0% encontró este documento útil (0 votos)
140 vistas245 páginas

Tesis Doctoral Silvana Milozzi

Este documento resume una tesis sobre la relación entre el trastorno negativista desafiante y el apego en niños de 5 años. Evaluó a 20 niños con este trastorno y 20 niños sin él, analizando sus patrones de apego y el estilo parental. Encontró que los niños con trastorno suelen tener padres con problemas de salud o emocionales, dificultades para regular emociones. Los niños sin trastorno tienen padres disponibles emocionalmente que ponen límites de forma adecuada. La tesis concluye anal
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
140 vistas245 páginas

Tesis Doctoral Silvana Milozzi

Este documento resume una tesis sobre la relación entre el trastorno negativista desafiante y el apego en niños de 5 años. Evaluó a 20 niños con este trastorno y 20 niños sin él, analizando sus patrones de apego y el estilo parental. Encontró que los niños con trastorno suelen tener padres con problemas de salud o emocionales, dificultades para regular emociones. Los niños sin trastorno tienen padres disponibles emocionalmente que ponen límites de forma adecuada. La tesis concluye anal
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

See discussions, stats, and author profiles for this publication at: https://www.researchgate.

net/publication/353270251

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE Y APEGO

Thesis · November 2018


DOI: 10.13140/RG.2.2.12277.70884

CITATIONS READS

0 758

1 author:

Silvana Milozzi
Universidad del Salvador
2 PUBLICATIONS   0 CITATIONS   

SEE PROFILE

Some of the authors of this publication are also working on these related projects:

La evaluación de estrategias de apego en el contexto de una psicoterapia Cognitivo conductual View project

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE Y APEGO: Factores específicos de la conducta parental concordantes con la presencia de patrones comportamentales
congruentes con el transtorno negativista desafiante. View project

All content following this page was uploaded by Silvana Milozzi on 15 July 2021.

The user has requested enhancement of the downloaded file.


1

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE Y APEGO:

FACTORES ESPECÍFICOS DE LA CONDUCTA PARENTAL

CONCORDANTES CON LA PRESENCIA DE PATRONES

COMPORTAMENTALES CONGRUENTES CON EL

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE.

UNIVERSIDAD DEL SALVADOR


DOCTORADO EN PSICOLOGÍA

DECANA DE LA FACULTAD: DRA. GABRIELA


RENAULT

DIRECTOR DE LA CARRERA DE DOCTORADO: DR.


IGNACIO BARREIRA

DOCTORANDO: LIC. SILVANA MILOZZI

DIRECTORA DE TESIS: DRA. ANA KOHAN CORTADA


2

Agradecimientos:

En primer lugar, quiero agradecer a mi directora de tesis Ana, por todo el tiempo que

dedicó a ayudarme, por el sostén en los momentos difíciles y su confianza en mí.

A mi familia, por su paciencia, compañía y apoyo: A Luis, mi figura de apego actual, por

su amor incondicional, su sinceridad y por cubrirme en los momentos en que no pude estar.

A Mirta y Graciela, porque siempre están cerca y ayudándome en cada cosa que hago. A mis

hermanos, quienes transitaron conmigo lo bueno y lo malo de la infancia, y hoy se

transformaron en grandes compañeros. A los niños de mi familia, que llenaron de alegría mi

vida y a quienes amo profundamente: mi hijo Francisco y mis sobrinos Juana, Manuela y

Santino. A mis padres, por todo lo que recibí y aprendí de ellos, por ser modelos de

honestidad en el trabajo, por enseñarme que detrás de cada paciente hay una persona y una

historia, por lo que me dieron y lo que no me pudieron dar también… A mis tías, que

estuvieron muy presentes en los primeros años de vida y con quienes pasé hermosos

momentos. A Dora, quien asistió a mamá en la crianza y de quien todavía recibimos amor y

cuidados.

A mis compañeros del doctorado, algunos de los cuales se transformaron en amigos y

fueron fundamentales para poder terminar este proyecto: a Yasmín, Carolina y Hernán en

especial.

A las personas que me formaron en el modelo del apego que tanto me apasiona: Juan

Balbi porque con el conocí la teoría del apego; Patricia Crittenden, referente fundamental

para mí y Patricia Carranza, quien generosamente compartió conmigo sus conocimientos

sobre preescolares.
3

A los que ya no están pero siguen formando parte de mi mundo interno, mi maestro y

querido amigo Eduardo Mata, quien me enseñó gran parte de lo que sé, mis abuelos y Gladys

que fueron figuras fundamentales en mi infancia.

A los niños y padres que colaboraron desinteresadamente con esta tesis y a mis amigas

Vivian y Iara que me ayudaron a conseguir la muestra y grabar las evaluaciones. A mis

pacientes, que confían en mí y de quienes aprendo día a día. Al Instituto Juan XXIII, la

Universidad del Salvador, mis alumnos y compañeros.

A los terapeutas que tuve a lo largo de los años Gladys, Liliana, Javier y Marilisa porque

me ayudaron a crecer, a persistir en esta difícil tarea y a animarme a ser yo misma.


4

“Amar a un niño y tener buenas intenciones no alcanza para ser un buen padre.”

John Bowlby, 1989


5

Resumen

El trastorno negativista desafiante constituye uno de los diagnósticos más frecuentes en la

infancia. Según el DSM V, se caracteriza por un patrón de conducta que se manifiesta en un

recurrente rechazo a la autoridad, que dura al menos 6 meses. Esta tesis intenta comprender

al mismo como una estrategia de apego que utiliza el niño para regular la disponibilidad

emocional de su cuidador. El marco teórico utilizado es el Modelo Dinámico Maduracional

del Apego (DMM).

En este trabajo, la metodología utilizada es cuanti-cualitativa. Se evaluaron 20 niños de 5

años con diagnóstico de Trastorno Negativista Desafiante (En adelante, TND) y 20 niños que

no presentaban dicho trastorno y tienen un apego seguro utilizando el procedimiento de Pre-

School assessment of attachment (2004) (Adaptación de la situación extraña propuesta por

Patricia Crittenden). Mediante esta técnica de evaluación se determinó el patrón de apego

que presentan los niños con y sin el trastorno y el estilo parental de los cuidadores. Por lo

antedicho, se elaboró un cuestionario de estilo parental con la finalidad de profundizar acerca

de los distintos aspectos del vínculo que estos cuidadores mantienen con sus hijos.

Según los resultados obtenidos, la presencia de ambos padres en el hogar favorece el

establecimiento de un apego seguro. Por el contrario, cuando es uno sólo el que está a cargo

del niño debido a la ausencia física o emocional del otro cuidador, esta persona se encuentra

cansada y sin energía, lo que genera un alto nivel de activación en el niño, es decir,

irritabilidad, ansiedad y una gran necesidad de descarga física de esa ansiedad. En el grupo

de niños con trastorno negativista desafiante, encontramos que algunos de los cuidadores

presentaron problemas de salud (15%) o emocionales (35%) durante el embarazo y los

primeros meses de vida del niño, y un alto porcentaje de madres que no pudieron amamantar

a su hijo (70%). Se corroboró que estos cuidadores tienen dificultades para regular sus
6

propias emociones y las del niño. Por otro lado, en el grupo de niños con un apego seguro,

encontramos padres emocionalmente disponibles para sus hijos, con una relación satisfactoria

entre ellos y con el niño, que presentan capacidad de poner límites, regulando sus emociones

y las del pequeño. La tesis concluye con una descripción y análisis pormenorizado de las

conductas parentales específicas que son concordantes con la aparición de patrones de

conducta congruentes con el trastorno negativista desafiante. Finalmente se presentan dos

propuestas terapéuticas, una con formato de entrevista de asesoramiento a padres que

acompañe el proceso psicoterapéutico del niño y un taller psicoeducativo para padres de

niños con TND.

Se estima que los aportes surgidos de esta tesis podrán ser utilizados en la clínica

psicoterapéutica, especialmente para el trabajo con padres, familias y maestros. Asimismo,

se busca aportar herramientas que posibiliten la prevención de esta problemática.

Palabras clave:

Apego, trastorno negativista desafiante, estilo parental


7

Índice

Agradecimientos
2

Resumen 4

1. Introducción 11

Problema de investigación 17

Objetivo general 18

Objetivos específicos 18

Hipótesis 19

2. APARTADO TEÓRICO 20

Estado del Arte 21

DSM V 21

Los aportes del Psicoanálisis 25

Los aportes de la terapia cognitiva 35

Marco teórico 38

La teoría del apego de J. Bowlby 41

La influencia de la teoría evolucionista de Darwin 42

La influencia de la etología 43

El apego 44

Los aportes de las neurociencias al estudio del apego 50

Apego, regulación del estrés y salud mental 52

El modelo Dinámico Maduracional del Apego 56


8

Esquema 1: Modelo dinámico maduracional de los patrones de apego en la primera


infancia de Patricia Crittenden 60

El apego en la primera infancia 0-15 meses 62

La madre sensible 63

La madre controladora 63

La madre no responsiva 64

El patrón evitativo o A 65

El patrón seguro o B 65

El patrón coercitivo o C 66

La edad pre-escolar: Los niños de 2 a 5 años 67


Esquema 2: El modelo Dinámico Maduracional de los patrones de apego en los años
preescolares de Patricia Crittenden 72

Los patrones de apego en la edad preescolar 73

El patrón seguro (El niño tipo B) 73

Regulación de los estados afectivos internos 74

Conducta de la figura de apego 74

Respuesta afectiva del observador 74

Indicadores conductuales 75

Subcategorías 75

El patrón evitativo (El niño tipo A) 75

Patrones conductuales 77

Subpatrones 78

Regulación de los estados afectivos internos 79

Despliegue de afecto 80
9

El juego 81

Figuras de apego 81

Respuesta afectiva del observador 82

El apego coertitivo (Los niños con un patrón tipo C) 82

Patrones de conducta 83

Regulación de los estados afectivos internos 84

Exploración y afiliación 85

Conducta de la figura de apego 85

Respuesta afectiva del observador 86

Subcategorías 86

Indicadores conductuales de comportamiento desarmante 88

Apego y problemas de conducta 91

3. APARTADO EMPÍRICO 93

Metodología 94

Enfoque 94

Diseño y alcance 95

Procedimientos para la elección de la muestra 96

Variables bajo estudio 96

Criterios de inclusión y exclusión 98

Instrumentos 99

Construcción del instrumento 100

Prueba piloto 101

4. Análisis de datos 101


10

Análisis de los resultados 163

Resultados cuantitativos según objetivos 164

Análisis cualitativo 174

5. Conclusiones 178

Limitaciones del estudio 186

Transferencia de resultados y futuras líneas de investigación 187

Referencias bibliográficas 190

Anexo 1 (Consentimiento informado) 199

Anexo 2 (cuestionario de estilo parental) 200

Anexo 3 (Grilla de Cuestionario parental) 206


Anexo 4 (Grilla de observación sistemática de la conducta del niño en la situación
extraña ) 209
Anexo 5 (Grilla de observación sistemática de la conducta de la madre en la situación
extraña) 210

Anexo 6 Modelo de Patricia Crittenden 211

Anexo 7 Propuesta de entrevista para padres 224

Anexo 8 Taller pra padres de niños con TND


232
11

Introducción:

En las últimas décadas las prácticas familiares e institucionales han variado fuertemente.

Actualmente, se evidencia una fuerte indiferenciación de los lugares tradicionales de

padre, madre e hijo con la consecuente disolución de las posiciones de protección y autoridad

de los padres hacia los hijos. No sólo se observa la simetría de lugares sino que en muchos

casos se produce la pérdida total de la estructura de seguridad que proporciona la familia.

Nos encontramos frente a una clara falta de diferenciación entre el mundo del adulto y el

mundo del niño. (Barocio, 2005)

Décadas atrás, el niño se dedicaba sólo a ser niño, jugar, curiosear, divertirse. Los temas

de adultos se hablaban entre adultos y eran éstos los responsables de resolver los problemas,

trabajar y ser el sostén familiar, existiendo incluso distintos roles entre los padres. La madre

era la encargada del cuidado de los niños y el padre era el proveedor de la casa y la figura de

autoridad. El niño de hoy es conciente de los problemas del hogar, del país y del mundo;

mira las noticias, las novelas, es receptor de información que no está en condiciones de

asimilar ni comprender. Esto último se ha intensificado a partir de la llegada de internet a la

mayoría de los hogares. Muchos niños de corta edad pasan horas frente a la computadora sin

un adulto que supervise los contenidos a los que acceden o los acompañen. Ellos interpretan

esa información que reciben y muchas veces son golpeados por realidades que son muy

crudas para sus escasos años. En muchos casos, todo esto sucede en concordancia con la

ausencia de otras estructuras igualmente necesarias como los horarios y rutinas que brindan

seguridad y permiten al niño habitar su mundo infantil e inocente. (Barocio, 2005)

Barocio (2005) agrega que, paralelamente, debido al nivel de competitividad que se

exige a los adultos en sus trabajos, a las largas jornadas laborales y a que generalmente
12

ambos progenitores trabajan, hay una falta de presencia emocional de los padres en el hogar.

Ellos pueden estar presentes físicamente, pero demasiado agotados o dispersos para compartir

tiempo con sus hijos, ya que éstos demandan una energía de la que sus padres no disponen.

Por otro lado, muchas abuelas también trabajan por lo que no pueden estar disponibles para

ayudar a sus hijos con la crianza de sus nietos, acompañarlos en este proceso, aconsejarlos o

contenerlos.

La mencionada autora sostiene que otro factor característico de esta época es que la

urgencia se convirtió en una forma de vida. Muchos padres viven apurados y apuran a sus

hijos. Los niños aprenden desde muy pequeños que no hay peor cosa que perder el tiempo, y

muchas veces no encuentran espacio para jugar, explorar y disfrutar. En el afán de

prepararlos para la vida, se aceleran procesos: muchos niños aprenden inglés, les enseñan a

leer y escribir antes de empezar el colegio y hacen múltiples deportes; esto hace que se

sientan sobre-exigidos y ansiosos.

Por otro lado, en muchos casos, los padres se angustian frente a la expresión de malestar

de sus hijos, pues no toleran verlos frustrados, tristes o enojados y sienten que fracasan en

modular estas emociones, lo que las intensifica y retroalimenta. O peor aún, muchos padres y

madres son incapaces de regular sus propias emociones o carecen del sostén emocional de

otro adulto, por lo que utilizan a su hijo como consuelo o confidente. En esos casos, se

observan los roles invertidos, y el niño pasa a ser la figura de apego del padre o la madre.

Esos niños se ven obligados a inhibir sus propias emociones y a intentar calmar a sus padres.

(Crittenden, 2004)

Otra de las características distintivas de esta época es la relatividad en las normas y en los

valores. Nos encontramos con figuras masculinas borrosas o en descomposición, actos

ilegales “legalizados” por los progenitores, caída de frontera entre lo prohibido y lo


13

permitido, niños utilizados como escudo en disputas de pareja, niños ocupando el lugar de

proveedores. (Silvia Duschatzky y Cristina Corea, 2001)

Por otro lado, se observan familias en las que se protege a los hijos de los riesgos del

mundo. Tradicionalmente, el mundo era apetecible y prometía nuevas posibilidades. En la

actualidad, éste se ha vuelto inhabitable y la familia procura dilatar la salida de los niños al

mundo. La calle es peligrosa, amenazante, y en consecuencia, muchas veces el cuidado

familiar no es aquél que fortalece, sino el que lo preserva al hijo de los riesgos externos.

(Silvia Duschatzky y Cristina Corea, 2001)

Una situación muy importante que afecta a algunas familias, es la desocupación, no como

algo temporario, sino como marca de identidad, acompañada del sentimiento de vergüenza

como factor erosionante de la autoridad familiar: “padres que no pueden”, hijos que lo

observan o que se encuentran desamparados. (Silvia Duschatzky y Cristina Corea, 2001)

Estos cambios que se han ido dando a nivel socio-económico-cultural repercuten

indudablemente en los vínculos familiares y las consecuencias se observan, entre otras cosas,

en el aumento de la psicopatología infantil.

Sobre la base de las consideraciones anteriores y de manera concordante, el Trastorno

Negativista desafiante tiene cada vez más prevalencia. Esta oscila actualmente entre el 1 y el

11%, según el DSM V (2014). Este trastorno se caracteriza por un patrón persistente de

rebeldía, desobediencia y hostilidad hacia figuras de autoridad como padres y profesores.

Los signos específicos de este trastorno incluyen discusiones, peleas, rabietas, niveles

elevados de irritabilidad o enfado, rencores, deseos de venganza, desobediencia y un estilo de

atribución externa de los propios errores. Los niños más pequeños con TND tienen una muy

baja tolerancia a la frustración, suelen hacer berrinches y presentar grandes dificultades para
14

postergar la gratificación. Los de más edad, suelen contestar a sus padres y maestros, ser

susceptibles, testarudos y discutidores. (Friedberg y McClure, 2005).

El TND constituye un tema de relevancia tanto para los agentes de atención primaria

como para los profesionales de la salud mental. Esto se debe principalmente a su creciente

prevalencia, la complejidad de su manejo y las consecuencias negativas que produce a nivel

familiar y social.

Los niños con trastorno negativista desafiante tienen riesgo de presentar finalmente otro

tipo de problemas, incluido un trastorno depresivo mayor o de ansiedad y un mayor riesgo de

problemas de adaptación como adultos como conducta antisocial, problemas en el control de

impulsos, abuso de sustancias, ansiedad y depresión. Este trastorno también está asociado a

un aumento del riesgo de intentos de suicidio, incluso después de controlar los trastornos

comórbidos. (APA, 2014)

Debido a su gran prevalencia, los recursos especializados para abordarlo son escasos y las

intervenciones limitadas. En la mayoría de los casos, el Trastorno Negativista Desafiante es

abordado desde una mirada reduccionista, que entiende el trastorno como algo “externo” al

niño o como una enfermedad.

Actualmente, la perspectiva médica del TND deja de lado aspectos fundamentales, tales

como, el sentido de ese síntoma en el contexto que aparece, el tipo de vínculo del niño con

su cuidador, las características del cuidador que fomentan las conductas oposicionistas, las

emociones asociadas a esta problemática tanto en el niño como en su figura de apego y otros

que pretenden ser abordados en este trabajo.

Bowlby (1980) sostiene en su libro Una Base Segura, que en algún momento de sus vidas,

la mayor parte de los seres humanos desean tener hijos, como también desean que sus hijos
15

crezcan sanos, felices y seguros de sí mismos. En el caso de tener éxito la recompensa es

enorme, pero al contrario, para quienes no logran criarlos como personas sanas, felices y

seguras de sí mismas, el costo en ansiedad, frustración y desavenencias acompañadas de

vergüenza o culpa puede ser elevado. Por lo tanto, tener hijos supone correr un gran riesgo.

Además, como la paternidad exitosa es una clave importante para la salud mental de la

generación siguiente, necesitamos saber todo lo posible acerca de su naturaleza y de las

diversas condiciones sociales y psicológicas que influyen en su desarrollo positiva o

negativamente. (Bowlby, 1989 pg 13)

El autor agrega que ser un padre exitoso supone un trabajo arduo. Cuidar a un bebé es un

trabajo de veinticuatro horas diarias durante los siete días de la semana y aunque la carga se

alivie un poco a medida que los niños crecen, si han de desarrollarse armoniosamente

necesitan mucho tiempo y atención. El cuidado de un bebé o un niño pequeño no es una tarea

para una sola persona, para que el trabajo esté bien hecho, y el responsable de la atención no

esté demasiado exhausto, él o ella necesita una gran dosis de ayuda que podrá provenir de

diversas personas.(Bowlby, 1980)

El apego (Bowlby, 1969) es un vínculo afectivo de naturaleza social caracterizado por

conductas de búsqueda de proximidad, interacción íntima, base de referencia y apoyo en las

relaciones con el mundo físico y social. Si bien todas las personas vienen al mundo con la

disposición a apegarse, la forma en que el apego se organice dependerá de las experiencias

que el niño tenga dentro de su familia. (Bowlby, 1980).

Mary Ainsworth, (1977) demostró que los niños construyen expectativas respecto de la

disponibilidad y capacidad de respuesta de la figura de apego para atender a sus necesidades

de protección. Por esta razón, generan patrones de conducta que funcionan estratégicamente
16

para regular el comportamiento del cuidador. Es decir, para mantener la disponibilidad

protectora de la figura de apego.

Esta tesis fue motivada por más de 10 años de trabajo en clínica con niños que presentan

Trastorno Negativista Desafiante e intenta comprender al mismo como una estrategia de

apego frente a un ambiente familiar que se presenta como inconsistente y poco previsible, y

pretende descubrir cuáles son los aspectos específicos de la conducta parental que se

relacionan con la presencia de patrones comportamentales congruentes con el TND.


17

Problema de investigación:

En esta tesis se investigó la relación existente entre el Trastorno Negativista

Desafiante y el estilo parental inconsistente, pensando al trastorno como una estrategia de

apego frente a un ambiente familiar inseguro. Se verificó el estilo de apego que presentan los

niños con TND y se profundizó en aquellos aspectos del vínculo de apego que generan y

refuerzan los comportamientos desafiantes.

El hecho de conocer los factores que potencian la aparición del trastorno posibilitó

pensar un abordaje comprensivo que podrá ser utilizado no sólo por psicólogos, sino también

por aquellos profesionales que se encargan de la atención primaria de la salud como médicos

o enfermeros y también por educadores, psicopedagogos, entrenadores, religiosos y todo

aquel profesional que esté a cargo de niños para la psicoprofilaxis y el abordaje clínico del

trastorno.

La singularidad del proyecto radica en que se pensó el TND desde la perspectiva del

Modelo Dinámico Maduracional del apego (Crittenden, 1992), entendiéndolo como una

estrategia de apego que le permite al niño regular la disponibilidad emocional de sus

padres.

La presente investigación aspiró a profundizar la mirada clínica sobre este trastorno y

brindar una explicación del mismo desde la perspectiva del Modelo Dinámico Maduracional

del Apego.

Este modelo, fue elegido como marco teórico porque integra los aportes provenientes de la

Teoría del Apego (Bowlby, Attachment and Loss, 1969), las investigaciones empíricas de

Mary Ainsworth, las Neurociencias, la Psicología Cognitiva y los hallazgos de varias

décadas de investigación con poblaciones de riesgo. Es decir, muestra una visión integradora
18

y comprensiva de la psicopatología infantil y una mirada esperanzadora orientada a la

prevención.

Frente a la problemática, la pregunta de investigación fue ¿Cuáles son los distintos

factores específicos de la conducta parental concordantes con la aparición de patrones

comportamentales congruentes con el Trastorno Negativista Desafiante?

Con el propósito de responder a la pregunta de investigación se enumeran los objetivos e

hipótesis siguientes:

Objetivos:

Objetivo General:

Describir cuáles son los distintos factores específicos de la conducta parental

concordantes con la aparición de patrones comportamentales congruentes con el

Trastorno Negativista Desafiante en niños de 5 años.

Objetivos Específicos:

Caracterizar el ambiente familiar informado por los padres de niños con y sin TND

Analizar el grado de responsividad de madres y padres frente a las necesidades que

presentan los niños con y sin TND

Comparar los patrones de apego que presentan los niños con y sin TND

Identificar las expresiones afectivas que se activan en la madre de niños de ambos

grupos

Evaluar la capacidad de la madre de regular sus propias emociones y las del niño por

grupo
19

Analizar el estilo de puesta de límites que presentan los padres por grupo

Hipótesis:

Hipótesis Principal:

Existen factores específicos de la conducta parental que son concordantes con la

aparición de patrones comportamentales congruentes con el TND en niños de 5 años.

Hipótesis Auxiliares:

Las figuras de apego de niños con TND presentan dificultades para regular sus

emociones y las del niño

Las figuras de apego de los niños con TND tienen dificultades para poner límites.

Los padres de niños con TND presentan dificultades para ponerse de acuerdo en la

transmisión a sus hijos de normas y valores.

El Trastorno negativista desafiante constituye una estrategia de apego frente a un

ambiente parental inconsistente.


20

Apartado Teórico
21

A continuación se presenta el estado del arte correspondiente a la problemática planteada

tomando como eje los aspectos descriptivos del DSM V para el TND, los aportes que nos

brinda el psicoanálisis y los más actuales de la Terapia Cognitiva.

Estado del arte:

DSM V

Según la American Psychiatric Association, el Trastorno Negativista Desafiante (TND)

consiste en “un patrón de conducta que se manifiesta en un recurrente rechazo a la

autoridad, que dura al menos 6 meses”. Este trastorno tiene su inicio antes de los 9 años y

viene definido por la presencia de un comportamiento marcadamente desafiante,

desobediente y provocador y la ausencia de otros actos que violen la ley y los derechos de los

demás”. (APA, 2014).

El DSM V clasifica el Trastorno Negativista Desafiante dentro de la categoría de los

Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta. Los trastornos descritos

en este capítulo son singulares en el sentido de que se traducen en conductas que violan los

derechos de los demás (por ejemplo agresión, destrucción de la propiedad) o llevan al

individuo a conflictos importantes frente a las normas de la sociedad o las figuras de

autoridad. (APA, 2014).

Los criterios diagnósticos del DSM V para el TND son:

A- Un patrón de enfado/irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa que dura al

menos seis meses, que se manifiesta por lo menos con cuatro síntomas de cualquiera de las
22

categorías siguientes y que se exhibe durante la interacción por lo menos con un individuo

que no sea el hermano.

Enfado/irritabilidad: El pequeño a menudo pierde la calma, está susceptible o se molesta con

facilidad. Frecuentemente se encuentra enojado o resentido.

Discusiones/actitud desafiante: Discute con la autoridad o con los adultos y a menudo

desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de las figuras de autoridad o

respetar las normas. En algunas ocasiones molesta a los demás deliberadamente y culpa a

los otros por sus errores o mal comportamiento.

Vengativo: Ha sido rencoroso o vengativo por lo menos dos veces en los últimos seis meses.

El manual aclara que se debe considerar la persistencia y frecuencia de estos

comportamientos para distinguir los que se consideren dentro de los límites normales de los

sintomáticos. En los niños de menos de cinco años el comportamiento debe aparecer todos

los días durante un período de seis meses por lo menos (Criterio A8). En los niños de cinco

años o más, el comportamiento debe aparecer por lo menos una vez por semana durante al

menos seis meses, a menos que se observe otra cosa (Criterio A8). Además, se deben tener en

cuenta el grado mínimo orientativo para definir los síntomas y otros factores, por ejemplo, si

la frecuencia y la intensidad de los síntomas rebasan lo normal para el grado de desarrollo del

individuo, su sexo y su cultura.

B- Este trastorno del comportamiento va asociado a un malestar en el individuo o en otras

personas de su entorno social inmediato (familia, grupo de amigos, compañeros de trabajo) o

tienen un impacto negativo en las áreas social, educativa, profesional u otras importantes.
23

C- Los comportamientos no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico,

un trastorno por consumo de sustancias, un trastorno depresivo o uno bipolar. Además, no se

cumplen los criterios de un trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo.

La intensidad del trastorno puede ser leve, en ese caso, los síntomas se limitan a un entorno

como la casa, la escuela, con los compañeros. Cuando los síntomas aparecen en dos entornos

por lo menos se clasifica como moderado y cuando algunos síntomas aparecen en tres o más

entornos como grave.

El niño con Trastorno Negativista Desafiante se encoleriza e irrumpe frecuentemente en

pataletas, discute con los adultos, los desafía activamente y rehúsa cumplir sus demandas,

molesta deliberadamente a otras personas, acusa a otros de sus errores o mal comportamiento,

es susceptible o fácilmente molestado por otros, colérico, resentido y rencoroso o vengativo.

Las conductas propias de este trastorno son esperadas en ciertas etapas del desarrollo del

niño. Por esto, algunos investigadores coinciden en señalar que el diagnóstico TND debe

darse si: a) los comportamientos no son identificados en algunas etapas del desarrollo del

niño; y b) cuando son severos comparados con los esperables para su estadio evolutivo,

representando un comportamiento más problemático que la oposicionalidad normativa

(Skovgaard, 2004).

Para el DSM V, para poder diagnosticar el trastorno, al menos cuatro de los síntomas

mencionados deben presentarse dentro de los seis meses precedentes y la persistencia y

frecuencia de los mismos debe exceder lo normativo para el individuo según su edad, género

y cultura. Por ejemplo, en el caso de los niños evaluados en esta tesis, los arrebatos y

berrinches deben presentarse la mayoría de los días en los seis meses precedentes,

acompañados de otros tres síntomas y generar un deterioro social considerable.


24

Los síntomas del TND pueden estar cinscunscritos a un entorno único y es frecuente que

éste sea la casa. Los individuos que muestran suficientes síntomas para llegar al diagnóstico

pueden presentar un deterioro social significativo. En los casos más graves del trastorno, los

síntomas están presentes en varios entornos. (APA, 2014).

El DSM V advierte que dado que estos comportamientos son frecuentes entre hermanos,

para poder diagnosticar TND, es fundamental que éstos sean observados en interacciones con

otras personas que no sean los hermanos. También aclara que los síntomas del trastorno son

típicamente más evidentes en las interacciones con adultos o compañeros a los que el

individuo conoce bien, por lo que pueden no ser evidentes durante la evaluación clínica.

Los síntomas del TND a menudo forman parte de un patrón de interacciones

problemáticas con otros y en ocasiones puede ser difícil determinar por ejemplo si es el

comportamiento del niño que lleva a los padres a comportarse de manera más hostil, si la

hostilidad de los padres condujo a los problemas del hijo o una combinación de ambas.

El TND es más prevalente en familias en las que el cuidado de los niños está alterado por

una sucesión de distintos cuidadores y en las familias en que el trato severo, inconstante o

negligente es frecuente en la crianza de los hijos. (APA, 2014)

Según la Asociación Americana de Psiquiatría, el TND es uno de los trastornos más

comunes en la infancia, con una prevalencia de entre el 1 y el 11%, siendo más frecuente y

severo en los niños que en las niñas (1,4: 1) antes de la adolescencia. Esta predominancia del

sexo masculino no se ha hallado de forma sistemática en las muestras de adolescentes y

adultos.

En cuanto a la comorbilidad, el trastorno es mucho más frecuente en las muestras de

niños, adolescentes y adultos con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad y a
25

menudo precede al trastorno de conducta. Son frecuentes en los niños con TND los trastornos

de ansiedad y la depresión. Los adolescentes y adultos con TND muestran una mayor tasa de

trastornos por consumo de sustancias. (APA, 2014)

En relación a la etiología del trastorno Negativista Desafiante, código 313.81 (F91.3), el

DSM V (APA, 2014) hace referencia a los factores temperamentales relacionados con

problemas en la regulación emocional. Altos niveles de reactividad emocional y baja

tolerancia a la frustración predicen la aparición del trastorno.

El manual también refiere que el trato parental severo, inconstante o negligente en la

crianza de los hijos es frecuente en las familias con niños o adolescentes con TND y que esas

prácticas parentales juegan un papel importante en la causalidad del trastorno.

En cuanto a los factores genéticos, se han asociado al TND un número de marcadores

neurobiológicos como la frecuencia cardíaca y la reactividad de la conductancia de la piel

más baja que en otros grupos así como la reactividad reducida del cortisol basal y

anormalidades en el córtex prefrontal y la amígdala. Sin embargo, la mayoría de los estudios

no diferencian a los niños con TND de aquellos con trastorno de conducta. (APA, 2014).

Los aportes del Psicoanálisis:

Después de más de un siglo desde el descubrimiento del inconsciente, (Freud, 1915), el

psicoanálisis ha experimentado un profundo cambio, los principios que fueron mantenidos

como dogmas durante muchos años han sido reemplazados.

Uno de los mayores cambios teóricos que se dieron en los últimos años es el giro de la

concepción intrapsíquica hacia la intersubjetiva. El desarrollo deja de comprenderse en

términos de líbido o de fantasía y se centra en el estudio de la relación. El paradigma


26

relacional fue construyéndose a partir del aporte de muchos autores que fueron planteando

propuestas en las que el papel del otro en la constitución del psiquismo cobraba toda su

relevancia. (Kohut, 1971) (Laplanche, 1989) (Stern, 1985)

El estudio del niño en desarrollo condujo a no poder dejar de tener en cuenta a los padres

y adultos que hacen posible la vida humana, de modo que las teorías fueron incorporando una

concepción relacional del desarrollo humano, poniendo de relieve la intersubjetividad como

fuente y trama básica de la subjetividad intrapsíquica. Las investigaciones actuales

(Sampedro, 1999) en el campo de las neurociencias, muestran al cerebro operando de manera

plástica. La información en el cerebro es representada y procesada por sistemas

neurobiológicos que mantienen una interconexión funcional, basada en mayor proporción en

las exigencias de la experiencia que en estrictos esquemas genéticamente determinados.

(Bleichmar, 2005).

Para el psicoanálisis, la comprensión de los fenómenos del desarrollo requiere conceptos

relacionales o coactivos de la causalidad en oposición a causas únicas que operan

aisladamente. De esta manera, los modelos centrados en la libido, la agresividad, el falo, el

complejo de Edipo, o el proceso de separación/individuación, o sea, en una única línea de

desarrollo, han quedado superados por sistemas más complejos y abarcativos de motivaciones

y estructuras múltiples que funcionan de forma simultánea, aunque con períodos de

dominancia y otros de desactivación. (Bleichmar H. , 1997) (Joseph Lichtenberg, 1989)

Desde otra perspectiva conceptual, se propuso un cambio fundamental que es la

concepción modular del cerebro y de la mente (Fodor, 1986), que produjo un enorme impacto

incluso en las teorías psicoanalíticas, al mostrar que el psiquismo humano funciona por

módulos genéticamente independientes, con propiedades y procesamientos diferentes. Dicho

autor, propone que cada módulo es concebido como una base de datos específica que procesa
27

ciertos tipos de estímulos y deja automáticamente otros de lado. A estos planteamientos se

sumaron luego las investigaciones en neurociencias que muestran la localización específica y

altamente fragmentada en componentes diferenciales de estímulos que se pensaban unitarios.

