República de Colombia
Corte Suprema de Justicia
SIMULACIÓN ABSOLUTA-Pretendida por el vendedor respecto a contratos de
compraventa celebrados con el hijo de su cónyuge, ejecutados ante el temor fundado
por su compañera abogada de posibles sanciones tributarias. (SC16608-2015;
07/12 /2015)
CONTRATO DE PROMESA DE COMPRAVENTA-Apreciación en proceso para
la declaratoria de actos de compraventa acusados de absolutamente simulados por el
vendedor. (SC16608-2015; 07/12 /2015)
INDICIO-De falta de capacidad económica, vínculo de consanguinidad y venta en
bloque que demuestran la simulación. Medio de prueba con mayor eficacia para
acreditar el acto de simulación. Demostración del hecho indicador y de la reflexión o
elaboración intelectual que permita determinar el hecho desconocido. (SC16608-
2015; 07/12 /2015)
INTERROGATORIO DE PARTE-Efectos probatorios derivados de las respuestas
evasivas. Requiere para su configuración la constancia en el acta de la amonestación
del juez al interrogado y la prevención sobre los efectos de la renuencia. Aplicación
del inciso 7° y 8° del artículo 208 del Código de Procedimiento Civil. Contradicción
con lo dicho en la réplica de las excepciones. (SC16608-2015; 07/12 /2015)
SENTENCIA PENAL ABSOLUTORIA-De los demandados acusados por el delito
de estafa. Incidencia dentro de proceso civil para acrditar que los negocios jurídicos
impugnados no fueron utilizados como medio para perpetrar el delito investigado.
(SC16608-2015; 07/12 /2015)
DECLARACIÓN DE RENTA-Apreciación probatoria de su presentación ante las
autoridades como estrategia para ocultar la simulación. (SC16608-2015; 07/12
/2015)
INTERPRETACIÓN CONTRACTUAL-De la promesa convenida para la
celebración de los contratos de compraventa acusados de simulados. (SC16608-2015;
07/12 /2015)
APRECIACIÓN PROBATORIA-De los medios probatorios que acreditan los
indicios de falta de capacidad económica, consanguinidad, entre otros como prueba
del acto simulado. Trascendencia del yerro. (SC16608-2015; 07/12 /2015)
Fuente formal:
Artículo 8 y 230 de la Constitución Política.
Artículos 6, 1501, 1502, 1515, 1516, 1517, 1524, 1602, 1618, 1619, 1620, 1621, 1622,
1623, 1624, 1741 y 1766 del Código Civil.
Artículo 195, 196, 208, 248, 250, 273, 285, 368 núm. 1°, 374 del Código de
Procedimiento Civil.
Artículo 8° de la Ley 153 de 1887.
Fuente jurisprudencial:
Simulación:
CSJ SC, 23 de febrero de 2006, rad. 15508.
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
Indicio:
CSJ SC7274-2015, 10 de junio de 2015, rad. 1996-24325-01.
Apreciación probatoria:
CSJ C, 31 de agosto de 1995, rad. 4507.
Asunto:
Pretende el demandante que de manera principal, se declare sin efectos, por ser
absolutamente simulados, varios contratos de compraventa celebrados por los
convocados. Como pretensiones subsidiarias solicita se declaren resueltos los citados
negocios jurídicos, al no haber satisfecho el demandado su obligación de pagar el
precio de manera real y efectiva. Como consecuencia de la prosperidad de cualquiera
de las anteriores declaraciones, solicita se cancele el registro de la respectivas
escrituras públicas y se ordene la restitución de los predios. El Juzgado de primera
instancia accedió a las pretensiones principales de la demanda. El Tribunal confirmó
parcialmente el fallo de primera instancia. Ambas partes interpusieron recurso de
casación en pretérita ocasión, casando la Corte la providencia y ordenando al ad
quem pronunciarse sobre el recurso de apelación presentado por el demandado. En
providencia posterior el juzgador de segunda instancia revocó la decisión del a quo,
declarando probada la excepción de “inexistencia de la simulación pretendida”.
Contra ésta decisión el demandante interpuso recurso de casación, proponiendo un
único cargo con fundamento en la causal 1º, alegando error de hecho en la
apreciación de las pruebas indiciarias que acreditan el acto simulado. La Corte NO
CASA la sentencia al no hallar demostrados los errores acusados por el casacionista.
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACIÓN CIVIL
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
Magistrado Ponente
SC16608-2015
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
(Aprobado en sesión de veinte de octubre de dos mil quince)
Bogotá D.C., siete (7) de diciembre de dos mil quince
(2015).
Decide la Corte el recurso extraordinario de casación
interpuesto por el demandante contra la sentencia proferida
por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
de Bogotá, dentro del proceso ordinario radicado con el
número de la referencia.
I. ANTECEDENTES
A. La pretensión
1. El señor Luis Alberto Rojas Castañeda formuló
demanda contra Mauricio González-Rubio Gaitán y Clara
Patricia Gaitán Mesa, planteando según el escrito inicial y
el de reforma, las siguientes peticiones:
1.1. Principales:
a). Declarar sin efectos, por ser absolutamente
simulados los contratos de compraventa plasmados en las
escrituras públicas números 3428, 3429, 3430, 3431,
3432, 3433, 3434 de 22 de diciembre de 1999 de la Notaría
10ª de Bogotá D.C., contentivas de la venta por parte de
Luis Alberto Rojas Castañeda a Mauricio González Rubio
Gaitán, de los predios rurales denominados «Potrero El
Alto», «Los Llanos», «Los Ranchos», y «Campoalegre»,
ubicados en Valledupar; «Los Ángeles», en Villanueva; «Dios
Verá», y «El Cedrito», en Urumita, Guajira.
b). Reconocer el acto plasmado en los citados títulos,
como una «simulación de venta», y consecuentemente,
determinar que los referidos inmuebles no han salido del
patrimonio del actor.
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
c). Ordenar cancelar las respectivas escrituras
públicas, y su inscripción en los folios de matrícula
inmobiliaria.
d). Condenar al accionado a restituir las mencionadas
fincas, junto con los frutos naturales y civiles producidos
desde el 22 de diciembre de 1999 hasta cuando el
demandante las reciba.
1.2. Subsidiarias:
a). Declarar resueltos los citados negocios jurídicos, en
razón de no haber satisfecho el demandado su obligación de
pagar el precio de manera real y efectiva.
b). Decretar la cancelación de las escrituras públicas
donde se hicieron constar las ventas, al igual que la
inscripción realizada en los folios de matrícula inmobiliaria.
c). Ordenar al accionado restituir los predios al
demandante.
B. Los hechos
1. El demandante tuvo sociedad conyugal con María
Ernestina Acero, y con la asesoría de la abogada Clara
Patricia Gaitán Mesa, se concretó la liquidación por mutuo
acuerdo en la escritura pública No. 2504 de 23 de
noviembre de 1983 otorgada ante la Notaría 22 del Círculo
de Bogotá, relacionando los bienes que a él le fueron
adjudicados.
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
2. En 1984, por la comunidad de vida del actor con la
demandada, surgió una unión marital de hecho, declarada
mediante sentencia de 10 de noviembre de 1998 por el
Juzgado Diecinueve de Familia de Bogotá, reconociendo su
vigencia a partir de 31 de diciembre de 1990.
3. Siendo compañeros permanentes, el señor Rojas
Castañeda compró los predios «Junín», «Cabaña No. 15», «Villa
Doris», «La Blanquita», «La Pradera», «Acapulco», «El Tesoro», «Villa
María», «Villa Leyla», «Capitolio», «Los Andes», «Ledanía»,
«Apartamento 101, garajes 2 y 3» del «Edificio Multifamiliar
Astromelia Propiedad Horizontal», «Potrero El Alto», «Los Llanos»,
«Los Ángeles», «Los Ranchos», «Dios Verá», «El Crédito»,
«Campoalegre», «La Esmeralda», «Las Carpas», «Caobos», Carpitas»,
«La Yolanda», «Tierra Dentro», «Campo a Tigre» y «Planeta Rica».
