El florecimiento de la vara de Aarón, 17:1–13.
Esta historia completa el ciclo de
tresrelatos que afirman el papel único de Aarón.
La prueba, 17:1–7. Para demostrar al pueblo rebelde la autoridad especial de Aarón y
evitar más rebeliones, Dios manda que pongan una vara para cada tribu en el
tabernáculo. La misma palabra hebrea puede significar o tribu o vara; entonces las varas
sirven como símbolos de lastribus. La vara de Leví lleva el nombre de Aarón.
Los resultados, 17:8–11. Al día siguiente, sólo la vara de Aarón ha florecido, y hasta
haproducido almendras. Como la vara representa la tribu de Leví, esto afirma que Dios
ha elegido a los levitas para servir en relación con el tabernáculo (ver 3:1–4:49; 18:2–4,
21–24). Pero como la vara lleva el nombre de Aarón, la señal sirve también como una
reafirmación para el pueblo rebelde de la autoridad especial de Aarón. Por eso Dios
manda que la vara de Aarón sea guardada en el tabernáculo.
El impacto sobre el pueblo, 17:12, 13. El pueblo al fin entiende que, aunque todos son
llamados a formar parte del pueblo santo de Dios, no todos tienen el derecho de
acercarse a la morada santa de Dios. Esta realidad les causa pánico; temen que todos
vayan a morir. Al fin se dan cuenta de que necesitan alguien o algunos para ser
mediadores entre ellos y un Dios santo.
Esta es precisamente la función de los levitas y los sacerdotes. La pregunta de 17:18 es
contestada entonces por las provisiones del cap. 18.
Semillero homilético
La vara de Aarón que brotó 17:1–13
Introducción: La mayoría de las naciones y familias se han visto afectadas
por revoluciones y rebeliones. Israel las ha tenido a lo largo de su historia. El
cap. 16 cuenta la rebelión contra Moisés y Aarón encabezada por Coré. Dios
les dio una señal al hacer brotar la vara de Aarón para restaurar el orden en
su pueblo. Hay lecciones en esa historia que el creyente puede aprender.
La Biblia explica una manera de acercarnos a Dios. Sabemos que el camino
a Dios es un "camino rociado de sangre" ordenado por él. En el AT Dios
proveyó el sacerdocio por medio de Aarón: fue escogido, ungido y vestido
con vestiduras de gloria. El mediador aceptaba la ofrenda de sangre para sí
mismo y para Israel. "Cumplido el tiempo" los sacrificios del AT llegaron a
su fin.
En el NT Dios proveyó a su Hijo como el eterno sumo sacerdote y nuestro
mediador (Heb. 7:22–24; 8:1–4; 1 Tim. 2:5). El sacerdocio de Jesús
trasciende el de Aarón. Jesús era de la tribu de Judá y ejercía las funciones de
sumo sacerdote en Israel, porque los sacerdotes terrenales eran descendientes
de Leví. El sumo sacerdocio de Jesús es según el orden de Melquisedec, el
sacerdote, rey de Jerusalén (Heb. 5:6, 10; 7:1–3, 15). Tres veces declaran
estos versículos que Jesús fue declarado ser según el orden de Melquisedec.
Ahora todos podemos acercarnos a Dios por la mediación de Jesús.
La posición de Aarón (y la de Jesús) como sumo sacerdote ha sido
irrefutablemente confirmada. El cap. 17 cuenta el relato de la "vara que
floreció". Debemos familiarizarnos con esta historia y repetirla. Aquella
"vara seca" no sólo floreció ¡sino que también dio almendras! ¡El milagro de
Dios! El NT cuenta la historia de la resurrección representada por la "vara".
Jesús es la raíz de tierra seca (Isa. 53:2). ¡El vive para siempre! (Hech. 1:3; 1
Cor. 15; Mat. 28).
