El Piano
El Piano
Se dice que el piano es el rey de los instrumentos musicales, debido a que es sumamente
completo, permitiendo expresar todo tipo de música.
En total hay 224 cuerdas que se encuentran en el abanico. Son de acero y se percuten con
macillos forrados de fieltro.
Para poder afinarlas se modifica la tensión a la que están sometidas, soportando hasta 75kg.
Este proceso se lleva a cabo girando unas clavijas que están ancladas a ellas en uno de sus
extremos y que se encuentran dispuestas en el clavijero.
Existen diferentes tipos de piano, los más comunes son: Piano Vertical, Piano de Cola y Piano
Electrónicos.
Piano Vertical
Lo que caracteriza a este piano es que su caja de resonancia, las cuerdas y los macillos se
encuentran, como su nombre indica, en vertical.
Al encontrarse en vertical, la parte trasera del piano deja salir el sonido sin poner ninguna
barrera.
El piano vertical también se conoce como Piano de pared puesto que normalmente la parte de
atrás se encuentra pegada a una pared.
Piano de Cola
Al contrario que en el piano vertical, en el piano de cola la caja de resonancia y las cuerdas se
encuentran en horizontal, es decir, paralelas al suelo.
En el piano vertical no hay barreras para que el sonido salga del piano, pero en el piano de cola
sí que las hay. Las cuerdas y la caja de resonancia se encuentran cubiertas por una tapa que
puede levantarse, de manera que los sonidos salgan sin ningún tipo de contención
CAPÍTULO 1
Por fin te has decidido a aprender piano y estás a punto de embarcarte en un viaje
increíblemente enriquecedor. Además, no viajarás por tu cuenta, sino que te acompañará un
instrumento del que aprenderás todo. Este compañero de andaduras con teclas será una
presencia reconfortante en casa y se convertirá en una fuente diaria de satisfacción. Por eso,
es muy importante escoger el instrumento adecuado.
Teclados digitales - Esta es la opción más barata, práctica y versátil. Su sonido no será tan
bueno como el de los pianos acústicos pero cumplen su función como primer instrumento.
Pianos digitales - Estos son algo más grandes y caros, pero siguen siendo igual de versátiles y,
además, reproducen bien el sonido y la sensación de tocar un piano acústico. Una gran
alternativa si vas bien de presupuesto o espacio en casa.
Pianos acústicos - Esta es la mejor opción si buscas la mejor experiencia y sonido posibles, pero
su tamaño es el más voluminoso con diferencia y pueden resultar extremadamente caros.
Teclados digitales
Comprar un teclado digital es la opción más modesta. Este consiste simplemente en una
carcasa que alberga las teclas y los controles, lo que lo hace portátil y, además, suele ser la
opción más barata. También se le llama teclado "electrónico" o "eléctrico" porque el sonido es
sintetizado o grabado. El sonido sale de un altavoz incorporado con volumen ajustable (o de
una entrada de auriculares, si es que no quieres molestar a nadie).
Un teclado siempre será la opción más compacta, ya que son fáciles de transportar y
normalmente suelen ser más baratos.
Los teclados digitales no necesitan mantenimiento y casi siempre disponen de una serie de
sonidos de otros instrumentos: varias clases de pianos, órganos o aquellos sin teclas, como el
violín o el violonchelo. La calidad del sonido de los teclados más baratos y antiguos no es muy
buena, pero los modelos más modernos cuentan con un sonido bastante aceptable.
Una desventaja de los teclados digitales es que la experiencia de tocar puede variar de
excelente a no tan buena en función de dos factores clave: el número de teclas y el tipo de
mecanismo de las mismas.
Número de teclas
Un teclado con el tamaño de un piano corriente tiene 88 teclas, que abarcan siete octavas y
tres notas adicionales. Si buscas la experiencia que más se ajuste a la de un piano acústico,
opta por esto. Si no dispones de mucho espacio, puedes optar por un teclado de 76 teclas, que
abarca seis octavas más tres notas extra. Esto te servirá para empezar, pero verás que te
quedas sin teclas por el lado izquierdo en algunas piezas clásicas como el Para Elisa de
Beethoven, o por el lado derecho en gran parte de las obras Chopin (le encantaban las notas
agudas), así como de muchos otros compositores del siglo XX como Debussy, Ravel, Prokofiev y
Bartok.
Si te decides por un teclado con menos de 76 teclas, te toparás con frecuencia con los
extremos derecho e izquierdo. Evidentemente, si simplemente no dispones del suficiente
espacio y tienes que elegir entre 61 teclas o nada, pues 61 teclas o nada, pues te tocará optar
por las 61 teclas. Cinco octavas te limitarán, pero eso es todo lo que tenían en el 1700 cuando
Mozart componía música. Y si Mozart se las apañaba con eso...
Sin contrapeso: También conocidas como teclas blandas, están hechas normalmente de
plástico, tratando de emular el tacto de un piano real mediante muelles. Esta es la opción más
barata.
Soporte para teclado: A diferencia de un piano acústico o digital, los teclados no suelen venir
con un soporte para que esté a la altura del que lo toca. No te conformes con ponerlo sobre
una mesa; hazle un favor a tu espalda y utiliza un soporte de teclado para asegurarte de que
esté a la altura correcta. Los soportes más robustos y estables evitarán que el teclado se
balancee hacia delante y hacia atrás las veces que lo toques con mayor entusiasmo. Para saber
más sobre cómo ajustar la altura del teclado, consulta el Capítulo 3 - Técnica de piano correcta.
Esto es todo lo que necesitas saber por ahora. Aún así, si deseas conocer más detalladamente
la función de los pedales y cómo se usan, ve al Capítulo 9 - Pedales del piano.
Pianos digitales
Los pianos digitales ofrecen la comodidad y la versatilidad de un teclado y recrean muy bien la
experiencia de tocar un piano acústico, sobre todo porque su tecnología es mejor. El
mecanismo de sus teclas suele ser de martillo (consulta la guía de más arriba sobre el
mecanismo de las teclas) y están hechas de madera o de un material similar. Esto proporciona
la sensación de estar tocando un instrumento robusto, mientras que los pianos digitales no
requieren ser afinados, además de no necesitar el mismo mantenimiento que un piano
acústico.
Al igual que un teclado digital, su sonido es sintético o a partir de grabaciones y, al igual que un
teclado digital, ofrece una variada gama de sonidos tanto de piano como de otros
instrumentos. A diferencia de muchos teclados digitales, cuentan con todas las 88 teclas de un
piano moderno, por lo que no limitará tu experiencia al tocar (ver «Número de teclas» más
arriba).
Sin embargo, cuentan con una desventaja, y es que no son fáciles de transportar, si bien es
verdad que existen pianos digitales de diferentes tamaños y que son más pequeños que sus
homólogos acústicos. Por lo tanto, si optas por uno de ellos, es posible que tengas que probar
cuál es el mejor sitio para colocarlo en casa. En general, los pianos digitales son más caros que
los teclados, pero mucho más baratos que los pianos acústicos equivalentes.
El inconveniente de los pianos acústicos es que son la opción más cara con diferencia, y el
gasto no se limita solo a su compra. Transportar un piano es costoso y, además, necesitan de
un mantenimiento periódico para nada asequible. Sus piezas son sensibles a los pequeños
cambios de humedad o temperatura, por lo que los pianos acústicos necesitan ser afinados
periódicamente. Esto significa que también hay que considerar cuál es el mejor sitio para
colocar un piano acústico. No deben colocarse en una habitación húmeda o demasiado cerca
de un radiador, ya que sus partes pueden resecarse y deformarse con facilidad.
Los pianos de alta calidad conservan bien su valor, por lo que pueden considerarse una
inversión de futuro. La otra cara de la moneda es que hay que tener cuidado con los
instrumentos baratos de segunda mano, ya que una "ganga" suele presentar daños que suelen
ser caros de reparar. Siempre hay que pedir opinión a alguien experto en la materia antes de
comprar cualquier instrumento, pero esto es especialmente importante en el caso de los
pianos de segunda mano. Además, si te has decidido por un piano acústico pero no tienes la
total certeza de querer aprender a largo plazo, existe la posibilidad de alquilar un piano o una
sala de ensayo que lo incluya.
Aunque esta experiencia de tocar un piano acústico sea difícil de recrear con precisión en los
pianos digitales o en los sintetizadores, lo cierto es que la tecnología no deja de avanzar. Los
pianos digitales modernos son excelentes a la hora de simular todos los elementos físicos del
sonido, incluso el que produce la sordina al silenciar o liberar las cuerdas. Un buen
instrumento digital puede incluso sonar y tener mejor tacto que un piano acústico de gama
baja.
Pianos de cola
Este es el icónico piano de grandes proporciones, baja estatura y curvado que habrás visto en
conciertos o en vídeos de famosos pianistas clásicos. Las cuerdas se tensan horizontalmente,
dando a la caja su forma característica. De este modo, el martillo solo necesita la fuerza de la
gravedad para rebotar en la cuerda; rebote que se transmite de vuelta hacia los dedos a través
de la tecla proporcionando una sensación totalmente natural. El alto rango dinámico de los
pianos de cola proporciona un sonido pleno, ya sea a volúmenes bajos o altos, en una sala de
estar o en un gran auditorio.
