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PREHISTORIA

Este documento habla sobre la prehistoria y la imprenta. Brevemente describe los principales periodos de la prehistoria como la Edad de Piedra (Paleolítico, Mesolítico y Neolítico), la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. También menciona la Protohistoria y la arqueología como método para estudiar la prehistoria. Con respecto a la imprenta, resume las técnicas de impresión antiguas y cómo se desarrolló primero en China, donde se imprimían textos desde el siglo II d.

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PREHISTORIA

Este documento habla sobre la prehistoria y la imprenta. Brevemente describe los principales periodos de la prehistoria como la Edad de Piedra (Paleolítico, Mesolítico y Neolítico), la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. También menciona la Protohistoria y la arqueología como método para estudiar la prehistoria. Con respecto a la imprenta, resume las técnicas de impresión antiguas y cómo se desarrolló primero en China, donde se imprimían textos desde el siglo II d.

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UNIVERSIDAD ANTONIO NARIÑO

Sede Palmira
Respalda Su Futuro.

Teoría, historia y territorio del hábitat doméstico.


PROGRAMA DE ARQUITECTURA
2023-1
DOCENTE: Arq. OSCAR FERNANDO MANRIQUE F. Mg.

PREHISTORIA
1 INTRODUCCIÓN

Prehistoria, término empleado para definir el periodo de la historia transcurrido desde el inicio
del proceso de la evolución humana hasta la aparición de los testimonios escritos, así como la
disciplina que se ocupa de su estudio.

2 LA IMPRESCINDIBLE ARQUEOLOGÍA

Una sociedad sin escritura debe confiar en la tradición oral para conservar los rastros de su
pasado. Los relatos y mitos pretéritos son transmitidos oralmente de generación en generación,
lo que a menudo requiere una enorme capacidad de memoria por parte de algunos miembros de
la sociedad. Esta narrativa memorista desaparece cuando la misma sociedad muere. La
arqueología se convierte de este modo en el único medio para reconstruir la naturaleza y los
sucesos de la prehistoria, a través del estudio de los restos materiales dejados por los pueblos
sin escritura: sus zonas de residencia, sus utensilios, así como sus grandes monumentos y sus
obras de arte. La excavación de un yacimiento prehistórico aporta testimonios que permiten
suponer, por ejemplo, que una tumba debió pertenecer a un hombre (mediante el análisis del
esqueleto) y que éste pudo ser un personaje de gran importancia (gracias a la presencia de un
rico ajuar funerario). Pero no puede decirnos, sin embargo, cuál era su nombre, qué había
hecho, qué lengua hablaba o qué fue lo que dijo. Por esta razón, el estudio de la prehistoria
tiende a centrarse en aspectos más amplios, como son la evolución de los pueblos y de las
culturas o el desarrollo de la tecnología y de las ideas, cuestiones inducidas a partir de los
artefactos que han llegado hasta nosotros.

En la primera mitad del siglo XIX, el arqueólogo danés Christian Thomsen estableció, en su Guía
de las antigüedades nórdicas (1836), la clásica división de la prehistoria en tres periodos que,
aún hoy, constituye la periodización más elemental de ese largo periodo de la humanidad: edad
de piedra, edad del bronce y edad del hierro.

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3 EDAD DE PIEDRA

La edad de piedra es el periodo prehistórico en el cual el instrumental empleado por el hombre


estaba construido principalmente con ese material, pero también con hueso, cornamentas de
cérvidos o madera. En 1865, el naturalista y político británico John Lubbock acuñó los términos
paleolítico (del griego paleo, ‘antiguo’, y lithos, ‘piedra’) y neolítico (de neo, ‘nuevo’) para
designar los sucesivos periodos en los cuales la actividad tecnológica humana estuvo
fundamentada bien en el trabajo de la piedra tallada, bien en el de la pulimentada,
respectivamente. El paleolítico ha sido tradicionalmente subdividido en tres grandes fases
sucesivas: paleolítico inferior, medio y superior. El paleolítico inferior cubre un vasto periodo que
se inicia con los primeros útiles líticos reconocibles hallados en yacimientos de Etiopía, fechados
hace unos 2,5 millones de años, si bien parece demostrado que los primeros seres humanos
debieron haber usado útiles mucho antes de esa fecha.

El paleolítico medio es un periodo que se extendió aproximadamente desde hace 180.000 hasta
hace 40.000 años, y coincidió ampliamente con la presencia del hombre de Neandertal. El
paleolítico superior se corresponde con la presencia del hombre moderno (Homo sapiens) y, en
el hemisferio norte, tuvo su final hace unos 10.500 años, coincidiendo con la consumación de la
glaciación.

