Diócesis “San Carlos Borromeo” – Puno
Parroquia “Señor de los Milagros” – Juliaca
Comunidad “Santa Clara de Asís”
Domingo de Ramos N.º 1 Cuando llegó el turno a Clara no se movió de su asiento;
continuó con la cabeza algo baja. Se ignoraba si estaba
El Domingo de Ramos 27 de marzo de 1211 se dirigió a en éxtasis o vergonzosa, indispuesta o en oración.
la Catedral Clara como otras muchas jovencitas de Asís. Notó el Obispo su ausencia entre la fila de las mocitas, y
En la Catedral, antigua iglesia de San Rufino, debía miró hacia Clara, que a nadie miraba. Tras la mirada del
oficiar aquel día el Obispo con gran solemnidad. Obispo, siguió la de los fieles como escandalizados. Mas la
mirada del Obispo no significaba extrañeza, sino sólo una
Los paramentos eran de color morado, ya que con el sorpresa.
Domingo de Ramos se entraba en la Semana Santa,
conocida en la liturgia también con el nombre de
«Semana Mayor».
Las niñas de Asís habían abandonado temprano sus
casas para asistir a la bendición de los ramos en la
Catedral.
La primavera acariciaba ya tímidamente el rosáceo
castillo en el Subasio y alguna que otra golondrina
empezaba a revolotear en torno a sus cuatro torres.
Los pesados vestidos de lana, ya guardados en sus cofres,
habían sido reemplazados por los brocados dorados
y las blusas floreadas que lucían las jóvenes de Asís.
A lo largo de las empinadas callejuelas se percibía el
taconeo de sus pasitos cortos y ágiles.
La liturgia del Domingo de Ramos era por aquel entonces
larga como ahora: se procedía a la bendición de los
ramos, y luego a su distribución; seguía, sin duda, la
procesión, y al final la misa con el Passio, que debían oír
de pie los fieles.
La ceremonia empezaba con el Hosanna al Hijo de David.
«¡Bendito El que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna Se levantó como inspirado el Obispo de su silla, bajó las
en lo más alto de los cielos!» gradas del trono, se llegó a Clara, aun inmóvil, le dio el
¡Se repetía as! litúrgicamente la entrada triunfal de Jesús ramo y la bendijo, mientras toda la iglesia seguía con
en Jerusalén montado sobre un asnillo, mientras los admiración la escena.
hombres extendían en el camino una alfombra formada Y vuelto al altar, continuó el Obispo los oficios. Cantaron
con sus mantos y los niños, arrancando ramos de olivo, los fieles: «¡Gloria, alabanza y honor a Ti, Rey, Cristo,
le venían al encuentro y le seguían con el grito de Redentor!» ¡Y el coro de niños repetía con todo
Hosanna, que era el grito de triunfo. entusiasmo «Hosanna!»
Después de larga lectura de oraciones y bendiciones Clara, con el ramo apretado contra su pecho, continuaba
empezó el Obispo a repartir los ramos: primero, al clero, y mirando adelante, muda y sin parecer vuelta aún en sí de
luego, a los fieles, que se acercaban a recibirlos de su estupor.
rodillas.
Eran las últimas en acercarse las jovencitas, modestas y
recogidas bajo el llamado «velo», algo así como una pieza
de lienzo. Se acercaban, se arrodillaban, recibían el ramo
y volvían a su lugar con aquél sobre el brazo.
Florecillas de Santa Clara de Asís Julio-agosto de 1953. Año 27. Director: Fr. Pacífico Torres,
OFM.