TEMA Nº 10
LA INTERCULTURALIDAD Y PLURALISMO JURÍDICO EN BOLIVIA
10.1 ORIGEN ETIMOLÓGICO DE INTERCULTURALIDAD. -
Interculturalidad es un vocablo que tiene dos componentes: “inter” y “cultura”. Inter es un prefijo de origen
latino que significa “entre”, en medio de, el uno al otro” (Gómez de Silva 1995: 384); “cultura”, por su
parte, es un vocablo que tiene múltiples significados que en términos operativos, podemos definir como el
“…conjunto de rasgos compartidos y transmitidos por un determinado grupo humano que sirven para
organizar su forma y estilo de vida, darle identidad y diferenciarlo de otros grupos humanos” (Albó
1999:74).
La Interculturalidad desde la perspectiva etimológica, por lo tanto, equivale o hace referencia a la relación
que establecen y mantienen –o mantuvieron- dos o más pueblos diferentes en un contexto histórico, político
y socioeconómico determinado. Este significado etimológico, en menos de dos décadas, se ha ido
transformando sustancialmente en Bolivia; pues trascendió del ámbito culturalista y educativo, en el que se
generó, al ámbito político ideológico, en el que ahora se encuentra, direccionado fundamentalmente por las
demandas y las reivindicaciones del movimiento indígena.
La “interculturalidad” por tanto describe las relaciones simétricas y horizontales entre dos o más culturas
con el fin de enriquecerse mutuamente y contribuir a la mayor plenitud humana.
10.2 RELACIONES ENTRE CULTURAS. -
En la humanidad se fue desarrollando una diversidad de expresiones culturales vinculadas al poder político,
económico, social e inclusive militar las mismas que fueron motivo de conquista, subyugación y exterminio
en las manos de emperadores, conquistadores, ejércitos e invasores, provocando una especie de jerarquías
de culturas expresadas en la sobreposición de una sobre la otra, por ejemplo “…antes de la llegada de los
conquistadores, se produjo la predominancia de la “cultura incaica” sobre las culturas conquistadas
(tiwanacota, wari, puquina, urú, etc.) y, para tomar un ejemplo contemporáneo no – occidental, en la China
actual, se manifiesta la supremacía de la cultura “han” sobre las culturas subalternas (ugura, mongola,
tibetano y otras)”. Durante todo este proceso, las relaciones se han generado en forma asimétrica lo que ha
motivado una desigualdad en el diálogo intercultural debido a la influencia económica, política, social e
ideológica, por esta razón y con fines estrictamente pedagógicos es necesario diferenciar las distintas formas
de dominio cultural y las ideologías que los sostienen:
➢ Monoculturalidad. - El concepto de “monoculturalidad” se basa en una identidad cultural nacional
única, a la que tienen que someterse todas las demás identidades culturales (si las hay o son visible).
La “monoculturalidad” se puede dar en diferentes niveles: regional, nacional y mundial. Los
estados nacionales, a la hora de constituirse, de definirse en base a una ideología nacional que se
precisa por serie de monas (griego para “uno sólo”): una lengua, un sistema económico, un sistema
jurídico, un régimen central y una sola cultura. En los países latinoamericanos surgidos de la
colonia, se seguía después de la independencia política con una supuesta identidad “mestiza”,
“criolla” o “latina”, en desmedro de las muchas culturas invisibilizadas o marginal. Además, se
implementó una identidad nacional (en el sentido del Estado-Nacional) artificial, tal como la
bolivianidad, peruanidad, chilenidad, secundada por la educación y el uso de los símbolos patrios.
➢ Multi o Pluriculturalidad. - El concepto de “multiculturalidad” (o pluriculturalidad) afirma, en
un primer momento, simplemente la existencia de “muchas” (multus: latín par “mucho”) o “varias”
(pluris: latín para “varios”) diferentes culturas en un cierto ámbito geográfico o político (por
ejemplo en un país). Siempre han existido muchas culturas sobre la faz de la tierra, pero lo
novedoso es la toma de conciencia de la pluralidad de culturas en un mismo espacio geográfico.
En América Latina, hasta los años 80 del siglo XX regia una homogeneidad (y religiosa),
definiendo la identidad cultural del continente como “mestiza” o “latina”. La emergencia de los
pueblos originarios de Abya Yala y los pueblos afrodescendientes viene a cuestionar esta
homogeneidad cultural o “monoculturalidad”.