El periodo de transición entre el final de la glaciación y el inicio del neolítico recibió la


denominación de mesolítico (‘edad de la piedra media’). Por lo general, los grupos mesolíticos
siguieron siendo cazadores-recolectores, como sus predecesores. Su utillaje lítico estuvo
caracterizado por la presencia de los microlitos geométricos.

Si bien el neolítico ha estado tradicionalmente asociado a los orígenes de la agricultura, a la vida


sedentaria y al uso de la cerámica y de instrumentos de piedra pulimentada, en la actualidad se
sabe que algunos de estos rasgos son anteriores a esta etapa. Sus inicios se suelen datar en el
VII milenio en el Oriente Próximo y su final en el II milenio en Europa septentrional,
dependiendo de las fechas en que se comenzó a utilizar el cobre.

4 EDADES DEL BRONCE Y DEL HIERRO

El periodo en que se produce la difusión de la metalurgia del bronce, posterior a la del cobre
(calcolítico), ha recibido el nombre de edad del bronce, en tanto que la etapa durante la cual el
hierro reemplazó a aquél como material de fabricación de instrumentos y armas es denominada
edad del hierro. La primera área geográfica en la que se trabajó el hierro de forma predominante
fue Oriente Próximo, hacia el siglo XIII a.C. En lo que respecta al caso europeo, la edad del
hierro transcurrió desde el final de la edad del bronce (c. 700 a.C.) hasta la expansión de la
República y el Imperio romanos (27 a.C.-68 d.C.).

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5 PROTOHISTORIA

No obstante, la historiografía ha convenido en distinguir recientemente un periodo distinto


situado cronológicamente entre la prehistoria, que obtiene toda su documentación del uso de la
arqueología, y la historia propiamente dicha, que se apoya documentalmente sobre todo en los
textos escritos; esa etapa es la protohistoria, periodo durante el cual cada civilización desarrolló
sus elementos culturales propios que la llevaron al uso de la técnica metalúrgica y de la
escritura, así como al desarrollo de una economía productiva no depredadora. Así, en lo relativo
al continente europeo, la protohistoria equivaldría prácticamente a la edad del bronce.

(Ver película La Guerra del Fuego)

IMPRENTA
1 INTRODUCCIÓN

Imprenta, nombre utilizado para designar diferentes procesos para reproducir palabras,
imágenes o dibujos sobre papel, tejido, metal y otros materiales. Estos procesos, que a veces
reciben el nombre de artes gráficas, consisten en esencia en obtener muchas reproducciones
idénticas de un original por medios mecánicos, por lo que el libro impreso ha sido bautizado
como el primer producto en serie.

La historia de la imprenta, que por su propia naturaleza es la mejor documentada de todas las
historias, es prácticamente idéntica a la de la impresión en relieve, o impresión tipográfica
(impresión desde una superficie elevada). Históricamente, la mayor parte de la obra impresa se
ha producido con este método totalmente mecánico. Sin embargo, las técnicas de impresión
modernas cada vez se basan más en los procesos de tipo fotomecánico y químico.

2 TÉCNICAS ANTIGUAS

La utilización de las piedras para sellar quizá sea la forma más antigua conocida de impresión.
De uso común en la antigüedad en Babilonia y otros muchos pueblos, como sustituto de la firma
y como símbolo religioso, los artefactos estaban formados por sellos y tampones para imprimir
sobre arcilla, o por piedras con dibujos tallados o grabados en la superficie. La piedra, engastada
a menudo en un anillo, se coloreaba con pigmento o barro y se prensaba contra una superficie
elástica y dúctil a fin de conseguir su impresión.

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La evolución de la imprenta desde el método sencillo del tampón hasta el proceso de imprimir en
prensa parece que se produjo de forma independiente en diferentes épocas y en distintos
lugares del mundo. Los libros que se copiaban a mano con tinta aplicada con pluma o pincel
constituyen una característica notable de las civilizaciones egipcia, griega y romana. Más tarde,
el arte copista, muy desarrollado en los monasterios, alcanzó gran altura en la Europa medieval;
de esta actividad quedan obras muy importantes en toda Europa. En la antigua Roma, los
editores de libros comerciales lanzaron ediciones de hasta 5.000 ejemplares de ciertos
manuscritos coloreados, como los epigramas del poeta romano Marcial. Las tareas de copia
corrían a cargo de esclavos ilustrados.

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3 IMPRESIÓN EN ORIENTE

Ya en el siglo II d.C. los chinos habían desarrollado e implantado con carácter general el arte de
imprimir textos. Igual que con muchos inventos, no era del todo novedoso, ya que la impresión
de dibujos e imágenes sobre tejidos le sacaba al menos un siglo de ventaja en China a la
impresión de palabras.

