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El Piano

El documento describe las partes principales del piano y sus diferentes tipos. El piano es un instrumento de teclado que tiene cuerdas de acero que vibran cuando son golpeadas por martillos. Tiene 88 teclas (52 blancas y 36 negras) y diferentes tipos incluyen pianos verticales, de cola y electrónicos.

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El Piano

El documento describe las partes principales del piano y sus diferentes tipos. El piano es un instrumento de teclado que tiene cuerdas de acero que vibran cuando son golpeadas por martillos. Tiene 88 teclas (52 blancas y 36 negras) y diferentes tipos incluyen pianos verticales, de cola y electrónicos.

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El piano y sus partes.

Se dice que el piano es el rey de los instrumentos musicales, debido a que es sumamente
completo, permitiendo expresar todo tipo de música.

El piano es un instrumento de teclado. Pertenece a la familia de las cuerdas percutidas, es


decir, que sus cuerdas emiten sonido cuando vibran al ser golpeadas por un pequeño martillo
o macillo tapizado de fieltro. Cuando el pianista pulsa las teclas, los martillos golpean las
cuerdas y los pedales alargan o acortan las notas.

En total hay 224 cuerdas que se encuentran en el abanico. Son de acero y se percuten con
macillos forrados de fieltro.

Para poder afinarlas se modifica la tensión a la que están sometidas, soportando hasta 75kg.
Este proceso se lleva a cabo girando unas clavijas que están ancladas a ellas en uno de sus
extremos y que se encuentran dispuestas en el clavijero.

El piano cuenta con 88 teclas en total, 52 blancas y 36 negras.

Existen diferentes tipos de piano, los más comunes son: Piano Vertical, Piano de Cola y Piano
Electrónicos.

Piano Vertical

Lo que caracteriza a este piano es que su caja de resonancia, las cuerdas y los macillos se
encuentran, como su nombre indica, en vertical.

Al encontrarse en vertical, la parte trasera del piano deja salir el sonido sin poner ninguna
barrera.

El piano vertical también se conoce como Piano de pared puesto que normalmente la parte de
atrás se encuentra pegada a una pared.

Piano de Cola

Al contrario que en el piano vertical, en el piano de cola la caja de resonancia y las cuerdas se
encuentran en horizontal, es decir, paralelas al suelo.
En el piano vertical no hay barreras para que el sonido salga del piano, pero en el piano de cola
sí que las hay. Las cuerdas y la caja de resonancia se encuentran cubiertas por una tapa que
puede levantarse, de manera que los sonidos salgan sin ningún tipo de contención

CAPÍTULO 1

Cómo elegir el piano o teclado adecuado

Por fin te has decidido a aprender piano y estás a punto de embarcarte en un viaje
increíblemente enriquecedor. Además, no viajarás por tu cuenta, sino que te acompañará un
instrumento del que aprenderás todo. Este compañero de andaduras con teclas será una
presencia reconfortante en casa y se convertirá en una fuente diaria de satisfacción. Por eso,
es muy importante escoger el instrumento adecuado.

Ya en la primera búsqueda te encontrarás con infinidad de opciones y de terminología extraña


que puede resultar un poco agobiante; pero no te preocupes: estamos aquí para ayudarte. En
este capítulo descubrirás todo lo que hay que saber para elegir el instrumento más adecuado
para ti. Si crees que no necesitas toda la información que aquí te exponemos, puedes saltar
directamente al final del capítulo donde encontrarás una guía rápida de compra. Si ya tienes
un instrumento y este es de tu agrado, puedes pasar al Capítulo 2 - Métodos de aprendizaje de
piano.

Empecemos por clasificar las opciones que existen en tres categorías:

Teclados digitales - Esta es la opción más barata, práctica y versátil. Su sonido no será tan
bueno como el de los pianos acústicos pero cumplen su función como primer instrumento.

Pianos digitales - Estos son algo más grandes y caros, pero siguen siendo igual de versátiles y,
además, reproducen bien el sonido y la sensación de tocar un piano acústico. Una gran
alternativa si vas bien de presupuesto o espacio en casa.

Pianos acústicos - Esta es la mejor opción si buscas la mejor experiencia y sonido posibles, pero
su tamaño es el más voluminoso con diferencia y pueden resultar extremadamente caros.

Teclados digitales
Comprar un teclado digital es la opción más modesta. Este consiste simplemente en una
carcasa que alberga las teclas y los controles, lo que lo hace portátil y, además, suele ser la
opción más barata. También se le llama teclado "electrónico" o "eléctrico" porque el sonido es
sintetizado o grabado. El sonido sale de un altavoz incorporado con volumen ajustable (o de
una entrada de auriculares, si es que no quieres molestar a nadie).

Un teclado siempre será la opción más compacta, ya que son fáciles de transportar y
normalmente suelen ser más baratos.

Los teclados digitales no necesitan mantenimiento y casi siempre disponen de una serie de
sonidos de otros instrumentos: varias clases de pianos, órganos o aquellos sin teclas, como el
violín o el violonchelo. La calidad del sonido de los teclados más baratos y antiguos no es muy
buena, pero los modelos más modernos cuentan con un sonido bastante aceptable.

Una desventaja de los teclados digitales es que la experiencia de tocar puede variar de
excelente a no tan buena en función de dos factores clave: el número de teclas y el tipo de
mecanismo de las mismas.

Número de teclas
Un teclado con el tamaño de un piano corriente tiene 88 teclas, que abarcan siete octavas y
tres notas adicionales. Si buscas la experiencia que más se ajuste a la de un piano acústico,
opta por esto. Si no dispones de mucho espacio, puedes optar por un teclado de 76 teclas, que
abarca seis octavas más tres notas extra. Esto te servirá para empezar, pero verás que te
quedas sin teclas por el lado izquierdo en algunas piezas clásicas como el Para Elisa de
Beethoven, o por el lado derecho en gran parte de las obras Chopin (le encantaban las notas
agudas), así como de muchos otros compositores del siglo XX como Debussy, Ravel, Prokofiev y
Bartok.

Si te decides por un teclado con menos de 76 teclas, te toparás con frecuencia con los
extremos derecho e izquierdo. Evidentemente, si simplemente no dispones del suficiente
espacio y tienes que elegir entre 61 teclas o nada, pues 61 teclas o nada, pues te tocará optar
por las 61 teclas. Cinco octavas te limitarán, pero eso es todo lo que tenían en el 1700 cuando
Mozart componía música. Y si Mozart se las apañaba con eso...

Mecanismo de las teclas


Aquí nos referimos al sistema mediante el cual el piano produce el sonido. Los teclados y
pianos digitales no tienen las mismas partes físicas que un piano acústico, por lo que utilizan
diversas técnicas para recrear el tacto y la sensibilidad de las teclas de un piano real. Los
mejores instrumentos consiguen esto incluyendo o replicando sus partes móviles (véase la guía
sobre mecanismo de las teclas a continuación). Cuanto mejor simulen la respuesta de las teclas
de un piano de verdad, más caros y pesados serán los teclados; aun siendo más pequeños,
baratos y ligeros que los pianos digitales y acústicos.

Mecanismo percutor de las teclas


Mecanismo de martillo macillo: Este mecanismo es el de mayor calidad y precio. Cada tecla
mueve un macillo mecánico dotando al instrumento de una sensibilidad al tacto idéntica a la
de un piano acústico.

Teclas contrapesadas: Los teclados contrapesados (o de teclas duras) incluyen unos


contrapesos en el extremo oculto de las teclas para recrear una sensibilidad parecida a la de
un piano real.

Teclas semi-contrapesadas: Estos teclados combinan un mecanismo de muelles y contrapesos


adheridos a las teclas. Se pierde algo de sensibilidad, pero funcionan bien para un primer
instrumento.

Sin contrapeso: También conocidas como teclas blandas, están hechas normalmente de
plástico, tratando de emular el tacto de un piano real mediante muelles. Esta es la opción más
barata.

Accesorios para el teclado


Pedal de resonancia: Los pedales del piano son una especie de palancas manejadas con los pies
para lograr un determinado efecto en el sonido. Vienen incorporados en cualquier piano
acústico moderno pero, si te decides por un teclado electrónico, necesitarás comprar aparte
un pedal de resonancia.

El precio de los pedales de resonancia varía en función de su grado de robustez. La mejor


opción siempre será adquirir un pedal pesado hecho de metal y con contrapesos que recree lo
más fielmente posible el tacto del de un piano acústico. Si, en cambio, dispones de un
presupuesto limitado, existen pequeños pedales cuadrados de plástico que también cumplen
su función. Ten en cuenta que estos pedales más ligeros pueden patinar un poco y funcionan
con un simple mecanismo de encendido y apagado, por lo que no captarán la sensibilidad con
que los tocas.
No coloques tu teclado en una mesa. Utiliza un soporte para mejorar tu postura y tu técnica.

Soporte para teclado: A diferencia de un piano acústico o digital, los teclados no suelen venir
con un soporte para que esté a la altura del que lo toca. No te conformes con ponerlo sobre
una mesa; hazle un favor a tu espalda y utiliza un soporte de teclado para asegurarte de que
esté a la altura correcta. Los soportes más robustos y estables evitarán que el teclado se
balancee hacia delante y hacia atrás las veces que lo toques con mayor entusiasmo. Para saber
más sobre cómo ajustar la altura del teclado, consulta el Capítulo 3 - Técnica de piano correcta.

Esto es todo lo que necesitas saber por ahora. Aún así, si deseas conocer más detalladamente
la función de los pedales y cómo se usan, ve al Capítulo 9 - Pedales del piano.

Pianos digitales
Los pianos digitales ofrecen la comodidad y la versatilidad de un teclado y recrean muy bien la
experiencia de tocar un piano acústico, sobre todo porque su tecnología es mejor. El
mecanismo de sus teclas suele ser de martillo (consulta la guía de más arriba sobre el
mecanismo de las teclas) y están hechas de madera o de un material similar. Esto proporciona
la sensación de estar tocando un instrumento robusto, mientras que los pianos digitales no
requieren ser afinados, además de no necesitar el mismo mantenimiento que un piano
acústico.

Al igual que un teclado digital, su sonido es sintético o a partir de grabaciones y, al igual que un
teclado digital, ofrece una variada gama de sonidos tanto de piano como de otros
instrumentos. A diferencia de muchos teclados digitales, cuentan con todas las 88 teclas de un
piano moderno, por lo que no limitará tu experiencia al tocar (ver «Número de teclas» más
arriba).

Sin embargo, cuentan con una desventaja, y es que no son fáciles de transportar, si bien es
verdad que existen pianos digitales de diferentes tamaños y que son más pequeños que sus
homólogos acústicos. Por lo tanto, si optas por uno de ellos, es posible que tengas que probar
cuál es el mejor sitio para colocarlo en casa. En general, los pianos digitales son más caros que
los teclados, pero mucho más baratos que los pianos acústicos equivalentes.

Conexiones MIDI por USB


Los teclados y pianos digitales casi siempre cuentan una conexión MIDI (siglas de Musical
Instrument Digital Interface) por USB que permite conectarlos a un ordenador o dispositivo
portátil. Esto te permitirá utilizar aplicaciones y programas para acceder a más sonidos, grabar
tu interpretación y acceder a otras funcionalidades propias de las aplicaciones de aprendizaje
de piano.
Pianos acústicos
El sonido del piano es parte indispensable de la música occidental desde hace siglos. La
experiencia de sentir cómo las notas resuenan a través de tus dedos y su sonido llena la
habitación mientras tocas es algo incomparable. Este sonido “acústico” se produce a partir de
elementos puramente físicos, sin altavoces ni procesos electrónicos de por medio.

El inconveniente de los pianos acústicos es que son la opción más cara con diferencia, y el
gasto no se limita solo a su compra. Transportar un piano es costoso y, además, necesitan de
un mantenimiento periódico para nada asequible. Sus piezas son sensibles a los pequeños
cambios de humedad o temperatura, por lo que los pianos acústicos necesitan ser afinados
periódicamente. Esto significa que también hay que considerar cuál es el mejor sitio para
colocar un piano acústico. No deben colocarse en una habitación húmeda o demasiado cerca
de un radiador, ya que sus partes pueden resecarse y deformarse con facilidad.

Los pianos de alta calidad conservan bien su valor, por lo que pueden considerarse una
inversión de futuro. La otra cara de la moneda es que hay que tener cuidado con los
instrumentos baratos de segunda mano, ya que una "ganga" suele presentar daños que suelen
ser caros de reparar. Siempre hay que pedir opinión a alguien experto en la materia antes de
comprar cualquier instrumento, pero esto es especialmente importante en el caso de los
pianos de segunda mano. Además, si te has decidido por un piano acústico pero no tienes la
total certeza de querer aprender a largo plazo, existe la posibilidad de alquilar un piano o una
sala de ensayo que lo incluya.

Hay dos tipos de pianos acústicos: los de cola y los verticales.

La física del piano acústico


Al pulsar una tecla, se pone en movimiento un pequeño martillo (llamado «macillo») que
golpea una cuerda, produciendo el característico sonido del piano. El mecanismo del macillo
confiere a la tecla una resistencia contra el dedo (los teclados con mecanismo de macillo tratan
de imitar esta sensación táctil). La vibración de las cuerdas se propaga al aire que las rodea
dentro la caja de resonancia. Esto provoca reverberaciones que rebotan en la caja y se escapan
por los cuidadosamente diseñados agujeros del cuerpo del piano.

Aunque esta experiencia de tocar un piano acústico sea difícil de recrear con precisión en los
pianos digitales o en los sintetizadores, lo cierto es que la tecnología no deja de avanzar. Los
pianos digitales modernos son excelentes a la hora de simular todos los elementos físicos del
sonido, incluso el que produce la sordina al silenciar o liberar las cuerdas. Un buen
instrumento digital puede incluso sonar y tener mejor tacto que un piano acústico de gama
baja.

