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ANÁLISIS DE LA EXPANSIÓN URBANA Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO
POLICÉNTRICO
Sebastián Alejandro Fuentes Montes
Código: 1192770157
Universidad de Pamplona
Facultad de Ingeniería y Arquitectura
Villa del Rosario, Colombia
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BASES TEÓRICAS
TEORIZACIÓN DE LA EXPANSIÓN URBANA
La expansión urbana, en un proceso perfectamente descrito por los autores clásicos (Marx,
1867) (Harvey, 1985), está directamente relacionada con la teoría de los circuitos de
capital, en concreto a la reproducción ampliada de los circuitos de capital , mediante la cual
el exceso de dinero circulante se ha dirigido al circuito secundario de capital, (Harvey,
1985), (Davies 1989), (Rullan, 2012).
La configuración espacial y la dinámica del crecimiento urbano se constituyen en uno de
los temas más importantes de análisis en los estudios urbanos contemporáneos. Varios
investigadores han abordado estas cuestiones dentro de los diversos rangos de temas como,
por ejemplo, Hipple et al. (2000) y Chen et al. (2000). Estos autores explican el crecimiento
urbano descontrolado, lo que conlleva transformaciones en la estructura urbana y
desequilibrios territoriales, con el consecuente deterioro de las condiciones
medioambientales
En la literatura sobre el tema (Cossio y Dillon, 2009), se destaca que el concepto de
expansión urbana se puede aplicar simultáneamente a ciertos patrones de uso de la tierra, a
las causas de determinados comportamientos de uso de la tierra y a consecuencias de
comportamientos de los mismos. Es así que el crecimiento urbano, entendido como la
producción del espacio de una ciudad, se manifiesta en una acelerada expansión urbana, un
incremento de los flujos urbanos, una nueva fragmentación social del espacio, el
crecimiento de las áreas marginales y en el deterioro de la calidad de vida de grandes áreas,
entre otros factores. Esto señala la configuración de nuevos escenarios urbanos que aún no
han sido debidamente estudiados, implicando acciones de múltiples agentes sociales, donde
la correcta identificación de los cambios y el entendimiento de estas modificaciones
aceleradas posibilitan comprender el crecimiento urbano previniendo sus consecuencias.
Aunque la expansión urbana es objeto de debate, el consenso general es que se caracteriza
por un patrón irregular y no planificado de crecimiento, impulsado por múltiples procesos
que conducen a la utilización ineficiente de recursos. Es así que la consecuencia directa es
el cambio en el uso del suelo y de la cubierta vegetal de la región induciendo al aumento de
la homogeneidad del paisaje a causa de la superficie construida y pavimentada, la pérdida
de diversidad regional y la desaparición de zonas agrícolas productivas, entre otras.
(Pombo, 2017).
Reid Ewing ha demostrado que la expansión descontrolada se ha caracterizado típicamente
como desarrollos urbanos que exhiben al menos una de las siguientes características: desarrollo de
baja densidad o de un solo uso, desarrollo de franjas, desarrollo disperso y / o desarrollo de salto
(áreas de desarrollo intercaladas con terrenos baldíos ). Argumentó que una mejor manera de
identificar la expansión era utilizar indicadores en lugar de características porque este era un
método más flexible y menos arbitrario. Propuso utilizar la " accesibilidad " y el "espacio abierto
funcional" como indicadores (Ewing, 1997). El enfoque de Ewing ha sido criticado por asumir que
la expansión descontrolada se define por características negativas.
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La expansión urbana se considera tanto, como un patrón de suelo urbano - una configuración
espacial de un área metropolitana- como un proceso, es decir, como el cambio en la estructura
espacial de las ciudades en el tiempo. La dispersión como un patrón o un proceso se distinguen de
las causas que provocan tal patrón o de las consecuencias de cada patrón (Galster., 2001). Es así,
que algunos investigadores han considerado la expansión como un fenómeno estático, mientras que
algunos lo han analizado como un fenómeno dinámico.