El reconocimiento de la multi o pluriculturalidad -tal como fue integrada a la Constitución del
Estado en su reforma de 1994- ha sido un paso importante hacia la interculturalidad plena, pero
como tal no va más allá de la simple constatación de la existencia paralela de distancias culturales
en el territorio nacional.
➢ Supra o Multiculturalidad. - El concepto de “supraculturalidad” (del latín supra: “encima”) o
“metaculturalidad” (del griego meta: “encima”; “más allá”) pretende establecer la universalidad de
ciertos valores, normas, significados y verdades, recurriendo a un “mundo” más allá de cualquier
determinación cultural es decir: por encima (supra o meta) de toda cultura particular. Así se
presenta a los Derechos Humanos, en su declaración de 1948, como valores que tienen vigencia y
rigidez más allá de cualquier tradición la tradición cultural y civilizatoria. Se trata de “verdades”
meta-físicas y esenciales (tal como la idea platónica o el dogma cristiano) que no pueden ser
transformadas ni modificadas por una cierta cultura.
➢ Superculturalidad. - Este concepto establece una jerarquía entre las culturas existentes, de modo
que una cierta cultura se siente “mejor” y “superior” (del latín súper: “más que”; “por encima de”)
en comparación con las demás culturas. La “súper-cultura” domina a las demás que son
consideradas “sub-alterna”. La súper-cultura en la antigüedad occidental fue la griega, seguida por
la romana, pero al mismo tiempo había ya una súper-cultura china en un ámbito geográfico todavía
incomunicado.
➢ Transculturalidad. - El concepto de “transculturalidad” (del latín trans: “más allá de”; “por medio
de”) toma en cuenta los procesos históricos de cambio y transformación culturales. Una cultura
real es el resultado de múltiples superposiciones, interferencias, modificaciones, negociaciones,
selecciones reestructuraciones de elementos culturales diversos que llevan a una “hibridación”
cultural. Las culturas de ayer se han “trans-cedido” hacia las culturas actuales, y las culturas de hoy
van a “trans-ceder” hacia culturas inéditas. En el proceso de “transculturación”, puede haber
mecanismos de violencia y dominación –como en el caso de América Latina-, pero también pueden
darse ejemplo de un proceso más o menos orgánico (como las subculturas de las “tribus urbanas”).
➢ Etnocentrismo. -Antes de pasar a esta profundización, es preciso decir algunas palabras sobre un
concepto que se usa últimamente con mayor frecuencia y énfasis. La palabra “etnocentrismo” (tal
vez fuera mejor hablar de “culturocentrismo” o “centrismo cultural”) quiere decir que una cierta
filosofía, concepción del mundo, religión e ideología se apoya para su validez en la perspectiva de
una “etnia” (pueblo; nación) determinada e interpreta todos los fenómenos desde este punto de
vista peculiar. En principio, todos tenemos nuestra perspectiva cultural propia que normalmente es
la óptica de nuestra cultura de origen. Juzgamos entonces los fenómenos que se nos presentan
dentro de los parámetros culturales propios. Como andinos/as nos parece “raro” que los/as hindúes
no se dan la mano ni se abrazan, que las y los musulmanes no coman carne de cerdo.
➢ Intraculturalidad.- La intraculturalidad no tiene que ver con relaciones entre diferentes culturas,
sino con relaciones y características dentro de una misma cultura. La gran mayoría de relaciones
que entablamos en nuestras vidas, son intraculturales, salvo en el caso que somos inmigrantes de
otra cultura o viajamos con gran frecuencia a lugares de contextos culturales distintos.
➢ Interculturalidad.- El concepto de interculturalidad tiene su origen etimológico en el latín inter:
entre presupone la multi y transculturalidad, pero rechaza tajantemente la ideología de la super y
supraculturalidad y ofrece otro modelo de “universalidad” que no sea supracultural. La
“interculturalidad” describe las relaciones simétricas y horizontales entre dos o más culturas con el
fin de enriquecerse mutuamente y contribuir a la mayor plenitud humana.
