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Inteligencia Estratégica
Latinoamericana
Perspectivas y ejes predominantes
para la toma de decisiones estratégicas
ante un mundo en cambio
Antología
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Información de la imagen de tapa
Autor de la reproducción: Hoempler, Carlos E. C., Jr.
Título: América Meridionalis
Descripción: Dibujo reducido y copiado a pluma, de una reproducción de una
Carta del siglo XVI representativa de la America del Sur original elaborada
por el cartografo Jodocus Hondius.
Año de la reproducción: 1938, con motivo del Congreso Panamericano de
Geografía e Historia reunido en Lima, Perú.
IMAGEN DEL MAPA GENTILEZA DEL INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL
6
Ministerio de Defensa
Inteligencia estratégica latinoamericana: Perspectivas y ejes predominantes
para la toma de decisiones estratégicas ante un mundo en cambio, antología.
ISBN 978-987-3689-31-4
8
AUTORIDADES NACIONALES
10
AUTORIDADES DEL MINISTERIO DE DEFENSA
11
ÍNDICE
AUTORIDADES 10
ÍNDICE 12
PRESENTACIÓN 15
ESTUDIO INTEGRADOR DEL COMPILADOR 19
José Gabriel Paz “Perspectivas de cooperación en Inteligencia Estratégica.
Un aporte para la consolidación de la integración regional”. 21
12
LA VIGENCIA DE LA PERSPECTIVA GEOESTRATÉGICA EN LA
INTELIGENCIA ESTRATÉGICA 203
Boris Martynov “El mundo, Rusia y América Latina:
¿Dónde buscar afinidades?” 205
Karol Derwich “El concepto de estado disfuncional y
la inteligencia estratégica” 219
Janiel David Melamed V “Inteligencia estratégica y postconflicto
en Colombia: Escenarios y Desafíos” 235
Carlos Wellington Leite de Almeida “Presupuesto de Defensa del
Brasil y el contexto Sudamericano” 245
Carlos Wellington Leite de Almeida “Orçamento da Defesa do Brasil
e o contexto Sul-americano” 269
Severino Mejía Mosquera “La inteligencia estratégica en la operación
del Canal de Panamá” 293
13
PRESENTACIÓN
15
se agotan en el cambio climático, las transformaciones demográficas, las tendencias inmigra-
torias, la emergencia de tecnologías disruptivas y la inestabilidad económica global. Con cer-
teza, estas tendencias afectarán a nuestras naciones y comunidades de formas inimaginables.
Durante las próximas décadas, sabemos que la velocidad de estos cambios se acelerará expo-
nencialmente y que los desafíos mundiales serán cada vez más complejos abordar.
La tarea sensible, difícil e imprescindible de forjar esa cultura de inteligencia estratégica en
el ámbito regional nos impone desafíos para actualizar nuestra agenda, dando cuenta tanto
de los cambios en el mundo como de la necesidad de construir un punto de vista común
sobre prospectivas, métodos, riesgos y amenazas.
Parece haber acuerdo sobre la necesidad de conceptualizar, tras la salida de la guerra fría, las
dictaduras militares y el orden represivo, la emergencia de un nuevo contexto donde apa-
rece la multidimensionalidad de la inteligencia, los riesgos de su privatización, las inercias
culturales de las instituciones y la necesidad de organismos cuya tarea cuente con amplia
legitimación social.
La necesidad de un ámbito regional sudamericano cobra trascendencia si analizamos que el
único contexto de intercambio ha sido el sistema interamericano. Sin ser excluyentes, este
nuevo ámbito se impone relevante. La nueva relación entre EEUU y Cuba puede enriquecer
en métodos y puntos de vista ese debate.
Son comentados acontecimientos históricos en los que por déficit o exceso de información
se cometieron gravísimos errores de conducción estratégica. Suele comentarse sobre líderes
que por no aceptar a sus asesores en inteligencia incurrieron en fracasos catastróficos. No
se comenta tanto sobre casos en que organismos de inteligencia promovieron sus propios e
interesados análisis.
La identificación de amenazas debe ser resultado de nuestras propias exigencias y puntos de
vista, y aún aquéllas cuya presencia y dimensión mundial es compartida deben ser analiza-
das desde nuestra particular situación estratégica.
El terrorismo es una preocupación mundial, aunque su foco parece alejado de la región por
el momento. Hay preocupaciones compartidas sobre narcotráfico, trata de personas, contra-
bando y depredación ilegal de recursos mineros y forestales. En Argentina esas temáticas
no son competencia de la defensa, y en cada país de nuestra región varía su abordaje según
su propio ordenamiento.
Esas inquietudes han de enriquecerse o complementarse monitoreando la presencia de po-
tencias extra regionales y el interés por la dotación de recursos naturales de Sudamérica. No
ha de obviarse a los EEUU como potencia extra regional, ni la larga historia padecida por el
continente en materia de injerencia externa y balcanización.
La creciente preocupación por la seguridad cibernética encontró en el espionaje develado
en 2013 un punto que no debe quitar la atención del diseño, control de las redes y vulnera-
bilidades. Del mismo modo, y en orden a lo dictado por los presidentes en UNASUR, cada
país según su asignación de competencias, habrá que prestar atención al accionar de empre-
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sas multinacionales y grupos financieros que, a veces con prácticas delictivas, interfieren el
desarrollo tecnológico y económico, o promueven acción psicológica buscando vulnerar el
orden institucional.
En este marco y en congruencia con la orientación de la política exterior de nuestro país, el
Ministerio de Defensa ha promovido y protagonizado en la materia la construcción y consol-
idación de mecanismos de integración regional. Por indicación del Ministro Agustín Rossi, la
Argentina ha planteado por primera vez la realización de un taller sobre temas de inteligencia
estratégica de la defensa en el marco del Consejo de Defensa Suramericano (CDS).
En su realización, el taller se planteó como objetivo inicial la consolidación de una agenda
común para alcanzar la conformación de un curso de inteligencia estratégica suramericano.
Sin embargo, quedó evidenciada la necesidad de las naciones miembro de UNASUR de
contar con un espacio de diálogo, cooperación e intercambio de experiencias en la materia,
reflejando la complejidad que presenta la agenda de la inteligencia estratégica regional. Sin
duda, esto representa un desafío colectivo de importancia que sólo puede ser abordado con
el trabajo coordinado de los estados.
El presente volumen condensa el aporte de 22 profesionales de 14 países dedicados a la inves-
tigación de temas de Defensa y Seguridad. Mostraron interés en esta convocatoria especialis-
tas y expertos provenientes de diferentes países, entre los que se encuentran: Argentina, Bra-
sil, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala, México, Panamá, Perú,
Polonia, Rusia y Uruguay. Además del inestimable valor académico de las contribuciones, la
antología permite plantear un paso decidido hacia el fortalecimiento regional de las capaci-
dades de inteligencia estratégica de la defensa y hacia su jerarquización institucional.
Esta publicación se enmarca en una decisión político institucional del Ministerio de Defensa
de la República Argentina de consolidar las áreas y capacidades de inteligencia estratégica,
en conjunto con los países que componen la región suramericana. Como objetivos comple-
mentarios, el volumen busca en primer término destacar la importancia de la inteligencia
estratégica de la defensa en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. En
segundo término, se propone ser una experiencia en donde el conocimiento académico y la
acción estatal se retroalimenten y enriquezcan mutuamente, en lugar de constituirse como
dos ámbitos escindidos e inconexos. Finalmente, y gracias a la rigurosidad académica de
las contribuciones, el presente ejemplar busca brindar un análisis descriptivo y prospectivo
de la inteligencia estratégica regional, lo que permitirá entablar discusiones futuras en un
marco de colaboración y confianza mutua.
En la medida que el presente volumen sirva como una contribución a nuevos espacios de
formación, capacitación y especialización en el marco de la cooperación y el fortalecimiento
conjunto de las naciones suramericanas, su propósito estará cumplido.
17
Estudio Integrador
del Compilador
19
20
Perspectivas de cooperación
en Inteligencia Estratégica.
Un aporte para la consolidación
de la integración regional.
José Gabriel Paz
INTRODUCCIÓN
La globalización ha permitido estrechar las distancias entre los países, crear nuevos vín-
culos, establecer procesos de integración y en gran medida se han facilitado los caminos
para la comprensión y el diálogo entre los pueblos. Pero correlativamente el mundo tam-
bién se ha encaminado hacia un sistema dinámico, líquido, heterogéneo y anárquicamente
conectado, lo que ha ido destruyendo los límites formales de la previsibilidad. En él los
cambios se suceden vertiginosamente, la incertidumbre cada vez más se torna en rutina,
y la interdependencia global condiciona a los países de tal forma, que junto a las transfor-
maciones relativamente previsibles, coexisten eventos donde las minúsculas variaciones en
lejanas latitudes, pueden potencialmente desencadenar enormes e insospechados efectos
en el otro extremo del orbe.
Sin embargo, da la impresión que mucho de lo que sucede en el resto del mundo resulta
ajeno y distante para América Latina, la que con sus propios tiempos, con sus capacidades
y limitaciones, avanza hacia la búsqueda de su destino de desarrollo, crecimiento y felici-
dad para sus pueblos.
Esa visión alejada del resto del mundo es percibida por Rafael Jiménez Villalonga, que
en su mirada sobre la región, expresa “en cierto modo, pareciera que la globalización no
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está influyendo en las distintas facetas del desarrollo de las sociedades latinoamericanas,
a excepción hecha de la correspondiente al ciberespacio y, no totalmente, a las influencias
económicas mundiales” (Jiménez Villalonga, 2015).
Así, la perspectiva latinoamericana centra sus prioridades inicialmente en los temas de
mayor relevancia interna para sus países, y en segundo término acapara su atención los
aspectos regionales, quedando la mayor parte de las cuestiones de la globalización fuera de
ese espectro introspectivo.
Pero cierto es, que ni América Latina ni cada uno de sus países se pueden blindar, ni garan-
tizar total inmunidad, frente a la posibilidad de verse afectados por los efectos negativos de
la globalización, con sus secuelas de destrucción social, económica y cultural.
Frente a lo antes mencionado, surgen varias preguntas de difícil respuesta: ¿Se está en con-
diciones de prever las derivaciones de los cambios que se producen en el mundo, establecer
sus efectos y saber en qué grado afectarán a la región? ¿Se pueden anticipar las consecuen-
cias que producirán conflictos lejanos en el comercio, el campo laboral, la industria y el
abastecimiento?, ¿Es posible vaticinar el impacto de las oscilaciones de los mercados mun-
diales que controlan el precio de las materias primas que se exportan, de carnes, de granos,
de petróleo y de minerales, o de los insumos que se importan?, ¿Se puede pronosticar sobre
los complejos efectos de la irrupción tecnológica en los países y en la región?
Estas son sólo algunas de las tantas preguntas que necesitan respuestas, y representan temas
de vital importancia a considerar, por cuanto muchas de ellas se encuentran imbricadas
con la capacidad que se posee para evitar, enfrentar o aminorar los efectos nocivos de los
cambios mundiales. Lo expresado, está directamente relacionado, a cuestiones que poten-
cialmente pueden interferir en los intereses y objetivos nacionales de los países, y a su vez,
estrechamente vinculados a la subsistencia de los compromisos regionales que nos unen.
Para develar estas preguntas, todos los países poseen estructuras de inteligencia estratégica,
que se orientan a la labor de dar previsibilidad y reducir la sorpresa, frente a interferencias
reales o potenciales a sus intereses y objetivos nacionales. En su tarea, desde la considera-
ción de un marco de referencia nacional, regional o mundial, buscan robustecer los proce-
sos de toma de decisiones de cada país, sin embargo, no es su misión producir inteligencia
útil para los esfuerzos de integración y cooperación de las regiones de pertenencia.
En Latinoamérica a nivel regional o subregional, no existen las instancias comunes necesa-
rias para identificar en forma oportuna los probables riesgos y amenazas en ciernes, o que
permitan la definición de escenarios de cooperación y de conflicto, o que hagan posible la
identificación de oportunidades, todos ellos productos indispensables, para poseer la ca-
pacidad de responder en tiempo oportuno, a las variables condiciones de los contextos de
interés para la región, o para cumplir de mejor manera con los fines cooperativos.
Hacia eso se orienta este trabajo, a reflexionar sobre la posibilidad de conformar en el
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marco de las estructuras regionales existentes, una instancia con capacidad de apoyo en
inteligencia estratégica, que se constituya en una herramienta de importancia para conso-
lidar los procesos de integración. Por ello, en base a los aportes de los connotados autores
participantes, es intención explorar esa idea desde la consideración de tres ejes: la revisión
de algunas características de la inteligencia estratégica latinoamericana a fin de establecer
rasgos comunes, la identificación de algunos de los condicionantes del contexto geoes-
tratégico global que pueden afectar en forma colectiva a los países, y luego, se intentarán
establecer las alternativas posibles en el marco de las estructuras de integración de nivel
regional, a partir de lo cual se arribarán a las conclusiones.
Si bien no se pretende ahondar en la profundidad que merece este tema, se intentará iden-
tificar ciertas notas básicas, que permiten orientar sobre algunos rasgos que caracterizan a
la inteligencia estratégica en América Latina.
Al inicio es importante advertir que la materia, en general, ha tenido un desarrollo desigual
y una insuficiente valoración en los distintos países, aunque hay consenso en cuanto a que
la inteligencia estratégica es una herramienta para satisfacer las necesidades de la conduc-
ción política-estratégica en el proceso de toma de decisiones, que proporciona conoci-
miento procesado y especializado, elaborado al más alto nivel, conformando un servicio de
naturaleza mayormente civil.
En su falta de valoración han influido aspectos derivados de coyunturas del pasado y una
inadecuada relación entre inteligencia y sociedad, lo que trasunta en recelo y desconoci-
miento por el público en general, e incluso a veces, por parte de quienes desde el Estado la
deberían utilizar como instrumento. Esta situación de incomprensión, provoca secuelas
que muchas veces se reflejan en la conformación de las estructuras de inteligencia, en sus
normas regulatorias y en las características de sus procesos educativos.
Para lograr un cambio benéfico es necesario que se permita a la sociedad percibir la uti-
lidad, necesidad, función y finalidad de la inteligencia como sustancial tarea del Estado,
resaltando que su buen funcionamiento, -enmarcados en criterios de legalidad y transpa-
rencia- es vital, en la medida que sirve, resguarda y beneficia a la comunidad en su conjun-
to. Pero también debe entenderse que este vínculo debe ser bidireccional, puesto junto al
acercamiento y conocimiento por parte de la sociedad, debe haber correlativamente una
actitud de mayor apertura en los organismos, que ayude a comprender la razón de su exis-
tencia, siendo un imperativo para establecer una relación más estrecha, la construcción
una “cultura de inteligencia”.
En el intento de establecer el alcance de la expresión “cultura de inteligencia”, Llop, explica
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que “el término cultura viene de muchas discusiones, desde la conocida alta cultura rela-
cionada con las bellas artes y la música y el conjunto de saberes que debe tener una socie-
dad respecto a un tema, es decir, que es sinónimo de conocimiento profundo. Si tomamos
el segundo, la cultura de la inteligencia no es otra que el conocimiento de la Inteligencia
como función principal del Estado en beneficio del desarrollo y la seguridad para lograr
el bien común” (Llop, 2015).
La falta de una “cultura de inteligencia” influye seriamente en la valoración y consideración
pública de la inteligencia, lo que es apreciado por Carlos Maldonado y Carolina Sancho,
quienes indican que su ausencia “denota un serio déficit en la comprensión de su significa-
do por parte de la opinión pública y de las élites nacionales. En ocasiones, es producto de
experiencias pasadas asociadas al rol de la inteligencia en sistemas autoritarios, y el desco-
nocimiento del rol y misión de la inteligencia en democracia” (Maldonado-Sancho, 2015).
Aunque también puede decirse la relación inteligencia-sociedad lentamente está buscando
su cauce, y en este sentido, Swenson observa una tendencia en cuanto a que “los escritos
sobre inteligencia en el mundo occidental reflejan un interés continuo en el ámbito socio-
lógico y en las características de comportamiento de los servicios de inteligencia nacionales
y de sus empleados. A menudo, este interés se manifiesta en trabajos que intentan definir y
explorar “la cultura de inteligencia”. (Swenson, 2015).
Un aporte significativo a la relación inteligencia-sociedad surge del mundo académico, y
por ello, es importante la observación de Rafael Jiménez Villalonga, cuando afirma que “en
el campo académico la cultura de inteligencia se ha materializado a través de sus tres ejes
esenciales: La docencia, cuyos elementos más palpables son los cursos y másteres, cada vez
más extendidos entre las universidades y centros de enseñanza especializada de postgrado.
La divulgación científica, manifestada cada vez con mayor énfasis en la proliferación de
artículos y revistas especializadas en seguridad, defensa e inteligencia. La investigación,
promovida por especialistas que trabajan en ámbitos académicos y empresariales, funda-
mentalmente” (Jiménez Villalonga, 2005).
Precisamente, por su relación a lo antes señalado, son valiosas las consideraciones que rea-
liza Bergallo, al referirse a experiencia educativa del Instituto de Inteligencia de las Fuerzas
Armadas (IIFA) de Argentina, puesto que es un caso en el que se conjuga la formación del
profesional de inteligencia y su notoria contribución a la “cultura de inteligencia”, en la
medida que su oferta educativa “representa un aporte significativo para el cambio que se da
con la apertura de la actividad de inteligencia en el ámbito militar y además un contunden-
te impulso a la difusión y enseñanza de la inteligencia estratégica, en su fase más delicada
como es la de análisis, para su verdadero aprovechamiento en toda organización. Con la
Especialización en Análisis de Inteligencia Estratégica el IIFA contribuye a desmitificar el
concepto de inteligencia y es la única que pone en manos de toda la sociedad la posibilidad
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de adquirir un cúmulo de conocimientos, habilidades y destrezas que redundarán en una
mejor conducción de las organizaciones e instituciones, públicas y privadas, que en su seno
actúan” (Bergallo, 2015).
Es coincidente la perspectiva de Stein, al sostener que “es necesaria la real integración entre
los profesionales militares y de la academia, si no nunca llegaremos a un consenso. Es pre-
ciso que el militar tenga la noción exacta de la ardua tarea de hacer la especialización stric-
to sensu en la academia, pero, los académicos de la misma forma deben buscar aproxima-
ción a la realidad militar” (Stein, 2015). También, Marcos Moloeznik se refiere a necesidad
de una saludable vinculación con el mundo académico, al describir la situación Escuela de
Inteligencia para la Seguridad Nacional del Centro de Investigación y Seguridad Nacional
(ESISEN) de México, expresando que: “tal vez, en el futuro, convenga estrechar relaciones
con instituciones de educación superior y profesores universitarios a cargo de investigacio-
nes sobre temas de seguridad nacional e inteligencia para evitar el “incesto académico” que
suele caracterizar a instituciones de esa naturaleza” (Moloeznik, 2015).
La visión de los expertos antes expresada, pone de relieve la tarea benéfica que le cabe a lo
académico, y es contundente en cuanto al valor que adquiere su contribución al estableci-
miento de una “cultura de inteligencia”, la que se exhibe a través de su aporte intelectual,
incentivando los estudios sobre la materia, desmitificando la tarea profesional, generando
doctrina y promoviendo un mayor vínculo con los organismos de inteligencia.
Ciertamente hay otros caminos por los que se puede llegar a acercar la inteligencia a la
sociedad. Así, Swenson rescata el papel de las publicaciones, que a través de memorias o
novelas, muestran al público aspectos relativos al funcionamiento de la inteligencia, al decir:
“más allá de dar a los lectores una idea del detrás de escena de los desafíos y oportunidades
de trabajo de inteligencia, su obra publicada traduce los elementos que definen su anterior
vida secreta en principios socialmente significativos para el consumo público. Sus memorias
ofrecen una interpretación de su vida dentro de la cultura de la inteligencia en una manera
que promueva la “socialización de inteligencia” para el público en general” (Swenson, 2015).
En cuanto a la calidad y profesionalismo de los miembros de las organizaciones de inte-
ligencia, es esta otra cuestión trascendente, en consideración al enorme valor del recurso
humano necesario para cumplir con las complejas tareas profesionales. Por ello, se requie-
ren rigurosos métodos de selección de personal, y el desarrollo de los procesos educativos
aptos para garantizar su calidad y profesionalismo, dotándolos de las capacidades necesa-
rias para el funcionamiento de una comunidad eficiente.
En tal sentido, Moloeznik expresa que “conviene insistir en la necesidad de contar con
una comunidad de inteligencia cuyos componentes se caractericen por el profesionalismo
y la probidad en sus actuaciones y que respondan a los objetivos e intereses nacionales, al
margen de los vaivenes de la política partidista” (Moloeznik, 2015). Esto se vincula con la
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perspectiva de Stein en cuanto al proceso de formación, quien expresa que “la planifica-
ción del proceso de formación y entrenamiento del profesional de Inteligencia debe dar
posibilidades a la preparación de los recursos humanos con requisitos previstos para las
funciones, que permita atender, sin rupturas, una mayor demanda de conocimientos de
interacción creciente, con la consistencia, la naturaleza y la profundidad adecuadas a un
proceso de decisión de alto nivel, que contemple hechos y situaciones de una coyuntura
cada vez más compleja en sus condicionantes” (Stein, 2015).
La institucionalidad, el respeto a las leyes por parte de las organizaciones de inteligencia, y
la relación entre la producción y los consumidores, han sido otros de los tópicos que se han
considerado importantes en los estudios sobre la materia.
Como referencia a alguno de estos temas centrales, deben valorarse las expresiones de Tru-
jillo, al opinar que: “la institucionalidad, es decir, la consolidación de cualquier organiza-
ción de forma que proyecte valores y sus componentes se vean imbuidos de ellos, es un fac-
tor clave en cualquier sociedad. Mucho más importante en la medida que la organización
responda al interés general o colectivo y sobre todo que afecten a las necesidades más bási-
cas del ser humano, entre las que se encuentran la seguridad y la defensa” (Trujillo, 2015).
En ese orden de ideas, desde Colombia, Melamed plantea como trascendente para su país,
que la inteligencia asuma su papel, donde el gran desafío es “lograr que las instituciones de
seguridad con funciones de inteligencia puedan en su conjunto, asimilar una reorganiza-
ción de sus funciones, garantizar que los servicios de inteligencia desarrollen sus activida-
des de forma legítima, con apego a las garantías legales y constitucionales, en el marco de
los límites y restricciones del Estado de Derecho” (Melamed, 2015).
Por otra parte, se debe considerar lo advertido por Gómez de la Torre y Medrano Carmona,
al referirse a la existencia de cierta tendencia en algunas organizaciones de inteligencia por
privilegiar el ámbito operativo, en perjuicio de lo estratégico, e incluso “marcar sus propias
agendas, efectuar todo el ciclo de Inteligencia y posiblemente convertirse en consumidores
y tomadores de decisión empleando y explotando el producto de Inteligencia propio” (Gó-
mez de la Torre - Medrano Carmona, 2015).
En cierta forma, esa “autonomía”, que permite al ámbito operativo convertirse en toma-
dores de decisiones empleando para sí lo producido, puede tener complejas derivaciones,
en la medida que acciones inconexas llevadas adelante en ese nivel, suelen traer impensa-
das consecuencias en el nivel estratégico, convirtiéndose en graves problemas, -e incluso
razón de explicaciones o disculpas de Presidentes y Ministros-, que terminan siendo con
frecuencia, uno de los principales motivos de justificación para la reorganización de los
sistemas de inteligencia.
La autonomía de “facto” a las que son proclives algunas organizaciones de inteligencia, per-
mite que se generen dinámicas propias, que potenciadas por las siempre alegadas razones
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de secreto y compartimentación, producen una inadecuada funcionalidad y contribuyen a
las actividades al margen de la ley. Esto favorece la falta de institucionalidad, conduciendo
a la transgresión de los mecanismos de gestión y control dispuestos en el campo normativo,
apartándose así de la teleología propia de las políticas públicas.
Otro de los problemas a considerar, es la creencia en el nivel político-estratégico de algunos
países, en cuanto a que el conocimiento propio puede suplir el aporte de la inteligencia
estratégica para la toma de decisiones, sin considerar su valor e importancia como resulta-
do de un proceso lógico, analítico, sistemático y profesional, lo que a veces se vincula a la
falta de una “cultura de inteligencia”. Esto lo señala Manuel Balcázar al referirse a México,
al decir que “se percibe que el desarrollo de la cultura de inteligencia se encuentra aún en
ciernes, además de tener un gran desafío en el contexto local, donde el concepto parece ser
mal interpretado y poco regulado por el marco jurídico, generando en ocasiones concesio-
nes basadas en la racionalidad política más que institucional” (Balcázar, 2015).
Los aspectos apreciados en este punto, muestran algunos comunes denominadores en ma-
teria de inteligencia en la región, los que evidencian que hay lasitudes que trascienden a las
especificidades nacionales, y cuyo conocimiento es necesario al momento de pensar en un
esfuerzo colectivo de nivel regional.
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Por ello, es necesario advertir sobre la inestabilidad de algunos factores -que conexos e
interrelacionados-, resaltan por ser cada vez más gravitantes para el escenario mundial, y
que merecen especial atención por sus efectos.
El factor tecnológico y sus profundas transformaciones, que influyen poderosamente sobre
los países, que si bien obra favoreciendo los vínculos internacionales y mejora la calidad
de vida de las personas, constituye un factor de dependencia, sujeta a procesos de inves-
tigación e innovación ajenos, a la que la mayor parte de los países no pueden acceder por
su alto costo, generándose así una brecha cada vez más difícil de acortar. Esto se agrava
por los efectos de la disrupción tecnológica, -expresada por la “ley de fractura”1-, donde la
rápida obsolescencia de la tecnología produce efectos inminentes y directos en los cambios
mundiales, ya que mientras los sistemas sociales, políticos y económicos cambian a través
del tiempo en forma incremental, la tecnología cambia en forma exponencial.
Por otra parte, desde la óptica de la inteligencia, es innegable que el crecimiento tecnoló-
gico ha multiplicado las capacidades, particularmente en materia de SIGINT, GEOINT, de
inteligencia cibernética, lo que también se ha reflejado en la automatización de los procesos
de búsqueda, obtención y análisis de la información (BigData, Minería de Datos, etc.),
donde la masividad trae consigo nuevos problemas, especialmente el de la “infoxicación”,
lo que impone nuevos paradigmas metodológicos y exige mayor velocidad de procesa-
miento, constreñido por la acelerada degradación y volubilidad de la información.
El crecimiento de los recursos técnicos para acceder a todo el espectro de comunicaciones
e internet, le ha dado a los países mayor aptitud para establecer con relativa certeza las ca-
racterísticas, capacidades e intenciones de sus posibles oponentes, al acceder a información
de naturaleza militar, diplomática, científica o de los individuos en general. Pero la inmensa
fragilidad de la seguridad de las tecnologías de información y comunicación, es una grave li-
mitación para los países con menor desarrollo tecnológico, que se encuentran inermes frente
al descomunal despliegue de medios para la interceptación de las comunicaciones mundiales,
o a la posibilidad ser blanco de acciones cibernéticas ofensivas dirigidas a infraestructuras
críticas, lo que obliga a la adopción de complejas contramedidas. Esto hace indispensable la
implementación de sólidas acciones en el campo de la seguridad de la información y de la se-
guridad informática, e impone la necesidad de realizar una profunda revisión sobre aspectos
políticos, estratégicos y de cultura institucional, y determinar las vulnerabilidades y las capa-
cidades, para así desarrollar todos los medios necesarios para enfrentar el potencial riesgo a
la soberanía política, militar, industrial, científica y tecnológica de los Estados.
El factor comunicacional –estrechamente vinculado a la tecnología-, que junto a la ilusión
de la “aldea global”, los medios de comunicación van generando una nueva forma de vin-
culación, que dan lugar a un mundo interrelacionado con innegable efecto benéfico para
la comunidad humana. Como contrapartida, el empleo monopólico, manipulador y direc-
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cionado de los medios masivos de comunicación, frecuentemente lleva a la “desinforma-
ción”, o a la creación de estereotipos en beneficio de sus intereses, produciendo un efecto
distorsionador en la formación de la opinión pública, muchas veces cercano al contexto de
las “operaciones psicológicas”.
Como fuente de insumos para la inteligencia estratégica, el problema se encuentra en el
difícil cometido de poder discernir entre lo auténtico y lo falaz, entre lo importante y lo
superfluo, y resulta una ardua tarea la de lograr la eficacia necesaria a la hora de tamizar el
maremágnum informativo, para encontrar el horizonte que conduzca a una inteligencia útil.
Si en el análisis no hay capacidad de escapar de lo superficial, de desbrozar la información
para desentrañar la certeza, de ahondar en lo intrínseco de lo implícito para llegar a lo signi-
ficativo de ella, de identificar con claridad el nivel en que se halla el contenido cognoscitivo
y su contexto, de obtener una apropiada interrelación entre eventos y situaciones, así como
establecer su punto de conexión con el marco de referencia y su calidad para el uso del
consumidor, no hay posibilidad de obtener conocimiento ni un producto útil, y tal vez, sólo
habrá una visión parcial de una realidad, que carece de valor como insumo de inteligencia.
El factor económico-financiero, donde se observa que los países no sólo se ven afectados
por sus propias crisis económicas, sino que como consecuencia de la marcada fragilidad e
interdependencia mundial, son alcanzadas por cuestiones externas, tales como las varia-
ciones del precio del petróleo, del oro, de los “comodities”, de los mercados accionarios, así
como por los efectos generados por problemas de las economías de otros países.
Sobre este tópico, Mario Ramos, brinda una visión sobre lo complejo del escenario al se-
ñalar: “es indiscutible que hoy en día vivimos en un mundo fundamentalmente multipolar,
esto es irrebatible desde el punto de vista económico; el avance espectacular de la República
Popular China, la progresiva recuperación de la Federación Rusa, los avances de poderes
regionales como Brasil, India y Sur África y la existencia de la Unión Europea y Japón
explican el heterogéneo reparto del poder económico mundial. El planeta es hoy formi-
dablemente complicado y diverso, ningún Estado o imperio, por más poderoso que sea,
puede pretender alzarse con supremacía político-militar por mucho tiempo en la era de la
aceleración y desarrollo tecnológico presente” (Ramos, 2015).
En el mismo contexto, Mejía muestra un ejemplo de la innegable interrelación entre eco-
nomía y estrategia, cuando al hablar de la trascendencia del Canal de Panamá, se pregun-
ta desde la inteligencia: “¿Es el canal de Panamá una infraestructura crítica de alto valor
geoestratégico? ¿Es susceptible a sufrir amenazas? Estas preguntas son elementos esen-
ciales de información (EEI) a responder, que permiten prepararnos frente a contingencias
que van, desde un incremento del flujo comercial que crece el doble del PIB mundial, hasta
situaciones de amenazas que no dejan de estar latentes” (Mejía, 2015).
Se suma a ese marco, la superlativa capacidad de influencia de las corporaciones trans-
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nacionales, que centran su avance en la búsqueda de satisfacer con avidez sus intereses, y
muchas veces se instalan actuando sin consideración a los países, sin respeto a sus leyes, sin
responsabilidad social, sin reparo a su cultura ni a su medioambiente.
El factor medioambiental, donde por una creciente degradación ambiental, devastación de
los recursos naturales, contaminación y el cambio climático global, por sus catastróficos
efectos, se pone en peligro la seguridad de los países y la seguridad global, con perspectivas
tales como la destrucción del hábitat, crecidas de mares y ríos, cambios en las corrientes
marinas, pérdida de fertilidad de millones de hectáreas y desertificación, con un futuro
posible de hambrunas y migraciones masivas.
El factor militar, que a partir del proceso de cambio operado desde el fin de la Guerra
Fría, ha comenzado a dar paso a un escenario complejo, donde las perspectivas tradi-
cionales y estáticas del conflicto han mutado hasta alcanzar una configuración poco
definida, ubicua y difusa.
Esto es advertido por Derwich, quien observa la mutación del conflicto clásico, al expresar
que “las amenazas tradicionales para los Estados-Nación eran otros Estados-Nación. Se
trataba del fenómeno de las guerras interestatales o convencionales y los Estados-Nación
como los únicos actores de importancia en las relaciones internacionales. Actualmente,
mucho más frecuentemente, la prioridad de los Estados no es la competencia con otros
Estados; lo que resulta un desafío son las nuevas amenazas constituidas por los actores
no-estatales” (Derwich, 2015).
Hay una tendencia global por la que se trasunta de la “materialidad” del conflicto, -carac-
terizado por el predominio de la disuasión armada y el empleo de la acción militar-, a su
“inmaterialidad”, donde la contienda se desenvuelve en un campo de batalla que parece más
etéreo y sutil, pero que no es menos letal, y hace comprensible que en los principales países
del mundo exista una tendencia a la reducción del presupuesto militar, y correlativamente,
un sostenido crecimiento del gasto en inteligencia. Y como bien expresa Almeida, “la inten-
sidad tecnológica alteró tanto la manera de luchar que, en ciertos casos, como en la Guerra
del Golfo, las batallas clásicas de enfrentamiento de tropas, no ocurrieron. Las guerras pa-
saron a ganarse, en gran parte, en las consolas de los modernísimos equipamientos de sen-
sores remotos, inteligencia y dirección de sistemas de armas teleguiadas.” (Almeida, 2015).
Se debe tener en cuenta que con la globalización el mundo ha tomado una forma paradójica:
existen los Estados, pero también coexiste superpuesto un “no lugar”, un espacio sin terri-
torio, sin fronteras y con actores difusos, donde proliferan intensos fenómenos de transna-
cionalidad que se constituyen en vías alternativas para afectar las soberanías nacionales y su
seguridad, conformando amenazas y riesgos que tienen cada vez más trascendencia entre
las prioridades de las políticas de defensa y seguridad de los países, trayendo consigo nuevos
conceptos como el de “ciberdefensa”, “guerra de la información” o el de “guerra hibrida”.