4. Luego de que los indicados bienes, adquiridos en
diferentes partes del país, ingresaron al patrimonio del
actor, Patricia Gaitán solicitó declarar la existencia de la
unión marital de hecho y la consiguiente conformación de
la sociedad patrimonial, pretensión a la que, de buena fe, se
allanó el demandado, y sin llevar a cabo la liquidación de la
última, la pareja contrajo matrimonio el 13 de diciembre de
1999, en la Notaría 30 de esta ciudad.
5. Con el fin de «evitar el pago de mayores impuestos
como consecuencia de la liquidación de la sociedad (sic)
marital de hecho, y con la promesa de que serían devueltos»
una vez que se liquidara la sociedad, la demandada
convenció al señor Rojas Castañeda para que le transfiriera
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
los inmuebles relacionados en el petitum al demandado,
quien es hijo de aquella, acto que, además, impuso como
condición para celebrar las nupcias; sin embargo, el último
no cumplió su obligación de restituir los bienes.
6. En tales negocios, no existió el ánimo ni la intención
del vendedor de transferir el dominio de los predios, ni de
adquirirlos por quien aparece comprándolos; no hubo
precio, de tal manera que el actor no recibió suma alguna
por ese concepto.
7. Para la época del otorgamiento de las escrituras
públicas donde se hicieron constar las ventas, el comprador
aparente «carecía de solvencia o recursos económicos
necesarios y suficientes para cumplir con la obligación de
pagar el precio de todos y cada uno de los bienes muebles
(sic) señalados… cuyo valor asciende en su totalidad a
$436.946.000», pues no tenía ingresos, dado que no
laboraba, ni era rentista; no había recibido herencia, ni
ganado premio o lotería.
8. Luego de realizados los negocios simulados, la
abogada Patricia Gaitán Mesa procedió a liquidar la
sociedad patrimonial sin incluir los bienes enajenados a su
hijo; empero, posteriormente éste le traspasó a ella la
propiedad de las fincas «Potrero Alto», «Los Llanos», «Los
Ranchos», «Dios Verá» y «Campoalegre», lo que evidencia el
fraude a los intereses del demandante y el fingimiento de
los contratos.
6
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9. Los indicios derivados de los anteriores hechos,
tales como «la amistad íntima por ser el demandado hijo de
la compañera permanente del demandante, la disposición de
los bienes en un solo acto y el mismo día, y actos
corroborantes, como aquellos en que el demandado traspasó
nuevamente a su madre los predios señalados», por su
gravedad y conexidad, confirman que las compraventas son
simuladas.
C. El trámite de la primera instancia
1. La demanda fue admitida el 2 de agosto de 2001,
que ordenó notificar y dar traslado a los accionados. [Folio
163, c. 1]
2. Habiéndose notificado en forma personal de dicha
providencia por conducto de su apoderado judicial, la
demandada no contestó el libelo, aunque sí lo hizo frente a
su reforma, oponiéndose a las pretensiones del actor y
negando la mayor parte de los hechos aducidos. Como
excepciones de mérito formuló las intituladas «falta de
requisitos para declarar la simulación» y «pago del precio»,
[Folio 309]
Mauricio González-Rubio Gaitán replicó resistiéndose
a las súplicas sin aceptar los supuestos fácticos que los
sustentaban. Respecto de las peticiones principales,
propuso la excepción de «inexistencia de la simulación
pretendida», y en relación con las subsidiarias, la de «pago
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del precio acordado». [Folio 266], oponiéndose luego a la
reforma presentada. [Folio 298]
3. El juez a-quo desestimó las excepciones formuladas,
declaró probada la simulación de los contratos de
compraventa y dispuso restituir al demandante los
inmuebles transferidos ficticiamente. [Folio 329]
4. Inconforme con la decisión, la parte demandada la
apeló.
5. El Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Bucaramanga confirmó lo resuelto por el juez, revocando
únicamente la orden de cancelación de las escrituras
públicas Nos. 559, 560, 561 y 562 del 9 de marzo de 2001
otorgadas en la Notaría 30 del Círculo de Bogotá,
absolviendo a la demandada Clara Patricia Gaitán Mesa de
las pretensiones elevadas en su contra, por carecer de
legitimación en la causa por pasiva. [Folio 171, c. 6]
6. Recurrido en casación ese fallo por el demandante y
el demandado Mauricio González-Rubio Gaitán, esta
Corporación lo casó en providencia de 8 de septiembre de
2009, por cuanto el ad quem «a despecho de la interposición
y sustentación de la alzada efectivamente presentada por
Mauricio González Rubio Gaitán, terminó por excluir del
debate las decisiones desfavorables a este», con lo que dio
lugar a la pretermisión integral de la instancia respecto
suyo.
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En consecuencia, la Corte ordenó devolver el
expediente al juzgador colegiado para que resolviera el
recurso de apelación promovido por ese demandado. [Folio
111, c. 7]
7. En cumplimiento de la determinación adoptada en
sede de casación, el Tribunal Superior del Distrito Judicial
de Bogotá profirió sentencia el 26 de noviembre de 2012,
que revocó lo decidido por el juez a-quo; declaró probada la
excepción de «inexistencia de la simulación pretendida», y
denegó, por consiguiente, las peticiones del demandante.
[Folio 557, c. 6]
8. Contra lo resuelto, el demandante interpuso el
recurso de casación. [Folio 570]
D. La providencia impugnada
Circunscrito su contenido a la apelación interpuesta
por el demandado Mauricio González-Rubio Gaitán, no
encontró acreditado que los contratos de venta fueran
simulados, conclusión a la que arribó luego de examinar las
estipulaciones contractuales, de las que destacó la
manifestación de voluntad del vendedor de transferir el
dominio y posesión de los predios, como también la
determinación del precio, y la declaración de haberlo
recibido a entera satisfacción de manos del adquirente, al
igual que la entrega a éste de las fincas, sucesos que -
estimó- fueron corroborados por el actor en el interrogatorio
de parte, al expresar que «la señora Clara Patricia Gaitán le
convenció de que le otorgara escritura pública sobre los predios
9
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
mencionados al señor Mauricio González-Rubio, aclarando sí que
no recibió suma alguna de dinero».1
Igualmente, la promesa de compraventa suscrita el 14
de diciembre de 1999 entre los antes nombrados y varios
recibos otorgados por él en los que se consignaron los pagos
efectuados, con autenticación ante notario de la firma del
demandante, corroboran lo anterior, pues sin tachar de
falsos dichos documentos, se limitó a señalar que «no era
cierto que hubiese recibido esas sumas de dinero como
tampoco los semovientes» y agregó que no recordaba haber
suscrito el convenio preparatorio y «en el evento de que se
hubiese firmado y aparezca su firma con nota de
presentación notarial, (…) no lo recuerda», aunque con
antelación había expresado que reconocía «su firma mas no
el contenido».
El demandado, en su declaración, ratificó el contenido
del precontrato y la cancelación del precio, la cual
manifestó haber realizado conforme a los instrumentos que
aportó, atinentes al «informe de las entidades bancarias
respectivas, de que ciertamente dichos pagos se cumplieron
en la cuenta cuyo titular es el actor, (…) y que esos dineros
correspondían al demandado (…)».
De tales pruebas -sostuvo el ad quem- se infería que
«Luis Alberto Rojas Castañeda se contradice tanto en el
escrito a través del cual descorre el traslado de las
excepciones como en el interrogatorio de parte que
absolviera, tratando de desconocer la realidad del negocio
1
Folio 550, c. 6.
10
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jurídico celebrado», y su versión era desvirtuada por la
autenticidad emanada de las piezas documentales aducidas
por su contradictor, «como lo son el mismo contrato de promesa
y los recibos de pago, pues nótese que ostentan la firma y huella
de su autor de lo cual dio fe un notario público, por lo que no se
entiende cómo ahora busca desconocer su veracidad».
