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La Creacion Del Mundo y Otros Mitos Astu

Mitología .

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LA CREACIÓN DEL MUNDO Y

OTROS MITOS ASTURIANOS

Cristobo de Milio Carrín


Índice

I LA VIEJA 9
1. Hubo una vez 11
2. La vieja 17
3. La Vieya por Europa 27
4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero 33
5. La Vieya y la Virgen María 47
6. La Virgen Fugitiva 71
7. Orcabella 91
8. El origen de la Vieya 103
Resumen de la Parte I 137

II EL NIÑO 139
9. El Gran Mito 141
10. Asturies o el hijo de la Vieya 155
11. El druida que otaba en las aguas 171
12. El mito completo y el huevo primordial 187
13. La buena salladora y los ritos de la cosecha 211
Resumen de la Parte II 221

3
Índice

III EL REY 225


14. La violencia mimética 227
15. Xanas y reyes (I) 245
16. Xanas y reyes (II). El pan y la yegua 261
17. La muerte del rey 297
18. El rey sagrado en las fuentes no mitológicas 317
Resumen de la Parte III 325

IV EL CABALLERO 331
19. El bizcocho de la muerte 333
20. Santiago, el jinete divino 347
Resumen de la Parte IV 377

Conclusión 379
Anexos 385
Bibliograa 421

4
1 Hablando hace años sobre las leyendas de su pueblo con

un anciano asturiano, de los de misa diaria, decía él:


...Porque nuestra religión... (pausa dubitativa y
miradas furtivas en torno) ...Bueno, la religión que hay
ahora es la auténtica: (bajando la voz) pero antes había
otra y esa era la nuestra .

1
González - Mata, Arturo (biblio)
Agradecimientos
Hace tiempo, antes de empezar a escribir este libro,
solía pensar que los  Agradecimientos de una obra eran
una simpleza, un alarde de falsa humildad por parte del
autor.  ¾A qué tanto agradecer? , pensaba yo.  El libro lo
ha escrito él solo, después de todo . Necesité unos cuantos
años de trabajo para comprender que ningún libro puede
escribirse sin ayuda. Ninguno que merezca la pena leer,
al menos.

Si hubiese estado yo solo en esta labor, habría termi-


nado por escribir un simple refrito de las cuatro obras ya
publicadas sobre mitos asturianos. ¾Qué otra cosa podría
hacer? Pero tuve suerte y encontré quien me ayudase.

Quiero dar las gracias a todas las personas que leye-


ron este libro, que corrigieron sus fallos más patentes, que
me proporcionaron, de modo desinteresado, datos inédi-
tos procedentes de su propia experiencia en la cultura oral
asturiana. A Poliorcetes (él sabe de quién hablo), que me
enseñó lo fácil que es maquetar. A Víctor Miralles San-
tacréu, que no tiene ni idea de mitología, asturiana o no,
pero que me obligó sin contemplaciones a barrer la pa-
ja de mi prosa. A Abel M. González, uno de los pocos
hombres de mi generación que ha mantenido el vínculo
con la de nuestros abuelos y con la cultura tradicional. A

7
Agradecimientos

Carlos, que tanto ha leído y a Nedi, que oyó contar tantas


leyendas en la cocina de su casa para luego contármelas
a mí. Gracias a Rivers, que me presentó a su padre y a
Juan, su padre, que rescató para mí una frase olvidada.
A Milio, mi padre, registro viviente de las tradiciones de
Medal. El vicio de la cultura asturiana me viene de él, me
temo, así que este libro ha salido de sus genes.
Gracias al Colectivo Belenos, porque sin el trabajo
que llevan desarrollando en su publicación  Asturies, Me-
moria Encesa d`un País  habría sido imposible para mí
acceder a tanta información y a Alberto Álvarez Peña,
porque he tomado de sus archivos tal cantidad de leyen-
das y cuentos que este libro debería llevar su nombre como
coautor; también porque, sin su apoyo, nunca hubiese sido
publicado.
El último nombre de esta lista es el de Nicolás Bartolo-
mé Pérez, un buen amigo y un gran bibliólo. Nicolás me
ha dado tantas ideas y tantos datos que, de no ser por él,
este libro (especialmente su primera parte) hubiera sido
totalmente distinto...y peor, por supuesto.
Gracias a todos, porque comprendisteis desde el prin-
cipio lo que pretendía este libro y os ilusionasteis con la
idea tanto como yo mismo; porque me ayudasteis sin es-
perar la menor recompensa, por puro amor a una cultura
que ha sido despreciada y perseguida durante siglos y que
ahora se extingue tan calladamente como pervivió.

8
Parte I

LA VIEJA

9
Capítulo 1

Hubo una vez1


Hubo una vez, hace muchísimo tiempo, una vieja gi-
ganta tan alta como el cielo. Vivía en la cima de las mon-
tañas, donde siempre está nevado, y de allí bajaba cada
invierno para cubrir la tierra de blanco. Dominaba los
elementos: la lluvia, las heladas, la nieve y los grandes ca-
lores. Al comienzo del año decretaba cómo iban a transcu-
rrir las estaciones: con una palabra suya podían perderse
las cosechas y perecer los ganados. Era dueña del año y
señora, por tanto, del tiempo. Llevaba consigo un huso de
hilandera con el que hilaba el destino de los hombres.

La giganta modeló el paisaje a su gusto cuando el


mundo era aún joven. En ciertos lugares dejó plantadas
rocas gigantescas como su huso, en otros marcó la huella
de su pie sobre la peña. Fue madre de dioses y de ella nació
también la humanidad. La gente la temía pero también la
amaba porque a veces se apiadaba de sus hijos, favorecía

1
Se utilizarán algunas veces lo largo del libro las siglas BIDEA,
 Boletín del Instituto de Estudios Asturianos DALLA,  Dicciona-
riu de la Academia de la LLingua Asturiana  y GEA,  Gran Enci-
clopedia Asturiana .

11
Capítulo 1. Hubo una vez

las cosechas, curaba las enfermedades y ayudaba a con-


cebir a las mujeres estériles. Se levantaron santuarios en
los lugares donde se mostraba con un rostro más amable,
y los peregrinos acudían a las playas, las rocas llamativas
y los manantiales a pedirle favores.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Llegaron


otros dioses que arrinconaron a la vieja hilandera. La gen-
te no la olvidó por completo, pero mezclaron poco a poco
la vieja y la nueva religión y nalmente la giganta se con-
virtió en un recuerdo vago, desperdigado en mil rincones
de la memoria: un nombre de lugar, una costumbre su-
persticiosa, una leyenda incompleta...

Ya os lo he contado todo: ahora me falta demostrá-


roslo.

Estoy convencido de que existe dentro de la mitolo-


gía asturiana una diosa Tierra de múltiples funciones: es
la dueña del tiempo atmosférico, de la prosperidad de los
campos y de la salud de las personas. También es muy po-
sible que esta diosa intervenga en el mito de la Creación.
Me propongo mostrar, a lo largo de las siguientes páginas,
el modo en que llegué a esta conclusión. Aunque a esta
diosa no le ha sobrevivido un nombre concreto hasta hoy
la llamaré, genéricamente,  la Vieya .

