Prólogo
A Clara, Alexandra y Natalia, todo el amor.
Antonio de Jesús Tapias Londoño “Tony” fue un pionero de las danzas folclóricas en
Antioquia, investigador, docente, bailarín y director de diferentes grupos en la región. Su
inquietud personal por descubrir nuestras expresiones tradicionales, originarias y nativas,
terminó por construir un legado cultural muy fuerte, que hoy hace eco entre la diversidad de
grupos y artistas de Medellín.
La vida de los pioneros nunca acaba, por eso, aunque su cuerpo físico nos dejó el 31 de
diciembre de 2020, sus enseñanzas quedaron escritas para siempre en la memoria artística
del país.
Su visión empoderó los símbolos propios a través de las manifestaciones culturales, pues
como solía repetir: “un pueblo que no exalte sus valores y su folclor es un pueblo sin historia,
sin pasado y sin identidad”. Su carácter es recordado por todas las vidas que fueron tocadas
por su arte. Las personas más cercanas a él, reconocen su determinación y su énfasis en
el fortalecimiento de la identidad colombiana.
Su legado queda consagrado en esta obra, titulada “Danzas de Antioquia, Tradición y
Memoria Artística”. Este texto describe cómo las danzas antioqueñas se convirtieron en el
énfasis de la vida de Tony, motivando su reconocimiento y su correcta ejecución. Es un
libro maravilloso que profundiza en nuestros sentires culturales, en el origen de nuestras
tradiciones y en la complejidad de nuestras expresiones.
Tony inició su camino hacia el folclor siendo muy joven. Atraído por el ambiente de rumba,
desarrolló una gran cercanía con el baile. Con sus hermanos, el maestro Alberto Londoño
(Q.E.P.D) y el maestro Carlos Tapias, acostumbraba a viajar en vacaciones a diferentes
regiones del país y municipios de Antioquia para observar los bailes típicos, la relevancia
de los vestuarios y el acompañamiento de los músicos tradicionales de cada comunidad.
Este método experiencial, le permitió conocer de cerca las manifestaciones culturales
autóctonas y preservarlas en la ejecución de sus obras.
Comenzó como Bailarín en 1957 en el grupo de danzas del Instituto Popular de Cultura
(IPC) del municipio de Medellín que dirigía su hermano Alberto; posteriormente lo hizo en
los grupos: Katíos, Experimental de la Universidad de Antioquia, Everfit, Pantex,
Universidad Autónoma, Escuela Popular de Arte, Estampas Tropicales, Danzas Latina y
Corporación Cultural Hojarasca.
En 1970, luego de ver el sueño de la Escuela Popular de Arte (EPA) hacerse realidad en
Medellín, ingresaría como alumno a formarse allí, luego se convertiría en un docente
destacado para posteriormente asumir con disciplina y excelencia la dirección del Grupo de
Proyección. También dirigió otros grupos a lo largo de su vida como: Rapsodia Negra,
Estampas Tropicales, Ballet Folclórico Los Katíos, Politécnico Colombiano Jaime Isaza
Cadavid, Suramericana de Seguros, Estrellas de Colombia, Universidad Cooperativa de
Colombia, Escuela de Bellas Artes Ocaña (Norte de Santander), Coreomusical (Guarne) y
el Grupo ciudad de Medellín.
Su experiencia como docente lo llevó a pisar las aulas de la Escuela Superior de Arte
Débora Arango del Municipio de Envigado, Instituto John F. Kennedy, Industrias Colibrí,
Politécnico Jaime Isaza Cadavid, Universidad Pontificia Bolivariana Suramericana de
Seguros y en la EPA donde laboró 25 años como docente y director coreográfico de los
grupos de proyección artística (infantil, Juvenil y adultos). En esta Institución perteneció al
Centro de Investigaciones CEF y al departamento de investigación DIEPA; con estas dos
organizaciones participó en numerosos trabajos de Investigación sobre danza folclórica en
varios lugares de Colombia.
En 1995 se graduó como Licenciado en Educación Estética en la UPB y ese mismo año,
junto a su hermano Carlos Tapias y otros maestros de la EPA, fundó la Corporación Cultural
Hojarasca, donde pasaría el resto de sus días apostándole al estudio y la proyección de las
danzas tradicionales en Colombia.
Aunque Tony no pudo ver el impacto que su obra más grande tendrá (sin dudas) en el
espectro cultural del país, sí fue testigo de la admiración y la gratitud que generaciones
enteras de bailarines, docentes y coreógrafos le tenían.
Tony se quedó para siempre en la alegría que reflejan los bailes andinos del Cuadro
Paisa, en los movimientos precisos de las Vueltas, en los contornos que pintan en el aire
los Gallinazos, o en las elegantes pisadas del Pasillo. Tony vive en cada traje típico, su
energía quedó atrapada entre las faldas y las enaguas de las mujeres; en los sombreros y
los pañuelos de los hombres, y en cada risa de aquel que disfruta su tradición, la conoce,
la baila y la defiende.
Karen Fernanda Martínez Montoya.