De ahí que las enajenaciones, contrario a lo aducido
en la demanda, fueron reales y los contratantes cumplieron
las obligaciones contraídas «como lo es, la del vendedor de
transferir el dominio y hacer entrega de la cosa y, la del
comprador, la de pagar el precio acordado».
Además, el actor es una persona dedicada a la
actividad comercial «con suficiente experiencia en el ramo,
por lo que es incuestionable que por la misma cuantía de la
negociación celebrada, requería del pleno discernimiento,
comprensión y astucia», y por lo tanto «no podía ser sujeto
pasible de engaño en materia contractual».
La prueba trasladada del proceso penal que se
adelantó contra los aquí demandados, donde obra la
sentencia de 13 de agosto de 2010, proferida por el Juzgado
Catorce Penal del Circuito de esta ciudad, reafirman la falta
de fingimiento de los negocios jurídicos, pues dentro de esa
actuación fueron absueltos Clara Patricia Gaitán Mesa y
Mauricio González-Rubio Gaitán del delito de estafa
agravada que les endilgó Luis Alberto Rojas Castañeda.
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
Los testigos, por su parte, desconocían los convenios
impugnados y únicamente les constaba lo atinente a la
relación sentimental del demandante con la señora Gaitán
Mesa, y en cuanto al dictamen pericial, si bien concluyó que
Mauricio González-Rubio Gaitán no tenía «suficiente
capacidad económica para adquirir los inmuebles materia de
la litis», valorando dicha prueba en conjunto con los demás
elementos de convicción, no resultaban desvirtuadas las
conclusiones acerca de la inexistencia de la simulación,
más cuando dentro de la investigación que adelantó la
División de Fiscalización Tributaria de la DIAN, iniciada en
virtud de la queja que presentó el señor Rojas Castañeda,
se estableció que, en relación con las negociaciones
celebradas con éste, el demandado «no solo cumplió con
informar las circunstancias de tiempo, modo y lugar de sus
pasivos y activos, sino que aportó prueba idónea para
soportarlos».
III. LA DEMANDA DE CASACIÓN
CARGO ÚNICO
Con sustento en la causal primera del artículo 368 del
Código de Procedimiento Civil, denunció el recurrente la
violación indirecta, por aplicación indebida, de los artículos
6, 1501, 1502, 1515, 1516, 1517, 1524, 1602, 1618 al
1624, 1741 y 1766 del Código Civil; 82 y 230 de la
Constitución Política; 8º de la Ley 153 de 1887, como
consecuencia de errores de hecho en la valoración de las
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pruebas acerca de la realidad e interpretación del convenio
celebrado y ejecutado por las partes.
En desarrollo de la acusación, expuso los hechos
constitutivos de indicios de la simulación que a pesar de
hallarse probados en el proceso, no fueron apreciados como
tales por el juzgador colegiado, «inclinándose más bien por
querer ver la realidad de un precio que no existe, cuya prueba ni
por asomo aparece en el expediente, y que por el contrario, de las
piezas procesales de donde el Tribunal quiere derivar la realidad
del precio, si son bien interpretadas en su conjunto con las demás
piezas probatorias del proceso, la convicción a la que llega es que
todo fue parte de un ardid, de una patraña, hábilmente concebida
con la que comenzó fungiendo como abogada asesora, que conoció
la capacidad económica de su cliente y sus circunstancias de
fragilidad e ingenuidad personal; se introduce en su vida
sentimental pasando a ser su compañera, planea la transferencia
del patrimonio prometiéndole que pasará a ser su esposa y
efectivamente lo hace pero a los pocos días ocurre su separación
de hecho y ya no conviven juntos, una vez logra el propósito de
desapoderarlo de gran parte de su patrimonio».
Contrario a lo que estimó el ad quem, no hubo precio,
«todo fue el producto de un engaño, del aprovechamiento de
una experta jurídica sobre la ingenuidad y emocionalidad de
un hombre anciano».
Los elementos de convicción demostrativos del
fingimiento de los negocios jurídicos impugnados, dejados
de apreciar por el Tribunal, o valorados erradamente, según
la censura, fueron los siguientes:
13
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
a) La experticia contable elaborada a partir del examen
de las declaraciones de renta y patrimonio de los
accionados correspondientes a los años 1997 a 2001 que
evidenciaba la falta de capacidad económica del adquirente,
pues a pesar de lo dicho en los títulos no hubo precio
alguno, y de no haber desechado esa probanza, habría
advertido la insuficiencia de los recursos económicos del
comprador para pagar el precio de los inmuebles, como
también su inexistencia y la ausencia de causa en las
ventas.
b) El testimonio de Jorge Alexander Nieto Rodríguez,
quien mencionó que «la única propiedad que le conoció al joven
demandado para 1999, fue el carro que le regaló el demandante
defraudado, su padrastro y protector; no pudo haber entregado
terneras [algunas], que conoce a Mauricio como un estudiante, no
como un comerciante», y agregó que «su padrastro le tenía que
dar para la gasolina del carro que le había regalado para poderse
desplazar a la universidad, igualmente le suministraba dinero
para las onces».
c) La declaración de Bernardo Augusto Vásquez
Herrera, quien se refirió a la «falta de capacidad económica del
comprador», por tratarse de «un joven estudiante que vivía y
dependía de su madre (la asesora del despojo), nunca había
tenido bienes, no había trabajado, no recibía ingresos» .
d) El interrogatorio absuelto por el demandante, en el
que al indagársele si el valor asignado a los predios en las
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escrituras públicas era el comercial o el catastral,
manifestó: «esos valores los usó ahí por la escritura porque a mí
de plata no recibí nunca de esa tierra, además Mauricio el hijo,
me separé yo de ella en el 2000 y era un muchacho que estaba
estudiando, por ahí en alguna ocasión trabajó como dos meses en
un restaurante, de resto no, yo era el que le daba para las onces,
los buses, una vez hasta me dio lástima y le regalé un carrito por
ahí, eso era lo que tenía él fuera de la ropa, yo le pagaba el
estudio, le daba las cosas».
e) La confesión de la accionada Clara Patricia Gaitán,
pues afirmó que a «su esposo Luis Alberto Rojas no le dio nada
de los $730’000.000 que recibió por la venta de las propiedades a
su hijo Mauricio», de donde dedujo el censor que no hubo
precio, porque ella como abogada «no iba a ser tan ingenua de
permitir que los bienes que pertenecían a la sociedad patrimonial
de hecho, de los cuales le correspondía la mitad, fuesen vendidos
en forma real a su hijo y que a ella no le tocase nada (…) Es una
mujer sagaz y no podemos pensar que iba a permitir que su
compañero la tumbase o esquilmase en ese tipo de negocio».
f) Es contrario a las reglas de la experiencia y la lógica
pensar que la demandada le prestó dinero a su hijo para
pagar lo acordado por las fincas, porque si ella sabía que la
mitad de esos predios era suya, no había razón para que el
último le pagara la totalidad del dinero a su padrastro;
entonces, el juzgador debió inferir que no hubo precio.
g) El indicio originado en el vínculo de consanguinidad
en primer grado entre «la asesora abogada, compañera y luego
esposa del vendedor, y el comprador», el cual aflora de la
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confesión de los accionados y los testimonios recaudados,
pues lo que «facilitó la apariencia de los negocios entre este y el
hijo insolvente comprador».
h) El móvil o motivación del contrato consistió en
«hacerle creer al demandante por parte de la demandada que el
gobierno le iba a imponer sanciones y multas porque tenía
muchos bienes que no estaban respaldados en la DIAN y que
además se ahorraría pago de impuestos al liquidarse la sociedad
patrimonial que se iba a liquidar», el cual puede deducirse del
interrogatorio del actor y del testimonio rendido por Helí
Samuel Nieto Rodríguez, quien sostuvo que «don Luis Alberto
Rojas le hizo unas escrituras de confianza a Mauricio Gaitán y …
él en la actualidad está reclamando eso, la devolución de esas
fincas en Valledupar. La doctora Patricia le propuso a don Luis
Alberto que para disminuir el incremento patrimonial de él y no le
afectara la declaración de renta, le hiciera las escrituras a nombre
de Mauricio Gaitán, y él procedió a hacerla, con la condición que
después devolvería, eran de confianza, y es lo que en la
actualidad él está reclamando, la devolución».