Como no hay ninguna fuente, antigua o moderna, que


trate este tema por extenso, he tenido que recurrir a una
gran cantidad de datos dispersos, casi siempre proceden-
tes de la cultura oral. Ninguno de estos datos prueba nada
por sí solo, pero las numerosas conexiones que los rela-
cionan entre sí apuntan en mi opinión hacia un sistema
general. Todos estos cabos sueltos conducen a una autén-
tica  mitología que los integra (o mejor, los integraba)
a todos en una estructura coherente, en un relato. Aquí
tengo que pedirle al lector que haga un esfuerzo, porque

12
La creación del mundo y otros mitos asturianos

no hay ningún dato trivial. Debe estar atento a todos los


detalles que se mencionarán de ahora en adelante, sean re-
franes, topónimos o tradiciones festivas. No existen largas
baladas ni espectaculares epopeyas que hablen de la Vie-
ya: como mucho aparecerán un par de leyendas de apenas
medio folio de extensión. La Vieya es una diosa precristia-
na, y sólo pudo sobrevivir a la llegada de la religión nueva
escondida bajo esos pobres disfraces. Únicamente hay una
forma de reconocerla: reconstruir su historia a partir de
los pocos pedazos reconocibles que aparecen aquí y allá.

La Vieya no es una gura exclusivamente asturiana.


Bajo distintos nombres aparece como mínimo en la Penín-
sula Ibérica, al menos desde Extremadura hacia el norte,
abarcando después Francia casi entera y las Islas Britá-
nicas. Para estudiarla he analizado las distintas varian-
tes, buscando en cada una de ellas algún matiz nuevo del
personaje. Que no nos engañen los colores de los mapas:
Europa es un continente pequeño y apenas tiene sentido
trazarles fronteras a los cuentos, las leyendas, las supers-
ticiones y los mitos que se cuentan al oeste del Elba.

Las diferencias entre las variantes de la Vieya son mí-


nimas, y el  aire de familia entre todas resalta al primer
vistazo. Todas son mujeres viejas, de tamaño sobrehu-
mano; todas están muy relacionadas con las rocas, en las
que dejan huellas impresas; todas o casi todas tienen algo
que ver con la rueca o con el huso de hilar. Compararlas
es útil, por ejemplo, cuando tropezamos con una leyenda
asturiana difícil de interpretar; buscaremos entonces en el
folklore de Francia, Escocia o Alemania, y encontraremos
nalmente una versión casi idéntica a la asturiana pero
que conservará algún detalle, olvidado ya en nuestro país,
crucial para comprender su signicado.

13
Capítulo 1. Hubo una vez

He investigado también cuándo nació. Le atribuyo un


origen precristiano, fundamentalmente, porque las vieyas
son guras religiosas (sus funciones, sus rasgos, son los
de auténticas diosas), que sin embargo no encajan en el
cristianismo. Por tanto, lo más lógico es suponer que pro-
vienen de un sistema de pensamiento no cristiano, y la
única inuencia religiosa no cristiana que afectó a las ma-
sas campesinas del occidente europeo antes de la Revolu-
ción Industrial fue la herencia del paganismo.

Podemos llamar a este sustrato  paganismo celta ,


pues lo conocemos (fragmentariamente) como parte de la
religión de los celtas históricos, pero en realidad no sabe-
mos cuál es su origen. Podría remontarse, teóricamente,
mucho más allá de la Edad del Hierro...O todo lo contra-
rio, podría ser una creación contemporánea del Imperio
Romano e inmediatamente anterior a la cristianización:
no hay modo de averiguarlo con certeza.

La hipótesis precristiana parece conrmarse al tener


en cuenta las analogías entre la Vieya de la tradición oral
y cierta diosa celta, Brighid. Para analizar este asunto
he estudiado las festividades tradicionales del medio in-
vierno, tanto en Asturies y su área de inuencia como
en las Islas, donde sabemos con seguridad que se rendía
culto a Brighid el 1 de febrero; al parecer los asturianos
también dedicaban estas estas a su Vieya. Otro indicio
es la existencia de santuarios consagrados a Santa Brígi-
da, posiblemente herederos del culto a la diosa pagana,
muy similares a emplazamientos típicos de la Vieya. El
caso más claro de esto es el de Le Plec, en Bretaña. Le
Plec tiene un hermano gemelo (o al menos mellizo) pero
consagrado a la Virgen María en Finisterre: el santuario
de Muxía.

14
La creación del mundo y otros mitos asturianos

En una interpretación restrictiva, la Vieya es exacta-


mente eso: una diosa de aspecto venerable. Pero yo mos-
traré que tiene otros rostros, y que puede manifestarse a
veces como joven hermosísima o como madre.

Incluiré muchas leyendas, ritos y creencias del folklore


leonés; considero que la continuidad cultural entre astu-
rianos y leoneses es absoluta, y trataré cualquier dato re-
copilado en León como si fuese de procedencia asturiana.

15
Capítulo 2

La vieja
Lo primero será demostrar que la Vieya existe, que en
la tradición oral de Asturies se menciona un personaje fe-
menino, muy poderoso, de apariencia provecta. Empezaré
por un ejemplo cualquiera entre mil posibles: el arco iris.
La tradición asturiana insiste en relacionar el arco iris
con una misteriosa vieja sin nombre. Para empezar te-
nemos la misma designación: al arco iris se le llama en
asturiano arcu [de] la vieya. Luego hay un extraño refrán
que viene a repetir lo mismo:  Cuando llueve ya fai sol,
anden les vieyes alreor  . Este refrán tiene una variante:
 Cuando llueve ya fai sol, anden les bruxes alreor  (Al-
berto Álvarez Peña, comunicación personal al autor el 31
de enero de 2001), y otra todavía que reza, "Cuando llue-
ve y fai sol canta la vieya'n Peña Mayor " (Polledo Arias,
A. 1996: 118). Peña Mayor es una gran montaña, en el
ayuntamiento de Nava, dominando el macizo que lleva su
nombre:  Macizo de Peña Mayor . En este caso la Vieya
del arco iris se vincula a un pico señalado.

¾Qué signica todo esto? ¾Quiénes son esas viejas o


brujas? El nombre del  arcu la vieya  y los refranes, ¾Con-

17
Capítulo 2. La vieja

tienen un acertijo, tal vez? ¾Son metáforas, donde la vieja


representa alguna otra cosa? No podemos todavía contes-
tar estas preguntas. De momento, sólo sabemos que  ha-
bía una o varias viejas y que se las relaciona con el arco
iris y con cierta montaña de Nava. El designarlas como
 bruxas nos da otra pista: el personaje está dotado de
poderes mágicos, sobrenaturales.
El arco iris no es el único fenómeno que se atribuye
a nuestra Vieya, ni es Peña Mayor la única montaña que
le sirve de asiento. En Tineo, al sol declinante lo llaman
sol de les vieyes (DALLA, 2000: 1256) y en León, a los
remolinos de aire se los identica con las brujas (Álvarez
Álvarez, S. 1987: 34). En cuanto a los montes, la Vieya
da nombre entre otros al Picu la Vieya (Cangues d`Onís),
l`Alto la Viecha (Degaña) y el Picu la Vieya (Cangas del
Narcea). Resumiendo, nuestra misteriosa anciana contro-
la el clima y habita en las cumbres: por eso los pastores
de Piloña, cuando llegaban las primeras nevadas, mira-
ban hacia los picos más altos y preguntaban en voz alta:
 ¾Qué traes, Vieya?  (Alberto Álvarez Peña, comunica-
ción personal al autor el 2 de octubre de 2004) .
1

La Vieya era a veces objeto de respeto, incluso de ve-


neración. Por ejemplo en A Cañiza, Galicia, el Coto da
Vella (Pico de la Vieja) se convirtió en algún momen-
to de la Edad Media en el santuario de Nosa Señora da
Franqueira (Marino Ferro, X.R. 2003: 89). Más adelante
encontraremos muchos otros casos parecidos.
Es corriente encontrarla multiplicada, como en las  bru-
jas que andan alrededor ; cuando la tradición es más ex-
plícita las  brujas resultan ser tres. En estas curiosas
trinidades paganas es imposible individualizar cada una

1
En los  anexos de esta primera parte incluiré varios ejemplos
de esta creencia recogidos de informantes orales.

18
La creación del mundo y otros mitos asturianos

de las personas que la integran: simplemente son tres mu-


jeres, en bloque. En una canción leonesa se puede leer:

[...] vio venir una borrasca

y en la borrasca venían

tres hermosísimas damas,

una de verde venía

y las dos de azul estaban.