30
El factor cultural, que desde el fin de la Guerra Fría muestra un creciente protagonismo de
movimientos de fanatismo religioso, de intolerancia política y de nacionalismo étnico, que
generan violencia, inestabilidad institucional, miles de desplazados y refugiados, situacio-
nes que en muchos casos afectan gravemente la seguridad nacional de diversos países del
planeta, y exponen como cierta la posibilidad de un “choque de civilizaciones”.
Frente a este contexto complejo, Boris Martynov pregunta “¿Qué se puede hacer para esca-
par del “choque de civilizaciones”, con su riesgo para la paz mundial? Sólo la cooperación
entre civilizaciones, dando crédito a una realidad que es todavía vigente, signada por civi-
lizaciones así lejanas -como la anglo-sajona y la rusa-, apostando preferiblemente por las
más “cercanas”, como la rusa y latinoamericana (culturas poliactivas) (Martynov, 2015)”, y
como colofón afirma que “el dilema funcional es el siguiente: o la civilización occidental se
une con las civilizaciones ascendientes del mundo para elaborar juntos y con base científica
los nuevos métodos de la gobernanza global, o debemos prepararnos todavía para los más
dramáticos momentos en la vida humana de nuestro planeta” (Martynov, 2015).
La complejidad, -que se ve reflejada en todos y cada uno de los componentes descriptos
desde la perspectiva geoestratégica-, representa una palabra-problema, que requiere para
oponerse de una palabra-solución: la acción. La necesidad de actuar para evitar, enfrentar o
aminorar los efectos nocivos de la complejidad global, es una exigencia vital para los países
y para los procesos de integración regional, pero impone como presupuesto correlativo, el
disponer de las herramientas que proporcionen la mayor certidumbre frente a los azarosos
escenarios, lo que constituye un desafío propio de la inteligencia estratégica.
31
firmado el Acuerdo “British-US Communication Intelligence Agreement4”, que dispone el
intercambio de información relacionado con operaciones de comunicaciones extranjeras
en materia de colección de tráfico, adquisición de comunicaciones y equipamiento, aná-
lisis de tráfico, criptoanálisis, desencriptación y traducción, y adquisición de información
respecto de organizaciones de comunicación, prácticas, procedimientos y equipamiento, y
fue readecuado en las reuniones del 15 al 26 de Julio de 1948.5 Posteriormente se incorporó
como miembro a Canadá, y más tarde, en 1956 se incluyó a Australia y Nueva Zelanda,
quedando conformada la comunidad conocida como UKUSA, que aún subsiste, y que fue
la base para otros acuerdos en materia de inteligencia entre los países participantes.
Durante la Guerra Fría, los países del bloque soviético también conformaron una comuni-
dad de inteligencia que tuvo como centro a la KGB (Comité para la Seguridad del Estado)
de la Unión Soviética junto a las estructuras de inteligencia de sus aliados del Pacto de
Varsovia. De ella participaron la Stasi (Republica Democrática de Alemania), Służba Be-
zpieczeństwa (Republica Popular de Polonia), Státní Bezpečnost o StB (Checoslovaquia)
y en algún momento de su historia también se integraron la Departamentul Securității
Statulu o Securitatea (Republica Socialista de Rumania), la Drejtoria e Sigurimit të Shtetit
o Sigurimi (Republica Popular de Albania) y la Államvédelmi Hatóság o ÁVH (Republica
Popular de Hungría). En la década de los 80 la comunidad se fue disgregando, marcando
su fin la disolución oficial del Pacto de Varsovia en 1991.
En el marco de la Unión Europea, e inserto en Política Europea de Seguridad y Defensa
(PESD), en el año 1999 fue creado el Centro de Situación Conjunto, que a partir de 2012
pasó a denominarse Centro Conjunto de Situaciones para el Análisis de Inteligencia (Sit-
cen) y junto a la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor de la Unión Europea, integran
la Capacidad Única de Análisis de Inteligencia (SIAC), siendo la tarea esencial la de produ-
cir de inteligencia, proporcionar alerta temprana y brindar percepción situacional.
Estas estructuras conforman el servicio de inteligencia estratégica del Alto Representante
de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, colaborando también con
otros órganos comunitarios e inclusive apoyan a los países miembros, y se encuentran vin-
culados orgánicamente al Servicio Europeo de Acción Exterior, cuyas funciones tienen
injerencia especial en los asuntos de política exterior y de la defensa.
Los elementos de inteligencia de la Unión Europea no poseen medios de adquisición pro-
pios, y en su tarea de análisis dependen de la información proporcionada por sus delega-
ciones diplomáticas y otros organismos -como el Centro de Satélites de la UE- , así como
el aporte de las embajadas y organismos de inteligencia civiles y militares de los países
miembros. La organización del Sitcen, se conforma por una División de Análisis, que se
encarga de la elaboración de los análisis de inteligencia en base a la contribución de infor-
mación brindada principalmente por los servicios de los países comunitarios, y la División
32
Asuntos Generales y Exteriores, que realiza inteligencia de fuentes abiertas.
En Latinoamérica no hay una comunidad construida en los términos antes analizados, sin
embargo, existe diálogo a través de instancias bilaterales y multilaterales de cooperación
multinacional, que mayormente se hallan vinculadas al campo de la inteligencia criminal,
donde con cierta frecuencia los países comparten información de diferentes agencias, y
se vinculan a través de foros especializados que permiten dar seguimiento a situaciones
relacionadas con riesgos y amenazas de interés común.
La idea de cooperación que impulsó al MERCOSUR, la CAN, el SICA y otras estructuras y
acuerdos regionales, estimularon los procesos de complementación en materia comercial,
de intercambio de bienes y servicios, aduanera, y de circulación de personas, pero también
mostraron la necesidad de adoptar medidas en conjunto, para enfrentar los efectos pertur-
badores de riesgos y amenazas que crecen favorecidos por la transnacionalidad.
Más tarde, la voluntad política de los países, le ha dado a la cooperación un sentido más
sólido y trascendente, orientándose a la construcción de espacios de integración y unión en
lo cultural, social, económico, político, energético, de infraestructura y de defensa. En Sud-
américa, esa es la motivación que anima al UNASUR, que junto al CDS -como instancia
de consulta, cooperación y coordinación en materia de defensa-, se encaminan a instituir
a la región como una zona de paz, estabilidad democrática y desarrollo integral, buscando
construir una identidad en el ámbito de la defensa.
Sin embargo, es importante advertir que más allá de las motivaciones o deseos que movi-
lizan a la conformación de espacios de integración, organizaciones o estructuras interna-
cionales, y de la misma forma que en los países, existe la necesidad de decidir sobre temas
trascendentes que hacen a su objeto, fines e intereses, en la ineludible búsqueda de que sus
postulados no se tornen ilusorios. Esto conlleva la permanente e importante tarea en los al-
tos niveles de conducción, de tener que elegir en un sentido y por una razón determinada,
y donde muchas veces el problema central no es “qué decidir”, sino “no poder decidir” por
falta de un asesoramiento idóneo y oportuno.
La situación descripta afecta seriamente los procesos de toma de decisiones, puesto que
quien decide muchas veces carece de los medios para visualizar o anticipar situaciones de
conflicto, amenaza o riesgo, haciéndose indispensable una instancia técnica que propor-
cione las herramientas para tener una opinión fundada en el conocimiento y no basada
en la simple intuición.
En esto a la inteligencia estratégica le incumbe un trascendente rol, donde puede brindar
un importante apoyo ante el complejo, contradictorio y lábil marco de referencia inter-
nacional, resultando la herramienta técnica capaz de proporcionar a los más altos niveles
de decisión, el aporte de conocimiento más adecuado para evitar la crítica vacilación en
la toma de decisiones en los planos político y estratégico. Su tarea puede ser determi-
33
nante para brindar una considerable capacidad de adaptabilidad frente a los procesos de
cambio, proporcionar la mayor certidumbre y previsibilidad para anticipar las acciones,
permitiendo a quienes deciden responder en tiempo oportuno a las versátiles condiciones
del ambiente internacional, definir escenarios de cooperación y de conflicto, e identificar
oportunidades.
Por lo expresado, el aporte de la inteligencia estratégica para la toma de decisiones en
los espacios de integración y concurrencia regional, debe ser considerada como una im-
portante herramienta para fortalecer sus capacidades, en pos de un mejor logro de sus
objetivos y fines.
Desde diferentes perspectivas, los autores participantes han observado las posibilidades
ciertas de establecer vías de cooperación en materia de inteligencia a nivel regional, quie-
nes dando fundadas razones y proponiendo diversos caminos, muestran que existen bases
suficientes como para avanzar hacia una iniciativa encaminada a consolidar un mecanismo
permanente, continuo e institucionalizado.
Lo antes expresado, es precisado por Carlos Maldonado y Carolina Sancho, al señalar que
“la cooperación en inteligencia, actualmente es una necesidad para los países dadas sus
limitaciones en la producción de inteligencia como también, por la existencia de amenazas
transnacionales a la seguridad de los países. En el marco de UNASUR no hay impedimen-
tos estructurales para efectuarlo, debido a que se constata la existencia de una explicitación
de riesgos y amenazas comunes; instituciones de inteligencia homólogas en los países del
subcontinente suramericano; y experiencia en la cooperación en inteligencia a nivel inter-
nacional multilateral en diferentes ámbitos” (Maldonado-Sancho, 2015)
En igual sentido, Romanelli observa las potencialidades de UNASUR y MERCOSUR, al
considerar que “ese interés común de los países suramericanos atlánticos y particularmente
los integrantes de la UNASUR y del MERCOSUR, permite organizar este necesario esfuer-
zo con la producción de inteligencia estratégica en una primera instancia. Esa produc-
ción convendría focalizarla sobre todos los actores estatales y no estatales involucrados,
los factores geográficos, recursos vivos, energéticos y minerales, a fin de que resulte en la
elaboración de una estrategia coordinada. Una vía de elaboración de estas formulaciones
es a través del Consejo de Defensa Suramericano que ya está constituido y funcionando,
procurando definir esta línea estratégica atlántica como un interés suramericano. Otra vía
podría ser la creación de un organismo específico a nivel de la UNASUR o dentro del es-
pacio MERCOSUR que se dedique a la producción de inteligencia estratégica y a la formu-
lación de un concepto estratégico atlántico que materialice el interés común suramericano
mediante un concepto estratégico común” (Romanelli, 2015).
Congruente con las anteriores perspectivas, Ramos ve posible la posibilidad de coope-
ración en la órbita de UNASUR al expresar la necesidad de creación de “un centro de
34
pensamiento o análisis estratégico en el marco de la UNASUR se vuelve necesario para
contribuir a la soberanía de nuestras democracias, la defensa de nuestros recursos natu-
rales y energéticos, identificando actores e intereses que puedan afectar negativamente los
objetivos de nuestra región, generando conocimientos para los tomadores de decisiones”
(Ramos, 2015) y reconoce las dificultades que conlleva al considerar que “la situación ins-
titucional y doctrinaria de los servicios de inteligencia es diversa en cada uno de nuestros
países, y tomará desigual tiempo la superación de los problemas o debilidades que tienen
cada una de nuestras organizaciones, pero esto no debería ser impedimento para dejar a un
lado el escenario doméstico y proponerse un esfuerzo conjunto de identificación de ame-
nazas comunes y de análisis de dinámicas en el enredado entorno actual” (Ramos, 2015).
Mientras que a criterio de Robles, se hace necesario en el marco regional la realización
de estudios prospectivos y avanzar con la construcción de escenarios futuros de manera
prospectiva, brindando una necesaria previsibilidad, y para ello propone que “la UNASUR
a través de sus diferentes Consejos que se encargan de los temas de Seguridad pueda tra-
bajar un Estudio Prospectivo Regional empleando para ello las instancias del Consejo de
Defensa Suramericano, a través de su Centro de Estudios Estratégicos, buscando establecer
lineamientos para la elaboración de estudios prospectivos nacionales a fin de consolidar
en un Estudio Prospectivo Regional los escenarios de futuro en la región al 2030 que haga
frente a las amenazas, preocupaciones y desafíos a su desarrollo” (Ramos, 2015).
Es importante considerar la observación que realiza Jouroff, en cuanto a la relación de la
cooperación regional y el valor de la “cultura de inteligencia”, al decir que “la generación
de inteligencia estratégica no es cooperación entre los diversos organismos de los diversos
países, sino que supone una similar cultura de inteligencia en los países con vistas a la
gestión del conocimiento a nivel estratégico. En rigor, así como la inteligencia supone la
reunión de información pero no se limita a ella, la inteligencia estratégica no sólo gestiona
sino genera conocimiento” (Jouroff, 2015).
CONCLUSIONES
Como se ha visto, algunos países de América Latina, aún tienen cuestiones por robustecer
en materia de inteligencia, como aquellos aspectos vinculados con la “cultura de inteligen-
cia”, la institucionalidad, el respeto a las leyes y el profesionalismo.
Pero se destacan avances, como los producidos en el campo académico, donde en toda
Latinoamérica se tejen redes entre los autores dedicados al estudio de la inteligencia, con
una producción que cada vez asume mayor importancia. Esta participación es cada vez
más creciente, donde las actividades en las aulas y los trabajos de investigación contribuyen
35
con nuevas perspectivas sustentadas en el rigor académico, las que además de proporcionar
visiones más amplias, van generando doctrina útil para el campo institucional. Lo expre-
sado constituye un importante avance en la consolidación de vínculos y el establecimiento
de criterios comunes, que fortalece la “cultura de inteligencia” a nivel latinoamericano,
colaborando en reducir la brecha entre la sociedad y la inteligencia.
Los pasos dados en lo académico, permiten pensar en que es posible establecer, una enti-
dad educativa común en inteligencia estratégica, o al menos, organizar en forma regular
cursos orientados a los intereses comunitarios.
Por otra parte, es evidente que el panorama del mundo de hoy es un inmenso desafío para
los países, pero también lo es para las regiones y los procesos de integración. Es por ello,
que frente al contexto geoestratégico que nos constriñe, es indispensable contar con solidas
respuestas y posibilidades ciertas de avizorar los cambios, para así evitar tener que reaccio-
nar inermes frente a inesperadas coyunturas. Cierto es que independientemente del poder
de las naciones, ninguna por si sola se encuentra en condiciones de anticipar y/o neutrali-
zar el resultado de complejas situaciones globales, o el accionar de actores transnacionales,
que no respetan fronteras ni soberanías nacionales.
Para comprender las ambiguas señales del escenario mundial, es indispensable contar, no
sólo con los recursos que poseen los países en inteligencia estratégica, sino también se debe
contar con nuevos medios, que a nivel regional, fortalezcan la capacidad de reacción, frente
a los sucesos nocivos propios de la globalización.
Es claro, por tanto, que en el marco de los espacios de integración de nivel regional, -y es-
pecialmente en los relacionados al campo de la Defensa-, se hace necesaria la construcción
una herramienta que permita una mejor toma de decisiones. Esto justifica asumir la nece-
sidad del desarrollo de un sistema de informaciones cooperativo, que una vez establecido el
ámbito apropiado, sus características, misiones, forma y organización, posea capacidades
suficientes en materia de gestión del conocimiento, brinde los elementos necesarios para
una mayor comprensión del entorno, que produzca inteligencia oportuna y fiable, y permi-
ta establecer una estrategia más precisa para el fortalecimiento de los intereses comunes,
para enfrentar así de mejor manera, los desafíos de importancia para la región.
Pero la particular situación de los países en la materia, no debe influir en la conformación
de un elemento de inteligencia estratégica de naturaleza regional, puesto que no se trata de
traer los viejos problemas de cada uno de los países, sino de conformar algo nuevo, distin-
to, y con una dinámica apropiada a una perspectiva común.
Por ello, es hora de comenzar a avanzar en los aspectos esenciales, y como señala Jouroff,
no es esta una cuestión del nivel operacional, sino que “debemos pasar al estratégico, y por
tratarse de la integración, es decir, de América latina inserta en un mundo global, necesa-
riamente debemos pensar a nivel de problemas continentales, comunes a todos nosotros,
36
que nos comprenden, pero que no son la suma de los problemas individuales de cada país,
sino los problemas globales frente a un proceso que viene de tiempo. De la misma forma
que varias tácticas no hacen una estrategia, la inteligencia estratégica piensa desde arriba, e
integra los problemas de cada país en un destino común” (Jouroff, 2015).
En un proceso sólido de integración, la posibilidad de conformar un sistema de contribu-
ción o una estructura regional en inteligencia, requiere de una importante decisión y volun-
tad política que desde cada país conduzca a ese fin, para materializar una necesidad común.
Esto implica un esfuerzo que aporta a la aspiración de fortalecer una identidad regional,
que consolida los fines de la cooperación y la integración, y que sostenido en aquello que
nos une, y en simétricos intereses, permite avanzar hacia el bienestar y desarrollo de los
pueblos, para contribuir a enfrentar en conjunto los problemas comunes que afectan a la
región. Es a su vez, una inmensa medida de confianza mutua, que mostrará claramente que
muchos de los recelos y temores que opacaron la relación de nuestros países en el pasado,
hoy definitivamente han quedado en el olvido.
Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
37
37
38
Características
esenciales en la
inteligencia en
América Latina
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40
Comprendiendo la Cultura de
Inteligencia en las Américas
y Su Utilidad Estratégica para la
Seguridad Nacional
Russell G. Swenson
INTRODUCCIÓN
41
Desarrollo del Concepto Cultura de Inteligencia
Cada vez es más frecuente sugerir que los trabajos académicos incor poren
modelos de información para la Inteligencia basados en estudios culturales
y antropológicos de las comunidades que conforman los distintos sistemas
de Inteligencia. Esta idea surge del hecho que aparecen varios resultados
aun cuando se aplicaron procedimientos similares en un estudio de orga-
nismos de inteligencia. Estos resultados diversos provienen de la diversi-
dad de la composición humana de los servicios que obedecen a distintos
símbolos, lenguajes y prácticas culturales con respecto al secreto, la eficien-
cia, la prevención, el riesgo, la lealtad y aquello que es considerado sagrado.
Este enfoque antropológico y psicológico, si bien es considerado como más
necesario que nunca en los estudios de Inteligencia, aún no aparece en for-
ma regular en los estudios publicados.
Es probable que la causa radique en que su difusión aumentaría la vulne-
rabilidad de las comunidades estudiadas. A pesar de ello, establecer una
lógica social interna e identificar una cultura de inteligencia podría ser
muy útil para los servicios, y les permitiría lograr mejores resultados en el
manejo de la inteligencia.
42
Incluso, otros han incursionado en el interior de agencias de inteligencia e identificado la ex-
presión de perspectivas, comportamientos y valores que conforman la cultura de inteligen-
cia como variable e independiente respecto de la eficacia y eficiencia de determinados servi-
cios de inteligencia (sic).11 En esta literatura, Charles Cogan señala dos características clave
de los operadores de inteligencia: su compulsión a manipular a los demás y un pragmatismo
implacable. El autor anónimo del ensayo sobre la cultura del analista de inteligencia, por
el contrario, encuentra que la honestidad intelectual, expresada a través de escepticismo,
persuasivas habilidades de comunicación oral y escrita, y la adaptabilidad a la burocracia
son esenciales para que uno esté cómodo en esta cultura. Cogan observa que aunque los
operadores y analistas de inteligencia pueden continuar sintiendo desdén por el trabajo del
otro, “cada uno es la fuerza del otro”.12 Esto significa que la coherencia de estas dos culturas
dentro de cualquier organización o comunidad de inteligencia obedece al principio de los
vasos comunicantes (vases communicants): como diferentes partes de una estructura cor-
porativa, los operadores y analistas tienen éxito o fracasan juntos, no por separado.
También de este grupo de autores, Alberto Bolívar considera que los servicios de inteligencia
del Perú, en lugar de desarrollar su propia cultura de trabajo en la década de 1980, eran de-
masiado porosos y abiertos a ser influenciados por la fácil informalidad de la cultura “chicha”
en la sociedad—en lo que puede ser considerado como una negación del tono conservador
que caracteriza la cultura de inteligencia de las agencias.13 En términos generales, el conser-
vadurismo de los funcionarios de inteligencia se debe a la adopción de una actitud preventiva
para evitar el fracaso. Personalmente lo que refleja Bolívar como un antiguo miembro de los
servicios de inteligencia de Perú, sería que la ausencia de un “enfoque sobre amenazas” ha
contribuido al fracaso de los servicios para alertar a los líderes políticos de la poderosa in-
fluencia de los grupos subversivos. La perspectiva privilegiada igualmente perspicaz de Juan
Manuel Reyes-Alonso, quien desertó de Cuba a los EE.UU. en el año 2000 después de pasar
años en el servicio de inteligencia del Ministerio del Interior, sugiere que la gestión directa y
detallada de Fidel Castro de la inteligencia cubana creó una cultura de inteligencia nacional
orientada a la eficiencia, producto de la fusión de sus objetivos con los de los organismos y sus
funcionarios. Esta cultura de inteligencia penetrante se extendió a través de sectores políticos
y económicos: “A diferencia de otros servicios de inteligencia existentes en otros países la DGI
[Dirección General de Inteligencia] tiene presencia física en los sectores más importantes de
la economía y de la vida política de los cubanos.”14 Otro ex funcionario de la inteligencia
cubana, Juan Antonio Rodríguez Menier, explica que los efectivos HUMINT adoctrinados
en esta cultura actuaron con la pasión de los sacerdotes en sus interacciones con sus fuentes
de información—los agentes.15 Su experiencia en la inteligencia del Ministerio del Interior
amplía nuestra visión de la cultura de inteligencia cubana, donde los funcionarios de inteli-
gencia “dicen la verdad al poder”, cuando, como era común, hablaban directamente con Fidel:
43
Los oficiales de Inteligencia de la Seguridad a menudo mienten acerca de lo
que ellos realmente piensan, pero siempre le dicen la verdad a Fidel sobre la
situación del país, incluso cuando la información es muy negativa. Ellos son
conscientes de que si Fidel comete un error por causa de una mala informa-
ción suministrada lo pagarán muy caro.16
Esto comienza a esbozar un esquema para la identificación de los elementos más destacados
de una cultura de inteligencia nacional. Bastantes similitudes de actitud y comportamiento
parecen existir entre el personal operacional y analítico de los servicios de inteligencia del
hemisferio para garantizar la continua producción de estudios de caso de la cultura de inteli-
gencia y su potencial valor para mejorar las capacidades estratégicas de determinados países.
El tratamiento más explícito de la cultura de inteligencia como un fenómeno importante
proviene de una autora rumana, Irena Dumitru.17 Su visión se extiende más allá de la
de otros autores porque no expone cómo las preferencias de una sociedad influyen en
sus servicios de inteligencia, sino que explica cómo la percepción pública de la función
puede cambiarse deliberadamente mediante la participación concertada del gobierno. El
Gobierno rumano considera que la sociedad estará mejor preparada para hacer frente a
las amenazas si los ciudadanos entienden por qué los servicios de inteligencia deben ser
operacionalmente eficientes, a pesar del carácter inevitable de los errores de inteligencia y
de los fracasos de inteligencia.18 Servicios de inteligencia rumanos durante la Guerra Fría
ganaron prominencia como líderes percibidos de un aparato estatal represivo. Al hacer que
los archivos del antiguo servicio de inteligencia (SRI) estuviesen a disposición del público,
y al crear una institución de educación superior—la Academia Nacional de Inteligencia—y
la publicación de una revista profesional—Estudios de Inteligencia Rumana—el Gobierno
se ha movido para rehacer la percepción de la cultura de inteligencia. Dumitru ve el marco
de la cultura de inteligencia como si fuera una “caja negra”–ocupada por un conjunto de
actitudes y comportamientos de los funcionarios y ciudadanos con respecto a esta función
del gobierno, y actuando como puente entre, de un lado, una coalición de la academia ru-
mana, la comunidad de inteligencia del país, y las empresas privadas, y del otro lado, donde
se encuentran los “consumidores”: los que toman decisiones, los medios de comunicación
y los ciudadanos del país.19 Sin embargo, la autora no define la cultura de inteligencia en
si misma—las perspectivas, comportamientos y valores de los profesionales de inteligencia
que se encontrarían dentro de esa caja negra.
Sobre la base de la literatura antes analizada, el presente ensayo ahora comienza a explicar
cómo el espíritu y los contenidos de una cultura de inteligencia, según fueran desarrolla-
dos y probados por los profesionales puede ser definida, comunicada y formar parte de la
conciencia de las sociedades más amplias de las que forman parte.
44
Una Definición de Cultura de Inteligencia
Aunque los etnógrafos, los aficionados de bellas artes, y los estudiosos de la administración
pública pueden tener puntos de vista distintivos sobre el concepto de “cultura” como un
término que describe las perspectivas, comportamientos y valores de los diferentes grupos
humanos, el uso del término se corresponde con una o más de tres definiciones que se
encuentran en la Diccionario de la Real Academia Española:
Cultura —
1. f. Cultivo [crecimiento, en sentido biológico o medicinal].
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, [creencias,] conocimientos y grado
de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.20
Las personas se convierten en “aculturadas” a un grupo, a partir del nacimiento, a medida que
adquieren o absorben creencias y comportamientos aceptables. Esta experiencia temprana
equivale a un entrenamiento. A medida que maduran, los mismos individuos deciden ad-
quirir y absorber la cultura de un lugar de trabajo u otro grupo social. Este paso equivale a la
educación de adultos, porque el individuo inicia la interacción y determina su propio grado de
aceptación o confianza en la cultura.21 La educación lleva crecimiento personal a los miem-
bros de la cultura de inteligencia, reflejando el aspecto biológico de la definición de “cultura”.
En el discurso popular y académico, los de afuera destacan y critican que la “cultura del
secreto” de inteligencia gubernamental evita que cierta información se de a conocer, a pe-
sar de la existencia de leyes de información pública.22 Sin embargo, una cultura legítima
abarca más de un característica estereotípica—más que simplemente una predilección por
el secreto. Existe una cultura viable cuando los rasgos distintivos—perspectivas, comporta-
mientos y valores—permanecen reconocibles y perduran de una generación de empleados a
la siguiente. Un vocabulario constantemente cambiante y especializado refuerza la identifi-
cación de un individuo con otros miembros de la cultura de inteligencia.
Cualquier ciudadano puede tener acceso a la cultura de inteligencia al hacer contacto con
sus miembros. Ese contacto puede ser especialmente útil y revelador cuando los efectivos
de inteligencia se atreven a reflexionar sobre sus experiencias de trabajo—sus vivencias—en
una publicación de memorias verdaderas o memorias noveladas.
45
trabajo del servicio de inteligencia. El secreto apreciado por los miembros activos de inteli-
gencia del gobierno a menudo les impide transmitir al público un relato de sus experiencias
diarias. La presión de los pares, incluso de los ya retirados del servicio de inteligencia del
gobierno, aumenta la resistencia de los actuales y ex miembros a describir y explicar su rol
en el detrás de la escena para garantizar la seguridad pública, fomentar el éxito empresarial
con inteligencia competitiva, o proteger la seguridad nacional a una escala internacional.
No obstante, algunos ex practicantes han producido memorias o recuerdos novelados que
presentan una interpretación aparentemente auténtica de su trabajo como empleado de
inteligencia del gobierno o del sector privado. Más allá de dar a los lectores una idea del de-
trás de escena de los desafíos y oportunidades de trabajo de inteligencia, su obra publicada
traduce los elementos que definen su anterior vida secreta en principios socialmente sig-
nificativos para el consumo público. Sus memorias ofrecen una interpretación de su vida
dentro de la cultura de la inteligencia en una manera que promueva la “socialización de
inteligencia” para el público en general. Cada una de las seis secciones subsiguientes desta-
ca un principio que los lectores pueden deducir de un examen de memorias particulares.
46
… el jefe entró a orientarme y me envió a Carlos, otro analista para que trabaja-
ra conmigo. Bienvenido. Es un hombre de gran experiencia. Es que… El tra-
bajo de inteligencia no puede tener el menor gesto de egoísmo y hay momentos
en los cuales uno debe aceptar que, hasta cierto punto, trabajar solo tiene sus
límites debido a que uno se estanca y no ve lo que está por venir.27
Los supervisores encuentran que, a medida que las relaciones profesionales se convierten
en personales, dicha familiaridad da lugar preguntas, dudas y sugerencias de cualquier
persona, de cualquier rango.28 Un analista de inteligencia da a entender por qué el per-
sonal de inteligencia tiende a desarrollar la confianza entre sus colegas cuando ella dice
al Castro Caycedo que un solo operador de inteligencia en el campo produjo una mayor
cantidad de datos precisos con respecto al objetivo que la docena de informantes utiliza-
dos durante toda la misión.29 El relato deja claro que una definición del problema inicial
sólida, da lugar a la inteligencia y al planeamiento operacional para el eventual éxito de la
campaña contra estos cuatro objetivos difíciles.
Las ideas de este libro, sobre las tendencias psicológicas de funcionarios de inteligencia y
sus comportamientos profesionales, tienen el potencial de educar a los ciudadanos acerca
de la dedicación personal y la perseverancia detrás de las acciones que de otra forma se-
guirían siendo anónimas, pero que subyacen en las operaciones de inteligencia exitosas.
En su tercer libro sobre la larga contienda de México con las redes del crimen organizado,
ex agente de la policía Tomas Borges argumenta a favor de una desencadenada contrao-
fensiva basada en inteligencia para nivelar un campo de juego desigual.30 El primer tercio
del libro documenta el desarrollo profesional de un funcionario de inteligencia a medida
que aprende acerca del alcance clandestino del servicio civil de inteligencia nacional (el
Centro de Investigación y Seguridad Nacional—CISEN) de México, pero también presagia
la desilusión de sus experiencias de campo posteriores por lo que “los servicios de inteli-
gencia dispensan medicamentos para el enfermo llamado México, no para curar, sino para
prolongar la agonía por la causa de diversos intereses”.31 Después de que él ingresó a la
Federal Preventiva Policía (PFP) y pasa a las tareas de campo, él ofrece un punto de vista
sin precedentes, a pesar de su desencanto, en la difícil relación laboral entre los policías con
especialidad de inteligencia, y la corta cadena de supervisores encabezada por funcionarios
de seguridad nacional de renombre. Su libro de memorias se basa en un diario personal
que cubre de 1997 a 2008, pero se abstiene de profunda reflexión sobre su propio trabajo.32
En su opinión, la PFP coordinaba las actividades de vigilancia de campo con éxito contra
47
separatistas vascos (ETA) expatriados en México a finales de la década de 1990, un logro
que él atribuye al espíritu de cuerpo alentado por presupuestos casi ilimitados respaldados
por EEUU, junto con la responsabilidad no sólo por operaciones eficientes sino por los re-
sultados. Sin embargo, critica el abandono del gobierno de Fox de este enfoque exitoso de
inteligencia en el 2000, ya que se alejó de la prevención a un enfoque más reactivo ante la
contrainsurgencia interna y el narcotráfico.33 Él expresa su angustia metafóricamente: “No
cabe duda, empleados de seguridad del gobierno son como un pez en corrientes turbulentas,
fáciles de captar (por políticos y criminales)”.34 En una despedida, apela a los burócratas
mexicanos, los de bajo nivel, en particular, a que resistan a ser cooptados por un sistema en
el que “un rey sin peones, al igual que en un juego de ajedrez, no puede ganar”, y a los que
manejan la inteligencia, que deben “Apostar más por la inteligencia humana (como lo hace
el servicio secreto cubano), que por la inteligencia técnica (como lo hace Estados Unidos)”
para evitar convertirse en dependiente de una inteligencia técnica menos adaptativa.35
Con la divulgación de Borges de los costos de la devaluación de las labores de inteligencia
preventiva en México se pretende mejorar la imagen pública y la propia imagen de los
servicios de inteligencia. Su voz, una vez unida a relatos similares de otros países, puede
construir la confianza pública de que la motivación de un oficial de inteligencia para el ejer-
cicio de las funciones públicas de cualquier sociedad puede acercarse al ideal weberiano.
Basándose en sus experiencias laborales, dos ex miembros del Batalhão de Operações Po-
liciais Especiais (BOPE) del estado de Río de Janeiro prepararon un libro en colaboración
con un experto en ciencias políticas que había sido secretario nacional de Seguridad Pú-
blica de Brasil.36 La historia se desarrolla en dos formatos: la primera mitad del libro es un
“diario de guerra” reflexivo narrado por uno de los oficiales del BOPE, la segunda mitad
son una serie de escenas de guión cinematográfico que representan intrigas nefastas para
la ventaja de las fuerzas de seguridad del Estado corruptas. Con algunas alteraciones en la
trama, la primera se convirtió en la película Tropa de Elite (2007) y la segunda en Tropa
de Elite 2 (2010), ambas muy populares y aclamadas por la crítica en Brasil y el exterior.37
La primera mitad de la narración señala el esprit de corps de BOPE y racionaliza sus
operaciones en el terreno áspero a través del diálogo interior. En el epílogo, el narrador
reflexiona sobre su lealtad a BOPE: “Eu esteja cravado na polícia como ela esta em mim.