Pianos verticales
Este es el piano alto y rectangular que nos viene a la mente cuando pensamos en un saloon del
salvaje oeste o en un concierto de blues en un bar. La calidad del sonido es similar a la de un
piano de cola, pero como las cuerdas se tensan verticalmente, el mecanismo del martillo
requiere de muelles, lo que reduce ligeramente el rango dinámico y la sensibilidad. Aunque
son algo menos imponentes, la menor superficie que necesitan y su parte trasera cuadrada los
hace más cómodos, ya que pueden colocarse contra una pared.
Pongamos como ejemplo la Sonata para piano n.º 14 de Beethoven, popularmente conocida
como Claro de luna. Cuando se toca bien, podemos apreciar las sutiles diferencias entre las
notas más potentes y las más delicadas a lo largo de la pieza. Los mejores intérpretes dominan
su rango dinámico de tal forma que incluso pueden variar la intensidad mientras tocan varias
notas al mismo tiempo.
Otros accesorios
Banco o taburete
Ignora a aquellos teclistas de tus bandas favoritas que suelen tocar de pie en los conciertos.
Para todo pianista que se tercie lo mejor es tocar sentado, y ajustar el banco o el taburete a
una altura correcta es esencial. Los taburetes más grandes y pesados suelen ofrecer mayor
comodidad durante más tiempo, pero son por lo general más caros. Asegúrate de comprar uno
cuya altura sea regulable para así poder conseguir una postura correcta cuando te sientes al
piano. Si quieres saber más sobre esto, consulta el Capítulo 3 - Técnica de piano correcta.
Metrónomo (opcional)
Un metrónomo proporciona un sonido audible (normalmente un clic o un pitido) que te ayuda
a mantenerte en el tempo (velocidad) establecido por ti. No es una herramienta indispensable,
pero puede ser útil al principio si detectas que aminoras o aceleras el ritmo sin querer
mientras tocas. Debes procurar no acostumbrarte a escuchar siempre la claqueta, ya que a la
larga te creará dependencia y serás incapaz de mantener el tempo sin ella. La mayoría de los
teclados y pianos digitales tienen un metrónomo incorporado, pero si optas por un piano
acústico y necesitas uno, existen muchas aplicaciones disponibles que puedes usar en tu
teléfono móvil; la mayoría de ellas gratuitas.
CAPÍTULO 2
Una vez que hayas decidido embarcarte en la aventura de aprender a tocar el piano y hayas
escogido el instrumento que te acompañará durante tu viaje (véase el Capítulo 1 - Cómo elegir
el piano o teclado adecuado), el siguiente paso será el de escoger la ruta. La mejor ruta
siempre se corresponderá con el método de aprendizaje de piano que mejor se adapte a ti.
Hay que mencionar que no existe un único método que funcione para todo el mundo por igual.
Todos somos diferentes y, quizás, lo que haya funcionado para la gente que conoces puede
resultar una frustración para ti.
Piensa en tu estilo de vida. Si tus horarios son imprevisibles, necesitarás un método que sea
flexible. Si, por el contrario, te cuesta ceñirte a aquellas actividades que no tienen horario fijo,
entonces te convendrá algo más estricto. Puede ser que no puedas desplazarte para asistir a
las clases, o que quieras aprender un estilo que los profesores de tu zona no ofrecen, como
podrían ser el blues o la música barroca. Si además cuentas con un presupuesto ajustado,
puede que tengas que descartar ir a clase todas las semanas, ya que su coste se irá
acumulando rápidamente.
Sea cual sea tu situación, las diversas opciones que existen se pueden clasificar en clases
tradicionales, videotutoriales y aplicaciones de aprendizaje. Elegir la adecuada implica varios
factores y puede ser una tarea complicada, pero estamos aquí para guiarte. Para simplificar las
cosas, vamos a desglosar las tres opciones en función de:
Precio - ¿Me lo puedo permitir? ¿Merece la pena el gasto?
Tiempo - ¿Tendré que desplazarme? ¿Cuánto tiempo necesito antes de poder empezar cada
clase?
En flowkey, hemos desarrollado una app para ayudar a cualquier persona a aprender a tocar el
piano con sus canciones favoritas. Estamos muy orgullosos del resultado y debemos reconocer
que nos inclinamos por la opción de las aplicaciones de aprendizaje. Dicho esto, esta guía ha
sido elaborada para ser lo más equilibrada y objetiva posible.
Precio. Un buen profesor de piano con experiencia puede ser caro, pongamos que de 30 a 50
dólares (lo que equivaldría a 25 o 45 euros) por cada clase, pero la experiencia puede merecer
hasta el último céntimo invertido.
Destrezas. Tener la posibilidad de formarte bien con la música que te gusta despertará tu
motivación, así que elige bien a tu profesor. ¿Conoce éste bien la música clásica, el jazz, el rock
o las canciones de tu artista favorito que te mueres por aprender? Si carece de experiencia en
los géneros que buscas, corres el riesgo de que te empuje hacia otros que no te gustan. Si los
conoce bien, el aprendizaje se convertirá en una experiencia gratificante. Y si lo que de verdad
buscas es convertirte en un concertista de música clásica, necesitarás sin duda a un profesor
que lo sea.
Flexibilidad. Los profesores suelen fijar un horario de clases para cada semana. Esto es
estupendo si estás ocupado y sabes que un horario fijo evitará que te saltes las clases. Por
desgracia, los mejores profesores suelen ser los más ocupados y hay que adaptarse a sus
horarios. Si llegas tarde o no puedes asistir a una clase, puede ser difícil cambiar la hora y
muchos cobran por las clases perdidas. Lo mismo ocurre si rebasas el tiempo de la clase, ya
que puede suponer que tengas pagar una clase extra.
Pero los mejores profesores combinan paciencia, enseñanzas claras y adaptan su estilo al
alumno, acompañándolo durante los ejercicios para darle el feedback más detallado posible y
ayudándolo a superar cualquier dificultad. Además, suelen establecer un plan con objetivos a
largo plazo para que desarrolles tus habilidades como pianista de la mejor manera posible.
Está bien que pidas recomendaciones para un profesor, pero ten en cuenta que el método que
le conviene a un amigo puede no funcionar contigo. La edad, el entusiasmo, el carácter y otros
innumerables factores definen la experiencia. La mejor manera de decidirse por una
metodología, y por un profesor, es probar unas cuantas clases con varios profesores distintos.
Tiempo. Ten en cuenta lo que tardarás (y el coste) en ir a las clases (y volver de ellas) para
asegurarte de que no pierdes ni un solo minuto del valioso tiempo lectivo. Algunos profesores
ofrecen servicio a domicilio, pero suelen cobrar un poco más. Ten en cuenta también los
retrasos que se producen desde que te pones en contacto con ellos hasta que organizas y
preparas las clases.
Videotutoriales de piano
YouTube ha hecho posible que todo el mundo pueda compartir tutoriales en internet sobre
prácticamente cualquier tema. Cada vez hay más lecciones en vídeo en la plataforma, pero la
calidad varía muchísimo. Las opciones más profesionales suelen ofrecer libros de ejercicios de
apoyo para guiarte a través de cursos más estructurados.
Precio. Hay un gran número de tutoriales gratuitos, mientras que otros son de pago y van
acompañados de material didáctico. Las opciones gratuitas abarcan desde profesores con
talento que suben vídeos de gran profesionalidad hasta aficionados que dan consejos más bien
dudosos. Normalmente, la opción más segura es recurrir a aquellos tutoriales de pago más
consolidados y con mayor número de seguidores.
Destrezas. La gran cantidad de videotutoriales que existen hace que sea fácil encontrar uno
para prácticamente todos los géneros o estilos que existen, ya sea para la música de Ed
Sheeran o la de Shostakóvich. Si has encontrado un profesor virtual de tu gusto, puede ser
difícil salirse de su área de especialización. Si encuentras a otro para cada técnica de piano
diferente, entonces prepárate también para un estilo de enseñanza diferente.
Flexibilidad. Los tutoriales no requieren más que un ordenador portátil, un teléfono inteligente
o una tableta, lo que significa que puedes elegir cuándo (y dónde) tomar las lecciones. Una vez
que hayas encontrado un profesor online que te guste, puedes darte un atracón de sus
tutoriales, siempre que estén disponibles todos a la vez. Si, en cambio, los tutoriales se suben a
la red poco a poco, debes tener en cuenta la periodicidad con la que esto ocurre. Los largos
intervalos entre clases pueden ser causa de desmotivación.
Los vídeos carecen de interacción y, si eres principiante, es difícil darse cuenta si estás
haciendo algo mal, por lo que es probable que se vayan cogiendo malos hábitos si no tienes a
nadie al lado para corregirte. Los estudios muestran que aprender sin recibir ningún feedback
suele ser más lento y menos efectivo. Además, sin el impulso motivacional que supone que
alguien te felicite por hacer bien un ejercicio, muchos alumnos de videotutoriales pierden
pronto el interés cuando las cosas se ponen difíciles.