Luego, la causa fue distinta a la de intercambiar unas
fincas por dinero, pues se proyectó evitar sanciones
tributarias, aspecto no tenido en cuenta por el
sentenciador.
i) De la «venta en bloque de bienes sin necesidad» se
derivaba otro indicio de la simulación, dado que ese
comportamiento no corresponde al actuar normal de las
personas, realizándolo solo cuando buscan insolventarse o
por «necesidad económica», motivaciones que se descartan
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Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
en este caso, porque de acuerdo con la versión del testigo
Jorge Alexander Nieto Rodríguez, el señor Rojas Castañeda
siempre estuvo laborando, además de ser buena su
economía, y solo vendía cuando iba a adquirir algo mejor.
j) La conducta procesal de la parte accionada, pues
obstaculizó la elaboración del dictamen grafológico, toda vez
que al ser indagado Mauricio González-Rubio por los
originales de los documentos alusivos a la negociación,
informó que se hallaban en poder de su señora madre, a
quien le habían sido hurtados.
Por otra parte, el demandado presentó de forma
extemporánea las declaraciones de renta y patrimonio, con
las cuales quiso dar la apariencia de solvencia económica y
justificar la adquisición de las fincas.
Clara Gaitán Mesa fue evasiva sus respuestas al
interrogatorio formulado y se demoró para contestar, de lo
cual se dejó la respectiva constancia por el apoderado
judicial del actor. Al preguntarse por el soporte documental
del préstamo a su hijo por $342’142.000, manifestó que
«Mauricio tuvo que cancelármelo y fue así como me vendió los
predios denominados Potrero El Alto y Los Llanos, este último
conformado por Campo Alegre y Los Ranchos».
k) La falta de pago de dinero en efectivo para cancelar
el precio de las ventas aunque se aduzca que «las
operaciones fueron de contado o con novillas cebú, o allegar
recibos, sin que tengan respaldo o fundamento en extractos
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bancarios», es indicador de la inexistencia del precio. Ni
siquiera en la promesa de compraventa, aparece que el
promitente comprador hubiera dado «dinero alguno; todo se va
en novillas y firma de cheques, letras y pagarés. Solo se dan
cinco millones de pesos y luego no aparece documento alguno que
soporte los pagos de los títulos valores».
l) La premura o rapidez en la realización de los
convenios es también indicio de la simulación, para lo cual
es necesario reparar en que se firmó la promesa «el 14 de
diciembre de 1999 y se fija como fecha para realizar la escritura
de venta para el 22 de diciembre del mismo mes y año». Además,
los contratos se efectuaron «8 días antes de disolverse y
liquidarse la sociedad patrimonial existente entre Luis Alberto
Rojas Castañeda y la demandada Clara Patricia Gaitán Mesa».
Después de la liquidación, tuvo lugar la venta «de cuatro de
esos predios de Mauricio González-Rubio a su señora madre».
m) A las pruebas trasladadas del proceso penal
absolutorio de los accionados, no se les podía reconocer el
efecto de cosa juzgada, porque la materia allí discutida no
guarda relación con el tema del proceso civil, cual es
determinar si tuvieron causa los negocios jurídicos
impugnados, y si fue cancelado el precio.
n) Al informe de la DIAN se le otorgó un alcance que
no tiene, pues en dicho documento no consta que el
demandado «le diera dineros [al] demandante y que este tuviese
en sus declaraciones de renta una cuenta por cobrar a cargo del
primero».
18
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
ñ) La promesa de compraventa y los recibos
incorporados en copia autenticada relacionados con el pago
del precio recibieron un entendimiento errado del
sentenciador, ya que tales pruebas «no informan sobre la
realidad del negocio, sino por el contrario confirman su
apariencia. Fueron parte de la treta. Cosa distinta es que hubiera
visto una transacción bancaria, incluso un asiento contable. La
prueba idónea para acreditar el pago no aparece por ningún lado
y en cambio el Tribunal la infiere de un[os] documentos, que
analizados en el contexto probatorio prueban es la treta y no el
pago».
o) No existió la contradicción hallada por el Tribunal
en la respuesta del demandante a las excepciones de
mérito, porque él «siempre sostuvo que le dejaba documentos
firmados en blanco a su compañera y que por lo tanto admitía que
la firma que aparecía en los documentos podía ser suya, pero que
el contenido de dichos documentos lo desconocía» , y de la
confianza que en esas gestiones observaba dio fe el testigo
Jorge Alexander Nieto Rodríguez, quien manifestó haber
recibido de manos de él cheques en blanco para la
adquisición de ganado.
p) De la dedicación del actor a las actividades
mercantiles y su experiencia en ese ramo, no podía
colegirse la inexistencia de la simulación de las
compraventas, porque «si hubiese existido un contrato comercial
el señor Rojas Castañeda no hubiera sido sujeto pasible de
engaño. El engaño ocurrió por el temor que su esposa le inculcó
sobre sanciones tributarias y por la confianza que tenía en ella y
19
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
en su hijastro realizó las escrituras simuladas o de confianza, no
compraventas comerciales donde no habría sido engañado».
CONSIDERACIONES
1. En razón de aludir la problemática planteada en el
reproche con aspectos probatorios de la simulación
contractual, es pertinente mencionar que por dicho
fenómeno se entiende el fingimiento de las partes en cuanto
al negocio jurídico exteriorizado, siendo «absoluta» cuando
los intervinientes en el acto no tuvieron la intención o
voluntad de concretar ningún acuerdo verdadero, tendiente
a la producción de efectos jurídicos, de tal manera que el
convenio mostrado solo es aparente, en tanto es «relativa»
en el evento de tener como objetivo o propósito los
contratantes el de ocultar con la falsa declaración, un
acuerdo genuinamente concluido, pero disfrazado ante
terceros, ya sea en cuanto a su naturaleza, sus condiciones
particulares o respecto de la identidad de las partes (CSJ
SC, 23 Feb. 2006, Rad. 15508).
La acreditación del acto de simulación se rige, según la
jurisprudencia y la doctrina, por el principio de libertad
probatoria, pero coinciden en señalar que debido al actuar
cauteloso o con sigilo de las partes en la concreción de tales
acuerdos, el medio de prueba que con mayor eficacia
permite desentrañar su verdadera intención, es el indicio.
Dicho medio de convicción se caracteriza porque a
partir de determinado hecho plenamente demostrado en el
20
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
proceso, y mediante una operación intelectiva apoyada en
las reglas de la experiencia, se establece un supuesto
fáctico desconocido, para lo cual deben apreciarse en
conjunto los varios indicios, tomando en cuenta la
gravedad, concordancia, convergencia y su relación con los
demás elementos de juicio incorporados al proceso
(artículos 248 y 250 del Código de Procedimiento Civil).
2. Acerca de la temática en cuestión, esta Corporación
en sentencia SC-7274, proferida el 10 de junio de 2015
(Rad. 1996-24325-01), reiteró y sostuvo lo siguiente:
(…) como las circunstancias que rodean esas negociaciones,
generalmente no son conocidas, sino que se mantienen ocultas en
el ámbito privado de los contratantes, es de esperarse que no se
hayan dejado mayores vestigios de su existencia; de ahí la
dificultad de demostrarlas mediante probanzas directas. No
obstante, las máximas de la experiencia constituyen un
mecanismo eficaz e irreemplazable a fin de determinar la
presencia de ese negocio secreto.
(…)
(…) En ese orden, es la prueba indiciaria, sin lugar a dudas, uno
de los medios más valiosos para descubrir la irrealidad del acto
simulado y la verdadera intención de los negociantes, del cual el
artículo 248 de la normatividad adjetiva estatuye que ‘para que
un hecho pueda considerarse como indicio, deberá estar
debidamente probado en el proceso’ y por su parte el 250 de la
misma obra señala que su apreciación debe hacerse en conjunto,
teniendo en consideración su ‘gravedad, concordancia y
convergencia y su relación con las demás pruebas que obren en
el proceso’.