Dos factores importantes que influyeron favorablemente en el desarrollo de la imprenta en China


fueron la invención del papel en 105 d.C. y la difusión de la religión budista en China. Los
materiales de escritura comunes del antiguo mundo occidental, el papiro y el pergamino, no
resultaban apropiados para imprimir. El papiro era demasiado frágil como superficie de
impresión y el pergamino, un tejido fino extraído de la piel de animales recién desollados,
resultaba un material caro. El papel, por el contrario, es bastante resistente y económico. La
práctica budista de confeccionar copias de las oraciones y los textos sagrados favorecieron los
métodos mecánicos de reproducción.

Los primeros ejemplos conocidos de impresión china, producidos antes de 200 d.C., se
obtuvieron a base de letras e imágenes talladas en relieve en bloques de madera. En 972 se
imprimieron de esta forma los Tripitaka, los escritos sagrados budistas que constan de más de
130.000 páginas. Un inventor chino de esta época pasó de los bloques de madera al concepto de
la impresión mediante tipos móviles, es decir, caracteres sueltos dispuestos en fila, igual que en
las técnicas actuales. Sin embargo, dado que el idioma chino exige entre 2.000 y 40.000
caracteres diferentes, los antiguos chinos no consideraron útil dicha técnica, y abandonaron el
invento. Los tipos móviles, fundidos en moldes, fueron inventados independientemente por los

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coreanos en el siglo XIV, pero también los consideraron menos útiles que la impresión tradicional
a base de bloques.

4 IMPRESIÓN EN OCCIDENTE

La primera fundición de tipos móviles de metal se realizó en Europa hacia mediados del siglo XV;
se imprimía sobre papel con una prensa. El invento no parece guardar relación alguna con otros
anteriores del Extremo Oriente: ambas técnicas se diferencian mucho en cuanto a los detalles.
Mientras que los impresores orientales utilizaban tintas solubles en agua, los occidentales
emplearon desde un principio tintas diluidas en aceites. En Oriente, las impresiones se
conseguían sencillamente oprimiendo el papel con un trozo de madera contra el bloque
entintado. Los primeros impresores occidentales en el valle del Rin utilizaban prensas mecánicas
de madera cuyo diseño recordaba el de las prensas de vino. Los impresores orientales que
utilizaron tipos móviles los mantenían unidos con barro o con varillas a través de los tipos.

Los impresores occidentales desarrollaron una técnica de fundición de tipos de tal precisión que
se mantenían unidos por simple presión aplicada a los extremos del soporte de la página. Con
este sistema, cualquier letra que sobresaliera una fracción de milímetro sobre las demás, podía
hacer que las letras de su alrededor quedaran sin imprimir. El desarrollo de un método que
permitiera fundir letras con dimensiones precisas constituye la contribución principal del invento
occidental.

Los fundamentos de la imprenta ya habían sido utilizados por los artesanos textiles europeos
para estampar los tejidos, al menos un siglo antes de que se inventase la impresión sobre papel.

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El arte de la fabricación de papel, que llegó a Occidente durante el siglo XII, se extendió por
toda Europa durante los siglos XIII y XIV. Hacia mediados del siglo XV, ya existía papel en
grandes cantidades. Durante el renacimiento, el auge de una clase media próspera e ilustrada
aumentó la demanda de materiales escritos. La figura de Martín Lutero y de la Reforma, así
como las subsiguientes guerras religiosas, dependían en gran medida de la prensa y del flujo
continuo de impresos.

Johann Gutenberg, natural de Maguncia (Alemania), está considerado tradicionalmente como el


inventor de la imprenta en Occidente. La fecha de dicho invento es el año 1450. Ciertos
historiadores holandeses y franceses han atribuido este invento a paisanos suyos, aduciendo
abundantes pruebas. Sin embargo, los libros del primer impresor de Maguncia, y en concreto el
ejemplar conocido como la Biblia de Gutenberg, sobrepasa con mucho en belleza y maestría a
todos los libros que supuestamente le precedieron. El gran logro de Gutenberg contribuyó sin
duda de forma decisiva a la aceptación inmediata del libro impreso como sustituto del libro
manuscrito. Johann Fust, un socio de Gutenberg, y su yerno, Peter Schöffer, editaron en 1457 el
Libro de Salmos, el primer libro impreso en el que quedó constancia del lugar y fecha de
impresión, así como del nombre del impresor. Los libros impresos antes de 1501 se dice que
pertenecen a la era de los incunables.

En el periodo comprendido entre 1450 y 1500 se imprimieron más de 6.000 obras diferentes. El
número de imprentas aumentó rápidamente durante esos años. En Italia, por ejemplo, la
primera imprenta se fundó en Venecia en 1469, y hacia 1500 la ciudad contaba ya con 417
imprentas. En 1476 se imprimió una gramática griega con tipografía totalmente griega en Milán
y en Soncino se imprimió una biblia hebrea en 1488. En 1476 William Caxton llevó la imprenta a
Inglaterra.