Tiempo. Prepararse para una clase es tan fácil como encender el portátil, o desbloquear el
teléfono o la tableta y abrir un enlace. Pero antes de que te fijes en una serie de tutoriales en
concreto, debes llevar cuenta de la frecuencia con que éstos se suben a internet. Considera si
la espera merece la pena, sobre todo si eres de los que aprenden rápido y necesitas
constantemente nuevo material.
Existen varias opciones de apps para piano que combinan videotutoriales con tecnología que
proporciona feedback instantáneo y personalizado. Algunas de estas aplicaciones pecan de
“gamificación”, mientras que otras cuentan con un método más estructurado a través de
lecciones y tutoriales. De esta forma, los alumnos se mantienen motivados recibiendo
comentarios sobre su progreso, y por la posibilidad de aprender tocando sus canciones
favoritas.
Precio. Las aplicaciones pueden ser gratuitas o de pago, ofreciendo estas últimas la opción de
probarlas gratuitamente antes de pagar una suscripción, que normalmente oscila entre los 80
y 150 dólares (o 70 y 130 euros) al año. La suscripción da acceso al alumno a una variedad más
amplia de lecciones, estilos, canciones y funciones para que la práctica sea más amena y
motivadora.
Destrezas. Las apps, al igual que los videotutoriales, pueden enseñar un abanico de estilos y de
aspectos fundamentales que van desde los acordes, la lectura de partituras, teoría musical y
diversas técnicas como la improvisación. Una aplicación que esté diseñada para niños
pequeños dispondrá de muchas canciones infantiles, mientras que una dirigida a alumnos
adultos puede estar limitada solo a piezas clásicas. Las mejores apps son las que cuentan con
un gran repertorio musical que se actualiza continuamente, haciendo que sea más fácil
encontrar tu estilo o tus canciones favoritas.
Flexibilidad. Al igual que con los videotutoriales, lo único que necesitas es un ordenador
portátil, un teléfono o una tableta; y puedes elegir cuándo (y dónde) quieres tener la clase.
Este tipo de aprendizaje flexible y autónomo se adapta mejor a muchas personas que las clases
fijas en una academia.
Tiempo. Prepararse para una clase requiere el mismo tiempo que con los videotutoriales. Pero,
a diferencia de estos, una app bien diseñada proporcionará una mejor experiencia de uso,
ofreciendo funciones como la práctica en bucle y el reconocimiento interactivo de notas. Esto
te librará del farragoso proceso de pausar y rebobinar un vídeo, permitiéndote aprovechar el
tiempo al máximo durante la práctica.
Los niños son completamente dependientes del profesor, y estos deben alinearse a menudo
con los padres para determinar la naturaleza del aprendizaje. La motivación para tomar clases
no suele venir del niño, especialmente al principio. En los peores casos, simplemente van para
evitar ser castigados o por el mero hecho de que recibirán una recompensa.
Los adultos son los únicos responsables de aprender. Las únicas cuentas que rinden son con
ellos mismos, por lo que la motivación debe venir de dentro y basarse en el disfrute y en los
objetivos que uno mismo se haya marcado. También los adultos son conscientes de qué
método de enseñanza se adapta mejor a ellos y hace que la experiencia sea divertida y
gratificante.
Sea cual sea el método que escojas, siempre existe la posibilidad de cambiarlo o combinar
varios de ellos. Por ejemplo, puedes combinar el practicar canciones con una app en casa con
ir a clases de toda la vida para recibir comentarios detallados por parte del profesor. Dicho
esto, te recomendamos que te concentres en un único método durante un tiempo para darte
cuenta de si va contigo o necesitas complementarlo con otro. Esta guía te ayudará a decidirte
por el mejor método de aprendizaje de piano, pero ten en cuenta que aprender siempre
requerirá tiempo y paciencia. En el siguiente capítulo, hablaremos sobre la técnica adecuada y
sobre cómo sentarse correctamente al piano para aporrear las teclas sin que tengas molestias
de ningún tipo.
CAPÍTULO 3
Tocar con una técnica de piano correcta no consiste sólo en pulsar las teclas que
corresponden. Todo influye en el sonido del piano: desde la forma en la que te sientas hasta la
manera en la que dejas caer los dedos sobre el teclado. Sentarse de forma correcta y
mantener una postura firme te permitirá trasladar la energía de todo tu cuerpo a las puntas de
los dedos. Si consigues dominar esto, podrás tocar con mayor expresividad y manejar un
amplio rango dinámico.
No se trata solo de mejorar tu destreza en el piano. La técnica incorrecta hace que incluso lo
más básico se te haga pesado y complicado, y puede suponer una tensión innecesaria para el
cuerpo. Una mala postura al sentarse puede causar dolores o molestias en los hombros, el
cuello y la espalda. Una mala técnica con las manos puede provocar rigidez en los dedos y
limitar su agilidad incluso más allá del teclado. Si alguna vez has sufrido molestias después de
escribir o de teclear todo el día, sabrás lo que se siente.
Corregir una mala técnica puede ser complicado, por lo que es importante desarrollar buenos
hábitos desde el principio. Este capítulo abarca todos los elementos de una técnica de piano
adecuada, desde la preparación del entorno donde tocas hasta la interacción de los dedos con
las teclas. A medida que vayas progresando, es conveniente que vuelvas a este capítulo para
ajustar y corregir continuamente tu técnica.
Coloca el banco o taburete en paralelo al centro del teclado, ajustando la distancia del piano
para que puedas alcanzar todas las teclas manteniendo una posición cómoda de las manos
(ver más abajo). Si utilizas un banco para piano de cola, no utilices toda la superficie. En su
lugar, siéntate o apóyate en la mitad delantera, lo que te permitirá tener mayor fuerza para
mover los pies hacia arriba y hacia abajo a la hora de pisar los pedales.
Relaja los hombros y procura que estén alineados y de forma paralela al teclado, o un pelín
más altos si quieres ganar en fuerza. Esto significa ajustar la altura. Si utilizas un soporte para
tu teclado, puedes ajustar éste; pero los pianos acústicos o eléctricos son fijos, así que tendrás
que ajustar el asiento. Si sigue estando demasiado bajo para ti, puedes añadir altura poniendo
una esterilla o un trozo de alfombra. No importa lo que utilices mientras que no sea un cojín.
Debe ser algo cómodo pero firme.
El pianista clásico Glenn Gould se sentaba tan bajo que siempre se llevaba su propia sillita a los
conciertos y grabaciones, mientras que la leyenda del jazz Keith Jarrett tocaba levantándose
del asiento constantemente, retorciendo todo su cuerpo.
Sin embargo, esto no les impidió convertirse en artistas fuera de serie, pero estos son casos
inusuales. Póntelo fácil a ti y a tu cuerpo cogiendo buenos hábitos desde el principio.
Coloca los pies firmemente sobre el suelo, alineados con tus rodillas y sin meterlos bajo el
asiento o abriéndolos hacia los lados. Más tarde, verás que es importante poder mover los pies
libremente desde su posición de descanso para utilizar los pedales. Algunas piezas requieren
un constante accionamiento de los mismos, por lo que debes tener esto en cuenta a la hora de
conseguir una posición cómoda.
Si no consigues colocar los pies de esta forma ni mantener los brazos en la posición correcta,
siempre puedes poner una alfombrilla o esterilla en el suelo. De nuevo, procura que sea algo
firme y cómodo. Debes conseguir un ángulo de unos 90 grados en tus rodillas, sin necesidad de
que este sea exacto.
Ahora la parte inferior de tu cuerpo está en la postura correcta, con los pies y las caderas
firmes. No te muevas a lo largo del asiento; más bien mantén una posición sólida y alcanza las
teclas más alejadas de ambos extremos. Si una pieza se toca en una parte concreta del piano,
está bien que te desplaces para no estar todo el rato inclinado hacia un lado. Puede que tengas
que probar unas cuantas combinaciones para conseguirlo, pero merecerá la pena.
Siéntate erguido con la espalda recta. Imagina que hay una línea que va desde el asiento hasta
tu coronilla, pasando por tu columna vertebral. Quizás te resulte incómodo sentarte de esta
forma al principio, sobre todo si tienes costumbre de sentarte en sillas donde puedes
descansar tu espalda. No te preocupes, tu torso se fortalecerá rápidamente y la postura se te
hará cada vez más natural.
Relaja los hombros y contén el impulso de encorvar la espalda. Tu cabeza es pesada, por lo que
debes evitar inclinarte para mirar las teclas, de lo contrario pondrás presión sobre tu espalda y
hombros. Si sueles acumular tensión en los hombros, como le pasa a mucha gente, muévelos
en círculos un par de veces hacia atrás y luego deja que los brazos cuelguen sueltos a los lados.
Una vez te sientas cómodo, coloca las manos a ambos lados del centro del teclado. Tus dedos
deben estar paralelos a las teclas, flotando en algún lugar sobre el centro de las teclas blancas
cerca de donde comienzan las teclas negras, no en el borde.
Los codos deben estar a una distancia cómoda de tu torso, doblados hacia afuera.