Pianos de cola
Este es el icónico piano de grandes proporciones, baja estatura y curvado que habrás visto en
conciertos o en vídeos de famosos pianistas clásicos. Las cuerdas se tensan horizontalmente,
dando a la caja su forma característica. De este modo, el martillo solo necesita la fuerza de la
gravedad para rebotar en la cuerda; rebote que se transmite de vuelta hacia los dedos a través
de la tecla proporcionando una sensación totalmente natural. El alto rango dinámico de los
pianos de cola proporciona un sonido pleno, ya sea a volúmenes bajos o altos, en una sala de
estar o en un gran auditorio.

Pianos verticales
Este es el piano alto y rectangular que nos viene a la mente cuando pensamos en un saloon del
salvaje oeste o en un concierto de blues en un bar. La calidad del sonido es similar a la de un
piano de cola, pero como las cuerdas se tensan verticalmente, el mecanismo del martillo
requiere de muelles, lo que reduce ligeramente el rango dinámico y la sensibilidad. Aunque
son algo menos imponentes, la menor superficie que necesitan y su parte trasera cuadrada los
hace más cómodos, ya que pueden colocarse contra una pared.

Qué es el rango dinámico y por qué es tan importante


El rango dinámico es el volumen del que dispones al pulsar las teclas. Aquellos instrumentos de
rango dinámico bajo te obligarán a aporrear las teclas con intensidad para poder escuchar las
notas. En cambio, un rango dinámico alto permite una transición suave entre las distintas
intensidades a las que se tocan las notas. Un buen control del rango dinámico permite tocar
con verdadera pasión y emoción.

Pongamos como ejemplo la Sonata para piano n.º 14 de Beethoven, popularmente conocida
como Claro de luna. Cuando se toca bien, podemos apreciar las sutiles diferencias entre las
notas más potentes y las más delicadas a lo largo de la pieza. Los mejores intérpretes dominan
su rango dinámico de tal forma que incluso pueden variar la intensidad mientras tocan varias
notas al mismo tiempo.

Otros accesorios
Banco o taburete
Ignora a aquellos teclistas de tus bandas favoritas que suelen tocar de pie en los conciertos.
Para todo pianista que se tercie lo mejor es tocar sentado, y ajustar el banco o el taburete a
una altura correcta es esencial. Los taburetes más grandes y pesados suelen ofrecer mayor
comodidad durante más tiempo, pero son por lo general más caros. Asegúrate de comprar uno
cuya altura sea regulable para así poder conseguir una postura correcta cuando te sientes al
piano. Si quieres saber más sobre esto, consulta el Capítulo 3 - Técnica de piano correcta.

Metrónomo (opcional)
Un metrónomo proporciona un sonido audible (normalmente un clic o un pitido) que te ayuda
a mantenerte en el tempo (velocidad) establecido por ti. No es una herramienta indispensable,
pero puede ser útil al principio si detectas que aminoras o aceleras el ritmo sin querer
mientras tocas. Debes procurar no acostumbrarte a escuchar siempre la claqueta, ya que a la
larga te creará dependencia y serás incapaz de mantener el tempo sin ella. La mayoría de los
teclados y pianos digitales tienen un metrónomo incorporado, pero si optas por un piano
acústico y necesitas uno, existen muchas aplicaciones disponibles que puedes usar en tu
teléfono móvil; la mayoría de ellas gratuitas.

CAPÍTULO 2

Métodos de aprendizaje de piano

Una vez que hayas decidido embarcarte en la aventura de aprender a tocar el piano y hayas
escogido el instrumento que te acompañará durante tu viaje (véase el Capítulo 1 - Cómo elegir
el piano o teclado adecuado), el siguiente paso será el de escoger la ruta. La mejor ruta
siempre se corresponderá con el método de aprendizaje de piano que mejor se adapte a ti.
Hay que mencionar que no existe un único método que funcione para todo el mundo por igual.
Todos somos diferentes y, quizás, lo que haya funcionado para la gente que conoces puede
resultar una frustración para ti.

Piensa en tu estilo de vida. Si tus horarios son imprevisibles, necesitarás un método que sea
flexible. Si, por el contrario, te cuesta ceñirte a aquellas actividades que no tienen horario fijo,
entonces te convendrá algo más estricto. Puede ser que no puedas desplazarte para asistir a
las clases, o que quieras aprender un estilo que los profesores de tu zona no ofrecen, como
podrían ser el blues o la música barroca. Si además cuentas con un presupuesto ajustado,
puede que tengas que descartar ir a clase todas las semanas, ya que su coste se irá
acumulando rápidamente.

Sea cual sea tu situación, las diversas opciones que existen se pueden clasificar en clases
tradicionales, videotutoriales y aplicaciones de aprendizaje. Elegir la adecuada implica varios
factores y puede ser una tarea complicada, pero estamos aquí para guiarte. Para simplificar las
cosas, vamos a desglosar las tres opciones en función de:
Precio - ¿Me lo puedo permitir? ¿Merece la pena el gasto?

Destrezas - ¿Aprenderé aquellas técnicas y estilos que estoy buscando?

Flexibilidad - ¿Puedes aprender o hacer los ejercicios a la hora que quieras?

Método de enseñanza - ¿Se adaptará a mi forma de aprender?

Tiempo - ¿Tendré que desplazarme? ¿Cuánto tiempo necesito antes de poder empezar cada
clase?

En flowkey, hemos desarrollado una app para ayudar a cualquier persona a aprender a tocar el
piano con sus canciones favoritas. Estamos muy orgullosos del resultado y debemos reconocer
que nos inclinamos por la opción de las aplicaciones de aprendizaje. Dicho esto, esta guía ha
sido elaborada para ser lo más equilibrada y objetiva posible.

Clases de piano tradicionales


Seguramente esta sea la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza de una clase de piano:
el alumno y el profesor sentados al piano uno al lado del otro. El segundo guía al primero en
cada ejercicio y lo va corrigiendo sobre la marcha. Los mejores profesores son capaces de
mantener a los alumnos motivados, abordando las partes problemáticas desde distintos
ángulos. Ese toque personal y la adaptabilidad son las mayores ventajas de las clases
tradicionales.

La mayor dificultad radica en encontrar al profesor adecuado para el alumno. Es un proceso


que puede ser largo y costoso, pero merecerá la pena si finalmente encuentras a alguien con el
que te entiendas al cien por cien. Ten en cuenta que un mal profesor es capaz de desanimar al
alumno más motivado.

Precio. Un buen profesor de piano con experiencia puede ser caro, pongamos que de 30 a 50
dólares (lo que equivaldría a 25 o 45 euros) por cada clase, pero la experiencia puede merecer
hasta el último céntimo invertido.

Destrezas. Tener la posibilidad de formarte bien con la música que te gusta despertará tu
motivación, así que elige bien a tu profesor. ¿Conoce éste bien la música clásica, el jazz, el rock
o las canciones de tu artista favorito que te mueres por aprender? Si carece de experiencia en
los géneros que buscas, corres el riesgo de que te empuje hacia otros que no te gustan. Si los
conoce bien, el aprendizaje se convertirá en una experiencia gratificante. Y si lo que de verdad
buscas es convertirte en un concertista de música clásica, necesitarás sin duda a un profesor
que lo sea.
Flexibilidad. Los profesores suelen fijar un horario de clases para cada semana. Esto es
estupendo si estás ocupado y sabes que un horario fijo evitará que te saltes las clases. Por
desgracia, los mejores profesores suelen ser los más ocupados y hay que adaptarse a sus
horarios. Si llegas tarde o no puedes asistir a una clase, puede ser difícil cambiar la hora y
muchos cobran por las clases perdidas. Lo mismo ocurre si rebasas el tiempo de la clase, ya
que puede suponer que tengas pagar una clase extra.

Método de enseñanza. Los profesores suelen combinar elementos de metodologías


establecidas como la de Bastien, la de Suzuki, la de Faber & Faber o la del Árbol de la música.
De todas ellas se puede encontrar información en internet, ya que son de eficacia comprobada
y algunas están diseñadas exclusivamente para niños. Los buenos profesores siempre buscan
nuevos y mejores métodos, intentando adaptarse al alumno.

Pero los mejores profesores combinan paciencia, enseñanzas claras y adaptan su estilo al
alumno, acompañándolo durante los ejercicios para darle el feedback más detallado posible y
ayudándolo a superar cualquier dificultad. Además, suelen establecer un plan con objetivos a
largo plazo para que desarrolles tus habilidades como pianista de la mejor manera posible.

Está bien que pidas recomendaciones para un profesor, pero ten en cuenta que el método que
le conviene a un amigo puede no funcionar contigo. La edad, el entusiasmo, el carácter y otros
innumerables factores definen la experiencia. La mejor manera de decidirse por una
metodología, y por un profesor, es probar unas cuantas clases con varios profesores distintos.

Tiempo. Ten en cuenta lo que tardarás (y el coste) en ir a las clases (y volver de ellas) para
asegurarte de que no pierdes ni un solo minuto del valioso tiempo lectivo. Algunos profesores
ofrecen servicio a domicilio, pero suelen cobrar un poco más. Ten en cuenta también los
retrasos que se producen desde que te pones en contacto con ellos hasta que organizas y
preparas las clases.

Videotutoriales de piano
YouTube ha hecho posible que todo el mundo pueda compartir tutoriales en internet sobre
prácticamente cualquier tema. Cada vez hay más lecciones en vídeo en la plataforma, pero la
calidad varía muchísimo. Las opciones más profesionales suelen ofrecer libros de ejercicios de
apoyo para guiarte a través de cursos más estructurados.
Precio. Hay un gran número de tutoriales gratuitos, mientras que otros son de pago y van
acompañados de material didáctico. Las opciones gratuitas abarcan desde profesores con
talento que suben vídeos de gran profesionalidad hasta aficionados que dan consejos más bien
dudosos. Normalmente, la opción más segura es recurrir a aquellos tutoriales de pago más
consolidados y con mayor número de seguidores.

Destrezas. La gran cantidad de videotutoriales que existen hace que sea fácil encontrar uno
para prácticamente todos los géneros o estilos que existen, ya sea para la música de Ed
Sheeran o la de Shostakóvich. Si has encontrado un profesor virtual de tu gusto, puede ser
difícil salirse de su área de especialización. Si encuentras a otro para cada técnica de piano
diferente, entonces prepárate también para un estilo de enseñanza diferente.

Flexibilidad. Los tutoriales no requieren más que un ordenador portátil, un teléfono inteligente
o una tableta, lo que significa que puedes elegir cuándo (y dónde) tomar las lecciones. Una vez
que hayas encontrado un profesor online que te guste, puedes darte un atracón de sus
tutoriales, siempre que estén disponibles todos a la vez. Si, en cambio, los tutoriales se suben a
la red poco a poco, debes tener en cuenta la periodicidad con la que esto ocurre. Los largos
intervalos entre clases pueden ser causa de desmotivación.

Método de enseñanza. La comunicación en los videotutoriales funciona en una única dirección


y, ya que todo van a ser instrucciones, debes encontrar a un profesor cuyo estilo te guste y que
se exprese con claridad. Una de las principales desventajas es que el ritmo de los vídeos rara
vez se corresponde con tu ritmo de aprendizaje. Si éstos son demasiado rápidos o demasiado
lentos, te verás rebobinando para volver a un punto específico, lo que te restará tiempo para
tocar. Las pausas y los rebobinados también son necesarios cuando quieres repetir partes. De
hecho, esto es algo que harás con frecuencia, ya que es una parte esencial de la práctica.

Los vídeos carecen de interacción y, si eres principiante, es difícil darse cuenta si estás
haciendo algo mal, por lo que es probable que se vayan cogiendo malos hábitos si no tienes a
nadie al lado para corregirte. Los estudios muestran que aprender sin recibir ningún feedback
suele ser más lento y menos efectivo. Además, sin el impulso motivacional que supone que
alguien te felicite por hacer bien un ejercicio, muchos alumnos de videotutoriales pierden
pronto el interés cuando las cosas se ponen difíciles.

Tiempo. Prepararse para una clase es tan fácil como encender el portátil, o desbloquear el
teléfono o la tableta y abrir un enlace. Pero antes de que te fijes en una serie de tutoriales en
concreto, debes llevar cuenta de la frecuencia con que éstos se suben a internet. Considera si
la espera merece la pena, sobre todo si eres de los que aprenden rápido y necesitas
constantemente nuevo material.

Aplicaciones para aprender a tocar piano


Aprendemos mejor cuando el método de aprendizaje está diseñado para un objetivo en
concreto. Mientras que los vídeos de YouTube están bien para recibir instrucciones, las apps
de aprendizaje de piano están expresamente diseñadas para satisfacer tus necesidades
mientras vas aprendiendo a tocar el instrumento.

Existen varias opciones de apps para piano que combinan videotutoriales con tecnología que
proporciona feedback instantáneo y personalizado. Algunas de estas aplicaciones pecan de
“gamificación”, mientras que otras cuentan con un método más estructurado a través de
lecciones y tutoriales. De esta forma, los alumnos se mantienen motivados recibiendo
comentarios sobre su progreso, y por la posibilidad de aprender tocando sus canciones
favoritas.

Precio. Las aplicaciones pueden ser gratuitas o de pago, ofreciendo estas últimas la opción de
probarlas gratuitamente antes de pagar una suscripción, que normalmente oscila entre los 80
y 150 dólares (o 70 y 130 euros) al año. La suscripción da acceso al alumno a una variedad más
amplia de lecciones, estilos, canciones y funciones para que la práctica sea más amena y
motivadora.

Destrezas. Las apps, al igual que los videotutoriales, pueden enseñar un abanico de estilos y de
aspectos fundamentales que van desde los acordes, la lectura de partituras, teoría musical y
diversas técnicas como la improvisación. Una aplicación que esté diseñada para niños
pequeños dispondrá de muchas canciones infantiles, mientras que una dirigida a alumnos
adultos puede estar limitada solo a piezas clásicas. Las mejores apps son las que cuentan con
un gran repertorio musical que se actualiza continuamente, haciendo que sea más fácil
encontrar tu estilo o tus canciones favoritas.