10.3 LOS PRINCIPIOS DE LA INTERCULTURALIDAD EN BOLIVIA.
Bolivia desde su fundación ha desarrollado su vida institucional, política y jurídica, bajo el influjo de
concepciones generadas por el liberalismo, socialismo, el comunismo y otras tendencias que no
reflejaban los derechos, la cultura, los valores y los sustentos filosóficos de vida y justicia de la
diversidad cultural y multiétnica. Por el contrario, la historia republicana ha sido marcada por la
dependencia filosófica e ideológica de quienes a su turno creían tener el poder monopólico sobre los
pueblos y naciones sometidas a lineamientos sociales, económicos, políticos, culturales, jurídicos y de
otra índole que no permitieron un dialogo de coexistencia de las diversas culturas.
En ese contexto, después de centenares de años y con la lucha permanente de las mayorías oprimidas,
los sectores populares, los pueblos indígenas originarios campesinos, junto a las clases medias
comprometidas con las reivindicaciones de los derechos y la búsqueda de la justicia social, en el mundo
y especialmente en Latinoamérica donde se encuentra nuestro país, se fue gestando gradualmente un
nuevo paradigma del derecho y la justicia, destinada a acortar las profundas asimetrías generadas por
una deuda histórica de más de 500 años de sometimiento, dependencia, marginalidad y discriminación,
legalizada por el poder monopólico, hegemónico y dogmático del derecho positivo, impidiendo la
revalorización, el reconocimiento y la incorporación de otros derechos, como el de los pueblos
indígenas originarios campesinos.
Motivo por el que en Bolivia se genera una ruptura epistemológica destinada a revalorizar y reivindicar
el interculturalismo como concepción destinada a encontrar un dialogo e intercambio de culturas, que
va más allá de las posiciones tradicionales o del análisis retórico descriptivo, toda vez que en este
intercambio de realidades históricas, experiencias vivas y conocimientos se encuentra principios, fines
valores y normas de conducta orientadas a la solidaridad, reciprocidad, complementariedad,
relacionalidad y otros fundamentos filosóficos rectores de una cosmovisión práctica, armónica y
holística, destinada al reencuentro no sólo con el pasado, sino con el futuro, para lo cual se observa de
imperiosa necesidad de reconstituir y revalorizar los valores históricos, sociales, humanos, morales,
culturales, tradicionales y jurídicos como un paradigma de vida y justicia basada en la racionalidad
holística como eje fundamental de las transformaciones jurídicas e institucionales del Estado
Plurinacional de Bolivia.
En este contexto el interculturalismo surge como respuesta alternativa a los planteamientos y
formulaciones universales que históricamente siempre adolecieron de sustento real y objetivo sobre las
necesidades y requerimientos de las grandes mayorías, compuesto por personas afrobolivianos,
indígenas originarios campesinos y movimientos sociales que expresan el fracaso de las estructuras del
universalismo ideológico, político, económico y jurídico marcadas por su accionar irracional e
incomprensible que tuvo que soportar las características que motivan su declive y dan lugar al
fortalecimiento de una “Tercera vía denominada interculturalismo que comporta una posición de
igualdad de las culturas, apoyado en tres fundamentos: 1) Epistemológico, 2) Ético e 3) Histórico.
Sustentado en cuatro principios generales que constituyen la base fundamental de la interculturalidad
como elementos que posibilitan su comprensión y análisis, a partir de los siguientes principios”:
10.3.1 PRINCIPIO DE IGUALDAD ENTRE LAS CULTURAS.- Cuando se refiere al término de
igualdad de las culturas se hace necesario observar la trayectoria con subidas y bajadas, impidiendo
limitarse a los productos culturales concretos de los que se puede establecer sus efectos positivos o
negativos. Sin embargo, este principio que ha merecido cuestionamientos, debido a que se constituye
una especie de “oveja negra” ya que quizá muchos estén de acuerdo en admitir la igualdad de las
culturas, pero no el igual valor de las mismas. Al respecto varios autores consideraron que la igualdad
es una apreciación subjetiva, debido a que los miembros de cada una de las culturas consideran que la
suya es o tiene mayor o igual valor que las demás culturas.