Mientras mueves los dedos a lo largo del teclado, tus codos deben acompañarles en un
movimiento suave y fluido. Cuando separes las manos para alcanzar ambos extremos del
teclado, tus brazos se extenderán hasta alcanzar una posición cómoda. Para tocar las teclas
que quedan en el centro, mantén las muñecas sueltas y deja que las manos giren una hacia la
otra para evitar tensiones.
Unas muñecas flexibles y relajadas te permitirán convertir el peso de tu brazo en energía para
tocar. La gravedad será aquí tu aliada, así que debes mantener tu muñeca suelta. Esto hará
que tus movimientos sean más naturales y menos bruscos, ayudándote a conseguir un mayor
rango dinámico.
El dedo meñique es el más pequeño y débil, por lo que es común tener la mala costumbre de
mantenerlo recto. Esto hará que tu mano se contraiga e impedirá que desarrolles fuerza en
dicho dedo. En su lugar, cúrvalo como los demás. Como es más corto, no podrás doblarlo
tanto, pero no importa. Encuentra una posición cómoda en la que sólo la punta del dedo toque
la tecla.
El dedo pulgar es la excepción a la regla de mantener tus dedos curvados. Manténlo recto pero
relajado, dejándolo caer en la tecla sobre su lateral cerca de la punta.
Para evitar esto, puedes ejercitar tus dedos utilizando una masilla específica o diversas
herramientas, aunque en la mayoría de casos, sólo es cuestión de prestar atención mientras
tocas. Procura pulsar las teclas con la punta de los dedos, como si estuvieses mecanografiando,
y verás cómo empiezan a desarrollar fuerza en poco tiempo.
Si has visto a pianistas aporrear el teclado, habrás notado que cada nota suena con el mismo
volumen e intensidad, por lo que puedes detectar fácilmente si se equivocan. Ahora imagina a
un concertista de clase mundial o ponte alguno de sus vídeos. Estos tienen un control total
sobre la energía que transfieren a las notas. Aunque se muevan con gestos exagerados,
pueden pasar rápidamente de las notas más suaves a las más agresivas.
La técnica
En el siguiente capítulo, veremos esto más a fondo pero, por ahora, escoge una tecla blanca de
la zona central del teclado. Si quieres ser más preciso, entonces localiza el do central siguiendo
las instrucciones del Capítulo 4 - Empezando a tocar el piano.
Recuerda la posición de tu mano. El lateral del pulgar cerca de su punta en contacto con la
tecla, mientras que el resto de los dedos se curvan como si sostuvieran una pelota imaginaria.
El dedo meñique, la muñeca y el codo deberían formar una línea más o menos recta. Ahora,
deja caer el dedo en la tecla sin presionarla. Al hacer esto, mantén tu muñeca suelta y deja que
caiga un poco. Cuando devuelvas el dedo a su posición inicial, deja que la muñeca lo
acompañe. Este movimiento natural hará tu interpretación más fluida y menos rígida,
permitiéndote lograr un mayor rango dinámico.
CAPÍTULO 4
En el último capítulo explicamos todo lo que necesitas saber antes de empezar a tocar el
piano. Ya sabes sentarte correctamente manteniendo una postura firme y cómo pulsar una
tecla con la técnica adecuada. Pero las piezas de piano no consisten en una sola nota. Por eso,
vamos aquí a conocer mejor el teclado para que puedas poner en práctica lo que hemos
aprendido hasta ahora. Al empezar a tocar el piano, es importante utilizar siempre la técnica
correcta, por lo que te recomendamos volver de vez en cuando al Capítulo 3 - La técnica de
piano correcta.
Las teclas reciben su nombre de las notas del pentagrama que representan. Cada tecla blanca
situada justo a la izquierda de un grupo de dos teclas negras es un do. Sitúate en el centro del
teclado y busca el do a la izquierda de las dos teclas negras. Este es el do central y será el
punto de referencia para orientarte en el teclado.
Una vez hayas localizado el do central, coloca el pulgar de la mano derecha sobre él. Recuerda
cómo debes colocar la mano: el lateral del pulgar, en su zona más cercana a la punta, debe
tocar el do central mientras que el resto de tus dedos se curvan como si sostuviesen una
pelota imaginaria (o como si agarrases tu rodilla).
Ahora, extiende el resto de tus dedos en las teclas que suceden al do central, asignando un
dedo a cada una de las cuatro teclas blancas, que son re, mi, fa y sol. Esta es la llamada
posición de do. Será tu posición inicial para tocar tus primeras melodías. Ignora por el
momento las teclas negras. Las estudiaremos más adelante.
La digitación correcta
Cuando te encuentras en la posición de do, queda bastante claro qué dedo se debe usar para
cada tecla. Sin embargo, cuando quieres tocar otras notas fuera de esta posición, es posible
que no te quede muy claro qué digitación usar. De hecho, no existe una regla fija y depende de
muchos factores. Aún así, existen recomendaciones para una buena práctica. Si te preocupa
hacerlo mal, visita el Capítulo 10 - Mitos sobre el piano y dudas frecuentes para saber más
acerca de esto.
Al recorrer el teclado, verás que cada uno de los “dos”se encuentra justo a la izquierda de los
grupos de dos notas negras. De la misma forma, cada uno de los “fas” se encuentra a la
izquierda de los grupos de tres teclas negras. Una vez logres identificar este patrón, o
simplemente te acostumbres a contar desde do hacia la derecha, podrás rápidamente
ponerles a las teclas blancas del piano el nombre que les corresponde. La nota más grave en la
mayoría de los pianos suele ser un la o un do, pero siempre debes usar la posición de do
central como punto de referencia para orientarte, ya que será esta zona central la que más
utilices al tocar.
Es el más extendido en todo el mundo y se basa en las letras del abecedario: en lugar de do, re,
mi, fa, sol, la, si; utiliza C, D, E, F, G, A y B.
Notación alemana
Este tendrá más sentido cuando veamos los sostenidos y bemoles (correspondientes a las
teclas negras) más adelante. En la notación alemana, la nota si se corresponde con la letra H.
Además, la nota que sería si bemol en español (la tecla negra a la izquierda del si) se denomina
B.
Empecemos a tocar
Hagamos un ejercicio: toca las cinco teclas de la posición de do en orden, desde la más grave
hasta la más aguda. Toca cada tecla con firmeza para que la nota suene y luego suéltala antes
de tocar la siguiente. Recuerda la técnica que vimos en el capítulo 3.
Experimenta de nuevo con el rango dinámico pulsando estas cinco teclas de forma más fuerte
y más suave, sosteniéndolas durante más o menos tiempo. En la posición de do, tu brazo no
debería moverse más que la ligera caída de la muñeca descrita en el capítulo 3, así que
recuerda mantenerlo relajado.
¿Tienes ganas de más? Prueba entonces con esta versión simplificada de el Himno a la alegría
de Beethoven.
mi mi fa sol sol fa mi re do do re mi mi - re re -
mi mi fa sol sol fa mi re do do re mi re - do do -
CAPÍTULO 5
La música es un lenguaje y, como tal, tiene forma escrita. La notación ofrece a los músicos de
todo el mundo un medio para comunicarse. Un compositor anota una pieza musical con
símbolos específicos, y si uno sabe leer música, puede entenderla en cualquier otra parte del
mundo. Puede que el emisor y el receptor nunca se encuentren, separados por siglos y
continentes, pero la comunicación sigue teniendo lugar.
Los seres humanos han escrito música desde que la misma escritura existe. Antes de la
notación, la música sólo se transmitía de forma acústica a través de la interpretación, pero se
han encontrado ejemplos de notación primitiva en tablillas que datan del año 2000 a.C. La
notación de pentagrama moderna, la forma que utilizamos ahora, fue creada por monjes
católicos para estandarizar la música de las iglesias.
Con el paso de los años, la forma de comunicar la música ha cambiado. Las grabaciones de
audio y vídeo han progresado hasta el punto de poder documentar una interpretación musical
con precisión milimétrica. Esto añade profundidad y comprensión, pero no elimina la
necesidad de la notación, ya que cada interpretación es única. En otras palabras, la notación
musical escrita por el compositor es el único registro "perfecto" de lo que este pretendía
exactamente. En el momento en que se interpreta, la música adquiere vida propia.
Requiere menos tiempo del que piensas. Esto no es que sea algo bueno de por sí. Pero, si lo
único que te echa para atrás es el tiempo y el esfuerzo, merece la pena subrayar que no es
para tanto. La notación te puede parecer ahora mismo un conjunto de líneas y puntos en una
página pero, si le dedicas algo de tiempo, cobrará sentido y pronto estarás leyendo y tocando
tu primera pieza musical. Te recomendamos trabajar de forma sistemática e ir adquiriendo
gradualmente conocimientos sobre notación. Te sorprenderá lo rápido que lo entiendes,
literalmente, todo.
Leer música a primera vista. Es la capacidad de leer una pieza musical por primera vez y tocar
sobre la marcha, tan fácil como sería leer esta frase en voz alta. Conlleva tiempo y práctica
pero, al final, tan pronto como tengas música escrita, podrás tocarla. Dado que la música
escrita está ampliamente disponible en Internet, aprender lectura de música a primera vista te
dará la capacidad de tocar prácticamente cualquier cosa al primer intento.