… O resultado é uma espécie de tatuagem. Fica gravado no corpo e grudado na alma””-
Soy tan parte de la policía como ella de mí…El resultado es una especie de tatuaje en el
cuerpo y en el alma. No hay como removerlo…”.38
48
El narrador utiliza metáforas aptas para transmitir los sentimientos de los analistas sobre
su trabajo. Por ejemplo: “De la misma manera que uno siente cuando come alimentos en
mal estado, se sufre cuando realmente no puede digerir alguna información”.39 Además,
revela los motivos por los cuales los funcionarios de inteligencia mantienen el anonimato
con un perfil bajo cuando señala que los operadores “solamente muestran el nivel de com-
petencia que la situación requiere”.40
Como parte de su crecimiento personal, el narrador llega a entender que BOPE logra la
justicia no a través de “aplicación de la ley”, sino a través de sus propias acciones. Cuando se
convierte en un estudiante de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, confiesa
al lector que por fin entiende cómo funciona la política, y cómo ha penetrado por igual
en las fuerzas policiales y en la actividad criminal.41 Una gran ironía de las actividades
de BOPE surge de la historia: aun cuando su independencia conserva su condición de
último bastión de servicio público libre de corrupción, la Secretaría de Seguridad Pública
(novelada) a nivel estatal declara que no está en el interés de ningún jefe de la policía civil
instalar o mantener una unidad de inteligencia independiente “que cause dolores de cabeza
y le bloquee sus acciones”.42
Las virtudes de las operaciones de inteligencia de la policía independientes, libres de co-
rrupción, ilustradas en este trabajo abogan por la adopción de un enfoque preventivo para
lograr la seguridad en el ámbito público. El carácter distintivo de prevención que tiene
la inteligencia representaría un cambio cultural de proporciones importantes, aunque sea
aceptado solo a pequeña escala.
El oficial retirado de inteligencia colombiana Jesús Emilio García Acosta relata su carrera
con el ficticio Servicio de Inteligencia Nacional—SIN.43 El SIN claramente sería el Depar-
tamento Administrativo de Seguridad de Colombia—DAS, hasta 2011 responsable de los
aspectos internos y externos de la seguridad nacional, del control migratorio, y de la pro-
tección de altos funcionarios. El alter ego del autor, Ingencio Cadena, aprovecha el tiempo
libre al anochecer en la academia de entrenamiento de la agencia, que alberga cadetes de
las prácticas corruptas de la vida burocrática diaria, para sondear a sus pares acerca de
sus planes y expectativas de carrera. Incluso en este entorno protegido, reconoce que el
entrenamiento de la inteligencia imparte un tipo de lavado de cerebro: Un cadete alcanza
el punto de poder reconocer y separar la conducta correcta de la incorrecta en el trabajo,
pero siempre dentro del contexto institucional.
Asignado a la policía de la frontera con Venezuela a comienzos de su carrera, Ingencio ad-
49
mira su propia sensibilidad de inteligencia estratégica nacional (vigilando por el bienestar
del Estado, y no necesariamente del actual Gobierno) y denuncia su antítesis—el compor-
tamiento egoísta de la policía local y los colegas corruptos de largos años de servicio en el
SIN. Asimismo, aprende a no confiar en los supervisores de nivel medio, cuyas deficiencias
en la capacidad de gestión él considera inquietantes: “Es que la misión de inteligencia es
tan delicada como pintar sobre una tela de araña el mapa de nuestra seguridad y ellos están
mal preparados y actúan como si fuera un deporte”.44
Ingencio acepta oír el argumento de colegas a favor de aceptar dinero a cambio de no in-
formar de la actividad criminal. Los colegas le instan a continuar con esta racionalización:
El libro de memorias de David Atlee Phillips, escrito para compensar una exposición pre-
juicioso publicada por oficiales de inteligencia descontentos, aprovecha al máximo el clima
de apertura promovido a mediados de la década de 1970 por el Director de Inteligencia
Central (DCI) William Colby.47 El libro de memorias relata el trabajo de inteligencia de
Phillips en sorprendente detalle, desde su ingreso a la agencia en Chile en 1950, a través
de diversas misiones de América Latina, hasta su último cargo como jefe de la División
Hemisferio Occidental en 1975. La emoción derivada de su trabajo relativamente libre de
límites se convierte en un recurrente motivo y explica por qué el autor decidió unirse y per-
manecer en la CIA, a pesar de los episodios de incertidumbre moral. El reclutamiento exi-
toso de Phillips de un agente en Chile había agudizado su apetito por más, a pesar de que
50
hizo una mueca al tener que escribir y subrepticiamente insertar un horóscopo adaptado
en el periódico local para finalmente convencer al joven miembro del Partido Comunista
de cambiar de lado después de que argumentos lógicos habían fracasado.
Para Phillips, el valor de la inteligencia producida y la iniciativa de sus practicantes siguen
siendo los valores centrales para transmitir a los nuevos oficiales de inteligencia. Esa trans-
misión depende de la creación de memes culturales, tales como: Hay que prestar atención a
los detalles y grabarlos para la síntesis y correlación posterior; y hay que cuestionar y desobe-
decer las instrucciones según sea necesario, una lección que él ilustra con la historia de una
consulta contenciosa enviada a la sede de la CIA desde un operador de campo en el sudeste
asiático para refutar una instrucción cuestionable: “¿Está la sede todavía en manos amigas?”.48
Mediante la admisión de sus propios errores y de los de la agencia, y una discusión de la
cultura política de los empleados de la CIA, Phillips establece que este libro de memorias
será una obra aparte de otros relatos internos. Él admite haber perdido de nuevo ante Cuba
un funcionario de inteligencia quien había desertado a ese país en la Ciudad de México,
gracias a una mala toma de decisiones de la custodia. Reflexionando sobre cuando el presi-
dente Kennedy obligó a Allen Dulles a dejar su cargo de director de la CIA en 1961, Phillips
señala que para él el contagioso entusiasmo de Dulles había hecho que el espionaje e inclu-
so los trucos sucios “parecieran una buena y limpia diversión”.49 Para Phillips, los activistas
poco conservadores de la CIA, tales como E. Howard Hunt, una figura de fama asociada
con el Watergate, oscurece la verdad que la mayoría de los practicantes eran sofisticados
políticamente moderados.
Las memorias de Phillips no son diferentes a las de un operador de la inteligencia chilena
cuya actividad ficticia aparece en una novela de 2011.50 Funcionarios de inteligencia des-
cubren que su responsabilidad por la seguridad del Estado debe anular cualquier preocu-
pación moral para el bienestar de aquellos – amigos o enemigos – con los que trabajan, a
pesar de los daños psicológicos que tarde o temprano el oficial tendrá.
Adolfo Alberto Laborde Carranco, de México, relata sus experiencias formativas mientras
trabajaba como “Sosha Man” para un conglomerado internacional japonés ficticio.51 La
compañía emplea, los ciudadanos de la nación anfitriona multilingües para vigilar las in-
tenciones y los planes de socios, y para detectar oportunidades de ventajas, el equivalente
comercial a las funciones de inteligencia estratégica para fines de seguridad nacional. Un
Sosha Man sirve como la “punta de lanza” o “caballo de Troya” para una empresa, y como
sus “ojos” en el mundo.52 El propósito del autor es “Contribuir al estudio de, y crear, una
51
cultura de inteligencia operativa auténtica para la inteligencia estratégica mexicana.53 El
objetivo colectivo japonés al promover la inteligencia empresarial competitiva, en palabras
del alter ego del autor, es el siguiente: “El Gobierno japonés ha diseñado una política ex-
terior y económica activa en donde las Sogo Sosha juegan un papel muy importante en
la concreción de los intereses nipones en la región, y por ende, en México”.54 Después de
cuatro años en el papel, el protagonista finalmente se pone incómodo con su papel en el
apoyo de la firma japonesa y renuncia a su cargo para ingresar a la academia.
Estas las memorias de los profesionales de inteligencia en las Américas establecen las bases
para el desarrollo de una visión más generalizada de cómo su cultura se refiere a la posición
estratégica de la inteligencia en los gobiernos de hoy en día.
Al menos diez países importantes de las Américas han autorizado y alentado el desarrollo de
capacidades formales de “inteligencia estratégica” por parte de las agencias de inteligencia
civiles nacionales.55 Los productos estimativos de inteligencia estratégica proporcionan ideas
útiles y únicas sobre los desafíos que enfrenta una nación. Fredy Rivera Vélez define la inte-
ligencia estratégica con relación a la inteligencia estimativa, en la que ésta adopta un plazo
más largo, con perspectiva más preventiva que la inteligencia estratégica sola.56 El reconoce
la cultura de inteligencia institucionalizada como el conjunto de “prácticas, creencias y com-
portamientos” entre los individuos que componen el sistema de inteligencia tradicional, pero
también denuncia la ausencia de una teoría o doctrina correspondiente para su desarrollo y
aplicación.57 A partir de la premisa de que la doctrina de inteligencia del gobierno funciona
como una teoría aplicada, el marco para el desarrollo doctrinario se basa en una definición
operacional de la cultura de inteligencia y su incorporación a la práctica institucional.
España ha desarrollado el concepto de cultura de inteligencia en términos operativos. El
Centro Nacional de Inteligencia (CNI), un servicio de inteligencia nacional primariamente
civil, a pesar de que opera dentro del Ministerio de Defensa desde su creación en 2002,
ha disfrutado de una estrecha interacción con los programas de estudios de seguridad e
inteligencia en algunas de las principales universidades del país.58 La definición de cultura
de inteligencia bajo estas circunstancias se ha convertido en “el conjunto de conocimientos
que una sociedad debería tener sobre la necesidad, misión y funciones de un servicio de
inteligencia, de manera que perciba como útiles y apropiadas las cuestiones relacionadas
con su seguridad, su libertad y la defensa de sus intereses”.59 Esta comprensión colectiva de
la cultura de inteligencia, encabezada por el CNI, no tiene una larga historia, remontándo-
se sólo a la Constitución de 1978, el documento que subyace en la transición democrática
de España: “A partir de este momento se pueden rastrear los orígenes de la cultura cívica
52
y la socialización política del mundo de la inteligencia”.60 En su dedicación a que toda la
sociedad tome conciencia de la cultura de inteligencia, el enfoque español tiene dos rivales
menores, Rumania e Italia.61
Las referencias al fenómeno de la cultura de inteligencia se han convertido en algo común y
corriente, como se ha demostrado en la literatura citada en este documento. Ausente en esta
literatura, sin embargo, está un enfoque sobre los contenidos de la cultura de inteligencia—
las acciones y valores de sus participantes—que han permanecido ocultos en una opaca
“caja negra”. Sobre la base de una revisión de la literatura de inteligencia, incluyendo las
memorias de practicantes, el presente autor afirma que la cultura de inteligencia funciona
en cuatro escalas o niveles operacionales: individuo, agencia, poder ejecutivo, y la sociedad.
Tabla I
53
Un individuo manifiesta la cultura de la inteligencia al mantener la curiosidad y el respeto
por lo desconocido a lo largo de toda la vida, y al convertirse en una persona más “culta”.
El secreto prevalece sobre todo a nivel de agencia, junto con una tendencia a impedir el
acceso a la información, incluso de las agencias afines dentro de un sistema o comunidad
de inteligencia.62 Las leyes de información pública del Estado a veces no pueden influir en
la toma de decisiones para los oficiales responsables de decidir si se debe divulgar informa-
ción potencialmente sensible. La preferencia cultural que prevalece es retener la entrega de
documentos para proteger la “seguridad nacional”.63 Los miembros de inteligencia reciben
capacitación (adoctrinamiento) para aprender cómo llevar a cabo los requisitos básicos
de su trabajo. Sin embargo, a la medida que los individuos y las agencias desarrollan nue-
vos procedimientos y enfoques de inteligencia, la educación autodirigida (socialización) se
convierte en el medio predominante de desarrollo profesional, y de pasar las preferencias
culturales a las nuevas generaciones.64 A nivel ejecutivo, la promoción de una cultura de
la inteligencia depende de 1) iniciativas específicas del poder ejecutivo; 2) instituciones
académicas que pueden o no pueden ser financiadas por el Estado, con la oferta de cursos
influenciados, o no, por las autoridades gubernamentales; y 3) empresas privadas cuyos
ejecutivos deciden si se debe emplear la inteligencia competitiva para mejorar la rentabi-
lidad, especialmente a expensas de sus competidores directos. A nivel social, existen leyes
y disposiciones para la supervisión de inteligencia como expresiones de preocupación de
funcionarios por la cultura de inteligencia para contrarrestar la indiferencia que los ciuda-
danos tienen hacia los asuntos de seguridad nacional.65
Un aspecto irónico de la cultura de inteligencia es que cuando la acción legislativa en nom-
bre de la sociedad pone en marcha una ley de inteligencia, los profesionales y los orga-
nismos sienten más libertad para tomar acciones decisivas en el lado operativo, hasta el
límite de las opciones aprobadas por autorización legislativa específica.66 Este ejemplo de
la compleja relación entre la actividad de inteligencia y el interés del público en cuanto a
cómo actúa en su nombre, presenta el tema de la conciencia pública sobre cuestiones como
objeto de la próxima sección.
54
a la cultura de inteligencia de cualquier país desde la escala de los profesionales individua-
les hasta el nivel de la sociedad en general. Esta sección destaca algunos avances ejemplares
en las Américas que promueven la conciencia pública de la cultura de inteligencia.
Los acontecimientos recientes en varios países han aumentado la conciencia pública sobre
las cuestiones de inteligencia. El principal de ellos es la elaboración de una nueva legislación
relacionada con la inteligencia o la revisión de las leyes existentes. Desde el año 2004, esto
ha ocurrido en Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Esta-
dos Unidos. Informes de periódicos y debates públicos relacionados con éstos ciertamente
han elevado el perfil de los temas de inteligencia, aunque aún hay poca información dispo-
nible acerca de las perspectivas, comportamientos y valores de los profesionales. La publi-
cación de las memorias adicionales por parte de los operadores y analistas de inteligencia
actuales o retirados ayudaría a remediar esa deficiencia. En tanto y en cuanto el concepto de
“seguridad nacional” se mantenga distante de la experiencia y del interés de los ciudadanos,
algunas de esas memorias tendrán que popularizarse a través del cine o la televisión para
elevar la conciencia pública sobre la cultura de inteligencia a niveles “procesables”.
En Ecuador, por ejemplo, una reforma de las instituciones de seguridad ha puesto en mar-
cha un vehículo legal para la participación ciudadana en asuntos de inteligencia—La Ley
de Seguridad Pública y del Estado de 2009. Su artículo 45 establece el derecho a la parti-
cipación individual y colectiva de los ciudadanos en los ámbitos políticos de la planifica-
ción, evaluación y control en relación con el Sistema de Seguridad Pública.67 Sin embargo,
debido a que los procedimientos específicos para la participación ciudadana directa en la
formulación de políticas públicas de inteligencia permanecen indefinidos, y debido a que
el espíritu de inteligencia—de la acción preventiva—aún tiene que penetrar esta y otras
sociedades, el foco de interés público ha sido que los ciudadanos tengan acceso a las bases
de datos mantenidas por el gobierno para descubrir lo que ya ha sido obtenido y archivado
por los servicios de seguridad.68 Activistas ciudadanos, ya sea en espacios analógicos o
espacios públicos digitales, pueden mirar a cualquiera de los cuatro niveles de la cultura de
inteligencia para encontrar oportunidades para intervenir directamente en la actividad de
la seguridad pública llevada a cabo por las instituciones nacionales.
También bloqueando el camino de un florecimiento inminente de la conciencia cultural de
inteligencia a nivel social es el gran peso de la tradición en el pensamiento sobre la defensa
y la seguridad. Dos observadores ecuatorianos comentan el papel de la inercia en posponer
el debate público sobre el papel de la inteligencia en una sociedad:
Asociado con este fenómeno también encontramos el rol que cumplen los partidos
políticos y los movimientos sociales que, al hablar de una cultura política tradi-
cional, les impide mirar a los asuntos de Inteligencia o seguridad como parte inte-
grante de las políticas públicas del Estado; [resultado de] … la naturaleza dispersa
55
y la falta de organización por parte de la sociedad civil de colectivos organizados
de la sociedad civil que no incluye los temas de Inteligencia, defensa y seguridad
nacional como componentes de sus agendas o repertorios políticos.69
t²YJUPTPQFSBDJPOBMFTPUPSHBOMFHJUJNJEBEQÞCMJDBBMBJOUFMJHFODJB
HVCFSOBNFOUBM
Documentos de Wikileaks y otras revelaciones no autorizadas de información
de inteligencia han acelerado la conciencia cultural de inteligencia centrada
en los datos.70
t-BDPSSVQDJØOEFMPTGVODJPOBSJPTQÞCMJDPTMBNFOUBEBQPSTVTDPMFHBT
Leyes públicas han ampliado el acceso público a los documentos y registros del
gobierno en muchos países de la región.71
t"DDJPOFTEF6OJEBEFTEFJOUFMJHFODJBFOMBTJOTUJUVDJPOFTQPMJDJBMFTMFHJUJNBO
VOBĕMPTPGÓBQSFWFOUJWBQBSBMBTPDJFEBE
Las agencias policiales se centran en la seguridad interna e interactúan
rutinariamente con el público.
t3FĘFYJØOTPCSFFMUSBCBKPQSPQJPUSBFSFDPNQFOTBQTJDPMØHJDBQBSB
FMDPTUPFNPDJPOBM
Ver Tabla 2 para una selección de revistas de inteligencia, que permiten a los
autores explorar y compartir directamente con el público los desafíos de la
labor de inteligencia.
t*NQFSBUJWPTEFMBPCUFODJØO)6.*/5OPBGFDUBOFMIPOPSBCMFTFSWJDJP
BMBTPDJFEBE
Los mejores agentes de inteligencia humana emplean el engaño todos los días
en las relaciones humanas, a veces con su vida en juego, incluso, en tanto y en
cuanto sigan estando incómodos con ese estilo de vida, van a reintegrarse con
éxito a la sociedad normal.
t-BJOUFMJHFODJBDPNQFUJUJWBFNQSFTBSJBMBQPZBMBFTUSBUFHJBJOUFSOBDJPOBM
EFVOQBÓT
Un programa de la Universidad de Rey Juan Carlos de España se une a la
academia con el centro nacional de inteligencia de ese país (CNI) para crear
una “cultura de la inteligencia económica” a través de la explotación de los
56
resultados publicados de la investigación científica financiada públicamente. Estos
resultados, a su vez, guían el desarrollo de políticas y estrategias que minimizan
los riesgos reales y potenciales para, y optimizan y refuerzan la cooperación entre,
empresas públicas y privadas.72 Esta iniciativa sirve como modelo para la partici-
pación del público (contribuyentes) en el desarrollo de programas de inteligencia
económica que podrían ser adaptados para las Américas.
Tabla II
57
podrían y deberían haber sido declarados responsables de una manera que no incida en la
moral de otros empleados de la agencia.
Por último, como conclusión, los profesionales de inteligencia tienen la oportunidad de
encontrar y desarrollar relaciones útiles entre su cultura y la de los analistas de políticas
públicas para impulsar la misión de llegar a los sectores de la sociedad con los que están
poco familiarizados. Productores de inteligencia se enorgullecen de hacer uso de su co-
nocimiento tácito único, desarrollado a través de la experiencia analítica y operaciones de
campo, para aumentar su valor para la toma de decisiones del gobierno. Pero sigue siendo
una oportunidad para ellos colaborar con el mundo “exterior” de especialistas en políticas
públicas orientadas académicamente, cuyo propio análisis de los asuntos públicos y cuya
relación con los responsables políticos representa más estrechamente y fielmente los in-
tereses de una amplia variedad de subdivisiones sociales y económicas de la sociedad.75
PANORAMA
Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo son
las del autor y no representan las del gobierno de Estados Unidos o sus agencias.
58
Understanding Intelligence
Culture in the Americas and
Its Strategic Utility in National
Security
Russell G. Swenson
INTRODUCTION
Building a strategy for ensuring public security calls for the development and spread of
a widely accepted, democratic foundation for anticipating and preventing deadly attacks
that target the people and institutions of each country of the hemisphere. That foundation
already exists, but remains poorly understood and therefore underutilized. The foundation
in question does have a label: “intelligence culture.”
When intelligence culture becomes known to or acknowledged by the public, the values of
anticipation and prevention can be injected more readily into discussions of public secu-
rity and internal defense. As the principles of anticipation and prevention seep into public
consciousness, an expansive culture of intelligence can begin to translate into a strategy to
counter an opponent’s own strategy of inflicting damage through the constant threat or
reality of internal assault, whether through terrorism, organized crime, or another means.
Following its own experience with terror attacks in the Madrid train bombings of 2004,
Spain has adopted a policy of explicitly expanding the anticipatory and preventive culture
of its government intelligence apparatus across key sectors of the society.77 Already, finan-
cial intelligence units in many countries target organized crime activity, and illustrate the
value of anticipation and prevention.78
This essay recognizes the beginnings of society-wide consciousness of intelligence culture
in the Americas, and explains how key aspects of that culture can expand, through public
and political discourse, beyond its home in intelligence agencies.
59
Development of the Intelligence Culture Concept
Intelligence literature in the Western world reflects an ongoing interest in the sociologi-
cal environment and behavioral characteristics of national intelligence services and their
employees. Often, this interest manifests itself in work that attempts to define and explore
“intelligence culture.” An essay by Ecuadorian observers summarizes the trajectory of this
literature and calls for additional exploration of the internal dynamics of government intel-
ligence activity:
Several authors have addressed intelligence in the context of national “strategic cultures,”
but their analysis omits any consideration of the realm of intelligence culture itself.80 Oth-
ers, in attempting to fathom and outline the makeup of an intelligence culture, have identi-
fied national orientations and tendencies that may affect the work of intelligence agencies
in a particular country or empire.81 In addition, one author has examined the question of
how fundamental elements of a particular intelligence culture might affect the integrity of
estimative intelligence products: Philip Davies used conditions suitable for a natural exper-
iment to test the effects of cultural variables in the United States and the United Kingdom,
where “experimental” factors such as available information and national security interests
are strikingly similar.82
Still others have peered inside intelligence agencies and identified the expression of out-
look, behaviors, and values that make intelligence culture a recognizable, independent
60
variable contributing to the efficacy and efficiency of particular intelligence services.83 In
this literature, Charles Cogan spells out two key characteristics of intelligence operators:
their compulsion to manipulate others and an unrelenting pragmatism. The anonymous
author of the essay on intelligence analyst culture, in contrast, finds that intellectual hon-
esty, expressed through skepticism, persuasive oral and written communications skills,
and bureaucratic resilience are essential to one’s being comfortable in this culture. Cogan
observes that although intelligence operators and analysts may continue to have disdain
for each other’s work, “each is the other’s strength.”84 This means that the coherence of
these two cultures within any intelligence organization or community obeys the principle
of communicating vessels (vases communicants): as identifiably different parts of a cor-
porate structure, operators and analysts obtain success or failure together, not separately.
Also from this group of authors, Alberto Bolivar finds that Peru’s intelligence services, in-
stead of developing their own work-related culture in the 1980s, were too porous and open
to being influenced by the easy informality of “chicha” culture in the larger society—in
what may be viewed as a negation of the conservative tone that typifies agency intelligence
culture.85 In general terms, intelligence practitioner conservatism stems from adopting
a preventive mindset to prevent failure. Personally reflecting that conservative ethos as a
former member of Peru’s intelligence services, Bolivar suggests that the absence of a “threat
focus” contributed to the services’ failure to alert political leaders to the powerful influence
of subversive groups. The equally insightful, insider perspective of Juan Manuel Reyes-
Alonso, who defected from Cuba to the U.S. in 2000 after spending years in the intelligence
service of the Interior Ministry, suggests that Fidel Castro’s direct and detailed management
of Cuban intelligence created an efficiency-oriented national intelligence culture, a prod-
uct of fusing his goals with those of the agencies and their functionaries. This pervasive
intelligence culture extended across political and economic sectors: “In contrast to other
services in other countries, the DGI (General Directorate of Intelligence) has a physical
presence in all of the important branches of the economy and the political life of Cubans.”86
Another former Cuban intelligence official, Juan Antonio Rodríguez Menier, explains that
HUMINT officials indoctrinated in this culture acted with the passion of priests in their
interactions with source-agents.87 His experience in Interior Ministry intelligence expands
our insight into Cuban intelligence culture—where intelligence officials would “speak truth
to power,” when—as was common—they spoke directly with Fidel:
Security intelligence officials often lie about they are really thinking, but
they always speak the truth to Fidel about the situation of the country,
even when the information is very negative. They are aware that if Fidel
commits an error because of bad information they give him, they will pay
a high price.88
61
These insider accounts begin to outline a scheme for identifying salient elements of a na-
tional intelligence culture. Enough behavior and attitudinal similarities appear to exist
among the operational and analytical personnel of the hemisphere’s intelligence services
to warrant the continued production of case studies of intelligence culture and its potential
value for improving the strategic capabilities of particular countries.
The most explicit treatment of intelligence culture as a substantial phenomenon comes from
a Romanian author, Irena Dumitru.89 Her vision extends beyond that of other authors in
outlining not how a society’s predilections influence its intelligence services, but in explain-
ing how public perceptions of the function can be deliberately changed by concerted gov-
ernment involvement. The Romanian government expects that the society will be better
prepared to cope with threats if citizens understand why intelligence services need to be
operationally efficient, despite the inevitability of intelligence errors and intelligence fail-
ures.90 Cold War Romanian intelligence services gained prominence as perceived leaders of
a repressive state apparatus. By making the old (SRI) intelligence service’s archives available
to the public, creating an institution of higher education—the National Intelligence Acad-
emy—, and publishing a professional journal—the Romanian Intelligence Studies Review—
the government has moved to remake the perception of intelligence culture. Dumitru sees
intelligence culture as a framework in a “black box”—populated by a set of practitioner and
citizen attitudes and behaviors toward this government function—and acting as a bridge be-
tween a coalition of Romanian academia, the country’s intelligence community, and private
business enterprises, on one side, to “consumers” on the other side, who include decision
makers, mass communications media, and the country’s citizens.91 However, she does not
fill in or define the intelligence culture—the outlook, behaviors, and values of practitioners of
intelligence—inside the black box.
Building on the literature examined above, the present essay will now begin to explain how
the spirit and contents of an intelligence culture, as developed and experienced by practi-
tioners, may de defined, communicated, and made part of the consciousness of the larger
societies of which they are part.
Although ethnographers, fine arts aficionados, and public administration scholars may
hold distinctive views of “culture” as a term describing the outlook, behaviors and values
of different human groups, their use of the term corresponds with one or more of three
definitions found in the Dictionary of the Royal Academy of the Spanish Language:
Cultura —
1. f. Cultivo [crecimiento, en sentido biológico o medicinal]. (growth, in a
biological or medicinal sense)
62
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su
juicio crítico. (a collection of knowledge that allows one to develop critical judgment)
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, [creencias,] conocimientos y grado
de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.92
(the set of lifestyles, customs, beliefs, knowledge, and level of artistic, scientific,
or industrial development of a time period, social group, etc.)
Individuals become “acculturated” to a group, starting from birth, as they acquire or ab-
sorb acceptable beliefs and behaviors. This early experience equates to training. As they
mature, the same individuals (unless conscripted) elect to acquire and absorb the culture
of a workplace or other social grouping. This step equates to adult education, because the
individual initiates the interaction and determines his or her own degree of buy-in (aceptar
y confiar en) to the culture.93 Education brings personal growth to members of the intel-
ligence culture, reflecting the biological aspect of the definition of “culture.”
In popular and academic discourse, outsiders highlight and criticize the “culture of se-
crecy” in government intelligence that keeps some information from being disclosed de-
spite the existence of open-information laws.94 However, a legitimate culture encompasses
more than one stereotypical characteristic—more than merely a predilection for secrecy.
A viable culture exists when distinctive and long-lasting traits—to include outlook, behav-
iors, and values—remain recognizable and endure from one generation of employees to the
next. A constantly changing, specialized vocabulary reinforces an individual’s identifica-
tion with other members of the intelligence culture.
Any citizen can gain access to intelligence culture by making contact with its members.
That contact can be especially convenient and revealing when intelligence practitioners
dare to reflect on their work experiences in published memoirs or fictionalized memoirs.
63
that present an apparently authentic interpretation of their work as government or private-
sector intelligence employees. Beyond giving readers a behind-the-scenes glimpse of intel-
ligence workplace challenges and opportunities, their published work translates the defin-
ing elements from their earlier, secretive life into socially meaningful principles for public
consumption. Their memoirs offer an interpretation of their life within the culture of intel-
ligence in a way that promotes “intelligence socialization” among the public at large. Each of
the six following sections highlights a principle that readers may infer from an examination
of particular memoirs.
Supervisors found that as professional relationships became personal ones, that familiarity
prompted questions, doubts, and suggestions from anyone, of any rank.100 One intelli-
64
gence analyst intimated why intelligence personnel develop trust in one another when she
confided to the Castro Cayedo that a single intelligence operator in the field produced a
greater quantity of accurate data about a target than the dozen informants used during the
entire mission.101 The narrative makes clear that a solid initial problem definition shaped
intelligence and operational planning for the eventually successful campaign against these
four hard targets.
The insights into intelligence practitioner psychology and behavior from this book have the
potential to educate citizens about the personal dedication and perseverance behind the
otherwise anonymous actions that underlie successful intelligence operations.
65
Borges’ disclosure of the costs of devaluing preventive intelligence work in Mexico is intend-
ed to improve the public image and self-image of intelligence services. His voice, once joined
by similar accounts from other countries, can build public trust that an intelligence officer’s
motivation for engaging in public service in any society can approach the Weberian ideal.
66
4. Thoughtful reflection on one’s work brings psychological
compensation to offset its emotional cost
Retired Colombian intelligence officer Jesus Emilio Garcia Acosta chronicles his career with the
fictional National Intelligence Service-SIN.115 SIN stands in for Colombia’s civilian Adminis-
trative Department of Security-DAS, until 2011 broadly responsible for internal and external
aspects of national security, immigration control, and the protection of senior officials. The au-
thor’s alter ego, Ingencio Cadena, takes advantage of late-night free time at the agency’s training
academy, which shelters cadets from the corrupt practices of everyday bureaucratic life, to sound
out his peers about their career plans and expectations. Even in this protected environment, he
recognizes that intelligence training imparts a type of brainwashing: A cadet reaches the point of
separating right from wrong work behavior, but always within the institutional context.
Assigned to police the border with Venezuela early in his career, Ingencio admires his own
national, strategic intelligence sensibility (looking out for the welfare of the state, rather than
the current government in power) and denounces its antithesis—the self-serving behavior
of local police and corrupt, long-serving SIN colleagues. He also learns not to trust mid-
level supervisors, whose poor management skills he finds disturbing: “It’s just that the intel-
ligence mission is so sensitive that it’s like painting a map of our security on a spider’s web,
and here they are so unprepared and acting like it’s only a sport.”116
To fit in with colleagues, Ingencio agrees to hear the argument for accepting money in ex-
change for not reporting criminal activity. Colleagues urge him on with this rationalization:
Just think of it this way, Ingencio—doing it doesn’t put you or the institution
at risk, because it’s not like selling classified information, or revealing infor-
mants, or selling background information about your colleagues.117
In Bogota, in the twilight of his career, Ingencio takes pride in having withstood the tempta-
tions of corrupt practice. He notes that only 10 percent of applicants make the SIN’s roster,
and only 10 percent of academy graduates survive the rigors and challenges of professional
life in a large organization to earn a pension after 20 years of service. His pride comes from
being among the one percent of applicants who have succeeded as a member of this bureau-
cratic elite. In “real life,” the author, Jesús Emilio García Acosta, left intelligence service to
become a Biblical and theological scholar. In his own memoir, another Colombian from an
earlier generation reinforces that idea that one pays a high psychological cost in weaving the
necessary web of lies to succeed as an intelligence operator.118
67
intelligence officers, takes full advantage of the climate of openness promoted in the mid-
1970s by Director of Central Intelligence (DCI) William Colby.119 The memoir chronicles
Phillips’ intelligence work in surprising detail, from his 1950 recruitment into the agency in
Chile, through various Latin American assignments, to his last position as Chief, Western
Hemisphere Division in 1975. The excitement of relatively freewheeling government service
becomes a recurring motif and explains the author’s joining and remaining in CIA, despite
episodes of moral uncertainty. Phillips’ successful recruitment of an agent in Chile whetted
his appetite for more, even though he winced at having to write and surreptitiously insert a
tailored horoscope in the local paper to finally convince the young Communist Party mem-
ber to switch sides after logical arguments had failed.
To Phillips, the value of intelligence produced and the initiative of its practitioners remain cen-
tral values to pass on to new intelligence officers. That transmission depends on the creation of
cultural memes, such as: One must pay attention to details and record them for later synthesis
and correlation; and one must ask questions and disobey instructions as needed, a lesson he il-
lustrates with the story of a contentious query sent to CIA headquarters from a field operator in
Southeast Asia to contest a questionable instruction: “Is headquarters still in friendly hands?”120
Phillips’ admission of his own errors and those of the agency, and a discussion of CIA em-
ployees’ political culture, set this memoir apart from other insider accounts. He admits losing
back to Cuba a defecting intelligence official in Mexico City thanks to poor custodial deci-
sion making. Reflecting on when President Kennedy forced Allen Dulles out as Director of
Central Intelligence in 1961, he notes that it was Dulles’s infectious enthusiasm that had made
espionage and even dirty tricks “seem like good clean fun.”121 To Phillips, the few conserva-
tive activists in CIA, such as E. Howard Hunt, of Watergate fame, obscured the truth that
most practitioners were politically moderate sophisticates.
Phillips’ memoirs are not unlike those of a Chilean intelligence operator whose fictional-
ized activity appears in a 2011 novel.122 Intelligence officials find that their responsibility
for state security must override any moral concerns for the well-being of those—friends and
enemies—with whom they work, despite the toll of psychological damage to be paid sooner
or later by the officer.
Mexico’s Adolfo Alberto Laborde Carranco recounts his formative experiences working as
a “Sosha Man” for a fictionalized Japanese international conglomerate.123 The company
employs multilingual, host-nation citizens to keep watch over business partners’ intentions
and plans, and to spot opportunities for competitive advantage—the commercial equivalent
to strategic intelligence functions for national security purposes. A Sosha Man serves as
68
the “tip of the spear” or “Trojan horse” for a company, and as its “eyes” on the world.124
The author’s purpose is to “contribute to the study of, and create, an authentic operational
intelligence culture for Mexican strategic intelligence.”125 The Japanese collective objective
in promoting competitive, business intelligence, in the words of the author’s alter ego, is
this: “el gobierno japonés ha diseñado una política exterior económica activa y en donde las
Sogo Sosha juega un papel muy importante en la concreción de los intereses nipones en la
región, y por ende, en México.”126 After four years in the role, the protagonist finally grows
uncomfortable with his role in support of the Japanese firm and resigns his position to enter
academia.