Flexibilidad. Al igual que con los videotutoriales, lo único que necesitas es un ordenador
portátil, un teléfono o una tableta; y puedes elegir cuándo (y dónde) quieres tener la clase.
Este tipo de aprendizaje flexible y autónomo se adapta mejor a muchas personas que las clases
fijas en una academia.

Método de enseñanza. La tecnología nunca podrá imitar completamente la experiencia de la


interacción humana. Si de verdad piensas que necesitas a un profesor de carne y hueso
sentado a tu lado, una aplicación no te servirá. Sin embargo, las aplicaciones resuelven la falta
de interacción de los videotutoriales al proporcionar el feedback que los alumnos necesitan.
Avances tecnológicos como el reconocimiento de notas, mantiene a los estudiantes motivados
y en el buen camino, mientras que una "ruta de aprendizaje" estructurada los guía a través de
los conceptos básicos y supervisa su progreso.

Tiempo. Prepararse para una clase requiere el mismo tiempo que con los videotutoriales. Pero,
a diferencia de estos, una app bien diseñada proporcionará una mejor experiencia de uso,
ofreciendo funciones como la práctica en bucle y el reconocimiento interactivo de notas. Esto
te librará del farragoso proceso de pausar y rebobinar un vídeo, permitiéndote aprovechar el
tiempo al máximo durante la práctica.

Aprendizaje en adultos vs. aprendizaje en niños


Si estás retomando las clases de piano después de haber aprendido en tu infancia,
seguramente tengas una imagen preconcebida de cómo deberían ser éstas. Antes de que esto
te afecte a la hora de tomar una decisión, ten en cuenta que varios estudios muestran la gran
diferencia que existe entre aprender siendo adulto (andragogía) y siendo niño (pedagogía).

Los niños son completamente dependientes del profesor, y estos deben alinearse a menudo
con los padres para determinar la naturaleza del aprendizaje. La motivación para tomar clases
no suele venir del niño, especialmente al principio. En los peores casos, simplemente van para
evitar ser castigados o por el mero hecho de que recibirán una recompensa.

Los adultos son los únicos responsables de aprender. Las únicas cuentas que rinden son con
ellos mismos, por lo que la motivación debe venir de dentro y basarse en el disfrute y en los
objetivos que uno mismo se haya marcado. También los adultos son conscientes de qué
método de enseñanza se adapta mejor a ellos y hace que la experiencia sea divertida y
gratificante.

Sea cual sea el método que escojas, siempre existe la posibilidad de cambiarlo o combinar
varios de ellos. Por ejemplo, puedes combinar el practicar canciones con una app en casa con
ir a clases de toda la vida para recibir comentarios detallados por parte del profesor. Dicho
esto, te recomendamos que te concentres en un único método durante un tiempo para darte
cuenta de si va contigo o necesitas complementarlo con otro. Esta guía te ayudará a decidirte
por el mejor método de aprendizaje de piano, pero ten en cuenta que aprender siempre
requerirá tiempo y paciencia. En el siguiente capítulo, hablaremos sobre la técnica adecuada y
sobre cómo sentarse correctamente al piano para aporrear las teclas sin que tengas molestias
de ningún tipo.
CAPÍTULO 3

La técnica de piano correcta

Tocar con una técnica de piano correcta no consiste sólo en pulsar las teclas que
corresponden. Todo influye en el sonido del piano: desde la forma en la que te sientas hasta la
manera en la que dejas caer los dedos sobre el teclado. Sentarse de forma correcta y
mantener una postura firme te permitirá trasladar la energía de todo tu cuerpo a las puntas de
los dedos. Si consigues dominar esto, podrás tocar con mayor expresividad y manejar un
amplio rango dinámico.

No se trata solo de mejorar tu destreza en el piano. La técnica incorrecta hace que incluso lo
más básico se te haga pesado y complicado, y puede suponer una tensión innecesaria para el
cuerpo. Una mala postura al sentarse puede causar dolores o molestias en los hombros, el
cuello y la espalda. Una mala técnica con las manos puede provocar rigidez en los dedos y
limitar su agilidad incluso más allá del teclado. Si alguna vez has sufrido molestias después de
escribir o de teclear todo el día, sabrás lo que se siente.

Corregir una mala técnica puede ser complicado, por lo que es importante desarrollar buenos
hábitos desde el principio. Este capítulo abarca todos los elementos de una técnica de piano
adecuada, desde la preparación del entorno donde tocas hasta la interacción de los dedos con
las teclas. A medida que vayas progresando, es conveniente que vuelvas a este capítulo para
ajustar y corregir continuamente tu técnica.

Colocación del asiento y postura de la parte inferior del cuerpo


No importa qué clase de asiento utilices mientras éste sea cómodo, robusto y esté regulado a
la altura correcta para ti. La mejor opción es un banco o taburete ajustable específico para
tocar el piano. Si se da la casualidad de que dispones ya de una silla con la altura perfecta para
ti, estupendo, pero esto es poco probable.

Coloca el banco o taburete en paralelo al centro del teclado, ajustando la distancia del piano
para que puedas alcanzar todas las teclas manteniendo una posición cómoda de las manos
(ver más abajo). Si utilizas un banco para piano de cola, no utilices toda la superficie. En su
lugar, siéntate o apóyate en la mitad delantera, lo que te permitirá tener mayor fuerza para
mover los pies hacia arriba y hacia abajo a la hora de pisar los pedales.

Relaja los hombros y procura que estén alineados y de forma paralela al teclado, o un pelín
más altos si quieres ganar en fuerza. Esto significa ajustar la altura. Si utilizas un soporte para
tu teclado, puedes ajustar éste; pero los pianos acústicos o eléctricos son fijos, así que tendrás
que ajustar el asiento. Si sigue estando demasiado bajo para ti, puedes añadir altura poniendo
una esterilla o un trozo de alfombra. No importa lo que utilices mientras que no sea un cojín.
Debe ser algo cómodo pero firme.

Grandes pianistas con malos hábitos


Siempre hay excepciones...

El pianista clásico Glenn Gould se sentaba tan bajo que siempre se llevaba su propia sillita a los
conciertos y grabaciones, mientras que la leyenda del jazz Keith Jarrett tocaba levantándose
del asiento constantemente, retorciendo todo su cuerpo.

Sin embargo, esto no les impidió convertirse en artistas fuera de serie, pero estos son casos
inusuales. Póntelo fácil a ti y a tu cuerpo cogiendo buenos hábitos desde el principio.

Coloca los pies firmemente sobre el suelo, alineados con tus rodillas y sin meterlos bajo el
asiento o abriéndolos hacia los lados. Más tarde, verás que es importante poder mover los pies
libremente desde su posición de descanso para utilizar los pedales. Algunas piezas requieren
un constante accionamiento de los mismos, por lo que debes tener esto en cuenta a la hora de
conseguir una posición cómoda.

Si no consigues colocar los pies de esta forma ni mantener los brazos en la posición correcta,
siempre puedes poner una alfombrilla o esterilla en el suelo. De nuevo, procura que sea algo
firme y cómodo. Debes conseguir un ángulo de unos 90 grados en tus rodillas, sin necesidad de
que este sea exacto.

Ahora la parte inferior de tu cuerpo está en la postura correcta, con los pies y las caderas
firmes. No te muevas a lo largo del asiento; más bien mantén una posición sólida y alcanza las
teclas más alejadas de ambos extremos. Si una pieza se toca en una parte concreta del piano,
está bien que te desplaces para no estar todo el rato inclinado hacia un lado. Puede que tengas
que probar unas cuantas combinaciones para conseguirlo, pero merecerá la pena.

Postura adecuada de la parte superior del cuerpo


Si bien es cierto que las únicas que tendrán contacto con las teclas serán las puntas de tus
dedos, también es verdad que no sólo tus dedos se encargarán de hacer todo el trabajo. Tocar
el piano requiere la implicación de todo el cuerpo. Esos concertistas de piano a los que ves
realizando movimientos espectaculares controlan al milímetro lo que hacen. Simplemente,
están transfiriendo energía de todo su cuerpo a las teclas. Sigue leyendo esta guía en la que te
ayudaremos a conseguir lo mismo.

Siéntate erguido con la espalda recta. Imagina que hay una línea que va desde el asiento hasta
tu coronilla, pasando por tu columna vertebral. Quizás te resulte incómodo sentarte de esta
forma al principio, sobre todo si tienes costumbre de sentarte en sillas donde puedes
descansar tu espalda. No te preocupes, tu torso se fortalecerá rápidamente y la postura se te
hará cada vez más natural.

Relaja los hombros y contén el impulso de encorvar la espalda. Tu cabeza es pesada, por lo que
debes evitar inclinarte para mirar las teclas, de lo contrario pondrás presión sobre tu espalda y
hombros. Si sueles acumular tensión en los hombros, como le pasa a mucha gente, muévelos
en círculos un par de veces hacia atrás y luego deja que los brazos cuelguen sueltos a los lados.

Una vez te sientas cómodo, coloca las manos a ambos lados del centro del teclado. Tus dedos
deben estar paralelos a las teclas, flotando en algún lugar sobre el centro de las teclas blancas
cerca de donde comienzan las teclas negras, no en el borde.

Los codos deben estar a una distancia cómoda de tu torso, doblados hacia afuera.

Mientras mueves los dedos a lo largo del teclado, tus codos deben acompañarles en un
movimiento suave y fluido. Cuando separes las manos para alcanzar ambos extremos del
teclado, tus brazos se extenderán hasta alcanzar una posición cómoda. Para tocar las teclas
que quedan en el centro, mantén las muñecas sueltas y deja que las manos giren una hacia la
otra para evitar tensiones.

Unas muñecas flexibles y relajadas te permitirán convertir el peso de tu brazo en energía para
tocar. La gravedad será aquí tu aliada, así que debes mantener tu muñeca suelta. Esto hará
que tus movimientos sean más naturales y menos bruscos, ayudándote a conseguir un mayor
rango dinámico.

Error común: rigidez en las muñecas y antebrazos


Debemos hacer hincapié en la importancia de dejar que la energía fluya a través de tus
antebrazos y muñecas hasta los dedos. Si mantienes éstos rígidos, perderás control sobre el
sonido y tendrás molestias que pueden convertirse en lesiones si no corriges esto a tiempo.
Relaja las muñecas y aprovéchate de la gravedad, imaginando de qué manera dejarías caer tus
manos y brazos a través del teclado si no estuviese ahí.
Pon atención a tus dedos e imagina que estás sujetando una pequeña pelota en cada mano.
Éstas deben estar huecas, redondeando los dedos y los nudillos alrededor de esta pelota
imaginaria. Si no consigues visualizar eso, prueba a poner la mano sobre tu rodilla de forma
que quede cubierta. Entonces lleva tu mano de nuevo al teclado manteniendo esta misma
posición.

El dedo meñique es el más pequeño y débil, por lo que es común tener la mala costumbre de
mantenerlo recto. Esto hará que tu mano se contraiga e impedirá que desarrolles fuerza en
dicho dedo. En su lugar, cúrvalo como los demás. Como es más corto, no podrás doblarlo
tanto, pero no importa. Encuentra una posición cómoda en la que sólo la punta del dedo toque
la tecla.

El dedo pulgar es la excepción a la regla de mantener tus dedos curvados. Manténlo recto pero
relajado, dejándolo caer en la tecla sobre su lateral cerca de la punta.

Error común: doblar las puntas de los dedos hacia atrás


A la hora de tocar, tus dedos deben mantenerse curvados y firmes. No obstante, como esta no
es una postura natural para ejercer presión, los principiantes suelen cometer el error de dejar
que sus dedos se doblen hacia atrás en la primera articulación. Esta mala postura hará que
toques más lenta y abruptamente e incluso puede dañar la articulación.

Para evitar esto, puedes ejercitar tus dedos utilizando una masilla específica o diversas
herramientas, aunque en la mayoría de casos, sólo es cuestión de prestar atención mientras
tocas. Procura pulsar las teclas con la punta de los dedos, como si estuvieses mecanografiando,
y verás cómo empiezan a desarrollar fuerza en poco tiempo.

La técnica perfecta para las teclas


Ya que has dedicado tiempo a aprender cómo sentarte correctamente, debes hacer lo propio
para aprender a tocar las teclas de forma adecuada. La idea aquí es conseguir el mayor control
posible y maximizar el rango dinámico (es decir, la gama de volúmenes disponible para el
pianista). Ya hemos hablado de esto en el Capítulo 1 - Cómo elegir el piano o teclado
adecuado, en la parte en la que hablábamos del rango inherente a cada piano o teclado. Ahora
nos vamos a centrar en conseguir tocar cada nota con el rango máximo, para así sacar el
máximo provecho al instrumento.

Si has visto a pianistas aporrear el teclado, habrás notado que cada nota suena con el mismo
volumen e intensidad, por lo que puedes detectar fácilmente si se equivocan. Ahora imagina a
un concertista de clase mundial o ponte alguno de sus vídeos. Estos tienen un control total
sobre la energía que transfieren a las notas. Aunque se muevan con gestos exagerados,
pueden pasar rápidamente de las notas más suaves a las más agresivas.
La técnica
En el siguiente capítulo, veremos esto más a fondo pero, por ahora, escoge una tecla blanca de
la zona central del teclado. Si quieres ser más preciso, entonces localiza el do central siguiendo
las instrucciones del Capítulo 4 - Empezando a tocar el piano.

Recuerda la posición de tu mano. El lateral del pulgar cerca de su punta en contacto con la
tecla, mientras que el resto de los dedos se curvan como si sostuvieran una pelota imaginaria.
El dedo meñique, la muñeca y el codo deberían formar una línea más o menos recta. Ahora,
deja caer el dedo en la tecla sin presionarla. Al hacer esto, mantén tu muñeca suelta y deja que
caiga un poco. Cuando devuelvas el dedo a su posición inicial, deja que la muñeca lo
acompañe. Este movimiento natural hará tu interpretación más fluida y menos rígida,
permitiéndote lograr un mayor rango dinámico.

