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TORTURA
2º Parte
Los testimonios acerca del período que media entre las dos detenciones señalan que los
detenidos fueron objeto de torturas tales como aplicación de corriente eléctrica,
introducción de agua por nariz v oídos, puñetazos y patadas, duchas con agua
congelada, uñas arrancadas, apremios psicológicos, etc.
A todos los detenidos se les obligó a firmar documentos en que dejaban constancia de
tener vinculaciones con la Iglesia, de ser militantes de partidos políticos de oposición,
de no haber recibido malos tratos y otra serie de declaraciones en que los detenidos se
inculpaban de hechos que sólo existían en la imaginación de los torturadores. Se les
fotografió e incluso se les filmó, llegándose a obligar a uno de ellos a que memorizara
un cuestionario con preguntas para la «actuación».
»Luego de allanar mi domicilio me exigieron que los acompañara. Les pedí que se
identificaran, y les pregunté si traían orden escrita de detención o arresto contra mí. No
quisieron identificarse y procedieron a llevarme con ellos.
»En el segundo interrogatorio me preguntaron sobre armas largas y cortas que, según
ellos, habrían sido escondidas durante el mes de septiembre de 1973 por miembros del
Partido Socialista, y en la cual yo habría tomado parte. Le dije que yo había declarado
todo lo que sabía y hecho en relación al Partido Socialista en el año 1973; que había
sido condenado a dos años de presidio por un consejo de guerra, y que nada sabía aparte
de lo declarado ese año.
»Durante esta tortura me preguntaban además sobre Linares y Curícó. Me decían que
debía dar nombres de personas que estuvieran vinculadas tanto a la Iglesia como a la
resistencia...
«Una vez que me tuvieron tendido en el somier me dijeron: "Aquí vamos a ver que
hables, ya que ahora tenemos veinte días para conseguirlo y no cinco." Procedieron a
amarrarme las manos con un cordel por la espalda a la vez que me mojaron con agita en
todo el cuerpo, especialmente en la parte de los genitales. Sentí que a poca distancia otra
persona daba vueltas a algo, que me dio la impresión de ser similar a un teléfono
antiguo. Pensé que se trataría de un generador y que me aplicarían tormento con
corriente eléctrica; mis presunciones fueron confirmadas ya que sentí un fuerte dolor en
el abdomen y en los genitales a medida que me ponían unos alambres que en sus
extremos tenían algo así como unas piedrecillas. Uno de los torturadores entretanto con
un palo mojado me presionaba fuertemente en la zona de las sienes, y otro en mis
piernas. Me apretaron fuertemente el tórax con las manos. Creo que todo lo descrito
duró más o menos una media hora, y los sujetos comentaban: "Así que eres de los
duros. Te gusta que te verdugueen." También me dijeron que contestara sus preguntas y
que si no mi cónyuge lo pasaría mal, pues la tenían detenida. Debo señalar que por
momentos creí que efectivamente podrían haber detenido a mi cónyuge. Perdí la noción
del tiempo, aunque podía captar que aún era de día, pues estaba claro. Continuaron
amenazándome con mi esposa, a la vez que me decían que quién cuidaría "al cabro
chico", refiriéndose a mi hijo. Siguieron golpeándome y echándome agua. Dieron orden
de que me sacaran del somier y me obligaron a ponerme los calzoncillos, que estaban
totalmente mojados; las demás vestimentas tuve que ponérmelas por encima, y poco
después sentí mucho frío. Fui sacado de la sala de tortura a la, vez que decían: 'Tamos a
ver si habla tu mujer. Nosotros no tenemos nada que ver con los derechos humanos, los
derechos del hombre y la Vicaría. Aquí mandamos nosotros." Yo sentía mucho frío y
creo que me estaba entumeciendo, pues me tenían inmóvil y en pie. En cierto momento
vino uno de los sujetos y me desató y me dio instrucciones para que me pusiera la
camisa y la chomba. Me dieron algo de comer, Me preguntaron nuevamente mi nombre,
el carnet de identidad. Luego me hicieron firmar un documento en el que decía que me
habían devuelto las especies y que no había recibido apremios de la CNI de Curicó.