Te quita inseguridades. El "oído musical" se desarrolla de forma natural con el tiempo. Pero, si
aprendes de oído solamente, requerirás cierto tiempo de adiestramiento para identificar las
notas, intervalos y acordes a un nivel avanzado. Se trata de una habilidad poderosa pero,
incluso los pianistas que han pasado años desarrollando su oído, tienen a veces dificultades. Es
especialmente difícil identificar una nota entre muchas, o una sucesión rápida.
Digamos que escuchas una pieza musical y quieres aprender a tocarla. Si no sabes leer la
partitura, tendrás que tocar más despacio una y otra vez y, aún así, no tendrás la absoluta
certeza de haberla escuchado correctamente. Si lees la partitura, sabrás al instante cuáles son
las notas y cómo deben tocarse, y lo tendrás todo listo para ponerte manos a la obra.
Es una gran ayuda para tu memoria. Tocar de oído significa recordar todo lo que has decidido
aprender. En cambio, la música escrita ofrece un registro de todo lo que has aprendido y lo
que aprenderás en un futuro. Si no tienes una memoria de elefante, puedes inventarte tu
propia notación pero, ¿para qué molestarse si ya existe un lenguaje que entiende todo el
mundo?
Te permite tocar sin limitaciones. El hecho de saber cómo pretendía el compositor que se
tocara la pieza en cuestión, eliminará todas las limitaciones para tocarla de esa manera. Hay
que conocer las reglas antes de poder romperlas. Duke Ellington creó obras maestras del jazz
basadas en Peer Gynt de Grieg y en La danza del hada de azúcar de Chaikovski pero, antes de
eso, tuvo que perfeccionar la interpretación de las obras originales, lo que significó estudiar y
basarse en la música escrita por el compositor.
El pentagrama
La notación está estructurada en torno al sistema de dos pentagramas de cinco líneas y cuatro
espacios, unidos por una llave vertical a la izquierda. El pentagrama superior suele estar en
clave de sol y suele tocarse con la mano derecha, mientras que el pentagrama inferior suele
estar en clave de fa y suele tocarse con la mano izquierda. El do central se encuentra en el
hueco entre ambos pentagramas sobre una línea imaginaria. Al igual que es el punto central de
orientación en el teclado, también lo es en el pentagrama.
Las líneas y los espacios de ambos pentagramas del sistema pueden albergar una gran
variedad de símbolos musicales, incluidas las notas. Las notas pueden colocarse sobre una
línea o en un espacio. La altura de la nota determina el tono. Cuanto más alta se encuentre
una nota, su tono será más agudo, por lo que subir en el pentagrama significará desplazarse a
la derecha en el teclado. Si una nota es más aguda o más grave que las que el pentagrama
alberga en sus cinco líneas y cuatro espacios, se añaden líneas adicionales para su
representación.
Las notas
Vamos a centrarnos en el pentagrama superior por ahora, el que está en clave de sol.
Encuentra el do central (véase el Capítulo 4) en el teclado y en el pentagrama que te
mostramos más abajo. De ahí, cuenta ascendentemente para poner nombre a todas las notas
que podemos encontrar en el pentagrama superior. La línea o espacio en la que se sitúa la
cabeza de la figura es la que determina la altura.
Para evitar contar desde el do central cada vez que hagamos esto, puedes usar reglas
mnemotécnicas para identificar las notas.
Las cuatro notas de los espacios se incluyen en la expresión “fabricando la dorada miel”.
De forma similar, puedes usar la expresión “mi sol siempre reluce fastuoso” para recordar las
cinco notas de las líneas.
Ahora que ya puedes identificar y situar las notas del pentagrama en clave de sol, echemos un
vistazo a la posición de do sobre el papel.
Las primeras cinco notas que hemos tocado con nuestra mano derecha se encuentran en la
mitad inferior del pentagrama en clave de sol. El do se encuentra en la línea adicional del do
central. El re, justo debajo de la primera línea del pentagrama. El mi, en la primera línea. El fa,
en el primer espacio y, el sol, sobre la segunda línea. Prueba a tocar estas notas.
Una blanca se dibuja añadiendo un palito llamado plica al círculo y dura dos tiempos.
CAPÍTULO 6
La práctica de piano
Practicar piano puede parecer una tarea desalentadora al principio, y no es de extrañar que el
"no he practicado lo suficiente" sea la razón por la que muchas personas abandonan el
aprendizaje de un instrumento a una edad temprana. Es una pena, porque abandonar significa
perderse el placer y la satisfacción diarios que puede suponer practicar. Por otra parte, es una
feliz coincidencia que la práctica sea también fundamental para progresar.
La buena noticia es que, si cada vez que se practica se hace siguiendo un método efectivo, se
mejorará mucho más rápido. De hecho, los estudios educativos han demostrado que, cuando
se trata de practicar, no se trata de cuánto, sino de cómo. La segunda buena noticia es que, si
desarrollas buenos hábitos desde el principio, aprenderás a amar la práctica. ¿Por qué el
tiempo que pasas tocando tu música favorita debería ser un aburrimiento?
En este capítulo, veremos la mejor manera de estructurar tu rutina de práctica de piano, cómo
planificar un calendario de sesiones y cómo prepararte para cada una para sacarles el máximo
provecho.
Si vives con más gente, pídeles que no te molesten cuando estés practicando, aunque pueda
parecer que quieras tener público. Apaga la televisión. Aunque no la oigas, las imágenes
captarán parte de tu atención. Pon tu teléfono fuera de vista o, mejor aún, déjalo en otra
habitación para evitar mirarlo. Las redes sociales pueden esperar veinte minutos.
Los ejercicios de Hanon pueden ayudar a mejorar la técnica, pero a menudo son criticados por
no ser muy musicales. Es importante mantener el equilibrio adecuado entre la práctica de la
mera técnica y el desarrollo de la musicalidad en el contexto de una canción.
Lo mejor es empezar con una transcripción sencilla de una canción o pieza de música clásica
que te guste. Para ello, puedes preguntar a tu profesor, buscar algún libro de canciones fáciles
para piano en una tienda de música, un videotutorial online o navegar por una aplicación como
flowkey. flowkey dispone de una amplia gama de canciones para todos los niveles de
dificultad, y cualquier canción marcada con una esquina en verde en la aplicación es apta para
principiantes.
Por norma general, si eres principiante deberías buscar canciones con las siguientes
características:
No intentes aprenderte toda la canción de una. Aprende una parte nueva cada día y repítela
las veces que haga falta. Tu rutina diaria de aprendizaje podría asemejarse al siguiente plan:
Jueves: Aprender la cuarta parte y tocar las cuatro que ya sabes juntas. Y así en adelante.
Una vez empiezas a conectar las distintas secciones, te puede resultar extraño, ya que antes
las has practicado por separado. Puedes evitar esto incluyendo algunas notas de la sección
anterior y otras de la posterior en la sección que practiques. Cuantas más notas añadas a cada
lado, te dará la sensación de que estás tocando una pieza musical continua en lugar de una
serie de secciones inconexas.
Lunes: Aprender la primera sección. 5 minutos para la mano derecha, 5 para la mano izquierda
y 10 para ambas manos.
Martes: 5 minutos para la mano derecha, 5 para la izquierda y 10 para ambas. Después,
dedicar otros 5 minutos a tocar las dos secciones en conjunto.
Miércoles: Aprender la tercera sección. 5 minutos con la mano derecha, otros 5 con la
izquierda y otros 5 con las dos. Después, dedicar otros 5 minutos a tocar las tres secciones
juntas.
Solución de problemas
Mejorar consiste en poder tocar algo hoy que no pudiste tocar ayer o la semana pasada. Esto
se consigue identificando las partes problemáticas de las canciones que tocas y trabajándolas
antes de que se conviertan en un verdadero obstáculo. Tanto si dicha parte contiene una serie
de notas que te requiere hacer malabares con los dedos, como si se trata de un gran salto de
una a otra parte del teclado, debes luchar contra el instinto de saltártela sólo porque no suena
tan bien como debería.
Utiliza la técnica de aprender cada mano por separado para descomponer estas partes
complicadas en algo más sencillo. Repítelas lentamente, incluyendo algunas notas de la
sección anterior y de la siguiente para darles continuidad. Vuelve a intentarlo al día siguiente,
siguiendo el programa de práctica que hemos mencionado y ve añadiendo más complejidad
cuando puedas tocar cada parte sin problemas. Antes de que te des cuenta, la canción sonará
perfecta.
Así es como se mejora realmente, y esto te puede ayudar a establecer una clara diferencia
entre tocar por puro placer y ejercitar estas partes más complicadas, que se puede asemejar a
un trabajo más duro. Así que, después de haber practicado alguna sección complicada hasta
conseguir tocarla bien, deberías darte el gusto de tocar algo que te guste y que ya conozcas.
No dejes que practicar el piano se convierta en algo tedioso. Si sigues los consejos expuestos
en este capítulo, junto con algunos trucos que te mostraremos el siguiente, «Metas pianísticas
y motivación», tocar el piano puede llegar a convertirse en tu actividad favorita del día. En el
próximo capítulo, también veremos la importancia recibir feedback consistente, de ponerse
objetivos y verás qué cerca queda la meta de tocar algo de lo que te sientas realmente
orgulloso.
