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Unidad 1

La doctrina social de la Iglesia (DSI): - Es el conjunto de enseñanzas del magisterio de la Iglesia sobre la moralidad del orden social y las acciones humanas. - Se basa en la Revelación y la Tradición de la Iglesia, y aborda cuestiones como la dignidad humana, los derechos laborales y la justicia social. - Ha ido evolucionando a lo largo de la historia, destacando documentos como Rerum Novarum y Laborem Exercens.
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Unidad 1

La doctrina social de la Iglesia (DSI): - Es el conjunto de enseñanzas del magisterio de la Iglesia sobre la moralidad del orden social y las acciones humanas. - Se basa en la Revelación y la Tradición de la Iglesia, y aborda cuestiones como la dignidad humana, los derechos laborales y la justicia social. - Ha ido evolucionando a lo largo de la historia, destacando documentos como Rerum Novarum y Laborem Exercens.
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Unidad 1: La Doctrina Social de la Iglesia.

Misión y acción eclesial

La enseñanza social de la Iglesia ha estado presente a lo largo de la historia de la Iglesia con los
principios morales enseñados, en primer lugar, por Jesucristo, después por los Apóstoles y,
luego por el Magisterio de la Iglesia.

En el siglo XIX se producen ciertos acontecimientos que acabaran por configurar la moderna
Doctrina Social de la Iglesia.

Con la Revolución Industrial, grandes cambios sociales y económicos, trajeron consigo una
mayor producción de riqueza y nuevas y extensas formas de pobreza.

Doctrina social: conjunto de enseñanzas relativas a la vida social en cuanto ordenada al fin
último, presentadas por la Iglesia para iluminar la conducta cristiana de los fieles y de todas las
personas de buena voluntad.

La doctrina social de la iglesia es el conjunto de enseñanzas propuestas por el magisterio de la


iglesia, sobre las exigencias morales que debe cumplir el orden social, a la luz de la revelacion.

Consta de tres elementos básicos:

1. Principios de reflexión: señalan las bases para construir una convivencia social según
criterios universales aceptables por todos.

2. Criterios de juicio: permiten evaluar sistemas sociales, estructuras sociales y


situaciones concretas.

3. Directrices de acción: para orientar la actividad de los cristianos en la vida social.

La doctrina social de la Iglesia:

- acoge e investiga la realidad social a la luz de la Revelación divina;

- ha sido elaborada por el Magisterio bajo la asistencia del Espíritu Santo;

- va más allá de la filosofía y de las ciencias sociales, aunque aprovecha sus


aportaciones;

- no es una ideología: no proporciona modelos para la acción social o política, al


servicio de intereses particulares;

- pertenece al ámbito de la teología moral.

La doctrina social de la Iglesia:

 Pertenece al ambito de la teologia, mas en concreto a la Teologia Moral


 Trata la moralidad de las acciones morales, la ley mora, la conciencia, la libertad, etc…
 El fin: es llevar a los seres humanos hacia Dios, anunciar la Buena Nueva traida por
Jesuscristo, que tiene importantes consecuencias para la vida social.

Fuentes de la Doctrina Social de la Iglesia

1
 La Sagrada Escritura y la Tradicion de la Iglesia
 Las enseñanzas del Magisterio de los Papas y de los Obispos en comunion con la Santa
Sede
 Las aportaciones de algunas ciencias humanas, como: la economia, la antropologia, la
filosofia social, etc.

Contenido de la Doctrina Social de la Iglesia

 Permanentes: vinculados a la Revelacion


 Cambiantes: dependen de las circunstancias historicas

La Enciclica “Rerum Novarum” (1891) de Leon XIII contiene enseñanzas permanentes sobre la
dignidad y los derechos de los trabajadores

La Enciclica “Laborem Exercens” (1981) de Juan Pablo II supone un progreso, profundiza en la


doctrina cristiana sobre el trabajo y la aplica a la empresa moderna

Principales documentos de la Doctrina Social de la Iglesia

Leon XIII publica la enciclica Rerum Novarum, documento fundacional de la DSI, denuncia los
abusos contra los obreros, establece la doctrina del salario justo y condena la solucion
propuesta por el marxismo como contraria a la libertad humana.