En España, Arnaldo de Brocar compuso, por iniciativa del cardenal Cisneros, la Biblia Políglota
Complutense en seis tomos entre 1514 y 1517, que constituye la primera reproducción de la
Biblia en Europa y es la obra de imprenta más importante del renacimiento español.
Anteriormente, en la ciudad de Segovia, Juan Parix de Heidelberg creó la primera imprenta
española, de la que queda el recuerdo de la impresión de las actas del Sínodo de Aguilafuente,

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celebrado en dicha población en 1472. Esta imprenta desapareció sin que surgieran allí
iniciativas similares, pero se cree que en torno a 1473 existían ya imprentas en la ciudad de
Valencia, donde al parecer se imprimió el primer libro con fecha contrastada, el
Comprehensorium (1475). En esas mismas fechas había también imprentas en Barcelona, y
existen noticias de impresión en Zaragoza por el libro Manípulus curatorum (1475). Se sabe de
la existencia de una imprenta en Sevilla en 1473, y siete años más tarde en Salamanca. Hacia
1484 ya se conocían en Burgos las impresiones realizadas por Fadrique de Basilea; fue en esta
ciudad donde se imprimió, en 1499, la copia más antigua que se conserva de La Celestina. Un
año después se realizaron las segundas ediciones en Toledo y Salamanca, de las que sólo se
conserva una de Toledo, que el editor titula Comedia de Calisto y Melibea. La primera imprenta
que se creó en Madrid data de 1566 y fue obra de Alonso Gómez. En esta ciudad vio la luz la
primera edición de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605
(la segunda parte apareció en 1615); en aquel año se hicieron cinco reimpresiones de la obra.
Desde los comienzos de la imprenta en España hasta el siglo XVIII, en que se produce una
profunda renovación de la misma, se suceden importantes nombres de editores, entre ellos,
Sancho de Nebrija, en Granada, o Juan de Ayala, en Toledo. A partir del siglo XVIII cabe
destacar a Antonio Espinosa de los Monteros, Benito de Monfort, Pedro Ifern, Joaquín Ibarra o
Francisco Manuel de Mena, que llevaron a la imprenta española a la altura de las grandes de
Europa.

En 1539 Juan Pablos fundó una imprenta en la Ciudad de México, introduciendo esta técnica en
el Nuevo Mundo. Stephen Day, un cerrajero de profesión, llegó a la bahía de Massachusetts en
Nueva Inglaterra en 1628 y colaboró en la fundación de Cambridge Press.

Los impresores del norte de Europa fabricaban sobre todo libros religiosos, como biblias,
salterios y misales. Los impresores italianos, en cambio, componían sobre todo libros profanos,
por ejemplo, los autores clásicos griegos y romanos redescubiertos recientemente, las historias
de los escritores laicos italianos y las obras científicas de los eruditos renacentistas. Una de las
primeras aplicaciones importantes de la imprenta fue la publicación de panfletos: en las luchas
religiosas y políticas de los siglos XVI y XVII, los panfletos circularon de manera profusa. La
producción de estos materiales ocupaba en gran medida a los impresores de la época. Los
panfletos tuvieron también una gran difusión en las colonias españolas de América en la segunda
mitad del siglo XVIII.

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5 PRENSAS DE IMPRIMIR

La máquina que se utiliza para transferir la tinta desde la plancha de impresión a la página
impresa se denomina prensa. Las primeras prensas de imprimir, como las del siglo XVI e incluso
anteriores, eran de tornillo, pensadas para transmitir una cierta presión al elemento impresor o
molde, que se colocaba hacia arriba sobre una superficie plana. El papel, por lo general
humedecido, se presionaba contra los tipos con ayuda de la superficie móvil o platina. Las partes
superiores de la imprenta frecuentemente iban sujetas al techo y una vez que el molde se había
entintado, la platina se iba atornillando hacia abajo contra el mismo. La prensa iba equipada con
raíles que permitían expulsar el molde, volviendo a su posición original, de modo que no fuera
necesario levantar mucho la platina. Sin embargo, la operación resultaba lenta y trabajosa;
estas prensas sólo producían unas 250 impresiones a la hora, y sólo imprimían una cara cada
vez.

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En el siglo XVII se añadieron muelles a la prensa para ayudar a levantar rápidamente la platina.
Hacia 1800 hicieron su aparición las prensas de hierro, y por aquellas mismas fechas se
sustituyeron los tornillos por palancas para hacer descender la platina. Las palancas eran
bastante complicadas; primero tenían que hacer bajar la platina lo máximo posible, y al final
tenían que conseguir el contacto aplicando una presión considerable. Aunque las mejores
prensas manuales de la época sólo producían unas 300 impresiones a la hora, las prensas de
hierro permitían utilizar moldes mucho más grandes que los de madera, por lo que de cada
impresión se podía obtener un número mucho mayor de páginas. La impresión de libros utilizaba
cuatro, ocho, dieciséis y más páginas por pliego.