Consecuentemente el criterio de igualdad objetiva de las culturas en diálogo intercultural se establece
tomando en cuenta como indicadores aspectos relacionados con la identidad, la historia, las
características culturales, las condiciones de vida, las necesidades racionales, los usos sociales, las
costumbres y las aspiraciones naturales y sociales que motiven la reivindicación y revalorización de
sus derechos intrínsecos y extrínsecos basados en la búsqueda del buen vivir.
10.3.2 PRINCIPIO DE LA ÉTICA PROCEDIMENTAL DE CONVERGENCIA. - Se relaciona
con la ética comunicativa, la misma que permite concretar una serie de reglas de la argumentación. En
consecuencia, el hecho de haber adoptado la ética “comunicativa habermasiana” denominada “ética
procedimental de las culturas” ha logrado relaciones interculturales en doble sentido: 1) La ética de
convergencia, referida exclusivamente a las relaciones externas interculturales, y 2) La ética de
convergencia, que sume las reglas básicas de la argumentación de la ética comunicativa, incorporando
principios y reglas de la ética en el propio discurso interno de cada cultura, bajo ciertas normas
procedimentales de convergencia formadas por las siguientes reglas:
a) Regla de la alteridad. - Consistente en poner en lugar del otro o sustituyendo el tradicional
etnocentrismo practicado por las culturas por un transcentrismo, que supere las diferencias y
distancias y nos permita comprender al otro en sí mismo y no a través de nuestras pautas culturales.
b) Regla de la reciprocidad. - Supone intervenir cooperativamente con las otras culturas en la
búsqueda de acuerdos y compromisos, de la misma manera que esperamos que ellas se comporten
con nosotros.
c) Reglas de la autonomía. - Motiva la libertad de las culturas en cuanto a su expresión e intercambio
en las relaciones culturales, sin recibir mediatizaciones que puedan venir del exterior o de grupos
dominantes.
d) Regla de la argumentación. - Consistente en la observancia del diálogo intercultural, en el marco
de las reglas objetivas internas del discurso adoptado por las relaciones interculturales que buscan
la simetría como concreción del principio de la igualdad de las culturas.
10.3.3 PRINCIPIO DEL PUNTO CERO EN EL INTERCAMBIO INTERCULTURAL. - La
diversidad cultural, nos da pautas para comprender que son demasiado diferentes entre sí para pretender
algo distinto al punto cero en sus relaciones. Razón por la cual, en el análisis se establece que la “cultura
occidental tiene diferentes características de ver la realidad entre las cuales se encuentra una forma
racionalista de ver, pensar, actuar, interpretar la naturaleza, la sociedad y la realidad, generalmente se
observa como algo inerte”, separado de la relación hombre, sociedad, naturaleza, divinidad y otros
entornos que manifiestan valores filosóficos, sociales, consuetudinario, divinos, económicos, jurídicos
y de otra índole.
En el caso boliviano existen diversas culturas que tienen una cosmovisión diferente a la occidental que
piensan bajo argumentos filosóficos que mantienen a la naturaleza viva uniendo armónicamente con el
hombre, la sociedad y lo simbólico y lo místico como un medio que enaltecen las cualidades de
relacionalidad, correspondencia, complementariedad y la reciprocidad como principios rectores de una
visión holística. Por esta razón el punto cero en el intercambio cultural quiere decir que no hay reservas
previas ni cuestiones innegociables. Sin embargo, el liberalismo en su seno tiene tres posiciones sobre
el interculturalismo:
a) La primera, se encuentran dispuestas al intercambio cultural, siempre que éste no afecte a la reserva
de principios innegociables e indiscutibles, lo que significa que las culturas inferiores asuman
progresivamente la formación y la educación progresivas de los valores de la cultura superior.
b) La segunda, se sostienen que se reservan el derecho de interpretar la parte sustantiva según cánones
liberales, posterior a ello todo puede ser discutido.
c) La tercera postura, sostiene que no existe reservas, ni interpretaciones unidireccionales,
consecuentemente no se puede entrar o salir de las orientaciones existentes.
Las tres posiciones demuestran que no se acepta el punto cero de partida, la igualdad en el inicio del
intercambio, que trae causa y es consecuencia del punto primero: el rechazo de la igualdad de las
culturas.