These vignettes from the memoirs of intelligence practitioners in the Americas set the stage
for developing a more generalized picture of how their culture relates to the strategic posi-
tion of intelligence in today’s governments.
At least ten major countries of the Americas have authorized and encouraged the develop-
ment of formal “strategic intelligence” capabilities by national, civilian intelligence agen-
cies.127 The estimative products of strategic intelligence provide useful and unique insights
about the challenges facing a nation. Fredy Rivera Vélez defines strategic intelligence in re-
lation to estimative intelligence, where estimative intelligence adopts a longer-term, more
preventive perspective than strategic intelligence alone.128 He recognizes institutionalized
intelligence culture as the set of “practices, beliefs, and behaviors” among the individuals
who make up the traditional intelligence system, but he also decries the absence of a corre-
sponding theory or doctrine for its development and application.129 From the premise that
government intelligence doctrine functions as applied theory, the framework for doctrinal
development rests on an operational definition of intelligence culture and its incorporation
into institutional practice.
Spain has developed the concept of intelligence culture in operational terms. There, the
National Intelligence Center (CNI), a civilianized national intelligence service, even though
operating within the Ministry of Defense, has, from its founding in 2002, benefited from
intentionally close interaction with security and intelligence studies programs at some of
the country’s leading universities.130 The working definition of intelligence culture under
these circumstances has become “the knowledge that a society should have about the need
for, the mission, and the functions of an intelligence service, so that questions such as the
relationship of intelligence to security, liberty, and defense of national interests are seen as
useful and appropriate.”131 This collective grasp of intelligence culture, spearheaded by
the CNI, does not have a long history, reaching back only to the constitution of 1978, the
document underlying Spain’s democratic transition: “a partir de este momento se pueden
69
rastrear los orígenes de la cultura cívica y la socialización política del mundo de la inteli-
gencia.”132 In its dedication to society-wide consciousness-raising with respect to intelli-
gence culture, the Spanish approach has two lesser rivals, Romania and Italy.133
References to the phenomenon of intelligence culture have become commonplace, as dem-
onstrated in the literature cited in this paper. Absent in this literature, however, is a focus
on the content of intelligence culture—the actions and values of its participants—which
have remained hidden in an opaque “black box.” Based on a review of intelligence literature,
including practitioner memoirs, the present author finds that intelligence culture functions
at four scales or operational levels: individual, agency, executive branch, and society.
Table I
Executive Intelligence culture is built on the foundation of deep and productive working
Branch relationships between and among cabinet-level ministries, all of whom partici-
pate in an intelligence system or community; executive decrees on intelligence;
institutions that embody long-term national interests; subordination of all intel-
ligence units to national aims; creation of an intelligence culture through publica-
tion of journals and specialized education, and support of universities
Society A Constitution and intelligence laws; a government structure designed for ac-
countability (for individuals, agencies, or ministries); construction of an intel-
ligence culture through the publication of journals and specialized educational
institutions; national, cultural tendencies manifested in the behavior of govern-
ment intelligence officials; political will to build an ethos of anticipation and pre-
vention in public affairs; attention to intelligence in mass communications media;
private enterprises that adopt intelligence to increase growth options relative to
competitors through intelligent competition
Source: Distilled by the author from observation and experience, and from various sources cited in this work.
An individual manifests the culture of intelligence by maintaining curiosity and a respect for
the unknown throughout a lifetime, and becoming a more “cultured” person. Secrecy pre-
vails especially at the agency level, along with a tendency to withhold access to information
even from companion agencies within an intelligence system or community.134 Government
70
open-information laws sometimes fail to influence the individual decision-making respon-
sible for deciding whether to release potentially sensitive information. The prevailing cultural
preference is to withhold the release of documents to protect “national security.”135 Intel-
ligence practitioners receive training (indoctrination) to learn how to perform the basic re-
quirements of their work. However, as individuals and agencies develop new intelligence pro-
cedures and approaches, self-directed education (socialization) becomes the prevalent means
of professional development, or of passing cultural preferences on to new generations.136 At
the executive level, the promotion of a culture of intelligence depends on 1) specific executive
branch initiatives; 2) academic institutions that may or may not be financed by the state, with
course offerings influenced, or not, by governmental authorities; and 3) private enterprises
whose executives choose whether to employ competitive intelligence to improve profitability
especially at the expense of direct competitors. At the societal level, intelligence laws and ar-
rangements for oversight exist as expressions of concern by officials for intelligence culture to
offset the indifference citizens usually have toward national security affairs.137
An ironic aspect of intelligence culture is that when legislative action on behalf of society puts
in place an intelligence law, practitioners and agencies feel more freedom to take decisive ac-
tions on the operational side, right up to the limit of options endorsed by specific legislative
authorization.138 This example of the complex relationship between intelligence activity and
the public’s interest in how the function operates on its behalf introduces the theme of public
awareness of intelligence issues as the subject of the following section.
When one considers that the ultimate consumers or beneficiaries of strategic intelligence
are the whole nation and its people, and that its purpose is to safeguard them from inter-
nal and external dangers, then the outlook, behaviors and values that connect the work of
intelligence practitioners to the nation’s citizens, and their understanding and respect for
that culture, hold strategic importance. The features of an intelligence culture introduced
in Table 1 allow us to track the actions and values associated with any given country’s intel-
ligence culture from the scale of individual practitioners to the level of the society at large.
This section highlights some exemplary developments in the Americas that promote public
awareness of intelligence culture.
Recent developments in several countries have raised public awareness of intelligence issues.
Chief among them is the drafting of new intelligence-related legislation or the revision of
existing laws. Since 2004, this has occurred in Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala,
Mexico, Paraguay, Peru, and the United States. Newspaper accounts and public discus-
sion related to these developments have certainly raised the profile of intelligence issues,
71
although little information about the outlook, behaviors, and values of practitioners has
yet become available. The publication of additional memoirs by current or former intel-
ligence operators and analysts would help remedy that deficiency. Insofar as the concept
of “national security” remains distant from the experience and interest of citizens, some of
those memoirs will have to become popularized through film or television to elevate public
awareness of intelligence culture to “actionable” levels.
For example, in Ecuador, a reshaping of security institutions has put in place a legal vehicle
for citizen participation in security affairs—the State and Public Security Law of 2009. Its
Article 45 establishes the right of individual and collective citizen participation in the policy
areas of planning, evaluation, and control in relation to the Public Security System.139 How-
ever, because specific procedures for direct citizen involvement in public policy formulation
remain undefined, and because the intelligence ethos of preventive action has yet to perme-
ate this and other societies, the focus of public interest has been on citizens gaining access to
government-maintained databases to discover what has already been collected and archived
by the security services.140 Citizen activists in either analog or digital public spaces can look
to any of the four levels of intelligence culture for opportunities to intervene directly in pub-
lic security activity carried out by national institutions.
Also standing in the way of an imminent florescence of intelligence culture awareness at the
societal level is the heavy weight of tradition in defense and security thinking. Two Ecua-
dorian observers comment on the role of inertia in postponing public debate on the role of
intelligence in a society:
Associated with this phenomenon we also find the role played by political
parties and social movements which, by speaking for traditional political
culture, keeps them from looking at security and intelligence issues as an
integral part of the State’s public policies, [a result of] the dispersed nature
and lack of organization on the part of civil society, when fails to grapple
with intelligence, defense, and national security issues as components of its
agenda or political repertoire.141
The outlook, behaviors and values of intelligence practitioners, as expressed in memoirs and
fictionalized memoirs, were briefly reviewed above and distilled into six cultural memes
(the titles given to each of the subsections). Some aspects of each meme have already been
incorporated into growing public consciousness of intelligence culture across the region:
t0QFSBUJPOBMTVDDFTTFTCSJOHQVCMJDMFHJUJNBDZUPHPWFSONFOUJOUFMMJHFODF
Wikileaks documents and other unauthorized exposures of intelligence
information have accelerated data-centric intelligence culture awareness.142
72
t$PSSVQUJPOBNPOHQVCMJDTFSWBOUTMBNFOUFECZQSBDUJUJPOFST
Public laws have expanded public access to government documents and records
in many countries of the region.143
t"DUJPOTCZ*OUFMMJHFODFVOJUTJOQPMJDFJOTUJUVUJPOTMFHJUJNJ[FBQSFWFOUJWF
QIJMPTPQIZGPSTPDJFUZ
Police agencies focus on internal security and interact routinely with the public.
tćPVHIUGVMSFĘFDUJPOPOPOFTXPSLCSJOHTQTZDIPMPHJDBMDPNQFOTBUJPOUP
PČTFUJUTFNPUJPOBMDPTU
See Table 2 for a selection of intelligence journals, which enable authors to
explore and share directly with the public the challenges of intelligence work.
Table II
t)6.*/5DPMMFDUJPOJNQFSBUJWFTEPOPUVOEFSNJOFIPOPSBCMFTFSWJDFUPTPDJFUZ
The best human intelligence operatives employ deceit every day in human relation
ships, sometimes with their life at stake—yet, so long as they remain uncomfortable
with that lifestyle, they will integrate successfully back into normal society.
t$PNQFUJUJWFCVTJOFTTJOUFMMJHFODFTVQQPSUTBDPVOUSZTJOUFSOBUJPOBMTUSBUFHZ
A program at the Universidad de Rey Juan Carlos in Spain joins academia with
that country’s national intelligence center (CNI) to create a “culture of economic
intelligence” through the exploitation of published results from publicly financed
73
scientific research. Those results, in turn, guide the development of policies and
strategies that minimize actual and potential risks for, and optimize and reinforce
cooperation between, public and private enterprise.144 This initiative serves as
a model for public (taxpayer) involvement in the development of economic
intelligence programs that could be tailored for application in the Americas.
The ultimate value of a society’s understanding and accommodating itself to the culture of
intelligence lies in a perceptual transformation of the relic “national security intelligence”
construction to a new “public security intelligence” image of intelligence. With safeguards
against intelligence-centered violations of human rights in place and working successful-
ly,145 this transformation has already begun. The agencies of the intelligence services also
need to transform themselves by taking steps to ensure greater public transparency into
their actions, to include holding their employees individually accountable. As pointed out
by a CIA retiree, that agency’s withholding from public disclosure even the brief summary of
an internal Inspector General’s report on agency performance leading up to the surprise at-
tacks of 9/11 does not set a good example.146 He points out that the individuals identified in
the report as responsible for unsatisfactory work in that time frame could and should have
been held accountable in a way that would not impinge on the morale of current employees.
Finally, as a closing observation, intelligence practitioners have the opportunity to find and
develop useful relationships between their culture and that of public policy analysts to boost
the mission of reaching out to parts of society with which they are little familiar. Intelligence
producers take pride in making use of their unique tacit knowledge developed through ana-
lytic experience and field operations to boost their value to government decision making.
But an opportunity remains for them to collaborate with the “outside” world of academically
oriented public policy specialists whose own analysis of public issues and whose relation-
ship with policy makers more closely and faithfully represents the interests of a wide variety
of social and economic subdivisions of society.147
74
PROGNOSIS
Disclaimer: All declarations of fact, opinion, or analysis expressed in this article are those of the author,
and do not represent those of the U.S. government or its agencies.
75
76
Perspectivas de futuro de la
inteligencia estratégica en
Latinoamérica
Rafael Jiménez Villalonga
Como toda evolución de las particularidades que identifican a las sociedades, la correspon-
diente a la inteligencia también ha acompañado la que se produce en todos los ámbitos de
un país. Bien es verdad que esta no ha sido homogénea en todos los países de Latinoaméri-
ca ni esta evolución podríamos considerarla positiva en el caso de alguno.
Precisamente esta es una de las dificultades para considerar la inteligencia estratégica en
Latinoamérica como un conjunto capaz de ser estudiado de forma global. Aun consideran-
do las características que determinan el hecho identificativo de los países latinoamerica-
nos, ni todos los países partían de la misma situación, ni sus regímenes de desarrollo han
sido (están siendo) similares, ni lo están haciendo a la misma o análoga velocidad y calidad.
Por tanto, las líneas que siguen tendrán como referencia común a los países que componen
el conjunto de Latinoamérica, pero no en todos serán de aplicación las afirmaciones que se
hagan, ni tampoco lo serán en las mismas medidas en los que sí sean de aplicación.
77
Una de las primeras que se pueden considerar es la MJNJUBDJØOEFTVTÈNCJUPTEFBDUVB-
DJØO. Este hecho se deriva de tres circunstancias complementarias: a) la ausencia de gran-
des motivos de conflicto entre los países de la Región; b) su procedencia desde regímenes
dictatoriales; y c) su aislamiento de los puntos ‘calientes’ del planeta. Efectivamente, la ge-
neral estabilidad regional, basada en una aceptación histórica de fronteras y en el arreglo
normalmente pacífico de divergencias mediante la aplicación de los compromisos adquiri-
dos ante los organismos internacionales (ONU y OEA, fundamentalmente) han permitido
avanzar en la Región durante una época de conflictos en otras zonas del mundo. Asimismo,
el largo camino emprendido por casi todos los países del Hemisferio para democratizar sus
estructuras e insertarse entre las democracias occidentales ha tenido también su repercu-
sión en el desarrollo de la inteligencia estratégica, que poco a poco va descubriendo nuevos
campos de actuación ajenos a aquellos que les tuvieron ocupados durante las dictaduras.
Complementariamente, la lejanía de las zonas donde se debatían los principios del mundo
multipolar, así como de los nuevos riesgos provenientes del yihadismo, han mantenido la
inteligencia estratégica en Latinoamérica ajena a las preocupaciones y ocupaciones de otras
del resto del mundo. ¿Es esto una ventaja o un inconveniente? Realmente, para llevar a cabo
una transformación de objetivos y estructuras, la limitación de parámetros no deja de ser
una ventaja, que permite adaptar paulatinamente y sin sobresaltos las organizaciones a las
nuevas necesidades e, incluso, adelantarse a ellas. En buena manera, la gran modificación
de objetivos y cambios orgánicos y legislativos que afectó a las inteligencias de los países
occidentales tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, apenas
se ha dejado notar en las de los países latinoamericanos. E igualmente, la gran amenaza del
yihadismo, que afecta a toda Europa, EE. UU., Canadá y buena parte de África, Asia y el
Pacífico occidental, afortunadamente no ha hecho acto de presencia en Latinoamérica y,
por tanto, no ha habido que reservar, por ahora, grandes recursos para atenderla.
Por el contrario, la procedencia de regímenes dictatoriales limitaron hasta hace pocas dé-
cadas la inteligencia que las autoridades demandaban, ciñéndola al sostenimiento de tales
regímenes —en un uso y abuso de las denominadas amenazas internas— y, en todo caso,
al aislamiento de las influencias procedentes de los regímenes comunistas. De esta mane-
ra, la inteligencia estratégica de casi todos los países ha estado opacada por unos tipos de
inteligencia prácticamente policiales y políticos, que tras el advenimiento de lo que se ha
venido en denominar “primavera árabe” no tienen ya cabida más que en algunos países del
continente africano.
El problema estriba ahora en hacer evolucionar las enseñanzas y prácticas adquiridas duran-
te esos periodos a las correspondientes a la inteligencia estratégica de matriz occidental. En
este sentido, es fundamental la labor que realizan las distintas Escuelas de Inteligencia y la
apertura de sus puertas a nuevas generaciones de empleados de los Servicios, que han cur-
78
sado sus carreras y adquirido sus conocimientos profesionales en Universidades abiertas y al
margen de los adoctrinamientos políticos del pasado. Como acertadamente señala el doctor
José Gabriel Paz “Se advierte un creciente interés (de los Servicios) por adoptar cánones de
calidad académica con criterio universitario” (Military Review, mayo-agosto 2014).
Estrechamente relacionado con lo escrito anteriormente se encuentra una segunda carac-
terística de la inteligencia estratégica latinoamericana: la BUFODJØOQSFGFSFOUFBBNFOB[BT
JOUFSOBT. Como si se tratara de un mundo aislado en sí mismo, la mayor parte de los países
centran sus preocupaciones en la estabilidad interna, lo que repercute inmediatamente en
las necesidades informativas de sus dirigentes y, en consecuencia, en las demandas de in-
teligencia a sus Servicios. En cierto modo, pareciera que la globalización no está influyen-
do en las distintas facetas del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, a excepción
hecha de la correspondiente al ciberespacio y, no totalmente, a las influencias económicas
mundiales. Este hecho es natural que se produzca en periodos de evolución, cuando las
sociedades están aprendiendo a abrirse al resto del mundo y las influencias de este dejan
sentir su acción.
Se ha visto palpablemente en el caso de Brasil, país que ha acogido durante estos últimos
años varios eventos de alcance mundial (V Juegos Mundiales Militares en 2011, la Con-
ferencia para el Medio Ambiente Río + 20 en 2012, la Copa de las Confederaciones de la
FIFA en 2013, la Jornada Mundial de la Juventud en 2013 y la Copa del Mundo de la FIFA
de 2014). Como es natural, la preocupación de los Servicios brasileños ha sido que dichos
eventos se celebraran con seguridad, para lo que han volcado sus esfuerzos en neutralizar
los riesgos y amenazas procedentes del interior del país, dejando un margen simplemente
testimonial para atender las posibilidades de perturbar dichos acontecimientos desde el
exterior. Evidentemente, a ello ha ayudado el que Brasil es un país sin amenazas externas,
pero su aspiración a ocupar un importante lugar en el mundo, por la vía del desarrollo
económico y de sus recursos naturales, le deben impulsar a atender más efectivamente la
inteligencia estratégica de orden externo.
En el caso de esta característica, el problema se centra en delimitar qué amenazas internas
deben suscitar el interés de la inteligencia estratégica, apartando de ella todas aquellas que
se fraguaron y fueron objeto de atención durante largos años de inestabilidad social o polí-
tica. Este tipo de atención ha debido sucumbir ante el paso firme de la evolución democrá-
tica, mientras las discrepancias sociales y políticas han debido ser absorbidas por el propio
funcionamiento del juego político. En esto se demuestra la madurez de una sociedad y la
liberación de importantes recursos de los servicios de inteligencia para atender nuevos
tipos de amenazas que, estos sí, representan un riesgo para la integración y soberanía del
Estado y la estabilidad de la sociedad.
Otra característica que puede resaltarse es el JODJQJFOUFNBSDPMFHJTMBUJWP que incardina a
79
los Servicios de Inteligencia latinoamericanos en el funcionamiento general de los Estados.
En esta cuestión se dan dos casos: el de los países que han propiciado hace poco la inte-
gración de su Servicio de Inteligencia estratégica en el marco legislativo del Estado y el de
aquellos otros que, habiéndolo iniciado hace al menos dos décadas, están en un proceso de
revisión y actualización constante de sus legislaciones.
Estas nuevas legislaciones, que legitiman la existencia y actuación de los Servicios de Inte-
ligencia, deben acompañar al desarrollo legislativo de los Estados en otras materias relacio-
nadas, como las políticas de seguridad y defensa, la política exterior o el marco de derechos
y libertades. Y eso es lo que marca la diferencia entre unos y otros, al no mantener todos
una evolución similar. En cualquier caso, se observa una tendencia progresiva, basada casi
siempre en el derecho comparado, a establecer las reglas de presencia y funcionamiento de
los Servicios de Inteligencia en el Estado.
La cuestión a tener en cuenta en esta materia es la necesidad de completar esas legislacio-
nes, más o menos incipientes, con todos los aspectos que deben contener para evitar que
los Servicios puedan ser acusados de eludir algún control del Estado o extralimitarse en
sus funciones.
Y es precisamente en este aspecto legislativo en el que se encuentra una nueva característi-
ca: la EFĕDJFOUFQSPGFTJPOBMJ[BDJØOEFTVQFSTPOBM. Como es natural, la regulación legal
de los Servicios debe incluir, como se señalaba anteriormente, todos los aspectos que les
son de aplicación; y, en este sentido, uno de los más importantes es el del amparo legal que
debe otorgar cada Estado a unos servidores que se van a encargar de prestarle seguridad.
El amparo legal debe ser entendido en sus dos facetas: el que debe facilitar la legislación vi-
gente a unos servidores públicos en el cumplimiento de sus funciones, en este caso de inte-
ligencia, y el que debe convertirles en auténticos funcionarios del Estado, profesionalmente
estables. Respecto al primer aspecto, es fundamental que los miembros de los Servicios de
Inteligencia se encuentren legalmente respaldados en el ejercicio de su trabajo, para el que
están legitimados por las leyes del Estado. No sería de recibo que se detuviera y encausara
a un agente operativo de un Servicio mientras está cumpliendo una acción legalmente am-
parada y establecida por su Dirección. Ni que se dé publicidad de su identidad o de las cir-
cunstancias en que está realizando su trabajo, de forma que permitiera tomar represalias a
los objetivos sobre los que está cumpliendo su misión. En este sentido, la trayectoria laboral
de un analista o agente operativo de su Servicio debe ser comparable a la que se otorga a un
profesional de la sanidad, de la hacienda pública, de la milicia o de la seguridad pública, en
el sentido de que no se enjuicia su labor profesional más que por quienes están legitimados
para ello, los inspectores de sus respectivos ministerios y el poder judicial, en caso de trans-
gresión de las leyes vigentes. Con el aditamento de que, en el caso de los profesionales de
la inteligencia, su trabajo habitual estará protegido por el secreto de sus actuaciones, como
80
mecanismo que debe ofrecer el Estado a quienes deben proporcionarles los medios para su
seguridad y la promoción de sus intereses estratégicos.
En el segundo aspecto, el de la profesionalización, es preciso que el recurso humano, el más
importante de cualquier organización que se precie, esté convenientemente seleccionado
y formado para constituir una verdadera profesión del Estado, como podría serlo un fun-
cionario de cualquier Ministerio. Los miembros de los Servicios de Inteligencia deben ser
“profesionales de la inteligencia”, como los maestros son “profesionales de la educación”,
los militares son “profesionales de la guerra” o los policías “profesionales de la seguridad
ciudadana”. Para ello tienen que darse dos circunstancias: la estabilidad de sus carreras
profesionales, que no deben estar sometidas en ningún caso al vaivén de las alternancias
políticas, sino que deben mantener un principio de continuidad al margen de los cambios
políticos que puedan producirse en la dirección de los Gobiernos; y que posean unas ga-
rantías jurídicas y personales, de derechos y deberes, de funciones y sanciones..., que regule
su incardinación en el sistema funcionarial de los servidores públicos. Es claro que esta
regulación debe estar íntimamente relacionada con la del funcionario público, y recoger
sus particularidades en un colectivo que, como profesionales de la inteligencia, estarán
sometidos a una serie de limitaciones en sus derechos ciudadanos. Esta limitación de de-
rechos está justificada por la necesidad que tiene el Estado de protegerse ante un posible
mal uso que pudiera hacer un profesional de la inteligencia como depositario de unos
conocimientos que el propio Estado le ha otorgado para que pueda obtenerlos y tratarlos
responsablemente. En este sentido, su limitación de derechos ciudadanos es comparable a
los que afectan a los profesionales de las fuerzas armadas y fuerzas de seguridad del Estado,
también depositarios del uso responsable de los principales medios que posee el Estado
para ejercer la fuerza ante las amenazas que puedan perturbar los principios constituciona-
les y el bienestar de la población.
En cualquier caso —es preciso insistir en ello—, ningún Servicio de Inteligencia puede lo-
grar un grado de eficacia mínimamente necesario para satisfacer las necesidades de inteli-
gencia de sus dirigentes gubernamentales si sus miembros o gran parte de ellos mantienen
una situación de inestabilidad profesional en sus relaciones como servidores del Estado, si
no poseen unas garantías jurídicas que les permitan trabajar con seguridad, ni si se ven so-
metidos a la inestabilidad de los cargos públicos cada vez que cambia el color del Gobierno
tras unas elecciones legislativas. Y ese grado de eficacia se consolidará en tanto en cuanto
su estabilidad profesional esté garantizada, tanto por los aspectos anímicos y de motiva-
ción personal que le acompañan, como por la mayor eficacia que se produce a lo largo de
una vida profesional enriquecida por el perfeccionamiento continuo de su formación y la
experiencia en sus actuaciones.
Otra característica común que afecta a la inteligencia estratégica en varios de los países
81
latinoamericanos es el SJFTHPEFTVQPMJUJ[BDJØO, es decir que el trabajo de los Servicios
que elaboran inteligencia estratégica se realice en beneficio del partido político gobernante,
en lugar de ser considerada una labor de protección del Estado ante amenazas exteriores
e interiores y de promoción de los intereses de todo el Estado. Este riesgo se da más en los
países con un cierto déficit democrático o que se encuentran en periodo de consolidación
de los principios que deben regir la democracia en un país.
Esta característica trae causa inicialmente de algo tan elemental como el nombramiento del
Director del Servicio de un país por su Presidente. Como es lógico, elegirá a una persona
que le inspire la máxima confianza y que, presumiblemente, pertenecerá al partido político
gobernante o mayoritario. En esta situación, para el Director del Servicio es muy fácil
caer en la tentación de enviarle la inteligencia que aquel quiera oír, no la que realmente
se elabora en su Servicio. O que el citado Director ejerza una influencia tan grande en los
analistas que hagan caer a estos en “la politización del análisis de inteligencia, situación
que se produce cuando el analista adapta el enfoque y las conclusiones de su trabajo a las
preferencias del decisor político (intelligence to please) con el fin de que a este le resulte
más aceptable” (Jordán, 2013).
¿Cómo se puede enfrentar este riesgo? En primer lugar por la honestidad de los gober-
nantes: ni el Presidente y sus ministros deben considerar al Servicio como un instrumento
de uso partidista, al que le encarguen obtener la inteligencia que les permita conocer los
entresijos de las políticas de sus adversarios políticos —al estilo del presidente Nixon en el
caso Watergate—, o ejercer presiones sobre aquel para que obtenga las informaciones que
convengan al partido y no al Gobierno; ni el Director del Servicio debe considerar que su
organismo es una oficina de su Partido político y, mucho menos, un órgano de utilidad
personal. En segundo lugar, tampoco los analistas deben sucumbir a las “orientaciones”
que les lleguen desde el Gobierno o, peor aún, de sus contactos en el partido político gober-
nante, para sesgar sus productos de inteligencia en el sentido que convenga a este. Para ello
es fundamental desarrollar la característica a que se ha aludido anteriormente, conseguir
cada vez un mayor grado de profesionalidad en los analistas y agentes de inteligencia. Y en
tercer lugar, es imprescindible el ejercicio sistemático y riguroso de los controles legislativo
y judicial sobre el Servicio de Inteligencia, de forma que tanto los partidos representados
en el Parlamento como los jueces correspondientes comprueben la adecuada ruta de fun-
cionamiento del Servicio de inteligencia.
Esta última reflexión lleva a poner de manifiesto otro hecho característico de la inteligen-
cia estratégica en Latinoamérica: las EFĕDJFODJBTFOMPTDPOUSPMFT de los Servicios. A este
respecto es fundamental sistematizar el estudio, según el principio de que “los objetivos
deberán ser trazados por el poder ejecutivo, mientras que los otros poderes del Estado
(legislativo y judicial) deberán asumir sus naturales responsabilidades. El Congreso deberá
82
asumir la técnica del control externo del aparato. El poder judicial se centrará más bien en
acciones de coordinación, especialmente los jueces penales, quienes asumirán las respon-
sabilidades de habilitar al órgano competente en caso de actividades que supongan poten-
ciales amenazas al ejercicio de los derechos ciudadanos —particularmente de derechos
individuales—” (Gómez de la Torre, 2002).
En primer lugar hay que hacer referencia al control administrativo o del propio Gobier-
no. Puede ser frecuente en algunos Estados que, el Ministro o Jefe del Gobierno de quien
dependa el Servicio, abandone el control de este por mor de su importante grado de con-
fianza en el Director que ha puesto al frente del dicho Servicio. Este hecho podría llegar
a considerarse un caso de dejación de responsabilidades, y corresponde al Presidente del
Ejecutivo exigir a sus Ministros que ejerzan la responsabilidad de su cargo con la máxima
garantía de competencia. Este riesgo de la falta de control gubernamental se puede dar
con mayor frecuencia cuando es el propio Presidente el que ha designado al Director del
Servicio sin participación del Ministro de quien jerárquicamente depende aquel. Las con-
secuencias de un deficiente control del Servicio por parte de la autoridad gubernamental
de la que depende se vuelven contra dicha autoridad, que, en muchos casos, como muestra
la experiencia, han acabado provocando la dimisión del Ministro o, incluso, la caída del
propio Jefe del Gobierno.
Un segundo control a considerar es el del poder legislativo, el más importante desde el
punto de vista político y de las garantías democráticas. Un primer aspecto a considerar
de este control es el que también afecta al resto de los organismos del Ejecutivo, el control
presupuestario, que, a priori, establece los límites económicos que no podrá sobrepasar el
Servicio, tanto para los gastos corrientes y de personal, como en el uso de los gastos reser-
vados, aquellos que se otorgan para las actividades informativas propias y secretas de los
Servicios y no precisan una explicación pública del gasto.
Para el control a posteriori la mayor parte de las legislaciones nacionales o las internas de
los Parlamentos han establecido comisiones parlamentarias, que componen un número
generalmente muy reducido de parlamentarios (normalmente uno por grupo parlamenta-
rio constituido) para examinar las actividades del Servicio, puntual y periódicamente. Un
aspecto central en la constitución de estas comisiones parlamentarias estriba en la adecua-
da elección de sus miembros, dado que uno de los principales problemas que se presentan
ante la necesidad de controlar a los Servicios es la ignorancia o escaso conocimiento que
poseen los designados sobre los riesgos y amenazas que pueden afectar al Estado, los prin-
cipios en que se fundamentan tan peculiares organismos y las capacidades y posibilidades
de actuación que se les otorgan. Una fórmula que se emplea en algunas legislaciones para
resolver esta situación es la incorporación a estas comisiones de técnicos de la Administra-
ción o personalidades de probado prestigio, que pueden proporcionar una visión más téc-
83
nica y profesional al ejercicio del control que deben efectuar. Por otra parte, estas comisio-
nes deben estar sometidas al secreto de sus actuaciones, como la que se exige a los Servicios
que deben controlar. Y la incorporación de miembros ajenos a las Cámaras legislativas no
suele ser la mejor solución para procurar dicha reserva. Por eso es preferible en la mayoría
de los casos proporcionar a los legisladores que deban formar parte de las comisiones ad
hoc los conocimientos necesarios sobre los Servicios para que puedan ejercer su labor con
las máximas garantías de eficacia. Esto lleva a otra de las características de la inteligencia
en muchos países, no sólo los latinoamericanos, la necesidad de promover una auténtica y
extensa cultura de inteligencia, sobre la que se volverá más adelante.
Además de esa citada falta de formación de los legisladores encargados de ejercer el control
parlamentario de los Servicios, algunas legislaciones también presentan lagunas o unos de-
ficientes mecanismos de ejercicio de dicho control, con lo que este se vuelve estéril, cuan-
do no contraproducente; porque ante los ojos de los ciudadanos pudiera parecer que la
realización de controles a sus Servicios garantiza su actuación dentro de los parámetros
democráticos, cuando pudiera ser que, por una deficiente planificación legislativa, no exis-
tan auténticos y adecuados procedimientos de control para someter a aquellos al debido
escrutinio parlamentario.
En cuanto al tercer control, el judicial, como se sabe se trata de garantizar las actuaciones
de los Servicios dentro del ordenamiento constitucional, que establece unos principios y
derechos personales incuestionables y que se centran fundamentalmente en la protección
de las comunicaciones de todo tipo y en la inviolabilidad de las propiedades personales. Las
soluciones adoptadas por las legislaciones de los países abarcan desde el nombramiento
de jueces especialmente designados para tal efecto, al sometimiento de los motivos que
aduzcan los Servicios al sistema común para otros tipos de limitaciones de los derechos
personales que deban autorizar los jueces penales ordinarios. Puede decirse que, para la
inteligencia estratégica, es más apropiado el sistema de jueces especialmente preparados
para autorizar las actuaciones de los Servicios, en tanto en cuanto, la aludida falta de cul-
tura de inteligencia, no permite exigir a jueces ordinarios que tengan ideas claras sobre los
intereses del Estado en relación con las garantías personales que puedan ser sobrepasadas,
en algún caso, por la salvaguarda del interés colectivo. Pero la designación de jueces ad hoc,
que deberán pertenecer a la más alta Magistratura del Estado, debe ir acompañada de la
ineludible necesidad de proporcionarles los medios que les permitan ejercer su magisterio
con la máxima garantía de eficacia. Para ello, será imprescindible que los magistrados de-
signados al efecto tengan acceso al documento que recoja los objetivos estratégicos encar-
gados por el Gobierno a los Servicios sometidos a su control.
Aunque no todos los países lo contemplan en sus legislaciones, es conveniente que estas
contengan no sólo los mecanismos de autorización previa a los Servicios cuando estos
84
pretendan la limitación de algún derecho personal, sino que también otorguen al mismo
o mismos jueces la posibilidad de efectuar un control posterior a la ejecución de las actua-
ciones de los Servicios; de tal forma que se garantice que todas las informaciones obtenidas
mediante su autorización previa han sido empleadas en la consecución de algunos de los
objetivos encargados por el Gobierno y que, las que no guarden relación con dichos objeti-
vos, han sido convenientemente puestas a su disposición o destruidas.