No hay conceso sobre cómo definir la expansión urbana, cuáles son sus efectos y como se puede
controlar. Central a esta pregunta es la medición y cuantificación de la expansión urbana en el
tiempo. Las imágenes satelitales proporcionan un extenso archivo de datos históricos y actuales con
alta integridad espacial que se adaptan bien a cambiar las aplicaciones (Wilson, 2002, p.3).
En las áreas de expansión de las ciudades, las situaciones son variadas. Si bien existen limitantes
naturales o artificiales (áreas naturales deprimidas, cementerio, parques o zonas industriales, etc.)
que obstaculizan este crecimiento, y que pueden tener incidencia en la expansión, consolidación y
densificación de la mancha urbana. La ciudad de Santa Rosa, La Pampa, está creciendo por la
densificación en algunos sectores (como el centro de la ciudad) y la implementación de los planes
de vivienda por parte del Estado que elevan, también, la densidad sobre la periferia, el cual es un
efecto no deseado. Es posible afirmar que, en el crecimiento de estas ciudades ni la expansión
territorial ni la densificación en zonas centrales son resultados azarosos, sino que resultan de la
interacción del accionar político del Estado con la dinámica del capital privado lo que influye en las
formas, en las funciones, en las dinámicas de la inversión y, por ende, en el crecimiento de la
ciudad. (Pombo, 2017).
TEORIZACIÓN DEL DESARROLLO POLICÉNTRICO
El policentrismo ha sido promovido profusamente desde 1999 —principalmen- te en Europa—
como modelo a adoptarse en aras de mejorar la calidad de vida. Es considerado como una
herramienta clave para promover la cohesión social, la sustentabilidad y la competitividad
económica (Veneri y Burgalassi, 2012). En el plano teórico, el policentrismo estaría abonando a una
mayor sustentabilidad: 1) por la posibilidad de la generación de efectos positivos en lo referente a la
movilidad, partiendo de una mejor colocalización residencia-trabajo, la cual supondría una
reducción de la distancia viajada (Cervero y Wu, 1997; Gordon y Wong, 1985; Handy, 1996;
Levinson y Kumar, 1994); 2) porque un mayor grado de policentrismo promoverá el desarrollo de
transporte masivo en detrimento de la movilidad individual motorizada (Veneri, 2010, p. 405); y 3)
porque reduciría hipotéticamente los tiempos de viaje, debido principalmente a la reducción de ex-
ternalidades negativas asociadas a las economías de escala generadas en esquemas monocéntricos
(Parr, 2004, pp. 235–236).
Por su parte, Veneri (2010) realizó un trabajo de investigación que indaga principalmente si un
mayor grado de policentrismo tiene inluencia positiva en los viajes obligados. Para ello, observó la
relación entre el grado de policentrismo — medido mediante la detección de subcentros con base en
relaciones derivadas de redes sociales—, con la movilidad registrada para 82 áreas metropolitanas
en Italia. Para este caso, se concluye que un mayor grado de policentrismo efectivamente se
correlaciona virtuosamente con costos privados y externos, es decir, reduciendo el gasto individual
de movilidad y las emisiones de CO2.
Con respecto al desempeño económico, Meijers y Burguer (2010) encontraron que el policentrismo
se correlaciona positivamente con una mayor productividad laboral (del mismo modo que Veneri y
Burgalassi (2012). Concluyen que al duplicar el grado de policentrismo, se incrementa la
productividad laboral metropolitana 5.5%. Sus conclusiones son altamente relevantes para el
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discurso en favor de las estructuras policéntricas: argumentan que esta mayor productividad
observada para diferentes zonas metropolitanas norteamericanas puede deberse a que múltiples
centros o ciudades, esto es, múltiples fuentes de economías de aglomeración.