(Toobes, 1994). El principio de modularidad exige pensar en la multiplicidad de núcleos de

desarrollo que funcionan y evolucionan en paralelo. La característica esencial que define al

módulo es el encapsulamiento informacional, es decir, que es cognitivamente impenetrable.

Annette Karmiloff Smith, investigadora cognitivista en temas de desarrollo, sostiene que a

través de la relación temprana se activarán las predisposiciones innatas y se desarrollará la

masa cerebral de forma diferenciada dando lugar a la arquitectura modular. La autora toma

dos puntos de apoyo para su tesis de la modularización gradual: el conocimiento sobre la

plasticidad neuronal del neonato y las investigaciones sobre el factor capital para el desarrollo

en que se constituye la díada temprana (Annette Karmiloff Smith 1992). Basándose en estos

aportes, aparecieron propuestas de renovación de las teorías de las pulsiones de vida o

muerte como únicos motores del psiquismo. Stern (1985), Pine (1990), Bleichmar (1997)

Desde el Enfoque Modular Transformacional, Bleichmar plantea en 1997 que los

cuadros psicopatológicos son deconstruídos para indagar en cada uno de ellos el estado del

vínculo de apego, las representaciones del sí mismo, las formas de placer sensual-sexual, los

mecanismos de defensa y los de regulación emocional. En el caso de los niños, la acción

transformadora tiene que incorporar a los adultos, pieza clave en una concepción moderna

del desarrollo, en el punto específico de sus capacidades para la función de parentalización.

Al igual que ocurre en la infancia, el desarrollo de un apego seguro, depende en gran

medida de la capacidad de parentalización de la figura de apego. Las aptitudes que se derivan

de esta capacidad, orientan el desarrollo del niño y lo encausan cuando éste se desvía, le

permiten al cuidador ser sensiblemente responsivo a las necesidades de su hijo, detectarlas,


28

calmarlas, ayudarlo a regularse y a desarrollar cierta autonomía a medida que éste va

creciendo.

Algunos padres no disponen de estas capacidades, que se aprenden en relación a las

propias figuras de apego. Otros factores que pueden interferir con estas capacidades son:

dificultades relacionales con el otro progenitor, estar en duelo, estar enfermo o presentar

problemas emocionales serios como por ejemplo una depresión o un trastorno severo de la

personalidad.

Según Emilce Dío Bleichmar (2005), las capacidades de parentalización son las

siguientes: Capacidades de regulación emocional, que incluyen la capacidad para ayudar al

niño a regular sus estados fisiológicos: sueño, hambre, activación, dolor, etc.; capacidad para

regular la ansiedad, que abarcan el reconocimiento, tolerancia y apaciguamiento, ayudando a

codificar como resolubles los conflictos con la realidad interna y externa.; capacidad para

proporcionar momentos de distensión y ocio; capacidad para reconocer, respetar y modular

estados emocionales displacenteros contribuyendo a su equilibración; capacidad para tolerar

la culpa y para negociar en momentos de conflicto. Dentro de las capacidades de

parentalización, la autora también incluye la capacidad de brindar cuidados, que está dada

por la competencia para hacerse cargo del mantenimiento de la vida del niño, detectando

los riesgos para la integridad física, ya sea de forma personal o proveyendo los medios , la

conciencia de enfermedad física o trastorno psicológico manifiesto y las capacidades

instrumentales que permiten estar siempre en la zona de anticipación de las necesidades,

proporcionando los medios para su consecución.

En cuanto al apego o vínculo afectivo, Bleichmar menciona la capacidad para estar

presente, disponible y comprometido en los cuidados del niño, la capacidad para disfrutar del

contacto y de respuesta emocional de la crianza, lo que se evidencia en interacciones


29

afectivas naturales, espontáneas, auténticas y adecuadas al contexto, la capacidad para

proporcionar un estado de confianza y protección, para reconocer sentimientos y estados

mentales propios, de las demás personas y los hijos, para lograr un adecuado equilibrio entre

protección, estimulación de la independencia y autonomía instrumental, para pedir ayuda y

confiar en los otros, para reconocer y permitir relaciones del niño con sus figuras sustitutivas

de apego, y para disfrutar el contacto físico. En relación a la estima, las capacidades de

parentalización incluyen la capacidad para regular la estima y valoración de la persona del

niño: su género, personalidad, sentimientos y actividades, para valorar los esfuerzos, ser

positivos, transmitir orgullo y admiración, para compartir actividades lúdicas, encontrar

actividades estimulantes para el niño. Por último, la autora menciona las capacidades para

poner límites a conductas disruptivas o demandas exageradas de los niños sin sentirse

culpables y para tolerar cuando el niño no es como ellos desean y encausarlo.

Para el psicoanálisis, el aparato psíquico no está constituído desde el nacimiento. Las

pulsiones del yo, los mecanismos de defensa, el superyó y el ideal del yo se constituyen en la

historia vincular. (Janin, 2012)

La relación de la madre con su bebé encierra una gran potencialidad, es la verdadera

matriz extrauterina creadora del universo psíquico del futuro ser humano. El bebé nace

dotado por la biología para el desarrollo, pero necesita encontrar un adulto mejor dotado para

la adaptación que se haga cargo de la conservación del cuerpo. La madre es en la mayoría de

los casos la encargada de mantenerlo con vida y permitir su desarrollo. (Janin, 2012)

Cada vez hay mayor conocimiento de la complejidad, la interrelación y la importancia del

universo interpersonal que se pone en marcha mediante la crianza. A partir de estas

relaciones tempranas emerge la mente.


30

La madre aporta los cuidados y es a través de esta interacción que se activarán los diversos

centros funcionales innatos en el bebé que irán configurando los distintos sistemas

motivacionales, es decir, las estructuras que gobernarán la afectividad, la cognición y la

acción. Al mismo tiempo, los cuidados irán imprimiendo modalidades de desarrollo en ese

bebé. Para comprender la vida subjetiva de un niño pequeño es necesario observar las

condiciones de partida de la misma y éstas se asientan en la subjetividad de los adultos a

cargo de él. (Bleichmar, 2005).

Asimismo, la regulación emocional es uno de los aspectos centrales de la vida del bebé.

La heterorregulación, deberá transformarse en autorregulación. En este proceso, son

importantes los aspectos temperamentales. Hay bebés que nacen con mayores capacidades

para la regulación y facilitan la tarea de la madre y a su vez, madres con mayor capacidad de

tolerar la estridencia de un bebé hipertónico facilitan el aprendizaje de la autorregulación

(Bleichmar E. D., 2005). Por temperamento y autorregulación innata del bebé, los

investigadores refieren al umbral de reactividad o respuesta, al mantenimiento de los estados

de alerta y a la capacidad de desarrollar ciclos de vigilia, sueños y horarios de alimentación.

Los procesos de autorregulación desempeñarían un papel importante en la vivencia de un self

emergente. Algunos autores sostienen que la regulación interactiva contribuye para la

representación tanto del sí mismo como del otro. (B. Beebe, F. Lachmann y J. Jaffe , 1994).

La regulación emocional es definida por la neurobiología como la capacidad para

mantener un estado óptimo de activación del sistema nervioso central (Bleichmar E. D.,

2005). El sistema que gobierna la regulación de los estados de activación madura entre el

primer y el tercer año de vida. En los momentos de interacción, aumenta el nivel de

activación, que a su vez facilita los procesos de percepción y atención. Si el niño se encuentra

muy estimulado, se afecta la atención y la curiosidad. Las experiencias de sobrecarga


31

sensorial afectan a la base anatómica -debido a la condición de plasticidad sináptica- por lo

que el desarrollo y funcionamiento posterior de estos sistemas se ven seriamente afectados.

(Le Doux, 1996; Siegel, 1999)

Como todas las capacidades del infante, la regulación afectiva y el tono de sus emociones,

dependerán en gran medida de la capacidad materna para el reconocimiento del estado

afectivo a través de las expresiones faciales y de la conducta del infante. Las investigaciones

demuestran que el control ejecutivo sobre la respuesta emocional es altamente dependiente de

la interacción afectiva con la figura de apego. (Schore, 2001). Estas interacciones son

altamente complejas, ya que el adulto participa con sus propias emociones y no siempre está

dispuesto emocionalmente para brindar una respuesta adecuada. Calmar la excitación

excesiva, compartir la alegría, consolar un estado de mal humor, requieren una alta capacidad

de auto-regulación emocional por parte del adulto. La capacidad de regulación emocional

determina la relación entre el impulso y la acción, refuerza la capacidad de tolerar la

frustración, la ambivalencia y la ambigüedad. La importancia de las emociones de la madre,

radica principalmente en que los niños toman las expresiones afectivas de los adultos como

referencias para adecuar su conducta.

Emilce Dio Bleichmar(2005, Op. Cit, pg. 70) esquematiza el proceso de regulación en

la interacción de la siguiente manera: El adulto reconoce adecuadamente el estado emocional

del infante, entona afectivamente con éste e implementa medidas de apaciguamiento

mediante una respuesta comportamental adecuada: abraza al niño, lo arrulla, le habla

suavemente. Simultáneamente, pone palabras a este estado emocional y lo relaciona con

algún estímulo que lo causa. Es decir, reconoce y legitima los estados emocionales infantiles.

El niño por su parte, vive la experiencia del afecto y su entonamiento por parte del adulto,
32

recibe la definición que hace éste de su estado, reconoce subjetivamente el estado enunciado

y vivencia los procedimientos que utiliza el adulto para disminuir el afecto displacentero.

Con la repetición de este proceso, será capaz de poner en acción los mismos procedimientos

incorporados como memoria procedimental y reforzados en la intersubjetividad por

identificación con el otro mejor dotado para la adaptación. Gradualmente experimentará

que una acción va seguida de un estado afectivo: alegría al completar una tarea, malestar al

perder contacto con un objeto deseado, miedo si se aleja mucho de un adulto conocido,

bienestar de haber hecho algo bien, bienestar al compartir la experiencia. El experimentar

estas secuencias afectivas hace presuponer la emergencia de un sentido de self como agente,

como sujeto de acción vigoroso.

Tanto la capacidad reflexiva como la posibilidad de mantener soluciones alternativas en la

mente emergen en el niño sobre los 3 años. (Fonagy, 1996). El reconocimiento y el

pensamiento sobre las consecuencias de los afectos que surgen en la interacción, así como

tratar de encontrar los medios para regular la relación indican un alto grado de capacidad de

regulación afectiva y una buena organización del sí mismo.

El psicoanálisis sostiene, en relación a los diagnósticos en la infancia, que no se pueden

plantear “cuadros fijos”, sino pensar que conflictivas están en juego, tanto a nivel inter como

intrasubjetivo. Para esta teoría, resulta imposible pensar en el niño sin preguntarse por la

estructura psíquica de los padres y en el azar, que se da en que y como se inscribe lo

vivenciado.

Al analizar el TND, Beatriz Janín (2012) sostiene que los adultos presentan dificultades

para sostener las diferencias niño-adulto, no pueden ser garantes de un futuro mejor y esperan

que los niños los sostengan narcisísticamente. De esta manera, generan actitudes frente a las
33

que después sienten mucha hostilidad. La autora agrega que es frecuente que estos niños

traten a los adultos como pares e intenten imponer su voluntad frente a ellos. Por otro lado,

la autora tiene en cuenta factores como las determinaciones sociales, familiares e

individuales, como por ejemplo, que los niños no deben pasar incomodidades (lo cual es muy

difícil de lograr cuando los niños son pequeños) o que las mujeres deben desarrollarse

plenamente a nivel laboral, que deben ser tenidas en cuenta en la producción de estas

conductas que suelen denunciar dificultades en la estructuración narcisista.

Para Janín (2012), los niños negativistas desmienten el dolor, suponen que tienen que

funcionar como poderosos, es por eso que el tratamiento suele ser difícil en un principio.

Generalmente son sancionados y castigados, lo que refuerza la idea de un mundo hostil.

Desde el psicoanálisis es importante preguntarse qué están diciendo esas conductas.

Esta autora coincide en que los padres del niño negativista fracasan en contenerlo y

calmarlo, quedando el pequeño atrapado en un enfrentamiento con todos, suponiendo que

los otros son la causa de su malestar. Además, teme perder al otro porque no lo considera

seguro, por lo que supone que va a quedar a merced de él. Mostrarse autosuficiente y

negarse a obedecerlo, puede ser el modo en que intenta sostener un armado narcisista

precario. La autora también menciona otros niños que se unifican en el “no” como modo de

ser porque se sienten arrasados por el avance del otro, lo que serviría como un indicador de la

dificultad que presenta el adulto para sostener la diferencia. Estos niños pierden la

percepción de sus deseos y lo único que desean es oponerse al deseo del otro.

Dío Bleichmar (2005), sostiene que es frecuente también que los padres de estos niños

tiránicos, proyecten sobre ellos una imagen de indefensión de su propio pasado y por eso les

consientan desmedidamente, satisfaciendo en el niño sus propios deseos infantiles.


34

Los aportes de la Terapia Cognitiva:

Desde este modelo, se aborda el Trastorno Negativista Desafiante como un patrón

persistente de rebeldía, desobediencia y hostilidad hacia las figuras de autoridad como padres

y profesores (Friedberg y Mc. Clure 2005). Estos niños suelen hacer una atribución externa

de sus responsabilidades, es decir, culpan a los demás por lo que les pasa y por sus propias

conductas. Asimismo, muestran un nivel alto de intolerancia a la frustración, dificultades

para retrasar la gratificación y pataletas (Kronenberger y Meyer, 1996). Los niños que

presentan este trastorno no suelen estar motivados para cambiar, lo habitual es que quieran

que cambien las demás personas (Friedberg y Mc. Clure 2005).

Los pequeños con TND suelen presentar fallas en sus habilidades sociales. Por

habilidades sociales entendemos las competencias, capacidades o aptitudes necesarias para la

actividad social en general. Comprendidas en este concepto estarían las habilidades de

comunicación, habilidades verbales y no verbales que capacitan para emitir y recibir

mensajes de forma adecuada y que contribuyen a un mutuo entendimiento entre dos

interlocutores. Estas destrezas permiten al niño producir en el otro los efectos que se

proponga, sin utilizar ningún tipo de violencia, ni física ni psicológica (Michelson, 1987).

Los niños con TND presentan un estilo agresivo, no respetan los derechos de los demás, son

abusivos, carecen de empatía y de capacidad para inhibir la ira. Sus diálogos internos les

inducen a actuar impulsivamente y tienden a pensar que los demás les hacen las cosas a

propósito. Otro foco de conflicto es su dificultad para resolver problemas.

Las distorsiones cognitivas (Beck, 1976) son errores en el procesamiento de la

información. En el trastorno negativista desafiante se destacan: El pensamiento dicotómico,


35

la descalificación de lo positivo, las explicaciones tendenciosas, la rotulación, la

magnificación de lo negativo y minimización de lo positivo, la abstracción selectiva, la

lectura de mente, la sobregeneralización y la personalización. En la teoría cognitiva, la

naturaleza y función del procesamiento de la información constituye la clave para

comprender la conducta inadaptada.

El control cognitivo y del comportamiento está ligado al concepto de funciones ejecutivas

(Luria, 1980). Estas hacen referencia a procesos de control cognitivo multidimensionales que

resultan de un esfuerzo voluntario importante e incluyen la capacidad de evaluar y de

organizar su entorno, de alcanzar objetivos y de adaptar su comportamiento con flexibilidad

durante situaciones novedosas. Algunos resultados de investigaciones sobre el desarrollo

cognitivo y en neurociencias del desarrollo cognitivo han demostrado que el desarrollo de la

regulación emocional está sustentado considerablemente por varias funciones ejecutivas

fundamentales, específicamente el control de la atención, la inhibición de los

comportamientos inapropiados, la toma de decisiones y otros procesos cognitivos de alto

nivel solicitados en contextos exigentes en el ámbito afectivo (Rueda, 2013).

Las emociones llamadas morales como la vergüenza, la culpabilidad o el orgullo, son

secundarias, es decir, no están presentes desde el nacimiento, sino que requieren de la

maduración de la corteza cerebral y surgen a partir de las interacciones sociales, cuando se

establece explícita o implícitamente un comportamiento normativo o ideal. La comprensión

y el manejo de éstas requieren de la internalización de las normas y de los principios

morales compartidos por la comunidad. Para que esto sea posible, el niño debe tener

capacidad de empatía y una teoría de la mente (Bateson,1980); lo que implica capacidad de

atribuir a los otros creencias, sentimientos, intenciones y actitudes. De esta manera, el

desarrollo emocional y el desarrollo social están estrechamente ligados. Otro componente


36

clave del desarrollo afectivo, la regulación emocional, es igualmente crucial para la

socialización. Durante las actividades sociales es necesario controlar las reacciones

emocionales, para adaptarse a las normas y alcanzar los objetivos. En consecuencia, el

desarrollo del control ejecutivo es fundamental para la regulación emocional (Rueda, 2013).
37

Marco Teórico:

La teoría del apego de John Bowlby supuso una verdadera revolución dentro del campo

de la psicología. Bowlby (1907-1990) fue un médico psiquiatra y psicoanalista Inglés,

docente de la Asociación Psicoanalítica Británica y responsable del Departamento de Niños

de la Clínica Tavistock de Londres. El autor pudo comprobar en el triste laboratorio natural

de la Inglaterra de la post-guerra, los efectos nocivos de la separación de los hijos de sus

padres.

Si bien hizo sus formulaciones dentro del psicoanálisis, estaba muy interesado en las

hipótesis Darwinianas de las presiones selectivas, de las cuales la predisposición al apego es

una muestra. Sus relaciones con Julian Huxley, Robert Hinde y, especialmente, con Konrad

Lorenz, lo acercaron a la etología, donde intentó reunir evidencia de los lazos que unen a una

madre con sus crías, verificando la existencia del vínculo de apego en los animales

superiores. Postuló que entre las motivaciones que unen a un hijo con su madre se

encuentran no sólo el sexo y la nutrición, estudiados por Freud, sino también el apego. Dada

la índole protectora del apego, adquiere importancia en su teoría la angustia de separación, o

sea el temor a la pérdida o alejamiento de una figura de apego.

Bowlby se interesó también por las teorías cognitivas, incorporó al psicoanálisis las ideas

de procesamiento inconsciente de información, y las aplicó a las relaciones entre el niño y sus

figuras de apego. Asimismo redefinió la función del psiquismo como el procesamiento de

información para el sostenimiento de un lazo de apego (paradigma de supervivencia).

Bowlby presenta su teoría como una alternativa a la metapsicología tradicional del

psicoanálisis (Bowlby, 1988).


38

El autor era también terapeuta familiar, de manera que la observación de las relaciones

familiares le aportó el convencimiento de la poderosa influencia de las experiencias vividas

por el niño. Entonces, postuló que a partir de estas interacciones del niño con sus padres,

éste puede abstraer información que le permite construir "modelos representacionales" -

sistemas de creencias- tanto del sí mismo como de las figuras de apego y su relación con

éstas (Bowlby, 1988).

El apego es para el mencionado autor la tendencia a formar lazos emocionales con

personas significativas y tiene dos finalidades básicas: la supervivencia y la formación de

estructuras de significado que permitan interpretar la experiencia. Todo niño viene al mundo

con la tendencia a aferrarse a un cuidador, pero es este último el que determinará de qué

manera se organiza esta conducta de acuerdo a sus posibilidades y a su propia historia de

apego.

La calidad del vínculo, las actitudes del cuidador, la consistencia en los cuidados, etc.

constituyen un importante factor predictor de salud mental o psicopatología del niño en

desarrollo.

Es importante destacar, que si bien Bowlby llevó a cabo una gran integración de los

desarrollos científicos existentes en su tiempo, estos planteamientos no se hubieran extendido

del modo que lo hicieron de no haber sido por el gran aporte de Mary Ainsworth. Con ella,

la teoría del apego se introdujo en la potente estructura de las universidades norteamericanas

y adquirió el carácter de investigación empírica sistemática y rigurosa.

El principal aporte de Ainsworth reside en el constructo de calidad de apego. Esto hace

referencia a las expectativas que los individuos construyen respecto a la disponibilidad y

capacidad de respuesta de las figuras de apego para atender a sus necesidades de protección.
39

El estudio de las formas específicas de apego fue llevado a cabo por Ainsworth y sus

colaboradores. Para ello desarrollaron un paradigma experimental, “la Situación Extraña”

que permite evaluar la calidad de apego en la infancia.

Patricia Crittenden, uno de los principales referentes de la teoría del apego, ha hecho un

enorme esfuerzo por integrar diversas teorías evolutivas con los aportes de las neurociencias

y los nuevos datos empíricos obtenidos con poblaciones de riesgo. Desde el modelo

conceptual que ella propuso, se considera que el aspecto clave para comprender la

supervivencia y el funcionamiento mental reside en la predicción del peligro. Ella sostiene

que en esta tarea de protegerse del peligro, la mente en desarrollo puede llevar a cabo

distorsiones del procesamiento de la información con la finalidad de mantener la relación de

apego. Estas distorsiones son para ella los medios por los cuales la psicopatología se

desarrolla y mantiene (Crittenden, 1995).

El modelo del apego de Crittenden (1995) brinda herramientas para la prevención de

trastornos psicológicos basadas en el fomento de un apego seguro.


40

La teoría del apego de John Bowlby:

La Influencia de la Teoría Evolucionista de Darwin

Para poder comprender como se estructura ese vínculo que Bowlby (1969) llama apego es

necesario hacer referencia a algunas características de la evolución. El autor adhiere a la

teoría de las presiones selectivas o de la selección natural propuesta por Darwin (1859).

Lo que considera la teoría Darwiniana de la evolución, es que determinadas conductas

han sido seleccionadas porque sirvieron a la supervivencia.

En el hombre y en los mamíferos superiores más cercanos al hombre, hay una función

denominada apego que se presenta desde el momento mismo del nacimiento y es la tendencia

de las crías a aferrarse a las madres, y de éstas a cuidar a las crías.

El apego tiene una importante función en el marco de la evolución a través de los

millones de años: en un ambiente de peligros como el hambre, el frío, los depredadores, etc.

el apego era evidentemente un vínculo con carácter de protección. La cría que no se apegaba

a su madre inevitablemente moría. En todo ese largo período, la función del apego consistió

en apegarse para sobrevivir, ya que, en un ambiente de depredación, se atacan

fundamentalmente a las crías o animales solos, no se atacan a las manadas; de modo que,

quien no estaba en manada o no se apegaba, moría.

Los mamíferos que se apegaron fueron estableciendo un sistema de protección, y

sobrevivieron. El apego sirvió para la defensa del grupo y estableció una serie de relaciones

entre sus miembros, que incluye lenguaje, juego, protección, crianza de las crías, etc. En la

medida que sirvió a la supervivencia, los más apegados se reprodujeron.

Para Bowlby, el apego es un proceso preprogramado, (y no preformado). Es decir, está

programado, en parte, pero con una salvedad: requiere inevitablemente del ambiente y las

experiencias para organizarse.


41

Los mamíferos superiores desarrollan prácticamente el apego al nacer; se aferran a la

madre y establecen un vínculo muy fuerte con ella.

De manera que, de acuerdo a la teoría evolucionista, el apego tiene una función de

protección, establecida biológicamente, de protección del individuo y de la especie, por

selección natural a través de millones de años.

La influencia de la Etología:

Bowlby estaba también muy interesado por los estudios con animales y recurrió a los

aportes de la etología, lo cual le valió muchas críticas, especialmente de sus colegas

psicoanalistas, quienes consideraban que el autor reducía al ser humano a la condición de rata

o pez y lo tildaban de “conductista”.

El autor se interesó por las experiencias de impronta, estudiada por Konrad Lorenz

(1958) y las experiencias de Harlow (1962) con los monos Rhesus.

En las investigaciones de imprinting de Konrad Lorenz, se puede observar cómo los

pichones de pato o ganso pueden establecer una relación con una figura específica, aunque no

medie la nutrición. En las filmaciones de Lorenz se observa cómo los polluelos siguen al

investigador sin haber alimentación de por medio, pues habían establecido con él una

relación.

Las experiencias de Harlow con monos Rhesus también confirmaron lo dicho

anteriormente. El autor llevó a cabo un experimento muy conocido en el que colocó en una

jaula dos monas de alambre, una de ellas tenía una mamadera y la otra no tenía mamadera

pero estaba cubierta con un paño peludo.

Por medio de esta investigación, se pudo observar que, si bien los monos se alimentaban

de la mamadera, pasaban la mayor parte del tiempo con la mona de alambre peluda, y más
42

aún, cuando había situaciones de angustia o tensión corrían hacia ella. De esta manera,

empezó a perfilarse la idea de que había algún motivo de relación que iba más allá de la

nutrición y que tenía alguna función: la protección.

El apego:

Bowlby (1969) afirma que al examinar la naturaleza del vínculo del niño con su madre,

resulta útil considerarlo como el resultado de un conjunto de pautas características en parte

preprogramadas, que se desarrollan en el entorno corriente durante los primeros meses de

vida y que tienen el efecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha con

su figura de apego. El autor sostiene que el neonato saludable, posee la capacidad para

entrar en una forma de interacción social elemental y la madre sensible puede participar con

buen éxito de ella.

Cuando un niño de tres o cuatro semanas y su madre se encuentran frente a frente, tienen

lugar fases de animada interacción social, alternando con fases de desconexión. En tanto la

iniciación de la interacción por parte del niño tiende a seguir su propio ritmo autónomo, una

madre sensible regula su conducta de modo que responda a la de él. Además, el tono de voz

de la madre y sus movimientos de ajustan al modo en que se desempeña el bebé. Las

madres de sensibilidad corriente, como las llama Bowlby, se adaptan rápidamente a los

ritmos naturales del hijo, y al prestar atención a su conducta, descubre lo que lo satisface y

actúa en consecuencia. Al hacerlo, no solo lo contenta, sino que logra su cooperación.

Ainsworth y sus colegas (1978), han observado que los niños cuyas madres han

respondido sensiblemente a sus señales durante el primer año de vida, no sólo lloran menos

durante la segunda mitad de ese año que los bebés de las madres menos sensibles, sino que

están mejor dispuestos a aceptar los deseos de sus padres. El bebé humano está
43

preprogramado para desarrollarse de manera cooperativa, que lo haga o no está determinado

en gran medida por cómo son tratados.

Gran parte del comportamiento de cuidado surge de manera natural frente a la demanda

del hijo. Sin embargo, incluso cuando las condiciones sociales y económicas son favorables,

estas relaciones mutuamente satisfactorias no se desarrollan en todas las familias. Bowlby

sostiene que las madres y padres de sensibilidad corriente responden a las señales de su hijo

de manera más o menos apropiada, y que son capaces de controlar los efectos que sus

conductas tienen sobre su hijo y de modificarlas en consecuencia. Para que un progenitor se

comporte de esta manera, son necesarios un tiempo adecuado y una atmósfera relajada. Aquí

es donde el progenitor, especialmente la madre, que por lo general lleva adelante la mayor

parte de la crianza durante los primeros meses o años, necesita toda la ayuda posible, no con

el cuidado del bebé –que es su tarea-, sino en los quehaceres domésticos (Bowlby 1980).

Además, de la ayuda práctica, una compañía femenina agradable, proporciona a la reciente

madre un gran soporte emocional. Existen pruebas clínicas que demuestran que la actitud de

la madre hacia su bebé y sus sentimientos, están profundamente influidos por sus anteriores

experiencias personales, especialmente aquellas que tuvo con sus propios padres. Por

ejemplo, lo que una madre hace cuando su hijo muestra aflicción suele ser una clara réplica

de lo que ha visto o ha experimentado con su madre. Un estudio de Frommer y O’Shea

(1973) muestra que las mujeres que presentan una historia de separación de uno o ambos

padres antes de los once años de edad, muy probablemente tendrán dificultades maritales y

psicológicas después del nacimiento de su bebé y también problemas con el sueño y la

alimentación de sus niños. Otro estudio, también realizado en Londres de Wolking, Hall y

Pawlby (1977) amplía este descubrimiento y demuestra que las mujeres con este tipo de

historia en la infancia interactúan significativamente menos con sus primogénitos de cinco


44

meses de edad que las mujeres que tuvieron una infancia más estable. Estos y otros estudios,

proporcionan pruebas de que las mujeres cuya infancia ha sido perturbada tienden a entablar

con sus hijos una menor interacción que la que entablan madres con infancias más felices en

un período de la vida del bebé en la que la cantidad de interacción que se produce está

determinada casi totalmente por la madre.

Bowlby afirma que de las muchas otras pautas alteradas de crianza que pueden tener su

origen –al menos en parte- en la experiencia infantil, existe una que también se encuentra

muy documentada en estudios sobre madres que maltratan a sus hijos ( Morris y Gould,

1963; Steele y Pollock, 1968; Green, Gaines y Sandgrun, 1974, y DeLozier 1982). Se trata

de la tendencia a esperar y exigir cuidado y atención por parte de sus propios hijos, en otras

palabras, de invertir la relación. La mayoría de los padres, y tal vez todos, que esperan que

sus hijos se ocupen de ellos han experimentado, a su vez una crianza muy inadecuada.

Lamentablemente, las mencionadas experiencias con demasiada frecuencia les crean a sus

hijos problemas psicológicos importantes. (Bowlby 1988).

Mary Ainsworth, quien trabajó con Bowlby en la Clínica Tavistock durante los primeros

años de la década del cincuenta, pasó varios años estudiando la interacción de las madres y

los niños en Uganda y luego el desarrollo de la interacción madre-hijo en el primer año de

vida en los hogares de personas blancas de clase media en Maryland.

En el curso de sus estudios, ella quedó sorprendida por el modo en el que los niños, una

vez que pueden moverse solos, utilizan a las madres como base a partir de la cual explorar.

Cuando las condiciones son favorables, los niños se alejan de sus madres para explorar el

ambiente y luego regresan a su lado de vez en cuando. Casi todos los niños de ocho meses de

edad que tenían una figura materna a la que apegarse mostraban este comportamiento. En el

caso de que la madre estuviera ausente, estas exploraciones se suspendían. Como


45

consecuencia de este descubrimiento y otros similares, se ha desarrollado la idea de que una

madre corriente y dedicada, proporciona al niño una base segura desde la que puede explorar

y a la cual puede regresar cuando está preocupado o asustado. El concepto de base segura es

decisivo dentro de la teoría del apego para comprender el modo en que una persona

emocionalmente estable se desarrolla y funciona a lo largo de su vida. Ainsworth pudo no

sólo estudiar este tipo de conducta en profundidad, sino que además describió muchas

variaciones individuales de la misma. Ella observó la conducta exploratoria de los niños

cuando estos estaban en casa con sus madres y también cuando se encontraban en una

situación de prueba ligeramente desconocida. A partir de la observación de los cuidados

maternos recibidos por los niños (Mediante prolongadas sesiones de observación en el hogar

del niño), la autora estuvo en condiciones de presentar hipótesis en las que se relacionaba

cierto tipo de desarrollo emocional y conductual a los doce meses de edad con ciertos tipos de

experiencia maternal precedente.

Ainsworth (1977) clasificó a los niños en tres grupos de acuerdo con dos criterios: (a) si

exploran mucho o exploran poco cuando están con la madre o sin ella y (b) cómo tratan a la

madre cuando está presente, cuando se va, y sobre todo, cuando vuelve.

Algunos niños exploraban activamente, sobre todo en presencia de la madre, y la

utilizaban como base tomando nota de sus movimientos, intercambiando miradas, y

regresando a ella cada tanto para compartir un contacto mutuo agradable. Si su madre había

estado ausente durante un lapso breve, al regresar la saludaban cálidamente. Otro grupo de

niños, se mostraban pasivos, exploraban poco y en lugar de ello se chupaban el dedo o se

acunaban. Además, se mostraban ansiosos por los movimientos de su madre, lloraban en su

ausencia, pero mostraban una actitud hostil cuando ella regresaba. Un tercer grupo de niños

alternaban su conducta, pareciendo muy independientes y haciendo caso omiso de su madre


46

por completo, y mostrándose repentinamente ansiosos e intentando encontrarla. Sin

embargo, cuando la encontraban parecían no disfrutar del contacto con ella y a menudo

luchaban por volver a separarse. Debido a que Ainsworth y sus investigadores habían pasado

muchas horas junto a esos niños y sus madres en su hogar, pudieron sacar conclusiones en

relación a la correlación entre calidad de vínculo y conducta del niño. Ellos descubrieron que

los niños que tienen madres que responden consistentemente a sus expresiones de necesidad

de manera confortante, es decir, que son sensibles, accesibles y se muestran cooperativas con

él, son niños que desarrollan seguridad y un alto grado de confianza en su madre y disfrutan

de su compañía. A la inversa, las madres que se muestran insensibles a las señales de sus

hijos, tal vez porque estén preocupadas o afectadas por otras cuestiones, que interfieren con

ellos, o simplemente los rechazan, probablemente tendrán hijos desdichados, ansiosos o con

problemas.

En las observaciones hechas por Ainsworth, se evidenciaba una concordancia entre la

cantidad de tiempo que lloraba un bebé y el modo en que lo trataba su madre. Al final del

primer año, los bebés cuyas madres los habían atendido rápidamente cuando lloraban, lo

hacían mucho menos que aquellos cuyas madres los habían dejado llorar. Es decir, que en la

mayoría de los casos, es la madre la responsable de la forma en que se desarrolla la

interacción.

Es importante considerar, que cuidar a un bebé o a un niño que empieza a caminar es una

tarea muy ardua y agotadora, incluso para una mujer que ha tenido una infancia feliz y que

goza de la ayuda de su esposo y quizás de su propia madre. No es sorprendente entonces que

una mujer que no cuenta con ninguna de estas ventajas tenga problemas emocionales. Sin

embargo, los investigaciones llevadas por los teóricos del apego demuestran que los bebés y

niños que son cuidados por personas insensibles a sus necesidades presentan temor a perder a
47

su madre, aumentan sus demandas en relación a la presencia de ella y también la ira en su

ausencia y en casos graves, el niño puede desarrollar una gran desesperación por tener una

relación cariñosa y segura con cualquiera.