-Buenos días, zagaleja

-Bienvenida, madre santa [...]

(Berrueta, M. 1971: 250)

Aquí la tenemos de nuevo, dueña y señora de los fenóme-


nos atmosféricos. La canción, posiblemente una versión
moderna de un tema antiguo, pretende convertir a la Vir-
gen María en una tríada, buscando una imposible armonía
2
entre catolicismo y paganismo . Es lógico que la Vieya y
la Virgen intereran entre sí, teniendo tanto en común: las
dos son mujeres y a las dos se atribuyen grandes poderes.
La confusión entre ambas guras se aprecia bastante
bien en el santuario de Cuadonga. Éste ya era muy pro-
bablemente un lugar de culto en época precristiana, pues
el río que brota de la Santa Cueva se llama  Deva , que
en celta signica  Diosa . El nombre de la cueva proviene,
casi con certeza, de Cova Dominica,  Cueva de la Seño-
ra (García Arias, X.Ll. 2000: 174, 430). Todo indica que

2
En los anexos de esta parte del libro incluiré una versión astu-
riana de este poema tradicional.

19
Capítulo 2. La vieja

el santuario fue fundado sobre una tradición indígena de


la cual surgió también, por otro camino, el folklore de la
Vieya.

La anciana del arco iris nos llevó a la Señora, y la


Señora a la Deva que da nombre al río; lo curioso es que
el círculo se puede cerrar, ya que hay un río de la Vieya en
la parroquia de Paredes, Valdés. Procediendo con lógica
resulta:

Las vieyas y las bruxas de los fenómenos atmosféricos


y de los montes son todas el mismo personaje; la Vieya y
la Virgen del santuario gallego, en el Coto da Vella, tam-
bién deben de corresponder entre sí y con las anteriores;
Cuadonga, la Cueva de la Señora, coincide con una cueva
en una montaña; el río Deva que brota de la cueva signi-
ca  Diosa , pues una diosa era la Vieya al principio, casi
con seguridad.

Hay varios ríos Deva en la Cornisa Cantábrica, desde


Pontevedra hasta Guipúzcoa (Blázquez, J.M. 1994: 336)
y en otros puntos de la Europa celta, especialmente en
el sur de Inglaterra. También existe un Picu de la Deva,
en Xixón, y un islote junto a Cuideiru que lleva este mis-
mo nombre. Si los ríos  Deva se correspondiesen con el
Río de la Vieya y el pico Deva con los picos de la Vieya
que conocemos, habría que deducir que nuestro persona-
je ya era conocido en época prerromana, cuando aquellos
accidentes recibieron nombre. Más adelante encontrare-
mos muchas pistas del modo en que las antiguas diosas
sobreviven en el folklore moderno.

La Vieya, a pesar de su nombre, no siempre tiene as-


pecto de anciana. En el arco iris, por ejemplo, se mani-
esta ya su doble naturaleza:

20
La creación del mundo y otros mitos asturianos

En Vil.lauril, si el arco es doble se le llama


arcu de las mozas, al más fuerte, y arcu de las
viechas, al más débil

(Munthe, A. W: 1989, 61)

Estas mozas son la xana, de quien se cuentan tantas his-


torias por todo Asturias. Si la Vieya es, como veremos en
su momento, un espíritu del invierno, la xana se apare-
ce únicamente en el solsticio de verano. También puede
presentarse en forma de tríada. A veces el misterioso trío
está formado por una vieja,  la madre , y dos jóvenes,  las
hijas : señal evidente de que moza y anciana comparten
una misma naturaleza (Cabal, C. 1987b: 235, 236). Tie-
nen otros rasgos comunes: la xana suele manifestarse al
lado de las fuentes o en los monumentos megalíticos, lu-
gares frecuentados por la Vieya. También comparten otro
atributo del que no hemos hablado aún: una y otra son
hilanderas.
La rueca y sobre todo el huso son dos de los rasgos
más característicos y difundidos de la Vieya. Los encon-
traremos buscando, una vez más, en los lugares donde ella
suele habitar: por ejemplo, Peña Vis:

Peña Vis es una mole de caliza, en los connes de


Uviéu con Ribera de Arriba. No es tan alta como Peña
Mayor y vista desde los lados norte, sur o este pasa ca-
si desapercibida. No obstante, al acercarse a ella desde
el oeste la cosa cambia: la Peña muestra entonces una
inmensa pared, un farallón de roca blanca que se eleva
formando una gigantesca torre natural. A sus pies corre
el río Nalón y al otro lado del río, justamente en el punto
donde Peña Vis ofrece su rostro más impresionante, se ha-
lla el pueblo de Fusu la Reina, o sea  Huso de la Reina .

21
Capítulo 2. La vieja

Esta reina hilandera, al lado de un río al pie de una gran


peña, no es otra que nuestra Vieya.

En Ponga llaman  Fusu de la Muyer a una gigan-


tesca roca vertical, de las que sabemos que están
consagradas a Ella.

En Pena Colmea, en San Salvador de Valledor (Allan-


de), se encuentran unos petroglifos neolíticos sobre
los que se aparecía una vieja hilando con huso y
rueca (Álvarez Peña, A. 2001b: 157).

En algunas zonas de León se creía que en la luna


se ve una vieja hilando con huso y rueca:  En La
Uña, localidad de los Picos de Europa, una mujer
nos indica que, a medida que corre la Luna, va dan-
do vueltas la rueca ( Que corre la Luna y corría la
rueca ) (Puerto, J. L. 2006: 14)

En Eilao denominan a cierto dolmen  a Llastra da


Filadoira ( la Losa de la Hilandera ), pues se dice
que fue una mujer con un huso la que, llevándolo en
equilibrio sobre la cabeza, lo posó allí.

Igual acontece en el dolmen del monte A Granela,


en Pradios (Ibias). Allí cuentan que fue una moura
la que trajo la losa horizontal en equilibrio sobre su
cabeza mientras hilaba.

Otra moura trajo en la cabeza, desde la Ría Mi-


randa, la piedra que llaman Altar de Santa Farta-
lla (Alberto Álvarez Peña, comunicación personal
al autor el 31 de enero de 2001). La ría Miranda es
la conuencia del río Pigüeña con el Narcea.

22
La creación del mundo y otros mitos asturianos

El nombre de moura o mora subraya el carácter no cris-


tiano de estas hilanderas. En algunas leyendas las llaman
 reinas , conservando el epíteto de Fusu la Reina: Con-
taba mi abuelo que por la Ría de Aboño llegó en tiempos
un navío con una reina, [...] la llevaba un rey que la ha-
bía encantado [...] se volvió piedra [...] Y a esa peña la
llamaban La Piedra [de] la Reina [...] (Álvarez Peña, A.
2007b: 17 )
3

Otras veces, sin embargo, el mito se adaptó a la ico-


nografía católica:

[también está] la leyenda del Cantu l`Arbechu


en Ribasil, peñasco también natural, que de
acuerdo con la leyenda local fue transportado
en la cabeza de la Virgen María, llevando en
una mano al niño Jesús y en la otra una rueca
y un huso

(Bartolomé, N. 1999: 10)

Conozco al menos una variante asturiana recogida en Pi-


güeces, Somiedo:

Esa Peña decían que la subiera la Virgen


de`hí de una nca de abajo, abajo del todo,
llaman la Penal.longa [. . . ] dicen que la subió
la Virgen, ya hilando en una rueca con la peña
na cabeza. Eso decíanlo los viejos de atrás.