Pio XI, en la enciclica Quadragesimo Anno, recuerda los principios anunciados por Leon XIII y
los aplica a la nueva situacion, marcada por los abusos de los grandes poderes financieros y los
conflictos economicos entre naciones.

Juan XXIII, en la enciclica Mater et Magistra, amplia los temas de la DSI al atraso del sector
agricola, a la justicia en las relaciones entre paises desarrollados y subdesarrollados. En la
enciclica Pacem in Terris aborda los derechos humanos y la paz mundial amenazada.

Cuestiones actuales de la doctrina social de la iglesia

La DSI aborda los problemas mas actuales:

 La urgencia por promover la paz


 El desempleo
 Promover la solidaridad
 Promover la justicia internacional
 La necesidad de proteger el derecho a la vida y los derechos de la familia : la Iglesia ha
promulgado sin cesar la necesidad de tutelar el derecho primario a la vida desde su
concepción hasta su termino natural, hay que insistir en el deber de respetar y
proteger los derechos del embrión humano, la libertad de los padres en la educación
de sus hijos es un derecho inalienable.
 El trato a los emigrantes: la emigración por la penuria económica o la discriminación
política, implica dar un trato humano a las personas que emigran y favorecer su
integración.
 La violencia contra las personas en especial contra la mujer: el aumento de la
participación de la mujer en la vida social y laboral ha permitido que salga a la luz casos
de maltrato físico y psicológico.

2
 La contaminación medioambiental: frecuentemente en el mundo se dan acciones
irresponsables que condicionan el futuro de las próximas generaciones.

Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

La doctrina social de la Iglesia no ha sido pensada desde el principio como un sistema orgánico,
sino que se ha formado en el curso del tiempo, a través de las numerosas intervenciones del
Magisterio sobre temas sociales. Esta génesis explica el hecho de que hayan podido darse
algunas oscilaciones acerca de la naturaleza, el método y la estructura epistemológica de la
doctrina social de la Iglesia.

La doctrina social es de naturaleza teológica, y específicamente teológico-moral, ya que “se


trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas”. Se sitúa en el cruce de la
vida y de la conciencia cristiana con las situaciones del mundo y se manifiesta en los esfuerzos
que realizan los individuos, las familias, operadores culturales y sociales, políticos y hombres
de Estado, para darles forma y aplicación en la historia.

La doctrina social refleja los tres niveles de la enseñanza teológico-moral:

1. el nivel  fundante de las motivaciones;


2. el nivel  directivo de las normas de la vida social;
3. el nivel deliberativo  de la conciencia, llamada a mediar las normas objetivas y
generales en las situaciones sociales concretas y particulares.

Estos tres niveles definen implícitamente también el método propio y la estructura


epistemológica específica de la doctrina social de la Iglesia.

La doctrina social halla su fundamento esencial en la Revelación bíblica y en la Tradición de la


Iglesia. De esta fuente obtiene la inspiración y la luz para comprender, juzgar y orientar la
experiencia humana y la historia. En primer lugar y por encima de todo está el proyecto de
Dios sobre la creación y, en particular, sobre la vida y el destino del hombre, llamado a la
comunión trinitaria.

La fe y la razón constituyen las dos vías cognoscitivas de la doctrina social, siendo dos las
fuentes de las que se nutre: la Revelación y la naturaleza humana.

 El conocimiento de fe comprende y dirige la vida del hombre a la luz del misterio


histórico-salvífico, del revelarse y donarse de Dios en Cristo por nosotros los hombres.
 La inteligencia de la fe incluye la razón, mediante la cual ésta, dentro de sus límites,
explica y comprende la verdad revelada y la integra con la verdad de la naturaleza
humana, según el proyecto divino expresado por la creación, 106 es decir, la verdad
integral de la persona en cuanto ser espiritual y corpóreo, en relación con Dios, con los
demás seres humanos y con las demás criaturas. 107

El objeto de la doctrina social es esencialmente el mismo que constituye su razón de ser: el


hombre llamado a la salvación y, como tal, confiado por Cristo al cuidado y a la responsabilidad
de la Iglesia.Con su doctrina social, la Iglesia se preocupa de la vida humana en la sociedad, con
la conciencia que de la calidad de la vida social, es decir, de las relaciones de justicia y de amor
que la forman, depende en modo decisivo la tutela y la promoción de las personas que
constituyen cada una de las comunidades. En la sociedad, en efecto, están en juego la dignidad

3
y los derechos de la persona y la paz en las relaciones entre las personas y entre las
comunidades. Estos bienes deben ser logrados y garantizados por la comunidad social.