Los aportes de las neurociencias al estudio del apego:

Durante los últimos años se ha expandido mucho el conocimiento sobre el cerebro, su

estructura y funcionamiento. Estos avances han generado cambios en la teoría del apego

clásica. En 1994, Allan Schore ofreció gran cantidad de datos, que comprobaban que las

relaciones de apego son cruciales para el desarrollo estructural del cerebro derecho. Esos

sistemas están involucrados en el procesamiento de las emociones, la modulación del estrés y

la auto-regulación.

El mencionado autor (1994) afirma que la tarea esencial del ser humano durante el primer

año de vida es la de lograr una comunicación emocional con su cuidador que permita

establecer una relación de apego seguro. Para poder entrar en esta comunicación, la madre

debe estar psicobiológicamente sintonizada con los cambios internos de activación central o

autónoma que se dan en el infante.

Las relaciones de apego median la regulación emocional de la díada, mientras que la

madre co-regula el incipiente sistema nervioso central y autónomo del niño en desarrollo.

Cuanto más sincronizados están emocionalmente madre e hijo, más posibilidades de que la

madre pueda calmarlo en momentos de malestar. Las madres seguras, están constantemente

regulando los cambios en el nivel de activación de sus hijos. Como consecuencia de haber

sido expuestos a la capacidad regulatoria de sus cuidadores, se va expandiendo la capacidad

infantil de evaluar los cambios estresantes que se dan en su entorno, especialmente el entorno

social, y así pueden ir desarrollando respuestas coherentes para afrontar estresores. Es


48

importante considerar que no sólo las situaciones dolorosas son estresantes, sino también las

novedosas. Es decir, que la capacidad de aproximarse, tolerar e incorporar lo novedoso es

fundamental para el desarrollo de la capacidad adaptativa de aprendizaje y por lo tanto

complejizarse.

Para que haya salud mental, es necesario que haya un buen funcionamiento de los sistemas

biológicos en los que se sustentan las funciones psicológicas (Schore, 2001). Estos sistemas

se encuentran en el cerebro y se sabe que los eventos que lo afectan durante los primeros

meses de vida tienen efectos a largo plazo, por eso es que se denomina a este período,

período crítico (Cramer, 1993).

Desde los últimos meses de gestación, hasta el segundo año de vida, el cerebro se

encuentra en un período crítico de crecimiento acelerado, por lo tanto, necesita no sólo

niveles adecuados de nutrientes, sino también experiencias interpersonales reguladas para una

óptima maduración. Durante este período crítico, el crecimiento del cerebro es muy

vulnerable a factores ambientales adversos como déficits en la nutrición y experiencias

emocionales desregulatorias que afectan negativamente la salud mental infantil (Schore,

1994). En esta etapa, el cerebro está generando ácidos nucleicos que programan procesos de

desarrollo a una tasa que nunca más alcanzará. Esta masiva producción en el cerebro, está

directamente influenciada por los eventos de su ambiente socio-afectivo (Schore, 1994).

El desarrollo del cerebro es un proceso que se lleva a cabo mediante la interacción de

programas de códigos genéticos para la formación de estructuras y conexiones entre ellas y

las influencias ambientales (N.A Fox, 1994). Las experiencias ambientales son críticas para

la diferenciación del tejido cerebral mismo y el desarrollo potencial sólo puede darse si el

ambiente lo permite (D. Cichetti, 1994).


49

A pego, regulación del estrés y salud mental

En su libro Apego (1993), Bowlby investigó los mecanismos por los cuales el niño forma

un lazo emocional con su madre y cómo este aprendizaje socioemocional temprano se

internaliza en la forma de una capacidad duradera para regular sus emociones y con ello

generar y mantener estados de seguridad emocional (Bowlby, 1993). La relación de apego

madre- hijo está acompañada por los más intensos sentimientos y emociones, felicidad y

desdicha, y estas interacciones ocurren en un contexto de expresiones faciales, posturas,

tonos de voz, cambios fisiológicos, y estas relaciones de apego dan lugar a un sistema de

control biológico que opera sobre el nivel de activación del organismo. Entonces, la

capacidad de afrontar el estrés de los niños está correlacionada con ciertas conductas

maternas (Bowlby, Apego, 1993). Capacidad de afrontamiento y adaptación, son dos

factores relacionados con la salud mental infantil.

Schore sostiene que la teoría del apego de Bowlby es en esencia una teoría de la auto-

regulación (Schore, 2001).

Los sistemas cerebrales que permiten afrontar el estrés maduran en la infancia y el

desarrollo de la capacidad de afrontamiento de estresores está estrechamente ligada a las

interacciones tempranas del niño con su cuidador primario (Schore, 1994). El sistema

involucrado en la regulación somática y de los estados emocionales es el sistema nervioso

autónomo. Además de éste, es crucial el sistema límbico, especializado en evaluar la

información social implícita en las expresiones faciales para brindar respuestas salientes que

permitan adaptarse al entorno (Mesulam M. , 1998). El sistema límbico está implicado en las

respuestas a las situaciones de estrés, en la evaluación de esas situaciones y en brindar una

respuesta psicobiológica adecuada a las mismas (Selye, 1956). Las investigaciones actuales
50

sobre el desarrollo indican que las diferencias en los sistemas nerviosos central y periférico se

reflejan en los dominios cognitivos y afectivos (B.H. Friedman, 1998).

Asimismo es importante destacar, que el ambiente puede estimular o restringir el

desarrollo cerebral. Es decir, que los primeros acontecimientos interpersonales, afectan

positiva o negativamente la organización estructural del cerebro y sus capacidades

funcionales de expansión y adaptación (Schore, 2001).

Según Schore (1994), las potencialidades que brinda la naturaleza, sólo pueden

desarrollarse si el ambiente lo permite. Las investigaciones más importantes de las

neurociencias, concluyen que el cerebro humano ha sido diseñado para ser moldeado por el

ambiente(Thomas, 1997).

Los componentes simpáticos y parasimpáticos del sistema nervioso autónomo así como

los componentes del sistema límbico y los corticales, se organizan pre y post natalmente y

su maduración depende de la experiencia (Schore, 2000). Para Schore, el período

postnatal temprano resulta crítico para el desarrollo del circuito autonómico del sistema

límbico. Durante esta etapa, los eventos ambientales pueden participar dando forma al

desarrollo de sinapsis (Rinaman, 2000). Esta organización se expresa sobre todo en la

maduración temprana del hemisferio derecho, que conecta profundamente el sistema

límbico y el sistema nervioso autónomo, y es así determinante en las respuestas al estrés y

la supervivencia del organismo(Wittling, 1997).

Los eventos ambientales que influyen en el desarrollo de los circuitos sistema nervioso

autónomo-sistema límbico, están involucrados en la regulación del afecto que despliega el

niño en las interacciones con la figura de apego. Estos circuitos se enfatizan en el cerebro

derecho, ya que el sistema límbico derecho, parece estar mejor conectado con los sistemas
51

neuroquímicos subcorticales asociados con la emoción(Buck, 1994). Cuando el ambiente es

facilitador, las interacciones con el cuidador favorecen la maduración de las conexiones de su

sistema límbico en desarrollo (Schore, 1994). En cambio, cuando las experiencias tempranas

son adversas, éstas tienen un efecto complejo a largo plazo sobre las sustancias

neuroquímicas relacionadas con la regulación de las emociones (Coplan, 1998). Las historias

de apego severamente comprometidas, se asocian con organizaciones cerebrales que son

ineficientes en la regulación del afecto y el afrontamiento del estrés (Schore, 1997). Este

déficit se expresa en la dificultad para iniciar respuestas neuroquímicas al estrés cuando son

necesarias, o para restablecer estados de homeostasis cuando éstas ya no se necesitan.

Crittenden y Di Lalla (1988), consideran que el desarrollo adaptativo puede ser

considerado producto del intercambio entre un organismo y su ambiente, de manera que el

organismo puede utilizar eficazmente los recursos de su ambiente para la satisfacción de sus

necesidades sin poner en riesgo su desarrollo futuro. En cambio, cuando el curso del

desarrollo es maladaptativo, o bien no se pueden satisfacer las necesidades actuales, o bien se

pone en riesgo la responsividad del organismo a futuros cambios.

Para Dobordieu (2011), la infancia es un período de alta vulnerabilidad, ya que el niño

depende de la capacidad empática de un adulto que pueda oficiar de amortiguador de los

factores de estrés. Esta autora considera que cuando los sistemas de alostasis ante estímulos

adversos se prolongan en el tiempo, ello puede repercutir en el desarrollo de alteraciones

psíquicas y orgánicas o favorecer el mantenimiento o la exacerbación de síntomas o

patologías ya existentes. Las alteraciones se pueden manifestar a nivel biológico y

fisiológico (autonómicas, motoras, neuroendócrinas y en conductas basales como el sueño y

la alimentación), cognitivo (afectando los procesos de atención, percepción, memoria y


52

lenguaje), y psicosocial (alerta, evitación, problemas vinculares, hostilidad, hiperactivación

sostenida y aumento de conflictos interpersonales) (Dobordieu, 2011).

Integrando estas conceptualizaciones, Schore (2014) sostiene que la salud mental infantil

puede definirse como la capacidad más temprana de utilizar estrategias eficientes y resilientes

para lidiar con el estrés, mientras que la salud mental maladaptativa es un déficit en las

mismas capacidades de afrontamiento que predispone al desarrollo posterior de

psicopatología. Tanto la salud mental adaptativa, como la maladaptativa son producto de los

procesos de apego (Schore, 2014). Esto concuerda con las formulaciones de Main (1996) de

que las formas inseguras de apego son factores de riesgo primario para el desarrollo de

trastornos mentales (Main, 1996).

La maduración del cerebro del bebé depende del ambiente y permite que emerjan

capacidades funcionales más complejas para lidiar con estresores, especialmente aquellos que

provienen del ambiente. Este avance en el desarrollo es resultado de la creación de un lazo

de apego seguro entre el infante y su cuidador. El hecho de aprender cómo comunicarse con

la figura de apego es tal vez la tarea más importante de la infancia (H. Papousek, M.

Papousek , 1997).

Durante las primeras semanas de vida, el niño utiliza sus habilidades sensoriales y motoras

en desarrollo para interactuar con el ambiente social. Al finalizar el segundo mes se produce

un gran cambio en sus capacidades sociales y emocionales. En ese momento, se produce un

cambio metabólico rápido en la corteza visual primaria de los niños. De esta manera, se

inicia un período crítico en el cual las conexiones sinápticas producidas en la corteza

occipital son modificadas por la experiencia visual (H. Yamada, N. Sadato, Y. Konishi, S.

Muramoto, K. Kimura, M. Tanaka, Y. Yonekura, Y. Ishii, , 2000). Con este avance en la

maduración, las expresiones faciales de la madre se transforman en el estímulo más potente.


53

La mirada se transforma así en un potente canal de interacción e influencia recíproca.

Cuando se establece entre ellos dos, un lazo los une y esto se transforma en la situación social

más poderosa (j. Allman & Brothers M., 1994). Las interacciones cara a cara, son

activadoras de una alta carga emocional, así como una importante fuente de información

cognitiva y social. Estos episodios de sincronía afectiva constituyen las primeras muestras de

juego social. En esta matriz interactiva, ambas partes coinciden en sus estados y ajustan su

atención, nivel de activación y estimulación a las respuestas del otro. La sincronización con

los estados emocionales del niño, le permite a la madre regular la atención infantil, facilitar

el desarrollo del diálogo verbal, y promover la capacidad de autorregulación. La sincronía se

da cuando ambas partes ajustan su atención y estimulación en respuesta a las señales del otro

(R. Feldman, C.W Greenbaum, & N. Yirmiya, 1999). Estos eventos son críticos, ya que

permiten la coordinación de los ritmos biológicos interpersonales. El estado de

sincronización con el cuidador, facilita el procesamiento de la información por parte del bebé.

Estas interacciones son fundamentales para el desarrollo afectivo saludable del mismo. En

estos estados de sintonía afectiva, madre e hijo recrean un estado psicobiológico similar al de

la otra parte y cada uno siente lo mismo que el otro. Para actuar como un regulador del nivel

de activación del bebé, ella debe ser capaz de regular su propio nivel de activación (Schore,

2001). Las señales faciales recíprocas actúan como un canal abierto de señalización social y

la conducta parental frente a la expresión de los estados internos del niño actúa como

catalizador de un cambio en el mismo. Para que esto ocurra, la madre debe estar

psicobiológicamente sintonizada con los ritmos del estado interno de su hijo. La

sintonización afectiva es una respuesta espontánea, no verbal a las expresiones emocionales

del niño, estas expresiones momento-a-momento de la conducta regulatoria materna ocurre a

niveles que están por debajo de la consciencia (H.J. Polan, & M.A. Hofer, 1999). Como

reguladora de la conducta infantil, ella corrige los niveles altos de activación del niño y
54

también los niveles altos de estimulación que incrementan la activación del niño. Ella no

sólo regula el tipo sino también la intensidad de información socio-afectiva que recibe su

hijo dentro del sistema de comunicación de la díada. En el desarrollo temprano, el adulto

provee la modulación que será necesaria para la capacidad de auto-regulación afectiva.

Nuevamente, la clave está en la capacidad del adulto de observar y modular sus propios

estados internos, especialmente el afecto negativo. Schore (2001) sostiene que existen en

toda díada momentos de falta de sintonía, pero las madres “suficientemente buenas” son

capaces de modular el malestar que su propia falta de sintonía provocó en el niño. El autor

afirma también que el efecto de reexperimentar afecto positivo luego de una experiencia

negativa, le enseña al niño que puede sobreponerse al malestar. Esta capacidad es un

indicador de salud mental. Una de las funciones esenciales del apego es promover la

regulación biológica y conductual del niño.

Schore (2000) sostiene que el apego, no sólo contribuye a la disminución del malestar,

sino también a una intensificación de los afectos positivos. Las relaciones con el cuidador

primario, no sólo brindan seguridad, además estimulan la curiosidad por la exploración del

ambiente socioemocional y físico. Esto constituye un indicador de salud mental.

En el siguiente apartado, focalizaré sobre el DMM que es el modelo teórico sobre el que

me basaré para llevar a cabo mi estudio empírico en esta investigación.


55

El Modelo Dinámico Maduracional del Apego (DMM)

El Modelo Dinámico Maduracional del apego fue desarrollado por Patricia Crittenden en

1992 y es una extensión de la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth (Crittenden 2008).

Como tal, enfatiza la importancia de las figuras de apego cuando el niño se siente amenazado,

especialmente cuando esa amenaza está ligada a la separación o la pérdida de la figura de

apego (Bowlby 1973, 1980). Siguiendo a Bowlby, el DMM propone que cuando las figuras

de apego no ayudan a resolver las amenazas serias a las que está expuesto el niño, hay riesgo

de psicopatología (Crittenden 2008). Bowlby lo describe clínicamente y Ainsworth provee la

evidencia empírica de las formas diferentes en que los individuos se organizan psicológica y

conductualmente para resolver esas amenazas. Estas diferencias se describen en los patrones

A,B y C de apego.(Ainsworth, 1978). En la expansión que Crittenden hace de esta teoría,

enfatiza la importancia del peligro en general y presenta un espectro más amplio de

estrategias que las que Ainsworth encontró en la infancia (Crittenden 1995). Ella también

resalta la importancia estratégica de los patrones conductuales de apego, su utilidad

adaptativa en contextos peligrosos y su asociación con el procesamiento de la información.

(Crittenden 1997)

El DMM considera que hay tres motivaciones biológicas básicas en el ser humano: La

supervivencia física, el encontrar a una pareja que permita la reproducción y el proteger a los

hijos hasta que éstos alcanzan la madurez.

Satisfacer estas motivaciones depende para Crittenden (2010) de poder transformar la

estimulación sensorial en información relevante para el sí mismo con la cual predecir peligros

potenciales, y sobre la base de estas predicciones organizar la conducta. Dos fuentes básicas

de información son transformadas neurológicamente para generar cuatro sistemas de

memoria, cada uno de los cuáles representa la relación del sí mismo con el contexto, aunque
56

de manera diferente. Una transformación está basada en el orden temporal de la información

sensorial. Esto se denomina “memoria procedural”. La información procedural siempre es

relevante porque brinda información acerca de cuándo podría ocurrir algo peligroso. Esta

información no verbal es mantenida implícitamente, se construye desde el momento del

nacimiento en base a la experiencia y a las contingencias reforzantes y regula gran parte de la

conducta del ser humano. La memoria procedural representa lo que el niño de manera

implícita y pre-consciente sabe cómo hacer, basándose en el orden temporal de los eventos

experimentados con anterioridad. Este conocimiento crea una disposición a responder de

manera particular y autoprotectora. La segunda transformación se basa en la intensidad de la

estimulación sensorial que experimenta el bebé desde un principio en el vínculo con sus

cuidadores. La ansiedad está asociada tanto a excesos como carencias en los niveles de

estimulación, y la sensación de comodidad será encontrada en un ambiente de estimulación

moderada. Los sentimientos de ansiedad y comodidad predicen contextos con elevadas o

reducidas probabilidades de ser peligrosos. Los sentimientos intensos organizan conductas

autoprotectoras de manera rápida y preconscientemente se cumplen dos funciones básicas:

ayuda al individuo a organizar sus variadas disposiciones a responder (función intrapersonal)

y comunica intenciones a las demás personas de manera de ejercer un efecto sobre su

conducta (función interpersonal).

El DMM sostiene que existen dos estados afectivos primarios y opuestos: comodidad y

ansiedad (Crittenden, 2010). El primero refleja un nivel bajo de activación y el segundo una

activación alta. La ansiedad puede ser diferenciada en al menos tres estados motivacionales

más específicos: rabia, que motiva acercamiento con agresión; deseo de apoyo, que motiva

acercamiento con solicitudes de afecto y miedo; que motiva la respuesta de alejamiento o

lucha-huída.
57

Los niños de edad pre-escolar son capaces de organizar estrategias efectivas basadas en

sus sentimientos y también de regular las funciones interpersonales del afecto.

En relación a la comunicación de estados afectivos a terceros, la rabia tiende a elicitar una

conducta aplacadora o agresión, el deseo de apoyo tiende a suscitar cuidado o rechazo y el

miedo tiende a generar cuidado o ataques.

Los variados resultados del despliegue de afecto generan en el niño incertidumbre y

requieren flexibilidad en las respuestas. Esto es, si el despliegue puede establecer un

resultado indeseable, el niño debe estar preparado para cambiar el despliegue de manera

rápida y convincente. Esto involucra un engaño, es decir, un despliegue de afecto que es

utilizado instrumentalmente más que expresivamente. El fracaso en la utilización

instrumental del afecto crea riesgo para el niño.

La información afectiva crea otra forma disposicional de representación basada en la

estimulación sensorial asociada a ciertos contextos. Estas representaciones pre-conscientes,

no verbales, se refieren a representaciones disposicionales de imágenes. Tales

representaciones son particularmente poderosas en la regulación de la conducta luego de que

una persona ha estado expuesta a condiciones amenazantes para el sí mismo. (Crittenden,

2010)

A partir de la adquisición del lenguaje se generan formas verbales de representación y

aparecen reglas verbalizadas que guían la conducta del niño. La memoria semántica es

aquélla que proporciona información cognitiva verbalizada y generalizada y contiene, entre

otras cosas, información provista por las figuras de apego. Algunos de los conocimientos que

contiene esta memoria reflejan las conclusiones semánticas de otras personas y contienen

información acerca de quién es uno mismo, qué debe hacer, y qué consecuencias tiene ser o
58

comportarse de una determinada manera. Estas reglas semánticas que definen la relación del

sí mismo con la realidad pueden ser conocidas explícitamente, pero más a menudo funcionan

para regular la conducta implícitamente.

Finalmente, el afecto puede ser representado de maneras expresivas que incluyen la

comunicación verbal. Estas formas incluyen el lenguaje evocador, aquél que se transmite

tanto con el tono de voz, como con palabras de relevancia emocional utilizadas por ambos,

padres o niños. Los sonidos evocadores no verbales incluyen el canto, los suspiros, el llanto,

etc.

Crittenden considera que la cognición y el afecto están predispuestos a distintos tipos de

errores, pero cuando son usados en conjunto, pueden producir expectativas relativamente

precisas en relación al riesgo de peligro y permitir la organización de estrategias auto-

protectoras adaptativas. Esto constituye el patrón de apego seguro (B).

Los niños tipo B, relacionan la figura de apego al incremento del bienestar, confían en las

demás personas y son capaces de expresar abierta y adecuadamente sus necesidades. Cuando

éstas están satisfechas, ellos pueden explorar el mundo, descansar, etc. El niño B1-B2 es un

niño más bien tímido, el B3 es el más equilibrado, y el B4-B5 es un niño que puede

reaccionar con enojo o mostrar algún berrinche, por eso Crittenden (2004) considera que este

niño es el que se encuentra más cerca del patrón de apego tipo C.

Basados en su experiencia con los cuidadores, que han sido consistentemente rechazantes

o indiferentes frente a la expresión de afectos, algunos niños confían básicamente en la

información cognitiva, ellos son individuos que utilizan una estrategia evitativa (A). Dentro

de esta categoría Crittenden incluye a los niños inhibidos, tipo A1-A2, quienes inhiben la

expresión de afectos negativos tales como rabia o tristeza y a los niños A+ o pre
59

compulsivos, quienes además de la inhibición despliegan una falsa alegría o euforia. Este

subpatrón es precursor de los patrones de apego compulsivos tipo A3 y A 4 en la edad

preescolar. El patrón de apego A sufre de dos distorsiones temporales, una sobreatribución

de predictibilidad temporal y una omisión de información afectiva que es relevante para el sí

mismo.

Por último, algunos niños enfatizan el poder de los sentimientos para guiar la conducta,

en términos de apego; estos individuos utilizan una estrategia coercitiva (C). La organización

afectiva sufre también de dos potenciales distorsiones: la exageración de un afecto y la

disminución de otros que son sentidos pero no desplegados y el fracaso para aprender a partir

de consecuencias predecibles. El niño tipo C1 exagera sus reacciones de enojo y rabia,

mientras que el C2 exagera el miedo y despliega una conducta encantadora, se muestra

vulnerable y dependiente. Los niños C+ intensifican las conductas que presentan los niños C1

y los C2 y este subpatrón es precursor de los patrones de apego C3 y C4 en la edad

preescolar.

Los individuos con un apego seguro son los que utilizan de manera balanceada ambas

fuentes de información. Los individuos tipo A/C alternan el uso de estrategias A y C. Estas

personas están limitadas por ambos tipos de distorsiones. A pesar de sus evidentes

desventajas, esta estrategia calza bien con figuras de apego que son peligrosas de manera

cambiante como figuras con trastorno bipolar, adictos, personas abusivas y negligentes. De

este modo, existen dos fuentes de información que permiten cuatro tipo principales de apego

o estrategias autoprotectoras en el Modelo Dinámico Maduracional: A, B, C y A/C

(Crittenden, 2004)
60

Esquema 1

(Patricia Crittenden, 2001)


61

El apego en la primera infancia: 0-15 meses

Patricia Crittenden (2010) sostiene que todos los bebés humanos están preparados para

buscar y responder al comportamiento interactivo de los adultos, pero no todos los adultos

están preparados para responder sensiblemente a las necesidades de los niños. Ellos difieren

en su temperamento e historia de vida y la cultura de la que cada adulto provenga, le orientará

en cuanto a que aspectos de la interacción es necesario priorizar. Algunas culturas prefieren

que los niños sean activos, mientras que otras prefieren que observen y sigan las directivas

del cuidador.

La autora desarrolló un instrumento para evaluar la sensibilidad y el riesgo psicológico en

la interacción madre-hijo derivado de la teoría del apego llamado CARE-Index. (2010). Este

instrumento puede utilizarse con niños que tienen entre 0-15 meses.

Crittenden (2010) sostiene que la sensibilidad adulta es un patrón de conducta que

tranquiliza al infante e incrementa su confort, al tiempo que reduce su angustia y desinterés.

Un adulto es sensible en la medida en que es apropiadamente responsivo a las características

únicas del infante. Además, los adultos sensibles estimulan al niño para obtener su atención,

responden a la conducta infantil para mantenerlo involucrado en la interacción y calman a los

pequeños muy estimulados para evitar perder su atención. Ninguna de estas conductas es

apropiada por sí misma, sino que el comportamiento del adulto debe responder

contingentemente al del niño.

El modelo Dinámico-Maduracional del Apego de Patricia Critenden, clasifica a las

madres en tres categorías:


62

La madre sensible:

La madre sensible es aquélla que está atenta a las señales del bebé y responde

consistentemente a las mismas. Desde lo comportamental se puede observar que en las

interacciones cara a cara puede exagerar lentamente sus expresiones faciales normales si el

bebé está alerta, cambiar su voz para estimularlo , etc. Su expresión vocal es cálida, lenta,

apacible y rítmica, acorde a la edad del niño. Ej. Una voz más alta que la normal con bebés

alerta, una voz calma con bebés apenados o una voz con sorpresas rítmicas con bebés

juguetones. En las interacciones se observa al bebé cómodo y con acceso físico a la madre.

Hay calidez vocal, visual y cenestésica, caricias suaves, murmullos y sonrisas compartidas.

Esta madre es capaz de orientar su actividad en base a las señales del infante en un claro

intento de crear un diálogo. En el juego ella refuerza el comportamiento positivo del niño y

lo moviliza a responder antes de seguir estimulando. La actividad que propone al niño es

posible de ser realizada por él y agradable en el modo en que es presentada. Este tipo de

madre se adapta a la zona de desarrollo próximo de su hijo. Además, cuando el niño se

muestra angustiado, responde confortantemente a su llanto, levantándolo, acercándolo a su

cuerpo o satisfaciendo sus necesidades físicas.

La madre controladora:

Su expresión facial es incongruente con el estado emocional del niño, suele mostrar una

sonrisa permanente, generalmente mostrando los dientes. En ocasiones ríe cuando el niño se

angustia, se enoja, tiene miedo o se niega a cooperar. Se muestra hiper o infrasensible al

llanto o expresión de necesidad del bebé. Puede exhibir una dulzura o sonrisa exagerada al

hablar, también puede mostrarse abiertamente hostil en la interacción (Díada de alto riesgo).
63

Lo que caracteriza a esta madre es el hecho de ser intrusiva, no respetar el espacio físico

del infante. Se mueve dentro del espacio del niño, manipula su cuerpo contra su voluntad o

le arranca juguetes de las manos (Díada de alto riesgo).

La demostración de afecto de este tipo de madre es a menudo forzada, fuera de sincronía

con el estado emocional del niño. Ella puede presentar una actitud abiertamente hostil, con

gritos, tironeos o comentarios desacreditativos (Díada de alto riesgo).

La madre controladora presenta fallas en su capacidad de empatía, no registra las señales

infantiles cuando éstas indican que el niño prefiere otro juguete o actividad. Sus acciones

parecen depender más de ella misma que de cualquier señal infantil y refuerza las conductas

negativas del niño, puesto que generalmente responde frente a la intensificación del afecto,

por ej. frente a la insistencia o los berrinches.

Cuando están jugando, la actividad que le presenta al niño es avanzada, difícil o compleja

en su presentación. Ej. ofreciendo un juguete apropiado para la edad pero estructurando la

forma en que debe usarse, sin que el infante pueda explorarlo. Asimismo, ofrece varias

actividades en un período corto de tiempo, o sea que no le da al bebé el tiempo para

desarrollar las actividades propuestas e insiste en que el niño se muestre complaciente.

La madre no responsiva:

En la interacción con el niño se distrae, raramente chequea su cara y si hay otros adultos

presentes, está más atenta a ellos que al propio bebé. Su voz es plana, sin expresión, el

volumen de su voz es bajo y su discurso lento o susurrado y suele sostener por detrás al niño

sin poder ver su rostro. Cuando el niño llora o se aferra a ella lo aleja, favoreciendo la

inhibición y no lo conforta cuando está estresado.


64

La madre no responsiva no se involucra activamente en el juego del niño por lo que suele

haber pausas largas entre las instancias del mismo. Ella puede parecer mantener su atención

constante, pero hay poco reforzamiento positivo en la interacción con el niño. Este juega

sin que el adulto esté conectado o hay juego paralelo. Las actividades elegidas son

demasiado simples, repetitivas o no acorde a la edad del infante.

Al finalizar el primer año de vida, el niño es capaz de orientar su comportamiento

estratégicamente con la finalidad de mantener la disponibilidad protectora de los padres y se

pueden distinguir tres patrones de apego (Crittenden, 2004).

Los patrones de apego que distingue el DMM en la infancia son los siguientes:

Patrón Evitativo o A:

Estos niños tienen padres que son consistentemente no responsivos o rechazantes frente a

la expresión de necesidades, el llanto, la búsqueda de contacto físico, etc. Ellos aprenden de

esta manera que su despliegue de afecto negativo no sirve o aleja a sus figuras de apego.

Como estrategia, comienzan a inhibirlo y a mostrar las conductas que “esperan” los

cuidadores.

Entre los indicadores conductuales que presentan los niños con un patrón de apego A se

observan: sonrisas ambiguas a medias, que empiezan o terminan repentinamente, están

orientadas a complacer al adulto y no son producto del placer en la interacción. Suelen

sostener manos u objetos frente al rostro cuando se está frente al adulto con la finalidad de

ocultar sus expresiones faciales o inhibir el despliegue de afecto negativo frente a éste. Sus

ojos están bien abiertos y se pueden observar cambios faciales al mirar lejos, mayormente

expresión triste, mano frente a la boca, voz constreñida, activación y afecto

descontextualizados, paquetes incompletos de conducta, ej. boca abierta sin sonido y la


65

exhibición de conductas felices y brillantes como cantar y bailar que aparecen de golpe y no

se desarrollan lentamente como consecuencia de estar disfrutando el momento.

En estos niños puede haber un excesivo nivel de activación. Otros pueden presentar

quietud excesiva, movimientos robóticos o fragmentados. Su cuerpo generalmente está tieso,

si caen lo hacen en bloque, sus hombros están levantados y sus puños apretados. Los niños

A, suelen tolerar posiciones incómodas sin protestar ni quejarse.

En cuanto al juego, hay falta de iniciativa en la interacción, adaptación rápida a los

intereses del adulto, deferencia hacia el adulto en la elección de la actividad o juegos, falta

de flexibilidad y espontaneidad. Las actividades se continúan realizando sin quejas aunque

sean difíciles o aburridas.

Patrón Seguro o B:

Estos niños tienen padres sensibles que saben cómo calmar sus necesidades, por lo que

confían en el valor predictivo de la expresión de necesidades e integran cognición y afecto.

Son niños que pueden alejarse físicamente de sus cuidadores, explorar, jugar con otros niños

y volver a ellos cuando lo necesitan. Entre los indicadores conductuales se observan: la

capacidad de expresar abiertamente sus necesidades, de protestar o quejarse ante situaciones

incómodas y la búsqueda del adulto frente a una necesidad o a una situación de

incertidumbre. Estos niños son curiosos y presentan un gran interés por explorar el

ambiente, disfrutan del juego y del contacto con la naturaleza. En cuanto a sus expresiones

faciales, se observan sonrisas que se desarrollan lentamente, son producto del placer en la

interacción, y permanecen aún después de llegar a su punto máximo, hay búsqueda de

contacto ocular con el cuidador en momentos de incertidumbre y en los de afecto

compartido. Su tono de voz es relajado, no plano ni constreñido con suaves variaciones que
66

se ajustan a la actividad y al tono de voz del adulto. Su tono muscular es relajado pero no

laxo, y hay una activación afectiva moderada y cómoda.

En la interacción con el cuidador se observan momentos compartidos de mutua alegría

que se elevan suavemente , desaparecen lentamente y se ajustan a la actividad que están

realizando.

Patrón coercitivo o C:

Son niños cuyos padres responden inconsistentemente a su expresión de necesidades. Es

decir, en ocasiones consuelan y alivian al niño y en ocasiones no. Como consecuencia de ello,

estos niños no confían en que expresar sus necesidades traerá aparejado el alivio de las

mismas, de manera que aprenden a desconfiar en las cogniciones y a confiar exclusivamente

en sus afectos negativos que se intensifican con la finalidad de mantener la disponibilidad

emocional de los cuidadores. En cuanto a los indicadores conductuales que presentan se

observa un alto nivel de activación, llanto, rabietas, sonidos guturales, miradas amenazantes,

evitación activa de la mirada, sonrisa dientuda o dientes desnudos, ojos penetrantes, ceño

fruncido, quejas vocales, tonos vocales fuertes o agudos.

Los niños coercitivos, presentan inquietud y se muestran irritables, pueden morder,

pellizcar o negarse a jugar. En la interacción son agresivos, pueden golpear o arrojar

juguetes, especialmente en presencia de la figura de apego, a la que buscan alertar

constantemente. Suelen negarse a relajarse y a dormir. Frente a terceros pueden mostrarse

ansiosos o tímidos.

Al finalizar el segundo año de vida, los niños B han aprendido el valor predictivo y

comunicativo de muchas señales interpersonales y han logrado integrar cognición a afecto.


67

Los niños A han aprendido a organizar su conducta en base a la cognición, pero han

dejado de lado el afecto. Ellos saben cómo evitar consecuencias punitivas, pero no cómo

suscitar el afecto que desean. Los niños C han sido reforzados por su conducta afectiva, pero

aún no saben cómo disminuir la inconsistencia de los padres.

La edad preescolar: Los niños de 2 a 5 años

La maduración cambia la forma en que funciona la mente humana, provee puntos

naturales de reorganización y junto con la experiencia otorga nuevas oportunidades de

organizar estrategias para adaptarse al mundo (Crittenden, 2008).

Hacia el final del segundo año de vida, emergen de nuevas capacidades como el habla, la

posibilidad de tomar perspectiva de los otros, el juego simbólico, la capacidad para

disimular afectos negativos y para simular estados afectivos que el niño no tiene.