Otra característica de la inteligencia estratégica en Latinoamérica es la QSPHSFTJWBJNQMJDB-
DJØOFOFTUBNBUFSJBEFPUSPTÈNCJUPTEFMDPOPDJNJFOUPZMBTPDJFEBE. En este caso, no se
trata de una circunstancia diferenciada en la Región, sino que se está produciendo en todo
el mundo y también, aunque más lentamente, está llegando con pasos firmes al Hemisferio.
Se trata de que, a medida que se ha impuesto la globalización, han caído los estigmas de la
Guerra Fría y han aparecido nuevas amenazas, distintos ámbitos de la sociedad han ido ad-
quiriendo interés y conocimientos sobre la seguridad de sus países, su pertenencia a organi-
zaciones suprarregionales y su papel en el mundo. Este hecho, bien dirigido, puede enrique-
cer enormemente la gestión de la inteligencia estratégica y proporcionar mayor capacidad
de tratamiento y análisis a los enormes volúmenes de información circulantes por el mundo.
Dos ámbitos están siendo paradigmáticos en esta cuestión que podríamos denominar la
globalización de la inteligencia: el académico y el económico. Otros como el cultural de la
literatura y las ciencias audiovisuales, ambas centradas en los relatos novelados, les habían
antecedido, pero carecían de cualquier grado de rigurosidad y estaban basados más en
causas comerciales que en la inteligencia. Sin embargo, el intercambio del conocimiento
del mundo académico y las teorías de la inteligencia, la sobreabundancia informativa, la
ampliación de los campos de actuación de los Servicios a los adelantos tecnológicos y la
creciente globalización de la economía, con sus intereses cada vez más internacionalizados,
han ocasionado que los Servicios hayan tenido que acudir en demanda de ayuda, en forma-
ción y en tratamiento de la información, a la Academia, dando como principal resultado el
fomento de la cultura de inteligencia en la sociedad “que permita comprender el uso, ne-
cesidad, función y finalidad de la inteligencia como irreemplazable estructura del Estado y
donde su buen funcionamiento —enmarcados en criterios de legalidad y transparencia—,
sirve, protege y beneficia a la sociedad en su conjunto” (Paz, José Gabriel, 2014).
En el campo académico la cultura de inteligencia se ha materializado a través de sus tres
ejes esenciales:
t-BEPDFODJB
DVZPTFMFNFOUPTNÈTQBMQBCMFTTPOMPTDVSTPTZNÈTUFSFT
cada vez más extendidos entre las universidades y centros de enseñanza
especializada de postgrado.
t-BEJWVMHBDJØODJFOUÓĕDB
NBOJGFTUBEBDBEBWF[DPONBZPSÏOGBTJTFOMB
proliferación de artículos y revistas especializadas en seguridad, defensa
e inteligencia.
85
t-BJOWFTUJHBDJØO
QSPNPWJEBQPSFTQFDJBMJTUBTRVFUSBCBKBOFOÈNCJUPT
académicos y empresariales, fundamentalmente.
86
permita el eficaz control judicial al que se ha hecho referencia anteriormente, y que los
jueces encargados de ejercerlo cuenten con los medios y procedimientos convenientes
para hacerlo.
Otro signo que puede caracterizar a la inteligencia estratégica en Latinoamérica es la esca-
sa colaboración entre Servicios, cuyas causas originarias se encuentran en algunos de los
factores que ya se han analizado: juventud de las organizaciones dedicadas a este ámbito
de la inteligencia, limitación de sus áreas de interés y atención preferente a las amenazas
internas. Es cierto que existe una gran dificultad para poner en marcha mecanismos de
colaboración entre Servicios que no se conocen o que desconfían entre ellos. Como en to-
das las cosas, la necesidad hace que se superen estos desconocimientos y suspicacias y, en
este sentido, la globalización de algunas amenazas va a impulsar el grado de colaboración
entre los Servicios encargados de hacerles frente.
Aunque no fuera la primera razón que provocara la materialización de los importantes
mecanismos de colaboración que actualmente sostienen los países de otras regiones del
mundo, el terrorismo yihadista está siendo el principal motivo de intercambio de inteli-
gencia entre Servicios. Afortunadamente, la amenaza de este azote no es la misma que en
otras partes del globo, pero no cabe duda de que es preciso institucionalizar y poner en
práctica modelos de colaboración entre los Servicios que elaboran inteligencia estratégi-
ca, para que sus maquinarias se encuentren bien engrasadas en el momento en que sea
ineludible su cooperación.
Además del yihadismo, otros riesgos y amenazas —como el lavado de activos, la trata de
personas, el tráfico de armas, el ciberterrorismo, etc.— suscitan un destacado interés por
intensificar la colaboración entre los Servicios y, superando las viejas recetas del inter-
cambio bilateral, que nunca debe perderse, de lo que aquí se trata es de constituir comu-
nidades de inteligencia internacionales que creen espacios de confianza e intercambio de
información sobre materias que sean de interés común. Como señala Andrés Gómez de
la Torre “Existe un convencimiento generalizado en el sentido de que en el área sudame-
ricana hay dos marcadas tendencias para la articulación de órganos de inteligencia. Estas
tendencias estarían directamente vinculadas a los intereses y prioridades de seguridad
nacional de los Estados involucrados”, distinguiendo a continuación “una zona andina
con problemas muy peculiares de seguridad... (que) apuestan por una orientación más
operativa, minimizando sus actividades estratégicas” y, “contrastando con ello, entidades
del Cono Sur (que) se orientan hacia una visión más estratégica” (Gómez de la Torre,
2002). A estos dos conjuntos hay que añadir el que corresponde al área centroamericana y
México, cuyos motivos de cooperación se centrarían en amenazas comunes de la región,
algunas globales y otras peculiares de la zona, pero también con un carácter más opera-
tivo que estratégico.
87
Perspectivas de futuro
88
juega un papel muy importante el derecho comparado y los requerimientos que las nuevas
situaciones políticas, económicas y sociales demandan. Será importante que las legislacio-
nes de los Servicios de inteligencia se aprueben de forma mayoritaria y con las máximas
garantías de permanencia, de forma que superen los vaivenes de las alternancias políticas.
Para lograrlo, sería primordial alcanzar pactos de Estado entre las principales fuerzas polí-
ticas con posibilidades de gobernar, de forma que dieran continuidad al funcionamiento y
legalidad de los Servicios ante el mayor número posible de cambios políticos que pudieran
producirse. De esta forma, de la misma manera que es habitual conseguirlos con la política
exterior y con la de defensa, se lograría dar una estabilidad necesaria al marco de existencia
y actuación de los Servicios de inteligencia. La consolidación democrática y la madurez po-
lítica de los pueblos son los elementos que pueden permitir alcanzar estos retos legislativos.
En este previsible perfeccionamiento del proceso legislativo de los Servicios está incluido el
correspondiente al de sus ejecutantes, de tal forma que, poco a poco y con la participación
de cada vez mayores proporciones de licenciados procedentes de los ámbitos académicos,
económicos, tecnológicos, etc., se puedan formar núcleos de profesionales de la inteligen-
cia, con las correspondientes garantías para el ejercicio legal y eficiente de sus trabajos y
para la estabilidad de sus vinculaciones con el Estado.
También debe incluirse en el desarrollo legislativo previsto el que perfeccione los controles
de los Servicios, de tal forma que no queden espacios que pudieran considerarse de impu-
nidad en la actuación de estos organismos de seguridad del Estado. También aquí jugará
un papel importante el derecho comparado y la cultura política y social en que se basan los
principios constitucionales del país.
Muy relacionado con lo anterior y en continuidad con la senda que se ha abierto —en las
dos últimas décadas sobre todo—, en el mundo occidental hay que esperar un desarrollo
cada vez más intenso de las publicaciones y de los actos y cursos académicos, sociales, cul-
turales y profesionales de todo tipo, que profundicen la cultura de inteligencia. El fomento
de estas actividades va a tener dos finalidades hacia el futuro: una más inmediata, como
es la incorporación de personas formadas en las Universidades e inicialmente preparadas
en los principios de la inteligencia para que puedan integrarse más fácil y rápidamente
en los Servicios del Estado; y una segunda, a más largo plazo, que permita crear las de-
nominadas reservas de inteligencia. No se trata realmente de una externalización de la
inteligencia, sino, más bien, del refuerzo a las necesidades de tratamiento de información
que se presentan a los Servicios de Inteligencia, como consecuencia de la cada vez mayor
abundancia de información de interés para los Estados y la especialización que requieren
los temas que se suscitan en el mundo progresivamente más globalizado.
Por otra parte, la cultura de inteligencia y la creación de reservas de inteligencia contri-
buirán previsiblemente a incorporar mayor número de unidades de inteligencia en las
89
empresas, o a procurarse los servicios de agencias privadas que puedan apoyarlas en estas
materias para su desarrollo y, sobre todo, en su internacionalización.
Otro elemento de previsible evolución en sentido positivo para la inteligencia estratégica
será la cada vez mayor disposición de recursos técnicos para sus actividades. Esta es una
faceta que exige inversiones muy grandes y que, por lo tanto, está muy condicionada por
las capacidades económicas de cada país; pero es de suponer que, dados los niveles de cre-
cimiento económico que se han visto en la última década en Latinoamérica, los recursos
que se pongan a disposición de los organismos de los Estados también supongan una im-
portante inyección en sus posibilidades de obtener recursos técnicos, que les permitan ac-
tuar con más eficacia y amplitud ante los riesgos y amenazas a los que deben hacer frente.
Finalmente, al hilo del desarrollo de las políticas de integración de los países latinoame-
ricanos, hay que esperar que se fomenten los acuerdos bilaterales y, sobre todo, multila-
terales, para la creación de organismos especializados en el intercambio informativo, que
la globalización de las amenazas comunes impulsa permanentemente. Como se señalaba
anteriormente, no es preciso que la necesidad obligue, sino que lo inteligente es actuar con
anticipación para que, cuando dicha necesidad se presente, estén previstos los mecanis-
mos de colaboración entre Servicios que puedan coadyuvar a enfrentar dichas amenazas
con las mayores garantías de éxito.
#JCMJPHSBGÓB
Jordán, Javier (coordinador) (2013), Manual de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional, capítulo 14: Análisis
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Gómez de la Torre, Andrés, “Cómo intentar hacer inteligencia en tiempos democráticos” (2002), en Obando, Enrique
(editor), La gestión de la seguridad en tiempos de transición militar, IDEPE, Lima (171-193).
Paz, José Gabriel (2014), “Inteligencia Estratégica en América Latina. Calidad y eficiencia en la gestión estatal”. Military
Review, Tomo 69, Nº 4, mayo-agosto 2014, Fort Leavenworth, Kansas, pp. 3-12.
Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
90
La cultura de la inteligencia y
su importancia en la era del
conocimiento
Santiago Llop Meseguer
En el mes de abril del presente año participé como panelista en el II Simposio de Seguridad
y Defensa que organizó la Escuela Superior de Guerra Naval del Perú y que ayudé desde
mi último puesto en la Armada a construir. En dicha ocasión, el general español Miguel
Ballesteros del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) presentó el tema: Rol de
la Inteligencia en la Elaboración de las Estrategias de Seguridad Nacional. Lo secundamos
como panelistas el Coronel Rafael Jiménez, también de España, el profesor José Paz de
Argentina y el suscrito. Fue una mesa llena de retos que me produjo la necesidad, luego de
haber trabajado muchos años en la Marina y en el área de inteligencia, de escribir sobre
la necesidad de la Cultura de Inteligencia por la sencilla razón de no ser entendida en su
verdadera dimensión.
Si tomamos en cuenta que el fin del Estado es el bienestar general y este se compone de la se-
guridad y el desarrollo, la Inteligencia como actividad del mismo se convierte en un elemen-
to principal para lograrlo porque permitirá disminuir la incertidumbre en las decisiones.
Mi país, Perú, fue amenazado por organizaciones subversivas y terroristas, el Partido Co-
munista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA), de tendencias marxistas que intentaron relevar el orden constitucional-
mente establecido durante aproximadamente veinticinco años y que originaron la muer-
te innecesaria de miles de compatriotas, la destrucción de la infraestructura existente, el
decaimiento de la economía y el aumento y desamparo de los más pobres. El trabajo de la
Inteligencia, complejo y duro, fue fundamental para lograr la pacificación y la derrota de
estos grupos de delincuentes.
Otros hechos de relevancia histórica en donde la Inteligencia, especialmente la estratégica,
trabajó activamente en beneficio del país, fueron el cierre de la frontera terrestre con Ecua-
dor que nos llevó a tres conflictos previos en 1981, 1995 y 1998, la culminación por la vía
91
pacífica de frontera marítima con Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya y
el trabajo contra las organizaciones del crimen organizado como el tráfico ilícito de drogas,
la trata de personas, las pescas prohibidas, entre otras.
Paralelamente, el Perú ha estado creciendo en los últimos años a tasas económicas impor-
tantes que le han permitido mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos gracias a las inver-
siones extranjeras, al desarrollo de iniciativas nacionales emprendedoras, al aumento de las
exportaciones y a la disciplina fiscal que lo han vuelto atractivo a los intereses del mundo.
Podemos apreciar que los aspectos de defensa, de seguridad y de desarrollo, obligan a que
los servicios de inteligencia cambien hacia un nuevo y más amplio rol. La vieja concepción
de que la inteligencia procesa información del enemigo y que estaba referida a las guerras
y luego a las guerras y a la criminalidad, se ha transformado. Al actualizarse, debe añadirse
la inteligencia sobre la competencia porque los países, sus organizaciones y sus empresas
participan globalmente en muchas actividades políticas, sociales, económicas y tecnológi-
cas con la finalidad de ser más eficaces y mejores.
El término cultura viene de muchas discusiones, desde la conocida alta cultura relacionada
con las bellas artes y la música y el conjunto de saberes que debe tener una sociedad respec-
to a un tema, es decir, que es sinónimo de conocimiento profundo. Si tomamos el segundo,
la cultura de la inteligencia no es otra que el conocimiento de la Inteligencia como función
principal del Estado en beneficio del desarrollo y la seguridad para lograr el bien común.
En los países del denominado primer mundo, los servicios de inteligencia han pasado del se-
cretismo extremo a ser parte de la vida nacional pública, académica y cotidiana. Hoy existe en
aquellas sociedades, más conocimiento sobre el trabajo de Inteligencia, de sus esfuerzos y de
los procesos de fiscalización a los cuales son sometidos porque la Cultura sobre él ha llegado
al ciudadano por estar mejor informado y ser más exigente. Sin embargo, esto no implica que
dejen de trabajar en asuntos encubiertos, reservados o secretos, porque de no ser así, no se
lograrían los objetivos trazados en beneficio del Estado y la Nación a la cual sirven.
En América Latina, los servicios de inteligencia han cumplido doble función y están des-
prestigiados en una parte importante de países por ello. Actúan para la seguridad del Esta-
do y para asuntos diversos a fin de obtener información principalmente de rivales políticos
y de otros grupos fuera del interés nacional. Esto sucede porque los ciudadanos en su ma-
yoría no conocen la verdadera dimensión y función de la Inteligencia a diferencia de los
anteriores. En virtud de ello, no fiscalizan adecuadamente a los gobernantes, no los hacen
responsables y originan que trabajen en forma imprudente, fuera de la ley, anti-ética y
equivocadamente.
Pese a todos los sucesos indeseables y cuestionables, los estados no se han deshecho de los
servicios de inteligencia porque los políticos y los gobernantes entienden perfectamente
que no pueden subsistir sin ellos. Saben que son las alarmas de prevención de lo que puede
92
suceder sea para bien o para mal y que el hecho de no estar alertas o prevenidos puede
ocasionar que otro(s) llegue(n) antes a su(s) fin(es). Vemos muchos ejemplos de reformas,
pero no de eliminación. Uno de ellos es caso peruano con lo sucedido a finales de los años
noventa cuando se demostrara que ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos Torres,
del gobierno del Presidente Alberto Fujimori, utilizara al Servicio Nacional de Inteligencia
(SIN) como elemento de fuerza paralela y con propósitos personales. Como consecuencia
de ello se modificó el nombre, se expulsó a los malos elementos y modificó el control del
Congreso sobre la organización pero no se eliminó.
Dentro del ámbito académico no existen en nuestra región catedra(s) universitaria(s) en
inteligencia como la existente en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de España, pro-
fesores de experiencia, ni foros o conferencias sobre la materia, con excepción del ámbito
de las fuerzas armadas y policías por lo general.
&TMBNFOUBCMFFOUPODFTRVF
t4FEFTDPOP[DBPTFDPOP[DBQPDPEFMBWFSEBEFSBEJNFOTJØOEFMPTTFSWJDJPTEF
inteligencia, de su importancia y de la necesidad de tenerlos activos dentro de la
sociedad como elemento de prevención y de apoyo a la toma de decisiones.
t-PTTFSWJDJPTEFJOUFMJHFODJBUFOHBONBMBGBNBZRVFTFMFTNJSFDPNP
organizaciones clandestinas al servicio del gobernante de turno, capaces de
hacer actividades ilícitas y lo que sea necesario para fines no estatales con
la cobertura de la necesidad de seguridad nacional o de la sociedad en general
que pueden ofrecer. Son organizaciones temidas o por lo no proporcionan
confianza.
t4FEFTDPOP[DBOMBTUBSFBTBCOFHBEBTEFMPTQSPGFTJPOBMFTEFMBJOUFMJHFODJB
las que son desprestigiadas y poco reconocidas por la pese a la abnegación
de muchos de sus miembros y del riesgo que ello les implica.
t4FHFOFSBMJDFBUPEPTMPTNJFNCSPTZBMBQSPQJBJOTUJUVDJØODVBOEPMPTRVF
hacen mal son unos pocos
t&MBNCJFOUFBDBEÏNJDPFTUÏBQBSUBEPEFMPTBOÈMJTJTRVFIBDFOMPTTFSWJDJPT
de inteligencia en lugar de hacer el esfuerzo en forma complementaria.
En virtud de lo anterior, debemos entender que los servicios de inteligencia deben cam-
biar y trabajar para que las sociedades se desenvuelvan en entornos más seguros y con-
fiables, más competitivos, más éticos y más libres y que tienen que lograr ocupar el lugar
que la sociedad les demanda. En ese sentido, deben trabajar en dar seguridad y realizar
los análisis que se requieren para la toma de decisiones en provecho de todos los aspectos
de interés adelantándose a los hechos: vigilancia del medio ambiente, prevención de ame-
93
nazas, cyber-delitos, crimen organizado, mitigación de epidemias, movimientos migra-
torios no controlados, proliferación de armas de destrucción masiva, sucesos económicos,
comercio internacional, contrabando, conflictos interestatales y sus nuevas modalidades,
relaciones internacionales, avances tecnológicos y conflictos sociales etc.
Los servicios de inteligencia en esta nueva fase deben ser garantes de la democracia y luchar
contra aquellos que intentan modificarla o reformarla. Es así, que deben conseguir que se ha-
ble y opine bien de ellos y eso se logra modificando las percepciones de los ciudadanos con el
trabajo coherente y oportuno. Necesitan un nuevo ambiente de reputación y transparencia.
Para corregir lo señalado, debemos comprender como trabajan y para ello es necesario saber
bien sus funciones, su ambiente, sus costumbres, su régimen legal y sus limitaciones. Deben
participar en ello los políticos, los técnicos y los académicos. Todo se enmarca en el saber de la
inteligencia y por ende del grado de cultura que sobre ella tienen el entorno y sus ciudadanos
que como mencioné anteriormente son cada día más exigentes y participativos. El desarrollo de
la cultura de la inteligencia debe funcionar como instrumento y herramienta de actualización
y reforma de los servicios al nuevo orden mundial de la era del conocimiento o información.
La importancia que para lograr la cultura de la inteligencia tiene el ambiente académico es vi-
tal porque las demás reformas que se deben ejecutar para recuperar la confianza son conoci-
das. Ambos, el ambiente académico y los servicios, tienen en común el estudio de los hechos,
la resolución de problemas que nos afectan y el deseo de acertar el futuro para que el decisor
no maneje información sino inteligencia a fin de concluir acertadamente. Es así entonces, que
no hay duda que ambos se necesitan porque los asuntos de los servicios de inteligencia pue-
den ser tratados por los centros de investigación de las universidades y aportar de esta forma
profundidad a los conocimientos en temas o asuntos que también son importantes para ellos.
El aporte de los servicios a la cátedra universitaria será la transmisión del deseo de investigar
y discutir hechos de importancia o interés crucial para aumentar la probabilidad de éxito en
las decisiones. De la doble utilidad de esta relación, que sólo hace que los resultados sean
mejores, es que se debe exigir el trabajo conjunto porque no se puede ni debe desperdiciar el
potencial que tienen. Perder esta asociación es un lujo que no podemos permitir.
0USPTBTQFDUPTRVFTFQPESÓBOBQSPWFDIBSTPO
t"OBMJ[BSTJOTFTHPT
t"VNFOUBSMBDPOĕBCJMJEBEQPSFMOJWFMEFWFSBDJEBEEFMPTSFTVMUBEPT
Mejorar inteligencia (información procesada).
t'PNFOUBSMBEJTDVTJØOZMBDSÓUJDBDPOTUSVDUJWBEFMPTBTVOUPTEFJOUFSÏTRVF
no son inmediatos. No son eficaces en el corto plazo.
t"ZVEBSBNFKPSBSMBSFMBDJØOFOUSFMPTTFSWJDJPTZMBTPDJFEBEZQPSFOEF
mejora de la confianza en ellos y en su imagen.
94
t0QUJNJ[BSFMUJFNQPRVFKVOUPTQVFEFOMPHSBSFOCFOFĕDJPEFMB
producción de inteligencia.
t0QUJNJ[BSMBGPSNBDJØOEFMPTGVUVSPTQSPGFTJPOBMFTEFMPTTFSWJDJPT
de inteligencia.
t5SBOTNJUJSMBDVMUVSBEFMBJOUFMJHFODJBBMPTDJVEBEBOPTEFMBTPDJFEBE
democrática a fin de un mejor entendimiento de su importancia y relevancia
en la vida y éxito de cualquier país.
Finalmente, la cultura de inteligencia es una necesidad para que los servicios trabajen en
provecho de los estados a fin de obtener el éxito y vivir en paz.
#JCMJPHSBGÓB
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Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
95
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Formación en inteligencia
Márcia Stein Telemberg
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doctrina militar, la cual permaneció bajo su dominio durante varios años. Este hecho nos
lleva a la conclusión anticipada de que aún queda un largo camino por recorrer. No es para
nada productivo, ni necesario adentrarse en una eterna discusión sobre la importancia entre
la teoría y la práctica, o sobre el humanismo y la técnica. Se torna una discusión pesada e
infructífera, ya que ninguno puede sobrevivir sin el otro. El conocimiento elaborado se-
cularmente en una academia es fundamental para la formación de investigadores, la masa
crítica en el área de defensa y, por lo tanto, para la Inteligencia. A su vez, el conocimiento
técnico y la instrucción de los militares también son fundamentales para los investigadores
civiles, ya que la guerra no se libra solamente en libros y teorías.
La lucha de ideas es óptima y extremadamente productiva para la formación del intelectual,
sin embargo, es totalmente improductiva cuando acaba con la democracia en una mesa de
negociaciones y se desvía hacia un campo de batallas donde hay muerte, sangre y tragedias.
Por consiguiente, una vez reconocidas las diferencias, es necesario y prioritario un término
medio y un camino en común que, seguramente, no se marcará con la constante discusión
sobre la formación civil y militar. Es un ejercicio intelectual de desprendimiento de ambas
partes donde se debe llegar a un consenso en pos de la seguridad y la defensa de la nación o
de las instituciones: defendamos el mismo país y ambos estaremos del mismo lado.
Otro punto importante a tener en cuenta es cómo el aumento de la violencia trajo apa-
rejada una verdadera “industria” de seguridad e Inteligencia. Hoy en día, los cursos en
estos campos de estudio han adoptado una dimensión peligrosa, y han intentado colocar
al mismo nivel a un soldado o un agente de policía interna y un analista de Inteligencia o
de defensa internacional.
No hay razón para desacreditar esta situación. Pero, querer comparar la base de la formación
humanística necesaria para el profesional de defensa o de seguridad externa (internacional)
y de seguridad interna demuestra falta de profesionalidad. Mientras que para la formación
académica es necesario todo un estudio desgastante e interminable que un analista de cual-
quier área tiene que realizar, la formación que se exige en algunos estados para un policía o
un agente es apenas el segundo grado.
Lo más preocupante es que junto a esto se sobrevino una formación desenfrenada y descon-
trolada en áreas como la Inteligencia, la Seguridad Orgánica y el Armamento, donde una
persona que realiza un curso cualquiera pasa a dar otro curso en el lugar que sea para otros
alumnos. Esto demuestra un total descontrol y revela que el enemigo algunas veces posee
una formación igual o superior a la del profesional de Inteligencia.
La formación en el área de Inteligencia es compleja y sensible, por lo tanto, siempre se en-
contrará entre los militares y la academia. No se forman profesionales en un área de tantas
especificidades: el contexto de actuación de las Fuerzas Armadas en campos tan diversos.
Se sabe que la formación del militar no es algo que ocurra con facilidad. “El ambiente mi-
litar es considerado un ambiente estresante, no solo en función de la actividad prioritaria:
98
adiestrar hombres para la guerra, sino también por la propia rutina de los cuarteles, la cual
sobre todo comprende un régimen de servicio sustentado por dos grandes pilares: la dis-
ciplina rígida y la jerarquía. Tradicionalmente, la vida militar ha estado asociada a riesgos,
alta movilidad geográfica, separación temporaria de la familia, necesidad de practicar la
violencia, exposición a peligros, entrenamientos intensivos, disciplina férrea, ejercicios fí-
sicos pesados, solidez moral y obediencia profesional por sobre cualquier derecho o deber
personal” (MORAES, 2008).
A fin de completar y explicar mejor las diferencias entre la formación militar y civil cito un
estudio realizado con cadetes de la Academia Militar de las Agulhas Negras (AMAN) donde
se investigaron las diferencias entre los patrones de comportamiento entre jóvenes militares
y no militares: “descriptos por los propios cadetes como “el mundo de aquí adentro” y el
“mundo de allá afuera”, dejando en claro que hay una idea subyacente de que existen caracte-
rísticas físicas, de comportamiento, morales y ambientales que distinguen y tornan recono-
cibles a los militares, incluso cuando no están usando uniforme. El desarrollo de esas carac-
terísticas está vinculado al aprendizaje y la incorporación de la cultura de las instituciones
militares, o sea, de sus tradiciones, creencias y valores. Los centros de formación militar son
los responsables del proceso de transmisión de estos valores organizacionales, además de las
enseñanzas profesionales (aspectos técnicos)”. (CASTRO, 2004, MORAES, 2008).
Por lo tanto, la formación militar, que es el principal ejecutor de las acciones de defensa, es
muy marcada, por ejemplo: todos viven, vivieron o vivirán la misma situación. Existen códi-
gos de vida que solo entienden ellos. Los marineros acostumbran repetir: “cuando el buque
deja el puerto y se abre al océano que tiene en frente, allí hay un mundo que solo los mari-
neros conocemos”. A fin de elaborar políticas para quien encuentra en un buque distante,
quien está volando solo una aeronave militar o quien se encuentra en fronteras lejanas como
el ejército, no basta con hacer grandes cursos o poseer títulos, es necesario conocer la reali-
dad, que quien está en un gran centro urbano con aire acondicionado no podrá nunca en-
tender. Si no fuera de esta forma, siempre existirá un choque entre la formación académica
civil y la realidad de quienes ejecutan la defensa y seguridad formados en escuelas militares.
Es primordial una real integración entre los profesionales militares y los de las academias,
de lo contrario, nunca llegaremos a un consenso. Es preciso que el militar tenga la noción
exacta de la ardua tarea de hacer la especialización en el sentido estricto en la academia,
y los académicos, de la misma forma, deben buscar aproximarse a la realidad militar. Los
diplomas y las teorías no van al campo de batalla, solo basta imaginar qué ocurriría si los
funcionarios públicos civiles tuvieran que lidiar con la llegada de un misil en su dirección
y cómo sería resuelto rápidamente por un militar con conocimiento de campo de batalla.
Es evidente que no solo la comunidad académica y militar de seguridad y defensa pasó a
integrar, discutir, estudiar, cuestionar e investigar en esa área sino también la sociedad civil.
Podríamos utilizar el término “ciencia de defensa” (RAZA, 2004) para definir la amplitud de
99
ese campo de estudio. Ya que las amenazas se modernizaron con el enemigo utilizando In-
teligencia y armas creadas por nosotros para la defensa y el ataque, es necesario la profundi-
zación de estudios y principalmente la producción de conocimiento estratégico para poder
vencer. SCHULTZ (1997) ya presentaba los puntos observados anteriormente con respecto
a los estudios de seguridad y defensa, cuando mencionaba que con la experiencia que se
construyó con los estudios de seguridad puede decirse que existen deficiencias claras que
precisan ser analizadas, entre ellas se destaca: el énfasis excesivo en la teoría y su aplicación a
toda la extensión de conflictos, pensando que todo el sistema que se desarrolló en la “guerra
fría” resolvería todos los problemas y dejaría de lado contextos políticos y culturales diver-
sos del escenario mundial, especialmente América Latina. La falta de estudios académicos
en detrimento de los estudios militares, en una región donde históricamente esos estudios
estuvieron bajo la responsabilidad de los militares, provocó un estancamiento al finalizar
los regímenes militares. A partir de ahí surgió el “amateurismo civil” -que sin conocimiento
profundo de la práctica de la guerra, el terrorismo, etc.-, conocimiento reservado hasta hace
poco para las escuelas militares, pasó a publicar en esa área con poca fundamentación cien-
tífica -lo que llevó al descrédito-, las investigaciones y la enseñanza focalizadas solamente en
los Estados Unidos, Europa y la Unión Soviética, excluyendo casi a todo el resto del mundo.
La formación en el área de Inteligencia sigue las normas y los patrones flexibles y diferen-
ciados según la finalidad y las características dentro de sus segmentos: Actividad de Inteli-
gencia (Producción de Conocimiento), Contrainteligencia (Protección del Conocimiento) e
Operaciones de Inteligencia (la búsqueda de Conocimiento protegido o negado).
El planeamiento del proceso de formación y la capacitación del profesional de Inteligencia
debe proveer la preparación de los recursos humanos con requisitos previstos para las fun-
ciones para que permita atender, sin interrupción, una mayor demanda de conocimientos
de extensión creciente junto con la consistencia, la naturaleza y la profundidad adecuadas a
un proceso de decisión de alto nivel que contemple hechos y situaciones de una coyuntura
cada vez más compleja en sus condicionantes.
Uno de los aspectos relevantes sobre los cuales reposa la eficacia de cualquier sistema es la
adecuada capacitación de los recursos humanos destinados a manejar dicho sistema. Así
que, el desempeño del personal está directamente relacionado con la adecuación de las ta-
reas por ejecutar y el nivel de instrucción junto a una aplicación proficiente de técnicas,
métodos, reglas y normas reguladoras del funcionamiento de la Inteligencia.
De este modo, cualquier planeamiento relacionado con la formación de recursos humanos
deberá tener en cuenta el nivel de detalle compatible con sus objetivos, los instrumentos
utilizados por el personal con vistas a una realización eficaz de sus tareas con el propósito de
obtener un pleno cumplimiento de sus responsabilidades.
Al examinar los instrumentos utilizados para la realización de las tareas, debemos pregun-
tar: ¿Qué tipo de análisis es el deseado para un trabajo eficiente que provea Conocimientos?
100
Las respuestas pueden ser tres:
1- El análisis debe igualarse a aquel realizado en las disciplinas académicas
con cuidado en el manoseo de las evidencias, creación de modelos,
evaluación de alternativas, selección de las más probables y adaptación
de los resultados o conclusiones a un debate crítico.
2- El análisis debe ser realizado con un importante énfasis en el enfoque
metodológico, a través del uso de métodos y técnicas elaboradas con
anterioridad.
3- El análisis debe valorizar la intuición, particularmente aquella basada
en la experiencia del analista como un asunto a ser examinado.
Teniendo en cuenta estas tres respuestas, ciertamente, lo ideal sería una síntesis entre los
aspectos enumerados en un equilibrio entre el conocimiento académico, los métodos y las
técnicas de análisis y la intuición basada en la experiencia (que por ser de carácter personal
no será considerada en este documento). Faltarían, entonces, dos tipos de problemas: los
de subsistencia cultural y los metodológicos, a los cuales denominaremos de ahora en más
Instrumento Teórico e Instrumento Metodológico, respectivamente.
El */4536.&/50 5&»3*$0 #«4*$0 consiste en la base cultural que permitiría una
percepción adecuada de los problemas, sus causas y efectos, despojada de distorsiones provo-
cadas por preconceptos que inevitablemente estarían presentes en la falta de una base teórica
adecuada. Para entender un acontecimiento internacional, por ejemplo, habrá que analizarlo
considerando los valores de los actores involucrados y no los preconceptos individuales.
Cuando hablamos de un instrumento teórico caemos en el clásico dilema: conocer mucho
sobre pocas cosas: especialización; conocer menos sobre muchas cosas: generalización.
La solución a este dilema reside en el equilibrio. La Inteligencia necesita de ambas clases:
generalistas y especialistas.
Por otro lado, el instrumento teórico admite otro tipo de cuestión: Al momento del recluta-
miento o selección, el profesional de Inteligencia ¿debe poseer este instrumento o la insti-
tución debe proveérselo? Aquí también la respuesta yace en el equilibrio relacionado con el
dilema entre especialización y generalización. Normalmente, enfatizamos que las tareas de
los auxiliares exigen una mayor especialización mientras que las de los analistas requieren
generalización. De este modo, ¿estarían ambos preparados para desempeñar funciones en
las respectivas actuaciones? En términos conceptuales, sería deseable que el proceso de ca-
pacitación incluya materias destinadas a conferirle al analista los conocimientos necesarios
para una visión interdisciplinaria, especialmente en los más altos niveles.