Después me examinó una persona que dijeron que era el médico. Pude darme cuenta
que se trataba de un hombre macizo, de grandes manos peludas. Me palpó en diferentes
partes del cuerpo y me preguntó si me habían golpeado, a lo que respondí
afirmativamente; después me preguntó si me habían aplicado corriente, a lo que también
contesté que sí; me preguntó dónde y lo indiqué. Procedieron a secarme la zona en que
yo indicaba v el médico me preguntó: "¿Está seguro?" Sentí que empezaban a darme
una serie de patadas y puñetazos, a la vez que otras personas preguntaban: "¿Quién te ha
pegado? ¿Quién te ha aplicado la corriente? ¿Quieres seguir en la parrilla?" Ante esta
nueva paliza, y en la certeza de que quien me examinaba era un médico cómplice de las
torturas, me di cuenta de que nada ganaba con decir que me habían golpeado, y pese a
lo absurdo de la situación y de que me estaban golpeando y amenazando, dije que no me
habían torturado ni aplicado corriente. Mi capacidad física se encontraba en el límite,
pues durante todo ese tiempo me habían mantenido en pie... Me dejaron en esta posición
en la misma sala y pude estar tranquilo por un rato... Me dio la impresión de que había
llegado la noche. Debo señalar que en forma permanente se sentía música, grabaciones
tomadas de emisiones radiales, pues era frecuente escuchar la hora, que no tenía
ninguna concordancia con la que hacía poco rato habíamos escuchado, lo que me hizo
pensar que todo esto estaba fríamente programado para hacer que nos, desorientáramos
en cuanto al transcurso del tiempo... Me llevaron arrastrando hasta el somier "parrilla",
como le llamaban los torturadores, y allí me tendieron, a la vez que me decían: "Ahora
tienes que cantar, negro." Me desnudaron y me llevaron al baño, donde con una cacerola
me mojaron por todo el cuerpo... Fui amarrado de pies y manos y nuevamente me
aplicaron corriente, pero ahora lo hicieron con un aparato distinto; éste parecía más bien
un bombín, con la punta de éste me presionaban el pecho, la frente, el ano, los
testículos.... y me di cuenta de que gritando se me aliviaba un poco el dolor, por lo cual
lo hice, y los su s trataron de impedirlo. Me taparon la boca y me hacían cosquillas en
los pies, a la vez que me presionaban los muslos y me decían: "Tenernos una caja con
mierda", a la vez que procedieron a ponerla en mi boca y me obligaron a ingerir parte de
ella. Los sujetos decían: "A nosotros no nos vas a ganar". Vamos, come." Después de
esto me hicieron descansar un rato. Dijeron: "Te vamos a dar un descanso, y te vamos a
traer de nuevo." Me hirieron) vestir y me sacaron del lugar hacia otra pieza; por un
momento pensé que ya me dejarían tranquilo. Sin embargo, me llevaron hasta cerca de
donde estaba uno de los sujetos que manejaba los equipos de música y me dieron
instrucciones para que permaneciera en pie y levantara una de las manos con la palma
hacia arriba hasta que ésta se viniera abajo por efecto del cansancio, después de lo cual
debía repetir la operación con la otra mano, y así sucesivamente. Pero esto no era todo;
en cada oportunidad en que se me caía una de las manos me golpeaban para intentar que
la volviera a subir. Después llegó otro sujeto y me dio ordenes para que me sentara en el
suelo. Seguramente debido al cansancio, la falta de oportunidades para dormir, las
torturas y los golpes recibidos, sentí que estaba afiebrado y que estaba en un mundo
irreal: me imaginé que estaba en una gran sala alfombrada y que había mucha gente
tomando café. En algún momento volví a recuperar la consciencia en parte ~, me di
cuenta de que estaba sentado en el suelo y que uno de mis verdugos me señalaba que
estaban verificando mis datos y que tal vez podría quedar libre. Me tomó el pulso y me
dijo que descansara.»
Nos ha llamado la atención que algunas de las personas relatan extensamente las
torturas de tipo físico, dándole mucha menos importancia a las de tipo psicológico.
Solamente cuando se les pregunta relatan las amenazas, las humillaciones, la venda, la
música estridente, etc. Otros dicen haber soportado el dolor, los golpes, la aplicación de
corriente eléctrica, etc.; afirman que lo que más les afectó fueron los apremios
psicológicos, que lograron quebrarlos emocionalmente.
Hipnosis 2
Firma de 3
documentos 4
culpatorios
Aislamiento 4
continuado 6
«... hasta ese día nunca me dieron comida; sólo una taza de té... » (V. B. P.).
«también para impedirnos dormir normalmente se mantenía una fuerte luz que penetraba
nuestras vendas... » (B. R. G.).
B. Tortura psicológica:
«... entre los días 6 y 9 de marzo, mantenido en lugar secreto con los ojos vendados y
esposado... » (J. D. P.).
«... me vendaron los ojos, poniéndome una cinta de scotch en ellos... » (R. P. M.).
«... fui mantenido los once días que duró el encierro con los ojos tapados... » (M. R. R).
«... dos tipos se acercaron y me empezaron a desvestir; yo, entre sollozos, les gritaba:
"Déjenme"» (L. S. T.).
«... durante todo el trayecto debí soportar groserías de los agentes... » (R. P. M.).
«... entraron varios a la celda;, empezaron a gritar: "Nos engañaste, vieja 'reculiá', vas a
ver lo que te va a pasar, perra concha de tu madre"... » (L. S. T.).
« ... durante toda la primera noche se me mantuvo parada y se me impidió dormir. En los
días siguientes tampoco me permitieron hacerlo ... » (R. P. M.).
«... siempre fuimos despertados en las noches con golpes en la cabeza y palabras
soeces ... » (B. R. G.).
«... debo señalar que durante todo el tiempo se mantuvo encendida una radio o una
grabadora a todo volumen ... » (S. E. A.).
