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La Doble Revolución: Impacto Global

La Doble Revolución entre 1789 y 1848 transformó la historia de la humanidad al producirse simultáneamente la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. La Revolución Industrial transformó la economía mundial al pasar de la agricultura y la artesanía a la producción industrial basada en máquinas. La Revolución Francesa eliminó los regímenes monárquicos absolutos en Europa e implementó formas de gobierno democráticas y la soberanía popular. Juntas, estas revoluciones extendieron los modelos económicos,
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La Doble Revolución: Impacto Global

La Doble Revolución entre 1789 y 1848 transformó la historia de la humanidad al producirse simultáneamente la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. La Revolución Industrial transformó la economía mundial al pasar de la agricultura y la artesanía a la producción industrial basada en máquinas. La Revolución Francesa eliminó los regímenes monárquicos absolutos en Europa e implementó formas de gobierno democráticas y la soberanía popular. Juntas, estas revoluciones extendieron los modelos económicos,
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Problemática Social Contemporánea

Prof. Florencia Gallardo

LA DOBLE REVOLUCIÓN

Entre 1789 y 1848 se produce la mayor transformación en la historia de la Humanidad desde la invención de
la agricultura, la aparición de la escritura y el surgimiento de las ciudades y los Estados. Esta transformación
se inicia a partir de dos procesos históricos que ocurren en forma simultánea en el noroeste europeo:
la Revolución Industrial y la Revolución Francesa.

Gracias al impulso de la nueva economía industrial inglesa, y a la rápida difusión de las ideas liberales y las
nuevas formas políticas originadas durante la Revolución Francesa, el escenario de las transformaciones
lentamente se va extendiendo hasta abarcar, directa o indirectamente, al mundo entero. De esta manera, se
inicia una nueva etapa en el proceso de expansión europea, que había comenzado a finales del siglo XV con la
Conquista de América. A lo largo del siglo XIX, los modelos económicos, políticos, sociales y culturales
europeos irán configurando las características fundamentales de la Edad Contemporánea.

Para comprender las trasformaciones políticas, económicas y sociales que la Revolución Industrial y la
Revolución Francesa provocaron a nivel global, el historiador británico Eric Hobsbawm acuñó el concepto
de Doble Revolución. Según este autor, si bien dichos procesos históricos se desarrollaron en forma
autónoma, el impacto universal de ambos no puede ser comprendido si no se los piensa como fenómenos que
influyeron de manera simultánea en el resto del planeta.

El término “Revolución” es utilizado muy frecuentemente para referirse a un proceso de cambios profundos
en determinadas sociedades históricas, aunque no siempre posee el mismo significado. Hay un uso amplio del
término, en el cual ese proceso ocurre sin especificar su duración en el tiempo, ni tampoco el grado de
conciencia que los hombres de ese momento poseen acerca de los cambios que están viviendo. Es decir,
podría tratarse de una revolución que se prolongue por meses, años, décadas o hasta incluso siglos; y los
actores podrían, o no, ser conscientes de ello.

Y también hay otro uso más estricto del concepto de “Revolución”, que es el que hace referencia a una forma
concreta de acción política que postula un cambio radical y casi siempre violento, que luego proyecta sus
consecuencias sobre lo económico, lo cultural y lo social. En estas “Revoluciones”, los actores
históricos participan en forma más consciente de los acontecimientos, generalmente a partir de una mirada
crítica sobre el presente y una proyección de los cambios que pretenden para el futuro cercano.

El concepto de Doble Revolución combina ambos significados.

La Revolución Industrial

Iniciada a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña, la Revolución Industrial se difundió por Europa y EEUU a lo
largo del siglo XIX y principios del XX, transformando profundamente la economía y los sistemas sociales de
todos los países en los que se desarrolló, y también los de aquellos en los que, sin haberse implantado allí,
sufrieron las consecuencias de la aparición de distintas potencia industriales en el mercado mundial.

Con el término Revolución Industrial designamos el paso de una economía dominada por la agricultura de tipo
feudal y la artesanía a otra economía basada en las máquinas, la tecnología, la gran industria, el desarrollo de
los transportes y la implantación de la producción capitalista y el consumo en masa. La aparición y la expansión
de la aplicación de máquinas movidas por nuevas fuentes de energía dieron comienzo a la era industrial. Las
máquinas multiplicaron la eficacia y la productividad del trabajo humano y, utilizadas en el transporte,
redujeron las distancias y ampliaron las fronteras del mundo conocido.