101
vuelva indispensable al instrumento teórico. Cualquiera que sea el método, por más bueno
que sea, si lo aplican personas que no dispongan del instrumento teórico en el grado ade-
cuado, conducirá a conclusiones parciales, fútiles, obvias, inconsistentes y, principalmente,
prejuiciosas. Dicho aspecto es tanto o más verdadero, cuanto más elevado el nivel o el fin al
cual se destina el análisis.
102
mentaría, teniendo en cuenta la naturaleza más política del asesoramiento a los niveles más
altos de los diversos sectores.
Con respecto a las tareas principales de asesoramiento a los niveles más altos, normalmente
con un elevado grado de generalización y una visión interdisciplinaria, necesitaría, en su
función de auxiliar, de especialistas en los más variados campos del conocimiento humano,
trabajando bajo la supervisión de analistas capaces de integrar tales conocimientos sobre el
enfoque más amplio de los Conocimientos determinados en el planeamiento de Inteligencia
de la institución. En paralelo, en la medida en que aumentan los niveles de producción de
conocimientos, se acrecienta la necesidad de un conocimiento mayor de naturaleza políti-
co-social, exactamente aquellos que permiten la integración con el enfoque adecuado a una
formulación y conducción de asesoramiento de alto nivel.
De este modo, la formación de profesionales de Inteligencia destinados a la Producción de
Conocimientos podría contemplar, desde el punto de vista del instrumento teórico y meto-
dológico, un esquema conceptual como se detalla a continuación:
-Formación básica: conocimientos especializados compatibles con el sector
de actuación, junto a una capacitación sobre técnicas, métodos y doctrina.
-Formación intermedia: énfasis en la especialización, algún conocimiento
interdisciplinario junto a una sólida capacitación en lo que respecta a la
doctrina, a las técnicas y a los métodos de procedimiento.
-Formación avanzada: énfasis en los conocimientos político-sociales, visión
interdisciplinaria, sólidos conocimientos de la doctrina, de las técnicas y de
los métodos para la producción de documentos más libres con vistas a
valorizar la visión prospectiva.
Por otro lado en el área de Operaciones encontramos una realidad diversa. En paralelo a un
nivel deseable de escolaridad y de conocimientos especializados, lo más importante reside
en las características del agente ejecutor de Operaciones, relacionados no solo con las áreas
cognitivas o psicomotoras, sino también con el área afectiva y las técnicas, métodos y pro-
cesos. Si por un lado el sistema no le conferirle énfasis al área cognitiva del agente operador
en niveles auxiliares, por el otro lado, en lo que respecta a la capacitación de los Encargados
de operaciones y de algunos Agentes Especiales, tendremos un problema básico que no per-
mite, en general, una solución estandarizada: adecuar al hombre a las acciones encubiertas
(EC, por su sigla en portugués). Entonces, en la capacitación del agente de niveles más altos,
las soluciones serían individuales: cada caso es un tipo de capacitación.
También, para las Operaciones, podríamos visualizar el siguiente esquema conceptual:
-Formación básica: algunos conocimientos formales, junto a una capacitación
sólida relacionada con las técnicas, métodos y doctrina.
-Formación intermedia: énfasis en técnicas, métodos, procedimientos y
doctrina, con especial atención al planeamiento, junto con algún contenido
103
que intente adecuar al hombre a las coberturas más comunes.
-Formación avanzada: énfasis en la capacitación individual capaz de adecuar
al hombre a las acciones encubiertas (EC) específicas junto a la
capacitación sobre el planeamiento de operaciones, cuyas técnicas, métodos
y procedimientos ya serían del dominio del operador.
La Actividad de Inteligencia en todos sus segmentos es una actividad intelectual, técnica
y amplia. Por lo tanto, el profesional siempre debe estar perfeccionándose y no depender
únicamente del estímulo de la institución. Debe motivarse y estar atento a los cambios,
actualizarse y multiplicar su conocimiento.
El autor Gregory D. Foster logró resumir la importancia de la capacitación individual de for-
ma brillante: “Cualquier institución que anhele el éxito de sus miembros y que procure man-
tener un ambiente propicio para el aprendizaje con miras al desarrollo individual debe exi-
gir de sus miembros la lectura (para adquirir conocimiento y perspectiva), la investigación
(para aprender a elaborar preguntas apropiadas y encontrar respuestas plausibles), el debate
(para contemplar distintas visiones y someter su propia opinión a un intenso debate) y la
producción escrita (para elaborar afirmaciones y articularlas con claridad y coherencia)”.
#JCMJPHSBGÓB
LOWMAN, Joseph. “Dominando as Técnicas de Ensino”. Tradução de Harue Ohara Avritscher. São Paulo. Atlas, 2004
MORAES, E. E. C. Processo de adaptação à vida militar-naval: crenças, valores e saúde. 2008. 194 f. Dissertação
(Mestrado em Psicologia) – Universidade Federal de Santa Catarina, Florianópolis, 2008.
OLIVEIRA, E. R. Democracia e defesa nacional: a criação do Ministério da Defesa na presidência de FHC. Barueri:
Manole, 2005.
RAZA, S. G.. A questão da cientificidade nos estudos de defesa. Política Externa, São Paulo: Paz e Terra, v. 12, n. 3,
p. 91-110, dez./fev. 2004.
SHULTZ, R. H.;GODSN, R. e QUESTER, G. H. Security studies for the twenty- first century. Brassey’s: 1977. Estados Unidos.
TELEMBERG, M. da G. S. Ensino de segurança transnacional – Atividade de Inteligência. Conferencia Sub-Regional de
Defensa: Seguridade Transnacional e Gobernabilidad. Uruguai. Disponível em:
<http://www.ndu.edu/chds/docUploaded/SRC05URU-PDF/Stein-BRA-URUGUAI.pdf>.
TELEMBERG, M. da G. S. Educação para Profissionais em Segurança e Defesa no Brasil. Conferencia Sub-Regional de
Defensa: Chile. Disponível em: <http://www.ndu.edu/chds/Stein-BRA-URUGUAI.pdf>.
WEINER, T. Legado de Cinzas. Rio de Janeiro: Record, 2008.
Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
104
Formacion em inteligência
Marcia Stein Telemberg
A profissao de Inteligência, exercida universalmente das mais diversas formas e dentro dos
mais variados contextos e aqui entendida como a producao de Conhecimento geralmen-
te para assessoramento de decisores. Esta presente em todos os grandes acontecimentos
mundiais e ninguem a dispensa para a seguranca.
Quando se fala em formação, está subentendido cursos, escolas e principalmente doutrina
sobre o assunto, como bem situa o autor WEINER (2008) quando analisa os problemas
da Agência Central de Inteligência (CIA) dos Estados unidos falando que sua atuação era
em cima de técnicas conhecidas, mas faltavam doutrina e experiência, fazendo com que a
única conduta adotada pela Agência era aprender fazendo, ou seja, cometendo erros du-
rante a batalha. Portanto a falta de doutrina teria levado aos grandes erros da Agência. Esta
citação nos faz pensar a situação formação em Inteligência, não se forma profissional em
curto prazo, o currículo dos cursos é fundamental e a base dos currículos é sem dúvida
uma doutrina sólida na área de estudo.
É importante repetir que a memória é uma construção social. A doutrina de uma institui-
ção acadêmica é uma construção da sociedade e, portanto, esta não pode estar em choque
com a doutrina de defesa, que na América Latina é basicamente militar, é preciso meio ter-
mo. Não se constrói uma instituição acadêmica em cima do imediatismo dos fatos, ou seja,
no calor de emoção e sim no bom senso sob o domínio da razão. E esses fatos interferem
diretamente na formação em Inteligência.
Os militares sempre dominaram a formação em Inteligência pela natureza de sua missão
e até por dessinteresse da sociedade civil. O que vem mudando com o tempo; e não pode
haver entraves quanto a questão de funções e objetivos na formação destes profissionais.
Para militares, detentores da formação nesta área sempre haverá o questionamento sobre
as diferenças do universo acadêmico e a doutrina militar, a qual esteve sob o domínio deles
105
durante longos anos. Este fato leva à conclusão antecipada que há um longo caminho a se
percorrer. É totalmente improdutivo e desnecessário entrar-se na discussão interminável
do peso entre a teoria e a prática, ou o humanismo e a técnica; é uma discussão pesada e
infrutífera, visto que um não sobrevive sem o outro. O conhecimento elaborado secular-
mente na academia é fundamental para a formação de pesquisadores e massa crítica na
área de defesa e portanto, de Inteligência , assim como, o conhecimento técnico e treina-
mento dos militares também o são para os pesquisadores civis, visto que, não se executa a
guerra em livros e teorias.
A briga de idéias é ótima e extremamente produtiva para a formação do intelectual, mas,
totalmente improdutiva quando acaba a democracia em uma mesa de negociações e se
vai para um campo de batalha onde há morte, sangue e tragédias. Portanto, reconhecidas
as diferenças é necessário e prioritário um meio termo e um caminho comum, que com
certeza não será trilhado com essa constante discussão sobre a formação civil e a militar. É
um exercício intelectual de desprendimento de ambas as partes onde se deve chegar a um
consenso em prol da segurança e defesa da nação ou de instituições: defende-se o mesmo
país e ambos estão do mesmo lado.
Outro ponto importante a ser observado é como o aumento da violência trouxe conse-
qüentemente uma verdadeira “indústria” de segurança e Inteligência a seu lado. E hoje os
cursos nestes campos de estudo, tomaram uma proporção perigosa, tentando colocar no
mesmo patamar um soldado ou um agente de Polícia interna e um analista de Inteligência
ou de Defesa internacional.
Não há desmerecimento nesta colocação, agora querer comparar a base de formação hu-
manística necessária ao profissional de defesa ou de segurança externa (internacional) e o de
segurança interna é no mínimo amador. Enquanto para a formação acadêmica é necessário
todo um desgastante estudo interminável que o Analista de qualquer área tem que realizar,
a formação exigida em alguns Estados para o policial ou agente é apenas o segundo grau.
O mais preocupante é que aliado a isto veio a formação desenfreada e descontrolada em
áreas como Inteligência, Segurança Orgânica e Armamento; onde quem faz qualquer cur-
so; passa a ministrar outro qualquer curso; em qualquer lugar; para qualquer outros alu-
nos. O que tem demonstrado um total descontrole tendo o inimigo algumas vezes forma-
ção igual ou superior a do profissional de Inteligência.
A formação na área de Inteligência é complexa e sensível, portanto sempre estará entre
miliatres e academia. Não se formam profissionais numa área de tantas especificidades: o
contexto de atuação das Forças Armadas em campos tão diversos. Sabe-se que a forma-
ção do militar não é algo que ocorra com facilidades “O ambiente militar é considerado
um ambiente estressor, não só em função da atividade prioritária: treinar homens para a
guerra, mas pela própria rotina dos quartéis, a qual engloba, acima de tudo, um regime de
106
servidão, sustentado por dois grandes pilares: a disciplina rígida e a hierarquia. Tradicio-
nalmente, a vida militar tem sido associada a riscos, alta mobilidade geográfica, separação
temporária da família, necessidade de praticar a violência, exposição a perigos, treinamen-
tos intensivos, disciplina férrea, exercícios físicos pesados, solidez moral e obediência pro-
fissional acima de qualquer direito ou dever pessoal”. (MORAES, 2008).
Completando para melhor esclarecer as diferenças entre a formação militar e a civil cito
estudo realizado com cadetes da Academia Militar das Agulhas Negras (AMAN), onde
foram investigadas as diferenças existentes nos padrões comportamentais entre jovens mi-
litares e não-militares: “Descritos pelos próprios Cadetes como “o mundo aqui dentro” e o
“mundo lá fora”, deixando claro que existe uma idéia subjacente de que existem atributos
físicos, comportamentais, morais e ambientais, que distinguem e tornam reconhecíveis os
militares, mesmo quando eles não estão usando farda. O desenvolvimento desses atributos
está vinculado ao aprendizado e a incorporação da cultura das instituições militares, ou
seja, das suas tradições, crenças e valores. Os centros de formação militar são os responsá-
veis pelo processo de transmissão destes valores organizacionais, além dos ensinamentos
profissionais (técnicos)”. (CASTRO, 2004, apud MORAES, 2008).
Portanto a formação do militar, que é o principal executor das ações de defesa é muito
pautada no exemplo: todos vivem, viveram ou viverão a mesma situação. Há códigos de
vida que só entende quem é um deles, os marinheiros costumam repetir “Quando o navio
deixa a barra e abre-se o oceano a sua frente, está ali um mundo que só nós marinheiros
conhecemos”. Para se elaborar políticas para quem está em um navio distante, voando sozi-
nho em uma aeronave militar ou em fronteiras distantes como o exército, não basta se fazer
grandes cursos, ter titulação, é necessário se conhecer a realidade, que quem está em um
grande centro urbano, no ar condicionado, pode nunca entender. Se não for desta forma
existirá sempre o choque da formação acadêmica civil e a realidade dos que executam a
defesa e segurança formados nas escolas militares.
É necessário a real integração entre os profissionais militares e da academia, senão nunca
chegaremos a um consenso. É preciso que o militar tenha a noção exata da árdua tarefa de
se fazer a especialização stricto sensu na academia, mas os acadêmicos da mesma forma
devem buscar aproximar-se da realidade militar. Diplomas e teorias não vão ao campo de
batalha, basta imaginar como seria os funcionários públicos civis administrando a chegada
de um míssil em sua direção e como isso seria rapidamente resolvido com conhecimento
de campo de batalha por um militar.
É perceptível que não só a comunidade acadêmica e militar de segurança e defesa passou
a interagir, discutir, estudar, questionar e pesquisar nessa área mas, também a sociedade
civil. Poderíamos utilizar o termo “ciência de defesa” (RAZA, 2004) para definir a abran-
gência desse campo de estudo. Como as ameaças também se modernizaram com o inimigo
107
utilizando Inteligência e armas criados por nós para defesa, como ataque a nós, é necessá-
rio o aprofundamento de estudos e principalmente a produção do conhecimento estraté-
gico para podermos vencer. SHULTZ (1997) já apresentava os pontos observados acima
quanto aos estudos de segurança e defesa, quando diz que com a experiência que se cons-
truiu nos estudos de segurança, pode-se colocar que há deficiências claras que precisam ser
analisadas, entre elas salienta: ênfase excessiva na teoria e sua aplicação a toda abrangên-
cia de conflitos, pensando que todo sistema desenvolvido na “guerra fria” resolveria todos
os problemas deixando-se de lado contextos políticos e culturais dos diversos do cenário
mundial, especialmente a América Latina; a falta de estudos acadêmicos em detrimento de
estudos militares, numa região onde historicamente esses estudos estiveram sob a respon-
sabilidade dos militares, fez com que houvesse uma estagnação quando no fim dos regimes
militares, surgindo o “amadorismo civil” que sem conhecimento aprofundado da prática
da guerra, terrorismo, etc, conhecimento este reservado até há bem pouco tempo às escolas
militares, passou a publicar nessa área com pouca fundamentação científica o que levou a
certo descrédito; e as pesquisas e o ensino focados somente nos Estados Unidos, Europa e
União soviética, excluindo quase que totalmente todo o resto do mundo.
A formação na área de Inteligência segue a normas e padrões flexíveis e diferenciados, de
acordo com sua finalidade e característica; dentro de seus segmentos: Atividade de Inteli-
gência (Produção de Conhecimento), Contra-Inteligência (Proteção de Conhecimento) e
Operações de Inteligência (a busca de Conhecimento protegido ou negado).
O planejamento do processo de formação e treinamento do profissional de Inteligência
deve prover o preparo dos recursos humanos com requisitos previstos para as funções,
que permita atender, sem ruptura, uma maior demanda de conhecimentos de abrangência
crescente, com a consistência, a natureza e a profundidade adequadas a um processo de
decisão de alto nível, que contemple fatos e situações de uma conjuntura cada vez mais
complexa nas suas condicionantes.
Um dos aspectos importantes sobre os quais repousa a eficácia de qualquer sistema é o
adequado treinamento dos recursos humanos destinados a operá-lo. Assim, o desempenho
do pessoal está diretamente relacionado com a adequação entre as tarefas a executar e o
nível de instrução aliado a uma proficiente aplicação de técnicas, métodos, regras e normas
reguladoras do funcionamento da Inteligência.
Desse modo, qualquer planejamento relacionado à formação de recursos humanos, deverá
levar em conta, um nível de detalhamento compatível com seus objetivos, os instrumentos
utilizados pelo pessoal com vistas a uma eficaz realização de suas tarefas, com o propósito
de se obter uma plena realização dos seus encargos.
Ao examinarmos os instrumentos utilizados para a realização das tarefas, devemos questio-
nar: que tipo de análise é a desejada para um eficiente trabalho de prover Conhecimentos?
108
Podem ser três as respostas:
1- A análise deve-se igualar àquela realizada nas disciplinas acadêmicas, com
seu cuidado no manuseio das evidências, criação de modelos, exame de
alternativas, seleção das mais prováveis e sujeição dos resultados ou
conclusões a um debate crítico.
2- A análise deve ser feita com elevada ênfase no enfoque metodológico, através
do emprego de métodos e técnicas elaboradas previamente.
3- A análise deve valorizar a intuição, particularmente àquela baseada na
experiência do analista com o assunto a ser examinado.
Em face destas três respostas, certamente, a desejável está numa síntese entre os aspectos
enumerados, num equilíbrio entre o conhecimento acadêmico, os métodos e técnicas de
análise e a intuição baseada na experiência (que por ser pessoal não será considerada
aqui). Restam então dois tipos de problemas: os de subsistência cultural e os metodológi-
cos, a que denominaremos doravante de Instrumento Teórico e Instrumento Metodoló-
gico, respectivamente.
109
se aplicado por pessoa que não disponha do instrumento teórico, no grau adequado, cer-
tamente conduzirá a conclusões parciais, pueris, óbvias, inconsistentes e; principalmente
preconceituosas. Tal aspecto é tanto ou mais verdadeiro, quanto mais elevado o nível e o
fim a que se destina a análise.
110
tendo em vista a natureza mais política da assessoria ao alto escalão dos diversos setores.
Em razão das tarefas principalmente de assessoria dealto escalão, normalmente com ele-
vado grau de generalização e visão interdisciplinar, necessitar-se-ia, na função de auxiliar,
de especialistas nos mais variados campos do conhecimento humano, trabalhando sob a
supervisão de analistas capazes de integrar tais conhecimentos sob o enfoque mais amplo
dos Conhecimentos determinados no planejamento de Inteligência da instituição. Para-
lelamente, na medida em que crescem os níveis de produção de Conhecimentos, eleva-se
à necessidade de um maior conhecimento de natureza político-social, exatamente aqueles
que permitem a integração com o enfoque adequado a uma formulação e condução de
assessoramento de alto nível.
Deste modo, a formação profissionais de Inteligência destinados à Produção de Conheci-
mentos poderia contemplar, do ponto de vista de instrumento teórico e metodológico, um
esquema conceitual como abaixo:
- Formação Básica: conhecimentos especializados compatíveis com o setor de
atuação, aliado a algum treinamento quanto às técnicas, métodos e doutrina.
- Formação Intermediária: ênfase na especialização, algum conhecimento
interdisciplinar aliado a um sólido treinamento quanto à doutrina, às técnicas
e aos métodos de procedimento.
- Formação Avançada: ênfase nos conhecimentos político-sociais, visão
interdisciplinar, sólidos conhecimentos da doutrina, das técnicas e dos
métodos para a produção de documentos mais livres com vistas a valorizar
a visão prospectiva.
Por outro lado na área de Operações encontramos uma realidade diversa. A par de um
desejável nível de escolaridade e de conhecimentos especializados, o mais importante re-
side nas características do agente executor de Operações, relacionadas não só com as áre-
as cognitivas e psicomotoras, mas também com a área afetiva, e nas técnicas, métodos e
processos. Se de um lado o sistema não deve conferir ênfase à área cognitiva do Agente
operador em escalões auxiliares, teremos, pelo oposto, no que toca ao treinamento dos
Encarregados de Operações e de alguns Agentes Especiais, um problema básico que não
permite normalmente uma solução padronizada: adequar o homem à Estória-Cobertura
(EC). No treinamento do Agente de nível mais elevado, portanto, as soluções seriam indi-
viduais: cada caso é um tipo de treinamento.
Poderíamos também para Operações, visualizar o seguinte esquema conceitual:
- Formação Básica: alguma escolaridade, aliada a um sólido treinamento
relativamente às técnicas, aos métodos e à doutrina.
- Formação Intermediária: ênfase nas técnicas, nos métodos, nos procedimentos
e na doutrina, visando em especial ao planejamento, aliado a algum conteúdo
111
que vise a adequar o homem às coberturas mais comuns.
- Formação Avançada: ênfase no treinamento individual capaz de adequar o
homem à EC específica, aliado ao treinamento sobre o planejamento de operações,
cujas técnicas, métodos e procedimentos já seriam do domínio do operador.
A Atividade de Inteligência em todos os segmentos é uma atividade intelectualizada, téc-
nica e abrangente. Portanto o profissional deve aprimorar-se sempre, não dependendo
unicamente do estímulo da Instituição, deve ser motivado e curioso atento às mudanças,
buscando atualizar-se e multiplicar seu conhecimento.
O autor Gregory D. Foster, conseguiu resumir a importância do adestramento individual
de forma brilhante, a qual copiamos aqui: “Qualquer instituição que almeje o sucesso de
seus membros e que procure manter um ambiente propício ao aprendizado com vistas
ao desenvolvimento individual deve exigir de seus componentes a leitura (para adquirir
conhecimento e perspectiva), a pesquisa (para aprender a elaborar perguntas apropriadas
e encontrar respostas plausíveis, a discussão (para contemplar visões distintas e submeter a
sua própria opinião a um debate rigoroso) e a produção escrita (para elaborar assertivas e
articula-las com clareza e coerência)”.
3FGFSÐODJBT#JCMJPHSÈĕDBT
LOWMAN, Joseph. “Dominando as Técnicas de Ensino”. Tradução de Harue Ohara Avritscher. São Paulo. Atlas, 2004.
MORAES, E. E. C. Processo de adaptação à vida militar-naval: crenças, valores e saúde. 2008. 194 f. Dissertação
(Mestrado em Psicologia) – Universidade Federal de Santa Catarina, Florianópolis, 2008.
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Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo son
las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
112
Algunas reflexiones
previendo escenarios de futuro:
La importancia de la prospectiva
en el marco de la Inteligencia
Estratégica
José H. Robles Montoya
113
trategias del empleo de la inteligencia estratégica a nivel regional y nacional fortaleciendo
el papel del CDS y del Centro de Estudios Estratégicos de Defensa. Tiene como objetivos
el resaltar el papel de la Prospectiva como herramienta que nos permita generar capaci-
dades de anticipación estratégica a nivel región y a nivel país; el generar, vía creación de
escenarios de futuro a fin de preverlos, un mapa de riesgos regionales que le permita a la
región hacerles frente de manera integrada; y, finalmente, resaltar la idea de emplear el
CDS y el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa como catalizador del proceso de
integración regional al emplear las capacidades militares de la región en un enfoque de
seguridad multidimensional.
Al empezar el presente artículo es fundamental referirnos a la variable transversal de todo
proceso de prospectiva: El Futuro. ¿Qué nos depara el futuro? ¿Podemos tener la certeza
del mismo? ¿Es necesario o conveniente conocerlo? Son constante interrogantes históricas
que ha rondado siempre en la mente de las personas.
En efecto, desde los albores de la humanidad el ser humano ha tenido interés en conocer
lo que le depara el futuro. Las primeras civilizaciones siempre adoraban a dioses y entrega-
ban ofrendas por mejorar el día siguiente, por mejores cosechas, por triunfos en batallas;
posteriormente, con el auge de la civilizaciones helénicas, conocemos de relatos en base a
la relación Hombre-Dioses, incluso se sabe de centros donde se buscaba conocer el futuro
siendo el más famoso el Oráculo de Delfos; también se conoce de estudiosos que a lo largo
de la historia han señalado hechos por venir que lo hemos denominado profecías.
En la actualidad, aún con el notable auge tecnológico, las interrogantes siguen presentes.
Existen diversas posturas intentando dar respuesta pero en su mayoría llegan a concluir, ya
sea porque nada puede cambiar el futuro o porque todo está escrito o porque es imposible
conocerlo, que no vale el esfuerzo intentar conocer el futuro. Sin embargo Balbi es de una
postura diametralmente opuesta, postura con la cual coincidimos plenamente. Balbi nos
indica que el futuro siempre está en construcción y que depende de nosotros mismos que
tan bien o que tan mal lo construimos “…Por tanto, la investigación acerca del futuro para
poder lograr la construcción de “nuestro” futuro es una obligación, un deber y una deman-
da de las generaciones siguientes…”. Si aceptamos que el futuro no es certeza, muy por el
contrario es incertidumbre, debemos plantear, permanentemente, muchos interrogantes
a una empresa u organización a fin de mejorar nuestro presente buscando reducir dichas
incertidumbres. No hacerlo implica no tomar las riendas de nuestro futuro y por tanto
“permitir que otros construyan nuestro futuro”.149
En esa lógica de construcción del futuro el profesor Hugues de Jouvenel150 nos indica que
“…el futuro se construye sobre tres postulados esenciales: La libertad, el poder y la volun-
tad”. Libertad en tanto tenemos la posibilidad de una pluralidad de futuros ante nuestros
ojos y tenemos la capacidad de configurar un escenario dentro de esa pluralidad de futuros.
114
Poder puesto que es el ser humano quien tiene en sus manos la construcción del futuro y
no el azar151 del destino. Voluntad en virtud de la decisión a tomar para la construcción
de dicho futuro donde la libertad se vuelve necesidad y el poder acción para construir y
gestionar el futuro. Esta confluencia de postulados, en la búsqueda del futuro, complemen-
tarios entre sí, podría dar una falsa sensación de desorden científico, una falsa sensación de
indisciplina. Muy por el contrario esta confluencia de postulados es lo que da el necesario
rigor que la prospectiva como disciplina necesita como bien afirma el profesor Michel
Godet con todo acierto “…Para que sea una “indisciplina” intelectual fecunda y creíble, la
prospectiva necesita rigor…”152
En otras palabras nosotros mismos nos convertimos en gestores153 de nuestro futuro y en
esa lógica científica y profesional de gestión154 es que debemos construir nuestro futuro
pensándolo, preparándolo, administrándolo y conduciéndolo de la mejor manera posible
aplicando para ello conceptos y herramientas de gestión que nos permita reducir al míni-
mo las siempre presentes incertidumbres.
Son tres los principales conceptos a aplicar para la gestión integral del futuro en la actuali-
dad a nivel Estado: Inteligencia Estratégica como enfoque y concepto central para mejorar la
toma de decisiones del más alto nivel; la prospectiva estratégica como la principal herramien-
ta de gestión; y, la anticipación estratégica como el concepto que vincula los dos anteriores.
Respecto del concepto de Inteligencia Estratégica mucho se ha escrito y formulado en la
Región desde finales del siglo pasado.155 Entendemos que se produce al más alto nivel del
gobierno, incluye estudios completos de la realidad nacional156 y se orienta en el fortaleci-
miento de los objetivos nacionales ayudando, de ser necesario, a redefinirlos y estableciendo
o utilizando diversas herramientas y métodos de planeamiento para lograr estos objetivos.
“…inteligencia estratégica es toda aquella información que responde a los requerimientos
de los Gobiernos Nacionales para tener una visión global de los asuntos políticos, econó-
micos, diplomáticos y militares, es necesaria para la preparación de políticas y planes en los
niveles nacional e internacional…”.157
La inteligencia estratégica, nivel superior de la inteligencia de un país, tiene una naturaleza
proactiva basado en una visión de futuro que busca permanentemente la construcción de
escenarios. Su realización, en democracias estables y consolidadas, se enmarca en eficien-
tes controles legales y políticos, pero que en nada merma su eficiencia en tanto su resultante
se convierte en un insumo fundamental del proceso de toma de decisiones del ente político.
En democracias menos estables se producen fallas generalmente por interpolación de los
niveles de inteligencia158 lo cual implica, en algunos momentos, que los organismos de in-
teligencia del más alto nivel tengan actuación en la esfera política de un país y que deja, en
muchos casos, huérfano de inteligencia al más alto nivel con las consecuentes deficiencias
en la toma de decisiones al más alto nivel de un país. Es importante insistir que la actividad
115
de inteligencia, más aún a este nivel, está al servicio del Estado más que del gobierno.
En el presente siglo las actividades de inteligencia se están profesionalizando pero sobre
todo jerarquizando a través de la dación de leyes públicas y reformas adecuadas siempre en
beneficio de los habitantes de un país. Sin embargo aún persisten estructuras y conceptos
heredados que dificultan el proceso de profesionalización de los sistemas y actividades de
inteligencia especialmente al nivel estratégico. La concentración de funciones y facultades en
el máximo nivel del Estado, la amplitud e indeterminación de competencias, la inexistencia
de límites adecuados a las competencias en materia de inteligencia interior y contrainteligen-
cia, la inexistencia de una adecuada distinción entre la inteligencia en el exterior del país y la
inteligencia y contrainteligencia en el propio territorio, permiten advertir que, sin perjuicio
de la importancia de los esfuerzos realizados, todavía hay un largo camino por recorrer.159
En cuanto a la prospectiva puede ser definida como el estudio sistemático de posibles con-
diciones de futuro siendo su propósito, no predecirlo ni buscar conocerlo, sino más bien
ayudar a tomar decisiones al más alto nivel para prever o anticipar oportunidades y hacer
frente a riesgos a la seguridad de la región y de los países integrantes de la misma. La pros-
pectiva te permite explorar posibilidades futuras y sus consecuencias a fin de tomar las
mejores decisiones que influyan en el resultado de eventos y tendencias.
El fundamento de la prospectiva estratégica parte por ser un acto creativo, pasando a
ser reflexión sobre el contexto actual para terminar siendo un proceso de articulación y
convergencia de las expectativas y deseos de la sociedad para construir un futuro mejor
buscando para ello gestionar adecuadamente intereses y capacidades a fin de lograr ese
porvenir deseado. Debe buscar identificar amenazas, preocupaciones y desafíos para que el
tomador de decisiones del más alto nivel pueda ofrecer a sus ciudadanos políticas públicas
y acciones de alternativa, léase escenarios probables y posibles, que permitan alcanzar el
futuro delineado. Debe ser por un lado sumamente flexible en tanto apunta a situaciones de
largo plazo permitiéndose la elección de futuros alternativos; y por otro, dinámico puesto
que interrelaciona evoluciones y cambios de los sistemas sociales considerando las modifi-
caciones constantes y rápidas de las estructuras de dichos sistemas.160
Existen varias metodologías para la realización de un proceso de prospectiva estratégi-
ca, metodologías aplicadas por sus creadores a la vez expertos mundiales en la disciplina.
Entre algunos de ellos tenemos: Michel Godet, Theodore Gordon, Jerome Glenn, Javier
Medina Vásquez, Eleonora Barbieri Masini. Para el presente artículo consideramos la me-
todología MEYEP como la más adecuada en tanto constituye un proceso articulado y que
lleva paso a paso la anticipación estratégica desde el análisis y estudio de las tendencias,
variables, escenarios posibles, exploratorios y tendenciales para llegar al escenario apuesta
que nos permita el desarrollo de estrategias para la mejor toma de decisiones posible. Esta
metodología ha sido diseñada por Balbi.161
116
Sobre la anticipación estratégica consideramos conveniente señalar que es un concepto
central en el desarrollo de la prospectiva estratégica en el marco de la inteligencia estra-
tégica. Es el concepto que los sustenta y vincula. La anticipación estratégica está en la
esencia de la inteligencia estratégica como concepto y de la prospectiva estratégica como
herramienta. Anticipación es la habilidad de adelantarse a los acontecimientos que unido
a lo estratégico deviene en aquella capacidad que debe tener un estado para, focalizando
esfuerzos, adelantarse a los acontecimientos en aquellas cosas que pueden afectar sensible-
mente nuestros intereses, planes y metas.162
Para el desarrollo del concepto nuclear considero conveniente remitirme a lo expuesto
por Balbi cuando señala dos características fundamentales de la anticipación estratégica:
En primer lugar debe buscarse el largo plazo puesto que “…las necesidades estratégicas de
toda organización, sus planes, sus procesos financieros, sus políticas de talento humano
(entre otros aspectos primordiales) no se resuelven ni modifican en un instante...”. En
segundo lugar resalta el hecho que debe ser continuo el proceso “…aun cuando hoy nos
anticipemos a un futuro próximo, mañana deberemos repetir el esfuerzo pues la dinámi-
ca de cambio y transformación que el mundo actual (y sin dudas, el mundo futuro) nos
propone así lo obliga”.163
Los países de la región vienen implementando estudios y procesos prospectivos aplicando
diversas metodologías para prever escenarios de seguridad a futuro. En el caso del Perú se
decidió realizar un estudio prospectivo aplicando la metodología MEYEP para lo cual se
articuló el proceso bajo la dirección de la Secretaria de Seguridad y Defensa Nacional (SEDE-
NA) en trabajo coordinado con el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN).
Antes de explicar sucintamente el desarrollo del estudio prospectivo consideramos conve-
niente referirnos a la labor de la Secretaria de Seguridad y Defensa Nacional.164 La SEDE-
NA es un organismo público, ejecutor, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros,
responsable de la gestión del Sistema de Defensa Nacional, con competencia n todo el
territorio nacional. Es responsable de articular la Política de Seguridad y Defensa Nacional
con los ministerios, organismos públicos, gobiernos regionales y gobiernos locales a través
de las Oficinas de Seguridad y Defensa Nacional (OSDENA). Es el responsable del Planea-
miento Estratégico Integral de la Seguridad y Defensa Nacional conforme al Planeamiento
estratégico nacional desarrollado por el CEPLAN.165
Preocupados por la generación de escenarios adecuados para el futuro del país, la Secre-
taria de Seguridad y Defensa Nacional del Perú, a iniciativa de su Dirección de Prospecti-
va, decide empezar la generación de escenarios futuros para lo cual empieza a realizar el
respectivo Estudio Prospectivo al 2021, año de Bicentenario de la independencia del Perú.