10.3.4 PRINCIPIO DEL UNIVERSALISMO HIPOTÉTICO DE PUNTO FINAL EN EL
INTERCAMBIO CULTURAL. - “La finalidad del intercambio cultural es conseguir acuerdos
asumidos por el conjunto de las culturas en el proceso discursivo. Frente al universalismo liberal de
partida, el universalismo intercultural de llegada (si a él se llega) tras la puesta en común de los puntos
de vista de cada cultura. Hablar de universalismo –ya sea de entrada o de salida- es quizás demasiado
atrevido. El universalismo liberal inicial no cumple los principios del interculturalismo, ya descritos:
la igualdad de las culturas y la posición cero de las mismas en el inicio del discurso.
Pretender un universalismo final de las culturas tan diversas en el momento actual del intercambio
cultural parece ser una utopía. Debemos contentarnos con acuerdo sectoriales parciales de llegada, es
decir, la asunción por un conjunto de culturas de determinados principios comunes. Que con el tiempo
pudieran generalizarse, y quizás (con mucha conversación e intercambios por delante) concluir en
universalismo final a término (propuestas asumidas por todas las culturas).
Por lo anteriormente expuesto se establece que la interculturalidad no sólo es el derecho a la diversidad
y el respeto a las diferencias sino que fundamentalmente se constituye en un proceso cualitativo de
actividades y relación entre personas, grupos, instituciones o sociedades con diferentes códigos
culturales, desde la simple coexistencia multicultural a una compleja dinámica social pluricultural,
destinada a encontrar en el diálogo intercultural problemas divergentes y convergentes de sustento
teórico y práctico, orientados por una racionalidad de coexistencia y toma de conciencia social, cultural
y jurídica. De este intercambio de culturas nace los cimientos para las transformaciones del Estado
Plurinacional de Bolivia, dando lugar al multiculturalismo, y pluralismo jurídico como medios no sólo
se inclusión social y cultural, sino con la expectativa de establecer los límites, coordinación y deslinde
de los sistemas jurídicos que coexisten en nuestro país sustentado en los presupuestos ontológicos,
axiológicos y deontológico destinadas no sólo a la búsqueda de regular la conducta humana, sino
expresada en la búsqueda del buen vivir.
10.4 IDENTIDAD CULTURAL Y EL INTERCULTURALISMO. -
El término identidad, significa lo propio e inalienable de una persona por extensión, identidad y cultura
que viene a ser propio e idealmente inalienable de una cultura, en consecuencia, la identidad cultural
manifiesta un conjunto de significaciones que configuran y marcan diferencias por la existencia de
diversas formas de vida y concepción de la realidad generadas desde adentro y fuera de la misma,
admitiendo en su formación, la intervención de elementos íntimos e identificativos. Por estas razones
la esencia de la interculturalidad es la “identidad cultural” o étnica de los pueblos indígenas originarios;
sin embargo, para los fines pedagógicos no se debe confundir la comunidad indígena con la etnia; la
Comunidad Indígena es “La unidad básica de la organización social y territorial de los pueblos
indígenas que se encuentran dentro la jurisdicción de un municipio” en tanto la etnicidad es el grado
de identidad reproductiva de una etnia o pueblo indígena, sobre la base del mantenimiento de su hábitat
originario, el territorio, y la coerción y solidaridad del grupo en torno a sus raíces como la lengua
materna, la memoria colectiva (creencias, usos y costumbres) y la valoración de una historia propia.
Nuestro país se caracteriza por ser multiétnica y pluricultural, en su seno se encuentran 36 grupos
étnicos entre ellas los mojeños o los chiquitanos, se dividen en grupos dialectales, o como en los
joaquinianos, que son los baures. En todo caso están en la etnias o pueblos indígenas: Aymara, araona,
baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasu´we, guarayu,
itonama, leco, machajuyai-kallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré,
mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uru-chipaya,
weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco. Dirigentes de organizaciones indígenas del altiplano
hablan de incluir otras 16 configuraciones étnicas al interior de los territorios aymaras y quechuas.