En esta perspectiva, la doctrina social realiza una tarea de anuncio y de denuncia.

Ante todo, el anuncio de lo que la Iglesia posee como propio: « una visión global del hombre y
de la humanidad »,118 no sólo en el nivel teórico, sino práctico. La doctrina social, en efecto, no
ofrece solamente significados, valores y criterios de juicio, sino también las normas y las
directrices de acción que de ellos derivan. 119 Con esta doctrina, la Iglesia no persigue fines de
estructuración y organización de la sociedad, sino de exigencia, dirección y formación de las
conciencias.

La doctrina social comporta también una tarea de denuncia, en presencia del pecado: es el
pecado de injusticia y de violencia que de diversos modos afecta la sociedad y en ella toma
cuerpo.Esta denuncia se hace juicio y defensa de los derechos ignorados y violados,
especialmente de los derechos de los pobres, de los pequeños, de los débiles. 121 Esta denuncia
es tanto más necesaria cuanto más se extiendan las injusticias y las violencias, que abarcan
categorías enteras de personas y amplias áreas geográficas del mundo, y dan lugar
a cuestiones sociales, es decir, a abusos y desequilibrios que agitan las sociedades. Gran parte
de la enseñanza social de la Iglesia, es requerida y determinada por las grandes cuestiones
sociales, para las que quiere ser una respuesta de justicia social.

82 La finalidad de la doctrina social es de orden religioso y moral. Religioso, porque la misión


evangelizadora y salvífica de la Iglesia alcanza al hombre « en la plena verdad de su existencia,
de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social ». Moral, porque la Iglesia mira
hacia un « humanismo pleno », es decir, a la « liberación de todo lo que oprime al hombre » y
al « desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres ».La doctrina social traza los
caminos que hay que recorrer para edificar una sociedad reconciliada y armonizada en la
justicia y en el amor, que anticipa en la historia, de modo incipiente y prefigurado, los « nuevos
cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia » (2 P 3,13).

Raíces escriturísticas de la DSI.

La locución doctrina social se remonta a Pío XI  y designa el “corpus” doctrinal relativo a temas


de relevancia social que, a partir de la encíclica « Rerum novarum » de León XIII, se ha
desarrollado en la Iglesia a través del Magisterio de los Romanos Pontífices y de los Obispos en
comunión con ellos. La solicitud social no ha tenido ciertamente inicio con ese documento,
porque la Iglesia no se ha desinteresado jamás de la sociedad; sin embargo, la encíclica
« Rerum novarum » da inicio a un nuevo camino: injertándose en una tradición plurisecular,
marca un nuevo inicio y un desarrollo sustancial de la enseñanza en campo social.

En su continua atención por el hombre en la sociedad, la Iglesia ha acumulado así un rico


patrimonio doctrinal. Éste tiene sus raíces en la Sagrada Escritura, especialmente en el
Evangelio y en los escritos apostólicos, y ha tomado forma y cuerpo a partir de los Padres de la
Iglesia y de los grandes Doctores del Medioevo, constituyendo una doctrina en la cual, aun sin
intervenciones explícitas y directas a nivel magisterial, la Iglesia se ha ido reconociendo
progresivamente.

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Los eventos de naturaleza económica que se produjeron en el siglo XIX tuvieron consecuencias
sociales, políticas y culturales devastadoras. Los acontecimientos vinculados a la revolución
industrial trastornaron estructuras sociales seculares, ocasionando graves problemas de
justicia y dando lugar a la primera gran cuestión social, la cuestión obrera, causada por el
conflicto entre capital y trabajo.

Ante un cuadro semejante la Iglesia advirtió la necesidad de intervenir en modo nuevo: las
« res novae », constituidas por aquellos eventos, representaban un desafío para su enseñanza
y motivaban una especial solicitud pastoral hacia ingentes masas de hombres y mujeres. Era
necesario un renovado discernimiento de la situación, capaz de delinear soluciones apropiadas
a problemas inusitados e inexplorados.