«... asimismo amenazaron con matarla si la veían en la calle ... »(O. A. P.).
«... amenazaron que sería muerto su esposo y también con dar muerte a todos sus hijos...
» (R. P. M.).
¡Putas, que nos vamos a divertir viéndola aquí en pelota! " (desnuda)» (J. D. P.)
«Me dijeron que habían ido al colegio de mis hijos menores a detenerlos, que los traerían
pronto, que los torturarían y que violarían a mis hijas ... » (O. A. P.).
«... La amenaza de llevar a nuestras esposas e hijas para torturarlas de igual forma.
Varias noches sentimos que se intentaba abusar sexualmente de mujeres, por lo que las
amenazas eran verosímiles ... » (B. R. G.).
«... amenazas en contra de toda la familia, y especialmente contra su mujer, la que fue
trasladada hasta la CNI con el fin de presionarlo; ésta se encontraba en avanzado estado
de gravidez; lo amenazaron con hacerla abortar a fuerza de golpes ... » (S. S. F.).
«... Durante seis o siete horas me interrogó... Me pidió que hablara sólo desde mi
infancia hasta ahora. Me insistía en que reconociera mi filiación comunista... Me contó
anécdotas de su vida, lo difícil de este proceso. Según él, había muchas cosas
criticables... Finiquitó algunos detalles de mi declaración. Contra mi voluntad, puso que
yo tenía "ideas comunistas". Me dijo que trataría de ablandar al director, explicándole la
nobleza e inteligencia de mi persona ... » (S. R. J.).
«.. . asimismo debió conversar con una persona que, según le dijeron, era sacerdote,
"capellán del recinto". Este le manifestó que venía de la Vicaría y le pedía que confesara
toda la verdad, por su voz el afectado lo reconoció como uno de los aprehensores...
Recibió amenazas y presiones para "colaborar" con la CNI; incluso se le ofrecía dinero
para que lo hiciera. Se le dijo que dicha colaboración permitiría que no lo despidieran de
su empleo. Finalmente, al ser liberado debió decir que aceptaba tener un contacto con
agentes de la CNI, encuentro al que no concurrió en definitiva ... » (M. R. R.).
«En los últimos interrogatorios no fue golpeada físicamente, sino que recibió excesos de
gentileza, promesas de mitigación de las torturas recibidas. Un agente al que le dijo que
había sido maltratada "me aseguró que eso era excepcional y que lo investigaría para
sancionar a los culpables; no obstante ello, fue él quien me dijo que debería firmar una
declaración expresando mi reconocimiento por el buen trato recibido ... » (R. P. M.).
i. Falso fusilamiento.
«Lo amenazaron con matarlo, acercándole repetidas veces un arma a la cabeza, diciendo
que, como había ingresado al país sin autorización, era persona inexistente y que podían
matarlo impunemente ... » (S. S. F.).
« ... llegó la noche y pude darme cuenta de que mi padre aún estaba en el lugar, ya que
se quejaba... » (M. V. C.).
«... pude darme cuenta que en ese momento golpeaban a una mujer, pues la sentí gritar
desesperadamente. Pensé que podía tratarse de mi cónyuge... También pensé que podía
tratarse de una grabación previamente preparada para hacerme creer que se trataba de mi
señora y así facilitar el interrogatorio... » (S. E. A.).
« ... sentí un llanto de guagua; el hombre me dijo: "Esa es su guagua"... Le grité: "No, no
es mi guagua..., ella no llora así"-» (L. S. T.).
«... en diversas oportunidades debí ingerir remedios... Estos remedios me los dieron con
regularidad a partir del segundo día de reclusión... Sentía una pérdida de control de mi
persona, una sensación de relajamiento y de intenso agotamiento... » (V. N. L , )
«Introducida en ese lugar, fue revisada por un presunto médico, que le puso una
inyección cuyo contenido ignora ... » (O. A. P.)
m. Hipnosis
«... después de sentir una gran laxitud y un peso en las piernas y en los brazos, perdí la
conciencia, sometiéndome a una sesión de hipnosis. Tengo algunas nociones de que fui
sometido a interrogatorio encontrándome en ese estado de inconsciencia ... »(V. N. L.).
«... fuimos televisados uno por uno detrás de un escritorio. Se nos hace mostrar
documentos con el diario "El Siglo" y otros periódicos ... » (B. R. G.).
« ... me vistieron con diferentes ropas, que no eran las mías, y me fotografiaron, a la vez
que me peinaban en distintas formas...»(V. N. L.).
«... las declaraciones que debía firmar, con la vista tapada ante mis aprehensores, fueron
hechas bajo apremios físicos y psíquicos... »(H. P. C.).
« ... me hizo firmar la declaración del día anterior, insistiendo que para que el director
aceptara mi libertad debía reconocer que era comunista... » (S. R. J.).
« ... se me amenazaba con terribles torturas. En medio de este clima, que a uno le hace
sentir desamparo y con una serie de incertidumbres, debí firmar documentos cuyo
contenido ignoro... »(C. E. P.).