En virtud de esas adquisiciones, las estrategias de apego se irán complejizando en la edad

preescolar. Los niños serán capaces de inhibir su conducta, mostrar un falso afecto,

disimular sus estados internos, exagerar sus reacciones, etc.

A esta edad ya no es posible establecer una correspondencia entre conducta y patrón de

apego como lo es en la primera infancia. La conducta de los niños de edad pre-escolar debe

ser considerada en términos de su funcionalidad para cada niño. Es decir, que la estrategia

se convierte en el rasgo definitorio de los patrones de apego en pre-escolares.

Para comprender la organización de la conducta entre los niños pre-escolares, es esencial

determinar la función intra e interpersonal de la misma. Es necesario interpretar su

significado para cada díada. Conocer el contexto en la corriente de las conductas

interpersonales, así como sus precursores y consecuencias, es esencial para realizar estas
68

distinciones. El enfoque que propone Crittenden enfatiza la importancia de observar cuáles

conductas despliega el niño, en qué secuencia de interacción, cuán a menudo son utilizadas y

qué tan intensamente son desplegadas. El foco de atención es cómo las conductas del niño

son organizadas en relación a la figura de apego.

En la etapa preescolar, el estilo de apego es ya:

• Una estrategia autoprotectora que le sirve al niño para volver al adulto “cuidador”. Es

decir, es la mejor forma que encuentra el niño de mantener a su cuidador

emocionalmente involucrado y atento.

• El patrón de una relación específica. Según la forma en que se relacionó con sus

cuidadores, tenderá luego a relacionarse con las demás personas significativas de su

vida.

• Un patrón de procesamiento de la información: En función de este vínculo el niño

construye una imagen mental de “quién es él”, cómo es su relación con los demás,

qué cosas debe hacer y qué cosas evitar para mantener a las figuras significativas

cerca y cómo funciona el mundo.

Las estrategias autoprotectoras son utilizadas para resolver problemas interpersonales,

particularmente problemas en relación a la seguridad y el apoyo. Para los niños con un apego

seguro, el problema se hace explícito mediante la comunicación clara y directa de las

intenciones y sentimientos y esto facilita la resolución de los problemas a la figura de apego

que es sensible y responsiva.

Los niños que usan la estrategia evitativa (A) minimizan la apariencia e importancia del

problema o lo esconden bajo la falsa apariencia de armonía, reduciendo así la probabilidad de


69

incrementar el problema desagradando a la figura de apego.

Los niños que utilizan la estrategia coercitiva (C) exageran la evidencia sobre la existencia

de un problema, mientras que concurrentemente, distorsionan la apariencia del problema. La

coerción se convierte en un modo poderoso de influir sobre los otros y es usada por niños y

adultos a lo largo del ciclo vital.

Crittenden (2002) define además subpatrones de apego A, B, y C y los numera. En el caso

de los niños con una estrategia A y C cuanto más alta es la numeración, más grave es la

estrategia y mayor el riesgo. En el caso de la estrategia B, el número bajo se encuentra cerca

de la estrategia evitativa y el alto cerca de la coercitiva. De esta manera, los subpatrones de

apego constituyen todo un espectro que va desde una estrategia más moderada hasta una

intensa y de alto riesgo.

Cuanto más extrema sea la estrategia de un niño, mayor es la cantidad de información que

está siendo distorsionada. El hecho de que esa información esté ausente permite al niño

organizar una estrategia más efectiva que su inclusión y es por lo que se excluye.

Hacia la edad preescolar, las expectativas sobre la disponibilidad de la figura de apego

están establecidas hace tiempo. Los niños preescolares, cuyas habilidades cognitivas y

lingüísticas están avanzadas, buscan la oportunidad de acercarse a su figura de apego y de

interactuar con ellas. A esta edad el niño está en condiciones de tolerar sin mayor ansiedad,

separaciones más largas que los infantes y ya no necesita tanto el contacto físico con sus

cuidadores, sino que busca y desea la proximidad afectiva y psicológica experimentada de

manera recíproca. En los niños con un patrón de apego B, la proximidad es buscada en

períodos de estrés, mientras que la exploración a distancia es posible cuando no hay un

peligro inminente.
70

Los cambios en los patrones de búsqueda de proximidad son particularmente claros entre

los preescolares con un patrón de apego A. Estos niños en la primera infancia evitan el

contacto físico con el cuidador y envían la señal de que no desean el contacto con él. Esto es

a veces percibido por el cuidador como un desaire y a menudo genera en él bronca o hiere sus

sentimientos. A medida que el niño va adquiriendo una inteligencia preoperacional, se

vuelve más consciente de este resultado y busca formas más sutiles de distanciamiento. De

esta manera, la distancia va dejando de ser física para ser psicológica. De este modo, los

preescolares evitantes ajustan su conducta para tolerar mayor proximidad física mientras que

mantienen una separación emocional-psicológica. Algunas formas de evitación son por

ejemplo estar absorto en un plan de juego o bloquear la mirada sosteniendo un juguete con

una sonrisa brillante. Los niños tipo A pueden manejar una cercanía física considerable si

hay una actividad u objeto que medie entre ellos y su figura de apego. Los niños con un

patrón de apego A también pueden buscar la cercanía con otros adultos, incluso

desconocidos, a la vez que evitan los acercamientos de la figura de apego.

Los infantes ambivalentes (tipo C) en cambio, despliegan afectos mezclados (rabia,

miedo y deseo de apoyo) alternando entre el deseo de apoyo y la rabia. En los años

preescolares, este patrón de alejamiento-cercanía se vuelve organizado estratégicamente y de

manera más psicológica. Ellos alternan conductas amenazantes y culpabilizadoras (rabia)

con súplicas inmaduras (deseo de apoyo) y tímida vulnerabilidad (miedo). Esto puede incluir

el uso de alguna conducta evitativa para “castigar” al cuidador. Siendo consciente de las

consecuencias de sus conductas, ellos transmiten su rabia a los otros mediante la exhibición

abierta de su enojo y de conductas oposicionistas.


71

Esquema 2

Modelo Dinámico-Maduracional de los Patrones de Apego


en los Años Preescolares

Integración de información
Verdadera (Tipo B)
Cognición Afecto Negativo
Verdadera Verdadero
Cómodo

Reservado Reactivo

Inhibido/ Intimidante
Socialización / Cautivador
Superficial
Afecto
Cognición
Cuidador Compulsivo/ Agresivo/
(Tipo C)
(Tipo A) Complaciente Vulnerabilidad
compulsivo fingida

Falso Afecto Falsa Cognición


Positivo

(Crittenden 2001)
72

Los patrones de apego en la edad preescolar:

Cuando hablamos de patrón de apego, hacemos referencia a una serie de conductas que se

despliegan estratégicamente y tienen como finalidad aumentar la disponibilidad protectora

de la figura de apego. Estas conductas se activan especialmente en los momentos en que el

niño percibe un peligro (Crittenden 2004).

El apego Seguro: (Los Niños con un patrón B)

Cuando el ambiente familiar es seguro y balanceado, la individualidad puede florecer. Los

preescolares tipo B se muestran flexibles, curiosos, espontáneos.

Estos niños usan una estrategia de expresión directa de sus emociones y deseos y son

capaces de negociar sus planes y diferencias con sus figuras de apego. Ellos tienen también

la capacidad para reconocer que su propia figura de apego puede tener planes o necesidades

diferentes pero que no serán abandonados cuando los cuidadores atiendan a estas otras

preocupaciones.

Los niños B disfrutan de la proximidad de su figura de apego pero pueden explorar

ampliamente y necesitan menos contacto para sentirse seguros.

Regulación de los estados afectivos internos:

Los niños tipo B comparten la responsabilidad de regular sus estados afectivos. Ellos

buscan y obtienen información de sus figuras de apego en los momentos en que se va a

producir una separación (por ej. para ir a jugar) y expresan abiertamente cualquier

sentimiento de ansiedad y/o rabia pero también ejercen control sobre su propia conducta, de

modo que estos afectos son expresados pero sin abrumarlos. Ellos también pueden usar la
73

ayuda de otros adultos cuando sus padres no están presentes para calmar sus sentimientos y

obtener información.

Conducta de la figura de apego:

Las figuras de apego de estos niños están típicamente interesadas en las actividades de los

niños y exhiben un afecto que se mezcla con el del niño.

Respuesta afectiva del observador:

Generalmente la interacción de este tipo de díada es placentera para el observador quien se

siente relajado ya que es testigo de un vínculo de cálida reciprocidad.

Indicadores conductuales:

Cuando la díada interactúa se observa que hay afecto positivo compartido, contacto

ocular en momentos de importancia, sonrisas compartidas, que se inician despacio, se

mantienen un tiempo y desaparecen lentamente. La figura de apego, que está atenta e

involucrada en la interacción, se preocupa si el niño se angustia.

En cuanto a las actividades planteadas por el adulto, éstas son acordes a la edad del niño y

agradables en el modo en que son presentadas. En el juego, el adulto le da tiempo al niño

para responder antes de volver a estimular. El niño disfruta de explorar los juguetes y se

muestra cooperativo. El juego es simbólico y el niño puede concentrarse en él e involucrar al

adulto en el mismo. La comunicación entre ellos es clara y hay negociación respecto a los

planes y sentimientos

Subcategorías:
74

En primer lugar, Crittenden menciona a los niños B1-B2, a los que llama reservados.

Estos niños tienden a ser verbalmente directos y claros y a tomar la iniciativa en involucrar a

sus figuras de apego en la conversación o el juego pero se comprometen poco en la

proximidad cercana con ellos. Cuando se reúnen con su figura de apego después de una

separación, pueden parecer algo inhibidos pero buscan apoyo verbal y proximidad con la

figura de apego.

En segundo lugar, la autora describe a los niños Cómodos (B3). Estos niños son capaces

de disfrutar plenamente del vínculo y el juego con sus cuidadores. Ellos saben que el adulto

tiene intereses que van más allá de él mismo y pueden negociar planes e intenciones con

ellos.

En último lugar, dentro del apego seguro, ella incluye los Niños Reactivos (B4). Estos

pequeños tienden a necesitar más reafirmación que los niños clasificados como B3.

Presentan sus sentimientos abiertamente y necesitan más ayuda con la regulación del afecto

que los otros niños B. Sin embargo, confían en la disponibilidad del adulto para ayudarlos.

Conductualmente, buscan proximidad física con sus cuidadores y si estos se van es probable

que lloren. A diferencia de los niños coercitivos, los niños B4 buscan una solución a sus

problemas y recurren a la figura de apego para ello.

El apego Evitativo: (Los niños con un patrón de apego tipo A)

Como ya se mencionó, estos niños han aprendido a confiar en las cogniciones pero a

inhibir el despliegue de afecto negativo, ya que sus figuras de apego reaccionan con rechazo

o indiferencia frente a las mismas.


75

Los que utilizan una estrategia más severa, además de la inhibición, muestran un falso

afecto positivo (conducta alegre y brillante como bailar, cantar, o reír), para activar o alegrar

a sus padres. Son niños que tienden a mostrar lo que sus padres desean y esperan de ellos.

Los niños con un patrón de apego A se sienten cómodos con extraños, pueden iniciar una

interacción, pero no se comprometen en la cercanía ni usan ayuda de otros para resolver

problemas. Cuando se sienten mal o no pueden resolver algo tienden a “distraer” a la otra

persona y solucionar sus problemas ellos mismos. Este patrón de apego se genera en

familias en las que por alguna razón, uno o ambos cuidadores están emocionalmente

ausentes: están deprimidos, en duelo, padecen un trastorno severo de la personalidad, una

discapacidad, o enfermedades terminal. También es frecuente en aquellos niños que tienen un

hermano con una discapacidad o perdieron alguno de sus padres. Un apego evitativo también

es frecuente en aquellos niños cuyos padres se han separado en malos términos o en los casos

en que uno de los progenitores quedó emocionalmente muy dañado después de la separación

y utiliza a su hijo como sostén emocional. En todos los casos mencionados, se produce una

inversión de roles y el niño se vuelve cuidador del adulto, ya que encuentra que esta es la

única estrategia que encuentra para mantener el vínculo con él.

En la edad pre-escolar, existen cuatro subpatrones de apego tipo A. Las figuras de apego

del primer grupo (A1-A2) son protectoras, pero no especialmente confortantes. En particular,

no les gusta el afecto negativo innecesario. Es decir, cuando el afecto negativo es usado por

los niños para señalar una necesidad real de protección, estas figuras de apego responden

protegiendo, con poco o nada de rabia y probablemente con algo de apoyo. En cambio, las

figuras de apego del segundo grupo (A3- A4) no son especialmente sustentadores y

demandan desempeño. A menudo estos cuidadores utilizan el afecto como recompensa y el

retiro del amor como castigo. Esto es, usan el afecto y el apoyo contingentemente en vez de
76

cómo expresión de sentimientos. Otro grupo de cuidadores de niños A3-A4 castigan

severamente al niño, incluso como para dañarlo o son tan alejados y desatentos que lo

descuidan. Estas condiciones elicitan patrones de estrategia que difieren muy poco por parte

de los niños. Estos pequeños aprenden a organizar su comportamiento de manera de reducir

la posibilidad de peligro.

Los niños con apego tipo A organizan su conducta para mantener acceso a las figuras de

apego mientras minimizan la posibilidad de involucramiento emocional o confrontación. La

estrategia podría ser descrita como “Cerca pero no demasiado cerca” (Crittenden, 2004).

Estos pequeños monitorean la conducta y el afecto de sus figuras de apego para inferir sus

planes y ajustan su propio comportamiento para alcanzar un balance satisfactorio entre la

disponibilidad física y la distancia emocional. El efecto es dirigir la atención lejos de los

problemas de la relación y centrarse en tópicos más neutrales como los juguetes y las

actividades.

Los niños A1-A2 inhiben hacer las cosas equivocadas desde la perspectiva de otras

personas mientras que los A3-A4 además de inhibir hacer las cosas “equivocadas”, exhiben la

conducta “correcta” desde la perspectiva de las otras personas.

Patrones conductuales:

Crittenden (2004) sostiene que los niños que comparten un patrón de apego despliegan

una conducta similar. Es decir, que existe un número limitado de patrones conductuales y

estrategias que sirven para regular la relación.

Los niños tipo A buscan manejar sus sentimientos de ansiedad (rabia, miedo, y deseo de

apoyo) hacia sus figuras de apego sin exponerse aún más al rechazo.
77

Subpatrones:

Como se mencionó con anterioridad, dentro de este patrón de apego se observan distintos

subpatrones. Cada uno de ellos muestra cierto tipo de comportamiento.

En primer lugar, los niños tipo A1-A2 Crittenden se refiere a ellos como niños defendidos.

Estos son pequeños cuyos padres rechazan el afecto negativo, por lo que ellos utilizan la

estrategia de inhibir la evidencia de deseo de contacto cercano con sus figuras de apego. Esto

implica un cuidadoso balance entre acercamiento y evitación por parte del niño, pero no la

ausencia total de afecto, generalmente solo el afecto negativo es inhibido. Sin embargo, se

presume que algún afecto será falso o estará fuera de lugar. Por ej. Agresión

descontextualizada o alegría falsa. Cuando la agresión es descontextualizada, la conducta

enojada es dirigida hacia el ambiente y no hacia la figura de apego. Cuando la alegría es

falsificada, estallidos repentinos de alegría son inyectados en las interacciones cuando la

figura de apego está demasiado cerca o demasiado distante; la alegría aparece o desaparece

muy repentinamente y no parece ser un genuino reflejo de la experiencia del niño.

La diferencia entre el niño tipo A1 y el tipo A2 radica principalmente en que el niño tipo

A2 suele ser más complaciente y deferente hacia la figura de apego y el observador aunque

esto solo ocurre a nivel superficial, ya que al igual que el niño A1 evita la intimidad.

Dentro de los subpatrones compulsivos, se encuentra el niño con un patrón de apego tipo

A3, el Cuidador Compulsivo: Estos pequeños tienen figuras de apego que se comportan de

manera retirada y no responsiva y presentan un patrón conductual diferente de los anteriores.

Ellos necesitan básicamente crear un mínimo nivel de disponibilidad de su figura de apego.

Para hacerlo, desarrollan un patrón de conducta de cuidador. (Bowlby 1980, Main y Cassidi,

1988). Esta conducta puede abarcar desde realizar intentos por alegrar a la figura de apego,
78

calmarla o cuidarla. Subyaciendo a todas estas conductas, se encuentra la ansiedad (rabia,

miedo y deseo de apoyo) asociada con no tener una figura de apego sensiblemente

responsiva. Al igual que en el caso del apego de tipo A1-A2, la estrategia es la de mantener

acceso sin involucramiento emocional.

Por último, el otro subpatrón compulsivo, A4, el niño Complaciente Compulsivo: Un

cuarto grupo de niños, aquellos cuyas figuras de apego se comportan de manera hostil, se

defienden de la rabia y el rechazo por parte de sus cuidadores siendo complacientes. Estos

niños tienden a estar muy atentos y ser sobre-responsivos a cualquier sugerencia de

demandas por parte de la figura de apego. Son niños que se anticipan a las expectativas y

deseos de los demás, por lo que sus cuidadores raramente parecen demandantes o

controladores. El rango limitado de afecto (A menudo se muestra reservado, pero también se

evidencia tristeza, miedo, brillantez y la esperable inhibición del afecto negativo) y su

inhabilidad para comprometerse en el juego productivo son señales parciales de este patrón.

Al igual que los niños A3, su atención se encuentra centrada en la figura de apego.

Entre los indicadores conductuales de compulsividad, encontramos cuerpo o parte del

cuerpo tieso, realización de movimientos torpes o repentinos, presencia de paquetes

incompletos de conductas (Sonrisas con ojos tristes, risas sin sonido, boca abierta sin emitir

palabra), tono de voz constreñido, evasión pero no evitación activa del contacto ocular,

excesiva vigilancia: alerta visual y auditiva sin contacto ocular o monitoreo periférico de la

figura de apego. Estos niños suelen desplegar un afecto positivo brillante combinado con

menos afecto positivo por parte del adulto. Suelen presentar retrasos temporales en la

expresión de placer (sonrisas y risas tardías), además, el niño muestra incomodidad ante el

acercamiento parental. Sus expresiones faciales pueden ser vacías, sin foco o vagas cuando
79

el cuidador no puede observarlas. Por último, pueden sobresaltarse o mantener posiciones

corporales incómodas por mucho tiempo sin quejarse.

La regulación de los estados afectivos internos:

Al igual que los infantes evitativos, los preescolares buscan regular sus emociones casi

completamente por sus propios medios. La experiencia les ha demostrado que sus figuras de

apego no lo ayudarán a resolver los sentimientos incómodos de ansiedad y rabia y que los

despliegues de tales sentimientos solo lo llevarán a una exacerbación de los mismos (Ekman

1992). A menudo ellos logran la inhibición de los afectos negativos centrando su atención

en actividades alternativas y distractivas (Main, 1981). Algunos niños A despliegan afecto

genuino cuando sus figuras de apego no están presentes y falso afecto positivo cuando ellas

están.

A veces, los niños tipo A pueden jugar solos de manera bastante productiva y parecen

calmados y autocontenidos. Pueden parecer un poco tristes pero no se muestran sorprendidos

por estar solos ni organizan su juego para incluír a la desaparecida figura de apego. Los niños

tipo A que no están seguros, sienten pánico y se estresan bastante aunque no despliegan esas

emociones hacia la figura de apego.

Despliegue de afecto:

Tal como se describió con anterioridad, los niños tipo A intentan inhibir la expresión de su

afecto negativo pero a menudo muestran un falso afecto positivo. En estos casos, el

despliegue de afecto positivo es incompleto (Una sonrisa sin ojos sonrientes) o un poco

distorsionado (Una sonrisa torcida o media sonrisa). En ocasiones, estos niños utilizan

señales visuales o vocales ambiguas. A veces el observador no puede distinguir claramente

qué se dijo debido a dificultades de volumen o articulación, pero en momentos de menos


80

activación, el discurso del niño es enteramente claro. Otras veces, las señales no verbales son

poco claras. Obviamente, la ambigüedad es utilizada por el niño para esconder a su figura de

apego sus verdaderos sentimientos y pensamientos.

En cuanto a la rabia, este sentimiento aumenta en la medida en que aumenta el rechazo.

Algunos niños tipo A inhiben la rabia, mientras que otros la despliegan hacia los objetos.

El juego:

Los niños tipo A, a menudo utilizan los juguetes como una distracción, ya que dirigir

hacia ellos su atención durante períodos de estrés les permite regular sus sentimientos y

expresión de afecto más fácilmente. Sin embargo, su juego carece de la complejidad

simbólica e interactiva que posee el juego del niño tipo B (Crittenden, 2004)

Figuras de apego:

Las figuras de apego de los niños tipo A, tienden a ser rechazantes de la conducta de

apego innecesaria, especialmente si el niño suplica intimidad. Esto no quiere decir que son

rechazantes todo el tiempo, de hecho, ellos pueden estimular a la distancia los tipos de juego

que consideran adecuados y las formas deseadas de desempeño.

Algunas figuras de apego exhiben un falso afecto brillante que está desincronizado con el

de su hijo. Estos cuidadores se comportan como si su hijo estuviera cooperando felizmente

con ellos. Típicamente tienen hijos con un patrón de apego A inhibido.

Los padres de niños que tienen una estrategia compulsiva tienden a demandar desempeño

para exhibir afecto positivo y rechazar a sus hijos cuando estos no despliegan la conducta

esperada. (Niños A4). Otras figuras de apego de niños tipo A (A3) son no responsivas y
81

retiradas afectivamente. Estos cuidadores no logran ayudar a sus hijos a resolver desafíos y

dificultades propios de las relaciones interpersonales.

Respuesta afectiva del observador:

A menudo la respuesta afectiva al observar la interacción de un niño A con su figura de

apego es la de sentir compasión y preocupación por el “pobre niño” y rabia o frustración

hacia su figura de apego. Otros observadores, aceptan la conducta superficial y presumen que

la pseudo-felicidad de la díada es verdadera. (Crittenden, 2004)

El apego Coercitivo (Los niños con un patrón tipo C)

Los niños tipo C exhiben un afecto negativo exagerado y despliegan dos paquetes de

afecto separados. Por un lado, se muestran amenazantes y enojados e intentan coaccionar a

sus cuidadores mediante el comportamiento agresivo. Por el otro, se muestran vulnerables,

débiles y necesitados de ayuda, utilizando esos comportamientos para desarmar la rabia de

sus cuidadores. Estos pequeños, sondean el estado afectivo de los padres y luego deciden que

comportamiento desplegar. En las díadas tipo C existe una lucha subyacente que se puede

observar en la interacción.

Las figuras de apego de los niños C despliegan culpa y preocupación frente a sus hijos.

La culpa extrema en una figura de apego puede resultar en que el niño se convierta en

amenazantemente agresivo. En otras ocasiones, las figuras de apego muestran rabia frente a

la conducta agresiva de estos niños, lo cual genera en estos pequeños solicitudes

desesperanzadas de cuidado.

Algunos niños C (C1-C2) despliegan estos comportamientos frente a sus figuras de apego,

mientras que en condiciones no amenazantes o con otras personas son cooperadores y se


82

comprometen. Para otros niños tipo C (C3-C4) los problemas en la relación de apego

prevalecen en la mayoría de sus actividades y en los diferentes contextos en los que se

desenvuelven.

Los niños tipo C usan una estrategia de mantener tanta disponibilidad de la figura de

apego como sea posible, para lograr esto, limitan substancialmente la atención que le

conceden a otras actividades como la exploración y la afiliación con pares. Estos pequeños

eligen que aspecto de la realidad aceptar y disputan con otras personas si su realidad personal

o la pública dominarán la situación. En la medida en que la estrategia coercitiva es más

intensa, aumentan la distorsión de la realidad, la intensidad de la disputa con los cuidadores y

las dificultades para resolver conflictos.

La coerción en sí misma implica una conducta coordinadamente amenazante, desarmante

o sumisa para mantener a la figura de apego incapaz de predecir cómo se sentirá el niño o

como va a actuar. Esto mantiene a la figura de apego desbalanceada y constantemente

reaccionando ante el niño intentando satisfacer sus necesidades.

Los niños tipo C destacan y exageran los problemas en la relación de manera que no le

permiten a la figura de apego relajarse o atender a otras cosas.

Patrones de conducta:

En la edad preescolar, los infantes coercitivos , despliegan su rabia o desesperanza para

conseguir que sus cuidadores hagan lo que ellos desean. Ellos despliegan su resistencia

agresiva para forzar a sus padres a obedecerlos y la pasividad y desamparo para incitarlos a

rescatarlos. En ambos casos, la conducta está activamente regulada por el niño y

retroalimentada por los cuidadores.


83

Cuando se encuentran sin sus padres, muchos niños tipo C exploran más vigorosamente y

son capaces de jugar productivamente. Cuando están juntos, sus figuras de apego están

sobre-involucradas en calmarlos y protegerlos y la conducta de los pequeños se encuentra

muy activada por lo que el juego y la exploración son pobres. Otro grupo de niños tipo C

están muy preocupados por el regreso de sus padres. Algunos se muestran asustados y otros

enojados pero siempre con un nivel de activación muy alta y son incapaces de atender a nada

más. Estos niños suspenden todas las actividades hasta que sus padres regresan. Crittenden

(2004) sostiene que las figuras de apego de estos niños son bastante preocupadas de sí

mismas e inefectivas, muchas están asustadas, deprimidas y/o son abusadas por sus parejas.

En casos extremos, la conducta desarmante toma la forma de súplica. Esto ocurre cuando

el niño siente que imperiosamente que debe conseguir el apoyo de sus padres que se

muestran impenetrables a las súplicas menos intensas o despliegues de rabia. Las súplicas

pueden alternarse con rabietas y pueden ser pagadas con signos de depresión.

Regulación de los estados afectivos internos:

Los niños tipo C no pueden regular por sí mismos sus estados afectivos internos, necesitan

para ello de sus padres.

Como se mencionó anteriormente, los niños coercitivos exageran el despliegue de afecto.

Los que tienen una estrategia amenazante (aquellos que en el esquema de Crittenden tienen

una numeración impar C1 y C3) usan el afecto de manera abiertamente provocadora,

mientras que los niños desarmantes (C2 y C4) a menudo intensifican su adorabilidad a la vez

que se muestran tímidos, temerosos y mansos.

La estrategia tipo C requiere que la conducta amenazante y la desarmante sean

coordinadas basándose en la lectura del estado afectivo de las figuras de apego. Si estas se
84

muestran aplacadas, estos niños mantienen o intensifican su despliegue afectivo; por el

contrario, si los cuidadores parecen estar hartos, los niños C despliegan la conducta

desarmante. El hecho de exagerar los despliegues afectivos, tiende en sí mismo a

retroalimentarlos (Ekman, 1992).

Exploración y afiliación:

Los niños tipo C tienden a estar preocupados por sus figuras de apego lo cual puede

resultar en inhabilidad para explorar el ambiente animado o inanimado.

Algunos niños coercitivos tienden a estar muy activos y son incapaces de centrarse en una

actividad demandando un constante involucramiento de los cuidadores en un juego inmaduro.

A diferencia de los niños tipo B, los coercitivos no suelen ser recíprocos en el vínculo. Otros

niños tipo C se muestran malhumorados o desesperanzados.

En la situación extraña, muchos niños tipo C tienen dificultades para jugar cuando se

encuentran solos, pero pueden jugar de manera más atenta y madura con la extraña. En

general, los niños tipo C1 y C2 usan a la extraña para jugar mientras que los C3 y C4

activamente la excluyen o ignoran, demostrando que para ellos solo la relación con sus

cuidadores es importante.

Conducta de la figura de apego:

Las figuras de apego de niños tipo C típicamente los adulan y amenazan. Algunos incluso

los engañan o sobornan para lograr su colaboración. Esta conducta de utilizar la superioridad

cognitiva para burlar al niño es frecuente en los padres de niños tipo C y Crittenden la llama

“Cognición Falsa” ( Crittenden, 1994).


85

Estos cuidadores muchas veces ceden poder al niño y sienten culpa cuando este no se

encuentra complacido. Esto crea una inversión de roles en la relación entre el niño y el

progenitor.

Respuesta afectiva del observador:

Los observadores de niños tipo C a menudo se sienten irritados con el niño y su figura de

apego. En ocasiones, los niños desarmantes inducen sentimientos de ternura y cuidado en el

observador, pero estos usualmente desaparecen frente a la resoluta falta de voluntad del niño

para hacer algo por sí mismo. La rabia y la compasión son posibles respuestas afectivas para

niños que son agresivos o desesperanzados. Su conducta es altamente activante e

involucradora para los observadores.

Subcategorías:

Crittenden describe cuatro subcategorías de apego coercitivo en la edad preescolar y las

enumera.

La primera es C1, el niño amenazante: Estos pequeños utilizan la conducta resistente para

obtener la atención de sus padres, intentando centrarla todo el tiempo sobre ellos. Esto ocurre

especialmente si estos intentan conversar con otras personas o realizar alguna actividad que

no tiene que ver con ellos. Los niños C1 alternan la rabia y las quejas con dulzura y

establecen una continua lucha con sus cuidadores.

En segundo lugar, ella menciona al subpatrón C2, el niño desarmante: Estos niños utilizan

la conducta esquiva o de desesperanza para sobornar a sus figuras de apego a ser

complacientes con sus deseos. Dan muestras de inmadurez para elicitar cuidado más a

menudo de lo que utilizan la conducta amenazante. Alternan aparente incompetencia, torpeza,


86

timidez y dulzura, con competitividad, deseos de atención y rabia. Al igual que los niños C1,

suelen ser más productivos en sus juegos cuando sus padres no están presentes.

Generalmente, estos pequeños esperan que sus padres resuelvan sus problemas por ellos.

En tercer lugar, Crittenden coloca al subpatrón C3, el niño agresivo: Las figuras de apego

de estos niños pueden estar deprimidas, crónicamente enojadas o ser imprevisibles, pero a

diferencia de las figuras de apego de los niños tipo A, estos cuidadores parecen depender

abiertamente del afecto y atención de sus hijos. El niño capitaliza esto siendo abiertamente

agresivo cuando está molesto o frustrado. El niño C3 parece estar al borde de un estado

negativo penetrante que no es resultado de una ofensa observable. Su conflicto no está

enfocado y su resolución parece igualmente inaccesible. Suele ser abierto en cuanto a sus

deseos e intenciones y muestra también abiertamente que no cooperará. El adulto tiene la

sensación de que el niño está siempre enojado, frecuentemente es abiertamente agresivo con

sus padres y se resiste a ser confortado o tocado por ellos.

Por último, ella describe el subpatrón C4, el niño con desesperanza fingida: Estos

pequeños parecen ser completamente incompetentes y estar abrumados todo el tiempo.

Exageran las señales de desesperanza y evitan hacer cualquier cosa por sí mismos. Su timidez

y pasividad son extremas, además de indicar su necesidad de apoyo, le sirven para desarmar

la rabia del adulto. Ellos se aseguran de que su figura de apego esté consciente de su

situación. De no ocurrir esto, ellos intensifican su señal de desesperanza hasta que su figura

de apego responda. Estos pequeños abiertamente expresan las señales de estrés, pero incluso

cuando no hay amenazas evidentes, ellos permanecen hipervigilantes y demandan atención.

A menudo sus figuras de apego se encuentran complacidas ante le evidencia de que su hijo

los necesita tanto, pero no satisfacen o satisfacen poco esta necesidad. Estos cuidadores

suelen ser sobreprotectores e interfieren con la capacidad del niño para resolver sus
87

problemas y confiar en sus sensaciones. Crittenden sostiene que estos niños no perciben el

peligro, pero sus cuidadores actúan protectoramente de manera intrusiva. Como

consecuencia, el niño se preocupa de no poder discernir adecuadamente el peligro y se vuelve

temeroso.

La desesperanza de estos niños es abrumadora y no puede ser confundida. Los niños C4 la

utilizan como estrategia que demanda “rescate” por parte de la figura de apego. Evidencia de

esto, es su mayor competencia cuando no hay nadie a quién coaccionar. A diferencia de los

niños C2, los niños C4 tienen un humor temeroso que no se alivia a pesar de los esfuerzos de

los adultos por calmarlos o alegrarlos.

Indicadores conductuales de comportamiento desarmante:

Entre los indicadores comportamentales de conducta desarmante, Crittenden (2004)

ennumera: miradas de lado, esquivas, con ojos tristes, expresión facial de timidez o

vergüenza, voz infantil elevada, mostrar el abdomen, pararse como si tuviera el tobillo

quebrado y manos suplicantes como en oración. Cuando esta conducta es más intensa, el

comportamiento del niño es sumiso o de súplica, se muestra incompetente e incapaz de

resolver problemas por sí mismo.

Entre los indicadores conductuales de rabia la autora menciona que en relación a las

expresiones faciales se observa la barbilla empujada hacia adelante, cara de enojo con los

labios curvados hacia abajo, dientes al descubierto, lengua puntiaguda empujada hacia afuera

y contacto ocular sostenido y penetrante. En cuanto a la posición y el contacto corporal,

refiere manos empuñadas, puño levantado o mano que golpea e intrusiones en el espacio de

otra persona. Estos niños no respetan el espacio físico de los demás, interrumpen

conversaciones y suelen hacer trampa en los juegos ya que no soportan perder.


88

En síntesis:

Las figuras de apego de los niños con un patrón de apego tipo B Son consistentes y

previsibles, responden a la expresión de necesidad del niño, no refuerzan la conducta

coercitiva, ayudan al niño a modular sus emociones y a integrar la información afectiva y la

cognitiva. El niño con patrón de apego tipo B es un niño típicamente colaborador, es capaz

de usar información cognitiva y emocional, puede negociar sus planes e intenciones con sus

figuras de apego y es capaz de recurrir a ellas cuando lo necesita. El resto del tiempo juega

y explora el ambiente.