Durante el siglo XIX, las mejoras incluyeron el desarrollo de la prensa accionada por vapor; la
prensa de cilindro, que utiliza un rodillo giratorio para prensar el papel contra una superficie
plana; la rotativa, en la que tanto el papel como la plancha curva de impresión van montados
sobre rodillos y la prensa de doble impresión, que imprime simultáneamente por ambas caras
del papel. Los periódicos diarios de gran tirada exigen utilizar varias de estas prensas tirando al
mismo tiempo el mismo producto. En 1863 el inventor norteamericano William A. Bullock
patentó la primera prensa de periódicos alimentada por bobina, capaz de imprimir los periódicos
en rollos en vez de hojas sueltas. En 1871 el impresor Richard March Hoe perfeccionó la prensa
de papel continuo; su equipo producía 18.000 periódicos a la hora.

6 ILUSTRACIÓN DE LIBROS

Durante siglos, los dibujantes trabajaban en libros ilustrados a mano; con la llegada de la
imprenta, los artistas grababan sus creaciones en madera o metal, lo cual permitía a los

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impresores renacentistas reproducir en sus imprentas tanto imágenes como textos. Entre los
artistas famosos del renacimiento que produjeron ilustraciones para libros se hallan el italiano
Andrea Mantegna y los alemanes Alberto Durero y Hans Holbein el Joven. La amplia
reproducción de sus trabajos influyó de manera notable el desarrollo del arte renacentista.

De los ilustradores españoles cabe destacar, entre otros, a Pedro Pascual Moles y Manuel
Salvador y Carmona, en el siglo XVIII, y ya a finales del siglo XIX, a Alejandro de Riquer i
Anglada, dentro del modernismo.

7 TIPOS, PRENSAS DE ACERO Y MÁQUINAS TIPOGRÁFICAS

Hasta el siglo XIX se habían ido creando algunas tipografías de gran belleza y se había
perfeccionado el oficio de la imprenta. Hacia 1800, sin embargo, los avances en el mundo de la
impresión hicieron hincapié en aumentar la velocidad. El inventor británico Charles Stanhope,
tercer conde de Stanhope, introdujo la primera prensa de imprimir construida totalmente de
acero. En 1803, los hermanos Henry y Sealy Fourdrinier instalaron en Londres su primera
máquina de fabricar papel; producía una bobina de papel continuo capaz de hacer frente a una
demanda en constante crecimiento. Más tarde, en 1814, Friedrich König inventó la prensa
accionada por vapor, revolucionando toda la industria de la impresión. En 1817, Francisco Xavier
Mina, liberal español que organizó una expedición para apoyar la lucha de los patriotas
mexicanos por su independencia, llevó a México la primera imprenta de acero, en la que
imprimió sus periódicos y proclamas. Se considera la primera imprenta que hubo en el estado de
Texas, entonces territorio de Nueva España. En la actualidad se encuentra en el Museo del
Estado.

Las grandes ediciones que se publicaban aumentaron aún más en 1829 al aparecer los
estereotipos, que permiten fabricar duplicados de planchas de impresión ya compuestas. En
1886 los equipos de composición se perfeccionaron, permitiendo reducir drásticamente el tiempo
necesario para componer un libro en comparación con las labores manuales. Por último, la
fotografía ha venido a contribuir al desarrollo de los modernos procesos de fotomecánica.

En la década de 1950 aparecieron las primeras máquinas de fotocomposición, que producían


imágenes fotográficas de los tipos en vez de fundirlos en plomo. Estas imágenes se fotografían
con una cámara de artes gráficas a fin de producir unos negativos en película que sirven para
obtener las planchas litográficas. Los avances en la tecnología de planchas en las décadas de
1950 y 1960, junto con la fotocomposición, pusieron fin a un reinado de 500 años de la
tipografía como principal proceso de impresión. La composición tipográfica con tipos de fundición
prácticamente ha desaparecido, pero el huecograbado sigue utilizándose de forma habitual. La
mayoría de las planchas en relieve se fabrican en la actualidad por procesos fotomecánicos
directos.

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Los ordenadores o computadoras que se utilizan hoy como máquinas de oficina pueden producir
imágenes listas para impresión, reduciendo el tiempo y los costes de los principales procesos de
imprenta. Las computadoras se utilizan de forma habitual para crear dibujos, definir tipos,
digitalizar y retocar imágenes y fundir todos estos elementos en un único trozo de película o
directamente sobre la plancha de imprimir.