Dos nuevos servicios son denunciados como torturadores en 1982: la DINE, Dirección
de Inteligencia Nacional del Ejército, y la CIE, Central de Inteligencia del Ejército.
Hemos incluido entre los métodos de tortura psicológica la Obligación impuesta a los
detenidos de hacer declaraciones ante grabadoras de sonido e imagen, ya que ello genera
enorme incertidumbre en los afectados («la sensación de quedar atrapados en sus
manos»).
«... Fui llamado en dos oportunidades para ser filmado con una cámara de video ubicada
tras un espejo, en una sala alfombrada y con dos poderosos focos iluminándome.
Mientras ocurría la filmación se me hacían preguntas, teniendo un micrófono direccional
colocado al frente. Estas filmaciones y grabaciones son otra forma de apremio
psicológico, ya que no se proporciona ninguna indicación sobre qué objetivo persiguen o
qué uso se dará al material obtenido ... ».
«... En la tarde del día anterior que iríamos a la Corte somos sacados de la celda, nos
maquillan con crema toda la cara y el cuello, nos ponen rimmel en las pestañas y los
párpados. Una mujer de voz joven nos dice que es para que aparezcamos mejor en la
televisión en color... Fuimos televisados uno por uno, detrás de un escritorio. Se nos
hace mostrar documentos como el diario "El Siglo" y otros... Luego fuimos filmados los
siete afirmados en diversos documentos y un mimeógrafo. En seguida nos filmaron con
un lienzo que decía- «Por la razón o la fuerza, venceremos". Luego somos conducidos a
otra sala donde hay focos muy potentes y se nos hace contestar todo lo que los
interrogadores quieren ... ».
«Nuestros defendidos han denunciado que estas grabaciones en videotape fueron hechas
en los lugares secretos de detención de la CNI en el tiempo en que cada uno estuvo
veinte días detenido e incomunicado, y que se efectuaban previa memorización a golpes
y amenazas, esto es, bajo apremios ¡legítimos. Sin embargo, ese día aparecen
entrevistados por el Canal Nacional de Televisión meses después de haberse efectuado
las grabaciones». Los abogados solicitan «sean adoptadas severas medidas y se
dispongan sanciones acerca de este insólito y grave hecho» (diario «La Tercera de la
Hora», (18-XII-1982).
El hecho de aparecer como delatores para algunos o como sujetos peligrosísimos para la
sociedad provoca enorme tensión psicológica a los afectados, lo que corrobora la validez
de considerar esta práctica en nuestro recuento.
Es evidente que entre el personal que trabaja en la CNI, así como en la ex-DINA, hay
psicólogos, quienes:
Uno de ellos ha sido descrito a menudo, y es llamado «Doc» por los funcionarios del
aparato represivo.
«... Como a las seis de la tarde entró en mi celda un tipo que se presentó diciendo: "Yo
soy funcionario de un organismo, y me interesa saber un poco cómo descubrir la
personalidad de ustedes y tengo que hacer un informe sobre ustedes que me ha pedido
este organismo." El tipo entró solo y fue muy agradable; yo sentí como una sensación
hipnótica, quizá hipnótica por las circunstancias, porque fue el primer tipo que me habló
en forma relajada, que sonrió después de todas esas horas malditas. Entonces yo me
relajé absolutamente. Me preguntó de todo y me dijo que él creía que todo el mundo
tenía derecho a pensar y que a nadie se le perseguía por las ideas. Me dijo: "Tú eres un
intelectual muy bien formado, y sientes legítimamente el derecho de que todos los demás
sigan la verdad que tú crees; como tienes más capacidad que el resto, entonces tienes
derecho a imponerle la verdad a los demás." Le dije que nada que ver, porque no me
sentía así ni me iba a sentir así tampoco, pero insistía en que yo era un intelectual muy
capaz.»
«... Fui llevado a una sala y me quitaron la venda de los ojos. Sentado detrás de un
escritorio había una persona conocida como "Doc", un hombre alto, corpulento, de
aproximadamente cincuenta años de edad, quien me interrogó durante todo el día a partir
de las informaciones obtenidas por medio de la tortura... En la tarde de ese día "Doc"
trató de hipnotizarme a través de la sugestión y otras técnicas. No perdí la lucidez
mental, pero sufrí una especie de entumecimiento o envaramiento en todo el cuerpo. Fue
necesaria la intervención del médico para recuperarme de estos efectos ... »
A. I. F. D., secretaria, treinta y ocho años de edad. La afectada fue detenida el 14 de julio
de 1982 por agentes de la CNI. Estuvo internada en recinto secreto de ese organismo
durante cinco días. El 10 de agosto interpuso ante la Primera Fiscalía Militar una
denuncia contra los funcionarios de la CNI que habían cometido en su contra delitos de
apremios ¡legítimos, amenazas contra su vida y la de sus familiares, abusos deshonestos
y lesiones.
«Por las noches me hacían acostarme en una cama de cemento, a la que puse una
colchoneta que allí había, pero venía un funcionario y me hacía quitarla, insultándome, y
luego venía otro y me hacía ponerla, también insultándome; a cada rato me
despertaban.»