El niño con un patrón de apego B1-2 puede parecer algo inhibido pero recurre a la figura

de apego cuando lo necesita. El niño con un patrón de apego B3 disfruta plenamente del

vínculo. El niño con un patrón de apego de tipo B4 expresa abiertamente sus emociones,

pero necesita más ayuda que otros niños B para autorregularse. Aun así confía en la

capacidad de sus cuidadores para hacerlo.

Las figuras de apego de los niños con un patrón de apego tipo A1-A2 son protectoras

pero no cálidas, rechazan el afecto negativo innecesario, pero lo permiten cuando el niño

se lastima o la tristeza es por una causa justificada. Ellos responden con algo de apoyo frente

a una necesidad real . Son cuidadores que valoran el logro y el rendimiento. Las figuras de

apego de los niños A2 suelen desplegar falso afecto brillante desincronizado con el de su

hijo. A diferencia de éstos, las figuras de apego de los niños con un patrón de apego A3 y A4

no son sustentadores. Estos cuidadores condicionan el afecto y demandan desempeño en sus

hijos. Algunos castigan severamente al niño y otros lo descuidan y ponen en riesgo. El

cuidador del niño con un patrón de apego tipo A3 es un padre retirado y no responsivo, suele

ser una persona que está deprimida, enferma, en duelo o con algún trastorno psiquiátrico. En

cambio, la figura de apego del niño con un patrón A4- es hostil o no responsivo, usa el amor
89

contingentemente, es decir, para premiarlo o castigarlo y es altamente insensible frente al

sufrimiento del niño.

El niño tipo A1-A2 inhibe hacer las cosas “equivocadas” y puede mostrar una alegría

falsificada en ocasiones. En cambio, el niño A3-A4 además de inhibir hacer las cosas

equivocadas, exhibe la conducta “correcta” desde la perspectiva del otro. Se anticipa a las

expectativas del otro. En lugar de explorar y jugar está todo el tiempo atento a las

necesidades y expectativas del cuidador.

El niño con un patrón de apego A3 “cuida” de sus padres. Y el niño con un patrón de

apego A4 es excesivamente limpio y prolijo e hiperobediente.

Las figuras de apego de los niños con un patrón de patrón de apego tipo C típicamente son

inconsistentes, utilizan el engaño y la cognición falsa y ceden poder al niño sintiendo culpa

si éste no está complacido.

Cuando la estrategia es severa, tipo C3/C4 la figura de apego actúa como si dependiera

del afecto y atención de su hijo. El niño capitaliza esto mostrándose abiertamente agresivo

cuando está frustrado y encantadoramente cálido cuando intenta imponer algo a su figura de

apego. Estos cuidadores entablan una lucha con el niño tratando de mostrar autoridad delante

de otros.

Los niños con un patrón de apego tipo C1-C2 son cooperadores bajo condiciones no

amenazantes o con otras personas que no sean sus padres.

El niño con un patrón de apego C1 es Amenazante: Su conducta hostil no es tan abierta.

Es ruidoso y desordenado.

El niño con un patrón de apego tipo C2 es un niño encantador en el que prevalece la

conducta desarmante y encantadora.


90

En los niños con un patrón de apego tipo C3-C4 los problemas de apego prevalecen en

todas sus relaciones.

El niño con un patrón de apego C3 es abiertamente agresivo, ruidoso y desconsiderado.

El niño con un patrón de apego C4 es sumiso y se comporta como si fuera incompetente.

Apego y problemas de conducta:

Los estudios sobre apego y problemas de conducta, muestran que el apego seguro actuaría

como protector, factor de resiliencia en un medio de alto riesgo y que la inseguridad en el

apego contribuiría fuertemente a la presentación de los problemas de conducta. (Sroufe y

cols, 1990).

Estos autores sostienen que los niños con un trastorno negativista desafiante presentan de

forma significativa un apego inseguro tanto a la figura paterna como materna.

Greenberg y cols (1991) estudiaron algunos factores asociados al trastorno negativista

desafiante en niños en edad escolar encontrando cuatro dimensiones que predicen, según su

investigación, este trastorno: el temperamento difícil, estrategias educativas parentales, la

adversidad familiar y el apego inseguro. Ninguna de ellas aisladamente sirven como

predictores de riesgo. Cuando un niño presenta al menos dos o más de estos factores de

riesgo se incrementaría en 34 veces más la probabilidad de presentar un TND.

En cuanto a las prácticas parentales, ante todo serían la ambigüedad y la permisividad, los

aspectos educativos que más importancia adquieren en la etiopatogenia de los trastornos de

conducta. Para Stormshark y cols (2000) la conducta oposicionista, agresiva e hiperactiva, se

asociaría a actitudes parentales específicas. Todos los trastornos de conducta se asociarían a

un tipo punitivo de interacción entre padres e hijos, las relaciones poco afectivas o calurosas
91

se asociarían a los trastornos de oposición y desafiantes y las conductas agresivas, a su vez, se

asociarían con conductas agresivas en los padres.

El modelo dinámico maduracional del apego, integra los aportes de los distintos teóricos

del apego y se focaliza en la finalidad de la conducta, es decir, ¿“Para qué” el niño hace lo

que hace?, ¿Qué pretende generar en su cuidador? Este es un aporte que Crittenden toma de

Mary Ainsworth. Asimismo, toma de Bowlby la importancia del vínculo de apego para la

supervivencia física y el desarrollo emocional del niño y los aportes de las últimas

investigaciones en neurociencias y ciencias de la conducta. Los mencionados son los

indicadores que se tuvieron en cuenta para llevar a cabo la observación sistemática y el

análisis de los datos en este trabajo.

A continuación se presenta el apartado empírico de la tesis


92

Apartado empírico
93

METODOLOGÍA

Para realizar esta tesis se utilizó un enfoque cuanti-cualitativo. Se trabajó en la

observación y filmación de 40 díadas en una cámara Gessel, según el procedimiento de la

situación extraña adaptada por Patricia Crittenden para Preescolares: Pre-School Assessment

of attachment (2004). Esta evaluación permite clasificar patrones de apego basándose en el

modelo dinámico maduracional del apego (1992) y observar las conductas de la díada,

especialmente aquellas no verbales, en la interacción.

Diseño:

Esta tesis constituye un estudio cuasi-experimental, la muestra seleccionada se caracterizó

por ser intencional. El alcance del estudio fue descriptivo y transversal. (Roberto Hernández

Sampieri, Carlos Fernández Collado, Pilar Baptista Lucio, 2003)

En relación con el estatus epistémico-cognitivo del tema de tesis y del problema de

investigación, ubicamos el tema de tesis en la situación de problema 2 o de hipótesis de

trabajo. En esta situación se incluyen los estudios en los que existe modelaje teórico de los

datos, pero falta constatación empírica de los mismos. La estrategia de evaluación

sistemática es la que aplica al tema y problema de tesis planteado (López Alonso, 2006)

Población y muestra:

Para llevar a cabo este estudio comparativo se evaluaron 40 díadas. El grupo experimental

estaba formado por 20 niños de 5 años de edad que tenían un diagnóstico de TND y sus

madres, y el grupo control por 20 niños de 5 años de edad con un patrón de apego seguro y

sus madres. El muestreo fue no probabilístico ya que los sujetos con TND fueron
94

seleccionados intencionalmente entre pacientes que concurrían a consultorios psicológicos

privados.

La totalidad de los sujetos pertenecían a una clase social media-alta y concurrían a

jardines de infantes privados de la ciudad de Bahía Blanca.

Procedimientos:

Antes de comenzar con el relevamiento de los datos, se solicitó la firma del

consentimiento informado de cada participante; en el mismo se explicaban brevemente el tipo

de estudio y los procedimientos a seguir.

Con el fin de contar con un registro de las conductas realizadas por cada díada, se

procedió a filmar las sesiones. Las filmaciones se realizaron en el marco de un consultorio

particular en el que se construyó una cámara Gesell y se instaló una filmadora inalámbrica

marca P2P IP Camera para poder monitorear de cerca las expresiones faciales, posturas y la

comunicación de los niños y sus madres, su tono de voz, volumen, pausas en la

comunicación, etc.

Luego de realizar las filmaciones se administró a las madres un cuestionario de estilo

parental con el fin de explorar su estado de salud y se registró la historia de los aspectos

emocionales desde el embarazo hasta la actualidad, las prácticas de cuidado infantil, la

expresión de los afectos, la capacidad de regular los mismos y las prácticas disciplinarias.
95

Las variables involucradas son las siguientes:

Variables definición instrumento/operacionalización nivel de


medición

Sexo (del niño) Sexo Encuesta sociodemográfica Nominal

informado

Presencia de Según lo Encuesta sociodemográfica Nominal

ambos padres informado

en el hogar

Problemas Estado de Cuestionario de estilo parental Nominal

significativos salud de la

de salud de la madre durante

madre en el el embarazo y

embarazo y los primeros

luego del meses de vida

nacimiento del niño


96

Presencia de Estado Cuestionario de Nominal

psicopatología en la psicológico de la estilo parental

madre durante el madre durante el

embarazo y embarazo y

primeros años de primeros años del

vida niño

Consistencia en Grado de acuerdo Cuestionario de Nominal

normas y valores entre los padres estilo parental

Fortaleza del Calidad del Cuestionario de Nominal

vínculo entre los vínculo parental estilo parental

padres

Satisfacción en el Afecto positivo en Cuestionario de Nominal

vínculo con el niño el vínculo con el estilo parental

niño

Culpa o frustración Presencia de Cuestionario de Nominal

en el vínculo con el afectos negativos estilo parental

niño en el vínculo

Capacidad de Posibilidad de Cuestionario de Nominal

autorregulación de regular los propios estilo parental

la madre afectos

Capacidad de la Capacidad de la Cuestionario de Nominal

madre para regular madre de modular estilo parental y

los afectos del niño


97

los estados observación en

internos del niño PAA

Capacidad de la Capacidad de la Cuestionario de Nominal

madre de poner madre de regular estilo parental y

límites mediante la la conducta del observación en

palabra y de manera niño PAA

adecuada

Estilo de apego Patrón estratégico Observación en Nominal

de conducta PAA

Criterios de inclusión y exclusión del grupo experimental:

A continuación se detallan los criterios de inclusión y exclusión para la conformación de

cada grupo en el estudio.

Criterios de inclusión:

• Niños de 5 años de la ciudad de Bahía Blanca

• Niños de ambos sexos

• Niños que asisten a jardín de infantes

• Niños que han sido diagnosticados con TND

Criterios de exclusión:

• Niños que presentan comorbilidad con trastornos del espectro autista


98

• Niños que presentan comorbilidad con trastorno por déficit de atención con

hiperactividad

• Niños con Síndrome de Down

• Niños que presentan trastornos psicóticos

Criterios de inclusión y exclusión del grupo control:

Criterios de inclusión:

• Niños de 5 años de la ciudad de Bahía Blanca

• Niños de ambos sexos

• Niños que asisten a jardín de infantes

• Niños con apego seguro

Criterios de exclusión:

• Niños que presentan comorbilidad con trastornos del espectro autista

• Niños que presentan comorbilidad con trastorno por déficit de atención con

hiperactividad

• Niños con Síndrome de Down

• Niños que presentan trastornos psicóticos

Instrumentos:

Para evaluar los niños y sus madres se utilizó la evaluación pre-school assessment of

attachment que es el sistema de evaluación que desarrolló Patricia Crittenden. Este

instrumento está basado en el modelo dinámico maduracional del apego y permite al

codificador asignar una estrategia autoprotectora a un niño en relación con una figura de
99

apego específica. Esta estrategia es construida interpersonalmente en esa díada y es

específica a esa relación particular. (Crittenden, 2004)

Por otro lado, se construyó un cuestionario de estilo parental basado en la teoría del

modelo dinámico maduracional teniéndose en cuenta los indicadores comportamentales que

postula dicho modelo explicitado anteriormente.

Construcción del instrumento:

El cuestionario consta de una parte en la que se relevan datos sociodemográficos y de 36

preguntas con dos opciones de respuesta si- no para cada una de ellas. En la construcción

del mismo se tuvieron en cuenta las siguientes variables: composición del grupo familiar,

estado de salud de la madre durante el embarazo, estado de salud de la madre en los primeros

meses de vida del niño, estado de salud de la madre y del padre en la actualidad, presencia de

problemas emocionales en la madre en el embarazo, presencia de problemas emocionales en

la madre en los primeros meses de vida, presencia de problemas emocionales en la madre y el

padre en la actualidad, presencia de problemas familiares que obligaron a que el niño quedara

a cargo de otras personas en los primeros 12 meses de vida, presencia de dificultades para

amamantar al bebé, presencia de enfermedades significativas del niño en los primeros 24

meses de vida, fortalecimiento del vínculo entre ambos padres luego del nacimiento del niño,

presencia de cansancio o falta de energía cuando la madre está a cargo del niño, posibilidad

de la madre de calmar los estados de tristeza, enojo y miedo en el niño, capacidad de la madre

de autorregularse frente a los estados de tristeza y enojo del niño y al despliegue de mala

conducta, utilización de tablets, computadoras o celulares por parte del niño cuando la madre

no puede ocuparse de él, permisividad en la madre, capacidad para poner límites de manera

calma y mediante la palabra, acuerdo en ambos padres en cuanto a valores y normas a


100

transmitir al niño, mantenimiento de las penitencias impuestas por ambos padres, satisfacción

en la madre por el vínculo que tiene con el hijo, presencia de culpa o tristeza en la madre por

no poder satisfacer al niño o por retarlo tanto, dedicación de al menos dos horas de atención

exclusiva al niño, y por último exploración de normas disciplinarias utilizadas.

Prueba piloto:

Con el propósito de poner a prueba las expresiones idiomáticas del cuestionario generado,

se realizó una prueba piloto del instrumento confeccionado en el que se aplicó el cuestionario

de estilo parental a 30 madres que no participaron de la investigación. Estas contaban con

similares características en edad, socioeducativas y económicas , y al no haber presentado

dificultades, se decidió no realizar ningún cambio.

ANÁLISIS DE LOS DATOS

A continuación se presentan los resultados descriptivos globales obtenidos de cada grupo

para cada uno de los ítems relevados, tanto su valor absoluto como el porcentaje

correspondiente. Se acompaña cada tabla con su gráfico


101

Resultados globales

Presentación de datos:

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Vive con No 7 3 10
ambos padres 35,0% 15,0% 25,0%
Si 13 17 30
65,0% 85,0% 75,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Vive con ambos padres


102

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Vive sólo No 13 17 30
con la 65,0% 85,0% 75,0%
madre Si 7 3 10
35,0% 15,0% 25,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Vive sólo con la madre


103

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Tiene No 8 8 16
hermanos 40,0% 40,0% 40,0%
Si 12 12 24
60,0% 60,0% 60,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

12
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

10

8
Recuento

0
No Si

Tiene hermanos
104

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Vive con uno No 18 20 38
o más 90,0% 100,0% 95,0%
abuelos Si 2 0 2
10,0% ,0% 5,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Vive con uno o más abuelos


105

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Uno o ambos No 8 8 16
padres 40,0% 40,0% 40,0%
profesionales Si 12 12 24
60,0% 60,0% 60,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

12
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

10

8
Recuento

0
No Si

Uno o ambos padres profesionales


106

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Más de 4 hs diarias a No 7 8 15
cargo de otras 35,0% 40,0% 37,5%
personas Si 13 12 25
65,0% 60,0% 62,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno
12,5

10,0
Recuento

7,5

5,0

2,5

0,0
No Si

Más de 4 hs diarias a cargo de otras personas


107

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre presentó No 17 20 37
complicaciones de 85,0% 100,0% 92,5%
salud en el Si 3 0 3
embarazo 15,0% ,0% 7,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre presentó complicaciones de salud en el


embarazo
108

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre presentó No 13 19 32
problemas 65,0% 95,0% 80,0%
emocionales en el Si 7 1 8
embarazo 35,0% 5,0% 20,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre presentó problemas emocionales en el


embarazo
109

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre presentó No 17 20 37
problemas de 85,0% 100,0% 92,5%
salud Si 3 0 3
significativos
luego del 15,0% ,0% 7,5%
nacimiento
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre presentó problemas de salud significativos


luego del nacimiento
110

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre tuvo No 6 20 26
problemas para 30,0% 100,0% 65,0%
amamantar al niño Si 14 0 14
70,0% ,0% 35,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre tuvo problemas para amamantar al niño


111

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Estuvo a cargo de No 18 20 38
otras personas 90,0% 100,0% 95,0%
durante los primeros Si 2 0 2
meses de vida 10,0% ,0% 5,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Estuvo a cargo de otras personas durante los primeros


meses de vida
112

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
El niño tuvo No 15 18 33
problemas de salud 75,0% 90,0% 82,5%
significativos en los Si 5 2 7
primeros meses de
25,0% 10,0% 17,5%
vida
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

El niño tuvo problemas de salud significativos en los


primeros meses de vida
113

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La relación entre No 17 4 21
los padres se 85,0% 20,0% 52,5%
fortaleció luego Si 3 16 19
del nacimiento 15,0% 80,0% 47,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La relación entre los padres se fortaleció luego del


nacimiento
114

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre se siente No 4 15 19
cansada y con 20,0% 75,0% 47,5%
poca energía Si 16 5 21
cuando está a
80,0% 25,0% 52,5%
cargo del niño
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre se siente cansada y con poca energía cuando


está a cargo del niño
115

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
El padre del niño No 18 19 37
presenta 90,0% 95,0% 92,5%
problemas Si 2 1 3
emocionales que
10,0% 5,0% 7,5%
lo limitan
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

El padre del niño presenta problemas emocionales que


lo limitan
116

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre del niño No 10 20 30
presenta 52,6% 100,0% 76,9%
problemas Si 9 0 9
emocionales que
47,4% ,0% 23,1%
la limitan
Total 19 20 39
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre del niño presenta problemas emocionales que


la limitan
117

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Alguno de los No 16 19 35
padres está 80,0% 95,0% 87,5%
limitado por un Si 4 1 5
problema de salud
20,0% 5,0% 12,5%
actualmente
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Alguno de los padres está limitado por un problema de


salud actualmente
118

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre No 8 1 9
reacciona con 40,0% 5,0% 22,5%
calma cuando el Si 12 19 31
niño se lastima 60,0% 95,0% 77,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre reacciona con calma cuando el niño se lastima


119

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre puede No 14 0 14
mantenerse tranquila 70,0% ,0% 35,0%
cuando el niño se Si 6 20 26
angustia o tiene
30,0% 100,0% 65,0%
miedo
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre puede mantenerse tranquila cuando el niño se


angustia o tiene miedo
120

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Los padres le prestan No 4 6 10
el celular, tablet o 20,0% 30,0% 25,0%
computadora cuando Si 16 14 30
no pueden encargarse
80,0% 70,0% 75,0%
de él
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Los padres le prestan el celular, tablet o computadora


cuando no pueden encargarse de él
121

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre se No 8 18 26
considera permisiva 40,0% 90,0% 65,0%
Si 12 2 14
60,0% 10,0% 35,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre se considera permisiva


122

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre puede poner No 15 4 19
límites de manera 75,0% 20,0% 47,5%
calma mediante la Si 5 16 21
palabra 25,0% 80,0% 52,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre puede poner límites de manera calma mediante


la palabra
123

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Ambos padres No 13 3 16
respetan las 65,0% 15,0% 40,0%
penitencias impuestas Si 7 17 24
al niño 35,0% 85,0% 60,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Ambos padres respetan las penitencias impuestas al niño


124

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre pierde la No 3 20 23
paciencia cuando 15,0% 100,0% 57,5%
el niño Si 17 0 17
desobedece o se
85,0% ,0% 42,5%
porta mal
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre pierde la paciencia cuando el niño desobedece


o se porta mal
125

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Ambos padres están No 11 3 14
de acuerdo en 55,0% 15,0% 35,0%
cuanto a castigos y Si 9 17 26
valores a transmitir
45,0% 85,0% 65,0%
al niño
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15

10
Recuento

0
No Si
Ambos padres están de acuerdo en cuanto a castigos y
valores a transmitir al niño
126

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
Los padres se apoyan No 10 2 12
mutuamente en la 50,0% 10,0% 30,0%
crianza Si 10 18 28
50,0% 90,0% 70,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

Los padres se apoyan mutuamente en la crianza


127

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
El vínculo se torna No 1 17 18
difícil a la hora de 5,0% 85,0% 45,0%
convencer al niño de Si 19 3 22
hacer algo que no
95,0% 15,0% 55,0%
quiere
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

El vínculo se torna difícil a la hora de convencer al niño


de hacer algo que no quiere
128

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre está No 13 0 13
conforme con la 65,0% ,0% 32,5%
relación que tiene con Si 7 20 27
el hijo 35,0% 100,0% 67,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre está conforme con la relación que tiene con el


hijo
129

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre siente No 12 12 24
culpa por no estar 60,0% 60,0% 60,0%
suficiente tiempo Si 8 8 16
con el hijo 40,0% 40,0% 40,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

12 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

10

8
Recuento

0
No Si

La madre siente culpa por no estar suficiente tiempo con


el hijo
130

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre se No 3 19 22
entristece de retarlo 15,0% 95,0% 55,0%
tanto Si 17 1 18
85,0% 5,0% 45,0%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20
Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre se entristece de retarlo tanto


131

Tabla de contingencia

Grupo
Con Sin
transtorno Transtorno Total
La madre se pone No 3 20 23
mal por no poder 15,0% 100,0% 57,5%
manejar la conducta Si 17 0 17
del niño 85,0% ,0% 42,5%
Total 20 20 40
100,0% 100,0% 100,0%

Gráfico de barras

20 Grupo
Con transtorno
Sin Transtorno

15
Recuento

10

0
No Si

La madre se pone mal por no poder manejar la conducta


del niño
132

Hasta aquí se presentaron los porcentajes de respuesta a cada pregunta del cuestionario

dispuestos en tablas de contingencia acompañadas de sus correspondientes gráficos. A

continuación se presenta una tabla en la que figuran los resultados de las pruebas de

diferencias de proporciones entre los dos grupos llevadas a cabo para cada item del

cuestionario.

Como se podrá observar, los items que presentaron diferencias estadísticamente

significativas fueron:

Item Significación

Vive con ambos padres Ns

Vive sólo con la madre Ns

Tiene hermanos Ns

Vive con uno o más abuelos Ns

Uno o ambos padres profesionales Ns


133

Más de 4 hs diarias a cargo de otras personas Ns

La madre presentó complicaciones de salud en el embarazo **

La madre presentó problemas emocionales en el embarazo *

La madre presentó problemas de salud significativos luego del


***
nacimiento

La madre tuvo problemas para amamantar al niño ***

Estuvo a cargo de otras personas durante los primeros meses de


Ns
vida

El niño tuvo problemas de salud significativos en los primeros


Ns
meses de vida

La relación entre los padres se fortaleció luego del nacimiento ***

La madre se siente cansada y con poca energía cuando está a


***
cargo del niño

El padre del niño presenta problemas emocionales que lo


Ns
limitan

La madre del niño presenta problemas emocionales que la


***
limitan
134

El padre está limitado por un problema de salud en la actualidad Ns

La madre puede mantenerse tranquila cuando el niño se


**
angustia o tiene miedo

Los padres le prestan el celular cuando no pueden encargarse de


Ns
él

La madre se considera permisiva ***

La madre puede poner límites de manera calma mediante la


***
palabra

Ambos padres respetan las penitencias impuestas al niño ***

La madre pierde la paciencia cuando el niño desobedece o se


***
porta mal

Ambos padres están de acuerdo en cuanto a castigos y valores a


**
transmitir al niño

Los padres se apoyan mutuamente en la crianza ***

El vínculo se torna difícil a la hora de convencer al niño de


***
hacer algo que no quiere

La madre está conforme con la relación que tiene con el hijo ***
135

La madre siente culpa por no estar suficiente tiempo con el hijo Ns

La madre se entristece de retarlo tanto ***

La madre se pone mal por no poder manejar la conducta del


***
niño

La madre dedica al menos dos horas diarias de atención


**
exclusiva al hijo

La madre navega en internet o chatea con el celular mientras


Ns
pasa tiempo con el niño

La madre disfruta compartir las actividades propuestas por el


**
niño

La madre puede calmarse y pensar en frío cuando algo la afecta ***

La madre tiende a enojarse con facilidad **

La madre le grita al niño cuando no le hace caso ***

La madre no le dirige la palabra al niño cuando no le hace caso ***

La madre le pega cuando no hace caso **


136

La madre se descontrola y lo insulta cuando se porta mal **

La madre siente impotencia o llora cuando siente que no puede


***
manejar al niño

*p<0,05 ** p<0,01 *** p<0,001 , ns (no significativo)

A continuación, se presentarán los resultados de las observaciones sistemáticas en

cámara Gessell. Los mismos se basan en las clasificaciones de Crittenden detalladas

anteriormente, en las que A1-A2 corresponden al patrón de apego Evitativo inhibido, en el

que hay inhibición de la expresión del afecto negativo en presencia del adulto; A3

corresponde al patrón cuidador compulsivo, en el que además de inhibición de afectos

negativos en presencia del cuidador se despliega un falso afecto positivo y se busca activar a

la figura de apego cuidando de ella. Dentro del grupo de niños que tienen un apego seguro,

se encontró el patrón B1-2, que corresponde al patrón de apego reservado, este niño puede

parecer algo inhibido pero recurre a la figura de apego cuando lo necesita; el patrón de apego

B3 es el que Crittenden menciona como cómodo, este pequeño disfruta plenamente del

vínculo y el patrón de tipo B4, este niño, expresa abiertamente sus emociones, pero necesita

más ayuda que otros niños B para autorregularse. Por último, dentro del patrón de apego

coercitivo, el patrón C1 corresponde al niño intimidante, que presenta conductas agresivas y

desafiantes sólo en presencia de los cuidadores; el patrón C2 corresponde al niño que

presenta un predominio de conducta desarmante y se muestra desvalido e incapaz delante de

sus figuras de apego; por último, el patrón C3 hace referencia al niño agresivo, que despliega

sus conductas negativistas y desafiantes en todo los ambientes.


137

A continuación se presenta una tabla que muestra los patrones de apego que se

encontraron en el grupo de niños con TND y en el grupo control

Patrones de apego en la edad Grupo con TND Grupo Control


preescolar

A1 1 -

A1-2 3 -

A3 - -

A4 - -

B1-2…. - 8

B3 - 4

B4-B5 - 8

C1 7 -

C2 2 -

C3 5 -

C4 - -
138

Indicadores presentes en cada estilo de apego observado

Interrumpe a los adultos y Estilo de apego

Recuento
Interrumpe a los
adultos
No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 1 2 3
apego A3 2 0 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 3 4 7
C2 0 2 2
C3 1 4 5
Total 7 33 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Interrumpe a los adultos


139

Irrumpe en el espacio físico de la madre y Estilo de apego

Recuento
Irrumpe en el
espacio físico de la
madre
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 2 1 3
apego A3 2 0 2
B1-2 1 7 8
B3 1 3 4
B4-5 1 7 8
C1 6 1 7
C2 1 1 2
C3 3 2 5
Total 18 22 40

Gráfico de barras

Estilo de apego
A1-2
A2
A3
6
B1-2
B3
B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Irrumpe en el espacio físico de la madre


140

Levanta la voz y Estilo de apego

Recuento
Levanta la voz
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 0 3 3
apego A3 0 2 2
B1-2 7 1 8
B3 4 0 4
B4-5 7 1 8
C1 2 5 7
C2 1 1 2
C3 1 4 5
Total 23 17 40

Gráfico de barras

Estilo de apego
A1-2
A2
A3
6
B1-2
B3
B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Levanta la voz
141

Desobedece una orden y Estilo de apego

Recuento
Desobedece una
orden
No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 1 2 3
apego A3 0 2 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 6 2 8
C1 0 7 7
C2 0 2 2
C3 0 5 5
Total 19 21 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Desobedece una orden


142

Abre la puerta para buscar a la madre y Estilo de apego

Recuento
Abre la puerta para
buscar a la madre
No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 3 0 3
apego A3 2 0 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 4 3 7
C2 1 1 2
C3 4 1 5
Total 34 6 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Abre la puerta para buscar a la madre


143

Golpea los juguetes y Estilo de apego

Recuento
Golpea los juguetes
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego A3 1 1 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 3 4 7
C2 1 1 2
C3 0 5 5
Total 27 13 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Golpea los juguetes


144

Recurre a la extraña en busca de información y Estilo de apego

Recuento
Recurre a la extraña
en busca de
información

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego A3 1 1 2
B1-2 1 7 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 5 2 7
C2 1 1 2
C3 4 1 5
Total 14 26 40

Gráfico de barras

Estilo de apego
Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Juega interactuando con la madre

Recurre a la extraña en busca de información


145

Se observa reciprocidad madre-hijo en miradas y sonrisas y Estilo de apego

Recuento
Se observa
reciprocidad madre-
hijo en miradas y
sonrisas

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego A3 2 0 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 3 4 7
C2 1 1 2
C3 0 5 5
Total 8 32 40

Gráfico de barras

9
Estilo de apego
8
A1-2
7
A2
6 A3
B1-2
5
B3
4 B4-5
C1
3
C2
2 C3

0
No Si

Se observa reciprocidad madre-hijo en miradas y sonrisas


146

Juega interactuando con la madre y Estilo de apego

Recuento
Juega interactuando
con la madre
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 2 1 3
apego A3 0 2 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 6 1 7
C2 1 1 2
C3 3 2 5
Total 13 27 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Juega interactuando con la madre


147

Juega con la extraña y Estilo de apego

Recuento
Juega con la extraña
No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 0 3 3
apego A3 1 1 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 1 6 7
C2 0 2 2
C3 4 1 5
Total 6 34 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Juega con la extraña


148

Establece más confianza con la extraña que con la madre y Estilo de apego

Recuento
Establece más
confianza con la
extraña que con la
madre

No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 0 3 3
apego A3 1 1 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 6 1 7
C2 2 0 2
C3 5 0 5
Total 34 6 40

Gráfico de barras

8
Estilo de apego
A1-2
A2
A3
B1-2
B3
6 B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Establece más confianza con la extraña que con la madre


149

Se activa en las salidas de la madre y Estilo de apego

Recuento
Se activa en las
salidas de la madre
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 3 0 3
apego A3 1 1 2
B1-2 7 1 8
B3 4 0 4
B4-5 5 3 8
C1 4 3 7
C2 0 2 2
C3 0 5 5
Total 25 15 40

Gráfico de barras

Estilo de apego
A1-2
A2
A3
6
B1-2
B3
B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Se activa en las salidas de la madre


150

Recurre a la madre en busca de información y Estilo de apego

Recuento
Recurre a la madre
en busca de
información
No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 3 0 3
apego A3 1 1 2
B1-2 1 7 8
B3 0 4 4
B4-5 1 7 8
C1 5 2 7
C2 1 1 2
C3 4 1 5
Total 17 23 40

Gráfico de barras

Estilo de apego
A1-2
A2
A3
6
B1-2
B3
B4-5
C1
C2
C3
Recuento

0
No Si

Recurre a la madre en busca de información


151

Indicadores presentes en la madre según el estilo de apego observado

Mantiene la atención centrada en el niño y Estilo de apego

Mantiene la atención
centrada en el niño

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 3 0 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 5 2 7
C2 1 1 2
C3 4 1 5
Total 15 25 40

Gráfico de barras

8
A1-2
7
A2
6
A3
5 B1-2

4 B3
B4-5
3
C1
2 C2

1 C3

0
No Si

Mantiene la atención centrada en el hijo


152

Nivel de activación bajo y Estilo de apego

Nivel de activación bajo

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 3 0 3
apego
A3 0 2 2
B1-2 5 3 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 5 2 7
C2 0 2 2
C3 1 4 5
Total 27 13 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3 C1
C2
2
C3
1

0
No Si

Nivel de activación bajo


153

Levanta la voz al niño y Estilo de apego

Levanta la voz al niño

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 0 3 3
apego
A3 2 0 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 4 3 7
C2 2 0 2
C3 2 3 5
Total 31 9 40

Gráfico de barras

7
A1-2
6 A2
A3
5
B1-2

4 B3
B4-5
3
C1

2 C2
C3
1

0
No Si

Levanta la voz al niño


154

Indicios de no responsividad y Estilo de apego

Indicios de no
responsividad

No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 1 2 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 8 0 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 5 2 7
C2 0 2 2
C3 1 4 5
Total 28 12 40

Gráfico de barras

7
A1-2
6 A2
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
C1
3
C2
2 C3

0
No Si

Indicios de no responsividad
155

Censura las conductas inadecuadas y Estilo de apego

Censura las conductas


inadecuadas

No Si Total
Estilo A1-2 0 1 1
de A2 1 2 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 6 2 8
B3 4 0 4
B4-5 0 8 8
C1 4 3 7
C2 2 0 2
C3 3 2 5
Total 21 19 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3
C1

2 C2
C3
1

0
No Si

Censura las conductas inadecuadas


156

Sonríe al niño y Estilo de apego

Sonríe al niño

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 2 1 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 2 6 8
B3 0 4 4
B4-5 1 7 8
C1 4 3 7
C2 1 1 2
C3 2 3 5
Total 14 26 40

Gráfico de barras

A1-2
6
A2
5 A3
B1-2
4
B3

3 B4-5
C1
2 C2
C3
1

0
No Si

Sonríe al niño
157

Se focaliza más en la extraña que en el niño y Estilo de apego

Se focaliza más en la
extraña que en el niño

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 7 1 8
B3 4 0 4
B4-5 7 1 8
C1 3 4 7
C2 0 2 2
C3 1 4 5
Total 25 15 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3 C1

2 C2
C3
1

0
No Si

Se focaliza más en la extraña que en el niño


158

Se preocupa por el estado en que el niño deja el consultorio y Estilo de apego

Se preocupa por el
estado en que el niño
deja el consultorio

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 2 1 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 2 6 8
B3 3 1 4
B4-5 3 5 8
C1 6 1 7
C2 1 1 2
C3 3 2 5
Total 22 18 40

Gráfico de barras

6
A1-2
5 A2
A3
4 B1-2
B3
3
B4-5

2 C1
C2
1 C3

0
No Si

Se preocupa por el modo en que el niño deja el consultorio


159

Avisa al niño antes de las salidas y Estilo de apego

Avisa al niño antes de


las salidas

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 3 0 3
apego
A3 2 0 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 6 1 7
C2 2 0 2
C3 4 1 5
Total 18 22 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3
C1
2 C2
C3
1

0
No Si

Avisa al niño antes de las salidas


160

Se acerca al niño al regresar y Estilo de apego

Se acerca al niño al
regresar

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 6 1 7
C2 0 2 2
C3 3 2 5
Total 12 28 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3
C1
2 C2
C3
1

0
No Si

Se acerca al niño al regresar


161

Juega con el niño y Estilo de apego

Juega con el niño

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego
A3 1 1 2
B1-2 0 8 8
B3 0 4 4
B4-5 0 8 8
C1 5 2 7
C2 2 0 2
C3 3 2 5
Total 13 27 40

Gráfico de barras

7
A1-2

6 A2
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3 C1
C2
2
C3

0
No Si

Juega con el niño


162

Juego paralelo y Estilo de apego

Juego paralelo

No Si Total
Estilo A1-2 1 0 1
de A2 1 2 3
apego
A3 2 0 2
B1-2 7 1 8
B3 4 0 4
B4-5 8 0 8
C1 4 3 7
C2 1 1 2
C3 3 2 5
Total 31 9 40

Gráfico de barras

7 A1-2
A2
6
A3
5 B1-2
B3
4
B4-5
3 C1
C2
2
C3
1

0
No Si

Juego paralelo
163

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

Resultados cuantitativos según objetivos

En cuanto a la caracterización del ambiente familiar, se obtuvieron los siguientes resultados

en las preguntas que lo exploran:

Vive con ambos padres:

El 35% de los niños con TND vive solo con la madre mientras que sólo el 15 % de los

niños sin TND lo hace, eso indicaría que la presencia de ambos padres favorece el

establecimiento de un apego seguro tal como lo sostenía Bowlby (1980)

Tiene Hermanos:

En ambos grupos encontramos un 60% de niños con hermanos y un 40% de niños que no

los tienen, no habría diferencias significativas entre los grupos en relación a esta pregunta.

