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Simbolismo del Sol y Agua en Culturas

Este documento analiza la simbología de tres elementos naturales - el sol, el agua y el pez - en diversas civilizaciones antiguas. Explica cómo el sol fue un símbolo importante para el Imperio Romano y cómo los primeros cristianos asociaron a Cristo con el sol. También describe el significado sagrado del agua en las culturas griega y egipcia y sus usos en rituales religiosos.
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Simbolismo del Sol y Agua en Culturas

Este documento analiza la simbología de tres elementos naturales - el sol, el agua y el pez - en diversas civilizaciones antiguas. Explica cómo el sol fue un símbolo importante para el Imperio Romano y cómo los primeros cristianos asociaron a Cristo con el sol. También describe el significado sagrado del agua en las culturas griega y egipcia y sus usos en rituales religiosos.
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Desde tiempos inmemoriales el hombre siempre se ha visto en la necesidad expresar, ya sea

por medio de palabras, gestos y símbolos, aquello que experimenta en su ser y del contexto en el
que se desenvuelve. Dicha afirmación no aplica para una determinada civilización, ejemplo de
ello, son los descubrimientos arqueológicos, los cuales han podido verificar en diversas partes
del mundo pinturas rupestres, en las que el hombre ha plasmado algo que, posteriormente,
recibirá el nombre de símbolo. Corpas I. (2009) afirma que: “símbolo es una cosa que evoca otra,
es decir, posee carácter doble o intermediario de toda conducta” (p. 37). Pero, a esta definición es
conveniente aportarle el aspecto afectivo que esconde todo símbolo, en este sentido, Corpas
agrega: “esta reacción afectiva proviene de hábitos culturales o de experiencias y asociaciones
personales” (p. 38).

Es precisamente en las diversas culturas antiguas, donde se encuentra una gran riqueza
simbólica, que a su vez va acompañada de una serie de disyuntivas propias, cuestionamientos
como: ¿Qué querían realmente transmitir entre el signo y lo simbolizado? ¿Es un pensamiento
original lo representado, o es tomado en contraposición de otras culturas? ¿Hasta qué punto está
ligado la representación simbólica en el ámbito cultual religioso?. Para ello, es necesario tener en
cuenta algunos factores importantes tales como: poseer una visión clara acerca de la civilización
a la cual se dirige la atención, incluyendo su historia, creencias y demás, por otra parte, delimitar
dentro de ese gran espectro informativo los símbolos que específicamente se desean conocer, en
este mismo orden de ideas, resulta llamativo prestar atención sobre tres elementos de la
naturaleza que entraron en la simbología de algunas civilizaciones, estos son: el sol, el agua y el
pez.

El sol, como se conoce hasta el día de hoy, ha tenido gran influencia en diversas culturas, de
manera especial en el Imperio Romano, quienes poseían la festividad del Sol Invictus o Sol
invencible, que, para entender un poco su origen u originalidad, Chenoll R. (2018) afirma que:
“los romanos por un espíritu utilitarista general del que no estaba exenta su religión, tendieron
desde sus orígenes acoger cualquier potencia divina que pudiera favorecer a su Estado” (p.248).
Por eso, no resulta para nada extraño que algunos de sus dioses se asemejen a los de la cultura
Griega – Oriental, en este caso el dios Helio Griego con el Sol Invictus romano. Ahora bien, este
papel determinante del sol se incrementará en una época en la que, según, Pérez, L. (2018): “es a
lo largo
del siglo III, hasta constituir bajo la denominación de Sol Invictus un símbolo de poder de
perennidad y victoria asociada a los emperadores por la ideología imperial” (p.231).

Sabiendo un poco de su aspecto utilitario para las guerras, y la relación que tenía en el ámbito
de todo un imperio acostumbrado a dominar naciones, ¿en qué consistía dicha celebración? Nava
M. (2018) aclara que: “se celebraba con motivo del solsticio de invierno el 25 de diciembre,
cuando, se creía, era la noche más larga y, a partir de entonces, el sol comenzaba a renacer”
(s.p.). Fue tan relevante el símbolo de sol que llego a estar presente en las monedas de algunos
emperadores, las cuales la arqueología ha encontrado y estudiado. La perspectiva del sol en su
resplandor, fuerza y luminosidad, daba a cada emperador un motivo para adoptarlo, no como el
único dios, pero sí de importante estima en las batallas contra otros imperios, de los cuales salían
victoriosos.