También se incrementó la productividad en la agricultura, obteniéndose más alimentos y materias primas con
menos mano de obra; de la vieja forma de explotación de la tierra a través de la relación entre señores feudales
y siervos, se pasó a una agricultura dominada por propietarios terratenientes de tipo capitalista, que utilizaban
en sus campos mano de obra asalariada y aplicaban los nuevos desarrollos tecnológicos y las nuevas técnicas
de cultivo. De esta manera se logró alimentar a la población de las ciudades en crecimiento. Hacia
ellas migraban los campesinos expulsados de sus tierras por el avance de la propiedad capitalista, para
convertirse en obreros asalariados de las nuevas industrias.

La primera fase de la Revolución Industrial fue protagonizada por la industria textil del algodón, por la máquina
de vapor aplicada a los procesos de hilado y de tejido, y por el carbón como principal combustible. Luego, los
transportes marítimos y terrestres de pasajeros y mercaderías también mejoraron, especialmente a partir de
la aplicación de la máquina de vapor en trenes y barcos. Gracias a este impulso productivo, Gran Bretaña logró
convertirse en el “Taller del Mundo”, siendo el principal exportador de productos industriales.

En muchos períodos de la historia hubo personas que invirtieron su capital con el fin de lograr ganancias, pero
se dedicaban a las ventas o a los préstamos de dinero. Mientras tanto, la producción estaba en manos de
campesinos o artesanos que trabajaban con herramientas sencillas. La Revolución Industrial requirió fábricas
con máquinas complejas, instalaciones grandes y costosas y gran cantidad de materias primas que no podían
comprar los trabajadores sino aquellos que contaban con mucho dinero. Un sector de la sociedad, los
capitalistas –o burguesía–, comenzó a invertir en la industria y, de ese modo, transformó totalmente la
economía y la sociedad. Los capitalistas se convirtieron en los dueños de las tierras, las fábricas y los medios
de producción, mientras que los obreros –trabajadores manuales sin acceso a los medios de producción– se
vieron obligados a trabajar por un salario. Esta forma de producir en una sociedad es lo que llamamos sistema
capitalista.

Aunque la industrialización permitió fabricar una cantidad hasta entonces impensable de bienes de consumo y
mejoró el nivel de vida de muchos seres humanos, no lo hizo de igual manera para todas las clases sociales, ni
para todos los países.

La Revolución Francesa

Hacia 1700, la gran mayoría de los Estados europeos estaba gobernada por monarcas absolutos que
tenían amplias facultades para hacerse obedecer por sus súbditos, y que afirmaban que el origen de su poder
era divino. Los pueblos no los elegían. Esos reyes gobernaban durante toda su vida y, a su muerte,
eran sucedidos por alguno de sus hijos, vinculados a través del matrimonio con otros herederos de
monarquías europeas.

Estas monarquías fueron tomando forma durante los siglos XVI y XVII, etapa durante la cual la mayoría de los
reyes europeos lograron concentrar en sus manos todo el poder político. Para sostener y consolidar
esa centralización del poder, los monarcas organizaron burocracias integradas por funcionarios que
administraban su reino. También crearon un nuevo sistema de impuestos, del cual obtenían los recursos
económicos necesarios para reclutar ejércitos de mercenarios destinados a reprimir los levantamientos
internos y para luchar en guerras externas. El ejemplo más exitoso del absolutismo fue el de la monarquía
francesa, en especial, durante los reinados de Luis XIII de Barbón (1610-1643) y de su hijo Luis XIV (1643-1715).

Pese a que en la teoría del origen divino del poder real todos los súbditos del reino estaban subordinados a la
autoridad absoluta del rey, existían entre ellos importantes diferencias de estatus jurídico y
condición económica. A este tipo de estructura social se la conoce como Antiguo Régimen. La nobleza y el alto
clero eran las clases privilegiadas. Si bien los nobles habían debido someterse al poder del rey, continuaban
conservando una amplia gama de privilegios, como tribunales especiales, y exención en el pago de impuestos.
Este último privilegio también les correspondía a los sectores del alto clero. Por debajo de ellos se encontraba
la burguesía, integrada por comerciantes, financistas y profesionales. Durante los siglos XVI y XVII, los
burgueses ampliaron sus riquezas y actividades. Muchos compraron títulos nobiliarios para coronar su ascenso
económico, lo cual generaba recelos y tensiones con la nobleza más tradicional. Los campesinos y campesinas,
que conformaban la mayor parte de la población de la casi totalidad de los reinos europeos, fueron los sectores
más perjudicados por la consolidación del absolutismo, porque a los impuestos que debían pagar a los nobles
se sumaron los nuevos impuestos reales.