El concepto de policentralidad está íntimamente ligado con el concepto de metropolización
territorial, que no es más que el crecimiento de los núcleos urba- nos más allá de sus límites
administrativos originales. Actualmente, los procesos de metropolización presentan diferencias con
respecto a los de principios del s. xx, tanto en escala de ocupación del territorio como en la distancia
de los nuevos enclaves urbanos con respecto al centro, pero que no dejan de formar parte del
sistema urbano por sus relaciones funcionales (Montejano, 2013).
Se presenta aquí como ejemplo el caso del Camp de Tarragona, España, en el cual se puede
apreciar, mediante un estudio morfogenético, la evolución de este territorio catalán. En los primeros
momentos se observa un sistema con núcleos (pueblos) separados entre sí y relacionados
jerárquicamente (con Tarragona como nodo principal). Con el paso del tiempo, las jerarquías se van
relajando y cada nodo comienza a tener una dinámica propia de crecimiento, superpuesto con una
nueva lógica de asentar- se en el territorio, de tal suerte que se conigura claramente un sistema
reticular policén- trico con asentamientos dispersos. Sin embargo, al observar la planeación
metropolitana, puede observarse que eventualmente (de concretarse los planes), Tarragona pasará a
ser una mancha urbana consolidada de una escala mayor. Ciertamente, las cualidades funcionales de
cada nodo del sistema policéntrico no se perderán, pero sí las cualidades morfológicas que en un
momento le conirieron un grado de policentralidad. (Montejano, 2017).
BASES CONCEPTUALES
NOCIÓN DE EXPANSIÓN URBANA
El término "expansión urbana" se utilizó por primera vez en un artículo de The Times en 1955
como un comentario negativo sobre el estado de las afueras de Londres . Las definiciones de
expansión descontrolada varían; los investigadores en el campo reconocen que el término carece de
precisión. Batty y col (2003) definió la expansión descontrolada como "crecimiento descoordinado:
la expansión de la comunidad sin preocuparse por sus consecuencias, en resumen, crecimiento
urbano incremental no planificado que a menudo se considera insostenible". Bhatta y col escribió en
2010 que a pesar de una disputa sobre la definición precisa de expansión, existe un "consenso
general de que la expansión urbana se caracteriza por un patrón de crecimiento no planificado y
desigual, impulsado por una multitud de procesos y que conduce a una utilización ineficiente de los
recursos".
Algunos autores han catalogado el fenómeno de la expansión urbana como una “expansión mirando
hacia el centro”. Las formas de esta expansión son varias, surgiendo muchos conceptos asociados
como suburbios, edge cities, contraurbanización, sprawl, etc. Es este ultimo concepto, “urban
sprawl”.
El concepto de urban Sprawl se asocia a la expansión de la ciudad y sus suburbios en suelo rural de
la franja entorno a áreas urbanas. Las viviendas de estas áreas tienden a ser unifamiliares y viajan en
automóvil a sus lugares de trabajo. US Environmental Protection Agency (USEPA) identifica una
situación de sprawl cuando “a escala metropolitana, ocurre que la tasa de conversión de suelo rural
a uso no agrícola excede la tasa de crecimiento poblacional”, lo que claramente se enfoca a la
perdida de suelo rural, en baja densidad. (Troncoso, 2007).
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El concepto de expansión urbana se definió en relación a una noción sobre sistema urbano, la cual
se concibe como la herramienta técnico-jurídica que coadyuva al ordenamiento de los contextos
territoriales y de las ciudades que integran las entidades estatales. En su texto intitulado Nuevas
formas del crecimiento metropolitano, Font explica que en la conformación de nuevas zonas
metropolitanas intervienen procesos sociales, productivos y económicos diversos (Front, 2012).
para Soja (2000), como para Castells (1972) la expansión urbana es un proceso humano que se da
en diferentes geografías configurando relaciones sociales modernas donde se privilegia el tiempo y
la historia por encima del espacio. De esta forma, encontramos en los estudios clásicos un problema
epistemológico de gran envergadura, pues se deja de lado los espacios donde se desarrollan dichas
relaciones y discursos (Soja, Edward, 2000).