La diversidad étnico lingüística que compone la etnicidad boliviana, nos muestra no sólo una diversidad
cultural sino también un abanico de situaciones etnoculturales, toda vez que cada una de estas
identidades (macroetnias y microetnias) poseen una identidad formada y mantenida por la conciencia
de sí mismos y a la vez por la conciencia de los otros generando fuertes tensiones entre la auto
percepción de la propia realidad y la percepción de las realidades ajenas, que idealmente buscan
integrase en una comprensión común, intercultural. En estas condiciones al ser nuestro país multiétnico,
pluricultural y plurinacional, se torna una configuración compleja al extremo que alguna de ellas se han
visto obligados a adoptar usos y costumbres de otros grupos culturales, por ejemplo: es el caso de los
Urus y las Chipayas, tal vez la etnia sobreviviente más antigua de todo el mundo andino, que habitan
el mismo medio ambiente que los aymaras, quienes para sobrevivir han adoptado usos y costumbres
de producción aymaras, siendo místicamente “hombres del agua” (k´otsuñu, en su lengua originaria)
de los lagos altiplánicos: no han perdido su identidad cultural profunda subyacente aunque en grave
riesgo, pero también con fuerzas emergentes de revitalización.
Por último, está claro, que ninguna identidad cultural es estática, por el contrario, se caracteriza por su
proceso dinámico de fortalecimiento y participación decidida en la reivindicación de sus derechos
ajustados a una visión diferente al occidental de vida y justicia, preservando su cultura, identidad y
territorio. A la par surgen posiciones radicales con criterios, pensamientos y teorías contrarias a las
aspiraciones socioculturales y políticas de los pueblos indígenas originarios y campesinos,
pretendiendo minimizar los cambios que se vienen operando en nuestro país. Por otra parte, también
se van incorporando posturas que impulsan la inclusión social, como alternativa de materializar los
principios de equilibrio, coordinación y de complementariedad con la finalidad de acortar las
diferencias existentes en nuestra sociedad.
10.5 EL INTERCULTURALISMO Y EL PROCESO JURÍDICO BOLIVIANO. -
Desde la colonización, el derecho positivo se caracterizó por su carácter excluyente de los pueblos
originarios, creando un derecho clasista y burocrático al servicio de los colonizadores, quienes haciendo
uso de su poder han atentado contra la integridad física, moral y cultural, imponiendo tratos inhumanos
y obligando a trabajos forzados como la mita en el cerro de Potosí.
En este sentido se puede afirmar que el sistema colonial se ha caracterizado por ser excluyente y
destructor de las instituciones de las culturas indígenas cambiando la propiedad colectiva por la privada,
incentivando la incomunicación ente ayllus, quebrantando el sistema de administración de justicia de
los indios. En suma, los pueblos originarios fueron víctimas de un sistema de explotación, de
corrupción, impunidad, impunidad y de exclusión social, cultural y jurídica, atentando su derecho y la
forma de administración de justicia, recordemos por ejemplo los siguientes casos: Proceso contra
Atawallpa, contra Felipe Tupak Amaru, contra Tomas Katari y sus hermanos, proceso contra José
Gabriel Tupak Amaru, y contra Julián Tupak Katari. De los cuales mencionamos dos casos:
a) Proceso contra Atawallpa.- Para el procesamiento del Inka Atawallpa, se conformó un tribunal
juzgador, compuesto por Pizarro como presidente, Almagro como juez de la causa; Sancho de
Cuellar como escribano; un soldado de Pizarro suplantaba al fiscal acusador; y para dar mayores
visos de legalidad: otro forajido fue delegado como defensor del Inka, dos bandidos como
procuradores de cargo y descargo, dos letrados como magistrados del Estado español, y diez
hombres como testigos de los cuales siete fueron los mismos criados de los españoles. Se presentó
acusación supuesta con imaginarios pliegos de cargo por poligamia, ilegitimidad o bastardía,
nepotismo y hasta sedición o levantamiento contra la supuesta autoridad del español.
b) Proceso contra Felipe Tupak Amaru.- Fue uno de los líderes indígenas que se levantó contra la
explotación, su delito fue el de pretender liberar a su pueblo del yugo español e instaurar un sistema
de gobierno y justicia propia en el tawantinsuyu como respuesta a los innumerables atropellos y
abusos que cometían los representantes de la corona española en contra de los indios. Razón por la
que el Virrey Toledo lo persiguió por muchos años y recién en 1572 como producto de una traición
cae en manos de Chapetón, quien dispone la ejecución del inca, ordenando que se le cortara la
cabeza y sea expuesta en la plaza mayor como ejemplo y advertencia para quienes intenten
revelarse contra el yugo.