Vive con uno o más abuelos:

En el grupo de niños con TND un 10% vive con los abuelos y en el grupo de niños sin el

trastorno ninguno de ellos. La diferencia entre ambos grupos no sería significativa.

Estuvo a cargo de otras personas que no fueron los padres durante los primeros meses de

vida:

Esto sólo ocurrió en un 10% de los casos de niños con TND que tuvieron que ser cuidados

por sus abuelos porque sus madres estaban enfermas.


164

Uno o ambos padres profesionales:

En el grupo con TND un 60% de los padres son profesionales y en el grupo de niños sin

trastorno el mismo porcentaje. No se encuentran diferencias entre los grupos.

El niño pasa más de cuatro horas diarias a cargo de otras personas que no son los padres:

En el grupo de niños con TND un 65% pasa más de 4 hs. diarias a cargo de otros adultos

que no son los padres, mientras que en el grupo de niños sin trastorno el porcentaje es de

60%. Es decir, este no parece ser un factor relacionado al TND.

Los padres se apoyan mutuamente en la crianza:

Sólo el 50% de las madres del grupo de niños con el trastorno respondieron

afirmativamente, mientras que el 90% de las madres del grupo de niños sin el trastorno lo

hizo. Esto indicaría que este es un factor fundamental relacionado con el establecimiento de

un apego seguro y la salud mental infantil.

La relación entre los padres se vio fortalecida luego del nacimiento del niño:

Sólo el 15% de las madres del grupo experimental está de acuerdo con esta afirmación,

mientras que 18 de las 20 madres del grupo control lo está.

Los padres le prestan el celular, la computadora y la tablet cuando no pueden ocuparse de él:

En ambos grupos, un alto porcentaje de madres reconocieron recurrir a los dispositivos

electrónicos cuando no pueden prestarles atención a sus hijos de manera que éstos se

encuentren entretenidos. Esto se dio en un 80% de los niños del grupo de niños con TND y en

el 70% de los niños sin el trastorno. No se encontraron diferencias significativas entre los

grupos.
165

El vínculo se torna difícil a la hora de convencer al niño de hacer algo que no quiere:

Un 95% de las madres de los niños con TND manifestaron que el vínculo con el niño se

torna difícil a la hora de convencerlo de hacer algo que no quiere, mientras que en el grupo

de niños sin el trastorno sólo el 5% de las madres estuvo de acuerdo con esta afirmación. Los

niños con TND suelen ser muy insistentes y “ganarles a sus padres por cansancio” cuando se

proponen algo, negándose rotundamente a hacer lo que no desean.

Respecto al grado de responsividad de madres y padres frente a las necesidades que

presentan los niños de 5 años con y sin TND se obtuvieron los siguientes resultados en los

ítems del cuestionario de estilo parental que lo exploraban:

La madre presentó problemas de salud en el embarazo:

Un 15% de madres de niños con TND presentaron problemas de salud en el embarazo

mientras que ninguna madre de niño sin TND los tuvo.

La madre presentó problemas emocionales en el embarazo:

Un 35% de madres de niños con TND presentaron problemas emocionales en el embarazo.

Este dato podría ser un indicador significativo de que la salud mental de la madre en el

momento del embarazo y el nacimiento del niño es un factor predictor de salud mental en el

niño. En el caso de los niños sin trastorno, solo un 5% de las madres presentaron problemas

emocionales.
166

La madre presentó problemas de salud significativos luego del nacimiento:

Un 15% de las madres de los niños con TND presentaron problemas de salud

significativos, incluyendo problemas oncológicos, este factor habría influido en la capacidad

de estas madres de responder sensiblemente a las necesidades de los niños. En el caso de las

madres de niños sin el trastorno, no se observaron casos en los que la madre haya presentado

problemas significativos de salud luego del nacimiento, con lo cual, la energía de la madre

pudo estar puesta en el cuidado y atención de su bebé.

La madre tuvo problemas para amamantar al niño:

Este dato parece ser estadísticamente muy significativo, ya que se da en un 70% de las

díadas de niños con TND y no se observó este indicador en ninguno de los casos de niños con

apego seguro. Esto podría interpretarse de varias maneras. Indudablemente, la posibilidad de

amamantar está relacionada con el establecimiento de un apego seguro en le díada y la

experiencia de ser calmado mediante la nutrición podría favorecer la capacidad de regulación

de las emociones del niño. También podría pensarse que las dificultades para amamantar

podrían ser precursoras de otras dificultades posteriores en el vínculo.

El niño tuvo problemas significativos de salud durante los primeros meses de vida:

Un 25% de niños con TND los presentaron, mientras que sólo un 10% de niños sin el

trastorno lo hizo. Esto puede haber hecho que sus madres los consintieran más y sintieran

culpa al ponerles límites. También se podría pensar en que sus defensas estuvieran

disminuidas por estar viviendo situaciones de estrés crónicas.


167

El padre del niño presenta problemas emocionales que lo limitan:

Un 10% del grupo con TND y un 5% del grupo sin TND respondió afirmativamente a esta

pregunta.

La madre del niño presenta problemas emocionales que la limitan:

Un 47,4% de las madres de niños con TND presenta problemas emocionales. Ninguna

madre del grupo de niños sin TND los presenta. Esto podría ser un indicador de que el TND

está relacionado con la presencia de problemas emocionales en la madre.

Alguno de los padres está limitado por un problema de salud actualmente:

Un 20% de padres de niños con TND y un 5 % de padres de niños sin TND presentan

problemas de salud en la actualidad. Este factor podría estar relacionado con un descenso en

la sensibilidad frente al niño.

En cuanto a lo observado en las filmaciones del PAA respecto al grado de responsividad

de las madres, se obtuvieron los siguientes resultados:

Mantiene la atención centrada en el hijo:

En el grupo de madres de niños sin TND, la totalidad de ellas mantiene la atención

centrada en el hijo durante el transcurso de la evaluación. En cambio, en el grupo de madres

de niños con el trastorno, sólo un 25% de ellas lo hacen. El resto está pendiente de la extraña

o se distrae en la interacción.
168

Se focaliza más en la extraña que en el hijo:

Esta conducta, también asociada a la baja responsividad, está presente en el 65% de las

madres del grupo experimental y sólo en el 10% de las madres del grupo control.

Presenta un nivel de activación bajo:

Esto se observa en un 50% de las madres de niños con el trastorno, mientras que en el

grupo de madres de niños sin el trastorno sólo se observa en el 15%.

Se observan indicios de no responsividad:

Esto se da en el 60% de las madres del grupo experimental y en ninguna de las madres del

grupo de niños con apego seguro.

Juega con el niño:

Según se puede observar en el PAA, sólo el 35% de las madres del grupo de niños con

TND juegan con su hijo, mientras que todas las madres del grupo de niños sin el trastorno lo

hacen.

Juego paralelo:

Esta conducta, indicadora de no responsividad, se observa en el 40% de las madres de

niños con TND, mientras que sólo se observa en el 5% de las madres del grupo de niños sin

TND.

Avisa al niño antes de las salidas:

Esta conducta está relacionada con la capacidad de empatía y de prever los estados

emocionales del niño y se observa sólo en el 10% de las madres del grupo de niños con TND,
169

el resto sale de la habitación sin decir nada. En el grupo de madres sin el trastorno, esta

conducta se observa en la totalidad de las madres, quienes están sintonizadas con el estado

emocional de sus hijos e intentan ser previsibles para ellos.

Se acerca al niño al regresar:

Este indicador, relacionado con la sensibilidad materna frente a los estados emocionales

del niño, se observa sólo en el 40% de las madres del grupo experimental, mientras que está

presente en todas las del grupo de niños sin el trastorno. Estas últimas se acercan y chequean

que el niño esté tranquilo a su regreso a la habitación.

Al comparar los patrones de apego que presentan los niños de ambos grupos, se

obtuvieron los siguientes resultados: Dentro del grupo de niños con el trastorno, hay un 5%

de niños con un patrón de apego A1-2, un 15% de niños con un patrón de apego A2, un 10%

de niños con un patrón de apego A3, Un 35% niños con un patrón C1, un 10% con un

patrón C2 y un 25% de niños con un patrón de apego C3. En el grupo de niños sin el

trastorno, la totalidad de ellos tiene un apego seguro, observándose un 40% de niños con un

patrón de apego B1-2, un 20% de niños con un patrón de apego B3 y un 40% de niños con

un patrón de apego B4-5.

En cuanto a las expresiones afectivas que se activan en relación al hijo en las madres de

ambos grupos se obtuvieron los siguientes resultados en el cuestionario de estilo parental:

La madre está conforme con la relación que tiene con el hijo:

En este ítem, las diferencias también son muy significativas. Las madres de niños sin

TND manifiestan sentirse satisfechas por la relación que tienen con su hijo, basada en el
170

amor, el cuidado y en la que en niño responde cooperativamente. En cambio, sólo el 35% de

las madres de los niños con TND manifestaron estarlo. Ellas en cambio se sienten frustradas,

cansadas y con impotencia la mayoría del tiempo.

La madre siente culpa por no poder estar suficiente tiempo con el hijo:

En este ítem encontramos iguales porcentajes en los dos grupos evaluados. Un 40% de

las madres de los dos grupos sienten culpa por no estar suficiente tiempo con sus hijos, por

lo que esto no es algo que las diferencia.

La madre se entristece de retarlo tanto:

Esto se da en un 85% de las madres de los niños del grupo con TND, ya que como se

mencionó antes, la relación es ambivalente, las madres oscilan entre el enojo y la culpa. En el

grupo control, esto se dio solamente en el 5% de los casos.

La madre se pone mal por no poder manejar la conducta del niño:

Esto es referido por el 85% de las madres del grupo de niños con TND y no se da en

ningún caso del grupo de niños sin el trastorno. Las madres del grupo experimental sienten

impotencia, culpa y decepción en relación al vínculo con sus hijos y actúan de manera que

retroalimentan el malestar del niño y el comportamiento desafiante.

Al evaluar la capacidad de la madre de regular sus propias emociones, se obtuvieron los

siguientes resultados:
171

La madre reacciona con calma cuando el niño se lastima:

Un 40% de las madres de niños con el trastorno reconocen no poder reaccionar de

manera calma cuando al niño le pasa algo. De esta manera, retroalimentan el malestar y el

miedo del niño, enviando información emocional de que lastimarse es peligroso y de que el

niño no tiene recursos para afrontar la situación. En contraposición a esto, un 95% de las

madres de niños sin TND pueden reaccionar de manera calma en esa situación.

La madre puede mantenerse tranquila cuando el niño se angustia o tiene miedo:

Un 70 % de las madres de niños con TND reconocen no poder mantener la calma en las

situaciones en que el niño se angustia o tiene miedo, esto contribuye a la desregulación del

niño, ya que las tonalidades emocionales que se activan en él están en sintonía con las de su

mamá. En contraposición a esto, todas las madres de niños con apego seguro manifestaron

poder mantener la calma en esa situación.

Al evaluar el estilo de puesta de límites de los padres de cada grupo se obtuvieron los

siguientes resultados en los ítems del cuestionario de estilo parental que lo exploran:

La madre se considera permisiva:

Un 60% de las madres del grupo de niños con TND manifestaron considerarse a sí

mismas demasiado permisivas, esto está relacionado con las dificultades que tienen estos

niños a la hora de respetar límites, obedecer consignas o responder frente a una autoridad. En

el caso del grupo de niños con apego seguro, las madres no presentan dificultades a la hora de

poner límites y pueden hacerlo de manera adecuada.

Ambos padres respetan las penitencias impuestas al niño:


172

En esta pregunta, un 65% de las madres de niños con TND manifestaron que no hay

acuerdo entre los padres en cuanto a las penitencias impuestas al niño. A veces estas son

respetadas y a veces no, por lo que el niño se encuentra en un sistema de refuerzo de razón

variable (Skinner 1969), que hace que su conducta se mantenga en niveles altos. Además

esto fomenta la falta de confianza en la información cognitiva que ya de por sí caracteriza a

los niños coercitivos, y la desconfianza en la palabra de los padres y en la predictibilidad de

las cosas.

La madre pierde la paciencia cuando el niño desobedece o se porta mal:

El 85% de las madres de niños con TND reconocieron perder la paciencia cuando el niño

desobedece o se porta mal. Ellas gritan, les tiran del pelo o les pegan retroalimentando la

rabia del niño e invalidando sus emociones. Por el contrario, esto no les sucede a las madres

de los niños del grupo con apego seguro, que pueden expresar su malestar adecuadamente

mediante la palabra.

Ambos padres están de acuerdo en cuanto a castigos y valores a transmitir al niño:

Un 85% de madres de niños sin el trastorno manifestaron estar de acuerdo con el padre del

niño en cuanto a castigos y valores a transmitir al niño. Esta consistencia entre ambos padres

le brinda al niño información clara acerca de lo que se espera y no se espera que

haga. En estas familias se respetan también los castigos, con lo que la palabra de los padres

toma fuerza y el niño empieza a comprender la lógica de las cosas. Por el contrario, en el

grupo de madres de niños con TND sólo un 45% afirmó esto, pero son padres que suelen

recurrir a los castigos físicos y a responder impulsivamente frente a los errores de sus hijos

retroalimentando el malestar y la frustración.


173

La madre puede poner límites de manera calma y mediante la palabra:

Un 80% de las madres del grupo de niños sin el trastorno estuvo de acuerdo con este ítem.

Por el contrario, en el grupo de niños con TND sólo un 25% de las madres respondió

afirmativamente. Este factor está relacionado con la capacidad de autorregulación de las

madres.

Análisis cualitativo:

A partir del estudio realizado, podemos observar que el ambiente familiar de los niños

con apego seguro se caracteriza por la calidez en los vínculos, la presencia afectiva de ambos

padres y una relación de amor, respeto y apoyo mutuo entre los mismos. Asimismo, hay

acuerdo entre los padres en cuanto a normas y valores a transmitir al niño. Por el contrario, el

ambiente familiar de los niños con TND, se caracteriza por la ambivalencia en los vínculos

con el niño y entre los propios padres. Otro factor que parece tener un rol protagónico en la

génesis del trastorno lo constituye la inconsistencia entre los progenitores. La mayoría de las

madres de niños con TND, refirieron que el vínculo con el padre del niño empeoró desde el

nacimiento de éste, especialmente porque hay diferencias entre ellos relacionadas con el

modo en que cada uno cree que debería educar a su hijo, ponerle límites, etc. Generalmente,

hay uno de los dos padres que es más permisivo y el otro es más estricto y eso genera

dificultades entre ellos. En algunos casos, las madres reconocieron tener una relación mala

con sus maridos, discutir y gritarse delante de sus hijos, aunque se mostraron apenadas por

eso.

En cuanto al grado de responsividad de los cuidadores, las madres de niños con TND en

su mayoría no son responsivas a las necesidades de sus hijos, por lo que estos niños suelen

estar enojados, retroalimentando el malestar materno, tal como lo explica Patricia Crittenden
174

(2002). En las filmaciones del PAA, se observan indicios de no responsividad en las madres

de niños con TND: tono de voz monocorde, nivel de activación bajo, no censuran las

conductas inadecuadas o lo hacen de una forma que no es eficaz con el niño; además, su no

responsividad fue admitida por ellas en el cuestionario de estilo parental, cuando se indaga

acerca de la presencia de problemas de salud y emocionales en la actualidad y del cansancio

en los momentos en que se está a cargo del niño. Esta no responsividad genera un nivel de

activación alto en el hijo, con la finalidad de mantener a su madre involucrada y atenta

(Crittenden, 2002). Esto se puede observar en la conducta disruptiva del niño, uso de malas

palabras y mal comportamiento. Estas conductas pueden ser desplegadas sólo en presencia

de los padres, en los casos más leves o en todos los ambientes en los que se desenvuelve el

niño, en los casos más graves y contribuyen al deterioro de las relaciones interpersonales del

éste.

Un dato significativo lo constituye el hecho que un alto número de las madres de niños

con TND presentaron problemas para amamantar al niño. Esto podría sugerir que las

dificultades en la relación de apego en estas díadas existen desde el momento mismo del

nacimiento, y que este acto es de gran importancia para la construcción de un apego seguro

y para la regulación de los estados emocionales y afectivos del niño en los primeros meses de

vida.

En relación a los patrones de apego observados, encontramos dentro del grupo de niños

con TND, los patrones de apego A1-A2, A3, C1, C2 y C3. De estos niños, aquéllos con un

patrón de apego evitativo, despliegan los comportamientos negativistas y desafiantes frente a

terceros, pero no frente a los padres. Lo contrario ocurre con los niños C1 y C2, que

muestran su agresividad frente a la figura de apego, pero se comportan bien en otros

ambientes en los que se sienten seguros. Por último, los niños tipo C3 muestran su
175

agresividad en todos los ambientes en los que se desenvuelven y esté o no presente la figura

de apego, tal como lo describe Crittenden (2003).

En relación a la expresión afectiva, se pudo observar que las madres de los niños con un

apego seguro tienen un vínculo afectivo cálido y amoroso con sus hijos y una imagen

positiva de éstos. Ellas se sienten satisfechas y sus hijos activan en ellas afectos positivos y

sentimientos reconfortantes. Esto hace que se desenvuelvan seguras y cómodas en su rol de

madres. Para ellas estar con sus hijos constituye siempre un buen plan. Por el contrario, se

pudo observar que existe ambivalencia en el vínculo entre los niños con TND y sus madres.

Esto se evidencia, entre otras cosas, en contradicciones e inconsistencias en las respuestas del

cuestionario de estilo parental. En el discurso, se hace notorio cuando las madres hacen

referencia a sus hijos. Ellas oscilan entre la idealización y la devaluación de los mismos en

sus comentarios. Los niños por su parte, también oscilan entre el deseo de vincularse con sus

madres y de tener su atención permanentemente, y la frustración que estas madres

inconsistentes generan al no responder sensiblemente a sus necesidades (Crittenden 2004).

Otro dato importante en cuanto a la afectividad, lo constituye el hecho de que las madres

de niños con TND manifiestan sentirse tristes por la relación que tienen con el niño y sienten

culpa por la forma en que lo tratan. Ellas están decepcionadas en su rol de madres y a

menudo se sienten victimizadas por sus hijos. Se establece entre ellas y el niño una lucha de

poder, y ésta se pone de manifiesto especialmente si hay otras personas presentes. Estas

madres sienten que sus hijos les sacan la energía, que no tienen resto y que hagan lo que

hagan sus hijos siempre estarán insatisfechos y ellas frustradas.

En relación a la capacidad del cuidador de autorregularse y regular al niño, las madres

los niños del grupo con TND reconocen tener severas dificultades para controlar sus afectos e

impulsos. Muchas de ellas gritan y pegan a sus hijos cuando estos se portan mal y luego los
176

censuran cuando ellos repiten esta conducta con sus pares u otras personas. Indudablemente,

ellos aprenden por observación (Albert Bandura y Richard walters, 1963) que ésa es la

forma de resolver conflictos o de actuar con el otro cuando se está molesto. Los cuidadores

de estos niños suelen pretender que sus hijos se controlen cuando ellos mismos no son

capaces de hacerlo ni de validar las emociones del niño para que éste se calme. A diferencia

de éstos, los cuidadores de niños con apego seguro pueden modular sus propias emociones y

reaccionar de manera calma cuando el niño se enoja, se lastima o se porta mal. De esta

manera son pueden modular también los estados internos del niño.

Por último, los padres de niños con un apego seguro son capaces de censurar

adecuadamente y mediante la palabra las conductas inadecuadas de su hijo y de reforzar las

deseables. Además, cuando imponen un castigo o penitencia, ambos padres están de acuerdo

y lo sostienen, de manera que el niño pueda aprender de esa experiencia. A diferencia de

esto, los padres de niños con TND reconocen descontrolarse frente a su comportamiento y

reaccionar con insultos, gritos e incluso recurrir a la violencia física para disciplinarlo, lo cual

no sólo retroalimenta su rabia sino que también se presenta para estos niños como un modo

de resolver problemas y diferencias que luego repiten con pares.


177

Conclusiones:

El primer grupo tenía la siguiente distribución de patrones de apego: 1 niño A1, 3 niños

A1-2, 2 niños A3, 7 niños C1, 2 niños C2 y 5 niños C3. En el segundo grupo, se distribuían

de la siguiente manera: 8 niños B1-2, 4 niños B3, 8 niños B4-5. Crittenden (2004)

describe a los niños tipo C como ruidosos, agresivos, con un despliegue intensificado de

afectos negativos, especialmente la rabia, que alterna por momentos con deseo de apoyo.

Estos comportamientos tienen como finalidad activar emocionalmente a los cuidadores. La

diferencia radica en que el niño C1 muestra estas conductas sólo delante de la figura de

apego, mientras que el C3 lo hace en todos los ambientes. Dentro del mismo grupo, se

encontraron niños con un patrón de apego evitativo; estos niños no muestran su enojo ni sus

conductas desafiantes delante de su figura de apego, sino que lo hacen generalmente en el

jardín y probablemente con la finalidad de autoregularse. Esto concuerda con lo que sostiene

Crittenden (1995) de que los niños evitativos inhiben la expresión de afectos negativos

delante de la figura de apego, pero pueden hacerlo delante de otros adultos.

Del análisis de los instrumentos utilizados para el estudio, se puede concluir que en

ambos grupos hay niños que viven con los dos padres y otros sólo con la madre; esto último

se da en mayor medida en el grupo de niños con TND, por lo que se puede inferir que la

presencia de ambos padres en el hogar favorece el establecimiento de un apego seguro, tal

como lo sostenía John Bowlby (2009). Este autor expresa que los adolescentes y adultos

jóvenes felices son producto de hogares estables donde ambos padres dedican tiempo a la

crianza de sus hijos. La provisión de estabilidad afectiva y emocional que requiere el

desarrollo puede verse afectada por la separación de los padres, especialmente si ésta se diera

cuando el apego no está suficientemente afianzado. (Orellana Reyes Vallejo, Fernando

Sanchez-Barranco Vallejo, Pablo Sanchez-Barranco Vallejo, 2004). Además, los hijos de


178

padres separados muestran más desajustes psicológicos que los que pertenecen a familias

intactas, aunque esos desajustes no siempre alcancen proporciones clínicas. Hetherington,

Bidges e Insabella (1998) señalan como relevantes algunos factores como la ausencia de la

figura paterna, el incremento del estrés económico en el grupo con las subsiguientes

consecuencias en el trato a los hijos, y lo negativo que trae consigo la tensión interparental.

Wallerstein y cols. (1980) han considerado que el sexo del niño determina diferencias en el

desajuste frente a una separación, evidenciando que los varones tienen mayores dificultades

para superar las crisis, presentando más sentimientos negativos, más problemas escolares y

más irritabilidad. El impacto de la separación puede ser muy diferente para cada niño, pero

la mayor parte de la literatura científica al respecto es coincidente en que tales experiencias

modifican completamente sus vidas. La gran mayoría de los hijos de padres separados o

divorciados, ya desde los años inmediatamente posteriores a tales eventos, muestran

marcadas anomalías en sus desarrollos, ya que cuando se produce una separación o un

divorcio, tanto la infancia como el ejercicio de las funciones de paternidad de la pareja rota se

ven desafiadas, aunque sea también cierto que en muchos casos tanto hijos como padres se

pueden ver liberados de una convivencia infeliz (Orellana Reyes Vallejo, Fernando Sanchez-

Barranco Vallejo, Pablo Sanchez-Barranco Vallejo, 2004). En el caso de los progenitores, el

desafío surge porque tienen que reestablecer el funcionamiento económico, social y parental,

y en el caso de los hijos porque, a todas las edades, luchan con la desconcertante demanda de

tener que redefinir sus contactos con ambos padres. Cuando el progenitor que queda a cargo

padece un desajuste emocional asociado con la difícil situación que suele conllevar la ruptura

con la pareja, esto tiene consecuencias en la conducta y las emociones de los hijos. Con

frecuencia la figura parental encargada de la custodia, que generalmente es la madre,

desempeña prácticas educativas erráticas, con poco control sobre el comportamiento del hijo

y escasa sistematicidad en el seguimiento de reglas, con las consecuencias negativas que son
179

de prever en el desarrollo de los hijos (Orellana Reyes Vallejo, Fernando Sanchez-Barranco

Vallejo, Pablo Sanchez-Barranco Vallejo, 2004). Esto coincide con lo que se pudo observar

en este trabajo de tesis en las respuestas de las madres al cuestionario cuando hacían

referencia a las prácticas disciplinarias y el estilo de puesta de límites, así como a las

emociones que se le activan en relación al niño.

En cuanto al hecho de tener hermanos, encontramos en ambos grupos el mismo

porcentaje. Lo mismo ocurre en relación al hecho de tener padres profesionales, por lo que

estos no serían factores determinantes. Tampoco hay diferencias significativas en cuanto a la

cantidad de tiempo que los niños de ambos grupos pasan a cargo de otras personas.

En el grupo de niños con trastorno negativista desafiante se observa que algunas madres

presentaron problemas de salud (entre ellos problemas oncológicos) luego del nacimiento.

Esto coincide con los datos aportados por autores como Robert Kohn y cols. (2001) quienes

en su estudio sobre factores de riesgo que predisponen a los trastornos conductuales

realizados en el Uruguay, concluyen que los sucesos vitales adversos pueden aumentar el

riesgo que corre un niño de tener problemas conductuales o emocionales. Estos actúan como

factores que menoscaban el desarrollo de una sana interacción entre padres e hijos e influyen

notablemente en la conducta de los hijos, especialmente de los varones pequeños. Con

respecto a la actualidad, alrededor del 20% de los padres de niños del grupo con TND tienen

problemas de salud significativos. Este hecho afectaría su capacidad de responder

sensiblemente a la expresión de necesidades del infante y de focalizar su atención en éste,

puesto que cuando una persona se encuentra enferma, repliega la energía sobre sí misma con

el fin de recuperarse. En el caso de los niños de 5 años como los observados en esta tesis, se

podría pensar que si bien a esa edad no comprenden la gravedad de la situación de una

enfermedad, sus rutinas y estabilidad se han visto afectadas durante un lapso de tiempo
180

importante generando ansiedad y frustración que se expresa a través de las rabietas y las

conductas oposicionistas.

Otro dato relevante lo constituye el hecho de que un porcentaje significativo de madres

del grupo experimental padecieron trastornos emocionales durante el embarazo, mientras que

en el grupo de niños sin TND, sólo una madre lo hizo. Se puede afirmar, que la salud

emocional de la madre durante el embarazo es un factor relacionado a una mayor

probabilidad de establecer un apego seguro. Si bien el embarazo es algo que se asocia al

bienestar y la plenitud psicológica, no siempre es así, y cuando esto ocurre, las madres lo

viven con mucha culpa y malestar (Jadresic, 2010). Uno de los trastornos más frecuentes

durante el embarazo es la depresión, que afecta aproximadamente entre un 10 y un 21% de

las mujeres en período de gestación, según estadísticas de otros países (Inés Ceballos-

Martínez, Luis Sandoval-Jurado, Erika Jaimes-Mundo, Gloria Medina-Peralta, Joel Madera-

Gamboa, Yuri Francisco Fernández-Arias, 2010). Este es un dato relevante, ya que la

presencia de síntomas depresivos persistentes en las madres durante el embarazo se asocia a

un retraso en el desarrollo de los niños, a los 18 meses de edad, en comparación a lo

observado en los niños cuyas madres no presentaron tales síntomas durante la gestación.

Además, aquellos adolescentes cuyas madres tuvieron una depresión durante sus embarazos,

presentan un riesgo 4,7 veces mayor de estar deprimidos a los 16 años de edad, en

comparación a aquellos cuyas madres no se deprimieron durante ese período (Pawlby S,

2009). Otro de los diagnósticos que frecuentemente presentan las embarazadas son los

trastornos de ansiedad. Las investigaciones más recientes demuestran que el estrés y la

ansiedad de la madre pueden tener repercusiones significativas sobre la salud mental infantil.

En concreto la ansiedad materna en la segunda mitad del embarazo puede producir cambios

persistentes en el sistema de adaptación al estrés del niño (a nivel del eje hipotálamo-
181

hipófisis-suprarrenal). Estos cambios lo harán más vulnerable e incrementarán

considerablemente el riesgo de que padezca trastornos de conducta, emocionales o de

hiperactividad (O'Connor T., 2003). El desarrollo del sistema límbico y el cortex prefrontal

también parecen ser afectados por la ansiedad prenatal y el estrés. Todo esto parece apoyar la

hipótesis de la programación fetal (Bateson, 2004), según la cual algunas estructuras

cerebrales como el hipotálamo o la hipófisis quedarían programadas para la vida adulta en

algunas semanas críticas del tercer trimestre del embarazo: el estrés materno en dichas

semanas podría tener consecuencias imborrables.

Un hecho que llama la atención es que un alto porcentaje (70%) de madres del grupo de

niños con TND tuvieron problemas para amamantar el bebé mientras que en el grupo de

niños sin TND este indicador no se da en ningún caso. Son conocidos hace tiempo los

beneficios de la lactancia materna. El apego y la lactancia natural exclusiva, durante los 6

primeros meses de vida, han demostrado ser responsables fundamentales en la futura salud

física, emocional e intelectual de los recién nacidos y sus madres (Pinto, 2007). La lactancia

natural exclusiva, al menos durante los primeros seis meses de vida, por sí sola determina una

disminución de la morbimortalidad en el niño y en su propia madre. Las investigaciones de

los últimos años demuestran fehacientemente que los niños que fueron alimentados al

menos durante seis meses con lactancia natural exclusiva, son más inteligentes y presentan

con menos frecuencia diferentes enfermedades como asma bronquial, enfermedades atópicas,

enfermedades gastrointestinales, leucemias y otros cánceres, obesidad, diabetes mellitus tipo

I y II, enfermedades autoinmunes, etc., en comparación con los niños que no tuvieron ese

privilegio. A largo plazo continúan con mejor salud, con menor incidencia de enfermedades

cardiovasculares, cerebrovasculares, cánceres y enfermedades autoinmunes en general

(Pinto, 2007). A partir de los resultados del cuestionario de estilo parental, podría
182

concluirse además, que la posibilidad de amamantar al bebé sin dificultades, influye

significativamente en el establecimiento de un vínculo de apego seguro en la díada y daría

lugar a preguntarnos si las dificultades en el amamantamiento son precursoras de problemas

en el vínculo de apego.

El porcentaje de niños que presentaron problemas de salud significativos en los primeros

meses de vida es más alto en los niños con TN (25%) que en el grupo control (10%), lo cual

podría relacionarse con la baja responsividad de las madres frente a las necesidades infantiles

y a que los niños responden con el cuerpo cuando no pueden simbolizar o poner en palabras

un conflicto. La baja responsividad es confirmada por las madres en el cuestionario de estilo

parental, en el que un alto porcentaje de madres de niños con TND afirman sentirse cansadas

y sin energía cuando están a cargo de sus hijos. Esto también es observado en la situación

extraña en indicadores conductuales como tono de voz monocorde, distracción, juego

paralelo o estar más atenta a la extraña que al propio hijo (Crittenden 2004). Además,

diversos autores enfatizan que hay ciertas emociones que son dañinas para la salud física

(Barra, 2003a, 2003b; Cacioppo, 2003; Crossley & Morgado, 2004; Fredrickson, 2001;

Mendoza & Mendoza, 2001; Nieto-Munuera, Abad, Albert & Arreal, 2003; Ryff & Singer,

2003; Salovey, Rothman, Detweiler & Steward, 2000; Suinn, 2001; Valdés & De Flores,

1990), entre las que destacan la rabia, ira, ansiedad, hostilidad y estrés; éstas pueden afectar

la probabilidad, inicio y progresión de enfermedades diversas. Podría hipotetizarse entonces,

que tanto el estilo de apego coercitivo como el evitativo, están más expuestos a problemas de

salud física por la presencia constante, justamente, de las emociones que producen los

mayores daños según lo reportado en la mayoría de las investigaciones. En el caso del estilo

de apego seguro, el hecho de presentar en mayor medida emociones como alegría, confianza,

seguridad y tranquilidad, podría conducir a un mayor bienestar en la salud del individuo


183

(Rojas, 2006). Según lo que reporta Fredrickson (2001), las emociones positivas ayudan al

crecimiento social, a la resiliencia psicológica, a la conexión social, a ampliar repertorios de

acción y pensamiento, a deshacer la persistencia de emociones negativas y mejorar el

bienestar emocional. En la misma línea, Ryff y Singer (2003) enfatizan que las emociones

positivas pueden ser protectoras y promover una salud positiva.

