol León. Queremos agradecer a los lectores
de Crónicas del Tánatos la amplia recepción que ha tenido esta serie: “4 Crímenes,
4 Poderes los casos reales en los que se basó Fermín Mármol León” y les invitamos
a leer en este mismo blog el ensayo “4 Crímenes, 4 Poderes, de la realidad a la
ficción” en el que profundizamos en detalles, que no dejan de ser de interés para el
público.

Dejamos además a su disposición el remitido de prensa que publicara José Luis


“Caramelo” Branger dos días después de su comparecencia ante los tribunales. El
remitido está en formato PDF, el original apareció en el diario Últimas Noticias.

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