III. El ministerio de Aarón (como el de Jesús) como sumo sacerdote fue
fructífero. La vara de Aarón floreció. De la noche a la mañana aparecieron en
la "vara seca" almendras mientras la vara descansaba cerca del arca del
pacto. Jesús ha producido una vid fructífera que es mundial (Ose. 14:8; Juan
15:5). El mensaje del árbol de almendra todavía nos recuerda que Dios tiene
cuidado de su pueblo y cumple su Palabra (Jer. 1:12).
IV. La vara de Aarón enseña una lección de paz e intrepidez a los obedientes.
Los que respetaron la mediación sacerdotal de Aarón y sus siervos ante Dios
no tuvieron que perecer como Coré (17:12, 13). El cristiano tiene paz y
seguridad por medio del ministerio inmarcesible sacerdotal de Jesús en el
santuario celestial. Dios nos hace "real sacerdocio" para ofrecer sacrificios de
alabanza a él. El gran sumo sacerdote en los cielos nos hace sacerdotes para
Dios y los hombres a fin de servirle ahora y eternamente (1 Ped. 2:9; Heb.
13:15, 16; Apoc. 1:5, 6).
Conclusión: Dios consagra a cada cristiano al "sacerdocio" para servir bajo
Jesús el gran sumo sacerdote en el ministerio en su tabernáculo y en el
mundo. ¿Cómo le servimos y honramos hoy?
4. La reafirmación del orden espiritual, 18:119:22
En el cap. 18 Dios da instrucciones que reafirman los derechos y responsabilidades
únicos de Aarón y sus hijos como los sacerdotes. Los levitas no deben infringir los
derechos exclusivos de los sacerdotes, pero ellos también tienen un lugar de honor, con
sus propias responsabilidades.
Por eso, tanto los levitas como los sacerdotes merecen el apoyo de todo el pueblo
porque sirven como mediadores entre el pueblo y Dios. Las reglas acerca de la
purificación en el cap. 19 ponen énfasis en la necesidad continua del pueblo de
limpiarse de su impureza. Esta necesidad es aun más aguda después de las rebeliones
relatadas en los capítulos anteriores. A la luz de la gran cantidad de hombres que
murieron a causa de los juicios de Dios, los que quedan deben limpiarse de su contacto
con la muerte para ser el pueblo santo de Dios. El papel importante de los sacerdotes en
la preparación del agua para la impureza subraya una vez su importancia en mantener el
bienestar del pueblo.
(1) El papel debido de los sacerdotes y levitas, 18:1–32.
Las responsabilidades de los sacerdotes y levitas, 18:1–7. Todos los de la congregación
no perecerán (17:13) si observan las instrucciones que Dios ya les ha dado. Toda la tribu
de Leví lleva la responsabilidad de guardar el santuario y el altar contra los que no han
sido santificados para acercarse a Dios. (En 18:1a, como en 17:2, 6, “casa paterna”
parece referirse a la tribu
entera en vez de un clan dentro de la tribu.) Ya hemos visto que el papel de los levitas es
de ayudar a los sacerdotes y servir como guardianes del tabernáculo para evitar que los
no autorizados se acerquen (ver 1:50–53; 3:5–10; 8:19). En 18:2–4, 6 vemos una
reafirmación de que los levitas llevan esta responsabilidad. Pero los sacerdotes (Aarón y
sus hijos) deben guardar cuidadosamente todo lo que tiene que ver con el sacerdocio
(eso es, el ministerio frente al altar y dentro del tabernáculo en el lugar santo o el lugar
santísimo, vv. 1b, 3, 5, 7). Ni aun los levitas pueden usurpar estas funciones.