Como respuesta a la primera gran cuestión social, León XIII promulga la primera encíclica
social, la « Rerum novarum ». Esta examina la condición de los trabajadores asalariados,
especialmente penosa para los obreros de la industria, afligidos por una indigna miseria.
La cuestión obrera es tratada de acuerdo con su amplitud real: es estudiada en todas sus
articulaciones sociales y políticas, para ser evaluada adecuadamente a la luz de los principios
doctrinales fundados en la Revelación, en la ley y en la moral naturales.

La « Rerum novarum » enumera los errores que provocan el mal social, excluye el socialismo
como remedio y expone, precisándola y actualizándola, « la doctrina social sobre el trabajo,
sobre el derecho de propiedad, sobre el principio de colaboración contrapuesto a la lucha de
clases como medio fundamental para el cambio social, sobre el derecho de los débiles, sobre la
dignidad de los pobres y sobre las obligaciones de los ricos, sobre el perfeccionamiento de la
justicia por la caridad, sobre el derecho a tener asociaciones profesionales ».

La « Rerum novarum » se ha convertido en el documento inspirador y de referencia de la


actividad cristiana en el campo social. El tema central de la encíclica es la instauración de un
orden social justo, en vista del cual se deben identificar los criterios de juicio que ayuden a
valorar los ordenamientos socio-políticos existentes y a proyectar líneas de acción para su
oportuna transformación.

90 La « Rerum novarum » afrontó la cuestión obrera con un método que se convertirá en un


« paradigma permanente » para el desarrollo sucesivo de la doctrina social. Los principios
afirmados por León XIII serán retomados y profundizados por las encíclicas sociales sucesivas.
Toda la doctrina social se podría entender como una actualización, una profundización y una
expansión del núcleo originario de los principios expuestos en la « Rerum novarum ». Con este
texto, valiente y clarividente, el Papa León XIII confirió « a la Iglesia una especie de “carta de
ciudadanía” respecto a las realidades cambiantes de la vida pública » 147 y « escribió unas
palabras decisivas »,que se convirtieron en « un elemento permanente de la doctrina social de
la Iglesia »,afirmando que los graves problemas sociales « podían ser resueltos solamente
mediante la colaboración entre todas las fuerzas » 150 y añadiendo también que « por lo que se
refiere a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto ella regateará su esfuerzo ». 151

A comienzos de los años Treinta Pío XI publica la encíclica « Quadragesimo anno »,152 para


conmemorar los cuarenta años de la « Rerum novarum. La Encíclica advierte la falta de respeto
a la libertad de asociación y confirma los principios de solidaridad y de colaboración para

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superar las antinomias sociales. Las relaciones entre capital y trabajo deben estar bajo el signo
de la cooperación.

La « Quadragesimo anno » confirma el principio que el salario debe ser proporcionado no sólo
a las necesidades del trabajador, sino también a las de su familia. El Estado, en las relaciones
con el sector privado, debe aplicar el principio de subsidiaridad, principio que se convertirá en
un elemento permanente de la doctrina social. La Encíclica rechaza el liberalismo entendido
como ilimitada competencia entre las fuerzas económicas, a la vez que reafirma el valor de la
propiedad privada.

Con la encíclica « Divini Redemptoris »,158 sobre el comunismo ateo y sobre la doctrina social


cristiana, Pío XI criticó de modo sistemático el comunismo, definido « intrínsecamente
malo »,159 e indicó como medios principales para poner remedio a los males producidos por
éste, la renovación de la vida cristiana, el ejercicio de la caridad evangélica, el cumplimiento de
los deberes de justicia a nivel interpersonal y social en orden al bien común, la
institucionalización de cuerpos profesionales e interprofesionales

Una de las características de las intervenciones de Pío XII es el relieve dado a la relación entre
moral y derecho. El Papa insiste en la noción de derecho natural, como alma del ordenamiento
que debe instaurarse en el plano nacional e internacional. Otro aspecto importante de la
enseñanza de Pío XII es su atención a las agrupaciones profesionales y empresariales, llamadas
a participar de modo especial en la consecución del bien común: « Por su sensibilidad e
inteligencia para captar “los signos de los tiempos”, Pío XII puede ser considerado como el
precursor inmediato del Concilio Vaticano II y de la enseñanza social de los Papas que le han
sucedido »

Juan XXIII, en la encíclica « Mater et magistra », « trata de actualizar los documentos ya


conocidos y dar un nuevo paso adelante en el proceso de compromiso de toda la comunidad
cristiana ».165 Las palabras clave de la encíclica son comunidad y socialización: 166 la Iglesia está
llamada a colaborar con todos los hombres en la verdad, en la justicia y en el amor, para
construir una auténtica comunión. Por esta vía, el crecimiento económico no se limitará a
satisfacer las necesidades de los hombres, sino que podrá promover también su dignidad.