CAPÍTULO 7
La forma más fácil es establecer una rutina de práctica diaria en torno a objetivos, feedback y
recompensa. Estos tres factores pueden guiar tus metas pianísticas tanto a corto como a largo
plazo. Funcionaría de la siguiente forma: estableces un objetivo a largo plazo, recibes feedback
llevando cuenta de tus progresos hacia ese objetivo, y renuevas tu motivación obteniendo una
recompensa cuando lo alcances. De la misma forma para el corto plazo, márcate una meta
para cada sesión de práctica, recibe feedback instantáneo y obtén una pequeña recompensa al
final de cada sesión.
Ponte objetivos concretos. Evita vagos propósitos como “tocar bien”. No te servirán para nada.
En su lugar, márcate retos como el de tocar a la perfección alguna canción o pieza clásica que
te guste. O el de dar un pequeño recital. Siendo principiante, te parecerá algo difícil de
conseguir pero, al menos, te servirá como una especie de horizonte al que llegar. Márcate un
tiempo estimado para alcanzar esa meta y así poder autoevaluar tu progreso.
Sé realista. Esto depende de los objetivos que te marques. Si lo que te propones es tocar una
pieza sencilla sin fisuras, es posible hacerlo en cuestión de meses llevando a cabo una práctica
eficiente. Las piezas más complicadas requieren más tiempo así que, si quieres tocar éstas a un
nivel avanzado, tendrás que esperar al menos unos años. Si eres de los que retoman el piano
después de haber recibido clases en tu infancia, llegarás hasta aquí en menos tiempo.
Las metas diarias deben ser realista. Recuerda lo que dijimos en el Capítulo 6: no dediques más
de cuarenta minutos a una sesión de práctica. Márcate un objetivo realista que puedas
alcanzar durante el rato que te sientas a tocar el piano.
Detecta tus errores. Cuando empezamos a tocar el piano, aún estamos descubriendo cómo el
acto de tocar de una manera determinada se traduce en un sonido concreto. Si no sabemos
cuándo estamos cometiendo errores, es fácil desarrollar malos hábitos y perderemos la
orientación y la motivación necesarias para continuar.
Pide ayuda. Es imposible darnos cuenta de todos los errores que cometemos, ya sea porque no
estamos familiarizados con la pieza o canción original que queremos aprender, o a que los
ignoramos inconscientemente para seguir adelante. Además, ser conscientes de los errores
mientras aprendemos una nueva pieza sólo añade otra preocupación más. Así que asegúrate
de tener un profesor, un amigo o ayuda tecnológica que te de buenos consejos para mantener
los errores a raya.
Toma medidas en función del feedback. Una vez sepas dónde cometes errores, corrígelos para
que no vuelvan a aparecer. En el Capítulo 6 - La práctica de piano, exponemos todo un método
para corregir los aspectos más problemáticos.
Date cuenta de cuando tocas bien. El simple hecho de saber que has hecho algo bien puede
ser increíblemente satisfactorio pero, si le añadimos una valoración positiva externa, el efecto
puede ser aún mayor. Esto es especialmente eficaz cuando se equilibra con el feedback
negativo. Si tu cerebro aprende que no puede salirse con la suya si tocas mal, un simple "bien
hecho" se convertirá en algo significativo y motivador.
La recompensa
Cuando alcances el objetivo que te has marcado al principio de la sesión, date un premio. La
combinación de un feedback positivo con una recompensa crea lo que los psicólogos llaman
"refuerzo positivo". Los estudios han demostrado que esto es mucho mejor para el aprendizaje
y el desarrollo de buenos hábitos que un feedback negativo de castigo. Este "refuerzo
negativo" puede traducirse en desmotivación.
Puede que la simple satisfacción que sientas al alcanzar el objetivo marcado sea suficiente, y
eso está bien. Pero prueba a darte una recompensa para comprobar lo motivador que puede
ser, ya sea simplemente disfrutar de una golosina o de un episodio de tu serie favorita. No
importa si te estás "regalando" algo que normalmente tendrías de todos modos. Una vez que
adquieras el hábito, no necesitarás recompensarte en absoluto: el hecho de tocar y haber
mejorado será suficiente premio.
Monitorizar tus avances te permitirá comparar dónde estás ahora respecto al objetivo que te
marcaste al principio. ¿Sigues en el buen camino? ¿Has adquirido una gran coordinación de
manos pero te falta velocidad? ¿Te has concentrado en la primera mitad de una pieza pero has
descuidado la segunda? Al reconocer que te has quedado atrás, podrás realizar cambios en tu
método de aprendizaje y en tu régimen de práctica para volver a encauzarte.
También puede ser que necesites reevaluar tu objetivo a largo plazo ya que quizá lo fijaste sin
saber qué era realista y ahora te resulta demasiado ambicioso. O quizá tus gustos han
cambiado y ya no te parece tan atractivo. No hay nada malo en ello. Replantea lo que quieres
hacer y establece un nuevo objetivo a largo plazo, siguiendo el mismo método expuesto
anteriormente.
Recibir feedback positivo durante el progreso es esencial para mantener la motivación. Habrá
momentos en los que te atasques en una sección complicada, o simplemente tengas un mal
día en el que no salen las cosas. Si llevas un registro de tus avances desde el principio, podrás
mirar atrás para ver dónde estabas antes, ver tu progresión y darte cuenta de cuánto has
mejorado.
Cuando llegues a este punto, la recompensa será algo mucho más poderoso que una simple
galleta o el gusto de caerte de sueño viendo Netflix. La recompensa será poder tocar ese
concierto de Mozart, o la confianza para tocar frente a un público. La recompensa será la
habilidad que has desarrollado y que nadie te podrá quitar.
El refuerzo positivo es el más importante aquí. Tocar lo que has aprendido sienta tan bien que
no hay manera de que tu viaje termine aquí. Elige la siguiente montaña: fija otro objetivo y
sigue el mismo patrón, con la seguridad de que puedes llegar a él. Después de todo, ya lo has
hecho una vez. ¿Por qué no repetir el éxito?
CAPÍTULO 8
En las partituras se indica qué hay que tocar (notas), cuándo hay que tocar (tiempo) y cómo
hay que tocar (dinámica). En este capítulo cubriremos estas tres áreas, partiendo de los
fundamentos de lectura musical introducidos en el capítulo 5. En ese mismo capítulo, también
encontrarás una introducción a la notación musical y cuáles son las ventajas de saber leer
partituras.
Debes tener en cuenta que este capítulo se solapará en gran medida con las clases o cursos
que estés tomando y en ningún momento debe reemplazar el aprendizaje que estés
adquiriendo con un profesor, con videotutoriales con una aplicación. En cambio, esperamos
que te sirva de introducción y de apoyo para memorizar nociones mientras las aprendes de
forma correcta.
Hasta ahora, y por simplificar, sólo hemos hablado de las teclas blancas. En las teclas negras se
encuentran los bemoles y los sostenidos, y utilizan la misma notación que las teclas blancas (de
do a si). Simplemente se les añade el símbolo de la alteración que representan. En este
capítulo, nos referiremos a las teclas blancas, las que no son ni bemoles ni sostenidos, como
becuadros.
Un bemol (♭) es la tecla negra que precede a la tecla blanca natural del mismo nombre.
Un sostenido (♯) es la tecla negra que sucede a la tecla blanca natural del mismo nombre.
Armaduras de tonalidad
Empezando en do y tocando sólo las teclas blancas, estás limitado a la tonalidad de do mayor.
Ésta es sólo una de las innumerables tonalidades o claves que existen, una que no utiliza teclas
negras. Al tocar en fa mayor, por ejemplo, cada si baja a si♭, mientras que la clave de re
mayor eleva el fa a fa♯ y el do a do♯. Otras claves utilizan más teclas negras y, en la de si
mayor, se utilizan todas las cinco.
A menos que quieras profundizar en la teoría musical, no te preocupes ahora por aprender
qué tonalidad utiliza cada bemol y cada sostenido. Esto se indicará siempre en las partituras.
Para ahorrar espacio, las notas que son sistemáticamente bemoles o sostenidos se marcan con
♭ o ♯ después del símbolo de la clave al principio de cada pentagrama.
Alteraciones y becuadros
La mayor parte de la música no se ciñe por completo a la armadura, sino que incluye bemoles
o sostenidos adicionales. A estos se les conoce como alteraciones. Si se marca una alteración,
ésta surte efecto hasta la siguiente línea divisoria que marca el final del compás (más detalles
sobre esto en la sección sobre los tiempos). Un si♭ marcado al principio de un compás,
alterará todos los “sies” siguientes de ese compás a si♭. El siguiente compás volverá a lo que
esté marcado en la armadura al principio del pentagrama.
El símbolo de becuadro (♮) indica al intérprete que debe tocar la tecla blanca de dicha nota
ignorando los sostenidos o bemoles que puedan estar contenidos en la armadura, o si se han
marcado en el compás. Este símbolo solo tiene efecto dentro del compás donde esté marcado.