Pero desde fines del siglo XVIII, Europa occidental y América del Norte se vieron sacudidas por una sucesión de
revoluciones políticas que se extendieron hasta 1848, y que, al grito de libertad, igualdad y soberanía del
pueblo, modificaron las formas de entender la relación entre los gobernantes y los gobernados en todo
el planeta, llevando así a la práctica el principio liberal de división de poderes (en ejecutivo, legislativo y
judicial) e implementando la redacción de diferentes constituciones (que regulaban y limitaban a la vez el
accionar de esos gobernantes).

La Revolución Francesa (1789-1815) se extendió luego en olas de revoluciones liberales (1820, 1830 y
1848) encabezadas por las burguesías de distintos países europeos con el objetivo de implementar regímenes
que le permitieran consolidar su poder económico a través del acceso y el control del poder político, hasta
entonces negado por la estructura de las monarquías absolutistas. Estas “olas” revolucionarias
fueron liquidando al Antiguo Régimen en los distintos países europeos, al instalar diferentes formas de
gobierno basadas en la democracia y la soberanía popular, que abarcaban desde regímenes republicanos hasta
monarquías constitucionales.

El mundo hacia 1850

Tras la Doble Revolución, el mundo había cambiado profundamente. Aunque a mediados de siglo XIX
había países en donde perduraban regímenes autocráticos (Rusia, por ejemplo), y en otros aún existían reyes
y nobles, ya no tenían tanto poder como antes. Las monarquías, allí donde no fueron reemplazadas por
sistemas republicanos, estaban limitadas por los distintos regímenes constitucionales adoptados en cada país.
Y la tierra, viejo símbolo de estatus y riqueza, lentamente se iba volcando a la producción capitalista. Si bien
la mayoría de las personas continuaba viviendo en el ámbito rural, era en las ciudades, en las fábricas y en el
capital donde se delineaba el futuro próximo.

Las nuevas clases sociales surgidas al calor de la Doble Revolución pasaron a ser las verdaderas protagonistas
del momento: la burguesía industrial se enriquecía cada vez más, acumulando fábricas, tierras y negocios, y
su crecimiento político era imposible de frenar; organizaba partidos políticos, influía cada vez más sobre los
gobiernos y participaba activamente en los parlamentos. Por otro lado, el proletariado, que crecía en número
de la mano de la expansión industrial, empezaba a desarrollar sus propias formas de organización sindical y
de acción política, y comenzaba a luchar por sus reivindicaciones. En la relación entre ambas clases sociales se
irá tejiendo el devenir del mundo contemporáneo.

Fuente: Docentes de Ciencias Sociales

ACTIVIDADES

1. Redactar una definición de “Doble Revolución” que articule la información que surge del texto: ¿qué es?
¿Dónde y cuándo ocurre? ¿Cuáles fueron sus consecuencias principales? ¿Por qué se la considera importante?

2. Resuelvan de forma individual respondiendo para cada caso si las afirmaciones son "Verdaderas" o "Falsas".
Justifiquen en cada caso (si considerás que es verdadera, agregá información que refuerce la idea; si considerás
que es falsa, explicá por qué)

1. La Doble Revolución fue un proceso de cambios, pero no tan importante a escala mundial como la aparición
de la escritura. ¿Verdadero o Falso? Justificá la respuesta.

2. La idea de revolución siempre remite a cambios violentos impulsados en forma consciente por quienes la
protagonizaron. ¿Verdadero o Falso? Justificá la respuesta.
3. La Revolución Industrial trajo como novedad el desarrollo de las fábricas y el uso de máquinas, pero dejó
intacta la producción agrícola de tipo feudal. ¿Verdadero o Falso? Justificá la respuesta.

4. Los nuevos obreros industriales tuvieron su origen en antiguos nobles que perdieron sus tierras a manos de
la nueva burguesía industrial. ¿Verdadero o Falso? Justificá la respuesta.

5. La Revolución Industrial convirtió a Gran Bretaña en el “Taller del Mundo”. ¿Verdadero o Falso? Justificá tu
respuesta

6. El Antiguo Régimen define el tipo de sociedad existente en Europa antes del inicio de la Revolución Francesa.
¿Verdadero o falso? Justificá tu respuesta

7. Las monarquías absolutistas no respetaban el principio de soberanía popular y de división de poderes.


¿Verdadero o falso? Justificá tu respuesta

8. Luego de las “olas revolucionarias” de 1820, 1830 y 1848 se reemplazó en toda Europa el sistema de Antiguo
Régimen por el de repúblicas democráticas basadas en ideas liberales. ¿Verdadero o falso? Justificá tu
respuesta

9. La clase social que protagonizó la Doble Revolución fue la burguesía y el proletariado tuvo un rol poco
significativo en el desarrollo de la Edad Contemporánea. ¿Verdadero o falso? Justificá tu respuesta

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