(Suárez López, J, 2003: 74)

3
Contado por Jesús Parrado, 40 años, a quien se lo contaba su
abuelo, Ceferino Álvarez Fernández, vecino de Xove, Xixón, muerto
a los 88 años. Recogido el 21 de agosto de 2007.

23
Capítulo 2. La vieja

A partir de ahora nos encontraremos el huso y a veces la


rueca en muchas leyendas; también veremos cómo abun-
dan las historias con la Virgen de protagonista y frecuen-
tes alusiones al papel de la Vieya como  madre de un
Hijo divino. En Somiedo, por ejemplo, hay un  Couto
de la Buena Madre , un valle erizado de inmensas rocas
blancas. Un misterio es la relación de la Vieya con la luna.
No son demasiado numerosas las leyendas que conrman
la creencia leonesa en la hilandera lunar. Muy probable-
mente, sin embargo, la relación exista y sea muy antigua,
como veremos al estudiar las antiguas diosas de las que
proviene el personaje moderno.

A veces la madre se convierte en abuela, lo cual es


lógico si el personaje tiene apariencia de anciana. En Fe-
nar, comarca situada en la montaña central leonesa, hay
una  Peña de la Abuela y cerca de ella, dos  cuevas de
la Abuela con leyenda incluida. Se dice que allí vivían
dos viejas, una en cada cueva, malvada una y buena la
otra (Miranda Pérez-Seoane, J: 1985, 633-634). En algu-
nos casos, estos nombres aparecen en lugares que ya eran
sagrados hace miles de años: en la Peña de la Abuela, en
Ambrona, Soria, se ha excavado un enterramiento monu-
mental neolítico.

El hijo, a quien ya hemos conocido en Ribasil, es el


protagonista de una leyenda de Cuideiru. Allí cuentan
que un día de terrible tormenta apareció en la plaza un
niñito perdido; los vecinos, apiadados, lo metieron en una
casa e instantáneamente la tormenta arreció. El niño dijo:
 Esa es mi madre, que se preocupa , salió otra vez a la
plaza, se encogió milagrosamente y entrando por el caño
de la fuente, desapareció. Al momento cesó la tormenta
(Álvarez Del Busto, J.L 1985: 92) .

24
La creación del mundo y otros mitos asturianos

Este niño merece un capítulo aparte y no se hablará


de él en este punto del libro, pero sí anotaré que a su
Madre se la puede relacionar con la Vieya del arco iris.
Ella controla el tiempo atmosférico y las tormentas son
expresión de su estado de ánimo. En esta leyenda, como
en ejemplos precedentes, la Vieya aparece vinculada a un
ámbito acuático, una fuente.
Era  vieja , ya que es más antigua que cualquier otra
cosa;  dueña , porque merecía respeto;  mora porque es
ajena al cristianismo;  madre pues es el origen de todos
los seres vivos y  reina , porque domina toda la creación.

25
Capítulo 3

La Vieya por Europa


Nuestra hilandera gigante no tiene nada de original.
Todos sus atributos, desde el arco iris hasta la rueca, se
encuentran en otras tantas señoras del folklore europeo,
desde Portugal hasta Escocia:

[. . . ] en Portugal se llama al arco iris arco


da velha [en Normandía se le llama] marque de
la vieille [. . . ] que seguramente procede de un
antiguo arc de la vieille [. . . ] en Gales el arco
iris es llamado bwa y wrach, `arco de la vie-
ja'. En la isla de Cefalonia se llama doxari thz
griaz, `arco de la vieja'. En Creta me dieron
la expresión tshz graz to louri, en el Pelo-
poneso, entre los zacones, ta gria to zounari,
signicando ambas `cinturón de la vieja'.

(Rohlfs, G: 1979: 89, 90)

En la Provenza, cuando el calor del mediodía hace vibrar


el aire, se dice La Vièio danso,  baila la vieja . Parecidas
expresiones se hallan en el norte de Italia, por ejemplo en

27
Capítulo 3. La Vieya por Europa

Milán, balla la vèggia, con el sentido de  el aire brilla . En


otras partes de la península Itálica se dice bala la stria,
 baila la bruja (Rohlfs, G 1979: 81, 82). También es la
Vieya la que porta el frío y la nieve: en la Provenza se
dice la vièio a tamisa, [=  la vieja ha tamizado ] cuando
los campos amanecen cubiertos de escarcha, y en Renania,
De Ald hat noch net all ihr Reck augeschiddelt [=  la vieja
no ha sacudido todas sus faldas , es decir, `tendremos aún
más nieve'] (Rohlfs, G. 1979: 84, 85).
En otros países, la Vieya reaparece bajo nombres dis-
tintos. Los vascos llaman a su Vieya  Mari , y creen que
controla el clima. Se la relaciona con los dólmenes y con
las cuevas, sobre todo las que se hallan en la cima de las
montañas. En Francia la llaman fée, o sea  hada , pero
incluso con otro nombre sigue siendo fácil de reconocer.
Es hilandera como la nuestra y le encantan las piedras
grandes:

Van Gennep reere en su Folklore de la


Borgoña (1934: 175) que, en Clamerey, un ha-
da llamada Beuenie iba en otro tiempo a hi-
lar su rueca a medianoche a un lugar alejado,
sobre un peñasco que dominaba el Armançon.
En ocasiones, se dice que los menhires son las
ruecas que las hadas plantaron en la tierra [...]
Roca de las Hadas, Piedra de las Hadas, Ous-
tal de las Fadas, Cabaña de las Hadas, Gruta
de las Hadas, etc. [son nombres que designan],
a través de toda Francia, menhires, dólmenes
y alamedas cubiertas.

(Bonnefoy, I. 1998: 633-635)

En Escocia, Irlanda e Isla de Man la Vieya recibe el mismo


nombre que aquí, sólo que traducido al gaélico: Cailleach.

28
La creación del mundo y otros mitos asturianos

En algunos aspectos se parece a su prima asturiana más


aún que las fées francesas; es un espíritu del clima, igual
que la nuestra, y presta su nombre a los mismos accidentes
geográcos:

La Cailleach da nombre a unas cuantas montañas


repartidas por Escocia e Irlanda, como Beinn na
Cailleach,  Montaña de la Vieja , en Skye. Suelen
ser picos que resaltan en el paisaje circundante, y
que aparecen tapados por las nubes cuando hace
mal tiempo (Cameron, 2002). También hay islotes
y cabos dedicados a ella.

En el condado de Meath, Irlanda, hay una gran pie-


dra tallada, de época megalítica, situada en lo alto
de una colina llamada Belrath. La llaman  Piedra
Silla , y dicen que la dejó allí una gigantesca vieja
para sentarse en ella y contemplar la vista. En la
ría de Colunga, oriente de Asturies, hay un islote
que llaman  Peña Xiella [ silla ], y se dice que en
él se sentaba una vieja,  la madre del diablo , que
llevaba un huso.

En la Península de Dingle, también en Irlanda, se


localizan una inmensa cantidad de topónimos rela-
cionados con la Cailleach. (Kytheriea, 2002).