21
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
Así las cosas, es a través de la inferencia indiciaria como el
sentenciador puede, a partir de hechos debidamente
comprobados y valorados como signos, arribar a conclusiones
que no podrían jamás revelarse de no ser por la mediación del
razonamiento deductivo. De ahí que a este tipo de prueba se le
llame también circunstancial o indirecta, pues el juez no tiene
ningún contacto sensible (empírico) con el hecho desconocido,
pero sí con otros que únicamente el entendimiento humano puede
ligar con el primero.
Son entonces los testimonios, declaraciones, confesiones,
documentos, o cualquier otro tipo de prueba directa, valorados en
conjunto, los que permitirán arribar -por medio de la inferencia
indiciaria- al hecho desconocido pero cognoscible que quedó en la
estricta intimidad de los contrayentes por su propia voluntad.
La doctrina menciona como indicios que contribuyen a
la demostración de la simulación, entre otros, los
siguientes:
«Causa o motivo para simular - falta de necesidad de enajenar o
gravar – venta de todo el patrimonio o de lo mejor – relaciones
parentales, amistosas o de dependencia – falta de medios
económicos del adquirente – ausencia de movimientos en las
cuentas corrientes bancarias – precio bajo – precio no entregado
de presente – precio diferido o a plazos – no justificación del
destino dado al precio – persistencia del enajenante en la
posesión – tiempo sospechoso del negocio – ocultación del negocio
– falsificaciones, captaciones de voluntad, otras maniobras
torticeras – documentación sospechosa – precauciones
sospechosas – falta de equivalencia en el juego de prestaciones y
contraprestaciones – dejadez – pasividad del cómplice –
intervención preponderante del simulador – falta de
22
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
contradocumento – intentos de arreglo amistoso – conducta
procesal de las partes», etc.».2
Sin embargo, para que tengan eficacia tales «indicios»,
se hace necesario revelar su estructuración, en el sentido
de precisar el «hecho indicador», el cual debe hallarse
demostrado, como también la reflexión o elaboración
intelectual que permita determinar el «hecho desconocido».
3. Al examinar la acusación respecto de los elementos
de convicción supuestamente dejados de apreciar o
inadecuadamente estimados por el Tribunal que
eventualmente podrían permitir una lectura distinta de los
hechos, se advierte que el casacionista no cumplió con la
carga argumentativa que condujera a evidenciar el
entendimiento arbitrario o ilógico de las probanzas sustento
de la decisión impugnada, y por consiguiente, quedó sin
acreditar el «error de hecho» en que se apoyó ese reproche.
La configuración del yerro fáctico y la prosperidad de
la acusación de conformidad con el artículo 374 del Código
de Procedimiento Civil, requiere que el equívoco tenga el
carácter de manifiesto o protuberante amén de
trascendente, y ser demostrado en el recurso.
Según el reiterado y uniforme criterio de la Sala,
memorado entre otros, en fallo CSJ SC, 31 Ago. 1995, Rad.
2
Muñoz Sabaté, Luis. La Prueba de la Simulación. 2ª ed., Bogotá, Temis, 1980,
págs. 219-221.
23
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
4507, al valorar la probanza se incurre en ese tipo de
desacierto en los siguientes eventos:
(…) cuando el sentenciador no ve la que obra en el proceso, o
supone la que no existe, hipótesis que comprenden la desfiguración
de la prueba, bien porque se le agregó algo que le es extraño o
porque se le cercena su real contenido, requiriéndose, además, que
la conclusión resulte contraria a la realidad fáctica que exterioriza
la prueba y que el yerro cometido sea trascendente, vale decir, que
incida en la decisión.
(…) ‘aparece cuando el juez tiene por demostrado un
acontecimiento con base en una prueba que, en realidad, no obra
dentro del proceso (error por suposición). O cuando el juez niega la
existencia del hecho, no obstante haberse incorporado al proceso la
prueba tendiente a establecerlo (error por preterición). Variante de
la primera forma de error es aquella que se da cuando el juez le
hace decir a un determinado medio probatorio lo que éste, de
hecho, no representa (suposición por adición). Y la segunda es la
advertible cuando el juez, sin ignorar la existencia del medio
probatorio, recorta o mutila su contenido (preterición por
cercenamiento)’. (…).
Resulta ilustrativo memorar que el juzgador ad quem
descartó la simulación cuya declaración se solicitó,
esencialmente al deducir el «pago del precio» con base en la
«promesa de compraventa» entre las partes ajustada, y en
recibos suscritos por el actor, en los cuales se consigna la
entrega de ganado vacuno por el «comprador» al «vendedor»,
como también de dinero en efectivo, operación esta última
reflejada a su vez en transacciones financieras atinentes a
consignaciones efectuadas por el «adquirente» en cuenta
corriente del «tradente».
24
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
La mencionada «promesa de compraventa» que se
aportó en copia autenticada con la contestación de la
demanda, según consta en dicho documento, fue celebrada
el 14 de diciembre de 1999 entre el demandante en calidad
de «promitente vendedor», y el accionado en condición de
«promitente comprador», habiéndose estipulado la cantidad
de $730’000.000, como precio total de las fincas objeto de
la negociación.
Dicho valor sería pagado de la siguiente manera:
«La suma de ciento cincuenta millones de pesos ($105’000.000
representados en ciento cincuenta (150) novillas cebú blancas a la
firma de la presente promesa de compraventa (…) en calidad de arras
imputables al precio de la compraventa; a la firma de la escritura la
suma de sesenta millones de pesos ($60’000.000) discriminados así:
cinco millones de pesos m/cte. ($5’000.000) en efectivo y tres (3)
cheques de gerencia de Conavi Bancolombia así: un cheque por veinte
millones de pesos m/cte. ($20’000.000), un cheque por treinta millones
de pesos m/cte. ($30’000.000) y un cheque por cinco millones de pesos
($5’000.000)3. Y el saldo o sea la suma de quinientos sesenta y cinco
millones de pesos ($565’000.000) m/cte. así: cuarenta millones de
pesos ($40’000.000) cancelados en tres (3) letras de cambio así: una
por veinte millones de pesos ($20’000.000) m/cte., una letra de diez
millones de pesos ($10’000.000) m/cte. y la tercera por la suma de diez
millones de pesos ($10’000.000). La suma de quinientos veinticinco
millones de pesos ($525’000.000) garantizados con quince (15) pagarés
a favor de Luis Alberto Rojas, cada uno por la suma de treinta y cinco
millones de pesos ($35’000.000) con fechas de vencimiento mensual a
partir del día 15 de febrero del año 2000 hasta el día 15 de abril del
3
Consignados en la cuenta corriente del demandante.
25
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
año 2001. El promitente vendedor manifiesta aceptar el pago de dichas
sumas en dinero efectivo y/o ganado».4
En cuanto a los recibos incorporados, aparece el
expedido por el «vendedor» haciendo constar la entrega por
el «comprador» de ciento cincuenta (150) novillas blancas de
raza cebú, y el relativo al pago de sesenta millones
($60’000.000), conforme lo contemplado en el referido
convenio preparatorio de la compraventa, ambos
instrumentos con autenticación de la firma de su autor en
notaría el 22 de diciembre de 1999. 5
Se allegaron, también formularios de retiro de dineros
en la entidad financiera Conavi, el 21 de diciembre de 1999,
en tres cheques a la orden de Luis Alberto Rojas Castañeda
con «cruce sencillo» por $20’000.000, $5’000.000 y
$30’000.000, y uno por $5’000.000 «para cobrar por
ventanilla», instrumentos consignados al día siguiente en la
cuenta de aquel en Bancolombia, y la última cantidad
depositada en dinero efectivo, transacciones que aparecen
reportadas en los extractos y certificaciones remitidas por
dichas entidades.6
Igualmente, obra copia autenticada del documento de
19 de febrero de 2001, expedido por Luis Alberto Rojas
Castañeda, manifestando haber recibido de Mauricio
González-Rubio «la suma de quinientos setenta y cuatro millones
seiscientos treinta y seis mil setecientos cuarenta pesos m/cte.