Entre las celadoras había dos mujeres. La afectada manifiesta al Tribunal que podría
reconocer a una de ellas, dando su descripción física. Esta, añade la denunciante, es
lesbiana, y en una oportunidad le dijo: "Estás buena, flaca, pero tienes que engordar un
poquito", y me manoseó rozándome con las manos el cuerpo. Siempre miraba cuando se
duchaban las detenidas.
Debió fumar en una ocasión marihuana y en otras le inyectaron sustancias para ella
desconocidas.
Los apremios físicos que recibió de parte de los agentes de la CNI consistieron
principalmente en golpes. «A mi madre, de sesenta y cuatro años, también la tenían
recluida en el mismo recinto. Cuando yo trataba de ubicarla, me pegaban. En una
oportunidad recibí un fuerte golpe en la columna vertebral, y dado que yo tengo una
escoliosis en la cervical, este golpe me provocó una rigidez y no podía erguirme.
Anduve varios días encorvada... »
Los agentes de la CNI ejercieron sobre la afectada una fuerte presión psicológica,
utilizando la permanencia en el mismo lugar de la madre y la supuesta de su hijo de
cinco años. «Yo sentía que arrastraban a mi madre por el pasillo hacia el servicio; la
reconocía por la tos. Ella tosía para que yo supiera que estaba viva todavía. La insultaban
de manera soez. Se juntaban cinco hombres en una celda y me interrogaban
amenazantes: "¿Quieres escuchar gritar a tu mamá?" Luego otro de ellos dijo: "¡No!,
traigan al cabro chico!", refiriéndose a mi hijo de cinco años. Y otro dijo: "¡No,
matémosle a la vieja mejor!" Permanentemente oía gritos; me decían que era mi madre
la que gritaba. Me amenazaban diciendo: "¡Si no dices sí, vamos a matar a la abuela!",
refiriéndose a mi Madre.»
El tratamiento de: que fue víctima la afectada le provocó una fuerte depresión nerviosa
que la llevó a tratar de electrocutarse utilizando la conexión eléctrica que tenía el
interruptor de su celda.
«El miércoles 2 de junio de 1982 fui secuestrado aproximadamente a las 18,00 horas
cuando caminaba por la vía pública. Quienes me raptaron no presentaron identificación
de ninguna índole.
»Estuve en esas condiciones hasta el día siguiente (jueves 3). En aquella oportunidad del
2 al 3 no se me permitió dormir en ningún momento. Alrededor del mediodía se me
trasladó al cuartel de la CNI ubicado en Pedro de Valdivia. Allí se me golpeó y se me
torturó todo aquel día, En un momento se me puso sobre un somier, se me ató a él de
pies y manos y se me aplicó corriente eléctrica en la espalda, en los testículos, en los pies
y en las manos preferentemente. En otro momento se me colgó por las muñecas a una
altura considerable, y se me torturó azotándome.
»Todo esto fue combinado permanentemente con amenazas de muerte para mí y mis
familiares.
»El día 4 fue prácticamente la misma cosa, con la diferencia de que se me obligó a
ingerir pastillas.
»Antes de traerme aquí, el lunes 7, se me obligó a firmar con los ojos vendados una
declaración extrajudicial (en la CNI)... Días antes se me había obligado a firmar otro
conjunto de documentos.
»Antes de que me trajeran a la cárcel se me dijo que en la Fiscalía debía ratificar lo que
estaba en la declaración (la extrajudicial); de no hacerlo así, se me mataría a mí y a los
miembros de mi grupo familiar, no sin antes torturarnos.
»Con todas las precisiones y amenazas que tenía, al llegar a la Fiscalía el jueves día 10
ratifiqué la declaración extrajudicial y reconocí como mío aquel mapa. Ante esto el
fiscal me hizo firmar aquel mapa con dos firmas. Tuve ese comportamiento para evitar
se me volviera a torturar y para evitar que se tomaran represalias con mis padres y
hermanos.»
«Fui secuestrado en la vía pública el sábado 5. de junio de 1982 alrededor de las 20,30
horas, por varios individuos que no se identificaron.
»En ese instante iba acompañado por mi señora, a la cual maltrataron y amenazaron
mientras yo era metido dentro de un vehículo, en el cual me hacían preguntas y a la vez
me golpeaban. Me vendaron los ojos. El viaje duró alrededor de veinte minutos. Me
bajaron a golpes; a mi parecer, el lugar era una casa grande.
»Se me interrogó y fui amarrado en una especie de silla (o banco). Promediando treinta
minutos me pusieron algo en la cabeza y empezaron a golpearme. Los golpes eran en su
mayoría en la cabeza y oídos. Esa noche fue muy larga porque quedó un tipo de guardia,
el cual me golpeaba y amenazaba cada vez que yo preguntaba el porqué de mi detención.
»Se me amenazaba con violar a mi señora y torturar a mi hijo; me decían que estaban
detenidos. Y sí no decía o me culpaba, no los iba a ver más (está de más decir que todo
el tiempo que me interrogaban me daban fuertes patadas y puñetazos).