La Vieya de la Isla de Man se llama Caillagh ny


Groamagh o sea,  la anciana de la oscuridad . En la
geografía manesa no sólo abundan los lugares dedi-
cados a ella, sino que ésta también se ocupa de las
tormentas, igual que hace nuestra señora del arco
iris:  [...] La Caillagh de la Isla de Man [...] es un
espíritu del clima. En Escocia, el invierno y el mal

29
Capítulo 3. La Vieya por Europa

tiempo le pertenecen, pero en Man parece actuar


durante todo el año (Briggs, K. 1992: 62)

Katharine Briggs resume bastante bien la personalidad de


la Cailleach en el siguiente párrafo:

La Cailleach Bheur de las Highlands, la


bruja de rostro lívido que personica el in-
vierno, parece un caso de los más claros de ser
sobrenatural que antaño fue una diosa primi-
tiva, posiblemente entre los antiguos britones
anteriores a los celtas. [La Cailleach también
tenía relación con los menhires y las rocas lla-
mativas] Cabe suponer que muchas piedras so-
litarias y erguidas le serían antaño consagra-
das.

(Briggs, K. 1992: 62)

Katharine Briggs recoge, con algunas reservas, un rela-


to donde la Cailleach escocesa se convierte en una diosa
primaveral:

[...] según algunas tradiciones, no se con-


vertía en piedra al nal del invierno, sino que
se transformaba en una hermosa doncella. J.F.
Campbell, en sus  Popular Tales of the West
Highlands  (Vol. III), narra el cuento de una
mujeruca repulsiva que apareció en la casa
donde se encontraban los Feens y rogó que le
dejaran calentarse junto al fuego. Fionn y Oi-
sin la rechazaron, pero Diarmaid suplicó que
la dejaran sentarse junto al fuego, y cuando

30
La creación del mundo y otros mitos asturianos

la vieja se deslizó en su lecho, él no la expul-


só, sino que sólo puso un pliegue de la man-
ta entre ambos. Al cabo de un rato tuvo  un
sobresalto de sorpresa , pues la vieja se ha-
bía transformado en la mujer más hermosa
que jamás hubieran visto los hombres. Existe
una impresionante similitud entre este cuento
y  El Matrimonio de Sir Gawain o  El Cuen-
to de la Comadre de Bath . Si consideramos
esto como parte de la leyenda primitiva, pa-
recería que la Cailleach Bheur representaba
una diosa del invierno y del verano a la vez,
pero esta posibilidad queda como materia de
especulación.

(Briggs, K. 1992: 62)

Se recordará que también en Asturias la Vieya se muestra


a veces como una joven hermosísima, la xana. Resumien-
do: el personaje es el mismo en Francia, en Escocia, en
Man, en el País Vasco y en Asturies. Posee ciertos rasgos
típicos como el huso, el tamaño gigantesco, las huellas
en la roca, el hijo, el control del clima, etc etc. . . que nos
permiten rastrear las distintas variantes por el continente.

31
Capítulo 4

La Vieya, los
carnavales y el 1 de
febrero
No se trata simplemente de encontrar anidades entre
las leyendas de países lejanos y de recrearse en la semejan-
za. Como dije más arriba, los paralelos europeos nos ayu-
dan a menudo a comprender las pistas borrosas de nuestra
propia tradición. En las siguientes páginas descubriremos
los mitos invernales de la Vieya asturleonesa, guiados por
los ejemplos del folklore europeo. Nuestro viaje comienza
en Man:

[...] La Caillagh de la Isla de Man [...] es un


espíritu del clima [...]. Si el día de San Bride
[Santa Brígida, 1 de febrero] hace buen tiem-
po, sale a recoger la leña para calentarse du-
rante el verano; si llueve se queda en casa, y
tiene que dar buen tiempo el resto del año por
su propio interés Un buen día de San Bride es

33
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

por tanto mal presagio para el resto del año


[...]

(Briggs, K. 1992: 62)

En Cornualles y otras zonas de Gran Bretaña, la supersti-


ción manesa ha evolucionado. Según dice el refrán córnico:

If Candlemas Day be ne and clear

There will be two Winters in one year;

But if Candlemas Day brings clouds and rain

Winter is gone and will not come again

(Alberro, M. 2004: 71)

Que signica,  Si el día de la Candelaria [2 de febrero]


hace bueno y despejado / habrá dos inviernos en un año;
/ pero si el día de la Candelaria trae nubes y lluvia / el
invierno se fue y no volverá . La creencia es la misma que
en Man, por tanto: la lluvia en el día señalado signica
buen tiempo para el futuro y viceversa; únicamente varía
la fecha, que pasa del 1 al 2 de febrero. La diferencia es
aún menor de lo que pudiera pensarse si lo importante en
la esta primitiva era, como parece, la noche entre ambos
1
días . Sin embargo se ha perdido toda alusión a la vieja,
la Caillagh que recogía leña en el día mágico.
En nuestro país hay diversas variantes de este refrán.
En Babia, comarca leonesa fronteriza con Asturies, se dice
lo siguiente:

1
En los anexos incluiré algunas variantes más de este refrán, que
parece estar bastante difundido por Inglaterra y Escocia.

34
La creación del mundo y otros mitos asturianos

Si la Candelaria rire, l`invierno por venire, si la Can-


delaria l.lora, l`invierno fora, que l.lore ou que cante, l'invierno
atrás ya alantre Informante, Blanca Esther González Gar-
cía, de 25 años, vecina de Torrebarrio, Babia. Ella lo oyó
a su abuela. Recopilado el 31 de enero de 2001

Una versión asturiana reza  Si a Candeleira chora, el


inverno xa vai fora, si a Candeleira ri, el inverno ta por
vir  refrán de A Caridá (GEA, 1970: t.7, 87)
Es decir, si el día de la Candelaria hace sol, signi-
ca que lo peor del invierno aún está por llegar; si llueve,
entonces el invierno ya ha pasado. En estos ejemplos as-
turleoneses el tiempo atmosférico se encarna en un per-
sonaje femenino, una  Candelaria que ríe, llora y canta.
Más adelante veremos en un ejemplo leonés que la supers-
tición incluía, al principio, una mujer como la Caillagh de
Man.

Hay muchos indicios de que nuestra Vieya era una


señora del invierno semejante a la Cailleach insular. Te-
nemos, por ejemplo, un refrán:  El día de Santa Lucía,
estira la Vieya el pía. . . a paso de pita  , es decir,  El día
de Santa Lucía la Vieya estira el pie. . . muy poco a po-
co . Se creía que por Santa Lucía los días comenzaban a
crecer, lo que signicaba la lenta muerte del invierno. . .
identicado con la Vieya, este caso. Y está también  la
nevada de la vieya  , un periodo entre nales de febrero
y principios de marzo, cuando la tradición teme que el
invierno, resistiéndose a terminar, envíe sus peores fríos.