Ahora, un experimento: pulsa fuertemente la tecla y sosténla. Levanta tu dedo lentamente y


escucha el suave sonido del martillo volviendo a su posición. Vuelve a tocar la tecla con fuerza
pero ahora retira el dedo rápidamente para escuchar la diferencia en el sonido. Después toca
suavemente sosteniendo la tecla y, después, de la misma forma pero levantando el dedo con
sutileza.

Para conocer el instrumento, debes comprobar cómo reacciona en diferentes situaciones, al


igual que las personas. Teniendo esto en cuenta, no es difícil entender por qué los pianistas de
toda la vida ven al piano como un verdadero amigo. Ahora pasa al siguiente capítulo para
empezar a tocar tus primeras melodías.

CAPÍTULO 4

Cómo empezar a tocar el piano

En el último capítulo explicamos todo lo que necesitas saber antes de empezar a tocar el
piano. Ya sabes sentarte correctamente manteniendo una postura firme y cómo pulsar una
tecla con la técnica adecuada. Pero las piezas de piano no consisten en una sola nota. Por eso,
vamos aquí a conocer mejor el teclado para que puedas poner en práctica lo que hemos
aprendido hasta ahora. Al empezar a tocar el piano, es importante utilizar siempre la técnica
correcta, por lo que te recomendamos volver de vez en cuando al Capítulo 3 - La técnica de
piano correcta.

Orientación y posición de inicio


Observa las teclas. Cada una de ellas representa una nota diferente, pasando de graves a
agudas a medida que te desplazas del extremo izquierdo al extremo derecho del teclado. Para
ayudarte a situarte en el teclado, fíjate en las teclas negras. Verás que estas se distribuyen en
grupos de dos y de tres.

Las teclas reciben su nombre de las notas del pentagrama que representan. Cada tecla blanca
situada justo a la izquierda de un grupo de dos teclas negras es un do. Sitúate en el centro del
teclado y busca el do a la izquierda de las dos teclas negras. Este es el do central y será el
punto de referencia para orientarte en el teclado.

Una vez hayas localizado el do central, coloca el pulgar de la mano derecha sobre él. Recuerda
cómo debes colocar la mano: el lateral del pulgar, en su zona más cercana a la punta, debe
tocar el do central mientras que el resto de tus dedos se curvan como si sostuviesen una
pelota imaginaria (o como si agarrases tu rodilla).

Ahora, extiende el resto de tus dedos en las teclas que suceden al do central, asignando un
dedo a cada una de las cuatro teclas blancas, que son re, mi, fa y sol. Esta es la llamada
posición de do. Será tu posición inicial para tocar tus primeras melodías. Ignora por el
momento las teclas negras. Las estudiaremos más adelante.

Las otras notas


Las ocho notas van del do hasta el siguiente do más agudo y forman lo que se conoce como
una octava. Si pruebas a tocar la misma nota en diferentes octavas, notarás que suena igual,
solo que más aguda o más grave.

La digitación correcta
Cuando te encuentras en la posición de do, queda bastante claro qué dedo se debe usar para
cada tecla. Sin embargo, cuando quieres tocar otras notas fuera de esta posición, es posible
que no te quede muy claro qué digitación usar. De hecho, no existe una regla fija y depende de
muchos factores. Aún así, existen recomendaciones para una buena práctica. Si te preocupa
hacerlo mal, visita el Capítulo 10 - Mitos sobre el piano y dudas frecuentes para saber más
acerca de esto.

Al recorrer el teclado, verás que cada uno de los “dos”se encuentra justo a la izquierda de los
grupos de dos notas negras. De la misma forma, cada uno de los “fas” se encuentra a la
izquierda de los grupos de tres teclas negras. Una vez logres identificar este patrón, o
simplemente te acostumbres a contar desde do hacia la derecha, podrás rápidamente
ponerles a las teclas blancas del piano el nombre que les corresponde. La nota más grave en la
mayoría de los pianos suele ser un la o un do, pero siempre debes usar la posición de do
central como punto de referencia para orientarte, ya que será esta zona central la que más
utilices al tocar.

Otros sistemas de notación


El sistema aquí presentado es el de notación latina, y es el utilizado en América (excepto
Estados Unidos), España, Francia, Italia y Portugal. Sin embargo, en tu aventura de aprendizaje
de piano te encontrarás con otros sistemas de notación.

Sistema de notación musical anglosajón

Es el más extendido en todo el mundo y se basa en las letras del abecedario: en lugar de do, re,
mi, fa, sol, la, si; utiliza C, D, E, F, G, A y B.

Notación alemana

Este tendrá más sentido cuando veamos los sostenidos y bemoles (correspondientes a las
teclas negras) más adelante. En la notación alemana, la nota si se corresponde con la letra H.
Además, la nota que sería si bemol en español (la tecla negra a la izquierda del si) se denomina
B.

Empecemos a tocar

Hagamos un ejercicio: toca las cinco teclas de la posición de do en orden, desde la más grave
hasta la más aguda. Toca cada tecla con firmeza para que la nota suene y luego suéltala antes
de tocar la siguiente. Recuerda la técnica que vimos en el capítulo 3.

Experimenta de nuevo con el rango dinámico pulsando estas cinco teclas de forma más fuerte
y más suave, sosteniéndolas durante más o menos tiempo. En la posición de do, tu brazo no
debería moverse más que la ligera caída de la muñeca descrita en el capítulo 3, así que
recuerda mantenerlo relajado.

Toca tus primeras melodías de piano


Cubriremos los conceptos básicos de la música escrita más adelante. Por ahora, vamos a
centrarnos en que toques tus primeras melodías utilizando una notación simplificada. Adopta
la posición de do, asignando un dedo a cada nota desde do hasta sol, y toca las notas indicadas
más abajo levantando tu dedo de la tecla mientras tocas la siguiente. Sostén cada nota
durante el mismo tiempo, pero cuando la brecha se haga más larga, manténla durante más
tiempo. No te preocupes si esto te parece demasiado rudimentario: es todo lo que necesitas
por ahora para empezar. Te mostraremos una forma muchísimo más eficiente de controlar y
representar el tiempo en el capítulo 8.
La siguiente canción es una pieza tradicional llamada Aura Lee y es posible que la conozcas por
la canción de Elvis Presley, Love Me Tender.

do fa mi fa sol re sol - fa mi re mi fa - - - do fa mi fa sol re sol - fa mi re mi fa - - -

¡Enhorabuena! Acabas de tocar tu primera canción.

¿Tienes ganas de más? Prueba entonces con esta versión simplificada de el Himno a la alegría
de Beethoven.

mi mi fa sol sol fa mi re do do re mi mi - re re -

mi mi fa sol sol fa mi re do do re mi re - do do -

¡Felicidades de nuevo! Esta ya es tu segunda canción y tu primera melodía clásica.

CAPÍTULO 5

Cómo leer partituras (lo fundamental)

En el capítulo anterior, hicimos una introducción a las notas y a su localización en el teclado. En


este capítulo, las pondremos sobre el papel y te explicaremos cómo funciona la notación
musical, es decir, la forma de comunicar la música por escrito. Si no tienes claro que debas
aprender a leer partituras para poder tocar el piano, sigue leyendo este capítulo y te daremos
algunas buenas razones. Si ya lo tienes claro, leerlo de todos modos te dará una motivación
extra. Spoiler: Creemos que aprender a leer partituras, aunque no sea una obligación para
principiantes, es una gran idea que te servirá para cualquier instrumento.

¿Qué es la notación musical?


La música es un idioma y, como tal, tiene su forma escrita.

La música es un lenguaje y, como tal, tiene forma escrita. La notación ofrece a los músicos de
todo el mundo un medio para comunicarse. Un compositor anota una pieza musical con
símbolos específicos, y si uno sabe leer música, puede entenderla en cualquier otra parte del
mundo. Puede que el emisor y el receptor nunca se encuentren, separados por siglos y
continentes, pero la comunicación sigue teniendo lugar.

Los seres humanos han escrito música desde que la misma escritura existe. Antes de la
notación, la música sólo se transmitía de forma acústica a través de la interpretación, pero se
han encontrado ejemplos de notación primitiva en tablillas que datan del año 2000 a.C. La
notación de pentagrama moderna, la forma que utilizamos ahora, fue creada por monjes
católicos para estandarizar la música de las iglesias.

Con el paso de los años, la forma de comunicar la música ha cambiado. Las grabaciones de
audio y vídeo han progresado hasta el punto de poder documentar una interpretación musical
con precisión milimétrica. Esto añade profundidad y comprensión, pero no elimina la
necesidad de la notación, ya que cada interpretación es única. En otras palabras, la notación
musical escrita por el compositor es el único registro "perfecto" de lo que este pretendía
exactamente. En el momento en que se interpreta, la música adquiere vida propia.

Por qué deberías aprender a leer música


Puede que la gente te diga que aprender a leer música requiere tiempo y esfuerzo, cuando no
es algo que debas aprender necesariamente. Algunos de los mejores músicos nunca
aprendieron a leer música y, de hecho, existen métodos que te enseñan a tocar de oído, o
usando sólo acordes (te hablaremos de esto más adelante).

Pero seamos claros: Si no aprendes a leer música, estás limitando tu


potencial.
Te retamos a encontrar a un pianista que haya aprendido a leer música y se haya arrepentido.
De hecho, encontrarás a muchos que incluso desearían haber aprendido antes. Como
cualquier idioma, se puede pasar sin dedicar tiempo a la lectura o la escritura, sobre todo al
principio. Sin embargo, a largo plazo, saber leer música aporta una serie de beneficios, y uno
se limita si prescinde de ellos:

Requiere menos tiempo del que piensas. Esto no es que sea algo bueno de por sí. Pero, si lo
único que te echa para atrás es el tiempo y el esfuerzo, merece la pena subrayar que no es
para tanto. La notación te puede parecer ahora mismo un conjunto de líneas y puntos en una
página pero, si le dedicas algo de tiempo, cobrará sentido y pronto estarás leyendo y tocando
tu primera pieza musical. Te recomendamos trabajar de forma sistemática e ir adquiriendo
gradualmente conocimientos sobre notación. Te sorprenderá lo rápido que lo entiendes,
literalmente, todo.
Leer música a primera vista. Es la capacidad de leer una pieza musical por primera vez y tocar
sobre la marcha, tan fácil como sería leer esta frase en voz alta. Conlleva tiempo y práctica
pero, al final, tan pronto como tengas música escrita, podrás tocarla. Dado que la música
escrita está ampliamente disponible en Internet, aprender lectura de música a primera vista te
dará la capacidad de tocar prácticamente cualquier cosa al primer intento.

Te quita inseguridades. El "oído musical" se desarrolla de forma natural con el tiempo. Pero, si
aprendes de oído solamente, requerirás cierto tiempo de adiestramiento para identificar las
notas, intervalos y acordes a un nivel avanzado. Se trata de una habilidad poderosa pero,
incluso los pianistas que han pasado años desarrollando su oído, tienen a veces dificultades. Es
especialmente difícil identificar una nota entre muchas, o una sucesión rápida.

Digamos que escuchas una pieza musical y quieres aprender a tocarla. Si no sabes leer la
partitura, tendrás que tocar más despacio una y otra vez y, aún así, no tendrás la absoluta
certeza de haberla escuchado correctamente. Si lees la partitura, sabrás al instante cuáles son
las notas y cómo deben tocarse, y lo tendrás todo listo para ponerte manos a la obra.

Es una gran ayuda para tu memoria. Tocar de oído significa recordar todo lo que has decidido
aprender. En cambio, la música escrita ofrece un registro de todo lo que has aprendido y lo
que aprenderás en un futuro. Si no tienes una memoria de elefante, puedes inventarte tu
propia notación pero, ¿para qué molestarse si ya existe un lenguaje que entiende todo el
mundo?

Te permite tocar sin limitaciones. El hecho de saber cómo pretendía el compositor que se
tocara la pieza en cuestión, eliminará todas las limitaciones para tocarla de esa manera. Hay
que conocer las reglas antes de poder romperlas. Duke Ellington creó obras maestras del jazz
basadas en Peer Gynt de Grieg y en La danza del hada de azúcar de Chaikovski pero, antes de
eso, tuvo que perfeccionar la interpretación de las obras originales, lo que significó estudiar y
basarse en la música escrita por el compositor.

Un método alternativo: la notación de acordes


Los géneros como el pop o el jazz suelen ser menos específicos en cuanto a lo que tocan los
instrumentos de acompañamiento, por lo que la notación en un pentagrama completo ofrece
información innecesaria. En cambio, los músicos sólo tienen que seguir una secuencia de
acordes. Un acorde es un conjunto de notas que crea una armonía específica, con un sistema
de nomenclatura que indica qué notas hay que incluir.
Los acordes se suelen anotar en las tablas de acordes, en las que se indican los cambios y
donde se pueden añadir anotaciones relativas al ritmo. Estas te serán útiles si piensas tocar en
bandas de jazz o de otro tipo. Si optas por esta vía, te recomendamos que sigas aprendiendo la
notación en pentagrama. Entender ambas cosas te dará mayor versatilidad y te permitirá leer
variaciones como las particellas, que muestran la letra y la melodía en notación de
pentagrama, pero también ofrecen los cambios de acordes para que el intérprete principal los
siga.

Fundamentos de la notación musical


Nota: Esta sección se basa en las nociones que hemos introducido en capítulos anteriores,
especialmente en el Capítulo 4 - Cómo empezar a tocar el piano.