Otro dato importante es que en el grupo de niños sin TND, el nacimiento del niño

fortaleció el vínculo entre los padres, quienes se apoyan mutuamente en la crianza y

comparten valores y normas a transmitir al niño. Esto sólo se dio en unos pocos casos de

niños con TND (15%). Podríamos concluir que el TND se relaciona con la inconsistencia

entre los padres, quienes parecen mantener un vínculo de ambivalencia entre ellos y con el

niño, tal como lo sostiene Patricia Crittenden (2004) en relación a los niños coercitivos.

Cabrera, Guevara y Barrera (2006), encontraron que las funciones de esposos y padres, tales

como la satisfacción marital, la satisfacción paterna, el conflicto marital y el estrés paterno,

son importantes en la explicación de la variabilidad de las conductas de ajuste psicológico de

los hijos. Son muchos los investigadores que han identificado cómo las pautas de crianza

inconsistentes, las prácticas educativas negativas y el manejo inadecuado de las pautas

familiares, desde la disciplina y la supervisión, obstaculizan el desarrollo saludable de los

niños (Rodríguez, 2010). En este sentido, Salvo, Silvares y Toni (2005) encontraron que las

prácticas negativas predicen problemas de comportamiento, mientras las prácticas positivas

promueven la conducta prosocial.

Un 47,4 % de madres de niños con TND presentan problemas emocionales, por los que

se encuentran en tratamiento, y casi todas tienen dificultades para regular sus propias

emociones además de las del niño, tal como lo confirman en el cuestionario de estilo parental,

en el que la mayoría de las madres del grupo experimental manifiesta perder la paciencia con
184

facilidad cuando el niño se enoja o desobedece. No es extraño entonces, que sus hijos

tengan dificultades para reaccionar de manera calma, resolver problemas y controlar sus

propios impulsos, puesto que muchas de estas cosas se aprenden observando la manera en

que los cuidadores las hacen.

En cuanto a sus emociones, un 85% de las madres de los niños con TND manifiestan

sentir culpa por el trato que dan a sus hijos y tristeza por no poder relacionarse bien con

ellos. Estas madres tienen una imagen negativa de sus hijos y de su relación con ellos y

puesto que los niños pueden reconstruirse a sí mismos como personas en consonancia con la

información que pueden abstraer de su ambiente familiar (Guidano, 2001), es de esperar que

construyan una imagen de sí mismos negativa que se mantenga a lo largo del tiempo. Esto

coincide con el modelo del self y las relaciones con los demás propuesto por Bartholomew.

(Bartholomew y Horowitz, 1991). Por el contrario, todas las madres de niños del grupo sin

TND manifiestan estar conformes con la relación que tienen con sus hijos y disfrutan de ésta,

hecho que contribuiría a la construcción de un sentido de sí mismo como alguien querible y

valioso.

En relación a las prácticas disciplinarias, las madres de niños con TND reconocen que se

enojan fácilmente y en su mayoría gritan y pegan a sus hijos. Algunas además se

descontrolan y los insultan o lloran cuando sienten mucha impotencia. Estos

comportamientos podrían retroalimentar el enojo de los niños y además ser aprendidos por

observación como estrategias para resolver conflictos, poner límites y expresar el enojo. En

contraposición a esto, las madres de niños sin TND reconocen que en ocasiones el vínculo

con sus hijos se torna difícil, pero pueden calmarse y pensar en frío antes de actuar y poner

límites adecuadamente mediante la palabra.


185

En el análisis de la situación extraña, se observa que todos los niños sin TND tienen un

patrón de apego seguro (tipo B). A pesar de eso, algunos de estos niños despliegan

conductas coercitivas como desobedecer una orden, irrumpir en el espacio físico de la madre

o interrumpir, pero son corregidos de manera adecuada por ella. En cambio las madres de los

niños con TND no censuran los comportamientos inadecuados o lo hacen en un tono de voz

bajo, sin mirarlo a los ojos, de manera que no resulta eficaz con el niño. Estas madres

tampoco se preocupan por la forma en que su hijo deja el consultorio luego de la evaluación.

Todo esto indica que el estilo de puesta de límites es un factor que contribuye al desarrollo

del trastorno. En consonancia con estos hallazgos, varias investigaciones han comprobado

que los padres de niños con alteraciones de conducta proporcionaban, involuntariamente,

refuerzos positivos a las conductas disruptivas de sus hijos (DiGiusseppe, 1988; Patterson,

2002).

Limitaciones del estudio:

Si bien se logró cumplir con los objetivos y responder a la pregunta de investigación, la

muestra utilizada es pequeña y no se pueden generalizar los resultados a toda la población por

tratarse de una muestra no probabilística.

Sería interesante extender el presente trabajo a otros grupos que posean diferentes

características como nivel socioeconómico, familias con muchos hijos, convivientes con la

familia extendida o familia monoparentales y comparar los resultados que se obtengan con

los de este trabajo


186

Transferencia de los resultados:

La utilización del cuestionario de estilo parental y de la situación extraña permitió observar el

vínculo de apego entre los niños con y sin TND y sus madres desde la perspectiva de éstas y

a través de la mirada objetiva que proporciona la filmación, para una mejor comprensión de

los factores vinculares y familiares asociados a la aparición del trastorno dentro de nuestra

cultura, y pensar intervenciones que permitan la prevención del mismo.

Los resultados obtenidos en esta tesis podrán ser utilizados por pediatras y profesionales

de atención primaria de la salud para orientar a padres en la prevención del trastorno, así

como por psicólogos, docentes, y otros agentes educativos para el mismo fin . También

podrán ser aprovechados por psicólogos y psicopedagogos para brindar talleres

psicoeducativos para padres con la finalidad de transmitir pautas para comprender el

trastorno y ayudar al niño que lo padece y a sus padres. Estos talleres se focalizarían en

aquellos aspectos que fomenten el desarrollo de un apego seguro. Asimismo, podrán ser

aprovechados por psicólogos, psicopedagogos, pediatras y psiquiatras infantiles en el

abordaje clínico de la problemática, especialmente para el asesoramiento a padres en el

marco de una psicoterapia.

Para esos fines, se elaboraron dos propuestas: Una de entrevistas quincenales con los padres

para trabajar en paralelo con la terapia cognitivo-conductual de los niños con trastorno

negativista desafiante y una de taller psicoeducativo para padres. Este último es una

adaptación del programa de entrenamiento para padres desarrollado por Russell Barkley

(1998), con el agregado de algunos aportes de la Terapia Dialéctica Conductual de Marsha

Linehan. (1993) Consta de 6 encuentros que tienen una duración de una hora y media y
187

deben realizarse cada 15 días. Los grupos estarán formados por 8/10 parejas de padres. Es

necesario que ambos padres concurran a los encuentros. Los mismos estarían coordinados

por dos psicólogos/psicopedagogos. Este taller podría impartirse en jardines de infantes,

escuelas primarias y salitas médicas.

Futuras líneas de investigación:

Los padres son el espejo en el que se miran los niños, y las personas tendemos a vernos a

nosotros mismos de manera consistente con la imagen que hemos podido abstraer de nuestro

ambiente familiar temprano. Vittorio Guidano (2001) sostenía que el niño puede

reconstruirse como persona a través de la actitud de sus padres, por la manera en que éstos se

relacionan con él y le expresan sus emociones. El autor agregaba que el apego es un proceso

de autorreferencia que subyace al desarrollo y mantenimiento de la identidad personal. Es a

partir de este vínculo que se construyen las creencias más básicas acerca de uno mismo, de

las demás personas y del mundo que servirán para interpretar los distintos eventos

ambientales y que influirán en nuestras percepciones, recuerdos, emociones y reacciones.

Por estas razones, sería muy interesante poder investigar acerca de las creencias que los niños

con TND construyen siendo que ellos generalmente reciben críticas, castigos y en muchas

ocasiones son rechazados por sus pares. A pesar de que las conductas negativistas y

desafiantes pueden ir disminuyendo con el tratamiento y con el tiempo, eso no sucede con las

creencias negativas. Estas creencias o esquemas acerca de sí mismo son estables y se

mantienen a través del tiempo, así como las creencias más básicas que tenemos del mundo y

las demás personas. Todas éstas son muy difíciles de modificar, incluso en psicoterapia.

Esta intentará que estas creencias se activen la menor cantidad de veces posibles y con la

menor intensidad, pero en muchos casos, las creencias más profundas no pueden ser

modificadas (Obst Camerini, 2004). Es por eso que desde esta tesis se hace tanto énfasis en
188

la prevención y el trabajo con los padres, presentándose en el ANEXO 7 una propuesta de

entrevistas con los padres en el contexto de una psicoterapia individual para niños con

Trastorno Negativista Desafiante y en el ANEXO 8 una propuesta de taller psicoeducativo

para padres de niños con TND.


189

Referencias Bibliográficas:

Albert Bandura y Richard walters. (1963). El aprendizaje social y el desarrollo de la

personalidad. Holt, Rinehart and Winston.

Alvarez, H. K., Ollendick, T. H. (2003). Conduct and oppositional defiant disorders:

Epidemiology, risk factors, and. New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates. .

APA. (2014). DSM V. Washington: APA.

B. Beebe, F. Lachmann y J. Jaffe . (1994). Representation and Internatization in infancy:

Three Principles por Salience. Psychoanalisis, Psychology n 11, 127-165.

B.H. Friedman, J. T. (1998). Autonomic Balance Revisited: Panic anxiety and heart rate

variability. Journal of Psychosomatic Research, 133-151.

Barkley R. (1998) Hijos Desafiantes y Rebeldes. New York. The Guilford Press

Barocio, R. (2005). Disciplina con amor. Méjico: Pax.

Bateson, P., Barker, D., Clutton-Brock, T. et al. (2004) Developmental plasticity and human

health. Nature, 430, 419-421.

Bleichmar, E. D. (2005). Manual de Psicoterapia de la Relación Madre Hijo. Buenos Aires:

Paidós.

Bleichmar, H. (1997). Avances en Terapia Psicoanalítica. Barcelona: Paidos.

Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss. New York: Basic Books.

Bowlby, J. (1993). Apego. Barcelona: Paidos Ibérica.


190

Bowlby, J. (2009). Una base segura. Buenos Aires: Paidos.

Buck, R. (1994). The neuropsychology of communication: Spontaneous and symbolic

aspects. Journal of Pragmatics, 22, 265–278.

Ceballos Martínez Inés y cols. (2010) Depresión durante el embarazo epidemiología en

mujeres Mexicanas, Revista del Instituto Méxicano del Seguro Social 48, 71-74

Coplan, J. T. (1998). Cerebrospinal fluid concentrations of somatostatin and biogenic amines

in grown primates reared by mothers exposed to manipulated foraging conditions.

Archives of General Psychiatry, 55, 473-477.

Cramer, B. B. (1993). La relación más Temprana, padres, bebés y el drama del apego inicial.

Lima: Paidós, Psicología Profunda.

Crittenden, P. (1992). Quality of Attachment in the Preeschool years.

Crittenden, P. (1995). Attachment and Psychopatology. En R. M. S. Goldberg, John Bowlby’s

Attachment Theory: Historical, Clinical, and Social. New York: Analytic Press.

Crittenden, P. (2002). Nuevas implicaciones clínicas de la teoría del apego. Valencia:

Promolibro.

Crittenden, P. (2004). The Preschool Assessment of attachment, Coding Manual. Miami:

Human Relations Institute.

Crittenden, P. (2010). CARE-INDEX infantes. Miami: Human Relations Institute.

D. Cichetti, D. T. (1994). Development and self-regulatory structures of the mind.

Development and Psychopatology 6, 533-549.

Di Bártolo, I. (2016). El Apego, Cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos. Buenos
191

Aires: Lugar Editorial

Dobordieu, M. (2011). Psicoterapia Integrativa PNIE. Montevideo: Psicolibros.

Doux, J. L. (1996). The Emotinal Brain: The mysterious underpinning of Emotional Life.

New York: Simon and Schuster.

Ekman, P. (1992). Facial expression of emotion: New finding, new questions. Psychological

Science 3, 34-38.

Fodor, J. (1986). La modularidad de la Mente. Madrid: Morata.

Fonagy, M. T. (1996). Playing with realityII: The development of pshychic reality from

thoretical perspective. International Journal of Psychoanalisis n°77, 459-479.

Freud, S. (1996). Lo Inconsciente, en Obras Completas, Vol. XIV . Buenos Aires: Amorrortu.

Friedberg, Robert; Mc Clure Jessica (2005). Práctica Clinica de terapia cognitiva con niños

y adolescentes. Paidos. Barcelona.

Genise G., y Genise N. Fonzo está furioso. Buenos Aires. Librería Akadia Editorial

Gomar J., Mandil J., y Bunge E. (2010) Manual de Terapia Cognitiva Comportamental con

niños y adolescentes. Buenos Aires: Editorial Polemos

Garrido-Rojas Lusmenia (2006) Apego, emoción, regulación emocional, Implicaciones para

la salud. Revista Latinoamericana de Psicología. 38. 493-507

Guidano, V. (2001). El Modelo cognitivo postracionalista. Hacia una reconceptualización

teórica y clínica. Bilbao: Desclee de Brower.


192

H. Papousek, M. Papousek . (1997). Postpartum depression and child development . New

York: The Guilford Press.

H. Yamada, N. Sadato, Y. Konishi, S. Muramoto, K. Kimura, M. Tanaka, Y. Yonekura, Y.

Ishii, . (2000). A milestone for normal development of the infantile brain detected by

functional MRI. Neurology, 55, 218-223.

H.J. Polan, & M.A. Hofer. (1999). Psychobiological origins of infant attachment and

separation responses. En J. C. Shaver, Handbook of attachment: Theory, research,

and clinical applications. (págs. 162–180). New York: Guilford Press.

Hernández Sampieri,Roberto; Fernández Collado Carlos; Baptista Lucio Pilar. (2003)


Metodología de la Investigación. Mexico DF. Mc Graw Hill

Hetherington, E.M., Bridges, M.; Insabella, G.M., "What matters? What"s does no? Five

perspectives on the association between marital transition and children"s adjustment",

American Psychologist, 1998, 53, pp. 167-184.

Howard, G. (1992). Estructuras de la Mente. Méjico: FCE.

j. Allman & Brothers M. (1994). Faces, fear and the amygdala. Nature,372, 313-314.

Jadresic, Enrique (2010) Depresión en el embarazo y puerperio. Revista Chilena de

Neuropsiquiatría. Vol48 n 4.. Santiago

Janin, B. (2012). El Sufrimiento Psíquico en los niños. Psicopatología Infantil y Constitucón

Subjetiva. Mexico: Noveduc.

Joseph Lichtenberg. (1989). Psychoanalysis and Motivation. Hillsdale, NJ: The Analytic

Press.
193

Karmiloff-Schmidt, A. (1992). Beyond Modularity: A Developmental Perspective in

Cognitive Science . Cambridge: The Massachusetts Institute of Technology Press.

Kehoe, P. S. (1996). Repeated isolation in the neonatal rat produces alterations in behavior

and ventral striatal dopamine release in the juvenile after amphetamine challenge.

Behavioral Neuroscience, 110, 1435-1444.

Kohut, H. (1971). Análisis del Self. Buenos Aires: Amorrortu.

Kohn Robert, Itzhak Levav, Paulo Alterwain, Gloria Ruocco, Myriam Contera y Sheri Della

Grotta. Factores de riesgo de trastornos conductuales y emocionales en la niñez: estudio

comunitario en el Uruguay. Revista Panamericana de Salud Pública, 2004.

Laplanche, J. (1989). Nuevos Fundamentos para el Psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu.

Lenarduzzi, H. (1997). Vínculo Temprano y Psicosomática, instrumentación técnica en la

infancia. Revista del Instituto Psicosomático de Buenos Aires, 4.

Lopez Alonso, A. (2006). Tesis doctorales: una guía integrada de sus métodos cualitativos y

cuantitativos. Un panorama sobre los tipos de estudios y diseños de investigación

multivariados en Psicología y Ciencias Sociales, Librería y Editorial Universidad John F.

Kennedy, Bs.As. Argentina.

López Mato, A. (2004). Psiconeuroendocrinología II. Buenos Aires: Polemos.

Main, M. (1996). Introduction to the special section on attachment and psychopathology: 2.

Overview on the field of attacment. Journal of Consulting and Clinical Psychology,

64, 237–243.

Mesulam, M. (1998). From Sensation to Cognition. Brain 121, 1013-1052.


194

Mesulam, M. (1998). From Sensation to Cognition . Médica Panamericana.

Moguilevsky, J. (1999). Fisiología Endócrina y de la Reproducción . Buenos Aires : 5ta.

Edición.

Myers, D. (2006). Psicología. Panamericana.

N.A Fox, S. C. (1994). Neural plasticity and development in the first two years of life:

Evidence from cognitive and socioemotional domains of research. Development and

Psychopathology 6 , 677-696.

Obst Camerini, Julio (2004) Introducción a la Terapia Cognitiva, CATREC, Buenos Aires

Orellana Reyes Vallejo, Fernando Sánchez-Barranco Vallejo, Pablo Sánchez-Barranco

Vallejo. separación o divorcio: Trastornos psicológicos en los padres y los hijos.

Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría 92. Madrid 2004

Patricia Crittenden, D. DiLalla. (1988). Compulsive compliance: The development of an

inhibitory coping strategy in infancy. Journal of Abnormal and Child Psyhology, 16,

585-589.

Pawlby S, Hay D, Sharp D, Waters C, O'Keane V. Antenatal depression predicts depression

in adolescent offspring: Prospective longitudinal community-based study. J Affect Disord

2009; 113 (3): 236-43.

Piaget, J. (2007). Psicología del niño, 17a edición. Madrid: Morata.

Pine, F. (1990). Drive, Ego, Objetc and Self: A synthesis for Clinical Work . New York :

Basic Books.

Pinto Fernando (2007) Apego y Lactancia natural. Revista Chilena de Pediatría 78. 96-102
195

Premack, D.; Woodruff ,G. (1978). Tiene teoría de la mente un chimpancé. Barcelona:

Paidos.

R. Feldman, C.W Greenbaum, & N. Yirmiya. (1999). Mother–infant affect synchrony as an

antecedent of affect control. Developmental Psychology, 35, 223–231.

Rinaman, L. L. (2000). Progressive postnatal assembly of limbic-autonomic circuits revealed

by central transneuronal transport of pseudorabies virus. Journal of Neuroscience, 20,

2731–2741.

Rizzolatti, G. (2001). Neurophysiological mechanisms underlying the understanding and

imitation of action. Neuroscience 2 .

Rizzolatti, G. (2004). The Mirror Neuron System. Anual Review of Neuroscience.

Rodriguez, María C. (2010) Factores personales y familiares asociados a los problemas de

comportamiento en niños. Revista Estudios de Psicología 27. 437-447

Sampedro, M. N. (1999). Plasticidad Neural, Del Aprendizaje a la Reparación de Lesiones.

Arbor, 89-126.

Scandar, R. (2016). El niño que no podía dejar de portarse mal. Buenos Aires: Distal.

Schore, A. (1994). Affect regulation and the Beggining of the Self. New Jersey: Earlbaum.

Schore, A. (1997). Early organization of the nonlinear right brain and development of a

predisposition to psychiatric disorders. Development and Psychopathology, 9, 595–

631.

Schore, A. (2000). Foreword to the reissue of attachment and loss, vol. 1: Attachment by

John Bowlby. New York : Basic Books.


196

Schore, A. (2001). The Effects of a Secure Attachment on Right Brain Development, Affect

Regulation and Infant Mental Health. Infant Mental Health Journal, 7-66.

Schore, A. (2014). Teoría de la regulación. Una Introducción clínica. Los estudios de la

Universidad de Smith en el trabajo Social, 84, 178-195.

Selye, H. (1956). The Stress of Life. New York: Mc Graw Hill.

Shore, A. (2001). The effects of early relational trauma on right brain development, affect

regularion and child mental health. Infant Mental Health Journal n°22, 269-291.

Siegel, D. (1999). The Developing Mind, Toward and interpersonal neurobiology of

Interpersonal Experience. Nueva York: The Guilford Press .

Silvia Duschatzky y Cristina Corea. (2001). Chicos en banda, los caminos de la subjetividad

en el declive de las instituciones. Paidos.

Skovgaard, A. H. (2004). Assessment and classifi cation of psychopathology in

epidemiological. European Child and Adolescent Psychiatry.

Sroufe, L. (1996). Emotional development: The organization of emotional life in the early

years. New York: Cambridge Universty Press.

Stern, D. (1985). El mundo interpersonal del infante. Buenos Aires: Paidos.

Thomas, D. W. (1997). Event-related potential variability as a measure of information storage

in infant development. Developmental Neuropsychology, 205-232.

Toobes, L. C. (1994). Origins of domain specificity: The evolution of Functional

Organization. Cambridge: Cambridge University Press.


197

Trevarthen, C. (1993). The self born in intersubjectivity. En U. Neisser, The perceived self:

ecological and interpersonal sources of self-knowledge (págs. 121-173). New York:

Cambridge University Press.

Vega, E. (2015) Clínica de niños y adolescentes¿Qué hay de nuevo? Buenos Aires: Lugar

Editorial

Wallerstein, J.S.; Kelly, J.B., Surviving the break up: How children and parents cope with

divorce, New York, Basic Books, 1980

Wittling, w. (1997). The right hemisphere and the human stress response. Acta Physiologica

Scandinavica, 640, 55–59.


198

ANEXO 1

Consentimiento informado

Yo, __________________________________________________, DNI ________________


he recibido toda la información necesaria relacionada a la investigación de la que formaré
parte junto con mi hijo __________________________________, DNI
________________________.

Entiendo que mi participación es voluntaria y que puedo abandonar el estudio cuando lo


desee sin tener que dar explicaciones. He sido informado de que los datos obtenidos de esta
investigación serán confidenciales y que éstos no podrán ser cedidos sin mi consentimiento
expreso. Firmo este consentimiento de forma voluntaria y recibiré una copia del mismo para
guardarlo y consultarlo en el futuro.

Firma de la madre _________________________________________

Aclaración _______________________________________________

DNI ____________________________________________________

Firma del niño ____________________________________________

DNI ____________________________________________________

Firma del investigador______________________________________

Aclaración________________________________________________

DNI_____________________________________________________

ANEXO 2
199

Cuestionario de estilo parental:

Datos personales:

Responde el cuestionario:

Nombre del niño:

Edad del niño:

Asiste al jardín o colegio: (Detallar cantidad de horas diarias)

Composición Familiar:

Vínculo Edad Ocupación Vive con el niño

Padre

Madre

Hermano/a

Hermano/a

Hermano/a

Hermano/a

Otros:___________________
200

Personas que están a cargo del niño (Se encargan de cuidarlo, bañarlo, jugar con él, hacerle la
comida, etc)

Relación con el niño Edad Cantidad de horas


semanales aproximadas
(Padre,madre, abuela, etc.) que está a cargo del niño

Cuidador 1

Cuidador 2

Cuidador 3

Cuidador 4
201

Consigna: Marque con una cruz la opción que considere más acertada. Por favor, en caso de
tener otros hijos considere la historia evolutiva del niño evaluado a la hora de responder.

Si No

Mi salud presentó complicaciones durante el


embarazo

Tuve problemas emocionales por los que debí


consultar durante el embarazo

La salud del padre presentó complicaciónes


significativas luego del nacimiento

Tuvimos problemas familiares que obligaron a que


el niño quedara a cargo de otras personas en los
primeros meses

Tuve problemas para amamantar el bebé

Presenté dificultades personales para hacerme


cargo de los cuidados del bebé

De bebé, mi hijo tuvo problemas de salud


significativos (por fuera de las enfermedades
normales de la infancia)

La relación con el padre se vio fortalecida luego del


nacimiento

En ocasiones, mi hijo es atendido por otros adultos

Me siento cansada o con poca energía en los


momentos en que estoy al cuidado de mi hijo
202

El padre del niño presenta un problema emocional


por el cual se ve limitado . Especifique
________________

Yo presento un problema emocional por el que me


veo limitada/o. Especifique ________________

El padre de mi hijo se ve limitado por un problema


de salud. Especifique ________________

Reacciono de manera calma cuando mi hijo se


lastima

Puedo mantenerme en calma cuando mi hijo se


enoja, se angustia o tiene miedo.

Suelo darle a mi hijo la computadora o el celular


para que se entretenga cuando no puedo ocuparme
de él

Mi hijo pasa más de una hora jugando con la


Tablet o el celular

Me considero a mí misma demasiado permisiva

Puedo poner límites de manera calma y mediante la


palabra

Ambos padres respetamos las penitencias que le


imponemos a mi hijo.

Suelo perder la calma cuando mi hijo no obedece


una orden

Ambos padres estamos de acuerdo en cuanto a


castigos y valores a transmitir a nuestro hijo
203

Nos apoyamos mutuamente con el padre de mi hijo


en su crianza

Estoy conforme con la relación que tengo con mi


hijo

Suelo sentir culpa por no poder pasar suficiente


tiempo con mi hijo

Me entristece retarlo tanto

Me pone mal no poder manejar el comportamiento


de mi hijo

Siento ganas de llorar cuando no me entiendo con


mi hijo

Dedico al menos dos horas diarias de atención


exclusiva a mi hijo (juegos, baño, cuentos, etc)

Uso el celular o la computadora mientras estoy con


el niño

Disfruto de compartir las actividades que mi hijo


propone

Puedo calmarme y pensar en frío cuando una


situación me afecta

Tiendo a enojarme con facilidad


204

Cuando mi hijo no me hace caso

Si No

Le grito

Le tiro del pelo

No le dirijo la palabra

Lo mando en penitencia a su habitación o al baño

Lo encierro en la habitación o el baño

Le pego

No hago nada, dejo que se encargue su padre

Me voy

Le saco su juguete preferido

Me descontrolo y lo insulto

Siento impotencia y lloro

Otro__________________
205

ANEXO 3 Grilla de análisis del cuestionario de estilo parental

Grupo experimental Si No

Vive con ambos padres

Vive sólo con la madre

Tiene hermanos

Vive con uno o más abuelos

Uno o ambos padres profesionales

Más de 4 hs diarias a cargo de otras personas

La madre presentó complicaciones de salud en el embarazo

La madre presentó problemas emocionales en el embarazo

La madre presentó problemas de salud significativos luego del


nacimiento

La madre tuvo problemas para amamantar al niño

Estuvo a cargo de otras personas durante los primeros meses


de vida

El niño tuvo problemas de salud significativos en los primeros


meses de vida

La relación entre los padres se fortaleció luego del nacimiento

La madre se siente cansada y con poca energía cuando está a


cargo del niño

El padre del niño presenta problemas emocionales que lo


limitan

La madre del niño presenta problemas emocionales que la


limitan

El padre está limitado por un problema de salud en la


actualidad
206

La madre puede mantenerse tranquila cuando el niño se


angustia o tiene miedo

Los padres le prestan el celular cuando no pueden encargarse


de él

La madre se considera permisiva

La madre puede poner límites de manera calma mediante la


palabra

Ambos padres respetan las penitencias impuestas al niño

La madre pierde la paciencia cuando el niño desobedece o se


porta mal

Ambos padres están de acuerdo en cuando a castigos y valores


a transmitir al niño

Los padres se apoyan mutuamente en la crianza

El vínculo se torna difícil a la hora de convencer al niño de


hacer algo que no quiere

La madre está conforme con la relación que tiene con el hijo

La madre siente culpa por no estar suficiente tiempo con el


hijo

La madre se entristece de retarlo tanto

La madre se pone mal por no poder manejar la conducta del


niño

La madre dedica al menos dos horas diarias de atención


exclusiva al hijo

La madre navega en internet o chatea con el celular mientras


pasa tiempo con el niño

La madre disfruta compartir las actividades propuestas por el


niño
207

La madre puede calmarse y pensar en frío cuando algo la


afecta

La madre tiende a enojarse con facilidad

La madre le grita al niño cuando no le hace caso

La madre no le dirige la palabra al niño cuando no le hace


caso

La madre le pega cuando no hace caso

La madre se descontrola y lo insulta cuando se porta mal

La madre siente impotencia o llora cuando siente que no


puede manejar al niño
208

ANEXO 4 Grilla de observación de la conducta del niño en la situación extraña

Si No

Interrumpe

Irrumpe en el espacio de la madre

Levanta la voz

Desobedece una orden

Abre la puerta para buscar a la madre

Golpea los juguetes

Recurre a la extraña en busca de información

Juega interactuando con la madre

Juega con la extraña

Establece más confianza con la extraña que con la madre

Recurre a la madre en busca de información

Se observa reciprocidad en miradas y sonrisas

Estilo de apego
209

ANEXO 5 Grilla de observación de la conducta de la madre en la situación extraña

Si No

Mantiene la atención centrada en el hijo

Nivel de activación bajo

Levanta la voz al niño

Indicios de no responsividad

Censura las conductas inadecuadas

Sonríe al niño

Se focaliza más en la extraña que en el niño

Se preocupa por el modo en que el niño deja el consultorio

Se acerca al niño antes de las salidas

Se acerca al niño al regresar

Juego paralelo

Juega con el niño


210

ANEXO 6

Tipos y madres y patrones de apego en la infancia según el DMM

Tipos de Madre

A- Madre sensible:

a. Está atenta a las señales del bebé y responde consistentemente a las mismas.

Ej. En las interacciones cara a cara puede exagerar lentamente sus expresiones

faciales normales si el bebé está alerta, cambiar su voz para estimularlo , etc.

b. Su expresión vocal es cálida, lenta, apacible y rítmica, acorde a la edad del

niño. Ej. Una voz más alta que la normal con bebés alerta, una voz calma con

bebés apenados o una voz con sorpresas rítmicas con bebés juguetones.

c. En las interacciones se observa al bebé cómodo y con acceso físico a la madre.

d. Hay calidez vocal, visual y cenestésica. Caricias suaves, murmullos, sonrisas

compartidas.

e. Da vuelta en base a las señales del infante en un claro intento de crear un

diálogo

f. Refuerza el comportamiento positivo del niño y lo moviliza a responder antes

de seguir estimulando.

g. La actividad que propone al niño es posible de ser realizada por él y agradable

en el modo en que es presentada. Se adapta a la zona de desarrollo próximo

del niño.

h. Responde confortantemente al llanto del niño, levantándolo, acercándolo a su

cuerpo o satisfaciendo sus necesidades físicas.


211

B- La madre controladora:

a. Su expresión facial es incongruente con el estado emocional del niño.

b. Se muestra hiper o infrasensible al llanto o expresión de necesidad del bebé.

c. Ríe cuando el niño está enojado o se niega a cooperar.

d. Puede exhibir una dulzura o sonrisa exagerada al hablar, también puede

mostrarse abiertamente hostil en la interacción (Alto riesgo).

e. Es intrusiva, no respeta el espacio físico del infante, juega sobre su cuerpo.

f. Se mueve dentro del espacio del niño, manipula su cuerpo contra su voluntad

o le arranca juguetes de las manos (Alto riesgo)

g. Demostración de afecto forzada, fuera de sincronía con el estado emocional

del niño.

h. Puede presentar una actitud abiertamente hostil, con gritos, tironeos o

comentarios desacreditativos. (Alto Riesgo)

i. No registra las señales infantiles cuando estas indican que prefiere otro juguete

o actividad.

j. Refuerza las conductas negativas del niño riendo cuando el niño llora o está

activado negativamente o la inhibición, por ej. sonríe cuando él está inmóvil.

k. Sus acciones parecen depender más de ella misma que de cualquier señal

infantil.

l. La actividad o juego que le presenta al niño es avanzada, difícil o compleja en

su presentación. Ej. ofreciendo un juguete apropiado para la edad pero

estructurando la forma en que debe usarse, sin que el infante pueda explorarlo.
212

m. Ofrece varias actividades en un período corto de tiempo, o sea que no le da al

bebé el tiempo para desarrollar las actividades propuestas.

n. Insiste en que el niño se muestre complaciente.

C- La madre no responsiva:

a. En la interacción con el niño se distrae, raramente chequea su cara y está más

atenta a los otros adultos presentes que al propio bebé.

b. Su voz es plana, sin expresión, el volumen de su voz es bajo y su discurso

lento o susurrado

c. Sostiene por detrás al niño sin poder ver su rostro

d. Cuando el niño llora o se aferra a ella lo aleja, favoreciendo la inhibición.

e. No lo conforta cuando está estresado

f. No se involucra activamente en el juego del niño. Hay pausas largas entre las

instancias de juego

g. Puede mantener su atención constante pero hay poco reforzamiento positivo

en la interacción.

h. El niño juega sin que el adulto esté conectado o hay juego paralelo.

i. Las actividades que elige son demasiado simples, repetitivas o no acorde a la

edad del infante.

Patrones de apego en la primera infancia:

Patrón Evitativo o A: Estos niños tienen padres que son consistentemente no

responsivos o rechazantes frente a la expresión de necesidades, el llanto, la búsqueda


213

de contacto físico, etc. Ellos aprenden de esta manera, que su despliegue de afectos

negativo no sirve o aleja a los cuidadores. Como estrategia, comienzan a inhibirlo y a

mostrar las conductas que “esperan” cuidadores.