NOCIÓN DE DESARROLLO POLICÉNTRICO
Si hablamos de policentrismo, entonces tenemos que deinir primero lo que significa una
“centralidad”, ya que el policentrismo alude a un cúmulo de centros organizados en una estructura
jerárquica y territorial específica. para Agarwal et al. (2012, p. 441) un subcentro definido en
términos económicos se reiere a clústeres de actividad “de suiciente magnitud para influenciar los
precios del suelo y con ello la forma urbana”, para McMillen (2001) son clústeres de actividad con
una densidad considerable de empleos más grande que sus vecinos con un significativo efecto sobre
el total de empleos.
Christaller (1933) había desarrollado su Teoría de Lugares Centrales, en la que las centralidades
eran los lugares donde un umbral mínimo de población era requerido para generar la oferta de un
bien, limitado por un rango en el que los consumidores estaban dispuestos a acudir para satisfacer
su demanda (Carter, 1974). Mientras que estas definiciones están limitadas tanto a empleos como a
espacios de consumo, existen otras dimensiones que complejizan esta visión. Para Castells (1974,
p.262), las centralidades pueden ser concebidas como “la organización espacial de los puntos clave
en que se desarrollan las diferentes fases del proceso del intercambio entre los procesos de
producción y consumo”, mientras que para Terrazas (2010, p. 9): El concepto de centro [...] se
reiere al lugar en el territorio urbano donde se realizan las actividades sociales más intensas como
son el comercio, los servicios, las manifestacio- nes culturales y políticas y, en general, el
intercambio social más signiicativo.
Para Mitchell (2001) las centralidades se denominan “ciudades dormitorio”: nodos residenciales
desligados de nodos de actividades y que en cierta medida, ejempliican la imagen heredada del
proceso de suburbanización norteamericana. Los espacios centrales de los que hablamos no deben
de ser concebidos solamente como subcentros de empleo, sino como “espacios donde las
actividades más intensas de los urbanitas ocurren” (Florida, 2003; Glaeser, 2011).
Teniendo claro lo que es la centralidad, podemos entrar a desglosar lo que podemos entender por
policentrismo.
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El policentrismo pudiese ser visto como una organización espacial fundamentada en el desarrollo de
ciudades relativamente similares, sin un dominio importante de alguna de ellas, ni menos la
existencia de una situación de primacía urbana, lo que de acuerdo con Maturana y Arenas Vásquez
(2012) ayuda a consolidar una cohesión social y territorial.
El policentrismo sería «una organización espacial de las ciudades caracterizada por perfiles
económicos urbanos bien diferenciados, una integración económica e institucional y de cooperación
en políticas interurbanas» (Gloersen, 2005: 66).
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El desarrollo de un modelo policéntrico de ciudades, forma parte de la cohesión territorial, pues ésta
responde a una forma de articulación entre las diferentes áreas que conforman el territorio, y esta
articulación, expresada en el grado de interacción, constituye un elemento clave en la organización
de la estructura jerárquica del sistema de ciudades, y a su vez concomita con la integración entre los
núcleos urbanos, asomando la idea entre la asociación de los tres aspectos fundamentales que
Rodríguez Crespo (2010) señala como inherentes a la cohesión territorial con el desarrollo del
policentrismo urbano.
El policentrismo implica la presencia de una pluralidad de centros de toma de decisiones, ubicados
en una o varias escalas territoriales, relacionados entre sí en un marco no jerárquico, formalmente
independientes pero interconectados en red y que, al tenerse mutuamente en cuenta, pueden
funcionar de forma coherente en sus interacciones (Ostrom, 2013; De la Mora,
2017). Esas escalas pueden ser urbanas o metropolitanas, cuando la expansión demográfica y
territorial de una ciudad genera nuevas centralidades complementarias a la original, o regionales
cuando entre centros de una misma región o de regiones contiguas, pero no de la misma ciudad,
metrópoli o conurbación, se generan intercambios consistentes. Claramente, son distintos los
procesos que se dan en uno y otro caso (Meijers, 2008)
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