Con la encíclica « Pacem in terris », Juan XXIII pone de relieve el tema de la paz, en una época
marcada por la proliferación nuclear. La « Pacem in terris » contiene, además, la primera
reflexión a fondo de la Iglesia sobre los derechos humanos; es la encíclica de la paz y de la
dignidad de las personas.

La Constitución pastoral « Gaudium et spes »172 del Concilio Vaticano II, constituye una


significativa respuesta de la Iglesia a las expectativas del mundo contemporáneo. En esta
Constitución se refleja una nueva concepción de ser comunidad de creyentes y pueblo de Dios.
Y suscitó entonces nuevo interés por la doctrina contenida en los documentos anteriores
respecto del testimonio y la vida de los cristianos, como medios auténticos para hacer visible la
presencia de Dios en el mundo ».

La « Gaudium et spes » estudia orgánicamente los temas de la cultura, de la vida económico-


social, del matrimonio y de la familia, de la comunidad política, de la paz y de la comunidad de
los pueblos, a la luz de la visión antropológica cristiana y de la misión de la Iglesia. Todo ello lo

6
hace a partir de la persona y en dirección a la persona, « única criatura terrestre a la que Dios
ha amado por sí mismo ».176 La sociedad, sus estructuras y su desarrollo deben estar
finalizados a « consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana ».

Otro documento del Concilio Vaticano II de gran relevancia en el « corpus » de la doctrina


social de la Iglesia es la declaración « Dignitatis humanae »,179 en el que se proclama el derecho
a la libertad religiosa. El documento trata el tema en dos capítulos. El primero, de carácter
general, afirma que el derecho a la libertad religiosa se fundamenta en la dignidad de la
persona humana y que debe ser reconocido como derecho civil en el ordenamiento jurídico de
la sociedad. El segundo capítulo estudia el tema a la luz de la Revelación y clarifica sus
implicaciones pastorales, recordando que se trata de un derecho que no se refiere sólo a las
personas individuales, sino también a las diversas comunidades.

A comienzos de los años Setenta, en un clima turbulento de contestación fuertemente


ideológica, Pablo VI retoma la enseñanza social de León XIII y la actualiza, con ocasión del
octogésimo aniversario de la «  Rerum novarum  », en la Carta apostólica « Octogesima
adveniens ».186 El Papa reflexiona sobre la sociedad post-industrial con todos sus complejos
problemas, poniendo de relieve la insuficiencia de las ideologías para responder a estos
desafíos: la urbanización, la condición juvenil, la situación de la mujer, la desocupación, las
discriminaciones, la emigración, el incremento demográfico, el influjo de los medios de
comunicación social, el medio ambiente.

Al cumplirse los noventa años de la « Rerum novarum », Juan Pablo II dedica la encíclica
« Laborem exercens » 187 al  trabajo, como bien fundamental para la persona, factor primario
de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. La « Laborem exercens » delinea
una espiritualidad y una ética del trabajo, en el contexto de una profunda reflexión teológica y
filosófica. El trabajo debe ser entendido no sólo en sentido objetivo y material; es necesario
también tener en cuenta su dimensión subjetiva, en cuanto actividad que es siempre expresión
de la persona. Además de ser un paradigma decisivo de la vida social, el trabajo tiene la
dignidad propia de un ámbito en el que debe realizarse la vocación natural y sobrenatural de la
persona.