Posteriormente y luego de exhaustivos análisis se consideró ampliar el horizonte temporal
de dicho Estudio al 2030 en tanto el Bicentenario ya quedaba corto para establecer adecua-
117
das correlaciones entre las variables, las tendencias y la generación de escenarios futuros.
Al iniciar el estudio prospectivo, con el propósito de tener un adecuado sustento técnico
normativo que permita darles la legalidad necesaria a fin de hacerlo vinculante a todo nivel
de la administración pública peruana, se decidió tomar como antecedentes normativos los
siguientes documentos:166
t%FDSFUP-FHJTMBUJWPRVFSFHVMBFM4JTUFNBEF%FGFOTB/BDJPOBM
t%FDSFUP-FHJTMBUJWPRVFDSFBMB4FDSFUBSJBEFTFHVSJEBEZEFGFOTBOBDJPOBM
t%JSFDUJWB(FOFSBMEFM1SPDFTPEFQMBOFBNJFOUPFTUSBUÏHJDP4JTUFNBOBDJPOBM
de planeamiento estratégico.
t"VNFOUPEFMBEFNBOEBHMPCBMEFBMJNFOUPT
BHVBZFOFSHÓB
t$SFDJNJFOUP
FOWFKFDJNJFOUPZVSCBOJ[BDJØOEFMBQPCMBDJØO
t*ODSFNFOUPEFMPTFGFDUPTEFM$BNCJP$MJNÈUJDP
118
t%FTBSSPMMPZBDDFTPBOVFWBTUFDOPMPHÓBT
t&NQPEFSBNJFOUPJOEJWJEVBM
t&YQBOTJØOEFM5SÈĕDP*MÓDJUPEF%SPHBT
t1FSTJTUFODJBEFMUFSSPSJTNPFOÈSFBTGPDBMFT
t*ODSFNFOUPEFMDSJNFOPSHBOJ[BEPZMBEFMJODVFODJBDPNÞO
A partir del modelo conceptual y del análisis de las tendencias se identificaron variables
estratégicas en los campos político, económico, social, tecnológico, ambiental, y de seguri-
dad, las que, a partir de proyecciones basadas en su evolución histórica, permitieron como
lo mencionamos líneas arriba la construcción de los escenarios tendencial, óptimo, y ex-
ploratorios al 2030. Estos escenarios, conjuntamente con el mapa de riesgos elaborado en
base al análisis de probabilidad e impacto de eventos futuros –por ejemplo, la ocurrencia
de una catástrofe natural o un evento climático extremo–, permitirán tomar medidas pre-
ventivas para disminuir las consecuencias negativas que dichos eventos podrían acarrear.
Este estudio revela que, si bien el Perú cuenta con todas las condiciones para continuar
por la senda del crecimiento y desarrollo emprendida en los últimos lustros (instituciones
democráticas, estabilidad macroeconómica, abundancia de recursos naturales, y una po-
blación joven) también deberá prestar atención a riesgos, amenazas, y desafíos cruciales en
los próximos años, como el crecimiento desordenado de las ciudades como consecuencia
de la las migraciones internas, el traslado de las actividades del narcotráfico del VRAEM
y el Huallaga hacia zonas de frontera, y los conflictos sociales de carácter socio ambiental
generados por la oposición de ciertos grupos a la minería, que constituye nuestro princi-
pal rubro de exportaciones. Este estudio también servirá como base fundamental para la
creación de un Sistema de Alerta Temprana que permitirá tomar acciones preventivas que
coadyuven a establecer las mejores condiciones que permitan alcanzar los objetivos traza-
dos en la Política de la Seguridad y Defensa Nacional.
Así como el Perú ha realizado su estudio prospectivo y avanza con la construcción de sus
escenarios futuros de manera prospectiva, la región en su conjunto lo viene elaborando
en mayor o menor medida. Sin embargo considero necesario señalar que, a mi entender,
la UNASUR a través de sus diferentes Consejos que se encargan de los temas de Seguri-
dad pueda trabajar un Estudio Prospectivo Regional empleando para ello las instancias
del Consejo de Defensa Suramericano, a través de su Centro de Estudios Estratégicos,
buscando establecer lineamientos para la elaboración de estudios prospectivos naciona-
les a fin de consolidar en un Estudio Prospectivo Regional los escenarios de futuro en la
región al 2030 que haga frente a las amenazas, preocupaciones y desafíos a su desarrollo
entre las que destacan el incremento del crimen organizado internacional, la pobreza
extrema y exclusión social, los fenómenos naturales, la degradación del medio ambiente,
119
los desastres antrópicos, la trata de personas, la presencia de pandemias y epidemias.
El punto de partida para la realización de este Estudio Prospectivo Regional debe ser ca-
nalizado mediante los Planes de Acción, herramienta metodológica que permite la plani-
ficación de actividades conjuntas en materia de Defensa estableciendo el desarrollo de las
mismas así como las responsabilidades de su ejecución. Este Plan de Acción tiene cuatro
ejes169 siendo el más indicado a mí entender el Eje Uno. Paralelo a ello los otros Consejos
pueden ser partícipes de la elaboración del Estudio propuesto; para finalmente centralizar-
lo en el Centro de Estudios Estratégicos del Consejo de Defensa Suramericano quien podrá
tener el Estudio Prospectivo Regional propuesto.
El Centro de Estudios Estratégicos del Consejo de Defensa Suramericano tiene por misión
contribuir a la consolidación de los principios y objetivos establecidos en el Estatuto del
CDS, a partir de la generación de conocimiento y difusión de un pensamiento estratégi-
co suramericano en materia de defensa y seguridad regional e internacional, siempre por
iniciativa del CDS. El CEED-CDS se propondrá avanzar en la definición e identificación
de los intereses regionales, compatibles y/o complementarios del interés nacional de los
países de UNASUR por lo que bien puede proceder a la realización del Estudio Prospectivo
Regional. En virtud de ello se sugiere la implementación en la estructura orgánica del Cen-
tro de Estudios Estratégicos de una Dirección de Prospectiva encargada de la creación de
escenarios futuros; sean estos exploratorios, tendenciales o apuesta; y, que pueda generar,
dentro de un enfoque multidimensional de la Seguridad, el Estudio Prospectivo Regional,
los mapas de amenazas en la Región, las tendencias, las variables y los escenarios corres-
pondientes. En esta Dirección de Prospectiva del Centro de Estudios Estratégicos deberá
contar con una oficina o departamento de anticipación estratégica.
A manera de conclusión considero conveniente enfatizar la necesidad de contar en la Re-
gión con organizaciones nacionales encargadas de la realización de Inteligencia Estratégica
que permitan una mejor toma de decisiones en cada país para lo cual consideramos conve-
niente el empleo de la prospectiva estratégica. Requiere de, a pesar de no ser conveniente
se involucre en temas políticos, una voluntad política de largo alcance que permita el for-
talecimiento de las actividades de Inteligencia Estratégica en pro de lograr la consecución
de la visión de país a mediano y largo plazo.
120
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Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
121
122
El análisis de inteligencia
estratégica en la educación
superior argentina.
Un caso particular
Jorge R. Bergallo
Como es bien conocido, la estrategia encuentra sus orígenes en el ámbito militar, y más
específicamente en el de la guerra. Allí es donde se desarrolla y es a esa actividad a la que
asiste y orienta. En la estrategia durante muchos siglos se habló de enemigo, guerra, des-
trucción, derrota o victoria.
Hasta la década de los 60 las obras sobre estrategia la vinculaban directamente con el con-
flicto armado, con el uso de la violencia, exclusivamente. El general André Beaufre, el gran
pensador francés y referente en este sentido definía a la estrategia como “el arte de emplear
la fuerza o la violencia para obtener objetivos fijados por la política” o, “el arte de la dialéc-
tica de las voluntades respaldadas por la fuerza, para la solución del conflicto”.
Como es bien sabido todo análisis de una línea de pensamiento en ciencias sociales debe
ser contextualizado en su momento histórico. En 1960 todavía se sufrían las consecuencias
de la terrible segunda guerra mundial y se estremecían con la posibilidad de una nueva
guerra, ahora mucho más devastadora. Era imposible pensar en asuntos de política inter-
nacional sin incluir a la violencia o el uso de la fuerza en cualquier magnitud.
No obstante, coincidentemente con esos años el pensamiento estratégico comienza a ser te-
nido en cuenta en ámbitos civiles privados. Se la instala la necesidad de este razonamiento
para el proceso de toma de decisiones.
Desde entonces hasta el presente los autores clásicos como Sun Tzú, Maquiavelo o Clau-
sewitz, por mencionar solo algunos referentes, ocupan importantes espacios en librerías y
bibliotecas de universidades y de empresas u organizaciones civiles. Podemos encontrar tí-
tulos como Maquiavelo aplicado a los negocios o Sun Tzú – El arte de la guerra para ejecutivos
y directivos, por ejemplo. Obras de mucha demanda e inacabables reediciones. La estrategia
de los pensadores clásicos es aplicada a la empresa, la seguridad, la política, el gobierno.
123
En este espacio de aplicación y estudio la estrategia se enriqueció y actualizó regre-
sando al ámbito militar donde renovó los conceptos teóricos y prácticos de los viejos
modelos mentales.
En la actualidad el pensamiento estratégico en los medios civiles y militares, públicos y
privados, es coincidente. Ya no se habla de la guerra sino del conflicto, que no necesa-
riamente lleva implícito el concepto de uso de la fuerza. La disuasión es de aplicación en
todos ellos, pero ya no es la nuclear deterrance entre Estados de los 60 y 70, sino como
opción para que otro actor desista de emprender una determinada acción. La estrategia
nacional, incluye estrategias particulares como la económica, la de seguridad, la política,
la militar e incluso la psicosocial.
La estrategia no es más sinónimo de guerra sino de interacción humana. Todo grupo
social organizado practica estrategia. Cuanto más sepan sobre ella mejor serán los resul-
tados obtenidos en su relación con otros.
En 1960 la editorial de la Universidad de Harvard publicó The strategy of conflict escrito
por Thomas Schelling. Podríamos tomar esta obra como un punto de quiebre entre los
tiempos de la estrategia orientada al empleo de la fuerza y la incorporada a toda actividad
social. Estrategia del Conflicto rápidamente se constituyó en uno de los libros más influ-
yentes de la segunda mitad del siglo XX.
El autor habla de situaciones estratégicas como situaciones de negociación, y toma con-
ceptos y ejemplos de la guerra para ser aplicados a los negocios y a toda interacción en
general entre actores.
Junto con Robert Aumann obtuvieron el Premio Nobel en Economía en 2005. En todos
sus trabajos Schelling recurre a la teoría de los juegos para explicar temas de economía
Estamos hablando entonces de estrategia. Con su propio proceso de actualización, como
en toda ciencia social, la estrategia ha ido despertando cada vez mayor interés en espacios
ajenos a lo político y militar.
La necesidad de su estudio y práctica es una realidad ya instalada durante las últimas dé-
cadas en todo tipo de organización social. Desde entonces el razonamiento estratégico es
una herramienta vital en el quehacer de los negocios, la economía en general, la política,
las relaciones internacionales, etc. La encontraremos en la bibliografía especializada como
estrategia de negocios, estrategia corporativa, estrategia competitiva, entre otros tantos.
Pero siempre de lo que se trata es de hacer estrategia.
Dentro de la incertidumbre, complejidad, creatividad y racionalidad que caracterizan el
quehacer estratégico, el paso inicial e ineludible es la elaboración del escenario del conflic-
to. Entendiendo por conflicto toda interacción humana. Dos o más grupos sociales que se
relacionan estarán procurando satisfacer sus intereses, alcanzar sus objetivos o metas. Dos
partidos políticos, dos empresas en un mismo mercado, dos Estados dentro de una orga-
124
nización internacional o dos instituciones pertenecientes a un mismo país, forzosamente
interactuarán y estarán en conflicto.
Esta elaboración o diseño es el momento de mayor necesidad de información precisa y de cier-
ta dosis de creatividad fundada para combinarla en la construcción del escenario estratégico.
Resulta vital no errar en esta etapa del proceso. Es el momento en que se define el conflicto
en el cual se está inmerso. Aquí se determinará quiénes están interactuando, cuáles son
sus intereses, cuál es la personalidad de cada uno que los llevará a adoptar determinadas
decisiones, cómo se vinculan entre ellos todos los actores.
Y es acá donde hace su aparición la inteligencia estratégica. Es por medio de ella que se ex-
trae y procesa la información disponible en la realidad circundante que permitirá diseñar
con acierto el escenario del conflicto o situación en la que se está inmerso. Es la inteligencia
estratégica la que debe reducir a su mínima expresión el nivel de incertidumbre que carac-
teriza a la estrategia. Puede ser identificada de diferentes maneras según cada autor o el
ámbito en el que se la practique. Pero aun así debemos entender que lo que aquí llamamos
inteligencia estratégica es el proceso organizado integrador y proveedor de conocimientos
que los distintos sistemas de toma de decisión demandan para interpretar proactivamente
el entorno y sus variaciones y generar respuestas adecuadas.
Este producido de conocimientos es interpretación, es creación, originado a partir de la
percepción de quien hace inteligencia estratégica.
Y es dentro de esta actividad que el conocido proceso de dato => información=> conoci-
miento cobra su máxima relevancia.
Son muy conocidos los acontecimientos históricos en los que por defecto o exceso de disponibi-
lidad de datos, y en algunos casos de información, se cometieron gravísimos errores de conduc-
ción estratégica. Así también conocemos los casos de famosos líderes políticos que no aceptaban
lo que sus asesores en inteligencia le informaban y fueron directamente a fracasos catastróficos.
Cabe mencionar rápidamente que así como la estrategia se ha ido “aggiornando” la inte-
ligencia estratégica también lo ha hecho y todos los resultados que se desprenden de las
metodologías que aplica para cumplir con sus objetivos deben responder a los criterios de
calidad de información (disponibilidad, presentación, contexto y lo intrínseco). Calidad de
información (IQ) concepto relativamente novedoso en los ámbitos académicos que cada
vez ocupa más la atención de los decisores y sus asesores. Surgido en el quehacer empresa-
rio rápidamente se trasladó e incorporó en el militar.
Ahora bien, en esta muy veloz exposición inicial, con el fin de introducir al lector en un
marco referencial más amplio que le permita comprender el porqué del título de este tex-
to, hemos visto que la estrategia necesita de la inteligencia estratégica. No se puede hacer
estrategia sin la etapa de inteligencia. Se puede arriesgar o adivinar pero no llevar adelante
un acertado proceso de toma de decisión estratégica.
125
La calidad de la información que se elabore para ser utilizada en esta etapa tiene directa
relación con la calidad del análisis de inteligencia que desarrolle el área responsable de esta
actividad dentro de la organización. Area integrada por un grupo, o más dependiendo de la
envergadura e importancia de dicha organización, de analistas de inteligencia.
Estas personas constituyen la pieza clave, entonces, en el proceso decisorio. No sólo en el
paso inicial (definición del escenario) sino durante toda la conducción de aquel. Son ellos
los que emitirán asesoramiento sobre los impactos que van produciendo las decisiones
y sus acciones derivadas sobre la realidad circundante, escenario o situación estratégica
como dijéramos en un principio.
Se han creado metodologías de análisis hiperestructuradas e incluso se encuentran dis-
ponibles diversos tipos de software buscando optimizar los resultados. Herramientas que
pueden facilitar la tarea pero el producto final surgirá de a mente del analista, de su “visión
del mundo que lo rodea”. Es personal, subjetivo, mental, cultural. No es matemático.
Instrumentos como Sistemas de Soporte a la Decisión (DSS) o el Datamart, en sus variadas
versiones, entre muchos otros, son de mucha utilidad, pero, otra vez, el producido final
emana del desempeño del analista.
Mucho es lo que se ha escrito o se escribe sobre inteligencia estratégica, y también bastante
lo que se enseña sobre ella. Pero muy poco sobre su instrumento fundamental, el analista
de inteligencia estratégica. Y casi inexistentes las posibilidades de formación y capacitación
universitaria en Argentina.
En nuestro país se dictan carreras de grado y posgrado en estrategia. Para esta búsqueda
hemos adoptado un criterio único. Las ofertas que se hallan en internet. La idea ha sido
apreciar qué información puede encontrar una organización, pública o privada, que desea
capacitar a su personal o una persona que a título personal tiene la misma inquietud.
Sólo como referencias podemos citar la Licenciatura en Estrategia y Organización que im-
parte, en modalidad a distancia, el Instituto Universitario del Ejército, aunque solamente la
pueden cursar oficiales de dicha institución militar.
También la Universidad Maimónides ofrece una Licenciatura en Estrategia Contemporá-
nea, en modalidad distancia, y abierta al ámbito civil a diferencia de la anterior.
A nivel educación superior de posgrado, podemos mencionar la Maestría en Estudios Es-
tratégicos que imparte desde 1996 el Instituto Universitario Naval, en modalidad presen-
cial y también abierta a todo el público.
En el sector privado encontramos la Maestría en Estrategia y Políticas Internacionales que
dicta en modalidad a distancia la Universidad Maimónides y la Maestría en Políticas y
Estrategia del Universidad Nacional del Sur en modalidad presencial.
Las carreras universitarias en estrategia son pocas. Las primeras ofertas surgieron de los ins-
titutos universitarios de las Fuerzas Armadas los que, aprovechando su experiencia en la
126
actividad académica en esta área del conocimiento, de a poco comenzaron a constituirse en
una alternativa más para el estudio por parte de los sectores de la sociedad externos al militar.
Si se busca la misma información para carreras relacionadas con la inteligencia estratégica
las posibilidades son extremadamente reducidas.
Se limita a la Universidad Nacional de La Plata donde se imparte la Maestría en Inteligen-
cia Estratégica Nacional, en modalidad presencial, y la Universidad de Ciencias Sociales y
Empresariales con la Especialización en Prospectiva Estratégica a distancia.
Ampliando el horizonte de búsqueda de ofertas académicas a nivel sudamericano encontra-
mos, también para citar sólo como referencia, una Maestría en Inteligencia Estratégica que
dicta el Ejército Nacional de Colombia en su Escuela de Inteligencia y Contrainteligencia.
En Brasil es el país donde más información se brinda. En la Escuela Superior de Guerra del
Ejército un Curso Superior en Inteligencia Estratégica, destinados a civiles y militares para
aplicar en funciones de gobierno, en convenio con la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Unos párrafos atrás destacamos la importancia del análisis de inteligencia estratégica y
de quienes lo desarrollan. Efectuando la misma búsqueda por internet de ofertas acadé-
micas, ahora destinados a formar analistas o a su perfeccionamiento, hemos encontrado
un Diplomado en Metodologías de Análisis de Inteligencia Estratégica que dictaba la
Universidad de Chile.
En Argentina, el Instituto de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (IIFA), con una larga
trayectoria en esta esfera de estudios, ofrece una carrera de posgrado acreditada por la
CONEAU y habilitada por el Ministerio de Educación de la Nación. Este es el caso parti-
cular al que se refiere nuestro título.
Porque en medio del contexto que hemos descripto más arriba es la única carrera oficial de
posgrado diseñada, organizada y dictada pensando en los analistas de inteligencia. Se trata
de la Especialización en Análisis de Inteligencia Estratégica, en modalidad presencial con
una fuerte carga horaria en prácticas, abierta a toda la sociedad, con o sin conocimientos
previos en inteligencia.
Se halla estructurada en torno a la formación y perfeccionamiento profesional de ese per-
sonal, se encuentren en funciones o con aspiraciones a serlo, en el ámbito privado y públi-
co, civil y militar.
Su principal meta académica es Formar especialistas en análisis de inteligencia estratégica y
gestión de la información, capacitados para desempeñarse como analistas en la producción de
conocimiento e inteligencia, a fin de asesorar y asistir, para la toma de decisiones estratégicas,
a la alta conducción, tanto en el ámbito estatal como en el privado.
127
Fue preparada con la participación de docentes con mucha experiencia en la ejecución y
enseñanza de inteligencia estratégica y en la práctica efectiva del análisis de inteligencia y
de gestión de la información.
Este caso particular se enriquece con otra exitosa oferta académica de posgrado del IIFA.
Se trata del Programa de Perfeccionamiento para Graduados en Dirección de Inteligencia
Estratégica Militar, que hasta el momento se trata de un curso orientado a militares, nacio-
nales y extranjeros.
Las experiencias recogidas en el ámbito de las Fuerzas Armadas Argentinas y las caracte-
rísticas que se vislumbran en los conflictos del siglo XXI, motivaron una redefinición del
sistema de Inteligencia Militar, decidiéndose en el mes de febrero del año 2000, la unifica-
ción de las escuelas de inteligencia que tenía cada una de las Fuerzas, para la capacitación
de su respectivo personal.
En virtud de ello, el 10 de marzo del año 2000 el Ministro de Defensa firmó la Resolución N°
200, por la cual se creó el INSTITUTO DE INTELIGENCIA DE LAS FUERZAS ARMADAS,
desactivándose, a partir de ese momento, las escuelas existentes en cada una de las Fuerzas.
En la actualidad este Instituto depende orgánicamente del Estado Mayor Conjunto de las
Fuerzas Armadas y tiene su asiento en la ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Desde el año 2004 es Unidad Académica Asociada al Instituto Universitario Aeronáutico
(IUA), institución que titula a los graduados de la Especialización en Análisis de Inteligen-
cia Estratégica y del Programa de Perfeccionamiento para Graduados. Desde ese mismo
momento se comenzó a trabajar para presentar una carrera de posgrado.
El IIFA asumió así, desde su creación, el dictado de todos los cursos militares específicos
de las tres Fuerzas Armadas. Entre ellos uno de corta duración cuyo objetivo era capacitar
al personal civil de inteligencia, durante el cual se le impartían conocimientos sobre meto-
dologías de análisis.
Todas estas tareas de reorganización, de adecuación de los cursos estrictamente militares
y la idea del posgrado fueron llevadas a cabo en un contexto de varios cambios de sede.
El material y personal de cada una de las anteriores escuelas debió mudarse e integrarse.
Durante un tiempo en las instalaciones de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y
finalmente en un sector de uno de los edificios del entonces Instituto Geográfico Militar.
La experiencia demostraba que los analistas de inteligencia que actuaban dentro de las áreas
de responsabilidad del Ministerio de Defensa tenían una dispar formación. Los que llevaban
más tiempo en esas funciones disponían de la ventaja de haberse capacitado, y tal vez per-
feccionado, profesionalmente producto de la cantidad de años que desempeñaban esa acti-
vidad. Los más jóvenes debían apoyarse solamente en la orientación recibida de los mayores,
pues ninguno de ellos había recibido capacitación académica alguna realmente destacable.
A la luz de esta situación, de la experiencia con aquel curso para personal civil de inteli-
128
gencia y considerando que una adecuada preparación académica iba a demandar muchas
horas-clase se decidió organizar una carrera de posgrado nivel especialización porque es la
que se caracteriza por una intensa actividad práctica.
El siguiente criterio que se aplicó fue el de abrir las puertas a la sociedad civil para mostrar
lo que significa hacer inteligencia estratégica. Criterio que se correspondía con lineamien-
tos político institucionales impartidos por el Ministerio de Defensa.
De aquí surgió la decisión del Director del IIFA de organizar y presentar para su acredita-
ción y evaluación universitaria una carrera de Especialización en Análisis de Inteligencia
Estratégica, que contribuyera con optimizar las aptitudes y habilidades de los analistas,
militares o civiles, del ámbito de la Defensa, y que el esfuerzo que les demandaría llevar
adelante esta actividad académica se viera recompensado por un título universitario reco-
nocido por el Ministerio de Educación de la Nación.
Por otra parte la estructuración del Plan de Estudios y el Reglamento de la Carrera debían
presentar una oferta académica de interés para potenciales interesados ajenos a la Defensa
y en particular ajenos al ámbito militar permitiendo la admisión de alumnos civiles que
reunieran las condiciones habituales para cursar carreras de posgrado. Y así es como para
aquellos que no tienen conocimientos previos en inteligencia se imparte un Curso de Ni-
velación en Inteligencia al comenzar el año lectivo.
No viene mal en este momento repetir el objetivo principal de la carrera, que ya citáramos
más arriba, Formar especialistas en análisis de inteligencia estratégica y gestión de la infor-
mación, capacitados para desempeñarse como analistas en la producción de conocimiento e
inteligencia, a fin de asesorar y asistir, para la toma de decisiones estratégicas, a la alta con-
ducción, tanto en el ámbito estatal como en el privado.
La Especialización fue creada por Resolución Rectoral 11/2006 del Instituto Universitario
Aeronáutico y presentada ese mismo año ante la CONEAU.
Luego de todo el proceso habitual la mencionada Comisión Nacional recomienda al Mi-
nisterio de Educación el reconocimiento oficial, y es así como por medio de la Resolución
95/2008 se logra dicho reconocimiento oficial provisorio y la validez nacional.
El Plan de Estudios establecía un total de 390 horas-clase a ser impartidas en nueve meses,
con dos materias troncales, Inteligencia Estratégica y Análisis de Inteligencia, otras mate-
rias complementarias como Teoría de los Juegos y Pensamiento Complejo, como para citar
unas pocas, y finalizaba con un Ejercicio de Simulación Integrador.
Comienza a funcionar ese mismo año como única carrera universitaria para el análisis
de inteligencia estratégica en Argentina y Latinoamérica, y en 2009 se produce la pri-
mera graduación.
En la medida que se fue reforzando la experiencia y las conclusiones que de ella emanaban
se logró optimizar el sistema de evaluación interno de la carrera. Frecuentes encuestas a los
129
alumnos cursantes, a los graduados y al cuerpo docente. El registro y análisis de la infor-
mación relevada con el correr de los meses y años permitieron poner en marcha un plan
de mejoras que fue cumplido en su totalidad con anterioridad a la nueva convocatoria de
CONEAU para reacreditar carreras del área de las ciencias sociales que se plasmó en 2014.
Para la nueva presentación se tuvo en cuenta las observaciones recibidas en la acreditación
provisoria del 2008, las evaluaciones mencionadas en el párrafo anterior, las orientaciones
recibidas desde la Subsecretaría de Formación del Ministerio de Defensa y las frecuentes
reuniones con el Director Nacional de Inteligencia Estratégica Militar.
El Plan de Estudios fue adecuado en función de la experiencia y de la demanda que repre-
sentó tener una importante cantidad de alumnos civiles con actividades profesionales fuera
del área de la Defensa Nacional. Se crearon dos nuevas materias, Inteligencia Competitiva y
Calidad de Información. También se varió la relación horas-clase teóricas versus prácticas.
Y todo esto hizo que la cantidad de horas clase previstas se incrementara de 390 a 411.
El cuerpo docente mejoró sustancialmente su titulación académica, reaccionando ade-
cuadamente a los estímulos generados desde la Dirección de la Carrera. Se incrementó la
bibliografía disponible en versión papel y en digital. Se desarrollaron actividades de trans-
ferencias, enviándose al Ministerio de Defensa el producido de algunas investigaciones; se
publicó un libro con la participación de varios profesores de la carrera, se han publicado
artículos en revistas del exterior, y se impartieron seminarios con la participación de expo-
sitores nacionales y extranjeros.
Unas páginas más atrás mencionamos la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de
la UNLP. Los rectores y los directores de carrera firmaron un convenio marco de coopera-
ción académica y se encuentran analizando la posibilidad de articular ambas carreras de
posgrado, de tal manera que quienes aprueben la Especialización puedan continuar sus es-
tudios en la Maestría. Por otra parte ambas carreras comparten algunos de sus profesores.
Fue así como luego de la intervención de los pares evaluadores en 2014 la CONEAU reacre-
ditó la Especialización en Análisis de Inteligencia Estratégica por seis años más sin ningún
tipo de observación. Acontecimiento que significó un enorme respaldo a lo actuado a lo
largo de los siete años de la carrera.
Uno de los factores que satisfizo plenamente a todos los que intervienen en la administra-
ción, conducción y dictado de esta carrera fue el hecho de haberlo logrado sin contar con
las facilidades de infraestructura y de personal, en especial aquel avezado en acreditaciones
o trámites ante CONEAU y Ministerio de Educación. Se trabajó con el asesoramiento y
guía del IUA, muy especialmente a través de la Secretaria de Posgrados, la Licenciada Susa-
na Barrionuevo, pero no se pueden comparar con las facilidades que disponen las grandes
universidades, públicas o privadas, de Argentina.
Acá consideramos de mucha utilidad destacar también uno de los factores por los cuales
130
se logró este excelente resultado. Independientemente del lógico esfuerzo y sentimiento de
compromiso con la tarea de todos los intervinientes, el factor decisivo fue la CONTINUI-
DAD EN LAS AUTORIDADES DE GESTION Y DIRECCIÓN.
Si bien esto es absolutamente normal en todos los ámbitos universitarios civiles no lo es
en los institutos militares. Que los cargos vinculados con la gestión académica, particular-
mente cuando se trata de carreras universitarias, estén sujetos a los traslados de destino del
personal militar afecta desfavorablemente la gestión de las mismas.
En el caso del IIFA, el actual director, el Comodoro Mayor Antonio Sacco, se desempeña en
el mismo desde diciembre de 2007, es decir desde el mismo momento en que se acreditó la
carrera de posgrado. Fue Secretario Académico, Subdirector y actualmente Director. Esta
circunstancia representó una significativa fortaleza. La continuidad en la gestión educativa
es relevante, como todos sabemos.
Esta continuidad se ha materializado también por medio de la incorporación al cuerpo do-
cente de aquellas personas con experiencia en esta carrera desde el punto de vista de la ges-
tión. Anteriores directores del Instituto y de la Carrera ahora se desempeñan como profesores.
La calidad de la carrera queda evidenciada con la gran demanda de vacantes que se solici-
tan anualmente, desde Argentina y desde otros países latinoamericanos. Civiles y militares.
Desde 2008 han cursado 230 alumnos, de ellos 31 son extranjeros, y la tasa de graduación
total de la Especialización es del 16%.
La carrera de posgrado Especialización en Análisis de Inteligencia Estratégica se ha posi-
cionado muy bien en la oferta académica nacional y extranjera en español. Por sus aulas
han pasado alumnos de México, Rusia, España, Guatemala, Ecuador, Perú, Brasil, Vene-
zuela. Y la circunstancia que contribuye a reforzar la imagen de calidad educativa y de estar
satisfaciendo los objetivos que dieron lugar a su creación es que paulatinamente crece la
cantidad de civiles, no vinculados con el sistema de Defensa Nacional, que se postulan e
ingresan. Profesionales con actividad independiente y agentes de la administración pública
cursan esta Especialización.
Han pasado por sus aulas abogados, psicólogos, sociólogos, contadores públicos, agentes
del Ministerio de Economía, del Poder Judicial de la Nación, asesores del Honorable Con-
greso de la Nación y de Cancillería, así como del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Miembros de las Fuerzas de Seguridad y de Fuerzas Policiales. El 10% de los alumnos son
profesionales de la actividad privada.
En las páginas iniciales también mencionamos un Programa de Perfeccionamiento para
Graduados que a través de un curso presencial imparte el IIFA y que titula el IUA.
Este curso tiene su origen en uno anterior que impartía el Ejército Argentino para ofi-
ciales extranjeros, y que luego derivó en el que hasta 2012 se dictó en el IIFA llamado
Curso de Dirección en Inteligencia Estratégica Militar, para militares extranjeros y ar-
131
gentinos, que también tuvo una amplia aceptación en Latinoamérica.
Con un Plan de Estudios que incluye 300 horas programáticas y otras 66 extraprogramáticas
consistentes fundamentalmente en visitas profesionales este curso, como tal, exigía un impor-
tante esfuerzo para los alumnos y no obtenían ningún título o reconocimiento universitario.
Fue así que nuevamente el IIFA presentó una propuesta a su rectorado (IUA) para que
fuera reconocido como un curso de extensión universitaria. Por Expediente 2888618 del 17
de octubre del 2011se lo reconoció como Programa de Perfeccionamiento para Graduados
(PPG) y quienes egresan llevan el correspondiente diploma firmado por el rector del IUA.
A diferencia de la carrera de Especialización este es un curso cuyos requisitos de admisión
establecen ser militar, argentino o extranjero. Han sido alumnos oficiales de Perú, Ecuador,
México, Brasil, Venezuela, China. Y la demanda de vacantes crece anualmente.
Todo lo aquí mencionado forma parte de un caso particular, como dice el título. La oferta
educativa detallada representa un aporte significativo para el cambio que se da con la aper-
tura de la actividad de inteligencia en el ámbito militar y además un contundente impulso
a la difusión y enseñanza de la inteligencia estratégica, en su fase más delicada como es la
de análisis, para su verdadero aprovechamiento en toda organización.
Con la Especialización en Análisis de Inteligencia Estratégica el IIFA contribuye a desmi-
tificar el concepto de inteligencia y es la única que pone en manos de toda la sociedad la
posibilidad de adquirir un cúmulo de conocimientos, habilidades y destrezas que redun-
darán en una mejor conducción de las organizaciones e instituciones, públicas y privadas,
que en su seno actúan.
Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
132
Apuntes sobre inteligencia e
instrumentos estratégicos
en México: Tensión entre la
legalidad y la realidad
Marcos Pablo Moloeznik
El sistema político mexicano se caracteriza por una incipiente democracia, dado que los
gobiernos de alternancia en los ámbitos estatal (entidades federativas) y municipal, no tie-
nen más de 25 años de existencia, y en el orden federal sólo una década y media con la
llegada de Vicente Fox Quesada a la Presidencia de la República en el año 2000.
