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Sujeto y Finalidad de la DSI

La finalidad principal de la Doctrina Social de la Iglesia es la promoción y liberación del hombre a través del anuncio del Evangelio. La Iglesia, con su doctrina social, busca ayudar a construir una sociedad que respete la dignidad de la persona humana de acuerdo con los valores del Evangelio. Sin embargo, la Iglesia no pretende imponer modelos sociales o políticos particulares, sino iluminar las estructuras sociales con la luz del mensaje de Cristo para el bienestar integral de los hombres.
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Sujeto y Finalidad de la DSI

La finalidad principal de la Doctrina Social de la Iglesia es la promoción y liberación del hombre a través del anuncio del Evangelio. La Iglesia, con su doctrina social, busca ayudar a construir una sociedad que respete la dignidad de la persona humana de acuerdo con los valores del Evangelio. Sin embargo, la Iglesia no pretende imponer modelos sociales o políticos particulares, sino iluminar las estructuras sociales con la luz del mensaje de Cristo para el bienestar integral de los hombres.
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25 años de historia

TEMA 2.
Sujeto, objeto y finalidad de la DSI

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Juani Hernández Cerón


Grado en Enfermería
SUJETO DE LA DSI
Recordamos que la DSI surge del encuentro del mensaje evangélico y sus
exigencias éticas con los problemas de la vida de la sociedad

El Compendio, en el n. 79, indica

«La doctrina social pertenece a la Iglesia


porque la Iglesia es el sujeto que la formula,
la disemina y la enseña.

No es una prerrogativa de un cierto órgano del cuerpo eclesial, sino de la


comunidad entera: es la expresión de la forma en que la Iglesia comprende la
sociedad y su posición sobre las estructuras y cambios sociales. El conjunto de
la comunidad de la Iglesia sacerdotes, religiosos y laicos- participa en la
formulación de esta doctrina social, cada uno según sus diferentes tareas,
carismas y ministerios dentro de ella».
En la doctrina social de la Iglesia se pone en acto el Magisterio en todos sus
componentes y expresiones (Compendio, nº 80).

Se encuentra, en primer lugar, el Magisterio universal del Papa : es este Magisterio


el que determina la dirección y señala el desarrollo de la doctrina social.
Éste, a su vez, está integrado por el Magisterio episcopal, que especifica, traduce y
actualiza la enseñanza en los aspectos concretos y peculiares de las múltiples y
diversas situaciones locales (Pablo VI, Carta ap. Octogesima adveniens, 3- 5).

La enseñanza social de los Obispos ofrece contribuciones válidas y estímulos al


magisterio del Romano Pontífice. De este modo se actúa una circularidad, que
expresa de hecho la colegialidad de los Pastores unidos al Papa en la enseñanza
social de la Iglesia.

El conjunto doctrinal resultante abarca e integra la enseñanza universal de los Papas


y la particular de los Obispos.
Las aportaciones múltiples –que son también expresión del sentido
sobrenatural de la fe de todo el pueblo (Vaticano II, Const. Dogm Lumen
Gentium, 12) - son asumidas, interpretadas y unificadas por el
Magisterio, que promulga la enseñanza social como doctrina de la
Iglesia. El Magisterio compete, en la Iglesia, a quienes están investidos
del <<munus docente>>, es decir, del ministerio de enseñar en el campo
de la fe y de la moral con la autoridad recibida de Cristo.

La doctrina social no es sólo fruto del pensamiento y de la obra de


personas cualificadas, sino que es el pensamiento de la Iglesia, en
cuanto obra del Magisterio, que enseña con la autoridad que Cristo ha
conferido a los Apóstoles y a sus sucesores: el Papa y los Obispos en
comunión con él. (CIC, 2034).
OBJETO DE LA DSI
El objeto de la doctrina social es esencialmente el mismo que constituye su
razón de ser: el hombre llamado a la salvación y, como tal, confiado por
Cristo al cuidado y a la responsabilidad de la Iglesia (CDSI, nº 81).
“El objeto primario de esta
enseñanza social es la dignidad
personal del hombre, imagen de Su objetivo principal es interpretar
Dios y la tutela de sus derechos esas realidades examinando su
inalienables… conformidad o diferencia con lo que el
Por tanto, la finalidad de esta evangelio enseña acerca del hombre y
doctrina de la Iglesia— que de su vocación terrena y a la vez
aporta su visión propia del trascendente, para orientar en
hombre y de la humanidad—, es consecuencia la conducta cristiana. Por
siempre la promoción de la tanto, no pertenece al ámbito de la
liberación integral de la persona ideología, sino al de la teología, y
humana…”
especialmente la teología moral.
Puebla 475
(SRS 41)
OBJETO DE LA DSI

Con su doctrina social, la En la sociedad, en efecto,


Iglesia se preocupa de la vida están en juego la dignidad
humana en la sociedad, con la y los derechos de la
conciencia que de la calidad de persona y la paz en las
la vida social, es decir, de las relaciones entre las
relaciones de justicia y de amor personas y entre las
que forman, depende en modo comunidades.
decisivo la tutela y la
promoción de las personas Estos bienes deben ser
que constituyen cada una de logrados y garantizados
las comunidades. por la comunidad social.
FINALIDAD DE LA DSI
¿Para qué sirve la Doctrina Social de la Iglesia? https://www.youtube.com/watch?v=fz6zwMUWOQg

San Pablo VI (1963-1978.)

La doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la


Iglesia.

Todo lo que atañe a la comunidad de los hombres —situaciones y problemas


relacionados con la justicia, la liberación, el desarrollo, las relaciones entre los
pueblos, la paz—, no es ajeno a la evangelización; ésta no sería completa si
no tuviese en cuenta la mutua conexión que se presenta constantemente
entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre.
(Cf. Pablo VI, Exh. ap. Evangelii nuntiandi, 29: AAS 68 (1976) 25.)
“Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación)– existen
efectivamente lazos muy fuertes.

Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que


evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas
sociales y económicos.

Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación


del plan de Redención que llega hasta situaciones muy concretas de
injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar.

Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en


efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la
justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?”
(Pablo VI, Exh. ap. Evangelii nuntiandi, 31: AAS 68 (1976) 26.9
FINALIDAD DE LA DSI
En cuanto a su finalidad podemos afirmar que su
fin principal es la promoción y liberación del
hombre.

La preocupación social de la Iglesia,


orientada al desarrollo auténtico del
hombre y de la sociedad, que respete y
promueva en toda su dimensión la
persona humana, se ha expresado
siempre de modo muy diverso.(SRS1)
San Juan Pablo II 1978-2005
Esto quiere decir que la Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones
técnicas y no instituye ni propone sistemas o modelos de organización
social: ello no corresponde a la misión que Cristo le ha confiado. La Iglesia tiene
la competencia que le viene del Evangelio: del mensaje de liberación del hombre
anunciado y testimoniado por el Hijo de Dios hecho hombre. (cf. Juan Pablo II,
Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41)
Con su doctrina social la Iglesia « se propone ayudar al hombre en el
camino de la salvación »: se trata de su fin primordial y único. No existen
otras finalidades que intenten arrogarse o invadir competencias ajenas,
descuidando las propias, o perseguir objetivos extraños a su misión.

Esta misión configura el derecho y el deber de la Iglesia a elaborar una


doctrina social propia y a renovar con ella la sociedad y sus estructuras,
mediante las responsabilidades y las tareas que esta doctrina suscita.

(Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 54: AAS 83 (1991) 860).

La Iglesia no se hace cargo de la vida en sociedad bajo todos sus


aspectos, sino con su competencia propia, que es la del anuncio de Cristo
Redentor .

(Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2420.)


La misión propia que Cristo confió
a su Iglesia no es de orden político,
económico o social.

El fin que le asignó es de orden


religioso.
Pero precisamente de esta misma La Iglesia tiene el derecho de
misión religiosa derivan funciones, ser para el hombre maestra de
luces y energías que pueden servir la verdad de fe; no sólo de la
para establecer y consolidar la verdad del dogma, sino
comunidad humana según la ley también de la verdad moral
divina . que brota de la misma
naturaleza humana y del
(Concilio Vaticano II, Const. Evangelio.
past. Gaudium et spes, 42: AAS 58 ( Cf. Concilio Vaticano II,
(1966) 1060.) Decl. Dignitatis humanae, 14: AAS 58
(1966)
La finalidad de la doctrina social de la Iglesia, como cualquier otra acción que lleva
a cabo la Iglesia en su misión pastoral, es anunciar el mensaje evangélico de
salvación en medio de los hombres.

Eso no significa solamente que la sociedad se convierta en destinataria del


anuncio, sino principalmente que el Evangelio se convierte en el “instrumento”
por el que la sociedad se fecunda y fermenta, (cfr.Concilio Vaticano II en GS ,409.

El Evangelio es fermento de vida para los hombres en el seno de la sociedad. La


Iglesia tiene como cometido hacer presente ese mensaje a modo de testimonio
como si fuera “sal y luz” para los hombres (cf. Mt 5,13-16).

(Francisco José Andrades Ledo. La Doctrina Social de la Iglesia al servicio de la


evangelización. Universidad Pontificia de Salamanca)
El anuncio del Evangelio, en efecto, no es sólo para escucharlo, sino
también para ponerlo en práctica (cf.Mt 7,24; Lc6,46-47;Jn14,21.23-24;)
La coherencia del comportamiento manifiesta la adhesión del creyente y
no se circunscribe al ámbito estrictamente eclesial y espiritual, puesto que
abarca al hombre en toda su vida y según todas sus responsabilidades.