Por otra parte, empezó a existir en los primeros siglos un movimiento denominado
cristianismo, que iban creciendo cada vez más en seguidores que acogían el mensaje,
denominado Evangelio o Buena Nueva, el cual proclamaron diciendo: “si confiesas con tu boca
que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”
(Rm 10,9). Este anuncio se fue propagando en diversas culturas, como el imperio romano, (bajo
la cual había sucedido todo el juicio, la muerte y la resurrección del Señor), y posteriormente,
llega a la cultura griega. El comportamiento radical de los cristianos era bajo el mandamiento del
amor, el cual los invitaba a amar sus enemigos y a los que los perseguían, más aún, a distinguirse
de todos los demás pueblos hasta el punto de derramar su propia sangre a causa de Cristo.

Sin embargo, el cristianismo primitivo empieza a encontrar una gran disyuntiva: ¿Qué
elementos se pueden tomar de otras culturas para que el mensaje del Evangelio sea mejor
recibido, pero, que a su vez se conserve la sana doctrina de Cristo como único Mesías y
Salvador? En relación con esto, Damboriena P. (1973) explica: “nunca han sido la adaptación y
absorción de elementos paganos tan numerosas como en el cristianismo primitivo, cuando era
necesario improvisar o al menos amoldarse en tan diversos campos” (p.20). Fue en esos
momentos cuando tuvieron un papel fundamental los primeros Padres de la Iglesia, y escritores
eclesiásticos, cuyos escritos tomaban “fragmentos” de verdad que, al no ser incompatible con la
naturaleza del Evangelio, pudiera ser cristianizado. (Damboriena P. p.21).
Es entonces, en los escritos de los Padres de la Iglesia de los primeros siglos, que se puede
encontrar algunas asociaciones cristianizadas del mundo pagano, en atención a lo anteriormente
expuesto acerca del Sol Invictus, de los romanos, ahora, “Cristo es designado por Zenón como
Nuestro Sol, y como verdadero Sol” (Dӧlger F. 2013, p.37). Esta representación que le atribuyen
a Cristo debía ser muy bien expuesta por los autores cristianos, ya que, un mal uso de términos o
exposición de ideas poco claras, los llevaría a la herejía y, por lo tanto, a la no comunión con la
Iglesia que tanto amaban, la Iglesia de Cristo. Para ello, los Padres de la Iglesia acudieron a las
Sagradas Escrituras para dar un fundamento bíblico que apoyase sus afirmaciones.

Algunas citas en las cuales encontraron ese fundamento fue el Evangelio de San Juan 1, 9,
Malaquías 3, 20, Sabiduría 5,6, Apocalipsis 1,16, Isaías 9, 1-2. Puntos de referencia importante
en este sentido simbólico del sol lo tiene un sermón de Zenón de Verona en la Natividad del
Señor, las analogías de Fírmico (quien fue un pagano converso al cristianismo), las obras de
Orígenes, así como de San Juan Crisóstomo, de San Agustín de Hipona y algunos otros, quienes
ya tenían en sus escritos frases como: Cristo como verdadero sol, es decir, es quien
verdaderamente brilla con más potencia que la luz natural por medio de su mensaje de salvación
a toda la humanidad. Cristo es sol eterno, quien una vez sometido a la muerte, es resucitado de
entre los muertos, y vive junto al Padre.