10.6 SINCRETISMO O PLURALIDAD JURÍDICA. -
Sincretismo es el proceso mediante el cual se concilian o amalgaman diferentes expresiones culturales
o religiosas para conformar una nueva tradición.
El pluralismo implica la coexistencia simultánea de varios sistemas jurídicos de regulación y acción
social, así como de diversos sistemas de resolución de conflictos en sus diferentes niveles sociales,
convergentes temporal y espacialmente.
Por todo lo mencionado, se demuestra que la lucha de los líderes y pueblos indígenas y originarios por
reivindicar sus derechos, no es un tema de coyuntura, sino un objetivo de más de 500 años de lucha
porque se respeten su identidad cultural, los principios rectores de vida social y el sistema jurídico, en
estos tiempos de cambio se está logrando establecer una ruptura epistemológica con el viejo derecho y
generar nuevos paradigmas de vida y justicia, que permita a los sectores vulnerables de nuestra sociedad
a ejercitar sus derechos en pos de garantizar el ejercicio de los derechos civiles, políticos, económicos,
sociales, culturales, colectivos y fundamentalmente sus derechos humanos entre los cuales se encuentra
el derecho consuetudinario y justicia indígena originaria campesina como un sistema capaz de
coordinar con la justicia ordinaria en el marco del pluralismo jurídico.
10.7 LEGITIMIDAD DEL SISTEMA INDÍGENA ORIGINARIO Y EL PLURALISMO
JURÍDICO. -
Debemos empezar señalando, que las leyes y normas del derecho positivo son el resultado de la
voluntad del legislador o la autoridad llamada por ley, las mismas que pueden cambiar respondiendo a
intereses individuales o de grupo o en su defecto crear un nuevo ordenamiento como respuesta a las
necesidades históricas, coyunturales de un poder minoritario, en cambio el derecho indígena originario
nace como una expresión pasada de generación en generación de sus mayores y practicada por sus
pueblos, constituyendo parte de su vida social diaria.
Consecuentemente es posible que el derecho positivo tenga un alto grado de sustento de legalidad, en
cambio la justicia de los pueblos indígenas originarios cuenta con la legitimidad de sus derechos nacido
de sus entrañas y confirmadas por las incesantes luchas que tuvieron el resultado de reivindicar sus
derechos y justicia como paradigma de vida. Lo que significa que las autoridades originarias ya sean
Mallkus o Jilakatas u otros están revestidas de atribuciones para el ejercicio de sus diferentes funciones
que deben realizar en sus comunidades.
10.8 EL DERECHO Y LA JUSTICIA INDÍGENA ORIGINARIA CAMPESINA. -
Las comunidades indígenas originarias y campesinas rigen su conducta por medio de costumbres
definidos como una manera de comportamiento de las personas de un grupo social surgido
espontáneamente por las necesidades de las actividades que se desarrollan y que es aceptado por todos
como una conducta válida y sobre las costumbres va surgiendo el derecho consuetudinario consistente
definida como “un conjunto de normas morales de observancia general que en forma uniforme y
permanente regulan los intereses públicos y privados de una colectividad, con la particularidad de ser
conservadas y transmitidas por herencia social”, que por su práctica se ha constituido en el horizonte
de la regulación de la vida social de las comunidades indígenas originarias campesinas.
La justicia comunitaria (indígena originaria campesina) que no tiene otro fin que pregonar el “suma
kamaña”, como objetivo de vida y de justicia, razón por la cual busca la armonía de la comunidad para
ello se aplica castigos, no con el sentido del poder punitivo, sino con fines estrictamente morales, en
este sentido la justicia indígena originaria y campesina debe ser considerada como una “expresión que
define los mecanismos de tratamiento y resolución de los problemas, conflictos y controversias que
surgen entre los miembros de las comunidades indígenas y campesinas en base a los usos, costumbres,
tradiciones y ritos heredados de generación pasadas.
En consecuencia, la justicia indígena originaria campesina es una forma de regular los comportamientos
de los individuos en base a los usos y costumbres, como expresión de una herencia viva encaminando
hacia la construcción de un sistema fundado en el pluralismo jurídico e inclusivo.
BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA DE CONSULTA
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