»Nunca me dejaron dormir; siempre la posición fue incómoda, amenazas, música fuerte,
golpes. En una ocasión me tuvieron durante horas en camisa y slip en una especie de
subterráneo... Me decían: "Ahora nos vas a conocer"... Fue aquí donde me aplicaron una
serie de torturas; se me sentó en un sillón, se me aplicó electricidad (testículos, sienes,
dedos de los pies, antebrazos... ).
Como en los años anteriores, los antecedentes han sido recogidos de querellas por
apremios ilegítimos presentadas ante los Tribunales de justicia-, de declaraciones juradas
ante notario; de testimonios directos de personas dejadas en libertad o recluidas; de datos
recogidos directamente en lugares de reclusión y/o relegación, y de personas que acuden
al Programa Médico Psiquiátrico de FASIC.
Los métodos de tortura utilizados en el año 1983 son similares a los descritos para años
anteriores.
Testimonios
«El miércoles 28 de diciembre fui detenido por cinco agentes de la CNI (entre ellos, una
mujer), alrededor de las 12,30 horas en la vía pública, en presencia de numerosos
testigos. Me dieron orden de alto desde mi espalda, y al volverme me encontré
encañonado por cuatro hombres y una mujer; me ordenaron tirarme al suelo; grité mí
nombre y recibí un violento puntapié en la mandíbula. En seguida me esposaron y me
introdujeron en un auto Sóvil 'Tolvo" color blanco modelo reciente. En el vehículo se
encontraba Rafael Ruiz Moncatellí, semiacostado en el asiento posterior.
Inmediatamente el automóvil se dirigió veloz al cuartel de Borgoño. En el trayecto se
nos vendaron los ojos y se nos anunciaban reiteradamente amenazas de malos tratos.
»Yo fui internado en una celda, la que no tenía luz natural; en cambio se mantenía
permanentemente encendida una luz que se proyectaba sobre la roseta donde me sentaba
o acostaba, según el caso. El que pasó directamente a la "parrilla" fue Rafael Ruiz
Moscatelli, del que escuchaba desgarradores gritos de dolor, atenuados por un equipo de
música que estaba con alto volumen.
»Luego de una media hora sentí encerrar a Ruiz en una celda contigua a la mía; pasos de
varias personas que se acercan a mi celda, abrir violentamente el cerrojo de la celda y las
voces de quienes serían mis torturadores. Fui llevado a la "parrilla" en a lo menos siete
oportunidades. Allí, junto con preguntarme sobre mis actividades políticas, se me
aplicaba corriente en las ataduras de mis manos y piernas, a lo que se agregó luego un
electrodo en la tetilla derecha y otro en la vejiga.
»La primera vez estimo haber estado alrededor de una hora bajo el tormento de la
tortura. Quedé en un estado de extrema debilidad que impidió ponerme en pie por mis
propios medios, siendo llevado a mí celda por los mismos agentes para que me 11
recuperara". Yo no sentía las piernas, los horribles gritos que se me escapaban de la
garganta me la lastimaron, sentía un gran mareo y un dolor en todo el cuerpo,
»Junto al interrogador hay alguien que da puñetazos; otro que sostiene firmemente un
trapo con ambas manos sobre la boca para apagar los horribles gritos que se dan y que,
según ellos, era para que "no me mordiera la lengua"-, otro que regula la intensidad de
los golpes de corriente, además de los que habían sido mis aprehensores, los que
permanentemente hablaban de que la detención "se hizo sin testigos", de que "no
saldremos vivos", de que 11 tienen veinte días para trabajarnos", aparte de obscenidades
que dicen cometer con las mujeres.
»En cada uno de estos chequeos se me tomaba la tensión, el pulso, la temperatura rectal
y axilar y se me revisaba completamente el cuerpo. Claro que en las cuatro primeras
ocasiones el diagnóstico fue implacable: apto para la tortura. Supongo que el quinto
chequeo fue para diagnosticar que estaba "presentable" al fiscal.
En todo momento negué todo tipo de vinculación con hechos de armas y absoluto
desconocimiento de la existencia de ellas... Estas declaraciones las repetí exactamente
igual ante la Fiscalía, dejando en claro desde un principio la burda maniobra de la CNI
de hacer un acta de allanamiento de mi domicilio en el que se encontraron armas y
explosivos, en circunstancias de que las grabaciones de las sesiones de tortura cuentan
de mí absoluto desconocimiento y desvinculación al respecto, además de la constatación
que los mismos agentes hicieron en comentarios luego que retornaran del allanamiento,
en orden a reconocer el estado de "limpieza" de mí domicilio.
Sin duda que tanto los falsos cargos como las falsas pruebas formaban parte del "plan"
destinado a presentarnos como "extremistas" ante el país, y además permitir que la
Fiscalía haga equívocas presunciones, suficientes para ordenar encargatorías de reos.»