Con la encíclica « Sollicitudo rei socialis »,188 Juan Pablo II conmemora el vigésimo aniversario


de la « Populorum Progressio » y trata nuevamente el tema del desarrollo bajo un doble
aspecto: « el primero, la situación dramática del mundo contemporáneo, bajo el perfil del
desarrollo fallido del Tercer Mundo, y el segundo, el sentido, las condiciones y las exigencias de
un desarrollo digno del hombre ». 189 La encíclica introduce la distinción entre progreso y
desarrollo, y afirma que « el verdadero desarrollo no puede limitarse a la multiplicación de los
bienes y servicios, esto es, a lo que se posee, sino que debe contribuir a la plenitud del “ser”
del hombre. De este modo, pretende señalar con claridad el carácter moral del verdadero
desarrollo ».190 Juan Pablo II, evocando el lema del pontificado de Pío XII, « Opus iustitiae pax »,
la paz como fruto de la justicia, comenta: « Hoy se podría decir, con la misma exactitud y
análoga fuerza de inspiración bíblica (cf.  Is 32,17; St 3,18), Opus solidaritatis pax, la paz como
fruto de la solidaridad ».191

En el centenario de la « Rerum novarum », Juan Pablo II promulga su tercera encíclica social, la


« Centesimus annus »,192 que muestra la continuidad doctrinal de cien años de Magisterio

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social de la Iglesia. Retomando uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la
organización social y política, que había sido el tema central de la encíclica precedente, el Papa
escribe: « el principio que hoy llamamos de solidaridad ... León XIII lo enuncia varias veces con
el nombre de “amistad”...; por Pío XI es designado con la expresión no menos significativa de
“caridad social”, mientras que Pablo VI, ampliando el concepto, en conformidad con las
actuales y múltiples dimensiones de la cuestión social, hablaba de “civilización del amor”
».193 Juan Pablo II pone en evidencia cómo la enseñanza social de la Iglesia avanza sobre el eje
de la reciprocidad entre Dios y el hombre: reconocer a Dios en cada hombre y cada hombre en
Dios es la condición de un auténtico desarrollo humano. El articulado y profundo análisis de las
« res novae », y especialmente del gran cambio de 1989, con la caída del sistema soviético,
manifiesta un aprecio por la democracia y por la economía libre, en el marco de una
indispensable solidaridad.

Conclusion

Los documentos aquí evocados constituyen los hitos principales del camino de la doctrina
social desde los tiempos de León XIII hasta nuestros días. Esta sintética reseña se alargaría
considerablemente si tuviese cuenta de todas las intervenciones motivadas por un tema
específico, que tienen su origen en « la preocupación pastoral por proponer a la comunidad
cristiana y a todos los hombres de buena voluntad los principios fundamentales, los criterios
universales y las orientaciones capaces de sugerir las opciones de fondo y la praxis coherente
para cada situación concreta ».

En la elaboración y la enseñanza de la doctrina social, la Iglesia ha perseguido y persigue no


unos fines teóricos, sino pastorales, cuando constata las repercusiones de los cambios sociales
en la dignidad de cada uno de los seres humanos y de las multitudes de hombres y mujeres en
contextos en los que « se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que
avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus ». 195 Por esta razón se ha constituido y
desarrollado la doctrina social: « un “corpus” doctrinal renovado, que se va articulando a
medida que la Iglesia en la plenitud de la Palabra revelada por Jesucristo y mediante la
asistencia del Espíritu Santo lee los hechos según se desenvuelven en el curso de la historia ».

Dimensión Teológica de la enseñanza social de la Iglesia.

La doctrina social es de la Iglesia porque la Iglesia es el sujeto que la elabora, la difunde y la


enseña. No es prerrogativa de un componente del cuerpo eclesial, sino de la comunidad
entera: es expresión del modo en que la Iglesia comprende la sociedad y se confronta con sus
estructuras y sus variaciones. Toda la comunidad eclesial —sacerdotes, religiosos y laicos—
participa en la elaboración de la doctrina social, según la diversidad de tareas, carismas y
ministerios.

Las aportaciones múltiples y multiformes —que son también expresión del «sentido
sobrenatural de la fe de todo el pueblo » — son asumidas, interpretadas y unificadas por el
Magisterio, que promulga la enseñanza social como doctrina de la Iglesia. El Magisterio
compete, en la Iglesia, a quienes están investidos del « munus docendi », es decir, del
ministerio de enseñar en el campo de la fe y de la moral con la autoridad recibida de Cristo. La
doctrina social no es sólo fruto del pensamiento y de la obra de personas cualificadas, sino que
es el pensamiento de la Iglesia, en cuanto obra del Magisterio, que enseña con la autoridad

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que Cristo ha conferido a los Apóstoles y a sus sucesores: el Papa y los Obispos en comunión
con él.113