SIGLO DE LAS LUCES O ILUSTRACIÓN


Ilustración: Movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII, que acentúa el
predominio de la razón humana y la creencia en el progreso humano

Siglo de las Luces o Ilustración, término utilizado para describir las tendencias
en el pensamiento y la literatura en Europa y en toda América durante el siglo
XVIII previas a la Revolución Francesa. La frase fue empleada con mucha
frecuencia por los propios escritores de este periodo, convencidos de que
emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por
la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad.

Los precursores de la Ilustración pueden remontarse al siglo XVII e incluso antes.


Abarcan las aportaciones de grandes racionalistas como René Descartes y
Baruch Spinoza, los filósofos políticos Thomas Hobbes y John Locke y algunos
pensadores escépticos galos de la categoría de Pierre Bayle o Jean Antoine
Condorcet. No obstante, otra base importante fue la confianza engendrada por
los nuevos descubrimientos en ciencia, y asimismo el espíritu de relativismo
cultural fomentado por la exploración del mundo no conocido.

Sobre las suposiciones y creencias básicas comunes a filósofos pensadores de este


periodo, quizá lo más importante fue una fe constante en el poder de la razón
humana. La época sufrió el impacto intelectual causado por la exposición de la
teoría de la gravitación universal de Isaac Newton. Si la humanidad podía
resolver las leyes del Universo, las propias leyes de Dios, el camino estaba
abierto para descubrir también las leyes que subyacen al conjunto de la
naturaleza y la sociedad. Se llegó a asumir que mediante un uso juicioso de la
razón, un progreso ilimitado sería posible —progreso en conocimientos, en
logros técnicos y sus consecuencias también en valores morales—. De acuerdo
con la filosofía de Locke, los autores del siglo XVIII creían que el conocimiento
no es innato, sino que procede sólo de la experiencia y la observación guiadas
por la razón. A través de una educación apropiada, la humanidad podía ser
modificada, cambiada su naturaleza para mejorar. Se otorgó un gran valor al
descubrimiento de la verdad a través de la observación de la naturaleza, más

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que mediante el estudio de las fuentes autorizadas, como Aristóteles y la Biblia.


Aunque veían a la Iglesia —especialmente la Iglesia católica— como la principal
fuerza que había esclavizado la inteligencia humana en el pasado, la mayoría
de los pensadores de la Ilustración no renunció del todo a la religión. Optaron
más por una forma de deísmo, aceptando la existencia de Dios y de la otra vida,
pero rechazando las complejidades de la teología cristiana. Creían que las
aspiraciones humanas no deberían centrarse en la próxima vida, sino más bien en
los medios para mejorar las condiciones de la existencia terrena. La felicidad
mundana, por lo tanto, fue antepuesta a la salvación religiosa. Nada se atacó
con más intensidad y energía que la doctrina de la Iglesia, con toda su
historia, riqueza, poder político y supresión del libre ejercicio de la razón.

Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un


método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de
la época debía ser “atreverse a conocer”. Surgió un deseo de reexaminar y
cuestionar las ideas y los valores recibidos, de explorar nuevas ideas en
direcciones muy diferentes; de ahí las inconsistencias y contradicciones que a
menudo aparecen en los escritos de los pensadores del siglo XVIII. Muchos
defensores de la Ilustración no fueron filósofos según la acepción convencional
y aceptada de la palabra; fueron vulgarizadores comprometidos en un
esfuerzo por ganar adeptos. Les gustaba referirse a sí mismos como el “partido
de la humanidad”, y en un intento de orientar la opinión pública a su favor,
imprimieron panfletos, folletos anónimos y crearon gran número de periódicos
y diarios. En España, ‘las luces’ penetraron a comienzos del siglo XVIII gracias a
la obra, prácticamente aislada y solitaria, pero de gran enjundia del fraile
benedictino Benito Jerónimo Feijoo, el pensador crítico y divulgador más
conocido durante los reinados de los primeros reyes Borbones. Escribió Teatro
crítico universal (1739), en nueve tomos y Cartas eruditas (1750), en cinco
volúmenes más, en los que trató de recoger todo el conocimiento teórico y
práctico de la época.