«Subarú» fue llevado a la calle Borgoño, Siempre con los ojos tapados, debió ponerse un
buzo de mezclilla azul y calzar zapatillas de lona. A una hora y medio de su ingreso se
desarrolló el primer interrogatorio, siendo apremiado con puñetazos y patadas en
diversas partes del cuerpo, procedimiento que los agentes denominan «de
ablandamiento». Los golpes eran de gran intensidad, en varías ocasiones cayó al suelo y
en una oportunidad fue lanzado contra una de las paredes de la sala. Los agentes
pretendían que el afectado reconociera ser militante activo del Partido Comunista, su
calidad de dirigente de esa organización y su participación en la gest9ción y desarrollo
de la jornada de protesta realizada el 14 de junio.
El tercer día el trato fue aún más violento. Recibió innumerables golpes en los oídos que
le hacían perder el equilibrio y caer al suelo... En dos oportunidades durante ese día fue
colocado en "la parrilla". Se le tendió en una camilla (que estaba cubierta con plástico de
color verde), desnudo, amarrado por la cintura, pies y manos. Entre los dientes le
colocaron un objeto de metal y, cubriendo la boca, un paño que era fuertemente
presionado por un agente. La cabeza quedó colgando, En esa posición recibió varias
descargas de electricidad mediante electrodos colocados en el estómago, por debajo de la
faja, aplicándosele corriente en los dedos de los pies, en los testículos y en el cuello.
Durante este procedimiento uno de los torturadores permanece sobre la cabeza del
afectado y apretando el paño sobre la boca. Cuando el afectado quería responder alguna
pregunta debía mover el dedo pulgar, y entonces cesaba la tortura. Este mismo
tratamiento le fue aplicado al día siguiente.
Finalmente, el 23 de junio fue llevado en horas nocturnas, siempre con los ojos
vendados, al Cuartel General de Investigaciones junto a otros dirigentes detenidos en el
mismo recinto.
Antes de darlos por recibidos el funcionario de Investigaciones hizo dos exigencias: que
a los detenidos se les quitara la venda de los ojos, lo que les permitió ver a los agentes de
la CNI que los habían conducido hasta allí, y que se les practicara examen médico, para
dejar constancia de su estado físico.
El 24 de junio fue trasladado en avión hasta la ciudad de Coyhaique para luego ser
llevado hasta el lugar de relegación, la localidad de Chile Chico, Undécima Región.
«El jueves día 4 de agosto de 1983, cuando me dirigía a pie por falta de dinero a mi
domicilio, fui detenido como a las 13,15 horas por cuatro hombres que no se
identificaron en avenida Los Artesanos esquina Pasaje Salitre.
»Estas personas andaban en un auto blanco, todos armados. Mi detención fue a punta de
patadas.
»Desde ese mismo instante, al meterme por la fuerza en el auto, fui golpeado,
encapuchado y esposado. Me condujeron a un lugar que desconozco, donde hablaban
varios hombres más.
»En ese lugar fui interrogado para identificar mi procedencia, filiación política y todos
mis pasos desde el día 23 de mayo, fecha en que había llegado a Arica. Como no
quedaron conformes, procedieron a colgarme por los pies de unas barras de hierro. En
esos instantes, mientras me introducían una botella con líquido por el ano, otros me
golpeaban las costillas, espalda, estómago y piernas, otro me balanceaba, según él para
que muriera más tarde.
»Creo haber estado unos cuarenta minutos en esa forma. Me bajaron y como diez
minutos después me volvieron a colgar por los pies y me golpeaban en la misma forma.
No puedo precisar cuánto tiempo me tuvieron colgado, ya que esta vez estuve a punto de
perder el conocimiento. Durante todos los días que me mantuvieron en ese lugar
permanecí con la vista tapada y las manos esposadas.
»Día y noche me interrogaban, siendo objeto de múltiples golpes en diferentes partes del
cuerpo.
»Fui amenazado de muerte varias veces. Argumentaban que nadie había visto mi
detención... Me propinaban golpes en los oídos, me levantaban por el pelo...
»En tres oportunidades fui examinado por un médico, y éste autorizaba la continuación
de la tortura diciendo: "Está bien: es todo de ustedes; síganlo tratando.» Seguramente por
recomendación médica me dieron tabletas tres veces, como también un líquido sabor a
menta...
»Las amenazas hacia mi familia, sobre todo en los últimos días, fueron frecuentes, al
decir que no se me olvidara que tenía un niño muy bonito y que le podía pasar algo a mi
esposa. Todo lo que me hicieron firmar fue bajo amenazas de muerte y con golpes de
karate en el cuello y espaldas.
»Sólo me quitaron la venda de los ojos cuando fui filmado para la televisión y nos
colocaron delante de una cantidad de propaganda política, armas, "miguelitos" y bolsas
de explosivos. Después de filmar nos llevaron a almorzar y partimos. Me dijeron que
firmara unos documentos que acreditaban que me devolvían lo que me habían quitado
cuando fui detenido y unos documentos que habían encontrado en mi domicilio junto a
un bolsón color café...