¿Cómo hacer una correcta relación con Cristo, y un sol que todos los días tiene una salida, un
ocaso y vuelve a un nuevo amanecer? La respuesta la encontraron sabiamente los Padres de la
Iglesia al relacionar la salida del sol, con el misterio del nacimiento de Cristo en medio de la
humanidad, el ocaso, simbolizado en su dolorosa pasión y muerte que lleva a cabo para la
redención de la humanidad, y el nuevo amanecer, con la triunfante resurrección de entre los
muertos, así lo expone Dӧlger F. (2013). Este misterio es tan central e importante para los
cristianos, que cuando tienen el apoyo de Constantino como emperador, uno de los puntos a
tratar en el primer concilio ecuménico de Nicea, uno de sus puntos a tratar esta celebración
imprimiendo un sello universal, por eso: “se pusieron de acuerdo sobre la práctica vigente en la
mayor parte de la iglesia: la resurrección se celebraría el domingo siguiente al 14 de nisán”
(Jedin H.1980. p.59).

El agua es un elemento fundamental de la naturaleza, y del cual el ser humano depende para
su existencia, tuvo también su significado en diversas culturas. En la pensante cultura griega, ya
se había tomado desde la razón Tales de Mileto este elemento como el: “único principio
originario,
causa de todas la cosas que son, y sostuvo que dicho principio es el agua” (Reale G. 1988, p.37).
Pero en el ámbito cultual griego para el agua, Eliade M. (1981) afirma que: “el culto a las aguas
(ríos, fuentes, lagos) era en Grecia anterior a las invasiones indoeuropeas y a toda valorización
mitológica de la experiencia religiosa” (p.213). una característica importante del agua para esta
cultura, además de ser allí donde habitaba Poseidón y diversos dioses, diosas y personajes
mitológicos, es la “capacidad de sanar y proporcionar cualidades proféticas a todo aquel que
bebiera de ella” (Zaguán, Revista de Bienestar de Hammam Al Ándalus).

Por otra parte, el agua en la cultura egipcia tenía una simbología muy importante, que se
podría sintetizar de la siguiente manera:

El agua extraída del Nilo en un acto cultual, contenida en un recipiente


dorado como signo de estima, llevada en solemne procesión al templo y
mostrada allí para ser venerada en la liturgia del templo. El agua del Nilo
estimada como una especie de agua bendita en el uso religioso privado en
Egipto y en el extranjero. El agua utilizada en la purificación cultual de
los sacerdotes y en el acto de consagración religiosa te los fieles.
(Dӧlger F. 2013, p.167)
Desde esta cultura egipcia, y lo anteriormente expuesto ya se puede apreciar el uso que recibía
el agua para diversos ritos sagrados dentro de esta civilización, encontrando semejanzas con la
cultura griega están presentes aquí también divinidades tales como: Osiris e Isis, además del
poder sanador y purificador del agua en rito usado por los sacerdotes. Finalmente, es importante
resaltar el pájaro Ibis dentro de este esquema de creencias, pues, para tenia la función práctica
de: “comprobar que el agua reservada para las abluciones de los sacerdotes se podía usar para el
culto, bebiéndola ellos primero” (Dӧlger F. 2013, p.188).

El agua como elemento de la naturaleza, ¿qué importancia pudo haber tenido para el
cristianismo? ¿también le atribuyen divinidades inmersas en el agua o poderes curativos? Ante
estas interrogantes es importante destacar la historia que ya poseía el cristianismo con el mundo
judío, pues, sin estar exentos del Antiguo Testamento, reconocen como un hecho extraordinario
el que, Yahvé su único Dios, hubiese dirigido al pueblo del Israel por la mano de Moisés, y
hubiesen atravesado el Mar Rojo sin que se perdiera la vida de ningún israelita, posteriormente,
en medio del desierto Yahvé logró dar agua para que el pueblo saciara su sed, para estos
acontecimientos es otorgado una nueva perspectiva cristiana al afirmar: “pues bebían de la roca
espiritual que le seguía; y la roca era Cristo” (1 Cor 10, 4)

Ahora bien, ya en la persona Jesús, el Hijo enviado por el Padre, la relación que se establece
con el agua se encuentra en el bautismo de Cristo, tal como lo narran lo evangelios, Mateo 3, 13-
17, Lucas 3, 21-22, Juan 1,33. Este bautismo se ve complementado no solo con la bendición del
agua por parte del mismo Cristo, sino también, con la Unción del Espíritu Santo que desciende
como en forma de paloma, hecho que ratificado por el Padre. Bajo el mandato de Cristo en
Mateo 28,19, los apóstoles empiezan su misión de anunciar la Buena Nueva y bautizar a todo
aquel que crea. Bajo este bautismo ya no solo servirá para una cura corporal, sino para la
eliminación por completo del pecado original, además de pasar a formar parte de la Iglesia de
Cristo, concediendo la Gracia y la fuerza del Espíritu Santo, el mismo que portentosamente se
manifestó en el Jordán.

