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Yo, león: El cazador y el gigante

Este cuento cuenta la historia de un cazador que se encuentra con un león, un águila, un galgo y una hormiga peleando sobre cómo repartirse un borrego. Cada animal le da al cazador un regalo mágico: el león le da un pelo para que nada le pueda ganar, el águila una pluma para que nada se le escape volando, el galgo un pelo para que nada se le escape corriendo, y la hormiga un cuerno para que pueda convertirse en hormiga. Más tarde, el cazador encuentra un castillo encant
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Yo, león: El cazador y el gigante

Este cuento cuenta la historia de un cazador que se encuentra con un león, un águila, un galgo y una hormiga peleando sobre cómo repartirse un borrego. Cada animal le da al cazador un regalo mágico: el león le da un pelo para que nada le pueda ganar, el águila una pluma para que nada se le escape volando, el galgo un pelo para que nada se le escape corriendo, y la hormiga un cuerno para que pueda convertirse en hormiga. Más tarde, el cazador encuentra un castillo encant
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¡Yo, león!

Antonio Rodríguez Almodóvar


ALEXIA
Cuentan que un cazador iba un día caminado por esos montes, cuando se encontró
un león, un águila, un galgo y una hormiga. Los cuatro animales parecían estar
peleándose.

-Buenas tardes, amigos... ¿Qué les pasa? ¿Por qué se están peleando? -preguntó el
cazador.

-Pues nada -contestó el león-, que nos hemos encontrado un borrego y no estamos
conformes con la partición. Si usted podría ayudarnos...

-¡Cómo no! -dijo el hombre-. Para ti, león, la carne; para ti, galgo, los huesos; para
ti, águila, las tripas; y, para ti, hormiguita, la cabeza, para que tengas donde comer y
casa donde dormir.

Quedaron contentos y cada animal le entregó al cazador una cosa:

-Yo te doy un pelo de mi melena -dijo el león-, y cuando lo necesites, dices: «¡Yo,
león!», y ninguna fiera del mundo te podrá ganar.

-Yo te doy una pluma de mis alas -dijo el águila-, y cuando lo necesites, dices: «¡Yo,
águila!», y nada se te escapará volando.

-Yo te doy un pelo de mis patas -dijo el galgo-, y cuando lo necesites, dices: «¡Yo,
galgo!», y nada se te escapará corriendo.

-Pues yo -dijo la hormiga- no sé qué darte... Si te doy una pata, me quedo cojita... Te
daré un cuernecito, que me hace menos falta. Y cuando lo necesites, dices: «¡Yo,
hormiga!», y en hormiga te convertirás.

Los cuatro le dijeron también que para volver a convertirse en hombre no tenía más
que decir: «¡Yo, hombre!»...

Siguió el cazador andando, andando..., y llegó a un castillo solitario. «Qué raro que
no se ve a nadie por ninguna parte», pensó el cazador. Y como no podía entrar, dijo:
-¡Yo, águila!

Se convirtió en águila y voló, voló, hasta la torre del castillo. Por la ventana vio a una
hermosa dama que estaba dormida en su lecho. Pero, como la ventana estaba cerrada,
dijo:
-¡Yo, hormiga!

Se convirtió en hormiga y entró por una rendija. Cuando ya estaba dentro, dijo:
-¡Yo, hombre!

Y otra vez se convirtió en hombre.


En ese momento se despertó la muchacha y se sobresaltó.
-No te asustes -dijo el cazador-, que he venido a ayudarte. Dime, ¿por qué estás aquí
encerrada?

Ella entonces le explicó que había sido raptada por un gigante que la tenía allí, en
aquel castillo encantado. Y añadió:
-Mejor será que te vayas, porque si te encuentra aquí, te matará.

En aquellos momentos se oyeron unos pasos tremendos, acercándose a la habitación:


«Pum, pum, pum...».

El muchacho dijo:
-¡Yo, hormiga!

Y se convirtió en hormiga y se escondió en un pliegue de la colcha.

Entró el gigante muy enfurecido y dijo:


-¡A carne humana me huele! ¿Quién ha entrado aquí?

La muchacha le dijo que allí no había nadie, que él mismo podía comprobarlo.

El gigante miró por todas partes, y como no había nadie, se fue enfurruñado,
diciendo:
-Pues a mí me ha dado la nariz a carne humana y nunca me equivoco.

Cuando se alejó, la hormiga dijo:


-¡Yo, hombre!

Y apareció de nuevo el cazador, y éste le dijo a la joven:


-Mañana, cuando estés almorzando con el gigante, le dices: «¿Por qué la gente se
muere y tú no?». A ver si averiguamos cómo acabar con él.

Así lo hizo la muchacha, como quien no quiere la cosa, se lo preguntó. Y el gigante


se lo explicó que existía una laguna con una serpiente en ella y dentro de esta había
una liebre. Dentro de la liebre había una paloma y dentro de la paloma un huevo. Con
ese huevo, si me lo tiras a la frente, moriré.

Al día siguiente la muchacha se lo contó al cazador y éste emprendió el camino sin


pérdida de tiempo. Dijo:
-¡Yo, águila!

Se convirtió en águila... Volando, volando, muy alto, muy alto, llegó a las cercanías
de aquel bosque. Se acercó a la laguna con las ovejas y, efectivamente, salió la
serpiente pegando bufidos. Entonces dijo:
-¡Yo, león!

Y se convirtió en un león. Y de un mordisco mató a la serpiente. De allí salió una


liebre. El cazador se volvió galgo y atrapó a la liebre. La abrió y salió una paloma.
Se volvió águila y cazó la paloma. La abrió y cogió el huevo que tenía dentro.
Volando, volando, llegó otra vez al castillo y entró en la habitación convertido en
hormiga.
-¡Yo, hombre! -dijo la hormiga, y apareció de nuevo el cazador.
Le entregó a la muchacha el huevo y cuando el gigante estaba descuidado, le estrelló
el huevo en la frente. Y enseguida se murió el gigante y el castillo encantado
desapareció. Y ellos dos se encontraron en medio del campo, volvieron al palacio de
la princesa y se casaron, y fueron felices.
Y colorín colorado, este leonado cuento se ha acabado.

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