Francia conoció, más que ningún otro país, un desarrollo sobresaliente de estas
ideas y el mayor número de propagandistas de las mismas. Fue allí donde el
filósofo, político y jurista Charles-Louis de Montesquieu, uno de los primeros
representantes del movimiento, empezó a publicar varias obras satíricas contra
las instituciones existentes, así como su monumental estudio de las instituciones
políticas, El espíritu de las leyes (1748). Fue en París donde Denis Diderot,
autor de numerosos panfletos filosóficos, emprendió la edición de la
Enciclopedia (1751-1772). Esta obra, en la que colaboraron numerosos
autores, fue concebida como un compendio de todos los conocimientos y a la
vez como un arma polémica, al presentar las posiciones de la Ilustración y
atacar a sus oponentes. Sin duda, el más influyente y representativo de los
escritores franceses fue Voltaire. Inició su carrera como dramaturgo y poeta,
pero es más conocido por sus prolíficos panfletos, ensayos, sátiras y novelas

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cortas, en los que popularizó la ciencia y la filosofía de su época, y por su


voluminosa correspondencia con escritores y monarcas de toda Europa. Gozaron
de prestigio las obras de Jean Jacques Rousseau, cuyo Contrato social (1762), el
Emilio, o la educación (1762) y Confesiones (1782) tendrían una profunda
influencia en posteriores teorías políticas y educativas y sirvieron como impulso
literario al romanticismo del siglo XIX. La Ilustración fue también un
movimiento cosmopolita y antinacionalista con numerosos representantes en
otros países. Kant en Alemania, David Hume en Escocia, Cesare Beccaria en Italia
y Benjamín Franklin y Thomas Jefferson en las colonias británicas mantuvieron un
estrecho contacto con los ilustrados franceses, pero fueron importantes
exponentes del movimiento. La Ilustración penetró tanto en España como en los
dominios españoles de América.

Durante el reinado de Carlos III, el ‘rey ilustrado’ por excelencia, las obras de los
escritores franceses se leían en español, generalmente en traducciones más o
menos retocadas, pero también directamente en francés. Fueron muchos los
españoles e hispanoamericanos que viajaban a Francia por motivos de estudio e
instrucción, en las artes y las ciencias y los dirigentes políticos de la época,
conde de Aranda, conde de Campomanes, conde de Floridablanca, duque de
Almodóvar, promovieron y frecuentaron el trato con los pensadores y filósofos de
las nuevas ideas. Las vías de expresión fueron los periódicos, las universidades y
las florecientes Sociedades de Amigos del País.

Entre los españoles ‘ilustrados’, se puede citar a Isidoro de Antillón, geógrafo e


historiador; Francisco Cabarrús, crítico y cronista de su tiempo; Juan Meléndez
Valdés, que hizo de la Universidad de Salamanca un polo de atracción ‘ilustrada’;
Gaspar Melchor de Jovellanos, político y reformador; Valentín de Foronda,
embajador y economista, entre otros.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, los líderes de la Ilustración libraron
una ardua lucha contra fuerzas considerables. Muchos fueron encarcelados
por sus escritos, y la mayoría sufrió persecución y penas por parte de la
censura gubernamental, así como descalificaciones y condenas de la Iglesia. En
muchos aspectos, sin embargo, las últimas décadas del siglo marcaron un
triunfo del movimiento en Europa y en toda América. Hacia 1770, la segunda
generación de ilustrados recibió pensiones del gobierno y asumió la dirección
de academias intelectuales establecidas. El enorme incremento en la
publicación de periódicos y libros aseguró una amplia difusión de sus ideas. Los
experimentos científicos y los escritos filosóficos llegaron a estar de moda en
amplios círculos de la sociedad, incluidos los miembros de la nobleza y del clero.
Algunos monarcas europeos adoptaron también ideas o al menos el vocabulario
de la Ilustración. Voltaire y otros ilustrados quienes gustaban del concepto del
rey-filósofo, difundiendo sus creencias gracias a sus relaciones con la
aristocracia, acogieron complacientes la aparición del llamado despotismo

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ilustrado, del que Federico II de Prusia, Catalina la Grande de Rusia, José II de


Austria y Carlos III de España fueron los ejemplos más célebres. Desde una visión
retrospectiva, sin embargo, la mayoría de estos monarcas aparece manipulando
el movimiento, en gran parte con propósitos propagandísticos y fueron, con
mucho, más despóticos que ilustrados.

A finales del siglo XVIII surgieron algunos cambios en el pensamiento de la


Ilustración. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción llegaron
a ser tan respetables como la razón. En la década de 1770 los escritores
ensancharon su campo de crítica para englobar materias políticas y económicas.
De mayor importancia en este aspecto fue la experiencia de la guerra de la
Independencia estadounidense (en las colonias británicas). A los ojos de los
europeos, la Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria anunciaron
que, por primera vez, algunas personas iban más allá de la mera discusión de
ideas ilustradas y las estaban aplicando. Es probable que la guerra alentara los
ataques y críticas contra los regímenes europeos existentes.