4
Folios 216 a 220, c. 1.
5
Folios 221-222 y 224-226.
6
Folios 408-411 y 419-445.
26
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($574’636.740) durante el período de tiempo comprendido entre el mes
de febrero del año 2000 y febrero del año 2001, representados así:
cuatrocientos noventa millones de pesos ($490’000.000) en
semovientes ganados, es decir, entre novillos (as), vacas y ternerajes.
Y, la suma de ochenta y cuatro millones seiscientos treinta y seis mil
setecientos cuarenta pesos m/cte. ($84’636.740) representados en los
cheques Nos.198325, 198326, 198327, 198328, 198329, 198330,
cada uno de ellos girados al sr. Raúl Gaitán, por valor de $7’500.000,
para un total de $45’000.000 con fecha 19-12-00. Del Bancolombia –
Conavi 19101291911, cheque N°0087493 girado a favor de Helga
Kleine de S. por la cantidad de $6’600.000, calendado con fecha 15-05-
00. Bancolombia – Conavi 19101291911, cheque N° 0087556 girado a
Luis Alberto Rojas C., por la suma de $17’976.740, fechado 29-05-00.
Del Bancolombia – Conavi 19101291911. Y, el cheque N°747114
girado al sr. Anastasio Ortegón, el día 06-06-2000. Los anteriores
títulos valores fueron recibidos y ordenados por mí, en cuanto a cuantía
y beneficiario se refiere. Cancelándome así, Mauricio González-Rubio
parte del precio acordado en la compraventa relacionada con los
predios».7 (c.1, fl.223).
4. Con el fin de darle respuesta a los reproches
sustento de la acusación, entra la Sala a examinar el fondo
de los mismos.
4.1. En ese sentido, se verifica que el recurrente
deduce la «falta de capacidad económica» del adquirente de
la pericia sobre las declaraciones de renta y patrimonio del
«comprador», correspondientes a los años 1997 a 2001;
como también de los testimonios de Jorge Alexander Nieto
Rodríguez y Bernardo Augusto Vásquez Herrera, pero
increpa solo de manera genérica la desestimación del
dictamen, manifestando que se «deshecha sin razón
7
Folio 223.
27
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
jurídica», y en actitud «totalmente olímpica y sin sustento
legal», omitiendo desplegar una adecuada labor
argumentativa a fin de desvirtuar las razones del Tribunal
para desestimar las citadas probanzas, y de esa manera
poner al descubierto que resultaba desfasado entender o
dar por acreditada la realización del pago del precio de las
fincas objeto de las compraventas cuestionadas.
En cuanto a las versiones de los prenombrados
deponentes, las cuales se abstuvo de apreciar el juzgador al
advertir que aquellos no tuvieron «pleno conocimiento acerca
de la negociación adelantada con el señor Mauricio González-
Rubio Gaitán», cabe acotar, que no obstante resaltar el
casacionista aspectos de la dependencia económica del
demandado con relación a su padrastro Luis Alberto Rojas
Castañeda, los testigos no precisaron hasta cuándo esa
situación persistió, y pareciera que se refirieron solo a la
época de su niñez y adolescencia, porque el primero de los
nombrados menciona que «era un muchacho estudiante, se
le daba lo de las onces», y el segundo manifiesta que lo
conoció cuando «era un estudiante (…) el trato que tenía Luis
Alberto con él era como de otro hijo».
Además, la circunstancia misma de hallarse probado
que a partir de 1997, el «comprador» accionado se convirtió
en contribuyente, al presentar declaración de renta y
patrimonio por esa anualidad, y el hecho de que en
diciembre de 1998, aparezca realizando algunas
operaciones financieras ante Findesarrollo S.A., en virtud
de las cuales le fueron girados cuatro cheques por valor
28
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
total de $217.347.575, cancelándole unos certificados de
depósito a término (c.1, fls.233-237), se erigen como contra-
evidencias, haciéndole perder consistencia al indicio
planteado en la acusación.
Las revelaciones del actor contenidas en el
interrogatorio de parte sobre la situación de «dependencia
económica» de su hijastro, ninguna contribución aportan al
propósito de acreditar la carencia de recursos económicos
de este, debido a que en los términos del artículo 195 del
Código de Procedimiento Civil, tales manifestaciones no
constituyen confesión, en virtud de no versar sobre hechos
generadores de consecuencias jurídicas adversas a los
intereses del absolvente, o favorables a su contraparte.
Y los aspectos resaltados por el recurrente de lo
expresado en la declaración de parte de Clara Patricia
Gaitán Mesa, aunque pueden apreciarse como testimonio
de tercero conforme al artículo 196 del Código de
Procedimiento Civil, dado que intervino en el proceso como
litisconsorte facultativo, no se relacionan con la «capacidad
económica» del «comprador», pues ella aludió al hecho de no
haber recibido valor alguno del precio de enajenación de los
inmuebles, y los señalamientos en cuanto a que se trataba
de una «mujer sagaz», y conocedora como abogada de sus
derechos, razón por la cual no iba a permitir la afectación
de los mismos, en principio, carecen de relevancia en la
demostración del indicio en cuestión, además porque se
omite la argumentación para construirlo.
29
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
7.2. Sobre el supuesto fáctico estructurado a partir de
la confianza originada en las relaciones familiares entre
vendedor, comprador, y la madre de éste, de quien se dijo
que además de haber actuado como asesora, tuvo la
condición de compañera permanente y luego esposa del
demandante, aunque podría evidenciar la existencia de un
ambiente propicio para concertar negocios aparentes, al
igual que un escenario adecuado para el otorgamiento de
«documentos firmados en blanco», se advierte la ausencia de
medios confirmatorios de la versión del impugnante,
atinente a la entrega a su esposa de aquella especie de
instrumentos.
De la misma manera se observa que contradicen la
hipótesis reseñada, los recibos suscritos por el «vendedor»
sobre la cancelación de dinero en efectivo y la entrega de
ganado vacuno por parte del «comprador», habiendo
autenticado la firma en algunos de ellos ante notario.
También podría tener el carácter de contra-evidencia,
lo declarado por Jesús Enrique Daza Molina, quien
comenzó a laborar al servicio de Luis Alberto Rojas, en
1998, en la actividad de administración de sus fincas, e
informó que Mauricio González-Rubio le dio el dinero para
el registro de las escrituras públicas, y que «[el] señor Luis
Alberto Rojas le hizo entrega al doctor Mauricio y le hizo entrega
normal, él me dijo que le iba a entregar esas fincas», y también expresó
que «[después] de la fecha de entrega, ni volvió, no lo volví a ver más, y
todo lo manejaba Mauricio González»; además al referirse a la pregunta
de si el adquirente había cancelado el precio de las ventas con dinero
30
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
o con bienes, aseveró que «Mauricio mandó un ganado para hacer
entrega de una plata que debía de unas fincas, el ganado lo mandó
para Puerto Berrio que es Magdalena Medio, el ganado lo mandó para
Luis Alberto Rojas para unas fincas que tiene Luis Alberto Rojas en el
Magdalena Medio».8
Igualmente lo dicho por la testigo Laid Gamboa
Barbosa, al haber manifestado que a «[su] esposo Jesús Daza
Molina, lo contrataron los esposos don Luis Alberto Rojas y Clara
Patricia Gaitán Meza para que les administrara las fincas. Mi esposo
estuvo con don Luis Alberto hasta el dos mil, hasta ahí nos entendimos
con don Luis Alberto nosotros nunca más volvimos a saber de don Luis,
de ahí en adelante nos hemos entendido con el doctor Mauricio
González y la doctora Clara Patricia Gaitán», y acerca de la reunión
en enero de 2000, para la entrega de los inmuebles, indicó
que don Luis Alberto había manifestado que «él le entrega a
don Mauricio los predios porque les vendió, que todo en adelante era
con los doctores Mauricio y Clara Patricia», agregando que «nosotros
en la actualidad seguimos administrando esos predios»; habiendo
también mencionado el pago por Mauricio González-Rubio,
para el registro de las escrituras, y que a partir de la fecha
de entrega de las fincas los gastos de administración los ha
asumido «[el] doctor Mauricio González y la doctora Clara Patricia
[para] todo lo que tiene que ver con las fincas».9
María del Pilar Mondragón Orozco informó haber
conocido los predios de Luis Alberto Rojas, por dedicarse al
transporte de ganado, enterándose «por medio de Moisés Daza,
que dicho señor había vendido estas propiedades y que a partir de
2000 nos teníamos que entender con los nuevos dueños, que era el
señor Mauricio González-Rubio», habiendo estado presente el día
8
Folios 248-250.
