APELACIÓN DIFERIDA
La apelación diferida integra el sistema de recursos en materia de familia, como un medio de
impugnación que se configura con un doble propósito, a saber: como herramienta de rescate
procesal en favor del justiciable y como una técnica de operatividad que favorece la mecánica
procesal en beneficio de la función judicial.
La apelación diferida no es un medio de impugnación especial, sino que es una derivación de la
apelación en general. Por ello, la apelación diferida obedece a las reglas generales del recurso de
apelación, ya que el adjetivo que lo acompaña define, únicamente, el atributo que lo hace especial,
esto es, la posibilidad de diferir los efectos inmediatos que se producen por interponer el recurso de
apelación. Por lo tanto, para precisar sobre la apelación diferida, primero se referirán algunas
generalidades del recurso de apelación.
EL RECURSO DE APELACIÓN
El recurso de apelación es un recurso ordinario que tiene por objetivo extraer el proceso del
conocimiento de un juez para someterlo al conocimiento de otro juez o magistrado jerárquicamente
superior, y con ello, habilitar una nueva apreciación de hechos y, consecuentemente, una nueva
valoración de prueba. En otras palabras, el recurso de apelación se configura con el fin de obtener
un nuevo pronunciamiento sobre los hechos controvertidos, a través de la revaloración de la teoría
jurídica y una nueva apreciación de la carga probatoria que sostiene un pronunciamiento judicial.
El recurso de apelación es la puerta a la segunda instancia. Es de tener en cuenta que instancia,
en términos básicos, existe donde hay un estricto juzgamiento de hechos, de ahí que el recurso de
casación no constituya instancia, ya que no existe un juzgamiento concreto de hechos, sino un
examen exclusivo del Derecho, de la pura legalidad.
CARACTERÍSTICAS
Las características del recuso de apelación que importa destacar en esta ocasión son:
Es un recurso de instancia. La apelación es recurso de instancia, a través del cual se habilita un
nuevo pronunciamiento de hechos, los cuales fueron previamente juzgados ante un tribunal
jerárquicamente inferior; es decir, por medio del recurso de apelación se crea la posibilidad de que
un nuevo tribunal aprecie los hechos y valore la prueba incorporada sobre los mismos.
Es un recurso ordinario. El recurso de apelación no tiene requisitos de admisibilidad o procedencia
especiales, sino que se ciñe a los requisitos generales que lo motivan, como es la existencia
de una providencia judicial que causa un agravio y que, en respuesta a ello, la ley permita que sea
recurrible en apelación. Desde luego que alrededor de estos requisitos orbitan otros, como son la
legitimidad subjetiva, la fundamentación y la interposición en forma y tiempo del recurso.
Es aquí donde se comprende que un recurso extraordinario, junto con los requisitos generales,
exige requisitos especiales, como sucede con el recuso de casación, porque para que éste tenga
lugar se requiere argumentar en debida forma una causa genérica o motivo de casación, como la
infracción de ley error de fondo o el quebrantamiento de las formas del proceso (error de forma) un
motivo específico o sub-motivo de casación, como la aplicación indebida de la ley, y la disposición
legal que se considera infringida.
PROCEDENCIA
En materia de familia, conforme al artículo 153 de la Ley Procesal de Familia (LPF), el recurso de
apelación procede contra: (1) las sentencias definitivas pronunciadas en primera instancia y (2)
contra otras resoluciones que sin ser sentencias definitivas, la ley permite que sean objeto de
apelación, como las que declaran inadmisible la demanda, su modificación o ampliación, o la que
deniega el aplazamiento de una audiencia, por ejemplo. Véase el referido artículo para mayor
detalle.
En cuanto a las resoluciones que sin ser sentencias definitivas admiten recurso de apelación, el
artículo antes citado establece un listado describiendo cuales son, y sobre este punto es importante
destacar que, tal enumeración es una designación que hace el legislador, una reserva formal y
objetiva de la norma procesal, que habilita un recurso sobre una providencia judicial. Es decir, no
es la mera discreción del juzgador el admitir el recurso de apelación indistintamente sobre las
providencias judiciales, sino que tal competencia es legislativa, en función del principio de
legitimidad y objetividad de los recursos, que exigen que el recurso de apelación proceda contra
resoluciones previamente establecidas por la ley. Es claro, pues, que esto está en función de
legalidad y seguridad jurídica y, desde luego, por respeto al debido proceso o proceso justo.
Muestra de lo anterior es que, si bien es cierto que en materia de familia procede el recurso de
apelación en contra de la resolución que declara inadmisible la demanda, en materia Civil y
Mercantil, por disposición del artículo 278 inciso 2 del Código Procesal Civil y Mercantil (CPCM),
esto no es posible, ya que la inadmisibilidad de la demanda en el proceso común no admite
apelación, sino únicamente revocatoria. Similar situación ocurre con la declaratoria de caducidad,
como forma extraordinaria o anormal de finalizar el proceso, porque si en materia de familia la
declaratoria de caducidad admite apelación, en materia Civil y Mercantil no, cuando la declaratoria
de caducidad se impugna por error en el cómputo de los plazos legales, según lo indica el artículo
139 CPCM.
No obstante lo anterior, el articulo 153 LPF ha sido interpretado de varias formas, en muchas
ocasiones de una forma muy extensiva o garantista, considerando que el listado de resoluciones
que sin ser sentencias definitivas admiten apelación, no es acabado, ya que no se trata denumerus
clausus, o por lo menos no debería serlo, sino que debería ser ilustrativo, tomando en cuenta que
existen múltiples resoluciones que causan un agravio a las partes, cuya impugnación no debería
ser objeto de revocatoria, o en el peor de los casos, no debería entenderse que no es impugnable.