En algunas versiones  la nevada de la vieya se llama


así por una vieja que se burló de febrero, provocando su
reacción enojada:  Con
tres días que mi quedan y tres que
mi dé mio compañero Marzu, voi a h.artate yo de Febreru.
 Y estuvo seis días nevando (Sordo Sotres, R. 1992:

35
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

76). Sin embargo, en la variante somedana, el personaje


femenino no desafía al invierno sino al contrario:
El cuento narra que un pastor le ofrece un manto a la
Virgen, pidiéndole un invierno benigno. Pero cuando ya
febrero termina, el desagradecido dice:

-Ya no doy el manto a la Virgen, que ya me


sacó las ovejas de Febrero. Y le dice Febrero:
-Con dos días que me faltan a mí y dos
que me preste mi hermano Marzo te he de
hacer andar con las cencerras al hombro y las
pellejas arrastro. Y entonces vino, empezo a
nevar, a nevar, a nevar y le mató las ovejas
todas al pastor [. . . ]

(Suárez López, J. 2003: 183)

Ésta es una versión cristianizada, pero más acorde sin


duda con el mito primitivo: es la Virgen (es decir, la diosa
del invierno) la que provoca la  nevada de la vieya  , en vez
de padecerla. Esta expresión, por cierto, no es exclusiva
de Asturies: Gerhard Rohlfs registra nombres parecidos
en la Provenza (jour de la Vièio, `día de la vieja'), en
Grecia (`los días de la Vieja'), Rumanía (`los días de las
viejas'), Bulgaria (`días de las viejas'), Albania y el sur
de Italia:  [. . . ] tanto en las localidades románicas [. . . ]
como en las localidades griegas [. . . ] en el sentido de `los
últimos días muy fríos del mes de febrero' (Rohlfs, G.
1979: 85, 86).
En las estas invernales europeas abundan las costum-
bres y los rituales donde interviene la anciana hilandera.
En Avilés, por ejemplo, la despedida del Carnaval consis-
te en quemar un monigote al que apodan  La Vieya . Los

36
La creación del mundo y otros mitos asturianos

alemanes queman su monigote de la Vieya, que ellos lla-


man Frau Holle  [. . . ] al nal de los doce días de Navidad
(o sea, en la noche del 5 al 6 de enero) (Rohlfs, G. 1979:
97-98).

Esos doce días, el tiempo que separa el n de un año


y el comienzo del siguiente, estaban antiguamente consa-
grados en Francia a las Tres Damas, una triada de hadas
que controlaban el destino de los hombres y que podían
conceder abundancia o miseria, suerte o infortunio, según
las atenciones de sus devotos las dejasen más o menos
contentas:

Las hadas (en francés, fées ) han heredado


características y funciones de las Parcas, así
como el nombre de Fatum o de las Fata, las
cuales sólo eran, en Roma, una designación de
las Parcas. Por lo que se reere a los atribu-
tos de las hadas, es innegable que abarcan en
gran medida los atributos de las Parcas [las
Parcas eran hilanderas, las hadas han hereda-
do su huso]. Como ellas, las hadas presiden
los nacimientos y deciden sobre el destino del
niño. Son, como se decía,  ventreras . En Bre-
taña, se les servía una comida en la habitación
contigua a la de la parturienta a n de conju-
rarlas.

(Bonnefoy, I. 1998: 633-635)

De igual manera, por Año Nuevo se preparaba un banque-


te para las hadas en cada casa, pues se creía que al llegar
la noche las Tres Damas visitarían las casas y bendecirían
durante todo el año las de aquéllos que las dejaban satis-
fechas. Esta creencia aparece mencionada en épocas tan

37
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

tempranas como el S. IX y se extendía, al menos, hasta


los Pirineos.

Las hadas llegan hasta las habitaciones de


quienes las veneran; llevan la felicidad en la
mano derecha y el infortunio en la izquier-
da. La gente se preocupa por prepararles, en
una sala limpia y alejada, la comida que deben
ofrecerles. Se abren las puertas y las ventanas,
se extiende un mantel blanco sobre la mesa y
se coloca un pan, un cuchillo, un vaso lleno de
agua y de vino, y una copa. En el centro de
la mesa se coloca una vela o una lamparilla.
En general se cree que aquellos que les presen-
ten los mejores manjares pueden esperar que
sus rebaños se multipliquen, que sus cosechas
sean abundantes y que el himen colmará sus
deseos más preciados. En tanto que aquellos
que se limiten a quejarse de sus deberes para
con las hadas y que no se entreguen con in-
terés a los preparativos dignos de ellas, deben

º
esperar las mayores desgracias.
El 1 de enero, al despuntar el día, el pa-
dre, el anciano, el jefe de cada hogar, toma
el pan que fue presentado a las hadas y des-
pués de sumergirlo en el agua y el vino, lo
distribuye entre todos los miembros de su fa-
milia, incluso los sirvientes. Entonces todos se
desean un feliz año y desayunan con ese pan.

(Walter, P. 2004: 61, 62) .


2

2
Esta cita, aunque incluida en el libro de Philippe Walter, pro-
viene de A. Maury, Les Fées Au Moyen Age, París, Champion, 1896,
p. 21.

38
La creación del mundo y otros mitos asturianos

Las tres damas han dejado huella en la cultura Asturiana.


Las xanas se aparecen de tres en tres y también la Virgen,
según vimos al principio del capítulo 2, se representa a
veces como una triada. En cuanto al banquete de Año
Nuevo que honraba a la triple diosa, tenía en Asturias un
equivalente: los aguilandos.
Los aguilandos eran una costumbre que se practicaba
durante las navidades, normalmente en Año Nuevo o en
el día de Reyes. Los mozos de cada pueblo se disfraza-
ban con pieles y cencerros y formaban una comitiva que,
casa por casa, hacía una colecta de comestibles. Ahora
bien, entre todos estos enmascarados peludos (llamados
guirrios, sidros o zamarrones ) había tres personajes fe-
meninos, marchando juntos en formación: la aguilander a,
la cardona y la cenicera.

La aguilandera se distinguía por su vesti-


do blanco de amplio cuello y puntillas almi-
donadas y se encargaba, según indica la deno-
minación, de recoger las dádivas. La cardona
presentaba en sus manos los instrumentos de
su ocio lanero, mientras que la cenicera car-
gaba con un saco de ceniza dispuesta para ser
arrojada sobre el público asistente a la esceni-
cación al aire libre.

(Gómez Pellón, E. 1993: 49)

En Francia eran las hadas mismas las que visitaban las


casas en espíritu. En Asturias se pretende reproducir me-
diante el rito esta misma ronda de visitas. El trío de más-
caras femeninas recibía las ofrendas de los vecinos y se
creía que, cuanto más generosas fuesen, más próspero se-
ría el año. El personaje de la cardadora se cambiaba en

39
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

algunos lugares por la ladora , la hilandera. La ceniza


que lanzaba su compañera traía buena suerte.

La Iglesia, comprendiendo que estos ritos representa-


ban restos de una religión ajena a los evangelios, condenó
enérgicamente las máscaras de animales y viejas. Gracias
a estas condenas sabemos que estas tradiciones vienen de
tiempos tan lejanos como el S.VIII, cuando el cristianis-
mo aún estaba asentándose en muchas zonas de Europa,
lo cual prácticamente conrma que son de origen pagano:

[. . . ] la Iglesia medieval dictó severas prohi-


biciones contra esta práctica, [es decir, con-
tra las mascaradas invernales, e] imponía se-
veras sanciones especialmente rigurosas a los
que aparecían con máscara de Vetula [Rohlfs
usa  Vetula con el mismo sentido con que
se emplea  Vieya en este libro] San Pirmi-
nio (S.VIII) enseñaba:  Cervulaeaut vetulas
in quadragesima vel aliud tempos nolite am-
bulare  .

(Rohlfs, G. 1979: 98, 99)

San Pirminio sitúa las mascaradas en Cuaresma, pero ya


hemos visto que se desarrollan en varias estas del ciclo
invernal. En algunas zonas de León la fecha pasa a Santa
Brígida (1 de febrero):

En la comarca de los Oteros [...] los mo-


zos recorrían los pueblos en la mañana del 1
de febrero pidiendo casa por casa una especie
de aguinaldo; era lo que se llamaba  sacar los
torreznos .