En la doctrina social de la Iglesia se pone en acto el Magisterio en todos sus componentes y


expresiones. Se encuentra, en primer lugar, el Magisterio universal del Papa y del Concilio: es
este Magisterio el que determina la dirección y señala el desarrollo de la doctrina social. Éste, a
su vez, está integrado por el Magisterio episcopal, que específica, traduce y actualiza la
enseñanza en los aspectos concretos y peculiares de las múltiples y diversas situaciones
locales.La enseñanza social de los Obispos ofrece contribuciones válidas y estímulos al
magisterio del Romano Pontífice. De este modo se actúa una circularidad, que expresa de
hecho la colegialidad de los Pastores unidos al Papa en la enseñanza social de la Iglesia. El
conjunto doctrinal resultante abarca e integra la enseñanza universal de los Papas y la
particular de los Obispos.

En cuanto parte de la enseñanza moral de la Iglesia, la doctrina social reviste la misma dignidad
y tiene la misma autoridad de tal enseñanza. Es Magisterio auténtico, que exige la aceptación y
adhesión de los fieles.El peso doctrinal de las diversas enseñanzas y el asenso que requieren
depende de su naturaleza, de su grado de independencia respecto a elementos contingentes y
variables, y de la frecuencia con la cual son invocados.

Principios

Los principios permanentes de la doctrina social de la Iglesia constituyen los verdaderos y


propios puntos de apoyo de la enseñanza social católica: se trata del principio de la  dignidad
de la persona humana en el que cualquier otro principio y contenido de la doctrina social
encuentra fundamento, del bien común, de la subsidiaridad y de la solidaridad. 

Estos principios brotan del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias
comprendidas en el Mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y en la Justicia— con
los problemas que surgen en la vida de la sociedad ».La Iglesia, en el curso de la historia y a la
luz del Espíritu, reflexionando sabiamente sobre la propia tradición de fe, ha podido dar a tales
principios una fundación y configuración cada vez más exactas, clarificándolos
progresivamente, en el esfuerzo de responder con coherencia a las exigencias de los tiempos y
a los continuos desarrollos de la vida social.

Estos principios tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad


social en su conjunto: desde las relaciones interpersonales caracterizadas por la proximidad y
la inmediatez, hasta aquellas mediadas por la política, por la economía y por el derecho; desde
las relaciones entre comunidades o grupos hasta las relaciones entre los pueblos y las
Naciones. Por su permanencia en el tiempo y universalidad de significado, la Iglesia los señala
como el primer y fundamental parámetro de referencia para la interpretación y la valoración
de los fenómenos sociales, necesario porque de ellos se pueden deducir los criterios de
discernimiento y de guía para la acción social, en todos los ámbitos.

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TIPOS DE PRINCIPIOS:

Principio personalista o de la dignidad de la persona humana: la persona humana es lo


mas digno del universo. Goza de derechos humanos , naturales e inviolables. Anteriores a la
sociedad y al Estado: el derecho a la vida, a la educación, a la iniciativa económica, al trabajo, a
un salario justo, a la seguridad social, a participar en la vida publica, a la libertad religiosa…

Principio del bien común: es el total de las condiciones que permiten que las personas
logren su plenitud. Estas condiciones derivan según las circunstancias históricas concretas,
incluyen elementos como: el compromiso por la paz, un sistema jurídico justo, y el
proporcionar los servicios sociales esenciales.

Principio del destino universal de los bienes: los bienes de la tierra están destinados
por Dios para el beneficio de todos los hombres y son necesarios para garantizar la autonomía
y la libertad de la persona humana. De ahí nace el derecho a la propiedad privada.

Principio de autonomía de la sociedad política: la DSI no se pronuncia a favor de


ninguna opción concreta, pero reconoce el valor de la democracia. La autonomía de la
sociedad política ha de respetar las exigencias éticas.

Principio de subsidiariedad: piden que se respeten las competencias propias de cada


nivel, comenzando por lo más básico: el individuo y la familia. El Estado no puede ignorar o
suplantar los derechos de las personas y de las familias.

Principio de solidaridad: lleva a que cada persona o individuo se sienta unida y


responsabilizada con el resto de la comunidad humana. Esto implica el deber de actuar con
rapidez y eficacia allí donde más ayuda se necesite.

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