Dios ha ordenado este plan para la protección del pueblo. Todos los levitas son
responsables de mantener la santidad del tabernáculo; si no cumplen esta
responsabilidad, ellos, y no el pueblo entero, cargarán la culpa (18:1a y nota de RVA;
vv. 22, 23). A la vez, Aarón y sus hijos son responsables de mantener la santidad del
altar y de la tienda de reunión misma; si no cumplen
esta responsabilidad, ellos cargarán la culpa (19:1b y nota de RVA). En esto, los
sacerdotes y levitas sirven como un “pararrayos” para el pueblo, porque la ira de Dios
por ofensas en cuanto al santuario se dirige contra ellos y no contra el pueblo entero
(18:5; ver 1:53; 8:19). Este orden espiritual, (Aarón, sacerdotes, levitas, pueblo) es el
mismo establecido en la constitución del
pueblo como una teocracia sacerdotal en el monte Sinaí (1:47–54; 3:1–4:49; 8:5–26).
Pero el pueblo y los levitas se han rebelado contra este plan, cuestionando la autoridad
de los sacerdotes, en los caps. 16 y 17. Por eso Dios tiene que reafirmar aquí el papel
especial tanto de los levitas como de los sacerdotes. Si todos respetan los mandamientos
de Dios, no hay ninguna razón de temer (ver 17:12, 13), pero los individuos que no
obedecen morirán (vv. 4b, 7b).
Abraham Lincoln
El presidente Abraham Lincoln, de los Estados Unidos, fue asesinado después
de finalizar la Guerra Civil en 1865. Sus amigos cambiaron de lugar su
cuerpo 17 veces para evitar que lo robaran. En 1901 el cuerpo de Lincoln fue
enterrado en un mausoleo, en un ataúd de acero enterrado en más de tres
metros de concreto ¡para que nadie lo pueda sacar! Jesús murió y fue enterrado. Al
tercer día salió de la tumba. Ningún poder podía retener en la tumba al Hijo de Dios. Es
el siempre vivo sumo sacerdote de nuestra profesión.
El sustento de los sacerdotes, 18:8–20. Ahora que el pueblo al fin reconoce la
importancia del papel de los sacerdotes y la responsabilidad pesada que llevan, está listo
para sostener a los sacerdotes materialmente. Entonces se presenta aquí un resumen de
la remuneración de los sacerdotes (ver Lev. 6:14–7:36; 27:6–33). En las ofrendas
cereales (vegetales) y los sacrificios
por el pecado y por la culpa, una porción se quemaba sobre el altar, pero todo lo demás
pertenecía al sacerdote que presentaba la ofrenda (ver Lev. 2:1–16; 4:1–6:7; 6:14–7:7).
Estas porciones son muy sagradas; sólo los sacerdotes y sus hijos varones pueden
comerlas (vv. 9, 10).
Pero también hay otras ofrendas que son sagradas y que todos los familiares de los
sacerdotes pueden comer. Cada vez que se presentaba una ofrenda de paz, el pecho (la
ofrenda mecida) y el muslo derecho (la ofrenda alzada) del animal era para el sacerdote
y su familia (vv. 11, 19; ver Lev. 3:1–17; 7:30–34; y el comentario sobre Núm. 6:20).
La porción de los sacerdotes también
incluye las primicias, 18:12, 13; las cosas consagradas enteramente a Dios por voto (v.
14; ver nota de RVA; Lev. 27:21 y nota de RVA; Lev. 27:28); y la mayor parte de los
primogénitos de los animales limpios (vv. 15–18).
Dios hace estas provisiones por los sacerdotes porque no reciben una porción de la tierra
prometida como heredad (ver el comentario sobre 35:1–8). Se dedican enteramente al
servicio de Jehovah; por eso, reciben parte de las cosas que son dadas a Dios por el
pueblo (ver 1 Cor. 9:13).
En este sentido, Jehovah es su heredad (v. 20). Dios hace esta provisión por ellos como
un “pacto de sal” (v. 19). Además de sellarse por una comida sazonada con sal (nota de
RVA), un pacto de sal era considerado un pacto perpetuo e inquebrantable. Esto era por
la naturaleza duradera de la sal y su propiedad como preservativo.