En todo caso esto es una cuestión de técnica legislativa y de configuración procedimental que
deberá aclararse por intervención jurisprudencial o legislativa.
EFECTOS
El recurso de apelación, por razón de su interposición, produce los siguientes efectos:
Suspende la ejecución de la providencia judicial impugnada, ya que no puede ser ejecutada
ante la posibilidad de que sea anulada, revocada o modificada por el tribunal superior.
Inhibe al juez de continuar sustanciando el proceso cuya providencia judicial ha sido
impugnada; es decir, se produce un efecto suspensivo.
Habilita la ejecución provisional.
En cuanto al segundo efecto enumerado, la interposición del recurso de apelación provoca la
necesidad del juez de remitir el proceso al juez inmediatamente superior, para que conozca del
mismo en apelación. Sin embargo, como antes se vio, es posible apelar de diferentes resoluciones
en el transcurso del proceso, lo que implica que el juez debe darle el trámite a las mismas y,
consecuentemente, inhibirse de tramitar el proceso el mismo número de veces que el justiciable
recurra en apelación. Esto, sin duda alguna, constituye una garantía de defensa para los
justiciables, pero también una obstrucción de la mecánica procesal, porque el proceso se suspende
en varias ocasiones, si reiteradamente se apela contra las resoluciones emitidas por el juzgador.
Esto sin obviar las “tácticas” de algunos abogados que recurren con el fin de retardar la
sustanciación de los procesos.
El juez no puede calificar la procedencia o no de la apelación, por lo que está obligado a darle
siempre el trámite legal a la misma (salvo que no se haya interpuesto en tiempo), y a su vez, el
justiciable no está en la condición de dejar al azar la defensa de sus intereses, sino que tiene la
posibilidad de auxiliarse de los medios de impugnación que la ley le franquea, con el fin de superar
los agravios que las resoluciones judiciales le producen. Pero, la continua interposición de
apelaciones significa la dilatación del proceso y, por lo tanto, la lentitud de la justicia. Entonces,
¿cómo solventar tal situación? La respuesta a la pregunta es la apelación diferida, por ser una
táctica procedimental que permite la libre sustanciación del proceso hasta dictar sentencia.
APELACIÓN DIFERIDA
El articulo 155 LPF indica que, las apelaciones interpuestas durante el curso del proceso, se
acumularán para su conocimiento y decisión a la apelación de la sentencia o de las resoluciones
interlocutorias que ponen fin al proceso haciendo imposible su continuación. Lo que se dice,
prácticamente, es que toda apelación contra una resolución interlocutoria se difiere a la apelación
contra la sentencia definitiva o contra el auto definitivo que cierra la primera instancia (DORADO P.,
Antonio et. al, 2010, p. 636.). Este precepto permite que el juez no esté en la obligación de remitir
el proceso al magistrado inmediatamente superior, cada vez que se apele contra una resolución
que no ponga fin al proceso, porque el efecto suspensivo del que antes se habló no tiene lugar,
sino que se desplaza o prolonga hasta que se dicta la sentencia definitiva, si es que se apela de
ella. Sin embargo, esto no constituye una desventaja para el justiciable, en el sentido que la
resolución impugnada no recibirá el correspondiente examen, sino todo lo contrario, constituye una
garantía para sus intereses, ya que puede interponer los recursos de apelación que estime
procedentes (los cuales se acumulan) y conocer el resultado de la sentencia definitiva. En este
caso, si no comparte la resolución de la sentencia definitiva, podrá apelar de la misma, y el tribunal
superior conocerá de dicha apelación más de las apelaciones que se acumularon en el transcurso
del proceso.
En el supuesto que no se apele de la sentencia definitiva, las apelaciones que se difirieron
(acumularon) perderán su razón de ser. Esto se debe a que las apelaciones acumuladas son
apelaciones anticipadas y subordinadas a la apelación de la sentencia definitiva, porque puede ser
que el justiciable haya perdido interés en recurrir o, en el mejor de los casos, porque la sentencia
definitiva es favorable a su pretensión. De esta forma se evita la suspensión continua del proceso,
se procura que el juzgador dicte su sentencia y que el justiciable conozca a la brevedad el
contenido de la misma. Asimismo, se favorece la celeridad y economía procesal. Finalmente, debe
tenerse en cuenta que lo diferido de la apelación hace referencia a la postergación del
conocimiento de la misma, salvo en ciertos casos enumerados en el inciso 2 del artículo 155 inciso
2 LPF. Los casos en él indicados no permiten la postergación de los efectos por interposición del
recurso de apelación, con el fin de garantizar el acceso a la protección jurisdiccional. Incluso, hay
otros casos en los que la apelación no es diferible por razones lógicas, como cuando se declara
inadmisible o improponible la demanda, pues en estos casos no existirá la posibilidad de que se
llegue a pronunciar una sentencia definitiva, de tal forma que los efectos de la apelación por su
interposición deben ser inmediatos.