El pentagrama
La notación está estructurada en torno al sistema de dos pentagramas de cinco líneas y cuatro
espacios, unidos por una llave vertical a la izquierda. El pentagrama superior suele estar en
clave de sol y suele tocarse con la mano derecha, mientras que el pentagrama inferior suele
estar en clave de fa y suele tocarse con la mano izquierda. El do central se encuentra en el
hueco entre ambos pentagramas sobre una línea imaginaria. Al igual que es el punto central de
orientación en el teclado, también lo es en el pentagrama.

Las líneas y los espacios de ambos pentagramas del sistema pueden albergar una gran
variedad de símbolos musicales, incluidas las notas. Las notas pueden colocarse sobre una
línea o en un espacio. La altura de la nota determina el tono. Cuanto más alta se encuentre
una nota, su tono será más agudo, por lo que subir en el pentagrama significará desplazarse a
la derecha en el teclado. Si una nota es más aguda o más grave que las que el pentagrama
alberga en sus cinco líneas y cuatro espacios, se añaden líneas adicionales para su
representación.

Las notas
Vamos a centrarnos en el pentagrama superior por ahora, el que está en clave de sol.
Encuentra el do central (véase el Capítulo 4) en el teclado y en el pentagrama que te
mostramos más abajo. De ahí, cuenta ascendentemente para poner nombre a todas las notas
que podemos encontrar en el pentagrama superior. La línea o espacio en la que se sitúa la
cabeza de la figura es la que determina la altura.

Para evitar contar desde el do central cada vez que hagamos esto, puedes usar reglas
mnemotécnicas para identificar las notas.

Las cuatro notas de los espacios se incluyen en la expresión “fabricando la dorada miel”.
De forma similar, puedes usar la expresión “mi sol siempre reluce fastuoso” para recordar las
cinco notas de las líneas.

Ahora que ya puedes identificar y situar las notas del pentagrama en clave de sol, echemos un
vistazo a la posición de do sobre el papel.

Las primeras cinco notas que hemos tocado con nuestra mano derecha se encuentran en la
mitad inferior del pentagrama en clave de sol. El do se encuentra en la línea adicional del do
central. El re, justo debajo de la primera línea del pentagrama. El mi, en la primera línea. El fa,
en el primer espacio y, el sol, sobre la segunda línea. Prueba a tocar estas notas.

Duración de las notas


Moverse de izquierda a derecha en el pentagrama significa avanzar en la música. Al igual que
la posición de la nota te indica la tecla que debes tocar, la forma de la nota te indica cuánto
tiempo debes tocarla. En el capítulo 8, abordaremos los compases, las subdivisiones y los
símbolos de tiempo, pero para que te vayas haciendo una idea...

Una redonda se dibuja como un círculo redondo y dura cuatro tiempos.

Una blanca se dibuja añadiendo un palito llamado plica al círculo y dura dos tiempos.

Una negra se dibuja rellenando el círculo y dura solo un tiempo.

Eso es todo lo que necesitas saber (por ahora)


Ahora es el momento idóneo para empezar a practicar tus recién adquiridas habilidades en
lectura de partitura aprendiendo algunas de tus canciones favoritas. No necesitas nada más
para empezar. Volveremos a la lectura de partituras en el Capítulo 8, donde cubriremos las
alteraciones (donde entrarán en juego las teclas negras del piano), los compases, las
tonalidades y otros aspectos de la notación musical. En el siguiente capítulo, nos pondremos a
practicar. Si no has elegido un método de aprendizaje aún, visita el Capítulo 2 - Métodos de
aprendizaje de piano para una mejor orientación.

CAPÍTULO 6

La práctica de piano

Practicar piano puede parecer una tarea desalentadora al principio, y no es de extrañar que el
"no he practicado lo suficiente" sea la razón por la que muchas personas abandonan el
aprendizaje de un instrumento a una edad temprana. Es una pena, porque abandonar significa
perderse el placer y la satisfacción diarios que puede suponer practicar. Por otra parte, es una
feliz coincidencia que la práctica sea también fundamental para progresar.

La buena noticia es que, si cada vez que se practica se hace siguiendo un método efectivo, se
mejorará mucho más rápido. De hecho, los estudios educativos han demostrado que, cuando
se trata de practicar, no se trata de cuánto, sino de cómo. La segunda buena noticia es que, si
desarrollas buenos hábitos desde el principio, aprenderás a amar la práctica. ¿Por qué el
tiempo que pasas tocando tu música favorita debería ser un aburrimiento?

En este capítulo, veremos la mejor manera de estructurar tu rutina de práctica de piano, cómo
planificar un calendario de sesiones y cómo prepararte para cada una para sacarles el máximo
provecho.

Cómo estructurar tu rutina de práctica de piano

¿Cuánto tiempo debo practicar piano cada día?


Veinte minutos es un buen punto de partida. En general, te recomendamos limitar tus sesiones
a cuarenta minutos ya que, a partir de ahí, el ser humano empieza a perder la capacidad de
atención. Incluso los concertistas profesionales que practican durante horas cada día (al fin y al
cabo, es su trabajo) no se sientan ante el teclado más de cuarenta minutos seguidos. Por
supuesto, si ves que has entrado en una racha productiva, sigue tocando; pero detente en
cuanto tu concentración baje y siéntete orgulloso de lo que has conseguido en esa sesión.

¿Con qué frecuencia debo tocar el piano?


Deberías practicar a diario para convertirlo en un hábito. Si esto te parece mucho, recuerda
que son sólo veinte minutos. Eso es menos de una sexta parte del tiempo medio que pasamos
en las redes sociales cada día. La práctica en sí misma se hará más fácil a medida que mejore tu
técnica y, a medida que tu cerebro forme asociaciones positivas, llegarás a desearla como
parte de tu rutina. Incluso, empezarás a echar de menos el piano cuando te alejes de él
durante más de un par de días. Aún así, no seas demasiado exigente contigo mismo: si acabas
tocando cinco días a la semana, estupendo. Si son cuatro, no pasa nada.

¿Qué hora del día es mejor para tocar el piano?


La que tú elijas. La mejor hora para practicar será siempre la que más te convenga. Si tienes un
horario flexible, prueba en horas del día distintas y comprueba en cuál rindes más. Cada
persona es un mundo para estas cosas: Mozart tocaba muy temprano o muy tarde, Strauss a
media mañana. Ten en cuenta también los horarios de los que te rodean. Con un teclado
eléctrico con auriculares podrás practicar en cualquier momento pero, si tienes un piano de
cola, tocar a la misma hora que echan la serie favorita de todo el mundo (o a las cuatro de la
mañana) podría granjearte problemas con tus convivientes y vecinos.

¿Cuál es el mejor lugar para practicar piano?


Lo mejor es que tengas el piano siempre a la vista, en un rincón de fácil acceso. Muy pocos de
nosotros tenemos espacio ilimitado para colocar un piano o un teclado, así que esto siempre
dependerá del tamaño del instrumento y del espacio del que dispongas. Allá donde coloques
tu piano, deberás procurar que te resulte fácil sentarte y tocar con la postura y la técnica
adecuadas (véase el Capítulo 3 - Técnica de piano adecuada); así que nada de encorvarse en
una buhardilla estrecha. Si utilizas un teclado, intenta que siempre esté montado y listo para
tocarlo. Si alquilas un local de ensayo o vas a casa de un amigo para practicar con su piano,
procura que esté lo más cerca posible de tu casa. Recuerda que el objetivo es estar allí todos
los días.

Qué debes hacer antes de cada sesión de práctica

Elimina las distracciones


Piensa en tu tiempo de práctica pianística como algo sagrado con lo que debes cumplir. La
concentración continua te permitirá emplear el tiempo de la forma más eficiente y mejorará
drásticamente la calidad de tu práctica. En un mundo ideal, cada uno de nosotros tendría una
habitación en la que sólo hubiera un piano. No obstante, la mayoría tenemos que tomar
medidas para eliminar las distracciones.

Si vives con más gente, pídeles que no te molesten cuando estés practicando, aunque pueda
parecer que quieras tener público. Apaga la televisión. Aunque no la oigas, las imágenes
captarán parte de tu atención. Pon tu teléfono fuera de vista o, mejor aún, déjalo en otra
habitación para evitar mirarlo. Las redes sociales pueden esperar veinte minutos.

Calienta antes de tocar


Utilizar la técnica correcta al tocar el piano conlleva involucrar todo el cuerpo, que se encarga
de canalizar toda la energía hasta las yemas de los dedos (véase el Capítulo 3 - Técnica de
piano correcta). Así que, antes de empezar, relaja los brazos, las muñecas y las manos. A
continuación, calienta tocando escalas, arpegios o algo más estructurado, como los ejercicios
Hanon que se pueden encontrar de forma gratuita en Internet. La regla general es empezar
con algo lento y fácil antes de pasar a algo más exigente. También puedes empezar tocando
una canción que ya conozcas, pero tranquilamente y sin prisas.
Los ejercicios de Hanon
Estos sesenta ejercicios elaborados por Charles-Louis Hanon en 1873 son conocidos en todo el
mundo por su capacidad para mejorar la flexibilidad, la velocidad, la agilidad, y la fuerza de los
dedos y las muñecas. Los primeros veinte son simples secuencias de notas repetidas para
ambas manos, que se moverán a lo largo de todo el teclado. Puedes encontrarlos de forma
gratuita en varios sitios de Internet.

Los ejercicios de Hanon pueden ayudar a mejorar la técnica, pero a menudo son criticados por
no ser muy musicales. Es importante mantener el equilibrio adecuado entre la práctica de la
mera técnica y el desarrollo de la musicalidad en el contexto de una canción.

Cómo estructurar cada sesión de práctica

Elige las canciones adecuadas


Tocar la música que te gusta, o al menos la que conoces, es motivador y mejora notablemente
el aprendizaje. No obstante, escoger la canción adecuada es más difícil de lo que parece; así
que tómate tu tiempo para experimentar con varias hasta que encuentres la adecuada. Si la
canción es demasiado fácil, te aburrirás pronto pero, si es demasiado difícil, te terminarás
frustrando.

Lo mejor es empezar con una transcripción sencilla de una canción o pieza de música clásica
que te guste. Para ello, puedes preguntar a tu profesor, buscar algún libro de canciones fáciles
para piano en una tienda de música, un videotutorial online o navegar por una aplicación como
flowkey. flowkey dispone de una amplia gama de canciones para todos los niveles de
dificultad, y cualquier canción marcada con una esquina en verde en la aplicación es apta para
principiantes.

Por norma general, si eres principiante deberías buscar canciones con las siguientes
características:

Pocas notas para la mano izquierda

Acordes de no más de tres notas

Muy pocos saltos o movimientos rápidos de los dedos

Familiarizarse con el piano


Antes de tocar una canción o una pieza, debes saber cómo debe sonar. Con el tiempo, cuando
mejores tus habilidades para leer música, podrás saber cómo sonará simplemente leyendo la
partitura pero, por ahora, es importante haber escuchado la canción antes. También ayuda
mucho ver cómo se toca en un piano. Por ejemplo, una sección puede parecer complicada
hasta que ves cómo se toca y te das cuenta de que realizando un cruce de dedos en un
determinado punto se vuelve más fácil.

Repetición, repetición y repetición


Una vez hayas escogido la canción y estés familiarizado con ella, descompónla en secciones de
cuatro a diez segundos. Los estudios han demostrado que esta es la duración justa para que tu
cerebro se concentre mientras memoriza los nuevos movimientos de manos más complejos.

No intentes aprenderte toda la canción de una. Aprende una parte nueva cada día y repítela
las veces que haga falta. Tu rutina diaria de aprendizaje podría asemejarse al siguiente plan:

Lunes: Aprender la primera parte.

Martes: Aprender la segunda parte y tocarla junto con la primera.

Miércoles: Aprender la tercera parte y tocar las tres juntas.

Jueves: Aprender la cuarta parte y tocar las cuatro que ya sabes juntas. Y así en adelante.

Una vez empiezas a conectar las distintas secciones, te puede resultar extraño, ya que antes
las has practicado por separado. Puedes evitar esto incluyendo algunas notas de la sección
anterior y otras de la posterior en la sección que practiques. Cuantas más notas añadas a cada
lado, te dará la sensación de que estás tocando una pieza musical continua en lugar de una
serie de secciones inconexas.

Error común: tocar siempre desde el principio de la pieza


Parece lo más lógico empezar siempre por el principio, por lo que muchos tocamos desde este
punto, intentamos añadir algunas notas nuevas cada vez, cometemos un error y volvemos a
empezar de nuevo. La realidad es que se pierde mucho tiempo tocando esta primera parte una
y otra vez, mientras que se podrían estar aprendiendo nuevas partes o corrigiendo errores. En
su lugar, céntrate en una parte nueva y practícala por separado. Combínala con las secciones
anteriores sólo cuando la toques bien y luego sigue adelante.

Coordinar ambas manos


Tocar las diferentes partes de una canción con ambas manos puede parecer aterrador al
principio. No obstante, si te lanzas a tocar directamente con las dos manos, estarás
abrumando a tu cerebro, forzándolo a...

Aprender y memorizar lo que la mano derecha debe hacer.

Aprender y memorizar lo que la mano izquierda debe hacer.

Coordinar los movimientos de ambas manos.

Trata bien a tu cerebro. Piensa en la mano izquierda, en la derecha y en la coordinación de


ambas como tareas diferentes. Trabaja en cada una de las tres por separado. Si suponemos
que estás practicando durante los veinte minutos diarios que te recomendamos, tu rutina
semanal podría parecerse a esto:

Lunes: Aprender la primera sección. 5 minutos para la mano derecha, 5 para la mano izquierda
y 10 para ambas manos.

Martes: 5 minutos para la mano derecha, 5 para la izquierda y 10 para ambas. Después,
dedicar otros 5 minutos a tocar las dos secciones en conjunto.

Miércoles: Aprender la tercera sección. 5 minutos con la mano derecha, otros 5 con la
izquierda y otros 5 con las dos. Después, dedicar otros 5 minutos a tocar las tres secciones
juntas.