»Nos sacaron en un vehículo, y en el lugar que nos dejaron, antes de sacarme la venda y
el scotck de los ojos, un hombre en voz baja me dice: "Si mientes aquí, conforme a lo
firmado, de regreso te matarán." Me quita la venda y me dice: "No mires hacia atrás", y
al abrir los ojos me doy cuenta de que estoy en la Fiscalía Militar.
»Quiero manifestar que el señor fiscal me dijo que tenía que declarar de acuerdo a los
documentos que traía firmados y me mostró un arma "miguelitos" y unas bolsas de
explosivos, más un paquete de volantes. Todo esto me lo habrían encontrado en mi
domicilio con la firma de tres personas que acreditaban estos hechos. En esta forma tuve
que entregar mi primera declaración e% la Fiscalía Militar.»
«Me condujeron a la Comisaría Alarcán del Canto. Nos dejaron en la sala de partes, nos
tomaron nuestros datos y a mí me condujeron al fondo de la Comisaría a una pieza,
donde me sentaron en una silla y me preguntaron por mi conviviente. Al responderles
que no sabía de él, me golpearon brutalmente en la cara. Me preguntaban por su nombre
como el de mi marido, del que estoy separada. Luego me acostaron en una banca a lo
largo, me amarraron los pies y manos, para lo cual utilizaron un palo. Siguió el mismo
interrogatorio: me apretaban el estómago, me lo golpeaban con los puños; luego me
soltaron los pies, me bajaron los pantalones y me empezaron a aplicar corriente en el
estómago y luego en la vagina. Todo esto duró una hora. Me pararon luego y me
volvieron a sentar en la silla con las manos hacia atrás esposada. En eso me quitaron la
venda... Me llevaron al calabozo, donde estuve toda la noche en pie y esposada...
»Al día siguiente un hombre de mediana estatura, crespo, moreno, me puso una venda en
los ojos. Me sacaron de la Comisaría y me introdujeron en un vehículo junto a otro
detenido. Ibamos tirados en el suelo, cubiertos con mantas. El vehículo comenzó a dar
vueltas durante veinte o treinta minutos por caminos pavimentados y de tierra. Cuando
llegamos subimos una escalera, caminamos algo y luego bajamos una escalera larga, al
parecer angosta. Allí me sentaron en una silla, con las manos amarradas atrás. Había una
máquina que hacía un ruido fuerte, con sonidos agudos. Me empezaron a interrogar.
Sentía quejidos de otras personas, de una mujer y un hombre. Cada cinco minutos se
sentían ruidos, la bajada de muchas personas, ruido de llaves. A todo esto había perdido
la noción del tiempo, pero debía ser la noche del jueves día 3. Se sentían gritos de otras
personas torturadas. Cuando debían ser altas horas de la noche, me sacaron del lugar y
me subieron a un vehículo. Me dejaron allí un tiempo. Se escuchaba que mis captores
hablaban sobre quién partía antes o después. A mi lado subieron a otra persona y me
dijeron que era mi conviviente el que se quejaba y no podía hablar y llevaba también las
manos amarradas como yo, El vehículo se puso en marcha por un lapso corto y se detuvo
donde se escuchaba el ruido del mar. Me bajaron y escuché la llegada de otros vehículos.
Luego me sentaron en una silla. Eso al parecer lo hacían también con otras personas
detenidas que estaban a mi lado. Nuestros captores nos hablaban de que nos violarían y
luego comenzaron a sacar a los que estaban a mi lado, los que se quejaban mucho.
Algunos decían: "No puedo más", y los agentes decían: "Ahora son maricones". Más
tarde se llevaron a una de las mujeres y luego a otra, que lloraba diciendo e tenía dos
hijitos. Luego me llevaron a mí. Empezaron a interrogarme me dieron de beber un
líquido, me golpeaban brutalmente en el estómago y rostro. Me llevaron luego y me
sentaron una silla y sentí que allí estaban otros detenidos; había olor a excremento y una
mujer decía: "No aguanto más"... Cuando ya era de día nos llevaron al patio en sillas,
nos soltaron las manos y nos dieron sopa. Allí estuvimos mucho tiempo, hasta que el sol
se escondió y empezó a hacer frío. Luego uno de mis captores me llevó hacia un lugar
donde nuevamente me interrogaron. Había varias personas. Los interrogatorios, como
todos, versaban sobre la filiación política, etc. Me amenazaban de muerte, me
preguntaban por los nombres de mis familiares, qué hacía yo desde 1973, si mi familia
era comunista, etc, Terminado esto, me llevaron a una pieza donde se sentía estaban los
otros detenidos; nos llevaron sacos de dormir y nos pudimos acostar y dormir algo.
Luego nos despertaron. Se me había corrido algo la venda, nos cuidaban dos, que
entraban y salían, Logré ver por una ventana que había un patio y luego una casa de
madera con la parte 'baja pintada de azul fuerte y más arriba de color amarillo. Afuera
había como ocho personas desayunando. Por otra ventana se veía un cerro y al parecer
había en él un cementerio. También vi que para entrar al lugar había un portón de
madera y que abajo pasaba la carretera... »