40
La creación del mundo y otros mitos asturianos

En esta cuestación el jefe iba disfrazado de


Brígida, esto es, vestido como una mujer vie-
ja y llevando una rueca y un huso y haciendo
como que hilaba. Otros dos jóvenes portaban,
uno una cesta donde ponía los huevos que les
daban, y otro un tenedor de hierro donde cla-
vaba el jamón, chorizo y tocino donados. Si
el vecino requerido contribuía con algo, la co-
mitiva de mozos decía:  Que Santa Brígida
te preñe los barcillares (viñas) , y si no daba
nada replicaban  Ojalá se te apedreen , a mo-
do de maldición. Con lo recaudado celebraban
otra merienda la tarde del 1 de Febrero

(Bartolomé, N. 1999: 5).

Volvemos a encontrarnos con la anciana hilandera. Esta


tradición nos recuerda, para empezar, los aguilandos as-
turianos y el banquete de las Tres Damas, pero también a
la Caillagh de la isla de Man: igual que ocurría en aque-
lla isla, en estas aldeas leonesas se aparece una anciana
el día de Sta Brígida para decidir el clima del año ente-
ro. La cosecha será abundante o pobre según la Brígida
decida bendecirla o no, así que los mozos de la comuni-
dad intentan propiciarla celebrando un banquete en su
honor, donde la abundancia de comida pretende atraer la
abundancia de los campos. Otra variante:

La víspera del día de Sta. Brígida los mo-


zos del pueblo leonés de Alija de Ribera, si-
tuado 8 Km. al sur de la ciudad de León en
la ribera del río Bernesga, se juntaban por la
tarde en una merienda. Y al llegar la noche,
los jóvenes iban subiendo por turnos a la torre

41
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

de la iglesia para voltear las campanas hasta


el amanecer. El toque empleado era el tente
nube, el mismo que se usaba para deshacer
las tormentas cuando se acercaban al pueblo,
y que, según la gente, quiere decir:

Tente nube, / tente tú / que Dios puede /


más que tu [...]

El motivo para que se tocara el tente nube


en la noche de Sta Brígida era que en esa fe-
cha era cuando trabajaban precisamente  Los
diablos que amasan la piedra (granizo) y con
el repique de las campanas se asustaban y no
podían completar la tarea. Si por cualquiera
causa no sonaban las campanas, era conside-
rado un mal agüero

(Bartolomé, N. 1999: 5)

El tañido de las campanas es semejante al ritual de los


zamarrones de las estas invernales asturianas, quienes
saltan incesantemente para hacer sonar los cencerros que
les cuelgan de la espalda. Se creía que las campanas y,
en general, los objetos de metal alejaban a los espíritus
malignos. El  Tente nube , por ejemplo, mantenía a raya
al Nuberu asturiano, el genio de las tormentas.
Durante el invierno, la estación de la oscuridad y por
tanto de los muertos, los espíritus vagan libres y ame-
nazan el futuro de la comunidad. Los rituales invernales
son siempre lustrales, puricadores, y buscan limpiar el
territorio y las cosechas del pueblo de la maldad de los
difuntos. A veces se llegaban a organizar verdaderas ba-
tallas cuando dos grupos vecinos de máscaras, cada uno

42
La creación del mundo y otros mitos asturianos

empujando los espíritus hasta el límite de su pueblo res-


pectivo, se encontraban en la frontera común. Se creía que
ser derrotado en estas luchas provocaría un mal año en
el pueblo. Hemos descifrado el sentido de estos rituales
comparándolos con las ceremonias, todas prácticamente
idénticas, que tenían lugar en la mayor parte de Europa,
3
desde Tracia hasta Galicia . En Asturias los folkloristas
llegaron demasiado tarde para registrar el signicado de
los cencerros y de las luchas de zamarrones, que seguían
celebrándose sin comprender su signicado, pero en León
al menos recuerdan todavía que estos rituales pretenden
derrotar a los  diablos que amasan el granizo .

Las celebraciones populares de Santa Brígida en la


Irlanda rural eran muy similares a las de León, incluyendo
la cuestación y el simulacro de Brígida. John O`Keee las
describe así:

La costumbre del brideóg o aguinaldo so-


lía consistir en un grupo de personas, llama-
dos brideóga o aguinalderos, que iban de casa
en casa llevando una representación de San-
ta Brígida y normalmente recibiendo alguna
donación en cada casa que visitaban [...] la
imagen usada para representar a Santa Brí-
gida solía llamarse an brideóg o el aguinaldo.
Lo más normal era hacer una muñeca para la
ocasión. Sin embargo, de acuerdo con algunos
informes, a veces se usaba una muñeca com-
prada en alguna tienda

(Cogan, D. 2002)

3
Véase  El Carnaval de Julio Caro Baroja e  Historia Nocturna
de Carlo Ginzburg.

43
Capítulo 4. La Vieya, los carnavales y el 1 de febrero

Hay otros datos interesantes sobre el 1 de febrero. Ese día,


en algunos lugares de Irlanda la gente se abstenía de tra-
bajar, para dedicarse en lugar de ello a visitar las fuentes
benditas. A veces la prohibición de trabajar se limitaba
a las actividades que se asociaban con Santa Brígida: la-
branza, herrería y cualquier trabajo que implicase una
rueda; hilar, conducir carros, moler y coser a máquina
(Danaher, K. 1972: 14-15). Es decir, también en Irlan-
da era Brígida hilandera y también allí era la protectora
de la agricultura. Su esta, el 1 de febrero, era el Imbolc
en la época pagana, una celebración invernal de carácter
lustral. Se cree que la santa no existió nunca sino que
surgió únicamente para sustituír a Brighid, la diosa más
importante del viejo panteón irlandés.

Hace tiempo que nos hemos salido de los fósiles lin-


güísticos y de las leyendas intrascendentes: aquí la Vieya,
apenas disfrazada de cristianismo, preside auténticos ri-
tuales, auténticas ceremonias religiosas de un culto vivo.
A Santa Brígida la llamaban  María de los celtas , y los
irlandeses la consideraban  madre adoptiva de Cristo :
durante mucho tiempo fue la devoción más importante de
la isla. La Iglesia permitió y favoreció este culto, bajo el
cual los irlandeses mantuvieron intactas muchas costum-
bres de indudable origen pagano. En León, sin embargo,
la esta de la Brígida ha llegado hasta nuestros días sin
ningún apoyo de la Iglesia. Si la Iglesia, es decir, la éli-
te culta, no participó en el nacimiento de esta tradición,
entonces necesariamente proviene de la memoria oral, del
pasado más remoto. Viene de un tiempo en que los leo-
neses, los irlandeses y muchos otros pueblos de Europa
Occidental adoraban a la Vieya con rituales, sin duda,
muy parecidos entre sí.

44
La creación del mundo y otros mitos asturianos

Este carnaval leonés, sin embargo, a pesar de ser tan


interesante y a pesar de servirnos tan bien para demostrar
algunas hipótesis, es sólo un caso aislado, una reliquia
etnográca. En la inmensa mayoría de los casos no fue
Santa Brígida, sino la Virgen María, la que reemplazó a
las diosas paganas de la religión popular.

45
Capítulo 5

La Vieya y la Virgen
María
Ahora me enfrentaré a un problema típico de los li-
bros como éste: el choque entre paganismo y cristianismo.
No pienso entonar, sin embargo, el acostumbrado lamen-
to por la muerte de la religión ancestral y la supuesta
sabiduría matriarcal. No estoy de acuerdo con los tópicos
en boga sobre este asunto. No me imagino unos inocentes
campesinos, viviendo en armonía con la madre Tierra,
arrebatados brutalmente a una religión fría y machista.
No creo que el clero católico tuviese un plan taimado pa-
ra engañar a los pobres paganos, reemplazando los an-
tiguos dioses por los nuevos santos. Más bien creo que
hubo un proceso gradual, tan gradual que en realidad no
ha terminado aún. Creo que los propios paganos, los mis-
mos campesinos encajaron la nueva doctrina en su religión
tradicional a medida que la recibían.