Solución de problemas
Mejorar consiste en poder tocar algo hoy que no pudiste tocar ayer o la semana pasada. Esto
se consigue identificando las partes problemáticas de las canciones que tocas y trabajándolas
antes de que se conviertan en un verdadero obstáculo. Tanto si dicha parte contiene una serie
de notas que te requiere hacer malabares con los dedos, como si se trata de un gran salto de
una a otra parte del teclado, debes luchar contra el instinto de saltártela sólo porque no suena
tan bien como debería.

Utiliza la técnica de aprender cada mano por separado para descomponer estas partes
complicadas en algo más sencillo. Repítelas lentamente, incluyendo algunas notas de la
sección anterior y de la siguiente para darles continuidad. Vuelve a intentarlo al día siguiente,
siguiendo el programa de práctica que hemos mencionado y ve añadiendo más complejidad
cuando puedas tocar cada parte sin problemas. Antes de que te des cuenta, la canción sonará
perfecta.

Error frecuente: no dedicar el suficiente tiempo a los pasajes difíciles


Es agradable tocar las secciones que conoces bien. Pero si dedicas tu valioso tiempo de
práctica a tocar sólo estas y dejas de lado aquellas que necesitas mejorar, tu progreso se
estancará incluso si practicas diariamente. La solución es encontrar los pasajes que todavía te
parecen difíciles y concentrarte en ellos por completo. Toca las partes de cada mano por
separado, despacio; luego ambas a la vez, aún más despacio; y luego aumenta
progresivamente la velocidad.

Así es como se mejora realmente, y esto te puede ayudar a establecer una clara diferencia
entre tocar por puro placer y ejercitar estas partes más complicadas, que se puede asemejar a
un trabajo más duro. Así que, después de haber practicado alguna sección complicada hasta
conseguir tocarla bien, deberías darte el gusto de tocar algo que te guste y que ya conozcas.

No dejes que practicar el piano se convierta en algo tedioso. Si sigues los consejos expuestos
en este capítulo, junto con algunos trucos que te mostraremos el siguiente, «Metas pianísticas
y motivación», tocar el piano puede llegar a convertirse en tu actividad favorita del día. En el
próximo capítulo, también veremos la importancia recibir feedback consistente, de ponerse
objetivos y verás qué cerca queda la meta de tocar algo de lo que te sientas realmente
orgulloso.

CAPÍTULO 7

Metas pianísticas y motivación.

Al principio de empezar a aprender piano, solemos fijarnos en aquellos pianistas avanzados y


nos da la sensación de que nunca llegaremos al mismo nivel que ellos. Tocan demasiado bien
para nosotros y es como estar a los pies de una montaña muy alta. No obstante, al igual que
llegar a lo alto de una montaña, llegar a dominar un instrumento consiste en superar retos.
Hay que centrarse en cada etapa, en el día a día, mantener la motivación y estructurar cada
sesión de práctica de forma efectiva. Así pues, en este capítulo vamos a centrarnos en
ponernos metas con el piano y en cómo no perder la motivación.

La forma más fácil es establecer una rutina de práctica diaria en torno a objetivos, feedback y
recompensa. Estos tres factores pueden guiar tus metas pianísticas tanto a corto como a largo
plazo. Funcionaría de la siguiente forma: estableces un objetivo a largo plazo, recibes feedback
llevando cuenta de tus progresos hacia ese objetivo, y renuevas tu motivación obteniendo una
recompensa cuando lo alcances. De la misma forma para el corto plazo, márcate una meta
para cada sesión de práctica, recibe feedback instantáneo y obtén una pequeña recompensa al
final de cada sesión.

Establecer objetivos a largo plazo


Empieza por fijar una meta general a la que aspirar a largo plazo. Esta será la cima de tu
montaña. Te servirá para no desorientarte y para dar forma a tu práctica, ayudándote a decidir
qué técnicas de piano aprenderás primero y en qué aspectos te concentrarás.

Ponte objetivos concretos. Evita vagos propósitos como “tocar bien”. No te servirán para nada.
En su lugar, márcate retos como el de tocar a la perfección alguna canción o pieza clásica que
te guste. O el de dar un pequeño recital. Siendo principiante, te parecerá algo difícil de
conseguir pero, al menos, te servirá como una especie de horizonte al que llegar. Márcate un
tiempo estimado para alcanzar esa meta y así poder autoevaluar tu progreso.

Házlo a tu manera. Elige canciones que te entusiasmen de verdad. Si con Beethoven en su


época romántica te entran ganas de dormir, quizás debas tirar por otro lado. En cambio, si te
chifla Elton John, escoge alguna canción de su repertorio. No intentes complacer el gusto de
otros. Dedícate en cuerpo y alma a las piezas o canciones que te gusten, aquellas que te hagan
ansiar el momento de tocar el piano.

Sé realista. Esto depende de los objetivos que te marques. Si lo que te propones es tocar una
pieza sencilla sin fisuras, es posible hacerlo en cuestión de meses llevando a cabo una práctica
eficiente. Las piezas más complicadas requieren más tiempo así que, si quieres tocar éstas a un
nivel avanzado, tendrás que esperar al menos unos años. Si eres de los que retoman el piano
después de haber recibido clases en tu infancia, llegarás hasta aquí en menos tiempo.

Si tu caso es el de que empiezas a tocar el piano siendo adulto, no debes desanimarte. El


periodista Alan Rusbridger escribió un libro sobre cómo volvió a tocar el piano a los 56 años.
Después de aprender durante exactamente un año, tocó la Balada n.° 1 de Chopin en un
concierto gracias a que su objetivo era específico y, con mucha práctica, realista.

Trabajar para lograr tu objetivo


Ahora que ya te has fijado un objetivo a largo plazo, utilízalo para organizar tus sesiones de
práctica a corto plazo. Si basas cada sesión en el esquema de objetivos, feedback y
recompensa, mejorarás más rápidamente y mantendrás la motivación durante más tiempo.

Objetivos de las sesiones de práctica


Mejorar en cualquier cosa consiste en hacer pequeños progresos a lo largo del tiempo; es un
viaje dividido en etapas concretas. Piensa en tu objetivo a largo plazo y ponte una meta para
hoy que te lleve en esa dirección. Aprovecha cada día, intentando recibir estímulos de
motivación logrando algo nuevo a diario y te sorprenderá lo rápido que se acumularán estos
pequeños avances.
Cada día debe tener una meta clara. Los objetivos específicos hacen que practicar piano sea
mucho más fácil y eficaz. Por ejemplo, si quieres mejorar la velocidad de tus dedos, puedes
proponerte tocar determinados arpegios y escalas diez veces sin cometer errores. Por otra
parte, si quieres tocar mejor una sección de una pieza en concreto, márcate el objetivo de
tocarla un número determinado de veces sin cometer errores.

Las metas diarias deben ser realista. Recuerda lo que dijimos en el Capítulo 6: no dediques más
de cuarenta minutos a una sesión de práctica. Márcate un objetivo realista que puedas
alcanzar durante el rato que te sientas a tocar el piano.

Recibir feedback en tus sesiones de piano

Para tocar bien, debemos saber que estamos tocando bien:

Detecta tus errores. Cuando empezamos a tocar el piano, aún estamos descubriendo cómo el
acto de tocar de una manera determinada se traduce en un sonido concreto. Si no sabemos
cuándo estamos cometiendo errores, es fácil desarrollar malos hábitos y perderemos la
orientación y la motivación necesarias para continuar.

Pide ayuda. Es imposible darnos cuenta de todos los errores que cometemos, ya sea porque no
estamos familiarizados con la pieza o canción original que queremos aprender, o a que los
ignoramos inconscientemente para seguir adelante. Además, ser conscientes de los errores
mientras aprendemos una nueva pieza sólo añade otra preocupación más. Así que asegúrate
de tener un profesor, un amigo o ayuda tecnológica que te de buenos consejos para mantener
los errores a raya.

Toma medidas en función del feedback. Una vez sepas dónde cometes errores, corrígelos para
que no vuelvan a aparecer. En el Capítulo 6 - La práctica de piano, exponemos todo un método
para corregir los aspectos más problemáticos.

Date cuenta de cuando tocas bien. El simple hecho de saber que has hecho algo bien puede
ser increíblemente satisfactorio pero, si le añadimos una valoración positiva externa, el efecto
puede ser aún mayor. Esto es especialmente eficaz cuando se equilibra con el feedback
negativo. Si tu cerebro aprende que no puede salirse con la suya si tocas mal, un simple "bien
hecho" se convertirá en algo significativo y motivador.
La recompensa
Cuando alcances el objetivo que te has marcado al principio de la sesión, date un premio. La
combinación de un feedback positivo con una recompensa crea lo que los psicólogos llaman
"refuerzo positivo". Los estudios han demostrado que esto es mucho mejor para el aprendizaje
y el desarrollo de buenos hábitos que un feedback negativo de castigo. Este "refuerzo
negativo" puede traducirse en desmotivación.

Puede que la simple satisfacción que sientas al alcanzar el objetivo marcado sea suficiente, y
eso está bien. Pero prueba a darte una recompensa para comprobar lo motivador que puede
ser, ya sea simplemente disfrutar de una golosina o de un episodio de tu serie favorita. No
importa si te estás "regalando" algo que normalmente tendrías de todos modos. Una vez que
adquieras el hábito, no necesitarás recompensarte en absoluto: el hecho de tocar y haber
mejorado será suficiente premio.

Seguimiento de los avances


Ya hemos explicado anteriormente lo importante que es recibir feedback en cada sesión. Es
igualmente importante tener una visión general de cómo lo estás haciendo para que puedas
hacer las correcciones necesarias para mantenerte en el camino correcto. Por ello, debes llevar
un seguimiento de tu progreso desde el principio del aprendizaje de piano; ya sea escribiendo
un diario de sesiones de práctica, grabando cada una con tu teléfono móvil o de forma
automática a través de una aplicación. Sea cual sea el método que elijas, lo agradecerás más
tarde.

Monitorizar tus avances te permitirá comparar dónde estás ahora respecto al objetivo que te
marcaste al principio. ¿Sigues en el buen camino? ¿Has adquirido una gran coordinación de
manos pero te falta velocidad? ¿Te has concentrado en la primera mitad de una pieza pero has
descuidado la segunda? Al reconocer que te has quedado atrás, podrás realizar cambios en tu
método de aprendizaje y en tu régimen de práctica para volver a encauzarte.

También puede ser que necesites reevaluar tu objetivo a largo plazo ya que quizá lo fijaste sin
saber qué era realista y ahora te resulta demasiado ambicioso. O quizá tus gustos han
cambiado y ya no te parece tan atractivo. No hay nada malo en ello. Replantea lo que quieres
hacer y establece un nuevo objetivo a largo plazo, siguiendo el mismo método expuesto
anteriormente.

Recibir feedback positivo durante el progreso es esencial para mantener la motivación. Habrá
momentos en los que te atasques en una sección complicada, o simplemente tengas un mal
día en el que no salen las cosas. Si llevas un registro de tus avances desde el principio, podrás
mirar atrás para ver dónde estabas antes, ver tu progresión y darte cuenta de cuánto has
mejorado.

Motivación a largo plazo


Imagina que consigues tu objetivo. Imagina que puedes tocar el concierto de Mozart que te
propusiste aprender. O que tienes preparada toda la banda sonora de Frozen para un pequeño
concierto de Navidad en familia o la pieza romántica favorita para deleitar a tu abuela en su
ochenta cumpleaños. Ahora estás en ese lugar que antes te parecía tan lejano, y lo has
conseguido haciendo mejoras sistemáticas y graduales; estableciendo un objetivo diario,
practicando, tomando medidas ante el feedback para mejorar.

Cuando llegues a este punto, la recompensa será algo mucho más poderoso que una simple
galleta o el gusto de caerte de sueño viendo Netflix. La recompensa será poder tocar ese
concierto de Mozart, o la confianza para tocar frente a un público. La recompensa será la
habilidad que has desarrollado y que nadie te podrá quitar.

El refuerzo positivo es el más importante aquí. Tocar lo que has aprendido sienta tan bien que
no hay manera de que tu viaje termine aquí. Elige la siguiente montaña: fija otro objetivo y
sigue el mismo patrón, con la seguridad de que puedes llegar a él. Después de todo, ya lo has
hecho una vez. ¿Por qué no repetir el éxito?

CAPÍTULO 8

Cómo leer las notas, el tiempo y la dinámica

En las partituras se indica qué hay que tocar (notas), cuándo hay que tocar (tiempo) y cómo
hay que tocar (dinámica). En este capítulo cubriremos estas tres áreas, partiendo de los
fundamentos de lectura musical introducidos en el capítulo 5. En ese mismo capítulo, también
encontrarás una introducción a la notación musical y cuáles son las ventajas de saber leer
partituras.

Debes tener en cuenta que este capítulo se solapará en gran medida con las clases o cursos
que estés tomando y en ningún momento debe reemplazar el aprendizaje que estés
adquiriendo con un profesor, con videotutoriales con una aplicación. En cambio, esperamos
que te sirva de introducción y de apoyo para memorizar nociones mientras las aprendes de
forma correcta.

Las notas (qué tocar)


Sostenidos y bemoles

Hasta ahora, y por simplificar, sólo hemos hablado de las teclas blancas. En las teclas negras se
encuentran los bemoles y los sostenidos, y utilizan la misma notación que las teclas blancas (de
do a si). Simplemente se les añade el símbolo de la alteración que representan. En este
capítulo, nos referiremos a las teclas blancas, las que no son ni bemoles ni sostenidos, como
becuadros.

Un bemol (♭) es la tecla negra que precede a la tecla blanca natural del mismo nombre.

Un sostenido (♯) es la tecla negra que sucede a la tecla blanca natural del mismo nombre.

Un becuadro (♮) es la tecla blanca natural.