9
Folios 251-252.
31
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
de la entrega, e indicó que a pesar de no tener conocimiento
del precio de la venta, «(…) del pago sé que se transportó ganado
de las fincas mencionadas para Cimitarra Santander, dicho ganado
supe por el administrador de la finca que iba en pago de una deuda
que saldaba el señor Mauricio, por la venta de la finca».10 (c.1 cont.
fls.254-255).
Germán Segundo Vega Redondo dijo haber conocido
en 1998 a los esposos Rojas Gaitán y a Mauricio González-
Rubio, y al preguntársele sobre la enajenación de las fincas,
expresó: «(…) lo que sucedió fue que las vendió, porque él vino en
enero del año 2000 y reunió los obreros de la finca con el
administrador para pagar lo que debía, porque él había vendido la
finca y había liquidado a la vez la sociedad con doña Patricia»,
informando adicionalmente: «(…) lo que sí sé es que él vendió las
fincas porque él mismo lo dijo y dijo además que desde esa fecha en
adelante los patrones serían don Mauricio González y doña Patricia
(…)»; además refirió que «[para] mí y los que estábamos en la
reunión, fue una venta real y efectiva, y sé que se despachó mucho
ganado y según el administrador ese ganado se lo estaba
suministrando la señora Patricia a Mauricio para que pagara la deuda
de las fincas, no sé si antes de eso el señor Mauricio tenía bienes o no,
solo sé que vi salir mucho ganado y que lo llevaba Mauricio para
Cimitarra Santander, para acabar de pagar las fincas que le había
comprado a don Luis, esos camiones eran de La Paz y otros que no
conozco, eso fue en el 2000 y a mediados del 2001, recuerdo que me
dijo el administrador que eran como cuatrocientos y pico de reces».11
(c.1 cont. fls.260-261).
7.3. Como puede apreciarse, los nombrados testigos
coincidieron en afirmar circunstancias indicativas de
10
Folios 254-255.
11
Folios 260-261.
32
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
haberse producido la entrega material de las fincas, como
también del transporte de ganado hacia la región donde el
actor tenía varios predios, mencionándose como finalidad
de esa actividad, la de cancelarle el precio de venta, hecho
que coincide con lo reseñado en el documento de 19 de
febrero de 2001, suscrito por el señor Rojas Castañeda, en
cuanto certifica haber recibido semovientes vacunos como
parte de pago. Por consiguiente, tales evidencias robustecen
las inferencias del juzgador ad quem y debilitan la censura,
en cuanto contribuyen a descartar la hipótesis de que los
negocios impugnados correspondan a ventas aparentes.
La causa dada a conocer en la sustentación del cargo,
como motivo para la simulación, constituye un
planteamiento sin fuerza demostrativa, porque a pesar de
afirmarse que las ventas impugnadas se formalizaron al
haber sido convencido el demandante por su asesora
jurídica, compañera y luego esposa, de transferir los
aludidos inmuebles, dado que «el gobierno le iba a imponer
sanciones y multas porque tenía muchos bienes que no estaban
respaldados en la DIAN y que además se ahorraría pago de
impuestos al liquidarse la sociedad patrimonial que se iba a
liquidar», es evidente que el casacionista omitió explicitar
una base fáctica acerca de las circunstancias patrimoniales
o tributarias justificativas de la aludida recomendación.
En tal sentido, ha debido suministrarse información,
por ejemplo, si en años gravables anteriores a los
convenios, se dejaron de declarar elementos del activo
patrimonial, o si había incurrido en irregularidades que
33
Radicación n° 11001-31-03-035-2001-00585-02
ameritaran alguna sanción tributaria, o la manera como se
pretendía obtener reducción de impuestos relativos a la
liquidación de la sociedad patrimonial, etc.; aspectos estos
que permitirían evaluar la potencialidad del hecho para
lograr la persuasión del accionante en la ejecución de los
actos recomendados, a pesar de la confianza que pudiera
reinar en el grupo familiar.
Igualmente, se observa que el aludido supuesto no
guarda plena coincidencia con lo manifestado en los hechos
de la demanda, porque si bien en esta se hizo referencia al
traspaso de las fincas para «evitar el pago de mayores
impuestos como consecuencia de la liquidación de la sociedad
marital de hecho», y también como una «condición para que la
madre del presunto comprador se aviniera a contraer matrimonio
civil con aquel, como en efecto ocurrió» , en la sustentación del
cargo se menciona con mayor énfasis que lo pretendido con
el acto de disposición de los predios, era evitar sanciones
tributarias; luego, entonces, no se ha generado claridad
suficiente sobre la causa para realizar la transferencia del
dominio de las fincas, por tanto, la aducida por el
recurrente pierde credibilidad.
Y aunque el testigo Samuel Nieto Rodríguez, citado
para reforzar el «indicio», declaró que se trató de «unas
escrituras de confianza a Mauricio Gaitán», porque «[la] doctora
Patricia le propuso a don Luis Alberto que para disminuir el
incremento patrimonial de él y no le afectara la declaración de
renta, le hiciera las escrituras a nombre de Mauricio Gaitán»,
también dijo «(…) [no haber participado] nunca en la elaboración
34
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de escrituras, yo las vi y manejé siempre copias de escrituras de
él. Yo veía los documentos pero acompañarlos no, acompañarlos a
hacer las escrituras no»; se aprecia entra en contradicción, al
sostener «que hubo una negociación que se hizo como por
setecientos millones de pesos ($700.000.000). Sé que le entregó la
finca a ellos, y que les entregó la finca, que haya habido entrega o
que yo haya estado allá, no puedo atestiguar eso» 12, aspecto este
último del cual podría inferirse que reconoció la existencia
de unos acuerdos verdaderos.
Además, de lo manifestado por los deponentes Jesús
Enrique Daza Molina, su esposa Laid Gamboa Barbosa,
María del Pilar Mondragón Orozco y Germán Segundo Vega
Redondo, podría interpretarse que la venta de las fincas
obedeció al propósito de don Luis Alberto Rojas de alejarse
de la región donde se encontraban ubicadas, pues aquellos
informaron que después de la entrega a Mauricio González-
Rubio, nunca más volvió a esos lugares, y eso lo podría
corroborar también el hecho de que en la partición de los
bienes de la sociedad patrimonial formada con Clara
Patricia Gaitán, no le fue adjudicado ningún predio en la
aludida zona territorial, según se desprende de la escritura
pública No. 3584 de 30 de diciembre de 1999.
7.4. En cuanto a la enajenación en bloque de los siete
predios, en consideración al abultado patrimonio del
demandante, en parte representado por veintiocho
inmuebles, según se desprende de la información vertida en
el escrito introductorio del proceso, no alcanza significativo
12
Folios 154-156.
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valor probatorio acerca del fingimiento de las compraventas,
ya que solo habría dispuesto de una cuarta parte de sus
propiedades, y en todo caso, se omitió la argumentación
pertinente a fin de exteriorizar el poder demostrativo del
reseñado acontecimiento en el contexto de la simulación
reclamada.