Suele decirse que el Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa
de 1789, pero no son pocos los que contemplan e interpretan la inquietud
política y social de este periodo como causa desencadenante de la Revolución. Al
incorporar muchas de las ideas de los ilustrados, la Revolución, en sus etapas más
difíciles, entre 1792 y 1794, sirvió para desacreditar estas ideas a los ojos de
muchos europeos contemporáneos. El enorme impacto que la Revolución
Francesa causó en España, tras la muerte de Luis XVI, así como en los dominios
españoles de América, provocó una violenta persecución de las personas más
representativas de las nuevas ideas. Se estableció una censura total y se cerraron
las fronteras, prohibiéndose el paso de todo tipo de libros y folletos, o su
embarque hacia América.

Aunque se produjo un repunte de interés modernizado y progresista bajo el


gobierno de Manuel Godoy con la ayuda de Jovellanos, el miedo a la
contaminación revolucionaria favoreció la represión más absoluta, tanto en la
metrópoli como en los dominios de la América española. La existencia de
numerosas Sociedades de Amigos del País en los virreinatos favoreció la
implantación y extensión de la ‘ilustración’ en América Latina.

De lo que no cabe duda es de que la Ilustración dejó una herencia perdurable en


los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el
crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo
político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo
occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la
posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en
el siglo XX.

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Denis Diderot
El filósofo y escritor francés del siglo XVIII Denis Diderot recopiló la Encyclopédie ou dictionnaire raisonné
des sciences, des arts, et des metiers, una enciclopedia que reflejaba el pensamiento intelectual europeo
durante la Ilustración. Diderot dedicó gran parte de su vida a escribir y editar la obra de 35 volúmenes,
conocida como la Encyclopédie. Con esta obra de referencia liberal y racionalista, Diderot procuró combatir la
autoridad de la Iglesia y las supersticiones y el conservadurismo imperantes en su época.
Culver Pictures

René Descartes
Considerado el primer filósofo moderno y fundador de la escuela racionalista, René Descartes utilizó la razón
y las matemáticas para analizar el mundo. El libro de Descartes Meditaciones metafísicas ofrecía una prueba
de la existencia de Dios fundada en la razón, no en la fe. Descartes dedujo verdades del mundo exterior
basándose en su percepción física del mismo. Este método de razonamiento se convirtió en modelo de
método filosófico.
Hulton Deutsch

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Immanuel Kant
El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant exploró las posibilidades de que la razón pueda explicar el
mundo de la experiencia. En sus críticas de ciencia, moral y arte, Kant intentó extraer normas universales a
las que, según él, toda persona racional debería subordinarse. En su Crítica de la razón pura (1781) Kant
sostenía que las personas no pueden comprender la naturaleza de las cosas en el universo, pero pueden
estar racionalmente seguros de lo que experimentan por sí mismos. Dentro de esta esfera de la experiencia,
nociones fundamentales como espacio y tiempo son ciertas.
Hulton Deutsch

Thomas Jefferson
Thomas Jefferson introdujo en la Declaración de Independencia estadounidense muchas de las ideas que
surgieron durante el Siglo de las Luces, sobre todo aquellas que concernían a los derechos individuales. Su
pensamiento también influyó en los redactores de la Constitución de Estados Unidos y la Carta de Derechos.
Jefferson creía que el éxito de la democracia dependía de las decisiones razonadas de los votantes. Cuando
Jefferson se convirtió en el tercer presidente de Estados Unidos, en 1801, implantó muchas de sus ideas
relacionadas con el gobierno y la política.
Hulton Deutsch

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Voltaire
El escritor y filósofo francés Voltaire está considerado una de las figuras centrales del Siglo de las Luces,
siglo XVIII, un periodo que ensalzó el poder de la razón humana, la ciencia y el respeto a la humanidad.
Voltaire creía que la literatura debería servir como vehículo del cambio social. Sus sátiras mordaces y
escritos filosóficos demostraban su aversión a la intolerancia, la tiranía y la hipocresía del cristianismo, y le
llevó a frecuentes conflictos con los colectivos religiosos y políticos. La expresión reflejada en este retrato de
Voltaire de 1718 insinúa el agudo sentido del humor con el que ganó los favores de la sociedad francesa e
inglesa del siglo XVIII.
Art Resource, NY/Giraudon

Isaac Newton

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Isaac Newton demostró la ley de la gravedad universal, fue pionero del cálculo matemático y realizó
importantes experimentos tratando con la naturaleza de la luz y el color. Su descubrimiento de la gravedad
inspiró la investigación dentro de las leyes de la naturaleza. La idea de que el hombre podía revelar los
secretos del mundo natural estimuló la llegada del Siglo de las Luces. La razón y la educación merecieron
una posición más elevada que la religión en la sociedad que emergió de esta nueva era.
Rex Features, Ltd.

John Locke
La filosofía política de John Locke descansa sobre los derechos inalienables del individuo. En su Segundo
tratado sobre el gobierno civil, Locke defendía que los derechos de la propiedad individual son supremos y
que la legitimidad del gobierno se deriva del gobernado.
Hulton Deutsch

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