Ej. re♮ (re becuadro) es simplemente re

Armaduras de tonalidad
Empezando en do y tocando sólo las teclas blancas, estás limitado a la tonalidad de do mayor.
Ésta es sólo una de las innumerables tonalidades o claves que existen, una que no utiliza teclas
negras. Al tocar en fa mayor, por ejemplo, cada si baja a si♭, mientras que la clave de re
mayor eleva el fa a fa♯ y el do a do♯. Otras claves utilizan más teclas negras y, en la de si
mayor, se utilizan todas las cinco.

A menos que quieras profundizar en la teoría musical, no te preocupes ahora por aprender
qué tonalidad utiliza cada bemol y cada sostenido. Esto se indicará siempre en las partituras.
Para ahorrar espacio, las notas que son sistemáticamente bemoles o sostenidos se marcan con
♭ o ♯ después del símbolo de la clave al principio de cada pentagrama.

Alteraciones y becuadros
La mayor parte de la música no se ciñe por completo a la armadura, sino que incluye bemoles
o sostenidos adicionales. A estos se les conoce como alteraciones. Si se marca una alteración,
ésta surte efecto hasta la siguiente línea divisoria que marca el final del compás (más detalles
sobre esto en la sección sobre los tiempos). Un si♭ marcado al principio de un compás,
alterará todos los “sies” siguientes de ese compás a si♭. El siguiente compás volverá a lo que
esté marcado en la armadura al principio del pentagrama.

El símbolo de becuadro (♮) indica al intérprete que debe tocar la tecla blanca de dicha nota
ignorando los sostenidos o bemoles que puedan estar contenidos en la armadura, o si se han
marcado en el compás. Este símbolo solo tiene efecto dentro del compás donde esté marcado.

La clave de fa
Hasta ahora, nos hemos concentrado en el pentagrama superior del sistema de dos, el que
está en clave de sol. Este pentagrama contiene las notas que están a la derecha del do central
y suele ser tocado con la mano derecha. En cambio, el pentagrama inferior está en clave de fa,
contiene las notas a la izquierda del do central y se suele tocar con la mano izquierda.

Al igual que con la clave de sol, no es necesario contar desde el do central para identificar las
notas. Puedes utilizar reglas mnemotécnicas. Utiliza cualquiera de las que te mostramos (por
rebuscadas que parezcan) o inventa las tuyas propias.

Los cuatro espacios del pentagrama en clave de fa contienen las notas la, do, mi y sol. La
doncella mira el sol.

Las cinco líneas del pentagrama en clave de fa contienen las notas sol, si, re, fa y la. Soledad
siempre regala faldas largas.

Date cuenta de que los dos puntos del símbolo de la clave de fa rodean la línea de dicha nota.

El tiempo (cuándo tocar)


Las partituras se dividen en compases separados por líneas verticales llamadas barras de
compás o líneas divisorias. Dentro de cada compás, las figuras musicales se encargan de indicar
la duración de cada nota. La redonda es la más larga, con una duración determinada que
depende de la velocidad de la pieza. Las demás figuras musicales consisten en subdivisiones de
esta figura redonda. Las blancas tienen la mitad de esta duración, las negras un cuarto, las
corcheas un octavo... y así sucesivamente. Las emplearemos más adelante, cuando empieces a
contar el tiempo.

Nótese que las corcheas se diferencian de las negras en que tienen un corchete, lo que reduce
la duración de una negra a la mitad. Las semicorcheas tienen un corchete doble, lo que hace
que duren la mitad de las corcheas. Para evitar confusión y que el pentagrama quede más
ordenado, aquellas corcheas o semicorcheas que se tocan de manera consecutiva quedan
agrupadas conectando sus corchetes mediante barras.

Los silencios
Aquellos descansos entre las notas en los que no se toca nada se conocen como silencios. Esto
no tiene nada que ver con mantener una nota, por lo que una serie de blancas sonará
diferente a una serie de negras separadas por silencios de negra. Al igual que sus equivalentes
en las notas, los silencios de blanca, de negra y de corchea tienen su propio símbolo. Para
marcar silencios aún más cortos, añadimos corchetes. Cada figura de silencio tiene el mismo
número de corchetes que la figura de la nota sonora (el de corchea tiene uno, el de
semicorchea dos, el de fusa tres, etc.).

Los patrones rítmicos (la métrica en la música)


Éstos nos indican cada cuántos tiempos o pulsos se divide cada compás. El patrón más común
es el de 4/4, que tiene cuatro tiempos por compás. Si te gustan las matemáticas, puede
resultarte útil verlo como una fracción. La cifra superior nos dice cuántos tiempos hay en un
compás (en este caso, cuatro). La cifra de abajo nos dice qué valor tiene cada tiempo (en este
caso un cuarto). Por la misma lógica, el patrón de 3/4 tiene tres cuartos de tiempo en cada
compás, mientras que el de 6/8 tiene seis octavos de tiempo en cada uno.

Esto es más fácil de entender si escuchas, aprendes y tocas piezas de piano de diferentes
compases. El lago de los cisnes (4/4) y Para Elisa (3/4) son un buen punto de partida (ambas
disponibles en la sección para principiantes de flowkey)

Figuras con puntillo y ligadura


Las duraciones de las notas no siempre vienen en múltiplos de dos, por lo que es necesario
representar todo lo que está en medio. Para ello, añadimos un punto a la figura, indicando que
la nota dura lo que dura la figura que la representa más la mitad de la misma. Así, una redonda
con puntillo dura seis tiempos y, una blanca con puntillo, tres tiempos. También podemos ligar
dos notas para indicar que deben sostenerse durante la duración de ambas juntas, lo que se
utiliza sobre todo cuando la nota extendida se extiende al siguiente compás.

Cómo contar el tiempo


Saber cuándo hay que pulsar cada tecla implica saber llevar cuenta del tiempo. Si alguna vez
has oído a los músicos gritar números antes de que empiece una canción, podrás hacerte una
idea. Contar en voz alta para ti mismo está bien al principio, pero con el tiempo desarrollarás la
habilidad de contar en tu cabeza. A la larga, esto será algo natural que te permitirá leer música
a primera vista y mantenerte en el compás sin requerir un esfuerzo de concentración.

Fíjate en el patrón rítmico para saber cuántos pulsos hay y cuánto dura cada uno. En el de 4/4
serán cuatro, así que cuenta "uno, dos, tres, cuatro". Puedes dividir estas cuentas por la mitad
añadiendo "y" entre ellas, para hacer "uno y dos y tres y cuatro y". Esto nos permitirá contar
compases con subdivisiones más cortas, con puntillo o con notas ligadas.

El tempo
Para contar de forma correcta, deberás conocer la velocidad a la que se supone que la pieza
debe ser tocada, conocida como tempo. Tradicionalmente, el tempo se ha venido indicando
utilizando términos italianos como lento, moderato ("moderado") o allegro ("rápido, con
energía"). En las piezas modernas, a menudo se marca en pulsaciones por minuto (bpm),
refiriéndose al número de negras que caben en un minuto, por ejemplo ♩= 120 bpm.
Existe una larga lista de términos italianos, junto con sus respectivos rangos de bpm, que
puede encontrarse fácilmente en Internet.

La interpretación del tempo y del ritmo


No pienses en las marcas de tempo de forma demasiado estricta. Representan un rango, no
una cifra exacta. Parte del placer de tocar un instrumento solista como es el piano es que
puedes acelerar o ralentizar el tempo para darle más expresividad a la pieza. El término
italiano para este tipo de interpretación libre es tempo rubato o "tiempo robado". Sin
embargo, debes tener en cuenta que esto no es común en todos los estilos musicales. Por lo
tanto, utilízalo con precaución y sólo después de que puedas tocar el ritmo correctamente en
un tempo estable.

La dinámica (cómo tocar)


En los capítulos anteriores, hemos mencionado el rango dinámico en repetidas ocasiones. Al
igual que todos los demás aspectos, la dinámica o intensidad pretendida también se
representa en la música escrita. De nuevo, no hay que ser demasiado estricto con ella. No
existe un volumen "correcto" al que hay que atenerse, lo que te deja margen para expresarte y
hacer que la música sea tuya.

El volumen se indica con letras que representan términos italianos. Piano (p) significa “bajo” o
“suave”, mientras forte (f) significa “fuerte”. Mezzo (m), que significa “medio”, se puede añadir
a piano o forte para atenuarlos. Para indicar una intensidad aún mayor o menor, basta con
repetir la letra en cuestión. De esta forma, pianissimo (muy suave) es pp, mientras que
fortissimo (muy fuerte) es ff, y fff es "vecinos quejándose".

Un acento (>) acompañando a una nota indica que hay que tocarla con mayor énfasis. El
aumento gradual del volumen, o crescendo, se marca con un símbolo como el de un signo “<”
estirado, mientras que lo contrario (disminución de volumen, o decrescendo) se marca con un
signo > estirado.

Mejorar la lectura a primera vista


Cuando empiezas a aprender a leer de niño, tienes que concentrarte en el significado de cada
palabra y luego ponerla en el contexto de una frase. Al final, entiendes cada frase sin pensar.
Con la música ocurre lo mismo: solo hay que practicar.
Encuentra una canción que se adapte a tu nivel de habilidad y practica tocándola solamente
mirando la partitura. Aunque al principio te parezca confuso, con todas esas marcas negras y
símbolos en una página, resuelve sistemáticamente lo que significan y tócalas. Después, pasa a
otra pieza. Verás que te acostumbras a tomar atajos mentales, que dejas de necesitar
resolverlos y que empiezas a "leer a primera vista".

Sigue así y al final dejarás de ver una página con marcas y símbolos negros. Oirás los acordes,
las melodías, las armonías y sabrás lo que tienes que tocar sin ni siquiera pensarlo.

CAPÍTULO 9

Los pedales del piano

El repertorio de sonidos que ofrece el piano no se limita a los que se generan con las manos.
Los pedales del piano (esas palancas situadas a tus pies) sirven para enriquecer el sonido de
diversas maneras, abriendo posibilidades más allá de las que ofrece el teclado: desde añadir
sutiles matices a la dinámica hasta provocar fuertes cambios en el tono.

Tipos de pedales de piano


Los pianos acústicos o digitales modernos suelen tener tres pedales, mientras que los más
antiguos tienen dos. Aquí te explicaremos el efecto que tiene cada uno de ellos sobre el
sonido, la técnica adecuada para utilizarlos y dónde se indica en las partituras que tienes que
tocarlos. Si eres principiante en esto del piano, no debes preocuparte mucho por los pedales,
ya que se trata más bien de una técnica para pianistas avanzados.

Pedal de resonancia (el de la derecha)


Piensa en el sonido de un piano acústico. Cuando retiramos el dedo de la tecla, una
almohadilla "apagadora" impide que la nota suene. Pues bien, la función del pedal de
resonancia es el de retirar estos apagadores de las cuerdas, lo que hace que las notas sigan
sonando durante más tiempo, incluso cuando se retiran los dedos de las teclas.

Raramente se encuentra alguna pieza musical o canción que no utilice el pedal de resonancia.
El legendario pianista Artur Rubinstein incluso lo llamó el "alma del piano". Por lo tanto, si
estás aprendiendo con un teclado que no tiene pedales incorporados, este sería el primero
que debes incorporar. Para saber más sobre la elección de un pedal de resonancia, consulta el
Capítulo 1: Cómo elegir un piano o un teclado.

Pedal celeste o una corda (el de la izquierda)


La mayoría de las cuerdas de un piano acústico están agrupadas de tres en tres, y cada grupo
está afinado a la misma nota. Cuando tocamos normalmente, el martillo golpea las tres al
mismo tiempo, lo que da un sonido pleno y brillante. En un piano de cola, el pedal una corda
desplaza todo el mecanismo hacia la derecha, de modo que el macillo solo golpea dos de las
tres cuerdas.

Como consecuencia, la nota suena más suave. Además, como las cuerdas son golpeadas por
una parte diferente del macillo, el sonido es más apagado y menos brillante. En los pianos más
antiguos, el macillo sólo golpeaba una de las tres cuerdas, de ahí que una corda signifique "una
cuerda". En los pianos verticales, el mecanismo del macillo se acerca a la cuerda al pisar el
pedal, provocando un suavizado del sonido pero sin alterar el tono de la nota.

Pedal de sostenuto (el del centro)


Produce un efecto similar al de un pedal de resonancia. La principal diferencia es que solo
sostiene las notas que ya se están tocando en el momento en que se pisa el pedal. Cualquier
nota que se toque después de haber pisado el pedal no se verá afectada, lo que permite una
resonancia selectiva sin que el sonido se enturbie.

Dado que el pedal de sostenuto es una adición relativamente reciente al piano, rara vez se
requiere para piezas anteriores a finales del siglo XX. Aun así, muchos pianistas lo utilizan
cuando tocan las obras de compositores anteriores de carácter más progresista, como Debussy
o Ravel.

Otras funciones del pedal de enmedio


El pedal central no aparece en los pianos más antiguos, e incluso puede suceder que si tienes
un piano con tres pedales, éste no sea un pedal de sostenuto. En algunos pianos, el pedal
central suele ser un pedal de bajo cuya función es la de sostener solamente las notas graves.
Otros pianos tienen un pedal de práctica o de aproximación que hace que las notas suenen
incluso más suaves que lo harían con el pedal una corda accionado. Suelen tener un
mecanismo de bloqueo para que puedas practicar sin molestar a nadie.

Cómo usar los pedales


Para estar correctamente sentado, los pies deben estar apoyados en el suelo. Colócalos de
forma que los dedos gordos de ambos pies estén alineados con los pedales izquierdo y
derecho. Cuando quieras utilizar un pedal, levanta la parte delantera del pie y muévelo hacia
delante. Coloca la zona redondeada del pie en el extremo del pedal, alineándolo con el dedo
gordo. Pivota hacia abajo con un movimiento suave, manteniendo el talón en el suelo. Trata de
minimizar el ruido no deseado de pisar hasta el fondo demasiado rápido o de soltar el pedal de
golpe.
Utiliza el pie derecho para el pedal de resonancia, y el izquierdo para los pedales una corda y
sostenuto. Experimenta con cada uno de ellos para acostumbrarte las alteraciones que causan
en el sonido. Aquí tienes algunas técnicas habituales para el pedal de resonancia:

Pedal a contratiempo o legato. Consiste en pisar el pedal después de haber pulsado una nota,
soltarlo y volver a pisarlo después de tocar la siguiente. Es el más común, ya que permite que
las notas fluyan unas con otras, sin que el sonido se emborrone.