Respecto del elemento de juicio que se pretende
estructurar a partir de la conducta procesal del
demandado, relacionada con la no aducción de los
originales de los documentos alusivos a la promesa de
compraventa y recibos de pago suscritos por el accionante,
a efectos de practicar sobre ellos «dictamen grafológico»,
aunque conforme al artículo 285 del Código de
Procedimiento Civil, la renuencia a exhibirlos procedía
apreciarla como indicio, para el caso, ninguna consecuencia
probatoria de allí podría originarse, al haberse omitido
explicitar el «hecho indicador» que se creyó acreditado.
Asimismo, la actitud atribuida a la demandada Clara
Patricia Gaitán, de haberse mostrado evasiva a responder
en el interrogatorio que se le formuló, no obstante los
efectos contemplados para ese comportamiento en el
artículo 210 del citado ordenamiento procesal, relativos a la
confesión ficta o a la configuración de un «indicio grave», no
es factible el reconocimiento de estos, al haberse
pretermitido el cumplimiento de las reglas contempladas en
los incisos 7º y 8º del artículo 208 ibídem, pues se advierte
la ausencia de constancia en el acta sobre la amonestación
del juez a la interrogada con el propósito de que
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respondiera, o lo hiciera explícitamente, además de haberla
prevenido «sobre los efectos de su renuencia».
7.5. En lo concerniente al hecho relacionado con «la
premura o rapidez en la realización de los negocios», a pesar
de ser cierto que entre la celebración de la «promesa de
compraventa», y el contrato prometido solo transcurrieron
ocho días, y pasada una semana desde este último acto, se
realizó la liquidación de la sociedad patrimonial entre
compañeros permanentes, conformada por la unión marital
entre Luis Alberto Rojas Castañeda y Clara Patricia Gaitán
Mesa, faltó generar la argumentación tendiente a evidenciar
la incidencia del reseñado supuesto fáctico en la
demostración de la simulación.
Sobre la crítica de la censura por tomar en cuenta el
Tribunal para fundar la decisión, la circunstancia de la
absolución a los accionados en el juicio penal contra ellos
adelantado por el delito de estafa agravada, apoyada en que
ninguna incidencia podía tener para la controversia la cosa
juzgada penal en el proceso civil, porque en este «se examina
la estructura del negocio jurídico de compraventa, si tuvo o no
causa y si se dio o no el precio», tal señalamiento no evidencia
la incursión en error fáctico, porque el hecho de la
exoneración de responsabilidad penal, sí puede sugerir o
mostrar que los negocios jurídicos impugnados no fueron
utilizados como medio para perpetrar el delito investigado,
lo cual podría reforzar la idea de corresponder a contratos
verdaderos.
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En cuanto al cuestionamiento fundado en que el
sentenciador se apoyó en las conclusiones de la
investigación tributaria adelantada por la DIAN en contra
de Mauricio González-Rubio, relativas a que «el contribuyente
no solo cumplió con informar las circunstancias de tiempo, modo y lugar
de sus pasivos y activos, sino que aportó prueba idónea para
soportarlos, investigación en la que se hizo un amplio estudio
específicamente en lo atinente con la negociación y otorgamiento de los
instrumentos públicos cuestionados»; si bien es cierto no
mencionan –como lo dice el recurrente- que «Mauricio
González-Rubio Gaitán le debiera dineros al demandante y que este
tuviese en sus declaraciones de renta una cuenta por cobrar a cargo
del primero», el planteamiento del ad quem encuentra
justificación, ya que se estimó adecuada la información
reportada en las declaraciones de renta y patrimonio por el
contribuyente, hecho este que podría indicar no haber sido
usada la presentación de aquellos instrumentos como una
estrategia para ocultar la simulación reclamada.
La crítica basada en el señalamiento de haberle dado
un alcance equivocado a la promesa de venta y a los recibos
de donde el juzgador infirió la realidad del negocio, no se
desarrolló sino que pretendió estructurarse con simples
afirmaciones genéricas, en cuanto el recurrente manifestó
que «confirman su apariencia», y que «fueron parte de la
treta», sin entrar a controvertir las deducciones que obtuvo
el sentenciador de tales instrumentos y que expuso como
fundamento de su decisión.
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7.6. En relación con los reparos por haber hallado el
juez colegiado, una contradicción en lo manifestado por el
actor en la réplica a las excepciones de mérito y en el
interrogatorio de parte, ha de observarse que esa inferencia
se soportó en la «autenticidad que emana de los documentos
privados allegados (…), como lo son el mismo contrato de promesa
y los recibos de pago», de ahí que no sea admisible la
acreditación del error fáctico argumentando simplemente
que «[el] demandante siempre sostuvo que le dejaba documentos
firmados en blanco a su compañera y que por lo tanto admitía que
la firma que aparecía en los documentos podía ser la suya, pero
que el contenido de dichos documentos lo desconocía», además,
porque este último argumento es contrario a la regla
probatoria consagrada en la parte final del artículo 273 del
Código de Procedimiento Civil, en virtud de la cual «[el]
reconocimiento de la firma hará presumir cierto el contenido».
Y lo dicho por Jorge Alexander Nieto, citado como
apoyo del señalado cuestionamiento, jurídicamente no tiene
eficacia para probar el hecho invocado por el impugnante,
porque el testigo aludió a su trato personal y la manera
como él cumplía sus labores al servicio del señor Rojas
Castañeda, y si bien manifestó que este era «una persona
muy confiada», porque inclusive le entregaba cheques en
blanco para realizar pagos y hacer compras, ello no
demerita el valor probatorio otorgado por el juzgador a las
probanzas documentales en mención, o al menos, el
recurrente no explicó por qué habría de optarse por ese
criterio, y si con la reseñada reflexión, se buscaba
ambientar la idea de que el actor tenía por costumbre
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entregar «documentos firmados en blanco», como dijo hacerlo
con su cónyuge, tal comportamiento enfrenta como contra-
evidencia lo declarado por Jesús Enrique Daza Molina,
administrador de sus fincas, quien lo catalogó de ser «un
hombre correcto, era un hombre desconfiado jodido que no se
dejaba robar de nadie y era un buen negociante».
Respecto a los reproches frente a la consideración del
Tribunal acerca de la experiencia y las habilidades del
demandante en el mundo de los negocios, de las cuales
dedujo que «no podía ser sujeto pasible de engaño en materia
contractual», se advierte que el censor se limita a calificarla
de equivocada, por haber visto «un contrato donde no existe»,
ya que si hubiera sido verdadero, no se le habría engañado,
y reiteró que se presentó el fingimiento de las ventas «por el
temor que su esposa le inculcó sobre sanciones tributarias y por
la confianza que tenía en ella y en su hijastro realizó las
escrituras simuladas o de confianza», frente a lo cual cabría
señalar, que aunque tal aseveración pudiera ser cierta, no
tiene trascendencia, porque el soporte axial de la decisión
para desestimar la simulación, esencialmente se apoya en
la verificación de que hubo pago del precio, aspecto no
controvertido de manera adecuada.
8. Son suficientes los razonamientos expuestos, para
determinar el fracaso del cargo.
Conforme al inciso final del artículo 375 del Código de
Procedimiento Civil, en armonía con el artículo 19 de la ley
1395 de 2010, habrá de imponerse al impugnante el pago
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de las costas procesales en el trámite de la impugnación
extraordinaria, y para la tasación de las agencias en
derecho, se tomará en cuenta la réplica oportuna de los
accionados a la demanda de casación.
IV. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la
Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en
nombre de la República y por autoridad de la ley,
Resuelve:
PRIMERO: NO CASAR la sentencia de 26 de
noviembre de 2012 proferida por la Sala Civil del Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Bogotá, dentro del proceso
referenciado.
SEGUNDO: Condenar en costas al recurrente en el
trámite de la impugnación extraordinaria. Por secretaría
practíquese la liquidación, incluyéndose la cantidad de seis
millones de pesos ($6’000.000) como agencias en derecho.
Oportunamente, devuélvase el expediente a la
corporación de origen.
NOTIFÍQUESE
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Presidente de Sala
MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
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