El pez en el mismo cristianismo de los primeros siglos tuvo una simbología importante, así lo
expresa Dӧlger (2013) “Para ellos, Jesús era el ICHTHYS en un doble sentido: por un lado, Jesús
es pez y, por otro, Jesús es ICHTHYS (Jesús Cristo de Dios Hijo Salvador)” (p.202). La
arqueología ha encontrado en algunas de las catacumbas de los cristianos este símbolo del pez,
pero, ¿Por qué tomaron este animal y no otro? Algunos tratan de fundamentar sus afirmaciones
con pasajes bíblicos, como por ejemplo el narrado en Juan 21,10: “Traigan los peces que acaban
de pescar” o aquel en el que Cristo mismo afirma: “Vengan y los haré pescadores de hombres Y
ellos al instante dejaron las redes y lo siguieron” (Mt 4,19-20).

El símbolo resulta bastante comprensible en sus uso, ya que, hacía parte de la actividad diaria
y económica de los apóstoles, cuando el Señor resucita los encuentra pescando, y como darle un
significado especial si, cuando no habían pescado nada en toda la noche, el mismo Señor les
dirige y por su mandato obtienen muchísimos peces, posteriormente, Pedro lo reconoce como el
Hijo de Dios. Pero, este símbolo trasciende aun más, ya que también simboliza la eucaristía, que
continúa explicando Dӧlger (2013): “La simbología que equipará pez y eucaristía ya estaba
presente en el ambiente de los lectores cristianos hacia el año 400” (p.204). En el transcurso de la
historia eclesial, la aprobación del culto cristiano, la realización de concilios ecuménicos y otros
factores contribuyeron a que se conservara una sana doctrina en el uso de símbolos, guiada por el
Espíritu Santo.
La visión de estos tres elementos del sol, el agua y el pez, desde diferentes culturas y
creencias religiones, ayudan a encontrar un panorama mas amplio, de cómo el hombre ha tomado
de lo que la misma naturaleza le brinda, para tener una comunicación, de gestos y símbolos con
lo divino, lo trascendente, dando un significado, es decir toda una apología de su valor mediante
escritos, pinturas, jeroglíficos, esculturas y demás, que le sirva para interactuar con aquello que
esta por encima de ellos y sobrepasa sus fuerzas.

Bibliografía

Corpas, I. (2009). Teología de los Sacramentos. Bogotá – Colombia. Editorial San Pablo.

Chenoll Alfaro R. (1994). Estudios de Arte, Geografía e Historia. Málaga- España. Editorial
Baetica.
Damboriena Prudencio. (1973) La Salvación en las Religiones no cristinas. Madrid – España.
Editorial B.A.C.
Dӧlger Franz Joseph. (2013) Paganos y Cristianos. El debate de la antigüedad sobre el
significado de los símbolos. Editorial Encuentro.
Jedin Hubert, Manual de Historia de la Iglesia II, (1980), Barcelona – España. Editorial
Herder.

Nava Contreras Mariano. (2018). Sol Invictus. Recuperado de https://prodavinci.com/sol-


invictus/
Pérez Yarza Lorenzo. (2018). Sol Romano y Sol Invictus. Recuperado de
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Reale Giovanni D. Historia del pensamiento filosófico y científico. I Antigüedad y Edad
Media. (1988), Barcelona – España. Editorial Herder.
Zaguán, Revista de Bienestar de Hammam Al Ándalus. El Agua en la Mitología Griega.
2020. Recuperado de https://hammamalandalus.com/blog/agua-mitologia-griega/.

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