La clave de fa
Hasta ahora, nos hemos concentrado en el pentagrama superior del sistema de dos, el que
está en clave de sol. Este pentagrama contiene las notas que están a la derecha del do central
y suele ser tocado con la mano derecha. En cambio, el pentagrama inferior está en clave de fa,
contiene las notas a la izquierda del do central y se suele tocar con la mano izquierda.
Al igual que con la clave de sol, no es necesario contar desde el do central para identificar las
notas. Puedes utilizar reglas mnemotécnicas. Utiliza cualquiera de las que te mostramos (por
rebuscadas que parezcan) o inventa las tuyas propias.
Los cuatro espacios del pentagrama en clave de fa contienen las notas la, do, mi y sol. La
doncella mira el sol.
Las cinco líneas del pentagrama en clave de fa contienen las notas sol, si, re, fa y la. Soledad
siempre regala faldas largas.
Date cuenta de que los dos puntos del símbolo de la clave de fa rodean la línea de dicha nota.
Nótese que las corcheas se diferencian de las negras en que tienen un corchete, lo que reduce
la duración de una negra a la mitad. Las semicorcheas tienen un corchete doble, lo que hace
que duren la mitad de las corcheas. Para evitar confusión y que el pentagrama quede más
ordenado, aquellas corcheas o semicorcheas que se tocan de manera consecutiva quedan
agrupadas conectando sus corchetes mediante barras.
Los silencios
Aquellos descansos entre las notas en los que no se toca nada se conocen como silencios. Esto
no tiene nada que ver con mantener una nota, por lo que una serie de blancas sonará
diferente a una serie de negras separadas por silencios de negra. Al igual que sus equivalentes
en las notas, los silencios de blanca, de negra y de corchea tienen su propio símbolo. Para
marcar silencios aún más cortos, añadimos corchetes. Cada figura de silencio tiene el mismo
número de corchetes que la figura de la nota sonora (el de corchea tiene uno, el de
semicorchea dos, el de fusa tres, etc.).
Esto es más fácil de entender si escuchas, aprendes y tocas piezas de piano de diferentes
compases. El lago de los cisnes (4/4) y Para Elisa (3/4) son un buen punto de partida (ambas
disponibles en la sección para principiantes de flowkey)
Fíjate en el patrón rítmico para saber cuántos pulsos hay y cuánto dura cada uno. En el de 4/4
serán cuatro, así que cuenta "uno, dos, tres, cuatro". Puedes dividir estas cuentas por la mitad
añadiendo "y" entre ellas, para hacer "uno y dos y tres y cuatro y". Esto nos permitirá contar
compases con subdivisiones más cortas, con puntillo o con notas ligadas.
El tempo
Para contar de forma correcta, deberás conocer la velocidad a la que se supone que la pieza
debe ser tocada, conocida como tempo. Tradicionalmente, el tempo se ha venido indicando
utilizando términos italianos como lento, moderato ("moderado") o allegro ("rápido, con
energía"). En las piezas modernas, a menudo se marca en pulsaciones por minuto (bpm),
refiriéndose al número de negras que caben en un minuto, por ejemplo ♩= 120 bpm.
Existe una larga lista de términos italianos, junto con sus respectivos rangos de bpm, que
puede encontrarse fácilmente en Internet.
El volumen se indica con letras que representan términos italianos. Piano (p) significa “bajo” o
“suave”, mientras forte (f) significa “fuerte”. Mezzo (m), que significa “medio”, se puede añadir
a piano o forte para atenuarlos. Para indicar una intensidad aún mayor o menor, basta con
repetir la letra en cuestión. De esta forma, pianissimo (muy suave) es pp, mientras que
fortissimo (muy fuerte) es ff, y fff es "vecinos quejándose".
Un acento (>) acompañando a una nota indica que hay que tocarla con mayor énfasis. El
aumento gradual del volumen, o crescendo, se marca con un símbolo como el de un signo “<”
estirado, mientras que lo contrario (disminución de volumen, o decrescendo) se marca con un
signo > estirado.
Sigue así y al final dejarás de ver una página con marcas y símbolos negros. Oirás los acordes,
las melodías, las armonías y sabrás lo que tienes que tocar sin ni siquiera pensarlo.
CAPÍTULO 9
El repertorio de sonidos que ofrece el piano no se limita a los que se generan con las manos.
Los pedales del piano (esas palancas situadas a tus pies) sirven para enriquecer el sonido de
diversas maneras, abriendo posibilidades más allá de las que ofrece el teclado: desde añadir
sutiles matices a la dinámica hasta provocar fuertes cambios en el tono.
Raramente se encuentra alguna pieza musical o canción que no utilice el pedal de resonancia.
El legendario pianista Artur Rubinstein incluso lo llamó el "alma del piano". Por lo tanto, si
estás aprendiendo con un teclado que no tiene pedales incorporados, este sería el primero
que debes incorporar. Para saber más sobre la elección de un pedal de resonancia, consulta el
Capítulo 1: Cómo elegir un piano o un teclado.
Como consecuencia, la nota suena más suave. Además, como las cuerdas son golpeadas por
una parte diferente del macillo, el sonido es más apagado y menos brillante. En los pianos más
antiguos, el macillo sólo golpeaba una de las tres cuerdas, de ahí que una corda signifique "una
cuerda". En los pianos verticales, el mecanismo del macillo se acerca a la cuerda al pisar el
pedal, provocando un suavizado del sonido pero sin alterar el tono de la nota.
Dado que el pedal de sostenuto es una adición relativamente reciente al piano, rara vez se
requiere para piezas anteriores a finales del siglo XX. Aun así, muchos pianistas lo utilizan
cuando tocan las obras de compositores anteriores de carácter más progresista, como Debussy
o Ravel.
Pedal a contratiempo o legato. Consiste en pisar el pedal después de haber pulsado una nota,
soltarlo y volver a pisarlo después de tocar la siguiente. Es el más común, ya que permite que
las notas fluyan unas con otras, sin que el sonido se emborrone.
A la mitad. Consiste en pisar parcialmente el pedal de resonancia para que los apagadores sólo
toquen ligeramente las cuerdas. Esta técnica se utiliza cuando se desea obtener un sonido algo
más rico, pero sin que este se desdibuje. Algunos pianistas la utilizan para la sonata Claro de
luna de Beethoven, o para hacer que Mozart suene menos "seco" (el uso de los pedales nunca
se incluye en sus partituras).
Pedal anticipado. Aquí se pisa el pedal de resonancia antes de tocar una nota. Esto retirará el
apagador de la cuenta antes de ser tocada por el macillo, creando un sonido más profundo y
rico que aprovecha toda la sonoridad del piano. No obstante, su uso es poco frecuente.
Pedal de acentuación. También conocido como pedal a tiempo, consiste en pisar y soltar el
pedal al mismo tiempo que se toca una nota o un acorde. Esto resaltará el sonido, ayudando a
crear énfasis de una manera más rítmica. Esta técnica también se utiliza raramente.
Incorporar las técnicas anteriores a tu forma de tocar puede cambiar drásticamente el sonido
de una pieza. Sólo hay que tener cuidado de no abusar de los pedales y asegurarse de que su
uso encaje con la música. Por ejemplo, una canción rápida puede echarse a perder por
mantener el pedal de resonancia pisado demasiado rato, mientras que una canción lenta
puede ganar mucho en expresividad con la misma técnica.
Debussy era duro con sus palabras, pero tenía razón. El pedal de resonancia suele utilizarse en
exceso, creando un sonido turbio y estrepitoso. Para evitarlo, no lo mantengas pisado, sino
que sigue la técnica de legato descrita más arriba: suelta y pisa el pedal después de tocar la(s)
nota(s) siguiente(s). ¿Por qué después? Porque los apagadores tardan un poco en silenciar las
cuerdas.
Una buena regla general es tener especial cuidado con el pedal de resonancia si la melodía
está formada por notas contiguas o cuando hay cambios de acordes. Déjate guiar siempre por
tu oído y compara tu forma de tocar con una grabación de un pianista profesional.
Algunos compositores dejan claro dónde pretenden que uses los pedales, dejando algo de
libertad para que los incorpores cuando sea necesario. En las partituras, las anotaciones de los
pedales indican en qué punto hay que apoyar el pie y cuándo hay que volver a levantarlo. Cada
pedal se marca de forma ligeramente diferente, pero el principio es el mismo:
CAPÍTULO 10
En flowkey, nos encanta escuchar las opiniones de nuestros pianistas y recibimos muchos
mensajes de usuarios que nos transmiten sus inquietudes o nos señalan aspectos que les
resultan confusos. A continuación, te ofrecemos las respuestas a algunas de las preguntas más
comunes para ayudarte y que vayas cogiendo confianza mientras empiezas, y también para
desmentir algunos mitos del piano. Muchas de las respuestas expuestas aquí se tratan con más
detalle en anteriores capítulos de esta guía de piano para principiantes.