Suele decirse que los curas, con astucia diabólica, man-


daron construir iglesias sobre los santuarios paganos pa-
ra desarraigar la idolatría. Pero es igualmente probable

47
Capítulo 5. La Vieya y la Virgen María

que, en muchos casos, fuesen los feligreses quienes exigie-


sen construir el templo en los lugares apartados donde
sus padres adoraban a los viejos dioses. Las leyendas nos
cuentan a menudo que la Virgen se aparece en tal o cual
sitio (emplazamiento de un culto pagano) y exige que la
capilla se construya precisamente ahí. Cuando el cura in-
tenta que el templo se edique cerca del pueblo, la Virgen
destruye cada noche el trabajo de los albañiles o trasla-
da mágicamente las piedras hasta el lugar correcto. El
signicado de la leyenda está claro: lo sagrado es el em-
plazamiento, no el templo en sí, y si el cura no lo entiende
½Peor para él!
Mi primer ejemplo no es asturiano; proviene de Salas
de los Infantes, Burgos:

[. . . ] según la leyenda, la imagen [de la Vir-


gen del Rebollar] la encontró, en el tronco de
un rebollo (encina), un zagal que guardaba
ovejas en Trasomo. Vinieron a postrarse an-
te la Virgen los vecinos de los cuatro pueblos
y construyeron un santuario. Pronto entró el
arado; se hincó entre las piedras y volvió a
crecer el cereal. [. . . ] en Quintanilla de Urilla
[llaman] Rebollar de las Jóvenes a la romería
que se celebra en mayo, cuando sacan a la Vir-
gen para la bendición de los campos, mientras
que llaman Rebollar de las Viejas a la rome-
ría de septiembre, cuando el cereal está corta-
do, la puerta del invierno, la dormición de los
campos.

(Roque, M.A. 1990: 56-98)

Excepto por la advocación católica, se apiñan en estas


pocas líneas los rasgos paganos y populares. La imagen no

48
La creación del mundo y otros mitos asturianos

la encuentra un sacerdote ni una autoridad civil, sino un


zagal. La aparición en un árbol y el emplazamiento, un
encinar, apuntan a un culto no urbano, relacionado con la
vegetación y con la cosecha. La  bendición de los campos
y la referencia al arado conrman esta suposición. Por
último, la alusión a  las viejas y  las jóvenes no puede
ser más reveladora.

Volviendo a Asturias, he encontrado un caso donde


puede observarse que no es necesaria la intervención ecle-
siástica para cristianizar un lugar de culto pagano. Se
trata de la estela de Coaña.

Esta estela es un curioso resto arqueológico, el expo-


nente más occidental que se conoce de las típicas estelas
meseteñas. Se cree que fue tallada durante la Edad del
Hierro. Es una piedra vertical con la forma de un poste
rematado en un gran disco. Está pulida por una de sus
caras y su altura supera ligeramente la de un hombre (ver
ilustración).

La estela es, en el folklore, una típica piedra gigante


de las que tanto gustan a nuestra Vieya. Recibe popular-
mente el nombre de Pedra da Señora y se dice que fue
la Virgen quien la dejó allí: la trajo guardada en la man-
ga de su vestido. La cristianización, en este caso, es tan
burda que la Virgen conserva el tamaño gigantesco de la
diosa a la que sustituye. A los coañeses de antaño les daba
igual la contradicción y reverenciaban la piedra como si
la Virgen María estuviese realmente presente en ella. Eva
Canel, escritora coañesa del siglo XIX, dice que su abuela
tenía costumbre de visitar la estela todos los días, hacer
el signo de la cruz sobre ella y besarla. A lo largo de su si-
glo, según Canel, se fue extinguiendo el culto popular a la
estela. Esta misma escritora recoge una leyenda asociada
al lugar:

49
Capítulo 5. La Vieya y la Virgen María

 Hubo una vez, en Coaña, un robo del que fue acu-


sado un inocente. Su hija, desesperada, pidió ayuda a la
Señora de la piedra, y ella le dio un pergamino donde se
demostraba la inocencia de su padre: la niña le pidió a
la Virgen que fuese donde estaban juzgándole, pero ella
le contestó que no podía moverse de la estela. La mucha-
cha corrió con la prueba en ayuda del desdichado, pero el
verdadero ladrón cogió el pergamino y lo rompió en mil
pedazos: nada más hacer esto cayó al suelo, retorciéndo-
se entre espasmos epilépticos. Entonces todo el pueblo se
acercó hasta la piedra y hallaron, tallado en su supercie,
el testimonio sobre la inocencia de uno y la culpabilidad
del otro. (Canel, E. 1997).

Ningún obispo o abad construyó nunca una capilla al


lado de la estela, ni se instituyó esta o romería alguna
dedicada a esta milagrosa virgen. Sin embargo, sin nece-
sidad de que el poder se entrometiese, la gente reemplazó
voluntariamente a la antigua diosa por la madre de Cris-
to. Ha sido una sustitución torpe y supercial: la Virgen
María sigue siendo una giganta, sigue enamorada de las
rocas y sigue atada a un emplazamiento mágico, del que
no puede apartarse, igual que su antecesora pagana. Su
disfraz es el mínimo imprescindible para ocultarse en un
entorno cristiano. Este disfraz no representa una derrota
de la Vieya sino todo lo contrario: prueba que el mito es-
taba tan vivo, a la llegada del cristianismo, que los eles
necesitaron acomodarlo en la nueva fe. La siguiente etapa
sería construir una iglesia alrededor de la roca donde vive
la Vieya.

A pesar de que las fuentes escritas antiguas son, como


se sabe, bastante pobres en Asturias, nos ha llegado una
noticia donde se intuye cómo pudo ser esta transición re-
ligiosa. Se trata de la fundación del santuario de Nuestra

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La creación del mundo y otros mitos asturianos

Señora del Acebo, Cangas del Narcea. La anota el Padre


Carvallo y fue publicada en 1613. Resumidamente, dice
lo siguiente:

En tierras de Cangas de Tineo, [...] en la


cumbre de un alto monte, y el más encumbra-
do de los muchos que hay en aquellas partes,
[...] en sitio que llaman el Acebo, había una
antiquísima ermita de Nuestra Señora, sin me-
moria de su primera fundación [...] había una
confusa tradición por aquella tierra de que al-
gunas personas atravesando de noche por la
Sierra habían visto que en la ermita se cele-
braban divinos ocios, asistiendo a ellos una
señora de grande autoridad, y mucho acom-
pañamiento, y que acabada la Misa desapare-
cía todo; y se contaban otras algunas cosas de
esta manera, que ponían particular respeto y
devoción a la santa ermita; aunque no se daba
crédito a estas cosas, hasta que el año de 1575
[...] una mujer que tenía una `pierna seca' se
llegó hasta allí [...] el 8 de septiembre, dio nue-
ve vueltas a la capilla y sanó milagrosamente

(Fernández Álvarez, F. 1990: 84)

El emplazamiento del santuario pertenece al dominio de


la Vieya: ¾O acaso no fue la cima de una montaña, Pe-
ñamayor, el primer lugar donde la ubicamos? Pero eso
es lo menos importante, ahora. La parte más interesante
del fragmento se encuentra hacia la mitad: la tradición
oral, claramente profana, sobre una poderosa señora que
preside una asamblea nocturna de espíritus.
Esta dama de grande autoridad recibió culto por
toda Europa Occidental. Se le dieron muchos nombres

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