El sustento de los levitas, 18:21–32. Como los levitas también se dedican enteramente
al servicio de Dios y llevan una responsabilidad grande, ellos también merecen una
provisión especial. No reciben una heredad en la tierra, pero han de recibir todos los
diezmos del pueblo (vv. 21–24). El diezmar era una costumbre varios siglos antes de la
revelación de la ley en el monte Sinaí (ver Gén. 14:20; 28:22), pero esta ley dice
explícitamente quién debe recibir los
diezmos. Los diezmos del pueblo son la renta de los levitas, pero ellos tienen la
responsabilidad, como todos los demás, de diezmar su renta. Deben dar un diezmo de
todos los diezmos que reciben a Aarón para los sacerdotes (vv. 25–32). Después de
cumplir esta responsabilidad, los levitas pueden usar lo que queda de los diezmos del
pueblo sin temor de incurrir la culpa por profanar las cosas consagradas por el pueblo
(v. 32).
Las reglas sobre el sostenimiento de los levitas enseñan que el pueblo de Dios debe ser
fiel en traer los diezmos para mantener el ministerio. Había varias ocasiones en el AT
cuando al pueblo le faltaba el ministerio de los levitas a causa de la desobediencia al
mandato de diezmar (ver Neh. 10:37; 13:10–13). A través del mundo hispanoparlante de
hoy hay una gran falta de pastores y ministros cristianos en parte porque el pueblo
cristiano no ha sido fiel en dar los
diezmos para mantenerlos adecuadamente. Hay una necesidad imperiosa de crecer en la
mayordomía para proveer por un ministerio fuerte (ver 1 Cor. 9:4–14; Gál. 6:6; 1 Tim.
5:17, 18). A la vez, el requisito de que los levitas den un diezmo de los diezmos que
reciben del pueblo demuestra que los ministros de Dios deben ser buenos mayordomos
también. Los líderes espirituales no pueden enseñar al pueblo la necesidad de diezmar si
ellos mismos no diezman.
(2) Reglas para la purificación de los inmundos, 19:1–22. El cap. 18 pone énfasis en
la responsabilidad de los levitas de guardar el tabernáculo y de los sacerdotes de guardar
el altar y el santuario contra la contaminación por los no autorizados. Pero no es
suficiente guardar el tabernáculo; todo el campamento de Israel debe ser santo porque
Jehovah es santo. Ya hemos visto en 5:2–4 la demanda de que toda persona
contaminada sea excluida del campamento. Pero una de las fuentes más serias de
contaminación era el contacto con la muerte, y como siempre había personas que
estaban muriendo, era muy fácil contaminarse aun sin quererlo. El que entraba en la
tienda de un difunto quedaba impuro, y todo lo que tocaba resultaba contaminado (vv.
14, 22). Entonces para mantener la santidad del campamento y aun del tabernáculo, era
necesario encontrar una manera de tratar con la impureza a causa del contacto con la
muerte. Levítico 14:1–32; 15:13–15, 28–31 indicaban que por la limpieza de la
impureza sería un sacrificio después de un período de siete días de purificación. El
propósito del agua de la impureza descrita aquí es dar una alternativa que toma en serio
la impureza pero que es menos gravosa para la familia del difunto.
Estas instrucciones son especialmente aptas después de la gran cantidad de muertos que
resultó de la rebelión del pueblo (16:35, 49). Muchos de los que sobrevivieron deben
haber tenido contacto con la muerte. Tenían que purificarse para establecerse como el
pueblo santo de Dios otra vez. Como Números 5 y 6 da instrucciones sobre la limpieza
del campamento antes de la
salida del monte Sinaí, este capítulo enseña en cuanto a la limpieza de las personas antes
de la salida del desierto alrededor de Cades. Hebreos 9:13, 14 alude al uso de las cenizas
de la vaca roja, pero enfatiza la superioridad de la sangre de Cristo, que nos limpia
interiormente.