R: Lo ideal es practicar todos los días, pero no durante mucho tiempo. Mejorar en el piano
consiste en realizar pequeños progresos cada día, siendo veinte minutos el tiempo de práctica
perfecto para empezar. No importa en qué momento del día te sientes a practicar, sino que
incorpores estas breves sesiones en tu agenda diaria a la hora que te venga mejor. También
sabemos que la vida no siempre entiende de horarios; así que si acabas tocando sólo cinco de
los siete días, no pasa nada. Más información sobre esto en el Capítulo 6 - La práctica del
piano.
R: No, pero te estarás limitando si no lo haces. Tener la habilidad de leer música te abre las
puertas a una infinidad de posibilidades. Te proporciona un lenguaje universal para entender y
comunicar la música, de forma rápida y precisa. Esto te dará acceso a un repertorio casi
ilimitado de música que, una vez que adquieras la destreza suficiente, serás capaz de tocar al
primer vistazo.
La ventaja añadida es que alcanzar un nivel decente en el piano no lleva tanto tiempo como se
podría pensar, y si lo único que deseas aprender son los acordes básicos para poder tocar con
otros músicos, otros métodos alternativos como la notación de acordes te servirán. Puedes
encontrar más información al respecto en el Capítulo 5 - Cómo leer partituras (lo
fundamental).
R: Podrás tocar piezas clásicas sencillas y algunas canciones de nivel intermedio. Esta respuesta
puede parecerte algo imprecisa, pero es mejor que el típico "depende". Confía en que a través
de la práctica diaria, estructurando cada sesión correctamente, y abordando cada reto,
complicación o nueva técnica de forma sistemática, podrás tocar en un año algo de lo que
enorgullecerte. Más información sobre este tema en el Capítulo 6 - La práctica del piano.
Las probabilidades de que consigas esto aumentarán si sigues un patrón de fijarte objetivos
concretos, obtener feedback externo y darte recompensas, tal y como exponemos en el
Capítulo 7. Si buscas un modelo a seguir que te inspire para llevar a cabo este método, fíjate en
el periodista Alan Rusbridger, que empezó a aprender piano a los 56 años y consiguió tocar la
complicada Balada n.° 1 de Chopin en un concierto.
R: Te recomendamos practicar cada una por separado primero y después juntas. Tocar con
ambas manos obliga al cerebro a concentrarse en tres tareas a la vez: en el movimiento de la
mano derecha, en el de la izquierda y en la coordinación de ambas. La buena noticia es que
esta tercera tarea (la coordinación) mejorará con la práctica, como cualquier otra cosa. Hay
que separar las tareas, conseguir que la mano derecha y la izquierda toquen fluidamente antes
de combinarlas poco a poco. Te damos algunos consejos de práctica para las manos en el
Capítulo 6 - La práctica de piano.
R: Practicando con escalas y realizando ejercicios técnicos. Tus manos, dedos y muñecas son
como cualquier otra parte del cuerpo compuesta de músculos, huesos y tendones. La forma
más fácil y rápida de mejorar la agilidad y la flexibilidad es, sin duda, el ejercicio. Las escalas
han sido la técnica principal durante cientos de años, por el simple hecho de que funcionan.
Puedes encontrar tutoriales sobre escalas en la aplicación de flowkey.
Una gran alternativa para mejorar la flexibilidad, la velocidad, la agilidad y la fuerza de los
dedos y las muñecas son los ejercicios Hanon. En su libro El pianista virtuoso en 60 ejercicios,
Charles Louis Hanon explica ejercicios que van desde los "Ejercicios preparatorios para
principiantes" hasta los "Ejercicios virtuosos para dominar las mayores dificultades técnicas".
Todos ellos se pueden encontrar de forma gratuita en varios lugares de internet.
Además, debes tener en cuenta que tu flexibilidad y destreza mejorarán con el tiempo
simplemente tocando las canciones que te gustan. De hecho, puedes aprender y practicar casi
cualquier técnica con canciones que utilizan esas técnicas. Sólo hace falta un poco de
paciencia. Puede que pasen meses hasta que consigas mejoras evidentes pero no debes
desmotivarte: este plazo de tiempo es completamente normal. Te recomendamos incorporar
algunas de las sugerencias anteriores a tu rutina de práctica para acelerar tus progresos.
R: No, el mejor momento para empezar es ahora. El miedo al fracaso que sentimos al
emprender cualquier proyecto es intrínseco a la naturaleza humana. El miedo es sólo eso, no
hay lógica que lo sostenga. No hay límite de edad para aprender un instrumento. Incluso si
tienes más de 70 años y te preocupa tu capacidad física, que sepas que existen una gran
cantidad de beneficios científicamente probados del piano para mejorar la salud tanto física
como mental, además del bienestar. Si eres menor de 70 años, la respuesta es la misma: Ponte
manos a la obra.
Nos encontramos frecuentemente con la típica excusa de "para cuando sea bueno con el piano
seré demasiado viejo". Si este pensamiento ronda tu cerebro, consulta la respuesta anterior a
la pregunta "¿Qué seré capaz de tocar después de un año de aprendizaje?" para que sepas lo
que puedes conseguir. Imagina que has empezado a tocar hace un año y piensa en tu nivel de
entonces. Ahora, imagínate dentro de un año dándote las gracias por haberle dedicado tiempo
al piano durante este año. Empieza a tocar ahora: el ahora es siempre el momento perfecto.
R: Tiempo siempre hay, sólo tienes que encontrarlo. Se trata de veinte minutos al día
solamente, así que comprueba tus horarios y encuentra un hueco. No importa en qué
momento del día practiques, sólo que lo hagas. Cada persona tiene sus propias horas en las
que rinde mejor: Mientras que Mozart encontraba su inspiración o bien muy tarde o muy
temprano, Strauss rendía más a media mañana.
Si de verdad has comprobado tus horarios y no encuentras un hueco, un buen truco es
practicar como primera o última cosa del día. Decidir cuándo depende de cómo te sientas
después de practicar. Si la sesión te da energía, entonces podría funcionar a primera hora de la
mañana, mientras que si te resulta relajante, entonces tal vez debas tocar antes de irte a la
cama. Prueba ambas horas. Un piano o teclado digital tiene una ventaja en este caso, ya que
los auriculares te libran de tener problemas con tus vecinos si te pones a tocar a las cuatro de
la madrugada durante los días laborales.
R: Nadie nace con talento, es algo que se desarrolla. Cualquier pianista de nivel que se tercie
ha tenido que esforzarse para lograrlo. Aquí no entra en juego ningún "talento natural", sino
una combinación de aprendizaje de calidad, práctica y motivación. Aquellos que parecen
aprender mucho más rápido que los demás no han nacido con ninguna virtud que otros no
tengan, sino que han encontrado un método que les funciona y lo han seguido a rajatabla.
Esperamos con esta guía haberte aportado los conocimientos y las herramientas necesarias
para que encuentres tu mejor método de aprendizaje, práctica y motivación. Una vez que te
hayas decidido por uno de ellos, sólo tienes que dedicarle tiempo, con la seguridad de que
puedes conseguir lo que te propongas.
R: No existe una digitación “correcta”. Todo depende del tamaño de tus manos, de la agilidad y
flexibilidad de tus dedos y del sonido que busques. Por regla general, una buena digitación
evita que la mano tenga que cambiar de posición o dar grandes saltos de unas teclas a otras,
así que te recomendamos experimentar para encontrar las posiciones que te sean más
cómodas. Con el tiempo, encontrarás una posición que te parecerá natural y todo cobrará
sentido.
De manera frecuente, en las partituras se indica qué dedos deben usarse mediante
anotaciones con números, ya sea encima o debajo de las notas. Estos números del 1 al 5 se
corresponden con los dedos de la mano, empezando con el 1 para el pulgar y terminando con
el 5 para el meñique.
Cuando practiques con flowkey, presta atención a la digitación que utilizan nuestros pianistas
profesionales, ya que estos han dedicado tiempo a trabajarla para cada pieza. Por supuesto, si
te resulta difícil tocar secciones como las que se muestran en el vídeo, busca una digitación
que te resulte más cómoda.
R: ¿Y si mis manos son demasiado pequeñas?
P: No existen manos que sean demasiado pequeñas para tocar el piano. Se puede tocar
cualquier tipo de canciones sin importar el tamaño de las manos. En primer lugar, tu habilidad
para estirarlas mejorará mucho a medida que mejore tu flexibilidad (véase la pregunta sobre la
destreza y la flexibilidad más arriba). Como todo, esto requiere práctica y un poco de tiempo.
En segundo lugar, hay pianistas fenomenales con manos pequeñas. Piensa en los niños
prodigio o en Lee Shaw, la conocida como "primera dama del jazz", que tocó de manera
excepcional durante todos sus 89 años midiendo menos de metro y medio de estatura.
Si estás empezando, busca canciones que no incluyan notas simultáneas a más de una octava
de distancia ni acordes de cinco notas. Cualquier cosa que te permita mejorar la rapidez de los
dedos sin tener que estirarlos demasiado es ideal. Puede que incluso estos ejercicios te
resulten más fáciles que a aquellos con manos grandes. Los saltos grandes y rápidos pueden
parecerte difíciles ahora, pero intenta acostumbrarte a ellos ya que son una técnica muy útil
para aprender a estirar las manos, sobre todo para aquellos que las tienen pequeñas.