Al don de la salvación, el hombre debe corresponder no sólo con una


adhesión parcial, abstracta o de palabra, sino con toda su vida, según
todas las relaciones que la connotan, en modo de no abandonar nada a un
ámbito profano y mundano, irrelevante o extraño a la salvación.

Por esto la doctrina social no es para la Iglesia un privilegio, una ventaja


: es su derecho a evangelizar el ámbito social, es decir, a hacer resonar la
palabra liberadora del Evangelio en el complejo mundo de la producción,
del trabajo, de la empresa, de la finanza, del comercio, de la política, de la
jurisprudencia, de la cultura, de las comunicaciones sociales, en el que el
hombre vive.
La enseñanza social dentro de la evangelización eclesial tiene que ayudar a los miembros
de la propia Iglesia a que eso sea una realidad, para lo cual la Iglesia tiene que hacer suyos
los motivos de preocupación del hombre y de la sociedad.

El Evangelio no es indiferente a la vida de los hombres. La política, la economía, la cultura, el


ocio y sus alternativas, el mundo del empleo y los asuntos laborales, las relaciones sociales, el
acceso a la vivienda, la educación y la sanidad, las relaciones internacionales, etc., son
cuestiones que afectan a la Iglesia, porque son elementos que forman parte determinante de
la vida de cada hombre.

No se trata de que ella quiera reivindicar un espacio público que le ha sido usurpado
desplazando la fe hacia la interioridad de la conciencia, sino que ella misma es la que se
siente impulsada a preocuparse e interesarse por la dignidad personal de cada hombre,
dado que ella está afectada por los gozos y esperanzas, angustias y tristezas de los hombres
(cf. GS 1). En este sentido, la doctrina social de la Iglesia presta un gran servicio a la acción
evangelizadora de la Iglesia, a la vez que ella misma capta y se involucra en los aspectos que
determinan la vida del hombre como ser social .
(Cf. PONTIFICIO CONSEJO “JUSTICIA Y PAZ”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,
Madrid 2009, 60-71)
CONCLUSIÓN

El primer sujeto activo de la Doctrina Social de la Iglesia es el Espíritu


Santo.

Su acción se concreta en el momento del discernimiento de la fe, pues


la Doctrina Social es una experiencia de fe que luego se proyecta en la
acción social.

En segundo lugar actúa la jerarquía de la Iglesia en su papel de


indagar las realidades de las vida y de pastorear al pueblo de Dios.

En tercer lugar, el diálogo con los demás cristianos y con los hombres
de buena voluntad se convierte en sujeto agente.
En resumen, sujeto activo de la Doctrina Social es toda la Iglesia,
iluminada por Dios.

El papa con la autoridad universal que le viene de Cristo interviene


en la fijación de la Doctrina Social con sus proclamaciones en las
encíclicas sociales y en otros documentos de diverso rango.

Todos los cristianos, guiados por sus pastores, están implicados en


la tarea de discernir y proclamar la enseñanza social, pero son los
papas los responsables directos de la Doctrina Social.
La Doctrina Social tiene dos tareas:

El compromiso de garantizar
una actuación social y justa tal
y como aparece en el
Evangelio.

La denuncia en nombre de la justicia de


aquellas estructuras sociales, económicas o
políticas que contradigan el mensaje del
Evangelio.
¿Cuánto ha de involucrarse la Iglesia en las cuestiones sociales?
La Iglesia no hace política, sino que desde el
Evangelio inspira a la política.
La Iglesia no tiene la Los papas han desarrollado en sus encíclicas
tarea de sustituir al sociales ideas centrales de índole social
Estado y a la política. relacionadas con la remuneración, la propiedad o
los sindicatos; todas ellas han de contribuir al
Por ese motivo, no crecimiento de una sociedad más justa.
propone soluciones
para cuestiones
Hay tan solo un vínculo con la política en el caso de los
técnicas de los
seglares cristianos que se dedican a ella.
problemas sociales.
Muchos cristianos contribuyen con sus obras y
pensamientos cristianos a asociaciones, grupos y
colectivos que se ocupan en nuestros días de temas
sociales concretos, como por ejemplo la ayuda a los
refugiados o la protección laboral.
¿Cuánto ha de involucrarse la Iglesia en las cuestiones sociales?

El papa Benedicto XVI, el 5 de febrero de 2006, nos recordaba que

«Sólo Dios es la redención del hombre. Y la historia del siglo pasado


nos muestra cómo en los Estados donde se suprimió a Dios, no sólo se
destruyó la economía, sino que se destruyeron sobre todo las almas».

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