En este marco, uno de los principales retos de México es contar con una comunidad de
inteligencia -integrada por agencias profesionales- que responda a la lógica de Estado y
que coadyuve a dotar de racionalidad al proceso de toma de decisiones al más alto nivel de
conducción política. Desafío que se inserta en un entorno signado por la violencia, el desa-
rrollo de los fenómenos globales y las amenazas transnacionales, las nuevas tecnologías y,
en general, la complejidad e incertidumbre.
Por ello, a lo largo del trabajo que el lector tiene en sus manos, el autor intenta reflexionar
sobre el contenido y alcances de la inteligencia estratégica, con especial énfasis en su signi-
ficado en México, a la par que someter a análisis el marco legal vigente y contrastarlo con
la situación real que presenta dicho nivel de inteligencia.
133
1. Aproximación al concepto de Inteligencia Estratégica
Para estar en condiciones de analizar el marco normativo y la situación que guarda la inteli-
gencia estratégica en México, se debe partir de una comprensión de lo que se entiende por tal.
Así, para un reconocido académico del Colegio de la Defensa Nacional y del Centro de
Estudios Superiores Navales de México, la inteligencia: (Garduño Valero, 2014: 19)
Por ende, sus notas esenciales son, por un lado, la anticipación y la predicción; y, por el
otro, el soporte o contribución al proceso de toma de decisiones, a saber: (Estévez, 1997: 2)
134
y amenazas dentro del propio país. El término “estratégico” implica que
deben estudiarse las probables acciones y reacciones de los países amigos y
adversarios antes de la puesta en práctica de cualquier política. La información
requerida no se centra únicamente sobre los intereses conflictivos, sino además
en los intereses de cooperación que puedan existir. Estos últimos son claves
para encontrar soluciones mutuamente aceptables para las partes en conflicto.
135
y florecer a la sombra de los proyectos nacionales a largo plazo, y la existencia
de organizaciones de inteligencia resulta genuina y legítima como respuesta
anticipadora a esa necesidad nacional
En el caso de la República Mexicana, la inteligencia estratégica se concibe como inteligencia
para la seguridad nacional, dado que: (Carrillo Olea, 2011: 247-248)
En tanto que el actual programa sectorial, define a la política de seguridad nacional como
una función de índole superior que dirige, integra y coordina las acciones de las autorida-
des e instituciones que están vinculadas con los sectores de la seguridad, la defensa y el de-
sarrollo, a fin de prever, prevenir, disuadir, contener o desactivar aquellas vulnerabilidades,
riesgos y amenazas que pueden comprometer el proyecto de nación (Poder Ejecutivo de la
Federación, 2014: 5).
Por lo que no debe soslayarse que la concepción de la seguridad nacional responde a las
amenazas y riesgos percibidos, a saber: (Centro de Investigación y Seguridad Nacional, en
adelante CISEN, 2014)
136
Cabe destacar que, tres años antes, por primera vez en un documento público -el Progra-
ma para la Seguridad Nacional (2009-2012), el Gobierno de México da a conocer lo que
entiende por riesgo y amenaza a la seguridad nacional como sigue: (Poder Ejecutivo de la
Federación, 2009: incisos 1.2.2.1. y 1.2.2.2.)
t3JFTHPFTBRVFMBOUBHPOJTNPBMB4FHVSJEBE/BDJPOBMRVF
OPUFOJFOEP
el carácter de amenaza conforme a la Ley, implica una condición interna o
externa generada por situaciones políticas, económicas, sociales o agentes
no estatales, así como por desastres naturales, de origen humano o epidemias,
cuya presencia pudiera poner en entredicho el desarrollo nacional.
t"NFOB[BDBSBDUFSJ[BEBQPSVOBWPMVOUBEIPTUJMZEFMJCFSBEBRVFQPOFFO
peligro de vulneración, particularmente grave, a los intereses permanentes
tutelados por la Seguridad Nacional, en parte o en todo el país, y cuestionan
la existencia del mismo Estado.
137
mitan prevenirlos, o bien, plantear los mecanismos de coordinación de acciones y medidas
que neutralicen o minimicen sus efectos de manera oportuna y eficaz. Para lo cual, se re-
quiere fortalecer las capacidades en temas de generación, difusión oportuna y explotación
de inteligencia, que permita la toma de decisiones. (Poder Ejecutivo, 2013: 31)
Asimismo, el carácter estratégico de dicha inteligencia viene dado por el entorno de incer-
tibumbre que domina el escenario nacional, regional e internacional: (Lemozy, 2002: 431)
Sin embargo, para Jorge Enrique Tello Peón, ex Director del CISEN, una de las debilidades
que se presentan en México es que: (CISEN, 2009: 42)
<...> aún existe una gran confusión en los altos niveles; no distinguen entre
lo estratégico, lo táctico y lo operativo <...>
No se puede cerrar esta primera parte, sin dejar de reconocer que, en orden a garantizar
la inteligencia estratégica, cobra especial relevancia el humint o masa crítica humana al
servicio de los objetivos e intereses nacionales, especialmente los analistas; por lo que se
recomienda: (Estévez, 2005: 7 y 24, respectivamente)
t0QUJNJ[BSMBGPSNBDJØOZDBQBDJUBDJØOEFMQFSTPOBM
QSJPSJ[BOEPMBT
capacidades de análisis.
138
t-BQSJPSJ[BDJØOEFMBGVODJØOEFBOÈMJTJTWBEFMBNBOPEFFTUBCMFDFS
sólidos mecanismos de intercambio de información. Es aquí donde el concepto
de sistema resulta primordial.
A lo que se suma el activo del liderazgo, ya que se reconoce la paternidad del CISEN en tres ex
Directores Generales: Jorge Carrillo Olea, Jorge Enrique Tello Peón y Alejandro Alegre Ra-
biela, a los que se suma una mujer, Cibeles Marín (Ver; CISEN, 2009 y Carrillo Olea, 2011).
Tradicionalmente, se reconoce que todas las instancias del Sistema de Seguridad Nacional
generan información y producen inteligencia, pero que su integración bajo la perspectiva de
inteligencia estratégica se encuentra bajo la conducción del Centro de Investigación y Segu-
ridad Nacional (CISEN). La función de integración de inteligencia estratégica tiene como
propósito brindar sustento a la toma de decisiones políticas fundamentales del Presidente
de la República, sobre riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional, previa consideración del
Consejo de Seguridad Nacional (Poder Ejecutivo de la Federación, 2009: inciso 1.6.2.3.).
No obstante este reconocimiento, hace quince años el entonces director general del CISEN
alertaba así sobre la necesidad de contar con un marco legal en el ámbito de la inteligencia
para la seguridad nacional: (Alegre Rabiela, 2000: 1-5)
139
a los principios fundamentales de la doctrina de inteligencia y de excelencia
en el desempeño profesional, prevalecerían como criterios fundamentales de
evaluación para la permanencia y ascenso.
Llamamiento que encuentra eco sólo a medias, puesto que en México no existe una Ley
de Inteligencia Nacional; en rigor, es la Ley de Seguridad Nacional (Cámara de Diputados,
2005) el ordenamiento jurídico que rige las actuaciones del CISEN (Capítulo II), establece
las bases del Estatuto del Personal del Centro (Capítulo III), fija las modalidades de Coor-
dinación para la Seguridad Nacional (Capítulo IV), y vela por la preservar la información
en la materia, restringiendo el acceso público a la misma (Capítulo V).
En su primer artículo se fija como objeto:
140
Para la coordinación de acciones orientadas a preservar la seguridad nacional, se estable-
ce el Consejo de Seguridad Nacional, a la sazón, instancia deliberativa cuya finalidad es
establecer y articular la política en la materia (Artículo 13), e integrado por (Artículo 12):
141
ma Nacional de Inteligencia, al que concibe como el conjunto interconectado de depen-
dencias o entidades federales, unidades de información o inteligencia, que vincula los pro-
cesos e instrumentos que satisfacen la función de generar inteligencia necesaria para que el
Sistema de Seguridad Nacional cumpla con su misión (Ibidem).
Poco antes, en 2011, quien fuera su primer director general, reflexiona de manera crítica
sobre el marco legal que da vida al CISEN: (Carrillo Olea, 2011: 144 y 145)
142
Artículo 28. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional estará a cargo de
un director general y tendrá las siguientes atribuciones:
I. Establecer y operar un sistema de investigación e información para la
seguridad del país;
II. Recabar y procesar la información generada por el sistema a que se refiere
la fracción anterior; determinar su sentencia, valor, significado e
interpretación específica, y formular las conclusiones que se deriven de las
evaluaciones correspondientes;
III. Realizar los estudios de carácter político, económico y social que se
relaciones con sus atribuciones;
IV. Realizar encuestas de opinión pública sobre asuntos de interés nacional; y
V. Las demás atribuciones que le confieran otras disposiciones legales o
reglamentarias
Efectivamente, en su propio sitio web, se puede leer que: CISEN (2015, a)
143
conclusiones que se deriven de las evaluaciones correspondientes, con el
propósito de salvaguardar la seguridad del país;
III. Preparar estudios de carácter político, económico, social y demás que se
relacionen con sus atribuciones, así como aquellos que sean necesarios
para alertar sobre los riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional;
IV. Elaborar los lineamientos generales del plan estratégico y la Agenda
Nacional de Riesgos
V. Proponer medidas de prevención, disuasión, contención y desactivación
de riesgos y amenazas que pretendan vulnerar el territorio, la soberanía, las
instituciones nacionales, la gobernabilidad democrática o el Estado de
Derecho;
VI. Establecer cooperación interinstitucional con las diversas dependencias
de la Administración Pública Federal, autoridades federales, de las
entidades federativas y municipales o delegacionales, en estricto apego
a sus respectivos ámbitos de competencia con la finalidad de coadyuvar
en la preservación de la integridad, estabilidad y permanencia del
Estado Mexicano;
VII. Proponer al Consejo el establecimiento de sistemas de cooperación
internacional, con el objeto de identificar posibles riesgos y amenazas
a la soberanía y seguridad nacionales
VIII. Adquirir, administrar y desarrollar tecnología especializada para la
investigación y difusión confiable de las comunicaciones del Gobierno
Federal en materia de Seguridad Nacional, así como para la protección
de esas comunicaciones y de la información que posea;
IX. Operar la tecnología de comunicaciones especializadas, en cumplimiento
de las atribuciones que tiene encomendadas o en apoyo de las instancias
de gobierno que le solicite el Consejo;
X. Prestar auxilio técnico a cualquiera de las instancias de gobierno
representadas en el Consejo, conforme a los acuerdos que se adopten
en su seno, y
XI. Las demás que le confieran otras disposiciones jurídicas aplicables o le
señale, en el ámbito de su competencia, el Consejo o el Secretario Ejecutivo.
144
confiabilidad de los servidores públicos del Centro de Investigación y
Seguridad Nacional, a través de un Sistema de Profesionalización.
Aunque, ex ante, la Ley de Seguridad Nacional destina el tercer capítulo al Estatuto del Perso-
nal del Centro, a partir del reconocimiento de que: (Cámara de Diputados, 2005, Artículo 21)
Todas las funciones que desempeñen los servidores públicos del Centro, serán
consideradas de confianza y están obligados a mantener reserva de la
información y de los asuntos a los que tengan acceso, por la naturaleza
de sus funciones. Sólo podrán rendir testimonio por escrito.
Confidencialidad que está consagrada en los Artículos 8 y 26 del Estatuto Laboral del
CISEN (en lo sucesivo, se citará como Estatuto), en los siguientes términos: (Cámara de
Diputados, 2006)
145
eficiente desempeño de los servidores públicos del Centro en sus puestos, (b) preparar a los
servidores públicos para funciones de mayor responsabilidad o de naturaleza diversa, y (c)
certificar a los servidores públicos de carrera en las capacidades profesionales adquiridas;
y la evaluación del desempeño (Capítulo VI).
En tanto que, para la formación y especialización del personal del CISEN, por Acuerdo
de 2009, se crea la Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional del Centro de In-
vestigación y Seguridad Nacional (ESISEN), en cuyos considerandos destaca: (Cámara de
Diputados, 2009)
Que con el fin de elevar las capacidades técnicas del Estado mexicano para
preservar la seguridad nacional, es necesario contar con una institución
educativa que garantice la formación de cuadros profesionales y especializados
en las materias de inteligencia civil para la seguridad nacional y cualquier
otra necesaria para mantener la integridad, estabilidad y permanencia del
Estado mexicano.
146
Con ese propósito, la ESISEN lanza la denominada colección de Lecturas Básicas de Inteli-
gencia, a partir de la selección de materiales y lecturas relevantes en dichos tópicos; misma
que es de circulación restringida y se publica sin afanes de lucro. Desde su primer número,
cuenta con número de certificado de reserva de derechos al uso exclusivo otorgado por
el Instituto Nacional de Derechos de Autor y, desde su número 7, con ISSN (2007-1159).
1000 ejemplares
5. Derecho de la Seguridad Nacional Octubre de 2010
Fuente: Elaboración propia, con base en las publicaciones a las que se tuvo acceso; aunque el Informante
Clave 5 (2015) asegura que se publicaron dos números más y que, por ende, los ejemplares 11 y 12 ya
están en circulación en la comunidad de inteligencia mexicana.
Más allá de no contar con un marco normativo ad hoc a la delicada responsabilidad que
le compete, para un ex directivo del CISEN el balance no deja de ser positivo: (Carrillo
Olea, 2011: 145)
147
3.- Situación que guardan la inteligencia e instrumentos
estratégicos en México
<...> el CISEN es una institución del sistema mexicano que fue concebido y
creado para servirle en el más elevado de los planos. Debe contar con las
más intachables calificaciones en eficiencia y probidad, así como con la más
amplia confianza del presidente de la República. Darle un uso de menor
dimensión es reducirlo a un instrumento al servicio del gobierno que
abandona sus misiones estratégicas en la custodia de la nación.
Apreciación que coincide con la de un ex analista de inteligencia al más alto nivel de con-
ducción política, quien opina lo que sigue: (Informante Clave 2, 2015)
148
el discurso, por eso tampoco han avanzado, y porque no entienden mucho,
además de mantenerse cerrados con un enfoque introspectivo. Ayer inauguraron
el foro de Unidades de Análisis de Información, encabezadas por la Procuraduría
General de la Repúblcia (PGR), con miras a que en cada entidad federativa
haya una unidad de ese tipo. Por lo que he visto en Chiapas, Oaxaca, Tabasco,
Tamaulipas, Chihuahua y Michoacán, no es tan sencillo integrar una unidad
profesional de este tipo.. En síntesis, discursivamente existe la idea,
conceptualmente no tienen ni idea, y operacionalmente cada quien hace
lo que puede y necesita.
En lo que repecta a la coordinación y articulación de sus componentes, aquél considera
que: (Informante Clave 1, 2015)
Del objetivo específico 1.2. del Programa para la Seguridad Nacional 2014-2018, se de-
prende la ausencia de un sistema de inteligencia en la dimensión estratégica, ante la ne-
cesidad de: (Ibidem: 27)
149
<...> articular la información y las inteligencias especializadas del Estado
mexicano mediante el establecimiento y operación del Sistema Nacional de
Inteligencia, a fin de potenciar la generación de inteligencia estratégica para
la Seguridad Nacional. El Modelo de Seguridad Nacional propuesto en este
Programa tiene como fundamento la generación de inteligencia estratégica.
El establecimiento de un Sistema Nacional de Inteligencia funcional es un
componente central del proceso de consolidación de la política de Seguridad
Nacional del Estado mexicano. Su adecuado desarrollo demanda la definición
de una Doctrina Nacional de Inteligencia y el establecimiento de Unidades
de Información e Inteligencia dentro de las distintas dependencias que forman
parte de la Administración Pública Federal. Estrategia 1.2.1. Establecer el Sistema
Nacional de Inteligencia por medio del desarrollo de mecanismos que permitan
su integración y operación como parte del Sistema de Seguridad Nacional
Fue un inicio que, como tal, tiene puntos rescatables y otros a mejorar. Rescato
el propósito de instituir un órgano permanente de profesionalización de las
funciones de inteligencia civil. Creo que las limitaciones que tuvo fueron
restringirse un poco a cuestiones remediales que quizás podrían subsanarse
150
con procesos de reclutamiento mejor afinados y focalizados, para permitir que
la Escuela de Inteligencia se concentre en proporcionar programas de formación
especializada más específicos, integrados y de más impacto en la función
sustantiva de la institución.
Por su parte, un ex directivo del ESISEN, puntualiza que: (Informante Clave 3, 2015)
La escuela no es una academia típica en el sentido de estar abierta al público.
Es básicamente la instancia educativa para preparar, profesionalizar y actualizar
a los cuadros del Centro. El tipo de preparación que requiere dicho personal
no se puede conseguir en cualquier lugar y esto fue lo que, precisamente, obligó
al Centro a organizar sus propios cursos.
A lo largo del año se ofrecen diversos cursos de diferente duración, tanto en
el campo operativo como en el teórico. Tratándose de esta segunda vertiente,
se diseñan e imparten cursos sobre Inteligencia, Análisis, Pensamiento Crítico
y Seguridad Nacional, entre otros.
Adicionalmente, algunos cursos que organiza la Escuela son en respuesta a
solicitud expresa de alguna Secretaría que integra el Consejo de Seguridad
Nacional, por lo que de vez en cuando hay cursos a los que asiste personal de
esas dependencias.
Lo último que estaba en puerta era la propuesta de una Maestría del corte
del Colegio de la Defensa Nacional de la Secretaría de la Defensa Nacional y
del Centro de Estudios Superiores Navales de la Secretaría de Marina, donde
los estudiantes serían de nivel ejecutivo, invitados por el Centro y propuestos
por sus respectivas dependencias.
También, un agente con aquilata experiencia como analista, advierte que: (Informante
Clave 2, 2015)
La Escuela de Inteligencia del CISEN sigue con un enfoque interno.
Es decir, más allá de su plasmación normativa, el CISEN, concebido como órgano respon-
sable de dotar al Presidente de la República de inteligencia estratégica para el proceso de
toma de decisiones, presenta tanto debilidades como fortalezas, que es conveniente analizar.
3.1- Debilidades
Tal como se pone de relieve en párrafos anteriores, la primera debilidad reside en la ausen-
cia de un SNI bajo la dirección del CISEN; antes bien, como lo reconocen ex funcionarios
y los documentos oficiales del actual titular del Poder Ejecutivo Federal, el escenario de
151
inteligencia estratégica en México se caracteriza por la falta de articulación de sus compo-
nentes, que lo acerca más a la dispersión.
Incluso, los primeros pasos para la creación de centros de fusión de inteligencia en el país,
como parte de la estrategia de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa para enfrentar el crimen
organizado, se realizan con el apoyo de agencias de Estados Unidos, tal como lo reconoce
el entonces Director General del CISEN, Guillermo Valdés Castellanos (Barrios, 2015).
A lo que se suma un déficit de cultura de inteligencia que, en palabras de Jorge Enrique
Tello Peón, se traduce en “embrionaria”: (CISEN, 2009: 42)
Si, por un lado, el CISEN -a lo largo de su corta historia- logra atraer a jóvenes universita-
rios; por otro, no se muestra capaz de retener al personal más valioso, puesto que la fuga de
talentos es una constante, ya sea por renuncia del personal o por la separación lisa y llana
(bajo la figura jurídica de pérdida de confianza) por decisión del Director General en turno
(Informantes Clave 1, 2 y 3, 2015)
Otro asunto crítico descansa en la crisis de liderazgo, al no reunir sus titulares la formación,
los conocimientos ni el perfil idóneo para el desempeño de su encargo. Se trata de una preo-
cupación que no escapa a su primer Director General, Jorge Carrillo Olea: (CISEN, 2009: 35)
152
personalidad, y con ello el reconocimiento de su valor y de su contribución
para los mejores intereses de México.
Para Jorge Torres (2009: 21), resulta claro que:
La decadencia que experimenta el Cisen desde 2000 se puede explicar sólo a
partir de la debilidad política y el desconocimiento de los asuntos de inteligencia
de los hombres que encabezaron las áreas de poder con influencia en el Centro.
Es decir, los secretarios de Gobernación y los directores del organismo.
Paradójicamente, con el arribo del primer gobierno de alternancia en el año 2000, se hace
tabla rasa de aquellos aspectos positivos del CISEN, tal como el activo invaluable de agentes
con aquilatada experiencia; lo que, siguiendo a Jorge Torres (2009: 13 y 24, respectivamente),
se explica por la designación de Eduardo Mediana-Mora Icaza como su Director General:
Medina-Mora desmanteló el sistema de inteligencia construido con 11 años antes y, pa-
radójicamente, lo convirtió en un simple aparato de espionaje político sin sustancia. El
legado del funcionario fue un organismo a la deriva moral, envuelto en pleitos burocráticos
y fiascos operativos.
Figura controvertida, además de Director General del CISEN (2000-2005), funge como
153
Secretario de Seguridad Pública Federal (2005-2006) y Procurador General de la República
(2006-2009), durante el sexenio encabezado por Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (2006-
2012); para posteriormente desempeñarse como embajador de México ante el Reino Unido
de la Gran Bretaña y Estados Unidos. Acaba de ser designado como Ministro de la Supre-
ma Corte de Justicia de la Nación por un periodo de 15 años, no obstante el rechazo de
reconocidas personalidades y el petitorio de más de 50.000 firmas entregado al Presidente
Enrique Peña Nieto (2012-2018), quien propuso su candidatura ante el Senado.
Su sucesor, Guillermo Valdés Castellanos (2007-2011), no se queda atrás, al contribuir a ge-
nerar un clima laboral enrarecido en el CISEN, dado que durante su gestión: (Barrios, 2015)
3.2- Fortalezas
No obstante estos retrocesos que dan al traste con la carrera administrativa y la profesiona-
lización de la función pública, el CISEN puede jactarse de haber consolidado un conjunto
fortalezas a lo largo de su corta existencia.
Así, varios ex Directores Generales, destacan los principios de identidad y espíritu de cuer-
po entre sus integrantes; se trata de un intangible que, para Alejando Alegre Rabiela se
traduce en sentido de pertenencia: (CISEN, 2009: 55)
<...> Quienes hemos pasado por el Centro no podemos dejar de sentirnos
154
pertenecientes a la institución y a la comunidad de inteligencia; este sentido
de pertenencia no lo veo en otras instituciones. Es un gran compromiso
con el país. Quienes pertenecen a esta comunidad saben perfectamente
que su quehacer diario contribuye a que este país pueda desarrollarse mejor,
a que se mantenga la estabilidad, y a que podamos ver hacia el futuro.
Eso nos hace distintos.
Jorge Enrique Tello Peón, por su parte, coincide al afirmar que desde su génesis: (CI-
SEN, 2009: 38)
155
consolidación, sobre todo considerando que el área de capacitación existe
desde hace tiempo con una excelente biblioteca y suficientes recursos humanos.
Este proceso no ha sido sencillo puesto que se han tenido que gestionar las
inercias burocráticas con la generación y el mantenimiento del claustro de
profesores. Además de los cambios propios en las administraciones. En resumen,
es un buen proyecto que necesita seguir madurando, pero que va muy bien.
Tal vez, en el futuro, convenga estrechar relaciones con instituciones de educación superior
y profesores universitarios a cargo de investigaciones sobre temas de seguridad nacional e
inteligencia para evitar el “incesto académico” que suele caracterizar a instituciones de esa
naturaleza. La experiencia del CISEN con el Instituto Nacional de Administración Pública
(INAP) de fines de la década de los noventa del siglo XX y principios de la actual puede
ser aleccionadora; basta recordar la publicación de la Revista de Administración Pública
(RAP) número 101 del año 2000, titulada “Inteligencia en el nuevo siglo” como cristaliza-
ción de dicha relación.
Sin embargo, para un ex alto funcionario del CISEN esto sólo queda en el plano de lo dis-
cursivo y la retórica oficial, es decir, en la simulación o ficción. Precisamente, el principal
motivo de su renuncia, a principios de 2012, descansa en lo que denomina “la ausencia de
judicialización” de los expedientes del CISEN. Y es que, desde su posición privilegiada, lo-
gra acceso a información sensible con indicios de vínculos de gran número de presidentes
municipales y gobernadores con el narcotráfico que, por decisión del entonces Presidente
Calderón, no llega a los órganos de persecución del delito y, por ende, alimenta la impuni-
dad de la clase política mexicana (Informante Clave 4, 2012).
Esto explica la conclusión a la que arriba Dror, a saber: (1994:30)
Hasta donde me permite juzgar una vida dedicada al estudio de la práctica
156
decisoria de alto nivel, histórica y comparativamente, tanto desde fuera como
desde dentro, no ha habido progreso alguno en la esencia del procedimiento
de decisión crítica, más allá de las variaciones debidas a las cualidades personales
de unos pocos individuos de excepción
Para Jorge Enrique Tello Peón, se debería también: (CISEN, 2009: 47)
Por su parte, Alejando Alegre Rabiela, hace hincapié en la necesaria vinculación o nexo con
el tomador de decisión: (Ibidem: 52)
De donde resulta clave cultivar una estrecha relación entre el Director General del
CISEN y el Presidente de la República, en aras de generar confianza y recibir retroa-
limentación del usuario.
Finalmente, conviene insistir en la necesidad de contar con una comunidad de inteligencia
157
cuyos componentes se caractericen por el profesionalismo y la probidad en sus actuacio-
nes y que respondan a los objetivos e intereses nacionales, al margen de los vaivenes de la
política partidista.
#JCMJPHSBGÓB
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Aviso legal: todas las declaraciones de hecho, opinión, o el análisis expresado en este artículo
son las del autor y no representan las de su país o sus agencias.
160
Débil institucionalización y
problemas en el diseño de
políticas públicas: la inteligencia
y su impacto en la seguridad en
Guatemala
Pedro Trujillo Álvarez
RESUMEN
161
1. INTRODUCCIÓN
162
2. Estado e Inteligencia
El Estado nacional moderno se configura con una misión fundamental: edificar un espacio
de seguridad y justicia para sus ciudadanos. Por ello, el único encargado del uso legal de la
fuerza no es otro que el propio Estado, algo que también ocurre con la justicia y la defensa.
En otras áreas, el Estado cede a la iniciativa privada (concesión o privatización) los recur-
sos y las actividades que ésta gestiona mucho más eficientemente y que no genera otros
problemas que los contractuales entre las partes que son resueltos a través de la aplicación
de marcos normativos internos, compromisos internacionales adquiridos y un adecuado
sistema de arbitraje y de justicia.
Sin embargo, la evolución política y social en muchos países de nuestro entorno, introdujo
cambios significativos en estos compromisos o “pacto social”, especialmente en la segunda
mitad del pasado siglo XX. Los gobernantes de turno amparados en el ejercicio violento e
ilegal de la fuerza a través de brutales dictaduras, dejaron claro que la seguridad se imponía
a instancias del Estado y para proteger a éste (razón de Estado), mientras, la ciudadanía po-
dría continuar desarrollando otras labores que no incidieran, de cualquier forma, en aquella.
Mientras tanto, altas tasas de criminalidad y actuaciones gubernamentales con un descaro
imposible de sospechar hace una década, hacen de algunos territorios espacios donde reina
la impunidad y se impone el crimen organizado o la delincuencia más cruel y activa, algo
que podría haber disminuido o desaparecido si se hubiese prestado atención a ciertos con-
sejos ya antiguos: “… los hombres no ponen su afecto, por lo general, más que allá donde
hay fuerza” (Tocqueville, 2005:111).
Podemos entender “…el Estado como un concepto central de la ciencia política que desig-
na la forma de organización política por antonomasia, nacida en Europa en el siglo XVI y
que ha sido adoptada posteriormente de manera universal” (Molina y Delgado, 1998:48).
Teorizado por Maquiavelo, surge de la mano del concepto de soberanía y se establece como
el constructo político-institucional, como la herramienta y el canal a través de los cuales
se expresa la misma.
Max Weber propone una definición del Estado que apunta a poner en relación una es-
tructura de poder legítima (la organización), una distribución del poder (el monopolio de
la fuerza física), un conjunto de funciones (coerción), un campo de acción específico (el
territorio) y una manera particular de construir este campo (el monopolio de la violencia).
De esta manera, el autor (Weber, 1968) explicita lo siguiente:
163
combinado los medios materiales de organización en las manos de sus líderes,
y se ha expropiado toda la autonomía de los funcionarios de Estados quienes
formalmente controlaban esos medios en sus propios derechos. El Estado ha
tomado sus posiciones y ahora se mantiene en el sitio más alto.
Bajo todas estas relaciones, el poder del Estado puede subdividirse en fuerza pública y au-
toridad pública (Thomas Fleiner-Gerster, 1988). La primera, nos lleva a utilizar los medios
de coerción física: el Estado tiene el monopolio de la fuerza. La segunda, reposa sobre la
confianza que los órganos del Estado inspiran a los ciudadanos.
El uso de la fuerza por parte del Estado históricamente ha estado en entredicho. Ciertos
gobiernos la han empleado de manera equivocada, concepto que entiende el propósito del
uso de la fuerza para violentar los derechos de los ciudadanos del país o ponerlo al servicio
exclusivo y preeminente de grupos de interés o de presión. Es por ello que muchos autores
se han acercado al estudio del problema rechazando de plano esta forma de intervencionis-
mo, alejada opuestamente del concepto que pretendemos expresar como visión ética y que
se corresponde más con la afirmación de Robert Higg (2004:101):
Cuando yo era joven y más ignorante de lo que soy ahora, creía que el gobierno
(entendido convencionalmente como el monopolio del legítimo uso de la fuerza
coercitiva en un determinado territorio) realiza una función esencial, la de
proteger a los individuos de las agresiones de otros, ya sean estos compatriotas
o extranjeros y que esta función no puede ser ejercida por ninguna otra
institución de manera exitosa.
Más adelante, el mismo autor aporta datos precisos de la crítica a ese modelo de corte inter-
vencionista: “Según las estadísticas recopiladas por R. J. Rummel, los gobiernos probable-
mente fueron causantes de la muerte de cerca de 170 millones de sus ciudadanos entre 1900
y 1987174, y el número de muertes continuó aumentando durante los últimos quince años”.
Estos contrapuntos han hecho que actualmente hablar del poder coercitivo del Estado sea
un tema poco actual e incluso tratable. En todo caso, alcanzar ese nivel necesario y sufi-
ciente de “tranquilidad” es un desafío y un reto que deben asumir las distintas administra-
ciones. A través de la activación de los mecanismos necesarios las instituciones pertinentes
deben de conformar la necesaria cobertura que permita realizar otro tipo de actividades
productivas. Los ministerios de relaciones exteriores, defensa e interior o gobernación,
junto con los servicios de inteligencia del Estado, constituyen los pilares sobre los que se
debe de conformar la estructura que permita generar la percepción que se describe. Los
tratados internacionales, los de seguridad y defensa, las medidas de confianza interinsti-
164
tucionales, los tratados de extradición y otros marcos similares, conforman ese abanico de
posibilidades con las que cuenta un gobierno para generar el clima deseado.
3. Institución e Institucionalidad
165
rece oportuno separar el espacio metafísico del puramente estructural, en orden a poder
realizar diferencias que nos permitan comprender mucho mejor la temática que se plantea.
North lo resume de la siguiente forma:
Las instituciones son concepciones humanamente limitadas que estructuran la interacción
política, económica y social. Están conformadas de limitaciones informales (sanciones,
tabúes, costumbres, tradiciones y códigos de conducta), y de reglas formales (constitu-
ciones, leyes y derechos de propiedad). A lo largo de la historia, las instituciones han sido
concebidas por los seres humanos para crear orden y reducir la incertidumbre que produce
el cambio. (North, 1991:97).
Si las instituciones son artificios humanos que limitan la estructura política, económica y la
propia interacción social, está claro que las instituciones han sido creadas para reducir la in-
certidumbre de la acción humana, para facilitar la toma de decisiones. Hecha esta salvedad,
estamos en condiciones de poder hablar separadamente de organización, como el conjunto
de actuaciones que establecen las bases para poder generar la institución. Es por ello que,
esta última, tiene una estabilidad y trascendencia en el tiempo y afecta el comportamiento
individual, en tanto en cuanto genera una forma de actuar y valores que se convierten en
práctica habitual entre los que conforman la organización y promueven institucionalidad.
De las características antes indicadas, algunas parecieran ser más representativas. Así, para
March y Olsen las normas son fundamentales porque determinan la naturaleza de las insti-
tuciones. También los mismos autores (1989: 161) señalan que los comportamientos serán
“intencionales pero no voluntarios” cuando los individuos se encuentren motivados por
los valores de sus instituciones. Esta relevancia en los valores, producto de las normas y
prácticas de la organización generan una institucionalidad propia que refleja notablemente
la institución. Es posible que se aprecien estos aspectos de forma más pronunciada tanto
en las fuerzas armadas como en otras de seguridad del Estado, si bien no es característica
privativa de ninguna de ellas.
Sin ánimo de ser deterministas ni darles un valor absoluto, es necesario comprender y es-
tablecer el marco de referencia social del país que se quiera evaluar de forma que: “Algunas
normas comunes -reciprocidad, honestidad, cooperación- que son importantes para los ac-
tores públicos se aprenden como parte del proceso general de socialización” (Guy, 2003:55).
Por consiguiente, sociedades con valores determinados, muchas de ellas producto de pro-
cesos de cambio, transformación o transición de regímenes autoritarios a democracias o de
procesos de postconflicto, impregnarán sus organizaciones de normas y valores producto
de esa pseudocultura instalada en las personas durante los años precedentes. Muchos de
estos valores (anti valores), por supuesto que serían antagónicos a aquellos que pudieran
generar una mejor institucionalidad. En todo caso, la cultura es una variable importante,
pero no absoluta.
166
4. El caso guatemalteco