La preparación del agua para la impureza, 19:1–10. Es importante notar que mientras
no hay un sacrificio formal involucrado aquí, se usan todos los ingredientes de un
sacrificio por el pecado (o para la purificación del pecado; ver 6:11–18). Hay que usar
una vaca roja. No sabemos por qué tiene que ser de este color a menos que sea como
recordatorio del color de la sangre, que
tiene valor expiatorio en los sacrificios. Tiene que ser sin defecto, como los animales
presentados en sacrificio. El requisito de que sea una vaca sobre la cual nunca ha sido
puesto yugo hace que muchos intérpretes piensen en una novilla.
La vaca se degüella, no junto al altar como en los sacrificios, sino fuera del
campamento, pero bajo la supervisión de un sacerdote. (Notar que el sacerdote aquí es
Eleazar, hijo de Aarón. Como el sumo sacerdote que es, Aarón no puede contaminarse.
Ver 19:7; Lev. 21:10–12.) El sacerdote toma parte de la sangre y la rocía hacia el
tabernáculo siete veces; comp. Levítico 4:6, 17 donde la sangre del sacrificio por el
pecado es rociada siete veces hacia el velo del santuario.
Después, toda la vaca es quemada fuera del campamento. (Notar que en el sacrificio por
el pecado, ciertas partes del animal se queman sobre el altar y el resto es quemado fuera
del campamento; Lev. 4:8–12). Lo inusual en este caso es que se quema también la
sangre de la vaca; generalmente, se derramaba la sangre de los animales al pie del altar
o en la tierra (Lev. 4:7, 18, 25, 34). El valor expiatorio de la sangre era reconocido, pero
el propósito aquí es de
reducir la sangre a cenizas para mantenerla en una forma lista para usar cuando sea
necesario. La madera de cedro, el hisopo, y la lana carmesí (RV “escarlata”)
aparentemente se asociaban con la limpieza; ver su uso en la purificación de los
leprosos en Levítico 14:4. (Ver también Sal. 51:7.)
Parece que quemar estas cosas con la vaca fortalece la eficacia de las cenizas.
Un hombre ceremonialmente limpio debe recoger las cenizas y guardarlas en un lugar
limpio.
Así están listas para mezclar con agua para hacer el agua para la purificación de la
impureza.
Esta mezcla de cenizas y agua sirve como un “sacrificio instantáneo”, listo para usar en
cualquier momento cuando sea necesario para quitar la contaminación del contacto con
la muerte. Es de notar que las cenizas, que quitan la impureza cuando se mezclan con
agua y se rocían sobre un hombre inmundo, causan la impureza temporal del sacerdote
que las prepara, el hombre que las recoge, y el que rocía el agua y cenizas (vv. 7. 10,
21). Pero esta impureza es de un grado menor, y puede quitarse por lavarse y esperar
hasta el anochecer.
Reglas para el uso del agua para la impureza, 19:11–22. El que toca el cadáver de una
persona, o toca un hueso humano o una tumba, o aun entra en una tienda donde se
encuentra un cadáver queda inmundo por siete días (vv. 11, 14, 16). Esta impureza es
contagiosa, porque todo lo que toca queda inmundo, y toda persona que toca queda
impura hasta la noche (v. 22). La
persona que tocó un cadáver tiene que purificarse con el agua para la impureza el tercer
día y otra vez el séptimo día (v. 12). Se hace esta purificación mezclando parte de las
cenizas de la vaca roja con agua y rociando esta agua con hisopo sobre la persona
inmunda (vv. 17–19). El agua se usa también para purificar todas las cosas que estaban
en la tienda con el difunto (vv. 15, 18). Los vv. 13 y 20, 21a subrayan la seriedad de este
rito de purificación. El que es impuro por el contacto con la muerte y no se purifica
contamina todo el
campamento y aun el santuario de Jehovah. Por eso, tal persona tiene que excluirse de la
congregación.