Indicadores conductuales:

a- Sonrisas ambiguas a medias.

b- Sonrisas que empiezan o terminan repentinamente (orientadas a

complacer al adulto) y no son producto del placer en la interacción.

c- Manos u objetos sostenidos frente al rostro cuando se está frente al

adulto, o mano frente al rostro.

d- Rostro sin vida.

e- Inhibición del afecto negativo frente al adulto.

f- Ojos bien abiertos. Vigilancia congelada.

g- Cambios faciales al mirar lejos, mayormente expresión triste.

h- Mano frente a la boca.

i- Voz constreñida.

j- Activación y afecto descontextualizados.

k- Paquetes incompletos de conducta, ej. boca abierta sin sonido.

l- Conductas felices y brillantes como cantar y bailar aparecen de golpe

y no se desarrollan lentamente como consecuencia de estar

disfrutando el momento.

m- Puede haber un excesivo nivel de activación.

n- Quietud excesiva, movimientos robóticos o fragmentados.

o- Posiciones incómodas sin protestar ni quejarse por las mismas.


214

p- Cuerpo tieso, caer en bloque, hombros levantados, puños apretados.

q- Movimientos corporales no fluidos.

r- Falta de iniciativa en la interacción.

s- Turnos rutinarios en el juego.

t- Adaptación rápida a los intereses del adulto.

u- Deferencia hacia el adulto en la elección de la actividad o juegos.

v- Actividades difíciles o aburridas se continúan realizando sin

quejarse.

1- Patrón Seguro o B: Tienen padres sensibles que saben cómo calmar sus necesidades.

Estos niños confían en el valor predictivo de su expresión de necesidades e integran

cognición y afecto. Son niños que pueden alejarse físicamente de sus cuidadores,

explorar, jugar con otros niños y volver a ellos cuando lo necesitan.

Indicadores conductuales:

a- Capacidad de expresar sus necesidades y de explorar el ambiente.

b- Curiosidad.

c- Búsqueda del adulto frente a una necesidad.

d- Sonrisas que se desarrollan lentamente y son producto del placer en

la interacción, permanecen aún después de llegar a su punto máximo.

e- Contacto ocular con el cuidador en momentos de incertidumbre y

en los de afecto compartido.

f- Tono de voz relajado, no plano ni constreñido con suaves variaciones

que se ajustan a la actividad y al tono de voz del adulto.


215

g- Tono muscular relajado pero no laxo.

h- Activación afectiva moderada y cómoda.

i- En la interacción con el cuidador se observan momentos

compartidos de mutua alegría que se elevan suavemente ,

desaparecen lentamente y se ajustan a la actividad que están

realizando.

2- Patrón coercitivo o C: Son niños cuyos padres responden inconsistentemente a su

expresión de necesidades. Es decir, en ocasiones consuelan y alivian al niño y en

ocasiones no. Como consecuencia de ello, estos niños no confían en que el expresar

sus necesidades traerá aparejado el alivio de las mismas, de manera que aprenden a

desconfiar en las cogniciones y a confiar exclusivamente en sus afectos negativos que

se intensifican con la finalidad de mantener la disponibilidad emocional de los

cuidadores.

Indicadores conductuales:

a- Nivel de activación alto, llanto, rabietas, sonidos guturales,

b- Miradas amenazantes, evitación activa de la mirada.

c- Sonrisa dientuda o dientes desnudos.

d- Ojos penetrantes.

e- Ceño fruncido.

f- Muecas.

g- Quejas vocales.

h- Tonos vocales fuertes o agudos.


216

i- Defensiva a dormirse.

j- Inquietud.

k- Irritabilidad.

l- Morder, pellizcar, negativa a jugar.

m- Arrojar juguetes.

n- Escupir la comida.

o- Preocupación por las figuras de apego. Despliegue de afecto negativos en

su presencia.

p- Ansiedad o timidez frente a los demás.


217

Los patrones de apego en la Edad Preescolar (Crittenden 2004)

Patrón de apego seguro:

Niños tipo B Figuras de apego

Son consistentes y previsibles

Responden a la expresión de necesidad

del niño

No refuerzan la conducta coercitiva

Ayudan al niño a modular sus

emociones y a integrar cognición y

emoción

Típicamente se interesan en las

actividades que realiza el niño


218

Características El niño tipo B

Es un niño típicamente colaborador

Es capaz de usar información

cognitiva y emocional

Negocia sus planes e intenciones

Es capaz de recurrir a la figura de

apego cuando lo necesita

Juega y explora el ambiente cuando

se siente bien

Niño B1-2 Puede parecer algo

inhibido pero recurre a la figura de

apego cuando lo necesita

Niño B3 Disfruta plenamente del

vínculo.

Niño B4 Expresan abiertamente sus

emociones. Necesitan más ayuda que

otros niños B para autorregularse

pero confían en la capacidad de sus

cuidadores para hacerlo.


219

Patrón de apego evitativo

Características Figuras de apego de niños A1-2 Figuras de apego de niños A3-4

Protectoras pero no cálidas. No son sustentadores

Rechazan el afecto negativo Condicionan el afecto,

innecesario. demandan desempeño

Responden con algo de Algunos castigan

apoyo frente a una severamente al niño

necesidad real
Otros lo descuidan y ponen

Valoran el logro y el en riesgo

rendimiento.
A3- Padre retirado y no

A2-Falso afecto brillante responsivo.

desincronizado con el de su
A4- Padre hostil o no
hijo.
responsivo. Usa el amor

contingentemente.
220

Características El niño A1-2 El niño A3-4


Inhibe hacer las cosas Además de inhibir hacer
“equivocadas” las cosas equivocadas,
El niño puede mostrar exhibe la conducta
una alegría falsificada en “correcta” desde la
ocasiones. perspectiva del otro.
Se anticipa a las
expectativas del otro.
En lugar de explorar y
jugar hacen lo que desea
el cuidador.
A3- Niño que “cuida” de
sus padres.
A4- Niños excesivamente
limpios, prolijos,
hiperobedientes
Sienten que tienen que
estar atentos a sus padres.
221

Patrón de apego Coercitivo:

Niños tipo C Figuras de apego

Típicamente son inconsistentes

Utilizan la cognición falsa

Ceden poder al niño sintiendo culpa

si este no está complacido.

Cuando la estrategia es severa C3/C4

la figura de apego actúa como si

dependiera del afecto y atención de

su hijo. El niño capitaliza esto

mostrándose abiertamente agresivo

cuando está frustrado y

encantadoramente cálido cuando

intenta imponer algo a su figura de

apego.

Entablan una lucha con el niño

tratando de mostrar autoridad delante

de otros.
222

Características Niño C1-2 Niño C3-4

Bajo condiciones no Los problemas de apego

amenazantes o con otras prevalecen en todas sus

personas son cooperadores relaciones

C1- Amenazante: Su C3- Niño abiertamente

conducta hostil no es tan agresivo, es ruidoso y

abierta. Es ruidoso y desconsiderado

desordenado

C2- Niño encantador,


C4- Niño sumiso e
prevalece la conducta
incompetente
desarmante y encantadora
223

ANEXO 7

Propuesta de entrevistas con los padres en el contexto de una psicoterapia individual

para niños con Trastorno Negativista Desafiante:

A partir de los déficit observados en los cuidadores de niños con trastorno negativista

desafiante, se propone incorporar al abordaje individual con niños de entrevistas de orientación

a padres basadas en los aportes de la teoría del apego.

Desde este modelo, la función del terapeuta no es “arreglar al niño” para que los padres

estén contentos con él, sino que tendrá los siguientes objetivos:

1. Ayudar a los padres a que lograr un ambiente estable y acogedor

2. Favorecer la identificación de las necesidades del niño

3. Enseñarles a actuar consistentemente y a apoyarse mutuamente

4. Derivar a los padres a psicoterapia individual en el caso que fuera necesario

Todo esto, de acuerdo con la noción de Crittenden (2004) de que el patrón de apego es

una contribución del niño a su propio bienestar y que cada estrategia es la mejor dentro del

ambiente en el que aparece. La autora sostiene que antes de sacarle a un niño su estrategia es

necesario modificar el ambiente en el que se desenvuelve.

Como terapeutas, es preciso ser empáticos y comprender que cada padre transmite a su

hijo aquellas herramientas que cree que lo ayudarán a desenvolverse mejor en la vida

(Crittenden, 1995).

Esta tarea a veces resulta difícil, especialmente frente a padres muy intrusivos o no

responsivos y sobre todo para terapeutas que no tienen hijos.


224

Modalidad de trabajo

Entrevista inicial con los padres:

Realizaremos una entrevista inicial con ambos padres a la que le otorgaremos gran

importancia.

1- Escucharemos en primer lugar el motivo de consulta y la evolución del

problema, así como posibles desencadenantes.

2- Veremos el grado de acuerdo entre los padres en cuanto a la gravedad del

problema y la atribución de responsabilidad que hacen.

3- Trataremos de comprender la funcionalidad del síntoma infantil dentro del

contexto en el que aparece.

4- Indagaremos acerca de los siguientes aspectos:

a. Datos del grupo familiar del niño

b. Personas que están a cargo del niño cuando los cuidadores no están presentes

c. Interrupciones en el cuidado que pudieran haber ocurrido en los primeros

meses de vida

d. Cómo era de bebé

e. Estado de salud física y psicológica de los cuidadores en el momento del

embarazo, primeros meses del vida y actuales

f. Maduración y logros evolutivos del niño, (tomó la teta, cuándo sostuvo la

cabeza, cuándo se sentó, gateó, cuándo dio sus primeros pasos y dijo sus

primeras palabras)

g. Pautas de cuidado

h. Respuesta de los cuidadores frente a las necesidades, el enojo, el miedo y la

tristeza en el niño
225

i. Formas de reforzar y castigar al niño

j. Grado de satisfacción en la relación entre los cuidadores

k. Grado de satisfacción de los cuidadores con su trabajo

l. Grado de satisfacción con sus metas y vida personal

m. Capacidad de autorregulación de los propios cuidadores

n. Adaptación al jardín

o. Gravedad de las conductas oposicionistas y delante de quién son desplegadas

p. Estrategias que usan los padres para controlarlas.

Daremos especial atención no sólo a la información verbal que nos brindan los padres, si

no también a la información emocional que estos transmiten. (Su postura, expresiones

faciales, tonos de voz, nivel de activación) ya que es la información con la que

predominantemente se manejan los niños.

Nos preguntaremos cuál es nuestra respuesta afectiva como observadores de esos padres

porque eso también nos ayudará a hacer un diagnóstico desde el modelo del apego.

Las entrevistas con el niño:

Realizaremos tres entrevistas de evaluación al niño y en ellas nos propondremos

establecer con él un vínculo de confianza, ya que el terapeuta deberá funcionar como base

segura. También indagaremos sobre sus emociones, conductas, atribuciones y creencias. En

esta etapa se pueden tomar tests gráficos si se consideran necesarios.


226

Entrevista de devolución a padres:

En esta entrevista:

1- Les explicaremos la conducta de su hijo en términos de estrategia

2- Mostraremos y ejemplificaremos la manera en que la conducta parental

refuerza el trastorno negativista desafiante

3- Exploraremos sus dificultades para la puesta de límites

4- Identificaremos los afectos y estados emocionales que el niño elicita en ellos.

En el caso de que los padres se muestren insensibles frente al niño o que el terapeuta no

pueda empatizar con ellos puede ser beneficioso conversar sobre su propia historia de apego.

En el caso de que haya un solo cuidador en esa familia, lo alentaremos a buscar ayuda en

otros adultos de la familia, ya que cuidar a un niño desafiante es una tarea muy desgastante

para una sola persona. También se recomendará buscar ayuda psicoterapéutica individual a

aquellos padres que se encuentren ansiosos, desgastados o deprimidos.

Luego de la entrevista de devolución se pautará trabajar una vez por semana con el niño

y una vez cada quince días con los cuidadores.

Tareas intersesión y sesiones posteriores:

En primer lugar, se ayudará a los padres a fijar expectativas razonables en cuanto a la

conducta de sus hijos. Muchas veces, los padres confunden las conductas deseables con

conductas esperables y es necesario trabajar sobre ese aspecto para evitar conflictos

Entre sesión y sesión, los padres llevarán un registro de las situaciones que no pueden

manejar con sus hijos que luego serán conversadas y se pensarán estrategias para afrontarlas

en el futuro.
227

El terapeuta enseñará a los padres a apoyarse mutuamente y a ser consistentes consigo

mismos y el otro. También se trabajará sobre la manera más adecuada de poner límites,

enfatizando en los componentes no verbales del mensaje, que brindan a los niños,

información emocional fundamental.

En el caso de que el niño se encuentre sobrecargado de actividades, se evaluará junto a los

padres la importancia de las mismas.

El terapeuta enseñará a los padres a validar las emociones del niño y ayudarlo a calmarse

en lugar de entrar en una lucha que retroalimente el malestar. Para esto, ellos tendrán que ser

capaces de calmarse a sí mismos, de manera de no mostrarle información distorsionada de la

realidad.

Por último, es importante que ellos aprendan a ver los aspectos positivos de su hijo y

reforzarlos adecuadamente, de manera que el niño perciba que su esfuerzo vale la pena.

Las entrevistas con los padres pueden espaciarse y realizarse una vez por mes una vez que

los síntomas oposicionistas empiecen a disminuir y los padres ganen confianza en sus propios

recursos.

Algunas técnicas para trabajar con los padres

Ayudar a los padres a definir problemas:

Para esto se evaluará la frecuencia, intensidad y duración de la conducta problema.

Muchas conductas pueden volverse un problema cuando su tasa de ocurrencia es elevada. No

es lo mismo si un niño llora 4 o 5 veces por semana cuando no obtiene lo que quiere que si lo

hace 4 o 5 veces por día. Muchas veces, los datos obtenidos objetivamente ponen de

manifiesto que la conducta aparece con mucha menos frecuencia de lo que estiman los
228

padres. También es interesante diseñar con los padres una escala de intensidad que permita

evaluar hasta qué punto la conducta del niño es atípica. (Ej. 1 pto. Discusiones, 2 ptos. Gritos,

3 ptos. Patadas y puñetazos, etc) (Friedberg y Mc Clure, 2005).

Refuerzos

El refuerzo es una estrategia conductual básica que suele producir resultados rápidos

incrementando la frecuencia de las conductas deseadas. Es la forma más importante de

fomentar comportamientos deseados y puede implementarse de muchas maneras. Un

refuerzo puede implicar dar algo positivo como un halago, un abrazo, un helado o retirar algo

negativo como tener que ayudar en las tareas domésticas (Barkley y otros, 1999). En el

primer caso, estaríamos hablando de un refuerzo positivo y en el último de un refuerzo

negativo que implica quitar o retirar una situación desagradable.

Tiempo de juego:

El tiempo en el suelo es un tiempo que los padres pasan con sus hijos jugando en el suelo

y siguiendo las orientaciones del niño. Los padres que juegan con sus hijos los refuerzan y

mejoran el vínculo que tienen con ellos (Friedberg y Mc Clure, 2005). Cuando esto sucede,

el niño se siente valorado por el padre lo cuál suele mejorar su obediencia en esta y otras

situaciones. También puede utilizarse este tiempo para modelar y practicar la resolución de

problemas con el niño. Cuando están jugando es importante que el padre refuerce las

conductas apropiadas e ignore las moderadamente inapropiadas (Anastopoulos, 1998).

Moldeamiento:

La técnica del moldeamiento implica reforzar aproximaciones graduales a la conducta

deseada. Cada paso constituye un sub-objetivo. Al principio se premian los pequeños logros,
229

hasta que estos se dan con frecuencia y luego se refuerzan pasos más completos. También se

les enseña a los padres a dar refuerzos diferenciales a las conductas más elaboradas o a

niveles más altos de la secuencia. Para evitar que los niños se habitúen a los reforzadores se

va variando. Se pueden utilizar halagos, refuerzos físicos, actividades divertidas y

recompensas tangibles (Engler, 1996)

Los refuerzos deben ser inmediatos.

Ignorar:

La atención de los padres es un refuerzo muy importante. Lamentablemente, ellos suelen

reforzar sin querer muchas de las conductas desadaptativas de los niños. Ignorar es una

técnica que consiste simplemente en retirar la atención de la conducta del niño y es una

estrategia muy potente para eliminar comportamientos no deseados (Friedberg y Mc Clure,

2005).

Es importante tener en cuenta que no se puede enseñar a los padres a ignorar conductas

potencialmente peligrosas o destructivas y que para que funcione la estrategia, ellos deben

poder ignorarla en todos sus niveles de intensidad.

Retirar recompensas y priviliegios:

Cuando enseñamos a los padres a hacer esto, es importante que conecten lo que retiran

con el comportamiento concreto del niño. Es importante especificar durante cuánto tiempo

perderá el privilegio, elegir lapsos que se puedan sostener y cumplirlos. Los padres no deben

dejarse llevar por sus emociones para llevar a cabo esta estrategia.
230

ANEXO 8

Taller para padres de niños con Trastorno negativista desafiante:

Este taller se deriva de los datos observados en este estudio. Se trata de un taller

psicoeducativo de frecuencia quincenal que es una adaptación del programa de entrenamiento

para padres desarrollado por Russell Barkley (1998) con el agregado de algunos aportes de la

Terapia Dialéctica Conductual de Marsha Linehan (1993). Consta de 6 encuentros que

tienen una duración de una hora y media. Los grupos estarán formados por 8/10 parejas de

padres. Es necesario que ambos padres concurran a los encuentros. Los encuentros están

coordinados por dos psicólogos/psicopedagogos.

PRIMER ENCUENTRO:

Presentación de los profesionales a cargo

El trastorno negativista Desafiante

Estrategias para disminuir las conductas oposicionistas en los niños: ¿por qué es

necesario aprenderlas?

• Estas técnicas están diseñadas para reducir la terquedad y las conductas oposicionistas y

simultáneamente para aumentar las conductas de colaboración.

• Por lo general se mejora la convivencia familiar, a la vez que se adquiere un abanico de

conductas positivas necesarias para el éxito en el jardín , la comunidad y la sociedad en

general.

• La aplicación de estos principios deriva en


231

• El fortalecimiento de las relaciones padre-hijo que se torna más cariñosa y

cordial.

• Reducción del conflicto diario, peleas, discusiones y arranques de mal genio de

ambas partes.

• Aumento de la gama de conductas apropiadas y socialmente aceptadas del niño.

• Prepara al niño para integrarse a la sociedad ya que fomentan la interacción

positiva y cooperativa con otros niños y con los adultos.

Cuando un niño aprende a ajustarse a las peticiones y normas de sus padres está

adquiriendo una actitud básica de cooperación y una postura receptiva a aprender de los

adultos. Ambas son necesarias para el desarrollo social y la adaptación al mundo adulto.

Las investigaciones demuestran que el niño de corta edad que aprende que la

desobediencia, la resistencia a las demandas parentales, la terquedad, las rabietas y las

conductas agresivas son eficaces para escaparse del requerimiento de los adultos y de las

responsabilidades impuestas por la sociedad, está en situación de riesgo de emprender actos

antisociales y de ser rechazado por pares y otros miembros de la comunidad.

Este programa de entrenamiento sirve para niños entre 2 y 12 años que tienen un nivel de

lenguaje adecuado a su edad y no son excesivamente desafiantes.


232

Encuesta: ¿Es usted el mejor o el peor supervisor que pueda imaginar?

1. Recuerde la peor persona para la que haya trabajado y piense cómo le trataba, las

cosas que hacía que a ud. le disgustaban. Haga una lista con las peores cualidades de

esa persona.

2. A continuación piense en la mejor persona con la que haya trabajado, alguien con

quién le gustaría volver a trabajar. Si esa persona le hubiera pedido algún esfuerzo

extra de seguro lo hubiera hecho. Haga una lista de las características positivas de esa

persona.

3. Ahora mire con atención las cosas que escribió y decida honestamente como lo

calificaría su hijo.

Comprenda las claves del comportamiento en los niños

Los chicos y adolescentes entienden mejor las consecuencias que las razones.

Las consecuencias sientan precedente para futuras conductas.

Consecuencias positivas por conductas positivas aumentan su frecuencia.

Consecuencias negativas por conductas negativas disminuyen su frecuencia.

Las consecuencias positivas suelen ser más eficaces para el cambio que las negativas.

Ejemplos de las claves del comportamiento:

Es más probable que su hijo haga algo que usted le pide si le dice que obtendrá tal cosa que

si le explica que haciéndolo será mejor persona.


233

Si haciendo un berrinche su hijo logra lo que desea, es muy probable que al día siguiente lo

repita.

Que repita el berrinche o no va a depender del resultado obtenido.

Si por comer toda la comida su hijo tiene el privilegio de ver su programa favorito, es

probable que vuelva a hacerlo .

Es más probable que quiera bañarse si lo estimula con premios que si lo amenaza con

castigos.

¿De qué manera puedo premiar los logros de mi hijo?

Muestras verbales de aprobación:

Me gusta cuando vos…

Es genial cuando…

Sos muy bueno en…

Fue increíble la forma en que…

¡Buen trabajo!

¡Bien hecho!

Actuaste como un niño más grande

Vas a ver cuando le cuente a mamá/papá

Muestras no verbales de aprobación:

Abrazos

Palmaditas en la cabeza o en el hombro

Sonreír
234

Un beso suave

Levantar el pulgar en señal de triunfo

Guiñar el ojo.

Importante:

Apruébelo en el momento, no deje pasar el tiempo.

Valore la conducta específica de su hijo y dígaselo.

No haga comentarios irónicos como “Ves que cuando querés podes”

Evite criticarlo por faltas menores: Consiga paz en su hogar

Tarea para la casa: Mejorar la relación con el niño

Seleccione un momento de exclusividad cada día que dedicará a jugar con su hijo

durante aproximadamente media hora. El niño deberá elegir la actividad, pero es preferible

que sea algo que disfruten los dos. Es importante focalizar la atención en el niño durante ese

rato, dejando de lado el celular o cualquier otro dispositivo que pudiera interrumpir ese

momento. No elija momentos en que esté apurado o preocupado por otra cosa. DISFRUTE.

Realice esta actividad todos los días durante los quince días que transcurren entre los

encuentros del taller


235

SEGUNDO ENCUENTRO

Enseñarle obediencia

Una vez que mejoró la relación con el niño está listo para enseñarle a obedecer órdenes

simples.

Cuando su hijo cumpla con una orden márquele enseguida lo bien que lo está haciendo.

Elógielo cuando empiece a obedecer.

Puede irse por unos momentos si tiene que hacerlo pero regrese frecuentemente para

elogiarlo. Si lo encuentra realizando una tarea que ud. no solicitó este es el momento para

ofrecerle elogios especialmente positivos.

Elija dos o tres órdenes que él obedezca muy inconsistentemente, esto debe hacerlo en un

momento en que el niño no se encuentre muy ocupado. Concéntrese especialmente en

elogiarlo y prestarle atención cuando empiece a responder.

Dé órdenes breves y fáciles de realizar. Es importante esperar a que haya terminado de

cumplir una orden antes de pedirle otra cosa.

Dar órdenes efectivas

Ningún niño cumple todas las órdenes que se le dan, sin embargo la manera en que se

formula la orden aumenta o disminuye la probabilidad de que sea cumplida.

Asegúrese de que va a cumplir lo que dice. “No vas a salir en todo el año” por ej. Es un

castigo prácticamente imposible de cumplir


236

No presente el mandato como una pregunta o un favor. “Mi amorcito no serías tan bueno

de ayudar a tu mamá a poner la mesa?” no funciona. Se recomienda BUENOS MODALES

pero con FIRMEZA.

Dé solo una instrucción específica a la vez.”Juancito andá a lavarte los dientes, después la

cara, ordená tu cuarto y ayudame a poner la mesa”, cree que lo recordará? Qué

probabilidades hay de que lo logre? Con tantos mandatos la motivación de su hijo disminuirá

y se sentirá frustrado.

Si la tarea es compleja sepárela en pasos más sencillos: Una vez que se lavó los dientes

pídale que se lave la cara. Luego de hacerlo que ordene la pieza, etc.

Asegúrese de que el niño lo mira a los ojos. Con su mirada puede enfatizar su pedido y

aumenta la probabilidad de que lo cumpla.

Reduzca todas las distracciones. Si su hijo está jugando en la computadora y ud. lo llama a

comer ¿Qué efecto puede tener? ¿Qué atraerá más su atención?

Pídale al niño que repita la orden para ver si entendió.

Importante:

Su hijo tiene que empezar a comprender el funcionamiento y la lógica de las cosas, por

eso es muy importante trabajar en el valor de su palabra. Es fundamental cumplir con los

premios y castigos prometidos y para hacerlo, estos deben ser realistas. También es

fundamental el acuerdo y la consistencia entre ambos padres


237

TERCER ENCUENTRO

Aumentar la motivación utilizando un sistema de fichas.

Este sistema consiste en usar fichas o puntos para premiar la buena conducta y disminuir

la inadecuada.

Haga una lista de las conductas adecuadas por las cuáles será premiado y un listado de

premios que podrán ser intercambiados por fichas.

Especifique cuántos puntos valdrá cada conducta y cuántos puntos valdrá cada beneficio.

Con niños pequeños use fichas tangibles, de colores, caritas, estrellas.

Sea especialmente generoso con las cosas que producen más tensión en la familia.

Es un trabajo artesanal y un proceso de ensayo y error.

Es muy importante que las recompensas no sean obtenidas fuera del sistema de puntos.

Importante:

Si tuviera un hijo con una discapacidad motriz, no tendría inconveniente en realizar

adaptaciones edilicias como construcción de rampas o colocación de barandas.

Con los niños con problemas de conducta muchas veces con la felicitación no es

suficiente. Por eso se recomienda la utilización de este sistema que ha demostrado ser

eficaz para incrementar la adherencia a los mandatos parentales.

Tarea para la casa:

Elaboramos un sistema de fichas para motivar a nuestro hijo a aprender las conductas

deseadas.
238

CUARTO ENCUENTRO

Cómo poner penitencias:

Los castigos físicos y los gritos solo generan frustración y empeoran aún más su relación

con su hijo. Por eso se propone la implementación de una modalidad llamada Tiempo

Fuera. De una orden en voz firme pero agradable, cuente en voz alta del 1 al 5. Si el niño no

ha comenzado a obedecer, establezca contacto visual directo con él. Alce la voz levemente,

adopte una postura firme y diga, “¡Si no haces lo que te pedí, entonces vas a sentarte en esa

silla!” Cuente nuevamente hasta 5 en voz alta. Si no comenzó a obedecer dígale: “No hiciste

lo que te pedí así que tenés que ir a la silla” y llévelo. Debe ir a la silla sin importar las

promesas que pueda hacer. Coloque al niño en la silla y diga firmemente “¡Te quedás ahí

hasta que yo diga que te levantes!”. Puede decirle que ud. no regresará a la silla hasta que se

calme. No discuta con el mientras está en tiempo fuera. Ninguna persona debe hablarle. No

lo pierda de vista mientras está en la silla.

El tiempo de permanencia es de 1 a 2 minutos por año de edad dependiendo de la

gravedad del comportamiento inapropiado. Deberá estar calmado una vez que cumpla el

tiempo y debe acceder a hacer lo que se le pidió. En el caso de que se lo haya mandado a la

silla por una falla que no puede corregir debe prometer no volver a hacerlo. La silla debe

estar colocada lejos de la pared para que el niño no pueda patearla y sin objetos cerca con los

que pueda jugar. No debe ver televisión desde la silla, esta debe estar ubicada de manera que

los padres puedan seguir sus actividades sin necesidad de pararse delante de él para mirarlo.

Preparación para el uso del tiempo afuera:

La primera semana será la más difícil, ya que durante los primeros días pueden

incrementarse las rabietas debido a su resistencia a permanecer en la silla.


239

Es necesario implementarlo con rigurosidad y no hacerlo hasta no estar seguro.

Algunos padres temen por la autoestima de sus hijos, pero si se hace un análisis del modo

en que resuelven los conflictos con el hijo constatan que se producen escaladas de agresión

con gritos y palabras hirientes e incluso en ocasiones se llega al castigo físico. El tiempo

fuera solo consiste en que el pequeño no puede hacer nada por un rato y se le retira el

refuerzo de la aprobación.

Luego de la primera o segunda semana el niño acepta ir a la silla sin resistencia.

Estrategias de los niños para evitar el tiempo afuera:

1- Pedir ir al baño bajo amenaza de orinarse en la silla

Eso generalmente no ocurre.

Explíquele que podrá ir cuando cumplan los requisitos para abandonar la silla.

2- Decir que no quiere más a los padres y otros reproches.

Estos comentarios suelen ser para manipular o estar relacionados con momentos de gran

activación emocional.

3- Moverse, patear objetos de alrededor.

Estas conductas son tomadas como abandono de la silla e implican comenzar de nuevo.

4- Quejarse de enfermedad, dolores o ganas de vomitar.

Es recomendable ignorar estas manifestaciones a menos que haya habido signos de

enfermedad previos al uso de la silla.

Ningún niño ha contraído enfermedades por permanecer en una silla en su casa

Una vez que descubren que esta estrategia no sirve suelen dejarla de lado.

5- Quejarse de sueño o hambre.


240

Esto ocurre sobre todo cuando los padres tienen dificultades para que el niño coma o se

vaya a dormir.

Podrá hacerlo cuando cumpla las tres condiciones para abandonar la silla.

6- Negarse a abandonar la silla una vez que terminó el tiempo afuera: “Ahora no me voy,

me quedo el tiempo que yo quiera”

En ese caso se recomienda iniciar nuevamente el tiempo afuera.

Es importante que finalice cuando los padres lo decidan.

QUINTO ENCUENTRO

Manejo del niño en lugares públicos

Los niños negativistas desafiantes pueden volverse más oposicionistas aún cuando se

encuentran en lugares públicos o frente a terceras personas. Ellos establecen una lucha de

poder con sus padres en la que éstos suelen quedar mal parados, con sensación de frustración

y avergonzados ya que suelen ser blanco de las miradas ajenas

Anticípese y establezca reglas antes de entrar al lugar. Dé dos o tres reglas claras. “Ahora

vamos a entrar al supermercado, quiero que no corras, no pidas y no te pelees con tu

hermano.” Pídale que repita la orden.

Ofrézcale un incentivo de fichas o puntos.

Adviértale las consecuencias por la desobediencia: “Vas a perder X cantidad de fichas”.

Si tiene que esperar en salas de espera de consultorios, hacer largos viajes, esperar en un

restaurant, etc. ofrézcale algo para hacer.

Es recomendable llevar juguetes, hojas y lápices para dibujar, encomendar tareas

entretenidas para que realice.


241

En resumen, trate de evitar que se aburra.

Tarea para la casa:

Realizar salidas a lugares públicos con el niño para poner en práctica lo aprendido.

Reforzar la buena conducta de manera de estimular que se repita

SEXTO ENCUENTRO

Aprendiendo a modular los afectos de mi hijo

Los niños negativistas desafiantes tienden a sentir rabia con mucha facilidad y es

importante que los padres aprendan a modular esa emoción y a descargarla de manera

socialmente aceptada.

La experiencia de tener alguien que escucha y acepta la expresión de las propias

emociones genera confianza e intimidad en el vínculo.

La validación genera autoestima y disminuye la sensación de aislamiento. Con

validación, el niño está acompañado en su dolor emocional y esa es una forma de no agregar

más sufrimiento al dolor ya existente.

La validación baja la activación emocional. Por el contrario, la activación aumenta

cuando el niño necesita insistir porque sus cuidadores no escuchan, lo ignoran o no lo

validan.

La validación es el reconocimiento de las emociones y sentimientos del niño como

percepciones auténticas y legítimas. Es la confirmación y corroboración de la importancia y

relevancia de lo que él siente.

La validación NO es dar alabanzas, consuelos ni soluciones.


242

NO dar respuesta de gran intensidad emocional frente a la expresión del rabia del niño.

No responder con culpa, críticas, juicios u otras respuestas que aumenten el conflicto.

Lo que es válido siempre: Las emociones del niño

Lo que es válido algunas veces y otras no: La conducta, los pensamientos y planes para

resolver los problemas.

Lo que no es válido: Las mentiras, las amenazas y las conductas violentas

Cuando el niño está desregulado emocionalmente, busque lo que es válido, valídelo e

ignore las otras cosas por el momento

Nivel de validación Descripción Cómo hacerlo

Escuchar y observar Escuchar activamente y Mirarlo a los ojos,

mirar al niño mientras comunicar interés

habla

Comentar en forma Devolver lo entendido “Dejame ver si entendí”

precisa lo comprendido sin agregar nada Explicámelo más

despacio

Poner palabras a lo no Describir lo que cree “Veo que estás enojado,

expresado que el niño está ¿que pasó?” “Parece

sintiendo que tuviste un mal día,

¿Querés hablar de eso?

Causas suficientes Detenerse en eventos “Eso le causaría a

anteriores relacionados cualquiera sentirse

como te sentiste”
243

y validar desde esa

perspectiva

Razonable en ese Detenerse en las “Cualquier otro se

momento condiciones que lo hubiera sentido igual en

llevaron a la respuesta esa situación”

Tratar al niño con Reconocer la “Tenes la capacidad

respeto importancia de sus para resolver esta

derechos y valores situación de otra

manera”

Estrategias para autorregular mis emociones:

Nuestros diálogos internos regulan la forma en que nos sentimos y actuamos. Escribo en

una tarjeta cinco frases que me ayuden a controlar mis reacciones cuando la conducta de mi

hijo me hace perder el control.

1- Guardo esa tarjeta en la billetera o la cartera para tenerla siempre a mano.

2- Antes de reaccionar impulsivamente con mi hijo, me pregunto ¿Cómo me voy a sentir

dentro de una hora si reacciono de esta manera? ¿Cómo me voy a sentir dentro de tres

horas? ¿Mañana? ¿De qué otra manera puedo resolver esta situación?

Feedback:

¿Qué cosas aprendí en este taller? ¿Hubo alguna expectativa que no se cumplió? ¿Pude

implementar lo aprendido? ¿Con qué resultados?


244

View publication stats

También podría gustarte