A la mitad. Consiste en pisar parcialmente el pedal de resonancia para que los apagadores sólo
toquen ligeramente las cuerdas. Esta técnica se utiliza cuando se desea obtener un sonido algo
más rico, pero sin que este se desdibuje. Algunos pianistas la utilizan para la sonata Claro de
luna de Beethoven, o para hacer que Mozart suene menos "seco" (el uso de los pedales nunca
se incluye en sus partituras).

Pedal anticipado. Aquí se pisa el pedal de resonancia antes de tocar una nota. Esto retirará el
apagador de la cuenta antes de ser tocada por el macillo, creando un sonido más profundo y
rico que aprovecha toda la sonoridad del piano. No obstante, su uso es poco frecuente.

Pedal de acentuación. También conocido como pedal a tiempo, consiste en pisar y soltar el
pedal al mismo tiempo que se toca una nota o un acorde. Esto resaltará el sonido, ayudando a
crear énfasis de una manera más rítmica. Esta técnica también se utiliza raramente.

Incorporar las técnicas anteriores a tu forma de tocar puede cambiar drásticamente el sonido
de una pieza. Sólo hay que tener cuidado de no abusar de los pedales y asegurarse de que su
uso encaje con la música. Por ejemplo, una canción rápida puede echarse a perder por
mantener el pedal de resonancia pisado demasiado rato, mientras que una canción lenta
puede ganar mucho en expresividad con la misma técnica.

Un error frecuente: abusar del pedal de resonancia


“…abusar del pedal es sólo un medio para encubrir la falta de técnica, hacer mucho ruido para
ahogar la música que estás masacrando.” - Claude Debussy

Debussy era duro con sus palabras, pero tenía razón. El pedal de resonancia suele utilizarse en
exceso, creando un sonido turbio y estrepitoso. Para evitarlo, no lo mantengas pisado, sino
que sigue la técnica de legato descrita más arriba: suelta y pisa el pedal después de tocar la(s)
nota(s) siguiente(s). ¿Por qué después? Porque los apagadores tardan un poco en silenciar las
cuerdas.
Una buena regla general es tener especial cuidado con el pedal de resonancia si la melodía
está formada por notas contiguas o cuando hay cambios de acordes. Déjate guiar siempre por
tu oído y compara tu forma de tocar con una grabación de un pianista profesional.

Cómo se anota el uso de los pedales de piano

Algunos compositores dejan claro dónde pretenden que uses los pedales, dejando algo de
libertad para que los incorpores cuando sea necesario. En las partituras, las anotaciones de los
pedales indican en qué punto hay que apoyar el pie y cuándo hay que volver a levantarlo. Cada
pedal se marca de forma ligeramente diferente, pero el principio es el mismo:

Pedal de resonancia: Pisar = Ped. / Levantar = ✱

Pedal de sostenuto: Pisar = Sost. Ped. / Levantar = ✱

Pedal una corda: Pisar = una corda / Levantar = tre corda

CAPÍTULO 10

Mitos y dudas frecuentes sobre el piano

En flowkey, nos encanta escuchar las opiniones de nuestros pianistas y recibimos muchos
mensajes de usuarios que nos transmiten sus inquietudes o nos señalan aspectos que les
resultan confusos. A continuación, te ofrecemos las respuestas a algunas de las preguntas más
comunes para ayudarte y que vayas cogiendo confianza mientras empiezas, y también para
desmentir algunos mitos del piano. Muchas de las respuestas expuestas aquí se tratan con más
detalle en anteriores capítulos de esta guía de piano para principiantes.

P: ¿Cuánto tiempo y con qué frecuencia debo practicar piano?

R: Lo ideal es practicar todos los días, pero no durante mucho tiempo. Mejorar en el piano
consiste en realizar pequeños progresos cada día, siendo veinte minutos el tiempo de práctica
perfecto para empezar. No importa en qué momento del día te sientes a practicar, sino que
incorpores estas breves sesiones en tu agenda diaria a la hora que te venga mejor. También
sabemos que la vida no siempre entiende de horarios; así que si acabas tocando sólo cinco de
los siete días, no pasa nada. Más información sobre esto en el Capítulo 6 - La práctica del
piano.

P: ¿Necesito aprender a leer partituras para poder tocar el piano?

R: No, pero te estarás limitando si no lo haces. Tener la habilidad de leer música te abre las
puertas a una infinidad de posibilidades. Te proporciona un lenguaje universal para entender y
comunicar la música, de forma rápida y precisa. Esto te dará acceso a un repertorio casi
ilimitado de música que, una vez que adquieras la destreza suficiente, serás capaz de tocar al
primer vistazo.

La ventaja añadida es que alcanzar un nivel decente en el piano no lleva tanto tiempo como se
podría pensar, y si lo único que deseas aprender son los acordes básicos para poder tocar con
otros músicos, otros métodos alternativos como la notación de acordes te servirán. Puedes
encontrar más información al respecto en el Capítulo 5 - Cómo leer partituras (lo
fundamental).

P: ¿Qué seré capaz de tocar después de un año de aprendizaje?

R: Podrás tocar piezas clásicas sencillas y algunas canciones de nivel intermedio. Esta respuesta
puede parecerte algo imprecisa, pero es mejor que el típico "depende". Confía en que a través
de la práctica diaria, estructurando cada sesión correctamente, y abordando cada reto,
complicación o nueva técnica de forma sistemática, podrás tocar en un año algo de lo que
enorgullecerte. Más información sobre este tema en el Capítulo 6 - La práctica del piano.

Las probabilidades de que consigas esto aumentarán si sigues un patrón de fijarte objetivos
concretos, obtener feedback externo y darte recompensas, tal y como exponemos en el
Capítulo 7. Si buscas un modelo a seguir que te inspire para llevar a cabo este método, fíjate en
el periodista Alan Rusbridger, que empezó a aprender piano a los 56 años y consiguió tocar la
complicada Balada n.° 1 de Chopin en un concierto.

P: ¿Cómo puedo practicar la coordinación de las manos izquierda y derecha?

R: Te recomendamos practicar cada una por separado primero y después juntas. Tocar con
ambas manos obliga al cerebro a concentrarse en tres tareas a la vez: en el movimiento de la
mano derecha, en el de la izquierda y en la coordinación de ambas. La buena noticia es que
esta tercera tarea (la coordinación) mejorará con la práctica, como cualquier otra cosa. Hay
que separar las tareas, conseguir que la mano derecha y la izquierda toquen fluidamente antes
de combinarlas poco a poco. Te damos algunos consejos de práctica para las manos en el
Capítulo 6 - La práctica de piano.

P: ¿Cómo puedo mejorar la habilidad de mis dedos?

R: Practicando con escalas y realizando ejercicios técnicos. Tus manos, dedos y muñecas son
como cualquier otra parte del cuerpo compuesta de músculos, huesos y tendones. La forma
más fácil y rápida de mejorar la agilidad y la flexibilidad es, sin duda, el ejercicio. Las escalas
han sido la técnica principal durante cientos de años, por el simple hecho de que funcionan.
Puedes encontrar tutoriales sobre escalas en la aplicación de flowkey.
Una gran alternativa para mejorar la flexibilidad, la velocidad, la agilidad y la fuerza de los
dedos y las muñecas son los ejercicios Hanon. En su libro El pianista virtuoso en 60 ejercicios,
Charles Louis Hanon explica ejercicios que van desde los "Ejercicios preparatorios para
principiantes" hasta los "Ejercicios virtuosos para dominar las mayores dificultades técnicas".
Todos ellos se pueden encontrar de forma gratuita en varios lugares de internet.

Además, debes tener en cuenta que tu flexibilidad y destreza mejorarán con el tiempo
simplemente tocando las canciones que te gustan. De hecho, puedes aprender y practicar casi
cualquier técnica con canciones que utilizan esas técnicas. Sólo hace falta un poco de
paciencia. Puede que pasen meses hasta que consigas mejoras evidentes pero no debes
desmotivarte: este plazo de tiempo es completamente normal. Te recomendamos incorporar
algunas de las sugerencias anteriores a tu rutina de práctica para acelerar tus progresos.

P: ¿Soy demasiado viejo/a para aprender piano?

R: No, el mejor momento para empezar es ahora. El miedo al fracaso que sentimos al
emprender cualquier proyecto es intrínseco a la naturaleza humana. El miedo es sólo eso, no
hay lógica que lo sostenga. No hay límite de edad para aprender un instrumento. Incluso si
tienes más de 70 años y te preocupa tu capacidad física, que sepas que existen una gran
cantidad de beneficios científicamente probados del piano para mejorar la salud tanto física
como mental, además del bienestar. Si eres menor de 70 años, la respuesta es la misma: Ponte
manos a la obra.

Nos encontramos frecuentemente con la típica excusa de "para cuando sea bueno con el piano
seré demasiado viejo". Si este pensamiento ronda tu cerebro, consulta la respuesta anterior a
la pregunta "¿Qué seré capaz de tocar después de un año de aprendizaje?" para que sepas lo
que puedes conseguir. Imagina que has empezado a tocar hace un año y piensa en tu nivel de
entonces. Ahora, imagínate dentro de un año dándote las gracias por haberle dedicado tiempo
al piano durante este año. Empieza a tocar ahora: el ahora es siempre el momento perfecto.

P: ¿Qué pasa si no tengo suficiente tiempo?

R: Tiempo siempre hay, sólo tienes que encontrarlo. Se trata de veinte minutos al día
solamente, así que comprueba tus horarios y encuentra un hueco. No importa en qué
momento del día practiques, sólo que lo hagas. Cada persona tiene sus propias horas en las
que rinde mejor: Mientras que Mozart encontraba su inspiración o bien muy tarde o muy
temprano, Strauss rendía más a media mañana.
Si de verdad has comprobado tus horarios y no encuentras un hueco, un buen truco es
practicar como primera o última cosa del día. Decidir cuándo depende de cómo te sientas
después de practicar. Si la sesión te da energía, entonces podría funcionar a primera hora de la
mañana, mientras que si te resulta relajante, entonces tal vez debas tocar antes de irte a la
cama. Prueba ambas horas. Un piano o teclado digital tiene una ventaja en este caso, ya que
los auriculares te libran de tener problemas con tus vecinos si te pones a tocar a las cuatro de
la madrugada durante los días laborales.

P: ¿Qué pasa si no tengo talento?

R: Nadie nace con talento, es algo que se desarrolla. Cualquier pianista de nivel que se tercie
ha tenido que esforzarse para lograrlo. Aquí no entra en juego ningún "talento natural", sino
una combinación de aprendizaje de calidad, práctica y motivación. Aquellos que parecen
aprender mucho más rápido que los demás no han nacido con ninguna virtud que otros no
tengan, sino que han encontrado un método que les funciona y lo han seguido a rajatabla.

Esperamos con esta guía haberte aportado los conocimientos y las herramientas necesarias
para que encuentres tu mejor método de aprendizaje, práctica y motivación. Una vez que te
hayas decidido por uno de ellos, sólo tienes que dedicarle tiempo, con la seguridad de que
puedes conseguir lo que te propongas.

P: ¿Cómo sé que estoy tocando con los dedos correctos?

R: No existe una digitación “correcta”. Todo depende del tamaño de tus manos, de la agilidad y
flexibilidad de tus dedos y del sonido que busques. Por regla general, una buena digitación
evita que la mano tenga que cambiar de posición o dar grandes saltos de unas teclas a otras,
así que te recomendamos experimentar para encontrar las posiciones que te sean más
cómodas. Con el tiempo, encontrarás una posición que te parecerá natural y todo cobrará
sentido.

De manera frecuente, en las partituras se indica qué dedos deben usarse mediante
anotaciones con números, ya sea encima o debajo de las notas. Estos números del 1 al 5 se
corresponden con los dedos de la mano, empezando con el 1 para el pulgar y terminando con
el 5 para el meñique.

Cuando practiques con flowkey, presta atención a la digitación que utilizan nuestros pianistas
profesionales, ya que estos han dedicado tiempo a trabajarla para cada pieza. Por supuesto, si
te resulta difícil tocar secciones como las que se muestran en el vídeo, busca una digitación
que te resulte más cómoda.
R: ¿Y si mis manos son demasiado pequeñas?

P: No existen manos que sean demasiado pequeñas para tocar el piano. Se puede tocar
cualquier tipo de canciones sin importar el tamaño de las manos. En primer lugar, tu habilidad
para estirarlas mejorará mucho a medida que mejore tu flexibilidad (véase la pregunta sobre la
destreza y la flexibilidad más arriba). Como todo, esto requiere práctica y un poco de tiempo.
En segundo lugar, hay pianistas fenomenales con manos pequeñas. Piensa en los niños
prodigio o en Lee Shaw, la conocida como "primera dama del jazz", que tocó de manera
excepcional durante todos sus 89 años midiendo menos de metro y medio de estatura.

Si estás empezando, busca canciones que no incluyan notas simultáneas a más de una octava
de distancia ni acordes de cinco notas. Cualquier cosa que te permita mejorar la rapidez de los
dedos sin tener que estirarlos demasiado es ideal. Puede que incluso estos ejercicios te
resulten más fáciles que a aquellos con manos grandes. Los saltos grandes y rápidos pueden
parecerte difíciles ahora, pero intenta acostumbrarte a ellos ya que son una técnica muy útil
para aprender a estirar las manos, sobre todo para aquellos que las tienen pequeñas.

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